AGLI

Recortes de Prensa     Martes 22 Marzo 2005
Una Babel en el Congreso
JORGE DEL CORRAL La Voz 22 Marzo 2005

EL PODER SEGÚN ZAPATERO
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  22 Marzo 2005

La investigación del 11-M adquiere una inquietante nueva dimensión
Editorial El Mundo 22 Marzo 2005

ENTRE BABIA Y LA DISCREPANCIA
M. MARTÍN FERRAND ABC  22 Marzo 2005

El Gobierno del 14-M y el Pacto Antiterrorista
EDITORIAL Libertad Digital 22 Marzo 2005

Al servicio de Maragall
Juan BRAVO La Razón 22 Marzo 2005

LA SONRISA RADICAL
EDURNE URIARTE ABC  22 Marzo 2005

El talante de la mentira
Ignacio Villa Libertad Digital 22 Marzo 2005

Encuestas arriba
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 22 Marzo 2005

¿QUÉ ESPERAMOS DE UN GOBIERNO
PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO ABC  22 Marzo 2005

LA CONCIENCIA AMORDAZADA
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC  22 Marzo 2005

MÁS QUE PALABRAS
Editorial ABC  22 Marzo 2005

Tres palabras
José García Domínguez Libertad Digital 22 Marzo 2005

Las piezas
MARÍA MAIZKURRENA El Correo 22 Marzo 2005

Gobernar por Outsourcing
Xavier Horcajo Época 22 Marzo 2005

La ruina ideológica de la izquierda
Ignacio Cosidó Libertad Digital 22 Marzo 2005

La contraprogramación de La Pepa
Isabel Durán Libertad Digital 22 Marzo 2005

La estrategia de arañar
Cristina Losada Libertad Digital 22 Marzo 2005

Volvamos al pasado
Fernando Prieto Libertad Digital 22 Marzo 2005

Bono, Marx y las Balanzas Fiscales
M.A. Email 22 Marzo 2005

La estatua ecuestre de Franco
Cartas al Director ABC  22 Marzo 2005

Las cosas del presidente
Cartas al Director ABC  22 Marzo 2005

El dirigente del PSOE que se reunió con el lugarteniente de Lamari trabajaba para el CNI desde 1992 Abdelkrim Benesmail.
Libertad Digital 22 Marzo 2005

«El “plan López” quiere satisfacer al nacionalismo vasco»
Carmen GURRUCHAGA La Razón 22 Marzo 2005

Todas las opciones
Fernando Savater, El País 22 Marzo 2005

Una Babel en el Congreso
JORGE DEL CORRAL La Voz 22 Marzo 2005

LA DEBILIDAD del PSOE en el Congreso está provocando síntomas de esquizofrenia entre los responsables de su Grupo Parlamentario, que alcanzan al Presidente de la Cámara y miembro del partido, Manuel Marín. El permanente chantaje de ERC para convertir el hemiciclo en una babel de lenguas que impida entenderse en la común empieza a salir de la ficción para entrar en lo posible. Y el problema no está en que los diputados independentistas de Cataluña y otros lugares de España quieran representar la comedia bufa de la existencia de un Estado plurinacional y sin una lengua común. El problema está en que el PSOE parece dispuesto a la farsa.

Es un insulto a la inteligencia aceptar los argumentos secesionistas de que el Parlamento debe utilizar en sus dos Cámaras todas las lenguas que son cooficiales en sus respectivas Comunidades Autónomas, tal y como se hace en la Unión Europea y en Naciones Unidas. Como si España fuese un foro internacional, una suma de Estados independientes. Lo más sorprendente es que exista debate sobre esto, hasta el punto de poner en un brete al Presidente del Congreso, al que le están sometiendo a un zarandeo impropio del cargo y peligroso para el prestigio de la institución. Este asunto, que traería un mal sin beneficio para nadie, debería durar el tiempo que se tarda en decir que no, que es el que se tardó en rechazar la proposición no de ley que presentaron PNV, CiU, ERC, CHA, BNG y Nafarroa-Bai para establecer la cooficialidad del árabe y el tamazight (dialecto norteafricano) en las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla.

El artículo 3 de la Constitución dice que «el castellano es la lengua oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla» y añade que «las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas, de acuerdo con sus Estatutos». Claro como el agua clara.

Lo de menos es el elevado coste económico que tendría el uso cruzado de los cuatro idiomas en el Congreso y en el Senado (traducción oral, permanente y diaria en plenos, comisiones y órganos de las Cámaras; traducción escrita, certificaciones oficiales de las traducciones, ediciones de documentos, etc.), lo sorprendente es que el PSOE dude en este asunto, que tampoco serviría para nada porque quienes están jugando a la sokatira (juego vasco consistente en tirar a la vez y en sentido contrario de los dos extremos de una cuerda) lo único que buscan es la secesión de España, tras romperla en trozos físicos y lingüísticos ¿Acaso hay algo más chusco que ver a sus señorías ponerse auriculares para entender en eusquera, catalán o gallego lo que todos entienden y hablan en castellano? El PSOE, con Rodríguez Zapatero al frente, no debería dedicar ni un minuto más a este vodevil. Los idiomas están para comunicar no para levantar muros.

EL PODER SEGÚN ZAPATERO
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  22 Marzo 2005

POCO a poco se va abriendo paso la idea de Zapatero como ejecutor del asalto al Estado autonómico y la pulverización de la idea tradicional de España como nación. La sociedad se resiste a admitir este hecho por razones de incredulidad, miedo, falta de imaginación... pero, sobre todo, por no ver señales de inquietud en aquellos líderes de opinión que a su juicio deberían darlas. Me refiero a la tranquilidad, cuando no pachorra, con la que asisten al proceso determinados juristas, periodistas y políticos.

Los juristas, especialmente los constitucionalistas, descartan que la nación y el modelo de Estado estén en peligro por un elemental reflejo de defensa propia. ¿Cuál no sería su responsabilidad si se comprobara que una cierta relación de fuerzas parlamentarias permitiera no ya la reforma de la Constitución sino su real negación? ¿Qué Constitución y qué partidos nacionales son los que tenemos cuando hay que aferrarse al simple hecho de que entre el PSOE y sus socios no llegan a los dos tercios? ¿Y si hubieran llegado? ¿Y cuando lleguen? De todos modos han comenzado a intranquilizarse al saber que los Estatutos pueden ser el caballo de Troya para la toma de la ciudad constitucional. En realidad los fallos no son de ahora. Nunca se tomaron en serio los nacionalismos. Y éste ha sido también el fallo radical de los analistas políticos. Nunca entendieron la naturaleza de aquéllos e interpretaron los objetivos independentistas como escarceos de poder. Por otra parte, las concepciones sobre la actualidad no sólo suelen estar en contra de los orígenes de los hechos, sino además reñidas con las prospecciones hacia el futuro. Por otra parte, en el ejercicio del periodismo hay demasiados intereses como para que la mala fe no pervierta la mayoría de los análisis sobre cuestiones tan complejas y trascendentales como la liquidación del Estado.

Y he hablado también de la resistencia de ciertos políticos a ver la peligrosidad de la misión histórica que se ha marcado Zapatero. Los populares, porque ello les exigiría pensar en una estrategia más radical; los socialistas porque temen el desgarramiento del PSOE. Los Bono, los Guerra, los Vázquez, los Redondo... se niegan a reconocer el escandaloso asalto al Estado en el que está comprometido su secretario general y presidente de Gobierno. Pero esa es la realidad.

LAS aproximaciones y los contactos de los socialistas con ETA/Batasuna, hechos de modo directo (Eguiguren) o indirecto (Carod-Rovira Soares) así como los llamamientos patéticos del propio Zapatero («basta con una simple condena para que os admitamos»), están en esta clarísima tesis que algunos se niegan a ver.

Para Zapatero es importante ganar las elecciones autonómicas vascas, pero no tanto como preparar con los que formen gobierno (el tripartito PNV/EA/IU, según el sondeo de ABC/Vocento) la integración de ETA/Batasuna a cambio de un nuevo Estatuto que supondría algo así como el Estado Libre asociado del que ha dejado de hablar Ibarretxe o cualquier otro eufemismo. El objetivo de Zapatero es asegurarse el poder en Madrid con el apoyo de las «comunidades nacionales».

En los tiempos inmediatos tendrán que desvelarse las respuestas a la iniciativa de Zapatero; por un lado, las contrapropuestas de ETA (territorio y presos); en segundo lugar, si en el PSOE quedan «españoles» o simplemente es sólo un colectivo de oportunistas; por fin, si el PP es capaz de organizar las voluntades de todos los que creen en la Nación.

La investigación del 11-M adquiere una inquietante nueva dimensión
Editorial El Mundo 22 Marzo 2005

Este periódico revela hoy que Fernando Huarte, el dirigente socialista que visitó al menos tres veces en la cárcel al lugarteniente de Lamari, Abdelkrim Benesmail, es desde 1992 un colaborador del CNI cuya especialización es el mundo islámico.

Aunque el propio Centro se negó ayer expresamente a comentar esta noticia, el secretario de Organización, José Blanco, ya lo había dejado entrever en la rueda de prensa que dio para justificar su negativa a aceptar las comparecencias solicitadas por el PP, entre ellas la del propio Huarte.

El que Huarte sea un viejo colaborador de los servicios secretos no sólo no quita un ápice de importancia a sus encuentros con Benesmail, sino que hace todavía más urgente y necesaria su comparecencia ante la Comisión del 11-M.

Conviene recordar, en este sentido, que la noche del 12-M la jueza francesa Laurence Levert dijo al secretario de Organización socialista, José Blanco, que había recibido información a través de los servicios secretos españoles de que los autores del atentado eran islamistas. Es imprescindible por ello que comparezca Huarte ante la Comisión para explicar qué información obtuvo de sus contactos con el número dos de Lamari y sobre todo a quién se la transmitía.

En caso de que el Gobierno ponga alguna cortapisa u objeción a esto, entonces tendría la obligación de encontrar un modo de facilitar a la Comisión toda la información de que disponga al respecto.

Y es que la importancia del dato que hoy desvelamos no se puede infravalorar. Es de capital trascendencia para la investigación del 11-M. Aún mayor que el hallazgo y publicación, también en este periódico, de la cinta de Cancienes. Si aquello puso de relieve lo cerca que habían estado las Fuerzas de Seguridad de la trama asturiana de los explosivos que ya en 2001 estaba buscando «a alguien que supiese montar bombas con móviles», esto significa que también el CNI, a través de Huarte, estaba en contacto con el lugarteniente del jefe del comando del 11-M.

Esto explicaría la alerta lanzada a la desesperada por el CNI días antes de la masacre para detener a Lamari. Y que desde el mismo momento en que se confirmó la hipótesis islamista, dicho Centro señalara a Lamari como jefe del comando. Hay motivos para pensar, pues, que el CNI sabía de antemano que se estaba preparando un atentado.Y lo que es más inquietante, que la vía por la que pudo obtener dicha información privilegiada era una persona directamente vinculada a la cúpula del partido político que tres días después ganaría las elecciones.

La constatación de que personas muy próximas al Partido Socialista estaban controlando a los individuos que terminarían cometiendo el atentado -el jefe de la UCO, Félix Hernando, conocía los pasos de los islamistas y los asturianos gracias a las confidencias de Zouhier; y Huarte podía saber qué hacía Lamari a través de Benesmail- es sumamente alarmante y debe ser investigada en el seno de la Comisión parlamentaria.

En el caso concreto de Huarte, estamos ante un episodio que afecta tanto al fondo del asunto, que es qué pasó el 11-M -quién ideó, organizó y llevó a cabo el atentado-, como a lo que más específicamente analiza dicha Comision, que es cómo funcionaron los servicios de seguridad e inteligencia españoles a la hora de impedir la masacre. No valen pues más excusas ni pretextos. Ni el Gobierno ni los socialistas pueden permitirse ya dar carpetazo a la Comisión. Sería interpretado como un intento de tapar los vínculos del PSOE con el 11-M.

ENTRE BABIA Y LA DISCREPANCIA
Por M. MARTÍN FERRAND ABC  22 Marzo 2005

HACIENDO gala de un sentido del humor que, de ser suyo, lo será por una reciente adquisición, el secretario general del PP, Ángel Acebes, le decía ayer en estas páginas a Ángel Collado que «el primer error del PSOE es aplicar la teoría de que para ganar al nacionalismo hay que hacerse nacionalista...». Así, con una sonrisa, Acebes ha hecho una buena caricatura de José Luis Rodríguez Zapatero y, para aprovechar el viaje, ha puesto el dedo en la llaga que más le escuece al socialismo: la contradicción, permanentemente acelerada por el talante -y la necesidad- de José Luis Rodríguez Zapatero, entre la idea de España que arma el partido desde su fundación por Pablo Iglesias y la tolerancia disgregadora que «para evitar males mayores» ha marcado el primer año de componendas y parches con los que el líder leonés suple su minoría parlamentaria y, posiblemente, la vacuidad de sus ideas.

Esa volátil indefinición de Zapatero, tanto más evidente cuanto más concreto y reducido sea el punto de observación, puede llegar a generar grandes problemas de convivencia. Por ejemplo, en el País Vasco, el PSE de Patxi López, titular de la «contrata» socialista en el feudo del PNV, no predica ninguna doctrina que se asemeje a las que, hace cuatro años, dibujaban desde la ortodoxia un plan robustamente español y poco permeable a la tentación soberanista que se resume en el plan Ibarretxe. Atribuirle un giro copernicano de tal envergadura a los efectos del talante parece excesivo y hay que pensar, para no perderse por las nubes del limbo, que Zapatero, en vísperas electorales, antepone la hipótesis de la rentabilidad del voto a los supuestos de la doctrina y las convicciones que, por ser de su partido, empiezan a ser reclamadas por muchos militantes no afectados por el vértigo de las alturas.

Es lástima que al PP le falte el más elemental sentido autocrítico y, un año después de su derrota electoral, siga sin entender las razones que la provocaron porque, menos cuando hablan de sí mismos, los notables de la gran formación del centro-derecha suelen acertar en el diagnóstico. Eso es bueno para el enriquecimiento del análisis, pero resulta inútil como pedestal en el que fijar el trampolín de la alternancia, que es, en suma, de lo que debe tratarse en el juego democrático reducido a un bipartidismo fáctico alterado por las perturbaciones periféricas de los nacionalismos separatistas.

Ahora la moneda está en el aire sobre el solar vasco y, a poco más de un mes de las elecciones, no es fácil el juego teórico de escoger el mal preferible, el menor, porque el bien deseable, el mayor, resulta inalcanzable desde los supuestos que, cimentados en el Título VIII de la Constitución, han deformado el Estatuto de Guernica para convertirlo en incubadora de un nacionalismo más extremoso. Ante ello los partidos nacionales están a mitad de camino entre Babia y la discrepancia.

El Gobierno del 14-M y el Pacto Antiterrorista
EDITORIAL Libertad Digital 22 Marzo 2005

"En cuanto a la petición efectuada por el Grupo Popular respecto de la convocatoria del Pacto Antiterrorista, el Pacto se convocará porque, como ustedes saben, el Gobierno adquirió el compromiso, junto con el Partido Popular, de que el Pacto se convocase dos veces al año, que ya lo hemos hecho, y cuantas veces fuese solicitado por una de las partes". Quien dijo estas palabras hace poco más de tres meses no es otra que la vicepresidenta del gobierno, María Teresa Fernández de la Vega. La vicepresidenta del gobierno, sin embargo, no ha tenido empacho en justificar este lunes la negativa de Zapatero a la solicitud de convocatoria presentada por el PP, en lo que constituye un evidente incumplimiento de esos “compromisos” de los que hace tan poco tiempo nos hablaba.

Si aquella convocatoria solicitada por el del PP el pasado mes de diciembre obedecía a la decisión, no sometida a consenso, de nombrar al socialista Gregorio Peces Barba como Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo, la solicitud de ahora obedece a algo todavía más inquietante como son las informaciones que apuntan a una reunión mantenida entre el PSOE y los representantes políticos de ETA.

En aquella ocasión, al Gobierno le pareció que el nombramiento unilateral de Peces Barba no afectaba “ni a la letra ni al espíritu” del Pacto Antiterrorista, a pesar del evidente espíritu de consenso que reivindicaba ese pacto. A la vista está que, tampoco ahora, su sostenimiento en el cargo le parece al Gobierno de ZP una burla, no ya al “espíritu”, sino también a la “letra” de ese pacto que, literalmente, se comprometía a situar a las víctimas como “su principal preocupación” y a dotarles del “reconocimiento y la atención de la sociedad española”. Será que, para Zapatero, sostener a Peces Barba, a pesar de las clamorosas y reiteradas peticiones de dimisión por parte de la Asociación de Victimas del Terrorismo, forma parte de ese “reconocimiento y atención a las víctimas” al que su partido se comprometió con dicho pacto. Eso, por no recordar las recientes descalificaciones que, desde su partido, se han hecho contra los representantes de las víctimas, como las lanzadas por José Blanco contra el presidente de la AVT, Francisco José Alcaraz.

En cualquier caso, las informaciones que apuntan a los contactos de Batasuna y el PSOE, no deben ser despachadas con un simple desmentido que eluda dar explicación a las pruebas que los medios de comunicación han aportado. Y eso por no hablar de la indignación que, entre las víctimas, han causado las declaraciones de Zapatero en Durango el pasado domingo asegurando que a Batasuna le basta con pronunciar tres palabras “Condenamos al terrorismo” para que pueda presentarse a las elecciones.

Ahí está, por otra parte, no ya como tentativa, sino como violación consumada del Pacto por las Libertades la alianza de los socialistas en Álava con los partidos de Estella para despojar al PP de la Secretaría de Asuntos Sociales del gobierno foral. Todo un regalo de pedida al PNV, viendo las indisimuladas pretensiones de los socialistas vascos de llegar a acuerdos con los independentistas una vez pasadas las elecciones autonómicas.

Desde el mismo momento en que el PSOE, a partir del 11-M, se prestó a la estrategia de los terroristas para desbancar al PP del gobierno, poca fidelidad cabía esperar del gobierno del 14-M. Un Gobierno que ha llegado a pactos de legislatura con los socios de ETA en Perpiñán y que se dispone a tenerlos con el PNV en Vitoria, es tan poco fiable en un pacto antiterrorista como pueda serlo un caballo de Troya.

Al servicio de Maragall
Juan BRAVO La Razón 22 Marzo 2005

Sin duda, el presidente de la Generalitat de Cataluña, Pasqual Maragall, tiene buenos amigos. O le deben favores. Algo debe de ser. No es normal que ayer, día en el que comenzaba el derribo de los tres edificios más afectados del barrio del Carmelo la Agencia Efe sólo pasase a los medios de comunicación dos fotografías de los trabajos. Los vecinos de la zona ya han visto, durante semanas, el desolador panorama de la calle, sin embargo, en el resto de España, los ciudadanos viven «lejos» de la tragedia. Ni color con lo sucedido con el desastre del «Prestige». Ni que decir tiene que lo de Galicia era más espectacular, mucho más; sin embargo, lo del Carmelo, a los que les afecta, a cientos de personas que viven en la zona, lo que les importa es su barrio, sus cosas, sus pertenencias. Y si no hay imágenes, si no hay fotos, no hay noticia. Unos vecinos que, molestos, también se quejaron de las prácticas «silenciadoras» de Efe cuando escatimó imágenes de la manifestación de vecinos del Carmelo que pedía más atención a su grave problema, y menos «política» y taparse los unos a los otros las «vergüenzas presupuestarias» para obras. Maragall es un político con experiencia. Él mejor que muchos de sus consejeros debe saber que no es conveniente acallar las protestas del pueblo escatimándoles las imágenes de su propia realidad. No vaya a ser que la lleven a la plaza de San Jaime.

LA SONRISA RADICAL
EDURNE URIARTE ABC  22 Marzo 2005

Más allá de la sorpresa inicial, veo en ese doble gesto de la retirada de la estatua de Franco y la cena rememorativa de la Transición un punto de inflexión en el que el vaporoso talante del primer año del Gobierno se transmuta en una línea política definida y beligerante. Se difumina el decorado del diálogo y toma cuerpo el nuevo radicalismo de sonrisa y marketing postmoderno liderado por Rodríguez Zapatero.

Identifico hasta ocho rasgos en su composición, pero todos beben en cierta forma del primero, del franquismo permanente, del franquismo que aún nos amenaza a través de una derecha nostálgica y del fantasma de la extrema derecha agazapada en el PP y a punto de resucitar. El franquismo permanente marcó la línea central de los ataques de Aznar, pero lo que entonces parecía una mera estrategia publicitaria adquirió carácter de esencia en la reivindicación del abuelo fusilado del discurso de investidura de Zapatero; y se quedó en el corazón de este nuevo radicalismo.

Luego viene el antiamericanismo, que es mucho más que el rechazo a Bush porque recupera los viejos ingredientes izquierdistas del imperialismo y el capitalismo salvaje encarnados por EE.UU. Se acompaña del acercamiento a los populismos izquierdistas de América Latina, liderados por Hugo Chávez, y de los guiños a la dictadura castrista; porque EE.UU. es la democracia degradada y los populismos latinoamericanos, la esperanza de una nueva justicia social.

En cuarto lugar, se enfatiza la teoría de las causas sociales y políticas del terrorismo. Zapatero menciona a duras penas el terrorismo islamista; su interés está en las causas, y en su solución, la alianza de civilizaciones. Y sueña con el diálogo con el terrorismo doméstico, porque desconfía de la solución policial definitiva o porque todavía piensa en las causas políticas. Y, quinto, se revisan los grandes acuerdos territoriales de la Transición a partir del descontento, de las exigencias y de la visión de España de los nacionalismos.

Además, hay un afán por el control de los medios de comunicación, porque la derecha ahogaba la libertad de expresión y la izquierda es liberadora. Y en economía, el intervencionismo es ahora codicia por la dirección de las grandes empresas, porque, también aquí, la presencia de la derecha es abusiva. Y como guinda final, se despliega una renovada beligerancia contra la Iglesia y las reivindicaciones de los católicos.

Las líneas de la política están ya nítidas. Pero me desconcierta su génesis. Porque éste no es el socialismo de los líderes más veteranos y solventes y cuestiona el viaje al centro democrático que protagonizaron. Probablemente representa únicamente a Zapatero y a una generación de líderes jóvenes y de escasa formación agrupados alrededor de él. Pero son los que ganaron las elecciones. Y ahora su política, sea la que sea, es la del vencedores, y todo lo demás es disciplina de partido y juego de poder.

El talante de la mentira
Ignacio Villa Libertad Digital 22 Marzo 2005

María Teresa Fernández de la Vega se ha caído con todo el equipo. La hemeroteca es cruel, muy cruel cuando se miente y la vicepresidenta del Gobierno lo ha hecho con el Pacto Antiterrorista. El pasado mes de diciembre De la Vega declaraba que el Pacto se reuniría dos veces al año y cuando uno de los partidos firmante lo pidiera. Han pasado sólo tres meses y esa afirmación parece que no es válida. El Gobierno se ha cerrado en banda ante la petición de los populares de convocar el citado Pacto y nadie ha sido capaz de explicarlo y razonarlo. Hay dos posibilidades: O De la Vega mintió en diciembre, o no ha cumplido su promesa en marzo. Quédense con lo que prefieran. Los dos son el ejemplo del talante de la Moncloa.

La realidad es preocupante. Un Zapatero con un desorbitado cálculo electoral se mueve en una peligrosa ambigüedad. Se ha desmarcado del PP en el País Vasco, se mueve con comodidad con los nacionalistas y ha rebajado muchos grados la exigencia a los terroristas de Batasuna. ¿A qué estamos jugando? Al final, la realidad es que Zapatero está jugando a todos los palos que no sean los de la Constitución. Demasiada ambigüedad para lo que tenemos entre manos.

El Gobierno dice que no ha hablado con Batasuna pero resulta difícil creer a un Ejecutivo que simultáneamente juega al sí pero no. Con el terrorismo no hay vuelta de hoja, aunque lo envuelvan de un falso talante. Y es que detrás de esta negativa en el Partido Socialista hay muchos nervios.

La aparición en Asturias de un militante del PSOE que iba a la cárcel a ver al número dos de los atentados de Madrid y la irrupción en escena de un terrorista del 11 de Marzo que está afiliado desde hace diez meses a las filas socialistas es para sacar de sus casillas a cualquiera. Y quizá por ello los socialistas están intentado cerrar los ojos, apretar los puños y esperar que escampe. Lo que ocurre es que no estamos ante cualquier cosa y en el Gobierno y en el PSOE lo saben. Las sonrisitas ya no valen.

Encuestas arriba
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 22 Marzo 2005

El lehendakari realmente existente le atribuye a usted, respetado señor López, la intención de aliarse con el PP con el fin de que «el Parlamento vasco no sea abertzale por primera vez en la historia». Formulación tan hiperbólica explica por sí misma la necesidad de relevar a este hombre de su cargo. Nunca hubo un Parlamento vasco «en la historia» antes de 1980. La mayor parte de sus 25 años de vida (13) ha contado con una mayoría formada por un partido abertzale que sólo lo parecía a ratos y otro que no lo era, el PSE.

Le confieso que a un servidor le gustaría creer que los temores del lehendakari tienen fundamento, pero ni las encuestas ni la realidad dan pie. La de esta casa otorga la mayoría absoluta al actual tripartito y la encargada por los socialistas también, salvo que el PSE y el PP optimizaran a la vez sus posibilidades (21-22 escaños para el PSE, 15-16 para el PP), circunstancia difícil si entre sus electorados hay trasvase de votos. Supongamos que no, que todos los socialistas consideran a los populares «los malos», por usar la terminología del Alto Comisionado para las Víctimas del 11-M. Si Peces Barba tiene razón y los malos lo son de verdad, preferirán votar a Ibarretxe antes que verle a usted de lehendakari. ¿De dónde van a sacar ustedes los votos? Muy sencillo, responderían nuestros amigos de Aldaketa: de esos votantes nacionalistas moderados que están aterrados ante el plan Ibarretxe.

Lo que pasa es que su estrategia choca con sus objetivos, porque el discurso del buen rollito y del talante, el hecho de enviar al Rey dos veces a dar un abrazo a Juan Josué, aceptar la discusión de su artefacto en el Congreso, las sonrisas, los encuentros y las fotos han servido para desdramatizar el plan y darle carta de naturaleza. No se entiende por qué habría de dejar de votar al PNV un nacionalista moderado, si hoy el famoso plan inquieta menos que hace un año, si hoy ustedes mismos consideran que Ibarretxe no va a poder hacer el referéndum porque no tiene las lleves de los colegios electorales, si Aldaketa invita a Rosa Regàs en plan 'guest star' a un mitin en favor de la alternancia y la bibliotecaria estelar declara que la mejor solución para ella es un gobierno PNV-PSE. Seguramente leyó lo de la moción de censura que ambos partidos suscribieron juntos contra un diputado foral del PP en Álava la semana pasada y ella, que no es de pensamiento complejo, ha sacado conclusiones equivocadas.

Sólo nos queda Egibar, la gran esperanza blanca, dicho sea en sentido estricto: «Zapatero debe saber que la consulta se va a celebrar... Solamente va a tener una forma de impedirla, por la fuerza». ¿Bastará para acojonar a los nacionalistas razonables y llevarles a votar su candidatura? Ojalá, pero no creo.

¿QUÉ ESPERAMOS DE UN GOBIERNO?
Por PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO Rector de la Universidad Rey Juan Carlos ABC  22 Marzo 2005

SE habla mucho en la Ciencia política y en el Derecho constitucional del significado y el objeto de gobernar. O, en otras palabras, sobre los requerimientos de un acertado y adecuado gobierno. No extraña, por consiguiente, que Karl Loewenstein, uno de los más señalados politólogos alemanes, siguiera invocando la conveniencia de formular una kratología, es decir, de construir una moderna teoría del poder. Una reclamación que ha abandonado de esta suerte el ámbito más circunspecto de la Academia para hacerse habitual en el lenguaje cotidiano. De una manera u otra hoy la gobernación ocupa un lugar destacado en todos los territorios de España y en las preocupaciones del hombre de la calle.

Vienen estas reflexiones al hilo de ciertos asuntos de la política catalana que han desbordado, dada su naturaleza, los confines autonómicos, para saltar a las noticias de alcance nacional. Me refiero, de un lado, al hundimiento del barrio del Carmel y a la denuncia de una presunta fuente de financiación ilícita de CiU en tiempos del President Pujol -el 3 por ciento de cobro de comisiones de todas las obras ejecutadas-; y, de otro, a las consecuencias desencadenadas en la gobernabilidad de dicha Comunidad Autónoma. Esto es, la interposición de una moción de censura en el Parlament de Catalunya por parte del PP -aunque ésta finalmente no llegara a votarse- y la querella por calumnias e injurias de CiU -asimismo retirada por sus firmantes, que se daban por satisfechos con las disculpas de última hora del President Maragall-.

Y, por si ello fuera poco, hay que añadir además los desgraciados excesos verbales del President de la Generalitat. Unas desafortunadas declaraciones comparando las críticas recibidas de la oposición con situaciones pasadas de enfrentamiento propias de la Guerra Civil, y equiparando el estado de ánimo del actual Govern al de una mujer maltratada. Sea como sea, el caso es que los ciudadanos, al final de tan rocambolesca historia, nos hemos quedado, al menos de momento, sin conocer la veracidad -que de ser cierta sería gravísima- de las acusaciones reseñadas. Una circunstancia no deseable nunca en un sistema democrático caracterizado por las exigencias de transparencia y control de los poderes públicos. Esperemos, en cualquier caso, que, ya por obra de la Comisión de Investigación abierta en el Parlamento catalán, ya por la Fiscalía del Estado, en cuanto que defensora del principio de legalidad en un Estado de Derecho, se adopten todas las medidas necesarias para el esclarecimiento íntegro de tales hechos y la depuración de las posibles responsabilidades políticas y jurídicas (artículo 124. 1 de la Constitución y artículo 3, apartados cuarto y sexto, de la Ley 50/1981, de 30 de diciembre, que regula el Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal).

Pero lo más llamativo es que cuando parte destacada de la clase política gobernante, tanto estatal como autonómica, parece ensimismada con políticas del más alto nivel -proceso de reforma constitucional y revisión de los Estatutos de Autonomía-, mira por dónde, el ciudadano diagnostica, con evidente sentido común, lo que debería suponer asimismo una acción de gobierno cercana y eficaz. O dicho en otros términos, la atención a cuestiones, sin desmerecer las anteriores, más allegadas y próximas a sus inquietudes y preocupaciones reales y diarias.

Estoy hablando, y no es un asunto baladí, tal y como de forma reiterada nos recuerdan las prospecciones del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), de velar por mayores cotas de seguridad y justicia; de la ordenación generosa, pero realista, de la incesante inmigración; de la mejora de la atención sanitaria y educativa; de la prestación de más óptimos y económicos servicios públicos; del impulso de una política más ambiciosa en materia de estabilidad laboral y de erradicación del desempleo; de facilitar el acceso a una vivienda inalcanzable para grandes sectores de la población; de propiciar una mayor participación ciudadana en todos los ámbitos representativos, tanto los del Estado (Central, Autonómico y Local) como de la sociedad civil; y, en fin, de la eliminación, más completa y radical, y de una vez por todas, de la lacra terrorista.

De no ser así, haremos de los gobernados y de los gobernantes, no sólo dos clases -en la clásica formulación del maestro León Duguit-, sino incluso dos castas impermeables. Seamos cuidadosos, por lo tanto, y no degrademos el poder democrático, dando pie al nepotismo, la corrupción y el clientelismo. No pospongamos a la ciudadanía al triste papel de las comparsas, impotentes ante la acción caprichosa de los poderes públicos. Ojo, en consecuencia, al desorden en el ejercicio del poder político nacido de la defensa a ultranza de los intereses de clase y del provecho personal. La corrupción es el peor de los lastres -nuestros países hermanos de Iberoamérica la llevan tristemente sufriendo mucho tiempo- en cualquier forma de gobierno, y especialmente en la democracia. No hagamos ciertas las reflexiones de Francisco Ayala, cuando en su magnífica compilación de cuentos, Los usurpadores, esgrimía con manifiesto pesimismo lo siguiente: «El poder ejercido por el hombre sobre su prójimo es siempre una usurpación».

Por todo lo afirmado, no es posible contraponer hoy el contenido de la acción de gobierno y el objeto de la actuación de la administración, por más que académicamente estemos ante realidades autónomas y susceptibles de análisis diferenciado. El primero centrado, se argumentaba, en la resolución de las directrices destacadas de la política nacional, mientras que la segunda se circunscribía a las necesidades más inmediatas y pedestres. No compartimos, en consecuencia, las tentativas francesas, ya en época de Napoleón, cuando asignaba al Gobierno el cuidado de los «grandes asuntos», y a la Administración la de los «negocios corrientes».

Hoy la buena gobernabilidad no permite una división antitética entre tales atenciones. Gobierno y Administraciones tienen el compromiso público de actuar al unísono y de manera integrada. Compartimos, por todo lo dicho, el criterio del profesor Garrido Falla (Tratado de Derecho Administrativo), cuando señalaba con razón que «gobernar es, en sentido amplio, conducir a la comunidad política al logro de fines esenciales, satisfaciendo sus exigencias, y esto, está claro, se logra precisamente dictando leyes como manteniendo servicios públicos, como haciendo justicia en los casos concretos». Está bien, por tanto, y hasta es ineludible, la atención a los grandes retos constitucionales y estatutarios de los años venideros, pero no pospongamos nunca la vigilancia del gobierno del día a día. Si no, que se lo digan a los vecinos del barrio barcelonés del Carmel. ¡Y en cuanto a las mentadas reformas constitucionales y estatutarias -aunque, adelantamos, lo que vamos conociendo no hace sino incrementar nuestra preocupación-, ya tendremos ocasión de ocuparnos en un futuro, parece ser muy próximo!

LA CONCIENCIA AMORDAZADA
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC  22 Marzo 2005

CUANDO se elimina lo superior, ocupa su lugar lo inferior. El valor siente horror al vacío. Así, la moral viene a ser suplantada por una especie de ética pública destilada de la Constitución. Como si ésta no fuera sólo norma jurídica (si bien, suprema), y debiera convertirse en ley moral. Incluso hay quien encuentra en ella la solución de problemas científicos o filosóficos. Hoy, se pretende que todo lo que rebase esta «ética pública» debe ser relegado al ámbito de lo privado o, en los casos más feroces, a la prohibición, a las catacumbas. Y, sin embargo, la moral en su sentido genuino es, ante todo, personal: el deber y el ideal que cada día trae consigo. Luego cabe hablar de la moral de los sistemas filosóficos o religiosos y de la moral social. Pero los nuevos Licurgos y Solones no se conforman con ser legisladores jurídicos sino que aspiran a determinar la moral al dictado del principio de las mayorías. Mas, como este criterio es de suyo cambiante, la moral queda entonces reducida al resultado de este vaivén parlamentario. Lo que ayer era malo, hoy, con la nueva mayoría, pasa a ser bueno, para dejar mañana de serlo.

Y al cometer este torpe error de hacer de la voluntad de la mayoría criterio moral, se reduce el fundamento de la moral a la sociedad. Pero la moral, como enseñó Max Scheler, define ante todo una determinada relación valiosa de cada hombre con Dios y consigo mismo. El fenómeno moral no es esencial ni exclusivamente social. El núcleo de toda teoría ética es la doctrina del «orden jerárquico objetivo de los valores», y puede edificarse sin atender para nada a las relaciones del individuo con la comunidad. Como afirmó el filósofo alemán, «toda fundamentación social de la ética debe ser rechazada con el máximo rigor». Es decir, que el contenido de la moral es independiente de cualquier opinión social, por mayoritaria que pueda ser.

Pues si es un error, que puede conducir al totalitarismo, imponer la moral desde el Estado, cuando no es esa su función, también lo es, y también puede conducir al totalitarismo, pretender imponer el Derecho como moral, reduciendo ésta última a la voluntad de la mayoría, a la voluntad del Estado. Pretendiendo, en el mejor de los casos, evitar el primer error, los adoradores de la «ética pública» cometen el segundo. Menos mal que se les suele pasar cuando se encuentran en minoría política. Frente a su fanatismo demagógico, conviene recordar que la crítica de las leyes desde la perspectiva de la conciencia personal no sólo es un derecho, sino que también constituye un deber irrenunciable. Quienes pretenden acallar las voces críticas imponiendo la losa de una presunta ética pública (que suele, por cierto, identificarse, con el programa político de la mayoría o de la coalición gobernante) cometen un atropello a la democracia y, lo que es mucho peor, un atentado contra los derechos y deberes de la conciencia personal. Lo que en el fondo pretenden es la identificación de sus programas e intereses con la única moralidad válida. Como pueden mandar, pero no convencer (tener el apoyo de la mayoría no es lo mismo que convencer en el orden moral), quieren silenciar toda voz moral crítica y, en definitiva, amordazar las conciencias. Bueno y malo sería, para estos descarriados, lo que decide la mayoría parlamentaria. Como si la misión de los Parlamentos fuera discernir entre el bien y el mal moral. ¿Qué tiene que ver todo esto con la situación política española?, preguntará acaso un benevolente lector. Todo, absolutamente todo, le responderé. Esta tergiversación se encuentra en la base, por ejemplo, de los intentos del actual Gobierno por acallar «democráticamente» la palabra de la Iglesia Católica. Más que gobernar, se diría que aspiran a elaborar una nueva ley mosaica.

MÁS QUE PALABRAS
Editorial ABC  22 Marzo 2005

LA negativa del Gobierno a reunir el Pacto Antiterrorista aporta más confusión e incógnitas a la estrategia del PSOE y de Rodríguez Zapatero sobre el futuro de Batasuna. El hecho en sí es grave, porque este acuerdo entre PP y PSOE nació para que ambos partidos compartieran la responsabilidad de la lucha antiterrorista, al margen de quién fuera Gobierno y oposición en cada momento. Al negarse el Gobierno socialista a tratar en su seno la polémica de sus contactos con Batasuna, está frustrando uno de los fines esenciales del Pacto y alimentando la desconfianza del PP y de la sociedad en general. La conversación telefónica intervenida a la batasuna Elisabet Zubiaga con el etarra García Sertucha incluía un reconocimiento expreso de la existencia de conversaciones con el PSOE y el Partido Socialista francés. Siempre es lícito dudar de la palabra de un batasuno, pero en este caso lo coherente es dar a esa conversación el mismo crédito que el fiscal general del Estado esté dispuesto a darle como prueba para la ilegalización de Aukera Guziak. Por eso, el argumento esgrimido por José Blanco contra el PP es erróneo. No se trata, como dice Blanco, de «dar pábulo a los comentarios de la dirigente batasuna», porque tal cosa es lo que va a hacer la Fiscalía, sino de despejar dudas entre los partidos que tienen sobre sus espaldas la lucha antiterrorista. Además, antes que Zubiaga otros nacionalistas de otros partidos se han expresado en el mismo sentido.

En todo caso, por más que tanto el Gobierno -al que nadie le ha acusado de participar en esas conversaciones- como el PSOE nieguen contactos con Batasuna, sigue habiendo una explicación inaplazable: la de las razones por las que Rodríguez Zapatero muestra tanto empeño en rescatar a Batasuna de la ilegalidad. Su insistencia no se justifica por ningún cambio de actitud en este satélite de ETA ni en la propia organización terrorista, que ha vuelto a ratificarse en su criminal extorsión a la clase empresarial vasca. Aun así, en un mitin celebrado el pasado domingo en Durango, el presidente del Gobierno comprometió una respuesta de la democracia -«la democracia permite dar muchos pasos»- si Batasuna decía tres palabras: «condenamos el terrorismo». Los dos mensajes son impertinentes en la situación actual y sólo pueden basarse en un cálculo político que debe ser expuesto a la opinión pública, porque encierra el ofrecimiento de una contrapartida a un gesto que, a estas alturas, está vacío de contenido. Zapatero no puede ofrecer a Batasuna nada, porque el Gobierno no está por encima de las leyes, ni de las sentencias judiciales ni de la dignidad de las instituciones. Resulta por otra parte contradictorio que el Gobierno pida no dar pábulo a la palabra de Batasuna cuando una de sus dirigentes revela la existencia de contactos con el PSOE mientras Zapatero espera que sólo tres palabras de la coalición proetarra sirvan para dar unos «pasos» abstractos, que, antes que nadie, debían ser conocidos por el PP y por la sociedad española y, en todo caso y en función de cuáles fueran, ser reservados para el momento en que ETA entregara las armas y quedara a disposición judicial.

El Gobierno debería medir sus palabras, porque propone pasos que en vez de ir hacia delante, pueden ir hacia atrás, pues, tal y como ha sido anunciado, el ofrecimiento de Rodríguez Zapatero a Batasuna retrotrae las posiciones del Ejecutivo y del mundo proetarra a la situación anterior a la aplicación de la Ley de Partidos. Pero una vez que ésta ha sido aplicada, la condena del terrorismo que se pide a Batasuna es un simple movimiento táctico oportunista que el Gobierno no debería propiciar ni legitimar. Aunque condenara el terrorismo, Batasuna seguiría siendo ETA, porque lo es en sentido orgánico y funcional, y porque lo han declarado el Tribunal Supremo -tras analizar más de cien documentos que demuestran dicha conexión- y el juez Garzón. Lo mismo cabe decir de Aukera Guziak, contra la que se acumulan indicios de que está tutelada -como mínimo- por ETA. Que condenen o no el terrorismo es irrelevante, cuando quienes deben hacerlo forman parte de una organización terrorista o están a su dictado.

Zapatero y Batasuna
Tres palabras
José García Domínguez Libertad Digital 22 Marzo 2005

“Nunca os traicionaré”. Ésas son las tres palabras, sólo tres, que el presidente del Gobierno tiene la obligación moral de pronunciar delante de las víctimas del terrorismo de ETA. Únicamente tras decidirse a dar ese pequeño paso, Zapatero restará legitimado para emprender todos los demás, los que precisos en la búsqueda de una salida al problema policial que se apellida ETA. “Nunca os traicionaré”. Bastará con que su secretaria dé con el hueco en la agenda que jamás encuentra cuando se trata de dialogar con la Asociación de Víctimas del Terrorismo, y que lo repita. Que diga, simplemente, “Nunca os traicionaré”. Así de sencillo, así de arduo.

“Cumpliré la Ley”. Ésas son las otras tres palabras, sólo tres, que Zapatero está llamado a susurrar al oído de su mano derecha, Pérez Rubalcaba, cada vez que le oiga anhelar que los miembros de lista blanca de Batasuna-ETA puedan acudir a las urnas, puedan disponer de los datos del censo, puedan recibir subvenciones públicas, puedan gozar de inmunidad parlamentaria, puedan mandar a policías, y puedan dar órdenes desde un gobierno. “Cumpliré la Ley”. Así de sencillo, así de improbable.

“Convocaré el Pacto”. Son tres palabras, sólo tres, que deberíamos escuchar inmediatamente en boca del presidente. Porque la firma del Pacto Antiterrorista ha sido el único gesto de estadista que Zapatero ha realizado en toda su vida política, el único en el que concedió orillar los intereses electorales de su partido en beneficio de la Nación. Y cuando dibujó su rúbrica al final de aquel escrito, sabía que comprometía su honor en cada una de sus cláusulas. En todas, también la que impone la reunión formal de los integrantes a instancia de cualquiera de ellos. “Convocaré el Pacto”. Así de sencillo, así de difícil.

“Ellos están mintiendo”. Ellos, el etarra y la etarra, los del Nobel, tío, el de la Paz, tío. El presidente debe decirlo. Él, no otro. Zapatero tiene que ser capaz de vocalizar esas tres palabras. Sólo tres vocablos frente a mil muertos. Mil. Debe hacerlo para que podamos empezar a confiar en él, para que empecemos a creerle. Para que no sintamos que su valor fue inútil, que su dignidad fue inútil, que su muerte fue inútil “Ellos están mintiendo”. Así de sencillo, así de inverosímil.

“Batasuna es ETA”. También palabras, también tres. También lo sostiene el Tribunal Supremo en sentencia firme. También lo corrobora la Unión Europea. Sólo palabras, tres, mas el nudo gordiano de toda la cooperación internacional en el combate contra el terror nacionalista. Y él tampoco accede a decirlo. Debe pronunciarlas, sólo son tres palabras. “Batasuna es ETA”. Así de sencillo, así de imposible.

Las piezas
MARÍA MAIZKURRENA El Correo 22 Marzo 2005

La política es un juego de piezas que a veces cambian de forma o de tamaño, que se aglutinan, se expanden y se contraen para probar diferentes combinaciones. Antes y después de las elecciones las piezas se activan, se agitan y se azacanean, hacendosas, dinámicas, intentando llamar la atención del público con la disposición más atractiva, con los más vistosos acoplamientos. Sobre todo en Euskadi, donde la política evoluciona de una forma curiosa y original incluso en su falta de originalidad. El socialismo vasco, por ejemplo, es muy voluntarioso, pero le empiezan a faltar figuras de cierta talla intelectual y personalidades fuertes, destacadas, así que, en la distancia, pues lo distante es más atractivo y enigmático, Patxi López siente la fascinación hipnótica de Maragall, hasta el punto de que, sumido en un extraño trance, no ha perdido ocasión de acusar y desdecirse durante la precampaña (igual, igualito que el líder catalán con lo del 3%).

María San Gil le ha tendido la mano abierta a Patxi López para firmar una alianza de fuerzas constitucionalistas, pero el Partido Socialista de Euskadi no puede contestar a ese llamamiento porque, siendo en efecto un partido constitucionalista, ha asumido las tesis y la defensa del nacionalismo autonomista, pensando, muy acertadamente, que el autonomismo es el lugar donde nacionalistas y no nacionalistas pueden coincidir. No todos los 'constitucionalistas' están alborozados, desde luego, como demuestra esa carta que un grupo de personas «con origen en la izquierda» ha enviado a Zapatero pidiéndole, precisamente, su regreso al 'constitucionalismo', del que ellos creen que se ha alejado. Le advierten de los peligros de acercarse a un partido (el PNV) que tiene una concepción patrimonial del País Vasco. Lo que pasa es que la política vasca, ya digo, es poco original, y parece que nadie sabe inventar fórmulas nuevas. La que intenta aplicar Patxi López demostró ser muy rentable en el pasado.

El nacionalismo autonomista solía llevarse el voto inamovible del PNV y luego los de muchas personas que votaban de otra manera en las elecciones generales pero que confiaban en los nacionalistas vascos para la cosa del autogobierno. La fiebre soberanista del PNV ha dejado vacante ese lugar y el PSE estaba listo para ocuparlo. No obstante, aún sustentándose en lo que era la posición dominante del PNV en tiempos de Ardanza, es difícil que desde el PSE se logre concitar la misma mayoría que solía tener el PNV antes de buscar sus votos complementarios en otra parte. Intentar ocupar ese espacio es lícito y es inevitable, una vez que ha quedado libre. Ahora falta comprobar si los votantes tradicionales del PSE tendrán el pragmatismo de seguirle en el empeño y si, por otra parte, conseguirá atraer suficiente voto del nacionalismo moderado.

Gobernar por "Outsourcing"
Por Xavier Horcajo Época 22 Marzo 2005

La crisis del 3% se ha cerrado a la catalana. Es decir, como en Sicilia, donde el ruido del silencio lo esconde todo y que -como decía Leonardo Sciascia- hay que ser de allí para entender. Peor no podía haber acabado, la confianza de los ciudadanos en sus políticos decrece.

Y Pasqual Maragall entra en éxtasis apoteósico del comportamiento bipolar: un día dinamita la tangente del 3% como un juez de Mani Puliti y al siguiente negocia silencios como un siciliano más. Es un revival de Metti una sera a cena i siciliani, y dejen, por cierto, fuera a los vecinos de El Carmel.

Para la oposición, el negocio es ruinoso. A Artur Mas se le recordará, durante mucho tiempo, corriendo para retirar la querella, a pesar de que Maragall pidió excusas a los "ciudadanos de Cataluña" y nunca a los anteriores gobernantes de CiU. Y para Josep Piqué, más de lo mismo: le han devuelto al gueto de los de "casta inferior (del PP) desprovistos de legitimidad" (sic).

El tripartito, enfermo, sale de la UVI con la moral tocada. La cuestión es: ¿empezará ahora a gobernar? Hasta ahora se ha caracterizado por no compartir soluciones a los problemas. Quizá ésa sea la razón por la que se llevan designadas cinco comisiones de sabios para fijar criterios sobre temas importantes como la sanidad, la educación, la financiación autonómica, el futuro de la televisión catalana o los aumentos del IPC y sus efectos.

En otras palabras, que gobiernan por outsourcing y no se descarta que también le encarguen a una comisión de expertos que estudie la conveniencia de convocar unas elecciones anticipadas.Una situación cómica de un Ejecutivo preso de sus contradicciones internas.

Sucede además que Cataluña no es la Rand Corporation y que sus sabios contratables no pueden compararse en número a los del think thank norteamericano. Lo que obliga a que algunos sabios repitan en varias comisiones. Imaginen: lunes, miércoles y viernes, a diseñar el futuro de la sanidad; martes y jueves, el de la televisión pública autonómica. No me extrañaría que pronto recurran a empresas de trabajo temporal para reclutar más sabios.

Si se plantean cerrar dignamente la legislatura necesitan su Estatut -ese gran tótem- y en eso se ven cambios en el horizonte. José Luis Rodríguez Zapatero ha tenido que oír de los barones del partido, andaluces, extremeños, valencianos, castellano-manchegos que, antes de dar el sí al Estatut de Cataluña, se tiene que oír hablar de cómo se refuerza la solidaridad entre CC AA.

Le han puesto pies en pared y a ver cómo sale de ésta ZP. Esquerra Republicana de Catalunya le emplaza a un acuerdo de lealtades cruzadas, pero él prefiere el oportunismo.

La deriva de Zapatero
La ruina ideológica de la izquierda
Ignacio Cosidó Libertad Digital 22 Marzo 2005

Felipe González arrió la bandera del marxismo en el PSOE a finales de la década de los setenta. Con esa claudicación ideológica prestó sin duda un gran servicio a España, pero de forma muy especial a su propio partido. El PSOE se situó desde ese momento en una socialdemocracia que tenía como dos principios básicos la igualdad y la libertad. Treinta años después, Zapatero pretende arriar esa bandera e izar una nueva, la del socialnacionalismo, sobre dos principios alternativos: el nacionalismo y el radicalismo.

El compromiso del PSOE de Felipe González con la democracia arranca de la propia experiencia histórica de los socialistas en el exilio y en el interior durante el régimen de Franco. La lucha por la democracia se convirtió en la gran arma para acabar con la dictadura y poder volver así como partido al juego político. Esta defensa de la democracia llevó al PSOE a solidarizarse con otros pueblos oprimidos en su lucha por la libertad. Es cierto que siempre atacó con mucha más virulencia los autoritarismos de derechas, como el Chile de Pinochet, que a los totalitarismos de izquierda, como la Cuba de Castro. Pero en los años de gobierno de González nunca se buscó la complicidad con las dictaduras comunistas de la Europa del Este. En la división entre democracias y tiranías, el PSOE de Felipe siempre supo situarse del lado de la libertad.

El PSOE de Zapatero parece haber claudicado de esta defensa universal de la democracia. Tenemos varios ejemplos, pero el más llamativo es la defensa activa que está ejerciendo el Gobierno español de la dictadura cubana. Así, España está maniobrando todo cuanto puede en la Unión Europea para levantar las sanciones contra Castro. Pero aún más, desde la izquierda social se está montando una campaña de apoyo y reivindicación de este sangriento anacronismo histórico poco menos que como reserva espiritual de la izquierda y faro ideológico del socialismo universal. Es lamentable observar cómo el PSOE dilapida su patrimonio de partido democrático con una acción de gobierno que parece haber hecho de la alianza con las tiranías el eje fundamental de su política exterior. Es triste ver cómo el gobierno de un partido históricamente comprometido con los derechos humanos se dedica ahora a armar a un régimen digno de toda sospecha, como el autoritarismo bolivariano de Chávez, defiende activamente levantar el embargo de armas a China o evita incomodar a Putin en su deriva autoritaria.

Pueden esgrimirse tres razones para explicar esta involución del socialismo español. En primer lugar, la generación de dirigentes actuales no vivió la clandestinidad y probablemente haya perdido la referencia de lo que significan la libertad y la tiranía. En segundo lugar, el zapaterismo se mueve en un relativismo moral absoluto en el que el bien y el mal se definen más en función de los intereses, esencialmente de las rentas electorales, que por ningún otro principio. Finalmente, este es un gobierno asentado sobre el rencor a Aznar y en el rechazo a Bush, adalides ambos de la defensa de la libertad. Ese rencor les impide ver las implicaciones de situarse al lado de las tiranías.

El segundo principio del que parece claudicar el PSOE de Zapatero, entre los estruendosos bramidos del ministro Bono, es el de la igualdad. La alianza de la izquierda con el nacionalismo para derribar al PP ha contaminado hasta tal punto a los socialistas que la línea ideológica que los separa se ha difuminado. Maragall o Patxi López han dejado de ser socialistas para pasar a ser nacionalistas de izquierda. Las exigencias de ERC para firmar un pacto de legislatura, como la publicación de las balanzas fiscales entre comunidades o la revisión del modelo de financiación, rompen de forma estrepitosa con el principio ideológico de igualdad y solidaridad que se encuentra en el origen mismo del pensamiento socialista.

Esta deriva nacionalista de Zapatero, criticada desde dentro no sólo por Bono, sino por el conjunto del socialismo andaluz, extremeño y manchego, tiene como única justificación la necesidad de mantenerse en el poder a toda costa, pero a largo plazo no sólo supone la quiebra ideológica y territorial del PSOE, sino que puede resultar letal para el gran caudal de votos que históricamente ha recibido el PSOE de esas regiones menos desarrolladas.

Este gran vacío ideológico en el que se asienta el PSOE de Zapatero justifica la obsesión de su Gobierno por remover de forma irresponsable las heridas del pasado. Ese retrotraerse a nuestras experiencias más dolorosas no busca sólo ocultar con humo sus actuales carencias, sino sobre todo buscar en el pasado las señas de identidad, más basadas en sentimientos que en ideas, que a pasos agigantados está perdiendo el PSOE como proyecto de futuro.

Ignacio Cosidó es senador del Partido Popular.

El zapateao de Polanco y González
La contraprogramación de La Pepa
Isabel Durán Libertad Digital 22 Marzo 2005

Paradojas de la vida. Este fin de semana ha traído un anticiclón cargado de viento de levante en Cádiz. Y con él, los actos del Club Liberal 1812 en conmemoración de la Constitución doceañista y una espectacular contraprogramación, con zapateao incluido, orquestada por el Partido Socialista y sus tres reyezuelos del absolutismo español del siglo XXI: Polanco, Cebrián y González.

Mientras unos cuantos puñados de defensores de la libertad y del individuo rendían homenaje en la plaza de las Cortes a la Pepa, a pocos metros, ante el Palacio de la Diputación, se iban agolpando multitud de coches oficiales, conductores y miembros de seguridad propio del aparato del poder. Bajo el monumento a las Cortes liberales gaditanas en el centro de la plaza, el alcalde de La Coruña, Francisco Vázquez, hacía una arenga de España, la nación, la libertad, la patria y los derechos de los ciudadanos. Si su discurso llegan a haberlo lanzado al viento los populares Eduardo Zaplana o Teófila Martínez, a su lado en la ofrenda floral, hubieran sido acusados de fascistas y hasta puede que les hubiera mandado detener alguno de los oficiantes de Telesforo Rubio.

Fue un espejismo del Partido Socialista, la trampa y el engaño del Gobierno de Rodríguez Zapatero para quien lo mismo vale Paco Vázquez que Pasquall Maragall o Patxi López, dependiendo del lugar del territorio nacional donde se encuentre. Mientras el alcalde coruñés se desgañitaba enarbolando los valores de la nación española, un siniestro desfile silencioso iba haciendo su entrada por la puerta grande camino del Salón Regio en el más señorial edificio de la administración gaditana. Allí se iban dando cita los elegidos: Jesús Polanco, Juan Luis Cebrián, Javier Pradera, Magdalena Alvarez, la fraila Carmen Calvo o Manuel Cháves, entre otros.

Como maestro de ceremonias en la sombra, un pletórico Felipe González al que el artista gitano gaditano El Cascarilla, rindió homenaje bailándole un zapateao. Y todo porque Cádiz iba a tener un nuevo y emocionado hijo predilecto, el consejero delegado de la Cadena Ser, Augusto Delkáder. El máximo responsable de la emisora de la infamia y la gran manipulación. Presumo que es el primero, pero no el último, de los agradecimientos por parte del partido que se benefició del invento de la existencia de los terroristas suicidas. Todos juntos en Cádiz, en la contraprogramación de La Pepa. Socialistas de ayer y de hoy y el imperio que descubrió los nombres de los etarras que hicieron saltar por los aires los trenes del Corredor del Henares y los agitadores de las manifestaciones ilegales ante las sedes del PP durante la jornada de reflexión del 13-M.

En definitiva, Cádiz, a las puertas del bicentenario de la Constitución liberal que consagró la sede de la soberanía nacional en las Cortes contra el régimen absolutista, se ha convertido este fin de semana en el anverso y el reverso de la España actual. Al tiempo que el Club Liberal 1812 ofrendaba a La Pepa, unos metros más atrás hacía su aparición con todo su poderío el escaparate del zapateao absolustista prisaico-socialista que amenaza una de las principales libertades consagradas en 1812: la libertad de expresión.

Elecciones vascas
La estrategia de arañar
Cristina Losada Libertad Digital 22 Marzo 2005

Dicen que el presidente del gobierno diseña personalmente la estrategia de su partido para las elecciones vascas. La noticia es que hay estrategia. A menos que le den ese nombre al bolero que le cantó ZP a Batasuna en Durango. Son tres palabras solamente mis angustias, dice la canción original, y esas palabras son: cómo me gustas. No dice tal la cúpula del PSOE, pero sí que le gustaría que el brazo político de ETA condenara el terrorismo. Tanto, que le basta con que pronuncie esas palabras. Como si se hubiera ilegalizado a Batasuna por no condenar el terror y no por constituir un entramado a su servicio.

Más allá de eso, del plan que es fruto de la alianza socialista-nacionalista, del diálogo para todos y el cambio frente al inmovilismo, discos algo rayados, la tormenta de ideas de los estrategas socialistas resulta más bien seca, como corresponde al cambio climático inaugurado con la defenestración de Redondo Terreros. Y fue ese cambio el que permitió fabricar el pivote sobre el que gira la telaraña, la que debe prender los votos: el distanciamiento, cual si tuviera la peste, del PP del País Vasco. Una versión especial del famoso “todos contra el PP”. Que Dios les conserve la vista, sentenció ZP, en un raro instante pre laico, a los que vislumbran semejanzas entre los míos y los otros, o en términos pecebarbianos, entre los buenos y los malos.

Y es que los estrategas han descubierto una alergia: la que sufre un segmento de votantes socialistas al olor de cualquier tipo de frente común con los populares. Una repugnancia que, dicen, indujo a muchos a la abstención en las autonómicas del 2001. No explican cómo fue posible que el PSE obtuviera entonces sus mejores resultados. Es más, apuntan a que un gobierno PP-PSE no sería del gusto de sus militantes.

Si ello es así, si hay socialistas en el País Vasco para quienes la rivalidad con el PP se antepone a la necesidad de restaurar las libertades y derechos ciudadanos, asfixiados por el nacionalismo y el terrorismo, ¿cómo es que su partido no trata de convencerlos de lo contrario? Este gobierno, que se propone cambiar a la sociedad española, le guste a ella o no, ¿cómo se envaina sus aficiones pedagógicas con los suyos?

El argumento suena a argucia, a justificación. Y muestra, en cualquier caso, que el PSOE está dispuesto a plegarse a una patología, en lugar de combatirla. A seguir ahondando en la divisoria izquierda-derecha aun cuando en el otro platillo se encuentren la libertad, la hacienda y la vida de muchos. A regalar los oídos de todos con tal de arañar votos. De todos, menos de aquellos que desean una defensa de la Constitución y del Estatuto de Guernica y una posición sin ambigüedades contra los cómplices del terrorismo. El caso es ganar, luego ya se verá. De momento, lo que se va viendo es que este gobierno solo hace gala de intransigencia con el PP. Y, bueno, con las estatuas que se lo tienen merecido, qué caramba.

Fin de la transición
Volvamos al pasado
Fernando Prieto Libertad Digital 22 Marzo 2005

Todos sabemos que la transición política –admirada en el mundo entero, mirada como lección, incluso con sana envidia, por muchos países– se basó en el consenso. Pero parece que no todos han reflexionado que ese consenso se basó en la tolerancia. Había muchos franquistas entonces y casi todos aceptaron convivir incluso con los comunistas; había muchos comunistas y casi todos aceptaron convivir incluso con los franquistas. La síntesis de la transición era un pacto para ir adelante todos los españoles sin exclusión, basado en la tolerancia de las ideas y también de los símbolos. Los franquistas aceptaron que la bandera comunista saliera a la calle, que la ikurriña fuera legalizada. Pero a cambio éstos grupos políticos aceptaron, por ejemplo, que no hubiera una depuración en la Administración pública. La síntesis era hacer una España en la que cupieran todos, con la tolerancia como actitud fundamental. Cuando se trató de modificar un símbolo tan importante como el escudo de España, se hizo por consenso.

Al llevarse la estatua ecuestre de Franco –la nocturnidad es señal de mala conciencia– y justificar que se hacía por consenso, el Gobierno certificaba que ponía fin a la transición. Los que mandan ya no son tolerantes, puesto que su consenso es solamente el de su partido y sus aliados. Los demás forman una España distinta: la de los malos, según el ilustre rector. Y otra vez estamos como antes de la transición: tenemos dos Españas, como en tiempo de Franco. Como entonces había dos Españas, vencedores y vencidos, ahora la de los vencidos quiere ajustarle las cuentas a la de los vencedores. Lo están diciendo. Y otra vez habrá que repetir los terribles versos de Machado: «españolito que vienes al mundo...».

Naturalmente que las cosas en política, como en ningún ámbito social, surgen de repente. Siempre hay un proceso. Al comienzo hay unos grupos que llaman asesinos a otros, que apedrean las casas del partido de los otros. Es evidente que en esos grupos agresores no existe la tolerancia. Pero hay un siguiente paso en el proceso: cuando los partidos toleran y, peor aún, cobijan, y peor aún, azuzan la intolerancia de unos grupos, es decir, la asumen, entonces la sociedad tolerante ha entrado socialmente en la agonía. Este diagnóstico lo han venido compartiendo con profunda preocupación muchos miles y miles de españoles que no se dejan embaucar por palabras biensonantes: paz, democracia, civismo, talante.

Se acabó la transición. La ilusión de que otra España era posible –la España moderna, abierta, civilizada, tolerante– ha durado treinta años. Fue muy bonito mientras duró ¿Quién ha acabado con ella? ¿Quién ha roto la baraja? No es para tomárselo a broma.

Fernando Prieto es profesor de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid.

Bono, Marx y las Balanzas Fiscales
M.A. Email 22 Marzo 2005

“De cada cual según su capacidad a cada cual según sus necesidades”, frase de Marx en su “Crítica al programa de Gotha”, fue pronunciada recientemente por Bono para rebatir los deseos nacionalistas de fraccionar la fiscalidad española. Este dicho, en su contexto argumental, tiene un sentido más profundo que el empleado por el ministro, no obstante lo usó para defender una cosa muy sencilla y que todos los españoles practican y entienden: de cada ciudadano según su renta, a cada ciudadano según sus necesidades sociales de educación, sanidad, subsidio de paro o pensiones. Dicho de otra forma, los ciudadanos aportan sus impuestos al Estado para que éste mantenga una red asistencial básica que atienda a cada uno de ellos en igualdad de condiciones. Y explicó, con razón, que una persona cuando va al médico de la S.S. no puede pretender mejor trato porque ha pagado más impuestos. En este principio general está basado nuestro Estado del Bienestar que no es el resultado de la solidaridad, término aplicable a la beneficencia voluntaria y pasajera, sino de la necesidad social de ayuda mutua y de la justicia histórica, consagrado además en nuestra legislación y en consecuencia de obligado cumplimiento por los mandatarios públicos.

Los nacionalistas han abierto otro frente en su egoísta guerra: exigen la publicación de las balanzas fiscales. Maragall lo explicó claramente: “debe reducirse la diferencia de lo que aporta Cataluña al Estado y lo que recibe de éste”. Pero ni Cataluña ni nacionalidad alguna aporta absolutamente nada al Estado, aquí está la premisa del sofisma. Los expertos honestos nos explican que las balanzas fiscales son conceptos económicos usados por los técnicos para aclarar los números, que no son conceptos sociales, ni políticos, ni jurídicos y que su publicación no haría sino enturbiar las cosas y provocar más conflictos, que es lo que los nacionalistas pretenden. Son los ciudadanos de forma individual “según su capacidad” los que aportan impuestos y no las autonomías, y es el Estado quién los distribuye según la necesidad de cada uno de esos ciudadanos estén donde estén. Este es el pacto, esta es la Constitución y este es nuestro logro histórico. Que sepa Montilla y otros contradictores de Bono que los españoles no nos dejaremos engañar para que unos pocos rebajen nuestras conquistas y nos echen a pelear. Si insisten, verán que en este país y en este tema, la mayoría de catalanes, vascos, navarros, gallegos, andaluces, etc. somos verdadera y radicalmente muy españoles. Si quieren dinero que monten un negocio.

La estatua ecuestre de Franco
Cartas al Director ABC  22 Marzo 2005

Enhorabuena, señor Zapatero. La gloriosa acción en la madrugada, con nocturnidad y alevosía, merece un fervoroso aplauso de sus huestes. Nada menos que llevarse con una grúa un caballo de bronce con su jinete encima. Ya era hora de hacer desaparecer de Madrid la provocación de una estatua del odiado personaje que el 1 de abril de 1939 concluyó la estrepitosa derrota de comunistas, socialistas, separatistas, anarquistas y brigadistas internacionales. Ya era hora de llevarle en volandas al depósito que ordenó una de las ocho señoritas que elegísteis, Zapatero, en una noche de primavera sin sueño, creo que la de Fomento (Ministerio del que fue titular mi bisabuelo, hace más de cien años), es decir, de suprimir de la historia al vencedor del Ebro, de Brunete, de Belchite, de Teruel, del «cinturón de hierro»...

Francisco Franco, ese antipático general rebelde, es ya un personaje que ha pasado a la Historia. Claro que la historia no interesa a su cultísimo Gobierno. Hay que borrar todas las huellas del pasado, si bien hay que recordar y vituperar a diario al «franquismo» opresor. Han pasado 65 años desde que gloriosamente se retiraron Negrín y sus compañeros mártires, 65 años del desfile presidido por el «tirano» al frente de más de 100.000 jóvenes de su Ejército, casi todos voluntarios. Han pasado 30 años desde la muerte del dictador. Por cierto, ¿qué pintan en la Castellana Prieto y Largo Caballero, recordando la guerra con sus dos horribles estatuas? Las calles y las plazas de Madrid están llenas de estatuas y de nombres de personajes y personajillos de nuestro pasado, pero la de Franco sobraba. Ahora todo irá mejor rindiendo homenajes diarios a las momias del Frente Popular, mientras España cada día va peor. Sólo falta que la heroica Fernández de la Vega sustituya en su carro a la diosa Cibeles, con Rubalcaba y Moratinos como escoltas. José Antonio Vaca de Osma, embajador de España e historiador. Madrid.

Las cosas del presidente
Cartas al Director ABC  22 Marzo 2005

Paz, ciudadanía y talante. Éstos son los tres grandes logros que dice nuestro presidente ha forjado el Gobierno en estos once meses de mandato. Y se queda tan ancho; es más, se le dibuja una amplia sonrisa, como de niño pícaro que sabe va a hacer gracia, al pronunciar la palabra mágica: ¡talante! ¿Estamos en paz? Hombre, sí, no estamos en guerra con ningún país extranjero, pero la armonía y la concordia que teníamos no hace mucho todos los españoles ¿dónde están? ¿Dónde queda la estabilidad, el equilibrio o la serenidad entre las distintas regiones o Comunidades españolas? Sólo detecto malos modos y tiranteces. Incluso al otrora ecuánime, estoico y sereno presidente del Congreso Marín se le advierten tintes de querer tirar la toalla, y es que los «cachondeítos» de los diputados queriendo hablar en la lengua que los parió no nos conduce nada más que a guerras lingüísticas absurdas. Que nos resuelvan los problemas del agua, del paro, del terrorismo y de tantas otras cuestiones graves e importantes y dejen a un lado sus «cositas» para contentar a cuatro diletantes de la farsa.

El presidente nos habla de la ciudadanía: ¿antes no éramos ciudadanos? El RAE dice: ciudadanía es el conjunto de los ciudadanos de un pueblo o nación. ¿No será, presidente, que ahora, como somos tantos los pueblos o naciones, tenemos muy difícil probar ciudadanía? Hasta el Valle de Arán quiere ser libre asociado de Cataluña. Me estoy planteando pedir declaración de cantón independiente a la muy noble villa de Barco de Ávila; también tenemos nuestra historia más que centenaria. Y, por fin, llegamos a la palabra clave, a la magia de todo su discurso: talante. Si tomamos dicha palabra como sinónimo de humor, de broma, Platón dice: «muchas veces ayudó una broma donde la seriedad solía oponer resistencia». Sigamos con las bromas y nos comeremos los mocos, eso sí, con mucho talante. Juan Manuel González Herrero. Madrid.


BLANCO HABÍA SUGERIDO HORAS ANTES ESTA RELACIÓN
El dirigente del PSOE que se reunió con el lugarteniente de Lamari trabajaba para el CNI desde 1992
Abdelkrim Benesmail.

Nuevas revelaciones en torno al dirigente del PSOE asturiano, Fernando Huarte, y sus visitas al terrorista Benesmail en la cárcel de Villabona. Según publica el diario El Mundo, Huarte trabajaba para los servicios secretos españoles desde la época de Emilio Alonso Manglano. Esta noticia se conoce horas después de que el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, dijera que él tenía "claro el objeto" de las visitas de Huarte al terrorista argelino.
Libertad Digital 22 Marzo 2005

Preguntado por la solicitud de comparecencia del militante socialista de Gijón, Fernando Huarte, –que también ha pedido el PP por las entrevistas que mantuvo en varias ocasiones en la cárcel asturiana de Villabona con el terrorista islamista Abdelkrim Bensmail–, el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, declaró el este lunes: "Yo tengo claro el objeto de su visita" al terrorista "y me consta que los miembros del anterior Gobierno también".

Interrogado por los periodistas si de sus declaraciones se desprendía que Huarte había colaborado con los servicios de espionaje españoles o con las Fuerzas de Seguridad, Blanco, entre sonrisas, se remitió a sus palabras exactas y se fue a su despacho. Ante estas misteriosas declaraciones, el Partido Popular exigió inmediatamente a Blanco qué explicara que es lo que quería decir.

Parece ser que Blanco –al que, según publico El Mundo, la juez francesa Laurence Levert informó el 12-M de que los servicios secretos españoles le habían dicho que el atentado era obra de islamistas– era de los pocos que estaba informado en el PSOE del verdadero motivo de las andanzas de Huarte. Su compañero de partido, Diego López Garrido, repitió varias veces el lunes por la noche en el programa 59 segundos de TVE que las visitas se debían "a su labor en una ONG". Por su parte, en La Linterna de COPE, Rosa Díez exigía al PSOE una "explicación contundente" para justificar estas reuniones.

Mientras tanto, el propio Fernando Huarte enviaba un comunicado a la agencia EFE en el que explicaba que las visitas que realizó a Benesmail en la prisión de Villabona se produjeron a iniciativa de éste y en su calidad de presidente de la Asociación de Amigos del Pueblo Palestino Al-Fatah "y en ningún caso como militante del PSOE". Huarte reconoció que entre marzo de 2002 y octubre de 2004, visitó a Benesmail en tres ocasiones, "que no es lo mismo que mantener una estrecha relación con él", y aseguró que "por supuesto" no les une "una relación de amistad".

Este martes, el diario El Mundo informa de que Huarte colaboraba desde 1992 con el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), donde estaría "altamente valorado" por sus informaciones sobre el mundo islámico. Según la información de este periódico, el dirigente del PSOE gijonés habría facilitado informaciones muy valiosas sobre islamistas e incluso algunos países europeos habrían solicitado su colaboración en varias ocasiones.

«El “plan López” quiere satisfacer al nacionalismo vasco»
Ignacio Astarloa / Secretario de Justicia del PP
Está convencido de que la Comisión que investiga el 11-M no debía haberse cerrado. Considera que los tres pilares del Estado de Derecho deben implicarse en aclarar lo sucedido y que, en ese sentido, el Legislativo es uno de ellos. Defiende la Ley de Partidos como uno de los grandes instrumentos para el avance de la democracia en España, porque determinó la imposibilidad de que partidos relacionados con ETA se presentaran a las elecciones. Asegura que a día de hoy, sólo el PP defiende la alternancia al nacionalismo vasco.
por Carmen GURRUCHAGA La Razón 22 Marzo 2005

– La Comisión del 11-M se ha cerrado en contra de la voluntad del PP, ¿Por qué querían continuar ustedes?
– Para aclarar este terrible atentado, para conocer sus detalles y porque las víctimas y el conjunto de los ciudadanos tienen derecho a saber qué es lo que produjo esa masacre y por qué. Y también porque para terminar con el terrorismo es necesario conocer la dimensión de la amenaza. Desde esta lógica, el PP ha querido que el conjunto de los poderes del Estado mantengan abierta la investigación hasta conocer todo lo que está detrás del 11-M.

– Todo el mundo quiere pasar página y olvidar el 11-M. ¿Tener abierta la Comisión lo impide?
– La mejor manera de mirar hacia el futuro es conocer al máximo la letra de la amenaza terrorista.

– Usted era secretario de Estado cuado se ilegalizó a Batasuna, ¿cree que se presentara Aukera Guztiak?
– La Ley ha previsto evitar lo que en el pasado los terroristas han hecho una y otra vez: el fraude que va poniendo diversos rostros a su brazo político para poder estar presente en las elecciones y en la sociedad. Para lograrlo, ha planteado las listas de la agrupación electoral Aukera Guztiak.

– Con la pretensión de conformar listas blancas, pero que han sido apoyadas por varios miles de personas contaminadas, ¿cree que esto lo impedirá?
– El Estado de Derecho tiene que aportar al Supremo elementos que le permitan evitar que pueda presentarse a las elecciones un partido político ligado al terrorismo. Eso es un trabajo muy intenso en el que las listas no son el único elemento que sirve para acreditarlo. Para llegar a esta conclusión se estudian los procedimientos que se han seguido para la obtención de las firmas, la movilización, la financiación, etcétera

Legal en Francia.
– Batasuna, que forma parte de la lista de organizaciones terroristas de la UE, es, sin embargo, legal en Francia
– Esta cuestión lleva tiempo encima de la mesa de las conversaciones entre los dos gobiernos. Francia asegura que va a trabajar para ver cómo se tiene que actuar en el ordenamiento francés con unas organizaciones que la UE incluye en la lista de terroristas. Pero Francia tiene una legislación distinta y sus propios procedimientos.

–El PSOE aprobó hace dos semanas, en San Sebastián, el texto de reforma del Estatuto elaborado por Emilio Guevara, en el que se incluye el término «Comunidad Nacional». En cambio, la Constitución, en su artículo 2 habla de regiones y de nacionalidades, ¿habrá que cambiarla?
– El PSE quería aprobar el llamado «plan López» la semana previa a la aprobación del «plan Ibarreche», por lo que resulta difícil encontrar una inoportunidad política mayor. Y eso es muy importante porque la solución para que en el País Vasco pueda haber un clima de convivencia no está en que los demás asumamos la doctrina nacionalista, sino en decir no, con toda claridad, a los planes de secesión, de ruptura y de división interna.

– En concreto, ¿qué le parece rechazable del texto socialista?
– Entre los muchos elementos aparece la ambigüedad medida en el término comunidad nacional, que están utilizando muchas voces dentro del socialismo. La Constitución hace una estupenda definición al decir que España constituye una unidad nacional, compuesta por nacionalidades y regiones. lo que ha permitido el proceso de convivencia constitucional más provechoso de la Historia moderna de España y la creación, crecimiento y asentamiento del Estado de las Autonomías.

«Comunidad Nacional».
– Sin embargo, la realidad es que hay quien plantea un estatus diferente, ¿qué solución plantea el PP?
– Que es una cuestión que no necesita ser resuelta porque está muy bien resuelta en la Constitución. Creemos que el término «Comunidad Nacional» es una respuesta ambigua para dar satisfacción a las pretensiones que vienen desde los partidos nacionalistas. No sabemos si hablamos de un sinónimo de nación, nacionalidad o si nos sitúa en un plano intermedio. Para otros hablamos de un concepto cultural que no recoge elementos territoriales sino de pueblo.

– Hay quien defiende la sustitución de los conceptos constitucionales por conceptos innovadores como este a través de los Estatutos, sin modificar la Constitución...
– La modificación de los conceptos básicos de nuestra convivencia constitucional únicamente se pueden hacer en el sitio donde están definidos: la Constitución.

– ¿Será porque la reforma de la Constitución no se puede hacer sin los votos del PP y sí la de los Estatutos?
– Pero no puede ser que el Gobierno, con sus actuales socios y sin el PP, realice modificaciones para introducir en los estatutos conceptos que tienen que introducirse en la Constitución.

– ¿Considera que las declaraciones de Rubio Llorente deslegitiman el informe del Consejo de Estado sobre la reforma constitucional?
–Yo soy muy crítico con el planteamiento que ha hecho Zapatero sobre el procedimiento, porque es en el punto de partida en el que se debe definir qué se quiere reformar y desde el gobierno no se ha hecho. Pero es peor, porque el Gobierno anda pidiendo informes a instituciones consultivas para que le digan cuál debe ser el contenido de las reformas.

– Usted ha dicho que le preocupa que la ambigüedad preside el comportamiento del PSOE, ¿por qué?
– Me preocupa que desde el PSE haya un mensaje de ambigüedad en un momento en el que es indispensable que se produzca la alternancia después de tantos años de gobierno nacionalista y tras el abismo ante el cual nos ha colocado el señor Ibarreche, que nos sitúa a las puertas de la división social.

– El PP defiende la alternancia con el PSE, pero este partido no quiere saber nada con ustedes, ¿qué van a hacer?
– El PSE no acepta el «plan Ibarreche», pero pone encima de la mesa lo que yo llamo «plan Ibarreche» acomplejado, que supone que para poder estar juntos en la misma comunidad, los no nacionalistas aceptamos un grado de nacionalismo. Los ciudadanos deben percibir que sólo el PP está comprometido de verdad con la idea de la alternancia.

Alternativa al nacionalismo.
– Una alternancia imposible si el PSE no quiere...
– María San Gil ha dicho con toda claridad que llamará a López para establecer la alternativa al nacionalismo.

– Según algunos medios, Zapatero negocia con ERC un nuevo plan de financiación para Cataluña, donde el PP forma parte de la ponencia para reformar el Estatuto, ¿qué van a hacer?
– El PP participa en los trabajos previos a la reforma y el propio Piqué ha explicado que estamos dispuestas a hablar de todo pero dentro de una reflexión general.

–¿El PP aceptaría algo similar al Concierto Económico vasco?
– Con el gobierno «popular» se acordó un nuevo modelo de financiación autonómica. Me extraña que, en algunos casos, los planteamientos se hagan desde el cuestionamiento del sistema de financiación en el País Vasco. Esto va a tener que explicarlo el señor López.

Todas las opciones
Fernando Savater, El País 22 Marzo 2005

Como en el país de las maravillas las fuerzas que aún siguen vivas coinciden en que hay que respetar todas las opciones políticas, al alma ingenua no le queda sino inclinar la cerviz y decir amén, por mucho que le alarme la perspectiva. Como por algún sitio hay que empezar, opción primera: ¿matamos o no al lehendakari? Venga, vamos a votar.

Durante siglos se dijo que el misterio y las sabidurías esotéricas nos llegaban desde Oriente. Ahora los españoles también tenemos un Oriente de andar por casa, el País Vasco, desde donde soplan vientos de enigma y revelación mistérica. Fu-Manchú se ha puesto txapela y le sienta a las mil maravillas. ¿Sólo mil? Seguramente me quedo corto.

Maravilla número uno: las dudas acerca de si la plataforma Aukera Guztiak está o no vinculada a Batasuna. El alma ingenua, transida de emoción ante el misterio, se pregunta: si Aukera Guztiak no es una lista blanca alternativa a Batasuna, entonces... ¿qué es? Que yo sepa, el único programa político que se le conoce son quejas ante la insuficiencia de nuestra democracia (protesta que sirve mejor para renunciar a participar en las elecciones que como reclamo para presentarse a ellas) y la reivindicación de que todas las opciones e ideas tengan cabida en la oferta electoral el próximo 17 de abril. Ahora bien, no parece lógico que estos esforzados ciudadanos se hayan molestado en montar una plataforma para exigir que los partidos legalmente reconocidos se presenten a los votantes, cosa que de todos modos ya están dispuestos a hacer (aunque, en el caso de los no nacionalistas, con las habituales limitaciones y cortapisas impuestas por el terrorismo que contra ellos se ejerce). Más bien cabe suponer que pretenden la participación de quienes hoy por hoy no están legalmente facultados para ello. Siempre que yo no me equivoque, la única lista ilegalizada ante esos comicios es precisamente la de Batasuna, de modo que el único programa y proyecto político inteligible para la mente humana que ofrece Aukera Guztiak es ayudar a que quien legalmente no puede concurrir a las elecciones -léase Batasuna- encuentre de otro modo una vía para hacerse presente. Espero no pecar de malpensado si este razonamiento me lleva a suponer cierta vinculación, colusión o complicidad entre dicha plataforma y dicho partido. Repito: en caso contrario, ¿qué son, a qué aspiran y qué ofrecen a los ciudadanos?

Segundo misterio doloroso: vayamos al fondo del asunto. ¿No deben ser en democracia válidas todas las opciones? ¿Pueden ilegalizarse las ideas? ¿Es democrático impedir que participe en las elecciones un grupo o partido, el que sea, que representa las preferencias de cierto número de votantes? El alma ingenua conoce muchísimas ideas que son ilegales, es decir, que no pueden vocearse libremente y que procuran combatirse por medios educativos: valgan como ejemplos la obligación de las mujeres de someterse sin rechistar a sus maridos (tan arraigada entre los maltratadores), la inferioridad de unas razas respecto a otras, la licitud de vengar los agravios en duelo singular, la prohibición de utilizar en sus áreas culturales la lenguas distintas del castellano, etc. Nadie pregunta cuántos partidarios tienen tales ideas, pero no está permitido difundirlas desde cátedras o medios de comunicación. Hay quien asegura, sin embargo, que las ideas (o incluso las palabras) no delinquen. Aunque así fuera -que claramente no lo es-, a las elecciones no se presentan ideas sino formaciones políticas. No se trata de un certamen académico, sino de optar por grupos y líderes que pretenden poner en práctica determinadas pautas sociales. Y desde luego hay pautas sociales efectivamente inadmisibles. No parecen a primera vista opciones válidas. Por ejemplo, la señora de Batasuna que se entrevistó en la cárcel con el señor de ETA es partidaria de matar al lehendakari. No debe confundirse esta opción con la del susodicho señor de ETA, que es en cambio partidario de matar al Rey. Son opciones diferentes... ¿igualmente respetables? Se lo pregunto a quienes sostienen que no se debe dejar a ningún grupo de votantes sin la posibilidad de expresar públicamente apoyo a su democrático deseo. Se dirá que ambas opciones encierran propósitos delictivos, pero ¿no lo son también desmembrar el Estado de derecho, privar de la ciudadanía plena a quienes no acepten en parte del territorio postulados nacionalistas, aprovechar la coacción terrorista para imponer reformas políticas, etc.? ¿Es una mejora de la democracia admitir mansamente las opciones contrarias al ejercicio de los derechos democráticos establecidos, tengan los partidarios que tengan? Si no se pueden rechazar opciones políticas por los atropellos ilegales que traería su aplicación, entonces... Entonces, ¿qué?

Y vamos con otra maravilla, aún mayor si bien se mira. En el País Vasco, a personas relevantes les parece "una barbaridad" y "una burrada" que el Estado impida a Aukera Guztiak (incluso a Batasuna) presentarse a las elecciones. En tal sentido se han manifestado ya diversos cargos del gobierno tripartito, empezando por el propio lehendakari y siguiéndole Azkarraga, Madrazo et alii (dentro de unos años, cuando se quiera explicar a alguien el atasco vasco, bastará con recitarle la lista de los consejeros actuales del tripartito). Dejemos lo de la burrada aparte, porque el alma ingenua ya está resignada a ver cómo se suprime el caballo de Franco mientras padece sin tregua ni alivio las coces de los asnos de Sabino Arana. Pero no deja de pasmar que haya cuatrocientos profesores de la UPV, ni uno más ni uno menos, cuánto talento junto, que se asocien para condenar por igual los crímenes de ETA y el rechazo democrático del plan Ibarretxe en el Parlamento del Estado (ni frío ni calor: cero grados), así como la posible ilegalización de las listas de Aukera Guztiak. ¡Más diálogo, más pluralismo, hombre! Hay que suponer que estos docentes no son los peores del gremio, porque otros ni siquiera condenan a los etarras y los favorecen académicamente cuanto pueden. ¿Y el resto del claustro? Pues los que se han manifestado más beligerantes contra el terrorismo han tenido que exilarse o quedarse vegetando en casa, dado que nadie garantiza su seguridad en las aulas. Y los más prudentes de los que siguen dando clase se callan, no vaya a ser que la consejera Iztueta les haga por sorpresa un examen de euskera y pierdan la plaza. Así que la formación universitaria del reemplazo democrático está garantizada para el futuro. Por cierto, Iztueta prepara la definición de un "currículo vasco" para el período de educación obligatoria según el cual los chavales se centrarán más en el estudio de lo propio, ya que según parece ahora están distraídos curioseando por el Universo.

Por lo tanto, estudiarán "la biología propia, la zoología propia, los recursos propios" y así todo, para luego poder respetar lo de los demás. La caridad y la ciencia bien entendidas empiezan por uno mismo. ¡Una biología propia, qué idea tan bonita! Lástima que Lyssenko se haya jubilado, porque si no podrían haberle invitado este año a los cursos de verano de la UPV.

Qué verdad es: en ningún sitio se vive como en Euskadi. Si hubiera otro lugar en que se viviese igual, a estas alturas ya lo sabríamos. De modo que, como en el país de las maravillas las fuerzas que aún siguen vivas -gobernantes, profesores, frailes y Mariano Ferrer- coinciden en que hay que respetar todas las opciones políticas que cuentan con adeptos, sean las que fueren, al alma ingenua no le queda sino inclinar la cerviz y decir amén, por mucho que le alarme la perspectiva. Como por algún sitio hay que empezar, opción primera: ¿matamos o no al lehendakari? Venga, vamos a votar.
Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid.

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