AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 20 Enero 2005
Euskadi: partida de mus
Antonio Elorza El País 20 Enero 2005

PAZ POR TERRITORIOS
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC  20 Enero 2005

Mala noticia para el País Vasco
Editorial La Razón 20 Enero 2005

ZP: PASAR A LA HISTORIA
Manuel Ángel MARTÍN ABC  20 Enero 2005

Gregorio Ordóñez
Patxo Unzueta El País  20 Enero 2005

CONFIESO MI ESCEPTICISMO
Jaime CAMPMANY ABC  20 Enero 2005

Pelota vasca
Francisco Umbral El Mundo 20 Enero 2005

La amenaza de Otegi
Editorial El Ideal Gallego 20 Enero 2005

¿Estamos con las víctimas
Iñaki EZKERRA La Razón 20 Enero 2005

Referéndum con trampa
EDITORIAL Libertad Digital 20 Enero 2005

La tregua de ETA
Carmen GURRUCHAGA La Razón 20 Enero 2005

La constitución y la democracia
Pío Moa Libertad Digital 20 Enero 2005

La raza escogida
Pablo CASTELLANO La Razón 20 Enero 2005

¿Quién acaba con ETA
Rosa M. VERA La Razón 20 Enero 2005

Un silencio delator
Ignacio Villa Libertad Digital 20 Enero 2005

Goya va incluido
Javier Ruiz Portella Libertad Digital 20 Enero 2005

Plan absurdo
Cartas al Director El Correo 20 Enero 2005

El alcalde peneuvista de Guecho impide protestar contra ETA en castellano
M. L. GARCÍA FRANCO ABC  20 Enero 2005

Lengua y corrección política
FRANCESC DE CARRERAS La Vanguardia 20 Enero 2005

 

Euskadi: partida de mus
Por Antonio Elorza El País 20 Enero 2005

Una canción tradicional vasca cuenta la historia de un mal tipo, de apodo Trabuko, que en la zona de Lesaka se hizo famoso por sus delaciones. Su personalidad respondía a un sucinto lema: "Hitzak ederrak, bihotza paltso", palabras hermosas, corazón falso. Es sin duda la misma fórmula sobre la que hasta ahora ha asentado su fortuna política el lehendakari Ibarretxe.

De ese éxito no cabe dudar, lo mismo que del alcanzado ante la opinión pública vasca por la propaganda nacionalista contra la eficaz política anti-ETA del Gobierno de Aznar.

Una sociedad que contempla ahora su futuro con dosis muy superiores de seguridad y de esperanza, gracias a las victorias obtenidas sobre el terrorismo de alta y de baja intensidad, olvida que el Gobierno de Ibarretxe hizo cuanto estuvo en su mano, y respecto a Sozialista Abertzaleak en el Parlamento vasco algo más, para combatir tanto la ley de partidos como las ilegalizaciones de los grupos vinculados a ETA.

Su empeño consistió en lograr que siguieran en activo los causantes de la violencia. Y esa misma sociedad acepta que se presenten como los paladines de la paz.

Según la encuesta del Euskobarómetro, Ibarretxe es hoy el político vasco mejor valorado. Su Gobierno alcanza asimismo una estimación muy positiva, e incluso una mayoría de vascos, con una punta del 60% en Vizcaya, y entre ellos casi la mitad de los no nacionalistas, optan claramente por su continuidad como lehendakari.

Resulta evidente que su imagen se ajusta a la perfección al estereotipo del vasco sencillo y firme, corto de ideas, pero seguro y tenaz en sus convicciones, dotado de sentido práctico, en que se reconocen muchos habitantes de la comunidad autónoma. No hace falta que Ibarretxe les explique el sentido profundo de su proyecto político, que la mayoría confiesa no entender, y de momento eso tampoco les preocupa demasiado.

Confían en su aparente buena fe y responden al llamamiento identitario, en especial, claro, los abertzales, cuando el lehendakari les advierte que solamente a ellos les toca decidir sobre el futuro de Euskadi, por encima de cualquier exigencia constitucional. Desconocen qué es lo que van a votar, pero se muestran dispuestos a acudir a las urnas, a pesar de la evidente ilegalidad del eventual referéndum, comprendidos buen número de no nacionalistas.

Tal es la baza con la que cuenta Ibarretxe, manteniendo la bala del terror de ETA en la recámara, para conseguir en una consulta al modo gibraltareño la mitad más uno de los votantes -ya no como en la primera redacción de los electores-, y plantear su jaque al rey, si jugamos al ajedrez, o su órdago, si lo hacemos al mus, frente al Estado democrático en España y en Euskadi.

Para acercarse a la meta soñada de la soberanía vasca, Ibarretxe ha desplegado dosis muy altas de fingimiento y de tozudez, de audacia y de cinismo (acompañado en este punto brillantemente por Imaz). Fue con ocasión del asesinato por ETA del socialista Fernando Buesa, en febrero de 2001, cuando el personaje reveló su auténtica personalidad.

No tuvo inconveniente en asumir la metamorfosis en virtud de la cual lo que debía ser un cortejo fúnebre se convirtió en demostración triunfal abertzale en homenaje suyo, enfrentada a quienes despedían en silencio al político socialista. Con toda frialdad, sólo habló a los que gritaban "¡Lehendakari aurrerá!", e incluso entonces, al citar los nombres de los asesinados, puso al ertzaina por delante del que fuera vicelehendakari.

Resultó la escenificación más contundente del nosotros contra ellos que ha convertido en el núcleo de su gestión, eso sí, mejorada más tarde en la forma con la adopción de un gesto compungido en cada momento trágico. Algo que nunca le impidió condenar toda lectura política de los atentados y le llevó a medir con el mismo rasero, incluso en su perorata del pasado fin de año, a las víctimas del terror y a quienes se ven obligados a desplazarse unos kilómetros para visitar a los terroristas encarcelados.

Euskadi va bien, repitió hasta la saciedad en la campaña electoral de hace cuatro años, como si los muertos no existieran. Venció entonces, y su imagen se ha consolidado, lo cual induce a pensar que en el mundo nacionalista, a partir de Lizarra, ha operado un mecanismo similar al que Goldhagen describió en su libro sobre "los verdugos voluntarios" en la Alemania nazi: incapaces de oponerse a la barbarie de sus correligionarios, muchos abertzales decidieron asumir la intimidación y la violencia contra el otro como algo necesario para la afirmación de los valores patrióticos.

En ese oscuro ambiente de complicidad, se forjó la sintonía entre Ibarretxe y los suyos. Ha sido un producto lógico del vínculo entre nacionalismo democrático y violencia que fuera tejiéndose antes de su ascenso, a partir de la tolerancia de Vitoria-Gazteiz ante las actuaciones agresivas de los batasunos contra manifestaciones pacifistas y portadores del lazo azul, y que quedó anudado al cobrar forma la increíble reacción del llamado "nacionalismo democrático" tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Vista la intensidad de la reacción democrática contra el crimen, temeroso de perder su hegemonía, el PNV inició la deriva hacia la alianza con ETA.

Fue la victoria definitiva del espectro de Sabino Arana. Populares y socialistas podían presentar ejecutorias de buenos demócratas, pero eran españoles o españolistas, sobraban en Euskadi, en tanto que los etarras, por muy asesinos que fuesen, eran patriotas vascos. El sabinianismo como religión política impuso su ley. Fijó los objetivos de Lizarra y, una vez rota la tregua por ETA, los del proyecto de Ibarretxe. Nada tiene de extraño que el 30 de diciembre Ibarretxe y ETA se encontraran de nuevo en la senda común.

La seguridad con que ha procedido Ibarretxe tiene también como base la fe sabiniana. Un "pueblo vasco", sujeto más biológico que étnico, con siete u ocho mil años de antigüedad, portador de una soberanía unitaria nunca convertida en realidad -cosa que Ibarretxe y Arzalluz ignoran, pues para ellos la culpa es la ocupación española de 1839-, la actualiza hoy por encima de todo límite constitucional. Ibarretxe se ve a sí mismo como el mesías encargado de cumplir esa misión trascendental.

El nosotros vasco ha de eliminar de la escena política al ellos español. En el diseño de su plan, el habilidoso trabajo de unos juristas logró la cuadratura del círculo para alcanzar el objetivo, ahora con ETA en un papel complementario. A las dos caras de Ibarretxe ante el terror, siguió entonces su juego con dos barajas.

La del recurso en lo posible a la vía legal y de las formas democráticas fue puesta al servicio de la segunda: un proceso constituyente ilegal, encabezado por el máximo representante de la legalidad en Euskadi. Como resultado, una Constitución Vasca, planteada por el lehendakari con estilo cesarista, a modo de carta otorgada, se disfraza para su tramitación de "reforma del Estatuto". Y ahí estamos, aproximándonos al final del recorrido.

Pase lo que pase, y aun cuando la sociedad vasca enseñe su rostro más risueño, con buena vi-da y buena cocina, espíritu deportivo y crecimiento económico, los efectos perversos del largo episodio son incuestionables.

Es posible que los acompañantes pasivos de ETA abandonen en el futuro la condición de que hablara Goldhagen y vuelvan a ser ciudadanos cordiales y humanitarios, como esos carlistas que participaron en la represión de la Guerra Civil y a los que Atxaga ignora, buscando la culpa en los de fuera o en los contaminados por los de fuera.

Es también posible, y por supuesto deseable, que los antiguos terroristas y sus asociados de Batasuna sufran el mismo cambio cuando acabe la pesadilla de las últimas décadas. Hay que contar con esas posibilidades, e incluso apostar políticamente por ellas, lo cual no impide percibir que la fractura entre nacionalistas y no nacionalistas, incluso entre los distintos espacios del territorio vasco, sea ahora mucho más acusada que hace diez años.

La vertebración interna de Euskadi, la meta soñada de Joseba Arregui, y en la cual, a pesar de ETA tuvieron lugar tantos avances merced al Estatuto, se encuentra hoy más lejos que nunca. No se conseguirá obviamente por medio del monopolio del poder en manos de la comunidad nacionalista, según pretende Ibarretxe.

En plena huida hacia delante, con Ibarretxe sólo se podrá contar una vez que haya experimentado su fracaso. Hoy por hoy, es una pieza inmovilizada en la partida. Se ha plantado, sin derecho a pedir más cartas, y se encuentra por ello condenado a un ejercicio de demagogia permanente contra el Estado democrático opuesto a su proyecto de secesión escalonada.

Después de ejercer de dictadores en Euskadi, y con la ayuda de SA, ahora nos cuentan Ibarretxe, Atutxa e Imaz que la democracia consiste en negociar. Sólo que el juego continúa y ETA/Batasuna puede aún provocar más de un sobresalto. Rompió su aparente marginación al actuar como pieza decisiva en la votación del 30 de diciembre y ahora interviene de nuevo con su Carta al presidente del Gobierno. Derrotada en el terreno militar, se ha visto obligada a hacer política, y eso no debe ser infravalorado.

El juego a dos -Gobierno vasco contra Madrid- puede convertirse en un juego a cuatro, con las ventajas que siempre aporta la posibilidad de evitar el "callejón sin salida" de que habló Zapatero y, en consecuencia, de proponer una combinatoria de soluciones.

Aunque se trate sólo por parte de Batasuna, como en el mitin de Anoeta, de ocultar la maniobra de fondo, orientada hacia una alianza con el tripartito a favor del plan Ibarretxe, y abunden en la Carta planteamientos rancios, tales como la propuesta de "desmilitarización multilateral del conflicto" en torno al eje Gobierno-ETA, o el tópico del "maltrato permanente por parte del Estado" al "pueblo vasco", con la consiguiente imagen de Epinal de una España inevitablemente reaccionaria y opresora. Conviene aprovechar en el debate político el mus pedido por Batasuna y buscar un mejor juego.

Ante todo, no deben caer en saco roto las referencias al abandono del objetivo independentista a corto plazo o a la necesidad de un acuerdo entre los heterogéneos componentes de la política vasca, sin frentes nacionales. Como mínimo, tal vez de modo involuntario, la segunda apreciación avala el rechazo en las Cortes a un plan como el de Ibarretxe que incumplió radicalmente ese requisito del pluralismo de origen.

Y ambas constituyen una plataforma inmejorable en el plano dialéctico, de cara a la sociedad vasca, ya que el atentado de Getxo no autoriza otras expectativas, para que el Gobierno de Zapatero dibuje la perspectiva de una ampliación pactada del Estatuto ateniéndose al patrón catalán, y sin otra condición para Batasuna que arrancar de ETA una renuncia definitiva a la práctica del terrorismo. Sin concesión alguna hasta que esta condición haya sido cumplida.

Gracias al apoyo del PP, la iniciativa pasaría a manos de las fuerzas defensoras de la legalidad, por lo menos en el plano de las propuestas políticas.

No será fácil, y el atentado de Getxo interviene otra vez para probarlo. Sólo que en un nuevo escenario, pluralista y sin terror, las apelaciones a la reconciliación y a la convivencia democrática sí serían auténticas hitzak ederrak, lejos del aburrido despliegue de falsas evidencias, engaños y veladas amenazas a que nos vienen sometiendo el lehendakari Ibarretxe y Josu Jon Imaz, con la pelea de carneros como único desenlace previsible.
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PAZ POR TERRITORIOS
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC  20 Enero 2005

TENGO la impresión de que Zapatero está viviendo la ilusión de poder afrontar la cuestión vasca de un modo radical, esto es, yendo a la raíz, a la propia ETA, al mantenimiento de conversaciones con ETA a fin de llegar a algún tipo de acuerdo por el que aquélla decida dejar de matar. «Paz por territorios».

Para Zapatero hay un dogma: en todo hay que hacer una política exactamente opuesta a la de Aznar. Es su método. Y la cuestión nacional no debe ser una excepción, y aún menos por lo que respecta a la política en el País Vasco.

Los socialistas están convencidos de que a los españoles no les importa demasiado la separación de hecho de algunas regiones con tal de que pueda presentarse de un modo respetable, ambiguo, «libremente aceptado», y con tal de que se acaben los muertos. Así que se han lanzado a la operación. Ésta es la conclusión a la que me lleva la lógica a partir de unos determinados comportamientos del Gobierno y alguna que otra información. La tregua es la solución. ¿A cambio de qué? Los socialistas piensan que los españoles son muy realistas, es decir, que tienen las suficientes tragaderas (ellos como partido las tienen) como para llegar a sacrificar doblemente a las víctimas del terrorismo. Por otra parte, piensan que la primera víctima histórica fue el pueblo vasco. Con el franquismo y antes del franquismo. Y, como lo que importa es la paz, habrá que llegar a un acuerdo para conseguir detener el proceso. Como no supo hacerlo Aznar. Es posible que haya que liberar presos y quizá salvar parte del plan Patxi y hace realidad la interlocución de igual a igual entre representantes de España y Euskalherría, de la que habla Otegi (quizá futuro Nobel de la Paz).

EN estas circunstancias, ¿por qué no dejar que Ibarretxe hiciera su discurso a la Nación vasca desde la propia Moncloa? ¿Por qué no excitar la lucha por la hegemonía entre los vascos que matan y los que se aprovechan de éstos?

Así que Zapatero le regaló a Ibarretxe la tribuna mientras a Otegi le daba la credibilidad ante los medios periodísticos. Lo importante es que los ciudadanos vean que «algo se mueve». Mientras tanto, y coincidiendo con el discurso de Ibarretxe desde Madrid, los nacionalistas catalanes enviaron un mensaje/amenaza según el cual el Estatuto catalán será aún más inquietante que el plan Ibarretxe.

SI Zapatero quería demostrar a los españoles hasta qué punto es trágica nuestra situación desde el punto de vista de la inestabilidad estatal y desde el punto de vista de la agresividad de los partidos nacionalistas, lo ha conseguido. La ciudadanía está consternada, está angustiada. Era difícil imaginar que Ibarretxe desafiara la voluntad nacional española desde una tribuna concedida por el Gobierno. ¿Por qué no iba a hacerlo Zapatero si lo que quiere es justificar las conversaciones con ETA y el cuadro de concesiones que habrá de hacer para conseguir la paz?

El príncipe de la paz. En Irak y en el País Vasco. Y el Ejército en el sureste asiático, donde debe estar, en obras filantrópicas. Incluso peligrosas, según el ministro.

Así pues, al parecer del Gobierno era necesario que la sociedad pudiera vivir en toda su crudeza y con toda su magnitud «el problema de España». A juicio de Zapatero, para que los españoles acepten la fórmula «paz por territorios» tienen que ponerse en la situación de tener que optar como si ellos mismos fueran gobernantes.
¿Y la bomba de ETA en Guecho? Una razón más para la negociación, aquí donde las muertes se vuelven triunfos.

Mala noticia para el País Vasco
Editorial La Razón 20 Enero 2005

La sociedad vasca en particular y la española en general han lamentado estos días la falta de un pronunciamiento explícito de los empresarios de aquella comunidad sobre el Plan Ibarreche y sus consecuencias. Ayer, asistimos a la gráfica y desalentadora explicación pública sobre la razón de fondo de ese silencio contemporizador. Las diferencias entre las distintas asociaciones provinciales que integran la Confederación Empresarial Vasca (Confebask) quedaron de manifiesto en una secuencia vertiginosa de confirmaciones y desmentidos. Román Knorr, presidente de Confebask, ratificó por la mañana el rechazo de su organización al plan secesionista al estar vigente la declaración de octubre de 2002, y en la que los empresarios vascos advertían de que la iniciativa de Ibarreche no contaba con «al menos el mismo consenso que los instrumentos de convivencia existentes» y alertaban del «riesgo cierto de fractura irreversible en la ciudadanía».

Pero sólo unas horas más tarde, la enérgica y encomiable censura de Román Knorr fue reprobada por las patronales de Guipúzcoa, Adegi, y de Vizcaya, Cebek, que precisaban que las palabras del presidente de Confebask habían sido realizadas «a título personal» y «no comprometían» la posición oficial de ambas. Afloraban así las serias discrepancias que ya surgieron en 2002, en el curso del duro debate interno sobre el proyecto soberanista, que fuera convenientemente azuzado por los tentáculos del PNV entre los empresarios de Vizcaya y Guipúzcoa, aunque no pudiera evitar entonces el pronunciamiento crítico de Confebask. Desde entonces, el régimen nacionalista no ha parado de presionar a los empresarios en busca de apoyo, en el mejor de los casos, o de silencio. Porque la hipotética secesión de esa comunidad conllevaría, por ejemplo, una reducción de la riqueza de hasta un 20 por ciento sobre su nivel actual o una disminución del empleo de entre 89.000 y 178.000 puestos de trabajo –hasta situar la tasa de paro por encima del 20 por ciento–, entre otros desastres implícitos en la no-España y la no-Europa que propugna Ibarreche.

El episodio de ayer, una mala noticia para la sociedad vasca, demostró nítidamente las complicadas condiciones de los empresarios vascos, que no sólo deben afrontar la extorsión de ETA, sino la presión de un poder político nada acostumbrado a la plena independencia y libertad de los agentes sociales y económicos. Pero aunque es cierto que el PNV no ha logrado el apoyo público de ningún empresario vasco, es hora de exigir a los patronos un paso adelante y firme contra un proyecto etnicista, de exclusión y confrontación. Quedarse al margen, parapetado en la ambigüedad, sería dar la espalda a una ciudadanía que necesita el compromiso en defensa de la convivencia.

ZP: PASAR A LA HISTORIA
Por Manuel Ángel MARTÍN ABC  20 Enero 2005

BATASUNA ha tentado a Rodríguez Zapatero con ayudarle a pasar a la historia como el Tony Blair español que resolvió el conflicto político y armado de Euskal Herria. Tentación envenenada, en verdad. En la aceleración de los acontecimientos hay que estar atentos a las metáforas, a los símbolos y a los arquetipos utilizados, porque ellos nos dicen más que las declaraciones oficiales, casi tanto como las actuaciones de los protagonistas. Sobre la superficie sólo se dejan ver peces voladores, despistados delfines, y algunas aletas dorsales de los escualos más atrevidos, pero a través de lo visible se adivina el hervidero de negociaciones, envites, cálculos y propuestas que se esconden en las profundidades de las que sólo se emerge para manipular emocionalmente a la opinión pública. Especialmente frecuente resulta la deformación de la realidad actual a través de su comparación, involuntaria o provocada, con otros hechos o personajes muy diferentes, pero que están psicológicamente disponibles y se han consolidado como metáforas o arquetipos. Poco margen deja al análisis racional de las situaciones concretas el diagnóstico simbólico de que los americanos tienen un «Vietnam» en Irak, o que aquí podemos sufrir una «balcanización», o que alguien es un Judas, un Chamberlain, un Castelar o un Creso. La recientemente desaparecida Susan Sontag escribió un famoso ensayo contra la utilización de la enfermedad como metáfora, harta de que se utilizara la palabra cáncer para designar cualquier mal destructivo e irremediable. Y es que las metáforas -y hasta la antonomasia- las puede cargar el diablo.

El presidente del Gobierno y líder socialista se enfrenta a una compleja situación secesionista donde el ritmo y la iniciativa están en poder de la parte contraria. La propuesta soberanista de establecimiento de un régimen de libre asociación entre la Comunidad de Euskadi y el Estado español -sin renunciar en el futuro a la independencia- es una estrategia sagaz, edulcorada con invocaciones a la hermandad de los pueblos, la autodeterminación, el pacifismo y la democracia -todas ellas pertenecientes al imaginario tradicional de la izquierda- y tiene el apoyo mayoritario del Parlamento vasco. La carta abierta de Arnaldo Otegui -tanto da estratégicamente hablar de Batasuna como de ETA y sus siniestros comunicados- a José Luis Rodríguez Zapatero está en la misma línea hipócrita aunque dura, no exenta de paternalismo y sobrentendidos cómplices. Sus tesis son claras: aquí hemos tenido una guerra -la culpa de las guerras es difusa, aunque Batasuna no se resiste a mentir que el pueblo vasco «ha sido objeto de maltrato permanente por parte del Estado que ahora usted gestiona» (sic)- y las guerras, ya se sabe, acaban con la «desmilitarización multilateral del conflicto», el intercambio de prisioneros y el olvido de las víctimas. Batasuna advierte a Zapatero que las fuerzas reaccionarias que pretenden «neutralizarle» son «los amigos de Bush, los grandes manipuladores del 11 de marzo, los Legionarios de Cristo Rey», también astutas metáforas o sinécdoques alusivas al antiamericanismo y al anticlericalismo tan en boga. Y la guinda tentadora de estos maestros del palo y la zanahoria, del sufragio y la pistola, es esta: pase usted, señor presidente, a la historia como el Blair español.

La tentación es fuerte y a su favor juega que estamos hartos de independentistas con complejo de superioridad, de sangre y de sufrimiento cada vez con apariencia de mayor inutilidad. La tentación está en refugiarse en el nominalismo, en el mantra de «no pasa nada, no pasa nada», en lo importante es la paz a cualquier precio, en la utilización narcótica de un poderoso apoyo mediático, en la culpa -del problema y de la solución- es de la derecha, en cambiar un plan Ibarretxe por un López. Porque Euskadi no es el Ulster, ni Rodríguez Zapatero puede ser Blair. Porque Euskadi está partido en dos, y una parte vive en el miedo y acumula mil muertos, porque los derechos históricos o son de todos o no son de nadie, porque el antiespañolismo lo hemos educado con dinero público, y ya está bien. En algún momento, en algún lugar, alguien se propondrá pasar a la historia como pasó un tal Rodríguez Zapatero. Dios quiera que sea entonces un arquetipo honroso.

Gregorio Ordóñez
Por Patxo Unzueta El País  20 Enero 2005

El domingo se cumplen 10 años del asesinato del concejal del PP y candidato a la alcaldía de San Sebastián Gregorio Ordóñez. Aquel crimen supuso un giro en la estrategia de ETA, pero también el inicio del camino hacia su derrota.

Hasta 1995 la mayoría de sus víctimas eran policías, militares y ciudadanos anónimos afectados por sus bombas. De las 623 personas asesinadas entre 1978 y 1995, sólo 10 eran políticos o cargos públicos: el 1,6%. Desde entonces ETA ha asesinado a 85 personas, de las que 30, más de un tercio, han sido adversarios ideológicos.

Ese cambio de estrategia fue el resultado de un debate iniciado tras la captura de su cúpula dirigente en Bidart, en 1992. En uno de los textos discutidos se hablaba de la necesidad de atacar a los políticos para que cada uno de los compañeros de las víctimas piense "a la vuelta del funeral" que el siguiente puede ser él y que "es la hora de encontrar soluciones". O sea: de negociar las contrapartidas políticas exigidas por ETA a cambio de una tregua.

Los violencia callejera se integró en esa estrategia como vía para la "socialización del sufrimiento", según teorización de la Coordinadora KAS, organismo que asumió la dirección política efectiva del tinglado tras la caída de la cúpula etarra.

La ponencia Oldartzen (1995) sistematizaba en particular el papel de esa violencia de acoso para forzar el cambio del PNV hacia el soberanismo. De los 5.134 actos de kale borroka registrados a lo largo de estos 10 años, 894 fueron ataques contra sedes, domicilios, negocios o bienes de miembros de los partidos o asociaciones cívicas opuestos a ETA. Hasta fines de 1997 también contra los nacionalistas; luego, sólo contra sedes y militantes del PP y del PSOE.

Las agresiones a los ciudadanos que se manifestaban contra los secuestros o portaban el lazo azul y las pintadas intimidatorias contra personas consideradas no afectas pasaron a formar parte de la nueva estrategia, tendente a establecer en la sociedad vasca una frontera entre los amenazados y los indultados por ETA.

El efecto buscado era generalizar el temor, sector por sector: profesores, ertzainas, jueces, periodistas; ganar para su causa a los acobardados y arrinconar a los que les hacían frente. Esa estrategia resultó eficaz para que el giro soberanista del PNV no encontrase resistencias fuertes en su electorado; pero provocó también la reacción de personas que hasta entonces habían limitado su oposición a ETA al ámbito privado.

Surgieron movimientos cívicos de resistencia, y la rivalidad entre partidos no nacionalistas pasó a segundo plano. En el homenaje a Ordóñez, el 4 de febrero de 1995, participaron, junto a los dirigentes del PP José María Aznar y Gabriel Cisneros (víctimas ambos del terrorismo), y la viuda del senador socialista Enrique Casas, ciudadanos particulares con una trayectoria personal muy alejada de la del homenajeado, como Kepa Aulestia y Fernando Savater.

"Los adversarios -dijo este último- nos son imprescindibles porque marcan el límite de nuestra cordura". Una idea similar a la expresada por Zapatero el sábado pasado, también en San Sebastián, en relación a Rajoy.

En paralelo a la reacción ciudadana se pusieron en marcha mecanismos defensivos del Estado de derecho que culminarían con la suspensión judicial y posterior ilegalización del brazo político de ETA.

No era admisible que tuviera el estatus legal y la protección jurídica que la Constitución garantiza a los partidos democráticos, incluyendo su financiación con fondos públicos, una formación integrada en una trama, llámese KAS o MLNV, que consideraba legítimo asesinar a los candidatos, representantes electos o miembros de los demás partidos.

Esa ilegalización, junto a la eficacia policial en Francia y España, hizo que fuera disminuyendo la incidencia de la coacción organizada de ETA y su entorno (de 1.113 acciones en 1996 a 126 en 2004), lo que a su vez cegó la principal vía de reclutamiento de nuevos terroristas.

Al asesinar a Ordóñez, ETA ponía en marcha un mecanismo que sirvió para reagrupar a todo el nacionalismo en torno al programa de Lizarra; pero puso en marcha también la dinámica conducente a su propia derrota.

Por una parte, se demostró que el miedo es vencible; por otra, que ETA también lo es si se combina la eficacia policial con la firmeza política: aplicación estricta de las medidas legales y negativa a cualquier negociación con ETA. Los principios que defendió Gregorio Ordóñez; por eso lo mataron.
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CONFIESO MI ESCEPTICISMO
Por Jaime CAMPMANY ABC  20 Enero 2005

EN todo lo relacionado con la banda etarra y con el nacionalismo radical, la experiencia enseña y la precaución obliga a mantener el escepticismo, la desconfianza y la incredulidad en las buenas palabras. Haremos bien en negar a los etarras incluso el beneficio de la duda. Sembrarán todo el mal que les convenga, y si en algún caso limitan o moderan su vesania o su crueldad, será porque convenga para sus planes. Por piedad o por humanidad jamás dejan de matar a Miguel Ángel Blanco. Si perdonan una vida es porque calculan fríamente que les proporcionará más beneficio que un cadáver. Operan como alimañas que sólo ven saciada su sed de sangre mientras quede una gacela en la selva.

Ante la tregua que ofrece el asesino Arnaldo Otegui, reforzada por la última bomba de Guecho (estrategia de tender la mano y enseñar los dientes), y el horizonte de paz que promete Ibarreche si se negocia su plan, yo me confieso desconfiado y escéptico. Y también me entrego a la desconfianza dentro del escepticismo ante la perspectiva, posible y deseable, de un pacto de actuación conjunta de los dos grandes partidos y de sus líderes, Zapatero y Rajoy, frente a las exigencias nacionalistas.

Vamos a ver. La tregua es un señuelo para que piquen los pusilánimes y los crédulos, y el primer objetivo que buscan los que la ofrecen es el de proceder al rearme y a la reorganización de ETA. Los últimos reveses sufridos por la banda etarra, que culminan en la detención del máximo dirigente Mikel Antza y el descubrimiento e incautación de un importante arsenal de armas y explosivos, tienen que haber dejado muy tocada a la organización. Tanto como para ganar el tiempo preciso de rearmarse y reordenar su estructura. No sería ésta la primera vez que lo lograran. Ya conocen los políticos y ya conocen todos los españoles, especialmente los vascos, lo que es una «tregua-trampa».

Y por desgracia no creo ni confío en un pacto perdurable y serio entre Zapatero y Rajoy, entre socialistas y peperos. Qué más quisiera yo que equivocarme en este punto de medio a medio, pero observo atentamente la higuera y sospecho que no caerá esa breva. Peor todavía: no veo ni el brote de la breva. No es que la breva esté verde. Es que no hay breva en esta higuera. Los protagonistas del pacto deseado harán bien en no mostrar desánimo ni desmayo alguno en esa deseable alianza, aún más difícil que la alianza de las civilizaciones, porque eso sería evitar la inquietud que ha asaltado a los nacionalistas radicales de Vasconia y de Cataluña apenas vieron a Rajoy cruzar las puertas de La Moncloa. Pero ese pacto requiere una premisa heroica, impensable en este caso: que Zapatero descienda de la columna del poder, en la que se encuentra tan a gusto y en la que ya ha aprendido a soportar con una eterna sonrisa las contrariedades, las asechanzas, los peligros y las amenazas de un Gobierno sin mayoría absoluta, necesitado del apoyo de otros y que debe mantenerse en precario y en tenguerengue. ¿Dónde quedará ese mínimo entendimiento de ahora cuando llegue a La Moncloa el proyecto de Estatuto catalán, si de verdad «va más lejos» que el plan Ibarreche?

Pelota vasca
Por Francisco Umbral El Mundo 20 Enero 2005

La bomba de Getxo no es un punto y aparte sino un punto y seguido en la ortografía del crimen. Tampoco es una improvisación, sino algo que estaba previsto para finalizar las conversaciones de Ibarretxe con los señoritos de Madrid y, a mayores, un saludo de encuentro y despedida al presidente del Gobierno. Este periódico habla del talante de ETA. Es una manera irónica de titular.

El talante pacifista que trajo Zapatero se hace astillas con una explosión y un herido entre dos llamadas telefónicas. Se acabó el paraíso terrenal de las conversaciones, los encuentros y los desencuentros. De toda esta movida sólo se recordará la aparición y desaparición de Pilar Manjón, que tampoco era la aparición o asunción de la Virgen María, porque la Virgen María no estuvo nunca afiliada a Izquierda Unida ni a ningún otro partido, ni siquiera al de su Hijo.

Por otra parte, Pilar Manjón acusó directamente al Gobierno de Aznar de los muertos de Atocha, y estos dos detalles desautorizan la virginidad política de la oradora. Hemos escenificado muy bien la solución democrática a una crisis política que ha sido la más grave y peligrosa desde la muerte de Franco.

La derecha ha estado en la derecha, la izquierda ha estado en las torres del gótico tardoleonés y los demás han salido en la función agitando una lanza o una barba, pero ninguno creía en lo que estaba haciendo ni se preocupaba demasiado de la geopolítica nacional. Sólo han querido remover un poco nuestra geografía para que los ríos vayan a dar en la mar, que es el morir, o sea el Llobregat y los otros.Sólo han querido venir a Madrid para hacerse esa foto a la puerta de La Moncloa y que los vean sus paisanos por televisión.

Tan pendientes estaban de la foto que se quedaban con la mano en el aire y el presidente tenía que cogerla y agitársela para que los fotógrafos pudieran hacer su trabajo.

Hay un cuento de Cortázar en que una mano vive sola y por sí misma en una casa. Todos los visitantes del presidente tenían esa mano fantasma y creían que con ella iban a agitar toda la casa. Pero la casa, al fin, se ha pronunciado, ha dicho que no y se ha sentado a esperar los tiros. ZP tenía previsto este final que es un principio, pero lo ha ido demorando para hacer más espectacular su victoria e incluso ha llamado muy a última hora al señor Rajoy, jefe de la oposición, para que disfrutase esos minutos de gloria que dice Andy Warhol, pero ni uno más.

El señor Ibarretxe venía lleno de trampas, con más trucos que un charlatán del Rastro, pero el truco mayor ha resultado ser el de ZP, el truco de su sonrisa, o sea, que le hizo creer al sabiniano que iba ganando terreno. ZP ha llegado a la espectacularidad gracias a su paciencia. Cuando ya todos estaban nerviosos, histéricos, incluso histéricas, ZP lo mandó todo a tomar por retambufa con un no susurrado y una sonrisa dulce de la Coyantina de León.

Lo cual que me escribe un lector modificando la ortografía de la tienda, y se equivoca, naturalmente. Qué importa la ortografía cuando en Getxo ha sonado la primera bomba de la nueva carlistada.Ibarretxe habló de tortas sin especificar. Otegi puntualizó que las tortas iban a ser pelotas en el frontón vasco. Toda España es hoy un frontón esperando las primeras pelotas y los primeros pelotazos.
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La amenaza de Otegi
Editorial El Ideal Gallego 20 Enero 2005

Arnaldo Otegi advirtió el martes de que el proceso de paz no existe y ETA hizo estallar poco después un coche-bomba en Getxo e hirió una ertzaina. El portavoz de Sozialista Abertzaleak volvió a hablar ayer de nuevo en un tono desafiante y amenazó con más atentados porque el “conflicto armado” sigue vigente. Ambas declaraciones deberían dar pie de inmediato a una citación judicial, ya que prueban una vez más que es la marioneta de la que se vale la banda terrorista para trasmitir sus mensajes, utilizando incluso foros como el propio Parlamento de Vitoria, donde leyó una carta de Josu Ternera, considerado en este momento el número uno de la organización criminal. No obstante, las palabras de Otegi son el motivo idóneo para que quienes estaban hablando de una posible tregua de los nacionalistas vascos asesinos se den cuenta de que la única tregua posible es la que lleve aparejada la entrega de las armas, mientras tanto las vías policial y judicial son la única manera de comunicarse con los criminales. Los socialistas parecían tenerlo claro, pero la afirmación de Jordi Sevilla de que para “seguir hablando” es preciso que ETA renuncie a la violencia han suscitado ciertas dudas; tal vez se trate de un lapsus del ministro de Administraciones Públicas, pero convendría que lo aclarase. Como convendría también que Juan José Ibarretxe renunciase de una vez a su plan soberanista, ya que el requisito de la normalidad en el País Vasco sigue sin darse. Con todo, lo primordial es que Otegi sea interrogado cuanto antes.

¿Estamos con las víctimas?
Iñaki EZKERRA La Razón 20 Enero 2005

La Asociación de Víctimas del Terrorismo está convocando para el próximo sábado, día 22, a las cinco de la tarde, en Madrid una manifestación bajo el lema «Memoria, dignidad y justicia» que partirá de la plaza de Cibeles y que nos emplaza a todos, nos reclama y nos interroga. ¿Respondemos de verdad al compromiso que nos piden los asesinados, los heridos y sus familias o respondemos sólo al calentón anímico del atentado, al impacto mediático de los tiros y las bombas? ¿Reacciona nuestra conciencia ante al terrorismo o sólo nuestros nervios? ¿Confundimos la crispación física con la indignación moral y la sensación con el sentimiento? ¿Estamos de verdad con las víctimas del terrorismo o estamos sólo con la televisión?

Debemos hacernos estas preguntas porque en ellas está la respuesta de por qué existe aún un terrorismo de ETA que ha atravesado toda la democracia y de por qué surge hoy el nuevo del fundamentalismo islámico para atravesar y condicionar el presente. Surgen porque quienes lo diseñan y practican saben perfectamente de las fisuras y las lacras que tienen nuestras modernas sociedades occidentales, de nuestra apatía y nuestro egoísmo, de nuestra falta de solidaridad y de constancia. Y es que está muy bien salir a la calle a manifestarse cuando acaban de poner unas bombas en Atocha o en Vallecas, pero no es en esos momentos cuando se deciden, se preparan y se perpetran los atentados. Lo realmente grave se cuece meses y años antes, cuando el terrorista se percata de la soledad de las víctimas, de la impunidad de la infamia, de los efectos de la desidia y el miedo.

Lo realmente grave se está cociendo en la sombra y de forma cotidiana, sin estridencias ni detonaciones, cuando el etarra De Juana Chaos va escribiendo y publicando articulitos en los que justifica la «lucha armada», cuando se matricula a la chita callando en carreras universitarias que le importan una higa y va haciendo en su celda sus frías cuentas sobre los años que se va quitando por asignaturas que no estudia y exámenes a los que no se presenta, por la buena conducta que no tiene porque no se «conduce ejemplarmente» quien pasa la escoba por su celda pero brinda ante los asesinatos; por una extraordinaria rehabilitación social y un arrepentimiento moral de los que no hay el menor indicio.

Lo realmente grave se cuece el día en que uno de esos sujetos sale de la cárcel para recibir un homenaje en su pueblo por los cadáveres que tiene a sus espaldas y para reunirse de nuevo con sus cómplices. Se cuece cuando 3.000 años de condena van quedándose en 18 mientras al que roba gallinas le caen 30 por unos fantásticos mecanismos legales que son justificados por un cabeza de pepino al que llamamos «experto en leyes». ¡Y eso que el Código Penal era del 73, o sea de Franco! Lo único que explica tal fenómeno paranormal es que los sofistas se hayan pasado de la filosofía a la judicatura.

Referéndum con trampa
EDITORIAL Libertad Digital 20 Enero 2005

Hace justo quince días, y a propósito del referéndum de la mal llamada “Constitución Europea”, considerábamos en estas mismas páginas lo paradójico que resultaba que “una campaña institucional referida a divulgar lo que pretende ser un ordenamiento jurídico empiece por faltar a la verdad y a la legalidad cuando induce de forma tan clara el sentido del voto”

A pesar de ser Libertaddigital el primero y uno de los pocos medios de comunicación que denunciara la maniquea y tendenciosa campaña de marras y su flagrante incompatibilidad con la legislación electoral vigente, lo cierto es que este miércoles la Junta Electoral Central (JEC) ha venido a confirmar nuestras críticas a la supuesta “asepsia” con la que Zapatero y su gobierno describían y justificaban su campaña a cargo de los contribuyentes.

La JEC recuerda al Ejecutivo que la campaña divulgativa debe limitarse a "informar objetivamente" sobre el contenido del tratado por lo que aconseja su modificación. En cuanto a los mensajes, la Junta considera que los famosos no leen artículos que podrían "suscitar rechazo", sino los que presentan el tratado como "un elemento deseable". Concretamente, la JEC aconseja suprimir expresamente lo que ha venido a ser nada menos que el lema central de la campaña "Los primeros en Europa", así como otras declaraciones "que pueden directa o indirectamente, influir en la posición o actitud de los ciudadanos".

Y eso que la JEC no ha tomado en consideración posteriores desarrollos de esta campaña institucional llevadas a cabo por organismos municipales o autonómicos, como los carteles colados por el Gobierno de Cantabria en los que se puede ver un gigantesco “Sí”, que dejan todavía más en evidencia el sectarismo de una campaña que supuesta y legalmente debía ser neutral a la hora de valorar positiva o negativamente el tratado sometido a refrendo.

Por último cabe hacer referencia al hecho de que, al igual que este diario, organizaciones políticas como ERC —cuyo ideario no sólo no compartimos sino que combatimos a diario—, también han denunciado la falta de neutralidad de la campaña de marras. Sería, sin embargo, el colmo de la desfachatez utilizar la falaz y conocida técnica de la amalgama para desacreditar, por esta coincidencia, tanto a los que respaldan el “no” sin ser independentistas, como a los que se limitan a denunciar esta afrenta que, para la legalidad electoral vigente, constituye el abuso institucional perpetrado por el Gobierno. Téngase en cuenta, por otra parte, que partidos tan abiertamente independentistas como el PNV, se han mostrado partidarios del “sí” y no han puesto reparos a la campaña.

Para posiciones falaces y engañosas, ya tenemos bastantes con las que lleva a cabo el gobierno de ZP.

La tregua de ETA
Carmen GURRUCHAGA La Razón 20 Enero 2005

Son muchas voces, y algunas muy autorizadas, las que preconizan un alto el fuego de la organización terrorista vasca como si fuera la solución a todos los males políticos que vienen del norte. Es increíble que después de tantísimos años y tantas experiencias fallidas, haya quien todavía crea que la tregua es la respuesta al demandado silencio de las armas. El cese temporal de la violencia acarrearía con toda probabilidad un periodo de diálogo y negociación, que, con toda seguridad, volverá a ser estéril.

Para hacer tal aseveración no es que me atreva a ejercer de pitonisa, sino que, simplemente, escucho los mensajes de ETA-Batasuna, sin olvidar la historia reciente. Los ciudadanos que poblamos la península ibérica hemos vivido situaciones similares, que no han conducido a ninguna parte: negociaciones de Argel en 1989 y Acuerdo de Estella, con tregua incluida, en 1998. ¿Por qué no fructificaron esas situaciones aparentemente favorables para conseguir la ansiada paz? Porque los terroristas «juegan» al todo o nada. O se aceptan sus exigencias políticas, o siguen pegando tiros. Y esto es algo que todos los demócratas deben tener claro.

La organización terrorista vasca no cejará en su intento de quitar vidas humanas mientras el Estado no acepte que «el pueblo vasco» tiene derecho a decidir su propio futuro de independencia. Porque si la opción elegida por los ciudadanos vascos es la de seguir unidos a España, continuarán los tiros. Eso es lo que ETA anunció en su comunicado del pasado domingo y quien quiera hacer una interpretación distinta de sus palabras, confunde deseos con realidad.

El atentado del miércoles en Neguri, que milagrosamente no mató a nadie, fue perpetrado en el corazón del barrio de Getxo en el que vive lo que ETA califica como «oligarquía vizcaína». No tenía una sola intención, sino varias al mismo tiempo: demostrar que pese a los golpes jurídico-policiales recibidos, mantiene la capacidad operativa y tratar de que la correlación de fuerzas no le resulte tan negativa ante una eventual negociación con el Gobierno. Está claro que si no es capaz de asesinar, su alto el fuego tiene mucho menos valor y sería una cuasi rendición.

El MLNV (Movimiento de Liberación Nacional Vasco) quiere negociar con las pistolas encima de la mesa, de suerte que si no se aceptan sus tesis, no hay paz. Este espejismo de paz ya se ha la hemos vivido reiteradamente hasta que se apostó por la firmeza democrática que ha sido el método que mejor resultado ha dado. Todo lo demás, son balones de oxígeno para unos terroristas que agonizan y para el Plan Ibarretxe, que consigue resituarse como un vehículo para la paz.

Desafío nacionalista
La constitución y la democracia
Pío Moa Libertad Digital 20 Enero 2005

Puede haber una Constitución democrática distinta de la actual, o ésta puede cambiarse, pero hay dos razones que no aconsejan jugar en ese terreno. En primer lugar, la actual Constitución ha nacido del intento de superar los factores de enfrentamiento que tan convulsa han hecho la historia de España en el siglo XX, y, con todos sus fallos, debe reconocérsele el haber amparado una convivencia democrática bastante aceptable durante un cuarto de siglo. Es un logro realmente trascendental, y sólo algún loco (pero hay más de uno) lo pondría frívolamente sobre el tapete. Y en segundo lugar quienes mayor interés muestran en cambiarla, y además por la vía de los hechos consumados, es decir, del golpe de estado más o menos encubierto, son precisamente las fuerzas antidemocráticas que en las Vascongadas han impuesto ya una semidictadura nacionalista y van camino de hacer otro tanto en Cataluña. No puede aceptarse que esas fuerzas dicten el momento y el sentido de los cambios.

Debemos entender cuál ha sido el factor principal de estabilidad en este cuarto de siglo: la renuncia de la izquierda a sus posiciones revolucionarias o utópicas, que le impedían aceptar a las derechas. En la mitología tradicional de la izquierda, las derechas (y la Iglesia) no eran fuerzas o tendencias con las que convivir, sino a las que erradicar. En su tosca propaganda, las derechas y la Iglesia representaban “el negro pasado”, “lo muerto”, “la explotación capitalista”, “el oscurantismo”, “la oligarquía”, etc. y por ello no cabía la tolerancia hacia ellas. De ahí que a las libertades políticas garantizadas por las leyes liberales de la Restauración contestaran las izquierdas y los nacionalismos –beneficiarios de ellas– con el ataque demoledor, incondicional y violento, hasta impedir el desarrollo natural del régimen hacia una democracia y abocar a la dictadura de Primo. Luego, en la II República, las izquierdas y el nacionalismo catalán impusieron una Constitución en principio democrática, aunque agresivamente anticatólica y vulneradora de diversos derechos políticos… para rebelarse contra ella, contra su misma legalidad, cuando la derecha alcanzó legítimamente el poder, cosa inadmisible para aquellos mesiánicos. Ese “talante” pudo haber concluido en la completa aniquilación de la derecha y la Iglesia, pero terminó con la derrota de la izquierda y los nacionalismos, y con una nueva dictadura, la de Franco.

Pues bien, lo nuevo al llegar la transición posfranquista es que, tras algunos intentos de ruptura, el PCE abandonó el leninismo y el PSOE el marxismo, es decir, ambos renunciaron a su tradición revolucionaria. Además los anarquistas no lograron poner en pie un movimiento de masas y los republicanos exaltados de antaño quedaron marginados. Todo ello permitió un juego democrático aceptable, porque, contra un prejuicio muy divulgado, el grueso de la derecha ha aceptado las libertades y la convivencia con sus adversarios políticos desde hace más de un siglo, siendo las dictaduras reacciones ante el derrumbe de las libertades provocado por los extremismos de izquierda aliados con los nacionalismos catalán y vasco.

Quienes no abandonaron sus viejas aspiraciones, en el fondo totalitarias, fueron estos nacionalistas. Pero aun cuando la izquierda sólo perdió a medias su carácter tradicional (los abusos del anterior período socialista están en la mente de todos), su nuevo talante bastó para contrarrestar en buena medida la presión nacionalista, combinada más o menos directamente con el terrorismo, y para mantener la Constitución y, por tanto, la democracia. Ni el PNV ni CiU vieron nunca en la autonomía un medio de integrar a Cataluña y Vascongadas en España, sino, al revés, un instrumento para progresar hacia la secesión, persiguiendo y desacreditando los símbolos, el idioma común español y todo cuanto recordase la estrecha unión histórica de sus regiones con el resto de España.

Tal programa se les ha consentido sin apenas oposición bajo el falso supuesto de que se trataba de partidos democráticos. Que nunca lo han sido queda probado en el hecho de que no han podido progresar en sus designios sin vulnerar constantemente las libertades de los ciudadanos y promover el fanatismo. En Vascongadas han logrado reducir la democracia a un sarcasmo y en Cataluña van camino de lo mismo. Si no han arrastrado al mismo deterioro al resto de España se debe, como quedó expuesto, al mantenimiento del acuerdo constitucional por los dos grandes partidos españoles.

Pero esto ha cambiado en los últimos años. Con Rodríguez, la política del PSOE se ha radicalizado, recuperando los peores elementos de otros tiempos: ante la reforma universitaria, el Prestige o la guerra de Irak, Rodríguez, en alianza con la extrema izquierda abierta y con los nacionalismos, ha desatado campañas demagógicas y callejeras y ha sembrado el viejo odio irracional, extendiendo por todo el país un clima parecido al de las Vascongadas. Ya no se trata del antiguo marxismo, pero sí del jacobinismo que en otro tiempo tiñó de exaltación a los republicanos y los llevó a obrar de modo muy parecido a los revolucionarios obreristas.

El proceso está culminando ahora. Los partidarios de la Constitución insisten en llamarse constitucionalistas, llevando la pugna a un área demasiado estrecha y equívoca, como si el problema se redujera a un cambio legal más o menos normal, aun si indeseable. Pero defender la Constitución significa ahora mismo defender la convivencia democrática, ni más ni menos. Y atacarla significa disponerse a hundir esa convivencia, por tercera vez en menos de un siglo. La lucha, entonces, se plantea claramente entre demócratas y liberticidas, y va mucho más allá de los partidos, pues indudablemente son muchos los votantes, y aun militantes, socialistas y nacionalistas capaces de percibir el abismo adonde nos están llevando a todos, como en el pasado, unos demagogos de mente enturbiada por cuatro ideas mesiánicas. Es indispensable que los políticos y la población comprendan el alcance del desafío y obren en consecuencia, si queremos evitar una nueva deriva desastrosa en nuestra historia.

La raza escogida
Pablo CASTELLANO La Razón 20 Enero 2005

No hace tantos años, y por causa de boda, herencia y esas cosas de las reales familias, Portugal tuvo los mismos monarcas que España.Y por la defunción de quien estaba destinado a continuar ciñendo ambas coronas formó luego un Estado-nación-corona independiente. Y aquí, en la península Ibérica, convive armónicamente con España, con Andorra, la perla del Pirineo, fogón de hospitalidad, y a no mucho tardar con un no sé sabe aún qué llamado Gibraltar. Por ello eso de los territorios, las fronteras, las banderas, las lenguas y los caciques respectivos ha de ser objeto de la relativización que impone el decurso histórico y los avatares de las tribus que los pueblan. La cuestión no es independencia o autonomía, federalismo o confederalismo, que no dejan de ser fórmulas político-administrativas para buscar la convivencia y el progreso de los ciudadanos.

Podríamos tener en la vieja Iberia una nueva nación o Estado de Euskal Herria si éste no naciera y surgiera de algo tan poco progresista como la limpieza étnica, la pureza de raza, y la práctica de la discriminación y persecución de todo el que no declare su fe en la sagrada causa. Y parece ser que cerca de un 50% de la población, libremente, se opone a que los estampillen no ya como vascos de pedigrí, rh, y comprobada limpieza de sangre, sino como minoría discriminada, consentida, tolerada y en trámite de dar pruebas de asimilación de la verdad revelada. No es una especulación, y ahí ha quedado escrito para aviso de navegantes: «En la nueva Euskadi los no vascos, a la luz de las esencias patrias gozarán del estatus de los alemanes, turcos o moros, como residentes y trabajadores autorizados».

Basta con reparar en lo que ahora sucede, cuando resultaría más lógico que para no asustar, para encariñar con la idea de la nueva comunidad nacional, para sumar esfuerzos, todo fueran amabilidades y complacencias, una gran parte de ciudadanos, nada belicosos, por cierto, han tenido que salir pitando de allí para salvar la vida, para poder trabajar y ganarse la vida, y los que se han quedado, al no ser de la cuerda del dueño del caserío, han de tener buen cuidado de estar calladitos y ser sumisos, si no quieren salir en los carteles adornada su faz con una diana.

Al Sr. Ibarretxe no le ha preocupado ni poco ni mucho la situación objetiva de falta de libertad de la mitad de sus ciudadanos. Le han preocupado mucho más los asesinos que las víctimas. Para el Sr. Ibarretxe que define qué es lo vasco, quién merece ese honroso título, todo lo que huela a español ha de ser erradicado, de grado o por fuerza, y en una interpretación curiosa de la historia resulta que la burguesía, a la que él representa y a la que sirve, ha estado históricamente sometida por las clases populares con cuyo esfuerzo se levantó como potencia industrial, por encima de otras regiones su irredenta patria. Antes que discutir de soberanismo e independencia convendría discutir sobre libertad, justicia e igualdad para todos los ciudadanos, pues es posible que alcanzada ésta, sin miedo y sin amenazas, todos coincidieran en el gran proyecto. Sobre todo si éste era de verdad para todos.

¿Quién acaba con ETA?
Rosa M. VERA La Razón 20 Enero 2005

Ya sabemos que la banda terrorista ETA es una rémora del Gobierno vasco y sus acólitos, Ibarreche, Arnaldo Otegui y peneuvistas a la sombra. La banda afirma que la lucha armada no tendrá fin hasta la independencia, y sigue en sus trece de armar ruido exigiendo negociaciones y pactos donde no puede haber otra cosa que carpetazo a la violencia y a las armas. Si el Gobierno pretende que ETA firme un documento asegurando que deja la lucha armada, es que nuestros gobernantes todavía creen en la buena voluntad de los terroristas, y piensan que sus asesinos han visitado a la virgen de Lourdes recibiendo la luz divina en sus corazones.

No es ninguna paradoja que ETA apoye el Plan Ibarreche al milímetro y exija un referéndum al pueblo vasco. Su estrategia de seguir matando a favor de la lucha independentista le ha dado buenos resultados contando con el apoyo de políticos sin escrúpulos que sustentan el brazo político de ETA. Batasuna es su grial corrupto y lo mismo cambia de collar adoptando otro nombre para burlar a la justicia, que sigue siendo fiel a su reseña para que no se la confunda con un partido renovado de nueva generación y siga presumiendo de ser la bestia negra que defiende a los pistoleros con un escaño en el Congreso.

Y como siempre hay tontos inútiles alrededor de cualquier patraña política, tenemos a Carod-Rovira jaleándola como palmero de la banda. El diario «Gara» es su traductor publicitario y el chivato oficial de la ubicación de las bombas. El presidente del PNV, Imaz, afirma que la propuesta de Batasuna es un paso adelante y que el comunicado de ETA pidiendo su legalización es señal de buena voluntad. Está muy claro, por si alguien duda todavía, que todos los partidos políticos vascos, afines al modelo independentista, incluidos el partido mayoritario PNV, le dan un abrazo a ETA y cuentan con Ibarreche y su Plan, y a Otegui que es el ejecutor de dicho Plan y el dedo que mueve las fichas en el tablero etarra. Si Otegui tiene la desfachatez de leer una carta de Josu Ternera bendecido por todos los partidos nacionalistas en el Parlamento vasco, es que la lucha armada hace tiempo que pasó a ser un dogma legal dentro de la estructura política del País Vasco.

ETA presume de que no se le ha vencido por la vía policial. Éste es un punto controvertido y discutible, y si la banda es tan altanera y autosuficiente que se pavonea de su libertad, no desaprovechemos la ocasión para vencerla por vía jurídica: desautorizando a Batasuna, que es la máxima prioridad de la banda etarra, y encerrando el Plan Ibarreche bajo llave. Si ETA nos chulea con su presencia física, Otegui y su carta trampa, y diputados palmeros afines al régimen, enclaustremos su presencia intelectual y política echando al cadalso un Plan que coarta la libertad del pueblo vasco y lo somete a la dictadura nacionalista. La vía legal para erradicar a Batasuna y encerrar su contenido intelectual entre rejas, deja en el aire esta pregunta: ¿Quién acaba con ETA?

Rosa María Vera es escritora

Un silencio delator
Ignacio Villa Libertad Digital 20 Enero 2005

¿Qué esta pasando?, ¿qué razones hay para que el presidente del Gobierno o el ministro del Interior todavía no hayan dicho esta boca es mía? No es normal que después de un coche-bomba con cuarenta kilos de dinamita en pleno corazón de Guecho, todavía no hayamos podido escuchar una condena de Zapatero o de Alonso ante la reaparición de ETA con su estilo más salvaje.

El silencio del Gobierno no es normal. Los ciudadanos españoles no estamos acostumbrados que, ante un coche-bomba, escuchemos al ministro Jordi Sevilla pidiendo que ETA deje de hacer ruido; tampoco es habitual que Patxi López, secretario general de los socialistas vascos, mientras se recogen los cascotes en las aceras de Guecho, diga que "el atentado no cambia el escenario de la paz". Sinceramente, el Partido Socialista ha cometido muchos errores y muchas tonterías antes y ahora, pero nunca ha faltado la condena contundente y clara de cualquiera acción terrorista.

¿Cuales son las razones de este silencio? Nadie puede pensar en un cambio de posición de los socialistas. El PSOE condena radicalmente el terrorismo. En cambio, sí que se pone encima de la mesa la posibilidad de que esté en marcha la negociación de una tregua con los terroristas. Unos contactos que podrían estar produciéndose desde hace tiempo y que el atentado de Guecho ha descuartizado inesperadamente.

El silencio del Ejecutivo ante el coche-bomba podría deberse al desconcierto del Gobierno ante la posibilidad de una tregua etarra que decían cercana y que de pronto se ha visto traqueteada por la estretagia del terror de siempre. Y ante ese desconcierto, Zapatero y su gente han preferido callar. Lo único que esperamos es que el Gobierno no se deslumbre ante la posibilidad de una tregua y que a cambio de ese objetivo este dispuesto a tragar con bombazos como el del pasado martes.
Todos queremos que el final de ETA llegue cuanto antes, pero no a cambio de lo que sea. Con los terroristas no se puede negociar. Sólo existe una decisión pueda abrir la puerta de la paz. Y todo pasa por el abandono de las armas. El último coche-bomba no tiene nada de paz. Es la dictadura del terror de siempre.

En la liquidación de Ex-paña
Goya va incluido
Javier Ruiz Portella Libertad Digital 20 Enero 2005

Poca atención se le ha prestado, como es lógico, por lo demás, en el mundo actual. Sólo se trata de un “detalle”, si se quiere, pero a mí me ha ultrajado tanto como lo sustancial. Lo sustancial es lo que ocurrió el otro día, cuando el señor Rodríguez se puso a negociar con un delincuente –o cómplice de los delincuentes con quienes sacó adelante su plan– las modalidades de liquidación de Ex-paña. Cuando alguien, con premeditación y alevosía, viene a asaltar tu casa, ¿qué cabe negociar?… Las condiciones de la rendición, sin duda. ¿Qué podía negociarse el otro día en los salones de la Moncloa? Sin duda, la adición de vaselina con que, a la catalana o socialista manera, la penetración final se haga con mayor delicadeza y suavidad.

Estaba, pues, el presidente de los ex-pañoles y las ex-pañolas departiendo durante varias horas con el de los baskos y las baskas. Forzado por las circunstancias, el primero hasta había abandonado su meliflua sonrisa habitual. Sin embargo, lo que me llegó al alma, lo que me zahirió aún más, fue que, mientras Bambi rogaba a su invitado que la liquidación no fuera demasiado brutal, las cámaras nos iban mostrando otra que los señores Rodríguez ya se habían encargado de perpetrar.

Resulta que los salones de su palacio han sido remodelados por los nuevos inquilinos. Y ahí donde colgaban hasta ayer esplendorosos tapices de Goya, figuran ahora… dibujos de Miró y, si mal no recuerdo, garabatos de Tàpies o de algún otro. Es posible que algunos de tales cuadros ya estuvieran desde antes en los aposentos monclovitas, pero –tal era la información televisiva– nunca habían sustituido a los tapices de Goya en el salón principal. Cuyo mobiliario, además, ha sido totalmente cambiado. ¡Fuera las suntuosas mesas, los espléndidos sillones, las relumbrantes lámparas, las antiquísimas alfombras…! Del pasado hagamos tabla rasa, como dice La Internacional. Todo es ahora de diseño: gris, liso, funcional, como en la oficina de cualquier ejecutivo de cualquier multinacional. No fuera caso que la modernez tecnocrática de nuestros jerarcas se viera empañada por la belleza y el peso de la Historia.

Cuando se pretende acabar con ésta, cuando se intenta liquidar a una de las más antiguas naciones de Europa, es lógico que también se dé al traste con los restos físicos del pasado. O que se les encierre en museos. La lástima es que, puestos a modernizar su morada, las estrecheces presupuestarias de los señores Rodríguez no les hayan permitido adornar sus estancias con alguna obra realmente emblemática del “arte contemporáneo”. Por ejemplo, el famoso urinario de Duchamp, o alguna de las latas de Mierda de artista de Manzoni que, cotizadas en miles de dólares, acabaron reventando un día por efecto de los gases despedidos por la fermentación fecal. Sería éste un oportuno recordatorio de lo que puede suceder cuando nos apliquen la vaselina.

Plan absurdo
Rubén Abascal Escuza/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 20 Enero 2005

Podrá el señor Ibarretxe, ¿lehendakari de quién si no hay Estatuto?, conseguir que el País Vasco, Euskalherria, Euskadi o como quiera Josu Ternera que se llame, sea independiente. Podrá conseguir que desaparezca España. Podrá conseguir que los 'malos vascos' o los 'no vascos' seamos desterrados. Podrá conseguir la Arcadia feliz: Euskobarometro, Euskolabel, Euskotren, Euskal selekzioa, euskal presoak, euskal Unibertsitatea... Pero no podrá borrar ni nuestra memoria ni nuestro sentimiento. No olvidaremos que lo ha hecho sobre los cadáveres, infinita tristeza. No perdonaré que lo hicieron de la mano deseada y buscada de sus 'amigos', nuestros verdugos.

El nacionalismo aumenta su bajeza moral al tiempo que se reduce la capacidad de matar de ETA, ¿qué coincidencia! A menos violencia, más nacionalismo para mantener vivo 'el espíritu nacional'. Ante la victoria de la ley y la razón, la sinrazón del 'ser para decidir'. Habrá mucho diálogo, hipócrita. Habrá disolución del grupo armado, 'un paro técnico'. Habrá referéndum y ganará, da igual dónde, cómo, quién o cuántos voten, o siquiera si se llega a celebrar. Todo lo tienen planeado y nadie, que no sea la pérdida de poder, torcerá su rumbo. Los asesinos en la década de los sesenta utilizaron el método de acción-represión-acción para buscar la sublevación del pueblo, nunca conseguida, contra el Estado; los nacionalistas repiten la táctica militar, no para derrotar al gobierno, sino para unir a sus huestes ante el ataque a nuestras esencias. Nos habrá llevado a una situación absurda con más odio, más frustración y más violencia. Habrá conseguido su objetivo: crear el conflicto vasco. Los suyos felices.

El alcalde peneuvista de Guecho impide protestar contra ETA en castellano
La concentración tuvo que hacerse sin pancarta, por la negativa de Iñaki Zarraoa a aceptar la propuesta de PSE y PP de compartir lema en dos idiomas
M. L. GARCÍA FRANCO ABC  20 Enero 2005

BILBAO. Los vecinos de Guecho participaron ayer por la tarde en una concentración junto al Ayuntamiento en la que, al final, no había ningún mensaje para ETA. El alcalde de la localidad, el peneuvista Iñaki Zarraoa, no cedió a la petición de PSE y PP en la Junta de Portavoces de que la condena a ETA de la pancarta fuera en euskera y castellano, y ofrecía que hubiera dos pancartas distintas.Finalmente, se tomó el único acuerdo que parece posible hoy en el País Vasco: no hubo pancarta.

Protección municipal
A las ocho de la tarde, los vecinos se concentraron en torno a las escaleras del Consistorio y minutos después un grupo de ciudadanos comenzó a increpar a los representantes nacionalistas, entre los que estaba el dirigente del PNV Íñigo Urkullu y el consejero de Justicia, Joseba Azkarraga, al grito de «asesinos», «estamos con las víctimas, no con los verdugos» o «libertad, libertad». Policías municipales separaron la concentración oficial del otro grupo, en el que estaba la edil del PSE en el propio Guecho, Gotzone Mora.

La tensión en la zona afectada por la explosión del coche bomba de ETA, cuya carga estaba compuesta de cloratita y reforzada con clavos y tornillería para hacerla más letal, se produjo tras una jornada en la que los vecinos, una vez más, procedieron a la valoración de los daños. Muchos de ellos expresaron a ABC su convicción de que el coche bomba del martes no será el último que destroce sus casas y su esperanza en que la suerte les siga acompañando y no haya que lamentar víctimas mortales. El alcalde Zarraoa explicó que han sido diez las familias afectadas por la explosión, sin contar las decenas de viviendas que han sufrido la rotura de cristales y el estallido de los marcos de las ventanas. Sólo una de estas familias ha tenido que abandonar su domicilio e instalarse en un hotel, ya que su casa necesita una completa restauración.

En el jardín del número 6 de la calle Ondategui, a media mañana, una mujer recogía con sumo cuidado pequeños cristales que habían quedado sobre la hierba después de que los servicios de limpieza del Ayuntamiento hubieran quitado los restos de chatarra y escombros que habían sepultado las plantas tras la explosión del coche bomba. De la valla que habitualmente proporciona intimidad a su jardín no queda en pie más que la mitad y el resto es un espacio abierto que nos invita a preguntar cómo están afrontando los vecinos las consecuencias del último atentado de ETA.

Habituarse a las bombas
«Con cierta normalidad», contesta tranquila la mujer, a pesar de que la mayoría de ventanales de su vivienda están cerrados con maderas, dando aspecto ruinoso a una bonita casa antigua que, como ella misma explica, se está agrietando con tantas explosiones. «La anterior nos tocó en la zona de atrás, la de los dormitorios, que da a Manuel Smith, y esta vez delante, lo cual nos ha permitido quedarnos a dormir, con un poco de frío, porque estallaron las tuberías del gas y tuvieron que cortarlo...»,

No parece especialmente afectada por el atentado. Mientras hablamos con ella llega su cuñada, que expresa con sinceridad su indignación y le pide que tenga «cuidado con lo que dice, porque no conviene caldear el tema más de lo que está

Lengua y corrección política
EN CATALUNYA EXISTE el miedo a manifestarse en público contra o al margen de lo políticamente correcto, como en el caso de la lengua
FRANCESC DE CARRERAS La Vanguardia 20 Enero 2005

Hace tan sólo dos días Miquel Roca Junyent publicó en estas mismas páginas un estupendo artículo en el que ponía de relieve el miedo a manifestarse en público en contra o al margen de lo políticamente correcto. Y añadía: "Mucha gente dice en privado lo que no se atreve a decir en público. Es más, mucha gente dice en público lo contrario de lo que dice en privado". Si ello es cierto, en general, respecto a muchas materias, en Catalunya es especialmente exacto en un campo particular: en la política lingüística.

En efecto, el debate sobre esta materia está estrictamente delimitado: sólo se aceptan las voces que exigen una mayor imposición del catalán y se descalifica con todo tipo de improperios a quien se atreve a discrepar en sentido contrario. Lo genera un clima de temor generalizado que permite a las autoridades ir tomando medidas sin que en la opinión pública tenga lugar, previamente, discusión alguna. En todo caso, lo políticamente correcto consiste en decir que hay un gran acuerdo social en esta materia y que las críticas no son otra cosa que intentos de crear problemas donde no los hay. Ciertamente, alguna razón hay en ello, pero, como solía decir un amigo mío sobre otras cuestiones, la razón que hay es poca y, además, no es aplicable a este caso.

En efecto, la convivencia en nuestra sociedad entre personas que preferentemente hablan en castellano y las que lo hacen en catalán es modélica. Puede haber algunos casos de intolerancia, tanto por una como por otra parte, pero se trata de raras excepciones que no hacen otra cosa que confirmar la regla. En una tienda, un bar o una oficina pública, unos hablan con total libertad en catalán y otros responden con la misma libertad en castellano, o viceversa, y nadie se enfada, como es natural y propio de personas civilizadas y bien educadas. Todo ello viene facilitado por el hecho de que se trata de dos lenguas muy parecidas cuyo conocimiento es común a la mayoría de los ciudadanos: un reciente estudio muestra que en la región metropolitana de Barcelona el 90% de los ciudadanos entiende y habla catalán y castellano. Por tanto, en la sociedad, es decir, en las relaciones entre ciudadanos particulares, el bilingüismo es usual.

Otra cosa, sin embargo, sucede en la esfera pública, en las relaciones entre poderes públicos y ciudadanos. Alegando el hecho cierto de que el catalán es una lengua minoritaria en el mundo y que el castellano es todo lo contrario, en Catalunya se fue creando en tiempos de CiU una legislación y una práctica en las instituciones políticas que casi ha eliminado el castellano de la vida pública, incluida la enseñanza primaria y secundaria.
Con el nuevo Gobierno tripartito, la política lingüística anterior de imposición del catalán en la esfera pública no se ha modificado y, además, se comienza a regular el comportamiento lingüístico de los ciudadanos en el ámbito privado: en especial, en las actividades empresariales y en las relaciones entre comerciantes y consumidores.

Veamos.
Por un lado, a fines de año se promulgó un decreto en el que se exige a los proveedores de la Generalitat -los cuales facturarán este año 8.550 millones de euros, cerca de un billón y medio de pesetas- a etiquetar en catalán. Por el otro, en el proyecto de nuevo Estatut que elabora la ponencia parlamentaria, parece que hay acuerdo en obligar a etiquetar en catalán los productos no sólo fabricados, sino también distribuidos, en Catalunya.

Analizar la racionalidad de estas medidas nos llevaría a hacer consideraciones de distinto género: desde la legitimidad de los poderes públicos para regular ciertos ámbitos privados hasta el coste económico de tales medidas y la repercusión que ello tendría en la economía catalana y, por tanto, en el empleo y en el biesnestar de los ciudadanos, pasando por la compatibilidad de todo ello con un mundo diverso y globalizado. ¿Deberá exigir un importador de productos de Extremo Oriente que éstos ya vengan etiquetados en catalán o una vez ya importados deberá efectuar unos gastos adicionales correspondientes para cumplir con la normativa de la Generalitat? ¿Cómo repercutirá todo ello en el coste de la vida y en el ya excesivo diferencial de inflación de Catalunya respecto al resto de España? Más allá de los dogmas fundamentalistas identitarios, a estas preguntas deberían responder nuestros políticos si los controladores de la corrección política no lo impidieran.

Con todo ello, quizás estamos construyendo una sociedad que tiende a una cierta esquizofrenia: MESEGUER a un lado, los ciudadanos en sus relaciones lingüísticas privadas solucionan fácilmente y con naturalidad sus problemas de comunicación mediante el libre acuerdo; y, al otro lado, los poderes públicos están creando un sistema legal para que no sólo en la vida pública, sino también, cada vez más, en las actividades privadas se actúe de una manera muy distinta. ¿No hay algo de irrazonable en todo ello? Sobre todo si tenemos en cuenta que cada año aparecen datos estadísticos que muestran cómo decrece el uso social del catalán. ¿No será que la tendencia a imponer coactivamente una lengua es equivocada y resultaría mucho más provechoso para la salud del catalán dejar que aquello que es real en la calle -es decir, la libre opción lingüística- lo fuera también en las instituciones y en la normativa sobre el uso de la lengua?

Pero de todo esto no se habla en público: la corrección política catalana lo impide.

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB
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