AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 7 Febrero 2005
Catalán obligatorio
Cartas al Director ABC 7 Febrero 2005

El error Rajoy
Federico Jiménez Losantos El Mundo 7 Febrero 2005

Un timo de doce estrellas
Fernando Díaz Villanueva Libertad Digital 7 Febrero 2005

EL PROBLEMA DEL NACIONALISMO VASCO
GERMÁN YANKE ABC 7 Febrero 2005

El talante de Zapatero preocupa al PSOE
Pablo Sebastián Estrella Digital 7 Febrero 2005

LA «GRIPPE»
Jaime CAMPMANY ABC 7 Febrero 2005

EL LABERINTO VASCO
Editorial ABC 7 Febrero 2005

Valentía frente al terrorismo
ROGELIO ALONSO El Correo 7 Febrero 2005

No sabe decir que no
Justino Sinova El Mundo 7 Febrero 2005

El “Sí” a Europa y al acoso del PP
EDITORIAL Libertad Digital 7 Febrero 2005

He ahí la Izquierda: pisando sangre y tan sonriente
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 7 Febrero 2005

Repercusiones internas del referéndum
Juan Carlos Girauta Libertad Digital

Respuesta desde Álava
PABLO MOSQUERA La Voz 7 Febrero 2005

Autodeterminado
Cartas al Director El Correo 7 Febrero 2005

Atacan con cócteles molotov la tienda de la mujer de un edil del PP en Vitoria
VITORIA El Correo 7 Febrero 2005

 

Catalán obligatorio
Cartas al Director ABC 7 Febrero 2005

Una de las cuestiones que se piensa incluir en el nuevo Estatuto de autonomía de Cataluña es la obligación de conocer el catalán. «¿Hace falta obligar a los catalanes a que conozcan su lengua propia?». Según los nacionalistas, sí. Lo cual sirve para demostrar que Cataluña no es la sociedad homogénea y con objetivos políticos nítidamente definidos que ellos intentan proyectar al exterior. Querría sacar este asunto de ese victimismo lacrimoso por los supuestos desheredados que no saben el catalán, que es lo que se invoca y tanto daño ha hecho a la defensa de nuestra lengua. El aprendizaje del catalán es un ejercicio asequible. Los problemas lingüísticos son de cultura, de memoria colectiva, no de orden práctico.

El nacionalismo puede alegar que en la Constitución española existe el precepto de conocer el castellano. Aquel punto de nuestra Carta Magna se limitaba a tomar nota de que existe una lengua común en la que todos nos hemos podido entender desde hace siglos. No era el punto de partida de una política lingüística que pretendiera decir a unos ciudadanos que su lengua era la equivocada, como sí ha ocurrido con el Estatuto de Cataluña y su desarrollo posterior.

Nuestra democracia nació con una importante ambición de dar solución a los variados problemas que han afectado a la sociedad española. Pero desde el principio adoleció del defecto de que cuando aparecían los nacionalistas en algún asunto, la única respuesta balbuceada era el sí a todo. De esa manera, no se ha ofrecido ninguna solución al hecho de que una gran parte de la población de Cataluña, debido a sus orígenes familiares, tiene por lengua natural el castellano, y los nacionalistas no han tenido problemas en imponer su solución: el castellano se aprende en la calle.

La obligación de conocer el catalán por imperativo estatutario es una vuelta de tuerca más en ese escenario. Si hasta ahora la cooficialidad de las dos lenguas era prácticamente papel mojado, pero existía la base legal para reclamarla, a partir de que se apruebe la obligación de saber el catalán la cooficialidad quedará como una figura retórica sin validez efectiva. En cualquier caso, el asunto de las lenguas es algo más profundo que las cuestiones prácticas o legales, y la continuidad de nuestra existencia como ciudadanos de Cataluña hispanoparlantes nos la tendremos que ganar nosotros dándole prestigio a nuestra lengua con nuestro asociacionismo y nuestra actividad cultural.      José Miguel Velasco, presidente de Acción Cultural Miguel de Cervantes. Barcelona.

El error Rajoy
Por Federico Jiménez Losantos El Mundo 7 Febrero 2005

Los que creemos porque queremos creer en España tenemos al Partido Popular de Mariano Rajoy como único burladero de la cornada separatista, que ya nos ha mandado al hule y que puede mandar a media nación al cementerio, sin por eso ahorrárselo a la otra mitad.

Lo he votado en las elecciones generales y si él y yo seguimos en el mismo sitio (no es seguro gobernando el PSOE, especialista en atentados ajenos cuanto satisfactorios) volveré a votarlo con la esperanza de que llegue a La Moncloa a remediar el estropicio de Zapatero. El otro día en las Cortes, su discurso movía a compasión por los que, siendo y sintiéndose españoles, han votado a otro. Hoy por hoy, no hay más que Rajoy.

Con toda lealtad, pues, y sabiendo que la guerra, no sé si en todos los sentidos, será larga o la perderemos, voy a referirme al error Rajoy, tan bienintencionado como el error Berenguer que, de creer a Ortega, trajo la II República.

Ayer publicaba en ABC el presidente de la oposición un artículo que satisfaría sin duda a los lectores, porque terminaba con un acto de fe en la Nación española, tan sincero como elocuente. Pero comenzaba afirmando que los españoles, por primera vez desde la Transición, nos sentíamos inseguros ante el futuro, cuando, «hace aún pocos meses, sentíamos que pisábamos un terreno sólido, el más sólido de toda la Historia de España.

Podíamos discutir sobre el Plan Hidrológico Nacional o la reforma fiscal, como es natural que se discuta en cualquier sociedad democrática.Pero lo importante estaba a salvo. El suelo se estaba quieto.Alguien dijo que, de no ser por ETA, España sería un país feliz.Yo estoy de acuerdo».

Pues bien, esa felicidad, nacida de la comodidad, es la raíz de esta tragedia. La cesión continua ante los enemigos de España, esa que hoy escandaliza en ZP pero que lleva practicando la derecha desde Suárez a Aznar, ambos inclusive, les ha permitido sembrar el odio en las aulas, acuñar el rencor en los periódicos, tergiversar la historia común, inventar un proyecto de Estado nacional sobre los escombros del ya existente y, en ese altar antropófago, sacrificar los derechos individuales de millones de españoles, declarados en Cataluña, Galicia o el País Vasco extranjeros en su país sin que sus connacionales movieran un dedo por ayudarles.

Rajoy, ministro de todo, lo fue también de Educación. ¿Qué hizo contra la escolarización de millones de niños en el odio a España?

Con el Partido Popular tanto como con el PSOE, la renuncia a la lengua común española es lo único seguro en la previsión del tiempo. Y mientras, hablando en español, llueva en Yeida y en Acoruña, España está políticamente muerta. Se les moría ante los ojos y ellos no se daban o no querían darse cuenta. El error Rajoy es ése: negligencia nacional.

Constitución Europea
Un timo de doce estrellas
Fernando Díaz Villanueva Libertad Digital 7 Febrero 2005

Ahora que ha arrancado en España la campaña para el referéndum sobre la Constitución europea lo suyo es pararse un momento y dedicar al menos un minuto a reflexionar sobre la inmensa farsa que nos está tocando vivir. Decía Zapatero el otro día frente a una multitud lobotomizada que si votamos favorablemente al engendro no habrá ni guerras ni dictaduras. Hace falta ser simple, mentecato y malvado. Es decir, que si se nos ocurre votar que no, simplemente porque no nos gusta la Constitución, porque no nos gusta él o porque no nos da la gana levantarnos de la cama el día 20, que es domingo, estaremos promoviendo la guerra y preparando la antesala de una dictadura. A ZP, que es un lince en esto del mitineo cutre, quizá eso le parezca normal. Identificar lo que él defiende con la democracia y la paz y cargar a los que se oponen con la guerra y la dictadura es el ejemplo vivo de dónde ha quedado el debate sobre la Constitución y cuál es el futuro que nos espera a los que osemos oponernos en público.

En el periodo de entreguerras, politicastros del mismo estilo de los que menudean ahora por la Moncloa llegaron al extremo de declarar la guerra ilegal. El resultado fue que, unos años después, alemanes y soviéticos llegaron a un acuerdo para despedazar Polonia y se armó la que todos sabemos, con los consabidos seis millones incluidos en el paquete. Nadie se planteó entonces que los golpes en el pecho y las buenas intenciones sirven de poco. Ahora estamos en las mismas. El sablazo constitucional que nos quieren meter entre la sexta y la flotante es no sólo el remedo de aquellas soflamas pacifistas que se estilaban en los años veinte, sino también un disparate que consagra para siempre lo peor de la Europa burocrática e improductiva nacida en Roma hace casi medio siglo.

Aparte de un tostón largo e indigesto hasta para el más curtido constitucionalista, el texto es un destilado selecto de todo lo que los liberales siempre hemos aborrecido de la Europa comunitaria. Bendice el papel de los Estados, especialmente de los más grandes e intervencionistas, glorifica el gasto público y lleva a su máxima expresión el cuento de los derechos positivos. A modo de ejemplo, la Constitución española reconoce en uno de sus artículos el derecho a la vivienda, y eso está sirviendo de coartada para que muchos exijan al Estado que les regale una, o que se la venda a buen precio, o para que algunos, tirando por el camino de en medio, ocupen los inmuebles que crean más atractivos para sus fines. A fin de cuentas es un derecho, y los derechos están ahí para ejercerlos. La Constitución europea abunda en este tipo de pantomimas y, además, es perfectamente reformable para incluir unas cuantas más. Hace no mucho tiempo se discutió en el Parlamento de Cataluña si era procedente o no que el derecho a ser feliz formase parte del nuevo Estatuto. A la izquierda le pareció una idea estupenda pero, en rigor, ¿Con qué instrumentos cuenta el Estado para que seamos todos felices?, y si no lo somos, ¿qué hacemos?, ¿demandamos al ministro de Felicidad Pública?

Lo peor no son sin embargo las 325 páginas del Tratado, ni el hecho de que perpetúe para los restos a una burocracia estúpida que legisla sin parar, lo peor es la factura de todo esto que nos va a tocar pagarla a todos, a todos los que no vivimos del Estado y que, caprichosamente, nos dejamos la piel cada mes para mantenerlo en funcionamiento. Cada eurodiputado nos sale por un pico entre salario, dietas, alojamiento y billetitos de avión. Los plenos del Parlamento de Estrasburgo son un monumento al derroche y a la autocomplacencia porque en ellos no se decide nada, se habla y se habla en no sé cuantas lenguas diferentes para cuadrar un presupuesto a fin de año que consiste en gastar sin medida. Y todo para que nos sintamos más europeos que nadie. De risa, y al que se le ocurra discrepar es que no es demócrata, y, lo peor de todo, que no es europeísta. Hacen bien los suizos y los noruegos en no serlo en absoluto manteniéndose al margen de semejante merienda de negros.

Llegados a este extremo lo único serio que cabe hacer es quedarse en casa o acercarse al colegio electoral a votar no y aprovechar el paseo para decirle al interventor del PSOE que se vayan a robar a Sierra Morena pero que, al menos, no lo hagan con nuestro voto.

EL PROBLEMA DEL NACIONALISMO VASCO
GERMÁN YANKE ABC 7 Febrero 2005

A Ibarretxe -¿por qué negarlo?- le han venido muy bien sus últimos viajes a Madrid. Sorprendentemente, se le prestó el Palacio de La Moncloa para una primera cita propagandística después de lo que, según cuentan, no fue sino un monólogo ante el presidente del Gobierno. Y, después, la sesión parlamentaria sobre lo que se denomina «toma en consideración» de su Plan, ahora disfrazado de proyecto de reforma del Estatuto de Autonomía.

Consuélense los que quieran con el contundente voto en contra de los diputados, pero no traten de anestesiar con formalismos (entierro del Plan, fin del mismo, vuelta al punto cero, etc.) a quienes muestran ahora, como mostraban antes, la preocupación por lo que el nacionalismo vasco propone hoy. Citó José Luis Rodríguez Zapatero en su discurso a Mario Onaindia y le llamó, sorprendentemente, patriota vasco. Yo no traté tanto como habría deseado a este escritor y dirigente político pero si algo más que Rodríguez Zapatero. Al escuchar al presidente, no pude menos que recordar el último encuentro en Vitoria, en su casa, ya consumido por la enfermedad. Jamás se me habría ocurrido decir, ni pensar, que había estado con un «patriota vasco». Puesto a citar a Onaindia más le valdría a Rodríguez Zapatero haber recordado que, con energía y desesperación, solía repetir que, en esta hora, no hay ni un solo proyecto nacionalista vasco que sea democrático.

Porque debía haberse tomado en consideración que la razón fundamental por la que hay que rechazar el Plan Ibarretxe no es su ajustado respaldo en el Parlamento vasco, ni la división que implica en esa comunidad autónoma, ni las muy razonables sospechas de que podría arruinar económicamente el País Vasco. El motivo básico de la indignación ante tal propuesta es su carácter antidemocrático, esa entraña en la que se opta por un hipotético «Pueblo» en vez de por la ciudadanía, en la que se distingue entre nacionales y ciudadanos, en la que se pretende dar carta de naturaleza a una casta, los nacionalistas, cuya misión, no en contra de una amplia minoría sino en contra de sus irrenunciables derechos, es administrar un poder totalitario. Lo importante de su anticonstitucionalidad no es el lado meramente formal, lo que podría solucionarse con una reforma procedimental, sino su enfrentamiento radical con los derechos individuales y los fundamentos democráticos que la Constitución recoge. Aludió Ibarretxe en la tribuna del Congreso a un supuesto problema del País Vasco con España que duraría ya doscientos años, desde las primeras constituciones liberales. No hay tal problema del País Vasco o de los ciudadanos vascos con la España de la que forman parte sino el del nacionalismo vasco con el sistema constitucional.

El problema del nacionalismo vasco es que, practicando ya esa política en la medida que puede -y puede mucho-, quiere ampliar el campo y recibir, vía amenaza, el respaldo de los demás. No es el argumento adecuado aludir a su ajustada mayoría parlamentaria en la comunidad autónoma ni demorar la solución a la consecución de otra mayoría. Sin ella, los vascos precisan el respaldo del Estado a sus derechos individuales y no es de extrañar que reclamen en este empeño la contundencia del presidente del Gobierno.

Rodríguez Zapatero, abierta la espita con su complacencia, a la espera de lo que le venga de Cataluña, sustentado por nacionalistas, parece confiar ciegamente en el futuro y pedirnos que confiemos en él. Pero los ciudadanos, a un lado las emociones del talante, preferirán seguramente confiar razonablemente en el presente y saber que el presidente, más que en sus virtudes demiúrgicas, confía en la ley, que es lo que habría que tomar en consideración.

El talante de Zapatero preocupa al PSOE
Pablo Sebastián Estrella Digital 7 Febrero 2005

El ambiguo discurso del presidente Zapatero ante el lehendakari Ibarretxe durante el debate del pasado martes en el Congreso de los Diputados ha colmado el vaso de la paciencia de bastantes dirigentes del PSOE, que han regresado al discurso de Bambi. Subrayando la debilidad del discurso político de su líder, la escasez de su proyecto y los errores estratégicos que están dando alas al Partido Popular que lidera Rajoy y al sector nacionalista, que cree haber encontrado en Zapatero la puerta corrediza por donde han de colar sus proyectos soberanistas.

La frase de Zapatero en el debate con Ibarretxe de no hay “vencedores ni vencidos”, dando por bueno un empate entre el Gobierno nacionalista y el Gobierno español da una idea de la levedad política que adorna la presidencia del Gobierno. ¿Por qué hizo eso Zapatero? ¿Por qué se empeñó en ese modelo de discurso? Por tres motivos: porque el presidente es así y se lo cree, porque piensa que ése es el camino para conseguir votos en las elecciones vascas y renegociar un nuevo Estatuto que sustituya al de Guernica, y porque sabe que si levanta mucho la voz y las barreras a lo mejor tendrá que hacer lo mismo cuando a mediados de año, o a la vuelta del verano, llegue a Madrid el nuevo Estatuto catalán.

Durante el debate del Plan Ibarretxe en los bancos del PSOE había caras largas y gestos de asentimiento y apoyo al discurso de Rajoy, dicen que de Alfonso Guerra, entre otros. De la misma manera se dice que Pérez Rubalcaba endureció su discurso a la vista de lo que estaba pasando, y de lo que también era consciente el presidente. Precisamente durante la intervención de las minorías Zapatero salió un momento del hemiciclo y pude hablar con él y decirle que se echaba de menos un discurso más serio y firme del presidente del Gobierno, a lo que me respondió que lo importante era el espectáculo democrático y el tener la mano tendida, de acuerdo con su estrategia política particular.

El presidente suele pensar que cuando se le critica o le contradicen los autores lo hacen por animadversión premeditada o porque carecen de los datos suficientes, que él sí que tiene y los otros no. Esa percepción puede ser otro error de Zapatero, por pensar que la información privilegiada le hace intérprete único y verdadero de la realidad. Y lo cierto es que la realidad fue tozuda con él, que Ibarretxe rechazó su oferta de nuevo Estatuto, que Rajoy ganó el debate, que en el PSOE circulan las quejas sin parar (desde Guerra a González) y que los nacionalistas vascos y catalanes están más crecidos después de lo ocurrido en el Congreso.

Pero Zapatero es tozudo, cree firmemente en sí mismo, y juega fuerte convencido de que su victoria en el liderazgo del PSOE y la derrota del PP el 14M son pruebas de su imparable fortuna y decisión. Y ahora se juega parte de su patrimonio político en este referéndum europeo de las prisas y el entusiasmo, y después se jugará mucho más en las elecciones vascas, donde espera que el PSOE se convierta en la llave del Gobierno de Vitoria, a sabiendas de que Ibarretxe, con sus visitas a Madrid y su victimismo, tiene bastantes probabilidades de repetir resultado, especialmente si convence al electorado de que, en ausencia de Batasuna, el voto útil abertzale lo representa la coalición PNV/EA.

En el entorno del presidente se consuelan diciendo que si no sale bien lo de Europa y los nacionalistas siguen en el Gobierno de Vitoria, al PSOE le quedará el consuelo de acabar mejor que el PP en las elecciones del País Vasco, y la oportunidad de quitarle a Fraga el Gobierno gallego en el otoño con ayuda del BNG. Y con esos resultados podrá llegar a final de año a la espera de que Maragall no traiga a Madrid un Estatuto imposible como el de Ibarretxe.

Aunque el presidente debe saber que el PP está rehaciendo su posición y reforzando el liderazgo de Rajoy, y un envite excesivo de Maragall puede llevar al PSOE al borde de la ruptura y a una crisis de identidad constitucional. Las palabras de González sobre los riesgos de centrifugación del Estado son todo un aviso y una señal. Como otras de Bono elogiando el discurso de Rajoy ante Ibarretxe, o las quejas de Rodríguez Ibarra, o las posiciones del alcalde coruñés, Vázquez.

El presidente sabe todo esto, lo intuye pero no quiere rectificar. El miércoles pasado, después del debate, se fue a tomar un café con los informadores del Congreso para convencerles de que el debate le había ido muy bien, pero con dicha iniciativa nos demostró que había encajado el golpe y que en algo, por lo menos en algo, se equivocó. Luego llegó el submarino británico a Gibraltar y le abrió una nueva brecha en el costado de su talante negociador internacional, después de hacerle más concesiones a Blair.

El discurso y el método del talante están muy bien siempre y cuando, además de mejorar la vida democrática, ofrezca resultados para el PSOE, España y el interés general. De lo contrario Zapatero se encontrará con el PP y con sus adversarios internos, sin descontar que si después de dar tantas esperanzas a Maragall tiene que frenar en seco, entonces a sus adversarios externos e internos se sumarán los que hoy le ayudan a gobernar.

LA «GRIPPE»
Por Jaime CAMPMANY ABC 7 Febrero 2005

SI yo alcanzara el desahogo egocéntrico, centrípeto, que diría tal vez Felipe González, escribiría aquí que «el Papa y yo estamos saliendo dichosamente de la «grippe»». Y lo escribiría así, en francés, porque es una gripe muy cabrona, casi giscardiana, empecinada y rebelde. A mí me tiene molido y derrengado y me ha traído dolores severos a los tobillos, rodillas, cintura, pecho y hombros, además de las arracadas, que es lo que más me aqueja y lo que peor soporto.

Por fin, me ha dejado hoy hojear los periódicos de la pasada semana, que no encontraba fuerzas ni para mirarlos y estaba atrasado de noticias, que es como decir tonto, o sea, más o menos como Javier Tusell, Dios le tenga en el limbo. En un esfuerzo heroico de celo profesional, había escuchado el discurso de Ibarreche en el Congreso, y yo creo que fue eso lo que agravó el ataque de gripe, porque un chorro de virus dañinos y traidores se extendió por el hemiciclo, ese día mucho más hemicirco que cualquier otro. Me tomé la licencia de pasar del discurso de Zapatero, que lo he leído más tarde en resumen, por más que resumir la oración lírica de Zapatero presente una dificultad semejante a la de resumir las «Bucólicas» de Virgilio o el «Cantar de los cantares» del rey Salomón, y eso en edición para niños.

He visto que Fernando Savater, el converso, dice que el Proyecto Ibarreche es una hechura de la banda etarra. ¡Toma, claro! Y su aprobación en el Parlamento vasco estaba pactada entre los etarras que agitan el árbol, y los nacionalistas que recogen las nueces. Está claro que Ibarreche no habría presentado su plan al Parlamento sin haberse asegurado antes la aprobación del engendro. El rechazo de los diputados vascos habría supuesto la degollación del Proyecto y de toda la parafernalia planeada al rededor del Proyecto.

El voto de los batasunos planteaba, sin embargo, un inconveniente. Los puñeteros españolistas dirían con toda seguridad que aquel era un plan aprobado por «Eta». La solución tuvo que salir del caletre de Atutxa, que es lo más fino del PNV dentro de lo arbóreo, ayudado por Arnaldo Otegi, lo más agudo dentro de los pistoleros. Tres batasunos votaban a favor y tres en contra, y así el brazo político de los etarras aprobaba por un lado lo mismo que rechazaba por otro. Ibarreche nos llamó celtíberos a los no nacionalistas, y debe creer que los celtíberos somos tontos de capirote, una partido de badulaques, mastuerzos y mamelucos, y que damos el mismo valor a los votos imprescindibles para aprobar un proyecto y a los que sólo sirven para ir a la papelera de las votaciones perdidas.

Todo estaba previsto y planeado. Y todo les va saliendo con arreglo a los planes. Aprobación en el Parlamento vasco; rechazo en el Congreso; explotación victimista de la negativa; la mano tendida y rechazada; elecciones con carácter de plebiscito, referéndum bajo las pistolas y proclamación. Total, el País Vasco partido por gala en dos, no en pluralidad democrática sino en imposición violenta, que ha dicho Ibarreche que eso es lo que quiere la sociedad vasca. Y quien no esté de acuerdo, que se vaya a «Cái» con su prima hermana, hala, a los carnavales. A Eus-cái, que dice Antonio Burgos.

EL LABERINTO VASCO
Editorial ABC 7 Febrero 2005

ES toda una paradoja que después de un período de máximo debate entre los Parlamentos y Gobiernos de Madrid y Vitoria y entre los partidos políticos nacionales y vascos sobre el futuro del País Vasco, el resultado sea una espesa confusión sobre las intenciones de algunos y una creciente duda sobre la sinceridad de otros. La convocatoria de elecciones anticipadas, administrada por Ibarretxe para movilizar a los nacionalistas frente a un nuevo «agravio» de Madrid, debería servir para ofrecer a los vascos una política basada en la autenticidad de las propuestas. Pero no está siendo así. Sólo es posible utilizar como criterio de hipótesis acerca de lo que pueda suceder, si la mayoría del frente nacionalista será o no absoluta. Si no lo es, no cabe duda de que saldrá a relucir el instinto de supervivencia del PNV, como en tantas otras ocasiones en que su permanencia en el poder ha estado en riesgo.

Ni siquiera a los nacionalistas se les oculta la inviabilidad del plan Ibarretxe, pero se afanan en su rentabilidad electoral y si ésta fracasa -es decir, no ratifica su hegemonía-, el PNV hará lo necesario para seguir gobernando. Será en este caso cuando los socialistas vascos tengan en su mano la posibilidad de cambiar drásticamente la situación. Pero las certezas actuales impugnan esta posibilidad, como las que tiene María San Gil, quien, en la entrevista que hoy publica ABC, afirma que «los hechos evidencian que la voluntad del PSE es gobernar con el PNV». No es, desde luego, una mera especulación, porque, al margen de la interpretación que mereciera el discurso de Rodríguez Zapatero en el Pleno sobre el plan Ibarretxe y de que en su visión política del futuro de España está antes ERC que el PP, la trayectoria del socialismo vasco, desde el asedio y derribo de Nicolás Redondo hasta la propuesta Guevara de reforma estatutaria, es un acercamiento progresivo al nacionalismo gobernante. Sería muy honesto por parte de Patxi López que, al referirse al PNV, fuera tan explícito como cuando rechaza la alternativa autonomista de 2001 con el PP, tan repudiada por los socialistas vascos pese al resultado obtenido, superior, en términos electorales, al que cosechó el constitucionalismo durante los doce años en que el PSE apuntaló, sin contrapartidas de fondo, los sucesivos gobiernos nacionalistas. Pero la tentación de arrinconar al PP -táctica útil para la estrategia general del PSOE- ha vuelta a ser atractiva para el PSE.

Queda, además, el factor ETA, rescatada del ostracismo por el plan Ibarretxe y oxigenada, en su máscara política, Batasuna, por maniobras tanto del PNV como del PSE. Los terroristas son los garantes de la pureza del plan Ibarretxe, versión oficial de su Alternativa Democrática, y, por eso, apoyan al PNV, pero también acusan el golpe continuado de estos años de eficacia policial, judicial y política, y especulan con una negociación que el Gobierno espera con creciente ansiedad y en la que la banda asesina es de prever que ponga como condición para el cese de la violencia una salida a la situación de sus presos.

Si así fuera, la mejor interpretación al alcance del Gobierno, al que le conviene no jugar a las comparaciones con la entrevista en Zurich, es que es el momento histórico no para negociar una tregua, sino para imponerse de manera definitiva e incondicional a los terroristas, respetando el principio ético de que no hay paz sin justicia.

Las víctimas de ETA tienen motivos para sentirse preocupadas por su dignidad. El PP tiene motivos para denunciar que el PSE quiere pactar con el PNV. Y ETA y Batasuna tienen motivos para intuir que lo peor para ellos puede haber pasado. Y, en general, la opinión pública tiene motivos para, mirando al Gobierno, pensar que no se le está diciendo toda la verdad.

Valentía frente al terrorismo
ROGELIO ALONSO/PROFESOR DE CIENCIA POLÍTICA EN LA UNIVERSIDAD REY JUAN CALROS El Correo 7 Febrero 2005

Sea usted valiente», instó varias veces el lehendakari al presidente del Gobierno en el debate celebrado en las Cortes. Unos días antes, Ibarretxe y Otegi coincidían en pedir a Zapatero 'valentía política' para solucionar el conflicto. Esta reclamación ha sido reiterada en los últimos meses por ambos e incluso por algunos socialistas guipuzcoanos. Anticipándose al anuncio de Batasuna de lo que la izquierda abertzale definió como «su última propuesta de paz», un grupo de políticos socialistas exigió de su partido y del primer ministro que fueran 'valientes' asumiendo «algún riesgo para ganar la libertad». Hay implícitas en estas llamadas una incongruente interpretación de la realidad vasca y de aquello que resulta necesario para erradicar el terrorismo, como expone el plan Ibarretxe, pudiendo todo ello obstaculizar el final de ETA que dicen desear quienes así se expresan.

Debería sorprender en nuestra democracia que después de asesinar a cientos de personas e intimidar a miles, las palabras de quienes continúan negándose a condenar el terrorismo de ETA sigan sin ser puestas en duda por muchos políticos y ciudadanos. Así lo constatan esas peticiones que demandaban del presidente del Gobierno una responsabilidad en el final del terrorismo que realmente no le corresponde, pues la conclusión de la violencia es únicamente resultado de la decisión tomada por quienes la perpetran. Junto a la propuesta de Batasuna en Anoeta, la carta que Otegi envió al presidente, seguida del comunicado de ETA a comienzos de año, fueron vistas desde determinados sectores como señales inequívocas de la buena voluntad de la organización terrorista y de su brazo político por poner término a la violencia. Así, por ejemplo, un editorial del diario nacionalista 'Deia' señalaba al respecto que «la oferta de negociación de Batasuna al Gobierno español representa una muestra de flexibilidad ciertamente espectacular y esperanzadora de la izquierda abertzale». Seguidamente alababa esa 'valentía' de Batasuna que también reclamaba del presidente Zapatero.

La manera en la que algunos políticos y medios de comunicación dieron la bienvenida a los pronunciamientos de ETA y Batasuna contribuyó a presentar a ambas organizaciones como 'flexibles' al realizar «generosos movimientos por la paz» que exigirían por ello la respuesta del Gobierno en la forma de negociaciones, gestos o concesiones. La lógica resultante es perversa, pues de consolidarse puede llevar a situaciones como la que se vivió en Irlanda del Norte, donde amplios sectores llegaron a culpar al Gobierno británico de la ruptura del alto el fuego del IRA en febrero de 1996, cuando hizo estallar una potente bomba que asesinó a dos personas. En lugar de asignar la culpa al grupo terrorista autor de dicho atentado, y por tanto único responsable de semejante acción, en cambio ésta se explicó como el resultado de la supuesta 'inflexibilidad' e 'intransigencia' del Gobierno británico y de los unionistas norirlandeses.

Quienes reivindican 'valentía' del Gobierno para solucionar 'el conflicto' y lograr el final de ETA, proponiendo incluso contactos con el grupo alegando que así se acerca la paz, favorecen de ese modo el discurso con el que los terroristas justifican su existencia y su violencia. Semejantes exigencias se sostienen en una lógica no muy diferente a la que inspira los comunicados en los que ETA reivindica sus crímenes, y en los que éstos aparecen como absolutamente necesarios, como reflejaba esta banda en el Aberri Eguna de 2002 al afirmar: «Están tuertos los que basan la paz en el alto el fuego de ETA, y bizcos los que piensan que la paz vendrá por sí sola. A éstos les tenemos que recordar que a la paz hay que enseñarle a andar. ( ) El alto el fuego no es el fenómeno que traerá la paz a Euskal Herria; será la consecuencia de encontrar una salida para el motivo de fondo, de asentar las bases para desarrollar un proyecto político». El grupo terrorista utilizaba ese comunicado en tan simbólica fecha para el nacionalismo con el fin de eludir su evidente responsabilidad en la prolongación del terrorismo, subrayando además que la solución «se basa en que sea garantizado el derecho a decidir de los ciudadanos vascos».

Curiosamente, éste es el mismo diagnóstico en el que el lehendakari Ibarretxe viene insistiendo mediante la presentación de su iniciativa como «un plan de paz» a pesar de que en el mismo no se plantea ni una sola medida contra ETA, más allá de la satisfacción de aspiraciones nacionalistas con la esperanza de que esa política de apaciguamiento seduzca a la organización terrorista y la convenza de la idoneidad de detener sus actividades. Es como consecuencia de tan particular análisis del problema que desde ciertos ámbitos se requiere como solución al mismo 'valentía' por parte del Gobierno. En esas circunstancias la valentía reclamada equivale por tanto a acceder a la concesión de unas demandas nacionalistas con la esperanza, infundada además, de que los terroristas renuncien a la violencia al entender que algunos de sus objetivos se ven materializados. Al mismo tiempo, de esa manera se ignoran las muestras de verdadera valentía desplegadas desde hace ya muchos años por quienes padecen el terrorismo.

Los llamamientos de Ibarretxe casi han coincidido en el tiempo con los aniversarios del asesinato de Gregorio Ordóñez y Joseba Pagazaurtundua. Aquel 23 de enero de 1995, María San Gil presenció el asesinato de su amigo y compañero de partido. El hecho de que hoy esta mujer continúe involucrada en política a pesar de semejante suceso y de las constantes amenazas a su propia vida es sin duda confirmación ineludible de una enorme valentía. Iniciaba ETA con ese crimen su llamada 'socialización del sufrimiento', que supuso el asesinato de quince miembros del PP y nueve del PSOE, así como la intimidación masiva de militantes y simpatizantes de partidos no nacionalistas. A pesar de ello San Gil, Maite Pagazaurtundua y otras muchas vascas y vascos no nacionalistas que han visto cómo ETA les intentaba amedrentar mediante el asesinato siguen desafiando al terror valientemente mediante su participación en política. Como otros miles de ciudadanos amenazados, lo hacen pacíficamente, sin recurrir a la venganza y a la violencia que sobre ellos se inflige. Este valiente comportamiento no debe ser subestimado ni arrinconado, como se hace cuando a la hora de exigir responsabilidades por el final del terrorismo se sitúa en el mismo plano a quienes lo perpetran y justifican y a quienes son sus objetivos.

Nula consideración se muestra además hacia quienes sufren la intimidación terrorista cuando se acepta como lógico y normal que el problema fundamental de la sociedad vasca radica en la necesidad de «una relación amable de convivencia» entre Euskadi y España, como propugna el nacionalismo institucional. La realidad condicionada por el terror y la negativa de muchos nacionalistas a reconocer los efectos que necesariamente la intimidación diaria tiene sobre políticos y ciudadanos amenazados demuestra que es en otro ámbito mucho más cercano donde la convivencia debe repararse, o sea, entre los propios vascos. Probablemente el primer paso en dicha reparación sea la solidaridad activa, no meramente retórica, con quienes son incapaces de dialogar en igualdad de condiciones para sostener sus ideas y a quienes cruelmente se les demanda 'valentía política', despreciándose por ello que para los adversarios ideológicos del nacionalismo la defensa de la democracia implica el riesgo de perder la vida, el más fundamental de todos los derechos.

Por este motivo la restitución de la convivencia obliga a reconocer que la coacción no debe resultar rentable, como sí sucede cuando se admite que el modelo de convivencia de un país puede diseñarse en contra de la opinión de la mitad de la sociedad amenazada por el terrorismo, o cuando se supedita el final de la violencia a concesiones por parte de ese sector de la ciudadanía que es además blanco prioritario de ETA. Ambos errores son el eje fundamental del plan Ibarretxe, y quizás muestras de la cobardía del lehendakari.

No sabe decir que no
Por Justino Sinova El Mundo 7 Febrero 2005

El examen del plan Ibarretxe en el Congreso ha provocado sentimientos opuestos: satisfacción e inquietud. Satisfacción por el resultado, el rechazo abrumador de un alocado afán secesionista; inquietud por la actitud condescendiente del presidente del Gobierno, que ha dejado abiertos senderos inseguros. Se ha dicho con razón que el discurso de Estado lo pronunció Rajoy, que estuvo lúcido, firme y brillante.

Un discurso propio de jefe de Gobierno lo articuló Rubalcaba, que se reveló claro, ortodoxo y eficaz. Zapatero hizo más bien una labor de relaciones públicas de quien no sabe, o no se atreve, a decir que no.

La primera intervención de ZP, tras la exposición intemperante de Ibarretxe, iba en la dirección correcta, pues contenía el mensaje de fortaleza que cabe esperar de un presidente de Gobierno ante quien busca romper las reglas de juego. Pero al final abrió una rendija a la resignación -que concretó en su segundo discurso- al afirmar que «la votación cierra este debate pero no lo resuelve», que «hoy no es el final de un plan sino el comienzo de un nuevo proyecto» y que no tiene «un concepto viejo de soberanía» pues «todos hemos cambiado».

¿Qué pretende Zapatero? No es aventurado afirmar que aspira a negociar con Ibarretxe para anular su plan, sí, pero para alumbrar otro. Se mostró dispuesto a una reforma del Estatuto vasco tras un compromiso sobre los supuestos agravios nacionalistas.

Cometió así un grueso error que nadie preocupado por el futuro de España puede pasar por alto: aceptó el fundamento de una herida en la relación de Euskadi con el resto de España -cuando nunca ha habido una comunidad vasca unificada e independiente, como recordó Rajoy- que pretende curar con la reforma innecesaria de una ley que ya concede al País Vasco una cota insuperable de autonomía.

El propio Zapatero dio alas a la inquietud al día siguiente cuando se mostró ufano de su postura, que considera moderna y valiente frente a la «antigua» de Rajoy (que defendió la democracia y la ley, y exigió juego limpio).

¿Y qué es lo moderno hoy para ZP? Me temo -como muchos- que la cesión, empezando por entregar el término nación a los plañideros de Euskadi para dárselo luego a sus amigos de Cataluña. Este es el drama que se perfila en el horizonte de España. ZP cree que así arregla un problema, pero es todo lo contrario. Rajoy posiblemente lo sospechaba cuando en el Congreso, tras escucharle, dijo esto: «Sería terrible que PP y PSOE no nos pusiéramos de acuerdo para defender el país».Efectivamente, sería terrible. Y todo por no decir que no cuando es lo único que cabe decir.

El “Sí” a Europa y al acoso del PP
EDITORIAL Libertad Digital 7 Febrero 2005

Prueba de hasta qué punto los socialistas pretenden utilizar la mal llamada “Constitución Europea” para arrojar el hipotético triunfo del Sí contra el PP, es que no están esperando a los resultados del referéndum para ponerse manos a la obra. Efectivamente, si de algo está sirviendo el arranque de esta campaña electoral es para ver, ya desde el primer momento, cómo este gobierno arremete contra el principal partido de la oposición, en lugar de hacerlo contra las formaciones que –a diferencia del PP- mantienen una postura opuesta a la del gobierno en el referéndum de marras.

En lo que llevamos de campaña, ni una sola crítica ha dirigido el PSOE contra los separatistas catalanes o Izquierda Unida. En lugar de ello, Zapatero ha criticado al PP -que, pese a todo, ha reclamado un voto favorable-, y a la Iglesia, que se ha limitado a justificar la abstención de los ciudadanos por la precipitación de la consulta y por que el tratado silencie tan ostentosamente las raíces cristianas de Europa. Zapatero le ha reprochado al PP que apoye la “Constitución” “con la boca pequeña”, mientras que a las sustanciosas objeciones de la Iglesia las ha despachado con un frívolo “a quien madruga, Dios le ayuda”.

Una vez más, queda en evidencia que, si los separatistas pueden ser para ZP “adversarios circunstanciales”, el PP es el enemigo permanente. Y esa pulsión cainita, el partido socialista es incapaz de reprimirla ni ante el referéndum de Europa ni ante el que quiere plantear Ibarretxe.

Menos mal que desde el PP, no por lamentar este hecho se llega a negarlo. Y prueba de ello es la acertada réplica que le ha dirigido este domingo Acebes a Zapatero, al que ha acusado de llevar a cabo una “campaña de acoso”, no sólo contra el PP, sino contra todo aquel que no esté dispuesto a “pasar por el aro” y someterse al PSOE y al Gobierno.

Aunque se ha retrotraído acertadamente ya a los tiempos en que ZP asumió la secretaría general del PSOE, Acebes ha señalado que esta campaña se intensificó con la llegada de las elecciones generales y ha llegado, por ahora, a la última maniobra contra Aznar. El dirigente popular ha acusado al Ejecutivo de "estar utilizando al Servicio Exterior para hacer espionaje" y "controlar las actividades de miembros del PP como el ex presidente Aznar". "No sabemos dónde quieren llegar, pero no son acciones individuales, responden todas a una estrategia diseñada y puesta en marcha por el propio Rodríguez Zapatero", afirmó.

Y sabemos que el inefable Moratinos ha despachado este bochornoso seguimiento del ex presidente del gobierno asegurando que se trataba de una mera “atención diplomática”. También debió serlo acusarlo de “golpista” en televisión y en la víspera de la visita de Hugo Chávez, por no hablar de cómo justifico Moratinos los insultos de Mohamed VI contra Aznar.

Bien hace, pues, Acebes denunciando los acosos de este Gobierno. El mayor de todos es el que se basa en la mentira. Y el que se está formando entorno al referéndum europeo no es, ni mucho menos, ajeno a ella.

He ahí la Izquierda: pisando sangre y tan sonriente
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 7 Febrero 2005

Manuel Chaves representa de forma patéticamente perfecta a la Izquierda llamada democrática en los comienzos del siglo XXI. ¿Pero llamaríamos democrática a una derecha que tuviera por modelo a Franco y proclamase su fascinación por Mussolini o Hitler? Evidentemente, no. Supondríamos que su modelo político seguía teniendo como referentes a la policía política, el socialismo nacional o la brutalidad racista. Tal vez por eso no existe y, en España, menos aún que en cualquier país de Europa. En cambio, sí tenemos a una Izquierda que transita entre la comprensión por el terrorismo palestino y la abierta admiración por el crimen como religión de Estado, por esa forma pintoresca de comunismo, no menos sangrienta por más folklórica, que preside Castro en Cuba. A las cárceles donde vegetan pálidos, sobreviven febriles o sombría y tristemente mueren sus miles de presos políticos no llega la música para turistas de la Isla. Compréndase que su entusiasmo por el régimen que, por querer la libertad, los mata en vida, sea muy limitado.

¿Y a qué se debe el entusiasmo de Chaves con Castro, a qué obedece su proclamada "fascinación" por el asesino en masa que más años lleva atropellando la vida y la libertad de los cubanos en un español perfectamente inteligible y que imposibilita cualquier malentendido? Sin duda a la complicidad de fondo que sigue observando la Izquierda con los cientos de miles de asesinatos perpetrados por el socialismo real en Cuba, desde los miles de fusilamientos dirigidos por el argentino Ernesto Che Guevara, que nunca había pisado La Habana y se convirtió en juez y verdugo de miles de cubanos, hasta los últimos náufragos que huyendo del fascinante paraíso que encandila a Chaves hayan sucumbido, tal vez lo estén haciendo en este mismo momento, a los tiburones del Estrecho de La Florida. Seguramente Chaves no haría nunca en Andalucía lo que hace Castro en Cuba, pero siempre cabrá la duda de si es porque no le apetece o porque los andaluces no se dejarían. Moralmente, ha asumido el asesinato permanente de la vida, la hacienda y la libertad de millones de cubanos. Realmente, ha atacado con tanta vileza como cobardía, en presencia del Verdugo del Caribe, al PP, es decir, a los españoles que lo combaten. Es un honor para el partido de Rajoy. Es una demostración de cómo la Izquierda, siempre encantada de haberse conocido, puede estar en un sitio pisando sangre y sonriendo. Ese sitio es Cuba. La sonrisa ante el crimen es el PSOE.

Constitución Europea
Repercusiones internas del referéndum
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 7 Febrero 2005

Está muy bien que el presidente Rodríguez se muestre tan agresivo con el PP desde el inicio de campaña porque está anticipando las conclusiones que extraerán los socialistas la noche del día 20: si la participación es baja, será culpa de los populares, que han mostrado poca convicción y han transmitido un mensaje ambiguo que la derecha no ha podido interpretar unívocamente, disuadiéndola de participar; si la participación es alta, será un triunfo del gobierno, que no sólo ha sabido movilizar a la población sino que se ha colocado a la cabeza del europeismo en la Unión; si gana el no, será culpa del PP, que al pedir el sí por la boca pequeña y realizar una campaña discreta al margen del PSOE ha traicionado una causa superior por mezquinas razones internas; si gana el sí, Rodríguez habrá sido confirmado por aclamación, se olvidarán las luctuosas circunstancias de su accidentado acceso al poder, se habrán borrado las sombras. Combínense las anteriores posibilidades: sí o no con alta o baja participación. El PSOE siempre gana, el PP siempre pierde. Esas son las cartas de Rodríguez.

Como quiera que el error de Rajoy al apoyar el sí de buenas a primeras ya no tiene vuelta atrás, convendría analizar la situación con cuidado. El mismo día en que el líder popular se alineó en este asunto con el gobierno, el ex presidente Aznar llegó todo lo lejos que pudo en el sentido contrario: pidió reflexión. Aun solicitando el voto favorable, el PP no ha dejado de señalar algunas carencias del tratado, ni ha dejado de criticar la impericia negociadora del nuevo gobierno, ni de denunciar la manipulación de la campaña institucional. Paralelamente, desde medios liberales y conservadores muchos hemos reclamado que se le dé al gobierno el tratamiento que merece quien se dispone a utilizar descaradamente la idea de Europa para consolidarse internamente. A la vez, hemos argumentado en contra del tratado en sus propios términos. No hace falta volver a las ideas centrales, que están recogidas en este medio.

Llegados a este punto, la cuestión es cómo enfrentarse a la segura manipulación de los resultados, cómo devolverle al PSOE la factura que está a punto de presentarle al PP pase lo que pase y cómo emitir una factura nueva y onerosa: era un plebiscito y lo han perdido (sea porque gana el no, sea por la más que probable baja participación). La peor forma de abordar el asunto es la de Vidal-Quadras, de quien me duele discrepar, aunque cada vez menos. El vicepresidente del Parlamento Europeo incurre en el error (o tiende la trampa) de relacionar todo el voto contrario con la estrategia de los que quieren romper la Constitución Española. Él sabe que no es cierto, que el peso de ERC en el conjunto de España es insignificante, que el referéndum es de ámbito español y que su interpretación será nacional. ERC no tiene por qué capitalizar nuestras papeletas cuando lo contrario es mucho más fácil.

Respuesta desde Álava
PABLO MOSQUERA La Voz 7 Febrero 2005

DESDE VITORIA me hago eco de lo que están diciendo ciudadanos anónimos en la calle. ¿Dónde hay que apuntarse para impedir que los nacionalistas se salgan con la suya?

Ibarretxe lleva la iniciativa. Ha convocado elecciones tras la sesión del Congreso de los Diputados. Ha dejado claro que la soberanía del «pueblo vasco» no está contenida en la que representan las instituciones del Estado. Ha salido del hemiciclo de Madrid como el representante de otro país, que es nación y quiere tratar de igual a igual con el Estado español. Se ha llevado tras de sí al arco parlamentario de los nacionalistas gallegos, vascos y catalanes. Ha hecho del evento el primer acto de la campaña que va a refrendar, en las urnas, su plan.

Está a punto de lograr que la única papeleta a favor del derecho del pueblo vasco al nuevo estatus sea la que él encabeza, por lo que tienen todas las posibilidades de lograr una ingente participación en las elecciones de abril, y alcanzar un número de escaños que le otorguen la mayoría absoluta de la nueva institución, logrando así la máxima fortaleza para la negociación de su plan.

Sólo Alava puede tener la respuesta que importune tal proceso.

Es preciso que alguien con valor y decisión promueva de inmediato la puesta en marcha de una iniciativa popular entre la población alavesa para que se exija el amparo de las máximas autoridades de la nación y se ponga en marcha, al margen de las elecciones vascas, el proceso para la autonomía de Álava en el seno del Estado español de las autonomías.

Con esta iniciativa se pasa de las palabras a los hechos. Exactamente igual que ha hecho el lendakari. Se responde desde la sociedad alavesa a quien pretende representar una vocación secesionista en Álava que nunca ha existido, pero que puede quedar subsumida por el recuento total de los votos del 17 de abril.

Recuérdese que los depositarios de los derechos históricos son los territorios forales, y el Parlamento vasco no es disponible en cuestiones que siguen formando parte del núcleo de estos derechos. Por cierto, ni el Parlamento vasco, ni el lendakari se atrevieron a solicitar la opinión de las Juntas Generales de Álava sobre el plan, a pesar del efecto que tiene sobre la autonomía alavesa.

Si Álava responde como Navarra, y se convierte en comunidad foral, el Plan Ibarretxe queda reducido a dos territorios, y le damos de su propia medicina.

Autodeterminado
José Luis Fernández Garrido/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 7 Febrero 2005

Yo también quiero ser autodeterminado. Quiero ser independiente del resto de mis vecinos y conciudadanos. Quiero vivir en un chalé con grandes muros y perros policías para que nadie invada mi propiedad. Quiero mi propia policía, sanidad, transporte, etcétera. También mi propia moneda, mi propio banco central y mi propia Hacienda, para, claro está, no cobrarme mis propios impuestos.

Quiero que no me moleste nadie, que no vengan a verme ni hablarme, a no ser que yo lo quiera y lo pida, claro está. Quiero mi propia compañía telefónica, mi propia televisión y mi propio aeropuerto (o mejor dos, si es que son pequeños). Por supuesto, también mi propio ferrocarril con sus correspondientes estaciones a lo largo de mi chalé.

Pero, ¿y cómo pago todo esto? No importa, porque como tengo varios vecinos que tienen su propio dinero, que me hagan unos prestamillos y con eso lo voy pagando. Y como se nieguen a realizar los préstamos les amenazo y, si no me hacen caso, les rompo parte de su propiedad o incluso algo más.

Como ciudadano de este planeta, llamado Tierra, tengo derecho y pido mi propia autodeterminación. Y si no es posible, bueno, pues dialoguemos a ver si por lo menos tengo mi propio chalé.

Atacan con cócteles molotov la tienda de la mujer de un edil del PP en Vitoria
Los saboteadores iban disfrazados y lanzaron dos artefactos a varios policías locales
VITORIA El Correo 7 Febrero 2005

Varios desconocidos atacaron con cócteles molotov, poco después de la medianoche de ayer, una tienda de ropa propiedad de la esposa de Miguel Ángel Echevarría, concejal del PP y teniente de alcalde del Ayuntamiento de Vitoria. Los saboteadores, que causaron daños aún no evaluados en el local, arrojaron también artefactos incendiarios contra varios agentes de la Policía Municipal que patrullaban por la zona aunque no llegaron a alcanzar a ninguno de ellos, según indicó Echevarría.

El suceso se produjo hacia las 00:10 horas en la calle Cercas Bajas, en el centro de la capital alavesa, en plena celebración de los carnavales. Los violentos, disfrazados de trabajadores, rompieron con una maza la luna del escaparate y lanzaron tres cócteles molotov. Al ser sorprendidos por una patrulla de la Policía Local que realizaba labores de seguridad ciudadana, huyeron y atacaron a los guardias con otros dos artefactos para evitar que les alcanzaran y detuvieran.

Nueve años con escolta
Las botellas incendiarias ocasionaron un «pequeño fuego» en la zona exterior de la tienda, según indicaron fuentes de los Bomberos. «Hay dos lunas rotas y la tienda está ahumada», detalló ayer el teniente de alcalde, quien lamentó «no tanto el destrozo material, sino los «ataques contra personas que llevamos mucho tiempo sin disfrutar de la libertad que tienen otros y a la que todos tenemos derecho».

Echevarría recordó que lleva «nueve años con escolta» y recalcó su deseo de «libertad para todos». «Si queremos pluralidad, no podemos estar todos en el mismo partido y eso es algo que algunos no terminan de asumir», dijo antes de enfatizar que «no hay ningún plan que merezca la pena» salvo aquel que «fomente la convivencia y arrincone a los violentos».

La Ertzaintza ha abierto una investigación para tratar de identificar a los saboteadores. Sus pesquisas se centran en una prenda que perdieron en su huida y en el material que emplearon para fracturar el cristal del escaparate, según señalaron fuentes policiales.

Es la segunda vez que los violentos atacan negocios de Echevarría. «La anterior se equivocaron y dañaron una tienda de la misma calle», apuntó el edil del PP.

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