AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 21 Enero 2005
¡Libertad ya!
Agapito Maestre Libertad Digital 21 Enero 2005

Una movilización necesaria
Francisco José ALCARAZ La Razón 21 Enero 2005

Las Casas Regionales en Cataluña alertan de planteamientos uniformizadores de los nacionalistas
EFE Libertad Digital 21 Enero 2005

Manifiesto por el `No` a la Constitución Europea
Enrique de Diego y otros Periodista Digital 21 Enero 2005

Europa sí... pero no
Mario Noya Libertad Digital 21 Enero 2005

Pesimismo español
Jorge Vilches Libertad Digital 21 Enero 2005

La trampa de negociar con ETA
Editorial La Razón 21 Enero 2005

La derrota de las armas
Opinión El País  21 Enero 2005

Guecho
Alfonso USSÍA La Razón 21 Enero 2005

Zapatero quiere la paz
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 21 Enero 2005

España desde Salamanca
Javier Gómez de Liaño El Mundo 21 Enero 2005

La «hoja de ruta»
Iñaki EZKERRA La Razón 21 Enero 2005

No han muerto las expectativas
Lorenzo Contreras Estrella Digital  21 Enero 2005

Esperanzas o espejismos
Carmen MARTÍNEZ CASTRO La Razón 21 Enero 2005

¿QUIERE ETA LA PAZ
ROGELIO ALONSO  ABC 21 Enero 2005

Cabalgando sobre el eslogan
EDITORIAL Libertad Digital 21 Enero 2005

El dilema de CIU
Francisco MARHUENDA La Razón 21 Enero 2005

Que negocie Carod
J. A. ÁLVAREZ GUNDÍN La Razón 21 Enero 2005

En memoria de Gregorio Ordóñez
Cartas al Director ABC 21 Enero 2005

¡Vivan las «caenas»! (Vota sí a la Constitución Europea)
Antonio Cabrera El Cortijo Digital  21 Enero 2005

Presidente optimista
Antonio JIMÉNEZ La Razón 21 Enero 2005

Prolongación de ETA
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 21 Enero 2005

Catalán y castellano
Cartas al Director Libertad Digital 21 Enero 2005

Diez años sin Goyo Ordóñez
Fundación Gregorio Ordóñez Libertad Digital 21 Enero 2005

Imanes radicales fanatizaron a la célula del 11-M exaltando la Yihad en bautizos y actos familiares
R. L. V. / F. V. / J. C. S. La Razón 21 Enero 2005
 

Manifestación 22 de enero
¡Libertad ya!
Agapito Maestre Libertad Digital 21 Enero 2005

El amigo Salvador Ulayar me manda un anuncio de la plataforma ciudadana “¡Libertad ya!” animando a la ciudadanía para que acuda a la manifestación que convoca la Asociación de Víctimas del Terrorismo el sábado a las cinco de la tarde para manifestarse en Madrid, entre Cibeles y Sol, por la libertad y la democracia. Allí estaré. Por Salvador, y por todo lo que él representa, no faltaré a la cita. Además, porque detrás de la historia de este hombre y de su familia, como supongo de los miles de muertos asesinados por ETA, se sostiene nuestra democracia, no puedo dejar de participar en esta convocatoria. Otro día contaré la historia de Salvador, que cuando tenía trece años, en 1979, vio como mataban a su padre los asesinos de ETA, pero ahora creo que es suficiente si les digo que aprendo más en una conversación con Salvador que en cien libros sobre ética. Este tipo, y su asociación son más que de fiar, son modelos de ciudadanía.

La “memoria, dignidad y justicia con las víctimas” son suficientes acicates para manifestarnos contra un sistema penal que puede dejar libres, entre finales de 2005 y 2007, a terroristas con decenas de asesinatos y penas superiores a los 2.000 años, que ni están arrepentidos ni han sido reinsertados. El mismo día, el 22 de enero, a las doce de la mañana, la Fundación Gregorio Ordóñez ha convocado en San Sebastián un acto de recuerdo y homenaje a la figura de este político popular, que fue asesinado hace diez años por ETA. A este último acto mando mi gratitud, amistad y admiración por no poder asistir. Algunos organizadores están un poco contrariados por la coincidencia de los actos. No importa. A veces, es bueno que pasen estos fallos de agenda para que los ciudadanos, quienes queremos participar en ambos acontecimientos, nos percatemos de la importancia decisiva que han tenido y, sobre todo, tienen aquí y ahora las víctimas del terrorismo para el desarrollo de la democracia.

Estas dos convocatorias son genuinamente políticas. Una y otra tienen un objetivo común, político, seguir trabajando porque el dolor de las víctimas no deje jamás de ser semilla de la democracia. Después de la creación del Alto Comisionado para las víctimas del terrorismo, extraña “institución” creada por el Gobierno de Zapatero, las Asociaciones de Víctimas tienen que dejar claro a este Gobierno su genuina función democrática. Más aún, las víctimas deberán repetir, por si algunos lo habían olvidado, que no entregarán su dolor, lo único que los criminales no han matado, a nadie. Es menester que Peces-Barba se entere de que estos seres humanos no son objetos de jacobinos intereses, o sea, “nuevas víctimas” de administradores obscenos del dolor, sino sujetos políticos. Es menester que Peces-Barba hable con ellos de política y no de barrigas y papeles. Es menester que Peces-Barba asista a la manifestación del sábado, si quiere que nos creamos algo de su puesto. Basta de retóricas huecas y golpes de pecho revolucionarios. Basta de “religiones laicas”. Basta de heces para asustar a los seres humanos.

Los protagonistas de los actos del día 22 de enero son las víctimas del terrorismo. Pero sus beneficiados somos todos los ciudadanos de España, porque ya es hora de reconocer que sin el alma y la inteligencia de las Asociaciones Ciudadanas surgidas del dolor de las víctimas de ETA, la democracia en España no sería. El combate genuinamente democrático de las víctimas contra sus asesinos es la mayor lección que la democracia española puede dar al mundo. Y esto es, sin duda alguna, fruto del trabajo de esos abnegados seres humanos que han conseguido dejar de ser objetos de compasión y piedad para convertirse en sujetos políticos.

He ahí la mayor singularidad de la democracia española en el mundo, aunque cueste reconocerlo a las elites de los partidos políticos. Las víctimas han contestado al terrorismo creando un tejido político democrático de extraordinaria envergadura. Las víctimas han contestado al odio y el terror fortaleciendo el Estado de Derecho y creando libertad. La importancia de estas asociaciones es, por lo tanto, vital no sólo para suturar la fragmentación de un tejido moral que ha permitido el totalitarismo nacionalista, sino también para fortalecer la musculatura política necesaria para desarrollar la democracia. Sin ellos, sin sus biografías, España no es.

Por el momento es suficiente, Ya llegará el día de hablar de los traficantes en sufrimientos ajenos. Y, por supuesto, de huir de la gente que entrega su dolor por un plato de lentejas o de fama. Lo decisivo, ahora, es gritar que la sangre de las víctimas es la semilla de la libertad.

Una movilización necesaria
Francisco José ALCARAZ La Razón 21 Enero 2005

Mañana tendrá lugar una manifestación convocada por la AVT bajo el lema «Memoria, dignidad y justicia con las víctimas del terrorismo», que partirá de la plaza de Cibeles a las 17 horas. Desde nuestra asociación consideramos que éste es el momento preciso para que todos los españoles salgamos a la calle a mostrar nuestra solidaridad y cercanía con las víctimas del terrorismo y, sin duda alguna, para que las distintas formaciones políticas comprueben que, siempre que mantengan una política de firmeza y contundencia con los asesinos, contarán con el apoyo y el respaldo tanto de las víctimas del terrorismo como de la ciudadanía.

Hace escasas fechas, uno de los terroristas más sanguinarios de la historia de España, Juan Ignacio de Juana Chaos, implicado en el asesinato de 25 personas, se convirtió en actualidad informativa, ya que merced a los beneficios penitenciarios que le fueron concedidos con motivo de los estudios «cursados» en la Universidad del País Vasco y al estar matriculado en la UNED, consiguió una importante rebaja de la pena. Resulta lamentable que individuos que han aprobado diferentes carreras sin apenas realizar ningún tipo de esfuerzo, obteniendo asimismo importantes ayudas económicas en forma de becas a las que no tiene acceso ningún otro padre de familia, se aprovechen de estas prebendas no sólo para obtener títulos académicos, sino también para lograr sustanciales rebajas en sus condenas. En concreto, en el caso de De Juana Chaos, este siniestro personaje tan sólo iba a cumplir 17 años en la cárcel de Algeciras de los más de 3.000 a los que fue condenado. Tan sólo la excelente labor realizada en la Audiencia Nacional, personificada en este caso en el fiscal Ignacio Gordillo, ha permitido que se haga justicia, y que un terrorista que se encuentra orgulloso de sus crímenes, que ha pedido cava y marisco para «celebrar» los atentados de los asesinos de ETA, y que no posee la menor voluntad de solicitar perdón a las víctimas, continúe en la cárcel. Resulta evidente que el Estado debe contar con los instrumentos necesarios para que individuos que en el futuro puedan volver a empuñar las armas continúen en sus respectivos lugares de confinamiento.

Y es que, a pesar de que en el caso de Ignacio de Juana Chaos, la justicia ha dado un paso adelante impidiendo su excarcelación, desgraciadamente, en las próximas fechas, serán múltiples los casos de terroristas con largas condenas que podrían quedar en libertad. Domingo Troitiño y Josefa Ernaga serán excarcelados en 2007 tras cumplir únicamente 20 años de prisión, siendo los responsables, entre otros, del atentado de Hipercor, en el cual asesinaron a 21 personas, resultando heridas 45, de las cuales 21 quedaron inválidas. Henri Parot, causante del atentado contra la casa cuartel de Zaragoza, en donde fallecieron 11 personas (entre ellas 5 niños) y más de 80 resultaron heridas abandonará la prisión a lo largo de los próximos meses, al igual que Juan Antonio López, alias «Kubati», histórico pistolero de la banda; Inés del Río Prada fue condenada a 3.826 años de prisión de los cuales tan sólo cumplirá 17 y en similar situación se encuentra Inmaculada Noble, responsable junto a su compañero De Juana Chaos del atentado de la plaza de la República Dominicana, en donde fallecieron 12 Guardias Civiles. Estos son sólo algunos ejemplos de los múltiples casos de terroristas que se aprovecharán de los beneficios penitenciarios para abandonar las prisiones sin haber cumplido siquiera 20 años de pena.

Desgraciadamente, esta ignominia ya ha comenzado y el pasado viernes Pedro Aira Alonso abandonó la prisión asturiana de Villabona tras cumplir 17 años de condena, 12 menos de los que le correspondían, por el asesinato en febrero de 1980 en Oyarzun de un taxista y por el intento frustrado de varios atentados más.

Resulta necesario recordar que son múltiples los ejemplos de terroristas que han vuelto a atentar cuando han salido de la cárcel. Por desgracia, casos como los de los responsables de los actos criminales que acabaron con la vida del Guardia Civil Antonio Molina, o el del concejal del PSOE en Orio, Juan Priede, vilmente asesinados por miembros de ETA que se habían favorecido anteriormente de beneficios penitenciarios, ponen de manifiesto la urgente necesidad de articular algún tipo de medida con el fin de controlar a terroristas confesos, orgullosos de sus crímenes y dispuestos a volver a actuar en cualquier momento.

Ante la importancia de los citados hechos, la ciudadanía española tiene que responder, manifestándose junto con las víctimas del terrorismo mañana en Madrid. Desde la AVT tan sólo solicitamos MEMORIA, DIGNIDAD Y JUSTICIA para nuestros familiares. A la sociedad española, que siempre ha demostrado una cercanía y cariño hacia nuestra causa digna de elogio, le pedimos todo su apoyo y comprensión en nuestro propósito de que los asesinos no salgan a la calle tras una breve estancia en prisión, durante la cual su única actuación rehabilitadora ha consistido en injuriar constantemente la memoria de nuestros seres queridos, así como en insultar y amenazar a todos aquellos que nos sentimos demócratas. La sociedad española debe ser consciente de que con individuos como De Juana Chaos o los hermanos Troitiño en libertad, todos somos un poco menos libres, pues el día de mañana cualquiera puede ser víctima de la locura y la sinrazón de estos asesinos.

Francisco José Alcaraz es presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo

BARGALLÓ PIENSA QUE ESTÁ "POLITIZADO"
Las Casas Regionales en Cataluña alertan de "planteamientos uniformizadores" de los nacionalistas
La Federación de Casa Regionales en Cataluña ha elaborado un manifiesto en el que se critica la "tensión" generada por círculos nacionalistas, en alusión a ERC. La asociación lamenta que la Administración regional emplee el catalán y desprecie el castellano, y que traten de "uniformizar" y fomentar una "visión cerrada" de la región. ERC ha contraatacado calificando el escrito de "politizado".
EFE Libertad Digital 21 Enero 2005

Este jueves la Federación de Casa Regionales en Cataluña hacía público un texto en el que se expresaron su sentimiento de pertenencia a la región pero advirtiendo de que los planteamientos uniformizadores y centralistas “han de ser rechazados con la misma intensidad en Cataluña y en España”. En su llamamiento –firmado por 320 entidades culturales, principalmente andaluzas y extremeñas–, la organización ha defendido la lengua regional pero también “el castellano, que es la propia de la mitad de la población de Cataluña”. Sus reivindicaciones tienen como objetivo la participación de estas comunidades en la elaboración del borrador del Estatuto, en el que sí se tendrán en cuanta a los inmigrantes, una cuestión que la federación tacha de “extraña”.

La asociación ha acusado a una parte de la clase política –en clara alusión a los independentistas de ERC– de fomentar una “visión cerrada y uniformista” de la autonomía, y ha determinado que “si alguien se quiere apoderar o decir que representa a Cataluña, se equivoca”.

Los separatistas catalanes han respondido a estas criticas por boca del consejero jefe de la Generalidad, Josep Bargalló, quien ha expresado este viernes su “malestar” con un manifiesto que ha acusado de “politizado”. Además ha negado que, cuando se reunió con esta coordinadora, sus representantes le hablasen de estos temas “en los mismos términos” que los expresados en el texto, por lo que deduce “voluntades políticas”.

La asociación de casas regionales está liderada por el presidente de la Federación de entidades culturales andaluzas en Cataluña (FECAC), Francisco García Prieto, quien lamenta que las comunicaciones oficiales de la mayoría de las administraciones catalanas se hagan exclusivamente en catalán y no incluyan una versión en la lengua nacional. Desde esta asociación también se critican las iniciativas en contra de la celebración de corridas de toros.

Manifiesto por el `No` a la Constitución Europea
Por Enrique de Diego y otros Periodista Digital 21 Enero 2005

Los abajo firmantes queremos transmitir a la opinión pública nuestra decisión razonada de votar no en el próximo referéndum de ratificación de la Constitución europea.

La ausencia previa de debate, con una elaboración cerrada en las clases políticas, la falta de información a los ciudadanos, la utilización abusiva de la consigna y el simplismo inducen a pensar que estamos ante un intento de plebiscito a la figura del actual presidente del Gobierno, quien pretende presentarse ante sus pares como el más europeísta convocando en solitario un referéndum con el que se trata de hacer asumir la Constitución a la trágala.

El mismo presidente que trata de legitimarse por este medio indirecto es el que rechaza cualquier relación entre la masacre de Atocha del 11 M y la victoria electoral del 14 de marzo. El mismo que no condena los terribles atentados contra la democracia acaecidos durante el 13 de marzo, con caceroladas, acosos a sedes del PP, manipulaciones mediáticas y criminalización de una parte importante de la sociedad española.

Intelectualmente resulta incomprensible, e incluso un insulto a la inteligencia, que los mismos mentores prediquen contra cualquier sacralización de la Constitución de 1978, o la existencia de una Constitución para todos los españoles, mientras se incide en la necesidad de respaldar otro texto, que la mayoría de los españoles ni tan siquiera conoce.

El texto de la Constitución en sí plantea muy serios interrogantes y muy graves problemas incluso de conciencia por la negación de las raíces cristianas de Europa. La referencia genérica a las religiones resulta, además de una impostura histórica, un eufemismo. La negación de una realidad evidente no puede ser entendida como otra cosa que como una manifestación de sectarismo, al que es preciso oponerse.

El proyecto político que trata de definir el texto, de lo que puede cuestionarse que sea una Constitución propiamente dicho, pretende, en su intencionalidad, generar una potencia alternativa a los Estados Unidos, con nostalgias imperiales de algunas de las naciones europeas, cuando la sensatez induce a apostar por el fortalecimiento de la relación trasatlántica, que fue fundamental en la resolución de la crisis de los Balcanes.

Destruyendo el Tratado de Niza, que se movía en la línea del consenso y el equilibrio, notas distintivas de la Unión Europea hasta el momento presente, el resultado es el intento de establecer la hegemonía de Francia y Alemania –dos expotencias atenazadas por el intervencionismo- sobre el resto de naciones.

Intensificar, con esas connotaciones artificiales, la unión política sólo puede conducir a intensificar las tensiones y a incrementar las bolsas de colocación para las clases políticas, que utilizan ya a Europa como coartada burocrática para onerosas jubilaciones. En ese sentido, resulta absurdo generar un presidente europeo, de competencias difusas, mientras se mantienen, al tiempo, las presidencias nacionales. Lo mismo cabe decir del futuro único ministro de Exteriores, mientras se mantienen las cancillerías nacionales. Eso sólo conducirá al aumento de la burocracia y a conflictos de intereses. La tradición de Europa, y en lo que ha sido eficaz la Unión Europea, no se mueve en la narrativa de unos supuestos Estados Unidos de Europa, sino como zona de libre cambio y de libre circulación de las personas. En esa línea, resulta ingenuo pensar que nuestros problemas internos van a ser resueltos mediante su proyección al ámbito internacional.

Es preciso rechazar que la decisión en la próxima consulta popular sobre la Constitución se mueve en términos del tipo Europa sí o no, o que cualesquiera de las opciones representen, de partida, más o menos europeísmo. Una victoria del no simplemente nos retrotraería al Tratado de Niza, en el que la posición de los intereses españoles está mucho mejor definida y representada.

Enrique de Diego, periodista y escritor
Álex del Rosal, editor
Guillermo Dupuy, sociólogo
Joaquín Santiago, periodista
Miguel Gil, periodista
Ricardo Rico, empresario
Pilar Brañas, empresaria
Graciela Wangüemert, abogada
Juan Delgado, periodista

Para sumarse al manifiesto, enviar un email: ediego@epoca.es

Referéndum 20-F
"Europa sí... pero no"
Mario Noya Libertad Digital 21 Enero 2005

¿De qué va el PP? ¿Qué pretende decir con ese “Sí a Europa” que ha adoptado como lema ante el referéndum no vinculante del 20-F? ¿Se le está pegando el excluyentismo sobrao que se gastan las izquierdas y los nacionalismos? Éramos pocos, con la campaña con que nos castigan el Gobierno y sus palmeros, y parió la abuela.

Pues nada: si los del sí no se cansan de hacer el trilero, nosotros tampoco nos cansaremos de advertir que hacen trampa, aunque se nos acabe poniendo cara de Pero Grullo: el no al Tratado que no se han leído Los del Río –ni el 95 por ciento de los ciudadanos de los Estados miembros de la UE– no equivale a rechazar Europa; tampoco equivale a rechazar la propia UE. Conviene hacer explícita esta diferenciación, pues por obra y gracia de esa perversión del lenguaje que confunde Europa con el Club de los Veinticinco hay quien empieza a mirar con suspicacia o por encima del hombro a Suiza, a Noruega, a Serbia, a Ucrania, a nuestra vecina Andorra, a... echen un vistazo al mapa y completen ustedes la lista (¿incluirán a Turquía? ¿Y a Rusia?).

Se me ocurren varias razones para votar no en el referéndum no vinculante –tampoco estorba repetirlo: no es vinculante– que sólo desde la ignorancia o la mala fe pueden ser interpretadas como producto del rechazo a la UE. Por ejemplo, ésta: tras las últimas elecciones a la Eurocámara, los barandas de la Unión cerraron filas al grito de “Contra la abstención, Constitución”. “¿Qué es esto? –me dije entonces–. ¿Una versión bruselizada del célebre ‘Si no quieres caldo, toma dos tazas’? ¿Se creen pastores que tienen que sacar el palo o azuzar al perro cuando el rebaño se desmadra o amodorra? ¿De qué manera concibe esta gente el principio de representación popular?”.

Más preguntas que pueden desembocar en un "rotundo y europeísta no", como diría mi compañero Guillermo Dupuy: ¿necesita la UE una Constitución? ¿Por qué los euroungidos siempre amenazan con el Apocalipsis si no se vota lo que ellos quieren? ¿Por qué, si no se les cae de la boca la palabra “democracia”, gustan tanto de las votaciones a la búlgara; tanto que aprietan las tuercas lo más que pueden para conseguirlas y fuerzan nuevas citas a las urnas cuando, a pesar de todo, no se salen con la suya? ¿Por qué, en fin, se está propalando la especie de que los partidarios del no son lo peor de cada casa?

En las razones/interrogaciones que he aducido ni siquiera se hacen valoraciones políticas, estratégicas o ideológicas del Tratado que nos quieren colar como Constitución. Pero, por poder, se puede. ¡Vaya si se puede!

Así, y por volver al PP, estaría bien que, en lugar de sacar a pasear eslóganes tramposos, explicara a sus votantes por qué tienen que dar el visto bueno a un texto que, según ha repetido hasta la saciedad, deja España a los pies de los caballos francoalemanes; por qué deberían respaldar un centón intervencionista y con enormes pozos negros estratégicamente situados para que de ellos saquen petróleo los euroburócratas; por qué tienen que decir amén (pienso ahora en los católicos; bueno, no sólo en ellos) a un Tratado que ha optado por eludir cualquier mención al Cristianismo; por qué tienen que votar sí a un documento que, seamos serios, el propio PP considera manifiestamente mejorable, por decirlo suave.

Entre tanto, quizá sea provechoso, para los susodichos y sufridos votantes del PP, un fragmento de Por un futuro imperfecto (Destino), el último libro de Valentí Puig, analista fino y sabio a quien nadie que le haya leído podrá tachar de antieuropeo (“detractor de la UE”, hemos quedado). Pueden mirar también los europelmas, incluso Los del Río: a los unos quizá se les bajen los humos; a los otros igual les da por aflojar un poco sus lazos cordiales con el célebre Vicente:

"(...) una UE que no anda sobrada de voluntad política, atemorizada por Al-Qaeda, ensimismada en un antiamericanismo que ha debilitado el vínculo atlántico, con unos mercados laborales necesitados de flexibilización, con una población que envejece y con bajas tasas de natalidad. A esa Europa le sería saludable fijar objetivos claros y comprensibles, regresar al lenguaje de la transparencia institucional y al realismo de lo posible. Sin embargo, iba a meterse en el embrollo de votaciones y referéndums sobre un Tratado Constitucional del que casi nadie sabía nada (...)" (págs. 17-18).

Total, que se puede decir perfectamente (aunque incurriendo en la perversión arriba denunciada): “Europa sí... pero no”.

Desafío nacionalista
Pesimismo español
Jorge Vilches Libertad Digital 21 Enero 2005

El día que Zapatero aceptó la invitación de Rajoy para unirse en pro de la unidad de España y en defensa de la Constitución, algunos creímos que se abría un camino de esperanza. Porque en el fondo, a uno le gustaría sentirse como un conservador británico: votar a los tories, disgustarse por la victoria del laborismo, pero no tener motivos para avergonzarse de Tony Blair. Aquella comisión de socialistas y populares para dirigir la reforma de la Constitución y de los Estatutos, las iniciales lisonjas de ZP al PP llamándole “imprescindible”, y la reunión de los dos líderes con el rey, han quedado en nada.

Sin embargo, había indicios que mostraban que el acuerdo no iba a ser el inicio de un contundente rechazo al independentismo. Después de la reunión debían haber comparecido juntos ante los medios de comunicación. Y hacer un llamamiento a los agentes sociales, sindicatos y empresarios, a las universidades, a la federación de municipios y provincias, a la conferencia de presidentes autonómicos; incluso a estos clubes de fútbol que son capaces de implicarse en el referéndum del tratado constitucional europeo, pero que se mantienen en silencio en esta cuestión fundamental.

Las críticas al pacto y al rey por parte de Llamazares y de los gerifaltes de Esquerra y del PNV no han encontrado la respuesta firme y constitucional del Gobierno. Los socialistas se han apresurado a desmarcarse de las propuestas del PP, y a decir que la comisión no valdrá para nada importante. Los independentistas, así, se muestran cada vez más fuertes y decididos, doblando la cerviz a gente de buena fe y a los adalides del pensamiento débil.

Y todo se desmorona: Zapatero no es un hombre de Estado capaz de sobreponerse a los pulsos a la democracia, de abandonar el partidismo en los momentos de grave crisis y tomar las riendas del país. Voluntarista que es uno, quizá porque le guste la historia de los grandes hombres, políticos y filósofos. Pero para este caso, sin unos ni otros, ni siquiera vale aquel pensamiento acertado de Mark Lilla: “Salvo que un milagro convirtiese a los filósofos en reyes o a los reyes en filósofos, lo más que puede esperarse en política es la implantación de un gobierno moderado bajo el imperio estable de la ley”.

Las instituciones se caen y las leyes no valen. La Constitución está desprestigiada, pues defender su integridad parece tarea de un Franco redivivo, poco más o menos que una vuelta a abril de 1939. El Senado se nos presenta como una institución inútil, que a nadie convence pero que nadie reforma. El Congreso de los Diputados no sirve para imponer respeto y legitimidad a los independentistas, que aseguran que nada les importa lo que en las “Cortes de Madrid” se decida.

El Gobierno es débil, inexperto y vive desorientado, alimentando a los que desprecian a España y a su Constitución, perdido en un mar de eslóganes vacíos: “ansia infinita de paz”, “alianza de civilizaciones”, “tránsito en libertad”, “demanda de la ciudadanía”,…, cuya vacuidad indigna y entristece. Y ver al poder judicial domesticado o desoído tampoco es halagüeño. En cuanto a los valores morales, el relativismo que nos invade despotrica contra la Iglesia y la moral católica y, a continuación, para perplejidad de cualquier cuerdo, exalta a otras religiones enemigas de la libertad, que desprecian a la mujer y explican cómo maltratarla sin que se note.

El pesimismo, algo tan español, quizá sea el único estado de ánimo que nos queda. Es la tristeza y la impotencia al ver ese despego hacia lo nuestro por aquellos que quieren ser modernos y, cómo no, progresistas. Claro que, ya lo escribió Cánovas del Castillo: “¡Tus héroes y victorias,/ tus campos y ciudades,/ que hoy son vergüenzas porque fueron glorias!”.

La trampa de negociar con ETA
Editorial La Razón 21 Enero 2005

El titular de Defensa, José Bono, ha expresado con la contundencia que le es propia la posición de un sector del PSOE ante la posibilidad de abrir, una vez más, el capítulo de la negociación con los terroristas de ETA. Mantiene el ministro, y en ello coincide con la mayor parte de la sociedad española, que cuando escucha a ETA hablar de paz lo que siente es repugnancia porque, a veces, podría dar la impresión de que cuando los pistoleros hablan de un determinado modo dejan de ser lo que son: asesinos.

Y es que resulta curioso y sintomático que ETA siempre abra la puerta a una presumible negociación sobre el final del terrorismo en momentos de debilidad extrema, y cuando se acerca una consulta electoral a la que no puede concurrir su brazo político. Por eso, los contactos del Ejecutivo con la banda para sondear una supuesta entrega de las armas, que hoy adelanta en exclusiva LA RAZÓN, suenan a historia vieja, ya conocida, y de desenlace previsible. Los terroristas han manejado con suma habilidad la ansiedad de los demócratas por acelerar el epílogo de la violencia criminal, y ver así la luz al final de un túnel interminable, para entablar conversaciones-trampa, que ha aprovechado para tomar protagonismo y recuperar el aliento asesino.

Debiera, por tanto, el Gobierno aprender de errores pretéritos y dirigirse con prudencia y paciencia sin dejarse engañar por los cantos de sirena de quienes, como los terroristas, son los únicos responsables de poner punto y final a su criminal carrera. ¿Por qué cuestionar ahora una estrategia, como la del Pacto Antiterrorista, que ha logrado colocar a ETA en una situación agonizante? ¿Por qué dar balones de oxígeno a quien merece la aplicación estricta de la Justicia? El Estado de Derecho sólo debe esperar el comunicado final de la banda y la entrega de las armas sin ninguna contraprestación. La paz no puede tener precio, la memoria de las víctimas no puede sacrificarse a intereses de partido, por muy legítimos que sean.

La derrota de las armas
Opinión El País  21 Enero 2005

El terrorismo vuelve a ser la primera preocupación de los españoles, según el último sondeo del CIS, y de ahí la esperanza que despierta cualquier noticia que indique la posibilidad de retirada de ETA. Entrevistado por televisión, Zapatero administró sus silencios y sus afirmaciones para que se le entendiera que cree en la posibilidad de acelerar el fin del terrorismo mediante algún tipo de conversaciones, pero sólo si ETA da pruebas de que ha decidido abandonar definitivamente las armas.

Zapatero fue el impulsor del Pacto Antiterrorista, cuyo fundamento último es el compromiso de evitar que ETA saque un beneficio de la violencia mediante la negociación política. Ese compromiso es consecuencia de la experiencia: los intentos de hacer desistir a ETA mediante la negociación sirvieron para lo contrario; para convencer a sus jefes de la eficacia de la lucha armada a la hora de arrancar concesiones políticas y, por tanto, como argumento para seguir matando hasta la victoria final. Eso se hizo evidente tras el experimento de Lizarra, en el que ni siquiera la adopción por el nacionalismo del programa soberanista de ETA impidió la ruptura de la tregua. La carga de la prueba correspondería a quien proponga modificar ese criterio general.

Debe existir, por tanto, algún elemento nuevo que explique la actitud de Zapatero. Descartando una mera corazonada, puede tratarse de informaciones de los servicios policiales, indicativas de la voluntad de ETA de dejarlo. Pero tendrán que ser informaciones reservadas, porque si se juzga por lo que ETA ha dicho públicamente, tal voluntad no existe. En el comunicado difundido el domingo pasado decía claramente que "la lucha armada no tendrá fin" mientras no se reconozcan "los derechos del pueblo vasco". Si se juzga por lo que han hecho, tampoco se ve decisión de desistir: por los atentados que reivindicaban en el mismo comunicado y por el coche bomba que hicieron estallar en Getxo dos días después.

Es posible que lo que haya sea un análisis racional de la situación, de la que se deduce que es el momento de tantear las posibilidades de favorecer una retirada voluntaria. Que ETA está débil parece una evidencia. No sólo porque lleve año y medio sin matar, sino porque el 11-M (y la situación internacional) ha creado una atmósfera social, incluso dentro del mundo del nacionalismo violento, cada día menos favorable a la lucha armada. Es verosímil que exista una fuerte presión de los presos, unos setecientos, sobre la dirección de la banda para que encuentre una salida diferente a la inverosímil de una victoria sobre los Estados español y francés. La carta de los ex jefes presos, encabezados por Pakito, reconocía la derrota de las armas y sugería que ETA delegase en Batasuna. A esto parece haber hecho caso la actual dirección etarra, aunque se reserve el derecho de negociar de tú a tú con el Gobierno lo que llama "desmilitarización".

Esa fórmula fracasó en Argel porque los interlocutores etarras consideraban que la liberación de sus presos era terreno conquistado: algo que se les debía de oficio, pese a que las encuestas indican que incluso en el País Vasco la mayoría de la población rechaza esa posibilidad.

Para simplemente considerar la hipótesis sería preciso un consenso de todas las fuerzas parlamentarias, que no parece fácil. Pero es posible que transcurridos unos años sin violencia pudieran encontrarse fórmulas. En todo caso, no estamos en la transición de la dictadura a la democracia y tampoco ante una victoria de ETA. Lo que se plantea es la posibilidad de acelerar una extinción que de todas formas se está produciendo. Si hay indicios fiables de que ETA se plantea abandonar, sería ilógico no escuchar; pero la condición de Zapatero debe considerarse inexcusable: primero, pruebas de esa voluntad. Y reafirmación de que en ningún caso se pagará un precio político.

Guecho
Alfonso USSÍA La Razón 21 Enero 2005

En la calle Manuel Smith y sus alrededores han explosionado en los últimos años varias bombas. Allí viven muchos vascos que han resistido al chantaje de los terroristas y a las coacciones del nacionalismo étnico. Con las excepciones de siempre –también en Las Arenas y Neguri hay familias que simpatizan con esos bárbaros–, los nacionalistas han considerado a los habitantes de Guecho –Algorta aparte– como españolistas de toda la vida. Son los descendientes de aquellos grupos familiares emprendedores que crearon la riqueza industrial en Vizcaya durante los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII. Casi todas las familias tradicionales de Las Arenas y Neguri han padecido los ataques del terrorismo. Asesinados, heridos, secuestrados, chantajeados o simplemente perseguidos anímicamente por los depuradores del nacionalismo. Declaró en cierta ocasión Arzallus que lo primero que hacía al leer el ABC era buscar en las esquelas la agradable noticia de un nuevo españolista de Guecho fallecido.

Sin la aportación de las familias de Las Arenas y Neguri, Vizcaya sería lo que hoy es el Departamento de los Pirineos Atlánticos del sur de Francia. Una región idílica y turista muy alejada de la riqueza industrial de otros departamentos franceses. Ya se sabe que Francia jamás le ha dado a los vascos reconocimiento unitario y que eso que llaman «Iparralde» no existe como concentración política. En Las Arenas y Neguri, la influencia estética viene del mar y tiene bastante de británica. En Guipúzcoa, la vecindad de Francia se hace patente.

Curiosamente, la provincia de Guipúzcoa es históricamente monárquica y la huella de La Corona en Vizcaya es menos profunda. Se cuenta que una señora de las familias nacionalistas de Guecho fue preguntada por la ubicación de su casa en Neguri. –Muy fácil. Llegando de Inglaterra la segunda calle a la derecha–. Y que otra señora, de avanzadísima edad, portadora de uno de los más ilustres apellidos de la zona, fue detenida en su paseo diario por un grupo de desalmados que le afearon un alfiler con la bandera de España que llevaba en la solapa de su abrigo. –Métase inmediatamente esa bandera por el culo–. La señora, con la serena autoridad que conceden los años, sin inmutarse les respondió: –No puedo hijos; no me cabría. Lo tengo lleno de «ikurriñas»–.

Pero unos y otros siempre han convivido y descendientes de troncos españolistas se han unido a hijos de raíces nacionalistas. No obstante, dentro del mestizaje ideológico y sentimental, el españolismo en Las Arenas y Neguri vence por goleada al separatismo racista. De ahí que Guecho haya sido una de las localidades más salvajemente atacada por el terrorismo etarra y menos amparada por el caprichoso y omnímodo poder nacionalista.
Su alcalde, que tiene un apellido bastante raro, Zarraoa o algo así, es un personaje de singular vileza que sólo respeta a los ciudadanos nacionalistas. Ahora, con posterioridad al amable atentado en una calle de Las Arenas, en la que ETA voló un amable coche bomba amablemente aparcado en un lugar que no era el anunciado por el amable comunicante del amable diario «Gara», y que de haber cumplido con los objetivos terroristas, habría asesinado amablemente a unos cuantos amables transeúntes –tan sólo hirió con amabilidad a un agente de la «Ertzantza»–, los indignados vecinos de Guecho han querido manifestarse bajo el amparo de su amable Ayuntamiento.

Y Zarraoa les dijo que bueno, que de acuerdo, que tampoco la cosa había sido para tanto, pero que de hacerlo, no se admitiría ninguna pancarta, mensaje o leyenda escritos en español. Y los manifestantes no le hicieron excesivo caso y le gritaron en español piropos tan merecidos –a Zarraoa, al consejero Azcárraga y al dirigente nacionalista Urcullu– como «fariseos», «canallas» y «asesinos». Y eso lo vieron, entre otros, la concejal del PSE de Guecho, Gotzone Mora, y nuestro compañero de páginas Iñaki Ezkerra. Y hasta ahí llegaron las indignaciones, porque los afectados y perseguidos no son salvajes como los acosadores y sus cómplices. Pero un día pueden tomar ejemplo de Ibarreche y liarse a tortas, y los que se lleven los mamporros de la justificada ira lo tendrán muy ganado y merecido.
Desde aquí, mi abrazo a todos los vascos que resisten en Guecho y siguen creando riqueza y puestos de trabajo. Como sus antepasados. Aunque vivan gobernados por fariseos y miserables.

Zapatero quiere la paz
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 21 Enero 2005

LAS PALABRAS y el tono empleado por José Luís Rodríguez Zapatero en su comparecencia en TVE demuestran que la ilusión por acabar con ETA en esta legislatura ha prendido en el presidente del Gobierno de España. Con un cierto estoicismo, «con entusiasmo, pero sin hacerse ilusiones», Zapatero tiene ante sí a la organización terrorista en el momento más bajo de su historia, etarras presos dixit ; al brazo político con más ganas de hacer política que nunca, véase la actitud de Otegui; y al nacionalismo vasco que se aprovecha del terrorismo, lanzado en la tarea de capitalizar en beneficio propio y más poder treinta años de asesinatos.

Vamos por partes. Gracias a la actuación policial, judicial, política, a la movilización de algunos ciudadanos, y a la fatiga propia, ETA se encuentra en la situación más débil de su historia, según reconocen los dirigente de la banda encarcelados desde su detención en Bidart, 29 de marzo de 1992. ETA ya no marca la agenda, ya no condiciona la vida política, como cuando asesinaba a razón de 90 personas al año. Lo que queda de la banda trata de salvar los muebles, de agarrarse a algo que le permita no decir que treinta años de crímenes no han servido para nada. Bueno, para nada más que para ponérselo a huevo ahora a los nacionalistas que, dirigidos por el gran lunático, quieren capitalizar en poder político y económico la derrota de la banda, a la que en nada han contribuido.

Uno escucha lo que dice ahora Otegui y resulta mucho más prudente que lo que hace y dice el fanático de las tortas. Habla de reconocimiento social de las víctimas, de llegar a acuerdos entre nacionalistas y no nacionalistas y de no plantear la independencia. Otegui se muere de pensar que si no se puede presentar a las próximas elecciones autonómicas desaparece del primer plano de atención. Desea vehementemente hacer política. En ese afán coincide con el sector que manda en el socialismo vasco, Jesús Eguiguren, que desea que HB se presente a las elecciones, en primer lugar porque de esta forma los 160.000 o más votos de los batasunos se quedarían donde están y no irían al PNV. En las pasadas autonómicas 80.000 votantes de HB pusieron la mano en la cartera y votaron al PNV -para seguir en el pesebre-, que sacó 20.000 votos de diferencia a la suma de PP y PSOE. Si HB se presenta, el PNV puede no sólo no tener mayoría absoluta, incluso, piensan algunos socialistas, puede perder las elecciones autonómicas. Los socialistas esperan ansiosos una declaración de Otegui que pueda ser interpretada como rechazo a la violencia por lo que supondría de apertura del proceso de paz, y porque con ese testimonio se les podría legalizar. Gran embaucador se quedaría agarrado a la brocha en el caso de que HB se pudiera presentar y, en cualquier caso, perdería el protagonismo que ahora tiene si el proceso de conversaciones de los socialistas con HB, inaugurado el pasado mes de agosto, siguiera adelante. Por eso las prisas.

Coinciden una serie de factores por tanto, que permiten abrigar la esperanza de que se abra un proceso que ponga a limpio el final de una banda que ya está acabada como la referencia política que fue en los ochenta.

España desde Salamanca
Por Javier Gómez de Liaño El Mundo 21 Enero 2005

Escribo desde Salamanca, a donde he venido para visitar el Archivo General de la Guerra Civil y precisar con algunos colegas la defensa jurídica de sus ya famosos «papeles». De paso, a ver si esta ciudad, que tanta nostalgia y algún que otro arrepentimiento me trae, quiere darme la clave de la hoy vapuleada España.

Y es que, por aquí, lo que la mayoría de la gente piensa es que la reclamación de los controvertidos documentos por parte de los nacionalistas catalanes no es más que un pretexto político y que, tras el conflicto, se agazapa el miserable tufo del enfrentamiento con España y su unidad.

En mi condición de gallego de nacimiento, salmantino de origen, vocación y orgullo, y de residente que he sido de Asturias, Extremadura, Cataluña y, por último, de Madrid, pienso que cierta autoridad tengo para hacer algunos tímidos juicios de valor acerca de la renacida carga de nacionalismo.

Y como creo estar a salvo de las tentaciones de chovinismo, declaro que no me gusta nada lo que está pasando. Ignoro lo que dirán las encuestas elaboradas por los sociólogos, pero de lo que sí estoy seguro es que dudar, por ejemplo, en Francia o en Gran Bretaña de lo que una y otra son, llevaría a albergar muy fundadas sospechas sobre la salud mental de quien se plantease el interrogante.

He seguido con tanto interés como curiosidad el último proyecto independentista del País Vasco. El atractivo por el tema se justifica por sí solo, pero, además, con el aliciente añadido de encontrarme con algún ejercicio brillante de teoría política -por lo común, la mediocridad suele imperar-, como las páginas del profesor Jorge de Esteban publicadas en esta misma tribuna a mediados y finales del mes de diciembre pasado, al hablar de la deconstrucción constitucional y del desafío al Estado por parte de los nacionalismos vasco y catalán, o la columna de otro Jorge -este es Trías Sagnier- sobre el mismo asunto e igual lucidez, publicada a primeros de año en el diario ABC.

Durante mucho tiempo, sobre todo a raíz de la llegada de la democracia, el trueque de una España central por una España de las Autonomías fue una aspiración unánime, si bien, en realidad, la fórmula descansaba en no pocos eufemismos dirigidos a producir equívocos.

No se olvide que España es fruto de la mezcla de mil sangres -astures, cántabros, vascones, lusitanos, carpetanos, celtas, iberos, fenicios, cartagineses, griegos, romanos, visigodos, suevos, vándalos, alanos, moros, judíos etcétera- y, como nos dice Cela -¡tres años, ya, sin Camilo!- de aquella cocción a fuego lento surgió lo que llamamos España.

Como primera providencia, he aquí un principio básico: la unidad de España, como Estado, es irrenunciable e indiscutible. Lo sentenció Julián Marías: «Los nacionalismos son patéticos intentos de fingir naciones donde no las hay».

La idea de una España divida en naciones o nacionalidades, aunque cuente con patrocinios de postín como el de la señora presidenta del Tribunal Constitucional, es un modelo teórico que hace demasiadas concesiones a la fantasía y resulta muy alejado del actual sistema constitucional.

En España sólo hay una nación que es la española, patria común e indivisible de todos los españoles. Así lo proclama el artículo 2 de la Constitución.El precepto señala también que España se forma de nacionalidades y regiones, pero no que sea una nación de naciones ni que nuestro Estado español sea plurinacional.

Una España hecha pedazos parece ser la mayor ilusión de los nacionalismos, tras los que subyace una buena dosis de racismo. Admito que la afirmación pueda resultar algo drástica; tanto como desoladora quizá sea la imagen de España que aquí dejo reflejada, pero la culpa no es mía.

Salvador de Madariaga nos advirtió de que «no existe en todo el arsenal del separatismo vasco ni un solo argumento que lo justifique», aunque yo pienso que el separatismo que actualmente algunos catalanes -pese a la sensatez de una buena parte- preconizan, tal vez sea más irresponsable que el vasco.

A nadie debe asustar enfrentarse con la verdad, por amarga que fuere. El nacionalismo radical es el cáncer de un Estado donde, entre otros tumores, el terrorismo de ETA siempre encontró su mejor caldo de cultivo, y lo primero que un enfermo necesita para sanar es saber que está enfermo; lo segundo, aceptarlo con resignación; después, tener ganas de luchar contra la enfermedad; y, por último, que haya suerte y que el tratamiento haga efecto.

Uno de los españoles más preocupados por aclarar qué es España nos dejó dicho que «ni en Occidente, ni en Oriente, hay nada análogo a España, y sus valores son sin duda muy altos y únicos en su especie. Son irreductiblemente españoles La Celestina, Cervantes, Velázquez, Goya, Unamuno, Picasso y Falla.

Hay en todos ellos un quid último que es español y nada más». Se me ocurre si acaso que estas aleccionadoras palabras de Américo Castro no habría que tenerlas muy presentes en el análisis de la actual noción de España. También en la resolución del conflicto suscitado a propósito de la reclamación por parte de la Generalitat de los documentos que dicen ser suyos y que se custodian en el Archivo General de la Guerra Civil, con sede en Salamanca.

Vaya por delante mi absoluto respeto hacia quienes en este asunto opinan a favor de la entrega de los papeles a la Generalitat y apuestan por un archivo desmembrado. Creo que se equivocan y que actúan de espaldas a la realidad jurídica e histórica, pero considero que sus razonamientos -no estoy tan seguro de sus fines- son tan legítimos como los que pensamos de manera opuesta.

Lo único exigible para el buen entendimiento de todos es que tras esos legítimos argumentos no se descalifique a España, pues, quiérase o no, Castilla y León y Cataluña, son patrimonio de todos los españoles.

El ministro de Trabajo, salmantino, como es sabido, dice que «los papeles del Archivo de esta ciudad que reclama la Generalitat irán a Cataluña porque la reclamación es legítima».

El diagnóstico coincide con el dictamen de la subcomisión jurídica de la bautizada Comisión de expertos, donde se puede leer que la Generalitat no ha hecho más que ejercer su derecho a reivindicar los documentos.A mi juicio, ambas consideraciones son erróneas, como equivocada es la opinión de Javier Pradera -en su día condenado éticamente a perpetuidad por encubridor de la corrupción y el crimen de Estado- cuando habla de «la propiedad jurídica de la Generalitat de los documentos incautados». Jamás le supuse capaz de pronunciar semejante disparate.

No seré yo quien discuta sobre la legitimidad del Estado que confiscó los fondos documentales de la Generalitat de Cataluña, pero lo que sí me parece inaceptable -en términos jurídicos- es que se hable de «ilegalidad de la decisión», pues eso significaría que habría que declarar ilegales y contrarios al Derecho todas las leyes o todas las sentencias dictadas durante la vigencia de aquel Estado.

De ahí que el propio Tribunal Constitucional, cuantas veces se le ha presentado la ocasión, haya declarado válidas y eficaces las leyes preconstitucionales.

Nos guste o no y lo diga quien lo diga, Cataluña fue ocupada, en 1939, por tropas españolas de uno de los bandos en la Guerra Civil, en el que, entre otros paisanos, militaban catalanes.No se trataba del ejército de un país extranjero. Por entonces -igual que ahora- la Generalitat era Estado español y la incautación convirtió aquellos bienes republicanos en propiedad del Estado.

Después, a partir de la Constitución de 1978, el Estado democrático siguió siendo el titular estatal de esos fondos, hoy, como parte del Patrimonio Histórico Nacional, depositados en el Archivo de la Guerra Civil de esta ciudad.

Así las cosas, siendo el Archivo un bien demanial o de dominio público titularidad del Estado -léanse el Real Decreto 426/1999, de 17 de marzo y la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español-, no parece que quepan muchas dudas de que «esos bienes», incluidas las 507 cajas en liza, son imprescriptibles, inalienables e irreivindicables. Que se sepa, durante más de 60 años, ningún catalán, al amparo del artículo 348 del Código Civil, ha ejercitado acción reivindicatoria alguna.

Doctores tiene la Santa Madre Iglesia y jueces la devota suegra Justicia, que es a quien compete decir la última palabra en el conflicto. De momento, pues eso, que el que quiera aprender que venga a Salamanca y se siente un rato en la capilla de Santa Bárbara de la Catedral Vieja, que es donde los universitarios se examinaban para obtener el título de doctores.

Espero que el señor Pradera, tan proclive a expresarse con muy ásperos e histéricos modales, me disculpe, pero es que los leguleyos siempre se me atragantaron. Yo, que sé más bien poco, me conformo con recordar las enseñanzas recibidas de mis profesores de Derecho, casi todos más sabios de los que pude merecer.

En España no es saludable que se descomponga nada. Yo daría cualquier cosa por convencer a los expertos -y no tan expertos- de que cuando un archivo se desguaza, lo mismo que cuando un país se descuartiza, es como cuando una empresa se descapitaliza, que a la vuelta de la esquina lo que espera es la quiebra.

Si estuviera de su mano -que lo está-, al señor presidente del Gobierno le recordaría que San Ignacio de Loyola recomendaba no hacer mudanza en tiempos de tribulación y que por estas tierras -que también son suyas- se dice que cuando las cosas se ponen mal, uno debe hacer lo posible para no ponerlas peor.

Y si me acepta el regalo, le envío este sabio y prudente consejo de don Miguel de Unamuno: «Dios te conserve fría la cabeza, caliente el corazón, la mano larga».

Cuando termino estos folios, la niebla hace guardia, como un fantasma en vela, sobre el Colegio de San Ambrosio, donde los papeles de la Guerra Civil descansan, aunque inquietos. También cae suavemente sobre la Plaza Mayor.

En Salamanca la niebla tiene color gris perla y huele a trigo recién segado. Bajo los soportales, con las manos a la espalda, algo caída de hombros, pasea silenciosa la silueta de Gonzalo Torrente Ballester, defensor a ultranza de la integridad del Archivo de la Guerra Civil. Son las nueve de la noche y hace un frío que estremece las carnes.

Aun así, en Salamanca, lo mismo que en toda la vieja Castilla, con frío y niebla, la gente anda con la cabeza alta y el mirar quieto.Mi buen y leal amigo Ramón Prieto, médico retirado, hoy dedicado a las labores del campo y a la cría de ganado bravo, me dice que Salamanca siempre está dispuesta a dar, pero ante la ofensa y la humillación, al grito de ¡nos asaltan!, la semilla del honor, que es de color rojo, de un rojo casi violento, puede despertar hasta las piedras.

Javier Gómez de Liaño es abogado.

La «hoja de ruta»
Iñaki EZKERRA La Razón 21 Enero 2005

La expresión suena a campamento colegial de verano y a excursión organizada por un monitor plasta, pero cobró cierta respetabilidad cuando los telediarios la usaron para denominar al último plan de paz que firmaron palestinos y judíos bajo la supervisión americana. Luego la usó Otegi a raíz de la muerte de Arafat y de ese afán que le dio por suplantarle en el mitin de Anoeta viniendo a decir que llevaba una metralleta en una mano y una rama de olivo en la otra o una ristra de morcillas o una botella de pacharán, que son símbolos más autóctonos. Después unos en serio y otros en broma andamos aplicando la bendita expresión al Plan Ibarretxe. Los nacionalistas lo hacen en serio y con propósitos tramposillos ya que tal expresión responde a una extrapolación falsa y sobreactuada del drama palestino y ya que en dicho drama tal hoja o fardo nació de un consenso logrado en su momento –aunque traicionado después– mientras que la política vasca se rige por la unilateralidad de las posiciones y proposiciones.

Lo siento por ellos pero si ése es sólo un plan del nacionalismo ya no es una «hoja de ruta» al menos en el sentido consensuado que tiene en el contexto del lío palestino-israelí al que la expresión remite ineludiblemente pues es de ahí de donde salió. Los que no somos nacionalistas la usamos con ironía sabiendo la ilusión que les hace a los nacionalistas y así la expresión se ha hecho tan popular que hoy ya la usa cualquiera y para cualquier cosa. En mi escalera hubo hace poco una reunión de vecinos y alguien denominó «hoja de ruta» a las obras que debían hacerse en la fachada. Ignoro la eficacia que habrá tenido el uso de esa pomposa y sandunguera expresión para tan prosaico menester. Lo que sí sé es que los obreros se han cargado la antena de la televisión de la casa y yo ahora me pregunto intrigado si será porque no han respetado la «hoja de ruta» o porque en dicha hoja se daban precisas instrucciones para la comisión de ese destrozo.

Yo creo que el éxito de la «hoja de ruta» viene de sus resonancias montañeras y aventureras. La gente se siente joven y deportiva recurriendo a ella. Y así, de no utilizarse para nada ha pasado a resultar imprescindible como el microondas. Ya cualquiera tiene una «hoja de ruta» para repartir el butano, abrir la triporra a los pacientes de la lista de espera de la Seguridad Social, pedir lismosna por las casas, hacer la compra en el super o la ronda de puticlubs. Aquí ya todo quisqui –butaneros, cirujanos, mendigos, amas de casa, crápulas…– tiene su personal «hoja de ruta». Si no tienes una «hoja de ruta» donde caerte muerto, es que eres un muerto de hambre, un raro, un mierda y un «desgraciao». Confieso que yo también tengo mi «hoja de ruta» para mis columnas como cada maestrillo su librillo y que desde que la llamo así me siento –no sé– como mejor por dentro, más ágil y sano. He descubierto mi vocación tardía de boy-scout.

No han muerto las expectativas
Lorenzo Contreras Estrella Digital  21 Enero 2005

La verdad es que se ha producido una oleada de perplejidad en los medios políticos, o en la mayoría de ellos, tras el nuevo atentado de ETA, posterior a las famosas cartas de Batasuna y de la propia banda terrorista, que hicieron concebir la expectativa de una tregua próxima y duradera. Esa expectativa no ha desaparecido, sino que simplemente se ha aplazado. ETA, como la bicicletas, no se puede parar porque se cae. Pero si además al ciclista se le dice que está hecho unos zorros y que sólo desde una posición de profunda debilidad es comprensible el núcleo principal de sus últimas declaraciones, a través de su brazo político y con su propia voz, es probable que la organización armada haya tenido la tentación de mirar hacia su clientela y hasta sus “reservistas”. Para la tregua (no vale decir la paz) era indispensable que no se produjera una ofensiva desde la opinión, ni pública ni publicada.

Naturalmente, éste no ha sido el factor fundamental. A la banda le interesaba no sólo desconcertar al Gobierno, sino también al PNV y al lehendakari con su plan. Los nacionalistas no violentos habían empezado por sentirse satisfechos de las primeras actitudes de ETA, sobre todo el famoso acto batasuno del Velódromo de Anoeta. Posteriormente les gustó mucho menos que Batasuna dividiera su voto para permitir la aprobación parlamentaria del plan con reservas, y tampoco se sintieron felices con la carta a Zapatero, por parte de Batasuna, y con la ratificación que ETA hacía públicamente de tales planteamientos. Podían sentirse rebasados en su protagonismo. Y como además los etarras permanecen urgidos por sus necesidades financieras, a través del llamado “impuesto revolucionario”, era difícil que se permitieran el lujo de dar la sensación de haberse limado las uñas. O los colmillos.

Desde luego no hay descartar desavanencias internas en ETA. Cada vez que la banda ha tomado una iniciativa negociadora de cierta entidad, aunque no haya sido muy profunda, algo se ha movido en su interior en un sentido refractario. Ocurrió en tiempos de Felipe González, por ejemplo en las conservaciones de Argelia, y posteriormente, ya con Aznar, en los contactos de Zurich. En todos esos casos, y en otros que tal vez no hayan trascendido, se ha notado el efecto adverso de la retaguardia de la organización, del mismo modo que esos personajes influyentes pero más o menos ocultos, que parecen formar su secreto consejo de administración, han mostrado una resistencia tenaz a perder posiciones de futuro, no ya frente a España y sus partidos, sino más bien frente al PNV y sus nacionalistas asociados.

La última comparecencia pública de Zapatero en TV ha podido parecer decepcionante, evasiva y retórica. Pero lo que el presidente ha manifestado con alguna claridad, tal vez el único caso en los últimos días, ha sido, a través de la pequeña pantalla de la televisión oficial, que sigue sondeando posibilidades y que la desaparición o liquidación de ETA tendrá que ir asociada a un proceso de negociación. A su manera, ha preferido decir que no pierde las esperanzas, aunque detecte un déficit de ilusiones. No ha sido sólo Otegi quien ha dicho que el asunto “va piano”, sino que antes, entre las primeras reaccines de los portavoces del PSOE ante el último comunicado “pacifista” de ETA, figuró la consigna de descartar gestiones o movimientos a corto plazo.

Esperanzas o espejismos
Carmen MARTÍNEZ CASTRO La Razón 21 Enero 2005

El presidente quiere acabar con ETA. ¡Toma ya! Y yo, y usted, y cualquier ciudadano de bien. Zapatero también nos anunció en su entrevista televisiva que está dispuesto a aprovechar el menor resquicio, la más leve oportunidad para avanzar en «la esperanza». Nada dijo sin embargo del contenido, los límites y el alcance de esas hipotéticas negociaciones con los asesinos y sus cómplices. Sólo habló de la condición previa, el cese de la violencia. ¿Y a partir de ahí, qué? ¿De qué se puede hablar con ETA-Batasuna aun en el caso poco probable de que abandonen la violencia?¿Hay barra libre por la causa de la paz? Mantiene Zapatero, con razón, que todos los presidentes españoles han negociado en alguna ocasión con ETA, pero parece olvidar que esos intentos acabaron en fracasos absolutos y no precisamente por culpa del gobierno de turno.

Pretender que en su caso no va ocurrir así sólo puede responder a dos razones. O cree el presidente estar dotado de cualidades excepcionales para obrar prodigios y lograr éxitos donde todos los demás fracasaron, o bien está dispuesto a ofrecer algo que sus antecesores no contemplaron. Queda una tercera posibilidad: que sus estrategas le hayan convencido de que esa hipotética tregua y el posterior diálogo con ETA supondrían el empujón definitivo a la candidatura de Patxi López. Resulta desalentador que después de 30 años de violencia algunos sigan empeñados en convertir a ETA en árbitro y protagonista de la vida política. Si Ibarreche le regaló la posibilidad de tutelar su plan, Zapatero le está pidiendo a gritos una tregua y abrir un proceso de diálogo. La legítima y encomiable esperanza de paz se puede convertir en un espejismo siniestro en manos de los asesinos o de políticos sin escrúpulos.

¿QUIERE ETA LA PAZ?
ROGELIO ALONSO Profesor de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos y autor de «Matar por Irlanda.
El IRA y la lucha armada»/ ABC 21 Enero 2005

SI Zapatero quiere convertirse en el Tony Blair que resuelva el conflicto, la actitud de Batasuna le acompañará para que ese escenario fructifique». Esta reciente alusión de Arnaldo Otegi al proceso de paz en Irlanda del Norte no ha sido la primera. A lo largo de los últimos años tanto ETA como Batasuna, así como el nacionalismo institucional vasco han mirado con frecuencia al contexto norirlandés en busca de referentes para avanzar su propia agenda política. Sin duda alguna el final del terrorismo del IRA ofrece muy valiosas lecciones para nuestro propio ámbito, pues después de treinta años este grupo terrorista ha renunciado a su violencia a pesar de no haber conseguido sus objetivos. Sin embargo, las útiles conclusiones que de semejante experiencia pueden extraerse para la erradicación del terrorismo etarra han sido constantemente ignoradas por el nacionalismo vasco, mucho más interesado en tergiversar el modelo irlandés con fines partidistas.

En esta tarea términos como la paz, y el diálogo han sido frecuentemente instrumentalizados, como la reciente carta de Otegi y el comunicado de ETA han puesto de relieve. Después de asesinar a cientos de personas e intimidar a miles, las palabras de quienes continúan negándose a condenar el terrorismo de ETA siguen sin ser puestas en duda por muchos políticos y ciudadanos.

Así por ejemplo el editorial del diario nacionalista Deia del pasado sábado señalaba que «la oferta de negociación de Batasuna al Gobierno español representa una muestra de flexibilidad ciertamente espectacular y esperanzadora de la izquierda abertzale». Seguidamente alababa esa «valentía» de Batasuna que también reclamaba del presidente Zapatero. Incluso un grupo de socialistas guipuzcoanos exigió del jefe del gobierno «valentía» y «asumir algún riesgo para ganar la libertad» antes de que Batasuna hiciese pública la denominada propuesta de Anoeta en noviembre.

En estas actitudes y en otras similares que han dado la bienvenida a los recientes pronunciamientos de ETA y Otegi se aprecia la inspiración del IRA y del Sinn Fein. Bajo la apariencia de un nuevo lenguaje pero sin desmarcarse realmente de ETA, su brazo político ha pretendido reparar su deteriorada imagen planteando engañosas expectativas. Expresiones como «es tiempo de paz» o el compromiso con «la utilización exclusiva de vías pacíficas», repetidas por Otegi y Batasuna, fueron también utilizadas con profusión por el Sinn Fein con el fin de salvar la marginación que su vinculación con el IRA le reportaba. Recuérdese por ejemplo cómo ya en 2002 Batasuna presentó otra propuesta bautizada igual que el documento del Sinn Fein de 1987 «Un escenario para la paz». Este documento era parte de una estrategia a través de la cual los nacionalistas irlandeses perseguían apropiarse de la imagen de pacifistas con el objeto de deshacerse del estigma que su asociación con el terrorismo les aseguraba. Como Gerry Adams reconocería, el Sinn Fein había «perdido el control de la palabra paz dejando que otros se apropiaran de ella».

Desgraciadamente las organizaciones terroristas pueden tener éxito con semejantes tácticas, de ahí la enorme responsabilidad que políticos, periodistas y ciudadanos tienen a la hora de evitar asumir como realistas las interpretaciones que sus portavoces reproducen en torno a lo que resultaría necesario para alcanzar la paz. Es en ese contexto en el que los criterios con los que a menudo se justifica el diálogo con ETA favorecen los intereses de esta banda terrorista al contribuir a reproducir mecanismos de transferencia de culpa y difusión de responsabilidad en función de los cuales el gobierno español y los partidos democráticos, y no únicamente la citada banda, deben ser vistos como responsables de la continuidad de la violencia. El nacionalismo vasco ha incurrido con frecuencia en esa peligrosa dinámica presentando a ETA y al gobierno español como «extremos» equidistantes, contrarios al diálogo y, por tanto, como enemigos de la paz. Obsérvese cómo los últimos comunicados de ETA y Otegi rompían esa equidistancia en beneficio del entorno etarra que ha llegado a ser presentado como «flexible» al realizar «generosos movimientos por la paz» que exigirían por ello la respuesta del gobierno en la forma de negociaciones, gestos o concesiones. De ese modo, bajo el pretexto de la búsqueda de la paz y la supuesta ambición de la resolución del conflicto, se intentan consolidar esquemas que eluden la realidad en torno al terrorismo.

Esta realidad ofrece pocas dudas después de una prolongada lucha antiterrorista tanto en Irlanda del Norte como en el País Vasco. La experiencia demuestra que el IRA sólo comenzó a desarmarse ante la presión ejercida por los gobiernos británico, irlandés y estadounidense y que el final de su violencia llegó a pesar de no haber logrado este grupo ninguno de sus objetivos, sino precisamente por ello. Así pues, la derrota del IRA ha constituido el principal incentivo para relegar la violencia, al igual que ha ocurrido con los seis presos etarras que tras reconocer el fracaso de ETA han abogado por interrumpir el terrorismo pese a no haber recibido contraprestaciones políticas a cambio.

En ese escenario, y mediante la comparación con el socialista Tony Blair, Otegi ha reavivado la ilusión de una paz cercana y posible a través de la negociación y el diálogo. Sin embargo, apenas se distinguen diferencias notables entre la política hacia Irlanda del Norte del premier británico y de su antecesor el conservador John Major. Y es que el cambio que propició el proceso de paz allí no vino desde el gobierno británico, sino desde el IRA que decidió poner término a su campaña terrorista a pesar de no haber logrado sus aspiraciones.

No es difícil adivinar en la comparación realizada por Otegi intentos de dividir a socialistas y populares tentando con sus promesas a quienes apuestan erróneamente por un cierto pragmatismo en aras del final del terrorismo.

En ese marco el atentado de Getxo y los que le seguirán completan la coacción que ETA y su entorno trasladan: o se acepta «su paz» o habrá «guerra», de ahí la necesidad de hacer «esfuerzos». Ante la utilización de tan particular «paz» como una táctica terrorista más, debemos tener presente que la dilatada experiencia de la lucha antiterrorista en España nos demuestra que ésta ha alcanzado su mayor eficacia cuando se ha basado en el consenso de las principales fuerzas democráticas. A unos meses de unas elecciones autonómicas en las que Batasuna y ETA aventuran un agravamiento de su situación sería enormemente peligroso caer en la trampa que plantean como salida a su debilidad y aislamiento.

Cabalgando sobre el eslogan
EDITORIAL Libertad Digital 21 Enero 2005

Desde que el socialismo es socialismo y desde que el PSOE es PSOE –y ya va para 130 años- lo más que ha producido para la ciencia política es una bonita e interminable colección de eslóganes, de lemas pegadizos y fáciles de corear que han arrebatado a generaciones enteras. Cada nueva hornada de herederos de Pablo Iglesias perfecciona la técnica, refina los modos y amolda el mantra a la sensibilidad del momento. Zapatero, naturalmente, no es la excepción, sino la regla corregida, mejorada y aumentada.

Si el “No a la guerra”, el “Nunca mais”, el “Queremos saber” o el “pásalo” sirvieron de trampolín privilegiado para el ascenso al poder del Partido Socialista, una vez en él no quieren quedarse rezagados y se las ven negras para mantener tenso el nervio de su público más fiel, ahíto de sensaciones nuevas y de esa borrachera temporal que proporciona reducir la realidad a dos o tres palabras bien combinadas. La entrevista que hace dos noches realizaron a Zapatero en Televisión Española es una prueba inequívoca de ello. Cinco periodistas presuntamente prestigiosos y un presidente de Gobierno con el país al borde de la quiebra institucional debería haber dado más de sí, sin embargo, se quedó en una agradable charla y un piropeo complaciente salteado de bellas palabras y frases grandilocuentes.

“Hay que trabajar para la esperanza”, “el valor de la palabra y el diálogo es esencial”, “unidos en la diversidad”, “a más pluralidad, más libertad” o, la reina de la velada, un engendro cursi y rebuscado que se sacó de la manga para promover el voto afirmativo en el referéndum europeo: “los españoles cuando cojan su papeleta tendrán en la mano un arma de construcción masiva”. La verborrea, no obstante, sirvió para bien poco. De las principales incógnitas que venía a desvelar la entrevista-comparecencia del presidente no se despejó ni una. No sabemos aún que pretende hacer el Jefe del Ejecutivo si Ibarreche decide convocar un referéndum para aprobar su plan por las bravas. Como si fuese un niño pequeño Zapatero se limitó a decir que eso es imposible, que Ibarreche es un demócrata y que no puede imaginarse que alguien así pueda violar la Ley. Sordera voluntaria la del presidente porque Ibarreche no sólo ha presentado un proyecto de reforma estatuaria ilegal sino que ha dicho mil veces que está dispuesto a llegar hasta el final.

Desconocemos asimismo en qué punto se encuentran las relaciones con los Estados Unidos, eso sí, Zapatero repitió con tozudez que entendía a la perfección que Bush estuviese “contrariado”. Lo que se guardó es que las “contrariedades” del hombre más poderoso del mundo nos pueden salir muy caras. En lo relativo al terrorismo se mostró naif, casi infantil, en otra de las frases que jalonaron la noche: “el movimiento terrorista” de ETA “tiene que acabar alguna vez, no va a durar siempre”. Quizá el presidente no quiera enfrentar la realidad más inmediata porque le incomoda, pero la banda asesina lleva matando 35 años y esta misma semana trató de liquidar a un policía en Guecho. Y lo seguirá haciendo hasta que consiga sus objetivos o hasta que el Estado la desmantele completamente.

Otro de los puntos tratados durante la entrevista fue el relativo a la reforma de los Estatutos. El presidente tiene claro que el concurso del Partido Popular es aconsejable pero no imprescindible, es decir, que está dispuesto a embarcarse en la mayor operación política desde la Transición ignorando a un Partido que representa a casi el 40 por ciento del electorado. En Génova deberían tomar nota de esto último y actuar en consecuencia. Por lo que parece, para Zapatero, el PP no es más que un michelín, un lastre del pasado al que se recibe en audiencia pero no se le toma en cuenta. El “pacto” de la pasada semana en Moncloa es la cristalización práctica de esta doctrina recién traída al Gobierno. Sus consecuencias, sin embargo, pueden ser funestas para la Nación en su conjunto.

Por encima de las altisonancias verbales y del encadenado de eslóganes José Luis Rodríguez Zapatero sigue siendo –y lo será durante toda la legislatura- el presidente del Gobierno, por lo que ninguna de sus palabras han de tomarse a la ligera. Ese aire ZP, tan desenfadado en la forma como vacuo en el fondo, es en sí motivo de preocupación porque quizá, y sin saberlo, el presidente esté removiendo fuerzas que luego va a ser incapaz de controlar. Antecedentes en nuestra historia, por desgracia, tenemos de sobra. Para tiempos difíciles como los que se avecinan las naciones precisan de hombres serios, firmes en sus convicciones y poco dados a la carnavalada. Por lo que hemos visto en sus primeros nueve meses de Gobierno nada hace pensar que Zapatero se encuentre en esta categoría.

El dilema de CIU
Francisco MARHUENDA La Razón 21 Enero 2005

Los escollos para que se alcance un pacto para la reforma del Estatut se encuentran en CiU y entre los miembros del tripartito. A estas alturas no hay acuerdo en casi nada y simplemente se aparcan los temas sin tomar decisiones. Es una fórmula que sólo hace aplazar los problemas. Maragall quiere pasar a la historia como el presidente que consiguió un nuevo Estatut y encontró un encaje de Cataluña, un problema que han creado los nacionalistas de forma artificial, en España. No sólo no lo tiene fácil, sino que parece difícil que Carod o Mas sean tan ingenuos como para entregar la Generalitat al PSC durante, como mínimo, la próxima década. No importa el juego que se les ofrezca porque el protagonismo será para Maragall. Es algo que todos saben, aunque hagan ver que han aparcado sus intereses partidistas.

Hay que tener en cuenta, además, que siempre existirán argumentos, más o menos sólidos, para marcar distancias que conduzcan a una ruptura del proceso negociador. Otro escollo está en el PSOE, porque Zapatero ha dejado claro que el Estatut que salga del Parlament tiene que ajustarse a la Constitución. CiU y ERC tienen que renunciar a sus reinvidicaciones soberanistas si quieren que haya un nuevo texto, pero sobre todo aceptar que otorgarán a Maragall su mejor baza electoral. No parece probable que Mas, que además tiene el problema latente de sus complicadas relaciones con Duran, sea tan generoso.

Que negocie Carod
J. A. ÁLVAREZ GUNDÍN La Razón 21 Enero 2005

Si no queda otro remedio y hay que negociar con Eta, que lo haga Carod-Rovira, que es el único que en los treinta años largos de terrorismo ha logrado sacarle algo a la banda, ya saben: «Si queréis poner bombas, allá vosotros, pero hacedlo fuera de Cataluña». Por eso creo que si Zapatero quiere triunfar donde Felipe González y José María Aznar fracasaron estrepitosamente, debería encomendar la empresa a su aliado Carod, el único hombre que existe en el mundo capaz de adentrarse en el santuario etarra con los ojos vendados y salir sin un rasguño. Porque lo realmente difícil en estos casos es romper el hielo y que la otra parte te tome confianza. Las conversaciones de Argel y de Ginebra fallaron porque no hubo buen rollito. Pero Carod ya tiene medio camino recorrido y ahora de lo que se trata es de renovar el convenio de hace un año y ampliarlo a ese territorio que se extiende entre Cataluña y Marruecos. Ni Pérez Esquivel, ni Gerry Adams, ni Kissinger en sus mejores tiempos, ni siquiera ese prodigio moral e intelectual que es Javier Madrazo, se le pueden comparar. Algún día, tal vez no muy lejano, el Comité Nobel descubrirá asombrado que ha perdido miserablemente el tiempo repartiendo su premio de la Paz a tontas y a locas.

Si no queda otro remedio y hay que negociar con Eta, que lo haga Carod-Rovira, que es el único que en los treinta años largos de terrorismo ha logrado sacarle algo a la banda, ya saben: «Si queréis poner bombas, allá vosotros, pero hacedlo fuera de Cataluña». Por eso creo que si Zapatero quiere triunfar donde Felipe González y José María Aznar fracasaron estrepitosamente, debería encomendar la empresa a su aliado Carod, el único hombre que existe en el mundo capaz de adentrarse en el santuario etarra con los ojos vendados y salir sin un rasguño. Porque lo realmente difícil en estos casos es romper el hielo y que la otra parte te tome confianza. Las conversaciones de Argel y de Ginebra fallaron porque no hubo buen rollito. Pero Carod ya tiene medio camino recorrido y ahora de lo que se trata es de renovar el convenio de hace un año y ampliarlo a ese territorio que se extiende entre Cataluña y Marruecos. Ni Pérez Esquivel, ni Gerry Adams, ni Kissinger en sus mejores tiempos, ni siquiera ese prodigio moral e intelectual que es Javier Madrazo, se le pueden comparar. Algún día, tal vez no muy lejano, el Comité Nobel descubrirá asombrado que ha perdido miserablemente el tiempo repartiendo su premio de la Paz a tontas y a locas.

En memoria de Gregorio Ordóñez
Cartas al Director ABC 21 Enero 2005

Pasado mañana se cumple el décimo aniversario del asesinato de Gregorio Ordóñez, cuando era teniente alcalde del Ayuntamiento de San Sebastián por el PP. Y precisamente le asesinaron porque representaba a una gran parte de la ciudadanía donostiarra y vasca y porque, con gran coraje, defendió en las instituciones las ideas y programas políticos que estos ciudadanos eligieron.

Sus asesinos y quienes les apoyaban entonces y ahora consideraban que ni esas ideas ni los ciudadanos que las apoyan tienen cabida alguna en nuestra sociedad, y se juzgaron autorizados a dar muerte a uno de sus representantes más populares. En este sentido, Gregorio Ordóñez fue la víctima ejemplar de una genuina limpieza ideológica, de la estrategia de eliminación física de los disidentes y de quienes piensan distinto y actúan pacíficamente, algo inconcebible e intolerable en una democracia.

Gregorio fue un referente fundamental a la hora de neutralizar la intoxicación semántica que junto con la estrategia del miedo han utilizado constantemente los nacionalistas para anestesiar a la sociedad vasca y convertirla en susceptible de aceptar fórmulas de paz impuestas, siguiendo en parte el modelo de los totalitarios nacionalistas. Pero si bien consiguieron asesinar a Gregorio no lograron en cambio erradicar sus ideas ni lo que representaba.

Pedro Altuna Aramburu. San Sebastián.

¡Vivan las «caenas»! (Vota sí a la Constitución Europea)
Por Antonio Cabrera El Cortijo Digital  21 Enero 2005

El Gobierno socialista ha lanzado su campaña a favor del sí al Tratado Constitucional europeo como quien promociona el detergente que lava más blanco. Es natural, después del éxito que obtuvo Pepiño Blanco vendiendo la imagen y el eslógan de ZP, el presidente mecánico; el que más dialoga, el que más sonríe y el que tiene mejor talante. Un tiro publicitario.

Ahora, la campaña promocional del sí a la mal llamada Constitución europea la ha diseñado Pepiño con imágenes de famosos del espectáculo, el deporte y la comunicación mayormente, recitando -transidos por el gozo- artículos escogidos del texto «constitucional» como si fueran pasajes de La Biblia, El Quijote, o fragmentos de las «Mil mejores poesías de la lengua castellana» (con perdón). Semejante gancho publicitario será eficacísimo para arrastrar a la audiencia a depositar su sí en las urnas el 20 de febrero. Porque los ciudadanos anónimos, ¿vamos a ser menos que estos personajes tan importantes, tan ricos y tan famosos? ¿no seguiremos su ejemplo? ¿no gozaremos con su gozo? ¿nos resignaremos a permanecer en el anonimato, pobres y fracasados? Nuestro sí en las urnas puede cambiar nuestras vidas. Como a ellos, el éxito y la fama nos aguardan. ¡Votemos sí a la Constitución europea!

Que ésa es la estrategia publicitaria de campaña ha quedado luminosamente de manifiesto en unas declaraciones de Los del Río, compositores de la «Macarena» -la que tiene un novio que se llama Vitorino- explicando su participación en la promoción del plebiscito gubernamental. Preguntados por los motivos que les habían llevado a mostrar su voto afirmativo a la mal llamada Constitución europea respondieron con la mayor inocencia: «¿Y por qué vamos a votar que no, si no nos la hemos leído? Si la izquierda y la derecha van a votar que sí, por algo será. Hay que votar que sí porque los que saben más que nosotros dicen que eso es lo que hay que hacer» Esta es, sin duda, la visión coral, mansa y gregaria, que tienen de la sociedad española los responsables de la campaña gubernamental del referéndum, no vinculante por cierto, para mayor oprobio de votantes y votantas.

En la misma línea, pero mucho más graves, escucho estupefacto las declaraciones del secretario de Estado de Comunicación, afirmando, impávido, que no le preocupa el desconocimiento casi absoluto que tienen los ciudadanos del texto constitucional que será sometido a referéndum, porque -dice- «lo mismo pasó con la Constitución del 78 y sin embargo fue mayoritariamente aprobada por todos los españoles». Hermoso ejemplo responsabilidad y espíritu democrático.

Lo preocupante es que esa perspectiva sociológica de la sociedad española tenga fundamento. Antecedentes no faltan. Basta recordar los «Episodios Nacionales», de Galdós. Difícilmente se hallarán páginas de tanta dureza como las que don Benito dedica a la corrupción del régimen absolutista de Fernando VII, a la inutilidad de las facciones políticas y sus maquinaciones, ni burlas más sangrientas al populacho irracional, que al grito del ignominioso «¡Vivan las caenas!» celebró el regreso de Fernando VII, alias «Tigrekan», el Rey felón.

Porque si las tremendas declaraciones de Los del Río -valiosas por sinceras y espontáneas- reflejaran el sentir de la mayoría de los ciudadanos, la Transición española a un Estado democrático de Derecho tan solo habría sido un espejismo. Supondría la absoluta negación del sistema democrático y explicaría muchos de los males que ahora nos afligen, como Nación y como Pueblo. ¿Será posible que desde el Poder todo ésto se sepa y se esté utilizando?

Presidente optimista
Antonio JIMÉNEZ La Razón 21 Enero 2005

Si el optimismo, ciertamente, es un estado anímico sustentado en el desconocimiento de las cosas y en la deficiente información, mal vamos, porque Zapatero es un optimista contumaz. Lejos de expresar alguna preocupación, el presidente se agarra a la esperanza con fe de converso. Aunque su laicismo militante le impide fiar las expectativas políticas a los designios de la divina providencia, el mensaje que transmite de despreocupación tiene mucho paralelismo con el evangélico de Dios proveerá. Estamos en la «legislatura de la esperanza» en abstracto, porque Zapatero no aclaró en las declaraciones en TVE, si esa esperanza, que algunos relacionan con la suerte, «baraka» la llaman en el islam, que parece acompañarle desde que decidió hacerse con la dirección del PSOE, está cimentada en suficientes y sólidos argumentos como para que no acabe en lamento general y en una melancolía infinita. Tiene, que no es poco, el pacto ofertado por Rajoy al que se agarró cual naufrago a un salvavidas en medio de la tempestad. Y ha comprendido, por fin, que sin el entendimiento con el PP no es posible recorrer un camino de reformas, cuyo trazado plagado de minas sólo puede desactivar la fuerza constitucional de socialistas y populares. Ahora falta por saber cuál de las dos velas que tiene encendidas en La Moncloa, una con Rajoy, la otra con Carod y Llamazares, apaga primero. Entonces calibraremos el alcance de su optimismo.

Prolongación de ETA
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 21 Enero 2005

A Gregorio Ordóñez no lo asesinaron por nada. Lo asesinaron por su capacidad de liderazgo en la lucha contra el miedo. Lo asesinaron por ser del Partido Popular, por defender unas ideas perseguidas por el terrorismo nacionalista vasco. Al asesinarle, los etarras quisieron acabar con su persona, con su liderazgo y también con sus ideas, con su partido. Gregorio Ordóñez era un certificado andante de que se podía ser vasco, donostiarra, implicado con los afanes de su tierra y de sus convecinos y no ser nacionalista. Por eso lo asesinaron. Como también asesinaron a Fernando Buesa, porque el dirigente socialista era un líder en Álava, un ejemplo de cómo ser vasco sin ser nacionalista, un modelo también de valentía en la defensa de sus ideas, un vasco dispuesto a trabajar por la convivencia entre distintos y no empeñado en exterminar a todos aquellos vascos que no responden a lo que el tópico nacionalista ha inventado que tiene que ser un vasco. No es casual que el fanático que ha puesto sobre la mesa un plan para acabar a tortas no hable de los socialistas vascos ni de los populares vascos; en su jerigonza, los únicos vascos son los nacionalistas, de manera que ni Pagazaurtundua ni San Gil son vascas; según las perversas entendederas del gran delirante.

El caso es que nunca podremos saber qué sería hoy de la sociedad vasca, de la política vasca, de seguir vivos Gregorio Ordóñez y Fernando Buesa. Ordóñez había conseguido superar las barreras de su propio partido y le votaban gentes que, no siendo del PP, veían en él a un buen gestor, a una persona entusiasta, popular, campechana, jatorra, 'plazagizon', conocida por la gente; que pisaba la calle y lo mismo peleaba por la vivienda que por la plaza de toros o por la dignidad de vivir sin miedo. Era muy peligroso Ordóñez para los nacionalistas. Era muy peligroso porque era un líder y no se callaba. Hasta tal punto peligroso, que podemos decir que ganó las elecciones después de muerto. El PP fue el partido más votado en San Sebastián en las elecciones municipales que se celebraron inmediatamente después de su muerte -hace ahora diez años-. Quién sabe, a lo mejor Gregorio era ahora el alcalde de San Sebastián y seguro que lideraba la movilización de la ciudad no sólo contra el terrorismo, también contra el intento de prolongar el terrorismo por otros medios, que es lo que propone el lunático. A lo mejor Fernando Buesa era ahora diputado general de Álava y lideraba la movilización de los constituicionalistas contra el atropello nacionalista, que pretende negarles su condición de ciudadanos a las gentes del PP y del PSE-PSOE cuando todavía no la han conquistado.

No podemos evaluar cuántos vascos decidieron callarse, o irse de la CAV o hacerse nacionalistas, después de los asesinatos de estos líderes; sí sabemos los vascos que decidieron entrar en política de forma militante después del asesinato de Gregorio Ordóñez: María San Gil, candidata a lehendakari por el PP; Antonio Basagoiti, concejal del PP en el Ayuntamiento de Bilbao; Vanessa Vélez, concejala del PP en el Ayuntamiento de Lasarte, entre otros. Estos y otros muchos decidieron convertir la rabia y el dolor de la muerte violenta en energía positiva y hoy hacen política con riesgo para sus vidas, después de haber enterrado a otros compañeros, y con ilusión por ser libres, como quiso ser Gregorio. El deseo de ETA era exterminar al PP, aniquilar al PSOE, pero no lo ha conseguido; sí lo consiguió con la UCD, cuando, en los ochenta, asesinó a dirigentes vascos de este partido -Arrese, Baglietto, Doval, etcétera-, que desapareció aquí, por esos crímenes, antes que en el resto de España.

Cuando asesinaron a Gregorio se reprodujo la liturgia habitual del terrorismo nacionalista vasco: insultos antes de su muerte; el insulto insuperable de la muerte e insultos después de su muerte. Su tumba fue profanada en cuatro ocasiones, como si con una muerte no tuvieran suficiente los terroristas y necesitaran asesinar tres o cuatro veces a cada ser odiado. A su hermana Consuelo le lanzaron artefactos explosivos a su casa, tuvo que vivir escoltada; a su mujer, Ana Iribar, un modelo de dignidad cívica, no le dieron los nacionalistas ningún apoyo en esta tierra, y así.

Hasta el asesinato de Enrique Casas, el 23 de febrero de 1984, las víctimas eran asesinadas y luego apenas quedaba una huella. Ha habido durante años una gigantesca operación de olvido con la mayoría de los asesinados por ETA: policías, guardias civiles, militares, civiles. Con Casas se organizó una fundación en su memoria y con Gregorio se puso en pie una fundación que no ha parado de tener actividad desde su muerte. De esta forma se trataba de impedir algo habitual: las muertes salían gratis a los asesinos que, a pesar de producir muertes de forma industrial, lograban luego presentarse como víctimas ante la sociedad. Durante años a las víctimas se las asesinaba de un tiro y luego se las remataba de olvido. En los años 90 y en los 2000 a las víctimas se las reconoce, al menos en algunos sectores de la ciudadanía, desde el punto de vista humano y también político. Ahora, el gran fanático quiere volver a los ochenta, a la indiferencia social respecto de las víctimas. Buesa era un elemento del paisaje, dijo Arzalluz tras el crimen, mientras Ibarretxe convertía una manifestación prevista en apoyo a la familia del dirigente socialista asesinado en una marcha de estilo franquista, de adhesión inquebrantable a su persona.

Ahora, el más soberbio y despectivo quiere imponer que se juegue un partido a pesar de que en el equipo de los apestados por el nacionalismo vasco faltan, como mínimo, Ordóñez, Buesa, Iruretagoyena, Casas, Zamarreño, Pagazaurtundua, Indiano, Múgica, Caso, Elespe y así hasta decir basta. Es decir, no sólo tiene el gran embaucador al árbitro comprado, no sólo se reserva la capacidad de cambiar las reglas a voluntad, no sólo tiene su banquillo inflado por el miedo que han sembrado durante años los asesinos; es que pretende dar aire de normalidad a un clima viciado durante años por comportamientos mafiosos.

Cuando asesinaron a Ordóñez, Anasagasti se negó a que pusieran su nombre a una plaza en San Sebastián; ahora el crispador no quiere que se hable de las consecuencias políticas de las víctimas; ésas cuya ausencia le ha permitido poner en marcha una iniciativa con la que pretende anegarlas políticamente.

Este sábado, al mediodía, en el Kursaal de San Sebastián, las gentes del equipo de las víctimas, las gentes de Ordóñez y de Buesa y de tantas y tantas otras, se van a reunir para rendir homenaje a todas las víctimas del terrorismo, también para impedir que salga adelante un delirio que no es sino la prolongación de ETA por otros medios.

Catalán y castellano
Cartas al Director Libertad Digital 21 Enero 2005

Soy madrileña y mi marido granadino y vivimos en Gerona ¿Por qué nuestra hija tiene que aprender a leer y escribir en catalán y sólo a partir de primaria estudiará castellano como lengua extranjera tres horas a la semana? En Gerona sólo hay un colegio (privado y carísimo) donde enseñan ambos idiomas en condiciones de igualdad, esperamos el segundo hijo y no nos lo podemos permitir. El bilingüismo es una mentira. Si alguien puede darme una buena razón, me encantaría escucharla.     Belén -Gerona

Diez años sin Goyo Ordóñez
Actos de homenaje
Fundación Gregorio Ordóñez Libertad Digital 21 Enero 2005

Gregorio fue el paradigma de una nueva generación de políticos y uno de los más activos en plantar cara a la amenaza del terrorismo de ETA y sus secuaces Queridos amigos, mediante estas líneas os facilitamos, coincidiendo el próximo día 23 de enero con el décimo aniversario de su asesinato, el calendario de actos previsto en homenaje a Gregorio Ordóñez:

– Viernes 21 de enero, a las 17 horas: Responso y ofrenda floral en el cementerio de Polloe de San Sebastián.

– Sábado 22 de enero, a las 12 horas: Acto homenaje en el Palacio de Congresos Kursaal de San Sebastián. Este acto será presentado por José María Calleja, y contaremos con las intervenciones de José María Aznar, Jaime Mayor, María San Gil, Fernando Savater, Cristina Cuesta, Maite Pagazaurtundua y, por supuesto, Ana Iribar. El elemento central de este acto homenaje va a constituirlo la proyección de un video documental.

Para su elaboración han sido seleccionadas numerosas imágenes e intervenciones públicas de Gregorio, así como testimonios de representantes de distintos sectores, para que las personas que deseen recordar o conocer quién y cómo era Gregorio Ordóñez cuenten con un material que mantenga vivo su recuerdo y su memoria, para, de esta forma, revivirlo y darle actualidad, rescatándolo del silencio y la inexistencia donde pretendieron enterrarlo los asesinos.

Los miembros de la Fundación Gregorio Ordóñez creemos que, a más tiempo transcurrido desde el asesinato, más sentido tienen este tipo de iniciativas, para poder trasladar a la sociedad los valores adecuados para que tragedias así no vuelvan a repetirse jamás y para recordar a aquellas víctimas que, como Gregorio Ordóñez, han sido asesinadas por exponer un ideario político y ostentar una representación ciudadana que la banda terrorista ETA ha tratado de exterminar.

No debemos olvidar que Gregorio Ordóñez fue, entre otras cosas, el político con más respaldo de su ámbito electoral que con más éxito disputó un espacio al nacionalismo radical, y que por eso, y por ser un valiente a quien la gente quería y consideraba un símbolo, lo asesinaron. Fue el paradigma de una nueva generación de políticos y uno de los más activos en plantar cara a la amenaza del terrorismo de ETA y sus secuaces.

Sería difícil encontrar otro cargo público que dedicase tantas horas de la jornada a cumplir con sus responsabilidades administrativas y al trato directo con los ciudadanos. Gregorio era considerado, incluso por sus más acendrados adversarios, un hombre de una gran honradez, con una gran sencillez humana y un extraordinario coraje para defender las propias ideas sin agredir físicamente a nadie, pero arriesgándose a ser agredido por los bárbaros.

– Días 24, 25 y 26 de enero: Seminario en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, con el título 'Gregorio Ordóñez. Diez años de lucha contra el miedo'.

(Consúltese también el especial que ha elaborado la iniciativa ciudadana ¡Basta Ya!).

Imanes radicales fanatizaron a la célula del 11-M exaltando la Yihad en bautizos y actos familiares
«El Tunecino», principal instigador de los atentados de Madrid, se radicalizó a partir del 11-S
Bautizos y fiestas familiares. Esos encuentros fueron aprovechados por la célula del 11-M para fanatizar al grupo que actuó en la matanza de Atocha. Los testimonios de algunos de los imputados no dejan lugar a dudas. En ellos, participaron imanes radicales que, aprovechando estas reuniones, llamaban a la Yihad y les formaban como mujahidines. Poco a poco fueron abrazando la idea de ser mártires de Alá. Por otro lado, Sharhane, «el tunecino», uno de los principales instigadores del 11-M, radicalizó su defensa de la Yihad a raíz de los atentados contra las Torres Gemelas.
R. L. V. / F. V. / J. C. S. La Razón 21 Enero 2005

Madrid- En esas reuniones familiares siempre participaba Sharhane «El tunecino» (dinamizador de la célula), su cuñado Mustafá Maymouni (iniciador del grupo en España) y Jamal Zougam y otra decena de personas. El testimonio judicial de Abdelouahid Berrak Soussane, uno de los participantes en estos encuentros e imputado en los atentados de Atocha, es revelador de cómo el grupo se fanatizó en estas sesiones.
Abdelouahid Berrak Soussane es el dueño de la peluquería Abdou, situada en el número 25 de la calle Tribulete, en la que se solían celebrar reuniones en las que los presentes bebían agua de La Meca para purificar sus pecados. El local lo compró a medias con Jamal Zougam.

Cuenta que le invitaron al bautizo del hijo de un amigo, (Faisal Alluch, en cuya casa casi siempre se celebraban) en un domicilio de la madrileña calle Arturo Soria, donde el imán de Alcorcón, Mohamed Saf Saf, al principio leyó versículos del Corán, y después los cantó. «Posteriormente –relata– empezó a hablar de religión, sobre cosas de la Yihad y la formación de los mujahidines en Palestina». Según explica, el contenido de estas proclamas se referían a «que tienes que se un musulmán fuerte, no fumar, no tomar drogas, ir al gimnasio, rezar como Dios manda cinco veces al día, y cuando tengas fuerza y seas capaz para hacer la Yihad en palestina u otro país que necesiten ayuda los hermanos musulmanes, tienes que ir a hacer la Yihad».

En otra reunión, celebrada en la casa de Alluch, en Villaverde Bajo, fue presentado el imán de Toledo, Hicham Temsamani (luego detenido por los atentados de Casablanca) en la que igualmente, según Berrak, se habló de la Guerra Santa.

En este encuentro, relata que incluso algunos de los participantes dieron «¡Bravos! por Amer, que se ha ido a hacer la Yihad a Afganistán», refiriéndose a Amer El Azizi al que conocían como Amer, «de Casablanca», uno de los principales impulsores de la célula española de Al Qaida en españa, imputado por el 11-S y al que la Policía atribuye una participación de altura en la organización y ejecución de la matanza de Atocha.

Los atentados del 11-S perpetrados contra las Torres Gemelas de Nueva York fue lo que radicalizó a Sharhane «el Tunecino», quien se convirtió en un férreo defensor de la Yihad. Así lo reconocen en sus declaraciones policiales y judiciales dos de los imputados en este procedimiento, Abdulkarim A Rahim Awleya y el marroquí con nacionalidad española Zeimi Pardo.

Sobre este punto, Awleya, en su declaración policial, no deja lugar a dudas: «Justo a partir de esa fecha –11-S–, Sarhane pasó de ser un musulmán moderado a convertirse en una persona conflictiva». En su comparecencia ante el juez, apostilló: «Se había convertido en un radical total, no había forma de que se c callara». Este radicalismo le llevó incluso a mantener diversos enfrentamientos con el imán de la Mezquita de la M-30 de Madrid, Cheikh Mounir. Las causas de estos enfrentamientos estaba en la Yihad. «El tunecino» reprochaba al imán «que no hablara de la Yihad en las oraciones religiosas».

El responsable religioso le avisó que si quería estar en la mezquita tenía que «atender a los rezos», pero, en cambio, Sharhane le reprochaba constantemente que no hablara «en el sermón del viernes sobre la Yihad» y de no elegir este tema como núcleo de su intervención. Su férrea defensa de la «Yihad» es también puesta de manifiesto por Zeimi Pardo, a quien propuso, precisamente, que se uniese a la «guerra santa». En concreto, le preguntó «si quería trabajar en la religión de Allah», comprendiendo, tras repetirlo varias veces, que la propuesta era «hacer la Yihad en Irak, ya que Sharhane era muy recurrente en este tema».

Vinculado directamente con «el Tunecino» aparece en el sumario Amer El Azizi, considerado uno de los principales impulsores de la célula española de la red de Al Qaida. «Amer y Sharhane eran personas que se encontraban en la mezquita y participaban ambos de la misma concesión religiosa, ya que siempre reprochaban al imán, públicamente y delante de la gente, su forma de interpretar el Corán», declaró Awleya al juez Del Olmo.

Pardo aseguró, además, que reclutaba gente para «la Yihad en Afganistán» y que, en una ocasión, le llevó incluso a casa de Abu Dahdah, donde asistió a una reunión a radicales islamistas.
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