AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 27 Febrero 2005
«EN EUSKADI NO ESTAMOS TODOS»
Manifiesto del Foro Ermua 27 Febrero 2005

En el País Vasco no están todos
EDITORIAL Libertad Digital 27 Febrero 2005

ALGO HUELE A PODRIDO EN CATALUÑA
Ignacio CAMACHO ABC 27 Febrero 2005

Cataluña: El nacimiento de una Corrupnación
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 27 Febrero 2005

Los no nacionalistas se exilian, los nacionalistas se solidarizan con ETA
Editorial El Mundo 27 Febrero 2005

RIÑA EN EL OASIS
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 27 Febrero 2005

PROYECTO Y MAYORÍA
M. MARTÍN FERRAND ABC 27 Febrero 2005

PAREJA DE HECHO
Jaime CAMPMANY ABC 27 Febrero 2005

CATALUÑA Y LA ENTELEQUIA DE LA «BALANZA FISCAL»
Luis Ignacio Parada ABC 27 Febrero 2005

ZAPATERO, ERRE QUE ERRE CON ERC
Editorial ABC 27 Febrero 2005

CANTERA DEL TERROR
Editorial ABC 27 Febrero 2005

Zapatero, un presidente más accidental cada día
 Encarnación Valenzuela El Mundo 27 Febrero 2005

La paz y sus riesgos
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 27 Febrero 2005

El Foro Ermua llama a los 380.000 exiliados vascos a rebelarse contra el régimen de «terror» de Ibarreche
Diego Mazón La Razón 27 Febrero 2005

Mil activistas de Jarrai han pasado a las filas de ETA en los últimos 15 años
D. MARTÍNEZ / J. PAGOLA ABC  27 Febrero 2005

La diáspora denuncia un censo vasco mermado por ETA y el nacionalismo
B. TORQUEMADA ABC 27 Febrero 2005
 

«EN EUSKADI NO ESTAMOS TODOS»
Manifiesto del Foro Ermua 27 Febrero 2005

Comisiones de la Diáspora Democrática Vasca

Preámbulo

Durante la etapa democrática, tras la muerte de Franco, miles de vascos han abandonado su tierra por la presión del terrorismo, ejercido por ETA, y del nacionalismo impuesto con la utilización desleal de todos los resortes del poder autonómico. Al exilio provocado por la Dictadura le sucedió, así, esta nueva diáspora democrática de los vascos que no se identifican con el nacionalismo y que dura ya tres décadas.

A la ausencia de los asesinados por ETA (casi 900), de los heridos y mutilados (más de 3.000) que con sus familias han dejado Euskadi, se une el exilio de los vascos (más de 200.000) amenazados por ETA o asfixiados por la situación de falta de libertad e impunidad legal y moral que ha propiciado el nacionalismo en el poder. En una región de dos millones de habitantes estas cifras explican por sí solas cómo se ha pervertido el sistema democrático hasta crearse, gracias a sus fisuras legales, un “estado de excepción nacionalista”, un "régimen político” de terror difícil de ser superado en las urnas por su propia naturaleza alegal e intimidatoria. Por estos motivos, los ciudadanos que nos hemos visto forzados a abandonar Euskadi, por la presión directa o indirecta de ETA y el nacionalismo obligatorio, decidimos unirnos como “Comisiones de la Diáspora vasca democrática” para manifestar los siguientes puntos:

Manifiesto

1.- La presencia en la sociedad vasca de ETA y de sus cómplices políticos o financieros, penales o morales, la estigmatización política y social del no nacionalista que lo manifieste, la arbitrariedad que reina tanto en la administración como en los ámbitos profesionales y laborales que dependen de las instituciones gobernadas por los nacionalistas, así como el clientelismo, el nepotismo y todas las formas de corrupción apoyadas directa o indirectamente en el terrorismo, ha constituido para todos nosotros una amenaza más vaga o concreta que nos ha impulsado a abandonar nuestra tierra. A muchos se nos hace sencillamente insufrible la idea de que nosotros o nuestros hijos tengamos que vivir en un lugar en el que no hay libertad.

2.- Apelar en estas circunstancias a “la voluntad de los vascos” para la sustitución del Estatuto de Autonomía de Gernika por una carta de secesión, no es sólo ilegítimo, sino antidemocrático e inmoral. La voluntad de los vascos es también la voluntad de todos los que hemos sido empujados a marcharnos y constituimos la Euskadi peregrina. Sin libertad es imposible conocer cuál es la voluntad de los ciudadanos. Hoy se está manipulando y usurpando esa voluntad cuando se obvia el miedo que rezuma la sociedad vasca y se silencia –como hace Ibarretxe- la abierta oposición de la mayoría de la población que aún reside en nuestra tierra y la de los expulsados. Sólo con la desaparición definitiva de la violencia y el transcurso, sin terrorismo ni ningún tipo de amenazas, de un plazo de tiempo suficiente para que regresemos los exiliados que así lo deseemos, podrá hablarse con honestidad y verdad de “la voluntad de los vascos”.

3.- El Gobierno Vasco y los partidos nacionalistas se han preocupado hasta la obscenidad de los presos terroristas que no cumplen condena en el País Vasco, de las familias que tienen que desplazarse fuera de nuestra comunidad para visitarlos, de dar amparo a Batasuna y evitar toda medida orientada a derrotar a ETA, pero no han hecho nada para impedir que nosotros nos tuviéramos que marchar, ni para facilitar nuestro regreso, ni para permitirnos el ejercicio de nuestros derechos políticos en la Comunidad de la que nos han echado. Y no sólo no han hecho nada ante la dramática realidad de este exilio vasco, sino que lo han aprovechado para ocupar totalitariamente la sociedad vasca.

4.- Denunciamos la ilegitimidad que desde un punto de vista democrático supone el modo en el que se ha configurado el actual mapa político del País Vasco, donde no sólo toda la oposición tiene que ir hoy escoltada y no disfruta de las mismas condiciones para hacer valer su mensaje en la pugna política, sino donde no estamos porque el terror en sus formas más sutiles y más groseras nos ha eliminado. El censo electoral vasco ha sido gravemente alterado por procedimientos terroristas y coactivos, lo que afecta de raíz a todo el proceso político.

5.- Nos oponemos, mientras el terrorismo siga trampeando los resultados de las urnas y produciendo efectos distorsionantes sobre el censo electoral, a cualquier reforma del Estatuto de Gernika que no esté consensuada por todos los partidos democráticos.

6.- Reclamamos nuestro derecho, recogido en el artículo 19 de la Constitución, a "elegir libremente nuestra residencia y a circular por el territorio nacional" así como a que la decisión de volver al País Vasco o permanecer fuera de él sea libre, como corresponde a los ciudadanos de un país democrático.

7.- El problema del País Vasco no es de paz sino de libertad. Una ausencia de libertad que hace peligrar la vida de quien exprese ideas contrarias al proyecto nacionalista. Y tal problema no se queda sólo en el terrorismo sino que llega a la solapada discriminación ideológica y etnocultural en todos los ámbitos de la vida diaria, así como al "apartheid" expresamente lingüístico en el funcionariado docente condenado a engrosar el éxodo vasco de estos últimos años. Por ello exigimos también el cumplimiento del derecho, explicitado en el Artículo 6º del Estatuto de Gernika, a que "nadie podrá ser discriminado por razón de la lengua".

8.- Animamos a todos los ciudadanos vascos residentes fuera del País Vasco a unirse a nosotros en la defensa de nuestros derechos y en la lucha por la dignidad, la libertad y la democracia que se ve atropellada a diario en la tierra que tuvimos que dejar.

9.- Finalmente, queremos agradecer a todas las regiones de España la acogida solidaria que nos han brindado cuando dejamos nuestra tierra, haciéndonos partícipes del calor y la fuerza de unas costumbres y tradiciones que revelan la vigencia de esta cultura común y secular que nos fortalece a todos y que a todos nos aúna. Esa realidad cultural, histórica, lingüística, sociológica y política que ha hecho que ninguno de nosotros nos sintiéramos nunca inmigrantes, sino ciudadanos de pleno derecho, es España.

En Madrid, 26 de febrero de 2005

En el País Vasco no están todos
EDITORIAL Libertad Digital 27 Febrero 2005

Cuando el gobierno de Juan José Ibarretxe, sus adláteres y asimilados se regodean con la idea, presuntamente dialogante, de convocar a la sociedad vasca a las urnas suelen ignorar que en el País Vasco no están todos. Faltan muchos, más de 300.000 que han tenido que marcharse de su tierra por los asesinatos y amenazas de los etarras y por el ambiente irrespirable que se vive en una sociedad completamente alienada por el nacionalismo. Esto, que a la vista está para quien quiera verlo, tuvieron que recordarlo ayer los miembros del Foro de Ermua en un acto celebrado en Madrid.

La estimación realizada por el Foro de Ermua es de 383.700 las personas que han tomado el camino del exilio en los últimos 25 años. Y lo que es más impactante, 119.000 lo han hecho desde que Ibarretxe fue elegido lehendakari en 1998. Una sangría demográfica en una región que sobrepasa por poco los dos millones de habitantes. Las razones por las que semejante cantidad de gente lo ha dejado todo por empezar una nueva vida más allá de los límites del País Vasco son esencialmente de orden político. Una auténtica diáspora democrática de la que casi nadie se acuerda y que nadie denuncia. Muy al contrario, los únicos vascos exiliados que son motivo de constante actualidad son los presos de la banda terrorista ETA, con quienes el gobierno autónomo no escatima cuidados y reivindicaciones.

Recompuesto el panorama de este modo, el Foro de Ermua concluyó que el “censo electoral vasco ha sido gravemente alterado por procedimientos coactivos y terroristas”. Ya era hora de que alguien se atreviese a exponerlo en toda su crudeza. En el País Vasco no sólo no se vota con libertad, sino que una buena porción del electorado ni siquiera puede hacerlo porque ha sido retirada del mismo por métodos que poco o nada tienen de democráticos. ¿Qué validez tienen entonces las repetidas referencias del lehendakari a los vascos y las vascas cuando muchos de ellos se encuentran incapacitados para votar?, ¿por qué Ibarretxe y sus socios se remiten siempre al veredicto de las urnas a sabiendas de que parte de los electores incómodos han sido desactivados?

Una de las líneas maestras del nacionalismo gobernante en el último cuarto de siglo ha sido esa. Usar en provecho propio el poder autonómico para persuadir a los oponentes a marcharse sin hacer demasiado ruido. En el País Vasco han conseguido su propósito, o casi. Si 380.000 ciudadanos obligados a un destierro forzoso no pueden hacer frente y plantar cara políticamente a los planes del lehendakari, significa que éste terminará saliéndose con la suya muy a pesar de que no toda la sociedad vasca ha podido pronunciarse en igualdad de condiciones. El famoso “ámbito de decisión vasco” que suelen reclamar los discípulos de Arzallus es, en suma, el ámbito de decisión de los nacionalistas que, una vez logrados sus objetivos, procederán a la purga última y al silenciamiento definitivo de los que queden allí y aun se opongan a los designios que la entente PNV-EA-Batasuna ha trazado para la región.

La agenda política vasca del año en curso se promete caliente. En abril elecciones autonómicas y en una fecha aún por determinar un plebiscito ilegal para refrendar el plan secesionista de Ibarretxe. A los vascos de dentro no les va a quedar más remedio que sumarse a la “rebeldía cívica” que propugnó ayer María San Gil desde Bilbao. A los de fuera, a los casi 400.000 vascos exiliados, nos les cabe más que la valentía y la determinación de luchar por la democracia y la libertad en la tierra que les vio nacer.

ALGO HUELE A PODRIDO EN CATALUÑA
Por Ignacio CAMACHO ABC 27 Febrero 2005

EN el barrio del Carmelo, en la Barcelona popular de l´Horta y Guinardó, la Barcelona del charnego Marsé que trepa hacia las colinas -«la que s´enfila als turons» según la célebre canción de Serrat- a través de barrios de inmigrantes llegados de Andalucía, de Murcia o de Galicia, ha empezado a hacer crisis una de las mayores falacias políticas de la España contemporánea: la del oasis catalán, esa especie de zona templada desde la que Cataluña viene poniendo una suerte de distancia moral con la «crispación» de Madrid y desde la que las fuerzas de la opinión pública autóctona tratan de construir la ficción de una sociedad diferente, apacible, civilizada y moderna.

Ocurre que, como en «La ciudad de los prodigios», ese pretendido oasis oculta bajo sus atractivas frondas de buenas maneras un cenagal de ambiciones, corruptelas, clientelismos e insolidaridades. Nada que no ocurra en otras partes, desde luego, pero tampoco nada de lo que deba presumir una comunidad tan contaminada como la que más por los peores vicios de la política. Unos vicios disimulados bajo la piel de una ciudad elegante, distinguida y cortés que han aflorado de golpe a la superficie cuando la tuneladora del Metro del Carmelo ha resquebrajado el frágil subsuelo de la zona, sacudiendo como un terremoto las humildes viviendas del vecindario y sacando a la luz del escrutinio ciudadano las limitaciones y ambigüedades de una clase dirigente acomodada en la embustera invención de un territorio libre de las zafias pasiones «españolas».

En el Carmelo, agrietado en medio de una vergonzosa zarabanda de disculpas, pretextos y responsabilidades derivadas, ha quedado desnuda la falacia de la «democracia de los ciudadanos» con que el presidente Maragall y sus socios del independentismo republicano trataron de distinguirse del largo régimen pujolista. Los ciudadanos, los antiguos inmigrantes charnegos y sus descendientes catalanes de segunda y tercera generación, han sido silenciados y apartados para que su presencia reivindicativa de techo y justicia y su drama de repentino desamparo no estropee el holograma virtual del equilibrio catalán en un momento especialmente inoportuno: el de la discusión del nuevo Estatuto de Autonomía, supuesto modelo de convivencia que el zapaterismo pretende convertir en eje de su nuevo «pacto constitucional».

He aquí, sin embargo, que el temblor de tierra del Carmelo ha estremecido el régimen catalán como si la sacudida hubiese brotado de las entrañas de Collserola y la tuneladora estuviese socavando los cimientos políticos de más de veinte años de artificiales quimeras. La inesperada acusación de Maragall a sus antecesores en el poder autonómico -«ustedes tienen un problema que se llama tres por ciento»- ha desvelado de golpe el légamo de corrupción y sospecha que circula por las brillantes cañerías de una sociedad tan orgullosa de su excepcionalidad identitaria. Es cierto que este «clamor latente» subyace en el debate autonómico desde que lo pusiera en marcha Carod-Rovira cuando, en otoño de 2003, se gestaba la coalición del tripartito, pero en boca del «molt honorable president» de la Generalitat ha sonado como un trueno en una cueva.

Pero lo peor fue lo que ocurrió inmediatamente a continuación. Lejos de sacudirse la sospecha, la respuesta del líder de Convergencia, Artur Mas, vino a decir a Maragall que si seguía por ese camino él iba a tener otro problema, que se llama Estatuto de Autonomía. Y, ante la sorpresa general, el presidente de la Generalitat plegó velas con una lamentable fe de erratas, que venía a admitir que lo que le importa no es ni la corrupción, ni los desperfectos del Carmelo, ni mucho menos la justicia debida a los ciudadanos sin casa y sin amparo, sino su propio proyecto político de afirmación identitaria.

Todo lo que ha ocurrido después de esta denuncia «retráctil» -el término es del lúcido Enric Juliana-, es decir, la airada reacción de la Fiscalía, el cruce de dimes y diretes, las amenazas de querellas condenadas al fracaso por mor de la inmunidad parlamentaria y los farisaicos rasgados de vestiduras, no es más que una parodia de la evidencia real de que Cataluña ha devenido una sociedad plegada sobre su conveniencia. Convertida la construcción nacional en el objetivo prioritario de la dirigencia política y económica -frente a encuestas que establecen prioridades menos significativas-, un pacto de silencio y complicidad envuelve todo atisbo de disonancia, se trate de gravísimas denuncias políticas o de la clamorosa situación de un vecindario aherrojado a la calle por la quiebra de una obra pública tan chapucera como probablemente dolosa. Y ese manto de connivencia alcanza a la sociedad civil, al empresariado, a los sindicatos y hasta a gran parte del periodismo, empeñados todos en minimizar las salpicaduras de la catástrofe y reconducirlas a un marco de estricta problemática ciudadana. El fin parece ser evitar que se ponga en cuestión el «modelo catalán» en un momento tan delicado para sus intereses. Tapar la ciénaga. Que no trasciendan los «asuntos de familia».

Todo esto no tendría más importancia que la de cualquiera de los episodios de turbiedad que salpican con cada vez mayor frecuencia a unas autonomías convertidas, por su capacidad de distribución de recursos, en el reducto del nuevo caciquismo, si no fuera porque se trata precisamente del modelo político que domina en España mediante su trasplante a la alianza de poder en el Estado. La importancia que Cataluña tiene en este momento en la política española es crucial, como prueba la deferencia que Zapatero concede, no ya a Maragall, sino al patético Carod-Rovira, un político denostado en sus propias filas que se permite humillar gestualmente al Gobierno mientras éste, apretando los dientes, le ofrece toda clase de alfombras para que a cambio apuntale su precariedad parlamentaria. La comparación entre el tiempo dedicado por el presidente a Carod -que votó no a la Constitución y apoya el Plan Ibarretxe- y a Mariano Rajoy -con quien está condenado a entenderse en los grandes asuntos de la agenda política del Estado- refleja con nitidez el peso que el tripartito ejerce en la balanza española, pese a tratarse de un clavo ardiendo al que en su momento se agarró Maragall para no perder el último tren de su vida política.

La vergüenza del Carmelo ha retratado, sin embargo, el reverso de ese experimento supuestamente renovador del clientelismo pujolista y del autoritarismo aznarista. Lo de menos es el origen de la catástrofe, que Maragall ha lanzado sobre «el tres por ciento» sin atreverse a tirar de veras de una manta que acaso le esté cobijando a él mismo. Lo de menos es el mote de «constructor en cap» con que en la escena barcelonesa se conoce a algún ex alto cargo. Lo importante es la frialdad impávida de la reacción del tripartito ante la tragedia del vecindario de la colina, la desaparición por ensalmo de la proclamada «democracia de los ciudadanos», la apelación llorosa a la chequera del Estado -¿para qué sirven los billones del presupuesto autonómico?-, el amago de ruptura de la ficción del «seny» con una denuncia tan áspera como inmediatamente arrepentida y, last but not least, la bochornosa omertà complaciente con que la clase dirigente se ha aplicado a enterrar el escándalo para que no interrumpa lo que realmente le interesa: la redacción de un estatuto de nueva planta que consagre las diferencias de Cataluña. Una Cataluña en la que huele discretamente a podrido por mucho diseño con que se perfume su imagen de marca.

director@abc.es

Cataluña: El nacimiento de una Corrupnación
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 27 Febrero 2005

Cuando una parte sustancial de la clase dirigente de un país se propone subvertir el orden legal desde la raíz, que en el caso de Cataluña es el sistema constitucional español, no hay más mecanismos para evitar el autoritarismo y la corrupción, dos caras de la misma moneda, que los puramente morales de orden personal o ideológico, porque el sistema de garantías legales está maniatado si no muerto y porque, una vez legitimado el delito, es muy difícil, por no decir imposible, limitar sus efectos. El escándalo que se ha producido en el Parlamento de Cataluña tras la acusación de corrupción generalizada al Gobierno autónomo anterior, de CiU, por el Presidente de Gobierno actual, del PSC-ERC-ICV, no radica en la acusación en sí, ni siquiera en el delito mismo, sino en que la acusación fue retirada para “no hacer descarrilar la legislatura” llevando a los tribunales la denuncia por delinquir o por haber sido falsamente acusado del delito. Por encima del partidismo se ha impuesto lo que podríamos llamar el consenso corrupcional. Ya saben los catalanes que hay una instancia superior que permite robarles y que a esa instancia sus dirigentes le llaman Cataluña, sea en forma de Estatuto o de Independencia. No es de extrañar el escaso entusiasmo de la ciudadanía en Cataluña por la deriva separatista: saben que los dejará inermes ante los ladrones. Legales, patriotas, pero ladrones al fin.

El liberalismo parte de la desconfianza sobre lo que la especie humana es capaz de hacer con sus semejantes si puede disponer a su gusto de los mecanismos del Poder. De ahí el equilibrio de Poderes, los pesos y contrapesos, la vigilancia al Gobierno y la libertad de Prensa para buscarle las cosquillas. Pues bien, en ese sentido, pocos territorios, países, regiones o proyectos de Estado menos liberales que Cataluña. Desde hace casi un cuarto de siglo, es decir, desde que llegó Pujol al Poder, el nacionalismo catalán en sus diversas variantes ha usado y abusado del Poder, ha vulnerado la Constitución y el Estatuto de Autonomía que de ella deriva, ha usurpado funciones que no le correspondían y, como consecuencia de todo ello, ha atropellado deliberada y sistemáticamente los derechos individuales de millones de ciudadanos españoles nacidos o habitantes de Cataluña en nombre de una supuesta “liberación nacional” o de una “construcción nacional” que no es sino la liquidación del Estado Español y de toda referencia nacional española para erigir en su lugar, por vía de los hechos consumados, un Estado Catalán donde el nacionalismo antiespañol sea la única ideología legal y real.

Conviene aclarar que la denuncia de Maragall no ha sido tan irreflexiva ni tan frívola como ahora se dice. La prueba es que el argumento de ese 3% de cualquier obra pública que, según el líder del PSC, se habría llevado CiU durante décadas había sido avanzado ese mismo día en el editorial de “El Periódico de Catalunya”, órgano oficioso del Tripartito. Si Maragall se calentó en el debate o sirvió una comida recalentada nunca lo sabremos. Lo cierto es que era el punto clave del argumentario de la Izquierda contra la Derecha, nacionalistas radicales ambas pero radicalmente enfrentadas por el Poder, que afrontaban con el hundimiento del Carmelo algo más que una crisis urbanística. Habrá habido apresuramiento, pero no improvisación. Es como si Zapatero acusara de algo al PP tras publicar esa misma mañana un editorial “El País” en el mismo sentido. Torpeza, quizás; aventura intelectual, ninguna. De hecho, ya no se habla del Carmelo sino de la crisis política en Cataluña. ¿Quién dijo que el patriotismo puede ser el último refugio de los bribones? El Doctor Johnson, no el Doctor Robert. Como todo vale contra España y llevan tanto tiempo viviendo de esa doctrina, los nacionalistas catalanes han llegado a la conclusión práctica de que, sencillamente, todo vale. Y, en rigor, así es. Parodiando a Griffith podríamos decir que asistimos al nacimiento de una corrupnación

Los no nacionalistas se exilian, los nacionalistas se solidarizan con ETA
Editorial El Mundo 27 Febrero 2005

El lehendakari Juan José Ibarretxe dijo en el Congreso de los Diputados que vascos son todos los que viven en el País Vasco, sean nacidos en Barakaldo o en Murcia. Le faltó decir que 383.000 vascos no han podido ni podrán ejercer sus derechos porque han tenido que abandonar su país «por la presión del terrorismo, ejercido por ETA, y del nacionalismo impuesto con la utilización desleal de todos los resortes del poder autonómico», según el manifiesto hecho público ayer por el Foro de Ermua.

Esos cientos de miles de vascos que han tenido que abandonar su tierra estuvieron representados en Madrid por periodistas, intelectuales, empresarios y familiares de víctimas, que han creado la llamada «diáspora vasca democrática» para denunciar la política nacionalista.

«Cuando Ibarretxe hace un llamamiento a que la sociedad se pronuncie sobre sus proyectos, lo hace con la plena conciencia de que muchos vascos, los del exilio democrático. no van a tener ninguna oportunidad de pronunciarse», afirmó Mikel Buesa, vicepresidente del Foro.

El diagnóstico es tan crudo como certero porque el nacionalismo ha ido calando como una lluvia fina en la sociedad vasca desde 1979 gracias a la hegemonía política del PNV, que ha gobernado desde entonces. Ese nacionalismo se ha comportado de forma sectaria y etnicista, tolerando cuando no estimulando la coacción criminal de ETA y empujando a dejar el País Vasco a quien no compartía sus ideales.

Muchos se han ido porque no podían respirar ese ambiente -más de 100.000 personas desde que gobierna Ibarretxe, según el Foro de Ermua- y otros han acabado en la tumba como el dirigente socialista Enrique Casas, asesinado en 1984.

En un homenaje en el cementerio de San Sebastián, su viuda se lamentó ayer de que el Gobierno vasco haya decidido enviar observadores al juicio contra dirigentes de Jarrai en la Audiencia Nacional «cuando en 21 años jamás un representante oficial ha venido a acompañar a las víctimas en los juicios de los asesinos de sus seres queridos».

Esos vascos a los que se niegan sus derechos se tienen que reunir en Madrid o en un cementerio, mientras miles de nacionalistas salían ayer a la calle en Bilbao para protestar por los juicios contra Jarrai y otras organizaciones vinculadas a Batasuna. La manifestación estaba promovida por la ilegalizada Batasuna, pero EA, miembro del Gobierno tripartito, se sumó a la convocatoria.Arzalluz y Egibar no asistieron al acto de ayer, pero sí respaldaron previamente la protesta.

Ello refleja la ambigua actitud de los dirigentes del PNV hacia Batasuna, el brazo político de ETA, formación con la que comparten objetivos y a la que también quieren fagocitar su electorado. Ningún cambio será posible si el PNV y su socios vuelven a ganar las elecciones, por lo que es necesaria una movilización de todos los sectores no nacionalistas para frenar los planes de Ibarretxe.Ayer, en Madrid y en Bilbao, pudimos constatar las consecuencias de su nefasta política.

RIÑA EN EL OASIS
Por ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 27 Febrero 2005

No pude ver por televisión a Maragall y compañía durante el debate autonómico a propósito del Carmelo. Lo lamento, porque hay cosas que sólo se entienden hasta el fondo, sólo se atrapan del todo, por medio de los ojos y los oídos. Sea como fuere, lo que nos ha llegado a través de la prensa es impresionante. Apretado por el escandalazo del Carmelo, el President desplazó responsabilidades y se refirió al 3% de comisión ilegal que debían apoquinar los contratistas a CiU. Mas replicó que boicotearía el Estatuto si Maragall no rectificaba. Y Maragall rectificó. Jornada bochornosa, tristísima, para Cataluña.

Desde la perspectiva del nacionalismo catalán, el Estatuto en ciernes equivale a una Constitución. A una puesta de largo de las libertades catalanas. Ello ha conducido a más de uno a establecer analogías retóricas con la Constitución americana, y cosas por el estilo. ¿Imaginamos a George Washington y Thomas Jefferson haciendo almoneda de la Constitución por un asunto de dinero o prevaricación administrativa? Me parece que no. Algo anda mal en Cataluña. Y no de repente, sino desde hace muchos años.

Lo que anda mal en Cataluña no es la sociedad civil, por muchos conceptos admirable, sino la política. La política ha sido en todas partes y en todo momento, lo mismo en Suiza que en el Paraguay, la lucha por el poder. En los regímenes despóticos, ésta se salda con muertes o cooptaciones sigilosas. En las democracias, la ceremonia cruenta se ritualiza y ya no hay cadáveres, sino bajas en el proceso electoral. Al tiempo, se sujeta a los poderosos activando el mecanismo de la responsabilidad pública. Ser públicamente responsable, equivale a someter la propia conducta a una serie de controles. El que no supera los controles, esto es, el que miente, engaña o roba, se tiene que ir.

Por supuesto, el aparato judicial integra un factor imprescindible de la supervisión democrática. Pero no el único ni, si me apuran, el principal. En materia judicial, se es inocente mientras no se haya demostrado lo contrario. En materia política, puede que se sea culpable en tanto no se pueda acreditar que se es inocente. La percepción final de culpabilidad o inocencia se produce por acumulación de percepciones parciales, propiciadas por una prensa libre o por los avatares del juego partidario. Existe siempre el riesgo, claro es, de que el proceso se desmande. Si la prensa es sectaria y falaz, o los partidos subordinan la verdad palmaria a sus tácticas a corto plazo, será inhacedero dar un paso sin que estalle una mina enterrada en el suelo.

La vida política, con todo, no estará a la altura que exige una democracia si no se admite un grado considerable de discrepancia y energía crítica. La democracia, incluso la democracia bien llevada, parecerá por definición una jaula de grillos al nostálgico de las dictaduras o de los regímenes autoritarios.

Es esta pugnacidad dentro de límites razonables, es esta capacidad para mantener el equilibrio sobre un suelo en movimiento, lo que se ha echado en falta en Cataluña desde que empezó la democracia. El sesgo oligárquico de la política en Cataluña ha sido anormalmente pronunciado. Ello se explica por razones varias. Obviamente, la larguísima hegemonía convergente. Pero hay otras circunstancias agravantes.

Quizá, la conciencia histórica de constituir una comunidad distinta, entorpecida o como neutralizada por un enemigo exterior: Madrid. En habiendo un enemigo exterior, ya se sabe, es siempre cuestión de lavar los trapos sucios en casa. Y también ha intervenido decisivamente la naturaleza bifronte del PSC. El voto socialista procede de los inmigrantes de primera o segunda generación, pero la cúpula se nutre de burgueses nacionalistas o criptonacionalistas. Ello ha suavizado tensiones civiles.

En el contexto ya preterido de la lucha de clases, lo natural habría sido que el socialismo catalán reivindicara los derechos del inmigrante frente a los intereses de los estratos oriundos y propietarios. Lo que al cabo sucedió, fue una sublimación del enfrentamiento a través de un pannacionalismo transversal. Con costes, claro está. La masa latente y sin voz política de los inmigrantes se convirtió en el gran secreto de familia catalán. La omertá partidaria velaba, y a la vez ignoraba, la sociología real de la región. En este escenario, la libertad política ha estado sometida a condicionantes estrictos.

Se ha disfrazado la situación enojosa hablando del oasis catalán. Por las trazas, semejaba que hubiese un gen de civilidad y tolerancia que había beneficiado a los catalanes en la misma medida que escaseaba en Castilla o, muy especialmente, en el rincón vascongado.

La propia Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), durante el debate del plan Ibarreche en el Congreso, contrastó la discordia vasca con la unanimidad catalana. El jueves, penetró un soplo de aire polar en este clima idílico. El pasteleo sistemático se paga. La connivencia sistemática genera opacidad, y la opacidad crea espacios recónditos e incompatibles a la larga con la higiene democrática.

PROYECTO Y MAYORÍA
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 27 Febrero 2005

MARIANO Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero, quizás sin darse cuenta, tienen un futuro común, entrelazado y asimétrico, que depende, básicamente, del antagonismo formal entre el PP y el PSOE. Es una consecuencia inevitable del bipartidismo fáctico al que nos ha llevado la muy chapucera norma electoral vigente. La única grapa que mantiene encuadernados a los dos grandes partidos nacionales, lo que los cohesiona, es la incesante actividad centrífuga de los grupos periféricos nacionalistas, muy capaces de amplificar el ruido de sus demandas desde su evidente pequeñez relativa.

Cuando, va para un mes, los máximos líderes de los dos grandes partidos, reunidos en La Moncloa, pactaron una línea de acuerdos para, mediante una comisión mixta, coordinar y, supongo, moderar la política territorial, sonaron cantos de alabanza y sosiego desde la mayoría de los observatorios políticos al uso. Fue pólvora gastada en salvas. La presumible buena intención de Rajoy y Zapatero se ha ido debilitando al pasar por los filtros de sus respectivos aparatos partidistas, y la supuesta «comisión» mixta no encuentra, ni encontrará, un banco en el que sentarse. Bueno es que así sea para el mantenimiento del empleo en las calles de Génova y Ferraz, que no están los tiempos para bromas y no es prudente jugar con las cosas de comer. En nuestros días el oficio de los políticos es más determinante que sus convicciones, en el supuesto de que las tengan.

Si prescindimos de la nueva situación creada en Cataluña por Pasqual Maragall, que además de romper el Parlament traerá significativos efectos a la política nacional, más fácil tiene el PSOE contar -en lo que dure- con los apoyos del tripartito. En ello están. En reforzar los pactos bilaterales, uno a uno, con las distintas formaciones nacionalistas y/o separatistas. Claro que todo eso son fuegos de artificio, maniobras para el entretenimiento de incautos. La legislatura en curso ha iniciado, aunque lentamente, su cuenta atrás. La irresponsable provocación de Maragall es una espoleta de tiempo para la ruptura del tripartito, y sin la ayuda catalana, Zapatero pasará a ser lo que Álvaro de Laiglesia llamaba «un náufrago en la sopa».

Llegados a este punto del análisis, brota la pregunta clave: ¿eso es bueno o es malo para el conjunto ciudadano? No lo sé. La estabilidad es un gran valor cívico, germen de riqueza y catalizadora del sosiego; pero, ¿cuánto puede pagarse por ella, suponiendo que se trate de una mercancía negociable? El mosaico español que hoy contemplamos no es nada tranquilizador y cualquiera de sus diecisiete teselas -unas más que otras- puede desconcharse o romperse con facilidad. Eso sólo se arregla, además de con talento, con dos herramientas: proyecto político y mayoría parlamentaria. El Gobierno de Zapatero carece de las dos. ¿Hay alternativa posible? ¿Entienden los ciudadanos que la hay? Lo que no conviene olvidar es que las rémoras siempre le son fieles a los tiburones. Y viceversa.

PAREJA DE HECHO
Por Jaime CAMPMANY ABC 27 Febrero 2005

NUESTRO presidente Zapatero, que Dios guarde, ha abandonado la costumbre secreta de encontrarse de tapadillo y a cencerros tapados con su «cariño malo» Carod-Rovira, y se ha decidido a recibirle en La Moncloa a la luz del sol para que todos se enteren de sus amores, cada vez más encendidos, cada vez más apasionados.

Ahora, cuando todavía no se ha cumplido el año de su relación pecaminosa y «contra natura», Zapatero desea formalizar sus amores, comprometerse en la fidelidad mutua para toda la legislatura y precisar el intercambio de regalos entre la pareja. Hasta ahora, los encuentros de los dos amantes, el Zapaterito leré y el republicanito bonsái, eran acoplamientos ocasionales, «puntuales», como ahora se dice, y además se materializaban con el voto en el Congreso después de celebrar alguna ceremonia en la intimidad. Bueno, pues Zapatero se ha cansado del tapadillo, está harto de esconder sus arrebatados amores y quiere formar con Carod una verdadera «pareja de hecho».

Durante dos horas largas y gratificantes, los dos amantes han mantenido un «vis a vis» en La Moncloa. Ya se sabe que Carod-Rovira tiene y mantiene una irresistible vocación de visitante, y lo mismo se larga a Perpiñán a ver a Miguel Antza y a Josu Ternera, para tratar asuntos del terrorismo etarra, que acude a La Moncloa para charlar amigablemente con el presidente del Gobierno de España. Es un visitante polivalente y un conversador contradictorio. Como pareja, resulta bastante incómodo, porque es muy exigente; está siempre pidiendo, que no parece sino que le haya hecho la boca un fraile. Si Zapatero le diera todo lo que le pide, quedaría como presidente del Gobierno pero sin el objeto gobernable.

Mariano Rajoy, que no es ningún ingenuo, pero que a veces no le queda más remedio que simularlo, le ha preguntado a Zapatero cuál es el precio que le paga a Carod-Rovira por su apoyo parlamentario. No es que Zapatero sea muy listo, pero no será tan lerdo que se lo cuente a Rajoy. «A ti que te lo voy a contar, majo», le responderá por lo bajini. El precio lo iremos conociendo conforme se vaya pagando, pero ya podemos adivinar que será tan caro como la necesidad lo requiera. El Zapaterito leré dará al republicanito de pitiminí todo lo que haga falta para que el charnego reciclado siga apoyándole en el Congreso y donde haya necesidad de apoyo. Las capitulaciones matrimoniales de la «pareja de hecho» sólo las iremos conociendo a medida que se cumplan.

Conste que cuando yo hablo de «pareja de hecho», de amantes y de encuentros amorosos de tapadillo o a la descubierta, lo hago en sentido político. Dicen los ingleses y repite Manuel Fraga que la política hace «extraños compañeros de cama». Pues ahí tenemos a Zapatero y a Carod metiditos en el mismo catre y buscándose las cosquillas el uno al otro. Claro está que no hay motivo para que doña Sonsoles esté celosa. Porque esa relación, que tiene desde luego pecado y que además es «contra natura», no termina en escenas de película pornográfica. Se trata de una fornicación política. La que sí puede estar celosa es una dama llamada España, Dios la tenga de su mano.

CATALUÑA Y LA ENTELEQUIA DE LA «BALANZA FISCAL»
Por Luis Ignacio Parada ABC 27 Febrero 2005

«EL alma es al cuerpo lo que la función es al órgano; lo que la visión al ojo», explicaba Aristóteles. Se lo inventó para poder decir que «el alma es la primera entelequia del cuerpo físico que en potencia tiene vida». Por entelequia entendía la realización de toda la perfección que un ser puede alcanzar. O, lo que es lo mismo, el paso de la potencia al acto que realiza un ser, su plena realización. Pero todos entendemos por entelequia, como dice el Diccionario, algo irreal, como la invención, el cuento, el sueño, la utopía, la imaginación, lo opuesto en fin a la realidad. Y eso es lo que ocurre con la idea de «balanza fiscal», que algunos dirigentes catalanes manejan, probablemente sin saberlo, en el viejo sentido aristotélico y el resto de los españoles consideramos entelequia, fábula, mito, falsedad, quimera.

Carod-Rovira anunció ayer, tras reunirse con Zapatero, que el PSOE y ERC han acordado la constitución de un grupo de trabajo para buscar, en las próximas semanas, acuerdos parlamentarios de mayor alcance que los actuales. Lo más preocupante es que el líder republicano catalán dijo que había formulado al presidente el «clamor unánime» en Cataluña sobre las denominadas «balanzas fiscales» y que Zapatero tomó nota de dicha reclamación y aunque no se comprometió a ello tampoco se negó a que puedan publicarse en un futuro. Preocupante porque la «balanza fiscal», es decir lo que una comunidad autónoma aporta y recibe del Estado con su saldo positivo o negativo es una pura entelequia que el Gobierno no puede aceptar. El Impuesto sobre la Renta recae sobre las personas físicas en función de sus ingresos pero independientemente de la Comunidad en la que resida. Dar a ese impuesto un carácter territorial para que una Comunidad pueda reivindicar derechos es tanto como aceptar que el Estado tiene que pagar a la Autonomía un royalty, un peaje, una regalía, un vasallaje.

ZAPATERO, ERRE QUE ERRE CON ERC
Editorial ABC 27 Febrero 2005

ESTA vez con publicidad, el presidente del Gobierno se ha entrevistado de nuevo con Carod-Rovira en el Palacio de la Moncloa. En circunstancias normales, nadie debería extrañarse de ello si consideramos que se trata de los líderes de dos partidos que actúan como socios parlamentarios en las Cortes Generales y en el Parlamento de Cataluña. Es notorio, sin embargo, que estamos en presencia de una alianza extraña, que escapa a un análisis razonable de las coaliciones políticas. Esquerra Republicana se sitúa de forma expresa más allá del sistema constitucional vigente, tanto en lo que concierne a la forma de Gobierno como a la forma de Estado. Ha votado a favor del plan Ibarretxe, dejando claro que se queda corto para sus aspiraciones. Ha promovido el voto negativo en el referéndum sobre la Constitución europea (y pretende incluso rentabilizar el resultado), reconociendo que coarta su vocación independentista. En todo caso, no se puede acusar a Carod y los suyos de ambigüedad o de indefinición, lo cual es sin duda de agradecer en el confuso panorama de las opciones nacionalistas.

Zapatero persiste en el empeño de mantener y reforzar esta alianza imposible. La creación de un grupo de trabajo o comisión para buscar unas relaciones más estables demuestra que el Gobierno socialista es consciente de su posición precaria y está dispuesto a negociar cuestiones delicadas. Porque Esquerra tiene muy claro que su única ambición en esta legislatura es conseguir una reforma sustancial del Estatuto de Autonomía. De hecho, las pocas leyes que hasta ahora ha conseguido aprobar el Parlamento han sufrido una muy complicada tramitación, incluyendo un veto en el Senado al proyecto de ley de Presupuestos. Prisionero de sus propios objetivos, Zapatero se muestra contumaz en el deseo de reproducir a escala nacional el modelo del tripartito catalán. Haría bien, no obstante, en considerar otras opciones razonables, que podrían situarse en un pacto de Estado con el Partido Popular de cara al gran debate territorial que se avecina. La oferta de Rajoy sigue en pie, pero la tibia respuesta socialista (peor todavía ahora que se crean grupos de trabajo por todas partes) refleja que el Gobierno apuesta por el oportunismo en espera de las próximas elecciones autonómicas en el País Vasco y en Galicia. En cuanto a la posibilidad de acuerdo con Convergencia i Unió, es evidente que las puertas se han cerrado de forma brusca, aunque hace algún tiempo llegaron a estar al menos entreabiertas.

Si prosigue viento en popa el distanciamiento provocado por Pasqual Maragall en el Parlamento catalán, al acusar efímeramente de corrupción a los convergentes (que ya han anunciado querellas), la coalición nacionalista podría tomar nota y hacer valer su condición de bisagra en el Senado para tirar por tierra, una por una, todas las iniciativas legales que allí lleguen. Aunque luego el PSOE subsanara el rechazo en el Congreso, el ninguneo a la Cámara Alta tendría un efecto estética y éticamente devastador, sobre todo cuando uno de los objetivos de la legislatura declarados por el presidente del Gobierno era «dar relevancia al Senado». El lío en el que Maragall ha metido a Zapatero es un de tamaño estimable.

Sería triste, en cualquier caso, que la ruptura entre Convergencia i Unió y el Partido Socialista Catalán, así como la necesidad apremiante de Rodríguez Zapatero, conviertan a Esquerra Republicana en centro y eje de la política, no sólo en Cataluña, sino también en el conjunto de España. En manos del Gobierno socialista está la facultad de impedirlo.

CANTERA DEL TERROR
Editorial ABC 27 Febrero 2005

UN millar de miembros de Jarrai-Haika-Segi terminaron en las filas de ETA, bien en los «comandos» operativos o bien «echando una mano» en grupos de apoyo que dan cobertura a los pistoleros. Tal y como revela hoy ABC, algunos de los elementos de esta tristemente fértil cantera del terror llegaron incluso a la dirección de la banda, como Javier García Gaztelu, «Txapote», Irantxu Gallastegi o Mikel Zubimendi. La fuerza de los hechos, irrebatibles ante las dimensiones de este trasvase de fuerzas, otorga más importancia si cabe al juicio que se sigue en la Audiencia Nacional contra una treintena de miembros de esa trama juvenil, acusados de integración en banda armada y de la comisión de otros delitos. No se juzga penalmente a ninguna organización, sino a personas que la integran y contra las que la Fiscalía y el Juzgado instructor hallaron sólidas pruebas para sentar en el banquillo de los acusados.

La implicación de este colectivo juvenil en la actividad criminal general de la banda ha sido profusa y hasta abrumadora en algunas especialidades delictivas como, por ejemplo, el terrorismo callejero. Pese a ello, la indecente simplificación de «los chicos de la gasolina» elaborada por Xabier Arzalluz ha creado doctrina en las filas del nacionalismo y superado la feliz jubilación política de su lamentable autor. Ayer, en Bilbao, representantes del PNV apoyaron la concentración abertzale contra el mencionado proceso judicial. Pero apoyaron algo más: dieron respaldo a la siniestra cantera donde se han forjado cientos de asesinos y que ahora los tribunales comienzan a clausurar.

¿Ha sido un éxito del Gobierno el resultado del referéndum? NO

Zapatero, un presidente más accidental cada día
Por Encarnación Valenzuela El Mundo 27 Febrero 2005

José Luis Rodríguez Zapatero es sin duda la persona del mundo mundial que menos comparte el calificativo que le endosó el prestigioso The Wall Street Journal al poco de llegar al poder, el de «presidente accidental», convencido como parece estar de que su llegada a La Moncloa se debió en mucha medida a sus propuestas renovadoras junto al fracaso del Gobierno de Aznar y prácticamente nada a los atentados del 11-M. No había más que verle la noche del pasado domingo cuando se atribuyó «el éxito» (sic) en el referéndum sobre la Constitución europea, en un discurso plagados de yos y mis que iba mucho más allá del tradicional empeño de todos los partidos políticos por declararse vencedores de todas las consultas populares, incluso de las que les proporcionan un estruendoso revolcón. Pero con los datos del referéndum en la mano no hay optimista antropológico que pueda certificar que, cuando se acerca el primer aniversario de la masacre de Atocha, Zapatero no es otra cosa que un presidente cada día más accidental, que en estos 12 meses ha ido dilapidando el caudal de entusiasmo que recibió, a modo de masiva participación de millones de ciudadanos conmovidos tres días después de los terribles atentados.

No es que los datos del referéndum demuestren que las tesis del Gobierno perdieran masivamente, porque ese no es el caso.Con un 76% de votos para el sí, quienes lo propusieron pueden presumir de haber conseguido su objetivo, como pueden recurrir a media docena de razones para justificar la abstención más alta en una consulta de carácter nacional de la democracia española.Pero es que ese no es el caso. Zapatero decidió hace muchos meses convocar este referéndum para certificar en las urnas su popularidad al año de haber ganado las elecciones generales. Europa era el pretexto para un plebiscito que ha fracasado porque la mayoría de los españoles, incluso la mayoría de quienes hace 12 meses le votaron, pasan a día de hoy de él.

La alta abstención de la consulta del pasado domingo confirma, de hecho, la tendencia que ya se manifestó en las elecciones europeas del verano pasado, cuando el PSOE sólo obtuvo la ventaja de un eurodiputado sobre el PP tras únicamente dos meses en el poder. La excusa socialista de que los votantes estaban cansados de acudir a las urnas se dio entonces por válida. Hoy otra consulta popular más plantea el interrogante de cuál es la base sobre la que se asentó el viaje de Zapatero que concluyó en La Moncloa.¿Sobre un entusiasmo por un proyecto político que se había empezado a erosionar dos meses más tarde y un año después parece haberse evaporado? ¿O sobre un calentón de una parte importante del electorado que sólo fue a votar bajo el impacto del 11-M? Los resultados del referéndum encajan mucho mejor con la segunda interrogante que con la primera.

No es de extrañar. Solamente en la semana transcurrida desde el referéndum hasta hoy hemos visto a Zapatero bascular entre acudir de la mano del PP pidiendo el sí para la Constitución Europea hasta reunirse con Carod Rovira para fortalecer el apoyo parlamentario que le presta ERC, que ya es viaje político para tan sólo siete días, a lo que hay que añadir que en este escaso período de tiempo la política exterior de ZP ha fluctuado entre buscar con ahínco la mano de Bush para que Moratinos declare que su relación con el Gobierno norteamericano es «privilegiada» hasta el anuncio de un nuevo viaje a Venezuela para abrazarse de nuevo a quien parece ser su único aliado sólido allende nuestras fronteras: el dictador caudillista y declarado antiyanqui Hugo Chávez. Demasiado vaivén para cualquier experto en comunicación que pretenda dedicar a Zapatero a conquistar a todo el electorado al mismo tiempo, y eso sin contar con el último esperpento protagonizado por Maragall, empeñado en resucitar el fantasma de la corrupción política. Si se mira bien, y aunque él no haya caído en ello, al menos todavía, la satisfacción mostrada por el presidente del Gobierno cuando conoció el resultado del referéndum debió de responder al agradecimiento de que a día de hoy cuatro de diez españoles vayan a votar lo que él les ha propuesto.

Encarnación Valenzuela es periodista, y dirige y presenta el debate diario Alto y claro en Telemadrid.

La paz y sus riesgos
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 27 Febrero 2005

La imagen del pirómano convertido en bombero no es nada original. Pero resulta casi forzoso recurrir a ella para describir una situación en la que el presidente del Gobierno reprocha a la oposición del Partido Popular alimentar un clima de duda sobre las intenciones de aproximación hacia ese mundo encabezado por la banda que se han podido detectar en los planes del Ejecutivo.

Crónicas detalladas de periodistas solventes en medios próximos al Gobierno han venido dando cuenta las expectativas que éste albergaba en torno a una eventual negociación. Se nos informaba, a partir de fuentes oficiales, de la inminencia de un declaración de abandono de las armas por parte de la banda terrorista. Se explicaba cómo ETA estaría dispuesta a «delegar» la negociación de las cuestiones políticas en Batasuna, en tanto que los pistoleros asumirían la negociación sobre presos y «desmilitarización». Los mismos mensajes eran extendidos entre los corresponsales extranjeros. Declaraciones de dirigentes socialistas abundaban en las posibilidades de esta situación que, por supuesto, constituía un nuevo escenario, posibilidades que, a medio plazo, incluían combinaciones trasversales de gobierno en el País Vasco lideradas por los socialistas, es decir, incluyentes de Batasuna para plasmar esa obsesión por la 'vía catalana' que se ha impuesto como paradigma entre la dirección de los socialistas vascos.

El propio presidente Rodríguez Zapatero en San Sebastián se esmeraba en cuidar la coreografía de la respuesta a la carta de Otegi en la que éste le animaba a convertirse en el Tony Blair español, ese «gili...... integral -Bono dixit- que mantiene suspendida la modesta autonomía de Ulster ante el incumplimiento por parte del IRA de sus compromisos de desarme. Casualmente los gobiernos británico e irlandés acaban de acusar a esta banda de uno de los robos del siglo del que estaba al corriente la dirección de Sinn Fein, aunque la imputación no empañe la fascinación que Gerry Adams suscita por estos pagos entre los que confunden al líder de una organización terrorista y de su brazo político con un activista de los derechos humanos.

Por si hubiera alguna duda, mientras ETA exigía cadáveres a sus terroristas, mientras la bestia reclamaba su tributo de sangre, el presidente del Gobierno reiteraba su decisión de «arriesgar por la paz». No consta que tal determinación fuera la respuesta al requiebro de Pernando Barrena elevando a Rodríguez Zapatero a la categoría de referencia internacional. Viniendo de quien viene, el elogio puede ser ilustrativo de los andurriales por los que discurre nuestra política exterior. Pero eso no hace al caso. Lo significativo es que cuando al presidente se le preguntó qué significaba eso de 'arriesgar por la paz', su respuesta fue el reflejo de la vacuidad de la afirmación previa, la mejor denuncia de la retórica hueca de ese adorno.

Dicen que Rodríguez Zapatero acusa ya la tentación del 'adanismo', la pretensión de inaugurar la Historia que se describe como un mal asociado a la presidencia del Gobierno. La explicación no es exacta porque, al margen de las especulaciones sobre los síndromes psicológicos que acompañan al poder, habría que distinguir entre las políticas auténticamente innovadoras y eficaces y otras que, bajo la apariencia de virtud, de generosidad o de audacia, no son más que la reedición de lo más viejo y desacreditado que ha sufrido la lucha contra el terrorismo. La retórica de Rodríguez Zapatero se incluye en esta segunda categoría.

En el Partido Socialista sobran los militantes y cargos públicos que podrán explicar al presidente que eso de arriesgar por la paz forma parte de los varios sarcasmos en los que cristaliza el cinismo, el reblandecimiento moral y la ceguera política que ha atenazado la lucha contra el terrorismo. Otros siguen también activos en la política vasca, como la acusación de inmovilismo que Ibarretxe utiliza cuando exige diálogo a la oposición a la que 'Txeroki' quiere asesinar precisamente por expresar sus opiniones. O el del puente entre nacionalistas y no nacionalistas que Madrazo reclama para sí. O ese otro, de cuño catalán, que convertía a Lluch de víctima en suicida al asegurar que el ex ministro habría dialogado con sus asesinos, cuando lo que intentó, desgraciadamente sin éxito, fue escapar de los que iban a matarle.

Porque, de la misma manera que los que exigen diálogo son los que nunca están realmente dispuestos a dialogar, y menos a ceder, los que habitualmente abogan por arriesgar en aras de la paz son los que más seguros pueden sentirse; aquéllos que sólo entran en contacto con el horror del terrorismo y con la terrible vivencia de sus víctimas cuando sus deberes institucionales -y a pesar de su habitual cicatería a la hora de dejarse ver en una compañía que les resulta incómoda- les llevan a un funeral o un homenaje. Con el margen necesario para las excepciones, a éstos que ejercen de capitán Araña no sólo hay que preguntarles qué es lo que habría que poner en riesgo -eso significa arriesgar- y cuál es el riesgo que ellos mismos corren. Habría que recordarles quiénes son los únicos que siguen dispuestos a arriesgar por la paz que en democracia significa asumir riesgos reales por la ley, el disfrute pacífico de la libertades y la vigencia del Estado de Derecho.

Salir de ese enmarañado jardín parece haber requerido que el presidente recurriera a la gestión que el anterior Gobierno hizo de la tregua declarada por ETA en septiembre de 1998. Excluida la ignorancia o la mala fe en un asunto de esta naturaleza, sólo queda atribuir las alusiones de Rodríguez Zapatero al apremio por justificar su innecesario resbalón. El presidente sabe que nada se negoció en Suiza, como seguramente recordará que ese encuentro se produjo casi nueve meses después del anuncio de ETA en el que no medió contacto, expectativa ni oferta previa alguna por parte del Gobierno del momento. Aznar habló del MLNV, no lo bautizó ,y convendría no olvidar que lo hizo, precisamente, en una conferencia de prensa en la que informaba a los ciudadanos de lo que el Gobierno iba a hacer, con amplio acuerdo, por cierto. Hay que tomar con precaución esos razonamientos de los que, a partir de la premisa de que todos los humanos son mortales, comprueban que los caballos también son mortales y llegan a la conclusión de que, entonces, los caballos son humanos.

Sería mucho más recomendable que en vez de mirar al pasado para alimentar discursos oportunistas o buscar espacio para el regate corto, lo contempláramos en lo que tiene de aleccionador.

Uno tiene la impresión de que tanta disposición a asumir riesgos ni la reclama la sociedad española ni encuentra explicación salvo en el vértigo revisionista de los que parecen guiarse por la obcecada descalificación del pasado por encima de la determinación y la unidad que exige el futuro. El nuestro, no el de los terroristas.

El Foro Ermua llama a los 380.000 exiliados vascos a rebelarse contra el régimen de «terror» de Ibarreche
Denuncia que se ha producido una «grave alteración del censo electoral» por «procedimientos terroristas y coactivos»
«En Euskadi no estamos todos». El lema del Foro Ermua denuncia, como hicieron ayer sus representantes, el exilio al que miles de vascos se han visto obligados por el «estado de excepción nacionalista», la «solapada discriminación ideológica y etnocultural» y el «apartheid». El colectivo denunció ayer en Madrid que 383.700 personas han dejado el País Vasco por las presiones no sólo de la banda terrorista ETA sino también del nacionalismo, y que 119.000 de ellas lo han hecho desde que Juan José Ibarreche alcanzara el poder en la comunidad autónoma en 1998. Al lendakari le recordaron que «sin libertad es imposible conocer cuál es la voluntad de los ciudadanos», y reclamaron el derecho de los exiliados a opinar.
Diego Mazón La Razón 27 Febrero 2005

Madrid- En medio de la tormenta política vasca, con la imagen aún en la retina del lendakari en el Congreso de los Diputados explicando su plan secesionista, las elecciones del 17 de abril en el horizonte y más allá la amenaza del referéndum promovido por el nacionalismo vasco, el Foro Ermua se irguió ayer para convertirse en el portavoz de los miles de exiliados vascos que siguen desde todos los puntos de España la evolución de los acontecimientos en su tierra natal, ahuyentados por el terrorismo y vilipendiados por el nacionalismo, y que reclaman su sitio y su reconocimiento.

383.700.
Ese es el número de personas que se han visto obligadas a abandonar el País Vasco por el acoso del terrorismo y el «apartheid» del nacionalismo. 119.000, el de los que lo han hecho bajo el mandato de Juan José Ibarreche.

Sobre esta base y bajo el lema «En Euskadi no estamos todos», el colectivo realizaba ayer una durísima crítica a la situación de la comunidad autónoma vasca y a las responsabilidades del «nacionalismo obligatorio» en la «diáspora democrática». Con un contundente manifiesto, el Foro Ermua denunciaba la asfixia que los no nacionalistas sufren «por la situación de falta de libertad e impunidad legal que ha propiciado el nacionalismo en el poder», que asimismo «ha pervertido el sistema democrático hasta crearse, gracias a sus fisuras legales, un “estado de excepción nacionalista”, un “régimen político” de terror difícil de ser superado en las urnas por su propia naturaleza alegal e intimidatoria».

Mensajes a Ibarreche.
Apelar en estas circunstancias de «estigmatización política y social», de «clientelismo, nepotismo y todas las formas de corrupción apoyadas directa o indirectamente en el terrorismo» a la voluntad de los vascos «para la sustitución del Estatuto de Autonomía de Guernica por una carta de secesión», es, según denuncian, «ilegítimo, antidemocrático e inmoral». Con esta premisa quieren recordar a Ibarreche que «sin libertad es imposible conocer cuál es la voluntad de los ciudadanos», voluntad que «es también la de todos los que hemos sido empujados a marcharnos y constituimos la Euskadi peregrina».

Con representantes como Fernando Savater, Mikel Buesa, Mikel Azurmendi, Jaime Larrínaga, José María Calleja y el apoyo de otros muchos como Loyola de Palacio o Ana María Vidal Abarca, el Foro Ermua endurecía las críticas al Gobierno vasco y los nacionalistas. A ambos achacaba haberse preocupado «hasta la obscenidad de los presos terroristas que no cumplen condena en el País Vasco» y a la vez, de no haber hecho nada por los que han tenido que huir. Y no sólo eso critican, sino que también «han aprovechado para ocupar totalitariamente la sociedad vasca» y han sacado rentabilidad electoral de una situación «insufrible».

Por eso consideran que «el censo electoral vasco ha sido gravemente alterado por procedimientos terroristas y coactivos, lo que afecta de raíz a todo el proceso político». Y por la misma razón se oponen «a cualquier reforma del Estatuto de Guernica que no esté consensuada por todos los partidos democráticos».

Para concluir, y antes de animar a todos los exiliados a unirse con el Foro Ermua en «la lucha por la dignidad, la libertad y la democracia», el colectivo señalaba que el problema en el País Vasco «no se queda sólo en el terrorismo sino que llega a la solapada discriminación ideológica y etnocultural en todos los ámbitos de la vida diaria, así como al “apartheid” expresamente lingüístico en el funcionariado docente condenado a engrosar el éxodo vasco en estos últimos años».

Miedo y asco.
Tras la lectura del manifiesto por parte de Mikel Azurmendi, tomaron la palabra varios de los presentes. El periodista José María Calleja denunció que «el Gobierno del lunático Ibarreche está dispuesto a traer a las cárceles vascas a los presos y a expulsar a los que tienen que vivir con escolta; está dispuesto a entronizar a los asesinos y a insultar a las víctimas». El filósofo Fernando Savater por su parte resumió en dos las razones que esas más de 380.000 personas han tenido para abandonar el País Vasco: miedo y asco. El primero, concluyó, ha moldeado la sociedad, por lo que argumentó que aunque ETA deje las armas, se necesitaría un período para que se rompiera el molde actual y volviera a «naturalizarse lo natural». Tras criticar que «todos los homenajes del Gobierno vasco van para los que se quedan y pagan», y denunciar que «los ciudadanos vascos que apoyaron en las urnas al Gobierno de Ibarreche también tienen mucha responsabilidad en la situación de falta de libertad del País vasco», el filósofo ironizó con que «si la gente sigue yéndose, el lendakari va a hacer el referéndum a mano alzada».

Mil activistas de Jarrai han pasado a las filas de ETA en los últimos 15 años
D. MARTÍNEZ / J. PAGOLA ABC  27 Febrero 2005

MADRID. Alrededor de mil militantes de Jarrai-Haika-Segi han accedido después a la ETA de los «comandos» o a sus grupos de apoyo para asumir diferentes niveles de responsabilidad, desde cabecillas: Javier García Gaztelu, «Txapote»; Mikel Zubimendi; Ibón Fernández Iradi, «Susper»..., hasta colaboradores: Joseba Camio, Oskarbi Jáuregi..., pasando por una interminable lista de pistoleros: Felipe San Epifanio, Jorge González Endemaño, Fernando del Olmo, David Pla...

Resulta lógico que esta trama juvenil no encuentre militantes «limpios» ni entre los testigos llamados por la defensa para sostener su desvinculación con ETA en el juicio que se sigue en la Audiencia Nacional. Uno de ellos, Jon Salaberría, fue detenido en agosto de 1995 como coordinador de la «kale borroka» en Guipúzcoa. Otro de los testigos de la defensa, Joseba Camio, fue condenado por colaboración con ETA. Tampoco están «limpios», lógicamente, los testigos del fiscal. Es el caso de Imanol Iparragirre, que también fue arrestado con la acusación de coordinar el terrorismo callejero.

Primera prueba: la cantera
Informes de los diferentes Servicios de Información de las Fuerzas de Seguridad del Estado cifran en alrededor de un millar el número de «jarraitxus» que en los últimos quince años han accedido a la ETA de los «comandos» así como a sus grupos de apoyo, encargados de la «kale borroka».

Jon Salaberría declaraba esta semana que si Jarrai contara con 20.000 militantes y 2.000 de ellos se hubieran integrado en ETA, no se podría decir que la organización juvenil es cantera de la banda, porque habría 18.000 que no habrían tomado las armas. La réplica es fácil: Lezama (Vizcaya) está considerada como la mejor cantera de España, después de Zubieta (Guipúzcoa), y no todos los aspirantes a futbolistas que se han entrenado en esas instalaciones vizcaínas han pasado al Athletic de Bilbao, que a veces necesita fichar figuras de la Real Sociedad.

De los cerca de 500 activistas de Jarrai-Haika-Segi que han dado el salto a la ETA de los «comandos» hay un significativo número que lo ha hecho para dirigir la banda. Es el caso de Javier García Gaztelu, «Txapote»; Irantxu Gallastegi; Asier Oyarzábal, «Baltza»; Mikel Zubimendi -que cuando era diputado de HB echó cal viva sobre el escaño de Ramón Jáuregui y golpeó con un «egin» a Carlos Iturgaiz-; Ibón Fernández Iradi, «Susper», Gorka Palacios Alday...

Otros muchos se convirtieron en pistoleros de «comandos». Entre los integrantes del «Buruntza» había, al menos, otros tres activistas de Jarrai, Luis María Carrasco, Ibón Etxezarreta y Oskarbi Jáuregi. El responsable de relaciones internacionales de la trama juvenil, Jorge González Endemaño, asesinó a un policía e hirió de gravedad a otro. Felipe San Epifanio dirigió el «impuesto revolucionario» y formó parte del «comando Barcelona». El «jarraitxu» Fernando del Olmo se integró, con Urrusolo Sistiaga, en el «comando Ekaitz». El ex portavoz de Jarrai David Plá formó parte de un «talde» que planeaba asesinar al entonces alcalde de Zaragoza. Carlos García Preciado estuvo en el «Vizcaya»...

Tampoco faltan los ejemplos de «jarraitxus» que han colaborado con la ETA de los «comandos». Es el caso del que fue portavoz Joseba Camio, que cumplió condena por alojar en su casa a pistoleros del «Nafarroa».

A ello hay que sumar los aproximadamente 500 activistas de Jarrai detenidos por integrar grupos de apoyo a ETA encargados de llevar a cabo la estrategia de la «kale borroka».

Segunda prueba: la financiación
En un «zulo» de la fábrica Sokoa, en Hendaya, donde ETA ocultaba su «contabilidad», la Policía francesa encontró datos sobre la financiación de la banda a sus tramas políticas. En el escrito de acusación, el fiscal del juicio que se sigue en la Audiencia Nacional contra la trama juvenil se hace eco de una partida de dinero que destinó la banda a Jarrai y cuyo documento aporta ABC. Se trata de un presupuesto mensual que incluía sueldos de 160.000 pesetas a cuatro «jarraitxus» que trabajaban como «liberados», así como de 120.000 pesetas a otros tres captados después. Para la infraestructura de la organización juvenil, que incluía «pufos», material interno y propaganda, ETA destinaba 120.000 pesetas. Asímismo, había una partida de 700.000 pesetas para la adquisición de un coche. En resumen, se indicaba: «gasto mensual: 400.000 pesetas»; «una entrega fija: 700.000 pesetas».

Tercera prueba: las amenazas
Portavoces de Jarrai como Ana Lizarralde, David Plá, Joseba Camio o Mikel Zubimendi se han prodigado en amenazas a funcionarios de prisiones, ertzainas, políticos o periodistas, con advertencias como «donde las dan, las toman»; «si quieren guerra, la van a tener» o «la juventud no está en tregua». En enero de 1999, Jarrai envió cartas a varios concejales del PP del País Vasco con la amenaza: «Hoy más que nunca estás en nuestro punto de mira». Por otra parte, en abril de 1998 esta organización juvenil «tomó» el pueblo de Oyarzun para realizar una «akampada» de jóvenes. Durante varios días algunos de los asistentes extorsionaron a comerciantes y hosteleros del municipio. Tras la denuncia, el portavoz Plá aseguró que «por encima de los perros con pistolas» se volverían a reunir al año siguiente.

Cuarta prueba: la devoción por ETA
El 1 de septiembre de 2000, el portavoz de Haika, Igor Suberbiola, declaraba al periódico alemán «Die Welt» que «las acciones de ETA son la respuesta a la violencia estructural del Estado» y que «ETA crea las condiciones marco para la implantación democrática de nuestro derecho a la autodeterminación». Como remate, añadía que «es legítimo y comprensible que algunos se decidan por la lucha armada», en referencia a la incorporación de «jarraitxus» a la banda terrorista.

Quinta prueba: ETA como padrino
El 23 de abril de 2000, durante un mitin de Haika celebrado en la localidad vasco francesa de Cambo, se difundió un comunicado en el que la banda quería «dar ánimos a estos jóvenes que son los retoños del movimiento abertzale» y «luchan también por la independencia del País Vasco». El mensaje fue recibido con gritos de «gora ETA» mientras dos encapuchados exhibían una pancarta de la banda.

La diáspora denuncia un censo vasco mermado por ETA y el nacionalismo
B. TORQUEMADA ABC 27 Febrero 2005

MADRID. La convocatoria de ayer en la Casa de América fue sólo el comienzo. El manifiesto leído por el antropólogo Mikel Azurmendi en nombre de la Diáspora Democrática Vasca trasladó a los medios de comunicación la determinación de organizar un movimiento cívico frente a ese plan Ibarretxe que invoca una voluntad popular mermada y deformada tras la marcha forzosa de miles de ciudadanos.

Con las víctimas de ETA en primera línea de su declaración de intenciones, los convocantes denunciaron una vez más la perversión del Estado democrático en el País Vasco, convertido hoy en «un estado de excepción nacionalista». La estigmatización política y social de los no nacionalistas, la falta de libertad y la conculcación sistemática de su derecho a circular libremente por el territorio español fueron algunas de las cuestiones enumeradas con concisión y contundencia. Pero, sobre todo, ante las elecciones autonómicas y la anunciada «consulta popular» sobre el plan secesionista, el manifiesto hace hincapié en que «el censo electoral vasco ha sido gravemente alterado por procedimientos terroristas y coactivos, lo que afecta de raíz a todo el proceso político». Un dedo en la llaga de las palabras del lendakari cuando habla de «los vascos y las vascas». ¿Qué vascos y qué vascas? Desde luego, el auditorio, ayer, estaba a rebosar de muchos y muchas a quienes no se da vela en el pretendido entierro de España.

Entre los intervinientes, Ramón Martínez Arocena, guipuzcoano con plaza de aparejador por oposición en el Ayuntamiento de Rentería, quien tuvo que dejar el pueblo por no plegarse a entregar cinco millones de pesetas a los extorsionadores etarras. Habló también el periodista José María Calleja de cómo los medios aventan los atentados pero no el goteo de exilios forzosos, que continúa.

El profesor Joaquín de Paúl explicó que tuvo que dejar de ser decano en la Universidad del País Vasco por limitarse a ejercer su función con transparencia y no regalar el aprobado a etarras que no se presentaban a los exámenes. Jorge Knopf, que fue concejal del PP en Zarauz, expuso cómo aguantó en el cargo hasta que, tras el asesinato de su compañero y amigo José Ignacio Iruretagoyena, los etarras estuvieron a punto de volar el cementerio de la localidad con quienes honraban al difunto dentro. Fernando Savater recordó en qué punto nos hallamos: «Cualquier elección en el País Vasco es a la iraquí. Se mata a la oposición y se le impide la normal celebración de sus actos». Mikel Buesa, sentado junto a la viuda de Fernando Múgica, Mapi de las Heras, confió en que el referéndum no se llegue a celebrar: «Sería una ilegalidad». Detrás se dejó ver la ex ministra Loyola de Palacio. Por último, el profesor Carlos Fernández Casadevante expresó a ABC un deseo: «Que los exiliados sigan empadronados en su ciudad o su pueblo. Es la clave».

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