AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 13 Abril 2005
Nacionalismo y dinero
Juan Francisco Martín Seco Estrella Digital 13 Abril 2005

La ofensiva contra España y la democracia
Pío Moa Libertad Digital 13 Abril 2005

La lección vasca de Al Qaeda
Isabel Durán Libertad Digital 13 Abril 2005

Socialistas contra la alternancia
Jorge Vilches Libertad Digital 13 Abril 2005

Retratos y perfiles
Agapito Maestre Libertad Digital 13 Abril 2005

Plataforma electoral
M.A. email  13 Abril 2005

Blog de Arcadi Espada 4886
http://www.arcadi. espasa.com 13 Abril 2005

Entrevista de Miguel Artola
20050411.htm M. Email 13 Abril 2005

LA BALANZA FISCAL Y EL POPULISMO NACIONALISTA
MIKEL BUESA ABC 13 Abril 2005

«CONTRA LA SECESIÓN VASCA»
M. MARTÍN FERRAND ABC 13 Abril 2005

La reforma del Estatuto vasco
José Luis Manzanares Estrella Digital 13 Abril 2005

La campaña vasca
Editorial HERALDO DE SORIA 13 Abril 2005

DEMASIADOS ESCRÚPULOS GARANTISTAS
LUIS IGNACIO PARADA ABC 13 Abril 2005

Libres de sospecha
TONIA ETXARRI El Correo 13 Abril 2005

QUE DECIDA LA JUSTICIA
Editorial ABC 13 Abril 2005

La alternativa blanda

Iñaki Ezkerra La Razón 13 Abril 2005

Una de dos
KEPA AULESTIA El Correo 13 Abril 2005

San Gil
David Gistau El Mundo 13 Abril 2005

Víctimas, política con claroscuros
LOURDES PÉREZ/BILBAO El Correo 13 Abril 2005

Bochornoso cálculo electoral
EDITORIAL Libertad Digital 13 Abril 2005

EHAK se confiesa mensajero de Batasuna
Lorenzo Contreras Estrella Digital 13 Abril 2005

El preámbulo
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 13 Abril 2005

El secreto de la “lista blanca”
Pablo Sebastián Estrella Digital 13 Abril 2005

Los engaños de un visionario
Ignacio Villa Libertad Digital 13 Abril 2005

El exilio
Alfonso Ussía La Razón 13 Abril 2005

Un plebiscito tranquilo
ANTONIO ELORZA El Correo 13 Abril 2005

Gane quien gane
JOSEBA ARREGI El Correo 13 Abril 2005

Confrontación nacionalista
Cartas al Director ABC 13 Abril 2005

La osadía de pedir el voto no nacionalista
Carmen Gurruchaga La Razón 13 Abril 2005

Un juez anula el uso oficial del topónimo «La Coruña» aprobado por el consistorio
Redacción La Razón 13 Abril 2005

Un juez con sus propias palabras
Nota del Editor 13 Abril 2005



 

Nacionalismo y dinero
Juan Francisco Martín Seco Estrella Digital 13 Abril 2005

Todos los ríos desembocan en el mar y todas las reivindicaciones nacionalistas terminan en la financiación y en el dinero. Los catalanes son especialmente propensos a estos planteamientos y, por eso, el presidente de la Generalitat el otro día, en su conferencia de Madrid, volvió a la carga con el déficit fiscal de Cataluña.

En este caos político las palabras no significan lo que realmente significan. Podría pensarse, y eso sería lo lógico, que cuando se habla del déficit fiscal de una entidad pública se está haciendo referencia a su desequilibrio presupuestario, que debe cubrirse con endeudamiento público. En este sentido, la Generalitat sí ha sido pionera, puesto que, quizás por el empleo de esos métodos tan buenos de gestión privada, desde el primer momento comenzó a gastar bastante más de lo que ingresaba y de lo que costaba mantener los mismos servicios antes de que se le transfiriesen.

Pero no, cuando los nacionalistas, “y a estos efectos Maragall es ante todo nacionalista”, invocan el déficit catalán, lo usan en una acepción totalmente distinta, están queriendo indicar que la Comunidad de Cataluña contribuye al Estado central con bastante más de lo que recibe de éste. Tal planteamiento tiene un error de principio, sobre todo para aquel que se llame socialista, porque no son las Comunidades Autónomas las que contribuyen sino los ciudadanos. En un Estado moderno, por muy federal que sea, los impuestos recaen siempre sobre los ciudadanos. Son éstos los que soportan el gravamen y no los territorios.

La contribución por regiones o condados es propia del feudalismo o de aquellos sistemas que de forma anacrónica se mantienen como privilegios, fueros, se dice, como vestigios de la Edad Media, tales como el cupo vasco. Un ciudadano catalán no paga ni más ni menos tributos que un ciudadano andaluz con su misma capacidad económica. Y así debe ser en un sistema fiscal moderno. La distribución territorial de la carga fiscal es una mera consecuencia de este principio de igualdad general y de la distribución regional de la riqueza.

Ese discurso errático que dice que hay que poner un límite a la solidaridad interregional se asienta en dos enormes falacias. La primera, hablar de solidaridad cuando habría que pensar en términos de justicia. Un sistema fiscal progresivo pretende redistribuir la renta en la creencia de que la distribución primaria realizada por el mercado es errónea e injusta. La renta y la riqueza de catalanes y madrileños se obtiene en Andalucía o Extremadura, y viceversa. Se trata por tanto de restablecer en parte la justicia distorsionada por el juego de oferta y demanda. En segundo lugar, la pretensión de limitar esa redistribución regional es en realidad un intento de limitar el potencial redistributivo del sistema fiscal, dado que aquélla es un resultado meramente automático de éste. Las transferencias de recursos entre regiones son tanto más cuantiosas cuanto más progresivo es el sistema fiscal y más diferencia hay entre sus rentas.

Maragall suele argumentar que las Comunidades deben contribuir en proporción a su renta y recibir en función de su población. A primera vista puede pensarse que son criterios lógicos y aceptables, pero por poco que se reflexione uno se da cuenta que esconden una sutil trampa. En un sistema fiscal progresivo los contribuyentes no pagan en proporción a sus ingresos. Los impuestos se incrementan en una proporción mucho mayor de lo que aumenta la renta. La población tampoco parece que sea el único criterio a tener en cuenta a la hora de determinar los recursos que una región debe recibir; por ejemplo, la densidad de esa población puede ser una variable que también afecte a la hora de determinar el coste de los servicios.

La pretensión de limitar la capacidad redistributiva del Estado no es nueva. Los grupos económicamente fuertes lo han intentado siempre. No tiene nada de extraño que se reclame desde las fuerzas políticas de derecha. Lo que resulta inexplicable es que lo exijan aquellos que afirman pertenecer a un partido de izquierdas. Cuando el señor Maragall afirma que hay que limitar la solidaridad interterritorial está comportándose de la misma manera que las fuerzas económicas cuando demandan menor progresividad fiscal.

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La ofensiva contra España y la democracia
Pío Moa Libertad Digital 13 Abril 2005

Llevamos tantos años soportando los golpes del terrorismo y las provocaciones de los separatistas que apenas hemos percibido cómo su ofensiva ha entrado en una fase superior y mucho más amenazante. Esto ha ocurrido a raíz, precisamente, del atentado del 11-M, el cual no sólo ha sido el atentado más sangriento ocurrido en Europa, sino también el más exitoso: de un solo golpe sus autores han logrado cambiar de raíz la política de una democracia como la española, que considerábamos sólida y afianzada. Probablemente jamás ha conseguido tal y tan fácil victoria ningún grupo terrorista en el mundo, y eso demuestra por sí solo hasta qué punto nuestro sistema es mucho más frágil de lo supuesto.

Este cambio inducido por el atentado islamista merece especial atención. Ha afectado en primer lugar, y más visiblemente, a la política exterior. Antes, España se venía alineando con las democracias más activas en la lucha contra el terrorismo y en la defensa de los derechos humanos, y mantenía en Europa una voz independiente y asertiva en la defensa de sus intereses nacionales. También se había comprometido en la estabilización de un Irak democratizado, tarea clave para estabilizar a su vez el Oriente Próximo, una de las zonas más susceptibles de tornarse peligrosas para la seguridad y la prosperidad occidentales, y ante todo las europeas. Desde el 14-M, en cambio, el nuevo gobierno español ha invertido esa línea de acción exterior. En vez de apoyar la democratización de Irak ha retirado las tropas españolas que ayudaban a los iraquíes a defenderse contra genocidas como los autores de la matanza de Madrid ; en vez de ayudar a los esfuerzos de Usa y Gran Bretaña por estabilizar Oriente Próximo ha boicoteado esa política e incitado a otros países a hacer lo mismo, y ha apoyado las opciones extremistas en Palestina; en su sistema de alianzas entran sin problemas tiranías como las de Castro y Mohamed VI, o populismos demagógicos como el de Chávez; en vez de mantener en Europa una postura propia se ha supeditado a Francia, que, no debe olvidarse, mantiene en África un verdadero imperio neocolonial. Los dirigentes useños han argumentado, con verdad, que no necesitan hablar con el gobierno español para conocer sus posturas: les basta hablar con Chirac. Y así sucesivamente.

¿De dónde vienen estos cambios? La razón profunda de ellos ya la he señalado en otras ocasiones. El gobierno actual comparte con terroristas y dictadores de izquierda la tesis básica de que la violencia en el mundo nace de las “injusticias y desigualdades” causadas por las prósperas democracias occidentales. Aunque el gobierno español lamente las dictaduras y los atentados, no deja de proporcionarles una justificación, ya que, en definitiva, sus actos responden a las supuestas fechorías previas de los países libres y ricos. De esa tesis básica nacen ambigüedades que permiten cambios políticos como los descritos.

Pero es en el plano interno donde los cambios vienen tomando un carácter peligrosamente desestabilizador. Desde el 14-M, los separatismos se han lanzado en tromba a descuartizar España, a convertir nuestra patria en un batiburrillo de pequeños estados resentidos entre ellos, insignificantes en Europa y el mundo, y sometidos a las maniobras de otras potencias. Esos grupos de iluminados ya han logrado hacer retroceder las libertades en Cataluña y casi destruirlas en Vascongadas, y las amenazan en el conjunto del país, a la par con el Terrorismo Islámico. No hay en ello casualidad: todos coinciden en la aversión a la democracia y a la unidad de España.

Aun así no constituirían un peligro realmente serio si no fuera porque el gobierno posterior a la matanza del 11-M apoya a separatistas y es apoyado por ellos. El gobierno depende en medida muy considerable de un partido, ERC, que no esconde lo más mínimo sus planes de secesión; y de otro partido, el de Maragall, independiente de hecho del PSOE aunque muy influyente en él, y cuyas aspiraciones equivalen a una práctica separación. En cuanto a Vascongadas, el PSOE busca por todos los medios aliarse a Ibarreche, lo cual en la práctica significa supeditarse a él y con un programa muy parecido al suyo, aislando de paso a la única fuerza política que defiende allí la unidad de España y las libertades.

Tampoco entenderíamos la causa de estas derivas, que de por sí abocan a la catástrofe, sin atender a la ideología. Como ha dicho Julián Marías, el PSOE padece la grave tara de una visión fundamentalmente negativa de la historia y la cultura españolas, y por ello consideran la unidad de España una cuestión menor. Su jefe ha declarado que para él lo importante es “el bienestar de los ciudadanos”, sin especificar de qué país, un bienestar que él, precisamente está amenazando. Debe recordarse, también, la muy escasa tradición democrática del PSOE. Marxista hasta hace pocos años, ha evolucionado hacia el jacobinismo, es decir, hacia una política sectaria y populista. No puede extrañar que con ese gobierno simpaticen diversos dictadores, separatistas y que hasta “El Egipcio” lo haya felicitado. Quienes no podemos felicitarlo somos quienes amamos la unidad y la democracia españolas. El proceso se desarrolla ante nuestros ojos. ¿Sabremos ver su peligro, y frenarlo?

Puentes con los terroristas
La lección vasca de Al Qaeda
Isabel Durán Libertad Digital 13 Abril 2005

Los cálculos del presidente del Gobierno en las próximas elecciones del día 17 de abril en el País Vasco constituyen una jugada cuyo alcance producirá consecuencias impredecibles para el futuro de todos los españoles. José Luis Rodríguez Zapatero pretende desesperadamente conseguir un tripartito a la catalana bis en el Ejecutivo de Vitoria. Porque si hay algo que el socialista tiene claro es que España se rompe por Cataluña y con ella, su comparsa vasca. Y para ello no se para en barras. Todas y cada una de las intervenciones presidenciales, especialmente durante la campaña electoral de los comicios autonómicos que le darán o no la mayoría al partido de Juan José Ibarretxe están encaminadas desde La Moncloa a tender puentes con los terroristas.

Para negociar con la ETA el PSOE tiene que hacer desaparecer a las víctimas del terrorismo nacionalista. De ahí el ataque sistemático al que está siendo sometida la Asociación de Víctimas del Terrorismo encaminado exclusivamente a sembrar su desprestigio y deslegitimación ante la opinión pública. El siguiente paso, o mejor dicho, al mismo tiempo, Josep Lluis Carod Rovira, tras sus seis horas en Perpiñán con la cúpula etarra, es uno de los hombres de Zapatero que intenta ahora mediar a toda costa con los asesinos para que concedan una tregua al Gobierno de ZP. En las predicciones monclovitas creen así asegurada una segunda legislatura de Zapatero.

Esa es la razón, y no otra, por la que ZP asegura ahora que en el Estado de Derecho no caben ilegalizaciones preventivas. Miente Zapatero porque tan preventiva sería la ilegalización del Partido Comunista de las Tierras Vascas como lo fue la de Batasuna. Porque ambas formaciones no son el fruto de una arbitrariedad jurídica sino de la demostración palmaria de que constituyen el brazo civil de los asesinos nacional-comunistas. Con su actitud, el próximo domingo José Luis Rodríguez Zapatero habrá conseguido que la ETA vuelva a estar presente en el Parlamento vasco.

Pero, ¿ha pensado ZP qué ocurrirá, si tal y como tiene previsto ETA obtiene réditos de su política entreguista y de rendición masiva? ¿Quién dice que no pueden hacer lo mismo los terroristas de Al Qaeda que ya consiguieron su objetivo al derrotar al gobierno del Partido Popular en las pasadas elecciones generales? ¿Qué pasará si Al Qaeda aprende la lección de lo que está haciendo el PSOE gobernante con la ETA? Habrá terrorismo nacionalista vasco e islámico de por vida.

Elecciones vascas
Socialistas contra la alternancia
Jorge Vilches Libertad Digital 13 Abril 2005

Los estrategas socialistas están convencidos de que, para las elecciones vascas, la ganancia de votos está en el sector no nacionalista, el del PP. La intención es ya evidente, que el PSE se ofrezca al PNV nada más terminar el recuento de los votos. El resultado, barruntan, no sería solamente volver al poder en el País Vasco, sino reforzar la mayoría progubernamental en el Congreso de los Diputados.

Su adversario no es, en consecuencia, el PNV, sino el PP. La política de los populares ha fracasado, dicen, tanto en el País Vasco como en el conjunto de España. La confrontación no ha resultado un éxito, insisten, sino un acicate para el conflicto. Y Zapatero compara a Ibarretxe con Aznar, apelando al “espíritu del 14-M”. Por un momento, uno podría pensar que van a sitiar las sedes del PNV gritando “asesinos, asesinos”, como hicieron el 13-M con las del PP. Pero eso nunca va a suceder; porque la alternativa socialista es que no haya alternativa, dar como inexorable el latiguillo nacionalista de que vivimos en un arcaísmo imposible de soportar: la Constitución y el Estatuto de Guernica. De manera que, sin remedio, a un gobierno nacionalista sólo le puede sustituir otro, pero con presencia socialista.

La nueva forma de hacer política de la que hace gala ZP consiste, básicamente, en aceptar los argumentos del contrario, no ya como legítimos, sino como superiores; siempre que ese contrario no sea el PP, claro. El diálogo y el entendimiento que predica Zapatero no son más que la pérdida de las señas de identidad y los principios con el único deseo de no perder el poder. En consecuencia, con esta cesión, y sin más idea que el mantenerse en el gobierno, no es complicada la alianza con partidos extremistas fuertemente ideologizados, como IU, ERC o el PNV.

La alternativa que plantean para el País Vasco, por tanto, no es de partidos, ni de política, sino de nacionalismos. Inalcanzable la victoria electoral, su objetivo es decir que han sido el único partido democrático que obtiene más escaños que en el año 2001. A esta legitimidad electoral, le sumarían el respaldo de gobernar en Madrid y su aproximación a los deseos peneuvistas: nuevo Estatuto y referéndum. El escenario para negociar un gobierno en Vitoria sería para el PSE inmejorable.

El problema que tiene este diseño es que el PSE de López ha adoptado una estrategia de partido, loable en situaciones democráticas normalizadas, pero lamentable para circunstancias políticas anormales y de exclusivismo partidista. Donde debería haber una política de Estado, hay un interés de partido. La democracia no es negociar con delincuentes, o con los que, ajenos a la legalidad y a la historia, quieren romper el país y subvertir su soberanía. El único y verdadero cambio en el País Vasco, como han señalado la socialista Rosa Díez y la popular María San Gil, es ver al PNV en los bancos de la oposición. Lo demás, sonrisas de Zapatero.

Libro de Aznar
Retratos y perfiles
Agapito Maestre Libertad Digital 13 Abril 2005

Me llega el nuevo libro de Aznar, que desde hace días la prensa está publicando algunos textos. La idea que me había hecho del libro corresponde, en cierto sentido, a la realidad. Leo el índice y compruebo que aparecen personajes como Bush y Blair, pero también aparecen los retratos de su abuelo y esposa. Y, por supuesto, vuelve a reflexionar, como el que no quiere la cosa, sobre los sucesos terroristas del 11-M y lo acontecido hasta el día 14, sin olvidar los “resultados” de la Comisión de Investigación parlamentaria solicitada por el PP. El libro es, en verdad, una serie de semblanzas bien escritas, amenas y bien circunstanciadas sobre personajes políticos y no políticos. Muchas cosas podemos aprender de su lectura. Sin ánimo concluyente y, después de leído transversalmente, dos asuntos hallo relevantes y, sobre todo, les aconsejo su sugerente autorretrato.

Primero, el nuevo libro de Aznar vuelve a estar presidido por una única idea, que aparece ya en la dedicatoria: España. En efecto, aparte de sus padres y hermanos, el libro también está dedicado “a esa inmensa mayoría de españoles que no está dispuestos a levantarse un día y descubrir que España es apenas ya nada.” Segunda, este hombre vuelve a defender la imposibilidad de la democracia sin principios y convicciones, que señalen la continuidad de la nación. Ése es, seguramente, el leit-motiv de todo el libro, que pretende hacer despertar a los políticos dogmáticos que creen sólo en las encuestas de opinión y en las tácticas de mercadotecnia.

Sin duda alguna, Aznar intenta hacer pedagogía política para un presidente de Gobierno que, desgraciadamente, duda de la existencia de la Nación española. Esperemos que tenga algún efecto. Defensa de principios y persistencia en la continuidad de una nación son las dos recetas clave de Aznar para toda la clase política española. Él mismo las practicó cuando gobernó, pero, ahora, intenta convalidarlas, no sin cierta ironía, con los retratos de personajes como Bush y Blair. Del inglés vuelve a decir, con simpatía, que ha sido el que mejor ha demostrado que en los países grandes existen constantes históricas y una continuidad que todo el mundo respeta cuando le llega el turno de gobernar. Y de Bush, otra vez, nos indica a los europeos que es un modelo moral de político, sencillamente, porque cree en el valor de la lealtad.

El autorretrato de Aznar es, naturalmente, todo su libro, pero sin la descripción de la jornada del día 19 de abril de 1995 no tendría sentido su obra. Ese día, como ustedes habrán adivinado, todavía no era presidente del Gobierno Aznar. Por lo tanto, Aznar no quiere retratarse como hombre de Estado, ni siquiera como político, sino como un ciudadano normal. Ese día, que por la mañana temprano su mujer le había recordado el asesinato de Gregorio Ordónez, ETA intentó acabar con su vida. Se salvo milagrosamente y también por las precauciones del Secretario General del Partido, Francisco Álvarez Cascos, que compró un nuevo vehículo para Aznar. Lo cierto es que, desde ese día, José María Aznar no ha podido dejar de verse como una víctima del terrorismo. No importa el comportamiento infame del anterior presidente de Gobierno, Felipe González, que apenas se interesó por su estado de salud. Tampoco le preocupó demasiado el comportamiento displicente del ministro del Interior de esa época, Belloch, quien, después de oír la información de Mayor Oreja sobre que ETA estaba preparando un atentado contra una personalidad muy relevante del Partido Popular, “lo desechó de raíz, argumentando que la información no tenía ningún fundamento.”

En ese contexto de desprecio por la vida de los otros, y en especial de la vida de Aznar, de la que hizo gala el Gobierno de González, he aquí una muestra. Después del atentado sufrido por Aznar, dice éste: “Del Gobierno llamó por teléfono el Presidente Felipe González, que no acudió a la clínica. Se acercó a visitarme Belloch, aunque no pude verlo porque cuando llegó estaban realizándome unas pruebas. La ministra de Sanidad María Ángeles Amador telefoneó para interesarse por mí (…). Excepto estas tres personas, nadie más del Gobierno se presentó en la clínica Ruber ni llamó por teléfono.” Basta con estas líneas para retratar a todo un Gobierno socialista, otro día les cuento la barbaridad que dijo el presidente de Extremadura del atentado de Aznar.

Plataforma electoral
M.A. email  13 Abril 2005

Colegas:
La situación política en Cataluña es insostenible. ERC arrastra al PSC a la consecución del nuevo estatuto, PSC limitado por el PSOE, CIU no quiere avanzar si no controla la situación, todo el cuadro conduce a la convocatoria de elecciones autonómicas. La A.T. debe promover candidaturas en esas elecciones y constituir una plataforma electoral con un programa de bilingüísmo y de saneamiento de la gestión pública. Hay clima, personas capaces y oportunidad de luchar por conseguir escaños. Estoy seguro de que si se hacen las cosas con la cabeza, lo mínimo que puede pasar es que nuestros discursos y reivindicaciones se oigan por toda Cataluña y en toda España. Las personas y grupos de nuestro entorno no tienen nada mejor que hacer y nos sorprenderá la cantidad de gente que está deseando encontrar esas candidaturas. Saludos

Blog de Arcadi Espada 4886
http://www.arcadi.espasa.com 13 Abril 2005

La paz. Zapatero sonríe que la paz llegará antes si el Partido Socialista de Euskadi gobierna en el País Vasco. Apenas sorprende la plácida, desenvuelta, desvergonzada (en frío sentido etimológico) manipulación electoral del terrorismo. Por supuesto que el terrorismo es y debe ser un asunto electoral en el País Vasco. Quizá no haya otro asunto que permita observar a qué conduce la desaparición de la política. Y donde la política y los políticos puedan exhibir mejor la capacidad de protección de la democracia, y su vulnerabilidad necesaria. El terrorismo, además, interpela permanentemente a la sociedad (¿cómo hemos llegado a esto?) y no hay otra pregunta política más importante en el País Vasco. Pero lo último que debe hacer un partido democrático es pedir el voto ofreciendo el final del terrorismo, como sólo hacían hasta ahora los terroristas y sus aliados políticos. En el mejor de los casos tal oferta es un iluso desvarío. Y en el peor una rendición. Hay algo más en las palabras de Zapatero. La paz. Por supuesto supone una nueva muesca en la razón descargada de sus eslogans. Y la enésima confirmación de que el ansia infinita de paz explica mejor que nada por qué llegó al gobierno y cómo piensa mantenerse en él. Pero dejar caer la palabra paz en el paisaje vasco no es cualquier cosa que pueda reducirse a un eslogan. Decir paz es decir que hay una guerra de la que las dos partes debieran abdicar. No. Es cierto que lo contrario de la guerra es la paz. Pero lo contrario del terrorismo no es la paz. Es la ley.

Entrevista de Miguel Artola
20050411.htm M. Email 13 Abril 2005

A los análisis sobre la situación política española y los conflictos nacionalistas, hay que sumar la entrevista al historiador Miguel Artola, publicada en EL PAIS del domingo 10-04-05.

Artola reconoce que la raíz de este problema se encuentra en la formación del Estado español allá en el XIX, en su necesidad de definir el territorio de su actuación, de igualar políticamente a los ciudadanos y de acabar con los privilegios forales. O sea, el programa de la revolución burguesa contra el feudalismo, inacabado todavía en lo relativo a los fueros. Reconoce que hace tiempo debería haberse previsto esta tendencia fragmentaria del Estado y que la novedad o peligro actual, estriba en la ausencia de fuerzas o intereses para mantener la integridad del territorio. Añade la rápida aparición de aparatos “estatales” periféricos, con el consiguiente cortejo de puestos políticos codiciados en dos sentidos: la remuneración económica y el hecho de gobernar directamente en el nivel local, creando así una profesión mucho más abundante: la carrera política autonómica. Esta realidad está desafectada de supuestas opresiones históricas-lingüística-culturales, pero se utilizan localmente como pretextos justificadores para el ejercicio de los cargos y su mantenimiento, así como del entramado inherente de las nuevas castas políticas. (Esto evoca el debate entre los marxistas sobre el origen y naturaleza de la burocracia soviética, debate que empezó con los bolcheviques y ha finalizado con el derrumbe de la URSS; no era una clase sino una casta. Ver Ernest Mandel). El catedrático elude pronunciarse sobre el futuro, porque las fuerzas en presencia todavía no han desplegado su potencial, aunque tacha veladamente de irresponsables políticos a cuantos están inmersos en el proceso sin poner remedio, pues los nuevos interesados gobiernan sus naves sin importarles las consecuencias de sus viajes particulares. En cualquier caso advierte que se están creando condiciones conducentes a enfrentamientos sociales, comparándolas con crisis revolucionarias anteriores. Admite un paralelismo interior de la tendencia mundial a ahondar la brecha entre pobres y ricos, acusando a los políticos de no interesarles solventar las desigualdades territoriales españolas. Por último Miguel Artola constata la paulatina desaparición del Estado español en aras del egoísmo particular que lo hace jirones cuando apenas ha echado a andar en la Historia y espera que la opinión pública se oponga a esta tendencia.

LA BALANZA FISCAL Y EL POPULISMO NACIONALISTA
Por MIKEL BUESA. Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid ABC 13 Abril 2005

FUE Keynes quien, al concluir su magna Teoría general, escribió que «las ideas de los economistas..., tanto cuando son correctas como cuando están equivocadas, son más poderosas de lo que comúnmente se cree», para añadir inmediatamente que «los hombres prácticos, que se creen exentos por completo de cualquier influencia intelectual, son generalmente esclavos de algún economista difunto». Personalmente, siempre tuve la sensación de que Keynes había dado un tono de exageración a esta observación final de su obra; pero al enfrentarme una vez más a la reflexión acerca de las exigencias que Esquerra Republicana de Catalunya plantea al PSOE para mantener su apoyo en el Congreso de los Diputados, me doy cuenta de mi error, e incluso aprecio el acierto de esa otra alusión keynesiana a los políticos «que oyen voces en el aire, (y) destilan su frenesí inspirados en algún mal escritor académico de algunos años atrás».

La cuestión que me interesa con relación a esas exigencias nacionalistas es la que alude a la publicación de las balanzas fiscales de las Comunidades Autónomas, a partir de la cual ERC pretende demostrar -acompañada en esto por sus socios del Gobierno catalán- que la contribución de Cataluña a la redistribución interregional de la renta española es excesiva. Y el economista difunto no puede ser otro que Ramón Trias Fargas. Este profesor de la Universidad de Barcelona fue quien, en su Introducción a la economía de Cataluña, basándose en algunos trabajos precedentes sobre la balanza de pagos de esa región, argumentó que el ahorro generado en ella era superior a la inversión, y que tal situación perjudicaba su desarrollo económico. Imbuido de una idea más bien autárquica, propuso que para impulsar el crecimiento catalán era necesario «ahorrar más y procurar perder el mínimo posible de nuestro ahorro fuera de Cataluña», lo que se habría de lograr disminuyendo al máximo el déficit fiscal. Y, sobre esta base, pretendió asentar un «nuevo regionalismo» cuyo carácter populista vendría determinado por el hecho de que en él confluirían los intereses de «la Cataluña de los ricos y la Cataluña de los pobres», pues «cuando decimos que el ahorro catalán debe permanecer en Cataluña, decimos algo que le conviene al empresario... y decimos algo que igualmente conviene al asalariado». Ni que decir tiene que Trias, como cualquier otro populista, eludió el molesto problema de la distribución de la riqueza señalando que «una vez incrementada la renta regional, veremos cómo la repartimos». Y concluyó, para reafirmar el carácter interclasista de su nacionalismo, proclamando que «el catalanismo como exclusiva de la burguesía ha terminado».

Partiendo de estas ideas tan simples, publicadas al comienzo de los años setenta, se asentó el populismo nacionalista que floreció con la transición a la democracia y que impregnó tanto a la derecha como a la izquierda catalanista. Y, con él, la cuestión de la balanza fiscal se convirtió en uno de los tópicos relevantes en los que confluyeron los programas políticos de ambas corrientes. Era, además, un tópico ilusivo, pues prometía a los ciudadanos su enriquecimiento sin hacer nada: simplemente había que evitar que el ahorro de Cataluña se transfiriera al resto de España. No sorprende por ello que, como ha destacado el profesor Ángel de la Fuente, «exista la tentación de utilizar las balanzas fiscales de manera demagógica, manipulándolas para excitar la indignación ciudadana ante agravios reales o supuestos con la esperanza de obtener rendimientos electorales».

Pero ¿cómo es posible esa manipulación si, aparentemente, estamos ante un concepto objetivo? Pues porque tal «objetividad» es también una ilusión y nos encontramos aún muy lejos de haber establecido una metodología estandarizada para calcular las balanzas fiscales regionales y determinar así la diferencia que hay entre la contribución de los ciudadanos de cada región a los ingresos de las Administraciones Públicas, y los beneficios que esos mismos ciudadanos obtienen a partir de los gastos que realizan esas Administraciones. Para empezar, tales gastos pueden imputarse territorialmente teniendo en cuenta cuál es su localización geográfica o bien considerando dónde habitan sus beneficiarios. Por poner sólo uno de los múltiples ejemplos existentes, según el primero de esos criterios el coste de la base naval de Cartagena se atribuiría a Murcia, pero de acuerdo con el segundo habría que repartirlo entre todas las Comunidades Autónomas debido a que la actividad de ese establecimiento militar proporciona un servicio de defensa a todos los españoles. Pero las complicaciones no acaban ahí, pues además, para cada partida de gasto, hay que emplear un criterio de reparto regional; y muchas veces son varias las posibilidades entre las que elegir. Esto último conduce a que los resultados del cálculo puedan acabar siendo extremadamente diversos, tal como ha demostrado el profesor Ramón Barberán, quien, por mencionar sólo el caso de Cataluña, señala que el saldo fiscal de esta región, estimado según las diferentes reglas de cálculo utilizables, tiene un recorrido que va desde una cifra positiva equivalente al 0,4 por ciento del PIB a otra negativa del 7,9 por ciento de este agregado macroeconómico.

Por tanto, al tratar de establecer cuál es el saldo fiscal de una región, son varios los resultados que pueden obtenerse, pues son también varias las orientaciones metodológicas que pueden seguirse. Éstas dependen, a su vez, en algunas ocasiones, de las simpatías políticas de quien las adopta. Por ejemplo, es el caso del profesor López Casasnovas, catedrático en la Universidad Pompeu Fabra, quien, con toda claridad, señala su interés en establecer, para el cálculo del saldo catalán, un «escenario soberanista... (con) derechos de recaudación y de participación en beneficios por parte de los diferentes territorios». Su metodología -que incluye algunos elementos de contabilidad creativa- conduce al resultado de un déficit del 8,4 por ciento del PIB de Cataluña. O sea, 9.000 millones de euros; una cifra ésta coincidente con la que reclama ERC.

Pero más allá de los virtuosismos contables, lo que está en juego con la discusión de las balanzas fiscales es la integridad y legitimación del Estado democrático en España, a la vez que la unidad y la dimensión del mercado interior nacional. Para entender esto, basta con tener en cuenta que, como puso de relieve el ya citado profesor De la Fuente, tres cuartas partes de los flujos interregionales derivados de la actividad del sector público se deben a la redistribución personal de la renta -en virtud de la cual se hace más equitativo el reparto de los frutos del desarrollo económico, lo que hace más aceptable el sistema político, por una parte, y amplía el tamaño del mercado, haciéndolo más uniforme, por otra-; otro ocho por ciento financia la creación de bienes públicos de carácter nacional y la regulación de la economía -lo que también tiene efectos legitimadores-; y sólo queda una sexta parte para los gastos en los que cabe la aplicación de criterios discrecionales de reparto territorial. Por tanto, el margen de actuación para aliviar los agravios regionales -salvo que se quiera hacer más desigual la distribución personal, como corresponde a la reaccionaria propuesta de ERC y las otras fuerzas políticas catalanas que la secundan- es muy estrecho. Si se sobrepasa, el potencial de desarrollo económico de España, Cataluña incluida, se verá disminuido; y, con él, la legitimidad misma del sistema democrático. Entonces, nadie podrá entender que, para llegar a tan pernicioso resultado, quienes tienen la responsabilidad de la gobernación del país hayan emprendido una reforma institucional orientada a dar satisfacción a las pretensiones nacionalistas.

«CONTRA LA SECESIÓN VASCA»
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 13 Abril 2005

LA manipulación de las conciencias a través del lenguaje popular es una de las más viejas, y eficaces, técnicas de la propaganda. No suele tratarse de alterar, en profundidad, el sentido de los conceptos fundamentales, los que sirven de cimiento a un modo específico de entender la vida; sino de aportarles algún matiz que, con la ayuda del tiempo y la repetición, termine por convertir en arena las rocas más sólidas del pasado. En los últimos meses, por ejemplo, la muy eficaz, constante y diversa artillería nacionalista, tan audaz en sus disparos como corta de rigor en sus planteamientos, trata de equiparar sus emociones locales con las más generales y extendidas entre la mayoría del pueblo español. De hecho, un punto de identificación del fervor soberanista que burbujea por Cataluña y el País Vasco reside en referirse a los partidos más respetuosos con la Constitución, el PP y el PSOE, como «nacionalistas de signo contrario».

El juego, menos inocente de lo que a primera vista parece, está finamente calculado. Escondido en el ambiente globalizador que nos acompaña, pretende convertirlo todo en local. Se pretende que, al final, sea lo mismo Europa que España, lo que ya es un exceso, y España que el País Vasco, lo que, al confundir el todo con la parte, alcanza la precisa dimensión del disparate. Una cosa es el nacionalismo, algo tan respetable como anacrónico, y otra, tan cívica como conveniente, el acatamiento constitucional y, desde él, el respeto a las normas que organizan nuestra convivencia y propician la paz.

Las inminentes elecciones autonómicas vascas, en las que el PNV, con un siglo de historia a las espaldas, se juega su respeto cívico en la apuesta excesiva de Juan José Ibarretxe, acentúan e incrementan la vieja tensión separatista. De ahí que resulte especialmente oportuna y benéfica la aparición de un libro de José Antonio Zarzalejos -«Contra la secesión vasca», Planeta- que, creo, es de lectura obligatoria para todos cuantos, bien sea desde el periodismo o la política, nos asomamos al 17-A con la esperanza de un milagro y el temor de una confirmación. A lo segundo, más que a lo primero, contribuyen de manera eficaz las desavenencias que, más allá de lo formal, sostienen los dos grandes partidos de ámbito español: el PP como tal y el PSOE en su franquicia vascongada.

El repaso que del problema hace José Antonio Zarzalejos, en un ensayo de enjundia política y fácil lectura periodística, marca bien a las claras la gran amenaza del sece-sionismo vasco: la pérdida total y definitiva de la identidad nacional. La que, no sin problemas y tribulaciones, nos ha servido de armazón para el empeño colectivo de construir una Nación, unas veces mejor y otras peor, a lo largo de las vicisitudes que nos han deparado los últimos cinco siglos de vida en común. Por mucho plan que tenga Ibarretxe no es cosa, a estas alturas, de dejarse seducir.

La reforma del Estatuto vasco
José Luis Manzanares Estrella Digital 13 Abril 2005

El problema vasco se reduce al deseo nacionalista de romper la unidad de España, sea mediante el terrorismo, sea por vías pacíficas pero inconstitucionales. Y naturalmente, la identidad de objetivos facilita los acuerdos y apoyos mutuos. Los pacíficos lamentan los crímenes de ETA, pero recogen las nueces del árbol que aquélla mueve y hacen lo posible e incluso lo imposible para dificultar que Madrid —como ellos suelen decir— acabe con la banda sin alguna contraprestación política. Los hechos demuestran a lo largo de muchos años cómo el llamado nacionalismo democrático ha sido siempre más comprensivo con los asesinos que con sus víctimas. En su opinión, ni era acertado llevar la kale borroka a la Audiencia Nacional, ni se debería ilegalizar Batasuna, pero curiosamente han sido la Policía y los Tribunales los que han puesto el terror contra las cuerdas. Si de los nacionalistas hubiera dependido, el siniestro Josu Ternera seguiría defendiendo los Derechos Humanos en el Parlamento de Vitoria. Cinismo elevado a la enésima potencia.

El primer embate nacionalista para obtener la independencia por vía estatutaria —bajo el eufemismo de Libre Asociación— fracasó en el Congreso de los Diputados, a donde ni siquiera debió haber llegado por cuanto encerraba una propuesta claramente inconstitucional. Es previsible, sin embargo, que tras las inminentes elecciones tengamos una segunda versión de lo ya ocurrido, pero con la diferencia de que esta vez Ibarretxe dispondrá de tiempo para convocar un referéndum ilegal que el Gobierno central rechaza aunque silencie el modo de evitarlo. Y cabe también que se elabore un nuevo proyecto de Estatuto que, sin vulnerar nuestra Carta Magna con la desfachatez del anterior, resulte incompatible con alguno de sus preceptos.

La segunda posibilidad abre un escenario preocupante, porque el juego de las mayorías no es el mismo en las reformas estatutarias, para cuya aprobación sólo se exige la absoluta del Congreso, que en las reformas constitucionales, donde se opera con mayorías cualificadas de tres quintos o dos tercios, según los casos, en el Congreso y el Senado separadamente. Con otras palabras, la reforma constitucional requiere el asentimiento del PP, pero no sucede igual con los Estatutos. De ahí, el riesgo de que un día el Tribunal Constitucional haya de resolver algún recurso de inconstitucionalidad en el que las partes enfrentadas serían realmente los dos grandes partidos nacionales, el PSOE y el PP, con lo que ello significaría de elemento negativo para la deseable coordinación de ambos en defensa de los pilares en que se sustenta nuestro modelo de Estado. Dicen los alemanes que no debe hacerse la cuenta sin el cocinero. Y sería un grave error prescindir del PP, que tiene la llave de la cocina constitucional, en cuantas reformas estatutarias puedan rozar los límites marcados por la vigente Constitución.

La campaña vasca
Editorial HERALDO DE SORIA 13 Abril 2005

DIVERSOS sondeos publicados ayer calentaron la recta final de la campaña vasca. Concebida como una especie de plebiscito por el lendakari Ibarretxe tras la derrota de su plan soberanista en el Congreso de los Diputados, esta cita electoral del próximo 17 de abril tiene una especial trascendencia y presenta, además, características diferenciales con los comicios de 2001. Primero, porque se presentaba Batasuna, hoy ilegalizada, aunque su líder, Otegi, ha pedido el voto para una formación surgida de la nada, el Partido Comunista de las Tierras Vascas; segundo, porque el PP y el PSOE, con una estrategia entonces común, acariciaron el sueño de desbancar al nacionalismo vasco en el poder, donde permanece desde 1980, fecha de las primeras elecciones autonómicas. El fracaso en aquellos comicios significó un cambio radical de postura en el PSE, que ha optado por "correr su carrera solo" y desvelar su política de pactos si los resultados le permitieran gobernar. Cercana la cita con las urnas, el PNV, que ha ganado todas las elecciones, sigue en condiciones de gobernar, aunque en coalición. Porque ese fantasmal partido para el que Batasuna ha pedido el voto le quitaría escaños, por mucho que el partido de la burguesía vasca también pueda recoger voto abertzale. Los principales peligros: que se ahonde la indeseable división de la sociedad vasca y que se acelere el viaje sin retorno a propuestas independentistas.

DEMASIADOS ESCRÚPULOS GARANTISTAS
Por LUIS IGNACIO PARADA ABC 13 Abril 2005

EL Gobierno ha decidido no impugnar la lista del Partido Comunista de las Tierras Vascas (EHAK) a las elecciones autonómicas del próximo domingo. Dice el presidente del Gobierno que los servicios jurídicos del Estado no han encontrado elementos que permitan una acción ante los tribunales y que del análisis jurídico, de la Ley de Partidos, de la jurisprudencia y del Tribunal Constitucional se desprende que no hay elementos para iniciar la petición de una demanda de ilegalización. Es una afirmación al menos tan cierta como la contraria. Y, en la duda, se ha preferido vestir la decisión con escrupulosos criterios garantistas.

Una prueba de que los servicios jurídicos del Estado podían haber encontrado motivos para la ilegalización de EHAK está en el artículo 9 de la Ley Orgánica de Partidos Políticos. Es verdad que no cabe una ilegalización preventiva basada en la exculpación de atentados, en el sometimiento a un clima de terror a los poderes públicos o a las personas, en la inclusión en los órganos directivos o en las listas electorales de personas condenadas por delitos de terrorismo que no hayan rechazado públicamente los fines y los medios. Pero no es menos cierto que sí cabe esa petición si se basa en el supuesto letra «e» de ese mismo artículo. Porque una de las razones por las que un partido puede ser declarado ilegal es «Ceder, en favor de los terroristas o de quienes colaboran con ellos, los derechos y prerrogativas que el ordenamiento, y concretamente la legislación electoral, conceden a los partidos políticos». Lo que ocurre es que hacerlo obligaría a trabajar muy deprisa, la petición sería incómoda para el PSOE y, en última instancia, la posible ilegalización resultaría perjudicial para sus intereses electorales. Porque si no se presentara EHAK, el PNV-EA lograría probablemente la mayoría absoluta, y eso añadiría muy serios problemas al partido en el Gobierno.

Libres de sospecha
TONIA ETXARRI El Correo 13 Abril 2005

En toda Europa menos en Euskadi, si un hombre va vestido de azul, lleva casco y manguera, suele ser un bombero. Pues bien, aquí, en las tierras vascas donde brotan amigos de Batasuna como champiñones, nada es lo que parece. Al menos de cara a la Justicia. Si el del casco y manguera no apaga fuegos, seguramente se trate de un disfraz de carnaval. Y si dice lo mismo que ETA y se niega a condenar el terrorismo, no tiene por qué guardar relación con la banda. El caso es que los comunistas de nuevo cuño, que ni estaban ni se les esperaba (salvo Permach, claro está) han logrado atraer la atención . Y hay que reconocer que sin conocer a toda el plantel de la cuadrilla (su presidente, tan clandestino hacia los medios, tan abierto para las entrevistas con Batasuna) han logrado sacar de sus casillas a los opositores.

Ya no son siete escaños los que están en juego según las encuestas. Aralar, al parecer, les arrebata un asiento. Y Madrazo pilla poco; de ahí que el ex consejero esté tan contrariado por la irrupción del Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV-EHAK) y arremeta contra el PSOE que es quien gobierna en Madrid y del que sospecha que se ha dejado meter un gol para quitarle fuerza a la coalición PNV-EA. Una elucubración un poco enrevesada, como corresponde al personaje, porque, después de haber visto cómo han funcionado las alianzas entre Batasuna y el Gobierno de Ibarretxe en esta legislatura, ¿alguien duda de cómo irían los pactos en el próximo Parlamento?

Si al lehendakari, que confunde la mayoría parlamentara del Congreso con un «portazo» por el mero hecho de no haberle sido favorable, lo que más le preocupa es que una victoria del PP y PSE desnaturalice el perfil abertzale de la Cámara... no hay duda. ¿Quién echó una manita al PNV en la Ley de Universidades? Batasuna. ¿Quién le ayudó a que el plan soberanista saliese adelante en el Parlamento vasco? De nuevo, Batasuna. Osea que, independientemente de que el abertzalismo reúna a tres grupos diferentes (PNV-EA, Aralar y EHAK) todos coincidirán en el voto cuando se trate de decidir cuestiones fundamentales para la soberanía vasca.

Por lo demás, los jueces deberían seguir buscando pruebas. No sea que hayan dejado entrar al zorro en el corral de las gallinas y luego ya se ha visto lo que cuesta sacarlo del terreno conquistado.

QUE DECIDA LA JUSTICIA
Editorial ABC 13 Abril 2005

EL Gobierno socialista ha decidido, finalmente, no impugnar ante el Tribunal Supremo la candidatura del Partido Comunista de las Tierras Vascas. El ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, explicó que el Ejecutivo no había hallado «pruebas relevantes» contra el PCTV y descartó abrir un proceso judicial sólo con «corazonadas, por olfato o certezas morales». También el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, intervino personalmente en la defensa de esta decisión, quizás azuzado por la advertencia personal que le lanzó el secretario general del PP, Ángel Acebes, de que sería su responsabilidad directa que ETA siguiera en el Parlamento vasco a partir del próximo día 17. El jefe del Ejecutivo respondió ayer a esta crítica, pidiendo lealtad al PP con el Estado de Derecho y emplazándolo a no buscar atajos en la lucha antiterrorista, porque no hay causa para ilegalizar al PCTV.

Sin embargo, aunque le pese al Gobierno, tales explicaciones no sólo son insuficientes sino que refuerzan la sospecha de que la decisión del Ejecutivo es más política que jurídica. No es al ministro de Justicia ni a Rodríguez Zapatero a quienes incumbe prejuzgar la valoración de los -como mínimo- indicios sobre las relaciones entre Batasuna/ETA y el PCTV. Esa es la tarea del Tribunal Supremo, al que el Gobierno fuerza al silencio por no presentar la correspondiente demanda al amparo de la Ley de Partidos Políticos. La responsabilidad del Ejecutivo era otra muy distinta. Su responsabilidad era trasladar al Tribunal Supremo eso que López Aguilar reduce a «corazonadas, olfato o certezas morales» y que, a la vista de los datos conocidos, tiene más entidad que estas meras apreciaciones subjetivas del ministro de Justicia. Se sabe, porque es público y notorio, que hay una estrategia política y electoral coincidente entre el PCTV y Batasuna en grado suficiente para presumir que aquella candidatura es la continuidad de los grupos proetarras ilegalizados por el Tribunal Supremo. ¿Realmente cree el Gobierno que tras el PCTV no está ETA? ¿Cree el Gobierno que Batasuna iba a confiar su capital político a una formación independiente? La denuncia presentada por el PP ante el fiscal general del Estado no modificará la decisión del Ejecutivo, pero al menos servirá para medir con más precisión el carácter político de la misma porque da forma a todos los indicios acumulados contra el PCTV, según han aparecido en los medios de comunicación.

Nada hay peor en un Estado de Derecho que el enmascaramiento de estrategias partidistas con argumentos de escrúpulo leguleyo. El Gobierno y el PSOE no pueden negar que han debatido internamente la conveniencia de que el PCTV concurra a las elecciones autonómicas vascas para debilitar las expectativas de la coalición PNV-EA y mejorar las propias. Tampoco pueden disimular que se están tapando los ojos ante la realidad de que ETA está detrás del PCTV, a través del apoyo político y organizativo que le está prestando Batasuna. Por eso, Rodríguez Zapatero arriesgó en exceso al hablar de «ilegalizaciones preventivas» y «atajos en la defensa del Estado de Derecho», porque lo que le piden el PP y una opinión pública mayoritaria es que acuda al Tribunal Supremo y pida la ilegalización de un partido sospechoso de connivencia con el terrorismo; y que lo haga a través del procedimiento previsto en la Ley de Partidos Políticos. Cuando se aplica la legalidad vigente, no hay atajos; cuando deciden los jueces, no hay ilegalizaciones «preventivas». Las excusas del Gobierno suenan a puro artificio y sólo cabe desear que la lucha antiterrorista no se resienta demasiado por esta decisión del Ejecutivo, justo ahora que estaba tan cerca el esperado momento de un Parlamento vasco libre de ETA.

La alternativa blanda
Por Iñaki Ezkerra La Razón 13 Abril 2005

Editado por Ana Arjona (PD)

Desaparecidos los tiros, el conflicto vasco es mentira las autonómicas vascas del 17 de abril los dos grandes partidos que en su día llamamos «constitucionalistas» (PP y PSE-EE) se presentan con una estrategia antitética a la del 13-M de 2001 y a aquella campaña en la que por primera vez se mostró con todo el dramatismo y el correspondiente tono de denuncia la situación de acoso antidemocrático que vivimos quienes no somos nacionalistas en Euskadi.

El doloroso fracaso de aquella intentona sirvió para que se larvase una «cultura del miedo a la reedición de la decepción» que es la que ha conformado el perfil bajo y casi de contenido municipal de esta campaña.

Se ha hablando, así, hasta del medio ambiente en un región donde la amenaza terrorista contra la oposición democrática y la ofensiva nacionalista contra la legalidad constitucional dan un ambientazo que de medio no tiene nada.

Estamos ante el obvio ensayo por parte de esos dos grandes partidos nacionales de lo que podemos llamar «la alternativa blanda» para el País Vasco, que en realidad tiene bien poco de nueva porque es un plagio de la estrategia a su vez fracasada en su día de Ramón Jáuregui.

Lo novedoso de este segundo «giro vasquista» del PSE-EE es que mientras el desarrollo del Estatuto de Gernika deja ya muy poco margen para nuevas concesiones en el autogobierno, éstas se han radicalizado paradójicamente.

La reforma estatutaria que oferta Patxi López compite en blandenguería con el entreguismo de Madrazo. ¿Qué política más blanda cabe intentar pasar por nacionalista o sea parecerse lo más posible al rival ideológico?

Pero para entender bien lo que está sucediendo estos días en Euskadi hay que rebobinar la película de los años anteriores al 13-M. Jaime Mayor se anima a aterrizar en esas autonómicas del 2001 y a inaugurar «la alternativa dura» porque la blanda de Ramón Jáuregui había fracasado precisamente y porque con esa blandura –no exactamente con su fracaso– el socialismo había renunciado a liderar el cambio.

Esa renuncia fue la que hizo que el electorado se deslizara al PP y que la alternativa creciera por la derecha ya que había quedado frustrada por la izquierda. La paradoja es que ahora el PSE-EE pretende ser la alternativa de nuevo echando mano de la bandera vieja que ya fue derrotada.

Y lo más paradójico de todo es que el PP renuncia a la «dureza» que lo hizo crecer como alternativa. Aunque es preciso apuntar que renuncia de un modo natural, sin en el entusiasmo suicida ni el fingimiento forzado del PSEEE.

El PP renuncia como si se tratara de una vuelta a su ser apacible y hermético una vez desaparecido de la escena Jaime Mayor y «el maldito estrés que les trajo tanta esperanza y tanta responsabilidad histórica». Por dos caminos opuestos –uno el de la impostura voraz y otro el de la natural inapetencia por el voto– el PSE-EE y el PP han coincidido en esta campaña electoral abrazando una misma estrategia fracasada. Se puede decir por lo tanto que asistimos, más que a unas elecciones, a un fallido amago electoral de la oposición vasca, a un parto del constitucionalismo ya abortado de antemano.

En el caso del PP lo peor no es que haya ablandado formalmente su discurso –que es correcto– sino que no lo haya reforzado ni renovado así como que haya vuelto a su concepto más cerrado de partido cuando más necesitaba abrirse a la sociedad vasca y culminar la labor que inició Jaime Mayor antes de que fuera candidato a lehendakari y en su etapa de ministro de Interior, conectando con distintos sectores de la vida vasca, concitando complicidades, impulsando empatías y sinergias.

Tal repliegue del PP contrasta con el despliegue del PSE-EE, con la sensación que da Patxi López –y que no está reñida con su oferta «blandiblú »– de encontrarse rodeado de toda clase de avales: el apoyo de un Gobierno de su mismo partido, los nacionalistas Emilio Guevara y Joseba Arregi, la plataforma Aldaketa, los mismos redondistas fieles al partido pese a las discrepancias... Y todo ello hace que la de Patxi López se presente como la gran alternativa aunque sea explícitamente «la alternativa chunga».

Frente a esa opción lo que María San Gil ha vendido en esta campaña es verdad, honestidad y coherencia. Con ellas fue capaz de comerse el debate televisivo en el que comparecieron todos los candidatos.

No sólo se comió con patatas a Ibarretxe sino también a Patxi López, pero toda esa estrategia críptica de partido, esas apariciones públicas flanqueada por los bedeles orgánicos del aparato, por Leopoldo Barreda y Carmelo Barrio, esas dos figuras secantes de la política vasca, han contribuido negativamente a dar una imagen de fragilidad que además es falsa lo que resulta más irritante.

Es curioso y significativo que la imagen de fortaleza la diera cuando se liberó de ellos, en su aparición más arriesgada, cuando compareció ante todos los rivales electorales, Ibarretxe inclusive, o sea sola ante el peligro.

Aunque lo más previsible es que «la alternativa blanda», esta estrategia que consiste en hacer como que no se quieren ganar las elecciones, «triunfe», es decir que las pierda en efecto y tal como desea o como hace como que desea, la verdad es que nunca ha sido más difícil el pronóstico.

La incógnita es si tal estrategia desmotivará también al electorado nacionalista y si el miedo al Plan Ibarretxe será suficiente para motivar al electorado constitucionalista.

Otro aspecto que ha contribuido a la blandura de la campaña ha sido la ausencia de atentados que, por un lado, ayuda a Ibarretxe a su plan y por otro delata la falsedad de la demanda nacionalista. Desaparecidos los tiros, el conflicto vasco es mentira.

No es que éstas parezcan las elecciones de Soria. Es que, sin tiros, Euskadi es Soria.

Una de dos
KEPA AULESTIA El Correo 13 Abril 2005

La disposición de EHAK a coger el relevo de Batasuna y la decisión de ésta de dar su apoyo electoral a la citada sigla no revisten -a juicio de quienes impugnaron Aukera Guztiak-motivo suficiente para su ilegalización. Sin embargo, buena parte de los indicios y pruebas considerados por el Tribunal Supremo contra AG son perfectamente aplicables al caso. Así ocurre con la famosa conversación entre Zubiaga y García Sertucha, o con la lectura que el Supremo hizo del Zutabe 106. Y ¿qué significa hoy que en una asamblea de Batasuna en Getxo se pidieran firmas a favor de Aukera Guztiak? Si el Tribunal Constitucional estableció que sólo una declaración inequívoca de condena del terrorismo podía servir como «contraindicio», las manifestaciones de las candidatas de EHAK sobre la violencia que ejercen París y Madrid no parecen responder precisamente a los requisitos del Alto Tribunal.

El resultado parece evidente: mientras Batasuna tiene programados para los próximos días una treintena de actos públicos y EHAK únicamente dos, sólo los socialistas parecen capaces de explicarse la situación. Los populares demandan la «suspensión cautelar» de las candidaturas de EHAK, y aquellos que discreparon de la anulación de Aukera Guztiak sienten cargarse de razón cuando el Abogado del Estado dice no hallar «evidencias suficientes» para emprender «con garantías» un proceso de ilegalización de EHAK.

Quienes emplearon con total seguridad argumentos contundentes para impugnar la «sucesión operativa» entre Batasuna y Aukera Guztiak tienen ahora dificultades para hacerse entender. Mientras tanto, es muy posible que vayan en aumento quienes piensan que, una de dos, o la anulación de Aukera Guztiak representó un exceso de «convicción judicial» o en esta ocasión se está incurriendo en un exceso de «cautela jurídica» frente a la conversión de EHAK en marca sobrevenida de la izquierda abertzale. Ambas interpretaciones actúan como pinza argumental que aprieta a los socialistas en los últimos días de campaña. La primera abona la idea de una permisividad gubernamental electoralmente interesada. La segunda favorece la denuncia nacionalista de anteriores decisiones judiciales. Es probable que todo esto no afecte al resultado que el PSE-EE obtenga el domingo. Pero si éste se sitúa por debajo de sus expectativas, la presencia parlamentaria de EHAK se convertirá en un reproche lacerante para los socialistas.

San Gil
Por David Gistau El Mundo 13 Abril 2005

Editado por Ana Arjona (PD)

Estas elecciones vascas, como las anteriores por culpa de Aznar, tienen todo el aroma de un falso referéndum los políticos como María San Gil no dan mítines ni exponen ideas, sino que arrojan mensajes en una botella para pedir que vaya alguien a salvarles.

Hay como un complejo de náufrago en el Norte que afecta a políticos e intelectuales no sé si llamarlos «constitucionalistas» o «españolistas». Por abreviar, los que tienen que mirar debajo del coche antes de arrancarlo.

Viven como encerrados en Fort Apache, sitiados por los sioux. Y por eso entienden cada llamada a las urnas como la oportunidad cada vez mas desesperada de que por fin llegue esa columna del Séptimo -el vuelco electoral- que llevan reclamando mucho tiempo para acabar con el asedio del nacionalismo priísta.

Tenemos a veces la impresión de que los políticos como María San Gil y los intelectuales de su entorno son a veces un poco pelmazos, tan monotemáticos de lo suyo, tan inclinados a regañar a cualquiera que no abrace su causa.

Pero eso sólo nos pasa porque no sabemos que es estar ahí, teniendo que mirar debajo del coche antes de arrancarlo, y encima sentirse abandonado, porque hasta los civiles iraquíes y los clítoris somalíes tienen más gente que les defienda entre nuestros abajofirmantes habituales.

En las últimas elecciones vascas, Aznar intentó que Mayor Oreja fuera esa columna del Séptimo que llega para romper el cerco y salvar el fuerte. Fue una torpeza inaudita.

Planteadas así, las elecciones terminaron siendo un falso referéndum que perdió Madrid y cuya consecuencia, desatadas la inercia y la euforia, fue el plan Ibarretxe.

El autor del desastre, Mayor Oreja, se quedó en el Norte el tiempo justito para no parecer desertor y luego se puso a salvo en Europa, dejando a María San Gil para que ella se comiera el marrón de lidiar con un nacionalismo crecido y con fe en sí porque gracias a la apuesta de Aznar ya había comprobado que nadie iba a llegar para salvar a los náufragos. Por más mensajes dentro de una botella que se arrojaran al mar.

De todo esto, la única que parece no haberse enterado es María San Gil. Si es que de verdad se cree capaz, no ya de ganar al PNV, sino tan siquiera de recortarle la mayoría absoluta.

Estas elecciones vascas, como las anteriores por culpa de Aznar, tienen todo el aroma de un falso referéndum. Con el electorado nacionalista, además, ansioso de revancha por la bofetada que recibió Ibarretxe en Madrid durante aquellas jornadas en que sólo consiguió que supiéramos que tiene un Mercedes.

Por lo demás, y si todo el drama de ser constitucionalista en el Norte no valió para convocar el voto salvador hace cuatro años, ¿por qué iba a hacerlo ahora?

Alguien debería decirle a San Gil que el Séptimo no llegará nunca. Merece saberlo, porque todavía es joven y está a tiempo de dedicarse a otra cosa. A Europa, por ejemplo, que es adonde se fue Mayor cuando asumió que, perdido el Norte, no quedaba sino salvarse uno mismo. Porque el Norte está perdido.

Eso lo sabe hasta Aznar y sólo María San Gil parece no haberse enterado.

Víctimas, política con claroscuros
LOURDES PÉREZ/BILBAO El Correo 13 Abril 2005

Pinceladas de la legislatura
«(...) No podemos olvidar que ETA es, hoy en día, la principal responsable de la conculcación de los Derechos Humanos y de la libertad en nuestra sociedad. ETA nos tendrá enfrente, no sólo porque la violencia es ética y moralmente condenable, sino porque, además, no respeta la voluntad de la inmensa mayoría de este pueblo que le exige el abandono definitivo de la lucha armada. Mi prioridad será siempre -y por encima de todo-, el compromiso ético con la vida y con la defensa de la libertad y la seguridad de todas las personas». Esta promesa fue pronunciada con toda la solemnidad que requería el momento por Juan José Ibarretxe hace cuatro años, en el debate en el que fue investido lehendakari en el Parlamento vasco.

Aquel centenar de palabras no llegó a constituir una renuncia expresa de los presupuestos políticos que habían definido la convulsa legislatura anterior -condicionada por el Pacto de Lizarra y la tregua declarada y rota de ETA-, pero su sola formulación ponía al descubierto dos evidencias. Por una parte, la existencia de una herida colectiva, representada en el sufrimiento de quienes han padecido directamente el zarpazo de la violencia y quienes malviven amenazados, que ensombrece la fotografía idílica de Euskadi. Y, por otra, la asunción implícita por parte del nacionalismo gobernante de su falta de suficiente abrigo a las víctimas, que éstas habían percibido como puro y simple «abandono».

Por primera vez en su historia, los afectados se habían constituido en agrupación en Euskadi -el embrión de Covite- y habían comenzado a alzar su voz exigiendo memoria, verdad y justicia y reprochando al lehendakari su entendimiento con Batasuna en Estella. ETA no asesinó durante 16 meses de paz tutelada, aunque nunca como entonces tantos vascos se sintieron atemorizados por una violencia callejera que se hizo cotidiana. Ibarretxe encaró el final de su primer mandato con la tregua dinamitada por los terroristas y la desoladora fotografía de la división en la marcha que recorrió las calles de Vitoria después de que la banda segara la vida de Fernando Buesa y el escolta Jorge Díez.

En su discurso de investidura del 11 de julio de 2001, el lehendakari ligó su compromiso de convertir la búsqueda de la libertad en su «prioridad» a un conjunto de medidas, resumidas en la profundización de «la solidaridad activa» con las víctimas, en la implicación de la sociedad en la defensa de los Derechos Humanos y en el combate policial de la violencia. El desarrollo de esa declaración de intenciones ha sido muy dispar y se ha visto condicionado por el rebrote de la crispación política una vez que Ibarretxe puso encima de la mesa su plan de libre adhesión a España. Un proyecto que Covite y otros colectivos creen incompatible -al igual que la oposición del tripartito a iniciativas como la Ley de Partidos- con un amparo convencido a quienes soportan la coacción del terrorismo.

«El balance tiene luces y sombras», constatan los responsables de las oficinas de Víctimas y de Derechos Humanos del Gobierno de Vitoria. Los nombramientos de Maixabel Lasa y Txema Urkijo fueron interpretados como un gesto de la disposición del Ejecutivo a corregir errores y adoptar una nueva política. Ibarretxe eligió a Lasa -viuda del ex gobernador civil de Guipúzcoa Juan Mari Jáuregui y vinculada como él al socialismo más vasquista- para dirigir el nuevo departamento de asistencia a los afectados, encuadrado en Interior. Urkijo constituyó una apuesta de EA, que sumó a la consejería de Justicia al abogado llodiano, miembro de las primeras hornadas de Gesto por la Paz y sin filiación partidista.

¿Supuso su designación un mero 'lavado de cara', que no les ha librado de las críticas? «A nosotros no nos ha importado ser tontos, siempre y cuando hayamos podido ser útiles», reflexionan ambos, convencidos de que la sociedad vasca y sus instituciones aún tienen una «deuda» que pagar a las víctimas. Por primera vez en décadas, recuerdan, muchos afectados han recibido esta legislatura una llamada oficial y han podido encontrar enfrente un rostro al que reprocharle su desapego. Al que decirle «'tú me has tenido abandonado'».

42.000 amenazados
A sus ojos, la legislatura sí ha servido para afianzar la asistencia material y psicológica a los afectados e incorporar al discurso institucional a quienes padecen la 'violencia de persecución'; un término acuñado por Gesto que remite al calvario de 42.000 vascos amenazados. «Se podrá pensar si es suficiente o insuficiente, pero se ha hecho», subraya Urkijo. En el haber de los partidos figuran los acuerdos de Arkaute sobre la seguridad de los cargos y sedes de las fuerzas constitucionalistas, labrado casi mano a mano por el consejero de Interior, Javier Balza, y actual director de la Policía, el socialista Víctor García Hidalgo.

Ese pacto constituyó el preludio de la trabajosa -e inédita- proposición de ley que refrendaron el 25 de junio de 2003 en el Parlamento todos los partidos, salvo la ilegalizada Batasuna. La iniciativa comprometía actuaciones concretas en 13 grandes apartados, que abarcaban desde ayudas económicas y laborales a facilidades para cambiar de vivienda, pasando por el acompañamiento en procesos judiciales, la formación en valores democráticos o la conmemoración anual -fallida- del día de la víctima. Mientras los responsables del Gobierno sostienen que las medidas se han ido aplicando de forma «razonablemente satisfactoria», los colectivos de afectados creen que han resultado un fiasco. En todo caso, el frágil consenso se terminó de resquebrajar hace dos meses, cuando la Cámara suscribió un nuevo dictamen -heredero del anterior- únicamente con los votos del tripartito y la abstención de PP y PSE.

La unanimidad quedaba así rota, tal y como ocurrió con el foro promovido por el lehendakari con todas las formaciones vascas, excepción hecha de la izquierda abertzale. Aquella convocatoria, lo más parecido a una mesa por la paz que se impulsaba en Euskadi desde que el Pacto de Ajuria Enea entró en vía muerta, apenas perduró dos reuniones y no pareció existir voluntad de revitalizarla, una vez que Ibarretxe arrancó el camino para cambiar el marco político y se empezó a consumar la ilegalización de Batasuna. Hoy hay que rastrear en la hemerotecas para encontrarlo, pero los partidos abrieron en su primera cita una vía para no gobernar ni hacer oposición con el grupo de Otegi.

Un puñado de municipios
Ibarretxe quiso desarrollar aquel foro en paralelo a una iniciativa incluso más ambiciosa. El 3 de mayo de 2002 de nuevo todos los partidos, tras una negociación no exenta de serias dificultades, rubricaron la Declaración de Eudel, que contemplaba la creación pionera de grupos cívicos en cada localidad vasca para proteger y amparar a los vecinos amenazados. Tres años más tarde, apenas un puñado de municipios -las capitales, Durango o Leioa- han promovido esas brigadas ciudadanas. Y el lehendakari, lastrado por su minoría parlamentaria, tampoco ha logrado insuflar aliento al proyectado Observatorio de Derechos Humanos, que duerme el sueño de los justos desde que Federico Mayor Zaragoza culminó su diseño.

Urkijo y Lasa creen «justo reconocer» que se ha operado en el Gobierno «un cambio en una actitud errónea» hacia las víctimas, pero siguen echando en falta una «definición global» de la política institucional, «gestos» más decididos de cobijo a quienes sufren y que los partidos «se empapen», calle a calle, de que lo que está en juego «es el sistema democrático que permite al otro defender sus ideas en libertad». Un planteamiento al que la directora de la Oficina de Víctimas añadió en unas recientes jornadas una cruda petición a los nacionalistas para que admitan que ETA «les perdona».

Bochornoso cálculo electoral
EDITORIAL Libertad Digital 13 Abril 2005

Iban advertidos, y no hicieron nada. Al final, de poco ha servido el grito de socorro que los demócratas elevaron al Gobierno para impedir que una lista cuando menos sospechosa y cuando más directamente vinculada con el entorno de Batasuna concurra a las elecciones vascas del próximo domingo. El día 17, el Partido Comunista de las Tierras Vascas, el ya célebre EHAK que está llenando de carteles las calles y pueblos del País Vasco, podrá presentarse ante los electores a pesar de los muchos indicios que la sitúan más cerca de los asesinos que de las víctimas.

Ha sido inútil insistir a lo largo de los últimos días en hechos tan evidentes como que EHAK ha recogido el testigo de la ya ilegal Aukera Guztiak, que sus líderes se han negado en redondo a condenar el terrorismo etarra o que el mismísimo Arnaldo Otegui pidió el pasado viernes públicamente a los batasunos que prestasen su apoyo a la candidatura de los Comunistas Vascos. Para la Abogacía General del Estado la única conexión constatable entre ambas formaciones es que el jefe de prensa es la misma persona, un tal Joseba Zinkunegui. Los abogados del Estado, sin embargo, no han sido en esta ocasión más que la triste correa transmisora del presidente Rodríguez Zapatero, político de oportunidad cuya agenda es otra bien distinta.

Durante el último año, tal y como dejó ayer meridianamente claro Esperanza Aguirre, el Gobierno de Zapatero se ha empeñado en supeditar los intereses de la Nación a los de su partido. No ha existido más proyecto en España en los últimos doce meses que el proyecto privado del PSOE, con el objetivo declarado de hacer de nuestro país un simple trasunto del partido en el poder. En esas coordenadas se entiende que, ante una fecha tan emblemática como la de las elecciones vascas, se haya diseñado desde Moncloa una estrategia tan vil y tan alejada de lo que realmente conviene al País Vasco. Los cálculos de Zapatero consisten, esencialmente, en presentarse como árbitro de la gobernabilidad ofreciendo sus escaños a un PNV preso de la mayoría relativa en la cámara. Para ello no ha tenido empacho en alejarse a conciencia de sus aliados naturales en aquella autonomía que, dadas las anormales circunstancias que padece desde hace años, son los populares de María San Gil.

El broche de oro a la operación de distanciamiento lo ha puesto absteniéndose adrede de una suerte de relegalización de Batasuna bajo otro nombre y con caras nuevas para evitar las sospechas de los jueces. En cuanto al Pacto Antiterrorista que hizo posible la unidad de los constitucionalistas puede considerarse roto, y no precisamente por culpa del PP. Zapatero, sin embargo, ha encendido el ventilador y ha acusado a los populares de deslealtad. Curioso modo de confundir en un dirigente cuyas lealtades inquebrantables son siempre para partidos que, como Esquerra Republicana, tienen como único propósito dinamitar la Constitución y el Estado de Derecho.

Si finalmente se sale con la suya y consigue embarcarse junto al PNV en un Gobierno de coalición que allane el camino a un nuevo plan Ibarretxe rebautizado, la estratagema preelectoral habrá quedado a la vista de todos. Si no es así, si a pesar de prestidigitar con cartas marcadas por el diablo, el PSE se queda a las puertas de Ajuria Enea, todo habrá sido en vano y se cerrará un nuevo capítulo de desvergüenza política ante la que más de uno deberá dar explicaciones. Porque, el día 18 por la mañana, los concejales y diputados del PSOE en el País Vasco seguirán siendo lo que son hoy día, unos ciudadanos de segunda en un mundo de nacionalismo obligatorio. Para entonces, los recién elegidos diputados del PCTV se pavonearán soberbios delante de los que un día les abrieron de par en par las puertas del parlamento.

EHAK se confiesa mensajero de Batasuna
Lorenzo Contreras Estrella Digital 13 Abril 2005

Es imposible no sorprenderse ante la actitud de la Abogacía del Estado, expresión en este caso del Ministerio de Justicia, cuando dice no ver “base” para impugnar la candidatura de EHAK (Partido Comunista de las Tierras Vascas) a las elecciones del próximo día 17 en Euskadi. La propia organización, que aguardaba su momento para constituirse en tapadera de Batasuna, tras la ilegalización de esta formación y de su sucesora Aukera Guztiak, ha llegado a definirse públicamente como mensajera “de los que han quedado sin voz”. ¿Y qué significa ser mensajero? Podría haber dicho que ocupaba un vacío sin más precisiones que implicaran una identificación ideológica, pero EHAK no ha podido ser más alocuente. Que se sepa, quienes se han quedado “sin voz” han sido Batasuna y Aukera Guztiak, de quienes esta nueva plataforma electoral se considera portavoz, que es lo que viene a significar el concepto de mansajera.

Una candidata, cabecera de lista, manifestó en el frontón Atano III de San Sebastián que Ibarretxe dice estar en contra de la ilegalización de AG y, sin embargo, “sabotea por la fuerza a otras opciones políticas”. Cuáles sean éstas, defendidas por EHAK, no pueden ser otras que Batasuna y su penúltima “lista blanca”. Otra demostración de afinidad concluyente.

No hace falta demasiado esfuerzo dialéctico, más bien ninguno, para llegar a deducciones obvias. Es algo que se ve en la distancia y, por supuesto, también, cómo no, en la cercanía. Patxi Zabaleta, coordinador de Aralar, que es una especie de Batasuna en clave pacifista, pero con todos los ingredientes ideológicos del abertzalismo puro, ha declarado en un acto electoral del bulevar Donostia su satisfacción por la confrontación en estas elecciones de lo que llamó “las dos expresiones de la izquierda abertzale, Aralar y Batasuna, vestida en este caso con el ropaje del Partido Comunista de las Tierras Vascas”.

Los medios de comunicación en toda España están repletos de referencias a los argumentos que emplean los informes de la Guardia Civil. Pero es que no hace falta recurrir a ellos para reforzar evidencias que, por ser tales evidencias, se expresan solas. El pasado 9 de abril, el diario Gara publicaba a doble página una entrevista con Arnaldo Otegi, en la que el portavoz de la ilegalizada Batasuna, respondiendo a la pregunta de por qué su formación pide el voto para EHAK, manifestaba: “Lo primero que tenemos que decir es que la presencia electoral de EHAK no significa que estas elecciones hayan dejado de ser antidemocráticas (...) Pero en cualquier caso, este partido ha renunciado a su programa político para poner encima de la mesa la búsqueda de soluciones a esta situación antidemocrática. Por eso Batasuna llama a votar a EHAK, que ha puesto sus candidaturas al servicio de la ciudadanía para que pueda hacer frente a un escenario antidemocrático y hacer al mismo tiempo una apuesta por la paz y la democracia”.

Queda claro? EHAK en el papel de comodín, que esperaba en la reserva el papel que las circunstancias le deparasen, siempre, por supuesto, a las órdenes de los jefes superiores, los amos de la casa matriz que, como tales, son los dueños de cualquier sucursal.

El preámbulo
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 13 Abril 2005

Los grandes mitines de la campaña del nacionalismo institucional están protagonizados por los presidentes de los dos partidos coaligados, Josu Jon Imaz y Begoña Errazti, y por el candidato común, Juan José Ibarretxe. El protocolo de intervenciones en los actos públicos está fijado en virtud de la dote que cada novio aporta a este matrimonio. Eusko Alkartasuna es el socio menor del pacto y, por ello, a Begoña Errazti le toca hacer la primera intervención, como los teloneros en los conciertos de música. Tras ella habla Imaz y cierra el candidato a lehendakari.

Desde el día mismo en que firmaron el acuerdo de coalición, la presidenta de EA viene haciendo un discurso independentista. De forma reiterada, y sin tapujos, proclama su propósito de convertir a Euskadi en una república vasca con su bandera ondeando en las sedes de las instituciones europeas. «No podemos renunciar a la independencia», dice Errazti que, acto seguido, aclara que «estamos en un momento previo» y que ese momento previo es el Plan Ibarretxe, «que vamos a aprobar otra vez en el Parlamento vasco».

Mitin tras mitin, la dirigente de EA repite este discurso como préambulo de las palabras de sus socios del PNV. Ni Imaz ni Ibarretxe hablan nunca en clave independentista. Su lenguaje es muy distinto. Pero tampoco pronuncian nunca una rectificación ni una corrección a lo que dice Errazti, de forma que los militantes nacionalistas que asisten a estos actos electorales se van a casa con la idea de que el Plan Ibarretxe es el preámbulo de la independencia.

Esta misma idea le recogía el profesor Antonio Elorza en la presentación de su último libro, 'Tras la huella de Sabino Arana. Los orígenes totalitarios del nacionalismo vasco' (Temas de Hoy): «El Plan Ibarretxe es una escala necesaria porque no pueden imponer la independencia a corto plazo».

Concebir el nuevo estatuto de Ibarretxe como un paso intermedio hacia una independencia que hoy no podrían conseguir conlleva el germen de la inestabilidad permanente. Al día siguiente de aprobarse el estatuto, el nacionalismo comenzaría a denunciar su insuficiencia y a erosionarlo para llegar cuanto antes a la etapa final, a su objetivo último, un objetivo que será entonces más fácil de alcanzar porque para eso se ha pensado el artículo 13.3 del nuevo estatuto, que regula la forma de alterar la relación con España mediante la mayoría de los votos válidos.

El secreto de la “lista blanca”
Pablo Sebastián Estrella Digital 13 Abril 2005

El Gobierno ha dicho “no” a la ilegalización de la llamada segunda “lista blanca” de Batasuna que se autotitula como el Partido Comunista de las Tierras Vascas con el argumento de que no hay pruebas directas, por más que existan indicios y sospechas (de conexión con ETA y también de negociación con ETA) de la relación etarra con dicha candidatura que el Gobierno no quiere ilegalizar, y que el presidente Zapatero descartó afirmando que no se puede poner en marcha una “ilegalización preventiva”, en alusión a la “guerra preventiva” de Bush en Iraq, lo que ha provocado una airada respuesta del líder de la oposición, Mariano Rajoy, quien ha acusado a Zapatero de abrirle a ETA la puerta del Parlamento vasco.

El ministro de Justicia informó ayer a los dirigentes del PP de que el Gobierno no tiene pruebas ni elementos suficientes para impugnar la candidatura en cuestión, afirmación que de por sí impide que prospere cualquier iniciativa judicial como la presentada ante la Fiscalía del Estado por el PP. Si el titular de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, no ve indicios de delito, ¿quién dirá lo contrario?

Pues lo contrario lo dice el PP, que ha convertido esta cuestión en el punto central de la campaña electoral vasca, acusando al PSOE y al PNV de estar implicados en una mala maniobra que beneficia a ETA. Maniobra sobre la que recaen diversas sospechas: por una parte está la puramente electoral, porque el PSOE no quiere que la coalición de PNV y EA consiga mayoría absoluta, como podría ser posible en ausencia de Batasuna; pero además existe la sospecha de que el Gobierno esté negociando con ETA y que la banda terrorista haya puesto la participación electoral de PCTV como condición para avanzar en el diálogo para poder estar en política si anuncian el abandono de las armas y no tener que esperar a las elecciones del 2009.

Naturalmente, todo al día de hoy son conjeturas y caben muchas interpretaciones sobre lo que está ocurriendo, pero es sabido que Zapatero no deja de hacerle guiños al diálogo con ETA y que llevan razón quienes afirman que si Ibarretxe consigue mayoría absoluta él solo, la crisis del País Vasco iría a peor. De ahí la utilidad política de la famosa “lista blanca” de Batasuna.

Una lista que va a seguir en campaña salvo que de aquí al domingo se produzca una revelación excepcional que pruebe su relación con el mundo de ETA, lo que no parece fácil ni posible al día de hoy. Motivo por el cual ya sólo queda esperar a la jornada de las elecciones, porque en los discursos políticos nada nuevo se oye ni se va a escuchar. Todos siguen inamovibles en sus posiciones, Euskadi permanece dividida y sin visos de encuentros entre nacionalistas y españolistas, y puede que continúe así si finalmente el reparto de los escaños del Parlamento de Vitoria deja las cosas, más o menos, como están, que es lo más probable, visto el desarrollo de la campaña electoral.

Los engaños de un visionario
Ignacio Villa Libertad Digital 13 Abril 2005

A Zapatero está vez le ha fallado todo el equipo. Quizá ha sido ese carácter visionario, que cada vez utiliza con más frecuencia, lo que ha llevado al presidente del Gobierno a sumergirse en la irrealidad total. Pero lo cierto es que el Jefe del Ejecutivo ha conseguido en un tiempo récord hacer saltar el Pacto Antiterrorista por los aires, ha machacado por la vía de los hechos la Ley de Partidos y ha vuelto a abrir la puerta del parlamento de Vitoria a los terroristas atrincherados detrás del Partido Comunista de las Tierras Vascas.

Zapatero habla de lealtad.¿De qué lealtad? ¿A qué lealtad se refiere? Ha sido el presidente del Gobierno el que nos ha engañado a todos los ciudadanos. Somos nosotros los que nos sentimos "choteados" por el propio responsable del Ejecutivo. La realidad es que este hombre ha diseñado una estrategia partidista, electoral y mezquina para ganar "cuota" en el País Vasco. Y se va a llevar un buen correctivo. Con el agravante de que ese toque de atención no es para Zapatero. El tortazo electoral que se va a llevar el presidente del Gobierno es un revés para todos los demócratas que pensábamos que el 17 de abril no iban a entrar los terroristas en el Parlamento. Pero gracias a la negligencia y a las estrategias de ZP, las cosas no van a ser así.

Pero es que además de todo esto Zapatero tiene "el rostro" de reprochar al PP que no es leal. Habrá que recordar a este señor que está inhabilitado para hablar de lealtades y de coherencia, cuando de forma miserable el pasado mes de enero engañaba a Mariano Rajoy con un ficticio Pacto Constitucional que él mismo se ha encargado de dinamitar. Zapatero, que utiliza la deslealtad como parte de su forma de hacer política, no es quién para pedir lealtad a nadie.

Lo cierto es que la candidatura del Partido Comunista de las Tierras Vascas se presenta a las elecciones y que el Gobierno no ha reaccionado. Y cuando lo ha hecho ha sido para cumplir un lastimoso expediente. Y encima, para redondear la jugada, dice desde ese tono profesoral vacío –que tanto utiliza– que no hay ilegalizaciones preventivas. Lo que ha hecho Zapatero con su inacción es abrir la puerta a los terroristas en Vitoria. Y lo siento después de esto, lecciones ya ni una.

Cosas que pasan
El exilio
Por Alfonso Ussía La Razón 13 Abril 2005

Editado por Ana Arjona (PD)

Habla Ibarreche de la amabilidad de Euskalerría. Así, junto y sin «h», como siempre se escribió «tierra de los vascos», «pueblo de los vascos».

¿Cuál es la tierra de los vascos? En la actualidad, la verdadera «Euskalerría » es todo el territorio nacional. Casi cuatrocientos mil vascos han tenido que abandonar sus raíces para huir del nacionalismo. De ellos, ciento veinte mil durante los gobiernos de Ibarreche.

El cuarenta por ciento de los «ertzainas» viven fuera del País Vasco, amparados por los límites autonómicos. La mayor parte de ellos en Cantabria, pero también en La Rioja, Navarra y la alta Castilla.

La diáspora vasca es, proporcionalmente, mayor que la de los republicanos españoles en los años posteriores a la Guerra Civil. Además, que aquellos exiliados, poco a poco, volvieron a España, mientras que los vascos desterrados por el terror y el nacionalismo no tienen hoy el horizonte del retorno.

Son tan amables los nacionalistas que han echado a patadas a cuatrocientos mil ciudadanos vascos. La mayoría amenazados. Es el mejor sistema para garantizar el triunfo en las elecciones.

Primero se les hace la vida imposible a los constitucionalistas, o lo que es igual, a los vascos que también, y sobre todo, se sienten españoles.

Cuando la capacidad de resistencia se debilita, puente de plata. Amable lugar el que planifica el éxodo de los suyos. Los forajidos actúan y los beatos nacionalistas toleran. La soledad y el desencanto de los vascos que no pertenecen al sistema son absolutos.

Aquello era un paraíso. Pero hay que hablar en pasado. Por lógica comodidad, y también por seguridad, un considerable porcentaje de los vascos exiliados en el resto de España, se ha dado de baja en el censo de las Vascongadas.

Otra gran victoria de los nacionalistas, de los amables nacionalistas. Ahora vuelven los representantes de los etarras a los foros políticos. La democracia resulta excesivamente fácil de engañar. No condenan, o lo que es igual, no les parece mal el terrorismo y pretenden implantar una Dictadura del Proletariado.

A estas alturas, todavía queda el que defiende la cruel mamarrachada. Se unen bajo un nombre muy largo, algo así como Partido Comunista de las Tierras Vascas, o cosa parecida. Están en el sistema. En pocos meses se quitarán la careta y formarán la nueva Batasuna. No hay en Europa un sistema político más perverso que el imperante en Euskalerría.

La putrefacción moral y ética compensa a cambio de la comodidad. Quedan héroes, pero van a ser perseguidos y exterminados hasta que la ciudadanía de las provincias vascas esté compuesta exclusivamente por pastueños. Vuelvo a las cifras, escalofriantes.

En España, una nación demócrata que pertenece a la Unión Europea, hay un territorio en el que se practica con cálculo y magníficos resultados la depuración étnica e ideológica. Cuatrocientos mil vascos exiliados. Ciento veinte mil han huido de Ibarreche. Amable tierra mía.

Un plebiscito tranquilo
ANTONIO ELORZA/CATEDRÁTICO DE PENSAMIENTO POLÍTICO UNIVERSIDAD COMPLUTENSE El Correo 13 Abril 2005

Si las elecciones de mayo de 2001 tuvieron lugar en un ambiente cargado de tensión, las que se avecinan, por lo menos a juzgar por la primera semana de campaña, se desarrollan en un clima de sosiego, en el cual la atención parece centrarse en el episodio que, al modo de las viejas películas de Tom y Jerry, enfrenta a las mil caras políticas de ETA-Batasuna con el Estado de Derecho. Por el momento, gana el astuto ratón, aprovechando el descuido del gatazo al no prever que la madriguera contaba con dos salidas. Asistimos así a un saludable amortiguamiento de las pasiones políticas, hecho posible por la circunstancia de que ETA haya sido transitoriamente derrotada por esa acción policial que el Gobierno vasco siempre desestimó.

Pero no es el único factor que interviene a la hora de llevar la paz a los espíritus. Un aspecto en el que existe una amplia coincidencia en los juicios es que 'el talante' de Zapatero tiene la virtud de actuar como adormidera de todo tipo de problemas, por graves que éstos sean, en los antípodas de Aznar. Siempre cede, o aparenta ceder y estar abierto al diálogo, con lo cual la tradicional denuncia del Gobierno central como agresor permanente pierde credibilidad. Y, por fin, cuenta que si en 2001 pudo esperarse un vuelco en las relaciones de poder en la CAV, con un gobierno de coalición PP-PSOE y el PNV despojado de su heredad política, ahora las habas están casi contadas, y los cambios de importancia que pudieran producirse no surgirán de la victoria de un bloque sobre otro, sino del desplazamiento de un número limitado de votos, siempre sobre la base de la primacía de PNV-EA.

La guerra de movimientos ha sido sustituida por la guerra de posiciones, y prácticamente todos los partidos con peso político buscan sus ganancias sin poner en peligro el capital previamente adquirido. El tándem PNV-EA, sabedor de su ventaja, no tiene el menor interés en que se someta a debate el contenido del núcleo de su propuesta, el plan Ibarretxe, confiando en una mayoría absoluta sustentada en la popularidad de su líder, el apego al derecho a decidir frente a lo que diga Madrid y la ausencia inicialmente prevista de Batasuna. A Ezker Batua, el engaño y la subalternidad le han ido muy bien. Son la pequeña izquierda atrapalotodo, que proclama la originalidad de sus propias posiciones para hacer luego lo que Ibarretxe mande. En 2001 salieron en campaña contra el PP, ahora se trata de disfrazarse nada menos que de auténtica izquierda contra el PSOE. En cuanto a la vertiente opuesta, el PP asume el papel perdedor al defender el espacio constitucionalista, con el PSOE buscando el pacto con el PNV. Por fortuna ya no están ahí las muertes por el terrorismo, que cimentaban la solidaridad entre los partidos constitucionalistas, y por si faltaban factores de conflicto, la sombra del enfrentamiento constante entre PSOE y PP en Madrid se proyecta sobre Euskadi.

A regañadientes, el PSOE admite que el PNV es el adversario, pero ya sin reservas el PP es el enemigo. La competición entre ambos por un incremento relativo en el número de diputados adquiere el aspecto de una carrera entre dos coches fúnebres. Únicamente la impensable suma entre ambos de 38 diputados o los estropicios causados por la surrealista candidatura de los comunistas euskalerríacos podrían conferirles una capacidad de intervención, sobre todo al PSE; en la espera, ambos han optado por nadar y guardar la ropa. Impera, en suma, la prudencia y a su lado el enmascaramiento. Visible éste antes sólo en la doble cara política de Madrazo, pero asumido también ahora por Ibarretxe al ofrecer una «negociación», sin aclarar que sólo podría afectar a la forma de cumplimiento de su plan, y no digamos por el mundo de ETA, con estos nuevos euskocomunistas que tal y como nos dice Otegi son tan generosos que «renuncian a su propio programa para poner sobre la mesa las soluciones», léase el mandato de Batasuna.

El curioso resultado de esa suma de cautelas y disfraces es que el gran tema a debate de estas elecciones, la 'libre asociación vasca', planteada por Ibarretxe y aprobada el 30 de diciembre por el Parlamento vasco, ha quedado totalmente fuera de campo. Más allá de unas cuantas generalidades, nadie habla del contenido de la nueva ley fundamental que en uso implícito del derecho de autodeterminación avanza paso a paso en Euskadi. La mayoría de la población desconoce su significado concreto, la mira con desconfianza y no va a decidir su voto tomándola en consideración. Tan extraño fenómeno se debe a que unos, los nacionalistas, han optado juiciosamente por esperar al momento posterior al 17 de abril para hablar en voz alta, y otros, los que antes llamábamos constitucionalistas o estatutistas, prefieren rehuir toda profundización en el tema.

La línea de juego elegida por Ibarretxe es necesariamente conservadora, ya que no le interesa siquiera apuntar lo que encierra su plan ni el significado de su 'negociación'. Nada de debate, sólo un discurso de confirmación de la identidad y del propio liderazgo nacional, acompañado de la descalificación de los oponentes, aunque éstos sean tan cordiales como los socialistas. Al presunto ganador, las estridencias le sobran. Sólo necesita baños de masas tipo Barakaldo para difundir la imagen de que todo el 'pueblo vasco' le sigue. Ya estallará la traca en caso de victoria. Del mismo modo que en 2001 reapareció el tema de la autodeterminación, oculto cuidadosamente durante la campaña, nos vamos a enterar de los propósitos moderados del lehendakari, y de los gritos de independencia de la señora Errazti, en caso de mayoría absoluta de PNV-EA, e incluso del tripartito. El escudero leal no falla.

Las previsiones desfavorables y el enroque frente a una ampliación del Estatuto han limitado el espacio de propaganda en que se ha movido la candidata del PP, a título personal la más dinámica de los contendientes. El que ha insistido en una propuesta política renovadora es el PSE. Al situarse en posiciones con notable respaldo entre la opinión no nacionalista, busca obtener los escaños suficientes para que el PNV tenga que contar con él y con el Gobierno de Madrid para una ampliación sustancial del autogobierno que eliminara los trazos gruesos del plan Ibarretxe. Trata a toda costa de alejar el espectro del 'frente constitucionalista' de 2001, condenado sin remisión en estas páginas por Zapatero, lo cual cierra de paso la perspectiva remota de una victoria no nacionalista.

Su principal baza consiste en la imagen de tercera vía conciliadora, con el PSE en calidad de factor activo de una pacificación de la vida política vasca. Para ello, en el discurso de Zapatero incluso es rechazada explícitamente la referencia a la Constitución -constitucional sería todo demócrata-, el terror y las víctimas quedan lejos, salvo al invocar la victoria sobre ETA, y la importancia del plan Ibarretxe resulta minimizada: «El plan es un lío ininteligible en términos jurídicos y políticos» (sic), «un proyecto fundado en una disputa (con Aznar, claro) más que un proyecto sensato para avanzar en el autogobierno». Y el lehendakari sin enterarse. En éste como en otros temas, Zapatero elige la línea de menor resistencia a corto plazo, por falsos que sean los supuestos en que apoya su política, confiando en que la armonía se producirá de modo automático al ser eliminada la tensión, lo cual aquí y ahora tiene razón de ser tras el traumático pasado a que el terrorismo sometió a la sociedad vasca.

El problema es que al insistir en sus requerimientos a un nacionalismo democrático imaginario -genial la constatación de la irrelevancia de la distinción entre nacionalistas y no nacionalistas-, Zapatero ha quemado sus naves en cuanto a la defensa del orden constitucional si Ibarretxe vence e insiste en la sedición. Sabe ahora éste que Madrid negociará por encima de todo. No hay riesgo de coste político en la operación. Las elecciones se convierten así en un plebiscito encubierto y tranquilo sobre el nuevo estatuto, el mejor de los escenarios posibles para PNV-EA. Extraña situación, pero nada es imposible en un rincón del planeta donde se ejerce el poder en nombre de mitos que se remontan a la prehistoria y donde en el año de gracia de 2005 ve la luz un partido comunista. Parafraseando a Eduardo Mendoza, Euskadi es el país de los prodigios.

Gane quien gane
JOSEBA ARREGI El Correo 13 Abril 2005

Algunos afirman que gane quien gane será necesario seguir explicando en la sociedad vasca que lo importante en democracia es el concepto de ciudadanía, que no se puede echar por la borda la gran conquista que supuso concebir a las personas como iguales ante la ley con independencia de su identidad como pertenecientes a una clase, a una religión, a una familia, a un sexo o a cualquier otro elemento identitario con capacidad diferenciadora.

Otros afirman que gane quien gane habrá que negociar con Madrid -esa referencia inevitable de todo discurso nacionalista actualmente, referencia que funciona como el mal que seduce, como la serpiente que seduce al águila, como aquello sin lo cual no se puede vivir, aunque sea el centro de todo lo que se repulsa-. Bien es cierto que no queda claro lo que significa tener que negociar con Madrid: que el nacionalismo imperante tendrá que estar dispuesto a rebajar sus pretensiones, o que, especialmente si el tripartito logra la mayoría absoluta, Madrid no va a tener más remedio que aceptar lo sustancial del plan Ibarretxe, la decisión de una parte más o menos homogénea de la sociedad vasca sobre el conjunto de esa misma sociedad.

Parece que los comicios vascos se van a celebrar bajo el síndrome de que todo va a seguir igual: que van a seguir mandando los nacionalistas, con el adorno multiusos de Madrazo, que los nacionalistas van a seguir pretendiendo lo mismo, que Madrid va a seguir respondiendo lo mismo, y que eso es precisamente lo que esperan, esa igualdad en lo decisivo, incluso los que votan nacionalista. Especialmente éstos.

Pero, ya que el síndrome de que todo va a seguir igual se sustenta en la enfermedad democrática de las encuestas, es probable que esas mismas encuestas contengan datos que indican que en la sociedad vasca todo cambia, al igual que en cualquier otra sociedad. Llama la atención que las previsiones de comportamiento electoral no casan casi con ninguna de las respuestas que se dan a otras cuestiones objetivas como la valoración del plan Ibarretxe, la necesidad o deseo de cambio, las preferencias de coaliciones de gobierno y la complejidad del sentimiento identitario de los vascos.

Las incoherencias o inconsistencias que, desde el punto de vista de comportamiento electoral, ponen de manifiesto casi todas las encuestas son una señal de que algo se mueve en la sociedad vasca. Porque a pesar de que la apariencia indique que se trata de una sociedad inmóvil, de comportamientos estancados hace mucho tiempo, ello se debe a nuestra corta memoria.

La sociedad vasca estuvo a comienzos de la década de los 80 del pasado siglo a punto de ser carcomida por la gangrena de la aceptación de la violencia terrorista como recurso político legítimo. La sociedad vasca consiguió que el peligro de gangrena generalizada quedara en un gran quiste, muy problemático y que ha causado muchísimo daño a las víctimas y a la sociedad, pero limitado y sin capacidad para pudrir todo el cuerpo social, aunque algunos residuos pesados hayan quedado.

Hace años el Parlamento vasco era, al menos en sus dos terceras partes, nacionalista. El no nacionalismo consiguió levantar la cabeza, conquistar su sitio, más que natural tradicional, en la sociedad vasca. Algunos se empeñaron en subrayar que la sociedad vasca era plural en el sentimiento de pertenencia, de forma que hoy ningún político puede dejar de referirse a dicha pluralidad, aunque no extraiga las consecuencias debidas.

Gracias al esfuerzo de algunas personas y de algunos colectivos, a quienes la sociedad vasca debe agradecimiento profundo, las víctimas de ETA, los asesinados y los amenazados empezaron a ocupar la primera plana de la política vasca. Hoy ya ningún político puede dejar de referirse a ellos, aunque alguien olvide en la celebración del primer Parlamento precisamente a los parlamentarios asesinados. Las víctimas forman parte necesaria de la política vasca, a pesar de que los nacionalistas actuales todavía no acaban de reconocer que las víctimas poseen significado político, que su memoria hace imposibles determinados planteamientos y proyectos.

Hace poco tiempo seguía vivo el mito de la imbatibilidad de ETA, mito que alimentó el giro hacia la negociación con Batasuna del nacionalismo. Hoy ese mito se ha derrumbado, de forma que la pregunta de muchos ciudadanos no es cómo acabar con ETA, si es preciso o no negociar con ETA para que acaben la violencia y el terror, sino cuándo va a desaparecer ETA sin que nadie tenga que pagar un precio político.

A lo largo de muchas convocatorias electorales al Parlamento vasco la diferencia porcentual que separaba a nacionalistas de no nacionalistas se ha ido estrechando hasta el punto de que hoy la distancia es mínima. Una distancia que con toda seguridad en estas elecciones se va a achicar aún más.

Por todo ello no es verdad que en la sociedad vasca no haya cambiado nada: han cambiado muchas cosas, todas en la buena dirección y gracias a quienes han resistido a ETA, a la violencia terrorista y a la deriva nacionalista de los últimos años. Nada queda de los sombríos nubarrones anunciados por los obispos vascos con ocasión de la Ley de Partidos políticos y de la ilegalización de Batasuna. Si se hiciera un poco de esfuerzo de memoria se podría constatar que los cambios en la realidad vasca han sido realmente profundos, y se podría constatar también quién ha jugado qué papel, dónde ha estado cada uno en cada ocasión.

Es cierto que en todo ese tiempo el único cambio que ha habido en la gobernación de Euskadi es que el PNV ha estado acompañado de distintos socios, sin que su presencia estuviera cuestionada salvo en un momento, en 1987. De esta falta de cambio se pueden extraer dos consecuencias distintas, no necesariamente contradictorias: que Euskadi es impensable sin el PNV, y que los cambios en la sociedad vasca se producen no porque gobierna un partido u otro, sino independientemente del partido que gobierne. Lo cual es también digno de análisis y de valoración. Los cambios en la sociedad vasca se han producido a pesar de los gobernantes. Los cambios en la sociedad vasca han sido producto de la sociedad misma, aunque en algunos momentos ha podido haber más sintonía de espectros amplios de la sociedad con el quehacer de los gobiernos que por lo menos intentaban representar y servir al conjunto de ciudadanos vascos, cosa que en los últimos años brilla por su ausencia.

Pero los cambios son posibles en Euskadi. Gane quien gane, la sociedad vasca seguirá cambiando. Y el concepto mismo de cambio se socializará como antes se socializaron la imposibilidad de la violencia como instrumento político, la pluralidad de los sentimientos de pertenencia, la función y el significado político de las víctimas, la posibilidad de acabar con ETA sin recurrir a negociaciones fraudulentas ni a virguerías políticas.

Y con la socialización del concepto de cambio vendrá la socialización de que Euskadi, la sociedad vasca, sólo se pueden construir mediante pacto entre vascos, porque las identidades y los sentimientos de pertenecia pueden destinguir a los vascos, mientras que lo que los une es el concepto de ciudadanía, que por ello nunca se puede basar en un determinado sentimiento de pertenencia.

Los cambios, sin embargo, no llegan por sí solos. Necesitan de actores que los impulsen, como la resistencia frente al terror, como la defensa de la pluralidad vasca, como el rescatar la memoria de las víctimas, como la destrucción del mito de la imbatibilidad de ETA: hoy Euskadi necesita de actores que socialicen la necesidad del cambio, la necesidad de una nueva cultura política, la necesidad de pacto interno, dentro de la sociedad vasca, la necesidad de valorar la ciudadanía como supremo valor democrático sin negar, pero por encima de, las identidades y los sentimientos de pertenencia, la necesidad de la alternancia en el poder y en el gobierno. Porque si bien muchos de los cambios que se han producido hasta ahora lo han sido a pesar de los gobernantes, un cambio de gobierno facilitaría y aceleraría bastante el ritmo de los cambios que de todas formas van a llegar.

Confrontación nacionalista
Cartas al Director ABC 13 Abril 2005

Debo ser presa de la candidez de la Transición, ese periodo ejemplar de la Historia reciente de España, en el que todos miraron al futuro para construir una sociedad mejor, libre, democrática, respetuosa y sin vendettas, por eso me asombra que casi 30 años después se vuelva a la descalificación del rival con apelativos como «fascista» o «franquista»; ha vuelto la guerra de estatuas: el xenófobo Sabino Arana entronizado en Bilbao y Barcelona, el anciano general que murió en la cama de puro viejo arrumbado en Madrid; o sea, lo de siempre: España se moderniza y democratiza, y el País Vasco se hunde en el fanatismo de los que mandan y en la carcundia del XIX; se ha roto la concordia, y vuelve la amenaza y la provocación al diferente; lo peor es la revancha por la revancha, máxime cuando ya no viven los protagonistas, en muchos casos ni siquiera sus hijos; los escasos supervivientes la rechazan; y son sus nietos los que quieren ajustar unas cuentas que nos les pertenecen.

Y en el País Vasco el problema se agrava, la revancha y la confrontación vienen desde el poder... y aquí la tradición del pistoletazo en la nuca jamás se ha perdido.

No me esperaba una campaña para el 17 de abril en la que un partido, el PNV (con 25 años al frente del Gobierno regional), haga de sus lemas una promesa y una esperanza de confrontación; quieren nuestros votos para ir a montar la bronca «a Madrid», para enquistarnos y repetir el dichoso plan de su candidato; más de lo mismo; otra vez contra alguien, como si quisieran pasar después a las tortas que ya apuntó Ibarretxe... Esta política no gusta, esta política no es buena, ¿sabrán rectificar?, ¿querrán hacerlo?, ¿querrán volver al espíritu de entendimiento de la Transición?.

Fernando Sánchez. Bilbao.

La osadía de pedir el voto no nacionalista
En algunos pueblos los candidatos del PP y el PSE sufren insultos y abucheos
Carmen Gurruchaga La Razón 13 Abril 2005

San Sebastián- Los sucedidos diarios en la campaña de los comicios vascos ponen en evidencia que no todos los partidos tienen la misma facilidad o dificultad para poder llevar a cabo los actos inherentes a unas elecciones, autonómicas en este caso.

Tanto PP como PSE han de superar severas dificultades antes de programar algún evento, debido a que su mayor prioridad es garantizar la seguridad tanto de los protagonistas de la acción como de las personas que acuden a verlos o escucharlos. Además, casi todos los participantes se ven obligados a ir siempre acompañados por escoltas. Hay quien sin perder el sentido del humor suele comentar, en broma, que la presencia de dos escoltas por cada uno de los asistentes hace que el acto parezca mucho más lleno.

Es verdad que la presión policial y judicial ejercida en los últimos años sobre ETA y sus acólitos ha sido muy eficaz. Es cierto que la coacción en la calle, protagonizada por los cachorros de ETA, ha descendido notablemente, pero eso no evita la sensación de riesgo, desprecio y marginación que viven los constitucionalistas cuando se acercan a ciudadanos nacionalistas. Y existen varias anécdotas en este sentido. La penúltima tuvo lugar hace unos días en la localidad guipuzcoana de Andoain. Llegó a la plaza un grupo de personas del PP vasco con María San Gil a la cabeza, con el fin de repartir propaganda electoral entre los ciudadanos que se encontraban sentados al sol. Lo sucedido fue como para haberlo filmado: a medida que la candidata «popular» se acercaba a los bancos, los vecinos de Andoain se levantaban, espantados, y corrían a refugiarse a los soportales. Si San Gil avanzaba hacia los soportales, los del pueblo también huían y, finalmente, como si los del PP fueran una caravana de apestados, se escondían hasta que «pasara el peligro». Cualquier cosa antes de que un vecino vea a otro aceptando una publicidad del PP. Algo similar le sucedió al candidato socialista a lendakari, Patxi López, que fue insultado y abucheado en otro pueblo guipuzcoano. Esto sucede en los pueblos que los constitucionalistas pueden visitar, porque hay otros en los que ni tan siquiera pueden entrar para hacer campaña. Ésta, y no otra, es la realidad cotidiana.

Los nacionalistas, obviamente, no tienen que sortear ningún obstáculo para poder ir, venir, hablar, «mitinear», repartir propaganda o convocar un acto político-festivo. Son ellos los que otorgan el «label» de ciudadanía y en su escala de valores no hay nada peor que un constitucionalista-españolista. De hecho, el insulto más grave que puede surgir de su boca es «eres más español que un botijo». Pese a tanta desigualdad, hay quien se empeña en destacar que las calles no están llenas de pintadas, de dianas con rostros, que los constitucionalistas pueden pasear... Aunque sea con escolta y sin poder hacer campaña...

Un juez anula el uso oficial del topónimo «La Coruña» aprobado por el consistorio
Redacción La Razón 13 Abril 2005

Santiago de Compostela- El Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 3 de A Coruña ha suspendido el acuerdo plenario del 2 de noviembre del 2004 por el que se aprobaba el uso oficial del topónimo «La Coruña». El Ayuntamiento de La Coruña, que dirige el socialista Francisco Vázquez, aprobó, gracias a la mayoría absoluta del PSOE, una moción por la que la administración local usaba el nombre de la ciudad con el artículo en castellano (La Coruña) cuando se empleaba este idioma. A raíz de esta decisión, que contó con el rechazo de los nacionalistas y la abstención del PP, la Consellería de Justicia de la Xunta presentó un recurso, que es el que ha prosperado, con el fin de que se mantuviera como topónimo oficial «A Coruña».

En el auto, al que ha tenido acceso Efe, el juez Fernando Fernández Leiceaga señala que el acuerdo adoptado presenta «todos los indicios de un acto nulo de pleno derecho».

Un juez con sus propias palabras
Nota del Editor 13 Abril 2005

Está claro que este juez es anticonstitucionalista o prevaricador, porque ha laminado el art.3º de la Constitución española, aquél que dice que el único idioma que tenemos obligación de conocer es el español, y por tanto su resolución tiene «todos los indicios de un acto nulo de pleno derecho», aunque más bien parece que pertenece a ambos gremios. Y para que conste: La Coruña, La Coruña, La Coruña, La Coruña, La Coruña, La Coruña, La Coruña, La Coruña y recuerden la Gran Vía.
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