AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 3 Abril 2005
Excmo. Sr. Embajador de España
Carta abierta del Foro Ermua  3 Abril 2005

Mariano Rajoy y la rebelión del `Prometeo` de Goethe
Jesús Cacho El Mundo 3 Abril 2005

PRESAGIOS
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 3 Abril 2005

Matrioskas
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 3 Abril 2005

El órdago de Ibarretxe
José Antonio Zarzalejos ABC 3 Abril 2005

Los únicos
TONIA ETXARRI El Correo 3 Abril 2005

Deslegitimar la violencia
ITZIAR ASPURU EL Correo 3 Abril 2005

¿Título de euskera
Cartas al Director El Correo 3 Abril 2005

El PP tacha de «fascista» la expulsión de 157 profesores por no saber euskera
J. L. LORENTE ABC 3 Abril 2005

La política en Cataluña.
M.A. (Barcelona) email 3 Abril 2005




 

Excmo. Sr. Embajador de España
Embajada de España
Carta abierta del Foro Ermua a los Embajadores de España 3 Abril 2005

Bilbao. 1 de abril de 2005.
Sr. Embajador:

Acabamos de saber hoy que tras la decisión tomada anoche por el Tribunal Constitucional rechazando el recurso de amparo presentado por la candidatura Aukera Guztiak (AG), el Consejero de Justicia del Gobierno autónomo Vasco, Joseba Azkarraga (del partido nacionalista EA), ha enviado una carta a importantes dirigentes de organizaciones internacionales denunciando el “nuevo atentado a la democracia” que ha cometido el Estado español, concretamente el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional de España.

Para ofrecerle a Vd., y a todos los demás Embajadores de España, una mayor información sobre esta importante decisión adoptada por los más altos tribunales españoles, adjunto a este mensaje encontrará un despacho de una agencia española dando cuenta de ambas decisiones. En un par de horas le remitiremos este mismo despacho traducido a francés.

Ante esta nueva actuación del Gobierno autónomo Vasco en contra de la democracia españala, el Foro Ermua quiere expresarle lo siguiente:

1) La anulación de las candidaturas de AG ha sido adoptada de forma unánime por la Sala Especial del Tribunal Supremo, compuesta por 16 magistrados, entre los que figuran el Presidente del propio Tribunal y los de las cinco Salas. La decisión del Tribunal Constitucional se adoptó anoche con el criterio unánime de los 6 miembros de su Sala Segunda.

2) El proceso se ha desarrollado con pleno respeto de los derechos de los ciudadanos vascos que presentaron dichas candidaturas y se ha basado, además de en sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (del 7 de diciembre de 1976 y del 13 de febrero de 2003), en la sólida jurisprudencia derivada de la aplicación de la Ley de Partidos Políticos de 2002 en anteriores convocatorias electorales en 2003 y 2004.

3) Todo lo anterior es conocido por todo el mundo y, en particular, por el Gobierno vasco y por su Consejero de Justicia, Joseba Azkarraga. quien es consciente de la rotunda falsedad de sus gravísimas acusaciones contra el Estado de Derecho de España, carentes del menor fundamento.

4) Las sentencias no se basan en “meros indicios”, sino en pruebas fehacientes y judicialmente establecidas. El pretendido “atentado claro contra el derecho fundamental de los ciudadanos vascos” es una completa tergiversación del carácter justo, legal y proporcional de las sentencias adoptadas.

5) El Gobierno autónomo Vasco y, en particular, el Sr. Azkarraga se ha opuesto sistemáticamente a todas las medidas policiales, legislativas y judiciales que se han tomado en España en los últimos 20 años para combatir y derrotar a la organización terrorista ETA. Ha calificado de injustas e ineficaces las detenciones de los terroristas. Ha enviado “observadores” a los juicios realizados en la Audiencia Nacional de Madrid contra los miembros de ETA. Ha despreciado a las víctimas de ETA y a sus familiares. Se ha opuesto a la nueva Ley de Partidos Políticos de 2002, que ha permitido ilegalizar al brazo político de ETA, esto es Batasuna. Ha calificado también de “atropello antidemocrático” esta ilegalización. Como ha quedado establecido en autos del magistrado Baltasar Garzón, el Gobierno vasco ha proporcionado financiación a organizaciones del entorno de ETA. Los dos partidos nacionalistas del gobierno vasco (PNV y EA) firmaron, en septiembre de 1998, un pacto secreto directo con ETA, que ésta hizo público más tarde.

6) Esta permanente connivencia con ETA y con sus diversas organizaciones satélites del Gobierno vasco (controlado por los partidos nacionalistas desde 1980) es, precisamente, el mayor obstáculo que ha tenido la democracia española para derrotar al fenómeno del terrorismo en nuestro país. Son innumerables las ventajas políticas obtenidas durante décadas por el Gobierno vasco de la intimidación llevada a cabo por ETA y Batasuna.

7) La presente denuncia internacional del Gobierno vasco contra el Estado español pone en evidencia, una vez, más su proximidad con los objetivos políticos de ETA, su oportunismo y su total deslealtad hacia la Constitución democrática española de 1978, que ha posibilitado que el País Vasco disfrute del más alto nivel de autogobierno que existe en Europa.

8) Joseba Azkarraga, siendo ya Consejero de Justicia, y por tanto responsable directo de que la Ley impere en el País Vasco, ha participado en varias manifestaciones convocadas por el entorno de Batasuna llamando a los ciudadanos a la desobediencia civil. Este hecho define sus convicciones y su sentido de responsabilidad.

Agradeciéndole su amabilidad, le saluda atentamente,

Mikel Buesa Blanco
Vicepresidente
Foro Ermua

Mariano Rajoy y la rebelión del `Prometeo` de Goethe
Por Jesús Cacho El Mundo 3 Abril 2005

En un Gobierno empeñado en reavivar la llama de viejas querellas civiles, la presencia de un tipo sensato como Solbes proporciona cierto alivio diario de la buenas gentes de la derecha. La economía, sin embargo, empieza a mostrar mala cara, no peor que la del Partido Popular, donde el liderazgo de Mariano Rajoy, bajo la sombra de Aznar, empieza a ser ampliamente discutido.

Tal vez sea la primavera, que la sangre altera, pero el paisaje político se ha animado a la vuelta de Pascua con sucesos varios procedentes de los dos grandes partidos nacionales. El Gobierno Zapatero sigue desconcertando a quienes no son fans declarados de la causa. Las palmeras del reciente viaje caribeño, donde el ansia infinita de paz del leonés se abrió de capa con la venta de una serie de aviones y fragatas -por fortuna desarmadas, según aclaró El País de Polanco-, no deben ocultar la visión de un bosque donde se están produciendo decisiones de gran calado resumidas esta semana en dos: bloqueo de la Justicia (con paralización de nombramientos en el Supremo), y avance de una nueva Ley de Educación que, en lugar de enaltecer el talento y estimular el esfuerzo, puede contribuir a descapitalizar el primer activo de que dispone una nación para asegurar su futuro en un mundo altamente competitivo: el nivel de formación de sus ciudadanos.

Estos hechos, los más recientes, ocurren con el cotidiano telón de fondo de un radicalismo que amenaza con despertar algunos de esos demonios familiares históricos que los españoles creíamos encerrados bajo siete llaves desde la muerte de Franco. La necesidad de tensar constantemente la vieja dialéctica izquierda-derecha para mantener viva la llama del voto que el 14-M llevó al PSOE al Gobierno, está empezando a erosionar la fe de las gentes sensatas en los pilares que constituyen la base de la convivencia en un país moderno, principios tales como la solución pacífica de las disputas, el respeto al adversario, la coexistencia civilizada, la cooperación y búsqueda inteligente del bienestar colectivo y toda esa serie de valores -libertad individual, imparcialidad de la justicia, seguridad física, etcétera- que constituyen la base del pensamiento liberal desde Spinoza hasta Locke, pasando por Montesquieu, Kant, Mill, Smith y tantos otros.

El disparate de ciertas conductas que parecen empeñadas en reavivar la llama de viejas querellas civiles tiene lugar en un país que ha superado ya el billón de dólares de PIB, país de amplísimas clases medias -el mejor legado del franquismo como estabilizador social- país grosso modo rico que, paradójicamente, se halla en la encrucijada de su ser o no ser como nación por culpa de la presión rupturista ejercida por los nacionalismos periféricos, un envite que camina hacia un dead line más o menos inminente y que los españoles deberían tratar de resolver no con los tanques en la calle -los socios de Zapatero exigen que Su Majestad deje de ser Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas- sino con grandes dosis de cordura.

Muchas de esas clases medias respiran todas las mañanas aliviadas al reparar en la presencia en el Ministerio de Economía de Pedro Solbes, negociado al frente del cual Zapatero tuvo la visión de colocar a un hombre que muy bien podría ser ministro de un Gobierno del Partido Popular. «El equipo de Solbes tal vez no esté echando carbón a la caldera, pero por lo menos no va a colocar traviesas en la vía», asegura un antiguo alto cargo popular.El vicepresidente económico volvió esta semana a realizar la enésima aproximación -¡papelón!- a la reforma fiscal que prepara el Gobierno y cuya aplicación ha quedado aplazada ad calendas graecas, con lo que el personal ha sacado sus conclusiones: Perico se ha dado al fin cuenta de que la política económica del PP funciona, y ha decidido que lo mejor es no meneallo. Tampoco esa política le valdría ya al PP en caso de haber ganado en marzo de 2004, porque la caldera está perdiendo gas aceleradamente.Los datos que se van conociendo del primer trimestre -terribles los de Comercio Exterior- inducen a pensar que el PIB va a crecer este año más cerca del 2% que del 2,5%, y que la desaceleración empieza a ser más evidente cada día. Y, encima, el petróleo.

En Ferraz saben que un deterioro perceptible de la situación económica es el único argumento que provocaría la caída del PSOE en 2008, porque, en otro caso, hay zapaterismo para rato. González necesitó equivocarse mucho y durante mucho tiempo para perder el poder en 1996 por apenas un puñado de votos. «Los socialistas saben que cuando levantan la persiana cada primero de año tienen asegurado un millón más de votos que el PP por ser los dueños de la marca», solía decir Rato. Claro que, para volver al poder, el PP tendría que convertirse en una alternativa creíble, lejos de la imagen que hoy ofrece como partido sumido aún en el drama del 11-M y la posterior derrota electoral.

Lo ocurrido esta semana con el DVD de Faes no hace sino poner en evidencia la medicina que los sectores más moderados de la derecha recetaron al PP tras el 14-M: ejercicio de una cierta autocrítica y renovación radical de mensajes y mensajeros. Ninguna de las dos cosas se ha producido. El problema de Rajoy no es que tenga que salir todos los días a medirse en duelo en plaza pública con el presidente del Gobierno (hay más días que ollas, dicen en mi pueblo), sino que cuando lo haga tiene que dar imagen de líder creíble, con arrestos suficientes para gobernar con autoridad no sólo su partido, sino España entera. Y, de momento, la impresión que transmite es que aún sigue atado al fantasma de Aznar, cautivo de su afán de revancha.

Algunos todavía recuerdan, poco después de marzo de 1996, a una exultante Ana Botella asegurando que lo que más deseaba la pareja era «salir del Gobierno por la puerta grande, con el respeto de todos». La pretensión -claramente excesiva, a la luz de los dos últimos años de su segunda legislatura- se frustró por culpa del bárbaro atentado del 11-M. Y ahí sigue, incapaz de superar el trauma. En esta página lo hemos dicho ya hace tiempo: «Los amigos aconsejan a Rajoy que escenifique la ruptura, que imite la rebelión del Prometeo de Goethe. Algunos van más lejos y le dicen que tiene que matar al padre en la terminología freudiana (...) Para soñar con volver al Gobierno, Rajoy está obligado a pasar página, a neutralizar a un Aznar convertido en la gran amenaza para el futuro del PP» (11 de julio de 2004). «Los españoles demostraron el 14-M que no basta con el bienestar económico si al mismo tiempo no se gobierna con escrupuloso respeto a los usos democráticos. Quienes padecieron 40 años la dictadura de Franco, no soportan más Franquitos» (12 de septiembre de 2004).

Aznar es presidente de honor, miembro de la Comisión Ejecutiva y, lo que es más importante, mantiene el control de la producción ideológica del PP vía Faes, a cuenta de la decisión de Rajoy de subarrendar a la Fundación aspecto tan esencial en la vida de un partido. Al gallego le falta jubilar a algunas de las caras con despacho en Génova que aparecen todos los días en los telediarios.A falta de eso, es su propia capacidad de liderazgo lo que está en cuestión. El espectáculo de Ruiz-Gallardón dándose el pico todos los días con mi Maleni y con quien se tercie, siempre y cuando sea bien visto en Can Polanco, haciendo permanente luz de gas a Esperanza Aguirre, colaborando en la tarea de minar el crédito de una Esperancita preterida un día sí y otro también en cuestiones que tienen que ver con el gobierno de la Comunidad de Madrid, ello ante el silencio de un Rajoy incapaz de llamar a capítulo a Albertito y ponerlo firme, es uno de esos espectáculos que mueven a la piedad hacia un líder cuyo talento parlamentario nadie discute, pero en quien nadie adivina el ansía de poder de un Gallardón, el espíritu de killer del político dispuesto a morder por llegar al poder.

Algunos empiezan a hablar de la necesidad de llevar a cabo un cambio radical en la dirección del PP, empezando, naturalmente por el propio Rajoy, presión que podría convertirse en clamor si las elecciones vascas y gallegas se saldan en fracaso. Si eso ocurriera con Aznar apalancado en la sombra, el remedio podría ser peor que la enfermedad. Para quienes defienden esa tesis, la solución a la crisis habría que empezar a buscarla ya, después de las elecciones vascas, con la convocatoria de un congreso extraordinario del que emerja un candadito que de verdad cuente con el apoyo de la mayoría del partido y esté exento de las hipotecas del pasado reciente. ¿Se esconde ya en los escaños de la derecha el futuro Zapatero del PP?

http://www.elmundo.es/diario/nuevaeconomia/1778744.html

PRESAGIOS
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 3 Abril 2005

Rajoy se ha distanciado del vídeo de Faes. Ha dicho que conviene actuar desde la cabeza, no desde las vísceras, y que es partidario de hacer las cosas con «finura e inteligencia». En mi opinión, Rajoy se ha quedado corto. Lo malo del vídeo no es que sea tosco, o que constituya un testimonio de parte. Lo realmente grave es que introduce a una formación política imprescindible en un terreno sumamente peligroso. Permítanme que me explique. La victoria socialista de hace un año se ha producido en circunstancias desgraciadas. En primer lugar, nunca se sabrá en qué medida contribuyó el atentado al vuelco electoral. En segundo lugar, la explotación de los errores gubernamentales por la oposición fue seguida de manifestaciones frente a las sedes populares, hecho gravísimo que, de forma increíble, el presidente del Gobierno se ha negado a condenar. Por último, la pésima gestión de la crisis por Aznar y su entorno fue simplificada por sus enemigos políticos en una fórmula eficaz y a la vez terrible: el Gobierno miente. En mi opinión, esto es injusto. El Gobierno no mintió en rigor. Lo que catastróficamente hizo, fue conceder a la hipótesis de que ETA era la autora de la masacre un peso que a partir de cierto momento excedía con mucho la evidencia razonable. Intervinieron en ello motivos electoralistas, claro está. Esto exasperó a muchos votantes y el asunto acabó como acabó. Con un triunfo distorsionado por un hecho accidental y un Ejecutivo mancillado por las peores insinuaciones.

Se comprende que un historiador o un periodista especulen a fondo sobre los pliegues y recovecos del proceso infausto y saquen las conclusiones que consideren oportunas. Ahora bien, unas elecciones, al revés que la sentencia de un tribunal de primera instancia, no son revisables. El que pierde tiene que irse, y el que ha metido la pata, aún cuando lo haya hecho de buena fe o con mejor fe de la que le atribuyen sus oponentes, debe resignarse a tragar acíbar y apechugar con los costes. Esas son las reglas duras de la vida pública en una democracia. El vídeo las vulnera en dos aspectos clave. De un lado, da entrada a toda clase de conjeturas sobre el comportamiento de la izquierda entre el 11 y el 14 de marzo del 2004, o aún antes. En segundo lugar, sugiere que las elecciones, celebradas bajo coacción, no fueron legítimas. De ahí a afirmar que el gobierno actual tampoco es legítimo, media un paso. Franqueada esta distancia, se puede llegar a cualquier exceso. Verbigracia, a impugnar el propio sistema. El que haya impulsado desde dentro el vídeo está manejando material explosivo. Y provocando remolinos de efectos imprevisibles.

El perjudicado más notorio del vídeo es Rajoy. Esa guerra no es su guerra. Además, se desplazan los énfasis y las prioridades a paisajes ya pretéritos y ajenos al escenario en que puede arraigar y crecer el jefe actual de los populares: la política del momento o, para ser más precisos, una política orientada a encarar con esperanzas las próximas generales. No se le podía haber hecho un favor mejor a Rubalcaba. Ha comentado también el presidente del PP que «se recoge lo que se siembra». Es evidente la alusión a la política de hostigamiento a la derecha que están llevando a cabo el Gobierno y ciertas cliques socialistas. La revisión de la Guerra Civil, el levantamiento nocturno de la estatua de Franco en Madrid y el radicalismo innecesario de muchas propuestas, en absoluto inspiradas en una demanda social, son provocaciones enderezadas a que la clientela popular se encrespe, agite y, quizá, rompa. La imprudencia de la estrategia salta a la vista. Ahora bien, hecho el diagnóstico, es de esperar que Rajoy elabore una respuesta. Tenemos la siembra y la cosecha indeseable. ¿Qué podría intentar Rajoy para que el río no se salga de madre?

Sólo resta una solución: tomar la iniciativa. Sólo si Rajoy inicia alguna clase de movimiento y consigue ilusionar a la tropa, se vencerán las inercias heredadas. Y esto exige capacidad de liderazgo, amén de inteligencia y sentido común. Se precisa ser muy sectario o muy miope para no advertir que en el empeño se juega algo mucho más importante que las siglas del futuro vencedor de las elecciones. En efecto, cuenta menos quién ganará las elecciones, que las condiciones en que se ganen. Si el clima civil se complica, la derecha se divide y desagrega, y la desagregación se complica con la estructura regional, el PSOE seguirá, sí, en la Moncloa. Pero es improbable que lo haga en un país gobernable. A la viceversa, no sería una tragedia la perduración en el poder de los socialistas si éstos y también la oposición consiguen ordenar su agenda y ponerse a discutir razonablemente sobre los asuntos que amenazan con desestabilizar el Estado. Rajoy hizo una oferta generosa hace mes y pico. Sería una pena que se desoyera.

Matrioskas
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 3 Abril 2005

Una muñeca que guarda en su interior una muñeca que esconde a una tercera, embarazada de una cuarta. Son las matrioskas rusas de toda la vida, aunque parece que últimamente también las hacen en Euskadi. La matrioska de Batasuna, oculta dentro a las más pequeñas de Herritarren Zerrenda, Aukera Guztiak y, quizás, la del Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV). Y por encima de todas ellas el gran muñeco: ETA.

No faltará quien considere que haber conseguido presentar la lista del PCTV puede ser una jugada maestra de la izquierda abertzale, aunque más parece una pillería de última hora consistente en aprovecharse de la candidatura de unos parientes políticos para intentar desorientar a sus adversarios y hacerles creer que su ingenio y sus recursos no tienen fin.

Esos parientes políticos, parientes pobres de solemnidad en el mercado electoral, estaban destinados a pasar sin pena ni gloria por las urnas y a no sacar de ellas más que una copia del censo y deudas con las imprentas. Haciéndose solidarios con Batasuna esperan heredar a sus votantes, por lo menos una parte de ellos. Si son muchos, tal vez den la sorpresa consiguiendo algún escaño y haciéndole la puñeta a la coalición PNV-EA. Sin embargo, es posible que los votos que reciban de Batasuna no den para tanto, porque la base de este partido es radical en lo nacionalista, pero no tanto como para apuntarse a la dictadura del proletariado.

El PCTV se define como marxista leninista trece años después de que, con la caída del muro de Berlín, la izquierda abertzale abjurara del marxismo. El fallecido dirigente de KAS Gorka Martínez y su compañero Joselu Cereceda, en febrero de 1992, declaraban que «esa vocación marxista leninista nos la atribuyen. No es asumida». En las mismas fechas, la organización juvenil Jarrai, que hasta entonces basaba su acción «en los principios del marxismo y del internacionalismo proletario», pasó a sostener, en un alarde de claridad conceptual propio de una víctima de la LOGSE, que «no podemos afirmar que Jarrai sea una organización marxista, tampoco que no lo sea». El PCTV pilla un poco mayores a los seguidores de la izquierda abertzale para recuperar el marxismo ortodoxo.

Es lo que tienen las matrioskas: las primeras son vistosas y con mucho colorín, pero la última de todas suele ser una figurita informe, casi un tarugo de madera que en nada se parece a la primera muñeca.

El órdago de Ibarretxe
PREPUBLICACIÓN. José Antonio Zarzalejos dice en el prólogo de su libro «Contra la secesión» (Editorial Planeta) cómo había aplazado este ensayo sobre el «conflicto vasco» en la esperanza de verlo superado. «No ha sucedido así y la cuestión vasca -que es la cuestión de la integración nacional de España- ha entrado en una fase crítica», cuyas causas analiza sin circunloquios el autor
José Antonio Zarzalejos ABC 3 Abril 2005

El lendakari del gobierno vasco es un personaje sin referencias en la historia del nacionalismo. De trayectoria profesional y política oscura -sólo se le conoce una labor financiera como funcionario del partido-, fue alcalde de Llodio (Álava), presidente de las Juntas Generales de aquel territorio y vicelendakari con José Antonio Ardanza. En ninguna de esas misiones destacó de manera particular, aunque se reconoció siempre su buena capacidad «para los números» y su ortodoxia ideológica. Pero ni en el régimen interno del partido ni en el externo goza Ibarretxe de la respetabilidad de los dirigentes exiliados -Jesús María Leizaola, Juan de Ajuriaguerra-, o del tirón de los carismáticos -Carlos Garaicoetxea, Xavier Arzalluz-, ni del reconocimiento de otros más discretos pero eficaces, como José Antonio Ardanza. En realidad, Ibarretxe es el resultado, en cuanto biotipo político, del nuevo PNV que ha abandonado las referencias históricas -especialmente las de los años cincuenta y sesenta-, que ha sido conducido durante los últimos veinte años por un Xavier Arzalluz tremendista unas veces, pactista otras, pero que, sobre todo, ha convivido con inmoral naturalidad con el terrorismo de ETA.

Ibarretxe y su gobierno, también el actual partido, dividido entre las huestes de Egibar y de Josu Jon Imaz, actual presidente del Euskadi Buru Batzar (EBB), la ejecutiva de la organización, no han ideado un escenario político en el que su capacidad política, su nervadura ideológica, su compromiso interlocutor y su afán reformista puedan sustituir el papel disuasorio, o impositivo, o persuasivo que desempeña la banda terrorista ETA.

La variable violenta es permanentemente en la política vasca y en la conducción que de ésta hace el PNV. Sin ETA, el nacionalismo corre el riesgo de perder el poder que se configura en el País Vasco como un régimen, es decir, como una estructura clientelar sostenida por el allegamiento de fondos públicos a través de las haciendas forales, en un claro fenómeno de publificación de la economía y de abierto intervencionismo, y aglutinada por el ejercicio permanente de coerción que impone ETA a los no nacionalistas, bien mediante la acción criminal directa, bien mediante el chantaje económico o bien con la infiltración en los circuitos sociales del país de un miedo difuso que invita al silencio, a la adhesión a lo estatuido, a la suscripción de las imposturas nacionalistas y a la mimetización con sus pautas de comportamiento. Son muchas: desde el aprendizaje obligatorio del euskera tanto en la red pública de enseñanza como en la privada y en la específica de las ikastolas, a la asunción de hábitos de diversión y expresión social típicamente nacionalistas.

Ibarretxe se ha encontrado compelido a que el régimen de poder no se malogre por la debilidad de ETA o, eventualmente, por su desaparición. El lendakari se convierte así en el dirigente nacionalista que ha de salvar los muebles, atornillar el régimen, prolongar a ETA por otros medios -si acaso la banda depusiese las armas que es cosa que habrá de verse para creerse- y garantizar la red de clientelismo que es la que hoy ha creado una nueva plutocracia en el País Vasco.

Le ha tocado a Ibarretxe, en definitiva, releer las obras completas -y por cierto, semiocultas- de Sabino de Arana y Goiri, remedando el manifiesto verbal de junio de 1893, apelar al derecho a la independencia de Euskadi, perpetrando así el más tremendo error que en política pudiera cometerse: pretender llevar a la práctica el programa de máximos del partido. No lo hizo ninguno de sus antecesores porque sabían que era tanto como bordear la catástrofe; tensaron pero no rompieron; amagaron pero no golpearon. Y en los momentos de debilidad se aquietaron a una política que proyectó algunos espejismos.

Cuando la debilidad interna atenazó al PNV en 1986 por la escisión protagonizada por Carlos Garaicoetxea -fundador de Eusko Alkartasuna- y los peneuvistas hubieron de avenirse a gobernar con el Partido Socialista de Euskadi-PSOE, hibernaron el doctrinarismo nacionalista hasta donde fue preciso. Consiguieron que, con más parlamentarios, los socialistas cedieran la presidencia del gobierno a José Antonio Ardanza cuando, en rigor, en Ajuria Enea debió sentarse Ramón Jáuregui. El PSE había obtenido más escaños en el Parlamento de Vitoria, pero los socialistas no se creyeron su propia victoria. El PNV retribuyó a los socialistas y aflojó la tensión con el resto de la sociedad española mediante dos expresiones de concordia notables pero tan consistentes como la arquitectura efímera de nuestros días.

El Pacto de Ajuria Enea y el «espíritu del Arriaga»
El 12 de enero de 1988 se firmaba en Ajuria Enea un pacto bajo la denominación de «Acuerdo para la Normalización y Pacificación de Euskadi». El texto reunió a todos los partidos menos a Herri Batasuna. El punto segundo del pacto decía textualmente que «el Estatuto de Guernica representa la expresión de la voluntad mayoritaria de los ciudadanos del País Vasco y constituye, (...) la norma institucional básica de que se ha dotado para acceder a su autogobierno, por lo que su asunción o acatamiento es una condición necesaria para alcanzar su definitiva normalización y pacificación». No hará falta recordar que la Propuesta de Estatuto Político de la Comunidad Libre Asociada de Euskadi deroga expresamente el Estatuto que en aquel enero (...) con tanta pasión defendieron los nacionalistas vascos.

Remedando a Sabino Arana -luego ya se comprobó que fue otra añagaza-, Xavier Arzalluz y José Antonio Ardanza, aunque más el primero que el segundo, crean entonces la sensación de una profundísima renovación en el nacionalismo vasco. Nace el 9 de enero de 1988, unos días antes de la firma del Pacto de Ajuria Enea, lo que se dio en llamar el «espíritu de Arriaga». En el monumental teatro Arriaga de Bilbao, Xavier Arzalluz, a la sazón presidente de la Ejecutiva del PNV, responsable directo de la más grave escisión en la historia de su partido, interviene (...) con un discurso escrito a mano -el autor de estas páginas vio el manuscrito mostrado por el propio Arzalluz- en el que formula una dura autocrítica al nacionalismo vasco por su carácter excluyente. Declara (...) que la vasquidad no viene dada por la militancia nacionalista y reconoce las injusticias perpetradas por la visión totalizadora de su partido. Se trata de un Arzalluz inédito y, desde luego, muy poco recordado. El entonces presidente del EBB calificó de «injusta, agresiva y antidemocrática» la hegemonía y patrimonialización que el PNV había practicado de la realidad vasca; y se atrevió a calificar el revés de la escisión de su partido de «batacazo material y moral».

Aquel «espíritu» de 1988, esperanzador incluso para los que lo vivimos de cerca, tenía un sentido táctico: el nacionalismo estaba dividido; el PNV dependía de los socialistas para mantenerse en el gobierno y la banda terrorista ETA azotaba sin piedad hasta el punto de alarmar, por su potencia criminal, a los dirigentes del PNV. Los guarismos asesinos son escalofriantes: ETA asesina a 85 personas en 1978, a 118 al año siguiente; en 1980 a 124, a 38 en 1981, en 1982 la cifra se eleva a 44 asesinatos, igual que en 1983; bajan a 31 en el 84, pero de nuevo son 37 en 1985 y 41 en el 86 y 52 en 1987. Había, pues, que firmar el Pacto por la «normalización y pacificación de Euskadi» en razón de una mínima decencia.

No y sí a la Constitución
El propio Arzalluz, transcurrido el tiempo, despreció como «meramente táctico» el «espíritu del Arriaga» (...). Es probable, sin embargo, que Xavier Arzalluz hubiese seguido otros derroteros si en 1978 el Euskadi Buru Batzar del PNV, presidido por Carlos Garaicoetxea, le hubiese permitido votar favorablemente la Constitución, porque si bien los parlamentarios nacionalistas no estuvieron representados en la ponencia, arrancaron una disposición adicional de reserva de derechos históricos que, sin precedente alguno en la historia del constitucionalismo español, ofertaba una satisfacción moral al nacionalismo vasco mucho más generosa de lo que la prudencia aconsejaría. La Ejecutiva nacionalista impuso la abstención a la Constitución, tanto en el Congreso como en el referéndum posterior, pero mostró (...) su deseo de que el texto constitucional prosperase porque amparaba y respetaba «los derechos históricos de los territorios forales». Sin embargo, y de nuevo, el PNV estuvo fuera del compromiso pero se sumó a la solución siendo, previamente, parte del problema.

De cualquier manera, la ciclotimia de Arzalluz, consustancial al carácter del propio nacionalismo, se mostró de nuevo en un -ahora así lo parece- fantasmagórico episodio sucedido en 1996. Ganadas por estrecho margen las elecciones generales por el Partido Popular de José María Aznar, el PNV, tras conversaciones con Jaime Mayor Oreja y el propio Aznar, se aviene a votar la investidura de éste último en el Congreso de los Diputados a cambio de la actualización del Concierto Económico y la agilización de algunas transferencias. También entonces el tactismo resultaba evidente: aunque en Vitoria gobernaba el PNV con los socialistas, la ejecutiva nacionalista creía que el estatuto -especialmente en sus aspectos financieros- disponía de más recorrido y la adquiescencia del gobierno central resultaba del todo necesaria para agotarlo. El PSOE, además, atravesaba por sus peores momentos de depresión y sobre sus espaldas recaían las enormes losas del terrorismo de Estado y gravísimos casos de corrupción. El oportunismo de Xavier Arzalluz emergió de nuevo: declaró enfáticamente que él se fiaba de un «castellano viejo» como Aznar y para certificarlo pisó la sede central del PP en la calle Génova de Madrid en cuyo auditorio ofreció una rueda de prensa. De todo aquello nada queda.

Todos estos antecedentes, y otros, no son desconocidos para Ibarretxe, ni para su gobierno. Tampoco para el partido, pero el contexto político ha cambiado radicalmente y aquellos episodios tácticos no son posibles ahora. A partir de 1997, después del asesinato de Miguel Ángel Blanco y la formación del «espíritu de Ermua» el nacionalismo vasco se adentró en un camino de connivencia con la banda terrorista ETA para rescatarla de la «derrota militar», acumular fuerzas nacionalistas y evitar que la extinción de los terroristas conllevase, por simpatía, la del propio nacionalismo.

Sin embargo, sería muy precipitado afirmar que el PNV no ha establecido algunas cautelas y dejado algunos portillos abiertos. El partido acumula una gran perspicacia histórica y dispone de un finísimo instinto de supervivencia. La clave para un posible retorno sobre los pasos del proyecto secesionista planteado está en que es formalmente una iniciativa del lendakari y de su gobierno, que, a su vez, es tripartito y, por lo tanto, no está bajo la íntegra disciplina del partido. En un determinado momento, cuando convenga o se acerque la derrota, o cuando la evaluación táctica que cíclicamente realiza el PNV lo aconseje, Juan José Ibarretxe será prescindible y con él su propuesta.

El poder irresponsable del partido
Es una característica del paleolítico político la bicefalia en el ejercicio del poder en el Partido Nacionalista Vasco. Según una inveterada tradición reflejada en los estatutos del partido, el gobierno nacionalista está sometido a la dirección política de la organización y no a la inversa. El ejecutivo es el instrumento del partido para la consecución de la «liberación nacional». Los lendakaris que han sido, desde Aguirre hasta Ibarretxe, pasando por Garaikoetxea, deben efectuar su «descargo» ante los órganos internos estatutarios y acatar su disciplina.

La razón última de la escisión del nacionalismo vasco en 1986 consistió en la diferente concepción entre distintos sectores sobre la función y protagonismo del partido y del gobierno. Garaicoetxea, y el nacionalismo guipuzcoano más resentido con el «bizkaitarrismo» bilbaíno, propugnaba que el Ejecutivo dispusiera de una mayor autonomía y que el presidente estuviese liberado de la disciplina propia de la militancia. Por otra parte, Garaicoetxea y los que con él formaron Eusko Alkartasuna, creían anacrónica la concepción «confederal» del País Vasco y escasamente funcional para el ejercicio del gobierno dadas las fortísimas y extensas competencias de las Diputaciones Forales que no permitían, desde el punto de vista de una nacionalismo «más moderno», construir «la nación vasca».

La pugna en el PNV fue brutal y el «aparato», alarmado ante la popularidad de Garaikoetxea y la posibilidad de que impusiera sus tesis, reclamó la presencia al frente de EBB de Xabier Arzalluz que la había dejado temporalmente -apenas dos años- en manos de Roman Sudupe. El 19 de febrero de 1968, el azkoitarra se pone al frente del partido y descabalga al navarro; las tesis más tradicionales siguen vigentes y Garaikoetxea es literalmente fulminado y sus seguidores expulsados. El primer lendakari de la democracia, el primero en serlo en plenitud estatutaria, es arrumbado sin contemplaciones. El poder sigue donde solía: en Sabin Etxea (la casa de Sabino Arana, sede del PNV) en pleno centro de Bilbao.

Se trata de un poder sin correlato de responsabilidad; impone pero no responde sino asambleariamente. Nunca antes de Garaikoetxea un dirigente nacionalista dispuso de mejor y mayor popularidad en la militancia y en la ciudadanía, pero el partido es totémico y desafiarle es tanto como un suicidio para aquel que cae en la tentación. José Antonio Ardanza podría ofrecer también algún testimonio valioso al respecto (...). Se enteró por la Prensa de que no sería el candidato a la presidencia del gobierno vasco en las elecciones de octubre de 1998. No protestó en público, como no lo han hecho otros, porque el aparato mediático en manos de la 1ª organización tritura la disidencia.

La denigración como sistema depurativo
A través del último periódico de partido que queda en los países de Europa occidental -el diario Deia- y de la revista interna -Euskadi-, mediante un, a menudo, anónimo e implacable servicio de prensa, aquel que discrepa puede verse inundado, incluso, de acusaciones procaces y de contenido personal. La disidencia es tratada con enorme crueldad y saña.(...) La explicación del fracaso del PNV en el ámbito de la comunicación reside, precisamente, en la reactividad a cualquier forma de transparencia, a cualquier sistema de constraste o de asunción democrática de las críticas.

Esta concepción hermética y regimental es la que impulsa la infiltración del partido en todos los ámbitos sociales. Incluso el lendakari puede ser vigilado si se observan síntomas de debilidad en la estricta observancia de la ortodoxia interna.

Luis María Retolaza, consejero del Interior del gobierno vasco presidido por Garaikoetxea, y un mando de la Ertzaintza luego asesinado por la banda terrorista de ETA, fueron judicialmente condenados por escuchas ilegales nada menos que al propio Carlos Garaikoetxea. Con estos antecedentes y en las actuales circunstancias, Ibarretxe corre un alto riesgo porque él con su iniciativa -no tan consensuada con el partido como se hace ver- se lo hace correr también al PNV. Llegado el momento, la gloria y la perdición estarán para el lendakari a una mínima distancia.

Si no hay plan, ahí estará el PSE
Una cosa es segura: Ibarretxe no arrastrará al PNV. Será, en todo caso, al contrario, en particular si la izquierda española, como es costumbre inveterada en ella, acude en socorro del nacionalismo una vez más y perdona de nuevo su traición y olvida -ahora sí- la sangre derramada de un Enrique Casas, un Fernando Múgica o un Fernando Buesa, además de otros concejales, cargos y militantes, asesinados por los que en dos ocasiones en los últimos años pactaron con los nacionalista. El plan alternativo al fracaso de Ibarretxe, cuestión aún no dirimida, es el regreso a las fórmulas tactistas de los años ochenta y primeros noventa. No es nada seguro que los socialistas hayan aprendido determinadas lecciones como más adelante trataré de argumentar al analizar la respuesta política, que no jurídica, que el gobierno de Rodríguez Zapatero, ha dado a la propuesta secesionista del Parlamento Vasco.

La conclusión provisional es que Ibarretxe, al renovar el alegato independentista del fundador del PNV, puede también terminar como él: despreciado por su alocamiento, aunque en este caso sea en sentido inverso. Y remitido al panteón de los muy ilustres nacionalistas que ahora, en vez de pasar a los libros de historia, son recompensados con la presidencia de una empresa pública.

Además, el PNV ya tiene la coartada perfecta: podrá aducir que Ibarretxe estaba advertido. Es cierto, lo estaba. Un grupo de asesores, algunos muy próximos al PNV, alertó al lendakari de las carencias de su iniciativa. El informe lo publicó el diario ABC el 8 de septiembre de 2003, después de que el mismo periódico, bajo la dirección de este autor, desvelase el contenido íntegro de la propuesta separatista.

Los técnicos avisaron al presidente del gobierno vasco de múltiples fallas en su planteamiento. (...)
A ninguna de estas advertencias ha hecho caso Juan José Ibarretxe. Porque no ha querido o porque no ha podido. (...) Por eso, bordeando el precipicio con temeridad, el PNV hará con el Plan Ibarretxe lo que convenga a sus intereses en el momento oportuno. Si tomó por loco a Sabino Arana cuando aconsejó «una liga de vascos españolistas», ¿por qué no habría de prescindir de un dirigente que, alterando la sacrosanta tradición de pragmatismo del nacionalismo, con asunción de un protagonismo que no le corresponde en el reparto interno del poder, impulsor de una propuesta inviable, pone en riesgo los intereses de la «comunidad nacional»?

La historia tiende a ser circular y sus guiones suelen parecerse aunque los escenarios -Larrazábal 1893 y Ajuria Enea 2003- sean tan diferentes.

Los únicos
TONIA ETXARRI El Correo 3 Abril 2005

Como si se hubieran puesto de acuerdo, ayer fue el día de los candidatos 'únicos'. La mayoría de ellos se creen, o al menos eso dicen, irrepetibles, inimitables, singulares, solos en su especie. Llevamos solo tres días de campaña y se acabó el buenismo. Solo Mariano Rajoy sigue apostando por un gobierno constitucionalista aunque María San Gil le diga que los socialistas no están por la labor.

Los demás hacen apuestas ya no por el mejor postor sino por el único. Ahí, hay que reconocerlo, lo tiene mal Javier Madrazo. Una cosa es poder convertirse en la llave del próximo Gobierno, según sean los resultados electorales, y otra atraer, por sí solo, al gentío, si no ha sido capaz de convencer ni a Llamazares en asuntos cruciales de Euskadi. Aún así, se cree «único» para agrupar a la izquierda y, sin que se le muevan las gafas ni un milímetro, él, que ha gobernado durante cuatro años con el PNV, emplaza a Patxi López a que se comprometa a no pactar con el PP para formar gobierno.

Una maniobra como cualquiera para llamar la atención, pero los socialistas vascos, ni caso. Y como también se creen «únicos» (Guevara dice que solo ellos pueden arreglar el estropicio de Ibarretxe) critican a los nacionalista y se distancian del PP. Pero hasta Javier Rojo, flamante presidente del Senado, se ha puesto al día. Sabe que los suyos opinan que, a pesar de la batalla partidaria de Madrid, aquí, en Euskadi, su adversario debe ser el nacionalismo. Por eso ya ha empezado a arremeter contra el consejero Azkarraga al que le ve más defensor de Arnaldo Otegi que de las víctimas de ETA. Ibarretxe no iba a ser menos en la carrera singular. Asegura que él y lo suyos han sido «los únicos que decimos no a la violencia para siempre y sí a la convivencia...».

El PSE y PP, con la alforjas llenas de capítulos de desprecio del nacionalismo hacia ellos, en momentos en los que necesitaron consuelo y apoyo, no dan crédito a lo que oyen. Y como ETA quiere meter baza en campaña, habla de negociación para distraer al gobierno de Rodríguez Zapatero. Pero en su último boletín da la impresión de que está haciendo un balance a modo de inventario. Si no fuera porque su agonía lenta y con altibajos puede provocar disgustos (de los que llama Joseba Egibar «otro tipo de acciones» y el resto de la humanidad, «crímenes»), se diría que está a punto de echar la persiana del negocio.

Deslegitimar la violencia
ITZIAR ASPURU/COMISIÓN PERMANENTE DE GESTO POR LA PAZ EL Correo 3 Abril 2005

Batasuna no se va a poder presentar a las próximas elecciones como consecuencia de su ilegalización en aplicación de la Ley de Partidos, hecho que a los ciudadanos vascos preocupa de forma diferente: para algunos supone una limitación importante de la libertad de expresión y la participación política; a otros les plantea dudas; y para otros no supone prácticamente nada. Sin embargo, casi todos los días podemos escuchar o leer en los distintos medios de comunicación opiniones respecto a este hecho concreto.

Un sector de la ciudadanía nos mostramos contrarios al proceso que se siguió para la aprobación de la Ley de Partidos y a la propia Ley que ha propiciado la ilegalización de Batasuna. Consideramos que el Código Penal era y es instrumento suficiente; que en su aprobación la Ley no había alcanzado el consenso cualitativamente óptimo teniendo en cuenta su envergadura, y consideramos que era una Ley que permitía una aplicación excesivamente arbitraria y poco rigurosa, lo cual la convertía en especialmente delicada teniendo en cuenta el contenido de la propia Ley, que afecta a la libertad de asociación, de participación política y de expresión, derechos fundamentales.

Es verdad que la democracia tiene virtudes y miserias: por una parte, es muy vulnerable ante el terrorismo y, por otra, tiene la capacidad de aprobar democráticamente leyes que quizás no sean del agrado de todos. No todas las leyes alcanzan el mismo grado de aceptación y todas son susceptibles de recibir opiniones y manifestaciones a favor y en contra. Al margen de que las leyes -reglas de las que nos hemos dotado y que conforman la base del sistema democrático- se tengan que cumplir, no supone un impedimento para que exijamos rigor, objetividad y transparencia en su aplicación, de tal forma que no quede ninguna duda respecto a la imprescindible separación de poderes en nuestro sistema democrático.

Sin embargo, también nos parece absolutamente necesario que se reflexione respecto a la contradicción que supone la exigencia de Batasuna a participar en la vida política y en las instituciones democráticas sin rechazar el uso de la violencia. La polémica respecto a la imposibilidad de que Batasuna se pueda presentar a las elecciones no creemos que deba partir de la Ley de Partidos, sino que nos debemos remontar a los fundamentos de la democracia y tiene estrecha relación con la Declaración de los Derechos Humanos. La utilización de la violencia ilegítima es el antagonismo del diálogo, del respeto al adversario y del ejercicio de la política en una sociedad democrática. Es evidente que el terrorismo es el mayor enemigo de la democracia, por lo que difícilmente se puede conjugar el deseo de quienes pretenden participar en la vida democrática con la obcecación por no desvincularse de la violencia; una violencia que, en este momento, está dirigida contra instituciones y pilares fundamentales de nuestra democracia. Resulta absolutamente ilógico reclamar la participación en el sistema democrático sin desvincularse de quien pretende doblegar la democracia mediante asesinatos, amenazas, chantajes, terror

Resulta realmente preocupante que en el año 2005, después de 43 años de violencia terrorista de ETA, después de 30 años de democracia, aún haya ciudadanos vascos que continúen apoyando el uso de la violencia, que aún crean que el asesinato de un ser humano es también una forma de hacer política y que los derechos y los deberes no son para todos por igual.

Esto es muy grave, y a muchos nos llena de tristeza y preocupación. Se puede discutir cuáles han de ser las consecuencias desde el punto de vista jurídico y legal, si se puede demandar una renuncia previa o no, pero desde el punto de vista ético y también político tenemos que exigir a todos los partidos o grupos que participan en la vida política e institucional de una democracia que utilicen las reglas de juego del sistema democrático y que se desvinculen claramente de la violencia. Y si esto no se cumple, debería tener reflejo en la actuación política, de forma que se plasmase un rechazo radical a estas actitudes. Si esta no desvinculación de la violencia la aceptamos con normalidad, estamos transmitiendo un mensaje contradictorio en un asunto de tanta gravedad como la violencia terrorista y sus consecuencias. Si a esta exigencia le ponemos otras prioridades, nunca alcanzaremos la deslegitimación total de la violencia

Estamos en elecciones y no podemos dejar de mencionar la mayor tragedia que soporta esta sociedad como consecuencia de la violencia terrorista que padecemos: miles de vascos viven con una permanente amenaza de muerte; muchas opciones políticas no pueden expresarse libremente por las calles de Euskadi; y muchos políticos vascos han visto anulada para siempre su libertad de expresión porque fueron asesinados.

¿Título de euskera?
Itxaso Aguayo Marqués/Bilbao Cartas al Director El Correo 3 Abril 2005

La verdad es que esta carta podría haberla escrito en euskera, pero a una se le quitan las ganas hasta de saberlo, y es que siempre estamos igual con este tema. Todos sabemos que hoy en día para poder trabajar en la Administración vasca no sólo hay que conocer este idioma, sino que hay que conseguir un título que lo certifique: perfil lingüístico (PL) 1, 2 ó más. Para mí, y miles de personas más que trabajamos en Osakidetza, el número que nos toca conseguir es el 2. Y dentro de las formas nada fáciles que hay para lograrlo, HABE nos dio la posibilidad de obtenerlo el año pasado, con unos exámenes en los euskaltegis, que algunos aprobamos. ¿Qué liberación fue conseguir algo que te permite trabajar más! Sólo teníamos que esperar a que lo homologaran. Pero ahora, casi un año después, seguimos esperando porque HABE e IVAP no se ponen de acuerdo para dar carácter oficial al examen. Se tiran los trastos a la cabeza sin llegar a una solución y parece ser que, al final, no se va a homologar. Es decir, tanto esfuerzo, ilusión y dedicación no nos han servido para nada, y encima tendremos que mirar de nuevo cómo conseguir esa certificación. Es vergonzoso este tema. Al final, y como siempre, los perjudicados somos los mismos: los que luchamos por tener un puesto de trabajo. Ya va siendo hora de que HABE, IVAP, o el Gobierno vasco resuelvan el tema. Hagan el favor de arreglarlo, pensando un poco en todos nosotros y porque lo necesitamos para poder aspirar a cobrar un sueldo a fin de mes.

El PP tacha de «fascista» la expulsión de 157 profesores por no saber euskera
María San Gil sostiene que los socialistas sólo contestan al nacionalismo «con un planecito, un poquito de comunidad nacional y una pizquita de referéndum»
J. L. LORENTE ABC 3 Abril 2005

BILBAO. Mariano Rajoy se siente cómodo en el País Vasco. Durante un acto electoral de su partido celebrado ayer en el palacio Euskalduna de Bilbao, el líder de los populares dio muestras de que le gusta viajar a esta Comunidad autónoma. Prueba de ello es el hecho de que es el primer líder político nacional que aterriza en la campaña recién comenzada de los comicios del día 17. Plenamente comprometido con la causa de sus compañeros vascos, que buscan recuperar el terreno que le quitan las encuestas -el CIS da al PP dos escaños menos que hace cuatro años- y al grito de «¡presidente, presidente!» con el que le recibieron los mil asistentes que abarrotaban el auditorio del palacio, Rajoy se sintió relajado y ocurrente en su objetivo de atacar por igual a los nacionalistas y a los socialistas.

En un discurso plagado de críticas al Gobierno vasco y, en especial, al lendakari, el líder de la oposición calificó el plan Ibarretxe de «arcaico, caduco, trasnochado, aburrido y quintaesencia del pasado» y aseguró que el proyecto secesionista «coloca al País Vasco fuera de Europa», al tiempo que sería su «ruina económica». «¿Qué importa más: la libertad, la vida, el bienestar o una cosa tan ridícula como el plan Ibarretxe? Esta gente vive en otro lugar. No saben que estamos en 2005. Están en Sabino Arana», comentó.

Ejemplo de esa actitud es para Rajoy el caso de los 157 profesores que van a perder su interinidad por no saber euskera. El líder del PP -que antes del mitin se acercó con los máximos dirigentes de su partido en el País Vasco al instituto Bertendona de Bilbao, donde están encerrados los docentes- sostuvo que el decreto del Gobierno que afecta a los profesores que no hablan vascuence es «dictatorial, fascista e impropio de las democracias civilizadas». Prometió que hará «lo posible y lo imposible» para que esa «tropelía intolerable» no se lleve a efecto, al tiempo que mostró su confianza en que el Gobierno socialista «así lo haga también». A este respecto, señaló que el derecho al trabajo y «a llevar un sueldo a casa» es «mucho más importante que los derechos colectivos, las patrias, los pueblos y los idiomas».

«Mimetismo claudicante del PSE»
Rajoy tuvo también palabras críticas para los socialistas vascos, de quienes lamentó su «mimetismo claudicante» respecto a los nacionalistas, con cambios «nefastos» de criterio y opinión. «Se preocupan más de no molestar al PNV que de sus electores», afirmó tras dar por hecho que «ni un solo socialista» ha pedido la reforma estatutaria que propone la formación de Patxi López. Además, apuntó que la presidenta de los populares vascos, María San Gil, «es la única alternativa al nacionalismo, es la más vasca, la más valiente y la más capaz de todos los candidatos».

Por su parte, San Gil insistió en que el PP es la garantía del «cambio real», ya que el PSE sólo ha contestado al nacionalismo «con un planecito, un poquito de comunidad nacional y una pizquita de referéndum».

La política en Cataluña.
M.A. (Barcelona) email 3 Abril 2005

Los catalanes, hablando en general, han sido siempre en España abanderados en la lucha por las libertades, la justicia, la democracia y los derechos. Pero en otras ocasiones, como ahora con gobierno nominal de izquierdas, tienen un comportamiento político sencillamente grotesco. Por ejemplo, las autopistas son de peaje a diferencia del mayor resto de España y el dinero va entre otros, a la Caixa, lo que a todas luces constituye un impuesto encubierto pero que a nadie parece preocupar. Otro. Reclaman 8.000 millones de déficit al Estado pero tampoco se les ocurre averiguar cuanto dinero puede haber ahí de corrupción, despilfarro u otras anomalías, que contraería un indudable prestigio social a los investigadores.

Esto viene a cuento por la entrevista a Maragall en EL PAIS de hoy 3-04-05, un alarde de mimetismo con la nada, depurado cinismo y absoluta irresponsabilidad en el cargo. Cuando intenta justificar su actuación con todo el tema de la auditoría al anterior gobierno, dice que heredaron una mala gestión que no detectaron y ahora, ya detectada, tampoco actuarán porque ya lo hace el fiscal. Señala que se ha querido aprovechar el caso del Carmelo para retroceder la reivindicación catalanista y rechazando la evidencia de que anteponen identidad a buena gestión pública, llega al quid del asunto: la exigencia de publicación de las balanzas fiscales. Esto es lo más importante para el President. Y no le falta razón, es el último descubrimiento de los catalanistas: saber cuanto “da” Cataluña al Estado, dejarlo de “dar” y otorgar una cuota de “solidaridad” para las demás autonomías. Y sobre este tema, están poniendo de moda un nuevo espejo en el que mirarse, nada menos que EE.UU. Habíamos oído a los Países Bálticos, a Quebec, a Holanda y algún otro, pero es la primera vez que eligen al gigante como referencia.

Como no tienen fundamento económico pues responden a clases medias zarandeadas por las tensiones del capitalismo, ni ideológico, que brotaría de grupos con posibilidades de futuro, los catalanistas van a salto de mata buscando modelos con los cuales encandilar a su clientela. Pero es tal su desesperada búsqueda que se meten siempre en un jardín con flores. Esta vez le toca a un país cuyo gobierno es criticado en todo el mundo por la invasión de Irak, por su pena de muerte, por tener presos sin garantías, por no firmar Kioto ni el T .Penal Internacional, por despreciar los derechos humanos incluso interiormente, por haber sido engañado por sus servicios secretos, por albergar empresas que provocan averías para subir el precio de la electricidad, por sufrir sanciones de la U.E. y la OCDE, por subvencionar a sus empresas a pesar de pregonar el ultraliberalismo, por tener millones de pobres y una “envidiable” S. Social, por ser adalides en la muerte escolar con pistolas, por dar pucherazos en sus elecciones a presidente, en fin, por ser un ejemplo mundial de arrogancia, prepotencia e imperialismo. Eso si, dicen que tienen al detalle las balanzas fiscales. Ya nos enteraremos, pero es evidente que el país que lleva hasta sus últimas consecuencias la lógica capitalista, no puede ser un ejemplo de claridad y justicia social con sus ingresos. La prueba más reciente es que quieren recortar las pensiones.

Tampoco hay que descartar que no sea un despiste y que los nacionalistas pretendan seguir los pasos de esas aves de presa. La cuestión es si lo saben o no, pero a los demás poco nos importa.

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