AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 18 Abril 2005
¡Qué gran triunfo!
Cristina Losada Libertad Digital 18 Abril 2005

EUSKADI, AÚN MAS DIFÍCIL
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC  18 Abril 2005

Ir a por lana
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 18 Abril 2005

Imaz-Eguibar
EL SUBMARINO La Razón 18 Abril 2005

EL PLAN SE VA A PIQUE
Jaime CAMPMANY ABC  18 Abril 2005

PAÍS VASCO: INCÓGNITAS TRAS EL FRACASO DE IBARRETXE
Editorial ABC  18 Abril 2005

ZP o el deterioro de un problema
EDITORIAL Libertad Digital 18 Abril 2005

LOS ERRORES SOCIALISTAS
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC  18 Abril 2005

EL DESAYUNO SE QUEDA FRÍO
JUAN M. GASTACA ABC  18 Abril 2005

Todos pierden
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 18 Abril 2005

Utilizarán a Zapatero para fragmentar España
Luis Maria Anson  La Razón 18 Abril 2005

Plan fracasado
Editorial El Correo 18 Abril 2005

Ibarretxe fracasa en su plebiscito
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 18 Abril 2005

Donde el tiempo no corre
Gabriel Albiac La Razón 18 Abril 2005

Euskadi castiga a Ibarretxe
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital  18 Abril 2005

El cambio
Pablo Mosquera La Voz 18 Abril 2005

El desastre de las elecciones vascas
Lorenzo Contreras Estrella Digital 18 Abril 2005

Con plomo en el ala
Alfonso de la Vega La Voz  18 Abril 2005

La Piedra Roseta, ‘operación Mugolari’
José Javaloyes Estrella Digital 18 Abril 2005

Un horizonte de convivencia
Daniel Innerarity El Correo 18 Abril 2005

Una evidencia y una interrogante
JOSEBA ARREGI El Correo 18 Abril 2005

Un crimen, un error
Federico Jiménez Losantos El Mundo 18 Abril 2005

Un crimen, un error
Federico Jiménez Losantos El Mundo 18 Abril 2005

Peligrosa carambola
Editorial El Mundo 18 Abril 2005

Fracasa el Plan
Editorial La Razón 18 Abril 2005

Una foto y tres tentaciones
J. M RUIZ SOROA El Correo 18 Abril 2005

Adiós, plan
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 18 Abril 2005

La pájara de Ibarretxe
TONIA ETXARRI El Correo 18 Abril 2005

La pájara de Ibarretxe
TONIA ETXARRI El Correo 18 Abril 2005

LA CORONA Y LOS NACIONALISMOS
Jorge TRIAS SAGNIER ABC  18 Abril 2005

CAMBIA EL TEMPORAL Y SIGUE LA NIEBLA
Valentí PUIG ABC  18 Abril 2005

Coacciones a pie de urna
Carmen GURRUCHAGA La Razón 18 Abril 2005
 

 

¡Qué gran triunfo!
Cristina Losada Libertad Digital 18 Abril 2005

Pues la gran proeza que se prometía el PSOE en las elecciones vascas ha dado dos frutos, a cada cual más desaborido y envenenado: uno, el PSOE le ha arañado votos al PP, una hazaña por la que habrá que ponerle una medalla a alguien; y dos, la ETA travestida ha conseguido mejores resultados que en las elecciones del 2001. Y los dos resultados son perfectamente lógicos. Porque los dos proceden del mismo árbol: las tácticas de Zetapé, el audaz equilibrista que iba a atraerse los votos del nacionalismo moderado ofreciendo diálogo, es decir, cesiones a las dos caras del Jano totalitario: la peneuvista y la etarra.

Los resultados hablan. El PSE ha logrado casi exactamente el resultado del PP en 2001 y el PP el del PSE en la misma elección. Los dos partidos que entonces eran constitucionalistas -hoy sólo uno lo es, en rigor- han invertido sus papeles. El bloque antaño constitucionalista no ha crecido. Simplemente se ha dividido de otra forma. Si el motivo de la ganancia socialista es el tirón que ejerce como partido que ocupa el gobierno de la Nación, o si ha influido en ello el discurso de appeasement de Zetapé, tiene menor trascendencia que el hecho desnudo: esa subida del PSE a costa del PP. Un premio bochornoso.

Pero, en realidad, ¿querían otra cosa? Hay que sospechar que no. Aspiraban, decían, a la victoria, al cambio…¿hacia dónde? Pero es posible que tal como insinuaban algunos rasgos de su campaña, la meta fuera ésta tan mezquina: desplazar al PP de su puesto de segunda fuerza política. Lo cual responde a los intereses socialistas no sólo en el País Vasco, que también, sino en toda España. Al gran objetivo de arrinconar a la única oposición.

Dicen que ha triunfado en la sociedad vasca el deseo de diálogo. Pues quién lo diría, oiga. El PNV ha perdido unos cuantos escaños, cierto, pero ¿y los que han ganado los Comunistas de las Tierras Vascas, seudónimo de Batasuna, y avatar de ETA? A menos que Zetapé y sus grandes estrategas del País de las Maravillas estén convencidos de que los tipos del tiro en la nuca son grandes dialogadores. Vamos, como los discípulos de Sócrates. Y que con ellos se vayan a pasear por el ágora para montar -quién sabe qué nuevas ocurrencias pueden tener los dialogantes ebrios de triunfo- un gobierno frentista de los que les gustan. Como el de Cataluña o así.

Lo que deseaban los vascos que no quieren dejar de ser españoles ni libres, los que viven bajo la amenaza y en la marginación, los que aun en la propia jornada electoral fueron acosados por los pro-etarras, los que no son defendidos, sino abandonados por el PNV y sus socios, lo que ellos deseaban era un auténtico cambio. Un resultado que pudiera llevar al nacionalismo, que no sólo es el PNV, a la oposición. Gracias a las dotes persuasivas de Zetapé, no se han acercado a ello. Sin embargo, se ha conseguido desmotivar al electorado en general y motivar a los proetarras en particular, crecidos por el horizonte de permisividad y negociación, es decir, de futuras ganancias, que ha ido dibujando la lumbrera de La Moncloa.

EUSKADI, AÚN MAS DIFÍCIL
Por JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC  18 Abril 2005

LA siembra de vientos siempre recoge tempestades. Los procesos políticos inspirados en proposiciones radicales terminan habitualmente gestionados por aquellos que representan la versión más auténtica de la extremosidad. Porque si de plantear al Estado la secesión se trataba, los nacionalistas más contundentes han depositado su confianza en una fuerza próxima a la banda terrorista ETA -una organización vicaria de Batasuna que no condena la violencia-, y los que lo son menos o más moderados, han preferido abstenerse como no lo hicieron hace cuatro años. Ibarretxe ha fracasado en toda regla, y con él los más abstrusos de sus colaboradores en el Gobierno y en el partido, pero el secesionismo recoge un nuevo impulso incrementando la presencia del aliento etarra en el Parlamento de Vitoria. Mientras, los constitucionalistas logran un ligera mejora de posiciones y, aunque se intercambia la prelación del PP por la del PSE, el escenario final es política y socialmente diabólico.

La historia del nacionalismo vasco es, desde la aparición en escena de ETA, el trasunto de un larga pelea de familia. El PNV y las sucesivas excrecencias de la banda terrorista han jugado a ocupar espacios alternativamente para que el ámbito del abertzalismo secesionista siempre mantuviese su cuota mayoritaria. La apuesta del PNV y de Ibarretxe -al que el partido le habrá de ir buscando un hueco laboral que le ocupe en próximos tiempos- era, esta vez, excesivamente audaz: plantear por su cuenta y riesgo, en el momento de mayor debilidad de ETA y de acoso a Batasuna, un proceso de secesión que estableciese para la historia común del nacionalismo la preeminencia, la hegemonía, el liderazgo y la legitimidad de las siglas del partido que fundara Sabino de Arana y Goiri sobre cualesquiera otras. Fagocitada por la coalición la escisión guipuzcoana que representó Eusko Alkartasuna e ilegalizada Batasuna, todo el espacio quedaba al apetito desmedido de Ibarretxe y Egibar.

En un ejercicio suicida de desdoblamiento, el lendakari ha querido representar al mismo tiempo y de manera caótica el pragmatismo histórico del PNV; su buena vecindad con el liberalismo burgués y urbano tradicional en las clases medias y empresariales vascas; la confesionalidad cristiana como signo de identidad fundacional de su movimiento y, simultaneamente, ha consumado los más acendrados radicalismos: pactó con ETA en Estella; ha practicado una política de total y absoluta confrontación con el Estado; se ha mostrado más ambiguo que ningún otro presidente con la violencia etarra y ha perpetrado el terrible error de creerse que él había sido elegido por la historia para llevar a Euskadi a la tierra de promisión, es decir, a aquella en la que la «soberanía originaria» de la mitología sabiniana se hacía realidad en el siglo XXI.

El error del Ibarretxe y de los radicales que le han secundado en el PNV, ha sido de proporciones colosales. Pero presos del yerro, no tienen alternativa por el momento y ahora mismo propondrán la fraternidad del nacionalismo -todo él se supone que secesionista- y tratarán de sumar esos nueve escaños del Partido Comunista de la Tierras Vascas a los propios para, con las huestes de Madrazo y la ayuda ancilar de Aralar, integrar un frente que radicalice el proceso iniciado que, muy probablemente, pretenderá evitar el ejercicio de la violencia terrorista, pero que radicalizará sus propósitos políticos segregacionistas.

La posibilidad de un pacto entre PNV y EA con el PSE es, ahora, un espejismo, pero sería posibilidad si en el seno del nacionalismo vasco alguien se decidiese de una vez por todas a verter por la borda todo el inmenso lastre de una doctrina descoyuntada en lo social y patológica en lo ético; si alguien con alguna perspectiva de futuro es capaz de rescatar al PNV del esencialismo al que trágicamente le han sometido algunos de sus dirigentes; si alguien con capacidad crítica diseña definitivamente el espacio de un nacionalismo del bienestar, de un nacionalismo que se reconozca en los elementos cívicos y no étnicos ni adhesivos a una ideología de militancia sacramental.

En la medida en que la derrota de ayer del PNV propicie un movimiento de reflexión que asuma las realidades históricas y actuales de una Euskadi autonómica en una España constitucional -y por lo tanto, unida y plural-, será posible apartar como una pesadilla estas décadas de convulsión. Es sanitario e higiénico mostrar ante esta posibilidad de regeneración nacionalista un supremo escepticismo, pero la única vía que puede corregir los excesos del PNV de Ibarretxex y de Egibar -el peor nacionalismo desde 1978 y, quizás, de toda su larga trayectoria- es la derrota en la urnas y la firmeza del Estado. O en otras palabras: que, a la vez que el electorado vasco ajusta las cuentas en las urnas, el Gobierno de turno en Madrid, practica políticas exigentes.

La jornada electoral de ayer interpela al Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero. Tiendo a pensar siempre que los Gobiernos democrático se equivocan de buena fe cuando se trata de defender las cuestiones de principio. Por eso, el aquietamiento del Gabinete y del Fiscal General del Estado ante la irrupción del Partido Comunista de las Tierras Vascas, me merece una opinión provisional. Puede que el Gobierno se haya equivocado sin dolo al hacerlo; pero puede que haya incurrido en un tactismo de escasa altura moral. El tiempo, ese juzgador implacable de conductas, aciertos y yerros nos lo dirá pronto, pero lo que parece incuestionable es que ese fantasmal partido de los comunistas se ha comportado como una opción de refugio al que se han dirigido con auténtico clamor -este sí, y no el que pedía el lendakari- todos los sufragios que antaño respaldaban a los epígonos de ETA en la superficie institucional de la comunidad autónoma vasca.

Por tiempo indefinido, el País Vasco va a seguir en una carta de ajuste. La correlación de fuerzas políticas en el Parlamento de Vitoria y las posiciones de salida de cada una de ellas, condenan la situación a una petrificación política que requiere de acontecimientos adicionales para que se haga permeable a nuevas fórmulas de manejo y desarrollo. El desafío al Estado va a continuar con unos registros distintos a los de la anterior legislatura; la radicalización va a expresarse en términos muy diferentes a los retóricos de Ibarretxe y el Gobierno y el PSOE tendrán que revisar, ya definitivamente, sin esas adolescencias políticas tan propias de Rodríguez Zapatero, cómo se digiere el nuevo escenario vasco que -no lo dude nadie- es, hasta que haga crisis por su irracionalidad política, peor que el que ayer clausuraron los vascos en las urnas. Pero a veces, las cosas se tienen que poner en un situación desesperadamente estéril para que las soluciones comiencen a ser fértiles. En el caso vasco, eso es lo que ha podido suceder ayer.

Ir a por lana
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 18 Abril 2005

Todos buscarán un ascua para la sardina y se la arrimarán a sus resultados, pero en estas elecciones vascas la impresión a bote pronto es que han salido perdiendo todos. La coalición PNV-EA buscaba la mayoría absoluta y ha acabado por perder cuatro escaños. Ibarretxe fue a por lana y han sido él y su plan los trasquilados. Los socialistas que hasta tuvieron delirios de victoria, subieron, sí, pero ha de saberles a bastante poco y no parece que a la hora de la verdad vaya a servir de mucho. A no ser, claro, que se arrojen a los brazos nacionalistas y mañana estemos en un escenario diferente y aún más preocupante. El PP, aunque se consuelen con que podía haber sido peor, ha bajado y marca peligrosos senderos de declive. Los «batasunos» podrán brindar por haber logrado mantener piña y tener tantos brazos de madera a sus ordenes. Pero ya no están ni Otegui ni Permach. Y eso, lo saben, va a picarles mucho, que la voz interpuesta siempre puede caer en tentaciones. O sea, que los únicos contentos de verdad, aunque sólo sea ayer noche son los del partido fantasma, ese PCTV. Pero seguramente hoy reciban alguna llamada que les demude la color y les diga que tienen que pasar por caja y que preparen las mochillas porque se tienen que ir de «cursillo» porque les van a leer la cartilla.

Imaz-Eguibar
EL SUBMARINO La Razón 18 Abril 2005

En el País Vasco no es sencillo ejercer el derecho al voto. Ni siquiera para algunos líderes políticos en las capitales de provincia. Existe siempre una presión intolerante e intolerable. Y si el panorama es así en los grandes centros urbanos, qué no ocurrirá en los pequeños pueblos donde Batasuna ejerce un control mafioso. Allí, votar PP o PSE roza lo heroico. Las escenas de acoso en torno a los candidatos del PP fueron ayer las esperadas, tan lamentables como siempre. Llamó la atención el trato diferente que los proetarras, enfundados en las siglas del Partido Comunista de las Tierras Vascas, dieron a los dirigentes del PNV, Josu Jon Imaz y Joseba Eguibar. Ambos votaron en la casa de la cultura de Lugaritz, en San Sebastián, pero las escenas fueron absolutamente dispares. Mientras Eguibar fue recibido con absoluta normalidad y afabilidad y pudo ejercer su derecho e incluso pararse ante los medios de comunicación sin que nadie le molestara, Imaz, como antes María San Gil, halló hostilidad. Cuando se disponía a depositar su papeleta, tres personas levantaron carteles en los que podía leerse en vasco «PNV esclavo de España» y «PNV, fraude no». Puede que Imaz entendiera un poco mejor al PP o el PSE. Eguibar, por su parte, lo tenía claro, y ya se había encargado días atrás de dar la enhorabuena a los «camaradas» del PCTV por su presencia en el Parlamento.

EL PLAN SE VA A PIQUE
Por Jaime CAMPMANY ABC  18 Abril 2005

LO primero que se ve al mirar estas elecciones vascas es que han sido muy escasos los electores que han acudido a las urnas. Si a los vascos expulsados de su patria por el terror etarra, y que suman casi cuatrocientos mil, se suman esa tercera parte de los que quedan que no han ejercido su derecho al voto, comprobaremos que la mitad aproximadamente del pueblo vasco se ha quedado sin votar. El escrutinio, así considerado, se nos queda muy escasamente representativo.

Pero además es que si este insolente Ibarreche que tenemos en el País Vasco no consigue un milagro en los últimos votos del recuento, podemos decir que su Plan se ha ido a pique. El Plan Ibarreche es el primer náufrago de estas elecciones. Los nacionalistas habían dado a estas elecciones autonómicas un cierto carácter de referéndum sobre el Plan Ibarreche. Y ahí tienen los decepcionantes resultados. Digo decepcionantes para ellos, porque a mí y a la inmensa mayoría de los españoles y de los propios vascos españolistas, los números que han salido de estas urnas suenan como música acordada.

Los cuatro escaños perdidos por la coalición PNV-EA muestran el desvío de los vascos nacionalistas hacia el audaz y peligroso Plan Ibarreche, al que podemos llamar sin circunloquios ni eufemismos Plan secesionista. Los dos grandes partidos nacionales, socialistas y populares, suman 33 escaños, cuatro más que el PNV, que se queda en 29. Ni con los 3 escaños de Izquierda Unida podría formar mayoría parlamentaria, y los peneuvistas se verían obligados a sumar a los suyos los 9 diputados de la formación etarra, Partido Comunista de las Tierras Vascas. Siniestra, macabra mayoría. Si necesitaban alguna prueba más de que ese partido sustituye en todo a Herri Batasuna, ahí la tenemos, mejor dicho, ahí la tienen.

Eso, siempre que el Partido Socialista no se ofrezca para formar mayoría con los nacionalistas, que es la previsión que aventuran los analistas desde hace días, concretamente desde las conversaciones del lehendakari Ibarreche con el presidente Zapatero. Somos varios los comentaristas que hemos adelantado la probabilidad de que el País Vasco se forme un tripartito a imagen y semejanza del tripartito catalán: PNV-EA, PSOE e IU. Los 9 escaños del PCTV servirían a Zapatero de coartada para firmar una coalición parlamentaria y gobernar conjuntamente con el PNV. Se explicaría a los socialistas que tal coalición es el medio para evitar que el partido de «Eta» gobierne junto al PNV.

Ahí tendríamos la explicación de lo inexplicable. La resistencia numantina del Gobierno para denunciar el carácter etarra de la organización política «blanca» donde se esconden los votos terroristas podría entenderse como una preparación para presentar la alianza socialistas-nacionalistas como una operación para evitar un gobierno con «Eta» dentro. Si éste era el propósito de los socialistas, ahí tiene el terreno electoral preparado para realizarlo fácilmente. Los 29 escaños nacionalistas sumados a los 18 socialistas dan una mayoría suficiente, y los votos comunistas se quedan como una innecesaria añadidura. Ya iremos viendo y sufriendo lo que de ahí sale.

PAÍS VASCO: INCÓGNITAS TRAS EL FRACASO DE IBARRETXE
Editorial ABC  18 Abril 2005

LAS elecciones vascas celebradas ayer arrojan una noticia buena y otra mala. La buena es el fracaso del lendakari Ibarretxe, que ha embarrancado su plan soberanista con un sensible retroceso respecto a sus resultados de 2001. La mala es el retorno del conglomerado de ETA al Parlamento de Vitoria, con más fuerza aún que hace cuatro años gracias al desistimiento del Gobierno, que ha permitido el paso al Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV), buque escoba de la ilegalizada Batasuna. De forma concomitante, el balance electoral ha producido, además, un sorpasso del constitucionalismo al tripartito de los nacionalistas con Esker Batua, al sumar un escaño más los votos del Partido Socialista y del Partido Popular.

Ayer se planteaban ante las urnas dos cuestiones: si el Estado mejoraba su posición en la lucha antiterrorista y si el bloque de partidos que apoyó el plan Ibarretxe ratificaba sus posiciones de partida. En conjunto, puede decirse que la primera cuestión tiene una respuesta negativa y la segunda, positiva, aunque con muchos matices. Lamentablemente, el nuevo Parlamento vasco está mucho más radicalizado porque ETA, gracias a la estrategia pasiva del Gobierno central, pudo trocar su expulsión de la Cámara por su permanencia con un grupo parlamentario que suma dos escaños a los siete que obtuvo Batasuna en 2001. La pregunta que debe hacerse ahora el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, es por qué bajo su mandato ETA tiene más fuerza en el Parlamento vasco, lo que va a permitir a la organización terrorista restañar el daño que el Estado de Derecho había causado a su frente político.

En este sentido, la satisfacción mostrada por algunos portavoces del socialismo vasco ante los resultados del PSE requiere ser matizada. Como táctica de partido puede haberle salido bien; como estrategia de Estado supone un retroceso. En los próximos días podrá hacerse una valoración más precisa de las consecuencias que tendrá la irrupción del Partido Comunista de las Tierras Vascas en el Pacto Antiterrorista y la vigencia real de la Ley de Partidos Políticos, pero, sin duda, hay daños irreversibles que ya están causados y que el Gobierno socialista debe afrontar con la responsabilidad que le incumbe.

Aunque los nuevos criterios del PSE sobre la relación con el nacionalismo no permiten mantener el mismo criterio de clasificación de opciones en el Parlamento vasco que en mayo de 2001, lo cierto es que el bloque autonomista (PP-PSE) aumenta un escaño su representación, pasando de 32 a 33 diputados, mientras que el bloque nacionalista -el que avaló el plan Ibarretxe en diciembre de 2004- se ratifica con 42 actas. En este sentido, las posiciones apenas han variado, aunque cualitativamente la situación haya empeorado porque la presencia del PCTV inclina la Cámara hacia posiciones de mayor fundamentalismo secesionista.

Ibarretxe, tocado
En el análisis particular de los resultados, el lendakari Ibarretxe, que ha perdido 140.000 votos, ha fracasado personalmente y, con él, la estrategia de su partido, que no ha movilizado a su electorado. La pérdida de cuatro escaños, pese a llevar un programa netamente soberanista, pone al PNV ante un proceso de reflexión en el que, como siempre, primará el mantenimiento del poder político y la exacción de culpas sin compasión alguna. Ibarretxe ha caído en el mayor error que puede cometer un lendakari nacionalista: arriesgar el poder hegemónico del nacionalismo. Para el PNV se abre también una encrucijada muy delicada, porque el tripartito de 2001 está debilitado y su política de pactos se circunscribe al PSE o al PCTV, es decir, ETA. La decisión implicará una revisión sustancial de la estrategia seguida hasta el momento o, por el contrario, si elige a la izquierda abertzale, una radicalización de la oferta soberanista.

Tactismo socialista
El PSE, por su parte, puede considerar que tácticamente ha tenido un resultado adaptable a sus necesidades. Sin embargo, no ha mejorado los diecinueve escaños ni el 23 por ciento de votos que logró el PP en 2001 y su crecimiento se nutre fundamentalmente a costa de los populares, cuando el caladero que marcaron sus estrategas era el del nacionalismo moderado. Su crecimiento es, ciertamente, sensible en escaños y en votos, pero el contrapeso que ejerce la fuerte representación del PCTV reduce los beneficios que se habrían podido obtener si el nacionalismo, en su conjunto, hubiera retrocedido posiciones. Una posible alianza entre nacionalistas y socialistas exacerbaría la actitud de los proetarras. Todo indica que el PSE, y también Rodríguez Zapatero, están obligados a hacer una lectura muy realista de los resultados, con una visión mucho más amplia que la que guió su discurso electoral. En cualquier caso, es evidente que el PSE podría entrar en el Gobierno vasco y lanzar a la opinión pública la idea de que así se convierte en muro de contención de las ansias soberanistas del nacionalismo.

La coherencia del PP
El Partido Popular ha tenido unos resultados coherentes con el cambio político producido en 2004, aunque mejores que los que preveían algunas encuestas. El PSE se ha beneficiado del «efecto gobierno», más que del «efecto ZP», si bien el PP, lejos de desplomarse, ha consolidado una tercera posición que, aun cuando suene paradójico, refuerza el argumento socialista de que algo ha cambiado en el País Vasco. En todo caso, el PP puede considerar que su discurso nítidamente constitucional y autonomista sigue siendo válido para un importante sector de la sociedad vasca. El Estatuto de Guernica, el orden constitucional y la actitud de firmeza frente al nacionalismo siguen siendo referencias sólidas de más de un 17 por ciento de vascos, que no se resignan al silencio ni al desistimiento.

La llave de ETA
El nuevo Parlamento vasco estará marcado por la presencia ampliada del PCTV. La mejora de escaños respecto de Batasuna en 2001 tiene unos significados importantes. El primero es que la izquierda proetarra ha recuperado parte del préstamo que le hizo al PNV en 2001, cuando Otegi reclamó a Ibarretxe que administrara bien el capital que Batasuna le había entregado (80.000 votos). En segundo lugar, la izquierda proetarra no percibe ningún riesgo que le obligue a refugiarse en el PNV y esto es grave, porque significa que la presión política sobre el entorno etarra está cambiando, lo que no debería sorprender a nadie, a la vista de cómo el Gobierno ha neutralizado la Ley de Partidos y el Pacto Antiterrorista, permitiendo la impunidad del PCTV. Por eso es difícil ver en el aumento del PSE un escoramiento de la política vasca hacia posiciones más moderadas. La resurrección parlamentaria de ETA es una hipoteca para el PNV, porque ETA sigue viva, no ha entregado las armas y no va a encontrar en estos resultados electorales ningún motivo para desistir.

Corresponde ahora al presidente Zapatero la dirección estratégica de un proceso que tácticamente ha logrado situar en los parámetros que deseaba. Falta saber si el precio pagado -más oxígeno para ETA cuando más asfixiada estaba- beneficiará al Estado en su conjunto más allá de las conveniencias de parte.

ZP o el deterioro de un problema
EDITORIAL Libertad Digital 18 Abril 2005

Las elecciones autonómicas vascas arrojan un triste pero previsible resultado: los proetarras pueden considerarse los grandes beneficiados de estas elecciones. Gracias a la pasividad del Gobierno de Zapatero, los batasunos no sólo han podido soslayar la Ley de Partidos, sino que ahora tienen dos escaños más de representación parlamentaria que la obtenida en 2001 bajo las siglas de Euskal Herritarrok.

De poco sirve que la coalición gobernante, PNV-EA, haya perdido cuatro escaños si ese apoyo perdido pasa a engrosar el de formaciones independentistas todavía más radicales como Aralar, por no hablar de quienes siguen negándose a condenar la violencia.

El estéril aumento del PSOE no es más que la constante histórica por la que el partido que ha ganado en las generales pasa del tercer al segundo puesto en las autonómicas vascas. Menor que el que pronosticaban los sondeos, el resultado obtenido por la candidatura de Patxi López no tiene el peso necesario para forzar a Ibarretxe a nada. El tripartido nacionalista vasco puede apoyarse, exactamente igual que antes, en los proetarras con los que sacó adelante el Plan Ibarretxe. Lo único que queda por dilucidar es si los socialistas se suben al carro.

El PSOE de ZP no va a querer quedarse solo junto al PP haciendo un frente contra la determinación nacionalista de acabar ya con el actual marco jurídico político de nuestro país. Lo previsible es que Patxi López ruegue a los nacionalistas que le hagan sitio en el Gobierno o bien que introduzcan algún maquillaje en sus planes secesionistas para que el PSOE pueda pasar a apoyar lo que hasta hace nada se negaba.

De la misma forma que a Zapatero le ha bastado que Batasuna cambie de siglas para que ETA pueda tener representación parlamentaria, a Patxi López le bastará que los nacionalistas cambien de nombre al “Plan Ibarretxe” para pasar a apoyarlo. La propaganda mediática hará el resto.

Lo contrario significaría que el PSOE decidiera apoyarse en el PP en defensa de la permanencia de los valores nacionales y constitucionales de España. Aunque eso fuera lo deseable, no sería realista esperarlo de quien preside el Gobierno del 14-M. De hecho, Zapatero no es fiable en ese sentido desde mucho antes de llegar al Gobierno; sólo que no fueron, precisamente, los constitucionalistas los primeros en darse cuenta.

LOS ERRORES SOCIALISTAS
Por CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC  18 Abril 2005

Zapatero, que ha protagonizado la campaña socialista vasca, se había planteado alcanzar tres objetivos en estas elecciones: disputar la primacía al nacionalismo para obligarle a negociar un Estatuto nuevo, liquidar el constitucionalismo rompiendo con el PP y, finalmente, permitir a ETA tener su propio Sinn Fein bajo la forma del PCTV-EHAK. Todo eso exigía un buen resultado del PSE. Patxi López debía acercarse al PNV, sobrepasar al PP y, no obstante, sumar con éste más escaños que el tripartito.

No va a ser así. Escrutado el 90% de los votos, el PSE alcanza 18 escaños. Uno menos de los del PP el año 2001. Con 15 escaños del PP ambos partidos, cuyas relaciones parecen difíciles de empeorar, sumarán 33 escaños, los mismos que tenía hace cuatro años Ibarretxe, reducido ahora a 29 poltronas, o a 32 con Madrazo. En fin, el PSE, que pretendía ganar las elecciones, ha conseguido en todo caso superar en tres escaños al PP. Eso es todo. Y, lo peor, abrir la puerta a unos representantes de ETA virtualmente descontados hace dos semanas. El colmo.

El fantasioso trasvase masivo de votos nacionalistas no se ha producido. En Alava, donde se ha celebrado un test adicional, se ha comprobado que el acoso de las huestes de Javier Rojo a los populares ha dado un simple empate, quitando muy poco al nacionalismo. Confirmación de que todo lo que no sea sumar en el campo constitucionalista refuerza al adversario. El resultado es paradójico a primera vista, pero transparente si se examina con cuidado: el partido socialista sube gracias al empujón del principio de voto útil que suele, también esta vez, favorecer al partido que gobierna España. Pero menos que el 2001, porque en realidad es el PP quien recorta la ventaja del PSE.

Es un bajísimo rendimiento de la maragillazación del socialismo vasco. Donde mejor se aprecia el grave error cometido es en la tolerancia del PCTV, que puede superar en uno o dos escaños a Batasuna. Además de comprobar que uno de los problemas políticos vascos es la exagerada de proporción de lunáticos sueltos, el gobierno de Zapatero empuja a Ibarretxe a los brazos de una disparatada herencia leninista de Batasuna. Con 35 escaños, no parece posible un gobierno PSE-PP, desechado además de antemano, y gratuitamente, por Zapatero. Es lo que tiene los auténticos problemas: no desaparecen porque uno se empeñe en cerrar los ojos con fuerzas y negar todos los datos.

EL DESAYUNO SE QUEDA FRÍO
Por JUAN M. GASTACA ABC  18 Abril 2005

A Ibarretxe se le quedará frío el primer café de hoy. Ninguno de sus rivales políticos, a los que invitó con reiteración en la campaña, le acompañará en el desayuno previsto para las ocho de la mañana. Y es que todos ellos, con los datos en la mano, le consideran el gran derrotado del 17-A, e, incluso, para alguno ni siquiera es el principal interlocutor en los duros momentos que se avecinan. Y todo por culpa de un descalabro aterrador en las urnas que da un golpe de tuerca más a la enquistada situación política en el País Vasco. Gélida mañana por tanto en Ajuria-Enea, donde no cuadran las combinaciones sensatas para la formación del futuro Gobierno.

Al lendakari en funciones le ha salido el tiro por la culata. La cura de humildad podría adquirir ahora tal magnitud que, de entrada, se llevará como un vendaval su plan y su referéndum y, de paso, le abrirá una grieta imprevista en el seno de su propio partido donde hasta anoche nadie osaba a toserle tras el espectacular éxito alcanzado en mayor de 2001, que le convirtió en líder indiscutido. En un hipotético ejercicio de autocrítica, quizá Juan José Ibarretxe llegue a pensar que ha metido demasiado la cabeza dentro del manillar y se ha quedado sin perspectiva de cómo transcurría la marcha del pelotón.

Ibarretxe va a pagar un precio demasiado elevado por su huida hacia adelante con el plan de secesión bajo el brazo. Además, la deriva en la que con su sonoro fracaso sitúa a Imaz puede animar a esas voces críticas que venían pregonando en un calculado silencio la equivocación del camino elegido. Y si esta corriente tecnócrata avanza, pregonando que no hay otra salida que poner el kilómetro a cero y llamar a corto plazo al PSE para que la reforma del Estatuto surja desde donde nunca debió salir que es el Parlamento de Vitoria, el fuego se extenderá por los «batzokis» porque entonces será cuando Joseba Egibar -encantado en su fuero interno por el éxito de EHAK- irrumpa en escena para decir que no queda otro camino que agarrarse de la mano de los comunistas batasunos para así mantenerse en el poder. Con este panorama tan sombrío, como para que Ibarretxe desayune tranquilo esta mañana.

Todos pierden
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 18 Abril 2005

Nadie puede cantar victoria en el País Vasco porque las circunstancias envenenadas en las que se han celebrado las elecciones son un fracaso colectivo. Después de tantos años de democracia, de extensión, garantía y respeto a los derechos y libertades inalienables de los ciudadanos españoles, el País Vasco sigue siendo un territorio de excepción, una laguna en el estado de derecho.

Condenar a la ETA, condenar la violencia, se había convertido hacía tiempo en el certificado de respeto mínimo a las reglas, en el expediente de homologación sin el cual resultaba imposible incorporarse con normalidad a la acción política y al juego institucional. Ese certificado ya no se exige, y no porque el gobierno se haya inhibido ante la irrupción de esa nueva candidatura, apenas disfrazada, de los terroristas, sino porque Zapatero ha dado a entender, en plena campaña, que está dispuesto a dialogar con el PCTV. Disposición que es el más claro reconocimiento de su verdadera naturaleza: la del PCTV y la de Zapatero.

El Pacto contra el terrorismo parecía haber aglutinado a los representantes de ese ochenta por ciento largo de españoles que optan por partidos no nacionalistas, y era especialmente esperanzador que la iniciativa de su firma hubiera partido del PSOE. Pero en la precampaña y campaña autonómicas, el presidente del gobierno lo ha desvirtuado, lo ha convertido en papel mojado contraviniendo su espíritu y su letra al negarse repetidamente a convocarlo a petición de una de las partes firmantes, el primer partido de la oposición.

Cuando la ETA parecía casi acabada, recibió el balón de oxígeno de la interlocución política con el líder de la misma formación que sostenía a Maragall y sostendría a Zapatero en sus respectivos gobiernos. Los socialistas han tapado esa ignominia y, por tanto, han contribuir a la normalización de la presencia pública de los postulados terroristas, a su refuerzo.

Las elecciones han vuelto a celebrarse en medio de la misma atmósfera de miedo y de amenazas que han caracterizado toda la vida política vasca desde el inicio de la Transición. Una parte de la izquierda que no admite la quiebra de España y que se reclama heredera de Cádiz ha difundido recientemente un manifiesto (que el diario El País se ha negado a publicar). Las posiciones que defienden habrían parecido de sentido común hace unos pocos años; hoy constituyen una rareza digna de encomio dentro de la general claudicación del llamado progresismo ante las arremetidas anticonstitucionales de los gobernantes del País Vasco.

Finalmente, las declaradas preferencias de Maragall por un pacto postelectoral entre PSE y PNV han premiado la estrategia de los que recogen las nueces amargas. Así las cosas, todos pierden. Todos perdemos. Más allá de los porcentajes de voto, ascensos y descensos, tendencias, escaños y escenarios. Nadie gana.

Elecciones vascas
Utilizarán a Zapatero para fragmentar España
Por Luis Maria Anson De la Real Academia Española La Razón 18 Abril 2005

Ibarreche tiene de nuevo la posibilidad de lograr la investidura con los comunistas y los batasunos. Zapatero quiere que la alianza del PNV sea con el PSOE y está dispuesto a otorgar todas las mercedes que sean necesarias.

Tras la negociación, de tú a tú con el Gobierno de Madrid, que exige el lendakari y a la que se plegará el presidente, se aprobará en el Congreso de los Diputados el Plan Ibarreche con ligeros retoques. A continuación permitirá Zapatero que el lendakari celebre su referéndum.

Los contactos de dirigentes socialistas con Batasuna y las entrevistas secretas de Zapatero con Carod Rovira y con Ibarreche han legalizado de hecho a los batasunos que regresan al Parlamento vasco con una máscara que no se traga nadie y que muchos piensan que estaba pactada.

Junto a la aprobación del nuevo Estatuto vasco, es decir, del Plan Ibarreche ligeramente maquillado, se negociará una tregua con Eta. Será una nueva trampa pero permitirá a Zapatero ganar las elecciones generales, quizá por mayoría absoluta. Con el Estatuto de Cataluña se hará una operación parecida.

Eta y Carod-Rovira han reservado a José Luis Rodríguez Zapatero el destino histórico de fragmentar a una de las tres grandes naciones del Occidente moderno, que conquistó hace más de cinco siglos su unidad nacional, ahora en trance de ser triturada.

Los adolescentes vascos de catorce años a los que enseñan en las ikastolas a odiar a España votarán en las próximas elecciones autonómicas. Cuatro promociones más robustecerán las posiciones del nacionalismo moderado o radical en las próximas elecciones para desmembrar a España.

En la espiral de cada elección autonómica, si no se toman medidas de fondo, las cosas irán peor. No se puede entregar impunemente, como hizo UCD, la educación, los medios de comunicación, el cine, el teatro, la superestructura del poder que decía Gramsci, a los independentistas sin que se sufran las consecuencias.

Aquellos polvos han generado de forma inevitable estos lodos. Ya están los comentaristas hablando de las elecciones de ayer como si hubieran sido unas elecciones democráticas. No es verdad. Fueron una farsa.

Entre la dictadura del miedo y los tentáculos económicos del PNV, del que dependen directa o indirectamente casi el 50 por ciento de los vascos, no hay libertad real para votar en las provincias vascongadas.

Uno de cada cuatro vascos vive en el exilio y de esa atrocidad apenas se habla. La ceremonia de la confusión se ha consumado, en fin, ante los ojos cansados de la opinión pública española.

Y se están frotando las manos los de siempre.

Plan fracasado
Editorial El Correo 18 Abril 2005

Las elecciones al Parlamento vasco ofrecieron ayer un resultado que demuestra el fracaso del plan Ibarretxe como elemento de enganche del nacionalismo gobernante, dispersa el voto abertzale y permite recuperar posiciones a las formaciones no-nacionalistas. El panorama resultante obliga al entendimiento pero, al mismo tiempo, complica la gobernabilidad del país. Frente a la excepcional participación de 2001, la menor afluencia de los electores ayer acabó favoreciendo a una izquierda abertzale revitalizada con la aparición de las siglas EHAK.

El convocante de las elecciones, el lehendakari Ibarretxe, disolvió la Cámara vasca tras recibir la rotunda negativa de las Cortes Generales a la tramitación de su plan. Es cierto que durante la campaña, Ibarretxe y su partido han mantenido el proyecto de nuevo estatuto para Euskadi en un segundo plano de su mensaje, oculto tras su llamamiento a reunir los votos suficientes para obligar a negociar a Rodríguez Zapatero y a Rajoy. Pero de igual forma que la victoria de 2001 le permitió a Ibarretxe interpretarla como un mandato para la elaboración y tramitación de su plan, parece evidente que los resultados de ayer desautorizan lo anunciado por Ibarretxe respecto a sus propósitos inmediatos. El hecho de que tras forzar al límite los esfuerzos por sacar adelante el plan, Ibarretxe haya obtenido tan exigua renta es el reflejo de dos hechos evidentes: dentro de la comunidad nacionalista han sido las posturas más independentistas las que han capitalizado la efervescencia soberanista, mientras que la actitud supuestamente negociadora del lehendakari no ha cuajado ni un ápice entre los electores no nacionalistas. La fingida centralidad de la que el lehendakari Ibarretxe ha venido haciendo gala ha mostrado su fragilidad, hasta el punto de que resultaría absurdo que él y su partido se empecinaran en amarrarse a un proyecto naufragado por miedo al vacío.

El panorama político resultante se atomiza en la medida en que a las seis opciones electorales que logran representación, y a la luz del propio resultado obtenido, habría que sumarle la actitud que vaya a mantener Eusko Alkartasuna. Pero, además, la decepción que el escrutinio ha debido suscitar en el seno del PNV reabrirá el debate interno sobre la orientación que la política jeltzale ha de adoptar en adelante. En 2001 la coalición PNV-EA optó por un compañero -Ezker Batua- conformando una alianza tripartita que el propio lehendakari Ibarretxe convirtió en su opción de futuro. Esa opción, que a lo largo de la pasada legislatura y con 36 escaños, resultó insuficiente para garantizar una gobernabilidad estable ha pasado a sumar 32, convirtiéndose en una solución caótica para el gobierno de Euskadi. Ibarretxe, como candidato a lehendakari de la primera fuerza política, deberá asumir el cometido de entablar las negociaciones para la formación del próximo gobierno. Pero el escenario de esa negociación es tan distinto al que él se imaginaba previamente que incluso ha podido erosionar su liderazgo respecto a su partido y a la coalición con EA.

La irrupción de la izquierda abertzale en el Parlamento vasco mediante un procedimiento que sortea los requisitos de la Ley de Partidos constituye una noticia dolorosa, especialmente para quienes de forma más directa han sufrido y continúan padeciendo los efectos del acoso terrorista, e implica un motivo de preocupación en lo que puede representar un factor de recuperación anímica de la trama que rodea al terrorismo etarra. Sin embargo, todo ello no puede negar la otra evidencia: la existencia en Euskadi de 150.000 personas dispuestas a secundar el discurso de la izquierda abertzale, mientras se muestran entre satisfechas e indiferentes respecto al daño que en vidas y en libertad viene causando ETA.

La sociedad vasca y el conjunto de la sociedad española necesitan que las instituciones de Euskadi regresen a la normalidad. Es imprescindible que el País Vasco se dote de una mayoría de gobierno suficiente que cuente con el respaldo necesario para administrar los recursos legales y materiales de la autonomía. Junto a ello, los resultados invitan y obligan a restablecer cauces de entendimiento y consenso que, desde la renuncia a posiciones unilaterales y a la amortización soberanista del Estatuto, exploten las potencialidades que encierra éste. El PNV ha salido de las urnas como el partido llamado a iniciar las gestiones que garanticen la gobernabilidad de Euskadi. Pero es evidente que el escrutinio le obliga a revisar y corregir el rumbo que adoptó hace ya siete años. La opinión pública vasca y el resto de las fuerzas democráticas pueden respetar un tiempo de 'impasse' para ver hacia dónde encamina sus pasos el PNV. Pero el partido de Imaz e Ibarretxe, de Egibar y Arzalluz no podrá esperar comprensión alguna si trata de soslayar las evidencias electorales y continúa por la vía del soberanismo como si aquí no hubiese pasado nada.

Ibarretxe fracasa en su plebiscito
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 18 Abril 2005

IIBARRETXE ha fracasado en su intento por hacer de estas elecciones un plebiscito sobre su plan; la coalición nacionalista ha perdido cuatro escaños (de 33 a 29) y no consigue la mayoría absoluta que se proponía, ni siquiera con colaboración con los de Madrazo.

Por el contrario, los socialistas se aúpan hasta el segundo puesto (18) y unidos al PP (15) suman 33 escaños, es decir, cuatro más que los nacionalistas. Este es el dato más relevante: Ibarretxe se ha quedado agarrado a la brocha de su plan, y eso a pesar de que el frente nacionalista es el más votado.

La parte negativa, para la democracia, está en los buenos resultados obtenidos por el PCTV (9), dos escaños más que los que tuvo Herri Batasuna en las autonómicas del 2001. Parece claro que los 80.000 votos batasunos que se fueron al PNV hace cuatro años han vuelto al redil de un partido que, se vista como se vista, está en la estrategia de ETA. Con este resultado queda abierta la formación del Gobierno. El vuelco socialista avala al sector de este partido dispuesto a formar Gobierno con los nacionalistas, hacer un nuevo Estatuto, que no sea ni éste ni el plan Ibarretxe, y avanzar en el fin del terrorismo. Esta hipótesis entusiasma a Zapatero y tendría el valor añadido, para este partido, de dejar al PP al pairo.

El PNV -¡qué caras de amargura las de sus prepotentes líderes!- no puede hacer como que no pasa nada, puede intentar armar un Gobierno con Madrazo, siempre dispuesto, y con Aralar, escisión de Batasuna (1). Estos tres partidos suman 33 escaños, los mismos que la suma de socialistas y populares. Este posible Gobierno sería demasiado inestable y no sé si satisfactorio para el sector del PNV que sabe que, cada vez que pactan con el PSOE, salen fortalecidos en detrimento de los socialistas.

Los buenos resultados del PCTV, del sucedáneo de ETA, van a estimular a Otegi a pedir un Gobierno nacionalista, pero, sobre todo, pueden animar a ETA a volver a asesinar. Después de la ilegalización, después de haber sentido el aliento del Estado en la nuca, los que apoyan la violencia recuperan una cota de poder que ni los más optimistas esperaban.

Zapatero hará todo lo posible por salir de este resultado con un Gobierno de coalición con los nacionalistas. Queda por ver si el lunático de Ibarretxe está por la labor; otros nacionalistas sí lo están.

Desde hoy, no sé si a partir de las ocho de la mañana, empieza el mambo de conversaciones cruzadas. Malo sería que lo que han dejado claro las urnas, derrota del plan, lo consiguieran los nacionalistas por otras vías.

Donde el tiempo no corre
Por Gabriel Albiac La Razón 18 Abril 2005

Congelado en un paréntesis de cristal blindado, el País Vasco español repite identidad electoral desde hace ya tres décadas.

Una línea afilada corta por la mitad urnas y, lo más grave, ciudadanos. Quienes habitan a cada lado de esa línea, hecha de neolengua y paleomitología, saben a los del otro lado su peor enemigo. Una pesadilla, que aplasta más que todas las losas funerales, comprime el alma de los ciudadanos vascos y toma administrativa forma polvorienta en cada nuevo recuento electoral: ha vuelto a suceder.

Otra vez lo mismo. Mitad contra mitad. Metralletas por medio. Siempre lo mismo. Freud escribía en los años veinte –y son esos análisis lo más perenne de una obra monumental– que la repetición es el nombre común de la muerte.

Y su metáfora más clara. Pocas veces hemos visto esa hipótesis ejemplarizarse mejor, hiperbolizarse casi, que en esta alucinación que gira y gira sin fin sobre sí misma, y en torno a sí misma se acelera, mientras todos, conteniendo el aliento, aguardamos, absortos en nuestra impotencia, la catástrofe final, que va tomando cada vez aires más letales.

Todo sigue igual que siempre. Lo peor. Porque lo peor, nadie se engañe, es este perseverar en lo insoluble que ancla a las Vascongadas en un universo imaginario, el cual ni guarda relación con mundo alguno, ni puede existir más que en la compacta complacencia en esa imposibilidad que viene a ser, a fin de cuentas, el mejor sucedáneo de la identidad imposible.

Amor de la catástrofe, se llama eso. Amor de la aniquilación: propia, a través de la ajena. Mitad por mitad en votos –con anecdóticos correctores–, independentistas y españoles espejean la inercia grave de una tierra cristalizada.

En arcaicas mitologías que producirían risa, si uno las contemplara desde lejos, como cosa de tribus muy primitivas en alguna ancestral y sumergida Atlántida. Pero el tiempo no afecta a las mitologías: esas máquinas de producir identidad. Identidad: la ficción más asesina que ha sabido inventar la de por sí tan sanguinaria mente humana.

Los idénticos lo son para matarse; matando al otro. Los idénticos lo son en el acto constituyente de matar al otro o de hacerse matar para matar al otro. Es, con toda precisión, ésa la función del héroe: inventar con su sangre patria, allá donde sólo había tierra y lengua, cosas sosas y triviales. Y ahí estamos. De nuevo. Con el país partido como siempre.

Y una promesa formal de aquel que gana siempre por el mismo escuálido margen de votos: esta vez, va en serio. «¡Patria o muerte!» Que, aunque los ignorantes crean invención del Tiranobanderas Castro, fue, allá por los años treinta, revista y grito de guerra del nazismo en España. Y ahí estamos, en el viejo nazismo, en el cristalizado nacional-socialismo de hace tres cuartos de siglo. Y ahí estamos: donde el tiempo no corre.

Euskadi castiga a Ibarretxe
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital  18 Abril 2005

Se cumplió la jornada electoral del 17A y “los vascos y las vascas”, por usar la terminología que tanto le complace al lehendakari Ibarretxe, la aprovecharon para darle un par de azotes, sin demasiada saña, al inevitable PNV. El primero de ellos vino dado por la notable caída de las cifras participativas —un 13% menos que en el 2001—, lo que le quita a la convocatoria el valor añadido de “plebiscito” que, de alguna manera, pretendía la estrategia nacionalista a favor del “plan” que, promovido por el tripartito asentado en Vitoria, ha marcado el espíritu de la legislatura ya caducada. El segundo de los azotes, un mero palmetazo, tiene el valor de un aviso a los navegantes del nacionalismo soberanista: el PNV, comandado por Ibarretxe, retrocede en número de votantes y en escaños parlamentarios. No cabe diagnóstico más claro para una situación que, por lo demás, sigue siendo oscura. El País Vasco, quizás harto de dos legislaturas con más ruido que nueces, le ha castigado a Ibarretxe; pero no tanto como para que, en serio, cambien los vientos dominantes en sus tres provincias.

En principio, nada le impedirá a Ibarretxe y a sus tradicionales acompañantes en Vitoria volver a formar Gobierno y, con la fórmula ya conocida, controlar la mayoría parlamentaria. Además, el Partido Comunista de las Tierras Vascas, el PCTV, ya comprobado como “marca blanca” de Batasuna, está ahí como elemento de reserva táctica y, llegado el caso, de apoyo estratégico. Se comprueba que en ese porcentaje, su mínimo histórico, el bloque batasunero es sólido y, más o menos, imperturbable.

Tal y como era previsible, y habíamos previsto, el PSE, la franquicia del PSOE en las provincias vascongadas, ha mejorado su posiciones absoluta y relativa. Es un efecto, en lo que cabe, consecuente con la ocupación de la Moncloa.

La decadencia del PP, que pasa a ser la tercera de las fuerzas parlamentarias vascas después de haber sido la segunda, no le quita méritos al esfuerzo de la candidata, María San Gil; pero, conviene recordarlo, sigue la línea ya inaugurada por el partido dejado de la mano de José María Aznar en el Parlamento catalán.

Por ahí, por lo anterior, viene la gran lección de estos comicios en el ámbito nacional y, especialmente, si se recuerda que en otoño se producirán las autonómicas de Galicia, con un difícil pronóstico para el partido que, dicen, lidera Mariano Rajoy. ¿Se resignará la gran formación del centro derecha a seguir adelgazando, confrontación tras confrontación, y, con ello, comprobando el enfriamiento de sus bases y su pérdida de peso específico en el juego político de la nación?

Tiempo tendremos estos próximos días de repasar el detalle de los resultados electorales vascos; pero, de momento, eso es lo que hay: frío para el PNV y un claro aviso a Mariano Rajoy y su cúpula de la calle Génova de Madrid. Los mensajes de los ciudadanos vascos van personalizados; pero, como suele suceder, la política partidista favorece la sordera selectiva.

El cambio
Por Pablo Mosquera La Voz 18 Abril 2005

Las elecciones son uno de los pilares de la democracia, que permite votar para ejercer el derecho ciudadano al cambio en las instituciones que administran el poder.

Ha sido la primera vez, en muchos años, que en unas elecciones vascas no he sido candidato ni elector. Mi condición de ciudadano gallego, que pienso mantener a todos los efectos y derechos, me permite analizar serenamente el futuro de Euskadi, desde la perspectiva de una larga experiencia vivida entre las raíces del llamado problema vasco.

Creo que habrá cambio. Lo hay en la presencia de una nueva generación de electores y de parlamentarios. Pero sobre todo, en el talante que, gracias a la debilidad de ETA, permite afrontar el futuro desde el diálogo y la negociación. A esto se han comprometido los principales protagonistas de la campaña.

En un pequeño territorio del norte de la Península se ha dado la tragedia del uso de la violencia para imponer dicterios y señalar como enemigos del pueblo vasco a los disidentes con el credo de los nacionalistas.

Eliminando, por lo civil o lo criminal, al hereje . De ello se encargaba el MLNV, a los que paradójicamente se les calificaba de abertzales (patriotas).

Sin ETA, es posible que la sociedad recupere su estratificación normal, terminando con la actual: ciudadanos cómodos que disfrutan de magníficas condiciones de vida gracias a una autonomía que tiene, mucho de privilegios.

Supervivientes. Esa inmensa mayoría de residentes en el país, que se han tenido que adaptar a la situación, que temen decir lo que de verdad piensan, que han cambiado los nombres castellanos de sus hijos y los han mandado a las ikastolas para que nadie dude de su condición de vascos, a todos los efectos.

Dentro de este grupo hay más de uno que se ha exilado mentalmente, que elude pronunciarse.

Por fin, los rebeldes, los que luchan por la libertad de expresión y por su condición de españoles. Los representantes de estos los conocemos porque van a todas partes acompañados de sus escoltas.

Esto es lo que tiene que cambiar, sea cual sea el Gobierno que se forme, sea cual sea la pretensión a negociar con el Estado.

El cambio siempre es higiene para el sistema de participación, y logra terminar con los que están tan instalados en el poder, que llegan a creerse los amos del país.

Hubo cambio en Cataluña. Habrá cambios en Euskadi. Hay vientos de cambio para Galicia. Así, el sistema funciona.

El desastre de las elecciones vascas
Lorenzo Contreras Estrella Digital 18 Abril 2005

En términos aritmético-políticos podría ocurrir lo peor, es decir, que el discurso nacionalista de Ibarretxe se radicalice más allá de lo que el propio lehendakari hubiese deseado. Ninguna de las combinaciones de fuerzas parlamentarias resultantes de las elecciones vascas es viable para conseguir la normal mayoría absoluta de los treinta y ocho escaños, en función de la propia composición numérica de la Cámara de Vitoria, es decir, los setenta y cinco escaños que reúne en total. Porque para sumar los votos necesarios a los efectos de gobernar tendrían que coaligarse el PNV y el PSE. Pero eso parece imposible en pura lógica política, porque Ibarretxe, o si se prefiere la conjunción PNV-EA, no iba a vender su alma al diablo socialista, ni los socialistas venderían la suya a los nacionalistas de Ibarretxe, salvo que todo lo anunciado por Patxi López durante la campaña hubiese sido pura superchería, falsedad y engaño al electorado. O sea, que la promesa de ser lehendakari sólo en el caso de lograr la mayoría en las elecciones quedaría en solfa absoluta. Y el crédito de Patxi López, por los suelos.

Al final, lo que puede resultar es que Ibarretxe venda su alma al Partido Comunista de la Tierras Vascas (EHAK), no para gobernar formalmente de manera conjunta, sino a base de gobernar el PNV-EA en minoría, con apoyos circunstanciales de los herederos de Batasuna y, en definitiva, de ETA. Esto se conseguiría políticamente radicalizando el propio Plan Ibarretxe, agravando sus contenidos y aspiraciones. Al líder nacionalista le habría salido, sin pretender tanto, una situación de nacionalismo ilimitado y peligrosísimo, incluso para él. Ya lo avisaba el diario abertzale Gara en su número de este pasado domingo: “La presencia de EHAK marca las elecciones a la Cámara de Gasteiz”. Y tanto que sí. Plena confirmación.

No cabe sostener, en consecuencia, que Ibarretxe haya triunfado, porque, aparte de menguar escaños su partido respecto a las elecciones del 2001, se comprueba que el PNV, con el discurso radicalizado de su líder, ha perdido votos que ha ganado el nacionalismo radical de EHAK. La gran ganadora parece haber sido ETA y también la vieja Batasuna, ahora refugiada en la sombra confortable de su ilegalidad, manejando los hilos de la trama y llevando a su organización tapadera por los senderos que le convenga. La jornada del 17 de abril no ha sido precisamente una fecha venturosa, al menos para la democracia.

Otro perdedor inevitable, a la luz de los datos, ha sido el PP y, por supuesto, su líder actual, Mariano Rajoy, a quien además le espera en el horizonte político la gran prueba de las futuras y ya cercanas elecciones gallegas, si es que Fraga no obra el milagro de superar sus actuales limitaciones políticas y físicas. Habría que pasarle también una factura de reproches al fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, que por no haber ilegalizado a EHAK ha propiciado un marco político agravado. No sabemos hasta qué punto, pese a los resultados conseguidos, puede el propio Zapatero felicitarse de los resultados cosechados.

Va a ser difícil que pueda funcionar algún tipo de ingeniería política que sirva para superar ente embrollo o callejón sin aparente salida. Cómo logre gobernar la coalición PNV-EA en solitario durante algún razonable periodo de tiempo es otro de los misterios o enigmas que el futuro nos reserva. Nos reserva, porque en esta aventura perdemos todos.

Con plomo en el ala
Por Alfonso de la Vega La Voz  18 Abril 2005

Zapatero ha querido utilizar la técnica del palomo para arrebañar votos para el palomar del PSE en el País Vasco. No la del palomo cojo que allí no son aún tan modernos, ni la de la pacifista paloma picassiana o la del Espíritu Santo, sino la del palomo ladrón: se manda un apuesto y aguerrido pichón al palomar vecino para que haga la rueda y regrese con otras palomas rendidas a sus patas y aumentar así nuestro negocio.

Con lo que no contaba ZP es que allí son muy aficionados al tiroteo haya o no veda y a su bonito palomo la ETA y sus amigos del PNV le han metido una buena perdigonada con escopeta de tradición artesana de Eibar.

ZP ha estado jugando con el mapamundi de Bilbao como con el globo terráqueo Charlot en El gran dictador , pero el fracaso de sus argucias cuando nos estamos jugando los derechos humanos, la convivencia y la propia pervivencia de la Nación española sería bastante para desacreditarlo por completo como jefe de Gobierno incluso entre sus parciales, que vienen demostrando tener unas tragaderas de avestruz.

El prólogo del nuevo régimen de ZP fue un crimen sangriento, vamos a ver cómo es su epílogo. Poner en ridículo a las instituciones constitucionales, atacar al PP en vez de al verdadero enemigo, permitir por cálculos sectarios mezquinos volver a legalizar a Batasuna, y ningunear a los líderes socialistas más comprometidos con la libertad para... ¡tan magro resultado!

En unas elecciones dominadas por el miedo y la falta de libertad, muchos vascos han pasado de votar, aunque está en juego el futuro del sistema político de España.

De modo que, admirada María San Gil, ejemplo de dignidad, ¡enhorabuena!, gracias y ¡ánimo! que aunque ZP nos haya traicionado no estás sola. Pues los pichones ojeados y puestos a tiro somos ahora todos los españoles y no sólo un tal López.

La Piedra Roseta, ‘operación Mugolari’
José Javaloyes Estrella Digital 18 Abril 2005

Nos enseñaban en el viejo bachillerato que el hallazgo de la Piedra Roseta permitió al egiptólogo Champolion descifrar la escritura jeroglífica del tiempo de los antiguos faraones y, con ello, la historia del país del Nilo. Acaso la revelación por ABC de que sólo el propio presidente Rodríguez, su ministro del Interior, José Antonio Alonso, y el secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, conocían los términos reales del informe de la Guardia Civil sobre la identidad política efectiva de los neobatasunos, el Partido Comunista de las Tierras Vascas (EHEAK), sea la Piedra Roseta que explique los términos reales de la apuesta hecha por Rodríguez en las elecciones celebradas ayer. Según el informe de la Benemérita, el inspirador de EHAC sería Antonio Egido Siguënza, miembro del grupo que elaboró la ponencia de ETA-HB que propuso extender los asesinatos a políticos constitucionalistas y periodistas, y que, además, se intensificaran las acciones de terrorismo callejero. El tal Egido se encuentra procesado por el juez Garzón. Aporta esa pieza informativa claves sobre los cálculos y propósitos de la campaña socialista, identificando a plenitud su estrategia ante las urnas de ayer y para lo que venga a seguir después, en las propias Vascongadas y en Cataluña, ante la reforma de los respectivos Estatutos. Supondría esta pieza tanto como la prueba de que la negociación con ETA, aparte de ser establecida y documentada realidad, se habría hecho en violación del Pacto Antiterrorista y para las Libertades, y a despecho de la propia Ley de Partidos Políticos, en cuya virtud fue ilegalizada Herri Batasuna.

Significaría ello que para tal negociación, el presidente Rodríguez habría aportado como prenda el quebranto de las reglas de juego políticas y las legales, en su camino hacia el cambio de escenario vasco. Implicaría, en fin, que esta política presidencial con los nacionalismos no se atiene a otras normas que a las de su propia y oscura voluntad, o a la muy confesada y explícita de sus socios parlamentarios. Pongamos por caso que la voluntad de Carod-Rovira, comisionado por ETA, presumiblemente, para tal empeño.

Dentro de esta clave las piezas encajan. La anómala y gratuita comparecencia de Ibarretxe en el Pleno del Congreso aportaba formato de supuesta transparencia democrática a este proyecto de la Moncloa, al pasarlo por sede parlamentaria; mientras que la debelación argumental del lehendakari, a manos de Mariano Rajoy, oficiaba de delegado trámite depurador.

La primera fase de la estrategia de Rodríguez con el nacionalismo vasco fue, por tanto, aquella traída de Ibarretxe a la Carrera de San Jerónimo. La segunda fase, esta “operación Mugolari”, el pase, la entrada de los etarras en la legalidad democrática a través de las mugas: mojones que patentizan los límites y fronteras de la ley. Dos itinerarios sucesivos, diferentes etapas, de un mismo viaje. Rodríguez ha sacramentado la unidad orgánica y la integración funcional del nacionalismo vasco, el supuestamente democrático y el terrorista, el sacudidor del nogal y el recogedor de las nueces. Este empleo tramposo, desleal e ilegítimo, del fórceps en las urnas vascas sería, también, una mentira a los españoles y, especialmente, una traición a las víctimas todas del terrorismo, tanto las del 11M como las de antes del 11M. Las víctimas de los moros —que también palanquearon en las urnas el 14M— y las de los etarras.

Si pendiente queda de los tribunales —incluido el de la Historia— dónde dio comienzo primordialmente la “operación Mugolari”, el golpismo de rito democrático, pendiente está también de verificar en el escenario catalán el subsiguiente desenlace de lo ocurrido en el escenario vasco. Para mejor comprenderlo conviene recordar que existe un eslabón, ni perdido ni sin identificar, que es la conspiración permanente contra el Estado y contra España de Izquierda Republicana de Cataluña. Ahora son los de Carod como antes fueron los de Companys y Dencás, aquellos fascistas desleales también a la República, con los socialistas, en la Revolución de 1934.

Conviene recordarlo desde este presente electoral cuando oficialmente ha comenzado la exhumación del pasado y mientras sectariamente se oculta que todo nacionalismo lleva en su almario la almendra de un fascismo. De éstos los hubo y los hay de todos los colores. También con txapela y con barretina. jose@javaloyes.net

Un horizonte de convivencia
Por Daniel Innerarity Profesor de Filosofía de la Universidad de Zaragoza El Correo 18 Abril 2005

Las jornadas de interpretación electoral suelen ser para los partidos un ejercicio de autocomplacencia que estamos dispuestos a disculpar porque todos sabemos que la realidad social ha quedado fijada sin discusión.

Una vez contados los votos ya no hay retórica ni maquillaje que pueda modificar esa realidad. Todavía no se ha inventado ningún artilugio político mejor que unas elecciones para establecer lo que realmente la sociedad quiere y representarla en un parlamento.

Fuera de estas mediciones, la voluntad, el pueblo, la identidad son suposiciones sin fuerza vinculante. Uno puede seguir suponiendo que, en el fondo, lo que la gente quiere es otra cosa o que es posible imaginar unas mejores condiciones para celebrar los comicios, pero eso es como quien afirma insistentemente que no sale bien en las fotos.

Aceptar un resultado electoral no es tan fácil, como recordaba Bertolt Brecht en aquella célebre parodia de un gobierno al que el pueblo había decepcionado y deliberaba acerca del modo de disolverlo para elegir otro.

En política, el primer signo de inteligencia tras las elecciones consiste en interpretarlas bien, en aceptar sobre todo aquello que no nos conviene y ponerse a trabajar en una dirección que, generalmente, contiene siempre un elemento de rectificación o al menos de acomodación, incluso para quien las gana.

Las elecciones de ayer nos sitúan, sin apenas variaciones, en un escenario muy similar al que ya teníamos, lo que es muy elocuente. Esta sociedad insiste en ser como es, podríamos decir.

Frente a la obsesión por conseguir que la aritmética parlamentaria nos dé algún día la razón, los resultados electorales son tenaces y recuerdan que ninguno de los dos polos en los que se agrupan los sentimientos de identidad logra una mayoría cualificada y homogénea.

Al mismo tiempo, ninguna de las opciones políticas se resigna a desaparecer (desistiendo frente a la reiterada amenaza de la violencia, aceptando pasivamente su ilegalización o sin ofrecer ninguna resistencia a la absorción) como viniendo a significar que nadie quiere ser excluido de la definición del País y que con esta composición real de la sociedad es con la que hay que contar.

«Feo, pero mío», dicen que afirmaba aquella señora a la que habían reprochado la fealdad de su hijo. Y ya que se ha hablado tanto de amor a Euskadi en estas elecciones, no estaría mal que comenzáramos reconociendo que su pluralidad significa que los hay, entre nosotros, especialmente feos, de acuerdo con los singularísimos criterios con los que cada uno se forja su ideal de belleza, pero que son ’nuestros’ feos.

Así pues, el resultado electoral nos coloca en una situación que apenas se diferencia de la de hace cuatro años. A mi juicio, esto significa, en primer lugar, que cualquier operación pensada para excluir estratégicamente a alguien (incluso a quien han comprado todos los boletos para ello) está condenada al fracaso.

Lo más elocuente a este respecto es la aparición de PCTV-EHAK, en la que se representa un sector de la sociedad vasca al que se trató de excluir en virtud de una ley que antes era sólo un abuso y ahora se revela como una chapuza inútil.

Esto podría tener un efecto indirecto positivo: la insistencia de esa parte de la izquierda abertzale para estar en las instituciones puede haber hecho que en ese mundo se interiorice una valoración positiva de las instituciones democráticas.

Y una de las cosas que se aprende en la vida institucional, además de a utilizar correctamente el sistema de voto electrónico, es que nadie representa a la totalidad del pueblo vasco y que la violencia es incompatible con la deliberación democrática, algo que ha pasado a ser una extendidísima convicción en nuestra sociedad.

En segundo lugar, las elecciones son una nueva llamada a la responsabilidad, a enfrentarse con unos deberes que llevamos mucho tiempo sin hacer y de los que no nos exime ni el paso del tiempo ni esa modificación radical de la composición parlamentaria que nunca termina de llegar. Las elecciones por sí mismas nunca resuelven los problemas de convivencia.

Esa misma sociedad vasca que desde hace muchos años no permite ser gobernada por un único partido (lo que previsiblemente va a seguir siendo así por mucho tiempo) no acaba de plasmar en su propia definición un acuerdo en el que todos puedan reconocerse.

Cabría interpretar el mensaje que la sociedad nos envía con este resultado electoral como una invitación a hacer de la necesidad virtud: un resultado que no facilita la gobernabilidad pero tiene la ventaja de que obliga a buscar acuerdos más amplios.

La resistencia de la sociedad vasca a sacrificar su heterogeneidad indica que en Euskadi la táctica no da más de sí y envía un mandato claro a sus gobernantes: la exigencia de superar las formulaciones políticas planteadas en términos de contraposición con el objetivo de conseguir un pacto transversal que defina nuestro modelo interno de convivencia y unas relaciones con el resto del Estado en las que haya una bilateralidad efectiva, garantías y condiciones de lealtad.

Para realizar bien esa tarea pendiente propongo que nos tomemos en serio una consideración preliminar y dos compromisos concretos.

La consideración preliminar consiste en diferenciar el juego político de las mayorías frente al acuerdo amplio que se requiere a la hora de definir una comunidad.

Por cierto que la cuestión acerca de cuál debería ser esa mayoría cualificada es algo que tampoco puede determinarse unilateralmente, ni siquiera aunque uno sea presidente de gobierno.

Cuando se trata de establecer las condiciones básicas de la convivencia no bastan las mayorías simples con las que se rige habitualmente la vida política y por eso suelen exigirse mayorías cualificadas (se trata de un requisito que, dicho sea de paso, no recoge el Estatuto de Gernika y que los no nacionalistas defendieron entonces para facilitar su margen de maniobra, frente a la mayoría cualificada que defendieron PNV y EE).

Tales procedimientos son una estrategia de las sociedades para protegerse frente a los ganadores de turno. Forma parte de los principios constitucionales la idea de que las grandes cuestiones que determinan el largo plazo de las sociedades no pueden dejarse a la arbitrariedad de una mayoría eventual.

El pacto y no la imposición o la unilateralidad es el procedimiento por el que se constituyen las reglas de juego de las sociedades más avanzadas.

Por otro lado, podrían favorecer una clima de confianza y facilitar el pacto los compromisos de

1. no tratar de imponer un acuerdo de menor aceptación (en general y en cada uno de los Territorios) que los actualmente vigentes y

2. no impedir un acuerdo de mayor aceptación que los actualmente vigentes.

El primer compromiso limita a la mayoría nacionalista en Euskadi mientras que el segundo limita a la mayoría que forman los partidos estatales en el Congreso. Lo primero garantizaría la pluralidad de la sociedad vasca; el segundo compromiso evitaría el veto de las Cortes españolas.

Se trataría de que estableciéramos la cohesión de la sociedad vasca como máximo criterio político; que aceptáramos por principio la fórmula más integradora, aunque eso pudiera obligar a unos a aceptar la reforma o a otros a seguir intentándolo.

Puede que en estas elecciones algo haya cambiado, pese a la terca representación parlamentaria, no tanto en los números como en las disposiciones y las expectativas.

Todo apunta a que se van agotando las dinámicas que se desataron en épocas de mayor antagonismo. Espero no equivocarme si advierto en la sociedad vasca un cierto cansancio frente a la confrontación, que se ha reflejado incluso en el tono más integrador de todos los mensajes electorales, como si los partidos hubieran adivinado que el enfrentamiento ya no vende bien.

En los discursos y, sobre todo, en las mentalidades se ha instalado el principio de que la imposición es inaceptable; el siguiente paso es entender que convivir en una sociedad pluralista exige flexibilidad y disposición al compromiso.

La perspectiva de dos años sin elecciones, con una ETA fuertemente debilitada y una sociedad que desea un pacto estable nos permite proyectar en esta legislatura un horizonte de convivencia.

Una evidencia y una interrogante
JOSEBA ARREGI El Correo 18 Abril 2005

La evidencia no se refiere a que los partidos tengan tarea fácil para formar gobierno, para construir mayorías parlamentarias que permitan gobernar con tranquilidad, cosa que no se ha hecho en los últimos siete años. Sino a que los datos que ha dejado la jornada electoral, tanto en cuanto a la participación como el reparto de escaños, dejan ver con claridad que el plan Ibarretxe no tiene ningún futuro, que la próxima legislatura no será, de ninguna manera, la legislatura del plan.

El nacionalismo vasco ha perdido las elecciones. El tripartito gobernante ha perdido las elecciones. El lehendakari Ibarretxe ha perdido las elecciones. Unos comicios que había convertido en un plebiscito casi personal. No ha habido plebiscito, porque los electores han acudido como si de unas normales elecciones autonómicas se tratara. El ciclo alcista de participación electoral se ha roto precisamente cuando el lehendakari las ha planteado como un plebiscito. Y la abstención muestra que la ciudadanía está cansada de alternativas radicales, de situaciones constituyentes permanentes, de jugarse en las elecciones todo o nada. Aunque probablemente sea correcto decir algo más: el plan ha muerto y debe ser enterrado. La única apuesta política de trascendencia del Gobierno tripartito en la última legislatura ha sido el plan Ibarretxe. Pues bien: el tripartito en su conjunto ha perdido cuatro parlamentarios y suma menos escaños que PSE y PP.

Los partidos constitucionalistas han logrado un gran resultado. Suman hoy un parlamentario más que en la anterior legislatura, cuatro más que PNV-EA, cuando la apuesta del nacionalismo gobernante era la de una marea de votos para el plan Ibarretxe. Siguen ganando posiciones, como lo vienen haciendo de forma continuada ya desde hace muchos años. Si en alguna época el Parlamento vasco llegó a ser en sus dos tercios nacionalista, hoy se acerca cada vez más a un reparto por mitades.

Es cierto que no se ha producido un cambio radical, si por tal se entiende una mayoría de parlamentarios constitucionalistas de PSE y PP. Pero este resultado, unido a la derrota del tripartito, al descenso de la coalición PNV-EA y al fracaso del plan Ibarretxe permite afirmar que el cambio se anuncia e incluso comienza su andadura. Ya nada va a ser lo mismo.

El resultado reclama que los políticos hagan política real, teniendo en cuenta la sociedad real, no la imaginada. Y hacer política real implica la transversalidad en la definición de la sociedad vasca. El resultado electoral cierra la puerta al intento de definirla desde la hegemonía y la homogeneidad nacionalista y reclama volver al espíritu del Estatuto de Gernika: Euskadi sólo existe como sujeto político si se constituye por medio de pacto, un pacto que para conservar su fuerza necesita de una renovación. Ésa es la transversalidad que se requiere: pactar el marco de convivencia. Y cuando se ha pactado el marco de convivencia, los gobiernos puede ser mayoritarios, de coalición, de gran coalición, de consenso, transversales. Pero la transversalidad que importa es la que se debe dar en el momento de la definición del marco de convivencia.

El Partido Comunista de las Tierras Vascas ha alcanzado dos escaños más de los que poseía Batasuna en la anterior legislatura. Es probable que el aumento de la abstención le haya dañado menos que a otros partidos. En cualquier caso, no se debe olvidar que ese resultado implica una consolidación a la baja teniendo en cuenta el potencial electoral de esa opción política hace diez años: apuntado hacia el 20%. Su presencia plantea una gran interrogante desde el punto de vista democrático, como sus propios portavoces gustan afirmar: ¿Esa opción política y el apoyo de Batasuna significan la materialización de la apuesta por las vías exclusivamente políticas del entorno de ETA, de forma que cupiera derivarse la decisión de cerrar definitivamente el ciclo de violencia terrorista?

Si la respuesta fuera positiva, la próxima legislatura pudiera ser, además de una legislatura en la que por fin se gobierna, la legislatura de la paz. Una legislatura en la que en el mundo nacionalista se produciría una lucha encarnizada, pero pacífica, por la primacía. Si la respuesta fuera negativa, la presencia de EHAK sería un baldón para la democracia y a ésta no le quedaría otro remedio que proceder con este partido como en su día lo hizo con Batasuna. Es una interrogante que sólo la pueden contestar los dirigentes con mando en plaza.

Un crimen, un error
Por Federico Jiménez Losantos El Mundo 18 Abril 2005

Al margen de los resultados, la renovada presencia de ETA en el Parlamento vasco es sin duda el dato político más importante acerca del futuro de esa comunidad que, junto con la de una Cataluña en trance estatutario, van a definir el futuro inmediato de España. De hecho, su propia supervivencia como nación.

Ayer publicaba un terrible artículo Casimiro García-Abadillo dando pelos y señales de cómo Zapatero despreció el informe de la Guardia Civil que acredita lo que cualquier persona con sentido común (así lo expresó perfectamente Rajoy) podía ver sin necesidad de muchos informes: que ese partido comunista terrenal y vasco, mucho más serio y peligroso que el de Madrazo, representa la continuidad parlamentaria de ETA-Batasuna. Algo clamorosamente ilegal.

Pero el hecho de que tanto los informes de las Fuerzas de Seguridad, zafiamente despreciadas y humilladas por el Gobierno, como la opinión de Bono, convertido en el último clavo ardiendo de este Gobierno de saldo, cuotas y restos de serie, hayan sido apartados en gesto tan adánico como tiránico (el adanismo de Zapatero, como todos los intentos de reinventar la Historia, tiene un fuerte componente manipulador y dictatorial) augura un período de terrible retroceso en la lucha contra el separatismo y el terrorismo.

Dos cosas que desde el Pacto de Estella al apaño ERC-ETA en Perpiñán, pasando por la pujolista Declaración de Barcelona, siempre han sido y son una sola. Al menos, cuando de combatirlos se trata. Sólo para rendirse ante ellos caben diferenciaciones, pero es pura filfa, engañabobos. Recuerda al PNV en Santoña rindiéndose incondicionalmente a Franco pero a través de Mussolini, como si estuviera haciéndole la guerra a Italia y no a media España. Naturalmente traicionando a la otra media, porque desconoce la lealtad.

Aparte de lo que un tribunal riguroso consideraría un alarde de prevaricación, puesto que no ha sido una elección política sino una ilegalidad a sabiendas, el Gobierno de ZP y el fiscal general del Estado han consumado un crimen político que, además, es un gravísimo error.

La historia española reciente demuestra que cada vez que el PSOE o el PP en el poder han creído que podrían apuntarse un tanto político y pasar a la Historia negociando la paz con ETA u otra cosa distinta de la independencia del País Vasco y la anexión de Navarra, se han enfrentado a un enemigo más coherente que ellos, capaz de matar y de morir, o al menos de ir a la cárcel, para implantar un régimen totalitario sobre un Estado nuevo con ínfulas de eternidad.

La diferencia del adanismo de Ibarretxe o ETA con el de Zapatero es que uno actúa, vive en la realidad y otro en la fantasía. No es difícil saber quién se despertará con un chichón tras caerse de la cama.

GANAN ZAPATERO Y BATASUNA, PIERDEN EL PLAN IBARRETXE Y LA LEY DE PARTIDOS
Peligrosa carambola
Editorial El Mundo 18 Abril 2005

El resultado de las elecciones vascas celebradas ayer arroja un panorama político muy complicado desde el punto de vista de la gobernabilidad y extraordinariamente preocupante por la radicalización del electorado.

O, por mejor decir, porque los ciudadanos que votan a partidos democráticos han optado por la abstención en mayor porcentaje que los partidarios de las tesis radicales, independentistas o proetarras, que han acudido en masa a votar al PCTV, trasunto de Batasuna.

Lo primero y más obvio que cabe decir es que las urnas han propinado un severo varapalo a Ibarretxe. El lehendakari planteó estos comicios como una suerte de plebiscito sobre su plan, una vez que fue rechazado por el Congreso de los Diputados.

Pero la coalición PNV-EA ha pasado del 42,7% que obtuvo hace cuatro años al 38,6% y ha perdido cuatro escaños en el Parlamento y casi 150.000 votos.Ibarretxe apostó con fuerza por que los partidos del tripartito alcanzaran la mayoría absoluta, pero la suma de escaños de PNV-EA e IU-EB, 32, está muy lejos de los 38 necesarios para gobernar sin ataduras.

Fue bastante patética la intervención del lehendakari en la noche electoral presumiendo de haber ganado las elecciones aunque su victoria pueda parecer amarga, y presentándose como el cauce central entre las dos orillas: Batasuna y el bloque PSOE-PP.

El tono crispado engañosamente optimista con el que compareció ante sus fieles indica que Ibarretxe sabe que en su partido le van a pedir cuentas por el resultado. Durante su discurso, dio la impresión de estar al borde de un ataque de nervios.

El PCTV crece a costa del PNV
No es para menos. Lo único cierto es que Ibarretxe, mucho más que nunca, está a merced de Batasuna. Sus 32 escaños son insuficientes para repetir un Gobierno nacionalista, con el respaldo de IU. Aralar podría aportarle uno más, pero si quiere ser investido presidente, tendrá que contar con los votos del PCTV, que fue, desgraciadamente, el auténtico triunfador de la noche electoral.

La segunda lista oculta de Batasuna, la candidatura cuya ilegalización el Gobierno declinó promover ante los tribunales, ha logrado nueve escaños en el Parlamento vasco. Dos más que EH en las elecciones de 2001. Es obvio que han salido del PNV.

El partido, inscrito en el registro un mes después de la ilegalización de Batasuna, sin ninguna actividad hasta estas elecciones, ha logrado 150.188 votos -siete mil más que la coalición proetarra hace cuatro años- gracias a que Otegi y los suyos solicitaron el voto para sus candidaturas.

Si Ibarretxe quiere encabezar un Gobierno nacionalista, tendrá que lograr que al menos uno de los nuevos y desconocidos parlamentarios voten su investidura, ya que el bloque constitucionalista, PSOE y PP, ha logrado empatar a 33 escaños con los partidos del tripartito más Aralar.

Así las cosas, al hasta ahora lehendakari sólo le quedan dos caminos: volver al Pacto de Lizarra con una ETA-Batasuna obviamente crecida por estos resultados o regresar a los tiempos de Ajuria Enea pactando con el PSE, para lo cual no tendrá más remedio que renunciar a su plan.

En el universo nacionalista, la verdadera buena noticia es que Aralar, escindida de Batasuna y amenazada por ETA por condenar la lucha armada, ha logrado un escaño.

En cambio, Javier Madrazo tiene pocas razones para el optimismo, más bien todo lo contrario. Sus tres escaños han perdido el valor político que tenían para sostener a Ibarretxe.

El PSOE crece a costa del PP
En lo que se refiere a los partidos del bloque constitucionalista, el resultado abre numerosas incertidumbres, ninguna de las cuales invita al triunfalismo. La carambola ensayada por el presidente del Gobierno le ha salido bien en tanto que frena el plan Ibarretxe, pero su estrategia -basada en el enfriamiento de la presión sobre el lehendakari y en la tercera vía de la reforma estatutaria del plan López- no ha logrado ni de lejos romper los bloques compactos en los que está dividido el electorado vasco.

Basándose en que la comparecencia casi conjunta del PSOE y el PP hace cuatro años había sido mala para el constitucionalismo, Zapatero se volcó en la campaña vasca con un discurso más cercano al nacionalismo.

El resultado no es nada brillante. Es verdad que PSOE y PP suman un escaño más que en 2001, pero han perdido porcentaje de voto. Y los cinco escaños que ganan los socialistas no proceden de los nacionalistas moderados, como pretendía la propaganda del PSOE, sino que se trasvasan desde el PP, que pierde cuatro, a pesar de la extraordinaria campaña de María San Gil, que jugaba contra corriente y que gracias a su empuje ha aguantado el tirón.

Debido a la debilidad extrema de Ibarretxe, los socialistas podrían optar por intentar un acuerdo con el PNV. Pero únicamente podrían hacerlo si mete su plan en el cajón y se baja del monte, lo que parece difícil a estas alturas.

Es evidente que Zapatero ha logrado que se redistribuya el voto nacionalista-independentista y que el PNV pierda la hegemonía casi absoluta en el llamado proceso de construcción nacional vasco, pero puede ser una victoria pírrica. Su decisión de no promover la ilegalización del PCTV ha llevado a que Batasuna-ETA siga estando representada en el Parlamento vasco.

Esta es la triste realidad, al margen de que Zapatero tomara la decisión por razones de estrategia electoral o por motivos jurídicos de fondo. Así, junto con el plan Ibarretxe se desvanece también la posibilidad de que los proetarras queden fuera del Parlamento vasco, que era lo que en definitiva se perseguía con la Ley de Partidos. Esta norma tal vez sea, de hecho, la gran derrotada en las elecciones de ayer.

Fracasa el Plan
Editorial La Razón 18 Abril 2005

La coalición tripartita que gobernaba la comunidad autónoma del País Vasco sufrió ayer una clara derrota. El retroceso de los nacionalistas del PNV y EA, sumado al estancamiento de Izquierda Unida, no sólo les aleja de la mayoría absoluta insistentemente reclamada por el lendakari Ibarretxe, sino que abre el abanico a varias alternativas de Gobierno, entre las que no se puede descartar una reedición de los pactos entre peneuvistas y socialistas, que garantizaría una mayoría de gobierno muy amplia.

Pero, más allá de las hipótesis de futuro, la primera conclusión de las elecciones al Parlamento autónomo vasco, y no poco importante, es que certifican la defunción del llamado «plan Ibarretxe».

La pretensión del lendakari de convertir la convocatoria electoral en un plebiscito de su proyecto secesionista se ha saldado con un notable fracaso: el PNV y sus coaligados de EA no sólo no han conseguido la mayoría absoluta, la mitad más uno de los votos, que consideraban suficiente para forzar un referéndum a lo largo de la próxima legislatura, sino que han cosechado uno de los peores resultados en las urnas de los últimos 12 años.

Incluso el descenso de la participación electoral con respecto a las polarizadas elecciones de 2001, que vuelve a los niveles medios de abstención, demuestra la falta de tirón de una apuesta que la mayoría de los vascos miraban con preocupación, cuando no con cierto desapego.

Más aún, sin la presión de los anteriores comicios, cuando parecía posible lo que hoy se ha producido, una mayoría suficiente del voto constitucionalista representado por el Partido Popular y el Partido Socialista de Euzkadi; muchos de los sufragios que recibió prestados el PNV de la coalición proetarra han vuelto a su origen.

El revés logrado por el lendakari supone una magnífica noticia para la democracia española y para quienes defienden que nada se puede hacer desde la imposición y fuera de la Constitución.

La otra cara de la moneda es que los amparadores de la violencia terrorista no sólo han regresado a la cámara regional vasca, sino que han aumentado sus escaños, en parte a causa del proceso irresponsable de radicalización del nacionalismo impulsado por el gobierno vasco.

Esta presencia deja tocada la ley de partidos, que fijó como una de sus prioridades el que ETA no volviera a tener voz en un parlamento democrático.

Avance constitucionalista
La otra consecuencia de los comicios vascos es la consolidación y refuerzo de las posiciones constitucionalistas que, como viene sucediendo desde 1989, incrementa sensiblemente su respaldo popular. En esta ocasión, el trasvase tradicional de votos que se produce entre las formaciones de carácter estatal ha favorecido al PSOE, que gana cinco escaños.

El Partido Popular, tras una buena campaña de su candidata, María San Gil, retrocede cuatro escaños pero se mantiene entre las tres principales fuerzas políticas vascas. Era un resultado esperado, ya que el voto constitucionalista suele primar al partido que gobierna en España.

Dentro de la Ley
El mal resultado electoral de la coalición nacionalista plantea al lendakari Ibarreche una clara disyuntiva: o reedita el escenario político de la última legislatura, un tripartito que siempre estará condicionado por la estrategia de ETA; o llega a un acuerdo de gobierno con el Partido Socialista de Euzkadi.

Esta opción daría, ciertamente, una gran estabilidad al Ejecutivo autónomo vasco, aunque desde nuestra posición exigiría al Partido Socialista y a José Luis Rodríguez Zapatero el compromiso político nítido de que sus votos no pudieran servir en ningún caso para llevar adelante una reforma estatutaria en los márgenes de la Constitución.

No hay nada, en principio, reprochable en que el PSOE regrese al gobierno autónomo vasco en coalición con los nacionalistas. Es de esperar que los dirigentes socialistas hayan aprendido de pasadas experiencias en sus relaciones con el nacionalismo, especialmente después de la deriva claramente secesionista tomada por el PNV de la mano del lendakari Juan José Ibarretxe.

No se entendería entre los votantes socialistas del resto de España que el apoyo a un candidato peneuvista no estuviera condicionado y limitado al marco constitucional. El PSOE es un partido que se reclama español y que en ningún caso debería colaborar con proyectos contrarios a la unidad de la Nación; proyectos que, por otro lado, acaban de ser clamorosamente rechazados por la mayoría de los vascos.

La conclusión final es que estas elecciones han repetido, una vez más, la foto fija de una sociedad divida en dos partes simétricas que, a la larga, están condenadas a entenderse. No se puede gobernar, como ha hecho Ibarretxe, contra la mitad de los vascos que se sienten españoles y que no están dispuestos a embarcarse en aventuras soberanistas.

Debe haber ahora una nueva oportunidad que pasa, fundamentalmente, por la reflexión de todos los demócratas, sin exclusiones ni ventajismos políticos. De lo contrario, ETA aprovechará la oportunidad que le han regalado.

Una foto y tres tentaciones
J. M RUIZ SOROA/ABOGADO El Correo 18 Abril 2005

Habrá salido la foto; y no habremos cambiado. Somos como éramos. Ahí siguen los que el profesor Pérez Ayala denominaba componentes políticos estructurales de la sociedad vasca: un nacionalismo bastante compacto que es mayoritario y un no nacionalismo, más disperso en lo ideológico, pero de una enorme relevancia. Unos querrán ver en la foto el cuadro embriagador de un pueblo en marcha, haciendo una lectura rousseauniana de la voluntad general, pero la imagen real captada, aunque más sobria, es la de una sociedad compleja recorrida longitudinalmente por una línea de fractura (un cleavage en términos politológicos). Una composición estructural que se ha demostrado como insusceptible de cambios relevantes a lo largo de varias décadas, y que tiende a petrificarse.

Pues bien, si una conclusión se impone a cualquier observador desapasionado es la de que, en una sociedad así, es un puro y simple desvarío intentar construir estructuras políticas duraderas o poner en marcha procesos criptoconstitucionales sobre la base de una simple mayoría numérica. Y que, en tanto en cuanto se siga intentando machaconamente, sólo se conseguirá entorpecer el normal funcionamiento de la mecánica institucional. Una sociedad de este tipo, o practica el consociacionismo político (el consenso como método) o no será democrática (Arent Lijphart). Pero, claro está, el consociacionismo no es en sí mismo la solución, sino una mera técnica cuya implantación requiere un clima social previo, tanto en la sociedad como sobre todo en sus elites políticas. Y éste parece ser el quiz de la cuestión, el de dar con el secreto escondido que podría fundar un clima de mínima concordia política entre nosotros.

¿Resulta demasiado sencillo, incluso un tanto vulgar, mencionar al sentido común como posible talismán extraviado por la sociedad vasca? Pues quizás no lo sea tanto. Existe una rica veta en la filosofía política occidental que, desde Aristóteles a Hume, desde Maquiavelo a Rorty, subraya la importancia extrema del 'common sense', de la prudencia o el pragmatismo en la actividad política práctica. Se trata de palabras hoy un poco desgastadas, presentadas mediáticamente como sinónimos de inacción, de pasividad, de temor. Y, sin embargo, denotan una virtud intelectual que es esencial para la actividad política: la de poseer el sentido de los límites, la de saber que todo principio, por muy perfecto y razonado que esté en la teoría, se transforma al ser aplicado en esa esfera de lo contingente que es la realidad histórica y social. La de comprender que la justificación de un político no está en sus principios, sino en las consecuencias que sus actos producen en su derredor (algo que desde filosofías muy lejanas proclamaban Max Weber o John Dewey). Y es curioso constatar que la sociedad vasca moderna, prudente y pragmática hasta la exageración en su actividad económica y en la ordenación de sus valores sociales, resulta sin embargo altamente deficitaria de prudencia en lo político. No parece sino que en este terreno nos gusta dejarnos llevar periódicamente por arrebatos de un inflamado romanticismo, pues romántica fue la raíz del carlismo y romántica sigue siendo la cosmovisión nacionalista.

Ese sentido de los límites precisan quienes se van a sentir respaldados por el resultado electoral y van a tener la tentación de creer que el pueblo les aplaude para que perseveren en su plan. Un sentido que les permita comprender que, como recientemente decía el profesor Cascajo Castro, no cabe un uso alternativo del Derecho aplicado al procedimiento de reforma estatutaria, de forma que so capa de reformar el Estatuto se consiga reformar la Constitución misma. Obligar a Madrid a pactar, proclama Ibarretxe. Pero resulta que «la Constitución no es resultado de un pacto entre instancias territoriales históricas, sino una norma de poder constituyente que se impone con fuerza vinculante general en su ámbito sin que queden fuera de ella situaciones históricas anteriores», como decía la sentencia 76/1988 del Tribunal Constitucional. De lo que se infiere la imposibilidad lógica de establecer pactos con segmentos de ese mismo pueblo, pues nadie puede pactar consigo mismo. Por idéntica razón, no es tampoco admisible la posibilidad de que ese poder soberano pacte con entidades territoriales que no son sino manifestaciones 'ratione loci' de ese poder popular soberano indiviso y compacto, como afirma el constitucionalista Pérez Luño. ¿Y qué quiere decir en concreto todo esto? Pues que a un gobernante, como lo es Ibarretxe, le es exigible lealtad y respeto al ámbito jurídico constitucional en que fundamenta su propia existencia como tal gobernante. Que no puede legítimamente seguir con el discurso de «no seremos parte subordinada de nadie». Si se es parte, se está por definición en subordinación al todo. Si lo que quiere es dejar de ser parte, algo a lo que tiene perfecto derecho en teoría aunque denote escasísima prudencia, debe proponerlo con claridad, de frente y por derecho, explicando las consecuencias de una tal decisión. El recurso a vías taimadas nunca ha sido una actitud propia del carácter vasco. Aprendamos de la experiencia canadiense posterior al famoso referéndum y establezcamos una ley de la claridad para todos: peticiones claras, preguntas claras, mayorías claras. Lo demás es no querer afrontar los límites que la contingencia nos impone, es intentar forzarlos subrepticiamente, causando un gran estropicio en el intento.

Sentido común hay que pedir también a quienes sentirán la tentación del numantinismo, de encerrarse en un rechazo total a cualquier cambio: la mayoría nacionalista que legítimamente compone nuestra sociedad reclama un cambio estatutario y nadie que se proclame liberal puede desoír esa petición ni cerrarse a un proceso de debate sobre su construcción.

Y también, 'last but not least', habrá que pedir a algunos, a los que tienen responsabilidad en el Gobierno de España, que abandonen otra tentación, la de la indefinición y las ideas bonitas. A muchos nos da la impresión de que Rodríguez Zapatero contempla la reforma de los estatutos como una especie de proceso de mano invisible, en el que bastaría con dejar a cada comunidad que solicite lo suyo para que finalmente se produjese un resultado armónico de conjunto. El interesado egoísmo de cada una llevaría por sí mismo a una situación común favorable a todas, como en el mercado de Adan Smith o en las fábulas de Bernard Mandeville. Muy cómodo y sin coste político significativo para el gobernante central. Pero resulta que, como el propio Smith nos recordó siempre (aunque se tiende a olvidar ésto) el proceso de mano invisible sólo funciona cuando hay un Estado fuerte que impone las asignaciones de derechos y propiedades, es decir, las reglas del juego. Y eso es lo que les ha tocado en este caso a los socialistas: definir las reglas y límites de la reorganización territorial, en lugar de evadirse de tan incómoda tarea con evanescentes aserciones como la de que el Parlamento español «aceptará lo que cada comunidad decida consensuadamente». Algo que constituye un auténtico dislate político y constitucional, se mire por donde se mire.

Sentido de los límites. Algo que, o se tiene, o la vida se encarga de enseñar. Aunque en este segundo caso lo hace a sopapos. Y los sopapos dados a los gobernantes los suelen recibir las mejillas de la sociedad entera.

Adiós, plan
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 18 Abril 2005

El resultado más notable de la jornada de ayer es el hundimiento electoral del Plan Ibarretxe. Las expectativas máximas de los nacionalistas de alcanzar la mayoría absoluta, no se han cumplido. La posibilidad de alcanzarla para el tripartito, tampoco. El objetivo de que la coalición PNV-EA sacara un escaño más que la suma del PSE y el PP, tampoco. Para igualar a escaños a socialistas y populares, Ibarretxe tendrá que sumar a su coalición los de Ezker Batua y Aralar.

El partido-guía y su fiel acompañante han perdido en esta legislatura 141.349 votos. Euskadi es también desde ayer un poco más ingobernable. El tripartito no puede gobernar ni extendiéndose a Aralar. Tampoco los constitucionalistas podrán formar gobierno en ningún caso, pero esto era perfectamente previsible desde antes de comenzar la campaña. Las dos fuerzas que han resultado mejor paradas en las urnas han sido el PCTV, que ha superado en 2,4 puntos los resultados de Batasuna en 2001 y los socialistas vascos, que han mejorado sus resultados anteriores en 4,7 puntos y han confirmado la regla según la cual el partido que gana las elecciones generales experimenta una fuerte subida en las siguientes autonómicas. Así pasó en febrero de 1984, en que los socialistas aumentaron 8.86 puntos sobre las de 1980; en 1998, en que el PP superó en 5,73 puntos sus resultados del 94.

Ibarretxe insistió en que pensaba llamar a Zapatero y a los dirigentes de los partidos vascos hoy a las ocho de la mañana, en medio de un clamor de «in-de-pen-den-tzia» de los suyos. No es probable que a esas horas se le vaya a poner nadie, como dijo explícitamente Arnaldo Otegi, pero aunque las posibilidades son muchas, tal como decía un justamente satisfecho Patxi López, las opciones para formar un gobierno con una mayoría parlamentaria sólida se reducen a dos: O Ibarretxe hace un frente con el Partido Comunista de las Tierras Exóticas o reproduce la vieja alianza de coalición con los socialistas. En cualquier caso, el cauce central va a tener que pactar con una de las dos orillas, por usar una de las extravagantes y muy repetidas metáforas del lehendakari. La sociedad vasca va a ser un clamor para que se olvide de su plan y negocie un acuerdo de gobierno con el PSE. No parece fácil, sin embargo, que la reedición del Gobierno PNV-PSE va a generar tensiones en la coalición PNV-EA y dentro del PNV. La posibilidad de un gobierno cuatripartito PNV-EA-EB-Aralar a cinco escaños de la mayoría sería una broma en cualquier parlamento serio. Pero nadie ha dicho que el nuestro lo sea.

La pájara de Ibarretxe
TONIA ETXARRI El Correo 18 Abril 2005

Al candidato nacionalista, al que tanto le gusta la actividad ciclista, ayer le entró una 'pájara' en su carrera desenfrenada hacia el soberanismo. Él quería preguntar a los votantes sobre su proyecto. Y la sociedad vasca le ha dicho lo que piensa. Su plan no ha convencido. Llevaba cuatro años apostando a su única carta de ruptura con España y los resultados dicen que ha fracasado. Que ya no convence a ese sector del electorado nacionalista que no ha querido embarcarse en la aventura de la independencia; que no podrá seguir adelante como si nada hubiera pasado porque ha perdido, nada menos, que cuatro escaños y casi 150.000 votos.

Los nacionalistas de la coalición PNV-EA, que ya avanzaban que si repetían el mismo número de escaños, lo considerarían una «amarga victoria», los resultados electorales le sitúan en el batacazo. Es cierto que el PNV-EA sigue siendo la fuerza más votada, pero queda de manifiesto la pérdida de liderazgo del que ha sido lehendakari durante ocho años. A partir de ahora, nos situamos en la famosa fecha del «18 a las 8», al que apelaba el candidato nacionalista, para empezar a mover piezas a la hora de formar un nuevo gobierno. Pero la gran novedad ha sido la irrupción de Batasuna que, sin haberse ido pese a la ilegalización, estará con más fuerza en el Parlamento a través de EHAK. A preguntas de los periodistas sobre su disposición a condenar a ETA, su representante decía que «el escenario político tiene que cambiar».

Con este panorama parlamentario y con el estreno de Aralar en la Cámara, que ha hecho una magnífica campaña tras un valiente proceso de ruptura con el terrorismo, seguramente Ibarretxe tendrá la tentación de fortalecer el pacto nacionalista, puesto que la pérdida del perfil abertzale en el hemiciclo de Vitoria era su mayor preocupación. Pero tendrá que admitir que las mayorías sirven para gobernar pero que, para cambiar el marco político, como él pretendía, se necesita un consenso mucho más amplio. Que tendrá que tomar nota de los resultados obtenidos por los constitucionalistas. El PSE ha conseguido desplazar al PP, gracias al tirón del 'efecto Zapatero', y el PP, gracias a María San Gil ha logrado frenar la caída que le auguraban los observadores del proceso. Difícilmente Patxi López podrá ser lehendakari de un gobierno alternativo, por sí solo, pero ahí está el dato de la noche electoral. Que entre el PP y PSE suman 33 escaños: cuatro más que el PNV-EA. La ciudadanía vasca, que ayer volvió a decidir, sigue recordando a Ibarretxe su pluralidad.

LA CORONA Y LOS NACIONALISMOS
Por Jorge TRIAS SAGNIER ABC  18 Abril 2005

DE puro obvio resulta pesado, incluso, recordarlo: las embestidas políticas de los nacionalismos, terroristas o no, sólo se detienen ante la unidad de los dos grandes partidos constitucionalistas. Pero cuando Partido Popular y Partido Socialista presentan objetivos políticos diferentes, la embestida nacionalista resulta tan potente que puede llegar a tumbarlos. Ante ese temor aparece esa actitud, tan humana pero tan cobarde, a la que José Antonio Zarzalejos, en su lúcido análisis «Contra la secesión vasca», denomina «desistimiento». Y así, mientras unos desisten por miedo o por cansancio, el nacionalismo, en su origen minúsculo y minoritario, se va introduciendo en todas las venas y arterias del Estado, infectando su sangre.

Es en el País Vasco, como ayer se pudo comprobar, donde esa infección letal se ha hecho más visible. Si la cara es el espejo del alma, sólo hay que mirar la cara avinagrada que tienen los dirigentes nacionalistas, sea su especie criminal o no, para darse cuenta de ello. El nacionalismo ha ido creciendo, implacablemente, a medida que se hacía más sólida su base funeraria: casi mil muertos cuidadosamente seleccionados hasta estas últimas elecciones. Consulta electoral que se ha celebrado, se mire por donde se quiera, una vez más, en un clima de terror y de desigualdad. Sólo la valentía de algunos hizo que continuásemos teniendo fe en la fuerza de la libertad. ¡Gracias, María San Gil! En Cataluña la vida política es más sutil, aunque no menos repugnante, ya que el desistimiento se practica, con diversa y ruin intensidad, por todos los partidos, incluida el ala advenediza del PP. En este panorama desolador está en juego, nada más, que España. Y ¿qué es hoy España? Pues España es nada menos que el marco y la idea que hoy posibilitan esos grandes valores de libertad, igualdad y solidaridad. Si España se balcanizase, nos aguardaría un futuro atroz.

La Corona debería jugar el papel arbitral que describe el artículo 56 de la Constitución. Es España lo que está en juego, es decir, la Corona misma. Y, desde luego, no serán los nacionalistas los que salgan en su defensa. Zarzalejos acaba de escribir: «El mal calculado entendimiento conciliatorio del Jefe del Estado, que procura y frecuenta una gestualidad excesivamente generosa con los dirigentes políticos más ríspidos y adversos a los valores que su figura representa, ha desatado en determinados sectores sociales un distanciamiento afectivo hacia su persona y hacia las potencialidades de la institución que encarna». Zapatero no se cansa de afirmar que su mejor consejero es el Rey. Sin salirse un milímetro de su papel constitucional, el Monarca quizás debería sugerir, con convencimiento, a las dos grandes formaciones políticas que se entiendan, con el fin de frenar la embestida nacionalista. Seamos todos conscientes de que el desistimiento conduce, inexorablemente, a la disolución de la nación española. Y sin España, como ya ocurre en el País Vasco, desaparecería la libertad. ¿Es eso, acaso, lo que queremos?

CAMBIA EL TEMPORAL Y SIGUE LA NIEBLA
Por Valentí PUIG ABC  18 Abril 2005

LA proporción entre lo estático y los elementos variables es un índice de toda continuidad electoral, con más carácter estático en el País Vasco de lo que generalmente se percibe en procesos electorales del conjunto de España. Incluso así, toda identidad -como decía Julio Caro Baroja- es dinámica. Desde luego, las apariencias no siempre acompañan. Los resultados de ayer vienen a probar que la sociedad vasca en su conjunto no sólo no ha sido más sensible a las facultades homeopáticas y salvíficas del plan Ibarretxe, sino que le ha retirado parte de la confianza, dando menos votos al PNV de los que le confiaba cuando no abogaba directamente por una confrontación con el Estado, saltándose el marco constitucional. Queda entre paréntesis el liderazgo del «lehendakari» ahora en funciones y se abre la caja de Pandora de su sustitución, tal vez al cabo de una lucha interna después del precario reparto de poder posterior a Arzalluz.

Es más: Ibarretxe parece no haber obtenido ningún rédito electoral de la ilegalización de HB y de su reemplazo a última hora por esa disformación política llamada Partido Comunista de las Tierras Vascas. Al final habrá que ver con qué fuerzas reales, con qué remanentes de energía cuenta el PNV de Ibarretxe si se propone continuar impulsando al pie de la letra su viejo plan, de repente estriado por las arrugas y con el cuño de más fechas de caducidad de las que ya tenía. En ese trance, un factor de alto riesgo serían las relaciones que vayan a dibujarse entre PNV y PCTV-EHAK, siempre con Arnaldo Otegui entre bambalinas, sino es que reaparece en el Parlamento autonómico vasco en calidad de consejero áulico de la dictadura del proletariado. A los diputados electos de PCTV-EHAK, ETA va a hacerles decir algo uno de estos días.

EL Partido Comunista de las Tierras Vascas sustituye en escaños a Herri Batasuna: aumenta ligeramente en escaños los resultados que en el año 2001 tuvo la HB que iba a ser ilegalizada por sus conexiones con la organización terrorista ETA. Es una áspera incógnita para mañana mismo cómo afrontará el Gobierno de Rodríguez Zapatero -por no haberlo afrontado pre-electoralmente- la más que previsible afloración de las conexiones tan numerosas como explícitas entre PCTV-EHAK, HB y ETA, con un desenlace no muy remoto que consista en su ilegalización por vía de la Ley de Partidos.

POR su parte, el PSOE asume para sí el avance que tuvo el PP en el año 2001, en virtud de esa bonificación especial que el electorado vasco viene dando históricamente a quien gobierna en España. Será difícil de calibrar lo que se venía llamando «efecto Zapatero» y, de hecho, los resultados del PSOE quedan muy lejos de la opción de liderar una nueva fase del sistema político vasco que hubiera pasado por la tercera vía y aprovechado algunas de las peculiaridades concebidas por Pasqual Maragall. Aun así, la reaproximación paulatina entre socialistas y PNV no es una entelequia, entre otras cosas porque el PNV puede requerir de algún sustento extra en el Parlamento de Vitoria y a Rodríguez Zapatero le puede apetecer ir disimulando en la Carrera de San Jerónimo el lastre cotidiano que significa ERC. Cambian las características del temporal, pero la niebla no se despeja. ETA estará de nuevo en el Parlamento autonómico vasco, desde los escaños del Partido Comunista de las Tierras Vascas, como reserva de una zoología política clasificable entre las especies más depredadoras, acechando como sea entre nieblas prehistóricas. vpuig@abc.es

UN PLAN ZAPATERO, YA
Por Manuel Ángel MARTÍN ABC  18 Abril 2005

HA llegado el momento de la verdad. Se acabó el festival de verborrea, la hegemonía del jarabe de pico, el exceso de «lip service». Sabido es que las campañas electorales disfrutan de una presunción de culpabilidad que, aceptada socialmente, hace tolerables las exageraciones, las bravatas, los brindis al sol, las promesas imposibles y las más flagrantes mentiras. Sólo conseguido el propósito de alcanzar la máxima cuota posible de poder -el poder es esa dilapidada capacidad de hacer cosas- llega el momento de enfrentarse al difícil intento de cambio de una realidad enquistada en sus intereses y en su historia, con la áspera tarea de cumplir unas promesas electorales que muchos nunca pensaron cumplir, y en ese empeño se desvelarán las agendas ocultas. Contados los votos y pesado el poder, es cuando las realidades se imponen. La más importante, quiénes serán los que van a gobernar en Euskadi durante los próximos cuatro años, porque de ello depende el asunto clave puesto en juego en estas elecciones: la forma de relación entre Euskadi y el Estado español. Los aspectos sociales y económicos de los programas políticos han quedado en un lejano segundo plano. Irrelevantes y ocultos por la trascendencia de esta vital cuestión, la única con el triste mérito de venir de lejos vestida de intransigencia y teñida de sangre. La única que afecta de forma decisiva a todos los españoles, a todas las Comunidades Autónomas, a la calidad de nuestra democracia y a la supervivencia del Estado de Derecho. Tan es así, que pudiera pensarse que estas elecciones han sido más bien un plebiscito sobre un asunto imposible de camuflar bajo la hojarasca de un conjunto de propuestas socioeconómicas accesorias.

Con los datos disponibles en el momento en que escribo, parece predecible que el reparto de escaños se aproxime al obtenido en las elecciones del 2001, y coincida la mayoría de las estimaciones realizadas hace tiempo por diferentes instituciones. La coalición PNV-EA pierde 4 escaños y tampoco conseguirá la repetición del tripartito con los 3 escaños obtenidos por IU-EB. El PNV baja, y puede hablarse de una falta de tirón «plebiscitario», un significativo fracaso del plan Ibarretxe, aunque no hay que olvidar que con quienes lo aprobaron en la Cámara vasca (incluyendo a los que ahora se denominan PCTV-EHAK) podrían tener mayoría absoluta en el nuevo parlamento. El mapa entre constitucionalistas/autonomistas y soberanistas/independentistas se repartirá en porcentajes aproximados 45/55 en relación a los votos, distribución que viene siendo habitual en las últimas consultas y que refleja la imagen congelada de un Euskadi demediado. El PSOE aumenta sus escaños en cerca de cinco, y el PP pierde 4, en ese trasvase que se produce con cierta facilidad entre los partidos constitucionalistas, habitualmente a favor del partido que gobierne en Madrid. Esto no quita mérito a Patxi López ni al PSE, que consigue 18, pero está por ver si ese crecimiento se puede poner en valor político y parlamentario. Tampoco es una sorpresa que habiendo mirado hacia otro lado en relación con la ilegalidad de la «lista blanca» del Partido Comunista de las Tierras Vascas, ésta haya recogido los votos de Batasuna, EH, SA, AG o como se venga a disfrazar la representación política de los violentos que volverá a tener su lugar en el Parlamento de Vitoria con 9 escaños. Una desgracia, un error político y jurídico. Todo hace pensar que muchos indecisos y algunos votantes del PNV se han quedado en casa. Estamos casi donde estábamos, lo cual puede ser una buena noticia, estropeada por la presencia política de ETA. Zapatero tiene la posibilidad de utilizar avales jurídicos y políticos para negociar y convencer de que los procesos que puedan modificar la Constitución deben ajustarse a la misma, y que eso no es negociable, y deberá seguir combatiendo con firmeza al terrorismo. Ni plan López, ni plan Ibarretxe. Es el momento de un plan Zapatero, conocido y posible, cuyo fin no sea tan sólo ganar tiempo.

Coacciones a pie de urna
Decenas de votantes hacen cola en un colegio de una capital vasca para ejercer su derecho al voto
Carmen GURRUCHAGA La Razón 18 Abril 2005

La mañana se presentó lluviosa y triste, por lo que los colegios electorales no se animaron hasta pasado el mediodía. En un día soleado, los ciudadanos que tienen intención de votar acuden cuanto antes para después poder hacer lo que les venga en gana. Otra posibilidad es dejarlo para el final de la jornada, al volver del día de ocio. Ayer, en San Sebastián, la climatología no invitaba a salir por lo que los donostiarras no mostraron prisa para ejercer su derecho democrático. A primera hora, alrededor de las 09:00, se acercaron a votar curas y monjas de distintas congregaciones a los que podía verse por todas las calles de la ciudad, lo que imprimía una imagen inusual a la capital guipuzcoana.

Tampoco era habitual, hasta ayer, ver por todas partes el color rojo del PCTV, EHAK en euskera, que es como lo escriben los comunistas de las Tierras Vascas. No había colegio electoral en el que no estuviera, por lo menos, un interventor de esta formación política en cada una de las mesas. Además, para que éstos no se sintieran solos, a las puertas de los centros de votación había numerosos jóvenes ataviados con camisetas en las que se podía ver el anagrama de ese partido. Todo un despliegue para una formación que ha estado inactiva desde su fundación, tres años atrás, hasta que hace quince días la prohijó Batasuna. Pero si resultaba novedoso el color rojo con el que estaba empapelada la ciudad no lo era, en cambio, la habitual actitud prepotente de la que una vez más hicieron gala a lo largo de todo el día. Era obvio que se sentían crecidos porque, de nuevo, habían podido burlar el Estado de Derecho.

No cabe la menor duda de que los comunistas abertzales consiguieron ser los protagonistas de la jornada.
Como es normal en ese mundo, incordiaron, coaccionaron e intimidaron a los candidatos «populares» que acudían a votar. María San Gil, por ejemplo, se vio rodeada de simpatizantes de ese partido que portaban pancartas coloradas y la miraban con cara de pocos amigos. Es poco comprensible que muchos políticos hayan protestado ante la inaceptable agresión sufrida por Santiago Carrillo y callen ante la también inaceptable situación vivida ayer por algunos constitucionalistas vascos.
Guste o no, en la comunidad autónoma vasca no hay libertad para votar y deberían denunciarlo quienes sí disfrutan de ella: los nacionalistas. Todos los colegios de Donostia contaban con una vigilancia superior a la normal para evitar situaciones violentas y muchos de los donostiarras, no sólo los candidatos constitucionalistas, depositaron el sobre en la urna acompañados de sus escoltas. Sería bueno que alguien observara desde la distancia esta situación tan kafkiana en la que un ciudadano debe ir protegido por unas pistolas para ejercer un derecho democrático. Es seguro que este observador llegaría a una conclusión clarísima: en el País Vasco no todos tienen las mismas oportunidades.

Recortes de Prensa   Página Inicial