AGLI

Recortes de Prensa     Martes 12 Enero 2005
Defensa dentro y fuera de casa
Editorial La Razón 12 Enero 2005

EL CERO Y EL INFINITO
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC  12 Enero 2005

ZP, el hombre referéndum
Ignacio Villa Libertad Digital 12 Enero 2005

No a la europatraña
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 12 Enero 2005

El fruto de la insensatez
José Luis Manzanares Estrella Digital  12 Enero 2005

ECCE ESPAÑA
Ignacio RUIZ QUINTANO ABC  12 Enero 2005

Sobre el «talante» y otras insustancialidades
Florentino Portero La Razón 12 Enero 2005

El Plan necesita respuesta
María San Gil Libertad Digital 12 Enero 2005

VIENDO VENIR EL TSUNAMI IBARRECHE
Antonio BURGOS ABC  12 Enero 2005

LA ESPAÑA BALCÁNICA
Jaime CAMPMANY ABC  12 Enero 2005

DOBLE RASERO CONSTITUCIONAL
Editorial ABC 12 Enero 2005

Los del no
Gabriel ALBIAC La Razón 12 Enero 2005

El problema no es Ibarreche
Pío Moa La Razón 12 Enero 2005

El fracaso del pensamiento
Agapito Maestre Libertad Digital 12 Enero 2005

¿Preservar en Europa lo que se deshace en España
EDITORIAL Libertad Digital 12 Enero 2005

El Plan Ibarretxe
Juan Francisco Martín Seco Estrella Digital  12 Enero 2005

El ideólogo
Ángela VALLVEY La Razón 12 Enero 2005

La piqueta insaciable
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 12 Enero 2005

¿El Plan Piqué
Román CENDOYA La Razón 12 Enero 2005

Uriarte
Tomás CUESTA La Razón 12 Enero 2005

Parece mentira
TONIA ETXARRI El Correo 12 Enero 2005

A Moratinos le gusta el Burdeos
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 12 Enero 2005

Está muy visto
Carlos Semprún Maura Libertad Digital 12 Enero 2005

La cara de Madrazo
Juan BRAVO La Razón 12 Enero 2005

Catalán, dialecto del castellano
Mikèl Garàu Rosselló La Razón 12 Enero 2005

Ser no nacionalista
Cartas al Director ABC 12 Enero 2005

Plan precipitado
Cartas al Director El Correo 12 Enero 2005

Los empresarios vascos rechazan públicamente el plan porque va contra «el orden jurídico»
M. LUISA G. FRANCO ABC  12 Enero 2005

Rafael Simancas: «El chantaje nacionalista debe ser contestado de forma contundente»
MARIANO CALLEJA ABC 12 Enero 2005

 

Defensa dentro y fuera de casa
Editorial La Razón 12 Enero 2005

Son muchos los perjuicios que ocasionaría la aplicación del Plan Ibarreche y, por tanto, muchos los frentes en los que se le puede combatir. En los últimos días hemos asistido al rechazo de este proyecto tanto desde el plano moral, por parte de la Conferencia Episcopal, como desde el ring de la política nacional, en las innumerables declaraciones de los responsables del PP y el PSOE. Ayer la defensa de la legalidad constitucional y de la integridad de España se escenificó en otros dos frentes: el internacional, con la dura declaración de rechazo presentada por el Partido Popular Europeo, mayoritario en la Cámara; y el económico, con la advertencia por parte del Círculo de Empresarios Vascos del riesgo que supone presentar el Plan sin que ETA haya entregado las armas. O, dicho de una forma más clara: con un buen número de empresarios amenazados o víctimas de atentados muy recientes contra sus empresas.

En cuanto a la batalla que se va a dirimir fuera de nuestras fronteras, el arma más eficaz –y así lo han entendido tanto el PP como el PSOE– es la futura Constitución Europea, que recoge de forma inequívoca «la inviolabilidad de las actuales fronteras de los Estados que componen la UE». De ahí la importancia de la defensa que ayer hizo el parlamentario Carlos Iturgaiz en el Pleno del Parlamento Europeo, en el que recordó a sus señorías, por si todavía hay algún incauto que se deja llevar por la propaganda nacionalista, que «Ibarreche y su Gobierno, que se dicen llamar demócratas, han pactado con los asesinos de ETA y Batasuna para sacar adelante su Plan». Las palabras de Iturgaiz ha obtenido un inequívoco refrendo del Partido Popular Europeo, que ha aprobado una declaración en la que rechaza el Plan Ibarreche porque «busca violar y dañar el orden constitucional». En la misma línea se enmarcan las intervenciones realizadas ayer en el pleno del Congreso tanto del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, como del líder de la oposición, Mariano Rajoy. Éste último lo ha resumido de la mejor forma posible: «El Plan Ibarreche cerrará las puertas a los delirios de autodetermianción» del lendakari.

Pero, al margen de las repercusiones políticas, el proyecto de nuevo estatuto vasco tiene unas indudables repercusiones en la economía, como ha hecho notar el Círculo de Empresarios Vascos, que alerta de que se puede provocar «una quiebra del sistema» que «crearía todavía más inseguridad, inestabilidad e incertidumbre». El comunicado del Círculo, que agrupa a los principales directivos de esta región, es especialmente importante no sólo por lo que se ha hecho esperar, sino porque demuestra que el Plan Ibarreche no sólo es inmoral, ilegal e inviable sino que, también, arruinará la economía vasca. Ya sólo falta que se pronuncie en el mismo sentido la patronal Confebask para dar la puntilla al disparatado Plan del lendakari.

EL CERO Y EL INFINITO
Por ÁLVARO DELGADO-GAL ABC  12 Enero 2005

HACE cosa de cuatro años, prendió en sectores amplios de la derecha una teoría terrible. Según esta teoría, los socialistas habían decidido someter al PP a un régimen de minoría perpetua. ¿Cómo? Mediante un sistema de alianzas múltiples con los nacionalistas. En Cataluña, País Vasco y Galicia habría gobiernos de socialistas y nacionalistas. El traslado de las alianzas al Congreso de Diputados reproduciría luego el cuadro a escala nacional.

Me resistí a dar crédito a la teoría por tres razones. La primera era moral: se me antojaba monstruoso que un partido democrático pudiera llegar al extremo de inventar artificios orientados a evitar la alternancia. La segunda razón era económica. El abrazo in aeternum con los nacionalistas habría exigido, por lo menos, extender a Cataluña las exenciones fiscales de que disfruta el País Vasco. Ello, aparte de complicar harto la financiación del Estado, habría ido en perjuicio de las regiones que tradicionalmente votan a los colores socialistas. La tercera razón era política. La idea de formar una mayoría con los nacionalistas dentro del Estado español presupone la existencia de un Estado español. Es decir, de un sistema en que el voto de la mayoría de los españoles vincula y obliga a las minorías. Esto fue así en los ochenta y los noventa. Ahora bien, el diseño que estaba denunciando la derecha era de índole en esencia confederal. Y es propio de las confederaciones el que se rompan los mecanismos que convierten la agregación de mayorías locales en mayorías generales. En una confederación, los asuntos generales se resuelven por unanimidad, tras negociaciones o chalaneos entre los territorios. De resultas, habría saltado por los aires el proyecto de sumar en el Congreso las fuerzas pactadas en los territorios. Transcurrido un tiempo suficiente, y después de cambios que ahora se nos figuran estrafalarios, pero que concluirían por imponerse en virtud de la dinámica desencadenada en origen, nos encontraríamos con un partido socialista dividido en cuatro partidos independientes -Galicia, País Vasco, Cataluña y resto de España-, y en situación radicalmente desventajosa respecto del PP en el trozo con diferencia más importante. A saber, el resto de España. Esto, más que maquiavelismo, habría sido hacer un pan como unas tortas. No, no era imaginable que cupiera en cabeza alguna tamaño disparate.

Cuando se instaló en Cataluña el tripartito, comencé a preocuparme. Cuando Zapatero montó su mayoría parlamentaria sobre el modelo catalán, mi preocupación fue a más. Y en diciembre de 2004 ocurrieron tres hechos que llevaron mi preocupación a colmo. Me pareció rarísimo que el fiscal general no recurriera el archivo del caso Atucha por una juez vasca. Me sonó extraño, muy extraño, que Zapatero descalificase, en su testimonio frente a la Comisión, el preámbulo del Pacto Antiterrorista, el cual impugna todo acuerdo con el PNV mientras éste no haya desistido de su complicidad, explícita o implícita, con ETA. Y me desasosegó el Plan Guevara, congruente con el desmarque maragalliano y de contenidos inequívocamente nacionalistas. Todavía más preocupante que los datos sueltos, era el horizonte al que los últimos apuntaban en conjunto. El PSOE semejaba pronto a darse las facilidades necesarias para cerrar un trato con el PNV. Por resonancia con la situación catalana, era inevitable que el trato abocara a la aventura confederalizante y a la ruptura irreversible con el PP. Y de paso, a la destrucción del sistema de reglas que han regido la convivencia desde el 78.

Así estaba el asunto, cuando estalló la bomba Ibarreche. Las bombas aturden, y han tenido que pasar unos días antes de que se empezaran a ensayar interpretaciones sobre el significado y alcance del demarraje peneuvista. Elementos varios de la derecha han incorporado el dato nuevo a la teoría terrible. Según la teoría enriquecida, el plan Ibarreche potencia el designio del Gobierno de llevar adelante su proyecto confederal. El argumento, en rigor, es que se metabolizará el plan Ibarreche buscando algún punto intermedio entre las laxitudes constitucionales ya asumidas y el secesionismo de los nacionalistas vascos. La hipótesis está ganando terreno rápidamente. Pero opino que es errónea. ¿Por qué?

Porque se ignora un punto crucial. Guevara, en la defensa de su plan, puso un empeño enorme en explicar que cabía llegar a la situación por él propugnada sin violentar formalmente la Constitución. O sea, sin poner en entredicho la soberanía del pueblo español. Esto, en sustancia, es una ilusión, puesto que el estado de cosas que resultara de una lectura sesgada e imprudente de la Carta Magna haría inmanejable al Estado. Pero en la política a corto y medio plazo, la inflexión guevariana resulta determinante. Si formalmente no se rompe la Constitución, se puede forzar el cambio sin contar con el PP. Se puede ir a la disolución efectiva del Estado a través de reformas estatutarias, por medio del 150.2 o como fuere. El desplante de Ibarreche, por el contrario, es inconciliable con la Carta Magna. Las transacciones con Ibarreche son imposibles en la medida en que no existe un punto situado a mitad de camino entre el borde de la Constitución y su rechazo frontal. Sería como avenir el cero con el infinito. En matemáticas, la media aritmética entre el cero y el infinito es otra vez infinito. Pero en política no es ninguna cantidad reconocible. Es exactamente... nada. Ibarreche no potencia por tanto a Zapatero. Más bien, lo parte por el eje.

Ello nos hace aterrizar en un escenario verdaderamente pasmoso. La red de alianzas en que está prendido el presidente impide a éste formar un frente con el PP y oponer a la embestida del lendakari la defensa firme de esta Constitución, o de la Constitución tal como la interpretan los populares. Todavía peor: resultaría estéril afianzar ese frente, con la aplicación no descartable del 155, sin proceder a un replanteamiento del Estado, a través, ahora sí, de una reforma constitucional en toda regla que maniatara a los nacionalistas. La contingencia, como he dicho, es impensable, y al parecer incompatible con el clavo ardiendo a que se ha agarrado el secretario general del PSOE: atraer en las autonómicas vascas voto nacionalista moderado y pactar con el PNV desde una posición negociadora fuerte. ¿Entonces? Zapatero se halla ante una disyuntiva feroz: o quedarse tieso si fracasa en el País Vasco, o vencer en la esperanza de que caiga Ibarreche, el PNV presente su rostro más civil, y pueda llevarse adelante un plan que ignora a la mitad de España y suscita las imposibilidades a largo plazo que ya se han enumerado. Si mal, mal, y si bien, también mal.

Tendemos espontáneamente a postular simetrías, causas necesarias, una organización de las cosas, detrás de los grandes hechos históricos. Precisamos de este consuelo para soportar el desorden de la realidad. Pero la realidad es desordenada, incluso pueril. No creo que Zapatero sea en absoluto un enemigo de la unidad nacional. Consiguió el poder con las alianzas que tenía a mano, y luego, más o menos, se dedicó a galopar sobre los acontecimientos. Quizá nos sorprenda tras su entrevista con Ibarreche. Quizá se saque de la manga un as que el pensamiento analítico no adivina. Ojalá. Nunca he presumido de entender de política. Confirmar esta torpeza supondría para mí una enorme alegría.

ZP, el hombre referéndum
Ignacio Villa Libertad Digital 12 Enero 2005

El presidente Zapatero ha mostrado toda su torpeza en el pleno extraordinario, en el que el Congreso de los Diputados ha dado luz verde al referéndum sobre la Constitución Europea. Despistado, nervioso y contradictorio ha puesto encima de la mesa los motivos de su profunda desorientación política ante la gravedad de la situación institucional.

Zapatero ha dicho en el Parlamento que "construir la unidad Europea es reforzar la unidad de España". ¿Cómo?, ¿con qué historia nos quiere engañar ahora? Mejor sería que no hiciese juegos de manos con unos conceptos políticos que se fabrican artificialmente a la medida de las necesidades. No haga mezclas que nada tienen que ver con la realidad.

¿Cómo se puede relacionar la unidad de Europa con la unidad de España, mientras se abre la puerta impunemente a los nacionalismos? Zapatero intenta, una vez más, meternos en un jardín en el que no queremos entrar. Ahora resulta que el Gobierno, que vive con respiración asistida de los nacionalismos, es el que predica la unidad de España. El mismo presidente que recibe a Ibarretxe en Moncloa como sí aquí no pasara nada, el mismo que abre la puerta del Congreso al plan secesionista apoyado por los terroristas es el que ahora nos va a dar lecciones de unidad. Menuda tontería.

La última pirueta del presidente del Gobierno no es fácil de entender a no ser que piense que en España nadie discurre, ni tiene capacidad de análisis a excepción de su "gabinete de crisis". ¿Cómo puede Zapatero pedir que se apoye la Constitución Europea como fórmula para fortalecer la unidad de España?, ¿cómo Zapatero puede hablar de una Europa fuerte y unida mientras abre la puerta al independentismo de los nacionalistas?

Zapatero dice que hay que apoyar la Constitución Europea el 20 de febrero. Esta vez, lo siento, pero la credibilidad del presidente del Gobierno está por los suelos. Zapatero nos está diciendo que votar Europa es votar unidad en España. ¿Cuál es su unidad? La unidad de los nacionalismos y del plan Ibarretxe, la unidad de Esquerra Republicana o la unidad de la "comunidad nacional" de los socialistas vascos. Zapatero es un presidente acorralado entre dos referendos. El de Ibarretxe y el de Europa.

El Gobierno llega tarde. El 20 de febrero no se vota Europa, se convoca un plebiscito sobre la política de ZP. Y desde luego ante esa realidad, la respuesta es clara, única y rotunda: no.

No a la europatraña
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 12 Enero 2005

Ya es que no dicen la verdad ni por equivocación. Se han instalado de tal modo en la trola, el embuste y el Imperio de la Bola que viven felices en el subterfugio y disfrutan estafando intelectual y políticamente a la ciudadanía. Muchas razones había para votar NO en el plebiscito zapateril, pero este martes añadió el presidente del Gobierno algunas más. La primera, que nos toma por aún más idiotas de lo que pensábamos, porque hace falta creernos decididamente lelos para sostener que la campaña ilegal a favor del “Sí” es “de lo más aséptica”. Claro, por eso los grandes comunicadores elegidos por el Gobierno han sido Iñaki Gabilondo y Luis del Olmo, que todo el mundo sabe que se oponen sistemática e implacablemente a todo lo que huela a PSOE y a Zapatero. ¡Amos, anda!

En cuanto a la necesidad de un plebiscito para respaldar la mal llamada Constitución Europea, que es un simple aunque farragosísimo tratado entre países, como el que hay ahora y como el que vendrá después, el PP tuvo la inteligencia de demostrar que no hacía ninguna falta. Bastaba con votarlo en el Parlamento, como propuso Rajoy, y nos ahorrábamos el gasto y la tomadura de pelo. Pero es que nunca se ha tratado realmente de Europa sino de Zapatero y es particularmente siniestro que se nos quiera presentar el “Sí” como una seguridad para la unidad de España que el propio Zapatero ha puesto en almoneda. Si quiere pedir el “Sí”, que se lo pida a sus socios comunistas y separatistas. Yo sólo lamento una cosa de votar “No”, que es no poder votarlo cien veces. Apetece.

El fruto de la insensatez
José Luis Manzanares Estrella Digital  12 Enero 2005

El etarra José Ignacio de Juana Chaos, con veinticinco asesinatos a sus espaldas, abandonará próximamente la prisión tras haber cumplido tan sólo 18 años de los tres mil y pico a que ascendía la suma de sus penas privativas de libertad. El límite máximo de cumplimiento por todas ellas era de treinta años en el Código Penal de 1973, y luego se restaba el tiempo correspondiente a la redención de penas por el trabajo, una institución de origen franquista que se aplicó con incontrolada generosidad y no desapareció hasta el Código Penal de 1995. Antes, en un desmedido afán de recortar el contenido efectivo de las penas y, de paso, reducir la población penitenciaria, la Ley Orgánica 8/1983 había extendido el beneficio a los presos preventivos. Los terroristas fueron los más beneficiados con la reforma, tanto por la gravedad de sus delitos, que justificaba la prisión provisional, como por la frecuente complejidad de sus procesos.

Algunos penalistas —muy pocos, en verdad— advertimos de lo que ocurriría con esa política de paños calientes para la delincuencia en general y para el terrorismo en particular. Y hasta hubo quien se atrevió a postular la prisión perpetua con posibilidad de libertad condicional tras cierto tiempo si se vislumbrara al menos un atisbo de resocialización. Sin embargo, lo que era y es normal en los países de nuestro entorno (Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y un largo etcétera), fue estampillado aquí como políticamente incorrecto. Finalmente, la Ley Orgánica 7/2003 ideó un complicado sistema con el que el límite máximo de cumplimiento puede llegar a los cincuenta años en determinados supuestos como el presente.

Ahora, producido ya el escándalo, hasta los ideólogos de entonces nos aseguran que comparten la indignación popular y lamentan que nada pueda hacerse para impedir esa puesta en libertad. Lo que arteramente ocultan es que su gran preocupación fue conjurar el riesgo de que la personalidad del delincuente —también la de los asesinos terroristas— pudiera sufrir algún deterioro con las penalidades al uso en el resto de Europa. Ahí, para los desmemoriados, están las hemerotecas con numerosos artículos más atentos a la no siempre posible resocialización del reo que a las razones de justicia y prevención de ulteriores delitos. Las víctimas no importaban tanto.

Por fortuna, no es seguro que este individuo haya purgado definitivamente todas sus responsabilidades con la Justicia. Si se probase —¡cuidado con el condicional!— que siguió perteneciendo a ETA después de su última condena por esos hechos, habría incurrido de nuevo en el tipo relativo a las asociaciones ilegales. Como en cualquier otro delito permanente, la sentencia traza la línea divisoria entre el pasado y el futuro. En todo caso, como reza el dicho popular, las reclamaciones pueden dirigirse al maestro armero. Hubo mucho, pero estos días ninguno de ellos ha dado señales de vida.

ECCE ESPAÑA
Por Ignacio RUIZ QUINTANO ABC  12 Enero 2005

AQUÍ yace media España: murió de la otra media. En la escuela solía celebrarse esa ocurrencia de Larra. Y ahora Ibarreche quiere saber cómo vamos a arreglar el asunto de España. «¿A tortas?» En la radio del patio suena el «Letsbi lesbi» de Begoña: «Let´s be hippies tonight, let´s be lesbies tonight.» Madrid huele a porro y a lombarda. El olor, dicen los poetas, es como la generosidad de las cosas impacientes de entregarse. «Esta noche seamos hippies, esta noche seamos «lesbis».» De su piel -esto no lo dice Begoña, sino Marcial- se exhalan los vapores del azafrán que una mano caliente ha estrujado... En fin, tortas.

Pero, en boca de Ibarreche, «tortas» debe de ser la forma laica de decir «hostias», y echárselas de laico, hoy, sólo son ganas de echárselas de anticatólico. Sin embargo, Arana, que aconsejaba a los suyos la inhibición ante las deprecaciones de un castellano en peligro de ahogarse, proclamó el catolicismo para su pueblo porque su carácter político y civil era esencialmente católico: «Sin Dios, no queremos nada.»

Mas para desespañolizar hay que descatolizar. Por eso al anarquismo de Camba le parecía natural que la revolución mejicana persiguiera de un modo implacable al catolicismo; lo que no se explicaba era que nuestra revolución fuera a la zaga de la mejicana, porque los mejicanos podían hacer una revolución antiespañola, pero los españoles no. Él veía que el carácter y el genio de España se habían forjado en una afirmación constante del catolicismo, y que si fuera posible darle un efecto retroactivo a nuestra legislación laica todo perdería su sentido, desde nuestra literatura hasta nuestra cocina, que es una cocina de cristianos viejos llena de cosas prohibidas al infiel.

LA comida, ay, estimula el ingenio. Si un puñado de bellotas en la mano bastó a don Quijote para iniciar el discurso de la Edad Dorada, una barra llena de «pintxos» ha bastado a Ibarreche para establecer un «hecho diferencial», y sobre eso, un Plan de Secesión con más voz que carne, como decía Lope de los ruiseñores, pero cuya música agrada a Josu Ternera, el rústico de la siringa de Pan, y a De Juana Chaos, el matarife que goza con las caras desencajadas de los familiares de los muertos en los funerales: «Aquí, en la cárcel, sus lloros son nuestras sonrisas -anotó tras el asesinato en Sevilla del matrimonio Becerril-. Acabaremos a carcajada limpia.»

¿LA risa humana es una caída, tenemos los hombres un agujero en el alma? La risa, explica Octavio Paz, es el más allá de la filosofía: el mundo empezó con una carcajada y termina con otra. La conciencia cristiana expulsa a la risa del paraíso y la transforma en atributo satánico; confiscada hoy por la ciencia, la risa es histeria, desarreglo psíquico, anomalía. «¿Quién reirá hasta morir?», se pregunta Bataille. «Más España», pide el hijo de Pepe, el de la tienda, cuando viene de borrar en los cuarteles el lema «A España servir hasta morir». «España balcánica», titula el editorialista del «Wall Street Journal».

Afuera tienen la impresión de que en España el terrorismo funciona. Una bomba en Madrid puso en fuga a la infantería española en Iraq, cobardía, por cierto, que no se esperaba Bush de un país que tenía acreditado su valor con «esa cosa de los toros». Y cuarenta años de hacha y serpiente han traído la «democracia popular» a las puertas del Congreso. Los progres creen, tan contentos, que bailarle el agua a Ternera es ganarle la guerra a Franco. Los leones de las Cortes son corderos asimilados.

Ante la complejidad del desafío, la sencillez de Rodríguez. La sencillez, decía el «Séneca», es la solución con trampa que hemos encontrado los hombres para las charadas que no sabemos solucionar.

Sobre el «talante» y otras insustancialidades
Florentino Portero La Razón 12 Enero 2005

La vida es cambio y el ejercicio de la política no es otra cosa que la acción para dirigir ese cambio en un sentido determinado. De ahí que lo primero que debamos exigir a un dirigente político sea, precisamente, su visión sobre el futuro de una sociedad determinada y cómo llegar a ese objetivo. Durante décadas, tanto los regímenes liberales como los democráticos hurtaron a la sociedad determinadas esferas de la acción política, con argumentos como el superior interés del Estado, la complejidad del proceso de toma de decisión, la necesidad de cierta autonomía en su gestión... Era el caso de lo relativo a la acción exterior del Estado y a determinadas áreas de la vida económica. Sin embargo, el avance de la cultura democrática ha ido conquistando estos reductos de elitismo para incorporarlos al debate general.

En los albores del siglo XXI podemos afirmar que sólo existe la política, que la diplomacia, la defensa, la alta gestión económica han perdido su coto de autonomía para pasar a ser la expresión del ideario político en un área determinada. En una sociedad de masas como la que nos ha tocado vivir, donde la comunicación y la información lo invaden todo, sólo presentando un programa coherente dirigido a satisfacer un conjunto de demandas se puede lograr la confianza de la ciudadanía durante un tiempo prolongado. Todos somos conscientes de que el PSOE daba por perdidas las pasadas elecciones generales y que el debate interno en las semanas previas se centraba en si Solana desplazaría o no a Bono en la operación para sustituir definitivamente a Rodríguez Zapatero. Los sucesos del 11-M crearon una situación nueva que el PSOE, apoyado por determinados grupos mediáticos, supo aprovechar haciendo gala de una falta de escrúpulos democráticos sin precedentes en nuestra historia reciente. Lograron el triunfo, pero llegaron al poder sin un programa que mereciera tal nombre, sin una visión sobre cómo España debía evolucionar. Peor aún, llegaron con un partido volcado en labores de oposición, apurando cualquier tema que pudiera debilitar al Gobierno, con la tranquilidad que da el saber que no tendrían que asumir las más altas responsabilidades en un tiempo breve.

Sus grupos mediáticos daban alas a las demandas nacionalistas, justificando y legitimando posturas que atentaban contra la Constitución, en su sentido estricto, y contra el sistema de convivencia arbitrado tras la desaparición del Franquismo. El propio PSOE se fragmentaba arrastrado por esa legitimación mediática y política de las demandas nacionalistas. El tiempo transcurrido nos proporciona un cierta perspectiva de lo que es el Gobierno de Zapatero. Sin duda, la expresión más característica, aquella que quedará reflejada en los libros de historia, es el «otro talante» del que se quiere hacer gala. La palabra en cuestión es enormemente significativa. No hace referencia al fondo, sino a la forma. Implica la carencia de una política, de una visión de España, tanto en su organización interna como en su dimensión internacional, para reivindicar un modo de negociar. Si frente al PP se mantienen formas propias de los años de oposición –culpándolo de todo, tratando de arrinconarlo y de dividirlo–, ante las restantes fuerzas políticas se muestra una actitud dialogante y comprensiva, como si lo que España necesitara fuera la destrucción del PP y no la solución del amplio abanico de problemas de todo tipo que tenemos frente a nosotros.

El talante se ha puesto en práctica y vamos viendo sus frutos. Marruecos ya sabe que España dejará de ser un obstáculo para la anexión definitiva del Sahara. Británicos y llanitos celebran con asombro que hayamos retirado nuestras demandas y se disponen a consolidar su modelo constitucional, arrumbando en el cajón de los recuerdos los ensayos de co-soberanía animados por Blair y Aznar. Los gobiernos populistas o dictatoriales de Iberoamérica ven con alivio que hayamos dejado de presionar a favor del avance de la democracia o que cejemos en la defensa de los intereses de nuestras empresas. Los terroristas del Islam radical festejan públicamente la facilidad con la que los españoles nos plegamos a sus demandas y se disponen a golpear de nuevo. La ortodoxia de nuestra política económica se deshace ante el primer embate sindical, mientras nuestro comercio exterior retrocede alarmantemente y nuestra productividad continúa por los suelos.

Nacionalistas vascos y catalanes avanzan con seguridad hacia la independencia, ante la actitud parsimoniosa del Gobierno. Zapatero parece entender la política como un sistema de gestión de problemas, pero sin norte al que dirigirse y sin más ambición que mantener a los suyos en el poder. La solución parece estar en tratar de dar satisfacción a todos los que respaldan su mayoría, mientras se convence a la ciudadanía de que todo está bajo control. Sin embargo, esto es tan falso como imposible. No se sabe hacia dónde se va; las políticas en su conjunto carecen de coherencia y los resultados lo irán poniendo de manifiesto; los intereses de las partes son contradictorios y el «talante» es percibido como debilidad, por lo que anima a mayores demandas. Dentro y fuera de España el Gobierno pierde autoridad. De la misma forma que París, el «corazón de Europa», ha dejado de contar con Madrid una vez que nos hemos plegado a sus exigencias, Ibarretxe se atreve a mencionar el uso de la fuerza como medio para resolver el problema creado por el Plan que lleva su nombre. El PSOE dispone de una excelente cobertura mediática y sabe utilizarla. Durante años ha invertido en la consolidación de una cultura política afín y ahora trata de asentar su errática gestión en los principios y valores que la conforman. Es una excelente máquina de poder acorde con los tiempos en que vivimos, pero carece de una auténtica política, de una visión de España.

El Plan necesita respuesta
María San Gil Libertad Digital 12 Enero 2005

Fue una sorpresa, pero menos. El apoyo de los tres aforados de Batasuna al plan soberanista de Ibarretxe se explica por lo que muchos venimos denunciando desde hace tiempo y es que el PNV ha asumido desde 1998 los objetivos políticos de los terroristas de ETA y se encuentra desde el Pacto de Lizarra en un proceso de convergencia con el mundo radical de Batasuna y ETA.

Estaba cantado además que la negativa de Atutxa a disolver el grupo de la ilegalizada Batasuna y de convertir así la Cámara de Vitoria en el último refugio de los batasunos desobedeciendo las resoluciones de los tribunales tenía un precio que hemos finalmente conocido.

Tampoco ha pasado desapercibido cómo el PNV ha cortejado y lanzado guiños a Batasuna hasta el último minuto en esta legislatura, cuestionando las detenciones de la cúpula de ETA, apoyando mociones municipales de apoyo a los etarras detenidos o tolerando la participación en ayuntamientos de plataformas ilegalizadas.

La última llamada de socorro a Batasuna la hizo el propio Ibarretxe en el pleno de la votación de la propuesta, una llamada de auxilio que tuvo finalmente respuesta como sabemos.

En esa convergencia con los radicales y con ETA, Ibarretxe y el PNV han vuelto a dar las espalda a los demócratas y se han apoyado en los terroristas para impulsar el proceso secesionista. La aprobación del plan en el Parlamento vasco es un profundo fracaso democrático del presidente de todos los vascos, que abraza el proyecto que ETA ha defendido a tiros antes que la democracia, la libertad y la legalidad y abraza a los terroristas antes que a los demócratas y a la mayoría de la sociedad vasca.

Es insólito, pero es la consumación del proceso que el PNV inició en 1998. Tenemos unos dirigentes en Euskadi que son antes nacionalistas que demócratas y que irresponsablemente rechazan el marco que garantiza la convivencia, el entendimiento y el progreso de Euskadi por un proyecto que sólo genera aislamiento, división, crispación y completa incertidumbre económica.

Estamos en un momento crítico y preocupante en el que es preciso la toma de decisiones y una respuesta firme del Estado de Derecho. La aprobación actual del plan Ibarretxe con los votos de ETA es hoy una ofensa intolerable a las víctimas del terrorismo. Supone además el mayor desafío a nuestra democracia, a la igualdad de todos los españoles y a la unidad de nuestro país.

Muchos vascos vemos, sin embargo, con preocupación la inacción de Zapatero y la falta de una respuesta clara y contundente del Gobierno al mayor desafío a nuestra democracia. Tenemos quizás el Gobierno más débil para el órdago más fuerte. Es incomprensible que el PSOE y que el presidente de todos los españoles desoiga la voluntad de los ciudadanos y no impulse un pacto con el PP para la defensa de la unidad de España. Es incomprensible también que Zapatero reciba presto a Ibarretxe y que el presidente del Congreso haga una excepción y reciba a su homólogo Atutxa, convirtiendo esta semana en la semana de las fotos.

Los nacionalistas tienen muy clara su hoja de ruta y han aclarado que seguirán el proceso pese a la legalidad convocando un referéndum. Los españoles y miles y miles de vascos quieren una respuesta clara y precisa al desafío del Gobierno de Ibarretxe y quieren a los dos partidos mayoritarios del país unidos en la defensa de nuestro marco jurídico y de nuestra unidad.

Los ‘populares’ vascos no acudiremos a la ronda de contactos de un lehendakari que se ha demostrado ciego y sordo a las necesidades verdaderas de los vascos y que ha preferido apoyarse en los violentos. En cambio, presentaremos en todos los municipios una moción para que los ciudadanos en cada pueblo vasco sepan lo que nos jugamos con el proceso abierto por Ibarretxe y avalado por ETA.

Una moción de defensa del Estatuto y la Constitución como marcos que garantizan la libertad y convivencia de todos los vascos; de apoyo y solidaridad con las víctimas del terrorismo, humilladas por el lehendakari con la aprobación de su proyecto gracias a los votos de Batasuna; y de rechazo a un plan ilegal, inconstitucional, insolidario, que sólo produce división, crispación y es una amenaza clara para nuestro progreso y nuestro futuro.

VIENDO VENIR EL TSUNAMI IBARRECHE
Por Antonio BURGOS ABC  12 Enero 2005

NO sabía yo que en Cádiz, hace exactamente 250 años, el día de Todos los Santos de 1755, cuando el terremoto de Lisboa, hubo un tsunami. Los gaditanos creíamos que aquello fue un maremoto. Tengo mi teoría sobre El Maremoto por excelencia. Las olas de La Caleta, que es plata quieta, picadas en su curiosidad por la Habanera, quisieron darse una vueltecita por Cádiz para comprobar si era verdad tanta belleza. La mar no se salió de madre; salió a darse una vueltecita por la muralla real. Tiró para Cádiz y entró por la calle de la Palma, para ver la fiesta de Tosantos en la Plaza de la Libertad, anda que tiene feo el nombre. Pero los viñeros sacaron el estandarte de la Virgen de la Palma y las aguas se pararon. Por obra de la Virgen de la Palma y de la gracia de Cádiz, encarnada en el cura al que recuerda el rimado popular: «Hasta aquí llegó el agua, dijo el cura de La Palma».

Nequaquam. Lo que dijo el cura de La Palma fue: «Sanani, hasta aquí llegó el tsunami». Los maremotos han dejado de existir. Como española, la cohesión de la lengua también está en peligro. Tsunami para arriba y tsunami para abajo para el maremoto de un sitio que en español era Ceilán y ahora, Sri Lanka. De tsunami de Sri Lanka, nada: maremoto de Ceilán. En el DRAE, maremoto es exactamente lo que ha ocurrido en aquellos países, el tragedión que hemos visto llegar en los vídeos de los turistas: «Agitación violenta de las aguas del mar a consecuencia de una sacudida del fondo, que a veces se propaga hasta las costas dando lugar a inundaciones». Olvidada palabra: maremoto. Con la mosca detrás de la oreja, me he preguntado: ¿será tsunami una palabra vascuence, y por eso hocicamos ante ella, como ante Ondarribia por Fuenterrabía? No, es japonesa. Dicen que fue adoptada por los sismólogos en 1963, y que viene de las voces japonesas «tsu», que significa puerto o bahía, y «nami», ola.

-Pues si es por japonés, usted, maremoto no puede sonar más a nipón. Pruebe a decir «sayonara, maremoto»... ¡Sol Naciente total!

No sé a qué hablar tanto del maremoto de Oriente, cuando aquí tenemos en el Norte un tsunami importante. Tsunami, así, sonando a vascuence, no maremoto. Nos amenaza el Tsunami Ibarreche. Para que se forme este Tsunami Ibarreche han colaborado las fuerzas infernales de unos asesinos que ya se han cargado en España a mil criaturitas. La ola del tsunami está en el horizonte. Ojú, la que viene por ahí... Más que el maremoto de Cádiz de 1755. Como el de esos países tan desgraciados que hubieron de sufrir el maremoto, y ahora, por si no tuvieran bastante, encima, la visita de Moratinos y de Leire Pajín. Las desgracias nunca vienen solas. Cuando se acercaba aquella ola asiática, los turistas se quedaban quietos como pasmarotes viéndola llegar con toda tranquilidad, sin darle importancia. Y, ¡pum!, la ola se los llevó por delante. Como nadie aprende en cabeza ajena, aquí estamos viendo llegar la destructora ola separatista del Tsunami Ibarreche, y Zapatero y los que parecen estar de turistas en el poder, como pasmarotes, están contemplándola tan tranquilos, sin saber que cuando llegue nos llevará a todos por delante. Están irresponsablemente confiados y tranquilos como los turistas ahora difuntos que contemplaban la llegada del maremoto de Indonesia. O quizás están en plan cura gaditano de La Palma y quieren sacar el estandarte de la Constitución a la puerta del Congreso de los Diputados para que se paren las aguas. «Hasta aquí llegó el agua» lo pudo decir el cura de La Palma. Con las aguas del Tsunami Ibarreche, cuando lleguen a la Carrera de San Jerónimo lo único que podrá decir ZP, el confiado turista pasmarote, es: «Glup, glup». Lo malo es que el hotel de lujo que ese tsunami se va a llevar por delante se llama España y en él estamos todos alojados.

LA ESPAÑA BALCÁNICA
Por Jaime CAMPMANY ABC  12 Enero 2005

MIRAN a España desde fuera y algunos observadores la ven en proceso o peligro de balcanización. El editorial de «The Wall Street Journal» resume ese peligro en su título y llama sin ambages ni eufemismos a esta España del siglo XXI, democrática y europea, con una denominación escalofriante: «La España balcánica».

Han bastado nueve meses de Gobierno Zapatero, insuficiente y débil en sus propios votos y cautivo hasta la insensatez de los votos separatistas, para llevar a España, desde una situación de pujanza económica, de normalidad política, de tratamiento eficaz del terrorismo y de respeto internacional, a esta otra situación amenazante de división en la que resulta posible encontrar escalofriantes semejanzas con el desastre de los países balcánicos.

El balance de estos nueve meses es alarmante. Hemos retirado nuestras tropas de Iraq con lo que hemos disgustado a Estados Unidos, nuestro aliado más poderoso. A continuación, Zapatero invitó a que siguieran su ejemplo los treinta y tantos o cuarenta países que mantienen allí sus tropas. Ni uno solo le hizo caso, y España corrió un ridículo universal. Propuso Zapatero solemnemente la famosa «alianza de civilizaciones» y se han sumado a la propuesta tres naciones irrelevantes en el concierto internacional: nuevo ridículo. Las propuestas legislativas que se le han ocurrido al Gobierno han logrado enemistarlo con la Iglesia Católica. Las iniciativas en materia económica, social o pedagógica, tuvieron que ser abandonadas por irrealizables o disparatadas. El derecho de soberanía supletoria sobre Gibraltar que España poseía desde el tratado de Utrech ha sido cedido en un tris sin contrapartida alguna. Ha tratado de que Marruecos controle la emigración ilegal, y ahora pateras y barcos salen de las costas marroquíes no sólo para cruzar el Estrecho, sino hacia las Islas Canarias. Zapatero quiere que seamos los primeros en aprobar por referéndum la Constitución europea. Nadie la ha explicado, pero hay que dar el «sí» porque así lo van a pedir algunos futbolistas.

Y todavía queda lo más grave. El lendakari Ibarreche le ha hecho un corte de mangas al Gobierno, aún más espectacular que el de Atucha al Tribunal Supremo, y ha aprobado su plan soberanista con los votos políticos de los etarras. Zapatero consiente que un grupo político minoritario y local anuncie que su voluntad está por encima de la de todo el pueblo español.

He escuchado a Ibarreche y a Anasagasti explicar así los votos batasunos: no son votos a favor del plan, porque fueron tres a favor y tres en contra. No explican, claro, que los tres a favor dieron al plan la mayoría necesaria, mientras que los tres en contra no servían para nada. O tan ilustres políticos son tontos de remate, o creen que los tontos de remate somos los españoles. Anuncian la convocatoria de un referéndum ilegal, y alardean de que leyes, tribunales, Constitución, Parlamento, Gobierno y presidente todo se lo pasan por el arco del triunfo. Señores pasajeros: «Abróchense los cinturones. Estamos llegando a los Balcanes».

DOBLE RASERO CONSTITUCIONAL
Editorial ABC 12 Enero 2005

EL Pleno del Congreso ha otorgado al Gobierno por práctica unanimidad la autorización preceptiva para que ponga en marcha el referéndum sobre la Constitución europea, previsto para el 20 de febrero. El debate sirvió para que los ciudadanos se hagan por fin una idea, al menos genérica, de las posiciones de los diferentes partidos. Es notorio que el PSOE asume con agrado el papel de impulsor del Tratado Constitucional, aunque sea más en el terreno de la retórica y de la apelación a un vago sentimiento europeísta que en el análisis y explicación de una norma compleja e innovadora. El PP mantiene una apuesta responsable y razonable en favor del «sí», sin olvidar los defectos inherentes a un pacto que rebaja la capacidad de maniobra de España en relación con el Tratado de Niza. PNV y CiU se apuntan a última hora y con escaso entusiasmo. ERC y otros partidos de la izquierda parlamentaria se pronuncian significativamente en contra, sea por razones territoriales o ideológicas.

Como no podía ser de otro modo, el plan Ibarretxe interfiere en el debate sobre asuntos europeos. El Gobierno buscaba con urgencia un argumento para el consenso con la oposición que le permitiera rebajar la alta tensión política de los últimos meses. Pero la aprobación ilegal del sedicente proyecto de reforma del Estatuto de Guernica ha trastocado sus planes. Ayer se recordaba en el Congreso que la Europa que nos espera es la Europa de los Estados y de los ciudadanos, importante aportación de la delegación española en la convención que define a los verdaderos protagonistas del proceso sin mencionar a los «pueblos» o a las supuestas «naciones sin Estado». La congelación de las fronteras actuales es otra poderosa razón para que los nacionalistas vean con recelo el nuevo texto, aunque expresen ahora su apoyo con la boca pequeña y por razones tácticas. Es llamativo que Zapatero recurra a la Constitución europea para defender el modelo vigente de la España constitucional e ignore, sin embargo, los mecanismos jurídicos que ofrece el texto de 1978, incluyendo la vía de la impugnación ante el TC.

Porque mientras Zapatero alertaba sobre la crisis que se produciría en caso de que no se aprobara en referéndum el Tratado constitucional, los socialistas, a instancias de Enrique Barón, eludían en el Parlamento de Estrasburgo el debate sobre el plan Ibarretxe y la defensa de la Constitución española propuesto por el PPE, ignorando, como acertadamente señaló Mayor Oreja, que la mejor estrategia para que Europa apoye nuestra Carta Magna es que España respalde el Tratado constitucional de la UE.

Ayer resaltaba Rajoy las paradojas de este Gobierno, dispuesto a dejar que se discuta en el Pleno, aunque sea con intención de rechazarlo, un proyecto inconstitucional, aprobado con el voto determinante de una rama de ETA, siendo consciente de que está legitimando así un procedimiento viciado en su origen. En la nueva Europa nadie discute el principio de soberanía nacional. La llamada Constitución es, en puro rigor jurídico, un tratado internacional, sin duda peculiar, pero que deriva de la voluntad concorde de todos los Estados miembros. En cambio, el preámbulo del plan Ibarretxe apela al derecho del pueblo vasco a decidir su propio futuro y al derecho de autodeterminación de los pueblos, cuya aplicación al caso es improcedente por completo según el Derecho internacional. Zapatero usa una doble vara de medir: a fondo con la Constitución europea, sólo a medias con la española. Signo de debilidad de un Gobierno que aparenta tranquilidad y sin embargo no parece capaz de encauzar el desafío frontal al Estado. Rajoy destacó esta paradoja, recordando la batería de medidas que el Ejecutivo podría utilizar y reiterando la disposición del PP a apoyarlas. Por ahora, nos esperan el diálogo con apariencia de negociación bilateral y la cortesía que induce al equívoco para la recepción en la sede de la soberanía nacional de un documento que niega esa misma soberanía.

Los del no
Gabriel ALBIAC La Razón 12 Enero 2005

En el último referéndum asestado a este país, el de la OTAN, el Gobierno infringió la ley. No es que eso resultara llamativo. La ley y los Gobiernos de González fueron con tanta frecuencia incompatibles que, al final, ni se notaba. Lo sufríamos como quien sufre los accidentes meteorológicos. De alguna de aquellas infracciones, dio cuenta la justicia: Barrionuevo, Roldán, Vera... De otras, no. La quiebra de la ley en la consulta del 86 es una niñería comparada con lo que vino luego. Pero se produjo. Y es de elemental respeto a la verdad recordarlo.

La legislación española sobre referendos tiene una lógica sencilla. Un referéndum no es una convocatoria electoral. No pueden, pues, ni el Gobierno de la nación ni ninguna de sus administraciones hacer campaña sobre su contenido. Tan sólo fomentar la participación. Cada céntimo que el Estado –de modo directo o mediante subvención a partidos u otros– invierta a favor del sí como del no, es prevaricación. Que el presidente del Gobierno apareciera el último día en la tele, amenazando con las más tenebrosas catástrofes si los ciudadanos no votaban a gusto de su Ejecutivo, fue, además, una de las mayores desvergüenzas de aquellos años en los cuales la vergüenza no era moneda en curso.
Ayer, ese epígono sainetero de González que es el actual presidente optó por pisar las huellas de sus mayores. Convendría que los recuerdos agrios de la Audiencia Nacional y del Supremo lo retuvieran, antes de cruzar la línea cuya transgresión llevó donde llevó al Padrino.

Bien está que un gobernante tome a los ciudadanos por imbéciles. Pero mentir en sede parlamentaria es grave. Hay países que lo consideran el pecado más imperdonable de un político. Y Zapatero mintió ayer. Al menos, en dos ocasiones.

Una: al llamar «Constitución» (europea) a algo que no cumple ninguna de las condiciones definitorias de un texto constitucional y que no es, en rigor, sino un tratado internacional. Importante. Pero que nada tiene que ver con lo que, desde Montesquieu y Siéyès, llamamos una «Constitución»: esto es, la codificación transitoria que a sí mismo se da un sujeto constituyente que, como nación, preexiste al texto y le sobrevive.

Dos: al pretender que «el rechazo» de eso «en alguno de los Estados miembros podría generar una situación de crisis con el consiguiente riesgo de parálisis del proyecto de construcción europea». Mentira descarnada: la no aprobación de este tratado dejaría tal cual el que está en vigor, el de Niza, el cual, sin ser gran cosa, algo menos malo parece que el bodrio giscardiano de ahora.

Es verosímil que lo que el presidente busque sea un plebiscito personal. A lo mejor se equivoca. Y, entre los que voten «no» a Zapatero y los que voten «no» a un tratado pésimo, acaba por cuajar lo imprevisto. Tendría su gracia.

Desafío nacionalista
El problema no es Ibarreche
Pío Moa La Razón 12 Enero 2005

El presidente de la autonomía vasca está rompiendo unilateralmente la Constitución y el Estatuto gracias a los cuales gobierna. De modo parecido a la Esquerra en 1934, ha utilizado los poderes que le concede la legitimidad democrática española para intentar destruir ésta, para intentar, en definitiva, un golpe de estado. Después, con la insondable hipocresía tradicional en el PNV, ha hablado de dialogar sobre sus hechos consumados… o que él quiere dar por consumados. Ha culminado con ello una cadena de provocaciones ya muy larga en su partido, incluyendo la abierta rebeldía ante los jueces. Ha llevado a cabo estas fechorías, cómo no, en coincidencia y complicidad con el TNV, el Terrorismo Nacionalista Vasco aconsejado por uno de sus máximos jefes, un asesino que ha estado en la comisión de derechos humanos del parlamento vasco. ¡Todo un parlamento democrático en un país civilizado!

Estas evidencias se pierden, no obstante, en la habitual e indecente palabrería de la mayoría de los políticos. Pero se trata, como digo, de un intento de golpe de estado en connivencia con el terrorismo, algo que, de tener éxito, legitimaría el terrorismo como arma política en España y desde luego destruiría las reglas que permiten el juego democrático en el país. Una cadena de provocaciones nacionalistas y de claudicaciones de los gobierno han convertido en caricatura la democracia en las Vascongadas, y esta situación ha podido mantenerse porque en el conjunto del país –cada vez menos en Cataluña– el sistema ha venido funcionando de manera pasable.

La pareja de hecho PNV-TNV tiene que haber percibido una extrema debilidad y falta de energía en el gobierno español para atreverse a tal desafío. Pues Ibarreche, con o sin apoyo de los terroristas, carece por completo de fuerza para llevar hasta el final su intentona golpista, que un gobierno resuelto a mantener la democracia y la ley puede abortar con facilidad. Llegados a este punto no parece quedar otra posibilidad real y legal que la suspensión de la autonomía, si Ibarreche no da marcha atrás de forma clara. El personaje debe ser puesto ante sus responsabilidades delante de todo el pueblo español, incluyendo, por supuesto, a los vascos. Esto, si se quiere salvar la legalidad democrática e impedir su ulterior descomposición.

Mucha gente se asusta de tal expediente, y alguno lo ha motejado de acto despótico, pero conviene entender que ya no queda otra vía, pues nuevas concesiones sólo aplazarían el encontronazo, deteriorando mientras tanto la situación en las Vascongadas y en toda España. Como decía Churchill, quien cae en el deshonor por evitar la guerra, tiene finalmente guerra y deshonor. Aquí no habrá guerra, pues la desproporción de fuerzas no permite siquiera contemplarla, pero sí se presenta un proceso de pudrición del sistema de libertades que podría concluir en una libanización de España, teniendo en cuenta además la incidencia del terrorismo islámico. La única cuestión práctica consiste en impedir que el PNV-TNV pueda presentar como despótica una medida que esa misma pareja infernal ha hecho inevitable.

Por eso el problema no está en Ibarreche, sino en el gobierno español. En condiciones normales no haría falta siquiera que el PP y el PSOE se pusieran de acuerdo demasiado explícitamente, porque el enemigo es débil y porque cualquier gobierno legítimo debe saber cómo actuar en tales casos para preservar no sólo la unidad de España y las libertades de los ciudadanos, sino también su propia legitimidad. Por tremenda mala suerte el gobierno actual está presidido por un hombre que no cree en la nación española, que tiene una breve, pero ya considerable carrera de donjulianismo en relación con Marruecos, con Francia y con el terrorismo islámico, al yugo del cual no ha vacilado en entregar al pueblo iraquí, saboteando las expectativas de democratización o al menos estabilización de su país. Un personaje felicitado por regímenes totalitarios y gobiernos populistas, y que hasta la fecha se ha mostrado dispuesto a las mayores claudicaciones, incapaz de distinguir los principios elementales sin los cuales hablar de libertad, de unidad o de solidaridad se convierte en un sarcasmo.

Las tragedias de España en el siglo XX han nacido, en definitiva, de tener a su cabeza, en momentos de crisis, a gobernantes totalmente ineptos para afrontarlas, sea por falta de energía, por frivolidad, por sectarismo o por incapacidad para percibir el alcance del desafío: los García Prieto o Sánchez Guerra, Romanones, almirante Aznar, Alcalá-Zamora, Azaña.

¿Ocurrirá ahora otro tanto? Acaso el actual presidente termine por entender lo que se viene encima y cambie de actitud. Acaso la oposición o algún consejero logre hacerle entender la realidad, bajándole de la nube de infantil charlatanería en que habitualmente se mueve. Ojalá. De otro modo, como diría Maragall, “el drama está servido”.

PSOE
El fracaso del pensamiento
Agapito Maestre Libertad Digital 12 Enero 2005

Resulta trágica la situación intelectual de España. El debate de ideas, por decirlo con la retórica dominante, es inexistente. La llamada izquierda intelectual no tiene ideas. La agitación y la propaganda de viejos mitos y dogmas del pasado, como si el año 1989 nunca hubiera ocurrido, ocupan todo su pobre cerebro. Incapaz de hacer cuentas de su cruel historia, sólo parece sentirse viva con la revolución cubana, la chavista o el separatismo etarra. La izquierda, pues, tiene hoy poco que decir en el mundo. Acaso, por eso, el socialismo español está hoy más que nunca al margen de la historia y de las preocupaciones del ciudadano medio de una democracia más o menos avanzada. El Gobierno socialista español es un ejemplo más de un desvertebrado “programa” reactivo, o sea, de reacción negativa, a la sociedad permítanme la redundancia, realmente existente, que tiene su mejor expresión en la Constitución española.

En efecto, frente a la realidad nacional española, las propuestas de López y Zapatero no pasan de ser “ideales”, inexistentes, ubicadas en ningún lugar. Son una “quimera”. Zapatero y López, cuando aplican la expresión “comunidad nacional” a la región vasca o catalana, están proponiendo un imposible, que si, por desgracia, fuera plausible llevaría a la desaparición de España. Cualquier españolito de a pie sabe que no exagero con este diagnóstico, sin embargo, y aquí está la tragedia, Zapatero se sitúa al margen, como si los ciudadanos y la realidad nacional española no existieran. ¿Por qué el PSOE, y Zapatero en particular, se sitúan al margen de la realidad? Algunos creen que por maldad. Quizá. Pero tiendo a pensar que es, en primer lugar, por falta de inteligencia. Sus intelectuales no tienen ni un solo criterio que oponer al pensamiento democrático. Sus referentes intelectuales hace tiempo que desaparecieron. Quedaron reducidos a una labor de agitación y propaganda. Nada.

Comparen, queridos lectores, los argumentos utilizados ayer por Rajoy en el Congreso de los diputados con la retórica exhibida por Zapatero y hallarán fácilmente una diferencia. El discurso de Rajoy está ubicado en un espacio y un tiempo; lo otro, lo de Zapatero, responde a una añeja retórica de tópicos al margen de lo real. Ayer estuvo bien, muy bien, Rajoy en la discusión con Zapatero en el Congreso. Porque argumentó, sencillamente, como si fuera un ciudadano medio español. Mostró que trágica es la situación, dramática la circunstancia de España, cuando todo se sabe y nada puede hacerse. Basta salir a la calle y hablar con nuestros ciudadanos para saber que estamos desgobernados por estultos. Triste experiencia es ver la estupidez. A veces llega de improviso y nos aturde. Otras, cuando surge de personas de las que cabría esperar un juicio maduro, produce pavor, cansancio y dejadez. La depresión es su peor efecto. Demos, pues, gracias al cielo por no caer en sus trágicas garras.

Preparémonos, pues, para combatir la estulticia que nos rodea, la que sitúa sus “alternativas” en otro mundo, con las armas de la crítica. Cuestión complicada de comprender para quien convirtió a ésta en un dogma.

¿Preservar en Europa lo que se deshace en España?
EDITORIAL Libertad Digital 12 Enero 2005

José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy han intervenido en el pleno del Congreso celebrado para que el gobierno pidiera autorización para convocar el referéndum sobre la “Constitución” Europea. El presidente del gobierno y el líder de la oposición han coincidido en pedir el “Sí” porque, entre otras cosas, este texto beneficiará —según ellos— a la unidad de España. Aunque Rajoy lo haya hecho de forma más explícita y cándida al señalar que este Tratado impedirá que prosperen los “fines independentistas” del Plan Ibarretxe, Zapatero también ha apuntado esta idea al decir que “una Europa fuerte y unida es lo mejor para una España unida y fuerte”.

Ante este desbaratado Tratado que, en realidad, ha hecho finalmente perder a España el peso específico logrado para nuestro país por el anterior Gobierno del PP en Niza, lo mejor que podríamos decir de la actitud de Rajoy ante este referéndum es que está ejerciendo de “gallego”. En esa línea, diremos que al asegurar que la ratificación de este tratado pondrá fin a los “delirios de la autodeterminación” de los nacionalistas, el líder de la oposición no ha estado tan clarividente como cuando ha reconocido y señalado a Zapatero como el “responsable de enfrentarse a los planes de Ibarretxe”.

La unidad de España es fundamental y legislativamente un imperativo de la Constitución Española, no de ningún tratado internacional, por mucho que este pretenda erigirse como “Constitución Europea”. Si aquí, con la complicidad y condescendencia de nuestro gobierno, se quieren debilitar los fundamentos constitucionales de nuestra nación, esa deriva suicida no nos la van a prohibir a los españoles desde el exterior. Y eso, por mucho que respaldemos masivamente la posición del Gobierno en el referéndum.

Lo que debilita la “unidad y fortaleza” de España no es precisamente el Pacto de Niza que trata de relevar sin acierto esta falsa Carta Magna —diseñada, por cierto, a los particulares intereses del Eje franco-alemán—, sino precisamente la debilidad y complicidad de ZP con unos socios de Gobierno que tienen como meta fundacional la fractura nacional de España. Lo que pone en riesgo la “unidad y fortaleza” de España, al margen del separatismo vasco, son las pretensiones de socialistas e independentistas catalanes de crear “naciones” o “comunidades nacionales” que sustituyan a la nación “única e indivisible” que sirve de fundamento a nuestra Carta Magna y de forma mucho más evidente que a la Europea.

Cabe destacar, además, dos nuevos engaños con los que Zapatero acompaña su convocatoria de referéndum, destinado, en realidad, a consolidar su posición de gobierno y no a preservar la unidad de España que su gobierno está haciendo peligrar como no lo ha hecho ningún otro anterior. Por una parte, Zapatero ha afirmado que la campaña divulgativa del tratado es "aséptica" cuando, si no fuera ya bastante explícito el tratamiento descaradamente favorable que se le da en esa campaña, no estuviera ahí el hecho de que sólo tiene el visto bueno y la participación de los partidarios del “Si” para desmentir su supuesto carácter neutral. Si tan "neutral" es, ¿cómo es que el gobierno de ZP —el del “talante”— se ha negado a consensuarla con el resto de las formaciones políticas?

Pero quizá, lo más grave es que Zapatero nos informe ahora de que el resultado del referéndum de marras sólo será vinculante “a efectos políticos” y no de derecho. Vamos que, como con el referéndum de González a propósito de la OTAN, aquí lo único que está en juego es el prestigio del Gobierno. Lo único que ha cambiado desde entonces es que el principal partido de la oposición decidió entonces abstenerse y ahora dice que hay que votar que sí. En cualquier caso, será al menos un alivio para Zapatero, tanto como lo fue entonces para González, el que sus principales adversarios políticos no pidan claramente el “No”. No obstante, tampoco hace falta que nos lo pidan.

El Plan Ibarretxe
Juan Francisco Martín Seco Estrella Digital  12 Enero 2005

El sesenta por ciento de las familias españolas tiene dificultades para llegar a fin de mes. La gran mayoría de jubilados malvive con pensiones de miseria. Tenemos la tasa de paro más elevada de Europa. Existen más de dos millones de desempleados, muchos de ellos sin derecho alguno a prestación. La sanidad pública lleva años colapsada, hay enfermos que deben esperar ocho meses para operarse, y otros, mes y medio para saber si tienen cáncer. El precio de la vivienda se ha elevado de tal manera que adquirirla en propiedad resulta prohibitivo para un gran número de familias y para otras muchas significa endeudarse para toda la vida. Hay quien trabaja diez horas diarias por 490 euros al mes. Pero he aquí que mientras tanto el país entero está únicamente pendiente de si Cataluña y Euskadi son naciones, nacionalidades o comunidades nacionales.

No existe concepto más etéreo e indeterminado que el de nación. ¿Dónde empieza y dónde termina? ¿Qué es lo constitutivo de la nacionalidad? A no ser que profesemos un criterio racista, resulta bastante difícil su delimitación. EEUU se siente nación —la gran nación americana, dios salve a América—, pero su población está formada por negros, irlandeses, ingleses, italianos, chicanos, chinos y ciudadanos de otras muchas procedencias. Se consideran nación porque pertenecen a una misma unidad política. La nación, abstracción, sólo se precisa y se concreta en el Estado, en la unidad política. Sólo en el Estado, en la unidad política, cabe hablar de soberanía popular.

Cuando los hombres de la Ilustración acuñaron el término contrato social como fundamento del derecho político, en modo alguno se referían a él como un hecho temporal e histórico, por el cual los ciudadanos en asamblea constituían el Estado, sino como un concepto filosófico que en un Estado preexistente permitía explicar y asentar las bases de un gobierno democrático; intentaban establecer una teoría racionalista del poder, distinta de la teológica y religiosa, que lo hacía depender de Dios. La autodeterminación de los ciudadanos no iba dirigida tanto a la creación de estados como a la organización democrática de los ya dados.

Bien es verdad que su formación no ha obedecido a ningún esquema racional, sino a la simple contingencia histórica, concretada la mayor parte de las veces en las luchas intestinas de los príncipes o reyes para ampliar sus derechos patrimoniales. La historia podría haber sido de otra manera, y de otra manera haberse configurado los estados. Si los acontecimientos, los resultados de las contiendas y los enlaces matrimoniales de las casas reinantes europeas hubiesen sido otros, otros tal vez hubiesen sido los estados actuales. Hoy, por ejemplo, podría existir el Estado de Aragón, y Portugal, por el contrario, pertenecer a España, o Cataluña a Francia o, quién sabe, cualquier otra combinación.

Pero, por esa misma razón carece de sentido recurrir en la actualidad a derechos históricos, derechos que en otros tiempos los ciudadanos obtenían frente a reyes o príncipes que detentaban un poder más o menos despótico, pero que quedan obsoletos en estados democráticos cuyos únicos derechos se derivan de la igualdad y de la soberanía popular.

Es verdad que en el siglo XX se acuñó otro concepto de autodeterminación, unido al proceso descolonizador. El derecho de los pueblos africanos o asiáticos a autorregularse y a no ser subyugados y gobernados por los pueblos europeos, pero no creo que nada de esto pueda aplicarse en este momento a las distintas regiones de España.

Al margen de los aspectos constitucionales y políticos, dos son los problemas lógicos que presenta el Plan Ibarretxe. El primero, definir quiénes son los vascos y por tanto quiénes, según él, tienen derecho a la autodeterminación, ¿los nacidos en Euskadi?, ¿los que actualmente viven en el País Vasco?, ¿los del RH negativo? Si parte de la población vasca opta por la independencia, la otra parte también se podrá autodeterminar con respecto a la primera. Si Euskadi tiene derecho a la autodeterminación con respecto a las otras regiones españolas, Álava lo tendrá respecto al conjunto del País Vasco, y un pueblo de Álava frente a Álava, y un pueblo de Vizcaya frente a Vizcaya. ¿Acaso no nos introducimos como en otros momentos históricos en un laberinto de difícil salida?

El segundo proviene de las fases y los tiempos. Para que un Estado se asocie a otro, primero tiene que ser Estado e independiente. Suponiendo que la independencia la puedan decidir los vascos, en el tema de la asociación algo tendremos que decir el resto de los españoles. Porque tal vez los otros pueblos y comunidades prefieran un Estado igualitario y sin privilegios y no estén dispuestos a ninguna asociación.

Me pregunto si no estaremos creando un problema artificial, importante para la clase política, para su relevancia y poder, pero sin influencia en el bienestar de todos los españoles, incluyendo a los vascos o a los catalanes. Las proyecciones miméticas de la historia pasada siempre son peligrosas cuando tanto han cambiado las circunstancias. Los nacionalistas catalanes pretenden con la Diada conmemorar la derrota de Cataluña frente a Castilla, una interpretación de la historia poco rigurosa. La Guerra de Sucesión, como fue denominada, no obedeció al interés de ningún pueblo de España. Todos perdieron. Su origen hay que buscarlo en cómo las grandes potencias europeas se disputaban la herencia de una dinastía consumida en su propia endogamia. No era la guerra de Castilla frente a Cataluña o de Andalucía frente a Aragón, sino la de un príncipe francés frente a un archiduque austriaco.

No estaremos repitiendo absurdamente la Historia? El problema de los españoles hoy, se llamen riojanos, aragoneses, vascos, catalanes o andaluces ¿no será conseguir que el Estado alcance mayores cotas de democracia y que promueva de forma mucho más eficaz la igualdad en la sociedad? ¿Acaso sus preocupaciones no deberían centrarse en todos aquellos hechos y cuestiones que señalaba al principio del artículo? Los nacionalismos nunca han hecho bien a los pueblos, sino a los dueños de las naciones. www.mundofree.com/martinse

El ideólogo
Ángela VALLVEY La Razón 12 Enero 2005

Dedicaba tiempo Sabino Arana (Abando, Bilbao, 1865- Pedernales, 1903), ideólogo del nacionalismo vasco, y santo patrón del PNV, a hacer recuento de los censos de población, quejándose públicamente en sus escritos periodísticos de que, en 1893 y en Bilbao, le salían 3.537 apellidos maketos (Garcías, Sánchez...), contra sólo 1.724 apellidos vascos (Aguirres, Zabalas...) En sus pequeñas listas de apellidos figuraba, al lado de cada nombre, la puntualización de «maketo», «ilustre bizkaíno», o «mestizo»... etc. Epítetos que, contra lo que alguno puede pensar, no tienen nada que ver en absoluto con aquellos de Untermenschen (infrahumanos), o Herrenvolk (raza elegida) que tanto le costará olvidar al mundo, porque Arana tan sólo era un bizkaíno romántico inmerso en el sueño pesado de sus mitologías caseras. Su nacionalismo era el de su aldea; tanto es así que, gran parte de su obra, está dedicada a glosar la futura e inminente República de Bizkaya.

Sabino detestaba a los maketos y procuraba alejarse de su pestífera influencia, tanto como de la de los maketófilos: ciudadanos vascos, de honda raigambre racial, que inexplicablemente no tenían nada en contra de los españoles y acogían gustosamente al inmigrante maketo. La preocupación de Arana sobre el asunto de la inmigración en Bilbao le hizo plantearse la necesidad de escribir un libro titulado «La invasión española en Bizcaya» que, según él, tendría los capítulos: «La naturaleza del maketo, Conquistas del maketo, Frutos del maketo (criminalidad, irreligiosidad, inmoralidad, indigencia, enfermedades), Los maketófilos, La reacción». Arana estaba convencido de que su raza había llegado a ser vilmente dominada por la que era su más «encarnizada enemiga»: la maketa (española). La prueba irrefutable de que la invasión (una especie de Invasión de los Anticuerpos Maketos) ya había tenido lugar, era la comprobación minuciosa de apellidos que él había hecho de la población de Bilbao.

«La ‘‘pureza de la raza’’, más conocida con el nombre de ‘‘limpieza de sangre’’ (...) es uno de los fundamentos políticos contenidos en el término ‘‘Lagi zara’’ (Ley Vieja)», escribió Sabino Arana. Por tanto, en cuanto Bizkaya consiguiera su independencia él proponía que: «Los extranjeros podrían establecerse en Bizcaya bajo la tutela de sus respectivos cónsules; pero no podrían naturalizarse en la misma. Respecto a los españoles, las Juntas Generales acordarían si habrían de ser expulsados, no autorizándoles en los primeros años de independencia la entrada en territorio bizkaíno, a fin de borrar más fácilmente toda huella que en el carácter, las costumbres y el idioma hubiera dejado su dominación». Es de subrayar que Arana no habló jamás de Euskal Herria ni nada parecido. Él nunca rebasó la provincia –y futura República Independiente– de Bilbao para llegar a Álava, por ejemplo. Ibarretxe, sin embargo, ha superado a su ideólogo: ha llegado hasta Francia (Iparralde), incluso hasta Madrid y su Congreso. ¡Amigos, cómo cambian los tiempos!

La piqueta insaciable
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 12 Enero 2005

El Plan Ibarretxe ocupa los titulares, pero existe otro proceso en marcha que se desarrolla de forma más solapada cuyas consecuencias negativas para nuestro bienestar cotidiano son de una extraordinaria gravedad. En efecto, mientras gran parte de las energías de la gente sensata está concentrada en evitar que España deje de existir, nacionalistas y comunistas reciclados trabajan en paralelo para, sin aflojar ni un minuto en su tarea destructora de la unidad nacional, conseguir también acabar con la capacidad de crecer y generar empleo de nuestra economía. Como se ve, su ritmo de actividad es realmente frenético y sin duda muy pronto advertiremos sus efectos.

Esquerra Republicana está negociando con el Gobierno socialista un pacto de estabilidad parlamentaria que comprende los siguientes elementos: la financiación de la sanidad pública, competencia transferida a Cataluña desde hace dos décadas, que arrastra un agujero creciente derivado de una gestión manifiestamente mejorable y que ahora el tripartito pretende se cubra a cargo del erario del Estado; un plan especial de infraestructuras para el Principado, sufragado asimismo con dinero de todos los españoles, y una dotación adicional para la educación, se supone que para seguir adoctrinando a los niños catalanes en el rechazo al proyecto común. O sea, más gasto por todos lados. En cuanto a la inefable Izquierda Verde, sus pretensiones son todavía más constructivas. A cambio de sus cinco votos en el Congreso exigen la liquidación de la Ley de Estabilidad Presupuestaria o, lo que es lo mismo, el incremento del déficit y del endeudamiento acabando con la ortodoxia fiscal de los ocho años de mayoría del PP e iniciando una nueva etapa de aumento del paro, tensiones inflacionarias, caída del ahorro privado y demás secuelas del descontrol de las cuentas públicas. Y tanto los secesionistas como los antiguos marxistas coinciden, naturalmente, en pedirle a Zapatero una vuelta de tuerca en la presión fiscal eliminando desgravaciones por adquisición de primera vivienda, cargando la mano sobre los réditos del capital y asimilando la tributación de las plusvalías a la de la renta de las personas físicas, lo que obviamente redundará en una huida de la inversión hacia áreas más favorables.

En fin, que el panorama no puede ser más sombrío. Por un lado, la destrucción del sistema político e institucional que nos ha dado el período de paz, seguridad y prosperidad más largo de nuestra historia contemporánea y, por otro, el regreso a esquemas económicos demostradamente fracasados dilapidando los activos acumulados a lo largo de la última década. Mientras la piqueta insaciable de los enemigos de la libertad y de la racionalidad golpea insaciable los fundamentos de nuestra convivencia y de nuestra riqueza, Zapatero finge que aquí no pasa nada. ¿Qué habremos hecho para merecer semejante castigo?

¿El Plan Piqué?
Román CENDOYA La Razón 12 Enero 2005

Puigcercós ha dejado bien claro que el Plan ETArretxe es un «entremés» de lo que a España le llega desde Cataluña. El que avisa no es traidor. El nazionalismo siempre encuentra al tonto útil que le da cobertura. ETArretxe lo tiene en Madrazo y el independentismo catalán lo tiene en Pepe Piqué, el hombre que lo único que tiene del PP es su nombre. Piqué, una vez más, con sus declaraciones se desmarca de la acertada denuncia que ha hecho Mayor Oreja, uno de los líderes del partido del que Pepe Piqué usa y abusa, sobre el papel de ETA a través de ERC en Cataluña. Pepe Piqué prefiere seguir cantando «El segadors», con Carod, que asumir la teórica postura del PP. Piqué anula la posición constitucionalista que el PP presenta ante la ciudadanía. Si Puigcercós dice lo que dice ¿qué hace el PP de cocinero de esa salsa? Rajoy tendrá que aclarar si su partido continúa de pinche de la salsa de Carod, dando cobertura a lo Madrazo al Plan ETArretxe en Cataluña, o si está con Mayor. Sólo nos queda esperar el día en que, ante la inconstitucionalidad del proyecto de reforma del Estatut, Pepe presente el Plan Piqué, o sea, un Plan López a la catalana, con comunidad nacional, patria de los catalanes, etc. Así, podremos decir que Pepe Piqué tendrá del PP, además del nombre, un Plan, el plan Piqué.

Uriarte
Tomás CUESTA La Razón 12 Enero 2005

Según monseñor Uriarte –obispo de San Sebastián por no se sabe qué gracia–, ahora, además de ser católico, apostólico y romano, se puede ser también, llegado el caso, católico, apostólico y guipuzcoano. Todo depende de si lo que dice la Conferencia Episcopal le cabe o no debajo de la boina a monseñor Uriarte. Si a la Conferencia Episcopal, como es el caso, lo del Plan Ibarreche le parece un disparate, se nos sube de un brinco al árbol de Guernica cual si fuera un macaco. Y de ahí no se apea el condenado ni aunque llames de urgencia al exorcista de guardia. Para los nacionalistas, como era de esperar, Juanmari Uriarte es un hombre «ponderado». Es posible que la ponderación consista en ponerle una vela a Dios y otra al Diablo, pero corres el riesgo de que te asomen las vergüenzas al avieso trasluz de la sotana. Que el hábito no hace al monje, ya se sabe. Pero hay hábitos que dejan a los monjes en pelota picada. Como si fueran, en negativo quevedesco, mortecinos badajos sin campana.

Los obispos ya pueden decir misa que eso únicamente obliga a comulgar a los que son católicos, apostólicos y, por concatenación, romanos. El precepto no reza, sin embargo, para quienes han tenido la gran suerte de ser católicos, apostólicos y, además, guipuzcoanos. En Guipuzcoa, que se come tan bien y puedes dejar propina para los presos etarras, prefieren cocinarse la doctrina a su aire. El caso es que de las «Herriko tabernas» a las sacristías tan sólo hay un pasito y no precisamente de los de Semana Santa. Así que, como el tal Uriarte siga erre que erre en las andadas, oiremos a los rapaces de las «ikastolas» cantando el romance célebre de «Los peregrinitos» aderezado al gusto del nacional catolicismo donostiarra. En lugar de: «Hacia Roma caminan dos peregrinos a que los case el Papa porque son primos», entonarán con tanta afinación como entusiasmo: «A Donosti caminan dos peregrinos a que los case Uriarte porque son primos». ¿Que a ustedes les parece una gilipollez la comparanza? A mí también, y me aguanto.

No se qué tendrá San Sebastián con los obispos, pero allí es que te salen como en ninguna parte. Frescos como besugos, espumeantes de Cantábrico, con la boca repleta de profundidades. A ver si los del Plus se animan a publicar el recetario y nos hacemos un obispillo a la romana. Que eso, la verdad, si que tendría gracia.

Parece mentira
TONIA ETXARRI El Correo 12 Enero 2005

Resulta increíble. Suena a frívolo, pero más bien es irresponsable, la actitud de algunos sectores de la opinión pública que no quieren oír las verdades del barquero del plan Ibarretxe. Será por no ver sufrir a Zapatero en el desafío más importante que ha planteado la mitad de una comunidad al Estado desde la transición. Les parece una exageración, pero no saben cómo tomarse a un Gobierno vasco que habla del Estado plurinacional, pero no admite la pluralidad interna. Parece mentira, pero el Gabinete socialista se acaba de dar cuenta de que el lehendakari no consulta sino que hace emplazamientos. Y habla en nombre de una comunidad en donde la mitad de los ciudadanos no son nacionalistas ni ganas de serlo, que votaron a las opciones políticas más castigadas por el terrorismo y que, si se atreven a afear la insensibilidad nacionalista durante todos estos años con semejante injusticia, tienen que soportar que se les insulte de antivascos.

El lehendakari se entretiene combatiendo contra los molinos de viento de España, sin haber resuelto primero el gran lío doméstico que tiene desde que su partido rompió la unidad democrática y optó por el frente nacionalista. El presidente de Navarra ya ha puesto pies en pared. Pero Álava ha ido más allá anunciado su intención de reservarse el derecho de admisión del 'ámbito alavés de decisión' si Ibarretxe sigue con su plan de desenganche de España. Esta Euskadi enfrentada es la que debería preocupar al lehendakari. Esa otra mitad de ciudadanos vascos que, por votar al PP y al PSOE, no son tenidos en cuenta en sus cálculos, ya que el lehendakari los sitúa enfrente de la sociedad vasca. Puede ser que, como dice López, la consulta no se lleve a cabo tal y como la han prometido PNV y EA. 'Tal y como' suena, quizá no . Sobre todo porque el Gobierno vasco, que se va especializando en el Parlamento en utilizar las argucias necesarias para sacar adelante proyectos que, sin fallos electrónicos y sin la ayuda de Batasuna, no podría hacerlo, seguramente ya habrá resuelto. Y para cuando Zapatero despierte, se encontrará con la decisión del PNV de llamar al referéndum de otra manera: consultilla, encuesta con urnas, cuestionario Proust o formulario amable. Con tal de burlar la ley, lo de menos será el nombre.

Pero si Ibarretxe se empeña, la consulta se hará. Es cuestión de talante. El suyo, inamovible. Y hablando de inamovibles, dice el presidente del Parlamento que el fin de ETA, tras la aprobación del plan soberanista, está cada vez más cerca. Sin duda. Pero la decadencia del terrorismo no se debe al plan, precisamente, sino a la voluntad política y judicial de perseguir el delito del crimen. Como no espabile Zapatero, que llegó a creer que el PNV no iba a aceptar los votos de Batasuna, le quitan la cartera de la memoria y ya sabemos, luego, cómo se escribe la historia sobre los cimientos de la amnesia. ¿Ay cuánto ingrato se mueve por este mundo!

Exteriores
A Moratinos le gusta el Burdeos
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 12 Enero 2005

“En el Burdeos es en el que soy más entendido”. Tortuosa sentencia, vive Dios, pero suficiente. Suficiente para acreditar el gusto afrancesado, tan caro a los de la carrera, el espíritu del connaisseur que gradúa su pericia para no descartar que de otros vinos entienda lo suyo. Suficiente para dejar que asome el diletante bajo la fría e intachable pátina del hombre de estado; cuántas veladas no habrá iluminado con sus anécdotas de embajada, con sus confidencias a la luz de los candelabros. Suficiente para distinguir el guiño de los habituados a lo que un día se llamó “el gran mundo”. Suficiente para convencernos de que, además de la apostura y la elocuencia, le adorna la chispa de los elegidos. Suficiente para destituirlo fulminantemente y ponerlo a llevar los cortados en el Ministerio.

Hay que ser torpe e insensible. Hay que ser obtuso para irritar a quienes le pagan el sueldo cada vez que abre la boca. Y eso en el mejor de los casos. Porque a un amigo de Arafat cabría suponerle motivos peores que la torpeza. Nos enemistó con los americanos, inclinó la cerviz ante Marruecos, ha hecho ridículos espantosos en los foros internacionales y ha acusado a su propio país de apoyar un golpe de estado en el extranjero.

Como si no tuviéramos bastante con el desguace nacional que aquí se ha organizado ante la comprensiva sonrisa del maniquí de cartón piedra que ocupa la Moncloa, encima tenemos que aguantar que el trabajo de la mano derecha de don Nadie consista en perjudicar los intereses de España en el exterior. Al sector vitivinícola nacional no le falta razón al afirmar que semejante ministro ya habría perdido el cargo si fuera francés y se le hubiese ocurrido destacar un vino italiano. Aunque en realidad no habría podido hacer tal cosa porque ya habría perdido el cargo siete u ocho veces antes.

Si dura un par de años, tendrá tiempo de ocasionarle problemas a todos los sectores de la economía, uno por uno. Si dura dos legislaturas acaso alcance a molestar individualmente a todos los españoles. Lo que le convierte en un caso único en la historia de la diplomacia es que indefectiblemente logre sus estropicios mostrándose servil, cómplice o dadivoso con los que más peligro encierran para la nación que representa.

Yo puedo entender que le guste el Burdeos. Pero con prudencia. Rodríguez ha depositado en él una confianza ciega, como no podía ser menos. Así la prodigiosa pareja del humor (negro) se está poniendo las botas con su colección de gags, su retahíla de traiciones, su rosario de dejaciones y su ristra de ofensas. Son Mister Bean y Serafín Latón.

Carta de París
Está muy visto
Carlos Semprún Maura Libertad Digital 12 Enero 2005

La semana pasada, Stephane Denis, uno de los más brillantes columnistas de Le Figaro, comentaba con su ironía habitual tres buenas razones para votar no en el próximo referéndum sobre la Constitución Europea. La primera es la propia Constitución; enrevesada, contradictoria, hija bastarda de los más estrafalarios compromisos. La segunda es la entrada de Turquía en la Unión Europea, porque, como señala con razón, para la mayoría de los electores, votar sí a la Constitución es votar sí a Turquía, y de eso nada. Los turcos, aún en la antecámara, ya imponen sus criterios a la UE, como el abandono de la referencia a la tradición cristiana europea. La tercera razón es el propio Chirac, buena razón para recordarle que está muy visto, que se vaya puesto que tan personalmente se ha comprometido para que esa Constitución se vote. Denis, incluso, recordaba un precedente. En 1969 Giscard d’Estaing se aprovechó de un referéndum sobre la reforma del Senado promovido por De Gaulle para tumbar a éste. Hay, no obstante una diferencia entre lo de entonces y lo de ahora. En 1969 De Gaulle anunció que dimitiría si se rechazaba su proyecto de reforma, y dimitió.

Sin aludir al aspecto anti Chirac que podría tener un voto negativo, Yvan Rioufol, en el mismo Le Figaro, también expone las fundadas razones que tendría votar no a la Constitución y una de ellas es Turquía, claro. Esto lo escribe en su semanal Bloc-notes, género periodístico que ilustró François Mauriac, hace siglos. Doy este ejemplo, hay otros, para demostrar que en Francia, pese a todo, existe algo que se parece a un debate sobre la Constitución Europea y la entrada de Turquía en la UE, mientras que en España, sobre el tema de la Constitución, todos dicen sí, como borregos.

Como es sabido, la victoria de Mahmoud Abbas en las elecciones presidenciales palestinas, ha constituido una inmensa sorpresa... y la prensa gala, unánime, la celebra como una gran victoria “de la paz y de la democracia”. También está muy visto. Si Arafat no fue elegido, sino designado, en este caso el espectáculo electoral se cuido más. Pero ¿cómo calificar unas elecciones cuyo resultado es conocido de antemano, y cuyos electores, van a las urnas armados? El ex todo, Michel Rocard, movilizado como “observador”, demostró su imparcialidad con declaraciones extremistas sobre “el ejército de ocupación israelí”. Iba acompañado de otro zombi, el ex presidente Carter, pero cuidado con éste pájaro, es gafe. Bueno ¿en qué quedamos, fueron elecciones “bajo control” o libres?. Libres, desde luego, no.

La cara de Madrazo
Juan BRAVO La Razón 12 Enero 2005

Desde luego hay motivos para estar preocupado y alarmado. Después de tantos años de gestión del nacionalismo al frente de una administración y algunos menos de Javier Madrazo como superconsejero de Asuntos Sociales, incluida la política de inmigración, el resultado de todo ese extenso periodo de gobierno ha sido una sociedad con problemas de tolerancia e integración de los foráneos. Y es que más del 70% de la ciudadanía vasca defiende la imposición de alguna o muchas restricciones para el libre acceso a la Comunidad Autónoma Vasca de inmigrantes africanos, marroquíes, asiáticos, latinoamericanos y de aquellos procedentes de los países del Este, según una encuesta oficial del propio Gobierno vasco. Madrazo admite que, aunque «con carácter general no se puede hablar de actitudes xenófobas en Euskadi, los datos obtenidos ponen el dedo en la llaga al constatar la existencia de sentimientos y opiniones de rechazo a la inmigración en la Comunidad vasca que cuestionan nuestra propia imagen como sociedad abierta y tolerante». Pero todo tiene su explicación y su reponsable, y ése, desde luego, no podía ser Madrazo o el Gobierno vasco, que sólo pasaban por allí. El culpable de que la sociedad vasca esté como está ha sido el PP, que «criminalizó la inmigración». El desahogo no conoce límites.

Catalán, dialecto del castellano
Mikèl Garàu Rosselló La Razón 12 Enero 2005

Para llegar a la afirmación del título de este artículo, primero deberemos tener claro lo que es lengua, idioma y dialecto. Muchos son (demasiados) los doctores en lengua que aseveran, enseñan y publican en sus libros (erróneamente a mi entender) que lengua e idioma son una misma definición. Sin embargo, su diferencia es significativa por cuanto se llama lengua:
1.- A la forma de expresarse que tienen todos y cada uno de los habitantes del universo.
2.- Se denomina así también la forma de expresarse que tiene el conjunto de habitantes de un mismo pueblo o nación. Se llama idioma a la lengua hablada que ha sido estructurada y por consiguiente tiene gramática propia que la diferencia de las demás.

Se llama dialecto a la forma que tienen de expresarse los hablantes de una región, un pueblo, un barrio, e incluso a nivel individual, de un mismo idioma.

Y así tenemos que existe una serie de lenguas, como las lenguas indoeuropeas (iranio, sánscrito, griega, céltica, etc.), las lenguas semíticas (fenicio, hebreo, arameo, árabe, asirio, etc.), todas ellas anteriores a Cristo. Y posteriores a él nos encontramos con las lenguas romances, las germánicas, las eslavas, etc. Teniendo todas ellas, las antiguas y las más modernas un nexo común: en sus tiempos respectivos todas ellas sólo tenían un abecedario como forma de expresión escrita. Y para aprenderlas no quedaba más remedio que trasladarse a vivir a esos países o estar conviviendo con gente de esa habla. Ésa es la causa por la que se les llama lenguas, porque no pueden ser aprendidas a distancia. Ahora bien, con la entrada en juego de la lengua latina, su desarrollo y expansión por todo el Imperio Romano, se vieron en la necesidad de estructurar esa lengua para que se hablara y sobre todo escribiera de la misma forma por todas partes.

Es decir, tuvieron que hacer una gramática.

Después de la caída del Imperio, emergieron las lenguas romances, que, poco a poco y a medida de que se iban formando las naciones que hoy conocemos, fueron desgajándose más y más de la gramática latina (ese proceso duraría poco más de un milenio), hasta que la separación fue tan significativa que pudieron crear sus propias gramáticas, convirtiéndose así en idiomas; es decir, en una lengua que se puede aprender en cualquier lugar del mundo mediante su gramática.

Y así tenemos que la primera gramática del francés salió en agosto de 1492; la del castellano en octubre del mismo año; la del mallorquín en 1651; la del italiano en 1860; la del valenciano 1915 y la del catalán 1918. Y aún hay «doctores en lenguas» que aseveran que el catalán es el padre del mallorquín y del valenciano. ¿Cómo puede serlo si nació después que sus pretendidos hijos? Grave y grande infamia la sostenida por esos «doctores» que con falaz argucia mantienen a voz en grito que mallorquín, valenciano y catalán son el mismo idioma. Y ¡ay de aquél! que ose contradecirles aunque sea con argumentos científicos irrefutables. ¡Ay de aquél! porque en todos los medios de comunicación habidos y por haber será vilipendiado, escarnecido y vejado hasta lo indecible; y no uno o dos días, sino a lo largo de mucho tiempo y por infinitas voces «doctorales». Como le sucedió al ya desgraciadamente fallecido Ilustrísimo Sr. D. Lázaro Carreter, que, queriendo poner las cosas en su sitio, se atrevió a afirmar que valenciano y mallorquín no eran dialectos de nada, sino lenguas propias que se hablaban en sus respectivos territorios. La que se le vino encima fue pequeña; le amargaron la vida con toda clase de exabruptos en diarios catalanes, saltaron chispas de las universidades catalanas, valencianas y baleares. Recibió infinitas llamadas telefónicas en su casa particular y a horas intempestivas, insultándole de todas las formas y tonalidades que pueda haber.

Por ello quiero pensar que tal vez, y sólo tal vez por eso, los departamentos de lenguas románicas del resto de universidades de España no se atrevan a afirmar lo mismo, a pesar de saber con certeza científica que realmente eso es así. Y si encima comparamos el castellano con el catalán (que digan lo que digan los políticos y algunos Doctores nostálgicos de la supremacía de Castilla, idioma castellano no es sinónimo de idioma español), nos encontramos con que en castellano se escribe «Madrit» tal que en catalán. Asimismo el catalán hace uso de la «i» como conjunción: «un i dos; això i allò; al igual que el castellano en lo que el español usa la «y» (sic) «Reina i señora...; ...i pongo...» (gramática de Antonio de Lebrixa 1492). También la usa el castellano en palabras como «maior», «io», «aiuntamiento», que en catalán han dado «major, jo, ajuntament». El catalán también hace uso de las «ss!» intervocálicas con sonido de ese líquida /s/: missa; assirios; professor. Talmente que el castellano: «missa, assirios; assí; esso; professor. Asimismo la «s» intervocálica en catalán tiene sonido sonoro /z/ exactamente igual que en castellano.

En catalán se hace uso de la «v» en muchos verbos que el español usa «b»: provar. Pasando en castellano tres cuartos de lo mismo: provar. También usa el catalán al igual que el castellano la «ç» delante de las vocales «a,o» cuando necesita el sonido de «s» líquida: lança, començaron, començado, fuerça, començó, comienço; llança, començaresn, començad, força, cançó (cat.). Asimismo el catalán hace uso de la «qu» delante de la vocal a: qual, quant. Tal que en castellano: qual; quanto. Permanencia en el catalán de la «f» a principio de la dicción donde el español usa «h»; exactamente igual que el castellano: ferrero, fierro-ferrer, ferro (cat.)- herrero, hierro (esp.). El diptonogo castellano «ue» ha dado en catalán «o»; (cast.)- puerco, fuerça, fuera; (cat.)-porc, força, fora. La letra «j» precediendo a las vocales «a, i, e» en catalán tienen el sonido /z/, exactamente igual que en castellano: semejança/semezansa/. Incluso el castellano también suprimía letras para evitar cacofonías: (sic) «es déste sieglo...»; «cada uno d’ellos». En catalán: «és d’aquest sigle...»; «cada un d’ells», etc.

Y aquí me paro, pues aunque interesante, no se trata más que de dar una muestra a los lectores de este diario, de cuyas plumas colaboradoras yo soy la más humilde, de que tiempos atrás todas las lenguas romances eran sumamente parecidas. Y como antes fue el castellano el que tuvo gramática por encima de cualquier otra lengua romance de España, y viendo lo antedicho, no es nada descabellado ni mucho menos disparatado afirmar que el catalán no es más que un dialecto del castellano.
Mikèl Garàu Rosselló es vicepresidente de la Academia de la Lengua Balear

Ser no nacionalista
Cartas al Director ABC 12 Enero 2005

Señor Zapatero: Como vasco no nacionalista, estoy seriamente preocupado por el plan Ibarretxe y, también, por su más que tímida respuesta al mismo.

Así las cosas, y aunque en principio sea partidario de votar «sí» a la Constitución Europea, no lo voy a hacer si antes no me deja usted meridianamente claro que, al igual que a mí, le preocupa mucho más el defender la Constitución española que la europea, cosa que de momento no ha ocurrido. Claro significa que, antes de que abran las urnas, necesito saber que no está usted haciendo política de partido con arriesgados encajes de bolillos destinados a no cabrear a sus socios, que por cierto no sólo están en contra de la Constitución Europea, sino que quieren acabar con la española (por no hablar de la Olimpiada de Madrid, el Archivo de Salamanca, el valenciano, el agua del Ebro...).

Y si en este asunto, tan trascendental para el futuro de mis libertades, tiene que pactar con el PP o disolver el Parlamento, hágalo. Haga de una vez política de Estado y convénzame antes de votar que el «plan Rodríguez» no consiste en permanecer en La Moncloa a cualquier precio. Joseba Aldecoa Urízar. Guecho (Vizcaya).

Plan precipitado
Álvaro Sarmiento/Bilbao Cartas al Director El Correo 12 Enero 2005

La otra alternativa al plan, dice Ibarretxe, sería 'arreglarlo a tortas'. Lehendakari jauna, no me lo imagino defendiendo 'a tiros' Ajuria Enea (en plan Allende). Tampoco creo que haya muchos dispuestos a secundarle, ni sus incondicionales. No nos engañemos. Ha lanzado un órdago, va de farol y están a punto de apagárselo. A qué viene esto, si lo estaban haciendo ustedes de cine. Son los amos de Euskadi, hacen y deshacen a su antojo en este gran batzoki que están construyendo y, lo que es esencial, tienen en sus manos la educación de nuestros hijos, gracias a la miopía e ingenuidad de los gobiernos centrales. Con la enseñanza que aquí se imparte, a no muchos años vista, no ya sólo los hijos de los despectivamente llamados 'maketos', sino incluso los de los inmigrantes se sentirán tan 'baskos' o más que Sabino Arana. Así habrán conseguido un país mucho más euskaldunizado y homogéneo, al 90%. Sólo entonces sería el momento de presentar a aprobación el 'plan' de marras. Pero, hoy por hoy, ¿a qué tanta prisa? ¿No comprende que la Euskadi actual es aún tan diversa y plural como el resto del Estado?

Los empresarios vascos rechazan públicamente el plan porque va contra «el orden jurídico»
El Círculo de Empresarios realiza el primer pronunciamientode la élite económica vasca ante el proyecto de Ibarretxe y advierte de sus consecuencias
M. LUISA G. FRANCO ABC  12 Enero 2005

BILBAO. En un momento en que tanto el lendakari Juan José Ibarretxe como el presidente de la ejecutiva del PNV, Josu Jon Imaz, insisten en que convocarán un referendum, sin competencias legales para hacerlo, si el Congreso de los Diputados rechaza el plan Ibarretxe, el Círculo de Empresarios Vascos exigió ayer a «todas las instancias políticas el sometimiento y el respeto en su integridad a nuestro ordenamiento legal, incluyendo los propios mecanismos internos establecidos para su reforma».

En el primer pronunciamiento público y oficial del empresariado vasco desde la aprobación del plan -la patronal Confebask aún no lo ha hecho- el Círculo de Empresarios deja bien calro que «el cumplimiento de la ley concierne y obliga a los empresarios y a todos los ciudadanos» y considera, en el punto 6 de su comunicado, que la falta de respeto a «nuestro ordenamiento legal. incluyendo los propios mecanismos ineternos establecidos para su reforma», llevaría a «una quiebra del sistema y a una subversión del orden jurídico establecido, lo cual crearía inseguridad, inestabilidad e incertidumbre».

El empresariado vasco es un colectivo plural que mide sus declaraciones sobre la situación política para no quebrar su unidad interna y que ha limitado sus valoraciones sobre el plan Ibarretxe. La primera vez, fue cuando el proyecto se presentó por primera vez en el Parlamento vasco, en octubre de 2002, momento en que tanto el Círculo de Empresarios Vascos como la patronal Confebask mostraron su preocupación por la «unilateralidad» del planteamiento. La segunda, en la presentación del texto articulado, un año después, cuando el Círculo dijo que la propuesta «era susceptible de generar incertidumbre jurídica, inestabilidad en el marco político y una mayor división social».

Tras la aprobación del plan Ibarretxe en la Cámara de Vitoria, ayer el Círculo de Empresarios Vascos consideró «inquietante» que la reforma del Estatuto de Guernica «no se plantee desde un consenso que recoja armónicamente las diferentes sensibilidades existentes en nuestra sociedad» y reclamó que «cualquier transformación del marco de convivencia se logre con mayorías parlamentarias, con un escrupuloso respeto a la legalidad y con el más amplio consenso social».

El Círculo muestra su respeto al poder político que emana de las urnas, pero reclama su derecho a opinar sobre cuestiones que les afectan. En ese sentido, alerta sobre «los previsibles efectos negativos que se derivarían para el empleo y la actividad económica de una situación caracterizada por la incertidumbre, la inestabilidad y el desencuentro entre los gobiernos central y vasco».

Igualmente, los empresarios vascos critican el lanzamiento del plan mientras pervive «un fenómeno violento y terrorista que sigue vulnerando derechos fundamentales, tal y como se demuestra con la existencia de muchos empresarios amenazados o con los recientes atentados contra instalaciones y sedes políticas, empresariales y ciudadanas».

En su punto séptimo, que cierra el comunicado, el Círculo de Empresarios Vascos apela, de manera inequívoca, «a la serenidad, al sosiego y a la reconducción de las lógicas y legítimas discrepancias por los cauces de la normalidad constitucional».

La patronal vasca, Confebask, no ha convocado aún ninguna reunión de sus órganos internos para valorar la aprobación del plan Ibarretxe en el Parlamento vasco, según manifestaron a ABC fuentes de este colectivo empresarial.

Rafael Simancas: «El chantaje nacionalista debe ser contestado de forma contundente»
MARIANO CALLEJA ABC 12 Enero 2005

El portavoz socialista en la Asamblea de Madrid asegura que no tiene «absolutamente ninguna duda» sobre el concepto de nación española y resalta el «hartazgo» que producen las reivindicaciones de algunas fuerzas nacionalistas, no sólo del País Vasco

MADRID. Rafael Simancas ha reconocido que siente «vergüenza y asco» por el hecho de que el debate nacional esté monopolizado por el «chantaje» nacionalista y ha pedido que se responda con contundencia tanto al Plan Ibarretxe como a «otros planes».

-¿A qué se refiere cuando pide esa respuesta contundente?
-Las fuerzas políticas que parten de los valores constitucionales deben expresar con total firmeza al Gobierno de Euskadi y a las fuerzas nacionalistas nuestra determinación absoluta para defender el marco de convivencia democrática que establece la Constitución y que garantiza, entre otras muchas cuestiones, unos niveles de autogobierno en las Comunidades Autónomas sin parangón en la historia de nuestro país y sin comparación en otros países de Europa y del mundo.

-¿Y le parece firme la respuesta que está dando el PSOE y el Gobierno a Ibarretxe?
-Tanto el Gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero como la dirección federal del PSOE están ofreciendo una respuesta absolutamente clara y contundente ante el desafío anticonstitucional que supone el Plan Ibarretxe. El Gobierno de España está actuando desde la máxima contundencia, y a la vez, desde la prudencia y la inteligencia. Son los mejores ingredientes para asegurar el éxito en la tarea de derrotar un plan que divide a la sociedad vasca y pretende acabar, al dictado de los de las pistolas, con el marco de convivencia que hemos logrado gracias a la Constitución.

-¿Comparte con el presidente de la Junta de Extremadura que no hay que perder de vista el artículo 155 de la Constitución, sobre la suspensión de la autonomía en su caso?
-La contundencia y la firmeza que reclamo debe administrarse con inteligencia y sin dramatismo. Creo que la mejor respuesta que puede tener el Plan Ibarretxe es una mayoría extraordinaria en contra en las Cortes Generales, que es donde está representada la soberanía nacional.

-¿Es necesario que se debata en el Congreso este Plan?
-Este es el procedimiento establecido. En este momento no tenemos nada más y nada menos que una propuesta de la mayoría nacionalista, portavoces de ETA incluidos, en el Parlamento vasco. Esa propuesta tiene que discutirse ahora en las Cortes Generales y, a mi juicio, tiene que rechazarse de manera rotunda. Y espero de ese debate una actitud leal del Partido Popular, que hasta ahora está manteniendo una actitud desleal hacia el Gobierno y hacia la mayoría de los españoles.

-Si se rechaza el Plan en el Congreso, pero sigue adelante en el País Vasco, ¿qué hay que hacer?
-Una vez rechazado el Plan propuesto por la mayoría nacionalista del Parlamento vasco en las Cortes Generales, el Plan Ibarretxe ha muerto, y por tanto ha sido la representación de la soberanía popular española la que lo ha finiquitado. Si el PNV sigue defendiendo un Plan de esas características en el marco político de Euskadi, han de ser los propios ciudadanos vascos en las elecciones de esta primavera quienes den la respuesta apropiada. En el caso de que, tal y como han insinuado y amenazado, los dirigentes nacionalistas en el País Vasco pretendieran celebrar un referéndum, tal consulta sería paralizada por ilegal y anticonstitucional por el Tribunal Constitucional.

-Cuando usted dice que hay que ser contundente con el Plan Ibarretxe y con «otros planes», ¿se refiere al de Maragall en Cataluña?
-No, en absoluto. Estoy convencido de que el presidente de la Generalitat catalana no alberga planes ni siquiera parecidos a los que nos han llegado desde la mayoría nacionalista, ETA incluida, en el País Vasco. Me estaba refiriendo al hartazgo que sienten muchos madrileños y españoles por el hecho de que algunas fuerzas nacionalistas, no sólo en el País Vasco, pretendan monopolizar y determinar el debate político nacional. Detrás de distintas reivindicaciones de mayor autogobierno se oculta siempre el mismo chantaje insolidario e intolerable, que consiste en plantear al conjunto de los españoles: o nosotros recibimos más que el resto o rompemos la baraja y nos liamos a tortas. Este chantaje nacionalista debe ser contestado de forma contundente por quienes defendemos los valores constitucionales de cohesión, solidaridad e igualdad de todos los españoles.

-Es decir, se está refiriendo también a los socios de Maragall y Zapatero, Esquerra Republicana...
-Estoy hablando del discurso nacionalista con carácter general, y no sólo en el País Vasco.

-¿Es partidario de un pacto de legislatura del PSOE con Esquerra?
-Me parece razonable que el Grupo Parlamentario Socialista en las Cortes busque una estabilidad en el trabajo parlamentario de sustento del Gobierno. Me consta que las conversaciones no se limitan a esta organización.

-¿Usted tiene alguna duda sobre el concepto de nación española?
-No tengo absolutamente ninguna duda. Me siento madrileño y parte integrante de la nación española. Es más, estoy convencido de que la inmensa mayoría de los madrileños comparten esta noción y se sienten plenamente orgullosos de formar parte de un marco de convivencia solidaria que llamamos España.
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