AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 4 Febrero 2005
LA COSECHA VASCA
M. MARTÍN FERRAND ABC 4 Febrero 2005

¿TIENE RODRÍGUEZ OTRO PLAN
Carlos HERRERA ABC 4 Febrero 2005

Perplejidad y caos
Agapito Maestre Libertad Digital 4 Febrero 2005

Huida de la libertad; regreso a la caverna
José Vilas Nogueira Libertad Digital 4 Febrero 2005

Houston, tenemos un problema
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 4 Febrero 2005

Se acelera el desafío
Lorenzo Contreras Estrella Digital  4 Febrero 2005

Faroles y trampas
Federico Jiménez Losantos El Mundo 4 Febrero 2005

La imagen del terror
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 4 Febrero 2005

Víctimas objeto
Editorial El Correo 4 Febrero 2005

Blog Arcadi Espada
3 de febrero . 4823  4 Febrero 2005

La cuenta atrás de HB
EL SUBMARINO La Razón 4 Febrero 2005

Europa y el debate español
Pablo Sebastián Estrella Digital 4 Febrero 2005

Zapatero
Francisco Umbral El Mundo 4 Febrero 2005

La independencia
Raúl del Pozo El Mundo 4 Febrero 2005

El voto de los vascos
Cartas al Director ABC 4 Febrero 2005

El propio PSOE teme que el nacionalismo catalán se aproveche de la tibieza de Zapatero
Esther L. Palomera La Razón 4 Febrero 2005

Euskera
Cartas al Director El Correo 4 Febrero 2005

El verdadero problema
Nota del editor 4 Febrero 2005


 

LA COSECHA VASCA
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 4 Febrero 2005

ERA tan previsible como el brutal incremento de precio que, a causa de las últimas heladas, están experimentando las hortalizas: Juan José Ibarretxe, después de su intervención en el Congreso de los Diputados, no perdió un minuto, volvió a Vitoria y puso en marcha el reloj de la cuenta atrás para que el próximo 17 de abril se celebren elecciones autonómicas en el País Vasco. Lo de las hortalizas nos va a costar un montón de euros y lo de las elecciones vascas podría llegar a costarnos algún disgusto si los partidos no nacionalistas presentes en las tres provincias vascongadas no llegan a entender que, en estos próximos setenta y cinco días, el conjunto nacional español se juega su prestigio e influencia en uno de los diecisiete territorios que, sin mucho acierto, dibujaron los muy ponderados padres de la Constitución, sus abnegados mentores y el mayor fabricante conocido de catástrofes nacionales: el posibilismo.

Muy legítimamente, haciendo uso del victimismo que le corresponde en su condición de nacionalista inequívoco, Ibarretxe quiere «dar la palabra al pueblo vasco», lo que, puestos a la interpretación anfibológica a que obliga el análisis de la obra del PNV, puede querer decir varias cosas al mismo tiempo y es, antes que nada, el primero de los eslóganes que se utilizarán, como cimitarras, en la campaña que viene.

Conviene recordar que, en las últimas autonómicas vascas, el PNV, ya amalgamado con EA, obtuvo 33 escaños y, en consecuencia, tuvo que pactar, en uno de los matrimonios más desiguales y disparatados que se recuerdan en la política contemporánea, con Ezker Batua/Izquierda Unida para formar una mayoría de Gobierno. ¿Qué pasará, tras el próximo 17 de abril, si IU vuelve a tener en su mano, con una hipótesis de entendimiento entre el PSOE y el PP, la formación de mayorías en Vitoria?

El lehendakari ha hecho una jugada arriesgada en la que capitaliza frente a los nacionalistas -no sólo los de su partido- la matraca del plan Ibarretxe que tanto ha repicado en los últimos años; pero la sociedad vasca, tan plural, da muestras de fatiga en una situación verdaderamente insoportable para quienes entienden la Historia desde antes de Sabino Arana, sencillamente incómoda para los nacionalistas menos bicrucíferos y sólo confortable para quienes, sintiéndose del PNV, no tienen que defender intereses empresariales o profesionales más allá del ámbito vasco. Hacer predicciones sobre los resultados electorales del 17 de abril es más propio de pitonisas que de analistas; pero sin olvidar que, además del encanto democrático que supone la alternancia de poder, están sin contar los votos de Batasuna y resultan especialmente inciertos los tradicionales de IU. Ibarretxe ya dijo en Madrid -¿una amenaza?- que, si se rechazaba su plan, «daría la palabra al pueblo». Ya veremos lo que el pueblo es capaz de decir y, especialmente, con los tomates a más de seis euros.

¿TIENE RODRÍGUEZ OTRO PLAN?
Por Carlos HERRERA ABC 4 Febrero 2005

EFECTIVAMENTE, Rodríguez tiene un plan. Pero me temo que sólo uno. Cuando los estrategas diseñan una batalla sobre los mapas, una escaramuza o un asalto, siempre plantean la posibilidad de fracaso y la necesidad de contar con un plan alternativo. Eso lo hemos visto en todas las películas que se recuerdan: alguien desesperado, viendo que les falla la táctica, dice por transistor aquello de ¡pasamos al plan B, pasamos al plan B! y los tipos se salvan por los pelos antes de que los malos los achicharren. El Partido Socialista dispuso en su día no repetir la alianza constitucionalista que encarnó Redondo Terreros: coció a éste a fuego rápido -no sin la bajeza cómplice de un medio de comunicación fácilmente reconocible- y diseñó una política de guiños al electorado nacionalista coexistente con una postura de rechazo algo más matizada a sus líderes. Algo así como nos oponemos radicalmente pero hacemos lo posible por entendernos a través de determinados atajos: no os damos la razón pero sí os damos alguno de los elementos que reclamáis. Legítimo, evidentemente, pero peligroso. En virtud de ello, los socialistas vascos, con un antiguo nacionalista a la cabeza trasmutado a «michelín», han dibujado una reforma estatutaria que pretendería dar la razón por igual a los que piensan que hay que dinamitar el Estatuto de Guernica y los que creen que debe continuar tal y como está. Cosa complicadísima, por cierto. Es el Plan López, o el Plan Pachi, o el Plan Guevara, y con él los miembros del PSE creen que se contentará por igual a los que quieren acabar su relación con el resto de España y a los que siguen confiando en el Estado de las Autonomías. Se visualizó la pretensión de los socialistas de forma explícita en el debate en el Congreso con lendakari incluido: el discurso fuerte, duro, «guerniquista», sólido, lo asumió un magnífico Pérez Rubalcaba y el discurso con guiño al electorado nacionalista moderado fue cosa de Rodríguez. Venía a decir el presidente: «Yo os digo que no, pero tengo ideas sobre cómo nos podemos poner de acuerdo y reformar el Estatuto». Ibarreche no tragó porque a lo que iba era a que le dijeran sonoramente que no y así volver a su tribu y hacerse la víctima incomprendida, adelantar las elecciones un par de semanas y darles carácter plebiscitario. Todo perfectamente calculado.

Si la jugada de los socialistas sale bien y consiguen la suficiente representación parlamentaria para formar gobierno, independientemente de con quién quieran formarlo, su plan habrá salido bien. Podrán establecer un pacto con los nacionalistas y gobernar transversalmente, que es lo que en puridad se cree que quieren. Y habrá reforma, atenuada, pero la habrá. Y así de paso la reforma catalana tendrá la vía mucho más despejada. Ante supuestos como éstos se hace casi imposible una alianza de gobierno con el PP. Plan perfecto. Pero ¿y si no sale como está diseñado? Si los socialistas no puntúan lo suficiente como para poder gobernar y el nacionalismo engordado por los votos de ETA-Batasuna obtiene mayoría absoluta... la tragedia -como diría Maragall- está servida. El desafío ya no podrá contenerse con actitudes complacientes, habrá que meter los pies en el agua... Ante ese supuesto, ¿tiene un plan B el Gobierno español? ¿Tiene un plan B el socialismo de Rodríguez? ¿Está dispuesto a convertirse en el antipático líder capaz de decir que no y de enviar, si procede, a los guardias? ¿Ha estudiado la posibilidad de tener que aplicar artículos taxativos ante la desobediencia civil de una parte de la Administración del Estado?

Algo hace que buena parte de los observadores y analistas políticos crean que ese plan alternativo, sencillamente, no existe. Incluso lo creen muchos de los militantes y cuadros del partido, que, absortos, se preguntan cuál será el final de este asalto. Mal asunto.

www.carlosherrera.com

Debate parlamentario
Perplejidad y caos
Agapito Maestre Libertad Digital 4 Febrero 2005

Después de las bravatas y chulerías de Ibarreche en el Congreso de los Diputados, todo es posible. Pura política de espectáculo. Lo peor se avecina y, como dice María San Gil, Otegui será Consejero de Interior. Todo puede pasar. Nadie se engañe con subterfugios de salón. El país entró en barrena el 11-M. El Gobierno es inexistente y las instituciones funcionan por inercia. Pretender darle nombre al vacío ideológico de este Gobierno es perder el tiempo o, peor aún, contribuir al desastre. Lo mejor que pudiera pasar es quedarnos como estamos. Pero, como todo es empeorable, preparémonos para lo que viene. Los trágalas, que Maragall y ZP cocinan para desmontar la nación democrática, no han hecho nada más que empezar. De derrota en derrota, los ciudadanos serán sacrificados por la voluntad de la mayoría. La dictadura del número será todo a partir de ahora. De hecho, las próximas elecciones, ya no se plantean sino como plebiscitos para imponer la política de una mayoría compuesta por socialistas y nacionalistas. El referéndum sobre Europa es una trampa para quien vote sí, y las elecciones vascas un suicidio tal y como las ha encarado el PSOE sin contar con el PP.

Si es verdad que las encuestas siguen dando ganador a ZP, entonces esta sociedad ha perdido por completo la cabeza. Peor aún, la inmoralidad se ha apoderado de la población española. Cuando las categorías políticas son inviables para describir la situación política, es que algo muy grave está sucediendo en España. La ciudadanía está enfadada, la gentuza anestesiada viendo vísceras en la pantalla del televisor. La ciudadanía está asustada, la gentuza preparándose para tragar todo lo que le echen. El problema es que la ciudadanía en España es minoritaria. Comprendo, pues, que los ciudadanos estén alarmados y horrorizados ante el espectáculo de ZP dándole mimos al secesionista. Comprendo que lloren por España. Comprendo que sientan vergüenza ajena del Gobierno de la nación.

Pero, amigos, no desesperen. Resistir es todo. A la inmoralidad de ZP, permitiendo que el nacionalismo y el terrorismo nos insulten en el Congreso de los Diputados, hay que responder con decisión y denunciar allá donde tengamos oportunidad tanta inmoralidad. También yo siento vergüenza de lo que está pasando. Pero no les voy a dar el gusto a esa gentuza de decirles que me duele España. Mejor les grito que siento asco de los políticos que nos llevan al despeñadero. No me duele España, amigos, sino que quiero vomitar en el rostro aldeano del nacionalismo barato. No me duele España, amigos, sino que protesto contra la inmoralidad que el Gobierno de la nación pretende instalar en la sociedad española.

Así las cosas, si escribir es pensar y, sobre todo, sentir, queridos lectores, no dejen de escribirle a ZP que no conseguirá cargarse España, porque todavía quedan españoles sin complejos.

Izquierda y nacionalismo
Huida de la libertad; regreso a la caverna
José Vilas Nogueira Libertad Digital 4 Febrero 2005

Diálogo sin reglas, con quién sea, sobre lo qué sea, y sin posición propia, que es una forma de suicidio Cada vez percibo una más generalizada sensación de huida de la libertad. Sin duda, nuestra clase política dista mucho de ser ejemplar. En primer lugar, ¿por qué habría de serlo? La consideración de la política como "noble arte" parece responder a un wishful thinking más que a una observación realista de la historia del gobierno. Apenas una idealización filológica e histórica de la Atenas clásica nos entregaría algunos ejemplos. Y, en la democracia contemporánea, ¿cómo habrá de ser ejemplar la clase política, si la ciudadanía no lo es?

La ciudadanía de un país es un mero agregado estadístico. No niega esta afirmación la existencia y la relevancia de rasgos característicos de cada comunidad nacional: lingüísticos y otros de naturaleza cultural, recuerdos y proyectos de vida en común, que sustentan la respectiva identidad nacional. Lo que se dice es qua ciudadanos la adopción de actitudes políticas e ideológicas y el soporte a unos u otros partidos es normalmente plural, lo que inhabilita radicalmente cualquier hipóstasis colectiva. Pues bien, retomando la cuestión inicial, parece apreciarse en la ciudadanía española un sentimiento prevalente de elusión de la responsabilidad ante cualquier conflicto grave que amenace perturbar la tranquilidad del hombre común. Pudo percibirse muy caracterizadamente este sentimiento en relación a la intervención española en la Guerra de Irak. Bajo el passe-partout del pacifismo, la inmensa mayor parte de la población española se alineó contra aquella intervención. Si se piensa en la agresividad con la que algunos sectores exhibieron esa posición, llegando incluso a la violencia física, no parece que fuese precisamente el pacifismo su resorte emocional, ya que no su inspiración lógica, pues el pacifismo a ultranza carece de toda lógica. Las invocaciones ideológicas y éticas no acertaron a tapar el verdadero móvil de la reacción: "no nos metan en líos".

La misma motivación se percibe ante un problema más grave, porque nos es más cercano, y es ineludible, el de las tendencias disgregadoras de España. Muchas gentes, incluidos intelectuales de la familia "progresista", reclaman a los políticos el consenso para la solución de estos problemas –para eso les pagamos– y les reprochan que no se pongan de acuerdo. El progreso en agresividad y apoyos sociales del separatismo desde el comienzo de la transición a la democracia es muy ilustrativo a este propósito. Las aspiraciones nacionalistas centrífugas tuvieron una generosa acogida en la Constitución de 1978. Un elemento expresivo de esta particular generosidad es que la organización territorial del Estado fuese el único punto, frente al significado general, de reconocimiento expreso de la legitimidad republicana, a través de la Disposición Transitoria Segunda, que establece un sistema privilegiado de acceso a la autonomía para "los territorios que en el pasado (sic) hubiesen plebiscitado afirmativamente proyectos de Estatuto de Autonomía". Pero no hubo sólo generosidad. En el fondo, se aceptó la interpretación nacionalista centrífuga del "Estado español". El énfasis constitucional se centró en la garantía de las instituciones y de las competencias de las Comunidades Autónomas, mientras que se omitieron los mecanismos de articulación de los órganos de poder autonómicos en la integración de las decisiones del poder estatal. Se creó, así, un sistema con poderosos elementos centrífugos pero carente de impulsos centrípetos que pudieran servir de fuerza equilibradora. No será verdad, pero por su resultado lo parece; la visión de España de los nacionalistas catalanes y vascos se impuso a la totalidad de las Cortes. En estas condiciones, dejar abierto el Título VIII, de la organización territorial del poder, resultaba un disparate.

Hoy estamos como en 1978, pero peor. El progreso del apoyo electoral del separatismo, aunque innegable, ha sido modesto. Todavía el porcentaje de voto que obtienen los partidos nacionalistas es muy bajo, por referencia al total español. Incluso, en sus ámbitos peculiares de actuación, Cataluña o el País Vasco, si se comparan las cifras de voto de los partidos confesadamente nacionalistas y los no nacionalistas, tras las naturales fluctuaciones electorales, la pauta aproximada es de distribución mitad por mitad. La razón de que, sin embargo, haya muchos motivos para el pesimismo es que mientras las clientelas sociales de los partidos nacionalistas sostienen enérgicamente, por ideales o por intereses, es igual, los proyectos de estos partidos, la clientela social del Partido Socialista y de Izquierda Unida, no cree en España, huye de la libertad y se refugia en el "diálogo". Diálogo sin reglas, con quién sea, sobre lo qué sea, y sin posición propia, que es una forma de suicidio, no precisamente eutanásico.

La posición de la izquierda y de sus intelectuales, más o menos orgánicos, pero siempre sectarios y dispuestos a monopolizar las instancias y aparatos de producción de las ideas, ha sido y es una de las claves de esta situación. Hace pocos años, César Alonso de los Ríos publicó un libro, cuyo título exacto no recuerdo ahora, ilustrativo de la traición a España de la izquierda. Los nacionalismos centrífugos nacen en la segunda mitad del siglo XIX. Son movimientos de reacción al progreso del asentamiento del régimen constitucional y del liberalismo en España. No es raro que aparezcan, por tanto, en las regiones donde el modesto proceso de industrialización español había alcanzado mayor desarrollo. Nada en ellos los emparentaba con la izquierda. Las burguesías regionales eran sus primeros enemigos, piénsese en el sitio de Bilbao por las tropas carlistas. Sin embargo, el desastre colonial de 1898 alienta una reacción intelectual desmoralizada, que construye una ética y una estética de la derrota y del yermo. Aquellos hombres se acostaron imbuidos de un anacrónico patriotismo imperial y se levantaron sin otro horizonte que un rumiar de presentes decadencias y pasadas glorias. Mientras tanto, en la periferia industrializada las burguesías empezaron a descubrir la utilidad mercantil de las ensoñaciones "nacionales". La protección arancelaria, los buenos negocios de la Gran Guerra europea y la crisis subsiguiente a su terminación, etc, favorecieron el proceso. Los caseros se impusieron a los mimados industriales de la siderurgia. Y los intelectuales de izquierda se uncieron al carro de la caverna: todos contra España. Las imágenes de la televisión, el otro día en el Congreso de Diputados hablan con elocuencia insuperable. Por un lado, la necia sonrisa de Zapatero y sus melindres de vendedor a plazos de España; por el otro, la simiesca mueca de odio de Ibarreche, el casero de Llodio, recluido en la sangre y en los ritos primigenios. El caserío no paga a traidores. Fuera, los intelectuales progres y socialistas bendiciendo la postmodernidad del regreso a la caverna. Serán capullos...

José Vilas Nogueira es catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Santiago de Compostela

Houston, tenemos un problema
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 4 Febrero 2005

«NO SERÁ ni el comienzo ni el final de un camino que no tiene vuelta atrás». Les juro que la frase es textual y ya se pueden imaginar quién la ha dicho. Exacto. Claro, si no estamos ni al final ni al principio de un camino y el camino, de por sí, no tiene vuelta atrás... Houston, tenemos un problema. El camino no tiene final -¡apunta, Zapatero!-, y tampoco tiene principio cuando dice Juanjo que somos un pueblo prehistórico..., pero es que no tiene vuelta atrás; es decir, estamos ante una apuesta de eternidad. De manera que nuestro presidente del Gobierno de España tiene que tener cuidado cuando sostiene que está dispuesto a llegar a un pacto histórico y definitivo con el lunático. Histórico puede ser, pero en un sentido distinto al que cree Zapatero, ahora... definitivo. ¡Ni de coña! Porque claro, el camino no tiene principio, pero tampoco principios... democráticos.

Estamos en medio de una gigantesca operación de agitación y propaganda que tiene como principal objetivo por parte del PNV llevarse el mayor número posible de votos del caladero de Batasuna. Ibarretxe, que es un lunático, pero sabe que fuera del poder hace frío, se adorna ahora con la idea de que hay que legalizar a los de HB; lo dice con cara de bueno, en un anteúltimo guiño por tratar de llevarse el mayor número posible de votos de HB. Lo cierto es que como les legalicen antes de las autonómicas plebiscitarias, le hacen un boquete al lunático, que en las pasadas elecciones se llevó 80.000 votos de esas siglas. (Hay que recordar que la diferencia del PNV y EA respecto del PSOE y PP, en mayo de 2001, fue de menos de 25.000 votos).

El caso es que asistimos a la enésima entrega de una jugada que ha sido así desde el principio de la democracia: PNV y ETA se han disputado la hegemonía en el mundo nacionalista; los dos se han reclamado como los auténticos nacionalistas ante la tribu: unos, por tradición; los otros, por contundencia y capacidad de marcar la agenda, aunque fuera con sangre. Por eso, frente a los ingenuos que piensan que hay que hablar con este sujeto para zanjar definitivamente el problema, lo cierto es que en lo tocante al nacionalismo insaciable -perdón por el pleonasmo- nada hay definitivo y lo cierto es que la maniobra en la que anda el PNV, desde los tiempos de Ardanza, tiene que ver con la certeza de haber tocado techo en el electorado templado, lo que le ha llevado a poner la aspiradora en los votos de HB. Poco importa que en esta operación se lleven por delante la convivencia civilizada, que se ataque la esencia misma de la democracia, que dice que uno no puede hacer lo que le dé la gana cuando le dé la gana y acredita que todos debemos ser ciudadanos iguales en derechos. Todo eso es irrelevante frente al dato capital: seguir en el poder, ampliar el régimen, tener abierta la oficina de colocación para fieles, ensanchar la hegemonía para que luego la independencia caiga por su propio peso. Houston, tenemos un problema..., pero los que estamos en la tierra.

Se acelera el desafío
Lorenzo Contreras Estrella Digital  4 Febrero 2005

Los primeros efectos del debate sobre el Plan Ibarretxe han empezado a dejarse sentir: el lehendakari adelanta las elecciones vascas. Y el hecho de que sea, desde el punto de vista cronológico, un adelanto “simbólico” por tratarse sólo de tres semanas, no evita su alta intencionalidad política. Es como decir “se acabó” y “esto lo vamos a resolver cuanto antes a nuestra manera”. Esa manera consiste en llevar toda la carga del Plan y su enfoque soberanista y “centrifugador”, que diría Felipe González, a las urnas que iban a ser de mayo y ahora van a ser de abril. La tergiversación, por no decir malversación, del sentido y fondo de unas elecciones legislativas autonómicas se convierte en un primer ensayo de consulta popular, una prospección piloto de los resultados y las posibilidades de la aventura.

Conforme pasan las horas, más que los días, desde el debate parlamentario, la murmuración sobre la flojedad consentidora y peligrosa del discurso, o discursos, de Zapatero se hace más audible. Es verdad que las mejores intervenciones correspondieron a Rajoy y Rubalcaba, muy superiores a las débiles pero cónicas argumentaciones de Ibarretxe. Sin embargo, fue perceptible la satisfacción que reflejaban los rostros nacionalistas, desde Ibarretxe a Imaz, pasando por toda la galería de los representantes vascos “ortodoxos” que se dieron cita en las tribunas y aplaudieron a rabiar cuando se les ofreció la ocasión de hacerlo, aunque estas manifestaciones están prohibidas al “público”, que en aquel momento no se sentía público, sino parte de la escenificación parlamentaria.

Lo que espera en abril es la gran orquestación del desafío. Ibarretxe no ha perdido el tiempo. Ha sido llegar a Vitoria y lanzar el primer ataque. Un ataque que incluye no ya la petición, sino la exigencia de que Batasuna participe en la contienda electoral con sus opciones y sus representantes o candidatos. Al diablo la Ley de Partidos. Al diablo la ilegalización acordada por el Parlamento español. Batasuna, con su denominación propia y no con el disfraz de Sozialista Abertzaleak o cualquier otra rotulación o camuflaje, podría, tendría, a gusto de Ibarretxe, que dar la cara en un acto de desacato o desobediencia a la legalidad. Esa legalidad invocada de boquilla por propio Zapatero para luego desmentir su primacía, durante la sesión parlamentaria del pasado martes, con un guiño peligroso dirigido al lehendakari (peligroso para España) con el que venía a expresar este mensaje, ya previamente convenido: “No te preocupes, Juan José, que ya nos entenderemos y arreglaremos esto entre nosotros”.

Entre nosotros, que no entre las restantes fuerzas políticas convertidas en convidados de piedra. Y, mientras tanto, la prensa abertzale y filoetarra bate sus tambores de guerra o, si se prefiere, de insolencia de preguerra. El diario Gara, sucesor del clausurado y extinguido Egin, titulaba un día después del Pleno parlamentario de Madrid: “El Congreso español se arroga la capacidad de decidir por los vascos”. Decir por los vascos era decir “no” al Plan Ibarretxe. Y un día antes, en la Audiencia Nacional, en la comunicación del procesamiento a treinta y tres militantes de Batasuna, esta formación ilegal, así representada, hacía saber: “Hemos venido desde Euskal Herria a la Audencia Nacional a declararnos culpables de un único delito: defender el derecho de autodeterminación para el pueblo vasco”.

Faroles y trampas
Por Federico Jiménez Losantos El Mundo 4 Febrero 2005

La partida política en que los socialistas han metido a España tiene muchos problemas, pero quizás el principal es que no hay forma de distinguir entre el que va de farol y el que hace trampas, el que juega con la psicología del adversario y el que se guarda un rey en la manga. Y quien dice un rey dice un as e incluso un dos de picas.

Todo vale para el póker, de ahí la virtualidad del farol. Pero de esto sabe mucho más que yo Raúl del Pozo, así que invoco su erudición en materia de tahúres nocturnos para elucidar este juego en el que no cabe decir, como en la ruleta, «no va más». Esto ha empezado y las apuestas siguen subiendo.

¿Hasta dónde? Hasta descubrir todos las cartas o hasta que uno de los jugadores o todos menos uno tiren las suyas. Pronto lo sabremos. Mi impresión es que todos apostarán el resto. Mi indignación, que el resto de España es tan superior al de cualquiera de sus partes que es un disparate y una ruina equipararlos. Pero Zapatero quería jugar y jugando está. Con lo nuestro, evidentemente.

Lo malo del farolero monclovita, que presume de tener cartas imbatibles y que se ofrece nimbado por eso que llama «optimismo antropológico» aunque no pase de vanidad antropoide, es que no ha tenido en cuenta que los otros no juegan legalmente a las cartas, incluyendo el legítimo farol, sino que son tramposos profesionales.

Y frente al tramposo no hay faroles que valgan, salvo que el farolero también haga trampas. En el caso de que vayan de pillo a pillo, ¿quién puede ganar? ¿El inexperto jugador leonés o el club de los españoles muertos, que es mucho más que un club? ¿Quién llegará más lejos en las fullerías: la cuadrilla de ’Tigrekán II’ de Mongolia o los Casinos Reunidos de Cataluña?

Temo lo peor, aunque, entre Zapatero e Ibarretxe, el presidente del Gobierno parece más dotado por la naturaleza para el farol que el émulo del Doctor Spock. Esos ojitos azulones de ingenuo son más adecuados para engañar al contrincante que las cejas de sobrino de Atila que porta, a modo de signo de exclamación, el esqueje sabiniano.

Reconozco que me fascina la cara, faz o facies de Ibarretxe. Creo que empiezo a entender la frase de Baroja: «En Austria empieza el chino».

El txapeltxiki Ibarretxe, personaje que ni pintado para ilustrar el momentum catastrophicum, cultiva unos rasgos tan agresivamente mongoloides que, por de pronto, desmienten su origen ario. A cambio, lo facultan estéticamente como tahúr a lo Jack Palance, de luto riguroso y con el rifle del compinche acechando desde el espejo.

Preferiría al tramposo de nuestro lado, la verdad.Pero, ay, al farolero Shoemaker no le gusta el sheriff John Wayne, el único capaz de acabar legal y expeditivamente con los malos.Total, porque es de Pontevedra.

La imagen del terror
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 4 Febrero 2005

Pilar Manjón, la presidenta de una asociación de víctimas de los atentados del 11-M, pidió a los medios de comunicación que dejaran de difundir las imágenes de la acción terrorista para no reabrir con su visión las heridas de los supervivientes y familiares. El nuevo comisionado para las víctimas, Gregorio Peces Barba, y la fiscal especial creada para atender a este colectivo se han sumado de inmediato al llamamiento que, por el contrario, ha sido cuestionado desde sectores de los medios informativos.

El debate sobre la difusión de imágenes y el tratamiento informativo del terrorismo forma parte de una vieja discusión nunca terminada que mantienen los profesionales de la información y los estudiosos de los medios. La novedad es que ahora tercian en ella las víctimas directamente.

La existencia de una estrecha relación entre terrorismo y medios de comunicación es uno de los paradigmas clásicos de este debate que se refleja en la afirmación de Walter Laqueur ('Terrorismo', Espasa Calpe): «Los terroristas se han dado más cuenta en aceptar otra lección muy importante, la de que los medios de comunicación tienen una importancia decisiva en sus campañas, la de que el acto terrorista por sí solo no es nada prácticamente, mientras que la publicidad lo es todo».

Todos los grupos terroristas buscan amplificar la dimensión de sus atentados a través de la difusión que de los mismos ejercen los medios y, también, utilizando técnicas que les permiten aparecer en las televisiones, radios o periódicos. Lo estamos viendo todos los días con los grupos que forman parte del movimiento terrorista islamista, un movimiento que se caracteriza por lo que el catedrático Fernando Reinares ('Terrorismo Global'. Alianza) ha llamado «una asombrosa voluntad homicida en masa». Esta estructura terrorista ha experimentado en los últimos años un proceso de aumento de la letalidad de sus atentados buscando, en opinión de Reinares, «concitar la atención de las audiencias internacionales».

Los integrantes de este terrorismo global, empezando por el propio Bin Laden, se aprovechan de las ventajas de un sistema de información en el que las noticias circulan con inmediatez por encima de las fronteras, prácticamente sin límites. En unas sociedades abiertas como las occidentales, con una gran pluralidad de medios que compiten entre sí por ser los primeros en dar la información, el terrorismo islámico se ha convertido en un especialista en la manipulación mediática. El escritor catalán Baltasar Porcel ha señalado que el islam comprende muy bien a las sociedades occidentales y su sistema de medios, «y donde más nos golpea es en los efectos emocionales de la actualidad». Añade que no pretenden «matarnos con sus bombas o empobrecernos, pues jamás se lograría el exterminio occidental, sino ocupar nuestro gran espacio mediático, la inmediatez que nos alimenta mentalmente, con lo que el miedo, el odio, el sentido de la culpabilidad y la tragedia invaden por entero todos los hogares y gobiernos».

Bin Laden y sus seguidores han elegido la televisión para hacer su proselitismo terrorista, pero también Internet. Y cuando grabar vídeos se vuelve peligroso, el líder de Al-Qaida retorna al uso de las cintas de casette, como Jomeini veinte años antes. Menos enviar mensajes SMS a través de móviles, el terrorismo fundamentalista islámico está utilizando todos los recursos comunicativos para difundir su mensaje. Y además lo está haciendo con bastante éxito.

Los episodios ocurridos en Irak en los últimos meses nos permiten ver cómo la imagen es para los terroristas tan importante o más que las acciones de armas. Nunca hasta ahora la imagen había estado tan integrada en el acto terrorista. Gracias a ella consiguen dar a sus actuaciones una dimensión mucho mayor. Se ha puesto de manifiesto en los casos de los secuestros. Las imágenes de la cara de terror de los tres ciudadanos japoneses a quienes filmaron con un cuchillo en el cuello multiplican el efecto político y social que tendría un secuestro clandestino. Los terroristas son muy conscientes de esa situación y de ahí que no se conformen con realizar un secuestro, sino que les interesa más darlo a conocer mediante imágenes de vídeo que llegarán a todo el mundo a través de las televisiones. Grabaron a los japoneses en aquella angustiosa actitud, pero cuando decidieron liberarlos en la puerta de una mezquita de Bagdad resulta que 'casualmente' había en el lugar un equipo de la televisión de Al-Yazira que transmitió en directo la entrega de los rehenes a un grupo de ulemas.

El caso de los cuatro italianos secuestrados es otro ejemplo en el que la difusión de las imágenes forma parte del acto terrorista. Los secuestradores grabaron primero a los cuatro rehenes mientras daban a conocer sus primeras exigencias de retirada de las tropas italianas. Después mataron a uno de ellos, a Fabrizio Quatrocchi, y filmaron su ejecución enviando la cinta correspondiente a Al-Yazira, que en esa ocasión consideró inconveniente su emisión.

Más cerca de nosotros, tras la masacre del 11 de marzo, hemos visto cómo los asesinos recurrían a grabar vídeos para asumir la autoría del atentado y para formular nuevas amenazas contra España. Sin embargo, 'El Tunecino' y su cuadrilla suicida no fueron tan duchos como sus colegas de Irak o de Afganistán y no supieron hacer llegar los vídeos hasta las televisiones por lo que éstos no fueron emitidos en el momento elegido por los terroristas.

El eco de los medios informativos en general y el de la televisión en particular interesa a los terroristas, pero ese reflejo es ambivalente, puede potenciar al grupo violento, pero también debilitarlo cuando el efecto de sus acciones provoca en la sociedad rechazo y repudio. Pocas imágenes han contribuido tanto a debilitar a ETA como las que reflejan el terror en el rostro y la figura del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara recién liberado de su cautiverio o las de Irene Villa y su madre, María Jesús González, malheridas en el suelo por una bomba.

ETA quiere que sus atentados sean amplificados por la televisión, pero no quiere que ésta muestre la crueldad real de sus acciones. Es significativa la carta escrita desde la cárcel por un destacado miembro de ETA, José Antonio López Ruiz, 'Kubati', tras el atentado en el que resultaron mutiladas Irene Villa y su madre: «Tenemos que aprender de una acción como la última de Madrid. Me refiero a las tres 'lapas' cercanas unas de otras. Esto permitió que hubiera cámaras para grabar lo sucedido. Si sólo se pone una, cuando llegan los cámaras normalmente ya han sido evacuadas las víctimas. Si se desea poner más, que sean en zonas distintas. Parece una tontería pero debemos fijarnos en esos detalles. A la gente le impresionan mucho esas imágenes y son susceptibles de crear contradicciones». Contradicciones entre los terroristas y sus simpatizantes, quiere decir.

La confesión manuscrita del etarra revela que, de la misma forma que los medios de comunicación pueden cooperar a la propaganda terrorista, las imágenes se pueden convertir en un enemigo peligroso para ETA o para otros grupos cuando ponen en evidencia descarnada la crueldad de sus acciones y el dolor que provocan.

Es cierto que la imagen de un atentado reabre las heridas de las víctimas y los profesionales de la información debemos tenerlo en cuenta a la hora de tomar una decisión. Pero no sólo las imágenes reabren las heridas. También se abren al ver a los terroristas jactarse de sus crímenes ante los tribunales, al escuchar a algunos políticos justificar o disculpar la actividad de los pistoleros o al contemplar cómo un espacio deportivo de una ciudad gobernada por un partido constitucionalista se utiliza para que miles de personas realicen un homenaje a ETA y a una larga lista de asesinos, con nombres y apellidos, sin que nadie haga nada por evitarlo a tiempo.

Víctimas objeto
Editorial El Correo 4 Febrero 2005

La aprobación del informe sobre la situación de las víctimas del terrorismo, con los votos de PNV, EA e IU y la abstención de populares y socialistas, ofreció ayer una instantánea fiel de lo que viene ocurriendo con su causa, con la única salvedad del acuerdo unánime de junio de 2003. Aun siendo de por sí preocupante la falta de consenso político en materia tan delicada, lo que constituye una paradoja especialmente dolorosa es el hecho de que las formaciones que más directamente han sufrido y continúan sufriendo el acoso terrorista se vean obligadas a mostrar su disconformidad con las conclusiones oficiales del Parlamento vasco.

Las víctimas del terrorismo etarra constituyen una realidad diversa que ha logrado conquistar en la escena pública el lugar que durante tantos años le fue negado. El olvido total o el silencio al que era sometida su dramática peripecia constituía la secuela cruel que seguía al asesinato y que incluso las empujaba a experimentar sentimientos de culpabilidad. Pero, en la diversidad de sus vivencias personales o de sus actitudes políticas, es imprescindible advertir de que las víctimas del terrorismo lo son o lo han sido porque ETA había decidido colocarlas en su punto de mira. De ahí que las críticas por instrumentalización política de las víctimas -dirigidas fundamentalmente contra el PP- requieran una reflexión.

En ocasiones han podido darse expresiones exageradas, inconvenientes e incluso injustas en el supuesto nombre de las víctimas. Pero no es posible reconocer «el sufrimiento que han padecido y padecen» sin tener en cuenta que la mayoría de las veces ha sido por defender determinadas ideas o por servir a la sociedad en funciones estigmatizadas por el terrorismo.

Por eso mismo, algunas críticas a la instrumentalización política de las víctimas no representan otra cosa que, precisamente, un burdo intento de instrumentalización. Así ocurre cuando, intencionadamente, se busca la asepsia de su testimonio personal arrebatándoles lo que pensaban o piensan y evitando, en el fondo, el embarazoso reconocimiento de que ETA se ha cebado en unos -los no nacionalistas- mientras exoneraba a otros -los nacionalistas- de un juicio que desembocara en su persecución. Ha sido la dificultad nacionalista a la hora de reconocer a las víctimas en su integridad, incluido su pensamiento o su rol político o social, la que ayer volvió a impedir el consenso. Demostrando nuevamente que los momentos en los que el terrorismo etarra ofrece síntomas de remisión inducen reacciones proclives a convertir a las víctimas en objeto de atención pública para evitar que se reivindiquen como sujeto.

Blog Arcadi Espada
3 de febrero . 4823  4 Febrero 2005

Esta faz de deudor moral que el poder socialdemócrata compone en sus relaciones con los nacionalistas. Esta implícita atención que pone a todas las exigencias de perdón concreto reclamadas por los nacionalistas. Perdón por la guerra civil. Perdón por el fusilamiento de Companys. Perdón por existir. Perdón. La columnista Torres lo escribe hoy con mucho sentimiento sobre la joroba de Leopardi: “Sensatez y sensibilidad. Sensatamente, el presidente del Gobierno, que tuvo un actuación inmensa, le hizo unos mimos al lehendakari.” Y luego: “Que agradeciera a los vascos lo mucho que hicieron en la lucha por la democracia”. La sinécdoque. Los vascos. ¿Eta? ¿El activísimo y ejemplar Pnv del franquismo? O bien, ¿los vascos que llevan veinticinco años muertos, heridos, desterrados, amenazados, intimidados, en pleno estado de excepción, ¡y sin las garantías del artículo 155!? Aunque el tiempo verbal no cuadra (ese hicieron supone que ya no lo hacen, que la ausencia de violencia ya se ha decretado), deben de ser esos, los vascos. Y el verbo, mera verba. Porque ni la democracia ni los demócratas ni siquiera los socialdemócratas le deben nada a los nacionalistas ni mucho menos tienen que ganarse su perdón a base de mimos impúberes. Otra cosa es que algunos de esos socialdemócratas arrastren como una molesta cencerrada el hecho infamante (así lo sienten: les gusta la complejidad: sobre todo en cuanto encubre) de haber dejado morir a Franco en la cama del poder y pretendan ahora ganarse la expiación de su pecado original. Se los den en la cueva del sado los golpes de pecho. Pero dejen la calle libre. Los nacionalistas son la tara de la democracia española. Por ellos, sobre todo, es una democracia de baja calidad. Por su discurso, centrado en la superstición. Por su práctica política, centrada en el chantaje. “Perdón...”, dicen, insinúan, musitan. Como si un esquimal tuviese que pedirle perdón al hielo.

La cuenta atrás de HB
EL SUBMARINO La Razón 4 Febrero 2005

A los políticos rara vez hay que tomarles al pie de la letra lo que dicen. La mayoría de las veces hay que leer entre líneas para adivinar lo que están pensando. En los casos extremos, hay incluso que interpretar justo lo contrario de lo que se está escuchando. Es el caso de la petición del lendakari, Juan José Ibarreche, de que se legalice Batasuna para que de esta forma pueda presentarse a las elecciones. Detrás de este deseo se esconde justo el contrario, que la coalición proetarra no pueda concurrir a los comicios y de esta forma atraerse a su electorado. Para conseguirlo, Ibarreche ha recurrido a la jugada maestra de adelantar las elecciones y reducir las posibilidades de que los batasunos puedan presentarse en una lista. Una simple ojeada al calendario es suficiente para comprenderlo. El proceso de legalización debe materializarse, como muy tarde, dos meses antes de la cita electoral. Por tanto, el 17 de febrero, dentro de apenas dos semanas. Antes de que termine ese plazo, Batasuna debería cumplir con el requisito de renegar de ETA, desvincularse de sus atentados y hacer una condena explícita de la violencia. Una decisión de demasiado calado como para tomarla en 15 días. ¿Resultado? Con la boca pequeña, Ibarreche pide su legalización. Pero en el fondo se frota las manos con los votos que tomará prestados.

Europa y el debate español
Pablo Sebastián Estrella Digital 4 Febrero 2005

Comienza la campaña electoral del referéndum sobre la Constitución europea en el que se ha metido de cabeza el presidente Zapatero con el entusiasmo que le caracteriza y la intención de situar la opción europea de la política exterior española por encima y como alternativa a la diplomacia atlántica de José María Aznar, convencido quizás Zapatero de que esta dualidad con la guerra de Iraq al fondo movilizará votos favorables a la Carta Magna de la UE.

Pero el precipitado y arriesgado referéndum —no tanto como aquel otro de la OTAN de Felipe González— se ha visto complicado por el debate nacional, la tensión con los nacionalistas y la clara reticencia del PP, que aunque de una manera más institucional apoya el sí, no transmite pasión a sus bases sino más bien el mensaje de: una cosa es lo que tenemos que decir y otra bien distinta lo que tenéis que hacer.

Que la opción europea es la primera opción de la diplomacia española, aunque sólo fuera por los intereses económicos y políticos de la Unión en la que estamos inmersos es una cosa. Pero no sería una catástrofe si por culpa de España, de Francia o de otros países esta Constitución no entrara en vigor. En la historia de la UE hay no pocos casos de históricas rectificaciones. Sobre todo cuando sabemos que la Europa de los 25 ha diluido el ideal de la Europa política de los viejos tratados de Roma (Mercado Común) y de la Adhesión (la CEE de los “nueve”), en pos de una Europa continental más pragmática y económica y social que como identidad política y tercera vía entre el gigante americano y las potencias emergentes de Asia y América, China, India y Brasil.

Las encuestas nos dicen que habrá una escasa participación, entre el 35 y 40 por ciento, y que va a ganar el “sí”. Nos anuncian una pírrica victoria del europeísmo de Zapatero y de su Gobierno, en cuya foto se quiere colar el PP sin haber puesto la carne en el asador, aunque habiendo cumplido con los deberes europeos. Y si el PP no empuja demasiado, menos aún lo van a hacer los partidos nacionalistas que se han sumado a ultima hora al “sí” oficial tras lo ocurrido con el Plan Ibarretxe en el Congreso de los Diputados, y no hablemos de los radicales que apuestan por el “no”, que son minoría pero que ahí están.

La oportunidad de haber convocado ahora esta consulta parece un error que ya no tiene arreglo. Quizás se debió evitar el referéndum, y en todo caso no pretender ser los primeros y meterlo en pleno debate autonómico y estatal. Pero la cosas son así y ésta es la dinámica del Gobierno en esta y otras políticas más o menos atropelladas con las que Zapatero quiere presentar a finales del 2005 una cuenta de resultados por si, llegado el caso del Estatuto catalán, se viera en la dura necesidad de adelantar las elecciones pidiendo a los españoles una mayoría suficiente para gobernar sin la presión de los nacionalistas.

Ésta y no otra puede ser la explicación de las prisas, unida a su fervor europeísta y a la tensión con el Gobierno de Washington, que tiene una cita prevista para el día 22 de febrero, fecha en la que el presidente Bush, que aún no ha respondido a la llamada de cortesía de Zapatero del pasado mes de noviembre, participará en Bruselas en la Cumbre de la OTAN que los ministros Moratinos y Bono se aprestan a preparar con sus homólogos de Washington, Rice y Rumsfeld, en pos de una solución de la tensión política y personal entre los primeros responsables políticos de España y Estados Unidos.

Qué va a pasar en el referéndum del día 20? No se puede predecir al día de hoy, puede que se cumpla el pronóstico de las encuestas de victoria del “sí” moderada con escasa participación, y cabe el riesgo de un fracaso de participación e incluso de una ridícula minoría de votantes favorables. Si el mal resultado fuera la conclusión, menudo sería el papelón de Zapatero ante sus socios europeos y ante Bush, dos días después en la cumbre de la OTAN, aunque en el Gobierno del PSOE no se prevé ni se teme esa solución.

Zapatero
Por Francisco Umbral El Mundo 4 Febrero 2005

A Zapatero se le había descolgado la sonrisa. El martes, me refiero.Una señora se sentaba a su lado como una alegoría antigua y cansada del socialismo de antañazo pasado por las fotos de Vogue. La pareja del joven brillante y la beata agnóstica daban una imagen de desconcierto, despojamiento y asombro.

Era el efecto Rajoy. Gracián definió la envidia como «tristeza del bien ajeno». En este caso se trataba del talento ajeno. Rajoy hablaba como debe hablar un presidente que se la juega. Zapatero, en cambio, hablaba como un mandatario que se siente eterno en el cargo. Ambos, la vieja y el niño, tuvieron que esconder varias veces la cabeza para apagar su risa, porque Rajoy les llevaba, a ellos y al público, de la diversión al asombro, hacía lo que quería con sus superiores e inferiores, o sea.

Su providencial discurso lo había escrito Rajoy el domingo por la tarde, cuando uno explota de aburrimiento y va, se pone y escribe un soneto. Don Mariano no escribió un soneto, pero expulsó todo el tedio disfrutando anticipadamente del efecto de cada frase, del hallazgo de cada palabra, de la alegría solitaria del asesino, porque aquella tarde, el domingo me refiero, Rajoy descubría que él era un noble asesino político y había matado, en un paso de cebra madrileño, al pardillo más peligroso de todos los nacionalismos de castañuela, al paleto más agresivo de la España paletoide.

En cuanto al presidente Zapatero, que no estaba allí como tal sino como líder de su partido, la máscara de la risa se le perdió debajo del asiento y entonces apareciera en él un gesto grave, preocupado, casi duro.

ZP se estaba dando cuenta de que aquella convocatoria suya había sido un error, de que a Rajoy no hay que darle ocasiones de hablar porque cuando habla Rajoy los españoles ven quién es el presidente, pues el orador se torna en un republicano casta muy a la izquierda de su partido, lo justo para llevarse, con cuatro discursos como el del martes, la Presidencia del Gobierno, el asombro del Rey Juan Carlos y de todas las sonrientes dinastías desde Carlos III a la metafórica mano de Letizia.

He aquí el hombre que nos puede salvar de los nuevos bárbaros, tan viejos, he aquí el político que está haciendo de socialista porque los rojos no eran así, los de antes o los de Franco tenían, mayormente, otra marcha y otra mala leche que no tiene ZP.

El presidente no pensaba en lo que estaba diciendo Rajoy y mucho menos pensaba en el pardal recién salido de la jaula. El presidente pensaba en las elecciones generales y que con un discurso así, verdadero y jarrapellejos, como el de Rajoy, se ganan unas elecciones, se gana la voluntad de los paisanos y se deja diseñada una idea de España que tiene más que ver con los intelectuales del viejo Ateneo que con los sociatas modernosos, aseados y tan pulcros de conciencia política y de look que se les confunde con la derecha de Fraga.

En esta semana Zapatero ha hecho nuevas concesiones a las exigencias de Batasuna y sigue fomentando el diálogo que aprendiera en Sócrates, sólo que Sócrates se cuidaba mucho de elegir su interlocutor. Zapatero sonríe, le ha vuelto la sonrisa y una sonrisa suya vale más que todas las verdades de Rajoy.Para eso es el presidente. La alegoría que se sienta a su lado sueña con salir a merendar a Embassy.

La independencia
Por Raúl del Pozo El Mundo 4 Febrero 2005

Veo a un harrijasotzaile levantar un pedrusco de 300 kilos, un gudari que simboliza la nueva nación. Veo a un segalari cortar los tricornios que dejaron las fuerzas de ocupación. Veo a un soka-tira arrastrar la estatua del rey de Castilla.

Oigo más allá del horizonte la música para txistu y órgano tocada por la banda de música mientras niños de las ikastolas cantan: «Jamás las montañas/ del cántabro fiero,/ audaz extranjero /pudo conquistar» (Los cántabros de la cantata eran los vascos, según la tesis de Garibay). Observo que los niños llevan un mapa que abarca gran parte del valle del Ebro y la zona de los Pirineos hasta el río Garona. Descubro entre los invitados al nuevo nuncio de Su Santidad. El Vaticano ha sido el primero en reconocer a Euskal Herria, como cuando Croacia.

Por la tarde toros, y no como en Cataluña. Habrá tamborradas, salves, romerías, levantamientos de piedras. El general de la Compañía de Jesús ocupa un sitial de honor. Las nuevas calles se llaman Ternera, Balenciaga, Bolívar, Txomin. Un dantzari salta al son de una flauta de boj y los obispos leales evocan en los sermones de la misa pontifical la larga marcha del pueblo vasco hacia su emancipación.

Es el día de la proclamación de Euskadi como Estado Libre Asociado a España. Lo han logrado por la constancia de su burguesía nacional y sobre todo por la lucha de un ejército secreto, un movimiento de liberación. Los viejos etarras ese día ya han regresado de la cárcel y de la clandestinidad. Otegi, efectivamente, es el ministro del Interior.

«No hay que sulfurarse», dirá Herrero de Miñón al oído de Zapatero.«En las treguas y abrazos de las guerras carlistas se les concedía a los jefes insurrectos las graduaciones militares del Ejército liberal». Un tenor canta el Eusko Gudariak: «Somos soldados vascos/ para liberar Euskadi,/ generosa es la sangre/ que derramamos por ella».

Veo a Arzalluz entre un tsunami de ikurriñas, como la que diseñó Sabino en 1894, blanca como Dios, verde como el árbol de Gernika.En tonillo frailuno con palabras falsas y melifluas, Ibarretxe dice que la independencia se inició en el Congreso de los Diputados, sin tener que subirse a un balcón como los catalanes. «Sabino será nuestro José Martí», dice Ibarretxe.

Sí, Sabino Arana, aquél que decía que a los maestros maketos se les debe despachar de los pueblos a pedradas, el que descubrió que el vizcaíno es religioso y el español, impío. Será el día de la raza euskérica, una arcadia sin liberales ni librepensadores ni agnósticos, con menos impuestos y doble nacionalidad, un paraíso fiscal.

Eran genuinos españoles, los adelantados y navegantes de los reyes, los primeros habitantes de España, el origen de su monarquía.Pero tenían un plan independentista y había un pelotón de políticos gilipollas en Madrid. A esa hora miles de españoles que defendieron la Constitución cruzan una frontera sin carabineros.

El voto de los vascos
Cartas al Director ABC 4 Febrero 2005

Ahora que se acercan elecciones en el País Vasco creo que sería interesante que pudieran votar todos aquéllos que han sido expulsados de la región, como consecuencia del clima social y de la oposición de los enemigos de la democracia, que obliga a tener que llevar escolta a 4.000 vascos en Euskadi. Han sido muchos los expulsados que no podrán decidir con su voto sobre el «país» donde vivieron. Creo que debería buscarse una fórmula, como el caso de los españoles residente en el extranjero, que neutralizase la política de expulsión realmente llevada a cabo por quienes gobiernan en Euskadi, reincorporando el voto de los expulsados a sus lugares de origen. Debe haber soluciones. Propongo que el censo electoral permita a quien esté censado en un punto determinado de España, el poder dejar en suspenso la situación actual, introduciéndole en unas listas donde se inscribieran quienes deseen votar en Euskadi, en vez de su actual residencia.

Sería necesario que el censo confirmase que en algún tiempo pasado el interesado residió en el País Vasco y, en este caso, habría que sustituirle, en su tarjeta censal, el «local electoral», que es donde iría a parar su voto, llegándole al domicilio actual la «tarjeta censal», para que pueda ejercitar el derecho del voto, por supuesto por correo, donde residió hace tiempo. ¿Tiene el Instituto Nacional de Estadística la información necesaria para confirmar la residencia antigua? Esto que propongo puede ser una fórmula más o menos viable, pero puede haber otras que sirvan para retornar los votos de los expulsados a sus domicilios vascos. De esta forma se contrarrestaría el efecto del éxodo, que favorece a los partidos nacionalistas. Moisés Miguel Gandarillas. Valladolid.

El propio PSOE teme que el nacionalismo catalán se aproveche de la tibieza de Zapatero
Esther L. Palomera La Razón 4 Febrero 2005

Madrid- «Mejor Rubalcaba que Zapatero; mejor Rajoy que Zapatero». Aun a sabiendas de que el portavoz socialista en el Congreso y el presidente del Gobierno acordaron hacer diferentes discursos durante el debate sobre el Plan Ibarreche (uno dirigido al electorado vasco y el otro al resto de España), en el PSOE han surgido algunas voces que hablan de falta de contundencia en las palabras que el jefe del Ejecutivo pronunció en el Parlamento. Y no ha sido solamente la de Juan Carlos Rodríguez Ibarra para quejarse del trato preferente que el Congreso de los Diputados dispensó al lendakari. Tampoco pertenecen todas al llamado sector «guerrista». Las hay que militan en el guerrismo, también en lo que resta del «felipismo» y alguna otra de los no adscritos.

«El temor no es ya por lo que pueda venir del Parlamento de Vitoria, después de las elecciones vascas, sino que Zapatero haya dejado abierta una puerta difícil de cerrar ante los catalanes. Más Cataluña que el País Vasco nos puede complicar la vida», sostenía ayer un diputado «guerrista».

En la misma dirección apuntó un parlamentario del PSOE no adscrito a ninguna de las viejas familias, quien no oculta la preocupación de algunos socialistas ante la posibilidad de que «el PP y Mariano Rajoy se hagan con el liderazgo del modelo territorial».

«El discurso de Mariano Rajoy es perfectamente asumible en nuestro partido. Es más –prosigue el mismo interlocutor–, si en algo se debe coincidir con el PP es, precisamente, en el modelo de Estado. Cierto, que Alfredo Pérez Rubalcaba asumió, durante su intervención, este papel, fue más claro y contundente, pero los españoles querían escuchar esas palabras por boca de su presidente de Gobierno».

Es más, por qué el PSE habla, ahora, de una reforma del Estatuto de Guernica, cuando hace «dos días su guía de campaña era “más Estatuto”», se pregunta, esta vez, un diputado por Madrid. «No vale decir que se trata de una estrategia electoral para atraer el voto del nacionalismo moderado porque, esta posición, puede darnos disgustos».

En resumen, que varias voces coinciden, más en el fondo que en la forma, con el presidente extremeño, a quien reconocen la cualidad de «decir verdades como puños». En este mismo sentido, quienes el pasado lunes asistieron a la conferencia de Felipe González en Alcalá de Henares en la que distinguió entre «descentralización y centrifugación» convergen en que el ex presidente acertó en el análisis sobre los nacionalismos. Las de González, señala un veterano socialista vasco, fueron palabras para alertar sobre determinados líderes regionales quienes buscan las soluciones de parte «sin satisfacer el todo».

El otrora jefe del Ejecutivo quiso elogiar, precisamente, el sentido de Estado que siempre guió al ex presidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol.

Conclusión: hay socialistas que no «estamos dispuestos a que el autogobierno o las reformas de los Estatutos, vengan estas de donde vengan, signifiquen desigualdades entre territorios. Dicho de otra forma, hay que tener a España en la cabeza, mucho más el presidente del Gobierno».

Euskera
Patxi Rekondo Dolaraga/Vitoria-Gasteiz, Cartas al Director El Correo 4 Febrero 2005

En épocas dictatoriales, nos prohibían hablar en euskera. Ahora el Gobierno vasco y en su consejera de educación, Anjeles Iztueta, obligan a un colectivo de profesores a alcanzar un nivel 2 relativo al conocimiento de esa lengua, que pretenden introducir a la fuerza o, de lo contrario, caerá sobre ellos la continua amenaza de relegarles a estadios inferiores. Cuando se aprueba una oposición, el funcionario contrae unas obligaciones que no parece legítimo modificar con leyes retroactivas, máxime cuando esa retroactividad se aplica a profesores con décadas de experiencia. Es más justo y racional, exigir el «requisito lingüístico» a los opositores aspirantes a obtener plaza en la función pública, como se aplica en otras comunidades. ¿Como si el euskera, fuese tan fácil de aprender! El Gobierno vasco debería considerar que es la única lengua española, no románica, y que ni siquiera pertenece al tronco de lenguas indoeuropeas; de ahí su dificultad. Pero claro, aquí se mezclan temas socio-políticos que no nos dejan ver más allá. De esta forma, se relega a un segundo término la calidad de la enseñanza, ya que se postergan otros parámetros de profesionalidad decisivos para lograr un nivel académico y educativo adecuado, del que carece nuestro sistema a juzgar por el contenido del informe PISA. En éste, se evidencian las carencias del alumnado, en materias tan importantes como Geometría y Química. No por saber mejor euskera, se es mejor euskaldun, o no por saber mejor euskera, se puede enseñar mejor.

El verdadero problema
Nota del editor 4 Febrero 2005

Por aquí, a todos les gusta andar por las ramas: que si esto es fácil o difícil, que si a los que empiezan que los parta un rayo si no saben vasco o la "lengua propia" que corresponda, pues no es de mi incumbencia, ya que no me afecta.

El problema está en que los idiomas hay que dejarlos a su aire, y todas las leyes de imposición y normalización lingüística quemarlas en la hoguera de y con los políticos profesionales, incompetentes.

Claro, a ver quien soluciona el problema de todos los enchufados que han copado todos los huecos, viejos y nuevos, en todas las administraciones a costa de las "lenguas propias" (digo viejos y nuevos porque el otro día tuve que personarme en el Tribunal Superior de Justicia de Galicia (La Coruña) y aparte de ver que todos los letreros de los despachos están únicamente en gallego, lo que es claramente anticonstitucional, hay un "servicio lingüístico" (claro, en gallego, ¡tóma ya!).

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