AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 5 Marzo 2005
Cambio de argumento
Miguel MARTÍN La Razón 5 Marzo 2005

Encerrados contra la limpieza lingüística
J. Arias Borque La Razón 5 Marzo 2005

EL CASTILLO DE NAIPES
M. MARTÍN FERRAND ABC 5 Marzo 2005

DE LA CULTURA A LA CULTURETA
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 5 Marzo 2005

CENSURA Y QUERELLA EN EL LABERINTO CATALÁN
Editorial ABC 5 Marzo 2005

EL «XIVARRI» CATALÁN
Jaime CAMPMANY ABC 5 Marzo 2005

España convence a la UE para debatir las lenguas autonómicas
Javier Jiménez La Razón 5 Marzo 2005

El PP denuncia a Pumpido ante el Supremo y le acusa de «connivencia» con el PSOE
F. Velasco La Razón 5 Marzo 2005

Ante la pasividad de Atucha, el «Foro Ermua» denuncia a los que irrumpieron en la Cámara vasca
M. S. G. La Razón 5 Marzo 2005

Los agujeros negros
JOSEBA ARREGI El Correo 5 Marzo 2005
 

Cambio de argumento
Miguel MARTÍN La Razón 5 Marzo 2005

Menos mal. Menos mal que la noticia se produjo después de celebrarse el referéndum sobre la Constitución Europea. Porque si no la abstención hubiera sido todavía mayor. El idioma español ha sido discriminado por la Comisión Europea y no se utilizará en las reuniones que se produzcan para dar cuenta de las determinaciones tomadas por dicha comisión. Es decir, en las conferencias de prensa sobre los asuntos que conciernen a todos los países de la Comunidad sólo se hablará inglés, francés y alemán; los mismos idiomas que la Comisión viene utilizando en las sesiones de trabajo desde los años noventa con la reiterada oposición española. De nada sirve que el español sea la segunda lengua de Occidente y la primera en cuanto al número de países que la hablan en el mundo, ni que los principios de la Unión Europea digan que todos los ciudadanos que la integran tienen derecho a acceder a cuanto les concierne en su propio idioma. El fútil pretexto de la carestía de los intérpretes que esgrimía la Comisión ahora se ha sustituido por el argumento falaz que le ha dado Zapatero: la existencia de otras lenguas en España como el euskera, el catalán, el gallego y el valenciano. Se conoce que él las habla a la perfección.

Encerrados contra la limpieza lingüística
157 profesores sin perfil de euskera protestan desde el 22 de febrero por la pérdida de su plaza Partidos, sindicatos y colectivos piden soluciones, mientras la consejera de Educación responde enviándoles a la Ertzaintza
Más de un centenar de profesores están encerrados desde hace 12 días en un instituto de Bilbao protestando por la pérdida de su plaza. La razón, la política de limpieza lingüística emprendida por la Consejería de Educación del Gobierno vasco de dar de lado a todos aquellos que no tienen acreditado su perfil de euskera. A pesar de las múltiples opciones que existen para solucionar el problema, la consejera Iztueta sólo ha tomado una medida, enviar a la Ertzaintza para desalojar a los profesores, algo que no han conseguido. Partidos, sindicatos y colectivos sociales exigen una solución.
Los 157 encerrados exigen una solución para no perder su plaza después de 15 años
J. Arias Borque La Razón 5 Marzo 2005

Bilbao- Termos de café y recortes de periódicos encima de la mesa principal del salón de actos. Algunos comen algo en el escenario, otros intentan dormitar en las butacas para el público. Los medios de comunicación se han echo más eco de lo esperado de su encierro y eso les da ánimos. Mientras tanto, dos ertzainas dejan pasar las horas en el pasillo esperando que llegue el relevo. Desde el pasado 22 de febrero un grupo de profesores vascos se encuentran encerrados en el salón de actos del bilbaíno Instituto Bertendona intentando buscar una salida a su situación. La politización que se hace desde el Gobierno vasco de la educación les ha convertido en víctimas de la depuración nacionalista.

Ciento cincuenta y siete profesores han perdido su plaza por no tener acreditado el perfil lingüístico de euskera. Después de más de quince años de dedicación, algunos llegan incluso a los veinticinco, no hay luz al final del tunel. Con una media de 45 años y 15 de antigüedad, este grupo de profesores perdió la estabilidad –que les garantizaba una plaza en cada curso– el pasado mes de agosto, desde ese momento pasaron a las listas de sustituciones. Según denuncian los docentes, el pacto firmado entre Educación y los sindicatos nacionalistas ELA, LAB y STEE-EILAS, y refrendado por PNV-EA-IU en el Parlamento vasco les ha llevado a un «futuro incierto».

Búsqueda de soluciones.
Con su trabajo han permitido la euskaldunización del cuerpo funcionarial pero no han conseguido aprobar el nivel dos de euskera en el plazo que tenían y eso Iztueta no lo perdona. Un perfil de difícil obtención ya no sólo por la edad, sino porque el programa «Irale» de euskaldunización «ha sido un rotundo fracaso», según afirma uno de los encerrados. La prueba de ello, es que entre los liberados para estudiar únicamente el euskera suspenden el 60 por ciento, y entre los no liberados (convocatoria libre) suspenden el 80 %.

La situación tiene salidas fáciles, pero parece que Iztueta no tiene intención de solucionar el problema. Según afirma a este periódico el secretario general vasco de CC OO en materia educativa, Javier Nogales, existen soluciones muy viables: «El aumento del número de cupo de estables de 1500 a 1657; la reubicación adecuada del personal en los diferentes tramos educativos. Pueden dar lengua castellana en cualquiera de los modelos e incluso impartirla en la educación de adultos (adultos, inmigrantes...) donde existe una fuerte demanda». Otra posibilidad es su inclusión en la enseñanza de régimen especial. «Escuelas Oficiales de Idiomas (en la comunidad vasca no hay español para extranjeros), conservatorios o formación profesional, apartado este último donde la demanda del modelo en castellano, el modelo A, es del ochenta por ciento».

Los encerrados tienen una cosa clara: «Somos molestos para la imagen de diálogo que pretende vender el Gobierno vasco», muestra de ello es que desde Vitoria ya han mandado a efectivos de la Ertzaintza para intentar desalojarlos, algo que por el momento no han conseguido: los profesores siguen su particular lucha contra la limpieza lingúística.

Múltiples muestras de apoyos al profesorado
Durante las últimas semanas han sido múltiples los responsables sindicales, políticos y los colectivos sociales que se han reunido con los profesores encerrados para demostrarles su apoyo: UGT, CC.OO, PP, UA, PSE, Aldaketa o el Foro de Ermua, entre otros. El ex portavoz del PP en materia educativa en el Parlamento vasco, Iñaqui Ortega, censuró que estos profesores hayan sido «desplazados de su puesto de trabajo por el simple hecho de no acreditar un perfil lingüístico en euskera». Más enérgico aún fue el presidente de los populares vizcaínos, Antonio Basagoiti, quien calificó la decisión de Educación como «una sanción ejemplar» del Gobierno vasco, aunque, a su entender, tan sólo es «un aperitivo» porque «luego irán a por Osakidetza (sanidad vasca) y a por todos los trabajadores públicos». «Esto es una punta de lanza» de lo que calificó de «aparheid político» del nacionalismo gobernante en la comunidad vasca.

Desde las filas socialistas, la ex parlamentaria Isabel Celaá ha exigido ya en más de una ocasión a Iztueta, que «asuma sus responsabilidades» y que reciba al colectivo de docentes. «La consejera no puede eludir su responsabilidad, puesto que ha sido ella quien ha propuesto esta medida, y debe escucharles y dar una solución a un colectivo tan pequeño dentro de un sistema educativo vasco tan grande».

Esta situación obligó incluso al politizado Ararteco (Defensor del Pueblo vasco), Iñigo Lamarca, a pedir que se tomen cartas en el asunto. Así, en una misiva destinada a la consejera reclamó «un esfuerzo» que permita ubicar en el sistema a los profesores sin perfil lingüístico o completar de algún modo su euskaldunización, a la vez que expresaba su «inquietud» por la situación que se ha creado.

EL CASTILLO DE NAIPES
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 5 Marzo 2005

PARECE evidente que el centro de gravedad de la paupérrima vida política española se ha desplazado a Barcelo-na; pero, conocido el efecto, no conviene equivocarse con las causas. Es cierto que los derrumbamientos del Carmel y las acusaciones de corrupción -lo del «tres por ciento»- de Pasqual Maragall a Artur Mas, y en él a toda la historia del pujolismo, tienen algo que ver con esa nueva situación; pero parece más fuerte y determinante la ausencia fáctica de un Gobierno como el de José Luis Rodríguez Zapatero y la acomplejada distancia con la que actúa el PP, monopolista de la Oposición.

En estos últimos tiempos, cuando el partido que preside Mariano Rajoy decide actuar, tomar alguna decisión, lo hace en Barcelona. No se sabe si con el contento o el disgusto de la cúpula instalada en la calle Génova de Madrid. Josep Piqué, por ejemplo, contestado líder del PP en Cataluña, ha decidido presentarle a Maragall una moción de censura. Su irrelevancia como cuarto partido en el Parlament garantiza la escasa prosperidad atribuible al gesto; pero en política también cuentan los gestos y se ganan más combates por puntos que con un rotundo y espectacular K.O.

La voz del PSOE es lastimera y el creciente desencuentro entre la casa madre y su franquicia catalana, el PSC, se pone de manifiesto con lo que, ya sin interés en guardar las formas, dicen líderes como el andaluz Manuel Chaves -¡presidente del partido!- o el extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Si a eso se le añade el problema específico del tripartito que gobierna en Cataluña podemos augurarle al actual líder del socialismo, a Zapatero, un futuro más negro que blanco, en el que pueden empezar a escasearle los apoyos parlamentarios que le sostienen con la inestabilidad propia de un castillo de naipes.

El PP, en el otro plato de la balanza, evidencia desconcierto. Hay situaciones rotundas de falta de liderazgo activo, como, por ejemplo, que Jaime Mayor Oreja, que no vive sus mejores horas populares, se permita discrepar en público -sin que le falten razones- de la rara interpretación que de la línea constitucional y estatutaria de su partido hace en Barcelona el variable, y varias veces variado, Piqué. Tan sin pulso están los populares que, en lo que se detecta, su preocupación principal y su acción más intensa del momento se centran en buscar una declaración para, en el primer aniversario del 11-M, no quedar al margen del resto de los grupos que, como se sabe, han consensuado un documento de recomendaciones al Gobierno con la intención de evitar sucesos tan poco deseables.

Así, sin Gobierno y sin Oposición, o con muy poquito de lo uno y de lo otro, sigue creciendo el desconcierto ciudadano, se hace más oscura la línea del futuro y se siembra el campo para el mejor florecimiento de las fuerzas nacionalistas que, de hecho, tienen la llave de la gobernación nacional. Un mal asunto.

DE LA CULTURA A LA CULTURETA
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 5 Marzo 2005

LOS cronistas que están siguiendo la pasión catalana en estos momentos hablan del fin del mito de una sociedad civil y de la impostura del hecho diferencial según el cual Barcelona era la racionalidad y Madrid la exasperación; aquélla el seny, ésta la rauxa...

¿Y la cultura? ¿O acaso la creatividad no tiene nada que ver con la organización civil? El balance es también terrible. No sólo no se puede hablar de renacimiento cultural en estos 25 años de autonomía, sino de decadencia: «Oú sont les neiges d´antan?», ¿dónde los méritos literarios y artísticos de otros tiempos, incluidos los del franquismo?

Yo viví aquellos tiempos. Y los viví como puente o como mediador. Se me han muerto ya muchos testigos y compañeros. Hago el repaso y me estremezco: Manolo Vázquez Montalbán, Luis Carandell, Montserrat Roig, Xavier Miserachs, María Aurelia Campmany... Éstos y otros que, por fortuna, siguen entre nosotros escribieron «en» Madrid gracias a los oficios que pudimos hacer gentes como Pedro Altares, Víctor Márquez o yo mismo. A partir de los sesenta no era posible un periodismo nacional sin una presencia abundosa de catalanes. ¿Quién podría imaginar que la democracia iba a llevar a un enclaustramiento del mundo creador catalán, por asco a la greña jacobina, hasta el punto de que quienes colaboraran en Madrid constituyeran excepciones y en ese caso tuvieran que estar justificando constantemente su presencia en tierras de infieles?

YA en las vísperas de la transición se dieron hechos que nos permitieron pensar en un ajuste de cuentas por parte de los nacionalistas y sus compañeros de viaje. Recuerdo la polémica que montó Alfonso Carlos Comín en «Taula de cambi» contra los catalanes que escribían en castellano. Según los nuevos inquisidores Barral, Gil de Biedma, ninguno de los Goytisolo... representaban la cultura catalana. Si acaso la barcelonesa. El amable totalitarismo pujolista fue venciendo las resistencias de unos y de otros. La mayoría pasó entonces al colaboracionismo, algunos como Rubert de Ventós al independentismo y los defensores del bilingüismo, aquéllos que habían tenido el apoyo de muchos de nosotros desde Madrid, se dedicaron a implantar el monolingüismo... catalán.

UNA vez hecho este viaje, ¿qué ha sido de la cultura en Cataluña? Después de haberse liberado de Madrid, de lo castellano y, en general, de España, ¿cuál ha sido la suerte para la «nueva» creatividad, ya autóctona, ya vernácula, ya dedicada sin reservas a la propia sangre y a la propia tierra?

Sería terrible intentar aquí una enumeración de los novelistas catalanes más acá de Marsé y Mendoza o de los poetas posteriores a Gimferrer o de los historiadores y críticos literarios después de Martín de Riquer, Díaz-Plaja, los Blecua, Rico, Prieto, Valverde... ¿Acaso no se había dado por hecho que el «reencuentro» de Cataluña consigo misma traería una cosecha incalculable de bienes culturales? Porque se pensó lo mismo respecto al resto de España, pero con más razón en relación con Cataluña, ya que se argumentaba que la cultura catalana estaba sofocada doblemente: por el franquismo y por el castellanismo.

Los críticos catalanes hacen balances culturales en este último cuarto de siglo. Tan sólo de hechos mensurables como la producción editorial. Se dice que hay miedo, que son muy pocos los capaces de enfrentarse a la nueva dictadura, que, de hecho, está resultando arrasadora a juzgar por los resultados...

Yo me pregunto si puede llamarse clima propicio para la cultura aquél que le exige al creador tantas dosis de valor cívico como ocurre en los casos de Boadella y Espada.

CENSURA Y QUERELLA EN EL LABERINTO CATALÁN
Editorial ABC 5 Marzo 2005

LA crisis provocada por la acusación de corrupción lanzada por Maragall contra CiU se está describiendo como la mutación brusca de un remanso de paz en un avispero político. Probablemente, en una valoración intermedia esté el criterio adecuado, pero lo cierto es que el presidente de la Generalitat ha causado la quiebra de muchos tópicos sobre la forma catalana de hacer política. La comparecencia que Maragall hizo ayer ante los medios no aportó ninguna novedad, limitándose a acusar recibo de la moción de censura presentada por el PP y de la querella interpuesta contra él por CiU, acción judicial que calificó como «hecho gravísimo» y «sin precedentes».

La percepción general, dentro y fuera de Cataluña, es que ha llegado el momento de revisar los clichés de la clase política dominante -convergente y socialista- y de plantearse alternativas a un sistema de partidos que ha confundido la estabilidad con el estancamiento. En buena parte este estado de cosas es lo que explica la irrupción del Partido Popular en la escena política catalana y, a pesar de su minoría parlamentaria, la eficaz gestión que está haciendo de su indemnidad frente a los reproches cruzados entre CiU y Maragall. No corriendo ningún riesgo de verse salpicado por el ejercicio de un poder que nunca han tenido, Piqué y la dirección del PP catalán están asumiendo la única oposición activa al tripartito con verdadero contenido político. CiU, que se debate entre las urgencias del presente y el peso del pasado -que Jordi Pujol pretendió liberar con una comparecencia insólita ante los medios-, está dejando frentes cada vez más abiertos. La presentación de una querella con propósito de retractos si Maragall rectifica sus palabras sólo agranda la confusión de los convergentes, que necesitaban asomarse a una opinión pública monopolizada por el tripartito, aunque a buen seguro que no era éste el protagonismo más deseable, entre acusaciones de corrupción y respuestas sin criterio.

Ahora bien, no es sólo el hueco de CiU lo que da margen al PP, sino también, y principalmente, el corporativismo político con el que tanto el PSC como los convergentes están abordando esta crisis de confianza de la sociedad catalana en sus instituciones. La sensación de que ambas formaciones quieren llegar a una componenda está demasiado justificada como para aceptar pacíficamente que esas instituciones no tienen resortes para depurar sus crisis.

La catástrofe urbana del Carmelo ha sido el acelerador de una ruina política que se sostenía por el artificio de las complicidades recíprocas. Mientras ERC juega a dos bandas y deja que PSC y CiU se desgasten, sólo el PP ha dado el paso para asumir una voz que nadie más en el Parlamento catalán se atreve a proclamar. La moción de censura presentada por Piqué está abocada a la derrota parlamentaria, pero su éxito político queda asegurado por la quietud de los demás grupos, la cual, además, está sacando al PP de la periferia política para meterlo de lleno en el debate que reclama la sociedad catalana. La moción forzará ese debate y éste tendrá lugar marcado por la exigencia efectiva de una responsabilidad política que en pocas ocasiones habrá sido tan evidente como ésta, por acusaciones no probadas de corrupción masiva y, sobre todo, por un desastre ciudadano, como el hundimiento del barrio del Carmelo, en el que sólo un concepto mutilado de la función de gobierno no ha provocado aún ceses o dimisiones al más alto nivel.

EL «XIVARRI» CATALÁN
Por Jaime CAMPMANY ABC 5 Marzo 2005

COMO decía el torero, lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Cuando a un alto cargo institucional accede alguien con tan precario talento y tan holgada imprudencia como Pasqual Maragall, no trascurre mucho tiempo sin que se organice la gresca, la barahúnda, el rifirrafe o el pitote político. En Cataluña ya lo tenemos organizado. En esta ocasión, Maragall ni siquiera ha necesitado la ayuda del pintoresco Carod-Rovira y su mariachi. Él solo, acompañando su imprudencia con el empecinamiento en no retirar «las palabras de más» ni pedir perdón por ellas, ha provocado el bochinche.

En una misma mañana, Josep Piqué, en representación del PP, ha presentado una moción de censura contra Maragall en el Parlamento catalán, y Artur Mas, en nombre de Convergencia, ha llevado a los tribunales de justicia una querella por injuria y calumnia contra el presidente de la Generalitat, toma nísperos. Ya serían estos sucesos muestra cumplida del «xivarri» catalán, sin necesidad de otros aumentos, pero no acaban aquí los maremotos provocados por el jefe de los socialistas catalanes.

No sé lo que habrá comido o bebido Maragall en estos días, tigre o vitriolo, que yo no voy a ponerme a investigar sus platos y sus copas, pero el caso es que ha despabilado las iras de sus propios correligionarios. Chaves, cuánto sabes, e Ibarra, cuidado si te agarra, se han levantado en armas, verbales, por supuesto, contra el insensato orador catalán y sus constantes insolencias. Y de la dirección del propio partido, Ferraz, o sea, le han administrado un palmetazo y le han debido de hacer algunas advertencias porque se mete con demasiado desparpajo en el terreno del mismísimo Zapatero, que es el Cronos que maneja los tiempos. Y además no le agradece suficientemente la cruzada que el presidente del Gobierno español ha emprendido por el mundo en favor de la lengua catalana.

Estoy casi seguro de que la moción de censura será votada solamente por Piqué y los suyos, y que los jueces hallarán la manera, perfectamente jurídica, de archivar la querella de Artur Mas. Pero ese final entra, naturalmente, dentro del cálculo y previsión de los autores de uno y otro documento. La finalidad de la moción de censura es que se discuta en el Parlament, con lo cual la oposición se sentirá desahogada y satisfecha. Poner al Gobierno y a quien lo preside como chupa de dómine en el foro político por medio de una moción de censura es un placer que las leyes escatiman, y que conviene aprovechar en las buenas ocasiones. Y ésta es, desde luego, una ocasión de oro.

De los tribunales de justicia, como de las urnas de la democracia, nunca sabe uno lo que pueda salir. Pero en el caso de Convergencia siempre será mejor lo que salga que lo que hay dicho y publicado. Sobre todo porque el que calla otorga, y aquí, ni siquiera Rafael Vera ha confesado la remanguillé de los fondos reservados y decía que los sacaba del bolsillo del suegro ferretero. Lo que no deja de ser chusco es que un socialista, con la historia de trinques, manguis y convolutos que lleva a cuestas ese partido, publique acusaciones de corrupción. Apártate, que me tiznas, le dijo la sartén al cazo.

España convence a la UE para debatir las lenguas autonómicas
El Partido Popular recuerda al comisario Joaquín Almunia que debe defenderse el español en las instituciones comunitarias
Javier Jiménez La Razón 5 Marzo 2005

Bruselas- España comenzará la próxima semana a defender ante el resto de países de la Unión Europea (UE) su intención de conseguir el máximo reconocimiento a nivel comunitario de las otras lenguas cooficiales del Estado: catalán, valenciano, gallego y euskera.

Fuentes diplomáticas confirmaron que serán los embajadores ante la UE de todos los países miembros los que debatan por primera vez ese asunto durante una reunión prevista para el próximo jueves. Además de España, también estará sobre la mesa una petición de Irlanda para que el gaélico se convierta en lengua oficial europea.
Aunque el próximo jueves no se tomará ninguna decisión, será una buena oportunidad para sondear las posibilidades de que el resto de socios europeos acepten las propuestas española e irlandesa. El Gobierno español ya ha anticipado que se avecina una negociación difícil porque para modificar el reglamento de 1958 que establece el régimen lingüístico general en la Unión Europea se requiere el acuerdo unánime de todos los países.
Para facilitar las cosas, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, presentó al resto de socios, en diciembre pasado, un memorando en el que España se compromete a asumir el coste económico que se derive del reconocimiento de las lenguas cooficiales.

El Gobierno propuso a sus socios que ese reconocimiento se materialice en cuatro medidas concretas. De entrada, que esas lenguas sean traducidas en las sesiones plenarias, previa petición del Parlamento europeo, del Comité de Regiones y del Consejo de Ministros, en este caso cuando la delegación española incluya un representante autonómico.

Además, el Gobierno de Zapatero pretende que los ciudadanos puedan dirigirse en las lenguas cooficiales a las instituciones de la Unión Europea. La tercera petición es que se traduzcan a ellas los textos legales que plasmen decisiones adoptadas por el procedimiento de codecisión entre el Parlamento europeo y el Consejo de Ministros. La última medida planteada por el Gobierno es que las lenguas sean incluidas en el programa europeo «Lingua», dedicado a la promoción de la diversidad lingüística en la Unión.

La eventual aprobación de todas estas medidas supondría, como señaló el Gobierno en su memorando, que las lenguas cooficiales se convirtieran en «lenguas oficiales y de trabajo» de la Unión Europea.

La petición del Gobierno a la UE generó cierta polémica en Cataluña y Valencia respecto a si el valenciano debe ser considerado una lengua distinta del catalán o no. El Ejecutivo que preside José Luis Rodríguez Zapatero optó por referirse al catalán y al valenciano, en ese memorando, con una definición muy larga: «La lengua que se denomina catalán en la Comunidad Autónoma de Cataluña y en la de las Illes Balears y que se denomina valenciano en la Comunidad Valenciana».

Defensa del español.
La batalla política que comenzará la próxima semana sobre las lenguas cooficiales coincide en el tiempo, aunque sea un asunto diferente, con la polémica abierta en los últimos días por la exclusión del español en algunas ruedas de prensa de la Comisión Europea.

La situación está en vías de corregirse porque la Comisión Europea dio marcha atrás el jueves y propuso que siempre haya interpretación en al menos siete lenguas, entre ellas el español.

En este contexto, el eurodiputado del Partido Popular Gerardo Galeote, envió ayer una carta al único representante español en la Comisión, Joaquín Almunia, solicitándole que informe al resto de miembros del Ejecutivo comunitario del «rechazo» que provocaría en España «una reducción del peso que en estos momentos tiene nuestra lengua, al margen de la contradicción que ello supondría con su significación en el mundo».

Gerardo Galeote también asegura en su misiva que «en estos momentos la prioridad debiera suponer la defensa de la lengua común de todos los españoles particularmente en las instituciones comunitarias, objetivo al que habría de supeditarse cualquier otro».

Se espera que una vez que los representantes de los periodistas acreditados en Bruselas den su visto bueno al nuevo régimen de siete lenguas, la Comisión informe de los cambios a los embajadores de España e Italia ante la Unión Europea, que habían protestado enérgicamente por la exclusión de sus respectivos idiomas argumentando que se caminaba hacia un sistema trilingüe formado por el francés, el inglés y el alemán.

El PP denuncia a Pumpido ante el Supremo y le acusa de «connivencia» con el PSOE
Asegura que el fiscal general se suma «a la campaña de acoso y derribo» contra Esperanza Aguirre
Los populares han acabado por cumplir su amenaza. El secretario general del PP en Madrid, Francisco Granados, interpuso ayer una denuncia contra el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, por los presuntos delitos de prevaricación y revelación de secretos, por su decisión de trasladar a la fiscalía anticorrupción la denuncia que presentaron los socialistas de Madrid por el denominado «caso Majadahonda». El PP sostiene que el fiscal general, «con esta conducta irresponsable» se ha sumado «a la campaña de acoso y derribo contra la presidenta madrileña, orquestada por el PSOE».
F. Velasco La Razón 5 Marzo 2005

Madrid-«Clara connivencia con la campaña que está orquestando el PSOE contra la Comunidad de Madrid», «conducta irresponsable» con la que se favorece «la presentación de denuncias infundadas» o sumarse «a la campaña de acoso y derribo contra la presidenta madrileña» son algunos de los términos que utiliza el PP de Madrid en su denuncia contra el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, basada en el Decreto que firmó el pasado 25 de febrero en el que se trasladaba a la fiscalía anticorrupción la denuncia que presentó el PSOE sobre determinadas actuaciones urbanísticas en el «caso Majadahonda».

La denuncia del PP de Madrid, presentada ante la Sala Penal del Supremo, afirma que lo que movió a Conde-Pumpido a tomar esa decisión «no fue la justicia, sino la celeridad por tapar el escándalo de unas declaraciones realizadas por el presidente socialista de la Generalidad de Cataluña –las relativas al “3%”– o las consecuencias de un Pleno monográfico del Parlamento de Cataluña sobre el Carmelo».

En este sentido, el PP sostiene que el propio Decreto del fiscal general «confirma la ausencia de indicios y pruebas delictivas contra persona alguna», por lo que lo procedente era haber decretado «el archivo inmediato de la denuncia presentada por los ediles socialistas» de Majadahonda.

Por ello, se sostiene en la denuncia que Conde-Pumpido, con «esta conducta irresponsable», favorece «la presentación de denuncias infundadas, porque coloca bajo sospecha a personas sólo citadas y sin atribución de responsabilidad penal».

En esta línea, insiste el PP en que «el fiscal general del Estado ha utilizado políticamente sus potestades legales, y en clara connivencia con la campaña que está orquestando el PSOE contra la Comunidad de Madrid» por no archivar la denuncia de los concejales socialistas y, en cambio, remitirla a Anticorrupción «con el fin de extender un manto de sospecha sobre quienes, sin estar denunciados ni acusados de delito alguno, son simplemente citados en los hechos de la denuncia».

Con esta decisión, añade el texto de la denuncia del PP, el fiscal general «sugiere la idea de que se acelere el requerimiento a la presidenta del PP para que declare ante la fiscalía, con el fin de ensombrecer la honorabilidad de Esperanza Aguirre Gil de Biedma. Con ello, el fiscal general se suma a la campaña de acoso y derribo contra la presidenta madrileña, orquestada por el PSOE». De esta forma, y en un «plazo inusitado que coincide en el tiempo con los escándalos del PSOE», atribuyó «arbitrariamente» a Anticorrupción la investigación «de una denuncia falsa con clara intencionalidad política, para manchar la honorabilidad de altos cargos del PP».

Ante la pasividad de Atucha, el «Foro Ermua» denuncia a los que irrumpieron en la Cámara vasca
M. S. G. La Razón 5 Marzo 2005

Madrid- Ante la pasividad del presidente del Parlamento vasco, Juan María Atucha, ha tenido que ser el «Foro Ermua» por medio de las Gestoras Cívicas de Ermua, quien se querelle en el Juzgado de Instrucción de Vitoria contra las siete personas que irrumpieron en el Pleno del pa-sado 17 de febrero protestando contra el juicio de Jarrai que se celebra en la Audiencia Nacional.

En el documento presentado ayer, los querellantes dejan constancia de que «los servicios de seguridad del Parlamento se comportaron, al menos aparentemente, con notoria negligencia, pues no resultan fáciles de explicar ni la entrada en el recinto de siete personas que no son identificadas, ni la salida de dos de ellas con la misma facilidad con la que entraron, ni la tardanza en desalojar a estos visitantes». El colectivo pide que testifiquen el presidente de la Cámara, Juan María Atucha, al parlamentario del PP que se vio obligado a expulsar a los abertzales, Carmelo Barrio, y al jefe de seguridad del hemiciclo, Agustin Elorza. Especifican además que «la acción penal se dirigirá, también, contra cualesquiera otras personas, que aparezcan, a lo largo de la instrucción, como responsables de los hechos».

En el escrito, «las Gestoras Cívicas de Ermua» afirman que los querellados han incurrido en un delito «grave y consumado contra las instituciones del Estado», contemplado en el artículo 497 del Código Penal, que prevé una pena de entre seis y un año de prisión para aquellos que, sin ser miembros de una asamblea legislativa, «perturbe gravemente el orden de sus sesiones».

Los agujeros negros
JOSEBA ARREGI El Correo 5 Marzo 2005

Uno que no es muy ducho en cuestiones de física y de astronomía ha oído hablar de los agujeros negros del universo, pero es incapaz de entender en qué consisten. Uno que tampoco es muy ducho en cuestiones de política, pero le caen algo más cerca que los misterios del ancho Universo, sabe que en la política vasca existen también agujeros negros. Es posible que los agujeros negros astronómicos puedan explicar algunas características del comportamiento de nuestro universo. Con toda seguridad los agujeros negros de la política vasca son imprescindibles para entender lo que nos pasa.

Durante mucho tiempo la política vasca ha vivido sin percatarse que se encontraba bajo el hechizo de un agujero negro ingente que consistía en la autocomprensión de ETA como acontecimiento fundacional de la historia y del pueblo vascos. Esa voluntad subjetiva de ETA que se creía con capacidad de construir desde la nada la verdadera historia y el verdadero pueblo vascos ha ejercido tanta más influencia en la política vasca cuanto más era considerada no en su dimensión de agujero negro que todo lo engulle, sino como una pretensión comprensible con ciertos tintes de radicalidad reconducibles con suficiente mano zurda.

Sólo cuando desde la autoconciencia del Estado de Derecho se enfrenta ese agujero negro como lo que es, la negación misma del Estado democrático, la negación misma del sistema, y que por esa misma razón era imposible incorporarla en su autocomprensión a la vida democrática mientras no dejara de ser ese ingente agujero negro que lo fagocita todo, ha sido posible articular una política eficaz para defender el espacio de normalidad en el que pueden vivir ciudadanos democráticos.

El desenmascaramiento del agujero negro que ha sido -y por desgracia todavía no ha dejado de ser del todo- ETA ha abierto el camino para percibir la existencia de otro agujero negro de la política vasca, de naturaleza distinta al de ETA, pero que también afecta de manera directa a la política vasca. Se trata del agujero negro constituido por la forma de definir el problema político vasco por determinado nacionalismo, una forma construida por el discuro del conflicto con mayúsculas; una forma centrada en el debate metafísico de si somos o no somos, de si necesitamos ser para poder decidir; una forma inmersa en cuestiones probablemente innegociables como son las cuestiones de sentimientos de identidad y de pertenencia, el milagro de la supervivencia milenaria en condiciones totalmente adversas de un pueblo desde la prehistoria sin cambios identitarios; una forma que pretende dilucidar la cuestión de la autoconstitución incondicionada e ilimitada de la subjetividad vasca.

Es el agujero negro que el nacionalismo tradicional siempre había mantenido controlado en el saludable espacio de la idealidad inconsecuente y que, por razones conocidas pero que no puedo detallar ahora, hace algunos años se escapó de ese espacio en el que lo mantenía encerrado el nacionalismo vasco, se adueñó de éste con toda su ferocidad y comenzó a descalabrar todos los equilibrios que constituían la, por supuesto, precaria vida democrática de la sociedad vasca.

Muchos ciudadanos se han preguntado no pocas veces por qué en la política vasca no se discute de lo que se discute en cualquier otra parte del mundo democrático. Bastantes ciudadanos, los más inteligentes probablemente, se preguntan si en el debate impuesto por el agujero negro creado por el nacionalismo a quien se le ha escapado la bestia es posible realmente conseguir establecer el valor del derecho de ciudadanía, de la libertad personal, del valor de los procedimientos y procesos, la verdad de que fuera de la legalidad democrática no existe legitimidad abstracta posible: todo ello queda engullido indefectiblemente por la fuerza de atracción del agujero negro de la política centrada en el sentimiento, en la voluntad subjetiva, en el querer ser y querer decidir, en ese sueño de omnipotencia que todos arrastramos de la lucha entre impotencia total y fantasía de omnipotencia adolescente que hemos dejado atrás.

Contra la fe no es posible argumentar. Siempre ha valido más el credo 'quia absurdum -creo porque es absurdo-, ha valido más la fe del carbonero, la necesidad de seguridad que el impulso de libertad -la leyenda del gran inquisidor de Dostoievski en 'Los hermanos Karamazov'-, que el 'fides quaerens intellectum' -la fe que busca un raciocinio adecuado-.

Es cierto que en la política vasca se debiera hablar mucho más de políticas concretas, de problemas reales, de cuestiones que afectan al día a día de nuestras vidas, a las consecuencias de futuro que las acciones -o las omisiones- de los responsables políticos actuales van a tener. Es cierto que debiéramos preocuparnos de que lo único que aflora de las cuestiones fiscales es la defensa del Concierto Económico, pero que nadie se escandalice porque cuando elegimos las juntas generales de cada territorio, los órganos competentes para establecer la política fiscal que nos afecta a los ciudadanos vascos, ningún partido, tampoco o menos que nadie, los nacionalistas, desgrane sus principios de política fiscal. Nadie se pregunta por qué es bueno que se rebaje el impuesto de sociedades, cuál es el beneficio para el conjunto de la sociedad de esa rebaja. Nadie debate si en este momento determinados contribuyentes por rentas de trabajo están sometidos a mayor presión fiscal en Euskadi que en territorio común.

Es cierto que las grandes obras de infraestructura se nos convierten en mitos -la 'Supersur', la 'Y', los puertos exteriores- sin apenas debate. Poco se ha debatido el retraso en la ejecución de la conexión este-oeste de Beasain a Durango, que contaba con la prioridad absoluta en el primer plan de carreteras de las instituciones comunes, y el impulso a los ejes norte-sur que no han hecho otra cosa que atraer cada vez más transporte pesado por carretera, transporte de simple paso sin beneficio alguno para el territorio.

Estos mismo días asistimos a la apuesta por una soberanía energética que nos permitirá exportar el 14% de energía, pero sin debatir que para ello tendremos que importar el cien por cien de materia prima, y sin plantear cuáles son los costes para el medio ambiente, cuáles son los costes sociales de esa soberanía energética.

Estamos celebrando los 25 años de la Universidad pública. Todo son parabienes y autoalabanzas, pero no existe debate público sobre la calidad de la UPV-EHU, no se publican los datos comparativos, que probablemente existir sí existen, entre sexenios de investigación de los profesores de la UPV-EHU y profesores de otras universidades -un índice, con todos sus problemas, de la calidad de una universidad-.

La política lingüística es una retahíla de éxitos estadísticos, pero nadie debate sobre el problema crucial: el creciente agujero, la creciente distancia entre el crecimiento del conocimiento del euskera y el (poco) crecimiento del uso normal en la vida diaria del euskera. Parece que la balanza migratoria no nos causa ningún dolor de cabeza, que no importa que los mejor preparados emigren, que nuestra economía no atraiga, ni al parecer necesite, inmigrantes, que perdamos población, que el ritmo de envejecimiento sea relativamente superior a nuestro entorno. Ni por supuesto se puede mentar el término corrupción, ni debatir sobre ello.

No somos normales. Somos superiores. Estamos fuera de órbita. La normalidad democrática es para otros que no tienen más remedio que debatir sobre esas nimiedades. En la política vasca el agujero negro se lo ha comido todo. Porque en realidad no es que seamos mejores. No es que no tengamos problemas. No es que podemos mirar con cierto paternalismo a todos los que nos rodean. Lo que sucede es que, para que no se pueda discutir de todo lo que realmente nos debiera importar, algunos nacionalistas, los nacionalistas que han llevado al nacionalismo tradicional a su actual deriva, han construido un agujero negro en el que desaparecen aparentemente todos los problemas, cuando realmente lo que sucede es que se ha establecido una especie de tabú ingente, una especie de prohibición de hablar de lo que realmente importa, para que ellos puedan seguir en el poder.

El agujero negro del nacionalismo obliga a la autocomplacencia, combinando interesadamente dicha autocomplacencia con las suficientes dosis de victimismo. Tienen razón los que reclaman que debiéramos discutir más de política y menos de cuestiones metafísicas, porque en ésas es difícil superar en sofismas al nacionalismo gobernante. Pero para poder debatir de políticas reales es preciso primero desenmascarar el tremendo agujero negro en el que nos quiere engullir ese nacionalismo que en buena medida reniega de su propia tradición.

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