AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 14 Marzo 2005
Hispanoamérica al rescate
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 14 Marzo 2005

OTRA VEZ LA LENGUA
Editorial ABC  14 Marzo 2005

Comer en español, pero con la carta en catalán
Ivan Tubau El Mundo  14 Marzo 2005

LOS FÓSILES
Jaime CAMPMANY ABC  14 Marzo 2005

La infamia dura ya un año
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 14 Marzo 2005

14-M, IGLESIA Y NACIONALISMO
Jorge TRIAS SAGNIER ABC  14 Marzo 2005

SOS: regeneración
Enrique de Diego Época 14 Marzo 2005

El intruso
Francisco Umbral El Mundo  14 Marzo 2005

La sal en la herida y el Gobierno del 14-M
EDITORIAL Libertad Digital 14 Marzo 2005

Rubio Llorente confiesa
EL SUBMARINO La Razón 14 Marzo 2005

14M, un año de Zapatero
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital  14 Marzo 2005

Maragall hace peligrar la recepción de fondos europeos
Editorial El Mundo  14 Marzo 2005

Nada por aquí, nada por allá
Lorenzo Contreras Estrella Digital  14 Marzo 2005

ZP y el 11-M
Federico Jiménez Losantos El Mundo  14 Marzo 2005

LA INVESTIDURA INTERMINABLE
PÍO GARCÍA-ESCUDERO ABC 14 Marzo 2005

La celosa tercería de ZP
Isabel Durán Libertad Digital 14 Marzo 2005

La lista blanca
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 14 Marzo 2005

El oasis catalán
CARLOS G. REIGOSA La Voz 14 Marzo 2005

Los profesores sin perfil se concentran en el BEC, en la inauguración de la feria Gastech
VASO PRESS / BILBAO El Correo 14 Marzo 2005

Juan Carlos Rodríguez Ibarra: «España no puede ser el resultado de lo que quede de los estatutos de autonomía»
MAR CORREA ABC 14 Marzo 2005

UA reclama 30.000 firmas ciudadanas para convertir Álava en comunidad foral
M. ZABALETA VITORIA El Correo  14 Marzo 2005

Manuel Jiménez de Parga: «La pretensión de dividir el país y crear entidades distintas puede destruir España»
J. MORILLO ABC (Andalucía)  14 Marzo 2005

 

Hispanoamérica al rescate
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 14 Marzo 2005

Entretenidísimos con acarrear a Europa el euskara, el gallego, el catalán y que si éste es o no lo mismo que el valenciano, se les perdió por el camino el castellano y nos hemos encontrado con que la UE descendía a la lengua española universal a segunda división. El segundo idioma del mundo, en expansión por todos los continentes, arrinconado en el suyo. Nada más lógico si quienes tienen la obligación de defenderlo y expandirlo se dedican a humillarlo en su propio solar y cuando alguien con un mínimo de sensatez lo defiende, como Manuel Marín en el Congreso, recibe un capón de ZP y una puñalada de pícaro de Rubalcaba.

La lengua común de España sufre el acoso de un fanatismo nacionalista, aldeano y mastuerzo, que entiende su propia cultura como una cuestión de agravios y de venganzas históricas. Hoy pretende el disparate de que nos hablemos los unos a los otros en cualquier cosa menos en la lengua en la que todos nos entendemos. La dentellada era previsible, contando además que el sin par Curro no tardará en ponerse del lado de los que nos muerden, que para eso es el ministro de «los otros».

Menos mal que queda Hispanoamérica, allí donde tienen el español como un tesoro, donde se han apresurado a acudir al rescate. Le han dicho a Europa que no jueguen con su lengua, que pesa más que casi todas, y que si la madre no está dispuesta a defenderla, sus hijos si están prestos a batirse por ella.

OTRA VEZ LA LENGUA
Editorial ABC  14 Marzo 2005

LA Constitución dispone, en su artículo 3º, que el castellano es la lengua española oficial del Estado y que las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas. La legislación vigente y la sociedad en su conjunto reconocen con naturalidad que la pluralidad lingüística de España enriquece nuestra cultura común. Por ello, plantear a estas alturas nuevos episodios de una imaginaria «guerra de las lenguas» sólo resulta explicable por la falta de proyectos serios del Gobierno y por el deseo de perturbar la convivencia que inspira a algunos nacionalistas radicales.

La semana pasada se vivió en el Congreso un capítulo tragicómico de la eterna querella. Tiene razón Manuel Marín al mantener en pleno vigor unas reglas del juego que han funcionado bien durante años. Su afán conciliador y la cuota parlamentaria del talante gubernamental habían inducido al presidente de la Cámara a una interpretación flexible del reglamento, percibida como debilidad por los diputados de Esquerra y algunos otros. Lo más sorprendente es el apoyo expreso del grupo socialista, a través del propio Pérez Rubalcaba, a las pretensiones de un nacionalismo que no conoce límites. Peor todavía es que Rodríguez Zapatero se mostró algo más que comprensivo con la permanente «travesura» de sus socios parlamentarios, que desafían las normas cada vez que tienen la oportunidad de hacerlo. Flaco servicio prestan a la lengua catalana quienes la utilizan sin escrúpulo por razones de oportunismo político. Por lo demás, el Partido Socialista debe recordar su propuesta de un estatus de imparcialidad para la presidencia de las Cámaras, así como su reciente pacto con el Partido Popular sobre reformas reglamentarias, que incluye -al menos de forma implícita- la remisión al Senado del uso de lenguas autonómicas.

Otra noticia reciente demuestra la insensatez que se apodera por momentos de algunos sectores sociales y políticos. Circula en ambientes universitarios un proyecto de reforma de los estudios de Filología que pretende suprimir la actual Filología Hispánica, equipara la lengua española con el catalán, el vasco, el gallego y el asturiano, y determina que para cursar la especialidad de Castellano habría que elegir necesariamente otra de las que denomina «lenguas y culturas del Estado español». La firme reacción de la Real Academia y las expresivas palabras del profesor Rodríguez Adrados («locura» y «monumento a la incultura») son fiel reflejo de la única opinión razonable frente a quienes actúan en contra de la Constitución, de la práctica social y del más elemental sentido común.

Comer en español, pero con la carta en catalán
Ivan Tubau El Mundo  14 Marzo 2005

Erase una vez un lugar llamado Cataluña. Algunos escribían siempre Catalunya porque su ignorancia lingüística les hacía creer que el grafema (pura convención) era más importante que el fonema (realidad física audible).

Era una región de la Unión Europea y formaba parte de ella en tanto que comunidad autónoma -al igual que Murcia o el País Vasco- del Estado llamado España. Esos lugareños que escribían siempre Catalunya se autodenominaban
nacionalistas porque aquello, decían, era una nación. Y añadían: sin Estado. Cosa infrecuente, pues la realidad
jurídico-política llamada Estado suele preceder a la justificación teórica llamada nación. Y no a la inversa: Oklahoma y Nebraska son estados y junto con otros constituyen la Nación -lo escriben con mayúscula- conocida como Estados Unidos de América (EUA, USA según las siglas inglesas o simplemente States).

Por tanto, Cataluña sí tenía Estado: el Estado del cual formaba parte, es decir, España. No obstante, cuando los nacionalistas decían Estado no se referían a Cataluña (cuyo gobierno autonómico, la Generalitat, era allí el Estado), sino que era el témino que elegían para no decir España. A veces, si no había más remedio para que la cosa quedase clara, añadían el adjetivo «español».Con lo cual, dado que Italia o Alemania eran Estados al igual que España, la lógica de ese absurdo habría debido llevar a que en la Copa de Europa de fútbol -pongamos por caso- el Estado español, si ganaba su partido contra el Estado italiano, tuviera que enfrentarse con el Estado alemán, que a su vez había vencido al Estado francés: la Tercera Guerra Europea, afortunadamente con balones en lugar de bayonetas.

Más dramática era la cosa cuando entraban en el asunto las lenguas. El Estado español era un Estado (así de redundante sonaba) plurilingüístico. Los nacionalistas querían hablar en catalán en el parlamento europeo y en el parlamento español, pese a que a la hora de tomar copas tras las sesiones en Estrasburgo todo el mundo hablaba en la koiné llamada inglés y en Madrid en la llamada siempre castellano por los nacionalistas moderados y español por los independentistas extremosos y los científicos de la lengua.

A pesar de que el jugador del Barça Ludovic Giuly lo había dejado claro a su llegada de Francia («Quiero aprender catalán para ser como un verdadero español»), los nacionalistas catalanes no parecían entender que si podían ser catalanes es porque eran españoles, dado que sólo en España se utilizaba el catalán (en Francia e Italia era una reliquia folclórica, más o menos como el gaélico en Irlanda). ¿Cómo mostraban su gratitud hacia España los nacionalistas catalanes? Instaurando la ley del embudo: catalán en Europa y en España, español (lengua materna de dos tercios de los catalanes) proscrito de las escuelas, el parlamento y la vida oficial de Cataluña. Y a los
restaurantes que pusieran la carta en español y no en catalán, multa.

Pasaban cosas muy raras en aquellos tiempos en ciertos lugares de Europa.

LOS FÓSILES
Por Jaime CAMPMANY ABC  14 Marzo 2005

DESDE el peligroso invento catalán del tripartito, con el precursor anuncio del «federalismo asimétrico», la reforma de la Constitución y los Estatutos, además del Plan Ibarreche, el Estado asociado y el Pacto con la Corona, circula por los ambientes políticos y mediáticos una engañosa doctrina. Parece que todo esto que digo constituye lo nuevo, lo moderno, lo actual, lo que pertenece al futuro. Ahí residen todas esas vindicaciones nacionalistas de la autodeterminación, la cosoberanía, el autogobierno total, las comunidades históricas, culturales y lingüísticas. La verdadera democracia y la verdadera libertad serían las que se libraran del yugo autoritario y despótico del Estado.

Se trata de una predicación política ya conocida, iniciada como siempre en algunos círculos políticos parciales de Vasconia y Cataluña, con algunas adscripciones minoritarias como la del separatismo gallego y en menor grado el autonomismo aragonés y quizá algún otro. Tal predicación política tiene en esta ocasión los nombres propios de Pasqual Maragall, Juan José Ibarreche, Juan María Atutxa, Pérez-Carod o Carod-Rovira, como él prefiera, algunos otros menos sonados y sorprendentemente la cúpula del Partido Socialista, empezando por su presidente Rodríguez Zapatero, que mira complacido la borrasca.

El hecho deja de ser sorprendente, aunque sigue siendo alarmante, si se tiene en cuenta que Zapatero se encuentra en estado de necesidad. Las fuerzas políticas que propugnan esa doctrina le son necesarias para formar la mayoría parlamentaria que sustente a su Gobierno. Y gracias a esas circunstancias, Zapatero ha empezado a decir desvaríos y sandeces acerca de las lenguas vernáculas, de las «comunidades nacionales» y de las reformas constitucional y estatutaria. Hemos llegado a un punto tan demencial que el hecho de defender la unidad indivisible de España establecida en la Constitución y la soberanía única del pueblo español en su totalidad parecen ideas antiguas, empecinamientos periclitados, vestigios del «ancien règime».

Sólo hay que repasar la Historia para comprobar que aquellas ideas del federalismo asimétrico, el pacto con la Corona, el Estado asociado y la república catalana conforman precisamente los más viejos y caducos conceptos políticos fraguados en España. Ahí están las ideas y los hombres viejales, los carcundas, los demodé, los fachas, los adefesios, las antiguallas, los cavernícolas, los fracasados, los fósiles. Ellos son los que defienden la política que ya no se lleva en Europa. Europa ha sustituido todas esa política de aldea y de campanario, de rancho aparte y de cabeza de ratón, por la idea grande y hermosa de una unidad política y económica, de la unidad para su defensa, de la unidad legislativa y monetaria en la que van desapareciendo progresivamente las fronteras.

En cambio, el federalismo termina en un cantonalismo que mi tierra murciana conoce muy bien, donde Antonete Gálvez tiene una escuadra que recorre la costa desde el norte de Alicante al sur de Almería y donde la «República independiente de Jumilla» amenaza a la de Murcia con entrar en ella y no dejar piedra sobre piedra. Y la tentación del Pacto con la Corona termina con ella por los suelos, Majestad.

La infamia dura ya un año
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 14 Marzo 2005

Se ha cumplido un año de la masacre del 11M, el mayor atentado político de nuestra historia, perpetrado para cambiar la dirección de la política nacional y con un éxito apabullante. Casi doscientos muertos proporcionaron al PSOE una victoria electoral en la que no creía nadie. O lo que es más significativo: que tres de cada cuatro españoles, según una encuesta del diario “El Mundo”, creen que no se hubiera producido sin la masacre de Madrid. Se trata de la mayor victoria del terrorismo en Occidente. Se trata, también, del mayor fracaso de la opinión pública española en la democracia, cuando, mayoritariamente, le echó la culpa del atentado al Gobierno en vez de a los terroristas.

Es verdad que los medios de comunicación de Polanco y todos los partidos nacionalistas y de Izquierda secundaron una movilización callejera absolutamente antidemocrática y típicamente golpista. Pero no es menos cierto que, lo mismo que los alemanes fueron seducidos por Hitler sin que los nazis necesitaran ponerles una pistola en el pecho para que le votaran, si los españoles fueron convencidos por Polanco y el PSOE de que la culpa de la masacre la tenía Aznar por la guerra de Irak es porque buena parte de la opinión pública española tenía muchísimas ganas de que la convencieran. Por fortuna, no lo ha olvidado del todo, ya que considera que el Gobierno actual sale de la masacre y su manipulación política. Pero tampoco parece haber sacado las consecuencias que ese movimiento reflejo de cobardía en las masas y ese rencor tan sectario propio de la Izquierda tendrán indefectiblemente en la vida nacional.

Puede sostenerse que el PSOE simplemente llevó al extremo de la manipulación lo que el Gobierno Aznar había llevado hasta un cierto punto de falta de generosidad nacional cuando creía que la masacre era obra de ETA. Puede incluso absolverse a cierta opinión pública por haber condenado a un Gobierno por lo que no había hecho y haber premiado a una Oposición que no había hecho sino atacar en la calle violentamente al Gobierno. No es fácil admitir que los que vieron impávidos el acoso salvaje a las sedes del PP, que no era sino continuación de la campaña violenta de Zapatero y sus aliados extremistas contra el PP, y lo apoyaron con su voto, tuvieran un comportamiento democráticamente ejemplar. Pero aún aceptándolo así, lo más grave no es lo que pasó en aquellos tres días de infamia, sino lo que ha pasado desde entonces, durante todo un largo año, en el que la infamia ha seguido marcando la vida nacional.

Además de conceder aprisa y corriendo lo que los terroristas islámicos (y los etarras, y todos) supuestamente habían pedido, que era el cambio de política con respecto a Irak, el nuevo Presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero ha roto por completo la alianza con Estados Unidos, se ha uncido servilmente al carro de Chirac y se ha unido a Marruecos en una exhibición de indigencia moral que tiene tanto de penoso como de suicida. Pero siendo eso grave, terrorífico para los intereses permanentes españoles, lo es mucho más el comportamiento del Gobierno socialista en lo que debería haber sido su demostración de inocencia o, al menos, no de manipulación prevista y fríamente ejecutada, en la masacre del 11M. Me refiero a la Comisión de Investigación del 11M, que el PSOE creó para certificar interiormente esa culpabilidad del PP en el 11M que Polanco había ya certificado exteriormente (y todavía no se atreven a denunciarlo por su nombre ni Aznar, ni Rajoy, ni Mayor Oreja, ni nadie, salvo Luis Herrero) pero que está convirtiéndose en el más grave elemento de deslegitimación del Gobierno socialista.

Las investigaciones del diario “El Mundo” pusieron de manifiesto que el Gobierno no tenía la menor intención de averiguar qué pasó en el 11M, al principio por no entrar en lo que pasó el 13M y después porque los descubrimientos de los periodistas empezaron a dejar en evidencia a las Fuerzas de Seguridad del Estado, cobertura aparente de la banda que suministró los explosivos a los “moritos” de Lavapiés después de llevar años suministrándolos a ETA. También quedaron claras las relaciones de los etarras con esa “banda de Avilés” y con los propios islamistas, una relación mucho más estrecha de lo que se pensaba o se sabía. Tanto, que con sólo unos pocos datos en ese sentido suministrados por el Gobierno del PP entre el 12M y el 14M, seguramente el efecto electoral de la masacre hubiera sido distinto. Acaso opuesto.

Pero lo más grave no ha sido constatar el desinterés del PSOE por saber “quién ha sido”, como se hartaron de decir tras la masacre, sino su empeño en sostener que no ha pasado nada que no sea lo que dijeron entonces: que unos cuantos moros pobretones, radicalizados por la política de Aznar, habían perpetrado la masacre y, luego, se habían suicidado. Para ello están contando con la complicidad de un juez instructor del que se esperaba justo lo que no está demostrando: eficacia profesional y distancia con el Poder político. Y, por supuesto, siguen disfrutando de la cohetería inagotable del Imperio Polanquista, que no deja de recibir prebendas del Gobierno más allá de la prevaricación, tanto en la televisión como, muy especial y muy desvergonzadamente, en la radio. Bien es verdad que Zapatero sólo continúa la línea de prevaricación del Gobierno de Aznar en lo que se refiere al cumplimiento de la sentencia del Supremo sobre el Antenicidio.

El resultado de todo esto, unido a la naturaleza inestable, antiespañola y radical, de la coalición PSC-PSOE que, con la ayuda de los comunistas y los separatistas de ERC, nos gobierna, se traduce en un deterioro continuo y creciente de la democracia española. Todo vale contra la Derecha; en lo político, en lo social, en lo cultural o en lo religioso. En este último año se han borrado los consensos básicos de la Transición, se está implantando en muchos ámbitos no sólo la división de los españoles en ciudadanos de primera, si son de izquierdas o separatistas, y de segunda, si son de derechas, sino la costumbre de atropellar a media España como si eso fuera un hecho político natural. Todo se manipula, todo se pervierte, todo se presenta como lo que no es, y lo que es, pero no conviene, no se presenta y no existe. Vivimos una fantasmagoría que va camino de convertirse en pesadilla, con las instituciones del Estado (Tribunal Constitucional, Consejo de Estado) convertidas en órganos de su subversión; y con la Monarquía muy lejos del papel moderador que le asigna la Constitución y muy cerca de todas las oficiosidades de la Izquierda, absoluta, triste y dinásticamente muda ante el continuo atropello de sectores sociales tan amplios como el de los católicos. La ferocidad del sectarismo antiamericano, anticristiano y antiderechista era inimaginable hace un año en ningún Gobierno, ni siquiera de izquierdas. Hoy es un hecho evidente. Tanto como la gravedad de una crisis nacional que parece haberse convertido en moneda de cambio para disimular el origen del Gobierno: la masacre del 11M. No era necesario, todavía es evitable que se consume la tragedia de liquidar a la nación para que no queden testigos contra el Gobierno. Pero, un año después, es obligado constatar que la infamia continúa.

14-M, IGLESIA Y NACIONALISMO
Por Jorge TRIAS SAGNIER ABC  14 Marzo 2005

HOY hace un año, no sólo llegó al poder un nuevo gobierno, sino que, sin previo aviso, había llegado al gobierno de la Nación española quien iba a tener la triste misión de liquidarla. Eso sí: con una buena sonrisa de oreja a oreja. Una misión que le venía impuesta desde la periferia y que era condición sine qua non para poder ser investido presidente del Gobierno. De repente, las tesis, originales sin duda pero un tanto estrafalarias, de Herrero de Miñón, adquirían carta de naturaleza a través del nuevo y flamante presidente del Consejo de Estado, una persona que ha construido su carrera académica y política combinando, sin duda sabiamente, la soberbia y la ignorancia: dos ingredientes esenciales para aceptar sin rechistar ese concepto sin base histórica de «comunidades nacionales».

Hoy, al cabo de un año, el pueblo español está perplejo. Votó a Zapatero porque no comulgaba con lo que creía que era una actitud intransigente de la derecha. Pero ese pueblo jamás pensó que este joven alegre y confiado representaba el sectarismo más feroz de la izquierda; nunca creyó que fuese a liquidar España en suculentos trozos y nunca pensó que iba a dividir a las víctimas y a pactar con el nacionalismo más radical.

La Iglesia española también parecía una roca. Pero las bombas del 11-M le han explotado a ella con un año de retraso. Se sabía que algún obispo no comulgaba con la instrucción pastoral que condenó sin paliativos, no sólo el terrorismo, sino la equidistancia, esa actitud que colocaba al mismo nivel a las víctimas y a los presos. Pero la semana pasada hemos comprobado que esa roca era de azúcar y ya desde alguna prensa desinformada se trata de atribuir al cardenal Rouco algo en lo que no tiene ni la más remota responsabilidad, el caso Gescartera, entre otras razones porque no ocurrió en su diócesis. Pero ya se sabe qué pasa en río revuelto. Ahora bien, pregunto: ¿Con qué autoridad podrá proponer monseñor Blázquez a sus compañeros de episcopado un documento sobre temas que afecten a la sociedad civil cuando él criticó la instrucción pastoral sobre terrorismo? ¿No nace, pues, esta Conferencia Episcopal, tocada del ala? ¿Cómo va a potenciar los seminarios el obispo Vives cuando en su diócesis apenas llegan a cuatro los seminaristas? El arzobispo de Barcelona, ¿ha pensado ya qué medidas va a proponer para que alguien vaya a misa en su diócesis? La Iglesia española, es preciso reconocerlo, está tan dividida como la sociedad civil o, al menos, esta es la percepción que tenemos muchos católicos. Si los obispos piensan que con talante y buen rollito la gente va a acercarse a las iglesias, sinceramente, creo que se equivocan. ¿Alguien se ha preguntado por qué las iglesias de las diócesis de Madrid o Toledo se llenan?

El nacionalismo es hoy, en España, un cáncer maligno que infecta todo. A Zapatero quizás le viniera bien un poco, tan sólo un poco, de conocimiento histórico. España, afortunadamente, no empieza con él ni acaba con Rubio Llorente. Y a algunos obispos españoles tampoco les vendría mal que le echasen una ojeada al libro «Memoria e identidad» que acaba de publicar el Papa Juan Pablo II.

Liberalia
SOS: regeneración
Esto es lo tragicómico: para regenerar el sistema ha de hacer quiebra
Por Enrique de Diego Época 14 Marzo 2005

Cada día son más perceptibles los síntomas de corrupción del sistema. Cataluña, otrora foco de modernización nacional, se debate ahora entre la omertá, la chapuza y la extendida sospecha de corrupción generalizada, a la que no es ajeno el propio Pasqual Maragall, según viejas revelaciones de Javier de la Rosa.

Se ha ido extendiendo, además, la fórmula tentacular clientelista que adocena a la sociedad civil, con riesgo cada vez más elevado para la libertad personal. Vemos como los grandes grupos de comunicación se agitan por suculentas concesiones de TV analógica, sin que los ciudadanos cuenten.

A la fórmula no es inmune la Iglesia católica en España, instalada en los Presupuestos, y reducida, por ende, su capacidad de denuncia profética. El vocablo diálogo adquiere, en este medio ambiente enrarecido, nuevo significado de negociación con el poder respecto al trozo de tarta que corresponde a cada cual.

El tal Blázquez de Arzalluz tiende la mano, mas ¿cambiará el Gobierno sus planes para erradicar la religión de la enseñanza estatal? ¿callarán los obispos, presionados por la crucecita?

Estamos en el tramo último de un régimen puesto en marcha en 1977 -con la nefasta Ley Electoral- y que precisa de muy serias correcciones, si no se quiere que todo estalle en expansivo de big bang incontrolable. Es preciso poner coto al elevadísimo poder disolvente de las minorías secesionistas. Hay numerosas fórmulas experimentadas.

La doble vuelta sería buena para elegir al alcalde. La bolsa nacional de diputados a la alemana es una buena línea. Podrían aumentarse los diputados de 350 a 400. Sería conveniente establecer límite de entrada, en el 5%, como, en su día, propuso Rodríguez Ibarra.

Es imprescindible ir hacia listas abiertas que permitan relación fluida y directa entre representantes y representados. Favoreciendo la autonomía del diputado se rompería la degradación de la mediocridad, surgirían alas en los partidos, la discrepancia no resultaría disolvente y se empezarían a abrir espacios de libertad para la sociedad civil, cada vez más encorsetada.

¿Por qué no se debate sobre un sistema electoral que impide la existencia de un partido bisagra y entrega el poder a las minorías nacionalistas, cuando es preconstitucional? Sólo cuando la gente se ve afectada en el bolsillo se recurre a las ideas y se rompen los corsés.

La cuestión es que las crisis políticas son las peores. Estamos en una de ellas y la disposición es a empeorarla, jugando con ingenierías semánticas de parvulario, que a nadie van a convencer, pretendiendo contentar a todos.

Esto es lo tragicómico: para regenerar el modelo ha de hacer quiebra. Es proceso que se va a dirimir a un año vista.

El intruso
Por Francisco Umbral El Mundo  14 Marzo 2005

Pasaron los tesoros, las almenas, pasaron las campanas, bronce anónimo, pasaron atuendos, oscuros príncipes, virginales mujeres, estandartes.

Todos, tropel de reyes, sumidos en la escenificación de su verdad, de su mentira, pasó el 11 de Marzo, carroza negra, los solemnes caballos pontificios.

Quizá sólo yo me preguntaba por el ausente, por el intruso, por José María Aznar, que no estaba ausente ni presente ni siquiera en el Bosque de los Ausentes. Nadie le había invitado.

Aznar estaba en Monterrey, México, diciendo eso mismo, que nadie le había invitado. Intruso es el que aparece sin motivo, pero intruso también, a la inversa, es el que desaparece también sin motivo.

Hay ausencias que se introducen, como un crimen de agua, en la populosidad de la fiesta, del sermón, de los silencios, de las palabras. He aquí un silencio con el que no se contaba: el de José María Aznar.

No sé si alguien se preguntó por él. Yo estuve en su casa unas noches atrás. No se habló del 11-M , pero un viento abanderado sonaba como percal del cielo, llevándose el frío y la conversación hacia otra parte. Pero Aznar ayudó, con sus manos cortas y duras, a empujar el viaje hacia más noche. Era ya el intruso, lo vi en su constante puro solitario, lo vi en el rostro adusto, invariable.

Era ese silencio intruso que suena en el conjunto clerical de los silencios. Sólo a medianoche dije la palabra que le haría reír abiertamente.

Nadie se acordó de él noches más tarde, 11-M. Es decir, todos se acordaron de olvidarle. Ha sido quizá el mejor político que hemos tenido en toda la democracia. Hubo que montar una catástrofe de velocidades contra él para detener su destino, para borrarle incluso de las listas del terrorismo, aunque a él le habían situado una Atocha en el motor.

Allí empezó a ser un intruso, el primer luchador contra el terrorismo, el hombre que se acercó a Valencia, a Cataluña, a Vasconia, para decir que no prudentemente, para defender su no que es un sí a España.

El viento que digo multiplicaba la bandera por muchas banderas.No estaba allí el otro para no saludar a la bandera. En un ejercicio de hipocresía mitrada y extendida, todos cumplimos con los muertos, mayormente cumplimos con nosotros mismos en la eterna sorpresa de encontrarse los vivos con los vivos.

Ni los obispos ni los monarcas ni los diplomáticos ni las bellas ni la media España que estaba allí se acordó del intruso, porque sólo su nombre hubiera sonado intruso.

Qué atroz intrusismo del que puede decirlo todo donde nadie ha dicho nada y hubo que hacer soluble esa nada mentirosa, agradecida, en el minué eterno y palatino del Trono y del Altar.

Pero el intruso no se presentó, deslumbrando así con el intrusismo de la verdad, a costa de su nombre, de su cigarro y de su paz. El gran mundo sabe servir una mesa dejando fuera al privilegiado de trasantaño, porque en el fondo se nos ha vuelto impresentable.

El conoció ese mundo y decidió que se iba, pero le detuvieron con un montón de muertos para parar un tren en Atocha o donde les haga falta a los intelectuales de Atocha.

Tuve la sensación de que sólo a mí se me ocurrió pensar en el intruso ausente, pero no es verdad. Todos ellos no pensaban en otra cosa.

La sal en la herida y el Gobierno del 14-M
EDITORIAL Libertad Digital 14 Marzo 2005

El diario El Mundo ha publicado este domingo una encuesta en la que se destaca que el 72,30 por ciento de los ciudadanos cree que Zapatero no habría ganado las elecciones sin el 11-M.

Aunque este diario haya tenido el enorme acierto de recordar la decisiva influencia política que tuvo aquel derramamiento de sangre para que los españoles decidieran en las urnas desbancar del Gobierno al Partido Popular, no hay que olvidar que este mismo dato ya se desprendía de multitud de encuestas celebradas antes y después del 11 y 14-M. Todos, absolutamente todos, los sondeos publicados en este país justo antes de aquella brutal masacre otorgaban una victoria indiscutible al partido de Rajoy. La mayoría de ellos le confería incluso la mayoría absoluta.

Así mismo, una encuesta del CIS, publicada días después de las elecciones, ofrecía el dato de que sólo el 53,8 por ciento, de entre aquellos a quienes influyó el 11-M a la hora de votar, se reafirmaron en su intención inicial. Por el contrario, el 21,9 por ciento confesó que, tras la matanza, fue a votar cuando no tenía intención de hacerlo, mientras un 13,8 por ciento decidió cambiar de voto.

Por si estos datos no fueran ya más que suficientes para evidenciar el vuelco electoral provocado por el 11-M, cabe recordar también el recuento del voto en un censo tradicionalmente cicatero en su apoyo al PP como es el del CERA (Censo Electoral de Residentes Ausentes en el extranjero). Cerrado el plazo de emisión el día 7 de marzo, los 334.730 españoles que fueron a votar antes de la masacre respaldaron mayoritariamente al Partido Popular. Concretamente el PP logró el 51,14% de los votos frente al 38,41% del PSOE.

Que los terroristas pretenden influir políticamente con sus atentados es algo que debe saber toda persona, por poco experta que sea del mundo terrorista. Que los responsables directos del 11-M querían como primero, pero no último, de sus objetivos ver al PP desbancado del poder es algo de lo que tenemos constatación hasta por las declaraciones y comunicados de los propios terroristas. No se trata sólo de recordar que lo primero que hizo el terrorista Jamal Zougam el 18 de marzo, tras cinco dias de incomunicación, fuera preguntar por el resultado de las elecciones; es que otros de los responsables directos del 11-M, como El Egipcio, mostró su satisfacción por aquella derrota y animó a los terroristas a perpetrar otra matanza en Italia, también con el objetivo de variar la política de aquel país. La propia ETA, en un comunicado posterior a las elecciones, mostraba su satisfacción por el derrota del PP e instaba a Zapatero a tener “gestos para con Euskalherria como los dados en Irak”. Tanto galgos, como podencos, mostraban su satisfacción al ver la derrota del Gobierno que con más firmeza y hostilidad les había combatido.

Mientras tanto, la triste y repugnante realidad es que, tras el 11-M, el PSOE no se mantuvo al margen, ni permaneció unido al Gobierno legítimo de la nación, ni apeló a esa “unidad de los demócratas” contra la que se tendría que estampar cualquier intención política que albergaran los terroristas. En lugar de eso, el PSOE acusó al Ejecutivo de Aznar de mentir e, implícitamente, de la responsabilidad política de aquella matanza. Como resultado de esa actitud, que de la mano de Rubalcaba llegó al extremo de violar la misma jornada de reflexión, buena parte de la lógica ira ciudadana desatada por los atentados fue a parar contra el Gobierno legítimo de la nación.

Confiado por la propaganda y por el control casi absoluto de los medios de comunicación que ejerce desde el 14-M, este presidente del Ejecutivo, que no tiene nada de “accidental”, se ha permitido todavía este fin de semana la infame desfachatez de acusar al PP de haber echado “sal en la herida del 11-M”. Vamos, como si no hubieran sido los socialistas y sus aliados los que hubieran utilizado políticamente la matanza contra el PP, hasta el extremo de ser acosadas sus sedes, en un bochornoso espectáculo que a los autores del 11-M les debió provocar un deleite sólo superado por el resultado de las elecciones.

Replicar, como ha hecho Rajoy, diciendo que el Gobierno de ZP es “el de peor calidad de la historia de la democracia” o diciendo que “quien echa sal en la herida es aquél que no quiere que se sepa la verdad" es, con todo, quedarse corto. Bien está que Rajoy recuerde que no habido peor gestión de gobierno que la que ha hecho gala ZP en este primer año de legislatura. Bien está, también, recordar la negativa del Gobierno socialista a que la comisión de investigación esclarezca lo mucho que queda por saber del 11-M.

Sin embargo, y aunque finalmente se confirmara que el terrorismo islámico fuera el único principio, itinerario y fin de la conspiración del 11-M, la infamia con la que se comportó el PSOE, utilizando esa masacre en beneficio propio y de los terroristas, es algo que no tiene parangón en la reciente historia de la alternancia democrática en occidente.

Por mucho que a este Gobierno, tanto o más que la sal, le escueza la verdad, lo dijimos en su día y lo volvemos a decir hoy. El de Zapatero ha sido, es y será siempre el gobierno del 14-M.

Rubio Llorente confiesa
EL SUBMARINO La Razón 14 Marzo 2005

El presidente del Consejo de Estado, Francisco Rubio Llorente, tiene fama de relativizar los problemas y tomarse la vida con parsimonia. Antes de que hiciera sus estravagantes reflexiones sobre las comunidades nacionales y los territorios transfronterizos había trasladado a varios miembros del Consejo su perplejidad por la petición del Gobierno para que fuera el Consejo de Estado y no el Ejecutivo o los partidos políticos quien abriera el fuego del debate sobre las reformas constitucionales impulsadas por el PSOE. Fue tras una primera conversación oficiosa con la vicepresidenta Fernández de la Vega, cuando el presidente del Consejo de Estado confesó a algunos de sus compañeros que el Ejecutivo más que una consulta sobre los posibles cambios constitucionales lo que buscaba era que el Consejo prácticamente redactara los términos en que habrían de quedar modificados varios artículos de la Constitución. Reconocía así Rubio Llorente que -tal como ha dicho Rajoy en sus últimas intervenciones- el Ejecutivo no tiene una idea estructurada de las modificaciones constitucionales que propone. Un problema añadido es la premura con que el Gobierno ha decidido trasladar al Consejo de Estado sus propuestas, sin que el principal partido de la oposición haya sido convocado a negociar.

14M, un año de Zapatero
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital  14 Marzo 2005

El año pasado, en tal día como hoy, el PP, anonadado por la resaca del 11M, perdió el poder. Era previsible, pero no estaba previsto. El PSOE, liderado por José Luis Rodríguez Zapatero, interrumpió el proceso hereditario que, en la figura de Mariano Rajoy, había intentado José María Aznar y se cumplió lo que Don Quijote enseña en el capítulo LXVIII de su segunda parte: “Para los vencidos, el bien se vuelve en mal y el mal en peor”.

Ya valoraremos otro día, que esto va para largo, lo que la derrota del 14M ha significado para el PP y sus cuadros de mando. Hoy parece más procedente echarle un vistazo a la transformación de Zapatero de aspirante sin esperanza a líder victorioso y, de paso, tratar de averiguar hacia dónde marcha la crecientemente confusa y vertiginosamente centrífuga vida política nacional.

En el año transcurrido, Zapatero, al frente de un Gobierno paritario —uno de sus muchos y vacuos inventos—, ha prometido mucho y legislado poco. Tan poco que el consumo de papel en el BOE debe haberse reducido a la mitad de lo que era común.

Es, quizás, en lo internacional donde más se nota la proyección de Zapatero y de su indescriptible ministro para los asuntos del exterior, Mr. Desatinos. Aparte del referéndum sobre el Tratado para la Constitución Europea, cuyos paupérrimos resultados —por próximos— no vale la pena valorar, la obra magna del Gobierno ha consistido en ahondar torpemente las razones de enfrentamiento con EEUU. Se supone que, básicamente, para profundizar en nuestro europeísmo. Lo del europeísmo no se nota, pero lo del antinorteamericanismo gratuito, sañudo, le ha quedado a las mil maravillas.

Zapatero comenzó, en su primer gesto de poder, retirando de Iraq los efectivos militares convenidos por su predecesor y así, además de no observar los plazos y cortesías que son comunes entre amigos y aliados, escenificó innecesariamente, y fuera de plazo, una hostilidad contra Washington que no hace ninguna falta para entenderse con Londres, París o Berlín. Todo ello en línea de continuidad con su desplante a la bandera de las barras y estrellas en ocasión del Día de las Fuerzas Armadas del año 2003.

En el interior, la política de Zapatero, condicionada por su situación minoritaria en el Congreso de los Diputados, viene definida por un entendimiento fofo con todas las fuerzas nacionalistas. En Cataluña, Zapatero se llama Maragall, del mismo modo que el PSOE se dice PSC. Maragall depende de sus aliados en el Govern del mismo modo que Zapatero se sostiene por la fuerza de Maragall y todo ello son mimbres para el cesto de un nuevo Estatut que, si sale con barba, será San Antón y, en caso contrario, la Purísima Concepción. En el País Vasco, Zapatero se llama Patxi López y en abril sabremos lo que da de sí; pero, de momento, la indefinición socialista sobre ese territorio español sería propia de algún territorio perdido en la Antártida.

En lo demás, hay muy poco que decir. Con unas ministras que, a decir de la de Cultura, “han sido cocineras antes que frailas” y unos ministros que, con la excepción de su vicepresidente segundo y del pluriempleado titular de Industria, necesitan todavía algún hervor para su adecuada cocción, Zapatero lleva un año flotando en el espacio, sobre un colchón de talante. En los hechos se ha limitado a destruir mucho de lo poco construido por el PP, pero crece su valoración por parte de los españoles. Es la reacción a los malos modos de su predecesor.

Maragall hace peligrar la recepción de fondos europeos
Editorial El Mundo  14 Marzo 2005

El gesto irresponsable y frívolo de Pasqual Maragall no ha podido llegar en peor momento. Y no porque la acusación que lanzó a Artur Mas en pleno debate parlamentario respecto al supuesto cobro de comisiones en la época de CiU vaya a afectar el proceso de reforma del Estatuto, que ya se verá. El peligro es que ha puesto en jaque la recepción por parte de España de ayudas de la Unión Europea.

Las sospechas de corrupción en la gestión del dinero público por parte de la Generalitat han encendido las alarmas tanto en la Oficina Antifraude de la UE como en la Dirección General de Auditoría interna de la Comisión Europea, que han decidido vigilar y revisar de cerca todos los proyectos que está financiando la UE no sólo en Cataluña sino también en el resto de España.

El riesgo es por partida doble. Por un lado, no hay que descartar que la UE adopte medidas. Ya ocurrió en octubre de 2001, cuando la Comisión decidió bloquear la partida del Fondo Social correspondiente a Cataluña en respuesta al estallido del caso Pallerols, el escándalo de la financiación irregular de Unió Democrática con fondos europeos para la formación de parados.

Y por el otro, existe el peligro de que la crisis del 3% acabe inclinando la balanza en la batalla que se está librando en estos momentos en torno al futuro reparto de los fondos estructurales.

El Gobierno español está intentando convencer por todos los medios al resto de sus socios comunitarios de la necesidad de mantener el nivel actual de fondos de cohesión para el próximo periodo, que se extiende de 2007 a 2013.

Tiene en contra, sin embargo, la ampliación de la UE a los países del Este, que necesitan de ayudas económicas. Y la persistente debilidad de Alemania, que se niega a aumentar el techo de gasto para hacer frente a esta nueva situación.

Las sospechas de que los fondos aportados por la UE no han ido a financiar obras públicas sino las arcas de determinados partidos políticos, podría ser, en este sentido, el argumento que salde la cuestión.

Esto no significa, sin embargo, que la solución pase por tapar rápidamente todo indicio de financiación ilegal en Cataluña o el resto de España.Todo lo contrario. Peor aún que el estigma de la corrupción sería la sospecha de que se intenta ocultarlo para seguir obteniendo beneficios de la UE.

Maragall, en todo caso, ya ha causado un doble daño. Primero al tirar la piedra y esconder la mano. Y luego al retirar la piedra, no fuera que se turbaran del todo las plácidas aguas del oasis catalán.

El pasado sábado, el PSC salió prácticamente indemne del Comité Federal del PSOE. Sus dirigentes regresaron encantados a casa tras recibir el apoyo de sus compañeros. Zapatero incluso fue más lejos y elogió a Maragall por pedir excusas a Mas en el Parlamento.

Es un error. El lamentable episodio del 3% no debe quedar así. Ni en relación con las sospechas de corrupción en Cataluña, que deben ser investigadas hasta el final. Ni en relación con la imprudencia, temeridad y frivolidad de Maragall, que mucho puede costar a España tanto en prestigio exterior como en dinero contante y sonante.

Nada por aquí, nada por allá
Lorenzo Contreras Estrella Digital  14 Marzo 2005

Si no fuese por la gravedad política de los hechos y sólo reparásemos en su falta de seriedad, podríamos pensar que el desenlace de la pelea de Cataluña entre Maragall y CiU, sumada a la intervención de Josep Piqué, como presidente del PP catalán, en cuanto autor de una moción de censura contra el propio Maragall súbitamente retirada, sería o representaría una situación equivalente a una farsa o una opereta institucional, en este caso judicial y parlamentaria. Estamos, en realidad, ante acusaciones gravísimas de presunta corrupción que, de pronto, se perdonan o se olvidan en aras de una concordia que el ciudadano medio difícilmente puede comprender. Eso por un lado. Por otro, nos instalamos ante la hiriente contemplación de una censura parlamentaria relacionada con los mismos hechos, puesto que la investigación de la Cámara autonómica y el debate a fondo de esas supuestas corrupciones, consistentes en pagar con sobornos o “mordidas” la concesión de contratas de obras públicas a determinados constructores, no debería dar paso a la escenificación del “aquí no ha pasado nada”.

Ha ocurrido, por tanto, algo tan singular como el planteamiento de una querella de quita y pon, en función de intereses no aclarados o justificados, y, de otra parte, la renuncia a una moción de censura parlamentaria que ya había sido debatida un día antes en el Parlamento catalán.

Es verdad que una querella puede retirarse, pero no es menos cierto que la denuncia de unos hechos gravísimos que afectan a la ética de gobierno y que significan nada menos que una práctica de posibles corrupciones susceptibles de afectar al Tesoro Público deberían dar paso a un procedimiento de oficio por parte de la Fiscalía Anticorrupción. El señor Piqué puede perdonar todo lo que quiera, y el presidente de la Generalitat puede aceptar todas las excusas y súplicas de indulgencia emitidas por quien le había acusado días antes de favores a constructores a cambio de comisiones sustanciosas valorables en millones de euros, ya que al parecer la costumbre era inveterada y no sólo se reducía a pagar un tres por ciento como pago de la concesión esporádica correspondiente, sino de muchas concesiones durante muchos años. Eso es al menos lo que algunos de los relacionados con estas historias han filtrado, declarado o denunciado con mayor o menor rotundidad. Lo que sorprende a expertos y profanos es que no se actúe de oficio en la persecución de delitos perfectamente investigables y por consiguiente susceptibles de ser probados. El asunto ha llegado a estar y puede que esté todavía en el ámbito jurisdiccional del fiscal Mena, que ya en su día la emprendió sin éxito contra ciertas autoridades de la Generalitat en tiempos de Jordi Pujol por el “caso de Banca Catalana”.

Pues la historia puede que se haya repetido y el “nada por aquí, nada por allá” costituya una reedición del juego prestidigitador de la política, esa imitación de las habilidades circenses trasladadas al ámbito que protege, cubre y ampara la carpa de los intereses y las conveniencias.

Nada por aquí, nada por allá. Y el señor Piqué, aspirante a organizar la gran trifulca política para conseguir el debilitamiento de Maragall, puede acabar debilitado él mismo y por su propia mano. Jugar con fuego fue siempre peligroso. Y la política, en no pocas ocasiones límite, puede ser más peligrosa que el fuego mismo.

ZP y el 11-M
Por Federico Jiménez Losantos El Mundo  14 Marzo 2005

La encuesta publicada ayer por EL MUNDO seguramente explica el sectarismo abominable exhibido por Zapatero en el primer aniversario de la matanza que le llevó al poder.

La clave de su mala conciencia, traducida en feroz agresividad, es cuantificable: tres de cada cuatro españoles creen que sin la masacre el PSOE seguiría en la oposición. O sea, que si el resultado electoral de Rajoy le hubiera permitido formar una mayoría medianamente estable, Polanco habría nombrado ya nuevo secretario general.

¿Tenía alternativa política ZP a esa turbiedad de origen, a la relojería golpista y cainita puesta en marcha el 11-M por la noche en la Ser y que alcanzó su cima el 13-M?

Sí, puesto que la derecha aceptó el resultado como legítimo. En la Cope (por lo visto la única cadena que, salvo para atacarla, no escucha Luis Oz, ayer autoproclamado «amigo de la Ser») yo lo dije abiertamente la misma tarde-noche del 14-M tras un aluvión de llamadas de votantes del PP diciendo que los socialistas les habían robado las elecciones.

Como en el repaso de esos Días de la infamia no se ha recordado, permítaseme hacerlo. Esa noche, la Cope podría haber mandado a la gente indignada de la derecha a cercar las sedes del PSOE como hizo la Ser con las del PP el 13-M. No lo hicimos: nos diferencia de ellos, amigo Oz, el respeto a la verdad y a la democracia.

Al revés, yo insistí: las elecciones son legales, puesto que las convocó el Gobierno del PP (podría haberlas suspendido Aznar y, si lo plantea la mañana del 11-M, el PSOE lo hubiera agradecido con lágrimas en los ojos) y que, conocidos los primeros resultados, Rajoy aceptó la derrota, debe considerarse legítima la victoria del PSOE.

¿Habría hecho lo mismo la izquierda en esas circunstancias? No. Aún esperamos que pida perdón Almodóvar por asegurar ante cuatrocientos periodistas extranjeros que el PP «no había abandonado el poder por las buenas» y sugerir que hasta intentó un golpe de Estado, calumnia que ratificó la consejera de Gobernación catalana diciendo que el Rey «había parado» el golpe.

Por cierto, la Casa Real sigue también en deuda con media España por no desmentirlo formalmente de inmediato y respaldar desde entonces con innecesario entusiasmo dinástico la política de ZP con respecto al 11-M, que incluye el linchamiento de Aznar, la permanente agresión a la derecha y humillaciones como la presencia del teócrata y corrupto primo ’Mojamé’.

Pero volvamos a lo esencial: con su liderazgo asegurado, ¿tiene alternativa ZP a la política cainita y antidemocrática que sobre el 11-M, su mancha de origen, ha exhibido todo este año? Sí.Basta con que apoye a la Comisión, anime a la Justicia y trate de ser presidente de todos los españoles. Fácil.

LA INVESTIDURA INTERMINABLE
PÍO GARCÍA-ESCUDERO Portavoz del Grupo Popular en el Senado ABC 14 Marzo 2005

Posiblemente no exista un momento de mayor gloria que el de un presidente de Gobierno cuando es investido por primera vez. Por lo visto, ese instante debe de ser tan dulce que Zapatero ha decidido prolongarlo indefinidamente. Por eso su mandato parece transcurrir como una investidura interminable, un discurso infinito en el que se acumulan las palabras vacías, los clichés más apolillados del acervo socialista, los guiños sectarios a la parroquia y, por encima de todo, un denodado empeño por mantener satisfechas, a cualquier precio, las demandas de sus precarios puntales parlamentarios.

Mientras tanto, cuando ya ha transcurrido un cuarto de la Legislatura, la gestión en positivo brilla por su ausencia. El Gobierno presenta un balance cuya iniciativa legislativa es, con diferencia, la menor de toda nuestra historia democrática. Tras un alud de errores iniciales y globos sonda disparatados, ahora los ministros permanecen agazapados. Es tiempo ganado para el señor Zapatero y su Gobierno. Tiempo perdido para el resto de los españoles.

No es sólo que este Gobierno no afronte los problemas, sino que parece haberse especializado en crearlos donde no los hay. Como muestra, el debate sobre nuestro modelo de Estado. Bien por conveniencias de estrategia partidista, bien por las hipotecas políticas contraídas, Zapatero ha situado las reformas de la Constitución y de los Estatutos de Autonomía en el eje de su agenda política. En ambos apartados, sin embargo, seguimos desconociendo el criterio del Gobierno: en el primero, le pasa la patata caliente al Consejo de Estado; en el segundo, a los parlamentos autonómicos; y, eso sí, en cualquier caso nos dice que las Cortes Generales deben quedar en un discreto segundo plano. Con todo este magma de inconcreción, Zapatero ha acentuado todavía más el habitual desconcierto socialista, y así en los titulares de la prensa se alternan los mensajes iluminados de Maragall y los seguidismos nacionalistas de López con las llamadas al orden de Chaves, Ibarra o González.

El debate territorial se le ha ido a Zapatero completamente de las manos y está elevándose hasta cotas tan desquiciadas como la alcanzada por Rubio Llorente al desempolvar y aplicar a la realidad española la vieja doctrina, tan apreciada en la Alemania de los años treinta, que cimenta la expansión territorial en el principio de unidad lingüística.

Zapatero chapotea entre arenas movedizas. A cambio de nada, Mariano Rajoy le ha ofrecido la cuerda para salir del pantano en el que él solo se ha metido, proponiéndole recuperar el entendimiento entre los dos grandes partidos políticos en asuntos de Estado, el mismo consenso que hizo posible los acuerdos que sustentaron todas las anteriores reformas estatutarias, la financiación autonómica o el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo.

Sin embargo, como de costumbre, a Zapatero sólo parece preocuparle ganar tiempo y culpar al Partido Popular. Proponer representantes de segunda categoría, como ha hecho el Partido Socialista, es todo un ejercicio de cinismo y deslealtad. Cuando hay que hablar sobre la reforma de la Constitución o de los Estatutos, lo lógico es que las voces de los partidos tengan, como mínimo, el mismo nivel que las que ya forman parte de la comisión de seguimiento del pacto antiterrorista. Si alguien te ofrece su mano, no es de recibo darle sólo un dedo
Ya es hora de que Zapatero empiece a traducir en hechos su nebuloso talante. Hora de abandonar la soberbia intelectual que le lleva a creerse el guardián exclusivo de las esencias del consenso y del diálogo. Si quiere consenso debe ir a buscarlo sin medias verdades, no esperar que los demás se avengan a sus posturas, por otra parte ignotas. Si quiere dialogar, debe recordar que para ponerse de acuerdo no basta con hablar, también hay que escuchar. El señor Zapatero no puede seguir vagando más allá de los límites de la realidad todo lo que resta de Legislatura.

Necios tras el 14-M
La celosa tercería de ZP
Isabel Durán Libertad Digital 14 Marzo 2005

Subido a la grupa de la Alianza de Civilizaciones de ZP, el alcalde de Madrid no cursó invitación a José María Aznar para los actos de conmemoración del primer aniversario de la matanza del 11-M. La celosa tercería de ZP con Mohamed VI, Chirac y Koffi Annan, pasa por aniquilar política y socialmente a su predecesor en La Moncloa cometiendo un miserable error que le acabará pasando factura: excluir mezquinamente al ex presidente popular para mancillar su memoria y borrarle del mapa.

Se equivoca de cuajo ZP. Cada ofensa y agravio hacia su antecesor, le engrandece. Y al contrario, el triunfo socialista del 14-M se envilece día a día por la actitud revanchista, sectaria y rencorosa sin parangón en la historia democrática española. Ello, sin contar con la inquietante opacidad y con la torpe negativa a investigar la verdad sobre los atentados del Corredor del Henares.

La Alianza de Civilizaciones de ZP que se enquistará próximamente en la ONU, ha comenzado su andadura en la Cumbre de Madrid negando el principio que dio el ser a su promotor español: que la democracia española sufrió un ataque terrorista para descabalgar a un Gobierno, a una ideología, a una política concreta. Y lo consiguió. No sólo se retiró a las tropas españolas en misión humanitaria de Irak, sino que el nuevo Ejecutivo victorioso instó al resto de los aliados occidentales a hacer lo propio. En suma, lo que se ha creado es un peligrosísimo precedente en el devenir de las democracias del siglo XXI.

Y, desde entonces, se abunda en la equivocación. Sufragada en gran parte con dinero público, en la Cumbre de Madrid se han jaleado las supuestas causas del terror basadas en la injusticia y la pobreza, obviando que Ben Laden y sus matarifes proceden de poderosas y millonarias familias. Se ha censurado la denominación de su principal característica, la de terrorismo islámico, para imponer el eufemismo de terrorismo internacional que ignora su seña de identidad, la destrucción del infiel y por ende, del sistema de vida de Occidente. Hasta se ha hecho de altavoz de un islamista radical cuya entrada tienen vetada Francia y los Estados Unidos, todo en aras de la Alianza de Civilizaciones.

Necios ZP y Ruiz Gallardón. Porque el colofón de su actuación les delata. Impedir la asistencia de José María Aznar convirtiéndole en el único presidente de la democracia al que se ha marginado ex profeso de los actos del primer aniversario del 11-M pone a cada cual en su sitio: uno, el arlequín de Francia y de Marruecos, otro, el currutaco de la falsa progresía, y el de más allá, al que pretenden ignorar, el hombre tranquilo al que el tiempo dará la razón.

La lista blanca
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 14 Marzo 2005

La plataforma Aukera Guztiak (Todas las opciones) adelantó ayer algunos de los nombres que integrarán su candidatura a las próximas elecciones autonómicas. Eso será si pasa el filtro de los tribunales porque la Fiscalía General del Estado ha anunciado que investigará a esta agrupación de electores ante la sospecha de que se trate de una «lista blanca» que encubra a la ilegalizada Batasuna. Las grandes superficies comerciales, ya se sabe, ofrecen marcas blancas a sus clientes que contienen los mismos productos de siempre, aunque sin el logo y sin los costes de las firmas acreditadas. Desde las filas de Batasuna hace meses que se había filtrado la idea de recurrir a una «lista blanca».

La última palabra sobre la suerte de este grupo la tiene la Justicia. Ella determinará si Aukera Guztiak es la nueva tapadera de la izquierda abertzale y no puede, por tanto, ser admitida, o se trata de una legítima iniciativa ciudadana cuya presencia en los comicios no puede ser rechazada. Tan democrática y respetable será la decisión de los tribunales si optan por una opción o por la contraria. El nacionalismo, sin embargo, ha cuestionado todas las decisiones judiciales que se han adoptado contra Batasuna y ha considerado la ilegalización de este partido como un ataque antidemocrático.

Desde el lehendakari hacia abajo todos los nacionalistas defienden la legitimidad de todas las ideas sin límite legal alguno, pese a que la realidad de nuestro entorno democrático demuestra cada día la falsedad de ese argumento. Hace apenas dos semanas, el ministro del Interior alemán ordenó el cierre del diario en lengua turca 'Anadoluda Vakit' por incitar al odio étnico contra los judíos, negar el holocausto y difundir los mensajes de un grupo fascista. En las democracias, como la alemana o la española, es la ley la que marca los límites de los derechos de cada ciudadano y no afirmaciones genéricas y abstractas como la representada por el nombre de la propia plataforma electoral: «Todas las opciones».

Los que promueven Aukera Guztiak no deben sorprenderse de que sean considerados sospechosos. Han aparecido sin más propósito que cubrir el hueco que dejaría la ausencia de la izquierda abertzale y cabe recordar que fue la propia Batasuna la que inició en 1998 el juego de cambio de nombres, primero para tratar de eludir la posible ilegalización y, consumada ésta, para escapar a sus efectos. Una vez fuera de la ley, ha tratado de engañar a los tribunales cambiando de nombre en cada convocatoria electoral. Por ello no es de extrañar que los poderes públicos estén vigilantes ante posibles maniobras de Batasuna de cara a los próximos comicios. No cumplirían con su obligación si no estuvieran atentos a posibles fraudes a la ley.

El oasis catalán
CARLOS G. REIGOSA La Voz 14 Marzo 2005

LOS PARTIDOS políticos catalanes han desinflado «el suflé del 3%» al precio de desertizar el llamado «oasis catalán», cuya duración en el tiempo vendría a coincidir con los años de Jordi Pujol al frente de la Generalitat. Pasqual Maragall y Artur Mas han puesto el nivel a ras de suelo y nos han llevado a creer que eso del seny catalán es una leyenda urbana que podría traducirse por compadreo o palabra similar.

Nunca he estado seguro de entender el errático discurso político de Maragall. Creo que tampoco lo entienden muchos de sus próximos en el PSC-PSOE. No sabemos qué quiere para Cataluña ni para España. Ha dicho tantas majaderías en los últimos tiempos que hasta Carod-Rovira, ese pícaro de la política, ha podido presentarse como un mediador prudente e integrador. Lo cual acredita que el oasis ha sido tragado por ese desierto que al parecer habría alcanzado ya hace años al resto del territorio español.

Sin embargo, creo que lo que ha sucedido tiene también su lado bueno, porque clausura el injustificado mito catalán de una política de mayor enjundia. El siguiente paso será la desmitificación del propio pujolismo. Son muchas las virtudes que adornaron al anterior presidente de la Generalitat. Un día, en pleno trienio de la crispación (1993-96), me concedió una entrevista que iba a ser difundida por la agencia Efe en los formatos de texto, radio y televisión. La anuló en el último instante, cuando yo ya estaba en la antesala de su despacho. Me invitó a pasar y me dio una explicación en privado: «No puedo hablar ahora. No puedo decir que las cosas van bien, porque no van bien, pero decirlo sería malo para España. Y no puedo decir que las cosas van mal, porque sería echar más leña al fuego». Me quedé compuesto y sin novia, pero convencido de que estaba ante un gran estadista, responsable y lúcido. Pero también conocí la parte cutre del pujolismo, de un nacionalismo de campanario, asfixiante y empequeñecedor, que, para avanzar, se parapetaba siempre en el victimismo. Creo que a la larga le agradeceremos a Maragall y a Mas que hayan hecho esta lamentable escenificación política. Nos merecemos más, pero, si no lo tenemos, es mejor saberlo.

conflicto laboral
Los profesores sin perfil se concentran en el BEC, en la inauguración de la feria Gastech
Los docentes tratarán de concertar una entrevista con EA, la única formación con la que no han entablado conversaciones
VASO PRESS / BILBAO El Correo 14 Marzo 2005

Una treintena de profesores interinos sin perfil lingüístico se concentró esta mañana ante el recinto ferial de Barakaldo, BEC, coincidiendo con la celebración del Congreso mundial de gas 'Gastech 2005', cuya inauguración corrió a cargo del lehendakari Juan José Ibarretxe. Los profesores estuvieron vigilados por efectivos de la Ertzaintza.

Según explicaron los docentes, los ertzainas les alejaron de la entrada principal para que su presencia no fuera detectada por las autoridades presentes, aunque no se registraron incidentes.

Mientras, los profesores sin euskera recibían en Vitoria el apoyo de Unidad Alavesa y Partido Popular, que presentaron una proposición no de ley instando al Departamento de Educación a retomar las negociaciones para dar una salida al colectivo afectado.

Los profesores han mantenido en los últimos días contactos con diversas formaciones, entre ellas EB-Berdeak y PNV -dos de los tres socios de Gobierno-, que abogan por buscar soluciones al conflicto.

El único partido con el que todavía no se han reunido es Eusko Alkartasuna, del que precisamente forma parte la consejera de Educación, Anjeles Iztueta. De este modo, los profesores interinos tratarán hoy mismo de concertar una entrevista con la formación de cara buscar una salida a su situación laboral tras la firma, por parte de los sindicatos ELA, LAB y STEE-EILAS y Educación, del Decreto que supone la pérdida de estabilidad para aquellos docentes que no han acreditado el perfil lingüístico 2.

Juan Carlos Rodríguez Ibarra: «España no puede ser el resultado de lo que quede de los estatutos de autonomía»
Indignado y avergonzado se siente el presidente de la Junta de Extremadura ante el cariz que ha tomado un debate territorial que se considera «feudal». Cansado de clamar en el desierto, está dispuesto a volver a arremangarse y sumarse a Chaves en la batalla por hacer oír la voz de las comunidades más pobres y por la cohesión de España
MAR CORREA ABC 14 Marzo 2005

- ¿Hasta dónde van a llegar las ambiciones nacionalistas? ¿Cuánto le va a permitir el PSOE a eso que usted llamó «club de privilegiados»?
-La ambición nacionalista no tiene límites, porque el día que se terminen se acabará el nacionalismo. Si esperamos que se cansen algún día de pedir, vamos listos. Otra cosa es que la izquierda se sume a ese discurso o lo rechace. Y yo, desde luego, lo rechazo. Me parece anticuado y feudalista.

-¿Dónde está el límite?
-El único que lo puede parar se llama Manuel Chaves. Andalucía es una región tan importante en el conjunto nacional, que nada se podrá hacer si Andalucía no quiere. Si a Andalucía se le suman Extremadura, Asturias y Castilla-La Mancha, eso es imbatible. Estoy absolutamente satisfecho y contento de que Chaves haya hablado, y estoy dispuesto a ponerme detrás suyo hasta donde quiera llegar, él de general abriendo paso y yo de cabo, para parar esta dualidad que se quiere crear en España como consecuencia del fenómeno nacionalista.

-Parece mucha responsabilidad...
-Andalucía tiene un cuarto de los diputados nacionales, tiene un poder enorme.

-No debe ser una cuestión de cantidad, sino de calidad del discurso.
-De cantidad y de calidad. El discurso de Chaves del Día de Andalucía y su intervención en Madrid ofrece una doctrina que es plenamente aceptada en el seno del PSOE. Estaba deseando que alguien con mucha más fuerza que yo pudiera hacer ese discurso desde una posición de fuerza. A partir de ahora nadie podrá decir despectivamente: «Éstas son las cosas de Ibarra».

-¿Por qué cree que Chaves ha tardado tanto en hablar?
-Porque es el presidente del partido también, además del de la Junta de Andalucía, y tenía la obligación de intentar primero que todo el partido llegara a un discurso único. Cuando ve que el camino se bifurca y que unos pretenden ir por un lado y otros por otro, es cuando hace el discurso del Día de Andalucía, que yo no sólo suscribo, sino que me pongo detrás de él.

-¿Está proponiendo un pacto o una colaboración más estrecha entre las comunidades «pobres»?
-Hay que hacer una especie de entendimiento entre el noroeste, oeste y sur peninsular, porque no sólo estamos ante una España diversa, sino en una España dual: una España rica y otra menos rica. Y ha llegado el momento de que la menos rica tenga su oportunidad.

-¿Ve en peligro la unidad de España?
-Lo que pienso que está en peligro es el futuro de España como nación. Estamos perdiendo muchísimas oportunidades por hacer un debate del siglo XIX: los fueros, los privilegios...

-¿Cree que Maragall se aleja del discurso socialista?
-En algunas ocasiones, sí. Cuando Maragall hace un discurso de financiación planteando que Cataluña es una sociedad interclasista e igualitaria se está equivocando, está haciendo un discurso nacionalista, porque en Cataluña hay gente que gana cien y gente que gana uno, y no existe el catalán promedio. Un socialista debe decir que si usted gana cien, pague por cien, viva donde viva, sea catalán o extremeño; y que el catalán o el extremeño que sólo tienen uno reciban solidaridad. Cuando uno se olvida de eso y dice que hay que pagar por renta y recibir por territorio, está haciendo un discurso nacionalista.

-Usted ha criticado a Zapatero por «empezar la casa por el tejado»...
-No hablaba de Zapatero. Dije que España no puede ser el resultado de lo que quede después de que cada estatuto de autonomía diga lo que es suyo, eso es empezar la casa por el tejado. Primero definamos lo que es España y el resto para los estatutos. No hay más nación que España y antes de la Constitución no hay nada. La Constitución no es un pacto entre naciones, sino que, como consecuencia de la Constitución, surgen unos territorios.

UA reclama 30.000 firmas ciudadanas para convertir Álava en comunidad foral
M. ZABALETA/VITORIA El Correo  14 Marzo 2005

Unidad Alavesa hizo público ayer un manifiesto para reclamar el apoyo de los ciudadanos a una iniciativa que trata de convertir a esta provincia en «una comunidad foral en el seno del Estado español». La intención de UA es recoger las firmas de los alaveses y elevarlas al Gobierno para que ponga en marcha los mecanismos legales que conduzcan a la conversión del territorio.

La secretaria general de la formación, Enriqueta Benito, desligó este proyecto de las elecciones y denunció que «llevamos años presos de las instituciones públicas vascas». «Ha llegado la hora de que cada alavés que no quiera perder su nacionalidad española comience a trabajar para frenar la iniciativa independentista del nacionalismo vasco». Benito anunció que serán necesarias 30.000 firmas para poder presentar esta iniciativa en el Parlamento vasco.

Manuel Jiménez de Parga: «La pretensión de dividir el país y crear entidades distintas puede destruir España»
J. MORILLO ABC (Andalucía)  14 Marzo 2005

Jiménez de Parga afirma que gracias al 28-F el techo autonómico se igualó. ABC

El magistrado granadino Manuel Jiménez de Parga, ex presidente del Tribunal Constitucional, expone su visión sobre el actual debate territorial, la reforma de los estatutos y la Constitución, sobre la que afirma que sólo se debe modificar en puntos secundarios.

-¿Estaría a favor de que se introdujera en la nueva Constitución el concepto de «comunidad histórica»?
-No. Si entendemos por «comunidad histórica» la comunidad que tiene historia, naturalmente, las que se han atribuído ese carácter no son las únicas, ya que la historia de, por ejemplo, mi pueblo, Granada, es mucho más importante que la historia de muchos sitios. y quién pude decir que no es histórica. La historia de España es muy rica en manifestaciones, fíjese en la historia de Castilla o en la de León. Es un debate sin sentido.

-Sin embargo, se está dando y hay quien quiere ir más allá, con comunidades que quieren ser «comunidad nacional» o directamente «nación».
-Eso es un disparate, a mi entender. El término «comunidad nacional» no tiene cabida en la Constitución.

-Pero los nacionalistas proponen una reforma constitucional para que tengan cabida esos conceptos.
-Puedo ponerle como ejemplo a un amigo mío que se presentó en un juzgado de Granada pidiendo la Giralda de Sevilla y el juez, claro, le dijo que no se lo tramitaba. Se puede pedir lo que quiera, «comunidad nacional» o lo que a usted le apetezca, pero otra cosa es conseguirlo.

-Sin embargo, hay comunidades que han avisado que van a incluir ese tipo de conceptos en la reforma de sus estatutos de autonomía
-También hay comunidades como el País Vasco que han aprobado el plan Ibarretxe y se ha muerto luego.

-¿Es necesario reformar la constitución ante las apetencias de los nacionalistas?
-Creo que no. La reforma de la Constitución puede realizarse en puntos secundarios del edificio, pero no sus cimientos o su base esencial. Por ejemplo, la unidad de la nación española es fundamental en la Constitución, no se puede cambiar.

-¿Qué otros principios considera fudamentales?
-La igualdad entre todos los españoles y la solidaridad entre ellos, el interés general de España..., esos son principios básicos que no se pueden tocar. Otra cosa es que se pueda tocar, por ejemplo, el hecho de que la Constitución habla de los españoles que emigran y les reconoce derechos como tales y, en cambio, no se habla de lo inmigrantes, porque en 1976 no había. Eso sí son cosas que hay que actualizar y modificar, pero eso no significa que el edificio como tal, con sus cimientos y sus paredes maestras, no tenga que ser conservado. Esa es la clave: distinguir entre cimientos y paredes maestras de un edificio, y lo accesorio. Se puede cambiar una ventana de un edificio o pintar de forma distinta un interior o un exterior y eso no lo afecta. Pero lo que usted no puede hacer es atentar contra los cimientos, porque eso es destruir el edificio. Y los cimientos de la Constitución son la unidad de la nación española, la igualdad entre los españoles en cualquier sitio que hagan su vida y la solidaridad entre ellos.

-Si esas pretensiones de los nacionalista nos se atajan, ¿podrían destruir el edificio de la Constitución y el edificio de España?
-Naturalmente. La pretensión de dividir el país y crear unas entidades distinas es evidente que puede destruir España.

-Pero sigue sorprendiendo que tras más de veinticinco años de democracia siga abierto el debate territorial
-Estaba bastante ya cerrado, pero de pronto la gente ha comenzado a pedir reformas, lo cual me parece bien en elementos que son reformables, pero no en otros. Me parece muy bien, como en todos los países del mundo, que se reforme la Constitución en elementos secundarios, pero no en los cimientos.

-Cómo valora las declaraciones de Maragall cuando dijo que Chaves representaba una involución del PSOE ante los cambios estatutarios
-Creo que Chaves ha dicho lo que sentimos muchos, que no se puede hacer una distinción a la hora de hacer una enumeración de comunidades y que haya unas de primera, otras de segunda y otras de tercera. Todas iguales, el techo autonómico se igualó y no se establece distinción entre comunidades históricas y no históricas. Son todas iguales y tienen sus competencias y no se puede ahora pretender una enumeración que permita una clasificación en el sentido de otorgar a unas más competencias que a otras.

-Pero Pasqual Maragall pertenece al partido que está ahora mismo en el Gobierno de España, ¿eso es un peligro?
-No es un peligro, es un problema de ellos. Cada partido tiene sus problemas y allá ellos si se entidenden entre sí. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dijo Chaves.

-Sin embargo el presidente de la Junta anunció al principio de la legislatura un eje Andalucía-Cataluña.
-Es una manera de hablar, pero los problemas que afectan a Cataluña son muy diferentes de los que afectan a Andalucía. Es difícil establecer ese eje. No sé exactamente qué se quiere decir con ese eje, no lo veo posible.

-¿La financiación autonómica debe estar recogida en el Estatuto catalán como propugna Maragall?
-Lo que no se puede con el pretexto de mejorar la financiación, es destruir la unidad de mercado y la caja única de la Seguridad Social, es decir, destruir las piezas que dan una contextura socioeconómica a España. En el estatuto no se puede ir más allá de lo que es correcto desde el punto de vista de lo que es un reparto de competencias. Esto es un problema constitucional.

-Usted era militante de UCD cuando el 28-F, ¿qué opina de la vía que se aprobó entonces para el Estatuto andaluz?
-En 1980 estaba de emabajador de España en Ginebra cuando se hizo el referéndum y había estado antes en el Gobierno. Me parece que Andalucía ese día dio una voz de alerta y cambió por completo el curso de los acontecimientos. Hasta entonces parecía que había una especie de resignación de todas las zonas de España a darles unas competencias mayores a comunidades como Cataluña, el País Vasco e, incluso, a Galicia, y entonces Andalucía dijo «no», nosotros también estamos aquí y nos plantamos. Fue muy importante y comenzó una nueva etapa en la vida política española.

-¿Del polvo que levantó entonces la solución andaluza para el mapa autonómico vienen ahora los lodos de las reclamaciones de los nacionalistas en el debate territorial?
-No fueron polvos, porque la reacción de Andalucía fue muy positiva y una llamada de atención para que las distintas comunidades se levantaran y exigieran la igualdad de trato que corresponde a todos los españoles sea cual sea el lugar donde haga su vida.

-Pero los nacionalistas siguen exigiendo lo que no se les dio entonces
-La gente puede pedir lo que quiera, pero creo que sólo se le puede dar lo que le corresponde a cada uno.

-Recuerdo sus declaraciones cuando era presidente del Tribunal Constitucional sobre los baños árabes y el atraso de otras regiones como Cataluña, ¿ha estado alguna vez en un baño árabe?
-Muchas veces cuando he estado en Granada. Entonces me referí a un dato histórico, cuando Andalucía en el año 1000 tenía una calidad de vida, como se dice ahora, y un refinamiento en ciudades como Córdoba y Granada, mientras otras partes de España, no sólo Cataluña o en Galicia, de donde procede parte de mi familia, había un nivel de vida distinto y una calidad de vida inferior. Es un dato de historiador. Yo nací en Granada y allí la cultura árabe tiene una presencia importante. Pero es un hecho histórico que entonces se interpretó mal porque se pensaba que denigraba a otras comunidades y, sobre todo, se disgustaron los catalanes y pusieron una demanda que llegó hasta el Tribunal Supremo. Pero la historia es la historia, nos guste o no nos guste, en el siglo X u XI de nuestra era, lo que hoy es Andalucía tenía un nivel y una calidad de vida muy superior al resto de España.

-Tras la reacción ante esas declaraciones, ¿no tiene la sensación que sólo algunas comunidades pueden reivindicar su historia?
-La historia es muy manipulable, en el sentido de que cada uno la cuenta según considera oportuno. Por tanto hay sitios donde se está dando una versión de la historia de España que no encaja, a mi juicio, con la realidad de la historia, la cual siempre es discutible porque se puede interpretar de muchas maneras. Pero ese punto era tan claro y evidente que no admite discusión.

-Y es que desde el siglo XIX se han realizado muchas mixtificaciones de la historia...
-Ahora está de moda la mixtificación de los años más recientes del siglo XX, hay libros, como sabe usted, sobre la Guerra Civil, sobre la posición del año 1934... Todos los días salen comentarios a favor y en contra.
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