AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 27 Enero 2005
Las orejas del lobo
Fernando Savater El País 27 Enero 2005

Los límites de la rivalidad democrática
Lorenzo Contreras Estrella Digital  27 Enero 2005

Recordad Auschwitz
Editorial El Mundo 27 Enero 2005

Hablar o no hablar
Josep Ramoneda El País 27 Enero 2005

Un archivo histórico
Juan BRAVO La Razón 27 Enero 2005

LAS ÚNICAS VÍCTIMAS
Editorial ABC  27 Enero 2005

Vuelve la policía política
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 27 Enero 2005

Memoria y Holocausto
Editorial El País 27 Enero 2005

Nos estamos haciendo viejos sin Gregorio
Maite Pagazaurtundúa Libertad Digital 27 Enero 2005

La mayoría silenciosa, puteada y perpleja
Antonio Cabrera Cortijo Digital 27 Enero 2005

Auschwitz y las víctimas
Cayetana Álvarez de Toledo El Mundo 27 Enero 2005

Réquiem por las víctimas
Martín Prieto El Mundo 27 Enero 2005

Los ladridos de la dictadura
Ignacio Villa Libertad Digital 27 Enero 2005

Otro periódico más a pasar por caja: La Razón.
Nota del Editor 27 Enero 2005

El Supremo declara ilegales las principales ventajas del Impuesto de Sociedades vasco
MANU ALVAREZ/BILBAO El Correo 27 Enero 2005

«Los alaveses somos vascos, pero unos vascos diferentes»
Javier Armesto  enviado especial  bilbao La Voz 27 Enero 2005

«Las nuevas generaciones tienen que vivir el bilingüismo con naturalidad»
IVÁN ORIO/MADRID El Correo 27 Enero 2005

Constitución, artículo 3º, párrado 1º y las mentiras de la ministra
Nota del Editor 27 Enero 2005


 

Las orejas del lobo
Por Fernando Savater El País 27 Enero 2005

En nuestro beatífico contexto de "grandes esperanzas" dickensianas y buen rollito generalizado, ¿será asumible o al menos mínimamente digna de consideración una intempestiva nota de alarma? A mi juicio, la dieron el pasado sábado los desaforados intolerantes que cargaron contra el ministro José Bono y la europarlamentaria socialista Rosa Díez en la manifestación de Madrid convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo.

Está meridianamente claro que el radicalismo obtuso de ese grupo, fuera más o menos numeroso, no expresaba ninguna santa cólera, sino sólo el pataleo intransigente de quienes siempre están deseando rebasar y pervertir los cauces de expresión democráticos en nombre de las supuestas urgencias incontenibles del pueblo ultrajado.

Su proceder hubiera sido inadmisible en cualquier caso, contra cualquier representante democráticamente elegido, pero fue aún más disparatado por dirigirse contra personalidades del partido gobernante que siempre se han destacado inequívocamente -y a menudo padeciendo serias incomodidades con unos y otros a causa de ello- por su apoyo sin regateos a las víctimas del terrorismo y por la firmeza inequívoca de su respuesta contra éste.

No se trata de un acontecimiento insólito o inédito, por desgracia. Algunos miembros de ¡Basta Ya! lo experimentamos en nuestra propia carne cuando quisimos participar hace un par de años en la manifestación contra ETA convocada en Bilbao por el Gobierno vasco (en la que se agredió como a "asesinos" a víctimas del terrorismo etarra y también a Joseba Pagaza, que sería asesinado dos meses después) y se ha visto más recientemente en las infaustas jornadas que siguieron al atentado islamista del 11-M, tanto en los ataques a miembros del Gobierno como en el acoso a las sedes del partido entonces mayoritario.

Hubo en todos esos casos intransigentes oportunistas o simples mentecatos que prefirieron desviar la protesta de los auténticos criminales hacia un ajuste de cuentas sectario con adversarios democráticos, utilizando procedimientos que a todas luces iban más allá de la legítima exigencia de responsabilidades políticas mejor o peor fundadas.

No cabe sino condenar los sucesos del sábado, como han hecho con firmeza los convocantes de la manifestación y numerosas personalidades públicas presentes en ella. Pero, una vez formulada esta condena, es preciso examinar los posibles malentendidos o errores que han servido de coartada a esos injustificables alborotadores. Es posible que elementos "ultras" se hayan aprovechado de la convocatoria para dar rienda suelta a su agresividad.

Pero es evidente que estos descerebrados son sumamente minoritarios y sólo pueden llegar a formar masa crítica aprovechando el descontento de gente decente que poco o nada tiene que ver realmente con sus planteamientos. Y aquí viene el interrogante que debe interesarnos: ¿cómo se ha llegado a la situación de que muchas víctimas del terrorismo y muchas personas preocupadas por él, así como por los fervores separatistas que real o supuestamente amenazan nuestro Estado de derecho, puedan llegar a ver en el Gobierno de la nación y en el partido socialista insensibilidad ante su causa o manipulación culpable de ella?

Habrá entre esa gente votantes del PP, convencidos de que su opción política gestionaría mejor el problema, pero ello por sí solo no justifica la exasperada hostilidad que han llegado a acumular contra los representantes del centroizquierda en el Gobierno, en los medios de comunicación, contra los cineastas, etcétera. Sin duda, habrá quien les azuce desde tribunas políticas o periodísticas, pero algo debe estar haciéndose mal en otras áreas para que se presten oídos a las peores soflamas.

Veamos, como ejemplo, lo que pudo vivir un donostiarra cualquiera la semana pasada. Digamos que la persona en cuestión es un señor o una señora que ha sufrido personalmente los efectos de la intimidación terrorista y, por tanto, busca amparo en las opciones políticas constitucionalistas. En la víspera de la fiesta del patrón de la ciudad, el Tambor de Oro le fue concedido al cocinero Martín Berasategui, que sin duda ha de merecerlo: en la entrega apareció el mismísimo lehendakari Ibarretxe, que comentó cuánto debía haber sufrido el galardonado al ser interrogado por el juez sobre unos supuestos pagos a ETA.

El interesado comentó que a él y a otros de su gremio -todos presentes en la ocasión- se les envidia, probablemente porque hacen las cosas bien. Sin duda hay cosas que hacen de rechupete, pensó el señor o señora del que hablo, aunque quizá no todas en campos alejados de la gastronomía. Pero, en fin, suspiro y adelante... Hasta que le den un Tambor de Oro a Cristina Cuesta, por ejemplo, habrá aún que esperar un poco.

Esa noche, el donostiarra o la donostiarra de mi cuento se resigna a ver la izada de la bandera que inicia las fiestas patronales por televisión.

Le gustaría asistir en persona, pero no soporta tener que compartir la plaza de la Constitución con carteles a favor de ETA, pancartas pidiendo amnistía para los presos, y este año una especialmente grande reivindicando al conocido serial-killer De Juana Chaos, que sufre mucho porque no le dejan salir de la cárcel para cometer nuevas travesuras. El o la protagonista de mi historia ya sabe que es inútil protestar por tales apologías del terrorismo: no se puede, por lo visto, más que mirar hacia otro lado y tener la fiesta en paz.

El sábado por la mañana, ella o él acude al acto que en el Kursaal se celebra en recuerdo de Gregorio Ordóñez, teniente de alcalde donostiarra asesinado hace 10 años.

La sala está atiborrada de gente, muchos se quedan fuera: asiste el núcleo duro del constitucionalismo guipuzcoano, los que no han desfallecido en los tiempos peores. Como es natural, la mayoría de los oradores son del PP, al que también pertenecía Gregorio (aunque en sus intervenciones siempre hablan de los dos partidos constitucionales y sus víctimas).

Lo que ya no es natural es que, fuera de Maite Pagazaurtundua y de tres o cuatro concejales más, no haya dirigentes socialistas en el acto. No está el alcalde Odón Elorza, que aparece en el excelente cortometraje de Antxón Urrusolo llevando el féretro de Ordóñez, pero que 10 años después...; y tampoco está el delegado del Gobierno, Paulino Luesma, ni por supuesto Patxi López, Egiguren, etcétera. Es curioso, piensa nuestro él o nuestra ella: en la sala hay muchos votantes socialistas, pero no están aquellos a quienes votan, es decir, que sólo hay votantes socialistas huérfanos.

Con cierta sensación de abandono (quizá estas ausencias sectarias se deban a cálculos electorales, pero hay un tipo de ganado que no se vende en ninguna feria), nuestro vasco o vasca -como dice el Jefe- decide irse al cine para despejarse un poco.

En el que tiene más cerca de su casa ponen una película española protagonizada por un joven actor militante, que estuvo en el País Vasco hace unos meses interpretando una obra teatral sobre la boda de la hija de Aznar (el tema más urgente y peligroso de tratar en Euskadi, ya se sabe). Aprovechó la visita para hacer unas declaraciones a Gara comentando lo intolerable del comportamiento de PP y PSOE en la lucha antiterrorista, la ilegalización de Batasuna, cierre de Egunkaria, etcétera.

Aunque el tenor de sus reflexiones demostraba un encefalograma más bien plano, que podía mover a la caridad benévola, él o ella le han cogido tirria y no quieren ver ya su película. Prefiere irse a casa, donde pone la televisión y se encuentra con las imágenes de la manifestación de Madrid, las agresiones a Bono, etcétera.

"Mal asunto", piensa mi donostiarra. Y alarmante. Recuerda que el otro día dos bárbaros dieron una paliza en una calle de San Sebastián a un militante de la izquierda abertzale y el movimiento gay. Ahora, lo de Rosa Díez y Bono. En fin, los que consideran indiscriminadamente fachas a la mitad de la población que no piensa como ellos deberían empezar a rezar porque aquí no aparezca un Le Pen o un Haider que aglutine a los más brutos de la clase con temas como la reforma de los estatutos autonómicos (la canción de las autonomías el día de mañana: "Antes muertas que sencillas, digo que sencillamente españolas"), las víctimas de ETA, la inmigración y yo que sé más.

Empezamos a verle las orejas al lobo. Es decir, se las ven casi todos menos quienes gritan sin cesar "¡al lobo, al lobo!". En ese momento, las reflexiones de él o de ella se interrumpen, porque aparece Llamazares en la pantalla explicando que las víctimas llevan dos legislaturas manipuladas. Y ella o él apagan el televisor, porque a un cristiano o cristiana se le puede exigir todo menos que aguante al líder de Izquierda Unida hablando de progresismo...

Los límites de la rivalidad democrática
Lorenzo Contreras Estrella Digital  27 Enero 2005

El deterioro de las relaciones PP-PSOE se ha puesto especialmente de relieve con motivo de la manifestación del pasado sábado, en la que fue supuestamente agredido el ministro de Defensa, José Bono. La detención de dos miembros del PP, acusados de violencias directas que, según las estimaciones del partido de la oposición, no han sido comprobadas e incluso responden a una ofensiva política socialista, ha creado una situación de controversia que supera los límites de la rivalidad normal entre partidos. Esto quiere decir que se produce un retroceso en las relaciones institucionales cuya complicación viene añadida por las exigencias nacionalistas vascas sobre la negociación del Plan Ibarretxe. Pocas veces, desde los peores momentos de las tensiones entre partidos en la época de Aznar, se había registrado una coyuntura tan crispada como la presente. La pretensión nacionalista de llevar la crisis parlamentaria del Plan Ibarretxe nada menos que al Tribunal Constitucional crea un supuesto paradójico, ya expresado por distintas fuentes: cómo es posible que una formación política —el PNV— que pretende acabar con los fundamentos básicos del orden constitucional actual es capaz de acogerse a esos mismos fundamentos para proteger sus derechos y sus pretensiones.

La conflictividad de las relaciones requiere una explicación. Y ésa no puede ser otra que el reconocimiento de que sigue funcionando el recuerdo y los efectos del 11M, con todas sus secuelas. Es una demostración de la capacidad que tienen las circunstancias políticas para transformarse en algo más prolongado que un simple recuerdo o en algo susceptible de ser repercutido políticamente según el sistema y la lógica de los intereses. El PP ha encontrado un filón compensatorio del otro filón, el que aprovechan los socialistas para descalificar a sus rivales directos, acusándoles de fascistas y violentos. El ventajismo de los populares consiste en acusar a los dirigentes del PSOE de malversar la utilización de las leyes para lograr el efecto propagandístico de las detenciones de supuestos agresores comparables con lo peor de la violencia del pasado franquista. Y, naturalemnte, tienen que recordar lo que sucedió en las manifestaciones del 11M y lo que en Barcelona tuvieron que sufrir Josep Piqué y Rodrigo Rato cuando hubieron de buscar refugio en un aparcamiento bajo el acoso de una masa perfectamente relacionable con grupos progresistas que podrían responder a la misma mentaliad de los actuales violentos de Madrid. La queja de los populares es comprensible en el sentido de que las autoridades socialistas no supieron o no quisieron estar a la altura de lo que correspondía. El resultado o la conclusión, en general, es que España necesita una “corrección de estilo”, una orquestación de maneras que pueda corresponderse con las exigencias de una verdadera democracia. Ahora vamos a asistir a una polémica interminable sobre quiénes son más demócratas o más fascistas. Un país como el nuestro necesita ser reeducado. La manifestación del pasado sábado ofrece todas las características de lo que no es ni puede ser una democracia.

Recordad Auschwitz
Editorial El Mundo 27 Enero 2005

Lo primero que ven los visitantes del campo de exterminio de Auschwitz es la frase de George Santayana, en la que advierte que los pueblos que olvidan la Historia están condenados a repetirla. Hoy se cumplen 60 años de la liberación de los prisioneros que habían sobrevivido a aquel horror.

El escritor judío Elie Wiesel, uno de los supervivientes, testimonia en un especial de la serie Documentos que hoy publica EL MUNDO su íntima convicción de que jamás saldría vivo de aquel infierno y el éxodo final a través de la nieve, días antes de la llegada de las tropas rusas, custodiado por las SS.

Auschwitz, aunque el mayor, fue uno de los muchos campos de exterminio creados a partir de 1941 cuando Himmler diseñó en Wannsee la siniestra «solución final», que consistía en deportar o asesinar a los diez millones de judíos que habitaban en los territorios ocupados por los ejércitos de Hitler.

No hay cifras sobre el número de víctimas que perecieron en Auschwitz porque -como declaró en Nuremberg Rudolf Höss, comandante del campo- no se llevaba contabilidad alguna. Pero todo indica que cerca de un millón y medio de personas, más del 90% judíos, fueron ejecutados en sus instalaciones en tres años.

Auschwitz, Mathausen, Treblinka, Dachau y decenas de campos creados en Alemania y Polonia supusieron la culmimación de la lógica perversa del régimen nazi y de las criminales teorías de Julius Streicher y Alfred Rosenberg, asumidas por Hitler, Goebbels y la cúpula nazi.

El fanatismo antisemita creció en el terreno abonado de los prejuicios populares y del nacionalismo prusiano, que, como han investigado historiadores como Daniel Goldhagen y Michael Burleigh, estaba profundamente arraigado en la sociedad alemana de finales del siglo XIX. La derrota en la Primera Guerra Mundial, la humillación del Tratado de Versalles y la crisis económica de los años 20 impulsó a los nazis al poder.

Pocos creían que Hitler se atrevería a plasmar sus amenazas antisemitas, pero la realidad es que el régimen se fue radicalizando, entre otras razones, por la falta de reacción popular a las leyes de Nuremberg y las purgas contra los judíos. No es exagerado decir que los alemanes miraron para otro lado cuando cientos de miles de familias judías fueran expoliadas y perseguidas a partir de 1933.

La pregunta que todavía sigue hoy sin respuesta es cómo fue posible tal grado de barbarie en una sociedad civilizada y culta como la alemana. La respuesta tiene mucho que ver con las profundidades del alma humana y con las condiciones de la Alemania de aquella época.

El Holocausto fue el mayor crimen contra la Humanidad de todos los tiempos. No puede haber perdón ni comprensión para sus responsables.Pero lo importante es que el mundo jamás olvide aquel horror.

Hablar o no hablar
Por Josep Ramoneda El País 27 Enero 2005

Decía David Trimble que hay dos condiciones ineludibles para abrir un proceso de paz: que los terroristas estén convencidos de que por la vía militar no van a conseguir sus propósitos y que se pueda presumir una decisión firme de abandonar las armas en un tiempo razonable. En el País Vasco, en estos momentos, la primera condición podría estar cerca de cumplirse.

La acción de gobierno del PP, continuada después por el PSOE, y el Pacto Antiterrorista consiguieron quebrar el mito de la imbatibilidad de ETA. Después de la presión policial y judicial de los últimos años, la derrota de ETA no sólo es algo que la sociedad asume, por fin, como realmente posible, sino que incluso está interiorizada por el propio universo etarra.

Tanto la carta que un grupo de presos, distinguidos por su relevancia en el organigrama terrorista, mandaron este verano a la dirección de ETA, como la reciente declaración de ETA proponiendo un proceso de "desmilitarización" dejan constancia del reconocimiento de la derrota. La segunda condición, sin embargo, quedó descartada por el último atentado de ETA, que quiso reafirmar su capacidad de matar cuando los rumores sobre una tregua no paraban de crecer.

En este contexto, las palabras del presidente Zapatero en la entrevista de Televisión Española, expresando su intención de aprovechar cualquier oportunidad para la paz por pequeña que sea o su "disposición a escuchar", siempre que cese de una vez el ruido de las pistolas, manifestada en el mitin de San Sebastián del día 15, han sembrado la prensa de especulaciones sobre contactos entre el Gobierno y el entorno etarra.

Hasta donde uno puede saber, las únicas cosas concretas que hay, más allá de la secuencia de declaraciones, cartas y contradeclaraciones realizadas a la vista de todos, son: algún contacto del PSE guipuzcoano con Batasuna; una supuesta carta de un dirigente de ETA al presidente Zapatero; y la detección de alguna conversación sobre una posible tregua, por parte de los servicios de información.

El presidente Zapatero, desde que llegó al poder, ha tenido siempre una clara disposición a hablar con ETA si se daba una circunstancia que permitiera abrir el camino del fin de la violencia. Hablar no significa conceder. Y en este sentido, Zapatero ha reafirmado muchas veces su lealtad absoluta al Pacto Antiterrorista.

La duda es si el solo hecho de insinuar la posibilidad de hablar no está ya perjudicando al propio proceso, porque envalentona a ETA y puede alejarla de la sensación de derrota, condición primera para la paz.

En el fondo de este debate está un peligroso mito construido a lo largo de la transición: que la disolución de ETA sería un acontecimiento con convocatoria pública y las distintas partes sentadas en una mesa firmando la paz. Es un mito peligroso, porque otorga a ETA una significación y un reconocimiento que no le corresponden.

De hecho, es una consecuencia de la mitificación de ETA en los años de la resistencia al franquismo. Y es también peligroso, porque garantiza la frustración. Lo más probable es que el final de ETA -que sí se puede decir que ya ha empezado- sea un proceso lento de marginación y de grupusculización creciente, en que los brotes de violencia, aunque cada vez más aislados, se prolonguen por mucho tiempo.

Estamos en vigilias de elecciones. Todos los movimientos, empezando por los de ETA y de Batasuna, tienen que verse en esta clave. Salvar el voto abertzale es su objetivo conjunto. Batasuna intentará presentarse, aunque difícilmente lo conseguirá, porque no va a condenar la violencia.

Una tregua podría permitirle jugar la carta del voto nulo, con algún éxito. El tablero de juego está ahora marcado por la búsqueda del voto. El panorama real será mucho más preciso el día después.

La ilusión de Zapatero de acabar con el terrorismo es, obviamente, compartida por la ciudadanía. Esta ilusión la han tenido todos los presidentes del Gobierno y, por lo menos hasta hoy, no ha sido posible. La presión que ha llevado a ETA a instalarse en la conciencia de derrota no debe cesar.

Porque es la única manera de que ETA no vea posibilidades de supervivencia. Lo demás se dará por añadidura. Entonces, será posible hablar. Con un solo objetivo: incentivar la salida del máximo número de terroristas de la organización, para que el vaciado sea lo más rápido posible.

Un archivo histórico
Juan BRAVO La Razón 27 Enero 2005

No querrán escucharles, pero lo han dicho. La Real Academia de la Historia ha sido meridianamente clara al afirmar que debe preferirse el mantenimiento de la integridad del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca a su parcialización y reparto. Frente a intereses políticos y partidistas deben de primar los intereses documentales, históricos y jurídicos. La «sentencia» de la Real Academia de la Historia no ha sentado nada bien en el Gobierno, decidido como está a cumplir lo acordado con sus socios nacionalistas de ERC. Aunque para eso tenga que negar la mayor, como es que la propia Unesco recomendase en su momento la unidad de los archivos de los regímenes represivos, a fin de mantener la memoria de lo sucedido en un país determinado, en concreto, durante nuestra Guerra Civil. Resulta sorprendente el gran interés que tiene un gobierno como el de Rodríguez Zapatero, que se define de izquierdas, por liquidar el patrimonio y la documentación más importante que hay en España sobre la represión franquista. Y un dato: frente a la afición por disgregar la historia común de los españoles, otros, durante la anterior legislatura, enriquecieron el Archivo de Salamanca con documentos sobre el exilio en México. Un buen ejemplo que, tristemente, no ha creado escuela.

LAS ÚNICAS VÍCTIMAS
Editorial ABC  27 Enero 2005

SE atribuye a Winston Churchill la definición de democracia como el sistema en el que si alguien llama a la puerta a las siete de la mañana, es el lechero y no la Policía. Sea más o menos literal esta cita, lo importante es que refleja la seguridad que el imperio de la ley debe dar a los ciudadanos, frente a la arbitrariedad y el abuso del poder. El Ministerio del Interior debe muchas y muy convincentes explicaciones en relación con los dos militantes del PP detenidos por su presunta implicación con el supuesto intento de agresión a José Bono, porque una vez que se ha sabido que el atestado policial descartó, desde el principio, la existencia de agresiones físicas al ministro de Defensa; que no hubo premeditación en el altercado -ningún manifestante podía saber que Bono iba a acudir a la manifestación fuera de la cabecera- y que los dos detenidos -los únicos que han prestado declaración en tal condición- fueron puestos en libertad sin cargo alguno, la investigación ordenada por el delegado del Gobierno en Madrid tiene todos los rasgos de una arbitrariedad preocupante.

Porque la vergonzosa actitud de un sector minoritario de los manifestantes -condenable sin matiz alguno- no justifica en absoluto una reacción tan desmedida y desproporcionada. No se pueden matar moscas a cañonazos. Estamos ante un grave ejercicio de desmesura por parte del Gobierno, que contribuirá a elevar todavía más la tensión.

No confundamos las prioridades. Bono, objetivo de las iras de un grupo de violentos oculto cobardemente entre la multitud, no es la víctima que debe concitar la movilización de las instituciones, empezando por el Gobierno y por su Alto Comisionado, Gregorio Peces-Barba. La prioridad sigue siendo el apoyo a las víctimas del terrorismo, que han sido la fuerza moral de esta sociedad en la lucha contra ETA y ahora deben serlo también contra el terrorismo integrista. Un apoyo que ha ganado sentido político -en la mejor connotación de este término- en los últimos años, porque esas víctimas han sido el emblema de una forma concreta de abordar el fenómeno terrorista.

Puede que algunos sectores de la izquierda y, más amplios aún, del nacionalismo identifiquen a las víctimas de ETA con la política antiterrorista de Aznar y que, por esta razón, resulten incómodas para los nuevos «escenarios» con los que especulan. Si así fuera, habría que recordar que esa política antiterrorista estaba pactada por el PP y el PSOE y que el reconocimiento de las víctimas ha sido determinante para extender la conciencia cívica y moral que dio voz y dignidad a una buena parte de la sociedad vasca. Y si el PP debe cuidar que su apoyo a las víctimas no acabe generando confusiones, el Gobierno ha de ser consciente de su responsabilidad en la fractura entre las asociaciones de víctimas y en el mal ambiente que las rodea.

En este sentido, el nombramiento de Peces-Barba se ha confirmado como un grave error, tanto en su gestación como en sus primeras decisiones. El Alto Comisionado fue impuesto unilateralmente por el Gobierno, ignorando el Pacto Antiterrorista y a rebufo de la conmoción provocada por la comparecencia parlamentaria de Pilar Manjón, representante de una parte de las víctimas del 11-M. La persona designada, al margen de su trayectoria universitaria, estaba identificada por su filiación partidista y sin antecedentes conocidos de implicación con las víctimas del terrorismo o con los grupos y movimientos cívicos creados en torno a ellas. Hoy, Peces-Barba es más el problema que la solución. No se puede reclamar unidad cuando su actuación y su conducta han fomentado la desunión y el distanciamiento entre las asociaciones de víctimas.

Detención ilegal
Vuelve la policía política
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 27 Enero 2005

Por orden de un delegado del gobierno, y con el posterior aval del presidente desde su periplo fantasma, unos militantes del Partido Popular han sido moralmente linchados al hacerse públicos sus nombres en relación con falsas acusaciones de agresión. Su identificación se basa en unas fotos. Identificar en fotos o en película a manifestantes democráticos con fines de represalia política recuerda mucho a lo que se hacía en tiempos de Arias Navarro con las imágenes de los informativos de TVE cuando su responsable era el que lleva treinta años dando lecciones magistrales de democracia.

Identificados públicamente por ser militantes del PP. Detenidos por ser militantes del PP. Interrogados por ser militantes del PP. No cito sus nombres para no contribuir a la agresión que han sufrido por causa de su filiación política los que nunca agredieron a nadie. Todo lo contrario, una de las interrogadas y moralmente linchadas –que se manifestaba junto a las víctimas del terrorismo porque creía vivir en una democracia– fue golpeada por un escolta del ministro de Defensa. Otro escolta rompió el famoso mástil de la bandera produciendo lo que los intoxicadores gubernamentales llaman “una barra de hierro”.

Aprovechando que un inspector de policía se ha negado a participar en la cacería, todo podría haberse zanjado con el represivo delegado del gobierno pidiendo perdón y largándose. Y habría quedado el asunto como el abuso de un individuo deseoso de agradar a sus superiores. Pero ya no es posible. Porque ese delegado ha sido solamente una voz en el coro de Blanco y Rubalcaba. Y de la despistada Trinidad Jiménez, que ha demostrado lo mucho que le importa todo lo relacionado con las víctimas confundiendo actos y ciudades e incurriendo en un ridículo antológico. Luego ha llegado, grabada, la voz del solista, que estaba de gira: el presidente accidental.

No sólo llegó al poder tras inundar el país de pancartas concertadas, rencor, insultos y cristales rotos. No sólo viene ofendiendo minuciosamente a media España por razón de su fe con arbitrarias medidas y discursos caducos. Ahora atropella libertades fundamentales para seguir exprimiendo el limón de la más temeraria demagogia. Calificaron de “pequeños incidentes anecdóticos a pie de página” la agresión a Rato, Piqué y otros dirigentes y militantes populares en Barcelona el 12-M. También hay fotos, claro, pero jamás se ha investigado. Unas horas después de aquella vergüenza dieron el golpe posmoderno de los SMS. Queremos saber cuántos mensajes salieron de la sede socialista, porque si lo que denuncia Urdaci es cierto quedará en entredicho la limpieza electoral. Dicen los plumillas del imperio que están volviendo los fascistas. Bueno, es algo parecido, pero no es exacto: lo que está volviendo es la policía política del PSOE de las checas.

Memoria y Holocausto
Editorial El País 27 Enero 2005

Cuando los más importantes líderes europeos se reúnan hoy en Oswiecim (localidad polaca a la que los alemanes llaman Auschwitz), para conmemorar el 60º aniversario de la liberación del campo de exterminio allí erigido por los nazis para aniquilar a judíos y a otros "pueblos inferiores", Europa y Occidente en general celebrarán un año más su acto de atrición.

Pero hay que tratar de evitar que el mundo se considere en paz simplemente por el hecho de recordar el asesinato de más de seis millones de seres humanos, en lugar de combatir hasta la extenuación las causas que hicieron posible aquella y otras insanias colectivas.

Porque a la postre, y en contra de la aurora prometida tras la Segunda Guerra Mundial, los genocidios masivos se han seguido sucediendo ante la parálisis o lentitud de la comunidad internacional. Están cercanos los ejemplos lacerantes de Camboya, Ruanda, la antigua Yugoslavia o, ahora mismo, Sudán.

Todo este horror acumulado nos recuerda que el fogonazo histórico de aquel exterminio masivo mantiene sus epígonos en un mundo que también se dice civilizado y que se considera a sí mismo en buena medida liberado del estigma de barbarie de los autores del Holocausto.

Asumiendo que la bestia continúa agazapada entre nosotros, la Asamblea General de la ONU acaba de conmemorar por primera vez el aniversario de Auschwitz con un homenaje a las víctimas de la solución final. Por su universalidad es el más significativo, pero sólo uno del rosario de actos que van a evocar hoy el inmenso horror perpetrado en el corazón de Europa.

Tal día como hoy de 1944, seis mil personas eran asesinadas en las cámaras de gas y hornos crematorios de Birkenau, uno de los campos de Auschwitz. Un horror que 60 años después aún alienta en países desarrollados en forma de movimientos filonazis.

España, por razones básicamente históricas y demográficas -el franquismo, la no beligerancia en la Segunda Guerra Mundial y la poca población judía en nuestro país-, ha vivido relativamente al margen de este hecho crucial, con las notables excepciones del trabajo de algunos de nuestros diplomáticos.

Por eso cabe felicitarse de que se sume a la iniciativa educativa de la UE instaurando el Día de la Memoria del Holocausto, con el propósito, sobre todo, de que las generaciones más jóvenes tengan la oportunidad de conocer y reflexionar sobre una de las páginas más tenebrosas de la humanidad. El minuto de silencio previsto hoy en los centros escolares debería trasladar a los adultos del futuro el estruendo de que el genocidio nazi, cualquier genocidio, es incompatible con la dignidad humana.

Gregorio Ordóñez, in memoriam
Nos estamos haciendo viejos sin Gregorio
Maite Pagazaurtundúa Libertad Digital 27 Enero 2005

En San Sebastián ni los amigos ni los contrincantes políticos de Gregorio lo hemos podido olvidar, porque tenía tal fuerza –y me duele tener que utilizar este maldito verbo, tenía, en pasado–, la suya era una fuerza tan contagiosa en lo personal y en lo político, que a buen seguro no soy la única persona que siente que fue ayer la última vez que lo tropecé por las calles de cualquier esquina de San Sebastián, o la última vez que sus adversarios políticos sufrimos su audacia y su capacidad desmesurada para trabajar y para intentar convencernos del tema que se trajera entre manos.

Poseía un talento extraordinario para la táctica política, y le recuerdo poniendo en aprietos a otro político especialmente dotado para los avances tácticos; me refiero, lógicamente, al alcalde Odón Elorza.

Gregorio Ordóñez amaba la vida, pero además la respetaba tanto que se sintió moralmente obligado a seguir el instinto democrático –y en su caso también cristiano– de defender la vida de los acosados y perseguidos por ETA. Y lo hizo de una forma inédita, por su claridad y desparpajo. La falta de miedo reverencial hacia los terroristas ofendió muy especialmente a los que descerrajaron varios tiros para matarlo y nos enseñó que teníamos, nosotros también, que plantar cara al propio miedo.

Nos enseñó que teníamos que ser muchos más los que nos atreviéramos a hablar alto y claro contra la impunidad con que se lucían los asesinos como héroes, contra los nombramientos de hijos predilectos de los asesinos de personas inocentes, contra listas compuestas con etarras que montaban gran escándalo cuando salían elegidos parlamentarios vascos promocionando la empresa del terror y de la coacción. La mayoría de la población no tolera este tipo de cosas gracias a personas como Gregorio Ordóñez, o como Fernando Buesa, que con su lucidez y su la fuerza del argumento democrático nos hicieron saber que se puede llegar a derrotar a ETA materialmente, pero que además se puede terminar por cambiar el estado de transmisión del fanatismo que genera seres humanos dispuestos a matar como a perros a sus vecinos e incluso familiares.

Gregorio no sufría ningún tipo de complejo por ser donostiarra y de ideología conservadora, y vivió con naturalidad su manera de ser, y supongo que fue la forma más eficaz de enfrentarse a la sinrazón de los nacionalistas vascos que entienden de forma sectaria y asesina la identidad vasca. De hecho consiguió que lo siguieran muchos donostiarras y guipuzcoanos que por fin se atrevieron a admitir que no eran nacionalistas vascos y que tenían ideas de centro o de centroderecha.

Todos necesitamos adversarios políticos que nos marquen límites, que nos desvíen del sectarismo extremo, de la locura de creernos en posesión de la verdad absoluta, y precisamente por eso sus contrincantes le debemos mucho a Gregorio, porque sin él no creo que hubiera resucitado el centroderecha y la derecha no nacionalista, que fue perseguida con saña por ETA en los albores de la democracia. Gregorio les dio fuerzas a ellos, pero nos obligó al resto a entender mejor las claves de la democracia y del pluralismo político.

Algunas veces imagino cómo analizaría Gregorio Ordóñez acontecimientos del siempre enmarañado escenario político vasco. Muchas veces imagino cómo lo haría Fernando Buesa, o José Luis López de la Calle, o Joxeba Pagaza. Y no es sólo por sentirlos cerca. No es sólo por eso.

Maite Pagazaurtundúa es concejal del PSE en Urnieta (Guipúzcoa). Su hermano Joxeba, sargento de la Policía Municipal de Andoáin (Guipúzcoa), fue asesinado por ETA el 8 de febrero de 2003.

La mayoría silenciosa, puteada y perpleja
Por Antonio Cabrera Cortijo Digital 27 Enero 2005

No estuve en la manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo. El asesinato de un familiar muy querido a manos de otro canalla -Altzheimer se llama- tan brutal y despiadado como los asesinos de ETA, impidió mi asistencia. Desde aquí mi apoyo y mi solidaridad incondicional, ahora más que nunca, con todas las víctimas del terror, con la manifestación de la AVT, con sus planteamientos y con su clamor exigiendo “Memoria, dignidad y Justicia con las víctimas del terrorismo”.

La convocatoria reunió alrededor de cincuenta mil personas. Todo un éxito, pese al muy escaso eco publicitario y a los esfuerzos del Gobierno y del PSOE por ignorarla. La creciente posibilidad de diálogo con ETA, convirtiendo a sus víctimas en moneda de cambio, y la certeza de la excarcelación de asesinos con miles de años de condena a sus espaldas fueron suficientes para movilizar masivamente a los ciudadanos. Ante esa realidad, el Gobierno y su partido han querido hacer trampa, aprovechando que la verdad ya no es sino una estadística sujeta a las leyes de mercado, que se mide en crónicas, titulares o fotografías de portada. Por eso, en el mejor de los casos, es tan poliédrica. En otras ocasiones -la mayoría- resignados la vemos siempre con las mismas caras. O sea, la que muestran la camarada Cafarell -la que impunemente anunció el principio del fin de la televisión de partido- PRISA y la SER.

No tiene justificación que se agreda a ningún manifestante, sea ministro o boticario. Pero la hipérbole, tan del gusto del ministro de Defensa, debería usarla con más tacto. No es lo mismo un abucheo que una agresión, pese a que el estilo demagógico-florido de Bono -y su alto concepto de sí mismo- tienda a identificarlos. En cualquier caso es lamentable. Pero es mucho más grave que desde el Gobierno se instrumentalice lo sucedido; que se acuse a la “mano oculta del PP” de la planificación de los incidentes; que la repulsa generalizada de los ciudadanos frente al chalaneo político y a la excarcelación de etarras, se descalifique tachándoles de fanáticos y extremistas; que los forcejeos y empujones entre algunos manifestantes y la “cápsula” de seguridad del ministro, se muestren como un atentado a su integridad física; que la anécdota, en fin, suplante desvergonzadamente a la categoría.

Por ello es profundamente injusto que el esfuerzo de los organizadores, el infinito dolor y sufrimiento acumulado en treinta años por las víctimas del terrorismo y sus familiares -que con su sangre y sacrificio han contribuido a la libertad de todos y a que sea posible la democracia en España- sean ninguneados, y lo que es peor, manipulados y escarnecidos por el Gobierno socialista y sus comparsas. El terrorismo es un monstruo de mil cabezas. Entre las víctimas no hay castas. Da igual que los verdugos sean terroristas islámicos o etarras, aunque desde el partido del Gobierno se haya conseguido sectariamente encasillarlas, auspiciando y potenciando a unas asociaciones de víctimas sobre otras. Como es tremendamente injusto, por arbitrario y discriminatorio, el diferente trato y apoyo institucional que se ha dispensado a la asociación de victimas del 11-M en detrimento de la de víctimas del terrorismo por parte del Rey, Rodríguez Zapatero o Peces Barba.

La extrema derecha no ocupó la calle para increpar a Bono y al Gobierno socialista. Rosa Díaz y Gotzone Mora fueron aplaudidas y vitoreadas por la multitud. Como Esperanza Aguirre o Ángel Acebes. Fue la mayoría silenciosa -puteada y perpleja- quien salió a la calle, cada vez más decidida a dejar de serlo. El 20 de febrero puede haber otra pitada.

Auschwitz y las víctimas
Por Cayetana Álvarez de Toledo El Mundo 27 Enero 2005

Sesenta años después de su liberación, sabemos hoy mucho acerca de Auschwitz. Sabemos que a diario recalaban ahí cargamentos de ganado humano. Que las personas enfermas, débiles o mayores eran conducidas directamente hacia las llamadas «salas de desinfección». Que allí recibían órdenes de desnudarse.

Que, para evitar sospechas, se les pedía que guardaran cuidadosamente su ropa y se les acompañaba, con palabras amables, hacia el interior de las cámaras. Que, una vez dentro, los guardas cerraban herméticamente las puertas.Que el gas empleado era un insecticida llamado Zyklon-B. Que entre tres y quince minutos después ya sólo quedaban cadáveres.

Que los dientes de oro iban a engrosar las arcas estatales. Que con el pelo de las mujeres se fabricaba relleno para colchones.Que los cuerpos eran incinerados en sofisticados crematorios.Que así murieron 1.100.000 personas, la mayoría judíos pero también presos políticos polacos y españoles.

Todo esto y más sabemos del mayor campo de exterminio nazi. Pero lo que ni los historiadores ni los sociólogos ni nadie ha logrado explicar aún es cómo es posible que personas aparentemente normales y teóricamente civilizadas pudieran cometer y tolerar semejante monstruosidad.

Esta pregunta no tiene respuesta. Como tampoco se pueden entender las atrocidades cometidas por el Ejército francés en Argelia, el sadismo de los guardas de Abu Ghraib o los crímenes de ETA. Hechos como estos, que dinamitan la fe en la condición humana, no deben repetirse jamás.

Para ello es imprescindible la memoria histórica. Hay que estudiar esa perversa exaltación del nazismo que es El triunfo de la voluntad de Leni Riefenstahl para rechazar de cuajo cualquier intento de supeditar el individuo a la Nación.Hay que ver también Le chagrin et la pitié de Marcel Ophuls para no olvidar que incluso un demócrata ejemplar puede convertirse, por cobardía o indeferencia, en cómplice de la barbarie. Pero sobre todo hay que reconocer a los valientes y honrar a las víctimas.

España tiene hoy una responsabilidad muy especial. Aunque luego se les pida un ejercicio de generosidad, las víctimas del terrorismo deben ser la prioridad de cualquier estrategia relacionada con ETA. Ninguna solución será justa ni viable mientras ellas se consideren despreciadas o ignoradas. Por eso es de una torpeza increíble tanto que el Gobierno no haya secundado con entusiasmo la manifestación del pasado sábado como la ausencia de Peces Barba.

Que la atención se centre ahora en la agresión a Bono es distraer la cuestión esencial. Que además se aproveche este lamentable episodio para acusar al PP de alentar a la extrema derecha es grotesco. Porque el otro legado de Auschwitz es una noción muy concreta de lo que es y propugna esta ideología. La extrema derecha tiene partidarios en Europa.

Pero ni el PP es el NPD; ni Esperanza Aguirre, Pim Fortuyn; ni Acebes, Le Pen. Insinuar o decir lo contrario es no entender nada. O peor, promover deliberadamente el odio y la división de España.

Réquiem por las víctimas
Por Martín Prieto El Mundo 27 Enero 2005

Nadie asociado a las Víctimas del Terrorismo o simpatizante puede manifestarse para agredir a alguien de palabra o de obra. Sería un contradiós. Ergo, los energúmenos que rodearon a Bono han de ser, de obligado, unos provocadores, militen donde les pete o simples mamporreros de la sinrazón, que en Madrid arraigan más que las acacias y prosperan mejor que los gorriones.

Nada nuevo en este pueblo en el que se llamó asesino a Aznar la última vez que acudió a votar como presidente del Gobierno. Pero este lamentable episodio tiene un trasfondo político. La Asociación de Víctimas del Terrorismo es la primera, arrastrando en su joroba casi mil asesinados por ETA. Los gobiernos de González no les dieron ni agua, y eso que ETA nunca hizo ascos en matar socialistas.Pero ahí quedó como una agrupación de derechas.

Tras el 11-M nace un clon, como si el terrorismo etarra o islamista signaran a los muertos de una u otra barbarie. Y el PSOE apoya al clon para desactivar a la primigenia Asociación. En un país como España, asolado por la bestialidad, ya tiene narices que convivan dos asociaciones de víctimas del terrorismo.

Es el réquiem por las dos. Pero no basta la politización del sufrimiento; había que nombrar a Gregorio Peces Barba como Alto Comisionado para la ayuda a las víctimas del terror. El cargo es una chifla porque bastaba una oficina única dotada de funcionarios con capacidad para que la Administración resolviera lo que debe, sin necesidad de altos comisionados.

Pero es que, puestos a ello, mi admirado Peces Barba no es el hombre idóneo, después de haber sido abogado defensor de etarras con delitos de sangre, asunto que no le voy a discutir porque lo hizo bajo un régimen franquista que carecía de garantías legales.

Antes que crear un cargo para discutir si el detentador debe ir a una manifestación o a otra, optando por los muertos del PSOE o del PP, todos revueltos en los cementerios y todos manipulados, le podíamos hacer el envío a Enrique Múgica, Defensor del Pueblo, socialista y víctima del terrorismo por lo que le toca a su hermano Fernando, que fue muerto por ser fraterno, socialista y judío.

Si alguna víctima del terrorismo se siente desamparada por el Estado, ¿a quién mejor que recurrir que al Defensor del Pueblo, siendo su gerente tan humanamente receptivo a tales reclamos?

El PSOE se conduele con Bono. Hace bien; quejarse nunca ha matado a nadie. Pero estos muchachos zapateriles son los que van a acabar con las Víctimas del Terrorismo-I y con las Víctimas del Terrorismo-II. Y el sepulturero será Peces Barba, que para eso le han hecho Alto Comisionado.

Los ladridos de la dictadura
Ignacio Villa Libertad Digital 27 Enero 2005

El PSOE ha puesto en marcha la estrategia del ladrido. Ese es el síntoma más claro de que están muy nerviosos por la torpeza de dos ministros La comparación realizada por el presidente catalán Pascual Maragall sobre la "supuesta" agresión a José Bono pertenece a esas declaraciones de un político fuera de la realidad. Dice Maragall que la agresión a Bono –una agresión que nunca existió– es más grave que la que sufrieron los dirigentes del Partido Popular después del 11 de marzo. ¿Nos podría explicar el señor Maragall como se pueden comparar dos agresiones, cuando una de ellas es parte de la imaginación del propio ministro de Defensa? Es más, el jefe del Ejecutivo catalán se ha atrevido a afirmar que la agresión sufrida por el ministro de Defensa fue muy dura. ¿Qué agresión señor Maragall? ¿No se estará refiriendo a esa agresión que nunca existió?

La intervención de Maragall es una más de una larga lista de declaraciones de distintos dirigentes socialistas que se han llenado de gloria. Los Blanco, Rubalcaba, Cuesta y compañía se han lanzado como perros rabiosos a por el Partido Popular, una actitud que nos ha recordado –qué casualidad– a la que mantenían durante la guerra de Irak. ¿Se acuerdan ustedes cuando Jesús Caldera, todavía portavoz parlamentario, dijo que prefería los huevos contra las sedes del PP que las bombas sobre Irak? No podemos esperar mucho más de alguien capaz de utilizar el typpex para falsificar documentos oficiales o dar cobijo en los despachos del PSOE en el Congreso de los Diputados a la página web de “Los genoveses".

El Partido Socialista, los mismos que hablan de diálogo y de talante, han puesto encima de la mesa los más rastreros insultos contra el Partido Popular. Dicen de los dirigentes populares que son el ejemplo de la extrema derecha. ¿Como pueden decir eso los mismos que han utilizado métodos franquistas para localizar a los inexistentes agresores de José Bono?

El PSOE ha puesto en marcha la estrategia del ladrido. Ese es el síntoma más claro de que están muy nerviosos por la torpeza de dos ministros. El de Defensa por hablar de algo que nunca ha existido y el de Interior por poner en marcha una operación propia de la dictadura franquista. Y es que ahora como entonces después de las detenciones vienen los ladridos. Y que ladridos.

Otro periódico más a pasar por caja: La Razón.
Nota del Editor 27 Enero 2005

Cada cual allá en su casa tiene que enterder sus planes de negocio, La Razón ha comenzado a hacer pasar por caja para poder leer los artículos de opinión; por nuestra parte, es de aplicación lo que dijimos cuando otros hicieron lo mismo, les deseamos lo mejor y que confiamos que mantenga la línea editorial en defensa de los principios éticos.

De todos modos, desde hace algunos dias, han podido ver que incluímos artículos de El Mundo y El País, que aparecen en www.periodistadigital.com.

El Supremo declara ilegales las principales ventajas del Impuesto de Sociedades vasco
El tribunal anula el tipo de gravamen que se aplica a todas las empresas y considera que al ser más reducido en Euskadi se producía una situación irregular de «ayudas de Estado»
MANU ALVAREZ/BILBAO El Correo 27 Enero 2005

El Tribunal Supremo acaba de anular los principales signos de identidad del Impuesto de Sociedades vigente en el País Vasco, como es el caso del tipo de gravamen general que se aplica a los beneficios de todas las empresas -el 32,5%, frente al 35% vigente en el resto de España-, al atender una reclamación de la patronal de La Rioja. En la sentencia, el Supremo establece que la práctica totalidad de las ventajas concedidas por las haciendas forales a las empresas asentadas en su territorio hay que considerarlas «ayudas de Estado», de acuerdo con la normativa de la Unión Europea, y son, por tanto, ilegales. El fallo judicial conocido ayer se refiere exclusivamente a la normativa fiscal de Vizcaya, pero fuentes de la Administración señalaron que sus consecuencias se van a extender a los otros dos territorios.

El origen del proceso hay que buscarlo en 1996, justo después de que las haciendas vascas aprobasen una 'revolucionaria' normativa para el Impuesto de Sociedades, que fue recurrida ante los tribunales por la Federación de Empresarios de La Rioja. En una primera instancia, en 1999, el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco ya había anulado las diferencias de tributación más aparatosas: las denominadas 'vacaciones fiscales' que se concedían a empresas de nueva creación.

La sentencia no tendrá prácticamente consecuencias sobre el pasado, pero abre claramente un vacío legal en el presente. Así las cosas, al día de hoy el territorio vizcaíno no tiene una normativa que permita calcular el impuesto sobre beneficios de las empresas -el correspondiente al ejercicio de 2004 se liquidará el próximo mes de junio-, y fuentes jurídicas consultadas por EL CORREO apuntaban ayer la posibilidad de que la Diputación se vea obligada a elaborar un decreto de urgencia para solucionar el problema.

Y es que el fallo declara ilegales elementos que se aplicaban hasta ahora a todo tipo de empresas, independientemente de su tamaño, y pone en cuestión incluso el 'corazón' del propio impuesto, como es el tipo de gravamen, la desgravación del 10% en la inversión en activos nuevos, la deducción por creación de puestos de trabajo o las tablas para el cálculo de las amortizaciones. También anula medidas que afectan especialmente a las pequeñas y medianas empresas, como es el caso de la libertad de amortización de los activos.

«Trascendente»
Algunas de las cuestiones ilegalizadas por el Supremo ya habían sido modificadas desde 1996, anuladas en algunos casos y 'armonizadas' con el Estado en otros. Buena parte de estas ventajas fiscales fueron anuladas tras un pacto alcanzado por las haciendas central y vasca a principios de 2000, en el proceso que se calificó como «la paz fiscal». Otras que ahora anula el Supremo, sin embargo, ni siquiera habían sido cuestionadas por el Ejecutivo central.

Sin embargo, fuentes de la Administración calificaron ayer como «muy trascendente» la sentencia, al considerar que éste «era un tema que se había conseguido pacificar desde el punto de vista político y de las relaciones institucionales» y que puede convertirse en un nuevo punto de fricción. La interpretación que ha hecho el Tribunal del Concierto Económico y de su encaje en la fiscalidad española y europea reduce a la mínima expresión la capacidad de las diputaciones para conceder beneficios especiales a sus empresas

Mientras, desde la patronal de La Rioja se mostraba una «gran satisfacción» por el fallo que, en su opinión, «acaba con una situación que rompía el equilibrio y la igualdad que debe presidir la normativa fiscal en todo el territorio español».

«Los alaveses somos vascos, pero unos vascos diferentes»
Es de Llodio, como Ibarretxe, y al igual que su paisano lanza un órdago: «Si el Estatuto está muerto, los alaveses somos libres para marcharnos»
(Javier Armesto | enviado especial | bilbao) La Voz 27 Enero 2005

María Enriqueta Benito celebra haber sido siempre «los mayores enemigos del nacionalismo. Cuando aquí nadie decía la palabra España, ni el PP ni el PSOE, nosotros sí; siempre dijimos que con el nacionalismo ni a tomar un vino, que eran nazionalistas , con zeta».

-El País Vasco sin Álava, y que Álava fuera una comunidad uniprovincial, como Navarra o La Rioja, pero yo creo que los territorios del País Vasco tienen que formar parte de España.
-«Álava ha sido expoliada, ninguneada, colonizada y subsumida», dicen en su web. ¿Victimismo?

-Es una realidad. En 1979 Álava era un territorio muy rico, teníamos una sanidad estupenda, las mejores carreteras, incluso un aeropuerto. Desde entonces hemos ido peor: no se han hecho grandes inversiones, tenemos unas listas de espera enormes, los vuelos de pasajeros se han ido a Bilbao y Foronda se ha dejado como aeropuerto de carga. La lengua materna era el castellano y ahora se está sustituyendo por el euskera. Para meter aquí el vasquismo ha venido a empadronarse gente de otros territorios. Los alaveses somos vascos, pero unos vascos diferentes, más castellanos o mediterráneos. De carácter más dócil, más tranquilo. Somos solidarios con España, integradores.

-Su objetivo es «defender los derechos de los no nacionalistas». ¿Tan mal está la cosa?
-La sensación que hay es de miedo. Joseba Egibar dice que los vascos de verdad son los que apoyan el plan, y que los otros no son buenos vascos; con esa teoría, ¿qué pasa, nos van a mandar al campo de concentración?

-Si Ibarretxe convoca el referéndum, ¿apoya usted que se utilice el artículo 155 de la Constitución?
-Si una comunidad autónoma no cumple con las obligaciones que la Constitución le impone o atenta contra los intereses generales de España, pues para eso está. Yo espero que el lendakari no cometa esa barbaridad, pero si vamos a la deriva, si al final los no nacionalistas nos sentimos prisioneros y no tenemos detrás el respaldo del Estado, habrá que aplicarlo.

-Pues en otros países, como Suiza, se hacen referéndums hasta para elegir un sello de correos...
- Sí, siempre que sea una herramienta que se utilice con normalidad, pero no puedes aplicarlo cuando sólo está respaldado por la mitad de la sociedad. No se puede decir «el 51% es más que el 49%». Estamos hablando del futuro de nuestra tierra y no podemos jugárnoslo a cara o cruz.

-¿Treviño es vasco, alavés o castellano?
-Treviño es Castilla, pero nosotros decimos que es el corazón de Álava. Treviño puede ser Álava, pero nunca Euskadi. Aunque primero tiene que ser Castilla la que decida y luego los ciudadanos treviñeses.

-¿Es partidaria de dialogar con ETA?
-Creo que es muy importante la firmeza del Estado de derecho y la presión policial. No se puede dialogar con una banda terrorista si no abandona las armas. Pero si ellos lo hacen, y no hablo de una simple tregua trampa, se podrá hablar.

MARÍA JESÚS SAN SEGUNDO, MINISTRA DE EDUCACIÓN
«Las nuevas generaciones tienen que vivir el bilingüismo con naturalidad»
La ministra de Educación representa hoy al Gobierno central en la toma de posesión del nuevo presidente de Euskaltzaindia, Andrés Urrutia
IVÁN ORIO/MADRID El Correo 27 Enero 2005

María Jesús San Segundo está convencida de que los jóvenes no miran el bilingüismo con recelo, sino como un elemento enriquecedor que les puede abrir nuevas puertas en el futuro. La ministra de Educación estará presente hoy en Bilbao -ciudad en la que vivió nueve años como estudiante y profesora- en la toma de posesión del nuevo presidente de Euskaltzaindia, Andrés Urrutia, para demostrar el «apoyo» del Ejecutivo socialista a esta institución y al resto de las academias de la lengua del país. «Creo que el Gobierno está manifestando con hechos que la diversidad lingüística de España es una gran riqueza», subraya.

-¿A qué obedece el gesto del Gobierno central de estar hoy presente en el relevo del presidente de Euskaltzaindia?
-Las academias son parte de las áreas de responsabilidad del Ministerio de Educación. Me parece lógico que Euskaltzaindia reciba el apoyo de las instituciones que están detrás.

-¿Hay relaciones entre la Academia de la Lengua Vasca y el Ejecutivo socialista?
-Sí. La Secretaría de Estado de Universidades e Investigación se reunió con los responsables de las academias de la lengua. Ellos nos explican sus proyectos y nosotros intentamos apoyarles en todo lo que es posible.

-¿El hecho de que usted estudiara en la UPV en Bilbao y luego también impartiera docencia en esa universidad da un mayor simbolismo a su presencia en el acto de Euskaltzaindia?
-No lo sé... Desde mi punto de vista es difícil verlo. Pero para mí, personalmente, sí. Ir a Bilbao siempre tiene el significado de que vuelvo a la ciudad en la que viví nueve años. Para mí, por tanto, sí que tiene un valor especial.

Patrimonio
-El Gobierno concede una subvención anual a la academia. ¿Se ha planteado la posibilidad de incrementar la asignación?
-Se intenta que las academias tengan una aportación por parte de las administraciones que sea suficiente para que mantengan sus actividades. Ellas también suelen buscar fuentes complementarias de financiación. Mantenemos un diálogo con ellas para saber si tienen financiación suficiente para sus actividades, y luego también hay casos en los que se plantean proyectos concretos.

-Al margen de esta financiación, ¿qué puede hacer el Ejecutivo central en favor del euskera?
-El Gobierno está intentando mantener una actitud, que yo considero coherente, de promoción de todas las lenguas que conforman nuestro patrimonio. Se han dado los pasos para que en la Unión Europea se reconozcan nuestras lenguas, también el Instuto Cervantes ha dejado claro que, además de promocionar el castellano, fomentará los otros idiomas. El Gobierno está manifestando con hechos que la diversidad lingüística de España es una gran riqueza.

-Se insiste en que los idiomas oficiales del país son un patrimonio cultural de todos los españoles. ¿Considera que los ciudadanos que no los hablan llegarán a asumir esta filosofía?
-Es difícil hablar por los demás, pero yo creo que las nuevas generaciones ven los idiomas como algo natural y enriquecedor.

-En el País Vasco el euskera es un debate político en sí mismo. ¿No es una contradicción que un idioma, en principio un instrumento de integración, pueda convertirse en elemento de división?
-Las políticas concretas son complicadas en muchos casos. Es cierto que estas cosas, como otras, no deberían servir para separarnos. Hay que trabajar para que los elementos positivos de las culturas no dividan a la gente.

-¿Politizar una lengua puede llevar a algunos a identificar a sus hablantes, o no hablantes, con una ideología determinada?
-Históricamente ha podido ocurrir en algunos países en Europa. Europa intenta construir en estos momentos una sociedad en la que preservemos todas sus culturas, idiomas, historias y patrimonios. Pero una sociedad en la que convivamos y compartamos. Ése es el camino.

-Conocer dos idiomas, en este caso el euskera y el castellano, es enriquecedor. Sin embargo, hay sectores que interpretan que estas lenguas están enfrentadas. ¿Cree que es fruto de la politización?
-Hemos vivido momentos de transición en los que estos dos idiomas no convivían abiertamente. Luego hemos pasado a un reconocimiento legal y a una realidad social. Los datos indican que las nuevas generaciones tienen que vivir con naturalidad el bilingüismo porque lo conocen desde el sistema educativo y es parte de su vida. Para las nuevas generaciones tiene que ser normal.

-¿Presionar a la población para que aprenda un idioma puede provocar el efecto contrario al que se busca, es decir, el rechazo?
-No lo sé... No sé cuál es la hipótesis. En nuestro ordenamiento se dice que los ciudadanos deben conocer los idiomas oficiales de sus territorios. El bilingüismo es enriquecedor.

Modelos lingüísticos
-Casi doscientos profesores vascos han perdido su plaza por no acreditar el nivel de euskera exigido. ¿Qué le parece?
-Debiera ser posible encontrar una solución que aprovechase lo mejor de la experiencia de estos profesores y, además, darles facilidades para que consigan el nivel de euskera. Todo el sistema educativo ha tenido que adaptarse para ofrecer el servicio público que se le pedía, que era cubrir la enseñanza bilingüe. Creo que las generaciones que han vivido esta transición necesitan un apoyo especial. Tengo un gran interés en conocer cuál es la situación de estos profesores y espero que puedan seguir realizando su trabajo en el sistema educativo.

-La oposición en Euskadi, integrada también por el PSE-EE, sostiene que hay numerosos padres que se ven obligados a matricular a sus hijos en los modelos bilingüe y en euskera porque el Gobierno vasco ha eliminado muchas plazas de castellano. ¿Suele hablar de estos asuntos con los parlamentarios socialistas vascos?
-Hablamos de la calidad del sistema educativo, porque nos preocupa a todos. Y parte de esa calidad es indudablemente que se atiendan los deseos de la población en todas las opciones que legalmente hemos establecido. Cuando grupos políticos se hacen eco de algunas peticiones de las familias están reflejando esa necesidad de encajar la política de las administraciones con los deseos de la población.

Constitución, artículo 3º, párrado 1º y las mentiras de la ministra
Nota del Editor 27 Enero 2005

Que conste que yo no voté a estos sujetos del P(-S-O-E), así que cada palo aguante su vela y su remordimiento.

Y encima tiene la desfachatez de afirmar que "En nuestro ordenamiento se dice que los ciudadanos deben conocer los idiomas oficiales de sus territorios", bueno, yo, como no tengo territorio, no tendré que conocer sus idiomas oficiales, y como tengo la desgracia de ser constitucionalista, tendré que cumplir el párrafo primero del artículo tercero: "1. El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla."

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