AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 21 Marzo 2005
El gran engaño de la Constitución Europea
James Lewis Libertad Digital 21 Marzo 2005

ZP y el mal trato a las víctimas del terrorismo
EDITORIAL Libertad Digital 21 Marzo 2005

DIVIDE Y VENCERÁS
Jaime CAMPMANY ABC 21 Marzo 2005

RAJOY Y LA OTRA GENTE
Valentí PUIG ABC  21 Marzo 2005

Las exigencias de Maragall topan con un fuerte rechazo en el PSOE
Editorial El Mundo  21 Marzo 2005

PUJOL Y EL LABERINTO CATALÁN
Editorial ABC  21 Marzo 2005

Qué coñazo
David Gistau El Mundo 21 Marzo 2005

Inmorales en el Estado de Derecho
Agapito Maestre Libertad Digital 21 Marzo 2005

Terrorismos y políticas
José Javaloyes Estrella Digital 21 Marzo 2005

Rechazo y división
Editorial El Correo 21 Marzo 2005

BONO Y MONTILLA
GERMÁN YANKE ABC 21 Marzo 2005

Los problemas de la España plural
J. M. RUIZ SOROA El Correo 21 Marzo 2005

«Obtenieron cero»
IÑAKI EZKERRA El Correo 21 Marzo 2005

Grandes enigmas
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 21 Marzo 2005

Nacionalismo antisocial
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 21 Marzo 2005

La AVT replica al PSOE que no va a permitir que le reste un ápice de legitimidad
Europa Press Libertad Digital 21 Marzo 2005

San Gil dice que votar al PSE «es votar a Ibarreche» y se pregunta por qué hablan con los terroristas
San Sebastián La Razón 21 Marzo 2005
 

El nuevo Leviatán
El gran engaño de la Constitución Europea
James Lewis Libertad Digital 21 Marzo 2005

Imagine que Estados Unidos estuviese estableciendo una nueva constitución y suponga que se hubiese escrito en secreto por sólo dos personas, un ex presidente de Francia, Giscard d’Estaing, y un diplomático americano, alguien como Madeleine Albright. Después de que ellos hubiesen tomado todas las decisiones más importantes, una convención constituyente no elegida por votación pudiese agregar cualquier cosa que se le ocurriera, como, por ejemplo, la protección a los derechos de los atletas, libertad de expresión para niños, un código de lenguaje prohibiendo críticas a homosexuales y musulmanes… y mucho más. Y que, al final, fuese 40 veces más larga que la Constitución de los Estados Unidos.

Ésta es la nueva Constitución Europea, una pesadilla jeffersoniana. Su meta es centralizar el poder en manos de una pequeña clase dominante. Nadie entiende en verdad la Constitución europea, es demasiado larga y complicada. Nadie sabe si una parte contradice la otra, pero no importa porque todas esas decisiones serán tomadas de todas maneras por la jerarquía política. La Constitución está siendo presentada a los 25 países como los nuevos cimientos de una Unión Europea que incluye casi 500 millones de personas.

Hay una asombrosa ausencia de debate público. Sus críticos han sido convertidos en cabezas de turco, tanto así que hasta el Partido Conservador británico teme oponerse. Los que se oponen son considerados "malos europeos", o sea el equivalente europeo a las "actividades antiamericanas" de los años 50. Los medios informativos han fracasado rotundamente en educar al público. Los votantes europeos no están siquiera interesados. Ellos colocan la nueva Constitución muy abajo en su lista de prioridades.

La nueva Constitución no estipula que haya elecciones populares para sus verdaderos centros de poder. Es cierto que hay elecciones al Parlamento Europeo, pero es sólo un frente vacío. No se le permite hacer leyes, sólo ponerles el sello de aprobación. La Constitución impuesta tendrá prioridad sobre todas las otras leyes existentes en cada nación miembro. No hay equilibrio de poder. No hay ramas autónomas de gobierno. No hay poderes reservados para estados miembros. Las personas no tendrán derechos. Sólo categorías abstractas de personas tienen protecciones concedidas y derechos.

Aceptar un régimen así sería inimaginable para los americanos. Usted y yo estaríamos protestando en las calles. Los votantes echarían a sus políticos por intentar imponer tan monumental estafa. Hasta el New York Times se pondría las pilas. Así es que... ¿qué es lo que está pasando en Europa?

En Septiembre de 2004 la UE abrió una exhibición de arte en Bruselas que celebraba 30 años de engaños. Afirmaba que: "Después de la Segunda Guerra Mundial, políticos visionarios crearon una nueva estructura... para todo el continente... La operación era tan radical que sólo podía hacerse furtivamente... sus motivos ulteriores nunca podrían mencionarse abiertamente... Esta exposición conmemora el fin de esta iconografía inhibida, es su presentación en sociedad. A partir de ahora la UE será atrevida, explícita, popular..." (Añádale énfasis)

La única inexactitud está en la última frase; para la UE, nacida con engaños, es simplemente más de lo mismo. Supongamos que ocurriese un milagro y que los europeos despertasen antes que fuera demasiado tarde en países como Gran Bretaña, Irlanda, Holanda, Dinamarca hasta Polonia y la República Checa, donde quizá voten contra la Constitución europea. Pero, hasta en este caso, la UE logra seguir manteniendo todo su poder. Los nuevos regentes europeos tienen una estrategia alternativa: Si la Constitución no se ratifica, la jerarquía política puede seguir emitiendo más decretos ya que la UE se arroga todos los poderes de la Constitución. Todo el tinglado es por tanto como la hoja de parra de Adán para esconder una histórica apropiación del poder. Después de todo, si la gente en realidad está contenta cuando le mienten, ¿qué político se va a tomar el trabajo de decir la verdad ahora que todo el estrambótico artilugio está llegando a su "grand finale"?

Detrás de esta esmerada fachada, la Unión Europea fue una hechura de Francia y Alemania. Ambas son naciones profundamente traumatizadas, obsesionadas con sus propias historias sangrientas. Significativamente, culpan de sus errores nacionales a sus gentes, no a sus políticos. Por consiguiente, la UE fue estructurada alrededor de un laberinto de comités políticos como la vieja Unión Soviética.

Ni Francia ni Alemania han gozado de un gobierno estable y democrático por mucho tiempo. Como señala Paul Johnson, Francia ha tenido 12 constituciones desde 1789. La parte occidental de Alemania ha tenido elecciones en el último medio siglo, pero la parte oriental no tiene más experiencia democrática que Rusia. Hace sólo dos años que el canciller Schroeder ganó su reelección usando la vieja táctica de Bismarck: abusar de los extranjeros, en este caso Estados Unidos. Así y todo, el eje franco-alemán es el que controla la UE. Si Gran Bretaña se les une, será una rendición a una élite de poder que no responde a nadie de sus actos. Y parece que a nadie le importa.

Cualquiera que conozca la historia sangrienta de Europa debería sentir un escalofrío de aprensión. Calamidades como Hitler y Stalin no fueron creación de mayorías populares, todo lo contrario, estuvieron fanáticamente apoyados por las élites políticas, intelectuales y mediáticas. Europa es la cuna de todos los movimientos totalitarios del último siglo, todos inventados y alentados por "profesores malintencionados" como los llamaba Churchill.

El fascismo y el marxismo son creaciones europeas continentales. No habrían logrado pasar el corte en la tradición política anglo-americana, al igual que la Constitución europea no podría haber nacido de una cultura democrática. Pero si se puede engañar tan fácilmente a millones de europeos, ¿qué es lo que esto significa para nuestro futuro común?

Ya podemos ver el futuro tomando forma. La UE está abriéndose campo para dominar al mundo, usando a la ONU, patrocinando tratados científicamente dudosos como el de Kioto, ejerciendo su amplia influencia cultural, usando propaganda masiva contra Estados Unidos y otras formas de presión. Alemania y Bélgica ya han reclamado jurisdicción global en los asuntos de violación de derechos humanos, aunque alguien hizo la vista gorda con Sadam Hussein y más bien casi enjuicia a Donald Rumsfeld. La Unión Europea será la nueva esperanza del socialismo mundial, ocupando el lugar de la Unión Soviética. Practicará ese tipo de "nacionalismo socialista" con una vena compasiva y pacífica, a menos que necesite usar la fuerza militar, entonces presionará a Estados Unidos para que le haga el trabajo sucio. Cualquier otro sistema político será tratado con menosprecio y desdén.

Hoy en día, Europa está vendiendo armas avanzadas a China; mañana suministrará a un Irán nuclear. Ahora mismo, Francia practica el espionaje industrial a gran escala contra Estados Unidos; la nueva UE hará más de lo mismo. Cuando Estados Unidos acceda a las exigencias europeas, como en Kosovo, seremos calurosamente aplaudidos por nuestro humanitarismo. Cuando actuemos sin Europa, seremos tildados "monstruos imperialistas".

Todo esto no es un accidente. Es la misma vieja arrogancia imperial envuelta en un nuevo traje a la moda. Las principales naciones europeas fueron alguna vez grandes imperios: España, Francia, Austria-Hungría, Alemania, Suecia, Italia, Rusia, Gran Bretaña, hasta Bélgica y Holanda. No lo han olvidado. Europa no es belicosa aun, pero si que está hinchada de orgullo y es tan vanidosa como siempre. La Unión Soviética era en realidad el último imperio europeo, gobernado por la élite ideológica del marxismo. Ellos también pretendían ser amantes de la paz e internacionalistas.

Sólo hace 15 años de la caída del Muro de Berlín y el Viejo Mundo está ocupado erigiendo un nuevo monumento a su vetusta megalomanía.

©2005 The American Thinker
©2005 Traducido por Miryam Lindberg

Libertad Digital agradece a The American Thinker y a James Lewis el permiso para publicar este artículo.

ZP y el mal trato a las víctimas del terrorismo
EDITORIAL Libertad Digital 21 Marzo 2005

La campaña de ataques y descrédito contra la inmensa mayoría de las víctimas del terrorismo por parte del Gobierno parece que no se detiene. La última es el intento de descabezamiento de la Asociación de Víctimas del Terrorismo por haberse atrevido su presidente, Francisco José Alcaraz, a poner de manifiesto el escandaloso trato discriminatorio otorgado por el presidente del Gobierno a favor de la Asociación que preside Pilar Manjón el pasado sábado. Que Pilar Manjón, a pesar de ser víctima del terrorismo, comparta con los verdugos la tesis de que el Gobierno del PP y su política en Irak fueron los responsables de la matanza del 11-M, podrá gustar al Gobierno del 14-M, tanto como su beneplácito al carpetazo de la comisión de investigación o su silencio ante los contactos del PSOE con los integristas islámicos. No por ello, sin embargo, debería ser admisible un trato de favor tan descarado como la cálida visita que ZP le realizó el sábado a la “Asociación 11-M, Afectados por el Terrorismo” cuando se está negando a recibir, por supuestos “motivos de agenda”, a la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M.

En este sentido, es del todo razonable que el presidente de la AVT haya puesto de manifiesto el ninguneo del que también es objeto su propia asociación, tanto o más representativa de las víctimas del 11-M que la organización que preside la conocida militante de IU.

Desde el PSOE, José Blanco ha arremetido contra Alcaraz, asegurando que “la inmensa mayoría de las víctimas no está de acuerdo ni con las formas, ni con el talante, ni con la forma de actuar de su presidente". No contento con mentir descaradamente respecto al clamor de las víctimas contra Peces Barba, Blanco también ha faltado a la verdad cuando ha disculpado al Gobierno por no haber sometido a consenso su nombramiento. Asegura el portavoz del PSOE que "en ningún momento de la historia democrática de nuestro país, ningún gobierno consultó con la oposición el nombramiento de un alto cargo del Gobierno".

No era esa falta de consulta lo que se desprendía del Pacto por las Libertades y, desde luego, le podíamos recordar al portavoz socialista el consensuado nombramiento del socialista Enrique Múgica como Defensor del Pueblo en tiempos del Gobierno del PP.

En cualquier caso, y al margen de su nombramiento, un Alto Comisionado para las víctimas que lo primero que hace es negarse a manifestarse con ellas, para, acto seguido, y tras el bochornoso incidente protagonizado por Bono, pasa a desacreditarlas, no es lo más conveniente para seguir en el cargo. Tampoco lo es tener la desfachatez, como la ha tenido Peces Barba, de mentir a la opinión pública sobre lo tratado con las víctimas, como cuando aseguró que no se había hablado con ellas de una posible negociación con ETA, cuando sí se había hecho.

Téngase en cuenta, por otra parte, que el escandaloso trato discriminatorio otorgado por este Gobierno a las asociaciones, o la imposición, contra viento y marea, de Peces Barba, no son los únicos motivos de agravio que pueden sentir las víctimas, sobre todo si, como la mayoría de ellas, no padecen el síndrome de Estocolmo. Sólo en esta última semana se ha tenido pruebas de los contactos del Gobierno con ETA o de las reticencias que, por motivos electorales, se han producido en el PSOE de cara a impedir que Batasuna se disfrace de Aukera Guztiak para poder concurrir a las elecciones. Todo esto con un presidente que, como Zapatero, establece sus alianzas de Gobierno con un independentista, aliado táctico, a su vez, de ETA en Perpiñán. Con este Gobierno, no hay que extrañarse, pues, ni de las esperanzas de los terroristas, ni de la indignación de sus víctimas. Al menos, de la inmensa mayoría de ellas.

DIVIDE Y VENCERÁS
Por Jaime CAMPMANY ABC 21 Marzo 2005

NO parece sino que el Gobierno (el socialismo de Zapatero, o sea) ande dedicado desde su ascenso al poder a guizgar y aguijar a la derecha para incitarla a que adopte posiciones extremas. Desde que formó gobierno el «presidente ferroviario» (Umbral dixit) ese estratega de caseta que es Alfredo Pérez Rubalcaba, iluminado por una idea de bombilla de tebeo, habrá aconsejado socorrerse de la vieja táctica del «divide y vencerás».

En realidad, el Gobierno de Zapatero está en tenguerengue, apoyado en socios indeseables y conflictivos, y puede hacer pim-pum en cualquier momento y estallar como un triquitraque. La división o radicalización furiosa de la derecha sería muy útil para alejar durante algunas legislaturas el peligro de otro triunfo del PP, de la derecha sin radicalismos, eso que se viene llamando, con más o menos fortuna, centro-derecha.

Los socialistas serían felices si el Partido Popular se convirtiera en una derecha radical, extremosa y extremista, o mejor aún, si a la derecha de la derecha naciera un partido de extrema derecha, precisamente ahora en que el comunismo ha adelgazado tanto que se ha quedado anoréxico, en los huesos y el pellejo, o sea, Frutos y Llamazares. La división de la derecha supondría casi la garantía electoral de que esa ideología quedara condenada largamente a habitar en la oposición. Se trata, creo yo, de un juego peligroso. El daño que produciría una política de provocación a la derecha no sólo alcanzaría al partido de la derecha, sino a España misma y al fin y cabo a la misma izquierda.

¿A qué vienen, si no, toda esa cadena de señales extemporáneas, de resurrecciones fantasmales del pasado, de provocaciones absurdas, de miradas atrás con ira, de querer imposibles? Porque imposible es volver el tiempo y borrar los hechos, enterrar la Historia. Dicho en endecasílabos se expresaría así: «Que lo que sucedió no haya pasado, / cosa que al mismo Dios es imposible...» Porque, como decía ayer un humorista, parece que los sociatas estén diciéndose hoy, en el quinto año del siglo XXI: «Ahora sólo nos queda ganar la batalla del Ebro».

¿A qué viene esa pelea con la Iglesia? ¿A qué viene esa constante acusación de fascismo a todo lo que no es izquierda? ¿A qué viene recurrir una vez y otra a la revolución callejera? ¿A qué viene tanta concesión a los separatismos y a los separatistas? ¿A qué viene descabalgar viejos dictadores de bronce mientras se abraza a los actuales déspotas de carne, hueso y hasta de uniforme? ¿A qué viene la exclusión desdeñosa desde el Gobierno de cualquier acuerdo de Estado?

Los socialistas se han empeñado en seguir una política mezquina que pretende sobre todo chinchar y mortificar a la oposición. No sé si podrán conseguir ese objetivo señalado por el estratega Rubalcaba. No sé si aparecerá por ahí un grupo de españoles que, escocidos y apaleados por tanta y tan peligrosa provocación, se sitúen en un extremismo también peligroso. Esperemos que no, y que nadie de la derecha entre al trapo socialista de intentar volver a las andadas. Ya han ganado en las urnas. No es necesario que intenten ganar esta vez la batalla del Ebro.

RAJOY Y LA OTRA GENTE
Por Valentí PUIG ABC  21 Marzo 2005

LA sabia oblicuidad de la dialéctica gallega sosiega y ayuda a distinguir lo accesorio de lo sustancial. En este territorio se está librando una batalla que no siempre trasciende pero que constituye, con sus avances y retrocesos incluso a la menor escala, un episodio central en la conflagración política que comenzó el 11 de marzo, hace un año. De una parte, la estilística de Zapatero obtiene su implantación retórica gracias a la edulcoración de lo accesorio, desde la panoplia laicista, el pacifismo o la reactualización de la épica antifranquista por vía del galvanismo, consistente en excitar por medio de corrientes eléctricas los nervios y músculos de un animal ya más bien sin vida. Rajoy, por su parte, recurre a la ironía galaica y a los símiles del sentido común para reducir lo accesorio a su estricta condición, recordando al paso que gobernar atañe a algo más sustancial.

A la larga estaríamos hablando de construcciones diametralmente opuestas de la credibilidad. Lo que ocurre es que los ritmos políticos de hoy se aproximan más a la indigestión de una vorágine que al saboreo calmado y moroso. Provocaciones y reacciones, respuestas y preguntas, réplicas y contrarréplicas requieren del ímpetu de la instantaneidad, del eco fulminante, Aun así, perduran como elementos de la naturaleza humana y, por tanto, de la política como arte y pasión, la conveniencia de enseñarle a silbar al zorro, como cuentan las leyendas de humor gallego, la necesidad de médicos que aconsejen al enfermo que sueñe que está sano, en un mundo de cuervos que hablan con gran cordura y sentido de la profecía. Hay formas de sensatez que siempre tendrán su nicho, mayor o menor, en el mercado. Talante por talante, ritmo frente a contrarritmo, el pulso entre Zapatero y Rajoy va mucho más allá de lo que capta una cámara de televisión.

EN «La otra gente», Álvaro Cunqueiro reúne algunos de sus retratos de gente gallega. Es un libro delicioso. Ahí aparece Penedo de Rúa, a quien un cuervo agradecido le indica dónde buscar un tesoro. Entre dos robles, Penedo encuentra una pieza de metal, una pieza rara que nadie sabe identificar. Un amigo relojero, al final, le explica que es un pedal de bicicleta. Por entonces no había ninguna bicicleta en Galicia. Penedo pregunta al amigo: «Pero ¿es un tesoro o no?». «Hombre, un tesoro, un tesoro, quizás no le sea, pero ser, ser, es un misterio!».

EN qué momento vaya a ser cuantificable el peso de la dialéctica galaica de Mariano Rajoy es algo que Cunqueiro esperaría a ver como esperó la llegada de los cisnes salvajes en vuelo a la Costa de la Muerte. Tal vez sea otra forma de lluvia fina, cuyo calado es una incógnita. Sin modelo territorial y con un Gobierno tan irregular, la figura de Zapatero suma fallos que no merman por ahora el estado de gracia. A un año del 11-M, no se escucha aún con claridad la voz del relojero que nos explique que un pedal de bicicleta es un pedal de bicicleta.

En estos días el PSOE va alquilando por horas la sombra de Franco para que le dé un susto a Mariano Rajoy, como la bruja con escoba en el túnel de la muerte. No parece que eso vaya a acabarle la paciencia al líder del PP. Otra cosa es que uno se harte de tanta tontería y ordinariez. Hubo un antifranquismo de gran fuerza moral, como hay un antifranquismo enteramente cursi. La política es eso, toda incertidumbre y apariencia, y sólo el tiempo es capaz de probar si aquel pedal de bicicleta era un tesoro o un misterio.
vpuig@abc.es

Las exigencias de Maragall topan con un fuerte rechazo en el PSOE
Editorial El Mundo  21 Marzo 2005

Las reivindicaciones del Gobierno tripartito de una nueva fórmula para reducir drásticamente o compensar el llamado déficit fiscal de Cataluña han empezado a suscitar una reacción negativa en el propio PSOE.

Según revela hoy EL MUNDO, Alfonso Guerra criticó hace diez días en una reunión en el parador de Sigüenza el «adanismo político» de algunos dirigentes de su partido al plantear una reforma constitucional que puede romper con los equilibrios de la Transición y poner en peligro la unidad de España.

Aunque se cuidó mucho de citar nombres, es obvia la alusión a alguno o algunos jóvenes miembros del equipo del nuevo Gobierno que al llegar al poder se sienten como el primer hombre sobre la Tierra, dispuestos a escribir la Historia.

José Bono, ministro de Defensa, advirtió el pasado viernes que las exigencias financieras de PSC y ERC son «injustas», «insolidarias» y «obscenas». Y nuestro periódico publica hoy una entrevista con su sucesor en Castilla-La Mancha, José María Barreda, que afirma que no aceptará «en silencio» ningún privilegio o discriminación territorial. «Jamás aceptaré que Castilla-La Mancha sea una autonomía de segunda y Cataluña o el País Vasco, de primera», señala Barreda.

Además de Bono, hay otros ministros en el Gobierno de Zapatero que están cerca de estas tesis. El propio Pedro Solbes, ministro de Economía, no es partidario de fórmulas que rompan los principios de cohesión y solidaridad territorial.

Uno de los problemas que va a tener Solbes es el de poder mantener los actuales niveles de transferencia a las comunidades con menor renta, que a partir del año 2007 van a sufrir una importante merma de las subvenciones que reciben de la UE.

La coincidencia de las exigencias del Gobierno tripartito, que ha cuantificado su déficit fiscal en 9.000 millones de euros, y la revisión a la baja de las ayudas comunitarias podría suponer una importante reducción de los fondos que reciben comunidades como Andalucía, Extremadura, las dos Castillas, Asturias y Galicia.

En este contexto, hay que enmarcar unas declaraciones de Manuel Chaves, presidente de la Junta de Andalucía, que advirtió recientemente a Maragall que el nuevo esquema de financiación autonómica tendrá que ser pactado en una negociación entre todas las comunidades y no mediante acuerdos bilaterales, como pretenden ERC y el PSC.

Los dirigentes socialistas que se oponen a ceder ante las presiones de Maragall esgrimen el artículo 138 de la Constitución, que habla de «solidaridad» entre los territorios, de «equilibrio económico» y excluye expresamente «los privilegios» en los estatutos de las comunidades.

El espíritu y la letra de la Constitución son claros, pero la necesidad de Zapatero de contar con el respaldo parlamentario de ERC y de no enfrentarse a Maragall le empujan a negociar concesiones que, en otras circunstancias, jamás hubiera aceptado. Zapatero, sin embargo, tiene un margen de maniobra muy limitado, ya que corre el riesgo de provocar una gran crisis interna si se pasa en esas concesiones.

PUJOL Y EL LABERINTO CATALÁN
Editorial ABC  21 Marzo 2005

LA visita de Jordi Pujol a Madrid, a mediados de la semana pasada, para recibir de manos de Felipe González el premio a la concordia que otorga la Fundación Abril Martorel, y su presencia en el homenaje a Santiago Carrillo encierran tal vez un significado político que va más allá del recuerdo de los viejos tiempos. A nadie se oculta que Maragall ha sufrido un grave deterioro a consecuencia de la crisis del Carmelo. Tanto la referencia al 3 por ciento como la torpeza dialéctica en las jornadas posteriores (la alusión al chapapote, a las mujeres maltratadas y al souflé catalán) han provocado una manifiesta pérdida de influencia del presidente de la Generalitat sobre el rumbo de la política territorial del Gobierno socialista. El arreglo ficticio escenificado durante la moción de censura promovida por el PP permite a todos ganar tiempo y evitar por ahora que la baraja se rompa, pero ningún analista serio admite que la crisis esté ya resuelta sin dejar secuelas: los ciudadanos han tomado buena nota del papel jugado por unos y por otros y un apaño tan evidente no permite a CiU y al PSC dar por cerrado el asunto ante la opinión pública. Sería preocupante para la salud democrática de Cataluña que se aceptara con naturalidad un pacto de silencio en nombre de una supuesta coalición sagrada contra un enemigo exterior más imaginario que real.

Jordi Pujol ha mantenido desde su salida del poder un perfil discreto, pero conserva lógicamente la influencia derivada de su protagonismo durante muchos años. La advertencia que lanzó a unos y a otros en plena crisis, bajo la expresiva fórmula de «no seáis burros», encerraba un notable valor político bajo una dialéctica -esta vez- nada refinada. Dice ahora que lanzar acusaciones graves puede destruir a un país y que él nunca se apuntó a campañas contra personas, instituciones y partidos. Admite que Cataluña «no pasa por su mejor momento» y que es peligroso destrozar la legitimidad de una clase política. Puede ser algo más que una simple reflexión teórica. Apunta quizás a confirmar la impresión generalizada de que Maragall, que aplica una política nacionalista con votos de un electorado no nacionalista, se ha convertido en un obstáculo para su propio partido y para un posible entendimiento entre socialistas y convergentes. La aproximación interesa a unos y a otros. Es notorio que el PSOE está cada vez más incómodo ante las reivindicaciones de ERC: las conversaciones para «profundizar» el apoyo parlamentario chocan con un nivel de exigencia que va más allá del coste que Zapatero puede admitir, incluso dentro de su propio partido. A su vez, CiU padece el síndrome que acompaña por naturaleza a la pérdida del poder y necesita un impulso que enderece su rumbo político, todavía errático. Puesto que Esquerra no puede renunciar por definición a ese objetivo, el PSC conseguiría también vincular a la coalición encabezada por Mas y por Durán, que como informamos hoy atraviesa una situación delicada, a una apuesta decidida por el nuevo Estatuto, visto ahora mismo con recelo en ciertos sectores del catalanismo no tanto por su contenido, poco definido por el momento, cuanto porque se trataría de un éxito «ante Madrid» de sus adversarios socialistas, con el consiguiente rédito electoral.

Compleja situación, en definitiva, en la que Maragall juega ahora a la contra: de inspirador directo de la política territorial de Zapatero ha pasado a situarse en tierra de nadie. ¿Es ahora el presidente catalán un estorbo? ¿Ejerce Pujol de mensajero de nuevas propuestas? Tal vez la legislatura del Parlament no se fue «a hacer puñetas», como dijo Artur Mas, pero la figura del presidente de la Generalitat se ha empequeñecido notablemente en el tablero político de Cataluña y del conjunto de España.

Qué coñazo
Por David Gistau El Mundo 21 Marzo 2005

Durante años, para hacerse un hueco en la política o en la cultura madrileñas y beneficiarse de las prebendas del nuevo Régimen, bastaba con asegurar que uno había «corrido delante de los grises». Decirlo aunque fuera mentira, aunque uno se hubiera pasado los sesenta tomando copas en Oliver o incluso dedicando versos a Franco o a José Antonio.

Así se avalaba un supuesto pedigrí anti-franquista, necesario para medrar, para conseguir cargos o premios literarios, que mejoraba mucho, qué duda cabe, si además se podía demostrar una estancia en un calabozo, qué importaba que fuera por haber robado una cartera o por haber roto una farola durante una borrachera, al salir de Oliver.

Lo bueno de una dictadura es que cualquier condena se puede hacer pasar por política para pasar por caja a cobrarse la redención, como bien sabía el Toni Montana de Scarface cuando llegó a Miami desde Cuba.

La de Zetapé es la primera generación de la izquierda que no puede presumir de haber «corrido delante de los grises». Ni de haber visitado calabozos. Ni de haberse puesto peluca en la clandestinidad. Es la primera, por tanto, que carece de pedigrí anti-franquista, inventado o no.

Esto no es un reproche, porque lo que uno intenta decir es que, emancipada por fin de sumisiones guerracivilistas, parida en un tiempo posterior a toda esa mierda, la generación de Zetapé es la primera que podría haber inventado un discurso nuevo para liberarnos de nuestros traumas anacrónicos, los que nos mantienen todavía cautivos del pasado y sus rencores, qué pereza, qué coñazo el abuelo muerto durante la Guerra.

Pero no. Resulta que Zetapé, en vez de celebrar su pertenencia a una generación limpia para la cual la Guerra Civil no debiera ser sino material de enciclopedia, se ha sentido obligado a presentar un aval de pedigrí anti-franquista. Y como ha llegado tarde para correr delante de los grises, para descabalgar al Franco auténtico, ha tenido que conformarse con hacerlo delante de una estatua.

Su proeza de momento sólo ha servido para que, otra vez, pero qué coñazo, España encuentre un argumento con el que seguir librando la dichosa Guerra Civil.

Sólo por eso, uno cree que no vale la pena trasladar a un almacén a los espectros con las manos manchadas de sangre de aquel tiempo.Ni siquiera a Santiago Carrillo. Mejor no tocarlos, si con eso vamos consiguiendo de una puñetera vez que las nuevas generaciones ingresen y vivan en su propio tiempo, y no sigan siendo prisioneras del pasado, obligadas a purgar los errores del abuelo. Y a seguir cometiéndolos.

Ustedes no sé, pero yo, de Franco y de Carrillo, de Paracuellos y del fusilamiento de Lorca, del «No pasarán» y del «Hemos pasao», estoy hasta las mismísimas pelotas.

Aukera Guztiak
Inmorales en el Estado de Derecho
Agapito Maestre Libertad Digital 21 Marzo 2005

Nadie descarte que ETA se presente a las elecciones del día 17 de abril. La ambigüedad del PSOE en general, y de ZP en particular, al exigirle a la lista blanca de ETA, la candidatura de Aukera Guztiak, que “condene el terrorismo”, como paso previo para concurrir a las elecciones, hacen presagiar lo peor. En este sentido, tiene razón Carmelo Barrio cuando dice, contra las maniobras y dudas del PSOE respecto a la lista blanca de ETA, que antes está la ética política que conseguir votos. Antes debería cumplir el PSOE lo pactado con el PP en el Pacto Antiterrorista, defensor de la Constitución, que maniobrar a favor de la lista blanca de ETA. Antes está la Nación que obtener el poder al precio de la desaparición de España. Razones importantes ha dado Barrio para que un partido serio las tuviese en consideración, pero sospecho que todas las precauciones del parlamentario del PP, o de cualquier ciudadano medio español, al PSOE le trae sin cuidado. Este partido sólo quieren alcanzar el poder a cualquier precio. Nada excluyen, incluso negociar con ETA, si eso les ayuda a obtener el poder.

Porque la táctica del socialismo excluye, en fin, cualquier lógica moral que tenga que ver con la firmeza de los principios que recoge el preámbulo del Pacto Antiterrorista, todo puede esperarse de aquí a las elecciones del día 17 de abril. Todo puede pasar, excepto que López y ZP renuncien ahora, cuando las encuestas les dan como perdedores, a la táctica que eligieron hace tiempo, que pasó por expulsar a Redondo, un constitucionalista sin tacha, de la dirección del PSE, fichar a nacionalistas como Guevara para crear un plan tan anticonstitucional como el de Ibarreche, hablar de comunidad nacional, proyecto nacional y patria vasca. Cualquier cosa es buena, excepto presentarse como defensores, junto al PP, de la Constitución española.

Aunque las listas de Aukera Guztiak son de ETA, el PSOE agotará todos los recursos ideológicos y subterráneos posibles antes que exigir directamente, como está haciendo el PP, la completa ilegalización por parte del Tribunal Supremo y, más tarde, del Constitucional, de las listas blancas de ETA. Mientras el PSOE siga viendo en esas listas una sola posibilidad de restarle votos al PNV, seguirá maniobrando para que se presenten los etarras. De entrada, ya han obligado al Fiscal General del Estado a que les exija a los de Aukera Guztiak, como si esta gente no fuera de ETA, que “condenen el terrorismo”. Por si quedaba alguna de la presión del PSOE sobre Conde Pumpido, ZP utilizó las mismas palabras el domingo en el mitin de ayuda a López. Basta que “condenen el terrorismo, como los de Aralar en Vitoria, para que puedan presentarse a las elecciones. Sólo les ha faltado decir “condenen formalmente” y todo les será concedido.

¡Cuánta inmoralidad tendremos que soportar de aquí hasta las elecciones! ¡Cuántos desprecios tendrán que soportar las victimas del terrorismo de ETA! Y lo más grave de todo es que en el mejor de los casos, según todas las encuestas, el PSE sólo podría llegar al Gobierno del País Vasco contando con los votos del PP. ¡Cuánta frivolidad para nada!

Terrorismos y políticas
José Javaloyes Estrella Digital 21 Marzo 2005

Si la treintena de muertes producidas el pasado fin de semana en atentado contra una organización chií de Pakistán, subraya la condición de reservorio del talibanismo que tiene este país indostánico (más allá de la limpieza hecha del mismo en Afganistán durante su última guerra), el terrorismo de cualquier condición busca recursos para subsistir, permanecer e incluso prevalecer, enquistándose en un espacio geográfico o en un determinado medio social, o mutando como si fuera un virus hacia presentaciones políticas.

Es éste el caso de Batasuna en su actual poliformismo, intensificado especialmente por la proximidad de las elecciones autonómicas en Vizcaya, Álava y Guipúzcoa. Como lo fue también el independentismo violento de Terra Lliure, de tan próximas e íntimas evocaciones para el separatista Carod, reconvertido ahora al cobro de la extorsión parlamentaria.

Ya se sabe que los antibióticos no sirven contra los virus. El uso de la penicilina política contra los etarras no sólo es pérdida de tiempo y dinero; también acarrea en todos los casos pérdida y extravío de legitimidad democrática. Se ofende a las víctimas que le han sobrevivido y a la memoria de quienes el terrorismo dio muerte. Tan claro es ello como que los dos grandes partidos constitucionalistas no encontraron dificultad antaño, por su propia condición de tales, en establecer consenso y articular un pacto antiterrorista. O lo que es los mismo: el acuerdo de que la respuesta política contra el terror excluye toda estrategia que no sea la política policial.

Ocurre, sin embargo, que hay indicios vehementes de que ese pacto se ha roto, por incumplimiento socialista del mismo; o, para ser más precisos, por violación gubernamental de lo acordado. Y se presume así aunque grande sea la mayoría de los socialistas que siguen en el entendimiento de que a los terroristas ni el pan ni la sal.

Desde el Gobierno se niega la existencia de cualquier contacto o negociación con los medios batasunos – sabido rostro civil de la trama terrorista etarra -, pero la vehemencia de los indicios llega estribada en la prueba inapelable de unas grabaciones. A no ser que en las cintas de la grabación pueden aparecer reflejos y fantasmas como los del incendio del Windsor, según la tesis municipal de los bomberos.

Hay factores de contexto que abundan en lo meramente indiciario. Lo más patente de todo es cuánto se deriva, en la actual dinámica política, de la hipoteca parlamentaria del Gobierno de Rodríguez. Hipoteca con el nacionalismo en general y, muy específicamente, con Izquierda Republicana: correa de transmisión, desde la sima de Montpellier, entre el entramado etarro-batasuno y el declinante régimen de la decencia constitucional.

El encono por el que despeñó la normalidad política nacional, tras del error de intensidad en el compromiso con USA para la guerra de Iraq, era algo tan penoso como acorde con el legítimo disenso político-social.

Tenía a su vez el Gobierno de Aznar probada legitimidad para jugársela en la apuesta aquella, por mucho que hubiera fallado en el cálculo sobre la resistencia de los materiales – sociales y políticos, de disposición colectiva en suma - disponibles para el envite. La brecha fisiológica abierta por el disenso aquél en la normalidad política española, abrió la vía de entrada del virus terrorista exterior.

Se habían establecido con las pancartas, en la calle y en el Congreso, las precondiciones para el monstruoso ataque terrorista de los marroquíes del 11-M. O para la dinamita etarra apresada en Cuenca poco antes. (No se ha establecido, ni mucho menos agotado, el análisis de la otra secuencia causal, la inversa, entre las manifestaciones contra la guerra de Iraq y los atentados, sobre la que se procedió a la deslegitimación electoral del Partido Popular. Es decir, si no se hubieran instrumentado en sede parlamentaria esas manifestaciones ¿se habrían producido en el corredor del Henares los atentados terroristas más graves de Europa y de la Historia de España? ¿Quiénes pudieron mentir por torpeza y quienes pudieron invertir, por habilidad política, el foco de la lectura y del análisis?) Aquella implosión bestial de la diplomacia aznarista no limitó sus efectos, obviamente, al ámbito de la política exterior sino que ha llevado hasta la propia médula del sistema democrático español, la virtualidad “arbitral“ de la estrategia terrorista. Algo de lo que ahora se nutren las expectativas de los nacionalismos ante las modificaciones constitucionales y estatutarias.

Afectadas por las negociaciones secretas con el hombre de Montpellier, las referencias de constitucionalidad de esta Moncloa son otras. El Pacto Antiterrorista tiene menos curso que el acuerdo convenido entre Rodríguez y Rajoy antes de la comparecencia de Ibrarreche en el Congreso. Los compromisos con los opuestos al pacto constitucional (de 1978) no son compatibles con los pactos del bloque constitucional. Desde el 11-M, el bloque constitucionalista cede al social-nacionalista. Se presiente que el Pacto Antiterrorista ya es de otro tiempo. Quien manda es el virus, mutante hacia el Gobierno.
jose@javaloyes.net

Rechazo y división
Editorial El Correo 21 Marzo 2005

La encuesta de opinión publicada ayer y hoy por EL CORREO refleja cómo el plan Ibarretxe está contribuyendo a la división de la sociedad vasca. Es más, demuestra cómo la propia sociedad se ha percatado de ello. El 56,11% de los encuestados -entre ellos una tercera parte de los nacionalistas- considera que el proyecto de nuevo estatuto ha sido elaborado sólo para satisfacer a los abertzales y no a todos los vascos. Además, el 63,23% declara explícitamente que dicho plan conduce al enfrentamiento entre nacionalistas y no nacionalistas. Entre los votantes de la coalición PNV-EA así piensa un 36,59%. Más de la mitad del electorado considera que el plan Ibarretxe es un paso hacia la independencia. Y es especialmente significativo que en esta interpretación, y en proporciones similares, coincidan nacionalistas y no nacionalistas. Por otra parte, y en contra del mensaje del lehendakari, el 62,04% no cree que la hipotética puesta en marcha del plan pondría fin a la existencia de ETA.

Es igualmente significativo el rechazo que el plan suscita en la ciudadanía cuando es consultada respecto a su actitud ante la eventualidad de que el mismo sea sometido a un referéndum declarado ilegal, propósito anunciado reiteradamente por el lehendakari. El 33,11% de los encuestados dice que no acudiría a votar, un 37,10% votaría sí al plan y un 28,67% votaría en contra del mismo. Resulta elocuente que únicamente el 15,49% de los encuestados se muestre partidario de que el lehendakari aplique el plan rechazado por las Cortes Generales, pero que sea un 41,2% el que prevea que, de obtener la mayoría absoluta, Ibarretxe lo implantará.

La ciudadanía vasca se inclina en un 43,15% por desarrollar y mejorar el Estatuto de Autonomía, y en un 26,17% por mantener el autogobierno actual frente a un 15,76% que se muestra partidario de aplicar el plan Ibarretxe y un 14,40% favorable a la independencia. Además, los propios votantes de PNV-EA se muestran divididos al respecto, siendo más -39,35%- quienes abogan por el desarrollo y mejora del Estatuto que quienes preferirían la aplicación del plan Ibarretxe -37,89%-. A lo que se añade que un 52,52% de los votantes de PNV-EA se muestra partidario de promover una reforma del Estatuto con la que estén de acuerdo nacionalistas y no nacionalistas.

Pero junto a esta disposición contraria o crítica respecto al plan Ibarretxe -actitud que comparte hasta un tercio de los votantes de PNV-EA- y la inclinación mayoritaria hacia fórmulas de consenso para el futuro del autogobierno, parece también evidente la solidez que logra la coalición de gobierno actual como referencia para los votantes de los partidos que la conforman. El electorado del tripartito puede mostrarse distante respecto al proyecto Ibarretxe en materia de autogobierno, pero no así en lo que se refiere a su fidelidad a las siglas y -directa o indirectamente- a la citada coalición. Por su parte, parece igualmente evidente que el no nacionalismo, con cuyos planteamientos críticos hacia el plan Ibarretxe tiende a coincidir una parte nada desdeñable del electorado nacionalista, no logra ofrecer ni siquiera a sus propios votantes una alternativa de gobierno que arraigue como verosímil o simplemente como anhelo compartido. Tan sólo el 7,36% de los encuestados considera un gobierno PSE-PP como el mejor.

La convocatoria para las elecciones del 17 de abril coincidió con dos variaciones más que elocuentes en la estrategia del tripartito. En la misma sesión del Congreso que rechazó su plan, el lehendakari Ibarretxe cambió el lema de su llamamiento para alcanzar la mayoría absoluta: desde entonces ya no es el plan, que suscita aprensión e incluso rechazo, sino «obligar a negociar al PSOE y al PP». La otra variación la aportó días más tarde Javier Madrazo al condicionar la eventual participación de Ezker Batua en un futuro gobierno con los nacionalistas a que el mismo no pretendiera aplicar el plan Ibarretxe, a favor del cual había votado EB el 30 de diciembre en el Parlamento vasco. Parece claro que, premeditadamente, los valedores del proyecto de libre asociación han optado por ocultar o por situar el mismo en un plano secundario de la campaña electoral, conscientes de los riesgos que para sus intereses entrañaba una convocatoria de cariz plebiscitario en torno al plan Ibarretxe. Pero este movimiento electoral se convertiría en fuente de frustración e incluso de fraude si -como el propio electorado de PNV-EA vaticina en un 52,36%-, de confirmarse los pronósticos de la encuesta, el gobierno resultante se dispusiera a aplicar, sin más, el plan rechazado por el Congreso que trata de pasar desapercibido en el discurso nacionalista electoral. Sin embargo, es a las fuerzas abiertamente contrarias al mismo, al PP y sobre todo al PSE-EE, a las que corresponde advertir a la ciudadanía de que las elecciones del 17 de abril no van a ser unas elecciones más, sino que en ellas Euskadi se enfrenta a la disyuntiva de propiciar un futuro basado en el consenso o de apuntalar un diseño de país hecho por nacionalistas y para los propios nacionalistas, tal y como los encuestados expresan con claridad.

BONO Y MONTILLA
GERMÁN YANKE ABC 21 Marzo 2005

Cuando el ministro Bono presentaba su proyecto de Ley de Defensa Nacional, tuvo la oportunidad -quizá recordando que ya antes tuvo que defender ante algunos colegas del Ejecutivo la denominación «nacional» en vez de «Defensa del Estado»- de referirse a uno de los asuntos más esperpénticos de la nueva etapa socialista: la particular consideración de las balanzas fiscales autonómicas. El principio de que pagar más impuestos no da más derechos (puso el ejemplo del ciudadano al que corresponde una mayor cuota fiscal sin que por ello pueda solicitar habitación más grande, más cirujanos o enfermeros en un hospital) es una obviedad que el socialismo ha expresado desde antaño con el objetivo de dotar al sistema fiscal del efecto de redistribuir la renta. Estaría además entre las elementales funciones del Estado, aquellas que los socialistas consideran, incluso en el caso de mayor moderación, irrenunciables para los poderes públicos y se correspondería, además, con la constatación de que las paulatinas subidas de las pensiones, por ejemplo, afectan a mayor número de personas en regiones más desfavorecidas que en las más ricas. A quien le extrañe que un socialista defienda este tipo de políticas le faltan lecturas o sentido común.

Lo paradójico es que el debate de Bono no es con la derecha, sino con un considerable sector de su propio partido. Algunos socialistas autonómicos -es decir, con poder en las autonomías- quieren balanzas fiscales para determinar su participación económica en los gastos públicos del Estado en función de sus ingresos (ni incluso en la proporcionalidad de sus ingresos, sino en función de una concepción política de los ingresos). Otros, igualmente autonómicos, pretenden quebrar la unidad de mercado o de caja para administrar particularmente los ingresos -también los de la Seguridad Social- añadiendo el escarnio de que el Estado, además, actúe como una suerte de avalista obligado de sus aventuras. Son, sorprendentemente, socialistas que ni creen ni defienden el Estado -ni su papel regulador ni su función socializadora- ni la igualdad de derechos de los españoles. Lo que sostienen, por el contrario, son intereses cantonales y privativos.

Téngase en cuenta, además, que las balanzas fiscales son siempre un artificio contable. Ni soportan derechos ni responden a la realidad, que es la de los contribuyentes. La Generalitat de Cataluña podrá incluir en esas cuentas los impuestos de grandes empresas radicadas en ese territorio autonómico pero no podrá obviar, entre otras cosas, que los accionistas, los propietarios de las compañías y los últimos responsables de sus obligaciones, pueden tener vecindad, como ciertamente ocurre, en otras comunidades. O se establece el detalle de las famosas balanzas hasta el último detalle o no ofrecerán el mapa real de los ingresos y gastos públicos. Añádase, además, que son los ciudadanos y las empresas los que pagan impuestos, no los gobiernos regionales. Y que estos, en esta peripecia destructora de la igualdad, no piden, en el teórico nombre de aquellos, servicios adecuados a cargo de impuestos, sino recursos para los administradores.

A la paradoja se añade que, al parecer, es el ministro Montilla el que más ardorosamente defiende este curioso cantonalismo y la antidemocrática idea de que la apropiación de un gobierno regional de la teórica riqueza de sus ciudadanos debe comportar más competencias o recursos. El ministro, precisamente, que, ante las reclamaciones de los operadores de televisión, les reprocha defender intereses particulares.

Los problemas de la España plural
J. M. RUIZ SOROA El Correo 21 Marzo 2005

Un año es tiempo suficiente para apreciar cuáles son las líneas maestras del proyecto socialista en lo que se refiere a la estructuración territorial de España; y no me refiero tanto a los aspectos constitucionales y estatutarios de ese proyecto, los aspectos que podríamos calificar como técnicos, cuanto a la concepción de fondo que lo inspira. Concepción que, utilizando el esquema binario propuesto por el historiador Ricardo García Cárcel para nuestro pasado histórico, emparenta directamente con el modelo austracista u horizontal de España (por oposición al otro modelo, el borbónico o vertical). Es decir, la comprensión de España como la unión en un vértice común de unos diversos sujetos previos, los reinos o pueblos que la integran, pueblos que serían titulares de una cierta soberanía difusa (los fueros), limitada sólo por un pacto de sujección al centro del sistema, el centro que fue en su momento la corona de los Habsburgo.

A este austracismo ha llegado el Partido Socialista, probablemente, no tanto por una evolución ideológica autogenerada cuanto por factores externos contingentes. Primero por la necesidad política de escapar al férreo marcaje a que le sometía en esta materia el Partido Popular, para lo que precisaba de un discurso propio distinto del estrictamente constitucional, monopolizado por los populares. La 'España plural' es la síntesis de este discurso propio, pues expresa muy bien la idea de que la pluralidad predicada no se refiere a los ciudadanos (en cuyo caso hablaríamos mejor de una sociedad plural), sino a los territorios y pueblos que la componen. Los pueblos pasan así a ocupar una primera línea de importancia en la constitución imaginaria del sujeto político, cuando menos equiparable al otro elemento constituyente, las personas. Es curioso constatar que este deslizamiento venía ya predicho en el Preámbulo de la Constitución de 1978, una pieza de dudoso valor jurídico y disputada autoría, pero que situaba ya en el mismo plano como sujetos de derecho a «los españoles y a los pueblos de España».

Por otro lado, los socialistas han accedido al Gobierno en una situación de particular debilidad, lastrados 'ab origine' por el fracaso electoral de Maragall, que colocó a éste al frente de la Generalitat pero supeditado a acuerdos con los independentistas catalanes. Acuerdos que tienden a englobar también al Gobierno central al carecer éste de mayoría absoluta en las Cámaras. El lastre Maragall hace escorarse a todo el socialismo español, porque para integrar las reclamaciones de Esquerra Republicana e Izquierda Unida era necesario proveerse de un marco de comprensión congruente con ellas, y sólo la idea de España como un conjunto de países lo proporciona.

Ahora bien, el modelo adoptado tiene, como todos los modelos, sus problemas específicos y genera sus propias tensiones. En este caso concreto, el problema principal que plantea la aplicación en el siglo XXI del modelo austracista, que es premoderno en su concepción, es el de que exige una renacionalización de las poblaciones afectadas. La realidad lingüística y cultural de los territorios afectados no es ya la misma que fue en el siglo XVII, ni lo son desde luego las exigencias educativas y simbólicas de una sociedad moderna. Por ello, reconstruir las piezas del modelo de la España plural exige un elevado grado de asimilacionismo lingüístico y cultural en los territorios concernidos, que sólo un intervencionismo autoritario de las autoridades territoriales puede lograr. Por otro lado, el modelo adolece de tendencias centrífugas, pues unos pueblos diferentes con su propia identidad cultural y difusa soberanía política generan tensiones particularistas que empequeñecen el papel director del centro del sistema. El Conde Duque de Olivares lo comprobó muy a su pesar.

Es importante tener en cuenta que el socialismo, como es lógico, afronta estos problemas y tensiones desde su particular mentalidad ideológica. Es decir, echa mano para tratarlos de su propio utillaje conceptual. Norberto Bobbio señaló acertadamente hace ya unos años que la idea fuerza de la izquierda europea ha sido siempre la igualdad, no la libertad. Y en el caso de la izquierda socialista española la predominancia de la idea de igualdad sobre la de libertad se acentúa por razones históricas. Apenas si existe una tradición liberal dentro del socialismo español (Prieto o Fernando de los Ríos serían excepciones aisladas), al tiempo que su abandono de la dogmática marxista es muy reciente. La idea de los sujetos colectivos encaja sin demasiados chirridos en un ideario que hasta anteayer manejaba el concepto de clase (otro ente colectivo) como sujeto básico de definición política.

De ahí que el socialismo acepte sin dificultad especial la puesta en práctica de las políticas renacionalizadoras o asimilacionistas a que asistimos en Cataluña o Euskadi, limitando sus críticas a sus aristas más estridentes. Es el defícit de pensamiento cívico liberal del socialismo español lo que le permite aceptar las actuales políticas de reconstrucción de los sujetos políticos nacionales con relativa facilidad.

En cambio, la idea de igualdad se blande por el socialismo como barrera defensiva contra las tendencias centrífugas y particularistas del modelo, y es así constantemente invocada por aquellas partes del sistema español que se consideran desfavorecidas por la centrifuguización. La igualdad se utiliza como ancla para mantener unido al conjunto de pueblos hispánicos. Sin embargo, es dudoso que la idea de igualdad pueda desarrollar en la práctica y a largo plazo esa función cohesiva, sencillamente porque entra en conflicto con la diferencia básica sobre la cual está montado el modelo mismo. Si cada pueblo es diferente y cultiva su propia capacidad de autoregulación, el resultado inevitable es la desigualdad de situaciones y prestaciones ciudadanas. Exigir una igualdad de resultados a un sistema que se basa en el desarrollo por sus partes de su capacidad para ser diferentes es por sí mismo contradictorio, y termina por entorpecer el funcionamiento del sistema mismo. Máxime cuando la misma ciudadanía (el elemento intelectual que simboliza mejor la idea de igualdad) tiende a ser definida por los socialistas cada vez más en términos nacionales particulares. Si la ciudadanía no es generalizable y abstracta, la reivindicación de igualdad pierde su fundamento más claro, y tiende a convertirse en algo sustancialmente distinto, la reivindicación de solidaridad entre pueblos. Que es lo que estamos viendo que sucede en España cada vez con más nitidez.

Por otro lado, la discusión sobre la solidaridad se aborda por los socialistas en unos términos desprejuiciadamente neoliberales (en teoría contradictorios con sus nociones ideológicas características), adoptando la forma de análisis contables de 'tanto aporto/tanto recibo'. Son las llamadas 'balanzas fiscales', de construcción teórica sumamente arbitraria pero con una enorme fuerza de arrastre popular en una sociedad capitalista, puesto que encajan muy bien en la comprensión egoísta de la sociedad típica del sistema de mercado. Ello lleva al centro del sistema al riesgo de quedar reducido a ser el administrador de un cierto regateo de solidaridad entre los pueblos.

En estas condiciones, la conclusión provisional deducible es la de que el sistema adoptado podría resultar inestable a medio plazo si se aplicase en su pureza. Aunque, claro está, la política real española impide esa aplicación exclusiva y lo contamina con las exigencias de otras fuerzas. Y, sobre todo, no hay que olvidar que la realidad es siempre mucho más compleja y rica que cualquier modelo de comprensión teórica o de intervención política que se construya.

«Obtenieron cero»
IÑAKI EZKERRA El Correo 21 Marzo 2005

Lo dijo la consejera de Educación el miércoles y en la misma rueda de prensa en la que dio unos buenos tirones de orejas a los profes encerrados en un instituto de Bilbao que han perdido el trabajo por no aprobar unos exámenes de euskera: «Veinticinco de ellos 'obtenieron' cero, así que lo que tienen que hacer es estudiar». La verdad es que no creo que ella 'obtenió' una gran puntuación echando esa regañina a una gente mayorcita que sólo es culpable de tener la prudencia de querer enseñar lo que sabe y en la lengua en la que lo sabe, no en la que no domina ni va a dominar por muchos exámenes que apruebe ni muchos títulos que se le den. La verdad es que esa prudencia se agradece en una Euskadi en particular y en un mundo en general en los que hay mucho 'maestro ciruela que no sabía leer y puso escuela', mucho consejero y consejera fiel a la máxima de 'consejos vendo pero para mí no tengo'.

Recuerdo que en el colegio franquista de curas al que tuve la desgracia de ir en mi infancia había uno al que apodaban Gorila por su increíble parecido físico con King Kong. Como no podía ser de otro modo, era precisamente el que daba clase de Ciencias Naturales. Cuando en su curso llegamos al espinoso asunto de la evolución de las especies Gorila nos explicó la bíblica y 'científica' historia de Adán y Eva, de la costilla y la manzana, apostillando con una sonrisa de superioridad y unas carcajadas inolvidables que «hubo una vez un tal Darwin que mantenía la absurda teoría de que el hombre desciende del mono». «¿Con qué desfachatez lo puede negar -pensábamos todos los alumnos en silencio- si él es la clamorosa evidencia?».

Los profesores encerrados por no dar el perfil lingüístico lo que tienen que hacer es estudiar, ya que «veinticinco de ellos 'obtenieron' cero» según la consejera de Educación. Sin embargo que 'obtenieran' cero en una lengua en la que ni desean enseñar ni van a enseñar nunca al margen de que la estudien mucho o poco no es nada triste en comparación con toda una consejera de Educación que sí tiene que saber hablar en castellano porque se halla al servicio de todos los vascos, pero que al parecer no sabe conjugar el pretérito anterior del verbo obtener. Aquí no estamos ante una cuestión política sino de incultura general básica. Estamos ante el chiste del que pregunta por teléfono 'si es la Real Academia de la Lengua' y al que le responden: 'No, pero como si lo fuería'.

No. Nunca le diría yo a la consejera de Educación que estudie más. Ya es un poco tarde para eso. Yo le seguiría la corriente: ¿De verdad, consejera, que 'obtenieron cero'? ¿Qué 'iñorantes'!

El Carmelo
Grandes enigmas
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 21 Marzo 2005

¿De quién es la maquinaria que quedó sepultada bajo el hormigón en el Carmelo cuando el govern tomó la decisión de cegar el túnel? La respuesta no es tan difícil, aunque sorprende que la empresa propietaria no haya protestado por la evitable pérdida de centenares de millones de pesetas. Mucha prisa habría para sumir en el eterno silencio aquel espacio fantasmagórico.

Hay enigmas que parecen fáciles de descifrar porque sabemos quién tiene las respuestas, y sin embargo no hay manera. No hay manera de que nos cuenten, por ejemplo, por qué la empresa pública GISA, teniendo indicios más que sobrados de que las cosas iban mal en el Carmelo, de que se avecinaban graves problemas, no sólo no incrementó ni un euro el presupuesto sino que calló ante las incidencias que aparecían en los informes de la dirección de obra acerca de los reiterados desprendimientos en la calle Sigüenza. El portavoz del PPC, Daniel Sirera los retrata: “Ni Pepe Gotera y Otilio, los de chapuzas a domicilio, habrían explicado tan mal por qué no reaccionaron ante las continuas denuncias.” Por cierto, acaba de exigir Sirera la dimisión de todo el equipo de la conselleria de Política Territorial por haber construido el túnel “sin ningún tipo de estudio”.

Convendría también que las autoridades aclaren si es verdad lo que los técnicos susurran: que habrá que echar abajo toda la manzana afectada al no haber modo de evitar el eventual derrumbe, dada la construcción no independiente de las viviendas. Y que reconozcan de una vez, de paso, la necesidad de alterar el trazado del túnel de maniobras de la línea 5. Es decir, de volver a lo que estaba proyectado en Horta antes de que Transports Metropolitans de Barcelona, la empresa municipal presidida por el socialista Xavier Casas, se empeñara en que el túnel pasara por el Carmelo. Es curioso, GISA ha facturado las obras del Carmelo bajo el concepto de obras en Horta, como si la alteración inducida por TMB nunca hubiera ocurrido.

Más tranquilos nos quedaríamos todos, hablando de enigmas, si nos explicaran cómo es posible que un pequeño partido como Convergencia Democrática de Catalunya sea el primer receptor de donaciones de España. Sí, por encima del PP, con sus ochocientos cuarenta mil militantes, y del PSOE.

Y para los más curiosos, unas guindas: ¿Qué recurrente nombre propio aparece tras la sociedad propietaria de una de las tres empresas de la UTE de la línea 5? ¿Es cierto que el principal decisor técnico de las obras públicas catalanas recibía una remuneración anual superior al millón de euros y que la ha mantenido, ya fuera de su cargo, mediante asesorías? ¿Es habitual imponerles a los concesionarios la presencia formal de empresas que no realizan trabajo efectivo pero que cobran del presupuesto bastante más del 3 %? Con la de gente que sabe todas estas cosas, y no hay manera de que suelten prenda.

Nacionalismo antisocial
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 21 Marzo 2005

El galimatías con que el lenguaje político confunde cada día a los ciudadanos y le hace trampas al sentido común y a la verdad se está cobrando una nueva pieza. A día de hoy ya estamos asumiendo sin rechistar y como buena la moneda falsa de que «las comunidades autonómicas» pagan más o pagan menos y de ahí llega la exigencia derivada, profundamente retrógrada, de que por ello han de recibir más y tener mejores derechos. Ése y no otro es el presunto progresismo de Carod y de los nacionalismos. Podrían exigir el buen empleo y la distribución equitativa de los recursos. Pero no, lo que reclaman es simplemente privilegios. Hay que ir, sin embargo, más al fondo. A la premisa del argumento que es donde se encuentra la falacia. La comunidades, lo mismo que no votan las hectáreas sino las gentes, no son quienes pagan los impuestos. Quienes pagan en función de sus beneficios y riquezas son las personas, físicas o jurídicas, detrás de las cuales están siempre las primeras. Lo que hay son ricos con grandes beneficios, aquí o allá, que deben aportar más a las arcas que los menos afortunados. Ésa es la caja común que se pretende trocear. Lo que pretende este nacionalismo antisocial que nos ha tocado sufrir es romper con el impulso de justicia y distribución de la riqueza que ha sido lo mejor que Europa ha ido alumbrando desde hace siglos.

TRAS LOS ATAQUES DE BLANCO A ALCARAZ
La AVT replica al PSOE que no va a permitir que le reste "un ápice de legitimidad"
La Asociación de Víctimas del Terrorismo ha respondido a los ataques del PSOE, los últimos por boca de José Blanco, y ha asegurado que, "frente a los que interesadamente pretenden vender la falaz idea de que esta asociación no representa a las víctimas del 11-M", es la organización que cuenta con un mayor número de víctimas de la masacre de Madrid, por lo que no aceptarán que se les reste "un ápice de legitimidad". Poco antes, el secretario de Organización del PSOE había dicho que las víctimas del terrorismo no están de acuerdo con el "talante" del presidente de la AVT.
Europa Press Libertad Digital 21 Marzo 2005

La AVT ha asegurado que, "frente a los que interesadamente pretenden vender la falaz idea de que esta asociación no representa a las víctimas del 11-M", es la organización que cuenta con un mayor número de víctimas de la masacre de Madrid que tuvo lugar hace poco más de un año, por lo que "en ningún caso" aceptará que se les reste "un ápice de legitimidad con base en ideas falsas o interesadamente manipuladas".

La asociación ha lamentado el "tratamiento sesgado y parcial que se está ofreciendo de las declaraciones" de su presidente, Francisco José Alcaraz, en relación con la reunión del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, con los representantes de la Asociación de Afectados del 11-M. También criticó la interpretación realizada por "ciertos" medios de comunicación cuyo "objetivo exclusivo" es el "descrédito de la AVT, distorsionando interesadamente" lo declarado por Alcaraz.

En este sentido, la AVT subrayó que las palabras de Alcaraz "únicamente" pretendían poner de manifiesto la necesidad de un trato igualitario por parte del Gobierno, y especialmente por el presidente del Ejecutivo "sin privilegiar o discriminar a alguna o algunas en virtud de criterios subjetivos". Además, se quiso precisar que las declaraciones de Alcaraz sólo criticaban que Rodríguez Zapatero no se haya reunido con una asociación como Ayuda a las víctimas 11-M, que viene desarrollando una "excelente labor" y que cuenta entre sus miembros con más de 200 víctimas del 11-M.

Por último, la AVT reiteró que continuará desarrollando su labor en favor de todas las víctimas del terrorismo y sobre todo luchando en pro de la “memoria, dignidad y justicia”, lema fundacional al que se debe como movimiento asociativo.

Ataques del PSOE
Previamente, el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, había dicho que las víctimas del terrorismo no están de acuerdo con el talante del presidente de la AVT con relación a Peces Barba. Blanco, al ser preguntado por la división que se ha producido entre las víctimas del terrorismo y el rechazo que ha manifestado la dirección de la AVT al Alto Comisionado, el dirigente socialista negó que la mayor parte de las víctimas estén en contra de este nombramiento del Gobierno.

Blanco cree que el presidente de la AVT "tendría que recapacitar" en su forma de actuar con relación a Gregorio Peces Barba e insistió en que "hay muchas víctimas, la inmensa mayoría de las víctimas, que no están de acuerdo ni con las formas, ni con el talante, ni con la forma de actuar de su presidente". El dirigente socialista mostró su malestar por las críticas del PP y se justificó con que "en ningún momento de la historia democrática de nuestro país, ningún gobierno consultó con la oposición el nombramiento de un alto cargo del Gobierno".

San Gil dice que votar al PSE «es votar a Ibarreche» y se pregunta por qué hablan con los terroristas
San Sebastián La Razón 21 Marzo 2005

La presidenta del PP vasco, María San Gil, denunció ayer que votar al secretario general del PSE, Patxi López, «es votar al lendakari», Juan José Ibarreche. «Ha perdido su esencia, su naturaleza propia y se han puesto al servicio total y absoluto del nacionalismo». «El señor López no apuesta por el cambio, por la alternativa, apuesta única y exclusivamente por ser el vicelendakari del señor Ibarreche».

Ante esa postura de «servilismo ante el nacionalismo», hay otro dato, que son «las conversaciones de dirigentes del Partido Socialista con la banda terrorista ETA», algo que calificó de «deslealtad absoluta al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo y al conjunto de demócratas vascos y españoles que exigimos la derrota del terrorismo». Exigió a López que «dé la cara y explique al conjunto de la sociedad vasca y española qué ha cambiado para que los dirigentes socialistas estén hablando con ETA», en relación a las informaciones que apuntan a que la representante de Ekin Elisabete Zubilaga informó a un preso de ETA de que Batasuna había mantenido contactos con socialistas españoles y franceses.

La número uno de los populares también criticó al PNV que, según dijo, le sigue «sorprendiendo, día a día, por la radicalidad, la confrontación, la dureza de sus expresiones, y porque está haciendo una precampaña que más parece de aspirante enfadado con el mundo que de alguien que lleva gobernando 25 años este país».

A su juicio, el Partido Nacionalista Vasco «está absolutamente radicalizado y haciendo una campaña a la desesperada en un tono radical y crispado que no aporta sosiego ni tranquilidad». Se refirió a las declaraciones en las que a Ibarreche, según dijo, «le oíamos, en un tono bastante exaltado, anunciar que si ganamos los constitucionalistas, les íbamos a echar». En este sentido, aseguró que el Partido Popular «no va a echar a nadie de este país que, al contrario de lo que han hecho las políticas excluyentes del nacionalismo, su proyecto es de convivencia, de futuro y donde no sobra nadie». «El cambio de gobierno es bueno y necesario».
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