AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 19 Enero 2005
El lenguaje de ETA
Editorial La Razón 19 Enero 2005

LENGUAS MINÚSCULAS
GREGORIO SALVADOR ABC 19 Enero 2005

ETA DINAMITA EL PLAN DE IBARRETXE
LUIS IGNACIO PARADA ABC  19 Enero 2005

PROCLAMAR LO OBVIO, ACTO HEROICO
Antonio BURGOS ABC 19 Enero 2005

LA VERDADERA OFERTA DE ETA
Editorial ABC  19 Enero 2005

La baraja rota
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 19 Enero 2005

ETA hace esperar a sus recolectores
EDITORIAL Libertad Digital 19 Enero 2005

La utilidad de ETA
FERNANDO SAVATER El Correo 19 Enero 2005

Un plan sedicioso
José María MOHEDANO La Razón 19 Enero 2005

Y todo en este plan
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 19 Enero 2005

Parte del Plan
Federico Jiménez Losantos El Mundo  19 Enero 2005

El «comando apaiza»
Román CENDOYA La Razón 19 Enero 2005

Ibarretxe
Joaquín PÉREZ AZAUSTRE La Razón 19 Enero 2005

El aviso del cartero
TONIA ETXARRI El Correo  19 Enero 2005

Se acabaron los juegos florales
Ignacio Villa Libertad Digital 19 Enero 2005

No más reparto de nueces
Isabel Durán Libertad Digital 19 Enero 2005

Frustración, esperanza y bomba
JOSEBA ARREGI El Correo 19 Enero 2005

La reforma de los Estatutos de Autonomía
José Luis Manzanares Estrella Digital  19 Enero 2005

La verdad del terror
Editorial El Correo 19 Enero 2005

ETA, con sus armas de siempre
Editorial Heraldo de Aragón 19 Enero 2005

En presencia de violencia
Opinión El País  19 Enero 2005

El maleficio
José María Marco La Revista Libertad Digital 19 Enero 2005

Un personaje de leyenda
Pío Moa La Revista Libertad Digital 19 Enero 2005

El pastor Olabarria
Juan BRAVO La Razón 19 Enero 2005

Ya estamos más tranquilos
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 19 Enero 2005

Ya no basta una tregua para dialogar con ETA
Editorial El Mundo 19 Enero 2005

Los tres mensajes de ETA
FERNANDO ÓNEGA La Voz 19 Enero 2005

Bomba de ETA y disparate de Ibarretxe
Pablo Sebastián Estrella Digital  19 Enero 2005

Se masca la tregua
Isabel Sansebastián El Mundo  19 Enero 2005

La firmeza necesaria
CARLOS G. REIGOSA La Voz 19 Enero 2005

Una Euskadi «sin»
Cartas al Director ABC 19 Enero 2005

Plan y beneficiados
Helena González Sáez/Basauri. Vizcaya 19 Enero 2005

«¡A ver si Ibarreche pide diálogo cuando le pongan una bomba en su casa!»
Marcos S. González La Razón 19 Enero 2005

ETA atenta en el corazón financiero vasco sólo dos horas después de que Otegi avisara que «el conflicto sigue»
M. LUISA G. FRANCO ABC  19 Enero 2005

Comunidad nacional
José Javier Esparza El Semanal Digital 19 Enero 2005

 

El lenguaje de ETA
Editorial La Razón 19 Enero 2005

Arnaldo Otegui lo advirtió unas horas antes: «El conflicto –el eufemismo con que los proetarras justifican el terrorismo– continúa». A continuación, ETA se encargó de materializar el aviso político de Otegui con un potente coche-bomba en el barrio de Las Arenas de la localidad vizcaína de Guecho, que causó heridas leves a un ertzaina, pese a que la banda no informó de la localización exacta del artefacto. Otra prueba más, y son casi incontables, de que la banda criminal no ha movido un ápice su posición y que permanece inalterable en la estrategia del terror y el asesinato mientras el Estado de Derecho no claudique a sus exigencias. Y otra nueva demostración de hasta qué punto se equivocan interesadamente aquellos grupos políticos que pretenden vender a la sociedad un engaño, una farsa, amparándose en la retórica terrorista de los comunicados etarras. Y es que desde el nacionalismo vasco se han lanzado a la sociedad mensajes equívocos sobre un nuevo escenario de diálogo y sin violencia, respaldado por los etarras. Pero la realidad de los escritos de la banda, especialmente el último, es la que es, y no la que el Gobierno vasco ha pretendido que fuera. Como siempre a lo largo de su historia, ETA no busca ni apoya la paz ahora, sino imponer su proyecto independentista y etnicista sobre la sangre de las víctimas que sean necesarias y la derrota final de los demócratas. La interesada interpretación nacionalista de la retórica criminal únicamente ha logrado devolver a Batasuna-ETA a un privilegiado lugar del debate político en el País Vasco que había perdido por la aplicación estricta de la política derivada del Pacto Antiterrorista.

Ibarreche ha consentido jugar con ese fuego que ha supuesto el apoyo de los proetarras al Plan Ibarreche, y ahora ya se atisban las consecuencias. El escenario sin violencia al que el lendakari había condicionado el debate y aprobación de su proyecto soberanista ha quedado reducido a los hierros retorcidos de un coche-bomba. Ibarreche mintió a la sociedad en su alocada carrera hacia ninguna parte y el panorama de futuro es sumamente alarmante. Como ya anunciara en exclusiva LA RAZÓN, la banda ha diseñado un incremento gradual de la intensidad de los atentados terroristas. Después de la catarata de artefactos de escasa potencia, casi testimoniales, el coche-bomba de Guecho con varias decenas de kilos de explosivo sería el primer acto criminal de una nueva etapa que culminaría en el asesinato.

El lenguaje habitual de ETA marca de nuevo el paso al nacionalismo y condiciona su estrategia, así como la vida política vasca, con la vista puesta en las elecciones. Enfrente, solos, el PSOE y el PP deben mantener la firmeza y confianza en la fortaleza del Estado de Derecho, sin titubeos partidistas, hasta la derrota total del terrorismo. Sólo así la alternativa democrática en el País Vasco tendrá posibilidades.

LENGUAS MINÚSCULAS
por GREGORIO SALVADOR. Vicedirector de la Real Academia Española ABC 19 Enero 2005

A mi regreso de la Argentina, después de asistir al Congreso de Rosario, me llamaron no pocos amigos: «¿Pero qué has dicho?», «¿A qué escándalo has dado lugar?», «¿Cómo te las arreglas para encrespar a la multitud?». Les cuento lo que dije, les digo que sólo se escandalizaron, cómo no, los beatos de lo politically correct, les hago relación, en cambio, de los que piensan por su cuenta y me felicitaron, y muchos estaban presentes, esa mañana, en el Teatro El Círculo de Rosario, y en cuanto a la multitud que lo atiborraba, no se encrespó, más bien aplaudió con ardor. «Pues la prensa, la radio, la televisión dijeron que la habías armado».

Repaso la prensa española de esos días, obtengo de internet testimonios de la americana y advierto el origen del error. Yo me había referido a «lenguas minúsculas» y alguien lo transformó en «lenguas minoritarias». Alguien que desdeñaba o desconocía la notable diferencia de significado entre un adjetivo y el otro, y digo alguien porque se me hace muy duro creer que todos los corresponsales españoles, que firmaron o enviaron sus crónicas, compartiesen idéntica ignorancia. Alguno tal vez se lo contó a los otros, que estarían a aquella hora en distinto lugar, acaso en el contracongreso sobre las demás lenguas que había armado Pérez Esquivel, inevitable perejil de todas las salsas contestatarias, que no tuvo, por lo demás, demasiado relieve. Algunos diarios de aquel continente interpretaron lo de «lenguas minúsculas» como «lenguas tribales», lo que no altera sustancialmente la significación. Pero alguien dijo lo de minoritarias y esa noticia, de segunda mano, fue la que se trasmitió a España.

¿Cómo iba a desear yo la extinción de las lenguas minoritarias, si el español también lo es? Minoritaria con respecto al inglés o al chino mandarín, a escala mundial, minoritaria en países concretos, Filipinas o los Estados Unidos, minoritaria en Europa con respecto al alemán, al francés, al italiano y al ruso. No he perdido la cabeza hasta ese extremo. Yo dije lenguas minúsculas; pero habrá que contar, por su orden, lo que allí pasó.

Para la mañana del jueves 18 de noviembre estaba programada una sesión plenaria sobre identidad y lengua en la creación literaria, con una ponencia del escritor chileno Jorge Edwards, seguida de una mesa redonda de escritores, el nicaragüense Ernesto Cardenal, el mexicano Gonzalo Celorio, el español José María Merino y el argentino Juan José Sebreli, que yo habría de moderar. A continuación estaba prevista la presentación del Diccionario Panhispánico de Dudas, en el que hemos estado trabajando un buen puñado de años todas las Academias de la Lengua. Se empezó con retraso la sesión, resultó magnífica y convincente la exposición de Edwards, tras la que hubo un receso que añadió retraso, y comenzamos, ya muy ajustado el tiempo, la mesa redonda. Yo fui presentando a los participantes, que leyeron sus intervenciones, excediendo todos los diez minutos que se les habían pedido para dejar tiempo a la posible discusión. De brillante factura literaria la de Celorio; sólida, sobria y acertada la de Merino; lúcida, inteligente y perfectamente adecuada a la finalidad de la sesión la de Sebreli, y utilizo aquí los adjetivos que había ido yo anotando en mi cuaderno para cerrar la ronda de intervenciones y abrir el posible coloquio, aunque ya me iban llegando notas conminatorias de los organizadores, que me avisaban del tiempo agotado, de la inminencia del acto programado a continuación y de la necesidad de que prescindiera de discusiones y cerrara el acto, sin más, cuando acabara el último. Pero, bien mirado, el último era yo, y a la agobiante apretura de tiempo quien más había colaborado, desde la mesa, era Ernesto Cardenal, que había leído durante dieciocho minutos una comunicación seguramente confundida, pues por su contenido debía ser la que traía para el contracongreso de Esquivel, en el que él, como algún que otro ilustre invitado, se pasó más tiempo que en el nuestro. Porque del español habló poco, pero sí de las otras lenguas, de las que están en trance de desaparición. Se dolió de la cantidad de lenguas que desaparecen y de que, con cada una de ellas, se pierda una visión del mundo, y nos contó, orgulloso, que, cuando fue ministro de Cultura en su país, supo de una lengua que ya sólo hablaban cuatro ancianos y decidió establecer su enseñanza obligatoria para los niños de esa etnia. Todo eso lo tenía yo apuntado también para incluirlo en mi turno final de síntesis y comentario. Pero las avisos apremiantes me seguían llegando, con la orden de que no abriera debate, puesto que el tiempo se había consumido, y que redujera al máximo mi intervención de cierre.

Prescindí, pues, de valoraciones elogiosas, pero como dialectólogo que he sido, como investigador de campo que fui, como lingüista de vocación y de profesión que soy y como persona con algo de sentido común, no podía pasar por alto las miméticas e irreflexivas aseveraciones del poeta Cardenal, que no sólo él recita y reitera: hace no muchos años le oí decir a un entonces gerifalte de la Unesco, compungido, en una entrevista veraniega, que en lo que quedaba de año iban a morir setenta u ochenta lenguas y que eso era una desgracia para la Humanidad, que habría que poner todos los medios para que siguieran vivas todas esas lenguas. Como idéntica copla la repiten, ya se ve, personajes ilustres, supuestamente sabios y conscientes, y la oyen o la leen millares de personas que ni son tan prestigiosas ni tienen por qué saber el funcionamiento histórico del lenguaje, me vi en el deber de moderar lo oído y recordar en cuatro minutos unas cuantas obviedades que los devotos del multiculturalismo olvidan casi siempre. Dije que allí, en aquel teatro repleto, estábamos unas mil seiscientas personas, que representábamos a los cuatrocientos millones de hablantes del idioma que nos reunía, el español, que las lenguas son, ante todo, instrumentos de comunicación y vehículos de cultura en su dimensión escrita y que los grandes idiomas no suelen servir de seña de identidad para nadie, porque el nuestro, sin ir más lejos, es una lengua plurinacional y multiétnica y se habla en más de veinte naciones. Que si no hubieran ido desapareciendo lenguas en el transcurso de la historia, porque en sus hablantes triunfó la fuerza de intercambio sobre el espíritu de campanario, no habríamos alcanzado el nivel de civilización en que nos hallamos y sólo existirían lenguas mínimas, lenguas de tribu o incluso simplemente familiares. Recordé que, a pesar de todo, existían aún hoy en el mundo cuatro o cinco mil lenguas, pero que la mitad de ellas, al menos, las hablaba menos gente de la que estaba presente en el teatro, y la mitad de esa mitad eran lenguas tan minúsculas que no contaban con más hablantes de los que pudieran caber sobradamente en un palco. Que muchas de esas lenguas minúsculas se van extinguiendo es evidente, pero no hay que lamentarse, porque eso quiere decir que sus posibles hablantes, los que las han ido abandonando, se han integrado en una lengua de intercambio, en una lengua más extensa y más poblada que les ha permitido ensanchar su mundo y sus perspectivas de futuro. Añado ahora que una lengua desaparece cuando muere la última persona que la hablaba y lo único triste de ese suceso es la muerte de esa persona.

Los romanistas sabemos que el último hablante del dálmata, la décima lengua románica, fue Tuore Udaina Burbur, que murió en 1898, a los 77 años, y los vasquistas saben que la última hablante del roncalés, la novena lengua eusquérica, fue doña Antonia Anaut, una anciana completamente sorda de Isaba, que falleció a los 88 años, en abril de 1976, tras pasar los postreros años de su vida hablando roncalés sin que nadie la entendiera. Siempre es dolorosa la muerte de un ser humano, pero nadie se va a librar, igual si se lleva su lengua a la tumba que si la deja en el uso y empleo de los sobrevivientes. Lo triste, en el primer caso, es pensar en la final soledad de estas personas, aisladas en su lengua y sin poderse comunicar. En América y en África quedan bastantes de esas lenguas minúsculas y todo esfuerzo por mantenerlas no es más que una aberración reaccionaria, todo hay que decirlo. Esas pobres gentes tuvieron que padecer, históricamente, a conquistadores, encomenderos, exploradores y colonos. Y, por si no hubieran tenido bastante, hay quien pretende mantenerlas, desvalidas, en su exigua prisión lingüística, ajenas e ignorantes del mundo que con nosotros habitan, con todo lo bueno o lo malo que este les pueda ofrecer, para regalo acaso de obstinados antropólogos, entretenimiento de gramáticos imaginativos y orgullosa satisfacción de políticos desnortados y pusilánimes. Y para más inri, en nombre del progreso y la revolución. Naturalmente que deseo la extinción de esas lenguas minúsculas, la incorporación de sus hablantes a un mundo intercomunicado. Si las cinco mil lenguas que se cuentan en el planeta quedaran reducidas tan siquiera a dos mil, algunas cosas mejorarían en el panorama mundial que hoy se nos muestra, y, sobre todo, la suerte y la condición de tantos seres humanos en ellas aprisionados.

ETA DINAMITA EL PLAN DE IBARRETXE
LUIS IGNACIO PARADA ABC  19 Enero 2005

LA bomba que hizo explotar ayer ETA en Bilbao va a desvanecer el sueño de Ibarretxe en mayor medida que la firmeza de Zapatero al no aceptar la discusión del plan soberanista; que la de Marín al negarse a formar una Comisión de parlamentarios del Congreso y la Cámara vasca; que la del acuerdo entre los líderes del PSOE y el PP y, probablemente, más que todos los argumentos que han empleado editorialistas y columnistas para abrirle los ojos al lendakari y demás sonámbulos. Nunca como ahora ha habido un rechazo tan frontal de la sociedad española a los acosos del nacionalismo vasco extremista, tanto del que emplea la dinamita como del que se aprovecha del miedo para aparentar que ofrece diálogo.

Lo peor que le podía ocurrir a Ibarretxe no es que los españoles en masa se hayan mostrado rotundamente contrarios a sus proyectos. Lo peor que le puede pasar es que los vascos que le votaron con la esperanza de que fuera capaz de unir en vez de dividir; aproximar posturas en lugar de plantar barricadas; enfrentarse a los problemas auténticos que los ciudadanos no ven resueltos y no crear conflictos que perturban la paz social, se decidan dentro de cuatro meses a retirarle su apoyo y no pueda volver a gobernar tras las próximas elecciones autonómicas. Sería la repetición con variantes del caso PP ante la desconfianza social generada por la gestión de la información tras los atentados de Madrid; del de CiU en Cataluña tras los abusos de poder; del de IU en las últimas generales tras la falta de credibilidad de sus dirigentes. Lo que ha hecho ETA ayer, además de recuperar protagonismo, es demostrar a Ibarretxe que nunca se darán las condiciones de ausencia de violencia. Con lo cual su plan pasará a la historia de los desvaríos políticos porque hasta los vascos que le votaron de buena fe o le han permitido gobernar no quieren sentirse frustrados ni en ridículo.

PROCLAMAR LO OBVIO, ACTO HEROICO
Por Antonio BURGOS ABC 19 Enero 2005

MAL andan las cosas cuando el reconocimiento de lo obvio llega a convertirse en un acto heroico. Antes que el asunto se enfriara con las rectificaciones, tibiezas y cobardías al uso, soltamos palomas y tiramos cohetes porque PSOE y PP hicieron lo obvio: poner sobre la mesa los 20.789.307 votos que tienen entre los dos partidos, frente a los 420.980 del PNV.

-¿Y con sólo 420.980 votos está Ibarreche poniendo esto patas arriba?

No, amigo, la cosa es aún peor si consideramos la extensión del territorio que quieren separar de España. La provincia de Badajoz (21.657 kilómetros cuadrados) es tres veces mayor que todas las Vascongadas (7.261 km2). En Badajoz caben tres países vascos. Euskadi es menor que la provincia de Eus...Cádiz (7.385 km2). La cuestión chorrea sangre, en el más estricto sentido: por la independencia de ese Euskadi que es menor que la provincia de Cádiz, los cómplices criminales de Ibarreche y su plan llevan ya asesinadas a mil personas. Mucho hablar del Plan Ibarreche, pero los que podrían alzar la voz serían los nietos de los colonos del Plan Badajoz. Por eso levanta la voz de vez en cuando Rodríguez Ibarra, y, sin avergonzarse de España, tiene la heroicidad de proclamar alguna obviedad. No es que hable en plan Pepe Bono: habla en Plan Badajoz.

Desde lo alto de las escalinatas de la Moncloa, la heroicidad de la obviedad nos ha contemplado. Durante el breve tiempo que dura la alegría en la casa del pobre. No era que ZP recibiera a Rajoy. Eran 11.026.163 votos que recibían a 9.763.144. El 80 por ciento del voto de los españoles, que eran recibidos conjuntamente más tarde por el Rey, antes de bajarse al moro para obrar el milagro de la multiplicación y ubicuidad de las piedras, al colocar en Tánger la primera de la Universidad Española de Tetuán, o para agradecer a Mohamed VI que pudiendo mandarnos 140 pateras de simpapeles al día nos envíe sólo 122.

Espero que tras estos heroicos ejercicios de reconocimiento de la obviedad se constate que no hay clamor alguno pidiendo la reforma de la Constitución. Más que la Constitución o los Estatutos, aquí lo que hay que reformar, y urgentemente, es el sistema electoral. ¿Cuántas veces en plena campaña nos prometieron los dos grandes partidos que iban a reformar el sistema electoral, para que un diputado no saliera tan caro en votos en determinadas circunscripciones y regalado en otras? No valen lo mismo los votos en las Vascongadas que en la provincia de Madrid. En Madrid con 180.000 votos no hay ni para empezar. Y con 181.304 votos en el País Vasco, la ya ilegalizada Batasuna hasta se permitía el lujo de soltar en esa media plaza de Las Ventas que es el Congreso de los Diputados a dos berrendos en etarra.

La estabilidad del sistema estará en peligro mientras los llamados partidos-bisagra, sabiéndose imprescindibles, se dediquen a quitarles los tornillos a los goznes, como dijo el otro. Cuanto está ocurriendo con el chantaje de sesión continua de los nacionalistas son los lodos que trajo el polvo de un sistema electoral que nadie se ha preocupado de corregir o no se ha atrevido a hacerlo. Con 94.252 votos, Labordeta consiguió escaño hasta para su mochila. Con 73.344 votos en la provincia de Sevilla, Izquierda Unida se quedó sin alcándara parlamentaria donde colgar ni un zurrón. Si de verdad queremos estabilidad constitucional y unidad nacional, antes que nada hay que reformar el sistema electoral que permite que el voto del 20 por ciento de los españoles tenga en el puño al mayoritario 80 por ciento restante. Es como si en Estados Unidos, Bush y Kerry juntos dependieran de ese pintoresco candidato que suele presentarse en California diciendo que representa los supremos intereses de los criadores de gusanos de seda.

LA VERDADERA OFERTA DE ETA
Editorial ABC  19 Enero 2005

EN plena avalancha de especulaciones sobre supuestos escenarios de pacificación y cambios de actitud en ETA/Batasuna, la banda terrorista aplicó ayer su doctrina con un nuevo coche bomba en Guecho, el quinto en esta localidad vizcaína desde que revocó su tregua unilateral. El atentado está dirigido nuevamente a la clase empresarial, como un recordatorio de la extorsión permanente que oprime a este sector social y que lastra no sólo la economía vasca en su conjunto, sino también la inserción definitiva del País Vasco en lo que ha de ser un espacio de democracia, libertad y desarrollo. ETA desmiente con este acto criminal a los que han estado interpretando sus soflamas nacionalistas como si fueran un indicio de tregua. Bastó un simple comunicado etarra de apoyo a Batasuna para que algunos empezaran a correr anunciando un proceso irreversible de pacificación. Que la frase de moda sea «algo se está moviendo» en ETA, no tiene por qué significar que ese movimiento sea favorable a los deseos de paz de la sociedad. Hay lecciones que siguen sin aprenderse, y por eso ETA se ha encargado de puntualizar que, como anticipó Otegi horas antes del atentado, no está por la labor de iniciar un proceso de paz o quiere intentar un sucedáneo bajo su control exclusivo. Algunos expertos señalan incluso que con atentados como el de ayer el entramado etarra podría estar mostrando su capacidad destructiva para luego ofrecer una tregua.

Pero lo único que ha dejado claro ETA hasta el momento es que sigue dispuesta a la violencia terrorista y que, al tiempo, apoya la consulta autodeterminista que prevé el plan Ibarretxe. Esto es lo que quiso decir, primero, cuando Josu Ternera autorizó a Batasuna a apoyar la propuesta soberanista en el Parlamento de Vitoria; y, segundo, cuando emitió un comunicado de apoyo a la iniciativa de Otegi en el mitin de Anoeta. Nada que tenga que ver con la paz, con la entrega de armas, con la reparación a las víctimas.

El nacionalismo vasco ha reaccionado poniéndose otra vez en el papel de víctima de ETA y extendiéndolo, de forma novedosa, a Batasuna, como si la izquierda abertzale encontrara en la banda terrorista un freno a sus aspiraciones de participación democrática. Decir esto al día siguiente de que el fiscal de la Audiencia Nacional pidiera el procesamiento de 35 dirigentes batasunos, incluido Otegi, resulta, ante todo, un insulto a la inteligencia y también una nueva demostración de la insolidaridad de los nacionalistas con las verdaderas víctimas de ETA. Ahora es el lendakari quien debe ratificar en público si los votos que dio Batasuna a su plan le siguen pareciendo tan legítimos como los de cualesquiera otros parlamentarios vascos, incluidos los de aquéllos que, como populares y socialistas, pueden ser víctimas de un atentado etarra.

También sería bueno que el Gobierno no se contagiara por falsas expectativas sobre futuribles decisiones de los terroristas. El Estado y las instituciones sólo deben atender a hechos inequívocos y fiables de cese definitivo e incondicional del terrorismo. De ETA, tras la última burla de 1998, no hay que esperar más que su derrota o su rendición, y sigue siendo un error esperanzarse con unos terroristas que ya han decidido lo que van a hacer: participar en la estrategia conjunta apadrinada por Ibarretxe, es decir, en un proceso de soberanía. ETA asume también su papel de agitador del «conflicto», sin el cual el plan Ibarretxe no tendría coerción sobre la conciencia de los ciudadanos vascos y sería, a lo sumo, una extravagancia retrógrada del nacionalismo. La realidad es que éste ha dado ese paso que tanto se temía que diera, ejecutando, con o sin acuerdo expreso, una estrategia de intereses comunes con una banda terrorista en activo.

La baraja rota
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 19 Enero 2005

José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy han llegado aparentemente a un acuerdo para proceder en común a las reformas constitucionales y estatutarias que el Gobierno socialista considera necesarias. Se da por sentado que el punto de partida de estas modificaciones del actual ordenamiento serán el texto constitucional vigente y los estatutos hoy en vigor y se admite como evidente que los nuevos elementos normativos que se introduzcan representarán un nuevo avance en la descentralización, en la autonomía y en el autogobierno. El Partido Socialista del País Vasco, por su parte, ha presentado un proyecto propio de reforma del Estatuto de Guernica que, sin llegar a la ruptura descarada con el espíritu y la letra de la Constitución de 1978 que perpetra el Plan Ibarretxe, está a medio camino entre la situación presente y los delirios peneuvistas. El Partido Socialista de Cataluña está también en una operación de revisión del Estatuto de Sau que, en caso de materializarse, requeriría cambios profundos en nuestra Carta Magna. El Partido Popular de Cataluña ha aceptado participar en la ponencia parlamentaria correspondiente y se ha manifestado dispuesto a llegar a un consenso que, por supuesto, incrementará notablemente las competencias de la Generalitat.

Pero, vamos a ver, ¿aquí alguien se entera de lo que está pasando? Han transcurrido veinticinco años en los que los dos grandes partidos nacionales, unas veces por convicción y otras por necesidad, no han hecho otra cosa que concesiones crecientes a los nacionalistas. La respuesta leal y agradecida de éstos ya la conocemos y Carod-Rovira e Ibarretxe nos la han explicado con descarnada claridad: quieren la fragmentación de la unidad nacional y la voladura del edificio institucional y jurídico surgido de la transición. Y la gente se pregunta por qué si una parte rompe con la Constitución, la otra acepta sumisamente que todo lo alcanzado por los nacionalistas es irreversible.

En el momento en que para unos el resultado del el ejercicio de mutua comprensión que se hizo en 1978 ya no es válido, parece obvio que regresamos todos a la etapa preconstitucional y se parte de cero. Otra cosa sería de una ingenuidad, por utilizar un término suave, que entraría en los anales de la política y no precisamente para bien.
Si los nacionalistas quieren romper la baraja, ésta queda rota con carácter general y a continuación los dos grandes partidos nacionales quedan moralmente legitimados para tomar las medidas necesarias para fortalecer el Estado, asegurar la cohesión nacional y garantizar la igualdad de todos los españoles. El juego que se les permite a los nacionalistas, en el que ellos siempre mantienen la ventaja, ha de acabar, entre otras razones porque ellos mismos han pegado una patada a la mesa desparramando por el suelo naipes y fichas. ¿Qué más tendrá que pasar para que en Ferraz y en Génova abran los ojos?

ETA hace esperar a sus recolectores
EDITORIAL Libertad Digital 19 Enero 2005

En lugar de poner cuarenta kilos de explosivo, de avisar a Gara de la colocación del coche-bomba y de herir a un policía autonómico, ETA podría haber puesto 400 kilos de explosivo —tiene a su disposición bastantes más—, no avisar de su colocación y haber provocado una matanza con decenas de víctimas mortales. ETA podría haber hecho esto último, como podría, en su lugar, haber anunciado ya una de esas treguas que la banda destina a comprobar qué es lo que está dispuesto a ofrecerle el Gobierno a cambio de que deje definitivamente de matar.

Lo que debería estar claro, tal y como decíamos hace escasamente dos días a propósito de una hipotética tregua, no es sólo lo errado de creer “que estamos en escenarios a los que aún ni siquiera hemos llegado”, sino en contemplar la posibilidad de que la línea antiterrorista marcada por el Estado de Derecho y el Gobierno varíe en función de los escenarios a los que ETA nos pueda hacer llegar.

Si el pasado fin de semana Zapatero ya dio muestras anticipadas de ese síndrome de Estocolmo que, en mayor o menor medida, ha afectado a todos los gobiernos bajo los que se ha producido una tregua terrorista, más criticable es todavía que su ministro Jordi Sevilla, tras este último atentado, diga que “con este tipo de ruido no se va a ninguna parte; que dejen las armas y se puede seguir negociando”.

En esa línea, pero con mayor desfachatez, se ha pronunciado el consejero de Interior vasco, para quien ETA pretende "dinamitar cualquier proceso que esté abierto". Si ETA hubiera querido dinamitar eso que Balza llama “proceso” no hubiera respaldado el plan Ibarretxe en el Parlamento Vasco. Lo que ETA pretende, por una parte, es dejar claro que no va a renunciar a su tutela sobre el resto de los nacionalistas en su común objetivo independentista, y a señalar, por otra parte, al Gobierno que está dispuesto a pedir un alto precio por “su” paz.

Balza además —como si de un terrorista desesperado, en lugar de un consejero de Interior, se tratara— dice que “la vía de la violencia no nos lleva a ninguna parte”; algo que si, por una parte, muestra su nihilismo moral a la hora de analizar el crimen desde el punto exclusivo de su utilidad política, por otra, soslaya el hecho de que los nacionalistas respaldan la financiación y representación política de los terroristas. Eso, por no hablar de las “tortas” y de la disposición de Ibarretxe a saltarse la ley con tal de hacer realidad aquello por lo que terroristas llevan asesinando desde hace décadas.

La utilidad de ETA
FERNANDO SAVATER El Correo 19 Enero 2005

Cuentan que un forastero llegó a un pueblecito del Oeste americano. Nada más bajarse del caballo se encontró con el sheriff, que lucía su típica estrella de cinco puntas y dos fenomenales revólveres en el cinto. El forastero indagó: «Oiga, sheriff, ¿es éste un pueblo tranquilo?». «De lo más tranquilo. Aquí no se mueve un alma», le confirmó el condecorado pistolero. «Hombre, como le veo a usted con esas dos herramientas fabricadas por Samuel Colt...», objetó el otro. Y el sheriff concluyó: «Precisamente gracias a ellas reina la tranquilidad».

Nuestra sociedad vasca también es muy tranquila, como recordó satisfecho Ibarretxe a la prensa en su comparecencia posterior al encuentro con Zapatero. Y por las mismas razones que en aquel pueblo del Far-West, aunque entre nosotros el sheriff se llame ETA y haya utilizado sus armas contra el vecindario probablemente con más liberalidad que ningún otro pistolero célebre. Pero ha conseguido dejarlo plácidamente manos arriba. Aquí la gente no sólo no se mueve, por lo común, sino que procura hacer patente que no se mueve y se aleja prudentemente de los revoltosos. No por conformidad, hay que dejarlo claro, sino por conformismo, que es algo muy distinto. La conformidad es aceptar y aprobar racionalmente un estado de cosas, porque uno cree que es justo o al menos necesario; el conformismo es asumirlo sin quejas aunque nos parezca un asco, para no buscarnos problemas o para obtener algún tipo de prebendas.

En el País Vasco habrá sin duda gente conforme con el 'estatu quo' actual, qué duda cabe: gente íntimamente encantada de que ETA cierre la boca a los que le podrían llevar la contraria al nacionalismo felizmente reinante para que así ellos puedan pensar tranquilamente que no existen o son 'de fuera'. Pero estoy seguro de que abundan mucho más los conformistas, es decir, quienes se avergüenzan de lo que pasa pero no de aprovecharse de ello. ¿Si supieran ustedes la cantidad de conciudadanos que no me saludan si me ven por Donosti pero se solidarizan conmigo y me lloran sus penas en el hombro cuando me los encuentro en Algeciras! Aquí, en casa, abundan mucho los que 'no hacen política' y 'se llevan bien con todo el mundo' (algunos adoptaron el hábito en época del franquismo): se conceden a sí mismos y a sus semejantes el calificativo de 'jatorras', pero en otros lugares se les denominaría con el más exacto de 'canallas'.

A la violencia terrorista de ETA se le pueden hacer muchas críticas, salvo la de que es 'inútil'. Al contrario, su utilidad resulta evidente: como todos los terrores injustos, pretende conseguir y en gran medida consigue el conformismo abyecto de la sociedad. Pero ese conformismo impuesto distorsiona el retrato ideológico de la comunidad a que se aplica. Por definición, el conformista es un bicho que adopta el color del terreno para pasar desapercibido y por tanto cambia de pelaje con facilidad. Un mes antes de la muerte de Franco, la encuestas políticas -caso de haberse hecho- habrían encontrado en España una gran mayoría de franquistas; un mes después de su desaparición --¿y no digamos un año después!- los franquistas eran una especie en extinción, había que buscarlos con lupa.

Hoy en día, las encuestas siempre revelan diferencia a favor del nacionalismo entre la muestra tomada en el País Vasco y la del resto de España; pero ya veremos lo que ocurre un año después de que la amenaza terrorista haya desaparecido realmente del horizonte de los opinantes...Y lo mismo, por supuesto, puede asegurarse del resultado de las elecciones o de un eventual referéndum. En cuanto la utilísima ETA sea puesta fuera de servicio, y se pierda el miedo a los que la representan o el respeto a quienes se ofrecen como mediadores capaces de librarnos de ella, y regresen a la vida social los que tuvieron que dejarla por amenazas o hartazgo de coacciones... entonces ya veremos lo que pasa y lo que dice el electorado. Si Batasuna quiere ser de veras progresista y no le parece suficiente progreso acabar con los crímenes, aquí tiene otro motivo para denunciar y renunciar a la violencia de ETA: acabar con el conformismo de la sociedad vasca.

Es muy significativa la minimización de ETA que lleva a cabo el nacionalismo imperante. En la fantasiosa y cínica descripción de la sociedad vasca proporcionada por Ibarretxe -que ni siquiera la mencionó ante la prensa madrileña- se trata de un episodio minoritario y marginal, como los tironeros y carteristas. Algo que nada tiene que ver con lo que piensa o dice que piensa el ciudadano medio. ¿Como si no fuera gracias a ETA que él ha llegado con su plan hasta La Moncloa y puede decir con la mayor desfachatez que representa la voluntad no sólo de la mayoría absoluta del Parlamento sino la inmensa mayoría de la sociedad misma! La afirmación más significativa del lehendakari fue que mientras él ocupase el cargo, «la voluntad del PP y del PSOE no prevalecerá sobre la de los vascos y las vascas». Esa división -por un lado los vascos y vascas, por otro el PP y el PSOE, aunque sus miembros de hecho también sean vascos- es la obra maestra de ETA. Porque la banda no es fruto de la lucha de una parte de la población contra otra, sino la creadora de la división en dos partes de la sociedad: por un lado, las víctimas, los perseguidos, los amenazados y asesinados, las opciones políticas estigmatizadas; por otra, quienes nada tienen que temer directamente del terrorismo, los que viven tranquilamente, o sea, los vascos y vascas conformistas. La generosidad del plan Ibarretxe aprobado por el Parlamento vasco es ofrecer a los primeros la posibilidad de 'convertirse' y pasar a integrarse dócilmente con los segundos.

De aquí proviene también la curiosa idea de que el citado plan no es 'independentista'. Lo primero que habría que aclarar es qué se entiende por independencia de hecho: precisamente que los 'vascos y vascas' según ETA los ha determinado puedan decidir unilateralmente cómo ha de gestionarse la comunidad en la que todos vivimos y las potestades del Estado al que pertenecemos. Los nacionalistas no quieren llamarse Estado independiente, sino sencillamente borrar las atribuciones del Estado español en el País Vasco. Ellos conservarán la posibilidad de utilizar al Estado cuándo y cómo les convenga, pero no admitirán que éste pueda intervenir o fiscalizar de ningún modo lo que ellos lleven a cabo en la CAV en materia educativa, judicial, económica, social o lo que fuere. De hecho, podríamos decir que no sólo es independentista el plan mismo, sino el procedimiento de proponerlo e imponerlo. Es un independentismo 'amable': aquí decidimos nosotros solos, pero no renunciamos a solicitaros cuando nos sea preciso apoyo y vehículo político (cara a Europa, por ejemplo). El Estado español debe renunciar a cualquier pretensión sobre Euskadi, pero Euskadi conserva la posibilidad de reclamaciones al Estado cuando así le convenga. Y resuelto el conflicto... ¿alguien puede creer que semejante disparate habría merecido la consideración política de nadie cuerdo si ETA no llevase tantos años preparando el terreno social para imponer conformismo y resignación?

Un plan sedicioso
José María MOHEDANO La Razón 19 Enero 2005

Se venía venir. Cuando los nacionalistas vascos del PNV y EA se embarcaron en 1998 en la vorágine soberanista del Pacto de Lizarra, en el abandono de la vía estatutaria, en la ruptura del Pacto Constitucional de 1978 y en el rechazo del pluralismo y de la unidad democrática frente a ETA, no cabía esperar otra cosa del lendakari que este proyecto sedicioso e inconstitucional en el que se antepone unilateralmente la imposición banderiza del nacionalismo vasco a la soberanía del pueblo español. Ibarretxe aceptó ser presidente de los vascos con los votos de Batasuna, es decir, con el apoyo de ETA, de quien tanto provecho ha sacado el PNV. Y defendió que Josu Ternera fuera el grotesco presidente de la comisión de derechos humanos del Parlamento vasco. De ahí a tomar el camino directo hacia un intento de plebiscito soberanista, antesala de la proclama independentista, solamente había un corto trecho.

El rechazo del Plan Ibarretxe no es la trinchera de la «España eterna», entendida como algo monolítico e inamovible. Es la preservación del Pacto constitucional de 1978 y la defensa de los principios democráticos del Estado de Derecho que son los garantes de la convivencia social.

Y es una defensa frente a la amenaza de agresión que pretende crear la segregación entre nacionalistas y el resto de los ciudadanos y la fractura de la solidaridad de uno de los pocos pueblos que puede estar orgulloso de haber creado una civilización pluralista, la española, como hace poco recordaba José Luis Abellán.

La historia de los vascos ha sido permanentemente una historia de luchas fratricidas, sin que nunca constituyeran una unidad política ni superaran sus divisiones y enfrentamientos históricos hasta que la Constitución española y el Estatuto de Guernica les ofreció por primera vez en la historia la posibilidad de constituirse en sujeto político de una unidad más amplia que es España. Y lo que el Plan Ibarretxe significa es precisamente la vuelta al fracaso histórico, a las estructuras del antiguo régimen y a las luchas fratricidas, como bien recuerda Joseba Arregui.
Es lógico que haya discrepancias sobre la mejor estrategia para impedir el avance de este plan milenarista, pero la respuesta a este desafío no puede conducir ni al enfrentamiento entre los grandes partidos ni al ventajismo político.

Dejo para otro momento la explicación de por qué el Congreso de los Diputados debería devolver al Parlamento vasco esta reforma constitucional encubierta y fraudulenta, declarando su inadmisión y no permitiendo su discusión y posterior votación, para evitar el choque de legitimidades que persiguen los soberanistas. Y de por qué, después de la sentencia del Tribunal Constitucional de abril de 2004, no es viable en este momento el recurso de inconstitucionalidad de un proyecto que no forma parte del ordenamiento jurídico.

Y todo en este plan
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 19 Enero 2005

La otra cara del Plan Ibarreche, es decir, la continuidad de la cara dura, pétrea del lendakari son las bombas de la ETA. Nunca ha habido diferencia moral, sino mero reparto de papeles o simple división del trabajo entre los que sacuden el árbol y los que recogen las nueces, pero esa diferencia es ahora menor que nunca. Nunca se ha parecido tanto el PNV a la ETA, nunca se ha acercado más a su insolencia y a su desprecio por la vida de los que no son de su tribu. Por eso mismo, nunca la ETA se ha parecido más al PNV, de donde salió adonde de una u otra forma está volviendo. Si Ibarreche encabeza un proceso revolucionario, ¿cómo va a dejar de apoyarlo la ETA? Si la ETA da al PNV la mayoría parlamentaria justita que necesita su plan, ¿cómo va el PNV a disolver Batasuna y a combatir a la ETA? Jamás lo ha hecho realmente en serio. Ahora, ni por equivocación.

Pero los éxitos del terrorismo y del separatismo se basan en la debilidad, la cobardía o la incompetencia de los gobiernos y los partidos políticos españoles, si es que todavía podemos usar el plural. El PP fue capaz de poner contra las cuerdas a la banda etarra, pero el PSOE le está regalando otra vez el centro del ring, es decir, el lugar decisivo de la política vasca precisamente por su política de alejarse todo lo posible del PP. Si además los ministros de ZP improvisan la primera obviedad que se les ocurre en términos de gansada, pasa lo de Jordi Sevilla. Anteayer decía que el Plan Ibarreche era la respuesta del pasado al Gobierno de Aznar. Ayer dijo que poniendo bombas no se seguirá negociando. ¿O sea, que las cuatro horas con Ibarreche lo fueron de negociación? Ya nos parecía mucho rato. Cuando el aparato mediático zapaterista, dispuesto siempre a creerse y hacernos creer lo que le conviene ya había proclamado prácticamente la tregua etarra, zas, bombazo. El Gobierno, en Babia, y todo en este plan. El de Ibarreche, que lo tiene con la ETA, y el de Zapatero, que no tiene ninguno.

Parte del Plan
Por Federico Jiménez Losantos El Mundo  19 Enero 2005

El coche bomba de ETA se veía venir. Añadamos que si no lo ha puesto antes ha sido por la única razón de no haber podido, porque en la lógica de la banda terrorista está el insistir mediante el crimen hasta conseguir sus propósitos, y cabe subrayar que el hecho de que el PNV, EA e Izquierda Unida compartan con los etarras la mayoría antiparlamentaria del País Vasco, ya que los parlamentarios de verdad son los que tienen que llevar escolta, no disminuye sino que acrecienta el papel de ETA en ese Eusko Rico -o más bien Eusko Pobre- que Ibarretxe pretende imponer cuanto antes a toda España.

Aunque mienten cuando les conviene (y no cabe reprochar a quien es capaz de asesinar que sea capaz de mentir), en realidad los etarras engañan bastante poco salvo a los que se quieren engañar a sí mismos y, de paso, engañarnos a los demás. ETA está convencida -a mi juicio, con toda la razón- de que si saliera adelante ese proyecto entre nazi y bolchevique que tan abiertamente respalda Llamazares será porque la sociedad vasca en particular y la española en general están dispuestas a pagar cualquier precio por la paz, aunque sea la de los cementerios.

Y en esas circunstancias, lo lógico es que el proceso revolucionario lo dirijan los revolucionarios insomnes no los amigos de la siesta. Porque, evidentemente, el proceso continuará. Y los etarras pueden pensar que si han vencido al enemigo fundamental, que es España, con mayor facilidad podrán imponerse a unos adversarios dentro del nacionalismo que han interiorizado todos los valores, es decir, antivalores, de la extrema izquierda terrorista.

El principal de ellos, el desprecio de la vida de quienes no les obedecen. ¿Y tiene alguien la menor duda de que Ibarretxe desprecia la vida de los vascos no nacionalistas y de los españoles en general?

Lo más instructivo del atentado etarra, que sólo por casualidad no ha reabierto la trágica suma de muertos, es que nos recuerda la verdadera naturaleza totalitaria del plan Ibarretxe, que no traerá nunca la paz, sino más muerte, ni será bálsamo sobre las heridas y láudano para la memoria, sino vinagre en carne viva y fósforo para el cerebro.

Porque Ibarretxe se presentó en La Moncloa con los votos de Otegi y el salvoconducto de Josu Ternera, porque ETA forma parte del Plan, de ahí lo ofensivo que resultaba para la memoria de las víctimas y para el sentido común que Zapatero aceptara la parafernalia del encuentro entre dos Estados, uno naciente y otro moribundo.

Ese triunfo estético del separatismo, que se ha producido ya, augura la derrota de la libertad en toda España y un futuro esplendoroso para la ETA. Los acostumbrados a vivir matando están mucho mejor preparados que los funcionarios para imponerse en el futuro. Así, a bombazos.
www.periodistadigital.com

El «comando apaiza»
Román CENDOYA La Razón 19 Enero 2005

Cuando un cura vasco (apaiza en euskera) eleva su mirada, sus ojos no ven más allá del Txindoki. No son vicarios de Cristo, son vicarios de Sabino Arana. Sabino es el fundador, Arzallus su «mesías» y Setién, Uriarte y otros «apaizas» son sus apóstoles. En su religión el reino es de este mundo. En el ataque frontal contra el orden constitucional, que es el Plan ETArretxe, todos los involucrados están teniendo que utilizar todos sus recursos. Así, a las primeras de cambio, el «comando apaiza» ha tenido que dar la cara. Cuando la Conferencia Episcopal denunció que el Plan ETArretxe ponía en «peligro la convivencia» (valor moral, no político), el obispo Uriarte criticó a la Conferencia Episcopal por hacer política y dijo que el documento publicado «no es vinculante para la comunidad católica guipuzcoana». Para reforzar la autoridad de la sentencia, el obispo jubilado ha arremetido en el mismo sentido. Separatismo nazionalista. Uriarte, el tío de la Goroizelaia, y el emérito Setién intentan denunciar, sin razón, lo único que ellos han hecho en su vida pastoral: política. Política nazionalista. Las sotanas en estos activistas son lo que el pasamontañas en sus compañeros terroristas. Cada uno juega su papel. Lo terrible del «comando apaiza» es que da cobertura moral al objetivo de los terroristas y a la acción política de los partidos que ponen «en peligro la convivencia». ¿Obispos? ¡Que les quiten el disfraz!

Ibarretxe
Joaquín PÉREZ AZAUSTRE La Razón 19 Enero 2005

Lo mejor de la provincia es que uno puede dejarla; también Madrid, que es una provincia más grande y más latente, más encrucijada que provincia con barras al alcance de los sorbos. Madrid no es el centralismo, sino la periferia que se encuentra, una variedad de roces y de pieles que nadan en la cuenca de lo desconocido y de lo efímero. La cultura es efímera, pero también participa de un arrastre que es nuestro propio arrastre, que nos va convirtiendo así en nosotros porque nos reinventamos en sus muros. Madrid es una ciudad sin muros en la que la cultura está en la calle, un encuentro en la espuma de una caña, la generosidad de un recital. La cultura sobrevive a los nacionalismos, pero la gente no: se va crispando, se ahonda en la fractura de los días, se va pasando factura para hacer un discurso en la provincia sobre lo que en Madrid es evidente: que somos todos distintos, que hablamos y leemos y escribimos distinto, que somos cada uno de nuestro padre y nuestra madre, tierra y habla, alcohol y mugre.

La llamada cuestión vasca no deja de ser una cuestión provincial, o quizá provinciana si me apuran. La gente, en la provincia, siempre se supone diferente, y trata de acotar esa distancia que los aleja al fin del resto de la gente y de sus lindes. La cuestión vasca depende de cuatro energúmenos que han viajado muy poco y que han leído todavía menos, que ignoran a Baroja, a Unamuno, a Blas de Otero y a Celaya, y prefirieron quedarse en una poética escasa y pequeñita, casi más de barrio que de pueblo. Miente el lehendakari al enfrentar al pueblo que representa con el resto de la ciudadanía española, con el PSOE y el PP, como si no hubiera gente en el País Vasco -o en Euskadi, o como prefieran- que vota también al PSOE y al PP y no quiere saber nada de su plan de independencia o lo que sea. Ibarretxe se erige en provinciano, en líder sin sentido del estado de cosas que nos hacen ser más ricos. Lo bueno de Madrid es que es variado, que somos muchos aquí, de muchas partes: esta política de lo obvio de Ibarretxe no es sino un coñazo en las noticias. Que deje su provincia, o que nos deje, que se gaste la paga en viajar algo.

El aviso del cartero
TONIA ETXARRI El Correo  19 Enero 2005

Hay que hilar más fino. Cuando se trata de interpretar las intenciones de ETA (que no han sido otras desde la transición que la imposición, a través de la limpieza ideológica, de su proyecto de una Euskadi independiente reunificada y euskaldun) hay que fiarse de la experiencia. Después de que el año pasado Carod Rovira (el muy iluso), fuera utilizado por 'Antza' y 'Ternera', que necesitaban a un vanidoso con pretensiones como él para darse publicidad en el comienzo de su declive, hubo quienes se preguntaban en qué nube habían estado ciertos políticos catalanes durante los últimos treinta años de acoso terrorista. Ahora, después de la carta de Otegi a Zapatero, invitándole a ser el Tony Blair vasco, sin aplicarse el cuento de imitar él a Gerry Adams, por cierto, muchos picaron.

El ambiente había sido preparado con todo detalle: el comunicado de ETA en el que revelaba su intención de delegar en Batasuna, pero alertando que se queda de 'vigía de occidente' por si acaso. Muchos quisieron creer, no sólo ERC, y los 'cocinitas' de IU, que Batasuna había cambiado de tono y que ETA se reservaba a un segundo plano. Que Santa Lucía les conserve la ingenuidad, porque la vista política necesitará en muchos casos de alguna corrección.

Vayamos por partes: el cartero ya lo había avisado. Otegi, después de haber leído en el parlamento la carta del prófugo dirigente de ETA, 'Ternera', de haber dividido sus votos sobre el plan Ibarretxe (sí al referendum y no a su contenido insuficientemente radical), y de haber proclamado que su coalición ilegalizada no quiere la independencia, le tocaba ayer quitarse la piel de cordero. Compareció a media mañana ante la prensa, sin admitir preguntas por cierto, para avisar que de momento «no existe» el proceso de paz. Daba la impresión de querer frenar la 'ilu' colectiva que había empezado a recorrer desde el salón de Atutxa a la cocina de Madrazo.

Un par de horas después, el coche bomba que ETA hizo explotar en Getxo volvía a situar al terrorismo en el centro del escenario. Justo lo contrario de lo que habían exigido, desde la cárcel, ex dirigentes de ETA como 'Pakito', cuando reconocieron que no tenía sentido seguir con el terrorismo. Hay movimientos, a parte de la sacudida de los cimientos de una calle de Getxo, por supuesto. Por eso, convendría que los políticos actuaran con lucidez. Que los minoritarios no se arroguen más importancia de la que tienen y que los mayoritarios se liberen de los complejos escénicos. Ahora que, gracias a Ibarretxe (¿quién se lo iba a decir a él!) el PSOE y el PP han recuperado ese respeto mutuo que se deben, Zapatero verá que no podrá contentar a todos. Y tendrá que estar preparado también para un posible escenario de tregua. No hay que descartarlo. Todos los presidentes de España han sido tentados por la organización terrorista con el señuelo de que pueden pasar a la historia como los pacificadores. Y todos cayeron. Incluso Aznar.

Atentado en Guecho
Se acabaron los juegos florales
Ignacio Villa Libertad Digital 19 Enero 2005

Zapatero ha tenido que bajar precipitadamente del quinto cielo en el que se encuentra instalado por comodidad y por estrategia. El nuevo atentado de los terroristas de ETA han dejado a todos en su sitio. A los propios terroristas etarras, a los terroristas de la franquicia Batasuna, a los nacionalistas vascos, a Izquierda Unida y a Carod Rovira. Que nadie olvide que la tregua de ETA sigue vigente en Cataluña, mientras los terroristas atentan en pleno corazón de Guecho.

Ahora nos va a tocar escuchar todo tipo de interpretaciones –especialmente del mundo nacionalista– sobre qué mensaje hay detrás de ese coche-bomba. Pero no hay margen para el engaño. Detrás del atentado hay dinamita, metralla y terror. Y todo lo demás son componendas que no nos llevan a ningún sitio.

El último atentado de ETA, por desgracia, nos devuelve a la realidad. A la dura realidad. Y sitúa a Zapatero entre la espada y la pared. Está muy bien ir por el mundo hablando a los cuatro vientos de la "alianza de civilizaciones", pero antes de nada hay que afrontar con pulso político los problemas internos.

Nadie se puede olvidar que el plan Ibarretxe tiene el apoyo de los mismos terroristas del coche-bomba de este martes. Por lo tanto este plan no puede debatirse en el Congreso de los Diputados. Antes del atentado existían pocas dudas, después de lo ocurrido en Guecho ya no existe ninguna. Sería una burla a las Instituciones del Estado que un plan apoyado por estos terroristas que sólo entienden el lenguaje del coche-bomba fuera estudiado en el Congreso.

El último atentado etarra coloca a Zapatero en el único lugar de los posibles. Los diálogos y las cartas de Batasuna son para otro momento. Ahora hay que seguir con la lucha contra el terrorismo en todos los frentes. Y Zapatero tiene que recordar al nacionalismo vasco que el único margen para avanzar pasa por condenar a ETA, a Batasuna y a todo el entramado etarra. Señor presidente, se acabaron los juegos florales.

No estaría de más que alguien explique al ministro Jordi Sevilla que lo de Guecho ha sido un coche-bomba y no un "simple ruido". Sevilla se cree que vale para un roto y un descosido. Y así le ...

Atentado en Guecho
No más reparto de nueces
Isabel Durán Libertad Digital 19 Enero 2005

Tras diecinueve meses sin asesinatos, el 21 de enero de 2000 la banda terrorista ETA mató en Madrid al teniente coronel Pedro Antonio Blanco. Hoy, dieciocho días después de la mayor victoria de la organización criminal vasca –la aprobación del plan nacionalterrorista de Ibarretxe–, los asesinos han vuelto a dejar su huella haciendo estallar una bomba que ha dejado herido a un ertzaina, en señal de aviso de su supervisión del “proceso de diálogo” “tan esperanzador” anticipado por el anhelante Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

El jefe del Ejecutivo socialista debe ahuyentar la patulea de aduladores de la izquierda independentista radical y desde sus propias filas, no sucumbir a los cantos de sirena que le soplan al oído haciéndole creer que pasará a la historia como el presidente que acabó con la ETA a base de talante y buen rollito y atenerse a la realidad de los hechos.

Hace ya seis años desde que los tres enviados del presidente del Gobierno de José María Aznar acudieron a Suiza a entrevistarse con Mikel Albizu, Antza, y Belén González Peñalva, jefes de la banda terrorista, afortunadamente hoy entre rejas. Diálogo de besugos. Los etarras rompieron su tregua-trampa cuando les convino y reiniciaron su macabra andadura con la sangre del teniente coronel Blanco.

Ahora los terroristas, más maltrechos que nunca organizativa y operativamente hablando, han dado un salto político de proporciones siderales al aprobar bajo sus designios el plan secesionista del lehendakari. Pero los asesinos no van a permitir a Ibarretxe recoger más nueces porque saben que está en juego su propia supervivencia político-social.

Con el atentado de Guecho, avisan al PNV de que no tolerarán que se haga con su sustrato social nacionalista. Ibarretxe lleva casi un mes proclamado vencedor in pectore, líder absoluto del abertzalismo por anticipado y considerándose de nuevo el próximo inquilino del palacio de Ajuria Eenea. Hasta que la organización terrorista ha vuelto a marcar su territorio. Los jefes de la dinamita han hecho saber al lehendakari quien manda. Quién marca los tiempos. Quién es la dueña de un proceso que no piensa dejarse arrebatar. Y también a ZP.

Porque Rodríguez Zapatero ya se había puesto medallas por anticipado de generosidad y grandeza con los asesinos en la creencia de que posee la fórmula magistral para acabar con el terrorismo. Mientras pacta desde la Moncloa pacta con la boca pequeña con Rajoy a instancias del Rey, continúa en manos de quien selló con ETA en Perpiñán el acuerdo de seguir mirando en el mapa dónde ponen las bombas. Y es que el talante y el diálogo de nada sirven con los asesinos. Y si no que se lo pregunten a la viuda del teniente coronel Blanco, y al resto de las viudas, madres o huérfanos de la banda asesina.

Frustración, esperanza y bomba
JOSEBA ARREGI El Correo 19 Enero 2005

Frustación, esperanza y bomba. Son tres palabras que resumen a la pefección la realidad política y social vasca de estos últimos 25 años. La frustración causada por la pervivencia de la pesadilla de ETA, por la pervivencia de la violencia terrorista. Esperanza de que algún día podremos vivir libres de esa pesadilla, libres del temor causado por ETA, libres de su amenaza, libres de que ETA condicione la política vasca y la vida diaria de muchos vascos. Más frustración, porque las escasas oportunidades que ha habido para respirar esperanza han sido frustradas por los violentos. Porque en los momentos de mayor euforia siempre ha aparecido la fatídica bomba, el demoledor coche-bomba, el maldito tiro en la nuca.

El escenario no falla: el patio político vasco anda revuelto. Hay propuestas por doquier. Todo el mundo tiene la sensación de que se está preparando algo, no se sabe si bueno o malo. Se escuchan manifestaciones de Batasuna, avales de ETA con marchamo de novedad, por lo menos en boca de sus autores. Se empieza a especular sobre posibles treguas. Muchos empiezan a soñar con la paz. Y estalla una bomba. Esta vez, de nuevo, en Getxo. Un herido leve, un miembro de la Ertzaintza. Ciudadanos atemorizados.

Y el escenario seguirá: la bomba no pone en entredicho la voluntad manifestada en las últimas comparecencias de Batasuna y en las últimas expresiones de ETA. El atentado se circunscribe a mantener viva la amenaza del impuesto revolucionario. Como si esa rama del terror fuera menos terror. Como si quienes están sometidos a ese terror tuvieran que convivir con él hasta el fin de los tiempos, hasta el fin material, formal y publicitado de la violencia.

Siguiendo con el escenario: nada ha cambiado. La bomba es prueba de que en ETA sigue existiendo la única lógica de la que son capaces: amenazar, matar, violentar, coartar la libertad de ciudadanos vascos hasta conseguir la meta política de una Euskadi hecha a su medida, a la medida de su radical visión nacionalista. Y porque ETA no ha cambiado, no va a cambiar y no puede cambiar, no hay que prestar atención alguna a ninguna de las manifestaciones de sus portavoces. Sólo tratan de engañar: para tapar su debilidad, para reconquistar protagonismo frente al nacionalismo tradicional, para marear y despistar a quienes pueden hacerles daño desde los poderes del Estado de Derecho.

Pero en otra parte del mismo escenario, en las manifestaciones de ETA y de sus portavoces se están produciendo cambios y novedades importantes. Parece que renuncian al independentismo. Hablan, en contraposición directa al plan Ibarretxe, de que la negociación que se precisa es la que se debe llevar a cabo en Euskadi, en la sociedad vasca, entre los distintos partidos políticos vascos. Algo se mueve y sería irresponsable no prestar atención a las posibilidades de acabar con la violencia que se pueden estar abriendo.

Y en el clímax del desarrollo teatral aparece la voz del portavoz de Batasuna pidiendo calma, amonestando a la responsabilidad, poniendo sordina a la esperanza sin querer ahogarla del todo ni ser causa directa de una nueva frustración. En plan de hombre de Estado. Tratando de marcar diferencias claras con un Ibarretxe obligado a imaginarse cada hora una nueva táctica para salvar lo insalvable. Eso sí: horas antes de que estalle el coche bomba en Getxo.

Muchos ciudadanos quieren esperar, quieren creer en la esperanza. No pocos ciudadanos tienen miedo a sufrir una nueva frustración. Bastantes ciudadanos están preocupados porque exista un desistimiento por parte del Estado, una bajada de la guardia, un intento de encontrar una solución a cambio de renunciar a algunos principios básicos de libertad, democracia, de derechos de ciudadanía. A costa de la memoria de los asesinados. Y algunos ya no quieren creer en nada: sólo en una derrota en toda regla de ETA, una derrota proclamada formalmente por los terroristas, o constatada sin lugar a dudas por el Estado.

¿Pero, y si realmente hubiera algo novedoso en las manifestaciones y movimientos de las últimas semanas? Una novedad causada sin lugar a dudas por la actuación decidida de los poderes del Estado de Derecho. Una novedad en cuya base está la constatación por parte de los terroristas de que no tienen otra salida que ser activos y participar en la organización de su propia desaparición como organización terrorista. Y la novedad podría consistir en que los mismos terroristas están tratando de probar sus propios límites, de saber hasta dónde pueden llegar, al tiempo que tientan los límites del Estado de Derecho.

Podría tratarse, por supuesto, de un falso embarazo. Pero podría ser -repito, gracias a la decidida actuación de los poderes del Estado- que se esté preparando algún alumbramiento. Si tal fuera el caso, lo que los ciudadanos pueden y deben pedir es que los políticos y los poderes del Estado actúen con responsabilidad. La responsabilidad implica que alejen de sus filas a los que no saben cuáles son los principios indefectibles del Estado y creen que con todo se puede jugar. La responsabilidad exige que los políticos del Estado tengan los ojos bien puestos en los límites que impone el Estado, para saber qué es lo que cabe dentro de esos límites y qué no puede ser negociado de ninguna manera. La responsabilidad exige que esos mismos políticos del Estado sean capaces de transmitir confianza a los ciudadanos que por una razón u otra tienden a la desconfianza. Y la responsabilidad exige no olvidarse de los asesinados.

Pero la responsabilidad exige, y quizá sobre todo, que teniendo en cuenta todo lo anterior y desde la firmeza del Estado de Derecho, no desaprovechen la oportunidad de ayudar al alumbramiento, en caso de que se esté fraguando.

Y quizá si de verdad existe algo nuevo en la situación presente y se llega al alumbramiento del fin de ETA, entonces llegará el momento de otra novedad: aquélla en la que todos se tendrán que recolocar en un escenario político en el que ETA y sus tremendos condicionamientos habrán dejado de funcionar y de distorsionar toda la realidad política vasca. Y quizá nos encontraremos entonces ante una situación sorprendente y realmente nueva.

La reforma de los Estatutos de Autonomía
José Luis Manzanares Estrella Digital  19 Enero 2005

El artículo 2 de la Constitución, fundamentada en la “indisoluble unidad de la Nación española”, reconoce y garantiza la autonomía de las nacionalidades y regiones que integran la “patria común e indivisible de todos los españoles”, pero los Estatutos no siempre han empleado uno de aquellos términos. La “nacionalidad” aparece en los Estatutos del País Vasco, Cataluña y también, con la adjetivación de histórica —nacionalidad histórica—, en el de Galicia. Otras veces se proclama solamente la “identidad histórica”, como en Castilla-La Mancha, Valencia y las Islas Baleares, o se habla de “comunidad histórica”, como en Asturias y Cantabria. La expresión “identidad regional histórica” se repite en Murcia y Extremadura. En Castilla-La Mancha se utiliza la palabra “región”, y Castilla y León destacan su “identidad propia”.

Dado que el techo autonómico es el mismo para las nacionalidades y las regiones, poco importaría la denominación en el ámbito de las transferencias. El problema se plantea cuando se quiere pasar de la nacionalidad a la nación, no sólo para obtener un marco competencial más amplio, sino también para avanzar hacia la independencia que algunos nacionalistas reclaman. El sustantivo “nación” encierra un potencial soberanista del que se hace eco la primera acepción del Diccionario de la Real Academia: “conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno”. Y los recelos no desaparecen si se sustituye “nación” por “comunidad nacional”.

Ante la oposición de la inmensa mayoría de los españoles a borrar de nuestra Carta Magna la unidad de la Nación española, con mayúscula, se ha puesto en marcha una operación envolvente en cuyo primer tramo los separatistas a plazos cuentan con la compañía de otras gentes que únicamente desean reafirmar su identidad particular dentro de España. El peligro consiste en que estos últimos acaben asumiendo por inercia las metas de los radicales o reaccionen demasiado tarde. La cuestión se desplaza ahora desde la reforma constitucional a la reforma de los Estatutos, y más concretamente —y adelantando el rechazo al elaborado por el Parlamento vasco— a la del Estatuto que estos días se discute en el Parlamento de Cataluña.

La aprobación de los Estatutos en las Cortes Generales no requiere la mayoría cualificada que se exige para la reforma de la Constitución, de modo que cabría prescindir de los votos afirmativos de un Partido Popular que estaría legitimado para acudir luego, en su caso, al recurso de inconstitucionalidad. Creo, sin embargo, que la inquietud suscitada por la novedosa referencia a la “comunidad nacional” puede desvanecerse en buena parte si, como está ocurriendo, sus propios postulantes la sitúan dentro de nuestra Carta Magna, o sea, partiendo del respeto absoluto a una soberanía nacional que reside en la totalidad del pueblo español.

La verdad del terror
Editorial El Correo 19 Enero 2005

ETA ha vuelto a mostrar con la explosión de un coche bomba cuáles son sus únicos argumentos, el real peso de sus propuestas: la destrucción y la imposición violenta. Y lo ha hecho en el momento en que se habían suscitado más especulaciones sobre el cese de su actividad criminal e incluso cuando se aventuraba desde alguna fuente su pronta desaparición. Su objetivo ha sido Getxo, una zona residencial especialmente castigada por su barbarie y que en su fanatismo simboliza de forma precisa al enemigo de clase. La secuencia de los hechos -el secuestro de un ciudadano para sustraerle el vehículo, cargarlo con 40 kilos de explosivo y activarlo en un lugar distinto al comunicado y sin tiempo para la evacuación- describe un atentado indiscriminado y devastador, preparado para matar, y habla de la persistencia de las prácticas asesinas de ETA y su apuesta irrenunciable por la violencia como instrumento para torcer la voluntad ciudadana y de cuantos se oponen a sus planteamientos totalitarios. Un atentado, en definitiva, frente a quienes especulaban con una supuesta e irreal inactividad de la banda -en su último comunicado ETA reivindicó 23 atentados- como un factor de esperanza. Ayer, como siempre, intentó sembrar dolor, muerte y destrucción.

Es evidente que tanto el lugar elegido como la cantidad de explosivo empleado y el método seguido representan un salto cualitativo sobre la estrategia desarrollada por ETA en los últimos meses y un retorno a sus métodos más sangrientos. Una llamada de atención para que la sociedad y las instituciones se mantengan firmes y en una disposición activa frente al terror y para que redoblen sus mecanismos de defensa en prevención de los planes que, a tenor de lo ocurrido ayer, puede estar albergando la banda criminal.

Una vez más, ETA ha demostrado que la verdad del terrorismo se encuentra en los hechos y no en las palabras de sus portavoces o en las interpretaciones que desde la ingenuidad o la manipulación interesada acaban confundiendo los deseos compartidos por la mayoría de la sociedad con una realidad que los contradice. En los últimos días, la cadena de pronunciamientos, declaraciones y valoraciones que sin fundamento han tratado de presentar el momento que vivimos como si nos encontráramos en tiempo de descuento no sólo han errado en su valoración de las circunstancias que rodean al terrorismo y de la voluntad que anida en ETA, sino que además han favorecido objetivamente el campo de maniobra de la banda criminal y la izquierda abertzale. Sería exigible que quienes se han excedido en su optimismo o en su benévola comprensión de los mensajes del entorno radical y que tan receptivos se han mostrado públicamente a sus manifestaciones hagan gala de una mayor prudencia, porque sólo desde la coincidencia democrática en el diagnóstico de lo que ocurre podrán los partidos y las instituciones responder con un mínimo de actitud unitaria al desafío que ETA hizo patente con el atentado de ayer.

Uno de los aspectos más preocupantes de cuantas declaraciones han incurrido en un exceso de optimismo es que se ha vinculado de forma equívoca, y en ocasiones antidemocrática, el eventual fin de la violencia de ETA al diálogo político. Ello en un momento en que tanto la sociedad vasca como el conjunto de la sociedad española están viendo con gran preocupación el escenario a que aboca el plan Ibarretxe y su formulación soberanista. Resulta sorprendente contemplar cómo responsables políticos experimentados se han conformado con unas cuantas señales provenientes de la izquierda abertzale y de la propia ETA para deslizarse a un terreno tan peligroso como el que relaciona el logro de la paz con la apertura de un proceso de diálogo político, precisamente el camino que ha conducido hasta ahora a los violentos a poner un precio al fin de su existencia asesina.

El reto que para la convivencia y el desarrollo armónico de la democracia en Euskadi y en España representa la pugna entre el soberanismo y el principio de legalidad puede hallar tanto en la amenaza de ETA, como en los señuelos con que ésta trata de enredar al nacionalismo y a los más incautos, un peligro indudable en tanto que se reabra la disyuntiva que ya parecía superada sobre el camino hacia la paz: si la senda correcta es la derrota política y la reducción a mínimos de la capacidad operativa de ETA por el esfuerzo policial y judicial o si, por el contrario, el fin de la violencia exige el pago de un precio, ya sea dar la razón directamente a los terroristas o a los planteamientos soberanistas del nacionalismo. El proyecto que albergan quienes han proclamado la defunción del Estatuto de Gernika adquiere un contenido netamente antidemocrático precisamente en este punto, cuando a falta de razones para suplantar el consenso autonómico por la propuesta sesgada de una parte -el nacionalismo- echa mano del argumento falaz y ventajista de que su vía nos lleva a la paz.

ETA, con sus armas de siempre
Editorial Heraldo de Aragón 19 Enero 2005

QUIENES hablaban de una posible tregua de ETA se han equivocado. No ha habido tregua, sino todo lo contrario, un atentado con bomba que, milagrosamente, no ha producido ninguna víctima mortal, aunque una agente de la Ertzaintza ha resultado herida. El atentado fue provocado por la explosión de un coche bomba colocado en una calle de Las Arenas, en Guecho, muy cerca de Bilbao, una zona de industriales y políticos muy castigada por la represalia etarra. Pero no parece que la acción terrorista actual tenga por único objetivo amedrentar a esas víctimas propiciatorias, aunque desde luego los etarras demuestran claramente que quieren seguir viviendo del robo y el chantaje. Tal como está de candente la situación, la respuesta etarra tiene que tener además otras razones.

Está claro que ETA quiere recordar al Gobierno central que digan lo que digan sus "intérpretes", desde el PNV a ERC, la última palabra la tienen ellos, y que no admiten ultimátum de ninguna clase. Es la respuesta a un Zapatero que se niega a cualquier tipo de diálogo o negociación si antes no callan las armas. Y ETA dice que no, que ellos no aceptan condiciones de ningún tipo: la lucha armada -han comunicado- no tendrá fin. Y lo cumplen. En este sentido, ETA se ha mostrado más coherente que sus patéticos "intérpretes" y demuestra que el PNV habla a humo de pajas cuando espera diálogo. ETA sólo tiene un lenguaje, la lucha armada, porque sin ella dejaría de existir, y sin su existencia sus pretensiones políticas e ideológicas nunca se alcanzarían. La democracia siempre los dejará fuera de juego. El nuevo atentado de ETA deja a Ibarretxe en la peor de las situaciones. Los tres votos de Batasuna contra su plan en el Parlamento vasco se produjeron por algo: estaremos a la expectativa, decía ese reparto aparentemente incoherente de votos, el sí y el no a la vez. Ahora, a la vista del rechazo frontal del plan Ibarretxe, viendo que nada tienen que hacer, el voto negativo ha empezado a ejercer: y han vuelto a hablar las armas.

En presencia de violencia
Opinión El País  19 Enero 2005

Las esperanzas de quienes interpretaron el apoyo de Batasuna al plan Ibarretxe como garantía de "ausencia de violencia" por una temporada no se han confirmado. Horas antes de que estallara en Getxo un coche bomba preparado por ETA, el portavoz de Batasuna, Arnaldo Otegi, advertía ayer de que, "por el momento, no existe un proceso de paz". La confirmación por vía de hecho de ese diagnóstico significa que la oferta de negociación presentada el viernes por ese mismo portavoz y avalada el domingo por ETA es compatible con los coches bomba. Es la respuesta de la banda a la cautelosa pero receptiva actitud del Gobierno ante la misiva de Otegi: para oírle es preciso que calle ETA. Pero ETA no está dispuesta, ni Otegi a distanciarse de lo que la banda decide.

ETA alertó de la explosión, pero eso no significa que quisiera evitar víctimas, según el consejero vasco de Interior, Javier Balza. El comunicante dio el nombre de una calle distinta, sólo transcurrieron 20 minutos entre el aviso y la explosión, y sobre todo, es imposible prever los efectos del estallido de una bomba de 40 kilos en plena calle. No es un atentado como los del verano en la cornisa cantábrica, ni siquiera como los del puente de la Constitución en Madrid. ETA contaba ayer con la posibilidad de que hubiera víctimas. De hecho, un ertzaina resultó herido.

Atribuir otro significado más allá de ese mensaje de afirmación de su voluntad de no desistir resulta arriesgado. ETA no ha renunciado nunca a la violencia. Sólo lo hará si sus jefes llegan a la conclusión, como Pakito y los otros ex dirigentes presos, de que no sirve para hacer avanzar causa alguna. La debilidad de ETA se debe en primer lugar a las detenciones a ambos lados de los Pirineos, pero también a la falta de objeto de la violencia una vez que se convenció de que ningún gobierno español negociaría concesiones políticas a cambio de su cese. Esa debilidad política, unida a la ilegalización del brazo político, hace en teoría verosímil la idea del abandono de las armas, como ocurrió en su momento en Irlanda. Pero se trata de una hipótesis, no de una realidad constatable. Lo constatable es lo contrario: ETA ha seguido realizando atentados después del discurso de Otegi en Anoeta, en noviembre, en el que expresó su compromiso con los métodos políticos y democráticos.

Por tanto, conviene evitar euforias poco realistas. Si ETA está dispuesta a dejar la violencia no tardaríamos en enterarnos. Ayer expresó claramente que no lo está, sin que ello cogiera por sorpresa a Otegi.

El maleficio
Por José María Marco La Revista Libertad Digital 19 Enero 2005

Durante algunos años, algunos mantuvimos que España era un país normal. Entendíamos por normalidad la capacidad para enfrentarse racionalmente a un problema por parte de los españoles. El postulado requería dos premisas. La primera, raciocinio. La segunda, un consenso mínimo, compartido por una mayoría suficientemente amplia, acerca de las prioridades de la política nacional y el conjunto de valores que las definen.

Afirmar que una mayoría amplia de españoles era capaz de articular posiciones racionales y compartía unos valores mínimos no nos llevaba a pensar que todos los problemas estaban superados. España se enfrentaba a problemas generales, compartidos por muchos otros países, como los derivados del crecimiento excesivo del Estado del bienestar o el intervencionismo de los gobiernos. Y además, como cualquier otro país, tenía que hacer frente a problemas que le son específicos, derivados de su historia y de su identidad.

En el caso español, estos problemas eran por lo fundamental dos. El primero, la ofensiva nacionalista en contra de la unidad y la continuidad de la nación española. El segundo, la estructura mental de la izquierda española, que presenta a su vez dos características singulares: una, la falta de respeto hacia la legalidad, considerada un simple instrumento para cambiar la realidad según un objetivo ideológico o político determinado; dos, el desapego profundo por la nación española, que en los casos más extremos –muy numerosos– es antiespañolismo y en los más templados indiferencia ante el hecho nacional.

No estoy diciendo que todos los que se identifican con posiciones de izquierda pensaran eso mismo. Al contrario. Quienes sostuvimos que España es un país normal pensábamos justamente que esos dos problemas, no superados y vigentes en la sociedad española, habían encontrado en estos últimos años un freno en una sociedad que se articulaba en torno a valores comunes y capacidad de raciocinio. Como de los nacionalistas no nos hacíamos –yo, por lo menos– ni la menor ilusión, este razonamiento suponía que una parte al menos de los españoles que se sitúan en la izquierda habían superado los antiguos errores y habían alcanzado un cierto grado de madurez mental y emocional. Un solo ejemplo: supusimos que un partido que pacta abiertamente con los terroristas de ETA, como es ERC, estaría desacreditado ante los electores e incapacitado para ejercer tareas de gobierno.

¿Nos equivocábamos? Por supuesto que sí. Lo prueba el hecho de que ERC es hoy en día la fuerza determinante en la vida política española. La izquierda, como demostraron las elecciones del 14-M y los sondeos realizados desde entonces, acepta esa realidad sin escándalo ni mayores problemas, como parece aceptar que un plan secesionista respaldado por ETA sea recibido en la Presidencia del Gobierno y en las Cortes, y como sigue aceptando que unos socialistas, del partido gobernante, tengan firmado un pacto con ERC que les impide pactar con el otro partido nacional español, ni siquiera para la defensa de la permanencia de la nación española.

Hay un dato, sin embargo, que tal vez puede ayudarnos a no sentirnos completamente desalentados ante la situación. El dato es resultado de un experimento fácil de hacer. Exige, eso sí, una cierta capacidad retórica. Se trata de explicar a un interlocutor de izquierdas la situación en la que se encuentra ahora mismo España en general, sin referencias a partidos políticos ni, por supuesto, a nuestro país. Lo mejor es aplicar el esquema a cualquier otra nación, Francia, Alemania o Estados Unidos. Si se hace con suficiente pericia –de ahí el requerimiento de la retórica– el interlocutor negará cualquier verosimilitud al asunto y acabará diciendo que es el guión de una película delirante. Entonces ha llegado el momento de reintroducir en la conversación la palabra España. Aquí viene lo asombroso. Lo que un momento antes era completamente inverosímil ahora resulta natural. Un amigo norteamericano me ha llegado a decir, como si le hubiera hecho perder el tiempo: “Bueno, ¡ya sabemos cómo es España!”

Reconozco que el experimento es más difícil de hacer con españoles, pero –lo he comprobado- se puede llegar a realizar. ¿Qué quiere decir? Primero, que la sola mención de la palabra España borra de la mente de muchas personas cualquier raciocinio, así como los valores mínimos que están en la base de cualquier convivencia en libertad. Es un fenómeno extraordinario. Segundo, que esas mismas personas que se dejan ofuscar por la palabra España no están absolutamente locas ni, a pesar de las apariencias, son unos completos delirantes.

De aquí se puede deducir que una organización política capaz de expresar y articular con firmeza una visión sensata de la realidad acabará por recuperar el respaldo mayoritario de la sociedad española. La insistencia en la propuesta de un gran pacto de Estado entre los partidos españoles, la defensa de la unidad nacional y la presentación de un proyecto atractivo -y ahora mismo por debatir otra vez, como se debatió cuando la refundación del PP- son los elementos de esa posición.

Bien es verdad que ya no se sabe quién participa más de esta locura que podemos llamar quijotesca por eso del aniversario, si aquellos que se dejan trastornar por la palabra España o quienes seguimos convencidos que los españoles pueden dejar atrás ese maleficio, como lo dejaron atrás, de hecho, en años anteriores.

LEHENDAKARI AGUIRRE
Un personaje de leyenda
Por Pío Moa La Revista Libertad Digital 19 Enero 2005

Un aspecto chocante de los nacionalismos vasco y catalán es la enorme distancia entre sus encendidas loas a las virtudes de la “raza” o de la “nacionalidad”, y el muy mediocre ejemplo intelectual y político que ellos mismos dan. Podría decirse que ellos mismos no son vascos ni catalanes, si atendemos a sus propias exaltaciones. Si excluimos a Cambó, que terminó haciéndose españolista, o Eugenio d´Ors, que derivó hacia la Falange, el historial práctico de los líderes nacionalistas ha resultado sumamente gris. En el nacionalismo vasco no encontramos excepciones: todos son personajes de cuarta o quinta fila.

¿Con la excepción de José Antonio Aguirre? Para el nacionalismo vasco Aguirre es, después de Sabino Arana, el personaje más destacado de su historia, casi un personaje de leyenda, por haber dirigido durante la guerra el partido y el primer gobierno autónomo de Vizcaya (de “Euzkadi”, en la propaganda), y por la proyección internacional que alcanzó en el exilio, inigualada antes o después por cualquier personaje del nacionalismo sabiniano.

Sin embargo un repaso más detallado del currículum político de Aguirre da para pocas alegrías desde cualquier punto de vista, incluido el de los propios sabinianos. Durante la república, Aguirre, muy apoyado por Irujo derivó desde un primer y fallido intento de imitar a Companys y Macià, declarando una nueva situación política en Vascongadas, al acuerdo con los carlistas, con proyectos golpistas incluidos, en pro de un estatuto autonómico; luego tentó suerte con los radicales de Lerroux, y finalmente buscó el entendimiento con las izquierdas revolucionarias.

En octubre del 34 el PNV hizo algunos movimientos sospechosos, pero finalmente no salió a la calle, al revés que Companys. Éste es un episodio algo oscuro, más porque durante el verano previo los sabinianos habían organizado la desestabilización del gobierno legítimo mediante movimientos de desobediencia civil y todo género de provocaciones, en unión con los revolucionarios socialistas. Todo indica, no obstante, que su pacto más estrecho fue con la Esquerra, gobernante entonces en Cataluña. Muchos indicios abonan la impresión de que había acuerdo para lanzarse a la rebeldía, pero así como Companys lo hizo, para su mal y el de todo el país, el PNV esperó a ver cómo marchaban las cosas, y se contuvo al constatar el fracaso de sus aliados. Actitud oportunista que de momento le salió bastante bien.

Tras algunas disputas en el PNV por los malos pasos dados, Aguirre imprimió al partido una orientación pro-revolucionaria. Los partidos de izquierda, dada su pasajera postración después de su derrota de octubre, estaban predispuestas a hacer concesiones para lograr nuevos aliados y dividir a las derecha, y Aguirre se prestaba muy bien a ello, a cambio del estatuto, que en los pri años de la república habían obstaculizado precisamente esas izquierdas.

En función de ese objetivo, y a pesar de la evidencia de la marea revolucionaria, bien constatada en la prensa peneuvista, Aguirre rechazó los requerimientos del Vaticano para que todas las derechas católicas fueran unidas a las elecciones de febrero del 36. Al contrario, la propaganda de Aguirre pintaba a la CEDA con los mismos falsos colores de la propaganda izquierdista: el partido derechista, defensor de la legalidad republicana en octubre del 34 aparecía como un partido golpista, representante de una oligarquía explotadora atenta sólo a mantener sus supuestos privilegios. Causa perplejidad cómo semejante evolución ha sido ensalzada, incluso por historiadores de derecha, como democratizante y modernizadora. Realmente contribuyó al triunfo y auge del movimiento revolucionario, y por tanto a la guerra civil.

Reiniciada ésta en julio del 36, la izquierda se apresuró a ganarse a Aguirre mediante la autonomía. Cabe señalar en este punto que el PNV nunca había engañado a nadie, pues declaró reiteradamente que no concebía el estatuto como un modo de integrarse establemente en el estado, sino como una palanca para romper la unidad española. Y, aprovechando las especiales circunstancias de la guerra, desde el primer momento Aguirre hizo trizas las normas estatutarias, creando un ejército separado del Ejército Popular, al cual no obedecía, “coordinándose” con él según su conveniencia; y dentro de ese ejército “de Euzkadi” un ejército peneuvista con su propia orientación. La exasperación del gobierno izquierdista ante la rebeldía de Aguirre la expresa muy bien Largo Caballero: “Cómo imponer la disciplina al gobierno vasco? ¿Encarcelándolo? ¿Lo podía hacer el Gobierno central desde Valencia? En el caso de poderlo hacer, ¿sería conveniente?”.

No era nada conveniente, entre otras cosas porque la situación en Vizcaya, donde la Iglesia no fue abiertamente perseguida (“sólo” fueron asesinados unos 45 sacerdotes) permitía al Frente Popular tachar de leyenda, de cara al exterior, la sanguinaria persecución religiosa organizada en casi todo el territorio en poder de la izquierda. Falsificación propagandística a la que Aguirre e Irujo se prestaban de la mejor gana, a cambio, claro está, de una práctica independencia política.

Y al mismo tiempo los nacionalistas entablaron “diálogo” con el enemigo, en especial con los fascistas italianos, sin desdeñar a los nazis, y también con Londres y París con vistas a una paz separada. Tras el bombardeo de Guernica, Aguirre llamó a una resistencia a ultranza, pero tan sólo dos semanas después estrechaba su diálogo con los fascistas. Y cuando Bilbao estaba amenazada volvió a llamar a una lucha desesperada, invocando hasta los precedentes de resistencia liberal en el siglo anterior… mientras preparaba la huida. Y no se privó de hacer a Franco el obsequio de la potente industria de Bilbao, cortando las tentativas izquierdistas de destruirla.

Para engañar a Azaña, Aguirre le informó de que había mantenido intactas las fábricas porque pensaba recuperarlas pronto, pero en realidad pensaba lo contrario, y sus acuerdos con los fascistas no cesaban de avanzar. Su descaro llegó al punto de anunciar a Azaña que si el enemigo atacaba Santander desde el sur, en lugar de hacerlo desde el este, podría causar un desastre a la defensa “republicana”. Esa vía de ataque era justamente la que habían sugerido los enviados del PNV a los italianos y a los franquistas. Azaña sospechó que Aguirre le estaba embaucando, pero no pudo percibir todo el alcance de la maniobra, que culminaría en el Pacto de Santoña, bien conocido.
Aguirre había, pues, traicionado a la Iglesia, mostrándole una insolidaridad increíble en un católico ante la exterminadora persecución religiosa, y colaborando a ella, al menos en el plano propagandístico; también había pisoteado el estatuto autonómico y vendido al Frente Popular, con el cual se había alineado afirmando que representaba la “democracia”. No podía haber traicionado a más, ni más ampliamente.

Fracasados también sus tratos, junto a los nacionalistas catalanes, con las potencias democráticas, Aguirre hubo de compartir la derrota con sus “aliados” revolucionarios. Ya en el exilio, intentó hacerse con el tesoro del yate Vita, robado por Negrín a la Iglesia, a particulares y a los mismos montes de piedad, aunque fue Prieto quien se apoderó de él. Los jefes peneuvistas intentaron entonces “comer a dos carrillos” cobrando al mismo tiempo de los dos organismos izquierdistas (SERE y JARE), muy rivales, que trataban de capitalizar políticamente la ayuda –con fondos expoliados en España– a los refugiados, y no admitían el doble cobro. Finalmente, el PNV de Aguirre encontraría su mejor fuente de financiación en el FBI, a cambio de espiar a sus “amigos” izquierdistas so pretexto de la común “lucha contra Franco”, y de pasar información sobre los nazis en Europa. La calidad de esas informaciones decepcionó a los useños, pero la ayuda se mantuvo por motivos políticos, permitiendo a Aguirre hacer grandes giras por América del sur y hablar como líder del exilio “republicano”.

Se haría muy largo extenderse en las intrigas de Aguirre (el lector interesado puede encontrar muchos más detalles en mi libro Una historia chocante), pues su vida fue una intriga permanente y mediocre en que terminó traicionando a todos sus amigos y aliados. Pero este breve resumen basta, creo como indicio de una personalidad realmente peculiar, máxime cuando el hombre se presentaba y lo presentaban en todas partes como paradigma de la buena fe, la honradez y hasta la ingenuidad de los vascos. Sugiere más bien un pícaro sevillano del siglo XVI.

El pastor Olabarria
Juan BRAVO La Razón 19 Enero 2005

Definitivamente, el PNV no parece tener muy claros los ámbitos sociales propios de la clase política ni de la Iglesia católica. Obvia, incluso, la esencia misma, la estructura jerarquizada y la dimensión universal de la Iglesia. El diputado del PNV Emilio Olabarria advirtió de que la «interferencia» de la Conferencia Episcopal en el debate político puede provocar «una ruptura» con la Iglesia vasca, e indicó que el Gobierno del PSOE debería decir a los obispos españoles «cuál es el ámbito de sus competencias» porque se están «extralimitando». Que la división de poderes en el País Vasco sea una entelequia no quiere decir que la normalidad democrática pase precisamente por esa anomalía. Todo lo contrario. Emilio Olabarria puede que esté acostumbrado al clientelismo alimentado por el régimen nacionalista, del que no se escapa la Iglesia vasca, claramente alineada con el poder peneuvista, y significativamente distante con los principios católicos y los preceptos emanados del Vaticano. Pero esa realidad poco tiene que ver con la normalidad política y doctrinal de un país y una confesión. El PNV debiera aplicarse el cuento que intenta vender para el resto de España y dejar de tutelar los pasos de algunos pastores vascos. Olabarria haría bien en trasladar los ánimos «independentistas» de la Iglesia nacionalista al Vaticano. A ver qué pasa.

El Rey en Marruecos
Ya estamos más tranquilos
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 19 Enero 2005

Para contento de Mongolia y de la nutrida cohorte del good for nothing promotor del Burdeos y de la gamba asiática, la alianza de civilizaciones iba en serio. Como lo demuestra que el Rey de España la invoque ante el vecino del sur. Es una gran alegría para todos descubrir hasta qué punto errábamos. Don Juan Carlos nos ha tranquilizado con ese oportuno discurso, gracias al cual hemos sabido de los “notables avances en las libertades democráticas” de Marruecos, de su “modernidad”, de “su lucha contra el terrorismo” y de sus esfuerzos para controlar la emigración ilegal.

Menos mal, pues por algún motivo que no acierto a comprender creíamos que había existido una estrategia de provocación por parte del Rey de Marruecos. Pensábamos que quería anexionarse Ceuta y Melilla, que su padre había cometido genocidio en el Sahara Occidental, territorio sobre el que su país no ostenta ni ha ostentado jamás derecho alguno, llegando a utilizar napalm contra la población civil. Y que el hijo había ordenado recientemente la ocupación del islote Perejil tras un crescendo de tensión unilateral que se había iniciado con el desabastecimiento y hostigamiento de nuestra flota pesquera, había seguido con la retirada inmotivada de su embajador y había pasado por concesiones petrolíferas ilegales y por una colaboración cuando menos pasiva en los bonitos negocios de la droga del Rif y del tráfico humano. Esto lo niego desde ahora mismo porque me acabo de acordar de José Luis Gutiérrez.

Por pensar, hasta pensábamos, que tontería, que la inteligencia marroquí tenía penetrados los grupos islamistas en España y que venía obstaculizando la investigación de los atentados perpetrados por marroquíes el 11 M, que sus espías escucharon las llamadas de teléfono de los suicidas de Leganés y que ahora mismo se paseaba impunemente por Tetuán uno de los terroristas reconocidos por testigos en los trenes de la muerte.
Creíamos también, mira que somos crédulos, que el régimen marroquí había realizado presiones dirigidas a censurar a la prensa española, y que el sultán acababa de injuriar al ex presidente del gobierno en una entrevista. Y que en su día había amenazado al entonces ministro de Exteriores Josep Piqué. Y que todo obedecía a la voluntad de alterar por la fuerza o por la amenaza la posición que mantiene España respecto al Sahara desde 1975. Incluso había llegado a concluir que Marruecos había logrado su objetivo, que España se había doblegado y que estaba a punto de traicionar por segunda vez (la primera fue tras aquella visita de Juan Carlos I hace treinta años) al pueblo saharaui.

Ya no basta una tregua para dialogar con ETA
Editorial El Mundo 19 Enero 2005

El término «talante asesino» que hoy acuña este periódico en su primera página puede parecer una contradicción, pero no lo es.El talante siempre necesita un adjetivo para no quedar reducido a la banalidad y el de ETA es criminal.

La explosión de un coche-bomba en Getxo (Vizcaya), con un ertzaina herido leve, nos devolvió ayer a la realidad dinamitando las expectativas acerca de un final más o menos cercano de la violencia. Los 40 kilos de explosivos son una desafiante exhibición de fuerza dirigida a Zapatero, que el sábado se mostró dispuesto a «hacer todos los esfuerzos» para abrir un proceso de paz.

El atentado de ETA pone punto y aparte a unos días de vertiginosos acontecimientos en la política vasca. Primero fue el rechazo de Zapatero al plan Ibarretxe. Después, la carta de Otegi al presidente del Gobierno en la que se mostraba dispuesto a renunciar a la independencia y solicitaba un proceso negociador.

Más tarde, la respuesta de Zapatero en la que aceptaba explorar la vía sugerida si Batasuna condenaba expresamente la violencia etarra. Finalmente, el comunicado de ETA en el que la banda daba su respaldo a la propuesta de Batasuna de agotar la vía política. Como telón de fondo, las informaciones que -citando fuentes gubernamentales- pronosticaban una inminente declaración de tregua de la organización terrorista.

Algunos dirigentes políticos apuntaron ayer que el atentado no disipa las esperanzas de una tregua más o menos cercana en el tiempo. Es cierto que la nueva acción criminal puede ser interpretada -por mucho que repugne la idea- como una siniestra manera de elevar el precio ante una hipotética negociación con el Gobierno.ETA trataría así de lograr la máxima rentabilidad de la también hipotética tregua.

De rechazo, el atentado produjo un vuelco en la percepción de la política vasca. Batasuna había sustituido a Ibarretxe en el protagonismo. Sin embargo, la comparecencia de Otegi avisando poco antes del atentado de que «el proceso de paz no existe» le devolvió ayer a su condición de heraldo de los asesinos, sin capacidad para imponerse ante los más duros, que siempre han acabado dominando en las encrucijadas históricas.

El lehendakari logra un balón de oxígeno, puesto que volverá a presentar su plan desquiciado como la solución más razonable al «conflicto».

Al margen de los finos análisis de los exégetas siempre proclives a cantar las alabanzas del diálogo y la negociación como fines en sí mismos, la realidad es tozuda. Según el propio consejero vasco de Interior, «el atentado estaba pensado para provocar víctimas» porque la calle del aviso era falsa y porque los terroristas no dieron tiempo a acordonar la zona.

ETA quiere dialogar, claro que sí. Pero dialogar con la pistola encima de la mesa para que se acepten sus tesis a cambio de la paz. El Gobierno no debe agarrarse al clavo ardiendo de las cartas de tan negros heraldos.Tras la experiencia del PP, cuando ETA aprovechó el paréntesis para rearmarse, ahora ni siquiera bastaría una tregua para comenzar una negociación. Unicamente el anuncio del cese definitivo de los atentados legitimaría a Zapatero para sentarse en la mesa con esta ETA o esta Batasuna.
www.periodistadigital.com

Los tres mensajes de ETA
FERNANDO ÓNEGA La Voz 19 Enero 2005

AHÍ TENÉIS el último comunicado de ETA. Está escrito en los términos que mejor maneja: un «comando» que roba un coche a punta de pistola, lo carga con 40 kilos de explosivos, e intenta causar la muerte de varios policías autónomos. Esta última intención no es una interpretación de este cronista. La hizo el consejero vasco de Interior, señor Balza. Si sólo ha provocado heridas a un agente, se debe a la fortuna, que no ha querido que hoy diésemos la noticia de asesinatos de esa banda por primera vez en mucho tiempo.

Nos encontramos, por ello, ante la amarga realidad de siempre: ETA sigue ahí. Tiene fuerzas y medios para hacer lo que hizo. Es la misma que hace sólo tres días se hacía responsable de un total de 23 atentados. Y quiere demostrar que está debilitada, más cercada social y políticamente que nunca, pero puede atentar.

Sigue siendo inútil y estéril ponerse a analizar las razones de una organización criminal. Pero, en este caso, quizá sea suficiente mirar al entorno informativo. Tiene, en primer lugar, un mensaje al PNV. El País Vasco vive un momento crucial, donde un proyecto soberanista se presenta como el instrumento para conseguir la paz. ETA le ha dado el visto bueno con tres de sus votos. Ahora, después de haber desestabilizado el ambiente, pretende demostrar que no se puede alcanzar el gran objetivo sin contar con ella, porque tiene la última palabra para hacer callar las bombas.

En segundo término, estamos ante una continuación de su último comunicado, en el que insta a negociar, pero también avisa de que seguirá en activo hasta que Euskalherría consiga lo que llaman el restablecimiento de sus derechos. Como las palabras podrían resultar insuficientes para demostrarlo, las acompaña con la elocuencia de los hechos.

Y, por último, trata de desmentir lo que se filtra desde estamentos oficiales: que estamos en los últimos instantes de la banda, y que la tregua, provisional o definitiva, está a punto de anunciarse. Algunas informaciones ofrecidas estos días por miembros del Gobierno en círculos restringidos han resultado de un optimismo bienintencionado, pero a todas luces exagerado. Se ha llegado a decir que el terrorismo «pronto será historia pasada». Parece que hay ministros y altos responsables de los partidos gobernantes en España y el País Vasco que parecen desconocer la historia del terrorismo.

ETA los ha despertado de sus sueños. Los ha despertado con 40 kilos de explosivos. ¿Y saben lo más indignante, una vez que no hubo víctimas mortales? Que los señores de la pistola y la bomba manejan la actualidad a su antojo. Juegan con las ilusiones y los proyectos cívicos. Después de casi 40 años, todavía no hemos aprendido su lección.

Bomba de ETA y disparate de Ibarretxe
Pablo Sebastián Estrella Digital  19 Enero 2005

Después de proponer al Gobierno de Zapatero una negociación para la paz y su desarme, la banda terrorista ETA ha hecho estallar en Bilbao una potente bomba que ha causado heridas a un policía autónomo vasco e innumerables daños materiales, además de los destrozos políticos que la reaparición de ETA va a provocar en el nacionalismo vasco y en especial en el proyecto de Estatuto del lehendakari Ibarretxe.

Un Ibarretxe que vive en un mundo irreal e ilegal, si mantiene el proyecto e insiste en convocar un referéndum, y al que ahora y después del burdo espectáculo que montó en la Moncloa el pasado jueves solicita una impensable entrevista con el Rey Juan Carlos, el presidente Zapatero y el líder de la oposición, Rajoy, dando prueba de su desvarío. Y ante la inmediatez del rechazo por el Congreso de los Diputados, el próximo día 1 de febrero, del proyecto de Estatuto que aprobó el 30 de diciembre la Cámara de Vitoria con los de PNV, EA, IU y de la Batasuna que ahora ampara el último atentado de ETA, reconociendo Otegi que la situación no está madura para la paz.

Lo que por otra parte hace sospechar a varios expertos policiales que el tándem Otegi/Ternera, que apadrinaba las últimas ofertas de desarme y de negociación en nombre de ETA, no tiene todo el apoyo de la banda, como se acaba de probar en el atentado de Bilbao.

Al final ETA ha impuesto su ley a Ibarretxe y a Otegi y ha confirmado que la violencia sigue siendo el factor dominante en esta alocada fuga hacia adelante, y hacia ninguna parte, del llamado Plan Ibarretxe, que definitivamente será devuelto al Parlamento vasco por inconstitucional y falto de las mínimas normas de convivencia democrática y cívica, cosa que ya sabían Ibarretxe y el PNV, de la misma manera que ahora saben que desde ese punto de partida es inaceptable cualquier tipo de diálogo o de negociación.

Ya se lo dijo el presidente Zapatero en Moncloa, ya se lo ha dicho el PP, y lo acaban de confirmar los dos partidos nacionales adelantando el debate del Congreso para poner punto final a toda esta confusión y mascarada con la que Ibarretxe desea lanzarse a su campaña electoral autonómica de la próxima primavera, pretendiendo de paso que su proyecto de nuevo Estatuto fuera una solución política y a la vez pacificadora de la violencia de ETA, lo que ya ha quedado en entredicho por la propia iniciativa y acción de ETA en Bilbao.

En cuanto a la grotesca petición pública hecha al Rey de que lo reciba en Moncloa en compañía de otros líderes, para lo único que debe servir, si formalizan por escrito su demanda, es para que la Corona le dé a Ibarretxe la misma respuesta que le han dado el jefe del Gobierno y el líder de la oposición: que retire su proyecto de Estatuto y que regrese lo antes posible a la legalidad.

Y a la realidad, porque el lehendakari está dando la impresión que ha perdido no sólo el sentido común sino la cabeza, y que está dedicado a espectáculos —electoralistas cree él— que a lo mejor empiezan a cansar al conjunto del pueblo vasco, incluido el sector nacionalista, para llegar a la conclusión de que el fracaso del Plan Ibarretxe debe provocar la dimisión o el cese de su actual promotor en beneficio de un líder nacionalista más cuerdo, o de un lehendakari que represente a una gran mayoría de la sociedad vasca y que no los meta en callejones sin salida ni en aventuras que seguramente acabarán rematadamente mal.

Se masca la tregua
Por Isabel Sansebastián El Mundo  19 Enero 2005

¿A quién se le ocurre hablar de tregua cuando ETA acaba de hacerse trágicamente presente en forma de coche bomba? A cualquiera que conozca la trayectoria habitual de esa pandilla de asesinos.La banda está débil, acosada en todos los frentes y necesitada de oxígeno para salir adelante. La Historia se repite con precisión mitológica.

Volvemos al 98, con sus conversaciones ocultas, sus trapicheos vergonzantes y sus pactos de familia clandestinos, destinados a repartirse el poder entre nacionalistas de raza, «en ausencia de violencia» -Ibarretxe dixit- y una vez rotos los puentes con los representantes de España. Lo único que cambia es que esta vez los terroristas no se harán con el censo electoral

En las vísperas sangrientas del alto el fuego-trampa anunciado hace seis años, los sicarios del hacha y la serpiente acribillaron a ertzainas y concejales para pulsar la verdadera voluntad negociadora de sus interlocutores del PNV, amén de exhibir su fortaleza y capacidad para volver a matar si lo estimaban oportuno.

Estos, los nacionalistas «democráticos», siguieron dialogando mientras otros ponían los muertos, firmaron con el Pacto de Estella el acta de rendición a las exigencias históricas de la banda armada, y se comprometieron a acelerar los trámites para consumar formalmente la ruptura con «el Estado», a fin de capitalizar en las elecciones autonómicas la tan anhelada declaración de tregua. Les salió el tiro por la culata, no sumaron ni un voto y ETA, sintiéndose engañada, volvió a las andadas.

La aritmética electoral del País Vasco demuestra con tozudez que, a más asesinatos, más votos para el PNV, y a mayor moderación de los pistoleros, mayor respaldo popular a sus representantes políticos. Aquel 1998 de referencia no fue una excepción y Batasuna pasó de 11 a 14 parlamentarios, mientras el PNV perdía uno y sus socios de EA, dos.

La suma de los tres permaneció inalterada, con 41 escaños de los 75 de la cámara. Ahora la formación etarra es ilegal, pero pretende demostrar en los comicios que todavía puede privar al nacionalismo de la mayoría absoluta que necesita para poner en marcha el plan Ibarretxe.

De ahí que presione con el fin de vender caro su apoyo y asegurarse de que, en esta ocasión, el lehendakari cumple, lleva su proyecto hasta el final, y cuenta en la victoria con su «vanguardia armada» para compartir las mieles del triunfo. De eso se trata. Pero cuando llegue la tregua que se masca, habrá bofetadas para ponerse la medalla.
www.periodistadigital.com

La firmeza necesaria
CARLOS G. REIGOSA La Voz 19 Enero 2005

RESULTA que lo que era obvio ya no lo es tanto. Ya no sirve aquello de cruzarse de brazos ante el Plan Ibarretxe porque era una carreta de carnaval que avanzaba por un callejón sin salida. Es como si de repente muchos se hubiesen dado cuenta de que, cuando alguien apuesta a jugar más allá de la ley y pone en peligro la convivencia, no se puede seguir mirando hacia otra parte o mostrarse tibio o indiferente. Porque el resultado puede ser malo. Y malo quiere decir que quien se salta la ley acaba por construir (e imponer, si puede) un discurso en el que quien se atiene a la legalidad y la acata aparece como un antidemócrata o un demócrata caduco, una especie de ser prehistórico que no entiende «la maravillosa oportunidad» (Ibarretxe dixit ) ante la que estamos. La maravillosa oportunidad de aceptar el plan del lendakari o acabar a tortas. Mientras ETA escenificaba ayer mismo la continuidad de su discurso explosivo.

La firmeza necesaria no consiste en envolverse en la bandera de una crispación frentista. Consiste, sobre todo, en generar un discurso claro desde una posición pública enraizada en la legalidad vigente. Esto significa abandonar la cultura de la cesión permanente ante actitudes que pueden estar más o menos cerca del chantaje por parte de partidos o grupos nacionalistas. Significa, también, dirigir un mensaje claro a todos los españoles: no es necesario tener un Carod-Rovira para que el Gobierno se acuerde de incluir o potenciar determinado corredor ferroviario.

Porque nada es peor que la confusión. Ibarretxe se presentó en Madrid el jueves y dijo que no venía a dar un portazo sino a traer soluciones. Pero dio un portazo. Lo dijo sin equívocos: o se traga con lo suyo o le da la voz a los vascos en un referéndum, algo que, como él sabe, sería ilegal. Rodríguez Zapatero le ha respondido con claridad. Y Mariano Rajoy también, sin estridencias. Porque no se trata sólo de parar un plan secesionista. Se trata, sobre todo, de dejar claro que España es un Estado de derecho, como Francia o Alemania, y aún más antiguo. La firmeza necesaria pasa por hacer que unas leyes que rigen para todos se cumplan puntualmente. Así desaparecerán muchas incertidumbres.

Una Euskadi «sin»
Cartas al Director ABC 19 Enero 2005

No me imagino «su» Euskadi, señor Ibarretxe. No quiero saber qué será de aquel pobre angelito usado para el cartel electoral de las pasadas elecciones autonómicas, después de nacer de la barriga del otro cartel. No me puedo imaginar una Euskadi sin jóvenes, de la misma forma que no me puedo imaginar una Euskadi sin socialistas o populares. No me puedo imaginar una Euskadi sin periodistas, sin profesores, sin concejales, sin libreros, sin amas de casa, sin jardineros, sin obreros, sin estudiantes... una Euskadi «sin». Y es que, además, no quiero imaginármela. Ni yo, ni miles de vascos, queremos que se vaya el BBVA, ni que impongan fronteras y aranceles, porque nos hemos acostumbrado al euro. No queremos la ruina económica que los empresarios vascos vaticinan a buen seguro. Nadie desea una Euskadi fuera de Europa.

No podremos soportar nuestro mercado sin vacas asturianas, naranjas valencianas o vino de Rioja. ¡Ni siquiera tendremos las famosas patatas alavesas!... porque Álava se desvinculará de «su perverso plan». Ni yo, ni miles de vascos queremos ser sometidos al plan, adiestrando a los pequeños en mentiras todavía más inviables que las actuales en los centros educativos, todavía más exiliados por amenaza de asesinos o para poder trabajar, o más chantajeados y sometidos a una tremenda presión social en paupérrimos puestos de trabajo y volviendo al terruño a plantar cuatro tomates para comer e ir tirando. Una Euskadi sin Constitución que nos ampare y con unas leyes primitivas e insolidarias que fomentarán la discriminación entre ciudadanos.

En Euskadi, como en cualquier otro régimen, viven bien unos pocos, los que gobiernan en minoría apoyados por ETA, y el resto, aunque mayoría anónima, somos la moneda de cambio, con nuestras vidas y nuestra libertad, que utiliza el PNV cuando negocia con los asesinos.

Nerea Alzola. Bilbao.

CARTAS AL DIRECTOR El Correo
Plan y beneficiados
Helena González Sáez/Basauri. Vizcaya 19 Enero 2005

Recientemente leí un titular o un artículo que decía: 'PlanETA Ibarretxe'. Que me disculpe el autor por usar también su expresión. Y ahora otro coche bomba. Miren: estoy harta. Tanto que me dedico a escribir, a ver si haciendo algo constructivo con mi rabia consigo padecerla menos. Y si yo estoy así - yo, que no tengo asesinados en mi familia-, imagino cómo estarán las familias de los asesinados por ETA. ¿Y el hombre al que han robado el coche? ¿Y la persona herida? Más que hartos. Al señor Ibarretxe no le importa nada la ciudadanía vasca, y menos aún le importa ni siquiera la vida de quienes no le votan. A ETA le encantaría ser la guardia pretoriana de este proyecto ilusionante, sin amenazas ni chantajes. Creo que está bastante claro que si Ibarretxe no retira su plan es porque la violencia de ETA le favorece, igual que a Otegi. Después de estallar la bomba, ellos -los dos- dicen: «¿Hay que solucionar el problema vasco y yo tengo un plan». Cada uno el suyo, y exigen negociar sus condiciones. Sé que hay una gran parte de las bases del PNV que no están conformes con esta iniciativa. Ellos también tienen que pedir que retire el proyecto o que lo detenga, o lo condicione -de una vez por todas- al cese de la violencia y de la amenaza por el miedo. Porque, si no es así, muchos, muchísimos ciudadanos, seguiremos pensando que a Ibarretxe, como a otros, la violencia le conviene.

«¡A ver si Ibarreche pide diálogo cuando le pongan una bomba en su casa!»
María Aguirre, vecina de Las Arenas
Marcos S. González La Razón 19 Enero 2005

Madrid-Usted vive a 600 metros del lugar donde ETA colocó ayer el coche bomba ¿cómo han vivido el atentado?
–En Las Arenas todo está pegado. Mi marido y yo hemos oído la explosión cuando salíamos de casa y ha sido brutal. Tengo todavía el dolor de cabeza y de oídos.

–¿Qué logran los terroristas con estos atentados?
–El tema es meternos miedo. Que no bajemos la guardia, porque como ahora todo el mundo dice que la banda está débil, se tienen que hacer notar de la única manera que saben, con la violencia.

–¿Qué es lo primero que se le ha pasado por la cabeza cuando ha oído la explosión?
–Literalmente, la palabra es acojonarnos. Sólo quieren que los empresarios paguen el chantaje y a los vascos que no somos nacionalistas, jodernos y acojonarnos.

–¿Cómo se convive con el miedo diariamente?
–Cuando paseas por mi barrio ves a demasiada gente con escolta. Nos hemos anestesiado. Nos hemos acostumbrado a vivir en un Estado de Excepción y a que lo anormal se viva con la mayor normalidad posible.

–¿Qué opina de la supuesta tregua de la que se está hablando?
–Es mentira.

–¿Qué le diría a todos aquellos que están pidiendo dialogar con los terroristas?
–Lo único que hay que dialogar con esta gentuza es de qué color van a ser los barrotes de su celda, como decía nuestro querido Gregorio Ordóñez. Están diciendo que el Plan Ibarreche conduce a la paz, ¿a la de quién? ¿Es que a nosotros no nos van a seguir amenazando? Cómo se nota que a los nacionalistas no les pondrán una bomba jamás. Ellos van libremente por la calle.

–¿Cual es el mensaje para Ibarreche de los que sufren diariamente el acoso de ETA y el miedo?
–A ver cómo se sentirían ellos si les pusiesen la bomba en el Sabin Etxea o en cualquiera de sus casas. A ver si entonces abogan por dialogar con ellos. No hay diálogo posible con los terroristas, pero claro, cuando lo dices en tu trabajo, resulta que eres una fascista y una intolerante. Esto no es ser intolerante sino firme, como la que tuvo Aznar.

ETA atenta en el corazón financiero vasco sólo dos horas después de que Otegi avisara que «el conflicto sigue»
M. LUISA G. FRANCO ABC  19 Enero 2005

BILBAO. En un momento en el que los dirigentes del PNV hablaban públicamente de un próximo final de ETA, y sólo dos horas después de que Arnaldo Otegi avisara de que «sigue el conflicto», la banda terrorista dejó claro ayer que no está dispuesta a dejar las armas si no es desde una posición de fuerza. Así, hizo estallar un coche bomba cargado con 40 kilos de explosivo en Las Arenas, una zona donde residen algunas de las familias de empresarios más conocidas del País Vasco, un dato que fuentes de la lucha antiterrorista vinculan además con el impago del llamado «impuesto revolucionario».

La explosión del coche bomba en la calle Ondategui número 6, a las dos y veintiocho de la tarde, perseguía «causar víctimas mortales», según afirmó el consejero vasco de Interior, Javier Balza. De hecho, el comunicante anónimo que avisó de su colocación al diario «Gara» dio el nombre de otra calle, la de Manuel Smith -a unos doscientos metros de la de Ondategui-, y sólo con quince minutos de antelación a que estallase la bomba. Balza negó que la acción criminal fuese dirigida contra «una persona en concreto».

Lo que sí ha quedado claro, sin embargo, es, en opinión del consejero, que el atentado desmiente cualquier rumor sobre una posible tregua de ETA. «Llevo años desmintiendo ese tipo de rumores. ETA sigue en activo», afirmó. En este sentido, recordó que desde que la ilegalizada Batasuna presentó su propuesta en Anoeta, el pasado 14 de noviembre, se ha dado un «repunte» tanto de la violencia callejera, como la de ETA y que el atentado de ayer es «más grave, pero uno más».

Dirección errónea
A las dos y diez de la tarde, poco más de un cuarto de hora antes de que se produjera la explosión, el diario «Gara» recibió una llamada en nombre de ETA en la que se anunciaba la colocación del coche bomba en la calle Manuel Smith de Las Arenas. La Ertzaintza estableció el cordón policial en pocos minutos y a las dos y veinticinco algunos vecinos de la zona manifestaron a ABC que ya no les dejaron pasar. Tres minutos después el coche bomba volaba por los aires en la calle Ondategui, hiriendo leve a un agente de la Policía autónoma que formaba parte del cordón policial.

Sus propios compañeros trasladaron al agente herido al hospital de Cruces, donde recibió atención médica por lesiones en la cara y en una pierna, provocadas por la metralla. Su estado no reviste gravedad y en ningún momento perdió la conciencia, aunque tendrá que ser operado de un dedo de la mano que se le fracturó por la explosión.

El vehículo utilizado como coche bomba, un Peugeot 306, había sido robado en la misma mañana de ayer en el parking de El Vivero, en las inmediaciones del monte Archanda, por varios miembros de ETA, que iban armados y amenazaron a su propietario, dejándole atado a un árbol. El dueño del turismo consiguió liberarse de las ataduras y se presentó en las dependencias de la Ertzaintza a las tres de la tarde.

El vehículo quedó totalmente destrozado, al igual que otros coches estacionados en las inmediaciones, y en el asfalto se abrió un gran socavón. Las viviendas cercanas, que ya es la tercera vez que viven las consecuencias de la explosión de un coche bomba, sufrieron importantes daños materiales.

La delimitación de la zona coincidía exactamente con la que montó la Ertzaintza el 25 de junio del año 2000, cuando otro coche bomba de ETA estalló en Manuel Smith, argumentando posteriormente la banda terrorista que se trataba de un atentado contra «la oligarquía vasca».

«Mensaje» a los empresarios
El empresariado vasco está siendo en los últimos meses un objetivo preferente para ETA, en un momento en el que su debilidad anima a quienes reciben las cartas en las que se les exige el denominado «impuesto revolucionario» a no pagar. Eso ha llevado a la banda a generalizar su chantaje, según denunció recientemente el presidente de la ejecutiva del PNV, Josu Jon Imaz.

Se da además la circunstancia de que la asociación que reúne a los directivos de las grandes empresas vascas, el Círculo de Empresarios, criticó hace unos días el plan Ibarretxe aprobado en el Parlamento vasco con tres votos de la ilegalizada Batasuna. Algunos de los empresarios que forman parte de esa asociación residen en el lugar donde estalló ayer el coche bomba, entre ellos el que fuera hace varios años presidente del Círculo de empresarios vascos, Alfonso Basagoiti, aunque en estos momentos su casa está en obras.

También en la calle Manuel Smith, a escasos metros de donde estalló ayer el coche bomba, reside la viuda de Manuel Delclaux, una familia con la que ETA se ha ensañado después del secuestro de Cosme Delclaux, entre noviembre de 1996 y julio de 1997.

La patronal vasca, Confebask, trasmitió ayer su apoyo a los vecinos de la zona «ya castigada en otras ocasiones por actos violentos dirigidos contra el colectivo empresarial» y reafirmó el compromiso de los empresarios vascos con la prosperidad de la Comunidad autónoma, «pese a la amenaza y la extorsión».

La organización empresarial vasca mostró además ayer su «esperanza de que llegue pronto el día en que la violencia, el dolor y la intolerancia dejen de atenazar a este país y a sus gentes, restableciéndose la paz y la normalidad que la inmensa mayoría de esta sociedad anhela».

El aviso de Otegi
El atentado de ayer frena las expectativas aireadas en los últimos días por dirigentes del PNV sobre el final del terrorismo, unas expectativas que son contempladas con escepticismo por la sociedad vasca, más preocupada en términos generales, salvo los colectivos directamente amenazados, por las consecuencias de la ofensiva política del nacionalismo vasco, dispuesto a saltarse el ordenamiento legal para seguir adelante con su plan soberanista.

Dos horas antes de que estallaran los 40 kilos de explosivo, el portavoz de la ilegalizada Batasuna, Arnaldo Otegi, avisaba de que «el proceso de paz de momento no existe» y que «sigue el conflicto», al tiempo que reclamaba «serenidad y prudencia» a partidos políticos y medios de comunicación porque «construir» un escenario de este tipo «no puede ser un espectáculo mediático de grandes titulares».

Otegi, que convocó en San Sebastián a la prensa y no permitió que se le formularan preguntas, aseguraba que «no se pueden esperar novedades de un día para otro» sobre el impulso de un eventual proceso de paz, e insistió en que el actual «no es un momento para formar bloques, sino para tender puentes» entre las distintas corrientes políticas.

También dijo que la «prioridad» de la «izquierda abertzale» es la «superación del conflicto político y armado» y no la defensa de una propuesta particular, como sí lo son, a su juicio, la del PSE/EE para la reforma del Estatuto de Guernica o el propio plan Ibarretxe.

Otegi, que consideró «importante» que ETA considere la propuesta de Anoeta como la más «sólida» para lograr la pacificación, instó al resto de partidos políticos a que aclaren si comparten su «análisis» y si su prioridad es «la resolución del conflicto».

Otegi, con el paso de las horas, volvió a convertirse en el oráculo de la banda terrorista. El coche bomba, activado con temporizador, certificaba de nuevo a sangre y fuego que ETA quiere seguir siendo protagonista en el País Vasco y que, el «conflicto» sigue abierto.

Comunidad nacional
José Javier Esparza El Semanal Digital 19 Enero 2005

Guevara, michelín del nacionalismo vasco, abandonó la casa del padre y se cobijó en techo socialista. Recién llegado, adornó su habitación con un banderín donde, sobre los colores del Athletic, se leía: "Comunidad nacional". Y ha sido el escándalo del vecindario, a izquierda y derecha, porque es de mal tono hablar de "comunidad nacional" en la casa de los "demócratas de verdad". Dicen que "no es terminología democrática". Será ahora, porque la historia de las democracias modernas está abarrotada de "comunidades nacionales". No es, como se ha dicho, "léxico fascista"; es puro romanticismo alemán, que es distinta cosa. Digamos la verdad: el banderín de Guevara ha molestado porque pone el dedo en nuestra llaga más dolorosa, a saber, que ya nadie está seguro de que sigamos siendo una "nación" –pero vascos y catalanes cada vez lo parecen más.

Una nación no es un fenómeno de la naturaleza: es una construcción humana. Primero hay un pueblo unido por tales o cuales rasgos. Después hay una voluntad más o menos común para que ese pueblo cobre forma política. La nación surge ahí: es un grupo humano que toma conciencia política. El pueblo no es un concepto político; la nación, sí. Ninguna nación aparece si antes no ha habido un proceso de politización. Del mismo modo, las naciones desaparecen cuando dejan de tener conciencia política de sí. El País Vasco nunca había sido una comunidad nacional (léase a Laínz), pero hoy está cerca de conseguirlo: veinticinco años de hegemonía nacionalista no han aspirado a otra cosa. Madrid ha coadyuvado tenazmente a la obra al permitir esa hegemonía –y apuntalarla cuando flojeaba. Sólo hay un obstáculo para que el País Vasco sea una "comunidad nacional": que todavía hay dos comunidades, la vascoespañola y la nacionalista vasca. Es un obstáculo que ya casi no existe en Cataluña: el nacionalismo catalán, con un periodo semejante de hegemonía, ha cumplido el objetivo con la misma aquiescencia de Madrid y sin oposición relevante. ¿Ahora nos escandalizamos? Almas de cántaro…

Lo que debería escandalizarnos es más bien esto otro: España, que sí podía ser comunidad nacional, ha dejado de serlo. Y simétricamente: no han aspirado a otra cosa veinticinco años de metódica destrucción de la conciencia nacional de los españoles. En nombre del consenso, de la Constitución, de las autonomías y de Europa, el campo del sentimiento (porque no se trata de otra cosa) nacional de los españoles se ha reducido a la selección de fútbol y a los festivales de Eurovisión. El leve repunte de patriotismo auspiciado por Aznar entre 2001 y 2003 no ha pasado de ser una batalla de las Ardenas. Batalla que, como es sabido, se perdió. Por falta de combustible.
www.elsemanaldigital.com

Recortes de Prensa   Página Inicial