AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 23 Marzo 2005
Graves preguntas que quieren respuestas convincentes
Editorial El Mundo  23 Marzo 2005

La punta del iceberg
Ignacio Villa Libertad Digital 23 Marzo 2005

Sin Gobierno y sin oposición
Agapito Maestre Libertad Digital 23 Marzo 2005

La farsa de la autodeterminación
José María Aznar Libertad Digital 23 Marzo 2005

EL TRANCE DEL PSOE
Editorial ABC 23 Marzo 2005

ZP y unas alianzas nada civilizadas
EDITORIAL Libertad Digital 23 Marzo 2005

¿Todas las opciones
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 23 Marzo 2005

La conjura de los coitaos
Ainhoa Peñaflorida El País  23 Marzo 2005

Y Adán descubrió Euskadi
Isabel San Sebastián El Mundo 23 Marzo 2005

La radicalización del PSOE como trampa para Rajoy
Enrique de Diego y Xavier Horcajo Época 23 Marzo 2005

MIRAR HACIA ESTE LADO
ANDRÉS OLLERO TASSARA ABC 23 Marzo 2005

MÍSTER NIET
Jaime CAMPMANY ABC  23 Marzo 2005

El síndrome de Pangloss
Antonio Elorza El País  23 Marzo 2005

Senado y Congreso
Nota del Editor  23 Marzo 2005

Faltaba Giner
GEES Libertad Digital 23 Marzo 2005

Zapatero, neocon
Miguel Ángel Quintanilla Navarro Libertad Digital 23 Marzo 2005

El IRA se resiste a morir
MANUEL LEGUINECHE El Correo 23 Marzo 2005

Desinformación lingüística en Cataluña
Cervantina digital www.cervantina.org 23 Marzo 2005

Iraq como modelo
J. A. ÁLVAREZ GUNDÍN La Razón 23 Marzo 2005

Poder catalán
M.A. Email 23 Marzo 2005

Mafia batasuna
EL SUBMARINO La Razón 23 Marzo 2005

¿Sólo tres palabras
Cartas al Director ABC 23 Marzo 2005

El sirio detenido recaudó fondos y reclutó islamistas mientras militaba en el PSOE
F. Velasco La Razón 23 Marzo 2005

Almallah prestó documentación suya o de su familia a Azizi para facilitarle la huida de España
NIEVES COLLI ABC 23 Marzo 2005
 



 

Graves preguntas que quieren respuestas convincentes
Editorial El Mundo  23 Marzo 2005

Tiene razón el PP cuando dice que el descubrimiento por EL MUNDO de la doble condición de dirigente socialista y espía del CNI de Fernando Huarte supone «un cambio cualitativo de primera magnitud» en la investigación del 11-M.

Y acierta también al exigir que comparezcan otra vez ante la Comisión Jorge Dezcallar y su sustituto al frente del CNI, Alberto Saiz. Le ha faltado solicitar, sin embargo, la presencia del propio Huarte. Este no está exento de declarar ya que no es un agente sometido al secreto de los funcionarios y como mero colaborador del CNI puede aclarar si informaba sólo al Centro o si también lo hacía al PSOE.

Este es el interrogante clave de la importante lista de preguntas que ayer planteó el PP, tras confirmar que ni Aznar ni ningún miembro de su Gobierno estuvieron al tanto de la actividades de Huarte ni de sus averiguaciones.

La actual dirección de Ferraz tiene la obligación de responderlas de forma sólida y convincente.El PSOE debe explicar desde cuándo tenía noticia de que uno de sus dirigentes asturianos colaboraba con el CNI y qué información le transmitió fruto de sus contactos con Benesmail. Este es un asunto esencial.

Podría significar que alguien dentro del PSOE supiera de antemano que Lamari preparaba un atentado. Y en el caso de que Huarte no informara a sus compañeros de partido antes del 11-M, pero sí inmediatamente después, podría pensarse que la dirección del PSOE tuvo información privilegiada acerca de la autoría islamista, que nadie trasladó al Gobierno de Aznar.

Esta hipótesis no se puede descartar. Máxime teniendo en cuenta las insinuaciones realizadas por Blanco el 12-M, cuando aseguró que había datos que corroboraban la pista islamista. Blanco pudo recibir dicha información tanto vía la jueza Levert como del entorno más directo de Huarte.

No menos importantes son los interrogantes que ha planteado el PP respecto a la actuación de los servicios de Inteligencia.El CNI se escudó ayer en la legalidad vigente para no aportar ningún dato sobre Huarte. Era de prever. El argumento de la defensa del interés nacional ya fue esgrimido en su día como pretexto para no desclasificar los papeles del Cesid sobre los GAL.

Si en aquella ocasión la gravedad de los hechos exigía un ejercicio de transparencia, más lo requiere ahora cuando se trata de esclarecer el atentado terrorista más sangriento de nuestra Historia.

Por una parte, los máximos responsables del CNI deben aclarar si, como parece, fue Huarte quien advirtió al Centro de que Lamari pretendía cometer un macroatentado antes de las elecciones, lo que provocó que en noviembre se lanzara una alerta sobre él.Porque si fue así es muy posible que personas dentro del PSOE también lo supieran.

Y por otra parte, deben explicar por qué, si el CNI disponía de dicha información, no sólo no advirtió del peligro al Gobierno de Aznar, sino que el 11-M por la tarde redactó una nota imputando la masacre a ETA. Error que por cierto el CNI no rectificó hasta después de la victoria del PSOE.

Las sospechas de que el CNI -o más bien un sector del CNI- pudo utilizar información en beneficio de un partido provocan una hondísima inquietud. Llevan a pensar que perviven en dicho Centro poderosos elementos vinculados a la etapa más oscura del viejo Cesid que no fueron depurados a tiempo.

Si las comparecencias de Dezcallar y Saiz afianzan esta hipótesis habrá que solicitar también la presencia ante el Parlamento de los antiguos directores del CNI, Manglano, Calderón y también Jesús del Olmo, hoy por cierto directivo de la empresa que fabricó los explosivos del 11-M.

http://www.elmundo.es/diario/opinion/1773985.html

La punta del iceberg
Ignacio Villa Libertad Digital 23 Marzo 2005

La Semana Santa de 2005 se está convirtiendo en una auténtica semana de pasión para el Partido Socialista. Un año después del 11 de marzo, cuando se las prometían tan felices en la calle Ferraz, en cuestión de días, se les está complicando todo de forma muy grave e importante.

En cuatro días ha quedado en evidencia que el enemigo está en la propia casa. Primero, de pronto, el PSOE se encontró el pasado viernes con que un terrorista del 11-M militaba en sus filas desde hacía diez meses. Y encima dicen de él que era muy participativo. Cuando los socialistas se estaban recuperando de esa historia, se topan con que el militante socialista Fernando Huarte es colaborador de los Servicios Secretos desde 1992. Huarte, como saben, lleva días en las portadas de la prensa por sus visitas a la cárcel para atender “humanitariamente” a otro terrorista del 11 de marzo. Demasiadas novedades para que la comisión de investigación se cierre como quiere el PSOE, sin más conclusiones, que un canto inútil de buenas intenciones.

La aparición de Huarte en escena rompe todas las componendas del Partido Socialista y se abre una vía de investigación muy importante. Durante los días de la infamia, los socialistas tenían información en tiempo real. ¿Venía esa información directamente desde los Servicios Secretos? ¿Cómo es que Rubalcaba diez días después de los atentados decía públicamente que tenía información del Centro Nacional de Inteligencia? ¿No parece sospechoso que el Partido Socialista se haya cerrado en banda ante cualquier posible investigación? El PSOE ha sido incapaz de articular un argumento valido para intentar explicar la situación surgida después de estas nuevas aportaciones.

El Partido Socialista esta acorralado. Absolutamente acorralado. Y si cierra la puerta de la investigación es que tienen pavor ante lo que pueda salir. Pero, atención, que Fernando Huarte tampoco se convierta en la cabeza de turco. Hay razones más que suficientes para pensar que Huarte puede ser simplemente la punta del iceberg que conecta con el cambio de actitud que se percibió en el PSOE y en todas sus terminales mediáticas durante aquellos días.

Ahora comienzan a cuadrar demasiadas cosas y el nerviosismo balbuceante de los socialistas, que no se han escondido, es el síntoma más importante de que aquí hay historia. Y es que estos chicos no aprenden. La verdad siempre termina saliendo, y sino que echen un vistazo al GAL. La historia se termina repitiendo.

Sin Gobierno y sin oposición
Agapito Maestre Libertad Digital 23 Marzo 2005

Excepto entregar la nación, España, a los separatistas para que la rematen, o sea vuelvan a matar, a Rodríguez Zapatero no se le conoce ninguna idea, convicción o doctrina. A este hombre todo le vale para mantenerse en el poder. Su máxima estrategia es decir sí a todos los nacionalistas para mantenerse en la poltrona. Su táctica es el engaño clásico, aunque a veces logra balbucear una patraña ideológica. La palabrería (talante, alianza de civilizaciones, ciudadanía, paz y otras similares), las mentiras (hoy dice una cosa y mañana la contraria), en fin, la salvaje ideología de los socialistas sólo tiene un objetivo ocultar su incapacidad para gobernar. ¡Otra cosa es, ay, mandar! Nadie en España mejor que esta gente para manipular y mantenerse en el poder. Hasta la Oposición, los del PP, parecen comer en su mano.

Más que Oposición, compuesta de políticos valientes e inteligentes dispuestos a mostrar a la ciudadanía las barbaridades de este Gobierno, parece que estamos ante un grupito de “expertos” en vacuidades y parlamentarismo de cartón piedra. Tanto es así que ya hay gente lanzando hipótesis, que en política sirven para enmascarar la realidad, acerca de que Zapatero no está quemado y Rajoy está fuera de juego. No comparto el diagnóstico sobre el primero, pero, desde luego, me parece que la Oposición dista mucho de hacer genuina política. Está lejos de conectar con sus millones de electores, de relacionarse con intelectuales y juristas qué tengan algo que decir sobre la desaparición de España, y, sobre todo, parece que no saben hacer política más allá del Parlamento y otras pocas instituciones. El PP parece qué no ha captado aún qué es el espacio público político y la sociedad civil. A veces, y le digo con dolor, más parece un partido del XIX que una fuerza política moderna del XXI.

Oigo, por ejemplo, a un tal Elorriaga, dirigente importante del PP, hablar en la COPE con tal “arrobamiento” de la mayoría parlamentaria del PSOE, que me dan ganas de llamarlo para aconsejarle que se dedique a otros menesteres. La política, especialmente la española, no es cosa para este buen hombre. Seguramente, Elorriaga es un magnífico padre de familia, pero no creo que esté hecho para hacer oposición política. Su tono mesurado y desdramatizador de la horrible situación que vivimos los españoles, al menos de los ciudadanos españoles que somos conscientes de que, además, de matarnos el 11-M, nos han robado la cartera, le vendría muy bien al PSOE. Por lo tanto, amigo, le aconsejo que fiche por el otro equipo... Este buen hombre del PP, llamado Elorriaga, cuando alguien le planteó en la citada tertulia que dijera, o hiciera algo, sobre las relaciones del dirigente del PSOE, Fernando Huarte, con el terrorista Benesmail, considerado el lugarteniente del presunto máximo responsable del 11-M, a la par que estaba vinculado al Centro Nacional de Inteligencia como espía, sólo alcanzó a decir, después de muchos circunloquios, que “las cosas son como son” y que el PSOE tiene la mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados.

Daba pena oírle y, además, parecía que nos invitaba a la resignación, como si nada pudiera hacerse. ¡Pues, no, señor Elorriaga, no acepto su tono resignado! Y le digo que es falso, de toda falsedad, que el PSOE tenga mayoría absoluta. No ha obtenido mayoría absoluta en las elecciones del 14-M, sino que conforma una mayoría absoluta con otros grupos políticos, los nacionalistas, que sólo desean la desaparición de España. Bastaría con que usted, y sus correligionarios, explicasen bien este asunto a los españoles para que recobraran la reputación, que han perdido ya en este año de débil oposición, por llamarle algo.

Prólogo al libro de S. Abascal
La farsa de la autodeterminación
José María Aznar Libertad Digital 23 Marzo 2005

Sentado frente a un papel en blanco, resulta verdaderamente difícil expresar en su orden todas las ideas que me asaltan a la hora de redactar el prólogo que me solicita Santiago Abascal Conde. Es preciso, por una parte, dejar que la razón responda al poderoso estímulo intelectual que resulta de la atenta lectura de sus páginas. Por otra, el corazón expresa sus propias respuestas ante otros estímulos igualmente potentes, pero que apelan más bien al mundo de los valores y de las convicciones. Al fin y al cabo, se trata de presentar e introducir al lector un trabajo sólido y riguroso, pero un trabajo cuyo sentido último no podría entenderse prescindiendo del anhelo de libertad que lo inspira.

Cuando Santiago Abascal Conde me pidió que escribiese estas pocas páginas, sabía que yo no podía negarme. Pero, lo que es más, también sabía que no querría. Porque a estas alturas de la vida, uno puede perfectamente permitirse ciertos lujos. Como el de decidir a qué quiere dedicar su tiempo. Y Santiago Abascal Conde sabe que hay causas para las que mi respuesta siempre ha sido, y va a seguir siendo, que sí. Un sí rotundo, solidario, auténtico, sentido, y convencido. Un sí a las convicciones que lo impulsan. Un sí a las razones que lo sostienen. A las personas que luchan, día a día, por poder expresarlas, afrontando -muchas veces en una soledad inexplicable- el desprecio, el insulto, el hostigamiento e incluso la violencia física de algunos, ante la aparente indiferencia de quienes están llamados a proteger a todos los ciudadanos.

Santiago Abascal Conde es uno de esos luchadores. Como buen Abascal. Como buen vasco, responde a la llamada de Gabriel Celaya y “toma partido hasta mancharse”. Digno heredero y colaborador de otro Santiago Abascal, esta vez Escuza, a quien España, el País Vasco, Álava y Amurrio deben mucho. Ante quien tanto ha dado, ante quien tanto sigue dando, ¿cómo podría yo negar algo tan modesto como lo que se me pedía?

Dicho eso, también es cierto que más que una petición es una oferta. Porque de pocas cosas puedo estar tan orgulloso como de que el autor de este libro acuda a mí para que se lo presente. Estoy seguro de que él es perfectamente consciente de que hoy existen otras firmas que le abrirían muchas más puertas. De que en el mundo político, pero incluso en otros ámbitos que se dicen intelectuales, seguramente serán bastantes los que no se molesten en leer un libro asociado a mi firma. Y si él está dispuesto a ello, por mí no va a quedar. Especialmente cuando creo que el libro merece la pena, por lo que dice, por cómo lo dice, y por la finalidad con que lo dice.

Una finalidad abiertamente declarada desde el principio. No podría ser de otra forma. Como casi siempre ocurre, por otra parte, en el ámbito de las ciencias que se dedican a estudiar, desde diversas perspectivas, la convivencia humana y sus reglas. La Ciencia Política, la Historia de las Ideas, la Teoría del Estado, la Sociología política o el Derecho Constitucional son disciplinas construidas sobre unos sólidos cimientos valorativos. Aunque persigan el conocimiento objetivo de sus respectivos ámbitos de interés, no lo hacen, ni lo pueden hacer, prescindiendo de valores tales como el de la dignidad de los seres humanos, libres e iguales.

Y ése es, exactamente, el planteamiento que comparte este libro. Un libro generoso, valiente y comprometido, pero también -como decía antes- sólido y riguroso. Un libro escrito, como afirma su introducción, “en legítima defensa”. En defensa generosa de unos intereses y valores que no son -o no son sólo- intereses o valores personales, sino de un gran sector de la población vasca, que sufre cada día el acoso activo, o simplemente la indiferencia cómplice, de los últimos herederos europeos del etnicismo totalitario. Un libro valiente no sólo porque su autor dice cosas que no gustan a ciertos matones que parecen campar por sus respetos, sino porque justifica y argumenta sólidamente sus verdades, frente a tantas mentiras subyacentes en gran parte del discurso “políticamente correcto” nacionalista.

Por todo eso es, además y yo diría sobre todo, la obra de un hombre libre. Un hombre que, ante la injusticia, la mentira y la indiferencia, no opta por la resignación, o por el desistimiento. Sino que recurre a lo más valioso del ser humano, a su condición de hombre libre capaz de pensar por sí mismo, de buscar una justificación racional a sus creencias, y de expresarlas en los términos generalmente aceptados para el debate científico e intelectual, sin miedo a los tabúes definidos por los guardianes de la corrección política. Si otro gran poeta vasco y español, Blas de Otero, decía estar “buscando un verso que supiese / parar a un hombre en medio de la calle”, Santiago Abascal Conde busca una razón capaz de despertar las conciencias de quienes no pueden resignarse a vivir sometidos a un régimen de imposición ideológica tutelada por el terror.

Y hay que reconocer que el autor no utiliza sus medios, como otros, para acuñar eslóganes y esgrimirlos como armas arrojadizas. Por el contrario, en una sociedad que tanto manipula y maltrata el concepto de intelecto, sus páginas dan fe de un verdadero esfuerzo intelectual en el más noble y auténtico sentido del término. El de quien intenta profundizar racionalmente en los argumentos propios y ajenos, comprendiéndolos en su exacto sentido para luego criticarlos, asumiéndolos o rebatiéndolos. Un esfuerzo que le lleva a transitar por campos muy distintos, como el del Derecho, la Historia, la Ciencia Política, la Sociología, la Literatura o, incluso, la Economía. Todo al servicio de la verdad, de “su” verdad. Para entender, comprender, apreciar, lo que las palabras significan, y lo que no. Lo que algunos quieren que signifiquen, o que oculten. Lo que suele decirse, y lo que suele callarse.

Hay que reconocer igualmente que el resultado de ese esfuerzo merece la pena, porque es excelente. Excelente en su fondo, porque los argumentos que ofrece le permiten justificar plenamente las conclusiones de su trabajo. Seguramente no podía ser de otra manera, ya que el esfuerzo libre y racional de un hombre honesto no puede aceptar lo inaceptable, ni comulgar con ruedas de molino. Pero había que hacer ese esfuerzo y, sobre todo, había que mostrarlo abiertamente, ofreciéndolo a la comunidad intelectual para enriquecer el ámbito del debate público. En ese sentido, y volviendo nuevamente a Celaya, Santiago Abascal ofrece su trabajo como “un arma cargada de futuro”. Y esto, en algunos contextos (como, desgraciadamente, en el País Vasco de comienzos del siglo XXI), es aún más valioso.

Y, en mi opinión, el trabajo también resulta excelente en la forma. Como lector, creo que el esquema seguido permite dotar a la argumentación de toda su contundencia. Empezando por definir con rigor científico, y acudiendo a las fuentes más solventes, aquello de que se habla, el derecho de autodeterminación. Siguiendo por el decurso histórico que lleva a la aplicación de este concepto, perfectamente claro en su origen, a un contexto como el vasco, absolutamente ajeno a su propósito histórico, político e intelectual. Deteniéndose a detallar el fraudulento proceso de construcción e imposición de las bases mínimas necesarias para dar apariencia de legitimidad a argumentos falaces, que en cada momento adoptan la forma más conveniente para sus fines. Y concluyendo con la afirmación de que, por encima de pretendidos derechos colectivos de sujetos artificiales, existen derechos individuales inherentes a cada persona, que no pueden ser ignorados ni vulnerados. Frente a la tribu, la ciudadanía. Frente a la exclusión étnica, la inclusión cívica.

Pero es que, además, el autor utiliza en su tarea algunos términos especialmente afortunados, por cuanto significan y por cuanto sugieren. Tal vez no todos ellos sean absolutamente originales, pero desde luego no son del dominio público, al menos en el uso que aquí se les da. Y todos sabemos lo importantes que son las palabras en el debate público. Por eso creo que son particularmente destacables expresiones que resultan auténticos hallazgos, como la caracterización del nacionalismo como “hijo no deseado del fuerismo”. O la idea de “la nación imaginaria”, únicamente existente en la estrecha y reaccionaria “teoría nacionalista”. Otro tanto cabe decir de los contundentes rasgos atribuidos -y justificados- al (pretendido) “derecho” de autodeterminación aplicado al caso vasco: un “derecho histórico contra la Historia”, un “derecho democrático contra la democracia” o, simplemente, “un derecho impertinente”. Para finalizar (la mejor defensa es un buen ataque) con la formulación de un concluyente (y conclusivo) “derecho a la unidad de España”, derecho a que “la indisoluble unidad de la Nación española” como fundamento expreso de la Constitución consagrado en su artículo 2, “no pueda ser impugnada ni destruida sin demoler por completo nuestra Constitución”.

No quisiera acabar estas páginas sin un último apunte: como lector, me han resultado particularmente estremecedoras las páginas dedicadas a explicar el proceso de definición de la nación vasca, atendiendo a factores como la etnia o la adhesión política. Unas páginas, por lo demás, en que el autor se limita, simplemente, a reproducir ordenadamente textos escogidos, políticos y teóricos, elaborados en el ámbito nacionalista. Textos así, con una vocación etnicista y totalitaria tan explícita, sólo son concebibles en un contexto de engaño y coacción masiva, y sin duda serían rechazados en cualquier sociedad contemporánea mínimamente libre. Estoy seguro de que estos textos, y la mentira que esconden, provocarán vergüenza en un futuro que, gracias a personas como Santiago Abascal, y gracias también a esfuerzos como el que este libro representa, cada vez está más próximo.

Prólogo al libro de Santiago Abascal "La farsa de la autodeterminación. El Plan Ibarretxe, al asalto del País Vasco y España" publicado por Áltera y que en pocos días saldrá al mercado

EL TRANCE DEL PSOE
Editorial ABC 23 Marzo 2005

LOS datos son objetivos y no meros juicios de valor. Mohamed Almallah Dabas ingresó en el PSOE después de los atentados del 11-M y ahora está en prisión incondicional e incomunicada por orden del juez Del Olmo, quien le imputa un delito de integración en banda armada por su participación en los atentados de Atocha, Santa Eugenia y El Pozo. El PSOE decretó su expulsión media hora después de ser detenido. Fernando Huarte, dirigente del PSOE de Gijón y presidente de la Asociación Nacional de Amigos del Pueblo Palestino Al Fatah, visitó en tres ocasiones a Abdelkrim Benesmail, mano derecha de Allekema Lamari, antes y después del 11-M. Según parece, Huarte pertenecía o prestaba servicios al Centro Nacional de Inteligencia desde 1992. Las crípticas palabras de José Blanco -«el PP sabía los motivos de las visitas de Huarte a la prisión»- sólo han aumentado la confusión y, por tanto, la urgencia de las explicaciones.

Otros datos objetivos.
Entre el 11 y 13 de marzo de 2004, dirigentes del PSOE se ufanaron de contar con información relevante sobre los atentados antes de que llegara al Gobierno de Aznar. La jornada de reflexión del 13-M finalizó con la declaración pública de un portavoz socialista que proclamó que «los españoles se merecen un gobierno que no mienta». Finalmente, también es un dato objetivo que el PSOE se opone a que la Comisión parlamentaria del 11-M indague estas novedades, que, por otro lado, alcanzan al PP en la medida en que estaba en el Gobierno entre 1996 y 2004, mientras Fernando Huarte prestaba sus servicios para el servicio de inteligencia. El PP ha pedido comparecencias que el PSOE no acepta, entre ellas las de Huarte, el ex director del CNI, Jorge Dezcállar, y del actual responsable de este órgano. En todo caso, estas peticiones no excluyen la necesidad de un pronunciamiento definitivo por parte del PP acerca de si sabía que Huarte pertenecía al CNI y si además le constaba su militancia socialista. Ayer mismo, Eduardo Zaplana, portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, manifestó el desconocimiento de su partido, en su etapa de gobierno, acerca de las actividades de Huarte.

HASTA aquí los hechos y empiezan las preguntas inevitables, esas que parecen indignar al PSOE, porque las recibe como denuncias, sin serlo, cuando lo coherente en quien desea mantener limpia su imagen sería responderlas, para que no sea la opinión pública la que se indigne, y con razón, después de que fueran los socialistas los que tomaran su bandera entre el 11 y 13 de marzo, con un llamamiento general para conocer la verdad. Las preguntas son tan sencillas como los hechos que las provocan: ¿sabía algo Huarte sobre el 11-M?, ¿cuándo lo supo?, ¿a quién y cuándo informó de lo que sabía? Hay muchas formas para conocer las respuestas con el suficiente grado de confidencialidad que siempre requiere toda indagación sobre el servicio secreto: ante el juez que investiga el caso; ante la Comisión del 11-M, a puerta cerrada; o ante la Comisión parlamentaria prevista por la Ley 11/2002, de 6 de mayo, reguladora del CNI. Sería un error alegar ahora razones de Estado para vetar la aclaración que merece este confuso asunto. Un Estado democrático no puede pasar por alto el episodio que está viviendo la sociedad española y dejar a su espalda tal cúmulo de dudas atadas al mayor atentado terrorista sufrido por nuestro país. Por ahora, sólo se está pidiendo una aclaración amplia, sincera y convincente.

La transparencia del poder público es lo que impide la especulación y disipa la sospecha. La sociedad no debe recelar de sus gobernantes en cuestiones que atañan a la integridad de los valores fundamentales. El problema para una democracia nunca está en las preguntas de la oposición, de los medios o de los ciudadanos, sino en el silencio de los gobiernos, en sus medias verdades o en sus cortinas de humo. El PSOE hizo de la verdad un valor absoluto de la tragedia del 11-M, una catarsis purgatoria del Gobierno de Aznar. Pero la verdad no está domesticada y requiere a todos por igual.

EL PP ha visto la posibilidad de encauzar el caso desde una perspectiva más favorable a sus intereses. Debería hacerlo con cautela y serenidad para que su mensaje sea mejor entendido por una opinión pública reacia a manipulaciones, pero insistente en saber la verdad. Por su parte, el PSOE está obligado a situarse en el mismo nivel de responsabilidad institucional y a atender la demanda de información que se le ha dirigido, porque esta vez, todas las miradas, sin excepción, están sobre este partido. No hay acusadores ni acusados, pero en la lógica de la democracia parlamentaria unos preguntan y otros deben responder. La Comisión del 11-M ha demostrado la capacidad de la clase política para interferir los intereses con tácticas partidistas. Este es el momento de la contención verbal y gestual, sin especular sobre responsabilidades colectivas ni descontrolar teorías conspirativas. Es el momento de que el PSOE asuma como inevitable dar respuestas y no escudarse en excusas tópicas. Rodríguez Zapatero, como jefe del Ejecutivo y secretario general del PSOE, no debe menospreciar la compleja situación en que se halla su partido, pues estas cuestiones, que no son menores, generan inquietudes e incógnitas que emplazan directamente al Gobierno de la Nación y acaban comprometiendo el crédito del sistema institucional.

ZP y unas alianzas nada civilizadas
EDITORIAL Libertad Digital 23 Marzo 2005

Sabíamos que los responsables de la mayor masacre terrorista de nuestro país tenían la esperanza de lograr con ella que los ciudadanos se revolvieran en las urnas contra el partido que hasta entonces ocupaba el gobierno de la nación. Ya sabíamos que, con ese mismo objetivo, el principal partido de la oposición acusó al gobierno del PP de mentir e, implícitamente, de responsabilizarlo de la masacre, por su política de apoyo a la intervención aliada en Irak. Teníamos también noticia de los elogios que autores del 11-M, como El Egipcio, habían dirigido a nuestro nuevo presidente por su orden de retirada en Irak. Sabemos, no obstante, que ahora España sigue estando amenazada por el terrorismo islámico, cuyas organizaciones, aunque sí hayan valorado el cambio de gobierno y la retirada de Irak, la consideran “insuficiente” para que nuestro país deje de estar en su diana.

Lo que no sabíamos, y no nos podemos creer que supiera el irresponsable dirigente político que ha llegado a ser presidente de nuestro país, son las informaciones que esta semana ha venido publicando El Mundo y que, ciertamente, suponen un “salto cualitativo” en las investigaciones entorno al 11-M.

¿Sabía Zapatero, en el momento de su comparecencia ante la Comisión de Investigación, que uno de los imputados en la masacre, Mouhannad Almallah Dabas, era militante del partido socialista desde mayo de 2004? ¿Sabía Zapatero que Almallah siguió recaudando fondos para los terroristas islámicos tras afiliarse al partido socialista, tal y como dice el auto del juez Del Olmo? ¿Sabía también Zapatero que otro miembro de su partido -el dirigente del PSOE asturiano, Fernando Huarte- visitó en la cárcel, antes y después del 11-M, al terrorista Abdelkrim Benesmail, lugarteniente de Lamari, otro de los imputados del 11-M? ¿Sabía Zapatero que este dirigente socialista era, a su vez, espía del CNI desde tiempos de Felipe González? ¿Sabía Zapatero si este miembro de su partido informó, antes o después del 11-M, de sus contactos con los terroristas islámicos a algún dirigente socialista, incluido él mismo?

Lo que parece evidente es que Zapatero debe aclarar si, en el momento de su comparecencia, conocía ya o no toda esta inquietante información que acaba de salir a la luz pública. Nos parece increíble que el presidente del gobierno pudiera estar entonces al tanto de todas estas informaciones, pero ¿debemos poner, entonces, en duda las propias palabras del presidente cuando aseguraba ante los comisionados que ya “conocía todo” lo relacionado con el 11-M? Si es así, ¿qué pretendía?, ¿ocultarlo?

Por supuesto que el terrorista que acaba de ser expulsado del PSOE, así como los responsables, presentes y pasados del CNI deben comparecer ante la Comisión. Pero el presidente del gobierno, también.

El miembro de Coalición Canaria y presidente de la Comisión del 11-M, Paulino Rivero, no debe consentir ni un minuto más hacerse cómplice de este bochornoso carpetazo con el que se quiere poner punto y final a la investigación parlamentaria de la mayor masacre terrorista perpetrada en Europa.

Zapatero, por su parte, podrá negar, con tanto talante como hipocresía, los rasgos intolerantes, machistas y liberticidas que anidan en el islamismo, como acaba de hacer en su visita a la Liga Árabe. Podrá hablar de democracia tanto como oculta el hecho de haber dejado en la estacada a cuantos están luchando por consolidar la transición democrática en Irak.

Lo que no va a poder sostener Zapatero ante la opinión pública es un negativa a que se aclaren los vínculos del PSOE con el 11-M. ¿O es que también forman parte de la “Alianza de Civilizaciones” de las que tanto nos habla?

¿Todas las opciones?
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 23 Marzo 2005

TODO HABRÍA sido más fácil de entender, si las Cortes hubieran calificado desde el principio la actual ley de partidos como lo que es en realidad: una ley de protección del Estado democrático. Sí, todo hubiera resultado más comprensible para ese montón de ciudadanos que, de buena fe, no llegan todavía a asimilar que pueda prohibirse en democracia la actuación, política y electoral, de algunas fuerzas.

Y es que la ley de partidos que permitió en su día la ilegalización de Batasuna y que esperemos cierre ahora el paso a Aukera Guztiak («Todas las opciones») no es una simple ley de partidos, sino algo cualitativamente diferente: una norma destinada a proteger al Estado democrático de aquellas fuerzas que consideran que la violencia terrorista es una forma como otras de decidir controversias partidistas.

Fue de hecho, la acción impune del brazo político de ETA durante casi un cuarto de siglo la que llevó finalmente a las Cortes a adoptar una medida tan excepcional en democracia como la realidad intolerable que la justificaba. Porque hay que decirlo claramente: nunca se habría aprobado en España una ley de partidos como la que actualmente está en vigor de no haberse dado una circunstancia que sería sencillamente incomprensible en cualquier otra democracia del planeta: la actuación, sin problema alguno dentro de la ley, de un grupo político que defendía que el asesinato, el secuestro y la extorsión son medios legítimos para perseguir sus objetivos.

España ha sido, y es aun, el único país del mundo donde existe un parlamento -el vasco- en el que los que jalean a los asesinos se sientan codo con codo con quienes están policialmente protegidos para evitar ser asesinados. Es esa monstruosa anormalidad, que ha envilecido nuestra vida democrática hasta extremos que nadie fuera de España entendería, la que explica que hubiera que aprobar la ley de partidos para ilegalizar a Batasuna. Y la que explica que ahora debe hacerse todo lo posible para conseguir probar con arreglo a derecho que Aukera Guztiak es, como lo es sin duda alguna, la nueva marca con la que Batasuna intenta burlar las previsiones de esa ley.

Por eso, no es cierto lo que ahora afirman quienes consideran un grave atentado a la democracia intentar desenmascarar la nueva trampa de ETA y Batasuna, pero callan ante la brutal violencia que unos ejercen y los otros promocionan: que el Estado no tiene derecho a tratar de demostrar que Aukera Guztiak es un montaje más de Batasuna. Pues lograr que ETA y Batasuna se queden fuera de la única institución que todavía denigran con su insultante presencia no es sólo un derecho del Estado democrático: es su primera obligación.

La conjura de los "coitaos"
Por Ainhoa Peñaflorida El País  23 Marzo 2005

Anda el patio revuelto con la decisión que deberán tomar los jueces acerca de si permiten presentarse a las elecciones vascas a "todas las opciones". Más exactamente, si permiten presentarse a una opción que se llama a sí misma con el inclusivo nombre de "Todas las opciones".

El nombre de esta candidatura responde al mismo afán omnímodo que alienta al lehendakari cuando llama a sus votantes "todos los vascos y las vascas". Ahora dispondremos de todas las opciones en una papeleta. Entonces los jueces deberían decidir más bien si permiten presentarse a los demás partidos. Porque existiendo una papeleta que representa a todas las opciones ¿para qué se necesitan más?

Aunque ¿quiénes son esas personas que pretenden pedirnos el voto de manera tan insensata? Este es un país tan pequeño que no cabe en el mapa y por eso anda siempre pretendiendo desbordarse. Aquí nos conocemos todos, salvo el consejero de Justicia, que, por puro desconocimiento, se ha creído lo de la agrupación de "todas las opciones".

Y nos ha advertido que si no les dejan presentarse a las elecciones, acabarán sacando de la competición a los socios del Athletic, del Alavés y de la Real. Lo que nos faltaba; que también las peñas se presenten a las elecciones. Pero, después de todo, ¿Qué hay de malo en ello?

Cuando ETA inventó a Batasuna lo hizo a la vista de todo el mundo. Entonces se lo permitieron con la esperanza de que el brazo político acabase traicionando al brazo armado. Pero el brazo armado había aprendido la lección y no estaba dispuesto a acabar autodisuelto como los polimilis. Por eso Batasuna no ha pasado de ser un brazo en cabestrillo, sometido a la autoridad, militar por supuesto.

Y cuando el brazo ha dejado de servir, han sacado otro y otro más. Y aún sacarán los que hagan falta porque brazos les sobran como a un pulpo. Esto lo sabemos todos y todas. Otra cosa es que nos guste mirar para otro lado y hacernos los remilgosos. O, para decirlo en bilbaíno: los "coitaos".

Un "coitao" es un pobre diablo inofensivo, según el Lexicón del bilbaino neto de 1896. Qué mejor mascarita para ETA cuando ya no asusta la capucha con agujeros de ojos malos, ni engañan las chaquetas de Adolfo Domínguez que se nos ponía Arnaldo. Se sacan de la quinta fila de la "mani" a unos cuantos infelices que a la primera pregunta contestan: "¿Es a mí? Si no estuviera aquí estaría preparando mis vacaciones". O sea, que pasaban por ahí y les han enrolado.

"Coitaos, siempre coitaos, pero con el cuchillo en la mano". Lo dijo Don Tejón hace un siglo. Con la actual división del trabajo, del cuchillo se ocupan otros, es decir, los que venían ocupándose, los de la capucha.

Y Adán descubrió Euskadi
Por Isabel San Sebastián El Mundo 23 Marzo 2005

Todos los presidentes que han llegado al poder han soñado con resolver el problema vasco, es verdad; desde Suárez hasta Aznar, pasando por Felipe González, quien entregó el país a Arzalluz incapaz de entender nada.

Pero ninguno picó tan alto como ZP. Ninguno bordó tan bien el papel de Adán llegando a Euskadi inocente en su desnudez. Ninguno mostró tan claramente los síntomas de ese síndrome político descrito con acritud por el viperino Alfonso Guerra, que a decir de sus cercanos busca en vano a España por los despachos de Moncloa y reniega de la criatura que contribuyó a parir.

O es merecedor de un Oscar por su habilidad interpretativa, o su optimismo raya en la inconsciencia suicida.

Si estamos en el segundo caso, malo. Si de verdad cree Zapatero que con sonrisas y paños calientes va a conquistar el voto de esos nacionalistas moderados que sólo existen en sus deseos, va a cautivar a una parte del electorado del PP, y va a conservar hasta el último de sus sufragios, para llegar a Ajuria Enea aupado por María San Gil, alguien debería decirle que camina derecho al chasco.

Eso es lo que pretende que creamos todos y el mensaje que difunden sus terminales mediáticos, pero no se atiene a la realidad social. Sólo las encuestas manipuladas dan pie para pensar que tal posibilidad existe. Las otras, las que rebajan notablemente las expectativas de PP y PSOE y otorgan al PNV la mayoría absoluta, salvo presentación de lista blanca por cuenta de Batasuna, apuntan más bien a la hipótesis de la actuación magistral destinada al despiste.

En este escenario malpensante, el tándem López-Zapatero apostaría por el pacto con el nacionalismo y pondría sobre el tapete todas sus cartas, aceptando cualquier gesto batasuno para ordenar al fiscal general abstenerse de actuar, o incluso sugiriendo al alto tribunal la conveniencia «política» de amparar a Aukera Guztiak, como ya hiciera en el 98 con la mesa de HB.

Luego se pediría a Ibarretxe un pequeño gesto en el lenguaje y se justificaría el acuerdo en la necesidad de «tender puentes entre las dos comunidades enfrentadas», para volver de realquilados al calorcillo del poder.

Es lo que desean Eguiguren o Ares y lo que rechazan Totorica o Rosa Díez, por no hablar de quienes padecieron la violencia etarra, agrupados en la AVT. ¿Y a quién consulta ZP en su cónclave monclovita? ¿A qué víctimas rehuye? Adán ha escogido sus guías para «descubrir» Euskadi.

Sin resultados objetivables de gestión, el Gobierno mantiene la iniciativa política a base de gestos que buscan la radicalización del debate para ocultar las contradicciones internas del PSOE.

La radicalización del PSOE como trampa para Rajoy
Por Enrique de Diego y Xavier Horcajo Época 23 Marzo 2005

El gabinete socialista viene desarrollando, para mantener la iniciativa política, una peligrosa estrategia de radicalización de la sociedad. Hasta el momento, Zapatero y su equipo han demostrado dominio de la propaganda y mediocridad en la gestión.

En este último punto, los socialistas gozan de la inercia y la capacidad de maniobra de la exitosa política económica del PP, pero sin resultados en la política de vivienda, sin ordenadores en los colegios -las dos promesas estrellas- y sin cumplir las expectativas del voto joven -aumento el paro juvenil y la precariedad-.

El gabinete viene desarrollando una política de gestos, que para unos pretende crear el caldo de cultivo suficiente para catalizar en el surgimiento de una extrema derecha (que compita electoralmente con el PP), y para otros simplemente trata de ocultar las contradicciones internas del partido socialista, que afectan al mismo modelo de Estado.

Esos gestos de radicalización se presentan como auténticas trampas hacia Mariano Rajoy, quien puede, sin embargo, encontrar en ellos un espacio abierto para retomar la iniciativa por superación, marcando no sólo sus propias convicciones, sino también redefiniendo nuevos objetivos en los frentes claves de política exterior, política social, modelo de Estado y economía.

El análisis del PP se aleja del que ha tomado carta de naturaleza en el mundo mediático. Para los populares, Zapatero va en serio, "se trata de un auténtico radical. Lo siente como tal. Lo que nos dicen en León es que desde joven ya era así. Todo eso de su abuelo el capitán Lozano le ha obsesionado con la Guerra Civil".

Fuentes de la dirección del PP constatan que "en los debates parlamentarios, y en diversos momentos políticos, Zapatero siempre ha terminado poniéndose al frente de la manifestación con los más radicales".

Desde luego, "el Gobierno quiere hacer guiños hacia sus coaligados: un partido independentista e Izquierda Unida". La coalición de gobierno no es de centro-izquierda, sino de extrema izquierda. El mantenimiento de cierta dosis de pragmatismo en el terreno económico se compaginaría con actitudes propias de cierta adolescencia gauchiste. Ningún presidente había adoptado actitudes que cuestionaran el consenso básico de la Transición.

"Es posible que Zapatero tenga un interés electoral por los votos radicales". Esta recuperación del guerracivilismo y la mentalidad de trinchera puede deberse, sin embargo, a la necesidad de trazar una línea para su propia parroquia, de forma que acepte pactos, en buena medida contra natura, con Esquerra Republicana, justificados bajo un aura antifranquista, situando al PP como el mal mayor.

Zapatero ha declarado que no habrá nunca más un acercamiento, como el que bajo el paraguas constitucionalista, se produjo hace cuatro años en las elecciones autonómicas vascas.

La tesis de que el PSOE quiere promover el surgimiento de un partido de ultraderecha es cuestionada o matizada dentro del PP. En Génova se tiene claro que "se viene buscando la división y la ruptura del PP. De ahí que sistemáticamente se señale a unos como más radicales.

Es una estrategia que pusieron en marcha tras las elecciones europeas, cuando se sorprendieron por la solidez del respaldo electoral".

Mariano Rajoy tiene, sin embargo, el reto de tomar la iniciativa. Ha adoptado una posición más firme y un estilo más directo, como cuando ha calificado de "orgía permanente" la política exterior o ha pedido a Zapatero que deje de decir "frases idiotas".

Además, ha comenzado a asumir compromisos como el de retomar el trasvase del Ebro cuando llegue al Gobierno. Uno de los activos del jefe de la oposición es capitalizar el recuerdo de la bonanza económica de los ochos años del PP y recuperar el discurso de la reducción de impuestos, reivindicación de las amplias clases medias.

El Pulso económico de Rajoy
Si el PP puede presumir de algo, es de haber dejado una estela en lo económico apreciada por la sociedad española. De hecho, la ortodoxia de Pedro Solbes como primer gestor de la economía española pretendía no variar en lo fundamental la buena salud económica, aunque lo ha conseguido a medias.

Afloran síntomas de ralentización y será en los próximos meses cuando los españoles girarán la cabeza para vez qué ideas tiene la oposición, sobre todo si la situación empeora como sería previsible si el barril de petróleo sigue subiendo.

http://www.epoca.es/node_464.jsp?id_producto=8429&id_categoria=122

MIRAR HACIA ESTE LADO
Por ANDRÉS OLLERO TASSARA Catedrático de Filosofía del Derecho ABC 23 Marzo 2005

FUE una mañana deliciosa. Fuenterrabía -u Hondarribia, tanto da- envuelta en silencio y sol. Apenas una rotonda y los rótulos en euskera dan paso al francés: estamos en Hendaya. Volvemos. Es fácil pegar la hebra. La gente se muestra entre satisfecha y orgullosa: «aquí se vive bien...» Admiten, a la vez que evitan hablar de política. No porque sea siempre tema polémico; la cosa va más allá: se aventura arriesgado y conflictivo. Caso único, en la Europa democrática...

Manejando encuestas se tropieza uno con resultados que a alguien tan poco experto como yo se le antojan sorprendentes. Más del 51 por ciento considera que en Euskadi no pueden defenderse todas las opiniones sin temor. Si se les pregunta qué harían si convocase el Gobierno vasco un referéndum, mientras más del 75 por ciento se declaran dispuesto a votar, los que no responden no llegan al 2 por ciento; pero si se les pregunta qué votarían, son más del 23 por ciento los que no saben o no contestan. Cuando se les pregunta por el nivel de satisfacción con el Estatuto, los que no saben o no contestan andan por el 8 por ciento; si se les pregunta por el nivel de conocimiento del llamado plan Ibarretxe la cifra cae por debajo del 2 por ciento; si, por el contrario, se les pregunta si consideran o no próximo el cese de la violencia de ETA, la ignorancia o el silencio desbordan el 26 por ciento. Por lo visto, como a la bicha, mejor no mentarla.

Aún así insisto en dar hilo a la cometa. Al poco ya cuento con una primera impresión sobre figuras políticas por mí bien conocidas. No todos salen bien parados. Los elogios se desbordan con unanimidad en un caso: un político pegado a la calle, disponible para todos, particularmente preocupado de cualquier aspecto social o asistencial: Gregorio Ordóñez. La media verónica que cierra la serie me deja sabor a estocada: «por eso lo mataron».

De vuelta, refugio en dos libros. Recupero el primero de la Biblioteca del Congreso, donde pude leerlo con detenimiento en mis años de diputado. Hannah Arendt realiza una autopsia moral del conformismo que rodeó la tragedia nazi. Diagnóstico certero: se acabó metabolizando la «banalidad del mal». Cuando el crimen se admite inconscientemente como conclusión lógica, la banalización se ha consumado. La capacidad de mirar hacia otro lado cobró ya entonces visos de epidemia. «No tuvo Eichmann ninguna necesidad de cerrar sus oídos a la voz de la conciencia, como se dijo en el juicio, no, no tuvo tal necesidad debido, no a que no tuviera conciencia, sino a que la conciencia hablaba con voz respetable, con la voz de la respetable sociedad que le rodeaba». Al leerlo, una de las críticas que archivé aquella mañana saltó de su escondrijo: «hablan del terrorismo hasta en las elecciones europeas»... Arendt también tiene respuesta: «una de las lecciones que nos dio el proceso de Jerusalén fue que tal alejamiento de la realidad y tal irreflexión pueden causar más daño que todos los malos instintos».

El otro libro, muy reciente, es de los que se leen de un tirón. Lo escribe una experta víctima del terrorismo. Considera urgente «reconstruir la «filosofía del mal» en su vertiente europea». Cuando un hombre «puede decidir lo que es bueno y lo que es malo, también puede disponer que un determinado grupo de seres humanos sean aniquilados». Juan Pablo II, que invoca a la memoria si no se quiere perder la propia identidad, no tomó contacto con el terror organizado cuando una mañana le disparó un pistolero a sueldo. Sabía desde muchos años antes que el terrorismo utilizaba varios sistemas, «generalmente se trataba del exterminio físico, pero a veces también de una destrucción moral: se impedía más o menos drásticamente a la persona el ejercicio de sus derechos». Jorge Trías lo ha rotulado con acierto: terrorismo «sin».

La Junta Electoral Central, de la que he sido por vía parlamentaria elegido vocal, ha debido, anunciadas ya las elecciones vascas, evacuar con naturalidad rayana en la rutina una consulta sobre una solicitud del partido socialista cuyo contenido suena a trámite: si los apoderados pueden, como se viene reconociendo a los interventores, excusarse por dicho motivo de ser vocales de una mesa electoral, si les correspondiera. Es curioso que tal problema se plantee con motivo de estas elecciones, pudiendo haberse suscitado en tantas otras. Lo normal es que los partidos -sobre todo si no son minúsculos- estén presentes en las mesas electorales con interventores, que votan en dicha mesa y no en la que por censo les correspondería. Los apoderados, en número muy inferior, cumplen un papel volante de coordinación o eventual suplencia, que no suele impedirles a la vez votar en la mesa en que están incluidos por el censo.

Si no se mira hacia otro lado, todo parece indicar que ser interventor en buena parte de las mesas vascas tendrá poco de trámite. Tendrán pues algunos partidos que conformarse con apoderados que los suplan, o puedan al menos darse una vuelta por diversas mesas para echar una casi furtiva ojeada, mientras la silla de su interventor ha quedado vacía. Arendt recuerda cómo «en las circunstancias imperantes en el Tercer Reich, tan sólo los seres excepcionales podían reaccionar normalmente».

Afortunadamente nunca falta algún «ser excepcional». El otro día conocí a uno. Muy joven, no milita en partido alguno, pero es lo suficientemente demócrata como para percibir lo que está en juego: quiere sentarse en una mesa en las elecciones vascas. Lo comprendo, porque he sido por dos veces candidato en las elecciones municipales en pueblos vascos que no tenía la suerte de conocer; pura normalidad... Pero a él, en las «circunstancias imperantes», no le importa tanto el resultado de este o aquel partido como el hondo significado de una silla vacía. Lejos de mirar hacia otro lado, quiere observarlo fijamente en primera fila.

¿Cuántos jóvenes secundarían una iniciativa similar? Pensar que las elecciones vascas, y el número de sillas vacías en sus mesas, es problema a resolver por los vascos sería, aparte de una nueva manera de mirar hacia otro lado, un modo cómodo de asumir la ruptura de la unitaria soberanía ciudadana. Dejar a los partidos «constitucionales» que se las arreglen como puedan sería rebajar a minucia de logística electoral lo que es desafío a unos derechos fundamentales que declaramos universales.

Imagino que el Instituto de la Juventud, celoso por los valores democráticos juveniles, y sus equivalentes en la Comunidad de Madrid o en la de Andalucía, por rehuir distingos partidistas, tendrán ya en marcha todo un optativo para -habiendo jóvenes dispuestos a ello- contribuir a que no quede una silla vacía en ninguna mesa electoral vasca. Vendría bien que la faciliten algo bien inocente: una sudadera blanca. Ya buscarán ellos en algún partido la pegatina conveniente. Lo que está en juego va mucho más allá de los partidos: lo decisivo es que a nadie que quiera en primera fila mirar hacia este lado le falten medios para poder hacerlo.

MÍSTER NIET
Por Jaime CAMPMANY ABC  23 Marzo 2005

AL soviético Andrei Gromiko le apodaron «Míster Niet» porque en los debates del Consejo de Seguridad de la ONU decía a todo que no: «Niet». Y se quedó con el «Míster Niet», el «Señor No». Zapatero lleva camino de convertirse en un mono de imitación de Gromiko, pero sólo en una determinada circunstancia, es decir, a tiempo parcial.

Es chusco. Ante casi todas las afirmaciones y ante un gran número de solicitudes de cualquier interlocutor, Zapatero dice abiertamente que sí, o musita un sí con la boca pequeña o en último caso asiente con un cabezazo, que cualquier día se hará daño en el esternón. Al tiempo. Le da la razón a todo el mundo, menos al PP. El objetivo primero del Gobierno Zapatero desde su conversión en «presidente ferroviario» es el de aislar al PP, dejarle solo, mientras él se alía en la Cámara Alta, la Cámara Baja, la Comisión del 11-M, etcétera, etcétera, etcétera, con nacionalistas, republicanos, comunistas y verdes.

Para que Zapatero y sus secuaces logren el objetivo de aislar al PP resulta necesario que excluyan todo acuerdo con él, que le nieguen el pan y la sal en todos los debates, que rechacen por principio cualquier iniciativa de los populares y que transmitan así a «la ciudadanía» (ahora se dice mucho eso de «la ciudadanía» quizá por no decir «los españoles», que es expresión excluyente y separadora) la idea de que el PP se encuentra solo y mondo en el arco político y que nadie se acerca a ese partido por culpa de su intransigencia y su intolerancia. Es el castigo que merece el PP por su falta de «talante».

¿Que el PP propone una serie de comparecencias necesarias o convenientes en el Comisión parlamentaria del 11-M? Pues llega el socialista asturiano Álvaro Cuesta, vecino cercano de la trama asturiana de los explosivos, portavoz del PSOE en la Comisión y, siguiendo las consignas de Zapatero, dice que «niet». ¿Para qué hace falta saber quiénes estaban en ese ajo donde saltan nombres de terroristas islámicos, fanáticos marroquíes, presos etarras, proveedores de la banda y hasta afiliados socialistas, amigos del partido y espías del CNI? Lo dicho: «Niet».

¿Que Rajoy pide ingenuamente una reunión del Pacto Antiterrorista en vista de la conversación de la batasuna Zubiaga con el etarra encarcelado García Sertucha? Pues Zapatero responde que no hay motivo alguno para celebrar una reunión de los firmantes del Pacto. ¿A quién le puede interesar aclarar la entrada del «Sirio» en el Partido Socialista? Ya está expulsado y no se hable más de este enojoso contratiempo. O sea, que «niet».

¿Que los del PP ofrecen y solicitan celebrar unas conversaciones que faciliten el acuerdo o el Pacto de Estado de los dos grandes partidos respecto de la política territorial? Pues Zapatero se niega en redondo. La política territorial la dicta él sin ayuda ni colaboración del PP. ¿No comprenden ustedes que en ese delicado asunto el Zapaterito tiene que llevar un ten con ten entre lo que subleva a Ibarra, Paco Vázquez, Bono «e cosí vía», y los nacionalistas rabiosos, Carod, Ibarreche y toda la tropa separatista? Pues si no lo comprenden vayan comprendiéndolo. De nuevo Míster Niet se ve obligado a decir «niet».

El síndrome de Pangloss
Por Antonio Elorza El País  23 Marzo 2005

En la reciente cumbre organizada por el Foro de Madrid para conmemorar el 11-M se han registrado indudablemente resultados muy positivos en cuanto al respaldo simbólico de la democracia en su enfrentamiento con el terrorismo, en la dura crítica contra el "método Guantánamo" de ejercicio de la acción antiterrorista con desprecio de los derechos humanos, y en la exigencia de una cooperación efectiva supranacional, hoy eficaz en el marco de acuerdos bilaterales, pero muy débil en otras instancias, tales como la propia Unión Europea.

Del balance en los planos del análisis del fenómeno terrorista y de las políticas necesarias resulta difícil hablar todavía, sin tener a la vista los materiales presentados por los cientos de expertos y políticos reunidos en el Palacio de Congresos de Madrid. El seguimiento como simple observador de las conclusiones ofrecidas en varios paneles permite detectar la madurez en los trabajos relativos a los planos político, cultural y económico, así como la curiosa manera de ver las cosas en otros especialistas.

Así, el coordinador de Psicología Social afirmó lisa y llanamente que sólo un Estado terrorista puede eliminar el terrorismo, y en mi propio panel hube de escuchar las apreciaciones más peregrinas, apuntando incluso a que el encarcelamiento de los terroristas resultaba negativo porque entonces se harían más contumaces en su propensión a la violencia.

Por supuesto, y en la misma línea de pensamiento, el recurso a medidas "violentas" era colocado bajo sospecha, ya que su efecto consistiría en "endurecer la resolución" de los terroristas. No hubo manera de hacerles aceptar el término "necesidad" para calificar las medidas policiales, puntualizando que las mismas habían de ejercerse dentro del Estado de derecho y con estricto respeto de los derechos humanos.

En la cascada de discursos de gobernantes, el que suscita mayor perplejidad, y preocupación por lo que tiene de significativo, es, a mi entender, el pronunciado por el presidente Zapatero, quien parece encerrado en los últimos tiempos dentro de un círculo cuyas paredes invisibles le impiden pasar de declaraciones muy positivas en el plano de las buenas intenciones políticas a un reconocimiento mínimamente preciso de la realidad.

Renuncia una y otra vez a encarar ésta, eliminando la confrontación en nombre de un discurso de apariencia progresista que aspira a atender las demandas de todos, o del viento que sopla con más fuerza. Es como uno cualquiera de los personajes de El ángel exterminador de Buñuel, incapaces de abandonar una sala sin puertas, sólo que feliz y contento de que sus afirmaciones cargadas de wishful thinking no tengan que ser puestas a prueba con el mundo exterior.

También pudiera considerarse tal actitud como una variante del síndrome de Pangloss, expuesto por Voltaire en su Cándido: las buenas palabras tendrán el efecto mágico de lograr que todo vaya hacia lo mejor en el mejor de los mundos.

Así, en el problema de las reivindicaciones nacionalistas sobre las lenguas a utilizar en el Congreso, al reabrir un tema que ya parecía resuelto con la división de espacios entre un Senado plurilingüe y un Congreso en que prevaleciera el concepto del idioma común en tanto que instrumento de comunicación.

Pues bien, Zapatero parece inclinarse por auspiciar el deslizamiento hacia el modelo austrohúngaro, que tan óptimos resultados produjo en 1918. Los nacionalistas saben lo que quieren y para qué lo quieren: en la estela de ERC, cada logro es una plataforma para una exigencia sucesiva. Resulta, pues, ingenuo confiar en que con un Reglamento del Congreso reformado y abierto al babelismo va a contenerse la deriva hacia una fragmentación simbólica del Estado que nada tiene que ver con la articulación de las diferencias dentro de un Estado plurinacional.

En un tema complejo como el de la acción antiterrorista internacional, los efectos de esa toma de posición son aún más demoledores, especialmente porque invalidan la aportación indudable que representa el punto de partida. Un gran acierto de Zapatero consiste en plantear que la clave de una resolución definitiva del problema que ahora afrontamos es conseguir una "alianza de civilizaciones", lo cual entraña el reconocimiento implícito de que la oleada terrorista es signo de un riesgo nada imaginario de guerra de civilizaciones, en los términos de Huntington.

De hecho, Bin Laden ya la ha declarado, y en un primer momento, al utilizar el término "cruzada", Bush lo aceptó expresamente. Para prevenir la consolidación de semejante catástrofe es preciso insistir en que ningún obstáculo de fondo impide la integración del mundo islámico en la modernidad ni la colaboración con Occidente, y que la inversión de la tendencia requiere tanto políticas económicas orientadas hacia la cooperación, lo cual es válido también para el Tercer Mundo no musulmán, y con el mismo contenido, como una intensificación de las relaciones culturales, con el norte de la eliminación del concepto hoy dominante de "enemigo".

A pesar de su carácter restrictivo, y del defecto de asumir algo tan cuestionable como la etiqueta de "civilización", el mensaje resulta comprensible para todo aquel que lo recibe y puede ser presentado como objetivo válido a medio y a largo plazo, así como en calidad de antídoto contra la tentación de responder a la yihad con una nueva forma de cruzada.

Ahora bien, la fijación de un buen objetivo no exime de la exigencia de analizar el fenómeno, huyendo de las simplificaciones, y en este terreno Zapatero las encadena, casi sin solución de continuidad. Las grandes palabras no faltan, pero ya apuntan a la desviación en el razonamiento.

Es cierto que nos encontramos "en un mar de injusticias" a escala universal, o si se quiere ser más concreto, en un mundo regido por una enorme desigualdad que en las últimas décadas no ha hecho sino aumentar, pero la relación inmediata de causalidad entre esa situación y los objetivos de paz y de seguridad ya no están tan claros, y sobre todo, pensando en el terrorismo, el disparate está al caer. Para empezar, Zapatero proclama "alto y claro" que no hay nada detrás del terrorismo.

Es, a su juicio, pura barbarie. "En el terror no hay política, en el terror no hay ideología", afirma. La verdad es que en ese caso no se entiende por qué son reunidas cientos de personas para analizarlo. Con la respuesta policial y la atención al contexto económico sería suficiente.

Por mucho que restemos importancia a este tipo de discursos en grandes ocasiones, la impresión ante tal juicio ha de ser inevitablemente desoladora. ¿No hay ideología detrás de las proclamas de Al Qaeda, ni en los manifiestos de ETA, por mencionar las formas de terrorismo que Zapatero, por su responsabilidad, está obligado a entender? En sentido estricto, nos encontramos ante lo que Tierno Galván llamaba una ceguera voluntaria, y lo más grave es que la misma constituye la premisa para el tipo de aproximación política que a continuación va a definir.

El terrorismo es, consecuentemente, cabría deducir, una forma de violencia brutal cuyo único origen posible reside en la pobrezade millones y millones de hombres, en esa injusticia provocada por la desigualdad. Lo que sucede es que tal pensamiento es plenamente equivocado y hará luego inevitable la confusión en la línea política a adoptar. ¿Qué situación de pobreza está detrás de ETA?, ¿son Bin Laden y Al Zauahiri prototipos de jornaleros desamparados?, ¿es la revuelta palestina, y en su seno el terror, producto de la explotación económica, o más bien del sentimiento de encontrarse políticamente aplastados por Israel?

Hay excepciones que confirman la regla, caso de Sendero Luminoso en Perú, pero incluso entonces el motor del desencadenamiento del terrorismo reside en la adaptación de la ideología maoísta.

En una palabra, los movimientos terroristas no son la expresión de la injusticia económica, aunque eso suene muy bien y nos exima a continuación de pensar, sino formas de violencia vinculadas a una concepción radical de la lucha política y a unos fundamentos doctrinales que legitiman su estrategia. Otra cosa es el apoyo social que luego recaben. No entender esto y refugiarse en el populismo fácil es tanto como errar de medio a medio el camino a seguir.

Conclusión lógica de lo anterior: el terrorismo nada tiene que ver con religión o cultura alguna. Consecuencia terrible de contemplar las cosas de otro modo: "La incomprensión entre culturas". Sigue un razonamiento formalmente confuciano y que nos lleva a un círculo vicioso, pues de la errónea causa de un fenómeno, el terrorismo ya existente, hacemos origen de la aparición del mismo: "La incomprensión es la antesala de la separación, la separación abre la tentación del odio, y el odio es la puerta de la violencia".

Es decir, que si de manera absurda creemos que existe un terrorismo y que ése hunde sus raíces en el integrismo islámico o en la religión política nacionalista de Sabino Arana, estaremos produciendo a fin de cuentas ese terrorismo. Por tener la funesta manía de "pensar de otro modo", como en el grabado de Goya, el analista se convierte en sembrador y en artífice de odio y de terror.

Podemos respirar tranquilos: el terrorismo islamista es un invento de los enemigos del islam, y no debemos hablar de él porque entonces lo suscitamos. Por lo mismo carece de sentido elaborar políticas que tiendan a conjugar la integración de los cientos de miles de inmigrantes de religión musulmana con la construcción de una barrera contra la infiltración y la difusión de las doctrinas yihadistas.

Con políticas de asistencia económica, que por lo demás bienvenidas sean, y actuación policial frente a un terrorismo "internacional", ya hay bastante. Más sencillo, imposible. Signo de la confusión sembrada: en estas mismas páginas el racismo antiárabe es etiquetado de "islamofobia" que avanza. Pregunta: ¿qué tenían de "islamófobos" los sucesos de El Ejido?

Una sucesión de falsas interpretaciones no puede determinar una política razonable, pero sí una gestión cómoda a corto plazo, cediendo en cuanto se tropieza con un problema complejo en favor de la línea de mínima resistencia, y siempre al amparo de una coartada de apariencia progresista. La causa saharaui resulta abandonada en aras de las buenas relaciones con Marruecos, objetivo por otra parte deseable.

Los graves problemas que suscitan el plan Ibarretxe y las reformas estatutarias son sorteados desde un vacío político por ahora total, con buenas palabras, como si el futuro no encerrase riesgo alguno. La difícil tarea de apoyar a los demócratas frente a la represión de la dictadura cubana cede paso a una "normalización" al estilo checoslovaco de 1969, dejando a los disidentes en la cárcel, sin que el ministro Moratinos tenga siquiera el gesto de dignidad de replicar a las afirmaciones de Pérez Roque de que los presos políticos están ahí en aplicación de la justicia.

El Rey recibe al ministro cubano que hace poco insultaba a toda Europa y el Gobierno español parece dispuesto a convertirse en abogado defensor de la causa castrista, pronto en el tema de los derechos humanos, como antes en la UE. Eso sí, empresarios hoteleros e izquierda del mojito rebosan de satisfacción.

Y, por lo que concierne al terrorismo islamista, es decretada su inexistencia, con lo cual, por la misma regla de tres que en los casos anteriores, puede esperarse que la gestión cultural del tema sea confiada a quienes suscriben entre nosotros un islamismo de fachada progre. Para cerrar el círculo, el presidente proclama su "respeto" (sic) ante la política de destrucción llevada a cabo por Putin en Chechenia, al mismo tiempo que en la acera opuesta los líderes del PP se rasgan las vestiduras ante la retirada de una estatua de Franco. ¿Qué hemos hecho para merecer tantos despropósitos?

http://www.elpais.es/articuloCompleto.html?d_date=&xref=20050323elpepiopi_7&type=Tes&anchor=elpepiopi

Senado y Congreso
Nota del Editor  23 Marzo 2005

El gota a gota sigue pretendiendo construir la stalagtita y su estalagmita. Si dejan que el Senado incumpla la Constitución española y lo convierten en una jaula de grillos llena de casetitas con traductores, faltará menos para que consigan lo mismo en el Congreso: no hay estalagtita sin estalagmita.

ZP en la Liga Árabe
Faltaba Giner
GEES Libertad Digital 23 Marzo 2005

Enfrentarse a un texto de nuestro presidente genera siempre una tensión expectante. Fiel a sí mismo, o a su escribidor, Zapatero no renuncia a adentrarse por los complejos caminos del surrealismo, con una prosa cursi y una proverbial insustancialidad. Los fieles no han podido sentirse defraudados tras leer su ansiada intervención ante la cumbre de la Liga Árabe, ese selecto foro de democracias cuyo prestigio internacional no deja de crecer.

¿Podíamos acaso imaginar que ZP recurriera al pulcro, exquisito y ultraoccidental Giner de los Ríos para dar a entender la deuda cultural contraída por España con el Islam? Ya era excesivo que los socialistas hicieran suya la tradición institucionista, un legado que se caracterizaba por el estricto distanciamiento de la vida partidista y, en particular, de los fenómenos de masas del que el PSOE es buen ejemplo. Sólo la incompetencia de los populares, unida a la impudicia de los socialistas, puede explicar un suceso semejante. ¿Se atreverán con Ortega?

Los párrafos se suceden sin decir nada relevante, como si continuáramos leyendo las antológicas conclusiones de la Cumbre de Madrid. Y, sobre todo, ignorando los sucesos políticos más característicos de aquella región. Habla con naturalidad de avanzar hacia la democracia delante de aquéllos que la combaten. Se refiere a los procesos electorales recientes como si se hubiera llegado a ellos de forma natural y no por imposición norteamericana. Comentando el caso libanés llega a uno de sus mejores momentos cuando asevera que debemos apoyar la decisión del presidente sirio de retirar las tropas, como si hubiera sido un acto de libre voluntad tomado en un momento de relajada reflexión sobre el bien de la región.

Seguimos sin saber qué es la dichosa “Alianza de Civilizaciones” y no será por falta de constancia o tenaz lectura de cada papel que ante nosotros pasa. Cabe, sobre este tema, resaltar una pista tan ilustrativa como alarmante. “Perseguimos un objetivo compartido, superar el desencuentro entre el mundo occidental y el islámico, tomando para ello la iniciativa e incorporando en esta empresa a representantes de otras civilizaciones”.

¿Alguien sabe lo que es una civilización en términos de política internacional? ¿Qué tipo de sujeto es, que características tiene, cómo se organiza su representación?

¿De verdad existe un problema entre civilizaciones? ¿No será más bien que el Islam tiene un grave problema interno que repercute en la sociedad internacional?

Si las civilizaciones son actores políticos cohesionados, ¿quién representa a la Occidental, Bush o ZP?

Por más vueltas que Zapatero le dé, no se defiende a la democracia tratando de tranquilizar y contentar a los dictadores. No puede uno sentirse partícipe del proceso de reconstrucción regional cuando su máxima aportación ha sido abandonar a los iraquíes al terrorismo islamista, del que, quiera o no, se ha convertido en un ejemplar compañero de viaje. El reto que plantea el islamismo no se resuelve organizando encuentros con sátrapas en Nueva York, en el sacrosanto edificio de Naciones Unidas, sino presionando sobre sus gobiernos para que persigan a los dirigentes islamistas, combatan la corrupción y avancen en los procesos de modernización. Con estos juegos florales, además de hacer el ridículo, sólo se alimenta el problema.

¿Quién será la pluma que ha dejado caer en el texto presidencial, como si de un pétalo se tratara, el fino y elegante palabro “partenariado”? ¿Será acaso un gesto de internacionalismo, un ejemplo de mix intercultural o un paso hacia unas mejores relaciones con Estados Unidos?

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Cumbre de la Liga Árabe
Zapatero, neocon
Miguel Ángel Quintanilla Navarro Libertad Digital 23 Marzo 2005

Como era previsible y como era perceptible en las últimas semanas, el PSOE ha comenzado a apropiarse del discurso neoconservador ante la lamentable pasividad del PP. Las declaraciones de Zapatero ante la Liga Árabe reproducen algunos de los argumentos esenciales del pensamiento que anima los procesos de reforma y transformación del Oriente Medio –del Gran Oriente Medio–, impulsado por Bush.
No es algo sorprendente. Ha sido la prensa próxima al Gobierno la que más portadas ha dedicado en las últimas semanas a explicarnos que en Irak se ha inaugurado una nueva era, y la que ha comenzado a preguntarse si, realmente, no estará ocurriendo en Irak y en el mundo islámico algo digno de ser tenido en cuenta y respaldado. Mientras tanto, la prensa supuestamente cercana al PP permanece al margen de asunto, y nos aclara que prosiguen las disputas sobre “los fantasmas del Windsor” o los efectos que puede tener la anorexia a largo plazo.

Que Zapatero se permita decir que “la libertad es la mejor barrera contra el fanatismo", que "no hay incompatibilidad alguna entre la democracia y el mundo árabe, como nos recuerdan los procesos electorales celebrados recientemente en Irak y Palestina a pesar de todas las dificultades”, y que “así lo atestiguan también los alentadores avances de las libertades y las reformas políticas en curso en numerosos países árabes" es un acto de desvergüenza imponente. Porque algunas de esas dificultades que han complicado los procesos electorales a los que alude han sido causadas por él. Personalmente por él. Fue él quien retiró las tropas de debían proteger a los votantes iraquíes, pretextando que no se puede imponer la democracia por la fuerza, como si de lo que se tratara fuera de llevar a la gente a las urnas a punta de pistola y no de protegerla para que no fuera asesinada antes de llegar al colegio electoral. Fue él quien animó a los demás Estados que tenían tropas desplegadas allí a que siguieran su ejemplo, y ha sido él quien ha vinculado la democratización de Irak con los asesinatos del 11-M ante la opinión pública. Fueron él y su partido quienes llamaron asesinos a quienes defendimos la democratización de Irak.

Zapatero ha comenzado a copiarle las ideas a Bush. ¡Ha comenzado a copiarle las ideas a Aznar!

Pero lo peor es que el PP parezca estar dispuesto a permitir que el PSOE consume esa apropiación sin más polémica, que carezca de la voluntad de reivindicar el sentido de su apoyo a la guerra de liberación de Irak, que es lo que le hizo perder las elecciones.
El PP tiene dos opciones: esforzarse en mostrar a los españoles el verdadero sentido del 11-M, el verdadero valor de las víctimas y el verdadero rostro de sus verdugos, es decir, poner orgullosamente en valor su política en Irak, y hacer que los españoles quieran ser parte de ella, o sobrellevar indefinida, resignada y gratuitamente el estigma que ensombrece su futuro. Y encima, ver cómo Zapatero se convierte en el adalid de la democratización de Irak. Dentro de poco veremos a Leire Pajín contándonos “la realidad” de lo que pasa en Irak, y pidiéndonos dinero para que los niños iraquíes vayan a la escuela. Decenas de miles no podrán ir, porque los mataron Sadam y la paz de la ONU. Incomprensible.

El IRA se resiste a morir
MANUEL LEGUINECHE El Correo 23 Marzo 2005

Algo huele a podrido en Irlanda del Norte, con un sector duro del IRA que ha pasado de defender a los barrios católicos a defender sus privilegios y sus intereses. Los intereses de la mafia republicana y su código de silencio. El IRA se resiste a morir, al menos el ala extrema de la organización. ¿Quién nos protege de los protectores?

Todo empezó con el asalto en diciembre a un banco de Belfast, de donde se llevaron 26 millones de libras, atraco atribuido, por su precisión militar, a un comando del IRA. ¿Para qué necesita el brazo armado de Sinn Fein, que preside un ahora atribulado Gerry Adams, esos millones si se supone que no hay guerra y que el IRA está, o debería estar, en proceso de disolución? Esto tiene toda la pinta de que los pistoleros no quieren desarmarse.

Al episodio del asalto al banco le sucedió el asesinato en enero en una taberna de Belfast de un obrero y activista católico, padre de dos hijos. Robert McCartney fue degollado con una botella rota. Casualidad: los 75 testigos del crimen afirmaron que se encontraban en ese momento en el lavabo. La vieja 'omertá', la ley del silencio siciliana, la ley de Chicago. Estos métodos, que ya se conocían, se quebraron cuando seis personas decidieron decir la verdad, romper con el clima de extorsión en el que se han movido los comandos del IRA. Cinco hermanas de Robert y su viuda dijeron no a una organización que se niega a disolverse, que sigue matando y golpeando a voluntad. Esta vez no. Su valentía les ha conducido hasta la Casa Blanca el día de San Patricio, patrón de Irlanda, donde fueron recibidas por el presidente Bush. Al que no recibió fue a Adams, al que su tradicional aliado el senador demócrata Ted Kennedy tampoco quiso ver. De pronto, Adams se ha quedado aislado y sin los fondos que recoge para el IRA y Sinn Fein de manos de 44 millones de americanoirlandeses.

Gerry Adams no puede con sus bandoleros. Condenó el asesinato de Robert, pero después del atraco del banco su crédito disminuye, al menos en el exterior. Tras la reacción de las hermanas McCartney, lo que ha quedado claro es que lejos de ser 'combatientes por la libertad', unos cuantos paramilitares del IRA, tras más de diez años de proceso de paz, se separan del camino, actúan por su cuenta, al margen de lo que digan o hagan sus jefes teóricos Adams o McGuinnes, a los que están segando la hierba bajo los pies. A los gobiernos británico e irlandés no les queda otro remedio que seguir confiando en Adams, que se enfrenta a sus correligionarios más extremistas. Estamos ante la más grave crisis irlandesa desde la guerra civil de 1922.

Más del 40% de los votantes de Sinn Fein son partidarios de que el IRA se disuelva. Las hermanas McCartney, después de 35 años de ciclos violentos, han puesto a los irlandeses frente a la realidad. El presidente Bush no podía pasar por alto, en plena campaña de democratización, estas salidas de pista basadas en la violencia. Esto es lo que ocurre cuando llega la paz o se intenta lograrla dejando el fusil por las urnas: que hay terroristas que se niegan a desmovilizarse porque, ¿de qué vivirán a partir de ese momento? En la deriva del republicanismo irlandés hay quienes se han plegado al proceso de paz y otros que se han transformado en matones. Matan, roban, viven del mercado negro, del contrabando de tabaco, de ganado, de vodka o whisky. Del romanticismo al lumpen y al gangsterismo, al crimen organizado. En los últimos cinco años han matado a quince personas y efectuado 250 disparos de intimidación.

En los barrios católicos se niegan a cerrar los ojos ante los abusos de los pistoleros del IRA. Ésa es la diferencia gracias a las hermanas McCartney.

Desinformación lingüística en Cataluña
© Cervantina digital www.cervantina.org 23 Marzo 2005

El gobierno autonómico catalán intenta desde hace años transmitir mensajes equívocos sobre el dominio entre los alumnos catalanes del español y del catalán. Se busca crear la sensación de que el catalán se encuentra en un estado peor del que realmente se halla, para así poder justificar esa política tan antidemocrática que es la inmersión lingüística obligatoria en catalán.

Para ello, no se repara en publicar datos que inducen a equívoco a la gente de la calle, que evidentemente no conocen las "tripas" de los estudios, informes y estadísticas que salen a la luz en los medios de comunicación.

He aquí tres ejemplos. Primer caso: noviembre del 2003. Por aquel entonces el Ministerio de Educación presentó un decreto que instaba a la Generalitat de Cataluña a impartir 4 horas semanales de lengua española (un mínimo minimorum si las comparamos con las más de 20 horas semanales de clases en catalán) para asegurar un adecuado dominio de la lengua común. Fue en medio de aquella polémica (¡qué casualidad!) cuando apareció un estudio realizado por el Servei d'Ensenyament del Català junto con la Universidad de Barcelona sobre la lengua de relación de los alumnos en la hora de recreo, según el cual el 60% de los alumnos de primaria de Cataluña hablaban en español en el patio. Pero el estudio tenía truco: la muestra estadística analizada estaba sesgada en favor de los castellanohablantes, concretamente, un 53% de los alumnos declaraba usar el español de manera exclusiva o mayoritaria, el 15.2% se declaraba bilingüe y tan solo el 31.8% usaba el catalán de manera exclusiva o mayoritaria. Con una tal muestra, era evidente que el resultado iba a ser una preponderancia del español.

Segundo ejemplo: julio del 2004. Se hicieron públicas las notas de acceso a la universidad correspondientes al examen de selectividad. Los titulares de los medios de comunicación subrayaron entonces que la nota de español era un 6,17 y la de catalán, bastante inferior, un 4,95. Pero esas notas tenían también truco: los coordinadores de las pruebas habían diseñado una prueba de selectividad de catalán claramente más exigente que el de español, algo que constataron (y lamentaron) numerosos profesores y alumnos. ¿Es casualidad que el examen de selectividad de catalán sea, todos los años, más complicado que el de español?

Tercer ejemplo: noviembre del 2004. La Generalitat sacó un estudio sobre el primer ciclo de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), donde aparecía que el nivel de expresión escrita de los alumnos era inferior en catalán (43%) que en español (72%). Pero el estudio volvía a tener truco: para evaluar dicha competencia, los alumnos debían elaborar en español un texto de tipo descriptivo y en catalán un texto de tipo argumentativo, de mayor complejidad. Por eso el nivel de competencia en catalán salió inferior al de español. ¿Con qué intención se establecieron pruebas de diferente nivel y porqué la de español era claramente más sencilla? Difícilmente se pueden establecer comparaciones de conocimientos si las pruebas no son de nivel parejo. De lo aquí expuesto podemos extraer, como mínimo, dos consideraciones: en primer lugar, es preocupante que la Generalitat ponga tan bajo el nivel de exámenes y pruebas de lengua española. ¿Por qué no le interesa evaluar el nivel real (subrayamos, real) de español tras años de inmersión lingüística en catalán? ¿o es que saldría muy bajo, dejando a las claras las evidentes carencias en el dominio de español de muchos alumnos? Y en segundo lugar, resulta evidente que es harto recomendable mantener una saludable dosis de escepticismo cada vez que aparezcan estudios, informes y estadísticas sobre temas lingüísticos que provengan de la Generalitat u organismos afines a ella y que sería deseable que fueran realizados por instituciones totalmente independientes y de manera más rigurosa (algo no muy difícil) que los arriba expuestos.

Iraq como modelo
J. A. ÁLVAREZ GUNDÍN La Razón 23 Marzo 2005

El presidente del Gobierno se bajó ayer a los baños de Argel, donde Cervantes se tiró unos años de vacaciones, según la ministra Carmen Calvo, para soltarle a los países árabes allí reunidos su sermón de la Alianza de Civilizaciones, que viene a ser como el Sermón de la Montaña pero en versión laica. Y eso hubiera sido todo, es decir, una pieza retórica de esas que se leen en los colegios para celebrar el día mundial de la paz, si no fuera porque Rodríguez Zapatero despertó a la concurrencia al reivindicar el proceso iraquí. Exactamente, el presidente del Gobierno afirmó que Iraq es la demostración y la prueba palpable de que es posible la democracia en los países árabes. Que Iraq sea o no un modelo a seguir, es probable y también discutible. Pero resulta cómico que lo ponga como ejemplo el único dirigente político del mundo que se retiró de allí a la carrera y sin mirar atrás. Los líderes árabes que ayer le escuchaban, recuerdan perfectamente que Zapatero realizó desde la vecina Túnez, en septiembre de 2004, un ardoroso llamamiento a todos los países que estaban en Irak para que también lo abandonaran. Estuvo en su derecho de no apuntarse a la guerra, pero resulta escandaloso que ahora pretenda colarse de rondón en el desfile de la victoria. Y más aún, que proclame el éxito del país al que le dio la espalda.

Poder catalán
M.A. Email 23 Marzo 2005

El poder es la resultante de un pulso entre fuerzas y el poder político la relación de fuerzas políticas. Pero el poder no se ejerce sólo ni siquiera principalmente por la violencia de unas fuerzas sobre otras, eso sólo ocurre en graves crisis sociales y políticas. En las etapas de paz social que son las habituales, el poder está basado en la persuasión de los gobernados, en su ignorancia, en la creencia general de que es muy difícil gobernar y por eso son necesarios los partidos y los políticos, en los dogmas inamovibles, etc.; resumiendo, todo aquello que entendemos como ideología dominante. En este catálogo tiene suma importancia la credibilidad que para la sociedad tengan los políticos de turno, la gente debe ver en su vida cotidiana una correspondencia entre su bienestar y la labor de los profesionales de la política. Y cuando eso deja de producirse, salen los grupos de oposición a tomar el relevo del trabajo.

¿Y qué pasa cuando la oposición social en forma de partidos no existe?. Pues dependerá de las circunstancias generales. En la Cataluña del momento estamos en esa situación. Desde la transición, cuando el poder político catalán se otorgó a los grupos locales sin injerencia del gobierno central, hemos asistido a una gobernación presidida por la ideología nacionalista y en ella se han concitado el nacionalismo y la política, es decir, la gestión pública ha estado y está fundida con el idealismo soberanista. De esta forma, se está cumpliendo el temor de los políticos más lúcidos del Estado español: mezclar la lucha de clases con el nacionalismo, y a los ojos de la población aparece con nitidez que el fracaso político catalán es responsabilidad de los catalanistas. El problema a resolver es quién o quienes, en estas condiciones, se va a ganar el reconocimiento ciudadano. Y en buena lógica, o bien deberían aparecer sectores nuevos encargados de asumir el trabajo o bien los que hay se alejan de las políticas de costumbre para conseguir esa aceptación.

Y en esta tesitura hay dos cosas determinantes, la una interna y la otra nacional. La primera es tratar de conseguir que las asociaciones y otros elementos interesados en el cambio, se hagan oír redoblando sus esfuerzos, pues aunque los ánimos personales estén bajos, la realidad objetiva invita sin duda a la denuncia y la lucha. La segunda es que el Gobierno central no puede seguir permitiendo estos desmanes, bien porque es una vergüenza lo que está ocurriendo en una región de su territorio con el caso del Carmelo por mor de la no injerencia, o principalmente porque el idealismo nacionalista está llegando a cotas verdaderamente peligrosas y tendrá que hacer algo al respecto. Sólo se pueden explicar las pugnas por toda España de las posiciones contrarias, incluso dentro del propio Psoe, mediante la percepción de que nuestras posiciones están ganando terreno y luchan por tener el protagonismo que le corresponden. En España se está produciendo un ajuste a la realidad, ese verdadero acomodo y pronto veremos qué está dispuesto a dar cada parte.

Ánimo pues, que la victoria nuestra es.

Mafia batasuna
EL SUBMARINO La Razón 23 Marzo 2005

Ya lo sabíamos. No es nada nuevo. La «mafia» económica de los batasunos tiene sus particulares graneros. El Tribunal Supremo ha dado la razón a la Diputación de Guipúzcoa en el contencioso que mantenía con el Ayuntamiento de Belaunza por calificar como «urbanizable», cuando era gobernado por HB, un área rural en la que el promotor, el ex alcalde de Gaztelu, Juan José Otegui, también de HB, edificó ocho villas. El origen del conflicto se remonta a 1999 cuando la Diputación de Guipúzcoa rechazó la modificación de las Normas Subsidiarias de Belaunza y la conversión de esta zona rústica en suelo urbano, decisión que el consistorio de esta localidad recurrió ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, que falló en favor de la institución foral, al igual ahora ha hecho el Tribunal Supremo. No obstante, las ocho viviendas promovidas por Juan José Otegui se construyeron. El PNV, que por otro lado tiene su particular empresariado, denunció las «prácticas mafiosas» en la comarca de Tolosa por parte de diversos cargos municipales de HB, entre los que citó a Juan José Otegui. Pasado el tiempo, con Batasuna fuera de los ayuntamientos, la nueva autoridad de Belaunza –del PNV– ha dicho que intentará arreglar la situación sin derruir las viviendas. Ah, Otegui no ha devuelto el dinero.

¿Sólo tres palabras?
Cartas al Director ABC 23 Marzo 2005

Dice nuestro presidente del Gobierno que «sólo necesita tres palabras: condenamos el terrorismo» del brazo político de ETA para comprobar que la democracia permite «dar muchos pasos más». Como vasco y español necesito mucho más que tres palabras. Necesito la rendición incondicional de la banda; la asunción de responsabilidades penales por parte de sus responsables, los de ETA y los de su entramado político; el cumplimiento íntegro de las penas, y que me aseguren que no habrá «amnistías» políticas. Y necesito que se trate a las víctimas con al menos un poco más de respeto que a sus verdugos.

Lo que los terroristas, sus amigos y los que los disculpan tienen que comprobar sobre la democracia es que efectivamente permite dar «muchos pasos más», pero ninguno fuera de ella. Tienen que tener claro que el que lo haga se arriesga a que le caiga encima toda «la democracia» y que eso le va a hacer pupa. De todas formas, sorprende ver el «talante» de ZP y su partido con los asesinos terroristas de diferente signo y procedencia, y la falta de éste con las víctimas y con partidos democráticos que se han puesto a su servicio para acabar con esta lacra. Ricardo López de Guereñu. Madrid.

El sirio detenido recaudó fondos y reclutó islamistas mientras militaba en el PSOE
Almallah Dabas alojó a autores del 11-M y facilitó la huida de España del líder de Al Qaida en Europa
El juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo envió ayer a prisión a Mouhannad Almallah Dabas, ciudadano sirio nacionalizado español que fue detenido por segunda vez la pasada semana por su relación con el 11-M. Según el auto de prisión, Almallah proporcionó alojamiento a algunos de los autores de los atentados de Madrid y entregó documentación falsa a varias personas, entre las que podría encontrarse Amer Azizi, dirigente de Al Qaida en Europa al que se busca en España desde el año 2001. Del Olmo decidió pasar su imputación de colaboración a pertenencia a organización terrorista.
Almallah fue detenido el pasado jueves en su domicilio de San Blas
F. Velasco La Razón 23 Marzo 2005

Madrid- El sirio nacionalizado español Mouhanad Almallah Dabas, en prisión tras su detención en Madrid el pasado viernes, alojó en su domicilio a algunos de los autores de los atentados del 11-M, facilitó la huída de España de Amer El Azizi, uno de los principales dirigentes de Al Qaida en Europa, y tenía «relaciones directas» con tres de los suicidas de Leganés, entre ellos Sarhane «El Tunecino», considerado el jefe de la célula islamista que perpetró la acción terrorista, y Jamal Ahmidan, «El Chino». Así lo refleja el juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo en el auto donde decreta su ingreso en prisión provisional e incondicional por integración en organización terrorista, donde, además, se señala que Almallah Dabas ocupaba una «posición relevante dentro del entramado terrorista islamista».

Así, y respecto a su relación directa con autores de los atentados del 11-M, el magistrado especifica que la noche del 11 al 12 de marzo de 2004 se alojó en su domicilio de Madrid Asrih Rifaat Anouar, uno de los terroristas que se suicidó en Leganés. De esta forma, añade el juez, su domicilio «era albergue y espacio de protección conocido por implicados directos en los atentados» del 11-M.

Además, el magistrado especifica que, tras el estudio de nuevos documentos y declaraciones de testigos, existen indicios que acreditan, al menos indiciariamente, que Almallah Dabas pudo participar también en la captación de personas que pudieran haber llevado a cabo o participado en los atentados, «adoctrinamiento» de las mismas, «recaudación de fondos o dinero para la subsistencia de esas personas, así como de su propia familia».
Además, habría facilitado también «elementos de infraestructuras y logísticos», tales como lugares de albergue, dinero para facilitar los traslados y documentación falsa para utilizarla en los desplazamientos por España en el extranjero.

Posición relevante.
De esta forma, su labor no era de simple colaborador con radicales islamistas, sino que ocupaba «una posición relevante dentro del entramado terrorista islamista», asegurando «los resortes necesarios para el mantenimiento de la actividad personal», así como facilitar la «infraestructura necesaria», como el dinero necesario, alojamiento y protección y documentación falsa.

Estas actividades tenían lugar en combinación con la existencia de una red supranacional que permitía la captación de miembros de otros países y su adoctrinamiento para actividades terroristas. Según informa Europa press, varios testigos aseguraron que Almallah intentó captar varias personas e intervino «en una posición relevante» en las reuniones que tuvieron lugar en el piso de Madrid en el que vivía. En estas reuniones, era corriente ver vídeos relacionados con el «yihadismo». Almallah adoptada medidas de seguridad para evitar que las fuerzas de seguridad le localizaran, como utilizar lugares seguros a los que sólo permitía el acceso de determinadas personas.

El juez también destaca que Almallah Dabas, una vez quedó en libertad el 19 de marzo de 2004 –fue detenido cuatro días antes– continuó realizando actividades «dirigidas a la obtención de fondos» con la que contribuir «al sostenimiento de actividades relacionadas con el terrorismo islamista». Dabas se había afiliado al Partido Socialista en mayo del pasado año y ha sido expulsado del patido hace pocos días.

Almallah prestó documentación suya o de su familia a Azizi para facilitarle la huida de España
El juez Del Olmo asegura en el auto que ordena su ingreso en prisión que el imputado «ostenta una posición relevante dentro del entramado terrorista» del 11-M
NIEVES COLLI ABC 23 Marzo 2005

«Me están hundiendo. No tengo ninguna vinculación con el CNI. No he sido informador ni espía»
Bensamail coincidió con Toro y Trashorras
El PP intenta reabrir la comisión del 11-M con el socialista que colaboraba con el CNI

MADRID. El sirio nacionalizado español Mouhannad Almallah Dabas, en prisión desde el lunes por la noche por su implicación en los atentados del 11-M, tuvo en la organización de la masacre de los trenes en Madrid un «nivel de implicación indubitado e inequívoco» que va «más allá de puntuales actos de colaboración». Lo mismo ocurre con su integración y compromiso con el islamismo radical ya desde mediados de los años noventa. Su actividad terrorista se extendió incluso a fechas posteriores al 11-M y a su primera detención y posterior puesta en libertad por esos hechos, a finales de marzo del pasado año.

Nuevos datos
Así lo afirma el juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo en el auto con el que ordena el nuevo ingreso en prisión de Almallah Dabas por un delito de pertenencia a banda armada. Tras explicar que las investigaciones policiales han permitido «perfilar más adecuadamente el nivel presunto de intervención» del detenido en los hechos, el instructor señala que, después de quedar en libertad hace un año, siguió realizando actividades «dirigidas a la obtención de fondos de manera ilícita» con el fin de «contribuir al sostenimiento de actividades relacionadas con el terrorismo islamista». Durante ese tiempo, este imputado del 11-M estuvo afiliado al PSOE, partido que le expulsó de manera fulminante la pasada semana al conocerse su detención.

Las actividades realizadas por Almallah van desde la captación de personas y su adoctrinamiento en la «yihad» hasta la obtención de fondos y las labores de infraestructura y logística, como la entrega de documentación falsa o el alojamiento, «al margen de lo que puede ser la hospitalidad», en lugar seguro. La documentación intervenida a Almallah en el registro de su domicilio así como declaraciones de testigos permiten afirmar que pudo alterar documentación a su nombre o a nombre de algún familiar suyo «para lograr que un presunto miembro relevante de Al Qaida, el marroquí Amer el Azizi, huyera de España» en octubre de 2001, evitando así ser detenido. En el auto, Del Olmo asegura que entre las funciones desempeñadas por Almallah estaba precisamente la de «facilitar una identidad mendaz a quien lo necesitase».

Relaciones directas con los suicidas
Las investigaciones revelan también que el detenido «tenía relaciones directas» con «El Tunecino» -uno de los suicidas de Leganés-; que «El Egipcio» tenía sus teléfonos en la agenda; que mantuvo contactos con «El Chino» -suicida de Leganés-; y que en un piso propiedad de su hermano Moutaz -detenido en Londres la pasada semana por orden de Del Olmo- residían el presunto autor material del 11-M Basel Ghalyoun, el imputado Fouad el Morabit y se alojó el suicida Ashri Rifaat. Este último también habría participado en reuniones de adoctrinamiento «dirigidas» por Almallah Dabas.

Medidas de seguridad
El juez explica en el auto que el imputado adoptó una posición «relevante dentro del entramado terrorista islamista» y es una de las piezas clave que «garantiza la existencia del adecuado adoctrinamiento, facilita la infraestructura indispensable (dinero, lugares de albergue y protección, documentación falsa) y permite el traslado de personas a través de sus contactos dentro del entramado».

Almallah, sigue el juez, formaba parte de una red «supra-nacional» que permitía «no sólo la captación de miembros en otros países y su adoctrinamiento» para actividades terroristas islamistas sino que también favorecía «su traslado desde sus países de origen a España y, dentro de España, su cobijo, protección y traslado a otras zonas del territorio español o, en su caso, del extranjero».

Para organizar los encuentros de captación y enseñanzas de la «yihad» se adoptaban importantes medidas de seguridad tanto en las comunicaciones telefónicas como informáticas. Las reuniones se celebraban en «lugares especialmente protegidos» tales como domicilios de algunos miembros del grupo, espacios naturales o «estancias cuyo acceso estaba restringido». Estas características reunía, por ejemplo, el piso situado en la calle Virgen del Coro, en Madrid, «que el imputado utilizaba para realizar reuniones doctrinarias y visualizar vídeos relacionados con el «yihadismo» y la visión violenta del islamismo».

Durante la vista en la que se decidió su prisión, Almallah hizo un alegato defensivo en el que aseguró estar «arrepentido de haberse rodeado de este tipo de personas» y prometió que en el futuro «si lo tiene» colaboraría «en lo que pudiera para evitar situaciones como la sucedida, que están afectando negativamente -dijo- a personas que no han intervenido en esos hechos».
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