AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 6 Marzo 2005
LAS CAMPANAS DEL 11-M
Ignacio CAMACHO ABC 6 Marzo 2005

Hazaña ética: Rajoy respalda a Piqué
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 6 Marzo 2005

Huida hacia adelante
EDITORIAL Libertad Digital 6 Marzo 2005

La maraña
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 6 Marzo 2005

Provocación
Ignacio Villa Libertad Digital 6 Marzo 2005

¿Son las donaciones anónimas una forma de pago del 3%
Editorial El Mundo 6 Marzo 2005

Eso y lo otro
José García Domínguez Libertad Digital 6 Marzo 2005

Cita crucial
Editorial El Correo 6 Marzo 2005

VASCOS
Jon JUARISTI ABC 6 Marzo 2005

De policías
EL SUBMARINO La Razón 6 Marzo 2005

Cataluña, frentea sí misma
Editorial Heraldo de Aragón 6 Marzo 2005

El Régimen
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 6 Marzo 2005

El español en la UE
Cartas al Director ABC 6 Marzo 2005

Bandera española
Cartas al Director ABC 6 Marzo 2005

Las sombras del 11-M
Juan C. Serrano - Madrid.- La Razón 6 Marzo 2005

Moratinos negocia la exclusión de Hamas de la lista de organizaciones terroristas de la UE
Libertad Digital 6 Marzo 2005

 

LAS CAMPANAS DEL 11-M
Por Ignacio CAMACHO ABC 6 Marzo 2005

Es de esperar que el ministro del Interior, José Antonio Alonso, un hombre habitualmente serio y ponderado, haya encontrado ya tiempo de arrepentirse de su impremeditada y bisoña declaración de hace diez meses, cuando, al acusar al anterior Gobierno del PP de imprevisión en el atentado del 11 de marzo, originó una crisis política que había de desembocar de modo inevitable en la creación de una comisión de investigación sobre la matanza de la que esta semana va a cumplirse el primer aniversario. Porque ésta es la hora en la que, a punto de concluir los trabajos de dicha comisión, lo único que puede inferirse de ellos es que, lejos de haberse aclarado los extremos que permanecían bajo la duda hace un año, las Fuerzas de Seguridad que Alonso dirige se han visto envueltas en nubes de sospecha que, en el mejor de los casos, resultan inconvenientes para la tarea de quienes han de vigilar y perseguir el mayor de los problemas actuales de la sociedad española, que no es otro que el terrorismo en sus diferentes facetas.

La absurda acusación de Alonso, hija de un irresponsable «calentón» propio de los primeros días de ejercicio del poder, no sólo ha situado bajo la lupa de la desconfianza a algunos mandos y departamentos de la Guardia Civil -sobre todo, a la comandancia asturiana-, sino que ha colocado bajo los focos la actuación de departamentos esenciales como la UCO, además de poner de manifiesto la existencia de una turbia trama de confidentes policiales cuya relación con los hechos no ha quedado en absoluto aclarada. Las energías que Interior y el PSOE han gastado en evitar que los confidentes declaren en sede parlamentaria sólo han contribuido a oscurecer aún más las suspicacias de la opinión pública, que a estas alturas tiene motivos para entender que la comisión ha sido un fiasco del que los ciudadanos salen con mayor recelo aún del que tenían antes de comenzar el carrusel de unas comparecencias que apenas si han servido para ciertos ajustes retroactivos de cuentas en el plano político.

El balance de la comisión resulta del todo lamentable, toda vez que ni siquiera ha servido para dar una satisfacción a las víctimas, que salen del proceso enfrentadas entre sí y con el Gobierno, gracias a la inestimable colaboración del improvisado Alto Comisionado que nombró el presidente Zapatero para crear un problema donde hasta entonces no lo había. Por lo demás, sigue pendiente para muchos españoles la cuestión de la autoría intelectual del atentado, que habrá de zanjar, si puede, el juez Del Olmo, y ha quedado intacta la investigación de la algarada mediática y popular que entre los días 12 y 13 de marzo provocó un vuelco electoral, previo atropello de los militantes y dirigentes del PP y con flagrante violación de la jornada de reflexión establecida en la ley.

No conviene, desde luego, dar pábulo irreflexivo a las teorías de la conspiración que apuntan sin pruebas a la intervención de sombríos elementos externos en la masacre. La presencia de ETA en la preparación del atentado no queda respaldada por ningún indicio razonable más allá de las conjeturas derivadas de ciertas coincidencias que, desde luego, tampoco han sido investigadas ni esclarecidas. Pero la cuestión de cómo unos malhechores de poca monta y perfectamente controlados pudieron organizar una matanza de tamaña índole y dimensión continúa provocando la perplejidad de muchos españoles, sin que la comisión haya intentado siquiera el esfuerzo de buscar una respuesta. El PSOE y sus aliados nacionalistas han dedicado toda su atención a tratar de incriminar al Partido Popular como culpable de una manipulación informativa que, por cierto, acaso haya sido el único extremo despejado a lo largo de casi un año de sesiones y trabajos.

Porque si para algo ha servido el desfile de políticos por la comisión interrogatoria ha sido para aclarar que el Gobierno del PP pudo gestionar de modo deficiente -de hecho, así fue- la información y el manejo de la crisis suscitada por la masacre, pero de ningún modo ofreció datos erróneos ni menos mintió a la opinión pública. Las comparecencias de Aznar y Acebes dejaron taxativamente a salvo sus responsabilidades en este sentido, para quienes estén dispuestos a escuchar sin prejuicios la exposición secuencial de los hechos tal como fueron. Sensu contrario, ningún dirigente del PSOE, ni siquiera el presidente Zapatero, fue capaz de alejar la sospecha de complicidad con las violaciones de derechos políticos registradas en los días sucedidos entre el atentado y las elecciones. Y en el caso del presidente, ni siquiera las condenó de forma explícita.

Lo peor, sin embargo, es que, a punto de concluir la comisión con un expeditivo carpetazo que probablemente incriminará por mayoría a un PP que ha sido el único capaz de exculparse de sospechas, la mayoría de los españoles continúa pensando sobre las circunstancias del 11-M lo mismo que hace exactamente un año. Las encuestas certifican que el gran fracaso de la comisión es que no ha sido capaz de eliminar ningún prejuicio, limitándose más bien a certificar los ya existentes. Quizá por esa razón, para los dirigentes del PP constituya en el fondo un alivio el pronto cierre del expediente, aunque antes tengan que pasar por el trago de una última e injusta incriminación sobre sus inexistentes responsabilidades. Nadie ha cambiado de opinión: ni los que piensan que Aznar mintió para tratar de ganar las elecciones, ni los que están convencidos de que ETA sigue detrás de la matanza, ni los que sostienen que el Gobierno atrajo la atención islamista con su apoyo a la guerra de Irak, ni los que achacan a la algarada de las vísperas electorales el triunfo inesperado de la candidatura de Zapatero. Todo está igual que entonces. Todo, salvo la vida de las víctimas, mortales o no, de aquella mañana de horror y sangre.

Y ni siquiera en eso se ha avanzado. Antes al contrario, llegamos al aniversario del 11-M con las víctimas divididas, enfrentadas entre sí y con el Gobierno, crispadas con los medios de comunicación y con la clase política. Las víctimas, que son la fuerza moral de la sociedad frente al terror, han sido utilizadas como arma arrojadiza, ninguneadas en algunos casos, ofendidas en otros, y en todos socavadas en su moral colectiva. Y ése sí que es el gran fracaso de este proceso estéril, el más doloroso y el más difícil de restañar en lo que tiene de herida civil de nuestra democracia. Que cada cual se atenga a sus responsabilidades y examine su papel en esta quiebra. Pero lo que la sociedad española no puede entender, ni aceptar, es que se haya llegado a un deterioro tal que ni siquiera exista un acuerdo claro para un homenaje tan sencillo, inocente y elemental como que las campanas de Madrid toquen el día 11 en la hora maldita de la mañana que ya marcará por siempre el futuro de todos. Cada uno en la medida de su responsabilidad, debemos preguntarnos qué puede ser de un país que ni siquiera sabe unirse para llorar por sus muertos.

director@abc.es

Hazaña ética: Rajoy respalda a Piqué
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 6 Marzo 2005

En la entrevista publicada este domingo en “ABC” Mariano Rajoy decía bastantes cosas con las que uno no puede sino estar de acuerdo. También dejaba de decir otras, algo a lo que ya nos tiene acostumbrados. Pero, por primera vez, su habitual equilibrio entre la afirmación de oficio y la elusión consuetudinaria y tramposa, se ha roto al respaldar una de las jugadas más innecesariamente obscenas del partido de la Derecha española contra sus votantes: la entrevista de Piqué con Carod Rovira en plena crisis del Carmelo y del Tres por ciento y en vísperas de la presentación de una moción de censura contra Maragall por parte del PP. No sabemos si ese era el motivo: contar con la aquiescencia de ERC.

Vale la pena reproducir completo el fragmento en que Rajoy exhibe su identificación con Piqué:

“ABC.- ¿Apoya la entrevista de Piqué con Carod?

Rajoy -Hay un tema de principios. El PP no es sospechoso, tiene un modelo de Estado y tiene una política antiterrorista. Zapatero se ha entrevistado con Carod para hablar de ETA y del modelo de Estado. Pero que el señor Piqué se reúna con el señor Carod para que en Cataluña no se tapen las graves acusaciones que se han producido, a mí eso no me parece preocupante. A mí lo que me importa son los principios, y no las tácticas en un momento determinado.”

Eso mismo pensábamos los que criticamos la entrevista: que era un asunto de principios. Que el PP no sea “sospechoso” de condescendencias con el terrorismo no quiere decir que tampoco lo sea de sumisión al nacionalismo, siempre que éste sea el catalán. Los ocho años de Gobierno de Aznar, desde la defenestración de Vidal Quadras hasta la imposición de Piqué desde Génova 13, no precisamente con el aplauso de las bases del PPC, son la prueba. Conviene recordar algo que Rajoy conoce muy bien: las elecciones del 14M fueron las del rechazo del PP catalán al PP del resto de España para congraciarse —menudo éxito— con el aplastante nacionalismo ambiental. Las europeas confirmaron esa tendencia, si bien en tono algo menor. Pero de ahí viene la crítica de Mayor Oreja a la reunión Piqué-Carod, recordando que Piqué lo marginó en su predio electoral. En última instancia, el problema de Piqué, pero también de Rajoy, es si el carácter nacional español del PP es algo que se debe esconder en Cataluña y no exhibir. O sea, que el PP sí es “sospechoso” en materia catalanista. Y Rajoy, sospechosísimo.

En cuanto al terrorismo, siempre ha sido uno de los ingredientes del problema nacionalista, aunque al PP de Aznar —y también de Rajoy— les haya resultado cómodo circunscribirlo al nacionalismo vasco. Pero la tregua pactada por ETA y Rovireche en Perpiñán invalidó para siempre ese subterfugio moral que ha sido, además, un monstruoso error político. Después de que la ETA proclamara (en un escenario repleto de banderas vascas y separatistas catalanas) que, tras la reunión con Rovireche, se abría una nueva era de colaboración con el catalanismo y que como prueba dejaría de matar en Cataluña (lo ha mantenido mientras ponía bombas en Madrid, País Vasco o Levante), nadie puede dudar el carácter de aliado etarra de Carod. Que Zapatero, tras forzar su salida del Tripartito, lo haya readmitido en la Moncloa, muestra la inmoralidad de Zapatero. Que Piqué actúe como Zapatero muestra que su idea de la moral se parece. Que Rajoy respalde a Piqué muestra que la ética de Rajoy se parece a la de Piqué.

La prueba de que esta doble identificación resulta terrible es que a Rajoy “no le parece preocupante”. Y no le preocupa siquiera explicarse: “A mí lo que me importa son los principios y no las tácticas en un momento determinado”. ¡Y tanto! Como que cuando arrastra los principios por el fango en función de una táctica incomprensible, ni siquiera se rebaja a darnos una explicación. Pues nos la debía antes y ahora nos la debe aún más.

Huida hacia adelante
EDITORIAL Libertad Digital 6 Marzo 2005

Una de las constantes del socialismo español cuando gobierna es que frente a las dificultades se crece. Del mismo modo que hace una década los continuos casos de corrupción eran recibidos en Moncloa con una arrogancia que lindaba con el desdén, ahora, con el PSOE reinstalado de nuevo en el poder el muestrario de soberbia de sus dirigentes parece no tener límite. Tuvimos ocasión de comprobarlo tras el referéndum del 20 de febrero. Un fracaso sin paliativos en el que la mayor parte del censo no votó, votó en blanco o rechazó el texto fue, en cambio, celebrado desde Ferraz con la ya clásica reacción marca de la casa, esto es, descalificación y a tirar para delante.

La crisis abierta en Cataluña a raíz del derrumbamiento en el barrio barcelonés del Carmelo y agravada por las acusaciones de corrupción que formuló Pascual Maragall en el parlamento contra la oposición, ha llevado a que se repita la vieja estrategia que, por lo general, suele dar unos resultados óptimos. Ante el Consejo Nacional del PSC Maragall desgranó ayer lo mejor de su repertorio. ¿Crisis?, ¿qué crisis?, en Cataluña lo que se ha producido, según el presidente de la Generalidad, es una “ofensiva política en toda regla contra el Gobierno catalanista y de izquierdas”. El responsable de tal acometida es el que cabía suponer desde el primer momento; es la derecha, en este caso una anómala e irregular coalición de las derechas catalana y española. No creemos preciso recordar al president que eso de la derecha catalana y española es la misma cosa porque él sabe bien lo que se dice, no en vano lleva toda su vida viviendo de esto.

El hecho es que ofensiva, lo que se dice ofensiva, ni ha tenido asomo de producirse. Más bien al contrario. Cuando varios edificios del Carmelo se vinieron abajo por la ineptitud en la ejecución de unas obras de metro, ni populares ni convergentes abrieron la boca y se contentaron con la meliflua explicación de los responsables de Obras Públicas de la Generalidad. Cuando el gobierno autónomo decretó un apagón informativo impidiendo el libre acceso de los informadores al barrio, tan sólo el Partido Popular hizo algo por denunciar la anormal situación pero, ciñéndonos al guión de los hechos, sin demasiado entusiasmo. Convergencia y Unión, ante semejante atropello de la libertad de información, miró a otro lado e hizo mutis por el foro. Hubo que esperar a que Maragall patinase en el parlamento para que las ondas sísmicas provocadas por el derrumbamiento alcanzasen a toda la clase política catalana. Porque acusar en un pleno al principal partido de la oposición de apropiarse de un porcentaje por las obras contratadas no es, precisamente, el mejor modo de hacerse la víctima.

Quizá para Maragall y para la cuadrilla que dirige el PSC desde hace demasiado tiempo seguir vendiendo el cuento del “catalanismo de progreso” le resulte lo más normal. Hasta ahora muchos se lo han comprado sin rechistar aun a sabiendas de que se trataba de mercancía en mal estado. No es casual que las dolencias de la Cataluña actual sean dos y vayan por ese orden: un exceso, acaso borrachera de catalanismo, de nacionalismo en cuyo nombre se ha permitido todo y una sobredosis de progreso que ha llevado a la antaño floreciente economía catalana a una mediocridad que está empezando a ser alarmante. Para tapar lo evidente hasta ayer mismo el patriciado catalán se había sacado de la manga el nuevo Estatuto, supuesto bálsamo de fierabrás por el que nadie parece suspirar en el Principado. Frustrado el apaño que llevaban a medias con Convergencia sólo queda reelaborar la huida hacia delante, y que mejor que inventarse una conspiración de la siempre diabólica derecha. Demasiado visto, demasiado previsible. Lo peor de todo es que al final terminará por colar.

Crisis catalana
La maraña
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 6 Marzo 2005

Tras la inquietante figura de la vaselina, Maragall, que va por libre, dice ahora sentirse como una mujer maltratada. Él sabrá por qué. Nadie acaba de entender al president, y sus colaboradores siguen cruzando los dedos cada vez que abre la boca. Menos sorprende el sempiterno recurso de los socialistas, que reduce cualquier complejidad al enfrentamiento izquierda-derecha. Pero muy suscrito ha de estar uno a los maniqueísmos progres para comprar esa moto.

Hablando claro, si hay una alianza estratégica en todo esto, no es la de CiU y PP sino la de ERC y PP para sangrar a CiU. Ni por un momento se ha creído Maragall que CiU y PP se hayan orquestado. Parece claro que Mas habría preferido no hacer nada una vez pidió y obtuvo aquella rectificación -con todo respeto y humildad- del hombre que acababa de acusarle de llevárselo crudo, de trincar, de hacer el egipcio. Curiosamente, Mas no negó las acusaciones. No pidió la rectificación a base de desmentir las corruptelas sino mediante la amenaza, insinuada pero inequívoca, de abandonar la ponencia del Estatut. Y mediante un argumento de novela negra: de lo del 3 % no hay pruebas.

Pues alguna sí que hay, y no del 3 sino del 20, gracias a las declaraciones de ciertos empresarios. Pero eso no es lo peor para Mas; lo peor pude llegar pronto y tiene que ver con la auditoría encargada en su día por el tripartito sobre la gestión convergente de subvenciones, adjudicación de contratos y obras, etc. Lo primero a destacar es que la auditoría se llevó a cabo y que PSC y ERC le pusieron ganas a la investigación. Después, con esa pereza que caracteriza al periodismo patrio, se interpretó la falta de materia penal como el punto final del asunto. Pero en realidad la auditoría localizó no pocas irregularidades, y en absoluto pierde su importancia sólo porque las conductas no se consideren delictivas.

El poder destructivo de los resultados de aquella investigación es enorme si los tres partidos del gobierno –puestos o no de acuerdo- los administran en el momento justo, cuando se hayan de discutir en el Parlament las acusaciones de Maragall, ya sea en el curso de la moción presentada por el PP, ya sea en el pleno ad hoc.

Ahora dice Mas que si Maragall no rectifica, él liderará un cambio de escenario político en Cataluña. No está claro como piensa hacer tal cosa: ¿con una marcha sobre Reus? Déjense de bromas los convergentes. Hasta que no comprendan que el grupo independentista que amamantaron y mimaron les va a hacer la cama por segunda vez, no habrán entendido nada. Ni Pujol, con lo listo que es, se ha dado cuenta. Sigue el hombre lanzando su lazo a los de Carod, que lo van a usar para hacerle una soga.

Provocación
Ignacio Villa Libertad Digital 6 Marzo 2005

Estamos ya enfilando el primer aniversario del 11 de marzo y el ambiente se calienta paulatinamente. La provocación llega desde algunos lugares que deberían mantener un discreto y respetuoso silencio y que olvidan el mejor estilo para recordar a las víctimas.

El Palacio de la Moncloa ha anunciado que el rey Mohamed VI de Marruecos estará en Madrid el próximo viernes 11 de marzo. Y la pregunta es inmediata: ¿Qué pinta en Madrid? Cuando la llamada pista marroquí no está cerrada, cuando no se ha aclarado la presencia de los servicios secretos marroquíes en ese entramado, con todos los muchos interrogantes, Mohamed VI viene a Madrid. Sinceramente, el Rey de Marruecos no hace nada en España el 11 de marzo. ¡Qué nos deje tranquilos a los españoles llorar a nuestras víctimas!

No parece que sea adecuado que se presente en Madrid, en el aniversario de un atentado que estuvo diseñado para la caída del Gobierno del Partido Popular, la misma persona que tachó de franquistas los ocho años de Gobierno de Aznar. Ni pinta nada, ni el Gobierno debería de permitirlo.

Por cierto, ¿a Pilar Manjón le molesta la presencia del Rey de Marruecos como le molesta lo que ella llama el "estruendo" de las campanas de las Iglesias? ¿Pedirá directrices a Moncloa para valorar "positivamente" la presencia del monarca? Manjón parece dispuesta a provocar en estos días previos a la triste conmemoración. Lo ha hecho en la comisión de investigación, lo hizo con la manifestación de las víctimas del terrorismo en enero y lo está haciendo con los actos oficiales del 11 de marzo. Las campanas de Madrid deben doblar por las víctimas del terrorismo como un gesto de recuerdo y de solidaridad de toda la sociedad española. Y Pilar Manjón deberá mantener un silencio prudente. ¿Qué pasa; es más apropiado para honrar a las víctimas el concierto de música pop que ella va a presidir la noche del 10 de marzo en el Auditorio de Madrid?

Es tan flagrante el doble rasero que utilizan, que todo lo que ya está empezando a pasar en algunos lugares sólo se puede entender como un gesto de provocación. El 11 de marzo va a ser una fecha complicada para toda la sociedad española, es el recuerdo de unos atentados que cambiaron la dirección de unas elecciones. Es parte de la historia sangrante de España. La responsabilidad de los españoles nos tiene que llevar a recordar el día con serenidad; es por ello que el Rey Mohamed VI no debería venir. Todavía está a tiempo para rectificar. Y Pilar Manjón deberá guardar silencio. No queremos más provocaciones.

¿Son las donaciones anónimas una forma de pago del 3%?
Editorial El Mundo 6 Marzo 2005

«Ustedes tienen un problema, su problema se llama 3%». La escueta frase de Maragall iba directa al grano de la financiación de CiU, sobre la que siempre hubo «rumores latentes», como dijo el conseller Nadal. No se trataba de habladurías sin fundamento, ya que numerosos dirigentes de CiU han sido investigados por los tribunales, aunque ninguno de ellos fue condenado. El caso Casinos sobre financiación irregular consumió siete años de investigaciones, hasta que el juez archivó el asunto en un auto en el que certificaba que la empresa Casinos había financiado a Convergencia, pero que los hechos no constituían delito.

Nunca se logró probar los cargos contra responsables de CiU porque no se pudo demostrar cómo se hicieron los pagos. Sin embargo, hay un concepto en las cuentas de la coalición que justifica esos «rumores latentes» de irregularidades en la financiación.Se trata de las donaciones anónimas que ha recibido CiU. Según los informes del Tribunal de Cuentas, la coalición ha ingresado desde hace doce años aportaciones por valor de, al menos, 5.500 euros al día (casi un millón de las antiguas pesetas). La media supera los 2,5 millones de euros anuales en los últimos ejercicios y la generosidad de los donantes se ha incrementado exponencialmente.El aumento alcanzó el 127% en el 97. CiU recauda por este concepto -tan legal como rigurosamente opaco- mucho más que el PP y el PSOE juntos. El Tribunal de Cuentas descubrió que CiU tiene un contrato con una entidad bancaria que ofrece la compra de bonos a los interesados en dar dinero de forma anónima, aunque la fiscalización no pudo pasar de ahí. No es una hipótesis descabellada, sino más bien verosímil que esos bonos opacos fueran una de las vías para pagar el 3% de comisión en la contratación de obra pública.

Aunque la donación anónima está prohibida en la mayoría de los países europeos, en España está permitida en la Ley de Financiación de Partidos de 1987. Los sucesivos gobiernos no han tenido la valentía de reformarla, a pesar de que es un compromiso que ha figurado en los discursos de investidura de todos los presidentes.

La única fórmula para que este concepto sea transparente en la financiación de CiU sería que los donantes, personas físicas o jurídicas, informaran de las cantidades que han aportado, del mismo modo que los empresarios que puedan haber pagado comisiones a cambio de la concesión de obras deberían denunciarlo y colaborar con la Justicia. El esclarecimiento de la verdad es el único camino que tiene la sociedad catalana para depurar la presunta corrupción pasada, presente y futura.

Aunque los líderes políticos no parecen estar por la labor. Jordi Pujol dijo que el presidente le quiere destruir rompiendo «la autoestima» del país. Maragall, por su parte, sostuvo ayer que estamos ante un intento de la derecha de acabar con el Gobierno de izquierdas: «Ponen querellas y mociones de censura», igual que «la derecha española hizo una Guerra Civil». Si alguien dudaba de la situación desesperada de Maragall, la apelación al guerracivilismo es una prueba irrefutable.

Corrupción en Cataluña
Eso y lo otro
José García Domínguez Libertad Digital 6 Marzo 2005

“Ese tío tendría que estar la mitad de la semana en su casa y la otra mitad, callado”. En un día tonto, es decir un día cualquiera, a Carme –hasta El Prat– o Carmen – desde Barajas– Chacón se le ocurrió soltarlo delante de un periodista; ahí se acabaría su carrera política. Fue en ese momento cuando los demás descubrieron que el tío aún mandaba más en Madrid que en Barcelona y que, por tanto, reírse de las maragalladas no era asunto de broma. Es justamente aquello, el suicidio de Carme(n), lo que hoy tienen in mente todos esos capitanes del PSC que permanecen mudos ante el desvarío del president de la Generalitat.

Eso, pues, ya lo tienen claro. En cuanto a lo otro, no hará falta que se lo expliquen, puesto que lo aprendieron de memoria hace un cuarto de siglo.”Lo otro” es el discreto apartheid que ordena la Constitución no escrita promulgada por la gran familia nacionalista justo antes de la muerte de Franco. La norma inviolable e inmutable que prescribe excluir a cualquiera apellidado Chacón, Montilla, Pérez o similar del Govern de la Generalitat. Tras las Olimpiadas del 92, y poco antes de fallecer de cáncer, Antonio Santiburcio, el Primer Secretario del PSC en Barcelona, sería el primero y último en nombrar lo innombrable. Acababan de comunicarle que Armani, Hugo Boss, Ralph Lauren, Dolce&Gabbana y la Ejecutiva de su partido lo habían derrotado de nuevo; a Maragall lo sucedería un tal Joan Clos. Ya no tenía nada que perder, y entonces lo dijo ante un micrófono: “Lamentablemente, en Cataluña, un inmigrante todavía no tiene posibilidades de aspirar a ser alcalde de Barcelona ni presidente de la Generalitat”. Después, el silencio. Nadie lo apoyaría. Tampoco nadie lo criticaría. Y, por supuesto, nadie volvería a pronunciar lo impronunciable.

Eso y lo otro, lo otro y eso. Eso: Artur Mas, aquel joven que empezó su carrera profesional dirigiendo las cristalinas finanzas de Casinos de Cataluña. Lo otro: Pasqual Maragall, aquel al que un sarcástico Santiburcio, ya con sus días contados, felicitaría por lo bien que le iban las cosas en su profesión de economista. Eso: Luis García Sáez, diputado socialista al Parlament y gerente de AGT Construcciones y Obras. Entre 1995 y 2001, no hay promoción pública en Barcelona que se le escape. Luego, suspensión de pagos y desvanecimiento en el aire. Lo otro: ADIGSA, todo por la patria al veinte por ciento. Eso: Typel. Lo otro: Movilma. Eso: Maragall, Pujol, Serra, Mas, Nadal, Clos. La casta de los intocables que explota igual que un cortijo el último rincón de Europa regido por el derecho de sangre. Lo otro: Montilla, Corbacho, Chacón, Zaragoza. El servicio.

Cita crucial
Editorial El Correo 6 Marzo 2005

La sociedad vasca ha sido convocada para elegir a sus representantes en el Parlamento autonómico el próximo 17 de abril. Será la octava ocasión, desde 1980, en que las urnas decidan quiénes han de ocupar los escaños de dicha Cámara. Durante veinticinco años, las elecciones al Parlamento de Vitoria se han desarrollado como reflejo de una comunidad política, la vasca, que iba haciéndose a sí misma mediante el ejercicio del voto. Pero ninguna de las convocatorias anteriores había situado a los electores en la encrucijada a la que se enfrentan en esta ocasión: ante la disyuntiva de optar entre dos vías de futuro que se bifurcan y tienden a separarse de forma irreversible. Ni las elecciones autonómicas de 1998 -con ETA en tregua y en plena vigencia de la Declaración de Lizarra- ni las últimas de 2001 -en las que el nacionalismo y el no nacionalismo se disputaron hasta la extenuación la mayoría para gobernar en el País Vasco- adquirieron la trascendencia de éstas en cuya precampaña nos encontramos. Si el nacionalismo que ha gobernado la autonomía vasca en este cuarto de siglo logra alcanzar la mayoría absoluta del Parlamento vasco, Euskadi emprenderá un viaje de difícil retorno hacia el incierto territorio diseñado por el soberanismo. Por el contrario, si el nacionalismo gobernante no alcanza su meta electoral y no dispone de la mayoría absoluta precisa para catapultar el plan Ibarretxe, es posible que la comunidad autónoma recupere el sosiego que precisa para encarrilar su futuro en un clima de mayor normalidad y consenso.

El resultado del 17 de abril puede acabar dejando atrás el Estatuto de Autonomía para conducir al País Vasco hacia un horizonte pensado a imagen y semejanza del nacionalismo. Junto con el desenganche que la aplicación de lo previsto en el plan Ibarretxe supondría para Euskadi respecto al resto de España, la propia sociedad vasca experimentaría un cruel quebranto por el que cada ciudadano se vería emplazado a optar no según sus aspiraciones sociales o preferencias políticas, sino arrastrado por un conflicto entre identidades enfrentadas impuesto por el soberanismo. Las sociedades en democracia necesitan mantener una tensión constante en pos de la mejora de sus condiciones de vida, para asegurar el mejor de los futuros posibles o para adecuar sus leyes y sus instituciones a nuevas necesidades y cambios. Pero el mensaje dual del nacionalismo gobernante, que por un lado muestra su autocomplacencia por el bienestar de los vascos pero por el otro trata de movilizar a sus bases haciendo uso del discurso de la insatisfacción permanente, está afectando a la racionalidad y a la moderación que toda sociedad abierta requiere para asegurarse la convivencia y la prosperidad.

Es ese mensaje dual del nacionalismo gobernante el que por un lado elabora un proyecto político de clara ruptura con la trayectoria seguida por la democracia y el autogobierno en estos veinticinco años y por el otro intenta restarle gravedad al asunto; por un lado anuncia la gestación de un profundo cambio y por el otro trata de presentar la cita del 17 de abril como una más. Este intento por convertir lo extraordinario e inquietante en algo natural ha acabado formando parte del paisaje dibujado por el lehendakari Ibarretxe, que, compartido por la política nacionalista, puede arraigar peligrosamente en la sociedad. Su ejemplo más elocuente lo encontramos cuando, incluso después del abrumador rechazo del plan Ibarretxe por parte del Congreso de los Diputados, el lehendakari sigue insistiendo en que su pretensión no es otra que la de labrar «una relación amable» con el resto de España.

Ciertamente, la sociedad vasca corre el riesgo de acabar adocenada por el empecinamiento soberanista. Y dentro de ella, los sectores y ciudadanos que se muestran preocupados y críticos respecto a los planes trazados por los gobernantes nacionalistas pueden rendirse al desistimiento por efecto del fatalismo que trata de proyectar el nacionalismo hacia su oposición cuando insiste en que, ocurra lo que ocurra en las elecciones, seguirá adelante con sus planes. Mientras advierten una y otra vez sobre la convocatoria de una consulta popular en la próxima legislatura, los dirigentes nacionalistas tratan de atemperar el sesgo plebiscitario que a lo largo de la pasada legislatura han conferido a las elecciones al Parlamento vasco. Parece claro que Ibarretxe intenta rectificar rebajando al máximo la tensión electoral de una cita que resulta crucial para el futuro de Euskadi. Pero la sociedad vasca ha de ser plenamente consciente de lo que se juega el 17 de abril. No es sólo quién gobernará en el País Vasco durante los próximos cuatro años. Es hacia dónde se encaminará Euskadi: hacia la consolidación y mejora de su autonomía o hacia una aventura que, negando de hecho las bondades del entendimiento y el consenso, no persigue otra cosa que inaugurar un sistema político que garantice el poder para el nacionalismo y para siempre.

VASCOS
Por Jon JUARISTI ABC 6 Marzo 2005

UN estudio riguroso de la genealogía de la palabra vasco (al estilo de aquella del término español que dejó inconclusa Américo Castro) nos ahorraría equívocos y perplejidades. Con el sentido o el sinsentido actual, extensible a los naturales de determinados territorios a ambos lados del Pirineo, sólo comenzó a usarse a finales del siglo XVIII. Fueron algunos prerrománticos prusianos (Herder y Humboldt) los primeros en hacerlo así, pero tal uso (es decir, tal significado) no se generalizaría en español hasta la segunda mitad del XIX. Entre los siglos XV y XVII, la palabra para designar a los oriundos de los actuales territorios vascos de España fue vizcaíno. En una de las más recientes traducciones del Quijote al inglés, la de John Rutherford (Penguin Classics), el escudero Sancho de Azpeitia aparece caracterizado como vasco (Basque). Cervantes lo habría desaprobado: vasco, en la España del XVII, era una forma culta de decir «gascón». En los siglos XVIII y XIX, vascongado fue la forma más corriente de referirse a los habitantes de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava, las llamadas Provincias Vascongadas, y quizá tuviera mucho que ver en su divulgación el prestigio de la Sociedad Bascongada de Amigos del País, la primera y más activa de las sociedades económicas regionales de la Ilustración española.

En la sustitución de vascongado por vasco, jugó un papel decisivo la generación literaria del 98, sobre todo Unamuno y Baroja, muy influidos en su juventud por algunos escritores regionalistas (José Manterola, Serafín Baroja, Francisco Navarro Villoslada) que ya habían empleado el segundo de estos etnónimos en su acepción más amplia. Curiosamente, los primeros abertzales fueron algo remisos en adoptarlo. Sabino Arana Goiri lo evitó en sus primeros escritos. Él se veía como un nacionalista vizcaíno (o bizkaino, como él lo escribía). El rótulo con que bautizó al partido por él fundado consta de tres neologismos pseudo-eusquéricos (Euzko Alderdi Jeltzalea) mediante los que trataba de esquivar la mención directa del término vasco, que nunca le apasionó. Pero sus seguidores se lo apropiaron sin escrúpulo alguno por su expansionismo potencial, ya que la etiqueta podía aplicarse por igual a vascongados, navarros y basques propiamente dichos (o vascofranceses). Los nacionalistas sostienen que, aunque ni en español ni en francés ha existido un nombre único para todos los miembros de la supuesta nación vasca, el vascuence posee uno que los engloba a todos: euskaldun, equivalente estricto de vasco, en el sentido hoy comúnmente aceptado.

FALSO. Euskaldun significa estrictamente «poseedor del vascuence». El porcentaje de vascos que pueden hablar dicha lengua se sitúa en torno al treinta por ciento de la población de la Comunidad Autónoma Vasca, y sería aún menor si incluyésemos en el cómputo a Navarra y a los territorios vascofranceses. Por otra parte, para los abertzales sólo son vascos legítimos quienes piensan como ellos. En rigor, la única definición del significado de vasco que ha contado alguna vez con el consenso mayoritario de los ciudadanos que residen en la mencionada Autonomía es el recogido en el artículo séptimo del Estatuto impugnado ahora por los nacionalistas: sólo los avecindados en Vizcaya, Guipúzcoa y Álava tienen derecho a reclamar para sí tal denominación.

LA convocatoria del Foro Ermua a los trescientos mil vascos residentes en otras Comunidades Autónomas españolas, aunque guiada por excelentes intenciones, cae en la trampa semántica del esencialismo nacionalista. Quienes nacimos en el País Vasco pero hemos fijado en otra parte nuestra residencia fiscal no somos ya vascos, sino madrileños, andaluces o lo que nos corresponda. Lo que no acabo de entender es por qué los constitucionalistas vascos no apelan directamente al apoyo de los españoles, en general. Mi oposición al plan secesionista de Ibarreche, por ejemplo, no deriva de mi mal presunta condición de vasco exilado, sino de una honda repugnancia ante la sola idea de que a España le sean alegre y estúpidamente amputadas ciertas regiones que deben su prosperidad al trabajo y al ahorro de españoles de todas partes, incluso del propio País Vasco y de Cataluña. Y creo que la mayoría de mis paisanos (es decir, de los españoles) sienten lo mismo.

De policías
EL SUBMARINO La Razón 6 Marzo 2005

El mayoritario Sindicato Unificado de Policía (SUP) se opondrá frontalmente en su próximo Congreso ordinario a la proliferación de policías autonómicas, como pretenden algunos gobiernos regionales, tanto del PP como del PSOE. En un Congreso sin sobresaltos previsibles, el SUP pedirá que las reformas estatutarias anunciadas en algunas regiones excluyan la creación de policías autonómicas, cuya extensión haría más ineficaz la persecución de los delitos dentro de nuestras fronteras. Otra cosa son las unidades de Policía adscritas a los gobiernos autónomos, que –convenientemente coordinadas– pueden cubrir determinadas misiones. Los sindicatos policiales han encarrilado sus reivindicaciones y parecen satisfechos con la gestión del ministro Alonso, aunque –reconocen– será difícil que el actual titular de Interior se equipare en popularidad a su antecesor, Ángel Acebes, al que se sigue considerando uno de los mejores ministros de la etapa democrática. De ahí que el SUP vuelva a invitar a Acebes a su próximo Congreso. Uno de los activos del secretario general del PP cuando ocupó la cartera de Interior fue su discreción, algo que el SUP echa en falta en determinados discursos lisonjeros de miembros del Gobierno actual. Discreción, que no silencio, es lo que pide la Policía para la conmemoración del 11-M.

Cataluña, frentea sí misma
Editorial Heraldo de Aragón 6 Marzo 2005

LA INVIOLABILIDAD de la que gozan los diputados catalanes -según recoge el reglamento de la Cámara autonómica- convierte en papel mojado la querella interpuesta por CiU contra el presidente de la Generalitat. Las acusaciones de corrupción lanzadas por Maragall, realizadas en sede parlamentaria, pero que necesariamente habrán de ser aclaradas por las autoridades judiciales, han logrado enturbiar las ya de por sí complejas relaciones entre el tripartito y CiU. Se equivoca, en cualquier caso, Artur Mas al emplear la querella como medio para resolver una acusación política. La segunda querella que recibe un presidente de la Generalitat desde la llegada de la Democracia -la primera la sufrió Jordi Pujol por el caso de Banca Catalana- puede terminar por dañar mucho más que la imagen de Maragall. Por el contrario, el camino adoptado por el líder del PP catalán, Josep Piqué, con la presentación de una moción de censura, permite aguantar las tensiones y enfrentamientos en el espacio que define el Parlament mientras se eleva a sí mismo a la categoría de alternativa, tal y como obligan este tipo de iniciativas. CiU ha desaprovechado una oportunidad única para acorralar a Maragall y situarlo frente a sus propias contradicciones, especialmente aquellas que hablan de los errores cometidos y no asumidos en el barrio del Carmel.

Mientras CiU y PSC se enredan en sus miserias y abren una de las mayores crisis políticas vividas en Cataluña , sorprende que el Gobierno Central haya preferido callar antes que templar una situación de la que directamente se está beneficiando ERC. El elocuente silencio que también guarda Carod, con el que logra hacer descansar el tripartito sobre sus hombros, ha terminado por obligar a Maragall a solicitar el apoyo expreso de sus socios de Gobierno.

Corrupción en Cataluña
El Régimen
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 6 Marzo 2005

Artur Mas podía haber capitalizado la contribución de CiU a la gobernabilidad con UCD, con el PSOE, con el PP. Pero al apoyar el plan Ibarretxe optó por dilapidar su patrimonio histórico, confirmando que su prudencia no iba a sobrevivir a su poder. Claro que, a cambio de sus votos, CiU había obtenido del PP un cheque en blanco para mantener su régimen en Cataluña. Cheque que se mantuvo con la mayoría absoluta de Aznar. Las ofertas populares a CiU para que entrara en el gobierno de España sugieren que los jefes del PP nunca han querido ver de frente lo que el nacionalismo “moderado” era realmente.

La verdad es que eran una casta que impuso su voluntad durante casi un cuarto de siglo y que todavía no ha despertado de su sueño impune. Allí donde había un negocio importante a la vista, era para ellos. Por definición. Si un buen capital extranjero entraba en Cataluña, ellos debían tutelarlo. Si el capital salía, si se deslocalizaba alguna industria, ellos se reservaban el diseño de la operación y el “asesoramiento”. En cuanto a la obra pública, Maragall ha sido bastante claro, a pesar del suflé y de la vaselina. El pujolismo ha dejado una sensación de enchufismo generalizado, de sectarismo, de mafias familiares, de ley del silencio. Y de arrogancia.

Hasta ahora nunca han tenido que rendir cuentas de ningún abuso porque atacarlos a ellos equivalía a atacar a Cataluña, tic maldito que, a la vista está, todavía aqueja a Pujol, el líder que empezó su carrera comprando un banquito desde el que poder estirar –como decimos en catalán- más el brazo que la manga. Había que financiar a mucha gente y a muchas entidades, desde el histórico PSAN -el independentista Partit Socialista d’Alliberament Nacional- hasta unos cuantos socialistas que vendieron su alma.

Postergaron una de las lenguas de todos los catalanes, falsificaron la historia en los libros de texto, practicaron un victimismo estomagante que nos llevó al hartazgo y que dañó nuestra imagen en España. Liquidaron los lazos afectivos de las nuevas generaciones con una patria a la que negaron hasta el nombre. Protagonizaron la más infame manipulación informativa a través de los medios públicos de la Corporació Catalana de Ràdio i Televisió y sometieron a los medios privados a la correa de la subvención encubierta.

Se lo llevaron crudo manejando los fondos que llegaban de Europa para formar parados, cobrando cursos de Formación Ocupacional que jamás se impartieron. Siempre con la mayor arrogancia, siempre seguros de su impunidad. Al que se atrevía a toserles lo trituraban, fuera periodista, abogado o empresario. Sea por conjurar la crisis del Carmel, sea por cualquier otro motivo, Maragall, entre disimulos, les ha preparado un juicio indirecto pero sumarísimo. Es la catarsis catalana. Un año después de perder el poder van a perder la autoridad. Nada es eterno.

El español en la UE
Cartas al Director ABC 6 Marzo 2005

A cualquiera que tenga contacto, por mínimo que sea, personal o profesional, con gente de cualquier país del mundo, su experiencia le llevará a tener una idea de cómo se nos ve fuera de nuestras fronteras, y la importancia de nuestro idioma. Cualquier ciudadano no español en contacto con el extranjero da por hecho que el español es fundamental como lengua del presente y mucho más del futuro.

Por ello, la UE cometerá un tremendo error de base desplazando nuestro idioma más allá del francés y el alemán. Los mismos ciudadanos franceses y alemanes que viajan al extranjero así lo entienden. Por lo tanto, si a instancias políticas se ignora esta realidad, ésta saldrá a la superficie en forma de necesidad negociadora con cualquier país latinoamericano, o incluso con Estados Unidos, que sin duda tendrá un presidente hispano en los próximos 30 años. Guste o no, el español es imparable. Luis Gonzalo Francés de Velasco. Madrid.

Bandera española
Cartas al Director ABC 6 Marzo 2005

En esta página un lector aludía al acuerdo adoptado hace tres años por 173 municipios catalanes en el sentido de retirar la bandera española del edificio de los Ayuntamientos sin que este hecho hubiera dado lugar a ninguna medida por parte de los órganos del Estado con competencia -y con la obligación- para hacerlo. Lamentablemente, en el País Vasco sucede lo mismo, aunque sin necesidad de acuerdos colectivos. Sin ir mas lejos, el pasado 20 de enero (festividad de San Sebastián) en el palacio de la Diputación Foral de Guipúzcoa ondearon las banderas de San Sebastián, Guipúzcoa, Euskadi y Europa.

Hasta la fecha nadie se ha dado por enterado ni ha pedido explicaciones. Ni siquiera el subdelegado del Gobierno en Guipúzcoa. Para mayor desgracia, en el País Vasco no existe ninguna asociación ciudadana que emprenda acciones legales. Aquí, el Estado de Derecho es pura palabrería y el artículo 9 de la Constitución, que afirma la sumisión de todos los poderes públicos a la ley, una gran mentira que no parece preocupar ni a quienes tienen la obligación de hacer que la ley se cumpla. Carlos Fernández de Casadevante. Madrid.

Las sombras del 11-M
Con más de 200 huellas sin identificar, la Policía sabe quiénes son los implicados pero no qué papel desempeñaron
Un año después del 11-M, la Policía aún no ha podido hacer una reconstrucción de los atentados. Sabe quiénes estuvieron implicados, pero no qué papel desempeñaron en ellos. Quiénes hicieron las bombas, quién colocó las mochilas...
Juan C. Serrano - Madrid.- La Razón 6 Marzo 2005

Más que agujeros son sombras. En un año la Policía ha conseguido detener a más de 90 personas por su relación con la matanza de Atocha. Fruto de ese esfuerzo ímprobo, 74 de esos detenidos se hallan imputados en la actualidad.
De esta forma, España ha logrado saber más de su 11-M en este año que Estados Unidos de su 11-S en tres. Sin embargo, todavía no ha sido posible hacer una reconstrucción de los atentados. Los investigadores conocen quienes fueron los implicados, pero no sabe qué papel desempeñó cada uno en los atentados. Desconoce quiénes exactamente portaron y colocaron aquel fatídico día las mochilas bomba que hicieron saltar por los aires cuatro trenes y provocaron la muerte de 192 personas y heridas en más 1.500. Cómo se distribuyeron en los vagones y cómo llegaron a las estaciones. Tampoco han podido determinar todos los coches que utilizaron y quiénes iban en cada uno de ellos, ni cómo huyeron luego y dónde se refugiaron.

No se sabe quién y por qué eligió la red de Cercanías de Alcalá de Henares. ¿Quién montó las bombas? ¿Quién compró los teléfonos para fabricarlas? ¿Quién les instruyó en su montaje? Son preguntas para las que hay hipótesis y teorías pero ninguna respuesta contundente avalada con datos o testimonios.

«Va a ser difícil definir el papel de cada uno, porque los que lo conocen se suicidaron en Leganés o están huidos», dice un mando policial de la lucha contra el terrorismo islamista.

La Policía aún no ha podido determinar a quién corresponden las 209 huellas anónimas recogidas en los principales escenarios de los atentados. A saber, el piso de Leganés donde se suició la célula (123), la casa próxima a Morata (54), la furgoneta Renaul Kangoo (21), el vehículo Skoda Fabia (8) y la casa alquilada en Albolote, Granada, (3).

A ningún investigador del 11-M se le escapa que sin la desactivación de la mochila bomba número 13 las cosas no hubieran ido tan rápido. Desentrañar las tripas del artefacto y obtener enteros sus mecanismos no sólo puso a la Policía inmediatamente en la pista de los implicados, también permitió descubrir a tiempo el piso franco de Leganés y evitó otros atentados previstos por la célula contra intereses judíos. La tarjeta prepago insertada en el teléfono descubrió también la casa próxima a Morata y reveló con nitidez la trama asturiana de los explosivos, la única parte del atentado que en la actualidad está prácticamente aclarada.

El misterio de las bombas
Quién ideó y confeccionó las mochilas bomba es una de las grandes incógnitas de la investigación. Los artefactos, introducidos en bolsas o mochilas, estaban compuestos por diez o doce kilos de Goma-2 ECO, reforzados por unos 600 gramos de tornillos y clavos a modo de metralla. El sistema de activación estaba constituido por un teléfono móvil que tenía conectados dos cables a los terminales positivo y negativo del vibrador.

Los extremos de estos cables estaban unidos sin cinta aislante a los dos polos del detonador, introducido en el explosivo amasado en el interior de una bolsa azul de basura. Los teléfonos estaban programados para que funcionara la alarma despertador a las 7:40 de la mañana. A esa hora, al activarse fluiría la energía de la batería del aparato al detonador y se produciría la explosión de la carga. De esta manera estallaron 10 bombas aquella mañana. Tres fallaron, entre ellas, la que posibilitó la investigación.

La Policía ha concluido que éstas no se activaron, posiblemente porque al no estar protegidas las conexiones de los cables (sin encintar) pudieron hacer contacto entre sí y cerrar el circuito. En el caso de la mochila número 13, una radiografía hecha a la bolsa antes de ser desactivada reveló que uno de los cables estaba suelto, tal y como lo revela el último auto del juez Juan del Olmo.

Los artefactos, muy simples, resultaron extraordinariamente eficaces. Pero los investigadores no saben qué mente los ideó. Sospechan que en su confección pudieron tener algo que ver Allekema Lamari, argelino suicidado en Leganés, y Said Berraj, huido. ¿Por qué? Porque son los únicos implicados en los atentados con formación en este sentido ya que pasaron por los campos de entrenamiento de Afganistán. La única prueba que tienen relacionada con el montaje de las bombas es una huella de Jamal Ahmidan «El chino» en una tarjeta prepago, encontrada en la finca próxima a Morata. Se trata de una tarjeta de la misma serie de las activadas en el poste de telefonía de la zona. Se sabe que aquí se dieron de alta siete tarjetas. Pero se desconoce dónde lo hicieron el resto de tarjetas empleadas para configurar el total de las 13 bombas.

¿Quién compró los teléfonos?
Los investigadores atribuyen toda la sofisticación que pudieran tener las bombas del 11-M al uso de los teléfonos como detonadores y temporizadores. Quién compro y montó los teléfonos son los principales misterios de la investigación, pues ello aclararía la identidad de uno de los cerebros del atentado. Para los atentados se utilizaron teléfonos móviles marca Trium T-110, fabricados por Mitsubishi. Diez de estos terminales se sabe que se compraron entre el día 3 y el 8 de marzo en el establecimiento Bazar Top S. L. situado en la calle Real de Pinto, en el madrileño distrito de Villaverde. Sus dueños, los indios Suresh Kumar y Vinay Kholi, detenidos tres días después de los atentados, encarcelados y puestos en libertad posteriormente, explicaron que los terminales fueron comprados por dos personas de aspecto occidental que dijeron ser de origen búlgaro.

La compra se realizó de la siguiente manera. El día 3 de marzo acude al comercio uno de estos individuos, vistiendo un mono de color azul, y solicita cuatro móviles marca Mitsubishi, modelo 222-I. Como en la tienda sólo había una unidad de este móvil, el dependiente le ofrece otro de esta misma marca: el Trium T-110, que además era mucho más barato. El misterioso cliente decide comprar los dos con la condición de devolver uno de ellos por la tarde. A esa hora regresa con otra persona, también de aspecto occidental. Devuelven el modelo 222-I y piden otros ocho móviles del T-110. Cinco días después, el 8 de marzo, uno de ellos regresa al bazar y adquiere otro de estos teléfono (en total 10), una cinta de vídeo para cámara digital (que más tarde se usaría para reivindicar el atentado) y un reloj marca Casio (del que no se sabe el uso que dieron).

Quienes compraron los teléfonos no buscaban cualquier modelo. Es evidente que preguntaron por un uno muy concreto, bien porque tenían esas instrucciones o porque sabían que en ese terminal se podían conectar los cables para usarlo como detonador. El hecho mismo de que se llevaran otro distinto, con la condición de devolverlo, demuestra que antes de adquirirlos probaron si el modelo que les ofrecían servía para sus intenciones. Y resultó que sí. De estos dos individuos no hay ningún rastro. Los dueños de la tienda explicaron que uno de ellos tenía los dientes delanteros separados. El único de los autores del 11-M que guarda esta característica es Jamal Ahmidan «El chino», pero los comerciantes indios no le reconocieron en las fotografías que les mostró la Policía. Conocer la identidad de estos dos individuos, sin duda, despejaría la incógnita de la autoría de las bombas del 11-M, el único aspecto, junto a la elección de la fecha, que posee relieve intelectual en toda la trama de los atentados.

Las huellas de Morata El chamizo próximo a Morata de Tajuña, donde los autores ocultaron la dinamita traída de Asturias y activaron parte de las tarjetas usadas en las bombas, también arroja grandes interrogantes. En él sólo se han encontrado huellas de Jamal Ahmidan «El chino» (una en el reverso de una tarjeta de telefonía móvil Amena) y sus primos Hamid (tres en una botella de Pepsi y en una bolsa de los supermercados Lidl) y Hicham Ahmidan (cuatro en sendas bolsas de supermercados Lidl y Dia).

También se han hallado restos de ADN de Othman el Gnaoui, uno de los detenidos como colaborador. Sin embargo, en la finca se han encontrado otras 54 huellas, que permanecen anónimas. Cuatro de éstas coinciden con otras tantas, también sin identificar, halladas en el piso de Leganés. Es decir, que hay cuatro presuntos autores materiales aún sin descubrir. La guarida de Morata, que en realidad se ubica dentro del término municipal de Chinchón, tiene para los investigadores gran importancia en la estructura operativa del atentado porque se supone que aquí se almacenó la dinamita procedente de Asturias en un zulo, forrado de porespán, cuyo análisis ha determinado la existencia de restos de nitroglicol y nitrato amónico, componentes fundamentales de la dinamita. Además, también se encontró abundante munición y restos de detonadores y Goma-2. En esta finca se activaron siete de las tarjetas usadas en las bombas, pero no el día anterior a los atentados tal y como se había dicho. Según figura en un informe de la Unidad Central de Inteligencia, la fecha de su activación, en realidad, fue el 29 de febrero, el día en que se sustrajo el explosivo en Asturias y se trasladó hasta Madrid.

Estos datos, por tanto, no clarifican en qué medida (fuera del almacenamiento de explosivos) esta casucha, alquilada por «El chino», fue utilizada para los atentados. Ni siquiera es posible asegurar que en ella se montaran las bombas, que de ella salieran aquella mañana los terroristas que actuaron en los trenes o que a ella regresaran para esconderse después de cometer la matanza. El que la casucha de Morata esté relativamente próxima a esta zona es lo que permite aventurar la hipótesis a los investigadores de que ése pudo ser el motivo de que los terroristas eligieran el tren de Cercanías procedente de Alcalá de Henares. Ninguno de los implicados de los conocidos vive cerca, lo cual resulta extraño y no resuelve la duda de por qué atacaron esta red de trenes y no otra.

Los coches de los atentados
La furgoneta Renault Kangoo, matrícula 0576-BRX, localizada el día de los atentados en las proximidades de la estación de Alcalá de Henares, sirvió para el traslado de tres terroristas hasta la citada estación. Pero hasta hoy sólo se ha podido determinar que en ese vehículo viajaba el huido Daoud Ouhnane, argelino de 35 años. Las huellas de los dedos medio y pulgar de su mano derecha fueron en contradas en una bolsa de plástico azul recuperada debajo del asiento delantero de la furgoneta. En su interior había siete detonadores como los empleados en los atentados y un trozo de cartucho de dinamita. ¿Quiénes eran los otros islamistas que viajaron en ese coche aquella mañana?

Del automóvil se han extraído un total de 21 huellas pertenecientes a personas todavía sin identificar. De las prendas encontradas en su interior se hallaron restos de ADN de Asrih Rifaat Anouar, Allekema Lamari y Abdenabi Kounjaa, todos ellos suicidados en Leganés. De Lamari, sin embargo, también se descubrieron restos biológicos en ropa hallada en el vehículo Skoda Fabia, matrícula 3093 CKF. Este coche, otro de los que se supone fue utilizado por los autores materiales para su traslado a las estaciones, fue descubierto tres meses después de los atentados aparcado también en las inmediaciones de la estación ferroviaria de Alcalá de Henares. Además del ADN de Lamari, fueron extraídas de su interior ocho huellas dactilares de personas desconocidas hasta hoy. Una de ellas coincide con otra muestra anónima sacada del piso de Leganés, por lo que otro terrorista más (ya son cinco) está aún sin identificar. Si las trece mochilas, con 10 o 12 kilos de dinamita cada una, fueron transportadas aquella fatídica mañana por otros tantos islamistas (uno por mochila), también faltan coches por descubrir.

SEGÚN INFORMA EL DIARIO ISRAELÍ HAARETZ
Moratinos negocia la exclusión de Hamas de la lista de organizaciones terroristas de la UE
Miguel Ángel Moratinos, ministro de Asuntos Exteriores español, estaría negociando la exclusión de Hamas de la lista de organizaciones terroristas de la UE según informa este domingo el diario israelí Haaretz. Hamas, que es una de las más sanguinarias organizaciones terroristas palestinas y de ideología integrista islámica, ha mantenido contactos con representantes españoles en la capital de Siria, Damasco, y en El Líbano. El rotativo israelí recoge la noticia del diario árabe editado en Londres, Asharq Al Awsat.
Libertad Digital 6 Marzo 2005

La Unión Europea incluyó hace dos años a Hamas en la lista de organizaciones terroristas, y Moratinos negocia ahora para que este grupo terrorista responsable de cientos de asesinatos de civiles israelíes sea excluido de esa lista.

Según Haaretz fuentes palestinas han dicho al diario árabe de Londres que Francia y España están “excitados” con la posibilidad de excluir a los asesinos de Hamas de la lista comunitaria de organizaciones terroristas.

De acuerdo con el reportaje de Asharq Al Awsat tan pronto como Moratinos llegó al Ministerio de Exteriores inició gestiones para establecer contactos con los terroristas de Hamas. El objetivo sería excluir a esta organización terrorista de la lista de la UE, a cambio de diversos compromisos diplomáticos, que la información no especifica. El rotativo árabe detalla que ya se han producido contactos tanto en Líbano como en Siria entre diplomáticos españoles y líderes de la sanguinaria organización terrorista.

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