AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 4 Abril 2005
Es gratis
JUAN BAS El Correo 4 Abril 2005

Perder el nombre y perder el norte
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 4 Abril 2005

Mentiras y vídeos
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 4 Abril 2005

Las cosas del querer
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 4 Abril 2005

Farolas
IÑAKI EZKERRA EL Correo 4 Abril 2005

Educación hacia la nada
PEDRO ARIAS VEIRA La Voz 4 Abril 2005

Jaque mate
PABLO MOSQUERA La Voz 4 Abril 2005
 

Es gratis
JUAN BAS El Correo 4 Abril 2005

Se especula que la coalición nacionalista PNV-EA va a ganar las elecciones. Aunque como decía Harvey Keitel en 'Pulp Fiction', no nos chupemos las... ¿Ejem!, todavía. De hecho, al eje Ibarretxe le tiene un poco preocupado el que su personal se confíe y relaje demasiado con el triunfo cantado, se duerman en los laureles, es decir en las hojas de roble, y no hagan todos y todas los deberes el día de autos. Por eso alientan repetir sus consignas «boca-oído, puerta a puerta, pueblo a pueblo». Que en el lenguaje épico-bíblico no hay quien les supere, eso hay que reconocerlo.

Pero no creo que tengan de qué preocuparse. El nacionalismo vasco tiene éxito y se expande, poco a poco pero inexorablemente, como el Vietcong por la ruta Ho Chi Minh. Y no se espera que el triunfo se vea empañado por el plan Ibarretxe, el estandarte. El ciudadano que vote esta vez PNV-EA sabe que apoya la independencia y el proceso para conseguirla. La «confrontación democrática» -?-, que dice Begoña Errazti, si es preciso. Y esto sin menoscabo de que el anhelo de independencia no es unánime, ni mucho menos, entre el electorado nacionalista. Quizá, simplemente, es que intuyen que lo del plan en el fondo no va en serio y que ese escenario, como tanto les gusta llamar a todo, es para lo que sirven los escenarios, para montar representaciones.

¿Por qué el nacionalismo vasco tiene éxito? Creo que en primera instancia es porque ser nacionalista es como ver la tele: es gratis y no requiere esfuerzo. Ser nacionalista es gratificante, elemental, emotivo y otorga una ficción de importancia y preeminencia basadas en la distinción con el resto del mundo. Y lo mejor de todo para su proselitismo es que para pertenecer a esta grey basta con la entidad y el corazón: ser y sentirse vasco.

La fórmula se alimenta con la magnificación provinciana de una serie de rasgos diferenciales que perviven abonados por el ruralismo y la deformación de la historia, preservados mediante la exclusión y privilegiados por los que llevan un cuarto de siglo administrando el País Vasco como si fuera su caserío particular.

Y sobre todo, ser nacionalista faculta para alardear individual y colectivamente de orgullo nacional, que es mucho más sencillo y descansado que forjar y ganarse uno personal con mérito y esfuerzo.

O sea, algo parecido al hincha de un equipo de fútbol cuando dice: hemos ganado. De hecho, probablemente la pasión nacionalista y la futbolística sean parecidas.

Decía Voltaire que «los errores históricos seducen a naciones enteras».

Patxi López
Perder el nombre y perder el norte
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 4 Abril 2005

Los socialistas vascos se permiten rechazar las ofertas populares para formar un gobierno constitucionalista en el País Vasco porque dan por sentada una diferencia entre las dos formaciones. Como quiera que esa diferencia tiene que ver con valores, al asumirla públicamente Patxi Nada se retrata. Y encima lo hace bromeando: “va a ser que no”. Qué gracia.

Como para reírse están las cosas, Patxi Nadie. Ese escamotear el apellido y ese destacar la equis, que presume más autóctona, acercan al líder socialista vasco al inquietante título de la trilogía de Robert Musil, El hombre sin atributos, o al que llevó en España aquel film de Frank Capra, Juan Nadie. Podado de españolismos, ya más integradito y casi pidiendo perdón por existir, nadie ignora lo que sucedería si el Partido Socialista pudiera formar gobierno con los votos populares. Para el PP, desplazar del poder al nacionalismo es algo bueno en sí mismo; por eso Patxi Punto se limitaría a exigir, y a obtener, el apoyo popular sin contraprestaciones, con él de lehendakari, por supuesto, sin darle a los de San Gil ni una cartera, sin acuerdos de gobierno y sin dar las gracias. A lo mejor hasta le apetecía a Patxi Sin Más despreciar los votos populares y, pudiendo no hacerlo, preferiría gobernar con el PNV. Es más, quizá, como a Benegas en su día, le parezca que al PNV le corresponde gobernar el País Vasco por derecho natural aunque pierda las elecciones. ¿Acaso no son suyos el día de la patria, la bandera, y hasta el mismísimo nombre del país?

Pero si el PP volviera a ser segundo y esta vez pudieran formar gobierno los constitucionalistas, se evidenciaría aquella diferencia de valores con toda crudeza: Patxi Anónimo, siendo tercero, le diría a la líder popular que se olvidara de la presidencia, pues el derecho natural al poder vasco no pasa por un partido como el suyo, salta del PNV a ellos. Se impondría como lehendakari y San Gil lo aceptaría. ¿Por qué? Repito, porque para el PP el desplazamiento de los nacionalistas del poder en el País Vasco es bueno en sí mismo. No hay que descartar que Patxi Incógnito siguiera, aún en ese escenario, prefiriendo a los de Ibarretxe. Al fin y al cabo ambos tienen un plan; el uno es genuinamente soberanista, el otro es una carta de desistimiento. Los socialistas podrían llegar a decirles a los populares que no quieren contaminarse con sus votos, que los días de Redondo Terreros ya pasaron.

Sea cual sea la combinación, siempre topamos con lo mismo: un PP dispuesto a renunciar a cualquier cuota de poder para cambiar el gobierno vasco y un PSOE dispuesto a renunciar a cualquier cuota de vergüenza para acceder al gobierno vasco, con el permiso de los nacionalistas, redimido gracias a su plan de la renuncia y abjurando de pasadas fidelidades. Perder el nombre es un modo como cualquier otro de empezar a perder el Norte.

EL DOCUMENTAL DE LAS FAES
Mentiras y vídeos
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 4 Abril 2005

CON LO QUE está cayendo, un Gobierno autonómico vasco al borde de la rebelión abierta contra el estado de derecho y la mayor parte de la oligarquía política catalana a rebufo separatista para proteger sus tres por cientos, se ha levantado otra buena polémica sobre un documental de la FAES acerca de los luctuosos acontecimientos de marzo del año pasado. Dentro de la estrategia progubernamental de crear un partido de extrema derecha diferente del PNV o los nacionalistas catalanes, se ha aprovechado para tratar de hurgar la herida de las desavenencias reales o supuestas en la dirección del PP entre sus más importantes dirigentes del pasado y del presente. Y es que el PP se encuentra probablemente en una encrucijada difícil pues tiene un dilema entre el aspecto moral de búsqueda de la verdad y el de conveniencia política y social en un pueblo difícil como es el español, con una preocupante querencia al ¡vivan las caenas!

Decía Platón que era preferible «padecer pacientemente la injusticia que inflingírsela a otros». Es lamentable que el atentado político del 11-M, además de las víctimas que lo padecieron terriblemente en sus propias carnes, se haya llevado por delante toda una importantísima obra política, quizás una de las últimas oportunidades que le quedaban a España de ser un país más justo y serio, próspero, respetado e importante. Si con el asesinato de Kennedy se acabó su renovación, en cambio, con el de Lincoln no se terminó con su ejemplo de amor a la libertad y su defensa de la unidad nacional frente a la sedición sudista como instrumento para preservar esa libertad política. La grandeza política de Aznar al retirarse voluntariamente del poder, cosa más propia de la tradición anglosajona que de la nuestra, no debe obviar una reflexión sobre los errores del Camelot de Génova. Y es que para el verdadero liberalismo nunca la propaganda puede suplir la educación y formación del pueblo en el ejercicio de la libertad.

Las cosas del querer
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 4 Abril 2005

El más notable cartel de la campaña electoral muestra una foto de Ibarretxe y una escueta leyenda: 'Quieres. Puedes'. Dos vocablos que no llegan a constituir sintagma por el punto que los separa. Dos verbos en un presente de indicativo que empieza a sonar a imperativo. Nadie podría negar al partido-guía una admirable coherencia en sus eslóganes electorales. La campaña de las generales 2004 llevó al cartel la imagen de un ciudadano (o ciudadana) vasco (o vasca) que decía: 'Sí, quiero más'. ¿Era una afirmación insolidaria? No, por Dios. En estos tiempos en que los gobernantes se ayudan con el magisterio intelectual y moral de sus abuelos/aitites y de sus hijas/alabak el lehendakari podría resolver la contradicción con facilidad: la solidaridad bien entendida empieza por uno mismo y por una misma.

'Quieres. Puedes' es un lema que explica con absoluta transparencia el plan Ibarretxe, la síntesis rotunda de una querencia totalitaria que ya aleteaba en formulaciones anteriores de la figura del cartel: «¿Qué de malo hay en ello?» y «no hay cauces ni diques que puedan contener la voluntad de este pueblo». ¿La legalidad, quizás? Sebastian Haffner explica de manera admirable esa falta de dique entre el querer y el poder que se extendió por toda Alemania durante el nazismo, la «determinación ciega, imparable y desaprensiva de querer lograr lo imposible, la idea de que es justo lo que nos conviene y la palabra imposible no existe».

Para que el eslogan fuera democrático habría que invertir el orden de los verbos: 'Puedes. Quieres'. O bien colocar entre ambos términos uno de esos diques que la civilización ha construido para contener la voluntad de los individuos o de los pueblos y, de paso, prevenir inundaciones. Algo así como: 'Quieres. ¿Debes?' y si la respuesta es afirmativa, añadir entonces que 'puedes'.

Probablemente estamos ante un lema inspirado por el refranero, que es el legado intelectual de los aitites. ¿Querer es poder? Eso, en la Euskalherria que nos viene, ya no depende de que sea legal, sino de que el brazo educativo del Gobierno Ibarretxe haya incluido la gramática en ese currículo vasco que nos permite tener una zoología, una botánica y una biología propia y, a la consejera de Educación, una conjugación propia en castellano. Querer. Poder. Tal vez la gramática propia, gramática parda, nos haya hecho olvidar cómo se pronuncia correctamente la letra jota.

Farolas
IÑAKI EZKERRA EL Correo 4 Abril 2005

Me lo han preguntado intrigados varios amigos de Madrid: ¿Por qué esta paz y esta falta de tensión en la campaña vasca para las autonómicas cuando no han desaparecido sino crecido los factores de crispación? Yo les digo que quizá los humanos, individual y colectivamente, tenemos un límite y no podemos andar todo el día al borde del infarto; que quizá los vascos estamos cansados de tantos años de alto voltaje y esta consulta nos llega cuando ya estamos todos con la lengua fuera. Otra explicación que les doy es que hay mucho miedo por parte del constitucionalismo a una leche tan dolorosa como la del 13-M y que se ha instalado en el aire una consigna de quitarle hierro a la cosa, de que estas elecciones sean la pura antítesis del dramatismo que tuvieron aquéllas, de 'municipalizarlas' y hablar menos de las víctimas y más de las farolas. La sociedad vasca es tan rara -concluyo argumentándoles a mis amigos madrileños- que quizá ésa sea la gran fórmula que faltaba por probar: prometerle un buen alumbrado en todos los barrios cuando lo que se está jugando es su marco de convivencia, su futuro y su libertad.

Las farolas, sí señor. En ellas está la clave de esta campaña sin precedentes de perfil bajo, de líderes blandos y de discurso municipal como digo. Lo municipal no resulta nunca dramático sino desdramatizador y sedante porque es cotidiano, cercano, doméstico. Patxi López se ha propuesto hacer como que éstas son las elecciones de Soria y yo ya estoy casi convencido de ello. Por otra parte, sería injusto no reconocer que María San Gil está capitaneando una magnífica e impresionante ofensiva para obtener la alcaldía de San Sebastián. Yo creo que esta vez lo consigue, que va ser que sí. La ventaja de todo esto es que ya nadie puede fingir temor al famoso 'choque de trenes'. Dos trenes no chocan si uno no quiere y el tren del socialismo vasco no sólo va a dos por hora sino que se baja de la vía si se lo pide el tren que viene de frente. La ventaja de todo esto es que ya nadie puede gritar 'que viene el lobo' como en el 13-M. Desde entonces han cambiado los discursos y los actores en la política vasca y en la nacional. No sólo ha habido cambio de Gobierno en España y de dirección en el PSE-EE sino también en el PP. Rajoy introduce estos días el concepto de la «finura» en la vida española, que es una versión pepera del 'talante' de Zapatero y un marcaje a Aznar. Gritar 'que viene el lobo' resulta aún menos verosímil con María San Gil que con Jaime Mayor. Hoy sería el lobo el que tendría que gritar aterrado 'que viene Caperucita' y me temo que ese grito no sería muy convincente. Sí, ya es hora de que Euskadi tenga las farolas que se merece.

LA ALDEA GLOBAL
Educación hacia la nada
PEDRO ARIAS VEIRA La Voz 4 Abril 2005

POR IRONÍAS de la vida, los que fuimos estudiantes becarios financiados con las subvenciones del franquismo, y no con el Oro de Moscú, terminamos siendo la vanguardia más activa del antifranquismo. Oponíamos al dictador interno la utopía de un lejano socialismo real que, sin nosotros saberlo, resultaban ser unas dictaduras totalitarias mucho más crueles que la nuestra. En ellas, además de arruinar a su pueblo, internaban a sus intelectuales disidentes en humillantes siquiátricos para dementes.

El modelo escolar del franquismo pivotaba sobre la disciplina y el examen. De niños aprendimos a leer y redactar con El Quijote ; supimos de homotecias, derivadas e integrales; no carecíamos de nivel en latín, traducíamos el francés y nos admiramos con Mendel. Nos inculcaron paciencia en el aprender, cualidad muy útil en el futuro para leer con santa resignación los ladrillos de Marx, las soflamas de Lenin y los sueños de Freud. Siempre nos evaluaban: a los 10 años una prueba de ingreso seria. A los catorce, reválida fuera del colegio, donde preguntaban de todo. A los 16, una segunda reválida. Al año siguiente, un preuniversitario terrorífico de acceso a la universidad. Con tanta prueba externa, en el colegio nos imponían -y se autoexigían- unos niveles casi de élite. Nos habían preparado para lo que nos echaran. Así, en la madurez, pudimos elegir entre el Becerro de Oro de la corrupción o vivir de nuestro propio esfuerzo. La gran carencia de nuestra educación, como de la sociedad, fue la falta de libertad política y de profundidad histórica. Fuimos jóvenes que asociamos la bondad objetiva a la intencionalidad subjetiva, cuando la prueba decisiva está en las consecuencias efectivas. Por eso, cuando procuramos la libertad pensamos que bastaba defenderla y oponerse con valentía a los que la bloqueaban. Pero estábamos postulando un mal objetivo fatal, el universo concentracionario que oprimía a millones de silenciados ajenos.

Las sucesivas generaciones penaron lo suyo. Se les bajó el nivel académico y con frecuencia se les adoctrinó sin reparos. Los del establishment enseñaron cinismo eficaz a su prole enviándola al extranjero, mientras al resto se les daban titulaciones sin valor. Ni calidad técnica ni libertad desinteresada. Gobierno tras gobierno proclamaron leyes de cambio pendular. Nadie la enderezó. Ahora Zapatero no ha dudado: controles profesionales, no gracias; adoctrinamiento selectivo y que el grueso de los chicos y chicas salgan desarmados intelectualmente para que a los 18 años sean fiel clientela pancartera para votar religiosamente a la inanidad sonriente. Ya lo sabemos, que cada cual aguante su vela, tonto el que no siga lo que se hace en América. Mientras tanto, adultos y adultas están minando las bases del modelo; presas de un malestar sin alternativas, evitan tener hijos, no ya para el cielo, sino para atender la matrícula mínima que sostenga el sistema. Es la educación hacia la nada.

Jaque mate
PABLO MOSQUERA La Voz 4 Abril 2005

ASÍ COMENZÓ PNV-EA la campaña vasca. Están convencidos de que ganarán.

Hace cuatro años, yo formaba parte de una coalición que, tras la experiencia de «Álava frontera al nacionalismo», pusimos al nacionalismo ante la posibilidad de perder el poder y dejar paso a la alternancia no nacionalista en Euskadi. Incluso, Ibarretxe fue obligado a ser candidato por quienes estaban convencidos que se había terminado el poder del nacionalismo y no querían asumir ser candidatos para perder. Aquel Ibarretxe, desmejorado y arrojado al circo de una campaña en la que se proclamaba a Oreja como futuro lendakari, era señalado por la cátedra mediática como «patético».

Cualquier parecido con la realidad, mera coincidencia. Ganó. Hizo los cambios sucesorios que le parecieron oportunos en el monolítico PNV. Impuso su credo en forma de plan que ni Arzalluz se hubiera atrevido a plantear. Y hoy es el conductor del «pueblo vasco» en busca de un Estado propio.

Razones para llegar hasta aquí: han logrado emocionar a los vascos, especialmente a los más jóvenes, primero con la enseñanza y luego con una Administración que hace posible vivir mejor en Euskadi que en cualquier otra comunidad, especialmente si se es nacionalista.

El PP no sólo no avanza, sino que produce rechazo, por su inmovilismo y ahora de forma inoportuna, con un vídeo que le va a hundir la campaña a María San Gil. Es como si una mano negra deseara que «tras Aznar, el diluvio». Lo que puede llevarse por delante al propio Rajoy, que no da la talla, por incapacidad para controlar a un partido con neurosis compulsiva y obsesiva con los sucesos entre el 11-M y el 14-M.

El PSOE puede crecer, pero tampoco es alternativa a Ibarretxe. Sólo podrá utilizar los votos vascos para amortiguar el plan Ibarretxe en la negociación que se pondrá en marcha tras las elecciones del 17-A.

No logro entender la torpeza de quienes son incapaces de hacer frente a la marea nacionalista, y ponen más énfasis en pelearse en Madrid que en frenar las razones ideológicas, culturales y económicas, que hacen al nacionalismo cada vez más atractivo para los habitantes del País Vasco.

Cuando el PP usa propaganda impresentable, capaz de dividir a la sociedad, poner en tela de juicio el sistema democrático, y bajo sospecha las causas del atentado del 11-M, es lógico que los vascos presuman de que ellos avanzan y los demás están anclados en el pasado.

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