AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 29 Enero 2005
Patadas, protocolos y silencios
Ignacio Villa Libertad Digital 29 Enero 2005

LA OREJA DE FELIPE
Jaime CAMPMANY ABC  29 Enero 2005

Belloch y su bestia dormida
EDITORIAL Libertad Digital  29 Enero 2005

PELIGROSO FUNDAMENTALISMO
CARLOS RODRÍGUEZ BRAUN ABC 29 Enero 2005

¿Una simetría asimétrica
JOSÉ Mª RUIZ SOROA El Correo 29 Enero 2005

Las tres bes
Cristina Losada Libertad Digital 29 Enero 2005

En el corazón de la oscuridad
Daniel Jonah Goldhagen El País  29 Enero 2005

Cuarenta sillas vacías
José García Domínguez Libertad Digital 29 Enero 2005

Portazos y plantones
TONIA ETXARRI El Correo 29 Enero 2005

Hasta ahí ha llegado
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 29 Enero 2005

O islam o democracia
Pablo Molina Libertad Digital 29 Enero 2005

Frappez la caisse!
Serafín Fanjul Libertad Digital 29 Enero 2005

Auschwitz desde España
Antonio Elorza El País 29 Enero 2005

Duro golpe del Supremo a la autonomía fiscal vasca
Editorial El Mundo 29 Enero 2005

Rajoy avisa de que España «nunca aceptará pagar un precio» para que cese la violencia
Redacción La Razón 29 Enero 2005

 




 

Patadas, protocolos y silencios
Ignacio Villa Libertad Digital 29 Enero 2005

El espectáculo del ministro de Defensa no termina. Ahora recién llegado de Venezuela, después de su visita "secreta" a Hugo Chávez, vuelve a cambiar de argumento. Ahora Bono dice que el pasado sábado los manifestantes le agredieron a él y a su hijo con varios tipos de golpes. Nueva pirueta del ministro de Defensa que sigue creyendo que se encuentra en Castilla-La Mancha. Entre tanto viaje secreto y discreto, el señor Bono no se ha enterado que sus propios escoltas han declarado que nadie tocó al ministro durante los momentos de tensión que provocó la irrupción del titular de Defensa en un lugar que no estaba previsto para las autoridades.

Bono se fue a Caracas diciendo que lo del sábado era una simple anécdota. A la vuelta ha recuperado el papel más dramático de los posibles y ahora dice que le pegaron...y mucho. ¿En qué quedamos señor ministro? Ya se ve que unas horas con Chávez le han contagiado más si cabe de populismo.

La vicepresidenta del Gobierno lo ha estropeado aún más. Fernández de la Vega dice que la actuación de la policía, con la detención ilegal de los dos militantes del Partido Popular, se ajustaron a los protocolos. ¿Qué protocolos?, ¿los de las dictaduras? Quizá es que para la portavoz del Gobierno salir en una fotografía a pocos metros de un ministro tiene un significado de protocolo peligroso. También puede ser que la bandera de España de la imagen haya puesto nervioso al tripartito catalán y hayan exigido medidas como ya hicieron en la Academia de Suboficiales de Lérida. El ministro Bono ha estado mal, la vicepresidenta De la Vega ha estado peor.

De quién no tenemos noticias es del ministro del Interior. José Antonio Alonso, responsable directo de las detenciones ilegales de Madrid, todavía no se ha dicho una simple palabra. Alonso ha quedado atrapado en un silencio culpable hasta el próximo jueves. Saldremos de la duda ese día cuando comparezca en el Congreso para informar sobre esas detenciones al más puro estilo franquista. Alonso calla, suponemos que inventando alguna nueva historia a medio camino entre las patadas de Bono y los protocolos de De la Vega. En definitiva, podemos esperar cualquier cosa.

LA OREJA DE FELIPE
Por Jaime CAMPMANY ABC  29 Enero 2005

FELIPE González ha asomado la oreja y seguramente Zapatero ya le ha visto las dos orejas al lobo. Con esa copla felipista, tan oportuna, de que la descentralización es buena, pero la centrifugación es peligrosa, el sevillano le ha metido un gol de chilena al presidente. Habían coincidido ambos, presidente y ex presidente, en el Foro Chile-Unión Europea en la capital chilena, y el segundo aprovechó la ocasión para hacer la advertencia al primero. Por si pudiera quedar alguna duda acerca del sentido de la afirmación, Felipe González ha añadido: «Doy fe porque es lo que nos pasa a nosotros».

O sea, que en opinión de Felipe González lo que estamos haciendo «nosotros», no es descentralizar España, que fue el empeño de la Constitución del 78, sino centrifugarla, que es empeño de los nacionalismos radicales, tan descarados y enrabietados como en la década de los 30. Felipe González ha tenido la consideración de escoger un verbo suave y casi científico para designar el peligro de desmembración o desmantelamiento que padece en estos momentos España. De momento, Felipe González ha querido cuidar piadosamente el vocabulario. Pero se entiende muy bien el aviso.

No cabe duda de que el ex presidente socialista del Gobierno estaba picado por la urgencia de hacer su significativa advertencia, porque de otro modo habría esperado a una más propicia ocasión, y más cercana también, sin realizar el disparo de chilena. En la fotografía donde se ve a los dos socialistas estrechándose la mano, Zapatero sonríe con su acostumbrado arrobo, y Felipe sonríe con la boca pequeña. La sonrisa de Zapatero debe de ser cosa del talante, y la media sonrisa de Felipe es cosa de la circunstancia. A lo mejor, la media sonrisa de Felipe González era una manera de traducir el ruego de algunos socialistas distinguidos: «Felipe, dile por favor a Zapatero que no sonría tanto y que deje de centrifugar».

A los gobiernos de Felipe González se les podrá hacer una crítica larga y dolorosa, pero nadie podrá decir que en los casos en que fueron necesarias alianzas políticas, cediera Felipe a los nacionalismos un ápice del concepto riguroso de la unidad nacional. Felipe González sabe muy bien que ese es un asunto o un debate que pone a los españoles en levitación, incluido desde luego el propio Felipe. Tocarle a la Constitución el artículo segundo, tal como quiere ahora Maragall, es algo así como tocarle los cataplines al macho. Yo comprendo que después de tantos años de Pujol y de Convergencia, los socialistas catalanes hayan entrado en la Generalitat con el mismo entusiasmo que los turcos en Constantinopla, pero lo que no entiendo de ninguna manera es que los socialistas se nos hagan separatistas. Ahí tendría que actuar Zapatero para «centripetarlos bien centripetados».

Confieso que hace ya días esperaba yo alguna advertencia como esta chilena que Felipe le ha dedicado a Zapatero, y que llega en momento oportuno, cuando el Congreso se dispone a debatir el plan Ibarreche y cuando Maragall pide la reforma del artículo segundo de la Constitución, que establece «la indisoluble unidad de la Nación española». Este desaguisado deben arreglarlo los propios socialistas.

Belloch y su bestia dormida
EDITORIAL Libertad Digital  29 Enero 2005

Cuando alguien como Juan Alberto Belloch, que lo ha sido casi todo en política, que ha regido los destinos de dos ministerios y que actualmente es alcalde de una de las principales ciudades de España, salta a la palestra mediática cargado de cólera es que algo no marcha bien en el partido del Gobierno y en el Gobierno mismo. En un inesperado y sorprendente artículo publicado ayer en La Razón, el ex ministro de Felipe González dio un giro de tuerca más a la absurda campaña de desinformación masiva que ha seguido a la manifestación de la AVT en Madrid.

El estilo, simplemente lamentable. El alcalde de Zaragoza no escatimó ni insultos, ni descalificaciones ni amenazas veladas. Para Belloch la convocatoria del pasado sábado no pasó de un “genuino acto fascista de exaltación de la violencia” por el que los dirigentes de la AVT deberían sentir vergüenza y dimitir de sus cargos. En definitiva, y como remate del despropósito, la pacífica manifestación del día 22, en la que no se produjo más incidente que un abucheo a José Bono, fue un completo “desastre cívico”. A poco que cualquier persona medianamente informada, y no digamos ya de los que asistieron a la manifestación, se preocupe de saber qué es lo que pasó el sábado por la tarde en la madrileña calle Alcalá, concluirá que el ex ministro no sólo miente sino que difama y calumnia.

¿Cuántas banderas fascistas se vieron en aquella convocatoria? Ninguna. ¿Cuántas detenciones se practicaron durante la marcha? Ninguna. ¿Cuántos heridos se cobró el presunto desastre cívico? Ninguno. ¿Cuántas cargas hubieron de realizar los antidisturbios de la Policía Nacional para contener a los “fascistas” que se congregaron entre Cibeles y la Puerta del Sol? Ninguna ¿A cuánto se elevan los destrozos producidos por la “violencia” de los manifestantes? A cero euros. Ningún cristal roto, ninguna papelera volteada, ningún contenedor ardiendo, ninguna ambulancia abriéndose paso entre la multitud, ningún detenido en la comisaría. Entonces, ¿dónde está esa exaltación de la violencia?, ¿dónde está el fascismo?, ¿quién tiene que dimitir?

Tras desacreditar a las víctimas y calumniar a los participantes en la manifestación tachándolos nada menos que de fascistas, el antiguo magistrado, antiguo ministro, alcalde en ejercicio y columnista de ocasión se centró en su objetivo último, deslegitimar a la AVT haciéndola cómplice de una “salvajada” que sólo existe en su imaginación. La intención queda clara y es fiel a la estrategia diseñada desde Ferraz para hacerse con las víctimas del terrorismo etarra, con objeto de utilizarlas como arma política del mismo modo que el partido en el Gobierno dispone a placer de esa asociación de nuevo cuño presidida por Pilar Manjón. Con las víctimas de ETA maniatadas y amordazadas puede el Gobierno sentarse tranquilamente a negociar con los verdugos. Quizá lo esté haciendo ya y la AVT, modelo de dignidad y sacrificio, es un estorbo.

El recurso utilizado por Belloch no es por sencillo menos perverso. Siguiendo su guión delirante, la situación actual es muy parecida a la que vivió el último Gobierno del felipismo, asediado por un abstruso “sindicato del crimen” cuya labor fue organizar y armar a una multitud amorfa de fascistas. ¿Se refiere acaso Belloch al GAL, esa mafia terrorista montada desde el Gobierno y cuyos responsables terminaron entre rejas? Porque fascismo, lo que se dice fascismo, en tiempos de Felipe González no se dio por estos pagos, muy al contrario, en aquellos años de oprobio lo que los españoles padecieron fue un latrocinio generalizado desde el poder y la vergüenza de ver como desde el ministerio del Interior se ordenaban secuestros y asesinatos. El resto son los fantasmas familiares de esa casta política criada entonces y que hace tiempo que se debería haber retirado de la política. Por decoro y por las más elementales normas de salud democrática.

Para rematar la faena Belloch lanzó un cohete de explosión retardada. Si no se frena en seco a este tropel derechista lo previsible es que “otro sector” responda a sus provocaciones, ese “otro sector” es, por añadidura, más numeroso y pondría en jaque los intentos de radicalizar la sociedad española. Algo demencial sino fuese porque lo que se despacha es mucho más importante de lo que el munícipe zaragozano puede siquiera imaginar. Por mucho que se empeñe Belloch y los que le han inspirado el artículo no se puede resucitar a un muerto. La extrema derecha es España es inexistente. El resto de familias de la derecha política; los liberales, los conservadores, los democristianos, gozan sin embargo de una salud excelente. Y no sólo están perfectamente integradas en la convivencia democrática sino que fueron ellas las que devolvieron la democracia a España hace un cuarto de siglo. Vano intento el del ex ministro de despertar a una bestia que sólo vive –dormida- en su interior.

PELIGROSO FUNDAMENTALISMO
Por CARLOS RODRÍGUEZ BRAUN ABC 29 Enero 2005

Laureano Figuerola bautizó a los socialistas como «los frailes del siglo XIX». El entusiasmo de los progresistas consigo mismos es religioso, o más bien sectario, y su presunción los vuelve adecuados candidatos para la advertencia bíblica sobre la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio. Una forma de analizarlos en el Gobierno es aplicarles lo que ellos mismos decían del Gobierno cuando estaban en la oposición.

Juan Luis Cebrián, verbigracia, habló de fundamentalismo democrático, antinomia derivada de que la derecha monopoliza el rencor («una política de odio importada por la derecha»), pone en entredicho «la política del consenso y la historia de la transición española», y amenaza con «una auténtica fractura social». Cuando ganó Rodríguez Zapatero no se le han escuchado diagnósticos análogos a don Juan Luis —también dijo de Aznar que «su inteligencia es mediocre»—; como mantuvo la boca cerrada a propósito del sucesor, deduciremos divertidos que alaba su mobiliario intelectual.

Este no es un pensamiento serio, salvo que don Juan Luis quiera avisar de que la democracia puede poner en peligro la libertad, en cuyo caso debería ponerse modestamente a la cola de los liberales, que vienen advirtiéndolo desde Tocqueville hasta Anthony de Jasay. Pero, en cambio, es un pensamiento políticamente interesante y dialécticamente letal para una derecha que, endeble en su arboladura liberal, queda siempre situada a la defensiva, avasallada por el narcisismo de una izquierda que razona dando por sentado lo que hay que demostrar, y proyectando sus llagas en los demás, para después poner airosamente el dedo sobre ellas.

La retórica del PSOE en los últimos días vuelve a brindar una muestra de su destreza en esa misma línea, convenientemente etiquetadora. Todo el recelo se vierte sobre lo que es de por sí peligroso: la derecha. ¿Ha habido violencia física en una manifestación donde la gente no sólo apoyaba a las víctimas del terrorismo, sino que protestaba por la política del Gobierno a propósito de los victimarios? Rubalcaba al canto: «son derechistas». Si no la hubo, y se detiene a gente inocente, es un fallo menor si los subyugados son de derechas, y basta con aclarar que el tratamiento policial fue «exquisito». Para ponderar la hipocresía puede preguntarse: ¿habría considerado la izquierda un fallo menor si el Gobierno de Aznar hubiese detenido sin motivo, aunque con trato exquisito, a dos políticos socialistas tras una manifestación?

Si la izquierda es por definición moderada, los demás son fundamentalistas, y no hay salida. José Blanco y otros pudieron tranquilamente dudar de las credenciales democráticas de Esperanza Aguirre y tacharla de «radical» y de «extrema derecha», pero cuando Aguirre replicó que detener sin razón es algo que hacía la Gestapo, la prensa correcta la reconvino por exagerada. Y así, con cualquiera. Bono y otros colegas hermeneutas pontificios aseguraron que el Papa se excedió al criticar a los socialistas. Y Trinidad Jiménez acusó al cardenal Rouco Varela de (¿no lo adivinan?) «fundamentalista».

¿Una simetría asimétrica?
JOSÉ Mª RUIZ SOROA/ABOGADO El Correo 29 Enero 2005

La lectura del artículo de Xabier Ezeizabarrena (EL CORREO, 27-1-2005) sobre la supuesta inconstitucionalidad del procedimiento de debate decidido por el Congreso de los Diputados para la propuesta de reforma del Estatuto de atonomía vasco suscita en cualquier jurista una cierta perplejidad. Porque es cuando menos sorprendente que se pueda llegar a unas conclusiones tan nítidas y absolutas («el Congreso está violando flagrantemente la Constitución») con unas premisas argumentales tan endebles como las que propone. Veámoslo.

Ezeizabarrena arranca en su argumentación de un principio que denomina nada menos que «principio jurídico universal a todos los niveles» (sic) y que, según él, consiste en que el procedimiento de reforma y derogación de una norma jurídica ha de ser exactamente el mismo utilizado para adoptarla. Los abogados sabemos muy bien, por experiencia procesal, que cuando uno empieza a recurrir como argumento a 'los principios jurídicos universales' suele ser porque carece de cualquier argumento digno de crédito. Sospecha que se revela acertada en este caso. En efecto, el principio jurídico universal que Ezeizabarrea propone no existe más que en su mente, y no soporta el más mínimo examen crítico. Si nuestro atrevido intérprete hubiera mirado un poco en su derredor antes de lanzarse a proclamar principios universales se habría dado cuenta de inmediato de que vive en un mundo de normas jurídicas cuya reforma se realiza por procedimientos diversos del de su adopción. Por ejemplo, la Constitución española, cuya reforma exige trámites y mayorías totalmente distintos de los que se utilizaron para su promulgación. Por ejemplo, los estatutos de autonomía catalán o gallego, que requieren para su reforma unas mayorías de dos tercios del Parlamento respectivo que no fueron requeridas para su aprobación. Por ejemplo, tantas y tantas normas jurídicas no constitucionales que establecen que podrán ser modificadas en determinados puntos por un simple decreto ley. Si Ezeizabarrena hubiera parado mientes en casos tan flagrantes, seguramente no habría formulado su «principio universal de simetría» con tanta alegría, pues es más que evidente que no se cumple en muchos casos.

¿Cuál es entonces el principio general en materia de reforma de las normas jurídicas? Pues, sencillamente, el que establece para ello el artículo 2 del Código Civil al regular las fuentes del Derecho: las leyes sólo pueden derogarse o modificarse por otras leyes posteriores, que obviamente deberán ajustarse a los requisitos exigidos por el Derecho para ello. Siendo esto así, lo que hay que hacer para llegar a un criterio en la materia es determinar qué requisitos y procedimientos exige el Derecho hoy vigente para reformar un estatuto de autonomía. Algo tan sencillo, o tan complicado, como analizar el contenido del Derecho vigente, en lugar de recurrir a fantasmagóricos 'principios universales'.

Primera constatación deducible en este análisis: la Constitución se limita a decir, en materia de reforma de estatutos, que «su reforma deberá efectuarse mediante los procedimientos en ellos establecidos» (152-2º). Es decir, que se remite a lo que cada estatuto establezca, lo cual es totalmente lógico puesto que un estatuto, no lo olvidemos, es también una ley orgánica del propio Estado español, integrante del 'bloque de constitucionalidad'. Por ello, es lógico que sea la propia ley orgánica/estatuto la que establezca los procedimientos para su reforma. Y, efectivamente, los estatutos contienen todos un título o capítulo sobre el procedimiento para su reforma, en el que regulan detalladamente el procedimiento a seguir y las mayorías a concitar: en el caso catalán o gallego, como comentamos, una de dos tercios de su parlamento, en el caso vasco una mayoría absoluta. Aunque también se prevé en el Estatuto vasco un procedimiento simplificado en ciertos casos (art. 47), con mayoría simple, algo que, de nuevo, supondría una violación flagrante del 'principio universal' de Ezeizabarrena, puesto que entraña que el Estatuto puede ser modificado por una mayoría inferior a la que lo aprobó.

Y llegamos así a lo ahora trascendente: ¿Qué dicen los estatutos/ley orgánica (a los que como hemos visto se remite la Constitución) sobre el procedimiento que debe seguirse en las Cortes en caso de reforma aprobada por la asamblea autonómica correspondiente? Simplemente, que «las Cortes Generales del Estado deberán aprobar la reforma mediante ley orgánica» (art. 46-c. Estatuto vasco, idéntico en los demás). Ni más, ni menos. No establecen un procedimiento especial para esa ley orgánica, como tampoco lo establece el Reglamento del Congreso, cuyo art. 145 regula la reforma de los estatutos.

Pues bien, la Resolución de la Presidencia del Congreso de 1993 decidió completar esta única mención sobre la necesidad de ley orgánica estableciendo un detallado procedimiento de tramitación que, muy en contra de lo que afirma Ezeizabarrena, respeta plenamente el carácter paccionado de los estatutos de las nacionalidades históricas, entre ellos el vasco. Hasta tal punto lo respeta, que recoge exactamente el mismo procedimiento de discusión en comisión mixta de ambos parlamentos durante dos meses que establecía el art. 151 de la Constitución para el Estatuto inicial. Lo único que añade es que previamente a la discusión paccionada existirá un trámite de toma en consideración mediante debate en pleno, que es lo que se verificará el próximo 1 de febrero.

Éste parece ser finalmente el meollo de la supuesta inconstitucionalidad de la tramitación según los congresistas del PNV-EA: que exista un trámite de examen a la totalidad previo a la discusión de enmiendas y negociación. Pero suponer, sólo suponer, que ese trámite puede violar los derechos de los parlamentarios proponentes resulta absurdo. Porque, si así fuera, resultaría que todos los reglamentos de los parlamentos, el español, el vasco y los demás autonómicos son inconstitucionales 'ab origine', puesto que en todos se prevé con carácter general un debate de toma en consideración de toda proposición de ley antes de pasar a comisión. ¿Resultaría entonces que se han estado violando los derechos de los parlamentarios proponentes durante los últimos veinte años, en Madrid y en Vitoria, cada vez que la toma en consideración o rechazo de una proposición de ley se sometía a debate de totalidad? Seamos serios, por favor.

Y dicho lo anterior, que es puro razonamiento jurídico neutro, llegamos a lo trascendente, que es la postura política: yo no tengo inconveniente en admitir que puedo estar equivocado y, por ello, me someto a lo que dictamine el Tribunal Constitucional en el recurso interpuesto por los diputados nacionalistas. Si dicho Tribunal establece que debe seguirse el procedimiento del art. 151, no me cabe duda de que el Congreso lo acatará y lo seguirá. Ésa es la regla de nuestra democracia. Y, en uso del mismo principio de simetría que Ezeizabarrena proclama como universal, le pregunto: cuando el lehendakari convoque un referéndum, si el Tribunal Constitucional lo declara contrario a la Constitución, ¿estará dispuesto a acatar su decisión? ¿O su tan cacareada simetría sólo vale en lo que le conviene?

Campaña socialista
Las tres bes
Cristina Losada Libertad Digital 29 Enero 2005

Estábamos con Bono y Blanco y llegó Belloch, o sea, que tenemos completas las tres bes. En mi ciudad había, y aun hay, un comercio llamado Las Tres Bes, nombre que respondía a las iniciales de bueno, bonito y barato. Ninguna de esas cualidades adorna a los tres hombres citados y por si hubiera alguna duda, sus reacciones a la manifestación de las víctimas del terrorismo, demuestran que son otras las bes que les acompañan en el sentimiento. Por ejemplo, la be de la bestia dormida a la que hacía referencia el antiguo biministro y hoy alcalde zaragozano. La be de la bilis que han gastado en abundancia para descalificar a la Asociación de Víctimas del Terrorismo, a sus críticos y a sus adversarios. Y la be de las barbaridades que han llegado a decir, que amenazan con ser el preludio de las que pueden hacer.

Con todo esto, ya vamos sabiendo a qué palo juega cada uno, como quería Pilar Manjón. Las tres bes juegan al palo de la extrema derecha, que además de basto es vastísimo. Todo el que no esté con ellos, y todo el que esté contra ellos, o sea, contra el gobierno y su partido, es fascio. A este palo ya vienen jugando desde hace tiempo, así que no es ninguna novedad. Más aún, de tan rancio y ridículo, da la risa, si no fuera porque ahora tienen el poder para cumplir esa amenaza de hacer uso de todos los instrumentos represivos, que formuló Belloch, revelando la profundidad de sus convicciones antidemocráticas. Empezaron por la detención irregular de dos personas por el hecho de salir en una foto y ser militantes del PP. Y el horizonte al que apuntan ese acto y las palabras del trío, más otros acompañantes, es uno de conculcación de los derechos y retroceso en las libertades.

El socialismo gobernante no sabe o no contesta cuando se le pregunta por su proyecto de Estado y por otros aspectos fundamentales de su política, pero sabe perfectamente que, dada su debilidad estructural y su incapacidad para ofrecer una buena gestión de gobierno, sólo tiene un medio para anclarse en el poder: destruir a la oposición que pudiera desbancarlos. Es el camino fácil, que es el que siguen los débiles. Las tres bes están desbrozando la senda con sus machetes dialécticos.

Para ellos, toda derecha que les pueda quitar la bicoca es extrema, y sólo una derecha modosita, retirada a hacer ganchillo en un rincón del parlamento, es moderada. Según ellos, la izquierda puede tomar la calle, desafiar e insultar al gobierno de la derecha, y agredir a sus gentes y a sus sedes, pero si unos manifestantes insultan a uno de los suyos y gritan contra su gobierno, todos son peligrosos fascistas y hay que volver a llenar los sótanos de la DGS. Y para ellos, las voces críticas y los medios de comunicación que no les hagan de comparsas, son peligrosos agitadores que conviene silenciar. Ya ocurrió en tiempos de González. El PSOE no ha dormido por mucho tiempo a la bestia.

En realidad, la volvió a despertar hace unos años, cuando decidió que el camino al poder pasaba por una campaña de agitación y propaganda que volviera a polarizar a la sociedad entre la izquierda buena y la derecha monstruosa, dos entes de ficción que se han cuidado de mantener siempre bien alimentados. La campaña continúa. El trío de las bes hace su trabajo. El otro, Peces-Barba, también. Él juega a espadas, instrumentos para cortar y dividir, en este caso, a las víctimas del terrorismo etarra, que pueden importunar en la partida que el PSOE y el PSE quieren jugar en el País Vasco.

En el corazón de la oscuridad
Por Daniel Jonah Goldhagen El País  29 Enero 2005

Mientras el mundo conmemora el 60 aniversario de la liberación de Auschwitz, cuatro de las cinco preguntas principales sobre el Holocausto tienen respuestas bastante sencillas y consolidadas.

¿Quién hizo qué? Los nazis, junto con un amplio número de alemanes de a pie, ayudados por colaboradores polacos, franceses y otros, persiguieron, acosaron y robaron a los judíos de Europa y asesinaron a seis millones, aproximadamente un millón de ellos gaseados y quemados en Auschwitz.

Se ha demostrado que, uno tras otro, los mitos exculpatorios -que los alemanes y suizos de a pie, la Iglesia Católica y las iglesias protestantes alemanas y la gente de los países ocupados fueron coaccionados por fuerzas externas (nazis, terror, etc.)- eran falsos uno tras otro.

¿Por qué lo hicieron? Aunque otros factores también contribuyeron a su participación, la gente que perseguía, torturaba y asesinaba a judíos eran ejecutores convencidos y voluntarios, atrapados en un profundo antisemitismo que consideraba a los judíos la encarnación laica del Anticristo y que, por tanto, era necesario extirparla.

Una inmensa cantidad de pruebas desenterradas durante la última década -la mayoría no disponibles en inglés- lo ha dejado claro. Hace sólo dos semanas, un guardia alemán de Auschwitz confesaba la verdad a la BBC: que recordaba su etapa en el campo con "alegría". "Siempre tenías presente el hecho de que los judíos son enemigos... No surgía un sentimiento de simpatía o empatía. Los niños no son el enemigo en este momento. El enemigo es la sangre que llevan dentro". Consideraba que matar judíos estaba "bien".

¿Cómo juzgamos? La única forma correcta de juzgar es según los criterios legales y morales de culpa e inocencia aceptados generalmente.

Hoy en día no deberían ponerse excusas por un hombre que asesina a un niño. No deberían ponerse excusas por los miles de hombres que aceptaron matar a más de un millón de niños judíos. Deberíamos rechazar los cuentos de hadas empíricos y morales de la excusa, incluyendo ese de "no sabían lo que hacían" o "¿quién eres tú para juzgarles?" ¿Cuál es la función de las compensaciones? Después del hecho, ¿cómo pueden compensar del mejor modo posible los daños causados aquellos que se encuentran en una deuda moral y legal?

De varias formas: no sólo económicamente, sino de acuerdo con sencillos principios aplicables a todos los crímenes históricos y contemporáneos.

Desde el punto de vista político, los países e instituciones que contribuyeron a la agresión deben apoyar a las comunidades judías de posguerra y su seguridad. Esto abarca a toda Europa e Israel. Desde el punto de vista moral, deben contar toda la verdad sobre el pasado.

Deben luchar contra los efectos continuos del daño, entre ellos el inmenso legado de antisemitismo, educando activamente a la gente sobre la maldad de éste y de todo tipo de prejuicios. Deben transformar esos aspectos de sí mismos que condujeron a los crímenes para no volver a ser nunca más el origen de dicha maldad.

Alemania y los alemanes en general han hecho un buen trabajo, aunque imperfecto, en todos los aspectos. Otros países y sus pueblos -Francia, Holanda, Dinamarca, Polonia, Suiza y otros- prosiguen con distinta suerte la lucha con su pasado y sus obligaciones de compensación.

La Iglesia Católica y su clero -obviamente no responsable del Holocausto pero, aun así, profundamente implicada en muchos aspectos de la persecución (incluso en el mismo proceso de exterminación en algunos lugares)- en general han hecho una pobre labor, aunque la jerarquía eclesiástica ha dado algunos pasos importantes hacia la instauración de una conducta y unas enseñanzas más positivas sobre los judíos. Pero la quinta pregunta primordial es mucho más complicada: ¿Qué significa?

Ésta no es una sola pregunta sino muchas, una serie de preguntas aparentemente interminable. ¿Qué significado tiene la muerte de una persona, el asesinato de una persona? ¿Qué significado tiene el asesinato de una persona seis millones de veces? ¿Qué significa cuando una persona mata a un niño al que nunca antes ha visto? Pasando a las comunidades, ¿qué significa el Holocausto para la interpretación que Alemania hace de sí misma, de la cultura alemana o de los alemanes?

¿Y para la interpretación propia de los judíos, de su lugar en el mundo? ¿Y para Israel y los israelíes de hoy en día? En cuanto al enrarecido ámbito de la religión y la filosofía, ¿qué significa para la idea que tiene la gente de Dios? ¿Cómo pudo permitir Dios que ocurriera algo así?

Las preguntas no cesan. Algunos las consideran apremiantes, otros no. Pero Alemania y su democracia actual -y por extensión Europa- no pueden entenderse sin referencias a su pasado y su significado. Los alemanes han rehecho su sociedad y política con los horrores del nazismo en mente (aunque el reciente resurgimiento del neonazismo y el antisemitismo es preocupante). Muchas confesiones cristianas han reorientado su teología en una dirección más tolerante.

Judíos de muchos países han llegado a una multitud de conclusiones sobre su lugar en el mundo, su propio Dios y su necesidad de ser independientes. Los no judíos han reflexionado sobre los males del antisemitismo y del racismo en general. Los supervivientes han intentado crear un mundo con sentido tras emerger de un lugar que, como dijo un médico alemán en Auschwitz, hizo que el infierno de Dante pareciera una comedia.

Ciertos aspectos de este pasado siguen siendo malinterpretados y el más importante es la pregunta crucial: ¿cuál era la naturaleza del nazismo? No era sólo un movimiento fascista o totalitario más. La destructividad de los nazis no era como la de otros regímenes dictatoriales o asesinos.

Es cierto, para Hitler y sus seguidores, los judíos eran un enemigo por encima de todos los demás, la principal fuente del mal en el mundo. Pero la destructividad de los nazis tenía un alcance mundial. Quisieron echar a perder el conjunto de la civilización occidental, incluida la cristiandad. Gran parte de Europa y del resto del mundo iba a convertirse en una plantación de esclavos dominada por los alemanes.

Los nazis poseían una vasta destructividad sin parangón en la historia. Entendían los conflictos y problemas sociales y políticos como algo racial y biológico. Su solución meditada fue asesinar a gente y pulverizar comunidades. Si los alemanes hubieran ganado la guerra, habrían acabado con la vida de decenas, quizá cientos de millones más en todo el mundo y esclavizado a los pueblos de Polonia, Ucrania, Rusia y otros países.

Auschwitz fue el lugar más emblemático del mundo que Hitler y los alemanes estaban creando, una fábrica de la muerte incrustada en unas grandes instalaciones de producción de esclavos. Al conmemorar su liberación, las gentes de Europa y el mundo deberían estremecerse por lo cerca que estuvo Hitler de destruir la civilización, de sumir al mundo en una oscuridad que podría haber durado 1.000 años.

Finalmente, con la muerte de los supervivientes de Auschwitz, la necesidad de conmemorar su liberación -y la liberación de otros pueblos del mundo de otros horrores- permanecerá. Mucha gente cree que cuando los supervivientes fallezcan, la mirada pública dejará de estar centrada en el Holocausto. Yo pronostico lo contrario. A medida que se aleja el siglo XX -con todos sus horrores y todo el progreso que marcó hitos- es probable que el Holocausto sea todavía más emblemático de la mitad oscura del siglo. No existe otra palabra que evoque el mal de forma tan inmediata y absoluta como Auschwitz.

Daniel Jonah Goldhagen, autor de Los verdugos voluntarios de Hitler y de La Iglesia católica y el Holocausto, está finalizando un libro sobre el genocidio en nuestra era.

El otro Auschwitz
Cuarenta sillas vacías
José García Domínguez Libertad Digital 29 Enero 2005

Al socialismo de Hitler y Goebbels lo juzgaron durante 1945 en Nuremberg. El otro, el de Marx y Lenin, nos juzga cotidianamente a nosotros desde los tribunales del Alto Comisionado para Enterrar la Verdad Histórica. Ésa es la única, la exclusiva diferencia entre los dos gemelos. No hay otra, nunca la ha habido.

Así, escribe una de las comadronas de las criaturas: “Si los axiomas matemáticos son en nuestros países perfectamente evidentes para un niño de ocho años, sin ninguna necesidad de recurrir a la experimentación, es como consecuencia de la herencia acumulada. Por el contrario, sería muy difícil enseñárselos a un bosquimano o a un negro de Australia”. No es un fragmento de Mi Lucha, sino una nota para el Anti-Dühring redactada por Engels. Años después, uno de sus alumnos aventajados cogerá la pluma con el fin de dejar testimonio de lo aprendido. Anota: “La primera pregunta que formulamos es: ¿A qué clase pertenece, cuáles son sus orígenes, su crianza, su educación o profesión? Estas preguntas definen el destino del acusado. Tal es la esencia del Terror”. El autor no se llamaba Himmler, ni trabajó en Auschwitz; era un letón que respondía por Latáis, y fue secretario de Félix Dzerzhinski, el jefe de la Cheka.

Por su parte, otro de los padres de la idea, que tampoco se apellidaba Goëring ni Hess, sino Marx, despachaba el problema judío como un “reflejo” de la “fase” del capitalismo dominada por el préstamo financiero. Según él, la revolución sería su solución y, tras ella, ya ningún ser humano se volvería a referir a sí mismo como “judío”. Razón de que los propios marxistas judíos –Trotsky, Luxemburgo, Bauer, Martov– defendieran la autodeterminación nacional en todos los casos, excepto para los hebreos. Otro respetable socialista, el inglés Bernard Shaw, más moderno que el fundador de la Internacional, se inclinaba por buscar las soluciones en los avances de la industria química. Así, en 1933, firmó un artículo en el periódico The Listener instando a los laboratorios a que “descubran un gas humanitario que cause una muerte instantánea e indolora, en suma, un gas refinado –evidentemente mortal– pero humano, desprovisto de crueldad”. Naturalmente, se destinaría a eliminar a todos los enemigos del socialismo. Los socialistas nacionales del Continente, que compartían idéntico anhelo, se harían con la patente sólo cinco años después.

¿Cuál es la diferencia moral entre planificar el exterminio sistemático y exhaustivo de una raza o el de un grupo social? Para los parientes socialistas, ninguna. De ahí que, hasta 1941, la Gestapo y la NKVD soviética cooperaran estrechamente en la captura de miles de judíos alemanes huidos a la URSS. Y también de ahí que los partidos comunistas europeos sabotearan el esfuerzo bélico hasta que Stalin se vio atacado. Aún se conserva, para gloria del antifascismo militante, la grabación desde Radio Moscú de Maurice Thorez, el jefe del Partido Comunista francés, implorando al ejército de su país que no resistiera a la invasión de los socialistas nacionales de Hitler. ¿Y cuál es la diferencia moral entre Auschwitz y el Gulag? Cuarenta sillas vacías en medio de una isla helada. Las que nunca ocuparán los estadistas reunidos en Polonia para honrar a las víctimas de los otros socialistas.

Portazos y plantones
TONIA ETXARRI El Correo 29 Enero 2005

Después del lamentable espectáculo que el PSOE y el PP han dado con su enfrentamiento por, según, sobre, tras, y a pesar de las víctimas del terrorismo, los dos partidos han tenido un ataque de sentido común, al darse cuenta de que el desafío nacionalista del plan Ibarretxe requiere una unidad de acción de los constitucionalistas. El PP, consciente de que los deseos de ruptura nacionalista iban a provocar un enfrentamiento entre la ciudadanía (primero en Euskadi y ahora en España en general), ha tratado de evitar, en primer lugar, que los nacionalistas que apoyaban a ETA desde Batasuna acabasen siendo asimilados por el sistema, como si tal cosa, gracias a un descuido político. Será porque Zapatero no se imaginaba que iba a llegar al poder tan pronto, pero no se puso las pilas a partir del momento en que Ibarretxe bajó de los cielos para presentar su plan en el Parlamento vasco. Setiembre de 2002.

Cuando todos los presentes esperaban la declaración más contundente contra el terrorismo, el lehendakari dejó caer sobre la tribuna su principal preocupación: «Que no nos dejan ser». Y al presentar su pacto de nuevo estatuto con el Estado, sentenció que si no había pacto, le daba igual, porque lo aprobaría el Parlamento vasco. Y se celebraría un referéndum aunque el Estado no le diera validez. Ese fue su mensaje hace dos años.

Pero los socialistas de Ferraz, a pesar de los avisos desde Euskadi, descuidaron ese huerto. Y ahora, el PNV se planta con un órdago, maquillado de negociación, cuando en realidad tendría que haber procedido al revés: primero se negocia y luego se aprueba en el Parlamento. Como se hizo con el Estatuto. Es, en fin, la crónica de una ruptura anunciada, pero Zapatero sigue dando la impresión de que, aparte del rechazo al plan, va improvisando. Seguramente si la Mesa hubiera rechazado la tramitación del plan soberanista, ahora no les asaltarían tantas dudas procedimentales sobre el pleno del próximo martes en el Congreso. Desde Euskadi, los socialistas vascos denuncian la estrategia de tensión del lehendakari. A ver si Zapatero va concretando el camino hacia la esperanza. Parece mentira que los nacionalistas alardeen de la mayoría absoluta que aprobó el plan Ibarretxe, obviando que esa mayoría se la deben a la ilegalizada Batasuna. Cuando el lehendakari empezó sus rondas en 2002, dio un portazo a Otegi porque, según explicaban en su entorno, justificaba a ETA. Imaz, incluso, llegó a decir que no se había convocado a Batasuna a una reunión para hablar de la seguridad de los concejales amenazados «por razones obvias». ¿Qué ha cambiado en estos dos años, aparte del interés electoral, para que Ibarretxe haya aceptado los votos de la ilegalizada formación sin una pizca de sonrojo? Tan sólo una voz, la de Azkuna, se ha dejado oír en este panorama de indignidad política. ¿Qué orfandad institucional la de las víctimas del terrorismo!

Belloch
Hasta ahí ha llegado
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 29 Enero 2005

“Acto fascista de exaltación de la violencia”. Así define Belloch la manifestación de la AVT eclipsada por Bono, novia en la boda, niño en el bautizo y, claro, víctima en una concentración de víctimas. Aunque uno empieza a estar harto de denunciar asimetrías, no puedo sustraerme a la figuración de una hipotética mani de la asociación que dirige la señora Manjón a la que hubiera acudido sin previo aviso, y eludiendo el cordón de protección, don Federico Trillo. O Acebes, o Zaplana. Seguro que les hubieran recibido con aplausos. Los mismos que le reservaban a Aznar cuando compareció ante la comisión del 11-M.

A pesar de constar ya en los informes policiales que no hubo agresión contra Bono, cree necesario el alcalde de Zaragoza dar un paso al frente y lanzar una columna definitiva –Hasta aquí hemos llegado– grito urgente de graves resonancias, mientras señala con el dedo acusador a ese “paisano” que cada mañana comete el grave delito de suscitar el interés de millones de oyentes. Si es que tiene un peligro tremendo ponerles micrófonos a los intelectuales. Ay, perdón, olvidaba que para merecer el nombre de intelectual hay que ser de izquierdas y, a ser posible, habitar los establos del imperio con una P grabada en el lomo.

Ahí tienen a esos dos escribidores laureados y enriquecidos, no por el imperio precisamente sino por el editor del diario desde el que grita Belloch: el uno nos descubrió desde la SER dónde se venían escondiendo los herederos de los asesinos de García Lorca; la otra, más chabacana, llamó hijos de puta, con un par, a todos los votantes del PP. Pero aquello no provocó las iras de Belloch. En realidad, no provocó las iras de nadie. Renuncio ya a las asimetrías; el que quiera que juegue.

Pero vamos a ver, este hombre que pide represión y que se ceba en una asociación de víctimas del terrorismo, ¿no es el mismo que un día fue biministro del felipismo? ¿No es acaso el responsable directo del espantoso ridículo con que culminó el caso Roldán, el de la carta trucada, el del espía resucitado Paesa, el del capitán Khan en Vietnam? Habla el alcalde de “fascistas organizados y armados” que acosaban al gobierno de Felipe González. Sólo puede referirse a aquel antecesor suyo en el ministerio del Interior que venía del SEU y del carlismo, y a sus secuaces en la secretaría de estado de Seguridad y en alguna que otra dirección general. Los que montaron un grupo terrorista y fueron condenados a importantes penas por sus gravísimos delitos. Sus conmilitones, Belloch, sus conmilitones. ¿Es a esos a los que llama fascistas armados? O quizá a la ETA, esa banda de extrema izquierda contra la que se hicieron ricos un montón de socialistas. La ETA, a cuyas víctimas abronca el barbado. ¿Qué otro grupo armado operaba entonces?

El blogoscopio
O islam o democracia
Pablo Molina Libertad Digital 29 Enero 2005

El ministro de Bin Laden para asuntos terroristas, Abu Musab al-Zarqaui, tras un sesudo estudio de los textos coránicos, ha hecho una nueva aportación teológico-política para alimento espiritual del resto de los creyentes. El Islam es incompatible con la democracia, ha venido a decir el matarife en su última encíclica, para desolación de los bellos espíritus, que prefieren tranquilizar sus agitadas conciencias progresistas con su dosis diaria de pacifismo intercultural.

Pero quizás lo más desagradable para los que consideran a Bush un enemigo peor que los propios terroristas, es que el exégeta coránico del AK-47 coincide plenamente con el presidente norteamericano, quien en su discurso de investidura insistió en que a los terroristas iraquíes les preocupa menos la presencia de tropas internacionales que la posibilidad de un Irak democrático. “Hemos declarado la guerra total a este malvado principio de la democracia y a todos los que siguen esta ideología equivocada”, ha dicho al-Zarqaui en su alocución, pues “la democracia se basa en el derecho a elegir la propia religión y eso va contra la Ley de Alá”. En realidad, el terrorista no hace sino incidir en el carácter herético de los principios democráticos, siguiendo la senda telógica iniciada por uno de los padres fundadores del actual islamismo, Sayyid Quth, que en 1957 ya escribía que “en el mundo hay un sólo partido; el partido de Alá. Todos los demás son partidos de Satán y de la rebelión”.

La única crítica de cierta solidez a la política exterior norteamericana, debe incidir en el error estratégico que nace con los famosos catorce puntos de Wodroow Wilson y su proyecto democratizador, resumido en el lema “Make the World Safe for Democracy”; es decir, la imposición al resto del mundo el modelo democrático por los Estados Unidos, nación llamada “a defender no sólo la civilización norteamericana u occidental, sino la civilización propiamente dicha como creación humana a lo largo y ancho del planeta”. En realidad, el optimismo humanitarista de Wilson parece también alentar en la estrategia general de la Administración Bush para Oriente medio: llevar la democracia a 400 millones de musulmanes. La cuestión es si se van a repetir nuevamente los errores de los años 20 del siglo pasado, causa de la liquidación de la Europa liberal característica del siglo XIX. Y a partir de ahí los totalitarismos negro, pardo y rojo. El infierno, todo el mundo lo sabe, es un lugar empedrado de buenas intenciones.

Ahora bien, a pesar de los riesgos de la estrategia norteamericana, hay un imperativo político que la justifica: la intervención, al menos tácticamente, resulta muy positiva, pues circunscribe el teatro de la guerra a un espacio concreto, alejando de Europa –inerme, incapaz de defenderse- a los terroristas. Por otra parte los iraquíes prefieren, con toda seguridad, un Irak democrático a una tiranía regida por un psicópata aficionado a gasear a las minorías étnicas de su propio país. Precisamente por esto último, si no por todo lo anterior, resulta aún más sorprendente la feroz oposición de la izquierda y sus intelectuales de cabecera (también hubo griegos enamorados de Esparta y europeos libres cautivados por Moscú) con lo que demuestran, una vez más, su incapacidad para abandonar los tópicos pacifistas y antiamericanos que conforman lo grueso de su pensamiento.

Río Cabe
Frappez la caisse!
Serafín Fanjul Libertad Digital 29 Enero 2005

Mantengo la frase en idioma original tal como se la oí a un ministro francés de Interior con muchas ganas de amolar a un grupúsculo de ultraizquierda. En efecto (“¡Tocadles al bolsillo!”, traducción muy aproximada), es un buen método, pacífico y eficaz, de hacer entrar en razón a quienes desprecian argumentos culturales, históricos, espirituales, afectivos, de respeto institucional o de solidaridad patriótica. Sabida es la contundencia, más pronto que tarde, de poner en el alero las bases económicas de cualquier proyecto o movimiento humano y el refranero lo refleja bien: Donde no hay harina, todo es mohína. Por eso la insumisión fiscal propende a torpedear en uno u otro sector los fondos del estado cuando un grupo no quiere admitir que su dinero vaya a engrosar las arcas que nutren la pervivencia de tal o cual rubro: unos no quieren que sus cuartos sirvan para sostener la policía o el ejército –no entro en la racionalidad de las pretensiones, me limito a enumerarlas–, otros detestan que se financie con sus impuestos a la Iglesia católica, las oenegés, los festivales de teatro, la renovación de las autovías o las subvenciones al cine, la enseñanza o el sursum corda. Y así sucesivamente, hay para todos los gustos.

Pero la objeción fiscal es difícil de llevar a la práctica, sobre todo la selectiva y debemos asumir con la sonrisa en los labios la cruda certeza de que nuestros impuestos van a terminar en alguna medida en las faltriqueras de Llamazares, Caldera o Pepiño Blanco, intelectuales de alto bordo todos ellos, como es sabido. Y no alargamos la lista por no deprimir demasiado a los lectores hurgando en heridas demasiado sangrantes. Sin embargo, y del mismo modo que en algunos países se vota con los pies, marchándose, en la España de los ultimísimos tiempos se ha abierto una vía eficiente y poderosa para al menos llamar la atención de los sordos profesionales; una vía que más que resistencia pasiva significa omisión activa del propio peculio para evitar que con él se nos insulte y ataque. Es un camino pacífico y útil, como mínimo, para expresar la protesta ante atropellos nada imaginarios y quizás, hasta bien dosificado y dirigido, para modificar actuaciones contrarias y nocivas. A raíz del asesinato de Miguel Ángel Blanco algunos tenderos de Ermua –cómplices ideológicos de los asesinos como poco– vieron reducidas sus ventas de manera dramática y los biempensantes progres con la demagogia habitual acudieron en su auxilio por todas latitudes porque se castigaba a inocentes. No entraré en semejante discusión aunque tengo bien claro el fondo de la misma. Sí me interesa más resaltar un fenómeno que ha aflorado en los últimos meses, de forma espontánea, y como resultado de la radicalización y crispación impuesta a la vida nacional –política o simplemente cotidiana– por la izquierda y los separatistas. Sin llamamientos a través de ningún medio de comunicación ni orientada por ningún grupo político, de pronto un sector numeroso de españoles, sólo con sus móviles, su intuición individual y libre y una visión lúcida han sido capaces de tomar la decisión de vivir sin cine español, sin cava catalán o sin Canal Plus. Y no pasa nada. En una sociedad abierta hay alternativas tan divertidas y gratificantes como las que ofrecían esos productos, o más.

En verdad, desconozco si es cierto el dato de que unos diez mil abonados de Canal Plus pidieron la baja como consecuencia de esa gracia tan graciosa y obra de grandes graciosos llamada “Un Cristo cocinado para dos personas”; y tampoco sé si las ventas de cava catalán cayeron en Navidad, como se dice, en un 48 %. En cualquier caso, parece evidente que la fundadísima reacción de un sector de los consumidores hizo mucha pupa a los empresarios respectivos. Los españoles más aplastados en sus sentimientos empiezan a cobrar conciencia de la fuerza, juntos, de su poder adquisitivo y, aunque el procedimiento no se pueda ni deba generalizar, ni mantener de modo continuado, ni esperar en él la solución total y mágica de los problemas, sí cabe estimar su éxito como toque de atención para bocazas y secesionistas enloquecidos. “Frappez la caisse!” : como si lo hubieran oído. Y no estuvo mal que los progres de Canal Plus recibieran el recordatorio de que ellos comen porque otros pagan; a los catalanes –separatistas o no– se les refrescó la memoria de que romper el mercado español es de orates (por mi parte seguiré trasegando el excelente cava catalán y creo que la mayoría también), si bien no huelga añadir que la prosperidad de Cataluña se debe, en buena medida, a las aduanas españolas y a las inversiones de igual origen que descapitalizaron el resto del país, extremos estos de los cuales no quieren oír ni hablar. En cuanto al patético cine español y su pérdida de tres millones de espectadores en un año hay que hacer un aparte. Estos propietarios del mundo de la cultura no entendían –ni quieren entender– algo muy sencillo, al alcance incluso de sus cerebros: sólo por patriotismo íbamos a ver sus películas. Si no, ¿de qué?

Auschwitz desde España
Por Antonio Elorza El País 29 Enero 2005

En nuestro país, la memoria de Auschwitz tiene un nombre: Violeta Friedman. Violeta se vio envuelta a los catorce años en la deportación masiva de judíos húngaros a Auschwitz en la primavera de 1944. Rumania no entregó a sus judíos; Hungría sí lo hizo. Empezó entonces su tragedia, la de su familia y la de todos los comprendidos en la deportación. "Tengo la sensación de vomitar cada vez que digo esa palabra: Auschwitz-Birkenau -nos cuenta en las memorias que redactó con la ayuda de Ángeles Caso-. Vomitar un monstruo que llevo dentro. Pero debo contener mi náusea y tratar de explicar cómo era ese lugar con nombre de infierno". Violeta Friedman sobrevivió, pero las secuelas físicas y psíquicas la acompañaron toda su vida, con una tuberculosis ósea unida a problemas respiratorios que la inmovilizó en sus últimos años.

Probablemente Violeta hubiera sido una víctima anónima más del Holocausto, a pesar de la supervivencia, de no haberse producido en 1985 un incidente singular: la exhumación del cadáver del doctor Mengele en Brasil para comprobar su identidad. Desde la pantalla de TVE, el viejo nazi belga Léon Degrelle tomó la palabra para protestar ante "la profanación" y manifestar que su único arrepentimiento era que Hitler hubiese perdido la guerra. Poco después, en Tiempo, Degrelle cuestionó la existencia de los hornos crematorios. Ni TVE ni el semanario abrieron sus páginas a Violeta, residente en Madrid, para la réplica. Tuvo que hacerlo desde la sección de Cartas de este diario. La carta encendió la polémica y abrió la puerta a una difícil acción penal que en 1991 culminó el Constitucional, tras lamentables reveses en tribunales inferiores, sentenciando que la libertad de expresión no podía servir de amparo al fomento de la xenofobia y del racismo. Último fruto de la actuación de Violeta: la ley que en 1995 tipifica la apología del delito de genocidio. La incitación a la discriminación resultaba también penada. La tenacidad de Violeta nos había hecho donación a todos los españoles de una aportación legal decisiva para la defensa de la democracia.

A pesar de su físico cada vez más deteriorado, Violeta Friedman se entregó de lleno a la lucha por difundir sus ideas, que iban más allá de una intención punitiva de los culpables. Tuve ocasión de invitarla en varias ocasiones a actos multitudinarios celebrados en la Facultad de Políticas, con una respuesta sensacional por parte de los estudiantes. Comprobé entonces que Auschwitz era ante todo para ella, como para Primo Levi, el punto de partida de cara a una reflexión más amplia frente a los intentos de minusvalorar lo sucedido. Partía de una posición muy clara. Perdonar sólo era posible en el caso de existir una prueba fehaciente de arrepentimiento de los verdugos, y de su mutación en fiscales de su propia actuación pasada. Algo, pienso, perfectamente aplicable a los etarras de hoy. Y olvidar, nunca. Los ejercicios de amnesia, disfrazados de humanitarismo, servían sólo para que la máquina ideológica de la destrucción se pusiera impunemente de nuevo en marcha. Su rostro se crispaba al explicarlo.

Por eso mismo sugería la necesidad de mirar con lupa aquellas valoraciones políticas que subrepticiamente legitimaran el racismo. Ejemplo: el conflicto palestino-israelí. Violeta aquí no era neutral, si bien su preferencia por Israel iba unida a un deseo de paz y de acuerdo. Le preocupaba la intensa difusión del antisemitismo en los países musulmanes bajo la capa de denunciar la política hebrea.

Y la tragedia podía repetirse en otros lugares y con otros rostros. Las advertencias de Violeta Friedman adquieren un valor más amplio. Por eso, la descripción del horror no es un fin en sí mismo, sino un llamamiento, casi un grito de alarma, contra la pasividad con que nuestras sociedades miran las causas que lo desencadenan. El negacionismo, los negacionismos, impiden la reflexión sobre la génesis de la barbarie. Y la complicidad del silencio se convierte en responsabilidad criminal cuando el proceso de destrucción sigue su curso. Más aún, cuando una fuerza política llega a apoyarse en él. Caso del nacionalismo democrático vasco hoy en relación a ETA. Es la división del trabajo puesta al servicio de la eliminación del otro. Antes de enviar los judíos al matadero, los antisemitas se conformaban con su expulsión.

Duro golpe del Supremo a la autonomía fiscal vasca
Editorial El Mundo 29 Enero 2005

Confebask, las diputaciones forales, los partidos nacionalistas e incluso el PSE han expresado en las últimas 48 horas su rechazo a un fallo del Tribunal Supremo, que anula una serie de ventajas en el Impuesto de Sociedades en el País Vasco, dando la razón a la asociación de empresarios riojanos.

En concreto, el Tribunal Supremo anula diez artículos del Impuesto de Sociedades que aplican las tres diputaciones forales vascas al considerar que esa normativa encubre «ayudas de Estado» y distorsiona la competencia.

El Alto Tribunal establece que el tipo del 32,5% de este impuesto no se ajusta a derecho al estar por debajo del 35% que rige para el resto del Estado. También entiende que son ilegales las desgravaciones del 10% por inversión en activos fijos y otras por creación de empleo. Y anula el sistema de amortizaciones, que también incide en un menor pago de impuestos directos.

Es el segundo gran varapalo jurídico que recibe el régimen fiscal foral, ya que en 1999 el propio Tribunal Superior de Justicia del País Vasco anuló las llamadas vacaciones fiscales, que permitían a las sociedades de nueva implantación una fuerte reducción de la base imponible en el Impuesto de Sociedades en los cuatro primeros años de obtención de beneficios.

La propia Comisión Europea abrió un expediente en 1999 al régimen foral al entender que la fiscalidad de las empresas y las subvenciones del Gobierno vasco no respetaban la libre competencia. El expediente concluyó en un proceso del Tribunal Europeo de Justicia, que, además de ratificar los criterios del Colegio de Comisarios, obligará en breve a 130 empresas vascas a devolver el importe de las ayudas recibidas.

El argumento de los empresarios y los nacionalistas vascos es que la Constitución española reconoce el Concierto Económico y el derecho histórico a un sistema tributario propio. Pero España, al ingresar en la UE en 1986, aceptó someterse a los tratados vigentes y, más concretamente, asumió la primacía de las normas comunitarias sobre la legislación nacional.

El criterio del Supremo es que el Impuesto de Sociedades vasco viola esas normas europeas y no se ajusta a derecho al no haber sido notificado a la Comisión, como es preceptivo. Hay que respetar este fallo y acatarlo porque, guste o no, está fundamentado de forma sólida y coherente.

Pero, más allá de esta resolución, el fondo del asunto reside en si es sostenible un régimen fiscal como el foral en una Europa que ha iniciado el camino hacia la armonización de sus impuestos y que está eliminando los paraísos fiscales.

Puede ser sostenible un cierto margen de diferenciación en el tratamiento de las rentas personales, pero la existencia de una moneda única y un mercado supraeuropeo exige una homogeneidad fiscal en las rentas de capital y los beneficios de las empresas, que, más temprano que tarde, acabará por ser asumida por todos los socios de la Unión.

Rajoy avisa de que España «nunca aceptará pagar un precio» para que cese la violencia
Redacción La Razón 29 Enero 2005

Sevilla- El presidente del PP, Mariano Rajoy, aseguró ayer en Sevilla que su partido nunca aceptará que la sociedad española «pague ningún precio» por que la banda terrorista ETA termine su actividad criminal. Rajoy realizó estas afirmaciones durante un acto de homenaje al que fuera edil del Partido Popular en el Ayuntamiento de Sevilla Alberto Jiménez-Becerril y a su esposa, Ascensión García, asesinados por ETA el 30 de enero de 1998.
Añadió que el PP hará «todo lo que esté en nuestras manos» para que los terroristas cumplan la «totalidad» de sus condenas, y recordó que «los objetivos y los fines» de ETA están escritos hoy en el «plan Ibarreche» porque lo «apoyaron» en el Parlamento vasco.

Rajoy se mostró convencido de que el terrorismo será derrotado con el peso de la ley y con el Estado de Derecho, algo que «nos hará a todos más fuertes, más confiados ante nuestro futuro y más seguros». «Todo lo demás –insistió– es darles alas, es un error, una injusticia y es brindarles una parte del triunfo».

El acto contó también con la participación del líder del PP andaluz, Javier Arenas, y miembros de la dirección regional de este partido. Asimismo, estuvieron presentes familiares del concejal asesinado y Pablo Muñoz Cariñanos, hijo de Antonio Muñoz Cariñanos, asesinado también por la banda terrorista en Sevilla.

Arenas aseguró que está convencido de que «la inmensa mayoría de los españoles desean que los “asesinos del champán” se pudran en la cárcel» y parafraseó al ex presidente del Gobierno José María Aznar cuando dijo recientemente que a «nadie se le puede retribuir ni por matar ni por dejar de matar».

Negociación «indecente».
Teresa Jiménez-Becerril y Pablo Muñoz Cariñanos advirtieron también al Gobierno que preside José Luis Rodríguez Zapatero de que sería «indecente» e «insensato» negociar con ETA y pasar por encima de las víctimas del terrorismo.

Teresa Jiménez Becerril aseguró que no van a permitir que «que humillen» a las víctimas de ETA, por lo que aseguró que «mientras podamos impedirlo, nadie va a negociar con los terroristas que brindaban mientras vosotros (en referencia a Alberto y Ascensión) os desangrabais».
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