AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 7 Abril 2005
En la muerte de Lodares
Bitácora Libertad Digital 7 Abril 2005

Demasiados duelos últimamente
Bitácora Libertad Digital 7 Abril 2005

Juan Ramon Lodares en La Coruña
Bitácora Libertad Digital 7 Abril 2005

MARAGALL EXPORTA EL TRIPARTITO
Editorial ABC 7 Abril 2005

¿QUÉ OPOSICIÓN
César Alonso DE LOS RÍOS ABC  7 Abril 2005

Del acoso al paternalismo
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 7 Abril 2005

Ilegalidad
EL SUBMARINO La Razón 7 Abril 2005

Centrismo popular
Jaime Ignacio del Burgo Libertad Digital 7 Abril 2005

Ni democracia ni humanismo
Pío Moa Libertad Digital 7 Abril 2005

¿Guerra o lucha
GEES Libertad Digital 7 Abril 2005

Fortuna y virtud
José Vilas Nogueira Libertad Digital 7 Abril 2005

La llave de la cuenca del Ebro
Editorial Heraldo de Aragón 7 Abril 2005

Por un escaño más
TONIA ETXARRI El Correo 7 Abril 2005

LA VIDA SIGUE IGUAL
FERNANDO FERNÁNDEZ ABC 7 Abril 2005

PONGAMOS QUE HABLO DE MADRID
ÁNGEL GONZÁLEZ ABAD ABC 7 Abril 2005

Nada como los productos del país
Cartas al Director ABC 7 Abril 2005

San Gil cree que Maragall ha revelado la verdad de Patxi López con su defensa del pacto PSE-PNV
Agencias Libertad Digital 7 Abril 2005

UA denuncia el uso del euskera por los nacionalistas como una «herramienta política»
L. M./VITORIA El Correo 7 Abril 2005

El lío está armado
FRANCESC DE CARRERAS La Vanguardia  7 Abril 2005

En la muerte de Lodares
Bitácora Libertad Digital 7 Abril 2005

La carretera se ha llevado por delante a uno de los más grandes intelectuales –en el buen sentido de la palabra– de esta hora: Juan Ramón Lodares, lingüista liberal –haberlos haylos– y, por tanto, refractario al romanticismo obsceno y falsario de los nacionalistos (no hay errata) y sus mariachis.

Lodares, haciendo bueno el dicho horaciano, enseñaba deleitando historia de las lenguas de España, y al hacerlo daba los mejores argumentos para hacer oídos sordos a las voces ancestrales que claman por que regresemos a la caverna, por clausurar las sociedades abiertas y devolver el individuo al último lugar de todas las filas.

Los esencialistas, las fuerzas de la reacción se la tenían jurada, como recordaba hace unas fechas el profesor Rodríguez Braun. Y es que Lodares era un provocador; sólo así puede entenderse que escribiera, por ejemplo, lo que sigue: "Lo peor de las leyes de defensa del idioma es que pueden degenerar con facilidad en leyes de ataque a las ideas".

El pasaje anterior pertenece a su última obra, El porvenir del español, donde da cuenta de las venturas y desventuras que tiene ante sí la lengua de Cervantes, "nuestro petróleo", como gustaba de denominarla, siguiendo aquí, y en tantas otras cosas, a su maestro, Gregorio Salvador.

No se nos ocurre mejor manera de rendirle homenaje que recomendar vivamente la lectura de sus obras y emplear sus argumentos en la batalla de las ideas; para vencer y, si se dejan, convencer a los enemigos de la libertad.

Descanse en paz.

Demasiados duelos últimamente
Bitácora Libertad Digital 7 Abril 2005

Hola a todos, demasiados duelos últimamente. Esta es una gran pérdida. He utilizado tantas veces sus argumentos para enfreentarme a los neotradicionalistas, como a él le gustaba decir, que ya me parecían hasta míos. Ha innovado en una materia como la historia de la lengua analizando las políticas lingüísticas y sus implicaciones económicas, algo que sacaba de quicio a esencialistas y siembraodios. Su paraíso políglota es una maravilla, un compendio de la historia de todas las lenguas de España y un análisis sociológico de categoría. Une en sus obras lo filológico, lo político, el amor a España y el sentido común citando además a los mejores lingüistas y antropólogos extranjeros. Reciban su familia, la comunidad científica y todos los patriotas mi más sentido pésame. Saludos, Alauda

Juan Ramon Lodares en La Coruña
Bitácora Libertad Digital 7 Abril 2005

Conferencia en el Círculo de Artesanos, el 17 de Noviembre de 2000 (AGLI):
"A lo largo de El Paraíso Políglota me he ido haciendo todo este tipo de preguntas y las he vinculado a ese proyecto de España plurilingüe que algunos prometen. A mí es un proyecto que no me gusta porque aparte de los desaguisados que posiblemente va a crear en los ámbitos cultural, educativo, económico y de comunicación, es un proyecto donde las lenguas, los pueblos, los destinos históricos y el recuerdo de los antepasados valen más que las personas. Por eso les animo a ustedes a que desde esta asociación sigan manteniendo la idea de que las personas valen mucho más que los pueblos, más que los destinos históricos, más que los abolengos y más que las lenguas."
Enviado por Agli el día 6 de Abril de 2005 a las 22:31

MARAGALL EXPORTA EL TRIPARTITO
Editorial ABC 7 Abril 2005

LA influencia del presidente de la Generalitat sobre el Gobierno central y el PSOE no se fundamenta sólo en una valoración del poder político que adquirió al llevar al socialismo catalán al Ejecutivo autonómico ni en la dependencia parlamentaria de Rodríguez Zapatero respecto de los socios del tripartito. También se debe a que Maragall, se compartan o no sus criterios, siempre ha tenido una idea clara de cuál era su proyecto político, la ha expuesto públicamente y es coherente con ella. Esta actitud contrasta con la falta de ideas que sigue acreditando el Gobierno socialista en torno al manoseado debate territorial, en el que sólo se avanza -o se retrocede, según se mire- a medida que Maragall lanza nuevas propuestas para la reforma estatutaria en Cataluña. Esto no quiere decir que Rodríguez Zapatero sea un convidado de piedra. Por el contrario, el jefe del Ejecutivo hace tiempo que demostró que su ungido es Maragall y que es el presidente de la Generalitat el ariete de sus verdaderos propósitos de transformación del modelo actual del Estado en un sistema que trasciende del federalismo para llegar a un escenario confederal. Por eso es tan relevante que Maragall expresara ayer, en el Foro de ABC, su deseo de que, tras las elecciones autonómicas vascas del día 17, el PSE pacte con el PNV la formación del nuevo Gobierno. A Maragall no le importa que esta propuesta choque frontalmente con la idea opuesta que han expresado otros dirigentes socialistas, como Alfonso Guerra o Francisco Vázquez. En realidad, Maragall es muy consciente de su superioridad política y de su influencia estratégica en el PSOE, por encima de estos y otros dirigentes, con más prestigio que poder, e incluso de aquellos presidentes autonómicos socialistas que llevan alertando desde hace tiempo sobre los agravios en materia de financiación y seguridad social que encierra el proyecto de nuevo Estatuto catalán. A esos mismos presidentes, Maragall dedicó una dura reflexión sobre la solidaridad entre regiones y se refirió, sin citarlas, a las Comunidades que viven del subsidio. Espinoso juicio que, sin duda, tendrá respuesta.

El apoyo público de Maragall a un Gobierno vasco de coalición entre PSE y PNV pone negro sobre blanco la aspiración de la dirección del socialismo vasco, con Patxi López a la cabeza, y de la dirección del PSOE. En definitiva, Maragall propone su fórmula, que es la alianza de la izquierda con el nacionalismo secesionista para cambiar el modelo de Estado, cuando no el propio régimen político de 1978. Para abundar en la ortodoxia de su propuesta, Maragall no dudó en encajar el pacto PSE-PNV en los principios del documento de Santillana del Mar, donde la plana mayor del PSOE debatió sobre la reforma territorial del Estado, con resultados suficientemente ambiguos para que se sientan legitimados todos los discrepantes del partido, cada vez más antagónicos, sobre esta cuestión. Otra cosa es que Maragall haya podido hacer un flaco favor al candidato socialista a lendakari, Patxi López, quien lleva toda la campaña electoral en silencio riguroso sobre sus pactos postelectorales. Ya no es María San Gil quien le emplaza a sincerarse, sino Maragall, su fuente de inspiración en la formulación de su tercera vía sobre la «comunidad nacional» y la «patria vasca». López tiene aún nueve días de campaña electoral, pero el margen para jugar al escondite con el electorado se le acaba. Al presidente de la Generalitat no le incumben estos daños colaterales que causa su visión personal sobre la estrategia que debe seguir su partido, porque, hasta ahora, su partido le ha convalidado todas sus políticas de alianzas y objetivos comunes con el independentismo catalán, y él quiere empezar a exportarlas a otras Comunidades.

¿QUÉ OPOSICIÓN?
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC  7 Abril 2005

SE equivoca Mariano Rajoy si piensa que hay una forma abstracta de hacer oposición. Ésta tiene que ser congruente con los modos del poder. Sería absurdo elegir el florete cuando el otro utiliza un cañón. Y Zapatero utiliza el cañón.

Es posible que a Rajoy no le guste el cañón, pero se engañaría si creyera que él puede elegir el arma. En todo caso antes de criticar a aquéllos de los suyos que le recomiendan una oposición proporcionada, debería denunciar a los contrarios.

Así pues, lo primero que hay que hacer es saber cuáles son los objetivos políticos del contrario y con qué medios pretende conseguirlos. Y yo tengo la impresión de que ni se quiere ver que el PSOE no es el contrario, sino el «enemigo», ni se quiere reconocer el alcance político de su estrategia. Es verdad que en la dirección del PP ya ha calado la idea de que el PSOE no quiere un sistema de alternancia, sino la liquidación de la oposición conservadora, pero no se quieren sacar conclusiones de ello.

El PSOE se ha planteado la lucha política en términos de «enemigo» porque pretende la liquidación del sistema. No es únicamente el PP el que está en la mira destructora del PSOE, sino el sistema mismo. Y si esto es así, ¿el PP está haciendo una política eficaz para impedirlo?

POR lo que respecta al modelo de Estado y a la idea de Nación, la experiencia de estas tres décadas no sólo es desgraciadísima por la cosecha recogida (herido de muerte aquél, extinguida prácticamente ésta), sino porque ni siquiera está sirviendo para enfrentarnos a la situación. Si los socialistas en tiempos de Felipe González contribuyeron a la hegemonía de los nacionalistas en Cataluña y el País Vasco, ahora quieren consolidar con ellos la situación definitivamente. La contienda electoral en el País Vasco no debe impedirnos ver que lo único que preocupa a Zapatero es la fuerza que el PSOE va a tener en la futura «comunidad nacional» vasca. Porque acepta ya, como lo acepta para Cataluña, que el País Vasco va a ser un Estado. Porque la consecuencia de la Nación de Naciones es el Estado de Estados. Y con los actuales terroristas metidos en el juego. ¿Todavía hay algún ingenuo que se atreva a hablar de Pacto Antiterrorista?

Y cuando hablo de sistema, estoy refiriéndome a nuestra cultura y a la lengua y a la religión católica. ¿Todavía después de lo que estamos viviendo estos días con motivo de la muerte de Juan Pablo II hay alguien tan imbécil o tan cobarde que no reconozca el propósito destructor de Zapatero en relación con la religión católica, que no entienda que está en una declaración de guerra permanente a nuestra forma de ser histórica, y, por lo mismo, una agresión constante a la convivencia como forma de hacer política?

Zapatero está apelando a los suyos para hacer desaparecer la España representada por la derecha y que a su entender es la misma que ganó la Guerra Civil. No quiere aceptar la reconciliación que se produjo en los años sesenta y setenta, ni el sentido de la Transición. Éste es el terreno en el que plantea el ejercicio del poder y, por tanto, éste es el tipo de oposición a la que ello obliga. Razón o tripas, tripas o razón, la elección viene marcada por el contrario, en este caso «enemigo».

EL que permanece sentado ante el paso de la bandera de EE.UU. para excitar el populismo, el que humilla al Papa para abrir una guerra de religión, el que expulsa la religión de la enseñanza para crear un frente laicista, el que daña el idioma común para debilitar la cultura nacional, el que divide a España en partes para garantizar su poder personal y el de su partido... no deja opción sobre el tipo de oposición. O la tomas o pierdes. Y ¡con qué consecuencias!

Comisión 11-M
Del acoso al paternalismo
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 7 Abril 2005

El Mundo ha publicado la lista completa de comparecencias rechazadas por la Comisión del 11 M. Basta un vistazo para obtener un diagnóstico ajustado, para formarse una idea del mal mayor que aqueja a la política española desde que a las izquierdas y a los nacionalistas se les indigestó la mayoría absoluta de Aznar y regurgitaron viejas señas de su pasado, tan democrático.

De cincuenta y una comparecencias rechazadas, ¿adivinan cuántas habían sido solicitadas por el Grupo Popular? Sí, cincuenta y una. Dos de ellas eran colectivas: la de “jueces o magistrados y fiscales de la Audiencia Nacional” y la de “personas implicadas en diligencias policiales o procedimientos judiciales sobre los incidentes del día de reflexión” que fueron “remitentes o propagandistas” de “mensajes por e-mail sobre supuestos golpes de Estado”.

Así que, a siete de abril de 2005, sigue valiendo el diagnóstico del 13 de marzo de 2004: el PP está acorralado por el resto de fuerzas políticas. Si en el amargo día de reflexión culminó una larga campaña de agitación callejera con el acoso físico a los populares, el acorralamiento político iría cobrando forma tras el cambio de gobierno (que cobra tintes de cambio de régimen).

En el nuevo régimen, la derecha es sospechosa por definición y hasta culpable mientras no demuestre su inocencia. Y está condenada a luchar con un brazo atado a la espalda: si osa pulsar los resortes de la propaganda, tal como hacen todos los demás –pero sin mentir–, también será crucificada por los suyos. Especialmente por una prensa que cabría suponer alejada del sistema de prejuicios progres. Con amigos así no hacen falta enemigos.

Cincuenta y una de cincuenta y una. Pleno. Si fueran treinta y siete de cincuenta y una, o cuarenta y dos de cincuenta y una, sería suficiente para detectar el patrón y el análisis no diferiría mucho. Pero el cien por cien no es un patrón, es un bombardeo nuclear, es el aplastamiento de un partido por parte de los demás. El mayor partido en militancia y el segundo en votos, a una distancia sideral del tercero. Y en un asunto tan grave como el 11 M.

Las diecisiete preguntas lanzadas por el PP quedarán, naturalmente, sin respuesta. Izquierdas y nacionalistas cubrirán el inquietante silencio con lo primero que tengan a mano: hoy es el vídeo, pero habría sido cualquier otra cosa; el camuflaje empezó hace un año con el montaje del lobby de Washington y conoció la manipulación de las víctimas.

Los pocos medios favorables al PP, o no particularmente adversos, avalarán el apriorismo según el cual liberales y conservadores no pueden valerse de la propaganda ni de la agitación, aunque lo hagan sin mentir ni una sola vez. Justifican la discriminación con un paternalismo hipócrita: el vídeo de FAES perjudica al PP. También PSOE y ERC están muy preocupados por el daño que la derecha se está infligiendo a sí misma. Encima recochineo.

Ilegalidad
EL SUBMARINO La Razón 7 Abril 2005

Hace algunos años el inefable alcalde de Jerez, Pedro Pacheco, elevó a la altura de aforismo aquello de que «la Justicia era un cachondeo». Puede que la cosa no alcanzara para generalizaciones, aunque hay determinados momentos y actuaciones que dan pie y razones para sumarse con entusiasmo a la máxima de Pacheco. La normalizada presencia de Batasuna en la vida política y pública del País Vasco es un caso paradigmático de esa vida contemplativa en la que la Justicia democrática se mece en algunos ámbitos. Batasuna, organización fuera de la ley por actividades terroristas, se mueve con absoluta impunidad, e incluso con la colaboración del régimen gobernante en la comunidad autónoma. Y no pasa nada, nunca pasa nada. Con las herriko tabernas abiertas, manifestaciones autorizadas en las calles y ruedas de prensa con toda clase de publicidad, Batasuna ha organizado ahora decenas de actos electorales por todo el País Vasco para los próximos días. En concreto, sólo hasta el viernes la organización de la que era portavoz Arnaldo Otegui tiene previstos 34 actos en los que intervendrán sus dirigentes o personas de su entorno. Con los precedentes acumulados, probablemente la respuesta del Estado de Derecho será nula y la mafia de indeseables podrá lanzar sus soflamas proterroristas con absoluta tranquilidad.

PP
Centrismo popular
Jaime Ignacio del Burgo Libertad Digital 7 Abril 2005

La izquierda española siempre tiene suerte. Esté en el poder o en la oposición, su discurso y aun su praxis puede ser radical hasta límites difícilmente defendibles pero nadie le formula reproche alguno ni se ve obligada a dar explicaciones. Al Partido Popular, en cambio, se le exige a cada instante demostrar su idoneidad para formar parte del privilegiado club de los demócratas. Con ocasión de la guerra de Irak esto se puso claramente de manifiesto. La dirección de la política exterior corresponde al Gobierno. Sus decisiones fueron además respaldadas por la mayoría del Parlamento. La izquierda se movilizó contra el Gobierno y a punto estuvo de llevar al Partido Popular a la clandestinidad ante la imposibilidad de llevar a cabo su actuación con plena libertad. Más tarde, en la madrugada del 14 de marzo, la Junta Electoral Central declaró ilegales las concentraciones ante las sedes del Partido Popular promovidas por gentes de la autollamada progresía con la aquiescencia complaciente de los partidos de izquierda. No pasó nada. Al contrario, se llegó a acusar al PP de intentar un golpe de Estado, al propiciar la suspensión de las elecciones en una iniciativa inconstitucional felizmente abortada por el rey. Y no pasó nada. Nadie exige a la izquierda patente de democracia. A nosotros se nos exige a cada instante resistir la prueba del algodón democrático.

En cualquier caso, tiene razón Eduardo Zaplana cuando ha abogado en el Club Liberal de Cádiz por mantener al PP en una posición de centro-reformista. Así se definió por cierto el partido en su último Congreso. Su ideología no cambió en relación con los postulados defendidos por Aznar cuando accedió a la presidencia del partido. Nada de cuanto ha dicho y hecho en este año de oposición se ha apartado un ápice de aquéllos. Al frente del partido se encuentra un político caracterizado por una gran moderación en la forma, que es característica esencial del centrismo. A mayor abundamiento, en el Congreso de los Diputados, principal escaparate de la actuación de los grupos políticos, la dirección del Grupo Popular está encomendada a quien con tanto acierto defiende el centrismo-reformista. Estamos, pues, lejos de cualquier involución conservadora, por más que se empeñen quienes distribuyen tales calificativos a personas que hasta ahora han tirado del carro popular con mejor o peor fortuna, pero con total fidelidad a su proyecto político.

Los ciudadanos –y el 11-M– nos llevaron a la oposición. Esto obliga, por pura necesidad, a la confrontación política, pues ser centrista no significa carecer de ideas ni de convicciones. El centrismo requiere practicar el buen talante, y por lo tanto estar siempre dispuesto al diálogo y a la concertación, con renuncia a cualquier intento de imposición dogmática. Algo que no practica en demasía quien tanto presume de tenerlo hasta el punto de autodefinirse como “Gobierno talante”. El centrista respeta las reglas del juego y acata las decisiones de la mayoría, y si no le gustan trabajará sin desmayo, democráticamente por supuesto, hasta conseguir su revisión.

Pero ser centrista no significa permanecer impasible frente a la corrupción y los abusos del poder, o mirar hacia otro lado cuando se ofende sin necesidad ni causa a sectores y colectivos dignos del mayor respeto y consideración, o cuando se practica una política sectaria al hacer tabla rasa de lo anterior, pisoteando el amplio consenso político y social alcanzado en el pasado, o, sobre todo, cuando se promueven de forma irresponsable reformas capaces de poner patas arriba todo el edificio constitucional español para dar satisfacción, por mantenerse en el poder, a quienes no tienen otra obsesión que conseguir la destrucción de España.

El centrista no es un ser ambiguo, amorfo, voluble, pragmático, amigo de la componenda y del “qué más da” para evitar complicaciones. Ha de defender con firmeza sus principios, buscando siempre la verdad y la justicia, y rechazar cualquier comportamiento políticamente indigno y éticamente reprobable.

Pertenecer al Partido Popular o colaborar con él, sobre todo en la oposición, es comprometido. La maquinaria de la propaganda gubernamental es poderosa y eficaz. Cuando dispara, su artillería mediática es temible y más si el blanco es débil, temeroso, pacato o mojigato.

Ahora esa maquinaria está empeñada en dar cobertura al cierre de la Comisión del 11-M. La postura del PP, dicen, es errónea y además suicida. Sólo intenta lavar la cara de su mentira e imprevisión. Pues bien, ser centrista no puede consistir en recibir palo tras palo sin dar respuesta adecuada y aceptar, sin parpadear, el triunfo de la falsedad y de la mentira. Negarse a investigar es un escándalo que no puede contar con la complicidad del PP.

El Partido Popular hará mal en desviarse de la trayectoria centrista y reformista impulsada en su día por José María Aznar. Por este motivo debe defender en todo momento y ocasión la unidad de la nación y la soberanía del pueblo español; propugnar la existencia de un Estado fuerte y eficaz –la frase es de Jordi Pujol-, capaz de garantizar la igualdad básica de todos los españoles; y huir de todo planteamiento jacobino al apostar sin reserva alguna por el derecho al autogobierno de las Comunidades Autónomas y de la solidaridad entre todas ellas. Si por sostener todo eso, es decir, por proclamar la validez de una de las Constituciones más progresistas y avanzadas del mundo, a quienes compartimos su proyecto político nos llaman conservadores habremos de soportar tan injusta acusación con nuestro mejor talante, pero sin complejo alguno, como corresponde al centrismo popular.

Jaime Ignacio del Burgo es diputado por Navarra. Representa a UPN en el Comité Nacional del PP

Antonio Cazorla
Ni democracia ni humanismo
Pío Moa Libertad Digital 7 Abril 2005

El profesor Antonio Cazorla ha escrito en El País un sorprendente artículo invocando la “democracia y el humanismo” en relación con el recuerdo de la guerra civil. Y empieza con afirmaciones tan sorprendentes como que Anthony Beevor y un servidor recuperamos “el argumento de la derecha española, en su tiempo difundido por Joaquín Arrarás y otros partidarios de la dictadura franquista, de que la guerra empezó en octubre de 1934”. Nunca he leído tal cosa en Arrarás, aunque tampoco he leído a fondo a este autor. Quien sí lo dijo, entre otros, es Brenan, gran partidario de la dictadura franquista, como nadie ignora. Pero de decirlo o intuirlo a demostrarlo media un largo paso cuyo mérito, modestamente, creo poder reivindicar.

Continúa el profesor: “Lo que no parece honesto es, como ha venido haciendo Moa, cuestionar y hasta insultar de forma absoluta el trabajo de los historiadores profesionales, tachándoles de ser parciales”. El mundo al revés. Desde el principio dije que había un debate pendiente sobre estas cuestiones, y quienes llama el señor Cazorla profesionales demostraron su escasísima profesionalidad no ya al negarse a debatir, sino al presionar con todas sus fuerzas (y abundantes insultos) para erradicar mis libros de la Universidad y de los medios de masas. Actitud inquisitorial muy exitosa en otros casos, si bien no en éste, afortunadamente.

Luego menciona “los cuarenta años de verdad única dentro de la España de la victoria”. Muy falso. Desde mediados de los años 60 las versiones más divulgadas en España, al menos en la universidad y en los círculos interesados (para la gran mayoría la guerra civil era agua pasada y sin especial interés, excepto por la buena intención de no repetirla) empezaron a ser las de los vencidos, y de modo especial las de ideología marxista. Ya antes de morir Franco publicaba con notable éxito el estalinista Tuñón de Lara. Y desde la Transición, para qué vamos a hablar: el dominio “progresista” en la universidad y en los medios ha sido prácticamente absoluto. E inquisitorial, repito.

En realidad el franquismo se preocupó escasamente del estudio de la guerra, salvo, desde finales de los 60, para replicar a versiones como la de Jackson, también de corte marxista. Esa réplica dio lugar a obras magníficas, no superadas, como las de Martínez Bande, las de los hermanos Salas Larrazábal y otras, que, pese a su valor, los profesionales progres han logrado condenar al ostracismo universitario y mediático. Táctica que siempre se les ha dado muy bien, y que si ha fracasado en mi caso no ha sido por falta de ganas y esfuerzos. Por dar una prueba, el señor Cazorla me ataca tranquilamente en El País sabiendo que este periódico me impide responderle allí, de tan demócrata, humanista e intelectualmente honesto como es. Pero el grupo Prisa, menos mal, ha perdido mucho peso y prestigio, y ya no recibe tanto crédito como solía.

El profesor se despacha después con una divagación superficial, plenamente acrítica, sobre el “humanismo y la democracia”, para asegurar: “Una de las mayores mentiras franquistas fue su falsa reconciliación, esculpida en el granito del Valle de los Caídos”. No sé si falsa, pero desde luego nunca aceptada por los jefes e ideólogos de los vencidos, aquellos que abandonaron a su suerte a sus seguidores, incluso a los más complicados en el terror contra la derecha. Y no podían aceptarla, entre otras cosas, porque venía presidida por la cruz, el símbolo que ellos habían intentado erradicar violenta y definitivamente de España. En cuanto a la inmensa mayoría de los vencidos, los de a pie, había olvidado todo aquello y no compartía la afición de sus ex jefes a remover los rencores.

Pero si no se quiere aceptar esa reconciliación, vale la pena recordar que la democracia actual tiene muy poca relación, por grandísima suerte, con la república, pues proviene del franquismo. El régimen de Franco se autodisolvió sin haber sido nunca derrotado, a fin de dar paso a una reconciliación y a una convivencia democrática entre los españoles, mientras la oposición clamaba por una “ruptura” llamada, con la mayor probabilidad, a reproducir las convulsiones del pasado. Las convulsiones con que vuelven a amenazarnos los “antifranquistas” retrospectivos, los separatistas, los terroristas, los enterradores de Montesquieu…

Con mucha desenvoltura asevera el señor Cazorla: “Treinta años después de la muerte del dictador no sabemos qué hacer con el Valle de los Caídos”. Casi todos lo sabemos: dejarlo como está. Usar bellas palabras de “democracia y humanismo” para seguir hurgando en las heridas es otra típica argucia de estos señores tan poco demócratas y tan poco humanistas. Mucho me llamó la atención, al estudiar los años previos a la guerra civil, la demagógica utilización de las banderas de “la democracia”, “el pueblo”, “la libertad”, para, en la práctica, atacar brutalmente esos valores.

Dice, en fin, nuestro profesor: “Los españoles del siglo XXI tenemos la ventaja de que nuestros valores y nuestra realidad social son muy distintos de los imperantes en los años treinta”. En general así es. Pero en el caso de él y de tantos como él, no: siguen en las mismas letanías, sin haber aprendido casi nada. También ocurrió con la caída del muro de Berlín: quedaron boquiabiertos, sin entender, y en cuanto se repusieron un poco retornaron a los viejos discursos y a las viejas hipocresías. Cito los dos casos, el muro de Berlín y la falsificación de la historia reciente, porque sus protagonistas son los mismos la mayoría de las veces.

Terrorismo
¿Guerra o lucha?
GEES Libertad Digital 7 Abril 2005

Los Estados Unidos declararon la guerra contra el terrorismo tras los atentados del 11-S. La Unión Europea trata a su vez de relanzar su lucha antiterrorista tras los atentados del 11-M. Pero la diferencia entre la guerra declarada por los norteamericanos y la lucha impulsada por los europeos es muy sustancial.

Para empezar el objetivo estratégico a alcanzar es distinto, aunque el enemigo sea el mismo. Los europeos pretenden contener al terrorismo, los americanos quieren derrotarlo. Muchos europeos reprochan a los estadounidenses su obsesión por la seguridad. Quiénes así piensan consideran que las sociedades libres están sujetas al riesgo y que por tanto deben aceptar la posibilidad de un atentado. Estados Unidos, por el contrario, cree que no es posible política ni estratégicamente asumir la posibilidad de otro 11-S y que su objetivo prioritario debe ser impedirlo por todos los medios a su alcance. Para ello, están dispuestos a invertir muchos más recursos y a condicionar incluso el ejercicio de determinados derechos individuales si es imprescindible para mejorar su seguridad. Los europeos no parecen dispuestos a ninguna de las dos cosas.

Los medios para luchar contra el terror son también diferentes. En Washington entienden que la guerra contra el terrorismo exige una estrategia global que incluya no solo medidas preventivas dentro del territorio, la potenciación de la seguridad interior o “Home Land Security”, sino una acción exterior decidida que expanda la democracia por todo el mundo. La fuerza militar juega un papel sumamente importante en esta estrategia, entre otras cosas para poder combatir a los grupos terroristas allí donde se encuentren. Los europeos, por el contrario, entienden que la lucha contra el terror es una tarea esencialmente policial y que el uso de la fuerza militar puede resultar incluso contraproducente para acabar con el terrorismo.

Es cierto que ambos apuestan por otorgar un papel decisivo a los servicios de inteligencia, pero mientras los europeos se plantean una inteligencia defensiva con el objetivo de prevenir posibles atentados, los americanos creen en una inteligencia ofensiva que busque activamente destruir las capacidades de los terroristas en cualquier lugar del mundo.

En esta misma línea, el Pentágono justifica la necesidad de ataques preventivos o anticipatorios para hacer frente a esta amenaza. Los europeos rechazan de plano esta idea y en su estrategia común de seguridad consideran que las acciones anticipativas solo pueden ser políticas y diplomáticas, pero en ningún caso militares.

En el fondo de la cuestión está el hecho de que ambas orillas del Atlántico tenemos un diferente concepto del terrorismo. Los europeos tenemos la experiencia del terrorismo del siglo XX. Hemos luchado durante décadas contra organizaciones como ETA, el IRA o las Brigadas Rojas. Creemos saber como afrontar el problema, pero en cierto modo nos hemos resignado a convivir con él.

La sociedad y la clase política norteamericana creen que el 11-S tiene unas implicaciones estratégicas de muy distinta naturaleza que el terrorismo del pasado siglo. Es un terrorismo de naturaleza distinta que busca objetivos diferentes con nuevos medios. Su objetivo último es el aniquilamiento de nuestras sociedades y la destrucción de los valores democráticos que las sustentan. Se trata de algo mucho más próximo a una guerra total que a una mera forma de criminalidad. El problema es que este nuevo terrorismo puede ser mucho peor que una guerra, porque a diferencia de aquella no tiene ningún tipo de constreñimiento legal ni moral en su ansia infinita de destrucción.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Partido Popular
Fortuna y virtud
José Vilas Nogueira Libertad Digital 7 Abril 2005

El episodio del vídeo de la FAES sobre el 11-M ha ofrecido nuevo alimento a la persistente polémica sobre la relación entre los estilos de liderazgo de Aznar y de Rajoy, incluso más allá, a la significación de Aznar y del pasado inmediato en el actual Partido Popular. Rajoy presume, con razón, de finura política, y éste es quizá su mayor activo, pero no estuvo demasiado fino en su contraposición entre vísceras y cerebro. Esto no quiere decir que Rajoy hubiese necesariamente de celebrar la oportunidad y el estilo del vídeo. Pero si no estaba de acuerdo con una y otro, hubiese sido más inteligente subrayar que la responsabilidad del vídeo era de la FAES, que por próxima que esté al Partido Popular, incluso aunque esté integrada orgánicamente en él (que no lo sé), es por propia naturaleza un think tank, que no expresa necesariamente las posiciones oficiales del partido y que puede coexistir con otras sensibilidades y tácticas en el seno del mismo.

En cualquier caso, el problema no es de contraposición entre vísceras y cerebro. El problema, como vengo de apuntar, es doble; por un lado, la relación entre la FAES, cuyo patronato preside Aznar, y la dirección del PP, que lidera Rajoy; por otro, la pertinencia, por razones de principio, estratégicas o tácticas, de insistir en los lamentables sucesos del 11 al 13 de marzo de 2004 o, como suele decirse, de pasar página a estos sucesos. Y, tanto sobre una como sobre otra cuestión, sería penoso que un político tan inteligente como Rajoy se dejase seducir por las opiniones del PSOE. Haga lo que haga, Rajoy no se podrá librar de la "cruz" del pasado aznarista. Siempre que les convenga al partido del gobierno y a sus socios le acusarán de no distanciarse suficientemente de Aznar, máxime cuando sólo un ciego no ve que el objetivo prioritario del PSOE es romper el PP.

Discurría Maquiavelo sobre la necesaria conjunción de fortuna y virtud para el éxito del Príncipe. Y la fortuna es mudable y caprichosa, rehusándose a veces con entera obstinación a conceder su favor. Está claro que el Partido Popular, en general, y Mariano Rajoy, en particular, no han sido bien tratados por ella. Todavía gobernando Aznar se produjeron los accidentes del Prestige y del Yak-42 que, en indecente operación de manipulación política, fueron convertidos por la izquierda en "crímenes de Estado". Pero, tanto más adversa es la fortuna, más necesaria es la virtud del Príncipe. Y, todavía con Aznar, la gestión de aquellas desgracias, distó de la fuerza, vigor, determinación y eficacia que implican la noción maquiaveliana de virtud.

Una especie de anestesia paralizante invadió al PP ante aquellos accidentes y, lo que fue mucho peor, se prolongó en la campaña electoral de las elecciones de marzo del pasado año. Antes del mismo once de marzo, la percepción generalizada era que cuanto más tiempo transcurría, más subía la intención de voto hacia el PSOE y más bajaba para el PP. La campaña de Rajoy discurrió a la defensiva, con un perfil político bajísimo, apenas centrada en aspectos de gestión. Incluso, en este terreno, en el que presumiblemente podía destrozarlo, se negó a debatir en televisión con Zapatero.

La designación por Aznar de Rajoy, como su sucesor, habla mucho de la altura de miras del primero, pues no parecían personalidades muy afines. A Rajoy, además de su finura parlamentaria, que gana pírricas victorias en el terreno de los columnistas cultos e inteligentes, pero poco más, lo avalaba una amplia experiencia gubernamental. Si no se hubiesen producido los atentados del once de marzo, pese a su debilísima campaña electoral, Rajoy hoy sería Presidente del Gobierno. Tendríamos una mejor gestión y, sobre todo, nos hubiésemos ahorrado muchos de los problemas derivados del sectarismo socialista. Pero, la virtud de estos príncipes modernos, que son los líderes mayores de los partidos, requiere algo más que buena gestión; algo más que finura parlamentaria; requiere definición y determinación políticas. Sería malo confundir el coraje político con las vísceras, y la indeterminación con el cerebro. Los políticos no son filósofos, y cuando los filósofos se meten a políticos la catástrofe está servida.

Es posible que la fortuna siga sin acompañar a Rajoy. Algunos analistas aventuran que unos malos resultados en las elecciones autonómicas vascas y, hacia octubre, en las gallegas, podrían acabar con el liderazgo de Rajoy. Sería injusto si así ocurriese, pues el escenario de unas y otras elecciones y las candidaturas del Partido Popular escapan a la responsabilidad del líder popular. Más bien, sería al revés, de confirmarse estos malos augurios, la búsqueda de un remedio a la situación sería una prueba para valorar la capacidad de liderazgo de Rajoy.

Ante las incoherencias, la pésima gestión y la precariedad de sus apoyos parlamentarios, muchos han aventurado que el gobierno de Zapatero no superaría esta legislatura, quizá incluso que no sería capaz de agotarla. Yo nunca he participado de este optimismo y creo que cada vez hay menos razones para sustentarlo. Comprendo la angustia de la gente más o menos profesionalizada en la política ante la perspectiva de no recuperación inmediata del poder. Pero, desde el punto de vista del Partido como un todo, estos desfavorables augurios deben convertirse en una oportunidad de recuperación del pulso político de la derecha o, si se prefiere, del centro-derecha. Ello pasa por una vigorización de la vida del partido, presidida por dos objetivos irrenunciables: el mantenimiento de la unidad y la recuperación del pulso político. En un partido que como el PP ocupa todo el espacio de centro-derecha (los nacionalistas periféricos situados en este espacio, de hecho se han desplazado al polo de la izquierda, ya que el PSOE es más "comprensivo" con sus objetivos) esto requiere el debate y la convivencia ideológica entre las varias tradiciones políticas que conviven en el partido: conservadores de inspiración cristiana, cristianodemócratas, conservadores aconfesionales, liberales en el sentido tradicional europeo, liberales o neo-liberales más centrados en el antiestatismo y la defensa del mercado, etc. Sería funesto que un dogmatismo vinculado a cualquiera de estas tradiciones, arruinase la unidad del partido. Pero esta convivencia debe proyectarse en una definición política única, elaborada a base de aquellos elementos comunes a las diversas tradiciones enumeradas: la defensa del individuo y de sus valores, la afirmación de las libertades civiles y políticas, el énfasis en que estas libertades son letra muerta sin la defensa de la propiedad privada y del mercado, y la propuesta de políticas que sean corolario de estos principios.

Ambas tareas, el mantenimiento de la unidad del PP y la recuperación de su vigor político son más fáciles de enunciar que de acometer. Muy caracterizadamente precisan de un liderazgo virtuoso. El tiempo dirá si Rajoy es capaz de ejercerlo.

José Vilas Nogueira es catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Santiago de Compostela

La llave de la cuenca del Ebro
Editorial Heraldo de Aragón 7 Abril 2005

PSOE y PP dejaron sus casi endémicas diferencias de lado y votaron ayer juntos para impedir que el Pacto del Agua aragonés quedara fuera del Plan Hidrológico Nacional, tal y como pedían al menos dos de las enmiendas que se votaron ayer en comisión. La inclusión del Pacto del Agua, actualmente en revisión, fue presentada en su momento por el PP como garantía de que las obras hidráulicas de Aragón tendrían el agua necesaria, independientemente de los caudales que se detrajeran para el trasvase. Ahora, conjurada la amenaza del trasvase, no han acabado los problemas, ni está clara la disponibilidad de caudales. El panorama es preocupante.

La revisión del PHN viene acompañada de una fuerte ofensiva nacionalista contra el Pacto del Agua, que una diputada de Esquerra Republicana llegó a calificar ayer como más perjudicial para el Delta del Ebro que el propio trasvase. ERC, apoyada por otras formaciones nacionalistas, pretende que la Generalitat de Cataluña decida por sí sola cuál es el caudal ecológico que ha de tener el río en su desembocadura, quebrando de nuevo el principio de unidad de cuenca. A juzgar por las enmiendas que había presentado, el propio PSOE parecía dispuesto a ceder ante sus socios del tripartito catalán, ya que había promovido iniciativas para que el caudal del Delta lo fijaran "el Estado y Cataluña". Esto significaría que las Comunidades de aguas arriba -y, en concreto, Aragón-, dispondrían, a la hora de la verdad, de la cantidad de agua que la Generalitat creyera conveniente. En un ambiente de intensísimas negociaciones -por cierto, en catalán-, el texto sobre el control del Delta quedó, finalmente, abierto, de modo que hay que decidir quién lo fijará. De aquí al día del pleno, queda un tiempo precioso para que Aragón, con el resto de las Comunidades de la cuenca, haga valer sus tesis de modo que esa "llave" crucial no quede en manos de una sola.

Por un escaño más
TONIA ETXARRI El Correo 7 Abril 2005

En estas elecciones no están funcionando los bloques en el campo constitucional, a pesar de que Ibarretxe se empeñe en juntar a María San Gil y a Pa-txi López, cuya única coincidencia, como demostraron en el debate televisivo, son las críticas a su política exluyente desde Ajuria Enea. En otros ambientes, sin embargo, sí que existen los tándem: PNV-EA según las listas. O ETA-Batasuna, según los jueces. El PP y PSE va cada uno por su lado: María San Gil, tocada por el aura de vencedora del debate de ETB (título que le han reconocido explícitamente, incluso, muchos votantes de sus adversarios) y Patxi López, emulando escrupulosamente el estilo de ZP que tan bien le fue al actual presidente del Gobierno español. Pero aún así, Ibarretxe no está tranquilo. Los ve juntos. Se los imagina en contubernios, aunque sea virtuales. El peligro acecha si el PP y PSE logran más mayoría que la suya en el Parlamento. Está convencido de que si ellos ganasen, se diluiría el perfil nacionalista. «Que viene el lobo», dijeron desde el PNV-EA en el 2001, cada vez que hablaba el PP y PSE. Y les funcionó de maravilla para movilizar el mayor récord de participación electoral.

Pero ahora, como el candidato nacionalista ve que las encuestas no están dando esa mayoría aplastante con la que soñaba para su fórmula del tripartito, les da un 'meneo' a sus bases acomodadas para decirles que el lobo puede venir si las fuerzas no nacionalistas «ganan un escaño más que el PNV-EA». Atención, peligro. A ver si hay que volver a retomar el consenso democrático ahora que los nacionalistas se estaban imponiendo.... Lo dicen con ese tremedismo porque están convencidos de que los vascos, vascos, de pata negra sólo deben ser los nacionalistas. Cuando profundizan más allá del guión políticamente correcto ya saben ése que se dirige a los que vivimos y trabajamos en Euskadi, eta abar, eta abar) sale la esencia del tarro.

Y a Ibarretxe se le escapó en la tele al decir que para potenciar la cultura vasca «necesitamos, también, de ustedes». Y se armó el taco. Porque la donostiarra San Gil y el vizcaíno López son tan vascos como el de Llodio. ¿A qué viene esa clasificación entre nosotros y ustedes? No lo hemos oído todo en campaña. Saldrán más fantasmas a pasear por el escenario. Alguna de las perlas del debate televisivo sigue dando de qué hablar. La de Ibarretxe, por ejemplo, diciendo a la oposición democrática que «ustedes dos hablan mal de este país». ¿Cómo van a hablar mal de sí mismos?

LA VIDA SIGUE IGUAL
FERNANDO FERNÁNDEZ ABC 7 Abril 2005

Sobre las elecciones vascas empieza a extenderse la impresión de que todo seguirá sustancialmente igual. Pero la verdad es que, a priori, lo único que permanece constante es el PP que sigue fiel a la denuncia de la falta de libertades. El mejor ejemplo son las encuestas en las que sistemáticamente sólo un cinco por ciento de la población se atreve a afirmar públicamente que vota a ese partido, cuando luego obtiene unos diez puntos porcentuales más. Impresionaban las palabras de Pilar Elías, concejal popular de Azcoitia, contando ayer en este periódico los trucos a los que tiene que recurrir para repartir propaganda escoltada y sin que la vean, mientras el asesino de su marido tiene abierta una cristalería enfrente de su casa.

Curioso sarcasmo que en esa denuncia de ausencia de democracia coincida con Batasuna. Pero dramático que todavía haya que explicar esa obviedad a muchos españoles. Porque a ningún demócrata europeo le puede extrañar que se impida la participación de partidos no anticonstitucionales, que eso es legítimo aunque equivocado y afortunadamente minoritario, sino contumaces en su voluntad explícita de romper por la violencia el marco constitucional. No sucede en ningún país europeo. Por eso tiene tan pocos visos de prosperar la campaña del PNV ante las instituciones europeas para denunciar la exclusión electoral de Batasuna. Qué lejos quedan aquellos tiempos del contubernio de Munich en que los nacionalistas vascos nutrían la corriente fundadora de Europa. Porque parecen haber olvidado que la UE ha incluido a Batasuna entre las organizaciones terroristas y que la Justicia española la considera parte de ETA. Lo que ha cambiado radicalmente es la posición del PNV, inmerso en una locura soberanista que le conduce al enfrentamiento con el Estado. Un enfrentamiento para el que un diputado más o menos no aporta gran cosa.

Ha cambiado también la posición oficial de los socialistas, si bien sus militantes sufren la misma ausencia de libertad. Pero la actual dirección ha abandonado la prioridad de desalojar a los nacionalistas del poder, lo que después de un cuarto de siglo de ocuparlo ininterrumpidamente parecería una exigencia de higiene democrática. Lo era en Cataluña, o al menos así han justificado esa extraña amalgama que es el tripartito. Hay quien piensa que la estrategia del PSE es un puro cálculo electoral; que jugar a hacer de puente sólo persigue aumentar el número de votos constitucionalistas, para evitar la mayoría absoluta. Pero a mí me parece impropio de un demócrata engañar a los ciudadanos por un puñado de votos y prefiero pensar que hay algo más noble: la convicción de que sólo pactando con el PNV se puede reconducir la situación. Pero eso exige una dosis de confianza en la lealtad constitucional del nacionalismo vasco que desgraciadamente no está avalada por la historia de la Transición. Ojalá me equivoque, pero me temo que después de las elecciones volveremos donde estábamos: al plan Ibarretxe y a la necesidad de mostrar firmeza democrática

PONGAMOS QUE HABLO DE MADRID
ÁNGEL GONZÁLEZ ABAD ABC 7 Abril 2005

MADRID está en el punto de mira de Maragall, o viceversa. «Madrid tiene la culpa de todo» sentenció el «Molt Honorable President» al finalizar el Foro de ABC en un tono entre festivo e irónico, pero que resumía una intervención plagada de guiños a la capital y capitalidad de España. Para lo bueno y para lo malo, para lo identitario y lo monetario -o al revés-, y, sobre todo, para ese medio billón de las antiguas pesetas que le hacen falta para equilibrar la balanza fiscal que se oculta -también desde Madrid- en una España en la que «hablar de dinero es pecado».

Pasqual Maragall se siente cómodo en Madrid, pero en «su» Madrid, en el que le espera y le mima; y tiene miedo del Madrid de su ausencia, ese en el que tiene que explicar «siempre lo mismo» y que en cuanto se da la vuelta le puede dar la patada. Y aquí el «President» comenzó su particular encaje de bolillos, porque hablar de solidaridad, de una España plural sin privilegios, y reconocer de inmediato que si unos se llevan más otros tendrán menos, es rizar el rizo, dar un doble salto mortal en el filo del «agravio económico».

Maragall lanzó su mensaje madrileño y anunció que lo hará también español en Valencia, en Bilbao, en Zaragoza... Necesita machacar con su idea de autogobierno y financiación, con esa adaptación a la realidad social; todo en esa reforma del Estatuto de Autonomía obsesiva en la que se ha embarcado como una hipoteca personal ante la sociedad catalana.

Curiosamente, en ese discurso no aparece Carod ni Esquerra ni los verdes de Iniciativa. Es la cara amable, la cara más madrileña de un Maragall que vive las tensiones del tripartito sólo en Cataluña. Allí se lavan mejor los trapos sucios. Allí lo del Carmelo no fue tanto y lo del tres por ciento una crisis cerrada. La transparecia por bandera -quién dijo miedo-, aunque por las orillas vayan quedando muchos claroscuros que se pierden y se blanquean en el trayecto que lleva de Barcelona a Madrid.

Nada como los productos del país
Cartas al Director ABC 7 Abril 2005

Hace bien Ibarretxe en recomendarnos a los vascos consumir productos del país. Si consigue que comamos sólo nuestros productos tendremos mucho ganado cuando el 75 por ciento de nuestra clientela, es decir, el resto de los españoles, hartos de recibir patadas en sus partes nobles por parte de Ibarretxe y sus amigos Azkárraga, Egibar, Otegi y Ternera, decidan pasar de nosotros. Y, si no, que pregunten a los bodegueros catalanes qué les pareció la campaña publicitaria del cava catalán que les hizo Rovira en Navidad. No conozco ninguna empresa que se dedique a menospreciar, insultar, extorsionar al grueso de su clientela. Así que como siga por esa línea, aunque algunos sigan comiendo kokotxas y solomillo del país, la mayoría comerá berzas, y más temprano que tarde todos nos comeremos los mocos. Eso sí, podremos brindar con cava, ahora que está barato. Edurne Zarraoa Gabikagogeaskoa. Guecho (Vizcaya).

"ESA ES LA REALIDAD DE ESTE PAÍS"
San Gil cree que Maragall ha revelado "la verdad" de Patxi López con su defensa del pacto PSE-PNV
La candidata a lehendakari por el PP, María San Gil, ha manifestado que el presidente de la Generalidad de Cataluña, Pasqual Maragall, ha revelado "la verdad" que el candidato socialista, Patxi López, "no quiere decir" sobre su preferencia por pactar con el PNV tras las elecciones. Maragall dijo que el PSE debe pactar con el PNV en vez de con el PP ya que eso "querrá decir que las elecciones han ido muy bien".
Agencias Libertad Digital 7 Abril 2005

La popular María San Gil protagonizó un acto electoral en Irún (Guipúzcoa) junto a los números dos y tres de la lista guipuzcoana, Arantza Quiroga y Borja Sémper, ambos iruneses, y aprovechó para referirse a las palabras pronunciadas esta tarde por Maragall en el foro ABC de Madrid, donde el presidente catalán expresó sus preferencias por un pacto de los socialistas con el PNV antes que con el PP.

"La verdad que no nos quiso contar el señor López al conjunto de los vascos ha tenido que venir Maragall desde Cataluña a decírnosla a todos", afirmó la candidata popular, que recordó que el presidente catalán se ha mostrado claramente favorable a un pacto postelectoral con el PNV, tal y como el PP ha sugerido durante toda la campaña electoral.

"Esa es la realidad de este país. Hay dos modelos de país, el modelo del PSE y el PNV y el modelo del cambio", agregó San Gil, que concluyó que el único "voto útil" para la alternancia política en el País Vasco es el que los ciudadanos otorguen a su candidatura. A su juicio, el voto al PSE/EE "será útil pero para los nacionalistas", ya que "vistas las declaraciones del señor Maragall" apoyar a los socialistas "es útil para el señor Ibarretxe" pero no "para el cambio".

La candidata restó crédito a las propuestas que en los últimos días ha lanzado Patxi López sobre diferentes cuestiones sectoriales, como las referidas a vivienda, educación o infraestructuras, ya que, según dijo, el aspirante socialista "no quiere dar respuesta a lo que es un clamor, que es con quién va a formar gobierno para llevarlas a cabo". Insistió en que su pretensión consiste en no hacer "un gobierno frentista, de unos contra otros", sino que apostó por "hacer entre nacionalistas y no nacionalistas una Euskadi mejor" porque la pluralidad "es una riqueza de este país".

Pese a sus críticas, la candidata popular volvió a tender la mano a los socialistas para conformar gobierno y puso como ejemplo la gestión del Ayuntamiento de Irún, donde el alcalde, José Antonio Santano (PSE/EE), "se ha negado" a pactar con el PP y "lleva tres años sin presupuestos". Como contraste se refirió a la situación de Álava, gobernada por su partido, que definió como "un modelo de convivencia y de pluralidad" y en cuyas calles, dijo, "hay menos confrontación, más pluralidad, menos complejos y menos miedo". Recordó que en Álava y en Vitoria "se gobierna de verdad", tras lo que citó como ejemplo que un tercio de las viviendas construidas en el País Vasco se han ubicado en la capital alavesa.

UA denuncia el uso del euskera por los nacionalistas como una «herramienta política»
L. M./VITORIA El Correo 7 Abril 2005

Unidad Alavesa se muestra favorable a proteger el euskera pero «sólo desde la libertad y nunca desde la imposición, desde una lógica racional y sin pisotear derechos». La candidata a lehendakari Enriqueta Benito aseguró ayer en Vitoria que «flaco favor» hacen al euskera los nacionalistas con su política lingüística. «Están colocando a mucha gente en contra del idioma», señaló.

Benito recordó que la lengua vasca sólo es utilizada de forma habitual en sus relaciones cotidianas por un 15% de los alaveses y únicamente es mayoritaria en el valle de Aramayona. Pese a todo, la líder de UA insistió en que castellano y euskera han convivido bien en Álava «hasta que los nacionalistas han empezado a utilizar la lengua como herramienta para su proyecto de construcción nacional», «discriminando los derechos educativos y la igualdad de oportunidades» en el acceso al trabajo en la Administración.

Mientras Benito denunciaba el éxodo de 4.000 profesores en los últimos veinte años, el dirigente de UA Ernesto Ladrón de Guevara criticó a PP y PSOE por su «incapacidad» para consensuar en el Congreso un texto en favor de los derechos laborales de los 157 docentes encerrados en Bilbao cuyos puestos corren peligro por no acreditar perfil de euskera.

El lío está armado
AL INTRODUCIR el criterio del déficit fiscal en la financiación autonómica, PSC y PSOE manifiestan posiciones contrapuestas
FRANCESC DE CARRERAS La Vanguardia  7 Abril 2005

Los partidos que integran el actual Govern se han puesto, finalmente, de acuerdo en que el proyecto de Estatut incluya un nuevo sistema de financiación de la Generalitat. El modelo elegido -como ayer destacaba este
periódico- es muy similar al concierto vasco y navarro, basado en los derechos históricos de estas comunidades que la Constitución reconoce, como excepción, en la disposición adicional primera.

Esta propuesta coincide sustancialmente con la que había ya formulado reiteradamente CiU, lo cual hace prever un fácil acuerdo de todos los partidos, probablemente a excepción del PP, en la ponencia parlamentaria que
reforma el Estatut. Todo ello con un matiz del que no hace falta destacar su importancia: también, previsiblemente, con el desacuerdo del PSOE. No sabemos hacia dónde pretenden ir Maragall y el PSC. Pero el choque de trenes
con los socialistas del resto de España es cada vez más visible. Cómo acabará todo ello es muy difícil de predecir, pero el acuerdo de anteayer marca un punto de inf lexión entre el PSC y el PSOE que tiene una complicada marcha atrás.

Las razones de la nueva posición del PSC, sin embargo, no están claras. ¿Se trata de una repentina fuga hacia delante de Maragall tras el desprestigio acumulado en los últimos meses por sus reiterados desprópositos? ¿Se trata de una imposición irrevocable de ERC, que siempre ha defendido una fórmula semejante? ¿Es una estrategia premeditada del PSC para librarse definitivamente de la tutela del PSOE aprovechando la debilidad parlamentaria del Gobierno Zapatero? ¿O bien se trata de simple ignorancia, imprudencia o irresponsabilidad? Todo puede ser, así como también una mezcla de todas estas razones, junto con otras más tácticas, como es complacer momentáneamente a ERC para tenerla entretenida (y engañada) con el objetivo de que se comprometa definitivamente a dar apoyo parlamentario en Madrid a Zapatero para el resto de la legislatura. En todo caso, a menos que sea sea
esta última la verdadera razón, en la Moncloa, en Ferraz, y entre los socialistas del resto de España, imagino que se habrán encendido todas las alarmas.

Lo cierto es que la posición del PSC es nueva y entra en clara contradicción no sólo con las mínimas ideas igualitarias que son exigibles a un partido que se denomina socialista, sino con lo que el mismo PSC ha venido
manteniendo hasta ahora y con las posiciones que sigue sosteniendo el PSOE.
Desde el punto de vista igualitario sólo cabe decir que una posición de tal naturaleza se inspira en los mismos principios que dieron lugar al nacimiento de la Liga Norte italiana, el partido aliado de Berlusconi. Que los socialistas catalanes (y también, por supuesto, IC) se inclinen hacia tales posiciones sólo se explica por su indudable deriva nacionalista, fuertemente arraigada en el sector maragallista del partido y no frenada por
un sector montillista silencioso, bien por simple ignorancia o porque su ideología no tiene otro objetivo que la pura conservación de su poder en los ámbitos municipales en los que están confinados.

Pero también es extraño el cambio de posición del PSC. Aunque la sorpresa sólo es relativa después de que un comité de expertos determinara hace un par de meses el exacto déficit fiscal de Catalunya, con un criterio, por
cierto, que el conseller Castells consideró indiscutible. Hasta hace muy poco tiempo el president Maragall venía siempre repitiendo que su modelo de financiación se basaba en el criterio de pagar por renta y recibir por
población. Tanto era así, que el presidente Chaves (presidente por partida doble, del PSOE y de Andalucía) declaraba el pasado domingo en La Vanguardia que éste era su criterio y que éste seguía siendo también el criterio de Maragall.

Sin embargo, en el mismo día, el imprevisible presidente de la Generalitat declaraba en El País que su posición ya no era ésta: "La fórmula que defendemos -decía- es un nivel de servicios similar para un esfuerzo fiscal similar". Se había introducido, pues, la variable del déficit fiscal: las comunidades que más tributen deben tener mejores servicios. El plato de la insolidaridad -más exactamente, del incumplimiento del principio de "asignación equitativa de los recursos públicos", como explicaba en un luminoso artículo el siempre lúcido profesor José Luis Sureda (Reaparece el fantasma de las balanzas fiscales, El País, 26/II/2005)- estaba servido.

En el fundamento del criterio basado en el déficit fiscal hay un error teórico flagrante: quienes tributan no son los territorios sino las personas, sean éstas físicas o jurídicas. La solidaridad, pues, debe ser entre ciudadanos, no entre territorios. Además, la misma expresión "cuota de solidaridad", que pretende establecer la Generalitat unilateralmente, es ofensiva para alguien con conciencia de igualdad social: recuerda demasiado a las conservadoras antiguas formas de la caridad cristiana o las actuales del capitalismo compasivo que predica Georges W. Bush. Por su parte, en las citadas declaraciones a La Vanguardia, Manuel Chaves sostenía que un sistema basado en tales criterios es inaceptable por ser "injusto e imposible", lo cual da la medida de los desacuerdos entre PSC y PSOE.

En fin, el lío está armado. No es el primero que últimamente plantean Maragall y el PSC al PSOE. Seguramente habrá más. Pero quizás es el momento en que deba intervenir Zapatero, según todas las encuestas el dirigente
socialista con más prestigio en Catalunya.

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB

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