AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 3 Febrero 2005
LLORAR POR ESPAÑA
César Alon so DE LOS RÍOS ABC 3 Febrero 2005

Tras pactar con Carod, toca Ibarretxe
EDITORIAL Libertad Digital 3 Febrero 2005

En las elecciones de Ibarretxe, quien más se la juega es Zapatero
Editorial El Mundo 3 Febrero 2005

Rubatero y Zapacaba
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 3 Febrero 2005

MANIOBRA NACIONALISTA
Editorial ABC 3 Febrero 2005

POCAS LUCES Y MUCHAS SOMBRAS
M. MARTÍN FERRAND ABC 3 Febrero 2005

Qué va a pasar
Federico Jiménez Losantos El Mundo 3 Febrero 2005

RAJOY Y EL ESTADO
Editorial ABC 3 Febrero 2005

Irreversibilidad
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 3 Febrero 2005

El remero Zapatero
Isabel San Sebastián El Mundo 3 Febrero 2005

VOTANTES VALIENTES DE IRAK
Darío VALCÁRCEL ABC 3 Febrero 2005

Nacionalismo vasco y autonomía política de la sociedad
DEMETRIO VELASCO El Correo 3 Febrero 2005

El cabestro lleva a los toros al matadero
Isabel Durán Libertad Digital 3 Febrero 2005

Ganó Maragall
Lucrecio Libertad Digital 3 Febrero 2005

Bajo el síndrome de la inquietud
Lorenzo Contreras Estrella Digital 3 Febrero 2005

AL DÍA SIGUIENTE
FERNANDO FERNÁNDEZ ABC 3 Febrero 2005

Cosas veredes, Mío Cid
José García Domínguez Libertad Digital 3 Febrero 2005

EL DEBER DE RECORDAR
ROSA DÍEZ ABC 3 Febrero 2005

Míster erre que erre
FERNANDO ÓNEGA La Voz 3 Febrero 2005

En busca del voto vasco
Enrique Badía Estrella Digital  3 Febrero 2005

Zapatero en el Casino
Cayetana Álvarez de Toledo El Mundo  3 Febrero 2005

La cabriola
Cartas al Director ABC 3 Febrero 2005

El debate.
Cartas al Director ABC 3 Febrero 2005

Compensaciones
Cartas al Director El Correo 3 Febrero 2005

Ambigüedad y falta de coraje
Cartas al Director ABC 3 Febrero 2005

Ministra y lengua
Cartas al Director El Correo 3 Febrero 2005

El PP lamenta la inquietud creada por «la falta de firmeza» del presidente
C. Morodo Libertad Digital 3 Febrero 2005

Marín se planta ante ERC y retira una pregunta al Gobierno hecha en catalán
J. L. LORENTE ABC 3 Febrero 2005

¿Es Ibarretxe un demócrata
FRANCESC DE CARRERAS La Vanguardia 3 Febrero 2005





 

LLORAR POR ESPAÑA
Por César Alon so DE LOS RÍOS ABC 3 Febrero 2005

ME llamó mi amigo Miquel al anochecer del martes para decirme que, en Bilbao, los nacionalistas estaban que tiraban cohetes. Normal. El debate parlamentario sobre el proyecto separatista del PNV era un gran triunfo para ellos y una humillación para la Nación española.

¿Por qué el Gobierno socialista le ha dado esta oportunidad al PNV?, se preguntan muchos. A mi entender, para que todos los españoles conozcan de primera mano las exigencias de los nacionalistas y, a partir de ahí, entiendan que ellos, los socialistas, tienen que pactar con ellos. Dicho gráficamente: que los españoles conozcan el monstruo Ibarretxe y, de esta manera, acepten el engendro Patxi. Ya es significativo que el proyecto de Estatuto vasco con el que el PSOE pretende sustituir el de Guernica haya sido redactado por un nacionalista. Un michelín del PNV a juicio de Arzalluz.

Hay otra razón: los socialistas quieren convencer a los españoles de que ellos, en el País Vasco, tienen que jugar en un doble plano: por un lado, negociando con ETA (que es lo que están haciendo) y por otro enfrentándose electoralmente al PNV ante toda la nación.

EL PSOE ha decidido entrar ya en la segunda transición, en una nueva definición de España. Las Cortes del martes levantaron acta de defunción del régimen de las Autonomías y concretamente del Estatuto de Guernica. Pero, ¿cómo podrá hacerse el nuevo tipo de Estado y cómo convertir a las nacionalidades en naciones? Los constitucionalistas de buena fe echan mano de la doctrina, de la historia, de la lógica y no les salen las cuentas; mientras los de mala fe, los consultores del Gobierno aconsejan la vía de los hechos consumados, esto es, el pisoteo de la lógica, de la ley, de la dignidad nacional. Cuentan con el Tribunal Constitucional, cuentan con Tribunales Superiores regionales, cuentan con los Parlamentos catalán y vasco y, sobre todo, cuentan con el oportunismo de la mayoría de la sociedad española, incluso de una buena parte de la que parece más dolorida o escandalizada. Porque las Cortes que veíamos el martes eran el retrato de una historia de irresponsabilidades colectivas, de cobardías intelectuales y morales, de una insensibilidad nacional sin parangón en otros países democráticos... Cuando recuerdo aquellos necios que comenzaron excitando el odio entre la periferia y el centro; o a los que justificaban a ETA frente a lo que llamaban terrorismo estructural del Estado (no quiero dar nombres); o a los que, hasta hoy mismo, no sólo no han condenado a los nacionalismos, sino que los han considerado más democráticos que los partidos estatales, pienso que estas Cortes del martes se lo tenían bien merecido.

LA estrategia de Zapatero cuenta con el oportunismo de una gran parte de «esta» sociedad española. Prefiere aparecer él como el Claudio de la situación mientras destruye a España. No le importa que Rajoy quede brillante recitando las generales de la ley, remontándose a las fuentes de la democracia, haciendo españolismo, hablando de ETA y de las víctimas de ETA. A él le da igual que alguien reclame la memoria y la dignidad del senador Casas. Él lo que quiere es pactar con ETA y a ser posible ganarle en las elecciones del PNV. Aunque sea a costa de la dignidad de la nación. Desde luego a costa de la realidad pasada, presente y futuro de la Nación. Por eso los nacionalistas están que tiran cohetes y por eso a algunos tan sólo nos queda el consuelo y la rabia de llorar por España.

Tras pactar con Carod, toca Ibarretxe
EDITORIAL Libertad Digital 3 Febrero 2005

Tras su decisión de adelantar al próximo 17 de abril las elecciones autonómicas vascas, Ibarretxe ha manifestado que los comicios "no sustituyen a nada”, aclarando que no se puede equiparar sus resultados con los del referéndum sobre su propio plan.

Evidentemente, el plan del lehendakari es nocivo e ilegal, tanto si se somete a refrendo antes de las elecciones autonómicas como si se hace después. La autorización de ese referéndum es competencia exclusiva de las Cortes Generales, que se las acaba de denegar, y el ilegal plan de Ibarretxe supondrá el mismo proyecto de fractura de la unidad de España con independencia del adelanto de los comicios autonómicos vascos.

Desde el propio, falaz e ilegal punto de vista del lehendakari, sin embargo, el que se someta a referéndum su plan, antes o después de las elecciones autonómicas, sí que tiene relevancia. No es lo mismo desde el punto de vista soberanista perpetrar esa ilegalidad con la “autorización” de los representantes que eligieron “los vascos y las vascas” en 2001 que convocarlo después de estas elecciones, donde la correlación de fuerzas en el parlamento autonómico puede ser ya diferente. Si quienes han apoyado este plan siguen ostentado la mayoría absoluta, nada -salvo la legalidad constitucional que ya han anunciado que van a violar- les impediría someter a refrendo el plan soberanista. Sin embargo, si no es así, sería sumar ilegalidad sobre ilegalidad la convocatoria de un referéndum que ya no respaldaría tampoco la mayoría del parlamento vasco.

Lo que más facilitaría que los partidarios del plan Ibarretxe perdieran la mayoría absoluta sería que PP y PSOE presentaran listas conjuntas, tal y como vienen haciendo PNV y EA. Téngase en cuenta que nunca ha estado más cerca el nacionalismo de ser desbancado del poder en el País Vasco que en tiempos de Nicolás Redondo y Mayor Oreja. Si PSOE y PP hubieran llevado su defensa común de los valores constitucionales un paso más lejos con la presentación de listas conjuntas, les hubiera permitido, gracias a la ley D´hondt, tener más representantes autonómicos que PNV y EA.

El decapitador político de Redondo Terreros, actual socio de los independentistas catalanes y actual presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, prefiere ahora llegar a un pacto con Ibarretxe antes que hacer con el PP una defensa común de nuestra Constitución y del Estatuto de Guernica. Eso no es prueba de “audaz equilibrismo” por parte de ZP, como sostienen algunos con inagotable candidez, sino una muestra más de la falta de principios que aqueja a este presidente de gobierno como a ningún otro en la historia de nuestra democracia.

Quienes mejor saben que los socialistas no van a ganar las elecciones vascas son los propios socialistas, pero quieren basar en esta falsa pretensión de victoria lo que no es más que un claudicante servilismo al nacionalismo vasco. A la obsesión anti-PP lo sacrifican todo, incluida la memoria de los asesinados entre sus filas.

Si Zapatero el martes invitó a Ibarretxe en el Congreso a dejar atrás el Estatuto de Guernica con un “consenso” un poco mayor pero que porcentualmente excluía al PP, Patxi López, que ya ha sentado las bases para maquillar a la catalana el plan Ibarretxe, insiste en cargar las tintas contra los populares y su“inmovilismo e intransigencia”.

¿Para ver este espectáculo murió Buesa y tantos otros militantes socialistas asesinados por ETA? ¿Para ver a su partido pactar con quienes buscan los objetivos políticos de sus verdugos? ¿Solamente bajo tierra pueden abrazarse socialistas y populares?

En las elecciones de Ibarretxe, quien más se la juega es Zapatero
Editorial El Mundo 3 Febrero 2005

Un exultante Ibarretxe apareció ayer para anunciar la convocatoria anticipada de las elecciones vascas, repitiendo el lema electoral que un día antes había expuesto en el Congreso de los Diputados: «el derecho de los vascos a decidir y la obligación del Estado español de pactar».
Frente a la seguridad que exudaba el lehendakari, contrastaba en la misma jornada el esfuerzo que tuvo que desplegar el PSOE para explicar su estrategia condescendiente y su disposición a abrir lo que en la práctica sería un nuevo proceso constituyente.Y es que debe de ser intranquilizador para un partido nacional comprobar que quien ha sembrado más inquietud en la sociedad española tras el debate del plan no fue el lehendakari, sino Zapatero.

Este último insiste en la clarividencia de su plan: quiere representar la tercera vía vasca. Evitar la estrategia del bloque constitucionalista, procurando no decir que no a casi nada. Según los socialistas, cualquier actitud severa, como exigir el cumplimiento estricto de la ley, daría votos al PNV. Y eso explicaría que desde el 30 de diciembre hayan estado siguiendo los pasos del baile marcados por el lehendakari.

¿El resultado? Que éste ha aprovechado cada una de las concesiones como plataformas electorales para reforzar el mensaje con el que concurrirá a las elecciones. La renuncia a recurrir ante el Constitucional y a perseguir la desobediencia de Atutxa, la entrevista en La Moncloa, la tramitación del plan en el Congreso, el inusual derecho a réplica han sido peldaños que han encumbrado a un impertérrito Ibarretxe ante sus electores, en una escalada que culminó ayer con la convocatoria electoral.

Si ya existían dudas razonables sobre el éxito que puede tener una vía intermedia en una sociedad tan radicalmente dividida como la del País Vasco, la calculada estrategia del lehendakari está transformando esas dudas en un inquietante presagio.

Ibarretxe cuenta ahora con el voto negativo del PSOE a su plan como prueba contundente para predicar ante sus electores que socialistas y populares son lo mismo, y están igualmente opuestos a «la voluntad de los vascos».

Es evidente que el lehendakari no va a dejar que el tándem López-Zapatero le robe votos por su flanco moderado.En cambio, lo que probablemente sí logrará es incrementar sus apoyos por la vertiente más radical, y es lo que busca al pedir sibilinamente la legalización de Batasuna, perfecto sabedor de que no se va a producir y él es el último en quererlo.

Ibarretxe tiene ya su primer referéndum, pues eso significan las elecciones del próximo 17 de abril, y ni siquiera él ocultó ayer ese simbolismo. Es mucho lo que se juega en esta votación, pero más si cabe es lo que se juega Zapatero, que ha decidido apostar toda su credibilidad a una carta tan arriesgada como las elecciones vascas. Nadie podría regatearle méritos y elogios si gana. Pero si pierde, el presidente no podrá, ni ante su partido ni ante la Nación española, eludir que con su talante contribuyó a una victoria que agrandaría el daño que pretende hacernos a todos Ibarretxe.

Rubatero y Zapacaba
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 3 Febrero 2005

Entre todas las paradojas desastrosas del debate en el Congreso sobre el Plan Ibarreche no es la menor el trueque de papeles entre Zapatero y Rubalcaba, con el Presidente del Gobierno del Reino de España haciendo de candidato electoral del PSE-PSOE y con el portavoz del grupo parlamentario socialista fungiendo de presidente o, al menos, tomando las precauciones lógicas en quien ostenta tan alta magistratura y asume tan grave responsabilidad. Pero como, al final, el Presidente, aunque no ejerza, sigue siéndolo, y el Portavoz parlamentario nunca puede ejercer del todo como Presidente, hete aquí que el bestiario político ha alumbrado dos extrañas criaturas: Rubatero y Zapacaba, cada cabeza en la cola que no le corresponde, ambos gárgolas mutantes.

Si nos abonásemos al “optimismo antropológico” del inquilino monclovita podríamos decir que este intercambio de papeles tiene algo bueno y es que, si el candidato se pega el tortazo, el partido rectificará su política y pondrá otra locomotora que descarrile menos a tirar de los vagones. Pero por desgracia, Zapatero ha ido ya demasiado lejos y no hay en el PSOE nada ni nadie que pueda uncirlo a la moderación. No hay que olvidar que esta política antiespañola a fuer de Anti-PP fue decretada por Cebrián al día siguiente de las elecciones vascas y que Zapatero puso inmediatamente a Redondo Terreros de patitas en la calle, previa campaña de difamación personal y familiar en el clásico estilo de la Escuela de Chicago que tan bien domina Casa Polanco. Ahora, Polancán y Cebrianco, Rubatero y Zapacaba, vuelven, confundidos y confusos, al lugar del crimen. Pero aunque Alfaguara reedite el cuento de La Lechera, no hay texto más adecuado para este tiempo de calvarios que el “España, aparta de mí este cáliz”, de César Vallejo. En especial el verso: “pero el cadáver, ay, siguió muriendo”. El cadáver es el de nuestra libertad.

MANIOBRA NACIONALISTA
Editorial ABC 3 Febrero 2005

CON la disolución anticipada del Parlamento vasco y la convocatoria de elecciones para el 17 de abril, el Gobierno nacionalista de Vitoria realmente no ha hecho otra cosa que adelantar en pocas semanas la terminación ordinaria de su mandato, pero sí ha conseguido trasladar a la opinión pública vasca una relación de causalidad entre la convocatoria anticipada y el rechazo del Congreso de los Diputados a su propuesta soberanista. Se trata, por tanto, de una maniobra táctica para movilizar al electorado nacionalista no tanto en torno al Plan de Libre Asociación cuanto a una reacción emocional frente al «portazo» de Madrid, aderezada con la exigencia de que Batasuna participe en los comicios. Los que pensaban que la votación del Congreso enterraría el plan Ibarretxe confundieron el verdadero propósito de los nacionalistas en ese Pleno, que era arrancar una excusa para inflar su victimismo y llevar a su electorado a las urnas bajo el reclamo de devolver la ofensa. El PNV sigue manejando los sentimientos y los tiempos conforme a un guión preestablecido, haciendo en cada momento lo que ha anunciado con antelación. Dijo Josu Jon Imaz, presidente del PNV, que habría adelanto electoral si el Congreso rechazaba el plan del lendakari, y, finalmente, ha habido adelanto electoral. La propuesta soberanista se topó con el Congreso de los Diputados, pero la estrategia nacionalista sigue intacta y ahora hay que saber cómo van a responder el Gobierno y el PSOE a las incógnitas planteadas tras las intervenciones de Rodríguez Zapatero ante el Pleno de la Cámara Baja celebrado el pasado martes.

EL socialismo vasco ha hecho declaración solemne de superar el marco de principios establecido en el Estatuto de Guernica, al proponer una reforma estatutaria que, según su planteamiento literal, va a instaurar una «comunidad nacional vasca». Los vocablos encierran conceptos y el elegido por los socialistas para referirse a la sociedad vasca en su conjunto está situado sin duda en la órbita semántica del nacionalismo. La pregunta, por tanto, es si también la actitud política del PSE ha seguido el mismo camino que su literatura, porque entonces tendrán que aclarar, tanto Patxi López como Rodríguez Zapatero, en su calidad de secretario general del PSOE, si su aspiración es desalojar al PNV del poder o simplemente forzar una coyuntura de acuerdo transversal con los nacionalistas, en coalición de infausta memoria que implante la «vía catalana» en Ajuria Enea. Para lo primero, la convergencia con el PP sería inevitable, pero supondría reeditar la alternativa constitucional de 2001, repudiada por el actual líder de los socialistas vascos, Patxi López. Para lo segundo, y hasta ahora, el PNV ha despreciado todas las aproximaciones de los socialistas, porque su vocación es la hegemonía puramente nacionalista y, por el momento, les basta con que el PSE se dedique a frustrar la recomposición de la alternativa constitucional con el PP. Y en ambos casos, es imprescindible que la coalición nacionalista -el tripartito más el dúo Batasuna/ETA- no reedite la mayoría absoluta de la Cámara.

LA segunda cuestión es si el Gobierno central va a actuar judicialmente contra las candidaturas de pantalla que impulse la izquierda proetarra. El compromiso asumido en la última reunión del Comité de seguimiento del Acuerdo Antiterrorista fue inequívoco en el sentido de que el Gobierno no iba a permitir la presencia de estas listas. Pero la extensión de rumores y declaraciones poco claras sobre posibles interlocuciones del PSE con Batasuna ha privado al Ejecutivo de una parte del margen de confianza que, en condiciones normales de firmeza y claridad, se le reconocería íntegro y sin duda alguna. No cabe esperar otra cosa del Gobierno que la determinación absoluta de aplicar la Ley de Partidos Políticos y de mantener la presión política y judicial sobre el entramado pseudopolítico de ETA. Los resultados obtenidos demuestran la eficacia de fiar a la ley la protección de la convivencia y de la democracia cuando es agredida por el terrorismo. Tampoco es posible apelar, siquiera subliminalmente, a la relajación que suele provocar la ausencia de atentados para dar cobertura a sondeos o «tomas de temperatura» en los suburbios de la banda, porque desde agosto de 2004 hasta ahora la cadena de actos terroristas se ha mantenido constante y no cabe manejar, ni como hipótesis, la existencia de una tregua tácita, tal y como defendía el nacionalismo durante el largo periodo de tiempo en que ETA no atentó, simplemente, porque no se le dejó.

Es inevitable que el adelanto electoral fuerce a adelantar también posiciones reservadas quizá para una mayor maduración, como las que podía estar manejando el PSOE tras la mano tendida por Rodríguez Zapatero al lendakari Ibarretxe. En el pleno del Congreso se notó que el presidente del Gobierno no estaba en un escenario cómodo para su gusto por los planteamientos vacuos. La cita electoral y el llamamiento nacionalista a responder al «agravio» sufrido van a hacer aún más incómodo ese escenario, pues Rodríguez Zapatero tendrá que decantarse en términos mucho más claros y más onerosos que los que suele utilizar. Incluso no debería descartar la posibilidad de que haya de enfrentarse a una convocatoria simultánea de elecciones y consulta popular sobre la propuesta soberanista. Entonces habría llegado anticipadamente ese momento crítico para la supremacía constitucional y, también, para la responsabilidad definitiva de Rodríguez Zapatero.

POCAS LUCES Y MUCHAS SOMBRAS
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 3 Febrero 2005

QUIZÁS, por ser democristiano, Josep Antoni Durán Lleida es el único entre todos los notables del Congreso de los Diputados que no ve en peligro la delicada y frágil idea de la unidad nacional. Santa Lucía le conserva la vista y, donde los demás contemplamos conflicto, él observa una España «plurinacional». Más aún, según el portavoz de CiU, «la unidad y la pluralidad son conjugables» y, por tanto, el contraponerlas supone un error. Creo que habría que recurrir a la teología y al lenguaje de los arcanos para acercarnos, aunque sólo sea un poco, al verdadero sentido, el de Durán, de una unión hipostática de las diecisiete porciones en que se va convirtiendo España.

No parece que la realidad coincida con el mensaje voluntarista de Durán Lleida. Esquerra Republicana de Catalunya, ERC, desde su fundación en 1931 ha sido mucho más diáfana y clarificadora que sus restantes colegas nacionalistas. Al igual que Macià, Companys o Aiguader -sus grandes predecesores-, Carod-Rovira no deja resquicio para la duda o la interpretación equívoca. No desperdicia ninguna oportunidad para recordarnos -esa es su fuerza- que el objetivo final de su partido y su trabajo es la consecución de un «Estado catalán independiente». Luego, si se quiere, llega Joan Puigcercós con la rebaja y se «conforma» con un «Estado federal»; pero a buen entendedor no hace falta abrumarle con largos discursos.

En ese juego de luces y sombras, mejor para el espectáculo que para la correcta organización de una fecunda vida cívica, suelen sobrecogernos las faltas de sincronismo entre los dichos y los hechos. José Luis Rodríguez Zapatero, por ejemplo, conductor de una notable minoría en el Congreso, sustenta su fuerza presidencial en el refuerzo que le prestan sus socios y amigos catalanes, desde el PSC -¿una franquicia?- a ERC. Por eso cuando en ocasiones señaladas, como el pleno para el debate sobre el plan Ibarretxe, el líder socialista echa el resto y se desvive para recordar con cortesía integradora, sin ofensa al adversario, que «el respeto a la Ley es el gran descubrimiento de los pueblos para su vida en libertad», más que negar las pretensiones del lehendakari está excitando el ánimo de sus propios aliados de Gobierno.

Mal asunto es que, en un Parlamento o en una taberna, los adversarios -como acaba de hacer Mariano Rajoy con Zapatero- supongan mejor ayuda que los partidarios y los socios; pero aquí el zapaterismo sonriente, tan vacío como eficaz ante la opinión pública, nos tiene ya acostumbrados a que sean sus socios los grandes críticos del Gobierno mientras que la oposición propiamente dicha, en un ejercicio de responsabilidad, hace el gasto de la ayuda, lo mismo si se trata de salvar un pleno que de vestir el muñeco de un referéndum. Eso no es serio y, además, confunde mucho al público sencillo, a los ciudadanos, que no terminamos nunca de ver muy claro quiénes son los nuestros.

Qué va a pasar
Por Federico Jiménez Losantos El Mundo 3 Febrero 2005

Que va a pasar algo, y algo muy gordo, es indudable. Incluso si después del espectáculo sadomasoquista protagonizado por Zapatero e Ibarretxe en el Congreso no pasara nada, habría pasado mucho, pero sin duda pasarán bastante cosas más. En mi opinión, Zapatero era sincerísimo cuando le pidió a Ibarretxe que esperase un poco, que está empezando una nueva era y que pronto tendrá ocasión de elegir un modelo de Estado bueno, bonito y barato, porque se lo están cosiendo a Maragall. Con el dinero de todos los españoles, faltaría más, pero al servicio y para disfrute de sus enemigos.

Naturalmente, el mero hecho de aceptar que el presidente de una comunidad autónoma, cualquiera de las diecisiete, se presente en las Cortes a insultar, menospreciar y zarandear a la representación de la soberanía nacional supone en sí mismo un avance extraordinario para el separatismo vasco. Y la actitud sumisa, obsequiosa, mimosona y gimoteante del presidente del Gobierno ante Ibarretxe supone un espaldarazo todavía mayor para el separatismo catalán.

Si a Ibarretxe le está pidiendo que espere al Estatuto de Autonomía de Cataluña es porque el PSOE de ZP está dispuesto a hacer concesiones sustanciales en el ámbito de la soberanía. Y, total, ya dijo el vástago de Sabino Arana que el numerito de las Cortes no era ni el fin ni el principio de nada, sino sólo un paso más dentro de un proceso irreversible que sin duda admite estaciones intermedias.

Por ejemplo, aceptar el plan Maragall-López de casi independencia y seguir presionando desde el día siguiente a su proclamación para imponer la independencia plena. Se evita la palabra para seguir haciendo negocios en Europa sobre el cadáver de España. Bien puede aceptarse a plazos lo que, de todas formas, no se podría cobrar al contado.

Lo que no hay forma de saber es qué va a pasar frente a esa estrategia de fondo contra la unidad nacional y, por ende, contra la legalidad constitucional que en ella se funda. El movimiento lo encabeza Zapatero y sólo el PP se ha plantado delante.

Pero el PP tiene a media España detrás y no es posible que dentro del PSOE todo el mundo esté seguro de que el aventurerismo zapateril termine bien. Primero, porque incluso si le sale bien la jugada, el proceso de desmantelamiento de España continuará. Segundo, porque los accidentes en el proceso pueden ser muy elocuentes.

Y tercero, porque el nivel de improvisación en Madrid y Barcelona es tan evidente que sólo por casualidad o por milagro no descarrilará el tren antes de partir de la estación. Pero lo que no va a pasar sino que está pasando ya es que no sabemos adónde vamos.

Entendemos que no hay previsto parar en ninguna estación. Cuando se acabe la vía, pues eso: se acabó.

RAJOY Y EL ESTADO
Editorial ABC 3 Febrero 2005

EL discurso etéreo y casi seráfico del presidente del Gobierno en el debate sobre el plan Ibarretxe acentúa, por contraste, el éxito de la intervención de Mariano Rajoy. Fue, en efecto, un genuino discurso de Estado, que ha cosechado elogios unánimes, incluso desde sectores poco proclives al ideario popular, pues su intervención bien podría ser suscrita por sectores de la izquierda moderada. Hay mucha gente, en uno y otro ámbito político, que se identifica con su firme defensa de la España constitucional, expuesta con brillantez y convicción y planteada también con moderación e ironía, enfoques capaces de desarmar al adversario, cargado de tópicos acerca de una derecha supuestamente agresiva.

Rajoy manejó los argumentos propios de las corrientes más modernas e ilustradas del pensamiento político actual: derechos individuales frente al nacionalismo rancio; libertad frente a privilegios estamentales; legalidad frente a arbitrariedad. El líder de la oposición fue el único, además, que manejó con orgullo el concepto de España, sin caer en absurdos complejos. Rajoy supo explicar las razones para el rechazo rotundo de un plan soberanista que ofende al conjunto de los españoles y pone al País Vasco en el camino de una aventura incierta, ampliando hasta límites intolerables la ya profunda fractura social. Acertó, en fin, a dar cuenta y razón a los ciudadanos de su oferta de pacto al Gobierno socialista, una cuestión que Zapatero prefirió pasar por alto, atado por sus compromisos con Esquerra y por el lastre cada vez más evidente de sus carencias conceptuales, que pretende suplir con una apelación al diálogo universal. Se trata, vino a decir Rajoy, de un pacto por España y por el respeto a las reglas del juego, más allá de una mera alianza de intereses coyunturales. Aquí se demuestra sentido de Estado y altura de miras. En todo caso, sitúa al PSOE en presencia de su propia responsabilidad ante una opinión pública muy exigente en cuanto hace referencia a la unidad de España. Por eso, una gran mayoría ha visto con satisfacción que el líder del PP proclame el éxito de la España constitucional y esté dispuesto a decir «no» siempre que haga falta. Por su acierto en la forma y en el fondo, Mariano Rajoy ha resultado ser el gran triunfador político de un debate que -según sus propias palabras- no tendría que haberse celebrado.

Por encima del interés particular, la situación actual exige dar respuestas serias ante un desafío inaceptable. El Gobierno practica una política de corto alcance, que sólo parece orientada hacia la supervivencia.

Plan Ibarretxe
Irreversibilidad
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 3 Febrero 2005

Pues ya está hecho. Un debate que nunca debió celebrarse acerca de un proyecto que no debió aprobarse basado en una estrategia que no debió imponerse. Dicen que a algunos de los vascos no nacionalistas se les saltaban las lágrimas de pena y frustración al ver la recepción que le dispensaba la sede de la soberanía nacional a la corte de Ibarretxe. Hay algo de kafkiano en todo esto, algo ridículo y absurdo que tiene que ver con ir perdiendo la libertad por los pasillos, ante los togados, bajo las luces mortecinas de la burocracia. Y un cansancio invencible que acaba conformando a los menos convencidos y a los más interesados; perder a pedazos la libertad, de acuerdo, pero ya basta; vivir un poquito sojuzgados, mirar hacia otro lado, olvidar los nombres de los muertos, renunciar y ceder, de acuerdo, lo que sea con tal de detener esta discusión demencial sobre las esencias, esa infinita derivación histórica de agravios, ese cuento chino; lo que quieran. Pues no.

Les molesta especialmente a los recolectores de nueces abatidas y a la izquierda a punto de conformarse lo que denuncian como una dicotomía maniquea nacida en la era Aznar, nacida del martirio de Miguel Ángel Blanco: “con nosotros o contra nosotros” sería una disyuntiva inaceptable. Pero lo cierto es que los caminos que se bifurcan no se los ha inventado Aznar, ni Acebes ni Mayor Oreja. La bifurcación la han puesto ellos, unos a base de matar y otros a base de ponerle precio al fin de la pesadilla. Pero la pesadilla, en esas condiciones, crecería, se ahondaría.

Hay un largo y ramificado debate sobre la historia, que a algunos apetecerá, y un endiablado juego nominal, un tergiversar las palabras para convertirlas en armas cargadas de pasado. Querrán jugar a pelota con los sustantivos o, más finos, masturbarse en una desconstrucción inútil. Pero todos pasan por alto que ha ocurrido algo irreversible: las muertes, los años enajenados de las víctimas, la tómbola maldita, la feria del dolor y de la dignidad. Olvidan que los muertos están muertos, que no hay nada que hacer, que nunca van a decir una sola palabra más de las que ya dijeron, que ellos no pueden aquietarse porque están congelados en el tiempo, que no pueden pactar ni negociar porque están muertos. Y que nadie que no sea un canalla puede hacerlo en su nombre. Los muertos no negocian, los muertos no hacen nada. Por eso hay dos caminos y no tres. U honrarlos o escupirlos. Ya le pueden ir dando vueltas a la doctrina jurídico-política, a los libros de historia, a las leyendas y al diccionario. “Los unos y los otros”, dicen los equidistantes entre libertad y opresión. Pero en medio no hay nada, hay sólo el espejismo de “un nuevo comienzo”. ¿Y los muertos, presidente, por dónde empiezan ellos su futuro?

El remero Zapatero
Por Isabel San Sebastián El Mundo 3 Febrero 2005

Todos los presidentes de Gobierno de la democracia han confiado en su talento o su talante para liquidar a ETA y bajar del monte al PNV, y todos han fracasado en su empeño. Todos, incluido Zapatero, aunque él aún no lo sepa.

Todos los inquilinos de La Moncloa han oído hablar de esa orilla constitucional que se aleja a medida que la España democrática rema hacia su encuentro con el nacionalismo vasco, pero todos se han obstinado en remar como locos, convencidos de su capacidad para domesticar a la fiera que tira y tira de la playa hasta extenuar al remero.

Todos los jefes del Ejecutivo desde la Transición han ensayado la vía de las concesiones, la comprensión, la generosidad política y económica o el diálogo, y todos han acabado chocando contra un muro de deslealtad infranqueable; contra la barrera férrea de un «movimiento nacional» ciego y sordo a la violencia terrorista y a la legalidad democrática.Todos. Es sólo cuestión de tiempo.

El lehendakari Ibarretxe vino el martes a Madrid para escenificar a lo grande el arranque de su campaña electoral, y se marchó convencido de haber logrado mucho más de lo esperado. Un obstáculo menos en su camino a la independencia. El presidente en persona, José Luis Rodríguez Zapatero, le prometió nada menos que un «nuevo marco de convivencia», sin «vencedores ni vencidos».

O sea, tablas entre quienes defienden la Constitución y quienes se ciscan en ella. Una vía intermedia entre la Ley, por la que se rigen todos los españoles a los que representa, y los privilegios que exigen, con el apoyo de ETA, aquellos que tienen a gala no formar parte de esta nación despreciable.

¿Y cuál ha sido la respuesta a semejante «ofertazo»? Un adelanto de las elecciones, convertidas en plebiscito popular de su proyecto soberanista, y una patada a la política antiterrorista con un alegato a favor de la legalización del comando parlamentario de ETA. Esa es la reacción del lehendakari, agasajado en el Congreso, a los esfuerzos del presidente por mostrarse dialogante y talantoso.

Como si todo eso importara algo. Como si el nacionalismo hubiera necesitado alguna vez argumentos para jugar al victimismo y explotarlo ante su electorado. Como si los demás le hubieran dado motivos.Como si los asesinados por ETA hubiesen «hecho algo» para merecérselo

Zapatero boga y boga hacia la orilla del consenso, pero corre un riesgo cierto de terminar en naufragio. Y en la trainera vamos todos.

VOTANTES VALIENTES DE IRAK
Por Darío VALCÁRCEL ABC 3 Febrero 2005

LA prueba de coraje dada el domingo por millones de iraquíes ante los colegios electorales, con riesgo de sus vidas, demuestra lo que el ser humano es capaz de hacer en circunstancias extremas. Por su dignidad y valor, Irak ha dejado atónito a medio mundo. Horas en las colas, al aire libre, con mínima protección, en un país donde se han burlado los cordones de seguridad de la oficina del primer ministro interino, Iyad Alaui, para volar un coche suicida en su misma puerta. Esos millones de votantes, maltratados por décadas de dictadura, habrán reconciliado quizá a muchos escépticos sobre la naturaleza humana.

Al Qaeda había amenazado a los votantes: las urnas son «lugares de vicio y ateísmo». Ha habido 37 muertos el domingo, cifra estadísticamente irrelevante frente a ocho millones de iraquíes que votaban. La capacidad de Al Qaeda de intervenir en un proceso electoral como el de Irak es extremadamente limitada si no nula.

Dos primeras observaciones: se vota en un país invadido. La mayoría de los partidos pide la retirada de las tropas americanas. En dos años la administración Bush no ha podido poner orden en Irak. Segundo, Bush sostiene que su guerra ha quedado legitimada por el voto americano del 4 de noviembre pero ese es un argumento dudoso, utilizado cuando se han venido abajo los demás, alianza de Sadam Husein con los terroristas, armas de destrucción masiva... Algunas piezas del poder americano han jugado suciamente: han permitido el pillaje (museo de Arqueología de Bagdad y otros casos de saqueo), han caído en aberraciones, no sólo torturas, con los prisioneros de guerra. Los iraquíes, con asombrosa dignidad, han respondido con su voto: han mostrado que existe una voluntad nacional. El voto es al mismo tiempo un fracaso y un triunfo para Bush.

Irak ha padecido desde su nacimiento, en 1932, enormes sufrimientos. La violencia sigue dominando la vida iraquí. Pero aparece en escena esta votación, con toda su fuerza moral, como para decir: déjennos ordenar nuestras diferencias por este sistema, nuevo para nosotros; un sistema que no aspire siempre al silencio definitivo del adversario, a su aniquilamiento.

Conviene interrogar a la realidad, tantas veces contradictoria. Sin la decisión de Bush de hace dos años no hubiera sido posible la elección de la semana pasada. La salida de escena de Sadam era una condición previa. La salida de las tropas de Bush es también condición previa para la paz. Bush no quiere dar su brazo a torcer. Pero hoy quiere retirar a su ejército y sustituirlo por una fuerza multinacional dirigida por la ONU, a la que ridiculizó. Sí, hay que escrutar despacio la realidad. Es posible que Irak avance hacia la guerra civil si los soldados americanos no abandonan el territorio iraquí. Y es probable que Irak mantenga su unidad si recupera la libertad territorial. El tejido tribal, no formado por ciudadanos, sino por jefes, es propio de sociedades arcaicas, pero es el que domina hoy una gran parte del país. Se ha repetido que el vencedor de la jornada electoral es el gran ayatolá Alí al-Sistani, pero ese hecho, formulado en bruto, puede conducir a gruesos errores. El pontífice chií es un sabio poco tentado por el poder, conocedor de la ley aprobada en febrero de 2004, donde se reconoce a la minoría suní una capacidad de bloqueo en el proceso constituyente. Probablemente existía un acuerdo entre autoridades suníes y chiíes para apoyar estas elecciones. A partir del 31 de enero los jefes iraquíes parecen decididos a atacar frontalmente a la delincuencia armada y a Al Qaeda. Aunque quieran pactar con la tercera fuerza, la resistencia.

Nacionalismo vasco y autonomía política de la sociedad
DEMETRIO VELASCO/CATEDRÁTICO DE PENSAMIENTO POLÍTICO EN LA UNIVERSIAD DE DEUSTO El Correo 3 Febrero 2005

En un artículo anterior (EL CORREO 14/I/2005), expresaba mi convicción de que los graves problemas que una parte de la Iglesia católica tiene para mantener una relación no polémica con la sociedad española se deben a que su autocomprensión eclesial y su forma de entender las relaciones entre lo religioso y lo sociopolítico están mediatizadas por dos graves prejuicios: el jusnaturalismo premoderno y sacralizado, de un lado, y un ultramontanismo eclesial de masas, por otro. La sociedad moderna, secularizada y pluralista, fruto de un proceso de construcción artificial, contractualista y democrático, carecería de la legitimidad que tiene una sociedad construida y guiada por un derecho sagrado, natural y divino, a la vez, como lo es la Iglesia. Tarea de la iglesia es socializar a todo el mundo en su propia autocomprensión.

Esta forma de pensar y de actuar no es exclusiva de la Iglesia católica, sino que es típica de todo grupo humano, de mayor o menor envergadura sociológica, que se cree portador de una naturaleza «sagrada y trascendente», acreedora de derechos naturales y absolutos, que ningún régimen creado por la voluntad humana, por muy democrática que esta sea, puede poner en cuestión.

Creo que el nacionalismo vasco es uno de estos grupos, que guarda una sorprendente homología estructural con esta parte de la Iglesia a la que me he referido, tanto en su forma de autocomprenderse, como en su forma de entender la relación con la sociedad vasca, en general, y que profesa, asimismo, el doble prejuicio, que, en este caso, denominaría como jusnaturalismo premoderno y sacralizado, de un lado, y como nacionalpopulismo, del otro.

En efecto, el nacionalismo vasco alimenta su imaginario con la afirmación acríticamente asumida de que el pueblo vasco, por ser un pueblo milenario, cuya naturaleza tiene un origen que trasciende a cualquier avatar histórico, tiene unos derechos originarios que sólo se pueden entender y afirmar cabalmente si se priorizan frente a cualquier ordenamiento jurídico positivo, especialmente cuando éste no se adecue a ellos o, peor aún, pretenda cuestionarlos. Como sujeto soberano y originario de derechos, su voluntad debe ser siempre reconocida y cualquier ordenamiento jurídico que no cuente con su consentimiento expreso está deslegitimado de raíz. Los vascos y las vascas, que es el ropaje sociológico con el que se viste esta voluntad popular soberana de un sujeto colectivo, no son ya, como en el contractualismo moderno, quienes, desde la voluntad democrática, construyen y deconstruyen formas de organización política y social, porque se reconocen como sujetos de derechos y libertades inalienables. Los vascos y las vascas no son ciudadanos y ciudadanas modernos, que libremente deciden construir su identidad siguiendo con la aventura moderna de entender la democracia como 'el lugar común del desarraigo'. La aventura del desarraigo democrático, la que ha permitido que los seres humanos concretos seamos 'sujetos' y tengamos una dignidad que no siga estando hipotecada a una posición social o a imperativos de pertenencia etnoraciales, religiosos, lingüísticos, etcétera, la que ha creado 'los derechos humanos modernos', nada tiene que ver, de entrada, con los vascos y las vascas que conforman el pueblo vasco antes definido. '¿Ser para decidir!'. Sólo quienes son parte de este pueblo participan del privilegio de poder decidir soberanamente. Son los portadores de unos 'derechos históricos', a los que la alquimia nacionalista concede el privilegio de ser premodernos y, a la vez, democráticos. Quienes no son portadores de estos derechos-privilegio podrán decidir sumándose al pueblo y comulgando con lo que el pueblo quiere, pero, si alguna vez deciden en contra de su voluntad, no lo harán como pueblo, sino coma una parte, un partido o una facción social ajenos a la naturaleza del mismo.

La forma en que el discurso nacionalista considera a los ciudadanos y ciudadanas no nacionalistas y, sobre todo, a los partidos que les representan, como incapacitados para construir la nación vasca, es un prueba evidente de lo que digo. Las instituciones democráticas de la democracia representativa, la legalidad vigente y los tribunales de justicia, son considerados como instrumentos al servicio de la voluntad soberana del pueblo vasco. Si se ajustan a sus exigencias, se les concede legitimidad, si no es así, carecen de ella y hay que cambiarlos cuanto antes. Si alguien se resiste y no quiere negociar, es porque no es demócrata. La autonomía política de la sociedad es simplemente negada.

Quien entre nosotros está curado en salud y no se deja embaucar por la habilidad que muestra el lehendakari en manipular los conceptos políticos básicos siente estupor al escuchar a quien, siendo solamente un representante político de una sociedad, elegido democráticamente, se expresa como el oráculo de una realidad sagrada, que es imposible reconocer por quienes no comulgamos con la fe nacionalista y, además, queremos vivir como 'laicos' en una sociedad secular y moderna. Supongo que, si estuviéramos en una sociedad secular, convendríamos, sin dificultad, en llamarla por su nombre menos 'religioso', que es el de Comunidad Autónoma del País Vasco. Espero que esto lo entenderán bien quienes han decidido, por todos, que 'España' se debe llamar 'Estado español' para no herir susceptibilidades. Da miedo ver cómo se legitima el plan Ibarretxe, transformado por la voluntad innegociable del nacionalismo vasco en proyecto de ley del Parlamento vasco y en una expresión legítima de 'la soberanía popular vasca', y, acto seguido, se deslegitima la voluntad de las Cortes Generales, porque solamente reflejan la voluntad partidista de un PP y un PSOE que, además, por ajustarse a la legalidad vigente y negarse a 'negociar', carecen de voluntad democrática. Da vértigo ver cómo un presidente, legitimado gracias a las instituciones democráticas, amenaza con dejarlas en suspenso en aras de garantizar el ejercicio del derecho de unos vascos y de unas vascas que serán llamadas a manifestarse 'como pueblo', aunque, para ello, tenga que aplicar los métodos del populismo plebiscitario y la manipulación mediática de la opinión pública con una sobredosis acorde a la gravedad del momento, como viene siendo habitual.

El nacional-populismo vasco, que se configura como modelo y que se esgrime como estrategia de nacionalización de la sociedad vasca, es, en mi opinión, una de las perversiones democráticas que, por desconocer la autonomía política de la sociedad vasca real, plurinacional y pluriidentitaria, acaba impidiendo el libre ejercicio de la ciudadanía democrática.

Sé que también hay, y sobre todo ha habido, vestigios de un nacionalismo español que comparte con el nacionalismo vasco estos mismos prejuicios antidemocráticos y que genera estas mismas perversiones en la sociedad plural. Pero esto no debe servir de excusa para que se nos siga aplicando el lema saturnil de que 'la rabia se cura mordiendo a todo el mundo'.

Sinceramente, creo que, hoy, entre nosotros, la amenaza para nuestra convivencia democrática no viene tanto del nacionalismo español, sino de nacionalismos como el vasco que sigue empeñado en nacionalizarnos a todos en nombre de un pueblo en el que ni creemos, ni nos podemos sentir miembros. ¿ Tan difícil de entender es que, como ciudadanos y ciudadanas democráticos, nos sintamos hijos e hijas de una patria en la que nunca nacimos, la de las sociedades cabalmente democráticas, y de que sigamos creyendo en ella como en el 'lugar común de un mejor arraigo'? ¿Tan extraño es aceptar que nuestra dignidad y nuestros derechos no nos vienen de ser vascos y vascas, sino de ser seres humanos y ciudadanos libres e iguales?

Elecciones vascas
El cabestro lleva a los toros al matadero
Isabel Durán Libertad Digital 3 Febrero 2005

El chupinazo no será el 7 de julio sino que se lanzó el 30 de diciembre. Ayer, por continuar con el símil sanferminero, el Gobierno de la Nación junto con todos los diputados del Partido Socialista iniciaron una desaforada carrera por la cuesta de Santo Domingo. La Fiesta ha dado comienzo y acabará como todas con el descabello. Lo malo es que en este caso, la descabellada es España y la puntilla la pondrán ETA, Ibarretxe, Carod Rovira y Maragall con el beneplácito de José Luis Rodríguez Zapatero.

El manso de nuestro particular inicio del jolgorio por antonomasia conocido mundialmente gracias a Hemingway, es el aparentemente dialogante lehendakari Juan José Ibarretxe seguido por el pelotón de atolondrados y aturdidos toros del Ejecutivo de ZP convencidos de que la carrera será rápida y limpia. Ya tienen fecha para la jornada de entrada en la plaza: el 17 de abril.

El presidente de ni siquiera la mitad de los vascos y vascas lleva ya recorrido un inicio de encierro magistral. Por ahora no ha hecho mas que llevarse el continuado aplauso de los suyos y de quienes le apoyan. Desde que sonó el chupinazo todo lo tenía calculado. O dos meses de negociación en la comisión constitucional debatiendo artículo por artículo el plan nacionalterrorista, con la propaganda que ello supondría o, si no colaba, largo pleno en el Parlamento español con aparatoso y ampuloso efectismo cargado de victimismo al por mayor.

Sus socios, lo que en Pamplona llaman los pastores y dobladores, atizan a la manada para que no se desmadre con el objetivo de conducirla exactamente a donde ellos quieren, no son otros que los aliados independentistas de ZP de la izquierda republicana y los nacionalistas de todo pelaje incluido el jefe de filas socialista desde el palacio de la Generalidad de Cataluña. ¡Todavía cree ZP que el cabestro es manso!

Debate parlamentario
Ganó Maragall
Lucrecio Libertad Digital 3 Febrero 2005

La clave se produjo en la segunda ronda. Cuando Durán y Puigcercós, con tonos y calidades retóricas de nivel muy distinto, pusieron todas sus cartas boca arriba. Hasta ese instante, el debate del martes en el Congreso parecía ser lo que decía ser: discusión, votación y previsible rechazo del secesionista (y, por tanto ni discutible ni votable sin reforma constitucional previa, lo que hacía de todo aquello algo intermedio entre la estafa y el disparate) plan del PNV para Vizcaya y Guipúzcoa. Los dos diputados nacionalistas catalanes hicieron entonces saltar en añicos la escenografía, hasta ese instante tan cuidada por todos. El debate acababa de decidir acerca de otra cosa. Innominada.

No parecían, al inicio, ir a apartarse de la convención retórica: lacrimosas quejas por el desconsiderado trato del cual habría, según ellos, sido objeto el bondadoso Presidente de la autonomía vasca y, a través de él, el pueblo vasco en su conjunto. Luego, con un giro discursivo vertiginoso, ambos cambiaron de tono y de problemática. E hicieron de idéntica tesis el núcleo duro de sus discursos. Señor Zapatero, vinieron a decir, se ha portado usted muy mal con nuestro amigo Ibarreche, pero gracias a la tunda que le han dado, y en la exacta literalidad con la que ha formulado usted las condiciones de esa tunda, salimos de aquí plenamente convencidos de que usted, como lo prometió, aprobará, sin tocar una coma, el Estatuto que tengamos nosotros a bien traerle desde el Parlamento Autónomo de Cataluña.

Nadie los desmintió. Todos, desde Zapatero a Ibarreche, debieron percibir que, en ese instante, se acababa de producir el jaque-mate. Pagando, como es de rigor en los juegos de guerra, un precio: el alfil (le fou, lo llaman los franceses) Ibarreche. Un escalofrío debió correrle en ese instante por la médula al incauto Lehendakari. Y a todos nosotros.

No importa quién habló ni lo que dijo. Ganó uno que no estaba allí: Maragall. Junto a sus aliados. Todos los demás, perdieron. Perdimos.

Bajo el síndrome de la inquietud
Lorenzo Contreras Estrella Digital 3 Febrero 2005

Ha sido desigual la acogida dispensada a la comparecencia del lehendakari Ibarretxe en el Congreso de los Diputados y al debate del correspondiente Pleno sobre su famoso Plan. Unos piensan, entre los observadores, que se le ha otorgado al dirigente nacionalista vasco una magnífica ocasión de pregonar la hondura e importancia de su proyecto, trasladando ese efecto al electorado de Euskadi con vistas a las elecciones próximas. Otros creen que la causa soberanista que encarna Ibarretxe ha quedado dialécticamente tocada, fundamentalmente a través de dos intervenciones con carga de profundidad: la de Mariano Rajoy y la Alfredo Pérez Rubalcaba. No faltan quienes entienden que Zapatero estuvo consentidor y prácticamente abierto a la gran expectativa que el lehendakari busca y desea, es decir, una especie de proceso constituyente vasco culminado por un referéndum, aunque por ahora sólo hable de “consultar” al pueblo vasco, evitándose así la palabra crucial.

Esta pluralidad de interpretaciones demuestra que la sesión parlamentaria, aunque vibrante en ocasiones y bastante sugestiva por el interés de su desarrollo, ha dejado en claro lo fundamental: se haga lo que se haga y resulte de tanto debate, se avanza (o retrocede) hacia un problema constitucional límite. Los nacionalistas vascos, además de abrir el apetito a otras formaciones nacionalistas que aguardan su oportunidad en otros territorios o comunidades, van a rentabilizar los tiempos inmediatos, empezando por la conversión de las elecciones autonómicas en un plebiscito de apoyo o respaldo para la gran tentativa.

Una elemental prospección de opiniones permite llegar a la conclusión de que la sesión parlamentaria dejó flotando una inquietud importante. Este sentimiento podría concretarse en la idea de que Zapatero es un gobernante débil, contemporizador ante la agresividad. A la hora de las palabras enérgicas le sustituye Rubalcaba, para quien, en síntesis, una minoría nacionalista quiere imponer su “razón” a una mayoría no sólo vasca sino también nacional, o sea, española. Pero se han despertado las hambres de la dispersión; de los particularismos centrifugadores, que diría Felipe González. El único gesto imperativo de ZP fue la balandronada de recordar que el principio de legalidad no debe ser conculcado y que él es muy “macho” porque no en vano se atrevió a sacar las tropas españolas de Iraq. Lo que no dijo y seguimos sin conocer es qué habló con Ibarretxe durante cuatro largas horas cuando el lehendakari le visitó en la Moncloa hace pocas fechas. No es fácil saber qué grado de entendimiento, a escala de talantes y predisposiciones, hubo entre ZP y el señor Ibarretxe. Mientras tanto, en el PSOE de los pesos pesados históricos se advierte un espeso silencio. Aparte de González, que ya ha expresado sus alarmas, quedan por respirar sus objeciones los Guerra, los Vázquez y otros más o menos emboscados en la espesura de las reticencias.

Rubalcaba manifestó lo que pudo, dentro de un guión previo. Recordó, igual que Rajoy, los pactos de Lizarra y el imperio del miedo que ETA va desafiando. Un problema añadido sería que en esta guerra fría que poco a poco se va calentando a escala de nacionalismo el PP termine aterrizando en la soledad política. El nacionalismo catalán observa el paisaje sin tomar protagonismo, mientras los vascos practican la labor artillera. Pero en Cataluña, el hábil Piqué prepara sus distanciamientos de Génova 13.

AL DÍA SIGUIENTE
Por FERNANDO FERNÁNDEZ ABC 3 Febrero 2005

En un movimiento calculado para mantener la estrategia de confrontación, el Gobierno vasco ha decido convocar elecciones al día siguiente de que su propuesta de Estatuto fuera rechazada abrumadoramente en el Congreso. Pero no sin antes llamar a una manifestación de desagravio. Como hacía Franco en la Plaza de Oriente ante la conjura judeomasónica. Puede dar resultado, porque pocos dudan hoy que Franco hubiera ganado elecciones de haberlas convocado en los sesenta. Recuerden que convocó y ganó varios referéndum. Pero eso no le hizo un demócrata, ni a su régimen menos autoritario.

Es el caso que los nacionalistas vascos quieren apurar el victimismo para perpetuarse en el poder y remedar los XXV años de paz. Y es una necesidad democrática que se produzca la alternancia. Aunque sólo sea porque gobernar ininterrumpidamente entumece los reflejos, favorece la molicie y propicia los excesos clientelares. En esa necesidad coinciden socialistas y populares. Es desgraciadamente en lo único que coinciden esta vez. Porque la sustitución de Nicolás Redondo y Rosa Díez al frente del socialismo vasco ha traído un cambio de estrategia, apoyada por Zapatero e inspirada en el Molt Honorable Maragall. Se trata atraer el voto nacionalista moderado que se haya podido asustar de la deriva soberanista. Por eso hay que condenar a los populares y recordar constantemente la guerra de Irak, aunque no las elecciones del pasado domingo. Se confía en poder llegar así a gobernar en minoría. El poder une mucho, sobre todo cuando se alcanza de manera inesperada. Y nadie en su partido le discute al presidente su autoridad moral y su olfato político. Pero las dos almas socialistas siguen vivas y se hicieron notar en las diferencias de forma y fondo de los discursos de Rubalcaba y Zapatero.

El acercamiento amable podría funcionar si el nacionalismo fuera un partido político, pero es un Movimiento Nacional. De hecho en Cataluña no funcionó. Maragall perdió las elecciones y, si gobierna en vez de estar jubilado, como se especuló ampliamente en la semana siguiente, es porque los socialistas supieron aprovechar hábilmente las divisiones en el seno del nacionalismo, la ausencia de un heredero indiscutido y las ansias de poder de ERC. Nada de eso existe en el País Vasco.

A medida que las encuestas electorales vayan marcando la imposibilidad matemática de que los socialistas alcancen votos suficientes para gobernar en solitario, irá creciendo la presión a favor de una gran coalición. Esperemos que sea resistida y no se repita el gran error que entregó el País Vasco a los nacionalistas como si les correspondiera por Derecho Natural. En cualquier caso, las elecciones no serán más que una fecha en el calendario. La voladura controlada de España recogida en el articulo 13 del Proyecto Ibarretxe seguirá adelante. Y sólo algunos ingenuos e insensatos pensamos que si se puede discutir de todo, cabría también hacerlo de la lengua, la bandera, el himno, y el concierto, porque son símbolos nacionalistas que los demócratas españoles hemos hecho nuestros en un generoso esfuerzo de integración que ha resultado inútil. Aunque solo sea para dejar claro que rechazar el Estatuto de Guernica es muy caro.

Plan Ibarretxe
Cosas veredes, Mío Cid
José García Domínguez Libertad Digital 3 Febrero 2005

Cosas veredes que farán fablar las piedras, nos advirtió aquél. Y vive Dios que así ha sido desde que los Infantes de Carrión dejaran testimonio en las calzas de la impresión que les causó el talante de Mío Cid. De tal guisa que, sin ir más lejos, en 1978 vimos a los vascos y a las vascas autodeterminándose y votando sí a la Constitución española; igual que los catalanes, que también entonces ratificamos mayoritariamente al pacto constituyente. Mas yendo tan cerca como a anteayer, habríamos de ver a un Parlamento entero en el que ya absolutamente nadie se acordaba de eso. Entremedio, veríamos a los optimistas antropológicos tildando de “asesino” a quien acorralaba a los criminales y a las criminales que mataron a Ernest Lluch, a Fernando Buesa y a Fernando Mújica. Remontándonos casi dos siglos atrás, atisbamos en el primer artículo de la Pepa que los españoles nacemos justos y bondadosos, que no simples y lerdos como presuponía hace sólo veinticuatro horas el Pepe (Blanco). Y al volver camino del presente por la carretera de Perpiñán, avistaríamos el abrazo entre Carod Rovira y sus amigos de Terra Lliure que no se arrepentían de nada, ni de la primera bala ni del último ataúd.

Pero todavía no lo hemos visto todo. En realidad, es muy probable aún no hayamos visto nada. Y es que, por ejemplo, no nos han revelado los nombres de las estrellas en la gran gala final de la Operación Triunfo de ETA. Ésa en la que saltarán a la fama mundial los afortunados que designe el Gran Jurado para figurar en la foto más cara de la Historia; la de las sonrisas risueñas picadas de sarampión, el póster dorado de las mil manchas rojas. Justo antes de la Reforma, Ana Belén anunció que veríamos a Dolores paseando por las calles de Madrid; y al poco, la vimos y comprendimos que aquello sí iba en serio. Bien, pues ahora el plató podría estar en Barcelona, que es donde se cocina de verdad la Ruptura. Y ya hay pitonisas augurando los apellidos que más han pujado por figurar en la instantánea, los del ticket que acumularía todos los boletos en la rifa del próximo Nobel de la Paz. Que en la mascarada el papel de David Bisbal –insinúan a media voz– lo habría comprado Mario Soares, decidido, aprovechando que llega el Carnaval, a posar disfrazado de Jimmy Carter. Y que la plaza de Rosa López –que no Pérez– se la quedaría, en pago a los servicios prestados, Josep Lluis Carod Rovira, travestido para la ocasión de Nelson –que no Winnie– Mandela. Además, asignan nombre y apellido al tercer candidato al flash, aunque ése no representaba misterio para nadie. Ni él ni tampoco su máscara: Infante de Carrión.

EL DEBER DE RECORDAR
Por ROSA DÍEZ ABC 3 Febrero 2005

DEL debate de hace dos días en el Congreso de los Diputados se pueden extraer diversas consideraciones, pero se han constatado, con absoluta claridad, dos cuestiones clave para el futuro. Una: que la política de apaciguamiento ni ha tenido ni tiene ni tendrá ningún éxito con el PNV y con Ibarretxe. Dos: que Ibarretxe sigue estando dispuesto a saltarse la ley y que muestra el más absoluto desprecio por el sistema democrático.

Así las cosas, propongo que, más que preguntarnos sobre cómo transcurrió o debiera haber transcurrido el debate, conviene -urge- que empecemos a decidir cómo hemos de actuar a partir de ahora. Resulta evidente que Ibarretxe se va de Madrid con su capacidad de iniciativa intacta. Si se me apura, no me extrañaría que creyese que lleva una bala en la recámara. Nada más finalizar el pleno, con los fotógrafos aún trabajando y las crónicas sin pasar a la redacción, ya estábamos todos esperando ansiosos cuál sería su próxima jugada.

Lo que yo quiero proponer es que nos movamos, que apliquemos ante este nuevo atropello la tan aplaudida propuesta de «democracia preventiva». Ya sé que hay una doctrina política que sostiene que determinadas cosas han de hacerse, pero no conviene decirlas. En general suelo compartir ese criterio, pero en concreto y a estas alturas del chantaje nacionalista, sostengo que es oportuno y necesario clarificar el panorama. Me explico. Ya le hemos dicho a Ibarretxe que no aceptaremos el chantaje, ni ahora ni nunca. Él nos ha vuelto a amenazar con «dar la voz al pueblo vasco». Hoy, con elecciones anticipadas que quiere convertir en plebiscitarias. Mañana, si nos callamos ante el atropello, con un referéndum. La respuesta del Estado no puede ni debe esperar. Ha de confirmarse la supremacía de la democracia. Ha de garantizarse a los ciudadanos españoles -y de entre ellos a los vascos en particular- que se utilizarán todos los instrumentos de la política y del Derecho para evitar que en el País Vasco se siga pervirtiendo la democracia. Hablando claro: si el señor Ibarretxe convoca una consulta, el Estado deberá impedir que se celebre. ¿Cómo? Ni lo sé ni necesito saberlo. Sólo quiero estar segura -y, como yo, cientos de miles de vascos- de que no se permitirá una farsa electoral más. De que no se nos violentará con una consulta tan inmoral, ilegal e ilegítima como los referendos que convocaba Franco. Y no exagero en la comparación. En aquéllos también la pregunta era una trampa, también se hacían en ausencia de libertad y también entonces la no participación era perseguida y sancionada. Sólo que esta hipotética consulta sería «permitida» por un Estado democrático que tiene la obligación de defender la igualdad y la seguridad de sus ciudadanos.

Espero que a nadie del espacio de los demócratas se le ocurra aceptar que las elecciones del próximo 17 de abril sirven a modo de referéndum, con la ventaja de que no nos vemos en la obligación de suspenderlo. Sería una perversión aún más peligrosa y doblemente dolorosa. Ningún proceso electoral sirve para legalizar leyes ilegítimas. Nunca y en ninguna circunstancia. Pero en el caso del País Vasco, menos aún. Porque ya hace demasiado tiempo que una parte importante de la ciudadanía vasca tiene mermados sus derechos. Ya hace demasiado tiempo que vivimos «en libertad vigilada». Ya hace demasiado tiempo que en el País Vasco no se dan las condiciones democráticas para celebrar elecciones. ¿Qué clase de campaña se puede hacer si para organizar un mitin en Ondarroa, por ejemplo, has de movilizar a más policías que te protejan que a ciudadanos que te puedan escuchar? ¿Qué clase de democracia es ésa que ve como normal el que muchos políticos no puedan pasear tranquilos por determinados barrios de Bilbao, San Sebastián, o por pueblos como Oyarzun, Beasain o Bermeo? Sin contar con la anomalía que supone que el diez por ciento de la población se haya exilado, y no por motivos económicos. No, no hay condiciones democráticas para ir a las urnas desde hace ya demasiado tiempo. Y mucho menos para plebiscitar una propuesta rechazada por los representantes legítimos del pueblo soberano.

Espero que el paso del señor Ibarretxe por las Cortes haya servido para que no puedan llamarse a engaño ni siquiera los malabaristas de la política o los que pudieran ir de ingenuos, más que nada porque la realidad es muy dura. Aquí estamos muchos que apelamos y confiamos en la democracia y en el Estado para que defienda nuestros derechos. Aquí estamos muchos que no olvidamos, que estamos dispuestos a ser la memoria viva de los que ya no pueden hablar. Aquí estamos muchos -o pocos, yo qué sé- que no nos vamos a callar. Muchos que hacemos nuestras las palabras de Primo Levy: «Si comprender es imposible, conocer es necesario. Y recordar es un deber».

Míster erre que erre
FERNANDO ÓNEGA La Voz 3 Febrero 2005

DECÍAMOS ayer: «No se frenó al lendakari, que seguirá con sus ideas». Lamentablemente, se ha confirmado en menos de 24 horas. Ayer, el señor Ibarretxe se convirtió en el sacristán del chiste de la petaca; en el tozudo gobernante que no escuchó o no quiso entender ni una sola palabra de las dichas en el Congreso; en míster erre que erre, que quiere que todo el mundo cambie, menos él. Él, como está poseído de algún don divino que le otorga el privilegio de la verdad, no cambia una coma de su discurso. Está por encima de las leyes, de la lógica, del interés colectivo, de la Constitución, de los demás partidos y del estado. Sigue considerándose un enviado del cielo. Es un mesías.

No digo esto por su decisión de convocar elecciones para el 17 de abril, que es la noticia de la jornada. Está en su derecho, pertenece a sus atribuciones y, formalmente, ni siquiera es un adelanto de las urnas. Un mes arriba o abajo no es una alteración del calendario. Sólo es un oportunismo de inversor aprovechado en la bolsa política para recoger beneficios de la tensión creada por su Plan y la forma de presentarlo. Cualquier otro dirigente hubiera hecho lo mismo, con una salvedad: ningún otro que no sea un oportunista y algo simpatizante con las intenciones de ETA se atrevería a pedir que se pueden presentar unos terroristas apartados de la legalidad por la Justicia.

Más inquietante que eso ha resultado el contenido general de su mensaje, que la radio y la televisión públicas del País Vasco han transmitido en directo. Ahí, el señor Ibarretxe ha mostrado todo lo peor que se puede mostrar desde un gobierno. Despreció la generosa y arriesgada oferta de Zapatero para hacer un nuevo estatuto. Hizo una gran manipulación al englobar la mano tendida del mismo Zapatero en un supuesto «frente del no», para alimentar el victimismo del que vive. Sigue amenazando con la convocatoria de un referéndum e ignora de forma deliberada la ilegalidad de su celebración bajo un derecho democrático inventado. Y quiere levantar a la parte de pueblo que le obedece para presionar al Estado: «Hay que decirle al Estado -dijo textualmente- que tiene que negociar».

Este ciudadano es la cabeza que embiste, del poema de Machado. Es el frontón en que rebotan las ideas, las propuestas, las disposiciones al diálogo y los argumentos jurídicos. Es el hombre que hace dudar de la capacidad de raciocinio del ser humano. Es la personificación de la razón absoluta atribuida a sí mismo. Es el elegido, el conductor de un pueblo que entiende que la divinidad le ha encomendado cruzar el mar de la soberanía sin mirar a los lados ni atender a los intereses y sentimientos de otros. Es un peligro público. Pero va a ganar.

En busca del voto vasco
Enrique Badía Estrella Digital  3 Febrero 2005

Entraba dentro de lo previsible —al filo de lo probable— que a la derrota de su plan en el Congreso de los Diputados el lehendakari Ibarretxe respondiera convocando elecciones autonómicas levemente anticipadas. De ese modo, la sesión en el Congreso de los Diputados pudo servir a modo de primer acto de la campaña hacia las votaciones del próximo día 17 de abril, más o menos un mes antes de lo inicialmente previsto.

La decisión adoptada ayer por el Gobierno vasco plantea una pequeña alteración del calendario electoral previsto, pero el adelanto no anda carente de cierta intencionalidad, en lo que la convocatoria pueda entrañar de simbolismo al producirse antes de cumplir las primeras 24 horas desde la sesión parlamentaria en Madrid. Intencionadamente o no, lo que sí podría resultar afectado es el ya convocado referéndum sobre el proyecto de Tratado que fija la nueva Constitución europea. A última hora de ayer surgían dudas sobre si su celebración el próximo día 20 de febrero podría complicarse a resultas de los plazos que fija la ley Orgánica 2/1980 como obligatorios entre un referéndum y cualquier proceso electoral en una misma demarcación territorial, en este caso las tres provincias de Euskadi. Será, sin duda, un asunto que los expertos habrán de examinar con celeridad.

En todo caso, convocados los comicios se hará inevitable la sucesiva especulación en torno al veredicto de las urnas; centrado, básicamente, en la presunción de si variará o no ese ajustado equilibrio, la partición prácticamente en mitades de la sociedad vasca, entre quienes dan soporte a los partidos declaradamente nacionalistas y los que no. Lo que parece admitido es que, si llegan a producirse, las variaciones serán de escasa entidad, sin cambios relevantes de proporción.

Más allá del lenguaje y los requisitos de legalidad, es evidente que una parte de los políticos vascos aspira a obtener la independencia formal. Quieren alcanzar la meta de convertir a Euskadi en uno más de los estados miembros de la Unión Europea (UE), mejor antes que después. No son, por cierto, los únicos en el conjunto de España y, tanto entre la sociedad vasca como en otras, sus posiciones cuentan con un determinado respaldo popular. Dicho todo esto, comienzan a surgir zonas de nebulosa, cuando no de confusión.

Lo primero que corresponde preguntarse es si todos los que apoyan la opción nacionalista, una u otra, vasca o de cualquier otro territorio, desean verdaderamente separarse de España. La segunda duda es si quienes más o menos aspiran a esa eventual independencia tienen claro qué significa en términos operativos emprender el camino de la segregación.

En vista de todo ello, seguramente convendría abrir el debate sustancial: esto es, contraponer los pros y contras que, respectivamente, consideran los partidarios de emprender el camino de la independencia y/o quienes siguen creyendo más conveniente perpetuar la unidad de España como nación. Ventajas e inconvenientes, argumentos favorables y desfavorables que, desde la óptica de cada parte, valdría la pena situar en el terreno de lo concreto, prácticamente a nivel de lo cotidiano para cada uno de los individuos de cada sociedad.

Nada de ello tendría por qué sustituir o reemplazar otros elementos del debate: identidad nacional, mecanismos legales, ámbitos de decisión, etcétera. Sí convendría, en cambio, complementar el debate en torno a las ideas, los sentimientos y los principios con una traslación diáfana de cuanto ello significa en términos de estricta realidad.

ebadia@hotmail.com

Zapatero en el Casino
Por Cayetana Álvarez de Toledo El Mundo  3 Febrero 2005

El discurso de Zapatero en el debate del plan Ibarretxe no fue el de un presidente del Gobierno. Ni pretendía serlo. Tranquilizar a los patriotas de izquierdas, silenciar a Bono y neutralizar a Simancas eran tareas del gran Rubalcaba.

Zapatero fue a otra cosa al Congreso. Fue a dar su primer mitin como verdadero candidato socialista a la lehendakaritza. Puro cálculo electoral. Pura estrategia política.

Desde el púlpito parlamentario y para inquietud de los españolistas, Zapatero reconoció que es un «optimista antropológico», atributo que Kant detectó en la burguesía emergente que aspira a reformar el Estado. Motivos, sin embargo, no le faltan al presidente para confiar en sí mismo. Salvo el patinazo de Kerry, ha acertado en sus pronósticos y, además, guste o no, es un hombre con suerte.

Lo demostró en el 35 Congreso y lo confirmó el 14-M. Ahora cree que puede desalojar de un plumazo al PNV del poder. Por eso su estrategia no se ha limitado a desactivar con sonrisas el insoportable victimismo que alimenta el voto nacionalista, sino que ha ido bastante más lejos.

Ha asumido como propio el lenguaje del adversario no sólo en las formas sino también parcialmente en el contenido.Ha rechazado la locura de la libre asociación, pero ha aceptado la idea de que el actual marco constitucional debe ser sacrificado en aras de un «acuerdo histórico y definitivo».

Zapatero llegó al Parlamento como quien llega al Casino. En los bolsillos de su traje a medida llevaba el futuro de España en fichas esmaltadas. Se acercó a la ruleta y, para pasmo general, las apostó todas de golpe. Ni al rojo ni al negro, que los colores, es sabido, son para novatos y cobardes. Colocó la Constitución y cinco siglos de trayectoria en común sobre un solo número, el de las elecciones vascas, en un intento audaz de hacer saltar la banca.

Es verdad que para realizar grandes hazañas hay que asumir grandes riesgos. Si Zapatero logra acabar con la hegemonía nacionalista y tiene la decencia de pactar un acuerdo de gobierno con el PP, habrá hecho historia. Las posibilidades, sin embargo, son remotas.Todo sugiere que su plan consiste en forjar una alianza transversal con el PNV y alumbrar un nuevo estatuto vasco, similar al que en Cataluña ultima Maragall. Más alarmante aún, Zapatero carece de plan B para el caso nada improbable de que los nacionalistas salgan en masa a votar al partido que más patria les vende.

En todo caso, el daño ya está hecho. Con su propuesta de tercera vía entre el modelo del 78 y la disolución de España, Zapatero ha envalentonado a los centrifugadores de todos los niveles y velocidades. Ahora estos saben que, sin contrapartida alguna y a pesar de las pistolas, el Gobierno está dispuesto a negociar.Frenar la turbina de sus reivindicaciones será, pues, doblemente difícil. «El nacionalismo es una enfermedad infantil, el sarampión de la humanidad», en palabras de Einstein, con la diferencia capital de que no se cura. Ni siquiera viajando, aunque lo creyera Baroja.

La cabriola
Cartas al Director ABC 3 Febrero 2005

En el debate sobre la propuesta del plan Ibarretxe quedaron varias cosas claras que, por obvias, no mencionaré, y otras, no tan evidentes, se manifestaron como llamadas por conjuro.

Nueve meses llevamos de nuevo Gobierno y nueve meses han tardado los sectores nacionalistas que lo soportan y dan sustento en dar a luz, y taquígrafos, a la verdadera esencia de la deuda contraída por el Ejecutivo. Puigcercós terminó, con su discurso, de dejar listo el modelo de Estado, o más bien de no Estado, que van a exigir al presidente Zapatero como peaje sustentador de su Gobierno y, probablemente, del tripartito catalán. Caro, o más bien Carod, se lo han fiado.

El presidente Zapatero ha comenzado, con su discurso, lo que se vislumbra como el inicio de una imposible cabriola, de triple salto mortal con tirabuzón invertido, que contente a todos. Cabriola que le dé alguna posibilidad frente al PNV en las próximas elecciones vascas, que le permita mantener la estabilidad del Gobierno nacional, que no espante a su electorado «español», que atraiga al «foráneo», que el tripartito no se convierta en, simplemente, partito y que, en definitiva, dentro de tres años y parafraseando a Guerra, don Alfonso, a España la siga conociendo al menos la madre que la parió, que visto lo visto, vaya usted a saber quién fue.

Así pues, el presidente de la todavía nación tendrá que hacer un hueco en su apretada e incumplida agenda para que, entre clase y clase de inglés, entre cita y no cita con presidentes y multinacionales, pueda tomar algunas lecciones de acrobacia y malabarismo. Joaquín Jiménez. Cáceres.

El debate.
Cartas al Director ABC 3 Febrero 2005

..Podríamos dedicar tiempo a comentar y rebatir las mentiras históricas que Ibarretxe ha vertido en el Congreso. Él sabe que no ha habido ninguna historia de España sin el País Vasco. Esta región es uno de sus fundamentos, junto con Castilla y Navarra, bajo el nombre de Reino de Castilla. Quizá quiera un País Vasco sin España. Lo que hay que preguntarse es si el resto de los españoles queremos una España sin País Vasco.

Mucho más grave me ha parecido la intervención del presidente del Gobierno, quien ha dado una patada a la legalidad en favor de la libertad, motivo por el cual, dice, ha admitido a debate esta cuestión ilegal. ¿Está capacitado para desempeñar la función de presidente quien no entiende que la legalidad es el marco que garantiza la libertad? ¡Qué miedo da España en sus manos! Aparte el cúmulo de contradicciones con que nos ha deleitado, ha salido por la tangente. De legalidad, nada; de constitucionalidad, nada; de procesalidad, nada; de igualdad ante la ley, nada. ¿De qué ha hablado? De referéndum plus. Quizá el presidente necesite dos tardes con Rajoy, que ha estado enorme, para subsanar estas lagunas en su formación jurídica. El problema es que no disponemos de dos tardes para tontear con el nacionalismo vasco con retórica vacua. Ana-Cristina Manso. Burgos.

Compensaciones
Fernando Sánchez/Bilbao Cartas al Director El Correo 3 Febrero 2005

Como era de prever, anteayer los vascos, sí, los vascos, hemos rechazado el plan Ibarretxe en el Congreso de los Diputados. De los 19 diputados electos vascos que hay en la Cámara Baja, 11 dijeron 'no' y sólo 8 estuvieron a favor. Si cometemos el error de incluir a Navarra en el lote, al modo nacionalista, entonces 15 diputados votaron en contra frente a 9. Y si asumiéramos la utopía sabiniana, entonces la derrota sería estrepitosa porque en lo que ellos llaman 'Iparralde' -en realidad sólo algunas de las circunscripciones electorales del Departamento de los Pirineos Atlánticos, de la región de Aquitania-, el nacionalismo apenas alcanza el 5% en la primera vuelta de las elecciones legislativas francesas; jamás han pasado a la segunda vuelta. Pero volviendo a la realidad, la población de esta comunidad autónoma suele votar de manera distinta, según el órgano de representación que esté eligiendo. Así se genera, de forma inteligente, un sistema de contrapoderes y de compensaciones que facilita la estabilidad institucional: la efímera mayoría del plan en el Parlamento de Vitoria (incluyendo los votos de ETA-Batasuna), quedó sobradamente compensada con el voto mayoritario de los parlamentarios vascos en el Congreso. ¿Ah, y sin tortas! Democráticamente.

Ambigüedad y falta de coraje
Cartas al Director ABC 3 Febrero 2005

Una vez más Rodríguez Zapatero se mostró no como un presidente de Gobierno, sino como alguien que en cada ocasión -la del martes era importante - ve la posibilidad de obtener votos sin importarle el país ni el pueblo al que ¿gobierna? Frente a la altura de miras, la claridad meridiana, la contundencia desde la serenidad y el buen estilo, la posición de hombre de Estado antes que de hombre de partido, la gallardía y la honradez de Rajoy ante el desafío de Ibarreche, Rodríguez Zapatero se movió, como suele hacer, en la ambigüedad, la maquinación, el equilibrio inestable, el disimulo, la intriga y la especulación, buscando tan sólo réditos electorales y, olvidándo que es presidente de España, obtener beneficios partidistas antes que beneficios de Estado. Sus movimientos son los clásicos del especulador, del tahúr, del jugador de póker que siempre esconde una carta; en el caso de Rodríguez Zapatero, las cartas del talante y del diálogo «ad nausean», talante y diálogo que más tarde empleará o no según sus intereses y los de su partido, nunca según los intereses de España.

Que sepamos, todavía no hemos visto ni una sola decisión de nuestro presidente orientada a fortalecer España dentro y fuera de nuestras fronteras y como consecuencia de ello España ha pasado de jugar en primera en el campo internacional a jugar en segunda B. El último varapalo en la indefinible política nacional está por llegar y está muy cerca, más cerca del próximo mes de mayo porque se han adelantado al 17 de abril: las elecciones autonómicas vascas. Manuel del Rosal García. Talavera de la Reina (Toledo).

Ministra y lengua
Javier Montaña Alonso/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 3 Febrero 2005

La ministra de Educación, María Jesús Sansegundo, declaraba en una entrevista a este diario el 27 de enero: «En nuestro ordenamiento se dice que los ciudadanos deben conocer los idiomas oficiales de sus territorios». Pues bien, la ministra se equivoca. La única lengua que debemos conocer, artículo 3 de la Constitución, es el castellano (español, según la Academia). Las otras lenguas: catalán, valenciano, gallego y vascuence, son también oficiales en sus respectivas comunidades autónomas y su uso y aprendizaje es un derecho de sus habitantes, pero no un deber. El que suscribe cree que no debería obligarse a nadie por ley a conocer una lengua, ni siquiera el español, pero nuestro ordenamiento jurídico es así y no como dice la ministra.

El PP lamenta la inquietud creada por «la falta de firmeza» del presidente
Cree que el Gobierno ha dado una plataforma electoral a Ibarreche con el debate
El PP cree que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha incrementado la «inquietud» de los ciudadanos con su posición en el debate del «plan Ibarreche». Arrogándose el papel de portavoz de la opinión pública, el principal partido de la oposición lamentó que Rodríguez Zapatero no haya sido capaz de liderar la respuesta que se le demandaba y que ni siquiera haya fijado los «límites» al desafío soberanista.
C. Morodo Libertad Digital 3 Febrero 2005

Madrid- Los populares siguen con su mano tendida para el pacto de Estado sobre el modelo territorial. Con prudencia, en el juego de equilibrio en el que se han instalado para evitar que se les pueda responsabilizar de dinamitar la comisión PP-PSOE negociadora del acuerdo, ayer dejaron ver sus recelos ante el discurso de Rodríguez Zapatero en el debate del «plan Ibarreche». La puesta en práctica de lo dicho en el plenario por el presidente del Gobierno dañaría de manera irreversible, según se apunta, la posibilidad del frente común en la defensa del modelo constitucional y estatutario. Pero de momento, en cualquier caso, se opta por esperar a ver cómo evolucionan los acontecimientos.

La afirmación de Rodríguez Zapatero de que el Estatuto de Guernica y el actual marco constitucional deben ser revisados en aras de «un acuerdo histórico y definitivo» es la que ha encendido todas las alarmas.
El análisis interno que se hace es que el presidente jugó el papel que le exigía el objetivo partidista de sacar un rédito electoral ante las autonómicas vascas, adelantadas finalmente al próximo día 17 de abril.

Por eso, ayer la dirección popular llamó la atención sobre la «inquietud» que las palabras de Zapatero habían generado en la opinión pública. Utilizando a ésta como razón argumental, Ángel Acebes, el secretario general, señaló que Rajoy «había hecho el discurso que muchos esperaban del presidente del Gobierno», ya que transmitió tranquilidad y confianza sin caer en la crispación.

El «número dos» pidió asimismo a éste que reflexione sobre lo que «algunos votaron y aplaudieron» en la Cámara Baja, en explícita alusión a la bendición de ERC, socio del Gobierno, al proyecto soberanista.

Desde el PP se recuerda que el único punto de encuentro de todas las intervenciones estuvo en el Estatuto de Guernica, lo que, a su juicio, pone de manifiesto la «equivocación» de «todos aquellos», entre los que se encuentran los socialistas, que «proponen acabar con él y ofrecen planes y proyectos distintos».

También se mantiene que fue un error la decisión del Ejecutivo de dar lugar al debate parlamentario, en vez de intentar frenar el proyecto por la vía judicial mediante el recurso en el TC.

«La sociedad esperaba que el presidente del Gobierno fuera capaz de liderar una respuesta colectiva que diese seguridad, garantías y que fijase los límites de qué es lo que no se puede hacer, de qué estamos dispuestos a no consentir. Y eso ayer no se produjo», lamentó Acebes.

Campaña electoral. Por último, el principal partido de la oposición entiende que el debate en el Congreso ha servido al lendakari para realizar su «primer acto de campaña», utilizando la sede de la soberanía nacional como plataforma de un «mitin del PNV». En la misma línea que Acebes, el portavoz parlamentario, Eduardo Zaplana, advirtió, en declaraciones a la Cope, que Rodríguez Zapatero ha «abierto un camino sin salida, ni recorrido», y que, en caso de iniciarse, «sería tremendamente corto». «Lo que más me intranquilizó fue que no mencionase más que de pasada a las víctimas del terrorismo». En este contexto, el PP rearmará en clave vasca su maquinaria electoral ante el referéndum de la Constitución de la UE.

Marín se planta ante ERC y retira una pregunta al Gobierno hecha en catalán
Un pacto entre caballeros en el Congreso permite, según Marín, intervenciones breves en lenguas distintas del español, siempre que inmediatamente se traduzcan
J. L. LORENTE ABC 3 Febrero 2005

MADRID. Una de dos: o las relaciones entre el PSOE y sus socios de ERC están muy deterioradas o la paciencia del presidente del Congreso, el socialista Manuel Marín, con el uso de las lenguas cooficiales en el hemiciclo ha llegado al límite. Tal vez las dos cosas. Lo cierto es que el episodio vivido ayer en la Cámara Baja no tiene precedentes. Marín llegó a retirar -durante la primera sesión de control al Gobierno del año- una pregunta de ERC por el hecho de que el diputado independentista Joan Tardá la formuló sólo en catalán. La decisión de Marín no dejó indiferente al hemiciclo: los diputados del PP empezaron a aplaudir, mientras los parlamentarios de ERC se apresuraban a convocar a los medios de comunicación para arremeter contra el presidente de la Cámara.

Todo comenzó cuando Tardá interpeló a la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega. El diputado de ERC planteó su pregunta sólo en catalán. En ese momento, Marín recordó a Tardá que faltaba «una parte» dentro de su intervención, en referencia a la «traducción» al español que suele acompañar a las palabras de los parlamentarios nacionalistas.

Mitad sorprendido, mitad enfadado, el diputado independentista hizo saber a la Cámara que no sabía de qué estaba hablando Marín. El presidente del Congreso no se molestó siquiera en «ilustrar» a su señoría y anunció tajante: «Pasamos a la siguiente pregunta».

Los aplausos del PP
La bronca estaba servida. Los diputados del Grupo Popular, encantados con la actitud de Marín, aplaudieron la decisión. Mientras tanto, los parlamentarios de ERC hacían corrillo en el hemiciclo, posiblemente decidiendo cuál iba a ser la respuesta al presidente de la Cámara.

La incógnita se despejó de inmediato. Un asesor en materia de prensa del grupo independentista se apresuraba a convocar a los medios de comunicación a una rueda de prensa. Dicho y hecho. Diez minutos después, Tardá -acompañado por otros cuatro diputrados de su grupo- atacaba a Marín: «No esperábamos este trato y no entendemos a qué obedece. Lo único claro es la humillación que para el catalán supone lo ocurrido en el hemiciclo. Lamentamos la mala educación demostrada por el presidente del Congreso». No quedó ahí la cosa. El parlamentario de ERC atribuyó la decisión de Marín a un acto de «catalanofobia», al tiempo que hizo notar la «contradicción» que supone, a su juicio, el hecho de que el Gobierno reclame en la UE que el catalán sea reconocido como lengua de trabajo, mientras esa petición no se respeta en España. A continuación, un reto: los independentistas, según Tardá, seguirán preguntando en catalán.

Marín, por su parte, también hizo «campaña» con los medios de comunicación y no dejó pasar la oportunidad de explicar a los periodistas en los pasillos de la Cámara el acuerdo no escrito que se alcanzó en el Congreso sobre el uso en las sesiones de lenguas cooficiales. Según ese «pacto de caballeros» -con vigencia hasta que resuelva definitivamente cómo se va a trabajar en el aspecto lingüístico-, se podrán hacer intervenciones breves en lenguas distintas del español, siempre que inmediatamente se produzca una traducción. «El Congreso -señaló Marín- tiene un profundo respeto a lo que significan Cataluña y la lengua catalana. El problema es que hay algunos diputados que pretenden sistemáticamente incumplir el acuerdo». Tardá, por su parte, negó la existencia de tal «pacto de caballeros».

¿Es Ibarretxe un demócrata?
FRANCESC DE CARRERAS La Vanguardia 3 Febrero 2005

Ibarretxe mantuvo en su intervención parlamentaria del martes pasado dos premisas fundamentales: a) su proyecto de reforma es democrático porque ha sido aprobado por una mayoría del Parlamento vasco; b) dicho proyecto será válidamente democrático si es aprobado por referéndum en el País Vasco aunque no haya sido aprobado por las Cortes.

Si convenimos en que por Estado democrático entendemos aquel en el cual el pueblo ejerce el poder de forma directa -mediante referéndum- o indirecta -mediante sus representantes en el Parlamento-, el planteamiento de Ibarretxe es, a primera vista, impecablemente democrático: pretende que la reforma del Estatuto vasco se apruebe en el Parlamento y sea ratificada por el pueblo. Sin embargo, tras una segunda lectura, se comprueba fácilmente que ambas premisas son contrarias a la ley, en concreto a la Constitución y al Estatuto vasco. ¿Quiere ello decir que Ibarretxe es un demócrata pero no cumple la ley? ¿O, simplemente, no es un demócrata? Veamos.

Una regla elemental de toda democracia es que la voluntad de la mayoría debe prevalecer sobre la voluntad de la minoría. La razón de ser de esta regla no se encuentra en que la mayoría no pueda equivocarse o que las decisiones de la mayoría siempre sean mejores que las de la minoría. En política, el acierto o error son subjetivos, dependen del punto de vista, ideología e intereses de cada uno. Sin embargo, que la voluntad de la mayoría se imponga es una convención bastante razonable para tomar decisiones democráticamente válidas y, en todo caso, la opción contraria -que se imponga la voluntad de la minoría- parece menos convincente.

Ahora bien, como se está de acuerdo en que las decisiones que tome esta mayoría pueden resultar perjudiciales, los estados democráticos se han ido dotando de instrumentos diversos para su control: por ejemplo, elecciones periódicas, división de poderes, inviolabilidad de los derechos fundamentales, principio de seguridad jurídica, responsabilidad de los poderes públicos, garantías procesales, entre otros muchos. Las constituciones actuales recogen estos instrumentos, estas reglas que imponen frenos y controles al principio democrático, a la voluntad de una mayoría en un momento dado. Así pues, no toda decisión adoptada por una mayoría es democrática: sólo lo son aquellas que se adoptan de acuerdo con las reglas establecidas en la Constitución y en el orden jurídico que de ella deriva. Ello significa que actualmente nuestras democracias están sometidas a reglas, a las reglas del Estado de derecho: son democracias constitucionales.

¿Son las constituciones, pues, un límite al proceso democrático, al ejercicio del poder por parte del pueblo? Ciertamente, aquello regulado en las normas constitucionales es sustraído al poder de los parlamentos y, por tanto, las constituciones limitan el alcance de su poder. Ahora bien, tratándose de constituciones democráticas en absoluto puede afirmarse que todo ello sea en detrimento del poder del pueblo. Es precisamente ese pueblo el que se ha dotado de una constitución con el objetivo de preservar algunos bienes básicos y limitar así la actuación de los poderes públicos para evitar que unas mayorías coyunturales caigan en la tentación de tomar decisiones que afecten a materias que deban ser consideradas básicas y, por tanto, sea necesario que su regulación goce de una estabilidad superior a la de las leyes ordinarias. Por ejemplo, si el Congreso y el Senado adoptan por mayoría -o aún por unanimidad- establecer la pena de muerte, ello no sería legítimamente democrático porque lo prohíbe la Constitución.

Hace ya bastantes años, Fiedrich Hayek señaló con agudeza que las constituciones son como la atadura que Pedro se impone cuando está sobrio para cuando esté ebrio. Más recientemente, Stephen Holmes ha justificado la necesidad de las constituciones comparándolas con la conocida imagen del cauto Ulises resistiéndose a los encantos de las sirenas para no desviarse del recto camino que debía conducirlo a Ítaca: "Los ciudadanos necesitan una constitución de la misma forma que Ulises necesitó ser atado a un mástil. Si se permitiera a los votantes obtener lo que quisieran provocarían inevitablemente un naufragio. Vinculándose a sí mismos mediante reglas rígidas, se colocan en la mejor situación para conseguir metas colectivas sólidas y duraderas".

Las constituciones son, pues, ataduras para evitar decisiones poco meditadas o coyunturales. Ello no quiere decir, por supuesto, que las constituciones de hoy en día sean inmodificables. Por el contrario, si los textos constitucionales no pudieran ser reformados las constituciones no serían democráticas ya que se impediría al pueblo ejercer su voluntad. En definitiva, en las democracias constitucionales las decisiones se aprueban por mayoría pero no todas las decisiones adoptadas por mayoría están legitimadas democráticamente: sólo lo son aquellas que, además, se adoptan de acuerdo con las normas previamente establecidas.

Volviendo a las preguntas del principio, de acuerdo con la Constitución y con el vigente Estatuto vasco, ni el llamado plan Ibarretxe puede ser aprobado sólo por una mayoría del Parlamento vasco, ni el lehendakari es competente para convocar un referéndum. Ibarretxe, pues, hace continuas invocaciones a la democracia pero no cumple con las normas, con las normas democráticas. ¿Es Ibarretxe un demócrata? Desde luego, no es un demócrata constitucional.

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB
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