AGLI

Recortes de Prensa     Martes 12 Abril 2005
Centrifugándonos
Carlos ROBLES PIQUER La Razón 12 Abril 2005

COMO SI TODO FUERA NORMAL
M. MARTÍN FERRAND ABC  12 Abril 2005

Los dineros del PNB
EL SUBMARINO La Razón 12 Abril 2005

QUE EL VIENTO SOPLE SOBRE ESPAÑA
César Alonso DE LOS RÍOS ABC 12 Abril 2005

EL TRIPARTITO VASCO
Jaime CAMPMANY ABC  12 Abril 2005

La extraña campaña electoral vasca
Pablo Sebastián Estrella Digital  12 Abril 2005

La tostada huele a chamusquina
Ignacio Villa Libertad Digital 12 Abril 2005

EL INMOVILISMO
Edurne Uriarte ABC  12 Abril 2005

Aniversarios, comicios y nihilismo político vasco
DANIEL REBOREDO  El Correo 12 Abril 2005

¿Más o mejor
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 12 Abril 2005

Perfil de lehendakari
JOSÉ MARÍA MUGURUZA El Correo 12 Abril 2005

Bellas palabras, que ya no engañan...
Cartas al Director ABC 12 Abril 2005

Los exiliados vascos rompen la ley del silencio
Pilar Rodríguez La Razón 12 Abril 2005

El PSdeG acepta la postura de Francisco Vázquez y respalda el doble topónimo coruñés
P.V. / A Coruña El Ideal Gallego 12 Abril 2005

CON LOS DE UCE
Iñaki EZKERRA La Razón  12 Abril 2005

Centrifugándonos
Carlos ROBLES PIQUER La Razón 12 Abril 2005

Desde el desacuerdo ideológico, reconozcamos que Don Felipe González Márquez se ha comportado a menudo como un hombre de Estado. Si los adversarios no suelen alabárselo, mucho más ominoso es el silencio de sus amigos políticos y sus portavoces habituales ante una reciente y clara advertencia suya: la de que España está siendo centrifugada. O sea: que el poder es transferido a las periferias autonómicas y cada día es más débil y escaso aquel que permanece en las manos de la Administración Central del Estado que es la que encarna la necesaria, la imprescindible unidad de la Nación. Y no es sólo que algunos lidercillos vascos o catalanes breguen por sus utópicos Estaditos o sus imaginarias Republiquitas, sino que Don José Luis Rodríguez Zapatero, su sucesor político, sigue centrifugando para ganarle unos votos al vasco López. Ahora ofrece un nuevo Estatuto con más concesiones todavía, aunque parezca imposible. Pero no se digna visitar a los profesores que pueden perder su puesto de trabajo porque no dominan la lengua hablada, mejor o peor, por la minoría de los vascos.

COMO SI TODO FUERA NORMAL
Por M. MARTÍN FERRAND ABC  12 Abril 2005

CUENTAN las crónicas que, en los mítines del Partido Comunista de las Tierras Vascas, el sucedáneo de Batasuna para las próximas autonómicas del País Vasco, resuenan los ritmos de la txalaparta. Eso acredita la segunda mitad del largo rótulo de la sobrevenida formación, pero contradice, por lo que cabría exigirle de internacional, la parte primera y, se supone, más sustantiva. Claro que, desde Sabino Arana a nuestros días, no es fácil encontrar torrentes de coherencia a las conductas vascas, ni por la derecha ni por la izquierda.

Un territorio en el que, para empezar, se tiene por bandera común la ikurriña con la cruz de San Andrés, que es emblema específico de uno de los partidos, ni siquiera mayoritario, del muestrario político es todo un aviso de que las costumbres, incluida la de la fuerza de la gravedad, no obedecen a lo generalmente aceptado y establecido y, en consecuencia, no resulta descartable que, en cualquier momento y por cualquier razón, los cuerpos tiendan a caer hacia arriba, hacia las nubes, y no necesariamente hacia abajo, hacia el suelo, como es costumbre generalizada en todo el mundo.

En el País Vasco, una de las diecisiete porciones de autogobierno en que se divide el Estado español, no se dan las condiciones de paz y sosiego, de seguridad ciudadana y de certeza jurídica que, además de ser comunes en las otras dieciséis, marcan los supuestos mínimos que permiten valorar unas elecciones como democráticas; pero eso no parece inmutar a los candidatos, independientemente de cuáles sean sus posiciones de partida. Los «españolistas», por ejemplo, corren riesgos que, dramatizados por los antecedentes, exigen cautelas y precauciones presentes; pero nadie, ni ellos mismos, quiere señalar la anomalía de un acuerdo tácito de jugar a una normalidad inexistente.

Las cuentas de las elecciones autonómicas vascas, amparadas en el marco establecido por la Constitución y en el ámbito del Estatuto de Gernika, se hacen, más o menos desde la mitad de los electores, contra la Constitución y el Estatuto. Es otra de las insólitas características que brotan del territorio en el que, para mayor singularidad y rareza, la otra mitad, la de las fuerzas constitucionalistas -«españolistas»-, se dedican a zurrarse entre sí, lejos de coordinar esfuerzos para la defensa de los supuestos políticos, bastantes, que tienen en común y que, con la bandera de España en la mano, les distancia del separatismo más o menos rampante al que deben oponerse por razones de ideología y motivos de responsabilidad nacional. Así viene siendo desde hace un cuarto de siglo, desde que la democracia volvió a anidar en el solar español. Por lo que se ve y tristemente se comprueba, con más fuerza en unos territorios que en otros. Así seguirá siendo en el País Vasco mientras que la alternancia en el poder no genere los mágicos efectos que siempre la acompañan.

Los dineros del PNB
EL SUBMARINO La Razón 12 Abril 2005

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos decidirá próximamente si da la razón al Estado francés o al Partido Nacionalista Vasco (PNB, hermano del PNV español) en un contencioso por la presunta financiación «irregular» de este partido por el PNV español. La demanda fue cursada después de que la Comisión Nacional de Cuentas de las Campañas y Financiaciones Políticas y el Consejo de Estado francés rechazaran la posibilidad de que este grupo político se financiara con fondos de un partido «de otro país», el PNV español. Con humildad, sin cuestionar el estado centralista y jacobino, el PNB aprobó en 1996 unos estatutos en los que se constituía como «organización regional» en las tres provincias francesas y adoptaba la «ideología nacional» del PNV, al tiempo que recordaba que este último es un partido español y que su objeto es promover el nacionalismo vasco. El Consejo de Estado galo rechazó la financiación en 2000, porque «ninguna asociación ni mandatario financiero de un partido pueden recibir directa o indirectamente contribuciones o ayudas materiales de un estado extranjero o de una persona jurídica de derecho extranjero». La españolidad financiera del PNB lleva camino de cortarle las alas al nacionalismo vasco en el vecino país. En Sabin Etxea dicen que es una persecución ideológica de los franceses. Se ve que el victimismo es transnacional.

QUE EL VIENTO SOPLE SOBRE ESPAÑA
Por César Alonso DE LOS RÍOS ABC 12 Abril 2005

EL cronista ha echado de menos estos días el recuerdo de las condenas, que hizo el Papa Juan Pablo II sin ningún tipo de ambigüedad, de los nacionalismos vascos y, muy concretamente, del PNV, especialmente doloroso para él por tratarse de un movimiento católico.

La coincidencia de la muerte del Papa y la campaña electoral en el País Vasco debería haber hecho obligatoria la presencia del pensamiento del Papa en este campo. No sé si se habrá recordado en los mítines o en los medios, aunque desde luego no de forma suficientemente eficaz. Sí he podido leer, en cambio, en la crónica de un diario madrileño, alusiones irónicas a la idea de nación que tenía el Papa y a su patriotismo como polaco. Eran las reflexiones de un «progre», es decir, las de un pobre hombre, un indocumentado audaz, que no sabía distinguir entre la «nación» de ciudadanos -la democrática- y la idea de nación con la que se justifica el racismo, la persecución, esa entelequia a partir de la cual se privilegia una parte de la sociedad (la comunidad euskaldún en el caso del País Vasco) y se desprecia el «resto»; esa idea de nación que lleva a hacer coincidir en los fines y con frecuencia en la acción política al PNV y EA con ETA. Es decir, con los terroristas. La idea de nación del ciudadano Wojtyla, del cardenal Wojtyla, del Papa Juan Pablo II, no tenía nada que ver con la que tienen obispos vascos como Setién. El patriotismo de Wojtyla le llevó a enfrentarse con el nazismo primero y con el comunismo después, mientras el abertzalismo de los peneuvistas y etarras les lleva a enfrentarse con la democracia y a perseguir y matar demócratas.

HE recordado muchas veces en esta columna la idea válida y necesaria de nación frente a la perversa de los nacionalistas, pero nunca lo había hecho al hilo del pensamiento del Papa y de su experiencia en Polonia -la propia de un resistente-. Para él la idea de nación tenía un sentido «liberador» y, por tanto, absolutamente contraria a la que tienen los nacionalistas vascos -incluidos sacerdotes como Setién- ya que parte de concepciones totalitarias y conduce a un sistema totalitario. Dicho claramente: el patriotismo de María San Gil es el mismo que tuvo Wojtyla. Con una desventaja para esta: está abandonada por su Iglesia. En cambio los que pactan con ETA, es decir, con los criminales, es decir, el PNV y EA, han contado siempre con la cobertura moral, y a veces incluso física, de su propia jerarquía vasca. Es lógico que los obispos y los movimientos nacionalistas abertzales estén en un espíritu contrario al de Juan Pablo II.

SABEMOS que los creyentes tienen a hacer interpretaciones laxas de la doctrina de la Iglesia y, concretamente, de las directrices del Papa. Es humano. Está en el orden de las cosas. Pero en el caso vasco no se trata de la distancia entre el ser y el deber ser, sino en el de la negación. Lo que ha ocurrido en las relaciones entre el PNV y el Vaticano ha sido -es- escandaloso. El racismo del PNV, sus fuertes relaciones con ETA (hasta llegar al «pacto») le han convertido en condenable a los ojos del Papa al tiempo que los españoles democráticos, incluidos los creyentes, han sido sistemáticamente arrojados del templo. Desde luego, no queridos.

A la vista de todo esto, a este cronista le gustaría que fuera elegido un Papa que siguiera manteniendo la crítica de los nacionalismos racistas en la línea de Juan Pablo II. ¿Por qué no, por ejemplo, el cardenal Rouco Varela, que para el semanario francés «Le Nouvel Observateus» figura en la lista en la lista de los papables, junto al hondureño Madariaga, el nigeriano Arinze, el brasileño Hummes, el argentino Bergoglio...?

EL TRIPARTITO VASCO
Por Jaime CAMPMANY ABC  12 Abril 2005

HA dicho José María Aznar que el PNV camina derechamente hacia la secesión del País Vasco. Por si a mí me cupiera todavía alguna duda acerca de este desgraciado suceso político, estoy empezando a leer, recién llegado a mis manos, el libro «Contra la secesión vasca», de José Antonio Zarzalejos, mi director antes y mi amigo siempre. El PNV avanza por el camino de la secesión de la mano de dos personajes que se han revelado funestos para Vasconia y para España: Arzalluz e Ibarreche. Tengo dicho y repetido desde la aparición de Ibarreche en la primera fila de la política vasca el retrato que de este curioso personaje me hizo una persona que lo conoce bien. «Mira, Ibarreche es una buena persona, inteligente y capaz. Lo que sucede es que no es español».

No sé si alguna vez el PNV se empeñó más tercamente que ahora en forzar la separación de España. Tal vez en los tiempos desquiciados de las vísperas de la Guerra Civil fue así, no sé. Pero ese de la separación sería un proyecto tan descabellado como inviable si no fuera porque el socialista Rodríguez Zapatero ha decidido apoyar sus insuficiencias parlamentarias en los partidos separatistas. Así nació el pacto con Esquerra Republicana y con los comunistas para formar el tripartito catalán y gobernar en Cataluña y en España. Y así se está preparando el tripartito vasco con el PNV y con el comunismo de allí, ya incorporado al nacionalismo radical.

Patxi López (tiene gracia y perendengues la conjunción de nombre y apellido) hará un papel menos brillante que el desempeñado por el socialista catalán, porque quedará previsiblemente en minoría dentro del tripartito secesionista. Será un Maragall en plan «gregario» o haciendo de rodrigón para caminar a pie al lado de la presidencia. La operación de la alianza con los peneuvistas no es nueva. Surgió ya en los gobiernos de Felipe González, aunque entonces el empujón al separatismo se encontraba en estado embrionario: atentados etarras, exterminación o exilio de enemigos y trabajo educativo en las ikastolas. Pero cuando los socialistas licenciaron a Nicolás Redondo Terreros ya se entrevía adónde querían ir a parar. Patxi López entregará ahora el socialismo al extranjero Ibarreche por el bíblico plato de lentejas.

Dice el refrán que al tonto se le conoce pronto, y Zapatero ni siquiera se hace el tonto, sino que irrumpe en escena con sus disparates por delante. Pero en el caso de que Zapatero no tenga lo de Salomón, que no lo tiene, sí que tiene ideas, y eso es lo que le hace peligroso. Un desavisado con ideas y con poder es una catástrofe en acción. Ya se sabe que al tonto no se le puede dar ni una tiza, porque se carga la lógica, la gramática y el alfabeto. El presidente que nos ocupa ya ha hecho el tripartito catalán, y ya ha organizado allí la marimorena. Ahora va por el tripartito vasco, y seguramente seguirá por el tripartito gallego.

Y además, hay alguna señal apocalíptica. Ya se sabe lo que dice la Biblia acerca del número 6 repetido tres veces: el terrible 666. Bueno, pues el PP ya está a 6 puntos del PSOE y el Real Madrid a otros 6 del Barça. Y 6 son las ministras de cuota. Que Dios nos valga.

La extraña campaña electoral vasca
Pablo Sebastián Estrella Digital  12 Abril 2005

Las elecciones autonómicas del País Vasco discurren en medio de una cierta apatía entre los electores vascos (ya veremos qué porcentaje de participación ofrece) y el desinterés del resto de los españoles, por más que los dirigentes políticos vascos y los líderes nacionales aparezcan en los medios de comunicación con cierta frecuencia y como consecuencia de la campaña vasca, en la que no hay más novedad que el debate abierto en torno a la llamada segunda “lista blanca” electoral de Batasuna, que está relacionada con la candidatura del Partido Comunista de las Tierras Vascas, para la que los dirigentes “batasunos” han pedido el voto días atrás.

Un debate éste bastante hipócrita y ficticio porque la coalición PNV/EA, que defiende la presencia de Batasuna en la campaña electoral, está indignada con su inesperada y a la vez sorprendente aparición tras la citada segunda “lista blanca”. Porque esta lista puede impedir que Ibarretxe consiga mayoría absoluta sin el concurso de Batasuna para así relanzar su plan de nuevo Estatuto soberanista y presumir que, esta vez, no necesita de los votos del entorno de ETA como cuando el pasado 30 de diciembre los diputados de Batasuna aprobaron el Plan Ibarretxe en el Parlamento de Vitoria.

De esa manera, los partidos constitucionales y españolistas, PSOE y PP, saldrían ambos beneficiados, por más que uno y otro se echen en cara la no ilegalización de la segunda lista de Batasuna que tanto les conviene porque le quita a Ibarretxe una muy probable mayoría absoluta. El PSOE de Patxi López pone menos énfasis en el discurso de la ilegalización in extremis de la lista de los comunistas de las Tierras Vascas, mientras María San Gil, del PP, ha convertido este asunto y el Plan Ibarretxe en arma arrojadiza de su campaña electoral contra el PNV y el PSOE.

Una campaña bastante mala en lo que a mensajes esperanzadores y movilizadores del electorado se refiere. El PNV es, a fin de cuentas, el que tiene una oferta clara para su electorado nacionalista: el referéndum sobre el plan del lehendakari y el forzar una negociación con el Gobierno de Madrid, a pesar que el famoso Plan Ibarretxe ya ha sido rechazado por el Congreso de los Diputados. El lehendakari, por su parte, se apoya en su plan y en el velado discurso de la independencia, pero no dice la verdad ni explica a los vascos que su aquél está en un callejón sin salida y no sirve para nada, salvo que se quiera utilizar para buscar un enfrentamiento civil y la ruptura del marco legal con la convocatoria de un referéndum ilegal.

En ese sentido Ibarretxe tendrá dificultades para seguir su camino si su coalición con el PNV y EA no obtiene mayoría absoluta y al final debe apoyarse en IU de Euskadi e incluso en la nueva y disfrazada lista de Batasuna. Aunque el PNV tendría también la oportunidad de pactar el gobierno con el PSOE, pero ello le obligaría a Ibarretxe a la retirada de su conflictivo plan, para negociar otra reforma como la que ha prometido el presidente Zapatero, no sin temeridad, anunciando un referéndum para dos años.

El PSOE, en estas elecciones y en contra de lo ocurrido en el 2001, ha querido tomar distancias del PP, ir por su cuenta y no descarta el pacto con el PNV, a la vez que hace la vista gorda sobre la llamada segunda “lista blanca” de Batasuna. El discurso de los socialistas, como el del PP, está anclado en términos muy negativos frente al Gobierno de Ibarretxe, del que no ven nada positivo, lo que contrasta —y beneficia al PNV— con una buena situación económica y social en Euskadi, así como con una mejora clara de la lucha contra ETA —por los éxitos policiales del Estado— y contra la lucha callejera del entorno de ETA, que disminuyó de manera sensible al endurecerse el Código Penal.

Más crítico con el nacionalismo y negativo en general es el discurso del PP, también crítico con el PSOE, con el argumento del terrorismo y la defensa de las víctimas de ETA en todos sus discursos, para presentarse los populares como los más españolistas en la búsqueda del voto constitucional, a ver si con ello evitan que el PSOE pase a ser el segundo partido vasco en menoscabo del PP.

Y no es que no le falten motivos al PP y al PSOE para denunciar al nacionalismo, pero andan escasos de un discurso de ilusión y un proyecto positivo ante un electorado que ha perdido su capacidad de asombro y que, entre otras cosas, lo que busca es continuar con la buena racha económica y social, aunque seguramente también les gustaría el fin de la violencia y una situación política estable y dotada de normalidad.

La tostada huele a chamusquina
Ignacio Villa Libertad Digital 12 Abril 2005

¿Qué tiene que esconder el Gobierno? ¿Cuál es la razón de tanta duda y de tan poca concreción? Son ya muchos los días en los que el Ejecutivo Zapatero ha preferido mirar hacia otra parte. Parece que el Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV) no va con ellos, y la realidad es que todo tiene un lamentable aspecto de pacto bajo cuerda.

A estas alturas parece que el gran logro democrático de la próxima legislatura en el parlamento de Vitoria va a saltar por los aires. La única realidad que parecía clara y reconfortante era que la nueva legislatura que iba a salir de las urnas del 17 de abril no daría cobijo a los terroristas en los escaños parlamentarios. Esa era la idea que todos los demócratas acariciábamos después de la puesta en marcha de la Ley de partidos y de la ilegalización de Batasuna y aledaños.

Esa era la ilusión, que por momentos está llamada a ser un auténtico fracaso. Visto lo visto. Y escuchado a este Gobierno que está lampando entre la nada y la nada; todo indica que el PCTV puede aterrizar en el Parlamento vasco como careta real de los terroristas etarras.

Sí esto ocurre así, que nadie se engañe: el culpable de esa negligencia se llama Rodríguez Zapatero. El presidente del Gobierno y los ministros responsables han actuado con una blandura inexpugnable, sabiendo que detrás de esas siglas (PCTV) había terrorismo puro y duro. La actitud que ha mantenido Zapatero en esta cuestión no es de recibo. Es más, tritura el Pacto Antiterrorista y abre un interrogante sobre el incumplimiento del Gobierno de la legislación dispuesta en la Ley de Partidos.

Zapatero no sólo está actuando de forma irresponsable. Mucho más. Zapatero está buscando un rédito político de puro conchabeo, pero cuidado, no con los nacionalistas; el conchabeo es con el entorno de los terroristas de Batasuna. El Gobierno lleva mucho tiempo "mareando una perdiz" incendiaria y peligrosa con la esperanza de que unos buenos resultados electorales ocultaran esos trapicheos. El problema para Zapatero es que con unos resultados mediocres para los socialistas vascos –como sugieren las encuestas– se le va a ver las intenciones con demasiada claridad. Y quién calcula con los terroristas se termina quemando. Y está vez la "tostada" huele a chamusquina.

EL INMOVILISMO
Edurne Uriarte ABC  12 Abril 2005

LAS palabras más manipuladas, degradadas y engañosas de la política vasca son las de diálogo y paz; hasta se han convertido en mensajes de cabecera de los propios terroristas... Pero añado otra que tergiversa perversamente la situación del País Vasco: el inmovilismo, un concepto que, lamentablemente, ha sido adoptado por Patxi López y Zapatero para descalificar las propuestas del PP.

En realidad, la acusación socialista de inmovilismo elimina a corto y medio plazo las posibilidades de cambio en el País Vasco. Y a largo plazo, quizá sea tarde, para el País Vasco y para España. Y el tono dramático no es una licencia literaria; refleja la percepción de muchos vascos constitucionalistas y el ánimo con el que afrontan las elecciones del domingo y el futuro.

Si el PSE sentencia que la defensa del Estatuto y la Constitución frente al soberanismo y la formación de un gobierno no nacionalista en el País Vasco son inmovilistas, la esperanza de cambio y, por lo tanto, de normalización política, se ha esfumado. Y no me refiero en este caso al terrorismo, no sólo porque confío en que la eficacia policial acabará con él, independientemente de la pasividad nacionalista, sino porque, más allá del terrorismo, hay otro problema de normalización democrática que la tesis del inmovilismo soslaya completamente.

Porque la perpetuación de los nacionalistas vascos en el poder tiene poco que ver con la repetición de los triunfos electorales que es propia del juego democrático y que se da en bastantes lugares. La peculiaridad vasca es que se ha acompañado de una deslegitimación de la mitad que aspira a gobernar y de la creencia del derecho nacionalista preferente al poder. Por eso la normalización democrática sólo se producirá cuando se admita la legitimidad de la alternancia. El problema del País Vasco no es el antinacionalismo, que existe pero es minoritario, sino el antiespañolismo que está enormemente extendido entre los nacionalistas. El antinacionalismo se superó en la transición, pero el antiespañolismo de ha adueñado del País Vasco desde entonces. Lo novedoso no es que Patxi López lleve una ikurriña en la solapa al debate de ETB; lo novedoso, lo revolucionario, sería que osara colocarse la bandera nacional que es la expulsada del espacio político vasco.

Pero la alternativa socialista del gobierno transversal y del nuevo Estatuto que propugnaba Zapatero en su entrevista en El Correo el sábado tan sólo aspira al reconocimiento nacionalista del derecho a llevar la ikurriña. Persiste en el mensaje de que un gobierno constitucionalista es agresivo, y, además, ignora completamente la radicalización y el soberanismo en el que se han embarcado los nacionalistas.

Parece que Zapatero hubiera viajado treinta años atrás para rescatar el concepto de inmovilismo de entonces, como si no hubiera habido Constitución, estatuto, un inmenso poder nacionalista, cientos de asesinatos, deslegitimación de España, Lizarra, Plan Ibarretxe... como si nada hubiera pasado.

Aniversarios, comicios y nihilismo político vasco
DANIEL REBOREDO /HISTORIADOR El Correo 12 Abril 2005

Acabamos de celebrar el vigésimo quinto aniversario de la constitución del Parlamento vasco y vamos a conmemorar, a partir de mayo, el veinticinco aniversario de la designación de Vitoria como capital administrativa de la Comunidad Autónoma Vasca (23 de mayo de 1980). Treinta y cinco días antes, el 19 de abril, todas las capitales de España reivindicarán la importancia de la autonomía local votando la 'Carta de Vitoria' que se pactó durante los actos celebrados en noviembre en la capital alavesa. Estamos en época de efemérides, ya que a los actos anteriores debemos añadir la reforma de las haciendas locales que quiere hacer el Gobierno Zapatero (descentralización de fondos y competencias de las autonomías a los municipios) y las, siempre importantes, elecciones vascas del 17 de abril. Todos estos actos positivos están vinculados, en su justa medida, al régimen democrático que nos ampara y que ha permitido la existencia de la autonomía vasca. Nos encontramos estos días de abril, una vez más, en período preelectoral y debemos elegir entre las opciones que se nos presentan. Pero ¿qué clase política encarna estas opciones? ¿Es diferente de la española y de los otros países democráticos? ¿Hasta qué punto fomenta el desinterés ciudadano por la democracia como sistema político?

La sociedad vasca actual parece encontrarse en un callejón sin salida, ya que mientras se suceden los diferentes gobiernos democráticos elegidos por los ciudadanos va aumentando la disconformidad de éstos con los mismos. La paradoja de una democracia formal, donde parece que elegimos entre opciones diversas pero donde finalmente siempre gobierna el mismo poder, nos llena de impotencia. Y en una sociedad que nos enseña que nuestros derechos terminan donde comienzan los derechos de los demás, empezamos a ver crecer y crecer los derechos de los poderosos, de los que no respetan las reglas del juego, de los oportunistas, mientras que los derechos ciudadanos se reducen peligrosamente.

Al hilo de esta reflexión, nos preguntamos qué habría ocurrido en el País Vasco sin las cartas marcadas de la desigualdad de oportunidades y sin la sangría representada por el exilio constante, callado, silencioso y clandestino que desde hace un cuarto de siglo se está produciendo. Probablemente los resultados electorales habrían sido diferentes. Cuando se plantean debates como el generado por la ilegalización de Aukera Guztiak y la existencia del Partido Comunista de las Tierras Vascas, cabe preguntarse por qué la ciudadanía ha aceptado durante sucesivas elecciones la utilización de trampas, la inexistencia de condiciones democráticas y el miedo a la libre expresión de un alto porcentaje de la población vasca. ¿Será porque el papel de víctimas ya está monopolizado? ¿Será porque nos dominan la comodidad, el miedo y el nihilismo personal e ideológico?

¿Son nuestro políticos nihilistas?¿En caso de serlo, lo son por convencimiento o por otros motivos? El nihilismo es la destrucción de la filosofía, la negación del idealismo, la negación de la mitología, la destrucción de la perplejidad y de los déspotas que monopolizan la confusión. Nuestros políticos se comportan ya como verdaderos nihilistas, aunque lo que les lleva a ello es el egoísmo, la ignorancia, la estulticia y la amoralidad de muchos de sus planteamientos, actitudes y manifestaciones. El País Vasco es un claro ejemplo de esta afirmación, ya que se ha llegado a la mayor perversión humana, la aniquilación del otro, e incluso se justifica este acto inhumano bajo diferentes prismas a la par que se le saca rendimiento permanente en una vorágine que definimos en este mismo periódico como 'el negocio que no cesa'.

La clase política suele tener una respuesta, pero no cualquier respuesta, sino la única respuesta. No deja de sorprendernos el número de personas que tienen el monopolio oficialmente autorizado de la verdad. La mente humana crea éticas, códigos morales, reglas por las cuales morir, excusas y justificaciones para los acontecimientos más triviales. Algunos van tan lejos que hasta se apropian de eventos que suceden al azar y los manipulan apropiándoselos. Esto se debe a que el nihilismo ha dejado sentir sus efectos en un abanico social creciente, que no afecta exclusivamente a un sistema político moderno en particular. Más bien los transita a todos, aunque sus expresiones sean diversas en cada uno. Recorre Occidente desde tiempos remotos, aunque parece estallar con toda su fuerza en la modernidad tardía y en lo que se denomina posmodernidad. La realidad aparece sin fundamento, arbitraria; la condición humana se percibe huérfana y la nada se asoma tras la citada realidad.

Los ciudadanos, frente a este nihilismo destructor, debemos reivindicar la utopía como antítesis de cualquiera de sus formas. Utopía sostenida por el deseo, la esperanza y el anhelo, que permita incluir a intelectuales y a marginales, a políticos sensatos y a iluminados, a ciudadanos motivados y conscientes y a abúlicos participantes de los ritos democráticos. En los tiempos que corren, la formulación utópica no domina el auge del nihilismo, pero goza de buena salud en medio de este caos ideológico y carente de valores que nos rodea. ¿Será capaz el nuevo utopismo de cuidarse de no eternizar sus sueños? ¿Podrá el impulso utópico evadir el anquilosamiento y la tentación de institucionalizarse en el poder? En el País Vasco necesitamos una rebelión sin violencia, una rebelión organizada y con inteligencia, una rebelión donde la fuerza esté en el espíritu de los que luchan por una causa justa, una rebelión que utilice las metodologías de lucha de la no violencia activa para cambiar el rumbo de las cosas. Y cambiar el rumbo significa empezar a luchar contra el poder real, poder mal utilizado, ya sea político o económico; contra los planteamientos mesiánicos y excluyentes, contra los intereses bastardos; contra la clase política que los consiente y contra todo aquello que socava los cimientos de una democracia que, con sus valores y carencias, evitará que caigamos en el nihilismo de una clase política que no representa a su ciudadanía.

Sólo han pasado unos años desde el conflicto bélico que desmembró Yugoslavia. En el País Vasco seguimos jugando con el fuego destructor del enfrentamiento. Nuestra clase política no ha aprendido nada de estos lamentables hechos de la historia europea reciente. A pesar de ello, no debemos dejar que nos dominen las pasiones desenfrenadas y los intereses destructivos. En los actuales debates sobre multiculturalidad, nacionalismo, pluralismo e identidades sobra exaltación y demagogia y falta razón serena y reflexiva. Los nacionalismos y los fundamentalismos religiosos, étnicos, ideológicos y culturales tienden a menospreciar la inteligencia y el debate racional y a potenciar fuerzas ciegas e incontrolables de índole pasional. Los impulsos y deseos de aniquilación física del adversario, que algunos no sólo no saben reprimir sino que alardean de ellos, resultan siempre suicidas. Malos tiempos para la racionalidad política.

La mala práctica política (recordemos como botón de muestra el reciente vídeo 'Tras la masacre' de la FAES sobre el 11-M) acaba con la institucionalidad de los partidos y reduce la cultura política a un nihilismo político. Quizá sea hora de manifestar que políticamente no tenemos un proyecto de país (ya que no lo defendemos) y que, por ello, somos una vergüenza. A pesar de ello, no caigamos cobardemente en el nihilismo y la desesperanza. Siempre nos quedarán los valores del modelo republicano de Estado y la ciudadanía, siempre nos quedará la utopía regeneradora, siempre podremos soñar con la ausencia de los miserables.

¿Más o mejor?
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 12 Abril 2005

Una de las consejas más repetidas por el candidato nacionalista es que más autogobierno equivale a más bienestar. Ibarretxe, que es economista, debe de creer que las ciencias sociales, como la economía, se rigen por principios tan perdurables como los que informan las ciencias puras, como la física o las matemáticas. De ahí que él establezca su ecuación, autonomía igual a bienestar, y sea difícil sacarle de esa obstinación.

Y no. Lo más y lo mejor, lo máximo y lo óptimo, no son forzosamente sinónimos. Un suponer, cuando las cárceles catalanas eran competencia de 'Madrid' se escapaban muchos menos presos peligrosos. Salvo que la seguridad ciudadana ya no sea uno de los objetivos principales de la política carcelaria, que todo puede ser. Pero la satisfacción de los ciudadanos no tiene por qué ser el único móvil de la acción gubernamental, ya lo decía Azkarraga al presentar un informe sobre la Seguridad Social que el Gobierno ocultó a la opinión pública durante año y medio: «El Ejecutivo está dispuesto a asumir incluso aquello que pueda ser negativo en términos económicos para el País Vasco».

El director del Instituto de Estudios Económicos, Juan Iranzo, presentó ayer ante un centenar de empresarios un estudio de Julio Alcaide sobre la evolución de la economía vasca durante los últimos cincuenta años. Alcaide era ya un clásico de la estadística económica cuando Ibarretxe hacía palotes con el manual de Basil Potter en primero de Económicas. Con un impecable aparato estadístico, Alcaide concluye que la economía vasca ha perdido peso en relación con la española desde 1975. La productividad es relativamente menor, pero como también hemos perdido población, tocamos a más en la renta familiar disponible, que es el dato al que se agarra el lehendakari. Perdemos potencial de crecimiento y estamos siendo superados por las comunidades y provincias limítrofes: Navarra, La Rioja, Burgos y Cantabria. Y ahora nos toca la incertidumbre del plan.

Ibarretxe se hace una pregunta retórica para explicar la pertinencia de su plan: «¿qué de malo hay en ello?». No conocerán ustedes a un sólo empresario que a la hora de invertir se plantee: ¿por qué no? Más bien tratará de encontrar una respuesta satisfactoria para el porqué de su inversión. Sin incertidumbres. Mayormente por la legendaria timidez que John M. Keynes, que también era economista, como Ibarretxe, atribuía al no menos legendario millón de dólares.

Perfil de lehendakari
JOSÉ MARÍA MUGURUZA /ABOGADO El Correo 12 Abril 2005

El seguimiento de la campaña electoral, y muy especialmente del debate televisado que fue un fiel reflejo de la misma, me ha llevado a un análisis de la personalidad de los candidatos a lehendakari, cuya trascendencia puede quedar disminuida si tenemos en cuenta que su designación es más bien resultado de la aritmética parlamentaria, pero que pienso que alguna influencia debe de tener en la decisión de voto al tratarse de la institución personal más representativa de los vascos. Pero más que orientar este análisis hacia la comparación de uno con otro, quiero hacer la de cada uno consigo mismo, su propia evolución. Y en este sentido adelanto mi impresión personal para tratar de razonarla después: a mi juicio, la figura de María San Gil crece, la de Ibarretxe se empobrece y Patxi López desaparece.

Todo observador de la vida política constató en su momento el problema que al Partido Popular vasco le planteó la sucesión de una personalidad de tanta relevancia política como Jaime Mayor. Los populares vascos lo resolvieron bien: hicieron su propia reflexión con el detenimiento y profundidad que la decisión requería y eligieron a María San Gil. Y todo hace pensar que acertaron, puesto que creo que María San Gil está dando plena satisfacción a las esperanzas que en ella depositaron sus compañeros de partido.

Por sintetizar de alguna manera las cualidades de la candidata que, a mi juicio, están produciendo este exitoso resultado, a mí me vienen llamando la atención su proximidad a los ciudadanos, su credibilidad personal y la solidez de su propuesta política. Yo creo que los ciudadanos de a pie vemos en María San Gil a alguien como nosotros y no a un dirigente político sofisticado y trasladado a una actividad que tiende a convertirse en una órbita cerrada en sí misma y aislada de la vida real. Y es por ello seguramente por lo que, de acuerdo o no con ella, todos saben que dice la verdad, porque respira convicción y fortaleza en sus principios. Otro tanto cabe decir de su propuesta política. De acuerdo o no con ella, nadie podrá negar su solidez. María San Gil ofrece hacer de la lucha contra ETA la prioridad del Gobierno, orientando hacia ella la utilización de todos sus recursos institucionales y capacidad de comunicación en plena colaboración con la acción de los poderes del Estado. Asimismo, propone la reorientación de la acción del Gobierno hacia el servicio a los ciudadanos, en lugar de ponerla al de quiméricos proyectos identitarios o de reformas estructurales que solamente interesan a esos dirigentes políticos que viven aislados de la vida real. Y al proclamarse, como lo hizo en el debate televisado, vasca y española, está planteando algo tan sencillo como es sumar lo vasco y lo español, dos riquezas de nuestro país cuyo tratamiento excluyente es sencillamente absurdo.

Por lo que se refiere a Ibarretxe, creo que está quemado por su propio plan. Su radicalidad, el aplastante rechazo del Congreso de los Diputados y el temor que ha suscitado en los propios ciudadanos vascos han provocado evidentes vacilaciones en el candidato, que unas veces anuncia un referéndum dentro del 'ámbito vasco de decisión' y otras lo presenta como punto de partida para una negociación con las instituciones del Estado. Pero Ibarretxe sabe perfectamente que ambas cosas son imposibles. No es posible convocar un referéndum sobre su plan por la sencilla razón de que sería ilegal y una confrontación de ese calibre no sería aceptada por una gran mayoría de la ciudadanía. Y semejante proyecto no puede servir como punto de partida para una negociación con las instituciones del Estado, que ya se han pronunciado rotundamente en contra, por la sencilla razón de que el derecho de autoderminación, incluida la facultad de secesión de España, que constituye su soporte fundamental, es absolutamente inconciliable con la soberanía del pueblo español sobre todo el territorio nacional, incluido el País Vasco, que consagra la Constitución. Todo esto lo sabe Ibarretxe, le hace vacilar y el resultado es que su figura se empobrece.

Y nos queda Patxi López que, a mi juicio, se ha autoeliminado como candidato como consecuencia de su indefinición. O no sabe lo que quiere hacer o no lo quiere decir, hipótesis ambas que le invalidan. Todo lo que hemos sabido de él y de su propuesta política es un plan que nadie ha tomado en serio y su intención de formar gobierno «con los ciudadanos». Así no se puede ser lehendakari. Por lo que se refiere a ese plan para convertir nuestra comunidad autónoma en una comunidad nacional, da la impresión de que él mismo prefiere ya olvidarlo y se refugia en esos brindis al sol tan vacíos de contenido como son las apelaciones a mesas de partidos y negociaciones multilaterales que sabe perfectamente que son imposibles mientras los nacionalistas sigan reivindicando el derecho de autodeterminación. Y en cuanto a formar gobierno 'con los ciudadanos', supongo que nadie entiende lo que quiere decir, pero revela una indefinición inaceptable en un candidato a lehendakari.

En resumen, yo creo que el electorado vasco tiene ante sí dos opciones, o la continuidad del nacionalismo o el cambio liderado por María San Gil. La alternancia es consustancial con la democracia, puesto que permite la expresión del pluralismo y la posibilidad de que distintas opciones políticas tengan su oportunidad de aportar lo mejor de sí mismas a la acción de gobierno. Más de veinticinco años de hegemonía nacionalista son demasiados y el cambio se hace necesario, máxime si tenemos en cuenta su progresiva radicalización. Es una temeridad seguir alimentando confrontación e inseguridad, que es lo que nos ofrece el plan Ibarretxe, y pienso que lo sensato en este momento es dar una oportunidad a la estabilidad estructural y una acción de gobierno integradora como propone María San Gil. Por todas estas razones, creo que María San Gil apunta a lehendakari, solamente le falta superar la prueba de la aritmética parlamentaria.

Bellas palabras, que ya no engañan...
Cartas al Director ABC 12 Abril 2005

Nos ha brindado Ibarretxe en Guecho, municipio con 15 ciudadanos asesinados, esta bella frase: «No se construye nada con descalificaciones, se construye con amor, con amor y pasión hacia Euskadi. Se puede amar lo que se es sin odiar lo que no se es».

O sea, que a este señor y a los suyos, que llevan 25 años poniendo a parir a la mitad de sus conciudadanos que no comulga con sus ideas, no les gustan las descalificaciones y van predicando que no hay que odiar a lo que no se es. Sería bueno que empezaran por las ikastolas, en donde se dedican a inculcar a los niños vascos desde su más tierna infancia el odio a todo lo referente al Estado español, pues la palabra España está vetada, como lo está en Euskal Telebista, donde todo lo que huela a vasco-español (la mitad de los vascos) es sistemáticamente machacado.

Y, ya puestos, yo le pregunto: ¿piensa hacer algo para que los que no sólo odian lo que no quieren ser, sino que expresan su odio a tiros, dejen de disfrutar de la impunidad que les brinda el autor de tan angelical como lapidaria frase? La mitad de los vascos, que amamos a Euskadi tanto o más que usted, le quedaríamos muy agradecidos. Joseba Aldecoa Urízar. Guecho (Vizcaya).

Los exiliados vascos rompen la ley del silencio
Más del 30 por ciento de los 383.700 expulsados han sido obligados a dejar el País Vasco desde que Ibarreche llegó al poder
Señalados, perseguidos, extorsionados, golpeados... miles de hombres y mujeres partieron hacia el exilio dejando atrás casas, trabajos, familias y flores frescas en 900 lápidas. No se apellidan Stern, Weiss, Herzberg o Levi, ni huyeron de la Alemania nazi. Se llaman Lejarreta, Zubiaga, Alkorta, Larrinaga, Zuazola... y son vascos de toda la vida. 383.700 políticos, empresarios, periodistas, funcionarios.... obligados, ante la indiferencia cómplice de un millón de vascos, a dejarlo todo para salvar la vida. Su estrella de David no tiene puntas, sólo dos palabras: no nacionalista.
Pilar Rodríguez La Razón 12 Abril 2005

Madrid- «Si me pongo a pensar de noche en Alemania, pierdo el sueño». Como a Henrich Haine, la marcha forzosa del País Vasco ha quitado, durante años, miles de horas de sueño a la mayoría de los exiliados. Y el habla, a todos. Ahora, a pesar de que la mano del nacionalismo sigue pintando dianas con sus retratos, algunos, cada vez más, han roto la «omertá», la ley del silencio no escrita que adormece, como el veneno de una tse tse, la conciencia vasca; y se han decidido a denunciar, a llamar a las cosas por su nombre, a poner adjetivos precisos y contundentes a su destierro: «Además de un exiliado, soy un proscrito del nacionalismo. Porque a mí no me perseguían los feligreses, me perseguían los nacionalistas por ponerme del lado de las víctimas» (Jaime Larrinaga, ex párroco de Maruri); «Soy un expulsado, un exterminado. Hoy el nacionalismo vasco es en conjunto tan exterminador como lo fue el de Milosevic» (Mikel Azurmendi, ex profesor de la Universidad del País Vasco); «Yo empecé a decir que era una exiliada, que me habían echado de mi tierra hace ya dieciocho años. Y todavía siguen echando a gente» (Ana Velasco de Vidal Abarca, hija de Jesús Velasco Zuazola, asesinado por ETA en el año 80). Algunos han necesitado un cuarto de siglo para decir: «Pon que lo digo yo»; otros, todavía prefieren hablar desde las sombras: «No digas quién soy»; «No des ese dato»; «Que no me identifiquen, por Dios».

«Nadie te ampara». Políticos, funcionarios, profesores, cocineros, periodistas, militares, policías, empresarios... la gigantesca agenda del exilio se sigue nutriendo a diario de «emigrantes» anónimos y disidentes públicos, incapaces todos de comulgar con el ideario nazi alumbrado por Arana. «El décimo aniversario de la muerte de Gregorio (Ordóñez) me ha hecho recordar muchas cosas y he decidido que voy a hablar y que jamás me voy a rendir». Jorge Knopf, ex concejal de Zarauz, es uno de los 119.000 vascos que se han visto obligados a abandonar el País Vasco desde que Juan José Ibarreche llegara al poder en 1998, cerca de 400.000 desde el comienzo de la democracia. La gota que colmó el cáliz de su paciencia fue la bomba que la banda terrorista puso en el cementerio donde se celebraba el primer aniversario de la muerte de su compañero José Ignacio Iruretagoyena: «Estábamos allí su viuda, sus hermanas, su padre, un montón de gente del Partido Popular y yo, y les falló el mecanismo. Fue una cosa tan macabra que me hizo tomar la decisión de irme de allí...». «Cuando yo me fui, de mi facultad se fueron otros seis –asegura Carlos Fernández de Casadevante, catedrático de Derecho Internacional exiliado en Madrid–, no se podía aguantar tanta presión. Te manifestabas tras un atentado y ellos se contramanifestaban delante de ti, te sacaban fotos, te insultaban, te amenazaban y nadie, absolutamente nadie, te amparaba. Tienen impunidad total desde hace 30 años. Me hipotequé para venirme con 42 años y tuve que dejar a mi familia para buscarme la vida. El Estado de Derecho es un descojono...».
«Nos tuvimos que ir –relata Mar Mesa, hija de funcionarios exiliados– por estar en las listas. Mi madre fue destinada a Palma y mi padre, a Barcelona. Durante dos años mi padre no paró de llorar y de decir que se quería pegar un tiro». Para Ana Velasco de Vidal Abarca, sus tres hermanas y su madre, lo menos duro fue el traslado. Se marcharon en el 80, ocho meses después de que asesinaran al padre de familia, a Jesús Velasco Zuazola, jefe de la Policía Foral alavesa: «Lo único importante fue la pérdida de mi padre, lo demás nos dio igual. Te rebelas contra un entorno social donde pueden ocurrir cosas como estas, donde a los que molestan los matan».
Atentados, secuestros e impuesto revolucionario; tres pilares fundamentales sobre los que lleva pivotando décadas el catecismo etarra. Muchos años antes, a finales de los 70, Antonio María Lejarreta, ex alcalde de Vitoria y presidente de la Diputación Foral de Álava, logró el «privilegio» de aunar en su persona los tres mandamientos principales de la banda terrorista. Estaba harto –tras años en las listas negras, amenazado de muerte como sus compañeros de las otras dos diputaciones vascas– de usar chaleco antibalas a todas horas; de tener un ángel custodio, un «miñón» (agente foral navarro) de guardia permanente en casa y de que sus hijos, de 16, 15, 14, 13 y 11 años, llevaran, pegadas como postales en sus carpetas escolares, las fotografías de los etarras que podían secuestrarlos. Tras negociar el concierto económico y social de Álava, presentó la dimisión de su cargo y en unas horas vio desaparecer el chaleco antibalas y la escolta. «Teníamos una vecina etarra y, un día, cuando estábamos comiendo apareció para decirle a mi padre –relata María Jesús Lejarreta, la hija mayor de Antonio María– que había sido “juzgado” por ETA Político Militar en Bayona y absuelto porque, durante el ejercicio de su función pública, no había sido sectario con el pueblo, que se quedara tranquilo. Al poco tiempo recibió una carta en la que le pedían el impuesto revolucionario. Era una cantidad desorbitada y mi padre decidió consultar a un abogado. Le dio tres opciones, o pagar, o negociar la cantidad, o marcharse. Entonces tomó la decisión de que nos fuéramos. Y lo vendimos todo, absolutamente todo». Antonio María Lejarreta, hijo, nieto y bisnieto de los hombres que engrandecieron Álava, promotor de la primera ikastola oficial de Álava, hizo la maleta y se vino a Madrid en 1980. Arrastró a su mujer y a cinco hijos. Perdió su casa y su tierra, pero conservó la vida. Aún ahora, jubilado y sin amigos en Madrid, sigue estando orgulloso de haber sacado a sus hijos de allí.

Acoso y silencio. «L’Chaim». Por la vida. El brindis hebreo de Mapi de las Heras, viuda de Fernando Múgica Herzog, contiene palabras mágicas para los exiliados, sagradas para los que son acosados dentro, inútiles para los 900 que perecieron en el holocausto etarra. Pero ninguno de los asesinados, ni uno solo –aún con sus tumbas profanadas, con bombas puestas a los pies de los panteones,– ha perdido la palabra. Viudas, novias, madres, hijos, amigos, compañeros... un enjambre de guardianes –señalados y perseguidos, pero indesmayables– empuña cada día el testigo de sus ideas.
«Te pasan cosas terribles –relata Mapi de las Heras, con la vida dividida entre San Sebastián y Madrid–. «Poco después de la muerte de Fernando me llegaron a tirar piedras por la calle; a escupirme; a decirme al oído, una vez que yo estaba parada en un semáforo, «gracias, Aldaya» que había sido liberado se supone que tras pagar a ETA; a gritarme en una calle principal de San Sebastián “¡carcelera!”». «A mí –recuerda Azurmendi– y a algún otro compañero, nos metieron en un sobre grande unas entrañas de animal muerto y cuando lo abrí, me manché todo el jersey de sangre putrefacta. Otra vez entró en mi casa un comando y le dieron un tiro a mi perro en la frente... El envilecimiento no tiene límite. Cuando asesinaron a López Lacalle, todavía no había sido sepultado y ya había aparecido una pintada “Lacalle ¡jódete!”».
¡Carceleros! «¡txakurras!» (perros), ¡asesinos! ¡vas a ser el siguiente! ¡Tu también estás mejor muerto! Frases tan duras como cotidianas; adjetivos, gastados como zapatos viejos, que siguen vomitando a diario miles de nacionalistas adoradores del «plan Ibarreche». La otra cara nada idílica del País Vasco. Un mundo al revés donde un millón de personas, de misa y comunión dominical, mira sin remordimientos hacia otro lado. Ciudadanos capaces de sustituir en el corazón y en la historia a los Vasco de Gama, Ignacio de Loyola, Legazpi, Elcano, Unamuno... por Aranas, Arzallus, Troitiños, De Juan Chaos... héroes de palabra espesa y gatillo fácil. «Esas gentes que van a misa y comulgan mientras, ante las injusticias y los atropellos de los derechos mas elementales del ser humano, mira hacia otra parte se creen católicos pero no lo son». El sacerdote Jaime Larrinaga sabe mucho del miedo y la perversión ética y social que cubren, como una piel de serpiente, la vida cotidiana. También Mapi de las Heras, Ana Velasco de Vidal Abarca, Casadevante, Knopf, Mikel Azurmendi, Mar Mesa, María Jesús Lejarreta y miles más han conocido de cerca el «estoy contigo» privado y el cruce de acera público. A todos les iguala el mismo espanto: el camino sin retorno hacia el que se dirige la comunidad vasca. «El “plan Ibarreche” lleva al abismo», asegura Mar Mesa; «A la ruina» dice el ex párroco de Maruri; «Al exterminio ideológico, personal y físico de la mitad de la población» apuntala Azurmendi.

Miles de vascos sin voto. En la canana de ETA hay muescas de todo signo y condición, muchos siguen vivos, nutriendo a diario las arcas de la parca, otros –cerca de un millar– ya tienen sepultados la voz y el voto; en las del nacionalismo se cuentan por decenas de miles los nombres que el próximo 17 de abril no tendrán ni voz ni voto en los comicios. «Si todos los que nos hemos ido a la fuerza –asegura María Jesús Lejarreta– pudiéramos votar, el equilibrio de fuerzas sería justo al revés». Con menos del 10 por ciento de los exiliados (38.000), el nacionalismo saldría derrotado. «Hablar ahora mismo de elecciones es una farsa –dice Azurmedi–. ¿Cómo se puede hablar de elecciones cuando todos los concejales no nacionalistas del País Vasco, a excepción de Odón Elorza, que va escoltado por HB, tienen que llevar escolta?». «Es insultante –dice Larrinaga– que un sacerdote tenga que ir a un convento con escolta, a una capilla con escolta»; «Que quieres ir a comprar el pan –apunta Knoff–, llamas al escolta, que quieres correr por la playa, llamas al escolta, que quieres cenar, subir al monte, ir a la discoteca... desde que te levantas hasta que te acuestas, a todas partes con el escolta. Es el único país de Europa en el que pasa esto y toda España pasa». Una indiferencia que cambiará a la fuerza si el próximo domingo Ibarreche gana las elecciones porque, entonces, el resto del país deberá prepararse para acoger un éxodo masivo de vascos no nacionalistas. Miles de Etxebarrias, Artolas, Larrinagas, Ugaldes o Zubiagas tienen– 60 años después de que lo hicieran los Levi, Stern, Wiesenthal o Zweig– la maleta preparada para el éxodo. Ninguno de ellos conoce el hermoso brindis hebreo «L’Chaim». Pero todos se van por eso. Por la vida.

El PSdeG acepta la postura de Francisco Vázquez y respalda el doble topónimo coruñés
Francisco Vázquez instó ayer a la Xunta a presentar cuanto antes en el Parlamento Gallego el proyecto para reformar la Ley de Normalización Lingüística que serviría para dar cobertura legal a la polémica L del topónimo.
P.V. / A Coruña El Ideal Gallego 12 Abril 2005

Hace ya bastantes días comuniqué oficialmente a través de dos conselleiros que el PSOE no se opondrá a la presentación de este proyecto de ley, sino que se abstendrá, con lo que se cumple la única condición que puso Fraga para llevar a cabo esta iniciativa , explicó. En este sentido, afirmó que el secretario general del PSdeG, Emilio Pérez Touriño, le aseguró que no habrá voto en contra, porque el partido entiende que la postura del Ayuntamiento es legal sin entrar en el fondo de la cuestión .

Por otra parte, el regidor coruñés mostró su sorpresa por el recurso que presentó el pasado viernes la Xunta contra el acuerdo plenario en el que se aprobó la cooficialidad de los dos topónimos de la ciudad. Precisamente ayer, el pleno municipal ratificó la decisión del gobierno local de personarse en esta apelación, a pesar de la oposición del Bloque y la abstención del PP.

Legalidad vigente
El anuncio de Vázquez fue analizado de diferente manera por parte de los grupos municipales de la oposición.

El líder del Bloque, Henrique Tello, expresó su perplejidad por lo que calificó como una nueva treta política del alcalde para mantener a la gente interesada en otros temas . Durante el debate de ayer, Tello preguntó al ejecutivo municipal cuánto dinero ha invertido en los recursos judiciales relacionados con el topónimo.

Por su parte, el portavoz del PP, Fernando Rodríguez Corcoba, alegó que si eso ya se ha conseguido, pues encantado de la vida .

Nuestros amigos de UCE han sido víctimas de una agresión en el País Vasco.
CON LOS DE UCE
Iñaki EZKERRA La Razón  12 Abril 2005

Se llaman Unificación Comunista de España y han mostrado siempre su solidaridad con las víctimas y los amenazados de ETA. Llevan años sin perderse una manifa del constitucionalismo vasco, poniendo en esas concentraciones su nota de color con sus banderas republicanas, haciendo el emocionante esfuerzo de vencer esa contradicción - ser republicanos y apoyar en esas ocasiones nuestra Constitución monárquica - porque creen en la democracia y son realmente de izquierdas; porque saben que en el País Vasco no hay libertad y que hay principios básicos de convivencia que deben anteponerse a todo programa de partido. Tienen un periódico, «De Verdad», en el que hacen maravilllosos montajes de Arzalluz e Ibarretxe luciendo cruces gamadas y que les da problemas con los energúmenos de Jarrai, las juventudes ultraderechistas de Batasuna, los escuadristas de ETA. Hace cuatro años en San Sebastián les quitaron los periódicos en una manifestación y le dieron una paliza a una profesora del Foro Ermua sólo por sacarles la cara. El año pasado en Vitoria le hincharon un ojo y le rompieron las gafas a una de sus jóvenes militantes por vender esa misma publicación. Hace una semana, en el Bulevar donostiarra, once militantes de UCE - entre ellos una mujer de 72 años - fueron agredidos al grito de «Gora ETA» por medio centenar de tipos organizados de forma paramilitar.

Esa agresión es un ejemplo gráfico de la campaña electoral en Euskadi, del ambientazo de libertad que por aquí se respira y de quiénes son los verdaderos perseguidos, los amordazados, los golpeados y los humillados. Nueve de los agredidos tuvieron que recibir atención médica. Hasta entre los comunistas hace diferencias el nazismo etarra. No hay peligro de que les ocurra esto a los comunistas de Madrazo ni a los de ETA que burlan nuestra legalidad. Esto sólo les ocurre a los comunistas de UCE, un partido que no dice que es «de las tierras vascas» sino de los individuos de todas partes. No hay peligro de que informe de esta agresión la televisión oficial vasca, esa misma que hasta brinda la dirección electrónica de las plataformas de ETA en sus informativos. Hay un programa llamado «Pásalo» que levanta acta notarial de cualquier fachilla pintoresco que asoma por Euskadi agitando el águila preconstitucional, pero que no dice ni mu de los guerrilleros de Cristo Rey en activo que tiene ETA. Habrá que decirle «pásalo» a Cristina Almeida, que es asidua de esa tertulia en la que triunfa el falangista Antonio Álvarez Solís.

Los de UCE están haciendo en Euskadi lo que no ha hecho nadie: salir a la calle a vender prensa «revolucionaria», meter a los Bardem en una manifiesto contra el Plan Ibarretxe, unir a la España dividida por aquel 11-M que nos cayó encima como una guerra civil, romper es­quemas y esa terrible frialdad de años que ha mostrado una presunta izquierda con los amenazados y que es más imperdonable que cualquier fea maniobra política.

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