AGLI

Recortes de Prensa     Martes 15 Marzo 2005
LENGUAS NACIONALISTAS
Edurne Uriarte ABC 15 Marzo 2005

TÉCNICAS PRE-GOLPISTAS
César Alonso DE LOS RÍOS ABC 15 Marzo 2005

VASCOS
MIKEL AZURMENDI ABC 15 Marzo 2005

GOBERNAR PARA TODOS
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC  15 Marzo 2005

Aritmética de la anti España
Isabel Durán Libertad Digital 15 Marzo 2005

RAJOY ENVIDA
Editorial ABC  15 Marzo 2005

LA PRUEBA DEL NUEVE
Editorial ABC 15 Marzo 2005

El mico y el señor de Lérida
José García Domínguez Libertad Digital 15 Marzo 2005

Ausencias y presencias
Serafín Fanjul Libertad Digital 15 Marzo 2005

Euskadi
MARÍA MAIZKURRENA El Correo 15 Marzo 2005

Los pies de barro de Al-Qaida
JUANJO SÁNCHEZ ARRESEIGOR El Correo 15 Marzo 2005

¿Por qué da miedo Richard Perle
GEES Libertad Digital 15 Marzo 2005

Lo que es España
Cartas al Director ABC  15 Marzo 2005

Buzoneo y discurso
Cartas al Director El Correo 15 Marzo 2005

La AVT protesta por las faltas de educación del presidente de sala durante el juicio contra Jarrai
Libertad Digital 15 Marzo 2005

 

LENGUAS NACIONALISTAS
Edurne Uriarte ABC 15 Marzo 2005

El debate sobre el uso de las lenguas en el Congreso, aparentemente menor, transmite un simbolismo inquietante, tan inquietante como el mensaje de esas lenguas convertidas en instrumentos de combate político por los nacionalistas, hasta ahora en sus regiones, y ahora en el mismísimo Congreso de Diputados. No hay ningún avance en la integración de los nacionalistas, como prometía Zapatero, pero sí una creciente imposición de sus exigencias de confrontación que discurre paralela al debilitamiento de los elementos de cohesión del conjunto de la nación. Ahora le toca al español, la única lengua de comunicación de todos los españoles y la lengua oficial del Estado según la Constitución. El presidente está dispuesto a poner en entredicho uno y otro carácter porque acepta, una vez más, la exigencia de diferenciación y ruptura de los nacionalistas.

Zapatero desconoce incluso el significado de las lenguas para los nacionalismos. Ni siquiera advierte que su decisión de apoyo del uso de lenguas autonómicas en el Congreso es frontalmente contradictoria con su afirmación de que las lenguas están para entenderse y no para dividir y confrontar. Porque el uso de las lenguas que los nacionalistas propugnan es el de la confrontación y la división.

El PNV o ERC no utilizan el euskera y el catalán en el Congreso para profundizar el entendimiento con el resto de españoles. Lo hacen para diferenciarse, para exhibir «su» identidad, y para fomentar la división de «su» nación respecto a esa otra nación española que se expresa en español. Sus palabras en euskera o catalán en el estrado son mensajes de reivindicación nacionalista. El contenido es indiferente; importa el idioma politizado y separador.

Y es que la lengua es el rasgo étnico supremo de los nacionalismos, especialmente del vasco; adquiere incluso tintes sagrados porque es el único elemento claramente distintivo del pueblo vasco, catalán o gallego respecto del pueblo español. La sacralidad es máxima en el nacionalismo vasco por el carácter marcadamente étnico de un nacionalismo que Sabino Arana fundamentó en la existencia de una raza vasca. Pero la incorrección actual del concepto de raza, la imposibilidad de diferenciar en la práctica a la supuesta raza vasca de otras y la necesidad de integración nacionalista de los inmigrantes han llevado a sustituir la raza por la lengua.

El euskera, y en menor medida el gallego y el catalán, constituyen la raza actual de los nacionalistas, la esencia de la diferencia cultural que sostiene la reivindicación de la nación y del Estado. Por eso son convertidas en lenguas de diferenciación y de reivindicación antes que de comunicación o de integración.

La batalla del Congreso de Diputados no tiene nada que ver con la comunicación; se trata de la enésima confrontación de los nacionalismos con la nación española y con la opinión de gran mayoría de los españoles. Y nuevamente también, el punto de vista de la minoría parece a punto de imponerse.

TÉCNICAS PRE-GOLPISTAS
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC 15 Marzo 2005

A los socialistas y sus voceros no les gusta que se recuerden los tres días de marzo de 2004 que estremecieron a España. Quieren borrar la memoria de aquellos hechos, pero, sobre todo, desean que se olvide el día de reflexión y las horas preelectorales. Para ello utilizan todo tipo de argumentos: desde el desprestigio que supone para el PP, según ellos, mirar constantemente al pasado con el riesgo de convertirse en una estatua, a acusarle de dedicarse a echar sal en la herida nacional. Como si la nación entera no hubiera sido testigo de la utilización de la tragedia cuando aún no habían sido rescatados los cadáveres.

Pero en este artículo quiero llamar la atención no ya sobre la secuencia que va del día 11 de Marzo al 14, sino sobre la larga marcha de movilizaciones callejeras, la terrible kale borroka nacional que organizaron los dos partidos de izquierda a lo largo de tres años y que culminaron en las elecciones generales que conmemoramos ahora. Es este proceso el que quiero hacer revivir porque es fundamental, tanto para valorar la marcha ascendente de la izquierda, como el repliegue de la derecha a sus cuarteles civiles, al Parlamento, a sus sedes partidarias.

AL día siguiente de ganar el PP las elecciones de 2000 por mayoría absoluta, la dirección del PSOE decidió poner en marcha una estrategia tan dura como fuera necesaria para interrumpir el ciclo de la derecha en el poder. Zapatero hace buena la política de unidad de la izquierda que había puesto en marcha Almunia..., pero ahora en la calle, no en unas elecciones. Y llama a los sindicatos. Después de apoyar a UGT y CC.OO en las manifestaciones contra la reforma laboral que pretendía el Gobierno, reclama la asistencia de Méndez y Fidalgo en las movilizaciones por la enseñanza en cualquiera de sus grados. ¿Lo recuerdan? La calle comienza a hervir y la agitación no va a decaer hasta las elecciones de 2004. Hasta el 11-M. Primero con motivo del hundimiento del «Prestige»; después por la guerra de Irak y siempre contra la odiosa, autoritaria, criminal figura de Aznar. Desfila por la calle el odio a la derecha. Se encarnizan con Rajoy por ser el que dirige los trabajos del Gobierno. Se le acusa de ser el destructor de toda la costa del Norte de España. Para un siglo. Nunca una catástrofe «natural» se ha tratado tan artificialmente. Ahora con la experiencia criminal del Carmelo podemos valorar el trabajo sucio, la propaganda siniestra en torno al «Prestige». De todos modos las cotas más altas en la organización del odio colectivo y el manejo de la barbarie colectiva llegarían con motivo de las manifestaciones por la paz. Nunca la defensa de la ecología y la paz fue tan agresora. Físicamente fueron golpeados dirigentes populares. Más de doscientas sedes fueron acorraladas y apedreadas. Periodistas empapelaron a Aznar, en persona, con pancartas en las que le llamaban asesino. No en efigie. En persona, digo. En sede parlamentaria. La tensión llegó a tales extremos que no se descartaban acciones desestabilizadoras en las elecciones. De hecho, los candidatos del PP tenían miedo a ganar las elecciones del día 14. ¿Qué pasaría al día siguiente a juzgar por lo que habían sido los dos últimos años? Si los compromisos con EE.UU. y con Gran Bretaña (con otros veinte países más) habían llevado a este clima, ¿qué no podría suceder después de la victoria? ¿Cómo se pondría la calle? ¿A qué no se llegaría a partir del 14? Algunos periodistas señalamos el perfil bajo de la campaña del PP. Teníamos la impresión de que Rajoy tenía miedo a ganar.

SI un documentalista honesto organizara las imágenes de los dos largos años de agresiones callejeras, el atentado del 11-M aparecería como la coronación lógica del proceso. Como las técnicas previas a un golpe de Estado.

VASCOS
por MIKEL AZURMENDI ABC 15 Marzo 2005

MI amigo Juaristi nos dio el domingo día 6 un tirón de orejas a cuantos asistimos a la convocatoria del Foro de Ermua del 26 de febrero en Madrid. Si bien aprueba nuestras intenciones, cómo no pues no nos metíamos con nadie más que con Ibarretxe, nos tacha de pardillos por haber caído «en la trampa semántica del esencialismo nacionalista». Según su recusación, los 300.000 vascos desplazados o huidos del régimen nacionalista vasco en estos últimos veintitantos años, nada menos que 119.000 vascos desde que Ibarretxe fue legitimado por las urnas, tendríamos que ser madrileños, andaluces o lo que nos correspondiera según nuestra residencia fiscal actual. La identidad, de la que él mismo tantas y tan bellas páginas ha escrito, la reduce ahora a mera contingencia fiscal: «Quienes nacimos en el País Vasco pero hemos fijado en otra parte nuestra residencia fiscal no somos ya vascos sino madrileños, andaluces o lo que nos corresponda». Por ejemplo, a un padre con dos hijos que ha pagado dos veces el impuesto terrorista a ETA y decide que no habrá un tercer pago y se marcha a Almería con toda su familia pero no paga a la Hacienda andaluza porque sigue cotizando en el País Vasco y también votando, que es eso lo que más desea, Juaristi le llama nacional-esencialista. ¿De qué nacionalismo?, ¿del vasco o del español? Malicio que no sea del vasco porque huyó de él, y tampoco creo que sea ningún peón subjetivo del nacionalismo español porque lo único a que aspira es a que en su tierra, en donde no fue protegido por el Estado de derecho, conste que él y los suyos tienen voz democrática y la quieren usar para cambiar aquel estado de cosas. Es decir, echa mano de la Constitución antes que echar mano de la pistola o de la ideología. Que vuelva o no allí alguna vez es otro asunto que nada tiene que ver con el esencialismo nacionalista, sino más bien con su psicología porque se va aflojando su ánimo a medida que pasan los años sin que el Estado de Derecho acabe con la tristisima noctis imago del terrorismo. Otro ejemplo, el de un profesor que huyó el año 2000, con una hipoteca de su casa pagada al 65 por ciento y una familia que reside todavía dentro de aquella casa pero él, provisionalmente, en Almería. Pero no se censa ni cotiza a la Hacienda andaluza pese a estar hipotecado en su nuevo domicilio almeriense y, por tanto, queda sin desgravaciones fiscales como primera vivienda ¿a causa de su nacionalismo español o del vasco?, ¿qué esencias patrias le trasportan para que, pardillo de él, no se beneficie de la ley impositiva en su declaración fiscal, dado que lo que prefiere es que se acabe la situación de excepción en su tierra y ejercitar su derecho a volver a ella?

Podría seguir enumerando casos de lo más variopinto de gentes variopintas, como somos todas, en los que unas optan por censarse en el nuevo lugar de residencia para facilitar la inserción escolar de sus hijos o no se censan porque deciden vivir separados de sus hijos, o con ellos pero asumiendo complicaciones administrativas y psicológicas de todo tipo. También hay vascos que, como Savater, Buesa o Calleja, por hablar de algunos que estábamos en la presentación del acto que Juaristi flagela, están censados en su nuevo lugar de residencia pero deciden defender la causa de la libertad. ¿De qué libertad? Simplemente, la del artículo 19 de la Constitución, que a los españoles nos faculta «elegir libremente nuestra residencia y circular por el territorio nacional». No es, por consiguiente, esencialismo nacionalista alguno defender la Constitución y el derecho de las personas -como decíamos en aquella convocatoria- sino, simplemente, defender el derecho de cada cual a optar por el tipo de vida que él mismo decida, y no lo que otros decidan por él. A Juaristi, que se siente fiscalmente bien en Madrid y decide creerse madrileño, está en su derecho, únicamente le pedíamos que se animara también él «a unirse a nosotros en la defensa de nuestros derechos (de no ser madrileños o andaluces, sino vascos) y en la lucha por la dignidad, la libertad y la democracia que se ve atropellada a diario en la tierra que tuvimos que dejar».

Y, por supuesto, no sólo apelábamos directamente al apoyo de los españoles sino que les agradecíamos «a todas las regiones de España la acogida solidaria que nos han brindado cuando dejamos nuestra tierra, haciéndonos partícipes del calor y la fuerza de unas costumbres y tradiciones que revelan la vigencia de esta cultura común y secular que nos fortalece a todos y que a todos nos aúna. Esa realidad cultural, histórica, lingüística, sociológica y política que ha hecho que ninguno de nosotros nos sintiéramos nunca inmigrantes, sino ciudadanos de pleno derecho, es España».

¿Por qué decide Juaristi por otros vascos qué deban ellos ser cuando, expulsados, huidos o desplazados, afinquen en cualquier otra parte de España? ¿Por qué quiere que no sean ni se consideren a sí mismos vascos sino andaluces o madrileños? ¿Fui yo marroquí cuando afinqué más de un año en Marruecos y pagué impuestos? Allá cada cual con su identidad pues, si ésta no casa con la realidad en la que se desenvuelve, se va a llevar un gran sopapo psicológico, otro más, pero tal es precisamente la grandeza de la democracia: posibilitar a cada cual apetecer pero, también, activar las condiciones para el diseño de su propia persona. Ahora bien, si de entre esos trescientos mil vascos desplazados unos cuantos han decidido volver a su tierra cuando haya seguridad para sus vidas, deberá Juaristi reconocer que su señorío personal para elegir ser madrileño es un privilegio respecto al de aquéllos. Incluso diría que la naturaleza de ese privilegio es menos democrática que nacionalista. Precisamente debido a que el Estado que le faculta a él lo que no faculta a otros funciona con más déficit de democracia y respeto de los derechos humanos que con déficit nacional (al decirte, ya que no puedes vivir en tu tierra según tu derecho, al menos te ofrezco otra tierra de mi soberanía).

Los vascos que queremos poder volver a residir sin problemas en nuestra tierra, pretendíamos únicamente, con todo nuestro agradecimiento a madrileños y andaluces, llamar la atención de los españoles porque nadie les informa que a diario más y más vascos deben dejar su tierra, con el consiguiente cambio en el censo vasco, cada día más moldeado al designio nacionalista (el nacionalismo, aun sin incrementar sus votos, aumenta su proporción mayoritaria precisamente porque nos vamos marchando los no nacionalistas). Decíamos también que si Ibarretxe quiere conocer la voluntad de los vascos, deberá incluirnos también a nosotros en la consulta, tras un plazo suficiente sin terrorismo ni ningún tipo de amenazas. Denunciábamos, además, el hecho de que el Gobierno vasco ayude a los presos terroristas y sus familias, y ampare a Batasuna pero no haya hecho nada para defender nuestro derecho a residir en nuestra tierra. Y nos oponíamos a que se haga cualquier reforma del Estatuto sin el consenso de todos los partidos democráticos. En esa convocatoria, nuestra crítica a Ibarretxe estaba cimentada sobre la injusticia de nuestros derechos individuales vapuleados, pero ¿qué mal hay en ello? Muchos de los allí presentes llevamos el culo pelado ya de criticar a Ibarretxe desde otros muchas perspectivas sociales, pero Juaristi deberá reconocer, además, que el que a España «le sean amputadas ciertas regiones que deben su prosperidad al trabajo y ahorro de españoles de todas partes» no es una razón más digna ni justa para oponerse a Ibarretxe que el que a un ciudadano le sean amputados sus derechos. Es más, salvo que uno sea nacionalista, la secesión territorial en un Estado de Derecho es condenable precisamente a fin de que a ningún ciudadano se le amputen sus derechos. No reconocerlo así podría ser tal vez la trampa del esencialismo nacionalista que tamquam leo cirquit quaerens quem devoret acecha a mi querido amigo.

GOBERNAR PARA TODOS
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC  15 Marzo 2005

RECIÉN obtenido su triunfo electoral, Rodríguez Zapatero declaró su intención de gobernar para todos. No dudo de que muchos españoles, acaso más de la mitad, se encuentren satisfechos con la política seguida. Si entre ellos se encontraran los más pobres, habría razones para elogiar al Gobierno. Su misión principal es promover el bien común y la justicia, es decir, la mejora de los más pobres. Y aunque pudieran estar contentos por error, aquí el sentimiento subjetivo es sólo un poco menos relevante que su situación real. Estoy dispuesto a atemperar mis discrepancias si ante ellas se eleva el bien de los más necesitados. Sin embargo, y a pesar de estas justas reservas, es posible preguntar por el grado de cumplimiento del anuncio de gobernar para todos. Hay una forma drástica, y casi humorística, de negar el cumplimiento, pues bastaría con exhibir un contraejemplo: el mío particular. Hay otra más amplia y razonable que consiste en mirar hacia el grado de respeto al principal partido de la oposición, que no sólo no constituye una exigua minoría, sino que alberga a algo menos de la mitad de los votantes. Diez millones es algo.

El Gobierno no favorece la concordia nacional, aunque acaso sí contente a sus bases y votantes. Pero son cosas muy distintas. Acaso el mayor demérito del actual Gobierno resida en su dilapidación del espíritu de concordia, en su repudio de la transición. Hasta el punto de que aspira a emprender otra, excluyendo al centro-derecha, o, para emplear una expresión más de su arcaico agrado, a «las derechas». Se diría que andan empeñados en agravar lo malo de la transición, que es lo menos, y destruir lo bueno, que es lo más. Extraña selección política a la inversa. No es fácil entender esta absurda nostalgia de la República, esta devoción hacia una de las etapas más nefastas de nuestra historia contemporánea, en la que quebró la convivencia nacional y condujo al desastre de la guerra. Curioso progresismo éste que aspira al regreso al pasado peor. El Gobierno socialista, aliado con los separatistas y la izquierda radical, en una especie de nuevo frente antipopular. La Constitución, y la unidad de España sobre la que se asienta, se encuentra en peligro, no de reforma sino de destrucción. Acaso sean discípulos de Lampedusa y piensen que hay que destruir España para que permanezca unida o que hay que romper la Constitución para que siga vigente. El Gobierno parece aborrecer a casi la mitad del cuerpo social. Una cosa es cumplir el propio programa y otra excluir al principal partido de la oposición de la vida pública e impedir que pueda ser alternativa de gobierno. Una cosa es la imposición mesurada del criterio de la mayoría y otra el aplastamiento de la oposición. Ya se han dado algunos pasos hacia la apropiación de la Justicia y de la educación y hacia la consolidación de la hegemonía en los medios de comunicación. El dichoso talante se ha revelado antiliberal. Y no se acaba de entender que sea España el único país de la Unión Europea, y aún del Occidente democrático, empeñado en la faena de la desvertebración nacional, de la ruptura de la solidaridad y la cohesión entre sus tierras y sus hombres, y en el replanteamiento de su entramado institucional. Por lo demás, se antoja empeño condenado al fracaso y un expediente como para ir tirando y ganando tiempo, ya que la reforma constitucional requiere el apoyo del PP, del partido de la derecha abominada. Una cosa es estar en la oposición y otra en el gueto político. Un año después de las elecciones generales, podemos preguntarnos si el presidente del Gobierno ha cumplido su anuncio de gobernar para todos. La respuesta, hoy por hoy, es negativa. Pero la legislatura es joven y aún cabe la rectificación.

El morador de La Moncloa
Aritmética de la anti España
Isabel Durán Libertad Digital 15 Marzo 2005

Miente el morador de La Moncloa; miente el Ejecutivo que nos gobierna y, hasta en la sede de la soberanía nacional, miente el partido que les sustenta. Porque para todos ellos, la supervivencia en el poder pasa por la gran mentira, negar la mayor de las evidencias: su disposición total y absoluta al desguace de España a cambo de mantenerse en el Gobierno.

La aritmética parlamentaria de la anti España ha convertido en actores de la desfiguración de la nación española no sólo a los apoyos parlamentarios de ZP de las minorías de la izquierda radical, sino a las terminales institucionales del Estado: Francisco Rubio Llorente, Maria Emilia Casas y, el Alto Comisionado de designación presidencial, Gregorio Peces Barba, artífice de la deconstrucción en la reforma de la Constitución.

Ignorante y crédulo, José Luis Rodríguez Zapatero es un presidente feliz cortejado por los depredadores de España, adulado por los prebostes del totalitarismo nacionalista y la corrupción, por los que escupen al castellano y por quienes pretenden que dejemos de entendernos entre los españoles. Esta es la balumba del Gabinete ZP, un Gobierno anticlerical, antiamericano y antiespañol.

Lo malo es que la voluble petulancia del morador de La Moncloa ha puesto rumbo sin marcha atrás hacia el desmembramiento de España. La marejada política arrecia hoy un oleaje feroz antiespañol desde quienes debían ser sus principales valedores, algo impensable hace tan sólo un año. Esperemos que ZP no tenga el tiempo suficiente para arrojarnos desde el temporal al abismo y que, en las próximas legislativas, descubierta la sórdida realidad de su Gobierno de la desintegración, el proyecto de la anti España del socialismo Plus quede abarloado en un rincón de la historia para siempre. Sin embargo, abierta ya gravemente la brecha de la inestabilidad constitucional, el futuro está por escribir. Esa será la endiabladamente complicada herencia de ZP Plus.

RAJOY ENVIDA
Editorial ABC  15 Marzo 2005

El presidente del PP lanzó el pasado fin de semana en Navarra dos propuestas de reforma de la Constitución que han roto el monopolio del Gobierno sobre el debate territorial. Mariano Rajoy propuso derogar la Disposición Transitoria Cuarta, que prevé el mecanismo de incorporación de Navarra al País Vasco, así como establecer una mayoría cualificada del Congreso para aprobar las reformas estatutarias. Este planteamiento supone abrir el ángulo de un debate que hasta ahora parecía centrado sólo en cómo satisfacer a los nacionalistas y a los sectores del socialismo que propugnan un modelo confederal. Bien mirado, lo que propone Rajoy tiene, además, encaje en el propio discurso de Rodríguez Zapatero para justificar la revisión de los Estatutos y de la Constitución. Si la reforma del texto constitucional se basa, entre otros argumentos del ideario socialista, en la necesidad de actualizarlo conforme al desarrollo estatutario, parece claro que en este cuarto de siglo el pueblo navarro ha mostrado una voluntad firme de mantener su identidad foral y española al margen del País Vasco. Ya no tiene sentido que esa expectativa constitucional obsoleta siga activa, pues sólo interesa a la quimérica aspiración del nacionalismo vasco y agravia al pueblo navarro, cuya voluntad mayoritaria -expresión clave del discurso de Zapatero- es inequívoca.

En cuanto a la implantación de una mayoría cualificada para aprobar las reformas estatutarias, se trata de una propuesta que viene de la mano del mensaje lanzado desde el PSOE de que está dispuesto a aprobarlas sin el apoyo del PP. Cierto es que al plantearla en estas vísperas electorales, se cierra el enfoque de las expectativas de los populares de cara a la cita del 17 de abril. Pero el consenso constitucional no está escrito y es el que ha permitido que, de una forma u otra, el modelo de Estado fuera el fruto del acuerdo de las principales fuerzas políticas. No es un problema de aritmética sino quizás de legitimidad democrática el que se plantea Rajoy ante la desconfianza que generan la dependencia que el PSOE tiene de ERC en la actualidad. La reforma anunciada por líder del PP no debería incomodar a Rodríguez Zapatero, porque impondría un ejercicio de consenso, circunstancia que el presidente del Gobierno dijo perseguir en su discurso de investidura.

Terminado el primer año del cambio político, el PP parece avanzar posiciones estratégicas y pasa de la contención a la iniciativa, exponiendo su alternativa. Porque no está escrito en ningún sitio que la reforma territorial del Estado se halle predestinada a colmar aspiraciones nacionalistas y confederales.

LA PRUEBA DEL NUEVE
Editorial ABC 15 Marzo 2005

HACE unas fechas ABC ofrecía una información que daba cuenta de que abogados de presos etarras y diputados proetarras están detrás de Aukera Guztiak, la denominada «lista blanca» de Batasuna que pretende presentarse a las elecciones autonómicas del País Vasco. También se informaba que desde una dirección electrónica de la coalición ilegal se convocó al acto de presentación de los aspirantes a candidatos. A estas alturas los indicios comienzan a ser evidencias. Así, probablemente la investigación emprendida por la Fiscalía concluya que la supuesta «lista blanca» está contaminada por la trama de Batasuna. El silencio y la no condena de ETA y su actividad criminal, las medias palabras engañosas, las apelaciones al «conflicto» y los reproches al Estado español «opresor» aportan una buena base para empezar las indagaciones. Como ha asegurado el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, si los integrantes de esa lista demuestran que no están bajo la disciplina de ETA (y Batasuna es ETA) «y condenan el terrorismo», la opinión inicial desfavorable del Ministerio Fiscal podría replantearse. Mientras tanto, parece una temeridad abrir la tapa de las urnas a Aukera Guztiak.

La condena, explícita y sin paliativos, del terrorismo sería, por lo tanto, la prueba del nueve de que tan peculiar candidatura está limpia y sería el mejor aval para la legitimación de este «rumboso» grupo de electores. Han sido demasiados los avances conseguidos para mermar al «comando político» de la banda como para dejarse engañar por una careta que sólo esconde más de lo mismo.

Cataluña
El mico y el señor de Lérida
José García Domínguez Libertad Digital 15 Marzo 2005

Reparando en la cara que le ha quedado a Pujol desde que al otro se le fugó el tres por ciento de la neurona de la verdad por una grieta en la laringe, es inevitable recordar aquella historia del señor de Lérida y el monito que contaba Josep Pla. Decía el maestro que a los políticos, cuando pierden el poder, les viene a ocurrir lo que al mico de un señor de Lérida que retornaba de hacer las Américas en un vapor. El caso es que el animalito, que permanecía encerrado en su jaula durante la travesía, tenía por costumbre dejar escapar la cola entre las rejas, hasta que fue un marinero bromista y se la cortó. Consumada tan cruel mutilación, ante la sorpresa general, nada ocurriría. Así, el mono continuó haciendo vida normal dentro de la celda, ajeno a su desventura. Mas, revelaba circunspecto Pla, “el señor de Lérida arribó a Barcelona y llegó la hora de sacar el mono de la jaula. Entonces empezó la desazón y la ansiedad del animal: se puso a buscar la cola; busca a la derecha; busca a la izquierda, y delante y detrás. Y no se encontraba la cola... Y el mono empezó a gritar y a hacer toda suerte de cosas extrañas. Perdió el apetito y al final se murió de tristeza, por no tener cola, completamente abatido”.

El quebranto zoológico del indiano de Lérida, como decíamos, resulta lo primero que a uno le viene a la mente observando a ese caballero de la triste estampa. Pero, lo segundo, es otro señor de Lérida, Joan Cogul, el de Turismo de la Generalitat que apareció en Manila con una bala en la cabeza, tras dejar CiU el poder. Porque el fantasma de aquel Cogul que fuera incinerado a toda prisa y sin autopsia para repatriarlo en una cajita al juzgado de Barcelona que lo procesaba, vuelve a traer cola en Cataluña; una cola de caballo desbocado, ido, incontrolable. De tal modo que Pujol busca a la izquierda, y se encuentra a su antigua mano derecha, Pere Esteve, facturándole un capital al difunto por unos folios de asesoría sobre “la navegabilidad del río Ebro”. Mira hacia abajo, y se topa con el chófer que le pusiera a Pere, procesado por asesorar a media Cataluña, sin folios, ni informe, ni barcos, ni honra, ni vaselina, a pelo. Mira otra vez a Esteve, y lo atisba vagando a la deriva a bordo de la chalupa del Tripartito. Mira hacia otro lado, y ve una silla vacía en la Secretaría de Finanzas de CDC. Finalmente, mira al cielo y comienza a hacer toda suerte de cosas extrañas; la más desconcertante, no dejar de hablar en castellano.

Río Cabe
Ausencias y presencias
Serafín Fanjul Libertad Digital 15 Marzo 2005

Carnaval ya pasó pero Rodríguez y su siempre insuperable Moratinos han regalado a los españoles y en particular a las víctimas directas del terrorismo, una reedición de esas fiestas golfas y lúdicas que inventaron los romanos, aunque en este caso la transgresión se limite a exquisitas muestras de hipocresía y cinismo, tal la indeseable provocación del sultán marroquí al venir a Madrid a poner cara compungida por las hazañas de la flor y nata de sus súbditos. Dos acontecimientos simultáneos y de indudable significado político acaecidos en Madrid con motivo de la fecha del 11 de marzo: la obligada conmemoración de los asesinatos y una “Cumbre” –carísima, pero más bien colinita– sobre el terrorismo. Ambos hay que entenderlos en clave interna, como refuerzo propagandístico de un gobierno que intenta enmascarar su debilidad, desorientación y -¿por qué no decirlo?– su cobardía, con el festival mediático permanente, valiéndose del control casi absoluto que ejercen sobre los medios de comunicación, por aquello de que “así es, si así os parece”, o, dicho de modo más crudo, “Repite una mentira cien veces y se convertirá en verdad”: de tal suerte, si el referéndum sobre el tratado de la Unión Europea constituyó un fracaso rotundo, ellos proclaman el gran triunfo del Sabio de la Moncloa; mientras andan mendigando de Bush un saludo de cuatro palabras, aseveran sin pestañear el excelente estado de nuestras relaciones con Estados Unidos; en tanto blasonan de que sus grandes hallazgos de valor, virtud y sapiencia (Retiradas Preventivas y Alianza de Civilizaciones) nos han convertido en faro luminoso del planeta, la realidad difícil de ocultar, es que hemos regresado al lugar subsidiario que tanto les gusta para España (“Hemos vuelto al sitio que nos corresponde”, certificó alborozado su vate áulico Juan Goytisolo después de las elecciones del 14 de marzo); pero, sobre todo, exhiben sin pudor alguno su contradicción flagrante –pelillos a la mar, el desparpajo ante todo– cuando atribuyen la causa de los atentados de Atocha a la guerra de Irak y, de seguida, pegan un corte y juran que el resultado de aquellos comicios ninguna relación tuvo con esos atentados, por no reconocer que deben el puesto y el riego de enchufes a los terroristas islámicos. O gallo o gallina…, pero no, lo suyo es lo epiceno.

Contando con que ambos eventos (aniversario y cumbre) forman parte de un mismo lanzamiento publicitario para ir trapicheando sin convocar elecciones anticipadas, el plantel de asistentes entre uno y otro revela algo en verdad dramático para nuestro país (los puntapiés en el trasero no se los dan sólo a Rodríguez): ningún mandatario de importancia en ejercicio ha asistido a ninguno de los dos, ni siquiera los supuestos amigos y protectores de Rodríguez, Chirac y Schroeder, ausencias voluntarias todas ellas. Sin embargo, tal vez sean más llamativas las involuntarias: José María Aznar a quien no invitaron a los actos del 11 de marzo; y Daniel Pipes, entre otros conocedores de la tela, forzándole a anular su asistencia ante la censura que se le pretendía imponer hasta en la terminología (prohibido hablar del terrorismo islámico, ya que éste no existe). Pero al inventor de las Retiradas Preventivas le gustan las kufiyyas, los turbantes y los ropajes holgados y de colores horteras, y no se va a privar de la contemplación de semejantes disfraces –que, de hecho, disfrazan poco el alma de sus portadores– por no más permitir expresarse sobre la realidad de cuanto está sucediendo en materia de terrorismo islámico al mayor experto en la cuestión, por ende norteamericano. Y si en lo tocante a políticos fuerza era conformarse con jubilados como Madeleine Albright o Lionel Jospin, el boicot a Pipes se suplía con creces con la presencia de Táriq Ramadán, nieto de Hasan el-Banná , fundador de los Hermanos Musulmanes. Casi ná: imaginen al nieto de Drácula explicándose sobre las excelencias del mordisco en la yugular en un congreso de hematólogos preocupados por el SIDA. Y a fe que el muchacho cumplió con notable aplicación denominando “intervenciones” a las matanzas de Nueva York, Bali y Madrid, con lo cual Bassam Tibi, uno de los escasísimos árabes musulmanes que pueden contribuir en serio y de modo eficaz a la distensión entre unos y otros quedó bien oscurecido, hasta por la grosería de los tropecientos miembros de su mesa redonda. Todo sea por la mayor gloria de Rodríguez y del islam, amén, Jesús (de Polanco).

Euskadi
MARÍA MAIZKURRENA El Correo 15 Marzo 2005

Euskadi, que según Gabriel Jackson es «el nombre medieval del País Vasco» (Dios le conserve la vista), constituye un pequeño artefacto socio-político (cuando lo inventó el Padre Fundador, es decir, Sabino, apenas pasaba de entelequia política) que desde sus orígenes como concepto no ha dejado de evolucionar, pero que no parece contener la solución al problema que nació con él. El largo paréntesis del franquismo, que aparentemente había desbaratado la misma existencia de Euskadi, no hizo sino reforzar todas sus fuerzas germinativas ocultas en la discreta prudencia de una sociedad silenciosa, que, en la sombra, alimentaba a las nuevas generaciones con agravios arquetípicos y míticos, transustanciación milagrosa de los agravios reales recibidos, no sólo por Euskadi, sino por toda España, de un régimen dictatorial y centralista.

El problema del nacionalismo vasco es que llega demasiado tarde a la Historia, a tiempo de crear conflictos que nos podíamos haber evitado. Ya que los vascos no se habían dado cuenta hasta entonces de que eran una nación, Sabino podía haber dejado el asunto y haberse dedicado, por ejemplo, a la catequesis. El problema de Euskadi es que se trata de una mala respuesta al ansia nacionalista, que es un ansia con mucho afán de trascendencia, de ir más allá de lo dado. Pero quizás sea la única respuesta. ¿Se imaginan a los vascofranceses (que según una visión del invento serían franceses de etnia vasca y según otra serían una mezcla cultural entre lo vasco y lo francés, pero mezcla ya irreparable, lo siento), pidiendo su incorporación a Euskadi para que los gobiernen desde Vitoria-Gasteiz? No hay que olvidar que Sabino inventó el bizkaitarrismo antes que lo otro, y que la primera patria fue Bizkaia. Mi abuela materna, que en paz descanse, todavía creía que Euskadi (o Euzkadi) era Bizkaia.

Es difícil que Euskadi pueda llegar a representar y aglutinar otra cosa que no sean las «provincias vascongadas». Tal vez la solución podía haber pasado por pedir la independencia del Reino de Navarra, y solicitar luego la adhesión de Euskadi. Navarra, además, podría poner en juego ciertas pretensiones históricas, aunque remotas, allende los Pirineos. Pero lo cierto es que el viejo reino no fue nunca el Estado étnico que el nacionalismo vasco necesita, sino un ente mestizo donde se hablaba euskara y romance y donde el pragmatismo del poder llevó a elegir el romance como lengua oficial porque permitía la comunicación con los estados vecinos. Ahora que, si Euskadi alcanzara la independencia, tal vez una inusitada paz pondría en evidencia que el meollo de la cuestión no es tanto la creación de la Gran Euskadi, sino que gobierne el que tiene que gobernar, la elite elegida por Dios para mandar y repartir en la Tierra Prometida.

Los pies de barro de Al-Qaida
JUANJO SÁNCHEZ ARRESEIGOR /HISTORIADOR, ESPECIALISTA EN EL MUNDO ÁRABE El Correo 15 Marzo 2005

El primer aniversario de los brutales atentados de Madrid ha sido necesariamente una hora de dolor, de tristeza, de introspección. Pero una vez pasada esta fecha es necesario mirar hacia adelante. Dada la crisis estructural generalizada que sufre el mundo islámico, el conflicto palestino, la invasión de Irak, el inmovilismo arcaizante saudí, la represión electoral en Irán, junto con un largo etcétera de catástrofes y desdichas, el futuro puede parecer tenebroso y sin esperanzas cuando en realidad hay motivos para el optimismo.

En primer lugar es preciso resaltar algunas no-noticias que nos proporcionan indicios clave acerca de la situación: En los doce meses transcurridos tras el atentado múltiple, no se ha producido ningún otro 'yihaidista' en España. Del mismo modo, tampoco ha ocurrido atentado alguno en EE UU desde el 11 de septiembre de 2001. Las embajadas norteamericanas en Kenia y Tanzania sufrieron brutales atentados en agosto de 1998, con más muertos que en Madrid, pero hasta ahora estos países no han sufrido ninguno más, ni tan siquiera uno pequeñito. La pauta es casi siempre la misma: un brutal atentado de gran magnitud, pero sin continuidad. Por supuesto, las fuerzas del orden reaccionan siempre con gran energía, pero ésa no es toda la explicación.

El conjunto del terrorismo 'yihaidista', es decir, Al-Qaida y sus franquicias o imitadores, suele ser descrito como una fantasmagórica red de redes de alcance planetario, imposible de desmantelar por su carácter descentralizado y su potencial de reclutamiento, que se supone es enorme. Sin embargo, esta imagen de poder es engañosa porque encubre la debilidad estructural de unos grupos que en realidad son extremadamente minoritarios. Por mucha crisis que exista en los países islámicos, el terrorismo ofrece venganza, pero no soluciones. No sirve para resolver los problemas inmediatos, que son muchos, ni propone perspectivas de solución a largo plazo. Al contrario, plantea la amenaza de las represalias e incluso de una invasión. Por lo tanto, sólo una minúscula minoría extremadamente fanatizada se sentirá tentada de meterse en ese callejón sin salida.

Los terroristas 'yihaidistas' que intentan actuar en Occidente son extranjeros que operan fuera de su ambiente y les resulta muy difícil o imposible moverse una vez que se ha dado la alarma. Ni siquiera pueden confiar en la comunidad inmigrante. Los musulmanes que han emigrado a Occidente forman una minoría pequeña y vulnerable, fácil de identificar y que puede ser controlada en su totalidad. Si se producen muchos atentados en un determinado país, la población comenzaría a exigir medidas extremas e incluso una expulsión general. Por lo tanto resulta imperativa para los inmigrantes la desaparición del terrorismo 'yihaidista'. Su futuro depende de ello.

Por eso, tras cada atentado la Policía ha logrado resolver los crímenes con bastante rapidez y desmantelar por completo las redes locales, sin que surjan otras, evitando así nuevos ataques. El atentado de Madrid puso en alerta a todos los países de Europa, impidiendo así nuevos crímenes de esa magnitud. Durante los últimos doce meses, el atentado islamista más grave en Europa ha sido el asesinato de un cineasta holandés que había criticado al Islam. Al-Qaida y similares pueden estar extendidas por todo el mundo pero no tienen raíces sólidas en ninguna parte.

La magnitud de los atentados oculta la debilidad estructural del 'yihaidismo', incluso en los países islámicos. Hasta en Irak corren el riesgo de perder la partida debido a su odio sectario hacia los chiíes. Sólo disponían de una base segura, Afganistán, pero la perdieron como consecuencia del 11-S. Puede que Bin Laden considere el 11-S como su mayor triunfo, pero en realidad supuso un desastre estratégico. Sin el 11-S, Bin Laden y los talibanes todavía gobernarían Afganistán, y desde allí les resultaría muy factible infiltrarse en Pakistán, un país que dispone de armas nucleares.

Durante años, las dictaduras militares paquistaníes han estimulado el integrismo como instrumento para mantenerse en el poder. Al mismo tiempo financiaron y organizaron a los talibanes para controlar Afganistán de forma indirecta, pero les salió el tiro por la culata, pues los talibanes no se dejaron instrumentalizar, reafirmaron su independencia y fueron los integristas los que comenzaron a ganar más y más influencia en Pakistán, incluso dentro del Ejército. Casi todos los talibanes son miembros de la tribu pastún, que vive a ambos lados de la frontera afgano-paquistaní. Bin Laden llegó entonces a Afganistán y les dio a los talibanes, muy provincianos, una visión mucho más amplia de la 'yihad' mundial. Los generales paquistaníes habían creado un monstruo que amenazaba con devorarlos.

La toma de Pakistan y de su arsenal nuclear habría convertido a Al-Qaida en una potencia mundial. Entonces, con 11-S o sin él, los norteamericanos nunca se hubieran lanzado a invadir Afganistán o Irak, pero Bin Laden es mal estratega y cometió el error de precipitarse. Sin embargo, la partida no ha terminado. Pakistán sigue en crisis, gobernado por un usurpador militar, el general Musharraf. El integrismo progresa, la corrupción crece, la economía va mal, proliferan los atentados sectarios y numerosas provincias fronterizas están de facto fuera del control gubernamental. Allí se esconde Bin Laden, esperando su oportunidad. Las bombas de Madrid no fueron más que insignificantes salpicaduras de este conflicto, y muy poca cosa comparadas con lo que sufriremos si los integristas se apoderan de Pakistán. Pero, a largo plazo, el integrismo no tiene futuro.

Neoconservadurismo
¿Por qué da miedo Richard Perle?
GEES Libertad Digital 15 Marzo 2005

La Fundación que preside José María Aznar, la FAES, trae invitado este jueves 17 a Madrid, como parte del ciclo “la Revolución de la Libertad” que se celebra en la sede del CEU, a Richard Perle. El anuncio del acto ha provocado la indignación de las cabezas pensantes de la izquierda, sobre todo en El País, periódico donde tanto Joaquín Estafanía como Soledad Gallego Díaz, han escrito sendas columnas queriendo criticar a los neoconservadores pero, sobre todo, intentado meter cizalla entre los tradicionalistas del PP y el nuevo pensamiento conservador que inspira FAES. Es obvio que estos autores no se han dado todavía cuenta de que de tanto denunciar la rigidez del pensamiento único se han convertido en los dictadores de su pensamiento, el único que consideran legítimo de expresarse en España.

Perle, del que todos recuerdan su apodo de “Príncipe de las Tinieblas” de cuando era un alto cargo en el pentágono en la primera administración Reagan, es, efectivamente considerado un neoconservador. Nosotros, que le conocemos en persona desde hace mucho tiempo, dudamos que él mismo admita esa etiqueta. Pero se dice eso de él, en un intento de insulto y descalificación, porque es judío. Y la izquierda cree que los neocons no son sino una cábala al servicio de Israel. Conservador, militarista y judío, no puede fallar, neoconservador.

Y en algo tienen razón. Richard Perle tiene un ideario muy claro y que no oculta: cree en un estado fuerte, capaz de defenderse y de vencer sobre sus enemigos; cree que los Estados Unidos son una democracia liberal que puede y debe tener un impacto muy positivo sobre la agenda del mundo; cree que el Estado de Israel tiene todo el derecho del mundo a vivir en paz, con sus fronteras reconocidas por sus vecinos y libre de la amenaza del terrorismo palestino y árabe y que tiene el perfecto derecho a defenderse de sus enemigos; cree que el terrorismo islámico es la mayor amenaza a nuestro sistema de vida actualmente pero que puede ser derrotado aplicando las medidas de firmeza necesarias; cree que el derrotismo y el apaciguamiento nunca han dado buenos resultados en la Historia y que un país debe enfrentarse a sus demonios con entereza, confianza en sí mismo y decisión, con moral de combate y de victoria; cree en una relación atlántica donde los europeos no sean ni una rémora ni un contrapeso de América, sino un poder de cooperación constructiva; cree en la fuerza de la democracia, en suma, y en la posibilidad de expandirla en el mundo árabe.

Su creencia en la fuerza le valió el apodo de Darth Vader, pero quienes ahora le critican, olvidando el papel que jugó para no caer en la trampa negociadora de los soviéticos en los 80, deberían poder demostrar que sus tesis, esto es, su creencia en la debilidad, antagónico de lo que piensa Perle, es lo correcto. Como eso no es ni razonable ni posible, hay que deducir que sus preocupaciones van por otro lado.

De la visita de Perle se critica que forme parte de un ciclo cuyo inevitable punto de arranque no es sino la obra política de Reagan y, en menor medida, Thatcher. Pero lo que más parece doler a la izquierda española no es que ellos no condujeran a la caída del muro, con el que podían convivir sin problemas, sino que con Perle también vengan otros pensadores americanos vinculados al neoconservadurismo. Ya vino Fukuyama; acaba de estar el presidente del American Enterprise Institute; y vendrá, entre otros, Robert Kagan. ¿Pero por qué ese miedo atroz a los neoconservadores? La única explicación que se nos ocurre es que preferirían un PP y una derecha española anclada en el paleoconservadurismo, retrógrada y carca, facha, sin atractivo para el votante medio español. Los neoconservadores sólo intentan una cosa, modernizar el pensamiento conservador incorporando elementos que tradicionalmente han estado en manos de la izquierda, como la defensa de los derechos humanos, la ampliación de la libertad, la extensión de la democracia, el respeto a los principios éticos en política, la defensa de la ética en materia internacional, etc. Y ahí es donde radica, esencialmente, el problema de los intelectuales de izquierda. El cambio que propugnan los neocons les roba su bandera de progreso y de visión de futuro. Les roba sus ideales. Aún peor, logra que se materialicen en este mundo terrenal de la mano de la fuerza armada, como en Irak y el Oriente Medio. En suma, les deja en ridículo como amantes no de la paz, lo que dicen ser, sino del status quo y la convivencia con todos los dictadorzuelos que ejercen en el mundo, que es lo que en realidad son. ¿Cómo explicar, si no, el acercamiento acelerado del gobierno socialista a Castro y Chávez?

Por primera vez en la historia del pensamiento político español, en el campo del pensamiento conservador hay espacio intelectual para diversas corrientes que, por diferentes que sean, tienen mucho más de común entre sí que con el resto que las rodea. Y decimos rodean en sentido literal. El caso de El País que comentamos es un caso evidente: se trata de un asalto a la libertad de pensamiento y expresión bajo la fórmula de descalificación de lo que no coincide con uno. Si Estefanía y Gallego emplearan un poco su memoria se darían cuenta de que eso mismo ya lo hizo alguien antes con catastróficos resultados para todos.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Lo que es España
Cartas al Director ABC  15 Marzo 2005

Resulta que Francisco Rubio Llorente, presidente del Consejo de Estado, ha asegurado recientemente que no hay ningún problema en reconocer a las Vascongadas y a Cataluña como comunidades nacionales y, ¿por qué no?, decir que ambas se exceden a sus límites territoriales actuales; vamos, que don Francisco no le hace ascos a que Vascongadas pueda incluir en su petate a Navarra y al País Vasco francés y que Carod-Rovira se enorgullezca al ver cómo «Espanya» reconoce a los «países catalanes», incluyendo en la bolsa al País Valenciano y a las Baleares.

Estoy tan tediosamente acostumbrado a oír reivindicaciones nacionalistas que una más no me sorprendería de no ser porque quien las ha dicho es quien preside una alta institución del Estado y de quien dependen también las próximas (aunque innecesarias) reformas constitucionales y estatutarias. ¡No nos ha costado nada a los españoles saber lo que somos a lo largo de nuestra Historia! Desde que se empezó a emplear el término España hemos sido: una unión dinástica con los Reyes Católicos, un conjunto de reinos y señoríos cuyo patrimonio familiar ejercían los Habsburgo o Austrias, hemos sido también las Españas de Fernando VII y tras tantos siglos preguntándonoslo, llegamos a la Constitución de 1812, dándonos cuenta de que somos una nación, algo que ningún texto constitucional ha evidenciado.

La Constitución actual, la que el presidente del Congreso Manuel Marín llamó «la nuestra», también reconoce a nuestra patria como una nación..., ¿por qué, le pregunto yo don Francisco, tenemos que seguir mareando la perdiz con dicho tema? ¿No ha habido demasiados hechos dolorosos a lo largo de nuestra Historia por no ponernos de acuerdo sobre lo que es España? Francisco Vázquez Vega. Zamora.

Buzoneo y discurso
Marisa Cuesta Arandilla/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 15 Marzo 2005

He recibido en mi domicilio un librillo con el discurso que pronunció el lehendakari el 1 de febrero en el Congreso de los Diputados y me gustaría preguntar, en primer lugar, cuál es el motivo de haber sido escogida para este envío. ¿Será porque en una ocasión solicité que me enviase información sobre su plan? Porque, si se han hecho 50.000 ejemplares, no se ha mandado a todas las personas con derecho a voto en Euskadi. ¿Quiénes somos los elegidos y por qué? Recibí su envío el mismo día que su Gobierno quedaba en funciones. ¿Es casualidad? ¿Quiere 'dar' sensación de gestión del plan en el que tanto empeño ha puesto? Porque si se trata de gestión, podría usted explicar por qué se han aprobado tan pocas leyes fundamentales para el desarrollo de Euskadi en esta legislatura.

Su plan ha tenido suficiente propaganda: el mismo 1 de febrero apareció usted en radios, televisiones, prensa escrita, prensa digital. Y también aparecieron las respuestas y opiniones de los demás grupos políticos: cualquier ciudadano con capacidad crítica ha podido comparar y crearse ya una idea propia al respecto. Si el objetivo de su envío es informar, obrando con justicia, debería haber incluido, al menos, las intervenciones de los otros grupos de la Cámara de Diputados. Por cierto, ¿cuánto nos ha costado el envío de los 50.000 ejemplares, sobres, servicio de correos...? ¿No ha habido nada en estos 4 años donde haber empleado este dinero a beneficio de toda la ciudadanía? Para terminar, señor Ibarretxe, usted ha sido hasta el último día de esta legislatura el lehendakari de sólo algunos, no el de toda la ciudadanía vasca. Su plan se ha aprobado en el Parlamento vasco por una mayoría pírrica. ¿No cree que deja a demasiada gente fuera que no se ve representada en él? Eso sí, usted pasará a la Historia, como Sabino Arana. Y la Historia le juzgará.

"PARECE ESTAR MÁS CERCANO A LA DEFENSA DE LOS ACUSADOS"
La AVT protesta por las "faltas de educación" del presidente de sala durante el juicio contra Jarrai
La Asociación de Víctimas del Terrorismo ha protestado porque "desde hace más de un mes" su letrado "lleva soportando no sólo las faltas de educación del presidente de la sala" y añade que Alfonso Guevara, presidente de la sala, "en algunas ocasiones parece estar más cercano a las defensa de las garantías procesales de los acusados, sus abogados y testigos, que hacia la acusación popular"
Libertad Digital 15 Marzo 2005

La AVT ha remitido a varios medios de comunicación una nota de prensa en la que se queja del maltrato recibido por su abogado, que ejerce de acusación popular en el primero de los seis procesos judiciales contra el entramado de ETA. La AVT lamenta que el presidente de la sala interrumpa "con gritos" a su abogado, evitando así " cualquier argumentación para defender las acusaciones de nuestro escrito de calificación".

La Asociación de Víctimas del Terrorismo lamenta que Alfonso Guevara se muestre "más cercano a la defensa de las garantías procesales de los acusados, sus abogados y testigos, que hacia la Acusación Popular que lo único que pretende es llegar a unas conclusiones que no se nos dejan ni siquiera plantear".

También vio la AVT cómo su letrado, Pedro Cerracín, era expulsado sin justificación alguna. La Asociación de Víctimas del Terrorismo se queja de que cada día tienen que esperar más de una hora para la celebración de las vistas orales por los retrasos del presidente de la Sala y que encima "tenemos que aguantar que nuestro abogado sufra las mofas del público abertzale presente en la sala".

Como muestra de las continuas burlas a las que es sometido el abogado de la acusación, la AVT cuenta que el pasado miércoles el testigo de la defensa Joseba Arregui, alias "Fiti" contestó que él milita en ETA "desde 1965, cuando su amigo (hablando con Cerracín) Franco aún vivía" sin que el presidente de la sala llamara la atención al terrorista, con el consiguiente jaleo en la sala.

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