AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 26 Febrero 2005
La Comisión Europea discrimina al español
Javier Jiménez La Razón 26 Febrero 2005

Maestros de primera, vascos de segunda
M. LUISA G. FRANCO ABC 26 Febrero 2005

CATALUÑA SE RESQUEBRAJA
César Alonso DE LOS RÍOS ABC 26 Febrero 2005

La frivolidad de Maragall y el estatuto del 3%
Editorial El Mundo 26 Febrero 2005

TEMPESTAD EN EL OASIS
M. MARTÍN FERRAND ABC 26 Febrero 2005

La imprudencia de Maragall
Editorial Heraldo de Aragón 26 Febrero 2005

LA MORDIDA CATALANA
Jaime CAMPMANY ABC 26 Febrero 2005

EL PERÍMETRO DE LA CIÉNAGA
Editorial ABC 26 Febrero 2005

«ESAS COSAS NO SE TOCAN, NENE»
ABC 26 Febrero 2005

Omertà a la catalana
EDITORIAL Libertad Digital 26 Febrero 2005

Tres segundos históricos
FERNANDO ÓNEGA La Voz 26 Febrero 2005

Limitaciones
TONIA ETXARRI El Correo 26 Febrero 2005

Lanzadera
Editorial El Correo 26 Febrero 2005

Las víctimas españolas critican «el discurso débil y titubeante» del Gobierno ante ETA
MANUEL M. CASCANTE, ENVIADO ESPECIAL ABC 26 Febrero 2005
 

La Comisión Europea discrimina al español
Javier Jiménez La Razón 26 Febrero 2005

Bruselas- Una cuestión de índole práctica –cómo se organizan las ruedas de Prensa en la Comisión Europea– se ha convertido en los últimos días en un sensible asunto político en Bruselas. El año pasado, con la multiplicación de lenguas oficiales tras la entrada en la UE de diez nuevos países, la Comisión Europea decidió limitar la interpretación de las conferencias de Prensa de los comisarios –máximos responsables políticos de la institución– a unas pocas lenguas.

Esto supone que en lugar de traducir a todos los idiomas oficiales, como ocurría antes, ahora sólo se interpreta la intervención de los comisarios en su propia lengua y además en inglés, francés, alemán y alguna otra lengua que esté especialmente concernida por el tema a tratar. No obstante, los miércoles, día que se reúnen los 25 comisarios que integran la Comisión, sí hay interpretación a los 20 idiomas en las ruedas de Prensa que se celebran.

Protesta.
Este sistema conlleva que en ocasiones no haya traducción al italiano o al español, que hablan numerosos periodistas acreditados en Bruselas y millones de personas en todo el mundo. Los Gobiernos italiano y español han interpretado la situación como una discriminación respecto a otras lenguas y han pedido que se tomen medidas que la corrijan. Primero lo hicieron los embajadores italiano y español ante la UE en respectivas cartas dirigidas a la Comisión. Y ayer, en la reunión ordinaria de los embajadores de los 25 países miembros, el español y el italiano volvieron a sacar el tema pidiendo que no se establezca «de facto» un sistema trilingüe en la Comisión que excluya lenguas impor- tantes. El representante de la Comisión en la reunión de ayer aseguró a los embajadores que se estudiarán las demandas italiana y española, pero no prometió una solución conforme a sus deseos.

Por su parte, la portavoz oficial de la Comisión, Françoise Le Bail, insistió ayer en que la limitación de las traducciones se debe a las dificultades para encontrar traductores a todas las lenguas todos los días de la semana. La portavoz, que también prometió una respuesta formal a los embajadores español e italiano, defendió el sistema que se aplica ahora como una solución «pragmática» al desafío de trabajar en una UE con 20 lenguas oficiales.
Por su parte, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, también rechazó el jueves pasado que se intente primar unos idiomas en detrimento de otros y atribuyó las restricciones en la traducción a problemas «meramente logísticos». Pero Roma y Madrid no parecen tener la misma opinión, como demuestran el revuelo creado estos días en Italia al respecto o la carta dirigida el miércoles al secretario general de la Comisión por el embajador español en Bruselas, Carlos Bastarreche, en la que aseguraba: «Este nuevo episodio me lleva a reiterarle mis quejas sobre distintas prácticas concernientes a la utilización de las lenguas, tanto de forma escrita como hablada, en el seno de la Comisión, que he tenido ocasión de expresarle repetidamente». Una vez elevado a la categoría de importante cuestión política, corresponde a la Comisión buscar una solución al desarrollo de las ruedas de Prensa en Bruselas.

Esta polémica surge cuando el Gobierno español está intentando que la UE aumente el reconocimiento de las lenguas que además del castellano también son oficiales en nuestro país: catalán, valenciano, euskera y gallego. El Gobierno presentó en diciembre pasado un memorando en el que se proponen cuatro medidas concretas para mejorar ese reconocimiento, entre ellas que los ciudadanos puedan dirigirse en esas lenguas a las instituciones comunitarias.

Maestros de primera, vascos de segunda
M. LUISA G. FRANCO ABC 26 Febrero 2005

BILBAO. Seis de los profesores desplazados de sus puestos de trabajo han accedido a relatar a ABC su traumática experiencia, en la que han visto cómo nuevos profesores ocupan sus plazas en la enseñanza pública, a pesar de tener menos antigüedad y menos puntos. La diferencia entre ser vasco de primera o de segunda radica en el conocimiento del euskera. Incluso si el trabajo que estaban realizando los profesores expulsados se tiene que hacer forzosamente en castellano, como es el caso de L. D., un educador que el año pasado participaba en un complejo proyecto de diversificación curricular, en el que se apoya a alumnos con dificultades para seguir el aprendizaje normal y en el que tenía doce alumnos de ocho nacionalidades diferentes.

Este profesor comenta a ABC que estaba entusiasmado con el proyecto y que este curso le habían ofrecido otro similar, pero renunció finalmente a ello para pedir la «liberación» que le permitiera estudiar euskera. No lo hizo a tiempo, ya que al no poder acreditar en septiembre el conocimiento de esa lengua, fue uno de los expulsados. Ahora tiene un año para aprobar el perfil uno, un reto casi imposible, con un porcentaje de suspensos del 70 por ciento. De no conseguirlo, algo que es más que probable, se habrá quedado sin trabajo, después de quince años de docencia en el País Vasco.

Le pueden echar porque no es un funcionario, ya que durante los últimos diez años sólo han salido oposiciones para plazas fijas con perfil de euskera dos. Los que no dominan esa lengua han estado condenados a la realización de sustituciones y, tras muchos años y mucho esfuerzo, algunos, precisamente los expulsados, han llegado a entrar en las codiciadas listas de estabilidad.

De ellas se les expulsa ahora y esto supone que las clases de inglés en la Escuela de Idiomas en el País Vasco que daban Susana y Mari Carmen han sido adjudicadas a otros profesores que tienen acreditado conocimiento del euskera. Estas dos profesoras, que el jueves estaban encerradas en el Instituto de Bertendona, en Bilbao, comentaron a ABC que no son las únicas que ven cómo han sido desplazadas de sus puestos de trabajo por no saber esa lengua, aunque quien ha accedido a sus clases tiene que realizar el trabajo en otra, en este caso en inglés.

También está en esa situación C. O. , una profesora de Lengua castellana que tenía una plaza en un proyecto extraescolar en la Biblioteca, quien no puede asimilar que la hayan desplazado de ese trabajo, que tanto le gustaba. Ahora lo ocupará otra persona con menos méritos profesionales, pero que no ha sido expulsada por haber acreditado el conocimiento del euskera, que obviamente no necesitará para enseñar castellano.

Los profesores expulsados de la lista de estabilidad han recibido el apoyo de PP y PSE, partidos que han calificado el caso como un hecho flagrante de discriminación lingüística, que se ha producido además por un acuerdo al que ha llegado el Gobierno vasco con los sindicatos nacionalistas ELA y LAB.

Todo son problemas
No es el primer revés que sufren los 157 profesores expulsados por su osadía de pretender ejercer su profesión en el País Vasco sin dominar el euskera. María Antonia relata cómo había conseguido entrar en esa lista de estabilidad, de la que ahora la han expulsado, hace un año, cuando ya tiene 45. Terminó la carrera en el curso 82-83 y durante siete años esperó a conseguir una plaza, cuando por delante de ella pasaban, para plazas en castellano, profesores que acreditaban conocimiento del euskera. Hasta ahora ha estado de centro en centro y aunque se ha presentado a las tres oposiciones para la enseñanza pública que se han convocado, en la primera le faltaban puntos y a partir de la segunda no se convocaban ya plazas en castellano. Curiosamente, hasta las plazas para enseñar inglés en la Escuela Oficial de Idiomas tienen adjudicado el perfil lingüístico dos de conocimiento de euskera. No basta con el uno de euskera para entenderse en inglés con los alumnos.

CATALUÑA SE RESQUEBRAJA
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC 26 Febrero 2005

«ROSA de sangre» llamaron a la Barcelona de los años veinte. En pocos lugares del mundo los patronos y los sindicatos recurrieron a las pistolas tanto como aquí para ordenar sus relaciones. Gracias al Madrid protector podían venderse en España los paños más caros de Occidente. Parcos en natalidad, los catalanes cubrieron los déficit demográficos con inmigrantes: «murcianos» y «charnegos». En los años cincuenta y sesenta, los medios progresistas comenzaron a rodear con un aura de especial respetabilidad a toda Cataluña. Comenzó a funcionar un curioso sentido de culpa en el resto de las regiones según el cual Cataluña había sido la perdedora de la guerra civil. Era un prestigio cruelmente montado sobre las provincias verdaderamente perjudicadas en cualquier guerra y concretamente en la civil nuestra. El sentimiento de culpa vino de una serie de «arrepentidos» del franquismo que para sentirse bien se dedicaron a exaltar a los catalanes, fueran o no franquistas. A Pujol, sin ir más lejos, que hizo sus estudios en el Colegio Alemán, nazi en 1936 y aún más cuando se reincorporó en 1939. Su tímido catalanismo comenzó a aflorar gracias a su vinculación al grupo que tomó el nombre del obispo Torras i Bages, famoso por sus sermones y por aquel sentencioso dicho de «Cataluña será cristiana o no será». Miembro de CC (¿«católics catalans»? ¿Crist i Catalunya»?...), Pujol fue interno de García-Valdecasas desde que un día subió al monte Tagamanent y le fue revelada su histórica misión de «reconstruir» Cataluña. Con su cárcel en Zaragoza justificó al todavía inexistente nacionalismo catalán.

A los vencedores arrepentidos y a los hijos de éstos, ya de izquierdas, les iba a resultar conmovedor el discurso del «hecho diferencial», quizá por su escasa sensibilidad para la justicia. De esta manera, convirtieron a Cataluña en una región mártir y aceptaron que todas sus reivindicaciones le daban el derecho a ser una nación. Así que no ha sido tanto por impostura de los catalanes cuanto por el extraño complejo de los demás ante ellos lo que ha colocado a Cataluña en un lugar que no le corresponde, nefasto para ella ya que les ha permitido a los catalanes sustituir el sentido crítico que debe tener una sociedad avanzada por el victimismo. Se la ha supuesto el papel de locomotora de la economía cuando ya lo estaban representando capitales como Madrid o regiones como la valenciana, y cuando Almería alcanzaba unos niveles de renta superiores a los de Reus o Badalona. A partir de ahí se creó en Barcelona un clima político y cultural que iban a aprovechar los partidos nacionalistas para fortalecer la vieja y discutible identidad catalana.

LA novedad que nos aporta la tragedia del Carmelo es que el nacionalismo catalán no se está utilizando únicamente para sacar ventajas en relación con las otras regiones, sino para dominar a los propios ciudadanos catalanes y, de un modo especial, a los más menesterosos y marcados por el «hecho diferencial español». En nombre de la «senyera» se sofocan los derechos elementales y, por supuesto, el de expresión (el régimen informativo de Cataluña es un escándalo mundial), pero nada tan repugnante desde un punto de vista ideológico como que sea la izquierda -socialistas, comunistas y republicanos- los que están sacrificando a sus propias bases.

El Carmelo es la más apropiada metáfora del encanallamiento de la izquierda en el nacionalismo.

La frivolidad de Maragall y el estatuto del 3%
Editorial El Mundo 26 Febrero 2005

Tras demostrar el pasado jueves su incontinencia verbal al acusar a CiU de cobrar comisiones del 3% y retractarse de inmediato, el presidente de la Generalitat se dedicó ayer a hacer un ejercicio de equilibrista entre el papel de ofensor humillado y el de ofendido.El primero lo representó ante el anteriormente acusado, Artur Mas, a quien trató de apaciguar para que el líder de CiU no se querellara, un objetivo que finalmente no logró por no añadir a su intento una disculpa pública y contundente.

Pero Maragall también quiso formar parte de los ofendidos, y a modo de rabieta le espetó a Piqué que sus relaciones están «rotas para siempre». ¿El motivo? Que el líder del PP catalán ha pedido la dimisión sí o sí del president, con una lógica impecable, y es que si la acusación de corrupción no es cierta, Maragall es un «irresponsable» por «mentir», y si loes, Maragall habría actuado de «encubridor» de un delito de corrupción y estaría ahora cediendo al «chantaje político» de Mas con el fin de continuar la elaboración del nuevo Estatuto.

Lo más perverso de todo este episodio es precisamente el haber establecido esta vinculación directa entre un presunto caso de corrupción y el proceso de aprobación del Estatuto. Independientemente de que las acusaciones de Maragall fueran el eco de un «rumor que es un clamor latente», como dijo ayer el consejero Nadal, o el resultado de una investigación del PSC, lo cierto es que los cargos se han retirado no porque Mas negara de forma convincente su veracidad, sino porque los vinculó a una paralización del Estatuto. Y lo más sorprendente es que lo más granado del establishment político y periodístico catalán parece asumir que la llamada construcción nacional bien merece dejar de lado la corrupción generalizada de los constructores de esa nación. Es una macabra aplicación de la lógica maquiavélica que ya fue utilizada para justificar los GAL, con la no banal diferencia de que al menos entonces el deleznable utilitarismo de los medios estaba dirigido a solucionar un problema tan real como el terrorismo etarra.En el caso catalán, en cambio, a lo que nos enfrentamos es simplemente a un grupo de políticos dispuesto a explotar los mitos territoriales no ya sólo para conseguir más cotas de poder, fin discutible pero legítimo, sino para su enriquecimiento personal por medios ilícitos.

Ante panorama tan sombrío, no puede estar más justificada la decisión de la Fiscalía de investigar el presunto cobro de comisiones sin tener en cuenta la rectificación de Maragall. Si los anteriores o los actuales dirigentes de Cataluña no se mostraran inclinados a colaborar (no hay que olvidar que el PSC tiene en su Ejecutiva como encargado de Formación nada menos que a un condenado por Filesa), queda la esperanza de que algún ciudadano aporte pruebas que esclarezcan el clamoroso «rumor».

En el terreno político, no es nada probable que Maragall siga el consejo de Piqué, pero hay alguien más que debería extraer consecuencias del espectáculo dado por su correligionario catalán.¿Seguirá Zapatero dispuesto a apoyar ciegamente el Estatuto que salga del Parlamento de Cataluña o le aplicará al menos una rebaja del 3%?

TEMPESTAD EN EL OASIS
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 26 Febrero 2005

MIS amigos catalanes, muchos y buenos, suelen achacarnos a «los madrileños», forzosos o voluntarios, una especial y perpetua excitación, una crispación continua, que, dicen, inspira la vida capitalina. Desde la política a la cultura pasando por la actitud vociferante de los paisanos. La Historia del último siglo no avala esa pretendida diferencia entre Barcelona y Madrid y menos aún, en nuestros días, el pretendido «oasis político» en el que quieren retratarse, en flagrante impostura, los protagonistas del Parlament y, con ellos, los políticos de todo rango y condición de la Cataluña actual.

A pesar de las proclamas de sosiego y seny, el «oasis», si es que alguna vez existió, hace tiempo que está seco. Ni sus aguas son cristalinas ni sus palmeras ofrecen dátiles dulces como la miel. El tono de la última sesión en el Parlament se acerca más al modo de las tabernas que a la paz de los desiertos, y, quienes no quieran perderse en divagaciones, piensen en un jefe del Ejecutivo, Pasqual Maragall, diciéndole al representante de su partido predecesor en la Generalitat, Artur Mas, que el problema de CiU «se llama el tres por ciento».

La acusación de corrupción, vinculada a la adjudicación de las obras públicas, no puede ser más rotunda ni más desabrida y destemplada; pero bastó la indignada protesta del denunciado para que el president retirara sus palabras. Palabras que, según Mas, enviaban «a hacer puñetas» a la legislatura autonómica en curso y, con ella, el proyecto común de un nuevo Estatut. Puede hablarse, con toda propiedad, de «tempestad en el oasis» y, en previsión de sus devastadores efectos, hay que ir pensando -sin prisas- en un adelantamiento de las elecciones catalanas cuando todavía no se ha cruzado el ecuador de su plazo.

Con el hundimiento de los túneles del Carmel se están viniendo abajo en Barcelona algunos supuestos y muchos tópicos de la tradición política del lugar. ¿Es tan insensato el president Maragall para, sin pruebas, acusar de corrupción a los Gobiernos de Jordi Pujol? Si, por contra, dispone de las evidencias precisas, ¿por qué no las presenta en forma tanto en el Parlament como en el juzgado de guardia? Las voces de la política, como las del periodismo, exigen un mínimo de rigor para que puedan ser consideradas por los ciudadanos. En caso contrario se convierten en ruidos.

Tan significativo error de Maragall puede tener, y tendrá, efectos en la política nacional. Ayer, cuando Josep Lluís Carod-Rovira visitó a José Luis Rodríguez Zapatero, pudo sacar un poco más de pecho que en otras ocasiones. No porque hayan cambiado las circunstancias generales; sino porque se desplaza el centro de gravedad de un tripartito del que depende la estabilidad parlamentaria del Gobierno de la Nación. Y al fondo, la sospecha de un trueque entre denuncias y silencios en bien de un -¿patológico?- sentimiento nacionalista.

La imprudencia de Maragall
Editorial Heraldo de Aragón 26 Febrero 2005

MARAGALL tacha a CiU de corrupta, por cobrar un 3% de comisión en las defectuosas obras del metro que han causado tantos daños en el barrio del Carmel. La acusación, en un pleno parlamentario, es grave y precisa. Artur Mas, el líder de CiU, amenaza a Maragall con abandonar la ponencia del Estatuto catalán -máximo centro de atención política en el Principado- y le exige que retire lo dicho. Maragall, atrapado en su imprudencia, se retracta de inmediato: un serio percance para el "president" y un feo ejemplo, porque el mal ya está hecho. Denuncia semejante en el hemiciclo, tan grave, concreta y en boca del presidente, sólo debe hacerse si se mantiene ante el juez. Incluso Carod-Rovira exige transparencia y responsabilidades a la Generalitat, aunque sea como pedírselas a sí mismo. Artur Mas, insatisfecho -y que, por lo que fuere, no ha negado la presunta corrupción-, quiere a un Maragall públicamente más contrito. Y, para que nada falte en el estropicio, el fiscal Mena ha decidido, de oficio, investigar el caso.

Los vecinos del barrio -El Carmelo, se lee en sus pancartas- manifiestan su indignación con los políticos, enfrascados en una gresca creciente, mientras los damnificados siguen sin casas ni enseres y buena parte de la barriada aún vive temerosa. La irritación vecinal, la paralización de las obras y la depuración de responsabilidades eran de gravedad bastante como para que Pasqual Maragall no añadiese crispación inútil. El Tripartito, que ganó el "Govern" a CiU, prometió denunciar la corrupción pasada, propósito digno de elogio, pero que requiere seriedad y rigor. La imprudencia de Maragall, por lo demás, vuelve a perjudicar a Rodríguez Zapatero y rebaja penosamente el nivel de la vida política catalana.

LA MORDIDA CATALANA
Por Jaime CAMPMANY ABC 26 Febrero 2005

EL trabajo del periodismo de investigación resulta a veces muy útil para la purificación del mundo de la política, amenazado siempre de ensuciarse en oscuridades y corrupciones. Al periodismo de investigación le debemos los ciudadanos y las ciudadanas el descubrimiento y la denuncia de muchos episodios siniestros, de muchas historias de mordidas, comisiones, trapisondas, aquellos convolutos que le costaron la vida al pobre Guido Bruner, o trinques y manguis, como dice Antonio Burgos, Hermano Celador de la Muy Penitencial Cofradía de la Columna.

Pero hay casos en que el quehacer del periodista se ve ayudado y aliviado. Son los propios políticos -Dios se lo pague- los que tiran de la manta y dejan con el culo al aire unas veces a Juan y otras a Manuela. Al final nos enteramos de que puta la madre, puta la hija, puta la manta que las cobija, y que en la política son pocos los que siguen la advertencia divina de que quien esté libre de pecado tire la primera piedra. O sea, que quien no haya cometido remanguillé, publique la primera denuncia.

En esa imprevisión y desobediencia ha caído ahora Pasqual Maragall, que por ello tiene más delito al ser oficialmente president de la Generalitat de Catalunya. Se conoce que lo ha puesto nervioso el accidente del socavón y posterior enredo político del barrio barcelonés del Carmel y ha acusado de corrupción a sus antecesores en aquel Gobierno. Maragall no se ha limitado a una acusación abstracta e indeterminada. Ha precisado que la mordida de Convergencia i Unió en todas las adjudicaciones de obras públicas era exactamente del tres por ciento. Hay que reconocer que la mordida catalana se concreta en una cifra moderada y asumible por el constructor.

A la indiscreción de Pasqual Maragall ha respondido enseguida Artur Mas con la amenaza de una demanda y toda clase de procedimientos judiciales contra el presidente de la Generalitat si no se disculpa de la acusación. Y lo que es más acongojante para Maragall: amenaza Mas con no votar el nuevo Estatut que prepara el nieto del poeta. Parece que ese argumento ha sido el más convincente para que Maragall retire la acusación de trinque. A la «mordida catalana» ha seguido una nueva edición de la famosa «venganza catalana». También tiene bemoles que para lograr que el presidente retire una denuncia de corrupción se amenace con impedir la aprobación de una reforma política que se considera beneficiosa para Cataluña. O sea, lo que dije de la manta, ¿recuerdan?

Bien es verdad que Artur Mas se ha guardado la respuesta más demoledora. Porque podría haber traído a colación y poner sobre el tapete todas aquellas corrupciones del Partido Socialista durante los gobiernos de Felipe González, desde los cafelitos de Juan Guerra a los pingües trinques de la compra de aviones, las tres marías Filesa, Malesa y Time Export, el expolio de los fondos reservados, las bobinas de papel del Boletín Oficial, el «Ave» de Sevilla, la época del «pelotazo» y todas las historias de la mangancia generalizada que llenan los periódicos de aquellos años. ¿Dónde se queda ese mínimo tres por ciento? Y luego dicen que a los catalanes les gusta la pela.

EL PERÍMETRO DE LA CIÉNAGA
Editorial ABC 26 Febrero 2005

EL fiscal jefe de Cataluña ha ordenado investigar, en diligencias preprocesales, la fugaz acusación de Pasqual Maragall a CiU de haber estado cobrando, durante su mandato, comisiones del tres por ciento en las obras públicas que promovía la Generalitat. La indagación exhaustiva del Ministerio Público parece imprescindible por mucho que, en uno de los mayores ejercicios de irresponsabilidad y negligencia gobernante que se recuerdan, el líder del socialismo catalán retirase de inmediato la gravísima acusación, acobardado por un posible boicot de los convergentes al nuevo Estatuto. Como si nada hubiera pasado, y ante la incredulidad general, Maragall se desdijo.

Y mejor es que intervenga la Justicia porque está visto que gran parte de la clase política catalana está absolutamente incapacitada para llegar al fondo de un asunto que devuelve al panorama actual el fétido olor de aquella época de la corrupción que creíamos superada. Con independencia del resultado de la investigación -y hasta que se determine la veracidad del «secreto a voces» que denuncian los socialistas, «sin pruebas», como reconoció ayer el consejero Nadal-, el caso del barrio barcelonés del Carmelo y sus múltiples derivadas han desvelado el casi insondable deterioro ético de la estructura política catalana, que parece haber olvidado definitivamente al ciudadano (la crisis urbanística da prueba de ello), así como la gestión y bienestar de sus asuntos para centrarse en un chalaneo partidista y reivindicativo de más competencias. ¿Para qué tanto autogobierno? ¿Qué queda de ese limbo de modernidad y nuevo estilo que propugna Maragall?

Los catalanes, y el resto de los españoles, pudieron ayer comprobar lo que da de sí esta clase política. Urge el propósito de enmienda y la petición de disculpas a la opinión pública por el lamentable espectáculo ofrecido en el Parlamento autonómico, convertido en taberna de muelle, con bravatas, acusaciones amagadas y amenazas. Y, sobre todo, que la Justicia aporte luz y medidas sobre el perímetro de lo que parece ya una ciénaga de notable tamaño.

«ESAS COSAS NO SE TOCAN, NENE»
ABC 26 Febrero 2005

EL jueves vimos que el usufructuario de la expresión «España plural» era capaz de demostrar que hasta él mismo es plural: dijo «sí» y «no» en menos de un minuto. Maragall se metió como un pardillo en un berenjenal político y salió del embrollo como un pícaro redomado por puro instinto de supervivencia. Ayer pudimos comprobar que la peripecia le ha conducido al borde de un precipicio. Zapatero se reúne de forma inoportuna con Carod-Rovira sólo un mes después de haberlo hecho de manera «discreta»; Piqué pide una moción de censura y la dimisión del presidente catalán; el secretario de Organización de ERC habla de un secreto a voces y el portavoz de ICV, de un simple error lamentable. Pura escatología. Son como niños.

Lo que el presidente de la Generalitat dijo en el parlamento catalán dirigiéndose al sucesor de Pujol en CiU, el partido que ha gobernado Cataluña durante casi un cuarto de siglo no fue más que «ustedes tienen un problema y este problema se llama tres por ciento». No habrá juez capaz de condenarlo por difamación o calumnia por sólo esas palabras. De forma que la muy pasional amenaza de ayer de Mas de emprender acciones legales contra Maragall si no rectifica de nuevo y se disculpa, y el muy expeditivo impulso del fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña de anunciar la apertura de diligencias por un supuesto cobro de comisiones por parte de CiU en la adjudicación de obras públicas son un salto en el vacío. Materia penal no hay en la simple referencia al problema del tres por ciento. Lo que hay es, otra vez, judicialización de la política. ¿Alguien cree que el ardid parlamentario de Artur Mas de amenazar con la retirada del apoyo de CiU a la reforma del Estatuto en respuesta a una insidiosa provocación de Maragall va a acabar por destapar las alcantarillas? Política o justicia. Inmunidad parlamentaria o pruebas. Las dos cosas juntas hieden.

Omertà a la catalana
EDITORIAL Libertad Digital 26 Febrero 2005

El hundimiento del túnel de metro que se encontraba en construcción bajo el barrio barcelonés del Carmelo ha empezado a cobrarse víctimas políticas. Por un lado, el consejero Joaquim Nadal presentó en el altar del Parlamento dos sacrificios propiciatorios pero menores. Por otro, el presidente Pascual Maragall y el jefe de la oposición, Artur Mas, elevaron la temperatura de la crisis protagonizando un agrio y tenso debate en la cámara autonómica. Lo primero era previsible, lo segundo no.

La concatenación de errores e incompetencias en la adjudicación y ejecución de las obras, por mucho que Maragall quisiese mantener a raya a los informadores, ha terminado por desatar una tormenta que ha puesto al descubierto las podridas entrañas de la política catalana. Porque lo más grave, siéndolo mucho, no es que Maragall insinuase a Mas que el anterior Ejecutivo convergente se llevaba un 3% en las adjudicaciones, lo más grave es la reacción del antiguo número dos de Jordi Pujol. En las nerviosas palabras de Mas se entreveía la contrariedad del traicionado. No advirtió Artur Mas de las derivaciones legales que podrían tener tan graves acusaciones, sino que se revolvió conminando al socialista a que rectificase amenazándole con romper el acuerdo sobre la reforma del estatuto.

¿Qué esconde semejante actitud?, ¿acaso una vergonzante omertà a la catalana, un pacto de silencio entre las dos fuerzas que han monopolizado el poder en Cataluña durante los últimos 25 años? Si Maragall está tan seguro de lo que dijo en el Parlamento con luz y taquígrafos, debe llevarlo inmediatamente a los tribunales con las pruebas pertinentes. Si Mas -y su partido- están libres de culpa, debe poner a sus abogados a trabajar porque una calumnia de tal calibre no se puede dejar pasar.

Sea cierto o no lo de las comisiones, lo que ha demostrado este triste episodio parlamentario es que el oasis político catalán se acaba. La ficción que los dos principales partidos han construido desde la transición repartiéndose el pastel del poder con el pretexto de un discurso nacionalista monolítico toca a su fin. El hábil y maniobrero Jordi Pujol mantuvo la tramoya en perfectas condiciones durante los muchos años de su gobierno. PSC y CiU se repartían parcelas de poder y hasta se especuló con un gabinete de coalición tras las últimas autonómicas. Pero Maragall no es Pujol. Su maximalismo y falta de tacto ha conducido a una situación que, por otro lado, era inevitable. Los políticos que gobiernan en Cataluña no representan a todos los catalanes sino sólo a una parte, a esa Cataluña oficial cuyo único objetivo es la reforma del Estatuto y la soberanía plena a plazos. Ambiciones legítimas pero muy alejadas de las que tiene la Cataluña real, la formada por la mayor parte de sus ciudadanos y cuyas aspiraciones, curiosamente, no distan mucho de las del resto de españoles.

La crisis del Carmelo ha servido de espoleta para una bomba que llevaba tiempo armada. La barriada barcelonesa es el símbolo de esa Cataluña excluida, nunca asimilada por la otra Cataluña que ayer se tiraba los trastos a la cabeza en el Parlamento. El antaño robusto equilibrio catalán nacido al calor de la restauración de la Generalidad se ha resquebrajado. Las consecuencias son imprevisibles e invitan a una reflexión pausada. La democracia en Cataluña puede ganar mucho, los catalanes más.

Tres segundos históricos
FERNANDO ÓNEGA La Voz 26 Febrero 2005

LA INFORMACIÓN también rejuvenece a las personas. Hoy, por ejemplo, estamos como hace quince años: hablando de las comisiones ilegales -siempre presuntas, por supuesto- con que dicen que se financian algunos partidos. Si este cronista hiciera el ejercicio de recuperar los comentarios que escribió entonces, vería que algunos tienen plena validez en 2005. Como entonces, se trata de un rumor sobre una práctica extendida. Como entonces, se asegura que es imposible conseguir la adjudicación de una obra pública sin «pasar por ventanilla».

Las únicas diferencias son éstas: se trata de una denuncia pública, en sede parlamentaria, de un presidente de gobierno. Se trata de una acusación a un partido concreto, CiU, que sólo ha sido retirada cuando ese partido hizo algo que Josep Piqué calificó como «chantaje»: amenazar con retirar su apoyo al nonato estatuto de autonomía de Cataluña y suspender las relaciones institucionales. Y, por último, tenemos un comportamiento distinto de las autoridades judiciales. Ahora, el fiscal José María Mena se apresura a iniciar investigaciones. Hay antecedentes que hacen suponer que este fiscal estaría encantado de desmontar el tinglado del pujolismo.

¿Lo conseguirá? ¡Qué difícil, señor fiscal! Un hombre experimentado, porque ha sido alcalde y ahora es consejero de la Generalitat, Joaquim Nadal, cree, como casi todos, que se pagan esas comisiones. Pero es casi imposible seguir su rastro. Nadie deja huellas. La única forma de encontrar una prueba sería, según Nadal, que alguien hubiera cometido alguna torpeza. Y eso, por Dios, es sumamente improbable. Estamos hablando de gente que se ha especializado. Tiene que aparecer el contable despedido y vengativo, que guarda documentos, como aquel que hizo saltar el escándalo de Filesa.

Anotado eso, fíjense ustedes con qué facilidad se hace saltar por los aires un mito político. Hasta el jueves por la tarde, existía la convicción general de que la Cataluña política era el ejemplo de buenos modos, de diálogo y consenso. La llamada «vía catalana» era la muestra que se enseñaba a los vascos para redactar un estatuto de autonomía aceptado por todos. Pero bastó esta denuncia y el espectáculo de su retirada para echar todo abajo. Ahora, el «oasis catalán» es un campo de batalla. Interviene el fiscal. Piqué, cuyo partido nunca pudo cobrar, porque nunca tuvo responsabilidades de gobierno en aquella comunidad, pide la dimisión de Maragall. Y Artur Mas amenaza con todas las acciones judiciales para que le devuelvan la honra a su partido. Para tal resultado no hizo falta una gran acción política. Todo se consiguió en tres segundos: los que tardó Maragall en decir: «su problema es el tres por ciento».

Limitaciones
TONIA ETXARRI El Correo 26 Febrero 2005

Cuando el chantaje se asienta en las relaciones institucionales, mal asunto. Flaco favor están haciendo los políticos a los ciudadanos. A pesar de su acusada tendencia a hablar en nombre de los demás, cuando llega la hora de la asunción de responsabilidades, los responsables, trasladan sus incapacidades a la ciudadanía. ¿Aurrera boli! Y en Cataluña, después de la tragedia, no dimite nadie con galones políticos, los solidarios del 'Nunca más' ni están ni se les espera, mientras los mil desalojados de sus casas del Carmelo se quedan boquiabertos al ver a Maragall perdiendo lo papeles en el Parlamento, acusando al Gobierno anterior de la catástrofe urbanística, y CiU amenazando con romper el diálogo para reformar el estatuto. Vuelta a empezar: los parlamentarios se quedan con el futuro estatuto y se olvidan de las viviendas del Carmelo. Un espectáculo bochornoso.

A los afectados les entró ganas de votar a los partidos, pero con b. A estas alturas, no pocos socialistas se preguntan si no habría sido mejor que Maragall hubiese pactado su gobierno con CiU y no con ERC que, con sus maneras tan mercantilistas de hacer política, han conseguido, ellos solitos, cargarse la fama del halagado 'seny' catalán. Pero es lo que tiene no saber elegir a los socios. Carod representa el 2,29% de los escaños en el Congreso, pero como es la 'llave'de la Generalitat, se permite declaraciones arrogantes del tipo «los catalanes no están dispuestos aceptar cualquier estatut». Es posible que ayer Zapatero le contestara, en parecidos términos a los que se dirigió a Ibarretxe cuando presentó su plan en el Congreso: que él no se ve capaz de hablar en nombre de todo un pueblo, sencillamente porque la pluralidad ideológica y partidaria le pone limitaciones. Pero el interlocutor independentista, que ayer visitó La Moncloa, sabe poco de consenso y mucho de ultimatums; poco de solidaridad con el resto de ciudadanos españoles y mucho de vaciado de competencias del Estado que ése, y ahí coincide con el plan Ibarretxe, es su principal cometido en este mundo.

En Euskadi, el tripartito tiene otra deriva. Al lehendakari le va mejor que a Maragall en ese sentido. Tan bien le va y tan dócil le ha resultado Madrazo, que ya ha apostado por renovar la fórmula del tripartito si los ciudadanos le dan la mayoría. Por eso desde la oposición tendrían que ir calculadora en mano si, de verdad, quieren ser la alternativa a Ibarretxe. A los socialistas, de todas formas, les viene el viento a favor. Con el 'efecto Zapatero', da menos apuro escénico apuntarse a las plataformas de apoyo. Hoy, Aldaketa presentará al ex alcalde nacionalista Cuerda y al profesor Txema Portillo. Más difícil lo tiene el PP de María San Gil. Sin la aureola del Gobierno de La Moncloa y con el discurso de la firmeza que incomoda a quienes prefieren mirar hacia otro lado cuando el ambiente se vuelve irrespirable. Ella despierta simpatías, pero muchos de los que la apoyan prefieren, aún, quedarse dentro del armario.

Lanzadera
Editorial El Correo 26 Febrero 2005

La presentación de la plataforma 'Aukera guztiak', constituida según sus promotores «como iniciativa popular a favor de los derechos civiles y políticos», alimenta todas las sospechas de que se trate de una segunda marca con la que Batasuna pueda protagonizar la campaña para las elecciones autonómicas del próximo 17 de abril. Las personas que han encabezado la iniciativa anunciaron ayer que no serán ellas las que conformen las listas electorales que promoverán con la inscripción de la correspondiente agrupación de electores. Parece evidente que sus particulares convicciones democráticas les han llevado a auspiciar que sean otros -se supone que aquéllos que consideran excluidos- quienes concurran a las elecciones. Pero esas mismas convicciones han debido impedirles valorar, siquiera por un instante, las razones legales y los argumentos judiciales por los que una alternativa pretendidamente política que secunde o dé cobertura al terrorismo no tiene cabida dentro de nuestro sistema constitucional. Es más, el sentido de la justicia que reflejaron los citados promotores no les permitió contemplar como la más grave conculcación de los derechos civiles y políticos que pueda soportar una sociedad la persecución letal a la que siguen expuestos en Euskadi quienes representan ideas y voluntades que se opongan a la paulatina separación del País Vasco respecto al resto de España.

Resulta especialmente doloroso que 'Aukera guztiak' se haya creado precisamente después de saberse que la banda terrorista ETA había decidido asesinar para saludar de esa macabra forma la convocatoria de las elecciones. La defensa de «las ideas de todos» es tan loable como necesaria, siempre que no se incluyan entre ellas, con descaro o de tapadillo, posturas dispuestas a justificar el asesinato como un mal inevitable e incluso como una medida conveniente para hacer valer las posiciones propias. Los artífices de la plataforma-lanzadera podrán alegar que no tienen por qué coincidir con los planteamientos de quienes al final conformen las listas electorales que se han comprometido a avalar como gesto democrático. Pero quienes han decidido brindar su nombre y su firma para una operación cuyo desenlace último no controlan en absoluto tampoco pueden pretender que el resto de la ciudadanía comulgue con su visión de fingida ingenuidad respecto a los desafios a que se enfrenta la libertad en el País Vasco. Los promotores de 'Aukera guztiak' pretenden reducir la democracia a una cuestión de conciencia, como si las leyes y los tribunales no formasen parte del marco de las libertades. Sin embargo, no pueden eludir la responsabilidad social que contraen al dar cauce a un proyecto electoral que pudiera vulnerar la Ley de Partidos o contravenir los límites fijados por la jurisprudencia emanada de la ilegalización de Batasuna.

Las víctimas españolas critican «el discurso débil y titubeante» del Gobierno ante ETA
MANUEL M. CASCANTE, ENVIADO ESPECIAL ABC 26 Febrero 2005

BOGOTÁ. Las víctimas españolas del terrorismo, tanto etarra como islamista, protagonizaron el último panel del II Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo, celebrado en Bogotá. Antes, damnificados por las dictaduras militares chilena y argentina aportaron sus denuncias ante un foro que se cerró con esperanza, aderezada por la voz de Totó la Momposina, diva de la música popular en Colombia. El presidente del país, Álvaro Uribe, clausuró el encuentro manteniendo un diálogo con el público.

Irene Villa puso en pie al auditorio tras relatar el atentado de la banda terrorista ETA, que le acarreó la amputación de sus extremidades inferiores. Siempre sonriente, la joven confesó que, entonces, se le plantearon dos opciones: amargarse o mantener el optimismo. «Opté por la segunda. No iba a consentir que unos fanáticos me quitaran, además de las piernas, mi alegría». Villa trasmitió un mensaje de esperanza a todas las víctimas, porque si ésta se pierde, «lo que hace es dar esperanzas a los terroristas».

«Una universidad muerta»
Tras la intervención de Gabriel Moris y María Pilar Crespo, que perdieron a su hijo Juan Pablo en los atentados del 11 de marzo de 2003 en Madrid, y de Carmen González Armas, gerente de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, la catedrática Gotzone Mora, concejal socialista de Guecho, planteó los problemas ante los que se enfrentan buena parte del profesorado y de los alumnos en la Universidad del País Vasco, «una universidad muerta». El mensaje caló hondo en un público con amplia presencia de estudiantes, pues el Congreso estaba organizado por la Escuela de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Sergio Arboleda.

Por último, José Alcaraz, presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, reprochó al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero su «discurso débil y titubeante» frente a ETA, algo que, a su juicio, quedó demostrado con «la ausencia de altos mandatarios» en esta asamblea.

En la mañana había intervenido Dolores de la Fuente, directora general de la oficina del Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo, quien disculpó la ausencia de su titular, Gregorio Peces Barba, debido a que en ese momento éste intervenía ante el Congreso de los Diputados. El ex presidente José María Aznar abandonó ostensiblemente la sala cuando De la Fuente comenzaba su alocución.

La jornada la habían inaugurado Juan Pablo Letelier, hijo del ex canciller chileno Orlando Letelier, asesinado en 1976; el cónsul de Argentina en Nueva York, Héctor Timerman, hijo del periodista Jacobo Timerman, torturado y expulsado del país en 1977; y el ex jefe del Gobierno regional de Irlanda del Norte, David Trimble, que participó a través de una grabación.

El presidente de Colombia, Álvaro Uribe, reiteró que en su país «no hay conflicto, sino un desafío terrorista a las instituciones democráticas». Uribe manifestó que, aunque su Gobierno ha buscado tener diálogos de paz con los grupos guerrilleros Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y Ejército de Liberación Nacional (ELN), «los terroristas no negocian sino cuando sienten que los van a derrotar». Afirmó que el Movimiento 19 de Abril (M-19), desarticulado en 1990, «aceptó una negociación cuando no tenía alternativa militar. Cuando el Estado se ha ablandado, se han alejado de la negociación y esos grupos se han fortalecido», señaló. Según el mandatario «este terrorismo de aquí no es solamente un terrorismo local, sino un terrorismo internacional».

Recordó que en 2001 fueron arrestados tres irlandeses acusados de pertenecer al Ejército Revolucionario Irlandés (IRA), y de entrenar en explosivos a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). James Monaghan, Martin McCauley y Niall Conolly fueron condenados en diciembre pasado por el Tribunal Superior de Justicia a 17 años de prisión por prestar asesoramiento en explosivos a miembros de las FARC. Sin embargo, los tres activistas están prófugos de la justicia y buscados por Interpol porque en un juicio anterior en abril de 2004 fueron absueltos y quedaron en libertad condicional, lo que aprovecharon para huir

Recortes de Prensa   Página Inicial