AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 11 Marzo 2005
La Generalitat expedienta a tres restaurantes por no tener la carta en catalán
LÉRIDA La Voz 11 Marzo 2005

Estrellas y chispas
Nota del Editor 11 Marzo 2005

EL INGENIOSO HIDALGO DON ZAPATERO
Jaime CAMPMANY ABC 11 Marzo 2005

A bronca diaria
J. A. ÁLVAREZ GUNDÍN LR 11 Marzo 2005

Marín, no cedas

Cartas al Director ABC 11 Marzo 2005

Una masacre que cambió España, un misterio sin resolver

Editorial El Mundo  11 Marzo 2005

No se tragan

EL SUBMARINO LR 11 Marzo 2005

Corrupción hasta las cejas

Ignacio Villa LD 11 Marzo 2005

Euskadi, Cataluña y el “Kurdistán español”

Lorenzo Contreras Estrella Digital  11 Marzo 2005

De llorar

Federico Jiménez Losantos El Mundo 11 Marzo 2005

La alianza de Annan y ZP
GEES LD 11 Marzo 2005

El luto por las víctimas

Agapito Maestre LD 11 Marzo 2005

El GOZO EPISCOPAL DE ZAPATERO

Valentí PUIG ABC 11 Marzo 2005

11-M: POLÍTICA FRENTE A PARTIDISMO
Editorial ABC 11 Marzo 2005

La demagogia socava la democracia

Pío Moa LD 11 Marzo 2005

Una amenaza global

KEPA AULESTIA El Correo 11 Marzo 2005

Vidas partidas

JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 11 Marzo 2005

¡VIVA LA CONFUSIÓN!

M. MARTÍN FERRAND ABC 11 Marzo 2005

Europa y el islam, un año después de Madrid
Gilles Kepel El País  11 Marzo 2005

Contra el terrorismo
MANUEL LEGUINECHE JOSÉ IBARROLA El Correo 11 Marzo 2005

El PSOE fuerza otro debate para que Marín rectifique sobre el catalán

E. L. Palomera LR 11 Marzo 2005

La Comunidad de Madrid y los trabajadores de la CMT recurren ante el Supremo el traslado a Barcelona

Libertad Digital 11 Marzo 2005
 

La Generalitat expedienta a tres restaurantes por no tener la carta en catalán
LÉRIDA La Voz
 11 Marzo 2005

La consejería de Comercio, Consumo y Turismo de la Generalitat, en manos del dirigente de ERC Josep Huguet, abrió este jueves los tres primeros expedientes sancionadores contra sendos restaurantes de la ciudad de Lérida por no disponer de cartas en lengua catalana, según explicó el director de los Servicios Territoriales de este departamento en la citada capital catalana.

Los tres restaurantes expedientados se enfrentan a multas de hasta 1.500 euros por incumplir la Ley de Política Lingüística de la Generalitat. Vidal explicó que técnicos de la administración autonómica han visitado en tres ocasiones los establecimientos expedientados. La primera vez fue para informar a sus dueños de la normativa vigente en materia lingüística en Cataluña. Después fue para comprobar su cumplimiento y finalmente para poner las sanciones correspondientes. | colpisa

Estrellas y chispas
Nota del Editor 11 Marzo 2005

Por su importancia, los graves eventos que están provocando en España algunos nazionalistas, podemos clasificarlos en detonantes estelares y pequeños chispazos, todos ellos diseñados para marear al personal con objeto que desista de su defensa de los principios básicos de cualquier sociedad, pero para los sufridores, estos pequeños chispazos constituyen sin duda detonantes estelares. ¿ Vds. se imaginan el lío en el que se han metido por no tener escrita su carta en catalán ?.

Pues eso no es nada comparado con la respuesta que les puede dar el Defensor del Pueblo si tienen la ocurrencia de
presentar una queja (pues sin duda alguna, a ningún español pueden obligarle a tener documento alguno en catalán o cualquier otra lengua propia, según el Art. 3º de la Constitución Española, pero ya saben Vds., el incumplimiento de la C.E. es un deber de todos los nazionalistas, sobre todo si están en una o varias nóminas de fondos públicos de nivel estatal regional o local).

De todos modos, no olvidemos tampoco los detonantes estelares de todos los días, contra los que poco podemos hacer, salvo dejar constancia de la indigencia intelectual y ética de la mayoría de los políticos que tan bien viven (junto con amiguetes y afines) a nuestra costa.

P.D.: ¡que placer tan enorme debe ser poder ir (en Cataluña) a un restaurante donde tienen la carta en español!.

EL INGENIOSO HIDALGO DON ZAPATERO
Por Jaime CAMPMANY ABC 11 Marzo 2005

SE conoce que la emoción de la victoria electoral y el ejercicio del poder le han secado las mientes, y ahora mismo, en el año del centenario del Quijote, ha querido engatusar a Kofi Annan para que se enrole en la delirante empresa de la «alianza entre civilizaciones». Kofi ha dicho que bueno, que sí, que lo que su merced diga, y que si hay que conquistar la ínsula esa de la comunión de civilizaciones, se conquista y ya está. ¿Qué otra cosa podía decir Kofi? Y don Zapatero, tan contento.

Lo que sucede es que antes de alcanzar ese sueño, va a lograr el empeño de la división entre los matices culturales de Celtiberia que andan aliados, unidos y hermanados, aunque sea a trancas y barrancas, desde hace más de cinco siglos. Mientras las grandes civilizaciones de la Humanidad se lo piensan un poco antes de abrazarse las unas a las otras, aquí, en este pequeño rincón de la civilización occidental y cristiana, don Zapatero hace todo lo posible, no por enderezar los entuertos separatistas que de vez en cuando retoñan como mala hierba, sino por sembrar la desigualdad y el espíritu de división.

Y menos mal que Rubio Llorente ha puesto la marcha atrás a esa descabellada idea de llamar «comunidades nacionales» a lo que la Constitución llama «regiones y nacionalidades». Porque, además, el señor presidente del Consejo de Estado, toma nísperos, había explicado muy bien la trascendencia conceptual que encierra el cambio de denominación. Según el concepto constitucional, la Comunidad vasca abarca las tres provincias vascongadas: Vizcaya, Guipúzcoa y Álava. Según Rubio Llorente, al convertirse en «comunidad nacional» ya no estaríamos hablando de un territorio sino de un ente cultural, y entonces abarcaría las tres provincias vascongadas, Navarra y las otras tres provincias, allende los Pirineos, del país vasco francés. Más algunos fértiles huertos riojanos de añadidura. Y Cataluña se engulliría lo que algunos llaman «països catalans», o sea, Valencia y Baleares. Cerdeña, Nápoles y Sicilia lo perdonan.

Menos mal, digo, que Rubio Llorente ha retirado hoy lo que dijo ayer, quizá al comprobar el clamor que sus palabras levantaron en Navarra y en los levantinos «anexionados». Pero ya a algunos les hacían garabitas los ojos, o como dice el pueblo, se les había hecho el culo agua. Y encima de todo lo que está cayendo con esto de la reforma de la Constitución, de los Estatutos y de España, llega don Zapatero al Congreso y le echa un rapapolvo al presidente Marín por no permitir el uso de las lenguas vernáculas en los debates parlamentarios. «Señor presidente: las lenguas son para entenderse». Y empezó a echar un discurso como el de don Quijote a los cabreros. Marín le interrumpió y le avisó de que se le había acabado el tiempo. Entre presidentes anda el juego.

Hombre, claro que las lenguas son para entenderse. Siempre que no se confundan como en Babel, claro. En castellano se entienden cuatrocientos millones de hombres, y de mujeres, por supuesto. Pero es que algunos pretenden que aquí los extremeños se entiendan en euskera o euskara con los asturianos. O que el Parlamento sea, más todavía, un debate entre sordos.

A bronca diaria
J. A. ÁLVAREZ GUNDÍN LR 11 Marzo 2005

Manuel Marín le quita la palabra a Zapatero. Rubalcaba desautoriza a Marín. El asesor presidencial Miguel Sebastián arremete contra la ministra Salgado y su plan farmacéutico. Solbes despotrica contra los sabios televisivos elegidos por el Gobierno. Caldera se enzarza con Solbes por el salario mínimo. López Aguilar se enfrenta con Caldera por la ley de violencia doméstica. A Maragall, que se siente como una maltratada, le dan collejas desde María Teresa Fernández de la Vega hasta Trinidad Jiménez. Y Pepiño Blanco, harto de que le toque el artículo 2, acusa al compañero catalán de buscarse cortinas de humo para ocultar el Carmelo. Bono llama al presidente del Consejo de Estado, el muy leal al partido don Francisco Rubio Llorente, «rancio, iluminado y ridículo». Bono no olvida que sus colegas de Gabinete le quitaron la medalla que se había autoconcedido cuando la retirada de Iraq. Por su parte, Jordi Sevilla va dando tumbos con su reforma del Senado, entre desmentidos de Ibarra, exigencias de Montilla y advertencias de Carod-Rovira. El aparato de Ferraz está que trina con Moratinos, con Trini a la cabeza. Y para remate final, Felipe González le dice a Rodríguez Zapatero que está centrifugando España. Más que un Gobierno, esto parece una asociación de vecinos. Y con vecinos así, ¿quién necesita un partido de oposición?

Marín, no cedas
Cartas al Director ABC 11 Marzo 2005

Todo el mundo parece haber olvidado que hace ya muchos años que el castellano quedó desterrado del Parlamento catalán. La última persona que intentó emplearlo (usar una de las lenguas cooficiales, ¡hasta ahí podíamos llegar!) fue objeto de escarnio y abucheos. Pero no tuvieron bastante con censurar el castellano, ahora quieren humillarlo en el Congreso de los Diputados. Por añadidura, la «solución» de autotraducirse es un nuevo insulto a los contribuyentes, que no logramos entender que sus señorías pierdan el tiempo cuando el país tiene problemas muy graves que resolver. Zapatero va a perder una ocasión preciosa para demostrar a los ciudadanos que su concepto de talante no consiste en dar la razón a quien más grite. Que no se queje si dentro de tres años pierde las elecciones.  José Luis Heredero. Ginebra.

Una masacre que cambió España, un misterio sin resolver
Editorial El Mundo  11 Marzo 2005

El 11 de marzo de 2004 quedará grabado para siempre en la memoria colectiva de España. Las hemerotecas guardarán, como testimonio de la infamia, las imágenes de los trenes destripados, los nombres de los familiares y amigos cuya ausencia hoy lloramos, y las dramáticas crónicas de una sociedad que, aún en estado de shock, dio al mundo una lección de solidaridad.

El 11-M es el atentado más terrible de nuestra Historia, pero también es algo más: será recordado como un punto de inflexión en la turbulenta trayectoria de este país. Como la masacre que cambió España.

Muchas veces se ha comparado el 11-M con el 11-S, y es verdad que tienen elementos en común. Si bien España, a diferencia de EEUU, ya conocía bien el azote del terror -ahí yacen los 831 muertos de ETA para dar fe de ello-, el 11-M supuso una espantosa revelación.

Una vez más, un pueblo democrático y abierto descubría su vulnerabilidad ante un enemigo difícil de identificar y por ello doblemente peligroso. Ayer mismo, Kofi Annan advertía en Madrid de la vigencia de esta amenaza terrorista y de su vertiente nuclear.

Ahora bien, hay un punto en el que el 11-M se distingue tanto del 11-S como de todos los demás atentados terroristas. Si el ataque a las Torres Gemelas acentuó tendencias ya existentes en la sociedad norteamericana, la masacre de Atocha ha cambiado España de arriba abajo. Ha sido el acelerador de una transformación política y social que podría no haberse producido.

Aunque haya quienes se empeñen en negarlo, el 11-M influyó en el resultado electoral del día 14. Millones de ciudadanos que no tenían pensado votar lo hicieron impulsados por el deseo de castigar al PP. Por la Guerra de Irak y porque creyeron, en nuestra opinión erróneamente, que Aznar les estaba engañando respecto a la autoría de la masacre.

El resultado fue la victoria de Zapatero.Se precipitó el cambio que la renovación del PSOE y el desgaste del PP presagiaban para más adelante. Esto, insistimos, no afecta de modo alguno a la legitimidad del actual Gobierno. Como bien ha dicho el propio Rajoy, «los votos se cuentan y punto».

Ahora bien, no se puede obviar el hecho de que el 11-M fue el punto de partida de un proceso de mutación cuyas consecuencias finales aún desconocemos.

GIRO EXTERIOR
La España que hoy rinde homenaje a las víctimas del 11-M es muy distinta a la España en la que des-pertaron quienes, ajenos al peligro, se mon-taron en los trenes de la muerte. Muy distinta también de la España que ofrecía Rajoy, que iba a estar definida por una mayor moderación en las formas pero una continuidad en el fondo.

El ámbito donde primero quedó de manifiesto este giro fue la política exterior. El anuncio de la retirada de las tropas de Irak, incluso antes de la fecha inicialmente fijada, fue el primer paso en el camino emprendido por el nuevo Gobierno hacia el otro extremo del péndulo. España ha pasado de estar a la sombra de Bush -algo muy impopular y arriesgado, como quedó demostrado- a estar bajo la órbita de Chirac. Y ello sin que los supuestos beneficios de esta «vuelta a la Vieja Europa» se hayan hecho notar.

Más bien lo contrario. La supeditación a Francia, unida a las estrambóticas cercanías a los comandantes Castro y Chávez, pueden dejar a España fuera de juego ahora que EEUU y Europa se aprestan a recomponer el vínculo transatlántico. El otro cambio radical en el frente exterior es la relación con Marruecos, cuyo rey estará hoy en Madrid a pesar de sus recientes agravios a Aznar -y por extensión a España- y de las dudas que subsisten sobre el papel en el 11-M de los Servicios Secretos de Rabat.

VUELCO POLITICO
De mayor impacto, en todo caso, han sido los cambios experimentados en el ámbito nacional. No sólo en materia social, donde los homo-sexuales han visto reconocido su derecho a casarse e incluso a adoptar, y la Iglesia, en cambio, reducida su influencia en la edu-cación. En el plano político, España ha da-do un vuelco.

La dependencia del Gobierno de un partido contrario a la Constitución como ERC, sumada al órdago de Ibarretxe, ha hecho que por primera vez desde 1978 se replantee el modelo de Estado. Lo más grave, sin embargo, es que Zapatero no ha querido aceptar la mano tendida de Rajoy, que le ofrecía la posibilidad de liberarse de sus contradicciones y acabar con la inesta-bilidad.

Por el contrario, en un intento de modificar el equilibrio de fuerzas políticas en España, ha dado alas a los naciona-lismos secesionistas. Lo hizo activamente durante el debate del plan Ibarrexte, al apuntar la necesidad de lograr un «acuerdo histórico y definitivo» entre el naciona-lismo vasco y el Estado español.Y lo ha hecho pasivamente al no definir lo suficiente su posición sobre la reforma constitucional.

La equivocada política de Aznar sobre Irak, la agresividad de la respuesta callejera y finalmente los trágicos acontecimientos de hace un año han abierto España en canal, enfrentando visceralmente al PSOE y al PP, y reavivando los peores fantasmas del pasado.Y lo más preocupante es que hasta que no averigüemos toda la verdad del 11-M la tendencia a la crispación no tiene visos de amainar. Un año después del atentado, el 11-M sigue siendo un misterio envuelto en un enigma.

No sabemos aún ni quién tuvo la idea de atentar, ni quién escogió la fecha, ni cómo se organizó, ni quién montó las bombas, ni tampoco de dónde salieron los explosivos.Lo único que tenemos es la constatación de que en el 11-M coinciden al menos tres tramas superpuestas: la de una brumosa Al Qaeda, la de una treintena de ciudadanos marroquíes, y la asturiana, a mitad de camino entre las Fuerzas de Seguridad y los probables vínculos con ETA.

Desde que llegaron las primeras noticias del atentado, este periódico se ha volcado en la ardua tarea de esclarecer el 11-M, y no será ahora cuando vaya a claudicar.

Esta actitud es la que deberían tener todas las fuerzas políticas, que han desaprovechado escandalosamente la Comisión de Investigación, en contra del clamor de los familiares de las víctimas, que ante todo piden saber la verdad. Esta es la gran asignatura pendiente, a un año del 11-M.

No se tragan
EL SUBMARINO LR 11 Marzo 2005

Algunos aseguran que se veía venir, pero para la mayoría ha sido una sorpresa y no muy agradable. En los corrillos, donde se habla en privado de estas cosas, era conocida que su relación no era la mejor, ni siquiera la ideal entre el portavoz del grupo mayoritario y el presidente de la Cámara. Algunos, los más osados, si se quiere los más radicales, aseguraban abiertamente: «Es que no se pueden ni ver». En realidad, no se sabe si el desencuentro alcanzaba tales extremos, aunque los acontecimientos justifican esa versión. Esa supuesta animadversión, que parecía contenerse en el dique de lo privado, ha saltado a la luz pública con la polémica del uso de las lenguas cooficiales en el Congreso. Manuel Marín se ha quedado solo, abandonado a su suerte por Pérez Rubalcaba, que le ha echado en cara que fuera el propio presidente del Congreso, su compañero de partido, no lo olvidemos, el culpable de haber provocado la polémica por cambiar de opinión y violentar el acuerdo alcanzado con ERC. O sea que Pérez Rubalcaba se alineó con Joan Tardá, especialista en reventar la normalidad en el Congreso y mofarse de Marín, a costa de ningunear a un presidente, que debe sentirse traicionado también por el propio Zapatero. Total que el talante va a costa del preciado voto independentista, mientras a Marín le sacrifican en público.

Corrupción hasta las cejas
Ignacio Villa LD 11 Marzo 2005

La moción de censura celebrada este jueves en el Parlamento catalán ha servido para confirmar la realidad del "conchabeo". Así ha vivido la política catalana durante más de veinticinco años, y así parece que socialistas y convergentes quieren que siga. Pasteleo y más pasteleo. La moción de censura a Pascual Maragall ha servido pues para dos cosas; actualizar ese pasteleo entre el PSC y CiU con la ayuda de ERC y dejar un vencedor moral: Josep Piqué.

El líder del Partido Popular catalán, que todavía arrastra la inexplicable entrevista con Carod Rovira, ha tenido una brillante intervención en la sesión de este jueves. Piqué, sin duda, sale reforzado como el único jefe de la oposición en Cataluña aunque, en política, estos éxitos deben de ir acompañados en el tiempo por más aciertos y, por el momento, el encuentro con Carod está demasiado cercano como para enterrarlo. Con todo, la actuación de Piqué en la moción se puede considerar como muy buena.

En todo caso, lo que nos queda de este Pleno es la corrupción absoluta con la que se vive la política catalana. Ante el peligro de que se acabe el "chiringuito", la estrategia es clara: "aquí no ha pasado nada". Maragall pide perdón con la boca pequeña, Más se apresura a retirar la querella y Carod saca los tambores nacionalistas achacando a Madrid los motivos de la crisis catalana.

Todo este montaje tiene sencillamente un nombre: corrupción. Corrupción hasta las cejas. Corrupción sin límites. Corrupción en estado puro. Lo de Cataluña ha dejado de ser una componenda pueblerina. La crisis política que se está viviendo en el parlamento catalán coloca a Cataluña a la altura de la Venezuela corrupta. La realidad final es que hemos sido testigos de una sesión que no es homologable a una democracia moderna y occidental. Hemos visto que ante la posibilidad de que se acabe la "corrupción institucionalizada", los socialistas, los convergentes y los republicanos han pactado para que no se acabe el "montaje".

Lo que ha pasado es muy grave y daña directamente los cimientos mismos de la democracia. Y desde luego, el único que se queda fuera de ese mercadeo es Piqué. Por eso esperamos que su entrevista con Carod Rovira se quede en un tropezón grave pero pasajero. Por lo visto este jueves, el Partido Popular es lo único que queda en Cataluña. Y esa resistencia de la normalidad no puede contagiarse del "trapicheo" bajo ninguna excusa. Carod nada puede aportar al PP a excepción de la trampa y de la mentira. Cuanto más lejos mejor.

Por lo demás, la realidad ha sido confirmada con creces: la corrupción está instalada en la política catalana y no se va a desmontar. Ahora la palabra la tienen los ciudadanos que si siguen apoyando a los actuales dirigentes se quedarán sin margen para la queja. La política catalana vive de la corrupción. Lo demás son pamplinas.

Euskadi, Cataluña y el “Kurdistán español”
Lorenzo Contreras Estrella Digital  11 Marzo 2005

Lo que faltaba para el duro. Ahora diríamos lo que faltaba para el euro. El presidente del Consejo de Estado, Francisco Rubio Llorente, propone para la reforma de la Constitución sustituir el término “nacionalidades”, o “nacionalidad” en cada caso, por la expresión “comunidad nacional”. Con lo cual Euskadi y Cataluña se convierten terminológica y conceptualmente en realidades políticas equivalentes a la única comunidad nacional que en España conocíamos y que se llamaba, precisamente, España, sin más añadidos. Se llamaba y todavía se llama.

Dice Rubio Llorente que la “Comunidad Nacional Vasca” no se circunscribe a Vizcaya, Guipúzcoa y Álava, sino también, de acuerdo con las pretensiones del Plan Ibarretxe, “a muchos territorios distintos en dos estados diferentes”, y que Cataluña no es sólo lo que hoy conocemos por dicha comunidad autónoma, sino que puede ampliarse a otras dos más, por lo menos. O sea, la actual Cataluña más los Países Valencianos y parte del sur de Francia. Eso ya está hecho. Y para acabar de completar la nueva cartografía, añádase a Euskadi, tal como hoy se le configura geográficamente, el sur de Francia en el sentido de Iparralde, sin olvidar, ya en territorio español, Navarra, el Condado de Treviño en Álava y, por qué no, parte de La Rioja si se tercia.

Es natural que Rajoy, en nombre del principal partido de la oposición, haya calificado de “disparatado” este planteamiento. Pero es que no parece sólo disparatado, sino pintoresco e incluso cómico. Ahora va a resultar que Euskadi y Cataluña son comparables al Kurdistán, y del mismo modo que los kurdos reivindican como Estado una parte de Iraq y Turquía, así también vascos y catalanes se creen con derecho a reclamar un Estado que se ampliaría a parte del territorio francés por el sur.

Son diversos los factores que contribuyen a complicar la cuestión, atravesándose en ella una serie de factores tan polémicos como faltos de seriedad. El acercamiento de Zapatero a las comunidades catalana y vasca parece ir más allá de lo estrictamente riguroso en el sentido político e histórico. Cuando se piensa que a la hora de descalificar el Plan Ibarretxe, el actual presidente del Gobierno se inclina por avalar como alternativa el “Plan Patxi López”, que es como trasladar la formulación catalana al invento vasco, la verdad es que la conclusión tiene que ser desalentadora. Ya sabemos que la Constitución europea es o parece taxativa en materia de integridad territorial de los estados que la suscriben y a ella se acogen. Pero, ¿hasta qué punto se puede afirmar que todo este embrollo está resuelto?

Por otra parte, habrá que permanecer atentos a los resultados electorales de abril en las urnas vascas. Esas elecciones autonómicas, con la polémica agregada por Batasuna y sus formaciones piratas, que intentan representarla con distintos nombres, son otra parte del problema, y no precisamente el menor. ¿Qué dirá ahora el todavía obispo de Bilbao y presidente flamante de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Blázquez, que en su día condenó las previsiones de la Ley de Partidos Políticos que ilegalizaban a la citada formación abertzale?

De llorar
Por Federico Jiménez Losantos El Mundo 11 Marzo 2005

Hoy, 11 de Marzo, es un día del llorar y para llorar. Con lágrimas o sin ellas; abandonándose a la sensación misma del abandono o dejando fluir la pena como un río en noviembre; en silencio o en la sola compañía de la música, para poner banda sonora a este pasado que se nos viene hoy encima como una película de cine negro, muda y casi destrozada de tanto verla.

Hoy no es día de discursos políticos arrojadizos, pero sí de llorar por nuestra patria como ciudadanos, como naturales de esta pobre España, que, además del asalto criminal de los separatistas, ha padecido y padece el embate terrible de los reinos o repúblicas vecinos, contando, como siempre, con un Vellido Dolfos o un Dolfos Vellido dentro de la ciudad, para facilitar el puñal y la puñalada por la espalda.

Hoy es día de llorar por las víctimas del 11-M y por todas sus familias, que a la fuerza se unieron hace justo un año a los miles y miles de víctimas que en los últimos treinta años se ha cobrado el terror, matando a españoles por el hecho de serlo, sembrando en una décima de segundo un vacío para toda la vida en tantas vidas de compatriotas nuestros.

También es día de llorar, sin culpar a nadie, por lo que ha pasado con España tras el 11-M. Muchas de las cosas que hace un año podían enorgullecernos, sin exagerar pero sin desconocer nuestro mérito, han desaparecido.

La prosperidad económica, el enriquecimiento de la gran mayoría de los ciudadanos, la mejora del nivel de vida, la extensión del bienestar a una amplísima base social, la llegada masiva de extranjeros a este Eldorado tanto tiempo tibetanizado.

Todo, en fin, lo que trabajosamente había ido levantando España en los últimos años se ha venido abajo, se ha perdido o lo han echado a perder.

Podemos imputar a la masacre ese cambio de rumbo, porque además es la verdad, pero vamos a suponer por un instante que sin ella también hubiera ganado Zapatero las elecciones. Y que hubiera hecho lo mismo que en el último año, que básicamente se reduce a deshacer dentro y fuera de España la obra de Gobierno de Aznar.

¿Sobre qué endebles cimientos estaba construido este legado que tan fácil resulta destruirlo? ¿Cómo nos hemos engañado nosotros solos hasta llegar a pensar que la España mediocre, de trampa y trampantojo, estaba definitivamente arrinconada en el desván de las ruinas domésticas?

Sí, hoy es un día para llorar a los muertos. Y para los vivos, de llorar.Se recuerdan mucho estos días aquellos versos del barroco inglés que un americano convirtió en título de novela: ¿Por quién doblan las campanas?.

Y la respuesta: «Doblan por ti». Deberíamos pasar de John Donne a César Vallejo y recordar otro verso: «El cadáver, ay, siguió creciendo». ¿El cadáver de quién? El nuestro, el de todos, el que nos hace llorar. Aquél cuyo epitafio escribió Larra: «Aquí yace la esperanza».

Cumbre de Madrid
La alianza de Annan y ZP
GEES LD 11 Marzo 2005

La cumbre venida a menos organizada para el gobierno por el club de Madrid ya ha dado cuanto tenía que dar. Su mensaje de apoyo incondicional a cuanto hace Zapatero frente al terrorismo. Su conclusión más cacareada, que no puede haber una victoria sobre el terror. Con esa premisa, falseable hasta su médula con sólo mirar la política contra ETA del anterior gobierno, sólo puede haber una lógica derivada: no hay que oponerse al terror, firmeza que no conduciría a nada, sino dialogar con el mismo para buscar un entendimiento y una convivencia razonable. Es decir, talante y diálogo, lo que ZP persigue con los terroristas vascos de ETA y, en el plano internacional, Alianza de Civilizaciones, que es lo que el presidente socialista ansía con el mundo árabe.

Zapatero no ha desaprovechado la visita del renqueante secretario general de la ONU, Kofi Annan, para airear su concepto preferido. Pero si uno es capaz de desbrozar lo ampuloso de la realidad en las palabras de nuestro presidente de gobierno, se tiene que reconocer que su idea de Alianza de civilizaciones no parece haber prosperado mucho desde que la lanzase el pasado septiembre ante la Asamblea general de las Naciones Unidas.

¿Qué demandó entonces ZP? Ni más ni menos que la creación de un grupo de alto nivel para el estudio sobre cómo desarrollar su idea de diálogo civilizacional. Hasta la fecha, ese grupo de expertos se ha reducido a tres personas: el jefe de gabinete del propio Annan, el embajador español ante la ONU, el antiguo colaborador de Felipe González, Juan Antonio Yáñez, y el diplomático Máximo Cajal, otrora también colaborador del ex presidente González. No era raro encontrar a ambos paseando plácidamente por los aledaños de la residencia oficial del embajador en la ONU, esquina con la quinta avenida, pero sin más compañía, como tampoco la tenían en ese grupo, más bien tripartito, para el estudio del estudios de la Alianza de Civilizaciones.

Tampoco aquí en Madrid Zapatero parece haber obtenido mayor impulso a su idea. De Annan ha sacado su apoyo a la creación del grupo de alto nivel, pero eso ya lo tenía desde hace meses. Lo que no ha obtenido es el beneplácito de los países aliados o vecinos que realmente cuentan en el mundo. Cierto, en el Ministerio de Moratinos se afirma que Bulgaria sí apoya el plan y que otros países del Indico también. Lo que no se reconoce es que muchos otros, que en su día expresaron interés, no han vuelto a dar un paso que consideran en falso. Buenas palabras diplomáticas, pero pocos hechos. ZP, al menos, no se podrá quejar del Club de Madrid. Porque había 192 muertos y más de 1.500 heridos de por medio, que si no, en vez de un simposium hubiera sido una fiesta. La de celebración de los hechos que le llevaron a la Moncloa.

En fin, que el presidente Zapatero quede tranquilo de su unión con Kofi Annan, el secretario general que más daño le ha inflingido a las Naciones Unidas con sus continuos encubrimientos de escándalos, por su gestión incompetente y por sus planteamientos de burócrata.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Un año después
El luto por las víctimas
Agapito Maestre LD 11 Marzo 2005

Hoy es día de luto. Las campanas tocan a difunto no a celebración. Día de compasión y piedad con los caídos. Día para mirarnos en las víctimas. El luto de hoy será la norma del mañana. El día de las víctimas tiene que ser la unidad de medida de todas nuestras actividades ciudadanas. Bien sé que no es día para acriminar a nadie, pero no puedo dejar de reflejar el dolor que ayer me expresaba una víctima del terrorismo de ETA, cuando oyó las palabras de quien pretende gestionar el dolor de los caídos por el terrorismo. Las palabras del Alto Comisionado empiezan a rozar la indecencia moral.

Mi amigo me escribía con pena e indignación lo siguiente: “Este hombre, después de pretender pastorearnos, quiere usurpar el papel de víctima. Es un perfecto sinvergüenza. ¿Cuál será el próximo paso? Quizá perseguirnos. Respecto a las insidias aquellas de ceder ante los etarras, o concederle la sangre de los nuestros por unas limosnas para las “pobres víctimas”, me pongo enfermo… Por favor, no tengo ganas de que me digan que mi padre, y otros tanto como él, eran unos idealistas imbéciles por expresar libremente sus ideas. Tampoco soporto a quienes se allanan ante esta siniestra panda de inmorales para decirme: cedamos ante estos chicos, porque ya no puede hacerse nada. Me indigna tanta miseria moral.”

Mi amigo tiene todo el derecho del mundo a escribir esas palabras y más, porque no quiere que nadie le robe lo único que le queda: el sufrimiento. Mi amigo, una víctima que me enseña lo que tiene adentro la palabra libertad, vio como mataban a su padre cuando tenía trece años. He ahí motivos suficientes para haberse convertido en un ser que, como diría Gracián, de todo hace delito. Sin embargo, lejos de ser un acusador peor que cruel, vil, por buena voluntad democrática, su dolor lo ha transformado en ingenuidad ciudadana. O sea, cuando no halla solución para algo, jamás acrimina a nadie, sino que utiliza las palabras justas: miseria moral.

¿Aprenderá alguna vez el Alto Comisionado lo que encierra esa expresión en boca de una víctima?.

El GOZO EPISCOPAL DE ZAPATERO
Por Valentí PUIG ABC 11 Marzo 2005

EN los alborozos de Rodríguez Zapatero hay un componente indefinido de adanismo y de creencia en una ósmosis, tan personal como natural, con una amplia cata de sectores sociales. Por adanismo, todo tiene su origen en su acceso al poder hace un año, todo nace entonces, sin gravámenes históricos ni culpas previas, salvo las que correspondan a los años inevitablemente sombríos del aznarismo. Así se ha venido comportando ante la opinión católica de toda España, del mismo modo que le ha procurado gozo evidente la elección del nuevo presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, obispo de Bilbao. Para Zapatero es como si las relaciones entre Iglesia y Estado -capítulo denso en la España moderna- comenzaran con él y con él hayan de llegar a su clímax de perfección. Ahí lo de menos es el error de una divisoria epidérmica entre obispos de derechas y obispos de izquierdas: lo fundamental es que el zapaterismo se cuenta por meses, el socialismo por décadas y la Iglesia Católica por siglos, y ya va por veintiuno.

Otro estado gozoso del presidente del Gobierno proviene de haber retirado las tropas españolas de Irak. Tal iniciativa conllevó un deterioro hondo de las relaciones con los Estados Unidos y una pérdida de peso en la Unión Europea al situarse a la sombra de Francia: deberá entenderse como consecuencia de ese fiasco su actual búsqueda de un nuevo gozo en la presencia como invitado en ese «arco virtuoso» que en Iberoamérica componen Lula da Silva, Hugo Chávez, Kirchner, Ricardo Lagos y ahora Tabaré Vázquez en Uruguay, con Castro en la lontananza no del todo incómoda.

PARA episodio de alborozo, la toma de posesión de Pasqual Maragall como presidente de la Generalitat fue exultante para Rodríguez Zapatero. Asomó al balcón de la Generalitat y saludó a las masas: sonreía, seguramente gozaba de los augurios de una victoria electoral, la suya, en la que -según algunos de sus allegados- sólo creía él. Maragall llegaba al poder gracias a la constitución de un gobierno tripartito con los eco-comunistas y el independentismo de ERC. Ahí estaba un modelo de futuro, el atajo legítimo, la correspondencia entre el balcón de la plaza de Sant Jaume y la escueta escalinata del palacete de La Moncloa. Maragall iba a tejerle la alfombra de una vía intermedia para solventar el «impasse» del plan Ibarretxe: luego, las cosas dejaron de ser una ecuación de poder trazada en una pizarra como un entrenador de baloncesto dibuja jugadas para su equipo. Maragall resultaría ser humano, demasiado humano, y el subsuelo de Barcelona iba a ser traicionero. La solución pasaba a ser parte del problema, ya lejos de aquellos clamores populares que acariciaron el rostro feliz de Zapatero en el balcón de la Generalitat, como el roce premonitorio de laureles.

EL penúltimo gozo de Zapatero ha sido lograr la complicidad de Kofi Annan con la amena sugerencia de una Alianza de Civilizaciones. Cae por su peso: si en Washington se habla de choque de civilizaciones, el adanismo por fuerza ha de postularse con una forma opuesta, tan arcangélica y tan simplista como se pueda. Para que la entiendan todos, para que la tediosa noción de una ética de la responsabilidad no turbe el alborozo, para que un Kofi Annan, lastrado por el escándalo del programa petróleo por alimentos en el Irak de Sadam Husein, dé su respaldo a una idea que ni tan siquiera contaría con la empatía real de los humanitaristas que fundaron la Cruz Roja. Léase Media Luna Roja desde que lo exigió el imperio otomano. vpuig@abc.es

11-M: POLÍTICA FRENTE A PARTIDISMO
Editorial ABC 11 Marzo 2005

EL primer aniversario de la jornada más trágica en la historia reciente de España ofrece una buena oportunidad para la reflexión colectiva sobre los fundamentos de una convivencia cruelmente alterada aquel 11 de marzo. No es sencillo superar un trauma colectivo de tales dimensiones: aquellas horas malditas siguen grabadas en el corazón de la gente de bien. En medio del drama, la reacción solidaria de muchos grupos y personas, la eficacia de los servicios públicos y -más adelante- la capacidad de investigación mostrada por las Fuerzas de Seguridad y por el Poder Judicial son factores que invitan a pensar que ésta es una sociedad sana, capaz de afrontar con madurez las pruebas más difíciles. Mucha gente piensa, sin embargo, que las instancias políticas no han estado a la altura de las circunstancias: el aire irrespirable del partidismo planea sobre las actuaciones de la desafortunada Comisión parlamentaria de investigación y sobre algunos gestos que pueden ya calificarse sin rodeos de notorio fracaso, como es la creación de la figura del Alto Comisionado. Las conclusiones apresuradas e incompletas de la Comisión que el Gobierno parece dispuesto a asumir sobre la marcha son la mejor prueba de un enfoque que da prioridad al beneficio particular sobre el interés público. Nadie está libre de culpas, pero es irremediable que la opinión bien informada examine con mayor rigor las actuaciones del Ejecutivo surgido del 14-M. La gran mayoría social desearía percibir que sus máximos dirigentes dan prioridad a la Política, noble actividad que se orienta hacia la integración y el bien común, sobre el partidismo oportunista y de corto alcance.

LA investigación policial y judicial apunta de forma decidida hacia la autoría material a cargo de terroristas islámicos. No están despejadas, sin embargo, las dudas acerca de quién inspiró estos actos criminales y por qué lo hizo. Terreno complejo donde los haya, en el cual el sentido común aconseja moverse por una vía media entre las certezas no demostradas y las hipótesis carentes de base material. Vista la escasa luz que aporta la Comisión del Congreso de los Diputados, sólo cabe esperar que el juez Del Olmo culmine su trabajo con rigor y precisión jurídica, buscando la verdad de los hechos en datos incontrovertibles y no en la conveniencia de unos y de otros. Es imprescindible que se conozca toda la verdad y sólo la verdad. Ninguna línea de investigación debe ser descartada, pero conviene dar preferencia a las que merecen un mayor crédito. La sociedad española necesita estar segura, hasta donde sea humanamente posible, de quién cometió aquella atrocidad y quién le indujo a ello: sólo entonces se pondrá en paz consigo misma y se cerrarán caminos oscuros que conducen a remover los cimientos de la convivencia en libertad que quiere la inmensa mayoría. Únicamente unos pocos aventureros y desleales pueden sacar ventaja de una sociedad vulnerable moralmente y quebrada en sus fuentes de legitimidad: todas las fuerzas políticas (en especial el partido en el Gobierno) deben actuar en consecuencia. Cumpla, cada uno, con su deber: el Poder Judicial, el de investigar a fondo, con todos los elementos necesarios; los medios de comunicación, el de ofrecer información veraz; el Gobierno y el Parlamento, el de cooperar con la Justicia, auxiliar de verdad a las víctimas y tomar las medidas imprescindibles para que el horror nunca se repita y que los españoles se sientan seguros.

LA cuestión de las víctimas merece, sin duda, un análisis específico. Es preocupante la incapacidad de nuestra sociedad para establecer una causa común, llorar juntos por todos los muertos y exigir justicia sin discriminar entre personas que sufren pérdidas irreparables. Tanto las víctimas del 11-M, de toda naturaleza y condición, como los miles de afectados por los crímenes de ETA merecen el máximo respeto, el afecto y la ayuda de una sociedad sana y de unos poderes públicos responsables. Es lamentable cualquier intento de instrumentalizar el dolor ajeno, de poner a las asociaciones al servicio de causas espurias o de otorgar mejor condición a unos que a otros. Por desgracia se intuyen algunos fenómenos de este tipo, y el Gobierno de Rodríguez Zapatero no ha conseguido transmitir una imagen de equidad y de comprensión hacia todos por igual. Algún rasgo de sensatez merece ser elogiado, como la suspensión del concierto previsto para ayer, cuyo planteamiento hacía fácil imaginar un enfoque sesgado del asunto. Es propio de la sociedad mediática simplificar los problemas identificando el todo con la parte más llamativa. Muchos damnificados no pertenecen a las asociaciones o mantienen en ellas un perfil discreto porque prefieren llevar su dolor en la intimidad personal y familiar. Conviene, por ello, romper esa imagen ficticia que identifica a las «víctimas» en abstracto con la proyección pública de algunas personas, cuya actividad merece elogios para unos y reproches para otros. Más allá de fallidas experiencias decorativas -y aquí es obligado referirse otra vez al comisionado Peces Barba-, el Gobierno y los partidos tienen el deber de buscar la concordia entre quienes pagan en carne propia el peaje que nos impone a todos vivir en una sociedad abierta y democrática.

EL aniversario del 11-M no resulta inteligible sin recordar sus consecuencias en las elecciones del 14-M, precedidas de unas horas dramáticas que no pasarán a la historia de una democracia ejemplar. Así y todo, el resultado es que gobierna el PSOE con una mayoría precaria y ejerce la oposición -casi a solas- un PP que, según el estilo que imprime Rajoy, consigue mirar cada día más hacia el futuro que hacia el pasado. Aznar, protagonista indiscutible en aquellos momentos, mostró su mejor imagen en la comparecencia ante la Comisión. Desde ese día, anticipado ya en la intervención de Acebes, la teoría de la mentira deliberada carece de fundamento objetivo si es que alguna vez lo tuvo. El cambio de estrategia, desde la mentira a la «imprevisión» es la mejor prueba de ello. Pero la política española no puede seguir obcecada en reproches y descalificaciones ni en el empeño absurdo de convencer a los ya convencidos. Y el PSOE no debe practicar el doble juego de buscar que se pase página cuanto antes para reforzar su legitimidad, pero sin renunciar a seguir aprovechando aquella coyuntura para debilitar al adversario. Es imprescindible, en definitiva, que la Comisión finalice sus trabajos con un mínimo de dignidad.

La conmemoración del 11-M ha seguido en general pautas razonables. Los actos ya celebrados -incluida la declaración institucional del Congreso- y los previstos para hoy ofrecen la imagen colectiva de una sociedad dolida, pero no estridente. La Corona, una vez más, ha llenado de contenido humano el cumplimiento de su función institucional. En la llamada Cumbre de Madrid los expertos han aportado criterios de interés. Queda empañada, sin embargo, por la ausencia de muchos invitados relevantes, que no se compensa del todo por la asistencia de otros, y por un ambiente en exceso favorable a las tesis gubernamentales en política exterior. En público o en privado, millones de madrileños y de españoles en general recuerdan hoy la tragedia, mientras planea sobre el ambiente una pregunta inevitable: un año después, ¿hemos hecho lo necesario para evitar que se repita?

Peces Barba
La demagogia socava la democracia
Pío Moa LD 11 Marzo 2005

El jacobino, y como tal sectario Peces Barba, fue comisionado por el PSOE para dividir a las víctimas del terrorismo y hacerles tragar los ilegales planes del Gobierno de favorecer a la ETA. Y va cumpliendo bastante bien su trabajo, ante la lógica indignación de las víctimas, a quienes acaba de lanzar un sucio y calumnioso ataque. Ha dicho que “existe una minoría que puede creerse que es necesario quitarme de en medio incluso por caminos inadecuados”, responsabilizándolos de lo que pueda sucederle a él, a su familia o al local donde trabaja. Peces Barba se ha retratado, y ha demostrado cuán justa ha sido la crítica de Cosidó, de estar más cerca de los terroristas que de las víctimas. Cerca de éstas, desde luego, no se encuentra, y la acusación implícita que acaba de hacer contra ellas tiene todo un estilo provocador.

Porque, como ha debido reconocer el personaje, no ha recibido ninguna amenaza capaz de justificar su acusación. Dice que la lanza “para curarse en salud”. Sería entonces, por así decir, un “ataque preventivo”, aunque completamente injustificado cuando no hay siquiera amago de amenaza por el otro lado. Pero, en fin, Peces debe de tomarnos por tontos a todos. No habiendo ninguna salud amenazada, el sentido de su insidia salta a la vista: intenta presentar como terroristas a las víctimas, para desprestigiarlas por completo. En fin, él ha escrito que el aserto “la verdad os hará libres”, no tiene valor. Estamos ante la suprema indecencia, ante el estilo político, la demagogia que ha degradado la democracia en Vascongadas, extendida a todo el país por el actual gobierno.

Con espíritu antidemocrático tantas veces demostrado, Peces no tolera el muy justificado rechazo hacia él por parte de aquellos de quienes le encargó ocuparse el presidente Majadero, no se sabe bien por qué. O sí se sabe, porque los resultados son evidentes. Su tarea principal ha consistido, lo hemos visto, en dividir a las víctimas y manchar la imagen de la principal asociación de ellas, en procurar su aislamiento y en desolidarizarse de sus convocatorias, so pretexto de una “falta de unidad” creada por él mismo y por el gobierno al que sirve.

Hay una razón bien clara para esta política de sabotaje: el PSOE está echando por tierra la política antiterrorista del PP, tan fructífera. En su etapa anterior, los socialistas combinaron la claudicación (las negociaciones, el “diálogo”) y el terrorismo de estado ¿Denunció Peces estos hechos? Aznar comprendió pronto que la única política adecuada ante los asesinos consiste en la aplicación pura y simple de la ley, pues cualquier negociación convierte el crimen en un instrumento político, algo que no puede aceptar un estado de derecho sin dejar de serlo. Los resultados han sido lentos, pero excelentes, y el Terrorismo Nacionalista Vasco había sido puesto por primera vez contra las cuerdas, para irritación del PNV y de los nacionalistas catalanes… y de un sector del PSOE, ahora dominante.

No hace falta ser ningún lince para percibir que el PSOE vuelve a la política ilegal y antidemocrática del “diálogo”. Majadero, con clásico oportunismo, se hizo la idea de aprovechar precisamente la mala situación en que el PP había colocado a la ETA para aparecer como el hombre que consiguió “la paz”…mediante las concesiones adecuadas. Conseguir una paz innecesaria, pues no existe nada parecido a la guerra, a costa de la libertad. En esa política indecente Peces Barba cumple su función. La Asociación de Víctimas denunció cómo él la había conminado a aceptar las ventajas planeadas por el gobierno para los criminales. Su negativa a acudir a la convocatoria contra la excarcelación de los asesinos no precisa comentario.

Ni las víctimas directas (indirectamente lo es casi toda la sociedad) ni otros muchos ciudadanos están dispuestos a doblegarse, y para atacarlos, ya ha empezado el PSOE, en coincidencia con la ETA y los secesionistas, a tildar de “extrema derecha” a alguna asociación que lucha por la democracia en Vascongadas (como “extrema derecha” puede ser acosada y silenciada, tal es la intención del dicterio). Ahora Peces ha dado un paso más sugiriendo que las víctimas podrían ser terroristas ellas mismas.

Pues, en definitiva, el buen talante hacia el separatismo y los terroristas entraña por fuerza el peor talante posible hacia la democracia y hacia las víctimas. No es posible tratar bien a unos sin intentar destruir a los otros. Majadero y su gobierno han elegido, sin calcular las consecuencias para el país. Ojalá rectificaran a tiempo, pero a la vista del impulso que va tomando su política resulta difícil el optimismo.

Una amenaza global
KEPA AULESTIA El Correo 11 Marzo 2005

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 hicieron ver a la Humanidad informada que cualquier persona en cualquier parte del planeta podía convertirse en víctima del terrorismo global. Sin embargo, las sociedades occidentales, acostumbradas a preguntarse sobre el porqué de las cosas, no terminan de comprender o de aceptar que lo ocurrido hace hoy un año en Madrid representa mucho más que una infausta masacre: significa que el terrorismo islamista no concibe que ni un solo rincón del planeta ni una sola persona, por el hecho de serlo, puedan hallarse a salvo fuera de su diana. Las víctimas del 11-M han reflejado en numerosas ocasiones la dolorosa perplejidad de quien siente cómo se le arrebata a un ser querido sin que nada parezca explicar tan extrema y cruel injusticia. La supervivencia humana se basa precisamente en negarse a sucumbir a manos de lo irracional. Pero lo irracional forma también parte de la producción humana. No existe nada más humano que la búsqueda, la reivindicación de la inocencia. Lo terrible es que también forma parte del comportamiento humano la eliminación física del prójimo para despojarlo de todo atisbo de humanidad.

Una característica común a todas las manifestaciones de terrorismo es que los autores de cada atentado necesitan transferir a sus víctimas la culpa de su acción. Otra es que la escalada terrorista, por acumulación de atentados sangrientos, acaba insensibilizando aquellos nervios que en la periferia de cada grupo violento puedan mantener algún tipo de reserva de orden moral sobre la licitud de su proceder. En el caso del terrorismo islamista, la aplicación de la brutalidad no parece tener ya límites. No parece existir reserva alguna en sus propósitos asesinos. En su caso, el enemigo a batir no es un régimen, ni siquiera otra comunidad étnica o religiosa. Pero se podría decir que tampoco lo son únicamente los no creyentes. Su carácter global no sólo se refiere a la extensión planetaria de su amenaza sino al hecho de que nadie, ni siquiera los propios musulmanes, pueden sentirse a salvo de su yihad purificadora. En Pakistán o en Irak, los chiíes han podido convertirse en uno de los objetivos preferentes de los seguidores de Bin Laden. Pero las decenas de suníes muertos como consecuencia de sus ataques no encarnan daños colaterales sino que reflejan la implacable intención de sus matarifes de someter sobre todo a la comunidad islámica a su dictadura.

Si los sumarios redactados para juzgar a los autores del terrorismo local -como es el caso de ETA- no consiguen describir del todo la complicada trama de vínculos, motivaciones, instigadores y encubridores que posibilita su existencia, la interpretación del terrorismo islamista multiplica esas dificultades y deficiencias. El lenguaje y la simbología utilizada en el seno de la galaxia identificada como Al-Qaida, así como su proyección mediática, no pueden ser transcritos literalmente sin incurrir en errores más o menos serios de apreciación. El sentido del tiempo en el que se mueve el islamismo terrorista resulta tan diferente a los parámetros temporales en los que viven las sociedades occidentales que añade una dificultad más a su comprensión. Tras el 11-S, el calificativo de nihilista aplicado al terrorismo global contribuyó a confundir a sus intérpretes. En el extremo opuesto, la interpretación de la masacre del 11-M como el resultado de una conjura para cambiar el rumbo político en España incurría en un error a todas luces interesado que corre el riesgo de instalar un perturbador interrogante en buena parte de la opinión pública española. La sociedad victimizada necesita saber qué pretenden los terroristas, y no como una pregunta retórica sino como un mecanismo instintivo que persigue aliviar la presión y reafirmar su inocencia. La respuesta se encuentra en el poder -en el poder fáctico- que el terrorismo procura a quienes lo practican.

Nuestro Estado de Derecho no ha sido diseñado para enfrentarse a algo a la vez tan apocalíptico y tan escurridizo como el terrorismo global. La ciudadanía se siente obligada a habitar este mundo con un índice de riesgo para su seguridad que hace tan sólo cinco años parecía inimaginable. Por eso, uno de los resortes mentales con los que las sociedades democráticas tratan de soportar tal amenaza es asimilándola dentro del capítulo de las catástrofes inevitables. La capacidad de persuasión y de disuasión de la democracia occidental, dispuesta para integrar a la disidencia o para prevenir y perseguir el crimen organizado, no puede persuadir o disuadir a quienes han convertido su propia muerte en un aspecto nuclear de la misión que encarnan en vida.

Hoy podría afirmarse, con igual rigor, que Al-Qaida existe y que no existe. Desde luego no existe como en sus inicios. Si el terrorismo constituye siempre un fenómeno mutante, más lo está siendo el terrorismo islamista. Su organigrama operativo resulta hoy infinitamente más difícil de identificar que cuando Afganistán estaba en manos de los talibanes. Pero lo que vuelve verdaderamente inquietante su amenaza es que la práctica del terrorismo en nombre del Islam no está siendo -no podría ser- inocua para éste. Parece evidente que sectores moderados del Islam y poderes establecidos sobre la base de dicha creencia se están esforzando por purgar de la religión y de la comunidad al alien terrorista. Pero, en sentido inverso, la penetración terrorista de las comunidades islámicas está posibilitando que arraigue en su seno una corriente proclive a admitir la interpretación que de la yihad vienen dictando Bin Laden y los suyos por la fuerza de sus sanguinarios hechos.

Vidas partidas
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 11 Marzo 2005

CUANDO estas letras hayan llegado a sus manos las campanas de Madrid ya habrán tañido a la hora exacta en la que hace un año 192 personas perdieron la vida, 1.500 sintieron cómo se les partía y toda una ciudad, todo un país, quedó aturdido hasta hoy. Hay una víctima de aquel espanto que todavía está en coma, como si con ese sueño de 365 días nos quisiera certificar a todos la profunda irrealidad en la que nos abismamos aquellos días y en muchos más que vinieron después.

Un año después de aquel horror, que tardará muchos años en cicatrizar, asistimos a la voladura del minucioso trabajo realizado durante años para que la sociedad vasca, y la española en general, reconociera desde el punto de vista humano, y sacara consecuencias desde el punto de vista político, de la anormal evidencia de la muerte como forma de dirimir las diferencias con el contrario considerado enemigo. Después de muchos años en los que a las víctimas del terrorismo se las mataba de un tiro y se las remataba de olvido; después de muchos años en los que a las víctimas se las insultaba primero, se las insultaba con la muerte y se las insultaba después de muertas; después de mucho esfuerzo porque se viera el problema del terrorismo desde el punto de vista de quien más lo sufría, en estos momentos asistimos a un desagradable espectáculo de división, guerra de declaraciones, jerarquización de víctimas y críticas a un colectivo cuya buena consideración debería ser un patrimonio de todos los demócratas.

Me resulta especialmente doloroso este desenfoque de un asunto que, como es evidente, se ha llevado por delante muchas vidas, ha roto miles de familias y ha sumido en el dolor y el miedo a miles de personas. Sólo alcanzo a ver un par de datos positivos en esta historia: este descoloque general es posible porque no hay nuevos atentados; esta nueva consideración de las víctimas, sin el respeto democrático de antes, puede ser un síntoma de que estar con ellas ya no implica el riesgo de ser tratado como un apestado, de que el trabajo de su reconocimiento ya está hecho y estamos en una fase nueva: la que acompaña al tramo terminal del terrorismo.

Sería de desear que respecto del terrorismo islamista, el que provocó la matanza hace un año, no tardáramos otros veinte o treinta años en llegar a descubrir lo obvio. Ya saben que lo obvio puede llegar a ser una conclusión muy difícil de alcanzar cuando el fanatismo, el odio, el miedo, los prejuicios y otras pasiones tristes nublan la vista. La principal es que el único culpable del atentado terrorista es, siempre, el terrorista que lo comete, que no hay contexto, coartada, pasado histórico mitificado, propaganda, caldo de cultivo, razones de más o menos peso, coartadas y otras pantallas argumentales que justifiquen asesinar a 192 personas, herir a 1.500, sea de golpe -hace un año en Madrid-, o sea por el martirio del goteo -País Vasco, Madrid, Zaragoza, Vic, Sevilla y las que quieran ustedes añadir-. Ya sé que no es un descubrimiento lo que digo, pero, si miramos hacia atrás, veremos cuán difícil resultó establecer esa conclusión -que hoy todavía muchos nacionalistas no comparten o rechazan abiertamente-, y como esa conclusión -el único culpable es el terrorista- no está, ni mucho menos, compartida respecto del atentado de hace un año en Madrid.

Rodear de cariño a las víctimas, prestarles apoyo humano, moral, económico, político, son otras tantas tareas necesarias en cuyo cumplimiento uno nunca se equivoca.

¡VIVA LA CONFUSIÓN!
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 11 Marzo 2005

FRANCISCO Rubio Llorente, a quien Dios guarde, lamentó ayer el «malentendido» de sus declaraciones en las que proponía, el diablo le confunda, sustituir el término «nacionalidades» por el más preciso de «comunidad nacional» en el artículo segundo de la Constitución. Habrá que esperar a mañana por ver sin tan distinguido profesor y presidente del Consejo de Estado tiene algo nuevo que matizar o corregir sobre el asunto; pero de momento hay que entender su discurso como un pícaro vejamen, un despropósito, al modo con el que se divertían en la Universidad de hace unos siglos, porque hay que reconocer que tiene gracia, gracia maldita, que quien ocupa su puesto impulse lo peor de los nacionalismos extremos.

¿Quién se encarga aquí de la selección del personal? Todos cuantos amamos lo español sin ignorancia de su naturaleza y esencia estamos sobradamente preparados para ver, por ejemplo, que un presidente del Ejecutivo -es el caso de José Luis Rodríguez Zapatero- desautorice y reprenda al presidente del Legislativo por haber limitado el uso disparatado de los idiomas españoles en la Cámara de los Diputados. El mantenimiento del poder, puesto por encima de los intereses de la Nación, puede llevar a esas desproporciones y ERC, aunque resulte dramático, tiene la llave de la estabilidad de los gobiernos (presuntamente) socialistas en Cataluña y en España; pero que la confusión se instale también en los órganos más solemnes del Estado, en la grandeza de la teoría y no en la miseria de la práctica, supera las deformaciones clásicas a las que estamos acostumbrados.

En un arranque más de originalidad y no concordancia entre la función y el órgano, Rubio Llorente nos recrimina «las interpretaciones» que se han hecho de su reflexión teórica sobre el modelo de Estado. Eso es majeza. Según el modelo establecido, al que, para entendernos, llamaremos maragallístico, el error es siempre del ofendido y nunca del ofensor. El clasiquísimo y verdaderamente español sostenella y no enmendalla. Todo un ejercicio de estilo más propio de un presidente de club de fútbol -de segunda, por supuesto- que de quien lo es de un Consejo de tanto ringorrango y solemnidad.

A Mariano Rajoy le parece «de pesadilla» la reforma constitucional con la que Zapatero trata de disimular su ya probada incapacidad de gobierno efectivo y el PP reclama la presencia de Rubio Llorente en el Congreso para que explique sus alarmantes declaraciones. Se queda corto en los dos casos. La pesadilla es una molesta alteración del sueño, y, a poco que se tenga el sentimiento de España, el caso no es para la ensoñación, sino para el insomnio; y, además, lo de Rubio Llorente no es para reclamar su presencia. Su ausencia sería más benéfica para todos. Bien es verdad que los verdaderamente perversos somos quienes interpretamos los dichos de la autoridad al pie de la letra.

Los yihadistas anuncian que van a empezar a "arreglar viejas cuentas"
Europa y el islam, un año después de Madrid
Por Gilles Kepel El País  11 Marzo 2005

Los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid fueron la señal de que Europa se había convertido en un campo de batalla importante dentro de la guerra en el corazón del islam iniciada el 11 de septiembre de 2001.

Para los militantes e ideólogos islamistas de todo tipo, el devenir de los millones de ciudadanos europeos de origen musulmán, actuales y futuros, jóvenes y surgidos de medios desfavorecidos en su inmensa mayoría, es un reto político crucial.

Desde los más radicales, como Bin Laden, Zawahiri y sus afiliados, hasta los Hermanos Musulmanes, con toda su esfera de influencia y sus derivaciones más afables, desde el telepredicador de Al Yazira Yussef al Qardaui hasta Tariq Ramadán, todos luchan por ganar su confianza y proclamarse sus representantes.

¿Comparten estos millones de ciudadanos nuevos los valores y las lealtades que constituyen la identidad europea actual -con su diversidad y sus contradicciones, pero también con su unidad esencial-, y van a contribuir, a partir de sus condiciones de vida en nuestras sociedades -democráticas, pluralistas, pero no igualitarias-, al aggiornamento del islam para poder arrebatar a los ideólogos islamistas la interpretación que hacen de él?

¿O, por el contrario, son estos últimos quienes lograrán construir, en el propio territorio europeo, bastiones desde los que cercar un continente que, ya en dos ocasiones, con la Reconquista española en el siglo XV y la derrota otomana ante Viena en 1683, ha rechazado los ataques de la yihad?

El atentado de Madrid, cometido por jóvenes inmigrantes de origen marroquí y financiado por militantes de Al Qaeda, parece inclinar la balanza hacia la segunda posibilidad.

La muerte por apuñalamiento, en octubre de 2004, del realizador de vídeo Theo van Gogh, autor de un documental que su presunto asesino consideró ofensivo para el islam, parece indicar la misma cosa. Por el contrario, la masiva movilización de los ciudadanos franceses de origen o credo musulmán para apoyar a Christian Chesnot y Georges Malbrunot -secuestrados en Irak en agosto y liberados en Navidad, y cuya supervivencia habían condicionado los secuestradores a la abolición de la ley sobre el carácter laico de la escuela pública- habla a favor del compromiso decisivo de los musulmanes europeos contra el islamismo radical.

¿Qué criterios nos permiten valorar la actual correlación de fuerzas? ¿Qué políticas pueden aplicar tanto los Estados como la Unión Europea? ¿Qué estrategia tienen los islamistas de diversas tendencias para alcanzar sus objetivos?

Al leer las reivindicaciones del grupo islamista que cometió los atentados de Madrid, y que estaba suficientemente al tanto de la vida política española para cometerlos en el momento de las elecciones legislativas y alterar su resultado, se observa que, en medio de la verborrea habitual sobre la caída de Occidente, figuran amenazas concretas contra España, respecto a la que los yihadistas anuncian que van a empezar a "arreglar viejas cuentas".

En su lenguaje, eso quiere decir que la península Ibérica no es más que la antigua Andalucía musulmana, una tierra arrebatada al islam que hay que recuperar cueste lo que cueste; sus habitantes no musulmanes son usurpadores y, por consiguiente, "es lícito derramar su sangre". Es decir, se justifica una matanza de inocentes como la que produjeron los explosivos en los trenes.

Es evidente que, para la inmensa mayoría de los ciudadanos europeos de origen musulmán, esta visión del mundo es una aberración; pero basta con que unas cuantas docenas de individuos adoctrinados en las ideas salafistas-yihadistas radicales estén convencidos y sean capaces de adquirir explosivos para que mueran cientos de personas y, como consecuencia, los musulmanes europeos se conviertan en rehenes de la sospecha.

Porque ése era otro objetivo de los yihadistas: los atentados -empezando por el del 11 de septiembre-, al agudizar las sospechas, han aumentado las desavenencias y han favorecido el apostolado de los islamistas -en este caso, moderados- que son hoy, en Europa, los principales productores de catequesis musulmana. Cuántos musulmanes desamparados, desgarrados entre su rechazo a la violencia y la sospecha que leían en la mirada de los demás, han acudido a los apoyos religiosos que encontraban en una especie de repliegue comunitario fomentado por los Hermanos Musulmanes y sus seguidores.

Estos musulmanes no propugnan la violencia: algunos consideran que Europa es una tierra del islam -por la presencia de ciudadanos europeos musulmanes- y exigen que dichos ciudadanos puedan vivir con arreglo a los criterios y las normas de la ley islámica, la sharia. Otros, conscientes del efecto negativo de esta expresión en la opinión pública no musulmana, precavida frente al proselitismo, prefieren decir que Europa es tierra de predicación (da'wa) o tierra de shahada, un término árabe que significa "testimonio" y "profesión de fe islámica".

Para estos últimos, el objetivo es formar una "comunidad", definida en función de criterios de identidad religiosa llevados al extremo, que negocie con los poderes públicos una condición de "minoría" y construya un espacio político balcanizado, en el que el apoyo electoral a una u otra corriente política dependa de las concesiones que haga cada una para favorecer la influencia de los islamistas sobre sus correligionarios.

¿Es una fatalidad este encadenamiento? La movilización de los ciudadanos musulmanes en Francia, durante todo el otoño, en apoyo de los dos periodistas rehenes de los yihadistas en Irak, precisamente mientras los secuestradores hacían chantaje con la ley sobre la laicidad en la escuela -que prohíbe llevar prendas y signos religiosos, entre ellos el hijab-, demuestra lo contrario.

Ahora bien, eso supone que las autoridades lleven a cabo una política enérgica en cuanto a la integración política, social y cultural, la igualdad de oportunidades y la plena participación democrática de nuestros compatriotas europeos de origen musulmán, en su mayoría procedentes de medios desfavorecidos, si bien se está viendo un extraordinario fenómeno de movilidad social ascendente, sobre todo entre las mujeres jóvenes.

Ante la ley sobre la laicidad, los Hermanos Musulmanes y sus compañeros de viaje en el movimiento altermundialista y ecologista organizaron manifestaciones contra una legislación "liberticida", un lema con capacidad de unir fuerzas más allá de las fronteras comunitarias. Para los Hermanos es un desafío crucial, porque el velo es un criterio decisivo a la hora de ver su influencia sobre sus correligionarios y, por tanto, justificar su pretensión de negociar en nombre de ellos con los poderes públicos.

Los ciudadanos franceses musulmanes, al proclamar que estaban a favor de la liberación de sus dos compatriotas periodistas, desautorizaron a los Hermanos, que no pudieron llevar a cabo las acciones que tenían pensadas contra la aplicación de la ley. Del mismo modo que han manifestado su rechazo absoluto de los salafistas-yihadistas y el chantaje que ejercen sobre Europa desde el triángulo suní de Irak o desde otros lugares.

Un año después de Madrid, la pelota está en el campo de las autoridades políticas europeas: no hay ninguna fatalidad de la yihad o de los islamistas en nuestros países, pero es preciso hacer todo lo necesario para fomentar la adhesión de nuestros conciudadanos de origen musulmán a los valores que constituyen Europa, que son los que permitirán el aggiornamento del islam.
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Gilles Kepel es profesor de Ciencias Políticas en la cátedra de Oriente Medio Mediterráneo de la Universidad de París, y autor, entre otros libros, de Fitna. Guerra en el corazón del islam (Paidós). Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

Contra el terrorismo
MANUEL LEGUINECHE JOSÉ IBARROLA El Correo 11 Marzo 2005

Lo dijo el primer comunista alemán, Wilhelm Witling: «Con el terrorismo se trata de construir el reino de los cielos desencadenando las fuerzas del infierno en la Tierra». Osama bin Laden no podía haberlo expresado mejor. Todo el esfuerzo que durante la guerra fría se dedicó a la lucha contra el comunismo se desplaza ahora hacia el hiperterrorismo mundial. Los teóricos de la guerra fría se reciclan a toda prisa para comprender y hacer frente a este fenómeno.

El terrorismo no es una filosofía o un movimiento, es un método para persuadir por medio del terror, el uso sistemático de la intimidación coercitiva con fines políticos. Es una guerra no convencional. Resulta barata, se fortalece con el cobro de los rescates de víctimas civiles inocentes y obtiene una publicidad masiva, más ahora con los canales de televisión de 24 horas, sean árabes u occidentales. El fin justifica todos los medios. Hay un terrorismo interno y otro internacional, que se corresponde con la globalización y que da un sangriento aldabonazo el 11-S ó el 11-M.

Ésa es una idea, pero circulan muchas otras. Hace veinte años el profesor inglés Paul Wilkinson, autor de 'Terrorismo y Estado liberal', ponía en guardia a las democracias sobre el peligro que se cernía sobre ellas, al influir los terroristas en la opinión pública y en la política exterior. «Es una amenaza para la paz mundial», concluía. Tendrán que empezar desde el principio, definir lo que es el terrorismo, lo que pasa, como todo, por la identificación del enemigo.

Cada cual se hace una idea de lo que significa y representa, son numerosas las escuelas de pensamiento, pero en lo que todos coinciden es en que hay que hacer frente a una amenaza de la que nadie se libra. Por eso se han reunido centenares de expertos en Madrid preocupados por la seguridad. No hay más que ver las medidas de protección que han tomado para proteger a esos jefes de Estado y especialistas. Como diría el sociólogo canadiense MacLuhan, «el medio es el mensaje». Y el reto no es fácil. ¿Cómo hacer frente al tentacular desafío dentro de las fronteras de la democracia y los derechos humanos, sin violar las sagradas normas del Estado de Derecho?

El terrorismo islamista es la respuesta a una insatisfacción por el comportamiento de Occidente en el pasado, un sentido de humillación en el presente, una revancha armada a múltiples bandas con bombas y kamikazes sin reparar en el número de víctimas. Un terrorismo que se ha llamado nihilista por algunos observadores. Lo malo es que los terroristas se han transformado en héroes al identificar al Islam con su causa, aprovechándose del caldo de cultivo de la pobreza, la ignorancia y el déficit democrático. A la modernización al estilo occidental oponen (como hizo en Irán Jomeini frente al sha) un regreso a las fuentes y al califato. Rechazan la invasión moral y cultural.

En la base de esta frustración y de la respuesta violenta se encuentran, además de la miseria (los saudíes del 11-S eran ricos), las minas de la cuestión palestino-israelí, que se halla ahora en otra fase; los árabes como eternos perdedores de guerras; las agresiones armadas en diversos puntos del globo, incluida la de la Unión Soviética en Afganistán; la presencia estadounidense en suelo de Arabia Saudí, guardiana de los Lugares Santos... Hay quien se remonta a la reconquista cristiana: los terroristas del 11-M habrían elegido Atocha por ser nudo de comunicaciones con su Al-Andalus irredenta.

Si el terrorismo es un fenómeno globalizado, la respuesta al desafío deberá ser globalizada. Primero, información, inteligencia, estudio de las redes de financiación de operaciones, incluida la búsqueda de armas nucleares, apoyo (inteligente) a los musulmanes moderados, marginación de los regímenes autoritarios y corruptos...

España estaba condenada por la geografía -la proximidad con el norte de África, volcán en ebullición social y política- y el pasado. Ya ni siquiera necesitan recibir órdenes directas de un Bin Laden. Son autónomos, aunque pueden responder por control remoto a los líderes de Al-Qaida (La base) y obedecen a una estrategia política calculada. Y lo que quieren es convertirse en mártires. Es, otra vez, el grito atávico: '¿Viva la muerte!'.

Los marroquíes estaban bien organizados logística y financieramente: trajeron la guerra santa, su brutal 'yihad' a una Europa que ahora ya sabe lo que se juega. La carta de uno de los terroristas marroquíes que intervinieron en la matanza de Atocha, Abdenabi Kunjaa, a su familia da idea de la intensidad destructora del propósito: «Os pido que tengáis fe en Dios y que sigáis a los hermanos mártires de todo el mundo y os unáis a ellos. Yo no puedo vivir como una persona humillada y débil a la sombra de los tiranos y los infieles. Prefiero la muerte a la vida».

El PSOE fuerza otro debate para que Marín rectifique sobre el catalán
E. L. Palomera LR 11 Marzo 2005

Madrid- El PSOE volvió ayer a enmendar la plana al presidente del Congreso. Lo hizo en la ponencia de reforma del Reglamento, donde forzó un nuevo debate sobre el uso del catalán. Todos los grupos, menos el PP, estuvieron de acuerdo en que Marín debe rectificar y volver a permitir el «uso escueto» de las lenguas cooficiales. El pronunciamiento no basta, pues el presidente quería un acuerdo explícito de reforma. De momento, no se da por aludido.

Los grupos nacionalistas calificaron de «kafkiana, larga e insólita» la reunión. Razón no les faltaba, pues la cita era para debatir las enmiendas a los artículos del 1 al 26 del borrador. En concreto, se esperaba una solución definitiva a las del artículo 6, el que habla de la lengua de trabajo. No la hubo. Y es que el PSOE no podía someter a votación las pretensiones de los nacionalistas de permitir el uso de las lenguas cooficiales en tanto en cuanto tiene un acuerdo firmado con el PP que le obliga a «no modificar ningún aspecto sustancial del Reglamento si no es con el acuerdo de los dos grupos. ¿Solución? El socialista Diego López Garrido forzó, antes de proceder al orden del día que ocupaba a la ponencia, un pronunciamiento de todos los grupos sobre si Manuel Marín debía rectificar y permitir, de nuevo, el «uso escueto» de las lenguas cooficiales con traducción inmediata. Todos los grupos, a excepción del PP, se mostraron partidarios así de que se volviera al criterio de la presidencia anunciado por Marín el pasado 8 de febrero y revocado, por él mismo, la pasada semana, después de un incidente con un diputado de ERC. Los nacionalistas entienden, no obstante, que el criterio debe ir más allá y se ampararon en las palabras de Zapatero, en la ultima sesión de control, donde se mostró de acuerdo en buscar soluciones en el ámbito de la reforma reglamentaria.

El más gráfico de todos los portavoces fue el canario Paulino Rivero: «Hoy, que todos hablábamos en castellano, ha sido imposible entendernos. ¿Qué pasará cuando hablemos, además, euskera, catalán y gallego?». Era la descripción de una reunión, en la que pese a la desautorización del PSOE a Marín para forzar un frente común contra su decisión de prohibir el uso del catalán, los nacionalistas quieren más claridad. «Este no es un órgano vinculante –dijo el convergente Jordi Jané–, está bien que se nos pida opinión, pero lo importante es la reforma del Reglamento». La lectura del popular Manuel Atencia fue bien distinta. Además, de «insólito», tachó de «esquizofrénico» el debate, puesto que era un «revival» del que tuvo lugar en Junta de Portavoces, el pasado martes. En todo caso, está en la voluntad de Marín la decisión última. No obstante, al haber reclamad, una acuerdo explícito en el articulado de la reforma reglamentaria y no un pronunciamiento sin más, de momento no se da por aludido.

BUSTELO: EL GOBIERNO ESTÁ "POCO PREPARADO" Y "MAL ASESORADO"
La Comunidad de Madrid y los trabajadores de la CMT recurren ante el Supremo el traslado a Barcelona
La Comunidad de Madrid y representantes de los trabajadores han anunciado sendos recursos ante el Tribunal Supremo contra el traslado de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones de Madrid a Barcelona, en tanto que el Gobierno busca un sustituto para el presidente dimisionario de la institución, Carlos Bustelo, quien ha calificado de "chorrada" el traslado de la sede y ha afirmado que el Gobierno está "poco preparado" y "mal asesorado".
Libertad Digital
 11 Marzo 2005

El Gobierno de Madrid va a interponer en los próximos días un recurso contencioso-administrativo ante el Tribunal Supremo contra el traslado a Barcelona de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT), para defender los intereses de los trabajadores y de la Comunidad. Así lo anunció el vicepresidente primero de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, al término del Consejo de Gobierno semanal.

Para el Ejecutivo madrileño, explicó el vicepresidente primero, la decisión del Gobierno central de trasladar a Barcelona la sede de la CMT es "exclusivamente política" y "no responde a ningún otro razonamiento". A su juicio, el traslado es "una demostración más de la actitud de talante del Gobierno de la nación que está dispuesto a instrumentalizar políticamente todo con el objetivo simplemente de mantenerse en el poder y atender compromisos de pactos de Gobierno con sus socios nacionalistas".

Según fuentes del Comité de Empresa citadas por la agencia Efe, los trabajadores de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) ultiman otro recurso ante el Tribunal Supremo contra esta misma decisión del Gobierno. El recurso será presentado en los próximos días, antes de que finalice el plazo el próximo 26 de marzo. Los empleados de la CMT alegarán ante el Supremo que el real decreto aprobado por el Ejecutivo el pasado 30 de diciembre atenta contra el artículo 48 de la Ley General de Telecomunicaciones, que establece la independencia de la Comisión, incluso en asuntos relacionados con su propia organización de trabajo.

Después de dimitir, el que fuera presidente de la CMT se despachó a gusto, este jueves, en declaraciones a Onda Cero. Según informa la agencia Europa Press, Carlos Bustelo arremetió en los micrófonos de esta emisora contra el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, argumentando que "estos chicos que han llegado al Gobierno inesperadamente, por accidente" están "poco preparados" y necesitan "asesorarse bien". En lo que respecta a su antiguo jefe, el ministro de Industria, José Montilla, ha dicho que tiene la impresión de que es "un hombre cauto", pero está "mal asesorado". Bustelo calificó la decisión del traslado de "chorrada", "irritante, innecesaria y poco justificada".(Ampliación)

El vicepresidente segundo y ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes, afirmó que tras la dimisión del presidente de la CMT, Carlos Bustelo, al Gobierno le corresponde buscar un sustituto y favorecer que la Comisión haga su trabajo de la forma más eficiente posible. El vicepresidente añadió que dimisión de Bustelo es "una decisión personal" y le ha agradecido su trabajo en estos años. El nuevo presidente de la CMT, que será nombrado por el Gobierno a propuesta de los ministros de Economía e Industria, tendrá que completar el mandato de Bustelo, que concluye en diciembre de 2008.
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