AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 24 Enero 2005
Lengua neoliberal
Carlos Rodríguez Braun Libertad Digital 24 Enero 2005

Nos entregarán
Rubén Osuna Libertad Digital 24 Enero 2005

Las matrículas no deben cambiar
Editorial Libertad Digital 24 Enero 2005

Cómo derrotar a Pakito
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 24 Enero 2005

¿Dónde estaba Peces-Barba
Editorial Libertad Digital 24 Enero 2005

Bono no es la víctima, antes al contrario
Editorial Libertad Digital 24 Enero 2005

Bono se equivocó de manifestación
Lorenzo Contreras Estrella Digital 24 Enero 2005

El odio sembrado por ZP y sus socios
Isabel Durán Libertad Digital 24 Enero 2005

España aún vive
Agapito Maestre Libertad Digital 24 Enero 2005

El mimetismo del PNV
Editorial El ideal Gallego 24 Enero 2005

¿VÍCTIMAS O «AFECTADOS»
Jorge TRIAS SAGNIER ABC  24 Enero 2005

Hay que neutralizar a las víctimas de ETA
EDITORIAL Libertad Digital 24 Enero 2005

Usted dirá
Aurelio Arteta El País 24 Enero 2005

UNIDAD CON LAS VÍCTIMAS
Editorial ABC 24 Enero 2005

Cuestión de dineros
José María CARRASCAL Libertad Digital 24 Enero 2005

El Plan ETA
Matías ANTOLÍN Libertad Digital 24 Enero 2005

Tres tristes trazos
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 24 Enero 2005

Un gesto hacia la ETA
Pío Moa Libertad Digital 24 Enero 2005

LOS EXALTADOS Y EL TERROR
GERMÁN YANKE ABC  24 Enero 2005

Simplezas y simplificadores
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 24 Enero 2005

Entre la esperanza y el recuerdo
PABLO MOSQUERA La Voz 24 Enero 2005

Firmeza
Justino Sinova El Mundo 24 Enero 2005

El nacionalismo excluyente
ROGELIO ALONSO El Correo 24 Enero 2005

No somos ovejas
Cartas al Director ABC  24 Enero 2005

Plan ¿Rataplán!
Cartas al Director El Correo 24 Enero 2005

Es lamentable que la única víctima que aparezca en los medios después de la manifestación sea Bono
Libertad Digital 24 Enero 2005

El PSOE está jugando en el País Vasco con una calculada ambigüedad
Pablo Ordaz El País 24 Enero 2005
 

Tontería económica de la semana
Lengua neoliberal
Carlos Rodríguez Braun Libertad Digital 24 Enero 2005

Los profesores Llorenç Comajoan y Joan Sola arremeten en El País contra Juan R. Lodares y lamentan “los vientos neoliberales” que soplan en el territorio lingüístico, y uno sin enterarse.

Como Lodares señaló que una lengua muy hablada es un recurso valioso, le reprochan que considere al idioma como “un producto sólo digno de transacciones mercantiles” y desconfían de Lodares porque afirma que “en España toda la población goza de una lengua común”, algo que les parece nefasto porque “niega al lenguaje cualquier otra función que no sea puramente comunicativa e instrumental”, y exponen su deseo: “Lo que los catalano-hablantes queremos y pretendemos es algo tan claro, democrático y elemental como poder vivir plenamente en la lengua de nuestra comunidad, sea ésta pequeña o interplanetaria”.

Todo esto refleja recelo hacia lo que la gente hace libremente, y lleva a negar lo obvio: la lengua es un recurso valioso, como bien saben los millones de extranjeros que deciden estudiar inglés y castellano en vez de vascuence o guaraní. Y la lengua es utilizada por la aplastante mayoría de las personas de modo comunicativo e instrumental. ¿Por qué es esto condenable? Respuesta: porque es libre y no está asociado a estrategias políticas como, típicamente, la construcción de una nación.

Pero la libertad irrita a estos profesores, que no subrayan que si el catalán y el vascuence no son más hablados desde hace un cuarto de siglo no es porque estén prohibidos; lo que aún no han conseguido los nacionalistas es prohibir totalmente el castellano en Cataluña o el País Vasco, y se han empeñado en ello no por razones “culturales”, que exigirían dejar a las culturas en libertad, sino políticas: los nacionalistas siempre utilizan el lenguaje (y el deporte, y todo) para propiciar su agenda política. Por eso Comajoan y Sola piensan que la gente que habla castellano, como la gente que comercia, no es en realidad libre, porque el mercado es “fuerza coercitiva y discriminación”. Cuando la gente elige hablar un idioma, eso no es claro, democrático y elemental; en cambio, ejercer la coerción y la discriminación desde la política no es coercionar ni discriminar sino algo claro, democrático y elemental.

Esto es tan absurdo que los profesores deben recurrir a los usuales espantajos antiliberales: la libertad es “mercantilista” (ya se sabe que las mercancías son horribles, puesto que la gente puede comprarlas, o no), y no se puede dejar que “el mercado [o sea, el pueblo] decida”. Coartar esa libertad es saludable e inevitable, dado que las lenguas nunca prosperan porque los pueblos las utilicen sino porque “tienen un aparato estatal que las apoya”. Esa coacción es estupenda, porque no hay libertad y todo estriba en “reprimir y humillar a otros durante siglos para que abandonen su propia lengua y hasta lleguen a odiarla”.

La economía (léase, la maldita libertad) es inexistente o asquerosa –”la fuerza mayor de unos contra otros, con los consiguientes odios”- y hay que reemplazarla por la política (léase, la bendita coacción), gracias a la cual no habrá fuerza mayor ni odios, sino una apacible y justa corrección de la nauseabunda desigualdad según la cual tantos indeseables “privilegiados” encuentran fácil y provechoso emplear en España la lengua común que gozan los españoles. Asco de neoliberalismo, oiga.

Desafío nacionalista
Nos entregarán
Rubén Osuna Libertad Digital 24 Enero 2005

El cariz que están tomando los acontecimientos es para no dormir tranquilos. Cada día tengo más claro que, como en otras ocasiones, el PSOE nos va a vender, a pesar del acuerdo que Zapatero y Rajoy han suscrito para reconducir la situación. El pacto por la justicia que suscribieron con el PP en el poder fue directamente a la basura en cuanto el PSOE se hizo con la Moncloa. El pacto antiterrorista, a pesar de un texto claro y contundente, ha sido amenazado con “reinterpretaciones” por una de las partes en alguna ocasión, y ya veremos en qué queda ahora que las tornas han cambiado. Aún más siniestros, los precedentes del País Vasco y Cataluña son para echarse a temblar.

El PSOE gobernó con el PNV durante años en el País Vasco, poniéndose al servicio de una ultraderecha vasca que extendía sus tentáculos por todas partes asfixiando cualquier posibilidad de una sociedad civil libre, es decir, el mismo modelo que los socialistas han aplicado en Andalucía o Extremadura. Mientras, muchos socialistas caían muertos a manos de los nacional-socialistas que, cosa curiosa, acabaron pactando con el PNV. Una puñalada más. Los desgarradores artículos de Rosa Díez y Fernando Savater en el diario El País traían consciencia y memoria a unos lectores cloroformados que siguen sumergidos en un inquieto sueño de confusión. Pero lo grave del caso no son las traiciones al PSOE sino que, entregándose ellos, entregaron también a sus representados atados de pies y manos, huérfanos de toda protección. Ahora el PSOE asesora abiertamente al PNV sobre cómo pueden salirse con la suya sin levantar olas. Parece no importarles el destino de sus votantes, abandonados a su suerte en un barco de locos gobernado por un capitán que no tendrá piedad de ellos cuando se hagan a la mar.

En Cataluña la cosa ha sido aún más descarada, si cabe. Allí ni siquiera se presenta el PSOE a las elecciones autonómicas, y la entrega de su base electoral al nacional-socialismo catalán ha sido total y explícita. Ni una sola palabra de protesta o acto de resistencia por parte del PSOE a treinta años de abusos del nacionalismo en Cataluña, que ha desembocado en una situación de marginación de buena parte de la población catalana. Más claro agua: en Cataluña la base electoral socialista vota PSOE en las generales, que gana siempre, pero se abstienen masivamente en las elecciones autonómicas, negándose a votar al PSC. Así durante años, una y otra vez, derrota tras derrota. En las últimas elecciones autonómicas el PSC ha perdido diez escaños nada menos (lo mismo que la radicalizada CiU). Ni por esas captan el mensaje. El PSC sigue pescando en el caladero del PSOE para alimentar su propio proyecto totalitarista de corte nacionalista. Se las han ingeniado también para controlar al PSOE (Zapatero es Secretario General por Maragall), sin permitir que el PSOE les condicione en nada a ellos, logrando así la supeditación a su política no sólo de los potenciales votantes socialistas en Cataluña, sino también de los del resto de España, quieran o no, les voten o no les voten.

La descomposición de nuestro país, ya muy grave, es un reflejo de la del PSOE, y no al revés. Cómo ha llegado el PSOE a este estado es difícil de entender. Inclinados por naturaleza al sueño totalitarista de transformar la sociedad, dirigiéndola, su incapacidad creciente para generar un discurso que arrastre les ha llevado a entregarse a las fuerzas que demuestran haber tenido éxito en ese empeño. Deben pensar que usan el nacionalismo como ariete, cuando es más bien al revés. Sin esta colaboración del PSOE los nacionalismos totalitaristas no tendrían en jaque al resto del país en este momento, ni de lejos. Esta naturaleza enferma del socialismo español, que viene de atrás, más los oscuros intereses de PRISA, explican el avance imparable de la gangrena. Y no veo reacciones realmente contundentes en los presuntos dirigentes íntegros del partido, que acaso musitan una protesta mientras con una mano (o las dos) agarran con fuerza las ubres del poder. Sólo si los votantes socialistas despiertan del letargo algo empezará a cambiar. Pero por ahora, sólo vergonzante silencio.

Las matrículas no deben cambiar
Editorial Libertad Digital 24 Enero 2005

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que durante estos diez primeros meses de gobierno ha dado muestras de una sorprendente capacidad para enmendarse a sí mismo, tiene en su mano demostrar que en algunas ocasiones rectificar es de sabios. Nos referimos a la información que hoy publica LA RAZÓN según la cual el Ministerio del Interior está decidido a dar marcha atrás en su proyecto de sustituir el modelo actual de matrícula europea por otro en la que se incluya el distintivo autonómico, una de las primeras exigencias planteadas por los nacionalistas catalanes. El motivo no deja de ser más evidente: los sondeos realizados por los responsables de Tráfico, en línea con uno similar que publicó este periódico, ponen de manifiesto que la mayoría de los españoles rechaza abiertamente que se especifique la comunidad autónoma de procedencia del vehículo, lo que significaría que la implantación de esta fórmula a estas alturas sería una medida muy impopular. Los datos son tan incontestables que apuntan incluso a que ni siquiera en Cataluña y el País Vasco, las dos comunidades donde se suponía había un mayor respaldo al distintivo regional, están a favor del cambio.

Por eso lo más lógico es que finalmente el Ministerio del Interior se decante por renunciar a su proyecto inicial y mantenga el actual modelo, que, por otra parte, ha sido ya asumido con toda naturalidad por el conjunto de los conductores, que se han acostumbrado a ver por las carreteras la «E» de España como único distintivo.

Las virtudes de ese formato son harto conocidas. De una de ellas saben mucho los fabricantes de automóviles, que recibieron con alborozo un modelo que ha borrado de un plumazo las dificultades para encontrar un comprador para vehículos con determinados distintivos provinciales y que ha permitido aumentar un 22 por ciento las ventas de coches de segunda mano, según los datos del Foro de la Automoción, que agrupa a las ocho grandes asociaciones del sector. De hecho, el actual sistema elimina el riesgo de sufrir actos vandálicos por el simple hecho de estacionar un vehículo en una calle de Madrid con matrícula de Barcelona, o viceversa, una circunstancia que teme más de la mitad de los encuestados.

Otro de los motivos en contra del cambio es el elevado coste (66 millones de euros, según la CEOE) que tendría la sustitución de todas las matrículas. Y aún un argumento más, el de la pura lógica, que aconseja aplicar el modelo que cuenta con más apoyo entre los conductores, sobre todo porque aquel que lo considere oportuno tiene la posibilidad de colocar fuera de la matrícula un indicativo de su Comunidad.

Cómo derrotar a 'Pakito'
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 24 Enero 2005

Francisco Múgica Garmendia, 'Pakito', y otros cinco miembros de ETA encarcelados firmaron en agosto del pasado año un escrito en el que, como se sabe, propugnaban el abandono de las armas. En el texto, los firmantes argumentaban que ETA no podía conseguir sus objetivos y ni siquiera estaba en condiciones de forzar una negociación con el Gobierno, ante lo cual consideraban que lo más oportuno era cambiar las pistolas por la política.

No sabemos el apoyo exacto que tuvieron estas tesis dentro de la banda, aunque sí que fueron derrotadas. Lo que parece más probable es que hoy, al cabo de cinco meses, ya ni 'Pakito' suscriba su propia carta después de haber visto cómo el Gobierno admitía la posibilidad de dialogar con ETA cuarenta y ocho horas después de la explosión del último coche bomba. Las expectativas de negociación creadas -a pesar de la ofensiva de este fin de semana para enfriarlas- contribuyen a devolver la cohesión dentro de ETA y a silenciar por mucho tiempo cualquier disidencia interna.

Los actuales jefes de la banda pueden alegar que con un par de folios escritos (la «guerra de los comunicados» con la que también ironizaba Múgica) y un coche bomba han recuperado el protagonismo de los mejores tiempos, derrotando, con la ayuda del Gobierno, a todos los 'Pakitos' a los que les pesa demasiado la cárcel.

No son éstos los únicos efectos inducidos por los movimientos (y contramovimientos) realizados por los socialistas en los últimos días. La izquierda abertzale se ha visto legitimada como interlocutor político sin haber tenido que hacer esfuerzo alguno para demostrar su distanciamiento del terrorismo. Una vez reconocido como sujeto político normalizado, lo es para todos, no sólo para el PSOE. ¿Quién podrá ahora reprochar al nacionalismo institucional que busque acuerdos con Batasuna?

Al levantar de hecho la proscripción democrática que pesaba sobre Batasuna, se hace posible que todos los jugadores readapten sus posiciones. En el PNV existen dos sectores que mantenían posturas contrapuestas sobre esta cuestión. Unos -con Joseba Egibar a la cabeza y el aval de la última ponencia congresual del partido- eran proclives a buscar acuerdos del conjunto del nacionalismo, incluido el entorno de ETA. Otros se mostraban reacios, al menos mientras no hubiera una nítida condena de la violencia.

Los primeros ahora se ven reforzados frente a aquellos que querían mantener las distancias porque, una vez abierta la veda de los acuerdos con Batasuna, también el nacionalismo institucional tiene cartas que jugar en ese espacio y, seguramente, son más y mejores que las de sus oponentes.

¿Dónde estaba Peces-Barba?
Editorial Libertad Digital 24 Enero 2005

La manifestación de la AVT, celebrada el sábado en Madrid, fue en líneas generales un ejemplo de civismo y de compromiso con el Estado de Derecho en su lucha contra el terrorismo y de apoyo a todos aquellos que sufrieron la violencia criminal. Entre 50.000 asistentes, hubo una exigua minoría de incontrolados y radicales que pretendieron reventar la ejemplaridad de la marcha con una execrable actitud contra el ministro José Bono, que merece nuestra repulsa y condena más absoluta. Nada puede justificar la violencia contra quien acompañaba solidariamente a las víctimas del terrorismo. Pero la excepción no es la norma, y un grupo no representa a la totalidad. El ministro de Defensa se equivocó ayer al responsabilizar a miles de personas, prácticamente a todos los que acudieron a la marcha, y pretendió instrumentalizar políticamente un grave, pero aislado incidente, con expresiones como que «los españoles pensábamos que esto había terminado cuando acabó la dictadura». El ministro debió de ser víctima de su flaca memoria cuando prefirió no recordar, por ejemplo, las agresiones contra Josep Piqué y Rodrigo Rato en Barcelona tras el atentado del 11-M, o las algaradas «espontáneas» en numerosas sedes del PP. Entonces, la respuesta del Gobierno fue medida y sosegada, demasiado distante de la desproporción presente.

Pero tampoco podemos pasar por alto el carácter provocador de la desgraciada ausencia en la manifestación del Alto Comisionado para la Atención a las Víctimas, Gregorio Peces-Barba, que justificó su actuación en términos demasiado displicentes y soberbios. El Gobierno anunció ayer que, tras la agresión a Bono, Peces-Barba convocará a las asociaciones de víctimas «para atajar la manipulación de orientación extremista». Pero el Alto Comisionado llegará excesivamente tarde, demasiado tarde como para que alguien pueda creerse que su prioridad son las víctimas y no el Gobierno o su partido. ¿Dónde estaba el Alto Comisionado mientras miles de españoles salían a la calle para mostrar su cercanía con la AVT? Gregorio Peces-Barba recibió el sábado una lección, que no parece fácil que escuche ni asuma. Nos conformamos con que la próxima vez esté a la altura. Las víctimas merecen otra actitud y no ese desprecio.

Bono no es la víctima, antes al contrario
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 24 Enero 2005

Es lamentable que un grupo de extremistas increpe y zarandee a un ministro que se suma como un ciudadano más a una manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Es todavía más lamentable que ese ministro, José Bono, haya querido o diríase que quiere utilizar esa manifestación para ornar su perfil de socialista distinto y preocupado por España, separándose de los demás representantes políticos del PSOE y del PP —Sevilla, Simancas, Esperanza Aguirre, Acebes, Gallardón— que iban en las mismas y seguras condiciones y que no fueron increpados ni agredidos, aunque unos fueran aplaudidos y otros no. Es tristísimo que Bono se haya convertido en protagonista de un incidente previsible, que se recree en ese sectarismo bochornoso típico de las izquierdas y que tenga la cara dura de achacar al PP la responsabilidad del incidente. Es, en fin, repugnante que Bono sirva de coartada a Llamazares, que apoya el Plan Ibarreche junto a la ETA, para insultar a las víctimas del terrorismo separatista con el que se han aliado Madrazo e IU.

Pero el ministro de Defensa quiso ser aclamado como el ciudadano particular Pepe Bono olvidando muchas cosas, demasiadas.

La primera, que su Gobierno viene perpetrando una política de manipulación de las víctimas del terrorismo del 11-M, presuntamente islámico, contra las víctimas del terrorismo etarra, y que ha creado al efecto desde su aplastante mayoría pediática una especie de minipasionaria en Pilar Manjón para achacar la masacre del 11-M a Aznar, para legitimar el cierre de esa comisión parlamentaria, y para ningunear clamorosamente a la AVT.

La segunda, que la muy publicitada e izquierdista Manjón y el nombrado Alto Comisario del Gobierno para las Víctimas, Gregorio Peces Barba, habían despreciado públicamente participar en esa manifestación.

La tercera, que las negociaciones con la banda terrorista ETA están siendo sugeridas o proclamadas desde el mismo Gobierno al que pertenece Bono, cosa que ofende a los españoles y muy especialmente a las víctimas del terrorismo etarra.

Si además se añade que buena parte de las víctimas de ETA han sido militares, policías y guardias civiles que pueden sentirse agraviados por gestos antiespañoles del Gobierno, algunos protagonizados por el propio Bono (el cambio del himno en el 12-O, la retirada a instancias de Esquerra Republicana del lema “A España, servir hasta morir” en unas instalaciones militares leridanas), el hecho de que algunos elementos ofendidos, nerviosos, extremistas o con afán de vengar tantas humillaciones, marginaciones y penurias hayan aprovechado la imprudencia calculada de Bono para decirle y tratar de hacerle lo que querrían hacerle a Peces Barba o Zapatero es todo menos sorprendente.

Imprudencia calculada, sí, porque Bono no quiso desfilar como los demás políticos sino diferenciarse de ellos escoltado por Rosa Díez y Ana Vidal Abarca, como si dos personas apreciadas en la oposición al separatismo terrorista pudieran compensar la política del PSOE en este campo, que se limita a negar todo lo realizado por el PP.

Sólo faltaba que Bono se proclamase víctima, a fuer de antifranquista, de esa intolerancia minoritaria, criticable, perseguible, previsible y evitable. Insultar a las víctimas del terrorismo asociándolas a la Dictadura es una tradición de la Izquierda, siempre más cerca de la ETA que de la Guardia Civil. Lo hizo el PSOE en la Oposición y en el Gobierno González, cuando negaba a la AVT el dinero que se regalaba a sandinistas, lesbianas e investigadores de la lenteja en Mauritania. Y lo vuelve a hacer el Gobierno de ZP y de Bono, despreciando a las víctimas del terrorismo. Entre las que no se encuentra, por cierto, el ministro de Defensa. Y no nos referimos a Trillo, por supuesto.

Bono se equivocó de manifestación
Lorenzo Contreras Estrella Digital 24 Enero 2005

Está mal que se maltrate a un ministro que, además, acude por su cuenta, sin otorgarse representación oficial, a una manifestación de víctimas del terrorismo, como fue el caso de la celebrada el pasado sábado en Madrid. Pero es preciso reconocer que José Bono es aficionado a meterse en camisa de once varas o, si se prefiere, en corral ajeno. Intentando hacerse pasar por “un ciudadano más” en un núcleo de manifestantes que no simpatizan con el PSOE, y aún menos con Bono, y que recuerdan las descalificaciones aplicadas al antiguo líder popular, José María Aznar, entre otros por el actual ministro de Defensa, la presencia de este último resultaba temeraria. En consecuencia, aunque no en justicia, fue expulsado de la demostración. Ahora dicen que la Policía va a buscar en los vídeos a los culpables del desafuero. La cosa parece pintoresca en este aspecto.

La manifestación no recibió cobertura oficial. No hubo, como en la del 11M, autobuses con franquicia para los asistentes. La gente se fue reuniendo como pudo, en medio de entorpecimientos de tráfico. Si la cosa resultó fue porque había en los participantes ánimo de hacerla patente. No se olvide que la convocatoria había sido patrocinada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo, que no por la Asociación de Afectados del 11-M, cuya famosa presidenta, Pilar Manjón, se abstuvo de asistir. Víctimas del terrorismo y referencias a ETA viene a ser algo obligado. Había, por tanto, un fondo politizado en la indignación desplegada. Que el señor Bono acudiera a expresar su solidaridad era para estos manifestantes menos creíble que la sospecha de que buscaba autocondecorarse como ciudadano de primera.

Quien barruntó el peligro fue Gregorio Peces-Barba, y nada digamos de Zapatero y su amigo íntimo, el ministro del Interior, José Antonio Alonso. También lo intuyó, o ni siquiera se molestó en estudiar la posibilidad de acercarse al escenario, María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta del Gobierno, que, frecuentadora de todos los actos de relieve oficial (éste no lo era), no fue perejil de esta salsa. A Peces-Barba le recordaron su ausencia algunos observadores, ya que se trata del alto comisionado para la Ayuda a las Víctimas, aunque puede que se trate de las otras víctimas y no de las habituales de ETA. El caso es que no estuvo. A ZP también le reclamaron sarcásticamente la presencia a la voz de “el cansado, ¿dónde está?”. Le llaman “el cansado” porque alegó fatiga tras algunas andanzas internacionales y dejó plantado por esta causa al presidente de Polonia, que lo estaba esperando o, al menos, contaba con su presencia por aquello de la agenda protocolaria. Hace semanas de esto.

Seguramente lo que latía por debajo de estas actitudes críticas, incluida la agresión a Bono, era la alarma que ha levantado la suposición de que habrá negociaciones con ETA “saltándose a los muertos”. No es que eso vaya a suceder, pero es lo que expresan estos descontentos. La realidad probablemente consiste en que, entre los perjudicados por ETA y los afines a tales perjudicados, hay un considerable número de ciudadanos refractarios al PSOE o abiertamente hostiles a su política y a su actual poder. La ocasión era pintiparada para acercarse a los socialistas presentes y “escupirles” sus protestas y agravios comparativos. ¿Víctimas de primera y víctimas de segunda según el criterio de las actuales autoridades? Tal vez es lo que se piensa.

Manifestación AVT
El odio sembrado por ZP y sus socios
Isabel Durán Libertad Digital 24 Enero 2005

“Desde la época de la Dictadura yo no había ido a una manifestación con tanta violencia” ha dicho José Bono. Quede clara mi más absoluta condena y profundo rechazo a lo ocurrido el sábado al ministro de Defensa durante la manifestación por la dignidad, la memoria y la justicia con las víctimas del terrorismo. Un grupo de exaltados no va a arrebatar la dignidad de las víctimas, sus familiares y de la AVT. Pero lo declarado por Bono es cierto quizás en cuanto a su persona aunque no corresponde a la realidad de la España reciente y sí a la visión sesgada e interesada de la misma.

Son muchos años de sufrimientos. Sin embargo algo ha cambiado en los últimos tiempos. El odio sembrado por el imperio de Prisa, José Luis Rodríguez Zapatero y sus socios radicales de izquierda comenzó con la guerra de Irak como filón de gran calado social contra el gobierno de Aznar y de seguir fomentándose intencionadamente desde el poder, podría desembocar en una guerra civil a largo plazo, por descabellada y desorbitadamente alarmista que parezca la predicción hecha en el primer lustro del siglo XXI. Y es que aquellos polvos, traen estos lodos.

¿Dónde estaba el partido socialista de José Luis Rodríguez Zapatero cuando agredían, llamaban asesinos y no podían ni salir a las calles los dirigentes del Partido Popular para hacer campaña en las elecciones municipales durante la guerra de Irak? ¿Dónde, sino en las trincheras del acoso, se encontraban quienes hoy gobiernan, sus altavoces mediáticos y sus socios de la pancarta?

Aquello fue sólo el inicio, el caldo de cultivo de la intolerancia y la intransigencia fomentada contra la derecha. La tensión subió varios peldaños más cuando setenta y dos horas antes de las legislativas de 2004, doce mochilas bomba hacían saltar por los aires cuatro trenes de cercanías de Madrid causando 192 muertos y millar y medio de heridos y mutilados. Y con ellas, con Polancolandia al frente, la formación de Rodríguez Zapatero y sus amigos periféricos y representantes de escuálidos votos radicales de la izquierda azuzaron el rencor y la revancha con la sangre de las víctimas aún caliente culpabilizando al Gobierno popular por su apoyo a George Bush.

La mayor manifestación de la historia a lo largo y ancho del país tuvo su colofón en Barcelona contra Rodrigo Rato y Josep Piqué que hubieron de ser sacados de forma vergonzante ante los gritos y el acoso de los radicales anti-PP responsabilizándoles de los muertos. ¿Dónde estaban, sino agitando los aires antidemocráticos contra los responsables gubernamentales populares ZP, sus socios y sus terminales mediáticas?

Que nadie se lleve sorpresas ahora. Lo ocurrido durante la manifestación en memoria de las víctimas del terrorismo es absolutamente execrable, condenable y no debería volver a pasar jamás. Pero ahora y antes. Desgraciadamente, escuchar hoy a Pérez Rubalcaba que ha sido pisoteada la libertad de expresión de los ciudadanos, sólo produce sarcasmo, cuando además, el figurante del fotogobierno de ZP para las víctimas del terrorismo, el Alto Comisionado Peces Barba, ni siquiera acudió a defender a quienes supuestamente representa.

Manifestación AVT
España aún vive
Agapito Maestre Libertad Digital 24 Enero 2005

Me pidió el inteligente Francisco Rosell, director de El Mundo de Andalucía, una crónica sobre la manifestación de la AVT. Quería contrastarla con la aparecida el domingo en la sección de nacional. Me puse al asunto, pero sin prestarle demasiada atención a lo publicado en Madrid. No quería entrar en la provocación de Bono a los que allí estábamos y menos todavía deseaba comentar la foto de portada de El Mundo. Sin embargo, conforme escribía no pude reprimir mi modo de ver la cosa. He aquí lo primero que salió publicado en El Mundo de Andalucía y, después, mi comentario a los lamentables insultos con que fue abucheado el ministro de Defensa por no estar en su lugar. Por impostar su función en un acontecimiento democrático.

“Cinco de la tarde. Sol claro y preciso. Sol de Madrid. Sol de diamante puro. España entera estaba entre una diosa, Cibeles, y el astro rey, Sol. No necesitábamos más dioses ni otros reyes. Nos sobraban también gobernantes. Sólo éramos gentes asistiendo a una llamada de la AVT. Pronto vimos su sentido. Allí estábamos para convertirnos en demócratas. La convocatoria estaba hecha por las víctimas. Nos daban la oportunidad de ser ciudadanos. Su generosidad era impagable. Nos hacían el favor de enseñarnos su secreto español. La esperanza rescatada de la fatalidad del asesinato terrorista, la libertad, nos transformaba en ciudadanos. Esa es, hoy, la base de la democracia de España. Más aún, el único hilo del que pende España como nación. El fondo común de los congregados es fácil de comprender: con la sangre de los caídos no se trafica ni se negocia, porque es la base de la vida democrática. De España.

La gente se agolpaba entre el Banco de España y el Ministerio del Ejército. Eran las cinco pasadas y el tráfico en la plaza de Cibeles aún no lo habían cortado. Muchas personas se acordaban de los muertos de Gallardón. La gente aplaudía a Álvarez del Manzano que buscaba un lugar discreto en la parte de atrás. Personas lisiadas de amplias sonrisas encabezan la manifestación. Sus rostros privados en un lugar público eran un canto a la belleza. Brillaban. Para entonces la gente había dejado de protestar contra el alcalde; al fin, habían cortado el tráfico para que los manifestantes se movieran con comodidad. Miles de personas seguían llegando y los políticos ya habían sido desbordados. La manifestación abriría los telediarios. El de Torredonjimeno y los suyos, o sea, los españoles ya teníamos ganado la batalla. Los telediarios de la noche tenían que abrir con la manifestación. Así que ZP guardará silencio y tomará nota.

La primera manifestación convocada por la AVT fue un éxito. Su consigna política un hallazgo: España no está muerta. Han matado a muchos españoles, pero nos queda su memoria, su dignidad y su justicia. Son las bases para que España no se sienta compadecida por nadie. España sólo quiere ser nación, y las víctimas, modelos de ciudadanía. Las víctimas son, en verdad, ciudadanos que nos permiten ejercer la memoria, la dignidad y la justicia. Las víctimas no hacen un grandioso favor. Este es el punto de encuentro de quienes asistimos a ese grandioso acontecimiento político. También la batalla de las cifras estaba ganada. Poco importa los miles de personas de más o de menos que ofrezca la policía municipal. De Cibeles a Sol, poco más de quinientos metros, algunos han tardado más de dos horas en hacer el recorrido. Miles de personas caminan unidas. Unas van calladas, otras hablan y, de repente, todas se unen con un grito: España. Al oír esta palabra, todos se percatan de que esto, la manifestación, no es un cortejo fúnebre para enterrar a nadie. Esto no es un acto de lisiados mentales. Todos se sienten muy vivos. Todos comienzan a gritar contra ZP y Peces Barba. Todos se sienten ciudadanos dispuestos a dar la batalla por el suelo que los acoge, por la historia que los identifica y por un sentimiento común, digno de ser racionalizado, llamado España.”

Hasta aquí mi crónica para El Mundo de Andalucía. Porque no tenía más espacio quedó fuera el siguiente comentario final: “Al lado de este gran acontecimiento democrático, genuinamente político, de la primera manifestación de la AVT, no merece la pena entretenerse con Bono. En cualquier caso, rechazo y desapruebo lo sucedido. La conducta de los increpantes no tiene justificación. Tampoco la de Bono. Fue a por votos y se llevo improperios. Estaba en su salsa. Quiso provocar y lo consiguió. Tenía que salir en los papeles y, por eso, no fue como ministro ni como ciudadano. Fue como un híbrido. Nada bueno puede salir de algo así. Fue emboscado, pero el olfato del ciudadano descubrió su impostura. Bono ya no es nada, aunque salga en los papeles “solidarizándose” con lloriqueos retóricos. Bono, pobrecito, es ya menos que ZP y Peces Barba”.

La impostura es más dañina que la cobardía. Ésta se la ve de lejos. Aquélla nos engaña de cerca. Bono quería darles compasión a los lisiados, a las víctimas, sin percatarse de que él era el único disminuido en esa manifestación. Sentí compasión del personaje, pero no piedad. Se había ganado a pulso el incidente. Nadie sabía si estaba con los políticos o con los ciudadanos. No se había enterado de que la AVT había organizado un acto para que nos hiciéramos ciudadanos y, por eso, reservó un lugar determinado para los políticos profesionales. Él no quiso estar allí. No quería que le viesen con los del PP ni con sus compañeros de partido. Por Dios, diría el ministro, como podría yo ponerme al mismo nivel que Rafael Simancas y Jordi Sevilla. Quiso estar a por todas y, encima, no desautorizar al Gobierno. Imposible.

Pero, al margen de este desgraciado incidente, la manifestación de la AVT ha descubierto a los impostores de España. Bono, pobrecito, es sólo un ejemplo de impostor, pero, por desgracia, no el más peligroso. O si no que le pregunten a Peces Barba.

El mimetismo del PNV
Editorial El ideal Gallego 24 Enero 2005

ETA tenía hasta ahora la exclusiva de utilizar en su favor todos los recursos contemplados por las normas contra las que lucha por ser la base de la España opresora. Beneficios penitenciarios, impugnación de tribunales, recursos judiciales... cualquier resquicio legal sirve a los terroristas para tratar de burlarse del Estado; y su doctrina ha calado, hasta el punto de que el PNV, pese a considerar que la Carta Magna es el mayor obstáculo para alcanzar sus objetivos, planteará un recurso ante el Tribunal Constitucional si la Mesa del Congreso no rectifica el trámite propuesto para el plan Ibarretxe. Tanto caminar de la mano de los asesinos ha provocado un efecto mimético en los nacionalistas que no matan, que no dudan ya en valerse de la táctica del todo vale y buscar el amparo de un organismo que repudian. Si esa táctica merecía todas las críticas cuando la empleaba ETA, el rechazo aún es mayor al ser un partido que se dice democrático el que la utiliza, porque además el PNV lo hace a sabiendas de que la grandeza de la Constitución es tal que le da pleno derecho a recurrir aunque simultáneamente esté conculcando los principios que le otorgan esa facultad. Claro que pocas cosas pueden sorprender después de escuchar al lehendakari afirmar que su proyecto (aprobado por 39 votos contra 36 gracias al apoyo de los proetarras) representa la voluntad mayoritaria de los vascos, mientras que el rechazo que recibirá en el Congreso por parte de los socialistas y los populares (que suman el 80 por ciento de los escaños) refleja sólo el pensamiento del PSOE y del PP.

¿VÍCTIMAS O «AFECTADOS»?
Por Jorge TRIAS SAGNIER ABC  24 Enero 2005

PILAR Manjón, en sintonía con Peces-Barba, prefiere autodenominarse «afectada» por el terrorismo antes que lo que en realidad es: una víctima del terrible atentado del 11 de marzo. Es lógico. Según ha explicado, el mejor amigo de su hijo era musulmán, ella misma parece que se hartó de gritar en las manifestaciones eso de «Aznar asesino» antes del atentado, y sus amigos de Izquierda Unida son socios, al fin y al cabo, de los terroristas de Batasuna. No quiere, pues, caminar junto a las víctimas y se inventó una nueva y minoritaria asociación de «afectados». Yo comprendo a Pilar Manjón, pues, como madre, le debe ser difícil asumir que es la hoz del terrorismo islámico la que segó la vida de su hijo y no la actuación de un gobierno legítimo. Pero a los que no puedo entender es a aquéllos que desde la perversión del lenguaje se han apuntado a la misma teoría. Personalmente opto por la brutalidad de las palabras, por Savater o Juaristi, por los Mújica o por Alcaraz y Vidal-Abarca, por Gotzone Mora, Rosa Díez -su dignidad jamás podrá ser empañada por los gritos de unos energúmenos-, por María San Gil, Redondo Terreros o Mayor Oreja, por todos aquéllos que tienen que vivir como exiliados en su propia tierra.

Hace diez años, ETA o Batasuna, Otegi al cabo, asesinó a Gregorio Ordóñez. Setién no ofició el funeral. Y Uriarte, su obispo sucesor, sigue sin dar señales de vida con las víctimas, colocando en un platillo de la balanza a los «afectados» y en el otro el «sufrimiento» de los presos. Cuentan que en cierta ocasión monseñor Estepa, entonces vicario general castrense, le espetó a Setién que la diferencia entre ellos residía, principalmente, en que los muertos siempre los ponía él. ¿Ustedes se han preguntado por qué tantas y tantas iglesias del País Vasco están vacías los domingos y por qué, en cambio, la mayoría de las de Madrid están llenas? Les aventuro una hipótesis bastante verosímil: por el ejemplo de sus pastores. En Madrid, los sacerdotes hablan con claridad. Hablan de justicia, de paz, de piedad y de perdón. Por este orden. La Iglesia católica no admite la equidistancia, condenar el aborto, por ejemplo, y ser ambiguo con el terrorismo. Para la Iglesia resultan escandalosas actitudes como las de su obispo vasco, ya que los feligreses las perciben como inmorales.

Ayer abuchearon a Bono. Gran escándalo periodístico. Le recomiendo al simpático ministro una terapia: que llame a Vidal-Quadras o a Jorge Fernández y a su hermano Alberto. Yo mismo, incluso, le puedo ser de utilidad. O, los tiene más a mano, a cualquiera de sus compañeros de partido en el País Vasco. Los gritos, la violencia, los empujones, las amenazas de quienes hoy son sus socios nacionalistas, han impedido que muchos españoles pudiésemos salir a la calle con normalidad en Cataluña y el País Vasco. Él mismo, y todo el Gobierno actual, miraron cínicamente para otro lado cuando las sedes del Partido Popular y sus dirigentes eran agredidos después del 11 de marzo, como si los populares fuesen los culpables del atentado. ¡Qué diferente actitud la de Acebes! A lo mejor esto sirve para que todos nos vayamos curtiendo en la solidaridad.

Hay que neutralizar a las víctimas de ETA
EDITORIAL Libertad Digital 24 Enero 2005

Hay algo mucho más repudiable que los salvajes intentos de agresión contra Bono perpetrados por una parte minoritaria de las víctimas o de quienes se manifestaron con ellas el pasado sábado contra ETA en reclamo de justicia. Y es que se utilice este indeseable capítulo para tratar de denigrar o de neutralizar con él a un colectivo tan respetable como las víctimas del terrorismo. Y hacerlo, precisamente, en un momento en que el Gobierno ya ha anunciado su disposición —si ETA concede otra tregua— a saltarse el Estado de Derecho y sentarse a negociar impunidades con quienes la ley exige en todo momento detener.

Gregorio Peces Barba, en lugar de presentar su inmediata dimisión por haber ofendido al conjunto de las víctimas con su bochornosa e inaceptable negativa a asistir con ellas a esa encomiable manifestación, todavía tiene la desfachatez de llamar a capítulo a la Asociación de Victimas para atajar la “conducta intolerante, el extremismo, o la manipulación política” que, según él, se cierne sobre este digno colectivo, que ahora vuelve a tener motivos para temer convertirse en víctimas de la “paz”.

Para Peces Barba, por lo visto, no es “manipulación política” que el Gobierno de ZP, sin someterlo a consenso con su socio en el Pacto por las Libertades, le escogiera entre sus filas como Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo. Tampoco debe ser manipulación política que se desvirtúe la palabra “paz” para burlar el imperativo de justicia. Y eso por no hablar de la “manipulación política” que explotó con toda su fuerza del 11 al 14M.

A algunas víctimas del terrorismo islamista, como Pilar Manjón, les podrá alegrar que Zapatero ofrezca satisfacciones a sus verdugos, como la que les dio con su precipitada retirada de Irak. También algunas víctimas podrán llamar “perro” a Aznar con tanto o más desprecio como se lo llamaron al ex presidente los autores del 11-M. Que existan estas coincidencias entre víctimas y verdugos del 11-M es señal de una “manipulación política”; pero no lo es, desde luego, un hecho tan lógico y natural como que la inmensa mayoría de las víctimas de ETA vean con irritación a los independentistas de Carod-Rovira siendo socios de un Gobierno que ya ha dado varios pasos de acercamiento a los nacionalistas y que ahora está a la espera de dialogar —y no de detener— a los etarras que todavía están en libertad.

¿Justifica todo esto las agresiones contra un ministro como Bono, que tan fielmente sirve a este Gobierno, sobre todo como coartada? Todo lo contrario. Sólo personas cegadas por el dolor o por la estupidez vendrían a comportarse como si fueran infiltrados de quienes más interesados están en denigrar el buen juicio y la voz de las víctimas. No permitamos, pues, que den la vuelta a la tortilla. Peces Barba, a dimitir, y las victimas, a decir bien claro y fuerte que no van a consentir que ETA siga esperando de ZP “gestos para Euskalherria tan valientes como los dados en Irak”.

Usted dirá
Por Aurelio Arteta El País 24 Enero 2005

¡Ah!, ¿que usted nunca pensó que las cosas vascas fueran a llegar tan lejos? Pues no será porque no hubiera signos evidentes o no se lo hayan advertido con sobradas razones. Pero le convenía suponer que el proceso de secesión abierto era mera estratagema, y que llegado el momento todo quedaría en nada. Bueno, sí, tal vez habría que conceder alguna otra competencia autonómica, pero dejémosles entretenerse y no vayamos a crispar más los ánimos.

Todo sea por los derechos históricos y un sano pluralismo. Así que, ya verás, no será para tanto, una cosa es la teoría y otra la práctica, etcétera. El único mal de Euskadi se llamaba ETA y uno cumplía con su deber cívico en cuanto se adhería a su repulsa acostumbrada. ¿Quién iba a pedirle más, a ver?

Nadie le ha engañado, señor mío. Diga en todo caso que se dejó engañar, porque traía más cuenta vivir de la frase hecha que ponerse a mirar o a aprender. Los "científicos sociales" no iban a renegar de sus simplezas sobre la identidad y la diferencia, ni la sedicente progresía a posponer la defensa de las peculiaridades locales a la de la justicia social y la causa de las tribus a la de los ciudadanos.

¿Cuántas veces había pregonado usted que a los vascos (así, a todos los vascos) debían otorgarles su dichosa independencia y que nos dejaran en paz? Cosas del hartazgo, sin duda, pero también -y ya me perdonará el desahogo- de algunas dosis de ignorancia e insolidaridad civil. Y si aún me replica que con su vida hace lo que le venga en gana, me temo que volvería a equivocarse. Su vida privada será sólo suya, y se la deseo venturosa; pero ¿también su conducta pública, que nos concierne para bien o para mal a todos, le pertenece en exclusiva?

Hombre, a lo mejor es que usted no ha reparado todavía en que el nacionalismo identitario, para ser consecuente con sus premisas, tiene que comenzar por construir su nación (ante todo mediante una injustificada política lingüística) y luego reclamar un Estado para esa nación así construida.

Todo lo demás es para él secundario.Ya sólo eso marca una diferencia abismal entre esa ideología y el resto. Si el nacionalismo étnico no es una opción política como las otras, se debe a que sólo ella pone en cuestión el marco común de nuestra ciudadanía. Y si no es tan legítima como otra cualquiera, según corean los bienpensantes, es porque para ella todas las demás serán ilegítimas mientras no acepten subordinarse a la causa nacional.

¿Se imagina las consecuencias necesarias de esas premisas? Por mencionar una, "insaciable" no es este dirigente o aquel partido nacionalista; insaciable hasta lograr la plena soberanía es la ideología nacionalista misma.

Pues hay que saber que, en estas materias, la teoría se hace enseguida práctica y la mala teoría se traduce por lo general en una mala práctica. ¿Acaso el Plan que tanto nos ocupa podría dar un solo paso si no fuera en virtud de las razones expuestas en su preámbulo? Claro que no será usted el único que en las ideas políticas sólo acierta a percibir flatus vocis y ganas de hablar por hablar, en modo alguno estímulos o guías para la acción...

Nada digamos si un eventual cambio de juicio sobre la deriva nacionalista pudiera aproximarle a sus contrarios de toda la vida. Eso sí que no: antes morir que pecar contra los suyos. Así es como muchos (de la izquierda, siento decirlo) han considerado tan temibles adversarios políticos al que, pese a los desacuerdos, reconocía nuestra común ciudadanía y a ese otro que la rechaza en nombre de su artificiosa diferencia étnica.

Se han situado a la misma distancia de quienes amenazan nuestras libertades (y se apoyan en los que amenazan nuestra vida) y del que comparte la condición de amenazados.

Mire: a mi entender, lo único de verdad sorprendente y vergonzoso del otro día en el Parlamento vasco -y esto no se destaca bastante- fueron los decisivos votos de Izquierda Unida. Lo que a estas alturas de la función, en cambio, no debería sorprender a nadie es la profunda unidad revelada sin vergüenza alguna en el lado nacionalista.

No me refiero sólo a esa unidad estratégica que mostró el Pacto de Estella, un acuerdo que los pistoleros rubricaron para sepultar a medio país en las catacumbas. Subrayo más bien la comunión particular de los creyentes en ese Pueblo escogido, una congregación anterior y superior a la general comunidad de conciudadanos.

Ellos son la parte que se arroga ser el todo. A poco que les haya tratado, ¿no ha percibido usted que a sus ojos somos más enemigos que adversarios, extranjeros en nuestra tierra, usurpadores de lo que consideran suyo? ¿Por qué escandalizarse entonces de su mentira sistemática, cuando su moral de andar por casa les autoriza la doblez con el forastero? Lo malo es que, a semejante profesión de fe, hemos opuesto remilgos de pitiminí.

Los abertzales comulgan en su meta secesionista, pero suele olvidarse que también en las infundadas justificaciones por las que demandan esa secesión como un derecho indisputable. Que ese fin -por no ser lo bastante compartido entre gente plural- requiera de hecho la coacción física para alcanzarse; que tales justificaciones en nuestras circunstancias han impulsado a los unos a seguir la vía del crimen y a los otros a rentabilizarla amén de disculparla..., eso es cosa harto probada que naturalmente a los nacionalistas les disgusta escuchar.

Pobres aprendices de brujo, en la Comunidad Vasca unos cuantos han dejado crecer un monstruo que ya no pueden domeñar. Quienes confraternizan con los criminales, o con sus cómplices, no quieren que se les "criminalice". Y usted, que se guarda muy mucho de juzgar a nadie, sentenciará que están en su derecho..., aun cuando sea un derecho que acaba con los nuestros.

Así que sigamos repitiendo ese disparate de que en el orden civil todo es legítimo con tal de prescindir de medios violentos o, según la cacofonía vigente, "en ausencia de violencia", y ya vemos cómo se acaba. Se acaba confundiendo el mero ingreso en la política (o sea, la renuncia al derecho a matar) con el colmo de una política justa, el simple ajuste legal de una medida con el cántico a su plena legitimidad.

La cosa es así de fácil: basta con que ETA deje de imponerlas a sangre y fuego para que sus pretensiones se vuelvan al instante impecables. He ahí el milagro de la transustanciación, pero en política. Un Plan que se diría redactado por Mikel Antza, resulta al parecer legítimo nada más que porque lo presenta Juan José Ibarretxe o lo aprueba un Parlamento. Lo legítimo sale hoy a precio de orillo.

Es la misma devaluación del significado de democracia. Porque hoy -ya se sabe-, para que un acto, un gobierno, un partido o un Plan sean solemnemente declarados democráticos deberán satisfacer dos meros requisitos formales: que se expresen pacíficamente y se atengan en sus decisiones a la regla de la mayoría. ¿Eso es todo, en serio?

¿Y si ambos requisitos de procedimiento fueran condiciones necesarias, pero no suficientes, de la democracia?; ¿y si cada uno de ellos fuera sólo plasmación de unos principios más básicos, a saber, que los individuos son los únicos sujetos políticos y unos sujetos políticos libres e iguales? Pues entonces resultaría no ser democrática, sino totalitaria, una doctrina que hace de la etnia un sujeto de derechos al que los individuos han de plegarse.

Tampoco lo sería una propuesta de reforma que fundara desigualdades políticas entre sus sujetos según sentimientos de pertenencia dispares. Por donde ya deducirá usted que, en una sociedad democrática, no todo puede ser sometido a debate y decisión públicas. Recortar sus derechos a un grupo de ciudadanos sería una iniciativa inicua, aun cuando fuera la voluntad de todos los demás.

Ni habrá de tenerse por democrática la asamblea, alianza o votación que así lo acordara, porque se trataría sólo de un acuerdo mayoritario, que no es lo mismo. Siento comunicarle que tan fuera del alcance de nuestra voluntad está suspender la tabla de multiplicar como alterar la norma de "un hombre, un voto". Quiero decir que nunca será democrático derruir los cimientos de la democracia.

Y en el caso de un referéndum para decidir la secesión de una parte de un Estado, supuesto que estuviera fundado el derecho a tal secesión, y claro el sujeto sometido a esa consulta, e inequívocos los términos de la pregunta, y que todos los afectados contaran con información y libertad suficientes para emitir su voto..., no por ello piense que cualquier clase de mayoría merecería llamarse democrática. Lo entenderá enseguida.

¿A que no resulta igual de grave adoptar decisiones ordinarias dentro de las fronteras de un Estado que adoptar la extraordinaria decisión de modificar las fronteras de ese Estado? Pues tampoco el número de ciudadanos capaz de obligar a los demás deberá ser el mismo en un caso y en otro. La mayoría requerida para la secesión habrá de ser mucho mayor y, en consecuencia, la minoría discordante mucho menor. Y es que sólo así habremos asegurado la máxima libertad política en la comunidad resultante, a base de reducir al mínimo los riesgos de que la nueva mayoría haga la vida imposible a la nueva minoría...

Nos asisten tantas razones, pues, que no nos limitaremos a citar a troche y moche la Constitución. Si la Constitución dice esto o aquello será porque así lo exige antes su fundamento moral, el principio democrático al que la norma máxima pretende adecuarse. Como algo la contraríe, ese algo no será sólo inconstitucional -lo que sería el argumento más débil-, sino seguramente injusto.Y su injusticia no se comete con los artículos de un texto legal, sino con personas de carne y hueso.

A fin de cuentas, lo de menos sería la buscada ruptura de Euskadi con España, que estas entidades ni sufren ni padecen y no cabe esperar demasiada amabilidad entre administraciones soberanas. Lo grave de veras será la muy poco amable ruptura entre españoles y vascos y, peor aún, entre los propios vascos: la forzosa sumisión de unos vascos a otros, la probable persecución de unos por otros.

Si usted se acuerda de las mil víctimas mortales de tanto desvarío, le invito ahora a pensar que este Plan consagra a grandes rasgos el proyecto político por el que fueron aniquiladas. Piense también que a las otras muchas víctimas incruentas de este prolongado acoso pronto pueden sumarse varios cientos de miles más. Y, luego, usted dirá.

UNIDAD CON LAS VÍCTIMAS
Editorial ABC 24 Enero 2005

TODOS los partidos políticos, sin excepción, han condenado los insultos y agresiones que padeció el ministro de Defensa, José Bono, mientras participaba en la manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo. No hay estado de ánimo ni discrepancia ideológica que ampare, en grado alguno y por mínimo que sea, la ofensa sufrida por Bono. Los terroristas cotizan al alza cuando consiguen que un ciudadano pierda la capacidad para distinguir entre víctimas y culpables. No hace falta insistir en la actitud personal del ministro de Defensa frente al terrorismo y a favor de las víctimas para hacer aún más intolerable lo sucedido, porque lo importante es que las instituciones del Estado nunca deben verse empañadas por la confusión que generan el odio y la indignación. Seguiría siendo igualmente reprochable lo sucedido cualquiera que fuera el ministro acosado. Del terror sólo son culpables los terroristas y nunca un Gobierno legítimo y democrático, por discutibles que puedan ser sus pautas políticas. La unanimidad sobre esta obviedad no resulta redundante en una sociedad que debe liberarse de la tentación de dividirse por la manipulación partidista del dolor que causa el terrorismo, como la perversión de llamar asesinos a los ministros del Gobierno, insultos que la historia reciente demuestra que no comenzaron en la tarde del sábado, pero que hay que impedir que se prolonguen un solo día más. La verdad siempre es más creíble si se apoya en la legitimidad moral de quienes la alegan. En todo caso, algunos portavoces que ayer juzgaron los incidentes del sábado demostraron una vez más su insolvencia política, como Llamazares, o su hipocresía, como Imaz.

Porque conviene recordar que ciertos sectores de la izquierda y los nacionalismos más radicales han hecho de la calle instrumento de agitación permanente y tensionado la sociedad hasta extremos insoportables para la convivencia. Fueron ellos quienes prendieron la mecha de la intolerancia, por lo que sus declaraciones de ayer son un ejemplo de sectarismo y de cinismo políticos. No se puede aceptar lecciones de quienes no tienen autoridad moral.

Los organizadores de la manifestación no asumieron debidamente la dimensión del acto, mucho más multitudinario de lo previsto, y las medidas de control fueron insuficientes, aparte de verse perjudicados por la dispersión de los representantes políticos. No obstante, sería desproporcionado diluir el éxito de la concentración por culpa del inaceptable comportamiento de lo que, en esta ocasión, sí fue una minoría. Hubo decenas de miles de ciudadanos que se manifestaron pacíficamente, incluso recriminando los excesos verbales de algún manifestante, representando perfectamente el espíritu de la convocatoria.

Las condenas tajantes deben cerrar el paso a los exaltados que aprovecharon el dolor de las víctimas para encubrir su fanatismo, pero algo más habrá que hacer para frenar el proceso de división en torno a las víctimas del terrorismo. Éstas no han sido instrumentos de política partidista. Tal aserto es propio del nacionalismo vasco y de los terroristas. Las víctimas han sido la columna del nuevo Estado que está ganando al terrorismo, y así debe seguir siendo, aunque habrá que restañar los efectos de algunos movimientos tácticos profundamente equivocados, de los que ha resultado una clasificación de víctimas que antes no existía. El Gobierno sabe bien a qué razones obedece esta indeseable situación y nada mejorará si el Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo, Gregorio Peces-Barba, no rectifica radicalmente su actitud. Desde luego, si su convocatoria a las asociaciones tiene por finalidad instruirlas frente a «su manipulación con fines partidistas», como se ha anunciado, cometerá otro error, porque tras su incalificable ausencia en la manifestación del sábado -más incalificable aún por las razones que esgrimió- Peces-Barba carece de esa virtud que un filósofo del Derecho como él a buen seguro que aprecia: la auctoritas necesaria para asumir un liderazgo. Es el momento de que el Gobierno y los partidos reflexionen sobre lo que está pasando, porque lo último que debe perder una sociedad que aspira a derrotar al terrorismo es la fuerza moral de las víctimas.

Cuestión de dineros
José María CARRASCAL Libertad Digital 24 Enero 2005

Menuda sorpresa me he llevado leyendo «La Vanguardia». Y lo más chusco es que no sé si se trata de una sorpresa agradable o desagradable. Se lo explicaré. En su número del viernes, el rotativo barcelonés dedicaba nada menos que tres páginas a la actitud de los líderes de los principales partidos ante el próximo estatuto catalán. Y ante mi asombro, los tres, Maragall, Mas y Carod-Rovira, coincidían en que lo importante de ese nuevo estatuto era la parte financiera. Que «la Generalitat obtenga un sistema financiero justo», según Carod. Que «Catalunya tenga Agència Tributària propia» según Mas. Que tenga «un trato diferente, pero no inferior al País Vasco», según Maragall.

Insistiendo todos en el argumento de que no pueden ser discriminados fiscalmente, cotizando más de lo que reciben del Estado, como vienen haciendo. De la lengua, de la excepción cultural, del hecho diferencial y de todo lo que venía siendo el cuerpo y alma del nacionalismo ni una palabra. ¿Es porque ya lo han conseguido o es porque se trata de un antifaz para encubrir lo que realmente les interesa, reducir su aportación al presupuesto nacional? No lo sé, pero en caso de serlo estaríamos ante la versión modernizada de aquella burguesía catalana que enarbolaba su nacionalismo para obtener aranceles que protegieran sus productos de la competencia extranjera. No creo que sea ese exactamente el caso, pues existe un nacionalismo catalán auténtico, como un hecho diferencial respecto al resto de España, aunque, todo hay que decirlo, existe también en otras comunidades, si bien no tan acusado. Pero que los intereses crematísticos juegan en el asunto un papel mayor del que se reconoce también es evidente.

Lo que conviene tener en cuenta a la hora de negociar, para saber con quién nos jugamos literalmente los cuartos. Que los hombres de CiU, representantes de la burguesía catalana, quieran pagar menos a las arcas comunes, es lógico y nadie puede reprochárselo. Que lo hagan los de ERC, que presumen de izquierdistas, ya no lo es tanto, pero, en fin, se disculpa. Pero que lo hagan los socialistas e invoquen el argumento de la «no discriminación» resulta bochornoso. Los impuestos sobre la renta son discriminatorios si quieren ser sociales. Quienes tienen más deben pagar más, a fin de que los que tienen menos puedan mejorar su suerte. Ése es el fundamento del mundo moderno.

Cataluña, que es rica, debe contribuir más a las arcas comunes, a fin de que las regiones pobres puedan mejorar su nivel de vida. Y si los catalanes se salen con la suya, quienes más van a sufrirlo son Andalucía y Extremadura, gobernadas también por socialistas. Aparte de que Madrid, Valencia y otras comunidades ricas exigirían también un trato «no discriminatorio». Por no hablar ya de los potentados, que podrían pedir un trato semejante. A tales aberraciones nos está llevando un nacionalismo desatado, una insolidaridad manifiesta y un Gobierno dubitativo.

El Plan ETA
Matías ANTOLÍN Libertad Digital 24 Enero 2005

La pelota vasca de ETA sigue golpeando en el frontón de la incoherencia. A ETA le encanta sembrar confusión y provocar miedo. Etarras y batasunos tienen que desprenderse de esa estúpida altivez de irreductibles y descender al mundo real. Me consta que quieren acabar, pero no saben cómo. Pienso que destruir el nacionalismo radical es más importante que decapitar a ETA. Como dijo otro vasco, Unamuno, el peligro no se vence sin peligro. Su empeño en seguir sin entregar las armas se convierte en mera vanidad intelectual. Nunca un Gobierno había tenido una oportunidad tan clara de acabar con ETA. Ahora o «nuca». O rematamos a ETA ahora, o resucita el tiro en la nuca. No tiene Rodríguez Zapatero la receta mágica para acabar con el terrorismo, pero no es tonto, y sabe que la bestia etarra echa halitosis de derrota. Hay que tener retina de topo o ser manco para palpar la realidad si no vemos un cambio espectacular.

El atentado de Guecho me preocupa porque significa un chantaje: o aceptamos su paz o habrá guerra. Sin embargo, no se puede seguir con ese sentimiento de frustración individual y colectivo del pueblo vasco. ETA tiene fecha de caducidad, soy optimista; quizá esté mal informado aunque farde de buenas fuentes. ETA se está apagando con esa llama sucia de los últimos restos de revolución tardía. Se les acabó el tiempo y las ideas.

Se ha infravalorado la carta de Pakito y Makarios. Son gente con mucho peso en la banda. ETA escribió su epitafio en aquella epístola sin pistola. El pasado viernes me contaba en la prisión de Logroño el etarra arrepentido Soares Gamboa:

«¿Sabes? Lo curioso es que la terminología que usábamos en ETA hace 25 años, hoy son palabras que utiliza el PNV: “construcción nacional”, “conflicto armado entre España y Euskadi”, “derechos históricos vascos”, “solución política negociada”...

Parece que van como el rabo del perro, detrás de todo»......Sé que a ETA le cuesta confesar fracasos y pronunciar la palabra paz. Imagino a Josu Ternera y Arnaldo Otegui mirándose entre sí a la luz de una tenebrosa bombilla, preguntándose: «¿Qué hacemos?». ETA, ríndete, y el que salga el último de la banda, además de imbécil, por favor, que cierre la puerta.

Manifestación AVT
Tres tristes trazos
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 24 Enero 2005

Uno. Decenas de miles de personas han recordado en la calle que el Estado no puede olvidar ciertos principios. Ni puede ignorar a las víctimas del terrorismo, con quien tiene obligaciones morales. El presidente reclamó en televisión su derecho a intentar lo que otros intentaron. Claro, siempre que demuestre que aprende de los errores y aciertos del pasado. Aznar, que tiene en su haber la reivindicación de las víctimas y notables éxitos antiterroristas sin atajos legales, ha recordado que los asesinos no pueden ser recompensados ni por matar ni por dejar de matar. En la manifestación hubo representantes socialistas que son un ejemplo de dignidad y de fortaleza. Entre ellos, Rosa Díez ha planteado, desde posiciones compartidas con una amplia mayoría de españoles de izquierda y de derecha, sabias propuestas. Además ejerce de voz de la conciencia en la Unión Europea, cuyas debilidades viene denunciando en esta lucha capital.

Dos. La AVT, entidad admirable, no debió convocar una manifestación silenciosa. Tenía razón nuestro compañero Javier Ruiz Portella. Una mejor percepción de cómo están los ánimos habría aconsejado la armonización de tanto sufrimiento y de tanta indignación en lemas compartidos por todos los demócratas. En una multitud sin consignas, es inevitable que un grupo consiga imponer las suyas, que se amplifican en la calle y se magnifican en los medios. La actitud de Peces Barba, su desprecio hacia la AVT y su puñalada a la unidad esencial de todas las víctimas del terrorismo, calentó los ánimos. Y aunque los representantes socialistas que ocuparon su lugar en la manifestación no sufrieron las consecuencias, sí las sufrió el ministro de defensa, que quiso mezclarse con aquellos que tiene derecho a considerar su gente, dada su inequívoca actitud respecto a ETA.

Tres. Los que insultaron, acorralaron y quisieron agredir a Bono no merecen más que nuestra condena. Constituyen un grupo de exaltados, como afirma El Mundo. Anteponer su condición de “derechistas” en portada abre un interrogante inevitable. Por qué no se destacó la condición de izquierdistas de los que el 12 y el 13 M también insultaron a dirigentes políticos, además de acorralar sus sedes por toda España. Y de los que agredieron a un vicepresidente del gobierno en Barcelona, y al líder del PP catalán, y a cuantos los rodeaban, forzándoles a abandonar la manifestación y esconderse. Y de los que golpearon el coche en el que huían antes de tener que encerrarse en una comisaría de policía. Un representante popular acabó en el Hospital Clínico, y una anciana militante en el suelo, con las piernas ensangrentadas por las patadas de la muchachada. ¿Quién calificó de izquierdistas en los titulares de prensa a aquellos valientes? ¿Alguien puntualiza, en las manifestaciones contra ETA, que se trata de una banda de izquierdistas?

Zapatero ausente de la manifestación
Un gesto hacia la ETA
Pío Moa Libertad Digital 24 Enero 2005

Lo más significativo de la manifestación convocada por la AVT, ha sido la ausencia del presidente Rodríguez y, por supuesto, del famoso jacobino Peces Barba, que se ocupa precisamente –es un decir– de las víctimas del terrorismo (la presencia de Sevilla no pasa de un mal intento de cubrir el expediente). La AVT dice no entender cómo son posibles tales ausencias, cuando la cosa se vuelve muy inteligible tan pronto tenemos en cuenta el contexto. Desde hace meses el PSOE se inclina por contentar de alguna manera al PNV, el cual a su vez se esfuerza de mil modo por contentar a la ETA, y el propio gobierno no para de lanzar globos sonda en torno a conversaciones con los asesinos etarras, acercamiento de presos, etc. Es el “buen talante” hacia esos amigos de la libertad y de España, que implica un pésimo talante hacia el PP y hacia las víctimas.

El PSOE se ha encontrado con una excelente situación tanto en el plano económico (“las arcas llenas”) como en el del terrorismo, con la ETA acorralada como nunca lo había estado. Qué ocasión tan excelente para, mediante concesiones “generosas” y aprovechando la debilidad etarra –mérito del PP– lograr algún acuerdo que acabe con la plaga a satisfacción de muchos, o de algunos. El problema radica en las concesiones y en el hecho desagradable de que el buen talante hacia los asesinos significa automáticamente mal talante hacia las víctimas, hacia el conjunto del pueblo español, en definitiva.

Así, en tal contexto, el rechazo implícito de los socialistas a la manifestación de la AVT tiene el significado de un gesto hacia la ETA, una exhibición de “talante” al estilo Rodríguez, demostración de alejamiento de la política del PP, cuyo buen talante se dirigía precisamente a las víctimas y no a los victimarios. La manifestación se convocaba bajo la consigna de Memoria, Dignidad y Justicia, y ¡nada puede resultar menos oportuno que estas tres cosas para la política actual del PSOE!

Por ello ha sido a la vez significativo e insignificante el incidente de Bono, en el que se centra puerilmente la atención de los medios. Su presencia en la manifestación, al igual que algunas declaraciones suyas, podría interpretarse como un desmarque de la postura de su gobierno, pero los desmarques de Bono han sido hasta ahora poco o nada efectivos y acompañados de una demagogia ambigua que los asimila a las ocasionales bravatas de Ibarra. Al final todo queda en simples salidas de tono incapaces de alterar una línea de acción política de la que él, le guste o no, es corresponsable. Comparado con Rodríguez, para quien España no significa gran cosa y la democracia poco más, Bono sería un mal menor, pero si al final éste resulta una comparsa del primero, nada adelantamos, y parece que muchos manifestantes así lo han sentido. Esto es lo significativo. Lo insignificante fue el incidente en sí.

Soportar abucheos de vez en cuando entra en el oficio de un político. La agresión ya pasa a otro nivel. Según unos, Bono fue agredido, según otros, sólo abucheado. En todo caso él debe recordar que los abucheos, insultos mucho más graves de los recibidos por él, y agresiones violentas, los ha practicado masivamente su partido en connivencia con la extrema izquierda y los separatismos. Si considera su incidente como un ataque a la libertad, ya sabe de dónde vienen tales ataques.

Más allá del incidente en sí, nos encontramos con un serio problema: el PSOE ha estado rompiendo en los últimos años muchas reglas implícitas o explícitas del juego democrático, radicalizando con ello a la sociedad. El efecto más grave de sus demagógicas campañas tipo Prestige o guerra de Irak ha sido extender el sucio ambiente de las Vascongadas por el resto del país. Resulta fácil, aunque cierto, decir que empieza a recoger un poquito de lo que ha sembrado, pero la cuestión real es: ¿Cómo replicar a quien juega sucio y hacerlo de manera que el juego no se venga abajo? De ningún modo puede consistir la respuesta en paños calientes o recomendaciones como los de la propia AVT aquí denunciados por Javier Ruiz Portella el otro día. La experiencia prueba que los jugadores de ventaja tienden a abusar cada vez más si no se les paran los pies con energía. ¿Cómo reaccionar con energía, pero sin venganza, a fin de evitar una espiral destructiva? No se puede hacer lo mismo que ellos, pero tampoco permitirles seguir por esa vía. Cosa nada fácil, por cierto.

LOS EXALTADOS Y EL TERROR
GERMÁN YANKE ABC  24 Enero 2005

Resulta vergonzoso e impresentable que, en la manifestación contra el terrorismo, unos cuantos exaltados agredieran al ministro de Defensa hasta obligarle, junto a Rosa Díez, a abandonar la marcha. Los insultos y amenazas, ciertamente minoritarios, no son ni el símbolo ni el fundamento de los principios con los que una sociedad democrática debe oponerse al terror. Cuando su objetivo son las autoridades legítimas y los representantes políticos, paradójicamente en este caso de entre los que se han enfrentado valientemente a la violencia y al nacionalismo, los puñetazos, igualmente condenables, se adentran en el absurdo al que puede llegar la indignación irracional.

El asunto que me interesa ahora, sin embargo, es analizar hasta qué punto el Gobierno puede mostrar su malestar por este minoritario incidente, cómo puede valorarlo, qué incidencia tendrá en una estrategia que, demasiado a menudo, se basa en criterios de oportunidad, meramente tácticos, aparentemente cambiantes y, en ciertas ocasiones, contradictorios. Hay que tener en cuenta, en primer lugar, que, tras estallar un coche bomba en Getxo, nada menos que cuarenta kilos de explosivos, el ministro Sevilla se refirió a «estos ruidos», que es una expresión que no puede interpretarse sino como un modo de quitar importancia al atentado en un ambiente en el que se quería dar la impresión de que el final de ETA, vía definitiva negociación, estaba cercano. El propio ministro añadió que era necesario que cesaran los «ruidos» para «seguir» con el diálogo. Si las agresiones de los manifestantes exaltados se valoran con más contundencia que la grave explosión podríamos preguntarnos qué criterio se utiliza para juzgar la violencia, si hay algún principio inmutable ante los disimulos tácticos de los violentos o, por el contrario, todo depende del modo en que se consideran las hipotéticas y coyunturales necesidades del Gobierno.

El ministro Bono, tan injusta y lamentablemente insultado y golpeado, no quiso, al menos por las declaraciones que han trascendido, situar a sus agresores en una minoría que nada tenía que ver con los objetivos de la manifestación: «En España son muy pocos, pero allí eran muchos». Y, después, una alusión a Franco, que murió hace treinta años: «Desde la época de Franco, jamás había sentido en una manifestación que me podían agredir». Se puede comprender su nerviosismo, su malestar y su desconcierto, pero si no ha estado desde el fallecimiento del dictador en una manifestación en la que sintiera el miedo a ser agredido es, sencillamente, porque no ha estado en alguna de las que los constitucionalistas han organizado -y padecido- en el País Vasco.

Todo esto viene a cuento de que sería peligroso añadir a la actitud de los exaltados una lamentable valoración de los hechos, su generalización a los objetivos que contra el terror se habían propuesto los organizadores, la identificación de la solicitud de firmeza al Gobierno con el franquismo. No se quiénes eran los exaltados del sábado, pero sí que son minoría que no representa a los muchos preocupados a los que se cuenta que el Gobierno tiene abiertas líneas de intercambio de información con ETA. Y que rechazar enérgicamente sus agresiones no justifica la debilidad ante el entorno del terrorismo. Y que, siendo cierto que ser víctima no da patente de corso para imponer una determinada política, el hecho de serlo, como la memoria ejemplar del terror, les aporta una razón esencial: que si hay víctimas hay verdugos. Y el objetivo es colocar a los verdugos, a todos, a disposición de la justicia.

Simplezas y simplificadores
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 24 Enero 2005

Resulta sorprendente que, a pesar del gigantesco barullo difundido por todos los medios al servicio de políticos y comunicadores, una gran parte de los ciudadanos españoles sigan dando muestras de sentido común y buen juicio acerca de las cuestiones básicas para nuestra vida colectiva. Tal vez se deba a que sencillamente no prestan atención al conjunto de simplezas, engaños, contradicciones y demagogias que ocupan casi todo el espacio informativo; o tal vez reciban tal masaje comunicativo desde el escepticismo que se deriva de una larga experiencia escarmentada. Los psicólogos sociales han desarrollado una teoría de la disonancia cognitiva, según la cual las informaciones y mensajes que proceden de fuentes con escaso prestigio, o desprestigiadas del todo, no son capaces de generar una confrontación seria con nuestras propias creencias e ideas, de modo que no produce efecto alguno sobre ellas el repetido y constante bombardeo propagandístico. Y en ocasiones puede generar efectos contrarios a los que buscan los bombardeadores. Sin embargo, la acumulación de simplezas por parte de los simplificadores habituales puede resultar especialmente dañina para la convivencia de una vida colectiva necesariamente compleja.

Es el caso de la exigencia de una confusa reforma constitucional y estatutaria dentro del «Estado español», planteada sobre todo por los partidos nacionalistas de dos Comunidades Autónomas, que están muy lejos de constituir una «exigencia» inmediata para la mayoría de los ciudadanos de ese Estado español, que son quienes deben decidir el alcance y la urgencia de las reformas constitucionales.

El colmo de la simplificación lo representa el Plan Ibarreche, producto de un sueño que pretende el respaldo de las instituciones constitucionales españolas a un proyecto que supone la violación flagrante, en el fondo y en la forma, de nuestra Constitución. La aventura de Ibarreche está destinada a sufrir unos varapalos similares a los cosechados por el aventurero Simples Simplicissimus, una especie de pícaro español aclimatado al país de Fausto, que el novelista alemán Grimmelshausen escribió para fustigar las simplezas ingenuas y las locuras redentoras de sus paisanos. Claro que Simplicissimus, después de sus fracasadas aventuras, se retiró al bosque, a llevar una vida de ermitaño, mientras Ibarreche contempla la idea de echarse al monte y tocar a rebato para el reparto de tortas. Una simplificación peligrosa, especialmente dado el clima de violencia que se vive en el País Vasco.

También los colegas de la Esquerra nacionalista catalana no cesan ni un minuto en sus simplezas simplificadoras. En una tertulia reciente, el «conseller en cap» de la Generalitat manifestó que aceptaría con alborozo que le dieran un estatuto como el de Navarra. Aunque ya sabemos que, en Cataluña, «la pela es la pela», venir a resumir tanta identidad cultural, tanta historia gloriosa y tanto proyecto de futuro en un privilegio fiscal parece una simplificación impropia del mismo Simplicissimus. La simpleza deviene en treta.

Entre la esperanza y el recuerdo
PABLO MOSQUERA La Voz 24 Enero 2005

DENTRO DE unos días conmemoro algunas efemérides personales y no sé si intransferibles, pero por si acaso pienso seguir compartiéndolo con quienes me quieran leer.

En 1995, en estos días de enero, asesinaron a Gregorio Ordóñez en San Sebastián. Desconozco si todos los culpables están en la cárcel y si los que están pueden salir en cualquier momento a celebrar las fiestas de su pueblo como le gustaba hacer a mi amigo, navarro de nacimiento, donostiarra de vocación y español por convicción. Cuando lo dejaron sin voz para seguir defendiendo la dignidad y la libertad, me aseguraron, profesionales de los servicios de seguridad del Estado, que lo lógico era que primero me hubiera tocado a mí, y de hecho lo habían intentado sin fortuna por mis cambios de hábitos laborales, ya que aunque siempre había vivido de mi profesión de médico, sabía que ese era mi punto débil en las medidas de seguridad que debía tomar para ponerme a salvo de sus continuas amenazas.

Más tarde, un negro febrero, le tocó a Fernando Buesa y Díaz Elorza, este último habitual escolta mío, que casualmente hacía su trabajo en las calles de Vitoria para el secretario general de los socialistas alaveses. Fui el primero en acudir al lugar del amasijo de restos humanos mezclados con la metralla del coche en el que colocaron la bomba, a escasos 200 metros de mi domicilio vitoriano. Volvieron a decirme que me anduviera con cuidado, pues seguía siendo objetivo primordial e irrenunciable de la banda, precisamente por haber puesto en marcha la idea de que Álava debía y podía elegir su destino, fuera de la Euskadi nacionalista y empeñada en un proceso de construcción nacional en la que a los que no estaban de acuerdo simplemente los anulaban, por lo civil o por lo criminal.

Hoy ETA se debate entre los que quieren terminar la lucha armada y los que sólo saben matar para ser algo en su mundo. Pero, en cualquier caso, y tras leer el último comunicado de ETA, se desprende que justifican la tregua, al haber encontrado en las posturas del PNV los instrumentos que siempre habían sido la causa y el objetivo de su batalla contra España.

Me caben tres dudas: como terminará esta historia; podré seguir mirando a la cara de las familias de Ordóñez, Buesa, Díaz y tantas víctimas del «proceso hoy Plan Ibarretxe»; qué papel me tiene reservado el futuro, si debo reincorporarme a Euskadi.

Firmeza
Por Justino Sinova El Mundo 24 Enero 2005

Por primera vez en su vida de presidente, Zapatero se ha plantado frente a unas exigencias chantajistas. Y le ha salido bien: Ibarretxe parece titubear en su amenaza de desobedecer la resolución del Congreso y sus socios de ERC, que habían anunciado un drama si ZP pactaba con el PP, empiezan a desmentir sus bravatas por el recurso de seguir como si no hubiera pasado nada. Es el efecto de la firmeza desde la razón, que ya se vio cuando en años recientes el Gobierno hizo frente al terrorismo sin titubeos y Batasuna empezó a temblar, la kale borroka desapareció y ETA dio muestras de agotamiento.

El diálogo sin límite queda bien como bandera electoral pero es una desgracia como arma de gestión. Primero, porque para dialogar hay que estar dispuestos a ceder ante la razón; y luego, porque el diálogo ha de ser parte de un proyecto y se ha de saber de dónde se parte y hasta dónde se puede llegar. El diálogo como fin en sí mismo es una necedad por inútil.

Lo que ha pasado con el diálogo exaltado hasta la extenuación por ZP es que algunos creyeron que sus exigencias habían encontrado ya un cauce. Así lo entendieron Ibarretxe y sus entornos más o menos próximos; había llegado la hora de ganar porque la antipatía de Aznar había sido sustituida por el talante de Zapatero, que se interpretaba como el arte de ceder con una sonrisa.

Desde hace unas semanas se sabe que algo se está moviendo para intentar un diálogo del Gobierno con ETA y hasta se supone que el contacto pueda surgir en cualquier momento, al tiempo que se teme que pueda tener consecuencias catastróficas. Nunca el diálogo con ETA ha sido positivo para el Estado y, por el contrario, ha permitido a la banda reorganizarse y sacar ventaja propagandística.Ahora el miedo es a que el diálogo pueda convertirse en dejación.

La sola posibilidad de que eso ocurra es para echarse a temblar.Nunca será tan necesaria la firmeza desde la razón, porque el diálogo con ETA requiere estas dos condiciones innegociables: una, la entrega definitiva de las armas, mediante la renuncia formal y pública a la violencia; y otra, la no aceptación de una sola de las pretensiones que ETA ha exigido mediante el asesinato, el secuestro y la extorsión.

El Gobierno -con el recuerdo de las víctimas de la locura etarra- está obligado a mostrarse firme en el principio de no ceder ante el bandolero que quiere obtener a la fuerza aquello que puede defender por los cauces democráticos.Pero la firmeza debida empieza por no hablar con ETA si no acepta el diálogo de las personas. Es lo que se espera de un Gobierno que trabaje en favor de la libertad y la seguridad de todos los españoles.

El nacionalismo excluyente
ROGELIO ALONSO/PROFESOR DE CIENCIA POLÍTICA, UNIVERSIDAD REY JUAN CARLOS El Correo 24 Enero 2005

La aprobación del plan Ibarretxe confirma las peligrosas intenciones de un nacionalismo institucional al que poco le importa la exclusión de una gran parte de la sociedad vasca que su estrategia conlleva. Sus representantes desprecian las fundadas críticas a la propuesta del lehendakari mediante una retórica que combina el victimismo y la deslegitimación del marco democrático. Este discurso ha ido reproduciéndose educacando a un electorado que debe respaldar tan excluyentes políticas como las que el nacionalismo propugna hoy. Una muestra del mismo podía encontrarse en las páginas de 'Deia' un día antes de que Ibarretxe incumpliera su palabra al aceptar, para aprobar su plan, el apoyo de quienes admiten el asesinato de ciudadanos vascos. El firmante de una carta al director escribía: «Estas fechas siempre despiertan los puntos más sensibles del ser humano. Los presos nacionalistas vascos son tus hermanos. Cayeron bajo la ley del opresor. ¿No lo olvides! Quien los retiene en la cárcel destrozando hogares y atormentando a nuestras madres es el opresor. Que jamás salga de tus labios una sonrisa para él, mientras tus hermanos sufren en la cárcel y en presidio. Visítalos. Tu presencia les fortalecerá. Contémplalos con cariño de hermano a través de las rejas. ¿No los olvides!».

Tan sucinto párrafo contiene una insultante falta de solidaridad hacia las víctimas del terrorismo, pues esos «presos nacionalistas vascos» a los que se alude no son otros que los asesinos de aquellos vascos que se han convertido en víctimas de ETA por el deseo injusto de este grupo terrorista. Es esa violencia etarra la verdadera 'ley del opresor' que la sociedad vasca sufre, la que ha 'destrozado hogares y atormentado a tantas madres'. Semejante incitación al odio aparecía publicada el mismo día en que el lehendakari aseguraba que «no participaremos nunca del proyecto común del Estado, si no es libremente», reforzando una vez más la idea de agravio e imposición en la que el nacionalismo vasco tanto insiste con fines deslegitimadores. Esa misma es la esencia del frecuente recurso de Ibarretxe al anteponer la «voluntad del pueblo vasco» a la del «PP y el PSOE». Bajo esas palabras subyace la lógica de la exclusión que define su plan: los ciudadanos vascos votantes de estas formaciones políticas no deben considerarse integrantes del pueblo vasco. De ese modo el lehendakari interpreta a la perfección el papel de Joseba Egibar, para quien sólo son verdaderos vascos aquéllos que aprueben el plan Ibarretxe, como él mismo ha recalcado. Es éste el mensaje dominante de un partido cuyo presidente ha abogado por construir un nacionalismo cívico que constantemente se revela como un mero señuelo electoral. Y es que la realidad expone un nacionalismo que incluso ha sido criticado recientemente por quienes suelen defenderlo, como hacía en 'Deia' Enrique Curiel al escribir que «no es posible elaborar un proyecto de Estatuto con la mitad del Parlamento y de la sociedad vasca».

Sin embargo, lo que Ibarretxe persigue es la imposición de un proyecto que bajo la apariencia de reforma estatutaria supera con creces este supuesto. Le es por ello indiferente la marginación de una parte de la sociedad si a cambio su radicalización garantiza la hegemonía de quienes se empeñan en definir como «cauce central» de la misma. Alarmante resulta la utilización de esta terminología de connotaciones tan discriminatorias en una sociedad dividida en la que el terrorismo acosa precisamente a quienes no constituyen dicho 'cauce central'. Contrasta que mientras en otros contextos afectados por la violencia, como el de Irlanda del Norte, se han diseñado fórmulas políticas basadas en el consenso entre las comunidades huyendo de la dominación de mayorías conformadas por actores de un único bloque, en el País Vasco el nacionalismo opta por el control exclusivista de una sociedad enormemente plural, como emana de la iniciativa de Ibarretxe. Puede contraponerse el sistema de protección de intereses contemplado por el Parlamento autonómico en Irlanda del Norte con el desprecio con el que el nacionalismo ha respondido a la oposición que prácticamente la mitad de los ciudadanos vascos muestran hacia el plan diseñado por Ibarretxe.

Las normas de funcionamiento de la autonomía norirlandesa hoy suspendida requerían que las decisiones denominadas 'clave' fueran adoptadas únicamente con el apoyo de las dos comunidades norirlandesas, esto es, unionistas y nacionalistas, estableciendo para ello sistemas de votación que obligaban a los miembros del Parlamento a designarse en función de su identidad como «unionistas», «nacionalistas» u «otros». De ese modo cuestiones de especial relevancia exigían para su aprobación o bien una mayoría tanto de los representantes unionistas como de los nacionalistas, o una mayoría cualificada de un 60% de los parlamentarios presentes, incluyendo al menos un 40% de los unionistas y de los nacionalistas.

Así se pretendía evitar que nacionalistas o unionistas dominaran a la otra comunidad, como ocurrió durante los cincuenta años en los que el unionismo administró la autonomía de Irlanda del Norte hasta su suspensión en 1972. Así pues, aunque en Euskadi tanto el nacionalismo institucional como el del entorno de ETA han coincidido en utilizar el término unionista con un sentido derogatorio para referirse a políticos vascos no nacionalistas, es sin duda el PNV el que ha optado por comportamientos que le valieron al unionismo norirlandés acusaciones de discriminación.

La radicalización del nacionalismo institucional vasco se aprecia al rescatar un artículo publicado en 'Política Exterior' en 1997 por Joxe Joan González de Txabarri, en el que defendía con vehemencia el Estatuto que hoy el plan Ibarretxe pretende destruir. Escribía entonces el dirigente peneuvista:

«El Estatuto de autonomía de Gernika constituye un punto de encuentro, de comunicación, entre la mayoría de los ciudadanos vascos, sean éstos nacionalistas o no. La pluralidad política que como rasgo pertinente conoce la sociedad vasca encuentra en dicho marco jurídico una 'coiné' política, que aunque no total, por no encontrarse en ella sectores del mundo radical representado por Herri Batasuna, resulta básica no sólo para la vertebración de Euskadi sino también como factor fundamental de integración y vertebración social».

«A lo largo de estos diecisiete años de vigencia del Estatuto de Gernika, la ciudadanía vasca ha ido demostrando, elección tras elección, su adhesión mayoritaria a las instituciones autonómicas y a los partidos estatutarios. Pero hay algo más importante aún. Con la asunción mayoritaria del Estatuto, la ciudadanía vasca ha optado por algo más que un arreglo concreto de su contencioso histórico. Ha optado por un procedimiento para su solución. Ha tomado en sus manos el conflicto y ha decidido ir resolviendo mediante los procedimientos que el sistema democrático pone a su disposición: el reconocimiento de su propia pluralidad, la negociación entre las partes y los arreglos progresivos y pactados».

«Aunque diecisiete años representan relativamente poco tiempo desde una perspectiva histórica, se han producido durante ellos muchos y significativos cambios en el mundo, en el Estado español, en Euskadi. La Comunidad Autónoma Vasca ha avanzado notablemente desde la entrada en vigor del Estatuto de Gernika, tanto en el volumen de competencias asumidas como en su capacidad política, presupuestaria y administrativa, para ejercitarlas eficazmente y propiciar así el bienestar en la sociedad vasca. Algunas de esas competencias, la Ertzaintza, los medios de comunicación, el Concierto Económico singularizan la autonomía vasca, ya singular de por sí en origen y configuración institucional».

«Cuando en el caso vasco tenemos la oportunidad de explicar el Estatuto de Gernika a expertos o responsables extranjeros, suelen terminar convencidos de estar ante un modelo de descentralización política y administrativa superior a otras experiencias internacionales. De hecho, la imagen del Estado español aparece hoy en día de modo similar a la de un Estado de corte federal. Ciertamente está asegurado un cúmulo de materias en las que la cobertura política y la capacidad de decisión autónoma están garantizadas, y que resultan expresivas de una naturaleza subestatal, dotada de capacidad política».

Analizadas retrospectivamente, esas palabras revelan la incoherencia de un plan como el que ahora el nacionalismo impone para enterrar el Estatuto. ¿Qué justifica la eliminación del «punto de encuentro, de comunicación, entre la mayoría de los ciudadanos vascos, sean éstos nacionalistas o no», del «factor fundamental de integración y vertebración social», del «procedimiento para la resolución del contencioso histórico»? Todo apunta a que el nacionalismo considera que la integración de los vascos no le garantiza el poder mientras que la exclusión de los no nacionalistas sí puede hacerlo. Desgraciadamente esta desprotección es la que ETA ha buscado asesinándoles.

No somos ovejas
Cartas al Director ABC  24 Enero 2005

Guecho: varios vecinos secuestrados por ETA, quince asesinados, cinco bombas en cinco años, una plaza con el nombre de un etarra, ni medio homenaje o monumento a las víctimas, un alcalde virtuoso del sectarismo que acoge calurosamente y da la palabra en los plenos a quienes han sido ilegalizados por su complicidad con los asesinos, 18.000 euros al año para que las familias de los presos puedan visitarles, y ninguno para que los miles de vecinos huidos puedan venir a visitar a los familiares aquí, o a los que descansan en un cementerio...

¿Son suficientes motivos para que los que siempre reciben las «tortas» puedan manifestarse con una pancarta en español, que la entienden todos los vecinos, o en esperanto, o en braille si lo creen oportuno? Nuestro alcalde prefiere enredar: o la pancarta es en vascuence o no hay pancarta. Y eso lo han aprobado los mismos que han apoyado el planazo para que los receptores de las tortas y de las bombas hagamos las maletas. Si el alcalde Zarraoa pretende que agachemos la cabeza a cambio de la paz, se equivoca, no se ha enterado de que los vecinos de Guecho no somos ovejas. Joseba Aldecoa Urízar. Guecho.

Plan ¿Rataplán!
Feliciano Ruiz/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 24 Enero 2005

Plan, el de Ibarretxe; el redoble, el de las bombas de ETA. Y van al unísono. Cómo no, si cantan la misma copla; si están en lo mismo. Si no, ¿en qué quedaría la tabarra del famoso plan, sin el respaldo contundente de tiros y bombas? Las sinrazones, los abusos del calibre de los de ese planecito, o se respaldan con el terror, o quedan en matonadas ridículas. Además, como de costumbre, para pillar las nueces hay que sacudir con fuerza el nogal. Hay que actuar en equipo. Señores políticos no nacionalistas de aquí y de España entera: ¿Plántense de una bendita vez! Que son más de siete los pueblos que, legales e ilegales, se quiere saltar de golpe. O pasará, como suele, que se queden ustedes tan satisfechos y se cuelguen medallas, porque de los siete que pretendían sólo se pasaron cinco... Y así hasta nuevo envite, claro. Pero les quedan tan pocos envites que ganar para acabar la partida, tan pocos pueblos por pasar para salirse del mapa... En fin, sería una triste gracia que lo que ETA no ha logrado después de tantos años de barbaridades, una vez derrotada, o casi, se consiguiera 'a tortas' del monólogo autista que ese señor que da nombre al plan insiste en colarnos como 'diálogo'. Si así sucediese, si se salen otra vez con la suya, las tortas de verdad llegarán inexorablemente. Y ustedes serán, en buena parte, culpables de todo ello.

EL PRESIDENTE DE LA AVT PEDIRÁ LA DIMISIÓN DE PECES BARBA
"Es lamentable que la única víctima que aparezca en los medios después de la manifestación sea Bono"
El presidente de la Asociación Víctimas del Terrorismo ha recordado que pidió ayuda a Alfredo Pérez Rubalcaba para organizar la manifestación y que éste respondió nueve días después para mostrar su enfado por las críticas a la ausencia de Peces Barba. José Alcaraz cree que "estamos volviendo a los ochenta donde las víctimas eran ninguneadas". Rosa Díez ha pedido a los medios que, tras centrar la atención en la agresión a Bono, ahora den "voz" al mensaje de las víctimas. A la misma hora, el ministro de Defensa leía en RNE los insultos que escuchó en su contra.
Libertad Digital 24 Enero 2005

Desde algunos medios de comunicación se ha criticado a la Asociación Víctimas del Terrorismo por no implicar al Gobierno en la organización de la manifestación. El presidente de la AVT, José Alcaraz, ha desvelado en La Mañana de la COPE la realidad de los hechos: "Nosotros desde el mismo día 12 a las 19.30 nos pusimos en contacto con el señor Alfredo Pérez Rubalcaba para manifestarle la intención de la manifestación y también para pedirle ayuda al tanto al Gobierno como al propio PSOE. Por lo tanto, el Gobierno sabía diez días antes que teníamos la intención de realizar esa manifestación y habíamos solicitado su presencia como su ayuda en la misma".

El presidente de la AVT explicó cuál fue la respuesta del Ejecutivo socialista: "El señor Rubalcaba me dijo que me llamaría que lo iba a consultar y hasta el día 21 por la mañana no me volvió a llamar. Me llamó un poco airado por los comentarios que iban saliendo en prensa a cerca de la ausencia tanto del señor Gregorio Peces Barba como de la representación del propio Gobierno. Y me comentó que intentaría ver si algún ministro quedaba libre y podía a la manifestación y a las 5 de la tarde me llamó confirmando la asistencia del ministro Jordi Sevilla". Según Alcaraz, el portavoz del Grupo Socialista "estaba molesto" por las declaraciones de la AVT en las que había calificado de "extraño e inadmisible" que el Gobierno no apoyará una manifestación con el lema que 'Memoria, dignidad y justicia' y en las que denunció "la falta de apoyo del Gobierno y del Partido Socialista". Esas palabras "le produjeron cierto enfado" a Rubalcaba.

"Era difícil encontrar a un policía"
Respecto a la cobertura que las fuerzas de seguridad dieron a la manifestación, Alcaraz ha denunciado la falta de previsión del Gobierno: "Llegó bastante más gente de la que nosotros pensamos, pero mucha más de la que pensaba el señor Rubalcaba y de la que pensaba el propio Gobierno. Porque nosotros en las reuniones que tuvimos con el delegado del Gobierno, de la policía nacional y de la policía municipal se hablaba de una estimación de 2.000 personas, 3.000 como mucho. El propio sábado nos llamaron informando de que iban a triplicar las medidas de seguridad. Aún así era difícil encontrar a un policía, era muy difícil encontrar a un municipal".

Sobre el incidente de Bono, el portavoz de la AVT ha explicado que su "organización pudo controlar tanto la pancarta de las Víctimas como de los políticos, pero la gran masa de personas que se sumaron a la manifestación no estaba a nuestro alcance poder controlarla y echamos en falta todo el apoyo del Gobierno con las fuerzas policiales para poder de alguna manera garantizar esa seguridad que necesitaba esa manifestación". Alcaraz señaló que "los políticos que fueron en la pancarta ubicada para ellos no tuvieron ningún tipo de problema y ningún tipo de agresión". Por ello, condenó la agresión sufrida por el ministro de Defensa pero recordó que si "el señor Bono hubiese informado de su presencia hubiese tenido un sitio para ubicarle en la pancarta y si no hubiese querido ir con la pancarta hubiese tenido un sitio en una zona de seguridad que habíamos habilitado". Alcaraz aún no entiende por qué Bono acudió al acto sin avisar a los organizadores.

La única víctima que aparece en los medios: José Bono
"Estamos volviendo a los años ochenta donde las víctimas eran ninguneadas, eran olvidadas y eran calladas", denunció José Alcaraz, que afirmó que "es lamentable que la única víctima que aparezca en todos los medios de comunicación aún cuarenta y ocho horas después de la manifestación sea el señor Bono. Ahí había aparte de él, como víctima de una agresión en la manifestación, había muchísimas familias que habían perdido a sus padres, hermanos o hijos y de esas no se ha reflejado casi nada en los medios de comunicación. No se ha reflejado tampoco el mensaje del comunicado de la AVT". En su opinión, "desde antes de la manifestación existía la intención de boicotearla o sí de no apoyarla y de alguna manera que fuera un fracaso. Como no ha sido así y no había forma de taparlo, este incidente le ha servido a muchos medios para ocultar el éxito de la misma".

Por cierto que respecto a la reunión que el Alto comisionado, Gregorio Peces Barba, va a convocar con las asociaciones de víctimas, Alcaraz desveló que nadie les "dicho nada" y que se han enterado por los medios de comunicación de la misma. Añadió que si finalmente se produce ese encuentro la AVT "posiblemente le lleve la petición de dimisión como Alto comisionado". Finalmente, el representante de las víctimas advirtió de que "aunque quieran acallarnos, aunque quieran volver a poner a las víctimas donde estaban en los años 80 y no lo van a conseguir porque sabemos que la sociedad está con las víctimas, porque todos podemos ser víctimas en cualquier momento".

Del mensaje de Bono al de Rosa Díez
Mientras tanto, el ministro de Defensa, José Bono, ha vuelto a repetir, esta vez en Radio Nacional, su pesar por la agresión sufrida el sábado durante la manifestación del sábado en Madrid: "Creo, aspiro y deseo que en mi país, ir a una manifestación contra ETA y los terroristas, pues no se convierta en una manifestación de violencia contra los que allí van, unidos por el mismo ideal, contra la violencia y el terrorismo". Según Bono, hubo un grupo "numeroso y consistente" de personas que le increparon. El ministro de Defensa incluso leyó algunas de los lemas que escuchó en su contra: "Vete con Gallardón, asesino, defensor de maricones, apóstata, no te queremos en la Iglesia, cobarde, devuelve las tropas a Irak, cabrón".

En La Mirada Crítica de Telecinco, la eurodiputada socialista Rosa Díez, que acompañaba a José Bono durante los intentos de agresión, ha declarado que no se debe "responsabilizar" a los partidos políticos de propiciar "el caldo de cultivo" que desembocan en situaciones como la vivida el sábado. Díez ha señalado que las diferencias entre PP y PSOE traen "malas consecuencias" pero deben distinguirse de la actuación de "los fascistas que intentaron sacar beneficio de esa manifestación". La eurodiputada lanzó un mensaje a los medios de comunicación para que, después de mostrar los intentos de agresión y acoso al ministro de Defensa, reflejasen y "diesen voz" al discurso de las víctimas tras la marcha, en el que afectados por la masacre del 11 de marzo y por la violencia etarra pidieron memoria y dignidad.

María San Gil / Presidenta del PP en Euskadi y candidata a lehendakari
"El PSOE está jugando en el País Vasco con una calculada ambigüedad"
Por Pablo Ordaz El País 24 Enero 2005

No son días fáciles para María San Gil (San Sebastián, 1965). Ayer se conmemoró el décimo aniversario del asesinato de su compañero y amigo Gregorio Ordóñez, concejal del PP en San Sebastián. Ella estaba almorzando con él cuando un terrorista atravesó el bar La Cepa, en la Parte Vieja de la ciudad, y le disparó. De ser su secretaria pasó a sustituir su ausencia y ahora es la candidata del PP a la presidencia del Gobierno vasco. Un sondeo muy reciente no le augura buenos resultados para las elecciones autonómicas de este año.

Pregunta. El Partido Popular pasaría a ser la tercera fuerza, por detrás del Partido Socialista de Euskadi...
Respuesta. Las encuestas que se sacan en el País Vasco se ajustan poco a la realidad. La gente no es fiel a lo que luego vota. El único indicador importante es que los nacionalistas no logren la mayoría absoluta. Eso me interesa mucho más que valorar si el PSOE sube seis escaños o nosotros bajamos dos. Y por eso hay que seguir trabajando en la alternativa constitucionalista.

P. ¿Y no teme que, como sucedió en 2001, los nacionalistas salgan en tromba a impedir la alternativa constitucionalista?
R. Nunca PP y PSOE obtuvieron mejores resultados que en 2001. Es verdad que la movilización del sector constitucionalista obligó también a la movilización del sector nacionalista. Pero por primera vez sintieron muy de cerca que podíamos quitarles el poder, que es lo único que les interesa, mantenerse en el poder como si fuera suyo. Fue bueno que esta sociedad percibiera que puede haber un cambio, un Gobierno para todos. Lo que no entiendo son dinámicas de no querer volver a reeditar esa ilusión, ese optimismo. Los nacionalistas se van a movilizar exactamente igual. Sin embargo, me da la sensación de que hay algún partido que no quiere una movilización del constitucionalismo.

P. ¿Y por qué cree que el PSOE no quiere?
R. No digo que el PSOE no quiera. Lo que digo es que el PSOE está jugando con una calculada ambigüedad en el País Vasco. Su estrategia pasa por creer que ellos son capaces de mantener sus votos y al mismo tiempo captar a los nacionalistas moderados. Juegan a buscar determinados entendimientos con el PNV creyendo que de ahí van a captar los suficientes votos para luego ser dueños de la situación y decidir con quién pactan. Y creo que eso no es muy correcto electoralmente. Es obligación de los políticos explicar a cada elector cuál es la utilidad de su voto. No es lo mismo que un constitucionalista vote a Patxi López para que pacte con nosotros que para que luego pacte con el PNV.

P. ¿Es partidaria de suscribir un acuerdo como el de Mayor Oreja y Nicolás Redondo?
R. No. Yo no hablo de hacer un acuerdo preelectoral. Sí creo que es importante explicar a la sociedad vasca con quién queremos gobernar y para qué. Quizá no sea ni el momento ni la ocasión para un pacto previo, pero sí para decir que ayudaremos a formar una mayoría constitucionalista. Pero todavía no se lo he oído decir a Patxi López. Y navegar entre dos aguas puede llevarte a naufragar.

P. ¿No cree que ese acuerdo puede revivir la crispación electoral que se vivió en 2001?
R. Pero es que esa crispación existe. Estuve el otro día en Getxo [en la concentración tras el último coche bomba de ETA] y salí desolada. Oí de todo. Mientras unos pedían libertad, otros decían libertad para qué, si ya la tenemos. Aquí hay unos que son víctimas y otros que cierran los ojos.

P. ¿Qué cree que va a hacer Ibarretxe después de que el Congreso rechace su plan?
R. Pues seguir en clave victimista. No hay más que ver el artículo que publicó el viernes en EL PAÍS. Para él, lo de Rajoy y Zapatero no es diálogo. Sólo es diálogo lo suyo y siempre que sea en la clave que él quiera marcar. Me imagino que ya tenía pensado hacer unas elecciones en clave victimista.

P. ¿Quiere decir que todo forma parte de una estrategia electoral?
R. Pero es que llevan en esa estrategia 30 años. El nacionalismo tiene perfectamente marcada la hoja de ruta. Y en la actualidad estamos en un proceso de convergencia entre el PNV y ETA. ¿Cuál es la diferencia entre ambos? Los tiempos y los plazos. PNV y EA quieren hacerlo de forma más pausada, sin que la confrontación con el Estado sea inmediata, pero ETA, al darle sus votos, les está pidiendo que sea ya, de ahí que Ibarretxe diga que a ver si vamos a acabar a tortas.

P. ¿Cree que Otegi le ha hecho una faena a Ibarretxe votándole el plan?
R. Siempre podía haber dicho: 'yo no quiero esos votos'. Así que no le hagamos mártir. Estaba encantado. La sonrisa fue de oreja a oreja.

P. El acto de Anoeta, la carta de Otegi, el ambiente de tregua... ¿Qué está pasando?
R. Nada. Lo único que está pasando es que hay cierto relajo en la firmeza del Estado de derecho. Batasuna se siente más cómoda con el Gobierno de Zapatero y quiere volver a la vida política. Hay que seguir con la presión a ETA. Es lo mejor que se ha hecho en los últimos ocho años.

P. ¿Qué quiere decir cierto relajo en el Estado de derecho?
R. Que no se recurre el auto contra [Juan María] Atutxa, que no se recurre al Tribunal Constitucional con el plan Ibarretxe. El PSOE quiere separarse tanto de políticas del PP que está levantando el pie del acelerador. Eso no es bueno, porque todo lo que sea darle oxígeno a ETA y a Batasuna es quitárselo a los que vivimos amenazados.

P. ¿No cree que el PSE puede estar intentando un diálogo que acabe con el terrorismo?
R. No hay nada que dialogar porque a la vida no se le pone precio. No hay que caer jamás ante el chantaje.

P. El PSE también está en esa situación, sus concejales también están amenazados...
R. Pues pregúntele a muchos de los concejales del PSE qué opinan.

P. ¿Qué cree que opinan?
R. Hay una doble alma en el PSOE. Mucha gente sigue compartiendo lo que Nicolás Redondo decía, que es fundamental un pacto PP-PSOE para defender los principios democráticos. Hay otros, como Patxi López, que siguen creyendo que al PNV se le puede redimir. Y que es mejor estar lejos del PP y más cerca del PNV.
Recortes de Prensa   Página Inicial