AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 14 Abril 2005
Caballo de Troya
 14 Abril 2005

EL ATAJO
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  14 Abril 2005

Prevaricación política
José Javaloyes Estrella Digital 14 Abril 2005

UN AÑO DE GOBIERNO: BALANCE NEGATIVO
Editorial ABC  14 Abril 2005

Pichones y verdugos
Isabel Durán Libertad Digital 14 Abril 2005

Destrozos y propaganda
EDITORIAL Libertad Digital 14 Abril 2005

Sin límites
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 14 Abril 2005

El disfraz de Batasuna
Editoria Heraldo de Aragón 14 Abril 2005

El pacto con ETA
GEES Libertad Digital 14 Abril 2005

Golpe de Estado
Aquilino Duque Libertad Digital 14 Abril 2005

Represiva y preventiva
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 14 Abril 2005

Pepito: ¡Deja de dar la vara!
César Lumbreras La Razón 14 Abril 2005

Un grito de libertad
FERNANDO ÓNEGA La Voz 14 Abril 2005
 

Caballo de Troya
EL SUBMARINO La Razón 14 Abril 2005

En casa del herrero, cuchillo de palo. Y es que padre de la Constitución tenía que ser. Un auténtico caballo de Troya para socavar los cimientos del edificio constitucional que nos acoge a todos y que ha permitido la mayor etapa de paz y prosperidad de nuestro país. En el País Vasco se preguntaban cuándo aportaría su granito de arena a mayor gloria de la campaña del PNV. Que para eso trabaja desde hace años al servicio del régimen nacionalista, el mismo que ha abandonado a su suerte a los miembros de su antiguo partido. Su aportación ha llegado desde el libro «Soberanía y pacto», editado por Herria 2000 Eliza. En esas páginas, Miguel Herrero defiende que la presencia de Euskadi en España debe basarse en la «integración voluntaria», ya que lo contrario «no sería demócrata». En su opinión, la democracia exige el respeto a las «diferentes identidades políticas que se dan en España», como la vasca. Ni palabra del pilar principal de la democracia y el Estado de Derecho: el respeto a la legalidad y al ordenamiento vigente, que deposita la soberanía nacional en manos del entero pueblo español y no de una de sus partes. Si quebramos el principio de legalidad, la democracia es un imposible que aboca al desastre a la ciudadanía afectada.

EL ATAJO
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  14 Abril 2005

EL presidente del Gobierno ha dicho que no hay pruebas de que el Partido Comunista de las Tierras Vascas sea una creación de ETA y que su ilegalización sería un «atajo» en la aplicación del Estado de Derecho. Acusa al PP de presionarle para que cometa lo que sería una barbaridad jurídica.

No voy a entrar en el debate mismo. Ya ha aportado la Guardia Civil datos más que suficientes y el propio Otegi ha dejado claro que esta organización tiene la confianza de ETA como su aparato representativo. Lo que me interesa de las declaraciones de José Luis Rodríguez Zapatero es su capacidad para atribuirle al contrario, al PP, sus propios vicios. El término «atajo» es un término que debería producirle sonrojo, al menos, al sucesor de Felipe González.

En efecto, «atajo» fue la expresión con la que José María Aznar denunció las prácticas antiterroristas del Gobierno de Felipe González. «Atajo» fue la conversión del Estado en aparato del terror entre los años 1983 y 1987, la creación del GAL... El «atajo» suponía enterrar en cal viva a un inocente como Marey, entrar a tiro limpio en los bares de San Juan de Luz, rebajar el Estado a la condición de banda... El «atajo» como método para destruir a ETA no sólo fue un inmenso error porque fue absolutamente ineficaz, sino porque sirvió para dar argumentos a quienes no podían tenerlos dada su calaña inhumana, inmoral, criminal. Sirvió para rearmar dialécticamente al mundo que ampara a ETA. Para deslegitimar al Estado democrático. Los «atajos» tuvieron un altísimo coste y ninguna ventaja. Envenenaron las instituciones. Permitieron la más sórdida mezcla del dinero y la sangre. ¿Es que la palabra atajo no le trae todos estos recuerdos a ZP? ¿A quién quiere engañar?

PERO el empleo de este término no sólo resulta audaz por cuanto nos trae a la memoria el periodo más negro de la democracia española, sino porque, además, en el caso que nos ocupa, en la ilegalización del Partido Comunista de las Tierras Vascas la práctica del Gobierno no tiene que ver con ningún tipo de «atajo», sino, por el contrario, con una forma de escapar a la ley, un modo de desobedecerla. Resistirse a la ilegalización de este travestí etarra supone una burla a la ley, concretamente, a la Ley de Partidos.

ES más que inquietante que el partido en el poder se haya propuesto la legalización de ETA por esta vía indirecta. Y ¿qué supone este asalto al sistema democrático? Por un lado, es la negación abierta del Pacto por las Libertades, el llamado Pacto Antiterrorista. Es la confirmación de la muerte de este acuerdo entre los dos grandes partidos que lo firmaron. Es más que una deslealtad. Si podíamos considerarlo inoperante desde que el PSOE comenzó a llevar relaciones habituales con el PNV (esto es, con un partido que pacta con ETA), ahora podemos darlo por muerto.

Estamos ya en otra fase. El Partido Socialista, quiero decir, está ya en esa fase en la que ya podemos vislumbrar (si tenemos valor para ello) los movimientos de entendimiento que hay entre el Partido Socialista y ETA.

¿Escandaloso? Únicamente esa terrible realidad explica el comportamiento permisivo del Gobierno, y no precisamente los pequeños beneficios electorales que pudieran derivarse de ello. El Gobierno permite la presentación de estas listas recomendadas por Otegi como un adelanto del reconocimiento definitivo del mundo abertzale más radical. Es el camino hacia la «paz». Es el más fantástico atajo que pudo permitirse alguna vez un partido que decidió dejar de llevar el luto por los suyos.

Prevaricación política
José Javaloyes Estrella Digital 14 Abril 2005

Qué puede ocurrir cuando la política, en su dinámica —como la de estas elecciones vascas—, devora las reglas de juego que le dan límites y establece las pautas a que la política debe atenerse? Si una sentencia del Tribunal Supremo que aplica la Ley de Partidos Políticos se pierde en el vacío por la resistencia a cumplirla de un órgano del Estado, como es el Parlamento autonómico vasco, so pretexto de que la sentencia no respeta el reglamento de dicha Cámara, ¿qué margen de vigencia queda para eso que se llama el principio de legalidad?

Si de indicios masivos —como diría el presidente Rodríguez— permite establecer no sólo la convicción moral, sino la presunción fundada de que existe una transgresión de esa misma Ley de Partidos, y pese a ello el abogado del Estado concernido en las estimaciones previas se pronuncia contra lo evidente, porque puede convenir al juego del Gobierno en sus cálculos electorales y estrategias postelectorales, ¿es del Estado o del Gobierno el letrado que actúa así? Y si la Fiscalía General del Estado que ante ese cúmulo de evidencias y por las mismas presunciones no actúa de oficio, ¿es efectivamente Fiscalía General del Estado o Fiscalía particular del Gobierno?

La desobediencia del Parlamento de Vitoria al Tribunal Supremo permitió que el terrorismo siguiera enquistado en las instituciones autonómicas y que los votos de Batasuna hicieran posible que la Cámara vasca aprobara el llamado Plan Ibarretxe, contra la unidad constitucional de España. Pero es que ahora la inhibición del Gobierno ante la concurrencia de EHAK en las elecciones autonómicas del próximo domingo engrana objetivamente con la misma rebeldía del nacionalismo vasco, representado entonces y ahora por José María Atutxa, contra el Tribunal Supremo.

Hay algo más que una reiteración viciosa contra la división de poderes. Frente al poder judicial se plantó el subordinado poder legislativo de una Cámara autonómica, que se irrogaba así prerrogativas propias de competencias confederales, y subvertía el orden constitucional. Y ocurre ahora que el Gobierno desecha medio centenar de pruebas aportadas por la Guardia Civil, y lo hace para que los tribunales no apliquen la ley e impidan la continuidad del terrorismo en esas instituciones autonómicas. Se hace así posible la participación metamorfoseada de Batasuna en las urnas del domingo.

El plante de Atutxa fue un desafío al imperio de la ley y un escarnio al poder judicial. Y la inhibición activa del Gobierno ante la lista apoyada por HB, más de lo mismo; pero esta vez contra el poder legislativo. Es como en el comercio, rebajas por fin de temporada. Fin de régimen, diríamos en este caso.

Estamos, en el orden de los principios jurídico-políticos, y sin que haya mediado fractura expresa de la legalidad o del orden social, ante un cuadro de inverso “franquismo fáctico”: unidad difusa de poder y coordinación confusa de funciones. Y en el plano ordinario de la práctica política queda establecida la ruptura, en el fondo y en la forma, del Pacto Antiterrorista.
jose@javaloyes.net

UN AÑO DE GOBIERNO: BALANCE NEGATIVO
Editorial ABC  14 Abril 2005

EL balance del primer año del Gobierno socialista ofrece, a juicio de cualquier observador objetivo, más sombras que luces. El manido «talante» de Rodríguez Zapatero, que ayer dibujó un escenario idílico en un notable ejercicio de autocomplacencia, se ha traducido en la práctica en muchas sonrisas y pocos hechos. Estamos, con los datos en la mano, en presencia del Ejecutivo con menos capacidad de iniciativa legislativa en estos últimos veinticinco años, si bien hay que reconocer que ello no parece haber repercutido sobremanera en la opinión pública. Las encuestas salvan a un Gobierno con no pocos ministros «quemados» o desaparecidos en el fragor de la contienda política. En todo caso, ha habido mucha prisa por dar la vuelta a la política desarrollada por los Gobiernos del PP: es notorio, por ejemplo, respecto a la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial, el PHN o la LOCE. En el propio Congreso no existen avances sustanciales en la elaboración del nuevo reglamento. En cuanto al Senado, la estrategia socialista se agota en proclamar una y mil veces la conveniencia de la reforma. Lo mismo ocurre con la tantas veces anunciada revisión constitucional. Zapatero insiste en una modificación limitada a cuatro puntos concretos, pero la consulta al Consejo de Estado con un encargo poco definido demuestra que el Gobierno no sabe qué hacer.

El flanco más débil se sitúa, sin duda, en la carencia de un modelo territorial. En rigor, nadie le exige que invente nada: el Estado de las Autonomías está ya consolidado. Al rechazar la oferta de Rajoy, el PSOE se echa en manos de sus aliados radicales. Zapatero prefiere hacer concesiones a ERC para sostener al inestable tripartito catalán antes que pactar con los populares una fórmula rigurosa que haga inviable el chantaje nacionalista. Peor todavía es el intento de extender este modelo al País Vasco, donde el PSE parece dispuesto a enterrar cualquier posibilidad de acuerdo entre los constitucionalistas. El error más reciente puede ser también el más perturbador, al permitir que el terrorismo manche las elecciones del domingo. Estamos ante un problema grave, creado por el interés coyuntural de un sector del PSOE, que da lugar a una fuerte confrontación interna. La floja intervención de Zapatero en el debate del Plan Ibarretxe fue la expresión patente de una política que conduce al fracaso colectivo.

EN el ámbito exterior, el Gobierno ha situado a España en tierra de nadie. La retirada atropellada de nuestras tropas en Irak -promesa electoral que le proporcionó un indudable rédito electoral- y la retórica vacía sobre la «alianza de civilizaciones» marcan los hitos de una relación conflictiva con los Estados Unidos. La amistad con Hugo Chávez y los guiños a Fidel Castro no contribuyen, lógicamente, a presentar una imagen de país serio. Aunque se salvó el tipo bajo mínimos en el referéndum, la política europea refleja una sumisión inquietante al eje franco-alemán, que no conlleva por ahora ventaja alguna para España. Zapatero está incómodo en los ambientes de la alta política internacional y el ministro Moratinos no ha acertado en la dirección de una diplomacia errática. En política económica, las cosas no van mal del todo, aunque también se anuncian síntomas preocupantes. La coherencia no es la virtud principal de un equipo lastrado por el mal entendimiento entre el pragmático Solbes y Sebastián. Han fracasado, por fortuna, algunas operaciones injustificadas para interferir en la gestión de empresas privadas. En general, se vive de los réditos de la etapa anterior, pero ninguna herencia dura para siempre, aunque es justo reconocer que la situación de la economía permite atenuar, aunque sólo en parte, el mal rumbo tras un año de Gobierno.

UN radicalismo innecesario, con fuertes dosis de sectarismo, preside la orientación del Gobierno en asuntos muy sensibles de política social. El laicismo trasnochado de algunos grupos dentro del PSOE condujo a un choque frontal con la Iglesia, ahora reconducido a medias. Ahí están, en todo caso, el matrimonio de homosexuales, los proyectos sobre la asignatura de Religión y la fría reacción inicial -después matizada- ante la muerte del Papa como muestras de una mentalidad que ofende inútilmente a la confesión mayoritaria en la sociedad española. A esto se suma el deseo de reabrir viejas heridas cerradas por la Transición y el aplazamiento de la prometida regeneración de la que el PSOE hizo bandera electoral. En relación con los medios, el esperado informe del comité de sabios de RTVE ha concluido en fracaso y algunos proyectos han conseguido suscitar el rechazo de una parte considerable del sector audiovisual.

Tampoco otras políticas sectoriales ofrecen razones para el optimismo oficial que luce en la sonrisa del presidente. Fomento parece dar preferencia a unos territorios más que a otros. Cultura paga su peaje con el Archivo de Salamanca y pone en peligro el consenso sobre el Museo del Prado. En Educación los proyectos van lentos y mucha gente en la Universidad habla de «parálisis» ministerial. Las ocurrencias de la ministra de la Vivienda reflejan la improvisación que supone recuperar un ministerio sin competencias. Muchos ministros pasan de puntillas y son desconocidos para la opinión pública. Tal vez los elementos que los ciudadanos perciben de manera más favorable son la Ley contra la Violencia de Género -aunque se trata más de un manual de buenas intenciones que de una norma de eficacia práctica- y cierto orden en la gestión del ministro del Interior, así como las sensaciones -más que los logros- que transmite el ministro de Defensa. Escaso bagaje.

El negocio del terror
Pichones y verdugos
Isabel Durán Libertad Digital 14 Abril 2005

Hasta que no se va al País Vasco y se está mano a mano con líderes y militantes del Partido Popular no es posible hacerse a la idea aproximadamente cercana de lo que se juega en las elecciones del próximo domingo. Resulta estremecedor ver cuán solos están los defensores de la libertad a secas en estos verdes y bellos parajes. Resulta escalofriante constatar que el Partido Nacionalista Vasco ha hecho del terror un negocio redondo y que ahora el nuevo presidente del Gobierno de España pretende llevarse parte del botín conseguido incluso con la sangre de los suyos.

En dos años, autogobierno y referéndum, ha dicho José Luis Rodríguez Zapatero. Y para ello permite activamente que la banda terrorista ETA se instale de nuevo en las instituciones vascas, empezando por su parlamento. No se trata de ilegalizaciones preventivas, es cuestión de defensa del Estado de Derecho. “Nico, no te equivoques” le dijo Felipe González a Nicolás Redondo Terreros en los anteriores comicios antes de defenestrarlo con Polanco y Cebrián como ejecutores implacables de una de las campañas más miserables de acoso y derribo. Dicho y hecho. Empezaron por intentar hacerle comulgar con los nacionalistas para repartirse el pastel y como no pudieron convencerle le atacaron por la vía de su hija y la Seguridad Social de su empleada de hogar. Miserables. Porque Nicolás Redondo, Rosa Díez, Ana Urchueguía, Carlos Totorica y a tantos otros, les han silenciado como a los judíos cuando los llevaban a los campos de concentración. La voz del Partido Socialista en defensa de la libertad ha sido comprada por Polanco, Cebrián y González finalmente gracias a un presidente del Gobierno sin escrúpulos, sin principios y sin vergüenza torera. Cuarenta y cinco mil personas se encuentran hoy amenazadas en el País Vasco. ZP ha convertido a los amenazados en pichones y a sus verdugos les ha otorgado legitimidad mientras engrasan sus pistolas.

Hoy sólo queda María San Gil. Es la única opción que tiene el votante si quiere que su papeleta sea un voto de integridad, de posibilidad de regeneración del sistema mafioso de vida que corrompe las instituciones vascas. San Gil y quienes le apoyan, constituyen el único camino para la libertad aunque nacionalistas, socialistas y terroristas pretendan, cada uno a su manera, acabar con ellos.

Destrozos y propaganda
EDITORIAL Libertad Digital 14 Abril 2005

El Partido Popular acaba de señalar nada menos que un centenar de promesas que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha incumplido durante su primer año de gobierno. Bien está que el Partido Popular no ahorre energías en señalar la gran mentira en que se ha basado hasta ahora el gobierno de ZP, incluidos tan numerosos incumplimientos. Pero que nadie se llame a engaño. No fueron sus promesas las que le otorgaron a Zapatero el triunfo electoral. Esas promesas las formularon los socialistas mucho antes del 11-M, y no por ellas el PSOE logró situarse por delante del PP en un solo sondeo, ni evitar perder estrepitosamente, días antes del 11-M, en las votaciones en las que participaron los españoles no residentes en nuestro país.

Lo que hizo al PP perder las elecciones no sólo fue la masacre perpetrada por terroristas que, como Zougam, El Egipcio y tantos autores ya conocidos del 11-M, no querían ver al partido de Aznar mantenerse en el gobierno. Tampoco fue exclusivamente el hecho de que el gobierno del PP, en los primeros momentos, creyera que eran etarras los que habían conseguido hacer en Atocha lo que tres meses antes habían intentado perpetrar en Chamartín. Por mucha satisfacción que ETA haya reflejado en un comunicado posterior al 14-M por los resultados electorales, por mucho que haya celebrado la caída del PP, mostrado esperanza hacia Zapatero o vanagloriado de los buenos resultados de sus aliados de ERC (aliados independentistas de ETA en Perpiñán, pero también de Zapatero y Maragall, en Madrid y Barcelona), lo que fue crucial para que los efectos del 11-M se tradujeran en el 14-M fue que la reacción de Otegui ante el atentado no sólo fuera asumida, sino rápidamente liderada por el principal partido de la oposición y por los poderosísimos medios de comunicación de los que este partido depende. A saber, el gobierno del PP es responsable de esta masacre y quiere huir ante los ciudadanos de esa responsabilidad mintiendo sobre la autoría de la misma. Gracias a esa infamia, no fueron las sedes de los simpatizantes de los terroristas las que fueron acosadas por la lógica ira ciudadana; fueron acosadas las de sus más claros y reconocidos enemigos.

Zapatero, una vez en el poder, podría haber tratado de habernos hecho olvidar esa fractura democrática en esos tres días de infamia, con una total disposición a colaborar en el total esclarecimiento de esa masacre, por no hablar de llevar a cabo propuestas de gobierno con claro consenso político y social. En lugar de ello, prefirió incidir en la propaganda y apoyarse en grupos radicales y antisistema como Izquierda Unida o los independentistas catalanes.

Que Bush, presidente de la primera democracia del mundo, tenga en nuestro país índices de popularidad tan bajos como los tiene un representante de ETA como Arnaldo Otegui es un “mérito” que no cabe restar a los medios de comunicación. Que un objetivo declarado de los terroristas -como era que los soldados españoles se retiraran de Irak- fuese a su vez una promesa de fuerte tirón electoral, es algo que se debe lamentar, pero que, gracias a esa irresponsable y fatídica influencia mediática, hay que reconocer.

Pero ¿nos va a decir Zapatero que una mayoría de españoles decidió votarle el 14-M para que abortara el Plan Hidrológico nacional? ¿Votaron a ZP para que removiera las cenizas de la Guerra Civil? ¿Lo votaron para que erradicara la Ley de la Calidad de la Enseñanza? ¿Lo votaron para que se reconociera en España más naciones que la española? ¿Lo votaron para que se entendiera mejor con Carod o con Ibarretxe que con Rajoy? ¿Lo votaron para que devaluase académicamente la asignatura de religión? ¿Lo votaron para que los homosexuales pudieran contraer matrimonio y adoptar niños? ¿Lo votaron para que diera una nueva rosca contra la independencia del poder judicial? ¿Lo votaron para que permitiera a los proetarras presentarse a las elecciones con otras siglas? ¿Lo votaron para congelar toda medida económica a la espera de que su gabinete se ponga de acuerdo?

Si criticable es ZP por muchas de sus promesas incumplidas, lo es todavía más por los destrozos causados que nunca tuvieron gancho electoral alguno, salvo en una mínima y radical porción del electorado. Zapatero trata de ocultar muchos de esos destrozos, mientras edulcora o trata de hacer populares al resto. Todo ello a base de mucho talante, de mucha sonrisa y de mucha propaganda.

PSOE
Sin límites
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 14 Abril 2005

El Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo es ya papel mojado tras negarse el gobierno repetidamente a convocarlo a petición del PP. Las razones de la oposición no eran caprichosas: la supuesta negociación de los socialistas con la ETA y su evidente aquiescencia ante el montaje del PCTV. Aunque al PP le cueste obrar en consecuencia, debería asumir que el PSOE ha abandonado el marco político suprapartidario establecido en su día a iniciativa del propio Zapatero. Tampoco le sujeta ya la ley de partidos. Estos dos abandonos equivalen al de los ciudadanos vascos que quieren seguir siendo vascos sin dejar de ser ciudadanos. Y todo por un chato cálculo electoral.

Con un PNV más montaraz y desatado que nunca, los socialistas agachan la cabeza y muestran su disposición tácita o expresa a servirle un acuerdo de gobierno. El de la claudicación tácita es Patxi Nadie; el de la aclamación expresa del adversario es Maragall, a quien sólo le falta pedir directamente el voto para Ibarreche. Resulta triste contemplar la sabinización del partido de Gotzone Mora y de Maite Pagazaurtundúa.

No sólo comete fraude Batasuna al torear la legislación interna y clavarle las banderillas a los convenios multilaterales forzados por España en circunstancias muy especiales. También comete fraude el gobierno central al colaborar en el baile de disfraces abertzale y al infringir la ley de partidos amparándose en otras normas que en ocasiones análogas no fueron obstáculo para aplicarla. Hay que estar muy dispuesto a defraudar para desconocer hasta cincuenta pruebas de la Guardia Civil para que prevalezca un informe de la policía que es una rendición en quince páginas. Al actual ministro del interior jamás le gustó la ley de partidos, por eso presentó voto particular en 2001 en contra del informe del CGPJ, del que era vocal.

Que ese otro sostén de la legalidad, el fiscal general del Estado no vea transgresión en la concurrencia del PCTV a las elecciones vascas no debe extrañarnos. Tampoco la vio en el asunto de las sedaciones terminales del Severo Ochoa. Está demasiado ocupado en etiquetar ideológicamente al prójimo –tachó de ultraderechista a Manos Limpias– y en presionar al poder legislativo: recuérdese cómo Marín tuvo que reprocharle sus “advertencias genéricas” tras una inadecuada carta.

¿No sería mejor que el PP denunciara abierta y públicamente que Zapatero ha liquidado el pacto? ¿Por qué se empeña Rajoy en luchar con un brazo atado a la espalda contra un adversario que no respeta absolutamente nada y que no conoce ningún límite?

El disfraz de Batasuna
Editoria Heraldo de Aragón 14 Abril 2005

EL 31 DE marzo, el Tribunal Constitucional ratificó la ilegalización por el Tribunal Supremo de Aukera Guztiak (AG). Discrepó de éste en que la intención de defraudar bastase para probar la continuidad entre Batasuna y AG y en que era irrelevante que compartiesen candidatos o avalistas. Pero consideró exigible la condena expresa del terrorismo, porque, aunque "a ningún ciudadano se le puede exigir, por principio, manifestar adhesiones o repulsas", cuando hay sospecha fundada de connivencia con el terror o con grupos ilegalizados por esa razón, puede esperarse "una declaración inequívoca" de condena a "una organización criminal y sus instrumentos políticos". Ambos Tribunales coinciden en que una condena "genérica" de la violación de los derechos humanos no era, en el caso de AG, suficiente. El PCTV está en similar situación, aunque sea un partido legal, pues se niega a condenar el terror de ETA.

Hijo de una corriente marxista-leninista de Batasuna, Euskal Herriko Komunistak, de la que asumió el ideario sin cuestionar el terrorismo de ETA, la Guardia Civil dice que carece de medios propios -se supone que, ahora, los pondrá Batasuna- y señala que su presidente y tres dirigentes de Batasuna, incluido Permach, pactaron en marzo la actuación conjunta. También el Fiscal General advierte conexiones "de parentesco e ideológicas" con Batasuna, pero descarta como motivo legal la mera petición de votos por Batasuna, que, en su criterio, no tiene el peso que los tribunales exigen para una ilegalización. Es siempre muy delicada la proscripción de una fuerza política, pero, si hay motivos, debe procederse. El Gobierno debe diferenciarse del partido que lo sustenta -presumible beneficiario electoral, por la merma que sufrirá el voto de PNV-EA- y despejar toda duda de parcialidad en su conducta. El Fiscal General asegura que actúa "sin descartar en ningún momento una intervención". Será dramático que sobre las elecciones vascas del día 17 planee la sospecha de que Moncloa haya aplicado raseros diferentes en casos similares.

Elecciones vascas
El pacto con ETA
GEES Libertad Digital 14 Abril 2005

El presidente del Gobierno ha expresado públicamente en varias ocasiones su deseo de negociar con ETA. La decisión de consentir la presencia del Partido Comunista de las Tierras de España, el nuevo brazo político de la banda terrorista, en las próximas elecciones autonómicas, es plenamente coherente con esa estrategia de negociación. La enorme tristeza es que el dialogo que pretende iniciar y las concesiones que ya a empezado a otorgar a los terroristas sólo va a servir para resucitar una ETA a la que la política de firmeza de Aznar había conducido al borde mismo de la derrota.

El PSOE está reproduciendo parcialmente la estrategia antiterrorista de los peores gobiernos de González. Entonces se practicaba un doble juego que consistía en asesinar etarras a través del GAL como instrumento de presión para conducir a la banda a una mesa de negociación. Ahora se pretende reforzar la presión policial con el fin de conducir a los terroristas al diálogo con ZP. Así, cuando el Ministro del Interior exhibe las operaciones antiterroristas de su departamento como prueba irrefutable de la ausencia de contactos, hay que decirle que ese truco ya lo conocemos. Mientras Guardia Civil y Policía Nacional luchan denodadamente contra ETA, ahora legalmente, el PSOE busca dialogar con ella.

Todo apunta a que se han establecido ya los primeros contactos. Las conversaciones grabadas a la abogada de batasuna que se entrevistó con un preso etarra, decisivas para la ilegalización de Aukera Guztiak, así lo indican. En el País Vasco, el dialogo entre socialistas y batasunos es un secreto a voces, aunque sea difícil aportar pruebas fehacientes que sin duda terminaran apareciendo. Otros buenos amigos de Zapatero, como el portugués Soares o el italiano Cossiga, han mantenido también contactos con ese mundo, no sabemos bien con que fines.

El objetivo de estas conversaciones preeliminares y secretas parece ser arrancar un alto el fuego a la banda que permita establecer un contacto directo y público del Gobierno con los terroristas. Esa tregua de ETA es la gran baza electoral que Zapatero está esperando para poder obtener una mayoría absoluta que le permita gobernar cómodamente por un largo periodo de tiempo. En ese supuesto, el ansia infinita de paz y la estrategia de dialogo de Zapatero habrían logrado acabar con casi cuatro décadas de terrorismo. Es fácil imaginar el rédito electoral que los socialistas podrían extraer de ello.

Por otra parte, el abandono de las armas por parte de ETA permitiría también normalizar, catalanizar para ser más precisos, la vida política en el País Vasco. Así, la alternativa al PNV con la que sueña el PSE de López no es una mayoría constitucionalista con el PP, sino una coalición con los independentistas de izquierda, la Batasuna post ETA, de forma similar al pacto que mantiene Maragall con ERC.

Zapatero tiene así dos grandes incentivos políticos para hacer que ETA abandone las armas. Por un lado, la posibilidad de que los terroristas accedan al gobierno del País Vasco, desalojando además del poder al enemigo más íntimo y el competidor más peligroso de los batasunos, el PNV. En segundo término, ZP les puede ofrecer un nuevo Estatuto que colme muchas de las aspiraciones políticas de los terroristas, de forma también paralela al Estatuto que se prepara en Cataluña.

Batasuna ha emitido dos señales positivas a esta posibilidad. Por un lado, Otegui ha mostrado públicamente la disponibilidad de la banda para la negociación. Segundo, Batasuna abandona la estrategia de Estella, consistente en forjar un frente nacionalista, para asumir la tesis de Zapatero de la necesidad de un acuerdo de todas las fuerzas “democráticas”, es decir, de todos contra el PP.

El inmenso error de Zapatero con toda esta operación es doble. En primer lugar, va a ofrecer a ETA la oportunidad de resucitar de sus cenizas. La experiencia histórica nos demuestra que los terroristas siempre han aprovechado la negociación con el Estado y las treguas trampa para fortalecerse. Ahora necesita ambas cosas más que nunca. En segundo termino, ZP va a dilapidar la victoria del Estado de Derecho sobre el terrorismo que heredó de Aznar convirtiéndola en una derrota política de la democracia española ante ETA. Lo más triste es que los españoles podemos terminar pagando con sangre la ciega soberbia de nuestro presidente y muchos vascos pueden acabar pagando con su libertad los intereses partidistas del PSOE.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Nótulas
Golpe de Estado
Aquilino Duque Libertad Digital 14 Abril 2005

Yo daría por bien empleadas las calamidades que se abatieron sobre la derecha vergonzante a partir de los o las Idus de marzo de 2004, si no fuera porque esas calamidades tuvieran por víctima a España. La derrota de un partido político es una fruslería al lado del envilecimiento de una sociedad y del descuartizamiento de una nación. Cómo será de nefasto para España el sistema que padece que no tiene quien la defienda más que la derecha vergonzante. La derecha vergonzante trata de hacerse aceptar renegando de creencias bastante extendidas entre la gente que no tiene más remedio que darle su voto. Una de las cosas en las que cree ese electorado es en la Providencia que es la que –Salut, Joseph De Maistre!– le ha dado ese castigo.

Esa Providencia no debe de ver con buenos ojos la desenvoltura con que la derecha vergonzante rivaliza con la Antiespaña en salsa rosa en el democrático ritual de alancear el cadáver del pasado. Mientras la Antiespaña, invocando una “memoria histórica” que es una memoria senil, reivindica aquello de lo que tiene a orgullo proceder, la derecha vergonzante trata de demostrar que no tiene nada que ver con aquello de lo que procede. Por eso es por lo que no se atrevió a denunciar el quebrantamiento de la ley electoral el 13 de marzo y por lo que no es capaz de atajar el desguace de España a manos de los que entonces, temiendo esa denuncia legítima, levantaron el espantajo del “golpe de Estado”.

Represiva y preventiva
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 14 Abril 2005

La marca oculta de Batasuna se ha instalado en el centro de la campaña, mientras el Gobierno desistía con uno de esos sintagmas que en boca del presidente nacen ya con vocación de titular, redondos y huecos, como pompas de jabón. Al explicar su decisión de no impugnar a estos comunistas de las Tierras Vascas o Vastas o Vírgenes, Zapatero dijo: «No hay atajos en la lucha antiterrorista. No puede haber ilegalizaciones preventivas». La primera parte de su propuesta tiene valor axiomático siempre que consideremos que la línea más corta entre dos puntos es la recta. Pero es un abuso del lenguaje enunciarla mientras se empiezan a dar rodeos. Por poner un ejemplo: a Moisés no se le ocurrió decir: «no hay atajos en el camino a la Tierra Prometida», mientras se internaba al frente de su pueblo en el desierto para pasarse 40 años dando vueltas y subiendo al monte. El pueblo elegido, que era de natural impaciente, podría haberse mosqueado.

El segundo enunciado es una paráfrasis de la guerra de Irak. También pudo haber dicho: «no podemos convertir al Tribunal Supremo en un arma de ilegalización masiva», frase que suena más redonda si cabe y que brindo muy gustoso al presidente para el mitin de hoy en la Feria de Muestras.

Estamos ante un grave error; mejor dicho, dos. El Estado de Derecho descansa sobre una rigurosa división del trabajo y la ilegalización no le compete al Gobierno, sino a los tribunales. El Ejecutivo cumplía su función con reunir cuantas pruebas e indicios pudiera e impugnar las listas. La administración de Justicia tiene uno de sus principios en la presunción de inocencia del reo. Pero darla por sentada no es tarea del fiscal cuya misión es argumentar contra la inocencia del procesado, defendida por su abogado. Luego, quien acepta las razones de una parte, de la otra o mitad y mitad, es el tribunal. No haría una gran carrera un fiscal que se plantease en cada juicio: «a éste el tribunal no me lo condena» y empezara el juicio pidiendo el sobreseimiento.

Por otra parte, la ilegalización de un partido es, por una parte represiva, pero también, e inevitablemente, preventiva. Como el sistema penitenciario y el Código Penal en su conjunto. El Tribunal Supremo ilegalizó Batasuna con criterios represivos y preventivos: por su connivencia con ETA y para que no se presentase a las elecciones. Y a Aukera Guztak, lo mismo. Si el presidente piensa que el Partido Comunista de las Tierras Vascas (EHAK) es lo que suponen Josu Jon Imaz y Javier Madrazo, debería haber impugnado. Si no, qué quieren que les diga...

Pepito: ¡Deja de dar la vara!
Por César Lumbreras La Razón 14 Abril 2005

Editado por Ana Arjona (PD)

Por favor, «Pepito» no nos des más la vara osé (Pepito para los amigos y gente de confianza) Luis Rodríguez Zapatero, también conocido como ZP, comenzó ayer su campaña para festejar un año en el Palacio de La Moncloa.

Ya me veo venir el «tostonazo», como dicen en mi tierra, durante los próximos días. Para lo que nos espera, también se podrían usar un conjunto de expresiones muy populares como dar la lata, dar la paliza dar la murga, dar la monserga, dar la barrila, dar el tostón, dar la serenata, dar la tabarra, dar la matraca o dar la vara. Todas ellas vienen a expresar lo mismo.

Por ejemplo, si tomamos como referencia esta última de «dar la vara», el Diccionario de la Real Academia nos remite a «dar la lata a alguien», que significa coloquialmente «molestarlo, importunarlo, aburrirlo o fastidiarlo con cosas inoportunas o con exigencias continuas».

Así, durante estos doce meses, «Pepito» Rodríguez Zapatero nos ha molestado a muchos y nos ha dado la lata con el talante por aquí y el talante por allá, aunque luego, tanto él mismo como algunos de sus ministros no hayan hecho gala, ni del talante, ni del talento en sus acciones de Gobierno.

El actual inquilino de La Moncloa nos da hado la murga con su tan cacareada alianza de civilizaciones, que ha repetido dentro y fuera de nuestras fronteras; por ejemplo, en la Cumbre Iberoamericana, ante la Asamblea General de la ONU o en la importante reunión que celebraron los países árabes en Túnez, que tanto enfado a los Estados Unidos.

También nos ha dado la murga con su política de diálogo, pero no será la que ha mantenido con los representantes de las organizaciones católicas de padres, que recogieron un «montón» de firmas en relación con la enseñanza de la religión y a las que no se dignó recibir en La Moncloa.

A lo largo de este año nos ha dado la monserga, expresión que se adjudica con frecuencia para referirse a los parlamentos de los curas, con su política laicista, que nos ha hecho recordar, salvando las diferencias, la que se practicó en algunos momentos de la II República; durante estos meses las relaciones con la Iglesia Católica no han sido buenas, aunque, hace ahora poco más de una semana, parecen haber entrado en otra fase, tras la entrevista que mantuvo PZ con el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez.

Rodríguez Zapatero nos dio la barrila en la campaña electoral con el problema de la vivienda y nos prometió el oro y el moro para que, al final, Maria Antonia Trujillo nos ofreciese las soluciones habitacionales, primero, y ahora, estos últimos días, los mini pisos de 25 metros cuadrados, que seguro son la solución ideal para muchas familias.

Así podría seguir, pero el espacio no da para más, por eso reitero mi petición del principio: por favor, «Pepito» no nos des más la vara durante estos días de fastos y celebraciones.

Un grito de libertad
FERNANDO ÓNEGA La Voz 14 Abril 2005

AYER se oyeron dos voces en Madrid: la del presidente del Gobierno y la del editor de este periódico. Rodríguez Zapatero presentó su visión de España, próxima al paraíso, con una economía que va mejor que nunca, una política positiva, unas relaciones internacionales magníficas e incluso una situación territorial excelente. Al lado de esta visión triunfalista, sin la menor autocrítica de gestión, sonaban como una herejía las palabras de Santiago Rey que dibujaban el cainismo actual del país: «Ciudades contra ciudades, comunidades contra comunidades, tribunales contra tribunales (¿) vecinos contra vecinos, iguales contra iguales».

Era la denuncia de un hombre que se había presentado como «un editor de provincias». Era la palabra calmada, pero apasionada, del empresario que dejaba caer sus reflexiones como una espada en el suelo contaminado de Madrid. Estábamos viendo, como en las ocasiones históricas, no una conferencia, sino un grito por la libertad. Un grito empresarial al que no estamos acostumbrados en esta Corte de las maniobras ocultas, de las operaciones inconfesables, de los pactos bajo cuerda y de las lisonjas descaradas y las adulaciones al poder. Un grito que a mí me hizo exclamar, como a Melibea en La Celestina , «¡qué pequeña tenemos nuestra libertad!».

¿Pequeña? Peor que eso. En la comunicación, la tenemos adulterada. Cercada por la competencia desleal. Falseada por los intereses de grupo. Manipulada por las infiltraciones ideológicas. Sometida al cariñoso abrazo de unas Administraciones pródigas en suministrar subvenciones no a quien hace mejor periodismo, sino a quien vende mejor sus lealtades y simpatías. Atada a los mecanismos perversos de las concesiones que hacen posible todo favoritismo y todo mercadeo. Y todo ello, ante una sociedad anestesiada, que a veces aplaude la manipulación y las mentiras, por la sencilla razón de que disfruta con el varapalo político, aunque sea basado en el engaño. Conseguir editar un periódico independiente en estas condiciones parece tarea de héroes.

Así me sonó la conferencia de Santiago Rey. Fue una intervención casi subversiva. No para quienes le hemos escuchado en sus mensajes a sus redacciones, donde nos alienta a usar la libertad bajo su respaldo; pero sí para un público acostumbrado a la transigencia. Me he dado cuenta, al escucharle, de que este país ha perdido su capacidad de denuncia. Ha tenido que venir un editor de provincias a dar un aldabonazo. A convocar a la profesión periodística a la rebelión con palabras de sentido común, pero que en este tiempo de España suenan revolucionarias: «Es el momento de oponerse a los continuados intentos de amordazar a quienes se atreven a contar la verdad».

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