AGLI

Recortes de Prensa     Martes 25 Enero 2005
EL PRIMER AVISO A ZP
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  25 Enero 2005

EL PLAN IBARRETXE Y LA DOBLE MORAL NACIONALISTA
Editorial ABC 25 Enero 2005

Alguacil alguacilado
Serafín Fanjul Libertad Digital 25 Enero 2005

Quien siembra vientos, recoge tempestades
Ignacio Villa Libertad Digital 25 Enero 2005

Peces Barba, más motivos para su cese
EDITORIAL Libertad Digital 25 Enero 2005

52 palabras
José García Domínguez Libertad Digital 25 Enero 2005

El espejo cóncavo y convexo de ZP
Isabel Durán Libertad Digital 25 Enero 2005

Provocaciones
Cristina Losada Libertad Digital 25 Enero 2005

Bono y los radicales libres
GEES Libertad Digital 25 Enero 2005

Con las víctimas y con Bono
Iñaki EZKERRA La Razón 25 Enero 2005

Huele a elecciones anticipadas
Julián LAGO La Razón 25 Enero 2005

La demagogia y la Ley
ANTONIO ELORZA El Correo 25 Enero 2005

Bono se coló sin entrada
Lorenzo CONTRERAS La Razón 25 Enero 2005

¡Ay qué Bono!
Tomás CUESTA La Razón 25 Enero 2005

EL EXTREMISMO TOLERADO
EDURNE URIARTE ABC  25 Enero 2005

La calle no es de la izquierda
Antonio Martín BEAUMONT La Razón 25 Enero 2005

Abuso constitucional
Juan BRAVO La Razón 25 Enero 2005

Batasuna, en Porto Alegre
EL SUBMARINO La Razón 25 Enero 2005

Los aprovechados
Federico Jiménez Losantos El Mundo 25 Enero 2005

Te voy a dialogar
Imanol Zubero El País 25 Enero 2005

Médicos autonómicos
Luis del Val El Ideal Gallego 25 Enero 2005

Lío incomprensible
Cartas al Director El Correo 25 Enero 2005

Gotzone Mora:«No volveré a presentarme por el PSOE mientras no escuche el grito de las víctimas»
MARÍA LUISA GARCÍA FRANCO ABC  25 Enero 2005

«Me voy del PSE porque he recibido empujones que me han hecho caer»
Diana Valdecantos La Razón 25 Enero 2005

Seis autonomías rechazan incluir los distintivos regionales en las matrículas
Rocío Ruiz La Razón 25 Enero 2005







 

La Fundación Idissa organiza un curso de socorrismo de tres meses
Redacción / Arteixo

Durante los próximos tres meses, la Fundación para la investigación, desarrollo e innovación en salvamento (Idissa) impartirá un curso de socorrismo en el municipio en el cual se obtendrán los certificados de formación profesional de socorrista de salvamento acuático y primeros auxilios con validez en todo el territorio nacional. La fecha de inicio será el próximo 2 de febrero, a las 17 horas, en la base de Protección Civil local situada en el polígono de Sabón.
Los contenidos del curso versarán sobre la didáctica de salvamento acuático, primeros auxilios, legislación, psicología, anatomía y fisiología y los alumnos también realizarán prácticas de salvamento acuático. Las clases se impartirán durante los meses de febrero, marzo y abril los viernes, sábados y domingos. Los únicos requisitos para asistir son saber nadar y disponer de material acuático propio como aletas. El coste del curso es de 430 euros y los alumnos empadronados en Arteixo se beneficiarán de un 10% de descuento.

Los interesados en obtener más información pueden acercarse a la base de Protección Civil de Arteixo o llamar la Fundación Idissa en el 981 91 39 93.

EL PRIMER AVISO A ZP
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  25 Enero 2005

SI Zapatero se niega a negociar el plan Ibarretxe y, sin embargo, está dispuesto a hacerlo con ETA es porque piensa que las condiciones que van a plantear los terroristas son más llevaderas. Lo contrario no respondería a la lógica, y yo aún sigo pensando que al Gobierno socialista aún debe de quedarle un mínimo de lógica. Así que la cuestión es saber qué entiende Zapatero por condiciones más o menos llevaderas, más o menos fáciles de cumplir.

Sabiendo como sabemos que Zapatero va a aprovechar la más mínima ocasión para negociar con ETA (lo ha dicho él) conviene que los ciudadanos hagamos nuestros deberes, es decir, pensemos en qué circunstancias el Gobierno puede negociar con los terroristas y cuál es el precio que puede pagar por la paz. Incluso deberíamos imaginar qué es lo que estaría dispuesto a pagar Zapatero con tal de poder llegar a un pacto con ETA una vez que conocemos su prodigalidad cuando se dedica a negociar los intereses de la Nación. En los debates sobre nuestra representación en la Unión Europea echó por tierra lo conseguido en Niza. Toda la fortaleza que parece exhibir ante el amigo americano la pierde ante el vecino enemigo de Marruecos.

Desde el punto de vista estratégico es alarmante que Zapatero haya anunciado en un programa de televisión su ansiedad por «dialogar» con ETA. Pero es tan grave la apuesta en la que estamos que no me gustaría tener que afearle sus comportamientos fatuos. En este envite nos jugamos demasiado los españoles. Alguien cercano y con autoridad debería decirle a Zapatero que comenzar, como lo ha hecho, es entregarse. Y entregarnos a todos. Tiene que ser ETA la que haga patente su disposición a negociar, abriendo una tregua, reclamando una negociación. Mientras eso no ocurra, el aparato represivo deberá funcionar al máximo, el que dirige Alonso, la Fiscalía General, los servicios antiterroristas europeos, el Pacto por las Libertades...

Y si un día el Gobierno comienza a negociar, ZP deberá hacer público el proceso. El pueblo español deberá estar al tanto. Porque tiene derecho a ello. Aquí no valen tapujos. Ni guiños de ojo a los cuatro enterados. Las negociaciones no deben ser menos transparentes que los crímenes que hemos tenido que soportar.

El PSOE pagó muy caro el terrorismo de Estado. Lo pagamos todos. Ahora este Gobierno tiene la tentación de aprovechar el atajo del diálogo. Es más light en apariencia pero puede tener consecuencias nefastas. Pero en el supuesto de que llegara el momento de la negociación porque lo pide ETA (sólo si ETA lo pide), porque lo necesita, porque está agotada, habrá que hacerlo público y la sociedad deberá saber el precio. El que ponga ETA, que pondrá un precio al fin del Terror.

Yo sé que es muy tentador para un gobernante pasar a la historia por haber conseguido la paz pero también sé que una nación no puede quedar humillada por unos terroristas. Los demás no hemos nacido para hacer feliz a Zapatero, sino para vivir en la seguridad y con dignidad. Suárez luchó contra ETA. González se arrepintió en 1987 de sus errores y siguió luchando contra ETA. Aznar sufrió un terrible atentado antes de llegar al gobierno y se dedicó a luchar contra ETA. Supo declinar una primera propuesta de negociación, y únicamente se avino a unos tanteos una vez abierta la tregua. Por cierto, con luz y taquígrafos. Y ¿cuál deberá ser el deber de Zapatero? Seguir luchando contra ETA. ¿O cree que ha nacido para la gloria?

La manifestación organizada por la AVT fue un aviso para el Gobierno. Es la justa y necesaria fiscalización de la sociedad, la más castigada por cierto.

EL PLAN IBARRETXE Y LA DOBLE MORAL NACIONALISTA
Editorial ABC 25 Enero 2005

LOS grupos nacionalistas vascos del Congreso de los Diputados han presentado un escrito ante la Mesa de esta Cámara para evitar que el plan Ibarretxe se vote en la sesión plenaria del 1 de febrero. Según los nacionalistas, la propuesta aprobada por el Parlamento vasco es una reforma estatutaria y debe ser tramitada por el procedimiento «paccionado y bilateral» (sic) establecido en el artículo 151 de la Constitución. El PNV ya ha anunciado que si la Mesa del Congreso rechaza su petición acudirá al Tribunal Constitucional, solicitando su amparo frente a lo que, a su juicio, es una quiebra del proceso de negociación previsto por la Constitución. Tanto PP como PSOE han mostrado su rechazo a este planteamiento, destacando la desfachatez nacionalista de aprovecharse de los mecanismos constitucionales para atacar la Constitución. Sin embargo, el PNV y el Gobierno vasco ya manejaban esta posibilidad desde que pusieron en marcha el plan Ibarretxe.

El informe que emitieron los expertos legales del lendakari sobre su propuesta se cerraba con dos opciones acerca de la actitud que podía adoptar la Mesa del Congreso: o devolver el plan a la Cámara vasca por ser una reforma constitucional encubierta o calificarlo como reforma estatutaria, en cuyo caso se abriría el procedimiento del artículo 151 de la Constitución, que remite la negociación de la propuesta a la Comisión constitucional del Congreso, sin una sesión plenaria previa. ABC publicó este informe el día 8 de septiembre de 2003.

Los nacionalistas se aprovechan de las facilidades y los errores del Gobierno. El primero fue no impugnar la resolución del día 30 de diciembre pasado, del Parlamento Vasco, ante el TC. El segundo ha sido confirmar el baile de máscaras en que el PSOE ha convertido el trámite parlamentario del plan Ibarretxe, al calificarlo como reforma estatutaria. La astucia nacionalista no es más que la capacidad del PNV para aprovecharse de las circunstancias y amarrarse a la asepsia de los procedimientos, ya que el Ejecutivo ha decidido no pelear jurisdiccionalmente contra el contenido del plan. Así sólo se ha conseguido sumir al Estado en riesgos innecesarios y franquear a los nacionalistas el paso de su plan soberanista por el Congreso de los Diputados, donde por vez primera se debatirá una iniciativa separatista. Lo que diga el TC, si finalmente el PNV solicita su amparo -incluida la suspensión cautelar del acuerdo de la Mesa del Congreso-, es impredecible, porque la arbitrariedad de las tácticas políticas ya ha suplantado las certezas del principio de legalidad. Un Estado de Derecho no es más que un sistema de protección frente a la infracción del ordenamiento jurídico. Las leyes, los procedimientos y los Tribunales -también el Constitucional- están establecidos para responder adecuadamente a las ilegalidades y el plan Ibarretxe es la inconstitucionalidad más flagrante de cuantas ha conocido la democracia española.

Que ahora el Gobierno y el PSOE denuncien la doble moral nacionalista de ampararse en la Constitución para atacarla -registro que el nacionalismo vasco comparte con Esquerra Republicana de Catalunya- es la prueba plena de su error en la gestión de esta crisis de Estado. Son los socialistas los que han aceptado el plan del lendakari como reforma estatutaria y ahora los nacionalistas van a llevar su órdago hasta el final, sabiendo además que su recurso ante el TC puede condicionar la futura tramitación de la reforma del Estatuto catalán.

Alguacil alguacilado
Serafín Fanjul Libertad Digital 25 Enero 2005

Nos hemos cansado de esperar que Rodríguez, Rubalcaba o cualquiera de los prohombres socialistas tomaran medidas disciplinarias internas (cuando estaban en la oposición), o legales (ya en el gobierno), o al menos que condenaran de boquilla la actuación de los progres que llevan dos años y medio acosando, insultando y agrediendo a diversos miembros del PP, desde el “Aznar asesino” sin ton ni son al apedreamiento de cualquier concejal de ese partido en un pueblito andaluz. Siempre han eludido el menor reproche a su carne de cañón para tenerla contenta, con los buenos resultados que les ofrendó el 14 de marzo. Carecen pues, de la mínima autoridad moral para hablar de civismo y democracia, de ruines y miserables, de salvajes y agresiones. De tan sabido como esto es, casi huelga mencionarlo. Como parece ocioso extenderse sobre la desvergonzada actuación de la TVE socialista que, en el telediario de mediodía, coló la noticia de la convocatoria de mala manera y a rebufo de un acto del PP contra el terrorismo (siempre la asociación nada inocente de este partido con las víctimas del terrorismo, como si a los demás no les concerniesen, y, tirando por elevación, con la extrema derecha) y, sin embargo, en el de la noche abrieron con la imagen de los forcejeos alrededor de Bono: Qué casualidad, justo al lado de este señor había una cámara de TVE. Y ya no ha habido más que las “agresiones” al ministro de Defensa.

Como da la casualidad (verdadera) de que yo me encontraba a unos cinco metros a la izquierda de donde surgió el incidente principal, puedo testimoniar donde sea necesario que la tal “agresión” en su punto de máxima tensión consistió en algunos empujones y forcejeos, sin golpes, entre algunos manifestantes y los guardaespaldas de Bono. También hicieron ondear un instante una bandera nacional sobre las cabezas del grupo que le acompañaba. Las frases que se corearon contra ese señor fueron “Fuera, fuera” y “España, España”. Si en medio del vocerío alguien gritó otra cosa yo no lo oí, pero no parece que eso sea relevante. Como tampoco parece que el señor ministro corriera riesgo efectivo ninguno. Por fortuna. Respecto a la barra de hierro con que intentaron agredirle, sólo puedo señalar que dudo mucho fuese de tal materia, sino que más bien –sólo supongo, pero con fundamento– se trataría de un palo de cepillo o escoba, como suelen usarse haciendo las veces de asta de bandera.

Pero los hechos ni acabaron ni empezaron aquí y como no soy la TVE socialista, debo añadir algunos extremos: Rosa Díez fue bien recibida por los manifestantes; al ministro Jorge Sevilla nadie le tosió; saludé con el afecto que merece a Gotzone Mora, que fue muy aplaudida por todo el mundo; no vi personas organizadas en grupos de acción, ni por supuesto, provistas de objetos ofensivos de ningún género; en los distintos sectores de la manifestación en que me moví sólo escuché un insulto, dirigido a la SER; las alusiones a Peces y Manjón se limitaron a preguntar dónde estaban estos ángeles de la solidaridad, pregunta, por lo demás, bien pertinente; no he conseguido ver hasta el momento ninguna foto aérea del cortejo, único modo de establecer una aproximación al número real de asistentes; los intentos de TVE y de Rubalcaba, el Rasputín de bolsillo, de responsabilizar nada indirectamente al PP y en especial a Ángel Acebes del incidente, darían risa si no fueran acompañados del uso y abuso fraudulento de los medios de comunicación del estado.

Pero, descartada y condenada la violencia por simple lógica cívica, también se imponen algunas reflexiones. Nunca sabremos si José Bono fue a provocar a un sector muy numeroso de españoles que desde hace diez meses está siendo agredido desde el gobierno, o si –listo que es el hombre– ha llegado a creerse que el populismo demagógico que se gastaba en cualquier aldea manchega podía valerle entre gentes que un día sí y otro también se sienten heridas en sus convicciones más profundas por quienes deberían salvaguardarlas. Tal vez Bono sea lo menos malo del gobierno actual, pero que se guarde los golpecitos en el hombro y las sonrisas paternalistas que nadie le ha pedido, sobre todo si es responsable solidario, o responsable principal, de gestos como la fuga de Irak, el ridículo potaje Tex-Mex en que convirtió el desfile del 12 de octubre o la retirada de la leyenda en la academia de suboficiales de Lérida. No queremos prédicas, queremos trigo. Y a ser posible, limpio.

Y al gobierno socialista es preciso recordar la gravísima responsabilidad en que están incurriendo al fomentar el enfrentamiento civil, tirando la piedra y escondiendo la mano. Sabían perfectamente lo que iba a suceder desde el instante en que su Comisionado rehusó asistir, por aquello de que es más importante tener contenta a la ETA que a sus víctimas. Por cierto, el heroico Peces, catedrático después que presidente del Congreso, no tuvo ningún empacho de encabezar una algarada callejera de rectores contra la Ley de Reforma Universitaria porque temía que lesionaba sus intereses. Y esto no empezó el 13 de marzo. El primer acoso sonado (no el primero cronológicamente) fue el que dirigió una chusma agresiva contra Ana Botella, con gran regocijo de la progresía, y a partir de ahí ya vino la cascada. Tomaron un mal camino y no podemos limitarnos a desear angelicalmente que recapaciten y sean buenos. A nadie en su sano juicio interesa un choque, aunque quizás los rasputines de turno piensen que una escalada de la tensión, debidamente controlada, puede ser útil para amedrentar aun más a la derecha y tener las manos libres para desguazar el país. Si esto fuera así, se me ocurren dos objeciones: la primera es que no está tan claro que –tan listos y competentes como son– pudieran mantener el control y la segunda, bien lamentable, es que donde las dan las toman.

Quien siembra vientos, recoge tempestades
Ignacio Villa Libertad Digital 25 Enero 2005

El Partido Socialista reacciona como era previsible; como gato panza arriba, atacando con ruindad y sembrando enfrentamiento. La manifestación organizada por la AVT el pasado sábado en Madrid era una manifestación que nunca existió para el Gobierno Zapatero hasta que se ha visto superado por los acontecimientos. En ese momento, en como tantas otras veces, ha reaccionado como casi siempre; encendiendo el ventilador.

La manifestación del sábado fue ninguneada por el Gobierno, despreciada por el PSOE y obviada por el Alto Comisionado. El Ejecutivo rectificó a última hora enviando al ministro Sevilla –chico para todo– con un gesto claramente mejorable. Por su parte, los socialistas no se bajaron de la prepotencia y respondieron a la AVT que la presencia de Rafael Simancas era la representación de la Ejecutiva. Y por último, el señor Peces Barba en un empecinamiento –digno de otra época– no se bajó del burro y no parece que se vaya a bajar. En definitiva, hemos vuelto a asistir a un auténtico ejercicio de soberbia política, de utilización de las víctimas y de bajeza moral.

En todo caso, ha de quedar claro que lecciones desde el Partido Socialista ni una. Los mismos que rompieron el día de reflexión en las últimas generales, los mismos que no han condenado las manifestaciones ante las sedes del Partido Popular, los mismos que vieron con buenos ojos las agresiones a dirigentes del PP en aquellos días de marzo deberían estar calladitos. No tienen la más mínima razón para decir a nadie lo que tiene que hacer.

En cambio, lo que el señor Zapatero debería hacer es revisar el nombramiento de ese fiasco llamado Gregorio Peces Barba. Un ejemplo de sectarismo y de partidismo llevado al límite; no ha sabido ni guardar las formas en la primera ocasión en la que ha tenido oportunidad. Nadie ha sabido decir en ningún momento cuales eran los objetivos de Alto Comisionado para las víctimas, pero ahora ya lo sabemos: nada de nada. Y en todo caso, ayudar a las víctimas poco. Al menos hasta el momento.
El Partido Socialista se ha vuelto a equivocar. Viven en una burbuja fabricada por ellos mismos. Pensaron que su desprecio hacía las víctimas el sábado iba a ser suficiente, pero la realidad les ha vuelto a superar. Incluso al propio José Bono,que pensó en llevarse los aplausos de la manifestación, y se llevó un buen susto. Y es que el que siembra vientos, recoge tempestades.

Peces Barba, más motivos para su cese
EDITORIAL Libertad Digital 25 Enero 2005

No contento con haber dejado en la estacada a las víctimas del terrorismo que se supone tiene que representar, Gregorio Peces Barba ha añadido este lunes nuevos motivos para exigir su inmediata dimisión. El Alto Comisionado ha emprendido una huida hacia delante anunciando que tampoco acudirá en el futuro a actos "no unitarios" y en los que la "buena fe" de los organizadores pueda generar "interferencias destempladas y aprovechadas", como consideró ha ocurrido con la manifestación del pasado sábado en Madrid.

Para “destemplanzas”, pocas como las que ha provocado ETA con sus mutilaciones y asesinatos, y para “interferencias”, ninguna tan infame como la de los socios independentistas de ETA en Perpiñan convertidos en apoyo de un gobierno que, como el de Zapatero, está dispuesto a distraer al Estado de Derecho para sentarse a negociar la sangre derramada.

Lo que está claro, respecto a Peces Barba, es que no sólo no pide disculpas por su inasistencia, sino que insiste en una actitud que ha colmado de justa irritación a las víctimas de ETA. Peces Barba ha venido, además, a utilizar el indeseable y repudiable incidente contra Bono para tratar de justificar, a posteriori y con carácter retroactivo, su previa decisión de no acudir a una manifestación que reclamaba dignidad y justicia para las víctimas. Para colmo, insiste en denigrar la concentración afirmando que se desarrolló "en un clima de odio y de aplicación de la perversa dialéctica amigo-enemigo".

Lo que es “perverso” no es esta dialéctica, menos aun, si está relacionada con el mundo del terrorismo, que siempre interpreta cualquier concesión como lo que es: como un signo de debilidad moral y política. Lo que es “perverso” es que se esté dispuesto, una vez más, a difuminar la frontera que distingue claramente lo que piden las víctimas de lo que reclaman sus verdugos. Lo que es perverso es que se quiera volver a abrir paso la equidistancia.

El presidente de la AVT ha respondido al Alto Comisionado algo tan crudo y tan real como que las víctimas “no nos sentimos manipuladas, sino abandonadas”. A la dirección de la AVT le está cayendo una catarata de peticiones de sus asociados que reclaman la dimisión de Peces Barba. El más elemental sentido de la dignidad es que Peces Barba la presentara, en lugar de insistir en una línea que tan justificadamente ha llevado a las víctimas a sentirse agraviadas por tan infiel representante.

Manifestación AVT
52 palabras
José García Domínguez Libertad Digital 25 Enero 2005

Cándido Azpiazu es un hombre afortunado, uno de esos tipos de los que la gente suele pregonar que han nacido con estrella. Él mismo habría de experimentar esa certeza ya desde muy niño, cuando todavía hacía honor al nombre que le pusieron en la pila bautismal. Seguramente debió descubrirlo la tarde en la que acudió a su primera cita con la muerte. Después vendrían muchas más, pero aquélla sería la única que el no concertase con antelación; de ahí que en el libro donde todo está escrito constara que también habría de ser la última. Y la hubiese sido si Ramón Baglietto no se hubiera cruzado en su destino precisamente aquel día; mas para su desgracia, lo hizo. Así, en el último segundo, cuando las ruedas del coche se aprestaban a aplastar al Cándido niño, apareció Ramón y le salvó la vida.

Cándido Azpiazu, como ya se ha dicho, es hombre señalado por el hado. Otra prueba: muchos años después, al partir en busca de Ramón Baglietto para asesinarlo por orden de la Eta, lo encontró a la primera. Y a la primera lo mató. Ocurrió así gracias a su estrella. Luego vendría la condena, cincuenta y dos años. Pero, con un poco de suerte, en doce podría estar otra vez en la calle. Y claro, la tuvo. Y claro, volvió al pueblo, a Azkoitia. Y como la dicha nunca lo abandona, retornaría a tiempo de conseguir aquel local que tanto le gustaba; aquél en el que tenía pensado montar una cristalería; sí, aquél tan bonito que era ideal para el negocio, ese bajo que había quedado libre en el edificio en el que mora Pilar, la viuda de Ramón Baglietto.

Ahora, el afortunado Cándido vive libre; Pilar no, ella debe ir a todas partes seguida de dos escoltas. El dichoso Cándido y Pilar se cruzan cada mañana. Y cada mañana se repite la misma rutina; detrás de sus cristales, él la mira de frente orgulloso, desafiante; ella también observa, aunque a derecha e izquierda, a todos sus flancos posibles, antes de que uno de sus guardaespaldas compruebe si se esconde algo en los bajos del coche. Sucede todas las mañanas de todos los días del año. Siempre.

Hoy, Cándido, el hombre al que nunca abandona la suerte, debe estar satisfecho, más que de costumbre. Es fácil imaginarlo asintiendo gravemente con la cabeza a la gran inquietud que atenaza a estas horas al Gobierno: que las víctimas “se dejen manipular por los extremistas”. Incluso cabe que comparta las palabras indignadas del ministro de Defensa: “Es importante decir que no fue una cosa aislada. Eran la mayoría”. Pero, sobre todo, el agraciado Cándido ha de ser feliz por el espacio que ha dedicado la prensa nacional a la denuncia de Carmen en la manifestación de Madrid. Cincuenta y dos palabras le cedió el periódico que más atención prestó al asunto. Cincuenta y dos, casualmente cincuenta y dos, justo los años de condena que nunca cumplirá.

Manifestación AVT
El espejo cóncavo y convexo de ZP
Isabel Durán Libertad Digital 25 Enero 2005

Hasta ahora sabíamos que el Partido Socialista había hecho suya la máxima de Schopenhauer que asegura que cada uno tiene el máximo de memoria para lo que le interesa y el mínimo para lo que no le interesa. Lo que no podíamos ni sospechar era el grado de mezquindad moral al que se puede llegar desde La Moncloa.

Por desgracia tenemos ya un nítido espejo cóncavo y convexo de la realidad a conveniencia del sectario Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. La desvergüenza en la manipulación de la verdad alcanza por primera vez tras los atentado del 11-M cotas que superan lo tolerable. Un fotogobierno socialista que convierte la humillación y el menosprecio a las víctimas por parte del Alto Comisionado gubernamental, Gregorio Peces Barba, el victimismo de José Bono y la fractura consciente de quienes han sufrido el zarpazo de los asesinos, en una retahíla de acusaciones contra el Partido Popular.

Resulta patético, mendaz y mezquino asistir al intento de linchamiento político de la izquierda contra aquellas víctimas a las que siempre escondieron, despreciaron y humillaron, como hizo siempre el PSOE antes del paréntesis monclovita de Aznar.

Lo más terrible de todo es confirmar la corrupción moral de quienes no dudan en dividir a las víctimas del terrorismo por la necesidad de mantenerse en el poder. De quienes atropellan la dignidad de los muertos y echan sal en las heridas de los que les han sobrevivido sólo por seguir subidos al coche oficial. De quienes necesitan ahora sus víctimas de los asesinos partidarias como arma arrojadiza contra el Partido Popular.

A los representantes del partido de Génova, primero les echaron de las calles, luego les echaron los muertos del 11-M a la cara y ahora pretenden arrebatarles su mayor legado: la defensa de las víctimas del terrorismo, la concesión de la dignidad y el puesto que durante casi veinte años se les negó. El Gobierno de ZP consigue así una doble carambola: desactivar a las víctimas del terrorismo que le sacan los colores y neutralizar al PP para evitar que se haga con las calles, responsabilizándole del resurgimiento de la extrema derecha.

Incidente Bono
Provocaciones
Cristina Losada Libertad Digital 25 Enero 2005

Varios dirigentes socialistas se han remitido a los tiempos de la dictadura para encontrar precedentes al execrable incidente del que fue víctima Bono en la manifestación de las víctimas del terrorismo. No era preciso ir tan lejos. Salvo los amnésicos interesados, todos recordamos la ristra de amenazas, acosos e intentos de agresión que, desde el año 2003, hizo que se enseñoreara del escenario político español un clima de violencia verbal y física inusitado en los años de democracia. Aquello le tocó soportarlo a la derecha y no fue condenado por la izquierda. Ello no justifica a los que amenazaron a Bono. Sólo los sitúa en el mismo bajo mundo antidemocrático en el que andan los matones que se etiquetan de izquierdas o nacionalistas. Sea cual sea la bandera a la que se acogen, sean camisas pardas, sean chaquetas de cuero negras, circula por ellos el mismo veneno.

Pero la referencia a la dictadura no deja de ser significativa para el caso. En los últimos años del franquismo, la izquierda, que era como decir el Partido Comunista de España, pues el PSOE habitaba en reinos poco visibles, siempre insistía, antes de cualquier acto multitudinario, en que había que evitar las “provocaciones”. Frente a los grupúsculos de la extrema izquierda, deseosos de montar bronca a cualquier precio, el PCE, que entonces abogaba por la “reconciliación nacional”, era mucho más realista. Sabía que los episodios de violencia se pagarían caros. Que servirían para justificar una oleada represiva y retrasar o torcer todo el difícil proceso. Y sabía que podían surgir, de algún lado, ya espontáneos o preparados, los famosos “provocadores”.

En los prolegómenos de esa Segunda Transición en la que quieren embarcarnos algunos irresponsables, el mundo está al revés y tocado de ese aire de farsa que ya observó Marx que le sobrevenía a la Historia cuando se repetía. A finales de los setenta, era la izquierda la que se encontraba bajo el ojo malévolamente vigilante del poder y los medios de comunicación oficiales y oficiosos, y tenía que andar con pies de plomo. Hoy, el que tiene que andar con pies de plomo es el PP. El Gran Hermano es de izquierdas, o eso dice. Y está esperando cualquier traspiés para deslegitimar a la derecha, y condenarla al rincón de los ultras. Y en el paquete de los ultras, no sólo quiere embalar a la derecha en bloque, sino a todos cuantos se opongan al descuartizamiento de España, a la voladura de la Constitución y a las concesiones a ETA. A todos los que pongan piedrecitas en la rueda de la voluntad de poder.

El modo en que el gobierno y sus medios afectos han presentado el incidente del que fue víctima Bono deja lugar a pocas dudas. No sólo tratan de deslegitimar a las víctimas del terrorismo que no les resultan obedientes, no sólo quieren extender sobre el conjunto de la derecha la mancha de los ultras, sino que también se proponen desmovilizar a los ciudadanos que estén dispuestos a defender aquello que el socialismo gobernante podría arrojar por el sumidero. Quienes, a partir de ahora, quieran salir a la calle para manifestarse por “una causa noble”, que dijo Alonso, tendrán que organizarse para controlar las “provocaciones”, que no faltarán. Como han hecho los partidos de la izquierda siempre que no les ha convenido dejar sueltos a sus acompañantes violentos.

Incidente en la manifestación
Bono y los radicales libres
GEES Libertad Digital 25 Enero 2005

En bioquímica se llama radicales libres a átomos o grupos de átomos muy reactivos, que desestabilizan moléculas estables robándoles un electrón y que, por ello, son la causa de la oxidación y del envejecimiento del cuerpo humano. Los radicales libres los produce nuestro propio cuerpo en dosis bajas pero capaces de atacar determinadas bacterias y virus, pero su proliferación dañina está causada por productos externos que penetran en nuestro cuerpo y que se encuentran en la contaminación atmosférica.

Pues bien, el deplorable incidente que sufrió el ministro de defensa José Bono, durante la manifestación de la víctimas del terrorismo, no fue más que su encuentro con un grupo de radicales libres en el terreno político. Independientemente de su peculiar gusto personal por hacerse valer como un político del pueblo, claramente diferenciado del resto de sus compañeros de partido y de gobierno, sirvió como detonante de una reacción en cadena por parte de quienes ya están hartos de tanto populismo y demagogia, reacción que acabó en el violento estallido de unos pocos ultras, José Bono padeció el mismo tipo de agresión a las que los militantes del PP se han tenido que acostumbrar desde que el PSOE iniciara su estrategia de tomar la calle tras el accidente del Prestige. Con una notable diferencia: mientras que aquí los exaltados que intentaron agredir al ministro son unos marginales que sólo pertenecen al mundo de los hooligans (que es donde Aznar ha llevado a los elementos incontrolables de la extrema derecha, dicho sea de paso), las agresiones a las sedes del PP durante la guerra de Irak –por no decir de los asedios el 13 de marzo, jornada teórica de reflexión electoral– si no estuvieron promovidos directamente por dirigentes socialistas, hay pruebas contundentes de que muchos de ellos sí participaron en los mismos. Y nadie de la dirección del PSOE hizo nada por detenerlos o denunciarlos. A diferencia ahora del PP.

La violencia nunca debe estar presente en la política, que quede claro. Pero Bono, como buen castellano manchego que dice ser debería conocer el refrán español de “quien vientos siembra, recoge tempestades”. Y la tempestad personal del sábado es una consecuencia de los vientos, malos vientos, que sólo el PSOE en una clara estrategia desestabilizadora y antisistema, ha sembrado en nuestra vida política en los últimos años.

Ahora bien, no nos engañemos. Al PSOE también le viene muy bien este tipo de incidentes. No puede desear más que al PP que creó Aznar y que es el único ejemplo de partido de derecha que no tiene competición dentro de su espectro ideológico, le saliera una facción radical por la derecha. El PSOE sabe del malestar de muchos por lo que consideran un robo electoral el 14-M y estimular su reacción les vendría de perlas. La base que le aupó al poder es altamente volátil y necesitan para consolidarse fragmentar el apoyo social al PP de Mariano Rajoy.

Y esto también debe servir de punto de reflexión para los actuales líderes populares. Su situación es delicada porque si quieren olvidar todo lo pasado en su etapa de gobierno, particularmente desde Irak, y abandonan los postulados que, a pesar de la que estaba cayendo en esos momentos, movilizó a casi diez millones de votantes el 14-M, el descontento y la frustración, alimentada por las continuas provocaciones del gobierno del PSOE, puede llevar a que corrientes de opinión más radicales acaben organizándose por su propia cuenta. Al mismo tiempo, mantener su firmeza y contundencia como oposición exige superar ciertos traumas, esencialmente Irak, que nunca estuvieron ni explicados ni comprendidos por muchos militantes del PP.

La sociedad española está extremadamente polarizada porque el PSOE ha alimentado dicha polarización. Al PP le toca contener a los radicales de derecha, pero tiene que ser plenamente consciente de que la actual polarizacion ya no le conviene al gobierno. El millón de votantes antisistema o tradicionalmente abstencionistas que le auparon al poder el pasado 14 de marzo ya están de nuevo tan desencantados que no podrán ser movilizados en nuevos comicios. El PP, por el contrario, si cuida a los suyos y dice lo que tiene que decir, que es lo que quieren escuchar sus votantes, sí puede movilizar a su base. Ahí está la diferencia. Ah, y el centro no es ni de unos ni de otros. Simplemente ha desaparecido. El cuerpo produce catalasa y dismutasa para acabar con el exceso de radicales libres. En nuestra política, los radicales libres se contrarrestan con claridad, firmeza y contundencia de las ideas.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos

Con las víctimas y con Bono
Iñaki EZKERRA La Razón 25 Enero 2005

No es un santo de mi devoción pero me pareció odioso y vergonzoso el trato que le dio a José Bono, en la manifestación madrileña del sábado, un grupo tan minoritario como agresivo y dispuesto a traicionar el mismo lema del colectivo que la había convocado: «Memoria, dignidad y justicia con las víctimas». Ninguna de las tres cosas hubo en esa reacción. Lo que hubo fue injusticia con quien se ha posicionado siempre con claridad contra los terroristas y lo volvía a hacer ahora pidiendo el cumplimiento íntegro de sus penas. Lo que hubo fue indignidad en quienes reaccionaron de ese modo brutal y esperpéntico. Lo que hubo fue desmemoria con respecto al objetivo de la marcha que no era atacar a todo socialista que asomara la nariz sino acabar con la impunidad de los asesinos. Mal modo de pedir el fin de la impunidad haciendo pagar a justos por pecadores. Esa reacción contra Bono no fue ni procedente ni inteligente. Vivimos un momento decisivo en el cual el Gobierno empieza a rectificar los errores y mentiras, las falacias y estupideces que vendió para llegar al poder. La rapidez con la que están revisándose las reducciones de condena a De Juana Chaos y los matarifes que se hallan en su situación es un ejemplo. No es justo obviar que el PSOE está haciendo en ese aspecto la labor que no hizo el PP. De lo que se trataba el sábado era de instar a ese Gobierno a que actúe con coherencia y sin bandazos en su política antiterrorista, no de lesionar al ministro que precisamente no cojea de ese pie.

Era, por otra parte, inevitable que en esa manifestación se mostrara el descontento social que hay hacia un Gobierno que se sumó a ella tarde y cuyo Alto Comisionado ha resultado ser bastante bajito moralmente al pedir un nuevo «muerto» para apoyarla así como un presidente que ha expresado su deseo de negociar con ETA. Era inevitable que se identificase el apoyo a los damnificados por el terrorismo con el rechazo a la política de un Ejecutivo que, naciendo de una bomba, ha entrado en el juego de dividir a las víctimas que le eran útiles de las que no lo eran; que subestimó la capacidad de convocatoria de éstas y nos les dio la debida cobertura en lo referente a seguridad; que vive dentro de una burbuja de soberbia ajeno a la realidad española; que sólo se preocupa de demostrar su talante con los verdugos y con sus cómplices morales, políticos o financieros hasta el punto de sostenerse gracias a ellos en el poder (ERC) o de perseguir el pacto más ignominioso con ellos (PNV, IU…).

Era inevitable que en una manifestación que fue un éxito de asistencia pese al tímido apoyo oficial y extraoficial de la misma oposición (todo hay que decirlo) hubiera algún grupo de energúmenos. Quienes hemos tenido que asistir a muchas manifestaciones en nuestra vida sabemos que esos personajillos no fallan nunca. Por eso es tan imprescindible que las exteriorizaciones multitudinarias de la ciudadanía estén siempre acompañadas de un servicio de orden y un apoyo policial que ese día no existieron pero que existen normalmente para evitar que ocurran esa clase de cosas. Era inevitable que la manifestación de la AVT, al ser la primera convocada desde el 14-M, tuviera algo (algún lema) de esa otra manifestación que el PP no ha querido aún convocar contra el Gobierno de Zapatero por la misma prudencia (el maricomplejín famoso) por la que apoyó esta manifestación con pinzas. Se está diciendo que allí se vio la mano del PP pero eso es falso por desgracia. Lo que sí ha ocurrido es lo que ocurre cuando se agita mucho una botella de champán: que salta el tapón y puede dar en la lámpara. Había el sábado en Cibeles manifestantes que no eran de esa manifestación sino de la que el PP no ha convocado todavía.

Era inevitable que ese descontento hacia el PSOE saliera a la luz como fue sencillamente repulsiva esa reacción violenta contra un ministro que se solidariza con las víctimas y que, sin preguntar la ideología de nadie, se suma como un ciudadano más a una manifestación para decir que está de acuerdo en que los terroristas cumplan íntegramente las penas. Ese mensaje, que es el importante, es el que obvian quienes desean usar ese incidente interesadamente para deslegitimar a la AVT. Porque la bochornosa imagen del padre y el hijo zarandeados «por quienes creían de los suyos» es precisamente la antítesis del sacrificio por la convivencia de las víctimas del terrorismo, de la España cívica de las manos blancas y de la cultura democrática de Ermua que se rompió el 14-M con lo que esa fecha tuvo de culminación de una cultura del enfrentamiento y de escenificación calculada del regreso de las dos Españas. Con sinceridad le diría a Bono y a su hijo que me ofendió y me dolió esa imagen de ambos siendo tratados de ese modo porque para mí la presencia de ellos en la manifestación es la que rompe el tópico del enfrentamiento que se ha intentado resucitar en los ultimos tiempos y la que valida la unidad constitucionalista frente al terror. La histeria hortera de quienes atacaron a Bono me recordó, sí, a las vísperas del 14-M, a los exaltados como los Bardem, Llamazares, Madrazo, Imaz, Ibarretxe, Gabilondo, Pérez-Rubalcaba... Yo, con Bono.

Huele a elecciones anticipadas
Julián LAGO La Razón 25 Enero 2005

Lo más imperdonable de los sucesos del sábado en Madrid ha sido la ausencia en la manifestación antiterrorista del Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo, Gregorio Peces-Barba, que de siempre ha sido un cagueta: siendo presidente del Congreso, Peces disolvió el antiguo bar de las Cortes porque no le gustaba que sus señorías largaran a los periodistas alrededor de un café.

Ahora se ha quedado en el salón de su casita de la sierra porque el cargo, dice, no le obliga ir de manifestaciones. Salvo que éstas, añadimos de nuestra cosecha, sean convocadas por la otra asociación, la Asociación de las Víctimas del 11-M, la de Pilar Manjón, que, por cierto, también se ausentó de la cita.

Así que para don Gregorio, como para todo el Gobierno ZP en general, hay víctimas y víctimas, que sólo al final ZP decidió enviar a la manifestación del sábado al ministro Sevilla. Porque la presencia del ministro Bono, perejil de todas las salsas, y especialmente de las salsas patrióticas, fue a título personal, lo cual le costó que le suministraran una ración de canela de palo, con el palo de una bandera constitucional, cuenta, lo cual es lo propio.

Tesis esta, la de la discriminación de las víctimas, que disiente del argumento de la Canela Fina de ayer de L. M Anson, que ve en tales excesos la mano de extrema derecha emergente, y no, a nuestro entender. Pues eso, que lo del sábado, más que a una reacción ultra, responde al cabreo de las víctimas del terrorismo etarra con el Gobierno ZP, que ha hecho suyas las víctimas del terrorismo islamista. Más que nada porque está con ellas en deuda electoral, por muy dura que parezca tal afirmación.

Después de todo, sin los 200 muertos salvajemente masacrados el 11-M difícilmente ZP hoy sería presidente del Gobierno, ni de coña. De modo que, como Peces-Barba, sabe lo que se cuece en la cocina hizo un calculado mutis por el foro, por razones partidistas, por lo que debería de inmediato presentar la dimisión, si le quedara un ápice de dignidad. Es decir, que la AVT de José Francisco Alcaraz está, y con razón, que fuma en pipa, y de ahí la monumental que se lió el sábado contra el Gobierno. O sea, que suele ocurrir, que a todos los gobiernos les llega un momento en que no pueden aparecer en ningún acto público. Suárez no podía ir a los funerales de los asesinados por ETA, a González en 1993 los estudiantes el montaron un pollo en la Autónoma de Madrid y los ministros de Aznar, tras la lo de Iraq, no salían de casa sin que le pusieran de chupa et dómine, tipo Rato y Piqué en Barcelona. Todo muy natural dentro de un orden, porque lo extraño de este caso es la velocidad con que ZP ha empezado a enajenarse la voluntad de la mayoría silenciosa en sólo ocho meses de gobierno. Lo cual nos lleva a la lógica concluyente de que en menos que cante un gallo habrá elecciones anticipadas, diga lo que diga Rubalcaba, o el tonto del haba, ya saben.

La demagogia y la Ley
ANTONIO ELORZA/CATEDRÁTICO DE PENSAMIENTO POLÍTICO DE LA UNIV. COMPLUTENSE El Correo 25 Enero 2005

La reciente apelación del lehendakari a la Constitución española para avalar su llamamiento a 'la negociación' y deslegitimar la actitud del Gobierno en nombre del artículo 151.2 refleja algo más que su dudoso sentido del humor. De un lado, da fe de su calidad como demagogo, es decir, de político entregado en cuerpo y alma a servirse del engaño para que la sociedad vasca secunde sus propuestas, por ilegales y antidemocráticas que estas sean. De otro, expresa muy bien la táctica utilizada hasta hoy para hacer avanzar su proyecto. Al 'Nuevo Estatuto Político', inicialmente llamado así, de hecho Constitución de Euskadi, se le repinta la fachada, nunca el interior, como 'reforma del Estatuto', para ofrecer la apariencia de respeto a la misma legalidad cuya destrucción propone. Sólo que una vez constatada la inutilidad del disfraz, a la vista del inminente rechazo por el Congreso español, Ibarretxe olvida la 'reforma' para esgrimir de manera torticera un artículo de la Constitución que sólo sería aplicable en el caso de la elaboración de un nuevo Estatuto. Incluso entonces nada tendría que ver con la misteriosa 'negociación' entre gobernantes que Ibarretxe exige, simple artificio de cara a la galería, pues carece de sentido que tras su aprobación en el Parlamento vasco diera comienzo un mercadeo de pasillos para alterar el contenido del proyecto.

La demagogia tiene sus leyes, y nuestro hombre las cumple palabra a palabra, gesto a gesto, consistiendo la principal en forjar un discurso maniqueo, donde el comportamiento agresivo propio es presentado como su contrario (la ruptura y la discriminación convertidas en «amable convivencia», al modo en que los nazis llamaban 'cosecha de otoño' a la captura de judíos para el exterminio o ETA 'alternativa democrática' al imperio del terror), mientras al oponente que actúa según la ley le es asignado el sambenito de responsable de la estructura de violencia, esto es, de las futuras 'tortas'. Se trata de un permanente ejercicio de descalificación del otro, aludido siempre en forma despectiva (ejemplo: el Parlamento español pasa a ser 'PP y PSOE'), así como de cuanto suponga una defensa del ordenamiento constitucional y estatutario hoy vigentes (a los que se opone, polo positivo, «la libre decisión de los vascos y de las vascas»). Estamos ante un tipo de erosión del lenguaje democrático practicado hasta la saciedad por el Gobierno vasco en los últimos cuatro años con óptimos resultados. No hace falta dar gritos ni llevar botas altas para asumir las técnicas de inversión del lenguaje y de destrucción de la imagen del adversario político que patentaron los adversarios de la democracia en el primer tercio del siglo XX.

Y frente a la demagogia, desenmascaramiento. En el caso que nos ocupa, conviene sacar a la luz el entramado de falacias en que se sustenta la supuesta legitimidad democrática del proyecto Ibarretxe. Ante todo, resulta preciso recordar que si bien el voto es un componente fundamental del procedimiento democrático, la existencia de una votación, incluso por sufragio universal y técnicamente 'limpia', no es en si misma garantía de democracia. De entrada, una votación, de referéndum o electoral, no puede contravenir el marco legal en que va a tener lugar, si el mismo corresponde a un Estado de Derecho, tal y como sucede en esta ocasión. Ha sido una práctica tradicional de movimientos totalitarios y autoritarios recurrir al voto para legitimar una posición de poder antidemocrática y proceder a la eliminación de las instituciones legales. A esa categoría corresponde el plebiscito de tipo napoleónico, organizado por Juan José Ibarretxe sin respaldo constitucional, a partir de un derecho de autodeterminación no reconocido en constitución europea alguna ni regulado entre nosotros. Es un puro y simple atentado contra la práctica de la democracia, aun cuando la misma sea invocada una y otra vez atendiendo a las técnicas de la demagogia. La máscara de 'consulta', al modo gibraltareño, siempre ilegal, no quita un ápice a su verdadero propósito: provocar la desestabilización imprescindible para que triunfe la versión abertzale del autogobierno vasco.

Además, ¿votar qué? De nuevo tropezamos con la máscara. Así como en el derecho administrativo un recurso es tal por su contenido, aun cuando no sea presentado bajo ese rótulo, el supuesto Estatuto reformado es en sentido estricto una Constitución vasca. No estamos ante una 'reforma del Estatuto', tal y como se ha presentado a trámite de las Cortes, puesto que 'reforma' implica modificación parcial de una norma, no la elaboración 'ex novo' de otra sin más referencia a la primera que su sustitución prevista en la disposición final primera. Y en la medida que el 'nuevo Estatuto político' surge como expresión de la soberanía vasca -no otra cosa supone la asunción del supuesto derecho de libre «ejercicio de su voluntad» o «a decidir su propio futuro»- y contiene una organización completa de las instituciones vascas y de sus competencias, sin admitir interferencia alguna del Estado español, es lisa y llanamente una Constitución de Euskadi. Eso sí, con el aditamento surrealista de incluir una exigencia de libre asociación a España sobre la cual ésta carece de posibilidad de introducir cambio alguno. Incluso cabría situarla en la tradición de las cartas otorgadas, dada la condición de titular del poder constituyente asumida de facto por Ibarretxe en la elaboración del texto, así como la eliminación del debate de su texto artículo por artículo en el Parlamento vasco y el anuncio de un desenlace plebiscitario donde la falsa autodeterminación ratificará la organización fijada para la CAV por el lehendakari.

Fue curioso que el Tribunal Constitucional, en su auto 135/2004, ignorase estos aspectos que favorecían una calificación adecuada del proyecto. A pesar de ello, la existencia del Constitucional hacía aconsejable el examen de las posibilidades de recurso, una vez producida la resolución que agotaba el papel del Parlamento vasco. El voto de las Cortes en Madrid servirá para ratificar la incompatibilidad radical entre el nuevo texto y la Constitución de 1978, pero entonces la imagen será el conflicto de soberanías, la española contra la vasca, no la más pertinente denuncia del fraude de ley cometido, es decir, de la gran maniobra de engaño y manipulación de signo autoritario practicada por Ibarretxe y su Gobierno desde el principio hasta el desenlace final del episodio, con la sedición o el enfrentamiento abierto como únicos 'unhappy ends' posibles.

Bono se coló sin entrada
Lorenzo CONTRERAS La Razón 25 Enero 2005

La manifestación organizada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo proporcionó el pasado sábado en Madrid un espectáculo inesperado. Muchos de los asistentes desfilaron hacia la Puerta del Sol sin tener noticia de lo que ocurría a sus espaldas, unas decenas de metros más atrás. Era donde algunos ministros o personalidades del PSOE se habían distribuido para dar constancia de que estaban con quienes querían expresar públicamente la vigencia de su causa y, al mismo tiempo, determinadas reivindicaciones. Pero allí, entre los ministros y personalidades nada víctimas del terrorismo, estaba Bono y además no estaba Peces-Barba, recién nombrado Alto Comisionado para la Ayuda a los Afectados por esas lamentables fechorías. Bono parece imantar determinadas iras, aunque no deja de resultar extraño que cultivando como cultiva las mejores maneras del estilo conservador tradicional se convirtiera en el centro de las protestas y las agresiones por parte de manifestantes de ese mismo perfil. El problema debía ser que se transformaba en huésped sin invitación. O sea, que no le valían las credenciales reunidas para un acto que no podía ser suyo. Acababa siendo un intruso que sumaba sus sentimientos sin garantías de verlos aceptados.

La verdad es que gran parte de la protesta que se expresaba estaba dirigida contra una política, la del Gobierno, en el terreno concreto del terrorismo y la reparación de sus daños. ¿Qué pintaban allí unos ministros del Gobierno asistiendo a una manifestación organizada contra ellos mismos? Y como Bono, por los motivos que fueren, es el político más polivalente de España, no sedujo a los radicales de la AVT, o a sus simpatizantes, con su aire compungido y mansurrón. Su localización fue fácilmente detectada y las iras se dispararon al modo ibérico, es decir, a lo bestia, aunque no llegara la sangre al río.

El mundo de los afectados por el terrorismo estaba condenado a dividirse desde hace años. La AVT fue propulsada por el Gobierno. Sus efectivos, en razón de los atentados y muertes, eran normalmente policías, guardias civiles y militares. La cosa empezó a cambiar cuando ETA dedicó parte de su criminal atención a los políticos, sobre todo a los de derechas, aunque la nómina ideológica se ampliara luego. Sin embargo, predominaba la inicial «recluta» i-deológica de víctimas. El Gobierno de Felipe González miró siempre con desconfianza a este «colectivo» y le dispensó sus ayudas con espíritu de racionamiento. Matilde Fernández, cuando era ministra de «lo social», se negó a que la AVT fuese financiada como una ONG. ¿Hace falta añadir que la creación de la Asociación de Ayuda a las víctimas del 11-M, con Pilar Manjón a la cabeza, complicaría la situación?

¡Ay qué Bono!
Tomás CUESTA La Razón 25 Enero 2005

Pretender que en España existe un movimiento lepenista que se lanza a la calle para cazar ministros como si fueran liebres no sólo es falso de toda falsedad; es, además, imbécil. Ver en los incidentes de la manifestación del sábado los síntomas primerizos de una infección moral que acabará gangrenando a ese amplio sector de la ciudadanía que (ya es casualidad) no comulga con los postulados del Gobierno, es perverso en su origen e inmundo en sus planteamientos. Pues ni el franquismo acharolado vuelve a escape, ni la ominosa sombra de Caín pasea, otra vez, insomne, por nuestras parameras. Señores guardias civiles, aquí pasó lo de siempre: murieron cuatro romanos y cinco cartagineses, por decirlo en lorquiano y en flamenco. Lo que jode (¿no es cierto, Rubalcaba?) es que se hayan intercambiado los papeles.

Si el señor Bono en vez de saberse de memoria «El huésped del sevillano» (que es, por otra parte, una zarzuela estupenda) emplease su tiempo en leer a Canetti, sabría que la masa y la ciudadanía son conceptos antitéticos. A las Víctimas del Terrorismo etarra, tan olvidadas en los últimos tiempos, lo que les estimula, lo que les puede consolar en sus desvelos, no es que el ciudadano Bono les apoye (lo contrario estaría bono), sino que el ministro de Defensa dé la cara por ellos. ¿O acaso el coche oficial y los muchos escoltas y el seguimiento de sus tribulaciones por parte de la Prensa tienen algo que ver con don José Bono, el ciudadano, y no con don José Bono, ministro de Defensa? Porque si iba de ciudadano, como afirma, que se hubiese trasladado en metro. Y, si no, a dar la cara y ¡hale! un paso al frente. ¿Un paso al frente he dicho? Disimule usted, señor ministro, no era mi intención dejarle en evidencia.

Las palabras grandiosas (la patria, la ciudadanía, el honor y otras hierbas más ralas que las del Bernabéu) son el primer refugio de los sinvergüenzas. Aplique usted la ley y déjese de cuentos. Y, ya que estamos, recuerde que la ley no admite distingos, ni sentido de la oportunidad, ni conveniencias. Al trullo con los que zarandearon al ministro, al trullo con los que motejan de asesino a un ex presidente del Gobierno, al trullo con los que tiran huevos y con los que asaltan sedes. Y al señor Peces- Barba, en vez de trullo, cese. ¿O es que quiere hacernos creer que somos criminales todos aquellos a los que nos da alipori contemplar sus gestos y su jeta?

EL EXTREMISMO TOLERADO
EDURNE URIARTE ABC  25 Enero 2005

La izquierda española descubre, condena y hasta inventa una y otra vez a la extrema derecha, pero continúa siendo incapaz de reconocer a la extrema izquierda. Y las indignadas declaraciones de Alfredo Pérez Rubalcaba sobre la manifestación del sábado pasado o el fulminante comunicado del Gobierno nos dejan con un regusto amargo por su llamativa incapacidad para identificar el paralelismo entre los comportamientos antidemocráticos de esa manifestación y los de los manifestantes de hace unos meses contra el Gobierno popular. Los socialistas han condenado el «comportamiento vil y miserable de los derechistas exaltados y radicales», pero nunca antes habían denunciado con claridad a los izquierdistas exaltados y radicales que insultaron y agredieron a los políticos del PP.

Y, sin embargo, las actitudes violentas e intolerantes del sábado reproducían milimétricamente algunos comportamientos del 12 de marzo, o del 13, o de muchas de las movilizaciones contra la guerra de Irak que tuvieron lugar meses anteriores. En todas esas ocasiones ocurrió en España exactamente lo mismo que el fin de semana, pero con dos diferencias significativas. Entonces, las actitudes intolerantes fueron repetidas y mucho más extendidas, y lo que es aún más importante: mientras que en esta ocasión el Partido Popular o los organizadores de la manifestación ni siquiera han esperado al día siguiente para denunciar esos comportamientos, todavía echamos de menos una condena comparable de los socialistas hacia la extrema izquierda.

El desequilibrio deriva del viejo y enquistado problema ideológico que lleva a algunos a persistir en la creencia de que la extrema izquierda es más tolerable que la extrema derecha por su pretendida representación de los pobres y oprimidos. Es la asignatura pendiente de nuestra democracia y, en general, de todas las democracias, porque ni siquiera la caída del muro de Berlín consiguió corregir esa manipulación histórica según la cual los totalitarismos de izquierda fueron menos condenables que los de derecha. Si a esto añadimos en España los efectos del franquismo y la continuación de la hegemonía de los intelectuales de izquierda, el resultado es una resistencia aún mayor a la lectura crítica del radicalismo de izquierda.

Y en la medida en que ni se la rechaza ni se la aísla, la extrema izquierda continúa contaminando a la izquierda democrática. Sobran las alertas sobre una extrema derecha que el recuerdo del franquismo se ha encargado de neutralizar y falta el reconocimiento de una extrema izquierda que se pasea con la cabeza alta por la política, la cultura o los movimientos sociales con pretensiones de progresismo y legitimidad democrática. Nadie pretende encontrar argumentos para comprender la furia de los agresores de Bono, pero nuestro país estuvo lleno de páginas dedicadas a la provocación y a la culpabilidad del Gobierno de Aznar. Lo del sábado ha sido unánimemente denunciado; su equivalente de hace unos meses aún espera la misma repulsa generalizada.

La calle no es de la izquierda
Antonio Martín BEAUMONT La Razón 25 Enero 2005

El pasado sábado en Madrid vimos a cincuenta mil personas que salieron a la calle para apoyar a las víctimas del terrorismo. El escándalo de ver cómo terroristas condenados a miles de años de prisión podían ser puestos en libertad con menos de dieciocho años de cárcel y el runruneo de que el Gobierno pretende dar un cheque en blanco a la banda ETA, si entrega las armas, fueron los principales motivos movilizadores, aunque no los únicos. Las ganas de una parte al menos de la sociedad española de decirle al Gobierno de Zapatero que lo que hizo con el «Prestige», la guerra de Irak y, sobre todo, entre el 11 y el 14 de marzo, es decir la utilización de la calle para alcanzar el poder era un reto ante el que el centroderecha no iba a quedarse atrás y que también ayudó a llenar las calles, para qué vamos a engañarnos. Después, escenas vergonzosas como el ataque a Bono no tienen justificación.

Aunque las comparaciones son odiosas e indeseables, es evidente que a veces son inevitables. Por eso mismo las gentes de Zapatero han protestado en tono menor, porque lo último que quieren hacer es recordar su actuación, y la de la SER, el 13 de marzo. Obsérvese: Según la sede socialista de Ferraz, los del sábado eran cincuenta mil energúmenos dirigidos por el jefe de la ultraderecha Acebes; pero los del 13 de marzo, apedreando sedes del PP, fueron demócratas indignados con un Gobierno que les mentía.

Comparemos los dos casos y las dos circunstancias. El Partido Socialista juega a su gusto con la ambigüedad de un rostro centrista, unas políticas marcadamente izquierdistas y una asociación cómoda con la izquierda más extrema que está en su entorno, que le sirve de instrumento y a la que se recompensan sus útiles servicios con importantes concesiones. Mientras tanto, hasta ahora, el Partido Popular ha vivido encerrado en el formalismo, en las instituciones y, por desgracia, en los complejos.

En Génova parece que se han dado cuenta de que desde los despachos la base militante del centroderecha no puede ser estimulada ni dirigida. La gente empieza a estar inquieta y cansada de aguantar. La inacción del PP, además de suicida, corría el riesgo de dar espacio a un radicalismo de derecha que no interesa a nadie, salvo al PSOE. Así que auguro más manifestaciones.

Abuso constitucional
Juan BRAVO La Razón 25 Enero 2005

Ya se sabe que la realidad es distinta según el color del cristal con que se mira. Pero lo del nacionalismo vasco suena casi a choteo generalizado, a burla, a un abuso desmedido de la paciencia ciudadana. Los diputados de PNV, EA y Nafarroa-Bai, que ayer pidieron a la Mesa del Congreso que reconsidere su decisión sobre el procedimiento establecido para tramitar el Plan Ibarreche, sostuvieron que es «inevitable», por mandato constitucional, una negociación del proyecto con el Parlamento vasco. Pero, ¿de qué Constitución nos están hablando? ¿En qué artículo se contempla esa obligatoriedad a que los representantes de la soberanía nacional deban por imperativo legal debatir sobre aquello que llegue con el sello nacionalista? ¿Qué broma pesada es ésta?

Si no fuera porque hay demasiados muertos detrás, la cosa daría incluso para alguna chirigota ante la rudeza intelectual de estos representantes políticos. En cualquier caso, y aunque es complicado, cabría exigirles a sus señorías nacionalistas un esfuerzo de responsabilidad para no encizañar más a una sociedad demasiado crispada, que contempla cómo la audacia de los nacionalistas, al reivindicar la Constitución, prueba la grandeza del sistema democrático, que ampara incluso a quien pretende socavarlo.

Batasuna, en Porto Alegre
EL SUBMARINO La Razón 25 Enero 2005

Gracias al impulso colaboracionista del nacionalismo vasco, Batasuna ha logrado estos días recuperar espacio en la vida política vasca. Una sabia y metódica estrategia de los dos grandes partidos había relegado a los proetarras a la marginalidad social y mediática, justo el lugar que merecen por su alineamiento con la banda terrorista. Pero el PNV, ávido de los votos separatistas en la próxima cita electoral, quebró ese extrañamiento político de Batasuna, al actuar como caja de resonancia de las soflamas de Otegui y compañía. Ahora, Batasuna pretende también romper su aislamiento internacional y pretende hacerse presente allende nuestras fronteras. Parece ser que algunos de sus representantes tienen anunciada su presencia en el Foro Social Mundial, que se celebrará en Porto Alegre desde mañana. El brazo político de ETA venderá su infame y falaz discurso antes los 120.000 activistas que se calcula puedan congregarse en la ciudad del sur de Brasil. Y lo hará probablemente con impunidad, al calor protector de un caldo de cultivo de algunos ingenuos, despistados o desalmados que todavía se creen que los terroristas son unos revolucionarios, cuando únicamente son unos asesinos.

Los aprovechados
Por Federico Jiménez Losantos El Mundo 25 Enero 2005

¿Quién ha aprovechado la agresión a Bono en la manifestación de la AVT? Evidentemente, Bono, que con la vanidad oceánica y el afán de protagonismo que le caracterizan no ha vacilado en utilizar incansablemente contra las víctimas y el PP un incidente que él fue a buscar o con el que se tropezó, pero que nadie pudo preparar contra él porque nadie sabía que quería darse un baño de muchedumbres renunciando a la protección de los demás políticos que quisieron asistir.

Políticos y personajes de la izquierda que, empezando por Zapatero o Rubalcaba y terminando por Peces-Barba o Pilar Manjón, brillaron por su ausencia.

¿Quién ha aprovechado las imprecaciones a Peces-Barba por su repugnante actitud de desprecio a las víctimas del terrorismo en general y de ETA en particular? Evidentemente, Peces-Barba, que en el estilo de Bono pero peor pretende convertirse de victimario en víctima moral, por supuesto para convertir al PP en víctima política.

Ese desprecio del Alto Comisionado (o Bajo Comisariado) hacia la Asociación de Víctimas del Terrorismo ha sido, en la línea oficiosa del PSOE, directamente proporcional al deseo de desacreditarla. Porque aquí no hay errores ni casualidades: la estrategia del PSOE no se limita a impedir que la derecha sea alternativa de Gobierno sino a sacarla del mapa político, para lo cual nada más típico que la tradición estalinista de asociar cualquier derecha a la extrema derecha.

Exactamente lo que ha hecho Rubalcaba con Acebes, al pedirle explicaciones por el ataque a Bono y los aplausos al ex ministro de Justicia e Interior del PP. Eso lo dice el gran manipulador del terrorismo del 11-M y el que proclamaba la espontaneidad de las manifestaciones contra las sedes del PP en la jornada de reflexión. ¿Espontáneos cientos de ataques y preparado sólo este incidente? El violento y desvergonzado sectarismo de Rubalcaba es una permanente agresión al PP y a sus 10 millones de votantes, es decir, una agresión continua a la democracia.

El Gobierno pide explicaciones por un incidente del que se proclama víctima, aunque basta ver el entusiasmo con que lo trata, tan distinto al boicot descarado a la manifestación de la AVT, para darse cuenta de que piensa que le favorece.

El que debe dar explicaciones es el Gobierno, que no quiso proteger la manifestación y, de paso, a los participantes, dando por hecho que los suyos no iban a ir. No hubo policía nacional ni tampoco policía municipal, a ver si nos lo explican. En fin, los ultras que agredieron a Bono le hicieron un gran favor a la izquierda y un flaco favor al PP y a las víctimas del terrorismo.

¿Fue queriendo o sin querer? Después del entusiasmo con que los ultras de uniforme han colaborado con el PSOE en los GAL, permítasenos, al menos, la duda.

Te voy a dialogar
Por Imanol Zubero El País 25 Enero 2005

"¿Por qué se niegan a dialogar?", preguntaba Ibarretxe al principio y al final del artículo publicado por este diario el pasado viernes. Este era el único mensaje que Ibarretxe buscaba transmitir en un texto, por lo demás, cargado de trampas: "La sociedad vasca no está crispada. Somos un pueblo pacífico y trabajador. Vivimos el debate con calma y serenidad.

Deseamos, queremos y proponemos diálogo y negociación. Nos han dicho ’no’ a todo". Todo un rosario de tópicos, típicos de una psicología que se retrata en toda su crudeza en ese momento narrado por José Ramón Recalde en su Fe de vida, cuando tras su atentado, ante las quejas de uno de sus hijos, Ibarretxe respondía así: "Mira Andrés, no te lleves esa imagen de nosotros, que aquí, en el País Vasco, se vive muy bien".

La misma insensibilidad, la misma incapacidad de ver; y siempre ese mayestático recurso al "nosotros", siempre esa hipóstasis, ese plural que homogeniza, que falsea la pluralidad real de la sociedad vasca. Pero él quiere dialogar y los otros no hacen más que decir "no" a todo.

El último "no" ha sido la decisión del Gobierno de someter el plan del tripartito vasco a discusión y votación en la Cámara Baja en los primeros días de febrero. El PNV ha anunciado su voluntad de recurrir al Tribunal Constitucional para exigir que el Congreso de los Diputados abra un proceso de negociación bilateral con una delegación del Parlamento Vasco antes de tomar una decisión sobre el proyecto de Estatuto Político.

¿Por qué el PNV y no el Parlamento o, cuando menos, el Gobierno vasco? Las fronteras entre lo que es un proyecto partidario y lo que debería ser un proyecto acordado entre la mayoría de vascos sigue estando abierta al tránsito de contrabandistas.

El caso es que el PNV recurrirá al amparo de un artículo de la Constitución española, el 151.2, pensado originalmente para la elaboración por la vía rápida de los estatutos de autonomía de las denominadas nacionalidades históricas (reservando para las demás comunidades la vía lenta del artículo 143).

Un artículo que dice así: "Aprobado el proyecto de Estatuto por la Asamblea de Parlamentarios, se remitirá a la Comisión Constitucional del Congreso, la cual, dentro del plazo de dos meses, lo examinará con el concurso y asistencia de una delegación de la Asamblea proponente para determinar de común acuerdo su formulación definitiva".

A continuación, el artículo 151.3 prevé que "si se alcanzare dicho acuerdo, el texto resultante será sometido a referéndum del cuerpo electoral de las provincias comprendidas en el ámbito territorial del proyectado Estatuto". De esta manera, una relectura (los juristas dirán si forzada o no) de una disposición constitucional pensada para ayudar a nacer a los primeros estatutos de autonomía quiere ser utilizada como recurso para su reforma.

Tengo para mí que el motivo fundamental por el que, en el momento actual, se reivindica dicha disposición, tiene menos que ver con el contenido sustantivo de la misma que con la previsión temporal que en ella se hace. Lo diré a las claras: si en el referido artículo 151.2 se hablara no de un plazo de dos meses sino, por ejemplo, de un plazo de seis meses, no estaría el PNV pensando en utilizarlo.

Veamos: ¿cuál sería el escenario si en lugar de dos fueran seis los meses previstos para el exámen conjunto entre la Comisión Constitucional del Congreso y una delegación del Parlamento vasco de la propuesta de nuevo Estatuto Político? Depositado el proyecto a mediados de enero, el Congreso podría alargar el trámite de discusión hasta el verano.

Si así fuera, las elecciones autonómicas vascas se celebrarían en pleno proceso de exámen del texto, con lo que la coalición PNV-EA se vería privada de su principal argumento electoral, ese que Ibarretxe borda en su artículo: ¿por qué se niegan a dialogar?

Pero son dos meses, no seis. Dos meses antes de las elecciones vascas. Dos meses preciosos que permitirán visualizar, una vez más, la cerrazón de ellos y la buena disposición de nosotros. Y a hacer caja.

Médicos autonómicos
Luis del Val El Ideal Gallego 25 Enero 2005

En el último ingreso para tener una plaza como MIR (médico interno residente) uno de los factores a considerar ha sido el lugar de nacimiento y procedencia universitaria del médico, o sea, el factor autonómico. Ya se sabe que las enfermedades poseen un acendrado carácter autonómico, y una gripe, por razones de identidad, se manifiesta de manera diferente en Catalayud o Sabadell, y un tumor cancerígeno se lo piensa antes de manifestarse según el potencial enfermo baile la jota o se emocione con el sonido la muiñeira.

Antes no sucedía esto, porque las enfermedades vivían en un universalismo reprobable, y la viruela que llevamos los españoles a América se extendió como si estuviera en la vieja Europa, de la misma manera que la sífilis que trajeron los marineros de América se contagió por Europa con un entusiasmo que no cesó hasta la llegada de la penicilina. Ahora, en cambio, merced a nuestra cruzada autonómica, se reconoce el mérito o demérito de la autonomía en la persona del médico. Que el médico es de Logroño, pues naturalmente su manera de atajar el lumbago, que no nos deja incorporarnos, será diferente de un médico canario que, a la hora de neutralizar los efectos de un cólico de riñón, encontrara en los suaves ecos de la isa inspiración para ser más eficaz en la búsqueda de la salud.

Me imagino que, dentro de poco, esta fiebre autonómica llegará también hasta los enfermos, porque hasta ahora a los enfermos se les ha tratado con un grosera globalización, con una insensible uniformidad, como si un enfermo de Cáceres se pareciera a otro de Santander. Hemos vivido tanto tiempo encerrados en nuestra confusión, sin percibir los matices diferenciadores de España, que sólo por esa circunstancia pueda explicarse que, hasta ayer, como el que dice, a un médico sólo se le exigiera que supiera medicina, simplicidad a la que, por fin se va a poner remedio. Los médicos autonómicos serán una realidad y nuestra Sanidad habrá dado un gran paso adelante, pese a que tememos la incomprensión exterior.

Lío incomprensible
Edurne Zarraoa Gabikagogeaskoa/Getxo.Vizcaya Cartas al Director El Correo 25 Enero 2005

A ver si entiendo algo. Primero me dice Egibar que ya no soy vasca porque el plan no me gusta. Después, el que se supone que es el presidente de todos los vascos se va a Madrid a 'negociar' su plan, dejando antes muy claro que no hay nada que negociar y que o lo aceptan o hay tortas. Ya son ganas de enredar hablar de tortas después de mil muertos. Luego va Atutxa y «con espíritu constructivo y de diálogo» lo entrega en el Congreso, dejando claro que «el pueblo vasco no entenderá jamás un rechazo». Y me pregunto: ¿si resulta que ya no soy vasca, si me espantan las tortas, mayormente porque siempre las recibimos los mismos, y si Atutxa dice que los que siguen siendo vascos no entenderían el no, qué pinto en este enredo? ¿Pintamos algo el millón de 'ex vascos' que entendemos el rechazo a semejante bodrio, o sólo pintan los que aún siguen perteneciendo al club de los vascos? Y los que fueron amablemente invitados a abandonar el club, y el País Vasco, a tiros ¿tienen algo que decir? Por favor, acláremelo cuanto antes, que con este lío últimamente no me encuentro a mi misma.

Gotzone Mora:«No volveré a presentarme por el PSOE mientras no escuche el grito de las víctimas»
Gotzone Mora asume que ETA le amenace de muerte, como hizo la última vez hace dos semanas en las paredes de la UPV, pero no que su partido haga oídos sordos a las víctimas.
MARÍA LUISA GARCÍA FRANCO ABC  25 Enero 2005

-Usted es uno de los cargos públicos socialistas que estuvo con las víctimas en la manifestación de Madrid. ¿Cómo valora lo que ocurrió allí?
-Yo fui a una manifestación diferente que otras personas que están contando sus historias o los hechos no se vivieron como se están contando. Lamento extraordinariamente lo que le ocurrió a mi compañero José Bono y, desde lo más hondo de mi corazón, critico la conducta de los exaltados que le agredieron. Pero todo ello no me impide pensar que Bono, que lleva muchos años en política, podía haber manejado la situación de otra manera, de forma que el protagonismo absoluto de la manifestación de las víctimas no quedara en la actuación de unos exaltados. La inmensa mayoría de los que se manifestaron en Madrid expresaban su hartazgo frente a la posición del Partido Socialista, con su indefinición sobre si dialoga o negocia con ETA. El Gobierno no puede invisibilizar a las víctimas y la magnitud del dolor que allí se veía en las familias, en la gente mutilada... La foto de los exaltados que agredieron al señor Bono se ha comido todo eso y yo estoy totalmente en contra de que el PSOE y el Gobierno hayan preferido atacar al PP antes que escuchar el grito de las víctimas. Esto ha sido lo que ha colmado el vaso de muchas discrepancias con la actitud de mi partido y he decidido que mientras el Partido Socialista no escuche a las víctimas, no voy a volver a presentarme a ningunas elecciones para ser cargo público socialista.

-¿Qué otras discrepancias mantiene con su partido?
-No estoy de acuerdo con la dirección actual del PSE y tampoco del PSOE, porque creo que los acercamientos al nacionalismo son malos y que el plan de Patxi López no es lo más adecuado para afrontar el futuro. Cuando me he posicionado en contra de ese plan, muchos compañeros me han mandado mensajes de que no cuente con ellos y por supuesto ninguno me llamó hace dos semanas, cuando aparecieron pintadas de ETA en la Universidad amenazándome de muerte. Naturalmente ha habido una respuesta del PSOE a la agresión a José Bono, pero no me parece tan natural que ningún compañero socialista haya dicho nada públicamente de que a mí me amenazaran de muerte.

-¿Qué opina de la reacción de Alfredo Pérez Rubalcaba, portavoz del Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados?
-Me parecieron mal sus declaraciones, porque entre líneas se atacaba al PP y yo creo que la única solución para acabar con ETA y para que el nacionalismo deje de ser obligatorio en el País Vasco es la unión del PSOE y del PP. No hay otra fórmula y se ha demostrado a lo largo de los últimos años en los que el nacionalismo ha demostrado que sabe vivir a costa de la sangre de las víctimas y de los tontos útiles que se prestan a gobernar con ellos.

-¿Está de acuerdo con la actitud que está manteniendo el Gobierno en la lucha contra la banda terrorista ETA?
-Hay bastante indefinición al respecto. Algunos socialistas vascos tenemos claro que con una banda terrorista no se habla, sino que se termina con ella y que tampoco creemos que se debe hablar con el entorno de los terroristas en base a la existencia de un «problema político vasco», cuando el único problema político vasco que existe es el problema de las familias que ETA ha asesinado y las familias que están malviviendo en el País Vasco por ser objetivos de los terroristas. Quienes estamos viviendo como vivimos a la espera de una solución por parte de nuestros gobernantes para terminar con semejante tragedia lo que queremos es que se utilicen todos los instrumentos del Estado de derecho y eso es lo que el sábado pidió la ciudadanía en Madrid. No sé si mi partido quiere escuchar la voz de las víctimas, que pedían justicia y dignidad, que ETA no nos ponga como los bueyes, con la yunta encima de nuestros hombros. Queremos ser personas libres y vivir en democracia.

-¿Seguirá militando en el partido al que pertenece desde hace más de veinte años?
-Reflexionaré sobre ello, porque el PSE ha hecho todo lo que ha podido por deshacerse de mí y en muchas ocasiones no muy limpiamente.

«Me voy del PSE porque he recibido empujones que me han hecho caer»
Comprometida luchadora por la libertad y la democracia, Gotzone Mora es profesora en la Universidad del País Vasco y edil en el Ayuntamiento de Guecho, ayer anunció que no se volverá a presentar con el PSE a las eleciones ni ostentará ningún cargo público para no traicionar a los votantes que han confiado en ella.
Diana Valdecantos La Razón 25 Enero 2005

Madrid- Asegura estar sufriendo empujones por todas partes y no estar de acuerdo en la línea que sigue y pretende llevar su partido. Gotzone Mora anunció ayer su intención de no figurar en las listas del PSE que concurrirán en los próximos comicios vascos.

– ¿Qué le ha llevado a tomar esta decisión?
–Llevo ya un periodo de confrontaciones con la dirección actual del PSE, tenemos distintos puntos de vista que se han evidenciado en los últimos tiempos con declaraciones públicas de sus líderes en las que aseguraban que mis actuaciones eran fruto de un sueldo que a mí me pagaba el Partido Popular, han llegado a decir que ellos no tenían nada que ver conmigo, todo esto se acumula en el tiempo. Los dos momentos más serios, sin embargo, surgen a raíz de escribir un artículo posicionándome en contra del plan de Patxi López. Tras publicarlo recibo ataques por parte del PSE y se llega a crear una situación insostenible. Posteriormente, la semana pasada, ETA coloca una bomba en Guecho y cuando se toman las decisiones de cómo organizar la manifestación al día siguiente, en ese momento, yo me niego a colocarme alrededor del señor Zarraoa (PNV), un alcalde que se ha negado sistemáticamente a levantar un monumento a las víctimas de ETA, y me coloco al lado de la ciudadanía. Por esta decisión, recibo muiltitud de críticas, incluso mensajes en el móvil.

–¿Cuál ha sido el detonante entonces?
–La gota que ha colmado el vaso ha sido la manifestación del pasado sábado convocada por la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT). Hay cosas que yo no puedo entender, en primer lugar por la cantidad de sufrimiento acumulado que existe en este colectivo, y una vez más, se ha querido jugar con las víctimas, han utilizado maniobras y han invisibilizado a la AVT. La foto no han sido las víctimas, sino acontecimientos desgraciados. Yo me solidarizo con el señor Bono, pero quizá debería haber avisado. Se ha hablado de una manipulación de las víctimas por parte del PP, a mí esto me parece indigno. La mayoría de las víctimas son mayores de edad, saben lo que tienen que hacer. Se creen que los españoles son tontos y los políticos son muy listos.

–¿Le han obligado a tomar esta decisión?
–Ellos son muy inteligentes, ellos no han tomado la decisión, han aguantado, muy sutilmente, pero sí que han precipitado mi dimisión.

 –¿Cuándo lo decide?
–El domingo, rodeada de la gente que me quiere, incluso de miembros del partido, tomo la decisión de no volverme a presentar con el Partido Socialista Vasco actual. Hasta que esto no cambie yo no quiero ostentar ningún cargo público con el que pueda traicionar lo que la ciudadanía que me ha votado quería que defendiera.

– ¿Ha comunicado su decisión a la dirección?
–No. Se enterarán en cualquier caso. Utilizo la misma vía que usan ellos, que es hacerlo público a través de los medios de comunicación.

–¿Han pesado los rumores de la posible negociación del Gobierno con la banda terrorista ETA?
–Aquí están muy presentes, éste es otro tema. Yo creo, y sigo manteniendo, que con una banda asesina ni se dialoga ni se negocia hasta que deponga las armas. Con ETA se termina con todos los instrumentos que nos proporciona el Estado de derecho. Hay personas del Partido Socialista Vasco actual que potencian esa vía. Nosotros estamos muy enfadados. A mí ETA me ha robado muchos años de vida y no creo que en estos momentos con ellos haya que buscar solución al problema político vasco.

–¿Tiene pensado presentarte con algún otro partido?
–No. Yo tengo clarísimo cual va a ser mi trabajo futuro, tengo que escribir muchas cosas. Quiero dejar constancia de lo que hemos sufrido los «vencidos» porque los que hacemos frente al nacionalismo merecemos ese apelativo. Voy a seguir trabajando, tengo esa obligación. Dejar el mayor testimonio a mis alumnos.

Seis autonomías rechazan incluir los distintivos regionales en las matrículas
Madrid cree que «es un debate propio de paletos», mientras Valencia dice que el actual sistema es el más aceptado
Al menos cuatro comunidades (Madrid, Valencia, Baleares y Murcia) y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla se han decantado en contra de cambiar el actual sistema de matrículas y han rechazado incluir distintivos autonómicos que identifiquen la procedencia del coche, tal y como estudiaba el Gobierno. Mientras que Madrid piensa que es «un debate de paletos», Valencia cree que hay que mantener el sistema actual porque es el más aceptado. El ministro del Interior anunció en septiembre que cambiaría las placas tras preguntar a las autonomías. La consulta no se ha hecho.
Rocío Ruiz La Razón 25 Enero 2005

Madrid- Los ciudadanos rechazan los distintivos autonómicos en las matrículas de los coches, según revelan las encuestas; el sector del automóvil, apoyado por la CEOE, se ha mostrado implacable sobre un posible cambio...visto el panorama, el Ministerio del Interior ha optado por no consultar siquiera a las autonomías, pese a que su titular, José Antonio Alonso, anunció en septiembre pasado que «estaría dispuesto a cambiar por ley el modelo de placa en cuanto alcanzase un acuerdo con todas las comunidades». Esta es la postura que mantienen:
Comunidad de Madrid: El vicepresidente segundo y consejero de Justicia, Alfredo Prada, confirmó a LA RAZÓN que no ha sido consultado sobre el asunto en cuestión lo que supone, a su juicio, «una prueba del repelús que le produce al Gobierno hablar con las Comunidades autónomas». Cambiar las matrículas «es un debate estéril, absurdo y más propio de paletos que de responsables políticos. Además, ya tenemos las placas adaptadas a Europa y un cambio supondría perjudicar al sector de la automoción».

Comunidad Valenciana: Para el presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, «las matrículas identifican a los coches, no a las personas». Por ello considera que el actual sistema de matriculación «está muy bien tal y como está». El jefe del Ejecutivo valenciano considera que el sentido común demuestra que la organización que rige ahora es la más aceptada y por lo tanto en esta autonomía seguirá igual que hasta ahora. Camps niega que se hayan producido negociaciones con el Gobierno central respecto a este asunto, ya que no ha habido una demanda social que les impulse a intentar cambiar el sistema vigente de matriculación, informa Rosana Peiró.

Baleares: La vicepresidenta del Gobierno, Rosa Estarás, cree que la inclusión de los distintivos autonómicos es una cuestión «anecdótica» y mantiene que «las cosas están bien como están».

Murcia: Un portavoz del ejecutivo murciano explicó que «el Gobierno no conseguirá que este asunto sea prioritario. Hay cosas más importantes que se deben atender».

Ceuta: No ha sido consultada por el Gobierno, pero lo único que desea el consejero de Presidencia de la Ciudad Autónoma, José Luis Morales, es que en las matrículas «se sepa que Ceuta es de España». Se decanta por el actual modelo.

Melilla: Está a favor de una matrícula unificada para todo el Estado español, así que es partidaria de que se mantenga el actual modelo.

Galicia, La Rioja, Asturias, Navarra, Andalucía, Aragón y Castilla y León, Castilla-La Mancha, Canarias, Cantabria han evitado pronunciarse alegando, en algunos casos, no querer hacerlo hasta conocer una propuesta concreta del Gobierno.

Cataluña: Incluir un distintivo autonómico en las matrículas ha sido una vieja aspiración de los nacionalista que ahora han estado más cerca que nunca de ver cumplida. Después de conocer que el Gobierno central había aparcado un posible cambio por el rechazo ciudadano en las encuestas, tal y como publicó ayer LA RAZÓN, la Generalitat ha optado por guardar silencio.

La cruzada catalana por los distintivos autonómicos comenzó hace ocho meses en el Congreso cuando CiU propuso un cambio en el diseño de las placas. Cuatro meses después la consejera de Interior de la Generalitat, Montserrat Tura, volvió a la carga y anunció públicamente tras reunirse en Madrid con el ministro de Interior, que el Gobierno central estaba estudiando una modificación que casi daba por segura. Ayer, el El diputado del PSC en el Congreso, Daniel Fernández, mantenía aún las esperanzas y aseguraba que sigue en pie «el compromiso ministerial para encontrar una solución sobre la identificación autonómica».

Hace cuatro años, cuando se aprobó el sistema actual de matriculación, la Generalitat llegó a poner pegatinas en los coches oficiales con el escudo autonómico en el exterior de las chapas y anunció que los Mossos d’Escuadra cumplirían con el reglamento, aunque sin exagerar el celo en la persecución de los conductores que desafiaran la ley.

País Vasco: Apoya que se lleven los distintivos autonómicos. El consejo de Interior, Javier Balza, declaró recientemente que «este asunto de símbolos es una cuestión importante...hay que atender a las sensibilidades de cada una de las naciones que conforman el Estado y por ello habrá que estar atento a estas iniciativas».

Recortes de Prensa   Página Inicial