AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 17 Febrero 2005
EL RESUELLO ETARRA
Jaime CAMPMANY ABC 17 Febrero 2005

Pactar con terroristas
Jorge Vilches Libertad Digital 17 Febrero 2005

SENTIDO COMÚN, GRACIAS
FERNANDO FERNÁNDEZ ABC 17 Febrero 2005

De Los del Río a Kant y Ortega
EDITORIAL Libertad Digital 17 Febrero 2005

LO NOTICIABLE
Xavier PERICAY ABC 17 Febrero 2005

El tripartito teme la verdad
Editorial El Mundo 17 Febrero 2005

ECOLOGISMO A LA ESPAÑOLA
César Alonso DE LOS RÍOS ABC 17 Febrero 2005

Izquierda(s) vasca(s) y patriotismo nacionalista
ANTONIO RIVERA El Correo 17 Febrero 2005

Malos tiempos para la solidaridad
IGNACIO MARCO-GARDOQUI El Correo 17 Febrero 2005

La Casa Nostra
José García Domínguez Libertad Digital 17 Febrero 2005

Aumento de la vulnerabilidad
GEES Libertad Digital 17 Febrero 2005

Sin bandera española
Cartas al Director ABC 17 Febrero 2005

«Hay que poner muertos encima de la mesa»
J. M. Zuloaga / R. L. Vargas La Razón 17 Febrero 2005

Los proetarras consiguen escapar tras ser acompañados a la puerta por el jefe de Seguridad
Libertad Digital 17 Febrero 2005
 

EL RESUELLO ETARRA
Por Jaime CAMPMANY ABC 17 Febrero 2005

TENGO la impresión que, desde hace algunos meses, la banda etarra está tomando aliento. Respira mejor y se encuentra con más ánimos para preparar y realizar su macabra labor. Incluso se les oye hablar de volver a matar. Tal vez será el reconstituyente del Plan Ibarreche o los barruntos de tregua. El programa golpista del lendakari les habrá alentado para actuar de nuevo. Ya se sabe que, según la doctrina Arzallus, es necesario que unos maten («arreen») para que otros negocien. Y ya se sabe también que la tregua es la vitamina de los etarras. La tregua es un camino hacia la recuperación.

Hay una dilecta predicación del nacionalismo vasco radical que consiste en afirmar que la benevolencia y la debilidad de las fuerzas políticas en el tratamiento del fenómeno terrorista conduce al clima del entendimiento y la pacificación, y en cambio, la severidad y la energía en el combate contra el terror crispa la situación, excita a los asesinos, a sus cómplices y partidarios y provoca la proliferación de atentados. Naturalmente, esta teoría desemboca en la idea de que la paz se consigue mediante la cesión y el pacto, y el tratamiento policial, penal y político implacable producen una reacción aún más violenta.

La puesta en marcha del Plan ibarrechista, ibarrechiano o ibarrecharra, como ellos quieran llamarlo, requería una reanimación de «Eta», muy debilitada desde la política de Aznar. Y es que si no existiera la violencia etarra, ¿qué paz es la que podría ofrecer Ibarreche a cambio de la autodeterminación, la cosoberanía, la asociación del Estado libre de Euskadi y todos esos sueños de independencia delirante? Démosle las vueltas que queramos darle. Al final, lo que Ibarreche da a España a cambio de arrancarle una parte ilustre e inseparable de su cuerpo es la promesa de que «Eta» dejará de matar y dejara de existir. No es posible encontrar en el discurso de Ibarreche el ofrecimiento de ningún otro precio. El Euskadi «libre y asociado» acogerá a los criminales liberados, les asegurará un buen pasar durante toda su vida, les ensalzará como «gudaris» y escribirá su nombre de asesinos por la espalda en el capítulo más negro y más cobarde del pueblo vasco.

Bien, todo esto entra dentro de las previsiones normales mientras «Eta» exista y mientras haya un puñado de gente vasca que se deje entrenar para disparar en la nuca de los inocentes y en poner bombas contra todos los que pasen por allí, contra la hermosa gente del pueblo. Lo que no entraba dentro de las previsiones normales es que un presidente de Gobierno se dé golpes de barbilla en el esternón y escuche casi con complacencia este programa de arremetidas contra España, su Constitución, la soberanía de su pueblo, su integridad, su Estado de Derecho, su convivencia y su paz entre las gentes y entre los territorios de su ser.

A José María Aznar se le ha reprochado desde las filas socialistas que sea responsable de «crispar» las relaciones con este lendakari Ibarreche que se esfuerza en proclamar su repulsa a ser español. ¿Acaso el ambiente en el País Vasco está más relajado ahora con la blandenguería actual? ¿Dialogará Zapatero con ese tirador del rifle dispuesto a asesinar al candidato Basagoiti? ¿Asistirá el presidente a los nuevos entierros?

Opinión
Pactar con terroristas
Jorge Vilches Libertad Digital 17 Febrero 2005

El socialismo que nos gobierna no actúa con sentido de Estado, sino buscando una rentabilidad electoral. Las encuestas en el País Vasco marchan bien para el PSE, y ya se vislumbra su vuelta al poder. Pero es un regreso que no está guiado por el deseo de hacer bueno el Estado de derecho, para reforzar la democracia y permitir que la libertad sea una realidad en cada rincón vasco. Es para crear un armazón de poder lo más duradero posible; y para ello ha amoldado su discurso y programa a quien se lo puede proporcionar.

La coincidencia del PSE con el tripartito vasco es casi plena. Creen que la violencia etarra es la respuesta a un problema político, cuya solución pasa por más autogobierno, por una independencia virtual. Por esta razón se presentan con un discurso nacionalista, de equidistancia entre el constitucionalismo y el independentismo. El PP, en consecuencia, con su defensa de la Constitución y del Estatuto de Guernica, es marginado del proceso político.

El camino lo ha marcado el gobierno tripartito catalán. Por un lado, es necesario un frente amplio que reúna a los nacionalistas y a los socialistas. Por otro lado, la consecución de una tregua de ETA, como hizo Carod Rovira para Cataluña. Sería un paréntesis terrorista, posterior a las elecciones autonómicas del 17 de abril, durante el cual el nuevo gobierno vasco, con el PSE dentro, pactaría un nuevo Estatuto entre el de Ibarretxe y el de Patxi López. La ausencia de violencia legitimaría la idea de que la práctica independencia del País Vasco es su única solución.

La escenificación empezó con la reunión de Zapatero en Moncloa con Ibarretxe. El posterior debate parlamentario permitió que ambos dejaran claro que el adversario era Rajoy, y que el entendimiento era posible entre el PSOE y el PNV. Ya lo dijo Zapatero: su discurso era de futuro; un futuro gubernamental en el País Vasco. El lote lo completaron las reuniones secretas con Imaz y Carod Rovira, y el olvido voluntario del acuerdo con Rajoy de formar un comité conjunto que estudiara las reformas legales que se avecinan. Además, el Alto Comisionado para las víctimas del terrorismo ha pedido a la AVT que cediera si había una tregua de ETA.

El escenario de connivencia y acuerdo parece claro, sobre todo tras las declaraciones de Eguiguren y Atutxa. El PSE cree que el pacto con ETA y el PNV propiciará el fin del terrorismo, y les sentará en el poder. Así, mientras los etarras piensan en cómo asesinar al rey o a diputados populares y socialistas, alguno sueña con una tregua a lo Perpiñán.

Foreign Policy publicaba hace poco un artículo en el que se ponía el caso de ETA como prueba de que riqueza y democracia no son sinónimos de ausencia de terrorismo. Y para demostrarlo decía que durante la dictadura de Franco el número de atentados y muertos fue menor que durante la Transición. La clave no está, sin embargo, en los métodos dictatoriales, sino en la fortaleza del Estado y en la unidad de objetivos de la clase política. El pacto con los terroristas o con quienes se aprovechan del terror para conseguir objetivos políticos, no es más que un acicate para la violencia, y un debilitamiento profundo de la democracia.

SENTIDO COMÚN, GRACIAS
FERNANDO FERNÁNDEZ ABC 17 Febrero 2005

Aunque estemos absortos con la Constitución Europea, o mejor aunque deberíamos estarlo porque inocentemente el gobierno ha decidido jugarse su prestigio en una operación de alto riesgo, la cuestión autonómica no nos abandona. El ministro Sevilla se ha animado a señalar algunos límites al desvarío descentralizador, pero le han contestado airadamente con algunas peticiones que rompen la unidad de mercado. Cabe recordar que fueron los socialistas los que ya una vez se vieron obligados a poner orden con la LOAPA. El ministro de Administraciones Públicas no se ha atrevido a tanto, pero su esfuerzo racionalizador es encomiable. Aunque me temo que un poco inútil si el presidente no le apoya explícitamente; algo de lo que parece poco partidario a juzgar por las discusiones sobre economía

Esta semana hemos asistido a tres nuevas insensateces: la creación de Agencias Tributarias autonómicas; la descentralización del INEM; y la cesión del comercio exterior. La primera demanda estaba en el programa socialista, pero el tripartito se ha adelantado. Por ahora se trata sólo de reclamar competencias inspectoras sobre los impuestos cedidos, pero ya nos han asegurado que el nuevo estatuto se encargará de ampliar sus funciones. Es un hecho establecido en las ciencias sociales que el órgano crea la función, justo lo contrario que en la biología. Por lo tanto es fácil imaginar que asignados funcionarios a esas nuevas Haciendas pronto encontrarán la manera de castigarnos con reglamentos, alegando el socorrido principio de que aquí somos diferentes. En resumen, que justo cuando en esa Europa que aspiramos a liderar se discute la necesidad de evitar el arbitraje fiscal, aquí lo creamos.

La descentralización del INEM es un tema recurrente. Pero eso no lo hace más sensato. El problema del paro, como nos ha recordado una de esas comisiones de expertos a las que tan aficionado es el ejecutivo y a las que luego sólo hace caso cuando confirma sus prejuicios, tiene mucho que ver con la falta de movilidad geográfica de la mano de obra. Y no parece que regionalizar las prestaciones o las políticas de empleo sea la mejor manera de incentivarla. Porque si de acercar las prestaciones a los administrados se trata, deberíamos ceder más bien las competencias a los ayuntamientos.

Pero la propuesta que se lleva la palma, y no por ser de Coalición Canaria, es exigir la cesión de competencias en comercio exterior. Si la imagen de España, un activo intangible crucial para nuestras exportaciones, es una especie en peligro de extinción, a lo mejor así conseguimos tener diecisiete marcas completamente desconocidas, con lo que podríamos justificar crear el mismo número de institutos de comercio exterior y cuando empeore la balanza comercial, echar la culpa a los publicistas. Total, sólo estamos hablando de un déficit de casi siete puntos del PIB, de vil materialismo, de mera economía.

De Los del Río a Kant y Ortega
EDITORIAL Libertad Digital 17 Febrero 2005

La campaña gubernamental a favor del “sí” en el referéndum sobre la mal llamada “Constitución Europea”, parece una mayor tomadura de pelo a cada día que pasa. El Gobierno de ZP ya hizo sus preparativos de campaña comenzando por violar la legislación electoral que prohíbe el uso tendencioso de la campaña informativa. Tras el pistoletazo de salida, el PSOE inició su “campaña europea” haciendo, en realidad, campaña contra el PP, mientras ha evitado en todo momento la menor crítica a sus socios de gobierno opuestos a este tratado constitucional.

No contento con tratar de inducir ilegalmente el sentido del voto, el Gobierno ha utilizado la millonaria campaña informativa a costa de los contribuyentes para premiar a medios afines y castigar a los críticos. Así, la diferencia entre lo que el Gobierno ha dedicado en publicidad institucional a la COPE y lo que ha entregado a la SER es prácticamente lo que va de la antigua peseta al euro. Si ahora tenemos más motivos para comprender el entusiasmo de algunos líderes radiofónicos en apoyar la campaña zapateril, queda por despejar, sin embargo, la impagable contribución a la causa de Los del Río.

Parece que los socialistas no acaban de estar muy satisfechos con este simpático y popular dúo musical y su contribución al Sí basado en aquel memorable “¿Por qué vamos a oponernos a esta Constitución si no la hemos leído?”. El propio presidente de Gobierno se ha ocupado personalmente de sustituirlos evocando a otro dúo, esta vez de talla intelectual, como Kant y Ortega.

ZP ha asegurado que el tratado “llevará al mundo hacia el ideal de la paz perpetua”, asociando de esta forma tan pretenciosa y cursi , el célebre opúsculo del filosofo alemán con el interminable, farragoso, y perjudicial tratado que se somete a referéndum el día 20.

Lo cierto es que, en lugar de informar -por ejemplo- de por qué este tratado respalda ese concepto tan otrora denigrado por los socialistas como el de la “guerra preventiva”, ZP ha proseguido con citas intelectuales, esta vez, perpetrándolas contra Ortega y Gasset. Si ha recordado al filósofo español y su máxima de que “España es el problema y Europa, la solución”, Zapatero considera ahora que España "forma parte ya de la solución". Y todo por que el domingo este presidente que comparte socios políticos con ETA nos ha convocado a los españoles a votar en referéndum.

El titulo de “Sobre la paz perpetua” lo extrajo Kant de una satírica inscripción escrita en el rótulo de una posada holandesa en el que había dibujado un cementerio. El lecho eterno de Kant –como el de Ortega- debe de estar a estas horas bastante agitado tras las citas de Zapatero. Mientras tanto, muchos españoles nos preguntamos si nuestro presidente habrá leído a estos dos célebres filósofos con la misma intensidad con la que “Los del Río” han leído el tratado europeo de marras.

LO NOTICIABLE
Por Xavier PERICAY ABC 17 Febrero 2005

UNA de las promesas más reiteradas por Pasqual Maragall durante la campaña que no le llevó a ganar las elecciones autonómicas, aunque sí a ocupar la Presidencia de la Generalitat, fue la de sanear los medios de comunicación públicos de Cataluña. Por sanear, el ahora presidente entendía sobre todo una cosa: devolver a la radio y a la televisión públicas la salud moral o, lo que es lo mismo, acabar de una vez por todas con el intervencionismo pustuloso de casi un cuarto de siglo de Gobiernos de Convergència i Unió. Para ello, como es lógico, había que garantizar la independencia de estos medios con respecto al poder político, lo que comportaba básicamente dos cosas: por un lado, designar a un máximo responsable de la Corporación Catalana de RTV sin adscripción partidista; por otro, practicar una política de máxima transparencia desde las propias estructuras de la Administración autonómica, lo mismo con la radio y la televisión públicas que con el resto de los medios de comunicación.

Pues bien, la primera parte del contrato con sus electores la resolvió Maragall nombrando director general de la Corporación al ex ministro socialista Joan Majó. La segunda, escogiendo para el cargo de secretario de Comunicación del Gobierno de la Generalitat a Miquel Sellarès, quien tuvo que dimitir a los pocos meses acusado de ser el autor de un informe donde, entre otras cosas, se ponía a la altura del betún a un buen número de profesionales de la Prensa. Le sustituyó Enric Marín, que al poco de ejercer el cargo ya reclamaba, en un debate celebrado en el Fórum, una autoridad que vigile no sólo los medios públicos, sino también los privados. Hace una decena de días, Marín tuvo la gran ocasión de su vida: por medio de un protocolo, impidió el acceso de las cámaras a las zonas derruidas del Carmel, prometiendo, eso sí, que facilitaría él mismo las imágenes «cuando hubiera algún hecho noticiable». Hoy, cuando las cámaras han accedido por fin al área del siniestro, lo único verdaderamente noticiable es que Enric Marín sigue en su cargo.

El tripartito teme la verdad
Editorial El Mundo 17 Febrero 2005

El lento goteo de informaciones y de datos aparecidos en los últimos días sobre el hundimiento del túnel del Carmel corrobora la responsabilidad política de la Generalitat de Cataluña, que incurrió en graves negligencias al dar luz verde a las obras y desoir los avisos sobre el alto riesgo que comportaban.

EL MUNDO revela hoy que las excavaciones del Metro han provocado también grietas en casi 70 viviendas de La Teixonera, un barrio contiguo al Carmel, lo que demuestra que el problema está lejos de solucionarse.

Ello ya sería motivo suficiente para justificar la creación de una comisión de investigación en el Parlamento catalán, que fue rechazada anteayer por los tres partidos coaligados en el Gobierno: PSC, ERC e ICV.

Un portavoz del PSC aseguró que CiU y PP se equivocaron en la forma de plantear la puesta en marcha de esa comisión, pero sus explicaciones no convencen a nadie.

Joaquim Nadal, consejero de Política Territorial, aseguró hace varias semanas que a su Gobierno no le iba a temblar el pulso a la hora de exigir responsabilidades, pero hasta la fecha nadie ha dimitido ni ha admitido error alguno.

La negativa del Gobierno tripartito a crear una comisión de investigación es bien simple: pretende ocultar las graves negligencias cometidas tanto en la prevención del desastre como en la gestión de la crisis.

En cuanto a lo primero, ha quedado demostrado que se empezaron las obras sin estar aprobado el proyecto, que se varió su trazado, que se utilizó un sistema de perforación inadecuado, que los estudios técnicos eran insuficientes y que se desoyeron reiterados avisos sobre los riesgos, entre ellos, de los vecinos y las constructoras, que pidieron inútilmente el reforzamiento de las excavaciones tras varios desprendimientos.

En cuanto a la gestión del desastre, las autoridades permitieron la vuelta a sus casas de 250 personas que tuvieron que salir al día siguiente por un nuevo socavón, informaron de forma deficiente a los vecinos, pusieron obstáculos al trabajo de los medios de comunicación, intentaron restar importancia al problema y nunca han estado a la altura de las circunstancias.

Maragall tardó en acudir diez días al Carmel y Bargalló, su conseller en cap, desapareció durante dos semanas sin asumir jamás su responsabilidad de coordinador de la crisis.

Todo un repertorio de errores que exige la creación de esa comisión a la que tanto temen Maragall y sus aliados.

ECOLOGISMO A LA ESPAÑOLA
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC 17 Febrero 2005

A los progres les preocupa más el cambio climático que el futuro de la Nación. La posesión de una conciencia ecologista parece dispensar de tener conciencia en otras cuestiones. Se trata de unos viejos mecanismos que se han vuelto a revelar con motivo de las informaciones sobre Kioto de estos días. Las predicciones apocalípticas de la ministra Narbona en realidad han sido un alivio a la sobrecarga política que veníamos padeciendo. El terror del futuro nos libera del actual. Los titulares de las primeras de algunos periódicos y las aperturas de algunas emisoras han sido, a pesar de su dramatismo (o quizá por ello), una distensión. Las crónicas de Kioto han evitado por un par de días que hayamos tenido que seguir hablando de cuestiones tan enojosas como las negociaciones de los socialistas y ETA, los planes de asesinatos de varios políticos vascos o el debate sobre la siniestra ley del futuro audiovisual con la que Zapatero quiere favorecer al grupo mediático del que dependen él mismo y su propio partido.

Para el progresismo español el ecologismo ha sido siempre un recurso, una justificación moral, que, por cierto, no ha tenido nunca que disputar a la derecha ya que ésta nunca ha tenido la sensibilidad o la inteligencia de incorporarlo a sus programas. Aquí no ha ocurrido como en Francia, donde Chirac ha conseguido desbordar a la izquierda con su entusiasmo «verde». Al menos verbalmente. Quizás el ecologismo de la derecha francesa haya que explicarlo por la obsesión antiamericana de ésta.

ENTRE nosotros la urgencia de los problemas de la transición apenas dejó espacio a las cuestiones de la Naturaleza. No estábamos para sofisticaciones en los setenta. Tampoco habíamos tenido un Alain (hoy tan obsoleto, tan superficial). El PCE se lanzó sobre el mercadillo de votos ecologistas como lo hizo con los otros movimientos «marginales» (feministas, gays, pacifistas...) cuando comprendió que ya no podía presentarse como vanguardia de la clase obrera simplemente porque ya no funcionaba la división de clases y aun menos la lucha entre ellas. Intentó ganar aliados para el escueto proletariado sin que importara su heterodoxia desde el punto de vista del materialismo histórico. Importaba sumar los votos de todos los críticos del sistema. Así que con estos materiales se fue formando el progresismo actual en sustitución de la izquierda clásica.

EN realidad los ecologistas no se fiaron nunca del PCE porque sabían hasta qué punto el socialismo real había sido nefasto en este orden de cosas. A pesar de tratarse de una economía estatal, en principio respetuosa con el equilibrio de la naturaleza, fue la más dañina de todo nuestro planeta azul. Antes de que cayera físicamente el Muro de Berlín, el Partido Socialista terminó por heredar las débiles huestes del ecologismo español como iba a sucederle con otros «colectivos».

Dicen que dentro de unas décadas las temperaturas habrán subido siete grados en España, es decir, en lo que ahora se llama España y que a juzgar por los planes territoriales de Zapatero, Maragall y Patxi López serán varios Estados y desde luego unas cuantas naciones. ¿Experimentarán los mismos recalentamientos las regiones pobladas por euskaldunes que aquellas administradas por catalanohablantes o las abandonadas a los españoles ultramontanos? Quizá para entonces los aragoneses se hayan arrepentido de no haber permitido el trasvase del Ebro y quizá para entonces comience un movimiento de aproximaciones territoriales y se vuelva a hablar de la necesidad de organizarse en torno a un solo Estado cuya conciencia nacional vendrá decidida por esa desgracia del recalentamiento común e insufrible.

Izquierda(s) vasca(s) y patriotismo nacionalista
ANTONIO RIVERA/CATEDRÁTICO DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA UPV-EHU El Correo 17 Febrero 2005

La centralidad de un discurso marca el sentido de un tiempo. En cada coyuntura histórica, una cuestión se establece como central y la define, remitiendo al resto de problemáticas a un puesto secundario. En una época fue la cuestión social la preeminente, en otra lo fue la conquista de la democracia y hoy, en nuestro país y generación, domina la llamada cuestión nacional. Todos los grupos e individuos que se implican como agentes sociales tratan de que el motivo de su preocupación adquiera esa centralidad, sea la cuestión principal de su tiempo. Quienes lo consiguen toman por normal la situación. Quienes no pueden hacerlo, quienes no prosperan en esa lucha, se sienten ajenos a su tiempo, implicados por fuerza en un gran debate al que no otorgan beneficios sustanciales en su resolución, no los ven como reordenamientos positivos de la existencia social. Se sienten eso, ajenos, superados por la situación, viejos y expulsados de su propio espacio y presente.

Buena parte de las izquierdas vascas están inmersas en esa zozobra. Personas que se educaron -nos educamos- en trilogías clásicas -'libertad, igualdad, fraternidad'-, enmarcadas y concretadas en un tiempo en el que la socialización política conllevaba la lucha contra la dictadura, el establecimiento de una democracia y la definición de ésta a partir de sus contenidos sociales, tomamos al 'compañero nacionalista' de entonces por un agente de menor rango. Estar, estaba, no con tanta presencia como luego ha reelaborado su historia, pero sí de manera suficiente como para que le tomáramos en alguna consideración. Fue aquella agitada primavera en la que 'todos nos hicimos vascos', ostentábamos orgullosos y provocativos los colores de la ikurriña, hacíamos guiños al terrorismo 'de liberación nacional y social', e incluso nos apuntamos a un autodeterminismo genérico. El que esté libre de aquel sarampión, simplemente es que no vivió activamente aquel tiempo. En aquel revoltijo predemocrático, los valores de la democracia, los contenidos sociales y la reivindicación nacional se convirtieron en un 'todo uno', influyéndose mutuamente en sus aspectos más superficiales. Porque, al final, cada uno veía el mundo a su manera, contemplaba una precisa centralidad y otorgaba importancia y urgencia a sus respectivos temas. Ser 'de izquierdas' es una manera muy precisa de contemplar la realidad, como lo es ser nacionalista, ser religioso, ser conservador o ser ecologista.

Treinta años después, henos aquí dedicados en exclusiva al debate nacional. Si sólo fuera ésa la prueba del éxito y no la manera como ha cambiado y se ha conformado nuestro país, tendríamos que reconocer que el débil 'compañero nacionalista' de entonces nos ha ganado la partida. Las izquierdas vascas nos debatimos hoy en el debate nacional y lo que constituye la centralidad de nuestro discurso -la ciudadanía, los derechos del individuo, las garantías sociales y de igualdad de oportunidades, la gestión de lo público - no son, en cada caso, sino apuntes intercalados para justificar la presencia, añadidos que se pretenden sustanciales en el seguidismo del monotema o factores de distinción para connotar desde una pretendida distancia una trayectoria en la que no se es protagonista.

A grandes rasgos, el socialismo democrático trata de hacer emerger la política real, la del día a día, la que afecta a la educación, la sanidad, los derechos o el trabajo, sobre un escenario de debate gobernado por los nacionalistas en donde se intenta establecer un difícil espacio de encuentro con éstos. Una posición cada vez más a la defensiva y cada vez más complicada para encontrar ese común denominador, a la vista de que los motivos-guía presentados definitivamente por el nacionalismo -la identidad y la soberanía- nos resultan muy difíciles de comprender y hacer nuestros. Más allá de los sustanciales peligros advertidos en ese viaje, incluso en una dramática asunción inevitable de estos motivos, no hacemos sino debatirnos entre la resignación de un futuro de postergamiento o, haciendo de la necesidad virtud, otro de esterilidad, de reconocer que ese trayecto no servirá para nada, no mejorará en nada aquello que preocupa, la política real, la del día a día. Si no tuviera tantos contenidos tan negativos, ¿en qué mejoraría nuestra vida la plasmación del sueño nacionalista? En nada, se responde, respondemos.

La extrema izquierda vasca, la nacida de aquella crisis de finales de los sesenta, la que supo o se vio forzada o quiso mezclar reivindicación social y nacional, aparenta un mejor estado, no se ve expulsada del debate, pero no es tan claro que se encuentre a gusto. Hizo un viaje extraño con el nacionalismo vasco. Se contagió de sus valores, los representó un tiempo de manera protagonista y luego se vio expulsada de la gran familia nacionalista cuando ésta se sintió suficientemente fuerte y con posibilidades de deshacerse de los que siempre había visto como incómodos e indeseables 'compañeros de viaje'. Al cabo de los años, debilitada, reducida a una condición de 'Pepito Grillo' del agente nacional, calla o murmura por lo bajinis sobre los excesos del nacionalismo gobernante y hegemónico, y confía en que la realización del sueño de éste le permita un instante de normalidad para inyectarle sus preocupaciones sociales. Eso, en sus sectores orgánicos más leales a sus ideas y pasado. Algunas importantes individualidades de ese origen ya cabalgan por su cuenta a lomos de una asesoría gubernamental desde la que se imaginan haciéndole la 'hoja de ruta' al viejo nacionalismo, siempre menos diestro en la cosa de la teoría, la estrategia y la táctica que los bregados izquierdistas del socialismo científico. Aquello del 'último lugar de la infamia' sopla nuestras nucas (y las suyas).

La izquierda 'madraciana', Ezker Batua, de difícil o imposible ubicación según los manuales clásicos, es la que ha tenido que enfrentarse más directamente a la situación; no en vano comparte Gobierno con el nacionalismo vasco. Sus preocupaciones y explicaciones son harto expresivas. Su federalismo de libre adhesión se propone como alternativo al plan Ibarretxe, pero para estas horas toda la sociedad vasca sabe que eso no es sino retórica. El documento federalista es impecable en lo doctrinario. Basta leer su preámbulo para ratificarse en que nacionalismo -y más si es etnicista- y federalismo se repelen como agua y aceite. El mismo documento describe las diferencias: no ve claro, ni oportuno, ni de consecuencias positivas la distinción entre ciudadanía y nacionalidad; insiste en la necesidad de que el proceso integre a la mayoría de la sociedad vasca y de sus fuerzas políticas; insiste en el respeto a los procedimientos de modificación de las leyes; rechaza el rompimiento de la caja única de la Seguridad Social a sabiendas del futuro que le espera a los trabajadores vascos en ese supuesto; y elimina la realidad de las diputaciones vascas al convertirlas poco menos que en una mancomunidad de servicios, al defender un organigrama de país que va del Gobierno central (vasco) directamente a los municipios. Es, en definitiva, una mezcla de eslóganes fáciles 'made in Ibarretxe' -derecho a decidir, dar la palabra a los vascos-, de federalismo doctrinario muy poco modernizado (ni siquiera se plantea posibles asimetrías no soberanistas) y de puntos teóricos de partida -defensa del actual Estatuto, de su necesidad de reforma y de la conveniencia de mantener al país en España, sin incertidumbres constantes; defensa de la pluralidad de la sociedad vasca y rechazo de los intentos de homogeneización nacional- y de medidas prácticas en absoluto alejadas de la 'propuesta Guevara' sustentada por los socialistas vascos. La pregunta que a uno le asalta después de la lectura de ese federalismo de libre adhesión es qué se le ha perdido a Ezker Batua en el tripartito y qué hace apoyando el plan Ibarretxe. Salvo que haya decidido que la salvaguarda de los derechos individuales de los vascos se encuentra en la posición mayoritaria de Izquierda Unida y en su voto negativo al plan. Una tendencia ésta, la de que nos defiendan los españoles de nuestras alegrías vascas, de muy larga trayectoria en la historia de la izquierda de nuestro pequeño país.

A la vista de este panorama, se constata cada vez más cómo la pulsión de la izquierda, su manera de ver la vida, choca con la filosofía, el lenguaje y los objetivos (incluso los positivos) del llamado plan Ibarretxe. Es aún un choque extraño, vivido como tragedia callada en lo personal, como tiempo inservible, como protagonismo social enajenado, que no encuentra traducción sencilla en las fuerzas políticas de las izquierdas vascas y en sus mensajes. Es una obligada reconducción de la Historia que fuerza y forzará a sus individuos hoy extrañados a dos cosas: a hacer examen de su -nuestra- biografía personal y a valorar en lo debido cuándo se entregaron al alegre contrario hasta perder de vista si acaso 'somos de los nuestros'; y a implicarse en diversos terrenos en una tarea militante que devuelva a la centralidad a los viejos y nuevos conceptos y valores de ciudadanía, de derecho, de libertad e igualdad y de garantías sociales.

A la vez, las fuerzas políticas de esas izquierdas vascas deberían abandonar tacticismos, empresas familiares y esquizofrenias insoportables para devolver una adecuada jerarquía a sus valores, sin despreciar por ello todos los esfuerzos civilizados, racionales y razonables necesarios para encontrarse con esa mitad de la sociedad vasca que piensa y siente en nacionalista. Quizás sea demasiado pedirle a una política de plazo corto como la nuestra, pero después de reencontrarme con todos los viejos izquierdistas que conocí en la nueva resistencia, ayer contra el terrorismo, hoy también contra el uniformismo sociocultural y la subordinación política futuros, merece la pena que esa generación de entregados -la mía- no se retire de la escena pensando que ha perdido el tiempo, que se ha dejado robar el tiempo y el espacio, que no pinta nada, ni ella ni sus queridos valores.

Malos tiempos para la solidaridad
IGNACIO MARCO-GARDOQUI El Correo 17 Febrero 2005

Las tragedias personales conmueven a los espíritus y los desastres naturales movilizan las conciencias ciudadanas, sobre todo si son puntuales y se producen lejos. Por el contrario, el ejercicio diario y constante de la solidaridad próxima y real no está tan de moda. Más bien todo lo contrario.

El proceso de descentralización y el auge de los nacionalismos centra el foco de atención de los ciudadanos y acapara el esfuerzo de los líderes políticos alrededor de zonas geográficas cada día más pequeñas, y eso conduce a situaciones novedosas. Por ejemplo, aunque los efectos demoledores de la insistente propaganda oficial hayan llevado al ánimo de los vascos la idea de que Zapatero y Rajoy no nos dejan decidir y que Madrid nos oprime y nos roba la cartera (sic), la situación real es muy diferente. La Fundación de las Cajas de Ahorro, FUNCAS, ha calculado los saldos de los flujos de capital público entre las distintas comunidades y sus resultados son tan interesantes como curiosos.

Por de pronto resulta que Euskadi es una de las dos únicas que se permiten el lujo de tener un saldo positivo en su balanza fiscal, a pesar de disponer de una renta per cápita superior a la media. Es decir, somos los más ricos y los menos solidarios. Curiosamente, compartimos esta situación con Navarra, la otra comunidad que dispone de un sistema fiscal propio. Cada vasco recibe 229 euros al año del saco común y, para hacernos una idea de lo que esto significa, hay que añadir que Cataluña tiene un saldo negativo de 624 euros por habitante y la 'opresora' Madrid duplica la cifra hasta los 1.403 euros. Se puede y se debe matizar este último dato por el efecto 'capital', pero no se podrá invertir el signo de los saldos.

¿Alguien le ha oído reconocer esta sorprendente realidad a Ibarretxe, a cualquier otro líder nacionalista o al representante del partido comunista en el Gobierno, el buen señor don Javier Madrazo? Ni se reconoce, ni se agradece, ni provoca sonrojo, ni despierta propósito de la enmienda. Tan sólo produce más quejas y despierta nuevos agravios. Curioso.

Los catalanes tienen ahora un Gobierno de izquierdas en el que los ardores de la nacionalidad han conseguido eclipsar los efluvios de la solidaridad. Ellos sí llevan años aportando más de lo que reciben, pero se han cansado y quieren limitar el esfuerzo. Así, se empiezan a escuchar propuestas que plantean limitar su aportación global al 4% ó, incluso, al 2% del PIB. En realidad, esta moda nos viene de Europa, en donde los alemanes se han aburrido de recibir reprimendas por su excesivo déficit cuando son los que más aportan al desarrollo de otros que, como nosotros, gozamos de superávit fiscal.

El debate me parece apasionante en lo genérico y preocupante en lo concreto. En lo genérico, parece evidente que se va a revisar el alcance del ejercicio de la solidaridad entre países y entre regiones y, ya puestos, podríamos también revisar el alcance de la solidaridad interpersonal. Como diría Ibarretxe, ¿qué hay de malo en ello?

Si hay que hacerlo, se hace, pero lo realmente curioso es que sean precisamente los partidos que se reclaman de izquierda los que lideran el proceso en Europa y en España. Para mayor interés, en el caso español son de izquierdas los que exigen limitar su aportación y también los que reciben las aportaciones. ¿Se pondrán de acuerdo los socialistas catalanes con sus correligionarios de Extremadura y Andalucía? ¿Primarán los principios y la afinidad ideológica o triunfará la contabilidad? En cualquier caso, corren malos tiempos para la solidaridad.

Pero, junto con el interés en lo genérico, me surge la preocupación en lo concreto, ya que los nubarrones empiezan a ensombrecer el horizonte del Concierto Económico Vasco. Si los catalanes aportan menos, los madrileños no podrán quedarse atrás. Si hay menos dinero en la cesta común, o se reparte menos o el Estado incurre en déficit o se busca más. ¿Dónde? Donde no se aporta; es decir, en Euskadi y en Navarra. El Concierto empieza a ponerse en cuestión tanto fuera como dentro del País Vasco. Recordemos si no las palabras de Ramón Jáuregui en uno de sus últimos artículos ('El País', 11-2-2005): «Ya es hora de que los vascos reconozcamos que el Concierto Económico es un sistema privilegiado de financiación». Lo malo que tiene abrir ciertos debates es que nunca se sabe cómo se cierran.

Cataluña
La Casa Nostra
José García Domínguez Libertad Digital 17 Febrero 2005

Sólo la pronuncian cuando no hay ante la cámara ni intrusos de fuera ni forasteros del Carmelo. A Pujol, el pionero en recurrir al método austriaco para horadar la moral civil catalana, le place sobremanera. Jamás renuncia al goce de repetirla en público siempre que se tercie una de esas ocasiones. Y lo mismo sucede con los demás, empezando por los Maragall, Duran Lleida, Clos, Carod, Nadal o Mas, y acabando por el último patriota con cochecito oficial. Al deletrear el mantra, indefectiblemente, a todos se les ilumina la mirada. Incluso, escuchándolos en tal trance, el inadvertido la podría tomar por un afrodisíaco retórico. A tal punto los excita usar la frase a casa nostra (en nuestra casa).

El verano pasado, los de la Casa Nostra festejaron fraternalmente que un delincuente común condenado por la Justicia, Josep Maria Sala, fuese elevado a la Ejecutiva del PSC. Felip Puig, el de CiU que firmó el jugoso supercontrato de la línea 5 del metro, declaró entonces que aquello de Filesa no había sido para tanto. A ojos de la Casa Nostra, nunca nada es para tanto; eso de los mil barceloneses tirados en la en la calle, tampoco. De ahí que Nadal, el del PSC que rubricó el cambio de la estación, nada grave reproche a Puig, y Puig, que también es un gran señor, no exija ni en broma la dimisión de Nadal. Como debe ser, como siempre ha sido. Como está mandado que sea en las viejas leyes no escritas de casa nostra.

Y es que la única obsesión de todos reside en tapar como sea el agujero. Porque de lo otro no hay más que decir. “Ha sido una catástrofe natural”, certificó ayer el director de GISA, la empresa pública que coordina las obras. La culpa de todo, pues, corresponde única y exclusivamente la Naturaleza. En consecuencia, algún juez progresista habrá de instruir urgentemente diligencias contra la montaña, y el Ayuntamiento deberá declararla montículo non grato en su próxima sesión plenaria. Punto.

Delimitadas, por fin, las responsabilidades, como decíamos, el problema consiste en ocultar a toda prisa el foso. Ahí, hasta los chicos de la prensa van a echar una mano. “Clos ha sido nuestro Rudolf Giuliani”, han sentenciado ya más de dos plumillas con columna local. Y no andan lejos de la verdad: Únicamente el semblante roto de Giuliani tras el atentado sería comparable a la angustia de Clos por la suerte de sus Sebago al sortear los charcos de barro en el Carmelo. Aunque quien más va a ayudar a cerrar el cráter es el contratista de la obra, que ha resultado ser Harpo Marx. “No podemos hablar”, señala. “El contrato incluye una cláusula donde se impone que toda la información pertenece al titular del proyecto, la Generalidad”, indica. Silencio, pues. Como siempre. Como debe ser. Como está mandado que sea en las viejas leyes no escritas de la Casa Nostra. Y punto y final.

Irak y Afganistán
Aumento de la vulnerabilidad
GEES Libertad Digital 17 Febrero 2005

El Gobierno español ha decidido, en un desesperado intento por normalizar sus más que deterioradas relaciones con Estados Unidos, ampliar nuestro compromiso en Afganistán e iniciar una tímida cooperación militar con Irak a través de la formación en nuestro país de especialistas de sus fuerzas armadas. ¿Implican estas decisiones un aumento de la amenaza del terrorismo islamista para nuestro país? Según la doctrina que el propio PSOE exhibió en Irak, sin duda. Sin embargo, la realidad es que lo único que aumenta nuestra vulnerabilidad frente a posibles atentados terroristas es la debilidad, nunca la fortaleza.

La gran manipulación histórica que realizó el PSOE tras los atentados del 11-M fue establecer una relación causa-efecto entre nuestra presencia en Irak y los atentados de Madrid. Es incuestionable que el éxito del PSOE en establecer esa mentira está en el origen de su victoria electoral el 14-M. El problema es que Zapatero debe explicar ahora a esos mismos ciudadanos que le votaron porque sus concesiones a Bush en Afganistán e Irak no suponen ahora un aumento de la amenaza.

Tras los atentados del 11-M, Al Qaeda ya amenazó a España con nuevos atentados sino se retiraba de Afganistán y hay una amenaza general de los islamistas contra todos aquellos países que colaboran con Estados Unidos en la ocupación de Irak. Es muy posible incluso que algún informe de inteligencia tome buena nota de esas amenazas genéricas y específicas y alerte al Gobierno de los riesgos que implican sus actuales decisiones.

Sin embargo, es nuestra debilidad lo que alienta el terrorismo y no nuestra fortaleza ni nuestra determinación por enfrentarnos a él se encuentre donde se encuentre: en España, en Afganistán o en Irak. La mayor vulnerabilidad de España no vino de nuestro apoyo al derrocamiento de Sadam Hussein, ni viene de las decisiones de ahora del Gobierno socialista de aumentar nuestro compromiso con la democracia en Afganistán o Irak. El aumento de la vulnerabilidad viene precisamente de lo contrario, de habernos doblegado a los designios del terror aunque sea por meras causas electorales.

La retirada de las tropas de Irak y no el aumento de nuestro despliegue en Afganistán es lo que aumenta la amenaza del terrorismo yihadista, porque los terroristas pueden interpretar, acertada o equivocadamente, que esa retirada fue un triunfo de sus acciones y que pueden volver a tener éxito en doblegar nuestra voluntad en el futuro.

Sería esencial por tanto que el Gobierno explicara a la opinión pública que sus nuevos compromisos con Estados Unidos no suponen un aumento de la amenaza terrorista, aunque eso suponga explicar también a los españoles que mintieron y que nuestra presencia en Irak tampoco fue la causa de los atentados del 11-M. Generar el convencimiento de que nada puede doblegar la voluntad del pueblo español en su lucha contra el terror y en su defensa de la libertad, allí donde se encuentre amenazada, es el mejor antídoto con el que podemos vacunarnos frente al terror.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Sin bandera española
Cartas al Director ABC 17 Febrero 2005

Hace tres años, en 173 municipios catalanes se decidió retirar la bandera española del edificio del Ayuntamiento. Dejando de lado que la gran mayoría de catalanes nos sentimos españoles, es indignante que haya una serie de alcaldes que se burlen de la ley, la incumplan y no pase absolutamente nada.

Ni el fiscal general del Estado ni el delegado del Gobierno en Cataluña han interpuesto ninguna denuncia y ha tenido que ser una asociación ciudadana, Convivencia Cívica Catalana, la que por propia iniciativa haya emprendido estos días los pasos necesarios para que la bandera española vuelva a ondear en los edificios oficiales de Cataluña.

Algo estamos haciendo mal en España cuando en algunas partes de nuestro país aquéllos que deberían dar ejemplo de cumplir la ley la incumplen y, además, el Estado, en vez de actuar en defensa de la legalidad, mira para otro lado.   Juan Sánchez.   Barcelona.

«Hay que poner muertos encima de la mesa»
La dirección de ETA ordenó recientemente al «comando» de Pérez, que quiso matar al Rey, cometer atentados lo antes posible tras negar que existiese cualquier tipo de negociación con el PSOE El primero debería perpetrarse antes del 19 de marzo
Los cabecillas de ETA habían ordenado al «comando» de Javier Pérez Aldunate, desarticulado por la Guardia Civil, que dieran «toda la caña» posible ya que era necesario «poner muertos encima de la mesa». LA RAZÓN adelantó, en su segunda edición de ayer, que este individuo había estado en Mallorca en 2004 con la intención de preparar un atentado contra Su Majestad el Rey. El juez Baltasar Garzón decretó su ingreso en prisión.
J. M. Zuloaga / R. L. Vargas La Razón 17 Febrero 2005

Madrid- El etarra Pérez había sido llamado al orden recientemente por sus responsables en Francia debido a que no cometía ningún atentado, pese a disponer de armas y objetivos ya marcados. El pistolero adujo ante sus jefes que estaba inactivo porque se hallaba «desconcertado» ante los rumores que hablaban de que había en marcha unas negociaciones entre el Gobierno y la banda terrorista, a lo que Garikoitz Azpiazu, «Txeroki», uno de los dirigentes del «aparato militar», le contestó que «no había nada» y que lo que tenía que hacer era cometer atentados en el plazo más breve posible para «poner muertos encima de la mesa», ya que su regreso a Francia estaba previsto para marzo. «Txeroki» agregó que la moral en el seno de la banda era muy baja y que, si no podía matar a un político, que pusiera «patas arriba» a cualquier agente de las Fuerzas de Seguridad, «da lo mismo qué uniforme y dónde».

A lo largo del día de ayer se confirmaron los datos de la información publicada por este periódico sobre los planes de ETA para asesinar a Su Majestad el Rey en Palma de Mallorca durante la Semana Santa del año pasado.
Las investigaciones de la Guardia Civil han permitido reconstruir la singladura de Pérez mientras ha sido miembro de ETA. El terrorista abandonó su domicilio a finales de 2003 tras ser avisado por la dirección de la banda de que su nombre figuraba en los documentos incautados a Ibón Fernández, «Susper», un año antes y que podía ser detenido. Tras el aviso, dejó su casa en Pamplona y se trasladó a Francia.

En fuentes policiales, sin embargo, se asegura que es falso que el nombre de Pérez figurara en los documentos de «Susper», por lo que se considera que el aviso fue un error de ETA, según informa Vasco Press.

Entrenamiento de francotirador. Tras su huida a Francia, los cabecillas etarras le comunicaron que iba a formar un «comando especial» y que su misión era convertirse en un experto francotirador que pudiera acertar a un objetivo situado a gran distancia.

Durante semanas, en zonas boscosas de territorio galo, fue entrenado en solitario en el disparo con fusiles de mira telescópica hasta convertirse, según informaron a este periódico fuentes antiterroristas, en un auténtico tirador de elite.

Una vez terminado el periodo de adiestramiento, Pérez fue enviado a Mallorca, a donde llegó a principios de abril con la finalidad de estudiar la posibilidad de realizar un atentado contra el monarca. Para llegar hasta la isla, el pistolero entró en España a través de la frontera del País Vasco.

Una vez en territorio español, y por vía férrea, se desplazó hasta Valencia, donde cogió un barco hasta Mallorca. Pérez coincidió allí con Don Juan Carlos entre los días 9 y 11 de abril, cuando éste asistió a una eliminatoria de la Copa Davis que se disputaba en la plaza de toros de la capital balear. Sin embargo, el etarra no llegó a realizar ninguna vigilancia al Rey ni a los lugares que frecuentaba, ya que durante esos días todavía estaba instalándose y comenzando a conocer la isla.

Fallo de citas.
Antes de ir a Mallorca, los jefes de ETA habían fijado una serie de fechas en las que Pérez debía tener citas con un enlace de la dirección de la banda que debía proporcionarle instrucciones para actuar, dinero y el rifle de precisión. Sin embargo, todas las reuniones establecidas fallaron al no presentarse el «correo» que tenía que ir desde Francia.
A mitad de mayo, Pérez decidió regresar a territorio francés por propia iniciativa. Una vez en suelo galo, logró contactar de nuevo con los responsables de la banda terrorista que, a finales de junio o principios de julio, lo enviaron a Vizcaya con instrucciones para recoger información sobre cargos políticos y preparar un atentado utilizando el fusil de mira telescópica.

Para instalarse en Vizcaya, contó, presuntamente, con el apoyo del vecino de Basauri Pablo Aperribay, que lo acogió en la vivienda de alquiler que éste ocupaba. Aperribay está siendo buscado por la Guardia Civil desde el pasado viernes. Según informaron fuentes antiterroristas a LA RAZÓN, cuando se produjo el arresto de Pérez, Aperribay estaba en Cádiz con su novia, donde los agentes del Instituto Armado localizaron su vehículo en Tarifa, aunque él no apareció después para recogerlo.

Además de este colaborador, Pérez había captado, supuestamente, al vecino de Vitoria Ieltxun López de Aberasturi, que fue detenido en Alicante el pasado viernes. El nombre de López de Aberasturi sí figuraba en los papeles de «Susper», por lo que estaba siendo vigilado por la Guardia Civil. Este seguimiento fue el que llevó a la localización y detención de Pérez, cuya huida a Francia era desconocida para los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado.

LA ERTZAINTZA NO IMPIDIÓ EL ASALTO AL PARLAMENTO VASCO
Los proetarras consiguen escapar tras ser acompañados a la puerta por el jefe de Seguridad
Un grupo de proetarras irrumpió en el pleno del Parlamento vasco con carteles de apoyo a los jóvenes juzgados en la Audiencia por formar parte de ETA a través Jarrai-Segi-Haika. Tuvo que ser el vicepresidente de la Cámara, Carmelo Barrio (PP vasco), en ausencia de la Seguridad y la Ertzaintza, el que les arrebatará los carteles. El jefe de Seguridad, Agustín Elorza, dio un par de palmaditas a los proetarras tras sacarlos de la sala. A los asaltantes, con acreditaciones de Batasuna, les dejaron escapar. El consejero Balza justificó el incidente en que hay que tener "un equilibrio entre la seguridad y las buenas formas".
Libertad Digital 17 Febrero 2005

El incidente se produjo minutos después de iniciarse el último pleno de la Cámara vasca de esta legislatura y cuando estaba en el uso de la palabra la vicelehendakari, Idoia Zenarruzabeitia, para defender el proyecto del Plan Vasco de Estadística.

En un momento de la intervención irrumpieron en el interior del hemiciclo dos jóvenes con camisetas y carteles alusivos a dicho juicio que profirieron gritos en contra del mismo y a favor de "la juventud vasca". En los carteles se podía leer, en euskera, "Juicios no. Autodeterminación para los jóvenes ya". Desde los bancos del PP se respondió con gritos de "asesinos".

No se recuerda en la Cámara que incidentes de este tipo protagonizados por simpatizantes de ETA se hubieran producido dentro del hemiciclo. Además de los dos jóvenes que se colocaron al lado de la tribuna de oradores, otros cinco, con las mismas camisetas y carteles, corearon gritos desde la tribuna de invitados. Estos permanecieron varios minutos y se marcharon por iniciativa propia sin que nadie de la seguridad ni de la Ertzaintza hiciera nada.

Después de que irrumpieran en el hemiciclo, el presidente del Parlamento vasco, Juan María Atutxa, ordenó a los servicios de seguridad de la Cámara que sacasen a esos jóvenes de la misma. Al no aparecer nadie, el secretario general del PP del País Vasco y vicepresidente segundo de la Cámara, Carmelo Barrio, bajó de su escaño y arrancó su cartel a unos de los dos jóvenes que estaban junto a la tribuna de oradores, instante en el que apareció el responsable de seguridad, Agustín Elorza, que obligó a los jóvenes a salir. Al traspasar la sala, Elorza, ex presidente del PNV de Santurce, (en la imagen), como han mostrado las cámaras de Telecinco, dio un par de palmaditas a los dos proetarras.

El Departamento de Interior del Gobierno vasco informó a la agencia EFE tras producirse el incidente de que cinco de los jóvenes implicados en el incidente fueron detenidos minutos después del mismo y serán puestos a disposición judicial tras las diligencias. Interior no facilitó por el momento más datos sobre los detenidos. Según han informado a Libertad Digital de fuentes del Parlamento vasco, los dos proetarras que fueron acompañados por Elorza a la salida consiguieron escapar.

Los cinco jóvenes de la tribuna, tres varones y dos mujeres, que fueron retenidos por los servicios de seguridad del Parlamento hasta que fueron detenidos por la Ertzaintza, habían sido invitados por el grupo Sozialista Abertzaleak (heredera de Batasuna-ETA). Los otros dos jóvenes, una chica y un chico, habían accedido a la sede del Legislativo con una acreditación para visitarlo del mismo grupo de SA. Pese a que no han sido detenidos, la Ertzaintza conoce la identidad de estas personas, ya que tuvieron que facilitar su filiación para entrar al Parlamento.

Balza aboga por "un equilibrio entre la seguridad y las buenas formas"

En los pasillos de la Cámara, el consejero de Interior del Gobierno vasco, Javier Balza, se refirió al incidente "de alteración del orden parlamentario, no de seguridad". Balza explicó que la Ertzaintza va a elaborar el correspondiente atestado sobre lo sucedido y añadió que en todas las Cámaras parlamentarias del mundo se prevé que no haya una intervención directa de las policías en su interior. Además, señaló que las dos personas que no han sido detenidas "han sido ya identificadas y por lo tanto tendrán que comparecer también ante la autoridad judicial". "Hay que mantener un equilibrio entre la seguridad y lo que son las buenas formas y usos parlamentarios", apuntó Balza.

El PP registró un escrito en el que solicita a la Mesa del Parlamento que adopte "cuantas actuaciones y medidas procedan para la identificación de las personas" y "la depuración de todas las responsabilidades de quienes hayan promovido, consentido o posibilitado" estos incidentes. A juicio del PP, "resulta injustificable que unos individuos hayan tenido la oportunidad de protagonizar los incidentes acaecidos en el recinto parlamentario, más aún su libre acceso al salón de sesiones".
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