AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 28 Abril 2005
Tristeza de España
FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS  ABC 28 Abril 2005

¿ZP ya no engaña a nadie
EDITORIAL Libertad Digital  28 Abril 2005

El mismo silencio de los GAL
Ignacio Villa Libertad Digital 28 Abril 2005

El cirio en el Congreso
Jaime CAMPMANY ABC  28 Abril 2005

Genocidios
ANTONIO ELORZA El Correo 28 Abril 2005

El triunfo de la ETA
José García Domínguez Libertad Digital 28 Abril 2005

¿Y si lo peor está por venir
David Pérez García Libertad Digital 28 Abril 2005

Debate y negociación con ETA
Pablo Sebastián Estrella Digital 28 Abril 2005

Bereber y francés
Cartas al Director ABC 28 Abril 2005

Comunidades históricas
Cartas al Director ABC  28 Abril 2005

Guerra se enfrenta al nuevo Estatuto de Maragall porque «viola la Constitución»
MARÍA JESÚS CAÑIZARES/EP/ ABC 28 Abril 2005

El piquetazo
Nota del Editor  28 Abril 2005
 

Tristeza de España
Por FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS DE LAS REALES ACADEMIAS ESPAÑOLA Y DE LA HISTORIA ABC 28 Abril 2005

HE estado diez días en Libia, con setenta miembros de la Sociedad Española de Estudios Clásicos, recorriendo las ciudades griegas y romanas: Cirene, Leptis Magna, Sabratha. Espléndidas ciudades. Recordando a Heródoto y a Píndaro, a Trajano y Adriano, Marco Aurelio y Septimio Severo, Justiniano y los cristianos. A todos los que, a través de descendientes ilustres, conformaron nuestro mundo, que algunos pretenden hacer olvidar. Sin ellos no seríamos lo que somos. O lo que deberíamos ser.

Explicábamos todo aquello Antonio Alvar y yo. Luego, procuraba olvidar la tristeza de España.

En cuanto se abre la TV o un periódico, se reencuentra. No hablo del Gobierno, todos abusan de la TV. Pero ¿a qué tanta cancha a ese personal impresentable que ya saben? ¿Por qué hacerles la propaganda gratis? Va contra la salud mental del pueblo español.

Cuando uno espera reencontrar lo malo, algo de bueno encuentra. Por ejemplo: el Gobierno, el Tribunal Supremo y el Constitucional han rechazado la primera candidatura filo-ETA (y tolerado la segunda). Por ejemplo, parece que se ha logrado ofrecer, en los planes universitarios de Filología, el español como una titulación propia. Y una titulación de Filología Clásica. Es para felicitarse.

Pero luego, ¿qué les voy a decir? En lo internacional seguimos siendo un paria, una cabeza de puente en Europa de los populismos hispanoamericanos.

En la lengua, desde el primer momento, el español como lengua común, la única que todos los españoles tienen obligación de conocer y derecho a usar, que dice la Constitución, sigue sufriendo recortes. Vastas áreas, desde la enseñanza a la Administración, se le substraen. Hay una represión bien evidente. Y un volver la cabeza a otro lado. Podría haber habido acuerdos, soluciones. Nada.

Y lo que no era un problema, la existencia de lenguas varias, absolutamente respetables, junto a una lengua común que hablan todos, convenientemente explotada sigue convirtiéndose en una serie de presiones intolerables y en un pretexto para enfrentamientos políticos.

Pero si esto viola el artículo 3 de la Constitución, los partidos separatistas y filoseparatistas violan el 6, el que dice que los partidos «son libres dentro del respeto a la Constitución». No sólo no la respetan sino que quieren modificarla a su favor.
De momento, el desafío más fuerte es el vasco. Todo el frente que va de ETA al PNV está a la ofensiva. Este último partido, el más peligroso, fue recibido en las Cortes con honores, en la persona de Ibarreche. Y ahora todos los españoles sufrimos con sólo ver las imágenes de esas elecciones.

Y sufriremos del resultado. Quizá pudiera haber sido peor, pero tampoco es bueno éste. Ni lo sería ningún otro mientras cada poco se someta a votación la integridad de España. Es algo que habría debido evitarse.

Y luego está la educación. La ministra ha expuesto, por fin, su proyecto. Lo de siempre: flexibilidad, opciones no definidas, menos materias serias y más marías, intervención de autoridades múltiples, hermosos términos abstractos, nada que proponga, simplemente, instruirse. Saber cosas. Los profesores preferirían pocas materias importantes, obligatorias, sin opcionales que las contorneen.

Tememos por lo poco que para el Latín y el Griego se había conseguido, con el PSOE y el PP: un cierto equilibrio, a la baja. Ahora, otra vez a empezar, como en el juego de la oca. ¿Habrá que visitar, una a una, las diecisiete Autonomías, a ver qué nos conceden? ¡Qué cansancio! Es, al menos, reconfortante que más de 2.500 personalidades hayan firmado un manifiesto de la Sociedad Española de Estudios Clásicos y las Reales Academias Española y de la Historia respalden el estudio de los clásicos en la enseñanza secundaria. Un poquito de diálogo y talante es lo que pedimos del Gobierno, que, pienso, no habría debido reiniciar este tema.

Peores todavía son esos intentos de reabrir las heridas de España, ya olvidadas por la mayor parte de los españoles. Pero hay profesionales. Lo de la estatua de Franco fue ruin. Y están en lista de espera, parece, el Valle de los Caídos y el Arco de la Victoria. No sé si las pirámides de Egipto.

Y hay quienes se dedican a desenterrar muertos, otros a escribir falsas historias, maniqueas. ¿Por qué no dejan a los muertos seguir muertos y a los vivos vivir? La guerra civil quedó atrás, o eso pensaba la inmensa mayoría de los españoles. ¿No es más urgente seguir adelante?

Y luego hay la cuestión religiosa, artificialmente resucitada. El cristianismo ha estado, está, unido a nuestra cultura. Si ha habido excesos, pagados están. Pero quedar huérfanos, no entender nada de nuestra historia, nuestros ritos, nuestro arte, nuestra moral tradicional, es bien penoso. De los padres no se reniega, se ha visto estos días. ¿Llegará algo de esto a la legislación?

Incertidumbre tras incertidumbre. Todo un panorama artificialmente triste, en un país vigoroso, unido por una historia larga y difícil que sólo mentirosamente es negada.

La transición fue un modelo en el mundo, el socialismo de Felipe González, tras algunos excesos y con algunos errores (como en Educación), volvió al camino de nuestra historia, hizo crecer a España.

Ahora retrocedemos a un entorno poco democrático, poco igualitario, poco socialista. De cuando en cuando, hay un golpe de timón acertado. Pero otras cosas son puro masoquismo, como aquél del 98.

La democracia consiste en la igualdad y el respeto a las normas. Es crisis siempre, pero dentro de unos límites prefijados. Si no, explota. Exige, en España, respeto a cosas tan elementales como la unidad de la nación o la lengua española. Y no hay igualdad cuando se enfrenta a las comunidades por el agua o el dinero. O se les entrega la educación, con resultados pavorosos en algunas.

Ni creo que todo esto sea exactamente socialista. El socialismo ha ganado la batalla política, hoy todos los partidos son más o menos socialistas. Y ha superado sus orígenes rebeldes, integrándose en la democracia y renunciando a ciertas utopías. Pero, al triunfar, se ha quedado sin un programa suficientemente diferenciado. Y busca votos en las causas marginales, en las extremistas y en las separatistas. Causas nada socialistas. Una desgracia para todos, para ellos los primeros.

Por otra parte, el socialismo español, cuyo núcleo central es burgués y progresista al tiempo, español también, está tironeado, desde antiguo, por grupos radicales. Los de la huelga de 1917, los de las revoluciones y virulencias de 1934 y 1936, que crearon el ambiente del que salió la guerra civil. La alianza de socialismo y catalanismo separatista y la de un ala socialista y los comunistas y anarquistas estuvo en el centro de aquel desastre.

Luego, el socialismo aprendió: muchos socialistas lo sabían desde el principio, pero fueron apartados del poder, lean los libros de historia. Cuando en 1982 subió al poder de nuevo, limó, ya digo, algunos excesos, se integró en la línea central de la nación.

No dudo que muchísimos de entre los socialistas siguen pensando así. Pero hay esa terrible tendencia a repetir enfrentamientos nocivos y alianzas deletéreas.

Es triste el panorama al que hemos llegado: aislados en el mundo, fragmentados por dentro, repitiendo viejos tópicos, rumiando una y otra vez un pasado del que habría que aprender para luego olvidarlo, convirtiendo cualquier cosa en arma política. Haciendo como si fuera normal lo que, desde luego, no es normal en una nación rica —se ve viajando fuera— y progresiva.

Llevamos el desmadre con cierta dignidad, viendo lo menos posible, comentando lo menos posible, pensando que ya pasará, ya lo arreglará alguien con ayuda del sentido común. Pero el desmadre va siendo ya excesivo. Vivimos fundamentalmente de lo que queda de la vieja España, y de la esperanza de que el turbión, bastante artificial, pasará.

¿ZP ya no engaña a nadie?
EDITORIAL Libertad Digital  28 Abril 2005

José Luis Rodríguez Zapatero ha tenido la desfachatez de leer, durante la sesión de control al Gobierno en el Congreso, un punto del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, en el que PP y PSOE manifestaban “nuestra voluntad de eliminar del ámbito de la legítima confrontación política o electoral entre nuestros dos partidos las políticas para acabar con el terrorismo”. Todo, para tratar de colar que es el PP, y no el Gobierno, el que sigue vulnerando el espíritu y la letra de ese pacto.

Ciertamente, el pacto presuponía acabar con las confrontaciones, pero, evidentemente, sobre la base –también reflejada en el texto- de que, a partir de entonces, PP y PSOE, iban a compartir un frente común para “derrotar al terrorismo”, “en torno a la Constitución y el Estatuto de Guernica” y frente a un nacionalismo que, desde el pacto de Estella, no ha dejado de mantener alianzas estratégicas con ETA en pro de sus objetivos secesionistas. Eso, por no hablar del compromiso en “el reconocimiento y la atención” a las víctimas, pues “nadie mejor que las víctimas para defender los valores de convivencia y respeto mutuo que quieren destruir aquellos que les han infligido tal sufrimiento”.

¿Por qué ZP no ha leído el resto de lo que dice el Pacto por las Libertades? Rajoy podía haberlo hecho, pero ¿cómo iba a hacerlo alguien que, como ZP, tras decapitar políticamente a Redondo Terreros, respaldó en la oposición a Maragall cuando este amenazó la soberanía nacional con un referéndum ilegal si las Cortes Generales no respaldaban su reforma estatutaria? ¿Cómo lo va a hacer Zapatero, quien, tras utilizar la masacre del 11-M contra el gobierno de Aznar, ha hecho socio de su gobierno al socio de ETA en Perpiñán? ¿Cómo lo va a hacer Zapatero, quien –sin consultarlo con el PP- ha nombrado y mantenido como Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo a alguien que, como Peces Barba, ha sido considerado “non grato” por parte de las víctimas y se ha negado a manifestarse con ellas en defensa de lo que defiende el Pacto Antiterrorista? ¿Y que decir, finalmente y por no aburrir, de quien, como Zapatero, no ha hecho otra cosa que mentir de forma compulsiva para justificar su calculada condescendencia para que no se haya aplicado la ley de partidos a la nueva formación proetarra?

Bien está que Rajoy le haya dicho a Zapatero que “ya no engaña a nadie” y que “no puede obligarme a que le apoye si usted no cumple".

Lo que ha quedado, por enésima vez, en evidencia –y no deja de ser una muestra de incompetencia que las cosas tengan que degenerar tanto para que algunos se den cuenta de ellas- es que Zapatero quiere utilizar el Pacto por las Libertades, única y exclusivamente, como una mordaza para que el PP no pueda denunciar públicamente su disposición a pactar con el nacionalismo, incluido ETA.

Según la cínica interpretación que Zapatero viene haciendo desde hace años, resultaría que los incumplimientos del pacto antiterrorista, por flagrantes que fueran, sólo podrían ser denunciados, paradójicamente, por aquellos que no lo suscribieron. Si lo hiciera el PP, incumpliría "su voluntad de eliminar del ámbito de la legítima confrontación política o electoral entre nuestros dos partidos las políticas para acabar con el terrorismo”. Digno de Rubalcaba, digno del gobierno del 14 M, digno de ZP.

El mismo silencio de los GAL
Ignacio Villa Libertad Digital 28 Abril 2005

La actitud de ocultamiento y de secretismo del Gobierno Zapatero en la lucha contra el terrorismo es francamente preocupante. Pasan las semanas y lo que se vislumbra en el horizonte es un estrategia desconocida en los términos y pactista en las formas.

¿Qué está tramando el presidente del Ejecutivo para el futuro del País Vasco? Los rumores sobre contactos y acuerdos con unos y otros se han disparado. Esa rumorología podría entrar dentro de lo normal en los ambientes políticos. Lo más llamativo es como desde el Gobierno miembros cualificados se quitan del medio sin querer entrar al trapo de las acusaciones que realiza el Partido Popular.

El Gobierno ha negado la convocatoria del Pacto durante semanas para acceder ahora dentro de un escenografía altamente engañosa. Zapatero se ha negado a ilegalizar a los terroristas del PCTV sin haber dado una sola razón convincente que explique esa negativa; los socialistas vascos han maltratado y despreciado a los populares, cuando estos son los únicos que defienden la Constitución y el Estatuto; al presidente del Gobierno se le ha llenado la boca al dejar públicamente la puerta abierta a los terroristas de Batasuna; Zapatero ha sido ambiguo y calculador a la hora de hablar de pacificación y de treguas; el Gobierno ha ocultado y está ocultando cual está siendo su objetivo en el País Vasco.
En definitiva, el Gobierno, al esconder su estrategia con ETA, está mintiendo a los ciudadanos. En la lucha contra el terrorismo ocultar es mentir. Y estos silencios nos recuerdan, tristemente, al mismo silencio de los GAL. Entonces era guerra sucia, ahora no sabemos que están tramando, pero es algo de calado. Y no lo están explicando a los ciudadanos. Esa actitud descalifica a cualquier Gobierno.

El cirio en el Congreso
Por Jaime CAMPMANY ABC  28 Abril 2005

EL orgasmo de la democracia se produce muy de tarde en tarde, en el momento de depositar el voto en la urna. Pero el orgasmo de la democracia parlamentaria es mucho más frecuente porque se disfruta cuando se arma el cirio en el Parlamento, y los debates parlamentarios terminan fácilmente con escaramuzas desde los escaños. Ayer, en el Congreso de los Diputados, sus señorías estuvieron a punto de zurrarse el perrengue como si fueran japoneses, que parecen ser los padres de la patria más proclives a organizar el cristo o la zorrera.

Las sesiones de control al Gobierno de Zapatero acaban muchas veces en trifulca, y es que el talante dialogador que se gastan los señores ministros, la señora vicepresidenta, tan espiritada como una figura de El Greco, y el mismísimo señor Zapatero, consiste en escuchar las preguntas de la oposición y salir por los cerros de Úbeda. Los socialistas que nos desgobiernan responden por el método Ollendorf. «¿Ha traído usted el paraguas?» «Sí, señor. A mí también me gusta la cerveza». A la Shirley Temple gubernamental (Umbral dixit, Pixit y Dixit) le preguntó Acebes si los socialistas vascos andaban reuniéndose con batasunos en un caserío de por allí, y la señora vice se anduvo un rato por las ramas, gorjeando como los bulbules, que diría Rubén.

Rajoy y Zapatero se habían enzarzado a propósito del Pacto Antiterrorista y la falta de aplicación de la ley de partidos a los comunistas de las Tierras Vascas. Se acusaron mutuamente, el uno al otro de no aplicar la ley y de ser condescendiente con los representantes de ETA en las elecciones, y el otro al uno de usar el terrorismo en el debate político partidista. Total, que empezó el meneo. Se organizó el bochinche parlamentario y la batalla de flores de escaño a escaño, y del coro al caño, pero equivocándose. No sé lo que diría el diputado don Federico Trillo, pero el presidente del Congreso, don Manuel Marín, le llamó dos veces al orden y le reprochó su actitud levantisca porque «usted debería dar ejemplo», aludiendo a su condición de ex presidente del Congreso. «Manda huevos».

Ante el ofrecimiento del PP para formar en el País Vasco una coalición de alternativa al gobierno del PNV, el pícaro Guzmán Pérez Rubalcaba y de Alfarache ha manifestado que no se fía. Estos socialistas son chuscos. Si los populares no entran por uvas, lo reprochan y les lanzan acusaciones de no colaborar con el Gobierno en la lucha antiterrorista, y si los populares intentan colaborar no se fían. Y además entienden el tan cacareado diálogo como una elegante manera de hablar sólo ellos, de lo que quieren y cuando quieren. (artículo segundo del Reglamento del Talante).

Si las sesiones parlamentarias fueran a más y los cirios menudearan, tal vez cayera en la tentación de recordar mis años de cronista parlamentario y pedir un sitio en la tribuna de prensa, tan prestigiada por otra parte de grandes nombres del periodismo literario, porque el orgasmo democrático se pone divertido. Ay.

Genocidios
ANTONIO ELORZA/CATEDRÁTICO DE PENSAMIENTO POLÍTICO UNIVERSIDAD COMPLUTENSE El Correo 28 Abril 2005

Las elecciones vascas del día 17 han coincidido en la fecha con la conmemoración de uno de los hechos más trágicos del siglo XX. Hace treinta años, otro 17 de abril, la entrada de los jemeres rojos en Phnom Penh sirvió de prólogo a la deportación y muerte de casi una cuarta parte de los ocho millones de habitantes de Camboya. Una semana más tarde, el 24 de abril, se cumplía el día en que, hace noventa años, se puso en marcha el primer genocidio del siglo, la deportación mortífera de los armenios en Turquía. La evocación de tales acontecimientos no responde a gusto alguno por lo macabro, sino a una exigencia de dar con las raíces de una barbarie consistente en el exterminio de aquel colectivo al que se contempla como enemigo. Una circunstancia que se ha repetido con demasiada frecuencia a lo largo del siglo XX, fueran las víctimas pertenecientes al pueblo judío, tutsis o 'enemigos del pueblo' en la URSS.

Del análisis emergen muy pronto divisorias entre unas y otras matanzas, que conviene subrayar, y también diferencias cuantitativas, como las que existen entre los fusilamientos de Franco, decenas de miles, y las ejecuciones, menos cuantiosas, de Pinochet en Chile, del mismo modo que el terrorismo islámico es más sanguinario que el de ETA. Ahora bien, por encima de esa diversidad se encuentra una constatación: el mal llamado Holocausto supone la culminación de una secuencia de destrucción consciente de unos hombres por otros que se registró recurrentemente a lo largo del siglo pasado. La Shoah de los judíos merece ser recordada y explicada una y otra vez, pero no debe arrojar su sombra sobre otros genocidios. Todo lo contrario.

La principal exigencia de cara a la comprensión de tales hechos consiste en evitar el peligro de una individualización de los relatos que mire a cada una de esas tragedias como simple fruto de una irracionalidad ocasional, provocada por un psicópata o por causas fortuitas. En la elaboración de las políticas de exterminio intervinieron en más de una ocasión ideologías cargadas de intenciones positivas, de deseos de emancipación, e incluso revestidas de lo sagrado. De ahí la necesidad de explicar lo aparentemente inexplicable, asumiendo que la barbarie ha sido unas veces compañera del progreso, como sucedió en las conquistas coloniales, y otras puso los avances tecnológicos al servicio del mal: recordemos el zigzagueante camino que desemboca en el invento de las cámaras de gas, según nos cuenta el autor de Auschwitz, o la revolución técnica operada en los procedimientos de tortura durante la guerra de Argelia.

Alejadas en el tiempo y en el espacio, las matanzas de armenios en Anatolia (1915-1916) y las de habitantes de las ciudades y categorías profesionales en Camboya, de 1975 a 1978, coinciden en cuanto a la convergencia en su génesis de un ideario de vocación emancipadora -el nacionalismo de los Jóvenes Turcos, el comunismo agrario de los jemeres rojos-, y de una recepción de corrientes de pensamiento occidental que entran en fricción primero con la mentalidad tradicional, para luego activar los componentes de violencia insertos en esta última. El peso de la ideología es decisivo, pero no actúa de manera inmediata, sino a través de una serie de filtros, y va modulando su intervención de acuerdo con la incidencia de variables externas. En ambos casos, de manera destacada, por una coyuntura de guerra que sirve para intensificar la orientación hacia la violencia. Tal vez ésta sea la enseñanza inmediata que cabe extraer de ambos episodios trágicos. La inclinación a resolver crisis internas promoviendo matanzas de los nacionalistas armenios se había manifestado ya con anterioridad en la fase agónica del Imperio otomano y sobre esa base, la que reflejan los pogromos de armenios en 1895-1896, la tragedia final en gran medida constituía el resultado inevitable de la concepción homogénea de la nación que abrigaban los Jóvenes Turcos.

En cuanto a la vocación de exterminio de los jemeres rojos, funcionaba ya de modo implacable antes de la expulsión masiva de los habitantes de los ciudades tras el 17 de abril. El cóctel explosivo resultaba aquí de una concepción kármica del budismo, aval para el castigo irremisible de las culpas, de la rígida versión del comunismo propia del PC francés, aderezada con las exhortaciones de Stalin a acabar físicamente con los enemigos de clase, y, en fin, de la visión maoísta que proponía la superioridad del campo revolucionario sobre la ciudad.

Ambas cargas de violencia serán activadas por una coyuntura bélica contra el chivo expiatorio previamente designado. En el caso armenio, las derrotas ante el Ejército ruso en la Primera Guerra Mundial favorecieron la imagen de unos armenios traidores y dieron la ocasión deseada para poner en marcha su aniquilación. En el camboyano, el marco fue la guerra con el régimen de Lon Nol bajo una lluvia de bombardeos ordenada por Nixon. Una coincidencia más: a diferencia de la Shoah, en ambos genocidios el procedimiento empleado fueron sendas deportaciones en cuyo curso y desenlace las víctimas fueron sometidas a todo tipo de sevicias y actos criminales, de acuerdo con unas órdenes superiores orientadas a provocar el exterminio.

Como explicaba el junio el artífice turco del genocidio, Talaat Bey, ministro del Interior en 1915, «había que aprovecharse de la guerra mundial para acabar de raíz (gründlich aufzuräumen) con sus enemigos interiores sin verse estorbados por la intervención diplomática del extranjero». Traidores a la patria, su destino era la deportación que sigue a las detenciones en masa del 24 de abril de 1915, según afirmó el citado Talaat Bey ante el embajador norteamericano Morgenthau: «No queremos ver un solo armenio más en Anatolia», fueron las palabras de Talaat Bey en la entrevista. Ante todo, en argumento paralelo al antisemita, porque «se enriquecían a costa de los turcos». Para Pol Pot, las poblaciones urbanas deportadas el 17 de abril no eran sino un componente inútil del país, «plantas parásitas» a destruir, como luego lo serán «los microbios», esto es, los propios comunistas que conspiran contra el régimen. El centro de tortura S-21 (Tuol Sleng) en Phnom Penh, con su media docena de supervivientes de los miles de camboyanos allí temporalmente recluidos, es el emblema de esa monstruosa variante de emancipación comunista.

A pesar de la magnitud de los crímenes, la imagen de verdugos y víctimas sigue envuelta en la confusión, En Camboya, por el pacto tácito que para el abandono de las armas por parte de los jemeres rojos, en la pasada década, desembocó en una peculiar situación de ambigüedad, de manera que los crímenes en masa de los jemeres rojos sirven de factor capital para la legitimación del régimen, al mismo tiempo que cae en el vacío la presión internacional que busca el procesamiento de los colaboradores de Pol Pot. En Turquía, la situación es mucho peor, ya que sigue en vigor el negacionismo impuesto por la revolución nacionalista de Mustafá Kemal desde sus principios. Entonces esa actitud tenía una explicación, por encontrarse el país envuelto en una guerra de supervivencia, a la que entre otras cosas se oponía la concesión de un Estado armenio en la Anatolia oriental por el Tratado de Sèvres (1920). Hoy tal actitud sólo puede ser atribuida a un ciego nacionalismo que pone en tela de juicio, incluso en la práctica, el proceso de adhesión de Turquía a Europa, dada la sensibilidad de Francia ante el tema. Son esos «cuatrocientos mil armenios» que actúan como otros tantos obstáculos, en palabras del primer ministro Erdogan ante una delegación francesa en febrero, cuando, según Abdulá Gül, ministro de Exteriores, «el genocidio fue una invención de la diáspora armenia».

Por desgracia, las pruebas de esos asesinatos en masa, cuyo resultado puede cifrarse en torno al millón de víctimas, se encuentran incluso en los consejos de guerra, con ejecuciones de responsables incluidas, de la etapa final del Imperio otomano, en las fuentes diplomáticas que culminan en el estremecedor relato del cónsul norteamericano en Jarput, Leslie A. Davis, e incluso en los datos procedentes de Alemania, aliado de Turquía en aquella guerra. La confrontación planteada en torno a este 90º aniversario, incluso en Estados Unidos, muestra las extremas dificultades que en este caso subsisten para el reconocimiento del Mal.

El triunfo de la ETA
José García Domínguez Libertad Digital 28 Abril 2005

Ocho años seguidos de victoria en victoria, hasta la derrota final; hasta ahora mismo, cuando, cautivo y desarmado el ejército constitucional, la tropa secesionista se apresta a alcanzar sus últimos objetivos. Porque la guerra casi ha terminado. Y la ETA está a punto de ganarla.

Que a la ETA la estrangulaba política y financieramente la Ley de Partidos. Bien, pues se viola la norma para que pueda oxigenarse a placer. Que a la ETA la paralizaba el Pacto Antiterrorista, porque la dejaba sin parejas de baile en el rito nupcial que precede a los convites por el control de las instituciones. Bueno, pues se entierra el acuerdo, y así dispondrá de vía libre para seguir ocupando áreas de influencia y poder. Que la ETA se había quedado sin el dominio de aquellos Ayuntamientos convertidos en checas rurales, bajo el único fuero soberano del hacha y la serpiente. Vaya por Dios, pues se mira hacía el otro lado de la montaña de evidencias probatorias, para facilitar que el PCTV se los devuelva. Que a la ETA la había derrotado policialmente la eficacia de los Cuerpos de Seguridad del Estado. En fin, pues se escenifica una tregua en cualquier caserío de Elgoibar y, a efectos adormecer a la opinión pública, que tornen a brillar esos destellos de la alquimia mediática que igual transmuta conejos en liebres que necesidades en virtudes. Da igual cómo, el caso es que gane la ETA.

Y es que la ETA debe ganar porque sus objetivos políticos son idénticos a los de las minorías que, cronómetro en mano, administran el tiempo que Zapatero habitará La Moncloa. Lo escribió Maragall en el libro que cuenta cómo romperá España: “Ganar en la lucha es saber absorber la energía del otro. Para pelearse, es preciso comenzar por abrazarse”. Fieles a su doctrina, los nacionalistas del PSC se aferrarían al PSOE hace algo más de un cuarto de siglo, al tiempo que los comunistas de las tierras vascas iban moviendo ese árbol del que ellos recogían nueces como el que más. Pero, hoy, ha llegado el momento procesal de talar el árbol. Y, ahora, la forma de la sierra es lo de menos. Así, explica pragmático el president: “Nosotros no nos tenemos que enredar con las palabras. ¿Soberanía?: llamadlo cómo queráis. ¿Método?: poco a poco. ¿Nombre?: cualquiera, aunque fuese Autoridad Catalana, o quizás invertir el eslogan chino en Hong Kong: Un sistema, dos naciones”.

Además, por si algo faltara, el pancismo nihilista, esa nueva religión de Estado que tiene por sumo pontífice a Rodríguez, ha obrado más que todos los crímenes de la banda a favor el desarme moral, total e incondicional, de una sociedad de por sí adocenada, como la española. Al fin, el largo camino hacia la rendición parece allanado. Ya no restan obstáculos en el horizonte. Avancemos, pues, todos juntos, y Josu Ternera el primero, por la senda catalana.

Balance del primer año de Gobierno
¿Y si lo peor está por venir?
David Pérez García Libertad Digital 28 Abril 2005

El balance del primer año de ZP sería, según el PSOE, inmejorable, glorioso y brillante. Para cualquier observador desapasionado, informado y objetivo, el balance arrojaría un absoluto desastre en lo económico, lo social, y lo político, entendiendo como tal la enorme fractura territorial que ha infligido el presidente accidental a este país llamado España.

En mi opinión, este primer año se resume en una sucesión de errores, rectificaciones, provocaciones y ocurrencias desplegadas oportunamente como cortinas de humo. Todo eso, con una gran carga de manipulación informativa y demagogia fácil. Escuchar a Zapatero –que parece disfrutar cada vez más oyéndose a sí mismo– ufanarse de su gran gestión, sería para reír, si no fuera para llorar: hace falta mucho valor para presumir del peor trabajo que jamás haya hecho Ejecutivo alguno desde la transición. Es imposible hacerlo peor. Es imposible dividir más a la sociedad. Es imposible perder más peso exterior. Y encima hay que escuchar que es un Gobierno excelente porque sacó las tropas de Irak. ¿Eso es todo?

Lo peor que ha hecho ZP en este año lo resumiría en:

-Paralizar la economía. Aún no se nota en la calle, pero se acabará notando. El Gobierno ha incumplido su previsión del 2% para 2004 y España es el país más inflacionista de la zona euro. No hay más política de Empleo que vivir de lo que hizo el PP.

-Arruinar el papel internacional de España y especialmente en la Unión, donde el PSOE ha hecho el ridículo con su torpeza en el Referéndum y ha perjudicado a nuestro país con una negociación nefasta, y unas pérdidas de 43.000 millones de euros.

-Mentir doblemente a los votantes socialistas: diciéndoles que el atentado del 11-M era culpa de la Guerra de Irak, habiéndose demostrado que llevaba fraguándose años antes, y prometiendo cosas que luego no cumple. Muchas de las promesas pasaron a mejor vida: por ejemplo, ayudas de 100 euros a las madres, 180.000 viviendas anuales que se convierten en minipisos..., etcétera. ¿Explicación? Ninguna.

-Infligir una profunda herida civil en la ciudadanía e institucionalizar la crispación que generó el PSOE cuando estaba en la oposición. Toda esa agitación, todo ese sectarismo, toda esa propaganda, ahora se hace desde La Moncloa. Todo el aparato del poder y de RTVE al servicio de descalificar al PP y agasajar a un ZP que no sabe qué hacer con España., estableciendo un auténtico régimen que aísla, descalifica, silencia y hostiga a la oposición.

-Terminar con la transparencia. Los socialistas prohíben una Comisión de Investigación y censuran la información sobre El Carmelo o de las facturas de Sevilla, dan carpetazo y amañan las Conclusiones de la Comisión de Investigación del 11-M, mantienen pactos ocultos de Gobierno, cuentan con un programa también oculto, se adueñan de TVE como en los peores tiempos del felipismo... La opacidad es la marca de ZP. Pero decirlo equivale a no ser progresista.

-Comprometer seriamente la unidad de España, con su irresponsable gestión del Plan Ibarreche, su política torticera de pactos ocultos y su debilidad frente a los desafíos soberanistas. El cerco a la Comunidad de Madrid, discriminada descaradamente en las inversiones, ilustra la supremacía del partidismo socialista sobre el interés de los ciudadanos.

-Despreciar y traicionar la lealtad ofrecida por el PP en materias que exigen elevarse por encima del ciego partidismo, y en las que Mariano Rajoy ha arrimado el hombro por responsabilidad: modelo de Estado, inmigración, lucha antiterrorista... El PSOE de ZP ha preferido echarse en brazos del nacionalismo radical y ha despreciado al primer partido de la oposición.

-Instrumentalizar las instituciones, minar su credibilidad y rebajar al Parlamento. Junto a una furibunda intervención en el poder judicial, el PSOE ha convertido el Parlamento en un foro donde se pasean planes ilegales y se cierran comisiones de investigación a beneficio de parte con la complicidad de grupos minoritarios y radicales que no contribuyen precisamente a la vertebración democrática del país, mientras se descalifica y se intenta humillar al primer partido de la oposición

Éstas son sólo algunas de las cosas que ha hecho el Gobierno de ZP este primer año. Hay muchas más, todas representativas de una inquietante realidad: ni ZP ni su partido estaban preparados para Gobernar y lo peor, no parece importarles. No hay fallo ni despropósito que no se presente como un gran acierto. Si tuviera que apuntar lo peor de todo, sería el enfrentamiento social que el PSOE alienta y aviva día a día con sus injurias, sus ataques, su censura implacable, su discriminación política y territorial y su sectarismo ideológico. Pero si me apuraran aún más diría que mi temor es que, por malo que sea el balance y por difícil que parezca, lo peor puede estar por venir. Y ZP promete.

David Pérez García es diputado de la Asamblea de Madrid y secretario de Comunicación del PP de Madrid

Debate y negociación con ETA
Pablo Sebastián Estrella Digital 28 Abril 2005

El presidente del Congreso de los Diputados, Manuel Marín, se desespera porque los parlamentarios de uno y otro lado de la Cámara, rojos y azules, no cesan de interferir en las alocuciones de sus portavoces y paralizan el debate. Pero esto ocurre porque los ánimos están muy calientes por no pocas divergencias y desencuentros entre la izquierda y la derecha, y en especial por dos cuestiones relacionadas entre sí, aunque se podrían analizar por separado: el debate autonómico sobre la unidad de España y la posible negociación con ETA para el fin de la violencia.

Ambas cuestiones se separan y se unen en las discusiones políticas, aunque ayer fue la negociación con ETA la que brilló en los debates en la Cámara a iniciativa del líder de la oposición, Mariano Rajoy, que preguntó a Zapatero —por segunda vez en el Parlamento y enésima ante la opinión pública— por qué este Gobierno no toma la iniciativa para ilegalizar el Partido Comunista de las Tierras Vascas que obtuvo nueve escaños en las pasadas elecciones vascas. El propio Rajoy se daba a sí mismo la respuesta ante el silencio calculado del presidente, insinuando que el motivo está en que el Ejecutivo o el Partido Socialista ya están negociando con ETA.

Rajoy hacía esta afirmación diciéndole a Zapatero que “la Ley está por encima de la conveniencia, del cálculo electoral y de cualquier otra cosa que le esté pasando a usted por la cabeza o que usted esté haciendo”.

El presidente del Gobierno, como ya suele ser costumbre en las sesiones de control parlamentario, no respondió, se limitó a decir que no quiere confrontaciones sobre el terrorismo en el debate político y recordó el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, en el que se manifiesta la voluntad del PP y del PSOE de “eliminar del ámbito de la legítima confrontación política y electoral las políticas para acabar con el terrorismo”, diciéndole Zapatero a Rajoy que no cumple el pacto y Rajoy a Zapatero lo mismo, que el que no lo cumple es el presidente.

Y así estábamos en este diálogo de sordos y de preguntas sin respuestas cuando el secretario general del PP, Ángel Acebes, interrogó a la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, para que dijera si es cierto o no, como ha publicado la revista Tiempo, que tres dirigentes del PSE-PSOE (Eguiguren, Pastor y Egea) están negociando en Elgóibar con otros tres dirigentes de Batasuna (Otegi, Musabiaga y Barrena).

La vicepresidenta, siguiendo el modelo de Zapatero, habló de diálogos pero no dijo ni sí ni no a la pregunta de Acebes, quien en los pasillos del Congreso insistió en su convicción de que hay negociación entre ETA y el Gobierno y que la no ilegalización del PCTV forma parte de toda la estrategia.

Al fondo de este debate sobre ETA y el PCTV aparece la cuestión del Estatuto vasco y del Estatuto catalán, cuya reforma está pendiente de las iniciativas parlamentarias del País Vasco y Cataluña, y que a juicio de Zapatero deberían ir acompasadas con el final de la violencia de ETA para poder establecer un nuevo marco político y constitucional avalado por la paz. Ambiciosa la tarea del presidente del Gobierno y muy delicada de ejecutar sin correr graves riesgos, porque ETA es difícil de controlar y porque los nacionalistas vascos y catalanes no parecen dispuestos a claudicar en su pretensiones soberanistas que no cesan de crecer y que pronto se van a explicitar en Cataluña, como ya lo fueron en el Plan Ibarretxe, luego rechazado por el Parlamento español.

Y buena prueba de ello está en las últimas noticias que vienen de Barcelona, según las cuales el Gobierno catalán pedirá cobrar todos los impuestos por medio de una agencia tributaria propia en Barcelona, cediendo al Estado el 50 por ciento, lo que dirigentes del PSOE consideran inasumible por el Gobierno central. Asimismo, en el proyecto de Estatuto se dice que Cataluña es una nación, en contra de lo que afirma la propia Constitución española y lo que defienden destacados dirigentes socialistas como Alfonso Guerra, que acaba de denunciar que las reformas estatutarias están fragmentando la soberanía nacional.

El debate en el Congreso de los Diputados del día de ayer fue, en definitiva, una reiteración del de la semana pasada, incluidos aquí los abucheos de los diputados y la bronca del presidente de la Cámara. Y puede que también sigamos con el monotema del País Vasco, el terrorismo y las autonomías el próximo miércoles, hasta llegar con la caldera al máximo de potencia y de presión para la celebración del debate sobre el estado de la nación.

Bereber y francés
Cartas al Director ABC 28 Abril 2005

En las escuelas públicas catalanas en toda la semana tan sólo se dan dos horas de clase en español.
Está claro que para Maragall la lengua que debe fomentarse no es el español, pero tampoco el inglés,
sino el francés porque, según él, los catalanes tenemos un «deseo profundo» de entrar en la francofonía.
Y, por si hubiera poco lío lingüístico montado, ahora aparece ERC con su plan para enseñar el bereber a
partir del próximo año. Así, los alumnos catalanes podrán acabar sus estudios con un excelente dominio de
catalán, bereber y francés, mientras dejan de lado las dos lenguas más habladas del mundo occidental, el español y el inglés. Con estos políticos, a nadie le puede extrañar que el «Financial Times» diga que la política catalana es pueblerina. María Palacios. Barcelona.

Comunidades históricas
Cartas al Director ABC  28 Abril 2005

Con la última polémica en torno a los nacionalismos, naciones y soberanías que ahora reclaman las denominadas «Comunidades Históricas», a la que se quiere sumar ahora Andalucía, y siendo como soy manchego, y por ende castellano, no tengo por menos que pensar: ¿Castilla no es Comunidad Histórica? Cuando a raíz de la Transición se pensó en crear las Autonomías, como expresión de una realidad histórica, a Castilla se la dividió en dos por aquello de «La Vieja y La Nueva», en un caso con la apostilla de «Y León» y en el otro con la de «La Mancha». Si de verdad se quería recoger la herencia del pasado ¿por qué no crear una sola Castilla, grande, fuerte, desde el Cantábrico al Mediterráneo, de Santander a Murcia? ¿Por que no se rompieron los límites provinciales creados en el siglo XIX? Son preguntas sin respuesta, pero que merecen una reflexión. Las, digamos, comunidades periféricas, no hubieran tolerado una sola Castilla que las cuadruplicase en extensión y con un potencial enorme en todos los aspectos, ya que para ellas Castilla era, y es, el enemigo a vencer, la causante de todos sus males, la «metrópoli que las ha sangrado a lo largo del tiempo».

Y yo preguntaría a vascos o catalanes: ¿Dónde están las infraestructuras de las que ellos gozan?, ¿dónde los polideportivos, grandes hospitales, universidades o centros industriales?, ¿quiénes les ayudaron con su trabajo a crecer como crecieron en el siglo XX?, ¿dónde fueron los miles y miles de personas que causaron el despoblamiento de centenares de pueblos castellanos? Ni Soria, Cuenca o Palencia recibieron las ayudas y privilegios que Vizcaya o Gerona. Pobre Castilla, dividida, olvidada y desnaturalizada. Ni siquiera con derecho a ser «Histórica». Luis Maldonado Fernández de Tejada. Almagro (Ciudad Real).

Guerra se enfrenta al nuevo Estatuto de Maragall porque «viola la Constitución»
El ex vicepresidente del Gobierno advierte que el proyecto «fragmenta la soberanía» y plantea «disolver y convocar elecciones» si llega al Congreso como está
MARÍA JESÚS CAÑIZARES/EP/ ABC 28 Abril 2005

Los populares sí aceptan que el texto incluya el deber de conocer el catalán
Carod da un paso más y reclama «pasar del Estatuto al Estado»

BARCELONA/MADRID. Decidido a dejar constancia de que no todo el mundo en el PSOE está dispuesto a respaldar las tesis reformistas de los socialistas catalanes, el ex vicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra se ha erigido en defensor del actual marco constitucional y, en una entrevista de doce páginas publicada en el último número de «Temas», advierte que el proyecto de reforma del Estatuto catalán «viola» la Constitución. Guerra denuncia que, detrás del interés de determinadas autonomías de blindar sus competencias, se esconde el propósito de que el Estado no pueda elaborar leyes de base. «En realidad -sostiene el dirigente socialista- estarían haciendo una Loapa a la inversa». Expresión esta última que coincide plenamente con la postura del PP en los trabajos de la ponencia encargada de redactar el nuevo Estatuto de Autonomía.

A su juicio, la aprobación del texto reformado tal como se está planteando supondría una fragmentación de la soberanía, de forma que ésta ya no residiría en el conjunto del pueblo español, sino en cada territorio. Con el mecanismo de financiación que pretende Cataluña, avisó, «se violan los principios de igualdad y de solidaridad interterritorial». En referencia a la reforma catalana, pero también a la vasca, el dirigente socialista subraya que si los textos que llegan al Congreso no respetan el marco constitucional, «entonces a lo mejor hay que disolver» y convocar elecciones. En referencia a la postura del PSC, afirma que algunas de sus tesis «no coinciden» con la dirección del PSOE y hace un llamamiento «al sentido común porque si no, no se va a aprobar nada».

Zapatero, cuestionado
En Cataluña, las declaraciones del ex dirigente socialista han causado, cuanto menos, inquietud, al tratarse del presidente de la Comisión Constitucional del Congreso, donde se debatirán los proyectos estatutarios. El portavoz parlamentario de ERC, Joan Ridao, instó al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a «poner orden en su partido, donde se ha instalado un filiguerrismo que ejerce de oposición». El dirigente republicano considera que las palabras de Alfonso Guerra «cuestionan el compromiso de Zapatero respecto a la aprobación del Estatuto catalán».

Por su parte, el viceprimer secretario de los socialistas catalanes, Miquel Iceta, expresó su sorpresa ante unas declaraciones «que proceden de una persona que conoce perfectamente la Constitución y sabe que la reforma que se está llevando a cabo en Cataluña es perfectamente constitucional». Incluso llegó a poner en duda la autoría de esas manifestaciones. Por el contrario, el portavoz parlamentario del PP catalán, Francesc Vendrell, fue taxativo: «Gustará o no, pero Guerra tiene razón».

En los últimos meses, Guerra se ha reunido con dirigentes de distintos partidos para negociar las reformas estatutarias. Primero lo hizo con dirigentes del PP, con quienes comparte su oposición a proyectos rupturistas.

Asimismo, el ex vicepresidente del Gobierno ha mantenido contactos con representantes de CiU, formación que ya intuía la escasa vocación autonomista del presidente de la Comisión Constitucional del Congreso, por lo que los nacionalistas han intentado explorar posibles acuerdos a través de Ramón Jáuregui, portavoz en la citada Comisión y ex secretario general del PSE, más sensible a la cuestión estatutaria.

El piquetazo
Nota del Editor  28 Abril 2005

El PP de las mil caras vuelve a la carga, y ahora nos suelta el piquetazo: "Los populares sí aceptan que el texto incluya el deber de conocer el catalán "; que a pesar de ser absolutamente anticonstitucional, de hecho ya se aplica, pues si Vd. quiere trabajar en Cataluña, hace ya muchos años es obligatorio para optar al empleo público y lo más probable es que se lo exijan también en la empresa privada, tanto si tiene la obligación de atender a la clientela en catalán como si tiene que bregar con normativa catalana.

Lo que está meridianamente claro, es que este PP catalán, el gallego, los nazionalistas y el PSOE pueden seguir haciendo los mayores disparates, y el personal tan contento viendo el football, aunque sea con auriculares para oir el comentario en español a través de alguna radio hispanohablante y gran hermano o crónicas marcianas o cualquier otro programa "cultural" de la parrilla, digo del basurero.

Esto es pura democracia, un encefalograma plano igual a un voto.


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