AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 17 Abril 2005
Tanto todo para nada
Juan Luis CARRASCO La Razón 17 Abril 2005

LA DEMOCRACIA CLAUDICANTE ANTE LAS ELECCIONES VASCAS
MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA ABC  17 Abril 2005

LA AGENDA OCULTA
Ignacio CAMACHO ABC  17 Abril 2005

ATAJOS
Jon JUARISTI ABC  17 Abril 2005

ETARRAS EN EL PARLAMENTO
Jaime CAMPMANY ABC  17 Abril 2005

LO QUE ESTÁ EN JUEGO
Editorial ABC 17 Abril 2005

Patria y bandera
Alfonso Ussía La Razón 17 Abril 2005

¿UNO O DIEZ MIL
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 17 Abril 2005

Encrucijada electoral
Editorial El Correo 17 Abril 2005

Las elecciones de la señorita Pepis
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 17 Abril 2005

El hombre que trae la violencia
Pío Moa Libertad Digital 17 Abril 2005

Los vascos que no votarán...
Cartas al Director ABC 17 Abril 2005

¿Revisionismo o revanchismo
E. L. Palomera La Razón 17 Abril 2005

ISABEL DURÁN desde el País Vasco: En Guernica reina la ETA
Libertad Digital 17 Abril 2005
 


 

Tanto todo para nada
Juan Luis CARRASCO La Razón 17 Abril 2005

Las elecciones en cualquier democracia asentada constituyen una jornada lúdica, la fiesta grande de un Estado de Derecho. Hoy, 17 de abril, los ciudadanos vascos están llamados a las urnas, pero en aquel rincón de España la celebración no podrá ser igual, sencillamente porque no hay libertad. Hoy, 17 de abril, no será una buena jornada, salvo milagro, pero esos prodigios, según Berlanga, suelen ocurrir los jueves. Hoy, 17 de abril, se dará el pistoletazo para que la voz de ETA regrese al Parlamento vasco, cuando todos los ciudadanos de bien creíamos superado el bochorno de ver sentados a los portavoces de las pistolas en la cámara que representa la soberanía del pueblo. Hoy, 17 de abril, será una jornada para la infamia, porque entre unos y otros han permitido la «legalización» de Batasuna y han tirado por la borda el trabajo de unos cuantos y el sufrimiento de tantos. Hoy, 17 de abril, la carroña se beneficiará del maquiavelismo de bolsillo de un Gobierno que no quiso ni siquiera intentarlo. Hoy, 17 de abril, el talante quedará de nuevo retratado por un puñado de votos. Hoy, 17 de abril, las víctimas del terrorismo sentirán amargura y rabia. Hoy, 17 de abril, con José Hierro en el recuerdo, algunos pensarán con razón: «Después de tanto todo para nada».

LA DEMOCRACIA CLAUDICANTE ANTE LAS ELECCIONES VASCAS
Por MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas ABC  17 Abril 2005

UN paisano mío, movido por la curiosidad de conocer los límites de los disparates, se personó en un Juzgado de Granada y presentó una demanda de procedimiento declarativo de mayor cuantía en la que solicitaba la propiedad de la Giralda de Sevilla. El juez rechazó semejante pretensión, mediante una resolución fundada en lo que establece el artículo 11.2 de la Ley Orgánica del Poder Judicial: no se admitirán las peticiones que se formulen con manifiesto abuso de derecho o que entrañen un fraude de ley. El juez recordó también lo que había aprendido en las clases de derecho civil, con los comentarios profesionales al artículo 6.4 del Código: los actos realizados al amparo del texto de una norma que persigan un resultado contrario al ordenamiento jurídico se considerarán ejecutados en fraude de ley.

En los ambientes jurídicos no se cuestionaba esta manera rotunda de resolver las pretensiones extravagantes hasta que llegó el Plan Ibarretxe. Nadie puso en duda que contenía varias propuestas inconstitucionales, con fraudes de ley que saltaban a la vista, como ha apreciado finalmente el Congreso de los Diputados. Sin embargo, el Plan se admitió a trámite y durante más de un año se ha beneficiado de la publicidad de los debates en instituciones importantes del Estado. ¡Peor suerte la de mi amigo en su pretensión de la Giralda! ¡Escaso respeto por la doctrina jurídica dominante, según la cual son inadmisibles y deben ser consideradas nulas aquellas iniciativas que afecten a la esfera nuclear del ordenamiento constitucional, o sea la tesis tantas veces repetida por Maünz-Dürig y V. Mangoldt-Klein!

Fue alegado, en algún momento de la tramitación del Plan Ibarretxe, que nuestra democracia, a diferencia de otras de las existentes en Europa, no era una democracia militante. Quería decirse que en el ordenamiento español todos los preceptos constitucionales son susceptibles de revisión, mientras que en el sistema francés, por ejemplo, no se puede reconsiderar la forma republicana de Gobierno, o en el alemán hay «cláusulas de intangibilidad», que cubren los principios constitucionales que dan fundamento a un orden, tan sólidamente implantado que si alguien intentase derribarlo «les asiste a todos los alemanes el derecho de resistencia cuando no fuere posible otro recurso» (artículo 20, según la reforma de 1968).

Frente a estas democracias militantes, en las que se defienden unos postulados básicos, están las democracias configuradas por normas de procedimiento, donde todo puede debatirse. Tanto lo que es lógico, o sea conforme a las reglas del sistema constitucional, como lo que es ilógico; tanto lo que afecta a los cimientos del edificio como lo que sólo aspira a modificar elementos secundarios. La democracia española, en opinión de algunos, se incluiría en este grupo de democracias carentes de principios intocables.

Podría admitirse la calificación de democracia militante o no militante, aplicada a la española, si no temiésemos que se transformase en una democracia claudicante. Las elecciones en el País Vasco son una prueba de fuego. Unos y otros demostrarán lo que son y a lo que aspiran. Sería claudicante el que fallase por flaqueza moral en la observancia de los principios que dice aceptar y defender. Sería claudicante la democracia que permitiere su destrucción por quienes de ella se han beneficiado.

Claudicar, en nuestro caso, es aceptar que la vigente Constitución no se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles. Claudicar es quebrar la solidaridad entre los españoles y las distintas zonas territoriales en que vivimos. Claudicar es negar al Estado la competencia exclusiva para regular las condiciones básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de los derechos y en el cumplimiento de los deberes constitucionales.

Los alemanes son partidarios de la democracia militante porque recuerdan la reducción a cenizas de la República de Weimar por los extremismos de izquierda y de derecha. Fue el suicidio de la democracia en 1933. Como puntualiza Klaus Stern, en una obra muy difundida en las universidades españolas, «el aprovechamiento de todas las libertades democráticas para combatir la Constitución de 1919 condujo a la destrucción de ésta desde dentro. Esta experiencia ha encontrado reflejo en todas las medidas de la actual defensa de la Constitución».

Se defiende la Constitución en Alemania con mandatos concretos. Se estipula así que «la libertad de enseñanza no exime de la fidelidad a la Constitución» (art. 5.3), o que «los partidos políticos que por sus fines o por actitud de sus adherentes tiendan a desvirtuar o destruir el régimen fundamental de libertad y democracia, o a poner en peligro la existencia de la República Federal de Alemania, son inconstitucionales» (art. 21.2). Y hay otras precauciones importantes para defender la Constitución.

El profesor Pedro de Vega lo explica bien: «La defensa de la Constitución pasará a entenderse no como defensa abstracta de la norma, sino como defensa de los valores cuya realización establece la norma. Lo cual significa que si en el primer momento del constitucionalismo moderno lo que se propicia en Europa es una defensa de la legalidad constitucional con medios políticos, lo que se va a propiciar ahora es una defensa de los valores políticos por medios y mecanismos jurídicos».

Nuestra Constitución reconoce y protege valores políticos supremos. No cabe claudicar en la observancia de estos principios básicos. Si esto supone que la democracia española está configurada por algo más que por un conjunto de normas de procedimiento, y esto nos lleva a considerarla democracia militante, nada hay que objetar. Lo que en cambio no resulta procedente es que en un debate parlamentario se invoque de forma incompleta la Sentencia del Tribunal Constitucional número 48 del año 2003, la relativa a la Ley de Partidos Políticos. Se omitió en la cita el siguiente párrafo: «Nuestra Constitución proclama principios, debidamente acogidos en su articulado, que dan fundamento y razón de ser a sus normas concretas. Son los principios constitucionales que vinculan y obligan, como la Constitución entera, a los ciudadanos y a los poderes públicos (art. 9.1 CE), incluso cuando se postule su reforma o revisión y hasta tanto ésta no se verifique con éxito a través de los procedimientos establecidos en su título X».

He aquí una norma, la que exige reformar la Constitución siguiendo el camino marcado al efecto, que algunos pretenden olvidar ahora con unas propuestas de revisión de los Estatutos que afectarían finalmente a la Constitución. Se trata de un procedimiento inaceptable, inconstitucional. Es la bandera del PNV con su Plan Ibarretxe como programa electoral. Frente a esto no cabe la claudicación.

El triste final de la República de Weimar fue una experiencia que gravitó sobre los constituyentes alemanes en 1949 y que sigue presente en los juristas de aquel país. La protección frente a actuaciones dirigidas a minar y socavar la Constitución exige permanecer alertas. No se olvida «la marcha a través de las instituciones», más funesta en su día que «la marcha sobre Roma». Ni se olvidan estos sucesos políticos allí ni deben olvidarse en España. No queremos una democracia claudicante.

LA AGENDA OCULTA
Por Ignacio CAMACHO ABC  17 Abril 2005

A las ocho y cinco de esta tarde, con las primeras encuestas «israelitas» en la mano, los dirigentes políticos nacionales y vascos escenificarán esa habitual ceremonia de la confusión según la cual todo el mundo habrá ganado las elecciones, pero lo más probable es que ya mismo, incluso antes de que se celebren, las hayamos perdido la mayoría de nosotros. Porque la concurrencia de ese estrafalario vagón-escoba llamado Partido Comunista de las Tierras Vascas representa una derrota política y moral del Estado frente al entramado terrorista, y sobre todo porque esa derrota se produce por un perverso cálculo tacticista de quienes, por su responsabilidad, tienen la obligación de preservar los principios de la decencia frente a los intereses de la conveniencia.

No estoy seguro de que existan razones jurídicas suficientes para haber procedido a la ilegalización del submarino batasuno emergido tras el naufragio de Aukera Guztiak (aunque los vasos comunicantes revelados esta semana por ABC contengan tanta carga probatoria como la que se esgrimió en su día para dejar fuera de juego a algunas de las formaciones excluidas por la Ley de Partidos de 2002), pero en cambio sí lo estoy de que el Gobierno ha tomado la decisión de no intentarlo. Hace tiempo que el presidente Zapatero estableció una línea táctica que pasa por evitar la mayoría absoluta de la coalición nacionalista liderada por Ibarretxe, para ofrecerle a continuación un diálogo institucional en el que se reformará el Estatuto de autonomía a costa de que el socialismo vasco quede supeditado al papel de muleta parlamentaria. Para ello los estrategas de Moncloa entienden como premisa imprescindible que el PNV no se beneficie de los votos de la radicalidad independentista. La maniobra diseñada por los cerebros del llamado Movimiento de Liberación Nacional Vasco ha entregado en bandeja el regalo necesario para cumplir el requisito de un contratiempo tan aparentemente inevitable como realmente deseado y consentido.

Para quien quiera dejarse engañar, los hechos ofrecen la suficiente limpieza aparencial. El Gobierno y la Fiscalía batallaron con denuedo por la ilegalización de AK, el señuelo fabricado por los batasunos para distraer a los vigilantes de la estructura jurídica y policial del Estado. Consumada esta puesta en escena de la solidez institucional, la aparición de una «patera» llamada PCTV -que, como en las películas de James Bond, se despliega de repente convertida en fulgurante fueraborda para recoger a los náufragos de la nave proetarra- se configura como una inteligente maniobra de «los malos» que deja boquiabiertos y sin capacidad de reacción a los patrulleros de la ley. Impecable planteamiento, si no fuera porque las evidencias del truco rebosan hasta ofender la inteligencia de quienes piensan que Zapatero y su gente pueden ser sectarios o simplemente estar equivocados, pero de ninguna manera son tontos para no ver lo que está a la vista de cualquiera que tenga ojos en la cara.

El plan del presidente del Gobierno ha quedado deliberadamente al descubierto en la última fase de la campaña, al mismo tiempo que se iban manifestando las evidencias de que el estrambótico PCTV no es sino una correa de transmisión, sobrevenida o no, del entramado batasuno. La propuesta final de Zapatero de negociar un nuevo estatuto de autonomía para el País Vasco, acompañada de una nebulosa oferta de diálogo «para la paz» -léase con ETA-, ha definido perfectamente el marco de juego que desea el jefe del Gobierno, aun a costa de la posibilidad de mermar las expectativas de voto de Patxi López, su candidato a lendakari. Para cumplir ese plan, el Gobierno necesita dos cosas: que Ibarretxe quede en minoría y que en la Cámara de Vitoria subsista un grupo con capacidad de interlocución política en nombre del conglomerado etarra.

Ambos elementos los proporcionarán los diputados que eventualmente obtenga hoy la lista oculta batasuna. Sus escaños saldrán inevitablemente del bloque nacionalista, incluso del grupúsculo con que Javier Madrazo mancha de ignominia la tradición nacional de la izquierda comunista. Contando con el previsible «sorpasso» que el PSE efectuará sobre el PP como segunda fuerza vasca -es una constante histórica que el partido que gobierna en Madrid saca más votos en Euskadi que el de la oposición-, Zapatero estará en condiciones de ofrecerse al nacionalismo como interlocutor necesario desde su doble condición de opositor en el País Vasco y Gobierno en España. Las cuatro horas de charla con Ibarretxe en la Moncloa, allá a principios de enero, adquieren ahora todo su sentido.

Es razonable pensar que el PSE, como proclama hasta la saciedad Patxi López, no vaya a pactar un gobierno de coalición con los nacionalistas. Al menos, por el momento; nadie puede predecir qué ocurrirá a la vuelta de los meses, cuando arranque la negociación del nuevo estatuto prometido por Zapatero en campaña. Hoy por hoy, esa posibilidad fracturaría al Partido Socialista vasco y, desde luego, al PSOE, en cuyo seno existen numerosas personas partidarias de derribar a Ibarretxe con el concurso del PP si los números dieran la posibilidad de lograrlo. Esa hipótesis es, sin embargo, tan lejana como acaso ingrata para los planes del propio Zapatero, que probablemente se vería impelido a aceptarla a regañadientes si se diese el caso.

El presidente es, ante todo, un táctico. Sus cálculos políticos se orientan siempre en función de las expectativas electorales, y resulta evidente que para su conveniencia a corto plazo opera mejor la existencia de una lista batasuna que detraiga del nacionalismo los votos que le aproximen a una mayoría absoluta de imprevisibles consecuencias, puesto que Ibarretxe montaría sobre ella otra escalada de su órdago secesionista. En el horizonte del presidente del Gobierno se alzan de modo simultáneo las negociaciones paralelas del nuevo estatuto y de la «foto finish» de ETA, el acuerdo de Stormont a la española que fascina a un Zapatero poco inclinado a dejar que el terrorismo se agote por consunción bajo la presión de la Policía y de los tribunales. Esta última vía, muy avanzada actualmente tras años de lucha intensa en todos los frentes, no termina en un punto concreto, no tiene una foto, y por tanto no es rentabilizable en términos políticos ni electorales. Y al presidente le seduce -legítimamente, es cierto- la idea de quedar como el hombre que acabó formalmente con ETA.

Su estrategia cortoplacista, que lo fía todo al éxito de los movimientos tácticos y sólo se legitima a través de los resultados, puede verse reforzada hoy con un balance electoral a la medida de sus deseos, aunque signifique la renuncia del Estado al principio de firmeza que ha venido caracterizando la lucha antiterrorista e implique un escarnio lamentable a las víctimas. Sólo tiene un punto débil: la posibilidad, apuntada en ciertos sondeos, de que el PSE no logre rebasar a un PP sostenido con más fortaleza de lo esperado por la vigorosa campaña de María San Gil. Lo sabremos esta noche, cuando los políticos retuerzan los datos para amoldar a sus intereses el veredicto del pueblo vasco. Un pueblo que, no lo olvidemos, sigue sin votar con entera libertad, como mostrará hoy la foto de toda la oposición acudiendo a las urnas bajo la custodia de unos escoltas que no están para evitar que a sus protegidos les roben la cartera.
director@abc.es

ATAJOS
Por Jon JUARISTI ABC  17 Abril 2005

HAY quien se empeña todavía en sostener que la alianza de la izquierda con los nacionalismos es una coyunda contra naturaleza, forzada por la carencia de proyectos que aqueja a la primera desde la caída del Muro. Nada más lejos de la verdad: una revisión apresurada del espantoso siglo XX revela que ninguna de las revoluciones triunfantes, de 1917 en adelante, prescindió de la movilización de los irredentismos. La fusión electoral de ETA con un grupúsculo marginal que se proclama comunista remeda grotesca y rezagadamente lo que en un pasado todavía cercano constituyó el sustrato necesario de toda aventura totalitaria, ya fuese nacional-socialista o social-nacionalista (el orden de sumandos no altera la suma). Las coaliciones sucesivas del Partido Socialista de Euskadi con el PNV, así como la trayectoria del actual gobierno tripartito en Cataluña, ilustran la dependencia inevitable del socialismo, incluso en sus variedades democráticas, respecto de los nacionalismos. Conviene plantearse, ante todo, por qué la izquierda ha necesitado siempre la colaboración de unas ideologías y unos movimientos teóricamente burgueses y reaccionarios.

SE ha tendido a ver en la defensa que hizo Lenin del derecho de las nacionalidades del imperio ruso a la autodeterminación una maniobra para atraerse a las organizaciones nacionalistas en la fase de acoso y derribo del zarismo. Pero este tipo de interpretaciones pragmáticas no explican por qué los bolcheviques, tras hacerse con el poder, siguieron propiciando el desarrollo de los programas de dichas organizaciones, hasta el punto de convertir el nuevo Estado en una «unión de repúblicas», desechando el modelo revolucionario hasta entonces más prestigiado en la tradición marxista (es decir, el jacobinismo francés). Para dar con la clave del problema basta observar lo que sucede con todo movimiento nacionalista: mientras está en la oposición defiende las sagradas costumbres, usos y tradiciones del pueblo oprimido, haciendo gala de un conservadurismo desafiante, pero los nacionalismos victoriosos destruyen la herencia cultural y moral de las comunidades liberadas con más celeridad y eficacia que cualquier burocracia socialista. Tanto en Rusia como en Yugoslavia o en China (para no hablar de tantas antiguas colonias ni de Camboya, el modelo más logrado) los comunistas se valieron de los nacionalismos como instrumentos de modernización o, si se prefiere, como armas para destruir el viejo mundo: o sea, los vínculos que daban cohesión a las sociedades tradicionales (solidaridades familiares, jerarquías y cuerpos intermedios, mutualidades gremiales, dialectos y culturas comarcales) y los sistemas de valores que los fundamentaban. Como vectores de secularización, los nacionalismos no tienen rivales comparables. Al situar la nación sobre cualquier otro valor, se constituyen en sucedáneos emocionales de las religiones trascendentes. La crítica marxista de la religión difícilmente habría podido competir con los paganismos nacionalistas (las nuevas religiones sacrificiales de la nación) en la descristianización de las poblaciones. No es casual, en tal sentido, que Polonia, cuyo nacionalismo fue aplastado por los soviéticos, se convirtiera en el talón de Aquiles del bloque comunista. Tanto en el caso polaco como en el muy semejante del Tíbet, el patriotismo encontró su cauce de expresión en sendas instituciones religiosas de amplísimo arraigo, dirigidas por personalidades excepcionales. La catástrofe general de las repúblicas ex soviéticas y ex yugoeslavas muestra, por el contrario, los efectos deletéreos de la combinación de comunismo y nacionalismo, ante la que no supieron oponer los patriarcas de las iglesias ortodoxas (identificados con las versiones más fanáticas de sus respectivos nacionalismos) una resistencia firme y heroica, como la de los cardenales polacos Wyszynski y Wojtyla o, todavía hoy, la del Dalai Lama.

NO todo en la historia reciente de Polonia ha sido ejemplar. La página negra del antisemitismo sigue enturbiándola, a pesar de la nobilísima y conmovedora asunción de la culpa colectiva por el mejor de sus hijos, precisamente el más limpio de sospecha, el primer Papa de la Historia sin sombra de prejuicios antijudíos. Pero la vía polaca a la democracia evitó los atajos nacionalistas en los que tantas otras transiciones se empantanaron. En un día como el presente, crucial para la suerte de nuestro propio país, no está de sobra recordarlo.

ETARRAS EN EL PARLAMENTO
Por Jaime CAMPMANY ABC  17 Abril 2005

SI hoy, domingo 17 de abril de 2005, los representantes políticos de la banda terrorista «Eta» adquieren el derecho de sentarse en el Parlamento vasco junto a las víctimas de los asesinos, esa gravísima responsabilidad habrá caído sobre Rodríguez Zapatero y sobre el Gobierno y el socialismo españoles. Después de conocidos los informes de la Guardia Civil publicados en este periódico, no es posible dudar racionalmente de la identificación entre esa formación política fantasma llamada «Partido Comunista de las Tierras Vascas» y la antigua Herri Batasuna, brazo político de «Eta».

El empecinamiento de Rodríguez Zapatero en no querer reconocer lo que está ante los ojos de España entera y en seguir negando la evidencia debe tener una explicación inconfesable. Ahí hay gato encerrado. Zapatero ha pactado esa dejación de su deber de gobernante con alguien, llámese PNV, llámese Batasuna, o con la mismísima «Eta» directa o indirectamente. Tal vez nos enteremos algún día, porque estos secretos terminan siempre por ser secretos a voces y misterios a la luz del día.

Lo cierto y verdad es que Zapatero ha adquirido la responsabilidad gravísima de dejar sin efecto la Ley de Partidos promovida y promulgada por el Partido Popular. Y además, lo ha hecho con engaño, cobardemente y desde la deslealtad más sinuosa a la ciudadanía, sobre todo a los electores vascos. Teniendo en la mano el instrumento perfectamente legal para impedirlo, Zapatero ha consentido que los antiguos escaños ocupados por Herri Batasuna sean ahora propiedad de los mismos criados de los asesinos disfrazados bajo otro nombre.

El hecho no se puede achacar sólo a tontería ni a angelismo democrático. Zapatero y sus asesores, empezando por el pícaro Rubalcaba, no habitan en Babia ni se han caído de un guindo. Tal y como se han desarrollado los acontecimientos, la concesión del Gobierno al PCTV y su pasividad en denunciar la situación ante los tribunales responden a un plan trazado, planeado y organizado de antemano. O es la exigente condición del PNV para firmar una alianza política postelectoral, o es una concesión a una nueva engañifa etarra de tregua interesada.

Que el PCTV es el heredero universal de Herri Batasuna está claro desde el primer momento. También está claro que el PNV es contrario a la Ley de Partidos, y ahí está la negativa de Juan María Atucha a disolver el grupo parlamentario de Sozialista Abertzaleak, o sea, los mismos criados de los asesinos con otros collares. El PNV necesita a la banda etarra para asegurar la pervivencia de su supremacía electoral. Es ella la que consigue que cuatrocientos mil (trescientos ochenta mil para ser exactos) vascos españolistas se destierren de su patria chica, amenazados por las pistolas etarras y no ejerzan su derecho a votar. Son las urnas sin los votos de esos desterrados de Euskalerría las que aseguran el triunfo del PNV en las elecciones y su ocupación eterna del gobierno vasco, tal como seguramente sucederá hoy después del escrutinio. Podemos cerrar los ojos a la realidad y seguir hablando de una España en libertad y en democracia, pero la verdad es que en un pedazo entrañable de tierra española la libertad y la democracia son una dramática filfa.

LO QUE ESTÁ EN JUEGO
Editorial ABC 17 Abril 2005

LAS elecciones en el País Vasco tienen un significado político muy distinto al de los comicios que se celebran en cualquier otra parte de España. Antes que un ejercicio pacífico de los derechos individuales, las urnas representan para una buena parte de la sociedad vasca un acto de resistencia democrática frente al terrorismo de ETA y su complejo entramado, presente hoy otra vez en las urnas bajo el nombre del Partido Comunista de las Tierras Vascas. Entre la coacción a los que se quedan y la deportación impuesta a los que han tenido que irse, el terrorismo ha condicionado siempre la expresión del pluralismo de la sociedad vasca. La limpieza ideológica en el País Vasco ha producido resultados mensurables a simple vista de la evolución del censo de población. Sólo el principio absoluto de que la democracia es más fuerte que el terrorismo y de que los votos no se juzgan, sino que se cuentan, ha garantizado a los nacionalistas la legitimidad técnica de sus victorias. Pero la percepción de que el nacionalismo estaba llamado por derecho natural a gobernar el País Vasco, fuera cual fuera el veredicto de las urnas, también ha sido una sombra de la democracia vasca y un factor de depresión de las expectativas del constitucionalismo, las cuales, no obstante, remontaron su tendencia en 1998 y, especialmente, en mayo de 2001, cuando se plasmaron en los mejores resultados nunca antes logrados por las fuerzas no nacionalistas.

La jornada electoral que hoy tiene lugar en el País Vasco sigue respondiendo a esas mismas claves, que exigen del votante no nacionalista un esfuerzo añadido para sostener, en un ambiente que no puede ser calificado de plena libertad, una opción alternativa, pacífica, democrática y constitucional. Las elecciones de hoy están abocadas por el nacionalismo a un plebiscito, no a lo que deberían ser, es decir, un juicio ciudadano sobre la gestión del Gobierno de Ibarretxe. El PNV ha diseñado una estrategia electoral en la que ha combinado el tradicional llamamiento a los instintos -agresión de Madrid, enemigo exterior-, tan típico del nacionalismo, con una serie de mensajes marcados por la abstracción del problema del terrorismo, relegado a un segundo plano dentro de un manual de campaña nacionalista que utiliza el plan Ibarrexte como excusa para prolongar la permanencia del País Vasco en un estado de excepcionalidad, sin ejemplo equiparable en el resto de la Europa democrática.

Aun así, es innegable que en los últimos años se ha producido un auténtico saneamiento, todavía incompleto, de la democracia en el País Vasco, gracias al desvelamiento del entramado batasuno, la expulsión de ETA de las instituciones forales y municipales y la denuncia cívica de la complicidad del PNV con la estrategia de fondo de la organización terrorista. También estos grandes avances, que han sido ganados a pulso por el Estado democrático y de Derecho, están en juego en las elecciones vascas, pero esta vez no cuentan a su favor con aquella convergencia constitucional y autonomista que asumieron PP y PSE en 2001.

Sin embargo, su aseguramiento es vital para el Estado y para la derrota de ETA; y dependerá en buena medida de que los vascos identificados con la Constitución y el Estatuto, el cumplimiento de la ley y la defensa de las libertades políticas no se hayan visto sorprendidos y confundidos por los mensajes equívocos. En este sentido, la concurrencia de la candidatura del Partido Comunista de las Tierras Vascas, que el Ejecutivo ha decidido no recurrir, es un hecho incompatible con la firmeza y claridad de ideas que siempre ha de oponerse al nacionalismo en su conjunto.

Patria y bandera
Por Alfonso Ussía La Razón 17 Abril 2005

Hoy nos jugamos España. Hoy volverán a tener escaños en el Parlamento vasco los cómplices de los asesinos. Zapatero así lo ha querido. Ha dicho que hablará con ellos a partir de mañana. Afirma el presidente del Gobierno que nunca ha estado mejor España que durante su primer año de mandato. No ha terminado la frase.

Nunca ha estado mejor España para romperse definitivamente que durante su primer año de mandato. Al paso que llevan los acontecimientos, el segundo año puede ser el de la escisión. A pesar de ello, una mayoría de los españoles todavía aprueba su política. Al menos, eso afirman las encuestas.

Todavía no me he encontrado con ningún español que forme parte de esa mayoría, pero que existen es indudable. Hoy nos jugamos España. El nacionalismo vasco, de obtener la mayoría absoluta, iniciará su proceso de descomposición del Estado. El Estado, eso tan antipático y recurrente, que es la versión administrativa de lo que significa España.

Los socios de Zapatero en Cataluña no perderán la ocasión de subirse al carro de la ruptura. Nos preside un señor que gobierna en España con la ayuda de los que sólo desean la desaparición de España. Además, su partido en las autonomías con fuerzas separatistas es tan nacionalista o más que las primeras. Ahí tenemos a Maragall, más allá a Pachi López. Ilustres socialistas vascos, que han luchado durante años por la Constitución y por España, han manifestado su intención de votar al Partido Popular.

No se fían de los suyos, y hacen muy bien. Un viento de complejo de inferioridad y de traición escondida ha desnortado al socialismo vasco, al nuevo me refiero, no al de Nicolás Redondo Terreros, Maite Pagazaurtundúa, Carlos Totorica, Rosa Díez, Gotzone Mora y demás integradores desintegrados por los sabios de la calle de Ferraz.

Se intenta destruir a España, pero ignoran los partidarios de la destrucción que una nación con más de quinientos años de unidad no es fácil de destruir. Todos los catalanes tienen el derecho de participar en el futuro de Andalucía, y todos los canarios en el futuro de Euskalerría, y todos los vascos en el futuro de Madrid.

No hay españoles con más derechos que otros sobre territorios concretos que a todos nos pertenecen. Y está vigente la Constitución de 1978, que no deja resquicios a las dudas, y los mandatos constitucionales exigibles al Rey y a las Fuerzas Armadas.

Y la clara posibilidad, ante una traición consumada, de suspender las autonomías en los territorios desleales. No obstante, a pesar de todo ello, hoy nos jugamos España. Los intereses parciales sobrevuelan los intereses generales.

Lo inaudito, insisto, es que las agresiones contra España vengan, en gran medida, de los socios del partido en el Gobierno y de su presidente, en particular. Ignoro hasta qué límite soportarán los españoles las sucias maniobras que empañan su futuro. Nos están llevando a una situación de enfrentamiento impensable años atrás.

Y el gran culpable de todo, al que habrá que juzgar en el mañana como máximo responsable del desencuentro y la confrontación, no es otro que Rodríguez Zapatero. Porque el desencuentro ya es una realidad, y la confrontación ha asomado la cabeza por el horizonte. Y todo –los intereses personales sobre los generales–, para mantenerse en el poder.

Frívolas y memas alusiones a la República. El Rey republicano, que sólo el republicano defiende las instituciones, los valores democráticos, la vida pública y respeta los principios de una ciudadanía libre. Son palabras del ignorante de Zapatero.

¿Ha leído Zapatero algo de Historia de España? La gran incitadora de la Guerra Civil fue la Segunda República, que no aceptó resultados democráticos, que asesinó desde el poder, que permitió la escisión de España, que devastó los derechos de los ciudadanos y estableció un régimen de terror en sus últimos años.

Después, vino lo que vino. ¿Nos propone Zapatero una Tercera República? ¿Volverán los símbolos efímeros que tanto le gustan? ¿Se procederá al desgajamiento de España? Por mi parte, intentaré impedirlo. Pero soy poca cosa. Sucede que hay millones de españoles como el que firma que aman a España por encima de todo y juraron voluntariamente lealtad a su Bandera. Yo no juré lealtad al mundo, ni a Europa.

Lo hice a España y a su Bandera, y he vuelto a repetirlo hace unos pocos años. Mi juramento es sagrado y vigente. Otros millones de juramentos se reunirán si las circunstancias reclaman sus lealtades. Que no se olviden de esto los que quieren destrozar a España. O permitirlo.

¿UNO O DIEZ MIL?
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 17 Abril 2005

La irrupción de EHAK en la campaña ha levantado toda suerte de cábalas. Por ejemplo: ¿impedirán los votos atraídos por EHAK una mayoría absoluta de Ibarreche? También: ¿ha renunciado Madrid a las suspensión cautelar del partido por razones técnicas, o porque quería debilitar a Ibarreche en los comicios de hoy? Todas estas preguntas son interesantes. Y todas las respuestas, en principio, importantes. La situación es, sin embargo, tan confusa, que no basta con conocer lo importante. En el contexto vasco actual se han alterado los pesos y medidas, y nada es lo que parece ser.

Los únicos que están jugando aquí un papel claro son el PP e Ibarreche. El primero propugna una victoria de los partidos nacionales, la formación de un gobierno PP/PSE, y la defensa del statu quo institucional. Es legítimo discrepar del proyecto. Pero, erróneo o no, es un proyecto comprensible. Ibarreche cultiva un proyecto no menos diáfano. Si le acompañan los números, se sentará a hablar con Zapatero para comunicarle formalmente su intención de llevar a referéndum su plan. En teoría, pueden ocurrir dos cosas: que Zapatero persista en negarse al plan, o que transija. Si lo primero, Ibarreche convocará un referéndum ilegal. Si lo segundo, el plan se remitirá al Congreso, del que será devuelto con enmiendas que no afectan a su contenido nuclear. Habría, igualmente, referéndum, solo que ahora sería legal. Esta alternativa, no obstante, es ilusoria, puesto que el plan Ibarreche, se mire como se mire, es inconstitucional de plano. Eliminada la segunda alternativa, el panorama se simplifica radicalmente. En caso de que gane, Ibarreche proclamará la independencia del País Vasco mediante una decisión unilateral. O si se quiere, por la vía de los hechos.

La propuesta socialista, por el contrario, nos envía a un futurible plagado de misterios, o mejor, de acertijos indescifrables. Patxi López ha insistido repetidamente en que sólo entrará en el gobierno como lendakari. Lo último excluye un cagafierro con el P.N.B., que nunca aceptaría una posición subordinada en Vitoria. Sangrientamente con esto, López señala que su intención es que el P.N.B. se vaya a la oposición. Está contando, por tanto, con el apoyo parlamentario del P.P.. De momento, va todo como una seda. Pero ¡atención!, queda el famoso plan López. El plan López, sin ser flagrantemente inconstitucional, viola en espíritu la Constitución, o por lo menos no podría extenderse al resto de las autonomías sin que se hiciera ingobernable el Estado. El P.P., con buen criterio a mi entender, considera que el plan López es inaceptable. Luego si los socialistas cuentan implícitamente con el P.P. como socio, hay que suponer que abarcarían su plan después de las elecciones. El plan se reduciría a operar como un señuelo de nacionalistas desganados durante la sazón electoral.

Esto huele a trampa, pero es racional. Podría incluso justificarse arguyendo que lo excepcional de las circunstancias exige no ponerse moralmente estupendos y acudir a argucias que no serían de recibo en un clima de normalidad. El asunto, sin embargo, no acaba aquí. Zapatero, que sigue en la idea de reformar al alza el Estatuto de Guarnece, acaba de decir que bendeciría un arreglo que contara con los dos tercios de los votos en el Parlamento Vasco. O sea, con los votos del tripartito y, como mínimo, del P.P. o del PSOE. El partido imprescindible, obviamente, es el SE. El P.P. se quedaría sin pareja en este baile, organizado para que se marquen un vals socialistas y nacionalistas. La cosa entra de lleno en la línea de pensamiento de Morgalla. Ahora bien, no encaja de ninguna manera con la estrategia de López, la cual, como se ha señalado ya, exige implícitamente un acuerdo postelectoral con el P.P.. ¿Conclusión? Carecemos de elementos de juicio para anticipar lo que harán los socialistas con sus votos. Conjeturamos, sí, que es importante el número de votos que consigan reunir. Pero dado el carácter fragmentario de nuestra información, no podemos añadir nada más. Es como si, de visita en un país exótico, se nos informara, sin especificación de orden, que el valor de la moneda local y el del euro se hallan en una relación de uno a cien. El dato es impresionante para el turista que guarda en la cartera mil duros. Al tiempo, resulta claramente insuficiente. En particular, no podrá saber el turista si le alcanzarán sus duros para un café pelado o para una suite en el mejor hotel de la capital.

Mientras tanto, han sucedido cosas irreversibles. El retorno político de ETA anula formalmente la ofensiva constitucionalidad que se inició tras el asesinato de Blanco. Y el respaldo por el presidente del Gobierno a documentos inefables ha despotenciado gravemente la Constitución. Esto no es confuso. Yo diría, más bien, que es desalentador.

Encrucijada electoral
Editorial El Correo 17 Abril 2005

Las elecciones al Parlamento vasco expresarán hoy cuáles son las voluntades políticas presentes en Euskadi. Casi dos millones de personas tienen el derecho de elegir a 75 parlamentarios que ocuparán los escaños de la Cámara. Pero a nadie se le escapa que estos comicios representan mucho más que una oportunidad para la renovación del legislativo autonómico. Hoy la sociedad se enfrenta a la encrucijada que durante los últimos años ha dividido a las formaciones políticas en Euskadi. Es la disyuntiva que insta a cada ciudadano a tomar postura entre la continuidad del modelo político que se inauguró con el referéndum del Estatuto de Gernika el 25 de octubre de 1979 y el desbordamiento del marco estatutario y constitucional que empujaría al País Vasco hacia un escenario de incertidumbre. No sería honesto minusvalorar la trascendencia de la cita de hoy, presentándola como si sólo se tratara de una elección parlamentaria. El veredicto de las urnas, que es siempre inapelable, puede revisarse cada vez que se produce una nueva convocatoria. Pero igual de cierto es que la historia política de un país adopta rumbos que, bien en su orientación bien en sus consecuencias, acaban siendo irreversibles. Por eso en elecciones cruciales como las de hoy la ciudadanía ha de ser consciente de que no está definiendo únicamente el horizonte de los próximos cuatro años sino que está determinando nada menos que el futuro que espera a las próximas generaciones.

En una sociedad abierta, en la que las distintas opciones políticas encuentran su cauce de expresión, la libertad electoral constituye un bien fundamental a preservar. Nadie puede verse coartado en su decisión por la coacción o el miedo. Resulta también censurable que se pretenda condicionar el comportamiento ciudadano mediante mensajes fatalistas o invitaciones explícitas al desistimiento. Porque sólo en el ejercicio pleno de la libertad puede hallar la sociedad su plena madurez. Pero quizá sí sea necesario apelar a la responsabilidad política que contrae cada votante respecto a sí mismo y a sus conciudadanos. El escrutinio de hoy no resultará inocuo para Euskadi y sus habitantes. La toma de conciencia respecto a las repercusiones que entraña ir a votar o no y hacerlo a favor de una u otra sigla resulta por tanto primordial. Porque el ejercicio de la libertad en ningún caso puede significar que el ciudadano con derecho a voto acabe desentendiéndose de los efectos que su decisión individual genere en el orden político y social. Acudir a votar no constituye un deber legal, pero puede representar una obligación moral especialmente cuando se trata de dilucidar sobre qué camino ha de emprender la convivencia en una determinada sociedad. Una obligación que se vuelve ineludible frente a quienes tratan de convertir su negativa a condenar el terrorismo en un ejercicio de jactancia radical con voz en el hemiciclo de Vitoria.

En ocasiones quienes protagonizan una campaña electoral parlamentaria rebajando su importancia acaban interpretando los resultados, cuando les favorecen, poco menos que como si se tratase de un plebiscito. En sentido inverso, a veces quienes presentan la liza electoral como si se tratara de una disyuntiva dramática tienden a reducir la trascendencia del veredicto de las urnas cuando es contrario a sus intereses. En estas últimas semanas, partidos y candidatos han evitado ser todo lo explícitos que debieran a la hora de avanzar sus propósitos. Pero tampoco parece de recibo que alguien pretenda escudarse en una ingenuidad fingida para depositar su voto desentendiéndose de lo que sus receptores vayan a hacer con él. A estas alturas los electores conocen o pueden suponer cuáles son las intenciones que albergan las distintas opciones que se presentan a estos comicios.

Además de la persistencia del acoso y de la amenaza terrorista, la pasada legislatura reflejó la grave anomalía que representa el inicio de un proceso de revisión estatutaria que está lejos de aunar tantas voluntades como las que dieron inicio al autogobierno vigente. Un proceso que hoy será contestado o revalidado por la ciudadanía. La convocatoria no representa un plebiscito en sentido estricto. Pero, sea cual sea la radiografía de voluntades políticas que reflejen las urnas, resultará obligado evaluar a través de ella la actitud que mantiene la ciudadanía vasca ante el proyecto de nuevo estatuto aprobado por la Cámara autonómica y rechazado por las Cortes Generales. La pasada legislatura fue acumulando anomalías y conflictos institucionales hasta poner en peligro los mínimos de entendimiento que requiere el funcionamiento de la democracia. La necesaria regeneración de la política demanda en Euskadi la previa recuperación de las reglas de juego de la legalidad y el consenso. Sea cual sea el resultado electoral, todos los vaticinios y escenarios posibles continúan mostrando una sociedad plural constituida por ciudadanos que por sí mismos representan la diversidad. Nadie deberá obviar y mucho menos ocultar las evidencias que muestre el escrutinio. Pero tampoco podrá nadie proceder a una lectura reduccionista de la voluntad popular, anulando la necesidad del consenso como clave de bóveda del futuro para la democracia, el autogobierno y el bienestar de los vascos.

Las elecciones de la señorita Pepis
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 17 Abril 2005

¿QUÉ SE DECIDE en unos comicios autonómicos? Pues quiénes formarán la mayoría en el correspondiente parlamento regional. ¿Por qué es tan importante esta primera decisión? Porque la mayoría elegirá al Gobierno y determinará la solidez del apoyo parlamentario que tendrá para sacar adelante su programa. ¿Por qué, en fin, resulta tan trascendental ese programa? Porque es el principal indicador del que disponen los electores para saber qué piensan hacer los partidos, si llegan al Gobierno, con la sanidad, el paro, la vivienda, la seguridad ciudadana, la inmigración, las infraestructuras o la política fiscal.

Si esta descripción fuera adecuada -y puedo asegurarles que lo es para el noventa y nueve por ciento de las elecciones parlamentarias (regionales o estatales) que tienen lugar en los países europeos- la campaña electoral de los comicios que hoy se celebran en Euskadi debería haberse centrado en todos los temas referidos. Temas que, aquí y en Pernambuco, constituyen, sin ningún género de dudas, las preocupaciones esenciales del cuerpo electoral.

¿Ha sido así? En absoluto. Casi nadie ha hablado en el País Vasco, como no fuera como materia de relleno, de otro cosa diferente a la que el nacionalismo gobernante ha logrado colocar en el centro de la agenda: el futuro de las relaciones con España. Es cierto que, según demuestran todas las encuestas, tal asunto no constituye un motivo especial de desazón -ni siquiera secundario- para la inmensa mayoría de los vascos. Pero esa constatación no debería llevarnos al error: la campaña vasca se ha centrado en las relaciones de Euskadi con España porque, en realidad, ese es el gran tema que hoy deciden los votantes de Guipúzcoa, Álava y Vizcaya.

Parece increíble que sea así, pero lo es. De hecho, el lendakari en funciones ha explicado ya con todo lujo de detalles la zarrapastrosa estrategia constitucional (inconstitucional en realidad, de cabo a cabo) que piensa desarrollar, de contar con la mayoría necesaria, para lograr a la segunda la aprobación de un plan ya rechazado por la inmensa mayoría del Congreso. Una especie, el del lendakari, de constitucionalismo de la señorita Pepis en el que no existen ni los principios ni las normas, sino sólo las particulares conveniencias de Ibarretxe y su partido.

Pero, al fin, los vascos tienen hoy de nuevo la palabra. Bien para abrir un boquete que les permita -y nos permita- salir del túnel en que estamos desde hace al menos cuatro años. Bien para poner el futuro del País Vasco, y con él el de España, en manos de una señorita Pepis que se ha creído que hacer política es como jugar a las casitas. O, mejor, a las nacioncitas y estaditos.

Intento de agresión a Carrillo
El hombre que trae la violencia
Pío Moa Libertad Digital 17 Abril 2005

En una entrevista sobre el Valle de los Caídos me preguntaron si las medidas que está adoptando el gobierno pueden tener malas repercusiones. Le respondí que las veía muy peligrosas, porque crispan a mucha gente y pueden generar espirales de violencia, máxime en un ambiente de descomposición política como el que vivimos, pues sólo cabe calificar así la vuelta de la ETA a la legalidad, los planes de Ibarreche-Ternera y Maragall-Carod amparados por el gobierno, el deliberado intento de resucitar viejos rencores e instrumentarlos políticamente, y tantas otras cosas. Me preocupa mucho -me angustia realmente- esta pendiente cada vez más inclinada de provocaciones e ilegalidades desde el poder.

Un síntoma de esa crispación ha sido la agresión a Carrillo y a algunos de sus acompañantes en una librería de Madrid. Condenable, como todas las agresiones, no puede desvincularse del reciente homenaje oficial a quien pudo pasar a la historia como símbolo de reconciliación y está quedando como todo lo contrario. Carrillo viene alentando esa propaganda recuperadora de unos odios que creíamos enterrados para siempre, y, para más daño, el gobierno ha acentuado tales campañas con ese homenaje extemporáneo, coronado por la retirada de la estatua de Franco. Al lado del pedestal vacío permanecen, en cambio las estatuas de Prieto y Largo Caballero, golpistas y planificadores de la guerra civil, como está hoy perfectamente documentado, y de quienes se sienten sucesores los actuales jefes del PSOE. Miles de personas han recibido la innecesaria provocación gubernamental como una afrenta insoportable. Pero, como en otros tiempos, los izquierdistas y los separatistas se sienten fuertes y no vacilan en continuar su despótico hostigamiento.

La segunda del presidente ha condenado enérgicamente la agresión a Carrillo. Por desgracia nunca condenó las agresiones a políticos y sedes de la derecha, o las ocurridas en Barcelona contra Savater y otros intelectuales por hablar contra el terrorismo, etc. Todos sabemos por qué el PSOE no ha condenado sino amparado, en la práctica, tales fechorías: porque las han cometido seguidores suyos y de sus aliados, y porque le han beneficiado, o cree que le han beneficiado, políticamente.

El estudio de la historia enseña la necesidad de relacionar las palabras de los políticos con sus hechos, pues de otro modo nunca entenderíamos nada. Si sólo atendiéramos a las palabras, podríamos creer en la bondad y buenas intenciones de los guerracivilistas, ya que éstos casi siempre envuelven sus actos en frases de paz, de libertad o de lo que les convenga. El actual presidente habla de sus “ansias infinitas de paz”, pero bajo esa palabrería ha llegado al poder por medio de una violenta agitación callejera, y desde el poder ha premiado a los terroristas islámicos y a la ETA, a la cual ha facilitado el retorno a las ventajas de la legalidad. No es de extrañar que haya recibido los plácemes de los asesinos, o de tiranos como Castro o Mohamed VI, mientras que en su visita a España, el gorila Chávez se felicitó del rumbo revolucionario seguido por La Moncloa… Bajo su sonrisilla banal, el actual presidente es el hombre que vuelve a traer la violencia a España.

Los vascos que no votarán...
Cartas al Director ABC 17 Abril 2005

Vascos que no votan porque cayeron asesinados. Vascos que no votan porque emigraron para vivir en paz. Vascos que no votan atenazados por el miedo. Vascos que no saludan a sus políticos, ni acuden a sus mítines, por si les ven. Vascos que votan con guardaespaldas bajo la severa mirada de los interventores de los partidos «de aquí», y soportan los exabruptos de las cuadrillas abertzales apostadas a las puertas de los colegios electorales: «¡españoles!».

Elecciones que ganan los nacionalistas, una y otra vez, por mínima diferencia... «Aquí se elige muy bien», podría decir Ibarreche, con la misma razón con que dice «aquí se vive muy bien». Juan Calvo-Sotelo de Labry. Madrid.

¿Revisionismo o revanchismo?
En un año de Legislatura, el Congreso ha recibido más de 80 iniciativas sobre la Guerra Civil y la dictadura franquista El PP detecta un interés desmedido por Iraq y responde con el GAL y los fondos reservados
E. L. Palomera La Razón 17 Abril 2005

Madrid- «Esta ley tiene por objeto el reconocimiento de una compensación económica a todas las mujeres que fueron privadas del derecho al trabajo por contraer matrimonio entre los años 1938 a 1961, como consecuencia de las leyes dictadas durante la dictadura franquista, y que desarrollaron su vida personal y profesional en el ámbito del hogar familiar (...)». Éste es el texto de una Proposición de Ley, presentada por IU-ICV, el pasado 30 de marzo, para reparar económicamente a las mujeres que sufrieron discriminación laboral durante la dictadura franquista. Similar a ella, en distinto formato legislativo y teniendo como objeto otros colectivos, la Mesa de la Cámara Baja ha dado curso, en el último año, a más de 80 iniciativas relacionadas con la Guerra Civil, la dictadura o el franquismo.

Compensaciones a los partidos políticos, reparación moral a la resistencia antifranquista, reconocimiento del honor y los derechos de presos políticos, ayudas a la víctimas, catalogación de archivos civiles y militares, anulación de fallos injustos emitidos en juicios sumarios al amparo de la legislación franquista, revisión de sentencias y anulación de Consejos de guerra...

A la luz de la actividad legislativa 2004/2005, uno diría que España acaba de salir de la dictadura, que no han pasado 30 años, que la Transición nunca existió y que aún hay que cerrar heridas. Y a esta reflexión es fácil llegar si se comparan los textos relacionados con la Guerra Civil y el franquismo entre legislaturas. Como en la actual, ninguna. Frente a las 82 iniciativas registradas en este último año, entre 1986 y 1989 (III Legislatura) sólo se tramitaron 18 textos que tuvieran que ver con el dictador Franco o con la guerra del 36. Infinitamente menor fue el volumen, en la II Legislatura (1982-1986), donde sólo se debatieron 3 iniciativas. ¿Quiere esto decir que el Gobierno de Zapatero y el PSOE están empeñados en revisar una de las etapas más negras de nuestra historia? A saber. Lo único cierto es que todas y cada una de las proposiciónes de ley o no de ley, preguntas orales y escritas ha tenido en este año los mismos autores: ERC- IU-ICV.

La aritmética parlamentaria ha obligado a los socialistas a claudicar con todas y cada una de las iniciativas de sus socios. Alguna ha sido ya aprobada y ejecutada. Es el caso de la devolución de una parte del Archivo de Salamanca a la Generalitat de Cataluña, la retirada de la estatua de Franco o el homenaje al presidente de Cataluña Lluis Companys.

Hasta aquí lo que en las filas del PP llaman revisionismo. Pero, en la dirección del Grupo Popular hablan también de revanchismo, el que parece perseguir la mayoría parlamentaria ante determinados asuntos no ya del pasado lejano, sino del más cercano. Hablan de un afán desmedido por resucitar asuntos polémicos. Es el caso del accidente del Yak-42 o la guerra de Iraq, ambos asuntos fechados en la última etapa de gobierno de Aznar. La gota que ha colmado el vaso de la paciencia del partido de Rajoy ha sido una proposición no de ley, esta sí presentada por el PSOE, para que el Congreso declare que sin «ningún género de duda, no hubo armas de destrucción masiva en Iraq». Es la iniciativa número 46 que se registra sobre la guerra en los últimos doce meses. Revisionismo, pues –dicen en el PP–, pero también «revanchismo». Los del partido de Mariano Rajoy han pasado ya a la ofensiva. Si hay que hablar de pasado, hablarán, incluso del GAL y los fondos reservados.

ELECCIONES VASCAS
ISABEL DURÁN desde el País Vasco: En Guernica reina la ETA
Libertad Digital 17 Abril 2005

Apenas nadie acude a los distintos colegios electorales. La lluvia, incesante desde primeras horas de la mañana y un cielo plomizo cerrado como augurando la sinrazón de unas elecciones donde desde el periodista a la oposición debe acudir con escolta, marca una jornada electoral cuya tónica general es la ausencia total de gentes, en corrillos o dispersa, por los alrededores de los colegios electorales. Al menos así viene ocurriendo en el corazón sentimental del País Vasco: Guernica.

Un día lóbrego, áspero. En ninguna mesa hay interventores del Partido Popular. El resto de los grupos están todos. No falta nadie. Incluso por el Partido Comunista de las Tierras Vascas, tres mujeres de aspecto desafiante prohíben a esta cronista tomarles una foto con su móvil para constatar que forman el grupo más numeroso e incluso que desprecian la ley, portando camisetas con el logotipo del partido, segunda marca de ETA, que se ha colado por la puerta grande (no la falsa) gracias a la actitud cómplice de José Luis Rodríguez Zapatero.

En la ciudad inmortalizada por Pablo Picasso en la obra del mismo nombre por el dolor de los bombardeos de la Guerra Civil, más de medio siglo después, a pesar de las apariencias democráticas, reina el terror. Un terror de corte mafioso, que lo inunda todo. Los muros de piedra de los edificios oficiales del Gobierno vasco están como patenas. El resto, atestado de grafitis proetarras, carteles del PCTV y toda la imaginería radical. Incluida una diana con las siglas PP.

Una mujer, con una cinta azul de la que cuelga el cartón con la gaviota popular, recorre todas las mesas. Algunos la increpan. Ella está orgullosa. Piensa que estas elecciones puede haber sorpresas. Constata lo que resuena por toda la comunidad. La participación es más baja, al menos un diez por ciento más baja que hace cuatro años. El Partido Socialista ha defraudado, el lehendakari, asustado por la pérdida de mayoría absoluta, los proetarras, exultantes y San Gil ha sido la única revelación de estas elecciones.

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