AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 11 Enero 2005
ETA marca a Ibarreche
Editorial La Razón 11 Enero 2005

LA ESTRATAGEMA
Jaime CAMPMANY ABC  11 Enero 2005

ALTERNATIVAS FRENTE AL DESAFÍO
Editorial ABC  11 Enero 2005

Pasividad = irresponsabilidad
Ignacio Villa Libertad Digital 11 Enero 2005

La posición navarra
Editorial Heraldo de Aragón 11 Enero 2005

SOMOS UN ESPECTÁCULO
César Alonso DE LOS RÍOS ABC  11 Enero 2005

UN ASESINO PELIGROSO
EDURNE URIARTE ABC  11 Enero 2005

Todos contra España
Alberto Acereda Libertad Digital 11 Enero 2005

DEMAGOGIA EUROPEÍSTA
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC  11 Enero 2005

La propaganda no funciona fuera de España
EDITORIAL Libertad Digital  11 Enero 2005

La trashumancia tranquila
Cristina Losada Libertad Digital 11 Enero 2005

Ni siquiera don Tancredo
Julián LAGO La Razón 11 Enero 2005

España
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 11 Enero 2005

Un plan como unas hostias
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 11 Enero 2005

¿A tortas!
ANTONIO ELORZA El Correo 11 Enero 2005

¡Viva el estatuto de Guernica!
Iñaki Ezkerra La Razón 11 Enero 2005

El auxilio episcopal vasco
Lorenzo CONTRERAS La Razón 11 Enero 2005

Europa y olé
Bruno AGUILERA La Razón 11 Enero 2005

Matones de discoteca
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 11 Enero 2005

Don «Felicísimo» Zapatero
Antonio Martín BEAUMONT La Razón 11 Enero 2005

Encrucijada
David GISTAU La Razón 11 Enero 2005

«No y punto»
Juan BRAVO La Razón 11 Enero 2005

De Vitoria a Madrid
Editorial El Ideal Gallego 11 Enero 2005

Se equivoca el nacionalismo
Cartas al Director ABC 11 Enero 2005

Ibarra se enfrenta a la dirección del PSOE y reclama más firmeza ante el plan secesionista
Esther L. Palomera La Razón 11 Enero 2005

Navarra da el primer paso para llevar el plan Ibarretxe al TC por invadir competencias
BEGOÑA LÓPEZ ABC  11 Enero 2005

Moratinos enciende al sector vitivinícola español al mostrar su interés por el vino de Burdeos
Libertad Digital 11 Enero 2005

El Gobierno negocia país por país el uso de las lenguas cooficiales en la UE
ABC 11 Enero 2005

España en suspensión de pagos
Nota del Editor  11 Enero 2005
 

ETA marca a Ibarreche
Editorial La Razón 11 Enero 2005

Cuando el Plan Ibarreche fue aprobado en el Parlamento vasco con los decisivos votos de tres parlamentarios del brazo político de ETA, era ya un secreto a voces que el desvarío secesionista del lendakari nacía bajo la tutela y supervisión de la banda terrorista, y que así se lo recordaría tantas veces como hiciera falta y con los medios precisos durante el recorrido vital del proyecto. Ibarreche midió mal, muy mal, y no sólo traicionó y vendió a su suerte a al menos la mitad de la ciudadanía vasca, la no nacionalista, sino que puso buena parte del futuro político de toda la comunidad en manos de un grupo terrorista con centenares de asesinatos y miles de víctimas a sus espaldas. Pero dio también torpe y desgraciadamente un rol protagonista en la vida política vasca a un entramado criminal que lo había perdido por el cerco jurídico-policial al que había sido sometido por la estrategia emanada del Pacto Antiterrorista.

Desde su atalaya de Ajuria Enea, Ibarreche, fanatizado, desnortado y enrocado en un nacionalismo radical, insufló oxígeno a una serpiente que agonizaba hasta reanimarla y auparla a una privilegiada situación que debiera preocupar hondamente a cualquier demócrata responsable. Y de ello tendrá que responder más tarde o más temprano ante la sociedad que no le perdonará tampoco que mintiera con contumacia y alevosía al conculcar su compromiso de sacar adelante su Plan sin los votos de Batasuna y en un escenario sin violencia. Ibarreche no ha cumplido ninguna de las dos premisas, más bien todo lo contrario.

Ahora, ETA se siente con la sartén del escenario vasco por el mango y pretende forzar la máquina para imponer su proyecto independentista, excluyente y represor. Ahora, el lendakari ya conoce, como informa hoy en exclusiva LA RAZÓN, que la banda terrorista ha dado de plazo al PNV hasta el «Aberri Eguna», fiesta separatista de finales de marzo, para que negocie con Batasuna el texto de un nuevo estatuto y la pregunta que será sometida a ese referéndum ilegal que Ibarreche no para de anunciar. ETA, en definitiva, quiere un nuevo «Pacto de Estella» para tratar de imponer la independencia del País Vasco.

La noticia demuestra que la irresponsabilidad del Gobierno vasco no conoce límites y que ha embarcado a la sociedad en una encrucijada de solución imposible con una ETA de supervisora mientras acaricia el gatillo de su pistola. Desde el lado de los demócratas debiera corresponder no dar tregua a un proceso con el sello etarra, aunque algunos persistan en sus estrategias de cálculos partidistas y electorales cuando todos nos jugamos tanto. Lo cierto es que quien juega con fuego, como Ibarreche, suele terminar por quemarse.

LA ESTRATAGEMA
Por Jaime CAMPMANY ABC  11 Enero 2005

SÓLO una estratagema política para no desagradar a sus socios parlamentarios puede ser la explicación de la actitud de Zapatero ante la aprobación en Vitoria del plan Ibarreche. De otra manera no se concibe que el Partido Socialista califique el plan de inconstitucional, y hasta pida el concurso del PP para oponerse a él en el Parlamento, precisamente por ir claramente contra la Constitución, y por otro lado se niegue a enviar el texto al Tribunal Constitucional para que los altos magistrados señalen dónde, cómo y por qué el empecinado plan Ibarreche viola las normas constitucionales.

El debate político en el Congreso, a sabiendas de que terminará con el rechazo del plan con los votos de los dos grandes partidos de la arquitectura política española, es solamente una manera peligrosa de ganar tiempo. Mejor dicho, de que Zapatero gane tiempo haciéndoselo perder al Congreso. Vamos a ver, señores del Gobierno, si alcanzan a tener un mínimo de seriedad. Si tienen ustedes, no ya sospechas, no ya indicios vehementes, sino convicciones profundas y fundadas de que el texto del plan Ibarreche se sitúa fuera de la Constitución, ¿por qué misterioso capricho no es enviado al Tribunal Constitucional para que los jueces lo examinen y resuelvan?

Quien debe analizar, explicar y fundamentar la constitucionalidad o inconstitucionalidad del plan Ibarreche no son los partidos políticos, sino el Tribunal Constitucional, porque ese es un tema de técnica jurídica y no tienen nada que decir oficialmente ni Pepiño Blanco ni Eduardo Zaplana, por poner dos ejemplos enfrentados en el hemiciclo, ni el doctor Llamazares, ni las ministras de cuota, ni Lazarillo Rubalcaba. Y si el plan es inconstitucional, asunto resuelto y ya no hay nada que debatir. El señor Ibarreche no quedaría como una víctima y un incomprendido «político», sino como lo que es: un nefasto presidente autonómico que desobedece las leyes, viola la legalidad, intenta cargarse la Constitución y tira hachazos al Estado de Derecho.

La «hoja de ruta» del lendakari está cantada. La ha cantado el propio barítono con la música escondida, aunque no tanto, de la banda etarra. El plan se aprueba en el Parlamento de Vitoria. Si faltan tres votos, los presta ETA. El pacto Ibarreche-Ternera se convierte en una conclusión lógica. Se envía el plan al Congreso de los Diputados, y allí lo rechazan los votos sumados del PP y el PSOE. Madrid, España, los maketos en definitiva, no entienden ni respetan a los vascos. No aceptan la negociación, y hay que ir a las «tortas». Se celebran las elecciones autonómicas con el plan como programa electoral y con una tregua etarra pactada. Y enseguida, el referéndum, sea legal o ilegal. ¿Qué más da? No hay nada por encima de la voluntad de la sociedad vasca, representada por Ibarreche y atemorizada por ETA. Total: plan, tregua, Estatuto, nacionalismo, Estado asociado y Euskadi, que, de momento, se queda en España, libre e independiente para no tener que salir de Europa. El Tribunal Constitucional, de vacaciones. Y Zapatero, presidente de lo que quede.

ALTERNATIVAS FRENTE AL DESAFÍO
Editorial ABC  11 Enero 2005

TANTO PP como PSOE debatieron ayer, en sus respectivos órganos ejecutivos, la posición que fijarán definitivamente ante el plan Ibarretxe, en una semana marcada por la ronda de encuentros que van a celebrar el lendakari y el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Ambas formaciones reiteraron los criterios que han venido exponiendo en los últimos días. Habrá coincidencia momentánea sin estrategia estable frente a la propuesta soberanista del nacionalismo vasco. El PP ha perseverado en la oferta de un pacto con el PSOE para decidir una respuesta conjunta frente a una ofensiva que, en contra de lo que pudiera hacer pensar la actitud de Rodríguez Zapatero, ni empezó con el plan Ibarretxe ni acabará con su votación en el Congreso. Por su parte, el PSOE ya ha descartado cualquier acuerdo explícito con el PP, demostrando que la fotografía del rechazo conjunto al plan del lendakari en el Congreso agota su capacidad de convergencia con los populares. La consecuencia es que el Gobierno y el PSOE no promoverán ningún gesto específico hacia el PP, pese a la sensación de incertidumbre que está extendida en la sociedad española, y lo que debería ser un motivo de esperanza, la reunión el próximo viernes de Rajoy con el jefe del Ejecutivo, se debilita por momentos a medida que el Gobierno pone tierra por medio y sólo parece interesado en mejorar las estadísticas personales de Rodríguez Zapatero frente a las de Aznar.

La apelación del Gobierno a la «razón democrática» ante el plan Ibarretxe tendría que ser, sin embargo, un estímulo para favorecer un acuerdo político con el PP, y no para excluirlo de una respuesta conjunta, como si el apoyo de los populares se limitara a su aportación numérica el día de la votación. Ahí es donde Rodríguez Zapatero se equivoca, porque su partido no puede hacer frente, por sí solo, a la embestida nacionalista, como tampoco podía el PP, pese a su mayoría absoluta en la pasada legislatura, motivo por el que ambos partidos desarrollaron dos tácticas para una misma estrategia constitucional que el socialismo ha cancelado en virtud de un cálculo electoral. Ahora el PSOE rehúye cualquier pacto con el PP por temor a incomodar su política de alianza con los nacionalismos, de la que, a pesar de todo, no está excluido el PNV. Es razonable no dar pie a un escenario frentista, pero otra cosa muy distinta es rehuir la confrontación política, cuando es inevitable, y consentir que sean los nacionalistas los que califiquen y fiscalicen los acuerdos de Estado entre los grandes partidos nacionales. Ni el PP ni el PSOE deben renunciar a lo que son y a lo que representan ante la sociedad española. No lo hicieron cuando firmaron el Acuerdo por las Libertades y Contra el Terrorismo, en 2000, cuyo preámbulo es suficiente para que el PSOE se sienta obligado a hacer más en beneficio de la unidad política frente al nacionalismo vasco. El frentismo es indeseable, sin duda, pero también lo es confundir las prioridades del momento y no calibrar los riesgos de la situación, más aún cuando el frentismo es la opción política natural de los nacionalismos -Declaración de Barcelona, pactos de 1998 con ETA y la izquierda abertzale, el propio plan Ibarretxe-.

Un acuerdo de principios entre PP y PSOE no sería un acto frentista, sino la alternativa más legítima y democrática para la defensa de la Constitución, la expresión última de un objetivo común frente al desafío al Estado, impulsado por los dos grandes partidos para lanzar un mensaje tranquilizador a la sociedad española. Que tal acuerdo no exista permitirá al PSOE no descomponer su espinosa coalición con ERC y sosegar su permanencia en el poder, pero el sistema de partidos habrá perdido una ocasión histórica para demostrar que la defensa de los valores fundamentales está por encima de la contienda partidista.

Pasividad = irresponsabilidad
Ignacio Villa Libertad Digital 11 Enero 2005

El presidente Zapatero en estos casi nueve meses de Gobierno había mostrado, repetidas veces, su pasividad a la hora de afrontar problemas propios de su cargo. Una pasividad sin duda preocupante, pero en apariencia corregible. Nada más lejos de la realidad.

El Jefe del Ejecutivo ha demostrado ante la irrupción del Plan Ibarretxe un corto recorrido político. Incapaz de dar respuestas concretas, amparado en un diálogo de casita de muñecas y encastillado en una moderación que sólo es pusilanimidad; Rodríguez Zapatero se encuentra inmerso en un gravísimo problema político. Está abatido, no encuentra soluciones y no ofrece alternativas, sólo se dedica a criticar al Partido Popular, abanderando la más rancia demagogia. Busca la destrucción ajena y no responde al desafío del Plan Ibarretexe.

Zapatero ha optado, una vez más, por el "no pasa nada" como única tabla de salvación. Pero esta vez pasa y pasa mucho. La actitud del presidente es algo más que criticable, es mucho más que preocupante, es francamente estremecedora. Zapatero está mostrando una gran debilidad política, con fuertes dosis de irresponsabilidad y con claras muestras de no saber que hacer. Comenta que "lo del Plan Ibarretxe tiene una gravedad limitada", abre las puertas del Parlamento a una propuesta apoyada por los terroristas de Batasuna y saca sus azotes habituales a lo realizado por Aznar.

¿Dónde nos quiere llevar este hombre?, ¿qué tiene en la cabeza?, ¿cuál es su verdadera estrategia? De las críticas hemos pasado a la alarma roja para terminar en la más absoluta estupefacción. El presidente del Gobierno –sin resolver los problemas domésticos– está ofreciendo una imagen lastimosa y destructiva con toda la imagen de España en el exterior. La última entrega ha sido el editorial del Wall Street Journal en el que se insiste en la falta de liderazgo de Zapatero y en el peligro que corre Europa con el plan secesionista vasco.
Pero no importa, aquí no pasa nada. Todo se resuelve con la política sin contenidos pero de apariencias visionarias de este hombre que parece que ha descubierto el universo. Señor presidente, con un poquito de responsabilidad nos basta. Y por lo que estamos viendo, va a ser mucho pedir.

La posición navarra
Editorial Heraldo de Aragón 11 Enero 2005

EL GOBIERNO de Navarra planteará un requerimiento de incompetencia al plan Ibarretxe, el cual supone para los regionalistas de la Unión del Pueblo Navarra (UPN) "la mayor injerencia política e institucional cometida sobre Navarra en los últimos años".

Dicho requerimiento será el paso previo a la interposición ante el Constitucional de un "conflicto positivo de competencias". Con este gesto, el Gobierno navarro quiere rechazar la pretensión del Parlamento vasco de vulnerar la voluntad de los navarros e integrarlos unilateralmente en un futuro "gran Euskadi". La reacción navarra es la primera que se enfrenta jurídicamente al plan Ibarretxe y supone, a su vez, una crítica de hecho a la posición del Gobierno de Zapatero, al que UPN tacha de blando e incoherente. Es un nuevo flanco contra el insensato plan. Navarra, que se siente amenazada directamente por el afán independentista de Ibarretxe, mueve ficha. Le asisten razones fundadas para ello.

SOMOS UN ESPECTÁCULO
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC  11 Enero 2005

AYER «The Wall Street Journal» respondía a la misma pregunta que yo me había hecho dos días antes en esta columna sobre la actitud que podría tener la Unión Europea ante la aparición de un Estado Vasco o de la Comunidad Nacional catalana.

Coincidiendo en la denuncia de los intentos de balcanización de España por parte de los nacionalistas vascos y catalanes y en que tienen posibilidades de conseguirlo, disiento de las preocupaciones del cronista americano. Las de éste van por la suerte de la Unión Europea en el supuesto de que algún día se vea obligada a atender a casos como los ibéricos o el corso, mientras que mi inquietud, mi angustia más bien, va por la suerte de mi país, por el futuro de España, por las consecuencias que podría tener la ruptura de la conciencia nacional en la convivencia española. Los temores del periodista norteamericano resultan especialmente humillantes para nosotros los españoles en el sentido de que, a su entender, España es la creadora de un problema grave para el resto de los países europeos. Y es en ese punto donde se engaña. La balcanización «dulce», que sería la nuestra en el supuesto de que no fuéramos capaces de parar a Ibarretxe y a Maragall, no sería una desgracia para los europeos, al menos no lo sería para algunos de ellos. Por ejemplo, para los franceses y para los alemanes. Estos últimos y los austríacos fueron los responsables del desmantelamiento de Yugoslavia; ellos provocaron el terrible proceso de descomposición. Después tuvo que ser EE.UU. el responsable del mantenimiento de una paz tan precaria como la que siguió al espantoso y eterno círculo de odios y de guerras.

POR lo que respecta a España, nuestra vecina Francia daría una mano por que nuestro Estado se resquebrajara. Francia ha sido el santuario de ETA a lo largo de treinta años y nunca ha dejado de serlo totalmente. Sus cambios han sido obligados. Nunca por solidaridad. ETA no habría podido representar la amenaza que ha supuesto si Francia hubiera colaborado lealmente. Gobiernos de derecha y de izquierda han coincidido en sus políticas de castigo a España. Y nuestros Gobiernos y, por lo mismo, nuestras fuerzas de orden público han rebajado siempre las responsabilidades de aquéllos.

EL complejo que ha habido por nuestra parte ha sido tan abrumador como el que demostró nuestro actual presidente cuando dijo recientemente que el Gobierno del PP había puesto muy difícil la colaboración de Francia en la lucha contra ETA; que sus buenos oficios con Francia darían, sin embargo, resultados. Según ZP, hay que hacer méritos con Francia para conseguir la colaboración de ésta en la persecución de ETA. Eguiguren pasa «al otro lado» para dialogar con dirigentes de ETA y Carod-Rovira se entrevista en Perpiñán con la banda. Pero el apoyo al terrorismo (aunque haya sido por omisión, por dejación) no es el único plano en el que se expresa la actitud de nuestro vecino en relación con España. Quien siga la prensa francesa con atención habrá podido comprobar el tratamiento que las elites políticas y culturales dedican a Cataluña como hecho diferenciado. No en vano, la leyenda negra contra España nació al otro lado de los Pirineos.

No será, por tanto, Europa la que vea con inmensa preocupación la balcanización «dulce» de España, al menos la Europa del eje. En todo caso, yo preferiría ahorrársela, aunque para eso tendría que querer ZP. Es decir, tendría que alarmarse ZP por el espectáculo de descomposición que España está dando al mundo.

UN ASESINO PELIGROSO
Por EDURNE URIARTE ABC  11 Enero 2005

Hay dos razones que justifican el escándalo social provocado por la próxima excarcelación de Ignacio de Juana Chaos: el lacerante contraste entre sus 25 crímenes y los 18 años de prisión y el mantenimiento de su peligrosidad; porque no ha mostrado el más mínimo arrepentimiento y todo parece indicar que sigue bajo la disciplina de una organización terrorista en activo que es ETA. Pero, dicho esto, este caso tiene poco remedio a estas alturas, y el único beneficio que puede extraerse es alguna reflexión productiva sobre el tratamiento judicial futuro de los etarras y los criminales en general.

El asidero legal encontrado por los jueces para prolongar el encarcelamiento no servirá para mucho. Recordemos respuestas anteriores a los delitos de amenazas y exaltación del terrorismo, como la absolución por el Supremo, hace sólo dos semanas, del batasuno Jon Salaberría con el argumento de que los parlamentarios pueden defender lo que les plazca, incluidos los crímenes. Y, además, no se comprende bien por qué los jueces no realizaron esta acusación cuando se produjeron los nuevos delitos, y sí ahora que hay un escándalo social, lo que denota la fragilidad de esta respuesta y los flancos legales y sociales que aún debilitan la persecución del terrorismo.

Ahora bien, el caso De Juana Chaos va más allá de ETA. Porque refleja los problemas de un sistema jurídico-penal que parece esforzarse más en responder a una ideología dominante sobre las funciones del castigo penal que a los hechos. Es cierto que, precisamente por los hechos, el Código Penal fue reformado y que eso dificultará la repetición de casos tan escandalosos como éste.

Pero no estoy tan segura de si los impedirá. Porque esa ideología dominante que prioriza la recuperación del criminal frente al castigo y a la protección de las víctimas y de la sociedad sigue provocando algunos efectos perversos, muy especialmente los relativos a la reinserción. Incluso con el Código Penal reformado y la exigencia de arrepentimiento para la obtención de beneficios penitenciarios, la pretensión de que la pena produce la recuperación automática del criminal, independientemente de lo que diga y pretenda ese criminal, lleva a una aplicación descuidada y casi automática de los beneficios. Y los jueces tienen sólo una parte de la responsabilidad; ellos se esfuerzan por amoldarse al ideal social preponderante sobre la recuperación de los delincuentes.

ETA es una circunstancia más en este asunto, pero, es cierto, es una circunstancia de especial gravedad. Y no sólo por el miedo. Aún me preocupa más la tentación del tratamiento político de los crímenes etarras. Quedan muchos etarras con cuentas pendientes con la ley, y sus esperanzas de negociación con el Estado se cruzan en los últimos tiempos con renovadas tentaciones de soluciones políticas para el terrorismo; y, si se concretan, puede haber muchos escándalos De Juana Chaos en el futuro.

Desafío nacionalista
Todos contra España
Alberto Acereda Libertad Digital 11 Enero 2005

Les confieso que no iba hoy a escribir nada de esto. Había preparado otra columna semanal sobre las falsedades del “intelectual” Eduardo Mendicutti en un reciente artículo de prensa sobre Susan Sontag. Afirmaba allí el novelista que la muerte de aquella “pensadora” norteamericana no se había recogido en las televisiones de EEUU. Falso, claro. Al hilo de eso iba a contarles también esa tradición intelectual de la izquierda tan dada al elogio de dictadores, como el poeta Pablo Neruda que –aunque buen rimador– elogiaba sin complejos a Stalin, Lenin, Mao y otros grandes asesinos del siglo XX. Quizá se lo cuente la próxima semana porque todo eso –aunque relacionado– parece ahora insignificante comparado con el importante reto que España tiene ahora mismo como nación. Por eso hoy sólo quiero hablarles de lo que desde aquí uno percibe: el jaque mate a España.

Ese es el mismo título que, en otro artículo más amplio, servidor acaba de enviar a una revista norteamericana en la que por defender la unidad de España a uno no le llaman fascista. Relato allí mucho de lo que ustedes ya saben: la manipulación del 11-M por el socialismo y sus aliados, la forma en la que el PSOE llegó al poder, su patológico odio y adoctrinamiento antiamericano, la mal llamada “Comisión del 11-M” y otras varias hazañas del hidalgo Zapatero que desembocan en la gravísima situación actual: la del comienzo de un plan de ruptura de la unidad de España forjado al calor de los votos terroristas y la complacencia de un gobierno socialista incapaz de cumplir su juramento frente al Rey de defender la Constitución. Al director de esa revista le cuesta creer lo que lee. Le parece casi imposible que puedan ocurrir estas cosas en una democracia liberal, cuya Constitución y cuyo Estado de Derecho incluye la división e independencia de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.

El problema –le aclaro– radica en que España se parece a veces muy poco a una verdadera democracia. Es más, nos preguntamos si lo ha sido plenamente alguna vez. Porque cada vez que lo ha intentado aparece como por encanto la izquierda radical y antidemocrática, de la mano con los separatismos y los comunismos más antiespañoles para romper la unidad, la concordia y la esperanza. Tal fue la historia de 1934, la que luego llevó a la Guerra Civil, y la que algunos azuzan ahora con la amenaza permanente de las “tortas”. La misma historia, el mismo discurso de la opresión, el mismo odio a España desde los flancos más antiliberales de los reductos independentistas de Cataluña y Vascongadas… Tan reductos y tan mínimos que a Zapatero le parecen gigantes cuando sólo son molinos cuyas aspas él mismo hace girar.

El Partido Popular y todos cuantos creen en la unidad de España, sea cual sea su ideología, deben reaccionar y defender lo que la inmensa mayoría del pueblo soberano español reclama: la indivisibilidad de la nación española, recogida en el documento más sagrado de nuestra vida pública y política, o sea la Constitución Española de 1978. No caben medias tintas, ni lamentaciones, y mucho menos ya buenas palabras. Lo que falta es defender la libertad democrática por la que nuestros gobernantes deben hacer cumplir la Ley y respetar estrictamente la Constitución. Y si todo eso se hace de verdad y con la reglas de un verdadero Estado de Derecho, es imposible que un puñado de votos separatistas condicione la voluntad mayoritaria del pueblo español.

Es también fundamental que el gran símbolo de la unidad de España, el Rey, se deje oír todavía más alto y que utilice todas y cada una de sus facultades constitucionales para proteger la unidad de España y reimpulsar la democracia. Sólo así ese todos contra España se queda en lo que es: un imposible en el actual marco democrático constitucional. Otra cosa, respetable, es que haya quienes democráticamente deseen reformar la Constitución. Mas para eso hacen falta a día de hoy los votos del Partido Popular: los de los mismos diputados, en fin, que tienen que ponerse ya en marcha y sin demora a representar de una maldita vez a la gran masa social que les votó y que les exige ya respuestas inmediatas y concretas al permanente asalto contra España.

DEMAGOGIA EUROPEÍSTA
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC  11 Enero 2005

EL camino hacia el referéndum sobre el Tratado que aprueba una Constitución para Europa parece que va a discurrir, entre nosotros, empedrado en demagogia. Es una cuestión importante y muy compleja. El articulado exhibe una musculatura ciclópea e incumple la regla de oro de toda prudente legislación: brevedad y claridad. A su favor cuenta, en principio, la bondad de todo avance en la integración europea. En contra, eventualmente, la evidencia de que no toda novedad representa un avance. Más Europa sí, pero no cualquier Europa. Entre las razones aducidas por el Gobierno para dirigir su campaña (es un decir), abundan más las proclamaciones retóricas que los argumentos racionales. Desde una perspectiva liberal y conservadora española se pueden esgrimir y se esgrimen algunas claras y contundentes objeciones: el inaceptable tratamiento del cristianismo en el endeble Preámbulo; el método de elaboración del proyecto (así como el titular de la presidencia de la Convención); la pérdida de influencia y capacidad de decisión de España con relación al Tratado de Niza; y cierto tufillo burocrático y antiliberal. Y, por último, la decisión del presidente del Gobierno, apenas disimulada, de convertir la consulta en una especie de plebiscito para su decepcionante gestión. Ciertamente, faltaría más, abundan los aciertos y, por tanto, las razones para el voto afirmativo. Por lo demás, votar a favor no significa necesariamente la adhesión a todo el contenido, sino el resultado de un juicio general favorable. Salvo sorpresa, el triunfo del «sí» parece cantado, ya que cuenta con el apoyo de los dos grandes partidos nacionales. El riesgo estriba en que la abstención y el voto negativo superen el nivel de lo aceptable.

La actitud del Gobierno, entre demagógica y plebiscitaria, mengua el atractivo del voto favorable. Parece sugerirse que se trata de un triunfo del progresismo social-demócrata, cuando la realidad es que el grupo popular es mayoritario en el Parlamento europeo. De manera que un eventual resultado favorable no constituirá, en ningún caso, un éxito del socialismo. Lo peor son, quizá, las formas, la errática pedagogía (es otro decir) que se ha adoptado para persuadir a los ciudadanos. La verdad es que más bien induce un efecto disuasorio. Por un lado, las prisas. No se ha explicado la necesidad de ganar en esta frenética carrera hacia las urnas. Dudo de que muchos españoles sepan si se trata de una consulta vinculante o no. Y, en caso negativo, qué urgencia existe. Tampoco se han despejado las dudas sobre la naturaleza jurídica del proyecto. Es muy dudoso que se trate de una genuina Constitución. Sin embargo, el texto se presenta bajo la forma de un Tratado por el que se establece una Constitución para Europa. Mas una Constitución requiere, o, al menos, requería hasta ahora, la existencia de un poder constituyente. El Gobierno quiere eludir la campaña a favor, pero no puede evitar la recomendación del voto afirmativo. Para ello, ha suprimido todo debate nacional, encomendándose al embrujo de las irracionales adhesiones mediáticas. Así, los argumentos son reemplazados por la lectura de los artículos realizada por famosos, sin eludir, al parecer, la utilización de algún programa de telebasura. Una neutralidad ficticia que invita a no pensar, a eliminar cualquier apelación a la inteligencia. Se diría que, más que ciudadanos, el Gobierno busca papagayos asentidores. Y es una pena, pues mucho más saludable sería para España debatir sobre el futuro de Europa que discutir en las Cortes un proyecto secesionista apoyado por el terrorismo. A lo mejor, a pesar de todo, tal vez haya que apoyar el proyecto, pero lo cierto es que el Gobierno, con su demagogia europeísta, lo está poniendo muy difícil.

La propaganda no funciona fuera de España
EDITORIAL Libertad Digital  11 Enero 2005

El lamentable y paulatino descrédito de España en la prensa internacional a raíz de la cuestionable política llevada a cabo por este Gobierno, tan inesperadamente surgido del 14-M, no hace más que aumentar. Este lunes, The Wall Street Jounal —quizá el diario económico más influyente del mundo— vuelve a dedicar su principal editorial a nuestro país, con el elocuente y preocupante título de “España balcánica”. El diario estadounidense advierte a Zapatero de que si no es firme contra el nacionalismo, “pondrá en riesgo no sólo el futuro de su país sino la democracia constitucional en toda Europa”. El rotativo, aunque señala que “en los últimos diez meses, Zapatero ha inspirado poca confianza tanto en materia internacional como en asuntos domésticos”, se centra en la crítica a la “línea suave” contra el separatismo vasco mantenida por el gobierno, asegurando que la estrategia del PSOE “ha fallado claramente”.

Conviene recordar, con todo, que este prestigioso diario ya dedicó un durísimo aunque lamentablemente exacto editorial al Gobierno de ZP hace escasos dos meses titulado “El presidente de gobierno accidental”. Se hizo eco entonces de una de las frases recogidas poco antes por el semanario Newsweek, en la que Zapatero afirmaba “no quiero ser un gran líder”, para pasar a afirmar con ironía el editorialista que, “tras nueve meses de gestión, ha demostrado que aquella frase fue un sonado éxito”.

Para colmo, este lunes otra revista de enorme prestigio internacional como es la británica The Economist, vuelve a rebajar las previsiones de crecimiento de nuestro país hasta situarlo cinco décimas por debajo de las que mantiene nuestro Gobierno y donde se mantiene a España como el país más inflacionista entre los quince más desarrollados.

Si los ocho años de legislatura del PP fueron valorados por la prensa internacional como los años del “milagro español”, tiempos en los que era frecuente que los datos económicos de nuestro país superaran finalmente no pocas, y ya de por si favorables, previsiones de la prensa y organismos internacionales, la visión de España en el extranjero, tras el cambio de Gobierno del 14-M, empieza a afectar negativamente no sólo a cuestiones económicas sino también en ámbitos tan decisivos y relacionados con ellas como la estabilidad institucional o la fiabilidad de nuestro país como socio en el ámbito internacional.

Téngase en cuenta que incluso desde Francia y Alemania, a cuyos intereses de sus respectivos gobiernos ZP ha sacrificado legítimos intereses de España en el reparto de poder de la UE, la prensa ha sido bastante cicatera a la hora de valorar el liderazgo de quien preside nuestro gobierno gracias a las elecciones celebradas tres días después del 11-M.

Si el diario francés Le Figaro hizo hace escasos días una aséptica valoración de lo que habían sido los primeros nueve meses de nuestro gobierno, bautizando la victoria de ZP como el “acontecimiento político más inesperado de la historia democrática española”, conviene no olvidar el respaldo editorial de la mayoría de la prensa australiana a las gravísimas acusaciones de su ministro de Exteriores, Alexander Downer, lanzadas contra Zapatero por “animar con su actitud a que los terroristas islámicos prosigan con sus chantajes”; un hecho —dicho sea nada de paso— reconocido y confirmado por no pocos terroristas, entre los que se encuentran algunos implicados en el 11-M como “El Egipcio”.

Si la decisión de dejar en la estacada a nuestros aliados en Irak, ya fue particularmente mal recibida en Polonia, conviene recordar las más recientes críticas de la prensa de aquel país a la “frívola costumbre” de ZP de suspender sus citas internacionales a última hora y por los asuntos más livianos.

Por mucho que al Gobierno socialista le abrigue aquí la incesante máquina propagandista de sus dominantes medios de comunicación, la imagen exterior de nuestro país está invirtiéndose a peor y a pasos agigantados. Por mucho que quiera maquillarlo con fotos con dirigentes extranjeros o con sonrisas, no es con ellas como Zapatero va a asegurar ni la imagen de España, ni su integridad y prosperidad.

Desafío nacionalista
La trashumancia tranquila
Cristina Losada Libertad Digital 11 Enero 2005

Hete aquí, de nuevo, la equidistancia. El viejo disfraz se ha sacado del armario tras la aprobación del plan Ibarreche y ya se está luciendo con algunos retoques y zurcidos. Los carnavales se han adelantado. Lógico, pues tenemos un gobierno dado al vestuario y la imagen, que se ha propuesto disfrazar el drama en que algunos quieren meternos de comedia de enredo con final feliz. Y estos buenos pastores que nos mandan cuentan con ayudantes que le dan al magín para que el rebaño vaya dócilmente por la vereda. Son los que administran la información y suministran los argumentos para que la trashumancia de la Constitución a los prados que a ellos les serán más nutritivos, se haga sin prestar atención al relente del aventurerismo y a las pendientes del camino. Y, sobre todo, sin que se note la trasgresión de las reglas del juego que requerirá la travesía.

La epidemia de equidistancia no merecerá una alerta sanitaria, pues es una falsa equidistancia. De acuerdo a los afectados por ella, hay dos extremos cuya oposición causa el conflicto, y sólo manteniéndose en el medio, justo y virtuoso, se encontrará la solución. En uno de los polos sitúan a los nacionalismos periféricos y en el otro, al nacionalismo español, más conocido por españolismo, sustantivo que suelen calificar, como si fuera de suyo, de fundamentalista, cuando no de franquista y otras hierbas del especiero de aliños amedrentadores. Hecho así el mapamundi, con esos dos polos igualmente aborrecibles, nos proponen vivir en el ecuador, que se trazaría a medio camino, cediendo un poquito a los del norte y otro poquito a los del sur. Un ecuador templado, aligerado de las pasiones que ciegan a “los unos y los otros”.

Bonito, pero falaz. Pues el polo que presentan como “españolista”, resulta que es integrador y admite a los demás, mientras que el polo de los nacionalismos rupturistas es excluyente, y no admite más que a los suyos. Y porque en un sistema democrático, las normas que afectan a todos y han sido aprobadas por todos, no se pueden trastocar por la sola decisión de una parte. La Constitución no es sagrada, en efecto, pero el procedimiento para cambiarla sí lo es. Y no hace falta estar encendido por ninguna pasión para defender ese principio elemental. Lo que ocurre es que, si siguieran las reglas, es decir, la ley, estos pastores que nos quieren cambiar de pastos, seguramente no contarían con la aquiescencia de los ciudadanos. Por eso, no van a las claras y nos encaminan hacia una reforma de facto urdida en un regateo de feria.

Los de fachada equidistante hasta dirán que como ETA no ha conseguido matar en los últimos tiempos, ya se dan las condiciones de libertad en el País Vasco como para debatir tranquilamente los planes que apoyan los cómplices de los asesinos. Es más, por lo que dicen las encuestas allí, muchos dan la bienvenida a ese regateo porque confían, pese a la amplia experiencia contraria, en que podrá pagarse, de ese modo, el precio de la tranquilidad. Tenía razón Kierkegaard: No es la verdad lo que gobierna al mundo, sino las ilusiones.

Ni siquiera don Tancredo
Julián LAGO La Razón 11 Enero 2005

Decían de Francisco Franco, los hagiógrafos, claro, que sobre la mesa de su despacho disponía de dos carpetas. Una, con los asuntos que el tiempo había resuelto; y, otra, con los asuntos que el tiempo resolvería. De forma que aquella irresolubilidad calculada permitió gobernar cuarenta años a FF, es decir, a Fefé, al de entonces. No al Fefé de ahora al que, por cierto, los sociatas le van a hacer la cama en las Cámaras de Comercio en beneficio del ex ministro Navarro. Al igual que los actores callejeros esos que encalados de blanco se encaraman sobre un sobresuelo de carpintería, Zapatero hace como que practica la imperturbabilidad política, sin duda inspirado como Franco en el don Tancredo aquél del espectáculo cómico taurino de Llapisera, el cual practicaba con éxito de público y crítica la imperturbabilidad taurina. O lo que es lo mismo, que el mérito de don Tancredo consistía en no inmutarse cuando la becerra se le aproximaba hasta la plataforma ad hoc donde estaba situado, se paraba de pronto ante él, le olía, le mugía, y, como la estatua no reaccionaba, se alejaba con igual velocidad con que había llegado.

Así que, pese a que a don Tancredo no pueda considerársele un torero en cuanto manejo de los engaños y dominio de los espacios, era, no obstante, un actor extraordinario de cine mudo, bueno, mejor de cine tetrapléjico, por lo que de quietismo melodramático tenía la cosa que hacía. Pues eso, que ZP tampoco es torero, pero sí un actor que funciona con un valor de cartón piedra impostado y falso. Cada vez está más claro que sus modales complacientes, su talante abierto, su optimismo identitario y sus formas contenidas son la resultante de la prefabricación de un personaje que, sin ser nada de lo que nos ha hecho creer, transmite una cierta serenidad estatuaria que no estatutaria, lo cual no es inocuo. Dicho lo dicho, ZP no aborda los problemas desde la petreidad que le asiste sino desde la carencia de recursos que no le asisten, por lo que se queda tieso como Buster Keaton y siempre como conteniendo la respiración ante los problemas. Sin ir más lejos ha permitido que el Plan Ibarreche fuera debatido, e incluso aprobado, en el Parlamento vasco sin previamente mover una pestaña, no fueran a cabreársele sus valedores del tripartito.

Con don Tancredo la becerra se lanzaba hasta el eje geométrico del ruedo e Ibarreche, que tiene más peligro para el Estado que un vitorino en celo, sabe que ZP está ahí en medio del lío. Pero sabe también que no es don Tancredo sino que hace de ello porque los de ERC le aprietan la femoral hasta ahogar el poco riego sanguíneo que le llega a la cabeza. Tanto es así que ZP ha preferido cambiar la estabilidad del Estado por un pacto de gobernabilidad con los independentistas, tal cual le reiterará el jueves Ibarreche en Moncloa, una vez se haya fotografiado junto a la ikurriña como es de manual, y un día antes de reunirse con Rajoy, como es de guión. O sea que muchos gestos, mucho talante, pero, sobre todo, barullo a tutiplé en el ruedo político en el que ZP no es ni siquiera don Tancredo el cual por lo menos tenía su aquel.

España
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 11 Enero 2005

NO VENGO a dar lecciones ni a recibirlas sino simplemente a refugiarme en el surrealismo y de paso maldecir a quienes desahucian a España y la amortajan en planes y estatutos y democracia clánica y tribalismo étnico so capa de comunidad nacional y olvidan cuando sus madres se entregaban en Madrid en Bilbao en Barcelona gustosas y sin recato al vencedor y volvían a casa cargadas de pan y algún aguardiente para papá al tiempo que imploro al íncubo que saque fuerzas de flaqueza y predique a necionalistas nazionalistas nacionalitaristas que se entreguen asimismo dando alas a los monfloritas y choricillas que llevan dentro porque les aseguro y la tradición más acendradamente guerrera así lo prescribe que es bueno para todo tipo de autodeterminación aunque tampoco debéis creer que los maldigo por crueldad sino porque no sé qué hacer ante la lógica violada la razón enjaulada la historia saldada no sé

qué hacer frente a los traidores de sonrisa porcina frente a los listillos no sé qué hacer digo salvo resistir la espalda pegada contra el macizo de nuestra historia Constitución en mano arcabuz en mano Quijote en mano bota de vino en mano bandera nacional en mano guitarra cantadora en mano y en un cajón de la mesilla de noche la petaca y la faca del bisabuelo sin menoscabo de que el patíbulo destaca trágico nocturno y gris la ronda de la petaca sigue a la ronda de anís pica tabaco la faca y el patíbulo destaca sobre el alba flor de lis cuyo por qué ignoro pero yo cumplo cual buen chusquero de la Brunete mediática para amargarle la digestión a los enemigos de mi patria coaligados con los invasores venidos del norte y del sur con sus bombas con sus ideólogos a sueldo con sus canallas a sueldo con sus profesores de Derecho Constitucional a sueldo con sus periodistas de prisa y a sueldo amarillentos y mudadizos de tan poca memoria de tan vil halitosis de delatores del piso de arriba descorchando chacolí y cava pim pam pum

huidizos en la reyerta pero arrogantes y sigilosos desde los enmoquetados despachos si bien los hidalgos no se rinden no se amilanan no se dejan intimidar y nadie sabe de cierto a dónde van y quiénes son pero van y son y resuena el olifante vengador aventando los ceniceros rebosantes de apestosas colillas de la conspiración mientras ríos de lágrimas ríos de literatura ríos de esperma ríos de tinta ríos de sudor ríos de sangre ríos de arte ríos de dignidad ríos de civilización nutrientes de un pasado y un futuro son amortizados por pelagatos con cabecitas de ratón con corazoncitos de ratón y voy y vamos y decimos no no no no pasarán no no no no por las profesoras con escolta pim pam pum por los periodistas con escolta pim pam pum por los concejales con escolta pim pam pum por

los muertos sobre las aceras pim pam pum no no no no pasarán porque no todas las vidas son cómodas las hay muy mediocres y longevas mejor hacerse necionalista nacionalitarista nazionalista y sacar el carné del coto cerrado de la racial mediocridad apaño de amiguetes gora y visca las subvenciones patrióticas muerte al español esputo al español lapidación de lo español y eso no les resta popularidad al contrario ni remordimiento de conciencia al contrario muy populares en el barrio muy europeos ellos visca y gora en la retorcida boca de delatores de charnegos y chacurras por eso vamos a ganar con la espalda apoyada en la historia Constitución en mano trabuco en mano porrón en mano Quijote en mano. Siempre. ¡España!

Un plan como unas hostias
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 11 Enero 2005

Ayer se expresó Josu Jon Imaz, la gran esperanza blanca, y dijo lo mismo que Ibarretxe, a saber: que el plan no es para la ruptura, sino para la convivencia, que no les acompleja la aprobación de su disparate por Batasuna y que, ahora, si el Congreso lo acepta (caso improbable), se negocia y se somete a referéndum entre los vascos (y las vascas, claro). Si el Congreso no lo acepta, se lleva a referéndum de todos modos. Por si alguien no se había dado cuenta de cómo estaba el ambiente y confiaba en esos rumores que con tanto éxito se expanden una vez y otra: «en el interior del PNV hay palabras mayores», «Josu Jon está que trina», «es que no saben qué hacer con Ibarretxe». La única verdad a este respecto fue enunciada por Josu Erkoreka, quizá porque es nuevo, en declaraciones a este periódico: «Se podría revisar (el plan) si se produjera una convulsión interna del partido o externa, si perdiéramos las elecciones. Sólo si hubiera un cambio de fondo nos plantearíamos la estrategia. Mientras tanto, ¿para qué cambiar?».

Esa es la cuestión. En el peor de los casos, el desvarío de Ibarretxe le va a salir prácticamente gratis al partido-guía. En última instancia, si en las próximas elecciones no obtienen la mayoría absoluta, siempre queda la posibilidad de cambiar a Madrazo por Patxi López y santas pascuas. Es cierto que el Gobierno perderá colorido sin el simpar consejero de Vivienda y que el plan resultante será una mezcla del plan ázimo de Ibarre-txe y el plan candeal de López, una mediatriz, un plan sin sal, vamos.

López explicaba el domingo que no pueden hacer el referéndum por problemas de logística: «quién les abre los colegios electorales, quién preside y constituye las mesas, quiénes integran las juntas electorales». ¿De verdad piensa que todos esos pormenores no están rigurosamente previstos en la hoja de ruta del pueblo elegido? ¿De verdad considera que se van a sentir desanimados porque no encuentran las llaves? Si no tienen junta electoral, ya les nombrará una Azkarraga con miembros vascos-vascos. El referéndum será un acto de afirmación de soberanía, un acto constituyente. Además, cuando llegue el día lo llamarán consulta o encuesta y tampoco será el momento de acudir al Constitucional.

López Garrido y algunos otros socialistas parecen haberse contagiado de la incapacidad de Ibarretxe para las metáforas y no establecen diferencias entre el TC y las tortas: «cuando hay discrepancias, no se resuelven a tortas». Lo que el lehendakari quería decir, probablemente, es que a falta de plan, buenas son tortas o quizá que nos va a costar la torta un plan o tal vez que nos ha preparado un plan como unas hostias. O sea, que si no les gusta el plan, ustedes mismos. Sírvanse de la alternativa, pero sin avaricia, no vaya a ser que no lleguen las tortas y las hostias para todos. Tengan ustedes en cuenta que lo bien repartido, bien sabe.

¿A tortas!
ANTONIO ELORZA/CATEDRÁTICO DE PENSAMIENTO POLÍTICO EN LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE El Correo 11 Enero 2005

El lehendakari lo ha explicado con su habitual cara de buen chico que se dispone a tomar parte en una pelea de barrio. De no ser aceptada su propuesta en Madrid, la solución es clara: «¿A tortas!». La crisis política abierta con la presentación del plan Ibarretxe ha alcanzado un punto de no retorno. Una vez refrendado por el Parlamento de Vitoria el proyecto de constitución de Euskadi, pues no de otra cosa se trata, tal aprobación pone en marcha el procedimiento en las Cortes españolas, ateniéndose a su disfraz de proyecto de reforma del Estatuto. El trámite, por otra parte, tampoco significa demasiado para el proponente, ya que, en el caso de ser rechazado, el Gobierno Ibarretxe plantea unilateralmente al electorado la aprobación en referéndum del 'nuevo estatuto'. La consecuencia última, una vez fijados tales pasos, resulta inevitable: ante el rechazo por parte de las instituciones españolas de la propuesta nacionalista de 'libre asociación', el Gobierno vasco hace uso de la soberanía que constituye el fulcro de su proyecto y la proclama de nuevo unilateralmente, previo referéndum celebrado bajo el signo de 'España contra Euskadi'. Es la independencia lograda, como los votos de ETA el día 30, contra la supuesta voluntad de concordia del lehendakari.

Como consecuencia, «la monstruosidad» de la que hablara Rubio Llorente podrá ser presentada en Europa bajo la máscara de la democracia y, de paso, frente a la negativa española, resulta legitimado para los nacionalistas el regreso de otro monstruo: ¿Quién va a repartir mejores tortas que ETA? No hay otra salida, porque el propio Ibarretxe las ha ido previamente cerrando cuando aún había espacio para la negociación, a pesar de que el PSE se las ofreciera en dos ocasiones. Con caras largas a lo Aznar, o con las sonrisas habituales en el rostro de Zapatero, el resultado es el mismo y quien fija sus términos es el inquilino de Ajuria Enea. 'Jabetasuna edo il', soberanía o muerte, parece ser su lema.

Va a iniciarse una partida, ha tenido lugar ya el reparto de cartas, y el Gobierno central se cree en posición ganadora, por lo cual está dispuesto a actuar estrictamente dentro del marco parlamentario. El pequeño problema es que su adversario no juega limpio y desde el principio se sirve simultáneamente de dos barajas. Y la más importante le permite orientar el sentido de la partida al margen del marco legal vigente, la Constitución y el Estatuto. El fraude va a persistir, con la seguridad de que cualquiera que sea la decisión de los órganos constitucionales competentes el Gobierno vasco actuará de acuerdo con su santa voluntad. La presentación del plan fue ya un acto de soberanía del Ejecutivo autonómico, iniciando un proceso de autodeterminación de acuerdo con sus propias pautas y dibujando tanto la finalidad del mismo como sus contenidos concretos. Todo ello, al margen de la Constitución y del Estatuto de Gernika, que afortunadamente desconocen los principios de ese nacionalismo etnobiológico que asigna la soberanía al ente imaginario llamado Euskal Herria o 'pueblo vasco', el cual transfiere al lehendakari el encargo de diseñar su futura organización política por sí y ante sí. El espíritu de los vascos, esto es, de los vascos abertzales, ha encarnado en Juan José Ibarretxe, cuyo plan es una carta otorgada, lista para el plebiscito popular.

La sedición estaba desde entonces en marcha, entendiendo por el término el acto de un sujeto al romper las relaciones de dependencia establecidas por la normativa vigente. La segunda baraja interviene aquí, a favor del vacío legal que afecta a este tipo de actitudes. En ningún ordenamiento constitucional europeo se contempla la posibilidad de que una región autónoma actúe como sujeto dotado de soberanía y defina su futuro régimen político al margen de la Constitución del Estado en que está inserta. Así que no existen mecanismos para prevenir la secesión. De ahí la facilidad con que el Gobierno vasco ha podido avanzar en su irracional pretensión, rodeado incluso de defensores espontáneos y de gran calidad como juristas.

Sin más problemas, el Gobierno vasco recurrió al engaño de presentar formalmente su constitución vasca como reforma del Estatuto de Gernika. Y con ese disfraz llega ahora a las Cortes. El tema no es irrelevante. Si el Gobierno Zapatero da por bueno el fraude de ley con que Ibarretxe ha procedido, toca el debate en las Cortes, con lo cual indirectamente resulta reconocida su validez. Si percibe que lo esencial es la ilegalidad de fondo que desde el principio al fin afecta al procedimiento, toca el recurso al Constitucional. Ahora sí que existe una resolución contra la cual recurrir. Las razones para optar por una u otra salida no debieran ser de oportunidad política.

El plan Ibarretxe propone un entramado institucional para Euskadi, sobre la base de su soberanía, con capacidad de proceder ulteriormente a la plena separación y, a corto plazo, de imponer un régimen político propio en la CAV sin dependencia alguna respecto del Estado español, y sin garantías de que exista en el mismo una ciudadanía democrática, no contaminada por la voluntad de segregación propia del nacionalismo sabiniano. A partir de ahí debiera ser tratado el proyecto, y no sólo porque vulnere este o aquel punto, o decenas de puntos, de la Constitución de 1978. Como se ha apreciado en el curso de su tramitación, al otro le toca simplemente quedar aplastado en cuanto Ibarretxe reúna la mitad más uno de apoyos electorales. Su obsesiva apelación a la «convivencia amable» es la máscara de un propósito no menos obsesivo de dominación: aquí y ahora, derrotar al plan Ibarretxe es ante todo salvar la democracia.

En la difícil circunstancia actual, cada paso de los defensores de la democracia ha de ser medido, tanto en relación al ordenamiento jurídico constitucional como a las reacciones previsibles de la opinión pública vasca. Tenemos sobre este punto una guía bastante precisa en el último Euskobarómetro: sólo una minoría de los vascos son partidarios de la independencia, hay incluso más no nacionalistas que nacionalistas, y muchos siguen sin saber qué significa en realidad el plan Ibarretxe, pero una gran mayoría opinan que los vascos tienen pleno derecho a votar sobre su futuro político. Ésta es la gran baza del lehendakari, y no discusión alguna sobre el contenido de su proyecto. El escenario más probable es que las Cortes españolas invaliden la decisión del Gobierno vasco y el Ejecutivo español trate de impedir luego la celebración del referéndum, disfrazado tal vez de consulta 'a lo Gibraltar': victimismo seguro y aurrerá, adelante con la convocatoria a la ciudadanía vasca. Para agravar todavía más las cosas, Zapatero piensa ingenuamente que el plan debe ser derrotado en las urnas, con ocasión de las elecciones autonómicas de mayo, de lo cual se deduce que una victoria del tripartito PNV-EA-IU borra todos los pecados anteriores y otorga el marchamo democrático a lo que hasta hoy es un fraude. Zapatero pone todas sus fichas en el número de las elecciones e Ibarretxe hace de éstas un plebiscito en el que el plan como tal es olvidado, y lo que cuenta es el rechazo de los vascos a toda ingerencia exterior en su supuesta capacidad de decisión. Victoria del segundo asegurada.

Hace falta restablecer el entendimiento con el PP, si éste se deja, y que el Gobierno socialista explique por qué la «reforma del Estatuto» de la que todavía hablan medios próximos al Ejecutivo no es tal, y que la llamada «libre asociación» prevista no se inspira en Quebec, sino en el acceso escalonado a la independencia merced al respaldo del terror que encarnó el Estado Libre Asociado de Irlanda en la década de 1920. Además, y esto supone el punto de llegada, el 'nuevo estatuto' es anticonstitucional y antidemocrático: surgió de la voluntad de discriminación contra la mitad de la población vasca, con el apoyo del terror, y su finalidad consiste en fijarla para siempre. No busca una 'comunidad nacional', sino una comunidad nacionalista. Por ello es preciso rechazarlo y que los vascos asuman ese rechazo. De otro modo, la 'monstruosidad' acabará revestida de un ropaje democrático y su eliminación por vías legales resultará prácticamente imposible.

¡Viva el estatuto de Guernica!
Iñaki Ezkerra La Razón 11 Enero 2005

Tanto como el propio Plan Ibarretxe le inquietan a uno las reacciones del PSOE y el PP ante éste porque de ellas se van a servir los nacionalistas para intentar sacarlo adelante o para sacar la mayor partida política de la situación que han creado. Me inquietan tanto Zapatero –con su ocurrencia sencillamente insensata de eliminar las barreras legales que se iba a encontrar ese plan– como el PP que, por una parte, tiene mediáticamente hibernada a María San Gil y responde a Ibarretxe con el discurso plano y el constitucionalismo en sordina de Leopoldo Barreda en el Parlamento de Vitoria, pero, por otra, saca a Fraga pidiendo la suspensión de la autonomía vasca, es decir que pasa, sin transición, de la gelidez y la desmovilización a la sirena de alarma, de la voz de hielo al grito de «fuego», del silencio «light» al puñetazo «heavy», del descafeinado al orujo, del dontancredismo y el maricomplejín (o el «maría-comple-gil») a la histeria carca.

A uno es que no le hacen gracia ni el talante (que «te den por detrás y por delante») ni el gustillo que algunos le ven a la invocación del 155. Ambos discursos carecen de realismo pues el primero es el de la debilidad y el segundo el de la prepotencia. Ambos ofrecen al nacionalismo puntos débiles y –lo peor– ninguno cree en el objeto a defender: el Estatuto de Guernica. El primero deja que éste sea negado, desdeñado y pisoteado (otra consecuencia de esa falta de fe es dar la razón al nacionalismo admitiendo la necesidad de una reforma estatutaria). El segundo alimenta la peligrosa y nostálgica fantasía de un imposible regreso al centralismo predemocrático al ansiar una suspensión legal que sería un fracaso colectivo para todos los vascos –no sólo para los nacionalistas– así como para la España de las autonomías.

Tan errado es descartar a priori la utilización del 155 y estimular la libido nacionalista a base de prometerle que jamás se aplicará ese artículo como calentarse la boca con él, que es una manera de provocar como otra cualquiera. La respuesta correcta a Ibarretxe debe pronunciarse desde el posicionamiento firme en el propio Estatuto de Guernica y en su encendida defensa, desde la advertencia de que se podrá recurrir a todos los instrumentos de la legalidad (155 incluido) pero también desde el deseo sincero de que el nacionalismo no obligue a un Gobierno a servirse de todos sus recursos y de ése tan dramático en concreto. Porque es desde el Estatuto de Guernica y desde el deseo de su larga vida desde donde se puede comprender que el verdadero y único 155 que alguien ha sacado al terreno político hasta ahora es el propio Plan Ibarretxe y que el artículo de la Constitución sería el último modo de evitar que ese plan y la suspensión que conlleva se apliquen de forma definitiva.

El auxilio episcopal vasco
Lorenzo CONTRERAS La Razón 11 Enero 2005

La inveterada tradición intervencionista de la Iglesia vasca en política, con clarísimos partidismos de signo nacionalista y muchas veces «abertzales», invalida la crítica del obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, contra la condena del Plan Ibarreche por la Conferencia Episcopal Española, a la que él mismo, en teoría, pertenece aún. Se juegan tanto la paz y la estabilidad de España en este conflicto, atizado por el Gobierno de Vitoria y más concretamente por el «lehendakari», que el Vaticano no debería permanecer impasible o neutral ante una rebelión eclesiástica, complementaria de esta naturaleza. Pero es presumiblemente lo que va a ocurrir, sin que a Zapatero, de momento, se le ocurra en su negociado otra cosa que crear una «célula de crisis», una más de las muchas ocurrencias organizativas que ha tenido desde que llegó al poder, para hacer frente a los gravísimos y sucesivos problemas planteados, entre otros el terrorismo islamista. Diríase que para ZP el Gobierno propiamente dicho es una superestructura secundaria frente a los debates más urgentes, sustituida por una especie de «parking» al que van a parar y estacionarse tales apremios. Ahora, para él, la prioridad es el Parlamento central, cuya actividad como tal institución garantiza un «choque de trenes», una colisión de Cámaras que convierte a la de Vitoria por tres votos ilegales en una voz equivalente a la de la totalidad parlamentaria de España.

Todo el mundo sabe que el Ejecutivo central tiene a mano otras armas políticas inmediatas, sin perjuicio de la necesidad de un debate parlamentario que convalide o justifique una decisión democrática anterior. Pero la prioridad elegida es la que es, con ganancia de tiempo para la causa nacionalista «made in Ibarreche» y maduración peligrosa de la división de la sociedad vasca casi al cincuenta por ciento. Y quien dice maduración dice máximo deterioro de las diferencias. La cazurra habilidad de Ibarreche para crear la apariencia de un diálogo previo entre Gobiernos, un diálogo de antemano diseñado como imposible porque el proponente no insinúa la más mínima concesión frente a planteamientos maximalistas, es un «trágala» o una invitación a la rendición incondicional. Se trata del famoso «precio político» pagadero por la paz. ETA puede felicitarse. Y encima Ibarreche se hace ayudar por la Iglesia vasca. Monseñor Uriarte, que ya ejerció de mediador entre el Gobierno español y ETA durante la tregua trampa de 1998-99, acusa, como se sabe, a la Conferencia Episcopal Española de injerencia indebida en asuntos políticos que no le corresponden, como sería el caso del Plan Ibarreche si sus contenidos no condenaran anticristianamente al «exilio interior» a media sociedad vasca. Claro que todo esto es pura histeria española para quienes falsifican la historia a su conveniencia.

Europa y olé
Bruno AGUILERA La Razón 11 Enero 2005

No faltan razones para interesarse por la Constitución Europea. Aunque sólo sea porque por vez primera en los casi 55 años de historia de la Europa integrada (pongo como punto de partida, la Declaración Schumann de 9 de mayo de 1950), el paso a paso y las solidaridades concretas del método Jean Monnet y la ristra de Tratados superpuestos están a punto de ser sustituidos por el método de la convención o del proceso constituyente, del que debería salir una Eurocarta Magna jerárquicamente superior a las distintas constituciones nacionales. Y es que como dice el presidente del Parlamento Europeo, a la sazón José Borrell, el «Tratado constitucional de la Unión Europea» puede ser incompleto, insuficiente y adolecer de graves carencias, pero tiene un significado político de primera magnitud. Aunque sólo sea porque por primera vez que se introduce el término «constitución» en la argamasa jurídica del proceso de integración europea, lo que permite barruntar que la página de los Estados nacionales está a punto de girarse. Circunstancia que hace aún más anacrónico el empeño de los fundamentalistas abertzales de inventarse un estado nacional vasco que no ha existido nunca y del que discrepan la inmensa mayoría de los habitantes de 5 de las 7 provincias «soi disant» vascas, infinitamente más preocupados por ganarles la partida a los 1.500 millones de chinos o al Imperio de Bush que, como demuestra la coña de la bajada del dólar, sigue haciendo con el mundo lo que le da la gana sin que aquí en Europa por ahora podamos hacer nada para impedirlo.

Lo peor es que a la inmensa mayoría de los españoles lo de la Constitución Europea les trae al fresco. A diferencia de lo que ocurre en otros países de la Unión donde, el proceso constituyente de la Nueva Europa ha levantado ampollas. Me remito a lo ocurrido en Francia donde el Partido Socialista ha estado a punto de escindirse porque un sector importante considera que la Constitución Europea va a arrasar con el Estado del bienestar y las ventajas sociales tan duramente adquiridas en el siglo XX. Gracias a lo cual al norte de los Pirineos ha habido encendidos debates televisivos sobre la cuestión y en las cenas privadas se discuten cotidianamente con mayor o menor acritud las ventajas e inconvenientes de dar un paso tan trascendental. Patético contraste pues con una Celtiberia donde la mayor parte de la ciudadanía es ajena a estas consideraciones, hasta el punto de que nuestro Gobierno con objeto de difundir la Constitución Europea ha tenido que pactar con la Liga de Fútbol Profesional para repartir trípticos en la grada sobre los que, como mucho, el personal se sienta para no congelarse las posaderas entre gol y gol. El siguiente paso será difundir las virtudes de la Euroconstitución en «Gran Hermano» o «Salsa Rosa», o en publicaciones del estilo «Hola», «Diez Minutos», o la «Revista de Ana Rosa Quintana», porque es para lo que da el nivel cultural del ciudadano medio en un país en el que no hablan idiomas ni los presidentes del Gobierno. Por eso no nos queda más recurso que el de gritar «Europa y olé».

Matones de discoteca
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 11 Enero 2005

Amigos catalanes, curtidos en torear con seny todo tipo de embestidas, recomiendan que la mejor manera de ir vaciando las de ERC son la chirigota y el cachondeo. Dicen que el tremendismo les da alas y mucho voto. Sin negarles la mayor, matizo que lo tremendo es el poder que les ha dado, para con ellos, Maragall y, para con todos, Zapatero. Percibo, eso sí, una creciente hartura. Se nota y cada vez menos disimulada, en el presidente de la Generalitat y en los dirigentes del PSC, se nota en el empresariado, se nota en la sociedad y hasta se le empieza a notar a Zapatero.

No han hecho sino crear agravios repulsivos, la entrevista de Carod con ETA, conflictos delirantes, el boicot al Madrid olímpico y el cava, meterse zafiamente en un charco cada día y no saber abrir la boca si no es para ultrajar haciéndose pasar por víctimas, amenazar disfrazándose de agredidos o chantajear aduciendo quintaesencias democráticas. Pretenden que traguemos como progresista la ideología más retrograda y antisolidaria de Europa tan sólo porque se visten como enterradores y llegan a las instituciones embutidos en trajes-marabú. Hay quien ha dicho que su ideología se concreta en una estética que cuadra más con Corleone. Pero no. Para nada alcanzan la siniestra elegancia de «El Padrino». Todo lo más que llegan es a conseguir un cierto aire de «matón» de discoteca. Lo triste es que alguien les siga dando la llave.

Don «Felicísimo» Zapatero
Antonio Martín BEAUMONT La Razón 11 Enero 2005

Aparecen estos días encuestas que destacan el valor que los españoles damos al desafío de Ibarreche. Me imagino que tales encuestas han debido encargarse tras ver la nula importancia que Zapatero da al asunto. «Aquí no pasa nada», dice por activa y pasiva el presidente del Gobierno. ¿No pasa nada?

Pues para no pasar desde el día 30 de diciembre no ha dejado de ser portada de periódicos, radios y televisiones el dichoso plan secesionista; la oposición, que representa a casi diez millones de españoles, por boca de Mariano Rajoy asegura estar ante el mayor desafío a la democracia desde el golpe de Estado de Tejero; y los españoles encuestados son partidarios de un gran pacto entre PSOE y PP para hacer frente al separatismo y algunos piden, incluso, formar un Gobierno de concentración. ¿De verdad no pasa nada?

Igual desvelo me asalta cuando compruebo, encima, que no todos los compañeros de partido de Zapatero son tan felices y benéficos como el presidente. El ministro de Defensa, José Bono, no deja de hacer discursos a favor de la unidad de España y hace unas semanas –¿premonitoriamente?– sacó a relucir el artículo 8 de la Constitución que habla de la «misión» de las Fuerzas Armadas de «defender» la «integridad territorial y el ordenamiento constitucional» de España.

Pero tampoco me deja frío ver a uno de los padres de la Constitución, don Manuel Fraga, presidente además de Galicia, pedir la suspensión de la Autonomía vasca a través del artículo 155 de la Carta Magna; o a otro presidente autonómico, el extremeño y socialista Rodríguez Ibarra, decir lo mismo si bien aplazando el «excepcional» artículo constitucional a cuando Ibarreche convoque su anunciado referéndum ilegal. Y qué decir del presidente de Navarra, Miguel Sanz, que ha pedido la convocatoria urgente de la Conferencia de Presidentes Autonómicos ante la gravedad del momento, apoyado rápidamente por los presidentes de La Rioja, Castilla y León, Valencia, Murcia y Madrid.
En fin, posiblemente los y millones de españoles representados por todas estas opiniones estemos equivocados y com o cree Zapatero: «Aquí no pasa nada». Después de todo, mi amigo Santi Lucas va a tener razón y a Zapatero, en vez de «Joseluis», hay que llamarle «Felicísimo». Don Felicísimo Zapatero. Pues no suena mal.

Encrucijada
David GISTAU La Razón 11 Enero 2005

En un artículo reciente, amparándose en el ejemplo de Churchill, Pedro J. Ramírez elucubraba sobre la legitimidad del uso de la fuerza para defender la democracia. Esto mismo está en Hobbes, quien declara que la libertad tiene unos muros de protección que hay que defender, y no precisamente con ese pacifismo a lo John Lennon de meterse en una cama a tocar la guitarra, que es lo único que le falta a Zetapé en cuanto se ponga de acuerdo con Yoko Ono. O, en su defecto, con Fernández de la Vogue, que cierto achinamiento tiene en la mirada. De la recomendación que el propio Hobbes hace al buen estadista –ser sociable con el sociable y temible con el que no es sociable–, Zetapé sólo cumple con el primer precepto, y de ahí que invite a té a los secesionismos, nada sociables.

Como la Inglaterra de Churchill ante Hitler, la España de Zetapé está en una encrucijada en la que se juega su propia existencia. La diferencia es que, aquí, el trance no es bélico, por lo que a pesar de las tentaciones de los campeadores no hay que vincular el uso de la fuerza al de las armas, aunque sólo sea para no conceder a Ibarreche esa dialéctica de las tortas en la que encontraría justificación para el victimismo artificial de la periferia. Y sin embargo, cabe preguntarse: ¿tiene hechuras Zetapé para ser el Churchill que salve la prueba? Según Robert Kaplan, lo que convierte a Churchill, para alivio de Inglaterra, en uno de los héroes tutelares del siglo XX es lo siguiente: un sentido orgulloso del pasado de su nación que alimenta una concepción idealizada del destino por el que luchar.

Con sus discursos en tiempo de guerra, Churchill logró que los ingleses se vieran como los veía él: idealizados, herederos de un destino bien defendido en el pasado. Sentido orgulloso del pasado, en este caso inventado, y concepción idealizada del destino, los tienen Ibarreche y Pérez Carod y hasta el cabrón de Juana Chaos. Pero no Zetapé, quien, como la propia izquierda española, tiene un sentido avergonzado, y no orgulloso, del pasado de esta nación a la que por tanto niegan un destino por el que merezca la pena luchar, aun obligándose a ser temible con quienes no nos son sociables. Por ello, Zetapé no será nuestro Churchill. Porque carece de lo que tenía el inglés: fe en cuanto es.

«No y punto»
Juan BRAVO La Razón 11 Enero 2005

¿Quién ha dicho que en el PSOE están demasiado callados ante el desafío soberanista de Ibarreche? El secretario general del Partido Socialista de Madrid (PSM), Rafael Simancas, dijo ayer que muchos madrileños han compartido con él estos días un «sentimiento de vergüenza, incluso de asco», por el chantaje insolidario de algunas fuerzas nacionalistas, y pidió que a sus reivindicaciones se les responda que «no y punto». Simancas acertó al denunciar el «secuestro» de la vida pública española, cautiva de cada nuevo envite nacionalista, de cada nuevo desafío que plantean los nacionalistas al común de los españoles. Simancas subrayó que «ya va siendo hora de decir basta a aquellos que no son capaces más que de conjugar la primera persona de los verbos y que no han pasado del yo, mi me, conmigo». Simancas, como una larguísima legión de cientos de miles de españoles, propone que se les diga que no y punto, que basta ya de permitir que el chantaje insolidario de algunas fuerzas nacionalistas monopolicen el debate político nacional. El dirigente socialista, que dijo referirse a las fuerzas políticas nacionalistas «en general», incluidos, suponemos, los socios de su partido, ERC, sostuvo que en todas ellas siempre late en el fondo el chantaje insolidario del yo recibo más que vosotros o rompo la baraja y terminamos «a tortas».

De Vitoria a Madrid
Editorial El Ideal Gallego 11 Enero 2005

El plan Ibarretxe ya tiene billete para viajar a Madrid, puesto que Atutxa se lo entregará el viernes al presidente del Congreso para que inicie los trámite que concluirán con el debate en la cámara y la votación en la que será rechazado. Lo malo es que, como si se tratase de una mala película, hasta que llegue ese momento habrá que ver como se repiten escenas que casi siempre parecen la misma, lo que lleva al espectador a desear con todas sus fuerzas que en la pantalla aparezca de una vez la palabra fin. Se echan de menos secuencias con algo de acción, sobre todo por parte de los socialistas, entre los que Zapatero se lleva la palma, ya que se refugia en el silencio para no herir la susceptibilidad de sus aliados catalanes, mientras que Blanco ataca al PP, cuando a quienes debe censurar es a los nacionalistas vascos. Éstos, con la ayuda de los proetarras, son los que han impulsado el proyecto independentista, los que pretenden pisotear la Constitución para lograr la independencia y los populares no han hecho nada más que recordar que la unidad de España es sagrada; una circunstancia que exige una firmeza inquebrantable. La tibieza con la que se está comportando el PSOE no es una buena estrategia y menos cuando el presidente del PNV tiene la desfachatez de exigir “altura de miras” en la tramitación del delirio secesionista del lehendakari; altura de miras de la que, por supuesto, su partido carece, pues no le importa nada que la mayoría de los vascos se oponga al plan y sigue adelante. La situación es muy grave y no admite titubeos.

Se equivoca el nacionalismo
Cartas al Director ABC 11 Enero 2005

La política soberanista adoptada por los partidos nacionalistas catalanes está aislando dentro de su propio caparazón a esta Comunidad. En contra de lo que dicen los políticos de turno, esta política no es consecuencia de una demanda de la población, sino que obedece a la imposición interesada de los propios partidos. Éstos han llevado a cabo durante los últimos años una intensa campaña de manipulación del electorado apoyada en los tres pilares siguientes: control de los medios de comunicación, orientación de la enseñanza de acuerdo con las tesis nacionalistas y destierro progresivo del idioma español en beneficio del idioma catalán, el cual es esgrimido como una bandera de identidad del nacionalismo. La finalidad de esta política no es beneficiar a la población, sino satisfacer los deseos de poder de la clase política nacionalista. Frente a esta política mezquina y autoaislacionista que se lleva a cabo, la política que más puede beneficiar a la población catalana es exactamente la contraria, es decir, una política expansionista basada en el aprovechamiento del excelente potencial humano disponible en la Comunidad.

El camino para una Cataluña europea pero no española no parece de momento viable. El empecinamiento en seguir este camino, aparte de conducir al aislamiento y a la creación de enemigos por doquier, empieza ya a cobrarse algunos peajes y, de continuar en esta línea, puede tener costes muy elevados, tal como se explica de forma muy clara por Mikel Buesa en la Tercera de ABC. Esperemos que la población catalana despierte del letargo en el que se encuentra sumida de una forma mayoritaria y que consiga liberarse de la opresión nacionalista antes de que sea demasiado tarde.     Antonio Plata Bedmar. Palamós (Gerona).

Ibarra se enfrenta a la dirección del PSOE y reclama más firmeza ante el plan secesionista
Zapatero no se plantea la aplicación del artículo 155 que permite la suspensión de la autonomía vasca
La conciencia del PSOE regresó ayer a la calle Ferraz. Tras varios plantes a la Ejecutiva Federal, Juan Carlos Rodríguez Ibarra acudió ayer a la reunión ordinaria de la dirección socialista. Lo hizo para hablar alto y claro. Esta vez, cómo no, del Plan Ibarreche. Se opuso, sin ambages, a la posición oficial para reclamar más firmeza ante el desafío secesionista y esbozó la que, en su opinión, debe ser la respuesta: la suspensión de determinadas competencias y que Álava (donde PSOE y PP son mayoría) solicite un estatuto independiente al del País Vasco. No hubo manera. ZP prefiere marcar otros tiempos.
Esther L. Palomera La Razón 11 Enero 2005

Madrid- Lo apuntó ya la pasada semana en un artículo que publicó en un diario nacional. Ayer, lo quiso hacer en vivo y en directo ante la dirección socialista. Y es que Juan Carlos Rodríguez Ibarra no comparte determinadas posiciones del Gobierno ante el Plan Ibarreche. Ante Zapatero y el resto de la Ejecutiva Federal, el presidente extremeño esbozó las que, en su opinión, deben ser las respuestas al proyecto secesionista de Ibarreche. Una, que Álava tramite un estatuto independiente al País Vasco (la suma de PSOE y PP lo haría posible). Dos, que Navarra solicite su nunca adscripción al País Vasco. Y tres, que se retiren las competencias en seguridad a Ibarreche. Más directo: «que el Gobierno enseñe los dientes».

Esta vez, reconocen fuentes de la Ejecutiva, nadie le puede desacreditar por las formas, pues la utilizadas ayer por el presidente extremeño no pudieron ser más pausadas y ortodoxas. Zapatero, sin aludir expresamente a la exposición de Ibarra, dejó claro que es el Gobierno quien marca los tiempos y que, además, no hay que adelantar «escenarios», sino trasladar serenidad en estos momentos. Lo que más quiso enfatizar el díscolo barón fue su oposición radical a que el presidente del Congreso, Manuel Marín, reciba personalmente el próximo viernes a Juan María Atucha en su despacho de la Cámara Baja.

Discrepancias aparte, el plan Ibarreche dio para más en el «sanedrín» socialista. Incluso para aprobar, once días después de la votación del Parlamento de Vitoria, una resolución de absoluta condena. Dice el texto que el documento es un proyecto nacionalista que sale con las bendiciones de los apoyos «de Eta y sus acólitos», también que Ibarreche rinde con él «servicio a una organización ilegal que ha adquirido un protagonismo político intolerable» y que el resultado no puede ser «más reprochable». Pero que, pese a ello, el Gobierno y el PSOE creen en la firmeza del diálogo y en que la magnitud del desafío requiere que éste sea rechazado en el Congreso. Dicho esto, el PSOE no quiere pasar por alto lo que considera una actitud «hipócrita» del PP por «lanzar una campaña de descalificaciones continuas hacia» el Gobierno. Confía, no obstante, en que la reunión entre Rajoy y Zapatero sirva para facilitar la cooperación entre el Ejecutivo y el PP, del que reclama un «comportamiento similar al que tuvimos los socialistas cuando éramos oposición».

Lealtad, pues, es lo que reclaman los de Zapatero a Rajoy en los asuntos de Estado. Lo escribieron así en su resolución, pero también lo exigió de viva voz el secretario de Organización, José Blanco, al término de la reunión. Pidió, también, respeto a los procedimientos, las normas y las leyes, en alusión a la oposición popular para que el documento de Ibarreche se tramite en el Congreso. No quiso entrar en más cuestiones, salvo en que el Ejecutivo no se plantea la aplicación del 155 de la Constitución. Eludió pronunciarse sobre la intervención de Ibarra y de otros miembros de la Ejecutiva, también sobre las declaraciones de Mayor Oreja sobre ERC. En este extremo, sólo una apostilla: «mejor no recordar cuando Mayor tensionaba y radicalizaba la vida política del país y tampoco que el plan de Ibarreche surgió en un momento en el que el PP gobernaba España». No hizo falta más.

Navarra da el primer paso para llevar el plan Ibarretxe al TC por invadir competencias
El Ejecutivo de Sanz planteará un «requerimiento de incompetencia» al Gobierno de Vitoria y en el caso de no obtener respuesta, tendrá vía libre para acudir al TC
BEGOÑA LÓPEZ ABC  11 Enero 2005

PAMPLONA. El Gobierno de Navarra acordó en su reunión de ayer dar el primer paso para poder llevar el plan Ibarretxe al Tribunal Constitucional por invadir competencias propias de la Comunidad Foral. No en vano, el plan soberanista del lendakari se atribuye la anexión de Navarra a su «comunidad libre asociada» a España, lo que afecta de modo directo a la Comunidad Foral, quien, en este caso, goza del derecho a acudir a la vía constitucional independientemente de cuál sea la estrategia que el Gobierno de Zapatero emplee para manejar la crisis provocada por Ibarretxe.

El Ejecutivo foral considera la iniciativa del lendakari es inconstitucional y vulnera la Ley de Amejoramiento del Fuero navarro y, en su opinión, la propuesta tiene todavía una mayor y más grave incidencia en Navarra que el texto inicial aprobado por el Gobierno vasco en octubre de 2003. Se trata de la tercera iniciativa jurídica que desde principios de 2004 plantea el Ejecutivo que preside Miguel Sanz (Unión del Pueblo Navarro) contra el proyecto independentista: una lo fue ante el propio TC y otra, ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco.

Según explicó el consejero de Presidencia, Justicia e Interior del Ejecutivo navarro, Javier Caballero, lo aprobado ayer consiste en encargar a la Dirección General de Presidencia, como responsable de los servicios jurídicos del Gobierno, la elaboración de un «requerimiento de incompetencia», dirigido al Ejecutivo de Ibarretxe como «paso previo e imprescindible para poder plantear un conflicto de competencias ante el Tribunal Constitucional» en el caso de que el lendakari se mantenga en sus trece, manifestó Caballero.

El consejero añadió que desde el Gobierno de Navarra se ha entendido que «de nuevo» se está afectando al ámbito propio de competencias de la Comunidad Foral, «se está desconociendo su propia identidad y competencias y desde ese punto de vista entendemos que el acuerdo del Parlamento vasco, que es muy sutil desde lo jurídico, en sí mismo afecta gravemente a las competencias de Navarra».

Caballero argumentó esa afección competencial en que, aunque se diga lo contrario, «el Parlamento vasco no es quién ni para respetar ni para dejar de respetar. Lo que tiene que hacer es olvidarnos y dejarnos en paz. Somos mayorcitos los navarros para decidir, hacer y actuar conforme nos parezca conveniente, sin que tenga que venir ningún hermano mayor o primo de Zumosol a salvarnos la vida».

Cantabria, a vueltas con Trucios
El acuerdo de Ejecutivo navarro apunta que el acuerdo del Legislativo vasco tiene mayor incidencia que el aprobado en 2003. Se debe, aclaró Caballero, a que ha habido modificaciones sobre el texto originario. Así, en el artículo segundo se reconoce el derecho de los territorios vascos, donde se incluye a Navarra, a vincularse en un marco territorial común. «Se nos está diciendo que nosotros somos territorio vasco y se nos reconoce un derecho que nosotros no hemos pedido y que además el Parlamento vasco no es quien para reconocer; y se nos está diciendo cuál es el marco territorial de relaciones», censuró Caballero. Además, el Gobierno vasco critica también la mención que el texto de Ibarretxe hace a la previsión recogida en la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución, «cuando es una disposición exclusiva de Navarra y será ella la que tenga que decidir».

Caballero añadió que también se modifica el artículo seis en el sentido de retirar la expresión de que la voluntad de la Comunidad Foral de Navarra tendrá que ser manifestada de acuerdo con los correspondientes ordenamientos jurídicos. «No sabemos qué se quiere decir. Pensamos que esto es un desaguisado, una auténtico bodrio jurídico que no se sostiene».

Pero la inquietud no sólo está en el Gobierno de Navarra. También en Cantabria hay preocupación toda vez que el plan Ibarretxe prevé la adhesión del municipio de Villaverde de Trucios. El presidente cántabro, el regionalista apoyado por el PSOE Miguel Ángel Revilla, a quien el PP ha censurado su pasividad, consideró que se trata de una «aberración jurídica de primera magnitud» y aunque no ha anunciado medida alguna se mostró convencido de que «hay resortes suficientes para impedirlo», informa Europa Press.

ESPAÑA EXPORTA CIENTOS DE MILLONES DE BOTELLAS AL AÑO
Moratinos enciende al sector vitivinícola español al mostrar su interés por el vino de Burdeos
Las declaraciones del ministro de Exteriores sobre su conocimiento del vino tinto Burdeos no han sentado bien en el sector vitivinícola español. El sector bodeguero, uno de los mejores embajadores de la marca España en el exterior e inmerso en una lucha por la nueva Ley del Vino, ha abierto las puertas a Moratinos para enseñarle sus excelencias, y desde la Federación Española del Vino se ha dicho que si lo ocurrido hubiera sido en Francia, el ministro del ramo ya no estaría en el cargo. El sector exporta cientos de millones de botellas al año. Estas declaraciones se producen en medio de los intentos por fortalecer la Marca España ante los nacionalismos exacerbados.
Libertad Digital 11 Enero 2005

Mientras este lunes el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos actuaba de anfitrión en el Palacio de Santa Cruz –sede del Ministerio del que es titular– en el acto de entrega del título honorífico de Embajadores Honorarios de la Marca España –del "made in Spain" sinónimo de "prestigio y excelencia", según Miguel Angel Moratinos–, una iniciativa del Foro de Marcas Renombradas Españolas (FMRE), en otros foros se le crititicaba abiertamente por su falta de atención y sensibilidad con uno de los sectores exteriores más importantes en España, el vitivinícola, también representado en FMRE.

Las críticas venían por una entrevista publicada este domingo en la contraportada del diario El País, Moratinos se refiere a los vinos diciendo que "en el Burdeos es en el que soy más entendido" . A juicio de la Federación Española del Vino –que aglutina a las 950 bodegas más importantes de nuestro país– “admitir el desconocimiento de los vinos españoles puede ser bastante lamentable para un embajador de España, pero tratándose del Ministro de Asuntos Exteriores, admitir que el que más se conoce es un vino francés –aunque sea europeo–, supone un verdadero revés al sector vitivinícola español”. Más aún, el secretario general de la FEV, Pau Roca, dice que “si el ministro francés del ramo hubiera dicho que prefiere un buen Chianti italiano a un vino de Burdeos, hubiera durados dos horas en el cargo”.

Desde la FEV recuerdan al ministro que España es el país del mundo con mayor superficie en viñedo y además es el país que contiene mayor riqueza y variedad de denominaciones por el gran mosaico de climas y suelos. Por este motivo, y más aún tratándose del vino tinto, la joya de la corona del sector español, la respuesta ha sido contundente. Se trata de que el vino tinto, con denominaciones tan longevas y conocidas como Rioja, y más nuevas y cualificadas como Priorato o Toro o nuevas superficies de “autor”, es un magnífico embajador de la imagen española en el exterior. En el caso del Rioja, se trata de una nombre-marca allá por donde uno viaje.

España, en millones de botellas
Pongamos dos ejemplos de esto con las cifras que hemos conocido este lunes. Las bodegas de la Denominación de Origen Navarra (España o Made in Spain) han comercializado de enero a noviembre 45,5 millones de litros de vino, lo que supone un 7,18 por ciento más que el año anterior. En el marco de la exportación y en comparación con el mismo período de 2003, en lo que va de año las ventas de vino embotellado crecieron un 14,2 por ciento y se comercializaron un total de 13,4 millones de litros de vino. En concreto, las exportaciones a Alemania y Reino Unido, mercados de gran importancia para los vinos Navarra, han crecido un 9,45 y un 6,92 por ciento respectivamente.

En el caso del Rioja, las ventas de enero a noviembre de 2004 aumentaron un 5,6 por ciento respecto al mismo período de 2003, y pasaron de 213,6 a 225,5 millones de litros, según la información del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Calificada Rioja, único y singular en España por el hecho de ser calificada. Del total de ventas, 162,6 millones de litros se destinaron al mercado interior, con un incremento del 6,32 por ciento sobre los 152,9 millones del mismo período del año anterior. Las exportaciones ascendieron a 62,9 millones de litros, un 3,78 por ciento más que los 60,6 millones de litros absorbidos por el mercado exterior en el mismo plazo de 2003.

¿Qué significado tiene esta cifra o que impacto de la marca tiene en el exterior? Pongamos otros números para aclararlo. De enero a noviembre más de 82,5 millones de botellas sólo de la Denominación Rioja, presente en primer plano en la etiqueta, así como Made in Spain o España, han sido comercializadas a lo largo del ancho mundo. Y eso sólo en once meses. Si multiplicáramos esto por varios años, y además incluyéramos todas las denominaciones veríamos que la importancia, no sólo para los bodegueros, sino para la marca española, es relevante. De ahí el extremado cuidado que la máxima autoridad en el ámbito de las relaciones Exteriores de España debería tener, por más que sea un buen conocedor de otros vinos como Burdeos, o incluso los israelíes de los Altos del Golán.

Preocupación e invitación para Moratinos
Por estas razones, los bodegueros entienden que “los selectos vinos españoles son magníficos representantes de la imagen de España en el exterior, los vinos de España deben estar en todas las mesas de nuestras embajadas. Los vinos, cuando son de calidad, son un orgullo del país que los produce, y sus botellas ostentan de forma patente el territorio de producción”.

Con estas referencias, Pau Roca muestra su preocupación y explica que “espera que la referencia a los vinos de Burdeos del Sr. Moratinos no sea interpretada como una relajación en las normas de servicio y aprovisionamiento de las embajadas españolas en todo el mundo, en las que hasta ahora se ha seguido la política de contribuir a la difusión de nuestros vinos”. Pero más aún, mandó un mensaje-invitación expreso al ministro español: “debería intentar superar su falta de conocimiento de los vinos españoles. Las bodegas miembros de la Federación Española del Vino mantienen sus puertas abiertas, y su Secretario General se ofrece para organizarle las visitas a diversas zonas y las degustaciones necesarias con esta finalidad”.

El Gobierno negocia país por país el uso de las lenguas cooficiales en la UE
El Ejecutivo español reunirá a los embajadores en los 24 países miembros para darles instrucciones sobre la reforma del Reglamento Lingüístico comunitario
ABC 11 Enero 2005

BARCELONA. El secretario de Estado para Asuntos Europeos, Alberto Navarro, anunció ayer que reunirá a «los embajadores españoles en los 24 Estados miembros de la Unión Europea» para encargarles que realicen «gestiones para impulsar» la unanimidad a favor del memorándum de reforma del Reglamento Lingüístico comunitario, presentado por España el pasado 13 de diciembre, en el que se defiende el uso de las lenguas cooficiales españolas en las instituciones comunitarias.

Navarro explicó que el Gobierno español está realizando ya «una serie de gestiones bilaterales con todos los estados miembros» de la UE para este fin, y confió en que en junio de este año «tengamos las propuestas aprobadas» para que el uso de las lenguas cooficiales españolas en la UE «sea una realidad». El secretario de Estado señaló el punto en que se encuentra la tramitación del memorándum español al inicio de la presidencia luxemburguesa de la UE, que «va a realizar el análisis del texto a través del Comité de Representantes Permanentes (Coreper)» de la UE.

Paralelamente, el Gobierno español llamará a todos sus embajadores en países de la UE para que realicen gestiones bilaterales para conseguir la aprobación por parte de todos los Estados miembros.

Campaña neutral
Por otro lado, Navarro aseguró que el Gobierno «podría haber hecho» una campaña para el referéndum a la Constitución Europea «pidiendo el 'sí' pero ha optado por una campaña que se limita a leer artículos del Tratado, además por parte de figuras que no son políticas» sino periodistas, artistas, escritores y deportistas.

El secretario de Estado respondía así a las críticas de quienes han denunciado el partidismo, en favor del «sí», de la campaña televisiva iniciada por el Gobierno el pasado viernes para instar a la participación en el referéndum del próximo 20 de febrero.

En este sentido señaló que, además, la campaña del Ejecutivo «va a ser corta porque somos conscientes de que cuando empiece la campaña real», a tres semanas para la fecha delreferéndum «el Gobierno no puede hacer ningún tipo de campaña y serán los partidos los que la hagan sus propias campañas a favor o en contra».

España en suspensión de pagos
Nota del Editor  11 Enero 2005

Tendremos que buscarnos otra nacionalidad en otra parte pues esta nación y Europa si de dejan convencer de tantas estupideces, se va al garete a toda velocidad, y con ella todos los impuestos directos, indirectos y circunstanciales que hemos ido pagando a lo largo de una dilatada y sufrida experiencia como ciudadanos de segunda en una dictadura, soldaditos de segunda en un ejército que ya ven para que sirve, y ciudadanos de tercera, incomunicados por tener el español como lengua materna, en el recinto feudal de las autono-mías(-suyas).

Y aquí no hay compañía de seguros de crédito y caución que valga, quiebra pura y dura, lo mismo que si hubiera pasado por aquí un tsunami.

La caja única de la seguridad social se quedará vacía, como antes se vaciaron sin saber cómo ni porqué otras muchas cajas de pensiones, así que tendremos que dedicarnos a la agricultura de subsistencia en alguna zona subdesarrollada en la que podamos comprar un trocito de tierra.

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