AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 7 Enero 2005
Demasiadas voces en el PSOE
Editorial La Razón 7 Enero 2005

La extrema debilidad de Zapatero
Luis María ANSON La Razón 7 Enero 2005

El panoli
Alfonso USSÍA La Razón 7 Enero 2005

CENTRIFUGADO IBARRETXE
Valentí PUIG ABC  7 Enero 2005

EL MUÑECO HINCHABLE
Jaime CAMPMANY ABC  7 Enero 2005

Un único objetivo
José María Marco La Razón 7 Enero 2005

VOCES EN EL PSOE
Editorial ABC  7 Enero 2005

Doble poder
Gabriel ALBIAC La Razón 7 Enero 2005

Bono o Zapatero, ¿en qué quedamos
EDITORIAL Librtad Digital 7 Enero 2005

EL ODIO DE PUIGCERCÓS
Carlos HERRERA ABC  7 Enero 2005

El ruido de la calle
Agapito Maestre La Razón 7 Enero 2005

Ánimo, presidente
Cristina LÓPEZ SCHLICHTING La Razón 7 Enero 2005

Picnic sobre el volcán
Juan VAN-HALEN La Razón 7 Enero 2005

ERC y la debilidad de ZP
Francisco MARHUENDA La Razón 7 Enero 2005

Vuelve Perpiñán
Carmen MARTÍNEZ CASTRO La Razón 7 Enero 2005

Mucho ojo
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 7 Enero 2005

Navidades enfermas
Serafín Fanjul La Razón 7 Enero 2005

La situación
Pío Moa La Razón 7 Enero 2005

El PSOE protagonista
Ramón Pi El Ideal Gallego 7 Enero 2005

El fracaso
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 7 Enero 2005

No nos ganarán
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 7 Enero 2005

CONDENA REAL IRRISORIA PARA UN CRIMINAL
LUIS IGNACIO PARADA ABC  7 Enero 2005

18 años de cárcel por 20 asesinatos
Editorial La Razón 7 Enero 2005

Plan Ibarretxe
Cartas al Director ABC 7 Enero 2005

José Alcaraz: «El Plan Ibarreche es una coartada más para que los terroristas sigan matando»
Patricia Arriaga La Razón 7 Enero 2005
 

Demasiadas voces en el PSOE
Editorial La Razón 7 Enero 2005

La parte expositiva del excelente discurso que, con motivo de la Pascua Militar, pronunció ayer ante Su Majestad el Rey nuestro ministro de Defensa, José Bono, sería suscrita sin duda por la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles, quienes, como el político socialista manchego, están convencidos de que la Constitución y las instituciones por ella amparadas son la mejor garantía de la paz, la libertad y el progreso de esta vieja nación llamada España. Sin embargo, no deja de ser pertinente la consideración expresada por el secretario de Comunicación del Partido Popular, Gabriel Elorriaga, que no encuentra la misma sintonía y claridad al abordar la cuestión del modelo territorial del Estado en otros caracterizados dirigentes socialistas, como Pascual Maragall o Patxi López. De hecho, buena parte de la intranquilidad y preocupación que refleja estos días la ciudadanía hay que atribuirla a la disonancia de los distintos portavoces del PSOE frente al concepto de nación, que tan diáfanamente quedó instituido en nuestra Carta Magna. Incluso, podríamos llevar más lejos el análisis si nos preguntáramos por las verdaderas causas de un debate, el de la reforma de los Estatutos de Autonomía, cuya urgente necesidad no acaba de percibirse en la opinión pública.

Pese a los esfuerzos del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, por trasladar un mensaje de tranquilidad ante el desafío planteado por el proyecto soberanista del lendakari Ibarreche, es imposible negar la sensación instalada entre muchos españoles, y no sólo los votantes del PP, de que no hay una idea clara, un proyecto lo suficientemente madurado, de lo que se pretende hacer. Es, en cierto sentido, la interiorización general de la reiterada advertencia del jefe de la oposición, Mariano Rajoy, sobre la imprudencia de abrir el melón constitucional sin haber establecido a dónde se quiere llegar.

Porque, además, la intuición del ciudadano medio frente a la cuestión de los nacionalismos abunda en la misma percepción intranquila. Así, basta con repasar algunas de las reacciones al discurso del ministro de Defensa para constatar lo que afirmamos. La visceralidad con que han recibido los portavoces nacionalistas las palabras de José Bono es significativa de lo que algunas formaciones, incluidos los socios del actual Gobierno, interpretan como «estado plurinacional» o «nación de naciones». Y esto cuando el ministro se ha limitado a expresar una verdad constitucional ante los encargados por la propia Constitución de defenderla. Que ningún territorio podrá tener proyectos que rompan la voluntad soberana de todos los españoles es el fundamento del Estado, tal y como lo recoge el artículo 1 de nuestra Carta Magna, y en ningún caso puede ser motivo de escándalo para quienes, se supone, forman parte de la nación y están amparados por sus legítimas instituciones. Porque, como expresó ayer Su Majestad, es desde el pleno respeto a la Constitución como la nación española, es decir, todos sus ciudadanos, seguirá progresando unida, en democracia y en libertad.

La extrema debilidad de Zapatero
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 7 Enero 2005

Son habas contadas. Votos cantados. Y todo el mundo lo sabe. La política española hoy se resume en la declaración de Puigcercós: «Si la respuesta del PSOE sobre negociar el Plan Ibarreche es un ‘‘no’’ rotundo se habrá acabado la legislatura».No se puede expresar de forma más nítida la amenaza y el chantaje. Una ley electoral trasnochada y absurda ha permitido que una diminuta minoría nacionalista, ERC, se haya convertido en el árbitro de la vida política española. Carod Rovira amenaza a Zapatero con dejar caer el Gobierno. Unos millares de votos de Esquerra condicionan los veinte millones obtenidos por el PSOE y el PP.

Todo el mundo en España sabe que, en este asunto, Rajoy tiene razón. La única respuesta lógica al Plan Ibarreche es no admitirlo a trámite en el Congreso y denunciarlo ante el Tribunal Constitucional. Pero Carod-Rovira, a través de Puigcercós, lo ha dejado bien claro: «Ojo, Zapatero, a lo que haces. O negocias el Plan que fue apoyado por los terroristas de Eta o dejo caer tu Gobierno».

Y Zapatero, claro, conocedor de su extrema debilidad que le obligó desde el 14-M a la sonrisa y al talante, ya ha dicho que no a lo que tenía sentido común. Y el Plan se debatirá en el Congreso para gloria y propaganda de Ibarreche y el PNV y suculento rédito en las elecciones autonómicas vascas. No es el talón de Aquiles, es la pierna entera de Aquiles donde ERC puede clavar sus dardos y acabar con el Gobierno. Un Gobierno surgido de la sangre del 11-M, un presidente por accidente y un caso de fragilidad que a todos preocupa.

El panoli
Alfonso USSÍA La Razón 7 Enero 2005

En los setecientos mil votos de unos españoles que no quieren serlo, administrados por una pandilla de chantajistas, se va a apoyar el Presidente del Gobierno de España para mantener su desgobierno. Todas las propuestas del Partido Popular para formar un grupo constitucional compacto frente al secesionista «Plan Ibarreche» han sido rechazadas por el Gobierno socialista. La Izquierda Republicana de Cataluña, esta vez desde la voz de su secretario general, Joan Puigcercós, ha avisado a Zapatero que si pacta con el Partido Popular y no negocia con Ibarreche, los independentistas catalanes romperán su acuerdo con el actual Gobierno, produciendo su inevitable caída. Así, el próximo jueves, por la misma puerta que decoró la fotografía espeluznante de las ministras modelos, ingresará en La Moncloa el «Lehendakari» Ibarreche, con su plan bajo el brazo, aprobado por un Parlamento autonómico que incumple las leyes y permite que en sus votaciones intervengan ilegales parlamentarios proterroristas. Porque ese plan utópico y amenazante que Ibarreche pretende «negociar» ha superado el trámite del Parlamento de Vitoria gracias al apoyo de los asesinos, que han seguido instrucciones del prófugo «Josu Ternera», ideólogo de la banda.

Y ahí estará Zapatero, con esa sonrisa de panoli inaceptable, recibiendo con cálida hospitalidad al traidor. Que los conceptos y las voces políticamente correctas no pueden ocultar el significado auténtico de nuestro idioma, y el «Lehendakari» Ibarreche, es ante todo y sobre todo, un traidor. Alfombra al traidor, sonrisa al traidor y concesiones al traidor. Todo, menos perder el apoyo en Cataluña y el resto de España de los otros traidores. ¿Cómo no va a recibir Zapatero a un traidor si gobierna apoyado por una minoría traidora?

Jamás se había hablado tanto en España de la aplicación de distintos artículos de nuestra Constitución. Ignoro si nuestros gobernantes tienen noticia del nivel de crispación de la sociedad. Los mandatos constitucionales están para cumplirlos, y ha llegado el momento de recordarlo. Si un presidente autonómico irresponsable y pendenciero reta abiertamente al Estado de Derecho, nada sucede si se aplica el Artículo 155 de la Constitución, que dice así: «Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan y actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma, y en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquella al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general».

La Comunidad Autónoma vasca no ha cumplido las obligaciones constitucionales y se ha pasado las leyes por un refajo habitado por pistolas, bombas, chantajes, secuestros, sangre, heridas, falsedades y mentiras. El Gobierno nacionalista del País Vasco, con la colaboración patética de Izquierda Unida, está atentando gravemente al interés general de España. Pero el Gobierno de España también va a traicionar a nuestra Constitución, porque sus socios predilectos de ERC así se lo exigen a cambio de sus votos para permanecer en el Poder, en el presente caso, en el asqueroso Poder. Recibiendo con todos los honores al traidor, Zapatero se ríe de la soberanía popular y abre aún más las heridas de las víctimas del terrorismo. A los traidores se les habla por teléfono, y ya es suficiente.

Los chantajistas amenazan con retirar al Gobierno su apoyo si pacta con un Partido Popular que representa a diez millones de españoles. Diez millones son pocos comparados con los setecientos mil privilegiados de una minoría coactiva. El Partido Popular ha pedido que se cancelen, ante el gran desafío a España y su unidad, las vacaciones parlamentarias. Los socialistas se han negado. No consideran importante ni trascendental lo que ha sucedido en el Parlamento de Vitoria, que muy probablemente albergue en el futuro al parlamento de una autonomía foral uniprovincial. Las verjas de La Moncloa se abrirán al paso del coche del traidor. Los guardias civiles que han enterrado a centenares de los suyos asesinados por la ETA tendrán que saludar cortésmente a quien sostiene sus planes con los votos de los asesinos. Y el gran panoli, al abrazar al traidor, sonreirá.

CENTRIFUGADO IBARRETXE
Por Valentí PUIG ABC  7 Enero 2005

LA expectativa es grande por conocer los recursos políticos de Rodríguez Zapatero para anular la impresión de que se estará así tal cual en La Moncloa aguardando el plan Ibarretxe como a la espera de una «pizza» para cenar. Por si Ibarretxe tuviese la agenda sobrecargada como ya le ocurrió en otras ocasiones sustanciales, Esquerra Republicana está dispuesta a poner a uno de sus motoristas y que la «pizza» llegue sin enfriarse por completo. Sabemos que ésa es una «pizza» que no hay ni que tocar con pinzas, aunque hayan sido esterilizadas por el Ministerio de Administraciones Públicas. Es más bien el más agresivo y turbador de los centrifugados ejecutados por el «lendakari» Ibarretxe, entendido como operación destinada a separar sistemas líquidos o líquidos-sólidos por medio de la fuerza centrífuga. Estas cosas se hacían en un laboratorio. Ahora, por lo visto, se hacen fuera de la ley.

En primer lugar, martillo y escarpa esculpen el reto al Estado. En segundo lugar y más allá del aval epistolar de Josu Ternera, lo más espectacular del proyecto estatutario del PNV es que esté concebido y puesto en el calendario político para agredir de forma tan falaz lo que es la sociedad vasca, incluso la que desearía un tránsito pacífico hacia algo cualitativamente distinto al actual régimen de autonomía política. Ése es un plan del todo indiferente a los controles y equilibrios de un sistema de convivencia, porque ha sido ideado para la exclusión y con la voluntad de homogeneizar la sociedad vasca. O Sabino Arana o Tocqueville: imprime carácter atreverse a imponer el culto unánime a la comunidad ancestral en detrimento del ejercicio de la ciudadanía. En términos de dinámicas sociales, el plan Ibarretxe es una retrogresión; en términos políticos, es una tropelía. Todo lo que hubiera existido en el PNV que fuese de confianza y políticamente legítimo se va a transformar en la inherencia del abuso de poder y sin otra finalidad aparente que optar a un mayor número de votos en las próximas elecciones autonómicas. Los electores saben que no todo vale para conseguir votos.

Un enigma de la ciencia conocido como cubo de Berkeley acompaña analógicamente la perplejidad de tantos ante el plan Ibarretxe. Desde el siglo XVIII, el experimento consiste en colgar un cubo de agua de una cuerda que haya sido previamente enroscada. Al desenroscarse la cuerda, el agua se está quieta, luego entra en movimiento y, por efecto rápido de la fuerza centrífuga, va formando una superficie cóncava. «¿Cómo «sabe» el agua cuando gira y que debe presentar una superficie cóncava?» se pregunta un divulgador como John Gribbin. Sobre este enigma de la inercia, la tesis original es que los objetos miden su movimiento relativo en referencia de los objetos -galaxias- más distantes del Universo. En fin, ése es un misterio todavía no resuelto del todo. En el caso del plan Ibarretxe, el efecto centrífugo desconecta de la referencia con elementos tan esenciales del cosmos institucional como son la noción de soberanía, la legalidad constitucional, la Unión Europea, las realidades de la economía de mercado, el hito histórico del estatuto de Guernica y la vida cotidiana de la sociedad vasca.

Eso sí, la soga que sostiene el cubo lleva tiempo siendo enroscada. Para bien o para mal, seguramente no habrá hora más decisiva en el futuro político de Rodríguez Zapatero. De él depende en gran parte que las aguas del cubo estén quietas, gracias al orden de la ley. Muy pronto se sabrá si lo mejor era esperar o tomar la iniciativa. Veremos si dar prioridad a los intereses de partido ataja el talante centrífugo del plan Ibarretxe.

vpuig@abc.es

EL MUÑECO HINCHABLE
Por Jaime CAMPMANY ABC  7 Enero 2005

DESDE hace unos días me asalta un interrogante curioso: ¿Será Rodríguez Zapatero algo más que un muñeco hinchable? ¿No será más bien que alguien, desde las sombras de la alcoba política, lo infla y lo desinfla a medida de los acontecimientos? Este Zapatero, que empezó su ascensión tan modosito y modesto como la violeta que se casó con el rey clavel, ha terminado por ser perfectamente previsible en sus ademanes desatentos y prepotentes. Viéndole actuar en la política, parece que alguien lo hinchara para que represente el papel federalista de un Pi i Margall, un Salmerón o un Figueras que hayan nacido en Valladolid para no levantar sospechas.

Ya lo han visto ustedes. Tal y como pronosticaba yo anteayer aquí mismo, «ni pacto de Estado, ni rábanos en conserva, ni flores de Benamejí, ni naranjas de la China y limón poncil». Ni hay «pacto de Estado» con los apestados del PP, ni hay Conferencia de Presidentes autonómicos, ni hay recurso ante el Tribunal Constitucional, ni se adelanta el debate en el Parlamento, ni se recibe al jefe de la Oposición ante un suceso de tanta gravedad como la aprobación del plan Ibarreche con votos etarras. No voy a presumir de profeta porque aquél era un pronóstico demasiado fácil.

El propósito de Zapatero está tan claro que resulta transparente y perfectamente previsible. Adivinarlo no tiene mérito alguno, porque es evidente antes de empezar a mostrarse. Con el PP, ni a salvar la Constitución ni a preservar la unidad de España. Lo que hay que hacer con los populares es declararlos especie política a extinguir. Con quien han de pactar los socialistas es con los nacionalismos, y ahí es donde Zapatero adquiere su auténtico papel de muñeco hinchable. Ya habrán oído ustedes las palabras terminantes de Joan Puigcercós ante la propuesta de Rajoy de acordar un pacto para hacer frente al intento de desobedecer normas esenciales de la Constitución y convertirlas en letra muerta, y no sólo eso, sino comenzar el desmantelamiento de la unidad de España.

Puigcercós plantea a Zapatero un dilema sin conciliación posible: «O el frente nacional con el PP o la alternativa democrática». La «alternativa democrática» son ellos, claro, que con un puñadito de votos, con los «quatre gats» separatistas y republicanos intentan -y lo peor es que lo están consiguiendo- dirigir el Gobierno de España. Para que no quede duda de la alianza de las fuerzas separatistas catalanas y vascas contra España y su Constitución, el secretario general de ERC añade: «Si el PSOE no negocia el Plan Ibarreche se habrá acabado esta legislatura». Más claro, imposible. «Zapatero, o nos obedeces y te pliegas, o te echamos de La Moncloa». Eso es mucho decir, porque alguna solución ha de haber para librarse del chantaje de esta gente, pero el caso es que hasta ahora, el muñeco hinchable obedece y se pliega, se deja inflar y desinflar sin un bufido.

Ya iremos viendo cómo se desarrollan los acontecimientos por este camino que nos lleva hacia no se sabe dónde, si al federalismo, al pandemónium o a poner patas arriba este puzzle tantas veces recompuesto con sangre, sudor y lágrimas. Ya veremos hasta dónde quieren llegar los que mueven los hilos de Don Cristobita.

Un único objetivo
José María Marco La Razón 7 Enero 2005

Todos los instrumentos están listos para cerrar el camino a los nacionalistas. Las instituciones están en pie, la opinión pública apuesta por la estabilidad, hay un gobierno democráticamente elegido, un partido de oposición sólido que ha ofrecido su colaboración para salvar la situación, un contexto internacional de progreso económico y de estabilidad. Incluso gobierna la izquierda.

No ocurre esta vez como en otras ocasiones en la historia de España, en que se intentaba explicar la inestabilidad echando mano de los males endémicos de nuestro país, una situación de crisis general o cualquier otro pretexto. Ahora no. Si ante un desafío como el de los nacionalistas, el Gobierno del PSOE no acepta el pacto que le ha ofrecido el PP, asumirá todas las responsabilidades que se deriven de su decisión.

Es lo que ha hecho, y sabemos por qué. Para el PSOE, para la izquierda y en general para la opinión progresista española, el único objetivo legítimo de la acción política es evitar que el PP vuelva al poder. Todo lo demás, absolutamente todo, incluida la continuidad de la nación española, está subordinado a ese fin.

En consecuencia, el plan Ibarreche y la ofensiva nacionalista son elementos secundarios, puramente utilitarios, para pararle los pies al PP. En realidad, el Gobierno socialista ni siquiera ha empezado a responder a los nacionalistas. Estamos presenciando la escenificación de cómo el PP es, primero, el auténtico culpable de la situación “de crispación” que estamos viviendo, y, segundo, la de cómo el PP sigue siendo el principal obstáculo para encontrar una salida pacífica y dialogada al problema en el que el mismo PP nos metió.

La actitud dice mucho del grado de confianza que la izquierda y el progresismo tienen en ellos mismos, equivalente a cero. Si la izquierda y el progresismo prefieren alinearse con los enemigos de España, es porque piensan que frente a frente, y sobre todo en ese terreno, siempre les va a ganar el PP. Personalmente creo que están equivocados, pero es un hecho que piensan así y ya no hay vuelta atrás.

Inseguridad no equivale a falta de recursos. Como todo está subordinado al único fin de que el PP no vuelva al poder, el Gobierno socialista se siente completamente libre de adoptar cualquier acción. Puede hacer gestos contradictorios, desdecirse en días, cambiar de posición en horas. Da igual, con tal de que se cumpla el objetivo propuesto. Cuenta además con el aplauso de la opinión progresista, que piensa igual y aspira a lo mismo.

Otra cosa es que el PP se deje enredar. Además de seguir insistiendo en la viabilidad de un pacto de Estado, habrá de encontrar fórmulas que le permitan salir del aislamiento y el acoso al que lo que quiere someter la coalición nacional socialista. Rajoy siempre ha tenido fama de hombre de centro. Las circunstancias lo han colocado justo en el punto de gravedad, en el centro exacto de la situación. El PP es ahora el único elemento de estabilidad en la delirante situación española. Todo gravita sobre él. Es una situación difícil, pero no desesperada.

VOCES EN EL PSOE
Editorial ABC  7 Enero 2005

LA opción de alargar los plazos relativos al debate sobre el plan Ibarretxe puede tener para el Gobierno y para el PSOE un efecto interno contraproducente, del que ya han aparecido los primeros indicios. El tiempo es un factor que los nacionalistas saben manejar bien. Más de tres años ha estado Ibarretxe viviendo políticamente a costa de su plan. Pero cuando además tienen la iniciativa, como en este caso, la respuesta de los partidos no nacionalistas debe basarse en la imposición de una estrategia propia. El Gobierno y el PSOE no lo están haciendo y dado que no tienen un discurso homogéneo, el paso de los días hará que afloren las divergencias que ahora sólo se hacen valer en voz baja. Ayer, ante su Majestad el Rey y ante el presidente del Gobierno, el ministro de Defensa, José Bono, volvió a asumir la representación de la visión nacional de su partido, al defender la soberanía del pueblo español frente a proyectos rupturistas. Como no podía ser de otra manera, este planteamiento del ministro de Defensa coincide con el criterio de la mayoría de los españoles, pero trasladado al terreno político sólo cabe comprobar su irrelevancia en la toma de decisiones del Gobierno y del PSOE. No es suficiente que Bono -le guste o no, miembro de un Ejecutivo apoyado por Carod-Rovira- aproveche cada evento militar al que acude para decir cosas que cuentan de antemano con amplio respaldo. Lo importante es que si Bono y otros dirigentes del socialismo español piensan realmente que la soberanía es del pueblo español, que la unidad de España es indisoluble y que no hay más Nación que la española, algo tendrán que hacer para corregir la trayectoria política de un Gobierno que tiene como aliado parlamentario principal a un partido -ERC- declarada y hostilmente independentista.

Defender la Constitución y alabar a ERC como socio es una contradicción sostenible por la debilidad política del Gobierno, expuesta en estado puro en la autocorrección que se impuso José Blanco, secretario de Organización del PSOE. Primero advirtió a ERC de que, si amenazan con romper la colaboración con el Gobierno, éste se buscará otros socios; y luego hizo de esa colaboración un dechado de virtudes, tratando a ERC como el gran apoyo del Ejecutivo socialista. Este doble mensaje para mantener una actitud de firmeza ante un partido que la merece sin reserva ni matiz es lo que socava el crédito del Gobierno ante cualquier encrucijada en la que haya que definirse sin ambigüedades. Las palabras de Bono y de Blanco son la metáfora de la dispersión de intereses que atenaza al PSOE y que puede llevar a este partido a una situación en la que cada cual busque salvarse de la quema asegurada por las peligrosas relaciones con las nacionalistas.

Ante este panorama, se impone la necesidad de un acuerdo de Estado sobre España en el que los dos grandes partidos, PSOE y PP, tiendan puentes y afronten el desafío planteado por el Parlamento vasco con la altura de miras que la ocasión demanda. Al Gobierno socialista le corresponde la tarea de responder al órdago lanzado por el PNV, con el apoyo de Batasuna/ETA, otorgándole a la Constitución el valor que merece como instrumento integrador y de defensa ante la ofensiva nacionalista.

Doble poder
Gabriel ALBIAC La Razón 7 Enero 2005

En las situaciones de doble poder, decae la legitimidad constituida y se identifica y consolida la emergente. Los costes militares de la insurrección serán tanto más bajos para quien los planifica cuanto más amplio –en el tiempo y las instituciones– logre ser el interregno de vacío legal. También aquí, como en el arte bélico de Sun-tzé, la batalla debe ganarse antes de mover una sola pieza. Lenin dio a esa herencia del turbulento siglo XIX forma y concisión magistrales: el poder no se comparte; y la insurrección, como una de las bellas artes, cabe en el cálculo exacto del intervalo que separa al Estado en suspenso de su óptimo de fragilidad. En una coyuntura insurreccional, quien deja al adversario marcar ritmos y calendarios ha perdido ya el combate. Antes de que el primer cruce de fuego se produzca.

El doble poder es, por definición, transitorio. Y su apertura misma, síntoma de una descomposición casi siempre irreversible. Porque, siendo el Estado máquina, por definición, monopolística, en la cesión voluntaria que lo lleva a compartir poder con otro, con quien sea, hay siempre el poco equívoco desaliento de los moribundos.

Y se nota. Vaya si se nota. ¿De qué, si no, un partidito con tan irrisorio número de votos como Esquerra Republicana de Cataluña iba a cantar jaque (y jaque mate) al partido mayoritario de España y al Gobierno de la nación? Con esa irrisoria cuota electoral, los de Carod dieron anteayer el ultimátum: si Rodríguez Zapatero opone resistencia al paréntesis constitucional abierto por Ibarreche en el País Vasco, ERC derribará al Gobierno. Y clausurará la legislatura.

Sería idiota criticar esa jugada. Al jugador que trata de ganar una partida, no se le censura que intente amedrentar al adversario. Va en las reglas del juego. Menos fácil de entender es que al adversario lo congele el pánico ante el amago de un atacante tan débil. Y que, apenas pasadas unas horas tras proclamarse el chantaje, Rodríguez haya cedido gratis a la exigencia de ERC y PNV: renuncia formal a que la ley española siga vigente en las provincias vascas. Lo que es lo mismo, aceptación impune, sine die, de una doble administración, un doble ejecutivo, una legislación y juridicidad dobles, un doble Estado.

La confrontación llegará. De todos modos. Al final del hiato que un doble poder abre, hay necesariamente el choque de fuerzas que define al vencedor y al vencido. Pero, entre tanto, el PNV se habrá dotado de los elementos materiales y simbólicos de los que su arsenal todavía carece para hacer esta nueva guerra carlista con opción de triunfo. Para entonces, ERC y PSC habrán aprobado una versión muy catalana del estatuto vasco. El Gobierno de España habrá perdido, entonces, la partida.

Y empezará la tragedia. Pocos meses.

Bono o Zapatero, ¿en qué quedamos?
EDITORIAL Librtad Digital 7 Enero 2005

Nunca antes en el parlamentarismo español ocho escaños en el Congreso de los Diputados habían dado para tanto, nunca antes en la historia de nuestra democracia 650.000 votos habían tenido tanto poder, nunca antes el 2,54 por ciento del electorado se había hecho dueño de los designios de la Nación. Apenas unas horas después de que el secretario general de ERC, Joan Puigcercós, amenazase al Gobierno sobre las consecuencias que para éste tendría pactar con el PP, José Luis Rodríguez Zapatero se apresuró a tranquilizar a sus socios asegurando que no tiene intención de formalizar acuerdo alguno con el principal partido de la oposición, es más, que ni siquiera ve imprescindible el concurso de los populares en la problemática hora que vive el país.

El presidente del Gobierno, haciendo gala de una irresponsabilidad que nos puede costar carísima, insistió ayer, durante la celebración de la Pascua Militar en el Palacio Real de Madrid, que la solución al Plan Ibarreche pasa por la “comunicación y el diálogo”. El diálogo con los artífices del plan secesionista se entiende. El Gobierno sigue sin aceptar el órdago nacionalista pero no ataca al problema de raíz. Desde que se aprobase el plan en una sesión vergonzosa en la que reapareció Josu Ternera por la cámara vasca, ha pasado una semana y el Ejecutivo ni ha movido un dedo ni ha hecho intención de hacerlo. El rechazo a la reforma estatutaria del PNV se resume en cuatro lugares comunes muy del gusto de los miembros del Gobierno. Zapatero no ve “puntos de luz positivos” y la salida del conflicto la otea apelando a un impenetrable “respeto a la razón democrática”. Sabemos que, desde que llegaron al poder, los socialistas están renovando a conciencia el diccionario de politiqués, esa variante del español que sabiamente bautizó Amando de Miguel hace unos años. Sin embargo, que las palabras sean bonitas y rimbombantes no significa que vaya a resolverse el problema por arte de magia. Para salir del atolladero el Gobierno debería pedir a los nacionalistas vascos –y ya de paso a los catalanes- que no hay razón democrática alguna que no pase por la Constitución, sin más. Dentro de ella todo es debatible, fuera nada.

Si no se parte de este punto esencial son estériles las arengas patrióticas que el ministro de Defensa atiza a la tropa cada vez que tiene oportunidad para ello. Ya puede Bono llenarse la boca diciendo que la Constitución es lo que garantiza nuestros derechos que si, cuando ésta se ve amenazada, el Gobierno al que pertenece mira hacia otro lado la arenga se queda en eso mismo, en un brindis al sol carente de todo sentido y en una burla hacia nuestras Fuerzas Armadas. Si el Gobierno está con la Constitución, y ha de estarlo pues sus ministros juraron sus cargos sobre ella, debe defenderla con firmeza y sin complejos.

No puede ensayarse un discurso para cada ocasión y diseñado específicamente para el auditorio al que va destinado. No es de recibo que en el mismo día, y en presencia del Rey Juan Carlos, un miembro del gabinete ministerial y el jefe del mismo se lleven la contraria de un modo tan descarado. Mientras Zapatero le enviaba un guiño de confianza a los republicanos de Esquerra, su ministro de Defensa hacía lo propio con Su Majestad, a quien no caben dudas sobre lo que se despacha en estos días. El Plan Ibarreche no es sólo un disparate político que condenaría a la mitad de los vascos al exilio –interior o exterior- sino un desafío en toda regla a nuestra Carta Magna. Los estatutos autonómicos son perfectamente reformables pero siempre y cuando esas reformas no entren en conflicto con los preceptos constitucionales. Es el ABC del derecho político, aquí y en cualquier país cuya Ley máxima sea una Constitución. Esto el Gobierno lo sabe a la perfección, conoce cuáles son los límites que no pueden traspasarse jamás, sin embargo, hace como que no se entera. Tal vez se deba a la endeble mayoría que ha construido en el Parlamento junto a sus socios independentistas, o tal vez responda a que el partido gobernante no tenga bien claro cuál es el modelo de Estado que quiere. A fin de cuentas, muchos en el PSOE tendrían ciertos problemas para suscribir las palabras que pronunció el Rey ayer en el Palacio Real. ¿Podrían Maragall, Odón Elorza o Patxi López identificarse con el discurso del monarca en la Pascua Militar?, ¿Podría Zapatero?

EL ODIO DE PUIGCERCÓS
Por Carlos HERRERA ABC  7 Enero 2005

CON ese aire de mafioso de opereta que da el vestir corbata con camisa oscura, Puigcercós se ha asomado a sí mismo para bramar con el destemple propio del asiduo a los gintonics de garrafón. En ese arranque tan catalán de menospreciar todo aquello que es ajeno al diseño sentimental del terruño propio, el portavoz étniconacionalista ha adjudicado a Madrid, centro de todos sus odios, la característica social de sólo saber entenderse a tortas. Ahora dice él -y los babeantes que siempre le excusan- que se refería, en realidad, a los medios de comunicación de Madrid; pero no, no se refería a este columnista, por ejemplo, que ni es de Madrid ni vive en Madrid ni trabaja en Madrid: se refería, simple y llanamente a Madrid, ese totémico enemigo que todo lo pudre y que encarna en su seno paisajístico y humano todos los males. A Puigcercós le ha surgido, en un arranque que algunos gustan de calificar de «inteligente», el hutu que lleva dentro, el odio intestinal que alimenta a diario contra el que considera el peor pueblo de la tierra, esos tutsis que nada merecen sino desaparecer. La complaciente Prensa barcelonesa -la misma que sigue rendida como en la época del alcalde Porcioles- despacha el asunto asegurando que hay que desactivar la intencionalidad de sus palabras y que lo grueso de la sal de su verbo no es más que una pillería propia de un «Dimoni Pelut». Y así, de desactivación en desactivación, vamos cargando de pólvora la expresión hasta el estallido final.

El odio de Puigcercós no varía mucho del de sus conmilitones independentistas. Todos los nacionalismos son iguales, especialmente en creerse diferentes, pero el de los independentistas vascos y catalanes conlleva, además, el odio que se expresa en el ojo teñido de sangre, aquél que es capaz de particularizar en cada uno de los habitantes de una ciudad símbolo -como puede ser Madrid- los males que políticamente se le adjudican. Insultar a Madrid sale gratis, como insultar a España. Es gratis, también, vejar a sus ciudadanos. Si un político madrileño tuviese la ocurrencia de decir que el único lenguaje que entienden los catalanes o los barceloneses son las tortas, y que además se las merecen, tendríamos organizadas ceremonias expiatorias por medio país. Al revés, en cambio, es posible. Todos los habitantes de la Barcelona de un mundo feliz, los que lloraron la muerte de Copito de Nieve, son los que ni siquiera se atreven a avergonzarse de que, desde su nombre, se menosprecie y se insulte como hace el portavoz. Ni un movimiento, ni una palabra. Todo el mundo quieto, que aquí hay que aplicar siempre el sentido común, la moderación, el no pasa nada.

Entretanto, Rodríguez Zapatero ni se inmuta. Sigue con los gansos en Doñana haciendo la estatua. Empieza a recordarme a Kirchner. Como mucho suelta una arenga surrealista en una residencia de ancianos de Sevilla acompañado de Chaves, su otra estatua favorita, y se vuelve a dialogar con el lince. Ibarreche y Puigcercós han olido la sangre, como el tiburón, y quieren aprovechar hasta la última gota del hombre que sólo sabe decir «yes». Tal vez él confíe en que los de Esquerra no se atreverán a dejarle solo porque entonces se quedan sin la ubre que todo se lo concede, pero si lo hace corre el riesgo de que en un subidón de aguardiente se les exacerbe la rabia y tiren de un manotazo todas las fichas del tablero.

Es decir: si las provocaciones calculadas para alimentar odio tribal que Puigcercós y los suyos sirven en bandeja cada mañana no se cobran pronto ninguna pieza, entonces acabarán con el sueño que le hizo confesar a Rodríguez aquello de «Sonsoles, ¿te das cuenta de que cualquiera puede llegar a ser presidente de Gobierno?».

www.carlosherrera.com

Desafío nacionalista
El ruido de la calle
Agapito Maestre La Razón 7 Enero 2005

Pasó la Pascua Militar. Ya ni siquiera hay ruido de sables. Todo es retórica. Un inmenso árbol burocrático sin flores ni frutos. El jefe de los maragalles rabiaba en silencio, mientras la retórica real tapaba el ruido de la calle. Pasó la Pascua Militar con repetitivas declaraciones al sol… ¡Y ahora qué! ¿Quién conseguirá poner en contacto a la calle con los que viven entre espesas moquetas y alfombras ministeriales?, ¿quién relatará que los gobernantes tiene que gobernar mirando a los ciudadanos?, ¿quién tendrá coraje de contar lo que está pasando? Me temo lo peor. Los medios de comunicación como creadores de opinión pública política son, hoy, más un problema que una solución. La "Efémera" es, hoy, en España una diosa arbitraria y antojadiza, pero predomina su carácter medroso y contemporizador con los farsantes; por ejemplo, el Gobierno embucha en nuestra prensa escrita unos extractos de un bodrio llamado "Constitución Europea" e, inmediatamente, todos guardan silencio. La crítica política desaparece. Don dinero, la gran olla, el Presupuesto, o como quiera que se llame, tapa la boca del editorialista más perspicaz. Y de la televisión nada bueno puede esperarse. Niega lo real o, peor aún, convierte lo político en una sección de sucesos.

Sólo quedan algunos programas de radio, especialmente cuando participan los oyentes, para extraer una idea de los ruidos de la calle. Los oigo con atención, los paso por el crisol del entendimiento y, a veces, me dan la verdadera clave de la opinión de un pueblo. Algunas hebras de esa clave son diáfanas: Afanarse en llamar democracia a lo que estamos viviendo en España es patético. Intentar describir con categorías políticas normales el fracaso de la democracia española es una tarea inútil. España parece un gentío desgobernado por el totalitarismo social-nacionalista. Cualquier cosa vale, excepto respetar la base de la democracia: no convertir al adversario político en enemigo. El PSOE no soporta la existencia de una alternativa política plausible a su desgobierno. Falsificación del lenguaje, desprecio a la Oposición, romper cualquier continuidad con lo llevado a cabo por el anterior Gobierno, engañar, mentir, dejar que los más miserables, los nacionalistas, se lleven lo mejor de la gran olla, el Presupuesto, negar, en fin, cualquier vínculo con la Oposición es la "estrategia" del Gobierno de Rodríguez para alcanzar su principal objetivo: Negar la Nación, especialmente a esa parte de la Nación que representa el PP, España.

Todo es populismo barato. Todo es fascismo sin correaje. Todo es ocultación de una nación a la deriva. Basta ya de engañarnos hablando de "izquierda" y "progresismo". El socia-nacionalismo, que está en el poder, olvidó por completo, si es que alguna vez alcanzó a saberlo, el contenido emancipatorio que a veces albergó esa tradición política. Estamos ante el ataque más perverso que la democracia española haya vivido nunca. Gente que no cree en nada ocupa las instituciones sin otro objetivo que mantenerse en ellas para sobrevivir. Hablemos claro. Esta gente desconoce la democracia. Para ellos es sólo un nombre para detentar el poder. Su comportamiento totalitario protege a los golpistas del País Vasco. Éstos aprueban un plan, o mejor, una estratagema para acabar con el Estado de Derecho y, encima, sus aliados en el Parlamento de España lo admiten para que sea discutido entre los partidos.

El trámite mismo de admisión de ese plan es ya odioso; admitir un papel para discutir sobre él, incluso, sabiendo que a los secesionistas les importa un rábano lo que diga el Congreso es un crimen de guante blanco, o sea, hacernos perder el tiempo a todos los españoles de bien. Esto no es hipocresía. Esto es, sencillamente, una desvergüenza. Únicamente quieren ganar tiempo para "persuadir", embaucar e imponer a la ciudadanía un Estado Confederal, un triste Estado sin España, cuando les llegue la Orden de Maragall y el negociador de Perpiñán. Lo surgido de un Parlamento dominado por terroristas y golpistas no puede ser aceptado por ninguna sociedad normal. Más aún, cuando a una democracia madura se le plantean propuestas que dañan al propio sistema democrático, los proponentes son duramente castigados penal y socialmente.

Ánimo, presidente
Cristina LÓPEZ SCHLICHTING La Razón 7 Enero 2005

En dificultades históricas no hay nada peor para una nación que un Gobierno débil. Y no hay mayor dificultad nacional que la desintegración territorial. Cuando un pueblo está unido arrostra ataques exteriores, terrorismo, paro y desgracias con solidaridad y resistencia. Los Estados Unidos han sido un ejemplo tras el 11-S. Cuando se cuartea, cualquier nimiedad lo hunde. Ahora que Ibarreche se pasa por el arco del triunfo a la mitad de los vascos, los que no piensan como él; a las víctimas del terrorismo y sus familiares, y al resto de los españoles (los que nos sentimos en casa en Cádiz, en Pontevedra o en San Sebastián), hay una sola necesidad nacional: cantarle las cuarenta desde el principio. Ni los españoles han de tener duda de que se les defiende, ni los separatistas resquicio para aprovecharse de inconsistencia alguna. Por eso me preocupan tanto las primeras reacciones a la aprobación del Plan Ibarreche.

José Luis Rodríguez Zapatero no quiere recurrir todavía al Constitucional, bueno, para eso hay tiempo todavía. Pero hace mal en recibir al lehendakari Ibarreche antes que a Rajoy, no sólo por motivos prácticos –convendría consensuar con el PP un plan para hacer frente al secesionismo–, sino por una mera razón de imagen. ¿Por qué el enemigo antes que el amigo? Hace mal en permitir que Atucha lleve el plan secesionista en mano al Parlamento, cuando las demás autonomías presentan sus requerimientos en ventanilla. Hace pésimo en seguir negociando con Ezquerra un pacto de legislatura cuando este grupúsculo jalea a Batasuna. Se equivoca gravemente dejando para marzo la discusión parlamentaria del Plan Ibarreche, con el fin de lograr el apoyo del PNV en el referéndum europeo del 20 de febrero.

La imagen del Gobierno es lamentable. Se presta a chantajes de partidos impresentables y pastelea para permanecer en el poder en un momento en que hay que dejarse de tonterías. Apoyarse en el Partido Popular, con sus casi 10 millones de votos detrás, no es sólo un deber moral, es una necesidad perentoria cuando la nación está en peligro. Un pacto fuerte de los dos grandes partidos, dejando de lado discusiones menores e intereses partidistas, es lo que necesita España en estos momentos. De Santiago a Almería, de Barcelona a Cáceres, cualquier español de bien está dispuesto a dejar de lado diferencias ideológicas y actuar como un solo hombre contra el separatismo. Si Zapatero lo comprende y lo lleva a cabo, pasará a la Historia como un gran presidente, de otro modo quedará como un arribista cobarde que antepuso sus intereses al bien colectivo. En este principio de año Zapatero tiene todo mi apoyo. Es socialista, es anticlerical, es relativista, pero no me importa. Sobre todo es mi presidente. Ánimo, José Luis, estamos contigo.

Picnic sobre el volcán
Juan VAN-HALEN La Razón 7 Enero 2005

Nada que objetar al buen talante y al «buen rollito». Nada que objetar a la sonrisa. Pero no está comprobado que un político sonriente sea necesariamente eficaz ni que un político de semblante serio sea por ello un mal político. Los momentos históricos difíciles precisan decisiones a la altura de las circunstancias y, con sonrisa o sin ella, el problema de los españoles en esta coyuntura histórica es que no está a la cabeza del Gobierno un político de talla ni la nación cuenta con un Gobierno preparado, solvente y con apoyos suficientes y coherentes. Es un Gobierno débil, acomplejado, secuestrado por sus pactos, cuya ineficacia ha pasado de la categoría a la anécdota y de ésta al chiste. La estrategia de La Moncloa es ir trampeando los acontecimientos aunque no se sepa ni a dónde se va, ni cómo se desea ir, ni con quién se va. Un viaje a ninguna parte con todo un país como pasaje.

El presidente del Gobierno es un personaje incoherente y un tanto pintoresco en sus planteamientos y en sus estrategias. Y esas características, entre otras, no facilitan la solución de los graves problemas que tiene ante sí el conjunto de la nación. Es un tipo que lo mismo pasa horas, días, semanas o meses esperando una llamada de la Casa Blanca, que azuza un antiamericanismo adolescente de la mano de ese cadáver político, aún insepulto, que se llama Llamazares. Es un tipo que nos pide a los españoles que apoyemos, con la fe del carbonero, una Constitución Europea (que por cierto no lo es) que el propio Gobierno no nos ha explicado, y que sus propios socios políticos no apoyan, al tiempo que no defiende desde la ley con la energía que el caso requiere, como es su responsabilidad y deber, la Constitución española pisoteada cada día. Es un tipo que exige el concierto del primer partido de la oposición contra el llamado Plan Ibarreche pero al tiempo se niega a abrir la vía del Tribunal Constitucional como pide el Partido Popular, que es lo lógico cuando se vulnera gravemente la Constitución. Es un tipo que exige al grupo mayoritario de la oposición «lealtades institucionales» y al tiempo le demoniza, y jalea a un ministro capaz de acusar al anterior Gobierno de apoyar una intentona golpista en un país extranjero. Y todo sin perder la sonrisa; acaso su único don.

Este «presidente por accidente», en afilada definición de la prensa internacional, estará muy satisfecho cada mañana de haberse conocido, pero por encima de su autosatisfacción personal muy comprensible, un gobernante debe ejercer un liderazgo social, y él no lo ejerce. No ha asumido que es el presidente del Gobierno de todos los españoles y hasta ahora sólo ha destruido lo creado por los gobiernos anteriores sin crear nada, ha colocado a España en el extrarradio del mundo, regresando a una especie de añeja situación de país no alineado, y vive aún de las rentas sociales y económicas de una política que fue considerada en Europa como «milagro español». Al tiempo, demostrando en ello una falta de destreza considerable, ha pisado todos los charcos que le han salido al paso, y cuando no hay charcos él los crea. Desde luego contando como colaboradores necesarios con sus ministros, que también cada mañana estarán muy satisfechos de haberse conocido. Pero la situación no es para pensar que el paso del tiempo soluciona por si solo los problemas. Sobre la mesa está nada menos que un intento de secesión, un atentado contra la unidad nacional. El presidente se permitió proclamar en el Senado que le daban igual los conceptos de nación, de nacionalidad, de comunidad nacional... «Que cada uno lo llame como quiera», vino a decirnos con frivolidad impropia y sin medir las consecuencias. Las consecuencias ya están ahí. Y son un prólogo. Luego vendrá Cataluña. ¿Y ahora, qué?

Un presidente del Gobierno débil, cansado, desnortado, incapaz desde un principio de valorar el laberinto de chantajes políticos que asumía al deber el Gobierno precisamente a quienes no creen en España y por lo mismo no creen en la Constitución, no es la solución de nada y es el problema de todo. Supongo que en el PSOE, que tiene, y no pocas, personalidades políticas sensatas, hoy por cierto arrumbadas o desoídas, estarán reflexionando cosas parecidas a las que muchos españoles reflexionamos. Naturalmente entre ellos muchos votantes socialistas. Después de destruirlo todo, de acusar a los gobiernos anteriores de los peores males de la nación sin mezcla de bien alguno, de emplear su tiempo en asuntos tan trascendentes como quitar el tratamiento formal a los altos cargos, ¿qué hace el Gobierno? ¿Cómo afronta los graves problemas que se ciernen sobre la sociedad española?

El Gobierno no hace nada. Deja pasar el tiempo. Va retrocediendo sus posiciones pensando, por ingenuidad o estulticia, que el diálogo lo resuelve todo, que el buen talante es en sí mismo una medida política. Tenga el Gobierno el talante que quiera, y si es bueno, mejor, pero que resuelva los problemas. Un señor como Ibarreche, cabeza de una institución del Estado, representante del Estado en una comunidad autónoma, pide y ofrece diálogo pero advierte que de ese diálogo sólo puede salir lo que él ya ha decidido desoyendo a la mitad de la sociedad vasca. Anuncia, además, que no acatará lo que decidan las Cortes Generales ni lo que en su día pudiera decidir el Tribunal Constitucional. O sea, que se proclama en rebeldía. ¿Qué diálogo cabe con ese señor? ¿Qué es para él «liarse a tortas», como ha dicho? ¿Un desafío contra toda una nación? Ibarreche sabe bien que la Constitución contiene resortes, y garantes, para preservar la unidad de España, que es anterior a la Constitución y a los delirios del PNV y sus socios, entre los que se encuentra IU, socio de Zapatero. Pero Ibarreche confía en que juegue a su favor la debilidad y los complejos del Gobierno de la nación. Como al presidente le gusta recordar la Historia de la República, casi como monotema, por supuesto pasando la goma de borrar sobre lo que le conviene y tratando de que comulguemos con ruedas de molino, le aconsejo que deje un momento la lectura de Borges, en cuya admiración coincidimos, y lea con atención los sucesos de Barcelona en 1934. No voy a pedirle que dé a leer esas páginas a Maragall, pero sí que se las lea a Ibarreche.

¿Alguien piensa que, en una situación similar, el Gobierno de cualquier nación democrática no actuaría en consecuencia inmediatamente con la ley en la mano? El Gobierno tiene el deber y la responsabilidad de asumir la defensa de la voluntad legítima de la mayoría de los españoles y de la mitad de los vascos, que son los que más cerca sufren las aventuras de napoleoncitos de ocasión. Mientras, el presidente del Gobierno acaso descansa de descansar. Hace picnic sobre el volcán y ni se entera. Cuando sintió el calor pensó que el camping gas no quemaba bien. La lava le llega ya casi a las ingles, y él, sonriendo.

Juan Van Halen es escritor

ERC y la debilidad de ZP
Francisco MARHUENDA La Razón 7 Enero 2005

La estabilidad del Gobierno de España depende de un partido independentista. Es una obviedad que conviene recordar porque está en juego no sólo la actividad normal de un Gobierno y la aplicación de un programa, sino iniciativas que pretenden acabar, simplemente, con España. ERC y PNV coinciden en sus objetivos, algo que muestran sin subterfugios. Ahora podemos observar, además, una inquietante solidaridad a la hora de plantear los pulsos al Estado. La advertencia del secretario general de ERC, Joan Puigcercós, al presidente del Gobierno sobre una pérdida de apoyo parlamentario según cual sea su actitud ante el plan secesionista de Ibarreche deja las cosas muy claras y es un serio aviso a navegantes. ¿Hasta dónde llevará ERC un pulso que puede provocar elecciones anticipadas en España y Cataluña?

Las cesiones que haga Zapatero pondrán de manifiesto cuál es su grado de apego al poder. Los indicios resultan preocupantes, pero cabe esperar que no ceda ante Ibarreche porque luego lo tendrá que hacer ante ERC que impondría, alentada ante un éxito del nacionalismo vasco, una reforma del Estatut de carácter soberanista. El debate en el Congreso servirá para que todos los grupos muestren sus posiciones sin ambigüedades, algo que perjudica al PSOE, que preferiría seguir instalado en el limbo actual. Por su parte, Puigcercós quedará en evidencia ante su electorado y sus compañeros de viaje si se pliega a los cantos de sirena del recién estrenado poder en la Generalitat.

Vuelve Perpiñán
Carmen MARTÍNEZ CASTRO La Razón 7 Enero 2005

Lamento que la idea no se me haya ocurrido a mí sino a uno de los perspicaces fósforos de Carlos Herrera: la agria e intempestiva irrupción del portavoz de ERC, Puigcercós, en el debate político y sus amenazas al gobierno ponen de manifiesto el auténtico contenido de la famosa entrevista de Carod con ETA. Ha sido el relámpago en la noche, el fogonazo que en un instante desvela las maniobras que se vienen urdiendo entre la oscuridad . Como los cadáveres mal enterrados, el hedor del pacto de Perpiñán ha inundado la política a las primeras de cambio. No había interés humanitario por evitar unas cuantas muertes como justificaba Carod, ni siquiera la miserable insolidaridad que denunciamos los demás. Había y hay una estrategia política común, una acción coordinada para cargarse el Estado. Estos días lo hemos comprobado.

Hasta ahora nos han querido convencer de que las cosas de Carod eran inofensivas, puro «folklore», meteduras de pata de un sujeto atrabiliario y amortizado políticamente. Después de escuchar a Puigcercós nadie se puede llamar a engaño: en todas y cada una de sus palabras se intuye el acuerdo negociado en Perpiñán . Su escenificación resulta insultantemente diáfana: ETA se convierte en aval y garante del Plan Ibarreche, la punta de lanza del ataque contra la Constitución. ERC bloquea la capacidad de defensa del Estado al impedir el pacto entre PSOE y PP y garantiza la radicalidad de la auténtica ofensiva que vendrá después: la reforma del Estatuto catalán y el Plan Guevara.

Es fatigoso que quienes nos oponemos a este proyecto de ruptura tengamos que dar constantes garantías de nuestras convicciones democráticas a unos personajes que disfrutan moviéndose en el guerra-civilismo. Es irritante que los interlocutores de ETA en Perpiñán presuman de ser la única opción democrática y pongan condiciones al gobierno de España. Pero sobre todo, resulta inconcebible, sospechosamente inconcebible, que Rodríguez Zapatero, el promotor del pacto antiterrorista cuando estaba en la oposición, admita desde el gobierno este chantaje de ERC. De otra manera no se entiende el rechazo sistemático a todas las propuestas del PP para hacer frente al Plan Ibarreche.
ZP empieza a sufrir el tradicional síndrome de La Moncloa. Se le está atrofiando el sentido del olfato: no percibe el olor del guiso cocinado por Carod y ETA en Perpiñan y servido por Ibarreche en Vitoria; una peste que invade toda la política nacional.

Mucho ojo
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 7 Enero 2005

El Gobierno y el PSOE han dado consigna a todas sus figuras representativas de transmitir un mensaje de normalidad ante el Plan Ibarretxe y su remisión al Congreso de los Diputados por parte del Parlamento vasco. Todas las propuestas al respecto del Partido Popular han sido descalificadas como desmesuradas o alarmistas. Ni el recurso al Tribunal Constitucional para paralizar el procedimiento, ni la no aceptación a trámite por parte de la Mesa del Congreso evitando así el debate en pleno, ni el pacto de Estado para defender la Constitución frente a lo que es ya sin disimulo una rebelión abierta de un Ejecutivo autonómico, han sido consideradas adecuadas para la ocasión por José Luis Rodríguez Zapatero. Su respuesta al desafío del lehendakari va a consistir en recibirle en La Moncloa –no sabemos si con ikurriña en la puerta o sin banderas de ningún tipo– y comunicarle afablemente su desacuerdo con la dinamitación del Estado y la disolución de la nación más antigua de Europa que su interlocutor le va a proponer, se supone que también con la mayor cordialidad.

Las buenas maneras y las actitudes dialogantes siempre son preferibles a los gestos desabridos y a la descortesía, pero ello no significa que no haya circunstancias en las que, sin necesidad de llegar a la grosería, una cierta severidad en los comportamientos resulta conveniente para no desorientar a la opinión. Si la imagen que transmiten los televisores es que se ha producido un agradable encuentro de dos dignatarios públicos para discutir de igual a igual asuntos de mutuo interés, no se habrá servido demasiado bien a la causa constitucional. La gente ha de saber, y el Presidente del Gobierno así lo ha de expresar con sus palabras y con su lenguaje corporal, que nos encontramos ante una crisis de enorme alcance en la que nos jugamos el futuro del país. Su deseo de seguir en el poder, absolutamente legítimo en lo político y comprensible en lo humano, debe estar por debajo de su obligación de mantener la cohesión entre los españoles y la existencia misma de la nación que tanto le gusta pilotar. Porque si España desaparece del mapa durante su mandato, José Luis Rodríguez Zapatero y la formación que encabeza se pueden ir despidiendo de volver a gobernar lo que quede de ella por varias generaciones.

La Corona y los dos grandes partidos nacionales tienen sentido si hay Nación que los sustente. Por tanto, la preservación de la unidad de España es la condición indispensable de su propia razón de ser como instituciones. Mucho ojo, pues, porque aquí lo que se dirime no sólo es si nuestra venerable y agitada patria va a saltar en pedazos, sino si los que tienen la principal responsabilidad en la tarea de garantizar su permanencia en el tiempo son a su vez pulverizados. Lo digo para contribuir constructivamente a la tranquilidad y serenidad de la que todos hemos de hacer gala en estos días.

Río Cabe
Navidades enfermas
Serafín Fanjul La Razón 7 Enero 2005

Acabo de regresar de Alemania. Si usted se mueve en Navidad por Franconia, verá la bandera alemana ondeando sin complejos ni conflictos junto a la de Baviera, las campanas le recordarán que se halla en un país cristiano y en las ciudades mayores (Bamberg o Nuremberg), en las medianas (Erlangen, Forchheim) o en los pueblitos más chicos (Wernsdorf, Strullendorf, Zeggendorf), en todas partes encontrará preciosos Nacimientos abiertos al público, presidiendo los lugares de honor de las plazas, dispuestos y cuidados con esmero y devoción, por todos apreciados y queridos: católicos y protestantes en ellos se reconocen, ateos y agnósticos los respetan sin sacar las patas por alto, como hacen los extranjeros pertenecientes a otras confesiones, por ejemplo los turcos. Y si no les gustan se guardan mucho de rechistar, como sucede en su país con los pocos cristianos locales respecto a las fiestas musulmanas. Todo es normal y fluye con sencillez y lógica, sin tensión de ningún género: en un país cristiano se celebran públicamente las fiestas cristianas. Y punto. Lo mismo podría decirse de cualquiera de los países en cuyo bloque sociocultural nos hallamos (México, Italia, o EEUU, etc.) En todos menos en España.

De nuevo ser español conlleva una sobrecarga de vergüenza al compararnos con los demás. No porque la mayoría de los aquí nacidos no queramos a nuestra tierra y nos identifiquemos con sus cosas, que parece que sí, sino porque una minoría irracional y chillona, por azares electoreros, ha trincado otra vez los ramales del poder y precisa, para ordeñar bien la vaca, secarle previamente el seso. No les basta con el aplastamiento de la Nación y el desguace del Estado, por añadidura deben dar gusto al revanchismo e incultura de quienes les llevaban las pancartas y apedreaban las sedes del partido gobernante, al cual aperreaban y agredían mientras –oh, paradojas ibéricas- le motejaban de asesino.

Pero el asunto no procede sólo de los partidos separatistas o de la izquierda, también hay una base social –cuyos votos capitalizan esas facciones- que se las da de ilustrada por leer a Maruja Torres o embelesarse con Joaquín Sabina o Almodóvar (ahora, la última moda es Amenábar), que se regodea ciscándose en los derechos y sensibilidad de sus convecinos de toda la vida. Y no decimos compatriotas porque tratándose de ellos la palabra patria les viene grande: su patria son las ballenas y tienen buen cuidado de situar sus preocupaciones pacifistas a miles de kilómetros, no sea que haya que dar la cara de verdad en algún conflicto cercano, por ejemplo denunciando a los cómplices de la ETA en festivales de cine o, simplemente, aceptando una pegatina de las víctimas de esa banda. Y es que en la pre Navidad también nos recordaron que hay víctimas de primera y de segunda. Y asesinos por igual bien clasificados: si usted es etarra, de segunda y la categoría de sus asesinados muy secundaria ante la lucecita pugnaz y tierna con que nos iluminó la TVE socialista en el mes de diciembre a todas horas; pero si usted es un asesino musulmán, sea feliz y disfrute porque hasta sus víctimas le exonerarán de toda culpa y afirmarán, convencidos y justicieros, que usted no ha matado a nadie, que en realidad los autores fueron “los fascistas asesinos”, momentos antes de ir a insultarles un rato.

Porque en nuestro país de listos todo está distorsionado: el más listo de todos –el alcalde de Madrid- ha decidido, con el auxilio impagable pero bien pagado de sus musas sabias, que eso de los belenes no es postmoderno y para poder ser bien zarandeado la próxima vez por los progres, fuerza es ofrendarles algo, por ejemplo una sopa de letras inconexas, pues ya con la sopa boba no basta; Rodríguez –el que hará bueno a González- persevera en su creatividad prodigiosa y, tras descubrir la Alianza de Civilizaciones y la teoría de la Rendición Preventiva, ahora promociona la cuadratura del círculo, una fiesta religiosa sin religión, al fin las Navidades laicas, con los medios nada baladíes del estado, momentos antes de que sus compadres se los coman; Cecé, la del eterno aire de taponcillo cabreado, contribuye eficaz al bochinche escabechando los Papeles de Salamanca; la mujer de un terrorista islámico (presunto, por supuesto), frente a la cobardía general, paraliza y anula una fiestecita navideña infantil en un colegio de Granada; y en el otro extremo –Gijón, por más señas- cuatro gatos imponen lo propio, lo mismo que la mujer del terrorista (presunto, claro) a inmensas mayorías acollonadas y silenciosas, la famosa madurez de los españoles, ya saben; y como la estupidez siempre encuentra imitadores, proliferan en otros puntos casos similares, en tanto algo autodenominado “Los Verdes” denuncia a los obispos por mantener y defender su doctrina sobre el matrimonio, corpus ideológico y normativo por cierto vigente en casi todos los países del mundo, pero no en el nuestro, faro de sandeces, guía de cretinadas bien difundidas que sólo nos conducen a una conclusión: otra vez estamos dando el espectáculo y ahora por nada.

Durante años se hizo proverbial la frase “la vasca es una sociedad enferma”, por lo bien que muchos vascos digieren y asimilan los asesinatos etarras –y por lo bien que engorda, ahíta de nueces, una parte de la ciudadanía vasca, que diría Rodríguez el Rendido-, pero también a lo largo de años hemos sospechado que la enfermedad afectaba a todos los españoles, no sólo a los vareadores del norte, con o sin boina. Si Rodríguez el Valiente explotó y sigue explotando su Retirada Preventiva fue porque –como él mismo dijo- “patriotismo es hacer lo que la gente quiere”, aunque la máxima se torne relativa al tratarse de otros asuntos (¿cuánta gente ha pedido, en vano, clases de religión? ¿Cuánta ha exigido, con gran éxito, matrimonios homosexuales?). La española es una sociedad muy enferma, en estos prolegómenos tan diver y tan guay de las amputaciones que vienen, si Dios y algunos españoles poco a la moda no lo remedian, o lo remediamos. Y mientras, los belenes de Franconia se muestran con naturalidad, sin pretensiones publicitarias, dirigidos a los corazones creyentes, al respeto a uno mismo que todos nos debemos, eso tan elemental que aquí perdimos hace tiempo.

Plan Ibarreche
La situación
Pío Moa La Razón 7 Enero 2005

No es casual que el plan Ibarreche haya sido aprobado con los votos de los terroristas. Un parlamento distinguido por la presencia de un asesino como Josu Ternera en su comisión de derechos humanos, y por la permanencia de los representantes de la ETA, en jactancioso reto a la ley, no pasa de caricatura o farsa de parlamento, inaceptable en cualquier país civilizado. Pero a eso se ha llegado allí, o se ha permitido que se llegara. La complicidad de los terroristas con Ibarreche es sólo la culminación, por ahora, de la alianza que propuso el PNV a la ETA para hacer frente común contra la reacción por el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Por lo demás, como he podido comprobar abundantemente al estudiar la historia del nacionalismo vasco, según he expuesto en el libro de reciente aparición Una historia chocante, la política de sacar rentas políticas de los asesinatos ha constituido el eje y sentido de la acción peneuvista desde el comienzo mismo de la Transición (vamos a olvidarnos ahora de sus condenas retóricas y sin consecuencias). Ha sido una asociación de hecho entre el PNV y el TNV (Terrorismo Nacionalista Vasco, autobautizado como MNLV), asociación con alternativas y peleas de familia, pero mantenida siempre en lo esencial.

El uso de palabras de contenido emocional inevitablemente fuerte, como "asesino", "terrorismo", etc., puede dar a entender, a su vez, un contenido emocional en el anterior análisis. No hay tal. Procuro dar una descripción precisa de los hechos, que quizá podrían exponerse con palabras más frías, pero probablemente menos adecuadas. No conviene tomar por frialdad analítica la ocultación de realidades, como a menudo se hace. En síntesis, la asociación PNV-TNV ha determinado la política en las Vascongadas, con repercusión en toda España, y ha sido la causa principal del asolamiento de la democracia en aquellas provincias. Lo podemos mirar desde otra perspectiva: si las libertades subsisten allí en parte, se debe a la acción de las fuerzas de seguridad del estado, a las cuales nunca ha dejado el PNV de desacreditar y calumniar, en concomitancia con la propaganda etarra.

La consecuencia lógica del Plan Ibarreche es la legitimación del terrorismo como instrumento político. La democracia se apoya, en suma, en la sustitución de la violencia por unas reglas de juego equitativas y basadas en las libertades, pero en realidad el PNV, fiel a sus totalitarios orígenes sabinianos, nunca aceptó las reglas democráticas y no ha cesado de sabotearlas y desprestigiarlas, al paso que las explotaba abusivamente, como por lo demás han hecho siempre los totalitarios. Ahora bien legitimar el terrorismo como lo hace Ibarreche es un arma de doble filo, pues vale lo mismo para los nacionalistas que para los antinacionalistas. Obviamente, Ibarreche, Arzallus y los suyos confían en que no habrá un terrorismo de respuesta, pero lo menos que puede decirse es que, al beneficiarse del TNV y beneficiarlo a su vez, han abierto las compuertas a cualquier réplica en los mismos términos. Romper las reglas del juego vuelve el juego imposible y convierte la política en violencia. Aun si eso no llega a ocurrir, como es de esperar y desear, los jefes sabinianos han asumido una responsabilidad inmensa.

Eso aparte, el Plan Ibarreche rompe unilateralmente la Constitución y el Estatuto autonómico, y lo hace desde unas instituciones que son parte del estado español, legitimadas precisamente por la Constitución y el Estatuto. Estamos ante un golpe de estado en toda regla, ante una rebelión contra la legalidad constitucional, realizada, insisto y como no podía ser menos, en complicidad con los terroristas y en un parlamento degradado a niveles difíciles de creer si no estuvieran ante nuestros ojos. Significa la sustitución de la soberanía del pueblo español por la soberanía de la alianza PNV-TNV, que se arroga la representación del pueblo vasco. Es la secesión práctica, apenas disimulada por una leve y formal capa que le facilitaría mantenerse en la Unión Europea sin afrontar los costes económicos de la secesión.

Que los secesionistas intenten golpes de estado contra la legalidad constitucional no es, por desgracia, algo nuevo en España. En 1923 los nacionalistas vascos, catalanes y gallegos se sintieron lo bastante fuertes para establecer un "Pacto Tripartito" y amenazar con un próximo recurso a la acción armada, en concomitancia con los rifeños de Abd El Krim. El plan no cuajó porque a los pocos días Primo de Rivera dio a su vez su golpe de estado y desarticuló la trama separatista. Al llegar la república, que nada debía a la presión del nacionalismo catalán, éste aprovechó el momento para imponer una política de hechos consumados, y en 1934 se rebeló por las armas contra el gobierno legítimo. Durante la guerra civil los nacionalistas vascos y catalanes intrigaron permanentemente en Francia e Inglaterra, incluso en la Italia fascista y la Alemania nazi, saboteando los esfuerzos de sus aliados del Frente Popular (lo cual, dicho sea de paso, vino muy bien a Franco). Tras el final de la dictadura, la reforma democrática permitió la primera Constitución hecha por consenso en España, y esa legalidad constitucional es la que intentan echar ahora por tierra entre Ibarreche, Carod-Maragall, Beiras y otros más, con la complacencia del gobierno de Rodríguez. Mientras desde fuera presiona y golpea el terrorismo islámico.

El actual golpe de estado del PNV-TNV no ofrecería el menor peligro en una democracia asentada. Al gobierno le bastaría cumplir y hacer cumplir la ley, suspendiendo la autonomía hasta que la situación se normalizase y el parlamento vasco dejase de ser el de los Josu Ternera y similares. Gran Bretaña ha suspendido en más de una ocasión la autonomía irlandesa –donde el terrorismo ha ocasionado tres veces más víctimas que en España– y no ha pasado nada. La suspensión sería la reacción legal, legítima y más eficaz ante un desafío como el planteado por las fuerzas antidemocráticas, y seguramente no pasaría nada si se realizase con la habilidad y previsión necesarias ante posibles resistencias. Sin embargo esto resulta difícil en España, donde existe una tradición de gobiernos que prefieren cerrar los ojos y claudicar ante conflictos menores… hasta que los conflictos se vuelven mayores e inmanejables. España no es, por desgracia, una democracia asentada, y los políticos sienten gran temor a asentarla del único modo posible: aplicando la ley.

Pero si cabe dudar de que incluso Aznar se atreviera a hacer cumplir la ley en este conflicto, pese a ser el enemigo en realidad irrisorio, con Rodríguez no hay ninguna duda: no sólo no hará cumplir la legalidad, sino que contribuirá a su ulterior descomposición, al menos durante un tiempo. Por una de esas monstruosidades de la historia que llevan a los pueblos al despeñadero, el gobierno de España ha recaído en unos personajes que no creen en la nación española, que detestan a Montesquieu y no creen tampoco en la democracia liberal, que comparten muchas ideas con los terroristas, se dedican a dividir a la sociedad hostigando a la mayoría católica, y sufren tan infección de sectarismo que con tal de cortar a la derecha el paso al poder están dispuestos a pactar con quien sea y a tolerar cualquier ataque a la democracia y la unidad de España. Esa fue, viene a cuento recordarlo, la política de las izquierdas presuntamente moderadas de Azaña y Prieto en 1936, después de otras elecciones anómalas. Y con esa política se deslegitimaron.

¿Qué va a ocurrir, por tanto? Tenemos ante nosotros unas presiones de creciente intensidad y peligro para disgregar España, en combinación de hecho con la amenaza islámica, más un gobierno complaciente con los enemigos de la democracia y la unidad españolas, que con ello corre hacia su propia deslegitimación.

El análisis no debe prescindir de aspectos menos sombríos: la oposición tiene gran fuerza, en principio, aun si no es claro que sepa utilizarla, y cabe en lo remotamente posible que el gobierno cambie a tiempo de rumbo. Por otra parte, aunque la sociedad española está ciertamente aturdida y letárgica, hay indicios de reacción. La democracia no depende en última instancia de los partidos, sino de los ciudadanos, y quizá éstos sepan responder al desafío mejor que los políticos, empujándolos a actuar o descartándolos.

El PSOE protagonista
Ramón Pi El Ideal Gallego 7 Enero 2005

Los separatistas vascos y catalanes, que en el conjunto de España tienen una representación que no llega al 10% del Congreso, son conscientes de que por la vía democrática jamás alcanzarán sus objetivos. Entre el PSOE y el PP cubren el 89,1% de los escaños, y cada vez que esos dos grandes partidos han actuado de consuno, los resultados han sido estimables, como lo prueba el funcionamiento, pese a todo, del Pacto Antiterrorista. Se impone, pues, para los intereses separatistas, resquebrajar todo lo posible las relaciones entre socialistas y populares. Eso es de Catón.

De los dos grandes partidos nacionales, PP y PSOE, éste es el más vulnerable a esta estrategia, porque posee menos sentido del Estado y está obsesionado por parecer progresista y por alcanzar y mantener el poder a cualquier precio. Para el PSOE, el poder es asunto de ser o no ser, muchas veces en sentido de supervivencia o prosperidad personal de tantos militantes. El PSOE, además, exhibe estos talones de Aquiles tan obscenamente que no tiene nada de particular que los separatistas hayan concentrado en él sus atenciones. La estrategia es sencilla: el PP, que hay que pronunciar “Pepé” con rictus de asco, es la dictadura, la antidemocracia, la caverna; Aznar es el de la guerra de Irak, el enemigo del pueblo, el que bloquea el progreso, el homófobo, el intolerante, el soberbio y la escoria. Tener tratos con esa basura es una provocación a “los demócratas”, que son los separatistas, y descalifica al provocador.

Los socialistas, tanto por bulimia de poder como por sectarismo ideológico y orfandad intelectual, han aceptado esta demagogia mendaz sin rechistar y se han sumado al coro de los propagandistas de la negación de la evidencia, aunque, como son los únicos que tienen posibilidad de gobernar además del Partido Popular, conservan alguna sensibilidad hacia unos pocos asuntos muy básicos, como el terrorismo, porque saben que a su propio electorado le repugna. Pero no tienen inconveniente en llevar a España al despeñadero de la desunión si eso les resuelve el cortísimo plazo de los apoyos parlamentarios para seguir en el machito. El PSOE es el protagonista de lo que vaya a ocurrir. Y es descorazonador que en su seno no hayan surgido más que unas pequeñas voces contra los intentos de los separatistas, que ayuden a Rodríguez aunque sea a parecer un hombre de Estado.

El fracaso
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 7 Enero 2005

POCAS CONFESIONES de impotencia y quiebra moral, de fracaso de la Libertad, del Pensamiento y de la Cultura como principios informadores de la organización de la vida social española resultan más desoladoras para el Espíritu, que la de un Antonio Machado decrépito y acobardado glosando la figura violenta, brutal, de Lister: « Si mi pluma valiera tu pistola / de capitán, contento moriría» . Se había llegado entonces a un callejón sin salida, como ahora también lo estamos. Si tanto hace setenta años como ahora, los nacionalistas y parte de la izquierda continúan su tradición de violar las instituciones y el Estado de Derecho cuando se creen fuertes, son muchas las causas por las que se ha llegado a la actual situación de deterioro que ya no parece admitir más remiendos ni tímidos y pudibundos disimulos.

Hay causas políticas y jurídicas, pues la ambigüedad constitucional de su chapucero título octavo está pasando factura como no podía sorprender cuando existen facciones políticas cuya razón de ser se encuentra y crece en la deslealtad, se benefician de la violencia terrorista criminal, falsifican la historia al modo orwelliano. Pero el mal es más profundo: tiene que ver con la propia Nación y su forma de comprenderse a sí misma. Es decir, con el fracaso de la cultura, con la base moral de la Nación española, que es anterior al del propio sistema político. Se echa en falta una generación de gentes de cultura que quieran promover los valores de la civilización española. ¿Dónde están ahora los Unamuno, Baroja, o Maeztu, Valle, Bonilla, Pérez de Ayala, Marañón, Ortega, Machado, Azorín, comprometidos con España? El mayor despropósito de la Constitución de 1978 ha consistido en dejar la educación de las nuevas generaciones de españoles en manos del enemigo. Dejar los valores de la civilización en manos de los nacionalsocialistas es abandonar al pueblo a merced de los pastores traidores y mercenarios del Coloquio de los perros cervantino.

No nos ganarán
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 7 Enero 2005

QUIZÁS la imagen que mejor represente el atropello que han puesto en marcha Ibarrtexe y sus mariachis sea la de la risa despectiva con la que los nacionalistas vascos acogieron la reacción de los parlamentarios socialistas y del PP en el momento en que se votaba el plan totalitario. Esa risa, que traduce prepotencia, chulería y cobardía, demuestra hasta qué punto los nacionalistas vascos no consideran a los socialistas vascos y a los populares vascos ciudadanos como ellos, les toman como residentes de segunda y no vascos. No es casual que Ibarretxe hable en nombre de toda la sociedad vasca, como Franco hablaba de los españoles; no es casual que este fascista de nuevo cuño, Ibarretxe, se considere representante del total de los vascos y niegue la condición de tales a los vascos socialistas, a los vascos del PP; no es casual, en fin, que Ibarretxe, con el libro gordo de Petete, de Pet-ETA , nos explique melonadas del tipo de que los elefantes no se pueden comer, que el Congreso de los Diputados es menor que la suma del PNV y EA y EB con ETA, o nos diga, con aire curil, «qué hay de malo en ello». Estamos, en el caso del PNV y de ERC, ante un fenómeno de tintes fascistas, de nuevo fascismo, en el que se prima el ombligo frente a la ciudad, la tribu frente a la democracia, el particularismo frente a lo universal; con el agravante de que hay progres que compran esta mercancía como si fuera la verdad revelada. Como síntoma de prepotencia, Ibarretxe nos llama a enfrentarnos a tortas, como si no tuviéramos bastante con los tiros.

Lo chocante del asunto es que Ibarretxe fundamenta su chulería en la debilidad de los asesinos; debilidad que ha sido posible gracias a que los socialistas -golpe policial en Bidart, en marzo de 1992- y los populares -ilegalización de HB- han puesto a los criminales en la situación más crítica de su historia -presos dixit - gracias a no haber hecho ni maldito caso a los del PNV, que siempre han visto pegas en la lucha contra ETA y se han opuesto, sistemáticamente, a todas las medidas que se han puesto en marcha contra ellos. Como dice Joseba Arregui, ex miembro del PNV, ex consejero de Cultura del Gobierno vasco, ex portavoz del Gobierno vasco, el PNV ha estado clamorosamente ausente de todas las medidas políticas, judiciales y policiales que se han puesto en marcha en contra del terrorismo nacionalista vasco de ETA.

El caso es que el PNV está encantado de ofrecer la imagen de los vascos frente a los españoles, cuando la realidad es que los vascos están partidos por la mitad gracias a los nacionalistas vascos, y son muchos los nacionalistas que no ven clara esta estrategia de enfrentamiento. Hace bien el PSOE al tratar de evitar el victimismo que tanto le gusta al nacionalismo. Por resumir, si no nos ganaron cuando nos asesinaban, no nos van a ganar ahora, que cada vez tienen menos capacidad de asesinar.

CONDENA REAL IRRISORIA PARA UN CRIMINAL
LUIS IGNACIO PARADA ABC  7 Enero 2005

CUALQUIER país se paralizaría si los poderes legislativo y ejecutivo estuvieran sometidos al sistema tan irracionalmente garantista que se impone al judicial. Esos dos poderes, ejecutivo y legislativo, parten del principio democrático de que el bien común está por encima del individual. Y quienes ostentan esos poderes en el Gobierno, el Congreso y el Senado están protegidos porque se supone que actúan siempre de buena fe y en favor de la colectividad. En cambio en el poder judicial, extendido al penitenciario, se parte del prejuicio de que la ley, la fiscalía y la víctima tienden a abusar del reo y por eso ofrecen a cualquier acusado o condenado un blindaje tan poderoso, que si tiene recursos es capaz de paralizar la acción de la justicia y, si no lo es, goza de unos beneficios tan amplios que podrá ver reducida su condena de forma que puede llegar a causar escándalo.

El histórico integrante del comando Madrid de ETA José Ignacio de Juana Chaos, condenado a más de 3.000 años de cárcel por once atentados, entre ellos el que costó la vida a 12 guardias civiles en julio de 1986, podría salir en libertad el mes próximo tras haber cumplido sólo dieciocho años de internamiento. Debería haber cumplido un máximo de 30 años al haber sido condenado con el Código Penal de 1973, pero ha visto reducida su estancia en prisión en casi doce años gracias a las redenciones concedidas, una de ellas en claro fraude de ley por estar matriculado en un curso universitario que no ha realizado. Casos como este ponen de relieve la necesidad de que el proceso penal y el sistema penitenciario en su conjunto concilien el respeto a los derechos fundamentales del individuo sin menoscabar la protección de la sociedad. Y eso no ocurriría si es excarcelado un criminal convicto como de Juana Chaos, cuyo cumplimiento de la pena sería lamentablemente irrisorio para las dimensiones de la condena.

18 años de cárcel por 20 asesinatos
Editorial La Razón 7 Enero 2005

José Ignacio de Juana Chaos, uno de los asesinos etarras más sanguinarios, puede salir de la cárcel en los próximos días tras haber cumplido 18 años de los tres mil a que fue condenado. Miembro del «comando Madrid», es responsable directo de la muerte de, al menos, veinte personas, y de las mutilaciones de por vida de otras muchas. Nunca ha mostrado el menor signo de arrepentimiento y, por supuesto, siempre se negó a colaborar con la Justicia o a intentar reparar en lo posible el daño infligido a sus víctimas. De Juana fue juzgado en 1987, cuando aún estaba en vigor el Código Penal franquista de 1973. Por lo tanto, ha gozado de una amplia gama de beneficios penitenciarios que le han permitido redimir largos días de condena con, por ejemplo, apuntarse simplemente a un curso de formación. Su libertad, si una problemática decisión de la sala de lo penal de la Audiencia Nacional no lo remedia, será, pues, un hecho y es de comprender la indignación que suscita entre una ciudadanía perpleja. Pero nuestro ordenamiento constitucional impide aplicar la retroactividad de las leyes, cuando éstas perjudican al justiciable, aunque se trate de uno de los mayores asesinos de la historia de España. Tras diversas reformas, el actual Código Penal y los reglamentos penitenciarios, elaborados ya en democracia, han endurecido notablemente las penas por homicidio y han racionalizado el sistema de redención. De Juana, como también ocurrirá próximamente con otros grandes criminales de ETA como Troitiño y el francés Parot, estará en la calle y lo hará con todas las bendiciones de la ley.

Plan Ibarretxe
Cartas al Director ABC 7 Enero 2005

El plan Ibarretxe ya está aquí. Nueva demostración de que los nacionalismos son insaciables a la hora de tratar de conseguir sus objetivos. En todos estos años, los sucesivos Gobiernos de España han ido cediendo hasta premiarles con el mayor grado de autonomía que existe en una región de cualquier país de Europa. En cuanto se les concedían ciertas transferencias de poder, ya estaban exigiendo otras nuevas. Conseguidas las nuevas, el ansia insolidaria de lograr algo más solamente para su tribu les hacía ponerse en pie de guerra, ayudados de las amenazas de los que mueven el árbol del terrorismo. En estos instantes, ya es el todo o nada. Sin tapujos.

Años han estado minando los cimientos de este Estado español que tanto repudian y del que tanto se han beneficiado, que se han crecido hasta verse capaces de lanzar el órdago de sus ideas secesionistas. Y justo en un momento en el que entre todos caminamos más juntos que nunca hacia la idea de una Europa unida. Todos estos años en democracia han tratado de dinamitar la Constitución que nos une y nos representa. Y ahora, ya sin caretas, sabemos que buscan dar el tiro de gracia a una hermosa realidad llamada España. Pero no saben que la ley, la justicia y la lógica de un tiempo en el que no caben los xenófobos independentistas harán que sus pretensiones de iluminados de la raza se queden ancladas en el pasado rancio y caduco que representan.

David García Garcia. Madrid.

José Alcaraz: «El Plan Ibarreche es una coartada más para que los terroristas sigan matando»
Francisco José Alcaraz, presidente de la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT), habla para LA RAZÓN del Plan Ibarreche desde el plano más humano. El presidente de las víctimas de la barbarie opina que este proyecto vasco es una «coartada más para que ETA continúe asesinando»
Patricia Arriaga La Razón 7 Enero 2005

Madrid- –¿Cuál es su opinión personal acerca del polémico Plan Ibarreche?
–Creemos que este plan es un éxito para la banda terrorista ETA. El proyecto de Ibarreche está sustentado por cien mil muertos y cien mil heridos, además de los acosados, extorsionados y amenazados que existen dentro y fuera del País Vasco. Desde nuestro punto de vista, con el Plan del lendakari, ETA ha ganado un poquito más a la democracia y ha humillado de nuevo a las víctimas del terrorismo. Además, las víctimas no entendemos como se le da voz al máximo dirigente de la banda terrorista que es «Josu Ternera».

–¿Qué medidas tienen previstas tomar desde la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT)?
–Nuestras medidas son de denuncia y de vigilancia de cada pacto. No podemos tomar otro tipo de medidas que no sean vigilar cada diálogo y cada negociación.

–¿Han mantenido algún tipo de contacto con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero?
–No, de momento no hemos mantenido ningún tipo de contacto. Esperamos que cuando se reúna el Pacto anti-terrorista, Zapatero dialogue con nosotros. En caso de que esto no se produzca, sí que iniciaremos y forzaremos el contacto.

–En el caso de que se realizara un referéndum para toda España sobre el proyecto del lendakari, ¿cuál cree que sería la opinión mayoritaria?
–Estoy seguro de que toda España rechazaría ese plan de ruptura, ya que España siempre ha dado apoyado y consolado a las víctimas.

–En su opinión, ¿hasta dónde cree que puede llegar el presidente vasco con su plan?
–Tengo que dejar claro que Juan José Ibarreche lo que está haciendo es dar aliento a la banda terrorista de ETA. Es que si se detiene el plan, Ibarreche justifica el motivo de sus acciones, es decir, que el lendakari se justificaría diciendo que la mayoría del Parlamento vasco ha votado la independencia del País Vasco, por lo que justificaría la banda armada. Es una barbaridad y una coartada más para que la banda siga matando.

–¿Cree usted que es necesario que intervenga la Justicia, como opina el Partido Popular, o apuesta usted más por medidas políticas como opina el Partido Socialista?
–Contra este tipo de proyectos lo que funciona es la fuerza, que, a mi modo de ver, está representada por la vía judicial, pero tampoco podemos descartar todo lo demás. Cualquier medida que haga que este plan no llegue a su destino es positiva.

–¿Qué futuro le augura usted a este proyecto vasco?
–Espero que no tenga futuro y confío que las fuerzas políticas no permitan que este proyecto continúe.

–¿Cuál es su opinión acerca del apoyo de Ezker Batua al plan del lendakari?
–El triparto de PNV, IU y EA dicen una cosa en Madrid y luego hacen otra en el País Vasco. Para nosotros es una total incoherencia. Para mí, IU, por un lado intenta beneficiarse políticamente del Plan Ibarreche y de la política del País Vasco, y por otro lado, intentan mostrar a España una política totalmente distinta. Es un doble lenguaje hipócrita con intereses políticos e incluso económicos.

–¿Tienen previsto mantener algún contacto con el coordinador de IU, Gaspar Llamazares?
–No porque hay poco que hablar. Cuando se aprobó el cumplimiento íntegro de las penas de los terroristas el señor Llamazares pasó a nuestro lado, en una concentración que hicimos, y no hubo ninguna palabra de apoyo. Para nosotros están más cerca de los verdugos que de las víctimas.

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