AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 17 Enero 2005
Eta, más de lo mismo
Editorial La Razón 17 Enero 2005

ETA Y LA MEMORIA
Editorial ABC  17 Enero 2005

Un Estado de Derecho no negocia
EDITORIAL Libertad Digital 17 Enero 2005

ETA pone la rúbrica
Lorenzo Contreras Estrella Digital 17 Enero 2005

La querella del Foro Ermua
Iñaki EZKERRA La Razón 17 Enero 2005

Los tiempos en la política
Joaquín MARCO La Razón 17 Enero 2005

La comisión
José María CARRASCAL La Razón 17 Enero 2005

CORRUPCIÓN JUDICIAL
Jorge TRIAS SAGNIER ABC  17 Enero 2005

Soberanía y territorialidad
PABLO MOSQUERA La Voz 17 Enero 2005

LA ESPAÑA DE BONO
Juan Manuel DE PRADA ABC  17 Enero 2005

EL LENDAKARI
Jaime CAMPMANY ABC  17 Enero 2005

Una película repetida
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 17 Enero 2005

Añagaza terrorista
Editorial El Correo 17 Enero 2005

Constitución Europea y separatismo
Fernando DE SALAS LÓPEZ La Razón 17 Enero 2005

Para inteligencia de los ignorantes
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 17 Enero 2005

Cambio de escenario
Fernando González Urbaneja Estrella Digital 17 Enero 2005

Violencia de persecución
IÑAKI EZKERRA El Correo 17 Enero 2005

¿Hablamos de firmeza
Luisa PALMA La Razón 17 Enero 2005

Un paso adelante
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 17 Enero 2005

El error Rajoy
Agapito Maestre Libertad Digital 17 Enero 2005

Vascos locos
Matías ANTOLÍN La Razón 17 Enero 2005

El plan
Cecilia GARCÍA La Razón 17 Enero 2005

La trampa de la carta
Editorial El Mundo  17 Enero 2005

La iniciativa y el riesgo de Rajoy
Pablo Sebastián Estrella Digital 17 Enero 2005

Las falacias de Mohamed VI acentúan las sospechas sobre el 11-M
Editorial El Mundo 17 Enero 2005

España sin España
Federico Jiménez Losantos El Mundo 17 Enero 2005

Pura utopía
Cartas al Director ABC  17 Enero 2005

Reunión inútil
Cartas al Director El Correo  17 Enero 2005

El Gobierno ignora el valenciano en los ejemplares de la Constitución Europea
M. C. ABC  17 Enero 2005



 

Eta, más de lo mismo
Editorial La Razón 17 Enero 2005

La semántica de los terroristas no parece haber engañado a nadie, salvo a ERC, a tenor de la respuesta unánime que, desde el Partido Popular a Izquierda Unida, pasando por el Gobierno y el PSOE, ha recibido su último y farragoso comunicado. La banda vuelve a sus planteamientos de siempre y envuelve su propuesta en la amenaza y el insulto. No hay ningún elemento que permita albergar un cambio de estilo y sólo se detecta una urgencia, la de que Batasuna pueda presentarse a las próximas elecciones autonómicas vascas. Pero si ETA pretendía confundir a los ciudadanos y favorecer la pretensión de su brazo político, ha hecho un flaco favor. El discurso etarra no sólo no renuncia a la violencia, sino que, además, no ofrece más salida a la situación que la aceptación de unos supuestos derechos nacionales vascos.

Es evidente que lo que el ministro de Defensa, José Bono, ha calificado de «carta-trampa», intenta explotar la esperanza que albergan todos los españoles de bien de que sea posible alcanzar el fin de la violencia. Por ello, y sin olvidar pasadas experiencias, es preciso insistir en el único camino posible: no hay nada que hablar con ETA mientras los pistoleros y sus cómplices no anuncien formalmente su renuncia a la violencia, entreguen las armas y se sometan al orden constitucional. A partir de ese momento, se pueden abordar cualquier tipo de propuestas, salvo la amnistía de los asesinos, expresamente prohibida en nuestro ordenamiento jurídico.

ETA Y LA MEMORIA
Editorial ABC  17 Enero 2005

LA predisposición a la desmemoria siempre ha sido el principal aliado del nacionalismo vasco, incluido el que representa ETA. Si se tiene en cuenta este dato, puramente empírico, podrá valorarse el último comunicado de la banda terrorista en sus justos términos y así relativizar su alcance. El propósito de la banda terrorista con su comunicado de ayer era sumarse a la sincronía nacionalista impuesta por el plan Ibarretxe y avisar al PNV de que su apoyo no es un cheque en blanco. Después de Ibarretxe, Atutxa y Otegi, faltaba ETA para completar el elenco del frente abertzale que ha propiciado el lendakari. Desde el 30 de diciembre, nada de lo que emane de este frente nacionalista es o será ajeno a los intereses comunes de sus integrantes y era necesario, para consumo interno, que la imagen de convergencia quedara explícita, con un plan que abraza a todos, desde el PNV a ETA. Sin duda, los terroristas también tienen presente el acoso del Estado, la situación in extremis de la izquierda abertzale y la posición de fuerza que ha adquirido el PNV en la comunidad nacionalista, gracias, por paradójico que resulte, a la debilitación progresiva de ETA. Pero sería un grave error interpretar esta irrupción de ETA como un acto aislado de la ejecución del plan Ibarretxe. La motivación estaba descrita en la taimada invitación que le cursó Otegi a Rodríguez Zapatero para ser el Tony Blair español: convertir el proceso de soberanía abierto por el PNV -y con la aquiescencia de este partido- en un proceso de paz, de paz a cambio de soberanía. El plan lo pone el PNV y ETA la coacción.

La memoria, por tanto, debe hacer presentes ahora los intentos de 1989 y 1998, cuando se dialogó con la banda terrorista. También debe hacer presente el preámbulo del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, que compromete a PP y PSOE para negar cualquier beneficio político al cese de la violencia, lo que incluye la oposición al plan Ibarretxe como obligación inherente a este acuerdo de Estado. Y debe también recordarse que hoy Batasuna es una organización ilegal y que ETA ni siquiera ha anunciado una tregua indefinida. La respuesta del Gobierno socialista, similar a la del PP, ha sido la correcta al exigir a ETA el abandono de las armas y el cese de la violencia. Incluso cabría enumerar más exigencias, porque tras el fraude de 1998 sólo son admisibles actos inequívocos de desarme incondicional y entrega de los terroristas a la Justicia.

Parece evidente que, inmerso en la debilidad y con el fin de no perder su «presencia política», algo se está moviendo en el mundo abertzale. Con la sombra de una hipotética tregua planeando sobre el futuro, el Gobierno ha de ser muy cauteloso y debe saber medir bien los pasos que se dan al otro lado para preparar conveniente los suyos.

Un Estado de Derecho no negocia
EDITORIAL Libertad Digital 17 Enero 2005

Uno de los más recurrentes ardides con el que la clase política de nuestro país —con el respaldo de la mayoría de los medios de comunicación— ha camuflado su ingenuidad y su error por haber intentado negociar en repetidas ocasiones con una organización terrorista como ETA, ha sido la de calificar de “trampa” todas las ofertas de tregua con la que los terroristas lograron por un tiempo que los representantes del Gobierno, en lugar de detenerlos, se sentaran con ellos a eso que los recalcitrantes en el error llaman “explorar la vía del diálogo con los criminales y requerirles la entrega de las armas”.

Sin embargo, es una estafa intelectual definir de “trampa” una tregua por el hecho de que esta solo se haya traducido por parte de ETA en un cese temporal de su actividad criminal, transcurrido el cual, los terroristas —viendo no alcanzados algunos o ninguno de sus objetivos— prosiguen sacudiendo el árbol. Decir que ETA hizo “trampa” por el hecho de que, pasados unos meses de su anuncios de tregua, sus matones volvieron a asesinar, no sólo supone ignorar lo que decía la banda en sus comunicados de marras, sino lo que significa “tregua” en nuestro diccionario. Una tregua es siempre, por definición, un cese temporal de hostilidades, por lo que la única “trampa” de la que cabria acusar a ETA por haber utilizado esta expresión, nace, en todo caso, de sus impropias connotaciones militares, pero no por el hecho de que el cese, —en realidad, terrorista y no bélico— haya durado sólo un tiempo determinado.

Por otra parte, otra sandez que ha alcanzado el rango de lo políticamente correcto es lo de la “entrega de las armas”, algo que no se exige a ninguna otra organización de delincuentes, pero que, a diferencia de ellas, abriría a ETA una privilegiada vía de diálogo con los poderes del Estado.

A nosotros no nos preocupa que la clase política y mediática de nuestro país pueda creerse que estamos en escenarios a los que aun ni siquiera hemos llegado. Lo que nos preocupa es que se vuelvan a contemplar escenarios en los que la respuesta del Gobierno y del Estado de Derecho puedan ser distintos ante el crimen y su castigo, dependiendo de la actitud futura de un grupo que lleva asesinado a casi un millar de españoles. Lo que nos preocupa es que persista, aunque sea de forma latente, el error de fondo que nuestra democracia no ha terminado de erradicar del horizonte como es el del “final dialogado de la violencia”. Porque si no hay nada que dialogar con ellos, ¿a qué viene cuestionarse si los terroristas van o no a entregar las armas, o si es sincera o falsa su disposición de tregua?

Para que un terrorista, en libertad e impermeable a cuestiones morales, deje de matar conforme a un Estado de Derecho sólo se tiene que convencer de la absoluta esterilidad política de sus atentados o bien de la certeza de unas penas que sean más gravosas e inexorables para él que la utilidad política que espera cosechar con sus crímenes. ¿Acaso se desespera un terrorista o le disuade el hecho de que la clase política le garantice algo apetecido a cambio de que deje de matar?

Zapatero, tras liar temporalmente a un Rajoy predispuesto, ha prometido a Otegui emprender futuros “esfuerzos por la paz si cesan de una vez el ruido de las bombas y de las pistolas”. Sin embargo, en lugar de insinuar así una impunidad futura y de tentar nuevamente a nuestro Estado de Derecho con un inaceptable y falso atajo para acabar con el terrorismo, los esfuerzos que debería haber hecho ya Zapatero son aquellos destinados a que los terroristas y el resto de los nacionalistas no burlen una legislación por la que nuestra democracia, tras tres décadas de crímenes, ha venido finalmente a proscribir la financiación pública y la representación política de los terroristas. Lo demás, no son esfuerzos por “la paz” sino volver a ofrecer balones de oxígeno en una fracasada e inaceptable vía de apaciguamiento.

ETA pone la rúbrica
Lorenzo Contreras Estrella Digital 17 Enero 2005

ETA ha suscrito en todos sus términos prácticos los postulados de Batasuna en el Velódromo de Anoeta. Lo que allí se dijo y se proclamó el pasado 14 de noviembre llevaba, como se ha podido comprobar, todas las bendiciones de la banda terrorista. El comunicado de este último domingo no puede ser más expresivo de la certeza que anida en cualquier cabeza pensante. La llamada izquierda abertzale, refundada parlamentariamente como Izquierda Socialista o Ezquerra Abertzaleak (IS), es la voz suplementaria que ETA utiliza para avanzar los contenidos de sus postulados, propuestas o, si se tercia, sus amenazas. Ahora ha dicho lo que le convenía decir, poniéndose encima una piel de cordero para hecer creer, o intentarlo, que lo del Velódromo fue en su día, y sigue siendo, “la aportación política más sólida que se ha presentado de cara a superar el enfrentamiento entre Euskal Herria y los estados”, entendiendo por “estados” a España y Francia.

Cuarenta y ocho horas antes trascendía el contenido de la carta remitida por la Mesa de Batasuna al presidente Zapatero, que ha debido dejar a éste con la duda entre la carta-trampa, como en su día lo fue la famosa tregua, y la tentación de que se le ofrece una oportunidad de acabar con el llamado conflicto político vasco. El presidente del Gobierno acababa de reflexionar sobre la propuesta de Ibarretxe para llegar a la conclusión de que, tras la visita del lehendakari, nada nuevo se ofrecía a la vista y, por tanto, había que responder negativamente a cualquier planteamiento de referéndum para la “reforma” del Estatuto de Guernica, convertible en una modificación de la Constitución por un procedimiento encubierto.

ETA, en su comunicado, propone el diálogo, la negociación y el acuerdo, sin plantear un escenario independentista. En apariencia, un lenguaje nuevo con visos de claves tramposas, si hemos de creer que suscribe la literalidad del mensaje o carta de Batasuna a Zapatero.

La única novedad del comunicado etarra es que niega que fueran auténticos los avisos de bomba contra el estadio Bernabéu, con la consecuencia de su desalojo en los últimos minutos del partido Real Madrid-Real Sociedad, y la amenaza de otro atentado contra la sede del PP en la calle Génova de Madrid. De otros atentados recientes sí se reivindica como autora. Otro aspecto novedoso es la referencia a los presos etarras, a quienes envía en su comunicado “un saludo” en homenaje a la nueva protesta que llevan a cabo “por sus derechos”, calificando estas actitudes como “un ejemplo para todos” por su “compromiso y dignidad”. En el fondo es la réplica de la banda a la famosa carta de “Pakito” y otros dirigentes encarcelados, en la que demandaban el abandono definitivo de la violencia.

Naturalmente, ETA no anuncia el final del terrorismo, pero en su lenguaje se trasluce que efectivamente algo está cambiando en su estrategia. Sobre todo, el convencimiento de que no debe dejarse rebasar por los intereses del PNV y de EA como formaciones nacionalistas que intentan capitalizar o rentabilizar sus votos ilegalizados. ETA busca la “relegalización” de Batasuna. Un comentario periodístico publicado en el diario Gara sostenía en su número del domingo —ayer mismo— que los recientes movimientos de Batasuna y de la propia ETA, aunque sin citar a ésta, han dejado “en cueros políticos” al PNV, a EA y, por supuesto, a EB (Ezker Batua o IU), a la que califica de esquizofrénica. Y añade que a la conjunción PP-PSOE le provoca todo ello un ataque de nervios tras las cien mil veces anunciada muerte política del Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV), al que considera un muerto que goza de gran salud.

La querella del Foro Ermua
Iñaki EZKERRA La Razón 17 Enero 2005

El jueves, 13 de enero, día en que Zapatero se reunía con Ibarretxe en la Moncloa, tuve el honor de llevar en mis manos el texto de la querella contra el presidente de la Comunidad Autónoma Vasca «por conspiración para la rebelión» que un abogado y compañero del Foro Ermua había redactado para ser esa mañana entregado a la procuradora que lleva «el caso» y que me esperaba en el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. Fueron diez minutos de emoción y perplejidad cargando bajo el brazo por las calles de Bilbao con una carpeta llena de ese manojo de papeles con el que un modesto y apacible grupo de ciudadanos de la Unión Europea insólitamente amenazados de muerte simplemente queríamos dejar claro que el primer grito legal contra el Plan del Lehendakari de ETA salía de Euskadi, no –como deseaban los nacionalistas– de las Cortes Generales o del Tribunal Constitucional, es decir, de Madrid. Los nacionalistas seguirán diciendo lo que les dé la gana –que es «la capital del imperio la que se opone a la voluntad soberana del pueblo vasco»– y Zapatero podrá cometer todos los errores que quiera para contribuir a esa representación teatral, pero queda en las hemerotecas que los primeros en pedir formalmente al Estado español –es decir a nuestro Estado– el auxilio jurídico hemos sido los vascos. Eso ya no nos lo va quitar nadie.

En esa querella, que, previsiblemente, no llegará a buen puerto –dada la proverbial sensibilidad de nuestros jueces con quienes conspiran contra ellos así como las lacerantes inercias y la tradicional indefensión de nuestro sistema legal frente a una «excepcionalidad delictiva» de tanto calibre como la del nacionalismo gobernante– hemos dicho que el Plan Ibarretxe no nos representa por más que se empeñen quienes lo han perpetrado o lo avalan, por más que Atutxa se arrogue nuestra representación y diga que «el pueblo vasco no entenderá que el Plan Ibarretxe sea rechazado por el Congreso de los Diputados». Lo que no entendemos muchos ciudadanos de ese mismo pueblo vasco es que semejante bodrio llegue siquiera a discutirse en las Cortes Generales. No habrá en la historia del delito uno tan anunciado y tan obvio, tan premeditado y flagrante como ése.

Se equivocan quienes pretenden restar trascendencia a la vertiente delictiva del Plan Ibarretxe y tratan de reducir éste a «propuesta legítima» a base de reconducirlo de modo forzado por los dilatados cauces legales por los que circularía una propuesta cabal y democrática para que así desemboque en su rechazo formal. No han entendido todavía que tal dilación legitima al menos simbólicamente ese desafío y que el carácter delictivo es inherente al proyecto del Lehendakari. El Plan Ibarretxe no es más que la culminación esperada y expresa de una rebelión contra nuestra legalidad que el PNV ha capitaneado desde hace un cuarto de siglo, es decir desde las fechas en que esa legalidad constitucional y estatutaria existe. Durante veinticinco años el incumplimiento de las leyes ha sido una calculada constante y una sistemática consigna en Euskadi. Desde el nacimiento de la Euskal Telebista, que inició sus emisiones sin esperar la debida licencia, hasta la pertinaz negativa a que ondee la bandera constitucional en todos los edificios oficiales en los que se pueda esquivar tal disposición legal, desde la resistencia a que los miembros de la Ertzaintza o a que los concejales de docenas de ayuntamientos vascos juren la Constitución al asumir sus funciones hasta la desobediencia de Atutxa al Supremo, el nacionalismo vasco ha hecho del plante al Estado su política cotidiana a la luz y en la sombra, según lo que convenía en cada momento y situación. De lo que se trataba era de crear en el ciudadano la sensación de que en el País Vasco la gran ley era la impunidad precisamente y la convicción de que más le valía doblegarse.

Nada puede esperar ese indefenso ciudadano de una figura decorativa como la del Ararteko (Defensor del Pueblo) que, cuando recibe la petición de ayuda de Jaime Larrínaga, el cura de Maruri, porque su Ayuntamiento lo está estigmatizando con buzoneos difamatorios y concentraciones frente a la iglesia o porque el Gobierno vasco también lo señala para que se vaya del pueblo y entre todos han logrado que aparezca su nombre en los papeles de ETA, le responde que no va a intervenir en el asunto porque se trata de «un problema de vecinos». Nada se puede esperar de Txema Urkijo, el director del Departamento de Derechos Humanos del Gobierno vasco, que el día de su nombramiento dijo, en un lugar en el que la oposición tiene que ir escoltada para que ETA no la asesine, que esa institución nacía para «proteger al ciudadano del Estado». Nada se puede esperar de Maixabel Lasa, la directora del Departamento de Ayuda a las Víctimas del Ejecutivo de Ibarretxe, a la que ni se le pasa por la cabeza dimitir cuando su jefe dice que va a delinquir con un Plan que es un desafío a las víctimas y la negación de su dolor.

Emoción y perplejidad. Esas dos cosas sentí hace unos días al verme en la rara situación de portar en mis manos por las calles de mi ciudad la querella «testimonial» que un grupo de vascos le hemos puesto a uno de Llodio que da la casualidad de que es el Lehendakari. Emoción y perplejidad por la consciencia de que en esos papelajos estaba nuestra dignidad y el orgullo sereno de sentirnos ciudadanos de una gran nación como España.

Los tiempos en la política
Joaquín MARCO La Razón 17 Enero 2005

Puede observarse la política como un ritual, una ceremonia más, un espectáculo en el que el espectador –militante, dirigente, votante o abstemio– conoce de antemano lo que va a suceder, donde apenas si hay sorpresas, pero, pese a todo, puede deleitarnos con el artificio. Cabe estudiarla como un «sistema de signos», como hiciera Roland Barthes con el lenguaje de la moda. Descubrimos una retórica y hasta una semiótica de la política que no se limita a la palabra y que no se enseñan en las Facultades de Ciencias Políticas (en la Universidad moderna todo ha de ser o ciencia o nada). En ella, juegan un papel fundamental los tiempos. El general Franco, excelente político, ya que logró permanecer en el poder absoluto hasta su muerte (que, en parte, es lo que-desea, a poder ser con democracia, un político) exageró en la temporalidad, como cuando confió en que Gibraltar caería como una fruta madura. Y erró también (o tal vez se limitó a dejar pasar el agua) cuando aseguró que lo dejaba todo atado y bien atado.

En la política, como en un baile, tiempos y movimientos son esenciales. Rodríguez Zapatero ha ordenado, según su criterio, los tiempos de la relación hispano-vasca. Frenó la impaciencia del Sr. Ibarretxe por hablar con é1 (la foto, ay, la foto) y entregar un Plan, elaborado con su tiempo, que le permitió sumar factores heterogéneos: nacionalismos y etarras. Las conversaciones entre R.Z. e Ibarretxe tenían que ser del todo inútiles. Unos y otros habían llenado los periódicos y las emisiones radiofónicas de lo que en otras profesiones se habría mantenido en secreto. Pero se reclamaba el ritual: los trámites reglamentarios (mitad sonrisa, no entera, de entrada; gesto hosco, de salida).

El PP quería acortar tiempos; el PSOE, por el contrario prefiere dilatar y utilizar la fuerza medida del Congreso de los Diputados. Tal vez, para que los electores vascos, que han de elegir en breve, mantengan en la retina el peligro de una ruptura con el Gobierno Central. Vendría luego la inesperada y amplia sonrisa con Rajoy, el inicio de un programa común, el inútil comunicado de Otegui y el de ETA, más inútil aún; pero ambos a su tiempo. Y éste último no sólo es el que se manifiesta siguiendo el calendario, sino también otro interno, más sutil, el verdaderamente político, el que el simple observador desconoce. Por ejemplo, ¿de qué hablarían Ibarretxe y Zapatero durante cuatro horas? Conocida de antemano la respuesta, de mucho más. Los dirigentes, sólo unos pocos, saben y pueden jugar como mejor les conviene. Existen reglamentos, pero también ese dejar pudrirse ligeramente o, por el contrario, el golpe instantáneo, capaz de fulminar: Zapatero/Rajoy descolocan a todos los nacionalistas, de derecha a izquierda.

Los tiempos externos son los del país, los de la Comunidad, los de los proyectos de Estatuto. Hay que suponer que tan complicada retórica se produce al servicio de intereses más generales, que trascienden los peculiarismos del partido, que pretenden el bien común. Esta semana pasada fue de intensos tiempos, comprimida, ritual, con esperanza aunque sin convencimiento.

La comisión
José María CARRASCAL La Razón 17 Enero 2005

Lo único que no acaba de convencerme de ese ¿cómo llamarle, acuerdo, pacto, compromiso? entre el PP y el PSOE es que hayan creado una comisión para darle forma y vida. Las comisiones no se crean para solucionar un asunto intrincado. Se crean para enterrarlo de tapadillo. Esperamos que ésta sea una excepción pues de no serlo, de seguir todo igual, discutiendo cómo se para a los nacionalistas, la indignación nacional se convertiría en un tsunami para ambos partidos, especialmente para el que ocupa el poder. Menos mal que finalmente el presidente del Gobierno parece haberse dado cuenta que no se puede jugar con algo tan básico con el «ser» del Estado y la unidad de la nación.

Personalmente, hubiera preferido un acuerdo de mínimos, una declaración conjunta de Zapatero y Rajoy que dijese que España es una nación y que las reformas de los estatutos se ajustarán al marco constitucional. Tampoco se necesita más. PSOE y PP necesitan un pacto de Estado, no un pacto de gobierno. En el resto de las cuestiones políticas, económicas, culturales y sociales, tienen el derecho, incluso el deber, de seguir divergiendo, a fin de que los españoles tengamos opciones entre las que elegir. Pero en la unidad de España, en que la soberanía reside en el pueblo español en su conjunto y en que los cambios constitucionales deben hacerse por amplio consenso no debe haber la menor duda. Cosa que empezaba a ocurrir, con el avance de los nacionalismos y la pasividad, consciente o inconsciente, del Gobierno.

O sea que vamos a dejarnos de resquemores, sutilezas o zancadillas. Aquí no se trata de quién ha impuesto su criterio ni de quién va a ganar, el PP o el PSOE. Con que pierda uno de ellos, perdemos todos. Una nación, o un Estado, no puede sostenerse sobre una de sus partes. Y eso son los partidos, partes de un todo, por más razones o poder que tengan. Un ejemplo lo tenemos ante los ojos, el PP de Rajoy y el PSOE de Zapatero. A éste le corresponde mayor responsabilidad en la crisis por ocurrir en su guardia. Tiene perfecto derecho a encauzar España por la senda que considere oportuna, a casarnos o a descasarnos, a ilustrarnos o a embrutecernos, a aliarnos o a enemistarnos con quien sea, para eso le hemos elegido. Pero siempre que sigamos siendo todos españoles. A lo que no tiene derecho, por sectarismo, indiferencia o simple error de cálculo, es a poner en subasta el compromiso de convivencia tan laboriosamente alcanzado, la relativa prosperidad que finalmente llega a todas las clases del país y la igualdad de todos sus habitantes. Esta vez no nos jugamos lo que tenemos. Nos jugamos lo que somos. Algo que, ante el ataque masivo, coordinado, abrasador de quienes no se sienten españoles, aunque por su furia y dogmatismo lo parecen más que ninguno, empezábamos a olvidar. Así que ojo a esa comisión, no nos salga otra enterradora.

CORRUPCIÓN JUDICIAL
Por Jorge TRIAS SAGNIER ABC  17 Enero 2005

EL principio de acuerdo alcanzado entre los dos grandes partidos mayoritarios para frenar al nacionalismo rampante, nos permite volver a fijarnos en otros temas capitales. Una de esas cuestiones es la situación corrompida en que se encuentra la justicia en nuestro país. ¿Toda la justicia? Evidentemente, y por fortuna, no. Pero sí la más visible. Acaba de publicarse un libro escrito por Alejandro Nieto, catedrático ya jubilado de Derecho Administrativo de la Universidad Complutense y ex presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas -«El desgobierno judicial» (editorial Trotta, con el patrocinio de la fundación Martín Escudero)- que recomiendo vivamente. Después de leerlo, otras obras tan críticas con el sistema judicial español como «Pasos perdidos» o «Juicios Sumarísimos» de Javier Gómez de Liaño, profusamente citado y elogiado por Nieto, quedan como una crítica amable a una justicia que los socialistas llegados al poder en 1982, vistiendo de juridicidad lo que no era otra cosa que arbitrariedad, machacaron. Nombres como Peces Barba, De la Quadra Salcedo, Pradera, Ledesma, Moscoso, Auger y Sierra, Bacigalupo y Ancos pasarán a la historia judicial española por haberla teñido de incredibilidad y politización; y en el caso de los cuatro últimos, tres de ellos felizmente ya jubilados, por haber hecho justicia a la medida de determinados intereses políticos y mediáticos.

Alejandro Nieto, no sólo ha escrito una gran crítica a la denominada justicia alternativa, sino que ha sido capaz de sistematizar las distintas tipologías de corrupción, corruptelas, desgobierno o, simplemente, de ignorancia judicial. Pero para el autor no existe una fórmula mágica capaz de proporcionar soluciones abstractas y permanentes. «De haberla, ésta podría encontrarse en el establecimiento de una carrera consolidada». El tiempo, las jubilaciones, los cursos en Estados Unidos, van, de todos modos, colocando las cosas en su sitio, y, por ejemplo, la Audiencia Nacional cada vez se parece más a una Audiencia Nacional. Probablemente, y si no se infecta de política los futuros nombramientos, en la Sala Segunda del Supremo ocurrirá lo mismo que en la Audiencia Nacional. Y, quizás y con un poco de suerte, de aquí a unos años podamos volver a tener un Tribunal Constitucional cuyos magistrados, todos, crean en la Constitución que deben interpretar. Ahora, por ejemplo, su presidenta no cree en ella.

¿Porqué determinada forma de administrar justicia no resulta creíble en España? Muy sencillo: por todo lo que explica Nieto en este imprescindible análisis. «Los honestos esfuerzos de mejora del servicio no nos permiten, sin embargo, olvidar que sigue en pie la cuestión fundamental, que es la independencia judicial». He aquí un ejemplo que pudimos leer ayer mismo en los diarios: el Rey de Marruecos calificaba de auténtico amigo a Felipe González. Eso está bien, pero lo que está menos bien, por no decir fatal, es que uno de los amigos y contertulios de González, el magistrado Clemente Auger, fuese el ponente de la sentencia que condenó al periodista José Luis Gutiérrez, ex director de Diario 16, por sostener que lo que escribió sobre una red de narcotráfico en la que estaba mezclada la familia del Rey, atentaba al honor de Hassan II. Sin entrar en el fondo del asunto, las formas, esenciales para que la justicia sea justa, en España, todavía se desprecian. Y así nos va.

Soberanía y territorialidad
PABLO MOSQUERA La Voz 17 Enero 2005

ESTAS SON las coordenadas de la singladura política del nacionalismo vasco. Estas cuestiones las centraron en el espíritu y la letra del proceso estatutario. Digo proceso, por haber sido el Estatuto de Guernica un simple instrumento para avanzar hacia la construcción nacional, que requería de unidad territorial, poder competencial y formación de una conciencia de Pueblo-Nación-Estado.

Primero plantearon un contencioso por derechos competenciales. Sirvió para mantener la tensión política y social, en época de avance del autogobierno. Hubiera sido una catástrofe la instalación del conformismo con lo que había. Hacía falta un lendakari que impulsara la fase final del proceso para la soberanía y territorialidad. Ese hombre, que como Moisés, conduce al pueblo más allá del Jordán, es Ibarretxe.

El nacionalismo siempre tuvo convicciones, algunas emanan del mito, pero han permitido que el proceso nunca se detuviera. Ha podido ir más deprisa o más lento, en coalición con partidos colaboracionistas como el PSOE, que permitió avanzar en tiempos de grave crisis por la división y contienda Arzalluz-Garaicoetxea. Hoy permite avanzar y dar el paso del contencioso al conflicto por ruptura del marco constitucional y estatutario y tomarle el pulso a las convicciones de los demás. Y ahí está la clave del momento. ¿Hay convicciones en el Estado sobre lo que se debe hacer con las demandas de soberanía y territorialidad? ¿No están pensando en algo similar los catalanes?

El acuerdo Rajoy-Zapatero para constituir una comisión sobre el modelo de Estado, a estas alturas de proceso, me parece un signo de debilidad, de falta de convicciones, de marear la perdiz...

Mientras, Ibarretxe avanza hacia su próxima estación. Ganar las elecciones vascas y lograr la mayoría absoluta con tres ingredientes: una campaña en la que su plan se ha convertido en la diana de la comunicación; un debate sociedad-Estado para saber si la soberanía del pueblo tiene derecho o no a ser consultada, más allá de los procesos electorales, que además pueden funcionar como consulta sobre la cuestión planteada; y un conflicto de vascos contra españoles.

Algunos tuvimos y tenemos la convicción de que hay que romperles la territorialidad con la soberanía de Álava, pues de seguir a remolque estaremos ante la quiebra de las convicciones del propio Estado de Derecho.

LA ESPAÑA DE BONO
Por Juan Manuel DE PRADA ABC  17 Enero 2005

LAS encuestas oficiales coinciden machaconamente en señalar a Bono como el político más apreciado por los españoles; en esta consideración influyen, sin duda, las apelaciones patrióticas con que el ministro gusta de sazonar sus intervenciones públicas, así como su constante vindicación de los principios constitucionales. Ayer publicaba Bono en este periódico un artículo que abundaba en la apología de esa España «que nos garantiza la igualdad de oportunidades» y denunciaba la artificialidad de las «reivindicaciones identitarias que tienen poco que ver con las preocupaciones cotidianas de la inmensa mayoría de los españoles». Con ese olfato que siempre ha caracterizado su acción política, Bono proclamaba que había aprendido «a beber de la igualdad y de la solidaridad que brota a borbotones de la Constitución y del manantial de las Autonomías». En apenas un par de líneas, el ministro introducía cuatro palabras de intención metafórica -beber, brotar, borbotones, manantial- que comparten una transparente adscripción semántica. Mientras leía su artículo, me pregunté si esta notoria alegoría acuática no sería en realidad expresión de un acto fallido; pues, paradójicamente, mientras el ministro Bono elige el agua como símbolo de un patriotismo solidario, su delfín Barreda la enarbola como «empobrecedora y aldeana afirmación de la patria chica» -cito una expresión que el propio Bono utiliza en su artículo-, reclamando la paralización del trasvase Tajo-Segura.

No era la única ni la más gruesa contradicción latente que transpiraba el artículo de Bono, peligrosamente decantado hacia una retórica huera que uno no sabe si atribuir a la incomodidad del político que, por no agraviar al Gobierno al que pertenece, se instala en el ámbito de los pronunciamientos campanudos o a la más pura y cínica tunantería. Si, como predica Bono, un español no tiene que «pedir perdón por proclamar su pertenencia a una España solidaria e incluyente», ¿por qué el Ministerio que preside ha ordenado la retirada de la inscripción A España servir hasta morir que presidía la academia de suboficiales de Lérida? ¿O es que esa España que custodia -cito de nuevo el artículo de Bono- «los valores colectivos que nos hacen sentirnos históricamente juntos y voluntariamente dispuestos a trabajar en un proyecto común» no merece un servicio tan exigente y valeroso? Convendría que Bono abandonase por un momento la cómoda poltrona de los pronunciamientos retóricos y nos explicara sus flagrantes contradicciones; de lo contrario, acabaremos por considerarlo uno de esos «apátridas funcionales» a los que execra, quienes, «para dar gusto a arbitristas de ocasión», dicen una cosa y hacen la contraria.

En otro pasaje inefable de su artículo, Bono se preguntaba: «¿No serán la vivienda, el empleo, la educación de nuestros hijos, la salud, la calidad de vida, la felicidad... las verdaderas inquietudes de los españoles?». No descenderemos a enjuiciar aquí esa mezcolanza de vindicaciones pragmáticas y entelequias más o menos quiméricas que Bono enumera caóticamente (¡esa apelación a la felicidad!); pero sorprende que nuestro ministro, arrastrado por su propia logomaquia, no recuerde que ha sido su propio partido quien ha contribuido a anteponer estas «reivindicaciones artificiales» a las «preocupaciones cotidianas» de los españoles, en su afán por dar gusto a esos «arbitristas de ocasión» en quienes ha buscado apoyos parlamentarios o pactos de gobierno.

Para mí que Bono es uno de esos políticos que, por mantener viva la llama de la popularidad, no vacila en poner una vela a Dios y otra al diablo; en política, a este frenesí votivo se le denomina demagogia.

EL LENDAKARI
Por Jaime CAMPMANY ABC  17 Enero 2005

ESTE lendakari que padecemos los españoles, empezando por los vascos (vascos y vascas, faltaba más), don Juan José Ibarreche Markuartu, es un político tramposo. Muchos políticos lo son, ya lo sé, pero él es reincidente, o mejor dicho, habitual. Cuando afirma en respuesta a Zapatero que mientras él sea lendakari, «la voluntad de la sociedad vasca no será sustituida por la del PSOE y el PP», tiende una trampa dialéctica adrede, porque sabe que está enfrentando cosas heterogéneas, dos voluntades de diversa naturaleza.

No se puede decir que la voluntad de la sociedad vasca se enfrenta a la de dos partidos políticos, sino en todo caso a la voluntad de la sociedad española. Una y otra voluntad salen de la confrontación democrática de las ideas políticas y del debate entre los partidos. Pero es que, además, lo que está intentando el lendakari tramposo y político fullero es sustituir la voluntad de la sociedad española, que incluye la vasca, con la voluntad de los partidos nacionalistas, capitaneados y formados sobre todo por el Partido Nacionalista Vasco, es decir, por la opinión parcial y partidaria de don Juan José Ibarreche Markuartu.

Y si el lendakari quiere referirse a la voluntad, acordada o separada, de los dos grandes partidos nacionales, PSOE y PP, debe confrontarla, en honrada dialéctica, con la voluntad del PNV y sus aliados. Claro está que eso no lo hace el señor Ibarreche Markuartu porque en cualquiera de los dos casos, su «voluntad» se queda pequeña, y como es él quien la echa a pelear con voluntades más amplias y más fuertes, no será desdén afirmar que su voluntad se le queda hecha una birria.

Las voluntades políticas, sumadas, del PSOE y del PP representan el ochenta por ciento, voluntad más o voluntad menos, de todo el pueblo español, mientras que la voluntad del PNV, sumada a la de sus aliados, incluyendo el brazo político etarra, apenas alcanza al cincuenta por ciento de la sociedad vasca. En esas condiciones, lo único que le cabe al señor Ibarreche Markuartu es acogerse al beneficio democrático del respeto a la minoría. Naturalmente, ese respeto no incluye la imposición de los menos sobre los más. Y es que el lendakari pretende que la voluntad chica se coma a la grande. No sé si Ibarreche será pescador, pero estoy seguro de que conoce perfectamente la imposibilidad de que la anchoa se trague a la merluza.

El empecinado empeño del lendakari es elevar la opinión propia y la de su propio partido a opinión común de la sociedad vasca. Pero resulta que esa voluntad nacionalista radical ni siquiera es mayoritaria entre los vascos y vascas, y a este respecto son claramente iluminadores los resultados de los sondeos de opinión que se han realizado en el País Vasco a propósito del tan traído y llevado plan Ibarreche. El lendakari tiene perfecto derecho a no sentirse español a pesar de ser presidente de una Comunidad española, pero está claro que no va a lograr llevarse esa Comunidad fuera de España, ni tampoco fuera de la voluntad soberana de todo el pueblo español, entero y verdadero. Tengo dicho que Ibarreche es listo y trabajador, pero que no es español. Añado ahora que es tramposo.

Una película repetida
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 17 Enero 2005

La organización terrorista ETA explicaba en su comunicado de ayer que apoya la propuesta presentada por Batasuna en Anoeta el 14 de noviembre. Era algo evidente porque la iniciativa en cuestión había sido 'cocinada' a medias entre la banda y su brazo político. Es lo mismo que ha ocurrido con la decisión de aprobar el plan Ibarretxe en el Parlamento vasco, fruto de otra decisión conjunta. La misma Batasuna lo hacía saber a sus bases en una circular interna difundida el mismo 30 de diciembre. En ella indicaba que el numerito de votar tres a favor y tres en contra había sido adoptado con el acuerdo «de todas las organizaciones de la izquierda abertzale», eufemismo utilizado para no tener que mentar la bicha, pero dejando claro que la bicha había dado su bendición.

ETA apoya la propuesta de Anoeta, pero eso no ha sido óbice para que, desde entonces, la organización terrorista haya seguido cometiendo atentados, porque en la lógica de esa iniciativa no sólo no hay incompatibilidad entre hacer supuestas ofertas de paz y colocar bombas, sino que se trata de mecanismos complementarios que se refuerzan mutuamente.

Si alguien pensaba -y no ha faltado quien lo expresara así públicamente- que ETA quería sabotear a Batasuna, se equivoca. Hoy por hoy siguen caminando de la mano, con funciones repartidas entre uno y otro.

El comunicado etarra aparece unas horas después de que se difundiera la carta abierta de Batasuna a Rodríguez Zapatero que tantas expectativas ha levantado y que ha traído el recuerdo de tiempos ya pasados: que si algo se mueve, que si hay manos tendidas, contactos, treguas... Todo ello, menos de una semana después de que estallaran las últimas cuatro bombas de ETA. Se trata de una película que se ha repetido demasiadas veces en los cines vascos, pero todavía hay quien cree que estamos de estreno.

La agobiante presión del terrorismo en la sociedad vasca ha sido tal, que no poca gente está dispuesta a considerar un gesto de magnanimidad el hecho de que le perdonen la vida a uno, pero el sentimiento de euforia no debería hacer olvidar que el mundo del terrorismo etarra sólo se ha movido cuando el Estado de Derecho le ha puesto contra las cuerdas con la ley en la mano y no cuando le ha ofrecido incentivos políticos o de otro tipo.

El desestimiento de ETA y de los etarras no se conseguirá generando algún tipo de expectativas, sino por la vía contraria: haciéndole saber con claridad que nunca logrará nada. Y si alguien tiene dudas al respecto, convendría que volviera a leer la carta escrita el pasado mes de agosto por Francisco Múgica Garmendia, 'Pakito', y otros cinco miembros de ETA.

Añagaza terrorista
Editorial El Correo 17 Enero 2005

El comunicado hecho público por ETA tan sólo horas después de que Batasuna diera a conocer su carta pública dirigida al presidente Rodríguez Zapatero no representa más que un gesto para lograr el protagonismo político que la legalidad democrática niega a la izquierda abertzale y poder mantener así la cohesión de sus bases activistas. El contenido de ambos escritos no ofrece indicio alguno de que el terrorismo etarra esté dispuesto a corresponder a la exigencia que una y otra vez le han planteado la ciudadanía y las instituciones representativas, y que en los últimos días han reiterado tanto el presidente de Gobierno como Mariano Rajoy: el cese definitivo de toda actividad terrorista. Los abertzales violentos continúan planteando la añagaza de que su recurso a las armas quedaría superado mediante la apertura de un proceso de diálogo. Con ello no sólo quieren condicionar la eventual desaparición del terrorismo al logro previo de los objetivos que éste persigue. Sobre todo quieren asegurarse de que el final de ETA no suponga un juicio histórico condenatorio respecto a la conducta de centenares de extremistas que durante cuatro décadas han pretendido imponer su concepción sectaria y totalitaria del porvenir de los vascos mediante la eliminación física de seres humanos considerados como obstáculo para sus pretensiones.

A la sombra del Plan Ibarretxe, tanto ETA como su brazo político pretenden certificar la defunción del marco autonómico añadiendo además que el fracaso de lo que ha significado el Estatuto de Gernika representa la victoria política de la izquierda abertzale tras un cuarto de siglo de acoso a las instituciones y de trágica violación de los derechos fundamentales, empezando por el de la vida. Pero lo peor es que quienes han coincidido con Batasuna en proclamar la superación del Estatuto -precisamente los nacionalistas que gobiernan gracias a éste- no pueden negar que la izquierda abertzale ha logrado lo que quería, aunque la gestión de su logro esté en manos del PNV y del lehendakari Ibarretxe. Ésta es la vertiente más deplorable de la deriva soberanista.

Los pronunciamientos de ETA y de Batasuna persiguen también que la opinión publicada y la opinión pública acaben enredándose en la especulación sobre un eventual alto el fuego por parte del terrorismo abertzale. De esa manera intentan que los representantes políticos más incautos se conviertan en intérpretes benevolentes de los propósitos terroristas. Así ocurrió ayer mismo con las declaraciones de dirigentes como Durán i Lleida o Garaikoetxea, y sobre todo con las palabras de injustificable oportunismo del consejero Madrazo que llegó a proponer nada menos que «un proceso de cocina entre ETA y el Gobierno». Adelantarse a los acontecimientos constituye una tentación siempre presente en el ejercicio de la política. Pero quien se adelanta a la decisión de una banda asesina anunciando su pronta tregua o avalando sin prueba alguna su voluntad de abandonar las armas no sólo incurre en un comportamiento irresponsable sino que contribuye objetivamente al sostenimiento de su bárbara amenaza.

Constitución Europea y separatismo
Fernando DE SALAS LÓPEZ La Razón 17 Enero 2005

Existen en la Europa democrática actual organizaciones que, con métodos violentos terroristas o pacíficos, desean lograr escisiones políticas en sus estados para conseguir divisiones territoriales, a corto o largo plazo, superando sucesivas etapas. Empiezan con un Estatuto de Autonomía, después discuten con el Estado al que pertenecen y, por último, desean independizarse de él. Son distintas formas para conseguir el mismo objetivo final: alcanzar la independencia, ingresar en Naciones Unidas y en la Unión Europea para gozar de las ventajas del Mercado Común Europeo.

Los gobiernos de los estados-nación en que afloran estos movimientos independentistas: escoceses, irlandeses, españoles, corsos, bretones, etc, cuentan en sus constituciones con mecanismos para impedir tanto la ruptura directa, como la sutil de un «Estado Regional asociado a un Estado miembro», como el Plan Ibarreche, que sólo exigiría el reconocimiento de regiones-nación.

La tendencia del momento geopolítico actual apunta sin duda hacia los grandes estados, en un mundo globalizado que internet ha empequeñecido y acercado, ¡pero no es la hora de las escisiones en los estados europeos, sino de su integración política! Para frenar los avances separatistas y su «efecto dominó» y aun en el hipotético caso de que algún movimiento independentista lograra crear un nuevo Estado, la solución nos la dará Europa. Que si bien respeta los diferentes sistemas políticos vigentes en sus 25 miembros, no es partidaria de escisiones, ni de que los estados actuales «cambien de forma» como ratificó la portavoz de la Comisión, Françoise Le Bail (LA RAZÓN, 14-01-05. Pág.16).

Con la finalidad de «disuadir» a ciudadanos europeos independentistas –a sus contumaces políticos no es posible hacerles renunciar– que desean actualmente formar parte de un nuevo Estado segregado del actual del que forman parte, podría ser conveniente que los gobiernos afectados, acogiéndose al Artículo IV-443 y siguientes sobre Revisión de Tratado de la Constitución, propusieran una vez vigente la Constitución, la modificación de los siguientes artículos de la misma I-1, I-2, I-5, I-6 y I-58, en los que al referirse a los estados europeos, se añadiera la palabra actuales.

El importante Art. I-58 «Requisitos de pertenencia y procedimiento de la adhesión a la Unión» quedaría redactado así: «1. La Unión está abierta a todos los actuales estados que respeten los valores mencionados en el artículo I-2 y se comprometan a promoverlos en común. 2. Todo Estado europeo actual que desee ser miembro de la Unión dirigirá su solicitud al Consejo. Se informará de esta solicitud al parlamento Europeo y a los Parlamentos nacionales. El Consejo se pronunciará por unanimidad, previa consulta a la Comisión y previa aprobación del Parlamento Europeo, que se pronunciará por mayoría de los miembros que lo componen. Las condiciones y el procedimiento de admisión se establecerán por acuerdo entre los estados miembros y el Estado candidato. Este acuerdo deberá ser sometido a ratificación por todos los estados contratantes, de conformidad con sus respectivas normas constitucionales».

Esta Propuesta la formulamos a la Comisión Europea en noviembre de 2003. De esta forma, el futuro Estado candidato nacido de la escisión de un Estado actualmente existente, además de tener que superar la barrera de la unanimidad de los 25 miembros, encontraría el obstáculo excluyente de ser un Estado aparecido en la vida internacional después de haber entrado en vigor la Constitución en 2006, y por tanto, no poder acogerse a los requisitos del Art. I-58, sino a otros más excluyentes para tener la seguridad de no convertir Europa en un «puzzle de estados».

Una de las regiones o comunidades más independentistas de Europa ha sido Escocia. Al publicar la Convención el Proyecto de Tratado de Constitución Europea en 2003, se dirigió a la Conferencia Intergubernamental y a la Comisión Europea, preguntando si Escocia podría ingresar en la Unión Europea una vez que se hubiera segregado del Reino Unido. La contestación fue un «no» rotundo. Escocia no sería miembro de la Unión Europea, pues su segregación no habría sido de Gran Bretaña, sino de la Unión Europea. Lógicamente, al no poder pertenecer al Mercado Común Europeo, las posibilidades de sobrevivir en Europa serían escasas en el futuro. ¡Esto deben meditarlo todos los independentistas!

Constitución Europea
Para inteligencia de los ignorantes
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 17 Enero 2005

Tendrán los lectores a estas horas en sus manos la pieza iniciática que tan graciosamente ha distribuido la prensa, revestida de azul y con su círculo de estrellitas amarillas. Curiosos como son, le habrán echado por fin un vistazo al tratado de marras para que no les pase como a Los del Río, que tienen que votar que sí por no haberlo leído. Otros más avispados se ahorrarán el esfuerzo y encima acertarán, diciendo que nones, sólo con ver la lista de padrinos españoles que está avalando el timo en las pantallas. Con tanta asepsia.

Jerigonza de juristas, retórica hueca, bucles, laberintos de leguleyos franceses, musitarán los más mientras buscan un paracetamol. Nadie que escriba así puede haberse ganado la vida fuera del erario. Bueno, están los diamantes africanos, las dádivas caníbales. Yo me las vi en su día con un sinfín de códigos, leyes, sentencias y doctrina, y aunque no puedo decir que la experiencia fuera muy amena, cuando uno se sumerge acaba teniendo su gracia. Poca, eso sí. Pero es que esto... Esto, señores, este "Tratado por el que (mentira) se (mentira) establece (mentira) una Constitución (mentira) para Europa (mentira)”, simplemente no está redactado para ser comprendido ni para servir a fin que no sea oscuro.

No sé qué extraño mecanismo habrá disparado la asociación de ideas empujándome a rebuscar en un volumen dormido sobre un anaquel. Sí, aquí está: “Todavía no se había descubierto el templo. No era aún la hora de la tenida, y los Hijos de la Viuda, descansando de las fatigas (...) esperaban que la luz astral de la noche marcase la hora propia para los trabajos del Arte-Real. Los Maestros Sublimes Perfectos, los Valientes Príncipes del Líbano o de Jerusalén, los caballeros Kadossch, los que antaño se llamaban Gerográmatas, los Hierorices, los Epivames, los Dadouques, los Rosa-Cruz de hogaño, los hermanos todos, desde el Terrible hasta el Sirviente, los aprendices, compañeros y maestros, estaban ocupados en el ágape doméstico, o bien conversando con sus mopsses, jugando con sus lobatones, o matando el tiempo en las reuniones profanas, lejos de la verdadera luz (...) En una palabra (y hablando con claridad para inteligencia de los ignorantes), la sesión de la logia no había empezado todavía.” (El Grande Oriente, Episodios Nacionales, Benito Pérez Galdós, 1876)

Cambio de escenario
Fernando González Urbaneja Estrella Digital 17 Enero 2005

Podía haber sido una semana horrible, pero se convierte en esperanzadora. Los señores del PNV, Ibarretxe y Atutxa, vinieron a Madrid con exigencias y se fueron como vinieron, con sus papeles y sus falacias. Insisten en la mano tendida para abrir puertas, pero sus ideas son de acero, secundadas y alentadas por los del plomo y el amonal. Tantos cuantos pronosticaron que el socialista Zapatero se arrugaría ante el coriáceo lehendakari de las cejas altas no acertaron. Y cuantos pretendían que Rajoy no aflojara un milímetro en la frontal oposición a los socialistas (¡váyase, señor Zapatero!) tampoco gozan de audiencia.

Dos citas en la Moncloa, ajustadas al calendario y ritmo marcado por el inquilino de la casa, han modificado el panorama político para el nuevo curso. De año incierto con debilidad política manifiesta para el Gobierno pasamos ahora a otro escenario mucho más abierto. Este débil Gobierno pacta a diestra y siniestra, sin desgaste insoportable. A sus pactos con minoritarios de la izquierda para gobernar el día a día une ahora acuerdos con la alternativa, con el PP, para dejar claro el perímetro constitucional que no se puede superar.

El pacto antiterrorista entre PP y PSOE, suscrito durante el periodo aznarí, por iniciativa de Zapatero, a la que el Gobierno de la época fue arrastrando los pies, puede sumarse ahora otro acuerdo semejante más político y de más alcance: un pacto constitucional que despeje cualquier hipótesis de una segunda transición hacia inciertas fórmulas de organización política. Zapatero y Rajoy han sentado las bases y puesto la primera piedra. ¿Van a permitir los aznaristas y los maragallistas seguir poniendo cimientos hasta completar el edificio? Éste es tiempo para la alta política, después de varios años de baja política que confundía las voces con la firmeza. Roosevelt, el primero, el llamado Teodoro, recomendaba hablar bajo pero ir con una estaca a mano. Al margen de lo belicoso (que el personaje lo era), la propuesta de hablar menos y hacer más merece la pena.

El camino iniciado por Zapatero esta semana estará plagado de tropezones pero merece exploración y pasos firmes. En el enfrentamiento con el terrorismo y con el nacionalismo excluyente se han ensayado casi todos los caminos, desde la tolerancia a la persecución, y nada ha sido suficiente. Desde las amnistías de Suárez a la LOAPA de Calvo Sotelo; de las coaliciones de González y Aznar a la penalización de la convocatoria de referenda. Ahora Zapatero se mete por una incierta senda intermedia que tiene a los nacionalistas en cierto sin vivir, ¿está a favor o en contra?

Y al fondo ETA, que desde su evidente debilidad no quiere perder posición. Intenta abrazarse al PNV y desbordarle; pretenden que lo del referéndum es cosa suya, que lo mollar de la propuesta Ibarretxe, lo que lleva implícito, es la estrategia de los etarras y que sobre esas bases ellos están dispuestos a apuntarse a la mesa; más aún, quieren una mesa para ellos solos. Cuando Ibarretxe aceptó los votos batasunos que ponían en marcha su plan inició un proceso que se le va de las manos. La parábola de las nueces, eso de que unos varean el árbol y otros cogen las nueces ya no está claro en cuanto a los protagonistas.

El escenario político ha entrado en una nueva dimensión, aquí no hay más riesgo de balcanización (el editorial del displicente Journal era una tontuna de neoyorquino pretencioso) del que siempre existió; quizá haya menos, ya que cuando los nacionalistas irredentos destapan sus cartas puede que se note que van de farol o con jugada muy modestita. FG.urbaneja@terra.es

Violencia de persecución
IÑAKI EZKERRA El Correo 17 Enero 2005

La expresión salió de Gesto por la Paz y enseguida la hizo suya Elkarri, lo cual no es una garantía de precisión semántica ni de nada. Luego, con el correr de los días y con ese síndrome de inmunodeficiencia léxica que padece tradicionalmente la peña no nacionalista, acabaría siendo usada en el País Vasco por locutores de radio, presentadores de tele, sociólogos de la 'uni' y no digamos ya políticos, que de tanto estrechar manos se lo contagian todo y luego nos lo intentan contagiar al resto de los ciudadanos. Fue de esta pacífica manera cómo la 'violencia de persecución' se impuso en la jerga del 'monotema vasco' y llegó un momento en el que parecía que semejante acuñación se había utilizado toda la vida incluso entre el mismo personal constitucionalista, es decir entre las primeras víctimas de esa mala retórica sociopolítica con la que en Euskadi algunos siempre tratan de desdramatizar la tragedia ajena a la vez que dramatizan la comedia propia pues -por si ustedes no se han dado cuenta- 'violencia de persecución' es un eufemismo que busca de un modo nada inocente lo que todo eufemismo: no llamar a las cosas desagradables por su nombre y disimular la gravedad de los hechos sirviéndose de la levedad de las palabras.

Por la definición que dieron en su día los creadores de este filibustero e infundado inventillo verbal-conceptual, 'violencia de persecución' sería la que no acaba en el asesinato, la lesión o la mutilación del que la padece. La perversión del pacifista metido a lingüista reside en haber creado esa locución con la pretensión de que se use como si el alcance limitado y el efecto inocuo o venial de la acción persecutoria dependiera de la magnánima voluntad del perseguidor y no más bien de su torpeza, de la fortuna accidental y en último caso de la pericia del perseguido para que dicha acción se quede en persecución meramente y la sangre (su sangre o sea) no llegue al río.

Llamar 'violencia de persecución' al terrorismo callejero no es buscar la precisión científica ni el bien de la víctima sino la exculpación del verdugo que lo será tanto si acierta como si yerra con su 'modesta herramienta de trabajo'. El fallo de base de la 'violencia de persecución' es que no se puede definir a priori sino a posteriori por los efectos escasos -y por lo tanto frustrados- que desata su autor. Si lo que se pretende es hacer ciencia con la 'kale borroka' habrá que preguntarse para qué persigue el que persigue, no definirlo y juzgarlo por lo que consigue. ¿Era sólo 'violencia de persecución' la que quemó el cuerpo de un ertzaina o mató a los paisanos de una 'casa del pueblo'? ¿Lo habría sido porque estos hubiesen logrado esquivar el 'cóctel molotov'?

¿Hablamos de firmeza?
Luisa PALMA La Razón 17 Enero 2005

Es una suerte que ZP haya comprendido, por fin, que su meliflua actitud frente a quienes se han propuesto destruir la Constitución, la nación y el modelo de Estado que tenemos le estaba dando alas y munición a Ibarretxe y su dictatorial plan-engaño que no apoyan más que el PNV, los terroristas, ERC y algún desnortado del PSE, es decir, la ínfima minoría, y con el único fin de cargarse España. Yo no sé si la «firmeza» que ahora pretende ejercer ZP tras recibir al lendakari en La Moncloa va a subsanar los errores cometidos por su parte desde que se aprobó el ataque en el Parlamento vasco, pero sí sé que en el PSOE y en el propio Gobierno hay dirigentes muy preocupados por la envergadura que se ha dejado tomar al asunto y que incluso creen que el debate en el Congreso pueda ser otro error. Y es que es difícil concebir algo así en cualquier otra democracia. Pero una vez constatado lo alucinante, lo único que cabe es actuar, por una vez, con sensatez. PSOE y PP se han de entender para frenar a los dictadores y a los fascistas, que no otra cosa son quienes proponen estas cosas, tanto en Euskadi como en Cataluña. Debería haber sido iniciativa del Gobierno sin esperar a que el PP lo ofertara una y otra vez en vano. Eso hubiese sido oponerse con firmeza. El problema es que, ciegos como están los socialistas en su afán de eliminar al PP, olvidan que lo que pueden cargarse de verdad es nuestro país, incluidos ellos mismos. Así que, ¿de qué «firmeza» estamos hablando?

Un paso adelante
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 17 Enero 2005

El entendimiento entre Rajoy y Zapatero, para abordar los problemas de la reforma constitucional y de los estatutos de autonomía, alumbra la esperanza de parar la irresponsable marcha abierta por el Plan Ibarreche. Es sabido que, en política, la necesidad mutua, aunque sea temporal, obliga a buscar consensos. El comienzo de un acuerdo entre el PSOE y el PP es un paso adelante. Pero es sólo el comienzo. Cualquier ligereza, imprevisión o filibusterismo electoral puede llevarnos a dar dos pasos atrás y a que la cosa acabe como el rosario de la aurora. Es muy lamentable que persista nuestra tendencia a mirar hacia atrás, en vez de proyectarnos imaginativamente hacia el futuro. Tanto si la reminiscencia del pasado se hace para denigrar el franquismo o exaltar la República, la insistencia empieza a ser no sólo estéril, sino extravagante. Las dos experiencias, franquismo y República, fueron un desastre para los españoles, que deberían cerrar con doble candado todo intento de escapada hacia esos páramos.

Lo peor que podría ocurrirnos sería la imagen repetida de Carod-Rovira o Ibarreche proclamando unilateralmente el Estado de Euskadi o de Cataluña desde el balcón de referencia. Es preciso que el sistema democrático aplique las normas que se han dado libremente los españoles y que se imponga la voluntad del ochenta por ciento de los votos que han recibido los partidos mayoritarios.

El aventurerismo ilegal de los visionarios de la tribu sólo puede acabar en fracaso. Pero por el camino puede haber más de una catástrofe y choques violentos, debidos a un mal uso de los tiempos políticos. Y es conveniente que la sociedad española, y no sólo los partidos, se movilice para fortalecer y dar estabilidad a la paz democrática, única garantía de los derechos humanos y las libertades cívicas. Nada puede suplir su obligación de vigilancia, control e iniciativa, alegando esa banalidad miope, y a larga suicida, de que la política es algo que debe dejarse al cuidado de los políticos. Pues no. Lo mismo que Clemenceau dijo que la guerra es algo demasiado serio para dejársela sólo a los militares, la política incumbe a todos los ciudadanos, como se sabía ya en la Grecia clásica.

Una de las características del régimen ateniense era la rotación obligatoria para los cargos públicos, que se decidían por sorteo. En los días del gran Pericles, éste le comunicó al trágico Sóflocles que le había tocado el turno de un puesto directivo. Sóflocles quiso escabullirse, argumentando que estaba ocupado en una nueva obra de teatro y que, además, la política no era asunto suyo. Pericles le replicó que no había escapatoria y que nada puede ser asunto de un hombre que dice que la política no es asunto suyo. Después de un cuarto de siglo de vigencia de nuestro sistema constitucional, es razonable reformarlo y adaptarlo en lo que se juzgue necesario, sin incurrir en lo que Carl Schmitt llamó «destrucción» de la Constitución. Pero todos los españoles debemos participar y preocuparnos por ello. Es el mejor modo de evitar que se den dos pasos atrás.

Pacto PP-PSOE
El error Rajoy
Agapito Maestre Libertad Digital 17 Enero 2005

Humo, nada, queda ya de la entrevista entre Zapatero y Rajoy. Dos días después del encuentro entre estos dos hombres, casi nadie habla del “extraño compromiso” que alcanzaron, menos todavía de las ridículas comisiones que imaginaron para estudiar no se sabe muy bien qué asunto. Acaso los plazos para terminar con la estructura estatal de la nación española y, de paso, de España. Seguramente. La prueba de que ese “compromiso” sólo será una nota a pie de página para justificar el fin de la nación española está en la prensa del domingo: excepto unas pocas referencias a la iniciativa de Rajoy, la carta de Otegui, el representante político de los terroristas, y la presencia de ETA en la vida política lo ocupaba todo. Y me temo que lo seguirá ocupando en los próximos meses. ETA estaba muerta, pero ha sido resucitada por la coalición de socialistas y nacionalistas. La resurrección ideológica de ETA es la pieza maestra para dividir España. Carod-Rovira, Maragall y Zapatero han conseguido levantar a ETA para llevar a cabo su proyecto secesionista en colaboración con el PNV y CiU.

Y, sin embargo, el cándido Rajoy le ofrece a Zapatero su colaboración para que España no desaparezca. ¡Pobre iluso! Ha renunciado a su proyecto nacional desde el punto y hora que acepta la agenda política de socialistas y nacionalistas, especialmente la reforma de los Estatutos y la Constitución. ¡Inevitable! ¿Quién sabe? Pero lo más grave es que Rajoy ha dado a ZP vida, tiempo y energías para que este recomponga su figura cuando estaba puesta en cuestión por el mundo entero y, especialmente, por la mayoría de la nación española. Rajoy, inconscientemente, o peor, con falta de coraje moral, se ha sumado al coro de plañideras que frente al grito “mundial” de la balcanización de España responde con un canto cínico sobre la “necesidad de desdramatizar y no crispar la situación”. La nación española y la opinión pública mundial habían sintetizado todas las críticas a las acciones de Zapatero con una palabra: balcanización. Algo, dicho sea de paso, que Jiménez Losantos, en España, hace ya muchos años, había previsto con grandeza intelectual y sufrimiento personal.

La balcanización de España es ya un hecho, pero a algunos aún les cuesta comprender lo obvio. Sobre todo, les cuesta reconocer que el “nihilismo” pasota del Presidente de la nación española es sólo una táctica que oculta su verdadera estrategia: la destrucción de España. Por supuesto que no exagero. Estamos, dicho muy sencillamente, ante un acontecimiento político de extraordinaria envergadura, que requiere interpretación política. Algo, por suerte, que no está al alcance ni de los imbéciles que se dedican a la agitación y la propaganda de las creencias de ZP, despreciando a unos supuestos enemigos apocalípticos, ni de los turiferarios de Rajoy, pobres integradillos en la retórica de la insignificante progresía, que confunden su cobardía con las buenas intenciones. Ni propagandistas ni integrados se han enterado todavía de que la prensa mundial no se preocupa de España por un prurito intelectual, sino porque sabe que aquí se están jugando cuestiones dramáticas para toda Europa.

¿Cuánto tiempo tardará en percatarse Rajoy de que su buena voluntad, y sus mejores intenciones, pueden dar lugar el mayor fiasco de la historia de España? ¿Cuánto tiempo tardará Rajoy en enterarse de que su entrega a Zapatero es el comienzo de un trágala que tiene una trágica consigna: “Paz por territorios”? ¿Cuánto tiempo necesitará Rajoy para enterarse de que Piqué no es solución sino la ocultación de una tragedia?

Vascos locos
Matías ANTOLÍN La Razón 17 Enero 2005

Está mi cabeza llena de virutas de ese sainete de serrín titulado «Plan Ibarreche» y que algunos han convertido en drama. La perra que parió a ETA aún sigue en celo. Existe una total coincidencia entre PNV, EA, los batasunos, los «batasotros» y ETA, excepto en mancharse las manos de sangre. No pertenezco a ninguna «Brunete mediática» y aunque alguien dijo que la única forma de apaciguar a un tigre es dejarte como por él, no me dejaré devorar por el tigre de papel etarra («Gara» periódico que habla, tras la visita del lendakari a La Moncloa, de «desprecio expreso a la sociedad vasca... Los españoles temen que los vascos puedan expresarse en libertad»).

Hace ya tiempo que no llueven sueños entre los vascos. Sale de la niebla el mentiroso y cínico de Ibarreche, un iluminado sin luces, un loco. Ha permitido que ponga ETA sus huellas dactilares en el documento separatista y casposo. Se ha legitimado en el Parlamento vasco el terrorismo de ETA, han destruido el marco de convivencia entre los vascos que representaba el Estatuto de Guernica.

Todo este plan es una estrategia para ganar las autonómicas por mayoría absoluta. ¿Qué hará ETA entonces? Creo que el PNV será uno de sus objetivos criminales. No van a permitir nunca que los nacionalistas alcancen sus objetivos sin la ayuda de la lucha armada, que es su razón de ser. No me importa para qué asesina alguien si asesina.

Aunque sea especialista en estos pájaros no quiere decir que sepa volar sobre el nido de los vascos locos. Mientras devano la memoria, retumba en este folio el ruido de las bolas golpeando en la pared de piedra. Sigo desfogándome en el frontón de «La pelota vasca». Una amplia mayoría de vascos se inclina por soluciones políticas pragmáticas y flexibles, tan alejadas del nacionalismo radical como del inmovilismo. Algunos vascos padecen la enfermedad de la intolerancia y el fanatismo. No podemos resignarnos, tampoco incubar odio. Hemos de pasar de un pesimismo inmóvil a un optimismo activo. Dementes oligofrénicos han convertido el nacionalismo vasco en Euskadifrenia, una enfermedad mental. ETA es basura reciclable, ahora está haciendo valer su poder fáctico sin necesidad de matar. Matías ANTOLÍN

El plan
Cecilia GARCÍA La Razón 17 Enero 2005

Se me escapó. El otro día pronuncié la palabra maldita, «plan». Eran cosas mías, concretamente un plan de pensiones, pero mi índice de popularidad bajó muchos enteros. Son las consecuencias epidérmicas de la ocurrencia de Ibarreche: ha convertido un sustantivo, soso pero muy socorrido, en el vocablo más odiado de la lengua castellana, tan manoseado por tantos que se ha convertido en un término deforme, de contenido incierto pero, en cualquier caso, sospechoso.

Lo cierto es que el lendakari ha conseguido «ponernos a plan» a todos para que el modelo de Estado tenga una figura aparente y, sobre todo, consistente. Puro músculo. Ya se sabe que la dieta del nacionalismo, de tan estricta y pobre, debilita energías y voluntades. Justo el peor de los regímenes posibles que necesitaba Zapatero, tan desgarbado él, para darse de bruces contra el suelo. Pero el presidente del Gobierno no está por la labor de tragarse las píldoras de Ibarreche y Otegui, consciente de sus efectos secundarios. Bastante tiene con la receta catalanista que nutre su Gobierno. Sin embargo, el maremágnum de «planes», ayunos y demás vigilias le han aligerado el sentido común y ha buscado el mejor de los reconstituyentes posibles: Rajoy y sus diez millones de votos. En pequeñas dosis, eso sí, que los dos, a pesar de que no son capaces de vivir el uno sin el otro, tienen que contentar a sus respectivas clientelas. Dicho de otra forma: se seguirán poniendo de vuelta perejil pero sin violentar las costuras del Estado.

¿Y la gente de la calle? Enredada en sus asuntos, hasta las narices de que el Plan de Ibarreche tenga tan entretenidos a todos los políticos que apenas reparen en otros problemas, más cotidianos y menos vistosos, que identifican como la amenaza más directa para su salud física y mental. Como me dijo una amiga de San Sebastián: «¿Es que este hombre todavía no se ha enterado de que la única independencia que queremos la mayoría de los vascos es llegar a fin de mes sin rendir cuenta a los bancos?» ¿O quedar con un amigo en un bar, después de haber permanecido en ese exilio interior que era su casa, secuestrado a cuenta de la ira de los violentos? Pues va a ser que no.

La trampa de la carta
Editorial El Mundo  17 Enero 2005

La banda terrorista ETA hizo ayer público mediante un comunicado su apoyo al plan Ibarretxe y a la propuesta de negociación que Batasuna hizo al Gobierno de Zapatero en Anoeta el pasado mes de noviembre.

En otras palabras, ETA ha decidido confirmar la existencia de su estrategia concertada con su brazo político ilegalizado. Arnaldo Otegi se ha convertido en un fiel ejecutor de los pasos que le dicta Josu Ternera y éste, a posteriori, en el necesario convalidador. Atrás quedan las desautorizaciones y los tanteos. Ambos trabajan, con visible cálculo, en una vía que les permita rentabilizar el melón que el lehendakari se prestó a abrir.

Inmediatamente, la carta de ETA provocó la única reacción por parte de la mayoría de los grupos políticos y del Gobierno que cabía esperar, y es reclamar que sólo hay un comunicado que se pretende de los terroristas: el que anuncie el fin de la violencia y el abandono de las armas. Sin embargo, quien con más acierto definió el mensaje etarra fue el ministro de Defensa, José Bono, al advertir de que «no es una carta bomba, pero sí puede ser una carta trampa». Las reminiscencias de la tregua trampa de 1998 resultan tan inevitables como oportunas.

Porque en realidad, tras aquella experiencia, nada de lo que ETA pueda anunciar en un comunicado es creíble, ni siquiera el cese de la violencia, mientras sus palabras no vengan acompañadas por acciones concretas. Por hechos que tendrían que culminar, con una lógica irrefutable, en la desaparición final de la banda armada.

Nada hay en el comunicado de ayer que justifique considerarlo, como hizo ERC, una «contribución al fin de la violencia». De la misma manera, sigue sin haber motivo alguno para iniciar esa «dinámica de cocina interna», donde el coordinador de IU en el País Vasco pretende que el Gobierno español guise un acuerdo negociado con los terroristas.

A la luz de estas reacciones, resulta especialmente tranquilizador, esperanzador incluso, que las ofertas de Batasuna o, lo que es lo mismo, las de ETA, se reciban ahora en un contexto de acuerdo y mutuo apoyo entre Zapatero y Rajoy.

La iniciativa y el riesgo de Rajoy
Pablo Sebastián Estrella Digital 17 Enero 2005

El líder del PP, Mariano Rajoy, ha ofrecido la mano a José Luis Rodríguez Zapatero y el presidente del Gobierno se ha agarrado a ella consciente de su deterioro político y electoral, por causa de la imagen de entreguismo y debilidad que transmitía al conjunto de los ciudadanos, aumentada tras el fallido encuentro con el lehendakari Ibarretxe y los continuos desplantes y públicos chantajes de sus socios de la Esquerra Republicana.

A su vez, el pacto constitucional o de lealtad constitucional improvisado —y decimos bien a falta de un documento conjunto— en Moncloa entre Zapatero y Rajoy ha elevado la talla política del jefe de la oposición como promotor de una iniciativa de claro interés nacional, pero también lo ha sumergido en un tobogán de imprevisibles riesgos, porque por ahora renuncia al electoralismo de su posición crítica del Gobierno en defensa de la unidad de España, y corre el peligro de verse “cazado” en un pacto “no constitucional” de Zapatero con Pasqual Maragall, sin que el PP pueda ejercer el derecho de veto que prácticamente le prometió Zapatero en la Moncloa para la reforma de los estatutos de autonomía, bajo la fórmula de que debe ser “absolutamente conveniente” el acuerdo del PP en la reforma del marco estatutario.

Ambos políticos, ante la gravedad de la situación, han hecho de la necesidad virtud y han abierto un diálogo y un reconocimiento mutuo que no existía desde el inicio de la legislatura. Entre otras cosas por la incidencia del 11M en el resultado de las elecciones y por las tensiones surgidas en el seno de la Comisión del 11M, donde se ha vuelto a enfrentar el PSOE con el PP de Aznar.

Un aznarismo del que Rajoy se despega lentamente —con este pacto con Zapatero de manera
especial—, que no cesa de acusar a Rajoy de ejercer una oposición roma y poco agresiva, y que piensa que el nuevo líder del PP le ha dado un balón de oxígeno a Zapatero, en vez de darle la puntilla, cazándole en la trampa de Ibarretxe y de Carod, y jaleando la bronca de “las dos Españas” o de la unidad de España, para así buscar unas elecciones anticipadas y recuperar el poder.

La vieja guardia de Aznar —Mayor y Acebes entre otros— están por la bronca y creen que Rajoy entregó un cheque en blanco a Zapatero. Pero ninguno de ellos está hoy en condiciones de afirmar que la estrategia de la ruptura le iba a entregar al PP la mayoría parlamentaria suficiente o absoluta, porque de otra manera ¿quién iba a pactar con ellos en esa tesitura?, para volver al poder. Y en el caso extremo de que así fuera, ¿qué España les iba a tocar gobernar al PP?

Rajoy ha hecho bien y ha ganado autoridad en su partido, prestigio en España y a la vez se ha merecido el respeto del jefe del Gobierno. Y puede que también su apoyo político para acabar sin más estridencias la Comisión del 11M y otras batallas de menor cuantía, como el caso del inefable Trillo y los restos del naufragio de Aznar.

Pero Rajoy debe cuidar que Zapatero cumpla la palabra dada, y que ambos avancen con eficacia y rapidez en el rechazo político del Plan Ibarretxe. Por ejemplo mediante un debate urgente del Pleno del Congreso —el rechazo del Plan en la Mesa de Portavoces de la Cámara no tiene el alcance constitucional previsto—, una vez que el PSOE se ha resistido al recurso de inconstitucionalidad, temeroso de tener que aplicar esa misma medicina al esperado Plan Maragall, o nuevo Estatuto catalán.

Para Zapatero, el pacto con Rajoy tiene sus ventajas porque lo saca de la pérdida de votos en caída libre y de su imagen de debilidad, y también porque, aunque ahora no acepta la oferta de Rajoy de estabilidad parlamentaria, sus socios nacionalistas han visto el riesgo de un verdadero “frente nacional” o pacto parlamentario en el caso de que desde Barcelona llegue a Madrid un Estatuto similar al de Vitoria. A su vez, si todo fuera bien en las reformas constitucionales en curso, un reto todavía muy lejos de vislumbrar, Zapatero sería el gran triunfador pero Rajoy estaría a su lado por haber facilitado la solución final a este periodo constituyente, todavía lleno de dificultad.

El PP de Rajoy modera su posición ante la crisis del Estado, y así se debe valorar y apreciar. Pero no baja la guardia ante los riesgos de nuevos disparates y rupturas. Así se vislumbra ante la última oferta de negociación de ETA, una propuesta que la vieja guardia aznarista se ha apresurado calificar de trampa para el Gobierno, interpretando las palabras de Zapatero, sobre el fin de los tiros y las bombas, como un gesto confuso y de presunta receptividad.

Las falacias de Mohamed VI acentúan las sospechas sobre el 11-M
Editorial El Mundo 17 Enero 2005

Aunque el viaje oficial que hoy inicia nuestro monarca a Marruecos aconseja mantener una cierta cortesía hacia su anfitrión, resulta imposible pasar por alto las inadmisibles declaraciones realizadas por Mohamed VI al diario El País.

En relación a la crisis de Perejil, el rey marroquí justifica la ocupación del islote con el argumento de que sus soldados se instalaron allí para luchar contra la inmigración ilegal. Dice que su país se sintió «abofeteado» e «insultado» por el despliegue militar español y tacha a Aznar de haber actuado de una manera «franquista».

La argumentación es inverosímil porque no hay nadie que cruce el estrecho desde este islote, muy alejado de las costas españolas y sin valor estratégico alguno. Fue el propio monarca marroquí quien provocó la crisis al no prever la reacción del Gobierno de Aznar ante un hecho consumado.

Llama «franquista» a Aznar por plantarle cara y elogia a Felipe González, a quien acaba de recibir acompañado del magnate Carlos Slim en una prueba más de como política y negocios pasan a la vez por sus palacios.

Mohamed VI lamenta que los atentados de Madrid fueran cometidos por ciudadanos marroquíes, pero afirma que tenían papeles y «estaban perfectamente asentados e integrados» en la sociedad española.

Lo que sugiere el monarca es que los terroristas habían sido corrompidos por esa integración en nuestro sistema de valores cuando la realidad es la contraria: eran fanáticos que actuaban en nombre de su religión islámica.

El monarca soslaya en sus declaraciones los numerosos elementos que, además de la nacionalidad de sus autores, relacionan a Marruecos con los atentados. El primero, que el Gobierno de Rabat puso en libertad tras una corta detención a Mohamed Haddad, al que testigos presenciales reconocieron como uno de los miembros del comando que colocó las bombas en los trenes. Haddad -como hoy se cuenta en las páginas de nuestro periódico- vive en Tetuán y se pasea libremente por la calle.

El segundo de los hechos que soslaya Mohamed VI es que los integrantes del comando hicieron varias llamadas a teléfonos con tarjetas de prepago a Marruecos antes de suicidarse, de suerte que los servicios secretos españoles creen que recibieron la orden de quitarse la vida en una de esas comunicaciones, que, por cierto, fueron escuchadas por agentes marroquíes.

Un tercer elemento es que Trashorras le dijo a Lavandera que pensaba desplazarse junto a Toro a Marruecos para «dirigir la cosa desde allí». Otro cuarto factor que apunta hacia el régimen de Rabat son las conexiones de los miembros del comando de Leganés con los autores del atentado de Casablanca.

Y, en quinto lugar, la relación de un imam marroquí, apodado Cartagena, con algunos integrantes del comando. Este imam era también confidente de los servicios secretos de su país y entregó a la Policía española los números de teléfono de El Egipcio y El Tunecino.

Mohamed VI afirma en la entrevista que Marruecos no es un Estado laico y que nunca lo será, ya que él es el jefe de Estado y el líder religioso de sus súbditos. Sus palabras evidencian su profunda resistencia a transformar Marruecos en una verdadera democracia, que jamás podrá llegar si existe esa tutela autoritaria y religiosa.

Que el monarca actúa mucho más como un autócrata que como un soberano constitucional queda meridianamente claro cuando afirma que acaba de ordenar, hace algunas semanas, que sus Fuerzas de Seguridad sellen la costa para impedir la emigración a Canarias.¿Por qué ha aguardado tanto?

Si Mohamed VI esperaba mejorar su imagen con esta entrevista, ha conseguido el efecto contrario. Queda retratado. Ya sabemos lo que podemos esperar de él.
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España sin España
Por Federico Jiménez Losantos El Mundo 17 Enero 2005

La enfermedad moral de la Izquierda consiste en creer que tiene derecho a todo y que la Derecha no tiene derecho a nada, salvo a existir y sólo bajo ciertas condiciones. La más importante: reconocer su inferioridad moral, intelectual y política ante la izquierda y cederle el poder con una sonrisa aunque se lo quite a bofetadas, como en el pasado marzo, que remató con la manipulación de una masacre terrorista dos años de lucha callejera y antisistema contra el Gobierno legítimo del PP.

Cuando se trata de España, la Izquierda oscila entre el homicidio y la esquizofrenia, entre la amputación y la eutanasia asistida. O bien reescribe a su gusto dos mil años de historia eligiendo, según la nefasta tradición institucionista y republicana, hoy prisaica, los hechos que le gustan y eliminando lo demás (por ejemplo, Roma y el cristianismo); o bien, si le resulta insoportable que los valores acuñados en torno a la idea de España los defienda más y mejor la Derecha, cargándose la nación. Muerto el perro, se acabó la rabia.

Pero como sin perro tampoco habrá caza, alguna escopeta lista se rebela. Suele empuñarla Bono, que para eso está en Defensa y que en la Pascua Militar pidió «más libertad, menos fronteras, más solidaridad y más Constitución. Es decir, más España».

Nada que objetar. Es lo que estamos hartos de decir los liberales desde la Transición, siendo por ello sistemáticamente injuriados desde una Izquierda que ya no es «socialista a fuer de liberal», como decía Prieto, sino nacionalista y antiespañola a fuer de antiderechista.

Pero Bono pretende cuadrar el círculo: proclamar el patriotismo desde el sectarismo: «Pertenezco a una de las grandes naciones del planeta, sin cuya aportación el mundo estaría notablemente incompleto. No defiendo la España rancia e intransigente, la que estaría irremediablemente hecha desde los Reyes Católicos.

No; me identifico con la España que hacemos, con la que nos garantiza la igualdad de oportunidades», decía ayer en ABC. No es la primera vez que el ministro llama «rancia» a la España de los Reyes Católicos, una forma grotesca de genuflexión ante el sectarismo izquierdista, como cuando Blanco llama «casposa» a la Iglesia Católica.

Esta izquierda es tan «tolerante» sólo admite una España depurada de «intransigentes»; pero los que recuperan la unidad nacional tras la Reconquista son los Reyes Católicos, no los de taifas.Y el principio de igualdad ante la ley se abre camino a través del Estado-nación, cuyo primer hito europeo es la España de los Reyes Católicos.

Marginarlos de nuestra historia es pretender una España sin España; que es como querer un Barça sin Kubala o un Madrid sin Di Stéfano: un suicidio idiota, una muerte sin esquela. Recapacita, compatriota.
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Pura utopía
Cartas al Director ABC  17 Enero 2005

Señor Bono, bastante de acuerdo con usted, y estaría más si... Si en TVE, y en todas las televisiones se hablara la misma cantidad de tiempo de Extremadura, Cantabria o La Rioja que de Euskal Herría. Si conociéramos a todos los presidentes de Comunidades, y de sus Parlamentos, como conocemos a Ibarreche y Atucha. Si los diputados no tuvieran ni un solo privilegio sobre los ciudadanos que les elegimos y les pagamos. Si los prejubilados no tuvieran, gracias a los desórdenes públicos que provocan, mejores jubilaciones que los que hemos cotizado durante cuarenta años.

Si los murcianos, o los canarios, tuvieran el mismo sistema de «cupo» que los vascos. Si un ciudadano andaluz o murciano pudiera participar en las oposiciones a la Administración, enseñanza, etcétera en Cataluña o Euskal Herría con la misma facilidad que un catalán o un vasco participa en las oposiciones en Andalucía o en Castilla. A los catalanes o vascos se les «supone» que conocen el español, mientras que a los castellanos o andaluces se les exige una prueba especial de las lenguas vernáculas, donde casi siempre se los cepillan. Y, cada vez más, los de las lenguas propias desconocen en mayor grado el español. Cientos de licenciados catalanes hablarán bien su lengua propia, pero hablan cada vez más «impropiamente» el idioma español. Si Carod-Rovira, con tres escaños y medio, y por mor de las alianzas contra natura y de una perversa ley electoral, no gobernara España y no amenazara al Gobierno, que es el nuestro, con dejarle con el tafanario al aire.

Si, si, si... Demasiados «si» para admitir la igualdad. La igualdad, por lo que llevo visto, es pura utopía. ¡Lástima, señor Bono!     Manuel de Entremares. Gerona.

Reunión inútil
Gorka López González/Bilbao Cartas al Director El Correo  17 Enero 2005

La reunión de Ibarretxe y Zapatero sólo ha servido para demostrar su inutilidad y para perder el tiempo. Un tiempo que debería ser utilizado por el Gobierno para diseñar las medidas legales precisas para responder al plan con la única respuesta democrática que se merece: la aplicación estricta de la ley. Debe quedar claro que en España la ley se cumple y que es igual para todos, incluido los políticos nacionalistas. Y en esto, el Gobierno español no está haciendo todo lo posible. Primero, una juez del País Vasco contraviene el criterio del Tribunal Supremo en el caso Atutxa y el fiscal general del Estado no recurre la decisión de esa magistrada. Después, Ibarretxe aprueba en el Parlamento vasco un proyecto de ruptura constitucional con el apoyo de ETA y el Ejecutivo no recurre la decisión ante el Tribunal Constitucional.

En la reunión con el presidente del Gobierno, Ibarretxe insiste en su intención de cometer un acto de flagrante ilegalidad y Zapatero persiste en su afán de hacer como si no pasara nada y todo fuera normal. Por no hacer, Zapatero ni siquiera se atreve a dar la cara personalmente después de esa reunión.

El Gobierno ignora el valenciano en los ejemplares de la Constitución Europea
La Generalitat Valenciana critica el agravio con respecto a Cataluña porque «una vez más el Gobierno socialista nos ha excluido y discriminado»
M. C. ABC  17 Enero 2005

VALENCIA. El Ejecutivo central ha vuelto a crear un profundo malestar entre la sociedad valenciana. En esta ocasión, el asunto ha sido el reparto de ejemplares de la Constitución Europea que ayer realizaron los medios de comunicación, y en los que el Gobierno ignoró la traducción al valenciano, y no así al catalán. Este hecho se produce pocas semanas después de la agria polémica sobre las traducciones de la Constitución en todas las lenguas oficial y legalmente reconocidas en España. El tripartito catalán presionó al Gobierno para que no hubiera traducción en valenciano, lengua reconocida en el Estatuto de Autonomía (Ley Orgánica de 1982), lo que le confiere idéntico rango legal que el gallego, euskera y catalán. Esta actitud encrespó los ánimos entre la sociedad valenciana por lo que considera un «colonialismo» cultural y político por parte de Cataluña.

El Gobierno que preside Francisco Campa, a través de a consejera de Cooperación y Participación, Gema Amor, manifestó en este sentido que «es intolerable la actitud discriminatoria del Gobierno central ante el hecho de que se haya excluido la traducción de la Constitución Europea al valenciano en la entrega que han hecho los medios de comunicación escrita a sus lectores, a diferencia de lo que ha ocurrido en otras Comunidades Autónomas con lengua propia», en clara alusión a Cataluña.

Amor lamentó igualmente que «una vez más a la Comunidad Valenciana se nos haya excluido y discriminado por parte del Gobierno, porque ha ignorado de forma intencionada la existencia de nuestra lengua, reconocida en nuestro Estatuto de Autonomía».

La consejera afirmó con ironía que «ésta es la forma de entender el Gobierno del Partido Socialista el Estado de las Autonomías. Esta también es la forma de entender y de apoyar el Gobierno a la Constitución Europea demostrando con hechos la exclusión y la discriminación de parte del territorio de la nación y la exclusión y la discriminación de nuestras señas de identidad y, en este caso, de nuestra lengua».

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