AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 2 Marzo 2005
600.000 VÍCTIMAS DEL NACIONALISMO
Carta de un Guipuzcoano 2 Marzo 2005

EL SERMÓN DE ZAPATERO
M. MARTÍN FERRAND ABC  2 Marzo 2005

ZP, el turista progre
Ignacio Villa Libertad Digital 2 Marzo 2005

Poder y opinión en la sociedad abierta
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 2 Marzo 2005

CRISIS DE UN PACTO QUE NUNCA EXISTIÓ
Editorial ABC 2 Marzo 2005

El rastro de Al Quaeda y las tramas superpuestas del 11-M
Editorial El Mundo 2 Marzo 2005

Envainola y nada hubo
José García Domínguez Libertad Digital 2 Marzo 2005

Cleptocracia y mafia
Isabel Durán Libertad Digital 2 Marzo 2005

ESOS DAÑOS COLATERALES
VALENTÍ PUIG ABC 2 Marzo 2005

La palabra envenenada
Alfonso Rojo ABC 2 Marzo 2005

Españolito en París
Fedérico Jiménez Losantos El Mundo 2 Marzo 2005

Despotismo ilustrado
Juan Francisco Martín Seco Estrella Digital  2 Marzo 2005

Zapatero en la Asamblea francesa
Pablo Sebastián Estrella Digital 2 Marzo 2005

La voz de la sociedad vasca
Joseba Arregi El Mundo 2 Marzo 2005

UN  GOBIERNO  OBSCENO
Cuadernos de pensamiento político Arcadi Espada 2 Marzo 2005

¿Inconcebible
Cartas al Director ABC 2 Marzo 2005

Desencuentro
Cartas al Director ABC 2 Marzo 2005

Lucha de clases en el País Vasco
MARTA FERNÁNDEZ VALLEJO BILBAO ABC  2 Marzo 2005

Zapatero ensalza en París las lenguas autonómicas mientras que Marín las destierra del Congreso
Esther L. Palomera La Razón 2 Marzo 2005

Los historiadores denuncian el «ninguneo» de la palabra España
Goyo García Maestro La Razón 2 Marzo 2005
 

600.000 VÍCTIMAS DEL NACIONALISMO 
Carta de un Guipuzcoano 2 Marzo 2005

Estimad@ amig@:

Para entender y compartir la importancia de este escrito y, en consecuencia, para que atiendas nuestra petición de auxilio, tan sólo has de perder unos minutos de tu tiempo y leer atentamente estas líneas. Después, si lo estimas razonable, te rogamos que colabores con nosotros en la medida de tus posibilidades. Tu apoyo, gracias al potencial de las nuevas tecnologías de la comunicación, además de sencillo de ejecución puede ser muy fructífero.

No importa que seas de izquierdas, de derechas o apolítico; cuando tratamos de este importante asunto, la defensa de la Libertad, todos navegamos en el mismo bergantín.
 
Desde hace veinticinco años, la Constitución española representa la máxima garantía de que tú y yo seamos libres e iguales en derechos y deberes.

Lamentablemente, este feliz lapso de tiempo, muy provechoso política y socialmente para nuestro país, no ha transcurrido del mismo modo en todos los rincones de España.

Algo tan fundamental y deseable como el respeto a los derechos constitucionales de las personas, el respeto a sus libertades, ha estado ausente en el País Vasco.

Existen aproximadamente 600.000 personas, vascos votantes constitucionalistas y con sentimiento de pertenencia a la patria común que es España, que padecen en distinta medida (dependiendo de cuánto quieran complicarse la vida implicándose en asuntos políticos o socioculturales) un brutal acoso del cual son directa o indirectamente responsables las autoridades autonómicas vascas, es decir, los partidos nacionalistas que han gobernado ininterrumpidamente desde la dictadura.

En los últimos 25 años, 380.000 vascos se han ido de su tierra. Es cierto que no todos ellos han sido empujados por la limpieza étnica "suavemente" ejercida por el nacionalismo (amenazas, incapacitación laboral, boicot), pero son muchos miles los que atestiguan que la vida en el País Vasco se les llegó a hacer insufrible, siendo esa la razón de que abandonaron su bella tierra natal o de acogida.

Además del acoso político y terrorista (asesinatos, amenazas, palizas, extorsiones, incendios provocados, explosiones), miles de personas han padecido un auténtico calvario en el ámbito lingüístico y cultural. Los nacionalistas han utilizado una de las dos lenguas autóctonas (el euskera) para expulsar de la enseñanza- y romperles la vida- a miles de buenos maestros que no han podido aprender una lengua arcaica y endiabladamente difícil. El mismo camino habrán de seguir los médicos, los dependientes de los comercios, etc.

Estas personas han sido tratadas como extranjeros en su propia tierra.

Los nacionalistas han logrado impedir el acceso al empleo público a más de la mitad de la población vasca por el mismo motivo, por la cuestión lingüística. Los nacionalistas también han logrado que la lengua española prácticamente haya desaparecido de la enseñanza pública primaria y, a no mucho tardar, de la secundaria, pese al deseo de miles y miles de ciudadanos no nacionalistas (un derecho amparado en teoría por nuestra Constitución) de que sus hijos estudien en la lengua castellana.

Al apoderarse de la enseñanza, el nacionalismo ha dictado que en muchos colegios se enseñe a los niños cuál es su verdadera y única patria: Euskalerria, una nación ficticia de siete provincias (incluída Navarra a su pesar) dividida y ocupada por dos naciones opresoras (España y Francia).

En Guipúzcoa, por ejemplo, es imposible adquirir un mapa homologado de la Comunidad Autónoma Vasca. No existen esos mapas sencillamente porque no se editan.Tan sólo existen los mapas nacionalistas, los de la patria utópica con sus siete provincias. ¿No es lógico que, con este tipo de enseñanza, aparezcan terroristas para "liberar a su patria" hasta debajo de las piedras?

Sucesivos gobiernos españoles, de izquierdas y de derechas, han consentido este horrible estado de cosas, este imperio de la ilegalidad y de la ignominia, pues temían que las iniciativas gubernamentales drásticas no habrían contado con la aprobación de Europa. Esos gobiernos han denegado su auxilio a sus súbditos vascos no nacionalistas por puro "miedo escénico". Los nacionalistas gozan de un poder político casi total en el País Vasco, hasta el punto de que no temen violar sistemáticamente la Constitución, el símbolo de nuestros derechos cívicos, seguros de la impunidad de sus actos.

Ignoran los símbolos constitucionales, desprecian los procedimentos legales, incumplen mil y una leyes, se apoyan en grupos filoterroristas para gobernar ...

Los nacionalistas apoyaron el nombramiento de Josu Ternera, etarra en busca y captura, para la Comisión de Derechos Humanos del parlamento vasco. Esa fue la más cruel y aberrante de todas las charlotadas peneuvistas.
La policía autonómica siempre ha seguido las directrices del poder político autonómico y hoy es el día en que podemos afirmar que SÓLO LAS FUERZAS DEL ORDEN ESPAÑOLAS HAN ARRINCONADO A ETA, frente la inoperancia, desidia y obstruccionismo de los mandos policiales autonómicos. Tan sólo hay que comparar el historial de capturas de los distintos cuerpos policiales para constatar que la trayectoria de la ertzantza es una trayectoria vergonzante, y ello debido a motivaciones políticas.

Si quieres leer testimonios de auténticos ertzainas denunciando aquellos episodios sonrojantes, dirígete a la web de Basta Ya o a www.paralalibertad.org.

¿POR QUÉ QUIEREN LOS NACIONALISTAS MÁS INDEPENDENCIA? ¿Por qué han apostado-
aprovechándose de la ignorancia y el bien cultivado fanatismo de sus votantes que jamás les retirarán su apoyo- por el famoso "plan Ibarretxe"? Porque buscan EL PODER ABSOLUTO. Un poder ejercido sin ningún tipo de limitación que pudiera establecer el gobierno de España. Un poder gracias al cual, AL FIN, podrán indultar a los "mártires" de la ansiada independencia vasca (los etarras). Un poder en virtud del cual podrán suprimir definitivamente de los libros de texto en las escuelas cualquier alusión a nuestra historia (la historia de España) como una historia compartida.

Con el PODER ABSOLUTO podrán AL FIN poner un plazo para la extinción de la lengua española, una lengua que ha estado presente durante siglos en tierras vascas y que tiene históricamente derecho a seguir presente en las mismas condiciones que la otra, el euskera. El objetivo real de los nacionalistas es que el español pase a ser una lengua extranjera de aprendizaje "recomendable", como ocurre con el inglés en la enseñanza secundaria.

Con el PODER ABSOLUTO sojuzgarán políticamente a los 600.000 ciudadanos constitucionalistas activos. Les declararán residentes de segunda categoría si pretenden mantener su españolidad, en palabras del propio Arzallus.
Como dijo recientemente Joseba Eguíbar, portavoz del PNV, quien no esté de acuerdo con el plan Ibarretxe no es genuínamente vasco, luego no será acreedor a los derechos que porte la futura nacionalidad vasca. Como puedes comprobar, esto es nazismo en estado puro.

Además de esta triste historia, constatable, que te hemos contado, habrás comprobado que tu país, España, se está convirtiendo en un reino de taifas donde prima la insolidaridad, el desprecio al vecino pobre, el cainismo...
cuando la nuestra podría ser una democracia de la talla de la francesa, la inglesa o la alemana.

¿CÓMO PUEDES TÚ AYUDAR a los constitucionalistas vascos frente al nacionalismo cainita, y de paso favorecer a la patria común de todos los ciudadanos libres?

1. Nuestra Constitución descansa en los principios proclamados por la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad. ES TU CONSTITUCIÓN Y GARANTIZA TU LIBERTAD Y LA LIBERTAD DE TUS COMPATRIOTAS. No permitas que sea modificada para favorecer a los nacionalismos. LOS NACIONALISMOS NO TIENEN NINGÚN INTERÉS EN MEJORARLA. Como ha quedado patente, tan sólo desean que la Constitución desaparezca de los territorios que ellos gobiernan... para poder realizar su labor caciquil con total despotismo. NO LO CONSIENTAS.
 
Exige a tu partido TOLERANCIA CERO con los nacionalismos secesionistas, o, EN CASO CONTRARIO, CAMBIA DE OPCIÓN POLÍTICA aunque sea de forma excepcional. Ni una sola concesión. Ni una sola modificación constitucional para favorecer a quien, dentro de su propio cortijo, mortifica a sus propios compatriotas, como hace el nacionalismo. Ya habrá tiempo de volver a votar con el corazón. Ahora hazlo con el cerebro. Ayuda a los vascos oprimidos y ayuda a tu propio país.

2. Nuestra patria NO ES UNA BANDERA O UN TERRITORIO. Nuestra patria es la libertad de todos, garantizada por escrito en la Constitución. Las otras patrias no deben interesarte. Las otras patrias no valen una mierda. Y si alguna vez España no contara con una Carta Magna inspirada en el liberalismo ilustrado heredero de la Revolución Francesa, entonces te recomendaremos que reniegues de tu españolidad. Así de claro.

3. Difunde este escrito todo cuanto te sea posible. Envíalo a todos tus contactos vía correo electrónico y ruégales que hagan lo propio, que lo difundan. Con este simple gesto estarás ayudando a que, algún día no muy lejano, este país recupere la cordura, el orgullo y el talante solidario.

Recibe un fuerte abrazo. (Un guipuzcoano (no da su nombre por razones evidentes))       POR FAVOR, DIFUNDIR

EL SERMÓN DE ZAPATERO
Por M. MARTÍN FERRAND ABC  2 Marzo 2005

JOSÉ Luis Rodríguez Zapatero se marchó a París para continuar, esta vez en la Asamblea Nacional francesa, su prédica a favor de una Unión Europea sólida, sin fisuras y capaz de seguir avanzando por el camino de una mayor integración entre todos los Estados que la componen. No se le puede negar nobleza al propósito a pesar de que los hechos domésticos, los que dibujan la pieza española en el puzle continental, no tengan los perfiles claros y abunden en contradicciones internas. El «sí» que el pasado referéndum ha pintado sobre el dorsal del líder socialista español es raquítico y se le notan las abstenciones y los noes, al tiempo que el debate interregional español, tan díscolo e insolidario, le resta credibilidad al Ejecutivo y a quienes lo integran.

Tras la situación creada en Cataluña por Pasqual Maragall, resulta especialmente grave la indefinición, y la provisionalidad, en la que se instala el Gobierno y, por ello mismo, la proyección negativa que hace de sus sombras en perjuicio de sus luces. Zapatero quiere ser gallo dominante en el corral europeo, pero las peleas domésticas le tienen desplumado y eso no inspira la pasión de las gallinas. El líder tiene que afilar el pico y los espolones, y, dada la proporción actual de las fuerzas en presencia, a la vista de la escasez socialista, tendrá que entenderse, en más o en menos, con Mariano Rajoy. No van por ahí las corrientes dominantes, que el clientelismo puede más que la razón.

De hecho, como en el billar a tres bandas, el golpe de Maragall, en su primer rebote, ha roto la legislatura en el Parlament y ahora, ya en el segundo, puede quebrar la muy artificial mayoría socialista en la Carrera de San Jerónimo. No quiero ni pensar en los efectos que la bola puede inducir después de su choque con la tercera banda. La solución, si es que existe, la tiene en sus manos el gran muñidor socialista, José Blanco, quien, dicho sea de paso, es mucho más listo de lo que suele reconocérsele y bastante menos hábil de lo que él mismo se cree. Unos y otros, en el PP y en el PSOE, no deben perder de vista la resistencia de los materiales, que los ciudadanos, visto lo visto, estamos ya en el trance que conduce de la perplejidad a la rabia y una nube gris de cansancio y abatimiento tiende a cubrir el cielo nacional.

Sólo los dos grandes partidos españoles, los que hay, están en condiciones de reconducir, con un toque de humildad y pragmatismo, la situación política actual, que, en síntesis, se define por un Gobierno sin rumbo ni proyecto, una oposición desconcertada y una periferia nacionalista que reverdece a diario lo peor del más viejo caciquismo. Con esa mercancía en la mochila, el sermón europeísta de Zapatero en París carece de sentido político y de autoridad moral. La conversión de los jacobinos exige, como mínimo, la prueba de que las descentralizaciones ni rompen el Estado ni dividen a los ciudadanos.

ZP, el turista progre
Ignacio Villa Libertad Digital 2 Marzo 2005

El paso del presidente Zapatero por la Asamblea Nacional francesa ha dejado el poso de la vergüenza ajena. Un presidente del Gobierno, entre simplón y pueblerino, alardeando de los propios errores y convirtiéndose en un sainete de la política española.

Zapatero ha llegado a la Asamblea Nacional francesa como un turista listillo. Ha dicho con esa cursilería tan habitual en él, que es de izquierdas, progresista y que su Gobierno retiró a las tropas de Irak como primera decisión política para luego reír y sonreír una vez tras otra como único referente de su gran bagaje político.

El Jefe del Ejecutivo español ha ido desgranando su gestión en estos primeros meses entre vaguedades, obviedades e irrelevancias. Ha hablado de becas, de igualdad entre los hombres y las mujeres o de las pensiones. Zapatero, encantado de haberse conocido, expuso una paupérrima gestión política, como si en España no hubiera existido la democracia y la normalidad social hasta su llegada al poder.

¿Y qué hacían mientras tanto los diputados franceses? Pues sencillamente pasarlo en grande. ¿Es posible tanta simpleza en un Jefe de Gobierno?, se leía en los rostros de los representantes de la Republica francesa asombrados de tanta nulidad en alguien que debería ofrecer una imagen de cierta consistencia. Por cierto, ningún ministro del Gobierno francés, a excepción el primer ministro han estado presentes en el hemiciclo. Parece que eran conscientes de lo que les esperaba.

Ciertamante Zapatero ha vuelto a dejar en ridículo a los españoles. Aunque él utiliza el yo, yo, y yo para explicar su labor política, al final, el soberano ridículo que hace en los foros internacionales afecta directamente a la imagen de España y la de todos los españoles. Entre alianzas de civilizaciones, paz perpetua y amor fraterno Zapatero va por la vida, asombrándose de conocer mundo. Eso sí, por obviedades no va a ser. En eso es un auténtico campeón.
Por cierto, obsesionado por recuperar el pasado y no cerrar las heridas, ha tenido un largo recuerdo para los republicanos exiliados en Francia. De sus fijaciones, nunca se olvida.

Cataluña
Poder y opinión en la sociedad abierta
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 2 Marzo 2005

Una forma como otra cualquiera de medir hasta qué punto Cataluña se está convirtiendo por fin, tras más de un cuarto de siglo de democracia, en una sociedad abierta, pasa por imaginar qué sucedería si hoy se descubriera una banda de espías en torno al editor de un gran diario local. Más que nada porque cuando sucedió precisamente eso, en la calle Pelayo y al calor del señor conde, las consecuencias fueron... ninguna. O, por lo menos, ninguna que la opinión pública conozca. ¿Para quién y en qué trabajaban los espías? ¿Cuál era su relación real con el Cesid? ¿Hasta qué punto participaba el gobierno González de esa actividad? ¿Qué papel jugó Narcís Serra, hoy a punto de convertirse en presidente de Caixa de Catalunya? Nunca lo sabremos. Hoy, tanto secreto sería imposible de guardar.

No es de extrañar que una de los primeros cometidos del tripartito catalán fuera recomponer el sistema de dependencias políticas de la prensa catalana. La Secretaría de Comunicación de la Generalitat, cuya más reciente aportación a la transparencia ha sido un rosario de trabas a la labor periodística en el Carmelo, inició su andadura tripartita con un informe de buenos y malos, de medios y periodistas favorables y adversos, acompañado de una serie de medidas a adoptar donde más duele, en las subvenciones encubiertas, en los millares de suscripciones con los que el govern premia o castiga al sector.

La entrada de Lara en el Avui venía acompañada del miedo pánico a que el de Planeta tratara de alterar la línea del diario. ¡A quién se le ocurre! Al final Lara ha puesto el dinerín y ha asegurado la continuidad no sólo de la cabecera sino de todos los profesionales que se estaban hundiendo con el barco, renunciando a alterar en lo más mínimo esa línea editorial que tan buenos resultados había obtenido.

¡Ay, si al menos alguien comprara ese diario! Yo lo hago, que conste, pero como la mayoría de catalanes también leo diarios nacionales, escucho emisoras de allende el Principado y, lo que es peor, no siempre veo TV3. Y claro, así no hay quien controle nada. Y mucho menos en la era de Internet, donde la pluralidad y la inmediatez se imponen. Tampoco sorprende que la primera gran manipulación televisiva del tripartito consistiera en un envenenado 30 minuts, en TV3, dirigido a linchar a Libertad Digital.

El fin del sueño del oasis es consecuencia de la creciente dificultad de controlar la información y la opinión. Pujol ponía tanto cuidado en la previsión de sorpresas desagradables que hasta se había abrazado a las casas regionales, entidades que otros han considerado molestas e inadecuadamente folclóricas (a ERC le faltó tiempo para enfrentarse a ellas). Para colmo de males, el tutelaje de las asociaciones de vecinos no les está sirviendo de mucho en el Carmelo; ya han surgido dos asociaciones independientes de damnificados. Demasiada polifonía para un poder adicto a los solos de tenora.

CRISIS DE UN PACTO QUE NUNCA EXISTIÓ
Editorial ABC 2 Marzo 2005

DECÍA Mariano José de Larra que el Estatuto Real de 1834 nació «raquítico» a juzgar por lo poco que duró. Algo parecido puede decirse, a la vista de la evolución de los acontecimientos, respecto del efímero acuerdo entre Zapatero y Rajoy para encauzar la reforma del modelo territorial, alcanzado en la entrevista de Moncloa previa al debate parlamentario del plan Ibarretxe. El PP ha hecho pública su decisión de considerar cerrada, antes de empezar su trabajo, la comisión mixta entre populares y socialistas. Está cargado de razón Mariano Rajoy cuando acusa al presidente del Gobierno de incumplir lo acordado y también al no aceptar un grupo de trabajo de escaso nivel político, convertido en una simple fórmula oportunista que el PSOE pretendía utilizar para ganar tiempo, ofrecer una imagen dialogante y mantener una apariencia que no se ajusta a la realidad.

Porque la realidad, guste o no guste, es que el PSOE ha optado por mantener su alianza con Esquerra Republicana, un partido que se sitúa fuera del sistema en relación con la forma de Estado y con la forma de Gobierno. El Ejecutivo ha forzado la respuesta del PP al convertir a ERC en interlocutor privilegiado para las negociaciones sobre el modelo territorial. La reciente entrevista en Moncloa con Carod-Rovira, las últimas propuestas de José Blanco y el anuncio -conocido a través de los medios- de que el PSOE «comunica» al principal partido de la oposición su intención de enviar una consulta al Consejo de Estado sobre la reforma constitucional son las gotas que han colmado el vaso de la paciencia. Final anticipado para un pacto que nunca existió.

Desde el punto de vista de la estabilidad institucional, es una lástima que Rodríguez Zapatero prefiera someterse al chantaje continuado de ERC y no acepte la oferta leal del PP, reiterada por Rajoy durante su intervención en el Congreso sobre el plan Ibarretxe. Ahora se entiende, aunque no hacía falta especial agudeza, la tibia reacción del Gobierno ante el desafío soberanista: visita del lendakari (y también de Imaz) al presidente del Gobierno; máxima cortesía para Atutxa en el Congreso de los Diputados; en fin, aceptación del debate en el Pleno de un falso proyecto de reforma estatutaria que encubre en rigor una verdadera mutación de la Constitución vigente. Los socialistas optan por un camino peligroso, buscando con oportunismo unos resultados electorales favorables en el País Vasco y en Galicia, ignorando el sentido de Estado y la responsabilidad exigible a un partido solvente y riguroso. El PP debe ahora ejercer esa misma responsabilidad, manteniendo abierta la oferta de pacto. Más aún, es posible que tenga que aportar en el futuro una alta dosis de sensatez para sacar a su adversario del laberinto que los propios socialistas se han fabricado.

La situación política en Cataluña, cuya evolución es por ahora imprevisible, viene a complicar el asunto. Es probable que el tan elogiado modelo de consenso haya naufragado para siempre entre el socavón del Carmelo y la grave acusación de Maragall a CiU. Si no prospera la vía catalana, ¿cuál será ahora la alternativa socialista en el País Vasco al plan del PNV? Maragall lanzó ayer una explícita crítica al Gobierno y al modelo de reforma estatutaria propuesto por Manuel Chaves, que parece cobrar peso en amplios sectores del partido ante las dificultades de viabilidad de la opción catalana.

Hace tiempo que la sociedad muestra su preocupación por la deriva del debate territorial. Sin dogmatismo, pero con firmeza y convicción, es necesario proclamar una vez más la plena vigencia de las grandes decisiones adoptadas por el pueblo español, titular único de la soberanía, que se plasman en la Constitución de 1978. Seguro que los electores entenderán la postura de quienes dan preferencia al interés general sobre el partidismo coyuntural.

El rastro de Al Quaeda y las tramas superpuestas del 11-M
Editorial El Mundo 2 Marzo 2005

El Partido Popular hizo muy bien en insistir ayer en la necesidad de mantener abierta la Comisión del 11-M «porque el mejor tributo a las víctimas es seguir investigando».

Y es que todavía hoy -casi un año después de aquel terrible atentado- ni la Justicia, ni las Fuerzas de Seguridad, ni el Gobierno, ni por supuesto los propios comisionados, han logrado -o no han querido- aclarar las múltiples incógnitas que siguen abiertas en torno a su génesis, planificación y ejecución.

Tal vez porque la realidad no encaja con una interpretación simplista del 11-M que empieza y acaba con los islamistas. Las aportaciones que este periódico ha hecho en los últimos días a la investigación del atentado -unidas al importante dato que hoy desvelamos-, nos hace reafirmarnos en la hipótesis de que en el 11-M, al igual que en el 23-F, coincidieron al menos tres tramas superpuestas: la de los asturianos relacionados con ETA, la de los autores materiales en gran parte vinculados a Marruecos, y la de Al Qaeda.

Por un lado, las declaraciones a este diario del fugado Nayo corroboran la denuncia de Lavandera de que los asturianos que en 2001 buscaban a alguien que «supiese montar bombas con móviles» y que más tarde vendieron la Goma 2 a los ejecutores del 11-M también vendían dinamita a ETA.

Y asimismo refuerzan las sospechas de que la policía de Asturias protegía a Toro y por eso no registró su domicilio tras la operación Pipol. A esta misma inquietante conclusión nos lleva el otro frente de investigación abierto por EL MUNDO en los últimos días, que es la obtención por parte de Toro de un pasaporte falso en enero de 2003 con el apoyo de una trama vinculada a «ambientes policiales».

Pero así como este periódico, a diferencia de otros, siempre ha insistido en que no se puede descartar de antemano la dimensión local o nacional del 11-M -incluida la posible implicación de ETA-, tampoco ha dudado en poner en conocimiento de la opinión pública todos aquellos datos que apuntan hacia Al Qaeda.

Hoy añade uno más. Se trata del hallazgo de un plano de la Estación Central de Nueva York con anotaciones precisas en la casa que Mohamed Almallah alquiló a dos de los autores materiales del 11-M.

Almallah es hermano de Moutad Almallah, que era la mano derecha de Abu Dadah y huyó de España tras la operación Dátil en 2001. La existencia de este plano, que por su trascendencia ha sido remitido al FBI, sugiere que una parte de los terroristas del 11-M -concretamente, el grupo de los sirios, diferenciados de los «moritos» de Lavapiés coordinados por El Chino- tenía estrechos vínculos con las redes del terrorismo internacional.

Esta conclusión, en todo caso, no invalida las demás pistas ni puede ser utilizada para dar por cerrado el 11-M. Entre otras cosas porque no responde a la pregunta fundamental: ¿Quién dio la orden de atentar el 11 de marzo en Madrid?

Por el contrario, la constatación de la enorme complejidad del caso obliga a quienes tienen la responsabilidad de averiguar la verdad -el juez Del Olmo, las Fuerzas de Seguridad y la propia Comisión parlamentaria- a apurar la investigación en todos sus frentes.

Crisis catalana
Envainola y nada hubo
José García Domínguez Libertad Digital 2 Marzo 2005

Habría de esperar hasta ayer antes de verbalizarlo, mas lo supo desde el principio. Porque Jordi Pujol ni un sólo día de su mandato dejó de ser consciente del gravísimo peligro que se cerniría sobre Cataluña, una vez él dejara la Presidencia: romperse y desaparecer definitivamente de la faz de la Tierra. Era ese sino fatal de la patria lo que incendiaba su alma cuando susurró el nombre de aquel don nadie al oído de su consejero de Cultura. Al instante, Max Cahner i García (Max Cahner i Punto en los documentos oficiales de la Generalidad), que por tal respondía el receptor de la confidencia, correría raudo a satisfacer el deseo del president.

De ese modo, un oscuro maestro de catalán, Josep Lluís Carod Rovira, veía cómo era promovido a un cargo suculento en la cúspide de la Administración convergente (delegado de la consejería de Cultura en Tarragona). Empezaba la década de los noventa, y Pujol, inversor prudente, gestionaba con visión de futuro su cartera de valores. Por aquel entonces, sólo la compra de un activo para su portafolios público (el privado, alardeaba Javier de la Rosa de gestionarlo con tino) habría de terminar en fiasco. Fue cuando, por prejuicios filiales, Jordi Maragall, el padre del de la vaselina, rechazó con pesar la oferta de encabezar la candidatura de CiU al Senado.

Por ese carácter previsor suyo, porque siempre rehuyó el riesgo, Pujol lo dejaría todo atado y bien atado. Ya convertido en respetable hombre de Estado, el de Perpiñán lo demostraba hace un rato, recuperando su vara de maestrillo ante al hijo del senador Jordi Maragall (el PSC se vería obligado a compensarlo con un escaño propio cuando hubo de renunciar a la sinecura de Pujol). “El president de la Generalitat tiene que reconocer que se equivocó”, ha dictado el severo profesor. Y por la cosa de la imagen, se hará de rogar y remoloneará antes de pasar a limpio los deberes, pero el hermano de Ernest obedecerá la orden. Que nadie lo dude. Convénzanse de que yerran los que, lejos de esta fosa séptica, creen que asistimos al primer acto del precinto sanitario del oasis catalán. ¡Qué va!

“Envainola y nada hubo”, es la sentencia que cerrará el libreto de esta comedia bufa que le ha dado por cometer al nieto del poeta. Todos aquí lo saben; el primero, él mismo. Como siempre ha sido. Como siempre será. Hasta el día que alguien, en esa media Cataluña que comienza en el Carmelo y termina justo en la puerta del Parlament, se decida a recordar aquel viejo manifiesto insurreccional americano. El que empezaba así: “Hasta hoy, hemos mantenido un silencio bastante parecido a la estupidez”.

Socialismo plus
Cleptocracia y mafia
Isabel Durán Libertad Digital 2 Marzo 2005

La corrupción es devastadora. Pervierte las reglas de libre mercado y distorsiona las reglas de juego del Estado de Derecho subvirtiéndolo. La década larga prodigiosa de la corrupción felipista quedó en la memoria de los españoles. Durante ocho años fue cayendo en el rincón del olvido hasta que se hundió el Carmelo y el polvo levantado por sus escombros asfixia a la actual clase política gobernante.

Y es que la corrupción afecta a los ciudadanos aunque durante muchos años la hayan percibido como ajena e inherente exclusivamente a la reyerta política. Cinco días después de no acudir el Alto Comisionado de las Víctimas a la manifestación de la AVT , (o sea el Alto Encomendado del presidente del Gobierno para pactar con la ETA) se le derrumba al tripartito nacionalsocialista catalán el túnel del metro del barcelonés barrio del Carmelo, exponentes máximos ambos de la degradación ética y moral del Socialismo Plus de ZP. Y con ellos, aflora toda la pestilencia que ocho años de Gobiernos de Aznar había hecho desaparecer.

La justificación de acabar con el terrorismo a cualquier precio convirtió el GAL en el perfume felipista cuyo hedor contaminó prácticamente todas las terminales sociales: la Administración Pública, la Prensa, el poder económico y la Justicia. La corrupción política extendió así sus tentáculos y se convirtió en mafia. Eso es lo que pasó en la España de los Gobiernos de Felipe González.

Los cien años de honradez que se habían instalado en La Moncloa en 1982 empezaron por crear una trama organizada para acabar con el terrorismo, que lo que haría sería reforzarlo. Secuestraron, asesinaron y acabaron saqueando el inmenso botín público. Incluso a través de una red institucionalizada de cleptócratas radicada en Cataluña dedicada a la extorsión de la empresa privada dislocaron las más elementales reglas de juego democrático para jugar con ventaja sobre los oponentes políticos y, de paso, muchos de sus dirigentes, llevárselo crudo. Pero no pararon ahí. Tenían que amordazar la libertad de expresión. Compraron cadenas y periodistas, engrandecieron su imperio mediático de cabecera y acabaron por organizar vídeos sexuales para acabar con el director del periódico que con más valentía osó revelar sus tramas negras.

Hoy se destapan las esencias de todos los tarros de la corrupción, la de antes y la de ahora. Junto al estatuto de autonomía del tres por ciento, de nuevo, el Ejecutivo trampea la legalidad a favor de su imperio mediático. Afortunadamente el resurgir del efluvio fétido de los tiempos vividos irrumpe con la noticia de que algunos de los delincuentes que perpetraron el intento de asesinato civil de Pedro J. Ramírez ingresarán próximamente en prisión. Esto es, antes y ahora, el Socialismo Plus.

ESOS DAÑOS COLATERALES
VALENTÍ PUIG ABC 2 Marzo 2005

Los modos virtualmente clásicos de la política catalana contrastan casi catastróficamente con la velocidad de propagación de las llamas. Se hunde un túnel del metro, un presidente de la «Generalitat» peca de grave incontinencia y de repente la crisis de confianza alcanza mas allá de los reservados de restaurante y se adueña del público de las peluquerías. Algunos cromos se repiten y sale Jordi Pujol del retiro meditabundo para afirmar que su sucesor socialista ha dañado los arquitrabes que sostenían la construcción de una nación sin Estado y ha teñido con los viejos ocres del declive lo que era una pujanza sin límites.

Es al mismo tiempo que Duran Lleida y Montilla buscan apuntalar túneles y pasadizos secretos, con el afán de una política profesional que en apariencia resulta insuficiente para atajar la riada. La tentación consiste en evocar los episodios de Banca Catalana y otros, aunque la dimensión de la crisis actual sea más inédita e irresoluble.

En el reparto de personajes, el «dramatis personae» actual corresponde a un estadio equívocamente nuevo: el maragallismo, no tan solo aguijoneado por su alianza con Carod-Rovira, buscaba sobrepasar al pujolismo no por la banda de la gestión sino de la emblemática. Eso es lo que convierte el hundimiento de un túnel en la metáfora de una política, sin que sean para nada de orden metafórico los ciudadanos del Carmelo.

Lo que interviene como escenario de la metáfora es un parlamento autonómico hiperactivo, propenso a subsumirse en la naturaleza de un parlamento de nación con Estado, a punto de dotarse de un nuevo estatuto de autonomía que quiere ser considerado como una Carta Magna.

En casos así, esas cosas se quedan por el camino y pasan al olvido ante la estupefacción de una opinión pública que pensaba que el tres por ciento -porcentaje de comisión partitocrática por obras públicas- era algo propio de la terminología del bacarrá o del juego de la oca. Lo visto hasta ahora es de una frivolidad escalofriante. Para alivio irónico de aquellos que en el conjunto de España estaban un poco hartos de verse aleccionados en materia de modernidad y europeismo por el nacionalismo catalán socioconvergente, aparece una falla estructural en la tesis que equiparaba catalanismo y regeneracionismo.

Pagarán los daños colaterales los ciudadanos de Cataluña y también los de toda España. Un suflé desmoronado suele ser algo bastante triste. Para buscar salidas habrá que tener un talento más que presocrático.    vpuig@abc.es

La palabra envenenada
Por Alfonso Rojo ABC 2 Marzo 2005

Es como si les quemase la palabra en la boca. Reproducen el rostro doliente de Florence Aubenas y citan sus trémulas palabras, pero no parecen capaces de llamar por su nombre a los que la mantienen secuestrada desde hace siete semanas.

Cuando se refieren a sus torturadores, a los fanáticos que mantienen a la periodista francesa en una sórdida mazmorra y amenazan con cercenarle la garganta, hablan de “rebeldes”.

Hay periódicos españoles que ayer no usaban ni una sola vez el término “terrorista”, en las crónicas dedicadas a la matanza perpetrada contra los desventurados que hacían cola para conseguir un certificado médico en Hilla, la antigua Babilonia.

Cuentan que el conductor del coche-bomba iba con las manos atadas al volante y que apareció junto a él un ejemplar chamuscado del Corán, pero eluden tildarlo de asesino. Lo califican de kamikaze, que a fin de cuentas tiene una connotación romántica. No como terrorista y eso que dejó sobre el pavimento 135 cadáveres y mutiló, cegó o hirió a más de doscientos inocentes. Aunque tengan que retorcer la sintaxis o luchar a brazo partido con la gramática.

Pasa en las emisoras de radio, donde se ha convertido en siniestra muletilla lo de “miembros de la resistencia”.

Es paradójico que en España, donde raro es el ciudadano que no pone el grito en el cielo cuando descubre que la CNN o la BBC se refieren a los etarras como “separatistas”, sea moneda común la dulcificación de los malvados que operan en otros lares.

En los medios de comunicación, con contadas excepciones, se etiqueta a los raptores colombianos como “guerrilleros” y se obvia que estimulan el narcotráfico, atormentan a sus cautivos y retienen durante años, en condiciones infrahumanas, a seres cuyo único pecado fue cruzarse en su camino y tener aspecto de poder pagar un rescate.

Se podría argumentar que el léxico es herencia de un pasado no muy lejano, en el que se veía bajo una luz muy positiva a personajes como el Che o a los revolucionarios de las montañas. En cualquier caso, es hora de cambiar de registro.

No tiene sentido llamar “insurgentes” a quienes hacen picadillo a los fieles que salen de una mezquita o buscan trabajo, ni parece razonable que se adjetive como “radical” a quien invoca a Alá y degüella en cámara lenta, con regodeo enfermizo, a un aterrorizado ingeniero occidental.

Es hasta comprensible que, en el ardor del rifirrafe político montado durante los últimos meses de la presidencia de Aznar, hubiera desubicados que equiparaban las carnicerías de Irak, con las hazañas y tropelías de los guerrilleros españoles contra las tropas napoleónicas, pero ha llegado el momento de poner los pies en el suelo.

Españolito en París
Por Fedérico Jiménez Losantos El Mundo 2 Marzo 2005

Como Zapatero ha reducido nuestras relaciones con Francia a la condición de servicio doméstico, y como, pese a la crisis connatural del sector, ya llevamos nueve meses sin cambiar de casa, tengo que referirme otra vez a la muy notable película de Roberto Bodegas Españolas en París, donde una superlativa Laura Valenzuela y una turgente Ana Belén oficiaban de criadas parisinas, tan españolas y tan finas.

Nueve meses ya, el tiempo de un embarazo, que es en lo que desembocaba aquella agridulce metáfora de nuestra europeización.Eran los tiempos, querido Manolo Hidalgo, en que los españoles íbamos mucho al cine y no teníamos que preocuparnos por las conspiraciones para apartar a los espectadores de este cine dizque nuestro (y con razón, puesto que lo subvencionamos sin verlo) tan oscarizado, tan soberbio, tan magnífico y tan premiado... donde antaño premiaban a Saura, cuyas películas, ay, tampoco veía casi nadie.

Aquélla sí se vió, quizás porque pertenecía a la llamada tercera vía, comercial pero de denuncia, que es lo que demandaba la antaño famosa cólera del español sentado. Al cabo, ¿qué fue UCD más que el triunfo de la tercera vía entre el franquismo y la democracia, de esa democracia traída por los franquistas que ahora quiere cargarse ZP?

¿Y a quién le ha pedido permiso? A nadie de la familia, pero sí a la señora, a Madama Europa, a esa Francia que, para los españoles, siempre se llama París. Era tan de los 70 el discurso de ZP ayer en la Asamblea Nacional, tan de tontiprogre, tan de antifranquista indocumentado, que no sabía uno si reír o llorar.

Parecía que no había pasado el tiempo, que estábamos otra vez en la Transición, con Felipe disfrazado de polisario. Pero no: ese discurso grotescamente pacifista, patológicamente sectario, sumisamente gabacho, se produce después de que el último cuarto de siglo español haya sido infinitamente más brillante que el de Francia, el de nuestra total incorporación a la UE, el del velocísimo acercamiento aznarista a la media del nivel de vida europeo.

Ya no van las españolas a servir a París; al revés: las ilegales de Francia vienen a España a por los papeles. Pero sí hay españoles, a los que tan bien les cuadra el detestable diminutivo machadiano de españolitos, que siguen yendo a Francia a buscar señora, dejando a la dominicana en casa.

Zapatero presumió de antiamericanismo en Francia, que es como presumir de cruasanes en Aux deux Magots. Y supongo que, después de ser aplaudido por su buena disposición a servir chez Chirac, se iría a comprar libros a Maspero, que cerró hace años, o a ver una de Almodóvar en francés, qué risa.

La película de las criadas españolas en París terminaba con Paco Ibáñez cantando Palabras para Julia, de José Agustín Goytisolo, que acabó tirándose por un balcón.La España de Zapatero, mismamente.

Despotismo ilustrado
Juan Francisco Martín Seco Estrella Digital  2 Marzo 2005

En nuestros días la política está alcanzando niveles extremos de desfachatez. Y cuando hablo de política no me refiero únicamente a los políticos. Las distintas reacciones ante los resultados del pasado referéndum rayan en lo esperpéntico, pero lo más dramático radica en que la opinión pública termina absorbiendo tamaños disparates con la misma voracidad que se empapa de la telebasura.

La satisfacción mostrada por el Gobierno y el partido socialista resulta impúdica, porque o bien implica un alto cinismo, intentando disfrazar de triunfo lo que ha sido para ellos un monumental fracaso, o bien es señal de un desprecio absoluto por la soberanía popular, convencidos de que hay que gobernar desde el despotismo ilustrado. ¿Cómo puede un gobernante sentirse legitimado para cambiar sustancialmente las reglas del juego cuando tan sólo uno de cada tres españoles ha dicho que adelante?

La reacción del Partido Popular ha sido también de antología. Han señalado, eso sí, el batacazo que representa una abstención del 58 por ciento; pero lo han hecho no para mostrar la necesidad de cuestionarse los principios sobre los que se está construyendo la Unión Europea, sino para utilizar el resultado como arma arrojadiza en contra del Gobierno y del PSOE. Los dos partidos mayoritarios se han enfrascado en todo tipo de reyertas, culpándose mutuamente de los resultados, en lugar de reconocer que algo falla en el proyecto europeo cuando los ciudadanos le dan la espalda. Tampoco Izquierda Unida ha estado muy acertada mostrando su contento por el resultado y pretendiendo apropiarse de los votos negativos. Aquí no se votaba a favor o en contra de las formaciones políticas sino para ratificar o no un tratado construido a espaldas de los ciudadanos, y que, a pesar de la campaña de intoxicación instrumentada, la gran mayoría de ellos, dos terceras partes, no lo han visto claro. Pero no han sido sólo los políticos los que han establecido un muro de disimulo. Los medios de comunicación y gran parte de los creadores de opinión han actuado de manera similar, alineándose con las tesis de su formación política favorita.

La enorme abstención que se produjo en las últimas elecciones al Parlamento de la Unión hizo entonar un mea culpa a todos los mandatarios europeos; pero por lo visto sus buenos propósitos han durado muy poco a la vista de que han seguido en sus trece, manteniendo la misma orientación de la construcción europea, como demuestra el texto del Tratado que se va a aprobar. Bien es verdad que su autocrítica jamás se ha dirigido al núcleo del problema. Nunca han pensando que podían estar equivocados, únicamente que no habían sido capaces de explicar adecuadamente sus tesis a la ciudadanía. Y lo cierto es que resulta difícil explicar lo que no tiene explicación. Si los ciudadanos conociesen mejor el proyecto, los resultados sin duda serían aún mucho peores.

El Gobierno español ha querido que España fuese el primero en la ratificación del Tratado. Afirmaba que para dar ejemplo e incentivar a los restantes países miembros. Yo creo que más bien era para lo contrario, para que los resultados de los otros países, que sin duda en muchos de ellos no serán demasiado halagüeños, no influyesen negativamente en los de España.

Pretender justificar el alto porcentaje de abstención porque lo mismo sucede en los otros estados carece de sentido. Mal de muchos... epidemia, y epidemia es lo que evidentemente padece Europa. Pero el que todos los gobiernos y políticos europeos deban reflexionar sobre el tema y plantear medidas correctoras no quiere decir que los de España no deban hacerlo, y quizás los primeros, ya que hemos sido los primeros en pronunciarnos.

El desprecio mostrado por el resultado puede tener en nuestro país un efecto añadido. Rovira se ha apresurado ha señalarlo. Si con la sola aquiescencia de un tercio de la población el Gobierno se siente legitimado para producir un cambio constitucional de tal envergadura —porque, diga lo que diga el Tribunal Constitucional, lo cierto es que se pasa de un Estado social a uno liberal—, difícilmente se va a poder negar legitimidad a un proceso de autodeterminación, si se diera, con resultados similares.    www.mundofree.com/martinse

Zapatero en la Asamblea francesa
Pablo Sebastián Estrella Digital 2 Marzo 2005

No ha pasado aún mucho tiempo desde que José María Aznar habló ante el Congreso estadounidense —medio vacío— amparado por George Bush y en busca de esa medalla del Congreso de Estados Unidos que el ex presidente español iba a recibir por apoyar la guerra preventiva de Washington en Iraq. Y para defender el giro dado a la política española en favor del atlantismo y en contra de la opción europea, que dejó relegada a una segunda posición.

Y ahora es Zapatero quien por los favores políticos prestados al líder de la “vieja Europa” Jacques Chirac ha sido invitado para disertar en la Asamblea de Francia, donde ha pronunciado un discurso confirmando el regreso de España a la política europeísta en menoscabo del atlantismo de Aznar y presentando a España en términos de igualdad con la potencia vecina, ofreciendo fraternidad y hablando de las libertades. Pero también, y ello sorprende, poniendo en valor y al mismo nivel del español (que él llama castellano) las lenguas de las nacionalidades autónomas, el catalán, el euskera y el gallego.

Hay momentos en los que el presidente del Gobierno español parece más un jefe del Gobierno de una república federal que el primer mandatario ejecutivo de la monarquía española. O incluso el presidente de la Generalitat, ahora que en esa Comunidad se vislumbra un extraño vacío de poder, empeñado en subrayar las lenguas de las nacionalidades y menoscabar el prestigio del idioma español en el mundo, y en un tiempo en el que curiosamente la Unión Europea no consiente que nuestro idioma se ponga al nivel del francés, del inglés y del alemán, a pesar de ser la segunda lengua del mundo si excluimos la continental China.

Si a todo esto añadimos que el idioma español, por ejemplo en Cataluña, está oficialmente marginado en carteles públicos, en documentos oficiales y no es suficiente para trabajar en el comercio o en las empresas públicas, en la Administración de la Autonomía o en las administraciones locales, como en teoría lo garantiza la Constitución. Y que además es marginado en la Universidad y en los medios de comunicación autonómicos y locales públicos. Y cuando todo esto que ocurre es inconstitucional y además asistimos a una embestida soberanista por parte de los gobiernos autónomos y partidos nacionalistas del País Vasco y de Cataluña, llegamos a la conclusión de que Zapatero no está del lado de España, sino más bien de sus adversarios y competidores interiores.

Y lo que todavía es peor, está transmitiendo un mensaje a los españoles habitantes de Cataluña y del País Vasco de permanente renuncia a la identidad española y de apoyo al desafío soberanista, lo que envalentona los ánimos políticos de los rupturistas y amilana o adormece la capacidad de respuesta de los españolistas o constitucionalistas que allí residen.

Ir a Francia, a la Asamblea francesa, para hablar de una España problemática que está revisando sus signos de identidad en vez de hablar de España como una sola nación es un error, otra temeridad, y una nueva concesión a sus socios nacionalistas en menoscabo de los signos de identidad españoles.

Y sorprende que sea Zapatero, el presidente del Gobierno español, quien esté dando alas a todo esto cuando está en juego el debate constitucional de la unidad de España, y cuando además se sabe que los nacionalistas que hablan euskera también están reclamando en Francia (aunque sin la menor posibilidad de éxito) la independencia de lo que llaman ellos sus provincias francesas.

Esto del talante, las buenas maneras y el diálogo empieza a ser algo sorprendente cada vez que el presidente del Gobierno se pone al frente del debate constitucional y autonómico. Aunque tampoco deja de sorprender la debilidad con la que a todo esto se le responde desde el primer partido de la oposición, el PP, empeñado en pactos y confusos consensos pero sin llegar a clarificar del todo su posición.

Aznar se fue a Washington a pasear una España imperial, unida, grande y libre, y Zapatero se ha ido a París a dar un cursillo sobre la igualdad, la fraternidad y la libertad, pero sobre todo para hablar de la España federal o confederal, sin que nadie se lo pidiera, salvo que sus socios nacionalistas ya controlen también los contenidos de sus discursos en la política exterior.

Y todo ello acontece cuando en Cataluña ha estallado el escándalo de la corrupción del tres por ciento que presuntamente financiaba los partidos y gobiernos nacionalistas de CiU, y también cuando este Gobierno, que no tiene nada claro, ni apoyos suficientes para ello, se propone enviar al Consejo de Estado un proyecto de reforma constitucional cuyo contenido se desconoce. Dando la impresión Zapatero de que avanza por todos los frentes, español e internacional, hacia no se sabe dónde y cuando el lehendakari Ibarretxe, que según todas las encuestas va a repetir victoria en las elecciones autonómicas, anuncia un referéndum inconstitucional sobre un plan soberanista redactado en euskera, la lengua a la que Zapatero ha puesto en París en rango de igualdad ante el conjunto de los franceses. Verdaderamente, viendo todo lo que está pasando en España y lo que hay encima de la mesa tenemos que llegar a la conclusión de que el momento político es para preocupar.

Y no es que estemos en contra del uso del euskera, del catalán o del gallego; lo que estamos es preocupados por el español, máxime cuando se trata de promocionar nuestra lengua en todo el mundo y en el vigente debate de la Unión Europea, en el que España está perdiendo la partida, entre otras cosas, por causa de este galimatías o Torre de Babel que Zapatero está presentando en Europa a la hora de hablar del idioma español.

La voz de la sociedad vasca
Por Joseba Arregi El Mundo 2 Marzo 2005

El lehendakari Ibarretxe ha firmado el decreto de disolución del Parlamento vasco dando por finalizada la legislatura y convocando elecciones autonómicas para el 17 de abril próximo. En esas elecciones hablará la sociedad vasca.

Y hablará la sociedad vasca como ha hablado ya en numerosas ocasiones. Unas veces para elegir el Parlamento vasco. Otras veces pronunciándose sobre acuerdos constitucionales pactados, como la propia Constitución española, el Estatuto de Gernika o, recientemente, el Tratado para una Constitución Europea.

En los últimos años hemos podido ver en las calles y carreteras de Euskadi carteles y pintadas pidiendo que se dé la palabra al pueblo. Carteles y pintadas firmadas por el nacionalismo radical.También el nacionalismo gobernante ha articulado toda su política -el plan Ibarretxe- en torno a la consulta popular, reclamando que se dé la palabra al pueblo vasco.

Tras esos planteamientos del nacionalismo radical y del nacionalismo vasco gobernante está la voluntad de dar a entender, sin afirmarlo directamente, que Euskadi, la sociedad vasca, vive en una situación de deficiencia democrática porque el pueblo no ha podido hablar todavía de forma clara y definitiva.

Esa repetición nacionalista permanente de que es preciso dar la palabra al pueblo parece querer dar a entender que alguien, los reponsables del marco jurídico-institucional actual, se la han quitado.

Por eso es necesario recordar y subrayar que el pueblo -mejor: la sociedad vasca- ha hablado muchas veces y que es hoy, en terminología nacionalista, pura y simplemente lo que ha querido ser, lo que ha decidido ser.

El discurso que se esconde detrás de la frase de dar la palabra al pueblo trata de ocultar no solamente el hecho de que la sociedad vasca ya haya hablado en repetidas ocasiones, y decidido lo que quiere ser, sino sobre todo trata de ocultar el hecho de que todo hablar está sujeto a reglas y a normas si quiere ser un hablar comunicativo, que es la única forma de hablar con consecuencias reales y efectivas, y no desaparecer en un solipsismo completo.

El discurso del nacionalismo vasco actual que se apoya en la frase de dar la palabra al pueblo oculta el hecho de que hablando como ha hablado la sociedad vasca, ésta ha decidido las reglas y normas a las que se debe ajustar su hablar comunicativo, su palabra.

El discurso de dar la palabra al pueblo ha tenido otra expresión que ha marcado el debate político de los últimos años en Euskadi.Se trata de la frase acuñada por Ibarretxe y que habla del diálogo sin límites ni condiciones.

Con esa frase quería el lehendakari dar a entender que él y el nacionalismo que él representa apostaban por el máximo posible de diálogo, por un diálogo mucho mayor que el que existe en la sociedad vasca, por un diálogo más allá de las restricciones impuestas por los marcos jurídicos y por las leyes. Y es así como lo entendió una parte importante de la ciudadanía vasca.

Es, sin embargo, una frase falsa en sus propios términos. Porque para que haya diálogo tiene que haber reglas que permitan la comunicación y el entendimiento.

Reclamar un diálogo sin condiciones ni límites significa apostar por el no diálogo, puesto que sin condiciones ni límites, sin reglas y normas, sin gramática y diccionario la comunicación es imposible.

Sin límites ni condiciones no hay más diálogo. Sin límites ni condiciones lo único que vale es la ley del más fuerte. Fuera de los límites y de las condiciones sólo existe la ley de la selva, el territorio de la voluntad arbitraria. Todo lo contrario a la democracia, que es la sujeción de la voluntad, del propio sujeto soberano y de todos los sujetos, al imperio de la ley.

Cuando los nacionalistas actuales, radicales y gobernantes, hablan de dar la palabra al pueblo, lo que tienen en mente es sólo el camino que les permita establecer su voluntad particular de forma arbitraria sobre el conjunto de la sociedad. Por eso quieren no sólo dar la palabra al pueblo, sino hacerlo fuera de las normas que la sociedad vasca ha establecido.

La voluntad nacionalista, en su expresión actual, es una voluntad arbitraria, una voluntad que no se atiene a las reglas y normas que hacen posible el diálogo democrático.

Es una voluntad que quiere no sólo participar en la decisión, sino marcar en todo momento, según su propio interés, las reglas de juego que le convienen, como un equipo de fútbol que no sólo decide con qué sistema jugar un partido, sino que al mismo tiempo va decidiendo dónde está para él la línea de banda y la línea de fondo.

En las cuestiones de definición de una sociedad, en las cuestiones que afectan a la institucionalización fundamental de una sociedad, la palabra que se da a la sociedad es una palabra de búsqueda de acuerdo para marcar las reglas de juego, para delimitar el campo de juego.

Una vez decidida entre todos la gramática que afecta al diálogo fundamental de la sociedad, se puede proceder a otros actos de diálogo en los que vale el principio de mayoría precisamente porque está claro para todos cuál es el campo de juego, cuáles son las normas de juego, cuál es la gramática que rige la sociedad.

De la misma forma que ha habido cambios en el euskara desde Axular, pasando por el padre Cardaveraz, hasta Bernardo Atxaga, de la misma forma que el recién fallecido Cabrera Infante no escribe como Cervantes porque el español ha ido cambiando a lo largo de los siglos, también las gramáticas institucionales de las sociedades van cambiando.

Pero dentro de todos los cambios quedan reconocibles y por eso se puede decir que Bernardo Atxaga escribe en la misma lengua que Axular, al igual que se puede decir que Cabrera Infante escribe en la lengua de Cervantes.

El plan Ibarretxe ha sido un intento de cambiar la gramática de la sociedad vasca, no de promover un mayor diálogo. Y cambiando la gramática de la sociedad vasca, estableciendo una gramática exclusiva de los nacionalistas, una lengua particular para ellos solos, rompe todo posible diálogo político válido para el conjunto de la sociedad.

Cuando Ibarretxe afirma que todos los vascos van a poder decidir su futuro, esconde lo fundamental: los ciudadanos vascos son llamados en el proyecto de Ibarretxe a decir sí o no a su plan. Y si gana, aunque sea de forma muy escasa, el sí, todos los que han dicho no quedan excluidos de la definición de la sociedad vasca.

No podrán participar en ella. Tendrán que aceptar la institucionalización que decidan los nacionalistas, radicales y gobernantes. Tendrán que aceptar su gramática sin haber participado en su elaboración: estarán obligados a hablar una lengua radicalmente extraña para ellos.

En la rueda de prensa para dar cuenta de la disolución del Parlamento vasco y de la convocatoria de elecciones autonómicas, Ibarretxe puso claramente de manifiesto que quiere que estas elecciones sean un plebiscito sobre su plan.

Los ciudadanos vascos están llamados, por voluntad de los nacionalistas actuales, o bien a darles carta libre para que elaboren a su gusto una nueva definición de lo que es Euskadi dejando de lado la Euskadi pactada del Estatuto de Gernika, o bien a certificar la división de la sociedad vasca.

Extraña situación, o quizá no tanto, ésta a la que ha conducido el nacionalismo vasco a la sociedad vasca: o constituir una nación por sometimiento de todos aquellos que no la sienten como los nacionalistas, o dividir la sociedad haciendo imposible una nación cívica. O falta de libertad o división. Y todo ello en nombre de la nación vasca.

Joseba Arregi fue militante del PNV y portavoz del Gobierno vasco. Es autor de los ensayos Ser nacionalista y La nación vasca posible.

UN  GOBIERNO  OBSCENO
Cuadernos de pensamiento político ENERO / MARZO 2005 Arcadi Espada 2 Marzo 2005

Durante más de dos décadas las características esenciales de la política socialista en Cataluña habían sido su absoluta ineficacia como alternativa a Pujol y una exasperante pusilanimidad en el ejercicio de la oposición. Ahora, Maragall es, con toda crudeza, el heredero de Jordi Pujol y lo que ha resultado ser hasta ahora su obra de gobierno avala la tesis de que el nacionalismo gobernante, elaborado y construido por el pujolismo, es un escenario político irrevocable.

Pasqual Maragall i Mira tomó posesión, el 20 de diciembre del 2003, de la presidencia del gobierno catalán. El ciento veintisiete presidente de la Generalitat de Cataluña. La institución se remonta a mediados del siglo XIV, aunque entre el Decreto de Nueva Planta de 1714 y la dictadura del general Franco registra más de dos siglos y medio de abolición. Dicho sea todo esto según las más recientes investigaciones (Solé i Sabaté, 2004), porque durante los últimos veintitrés años los catalanes se acostumbraron a una numeración que designaba a Jordi Pujol i Soley como el presidente ciento quince de la institución. Pero ya se sabe que la historia de las naciones, especialmente de las naciones avant la lettre, es dúctil y está sometida siempre a las últimas investigaciones.

La toma de posesión, aquel día de invierno, del presidente Maragall representó una gran novedad. De esta novedad se ha hablado poco, en Cataluña y fuera de ella, deslumbrados tal vez los analistas por los innumerables y laboriosos trámites de la negociación y por los indeseables azares que marcaron los primeros meses de su alianza con el partido independentista y republicano.

La novedad no estaba sólo en la superficie de las cosas. Es decir, no sólo en la evidencia de que por vez primera la izquierda accedía al gobierno de un lugar que en los primeros momentos de la transición había sido llamado «la isla roja de Europa». Ni siquiera en la interpretación, posible y tal vez justa, de que el cambio suponía el fin del proceso de la transición catalana, del mismo modo que la llegada en 1982 de los socialistas al gobierno de España se había interpretado como la consolidación definitiva del proceso abierto con la muerte, en la cama del poder, de Franco. La novedad profunda era que la izquierda, obstinadamente ausente del poder durante más de dos décadas, iba a confirmar el carácter de la práctica política nacionalista. Es decir, iba a decidir con su acción de gobierno si el nacionalismo era un mero atributo endosable a la política de Convergència i Unió o bien se trataba ya de un rasgo ontológico, independiente de las políticas concretas que cada partido aplicara. Era en este sentido que alguna gente se preguntaba antes de las elecciones, y casi siempre con cierta ironía resignada, si Maragall iba a ser el sustituto de Pujol o su heredero.

Desde luego, y bastaba con una somera mirada a los antecedentes, la pregunta tenía bastante de retórica. Durante más de dos décadas las características esenciales (y vinculadas una a la otra) de la política socialista habían sido su absoluta ineficacia como alternativa a Pujol y una exasperante pusilanimidad en el ejercicio de la oposición. Tan sólo durante algún tiempo, indefinido y breve, en torno a los prolegómenos de los Juegos Olímpicos de 1992, Maragall, entonces alcalde de Barcelona, había hecho concebir la posibilidad de que fraguara un discurso alternativo al pujolismo. Pero el errático carácter de su política y la perenne confusión de sus ideas no permitió que la posibilidad se concretara. Y las siempre discretas esperanzas de los adversarios del pujolismo se sostenían por el extenuante hartazgo de esa política veintitrés años hegemónica antes que por las garantías que la alternativa ofrecía. La campaña electoral de los socialistas no cambió el panorama. Lo más nítido de su oferta fue la reforma del Estatuto. Ni en el resto de las iniciativas que acompañaban el programa, ni en las personas que iban a encargarse, presuntamente, de aplicarlo podían advertirse signos de clara ruptura con el pujolismo.

A pesar de los antecedentes sería absurdo negar que la formación del nuevo gobierno no levantó expectativas. Y hasta esperanzas en buena parte de los que querían que la victoria de Maragall supusiera un cambio profundo. Aunque sólo fuera por oír pronunciar a los locutores de las emisoras públicas el anhelado sintagma «El presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall...» ya valía la pena correr, para muchos, el riesgo de la ingenuidad. Además, Maragall había actuado con inteligencia. Aunque obtuvo menos escaños (no menos votos) que su rival convergente y quedó por debajo de las expectativas, dio un ejemplo de fortaleza y confianza en sus posibilidades desde la misma noche electoral. Cuatro años antes ya había ensayado la misma actitud, cuando se empecinó en la evidencia que tantos pasaban por alto: esto es, que había obtenido más votos que Pujol. Aquel empecinamiento logró restarle a su rival unas micras de legitimidad y puso las bases, aunque fueran infinitesimales, de la complicada operación estratégica que le llevaría finalmente a la presidencia. La noche electoral del 2003 Maragall insistió una y otra vez en que el gobierno de la izquierda era posible y que había que trabajar por él. Muchos de sus más incondicionales partidarios no podían creer lo que estaban viendo y siguieron sin creerlo hasta que el 20 de diciembre fue investido, sobre todo por sí mismo y la confianza fértil que había demostrado en sus posibilidades.

Ha bastado un año, sin embargo. Maragall es, con toda crudeza, el heredero de Jordi Pujol y lo que ha resultado ser hasta ahora su obra de gobierno (y también lo que no ha resultado ser) avala la tesis de que el nacionalismo gobernante, elaborado y construido por el pujolismo, es un escenario político irrevocable. Maragall y la izquierda lo han revalidado nacionalmente, asumiendo con una simpleza política y moral muy meditable, que Cataluña es nacionalista o no es. El cierre completo del modelo nacional que la política de la izquierda garantiza (cierre al que tampoco el Partido Popular de Cataluña de Josep Piqué se opone) es seguramente la condición primera de que la palabra obscenidad resulte muy adecuada para describir la actividad política del gobierno tripartito.

Pujol siempre temió que una victoria electoral de los socialistas catalanes pusiera en evidencia, aunque sólo fuera por contraste, los excesos de su política. Y, desde luego, las frías y hasta desagradables relaciones personales y políticas que mantuvo casi siempre con Maragall no eran las que podía esperarse entre un páter y un disciplinado heredero. Aun en sus épocas más implacables Pujol gobernó con la relativa timidez del que ignora qué van a hacer los que vengan. Eso no quiere decir, por supuesto, que su política no fuera, a mi juicio, desgraciada y sectaria, y que tuviera poco que ver con la visión de estadista que un cierto complejo de inferioridad muy madrileño le atribuyó cíclicamente. Pero Pujol, y es lo único que advierto en él de estadista, trató siempre de evitar una política demasiado exhibida.

Ahora los miramientos parecen haberse acabado. La mayoría de la izquierda se aventura sólida y duradera. Es cierto que la ínfima categoría de Carod y su profunda inexperiencia es un factor continuo de inestabilidad; pero incluso este factor puede jugar a favor del gobierno tripartito. Porque la chocarrería y la demagogia del presidente de Esquerra Republicana le aseguran el clamor de las bases del partido y las mantiene unidas a un proyecto cuya radicalidad podría verse afectada por el realismo imponente de cualquier acción de gobierno. No hay bien que por mal no venga, y la expulsión de Carod de la gestión gubernamental, a causa de sus conversaciones con los terroristas, puede haber contribuido a la consolidación de un dualismo que, en formas diversas, suele caracterizar a los partidos que gobiernan y que contribuye al mantenimiento de su hegemonía. El ejemplo vasco de la época de Arzalluz e Ibarretxe es perfectamente revelador.

Sin embargo, la obscenidad del tripartito no se explica tan sólo por su despejado horizonte. También lo tuvo Pujol. Se explica, sobre todo, porque los que vengan no van a reprocharle sus excesos. No: partirán de sus excesos. Hay que insistir en ello: el acceso al poder de la izquierda ha blindado el statu quo nacionalista y cualquier política posible avanzará desde él.

En un año el gobierno catalán ha aprobado seis leyes. Dos de ellas, las referidas a los presupuestos y a las medidas fiscales, eran obligatorias. De las otras cuatro, sólo dos se han aprobado por su propia iniciativa. El resultado es paupérrimo. Contrasta con las fantasías de Maragall, que al firmarse el acuerdo de gobierno había anunciado poco menos que una revolución legislada. El yermo refleja los considerables problemas políticos que ha atravesado la coalición y la dificultad de aunar sus intereses en la gestión de las cosas. Pero, sobre todo, es una desoladora muestra de la falta de imaginación política de la izquierda catalana, que ha esperado veintitrés años para gobernar y que, impelida ahora a concretar el radio de su ambición y la novedad de sus puntos de vista, se ha quedado dramáticamente muda. El vacío legislativo, además, tiene un correlato más indefinido pero igualmente inesperado en lo que afecta a la gestión pública propiamente dicha. Los usos y modos del anterior gobierno se mantienen, más allá de ligeros maquillajes: baste ver, en este sentido, el ejemplo de los medios de comunicación autonómicos en cuya ética y estética cualquier observador imparcial aprecia cambios insignificantes.

La evidencia obscena de un gobierno que no gobierna y sólo administra (o sólo representa) cabe vincularla, desde luego, al proyecto fundamental de este gobierno, la reforma del Estatuto de Autonomía. No sé si es muy conocido fuera de Cataluña que el gobierno, a propuesta de uno de sus miembros más ornamentales, el dirigente de Iniciativa, Joan Saura, convocó un concurso de ideas para esta reforma. El concurso estaba abierto a todos los ciudadanos. La ocurrencia, en sí misma, sólo puede ser calificada de sensacional y bastará, para calibrarla, con que se piense en la posibilidad de que la reforma de la Constitución española fuera sometida a un concurso de ideas análogo. De lo que se deduce a qué niveles de dejadez y de simplismo ha descendido la política en Cataluña. Como en los tiempos de Pujol, el principal desmentido de que Cataluña sea una nación lo sigue ofreciendo la gestión política de la autonomía. Sin embargo, el concurso de ideas revela simbólicamente algo más profundo que atañe a la inactividad legislativa y al propio sentido del proyecto de reforma estatutaria. En realidad, hay crecientes sospechas de que el gobierno catalán no sabe en qué reformar el Estatuto. Se comprende: la autonomía ha alcanzado niveles competenciales que tienen difícil equiparación en el resto de estados democráticos. Y bien: lo que puede mejorar del funcionamiento autonómico, como la cuantía o distribución del dinero o la atención a los inmigrantes, no necesita de una reforma. Y lo que podría reformarse, como la inclusión del derecho de autodeterminación, no tiene la menor posibilidad de reformarse. La reforma del Estatuto ha quedado, así, limitada ¡al nombre que ha de recibir Cataluña!, pendiente, por otro lado, de lo que se acabe disponiendo en la propia Constitución. No extraña que se pidan ideas para amenizar el inmenso vacío dispuesto. La reforma del Estatuto no es nada y va desnuda.

El nombre de la cosa y la polémica que se generó en torno a éste es, sin embargo, otro rasgo claramente obsceno. Puede decirse que el consenso constitucional de 1978 relativo a la organización autonómica se basó en lo indecible. El texto constitucional establecía que en España había nacionalidades y regiones. No se especificaba cuáles lo eran. Esa ambigüedad era la clave de bóveda, como muchas veces se ha dicho. Una ambigüedad fértil, porque, a pesar de su naturaleza, o quizá gracias a ella, ha ordenado dos décadas de desarrollo autonómico. Ahora se pretende acabar con la ambigüedad. La operación es peligrosa. Uno puede aceptar lo real. Al fin y al cabo lo real es irrevocable. Otra cosa muy distinta es aceptar lo real por escrito, sellado y rubricado. Sólo los espíritus muy sumarios, es decir, los espíritus nacionalistas, tienen dificultades en comprender esta distinción. También está la posibilidad de que la comprendan perfectamente: algunas de las declaraciones y actitudes de los gobernantes catalanes llevan a pensar que lo que en el fondo pretenden es sólo, y precisamente, esto: que conste por escrito la superioridad histórica, es decir moral, de su autonomía. Tal vez como forma de aliviar los siglos de derrotas y de complejos de las que los actuales nacionalistas se sienten inexorablemente herederos.

Cualquiera de las dos hipótesis va a traer inestabilidad y muchos problemas. El conflicto real de las asimetrías, incluidos los federalismos asimétricos, no se da entre Cataluña y España, sino entre Cataluña y Extremadura, Andalucía o Navarra. Es la misma distinción fundamental que hay entre Madrid (cursiva) y Madrid (redonda). El Madrid cursivo ha sido la sinécdoque que muchos catalanes, incluidos algunos catalanes no nacionalistas, han utilizado para aludir a los problemas de entendimiento con el gobierno central. Pero cuando Carod pide el boicoteo a los Juegos Olímpicos de Madrid es evidente que da un paso al frente inédito: el antiguo Madrid ya no es el gobierno del Estado, sino el pueblo de Madrid. Es peligroso. Peligroso no quiere decir la guerra civil. Una de las imposibilidades de la crítica política en España es que la guerra civil aparece o se intuye a los dos palabras de discusión. Peligroso quiere decir algo más peligroso que esa guerra civil invocada, pesadilla ya muy fondona. Peligroso quiere decir subdesarrollo. Económico. Político. Moral. Cultural. Peligroso quiere decir, también, los resultados del Informe Pisa1 y la indiscutible corrupción intelectual española de la que el nacionalismo es un ejemplo, y no menor. Peligroso es que las energías colectivas de un país estén sometidas a un fatigoso pleito inacabable. Aunque subvencionado. Porque una de las más llamativas características del pleito nacionalista es que para sobrevivir no tiene que apoderarse de ningún mercado. Todos sus protagonistas y la totalidad del intercambio se sucede en un imaginario donde no hay que presentar balances: el nacionalismo es una discusión de las élites gubernamentales, ministros, consejeros, alcaldes, concejales y presidentes de Diputación. Comen, viajan y discuten gratis. Estoy seguro de que buena parte de las razones de su supervivencia se deben a su carácter gratuito. A eso y a su nimio vuelo intelectual: en el nacionalismo, como en las discusiones deportivas, todo el mundo participa. Incluso el presidente extremeño Rodríguez Ibarra y el citado Carod.

Antes he mencionado la guerra civil. Su evocación creciente en la política española y catalana se ha teñido también de obscenidad. Hasta ayer mismo la política de la izquierda respecto a la guerra civil seguía fundamentada en los ya remotos principios de la reconciliación nacional fijados por el Partido Comunista de España en 1956. Es decir, una política basada en el sometimiento a la realidad, en la comprensión dolorosa y fría de que Franco había ganado la guerra civil y en la demanda de pacto y olvido. No es ya la política de la izquierda española y mucho menos de la catalana. Las graves implicaciones de este cambio de actitud no puedo analizarlas ahora en detalle. En metáfora puede decirse que la izquierda española persigue una utopía. Una utopía más: ganar la guerra civil. Lo había visto muy claramente, y muy pronto, uno de los fascistas más completos que yo haya tratado en mi vida, el empresario Francisco Godia, cuando hablando desde el otro lado de su mesa de trabajo, ornada por un crucifijo y la reproducción del testamento de Franco, se mostró dispuesto a olvidar que hubo una guerra civil, dispuesto incluso a olvidar «que la ganamos», pero absoluta y violentamente opuesto a admitir «que la perdimos». En fin, metáforas. Algo mucho más económico y ambiguo que el proyecto en el que trabaja el vicepresidente Saura, ese Memorial Democrático que el gobierno tripartito va a crear. Un lugar de memoria y un centro de estudio dedicado, en exclusiva, a los caídos republicanos de la guerra civil y al conjunto del antifranquismo. No me interesan, por obvios, los déficit morales de la iniciativa. Lo importante son los científicos: esa ilusión pueril de explicar una guerra y sus consecuencias con una de las dos balas. Aunque sea con la bala de plata.

Los ejemplos de obscenidad se acumulan, pero pocos superan, en este sentido, el impacto de la imagen que mostró a la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, leyendo por orden de Carod un papel donde reafirmaba que catalán y valenciano eran la misma lengua. Pasaré rápido por la falsa e irresoluble polémica. Catalán y valenciano son la misma lengua si se entiende, por analogía, que el español de Colombia es el mismo que el de España. El problema es que, a diferencia de lo que pasa entre españoles y colombianos, los valencianos y los catalanes no utilizan el mismo nombre para designarlas. A los catalanes no les parece prestigioso llamarla valenciano. Y a los valencianos tampoco llamarla catalán. Este es el único e irresoluble problema, que fija muy bien, por otro lado, los límites de la permanente ensoñación catalana. No sólo es que el pancatalanismo político no haya resistido la prueba elemental de la democracia. Sólo funcionó, como tantos otros mitos de la izquierda y del nacionalismo, durante el franquismo; y, desde ese punto de vista, nunca Valencia y Cataluña, al menos el establishment político, habían estado tan divorciadas como en este primer año de gobierno tripartito. Pero es que ni siquiera el pancatalanismo lingüístico ha pasado la prueba. Porque cabría recordar, en este sentido, que la aspiración política del catalanismo no fue que las instituciones científicas reconocieran que catalán y valenciano son una misma lengua. Aspiraban a que se llamarán igual. A que se llamara catalán. A que se llamara como hoy nadie lo llama en Valencia, con la excepción de algunos restos del naufragio que aseguran, con gran seriedad, que ellos hablan en «català, registre valencià», y pasa la gente y los mira.

La imagen sometida de la vicepresidenta va mucho más allá del texto concreto que debió leer. Es el reflejo de una relación entre gobiernos y entre minorías parlamentarias, a la que no le importa exhibirse como lo que realmente es: un chantaje. El chantaje forma parte de la práctica política española desde el principio de la restauración democrática. Pujol fue un virtuoso de la estrategia. Pero nunca como ahora la manifestación pública del chantaje había formado parte del chantaje mismo. El 20 de noviembre de 2004, poco antes de la primera votación presupuestaria del gobierno Zapatero, el diario El País publicó este titular a cuatro columnas en su sección de España: 

«El Gobierno reconoce la unidad del catalán y ERC apoya los Presupuestos».

El primer párrafo de la información decía: «La vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, admitió ayer que catalán y valenciano son una sola lengua, y se amparó para ello en la opinión de la comunidad científica y universitaria. Fernández de la Vega hizo el pronunciamiento tras el Consejo de Ministros, y con él cumplió el acuerdo al que llegaron la pasada semana José Luis Rodríguez Zapatero y el líder de ERC, Josep Lluís Carod, en la Moncloa. Poco después del pronunciamiento del Gobierno, Carod anunció el apoyo de ERC a los Presupuestos». 

Nada de esa información fue desmentida. Y por supuesto no la desmintieron los hechos. Los hechos tampoco desmentían nada en tiempos de Pujol. Pero sí lo hacían sus protagonistas. En otros tiempos una información semejante habría sido corregida por algún miembro del gobierno pujolista. Algo así: 

«Convergencia niega que su apoyo a los presupuestos se deba a la resolución del conflicto lingüístico». 

Sin embargo, en esta ocasión, nadie, ni del gobierno catalán ni del gobierno español, ni ninguno de sus representantes parlamentarios se vieron en la necesidad de semejante disimulo. No creo que haga falta insistir en la degradación de la política que supone semejante circunstancia. Que cumple, además, el rasgo más habitual del chantaje: esto es, que el chantajista cobra en una especie (unidad lingüística) en absoluto vinculada con su amenaza (presupuestos). Y donde lo más llamativo, como ya anticipaba, es la indiferencia obscena que chantajeador y chantajista manifiestan ante la publicidad de su común negocio. 

Acabo. Hay un último episodio. Vinculado a la fibra íntima de la nacionalidad catalana. La lengua. Durante años, el nacionalismo y Pujol, destacadamente, eludieron cualquier manifestación organicista de la identidad catalana. El hecho diferencial catalán estaba en el idioma. Los excesos de Pujol respecto a la relación entre lengua y cosmovisión no pasaron nunca de alusiones más o menos hueras al romanticismo alemán y al hecho (sic) de que el uso de una lengua determinara la cosmovisión del individuo. A finales del mes de noviembre, y durante su asistencia a la feria del libro de Guadalajara (Méjico), Pasqual Maragall pronunció la frase inmortal: «La lengua es el ADN de Cataluña». Llegó donde nunca se había atrevido a llegar Pujol. En metáfora: a la síntesis definitiva entre naturaleza y cultura como conformadoras del ser catalán. Que las palabras del presidente de la Generalitat no signifiquen nada, que sean sólo producto de su cerebro espongiforme (la formulación es un mero retal arrancado y mal cosido de la moda ontológica del gen y de las curiosas y publicitadas afirmaciones del periodista Álex Grijelmo respecto al gen, al genio y a la eugenesia de las lenguas) y que no vayan a tener ninguna importancia práctica, es lo de menos. Lo importante es que hayan podido ser dichas, que ejemplifiquen a la perfección este estado de barra libre –cuatro barras libres— en que vive la Cataluña nacionalista (pleonasmo). Un lugar donde la obscenidad ha desplazado a su antónimo más genuino. A la política.

BIBLIOGRAFÍA
Solé i Sabaté, J. M. (2004): Història de la Generalitat de Catalunya i dels seus presidents (1359-2003), Enciclopèdia Catalana.

1 El martes 7 de diciembre el diario El País daba a conocer los resultados de la segunda macroencuesta educativa conocida con el nombre de Informe Pisa. Aún más devastador que el primero por lo que respecta al nivel de conocimientos de los alumnos españoles.

Arcadi Espada  es periodista. Su último libro: Notas para una biografía de Josep Pla.

¿Inconcebible?
Cartas al Director ABC 2 Marzo 2005

El señor Joan Puigcercós ha declarado que le parece «inconcebible» el que el señor Marín no permita utilizar en las sesiones del Congreso de los Diputados lenguas distintas al castellano. Sin embargo, a mí lo que me parece inconcebible es que haya políticos empeñados en crear nuevos problemas donde no los hay. Me parece inconcebible que en un país en el que todo el mundo habla una lengua, que medio mundo desearía aprender, se quieran incluir las lenguas regionales en el Parlamento nacional. Me parece inconcebible la libertad con la que algunos políticos reclaman medidas estúpidas que no solucionan nada y que nos cuestan dinero a todos los españoles. Inconcebible hay muchas cosas, señor Puigcercós, como que haya gente que ocupe cargos de responsabilidad y anden tan «escasos de razón».     Rodrigo Aguado Tuduri.    Madrid.

Desencuentro
Cartas al Director ABC 2 Marzo 2005

El desencuentro entre la Asociación de Víctimas del Terrorismo y el Alto Comisionado del Gobierno, Gregorio Peces-Barba; las recientes declaraciones de Conde-Pumpido sobre el recurso de «Manos Limpias» en el «caso Atucha» y el indignante por caluroso recibimiento que se le ha dispensado a Gerry Adams, uno de los jefes de la banda terrorista irlandesa IRA, no son sino más y más pruebas del claro acercamiento que el Gobierno de Zapatero está haciendo al sector más radical de la Comunidad vasca, por mucho que lo nieguen (luego hablan de «bocas pequeñas»).

Supongo que Rodríguez Zapatero quiere pasar a la Historia como el presidente que acabó con el terrorismo en España (¡y quién no!), y como no tiene la firmeza necesaria para enfrentarse al problema como debería, opta por lo que mejor le sale: ceder diciendo que sí a todo menos al PP y a sus simpatizantes.

Cuando tras las elecciones vascas el PSOE pacte con el PNV un gobierno para esa sufrida Autonomía, todo estará consumado -unos años aplicando el «plan López» para luego pasar directamente al «plan Ibarreche» y la autodeterminación-, y habrán ganado los de las pistolas y quienes les apoyan. Lo verdaderamente terrible es que entre estos últimos se contará el Gobierno de la nación.   Mario González Gutiérrez.    Madrid.

Lucha de clases en el País Vasco
MARTA FERNÁNDEZ VALLEJO BILBAO ABC  2 Marzo 2005

Mantienen un encierro en el instituto Bertendona de Bilbao en defensa de sus puestos de trabajo. Son sesenta docentes de los 157 a los que un decreto del Gobierno apoyado por los sindicatos ELA, LAB y STEE-EILAS les hará perder la estabiliad el próximo curso por no haber aprobado el perfil de euskera. Creen que los diez, quince y hasta más de veinte años que han sido «útiles» al sistema educativo vasco les otorga el derecho a que no les dejen fuera de él. El Gobierno vasco dice que cumple con un acuerdo sindical, recalca que «no son funcionarios» y que «han tenido y tienen posibilidades de euskaldunizarse» y recuperar sus puestos.

Julio Zamora: «Echan por tierra toda mi labor»
Profesor de niños ciegos. 47 años
Julio ha invertido muchos años en prepararse para su especialidad: ayudar a niños invidentes a integrarse en colegios ordinarios. Trabaja desde hace 16 años en el Centro de Recursos para Invidentes de Atxuri, en Bilbao. dice orgulloso. «Me encanta mi trabajo, mi mundo es el de los ciegos, y este curso que estoy liberado para estudiar euskera los echo de menos. Estar con estos chicos es terriblemente enriquecedor», dice. Sin embargo, este maestro no tiene el perfil de euskera que le exige Educación, y está con un pie fuera del sistema. «Se tarda años en prepararte para este trabajo. No entiendo que tiren este bagaje por tierra, toda esta labor de artesanía porque un burócrata de la Consejería firme un decreto». Julio cree que el euskera no es un problema. «Llevo desde 1974 estudiando y me defiendo perfectamente con chavales euskaldunes».

Erla María Bombín:«¿Debo ir al exilio por segunda vez?»
Profesora de Química. 52 años
Nació en Montevideo, donde su padre se había exiliado tras la Guerra Civil. «Mi padre siempre tuvo la ilusión de volver al País Vasco. Nos describía una tierra hermosa». Regresó en 1987. «Da pena ver cómo está: es un país dividido», se lamenta. «Dejé mi trabajo, sabía que en lugar de ir para arriba profesionalmente iba para abajo, lo que no pensaba es que iba a caer tanto. En este sistema educativo, soy el último mono». explica. Ahora está liberada para estudiar euskera. «Yo hablo tres idiomas, pero sé que, a mis años, no voy a sacar el perfil. Cualquier neurólogo podría avalar que con 50 años no podemos llegar a dominar un idioma para dar clases. Necesitamos más que dos años». Su padre tiene ahora 90 años y Erla se pregunta si, cuando ella se quede sin trabajo, «¿me tendré que ir de Euskadi y exiliarlo por segunda vez?». «Volvimos por él y se echa la culpa de cómo estoy. Pero esta vez nos tendrán que sacar por la fuerza. Es mi última batalla».

Idoia Castillo:«Era imposible: trabajo, familia y euskera»
Profesora de Música. 46 años
«A varias generaciones el euskera nos ha pillado en medio. Nuestros padres no nos podían dar una enseñanza en euskera y ahora nos lo exigen para trabajar». Idoia Castillo entró en 1987 como sustituta en el entonces Conservatorio Superior de Música de Bilbao. Le duele que les hayan llegado a llamar «vagos» a «personas que hemos hecho dos carreras y llevamos años trabajando con ilusión». Los estudios superiores de Música se trasladaron a San Sebastián y se imparten ahora en una fundación privada. «Mi asignatura se da allí. Y lo más triste es que ese centro privado, subvencionado por el Gobierno vasco, no exige euskera a los profesores. La mayoría son extranjeros», se queja. Idoia lamenta que entre el colectivo de docentes que se han quedado en la cuneta en el proceso de euskaldunización hay un gran número de mujeres con obligaciones familiares. «Con tres hijos, y un trabajo, debía sacar tiempo para estudiar euskera porque pedí durante diez años que me liberaran y no lo logré. ¿Dónde está esa conciliación entre trabajo y vida familiar?».

Pablo García de Vicuña: «Vamos a lograrlo porque es justo»
Profesor de Historia. 46 años
Este licenciado en Historia había publicado un libro en el que recogía años de investigación sobre el País Vasco. Pensaba que le contaría como mérito. «Me dijeron que esos trabajos de investigación no me valían ni medio punto. A ti sólo te cuenta la titulación lingüística, me aclararon. Aquel día me di cuenta de qué iba esta historia», recuerda. Durante años se dedicó a elaborar material didáctico sobre la historia de Euskadi porque había «muy poco». A su vocación de profesor-investigador se le cruzó en el camino el euskera. «Dos años de aprendizaje de un idioma no te capacitan para impartir clases. Jamás seré capaz de transmitir los conocimientos a los alumnos con la misma calidad que lo hago en castellano». Lamenta que parte del colectivo de docentes les mire «mal» porque se han atrevido a «sacar los pies del tiesto» y cree que la Administración quiere hacer «una maniobra ejemplarizante» con ellos.

Begoña Endemaño: «Doy las clases de inglés en inglés»
Profesora de Inglés. 51 años
En 23 años Begoña ha recorrido 23 escuelas e institutos del País Vasco. «He hecho un trabajo útil y con ilusión». Recuerda que hace años en euskera «había muy poco material para trabajar». «Sin embargo yo contaba con muchos recursos para impartir inglés. Se lo pasaba a mis compañeros para que crearan los mismos materiales en euskera. He trabajado mucho y con entusiasmo», recalca. No comprende por qué necesita aprobar el perfil lingüístico 2 cuando sus clases las imparte en inglés. Aprobar euskera lo ve una misión imposible. Lleva dos cursos liberada sin conseguirlo.
«Estudiar euskera ha sido una tortura. Soy ama de casa y tengo hijos. Ahora entiendo a mis alumnos fracasados, a esos que adoptan una actitud pasota en el aula. Me siento como ellos, desbordada», reconoce. «Sí me imaginaba que iba a acabar de cuidadora en un comedor o en un centro para adultos pero en la calle, sinceramente, no».

Teresa Nuñecas:«Hemos estado machacados»
Maestra de Primaria. 49 años
Estudió para impartir «Sociales» en la escuela y acabó enseñando castellano a inmigrantes africanos. Firmaría ahora mismo para que le destinaran hasta su jubilación a uno de los muchos centros de enseñanza permanente de adultos por los que ha pasado durante todo este tiempo, «tanto en horario de día como de noche», y en los que ha trabajado «muy a gusto» con inmigrantes. También le hubiese gustado quedarse para siempre en su último puesto de cuidadora en el comedor del colegio de San Francisco en Bilbao. Pero hay muchos candidatos para pocos huecos de castellano. Se queja de que la condición de maestro sin perfil convierte a un docente en un «todoterreno». Ha dado desde Matemáticas hasta Educación Física. «Y vas donde te mandan. Si te dicen a Ermua a Ermua, a Durango, pues a Durango. Me he recorrido todos los centros de Vizcaya. Hemos estado muy machacados. Trabajar para la Administración pública no es como para una empresa privada, en la que después de tres años o te quedas o te vas». Después de 17 años en la enseñanza, le han liberado este curso para estudiar euskera, aunque la oportunidad le llega un poco tarde.

Zapatero ensalza en París las lenguas autonómicas mientras que Marín las destierra del Congreso
«La España del castellano es grande, pero lo es más con la del catalán, el gallego y el euskera», afirmó ante la Asamblea Nacional francesa
La polémica sobre el uso del catalán abre otra brecha en las relaciones Marín-PSOE
El presidente de la Cámara prohíbe las lenguas cooficiales y Zapatero le enmienda la plana desde París
Primero fue la reforma del sistema de nombramientos en el CGPJ, luego la ordenación del debate sobre el Plan Ibarreche, ahora es el uso del catalán. El caso es que la decisión de Manuel Marín de prohibir las lenguas cooficiales en la Cámara Baja abre una nueva brecha en sus relaciones con el Gobierno y el PSOE. Ayer mismo, ERC conminaba al jefe del Ejecutivo a mover pieza y actuar en coherencia con la comprometida defensa de la pluralidad lingüística. Ajeno o no al emplazamiento de sus socios, Zapatero desde París enmendaba la plana a Marín con un: «La España del castellano es grande, pero lo es más unida a la del catalán, el gallego y el euskera».
Manuel Marín vuelve a contradecir al Gobierno con las lenguas
Esther L. Palomera La Razón 2 Marzo 2005

Madrid- Hecho: ni el Reglamento de la Cámara Baja ni la Constitución reconocen más lengua oficial que el castellano. Hecho: en lo que va de Legislatura, el presidente del Congreso, Manuel Marín, ha hecho la vista gorda en ocasiones con el uso del catalán. Hecho: por escrito y con traslado a la Mesa, Marín oficializó su posición de permitir intervenciones «escuetas» en catalán, euskera o gallego siempre que tuvieran traducción inmediata.
A partir de aquí, todo es susceptible de valoración: lo que Marín llama «emboscadas» permanentes de ERC, y también su decisión de prohibir radicalmente el uso de lenguas cooficiales en sede parlamentaria invocando el artículo 3 de la Constitución.

Lo cierto es que la penúltima decisión del presidente de la Cámara Baja pone en un brete tanto al Gobierno como al PSOE que, en sus acuerdos con ERC, se han comprometido no sólo a defender el uso del catalán en Europa, sino a promocionar las lenguas cooficiales en toda España. Bastan dos ejemplos. Uno, la aprobación de sendas proposiciones de ley en la Comisiones de Educación y Cultura para promocionar el aprendizaje del catalán en la enseñanza secundaria de todas las Comunidades Autónomas y para rotular todos los carteles de los museos de la red nacional a las tres lenguas cooficiales.

Ambas fueron recordadas ayer por el independentista catalán Joan Tardá cuando el presidente del Congreso comunicó, por escrito, a los miembros de la Mesa su decisión, esta vez inapelable, de hacer respetar el castellano y sólo el castellano en el Parlamento. A Tardá y a sus correligionarios de ERC les faltó tiempo para denunciar la incoherencia entre la decisión de Marín y la posición oficial del Gobierno y el PSOE que recién llegados a Moncloa dieron la batalla en Bruselas para que se reconociera el catalán como lengua de trabajo. Los de Carod hablaron de «comportamiento infantil» del presidente del Congreso, de «paso atrás» en el reconocimiento de la pluralidad lingüística, pero sobre todo se mostraron confiados en que el PSOE manifieste públicamente hacia «dónde quiere que caiga la pelota». No perdió ocasión en recordar que José Luis Rodríguez Zapatero comparte la necesidad de avanzar por el camino de la pluralidad, ni tampoco para emplazar al PSOE para que medie en la polémica. Ajeno o no a lo que ocurría en sede parlamentaria, lo cierto es que el presidente del Gobierno vino a enmendar la plana a Marín desde París con su discurso ante la Asamblea Nacional Francesa. Allí, ante 577 diputados franceses, sentenció: «La España del castellano es grande, pero lo es más sumada a la España del catalán, la del gallego y la del euskera». Que cada cual saque sus propias lecturas. Pero, ésta es, coinciden tanto en el PSOE como en el resto de los grupos parlamentarios, una nueva brecha en las relaciones de Marín con el Gobierno. Ahora, sólo falta saber quién ganará el pulso. Y, entre tanto, el «conseller en cap», Josep Bargalló, se negó ayer a responder una pregunta en castellano durante una rueda de prensa, «en justa correspondencia con el acuerdo del Congreso».

Los historiadores denuncian el «ninguneo» de la palabra España
18 catedráticos recogen en un libro la evolución del concepto en 2.200 años
La denuncia es meridiana: «Escritores, políticos y locutores silencian el nombre España. En el País Vasco es un vocablo maldito y en el resto de España se cita casi en susurros». Lo dice el catedrático e historiador Vicente Palacio Atard, coordinador del libro «De Hispania a España», presentado ayer en Madrid, y lo sostienen 17 colegas, todos ellos catedráticos y académicos de la Historia, que colaboran en esta obra publicada por Temas de Hoy.
Goyo García Maestro La Razón 2 Marzo 2005

Madrid- España fue una invención de los romanos. Fueron ellos, quienes hace 22 siglos, decidieron bautizar con el nombre de Hispania una realidad geográfica, cultural y jurídica. Desde entonces, el vocablo ha resistido los embistes del tiempo y las invasiones de godos, árabes y franceses. Vicente Palacios Atard y Gonzalo Anes, director de la Real Academia de la Historia, explicaron ayer sus convicciones de que en la actualidad estamos viviendo «la mayor crisis del del concepto España» a lo largo de estos 2.200 años.

Palacios Atard señaló que «escritores, políticos y locutores ningunean el nombre de España» mientras que Anes criticó la actitud «pueril de muchos que se olvidan de decir España para referirse a este país, mientras en algunas zonas implica un acto de heroísmo».

El libro (a cada historiador le toca desmenuzar cómo era la imagen de España en cada momento) reúne las ponencias de un ciclo que se celebró el año pasado en la Real Academia de la Historia con la colaboración del Colegio Libro de Eméritos, y se publica, según Palacio Atard, en un momento muy apropiado, porque «está en tela de juicio el concepto de nación española como lo demuestra el hecho de que el nombre de España aparece muchas veces minimizado y ninguneado».

Palacio Atard recordó una anécdota que cuenta Manuel Azaña en sus memorias, cuando Juan Negrín le contaba que el primer lehendakari, Juan Antonio Aguirre, no soportaba la palabra España. Hoy, señaló Palacio Atard, se mantiene esta actitud en muchos sectores. «Parece como si pudiera herir sensibilidades de la gente, como si fuera una blasfemia –apuntó Anes–. Así que pensamos que el libro contribuirá a desterrar este miedo».

El «prodigio», como dijo Anes, de conservar la misma denominación 22 siglos comienza cuando los visigodos se asentaron en suelo hispano. Después vino la invasión islámica, que puso en riesgo la conservación del nombre de Hispania (sustituido por Al-Andalus), pero guardado con celo por los mozárabes de Córdoba y Toledo. El libro recorre cada uno de los acontecimientos que determinaron la configuración de España hasta nuestros días. En el capítulo de los nacionalismos, comentado por García de Cortázar, señala que en el País Vasco y en Cataluña se ha terminado por establecer «el espantoso término Estado español», lo que además de manipulación conlleva una confusión entre institución y país.

En este sentido, el historiador Luis Suárez dijo en la presentación que el Plan Ibarreche «es un salto atrás» y que «conlleva un empobrecimiento», mientras que Anes aseguró que dicho plan «no respeta la Constitución y supone una falsificación de la historia y de la realidad». Anes, no obstante, se mostró optimista y vaticinó «una larga vida» al concepto de España «porque es lo que más nos conviene a todos, y al final eso es lo que acaba imponiéndose».

Vicente Palacio Atard defendió que en otra época «no resultaba incompatible sentirse vizcaíno y español».
El director de la Academia de la Historia aprovechó para criticar que el informe que elaboró esta institución hace dos años sobre la manipulación en la Enseñanza Secundaria en España «sigue vigente porque no se ha corregido nada de lo que allí se denunciaba».

Otros autores que participan en el libro «De Hispania a España. El nombre y el concepto a través de los siglos» son José María Blázquez, Eloy Benito Ruano, Julio Valdeón, Ricardo García Cárcel, Miguel Artola e Hipólito de la Torre, entre otros. Todos, señaló Anes, han trabajado «con rigor histórico y libertad de espíritu».

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