AGLI

Recortes de Prensa     Martes 1 Febrero 2005
¿Ultra qué
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 1 Febrero 2005

De audaces y cobardes
José García Domínguez Libertad Digital 1 Febrero 2005

IBARRETXE, EN EL CONGRESO
Editorial ABC 1 Febrero 2005

Ciertas mentiras
Federico Jiménez Losantos El Mundo 1 Febrero 2005

Los derechos y la amabilidad
Miguel Ángel Aguilar El País 1 Febrero 2005

El reto del lehendakari
Editorial El Ideal Gallego 1 Febrero 2005

Zp o la política de la rendición masiva
Isabel Durán Libertad Digital 1 Febrero 2005

NI PLANES, NI TORTAS
IGNACIO ASTARLOA ABC 1 Febrero 2005

SI LLEGAN «LOS DÍAS GLORIOSOS»
ENRIC SOPENA ABC 1 Febrero 2005

Debutar en el Congreso
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 1 Febrero 2005

PILAR MIRÓ QUE ESTÁS EN LOS CIELOS
César Alonso DE LOS RÍOS ABC 1 Febrero 2005

El arte de insultar
Amando de Miguel Libertad Digital 1 Febrero 2005

SU CONFLICTO
Edurne URIARTE ABC 1 Febrero 2005

El plan Ibarretxe, en el Congreso
Editorial Heraldo de Aragón 1 Febrero 2005

Zapatero no es Suárez
Pablo Sebastián Estrella Digital  1 Febrero 2005

El plan Ibarretxe, una imposición de la inmensa minoría
Editorial El Mundo 1 Febrero 2005

DEMOCRACIA EN IRAK
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 1 Febrero 2005

La vergüenza de Zapatero
GEES Libertad Digital 1 Febrero 2005

REVISIÓN EUROPEA
Editorial ABC 1 Febrero 2005

Las incógnitas que suscitan unos comicios heroicos
Gustavo de Arístegui El Mundo 1 Febrero 2005

¿Todo bajo control
Carlos Semprún Maura Libertad Digital 1 Febrero 2005

¡Increíble!
Cartas al Director ABC 1 Febrero 2005

ETA, Carod, Zapatero
Cartas al Director ABC 1 Febrero 2005

«Ibarreche es rehén de ETA. Si Guernica se rompe, Álava será libre»
J. Arias Borque La Razón 1 Febrero 2005

Acebes acusa al PSOE de «ocupar» la Justicia con el nombramiento de varios fiscales afines
C. Morodo La Razón 1 Febrero 2005

Los profesores exigen adaptar las materias a la realidad gallega
(e. á. | santiago) La Voz 1 Febrero 2005

Propaganda nazionalista
Nota del Editor 1 Febrero 2005

Luces y sombras de la inmersión en el euskera
(Serxio González (Redactor) La Voz 1 Febrero 2005

Modelo X
Nota del Editor 1 Febrero 2005


 

¿Ultra qué?
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 1 Febrero 2005

NO HAY COSAS más deseadas ni más frágiles que el honor y el buen nombre, y quien una vez las pierde, tarde las recupera. Pero no sólo las personas se deshonoran, también les sucede a las ideas, profesiones o partidos políticos. Hoy veo brillar, en este palacio de las desmesuras que es nuestra patria, la maledicencia y la manipulación ideológica-mediática, y no puedo apartar, embelesado, los ojos del camino que nos traza una aventurada izquierda: vamos de cabeza al precipicio. En ese viaje sin retorno, la izquierda y sus aliados nacionalistas se han lanzado contra la oposición alentando una campaña de desprestigio para convertirla a ojos de los más en ultraderecha. Y de tanto mentar al lobo...

El modo peyorativo, muy vulgar e insultante, de designar a los españoles en Inglaterra es dago ; los holandeses y franceses suelen insultarnos con voz producida por deliberada degeneración fonética de la correcta forma de designación: en Flandes dicen spanjolen en vez de spanjaard , y en Francia espengouin en lugar de espagnol . De los marroquíes mejor no hablar toda vez que en corto y por derecho nos llaman mariquones , si bien cierta razón no les falta. Pero, en España, ¿cómo se nos insulta a los españoles? Pues, sencillamente: españoles . En el propio lar patrio el insulto que los nacionalitaristas nos lanzan en el País Vasco, Cataluña y Galicia es ese. Recuerden las obsesivas pintadas que adornan las paredes por aquí: espanhois . Y como en todas partes hay traidores, resulta que, por virtud de la equidistancia, les salen a los nazionalistas valedores dentro de la izquierda española que avalan el insulto españoles , en un tono ciertamente un poco más bajo, travistiéndolo en españolistas . Pues según la paradójica progresía castiza hay nacionalistas periféricos porque hay españolistas . Como hay pederastas porque hay niños provocadores, deben asimismo pensar en concordancia lógica con lo anterior.

Campea la izquierda, haciendo alarde de trompeteros mediáticos (alguno de colgados hábitos y gafas de sol bajo los focos), en una clarísima eminencia señoreando cuanto hay e incluso cuanto se insinúa en ética, moral y buen talante, pues no se entendería de otra forma cómo tiene tantos miramientos con, pongamos, ERC y tanto odio para con el PP, deteniendo a sus militantes al tiempo que derogan la ley que permitiría encarcelar a Ibarretxe en caso de convocar ilegalmente un referéndum. En su arquitectura lógica de simbiosis con los nacionalistas, extremo del artificio y causa de división política de España en dos mitades, la izquierda, engolfada en las luces de la modernidad y alumbrando todas las cualidades del buenismo y del confort moral, a más de ser diáfanas sus razones sólo se necesita para recibirlas una mente transparente, algunas claraboyas, balcones rasgados, ventanas patentes en el intelecto... y un pusilánime instinto de claudicación y propensión al «no os cabréis que crispáis». Pues todo es en la exposición izquierdista luz y claridad a raudales cual ático en Villa Olímpica barcelonesa aunque yo sigo sin entender por qué son más de fiar los separatistas que la derecha españolista . En respuesta prefieren utilizar un cómodo y recién recuperado atajo: los españolistas son ultraderechistas. Además de obcecados centralistas, fascistas, crispadores y reaccionarios. Con eso ya está todo dicho. Peor aun: todo está justificado. ¿O no está justificado para la persona de bien, léase de izquierdas, acabar sea como sea con la ultraderecha?

Plan Ibarretxe
De audaces y cobardes
José García Domínguez Libertad Digital 1 Febrero 2005

“Demasiado cobarde para luchar y demasiado gordo para salir corriendo”. Gracias a que Winston Churchill lo inmortalizó reservándole esas diez palabras dentro de los dos tomos de sus Memorias, uno de aquellos hombrecillos medrosos que clamaban por apaciguar a Hitler cediendo a cada una de sus exigencias consiguió ganarse una línea en todos los manuales de Historia. No sé por qué, repasando un artículo que Odón Elorza publicó hace unos meses en El País, me ha venido a la cabeza aquel capítulo del libro de Churchill. Y no recuerdo ahora si ha ocurrido al llegar al párrafo en el que Odón lamenta la ausencia de “una política innovadora donde se prime la audacia”, o si ha sido hacía el final de la lectura, cuando el alcalde de San Sebastián compara al Partido Popular con los asesinos etarras.

Odón reclama ahí más audacia ya que le debe parecer poca la que sazona el golpe de Estado que el Gobierno regional planea escenificar hoy en Madrid. Mas se equivoca; porque si a algo se parece la España actual es a aquella República moribunda que pilotaban a la deriva los elorzas y los zetapés de la época: los Alcalá-Zamora, los Casares Quiroga y los Azaña. Los audaces de salón que ni luchaban, ni corrían, ni tenían coraje para imponer la Ley y la Constitución a las fuerzas que pervirtieron las instituciones hasta hacer inevitable la Guerra Civil. Si algo sobró entonces, fue precisamente audacia.

Igual que hoy. Porque inimaginable en ningún lugar del mundo civilizado es la audacia de un ex ministro de Justicia reclamando venganza contra las víctimas del terrorismo y que rueden las cabezas de sus representantes. O la de un presidente del Gobierno sonriendo cariñoso a quien se proclama verdugo de la unidad de la Nación. O la de un dirigente socialista comerciando acuerdos en sede parlamentaria con los asesinos de sus correligionarios. O la de todo un stablishment intelectual y mediático que se apresura a estigmatizar como de extrema derecha a quien suscriba la obviedad que proclaman los principales hispanistas del mundo; a saber, que los nacionalismos vasco y catalán comparten el mismo objetivo estratégico: romper la unidad de España y el espinazo del Estado.

Aunque lo asombrosamente audaz, lo esperpénticamente audaz, nos lo tienen reservado para el Pleno del Congreso de esta mañana. A un lado, un Gobierno que únicamente existe gracias a quienes mantienen un acuerdo político con la ETA. Enfrente, un emisario que llega para imponer otro acuerdo político con la ETA. Y ambos, argumentando durante horas que su objetivo es común e idéntico: acabar con la ETA. “De cobardes nunca se escribirá nada”, dejó impreso Juan de Mairena. Claro que, en su descargo, hay que recordar que murió 65 años antes de que se empiece a componer el próximo número del BOE.

IBARRETXE, EN EL CONGRESO
Editorial ABC 1 Febrero 2005

LOS recursos de amparo interpuestos por diputados nacionalistas ante el Tribunal Constitucional no han impedido que hoy se debata y vote el plan Ibarretxe en el Congreso. Será una de esas ocasiones en que el debate parlamentario, por la confusión de motivaciones que lo ha producido, puede generar beneficios engañosos, o efímeros, en todo caso; y abonar tácticas perniciosas para los intereses generales. El plan Ibarretxe no debió ser admitido por la Mesa del Congreso, porque tal decisión convalidó el fraude de Constitución cometido por la Cámara de Vitoria y porque ha servido a la estrategia nacionalista de confrontar la «voluntad» del País Vasco con la del resto de España. Aunque la explicación gubernamental suena bien, porque, sobre el papel, es difícil oponerse a las bondades del debate y la confrontación de ideas, que es lo mismo que dice Ibarretxe para dar curso a su propuesta soberanista. Suena bien este razonamiento, aunque su consecuencia práctica haya sido el desplazamiento de las instituciones y de las leyes, que de haber sido aplicadas habrían supuesto el bloqueo de una propuesta endémicamente inconstitucional y la salvaguarda del Parlamento nacional frente al tacticismo nacionalista.

Finalmente, Ibarretxe tendrá lo que quería desde el primer momento: la tribuna del Congreso para defender el derecho de autodeterminación del pueblo vasco. Así pondrá imagen a la esencia de su Plan, que es la relación bilateral y en plano de igualdad entre el País Vasco; y se irá con un abrumador y democrático rechazo de la Cámara Baja a su propuesta, nada que no esperara pero sí que deseara para alimentar el victimismo nacionalista, por mucho que Zapatero se proponga no alimentar esa impresión en su réplica de hoy. Ha sido un error facilitarle esta estrategia, que es lo que tenía que haber combatido, porque su rechazo al plan estaba ya descontado, como el del PP. Lo que buscaban los nacionalistas era lo que ya han conseguido: que las dos principales instituciones políticas del Estado -la Presidencia del Gobierno y el Parlamento nacional- sirvieran de plataforma propagandística para las expectativas electorales del PNV.

PUESTOS en la tesitura de debatir y votar el plan, al menos, y no es poco, los ciudadanos podrán visualizar la convergencia de populares y socialistas en el voto negativo a la propuesta soberanista. Pero no es suficiente si ambos partidos también están de acuerdo en que el Plan sólo es la imagen de una estrategia de fondo a largo plazo, que busca la consolidación electoral de la hegemonía nacionalista en el País Vasco. Lo que hay que saber es si el PSOE está dispuesto a rechazar ambas cosas: el plan y la estrategia, y a producir una inflexión histórica en la sociedad vasca y que los partidos constitucionalistas derroten al nacionalismo.

Pero no es seguro que así vaya a ser. Al menos eso se desprende de las intenciones de Zapatero, de las que informa hoy ABC, respecto a la forma de encarar el día siguiente de la presencia de Ibarretxe en el viejo caserón de las leyes de la Carrera de San Jerónimo. Al parecer tiene previsto abordar el debate parlamentario como la ocasión propicia para abrir una «tercera vía» entre el «nacionalismo» español del PP y el soberanismo del PNV.

CIERTAMENTE, el PSOE es muy libre de marcar, con toda legitimidad, las diferencias que tenga por convenientes con los populares. Incluso de extremar la cautela para evitar la imagen frentista que tanto gusta al PNV, pero si se confirma esta novedosa actitud del presidente del Gobierno, el proceso que se abra huirá, en efecto, del frente con el PP, pero para crear otro frente, entre PNV y PSE, que, además de que parece que persigue la marginación de los populares, reedita en muchas peores condiciones la coalición que gobernó el País Vasco entre 1986 y 1998, con un resultado del que el socialismo parece haber aprendido bien poco. Además, el PP tendrá motivos para sentirse estafado porque lo que se anunció en La Moncloa era una coincidencia (no le llamemos pacto) de principios en la defensa del orden constitucional, algo difícil, cuando no imposible, de hacer compatible con el PNV de Lizarra. No es bueno que el Gobierno hiciera suyo el falaz argumento de la equidistancia, tan propio del discurso nacionalista, para situar al PP en un extremo opuesto al del soberanismo radical del PNV. Si este discurso causara estado, el Gobierno cometería el grave dislate de tipificar la lealtad del PP con la Constitución y la unidad nacional de España como un nacionalismo equivalente al del soberanismo rupturista y desleal del PNV, con el cual, sin embargo, Zapatero sí parece dispuesto a la transacción.

A estas alturas, y vistas las dimensiones del desafío planteado por el PNV, parece que la única vía es que los constitucionalistas derroten al nacionalismo. Ése ha de ser el siguiente objetivo de socialistas y populares, porque el plan Ibarretxe no descarrilará hasta que ese vuelco se produzca. Pero para ese objetivo de poco valen las tibiezas y las arcangélicas disposiciones a un futuro acuerdo y sí sirven las convicciones firmes en el modelo de Estado que los españoles eligieron en 1978. En todo caso, hoy el Congreso debe aprovechar su oportunidad de decir no al plan Ibarretxe con un mensaje tranquilizador para la inmensa mayoría de los españoles y disuasorio para todos los demás.

Ciertas mentiras
Por Federico Jiménez Losantos El Mundo 1 Febrero 2005

Si las medias verdades son peor que las mentiras completas, la equidistancia forzada, la amoralidad estratégica doblan y hasta multiplican la claudicación moral. Desde los años de la Transición nos hemos acostumbrado a un nivel de mentira que incluye los artículos de denuncia de Julián Marías en ABC y que forma parte del paisaje político.

Sin la mentira casi no entendemos la vida nacional. Según cierta convención que tiene ya un cuarto de siglo, la izquierda tiene derecho a mentir sobre la derecha sin que ésta deba quejarse y los separatistas tienen derecho a mentir sobre España sin que el Gobierno de derechas o de izquierdas y la oposición de izquierdas o derechas haga algo más que amago de protestar, pero nunca de combatir o contraatacar.

De aquella época de medrosidad ucedea y complejos centristas viene la forzosa y forzada equidistancia en la valoración de izquierda y derecha.¿Cómo ser centrista sin buscar la equidistancia? Y si no existe, se inventa. Al cabo, es por una buena causa: sobrevivir. España lo entiende.

Sin embargo, cuando se renuncia a la verdad como obligación intelectual, se desemboca en la legitimación de lo ilegítimo, en la legalización de la subversión. El Gobierno de Zapatero ha continuado su misma estrategia antisistema de oposición: pactar con el separatismo y el izquierdismo; deslegitimar al PP como fuerza democrática y de Gobierno. Se ha instalado en la crisis institucional que previamente ha provocado y funda su poder sobre la propaganda y la mentira.

Lo pasmoso, llegados a este punto, es que haya quien crea que cabe reconducir la crisis repartiendo la culpa entre unos y otros, aunque unos la tengan y otros sólo la padezcan.Así, cuando el PSOE trata de deslegitimar la AVT para pactar más cómodamente con ETA y el separatismo, cuando Peces-Barba pone la letra del sectarismo a la música del cainismo, cuando Bono habilita sobre la marcha el espectáculo de la manipulación, cuando Belloch dice que la manifestación de la AVT es un «acto fascista de exaltación de la violencia» que precisa crear nuevos instrumentos represivos y cuando el Gobierno, anticipándose a sus deseos, detiene ilegalmente a dos militantes del PP por el mero hecho de serlo, entonces van y aparecen ciertos centristas empeñados en poner al mismo nivel buenos y malos, mejores y peores, los que defienden la nación y los que dicen que no existe, los que defienden la Constitución y los que la saldan, los que mantienen los principios esenciales de la lucha antiterrorista y quienes los liquidan.

La misma culpa deben aceptar Rajoy y Zapatero; y así pactarán, seremos felices y comeremos perdices. Pero sobre la mentira no puede edificarse nada firme. La discriminación moral, política e ideológica es incompatible con la igualdad de los ciudadanos ante la Ley, esto es, con la nación y la libertad.

Los derechos y la amabilidad
Por Miguel Ángel Aguilar El País 1 Febrero 2005

El presidente del Gobierno vasco, Juan José Ibarretxe, defiende hoy en el pleno del Congreso la Propuesta de Reforma del Estatuto Político de la Comunidad de Euskadi presentada por el Parlamento vasco conforme al procedimiento a seguir para la tramitación de la reforma de los estatutos de autonomía. Queda pues descartada la cobardía que se maliciaba de modo preventivo para caso de ausencia del presidente del PP, Mariano Rajoy.

Pero enseguida conviene advertir que al delegado del Gobierno en Madrid corresponde proceder conforme al punto primero del artículo 77 de la Constitución y garantizar la ausencia de manifestación alguna en las inmediaciones del Congreso.

El espectáculo ofrecido por quienes enarbolaban banderas de Falange y otras preconstitucionales y proferían insultos sin cuento cuando el presidente del Parlamento vasco, Juan María Atutxa, acudió a registrar la Propuesta al palacio de la Carrera de San Jerónimo debe ser evitado.

Además, el presidente de la Cámara, Manuel Marín, deberá velar por el orden de los debates para que brille en todo momento la más depurada cortesía parlamentaria tratándose de una ocasión tan excepcional. Sería penoso que cundiera la bronca tan al uso, que se prefiriera la tolerancia ante el exabrupto, cualquiera que fuera el escaño de procedencia, y que Ibarretxe acabara regresando a Vitoria como víctima de cualquier desconsideración.

Tampoco los medios informativos, sin menoscabo de su libertad de apreciación, deberían incurrir en comportamientos como aquellos que les granjearon la calificación a veces merecida de la Brunete mediática. A toda costa han de evitarse actitudes arrogantes o prepotentes en un momento en que, sin perder la guía y referencia permanente de la Constitución, habría de prevalecer el esfuerzo por aguzar el oído.

En el pleno de hoy corresponde, sobre todo, escuchar con la máxima atención y, en su caso, responder a la Propuesta presentada con argumentos razonados, expuestos de la forma más cuidada para que sean mejor entendidos por todos.

Estos días ha repetido el lehendakari que busca un encaje amable del País Vasco en España. Puede que su búsqueda sea desacertada pero en amabilidad se impone competir aunque sea en la expresión del desacuerdo.

Establecidas estas premisas, antes de proceder a un análisis de detalle, conviene verificar si, como se nos propone en el preámbulo de la Propuesta, el nuevo Estatuto puede reclamarse "en virtud del respeto y actualización de nuestros derechos históricos recogidos en el Estatuto de Gernika y en la Constitución española".

Para ello nada más adecuado que seguir los pasos de Javier Corcuera, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad del País Vasco, en su estudio Le mort saisit le vif. Los derechos históricos: novación y continuidad, incluido en un reciente volumen publicado por la editorial Marcial Pons.

Recuerda Corcuera que tras las elecciones de 1977 el órgano directivo del PNV consideraba los fueros cosa del pasado, algo vinculado con el carlismo y argumento poco compatible con los tiempos que se vivían, aunque la adopción de esa vía acabara permitiendo justificar la no aprobación de la Constitución por los nacionalistas.

Así que, concluye nuestro autor, la inclusión en la Carta Magna de la disposición adicional primera -la que proclama el amparo y respeto a los derechos históricos de los territorios forales- parecía el testimonio de un doble fracaso: el de los nacionalistas, incapaces de lograr el amparo de una foralidad actualizable más allá de los límites de la Constitución; y el de los no nacionalistas, siempre lamentando no haber logrado que los primeros la aceptaran.

El caso es que expresiones como "derechos históricos" juegan en el terreno de la utopía nacionalista tanto como en el de la persecución de fines más prosaicos. Tienen una significación jurídica y una componente político-mítica que siempre ha interferido en la primera, y que apunta hacia una legitimidad distinta de la constitucional e incompatible con ella.

Por eso señala Corcuera que "es imposible legitimar en los ’derechos históricos’ el intento de imponer un estatus de libre asociación con España en que una parte sólo tiene derechos y la otra sólo obligaciones y en la que se prescinde de la mitad de la población vasca". Pero, eso sí, amabilidades, todas.

El reto del lehendakari
Editorial El Ideal Gallego 1 Febrero 2005

Empieza febrero con el lehendakari en la tribuna de oradores del Congreso para presentar su plan secesionista, con el que regresará al País Vasco después de que la Cámara le estampe el no en cada una de sus páginas, de la primera a la última. Ibarretxe estará ante los representantes de la soberanía nacional solo, físicamente solo, porque en esencia le acompañarán los nacionalistas, los que asesinan y los que no, pues tanto unos como otros son los únicos que respaldan el proyecto, un texto tan falso como las condiciones en las que debería debatirse. El propio jefe del Gobierno de Vitoria repitió en decenas de ocasiones que la normalidad social era un requisito imprescindible, extremo que, tras los recientes atentados de ETA, se ha transformado en la afirmación de que los violentos (la palabra terrorista no existe en el vocabulario del PNV) no van a impedir que los vascos decidan libremente lo que quieren. Se da la casualidad de que el apoyo del brazo político de ETA es el que sirvió para que el plan independentista se aprobara en el Parlamento autonómico, ¿sería que entonces su voto no interfería sobre el albedrío de los ciudadanos? Ibarretxe nunca contestará a esa pregunta, aunque no estaría de más que alguien se la plantease hoy en el Congreso para comprobar hasta que punto llega su desfachatez. Sin embargo, el pleno de esta tarde no debería servir únicamente para rechazar el proyecto del lehendakari sino para establecer los límites de las aspiraciones reformistas de todas las autonomías, una cuestión ante la que no cabe la tibieza que demuestra Zapatero con su sumisión a los republicanos catalanes.

Plan Ibarretxe
Zp o la política de la rendición masiva
Isabel Durán Libertad Digital 1 Febrero 2005

Resulta descorazonador observar desde la platea el gran espectáculo de la política. El santo y seña del Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero es la rendición preventiva, en certera expresión de Luis María Anson. Dada la cantidad de rendiciones por anticipado acometidas por ZP estamos sin el menor género de duda, ante el fotogobierno de la rendición masiva más nocivo de la historia.

La última de las rendiciones se ha producido ante la inminente asistencia de una delegación del Parlamento vasco para defender el plan nacionalterrorista de Ibarretxe. El partido socialista se ha rendido por anticipado y se ha abstenido en un momento crucial sin presentar batalla alguna para que figure entre la comitiva algún miembro no nacionalista. Con ello, entrega la representación única de los vascos y vascas a quien se beneficia de la aniquilación física, moral, política e intelectual de la mitad de ellos, el lehendakari Juan José Ibarretxe.

Si no fuera porque ZP abjuró de antemano de la defensa de la legalidad, primero al no dar órdenes al fiscal general del Estado para que Atutxa acatara la sentencia del Tribunal Supremo que ilegaliza Batasuna y después, al permitirle al lehendakari acudir a La Moncloa y al Congreso con un plan de demolición de la Constitución de la mano de la banda terrorista ETA, ahora no estaríamos ante esta nueva bajada de pantalones.

La estrategia gubernamental de rendición masiva aboca a España de manera ineluctable al desastre. No sólo en el ámbito interno sino con la irresponsable y suicida política exterior. Hoy se hace más patente que nunca otro sonrojante y bochornoso ejemplo. Las primeras elecciones libres en Irak tras casi medio siglo de dictadura genocida gracias a los aliados y a pesar de la vergonzante retirada de las tropas españolas que deja a la altura del betún la cobarde, demagógica y populista política del Hugo Chávez europeo.

Todavía está por ver, las medallas que se cuelga el fotogobierno zapateril cuando de España y su prestigio interior y exterior no quede ni la denominación de origen.

NI PLANES, NI TORTAS
IGNACIO ASTARLOA ABC 1 Febrero 2005

El nacionalismo vasco trae al Congreso una propuesta que sitúa a la sociedad vasca ante el abismo de la división y el empobrecimiento, y que rompe el marco de convivencia (constitucional y estatutaria) que ha permitido desarrollar la democracia, el bienestar y el progreso como nunca antes en la historia moderna de España.

El Plan impone sin fisuras el ideal nacionalista de una Euskadi con su propia Constitución (disfrazada de Estatuto), con un método y un calendario para la independencia, en ejercicio de un derecho de libre secesión, y con una relación «asociada» con España de pura conveniencia y durante una generación.

Pero sus impulsores han prescindido de numerosos detalles que explican porqué la mayoría de los Diputados vascos vamos a votar esta tarde un rotundo no al plan. En primer lugar, de los detalles constitucionales: es claro que la propuesta provoca la ruptura de la Constitución española, no cabe en la Constitución europea que estos días ratificamos y hasta se atreve con la Constitución francesa. Por eso se formula no sólo sin respetar las reglas establecidas, sino prescindiendo sencillamente de las mismas.

Ofende especialmente a la sociedad vasca que obvien que vasco no es sinónimo de nacionalista, por más que hagan lo imposible por hacerlo olvidar. La sociedad vasca es plural y repite machaconamente que no está por la independencia, la incertidumbre, ni la aniquilación del pluralismo. Ha apoyado un Estatuto que establece una convivencia democrática que, a pesar del acoso incalificable de las bombas, sigue siendo el punto de encuentro de los vascos. Por eso, el error más imperdonable de Ibarreche es haber impulsado un proyecto nacido de la imposición, sin el más mínimo esfuerzo por obtener en el País Vasco, cuando menos, el mismo consenso del Estatuto vigente.

Ofende también muy gravemente que hayan omitido la presencia inexorable de la amenaza terrorista, dando razón a los que llevan años matando y piensan que tienen más cerca aquello por lo que matan. Ofende más que a nadie a las víctimas, que han visto como el plan sólo ha podido aprobarse con los votos del terror.

El plan va a ser rechazado, pero no acaba el desafío. Según lo reiterado por los nacionalistas, ahora toca consulta popular ilegal, de consecuencias graves. Se insiste en profundizar la ruptura, incluso con «las tortas» anunciadas por Ibarreche. Sin embargo, la sociedad vasca puede sancionar pronto este camino de incertidumbre y provocación y decidir la salida del nacionalismo del Gobierno. Ello abrirá un nuevo escenario, en el que, sin imposiciones unilaterales y sin enfrentarnos a los vascos con el mundo entero, será posible una alternativa de convivencia.

SI LLEGAN «LOS DÍAS GLORIOSOS»
Por ENRIC SOPENA ABC 1 Febrero 2005

NADIE en su sano juicio podía contestar de forma afirmativa a la pregunta del lendakari Juan José Ibarretxe, al declarar públicamente: «Si no se negocia, ¿cómo lo resolvemos, a tortas?». Cierto es que él mismo se apresuró a puntualizar que «ése no es el camino». Sin embargo, un mínimo reflejo de prudencia -virtud que con fundamento es catalogada como cardinal- tendría que haberle impedido, al presidente del Ejecutivo vasco, incorporar a su repertorio argumental el vocablo «tortas».

Más le hubiera valido, desde luego, no mentar -siquiera leve o tangencialmente- la bicha. ¿Cómo puede un político sensato, que desempeña las más altas responsabilidades de Gobierno, aludir a la violencia respecto al contencioso vasco -aunque la palabra seleccionada parezca extraída de un noviciado de monjas-, cuando una parte importante de la historia de Euskadi está teñida de tanta sangre inocente? Y ello incluso desde muchos años antes de que comenzara ETA su miserable actividad asesina. El propio Ibarretxe, tras salir de su prolongada entrevista con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, precisó a los periodistas que el problema de Euskadi se remonta a 1839.

¿Qué pasó ese año? Pues que el 31 de agosto, mediante el famoso Abrazo de Vergara entre el derrotado general Maroto y el vencedor general Espartero, acabó la primera guerra carlista con el triunfo por fortuna de los liberales y con un balance por desgracia de miles de muertos. El País Vasco perdió entonces parte de sus antiguos fueros en aras del intento -no culminado más tarde de modo satisfactorio- de construir un Estado moderno. El profesor Manuel Fernández Álvarez en su libro «Jovellanos, el patriota» asegura que este honorable político asturiano, hijo de la Ilustración, «sabía muy bien que la historia nada es si no sirve para proyectar el futuro». El futuro de Euskadi, en todo caso, no puede proyectarse en base a un pasado dominado por demasiadas guerras -guerras no sólo exclusivas de esa comunidad, justo es subrayarlo- y por un terrorismo estremecedor. Tales factores sólo deben tenerse en cuenta a efectos de vacuna o antídoto.

Nada mediante el recurso a las bofetadas o a la fuerza. Nada tampoco mediante la imposición de un bloque -en este caso, el nacionalista- sobre otro. He aquí, y por encima de cualquier consideración adicional, el aspecto más vulnerable del plan Ibarretxe. El proyecto no cuenta, a día de hoy, con más respaldo que el estrictamente aritmético, conseguido además in extremis y gracias a la polémica pirueta de Arnaldo Otegui en el Parlamento vasco. Ahí radica su máxima debilidad porque en política nada sustantivo -con voluntad vertebradora y afán de convivencia pacífica- puede erigirse sin contar con el soporte mayoritario, y a ser posible trasversal, de la ciudadanía.

Cuando no se ha buscado el consenso en Euskadi, nulo sentido tiene pretender encontrarlo en el conjunto de España por medio de un pormenorizado debate en el Congreso de los Diputados, salvo que se pretenda una operación electoralista a pocos meses de los próximos comicios autonómicos. No adviertan en estas reflexiones, los representantes del nacionalismo vasco, brizna alguna de afrenta. El timón de Euskadi no puede estar en manos únicamente de los nacionalistas. Pero tampoco puede intentarse una travesía contra los nacionalistas o con la exclusión de éstos. Quede este género de valoraciones para ciertos foros a menudo especializados en «relatos de cagadero», según la expresión utilizada por Erich María Remarque en su célebre novela «Sin novedad en el frente».

Para que el futuro de Euskadi sea lo más sólido y trabado posible se requieren sin duda determinadas condiciones previas. La primera es que se recomponga el proceso del futuro Estatuto, olvidando el plan Ibarretxe como equivocada hoja de ruta, y dando paso a una dinámica nueva, basada en el acuerdo -o mínimo común denominador irrenunciable- entre nacionalistas y no nacionalistas. Borrón, pues, y cuenta nueva. Incluso cabe intentar lo que a muchos se les antoja misión imposible: que ETA diga, como en la novela de Ernest Hemingway -otro libro antibelicista, como el de Remarque, sobre la I Guerra Mundial-, «adiós a las armas».

No se trata de forjarse ilusiones vacuas ni de incurrir en la actitud bobática de los ilusos, lo que favorece sobre todo a los violentos. Pero sería asimismo necio no explorar con exquisito cuidado todas las posibilidades existentes. No le faltaba razón a Rodríguez Zapatero al afirmar en TVE sobre ETA: «Si hay una mínima oportunidad, como hicieron otros gobiernos, el actual intentará que fructifique». Un diario por lo general tan solvente como Financial Times publicó hace unos días un artículo firmado por Leslie Crawford que, oportunamente, fue reproducido por ABC en sus aspectos más sobresalientes. Citando a Roberto Seijo, líder sindical de la Policía vasca, Crawford apuntaba lo siguiente: «La masacre (del 11-M) provocó tal repulsa que ETA no ha osado realizar un gran atentado desde entonces. Incluso entre quienes apoyan a ETA no hay estómago para continuar el uso del terror como instrumento político».

Incluyendo otros matices, Rafael Vera, ex secretario de Estado de Seguridad -cuya tarea fue notoriamente eficaz, más allá de episodios condenados que no corresponde ahora evaluar-, se mostraba el pasado 22 de enero, en conversación con este periódico, cautamente partidario de dialogar con ETA: «Creo que la situación actual es una situación privilegiada para que el Gobierno busque una solución definitiva a este problema (...) Más que voluntad en ETA hay necesidad de acabar con el problema (...) En este sentido, los atentados del 11-M han supuesto un antes y un después también para ellos».

Cuanta más discreción, mejor. Cuanto mayor tiento, mejor. Kazuo Ishiguro, un escritor japonés instalado en Gran Bretaña, es el autor de Los restos del día. A raíz del asunto que nos ocupa, bueno será leer este párrafo de Ishiguro: «Las decisiones importantes (...) no se toman, en realidad, en las cámaras parlamentarias o en los congresos internacionales (...), abiertos al público y a la prensa. Antes bien, es en los ambientes íntimos y tranquilos (...) donde se discuten los problemas y se toman decisiones cruciales». No abogo, válgame Dios, por el oscurantismo. Pero sí -en la fase presente- por un sabio mutismo oficial. Tiempo habrá luego, si va adelante el empeño, para que con luz y taquígrafos los diputados expongan sus criterios y ratifiquen, o no, las propuestas que crean más pertinentes.

Nos estamos jugando todos demasiado como para permitirnos cualquier movimiento en falso en una u otra dirección. Ni es tiempo aún para la euforia ni tampoco para el derrotismo. Constituiría una irresponsabilidad manifiesta que alguien con autoridad hiciera suyas las palabras que Robert Graves puso en boca del padre de Marie Powell, en la historia de quien fuera mujer del poeta John Milton: «Son éstos en verdad los días gloriosos, más que ningunos otros lo fueron». Además, si por ventura estuviéramos cerca del ocaso definitivo de ETA y, en paralelo, como ha señalado Otegui -cuyo crédito sigue siendo no obstante ínfimo-, Batasuna se transformara en un partido democrático, capaz de contribuir a la quiebra de la lógica monopolística en el bloque nacionalista, no debería perderse de vista que la gloria habría que concedérsela a todas las víctimas. Porque si llegan esos «días gloriosos», los muertos podrán por fin descansar en paz.

Debutar en el Congreso
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 1 Febrero 2005

Anunciaba usted en Andoain, lehendakari, que será un honor y un orgullo defender su plan y al pueblo vasco ante el Congreso de los Diputados y en expresión tan sencilla ya se observan dos imprecisiones notables. Una es la sinécdoque, ese vicio de lenguaje tan propio de ustedes consistente en tomar la parte -la comunidad nacionalista- por el todo, el pueblo vasco.

La otra es el «honor» y el «orgullo» que experimenta usted al acudir al Congreso de los Diputados, noble expresión de sus sentimientos, pero que resulta incompatible con una determinación que nos ha explicado dos veces a lo largo del mes pasado: «Mientras yo sea lehendakari la voluntad de los vascos no será nunca sustituida por la voluntad del PP y el PSOE». O sea que una mayoría del 52% en el Parlamento vasco, que incluye los tres votos de Batasuna, es para usted «la voluntad de los vascos» (y dale con la sinécdoque), mientras sus apoyos en el Congreso no pasan del 6%. La mayoría absoluta de los diputados vascos (y de las diputadas vascas, claro), van a votar contra su plan, no le digo más. Y todo eso no es para usted más que «la voluntad del PP y el PSOE».

Reclaman usted y su partido la legitimidad de la mayoría absoluta que respaldó su plan en el Parlamento vasco. Lo que le dio la mayoría absoluta al plan, lehendakari, fueron los tres votos, seguramente inesperados, de Batasuna, votos que en un alarde de optimismo navideño aceptaba usted en su mensaje de Nochevieja como si fueran los misterios gozosos del rosario: «No voy a ser yo quien ponga en duda la legitimidad de los apoyos recibidos».

¿Recuerda la declaración leída por el lehendakari Ardanza tras el asesinato de Miguel Angel Blanco?: «ETA sigue teniendo cómplices entre nosotros (...) Hoy queremos denunciarlos. Se llaman Herri Batasuna (...) No podremos actuar conjuntamente en la defensa de ninguna causa por legítima que ésta sea en sí misma, con quienes con su palabra de apoyo o su silencio cobarde se han hecho cómplices de tan abominable asesinato». ¿Recuerda sus propias palabras «nunca hemos gobernado ni gobernaremos, ni directa ni indirectamente, con quien no se comprometa a defender sus ideas exclusivamente a través de vías pacíficas y democráticas?»

Eran otros tiempos. Esos tres votos están, para usted y para todos, mucho más cerca de los misterios dolorosos. Después de la aprobación verbal y escrita de ETA a su plan, tan explícita en la lectura por Otegi de una carta de 'Josu Ternera' en el Parlamento vasco, han venido las clases prácticas: el coche bomba de Neguri y la mochila que estalló el domingo en un hotel de Denia. Esa mochila, lehendakari, es una metáfora de su mayoría absoluta. La lleva usted a las espaldas como una joroba, una deformación ética y estética. Escasamente funcional, por otra parte. Sólo sirve para que quienes se la han puesto se le suban a la chepa.

PILAR MIRÓ QUE ESTÁS EN LOS CIELOS
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC 1 Febrero 2005

AL atardecer del domingo se cerraron las urnas en Irak y se abrió la gala de los Goya. Terrible coincidencia. Una venganza de la vida que no había podido imaginar Sampietro. Las noticias sobre la celebración de las elecciones de Irak, la alta participación de la ciudadanía chií y kurda y la derrota de los seguidores de Bin Laden y Sadam Husein, que nos llenaron de gozo a todas las gentes normales, cayeron como jarros de agua fría en el Palacio Municipal. Lo que para tantos era motivo de esperanza en Oriente Próximo, resultó humillante para los directivos de la Academia Española de Cine.

Hace un año, los cineastas progresistas tuvieron un papel político de primer orden. Levantaron una barricada de odio contra el Gobierno de Aznar, contra el imperialismo americano y en la defensa real de Sadam Husein y de Bin Laden. Se entregaron a una labor de agitación política, pocas veces igualada por un sector del mundo de la cultura, incluido el franquismo, e inestimable en la práctica para las organizaciones terroristas que intentan impedir las soluciones de paz en Oriente Próximo. A estas alturas el balance político/cultural no es muy favorable. Les ha salido bien el triunfo del PSOE y mal todo lo demás: el relevo de Arafat, la victoria aplastante de Bush y la celebración de unas elecciones democráticas en Irak. Desde el punto de vista de la industria del cine, el rechazo de una parte de la sociedad española mensurable en una pérdida de tres millones de asistencias.

DICEN los cronistas que la gala fue bochornosa desde el punto de vista del espectáculo. Es lo normal. Al fin y al cabo la distancia entre los Oscar y los Goya es la misma que hay entre el cine americano y el español. Pero el especial mal sabor de boca que dejaron los Goya este año no se debió al guión espantoso y al mal trabajo de Alaska, Bibi Andersen y todos los presentadores, sino a la situación política en que le dejó la noticia del éxito de las elecciones en Irak. Y, aun así, el ridículo histórico no habría sido tan grande si no hubiera asistido a la gala este cráneo privilegiado que es ZP, el político que mandó retirar las tropas de Irak porque, como las gentes de la Academia del Cine, no creía en el proceso electoral iraquí. Si había alguna oportunidad de que en una noche así alguien hubiera podido olvidar el nefasto papel que tuvo la Academia de cine en la guerra de Irak, la presencia de ZP la desbarató. Con su presencia todo se actualizó. Funcionó la memoria. Se hicieron presentes aquellas terribles jornadas en las que los pacifistas llamaban «asesinos» a los diputados del PP, a los ministros del PP (memento, Bono), a José María Aznar, y en las que eran golpeados dirigentes del PP (memento, Bono) y asaltadas sus sedes partidarias. Con la presencia de ZP en los Goya se pudo recordar el aprovechamiento que hizo el Partido Socialista de la masacre del 11-M gracias a la cual ZP fue elegido presidente. Y subió del pasado el recuerdo de la siniestra jornada de reflexión en la que según Almodóvar el PP quiso dar un golpe de Estado.

SI las gentes de la Academia desean sacar al cine del vía crucis en el que está, y en el que están ellos mismos como profesionales; si desean que la sociedad «española» vuelve a reconciliarse con el cine «español», tendrán que pensar en términos «españoles» y no en términos de agitadores de Laura Pajín. Es así de sencillo y, al tiempo, de difícil. Por eso les convendría que se encomendaran a Pilar Miró, que está en los cielos con Gary Cooper.

Errores y erratas
El arte de insultar
Amando de Miguel Libertad Digital 1 Febrero 2005

Lo de llamar malparido al señor Prats es otra cosa, es un insulto. Contesta a un insulto previo cuando don Óscar nos calificó a los votantes del PP de “lepra”. Es evidente el sentido popular de estigma, de exclusión o rechazo que tiene esa palabra Eduard Font (Barcelona) me advierte: “Se está usted pasando en muchas cosas, señor De Miguel. Por ejemplo, pedir que se procese al Señor Ibarreche por criminal” o llamar “malparido al Sr. Óscar Prats, lo que confirma, una vez más, que tiene usted la lengua muy suelta y escasa educación”. Razonemos. Reconozco que no son alusiones cariñosas, tanto la que dedico al señor (con minúscula) Ibarreche, como la que dirijo al señor (con minúscula) Prats. (No sé por qué el “señor” que me corresponde sea con minúscula y el de los otros dos con mayúscula). Son cosas diferentes. A mí el señor Ibarreche me parece un criminal porque ha jurado la Constitución (supongo) e intenta su disolución sin contar con los españoles no nacionalistas. Eso es un delito de alta traición. Además, ese intento se apoya en los votos de los terroristas. Eso es un crimen en toda tierra de garbanzos, y un crimen de la más alta calificación. Como yo no soy jurista ni nada parecido, no necesito la cautela de “presunto”. Digo lo que me parece, en ese caso un juicio político o moral.

Lo de llamar malparido al señor Prats es otra cosa, es un insulto. Contesta a un insulto previo cuando don Óscar nos calificó a los votantes del PP de “lepra”. Es evidente el sentido popular de estigma, de exclusión o rechazo que tiene esa palabra. Me salió del alma responder con otro insulto, malparido, que ni siquiera existe en castellano. En todo caso, tenemos malnacido (= indeseable, mala persona, sujeto desaprensivo e ingrato, según el Inventario de Celdrán). El Diccionario del insulto de Juan de Dios Luque y otros sí trae malparido, a partir de un personaje de Juan Marsé. Dije malparido porque ese barbarismo lo utilizamos los charnegos de Cataluña adaptándolo del catalán malparit. Quizá de ese modo no quede tan hiriente como malnacido, aborto o hijo de puta, expresiones que sí podría decir Cervantes.

Mi teoría de urgencia sobre el insulto es que en ocasiones puede ser un desahogo que impide males mayores. Mientras nos insultemos, no pasaremos a la acción dañina, destructora. Por otra parte, en el intercambio de insultos, la verdadera culpa está en quien empieza. Aun así, mis disculpas para los castos oídos de los libertarios digitales si en ocasiones (poquísimas) me muestro deslenguado. Peor sería la hipocresía.
Óscar Prats me escribe una serie de “puntualizaciones”. La primera: “Yo no insulté a nadie en mi escrito”. En todo caso, la alusión a la lepra era una “licencia metafórica”. Donosa manera de llamar a los insultos: licencias metafóricas. El insulto suele ser una metáfora, una alusión a algo desagradable o despreciado. Ahí está la intención afrentosa. Pues bien, yo sí le propiné un insulto como réplica a su desgraciada metáfora. De esa forma, le pido perdón por el arrebato (rauxa). Usted, don Óscar, como no me insultó, lógicamente no pide perdón. ¿Será el seny? Una ventaja tengo sobre usted. Para mí Cataluña es parte de mi realidad, mis vivencias y mi sentimiento nacional como español. Usted seguramente no puede decir lo mismo de lo que hay de España fuera de Cataluña. Por eso yo no puedo ser un nacionalista español; en cambio, usted lo es catalán. Lo diré con la famosa frase de un ministro catalán de la Restauración: “Nunca nos entenderemos”.

Manuel Parra Palacios tiene curiosidad por saber de dónde viene la palabra gafe y si puede aplicar al ministro Moratinos. El gafe es el aguafiestas, el que lleva la mala suerte allí donde se presenta. Naturalmente, es siempre una atribución no científica, festiva y arbitraria. Digamos que es un insulto. Al final son gafes las personas que los demás consideran que tienen esa cualidad de dar mala suerte. Es una voz de origen incierto. Para mí que viene de gafo (= leproso), un enfermo que siempre ha arrastrado un injusto estigma. Bueno, quizá no haya estigmas justos.

Álvaro Gaspar me pone a caldo por mi afirmación de que remitir puede equivaler también a remediar. Así de firme es mi corresponsal: “Remitir tiene varias acepciones, pero en ningún caso remediar. ¿Cómo se atreve a afirmar que irremisible puede también significar sin remedio?... Si grave es jugar con la lengua, mucho más lo es predicar con ligereza sobre conceptos fundamentales desde su púlpito de sociólogo de masas… No tiene usted perdón desde mi punto de vista”. Ignoro qué mosca le ha picado a don Álvaro. Cierto es que remitir significa varias cosas, pero una de ellas es “disminuir o perder intensidad algo, especialmente un síntoma o enfermedad” (acepción sexta, Diccionario de Seco). Luego si se puede decir que “la enfermedad empieza a remitir” es que la cosa tiene remedio, y, si no remite, es porque de momento no tiene remedio, es irremisible o irremediable. No hablo desde ningún “púlpito” ni sé lo que significa ser “sociólogo de masas”. Lo mío es más bien razonar como la gente habla con sus vecinos. Espero algún día alcanzar el perdón de don Álvaro.
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SU CONFLICTO
Por Edurne URIARTE ABC 1 Febrero 2005

LOS votos del PSOE y del PP darán hoy una respuesta contundente a las exigencias anticonstitucionales de Ibarretxe. Pero no serán suficientes para quebrar definitivamente la cadena de errores que nos ha traído hasta esta situación. Y tampoco podrán configurar aún el proyecto y el liderazgo que necesita España para defender un sistema autonómico y una estabilidad institucional que tiemblan ante todo lo que está por venir y que es bastante más que las nuevas y anunciadas embestidas de los nacionalistas vascos.

Si volvemos a concentrar todas las energías de la política nacional en las exigencias de la minoría nacionalista es porque hemos sido incapaces de romper el orden de prioridades marcado por esa minoría, por sus objetivos y por su voluntad. Porque el conflicto que Ibarretxe exhortará hoy a resolver es su conflicto, el que él y los líderes que le acompañan han contribuido a engordar desde el inicio de la Transición. Nada fue jamás suficiente para ellos, ni la autonomía más profunda, ni el bienestar del País Vasco, ni todo el inmenso poder acumulado. Y la independencia, la ilegalidad, los pactos con los terroristas, componen la etapa final de una locura de ambición y ensimismamiento.

Los demás, sobre todo los líderes políticos e intelectuales, jamás fuimos capaces de romper su definición de los problemas para plantear propósitos realmente alternativos. Nadie les presionó para que fueran ellos los que discutieran y acordaran los objetivos de los demás. Y la consecuencia inevitable es que multiplicaron su egolatría mientras toda una nación se movía atrapada en la dirección que marcaron.

En el camino, además, algunos fueron tentados por el juego de los egoísmos regionales, por el ejemplo de la rentabilidad de unas demandas autonómicas que siempre resultaron beneficiosas para los más beligerantes y perjudiciales para los defensores de los intereses del conjunto de la nación española. Detrás del plan Ibarretxe llegarán ellos, los de la nueva financiación de Cataluña, por ejemplo, y, luego, ¿por qué no?, todos los demás.

Y la avalancha de identidades y regionalismos se agolpa sin que distingamos un liderazgo y una alternativa convencidos y convincentes. Zapatero persiste en sustituir los objetivos y los principios por el método. Nada hay más allá del diálogo. Carece de proyecto porque su proyecto es resolver el conflicto de los nacionalistas a partir de las exigencias de los nacionalistas. Y a Mariano Rajoy le ensombrece el temor, claramente en Cataluña, a la incorrección política de la defensa solitaria de los intereses de la nación y, más aún, a la pérdida de los beneficios electorales del mensaje regionalista.

La apelación a la Constitución es un asidero demasiado quebradizo si no se acompaña de un discurso fuerte del Estado y de la nación que sostiene. Es el discurso que se echa de menos y el único que puede cambiar el rumbo de un debate político dirigido hasta ahora por la voluntad de los nacionalistas y el oportunismo de viejos y nuevos regionalistas.

El plan Ibarretxe, en el Congreso
Editorial Heraldo de Aragón 1 Febrero 2005

MIENTRAS los partidos acababan de perfilar sus estrategias para el importante debate de hoy en el Congreso de los Diputados, ETA hacía acto de presencia, a su macabra manera habitual, tratando de interferir en la voluntad popular. Por supuesto que no lo conseguirá. Si el pueblo iraquí, pese a tanto chantaje terrorista, ha votado mayoritariamente, dando un paso no sólo a favor de su democracia sino de la de otros muchos países, ¿cómo podríamos impresionarnos en España porque 48 horas antes de que el lendakari Ibarretxe presente su plan los etarras hagan estallar una bomba, en este caso, en Denia? ETA jamás conseguirá que se tuerza la expresión mayoritaria de los partidos democráticos. Es sabido cómo terminará el debate de hoy, con el rechazo de la propuesta soberanista. Pero aún tiene un altísimo interés político, ya que se oirán los argumentos de todas las formaciones políticas, y es bueno que los ciudadanos sepan lo que dicen sus partidos, si apoyan, se oponen o se abstienen, porque en momentos así, ante circunstancias que ponen en juego el futuro nacional, hay que exigir posturas claras y transparentes.

Ibarretxe, beneficiándose del sistema democrático en el que fue elegido, deberá justificar por qué en su plan niega la existencia política a la mitad de los vascos y les prepara un país en el que no tienen cabida. Porque su deforman te idea de "pluralidad" consiste en que los demás aceptemos un País Vasco en el que sólo caben los nacionalistas. Esta exclusión ofensiva no puede ser avalada por un partido democrático. El debate se produce justamente hoy porque el Gobierno, impelido por el PP, ya que a ambos partidos les une en este asunto lo fundamental, ha acelerado los tiempos lo que podría obligar a Ibarretxe hasta a adelantar la fecha que tenía prevista para las elecciones vascas. El lendakari tendrá que gestionar su derrota. Los representantes que hoy le darán la réplica habrán de dejarle claro que el Estado de derecho no cejará en la defensa del sistema democrático.

Zapatero no es Suárez
Pablo Sebastián Estrella Digital  1 Febrero 2005

Vamos a ver qué ocurre hoy en el debate del Congreso de los Diputados, donde se presentará y rechazará el Plan Ibarretxe. Y vamos a ver qué consecuencias políticas nos trae de cara a las ya inminentes elecciones autonómicas del País Vasco y al debate interno catalán sobre el nuevo Estatuto que lidera Pasqual Maragall, porque de lo que ocurra en Madrid, además del presumible rechazo del nuevo Estatuto vasco, dependerá en mucho la secuencia electoral de Euskadi, en la que Zapatero tiene puestas todas sus esperanzas, y el desarrollo del debate estatutario catalán.

Y más por las cuestiones de forma y discurso político que por el resultado en sí de la votación, que ya se conoce de antemano. Porque el presidente Zapatero, que ¡por fin! ha dicho que actuará en el debate como el portavoz del PSOE —¡faltaría más que no lo hiciera!—, nos da la impresión de que no cesa en sus guiños y manos tendidas al lehendakari, convencido de que Ibarretxe al final aceptará renunciar a su ‘plan’ y acatará una nueva propuesta, dando lugar al rumor de que podría existir un pacto secreto entre Zapatero e Ibarretxe. Cosa difícil de imaginar sobre todo por parte del vasco, porque de Zapatero cualquier cosa se puede esperar y su tentación dialogante llega hasta el infinito —del cristianismo hasta el islam—, aunque con ello corra el riesgo de ser tildado de fabulador o de llegar hasta límites que nadie, en su partido y su posición de primer mandatario nacional, se atrevería a soportar.

Pretender —como lo ha hecho Javier Tusell en El País— comparar la reforma estatutaria con la transición de Adolfo Suárez y el cambio de régimen de la dictadura a la democracia, presentando a Zapatero como un hábil santón, puede ser otro desvarío del hipnotismo y el candor que emana el Bambi de la Moncloa, a quien nadie le puede afear sus modales y respeto por la democracia y los adversarios, sino más bien otros signos de debilidad y de falta de un proyecto concreto y definido para la España actual: “lo que queremos” en vez de “lo que sea posible”, que parece ser su posición.

Desmontar, como hizo Adolfo Suárez, el régimen de Franco con sus poderes reales y fácticos
—Iglesia, Ejército, Banca y aparato de propaganda—, con el riesgo evidente y probado de un golpe de Estado, era una acción decidida y audaz llevada a cabo con una firmeza y convicción sin límites. Mientras que aquí a lo que asistimos ahora es a una rebelión constitucional del PNV y sus socios, y a una escisión socialista y estatal que ha sido llevada al Parlamento catalán por Maragall y el PSC. Y este doble y local desafío no puede, en nada, ser comparado con la obra crucial e histórica de la transición.

No le estamos quitando méritos a Zapatero, por ejemplo en sus modales e intentos de regenerar la democracia tras los abusos del felipismo y el autoritarismo del aznarismo, respetando la crítica y la labor de sus adversarios políticos. Pero lo grave de su situación y de quienes lo llevan en andas como un santo milagrero y curador es creer que España está, por ejemplo, en la misma y difícil situación del inicio de la transición, cuando hoy día tiene una estabilidad económica y una presencia internacional, y un desarrollo cultural, en nada comparable a los años setenta, en los que, con muchas dificultades de todo orden, se puso en marcha la transición, con renuncias importantes al modelo ideal democrático y anglosajón, por culpa del peso partitocrático y de los poderes fácticos del régimen autoritario entonces saliente del poder.

La cita de hoy es importante para los tres: para Zapatero, Rajoy e Ibarretxe, que hablarán a sus respectivos electorados y a los españoles en general. Y ésta no debe ser una oportunidad para el baile de las ambigüedades ni para la bronca, pero sí un día de clarificación y momento crucial de cara al Estatuto que está preparando en Cataluña Pasqual Maragall.

El PSC creyó que ellos serían los primeros en venir a Madrid con su proyecto de Estatuto, y así lo anunció Pasqual Maragall en la Conferencia de los Presidentes Autonómicos celebrada en el Senado. Pero Ibarretxe se les adelantó con el sorpresivo —o más bien pactado— voto favorable de Batasuna a su nuevo Estatuto, calentando el patio nacional más de lo que quisieran los catalanes, que siguen empeñados en reformar el artículo segundo de la Constitución para que se le reconozca a Cataluña el título de nación y a España se la rebaje al sitial de nación de naciones, algo que difícilmente encaja en nuestra Historia y en el Derecho Internacional.

De manera que sería bueno que nuestros líderes políticos dejen de levitar y de vestirse de magos o salvapatrias —cuidado con el renacer de una extrema derecha al abrigo del PP—, dando rango de crisis de Estado en general a la rebelión del PNV y a la práctica “escisión” del PSC-PSOE del centro de gravedad del Partido Socialista. Ni exceso de complacencias, ni drama en tres actos. Si Zapatero y Rajoy tuvieran tan clara su posición como parece tenerla Ibarretxe en lo suyo, mejor nos iría a todos en este otro debate de la nación.

En todo caso, Zapatero no es Suárez ni cosa que se le parezca, ni la España de ahora es, por fortuna, la que le tocó vivir al entonces líder de la UCD. Son otros tiempos y otros protagonistas, que llegaron al poder entre otras cosas por culpa de los errores y abusos de sus predecesores en los cargos, Pujol, González y Aznar. Que, dicho sea de paso, tenían más carácter pero también más sentido del Estado y de la realidad nacional.

El "plan Ibarretxe", una imposición de la inmensa minoría
Editorial El Mundo 1 Febrero 2005

El Congreso celebra esta tarde uno de los plenos más importantes desde el restablecimiento de la democracia. Los 350 representantes de la soberanía nacional tienen que pronunciarse sobre el plan impulsado por el lehendakari Ibarretxe y aprobado hace un mes por el Parlamento vasco.

Ibarretxe, designado ayer por la Cámara de Vitoria para defender su propuesta, lo va a presentar hoy como una reforma del Estatuto de Gernika. Pero ello es una trampa porque no fue tramitado como tal por decisión de los nacionalistas ni es una reforma estatutaria, ya que vulnera la Constitución y supone de facto la ruptura del Estado español.

El Gobierno de Aznar impugnó el plan, pero el Constitucional no quiso pronunciarse alegando que todavía no tenía efectos jurídicos al no haber sido aprobado por la Cámara vasca. Hoy es el día en que el Congreso va a tener que votar ese plan, que, entre otras muchas cosas, ignora el principio de soberanía nacional y pretende crear una nueva legimitidad residenciada en el pueblo vasco.

Ibarrexte acude al Congreso con un plan avalado por cuatro partidos que representan a 826.000 electores vascos. Tres de esas formaciones son democráticas, pero la cuarta -la ilegalizada Batasuna- es el brazo político de ETA y sus votos están manchados de sangre.

Todo indica que el plan va a ser rechazado por 319 diputados de un bloque de partidos que representan a más de 22 millones de ciudadanos, el 91% del Congreso. Dado que una y otra posición se hallan contrapuestas. ¿cuál de las dos voluntades resulta más respetable? La regla de las mayorías en una democracia es sagrada, pero todavía lo es más el cumplimiento de la legalidad vigente y el acatamiento de la Constitución, que están del lado de esos 22 millones de ciudadanos.

El plan Ibarretxe es la imposición de una pequeña minoría sobre una gran mayoría, pero además es un proyecto que divide a la sociedad vasca. Las últimas encuestas demuestran que el plan soberanista sólo tiene el respaldo de menos de un 40% de la población vasca. Hoy va a quedar reflejada esta relación de fuerzas en el Congreso: 11 diputados vascos van a votar en contra, mientras que sólo ocho lo van a hacer a favor.

El PP era partidario con sólidos argumentos de no aceptar la tramitación del plan en el Congreso, pero el debate de hoy es una magnífica oportunidad para que la gran mayoría de los españoles pueda darse cuenta de que el proyecto de Ibarretxe es, desde el punto de vista formal, un fraude de ley y, entrando en su contenido, vulnera decenas de artículos de la Constitución.

De ser aprobado, el plan Ibarretxe no sólo exigiría la reforma del artículo dos, que establece que España es una nación, y de una buena parte del título VIII, relativo a la organización territorial del Estado, sino que abriría un proceso imparable de desintegración, con el riesgo de una balcanización que observadores internacionales ya han denunciado.

Ibarretxe basa todos sus planteamientos en presentarse como el legítimo representante de la voluntad del pueblo vasco. Pero la realidad es que sólo representa a la mitad de los vascos y que viene a Madrid con un plan ilegal, que rompe las reglas de juego acordadas en la Constitución de 1978 con un amplísimo consenso.

Por ello, como ayer le pidió José Blanco, el lehendakari debería tener la lucidez de «enterrar» un plan, que, si es rechazado hoy en el Congreso, sólo podría ser aplicado al margen de la legalidad y contra la voluntad de una inmensa mayoría.

DEMOCRACIA EN IRAK
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 1 Febrero 2005

LAS elecciones del domingo en Irak han permitido la exhibición del coraje cívico de la mayoría del pueblo iraquí, que acudió a las urnas a pesar de las amenazas terroristas. Habrá que esperar para saber el resultado, pero el índice de participación supera, según las estimaciones, el sesenta por ciento y puede llegar al setenta. Luces: el hecho de que se hayan celebrado con tan notable participación y el voto masivo de chiíes y kurdos. Sombras: los asesinados por el terror durante la jornada electoral y la baja participación suní. La joven democracia tutelada echa a andar. Es imposible preverlo y, aunque es muy difícil, tal vez podamos asistir pronto a la consolidación de una democracia en un país islámico.

La primera valoración de la jornada ha de ser la constatación del heroísmo de los votantes y la derrota de los terroristas. Las urnas vencieron a las bombas. Pero esperan graves dificultades. La democracia no consiste sólo en la posibilidad de votar. Requiere también, entre otras cosas, el respeto a la dignidad de las personas, el aprecio y la garantía de la libertad, la distinción entre la Moral y el Derecho, la separación entre el Estado y las confesiones religiosas, el respeto a las minorías y el control y limitación del poder. Todo eso no resulta fácil, hoy por hoy, en un país islámico. Pero, al menos, después de la larga y sanguinaria dictadura de Sadam Husein, los iraquíes han votado, más o menos libremente, por primera vez en su historia, aunque sea en circunstancias anómalas, bajo la violencia terrorista y con la presencia de unas fuerzas militares extranjeras en misiones reconocidas por la comunidad internacional. Los primeros objetivos son la formación de un gobierno democrático y la elaboración de una nueva Constitución. Los principales obstáculos, las tentaciones fundamentalistas chiíes, el separatismo kurdo y la radical oposición suní al proceso democrático. Al menos, quedarán eliminadas las falsas adhesiones a la tiranía del 99 por ciento de los votantes. Quizá demasiadas dificultades. En cualquier caso, han quedado frustradas las expectativas de quienes deseaban, dentro y fuera del país, un fracaso de la jornada electoral.

No entraré ahora en la difícil y delicada cuestión de la valoración jurídica y moral de la intervención militar en Irak. El país está hoy mejor, al menos desde el punto de vista institucional, que cuando comenzó la guerra. Es verdad que el fin no justifica los medios, pero, al menos quienes se adhieren a una ética utilitaria y consecuencialista, deberían tenerlo en cuenta. También quedan, en buena medida, invalidadas muchas de las críticas que se hicieron sobre las verdaderas intenciones de Estados Unidos. Puede que la intervención no fuera ni afortunada ni desinteresada, sin duda ha habido errores en la gestión del conflicto y no han aparecido las armas de destrucción masiva (que, por otra parte, no eran la única justificación de la intervención armada), pero no se trató ni de genocidio ni de pillaje petrolero. Aunque la guerra hubiera sido injusta o ilegal en su origen, la presencia, actual y desde hace meses, de tropas extranjeras goza de todos los beneplácitos de la legalidad internacional. A pesar de eso, el Gobierno español decretó la salida de unas tropas que entonces realizaban misiones humanitarias, incluso, insisto, en el caso de que el origen de la guerra hubiera sido ilegal o injusto. Creo que fue un error. Hoy, el Ejecutivo que preside Zapatero felicita al pueblo iraquí por la jornada dominical. Lo que hace falta ahora es saber si éste le dará las gracias. Es difícil saber si habrá o no democracia en Irak. Lo que no es difícil es conjeturar que, en su caso, nada le será debido al Gobierno de Zapatero.

Elecciones en Irak
La vergüenza de Zapatero
GEES Libertad Digital 1 Febrero 2005

Para ser, como él se cree, un buen demócrata, Zapatero cree poco en la democracia. Al menos nunca ha creído en la posibilidad de un Irak democrático y mucho menos que ese escenario pudiera ser el resultado de la intervención armada y la constancia de las fuerzas de la coalición, empezando por las americanas, y su presencia en Irak.

El ejecutivo socialista había dado para la celebración de estas elecciones 20 millones de euros, pero como su objetivo no era en realidad ayudar al pueblo iraquí, sino ayudarse a sí mismo frente a los Estados Unidos, vamos, que era el pago en especie para una mejor relación con Washington, Zapatero nunca ha explicado en detalle esta aportación dineraria. Posiblemente creyera que no servía para nada.

Si ZP hubiese considerado posible que la democracia en Irak acabara implantándose, no habría propuesto su visión de una Alianza de Civilizaciones para combatir el terrorismo, como hizo ante la asamblea general de la ONU, el único sitio donde todos son iguales, listos y tontos, demócratas y dictadores, honestos y corruptos, a los ojos de la comunidad internacional. Su idea de que hay que entenderse con el otro, con tu enemigo, parte de la base de que cambiarlo o es imposible o es indeseable y que hay que aceptar la naturaleza del régimen –y sus barbaries– del otro. ZP hubiera preferido a Sadam, un hombre “fuerte” con el que poder entenderse, como prefiere a Castro u Chávez, a implicarse o apoyar un cambio de régimen. Para él lo importante, no lo olvidemos, es mantener abierto el diálogo, aunque no se hable de nada.

Pero ZP ha vuelto a equivocarse otra vez. Lleva un año que no acierta: se equivocó de cabo a rabo con su apoyo sin fisuras a Kerry y se has vuelto a equivocar ahora pensando que las condiciones de seguridad de Irak deslegitimaban estas elecciones. Sin embargo, tanto el pueblo americano como los iraquíes pensaban distinto y ellos, en última instancia, son los que cuentan. Y mucho.

Con las elecciones de ayer, es verdad, no se ha implantado la democracia, pero han sido un gran salto en la dirección correcta. La Televisión española pública se resistía ayer, como ya ocurriera con los datos del 2 de noviembre, a aceptar lo que realmente estaba pasando, una altísima participación a lo largo y ancho del país. Y se negará a aceptar dos cosas también muy importantes: que estas elecciones no se acaban aquí, sino que darán un vuelco en pos de la libertad en todo Oriente Medio; y que el gobierno actual sólo podrá vanagloriarse de haber hecho todo lo posible porque no tuvieran lugar y, aún peor, de preferir un destino de opresión para el pueblo iraquí. Afortunadamente para los iraquíes, todavía hay gobiernos y pueblos, como el americano, dispuesto a derramar su sangre generosamente por el bienestar y la prosperidad en libertad de otros.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos

REVISIÓN EUROPEA
Editorial ABC 1 Febrero 2005

EL pueblo iraquí ha dado una lección de democracia y, en las peores circunstancias, ha acudido a votar en una proporción que supera las previsiones más halagüeñas. Además del elogio al coraje de sus ciudadanos, este resultado permite formular un análisis sobre algunas otras cuestiones que también se dirimían el domingo y que se refieren a la implicación de la comunidad internacional en este proceso democrático, donde algunos países e instituciones internacionales han quedado en evidencia.

Porque hoy Irak tiene ante sí una extraordinaria posibilidad de demostrar que es posible edificar una democracia en Oriente Próximo y, además, de hacerlo bien, sin exclusiones ni violencia. Es evidente que el terrorismo islamista seguirá golpeando. Pero poco a poco irá perdiendo la batalla si la clase política no cede a la tentación del partidismo excluyente. Y es en este apartado donde la comunidad internacional y, en particular Europa, tiene la oportunidad de demostrar con los hechos que cree en lo que dice. Ayer todo eran parabienes de los ministros de Exteriores de la UE hacia el satisfactorio resultado. Si hasta ahora la mayoría de los socios (con la lógica excepción de Gran Bretaña) habían dejado entrever su desconfianza en la viabilidad de ese proceso democrático, a partir de hoy tienen la responsabilidad de contribuir a su consolidación sin reticencias ni falsas excusas. Agarrarse a los errores de gestión de Washington, de los que ya hemos hablado en estas páginas, es un consuelo egoísta. Es el momento de dar un paso al frente, sobre todo porque el entusiasmo de la mayoría de los Gobiernos europeos ha sido perfectamente descriptible en las largas vísperas de la cita con las urnas, en las que no ha faltado la promoción de gestos (algunos representados por el Gobierno español) que no han ayudado precisamente a la celebración de los comicios.

Los iraquíes han dicho lo que quieren y ahora la comunidad internacional está obligada moralmente a escuchar ese mensaje y a hacer todo lo posible para que se haga realidad. Con todas las exigencias que se quieran, como la imprescindible integración de la comunidad suní, pero con firmeza. Las palabras del primer ministro, Yyad Alaui, son indicativas de que ha entendido esa imprescindible condición, pues ha señalado que los iraquíes deben trabajar juntos para, olvidando sus diferencias, construir entre todos el futuro. De eso se trata: de que Irak recupere definitivamente su futuro. Primero, suturando las heridas dejadas atrás por la tiranía vivida bajo Sadam y, después, dejando atrás la guerra que acabó con ella y que sumió al país en un difícil escenario que poco a poco va despejándose tras el brutal itinerario azuzado por el terrorismo.

Las incógnitas que suscitan unos comicios heroicos
Por Gustavo de Arístegui El Mundo 1 Febrero 2005

Buena parte de los analistas de Europa occidental se empeñaban en vaticinar el completo fracaso de las elecciones de Afganistán y de Irak. Los antecedentes no eran especialmente buenos, cierto es, y sin embargo no podíamos permitirnos el lujo de que las dificultades y los obstáculos nos descorazonasen y nos hiciesen desistir.

El recrudecimiento de los ataques de los terroristas era síntoma inequívoco de que el ejercicio democrático era lo que peor les sentaba. En sus comunicados, declaraciones y notas internas, quedaba patente su obsesión por hacer descarrilar el proceso ya que, según decían, su éxito sería un «peligroso ejemplo».Sobran las palabras.

A esto hay que añadir que el pasado 5 de enero el jefe de la Inteligencia iraquí, el general de División Mohamed Abdula Al Shahwani, hizo unas importantísimas revelaciones según las cuales entre 20.000 y 30.000 terroristas están operando en Irak y que una parte de ellos son dirigidos por ex miembros de las Fuerzas Armadas y de Inteligencia del régimen de Sadam Husein mientras que el resto forman parte de organizaciones terroristas yihadistas venidos de todas partes del mundo, atraídos, como lo hacen siempre, por este nuevo conflicto.

En unas recientes declaraciones del jefe de las Fuerzas Armadas iraquíes, insuficientemente valoradas en nuestro país, éste añadió que, según la información que obra en su poder, el 90% de los atentados son cometidos por -o cuentan con intervención de- terroristas extranjeros y que sólo el 10% de los atentados graves son cometidos en exclusiva por iraquíes.No cabe pues hablar con propiedad de resistencia de los extranjeros.

En estas condiciones de seguridad, y bajo una explícita y brutal amenaza terrorista, es de un heroísmo cívico extraordinario el que los iraquíes acudieran a las urnas con una participación de más del 60%. Cierto es que entre chiíes la proporción superó el 80%, que los kurdos no anduvieron lejos y que, sin embargo, la participación en las provincias suníes fue sensiblemente inferior.

En primer lugar, parece claro que la amenaza terrorista surtió claros efectos, pues los problemas de seguridad más acuciantes se localizan principalmente en cinco de las 18 provincias iraquíes en las que el peso demográfico suní es más importante. Por otra parte, los suníes han sido la comunidad dominante en Irak desde su independencia y por ello les resulta muy difícil dejar de ser la comunidad principal del país, aun siendo tan sólo el 19% del total de la población.

En algunos círculos suníes existe una profunda desconfianza, más que hacia los americanos hacia los chiíes y hacia la posible influencia iraní en el futuro Gobierno de Irak. Por eso mismo algunos partidos políticos suníes declararon un boicoteo de las elecciones secundado por el Consejo de Ulemas suníes que, además, ha tenido el desacierto de poner en cuestión la legitimidad de los comicios.

Esta falta de visión política puede llegar a tener graves consecuencias para el peso político de la comunidad suní, cuya participación en el futuro de Irak es determinante y esencial.Por ello, además de participar en las elecciones, habría sido más que deseable que el sistema electoral elegido hubiese primado de alguna forma a las minorías.

Eso sí, sin reducir en ningún caso el peso político de los chiíes por debajo del umbral del 50%, ya que eso habría incendiado los ánimos de esta comunidad, lo que a mi juicio habría podido convertirse en la primera chispa que desencadenase la guerra civil que tantos pronosticaron y que esperemos no acabe nunca de materializarse. Sobrados ejemplos de esto existen en otras constituciones y sistemas políticos de Oriente Próximo que han superado años de guerra civil y enfrentamiento, como el caso de Líbano, o han procurado a su país décadas, si bien recientes, de estabilidad y seguridad, como es el caso de Jordania.

El sistema electoral, que es una compleja interpretación del sistema proporcional, garantiza al primer partido 110 escaños sobre 275, al segundo 96, al tercero 55, al cuarto 11 y al último tres. Los principales partidos y coaliciones que concurren a las elecciones son los siguientes.

La primera es la Alianza Iraquí Unida, una especie de coalición de partidos islámicos moderados (otros los llaman islamistas moderados, si es que eso existe) que goza del apoyo espiritual y moral del gran ayatolá Sistani y que es una suerte de coalición entre dos viejos rivales políticos: el Consejo Supremo de la Revolución Islámica y el partido Al Dawa.

Su máxima figura es Abdulaziz al Hakim, clérigo chií y máximo dirigente del mencionado Consejo Supremo de la Revolución Islámica que, a buen seguro, aunque gane, no será primer ministro por el pacto tácito que existe de que la jefatura del Gobierno no la ejerza un clérigo.Los dos más firmes candidatos a ser primer ministro, si gana las elecciones esta formación, son el médico chií Ibrahim Jaafari, líder del partido Al Dawa o el físico nuclear chií Husein Al Shahristani.

La mancha negra de esta coalición es la presencia en el número 10 de la lista del controvertido empresario Ahmed Chalabi, condenado por sentencia firme por fraude a gran escala y quiebra fraudulenta por los tribunales de Justicia de Jordania y hombre polémico tanto entre occidentales como entre iraquíes.

La segunda formación que tiene posibilidades es la llamada Lista Iraquí, que podría quedar en segundo lugar y cuyo líder es el actual primer ministro, Iyad Alawi, que alcanzó la Jefatura de Gobierno por el Método de Claudio, al disputarse el puesto los partidos Al Dawa y el Consejo Supremo de la Revolución Islámica.Destacan en sus filas el clérigo moderado chií Husein Al Sadr, tío del muy radical Muktada al Sadr, y la destacada política iraquí Raja Habib Khuzai.

Ambas formaciones, que son de mayoría chií, tienen en su lista algunos candidatos suníes.

La tercera fuerza en la recién elegida Asamblea Nacional Constituyente será, a buen seguro, la Alianza Kurda, encabezada por el líder de la Unión Patriótica del Kurdistán, Jalal Talabani, antiguo archirrival del máximo dirigente del Partido Democrático del Kurdistán, Masud Barzani. Su cooperación y la superación de sus durísimos enfrentamientos, incluso militares, ha tenido efectos muy positivos para el Kurdistán iraquí.

Destacan en sus filas el actual viceprimer ministro iraquí, Barham Salih, y la ministra de Obras Públicas y graduada en Harvard, Nesreen Berwari. Los kurdos son apenas el 17% de la población y, sin embargo, su alianza transpartidista y su altísima participación podrían muy bien otorgarles el tercer puesto en las elecciones y, en consecuencia, el tercer paquete de escaños en importancia, con 55.

Hay dos partidos fundamentalmente suníes que se presentan con posibilidades de obtener representación: el Movimiento de Demócratas Iraquíes Independientes, cuya figura más relevante es el anciano ex ministro de Exteriores Adnan Pachachi o el Partido de los Iraquíes, cuya figura más relevante es Ghazi al Yawar, actual presidente de la República, que siempre se ha mostrado profundamente receloso de la influencia iraní en la política de su país.

Lo importante es que entre todos sean capaces de redactar una Constitución que diseñe un modelo de Estado racional y equilibrado, que asegure la unidad de Irak, que respete y garantice los derechos y libertades fundamentales de todos los iraquíes, incluidas las minorías (sin olvidar la cristiana, que es la que ha sufrido el éxodo más importante, pues de llegar a ser en torno al 9% se ha quedado en menos del 4%), permitiendo así una plena implicación de todas las comunidades del país y poniendo las bases para una sólida y duradera reconciliación nacional.

Los expertos de Naciones Unidas desempeñarán un papel determinante como asesores, si bien sería deseable que expertos en Derecho constitucional de estados complejos, participaran en la tormenta de ideas que alumbre la Constitución, como ocurrió en Timor Oriental.Una vez culminado el proceso, debería producirse el primer paso hacia la normalización política de Irak.

Hay que felicitar al pueblo iraquí por este éxito sin precedentes que es una victoria de los demócratas y una derrota de los terroristas, a pesar de sus repugnantes y sangrientos atentados. Algunos gobiernos europeos, que mostraron su profundo escepticismo hacia el proceso electoral, habían navegado por las aguas de la ambigüedad esperando a ver qué ocurría en el proceso electoral: si salía bien, sumarse a los parabienes, siempre desde el escepticismo y la crítica; arremeter sin piedad contra los organizadores de las elecciones si éstas salían mal por la escasa participación o por un posible baño de sangre.

No es éste el momento de andarse con miramientos ante un proceso complejo pero imprescindible. Las ayudas anunciadas por el Gobierno socialista deben concretarse y a los créditos FAD debería acompañarles una actitud mucho más activa que comience de verdad a restañar las heridas que las discrepancias y los desencuentros de la guerra dejaron entre aliados y amigos. Por contraste, el mensaje de los iraquíes no ha podido ser más claro y rotundo: sí a la democracia y a la libertad con plena soberanía; no al pasado y no al terrorismo.

Gustavo de Arístegui es diplomático y diputado del PP por Ciudad Real.

Carta de París
¿Todo bajo control?
Carlos Semprún Maura Libertad Digital 1 Febrero 2005

Lamentaba estos días no ser miembro del PP, porque de serlo hubiera podido romper públicamente mi carné para protestar contra la entrada en el PPE del partido islámico turco de Erdogán, primer paso hacia la acogida triunfal del Corán en la Constitución europea. Esto, no sólo es la repanocha en verso, sino que es perfectamente incoherente, a imagen y semejanza de la incoherencia del PPE, ya que son muchos los líderes de este partido “europeo”, y ahora euro musulmán, en haberse manifestado contra la entrada de Turquía en la UE.

Se nos dice y repite que el voto favorable, o negativo, a la Constitución europea, nada tiene que ver con la entrada –o no– de Turquía en la UE. Pura filfa, porque los electores no separan arbitrariamente las dos cosas, como hacen “nuestros” dirigentes, porque ambos conciernen nuestro futuro. Un futuro tan incierto que el propio padre de la criatura, Giscard d´Estaing, en una serie de artículos que ha comenzado a publicar en Le Figaro, para defender y explicar su proyecto constitucional, reconoce que tanto “los herederos del impulso fundador (léase, los partidarios de una Europa-potencia), como los que abogan por una zona de librecambio, pueden reconocerse en la Constitución”.

Claro. Si es una merienda de negros, una acumulación de compromisos y vaguedades que se anulan mutuamente. Los únicos que tienen un proyecto tan evidente como nefasto son los partidarios de una Europa-potencia antiyanqui. Pero incluso ellos están divididos entre los que opinan que la Constitución permite dicho proyecto burdamente imperial y los que consideran que constituye un obstáculo. Leo en el mismo número de Le Figaro, una entrevista con Mario Monti, ex comisario europeo, quién con humildad que distingue a estos burócratas, afirma que tiene un “plan” para el caso en que el “no” triunfe en varios países. Porque si no hay unanimidad de los 25 miembros, la Constitución se paraliza. Monti propone nada menos que castigar a los países en donde haya triunfado el “no”, obligándoles a repetir referéndum pero con la exigencia siguiente: o votáis “sí”, o se os expulsa de la UE. En nombre de la democracia, no faltaba más

En Francia, en donde lo de la Constitución y la entrada de Turquía constituyen peripecias que se valoran esencialmente en relación con la meta principal, las elecciones presidenciales de 2007. Los sondeos dan, hoy, a Nicolas Sarkozy como el mejor candidato de la mayoría, y a François Hollande como el mejor de la oposición. (La visión de Hollande y Zapatero decidiendo el destino de la Humanidad es para morirse de risa.) Y, en el caso de un duelo entre ambos, Sarkozy saldría fácilmente vencedor. Es obvio.

Noté que si el domingo por la noche, los medios franceses disimulaban muy mal su mala uva, cabreo y decepción ante los resultados de las elecciones en Irak, hoy lunes, el tono ha cambiado. Hasta se habla de “una lección de democracia”, e incluso “un triunfo para Bush”, y se insiste en que pese a los atentados y a las amenazas terroristas, la mayoría de los iraquíes ha votado contra el miedo. En España, el pasado mes de marzo, ocurrió lo contrario, fue el miedo el que se impuso en las elecciones.

¡Increíble!
Cartas al Director ABC 1 Febrero 2005

Según publica la Prensa valenciana, un informe que presentó el ministro de Asuntos Exteriores, señor Moratinos, en la Unión Europea sobre las lenguas españolas podría, en caso de aprobarse, obligar a los valencianos a reconocer el catalán como lengua oficial en su Estatuto.

Estamos hasta el gorro de escuchar barbaridades de los políticos, pero que un informe de un señor, por muy ministro que sea, pueda echar por tierra siglos de cultura valenciana, sin respetar el sentir de los valencianos y el amor por sus raíces, es el colmo de la injusticia, de una falta de respeto a este pueblo y a sus antepasados, que de ninguna manera se puede tolerar.

¿Dónde están nuestras autoridades? Ya está bien de echarse insultos los del PP contra el PSOE y el PSOE contra el PP. ¡Hagan algo, muévanse! Cumplan lo que prometieron cuando nos pidieron el voto.

¿Para que están la Audiencia Nacional, el Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional, el Tribunal Europeo? Vayan donde haga falta, pero hagan algo, por favor.

A los valencianos nos da la impresión de que estamos indefensos ante tanto ataque a nuestra Comunidad. Jesús Miquel Pascual. Algemesí (Valencia).

ETA, Carod, Zapatero
Cartas al Director ABC 1 Febrero 2005

ETA atenta de nuevo. En Denia esta vez, no hace mucho lo hacía en Vascongadas. El pacto ETA-ERC sigue, por lo visto, vigente. ETA sigue sin atentar en Cataluña. Lo peor de todo esto es que no debemos olvidar que ERC forma parte del Gobierno de la Nación. Por tanto, señalar que la estabilidad del Gobierno del PSOE está basada en una formación como la de Esquerra que se permite el «lujo» de pactar con ETA en Perpiñán.

ETA, por otro lado, vuelve a hacer «su campaña electoral» como sabe, con bombas, días antes de que se debata en el Congreso el plan Ibarreche, y ya sabemos que con estos actos ETA hace referencia a esas «tortas» de las que hablaba el lendakari si no se negocia su plan.

Y en el Gobierno de España, el señor Zapatero tampoco se entera. No se entera de que para gobernar no sólo basta el dialogo, hay que actuar. No se entera de que con ETA no tiene cabida pacto alguno. No se entera de que la banda terrorista ha vertido en España la sangre de cientos de personas, incluida la de muchos compañeros suyos de partido, y eso, todo eso, exige un respeto.

Respeto que no se tiene pactando con los asesinos, respeto que es violado acercando los presos etarras a Vascongadas y respeto que deja de existir haciendo posible la financiación, con fondos públicos españoles, de partidos y asociaciones que brindan con champán cada asesinato de ETA.

Y de lo que tampoco se entera mucha gente es de que los españoles, madrileños, gallegos, andaluces, vascos, murcianos, catalanes, castellanos, etcétera, pueblo soberano, lo que queremos es vivir en paz y libertad. Juan Pablo López. Móstoles (Madrid).

«Ibarreche es rehén de ETA. Si Guernica se rompe, Álava será libre»
Alfonso Alonso, Alcalde de Vitoria
Denuncia que el lendakari del Gobierno vasco, Juan José Ibarreche, es «rehén» de ETA porque el apoyo que le prestó para sacar adelante el Plan «no es gratuito», dice que pretenden asentar «una hegemonía nacionalista tutelada por ETA» y recuerda que si Guernica se rompe Álava será libre.
J. Arias Borque La Razón 1 Febrero 2005

Vitoria-–¿Hasta dónde cree que puede llegar Ibarreche con su órdago al Estado de Derecho?
–No tiene cartas para ganar un órdago. Lo que pretende es mantener una situación de permanente enfrentamiento amparándose en los votos de Batasuna. Quiere asentar una hegemonía nacionalista tutelada por ETA que no de opción a los demás. Esto nos lleva a una situación de conflicto permanente hacia el futuro.

–¿Llegará a convocar una consulta popular?
–Si se convoca un referéndum o no, irá en función de dos variables. La primera, de acuerdo con la táctica electoral. Va a mantener un discurso en tono de victimismo para sacar un rédito electoral. En segundo lugar, Ibarreche es rehén en estos momentos de ETA. Se leyó expresamente desde la tribuna del Parlamento vasco la carta de Josu Ternera. Ibarreche sabe que ese apoyo no es gratuito. ETA va a exigir su precio, y lo hará más pronto que tarde. Por tanto, eso condiciona absolutamente al PNV.

–¿Sería partidario de aplicar el artículo 155 de la Constitución y suspender la autonomía vasca?
–No lo deseo. Pero si queremos evitar que las situaciones lleguen a puntos de crisis tenemos que ser enérgicos. Lo que había que haber hecho es actuar desde el principio, con firmeza para que quienes defienden esas tesis radicales en el PNV, como Ibarreche, sepan que no hay ningún otro camino que el de la Constitución.

–Ibarreche preguntó si la única forma de solucionar las cosas iba a ser a tortas. ¿Estaba sugiriendo que su Plan es la única forma de acabar con el ruido de las armas?
–Eso es un insulto a las víctimas del terrorismo y a la inteligencia de los vascos. Con la situación dramática que se vive aquí esta fuera de lugar que los responsables públicos hagan declaraciones como esa. Seguiremos la misma línea política de firmeza y lucha contra el terrorismo.

–¿ETA le ha robado la cartera a Ibarreche y se ha adueñado del protagonismo del Plan?
–Todos sabemos la reacción del PNV a la rebelión popular que hubo tras el asesinato de Blanco, que fue suscribir el Pacto de Estella. Seis años después, siguen en el mismo camino.

–Si como los nacionalistas dicen el Estatuto de Guernica está muerto. ¿Álava va a caminar en solitario como comunidad foral?
–Ese es el mayor error que puede cometer el nacionalismo vasco, renunciar al modelo de convivencia del Estatuto de Guernica. Guernica fue un pacto entre los territorios hermanos y nos dimos instituciones comunes por primera vez en nuestra la historia. Somos leales a ese pacto, pero es evidente que si se deshace nos quedaremos liberados de la palabra dada. No participaremos en una comunidad hecha sólo para nacionalistas y en una situación de ruptura con el resto de España. Si se diese el caso, hay comunidades del tamaño de Álava. Álava es una comunidad foral con un grado de autonomía muy antiguo, previo al de muchas comunidades en España.

Acebes acusa al PSOE de «ocupar» la Justicia con el nombramiento de varios fiscales afines
Conde-Pumpido se defiende de las críticas y proclama que sólo se ha designado a los más «idóneos»
El PP arremetió ayer con dureza contra la actuación en materia de Justicia del Gobierno. El secretario general, Ángel Acebes, aseguró que la política de nombramientos de fiscales, «sin primar el criterio del mérito y la capacidad», prueba el afán de los socialistas por «ocupar la Justicia» por medio de un proceso «profundamente antidemocrático». Desde las filas populares también se advierte de que se ha vuelto al mismo escenario que existía en la etapa de Felipe González. El fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, manifestó que se ha primado a los candidatos «más idóneos».
C. Morodo La Razón 1 Febrero 2005

Madrid- El PP exige explicaciones al Gobierno por la política de nombramientos del fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido. Según informó ayer LA RAZÓN, Conde-Pumpido ha «colocado» a miembros del sector progresista en 9 de 13 puestos designados, y la Asociación de Fiscales, mayoritaria en la carrera fiscal, ha visto cómo ninguno de sus candidatos ha logrado acceder a la categoría de fiscal de Sala.
Acebes señaló que esto confirma el «afán» socialista por «ocupar la Justicia» por medio de un proceso antidemocrático a todas luces y claramente perjudicial». Tras recordar la reforma del sistema de elección de jueces, «un atropello legal para que no se pueda nombrar a ningún juez sin el visto bueno del PSOE», se quejó de que la misma estrategia se haya extendido a los nombramientos en la Fiscalía. «El 70 por ciento de los nombramientos se ha hecho en contra de la opinión del Consejo Fiscal y para algunos de los Tribunales Superiores de Justicia se ha elegido entre los candidatos a alguno que estaba 800 puestos por detrás en el escalafón respecto al que se proponía», señaló.

El «número dos» popular advirtió, asimismo, de que el «afán» socialista por «ocupar la Justicia» es «claramente perjudicial para las propias libertades y para el crédito que da el tener una Justicia independiente».
«Ahora, los fiscales están siendo nombrados desde una determinada tendencia. Va cerrándose el círculo. Jueces afines, fiscales afines y, al final, control de la Justicia y, por tanto, proceso antidemocrático a todas luces», concluyó.

Conde-Pumpido se defiende. El fiscal general del Estado se defendió asegurando que los nombramientos de los fiscales «se han hecho siempre con estricto respeto a la legalidad», informa Ep. Ante las críticas de un sector de la Fiscalía sobre las designaciones «a dedo», puntualizó que éstas «se producen por el Consejo de Ministros, atendiendo a la propuesta del fiscal general del Estado».

«Desde que yo soy fiscal general todas las propuestas se han hecho con un apoyo significativo del Consejo Fiscal y todas a favor de las personas que reunían las mejores condiciones de mérito y calidad». Una y otra vez insistió en que se trata de nombrar siempre a los más idóneos para el puesto y «puede comprobarse que siempre se han nombrado los más idóneos para el puesto».

El Comité Ejecutivo de la Asociación Profesional de la Magistratura (APM), mayoritaria en la carrera judicial, acusó al Gobierno de haber omitido «con contumacia y sin justificación» en los últimos nombramientos de miembros de la cúpula de la Fiscalía los principios de mérito y capacidad, introducidos por el propio Ejecutivo en la reciente reforma de las designaciones de altos cargos de la judicatura.

Los profesores exigen adaptar las materias a la realidad gallega
El 67% dice que el gallego debe ser la lengua vehicular de los centros
El 77% de los docentes cree que la religión confesional no debe formar parte del currículo
(e. á. | santiago) La Voz 1 Febrero 2005

?l 89,61% de los profesores de centros públicos gallegos considera que los contenidos deben estar adaptados a la realidad de la comunidad, y una inmensa mayoría está de acuerdo también con que el gallego sea la lengua vehicular de la educación.

Los datos se desprenden de una encuesta elaborada por el sindicato CIG-Ensino a 8.235 docentes, lo que supone el 27% del profesorado público. Los profesionales de la enseñanza dieron su opinión también acerca de otros temas de actualidad como la asignatura de Religión, la atención a la diversidad o las posibles modificaciones de la LOCE.

Respecto a la materia religiosa, el 77% de los encuestados opinan que esta enseñanza, en su vertiente confesional, no debe formar parte del currículo, y mientras haya profesores de esta materia deberían ser elegidos mediante un sistema público por la Administración (actualmente es el Obispado quien otorga la idoneidad).

Mejoras
Uno de los apartados de esta encuesta recoge las medidas que los docentes consideran más eficaces para mejorar la atención a la diversidad. Para los profesores, es fundamental una dotación suficiente de docentes y un incremento de la atención individualizada. Además, están de acuerdo con disminuir el número de alumnos por profesor, y ya en menor nivel con reforzar las tutorías o llevar a cabo programas de educación compensatoria.

El estudio hace hincapié en la defensa de la enseñanza pública -la encuesta se hizo a profesores de centros públicos-, y entre los datos que se extraen destaca que el 77,49% de los entrevistados está de acuerdo con la desaparición de las subvenciones a la educación privada y con no aplicar conciertos educativos en aquellos tramos no obligatorios de la educación, como infantil o bachillerato

Propaganda nazionalista
Nota del Editor 1 Febrero 2005

Encuesta elaborada por un sidicato nazionalista directamente con los profesores, y sólo al 27%, así que se trata de una típica acción de intoxicación. ¿ Vd. se imagina lo que yo hubiera contestado si fuera uno de los profesores consultado por un sujeto del CIG ? ¿ Vd. se imagina lo que han contestado muchos profesores asustados ?

LA VIDA EN EL PAÍS VASCO DE IBARRETXE
Luces y sombras de la inmersión en el euskera
Integración de euskaldunes y castellanohablantes
La política lingüística del PNV ha logrado triplicar la enseñanza en lengua vasca, pero una incorrecta aplicación encierra el riesgo de degenerar en capítulos de exclusión
(Serxio González (Redactor) La Voz 1 Febrero 2005

Uno de cada tres vascos se desenvuelven diariamente en euskera y se declaran euskaldunes (vascoparlantes preferentemente monolingües); otro 16% de la población se definen como bilingües pasivos (hablan y entienden euskera, pero emplean el castellano en sus relaciones); y el 53% restantes aseguran conocer y utilizar únicamente el español. De acuerdo con los datos que maneja el Gobierno vasco, los primeros han crecido un 44% y los segundos un 34% en los últimos quince años. El colectivo de castellanoparlantes monolingües (erdaldunes) sigue siendo el mayoritario, pero ha perdido 226.998 integrantes (una caída del 17,5%) en el mismo período.

Los resultados de la política lingüística puesta en marcha en 1983 por el PNV, con la implantación de cuatro modelos distintos de educación -exclusivamente castellano (X); en castellano, con lengua vasca como una asignatura más (A); bilingüe al 50% (B); y en euskera, con el castellano como mera asignatura (D)- pronostican un futuro importante para el euskera.

Sobre todo, porque los chavales que se van incorporando al sistema educativo lo hacen preferentemente en las opciones en las que predomina el vasco. Sólo hay que observar las matrículas del curso pasado del alumnado de tres años: el 61,4% se inscribió en el modelo D, el 30,5% en el B y sólo el 8,1% en el A; el X prácticamente ha desaparecido. El índice de euskaldunes supera ya el 50% en el tramo de cinco a catorce años. El porvenir se escribe en euskera.

La ley educativa vasca garantiza a todos los pequeños su escolarización en la categoría que escojan sus padres o tutores. En general, no se observa gran oposición a este esquema. «Al principio sí hubo un fuerte debate, y gente que no estaba de acuerdo, pero ahora no pasa nada; nuestros hijos son vascos y aprenden euskera y castellano», apunta el presidente del centro gallego de Ermua, Manolo Cid. Su homólogo de Baracaldo, Julio González, piensa lo mismo. Sabe de lo que habla; él mismo es funcionario: «Estamos en Euskadi, y está totalmente asumido que hay que conocer y hablar el euskera».

Pragmatismo a ultranza
Las diferencias lingüísticas entre provincias (el euskera está mucho menos presente en Álava que en Guipúzcoa y Vizcaya) determinan en no pocas ocasiones la decisión sobre el modelo concreto. Los padres de María, como los de su marido, son de Negreira. Ella vive en el pueblo guipuzcoano de Oñate y tiene dos hijas pequeñas, de cuatro y dos años. No duda: «La mayor está en el modelo D, y la pequeña empezará el próximo curso». No siempre es así. María pone un ejemplo: «Tengo una amiga que vive en Vitoria y ha matriculado a su niño en castellano, porque dice que allí casi no se habla en euskera. Yo creo que es un error, porque en el resto del País Vasco sí se habla cada vez más, y así le está impidiendo al chaval que aprenda ahora, de forma natural, un idioma que después, de mayor, le va a costar muchísimo».

Su vecina Teresa, cuyos orígenes están en Xunqueira de Ambía, constituye todo un logro de integración. A sus cuarenta años, habla en gallego con su madre, en euskera con su hija y en español con muchas de las clientas de su peluquería. El padre de Itziar, de cuatro años, nació en Salamanca, su madre es euskalduna. Crece en un ambiente dominado por el vasco, pero ya habla y entiende el castellano. Su prima Elena es hija de salmantino y gallega. Cursa la opción bilingüe y, pese a relacionarse en castellano en casa, se desenvuelve en euskera sin problemas.

A punto de fracaso escolar
Lastimosamente, una decisión inoportuna o la incorrecta o apresurada aplicación de determinadas directrices lingüísticas pueden dar al traste con este armónico panorama. Le ha ocurrido a las dos sobrinas adolescentes de Pedro, un ingeniero de procedencia andaluza. «Iban a empezar el último curso de ESO, iban bien, en bilingüe. Entonces, retiraron de Bergara y de otros pueblos el modelo B, y pusieron una sola clase, en el instituto de Mondragón». Las compañeras se integraron en el modelo D, en Bergara. Pero sus padres decidieron que ellas continuasen en el B, así que se trasladaron al centro de Mondragón, a diez kilómetros de su pueblo. Pedro relata los tristes resultados de la experiencia: «Aquel curso estaba lleno de hijos de inmigrantes sudamericanos, poco integrados, y de chicos con todo tipo de problemas; mis sobrinas acabaron completamente desmotivadas. Una de ellas ya no seguirá estudiando nada, la otra se irá a un ciclo profesional. Es una pena, porque tienen capacidad para haber hecho lo que quisiesen».

Es, efectivamente, el riesgo que los cursos de modelo español corren en bastantes lugares si no se someten a un estricto seguimiento: acabar como un cajón de sastre para inmigrantes y alumnos problemáticos. Un peligro del que alertan ya algunos estudios realizados en el seno de la Administración vasca. Así que Pedro lo ve claro. Su propio hijo, Gorka, de dos años, estudiará lo que sea, pero lo hará en euskera. Él mismo se ha puesto las pilas para perfeccionar su vasco.

Existe, aun, un inconveniente más, asociado a escenarios como el que padecen las dos hermanas. Aunque el tópico está en retroceso, la figura del maketo (forma peyorativa de denominar a los hijos de padres no vascos nacidos en Euskadi) aún no ha desaparecido entre gente mayor y círculos muy radicalizados. Y quien estudie en castellano es un perfecto candidato a ser tratado como tal. «A mí no me pasó nunca, pero sí a alguna amiga. Una cuadrilla de la ikastola, los más macarras, la tomaban con ella por ser hija de andaluces, como yo. Si te cogían manía te podían fastidiar la vida», señala Yolanda, de origen andaluz. El problema, explica, «no es la ikastola, ni que enseñen en euskera -muchas de las ikastolas son privadas, y, evidentemente, sólo imparten el modelo D- sino que en algunas se transmite la idea de que el castellano es malo».

Contra actitudes de tal pelaje lucha el centro Al Andalus, de Mondragón. El fin de semana cumplió quince años a todo trapo, con la seminifinal del certamen nacional de cante flamenco. Su presidente, Rafa Gómez, explica que su intención es «promover nuestra cultura y romper esa idea de que los andaluces sólo estamos de fiesta, con guitarras y palmas». Lo han conseguido. Su sociedad disfruta de un gran prestigio, sin problemas de integración -«nada de maketos, nuestros hijos son vascos»- y en su escuela de sevillanas bailan más chavalas con coloretes del país y crianza a base de cuajadas, que jóvenes descendientes del moreno sur.

Modelo X
Nota del Editor 1 Febrero 2005

Al modelo de educación en castellano, le han puesto la clasificación de una película pornográfica, pero la realidad es todavía más cutre, pues si existe alguna oferta, está en los lugares que más problemas pueda causar a los ciudadanos padres y alumnos, así que hay que tener las ideas muy claras y muchas ganas de defender los derechos constitucionales para seguir adelante. Lo más grave lo constituye el hecho de que muchos ciudadanos de otras latitudes, por efecto del síndrome de Stockholm, sean los más fieros defensores del atropello.

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