AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 7 Marzo 2005

Lengua y orgullo nacional
Aleix Vidal-Quadras Epoca 7 Marzo 2005

Culpas globales
Serafín Fanjul Libertad Digital 7 Marzo 2005

Flecha blanca, flecha amarilla
Miguel Ángel Quintanilla Navarro Libertad Digital 7 Marzo 2005

Fotofobia
José Vilas Nogueira Libertad Digital 7 Marzo 2005

Maragall supera el límite de lo tolerable
Editorial El Mundo 7 Marzo 2005

Caballo de Troya
Enrique de Diego Epoca 7 Marzo 2005

Semana de pasión
Federico Jiménez Losantos El Mundo 7 Marzo 2005

¿UN COMISIONADO PARA LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO
MIKEL BUESA  ABC 7 Marzo 2005

MARAGALL Y LAS LÁGRIMAS DE BOABDIL
LUIS IGNACIO PARADA ABC 7 Marzo 2005

UNA TEORÍA SOBRE EL 11-M
Jorge TRIAS SAGNIER ABC 7 Marzo 2005

HACE EXACTAMENTE UN AÑO
Valentí PUIG ABC 7 Marzo 2005

Jordi y el árbitro
EL SUBMARINO La Razón 7 Marzo 2005

MARAGALL, POBRE MUJER
Jaime CAMPMANY ABC 7 Marzo 2005

Talantes y Desatinos en beneficio del terror
EDITORIAL Libertad Digital 7 Marzo 2005

LA PERFORMANCE CATALANA
GERMÁN YANKE ABC  7 Marzo 2005

Sin Gobierno y sin sociedad civil
Agapito Maestre Libertad Digital 7 Marzo 2005

La historia se repite
Isabel Durán Libertad Digital 7 Marzo 2005

Las locuras de Maragall
LAS PESQUISAS DE MARCELLO Estrella Digital  7 Marzo 2005

La batalla de los valores
Ignacio Cosidó Libertad Digital 7 Marzo 2005

No están todos
Cartas al Director ABC 7 Marzo 2005

Exigir otra lengua
Cartas al Director ABC  7 Marzo 2005

MARGINACIÓN LINGÜÍSTICA EN EL PAÍS VASCO
Libertad Digital 7 Marzo 2005

El negocio del Plan Ibarretxe
Joaquín Prieto El País 7 Marzo 2005

San Gil equipara a López e Ibarretxe en sus mensajes y estrategias políticas
AINARA FERNÁNDEZ BILBAO El Correo 7 Marzo 2005


 

Lengua y orgullo nacional
Por Aleix Vidal-Quadras Epoca 7 Marzo 2005

Una de las dificultades más serias con las que se enfrenta la Unión para consolidar una identidad ciudadana europea es la diversidad de lenguas habladas en los Veinticinco.

Los seis Estados fundadores se apañaban con cuatro lenguas -francés, italiano, alemán y neerlandés-, pero hoy el número de idiomas alcanza la respetable cifra de 20 y la Comisión Europea ha decidido ahorrar costes limitando a sus tres lenguas de trabajo interno -francés, inglés y alemán- las ruedas de prensa que convoca, salvo las de los miércoles, días de reunión del Colegio al completo, en las que se seguirán manteniendo todas ellas.

El gasto evitado con esta restricción es de unos seis millones de euros, lo que tampoco parece una cantidad inabordable. Para tener una idea de la envergadura presupuestaria que la traducción y la interpretación tienen en las instituciones comunitarias, basta decir que el Parlamento Europeo destina más de 500 millones a este capítulo.

Así, a partir de ahora, si prospera esta iniciativa "racionalizadora", una comparecencia ante los medios de un comisario checo, por poner un ejemplo, sería objeto de interpretación simultánea al checo, al francés, al inglés, al alemán y, si las medidas anunciadas afectaran a un Estado en particular, a la lengua del mismo.

Obviamente, Italia y España, cuyos idiomas son, respectivamente, el cuarto y el quinto de la Unión en número de hablantes, han protestado oficialmente y han exigido un trato similar al de las tres lenguas de trabajo. Hay que tener en cuenta que los documentos internos de la Comisión se difunden en francés, inglés y alemán exclusivamente y que las reuniones en su seno se desarrollan asimismo en esas tres lenguas.

Otra cosa es cuando el Ejecutivo europeo se relaciona con el exterior, viniendo obligado en este caso a responder o informar en la lengua del ciudadano correspondiente.

El portavoz danés del servicio de traducción de la Comisión, que por lo que se ve es un tipo algo impertinente, ha dicho varias bobadas, lo que en un portavoz es preocupante.

La primera ha sido que el hecho de que hace 400 años se escribiera un libro muy importante no es un argumento para defender una lengua en el siglo XXI.

La segunda ha consistido en atribuir al orgullo nacional este tipo de quejas y recordarnos que fue precisamente el orgullo nacional el que destrozó la antigua Yugoslavia. Lo que este caballero no comprende es que no estamos ante una cuestión de chovinismo, sino de principio.

Si los Estados miembros son iguales en derechos y en deberes, lo son en todo, uso de lenguas por parte de la Comisión incluido. Y que una decisión de esta naturaleza no la puede tomar un grupito de burócratas, sino que debe ser sometida al Consejo y al Parlamento, que son los que mandan.

Río Cabe
Culpas globales
Serafín Fanjul Libertad Digital 7 Marzo 2005

El desarrollo de las tecnologías ha propiciado avances en comunicación y movimiento de los seres humanos inimaginables hace un siglo y medio. El comercio, la economía en general, los contactos entre sociedades y la información han crecido en proporciones que permiten hablar con razón y sin miedo de globalización, intercambio a escala planetaria y preocupaciones comunes para todos los seres humanos. Pero también se han globalizado las ideologías, los odios y el terror. Por consiguiente, ya se perciben peligros colectivos y amenazas no menos de conjunto. Y no es que nos apuntemos a ese eufemismo escapista y blandengue de denominar “terrorismo internacional” al terrorismo estrictamente islámico cuyo objetivo es el dominio mundial mediante la violencia. No aceptamos el eufemismo pero tampoco la imputación global a los musulmanes todos de los crímenes perpetrados por grupos y lo afirmamos con la convicción de que no existen los delitos colectivos, ni las culpas en bloque y menos aun con carácter hereditario; un principio que vale para cualquier comunidad humana.

Sin embargo, una vez exonerados los musulmanes de responsabilidad colectiva en la ringlera espantosa de asesinatos masivos que vienen cometiendo no pocos fieles de esa confesión en nombre de Allah, en las latitudes más diversas (Madrid, Nueva York, Turquía, Indonesia, Kosovo, Iraq, Marruecos, Kenya, Rusia, Israel, Egipto), cumple hacer algunas observaciones que trascienden el relato periodístico, el comentario político inmediato o el cuadro costumbrista y pintoresco.

Y la primera es señalar la sinrazón fanática y absurda de esos criminales que –al contrario que nosotros- sí nos aplican el criterio de la culpabilidad colectiva y en función de él atentan en cualquier punto del mundo occidental afirmándose en la idea de que hay que golpear a los cruzados doquiera que se hallen y tanto mejor si es con el mayor daño posible: todos somos la dar al-harb, o “Casa de la guerra”, en la cual todo está permitido por encima de consideraciones de piedad o meramente humanitarias. A nuestro juicio, el problema ni siquiera estriba en la falsedad por entero fantástica de que seamos cruzados (un servidor lleva varios años buscando alguno, como rareza arqueológica, y aun no me han presentado a ninguno ni he tenido la suerte de encontrarlo de sopetón), sino en el derecho –a todas luces entre la demencia y el mero crimen- que se arrogan de exterminarnos si no nos sometemos.

Y recordamos de nuevo que Islam significa en árabe “sumisión”. Nosotros sí matizamos y distinguimos diversos grados de implicación y responsabilidad, pero del otro lado nos acusan, juzgan y condenan a todos en bloque. Es la misma lógica enloquecida y menesterosa de los asesinos etarras cuando formulan la base de su razonamiento: si “Madrid” no nos da lo que pedimos, estamos facultados moralmente para presionar asesinando a un concejal de Málaga o a un barbero de Granada. Y no son ejemplos imaginarios sino tristemente reales.

A través de ese proceso mental de orates nos atacaron el 11 de marzo de 2004: dado que un país cristiano (EEUU, o sea relativamente cristiano, pero ellos no están para tales distinciones) invadió otro de mayoría musulmana (Iraq), una banda de muslimes marroquíes (con conexiones aun no aclaradas) asesina a 192 personas en España. Es decir, esas partidas de terroristas moros se consideran en guerra con toda la “Cristiandad”, aunque formalmente ésta no exista hace siglos y todo lo más que se puede hacer es subrayar una cierta herencia o sustitución moral de la misma por parte del concepto “Occidente”, que es mucho más amplio, como sabemos perfectamente los “occidentales”, incluyendo países tan occidentales como Nueva Zelanda o Australia.

Que aprovecharan la proximidad de las elecciones, el carácter acomodaticio y cobarde de muchos españoles actuales o el pretexto de la presencia de un minúsculo contingente de tropas españolas en Iraq (y que no intervinieron en la guerra), son sólo circunstancias marginales que dirigieron hacia España el ataque, aunque Italia, Inglaterra –o la misma Francia en estos momentos- también eran objetivos posibles. ¿Y qué decir de los mismos EEUU el 11 de setiembre de 2001, cuando no había invasión ni ataque alguno contra Afganistán o Iraq? Sencillamente, habían aplicado el mismo criterio de culpabilidad global: si Israel lleva a cabo una política lesiva –consideran- de los intereses de los musulmanes, ellos están autorizados a perpetrar la salvajada de Nueva York. ¿Y qué añadir sobre la España de hace cuatro meses, ya sin tropas en Iraq, contra la que se preparaba un atentado monstruo en la Audiencia Nacional?

Otra cuestión no menor en esta confrontación ideológica es la actitud de los musulmanes que no participan, al parecer, en el terrorismo pero siempre prestos a exhibir su sempiterno carácter de víctimas de algo y que, de hecho, es la base moral sobre la que se apoyan los otros: cualquier acontecimiento negativo sucedido en un país islámico es de modo automático adjudicado a la responsabilidad “occidental” (“Vosotros nos quitasteis nuestra patria”, me espetó un palestino que, por cierto, vive estupendamente en Bélgica desde hace muchos años: en balde explicarle que los españoles no intervinimos en ese asunto para nada, o que la tal “patria” palestina no existía hace un siglo).

De tal guisa, un marroquí se siente herido por lo que acontece a un afgano y para vengarse de un norteamericano mata a un español. Es el caldo de cultivo de los terroristas y tan sólo mera expresión de un fideísmo que antepone la religión a toda consideración civil, política, cultural o, simplemente, humana. La fe es la nota distintiva por encima de todo, algo que los occidentales deberíamos tomar en cuenta en nuestras relaciones con el Islam, obviamente no para volver a circular por esos inconvenientes andurriales, sino para combatir con más eficacia la muy global agresión que estamos padeciendo.

Política en Cataluña
Flecha blanca, flecha amarilla
Miguel Ángel Quintanilla Navarro Libertad Digital 7 Marzo 2005

Las obras de remodelación de la M-30 de Madrid, una de las autovías que circunvalan la ciudad, ofrecen al conductor emociones nuevas cada día. Una de las más llamativas es una gran flecha amarilla dibujada en un panel, perceptible desde unos cientos de metros, que parece indicar la existencia de un desvío provisional. El problema es que a medida que uno se acerca a la flecha comienza a notar algo extraño en ella: primero, que no es una flecha bien perfilada, como las demás; luego, que no es una flecha en absoluto –al menos, no se pretende que lo sea-, sino una serie de tiras de adhesivo amarillo con las que se ha querido ocultar una flecha blanca que indicaba un desvío que ahora está clausurado por una valla metálica y conduce hasta un socavón en el que trabajan grúas y hormigoneras. Quien quiso tapar la flecha blanca estaba tan cerca de ella que carecía de la perspectiva suficiente para ver que en lugar de ocultarla bajo una mancha amarilla, la convertía en una flecha mucho más visible, en “la flecha” en la que todo el mundo se fija cuando pasa por allí. Sólo alejándose lo suficiente se podría haber adoptado la perspectiva adecuada, y haber visto lo que, sin querer, se estaba dibujando.

En los últimos días, los dirigentes nacionales del PSOE han pretendido aprovechar las dificultades por las que parece atravesar Maragall para ocultar el desvío al que su política los ha forzado en los últimos años. Blanco y Chaves han tratado de dejarnos claro que la ruta la marcan ellos y Zapatero, no Maragall; pero lo que en realidad han hecho ha sido sustituir una flecha blanca por otra amarilla, que se ve mucho más y que conduce hasta un socavón, grúas y hormigoneras.

El PSOE sabe que no podrá atender las pretensiones de Maragall y de Carod sin que eso debilite dramáticamente su posición como partido nacional. Al tratar de servirse de la debilidad coyuntural del gobierno tripartito para tomar distancia, lo que ha hecho es confirmar que lo que ha defendido hasta ahora no son convicciones sino intereses. Un Maragall débil, -parecen pensar-, puede permitir la restauración de un proyecto nacional sin el que a medio plazo el PSOE no podrá mantener el gobierno.

Sin embargo, parece demasiado tarde para eso, porque el PSOE ya ha diseñado su estrategia para el País Vasco y para Galicia imitando la “vía catalana”. Además, no puede ignorar gratuitamente las demandas de ERC, ni en Cataluña ni para toda España. El movimiento de la dirección nacional del PSOE ha sido casi un acto reflejo, un gesto de mera acomodación de quien ha tenido que ejecutar una contorsión antinatural y trata desesperadamente de desentumecerse. No ha sido la manifestación de un cambio de política, un gesto de autoridad. No tiene autoridad quien sólo puede ejercerla “cuando nadie le ve” o cuando el destinatario de la orden está dormido.

Blanco no nos ha ocultado la ruta trazada por Maragall, la ha pintado de amarillo; como las servidumbres, los temores y estilo de este PSOE, que ahora son mucho más visibles a larga distancia. Por ejemplo, desde Andalucía.

Corrupción en Cataluña
Fotofobia
José Vilas Nogueira Libertad Digital 7 Marzo 2005

Le dieron el Oscar a Amenábar por "Mar adentro". No vi la película, pero la historia es suficientemente conocida. Los filmes anteriores de Amenábar también trataban de la muerte. Retengo para mi argumento "Los otros". En esta historia hay unos niños fotofóbicos y una madre obsesionada por su protección. Al final descubrimos que todos están muertos. No se sabe, en cambio, que los niños fuesen catalanes. Convenía aclararlo porque los políticos catalanes también están aquejados de fotofobia, aunque estos están vivos, demasiado vivos. Se hundió un barrio en Barcelona y la primera preocupación del tripartito triprogresista Gobierno catalán fue excluir del escenario a los periodistas. Como la chapuza o el delito tienen autoría progresista, la "sociedad civil" enmudeció. Bastante suerte tienen los afectados si no los acusan de extrema derecha desestabilizadora. Los sindicatos de denodados campeones de la "sociedad civil", infatigables debeladores de la corrupción, el secretismo y la incompetencia política sólo aparecen cuando gobierna la derecha. Estos sindicatos transitan de la fotofobia a la fotofilia, según el color del gobierno. Una de las mayores indecencias de la vida política contemporánea son estos movimientos pretendidamente espontáneos y apartidarios.

Como la oposición nacionalista de derechas pidió responsabilidades, en el Parlamento de Cataluña, al gobierno de la Generalidad, el Presidente de ésta les contestó que su problema era el 3%. En un pentecostés laico, todo el mundo entendió que Maragall decía que los Gobiernos de Pujol cobraban comisiones por la contratación de las obras públicas. Y lógicamente se armó la marimorena. Artur Mas, que es el líder de Convergencia i Uniò (CiU), ha pedido una rectificación formal y ha dicho que, en su defecto, se retiran de la Comisión interpartidaria de elaboración de un nuevo Estatuto de Autonomía y han presentado una querella por calumnias e injurias.

Un par de cosas cabe destacar. La primera y menos importante, la escasa cohesión del tripartito, ya puesta de manifiesto reiteradamente desde su constitución. Esquerra Republicana de Catalunya se posiciona contra la corrupción, pero se sitúa al margen del PSC (Carod-Rovira se ha entrevistado con Piqué (!), e Iniciativa per Catalunya va a ostentar la presidencia de la Comisión de investigación parlamentaria. CiU, que es la fuerza más representada en el Parlamento catalán ha renunciado a esta presidencia, para no ser juez y parte en el asunto. Si Iniciativa la acepta será que tampoco se considera parte. Las tres patas del tripartito están, pues, tan disjuntas que mal asiento hacen.

La segunda cuestión es más importante. Ante la acusación de cobro de comisiones, Artur Mas dijo que el Presidente había mandado a hacer puñetas la legislatura, una legislatura de tanta transcendencia para Cataluña, en cuanto se había impuesto la tarea de redacción de un nuevo Estatuto. Y sólo en base a este argumento, dijo literalmente, el Presidente Maragall medio se disculpó. Pero, como una y otra cosa, la existencia o no de corrupción en los Gobiernos de Pujol y la redacción de un nuevo Estatuto de autonomía son cuestiones independientes, esta medio disculpa es una ratificación de la acusación.

La conciencia contemporánea ha urgido y urge cada vez más la eliminación de la corrupción política. Esta demanda se enfrenta, sin embargo, a notorias dificultades. La enorme importancia que la actividad pública tiene en las economías contemporáneas, la por veces inextricable relación de las elites políticas y las económicas, la profesionalización de la política son elementos que estorban la lucha contra la corrupción. El panorama se agrava en aquellos sistemas políticos más intervencionistas. El primer remedio contra la corrupción es el pluralismo democrático. Los diversos partidos pueden vigilarse así recíprocamente, denunciando los supuestos de corrupción en que hayan podido incurrir los adversarios. Pero este remedio puede resultar insuficiente, por la colusión de las elites de los diversos partidos. Siempre hay una justificación a mano: el superior interés de la comunidad y/o el enemigo exterior. Estos recursos legitimadores de la corrupción son tanto más exitosos cuanto dominen sentimientos de irredentismo y victimismo en el seno de la comunidad. "Es verdad que hay casos de corrupción, pero sacarlos a la luz daría armas a nuestros enemigos" (de la nación o comunidad de que se trate). Por ejemplo, Artur Mas ha dicho que la presentación de la moción de censura por el Partido Popular responde a una estrategia ajena a Cataluña. No es, por tanto, raro, que los partidos nacionalistas sean particularmente propensos a la corrupción, como saben en Cataluña y el País Vasco. También Maragall ha hecho su contribución al ocultamiento nacionalista de la corrupción, denunciando una "involución" de la política autonómica del PSOE. Por una vez, José Blanco le contestó adecuadamente.

Por eso, el verdadero remedio contra la corrupción está en las puñetas que, sin querer, evocaba, Artur Mas. Sólo una justicia independiente puede combatir la corrupción. Por el castigo de supuestos concretos y por el efecto disuasorio general que su persecución tendría. En un país, como el nuestro, en el que la justicia está politizada, es decir, sometida a los partidos políticos, no cabe ser muy optimista. Puede que se imponga la fotofobia.

Maragall supera el límite de lo tolerable
Editorial El Mundo 7 Marzo 2005

En su alocada huida hacia adelante, el presidente de la Generalitat traspasó ayer el límite de lo que una sociedad puede tolerar a un responsable político. Pasqual Maragall afirmó que el Gobierno que preside «se siente a veces como una mujer maltratada».

Por increíble que pueda parecer, pronunció estas palabras ante un auditorio de 500 representantes de asociaciones feministas durante un acto con motivo del Día Internacional de la Mujer y después de un canto a la «sensibilidad» del tripartito «con el punto de vista de la mujer».

Es verdad que el presidente catalán siempre ha sido un político con tendencia a comportarse como si no lo fuera. A base de decir lo que le viene a la boca en cada momento, ha puesto en más de un brete a sus compañeros de partido.

Hasta tal punto que el PSC y sus socios atribuyen la crisis del 3% a un exceso verbal imputable únicamente al presidente. Desde que el tripartito perdió la inocencia con el hundimiento del barrio del Carmelo, Maragall ha proporcionado material para hacer una amplia antología del disparate.

Primero fue la comparación con el Prestige -en contra de sus propios intereses políticos, que ya es decir-, después las referencias al «suflé» y la «vaselina», luego la apelación al «guerracivilismo» de «la derecha». Todo muy desafortunado, pero asumible dentro de los excesos de un político acorralado.

Lo de ayer, sin embargo, ya no tiene pase. Comparar el acoso político que sufre el Gobierno catalán con el sufrimiento de una víctima de malos tratos es mucho más que un error.

Y no sólo porque ningún padecimiento personal se pueda comparar con un ataque político, como acertadamente señaló Gaspar Llamazares. Ni tampoco porque el discurso trivializa en cierto sentido el drama de miles de mujeres.

Teniendo en cuenta que él -sin contar con nadie, parece- fue quien encendió la mecha de la crisis del 3%, ¿qué nos quiere decir el presidente? ¿Tal vez que el maltrato puede tener una causa original en el comportamiento de las víctimas que lo sufren?

El Gobierno socialista, con Zapatero como inspirador intelectual, ha situado entre sus prioridades la lucha contra la violencia de género. ¿Cómo se conjuga este compromiso con las declaraciones de Maragall?

Ayer se echó de menos una declaración del Gobierno, cuya vicepresidenta es una reconocida feminista, rechazando tal aberración. Imaginemos qué hubiera sucedido si Aznar -por poner un ejemplo- o incluso Zapatero hubieran comparado los problemas de la gestión política con los golpes que reciben las mujeres maltratadas hasta desembocar a menudo en el asesinato.

Según parece, el PSOE -y también un importante sector del PSC- han puesto pies en pared ante las insensateces de Maragall. Sus declaraciones de ayer demuestran que se ha convertido en un político incontrolable y a la deriva. Ya no vale apelar a las «cosas de Pasqual» para salir del paso.

Los socialistas tienen una responsabilidad con el pueblo catalán y con el resto de los españoles. Por ello deben decirle con suficiente claridad como para que lo entienda: «Pasqual, ¡basta!». Sólo lo de ayer ya sería motivo para pedir su dimisión.

Caballo de Troya
Por Enrique de Diego Epoca 7 Marzo 2005

Una solución teórica a la situación de emergencia nacional que vivimos sería un Gobierno de concentración, como ha apuntado Manuel Fraga, una de las escasas mentes lúcidas de la Transición.

Teórica, porque, en la práctica, el PSOE no es otra cosa que el caballo de Troya de los nacionalistas para el suicidio de España (al que no será inmune la Corona). Ya a corto plazo, sin una reforma de la ley electoral el proceso de demolición es irreversible.

Antes de ello es precisa una rebelión cívica que pasa por la fragmentación del PSOE, por la ruptura de su sector españolista. El PP ha de trabajar por ello con constancia y sin fisuras. Debe tender la mano y buscar la alianza generosa con los españolistas del PSOE.

Rajoy ya puede darse cuenta del error al que fue llevado por su generosidad, ofreciéndose gratis a Zapatero. Por esa senda no hay nada que hacer. No es sólo cuestión de ideología, sino de estricto poder. Para llegar a él, por ejemplo, los socialistas aspiran a introducir a Galicia en el frente secesionista, mediante coalición poselectoral con el Bloque Nacionalista Galego.

El PSOE hace tiempo que gobierna en ayuntamientos y autonomías con los independentistas. No se trata de deriva episódica. Para sublimar esa necesidad, que implica el estatus de sus cuadros, ha ido modificando sus postulados.

Ha diabolizado al PP identificado con franquismo, para que sus bases electorales no perciban la trampa: los socialistas de base están más cerca de los populares que de los de Esquerra. Y ha vendido, con apoyos propagandísticos abrumadores, que generarán una España cómoda, como si los nacionalistas fueran a dejar de serlo porque ZP -en vez de Aznar- esté en La Moncloa.

La ajada vicepresidenta ha llegado a decir que "el plan Ibarretxe no existe, porque el Parlamento lo ha rechazado". En ese nivel de chorrada se mueve el análisis de nuestro Gobierno. Ese plan existe más que nunca -se dio a Ibarretxe la ventaja añadida de hablar en el Congreso en nombre de toda la sociedad vasca- y se va a testar electoralmente el 17 de abril.

En Cataluña, en medio del bochorno por la chapuza del Carmelo y el hedor mafioso, se avizoran elecciones anticipadas. Ahí tiene el PP su talón de Aquiles. No puede consentir traiciones, ni permitirse bromas.

El único instrumento para dar la última batalla por la unidad nacional es el PP. Mas debe abandonar tacticismos y tibiezas. Son tiempos para reafirmarse en la fortaleza democrática y en las convicciones.

La situación supera, con amplitud, la dialéctica PSOE-PP, e incluso precisa visiones más elevadas que la mera estrategia para alcanzar el poder. Son tiempos para la responsabilidad y la altura moral. El que no lo entienda desaparecerá por el sumidero de la Historia.

Semana de pasión
Por Federico Jiménez Losantos El Mundo 7 Marzo 2005

No sé si en los días venideros, hasta la mañana lívida del viernes, podremos quitarnos de encima la sensación de fiebre, de urgencia, de tristeza y de rabia que en esta semana triste indefectiblemente nos poseerá.

No sé si es posible y tampoco estoy seguro de que sea deseable. Sí sé que en esta semana de pasión política, la política como tal no debería estar por encima de la pasión, del luto apasionado que como españoles debería embargarnos.

Ojalá ese viernes, sólo ese día, lo dedicáramos a recordar a los muertos, con nuestro silencio, con las campanas doblando en todas las iglesias, con la música de amor a los que se fueron y a lo que de nosotros se fue con ellos y ha quedado como una herida en nuestra memoria.

Es difícil que podamos dejar de lado, al menos por un día, la política. Al cabo, hemos de recordar que, hace justo un año, doscientas personas fueron asesinadas en Madrid para que España cambiara de Gobierno y de política.Y cambió.

Lo hizo mediante esos doscientos muertos arrojados sobre la mesa de autopsias, como en julio de 1936 el cadáver de Calvo Sotelo, líder de la oposición, fue arrojado en la mesa de mármol del cementerio por sus asesinos, escoltas de Prieto.

Nunca sabremos a qué numero de alzados tres días después convenció ese cadáver de que había llegado la hora de matar, porque la de su muerte tenía fecha fija.

Tampoco sabremos cuántos españoles cambiaron su voto o simplemente fueron a votar contra el PP por la masacre del 11-M arteramente manipulada por el PSOE y la Ser el 12 y, muy especialmente, el 13-M, Día de Reflexión, que fue Jornada de Manipulación.

Como no lo sabemos, el asesinato de Calvo Sotelo es sólo uno más de los miles que la izquierda perpetró tras perder el poder en las elecciones de 1933 y que desembocaron en la Guerra Civil.

Y como no es posible saber de forma fidedigna el número de votantes ni las razones frías o rabiosas que influyeron en que una parte de ellos lo hiciera el 14-M en función de la masacre del 11-M (manipulada, insisto, para lograr sus fines políticos) debemos asumir que esos muertos fueron sólo una de las causas que contribuyeron a echar al PP del poder para sustituirlo por un Gobierno de izquierdas escalofriantemente parecido al de 1936, aunque hace un año no podíamos suponer hasta qué extremo.

Lo que convenció a muchos derechistas pacíficos en aquellos tres días de julio del 36 de que la guerra era inexorable es que estaban convencidos de que el Gobierno del Frente Popular no iba a averiguar quién había asesinado a Calvo y castigarlo, porque quizás era él mismo.

Lo que nunca sospechamos es que el Gobierno salido del 14-M -y gracias a la manipulación del 13-M- iba a negarse a investigar la matanza del 11-M. De ahí la pasión creciente que marca la política nacional y que, siquiera por un día, deberíamos olvidar.

Empresarios y economistas prevén efectos negativos de un conflicto políticoentre el País Vasco y el resto de España, su principal mercado

¿UN COMISIONADO PARA LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO?
Por MIKEL BUESA Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid ABC 7 Marzo 2005

LA creación de la figura del Alto Comisionado de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo ha suscitado una cruda polémica en la que aparecen entreverados aspectos de naturaleza institucional, personal y política que, en mi opinión, conviene diseccionar si se quiere atravesar la inescrutable trama de los acontecimientos que han dado lugar a ella, para tratar de comprender su significado.

El Comisionado surgió, como es sabido, de una sorpresiva iniciativa política del presidente del Gobierno, a raíz de la intervención de los representantes de las víctimas del terrorismo en la Comisión del 11-M. Con ella se pretendió dar énfasis al interés del nuevo inquilino de la Moncloa por esas víctimas, a la vez que se ponía en duda la eficacia y la suficiencia en medios de la política desempeñada hasta entonces, que cabe atribuir al anterior Gobierno. La lectura del preámbulo del Real Decreto regulador de la institución es nítida a este respecto, pues en ella se señala que, aun cuando «la labor que llevan a cabo las... fundaciones y asociaciones... está resultando fundamental», para «mejorar la eficacia y los medios, ... y lograr una asistencia integral a las víctimas de los actos terroristas», se requiere la figura del Comisionado. De manera significativa, el decreto omite cualquier alusión a la Oficina de Atención a las Víctimas del Terrorismo con la que cuenta el Ministerio del Interior, lo cual no deja de resultar extraño si se tiene en cuenta que al Comisionado se le atribuyen las competencias que actualmente desarrollan esas unidades administrativas. Pues, en efecto, han sido hasta ahora ellas las que se han ocupado de las «actuaciones... de asistencia y ayuda a las víctimas», la «colaboración con... las instituciones... (de) atención a las víctimas», la «cooperación» con los gobiernos regionales, la «evaluación... de la situación económica y social de las víctimas» y la adopción de «iniciativas legislativas». Y lo han hecho con una extraordinaria eficacia, como muestra el hecho de que, en el último año, sólo con relación a los atentados del 11-M, han resuelto 1.133 expedientes referentes a indemnizaciones, han atendido casi 3.500 entrevistas personales y cerca de 11.000 consultas telefónicas con los afectados, y han realizado, sobre todo, una imponente labor de acompañamiento y asistencia social.

Por tanto, es evidente que la figura del Comisionado se superpone a la de la mencionada Oficina, duplicándose las competencias -eso sí, en aquel caso, sin apenas dotación presupuestaria- e introduciendo un elemento de confusionismo en la gestión de las ayudas que las leyes establecen para las víctimas del terrorismo. La sugerencia de que tales ayudas son insuficientes para atender las necesidades materiales de las víctimas ha sido otro de los argumentos empleados para justificar la nueva institución. En este caso, el presidente del Gobierno se ha basado en la falsa idea de que al sentimiento de desamparo que, por lo general, albergamos las víctimas corresponde una efectiva desatención económica y material.

Conviene explicar esto con detenimiento, pues en ese error incurren, seguramente con buena fe, muchos de nuestros conciudadanos. El desamparo es un sentimiento que se enraíza en el profundo malestar que nos invade a las víctimas de terrorismo al enfrentarnos a las dramáticas consecuencias personales de unos atentados que han sido causados por otros seres humanos. El profesor Enrique Echeburúa lo ha descrito con precisión al señalar que ser víctima de un hecho violento como el terrorismo «afecta profundamente a la confianza de la persona en sí misma y en los demás; ... (ésta experimenta) una vivencia súbita de indefensión y de pérdida de control, de temor por la propia vida y de humillación por haber sido violentada su intimidad; ... ese trauma amenaza a los tres supuestos básicos de la vida: a) el mundo es bueno, b) el mundo tiene significado y... c) el yo tiene un valor; y la ruptura del sentimiento de seguridad y control supone un desmoronamiento de los postulados básicos de confianza necesarios para una vida cotidiana normal».

Todos los que hemos sido víctimas del terrorismo hemos sentido ese desamparo con intensidad, a veces durante mucho tiempo, y casi siempre con intermitencia una vez superados los síntomas más extremos del trauma. Pero ese sentimiento no puede confundirse con la existencia de una efectiva desatención de las víctimas en materia económica y social. Es cierto, a este respecto, que muchas de las víctimas que lo fueron hace años encontraron un apoyo muy escaso, pues la legislación que las ampara no se inició hasta 1979 y hubo que esperar hasta la segunda mitad de los años ochenta para que adquiriera un nivel aceptable en materia económica. El resarcimiento de daños materiales se estableció en 1991 y se fue ampliando en los años siguientes. Y no fue hasta 1999 cuando, con la Ley de Solidaridad con las Víctimas del Terrorismo, se completó el marco protector al subrogarse el Estado las indemnizaciones por responsabilidad civil. De manera que, en el momento actual, las víctimas cuentan con un generoso sistema de pensiones, un resarcimiento de los daños corporales y materiales sufridos, una indemnización por responsabilidad civil que, como mínimo, supera los 138.000 euros en caso de fallecimiento y los 390.000 en el de gran invalidez, y un amplio conjunto de ayudas para los tratamientos psicológicos, los estudios o las situaciones de necesidad.

Por tanto, no es ni la carencia de instituciones de atención a las víctimas ni el desamparo material de éstas lo que ha hecho necesario crear la figura del Comisionado. Sólo queda, entonces, una explicación política; y ésta no puede ser otra que la que se deriva del contexto en el que nace la institución, y de las actuaciones emprendidas por quien la ocupa. En síntesis, se puede señalar que el cambio de Gobierno que se derivó de las elecciones del 14 de marzo de 2004 introdujo, con respecto a las víctimas, una gran impostura. Ésta no es otra que la idea de que los atentados del 11-M se encontraban justificados por la política del Gobierno Aznar en relación con la guerra de Irak; una idea de la que se deriva, como corolario, la consideración de que existen unas víctimas que son fruto de los errores políticos de la derecha -las del terrorismo islámico- y otras que no tienen nada que ver con eso -las de ETA-. Y, como consecuencia de ello, se forjó la posibilidad de que los comunistas y los nacionalistas, que hasta entonces apenas habían mostrado sensibilidad con respecto a las víctimas, aglutinándose con el Gobierno Zapatero se erigieran en abanderados de la condena del terrorismo.

Se ha producido así una politización de la cuestión de las víctimas del terrorismo, pero no porque éstas hayan modificado sus opciones políticas -que, seguramente, cada una mantiene de la misma manera que cuando, con el Gobierno anterior, nadie se preguntaba por su ideología-, sino porque el Gobierno actual la ha introducido para asentar el discurso justificativo de su acceso al poder. Y, para esta tarea, no cabe duda de que, lamentablemente, ha contado con el concurso de una de las asociaciones surgidas de los atentados del 11-M. Al observar esta cruel verdad, tiene uno la tentación de esperar a que quienes han hecho girar la gran rueda de la mentira se vean aplastados un día por ella. Sin embargo, los problemas a los que nos enfrentamos son de tal importancia que se hace necesario reclamar con urgencia una rectificación de esta deriva. Y quien debe hacerlo es, sin duda, el presidente del Gobierno, modificando su discurso y suprimiendo la figura del Comisionado. Entonces, probablemente, las víctimas y nuestras organizaciones podremos volver a reconciliarnos con unas instituciones de las que los que ostentan el poder nunca deberían habernos alejado.

MARAGALL Y LAS LÁGRIMAS DE BOABDIL
LUIS IGNACIO PARADA ABC 7 Marzo 2005

CUENTA la leyenda que, ante las lágrimas vertidas por Boabdil al abandonar Granada -que había aceptado gobernar como reino tributario de Castilla en medio de una guerra civil con su tío El Zagal- su madre, Fátima, le dijo: "Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre." Para que se consolara de su pérdida, los reyes cristianos le concedieron el señorío de las Alpujarras y aseguraron a los moros granadinos sus vidas y haciendas, les prometieron que continuarían siendo juzgados por sus propias leyes, que no se alterarían sus costumbres, hablarían su lengua, seguirían vistiendo sus trajes y no se les impondría tributos por tres años. Pero además de las estipulaciones públicas se ajustaron hasta dieciséis capitulaciones secretas por las cuales se aseguraba a su familia la posesión de todas las heredades y se pactó, además, que Boabdil recibiría 30.000 castellanos de oro el día de la entrega de Granada.

Ante un grupo de representantes de instituciones que trabajan a favor de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, Maragall dijo ayer que el gobierno catalán "se siente a veces como una mujer maltratada". Infeliz metáfora que trae a la memoria las lágrimas de la rendición de Boabdil. Máxime cuando, casi simultáneamente, el presidente de CiU, Artur Mas, estaba haciendo un llamamiento a los dirigentes de ERC, socios de Maragall en el Gobierno catalán, para que se planteen fórmulas alternativas a su actual alianza de gobierno con los socialistas, y al PSC para que no se deje arrastrar por la estrategia suicida de su presidente. De paso, avisó que si no prospera la querella contra Maragall por injurias y calumnias a CiU actuará políticamente para intentar cambiar al actual presidente de la Generalitat a través de mecanismos excepcionales. Dicho en otras palabras, Mas está pidiendo que se le ofrezcan a Maragall suculentas capitulaciones para que se rinda.

UNA TEORÍA SOBRE EL 11-M
Por Jorge TRIAS SAGNIER ABC 7 Marzo 2005

HACE unos días, hablando con una de las personas con más responsabilidad en la magistratura, me contaba su teoría sobre el terrorismo en España y dejaba abierta la causa del porqué de la virulencia, ahora, del terrorismo islámico en nuestro suelo. Pero eso, como él no podía decírmelo debido a su información privilegiada, se lo conté yo, limitándose mi interlocutor a un expresivo silencio.

Durante treinta años el terrorismo nacionalista vasco se alimentó en España de una única fuente de aprovisionamiento: Francia. Nuestro querido y admirado vecino actuó como Afganistán con Bin Laden y el terrorismo islámico. Ahí, allende los Pirineos, estaban sus cuarteles, ahí eran protegidos los terroristas por su policía y servicios secretos, ahí los «del sur» se paseaban como Pedro por su casa. Y sólo de vez en cuando, cuando tenían que organizar más ruido para su entrenamiento, se iban a Argelia o a algún país de América del Sur. A nadie de la comunidad internacional le importaba un bledo lo que ocurría en España y, bala a bala, bomba a bomba, fueron cayendo, una tras otra, casi mil personas, ¡mil personas!, con la complacencia y colaboración silenciosa del Estado francés. Y eso sólo comenzó a acabarse cuando, inteligentemente, Felipe González puso sobre la mesa de Mitterrand pingües contratos -como el del AVE- a cambio de colaboración para desmantelar el terrorismo. Terrorismo que había llegado a su apogeo en la siniestra etapa de la presidencia de Giscard, tan siniestra que incluso el ministro del Interior de entonces, Martín Villa, contempló la posibilidad de atacar las bases terroristas etarras en territorio francés, ¡que estaban perfectamente localizadas!

España, mientras tanto, fue progresando económicamente, pero siempre bajo la tutela de Francia. Hasta que llegó al poder la criada respondona, que se había hartado de hacer una política de vasallaje, de enterrar a los muertos a escondidas y de ocultar a las víctimas como si estuviesen apestadas. José María Aznar cambió los parámetros de la posición española en el tablero internacional, advirtió premonitoriamente del peligro terrorista y, encima, el país alcanzó cumbres de bienestar insospechadas; tan altas, que si no es por la fatalidad del 11 de marzo y del resultado electoral del 14, hoy España estaría en el G-8. «¿Pero fue una fatalidad lo del 11 de marzo?» Creo que no. Todo estaba bastante bien calculado. El horrible atentado lo organizaron indirectamente desde los servicios secretos de Marruecos, que, como todo el mundo sabe, son una especie de epígono de los franceses. Y España, otra vez, ha vuelto a ser el país lacayo, el Rey de Marruecos vendrá aquí a darnos su más sentido pésame, las víctimas han sido cuarteadas y divididas, y el nacionalismo rampante vuelve a enseñar sus garras amenazantes. ¿Y quién fue el responsable de todo lo que ocurrió?: pues el señor Aznar, que nos metió -«¡asesino!»- en la guerra de Irak contra el Islam. Y, mientras tanto, el diario «El País», al tiempo que diariamente lanza sus invectivas directas o subliminales contra la Iglesia Católica, dedica tres páginas de su «domingo» a mostrarnos la cara más amable de la religión islámica. Pero ¿por quién doblan las campanas?

HACE EXACTAMENTE UN AÑO
Por Valentí PUIG ABC 7 Marzo 2005

EN los titulares del 7 de marzo de 2004 una encuesta decía que Rajoy era el mejor líder del PP y Bono el mejor líder del PSOE, y se daba por hecho que Ronaldo sería baja ante el Bayern. Eso era un domingo, siete días antes de votar en las elecciones generales. En campaña, Rajoy estaba diciendo en el País Vasco que la única libertad venía de la España constitucional, había manifestaciones a favor del voto en blanco a Batasuna. Se suponía que el PP iba a ser el partido más votado y que tendría opción a formar gobierno. Pasqual Maragall llevaba pocos meses en su despacho de la Generalitat calafateando un Gobierno tripartito que había vivido su primera detonación interna al entrevistarse con ETA el líder de ERC y conseller en cap.

Ese era el vivir político de los españoles a una semana de las elecciones, con cierta desconfianza ante los sondeos, vagos vaticinios de abstención en el voto y conjeturas sobre el efecto de una presencia española en Irak que no se había reflejado en las elecciones municipales. Para algunos analistas, Zapatero se estrenaba; para otros, esa sería su última oportunidad. Cientos de miles de ciudadanos no tenían su voto decidido mientras una red de terroristas islamistas buscaban detonadores, sacaban Goma-2 de una mina asturiana, pagaban esos servicios con lo que da el tráfico de hachís y coordinaban todos sus movimientos por teléfono móvil, dispuestos a inmolarse cualquier día como bombas-suicida. Aquel 7 de marzo, las cosas estaban así, después de las manifestaciones contra la guerra de Irak o el «Prestige». Aznar se había retirado voluntariamente de la primera fila política. Paralelamente, Washington levantaba el embargo a Libia y amenazaba a Siria con sanciones.

DESDE el 11-S, todo el mundo libre conocía la amenaza de Bin Laden y que cualquier día sus redes, tupidas hasta el vértigo, organizadas hasta lo inimaginable, dispondrían de armamento de destrucción masiva. En Madrid, un físico, un médico, un economista y varios albañiles, en concomitancia con delincuentes comunes, preparaban la venganza del Islam radical contra la vieja herida del Al-Andalus. Lo venía proclamando Bin Laden en sus grabaciones estelares para la televisión Al-Jazira. Quedaban unos días para que los ciudadanos españoles decidieran finalmente el sentido de su voto, tal vez a última hora, en el curso de una jornada de reflexión que tanto por ley como por costumbre había sido desde la transición democrática día de pausa, de reposo y de descanso después de las agitaciones de la campaña electoral.

AQUEL domingo 7 casi se podía contar por horas el trecho que faltaba hasta acercarse a las urnas. Ésa era la España del «Gran Hermano» y de las becas Erasmus, del «after hours» y «Comunión y Liberación», del unitarismo y de la secesión, de las mezquitas y de Los Morancos, de la siesta y del horario europeo, toda esa conjunción heterogénea que al final se destila en forma de convivencia sabia y tolerante. Esos días los trenes circulaban con regularidad, las pancartas electorales iban trizándose poco a poco. El Chino y sus amigos cargaban sus mochilas con explosivos. Ahora todo aquello es Historia y saber trágico. Conmemorarlo sólo con emotividad sería un error que no merecen aquellas vidas destruidas en un cruce de vagones humeantes y teléfonos móviles que llaman a alguien que ya no está. Lo que fue de un domingo a otro reclama sobre todo conciencia de la fragilidad de las sociedades abiertas, conciencia de todo lo que es necesario para que las gentes estén y se sientan seguras, sentido de la responsabilidad a toda costa ante la potencia del terror global.

vpuig@abc.es

Jordi y el árbitro
EL SUBMARINO La Razón 7 Marzo 2005

El nombre del juego consiste en averiguar cuál de los dos Xavieres que narraban en la noche del martes para TV3 (se autodenomina «la nostra», pero suele ser más bien la televisión oficial del Gobierno catalán) el encuentro entre el Atlético de Madrid y el Sevilla. Ocurre que en uno de esos lances del juego, Jordi, jugador sevillista que en tiempos militó como canterano del Real Madrid, recibió un comentario por parte del árbitro, Moreno Delgado, extremeño pero colegiado en la catalana. Los gestos no adivinaban colegir de qué se trataba el diálogo, si era reproche, advertencia, reprimenda o lo que fuere. El caso es que uno de los dos Xavieres comentó muy ufanamente: «Seguro que se entienden porque ambos son catalanes». Qué alivio, por un momento pensamos todos que un árbitro catalanizado y un futbolista catalán jamás se entenderían si no fuera porque ambos hablan la «lengua propia». O sea, que nuestros admirados Xavieres (cualquiera de ellos que fuera el autor del comentario) no llegaron a pensar ni por un momento en que Jordi y Moreno Delgado pudieran llegar a entenderse en castellano. Impensable, sin duda. Puede que el catalán no se prodigue demasiado en las emisiones de TV3 pero sí se escucha algo más en los terrenos de juego. ¿En qué idioma, por ejemplo, se entendería Carod en la famosa cita de Perpiñán con sus inquietantes interlocutores?

MARAGALL, POBRE MUJER
Por Jaime CAMPMANY ABC 7 Marzo 2005

A lo mejor es que andaba con la toña y le dio llorona, yo qué sé. Pero es la primera vez que le oigo decir a un político que se siente «como una mujer maltratada». No sé si debemos tomar esa frase de Maragall como una confesión dramática, como una solidaridad disparatada con las pobres mujeres apaleadas por sus hombres o como una contribución chusca al rechazo social de la «violencia de género», como ahora se dice.

El caso es que la frasecica fue dicha por el presidente de la Generalitat y dicha queda para la pequeña y anecdótica Historia de la política y las sandeces que dicen a veces los políticos. Una mujer maltratada. Pobre mujer este Maragall. Pero, hombre, si es él -o ella- quien está maltratando a sus adversarios, a sus antecesores, a sus parejas de Gobierno y a las sufridas parejas de su propio partido. Desde que las urnas gastaron el bromazo a Cataluña y a España de ponerle en la situación «tripartita» de presidir la Generalitat, no ha hecho otra cosa que maltratar todo lo que toca, empezando por las mismas Cataluña y España. Ese Maragall no es una mujer. Es una parca, una furia, una euménide.

Para esa mujer maltratada que dice ser Maragall quede el mérito político de darle a Esquerra Republicana y al maltratador de su jefe, Carod-Rovira, arte y parte en el Gobierno de Cataluña, y una vela en el imaginado entierro de España. Vaya también a Maragall el acierto reconocido de agitar las aguas políticas hasta convertirlas en un remolino turbulento y sucio. Llegó al poder empinándose en los separatistas furiosos y en los vestigios comunistas.

Entró en el palacio de San Jaume sacudiendo hachazos al Estatut, y enseguida intentó separarse del Partido Socialista y formar grupo parlamentario aparte. Inventó la piedra filosofal del federalismo asimétrico, enlazó con los delirantes ibarrechistas del Estado asociado, ha pasado toda clase de facturas políticas a Zapatero, poniendo precio a unos votos obligados, aunque no todas las facturas se las han pagado, y ahora, para clausura de fiesta y traca final, sale con lo del tres por ciento de Convergencia, que ha encalabrinado no sólo a Artur Mas, sino a Jordi Pujol, que son palabras mayores.

Eso del tres por ciento es poner el dedo en la llaga del espinoso asunto de la financiación de los partidos y además es mentar la soga en casa del ahorcado. Hablar de corrupción política desde el Partido Socialista es exponerse a que alguien te diga que en todas las casas cuecen habas y en la tuya a calderadas. El hundimiento del barrio del Carmelo le ha desatado los nervios y la moción de censura del PP más la querella por injurias y calumnias con la que le ha obsequiado Convergencia lo ha sacado de quicio.

Y ha terminado en la pura demencia. Se cree mujer, y mujer maltratada, que no sé yo, si de verdad fuese Maragall una mujer, quién iba a ser el guapo que se tomara la molestia de maltratarla, ni siquiera un moro observante escrupuloso del Corán. Antes de sentirse «mujer maltratada», tendría que haberse sentido «mujer empecinada», que por ahí, por el empecinamiento de algunas mujeres, empiezan muchas de las atrocidades que cometen algunos hombres.

Talantes y Desatinos en beneficio del terror
EDITORIAL Libertad Digital 7 Marzo 2005

El diario israelí Haaretz acaba de acusar al gobierno de ZP, en general, y a su ministro de Exteriores, muy en particular, de algo tan grave como la de valedor de la organización terrorista Hamas ante la UE. Según asegura el rotativo israelí -que se basa, por otra parte, en informaciones del diario árabe editado en Londres, Asharq Al Awsat- Miguel Ángel Moratinos habría autorizado contactos con esta organización criminal en Siria y en Líbano, con el objetivo de excluirla de la lista de organizaciones terroristas de la UE.

Por mucho que Moratinos cuente con el silencio y el generalizado antisemitismo que impregna a la mayoría de los medios de comunicación españoles, no se entiende que nuestro ministro de Exteriores no haya salido inmediatamente a la palestra a desmentir una acusación tan grave y de tanto calado internacional como es la de ser presentado como valedor de una de las organizaciones terroristas más sanguinarias del planeta. Aunque entre los millares de víctimas de Hamás sólo se encuentren judíos –y algunos palestinos acusados de colaborar con el “infiel”- , ¿es eso una razón para que desde Europa seamos más condescendientes con ella?

De ser ciertas las acusaciones contra Moratinos, asistiríamos, ni más ni menos, al segundo gran regalo que el gobierno del 14-M brinda al movimiento terrorista islámico, tras su vergonzosa deserción de Irak a los pocos días de la masacre de Atocha.

Por mucho que aquí lo oculte la complicidad de la mayoría de los medios de comunicación, aquella deserción de Zapatero –y su reincidente llamada a la deserción desde Túnez- está calibrada como la decisión política más jaleada y por mayor número de organizaciones terroristas de cuantas haya tomado un dirigente occidental en los últimos treinta años.

Si se entienden los silenciados elogios que al presidente español le dirigieron, desde la dirección de Hamás a la de ETA, pasando por autores directos del 11-M, tales como “El Egipcio”; también se explica el malestar diplomático que entre los aliados, desde Australia hasta EEUU, pasando por Italia o Gran Bretaña, produjo el hecho de que el inesperado nuevo ejecutivo español satisficiera de forma tan evidente al terror islámico, y a tan escasos días de la mayor matanza terrorista perpetrada en nuestro país.

En este sentido, cabe corregir al Wall Street Journal, cuando califica a Rodríguez Zapatero de “presidente por accidente”. No. El 11-M no fue ningún “accidente”, sino una matanza que conllevaba un calculo electoral tan preciso por parte de sus autores como indiscriminado era su medio de llevarlo a cabo.

Con estos antecedentes en la política exterior de nuestro gobierno y con otros, no menos lamentables, como ha sido la mediar en la Unión Europea a favor de la dictadura castrista, la acusación contra Moratinos, por repugnante que sea, no resulta menos verosímil. Más aun, si no va acompañada de un inmediato y rotundo desmentido. ¿Es así, pues, como pretende el gobierno del 14-M conmemorar el primer aniversario del 11-M? ¿Dando otra satisfacción política a la Internacional Islámica del Terror?

LA PERFORMANCE CATALANA
GERMÁN YANKE ABC  7 Marzo 2005

Parece, según me dicen, que, en el aeropuerto de Barajas, el viajero minimamente atento reconoce, en medio de los apretones de la Terminal de llegadas, a los que vienen de Barcelona. Yo creía que eso ocurría con los viajeros de Bilbao, que me parecen reconocibles en cualquier lugar del mundo, pero mi interlocutor me explica que en los de Bilbao se percibe «un cierto estilo» y en los catalanes «una determinada estética». Acepto la observación, sobre todo estos días en que, tras la crisis política ocasionada por el derrumbamiento del barrio del Carmelo, la gran preocupación de los políticos catalanes resulta ser la imagen que puedan ofrecer. Incluso a ello aludió en la tribuna de oradores el popular Josep Piqué cuando recordó que, allí, entre acusaciones, puñetas y réplicas, nadie se ocupaba de los vecinos afectados.

Recapitulemos. El presidente Maragall parece levemente agobiado por la imagen que pudiera dar de sí mismo al haber pronunciado unas palabras que, según dice ahora, podrían haber sido otras. Luego hemos escuchado a sus hagiógrafos y defensores obligados disquisiciones sobre referencias veladas o insinuaciones, aunque todo el mundo pudo escuchar lo del 3%, que es una acusación en toda regla. Le molesta a Maragall que se trate de llevar a los tribunales una declaración parlamentaria como si todo fuera una cuestión estética según la cual hay cosas que se pueden decir en un sitio y no en otro («de esto no se habla en la mesa» habría dicho el viajero de Bilbao, para que se vea que, a veces, el estilo se confunde con la estética). Y, en consecuencia, hay derechos, el de defenderse de acusaciones ante la Administración de Justicia, que se pueden ejercer según donde se hayan producido.

Sigamos. Los socios catalanes de Izquierda Unida, en esto como en casi todo, responden a la observación como si se tratara de un paradigma: si lo importante es la estética, nada mejor -dado que tienen un poder mayor que su representación- que confundirse con el paisaje. Y recordemos lo que se ha repetido de Esquerra cuando se preveía que, en el tripartito, fuera como un elefante en una cacharrería: en el poder (pisando alfombras y bien vestidos, qué cosa más estética) serían otra cosa, como si, influidos por la inocencia del monje que se hace tal con el hábito, la imagen modificara el fondo. Más estéticos que el monje, el poder les ha servido para amplificar lo de siempre. Se entrevista Carod con Piqué y, tras las carantoñas, sale con aquello de que el PP quiere hacer del Carmelo el «Prestige» del PSOE. Le pide unidad el socialismo catalán y canta lo de que socialistas y CiU son lo mismo, el pasado.

De que CiU es el pasado no parece haber duda y todos le reprochan que, con su querella, se haya equivocado radicalmente. Debe ser una cuestión de imagen porque nada me parece más lógico que defenderse así ante las acusaciones vertidas. Toda irregularidad -nadie puede ya evitar la sospecha- debe ser pagada, también en los tribunales, pero debe ser asimismo probada. Y ahí tienen a Piqué, que no va a conseguir nada. Ni defender ni acusar a CiU, ni cambiar el Gobierno de Cataluña, ni denunciar los excesos de Ezquerra (¿quién reprochara ahora al PSOE o al presidente del Gobierno las veladas discretas con Carod?), pero ha logrado su momento de gloria... estética: parece por fin uno de ellos, le saludan y le dan amistosos golpecitos en la espalda.

Ese es el panorama. ¿Panorama? No, panorama no, eso sería si fuesen de Bilbao. Esa es, más bien, la performance. Y todos cubriendo sus miserias con el ropaje de la patria. El nuevo Estatuto como disfraz.

Sin Gobierno y sin sociedad civil
Agapito Maestre Libertad Digital 7 Marzo 2005

Entregado al nacionalismo de su socio Carod Rovira, cumpliendo los dictados del terrorismo islamista, especialmente retirando las tropas españolas de Irak, despreciando a millones de ciudadanos simplemente porque no le han votado, el trato que reciben los cristianos es un ejemplo de la displicencia dictatorial con que este Gobierno trata a sus ciudadanos, sacrificando los pocos rasgos de la sociedad civil española, el presidente de Gobierno quiere homenajear a las víctimas del 11-M junto a un dictador, el rey de Marruecos, que se ha negado a colaborar con las autoridades policiales y judiciales al esclarecimiento de la masacre de Madrid.

Terrible asunto que hace sentir vergüenza a cualquier ser civilizado. El antiguo presidente de los EEUU, Clinton, según cuenta sus más allegados amigos españoles, cuando se enteró de que el rey de Marruecos asistiría a la ceremonia del 11-M, no podía creérselo. Pidió asesoramiento y, finalmente, parece que ha desistido de venir a Madrid a la conmemoración. Zapatero no parece inmutarse ante las ausencias de los principales mandatarios del mundo occidental. No le importa. Él sólo parece querer mantenerse en el poder siguiendo los dictados del mundo islámico. ¿Conquistará su ministro Moratinos que el grupo Hamás dejé de ser considerado por Europa una organización terrorista?

El presidente del Gobierno parece haber vendido hasta el gesto. Fíjense y verán que, incluso, empieza a tener dificultades para representarse a sí mismo. El abandono, la venta de su alma, en fin, la dejadez política del presidente es el mejor reflejo de que una sociedad ovina, y la española empieza a dar señales preocupantes de que ostenta un récord de mansedumbre entre las europeas, apenas requiere de nadie preparado moral e intelectualmente para ser gobernada. Un presidente de Gobierno sin un solo criterio nacional, o peor, su única obsesión es desnacionalizarnos, más parece preocupado por llevarnos al establo que por gobernarnos.

ZP es, en efecto, un ejemplo extremo en toda Europa de un presidente de Gobierno que no le interesa su nación. Más aún, parece preocuparle tan poco la sociedad española que no tiene la menor intención de investigar el mayor asesinato sufrido en el último siglo por España. A pesar de todo, la política española está determinada por la masacre del 11-M. El PP se esfuerza con poco éxito por aclarar lo sucedido ese día. El PSOE no sólo no le interesa nada averiguar que pasó, sino que de la ocultación de ese suceso depende su permanencia en el poder. La política del Gobierno no existe, porque toda su preocupación es borrar su origen perverso. Sin embargo, los ciudadanos necesitamos urgentemente recordar, pues que de nuestra historia depende nuestro presente y futuro. Pasado un año de la masacre del 11-M, sin que nadie del Gobierno y sus acólitos quiera saber, menos aún pensar, cuáles fueron los cambios trágicos que el terrorismo trajo a la política española, es urgente volver piadosamente al pasado para aprender cómo una sociedad se rehace o se destruye.

El suflé corrupto
La historia se repite
Isabel Durán Libertad Digital 7 Marzo 2005

Cuando el President la armó en el pleno del Parlamento catalán acusando de corrupción a Convergencia i Unió, sabía lo que hacía. Pasqual Maragall se las tuvo tiesas, y en los tribunales, con el partido de Jordi Pujol. La historia se repite de forma inusitada. Veamos cuáles son los hechos.

A sus treinta y nueve años, el economista y hasta entonces concejal del Ayuntamiento de Barcelona se sienta en la poltrona de la Generalidad como consejero de Política Territorial y Medio Ambiente. Artur Mas no llega al Govern de Pujol por casualidad, llega por la corrupción. Su predecesor en el cargo, Jaime Romá, había tenido que dimitir tras la admisión a trámite de una querella presentada por cinco constructores en la que le acusaban de adjudicar en exclusiva a la sociedad Tradsa la construcción y reforma de hospitales y centros de salud cuando era el máximo responsable del instituto Catalán de Salud. A cambio Tradsa le construye una vivienda valorada en 90 millones de pesetas aunque sólo le cobran 14. Para que el escándalo no vaya a más y el partido no se vea en apuros, dimite en veinticuatro horas.

Ese sillón que ocupó el hoy delfín de Pujol, tiene todavía más fondo. El predecesor de Mas no era otro que Josep María Cullell, quien cavó su tumba política por más de lo mismo. Terció para que se construyera la clínica New Teknon, propiedad de la mujer de Javier de la Rosa, a pesar de que el Ayuntamiento de Barcelona tenía paralizadas las obras. ¿Y quién era el regidor del consistorio barcelonés? Pasqual Maragall.

La guerra por la licencia de obras entre el Ayuntamiento y la Generalidad acabó en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, el mismo que ahora debe actuar sobre la acusación del tres por ciento y le dio la razón al Ayuntamiento. Cullell tuvo que dimitir al conocerse las jugadas de recalificaciones urbanísticas con su cuñado y que salpicaron a otras cinco consejerías, entre ellas las de Maciá Alavedra, prohombre de Pujol.
El caso acabó en una comisión de investigación en el Parlament. ¿Qué cómo concluyó? Con la exculpación del conseller por falta de pruebas. Curioso, ¿no?

Las locuras de Maragall
LAS PESQUISAS DE MARCELLO Estrella Digital  7 Marzo 2005

El presidente Maragall está como un cencerro y no para de desbarrar. Ayer llegó a decir que se siente como “una mujer maltratada” por parte de CiU, y eso poco después de afirmar que la derecha, cuando pierde, monta “una guerra civil”. O a los pocos días de sacar la imagen del “soufflé”, de la crisis catalana o de la vaselina “para no hacernos daño”. Todo un abanico de lindeces y barbaridades que nos dan una idea de la talla política de este Maragall, del que no se quedan lejos en disparates políticos y verbales sus compañeros de coalición, como Carod-Rovira, o sus propios adversarios de CiU ahora acusados de corrupción.

Y se pregunta Marcello: ¿y estos dirigentes políticos son los que quieren poner patas arriba la Constitución, la unidad y la solidaridad de España? Y añade otra pregunta no menos interesante: ¿a estos pájaros les ha prometido Zapatero aprobar en Madrid todo lo que ellos pacten en el Parlamento de Cataluña?

La bronca entre Mas y Maragall ha puesto en peligro el gran pacto del nuevo Estatuto catalán apoyado por el 90 por ciento. Pero esto es así no sólo porque Maragall se haya ido de la lengua con lo del tres por ciento, sino porque la relación del PSC con CiU es imposible y no podía resistir demasiado tiempo. De la misma manera que el pacto del PSC-PSOE también es un acuerdo “contra natura”, que veremos cómo acaba, y si no llegamos a unas elecciones anticipadas por culpa de los desencuentros habidos por causa de todos y cada uno de ellos.

Sin olvidar aquí y ahora los desencuentros de Maragall con otros dirigentes del PSOE como González, Chaves, Ibarra, Bono, Vázquez, Guerra, etcétera. Que discrepan de su intento de llevar Cataluña por la senda soberanista, incluso en contra de los guiños que les hace Zapatero, con alto riesgo de pasarse en la dosis, como ya le ha pasado con sus reiteradas y amables entrevistas con Ibarretxe y Carod, de las que no ha sacado nada en claro, sino que ha reforzado a los adversarios de la Constitución.

De ahí que Zapatero —vestido de negro y con chaqueta de esmoquin— vaya ahora al País Vasco a apoyar la Comunidad Nacional de Patxi López a ver cómo le sale su apuesta electoral. Y desde allí le manda ánimos a Maragall, al que más que vaselina lo que le hace falta es un calmante, un poco de sentido común y un mucho de tranquilidad. Porque sus últimas declaraciones dejan mucho que desear. Y lo que es peor, ponen en evidencia su talla política y sus continuas volteretas, una adelante y otra hacia atrás.

Supervivencia democrática
La batalla de los valores
Ignacio Cosidó Libertad Digital 7 Marzo 2005

La batalla política decisiva en España no lo será por el poder ni por las ideas, sino por los valores. Lo que este país sea dentro de una o dos décadas, la propia supervivencia de nuestra democracia, estará en función de los valores que sean predominantes en nuestra sociedad. Por eso, el efecto más nocivo y peligroso que puede terminar causando el zapaterismo gobernante es provocar la debilidad de los valores en la sociedad española actual.

Hay quien considera la política como un ejercicio básicamente de acomodación. Son políticos que intuyen nada más despertar la dirección por donde sopla el viento y adoptan inmediatamente la posición de la corriente mayoritaria. Para estos políticos el poder es un fin en sí mismo y no un instrumento imprescindible para desarrollar su proyecto. Su único objetivo es ganar las siguientes elecciones a cualquier precio, sin ninguna restricción ideológica o moral en los medios que haya que utilizar para conseguirlo. Mitterand o, salvando las distancias, Zapatero son algunos ejemplos de esta clase de políticos.

Una segunda categoría de políticos están en política para defender sus ideas y sus principios. Para ellos lo esencial en política es hacer lo que consideran “correcto”, ya sea en función de los intereses generales del país o de sus propios valores. Su objetivo es contribuir a hacer una sociedad mejor. El poder es un instrumento para ello, pero no el fin último de su acción política. Tienen a veces la virtud de saber ver al otro lado de la colina, es decir, saben anticiparse a los desafíos que aguardan en el futuro y colocar a sus sociedades en mejor disposición para superarlos con éxito. Pero en ocasiones tienden a olvidar que en un sistema democrático tan importante como acertar en sus decisiones es saber convencer a sus ciudadanos de que es lo “correcto”. A veces tienden a crear una brecha entre su acción política y el sentimiento mayoritario de la sociedad. Su limitado apego al poder les vuelve inflexibles en la defensa de sus principios. Prefieren incluso arriesgar el poder que traicionar sus valores. Bush o Aznar serían buenos ejemplos de esta clase de políticos.

Personalmente creo que en política tan importante como tener la inteligencia, la intuición y la imaginación para tomar las decisiones acertadas, es saber explicar, convencer y liderar a los ciudadanos en ese camino correcto. Por definirlo gráficamente, un político debe estar siempre en la cabeza de la manifestación, tirando incluso de ella, pero a diferencia del intelectual, no puede separarse demasiado de la mayoría. Reagan o Blair constituyen ejemplos de políticos que combinaron la firmeza de sus convicciones con un gran magnetismo para atraer a la sociedad a las mismas.

Hay situaciones históricas, sin embargo, que obligan a los políticos a caminar contracorriente. Antes de la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill pasó años bramando casi en solitario contra la complacencia política y social de británicos y europeos con el nazismo. No sólo el tiempo terminó dándole la razón, sino que los ciudadanos le dieron el poder para derrotar a esa miseria humana. La coherencia y fidelidad a sus principios, que le condujo al poder, fue probamente la misma que le hizo perder después las elecciones una vez finalizada la guerra.

Hoy Europa está aquejada de una debilidad moral y política parecida a la que se vivió en los años treinta del siglo pasado. Los valores que habían situado a los europeos en la vanguardia del mundo durante siglos son hoy abandonados por un relativismo moral que todo lo admite bajo una pretendida tolerancia extrema. La responsabilidad individual, el reconocimiento del esfuerzo y de la excelencia como virtudes esenciales, el ansia de emprender y el valor de arriesgar, la dignidad del ser humano de la que se deriva el respeto a la vida, el sentimiento de pertenencia a una realidad social y política común por la que merece la pena asumir sacrificios individuales, el valor de la familia como escuela de valores, la necesidad de defender la libertad frente a sus múltiples enemigos. Todos esos valores son difíciles de encontrar en las sociedades europeas y, probablemente, aún más complicado en la española.

También hoy las sociedades libres estamos amenazadas por una nueva forma de totalitarismo aún más fanático que el nazismo y que encuentra en el terrorismo un instrumento de imposición y de destrucción más eficaz que la propia guerra. Hacer frente a esta amenaza exige, antes que nada, un rearme moral de nuestras sociedades. Esa es sin duda la batalla más decisiva para la pervivencia de nuestra democracia en el futuro. Ganarla requerirá grandes dosis de liderazgo político.

Ignacio Cosidó es senador del Partido Popular.

No están todos
Cartas al Director ABC 7 Marzo 2005

Han pasado ya muchos días desde su plantación y me permito «recordar» que hay otros a los que estamos olvidando. Me parece muy bien que a los asesinados por los terroristas islámicos el triste 11-M se les recuerde y en su homenaje se plante un «Bosque de los Ausentes». Esto no debería ser incompatible con añadir 1.000 árboles más y así completar un bosque mucho más frondoso que recordara también a los asesinados por ETA.

Para muchos de sus familiares sería un postrer reconocimiento y un tardío alivio moral por los olvidos y humillaciones recibidas. ¿O ahora los asesinatos de ETA ya no son terrorismo? El país que olvida su historia está condenado a repetirla, y para nuestra desgracia somos «olvidadizos». Alberto Rivera de los Arcos. Madrid.

Exigir otra lengua
Cartas al Director ABC  7 Marzo 2005

El despido de profesores en las Vascongadas por no acreditar el conocimiento del vascuence no es nuevo para los profesores de Cataluña. Aquí hace ya bastantes años que tomaron esa decisión y aún, en la actualidad, hay escuelas en donde señalan con el dedo a aquellos profesores que osan dirigirse a sus compañeros en español en el interior del recinto escolar. Hay maestros que han sido acosados en los pasillos de sus escuelas, a solas, por miembros del equipo directivo, exigiéndoles el uso del catalán dentro del colegio, e inspectores que buscan el más mínimo motivo para enviar a los docentes a sus casas, obligándoles a coger bajas laborales, bajo amenaza de apertura de expediente disciplinario, con el pretexto de que, como tienen un mínimo problema de salud, van a ser un estorbo en el centro escolar. Rosario Suárez Marín. Calella (Barcelona).

"MARGINACIÓN LINGÜÍSTICA" EN EL PAÍS VASCO
Los 160 profesores encerrados en Bilbao piden una revisión de las causas de la "euskarización"
Alberto García de Vicuña, uno de los profesores afectados por la "euskarización", ha manifestado este lunes en La Mañana de la Cadena COPE que pide "una revisión de las causas, ya que el 80 por ciento de los afectados puede expresarse en las dos lenguas". También se ha pronunciado sobre el tema, la candidata del PP a lehendakari, María San Gil, que ha hablado de "marginación lingüística".
Libertad Digital 7 Marzo 2005

Federico Jiménez Losantos entrevistó en La Mañana de la COPE este lunes a uno de los sesenta profesores vascos que se encuentran encerrados en un instituto de Bilbao desde el 22 de febrero para protestar por la pérdida de su plaza decretada por el Gobierno vasco.

Pablo García de Vicuña, profesor de un instituto de el País Vasco, recordó que “nuestra situación a nivel nacional no ha llegado con fuerza. Somos un colectivo de profesores interinos, no funcionarios”. Además, agregó que “la situación empeoraba con decretos y en junio del 2004 se decidió poner fin a esa situación si no superábamos un nivel uno de conocimiento de la lengua vasca. Así, se obliga al profesorado a mantener una conversación coloquial en euskera que, en la práctica, la totalidad de los 157 profesores tenemos”.

Por lo tanto, “lo que pedimos, entre otras cosas, es una revisión de las causas de la euskarización del profesorado. El ochenta por ciento del profesorado "se puede expresar en las dos lenguas”, defendió el profesor y dijo que “queremos llegar a conocer el idioma aunque los plazos se nos hallan (hayan) adelantado considerablemente. Por otra parte, hemos tenido el apoyo de CCOO, UGT, PSOE, PP, Unidad Alavesa y otras organizaciones”, porque tras su encierro han sido muchos los que les han dado su apoyo.

Uno de los temas que más preocupa a García de Vicuña es que en ningún momento se ha tenido en cuenta su trayectoria profesional: “Exigimos que se reconozca nuestro bagaje cultural y docente en todos superior a los 15 años ha quedado totalmente marginada. Queremos que se abole el decreto. Además de conseguir que la administración y los sindicatos reconozcan que se equivocaron”.

La preocupación de María San Gil
Por otra parte, la candidata del PP a lehendakari, María San Gil, dijo este lunes, en declaraciones que recoge Europa Press que el PNV podría "extender" la "discriminación y marginación lingüística" que está viviendo este grupo de 60 maestros en Euskadi a otros colectivos profesionales, donde se podrían perder "puestos de trabajo" por no dominar suficientemente el euskera.

San Gil destacó que no constituye "un hecho aislado" en el País Vasco que personas con edades comprendidas entre los "40 y 50 años" se vayan a ver "en la calle" por no dominar una lengua, una situación a la que el Gobierno tripartito "no da respuesta". Además, dijo que se da la paradoja de que algunos de los maestros perjudicados dan clases a inmigrantes que ni siquiera dominan el castellano o a sordomudos que sólo se comunican por lenguaje de signos.

Pero "lo más preocupante", recalcó la candidata, es que esa "marginación" podría extenderse a otros colectivos profesionales si los nacionalistas vuelven a tener la mayoría en las urnas. También apuntó San Gil que "no es lo mismo" exigirle a un niño que aprenda euskera a plantear esa misma exigencia a un adulto sin conocimientos de ese idioma, garantizó que, si ella resulta elegida lehendakari, tomará medidas para evitar la "discriminación lingüística".

El negocio del Plan Ibarretxe
Un sector de empresarios y expertos vascos se muestra pesimista sobre el plan Ibarretxe porque afecta a la economía y puede ahondar la desconfianza hacia profesionales y empresas de Euskadi. Una fase de inestabilidad tras las elecciones del 17 de abril enfrentaría al País Vasco con el resto de España, su mercado más importante.
Por Joaquín Prieto El País 7 Marzo 2005

Un alto cargo de la República Francesa preguntaba a dos periodistas de este diario en una conversación informal: "¿Creen ustedes que la unidad de España corre peligro?". No es que esa hipótesis se haya colado de rondón en la agenda del Gobierno de París. Pero la apuesta del nacionalismo por el proyecto del lehendakari, Juan José Ibarretxe, inquieta en algunas cancillerías. Se trata de un esbozo de secesión en plena Europa, además de afectar, en teoría, a territorios de Francia.

Junto a los efectos políticos derivados del reconocimiento de la soberanía vasca, el plan en cuestión exige del Estado español la cesión de las políticas económica, social y fiscal; la titularidad de puertos, aeropuertos, carreteras y demás infraestructuras en su territorio; participación en la Unión Europea y permiso del Gobierno vasco para cualquier tratado internacional que le afecte. Además, España ha de obtener de la UE el reconocimiento de los cambios.

Entonces, ¿es viable el proyecto de Ibarretxe? Por qué no; pero a condición de que "España acepte las exigencias planteadas por aquél", destinadas a "aumentar la influencia económica de la autonomía vasca y permitirle diferenciarse del Estado cuando fuera en interés de esta comunidad", contesta Ignacio Zubiri, catedrático de Hacienda Pública de la Universidad del País Vasco.

La potencia de la economía de Euskadi no pudo impedir una pérdida de su peso relativo en el conjunto de España. El producto interior bruto (PIB) vasco representaba el 7,5% del total español en 1981 y ha bajado hasta el entorno del 6,3%, donde se ha estabilizado en los últimos años. En 2004 creció ligeramente por encima de la media española. Una decisión nacionalista de ponerse a remar en otra dirección implicaría riesgos económicos, por el clima de enfrentamiento que crea y la presumible reacción negativa del mercado español.

Romper la imbricación de la economía vasca con la del resto de España puede ser un mal negocio para los actores económicos. Las importaciones y las exportaciones de bienes y servicios representan el 65% del PIB de Euskadi: más de la mitad del total de sus exportaciones van al resto de España, de donde proceden casi dos tercios de las importaciones.

Euskadi vendió por valor de 15.412,2 millones de euros al resto de España en 2003 y por 13.352,4 millones al resto del mundo, según datos de Eustat, el órgano estadístico vasco. Y todavía es más clara la interdependencia a la hora de comprar: en 2003 importó por valor de 19.998,9 millones de euros del conjunto de España, frente a 10.203,5 millones adquiridos a otros países.

"Nos estamos jugando el futuro"
Lo que más inquieta a muchos economistas y a una parte del empresariado es el periodo de inestabilidad que se dibuja tras las elecciones del 17 de abril, si el nacionalismo insiste en "deslegitimar" el rechazo del Congreso de los Diputados al plan de Ibarretxe. "Nos estamos jugando el futuro", avisa Alejandro Echevarría, presidente del Círculo de Empresarios Vascos.

La tendencia al envejecimiento de la población tampoco ayuda a otro de los objetivos del plan Ibarretxe, que equivale a organizar una "frontera" social, por medio de la gestión autónoma de la Seguridad Social. Una de las más bajas tasas de natalidad, la escasez de inmigración y el abandono del territorio -por el ambiente peculiar en que se desenvuelve la convivencia- no parece el mejor marco para garantizar el futuro del sistema público de protección social. Cualquier perturbación en el mercado de trabajo, y por tanto en las cotizaciones, complicaría el sostenimiento de las pensiones y demás prestaciones que afectan a la cuarta parte de la población de Euskadi.

Si los partidos del Gobierno tripartito (PNV, EA y Ezker Batua) obtuvieran la mayoría absoluta en las urnas, las pretensiones económicas y sociales reflejadas en el plan Ibarretxe podrían resumirse así:

- Que el Estado acepte incondicionalmente las normas que dicte la comunidad autónoma en su territorio, tanto tributarias como de regulación económica.

- Que el Estado supedite a la opinión del Gobierno vasco las decisiones y acuerdos internacionales que puedan interesarle.

- Que la comunidad vasca obtenga representación directa en el Banco de España y en otros organismos estatales de regulación y supervisión. Además de representación efectiva en la Unión Europea.

- Que Euskadi gestione la Seguridad Social de sus ciudadanos, eliminando posibles riesgos financieros futuros para el sistema de pensiones.

"En este contexto es obvio que el plan sería beneficioso económicamente para la comunidad autónoma vasca", reflexiona Ignacio Zubiri. "Pero el plan Ibarretxe no se puede aplicar unilateralmente porque exige que el resto de España acepte unas reglas que afectan a su capacidad de decisión y a su economía. Es evidente que los aspectos económicos del plan Ibarretxe no pueden aplicarse sin el acuerdo del Estado; intentar hacerlo conduciría a un caos legal y económico".

A pie de obra no son pocos los que temen consecuencias inmediatas. Uno de los empresarios que lo expresan abiertamente es Ricardo Benedí, que preside un grupo de sociedades familiares en la margen izquierda del Nervión. En apariencia, este hombre de 56 años lo tiene todo para ajustarse al modelo mimado por el nacionalismo, porque su clientela es centroeuropea al 90% y, por lo tanto, contribuye al giro progresivo de las exportaciones vascas desde el resto de España a los mercados internacionales, un fenómeno muy valorado por las autoridades. Pero Benedí, que fue distinguido como "mejor empresario" de Euskadi, está convencido de que pretenden arrancarle de cuajo de España y por ahí no pasa.

La inestabilidad no aporta beneficio
Se trata de una cuestión de principio, a la que se unen preocupaciones profesionales muy concretas. Con cuatro fábricas en funcionamiento (310 empleados), Benedí se ha metido en un fuerte endeudamiento para una quinta (110 puestos). "Si quedo en situación de no poder vender mis productos, no podría cumplir con el plan financiero. Y eso puede ocurrir si mis clientes piensan que esto es una geografía llena de inestabilidad política y no quieren seguir comprando aquí".

Benedí se considera español, sin dejar de sentirse "terriblemente vasco". La prueba tangible: "Estoy invirtiendo 20 millones de euros; hechos son amores y no buenas razones". Reconoce haber recibido estímulos de instituciones vascas para sus inversiones, pero no ve la menor ventaja en la aventura nacionalista.

"Mis clientes pagan unos moldes muy costosos para que yo fabrique piezas destinadas a camiones, automóviles, tractores", explica. "Nos han dejado en depósito unos activos de decenas de millones de euros. Si el cliente llega a pensar que los útiles que ha dejado aquí no están en buenas manos, ¿quién puede impedirle irse a otro sitio a comprar? Si empiezan a aparecer dificultades fronterizas; si se crea un problema arancelario donde antes no lo había; si reciben productos que ya no vienen de España, sino de algo desconocido para ellos como es Euskadi... ¡Imagínese qué idea pueden hacerse unos alemanes sobre eso de un Estado libre asociado!".

El nacionalismo minimiza el riesgo, basándose en que el País Vasco es una zona rica, cuyos niveles de producción y renta le sitúan en el grupo de cabeza de las comunidades españolas y superan la media de la Unión Europea. El PIB vasco ascendió a 47.277,7 millones de euros en 2003 (medido a precios de mercado), el 6,3% del total de España.

Si Euskadi presenta un buen cuadro macroeconómico, no le faltan debilidades internas. "Ya tenemos empresas que han hecho las maletas para acudir al panal de costes laborales que ofrecen en el centro y este de Europa, o para concentrar en otras partes de España la producción que venían obteniendo en Euskadi", explica Roberto Velasco, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad del País Vasco.

La inversión prefiere Madrid
Atrás quedan también los tiempos en que los vascos desempeñaban un papel fundamental en la estructura económica, industrial y productiva española, y en el que lanzaban iniciativas como la primera fusión bancaria importante, protagonizada por el Banco de Bilbao y el Banco de Vizcaya, o la de Iberduero con Hidroeléctrica Española -origen de la actual Iberdrola-.

"Las empresas vascas siempre han llevado la iniciativa, y eso se ha traducido en el liderazgo del sector económico español", comenta un importante empresario vasco, que prefiere permanecer en el anonimato a causa de su relevante posición. "Ahora, si miramos los últimos diez años, esto se ha acabado. La iniciativa económica se lleva en Madrid o Barcelona, pero el País Vasco casi ha desaparecido de ese escenario. Esto sí es culpa del enfrentamiento que tenemos y la falta de confianza del resto del Estado con respecto a los políticos, empresarios y profesionales del País Vasco", afirma.

Los efectos de la desconfianza se notan en la escasez de inversiones. "El Gobierno [español] y los lobbies tiran absolutamente hacia Madrid, que va a terminar como el distrito federal de México, donde se concentra la mayoría de la población del país. Eso me parece un modelo equivocado de desarrollo. Aquí se juntan la influencia de la centralización de la economía con el problema general del País Vasco".

La inversión extranjera, desde luego, es muy inferior en Euskadi al peso de su economía. Según datos del Ejecutivo vasco, la región de Madrid captó el 67% de las inversiones extranjeras en empresas españolas no cotizadas, entre 1993 y 2002, frente al 4% del País Vasco. A su vez, el poder de las grandes empresas está en Madrid, convertida en la base de operaciones de BBVA, Iberdrola y Gamesa, las tres empresas vascas del Ibex 35.

Otro dato relevante: Bilbao, la principal metrópoli vasca, no figura en el grupo de 35 ciudades "de tercer nivel" del planeta (donde Madrid aparece en el segundo nivel y Barcelona en el tercero), pese a su intensa transformación. Y sólo emerge en el trigésimo segundo entre las ciudades europeas más adecuadas para los negocios, en una lista en que Barcelona es la sexta, y Madrid, la séptima, según datos de la página en Internet del economista Alberto Alberdi, asesor del Gobierno vasco.

¿Qué ofrece el proyecto nacionalista? Arrancar más autogobierno, considerándolo la receta para "la segunda transformación económica" del país (la primera habría sido la superación de la crisis industrial de los setenta y ochenta, gracias al Estatuto de Gernika y al Concierto Económico vigente). ¿Cuál es el riesgo? Incrementar la desconfianza entre Euskadi y el resto de España. El propio Alberdi reconoce que "el mercado español es más importante para Euskadi que todo el resto de países", aunque su peso disminuye en favor de la internacionalización. "Sea como sea, el resto de España es y será para Euskadi un cliente tan importante como el resto de la UE y mucho más que cualquiera de sus Estados miembros", pronostica el profesor Roberto Velasco.

En caso de conflicto abierto, la construcción y los servicios son sectores menos expuestos que la industria y el comercio. De las 6.135 empresas vascas que figuran en el Catálogo Industrial y de Exportadores (CIVEX), el 60% no se dedica a la exportación y una parte considerable trabaja en el ámbito de la economía española. El otro 40% son exportadores, casi la mitad con un lustro o menos de experiencia.

El Rey apoya a Mondragón
Entre las sociedades vascas que disponen de oficinas comerciales o de fábricas en el extranjero sobresale Mondragón Corporación Cooperativa (MCC), el mayor grupo industrial y comercial de Euskadi, en plena expansión internacional, lo cual no representa un seguro contra una eventual "guerra" comercial interna.

La hipótesis de que esto ocurra no parece temeraria: que se lo pregunten a los productores y exportadores de cava catalán, que "pincharon" durante la última campaña navideña: 12,3% menos de botellas vendidas en el área metropolitana de Madrid y efectos más reducidos en Andalucía y en otras áreas del interior de España, según la consultora IRI. Todo ello a causa del boicoteo aventado únicamente desde foros de Internet y tertulias varias, como reacción a las palabras de Josep Lluís Carod-Rovira, de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), contra la candidatura olímpica de Madrid 2012.

Empresarios vascos tienen la mosca en la oreja tras la visita de los reyes de España, don Juan Carlos y doña Sofía, al grupo cooperativo de Mondragón en diciembre pasado, para inaugurar la ampliación de una fábrica de electrodomésticos y poner la primera piedra del polo tecnológico Garaia. "La razón de la visita del Rey fue la de contribuir a frenar la caída de ventas del grupo en el mercado español", asegura un miembro del Círculo de Empresarios, que descarta una "repentina conversión monárquica" del equipo dirigido por Jesús Catania.

El Rey se acercó a los periodistas para que les quedara claro el mensaje: "Habría que crear muchos grupos como las cooperativas de Mondragón en España", les dijo, en lo que fue interpretado como un gesto explícito hacia un grupo con marcas populares (Fagor, Eroski), muy expuestas a movimientos entre los consumidores.

Catania preside un pequeño grupo multinacional de más de 200 empresas y casi 72.000 empleados, de ellos el 48% en Euskadi, el 40% en el resto de España y los demás en el extranjero. Tras la visita real, él mismo pidió "a los políticos" que no añadan más incertidumbre al mundo económico. "La visita del Rey beneficia a todos", comentan prudentemente en el grupo Mondragón, sin entrar en si se nota o se teme la presión: "No nos posicionamos políticamente, ni a favor de Ibarretxe ni en contra de Zapatero, ni de nadie".

Otras empresas punteras aceleran también en la expansión internacional, como CAF, pero gran parte de su negocio sigue siendo el suministro de trenes a Renfe o al metro de Madrid. A su vez, directivos de Gamesa e ITP reconocen: "Si perdemos el mercado español y el europeo, cerramos", lo cual sería una absurda catástrofe en el campo de la ingeniería. "¿Y cómo se solucionaría un movimiento de retirada de fondos de las entidades financieras?", apunta el catedrático Mikel Buesa, vicepresidente del Foro Ermua y hermano de una de las víctimas de ETA.

"Lo más negativo es la inestabilidad social y política del proceso que el lehendakari ha puesto en marcha", resume Felipe Serrano, catedrático de la Universidad del País Vasco. A juicio del también profesor Roberto Velasco, hace falta incrementar la apuesta por la investigación y aprovechar el capital humano, pero también "recuperar los valores y el protagonismo que tradicionalmente ha jugado la iniciativa privada en Euskadi"; además de buscar consenso político y diálogo social.

Búsqueda de soluciones
Los planes del Gobierno tripartito implican costes económicos. El primero se refiere a la pérdida de cuotas de mercado y la consideración de proyectos de traslado fuera del territorio vasco, insinuados en ciertos medios. El segundo, las repercusiones sobre el empleo. Y a ello se añade la gestión de la Seguridad Social en el ámbito vasco.

En las últimas semanas, el ambiente creado por la apuesta política de Ibarretxe ha cerrado muchas bocas, en una actitud de prudencia extrema, que muestra la sensibilización al problema político. Medios empresariales creen que se buscan soluciones detrás de las bambalinas. Mientras, la patronal vasca, Confebask, ha optado por el silencio, tras haberse opuesto inicialmente al plan cuando fue consultada por el lehendakari en 2002. La oficina de la vicelehendakari, Idoia Zenarruzabeitia, ha denegado la posibilidad de contrastar los planteamientos de empresarios y expertos sobre los costes del plan.

El portavoz económico del PNV en el Congreso, Pedro Azpiazu, resta importancia a los temores de los empresarios. "Ellos conocen lo que el PNV ha hecho por la actividad y el empleo y no deben tener dudas", afirma Azpiazu. "El autogobierno ha generado bienestar en Euskadi; lo que necesitamos ahora es blindar nuestras competencias con el nuevo estatuto para que no puedan ser desvirtuadas. No se puede hacer economía-ficción; no pretendemos la ruptura política ni económica; no queremos salir de Europa".

San Gil equipara a López e Ibarretxe en sus mensajes y estrategias políticas
Califica de «fracasada y radicalizada» la opción del PNV y acusa al PSE de «servilismo» hacia los nacionalistas
AINARA FERNÁNDEZ/BILBAO El Correo 7 Marzo 2005

La presidenta del PP vasco, María San Gil, critico ayer la «identificación» que, a su entender, existe entre el secretario general de los socialistas vascos, Patxi López, y el lehendakari, Juan José Ibarretxe. «Ibarretxe hace un plan y López hace otro, Ibarretxe habla de referéndum y López también, Ibarretxe habla de relación bilateral entre España y Euskadi y López se expresa de igual manera, como si de dos naciones diferentes se tratara», denunció.

San Gil indicó que, aunque el pasado sábado el PSE «rebajó un poco las pretensiones extremadamente sumisas al nacionalismo», la formación liderada por Patxi López sigue manteniendo en su discurso político el término 'comunidad nacional'.

«Ahora lo adecúan para que forme parte de la Constitución, porque sólo faltaba que los socialistas vascos quisieran, de una forma tan clara y evidente, introducir conceptos que rompieran la Carta Magna española», señaló.

Asimismo, acusó al líder del PSE de «renunciar a lo que proponía en 2001 Redondo Terreros» y de poner su proyecto, «una vez más, al servicio de las exigencias y demandas absolutamente inadmisibles del nacionalismo», situación que ilustró con el uso del término 'patria vasca' por parte de los socialistas en la ponencia política celebrada en San Sebastián durante el fin de semana.

«Gobierno para todos»
La presidenta de los populares vascos -acompañada por su homólogo en Vizcaya, Antonio Basagoiti, y el portavoz de la formación en el País Vasco, Leopoldo Barreda- calificó la opción política del PNV de «fracasada y absolutamente radicalizada, que nos lleva a un camino sin retorno con un plan de ruptura, crispación y división interna que los vascos, en general, no queremos».

En contraposición, defendió la opción del Partido Popular, «al servicio de la legalidad, la convivencia, el Estatuto y la Constitución, entendiendo el primero como el instrumento más eficaz para el autogobierno y el desarrollo de los vascos». «Nosotros hablamos y propugnamos la derrota definitiva del terrorismo y volvemos a decir que al terrorismo no se le convence, sino que se le vence», apuntó.

San Gil insistió en que, aunque existen diferentes sensibilidades políticas en Euskadi, «el Gobierno tiene que ser de todos y para todos, nacionalistas y no nacionalistas». En su opinión, «es absolutamente necesario que los vascos sepan quiénes de verdad no han abandonado la opción de la alternativa».

San Gil se reunió en la localidad vizcaína de Portugalete con cargos públicos y concejales de su partido en el municipio y posteriormente se trasladó a la Casa de Andalucía de Barakaldo, con motivo de la conmemoración de la festividad de esa comunidad autónoma.

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