AGLI

Recortes de Prensa     Martes 19 Abril 2005
La voluntaria ceguera constitucionalista
EDITORIAL Libertad Digital 19 Abril 2005

LA MAYORÍA FALIBLE
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 19 Abril 2005

EL FRACASO SEÑALA A IBARRETXE
Editorial ABC 19 Abril 2005

Estimado Sr. D. Arcadi Espada:
Asociación por la Tolerancia  19 Abril 2005

CONFERENCIA EN BILBAO
Minuto Digital 19 Abril 2005

LA POLÍTICA DEL MAL MENOR
BENIGNO PENDÁS ABC  19 Abril 2005

Euskadi: juego de máscaras
Antonio Elorza El País 19 Abril 2005

EL PRINCIPIO DEL FIN
M. MARTÍN FERRAND ABC 19 Abril 2005

Ganó ETA
Cayetana Álvarez de Toledo El Mundo 19 Abril 2005

¿De qué se ríen
José García Domínguez Libertad Digital 19 Abril 2005

Recapitulemos
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 19 Abril 2005

IBARRETXE GOBERNARÁ EN MINORÍA
LUIS IGNACIO PARADA ABC 19 Abril 2005

Los nombres de España
Fray Josepho Libertad Digital 19 Abril 2005

Golpe de gracia a la ley de partidos
Carmen Gurruchaga La Razón 19 Abril 2005

Dos bodas y un funeral
E. L. P. / J. M. Z. La Razón 19 Abril 2005

 

La voluntaria ceguera constitucionalista
EDITORIAL Libertad Digital 19 Abril 2005

Hay dos formas de enfrentarse a una realidad que nos desagrada: una, reconocerla como tal, con la esperanza de que ese desagrado provoque una reacción que nos ayude a seguir intentando cambiarla; otra forma, muy distinta, tratar de edulcorarla, de fingir incluso que nos gusta y que nos facilita la consecución de unos objetivos que en realidad, nunca fueron los nuestros. En la primera, esa situación indeseable sigue teniendo en nosotros un adversario; en la segunda, lo que pasa a tener es un cómplice o un aliado.

Resulta sorprendente la reacción de no pocos medios de comunicación negándose a ver el avance experimentado por el nacionalismo tras las elecciones celebradas este domingo. Titulares como “Fuerte retroceso del PNV acaba con el plan Ibarretxe”, "El plan Ibarreche castiga al PNV" o “Ibarretxe pierde cuatro escaños y su plan soberanista queda condenado al fracaso", pasan, todos ellos, por soslayar el hecho de que, si algún cambio se ha producido en la cámara vasca, es que esta se ha radicalizado todavía más del lado nacionalista que ha alcanzado casi el 60 por ciento de los votos.

No vamos a dar loa democrática a unos resultados que se apoyan en el exilio de doscientos mil vascos, en el asesinato de un millar de españoles, en votaciones ilegales con DNI fraudulentos, en la burla de la Ley de Partidos o en campañas electorales que requieren de escoltas hasta el mismo momento de ir a votar.

Pero los resultados son los que son. Y el hecho de que PP y PSOE ahora sumen un escaño más de los que ambas formaciones sumaban en 2001 -a pesar de representar ahora menos porcentaje de voto- no es más que un efecto de la ley D´hondt y un necio consuelo para no ver que los escaños perdidos por el PNV no han servido más que para fortalecer otra formación independentista como Aralar y para que los proetarras pasen de tener siete a nueve representantes. Eso, por no hablar de la devaluación cualitativa que, respecto a la defensa de los valores estatutarios y constitucionales, tienen ahora la representación de los socialistas vascos.

El tripartido puede, con el concurso de Aralar, seguir gobernando en minoría exactamente como hasta ahora. Deberíamos, pues, dejar al margen las cábalas sobre la formación del nuevo gobierno vasco, para concentrarnos en si el PSE va a unirse o no a los planes nacionalistas para acabar con el Estatuto de Guernica y con la continuidad de la nación española como base y fundamento de su Constitución. Son planes nacionalistas que cuentan con el respaldo estratégico de la organización terrorista ETA. Si los medios de comunicación proclaman que el Plan “Ibarretxe ha muerto”, lo que en realidad están haciendo es tratar de edulcorar el hecho de que sean los socialistas y no los nacionalistas los que van a ceder. De hecho, es el PSOE con Zapatero el que ha empezado a hacerlo desde mucho antes de estas elecciones.

LA MAYORÍA FALIBLE
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 19 Abril 2005

QUIEN no se consuela es porque no quiere, y siempre podría haber sido peor. Pero, se mire por donde se mire, los resultados electorales del domingo son un puro desastre, sólo atenuado por un matizado consuelo. Casi siempre todo podría ser peor. Sólo en muy terribles ocasiones las cosas sólo pueden mejorar. Lo único bueno de los desastres es que de ellos, salvo los necios o los malvados, acaso dos formas del mismo mal, siempre se aprende. Unas elecciones supervisadas por el terror no son unas elecciones libres. La democracia no consiste sólo en introducir papeletas en ranuras. Si quienes gobiernan en la región o militan en el partido gobernante circulan libres y en coche oficial (como, por otra parte, corresponde) y la oposición necesita escolta y mirar los fondos de sus coches, es que no hay libertad ni, por tanto, democracia. Si los ciudadanos, sobre todo en las zonas rurales, votan bajo las miradas circunspectas de los terroristas, no votan libremente. Baste, como argumento final, la imagen del voto de la admirable María San Gil. Y a eso llaman democracia.

Años de esfuerzo del PP y del PSOE llevaron a la Ley de Partidos y a la expulsión de ETA de la confrontación electoral. Zapatero ha facilitado que los escaños batasunos pasen a ser nueve: de siete a cero, y de cero a nueve. No está mal. Y encima pueden decidir. El terror ocupa escaños. Y a eso llaman democracia. Dicen que el PNV tiene ahora que elegir entre los filoterroristas o el PSE: el mal enorme o el mal menor. Triste es también, aunque meritorio, el resultado del PP: el heroísmo cívico y la claridad política de San Gil merecían mucho más. Es decir, un desastre, a menos que se trate de tocar fondo y de que las cosas ya sólo puedan mejorar. ¿No parece que el Gobierno de Zapatero paga un precio excesivo, aparte de las objeciones morales, por una pérdida de apoyo electoral del PNV? Y éste es ciertamente el consuelo: el descenso de Ibarretxe y su «plan». Mucho más relevante, si nos fijamos más que en los escaños perdidos (cuatro), en el número de votos (algo más de ciento cuarenta mil, casi uno de cada cuatro). Algo bueno tenía que haber entre tanto desastre. Por lo demás, no conviene olvidar que el futuro del País Vasco, como con tanta grandilocuencia se dice a veces, no se juega en unas elecciones regionales. Se juega, se ha jugado al menos hasta ahora, a través de la Constitución y del Estatuto. Lo que el domingo se dirime es sólo el ejercicio de las competencias que ambos confieren a las instituciones autonómicas. Nada menos, pero nada más. Y quien quiera cambiar estas dos reglas fundamentales deberá acomodarse a lo que ellas establecen. En unas elecciones municipales no se discute la forma de Estado. Ni en unas autonómicas, la unidad nacional, ni la vigencia de la Constitución. Así que a gestionar y a evitar la política-ficción.

Y, por cierto, los pueblos y sus mayorías pueden equivocarse y, no raramente, lo hacen. Lo que sucede es que están en su derecho de hacerlo. Mas no sacralicemos las urnas. De ellas no sale verdad alguna, sino sólo un acto de voluntad, falible como todos los humanos. Sería absurdo que pudieran equivocarse en sus decisiones los espíritus más nobles y sabios y no pudieran hacerlo las mayorías. Hay votos que rebosan ignorancia, miedo, odio o maldad. El paso por los colegios electorales no vuelve a los hombres justos y benéficos. No consiste en eso la virtud y el valor de la democracia. Ella cuenta opiniones, mas no las valora ni dictamina sobre su bondad o corrección. No obstante, no faltan quienes creen en la democracia como otros en la Virgen de su pueblo, con la fe que se tributa legítimamente sólo a lo sagrado. «Vox populi, vox Dei». No es extraño que quienes atribuyen a la mayoría la omnipotencia le confieran también la infalibilidad.

EL FRACASO SEÑALA A IBARRETXE
Editorial ABC 19 Abril 2005

EL resultado de las elecciones vascas confirma el fracaso de Ibarretxe, principal evidencia, entre otras no precisamente menores, del nuevo escenario surgido de las urnas. La primera reacción del lendakari, empeñado en la reedición del tripartito -gobernar en minoría con apoyos puntuales-, es la expresión más clara de impotencia de quien estaba acostumbrado a cuadrar los números y se encuentra, de la noche a la mañana, con que no le salen las cuentas. La principal pregunta que se está haciendo a esta hora el nacionalismo vasco es qué hacer con el resultado tan complejo y heterogéneo que han producido las elecciones del 17-A. A la situación que refleja el panel electoral no se ha llegado por generación espontánea, sino por algunas decisiones tácticas de las que deben responder sus autores. Ibarretxe, por lo pronto, se ha topado con una pluralidad más resistente que sus ansias hegemónicas y que es irreductible al unilateralismo que caracterizó su plan soberanista. El fracaso del lendakari reside en haber ignorado los movimientos que se estaban produciendo a un lado y a otro del PNV y que, por exceso o por defecto, estaban tomando direcciones divergentes. Quizás así se entienda con más claridad que la mejor síntesis que han hecho los vascos de sí mismos es el Estatuto de Guernica, en lo que supuso de plataforma de consenso. Ahora bien, como la finalidad de todo proceso electoral es permitir la formación de un gobierno estable, aquéllos que se consideren vencedores deberán asumir de forma inmediata la gestión de las consecuencias producidas por sus tácticas. En este sentido, al margen de otras consideraciones de fondo, que habrá que formular a medida que avancen los acontecimientos, el PNV y el PSE comparten, cada uno en su cuota, la responsabilidad de haber dado motivos a la izquierda abertzale de creer que lo peor para ella ha pasado. A este resultado han contribuido los nacionalistas, por haber consolidado durante cuatro años un frente abertzale en torno al plan Ibarretxe, en el que ETA jugaba el triste papel de acicate del «conflicto». Por su parte, los socialistas pusieron su objetivo en desgastar a Ibarretxe a costa de ahuecar un espacio parlamentario para ETA, otra de las evidencias de los comicios. A unos y a otros se les ha ido la mano al alimentar a la izquierda proetarra, que se ha negado a ser tratada como un bonsái, ese árbol que es objeto de esmerados cuidados para que no crezca más de lo necesario.

EL PSOE ha dejado claro que corresponde al lendakari y al PNV iniciar los movimientos necesarios para la formación del nuevo gobierno autonómico. Es obvio que quien debe mover ficha es Ibarretxe, lo que no significa que el PSOE, mientras el lendakari trata de resolver el dilema interno que plantea su varapalo electoral, no marque sus propios ritmos en función de esa estrategia que, según Rodríguez Zapatero, debería conducir al esperado cambio en el País Vasco.

El fracaso de Ibarretxe, aislado del resto de resultados electorales, es la confirmación de que el PNV es un partido que rentabiliza mejor la ambigüedad a todas las bandas, que el frentismo abertzale, pues desde 1998 la relación del PNV con ETA y Batasuna ha sido un puro conflicto por el poder interno en ese frente. Lo cierto es que el PNV ha certificado su incapacidad para liderar proyectos políticos estables, sea con acuerdos transversales con el socialismo, sea con acuerdos frentistas con la izquierda abertzale. Ha impedido un desarrollo estatutario cualitativo, es decir, con lealtad al espíritu del autogobierno, a la foralidad y la incardinación constitucional del País Vasco. Pero ha sido igualmente estéril cuando ha optado por la vía secesionista, cuyo paso por las urnas ha devuelto al PNV a posiciones parlamentarias similares a las de 1998.

A pesar de su sectarismo, de su naturaleza gregaria, el PNV tendrá que habilitar un sentido político especial que le permita detectar su fracaso como director de la sociedad vasca. El problema no es tanto de una pugna entre moderados y fundamentalistas. Josu Jon Imaz llegó a la presidencia del PNV sucediendo a Arzalluz y entre apologías de su talante moderado. Con él de presidente del Euskadi Buru Batzar (EBB), el PNV ha elevado al máximo su tensión con el Estado y ha perdido la apuesta política más arriesgada de su historia. Con él como presidente del EBB, se están produciendo las bajas de los escasos moderados que aún quedaban en el PNV. Otra cosa es que los ritmos y las formas con los que el PNV purgará internamente sus errores no sean los de un partido político normal, e incluso que no reflejen en un primer momento una voluntad de cambio. La expectativa de tener que pactar con PSE o con el Partido Comunista de las Tierras Vascas resulta muy incómoda para un partido que había diseñado su estrategia con la premisa de una mayoría absoluta del actual tripartito -o como mal menor, según señaló en la noche electoral un apurado Arzalluz, disponer de un escaño más que el frente constitucionalista-, lo que indudablemente generará tensiones en un partido en el que las distintas sensibilidades suelen entrar en fácil colisión cuando pintan bastos. El fracaso señala a Ibarretxe.

Estimado Sr. D. Arcadi Espada:
Asociación por la Tolerancia  19 Abril 2005

Barcelona, 15 de abril de 2005
Cada año, desde 1995, la Asociación por la Tolerancia convoca un jurado mixto, compuesto por asociados y por personas relevantes del mundo de la cultura, para otorgar un Premio a la Tolerancia. Tenemos el placer de comunicarle que en esta undécima edición, el jurado le ha elegido a Vd. por su contribución a un periodismo de calidad, independiente y responsable que difunde los valores democráticos, que sitúa al ciudadano por delante del grupo, que denuncia la omertá informativa en torno a los temas identitarios; por el coraje cívico que demuestra al plantarle cara a los esencialismos y fundamentalismos de todo tipo y por poner al descubierto el "cartón-piedra" del oasis catalán.

Composición del Jurado:
Félix de Azúa (Escritor y periodista. Profesor de Estética. Premio a la Tolerancia 2001)
Francesc de Carreras (Cat. Dcho. Constitucional y ensayista. Premio a la Tolerancia 1998)
Mª Antonia Doménech (Politóloga. Junta de la AT)
José Domingo (Letrado de la Seguridad Social. Vicepresidente de la AT))
Carlos Elías (Profesor. Delegado sindical CCOO)
Elvira Fuentes (Administrativa. Junta de la AT)
Pedro Gómez (Editor)
Marisol Laraudogoitia (Profesora mercantil. Junta de la AT)
Olegario Ortega (Comercial de Kodak. Miembro de la Directiva de Ágora Socialista)
Dolors Payàs (Directora de cine)
Antonio Robles (Profesor de Filosofía)
Marita Rodríguez (Profesora de Física y Química. Presidenta de la AT)
Antonio Roig (Profesor de Filosofía)
Iván Tubau (Cat. Periodismo Cultural y escritor. Premio a la Tolerancia 1995)

Ha contribuido también a consolidar el fallo del jurado
Agustín Ibarrola, Premio a la Tolerancia 2000

Reciba nuestra más cordial enhorabuena y nuestros más cariñosos saludos,
Marita Rodríguez, Presidenta.

CONFERENCIA EN BILBAO
Minuto Digital 19 Abril 2005

Bilbao fue escenario de la tercera conferencia del ciclo que Minuto Digital inició hace tres meses y que recorrerá numerosas provincias españolas. Un lluvioso Bilbao fue testigo de la reunión que se prolongó durante dos horas en el céntrico hotel bilbaíno Villa de Bilbao.

La conferencia fue presentada por la presidenta del Club Minuto Digital, Yolanda C. Morín, que expresó "el orgullo para Minuto Digital de contar con Gotzone Mora para esta conferencia que además realizamos en Bilbao."

La presidenta del Club MD destacó que "Gotzone se ha convertido en una figura especial para los constitucionalistas. Amenazada, perseguida, denostada en su propio partido, no ha dejado de defender la libertad en tierras vascas."

La conferencia organizada por el Club Minuto Digital en Bilbao, nos demostró que es posible defender las libertades y la unidad de España sin complejos, sin grandes medios y pese al silencio de otros poderosos medios de comunicación en teoría afines. Bajo la bandera de España, símbolo de la convivencia nacional, Gotzone Mora reunió a un importantísimo número de personas, numerosos concejales del PP y PSOE y miembros de todas las plataformas ciudadanas como Foro Ermua y Plataforma por la Libertad.

Gotzone Mora inició su intervención haciendo un repaso a la situación que se vive en la universidad. Mientras explicaba el día a día universitario docenas de fotografías ilustraban su intervención, pruebas reales de la presión a la que se ven sometidos los constitucionalistas.

Goztone Mora llamó al voto «responsable» para evitar que el nacionalismo vuelva a gobernar durante los próximos cuatro años. Durante la conferencia evitó en todo momento nombrar las siglas de ninguna fuerza política y en clara referencia al PSE, lamentó la «falta de claridad que todos esperábamos en el discurso de algún partido constitucionalista». Por ello, instó a aquellos ciudadanos que tengan algún tipo de duda a que voten al partido «que nunca pactará con el nacionalismo y les vaya a otorgar la seguridad necesaria».

«Yo me coloco por encima de las siglas y soy constitucionalista», dijo Gotzone Mora. Así, tras criticar los mensajes «dubitativos» de algunas formaciones, pidió a sus dirigentes que sean «más claros y expliquen qué van a hacer con su voto tras las elecciones», en referencia a un posible pacto PNV-PSE.

«El voto es nuestro pequeño espacio de libertad, por eso es el momento de formar un Gobierno que nos haga sentir ciudadanos libres».

Durante un animado turno de preguntas, se sucedieron las muestras de cariño y respeto para la política socialista que no dudó en afirmar, a raíz de una pregunta de un miembro de la Plataforma por la Libertad que "tras las elecciones habrá que hacer algo. No se si en forma de plataforma ciudadana u otra cosa, pero habrá que seguir luchando por la libertad"

Curiosamente, mientras tenía lugar la conferencia, a escasos metros, en un pabellón de la antigua Feria de Muestras de Bilbao, el presidente Rodríguez, ante cientos de seguidores, decía justo lo contrario que los vascos miembros de su partido en el Hotel Villa de Bilbao y abría las puertas a un gobierno con los nacionalistas.

LA POLÍTICA DEL MAL MENOR
POR BENIGNO PENDÁS. Profesor de Historia de las Ideas Políticas ABC  19 Abril 2005

LA democracia española tiene una deuda pendiente con el sentido común. No hay razón objetiva para que nuestra aventura colectiva termine mal. Pero el momento exige, sin demora posible, el triunfo de la política sobre el partidismo. Hacen falta estadistas, y no epígonos superficiales de Maquiavelo. Intelectuales rigurosos, ajenos al interés particular.Ciudadanos sensatos, preparados para la madurez democrática. La deslealtad daña sin remedio la convivencia. Diluidos en buena medida los vínculos afectivos, será difícil reconstruir un proyecto razonable. No sé quién tiene la culpa en términos históricos o antropológicos, pero, a día de hoy, tengo muy claro que la España constitucional ha sido abierta y generosa. Nos han engañado: tal vez por ingenuos, por indolentes, a veces porque nos hemos dejado. Vistas las circunstancias, sólo queda la opción de la firmeza en los principios y la habilidad en las estrategias. El objetivo se llama mal menor: evitar que una situación fuera de control se traduzca en consecuencias política y jurídicamente irreversibles. El escenario, escribía ayer José Antonio Zarzalejos, es «aún más difícil». ¿Qué hacer?

Hemos perdido todas las batallas semánticas una tras otra. Aceptamos la situación de anomalía con la mayor naturalidad: miedo, exilio, escoltas, sentencias que no se cumplen y terroristas que controlan el juego institucional. Una legión de analistas hace cábalas sobre la actitud que van a adoptar unos tipos indeseables que se identifican sin pudor con el terrorismo. Da lo mismo: ya están ahí y todo hace sospechar que van a desempeñar un papel decisivo. En plena huida hacia adelante, Ibarretxe jugará sin pudor la baza de «nosotros» contra «ellos». He aquí el análisis previsible del gran perdedor del domingo. Religión política, tal vez; votantes de perfil moderado, es probable; clientela asfixiante, eso es lo único seguro. El PNV, concluye, necesita seguir al mando del monopolio político: al margen de mesianismos, comunidades imaginarias y ancestros heroicos, E. Kedouri resume sin rodeos la finalidad última del nacionalismo: ¡que no nos gobiernen los de fuera...! El pacto del lendakari con la marca actual de Batasuna sólo lo puede impedir el entramado social y territorial del partido que se identifica con la identidad colectiva. O sea, Imaz, dirían los entendidos. Estamos ante un desafío interesante para los politólogos: ¿es ya el PNV un partido como los demás o sigue siendo diferente? Ibarretxe representa lo peor del nuevo rumbo: soberanismo intransigente y ruptura de la tradición posibilista. Pretende destinar a los guardianes de las esencias al lugar donde se rumia la nostalgia por los buenos días perdidos. ¿Le van a dejar pactar con los amigos del terrorismo después del fracaso en las urnas? Visto desde fuera, el PNV no debería perder esta oportunidad para cambiar una imagen que ya no sirve y enterrar una aventura soberanista que muere por anemia electoral.

Al monopolio oligárquico del poder se le llama ahora «centralidad». La reclaman los nacionalismos mayoritarios, expulsando -dicen- a los extremos al españolismo y a los radicales a quienes reprochan más la estética que la ética. También Zapatero y sus estrategas quieren para sí esa centralidad, en busca de una hegemonía indefinida. La operación exige sacar de quicio al centro-derecha y dejarlo arrinconado en defensa de lo que sea, se llame Constitución, Estatuto de Guernica, la verdad del 11-M o el respeto a los valores genuinos de la Transición. Si hace falta jugar con fuego, no importa. Para bien de todos, incluido su propio partido, el perfil político y personal de Mariano Rajoy hace imposible que los populares caigan en una provocación tan poco sutil. Sería absurdo poner en peligro un proyecto avalado por casi diez millones de votos, que necesita una razonable extensión hacia el centro, secreto a voces del éxito electoral en el 2000. El estilo de María San Gil, capaz de conseguir un resultado muy digno en un contexto imposible, puede dar muchas alegrías a medio plazo si se practica en ámbitos más sosegados. En todo caso, conviene ser conscientes de que la sociedad española es como es. Ha pasado de premoderna a posmoderna, y considera que la indignación moral ya no está de moda. A muchos nos deprime, pero es imprescindible conocer el terreno que se pisa. En política, un error de diagnóstico se paga con un fracaso irreversible.

Ha llegado la hora de la verdad para Rodríguez Zapatero. Él y los suyos han configurado el escenario (incluyendo una quiebra grave del Estado de Derecho) y el resultado en las urnas se acerca a las expectativas, aunque no colma sus ambiciones imperiales. No vale ya la retórica del doctor Pangloss, que recordaba hace poco Antonio Elorza. Está en juego el futuro de España. El dilema se plantea entre oportunismo y patriotismo. Hay, claro está, un interés particular de los partidos concebidos como máquinas de poder. Hay, en cambio, un interés general que exige lealtad al Estado y a la nación que sustenta nuestro modelo constitucional. Los antecedentes invitan al pesimismo. Pero la teoría del mal menor puede venir en ayuda de una causa justa. No es verdad, ante todo, que Zapatero sea prisionero involuntario de Esquerra Republicana. La oferta de Rajoy, despreciada por los socialistas, implicaba una garantía genuina en favor del sentido común: gobierna el partido nacional que gana las elecciones, sin necesidad de comprar votos complementarios en el mercado nacionalista. Una convención en este sentido, con cláusula de reciprocidad, sería una reforma verdadera de la Constitución material, mucho más importante que los retoques mínimos que se pretenden. En rigor, Zapatero es prisionero de Maragall. No es fácil, pero tampoco imposible, aplicar por analogía el expediente catalán en la nueva realidad del País Vasco. Sería objetivamente un poco mejor que el Plan Ibarretxe. Pero la peregrina teoría de las comunidades nacionales y las pretensiones competenciales excesivas dañan también en lo más profundo la fortaleza del Estado y de la Constitución. Zapatero debe revisar a fondo la política territorial porque el proceso se le escapa de las manos, aunque vaya salvando obstáculos coyunturales. Si toma el camino equivocado, tiene que asumir -como presumible lector del Quijote- que «cada cual es hijo de sus obras». Debería considerar (aunque sólo sea por egoísmo personal y no por sentido de Estado) una hipótesis a medio plazo, con el tripartito reclamando el pago de una factura imposible, mientras la antigua Batasuna gobierna desde la sombra. ¿Podría ser también el momento de una extrema derecha alimentada de forma artificial? Demasiados problemas para un indeciso aprendiz de brujo.

No se trata sólo de determinar quién gobierna en el País Vasco; sino -sobre todo- de para qué y para quiénes gobierna. Es imprescindible salvar la sustancia del Pacto por las libertades y contra el terrorismo, única iniciativa que ha permitido reforzar moralmente a los defensores de la dignidad democrática: se lo debemos a las víctimas y a los héroes de cada día en el territorio menos libre de Europa. ¿Acaso el resultado del domingo no exige que se explore una acción política conjunta? ¿Es inevitable que Izquierda Unida, socio parlamentario del PSOE, abdique de su condición de partido nacional? Si negocia abstenciones o apoyos puntuales a un gobierno del PNV, ¿no debe acaso el PSE plantear como requisito inexcusable la sustitución del fracasado Ibarretxe? ¿Significan algo, más allá de la burocracia, las palabras del fiscal general del Estado sobre la investigación en curso? El pueblo, dueño del poder en democracia, sabe ser muy exigente. Mucho más allí donde, como decía J. Milton acerca del paraíso perdido, «la tierra siente la herida». Tal vez las esperanzas son escasas, pero muchos -todavía, por fortuna, la gran mayoría- seguimos apostando fuerte en favor del futuro de la España constitucional.

Euskadi: juego de máscaras
Por Antonio Elorza Catedrático de Pensamiento Político de la Universidad Complutense de Madrid El País 19 Abril 2005

Y por una vez ETA sirvió a España. De entrada, su participación vía EHAK evitó el desenlace que mayor peligro encerraba para el orden constitucional, y que no era otro que una mayoría absoluta del tripartito PNV-EA-EB.

Ahora sabemos que el retroceso del frente del plan se hubiera registrado de todos modos, pero resulta difícil adivinar qué resultados se hubiesen producido sin el protagonismo adquirido en la campaña por el tema de las mil caras de Batasuna, con los del tripartito en posición de fiscales contra la ilegalización.

A Ibarretxe le resultaba casi indiferente que la cota de los 38 escaños en el Parlamento vasco fuera alcanzada por el tándem PNV-EA o con el complemento del grupo de Madrazo.

La primera solución era sin duda la más cómoda, pero la segunda ofrecía la compensación en el terreno de la imagen, al mostrar a los ojos de todos que una fuerza no nacionalista y supuestamente progresiva apoyaba la reivindicación abertzale.

Además los socios del Gobierno salvaban la cara ante los partidarios del nacionalismo radical, poniendo el grito en el cielo contra unas medidas de ilegalización que les permitían captar una parte del electorado de Batasuna.

Semejante escenario idílico pasó a mejor vida con la entrada en la contienda del EHAK. La jugada de la presencia legal de la candidatura de los que llamaríamos comunistas euskalerríacos, o mejor abertzales pseudocomunistas, ha sido tan redonda como para suscitar razonables sospechas, sobre todo a la vista de lo sucedido desde que EHAK pasa a primer plano por la descalificación de Aukera Guztiak.

Hasta ese momento, podía admitirse que el extraño partido se presentaba con la pata blanca, como el lobo del cuento, y por consiguiente no había razones para proclamar su ilegalización. Asimismo cabe admitir que por cuestión de plazos existió una total imposibilidad para proceder a una prohibición preventiva.

Otra cosa es la ausencia de toda reacción oficial ante los indicios que de inmediato mostraban su vinculación al mundo de ETA. Nada prueba como eximente el hecho de que el supuesto partido se constituyera antes de la ilegalización de Batasuna, dado que en esos momentos ese hecho era perfectamente previsible, y por lo mismo tenía pleno sentido crear los mecanismos y las máscaras destinados a burlar el interdicto.

Y desde su ingreso en la campaña, ahí estaban el llamamiento reiterado de Batasuna a votar EHAK, o las declaraciones de Otegi a Gara agradeciendo que los pseudocomunistas renunciasen a su programa para asumir el orientado hacia la paz, es decir, el de Batasuna.

Al igual que sus hermanos de sangre, las portavoces de EHAK rehusaron condenar el terror, y si bien omitieron gritos y símbolos proetarras, a modo de seña de identificación exhibían en sus mítines el conocido mapa con el llamamiento al traslado de los presos a territorio vasco.

Por si alguien era ciego hasta entonces, la imagen de Otegi mostrando la papeleta de EHAK en el colegio electoral disipó cualquier duda. Bajo nombre supuesto, Batasuna/ETA participaba y triunfaba en las elecciones autonómicas del 17 de abril.

La sospecha es, pues, lícita, si bien de momento faltan otras pruebas. En nada la disipan desde el órgano de la izquierda abertzale cuando sus editorialistas contraponen "la locura represiva" de Aznar y el "hilo de esperanza" que de cara a una solución positiva del problema vasco representa Zapatero.

Alguien puede pensar que en virtud de un acuerdo implícito el Gobierno hubiera mantenido fuera de juego al sucesor aparente de Batasuna, salvando así la cara del respeto a la Ley de Partidos, para luego autorizar su participación a través de este estrafalario testaferro político.

Fue lo que hizo Mitterrand en la Francia de los años ochenta, al admitir en el juego político a Le Pen mediante una reforma del sistema de representación con el objeto de dividir al electorado de derecha. Batasuna se beneficiaría de la jugada, que tiene por antecedente al servicio del PNV la de Madrazo, contra el que se vengarían con el rótulo de "comunistas".

Así como el político cántabro toma el disfraz de izquierda para llevar luego a sus electores hacia el redil de Ibarretxe, los "batasunos" enmascarados intentarían devolver a gente izquierdista de EB al redil abertzale.

De paso, lo que es más importante, gracias a la afortunada participación de EHAK, Batasuna, y tras ella ETA, no desaparecerán del sistema político vasco, fagocitadas por el tripartito, y podrán en el futuro ser admitidas en un marco amplio de negociación, paradójicamente por iniciativa del PSOE (y con la bendición obligada de Ibarretxe).

Tal vez las cosas no sean así, pero hay datos que encajan con esa malintencionada hipótesis. Las dudas se disiparán pronto. En el caso de que el fiscal general y el Gobierno no promuevan la ilegalización de EHAK, con el resultado que sea, esto ya es cuestión judicial, la sospecha seguirá en pie.

Al aludir al regreso de Batasuna a la vida legal, Javier Pradera utiliza una expresión muy gráfica: "Cabalgando el tigre". Sólo que si eso se hiciera realidad, burlando la Ley de Partidos, con la erosión consiguiente de la misma, al sacar al tigre de su jaula resultaría difícil evitar que intentara la recuperación de su territorio para la violencia.

En cuanto al PSOE, siempre con la sordina que impone su condición minoritaria, está en condiciones de cantar victoria: ha obtenido ganancias sustanciales en escaños, dejando atrás al PP, el efecto Zapatero ha jugado tanto en el voto como en la capacidad de movilización, y sobre todo no tiene ante sí la mayoría absoluta del tripartito.

La conexión entre EHAK y ETA podrá ser exhibida cuando sea necesario para deslegitimar el mismo proceso de autodeterminación, plan Ibarretxe mediante, que sin los testaferros sería presentado como expresión de una límpida democracia, la que dejó "decidir a los vascos y a las vascas".

El retroceso del PP, a pesar de la ágil campaña de María San Gil, permite insistir en que fue Aznar el culpable de la denostada "crispación", e incluso de que Ibarretxe se lanzara en brazos de la utopía soberanista.

En el límite, será posible ofrecer a Batasuna, legal en la ilegalidad, un pacto a la catalana para ese "Nuevo Estatuto" con referéndum incluido.

Y sobre todo, a pesar de las escasas posibilidades de éxito, puede jugar la carta de una candidatura de Patxi López a la presidencia vasca, gracias al apoyo incondicional de los 15 diputados del PP, y exigiendo de Madrazo que se comporte por una vez en su vida como político de izquierda.

Serían 36 diputados, seis más que los agrupados de PNV-EA y Aralar en torno a Ibarretxe. En ese caso, únicamente con los votos procedentes de ETA salvaría su cargo el lehendakari.

Claro que, de materializarse este supuesto, podría perder sus efectos el impacto electoral positivo de la campaña del PSOE, sobre todo si el tripartito de Ibarretxe, con Aralar en calidad de puente, incluye de lleno a los falsos comunistas en una alianza que diera aún mayor carga potencial de violencia a su "negociación" con Madrid para llevar a cabo la consulta y poner en vigor con mínimos retoques el proyecto de "libre asociación" que encierra el "Nuevo Estatuto" ya aprobado el 30 de diciembre.

Sólo si Zapatero ofreciera entonces a Ibarretxe concesiones de fondo, que mantuviesen el núcleo duro de la Constitución vasca, introduciría el lehendakari así respaldado unas modificaciones formales destinadas a hacer digerible en Madrid la aceptación del Gobierno.

Más allá de la eficaz insistencia de Zapatero y de Patxi López en que existe otro camino para ampliar el autogobierno, ese punto ha sido el más débil de la campaña electoral socialista, al transmitir la sensación de que mediante el consenso todo es posible.

El "marco vasco de decisión" resulta así explícitamente asumido, y de paso la Constitución, y no digamos el Estatuto de Gernika, quedan al margen.

Ni Zapatero ni López han esbozado estas semanas ante los vascos la crítica en profundidad del "Nuevo Estatuto", y no resulta aventurado suponer, a la vista de los resultados, que una clarificación en ese punto crucial hubiera acentuado la erosión electoral del Gobierno saliente. Ha tenido que producirse el regreso político de ETA para que todo encaje.

Así las cosas, y con el doble inconveniente de no contar con mayoría absoluta, y de registrar un notable retroceso en votos y escaños, el lehendakari hoy interino se encuentra en pésimas condiciones para plantear su juego de manera autónoma, cuando todo parecía sonreírle.

Como en el conocido misterio del cristianismo, su proyecto había traspasado el cristal de los procesos parlamentarios y políticos sin ser roto ni alterado, y el nacionalismo parecía capitalizar en forma de rechazo a Madrid el fruto de unos procedimientos de pacificación de la sociedad vasca a los que se opuso con todas sus fuerzas.

Podía exhibir el gesto firme y amable propio de quien sabe que "el futuro nos pertenece". Sólo el grito de "¡A por ellos!", acompañando al de "independentzia", descubría lo que estaba detrás de sus aparentes propósitos de conciliación.

Después del fracaso sería útil que los hiciera efectivos, a no ser que pretenda empecinarse en el aurrera bidean [adelante en el camino], esta vez en colaboración abierta con los testaferros de ETA.

Hay, no obstante, tres lecturas apresuradas de los resultados que conviene matizar. La primera es que ha tenido lugar un vuelco en el mapa político vasco.

En realidad, éste ha probado una vez más su continuidad, tras el sobresalto causado por la gran movilización de mayo de 2001. Una continuidad que en la distribución territorial del voto, si sumamos los nacionalistas y los tradicionalistas de entonces, se remonta a la Segunda República, e incluso encuentra sus raíces en el siglo XIX.

Las ciudades principales se mantienen como reductos de libertad constitucional, con Bilbao entre dos aguas, rodeadas como en las guerras carlistas de un medio rural controlado por una mentalidad de signo comunitario, el nacionalismo sabiniano en sus dos variantes.

Por ello no conviene cantar victoria demasiado pronto. El plan Ibarretxe, y con él su presentador, se encuentra políticamente herido, pero desde el primer momento nada indica que PNV y EA vayan a respetar las reglas de la democracia y proponer una retirada.

Para ellos, Euskadi no es del conjunto de los ciudadanos vascos, sino un patrimonio de los nacionalistas. Y a su frente, el lehendakari. De ahí que éste ignore increíblemente desde un primer momento su condición de presidente en funciones y se lance casi de madrugada a proponer / imponer a Zapatero la famosa "negociación", al mismo tiempo que proclama su victoria electoral, sin mirar las cifras que abren la posibilidad, aunque remota, de un lehendakari socialista.

Los nacionalistas son, en sus palabras, "el cauce central" para el Gobierno de Euskadi, y para conservar ese protagonismo están dispuestos a agotar todas las posibilidades. Ya se habla en su diario de prolongar al máximo el interregno, de manera que sea posible avanzar entre tanto en la vía política soberanista.

No van a ceder fácilmente al dictado de los votos. De ahí que sea importante mantener abierta la posibilidad de una presidencia socialista. El colaboracionismo de Madrazo con el PNV carece hoy ya de perspectivas, salvo a la sombra de ETA.

Tercera impresión a corregir: el olvido de ETA, que ahora vuelve al escenario político vasco con el respaldo de los votos, y de paso a poner en tela de juicio al Estado de derecho. Veremos qué sucede.

Entre tanto, se ha comprobado que las máscaras resultan de gran utilidad en la política vasca. De momento han contribuido a echar por tierra la imagen mesiánica de Juan José Ibarretxe. No es poco.

EL PRINCIPIO DEL FIN
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 19 Abril 2005

AUNQUE la tradición nos tiene acostumbrados a que, tras una consulta electoral, todos los participantes tienen algo que celebrar, la originalidad del caso vasco, profundamente inquietante, empuja a la conclusión contraria: todos los candidatos, en más o en menos, se reparten una derrota colectiva que, dicho sea de paso, viene a cambiar la dirección de los vientos políticos en cada una de las tres provincias vascongadas y en su suma, el País Vasco.

Pierde más el que más tiene y tenía, y no hace falta mucha agudeza para pronosticar que, a corto o medio plazo, Juan José Ibarretxe, de manera natural o forzada, tendrá que emprender un mutis que, además de alejarle de Vitoria, le difuminará en su ya decadente protagonismo en el PNV. El plan Ibarretxe se ha venido a pique en el órdago -palabra vasca- de su promotor y eso se paga. Se les paga a los propios, que en el PNV están como panteras, y se les paga a los ajenos, que todos tienen ganas de balón después de tanto tiempo sin el saludable y vivificador ejercicio de la alternancia de poder.

¿Cómo se formará el próximo Gobierno de Vitoria? Creo que es pronto para intuirlo, que las derrotas tardan en ser digeridas mucho más tiempo que las victorias; pero, a la vista de los diabólicos resultados electorales, en los que sólo queda tasada como real y concreta la fuerza de Batasuna en su último disfraz, es posible cualquier combinación y, simultáneamente, la contraria. Algo que resultaría apasionante desde los supuestos de la normalidad y el equilibrio que, por desgracia, no se dan en el paisaje político vasco, cruzado por las tormentas del separatismo y en el que, sin tratar de engañarse, no se dan los fundamentos básicos para que podamos aceptar la convivencia como plenamente democrática. ETA se proyecta con la sombra del miedo y eso es totalitario.

El debilitamiento del PNV o, por lo menos, del área del partido centenario más identificado con el lehendakari saliente y no necesariamente entrante, es una buena noticia democrática. Rompe una superioridad fáctica, no respaldada por los números, desde la que Ibarretxe pretendía convertir en plebiscito lo que sólo es un proceso de relevo en el Ejecutivo. ¿En qué medida contribuirá ese exceso a incrementar las divisiones internas que se observan en el anacrónico partido que preside Josu Jon Imaz?

Reflexión aparte merece, sin restarle mérito al esfuerzo de María San Gil, el nuevo capítulo decadente en la trayectoria del PP desde el liderazgo inducido por José María Aznar a favor de Mariano Rajoy. Tras Cataluña, el País Vasco. Y ello en vísperas de las autonómicas gallegas, de mal presagio popular. No sé de dónde le llegan al partido del centro derecha esos torrentes de sangre de horchata -¿de Eduardo Zaplana?-; pero su pasividad ante el naufragio resultaría heroica de no ser porque, en tiempo de paz y sin disparos de flotas enemigas, tiende a parecer ridícula.

Ganó ETA
Por Cayetana Álvarez de Toledo El Mundo 19 Abril 2005

Fue un recuento de infarto. Las cifras se movían en el filo de la navaja, entre otros cuatro años de Gobierno nacionalista y el cambio anhelado por tantos. Pero al final no fue ni lo uno ni lo otro. O mejor dicho, ya veremos. Porque el resultado de las elecciones vascas está todo menos claro.

Se abre un periodo de incertidumbre y de intensas negociaciones políticas. Eso sí, con un vencedor neto: ETA-Batasuna. El cabreo de ayer de Arzalluz lo dice todo. Afirmó no entender cómo el Gobierno ha permitido que se presentara la lista de los comunistas vascos, que evidentemente era una tapadera de ETA.«Todo me parece un rubalcabeo, una política ratonera y barata, que tendrá sus consecuencias». Ya las ha tenido.

En primer lugar, para el PNV. Juan José Ibarretxe ha sufrido un batacazo, de eso no queda duda. Su plan no ha movilizado a los vascos, a pesar de la campaña plebiscitaria y del victimismo enfermizo con el que ha contaminado a la sociedad. El lehendakari, que ayer sufrió un auténtico ataque de histeria ante las cámaras, no podrá seguir encabezando en solitario su delirante proyecto de libre adhesión. No será el pater patriae de las tierras vascas. Ahora le quedan dos opciones.

La primera es pactar con ETA y recorrer de su mano el camino hacia el abismo, algo que inevitablemente tendría consecuencias internas en su propio partido. No será fácil convencer al votante burgués del PNV, el de la empresa y la comilona, de que se suba en el barco que pilotan unos abertzales antisistema de corte marxista-leninista.

Su segunda posibilidad es renunciar al plan, bajar del monte, y acercarse al PSE. Siendo esta última opción menos horrible que la primera, las perspectivas son en todo caso desoladoras para quienes consideran que el marco estatutario consensuado en la Transición no ha caducado.Cabe preguntarse qué concesiones va a hacer Zapatero para conseguir que el PNV se modere. Ya ha hablado de un «acuerdo histórico y definitivo» y ha prometido un nuevo Estatuto de aquí a dos años. ¿Hasta dónde va a llegar?

Por eso, si bien el fracaso de Ibarretxe puede ser motivo de satisfacción para quienes ya no soportaban su discurso entre hipócrita e iluminado, el panorama sigue siendo preocupante. El futuro de Ibarretxe y del nacionalismo vasco está ahora en manos de un grupo más radical que el PNV, más imprudente y aún menos consciente de los límites del debate político. Y esto es responsabilidad de Zapatero.

El Gobierno permitió que las marionetas de ETA se colaran en estas elecciones, y por tanto ha hecho posible que sigan en el Parlamento de Vitoria, sólo que ahora con dos escaños más. ETA es la gran triunfadora de la jornada de ayer. Basta con ver la imagen de un eufórico Otegi celebrando la victoria junto a la cabeza de lista del PCTV por Vizcaya. Esto es un retroceso para la democracia. La derrota de la Ley de Partidos y un fracaso colectivo, que aún no sabemos adónde nos va a llevar.

PSE
¿De qué se ríen?
José García Domínguez Libertad Digital 19 Abril 2005

Prueba de que los extremos se tocan es que el domingo tantos recordásemos a Tayllerand, observando a ese ufano Francisco López que se quiere Patxi Nada. Debió ocurrirnos porque sólo intuirse los resultados, a Paco le entró la risa tonta que aún le duraba hoy. Daban las ocho en punto de la tarde cuando empezaba a sonreír. Justo acababa de hacerse público que la ETA volvería a disponer de impunidad parlamentaria, y a él ya se le iban hinchando los mofletes para soltar la primera risotada. Avanzaba la noche, se confirmaba que Otegi y el resto de su banda recuperarían triunfalmente la inmunidad gangsteril, y venga risas. Más tarde, se cerraba el escrutinio, se certificaba definitivamente que el Pacto Antiterrorista yacía enterrado en la ría de Bilbao; se confirmaba que las sentencias del Tribunal Supremo de España nunca más serán respetadas en la Albania del Cantábrico; se bebía en las herriko tabernas a cuenta de las subvenciones a la kale borroka que tornarán a manar del Presupuesto; se solemnizaba que ETA-Batasuna podrá volver a reinar sobre almas, vidas, haciendas, cuerpos de policía y datos confidenciales en sus ayuntamientos; en la sede del PCTV enmoquetaban el suelo con el texto de la Ley de Partidos. Y Paco que no podía contenerse, ni disimular: “Ja, ja, ja”. A carcajadas hasta ahora mismo.

Y es que la situación se le antoja de llorar de risa. Igual que en las primeras elecciones autonómicas, aquéllas que ganaron los López del PSOE para después regalarle el gobierno al PNV, porque creían que la chapela de Arzalluz resultaba más étnicamente impermeable que las suyas. Fue entonces cuando los aspirantes a Patxi memorizaron El discurso de la servidumbre voluntaria, su único programa durante el siguiente cuarto de siglo; cuando se colocaron la boina humildemente entre las manos, a la espera de que fuera cayendo alguna propinilla antropométricamente correcta. Y también fue entonces cuando aprendieron la lección de Fouché y de los otros comisarios de Terror: sobrevivir, al precio que sea; con la Revolución, con el Directorio, con el Consulado, con el Imperio, con la Restauración, con quien sea, tanto da, pero sobrevivir.

La ETA ha vencido. Y Francisco se ríe y Pepiño se ríe y Maragall se ríe y Zetapé se ríe. Triunfan los tribalistas que arrasaron los derechos civiles en el País Vasco, y los otros, los que pisotearon la conciencia democrática hace sólo un año, lo celebran eufóricos. Piensan que también ellos han ganado. E igual no se equivocan.

Tayllerand, dirigiéndose a su igual Fouché, en La cena:

- Mejor que nosotros mismos nos demos un amo, un amo al que conozcamos y que nos necesite.

Patxi Nada, desde el domingo, dirigiéndose a los que no somos como él:

- Ja, ja, ja.

Recapitulemos
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 19 Abril 2005

Recapitulación: de la noche de autos sobresalen dos hechos. El primero es el colapso del plan Ibarretxe. Si su autor fuera un político normal, renunciaría en el acto, como Ardanza al fracasar el plan que llevaba su nombre. El segundo es: Madrazo, qué batacazo. Sólo ha bajado 14.000 votos, ni un sólo escaño, pero ha perdido su razón de ser, el fiel de la balanza que hacía valer un potosí sus tres escaños. Hoy su valor de mercado es cero.

Por otra parte, la verdad oficial más comúnmente repetida en Euskadi da por sentados los siguientes hechos: que el PCTV-EHAK (Partido Comunista de las Tierras Várbaras) ha recogido el voto de la ilegalizada Batasuna. También se acepta que tras haber obtenido su máximo histórico en 1998 gracias a la tregua, perdió 80.000 votos en las elecciones de 2001, como consecuencia de la vuelta de ETA a los asesinatos. El Señor se los dio en 1988; el Señor se los quitó en 2001. Bendito sea Su Santo Nombre.

En realidad perdió 22.000 votos más, los de quienes temieron por sus puestos de trabajo subsidiados y optaron por el voto útil. Como el domingo no había signos de que pudieran ganar los constitucionalistas, era lógico que el voto útil de Batasuna al PNV prefiriese expresarse con rotunda sinceridad y fuera a parar al P. C. de las T. Irredentas.

Otros factores que explican sus 9 escaños son: la benevolente acogida dispensada al mitin del 14 de noviembre en Anoeta por el Gobierno de Madrid, el de Vitoria y casi la totalidad de los partidos vascos, catalanes y expañoles; la bondadosa recepción de Zapatero a la carta de Otegi; las expectativas de negociación que ambos hechos abrieron seis meses después de que Pakito y otros cinco dirigentes de ETA renunciaran por escrito a toda expectativa negociadora y optaran por tirar la toalla. Tampoco hay que descartar el subidón que ha supuesto para ellos haberle colado una candidatura ful a un Estado de Derecho. Si éste vigilaba o se hacía el dormido es otra cuestión que sabremos, seguramente, en el futuro.

El fiscal general, cuyo nombre debería ser Cándido Conde de Pompidou, que suena más eufónico, anunció la semana pasada que pediría la ilegalización del PCTV-EHAK si Batasuna adquiría protagonismo en sus mítines o en su campaña. No parece que le vayan a bastar la lista de los interventores ni el apoteósico recibimiento de los dirigentes de Batasuna en la fiesta de EHAK. Y si los manda al Supremo y éste ilegaliza, siempre nos quedará un recurso de casación a la juez Bolado.

IBARRETXE GOBERNARÁ EN MINORÍA
Por LUIS IGNACIO PARADA ABC 19 Abril 2005

IGNORANDO voluntariamente que la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado, Juan José Ibarretxe dijo hace apenas una semana que el Estado no tiene que conceder nada a Euskadi porque la sociedad vasca es el «juez» que decidirá qué nivel de autogobierno desea para ese país. Bueno pues ese juez le ha dicho al lehendakari en las elecciones del domingo qué nivel de autogobierno quiere. Y se lo ha dicho de cuatro maneras. Primero, dándole a su partido 140.000 votos menos que hace cuatro años con lo que le ha hecho perder 4 escaños; segundo, no yendo a las urnas casi uno de cada tres ciudadanos con derecho a voto; tercero, dándole 20.000 votos y cinco escaños más al PSE-PSOE y cuarto apuntándose a la aventura del PCTV, un partido cuya participación en las elecciones defendía el propio Ibarretxe, que no fue ilegalizado y para el que pidió el voto el entorno de Batasuna.

De las cuatro maneras que los vascos han utilizado para decidir qué tipo de autogobierno quiere se deduce que no quiere un plan soberanista como el de Ibarretxe; que ese extremismo ha dejado al PNV como opción preferida sólo por el 38,6 por ciento del electorado cuando en 2001 alcanzó el 42,7 por ciento; que ya no le basta a la coalición nacionalista el apoyo parlamentario del EB-IU de Madrazo y que, como consecuencia de que la oferta del PP ha perdido 118.000 votos, la suma de escaños de PSOE y PP (18 más 15) no supera la del PNV-EA (29) pero sí hay ya cerca de 20.000 votantes constitucionalistas más que los que suma el PNV. Por tanto, es muy probable que Ibarretxe se vea forzado, con gusto, a gobernar en minoría. Porque echarse en los brazos de los comunistas supondría no haber entendido el mensaje de las urnas y porque pactar con los socialistas sería «someterse» al Gobierno de la nación y eso sería tanto como aceptar su absoluto fracaso y cavarse su tumba política.

La sátira
Los nombres de España
Fray Josepho Libertad Digital 19 Abril 2005

(Repertorio de modos de nombrar la bicha por parte de nacionalistas y otros acomplejados)

Una solución sencilla
que viene de maravilla
es que, de forma genérica,
y casi por muletilla
suelten “Península Ibérica”.

También —ellos son así—
si hay circunstancias que obligan,
con disimulo gilí
es habitual que digan,
en lugar de España, “aquí”.

A veces se dan gran maña,
en el mitin de campaña,
para emplear este ardid:
nombran la parte, “Madrid”,
y callan el todo, “España”.

Algún cabecilla vasco
para el que España es estorbo,
poniendo cara de asco
le dice —¡toma del frasco!—
“lo que hay al sur de Pancorbo”.

Y tampoco es inaudito
que en un insólito quiebro,
esa testa de chorlito
largue el modismo exquisito
de “más pabajo del Ebro”.

Decir “España” es suplicio
que siempre saca de quicio
a esquerros republicanos:
de ahí viene el artificio
de “Países Castellanos”.

Y hay que ver cómo ha arraigado
en los medios de Polanco
ese tapujo afectado
de llamar a España “Estado”
(igual, por cierto, que Franco).

España se le indigesta
al progre chisgarabís,
por eso lo contrarresta
con la horterez manifiesta
de llamarla “este país”.

Si la nombran, por despiste,
la desazón los aplasta,
pues España sólo existe
para insultarla, hacer chiste...
o para pedirle pasta.

Golpe de gracia a la ley de partidos
Los políticos prometieron que ninguna sigla podría sustituir a Batasuna. Ahora parece que es preferible que HB esté en el Parlamento de Vitoria a que el PNV tenga suficiencia parlamentaria
La noche electoral todos los partidos dicen haber ganado porque arriman el ascua a su sardina a la hora de valorar los resultados. Después, vienen las interpretaciones de lo que los electores han querido decir y, en este punto, pueden oírse apreciaciones de lo más variopintas.
Carmen Gurruchaga La Razón 19 Abril 2005

Madrid- El PNV compareció en los comicios del pasado domingo coaligado con Eusko Alkartasuna, el partido fundado por Carlos Garaikoetxea y en la actualidad presidido por Begoña Errazti. Ésta, al conocer los resultados definitivos, afirmó: «La sociedad vasca entiende que la fase histórica de Gernika se ha terminado». Es difícil saber por qué la dirigente de EA llegó a esta conclusión, teniendo en cuenta que las siglas que la representan han perdido cuatro escaños. Bien pudiera ser que su interpretación esté basada en la subida de los socialistas, que también habían acudido a la campaña con la reforma estatutaria como programa electoral. O, quizás, haya fijado sus ojos en los comunistas abertzales, que pretenden una Euskadi independiente en la que no haya Estatuto de Autonomía y en la que impere la dictadura del proletariado. De cualquier forma, se presenta un complicado mapa político, un auténtico «carajal» en el que los nacionalistas habrán de decidir si se tiran al monte con EHAK o reeditan un Gobierno transversal con los socialistas.

El panorama político vasco no fue sencillo en la legislatura de 1998; tampoco en la de 2001, pero muchas personas pensaban que en la de 2005 todo iba a ser diferente. PSOE y PP habían aprobado la Ley de Partidos para ilegalizar el brazo político de ETA, como camino para poder vencer a la organización terrorista vasca (porque es cierto que no se acabará con ETA mientras tenga un entorno sociopolítico legal que la sustente). Con esa ley en la mano, la Justicia española ilegalizó Batasuna y los políticos prometieron que no podría sustituirlo ninguna sigla nueva procedente de ese mundo, porque estaba contemplado el fraude de ley. Sin embargo, de repente, se ha colado un partido que viene del entorno etarra sin que los poderes públicos hayan movido un dedo para impedirlo.

En política no vale todo y, sobre todo, no se debe desorientar a una sociedad a la que se ha convencido de las bondades de situar fuera del juego institucional a los radicales abertzales y, en cambio, meses después, se le trata de convencer de que lo fundamental es que el PNV no tenga mayoría absoluta para obligarle a replantearse su estrategia. Ahora parece que es preferible que Batasuna esté en la Cámara vasca a que el PNV tenga suficiencia parlamentaria. Tanto desvarío conduce a que los ciudadanos observen, atónitos, el panorama: hoy, el brazo político de ETA tiene dos representantes más en la Cámara de Vitoria, volverá a financiarse con dinero procedente del erario público y va a ser la que condicione la vida política vasca, porque se convierte en árbitro de la situación, excepto en un Gobierno formado por nacionalistas y socialistas. Es decir, no sólo no ha desparecido del Parlamento vasco sino que está ahí con más fuerza. Y es que las leyes se elaboran para cumplirlas y razones inconfesables no pueden soslayar su observancia.

En cualquier caso, será Ibarreche, pese a haber perdido cuatro parlamentarios, el que tenga que decidir si opta por la deriva soberanista, que no le ha dado buenos resultados, pero que tiene el señuelo de conseguir la paz a cambio de autodeterminación; o si apuesta por las políticas transversales con las que ha obtenido mejores réditos. Pero ésta es una pelea interna que ha de dilucidar dentro de su partido.

Dos bodas y un funeral
Ibarreche tendrá que enterrar su plan y elegir «matrimonio» con los herederos de Batasuna o con los socialistas vascos El PSE exigiría la Lendakaritza y el PCTV, la anexión de Navarra y una amnistía
Un funeral, el que ya se prepara para el difunto plan Ibarreche. Dos bodas: las que podrían salir del resultado. Una, si el PNV se echa en manos de Batasuna –hoy Partido Comunista de las Tierras Vascas–. La segunda, si opta por los socialistas vascos. Esta es la encrucijada por la que deberá optar Juan José Ibarreche, un candidato a todas luces «tocado» porque a él en exclusiva se le imputará, en sus filas, el retroceso del nacionalismo vasco. Para la respuesta aún quedan semanas. No hay plazos inmediatos para formar Gobierno y sí muchas cesiones e imposiciones desde todas las partes.
E. L. P. / J. M. Z. La Razón 19 Abril 2005

Madrid- Si Ibarreche admitiera que su plan secesionista ha llegado a vía muerta, tendría que aceptar algunas condiciones del PSE, o lo que es lo mismo del presidente del Gobierno. La oferta no sería muy diferente que la que ya le hiciera Zapatero en enero cuando Ibarreche acudió al Palacio de la Moncloa con su plan recién aprobado en el Parlamento de Vitoria. Primero, enterrar el proyecto soberanista y abrir una vía de diálogo para la reforma del Estatuto similar a la de Cataluña, con representación de todos los partidos, sin exclusiones. Segundo, que cualquier modificación que se proponga respete los límites constitucionales y tenga un amplio consenso. El propio Zapatero habló durante la campaña de una mayoría de dos tercios antes de convocar el referéndum al que obliga la Carta Magna.

Sigue siendo una condición irrenunciable hasta el momento: que Patxi López sea lendakari. Una exigencia difícil de aceptar por Ibarreche, salvo imposición directa del PNV si su dirección estuviese dispuesta a sacrificar al responsable directo del retroceso electoral.

Entre los compromisos adquiridos por López en las últimas semanas figuraba también la constitución de una mesa por la paz y contra el terrorismo, en la que, igual que para la reforma estatutaria, estuvieran todos y cada uno de los partidos del arco parlamentario. Sería otra de sus exigencias durante la negociación. No habría mucho más, aunque suficiente para que Ibarreche intente el noviazgo con otra formación.

Entra en juego en este caso, la opción de los herederos de batasuna. Los expertos antiterroristas reconocen que no tienen todos los datos para saber lo que va a hacer ETA y su brazo político, que ha conseguido de nuevo estar presente en el Parlamento vasco gracias a la utilización de la candidatura del Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV). Los rumores, y hasta indicios, de que se puede estar en la antesala de una negociación entre el Gobierno y la banda, hacen que cualquier predicción sobre la estrategia de los pistoleros resulte, a corto plazo, una incógnita. No se descarta que la organización criminal haga público un comunicado en los próximos días para hacer una valoración de las elecciones.

El cabecilla «batasuno» Arnaldo Otegui reconocía ayer, en declaraciones a un periódico belga, «contactos oficiosos» con el PSOE y recordaba que ETA está intentando abrir una vía de diálogo con el Ejecutivo. Los terroristas, sea gracias a acuerdos secretos o no, han conseguido el que ha sido su principal objetivo estratégico de los últimos meses: mantener una representación institucional en el Parlamento de Vitoria. Y eso, opinan las fuentes consultadas, puede ser la primera condición, ya cumplida, para que se abra un proceso de conversaciones.
ETA-Batasuna intentará, por todos los medios, que Ibarreche, dé un giro «soberanista» y que renuncie a cualquier tipo de acuerdo con los socialistas.

Si hay algo que los terroristas rechazan es que los nacionalistas vuelvan a los acuerdos de la época de José Antonio Ardanza. Por eso, cuando firmaron, en agosto de 1998, el pacto secreto con PNV y EA, que dio paso a la tregua-trampa, incluyeron, como exigencia irrenunciable, que los nacionalistas asumieran «el compromiso de abandonar todos los acuerdos con las fuerzas cuyo objetivo es la destrucción de Euskal Herria y la construcción de España (PP y PSOE)».

La estrategia de la banda y de su brazo político, exultantes por lo que consideran un gran éxito político el pasado domingo, se va a centrar en que los partidos acepten la estrategia propuesta por Batasuna en el velódromo de Anoeta: la formación de una «mesa de solución», así la llamaba ETA en una reciente entrevista publica en el diario «Berria», en la que se se elabore unas propuestas, que incluyan la autodeterminación para llegar a la independencia y que deberán ser aceptadas sin rechistar tanto por España como por Francia y, a continuación, o en paralelo, la negociación entre el Gobierno y la banda para que las Fuerzas de Seguridad y las Armadas abandonen el País Vasco y se dicte una nueva amnistía para los presos terroristas.

Los planes de los proetarras incluyen la anexión de Navarra al País Vasco. En un mitin celebrado en Pamplona el pasado sábado, Arnaldo Otegui, que debía intuir el buen resultado que iba a cosechar «su» candidatura del PCTV, lanzó una advertencia al Gobierno: «No hay solución democrática sin Navarra, señor Zapatero, Iruñea (Pamplona) es nuestra Jerusalén y no vamos a renunciar nunca a que sea la capital de los vascos».

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