AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 23 Enero 2005
Con las víctimas, contra ETA
Editorial La Razón 23 Enero 2005

CHAMBERLAIN Y EL PRINCIPIO ESPERANZA
Ignacio CAMACHO ABC  23 Enero 2005

REBAJAS
Jon JUARISTI ABC  23 Enero 2005

EL EJEMPLO DE GREGORIO ORDÓÑEZ, DIEZ AÑOS DESPUÉS
Editorial ABC  23 Enero 2005

Derrotar al terrorismo
Editorial El Correo 23 Enero 2005

Multiplicar por un millón
JOSÉ MARÍA MUGURUZA El Correo 23 Enero 2005

Las distancias
Alfonso USSÍA La Razón 23 Enero 2005

España no está tan mal
José María CARRASCAL La Razón 23 Enero 2005

Jaque a España
Carlos ITURGAIZ La Razón 23 Enero 2005

ENTRE SOMBRAS
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 23 Enero 2005

Bombas y planes
RODRIGO R. VILALLONGA ELORZA El Correo 23 Enero 2005

DIEZ AÑOS SIN ÉL
DANIEL UREÑA  ABC  23 Enero 2005

Contra los saldos de enero
Pedro J. Ramírez El Mundo 23 Enero 2005

Antes muertos que sin poder
Cartas al Director ABC  23 Enero 2005

Vaya plan
Cartas al Director ABC  23 Enero 2005

Plan Ibarretxe
Cartas al Director El Correo 23 Enero 2005

Las víctimas avisan que no se negocia «con nuestros muertos» en una marcha donde se atacó al Gobierno
Marcos S. González La Razón 23 Enero 2005

Aznar dice que ETA no debe ser premiada nunca «ni por matar ni por dejar de matar»
J. arias borque La Razón 23 Enero 2005

Rosa Díez: «Derrotar, no convencer»
La Razón 23 Enero 2005

Bono abandona la manifestación de la AVT en medio de abucheos y gritos de fuera
Agencias Libertad Digital  23 Enero 2005

 





 

Con las víctimas, contra ETA
Editorial La Razón 23 Enero 2005

Dos acontecimientos separados por cientos de kilómetros, pero hermanados política y sentimentalmente, fortalecieron ayer el merecido protagonismo de las víctimas del terrorismo en nuestro país: el homenaje en San Sebastián a Gregorio Ordóñez, el que fuera presidente del PP de Guipúzcoa asesinado por ETA hace diez años, y la masiva manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo en Madrid para expresar su rechazo e indignación ante la salida de prisión de terroristas tras cumplir una ínfima parte de la pena impuesta por sus crímenes. Ambas citas sirvieron para expresar no sólo la solidaridad de los españoles con todos aquellos que sufrieron el zarpazo asesino y, en demasiadas ocasiones, el olvido, sino también para reivindicar la vigencia del marco de convivencia emanado del Estatuto de Guernica y la Constitución, así como para escuchar el clamor de las víctimas contra cualquier forma de negociación y diálogo con quienes son simples asesinos.

Lo dijo ayer con sumo acierto el ex presidente del Gobierno, José María Aznar, ante un Palacio Kursaal abarrotado: «Ni los terroristas, ni sus cómplices, sus ayudantes, ni sus colaboradores pueden tener ninguna retribución en ningún caso, ni por matar, ni por dejar de matar». El mensaje, por tanto, de una sociedad democrática, de una ciudadanía comprometida con el Estado de Derecho en su lucha contra el terror y contra aquellos que, como con el plan Ibarreche, pretenden vulnerar la Ley para atropellar los derechos y libertades de todos, no puede ser otro que el de la firmeza democrática. Los actos de ayer fueron los mejores ejemplos de esa convicción ciudadana, expresada en la cercanía con unas víctimas que fueron también arropadas en la movilización madrileña de la AVT por algunos representantes políticos, cuya encomiable presencia dejó en evidencia ausencias tan lamentables como la de Gregorio Peces-Barba, Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo. La participación de José Bono merece una especial mención, pues nada puede justificar la violencia de un grupo de incontrolados en una manifestación cívica y menos aún contra un responsable político que se ha caracterizado por su combate constante contra ETA y su defensa inequívoca de la unidad de España.

Es necesario que los demócratas imitemos el ejemplo de quienes, como las víctimas, más han aportado a esa lucha por la libertad, que no decaigamos cuando el desafío está lanzado ni cedamos a la tentación partidista de buscar atajos que sólo servirían para prolongar la tragedia, porque con ETA no se habla, a ETA se la derrota. Es momento de perseverar en la actual política para no dar oportunidades a quienes no las merecen.

CHAMBERLAIN Y EL PRINCIPIO ESPERANZA
Por Ignacio CAMACHO ABC  23 Enero 2005

Desde la restauración de la democracia en España, ETA ha engañado sucesivamente a todos los presidentes del Gobierno, con la excepción de un Calvo-Sotelo que, por su breve estadía, apenas tuvo tiempo de encelarse con la tentación de negociar con la banda terrorista. A Felipe González, por el contrario, su larga hegemonía le dio margen para fracasar dos veces, que se sepa, y hasta Aznar aparcó sin mucha fe su firmeza para tantear en Suiza la credibilidad de la llamada, muy expresivamente, «tregua-trampa». A José Luis Rodríguez Zapatero hay que respetarle, pues, su derecho a tropezar en la misma piedra, otorgándole por adelantado el beneficio de la duda con la condición de que no se sobrevalore a sí mismo... y de que no minusvalore la malvada inteligencia de los jefes etarras.

Ni González en Argel ni Aznar en Zúrich albergaron jamás -menos el segundo que el primero- demasiadas esperanzas de un final feliz. Simplemente, cumplieron con su obligación de intentarlo, para acabar comprobando, con mayor o menor grado de aspereza, la intransigencia de unos terroristas que pretendían hincar de rodillas al Estado. En el primer caso, ETA humilló al Gobierno al hacer pública la ruptura. En el segundo, el Gobierno se retiró de la mesa convencido de que no había nada que hacer más que perseverar en la vía del combate. No ha debido de ir mal dicho camino, cuando la banda ha quedado progresivamente debilitada hasta su actual situación de anorexia estructural, anímica y financiera.

Decidido como está a inaugurar una nueva transición hacia no se sabe dónde, Zapatero ha visto cómo se abre ante él muy pronto la oportunidad de explorar por sí mismo el camino prohibido. Este hombre tiene una fe inquebrantable en sus posibilidades. Así, parece decidido a afrontar de golpe un desafío crítico buscando soluciones simultáneas en todos sus frentes: el mapa territorial del Estado, la nueva autonomía catalana, el tablero vasco y la violencia asesina de ETA. Desde su optimismo cósmico confía en encontrar la piedra filosofal. Tiene toda la legitimidad para intentarlo, pero, dado que es el presidente del Gobierno de la nación, conviene pedirle que ande con sumo cuidado porque, si falla, no va a ser él solo el que se estrelle, sino que nos va a arrastrar a todos al desastre después de haber alcanzado un razonable equilibrio de bienestar.

En su entrevista televisada del pasado miércoles, el presidente utilizó numerosas veces la palabra «esperanza» para justificar su clamoroso optimismo histórico. Como aquel profeta descreído que fue el filósofo alemán Ernst Bloch, Zapatero se agarra al «principio esperanza» para alimentar la utopía a base de puro deseo. Ante un panorama político endemoniado por la intransigencia nacionalista ha elaborado una estrategia de amortiguación: desdramatiza la crudeza de los hechos para crear un escenario a su medida, y responde con una sonrisa al ceño crispado del secesionismo. Medio país está temblando en vilo y ZP levanta las manos con un gesto de calma. No sólo tiene esperanza; se diría que está lleno de fe. Como se equivoque o mida mal, más nos vale encomendarnos a la caridad.

Detrás de los lógicos desmentidos destinados a despejar el escenario, la realidad es que el Gobierno está dispuesto a negociar con ETA, si es que no está negociando ya. Hay puentes tendidos y vías abiertas, intermediarios lanzando mensajes -al propio ZP le faltó dar su número de teléfono en la entrevista citada- y gente preparando la estrategia. Y algo más: el presidente podría hallarse decidido a pagar un precio político por la paz. Su argumento de fondo es que no se ha hecho otra cosa desde hace veinticinco años, ofreciendo al nacionalismo cada vez más concesiones sin obtener ninguna contrapartida.

Ocurre que él ha abierto de nuevo el melón cuando más asfixiada está la banda, y cuando el plan Ibarretxe sitúa al Estado ante un reto inadmisible para su propia cohesión como tal. Ocurre que el principal objetivo de ETA es volver a dar oxígeno a Batasuna en las próximas elecciones vascas, y que hay sectores del socialismo vasco -los mismos que ya han tendido puentes- que se ilusionan con el espejismo táctico de que los votos de la coalición proetarra pueden quitar la mayoría al PNV. Ocurre que, si al final del túnel el Gobierno ha de volver, como hasta ahora, con las manos vacías y el regusto amargo del fracaso, gran parte de lo logrado hasta ahora se habrá ido por el sumidero de las oportunidades perdidas.

Cuando ETA decretó la tregua del 98 e invitó al diálogo, Aznar leyó solemnemente desde Lima un decálogo de condiciones para negociar. Ése no es, desde luego, el estilo de ZP, pero los ciudadanos agradeceríamos que al menos se fijase un compromiso público de lo que no es negociable, además de la anunciada entrega verificable de armas y explosivos, punto esencial de cualquier base negociadora. Nadie puede negarle a este Gobierno, como no se les negó a los anteriores, el derecho y hasta el deber de intentar encontrar una salida, aunque en el mejor de los casos hará falta mucha generosidad para olvidar el dolor sufrido y ofrecer reparaciones morales a las víctimas. Pero nos tienen que explicar qué es lo que, llegado el caso, se va a poner sobre la mesa. La esperanza también consiste en creer que la paz no tiene un precio tasado.

Acaso los españoles nos hayamos de ver pronto en la tesitura de emitir un juicio moral y político sobre este asunto. ¿Aceptaríamos el final de la violencia a cambio de un marco político para el independentismo? El irredento optimista que es Zapatero parece suponer que sí, que el país puede soportar una cuota de independentistas en el País Vasco y Cataluña si los pistoleros de la capucha desaparecen de la escena. Mas incluso si así fuera, si prevaleciese en la sensibilidad colectiva el pragmatismo sobre los principios, el problema está en cómo evitar que los terroristas no conviertan la buena disposición del Estado en una prueba de debilidad desde la que alcanzar nuevo impulso, y en cómo impedir que los recolectores de las siniestras nueces del miedo aprovechen la circunstancia para darle una vuelta de tuerca a su proyecto de hegemonía étnica.

En 1938, el premier Chamberlain -paladín de la política de apaciguamiento- fue aclamado como gran pacificador en las calles de Londres, tras negociar con Hitler un acuerdo que dejó al mundo al borde de la inmediata catástrofe. Sólo Churchill tuvo la clarividencia de denunciar a contracorriente que se trataba de un engaño. Y es que para engañar a alguien hacen falta dos cosas: voluntad de engañarlo y predisposición a dejarse engañar. Si Zapatero, que es buen lector de Historia, decide ir a la cueva del lobo, debe tener presente, muy presente, que va sin que nadie se lo pida y que los lobos no dejan nunca de ser lobos.

director@abc.es

REBAJAS
Por Jon JUARISTI ABC  23 Enero 2005

LOS oportunistas creen que sólo los oportunistas sobreviven y es cierto que abundan en política los ejemplos de oportunistas extraordinariamente longevos. Franco fue, sin duda, uno de los más conspicuos. Arafat era otro de estos oportunistas de manual, aunque en negativo. Como alguien dijo de él, «nunca perdió la oportunidad de perder una oportunidad» (desgraciadamente para los palestinos, que lo convirtieron en paradigma nacional). Hay oportunistas en los regímenes más diversos, pero las democracias bien asentadas tienden a desconfiar de ellos y a evitar su proliferación. Que los americanos hayan reelegido a Bush junior, un caso patente de rigidez de principios, demuestra que quienes saben valorar la libertad no buscan líderes veleidosos y los prefieren de convicciones sólidas, sobre todo cuando aquélla está amenazada. No puede decirse lo mismo de España, a la vista de los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa.

Naturaca, maestro Mairena. El PSOE advino en abril de 2004 al Gobierno de la nación gracias a la mayor escalada de oportunismo que se recuerda en nuestra historia reciente y que arrancó, no ya de la gran manipulación del dolor de marzo, sino del pacto de Maragall con los independentistas catalanes. Al frente de la operación, una figura que, si no es la encarnación misma del oportunismo, podría servirle de emblema. No es que Rodríguez haya inventado el oportunismo. En realidad, éste ha sido el achaque de toda la izquierda post-leninista, y no lo digo yo, sino Cohn-Bendit. Lo que pasa es que en Rodríguez no hay nada que no sea oportunista, empezando por la coiffure napoleónica que tanto divierte a Chirac. Cuando medio país -incluyendo a Otegui- se mira al espejo, por la mañana, y, peine en ristre, decide intentarlo al estilo Primer Imperio, es que tendremos oportunismo hasta en la sopa, si no resucita el Empecinado para impedirlo.

EL hortera florece en primavera. La estación más propicia a los oportunistas es, como su nombre indica, la de las rebajas de enero, cuando todo el mundo se pone a hablar de oportunidades y a los oportunistas congénitos se les nota menos. ¿Quién se metería a descifrar lo que, en boca de Ibarreche, significa «oportunidad maravillosa», ante tanta proclama idéntica en todos los escaparates de la espaciosa y triste España? Donde no hay publicidad resplandece la verdad, rezaba el título de una sección de La Codorniz. En el fragor publicitario de la primera cuesta del año, nada es verdad ni mentira: todo es según el color que se llevó en la última temporada y que se llevará, qué remedio, hasta el referéndum sobre el Tratado europeo, por lo menos. ¿Quién repara, entre tanto ruido, en la «oportunidad», una más, que Imaz ofrece a Rodríguez para pensárselo, antes de que el conflicto vasco, en palabras del lehendakari, se multiplique por mil? Incluso ha pasado desapercibida, o casi, la declarada disposición de Rodríguez a hablar con ETA «si hay una mínima oportunidad de paz». Efectivamente: es lo que haría cualquier oportunista. Un líder de convicciones democráticas firmes -como Bush, ya que en eso estamos- nunca afirmaría algo parecido. En su toma de posesión ha manifestado todo lo contrario; es decir, su disposición a defender y extender la libertad aun si para ello es preciso entrar en guerra. Imposible concebir un programa menos oportunista en el país de las grandes oportunidades.

Y menos comprensible en Europa, el continente de los pequeños oportunistas. Es enero en España y todos hablan, hablamos, de oportunidades. Increíbles oportunidades en planta tercera. Demos una oportunidad a la paz (¿cabe concebir frase más cursi y más inane?). ETA está aburrida -eso dice- de dar oportunidades a la paz: la última, esta misma semana, en forma de cuarenta kilos de cordita. Hasta al PP se le ve vacilante, con tanta oportunidad suelta por ahí. El día que Rajoy aparezca con flequillo, dejad toda esperanza, los que entráis.

EL EJEMPLO DE GREGORIO ORDÓÑEZ, DIEZ AÑOS DESPUÉS
Editorial ABC  23 Enero 2005

HACE diez años, un pistolero de ETA entró en un restaurante del casco viejo de San Sebastián y asesinó de un disparo a Gregorio Ordóñez, concejal del PP y teniente de alcalde del Ayuntamiento donostiarra. No era el primer político no nacionalista asesinado por ETA, pero su muerte iniciaba una ampliación de la violencia terrorista para que alcanzara de lleno a los concejales no nacionalistas, los políticos que defendían la Constitución, el Estatuto y la convivencia en las instituciones más próximas al ciudadano vasco. Además, en 1995 ya era evidente la consolidación del voto no nacionalista en las ciudades vascas, como San Sebastián, donde el PP se había convertido en el partido más votado. El principio de la «socialización del sufrimiento» se aplicó a sangre y fuego. La cadena de atentados contra representantes no nacionalistas del pueblo vasco consiguió arruinar el poco crédito que aún pudiera conservar la democracia en el País Vasco. De hecho, Ordóñez ya no podrá votar en la consulta con la que el lendakari quiere consagrar su plan nacionalista. Ni Ordóñez ni las decenas de militantes y concejales de PP y PSOE asesinados por ETA, a los que hay que sumar los miles de exiliados, porque veinte años de nacionalismo y terrorismo han generado el único fenómeno de exilio interior en la Europa democrática (sobrecogedera la carta de Rosa Díez a María San Gil que ABC publicaba ayer en recuerdo de Ordóñez). La limpieza ideológica funcionó de manera implacable.

DIEZ años después, la comparación entre aquel País Vasco de 1995 y el actual produce, por lo menos, inquietud, ante algunas incertidumbres sobre las prioridades en la lucha contra ETA y en la resistencia al nacionalismo. En los últimos años, con la iniciativa del Gobierno de Aznar y la colaboración leal e imprescindible del PSOE, la prioridad fue la dignidad de las víctimas, más que la empatía con los nacionalistas; el objetivo fue vencer a ETA sin condiciones, no debilitarla para sentarse a negociar. Este cambio de prioridades se plasmó en una serie de profundas reformas penales y procesales, en la Ley de Partidos, en la cooperación internacional y en el Acuerdo de Estado por las Libertades y contra el Terrorismo. Ahora, estos fundamentos de la lucha antiterrorista y de la oposición al nacionalismo transmiten fragilidad ante un ambiente que está alterando el orden de prioridades. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha implantado con éxito un nuevo eslogan: «Trabajar por la esperanza, sin hacerse ilusiones». Su formulación, sin embargo, encierra demasiadas incógnitas. Porque conviene no olvidar que ya se ha trabajado, y mucho, por la esperanza. Por eso, la lucha antiterrorista ha alcanzado la máxima eficacia; el Estado dispone de recursos legales para neutralizar la clonación política de ETA en partidos o grupos parlamentarios; las víctimas están reconfortadas porque son estandarte de la ética que impulsa la lucha contra ETA, y el entramado batasuno está en el umbral de la indigencia política y sólo falta un pequeño empujón para que la traspase.

SI Rodríguez Zapatero se refiere a otra esperanza distinta de aquella que su propio partido cultivó junto con el Gobierno del PP, debe explicarse con claridad. Frente al terrorismo ningún Gobierno democrático debe dar la impresión de que se halla a la espera de noticias de los terroristas, ni consentir que sean éstos los que condicionen el curso de unos acontecimientos que estaban solamente en manos del Estado. La esperanza sólo puede cimentarse en la dignidad de las víctimas, la victoria del Estado de Derecho y la derrota del terrorismo. Y la preocupación y la inquietud deberían ser patrimonio exclusivo del ánimo de los terroristas.

El Estado y la sociedad española han colocado a ETA a un paso de su derrota.No puede haber dudas sobre cómo ha de ser el resultado final. Esto ya quedó definido en el Pacto Antiterrorista, lo mismo que la preferencia absoluta de las víctimas del terrorismo, precisamente cuando ahora se recuerda el asesinato de una de aquéllas, que cambió el signo de los tiempos para el País Vasco, poniendo la primera piedra de lo que, dos años después, tras la muerte brutal de otro concejal del PP, Miguel Ángel Blanco, se transformaría en la única rebelión cívica que ha conocido la democracia española, el «Espíritu de Ermua». Hoy vuelve a haber víctimas que se sienten maltratadas y agraviadas, por torpezas evitables, como la que ayer cometió el Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo -auténtica contradicción en los términos, después del comportamiento de Peces-Barba-, que dio la espalda a la manifestación convocada por la AVT. Desafortunada ausencia, tanto como los gritos y zarandeos que obligaron ayer a José Bono a abandonar esa misma manifestación. Afortunadamente, quienes no han fallado han sido los Tribunales y la Fiscalía de la Audiencia Nacional. No se producirán más excarcelaciones anticipadas de etarras sin que antes los jueces revisen exhaustivamente los beneficios penitenciarios que les han sido aplicados. Una medida que fortalece el Estado de Derecho y alienta, sin incertidumbres, la verdadera y única esperanza que merecen la memoria de Gregorio Ordóñez y el resto de las víctimas del terrorismo.

Derrotar al terrorismo
Editorial El Correo 23 Enero 2005

Hoy hace diez años que fue asesinado el concejal donostiarra y parlamentario del PP Gregorio Ordóñez Fenollar. También esta semana se ha cumplido el quinto aniversario del asesinato del teniente coronel Pedro Antonio Blanco García, atentado con el que ETA rompió su alto el fuego. Con la muerte de Gregorio Ordóñez, el terrorismo etarra dio inicio a la persecución de los cargos públicos no nacionalistas, tratando de llevar a cabo una limpieza ideológica en el País Vasco mediante la coacción sobre quienes se enfrentasen a sus propósitos y el sometimiento de quienes no fueran partícipes del universo simbólico nacionalista. Cinco años después, y con la muerte de Pedro Antonio Blanco, ETA echaría por tierra las ilusiones suscitadas en Euskadi respecto al definitivo final de su terrorismo. Rota la tregua de manera tan brutal, han sido cuarenta y seis las personas asesinadas por la banda después de aquel atentado cometido en Madrid. Entonces, la sociedad comprendió que la palabra de los asesinos no tenía valor alguno. Pero fue albergando nuevas esperanzas a medida que se desmoronaba el mito de la imbatibilidad de ETA.

Han pasado diez años desde que el terrorismo acabó con la vida de quien más claramente denunció que ETA contaba con un brazo político llamado Herri Batasuna. Hoy, su ilegalización forma parte de la derrota del terrorismo. De una derrota que tanto ETA como el conjunto de la izquierda abertzale esperan convertir en victoria conminando a la sociedad democrática a que acabe pagando un precio político a cambio de la desaparición definitiva de la violencia. Los rumores sobre eventuales contactos entre medios gubernamentales y los entornos del terrorismo contribuyen, sobre todo, a dar verosimilitud a esa victoria 'in extremis' entre las propias filas del nacionalismo violento. De ahí que resulte imprescindible que, junto al mentís sobre esos contactos, el Gobierno y los responsables institucionales reiteren su negativa a concebir el diálogo político en Euskadi como una condición previa para la paz.

Tanto la clase política como los líderes de opinión harían bien en evitar el juego de interpretaciones a que inducen los mensajes de ETA o las palabras de los portavoces de Batasuna. La sociedad democrática no cuenta con otro instrumento para propiciar el abandono de las armas por parte del terror que el debilitamiento de éste mediante la acción policial y judicial. Nada puede favorecer más el pronto final de ETA que su creciente debilidad. Y nada podría alentar más su momentánea recuperación que el estímulo que para sus bases representaría cualquier aproximación incauta por parte de las instituciones para explorar el proceso de voluntades que guía la conducta de los terroristas. El acierto se halla en conducir al terrorismo y a sus adláteres al ineludible reconocimiento de su propia derrota mediante la merma de sus fuerzas. Todo lo demás entraña riesgos que hoy, cuando nos aproximamos al definitivo final de ETA mediante su inapelable derrota, deberían evitar especialmente los gobernantes.

Multiplicar por un millón
JOSÉ MARÍA MUGURUZA/ABOGADO El Correo 23 Enero 2005

Escribo estas líneas mientras todavía resuena en mis oídos el redoble de los tambores, pero no todos suenan igual, pues mientras el acompañamiento a la marcha de San Sebastián, Iriyarena o Tatiago sacude la sensibilidad de los donostiarras con una íntima satisfacción de alegría, otra sensación de honda preocupación produce la percepción del ruido de tambores de guerra. Y no me refiero solamente al último atentado de ETA o a las manifestaciones de Arnaldo Otegi sobre la pervivencia del 'conflicto', sino tambien a las palabras de la portavoz del Gobierno vasco cuando afirma que el rechazo del Congreso de los Diputados al plan Ibarretxe y su devolución al Parlamento vasco va a multiplicar por un millón el problema político de Euskadi.

¿Qué quiere decir con esto? ¿Es que el Congreso de los Diputados no tiene derecho a tomar la decisión que considere procedente sobre el proyecto que le ha sido presentado? ¿Qué es lo que se va a multiplicar por un millón? ¿Acaso los asesinatos, extorsiones, amenazas o huidas de los vascos de su tierra? ¿O serán las subvenciones institucionales a organizaciones filoterroristas? ¿O puede ser el obstruccionismo a la lucha antiterrorista de los poderes de Estado, como se ha manifestado en la oposición a la Ley de Partidos Políticos, a la ilegalización de Batasuna o al cumplimiento de las resoluciones del Tribunal Supremo? ¿O tal vez a esa asfixiante presión del nacionalismo para imponer su proyecto político? ¿O se referirá a ese temerario enfrentamiento con todo lo que significa España? Muchas preguntas que quedarán sin respuesta, por lo que voy a tratar de ofrecer mi propia interpretación.

El nacionalismo vasco tiene algo más de cien años de existencia, que pueden dividirse aproximadamente en dos mitades. Durante la primera de ellas, su representación política la ostentó casi de forma exclusiva el Partido Nacionalista Vasco, pero a lo largo de los años cincuenta se fraguó y se consumó una escisión que dio lugar al nacimiento de la organización terrorista ETA. Escisión que se produjo porque un grupo de jóvenes de Eusko Gaztedi planteó a la dirección del PNV una doble exigencia: más ambición en el proyecto político y más contundencia en la acción, postulados ambos que no fueron aceptados por los Leizaola, Ajuriaguerra, etcétera, que pretendían mantener la tradicional posición de ambivalencia, pactismo y prudencia por considerarla más acorde con el estilo de sus militantes y simpatizantes.

Pasaron los años sin que ni PNV ni ETA modificaran sus actitudes, se multiplicó la actividad terrorista de ésta, pero todavía en el año 1988 el PNV suscribió el Pacto de Ajuria Enea, alineándose decididamente con todos los partidos democráticos contra la organización terrorista.

Pero llegó el año 1998, el incalificable asesinato de Miguel Ángel Blanco, la extraordinaria reacción popular de indignación y horror, cundió el pánico en el PNV en relación al futuro del nacionalismo y, en lugar de sumarse con mayor decisión a esta reacción para librar la batalla que habría podido ser definitiva contra ETA, decidió aproximarse a la organización terrorista para reforzar el conjunto del nacionalismo. Así se produjo el Pacto de Estella, en el que se aceptaban los dos postulados políticos esenciales de ETA: la construción nacional de Euskal Herria con sus siete territorios y el derecho de autodeterminación. Y así desaparecería la primera de las causas que dieron lugar a la escisión de ETA.

Y nos queda la segunda, la actividad terrorista. Ciertamente, las condenas verbales de los dirigentes del PNV son tan rotundas como las de cualquiera, pero no así sus actos. Su colaboración con los poderes del Estado es nula e, incluso, obstruccionista en ocasiones tan determinantes como las que anteriormente hemos mencionado. Y la portavoz del Gobierno nos anuncia una escandalosa multiplicación del problema vasco. ¿En qué se diferencia este presagio de la pervivencia del 'conflicto' de la que nos habla Arnaldo Otegi?

No quisiera que nadie llevara estas reflexiones más lejos de lo que literalmente dicen, hasta convertirlas en una plena identificación de nacionalismo con terrorismo, aunque tampoco se puede desconocer la relación entre ambos. Lo que quiero poner de manifiesto es que si el PNV ha aceptado el proyecto político de ETA y ésta sigue modulando su actividad terrorista, las causas de la escisión tienden a desaparecer y la convergencia seguirá avanzando, aunque siempre les será difícil superar la lucha por la hegemonía.

De cualquier modo, esa coincidencia de proyecto hace que el conjunto del nacionalismo coloque hoy a la ciudadanía vasca ante la disyuntiva de elegir entre algo tan sencillo como es seguir como estamos, España, Constitución y Estatuto de Gernika, o emprender una aventura sin fin como es la construcción nacional de Euskal Herria contra la mayoría de la sociedad vasca, contra España, contra Francia, contra Navarra y probablemente contra Álava.

Más que nunca, es necesario que hoy todos los vascos de bien hagan de verdad su propia reflexión, pues estamos en horas decisivas. Yo ya la tengo hecha. Creo que España y su Constitución me ofrecen una garantía plena de los derechos individuales y el Estatuto de Gernika unido al Concierto Económico permiten el más amplio desarrollo de lo vasco. Me encuentro muy cómodo en este estatus político, que se corresponde perfectamente con la historia y constituye nuestra mejor opción para el futuro en un mundo globalizado en el que la dimensión de las unidades políticas adquiere singular importancia, por lo que debemos saber utilizar la importancia de España en la Unión Europea. En definitiva, pienso que nuestra planificación estratégica debe pasar por un País Vasco fuerte dentro de España y una España fuerte dentro de la Unión Europea.

Ni siquiera necesito para nada convertir la comunidad autónoma en una comunidad nacional como proponen los socialistas. A mi juicio, no es momento de reformas ni mucho menos de debilidades. ¿Tengo que pedir perdón?

Las distancias
Alfonso USSÍA La Razón 23 Enero 2005

Gregorio Peces-Barba, Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo –a partir de ahora su cargo habría de denominarse «Alto Comisionado para Algunas Víctimas del Terrorismo–, se ha negado a acudir a la manifestación convocada por la AVT. Lo mismo ha hecho Pilar Manjón y su facción de afectados por los atentados terribles del pasado 11 de marzo. Criticar una decisión de Pilar Manjón es una incorrección política imperdonable. Con el respeto que me merece su dolor, creo tener el derecho a opinar que esta señora se mueve en exceso por fangos políticos. Antes de que ella sufriera y padeciera la herida incurable de la madre que pierde a un hijo por la barbarie terrorista, otras muchas madres habían experimentado la tragedia. Son ésas las madres a las que no quiere acompañar la señora Pilar Manjón por motivos que sólo ella conoce y que algún día, cuando se alivie la memoria, quizá tenga ocasión de explicar. Pero su decisión, como poco, se me antoja distante y profundamente decepcionante. No lo sé, pero intuyo que Pilar Manjón movilizaría a los suyos con más interés si se tratara de manifestarse contra José María Aznar que a favor de las víctimas de la ETA. Escribo horas antes de llevarse a cabo la concentración y espero que, a última hora, Pilar Manjón, superando reticencias espurias, se reúna con sus predecesores en la angustia del dolor.

Finalmente, el Gobierno ha accedido a que un ministro, Jordi Sevilla, lo represente en la manifestación. Un no se sabe qué ha separado siempre a los socialistas de las víctimas del terrorismo. Aún se recuerda a la impotable ministra Matilde Fernández cuando denegó una mísera subvención a los familiares de las víctimas de la ETA mientras derrochaba el dinero público en chorradas y chuminadas inauditas, como el estudio de la genética de la lenteja libia, o los talleres de masturbación de mujeres, o la publicación de la revista «La Boletina», que contenía bellos poemas a los chichis y sus menstruaciones. Ante tamaña perversidad, Anson abrió en ABC una suscripción pública que superó los quinientos millones de pesetas. Las víctimas salieron ganando porque la petición al Ministerio de Asuntos Sociales de la señora Fernández no llegaba a los diez millones de pesetas. No obstante, creo que todo el Gobierno socialista tendría que acudir a la concentración, cuyo lema es tan diáfano como apolítico: «Memoria, Dignidad y Justicia para las víctimas».

Se mueven elementos y argumentos extraños por las soterras del Poder. Se habla de conversaciones e intentos de acuerdo con los asesinos y sus cómplices. Efectivamente, hablar con los criminales nada tiene que ver con respetar la memoria, la dignidad y la justicia de sus víctimas. Tengo para mí que al actual Gobierno sólo le importan las víctimas y los familiares de los atentados de marzo. Que todo es marzo, cuando todo es mucho más. Treinta años de sufrimiento permanente, de españoles destrozados por los terroristas y de familias desamparadas por algunos gobernantes.

España no está tan mal
José María CARRASCAL La Razón 23 Enero 2005

Pues no, España no está tan mal como cuando la dejé hace tres meses. Habrá quien diga que está peor, que el Parlamento vasco no había aprobado entonces el Plan Ibarretxe ni los partidos catalanes se habían mancomunado para sacar adelante un nuevo estatuto mucho más favorable para ellos y mucho más desfavorable para el resto de los españoles. Pero precisamente que la crisis se haya agravado, provocando reacciones, es bueno. Demuestra que el organismo sigue vivo, cosa que empezábamos a dudar. En septiembre, hablaba uno del Plan Ibarretxe y le miraban como a un chalao. Ahora, me hablan de él en el bar, en el banco, en el ascensor incluso. Gente con la que no había cruzado una palabra de política me pregunta preocupada qué va a pasar. Como si yo lo supiera. Pero ese interés, esa preocupación es buena.

El mayor peligro para nuestro país no viene de los asesinos de ETA ni de los nacionalistas que quieren desmontarlo pieza a pieza como se desguaza un coche de lujo robado. Viene de su abulia secular, de su desinterés por la causa colectiva, de su resignación ante el curso de los acontecimientos. Procede posiblemente de su convicción de que nada puede hacer, de que todos los políticos son iguales, unos arrebatacapas preocupados sólo por arramblar con lo que pueden, sin importarles un bledo el bien común. Ante ello, ¿qué tiene de extraño que la actitud general instalada en este pueblo sea la de «yo, a lo mío, y el que venga detrás que arree»? Por ese vacío en el sentimiento nacional, por esa falta de solidaridad (el español es mucho más generoso con los desconocidos que con los conocidos), por esa ineptitud de los grandes partidos para pensar en grande, se han ido colando en los últimos años los nacionalistas periféricos para hacer avances que ni ellos mismos podían imaginar.

Por fortuna, como digo, algo parece haber agitado en esa suicida indiferencia. No sé si por la chulería con que Ibarretxe arrojó sobre la mesa su plan, no sé si porque el Rey ha decidido tomar cartas en el asunto, no sé si porque a este sufrido pueblo español se le ha acabado la paciencia después de aguantar vejación tras vejación, el caso es que algo parece haberse puesto en marcha desde aquella calma chicha de septiembre. Y esto es bueno. Bueno porque si dejamos a los políticos que nos resuelvan el enorme lío en que nos han metido, lo más probable es que acaben ahorcándonos con él.

Siempre, naturalmente, que no se quede todo en un estallido esporádico, en un cabreo momentáneo. Por ahí fuera se dice que los españoles somos capaces de un 2 de mayo, pero no de un 3 ni un 4. Y el desafío que tenemos delante necesita un 5, un 6 y un 30, pues viene de dentro de casa. Es mi temor, que nos falte paciencia y nos sobre insolidaridad ante la embestida.

Jaque a España
Carlos ITURGAIZ La Razón 23 Enero 2005

Estaba cantado. Que durante los últimos años el PNV fuera abogado defensor de ETA-Batasuna en el Parlamento vasco, eso tenía un precio; que Atucha y su partido no cumplieran ni acatasen las sentencias y decisiones judiciales tenía un precio; que el PNV abandonase la defensa de la autonomía y el autogobierno vasco refrendado y aprobado en el Estatuto de Guernica, colocándose en la secesión y el separatismo... todo esto tenía un precio.

Y el suculento precio es, ni más ni menos, el apoyo de la ilegalizada Batasuna, es decir, el apoyo de ETA al Plan separatista del lendakari.

Lo que ha ocurrido en el Parlamento vasco es, sencillamente, la confirmación de una certeza moral que teníamos algunos desde hace mucho tiempo: que el Plan Ibarretxe es el plan de ETA, ya que, lejos de ser un plan de convivencia, como nos lo intenta vender el lendakari, sólo pretende dividir y quebrar la convivencia de los vascos, se dispone a romper con España y, para aprobar dicho Plan, sabíamos desde el principio que necesitaba el apoyo del comando parlamentario de ETA, como así ha sido.

Durante estos últimos días, semanas y meses la cocina del PNV ha funcionado, sus contactos con los verdugos han funcionado (sólo hay que fijarse en la cara de satisfacción de Egibar) y el proyecto común y compartido de todos los nacionalistas ha funcionado.

Viene bien recordar a estas alturas que hace años, cuando Jaime Mayor Oreja propuso un proyecto común y compartido para todos los vascos basado en la libertad y el respeto al marco político y a las leyes vigentes, Arzallus se dirigió a mí en una reunión de la mesa de Ajuria Enea para mandarle un recado a Mayor: «Dile a ése que nosotros los vascos nacionalistas haremos un proyecto común entre nacionalistas y para nacionalistas, incluidos los patriotas descarriados de ETA, y vosotros los españoles haced los proyectos que os dé la gana en vuestro país».

A renglón seguido esa profecía se hizo realidad, llegó el bochornoso Pacto de Estella, donde la firma y el sello del PNV se juntaba con la firma del hacha y la serpiente de ETA, para entre otras cosas echar del País Vasco a los no nacionalistas, y además sirvió de preparación y preámbulo a lo que tenemos hoy. A este Plan Ibarreche, donde a toda la comunión nacionalista (término muy acertado acuñado por Nicolás Redondo Terreros), entre otras cosas, se les llena la boca con la palabra libertad; hablan de una forma cínica e hipócrita de libertad mientras votan a favor del Plan Ibarreche aquellos que pueden pasear y votar sin escoltas a su lado. Mientras los protegidos, los escoltados, los privados de libertad votan en contra de dicho Plan. ¡Qué bonito es hablar de libertad y dar clases de libertad, como hacen los nacionalistas, cuando compran sus salvoconductos a ETA bailando al son que marcan los criminales!

Desde el comienzo de su mandato, Ibarreche sólo quiso ser el lendakari de los vascos nacionalistas; se ha negado a ser el lendakari de todos los vascos y no ha tenido empacho en mentir canallescamente como cuando dijo que este Plan sólo se votaría en el Parlamento vasco en ausencia de violencia por parte de ETA. Ibarreche no sólo se ha burlado de muchos vasos y españoles, sino más grave aún, lo ha hecho de las víctimas del terrorismo, quienes han tenido que aguantar y soportar, una vez más, que un asesino en búsqueda y captura como Josu Ternera siente cátedra y avale con su guadaña de muerte el Plan Ibarreche en sede parlamentaria.

Llegado a este punto, todo lo demás da igual, podemos perdernos en disquisiciones jurídicas, políticas, adjetivar el Plan, etcétera. Pero la realidad objetiva es inequívoca, Josu Ternera ha colocado el pulgar hacia arriba e Ibarreche ha respirado hondo. Ibarreche-Ternera, Ternera-Ibarreche, PNV-ETA, ETA-PNV, tanto montan, montan tanto a la hora de conseguir la independencia de Euskadi.

Algunos han calificado todo esto como un reto al Estado y, desde mi juicio, se quedan cortos, es un intento de golpe de Estado en toda regla, a la nación, a la Constitución al Estatuto de Guernica. Y ante este desafío es imprescindible la firmeza desde las convicciones democráticas, sobran talantes, sonrisas, abrazos, reuniones y posiciones melifluas. Ante planes separatistas en marcha no caben otros ridículos planes compensadores ni poses políticas.

El PNV hace mucho tiempo que tiene las cosas claras, ya no hay ambigüedad en su discurso y sí mucha ofensiva nacionalista en sus posiciones, y por si fuera poco la fuerza centrífuga del ventilador que puso en marcha con este Plan no le permitirá retroceder ni lo querrá hacer. Seamos conscientes de que la aprobación del mismo es una estación intermedia, y que la próxima estación por parte de los nacionalistas será la convocatoria de un referéndum, digan lo que digan las Cortes.

En definitiva, seguir dando jaque a España, pero lo que no cabe duda es que sólo está en las manos de todos los españoles y nuestras instituciones, que no se dé jaque mate, y para ello lo práctico y lo necesario será aunar esfuerzos en la defensa de nuestra historia y nuestro país.

Carlos Iturgaiz es diputado del Partido Popular en el Parlamento Europeo

ENTRE SOMBRAS
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 23 Enero 2005

Evidentemente, José Luis Rodríguez Zapatero no se hizo entrevistar el miércoles pasado en la Uno de modo caprichoso o porque le diera por ahí. Evidentemente, quiso decir algo a los españoles. Lamentablemente, ¡ay!, los españoles no saben el qué. Vayamos a lo seguro. Se han verificado, sí, conversaciones con ETA, desde hace semanas o meses. El fin de las conversaciones ha tenido que ser, cae de suyo, la disolución de la banda. Esto sentado, surgen cuestiones espaciosas, demasiado espaciosas. La primera se refiere al motivo por el que Zapatero ha querido conferir estatuto público a los contactos. ¿Está por ocurrir algo muy gordo o bien se pretende salir al paso de rumores, conjeturas y volatilidades varias, deteniendo la chismorrería por el procedimiento de admitir formalmente la existencia de un diálogo? Se trata de escenarios muy distintos, profundamente distintos. Valga, para los aficionados a leer el futuro en las entrañas de las víctimas, que Zapatero, el miércoles, no resplandecía de felicidad.

El otro punto toca al carácter de la rendición de ETA. Pactar la rendición es un hecho político, pero no cabe hablar de rendición en sentido estricto cuando se conceden, a cambio de ésta, objetivos políticamente sustantivos. ¿Se habrá negociado una rendición ortodoxa o se habrían tratado más bien las condiciones en que ETA estimaría asumible disolverse? Y si lo segundo, ¿cabe maliciar un nexo causal entre las negociaciones, el plan Guevara o, más extraordinario todavía, la pretensión de que HB sea rehabilitada, y pueda entrar en alguna combinación de gobierno?

Lo último, repito, sería extraordinario, extraordinario en sí y también porque no sería preciso rehabilitar a HB si ETA entrega las armas y condena la violencia. Un partido que defendiera una Eusklherría libre, y todo eso, sería automáticamente legal tras la renuncia al asesinato. Para ese viaje no necesitábamos alforjas.

El desconcierto reinante es sin embargo de tal calibre, que se ha insistido en la recuperación de HB como una de las concesiones que podrían hacerse a los terroristas. Confiemos, sin embargo, en que ésta sea sólo una especie frenética. Dar luz verde a HB como una señal de buena voluntad, y sin precaverse ante de que la banda ha desaparecido como tal, sería imperdonablemente estúpido.

Mientras tanto -no lo olvidemos- sigue en marcha el plan Ibarreche. Siendo más precisos: el plan Ibarreche ha podido ponerse en marcha gracias a un favor no previsto de ETA. Estamos autorizados a hacer especulaciones de todo tipo sobre los móviles que haya podido tener ETA para darle un empujón al lendakari. La hipótesis más sencilla es que los terroristas han reforzado su posición negociadora con la instalación de una bomba nuclear política en el País Vasco. Montada la bomba, estarían en situación de presionar sobre sus interlocutores: o se les hace caso, o tiran de la espoleta. Pero no sé si todo esto no equivale a perderse en un laberinto de fantasías gratuitas.

Más rotunda es la circunstancia de que si usted es ETA, usted estará máximamente interesado en que Ibarreche obtenga -con su ayuda- un buen resultado en las autonómicas, llegue hasta el final y convoque el referéndum. Si el Gobierno no reacciona a la convocatoria del referéndum, adiós al Estado en las provincias vascongadas. Si reacciona y aplica el 155, se abre un período suculento para los etarras en aquella región. En ambas contingencias, ETA vuelve a la vida, lo que, desde el punto de vista del interesado, será siempre preferible a despedirse de ella en términos más o menos «dignos».

La reflexión es importante en la medida en que revela que la perspectiva de una disolución voluntaria de ETA no es avenible en el fondo con el horizonte abierto por el plan Ibarreche. No son itinerarios alternativos o complementarios sino incompatibles. Ibarreche ya no pide condiciones a ETA. El pacto se saldó con la bendición de Josu Ternera. No alcanzo a adivinar qué ventajas podría extraer ETA de rendirse cuando el lendakari ha desplegado ante ella un paisaje infinitamente más gratificador.

En fin, que no sé nada de nada. De añadidura, sufro una gripe pertinaz, y todavía sé menos. La gripe instila movimiento en las cosas inanimadas -el estampado de la pared, el dibujo de las cortinas, el rameado de los sillones- y excita supersticiones e imágenes monstruosas. Sé que hay cosas que Felipe González jamás habría propuesto como moneda de cambio. Y alojo las mismas certidumbres en torno de Aznar.

Me considero incapaz, sin embargo, de intuir lo que Zapatero podría hacer, llegado el caso. El modo como sacó la tropa española de Irak o sus raras fintas en Gibraltar hurtan al presidente del Gobierno de los límites impuestos por toda predicción racional. O si quieren, rutinariamente racional.

Ignoro qué palabras, qué proposiciones, habrán surcado los aires, en los días de otoño. Y las carambolas que esas palabras habrán hecho luego y los dinamismos que han desencadenado. Sea como fuere, aquí estamos. Me he sentido mejor otras veces. Presumo que será la gripe.

Bombas y planes
RODRIGO R. VILALLONGA ELORZA/ABOGADO El Correo 23 Enero 2005

El pasado martes me encontraba convaleciente de la gripe que está arrasando media Vizcaya. Por casualidad me desperté a la cuatro de la tarde y puse la radio para escuchar el boletín informativo. Me bastaron cinco segundos para darme cuenta de la trágica noticia; otro coche bomba, y éste es el tercero, ha explotado en la calle de mi madre. Una rápida llamada me basta para comprobar que, gracias a Dios, no ha habido heridos en la casa, pero el coche estaba aparcado en plena puerta y lo ha destrozado todo: valla, jardín, garaje, ventanas, puertas Una autentica 'zona 0', que te pone el corazón en un puño al observar el panorama tan terrorífico de destrozo. Si no ha habido que lamentar consecuencias personales ha sido por pura fortuna de que no se encontrara nadie en ese momento en el exterior de la casa y que todos los que estaban dentro se hallaban en las habitaciones opuestas a las que estallaron.

Desde luego, estas experiencias, y no es la primera, te acercan a la realidad de este país, una realidad que la mitad de la sociedad no quiere ver. La casa familiar, la casa del padre, que tanta relevancia e importancia tiene tanto social como jurídicamente en Vizcaya, reventada, destrozada por un coche bomba, cargado con tanta cloratita como odio. Mientras el nacionalismo quiere olvidar a la mitad de esta sociedad, ETA no la olvida y sigue con su paranoia asesina. En este tipo de atentados siempre le gusta aludir a la oligarquía vasca, que oprime Eukal Herria. Los medios de comunicación no pueden evitar verse seducidos por este lenguaje etarra trasnochado, de corte marxista, y lo suelen emplear para referirse a la zona. Pero eso de oligarquía sólo existe en el imaginario criminal de ETA. Basta conocer la realidad de la casa donde ha explotado el último coche bomba. En la planta baja viven mis tíos, un matrimonio de setenta años, prejubilado él por enfermedad, que como cualquier otro ha tenido que sudar lo suyo para sacar adelante sus seis hijos. En el primer piso, mi madre, una viuda de setenta años, ¿madre de doce hijos!, que vive con la pequeña que todavía estudia y con la que comparte su pensión de viudedad. Y en el segundo, mi hermana de treinta años, con tres hijos y el cuarto en camino, motivo por el que tiene que seguir trabajando para mantener tan extensa y maravillosa prole. Desde luego, ninguno tiene empresas ni bancos ni nada por el estilo. Ésta es la oligarquía vasca que ha estado a punto de llevarse por delante la bestialidad etarra.

Por desgracia sí es cierto que el barrio ha cambiado mucho. Desde los años ochenta el goteo de familias que deciden marcharse es continuo. Salvo honrosas excepciones, apenas quedan esa clase de industriales, empresarios y banqueros de antaño que pusieron a Bilbao como referencia empresarial para toda España, y que con su trabajo y dinero han sacado este país adelante, llevándolo a unas cotas de bienestar envidiables. Al tiempo que estas personas han tenido que ir yéndose, va comprando sus casas esa nueva clase, trepadores de carné, que han creado sus minifortunas al amparo del poder político-institucional nacionalista.

El alcalde Zarraoa ha mostrado su indignación por que un grupo de vecinos le recriminó en la concentración del otro día su actitud. Lo que más me sorprendió es que acto seguido alababa la actitud valiente de esa vecina -mi madre- que manifestaba a las cámaras claramente que nunca la echarían de su casa, por muchas bombas que pongan. El señor Zarraoa es tan paranoico que no entiende que esas actitudes son las mismas, pues los que estábamos ahí mostrando nuestra indignación somos los mismos vecinos a los que ha reventado sus casas el coche bomba, y que no nos pensamos largar; pero tampoco nos pensamos callar ante los atropellos de este alcalde. Porque, más que las bombas, lo que duele e indigna es tener un alcalde fariseo, con tanto desprecio hacia las víctimas, que lo único que hace es utilizar la Alcaldía que le entregaron en pago a sus servicios al partido al frente de ETB para agradar, complacer y acercarse a Batasuna.

Utiliza una alcaldía, ganada por un puñado de votos, y desde luego en clara minoría en los barrios donde estallan las bombas, para reírse y ofender continuamente la memoria de las víctimas, que tanto abundan en este municipio. Tendremos paciencia y valentía para seguir aguantando lo que venga, pero también tenemos boca para recriminar, y con fuerza, la actitud tan lamentable del señor Zarraoa, quintaesencia de la falta de compasión que ostenta el nacionalismo vasco desde hace tiempo. Y no somos marionetas a las que manejen el PP o el PSOE como él quiere creer; lo único que nos mueve, además de las bombas de ETA, es nuestra indignación ante un alcalde tan inmisericorde con sus vecinos. Los terroristas son unos asesinos de los cuales no esperamos nada sino que sean detenidos y encarcelados. De esas alimañazas no esperas que hagan más que lo que saben hacer. En cambio, lo que duele es el odio, el desprecio y la indiferencia de los nacionalistas por no pensar como ellos, por no pertenecer a su tribu. Como la crueldad con la que algunas compañeras de mi hermana del hospital de Galdakao le pedían que se callase, que basta ya, que te han reventado la casa pero no te ha pasado nada, así que no te quejes, que no se ha acabado el mundo. Finalmente tuvo que pedir disculpas porque le habían reventado la casa; esos comentarios no son agradables para el feliz mundo de la Euskadi nacionalista.

Mientras tanto, nuestro querido lehendakari, al cual no le he oído todavía ni una sola palabra sobre el atentado, ajeno hasta la paranoia a la realidad en que vivimos, sigue muy preocupado con su plan para romper definitivamente la sociedad vasca. Hablaba de «tortas»; pues algunos ya las tenemos, y no es la primera; llevamos más de treinta años recibiendo tortas sin parar. Y tortas reales, que dejan marca. Le animo a que si quiere ver lo que son tortas se pase por Ondategi. Y si quiere un plan, también lo tenemos; que coja una escoba, porque tenemos todo un año por delante para reconstruir la casa. El mejor plan al que podría dedicar todas sus fuerzas es recomponer la sociedad vasca, buscando la relación 'amable' primero entre los propios miembros de esta comunidad, y que no se preocupe tanto del resto de España, que siempre nos han tratado con mucho más cariño, apoyo y amabilidad que el mostrado por nuestro propio alcalde y la mitad nacionalista de esta sociedad.

DIEZ AÑOS SIN ÉL
DANIEL UREÑA Presidente del Círculo de Opinión Pública ABC  23 Enero 2005

El 23 de enero de 1995 ETA asesinaba en San Sebastián a Gregorio Ordóñez. Mientras almorzaba en un bar del casco viejo un pistolero le disparó por la espalda un tiro en la cabeza. Molestaba. Su ímpetu, su valentía, su afán por la verdad, su discurso contundente, su trabajo por la libertad y el amor a su tierra le costaron la vida.

Pero Gregorio Ordóñez irradió su coraje, su fe y su idealismo a miles de ciudadanos vascos que poco después comenzarían una resistencia cívica contra el terrorismo y el nacionalismo excluyente. Su traumática muerte marcó a miles de personas y animó a muchas a implicarse públicamente en la defensa de sus principios en el País Vasco. Gente normal, sencilla, pero que decidieron renunciar a su libertad para que los demás podamos disfrutar de ella. Esta nueva generación de héroes anónimos, que desafiaron la dictadura del terror impuesta por ETA, fueron poco después impulsores del «espíritu de Ermua», ese sentimiento colectivo de unidad frente al terrorismo tan necesario hoy.

Diez años después seguimos recordando y echando de menos a Gregorio Ordóñez. Seguimos necesitando personas como él, que no se arrodillen ante los asesinos; que llamen a las cosas por su nombre, que denuncien el compadreo de cierto nacionalismo vasco con el terrorismo; y que defiendan al País Vasco y, por tanto, a España. Sus ideas están más vivas que nunca: «Para acabar con ETA lo más importante es la reacción social, la eficacia policial y el aislamiento de Herri Batasuna», decía poco antes de ser asesinado. Desde 1995 se han conseguido importantes avances en la reacción social de la que él fue uno de los pioneros; la eficacia policial ha conseguido debilitar al máximo a los terroristas, aunque mantienen su capacidad de matar; y en cuanto al aislamiento de Batasuna, se han conseguido notables avances gracias a su ilegalización, aunque el Partido Nacionalista Vasco desobedece la ley y les da cobijo en el parlamento vasco.

Por todo ello, frente a las adulteradas propuestas de diálogo que se escuchan últimamente, siempre con las pistolas y las bombas sobre la mesa, las palabras de Gregorio Ordóñez siguen recogiendo el mejor camino para conseguir la paz, porque como él mismo señalaba, «la paz significa que ETA desaparezca». La familia y los muchos amigos de Gregorio Ordóñez pueden seguir sintiéndose tan orgullosos de él, como agradecida se siente la sociedad española por todo lo que hizo.

Contra los saldos de enero
Por Pedro J. Ramírez El Mundo 23 Enero 2005

Sea porque algunos creen que alguien tan amable tiene necesariamente que ser desprendido y dadivoso, sea porque otros le consideran lo bastante irresponsable como para ni siquiera ser consciente del valor de ciertas cosas, el caso es que en cuanto Zapatero regresó de pasar la Nochevieja en Doñana se encontró con que un nutrido gentío se agolpaba a las puertas de los grandes almacenes del Estado, presa de una inusitada avidez por arramplar con su contenido y con el propósito de pagar entre muy poco y casi nada hasta por los artículos más valiosos. Había que aprovechar que las rebajas de enero habían llegado a La Moncloa.

Fue tanta la alarma que produjo en la ciudadanía el riesgo de que esa avalancha de clientes se convirtiera en la práctica en un alud de saqueadores, de forma que en un abrir y cerrar de ojos no quedara ni el edificio, que el líder de la oposición tuvo el acierto de proponer al jefe de Gobierno un pacto para no tirar los precios y mantener al margen del vértigo de las rebajas los elementos esenciales del fondo de comercio.

Zapatero entendió enseguida el sentido de la oferta de Rajoy y la hizo suya con más reflejos políticos de los que sus detractores suelen reconocerle. Es verdad, vinieron a coincidir ambos, que hay cosas que nunca deben saldarse y para impedirlo vamos a establecer un mecanismo especial para la fijación de su precio, ya se trate de la temporada de verano o la de invierno, ya sea el PSOE o el PP quien tenga encomendada la gestión de la tienda.

Así es como surgió la idea de aplicar a la reforma de los estatutos de autonomía el requisito de que lo aprobado por un parlamento regional cuente con el apoyo de los dos tercios del Congreso y no baste la actual mayoría simple. Es lo que ya rige para la reforma de la Constitución. De esta manera quedaría garantizado que ningún gobierno podría malbaratar ningún aspecto ni de la soberanía nacional ni de la cohesión territorial sin el bastante poco verosímil concurso de la oposición. Puesto que el presidente del Gobierno quiere incluirlo en la modificación de la Carta Magna es lógico que el líder de la oposición le reclame que empiece a predicar con el ejemplo, aplicando tal criterio político a la tramitación del proyecto de nuevo Estatut que vendrá de Barcelona.

El papel del Rey, tomando la iniciativa de convocar simultáneamente a Zapatero y a Rajoy, fue en realidad el del presidente de una asociación de grandes cadenas de distribución que quiere dejar constancia de su satisfacción por el acuerdo entre los dos gigantes del sector y animarles a seguir por ese camino de concordia.No es de extrañar que las minorías parlamentarias hayan reaccionado al modo del pequeño comercio, acusando al jefe del Estado de auspiciar un pacto de tintes monopolistas. Pero hasta los liberales más acérrimos debemos reconocer la importancia que, sobre todo en momentos de grandes convulsiones sociales, tiene la estabilidad del mercado.

En el espíritu de los acuerdos que desarrollará la comisión PSOE-PP está también el propósito de ejercer un mayor control sobre los medios de pago de los clientes más ávidos, capaces de presentarse una tarde con una tarjeta de crédito falsificada, dentro de un esquema encaminado a blanquear dinero procedente de organizaciones criminales. Y encima con la pretensión de llevarse una planta entera de la tienda. Eso es lo que hizo Ibarretxe, exhibiendo un proyecto fraudulento, contaminado por los votos de la sucursal de ETA. Ha bastado el paso de unos días para que el coche bomba que estos socios suyos hicieron estallar en Getxo ponga en evidencia el lúgubre sarcasmo de cuanto dijo el lehendakari a las puertas de La Moncloa sobre la «calma», la «serenidad» y la falta de «crispación» de una sociedad como la vasca que busca su futuro por «cauces racionales y sensatos».

Andaba yo pensando que nunca una formulación tan mendaz -en boca de un dirigente político que, en definitiva, ha visto desfilar los féretros de varios de sus más directos adversarios, asesinados por éstos con los que ahora colabora- había resultado tan ofensiva para la memoria de las víctimas, cuando topé con un testimonio equivalente. Se trata de la respuesta que Wilfred von Oven, asistente personal de Goebbels, dirigió al periodista Laurence Rees cuando éste le pidió que resumiera en una sola palabra toda su experiencia durante el Tercer Reich: «Paraíso». Rees lo cuenta en la introducción de Auschwitz, el libro que acaba de publicar con ocasión del inminente 60º aniversario de la entrada de las tropas soviéticas en ese rincón del «paraíso» en el que en apenas tres años fueron exterminadas dos millones y medio de personas. Así funciona también el cabaret del nacionalismo vasco: mientras en la sala del local la casta de los privilegiados baila y sonríe hasta el amanecer, en el callejón trasero los marcados por el estigma de su origen o creencias mueren y lloran de dolor o de temor.

Lo que han pactado Zapatero y Rajoy viene a significar que una cosa es que la regla de oro del buen vendedor sea ponerle cara amable a todo aquél que llegue por allí y otra muy distinta terminar creyéndose el eslogan de que el cliente siempre tiene razón.Hay bienes colectivos como la soberanía nacional que simplemente no tienen precio porque ni están ni estarán nunca en venta; y en cuanto a otros artículos con fuerte demanda -la relegalización de Batasuna, el acercamiento de presos, la creación de una mesa de diálogo - todo depende de cuánto estén dispuestos a ofrecer los compradores.

Aunque estemos en enero, el Estado no va a negociar a la baja y menos con tan malos pagadores como Otegi y compañía. Su saldo lleva ya demasiado tiempo al descubierto como para volver a entregarles nada de fiado. Ya saben cuál es el precio de las cosas: si quieren hablar, que condenen la violencia; si quieren negociar, que entreguen las armas. Y que paguen al contado hasta el último céntimo de euro. Por supuesto, con el dinero por delante.

Como por ahora, en lugar de hacerlo, vuelven a amenazarnos con nuevos butrones, con nuevos atracos a mano armada, con nuevos ametrallamientos en el interior de nuestra tienda, no estaría, por cierto, nada mal que, para volver a poner las cosas en su sitio, el desafío de Getxo tuviera cuanto antes su correspondiente respuesta en el único lenguaje que los terroristas han dado muestras de entender. Que quede todo bien clarito en este establecimiento: hoy no se fía, mañana tampoco.

Lo que no ha habido ni voluntad ni tiempo de encauzar de forma parecida es el caótico funcionamiento de la planta de oportunidades de nuestra política exterior, donde todo se despacha ya muy por debajo de su precio de coste. Cualquiera diría ante tanta liberalidad que estuviéramos en fase de liquidación por cese del negocio.

¿Si en plena temporada alta a Chirac y Schröder les dimos el levantamiento del veto a una Constitución Europea que, por mucho que merezca el sí, protege insuficientemente nuestros intereses; a Berlusconi la sede de la firma del Tratado; a Blair y Caruana la elevación del estatus de los gibraltareños en las negociaciones sobre la Roca; a Fidel Castro la suspensión de las sanciones de la UE contra Cuba y a Hugo Chávez la imputación de golpismo al Gobierno del PP, cómo iba a salir peor parado Mohamed VI si su turno ha llegado además en época de rebajas?

El rey de Marruecos ni siquiera ha tenido que venir a Madrid a hacer la compra. Dictó su lista de peticiones por teléfono y nada menos que Juan Carlos I se lo ha servido todo a domicilio: refutación de las muy fundadas sospechas sobre la implicación de su país en el 11-M; reconocimiento, apoyo y aplauso de su hipotético proceso de democratización; sutil compromiso de ayuda para inclinar la balanza a favor de sus tesis anexionistas del Sáhara; creación de comisiones parlamentarias mixtas en las que antes o después aparecerá la «célula de reflexión» sobre el futuro de Ceuta y Melilla tan anhelada por su padre; apadrinamiento de la causa marroquí ante la Unión Europea

Menos la entrega inmediata de la soberanía sobre Perejil -en relación a esto nos hemos limitado a dar por buenas las vergonzosas mentiras con las que adornó sus declaraciones al periódico español más afín a sus intereses-, Mohamed VI ha obtenido en nuestros saldos de enero prácticamente todo lo que pretendía, a cambio tan sólo de vagas promesas de controlar el flujo de inmigrantes hacia Canarias. Britannia dominaba las olas, Rabat se conforma con dosificar las pateras.

Es verdad que gran parte de estos desatinos son atribuibles a la gestión del jefe de la tal planta de oportunidades que, además de tirar los precios, ni siquiera se ocupa de cobrar impagado alguno. Pero la culpa de que en vez de Ministerio de Asuntos Exteriores tengamos uno de Credulidad y Beneficencia sólo es del presidente del Gobierno. Ya veremos cómo afronta el día en que la próxima zancadilla -o puñalada- del sultán alauita le saque a su «alianza de civilizaciones» los colores de la hemeroteca.

Junto a la filantropía exterior, la otra gran sangría a la que, en defensa de la cuenta de resultados material y moral del país, debe poner coto nuestro optimista imperturbable es la de la rapacidad interior. Porque como bien dice hoy en este periódico Mariano Rajoy, han bastado pocos meses para que al nuevo socialismo le haya salido su propia horrorosa beautiful people. Zapatero no puede seguir llamándose a andana sobre el patético asalto al BBVA cuando la única moneda o medio de pago que hasta ahora siguen exhibiendo don Sacyr y sus compadres es el talonario de cheques regalo con valor político que les expidió Miguel Sebastián en La Moncloa y que, más o menos a regañadientes, les va librando con pastueña mansedumbre Pedro Solbes.

Sin esos reiterados avales del Gobierno, ni siquiera la habitual disposición del emporio que Aznar definiera como «poder fáctico fácilmente reconocible» a ponerse al servicio de los negocios particulares de sus administradores habría mantenido viva esta conjura de opereta cuyos protagonistas empresariales, de puro estereotipados, más parecen títeres de cachiporra que personas de carne y hueso. Tras las historias de la profecía escrita en la servilleta, la receta desternillante del «consejo joseantoniano» y la inefable investigación baldía de la CNMV precocinada por los denunciantes radiofónicos, aquí ya no intervienen Del Rivero, Abelló y Matías Cortes, sino un característico de bigote escobillado que hace de Del Rivero, un figurante que posa como Abelló con la escopeta entre las rodillas y un malo de película acaparador, intrigante y cardenalicio que imita a Matías Cortes. No es de extrañar que los sindicatos se atrincheren en torno a FG, los pequeños accionistas acudan al galope a su rescate y los grandes fondos se planteen si no es ya hora de salir corriendo de un país en el que se corren azares como éste.

Para que la cuesta de enero no se nos haga más empinada a la mayoría, a cambio de convertirse en el vertiginoso tobogán del aquapark que en sentido inverso precipita a unos pocos en la piscina de los privilegios vecinales o de la opulencia personal, ZP tendría que cambiar de carácter o como mínimo restringir el horario de apertura al público en lo que queda de mes. Porque, con su benevolencia, entre Moratinos, Sebastián y algún otro aquí pueden saldar hasta las joyas de la abuela.

En realidad hasta que no pasemos la página del calendario y quede claro que se acabó lo que se daba no respiraremos tranquilos.El mes que viene todo volverá a tener su verdadero precio y habrá llegado el momento de aplicar entonces una de las mejores rimas del refranero: «Abrígate en febrero con dos capas y un sombrero».Es obvio que se refiere al Pleno extraordinario del Congreso cuyo tupido paño no dejará pasar ni un mal aire del plan Ibarretxe, a la Junta General del BBVA que resultará impermeable al calabobos de Sacyr-Moncloa y al bombín constitucional y solidario que Jordi Sevilla viene preparando para recortar discretamente todos los mechones, rizos y guedejas con que los redactores del nuevo Estatuto catalán pretendan salirse de la norma.

Antes muertos que sin poder
Cartas al Director ABC  23 Enero 2005

El 14-M la mayoría de los españoles (una mayoría no absoluta) creyeron que el PSOE debía gobernarnos los próximos cuatro años. Los españoles llevaron al poder a Zapatero, pero no recuerdo que con él también a Maragall o Carod-Rovira. Estamos viendo una manipulación y un chantaje hacia el Gobierno nunca vistos, porque si no se hace lo que estas minorías quieren, amenazan con quitarle su apoyo.

Lo peor es que este Gobierno, que tanto alardeaba de talante y capacidad para llevar España mucho mejor que el anterior, está dejando que estos chantajes continúen; porque claro, para ellos, antes muertos que sin poder.

Manuel Fernández Molina. Murcia.

Vaya plan
Cartas al Director ABC  23 Enero 2005

Por más vueltas que le da uno cada día entiendo menos el plan Ibarretxe que se nos quiere vender a los vascos y resto de españoles como un plan de convivencia excelente. Nada más lejos de la realidad, pues entre otras declaraciones ya lo dijo muy claro Arzalluz cuando manifestó que los españoles o vascos no nacionalistas serían tratados en el País Vasco como los alemanes en Mallorca. Esto quiere decir que tendríamos vascos de primera (los nacionalistas) y vascos de segunda (los no nacionalistas). Si a esto le sumamos los pactos que puede haber entre PNV-ETA, se llega a la fácil conclusión de que este plan será una dictadura.

Cuánta hipocresía en este nacionalismo vasco que hoy más que nunca ha perdido el norte y navega a la deriva, pero que al final, antes o después, naufragará en su intento de separarse de España.

Por culpa de los nacionalistas nos tendrán a todos los vascos manía fuera del País Vasco. Pero como es injusto pagar justos por pecadores, yo cuando viaje por España dejaré muy claro que estoy en contra del plan Ibarreche, que no soy nacionalista y que me siento tan vasco como español.

Alberto Díez Carrascal. Portugalete (Vizcaya).

Plan Ibarretxe
Eduardo Inclán Gil/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 23 Enero 2005

Corren tiempos difíciles. El lehendakari se ha echado al monte pactando antes con ETA y Batasuna y pretende imponer a todos su plan. Es inmoral que lo haga cuando la violencia no ha cesado, y aún más, cuando él saca partido de esa violencia. La mitad de los parlamentarios a los que presenta su plan tienen que ir escoltados, no pueden celebrar mítines con la misma libertad que lo hacen los nacionalistas, ni pueden abrir sedes sin contar con que serán saboteadas. Evitar todo esto debería ser la prioridad del lehendakari, pero no, a él le interesa más imponer su proyecto político que, casualidad, coincide con el de los violentos. Ofrece diálogo, pero eso sí, avisando que da igual lo que le digan porque él va a seguir adelante saltándose el ordenamiento jurídico y los consensos logrados a lo largo de más de 25 años. Por cierto, ese ordenamiento jurídico es el que a él le ha permitido ser lehendakari. Emplea demagógicamente eso de que decidan los vascos y vascas, como si en cada elección los vascos y vascas no decidiéramos que la mitad no somos nacionalistas y en Álava bastante más de la mitad. Los vascos y vascas tuvimos nuestro punto de encuentro en el Estatuto y él ahora lo quiere dinamitar. Sólo espero que socialistas y populares estén a la altura de las circunstancias, se unan y dejen claro que muchos vascos no queremos aventuras y que lo que nos preocupa es la vivienda, la sanidad, el trabajo y, sobre todo, la paz y no los planes excluyentes.

Las víctimas avisan que no se negocia «con nuestros muertos» en una marcha donde se atacó al Gobierno
Madrid se volcó ayer en la manifestación convocada por la AVT bajo el lema «Memoria, dignidad y Justicia» Los gritos más escuchados en el recorrido fueron «¿Dónde está Peces Barba?», «Acebes, Acebes» y «España unida, jamás será vencida»
Las víctimas del terrorismo aprovecharon ayer la manifestación que recorrió las calles de Madrid bajo el lema «memoria, dignidad y Justicia» con las víctimas, para enviar varios mensajes al Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero. El más relevante, el que lanzó el presidente de la AVT, José Alcaraz, durante su discurso de cierre del acto, ante el ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla: «Ante los acontecimientos que han tenido lugar en las últimas fechas, queremos señalar alto y claro, que nuestros familiares asesinados no serán moneda de cambio en ningún proceso de negociación». En la marcha, que se vio empañada por las agresiones al ministro de Defensa, se corearon gritos a favor del PP y contra el Gobierno y el PSOE.
Miles de madrileños arroparon a las víctimas como Irene Villa y su madre, María Jesús González
Marcos S. González La Razón 23 Enero 2005

Madrid- «Ante los acontecimientos que han tenido lugar en las últimas fechas, queremos señalar alto y claro, que nuestros familiares asesinados no serán moneda de cambio en ningún proceso de negociación». Así de contundente se mostró el presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) durante su discurso de cierre de la manifestación que recorrió ayer Madrid pidiendo «memoria, dignidad y justicia» para los afectados por el terrorismo. La capital volvió a mostrar su cara más solidaria con las víctimas y secundó de manera multitudinaria la convocatoria de la AVT. Tanto es así, que el colectivo estima en alrededor de 60.000 las personas que secundaron el acto, mientras que la Policía baraja 35.000.

Los gritos más escuchados a lo largo del recorrido: «¿Dónde está Peces Barba?» y «ZP, ¿dónde estás?». Pero hubo muchos más. Desde «el DNI no engaña: Euskadi es España» hasta «No se pacta con asesinos», «PP-PSOE ¡unidad!», «¡España unida jamás será vencida!» o «¡Dónde está, no se ve, el actor Javier Bardem!».

«No es momento de treguas».
Cuando la manifestación llegó a donde estaban situados los políticos y autoridades que asistieron al acto, el ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, aguantó con gesto circunspecto un auténtico aluvión de críticas, mientras que el secretario general del Partido Popular, Ángel Acebes, recibió con emoción los coros de «¡Acebes, Acebes!» y tuvo que saludar en varias ocasiones. En la marcha, el dirigente popular aseguró que «hablar con los terroristas es una ofensa intolerable a las víctimas» y recalcó que «no es el momento ni de treguas ni de hablar con los terroristas».

El incidente que empañó la jornada fue el que protagonizaron algunos exaltados que trataron de agredir al ministro de Defensa, José Bono, que se presentó sin previo aviso a los organizadores en la manifestación.

La marcha culminó sin más incidentes en la Puerta del Sol, donde cinco víctimas del terrorismo procedieron a dar lectura a sendos manifiestos presentados por la periodista Isabel San Sebastián. La primera en hablar fue Pilar Elias, cuyo marido fue asesinado por un miembro de ETA. Se da la circunstancia de que previamente su esposo había salvado la vida al pistolero etarra que le mató, 18 años después. Hoy, el terrorista ha salido tras cumplir 12 años de condena y ha abierto una tienda enfrente de su casa, por lo que asegura sentirse «presa y sin libertad».

A Elías la siguió Álvaro Cabrerizo, que también perdió a su mujer y sus dos hijas a manos de la banda en el brutal atentado de Hipercor. Cabrerizo arrancó los vítores de la muchedumbre congregada en Sol al comenzar su discurso gritando «somos una nación y nadie nos la va a quitar» y recordar que «hemos dado nuestra sangre para que seamos una nación unida». Asimismo resaltó que «resulta una obligación moral el solicitar» que se tomen las medidas para que «los terroristas no se aprovechen de determinados beneficios que no les corresponden».

«Por tí, Gregorio».-
Ángeles Pedraza, cuya hija falleció en los atentados del 11-M, quiso destacar que «todas las víctimas son iguales» da igual lo que piensen. Salvador Ulayar, que vio como los pistoleros tiroteaban a su padre hace 26 años, fue el siguiente en intervenir. Ulayar, quiso hacer una mención especial a Gregorio Ordóñez, en el aniversario de su asesinato y todos los luchadores por la libertad, «como Fernando Buesa». Sobre Ordóñez, Ulayar destacó que, como otros que han dado su vida «decidió plantar cara al terrorismo nacionalista» para darnos «más libertad a todos». «Existe una frase hecha que cada día me parece más injusta, –dijo– es la que dice que todos los políticos son iguales. No todos son iguales: los hay que no hacen apaños, ni firman pactos con asesinos, no albergan terroristas en las instituciones, no niegan homenajes a las víctimas mientras se solidarizan con los terroristas»

Cerró las intervenciones el presidente de la AVT, Francisco José Alcaraz. Tras agradecer «de corazón» la presencia de todos los que apoyaron ayer la marcha, el presidente de la AVT lamentó «profundamente determinadas ausencias, a nuestro juicio injustificables», en clara referencia a Gregorio Peces Barba.

Alcaraz solicitó «tanto al Gobierno como los grupos de la oposición» que pongan en marcha, «todos juntos», los «mecanismos necesarios para modificar el código penal» para «endurecer la pena a los terroristas que cometan más de un asesinato», ya que con el actual los asesinos cumplen la misma condena «sin importar que hayan asesinado a 1 o a 192 personas», lo que arrancó el aplauso de los congregados.

Aznar dice que ETA no debe ser premiada nunca «ni por matar ni por dejar de matar»
Pide, en el acto al concejal asesinado, mantener la actual política antiterrorista y rechaza «atajos»
José María Aznar regresó ayer al País Vasco para mandar un mensaje muy claro: «No puede negociarse nada con los asesinos, ni ceder ni un milímetro ante ellos». «Ni los terroristas, ni sus cómplices, sus ayudantes, ni sus colaboradores pueden tener ninguna retribución en ningún caso y nunca, ni por matar, ni por dejar de matar». Reivindicó la necesidad de que el Gobierno central continúe con la política antiterrorista que llevó durante su mandato de ocho años, y la vigencia de la Constitución y el Estatuto. Así, aseguró que el homenajeado Gregorio Ordoñez fue asesinado por «desafiar» y «no someterse»a ETA.
J. arias borque La Razón 23 Enero 2005

San Sebastián- El ex presidente del Gobierno, José María Aznar, volvió ayer a San Sebastián, una semana después de que asistiese a la tradicional cena de los militantes populares de Guipúzcoa para celebrar el año nuevo, y lo hizo, esta vez sí, para entrar en el debate político. «Ni los terroristas, ni sus cómplices, sus ayudantes, ni sus colaboradores pueden tener ninguna retribución en ningún caso y nunca, ni por matar, ni por dejar de matar».
Así de contundente se mostró para rechazar cualquier tipo de negociación entre el Gobierno central y la organización terrorista ETA, lo que calificó como las «tentaciones de algunos por negociar con ETA». «No puede negociarse nada con los asesinos, ni ceder ni un milímetro ante ellos».

Reivindicó, por ello, la continuidad de la política antiterrorista que llevó a cabo por su Ejecutivo. «No hay ninguna razón para apartarse de la única política antiterrorista que, con el acuerdo y el rigor, ha conseguido que la derrota de los terroristas sea la esperanza auténtica que hoy podemos tener».

«No hay atajos». «Sabemos que no hay atajos, sabemos también que habrá quien pretenda que volvamos al laberinto, señalando rutas más fáciles o caminos más cortos a cambio de volver atrás en la senda que hemos recorrido».

El ex presidente del Gobierno hizo estas afirmaciones en acto-homenaje que los populares vascos realizaron en el Palacio Kursaal de San Sebastián a la figura de Gregorio Ordóñez, el primer concejal del Partido Popular asesinado por la organización terrorista ETA.

Tras ser presentado como el hombre que ha acabado con la «mentira de la imbatibilidad de ETA» y recibido con una larga ovación del público puesto en pie, reivindicó una vez más la vigencia de la Constitución española y del Estatuto de Guernica. «Un sí rotundo, activo y militante a la Constitución y a la convivencia que representa, a nuestro pasado común; un sí rotundo, activo y militante al proyecto común de España; y un sí rotundo, activo y militante a la libertad entera». «No se es libre a medias, no se puede vivir amenazado a medias ni se puede cumplir la ley a medias».

«No al sometimiento y el terror». «Hoy, cualquier que defiende la Constitución puede ser tomado por un radical, mientras que cualquiera que quiere acabar con lo que ha sentado las bases de nuestra convivencia puede ser presentado como un ejemplo de dialogo fecundo y de prometedor futuro».

El ex presidente del Gobierno criticó duramente, también, la posición de los nacionalistas, que calificó de «estrategia inhumana de terror y exclusión» que primero «con un pacto», en alusión al de Estella, «y hoy con un plan», en alusión a la propuesta del lendakari Ibarreche, «sigue definiendo los objetivos por los que pujan los que han decidido que hay que destruir el Estatuto, que la Constitución tiene que ser expulsada del País Vasco y que España tiene que ser desgajada al precio que sea»

Rosa Díez: «Derrotar, no convencer»
La Razón 23 Enero 2005

Mientras desde el Gobierno analizan la situación y tratan de imponer el silencio respecto a la estrategia que se sigue, en el PSOE se suceden las manifestaciones públicas. Las últimas, las de ayer de una Rosa Díez que apostaba por no «hablar con la banda más que de cuándo y dónde abandonan las armas». La eurodiputada socialista ya no quiere oír hablar de tregua, sino de que la banda y su brazo político «declaren fracasado su chantaje a la democracia». «No podemos creer en la palabra de Batasuna. Durante los 25 años de democracia, hemos negociado con la banda, creído en sus declaraciones de tregua..., estamos ante una organización que se encuentra en la lista europea de bandas terroristas. La única salida es el Estado de Derecho, aplicar leyes y pactos para acabar de acorralarlos. A ETA hay que derrotarla, no convencerla. Sería tremendo cometer un error que permitiera a los asesinos salir del agujero. Estoy segura de que no lo vamos a cometer».

La eurodiputada del PSOE hacía estas declaraciones antes de su participación en «Perspectivas 9». Allí estuvo también el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, que fue el encargado de la clausura. También, a preguntas de los periodistas, respondió a las manifestaciones del ex presidente Aznar en San Sebastián sobre la lucha antiterrorista. «Hacía años que no coincidía en algo con el señor. Hoy, me alegro de hacerlo. Yo, también, coincido en que hay que continuar con la misma política antiterrorista y seguir el camino que marcó el pacto antiterrorista.

Declaraciones aparte, también hubo ayer en Magaz quien se empeñó en seguir al dictado la consigna del silencio: «No hay conversaciones, ni diálogo con ETA». Lo que existe, se empeñan los oficialistas, es un movimiento de fondo que nace en el mitin batasuno de Anoeta, sigue con la carta de la Mesa Nacional de Batasuna y ratifica el reciente escrito de la banda en el diario Gara. «No es una estrategia menor» afirmaba ayer un miembro de la dirección socialista.

Ahora, hay que dilucidar si el objetivo es ganar tiempo o responde a un deseo real de los asesinos de abandonar las armas". Conclusión: hay datos importantes, pero muchas dudas sobre la sinceridad de los movimientos en el entorno etarra. Y mientras se escrutan todos los caminos, al PSOE le llegan datos para creer en que tienen posibilidades de ocupar el sillón de Ajuria Enea. Sus últimos sondeos coinciden con el último Euskobarómetro, que situá al triapartito vasco a un escaño de la mayoría absoluta. Por cierto, que en Ferraz no descartan que el lendakari anuncie la disolución del Parlamento de Vitoria, después de que el próximo día 1 el Congreso de los Diputados "tumbe" por amplia mayoría esu plan secesionista. La llamada a las urnas podría ser el próximo abril.

"CON LOS ASESINOS NO SE NEGOCIA"
Bono abandona la manifestación de la AVT en medio de abucheos y gritos de "fuera"
La notoria ausencia de Peces Barba convirtió la manifestación de apoyo a la AVT en un acto de reproche al Alto Comisionado. También al Ejecutivo, que sólo estuvo representado por Jordi Sevilla. Otro ministro, José Bono, acudió alejado de la pancarta que portaban los representantes políticos. Abandonó la marcha antes de finalizar tras ser increpado durante el recorrido. "¿Dónde está Zapatero?" y "No a la negociación con ETA" fueron los gritos más coreados. Los manifestantes echaron en falta a Javier Bardem.
Agencias Libertad Digital  23 Enero 2005

Otra de las consignas más coreadas por los miles de asistentes a la manifestación de este sábado en Madrid, treinta y cinco mil según la Policía, fue "PNV engaña, Euskadi es España". Además, los manifestantes no dejaron de preguntarse por la ausencia del presidente del Gobierno y de Peces Barba, el Alto Comisionado de Apoyo a las Víctimas, cuya dimisión reclamaron.

Desde antes de las cinco de la tarde, varios miles de personas se concentraron en la calle de Alcalá en respuesta a la convocatoria de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, cuyo lema era "Memoria, dignidad y justicia con las víctimas" y cuyo recorrido transcurrió desde la plaza de Cibeles a la Puerta del Sol.

"Zapatero donde estás", "No a Zapatero el 20 de febrero" y "Peces Barba donde éstas", fueron algunos de los gritos que coreaban los manifestantes, que también se preguntaron por la ausencia en la manifestación del actor Javier Bardem, al que recriminaron que durante el Gobierno del PP no faltara a otras protestas contra la guerra de Irak o por el "Prestige". Además, pidieron que los asesinados no sean "moneda de cambio" en ninguna negociación con ETA.

Bono, el más abucheado, dejó antes de tiempo la manifestación
El Gobierno había confirmado que sólo el ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, acudiría en representación del gabinete. Era uno de los políticos que portaban la pancarta "Comprometidos con las víctimas del terrorismo". Junto a él marchó el secretario general del PP, Ángel Acebes, el secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, su antecesor en el cargo, el popular Ignacio Astarloa, la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, el alcalde, Ruiz Gallardón, y el líder de los socialistas madrileños, Rafael Simancas. Las críticas a Sevilla se entremezclaron con los gritos a favor de Acebes. Al primero le dedicaron: "A qué vienes aquí, Sevilla"; al segundo: "No, no, no, Acebes no mintió".

Al margen de todos ellos, participó en la manifestación José Bono, acompañado de su familia y la europarlamentaria socialista Rosa Díez. Sin embargo, el ministro de Defensa no completó todo el recorrido de la marcha. Increpado continuamente por un grupo de manifestantes, al grito de "fuera, fuera" y reprochándole las ausencias de Peces Barba y Zapatero, decidió abandonar la concentración rodeado por sus escoltas antes de llegar a la Puerta del Sol. Alguno de los concentrados intentó agredirle.

En declaraciones a RNE, el ministro explicó que "lamentablemente me he encontrado en la manifestación con gente que no son amantes de la libertad y eso me produce tristeza". Antes de este episodio, y ante las críticas al Gobierno por parte de los manifestantes, Esperanza Aguirre fue la primera en reaccionar: "Aquí no hay más responsables que los asesinos y los terroristas", dijo a la prensa.

¿Dónde está Bardem?
Los gritos contra Bono no fueron los únicos. Desde el principio de la manifestación se escucharon críticas contra el resto de dirigentes socialistas, especialmente contra el presidente del Gobierno, al que reprocharon al grito de "vago, vago" su ausencia. Contrastaban con las voces a favor del ex ministro Ángel Acebes. Las preguntas también se dirigieron hacia el actor Javier Bardem, "dónde está el titiritero Bardem", y hacia Pedro Almodovar; a gritos, muchos asistentes le echaron en falta.

La portavoz de la Asociación de Víctimas del 11-M, Pilar Manjón, también fue cuestionada por su ausencia. La asociación se reunió de urgencia para condenar los hechos. A través de un comunciado, su presidente, Jesús Ramírez, aprovechó para denunciar que se ha usado políticamente la manifestación y que no secundó la convocatoria porque "no se nos solicitó que participásemos en su preparación, para ese fin y mensaje" (condenar enérgicamente el terrorismo). "Se ha intentado utilizar políticamente esta manifestación, por lo que no vamos a estar ni en esa ni en ninguna".

Numerosas personas mostraron camisetas negras con el lema de la manifestación "Memoria, dignidad y justicia con las víctimas" y debajo la frase "Todos contra ETA".

Investigación de la Policía
La Policía Nacional ha abierto una investigación para tratar de aclarar algunos hechos sucedidos durante la manifestación "ante la posibilidad de que pudieran ser constitutivos de delito".

Fuentes policiales apuntaron que el objetivo es "depurar responsabilidades si las hubiera". Se van a analizar los vídeos existentes de la manifestación para tratar de tomar declaración a las personas que pudieran haber participado en estos hechos. La nota policial concreta que "se han producido alteraciones del orden público, así como un intento de agresión al ministro de Defensa, José Bono".

Recortes de Prensa   Página Inicial