AGLI

Recortes de Prensa     Martes 2 Mayo 2005
ZP, durmiendo con nuestro enemigo
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 2 Mayo 2005

3. La voladura del pacto por las libertades y contra al terrorismo
Jaime Ignacio del Burgo Libertad Digital 2 Mayo 2005

Los analistas del Gobierno
Agapito Maestre Libertad Digital 2 Mayo 2005

La solidaridad bien entendida
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 2 Mayo 2005

Algo se mueve en Cataluña
Carmen Leal Libertad Digital 2 Mayo 2005

Contra la secesión vasca
Juan Manuel DE PRADA ABC 2 Mayo 2005

AMORES QUE MATAN
GERMÁN YANKE ABC  2 Mayo 2005

El PP catalán fuera de la Constitución
Jorge TRIAS SAGNIER ABC 2 Mayo 2005

Maragall trabaja para Carod
Fernando González Urbaneja Estrella Digital  2 Mayo 2005

José María Barreda: «La propuesta de Maragall es inadmisible porque rezuma soberanismo fiscal»
Pilar GÓMEZ La Razón 2 Mayo 2005
 

ZP, durmiendo con nuestro enemigo
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 2 Mayo 2005

Hasta cierto punto, es normal que si el Gobierno del PSOE ha puesto a la nación en manos de su enemigo interior, que son los nacionalistas catalanes y vascos, sin excluir a los terroristas etarras —con ellos y no con el PP piensa construir el futuro en Cataluña, País Vasco y la paz perpetua en el resto de la antiguamente llamada España—, se dedique ahora a vender carros de combate a nuestro enemigo exterior, que es Marruecos.

Eso sí, la prudencia preside todos sus actos y podemos estar tranquilos. Con la Esquerra Republicana y el PSC, su socio en este Gobierno de coalición que dirige los brumosos destinos españoles, el límite de los acuerdos será la Constitución y el nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña, nada romperá la unidad nacional. La de Cataluña, claro. La de España puede darse por rota desde el momento en que el nuevo Estatuto se basará en la nación catalana, mientras que la Constitución de 1978, como todas desde la de 1812, parte de la Nación Española como fuente única de legitimidad y raíz indiscutible de toda legalidad.

En el País Vasco, el interlocutor de ZP es la ETA, como prueba la ilegalísima legalización del brazo político de la banda etarra, contraviniendo la Ley de Partidos y arruinando el Pacto Antiterrorista, que ha permitido Zapatero como previsible elemento propiciador del diálogo. Hay que añadir las necesarias concesiones al PNV que dicta la inferioridad en número de escaños de López con respecto a Ibarreche, pero, de esta astuta manera, apoyándose en unos y otros y utilizando sabiamente a ambos, Zapatero está seguro de cuadrar el círculo vasco tras redondear con éxito el triángulo catalán.

Lo de Marruecos está en la misma línea de confianza en su capacidad suasoria y en la buena fe de su interlocutor. Tiene la palabra de Mohamed VI de que esos carros de combate, hoy en Ceuta y Melilla, no serán utilizados en el futuro contra esas dos ciudades, cuya anexión pretende Marruecos. Sólo los usará para el Sahara y, tal vez, para proteger los palacios reales y a sus invitados españoles dinástico-socialistas de algún golpe de Estado interno, según la tradición alauita. Por supuesto, podría atacar las dos ciudades españolas con tanques ahora utilizados en el Sahara. Y si no lo hicieran, seguro que antes de atacar esas ciudades permitirían comprobar la matrícula. ¿Pero qué necesidad hay de seguridades cuando existen tan bonísimas relaciones con Marruecos?

En el fondo, tanto el enemigo interno como el externo no lo son tanto, porque ambos lo son del PP, que es el enemigo esencial y único del PSOE. Si el PP se identifica demasiado con España, ése es un problema del PP, que paga en la Oposición su incapacidad de diálogo. En este primero de Mayo de 2005 podemos comprobar que ZP duerme con nuestro enemigo, pero no sufre como la pobre Julia Roberts sino que se siente tan ilusionado como Doris Day antes de enterarse de lo de Rock Hudson. ¡Qué bello es el cine! ¡Qué hermosos los productos de la fábrica de sueños! De Hollywood, de Bollywood, de Moncloa, ¿qué más da? Lo importante es soñar. Que despierten otros.

¿A dónde nos llevas, presidente?
3. La voladura del pacto por las libertades y contra al terrorismo
Jaime Ignacio del Burgo Libertad Digital 2 Mayo 2005

El pacto por las libertades y contra al terrorismo permanecía todavía como el único gran punto de encuentro entre los dos grandes partidos. Si Dios no lo remedia, el buen talante de Rodríguez Zapatero va a conducir a un desencuentro cuyas consecuencias serán desastrosas para España. En el Congreso de los Diputados el presidente Rodríguez Zapatero acusó de deslealtad a Mariano Rajoy porque el Partido Popular, en contra de lo dispuesto en el pacto, ha llevado el terrorismo al debate partidista. Pero el presidente sólo lee del pacto lo que le conviene. Y olvida que todo él se inspira en un principio esencial: que aunque al Gobierno le corresponde la dirección de la lucha antiterrorista, combatir el terrorismo e una tarea que corresponde a todos los partidos políticos democráticos, estén en el Gobierno o en la oposición.

En consecuencia, cualquier iniciativa del Gobierno no consensuada con el Partido Popular que suponga desvirtuar el alcance de los compromisos asumidos en el pacto supone una violación del mismo. El punto 9 del pacto no puede ser más explícito: “El objetivo de este acuerdo, impulsar conjuntamente las libertades y la política contra el terrorismo, exige una colaboración permanente entre el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español, que implica el intercambio de información, la actuación concertada en los ámbitos recogidos en el presente Acuerdo –reformas legislativas, política penitenciaria, cooperación internacional, movilización ciudadana e instituciones- y la búsqueda de posiciones conjuntas ante todos los acontecimientos que afecten a la política antiterrorista”.

El Partido Popular tiene la convicción, basada en algo más que meras conjeturas, de que el Gobierno está inmerso en una operación de diálogo con ETA con la finalidad de poner en marcha un proceso de paz, enmarcado en la búsqueda de un nuevo marco jurídico. Y conviene recordar que dar pasos en tal sentido sin contar con el Partido Popular es contrario al pacto. Como lo es estar dispuesto a pagar un precio político a cambio del abandono de la violencia, como lo serían el reconocimiento del derecho a la autodeterminación y aceptar fórmulas que puedan conducir a corto, medio o largo plazo a la independencia del País Vasco.

El balance del primer año del Gobierno del buen talante –salvo con la mitad de la población española a la que constantemente se arremete desde el poder– no puede ser más desolador. Se ha desactivado la aplicación de la ley de partidos para permitir el acceso al Parlamento vasco de la izquierda abertzale a través de un partido fraudulento engendrado y amamantado a los pechos de ETA-Batasuna. Se ha decretado la defunción del Estatuto vigente como marco de convivencia. Se está dispuesto a abrir un proceso de negociación y diálogo con la finalidad de alcanzar un nuevo marco político para el País Vasco que permita el cese de la violencia terrorista. La figura del Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo parece haber sido creada para neutralizar la oposición de las víctimas a medidas exigidas por ETA tales como el reagrupamiento de los presos y la amnistía final. En medios penitenciarios circula el rumor de que el plan para el acercamiento de los presos podría estar ya preparado.

Nacionalismo
Los analistas del Gobierno
Agapito Maestre Libertad Digital 2 Mayo 2005

La prensa del domingo sigue ocultando el asunto fundamental: España está en vías de desaparición. Muchos editorialistas siguen engañándose, y engañando a sus lectores, sobre la capacidad del presidente de Gobierno para resolver el problema territorial de España. Creen que a Zapatero sólo le interesa, por un lado, conllevar la cuestión del mesogobierno nacional-socialista catalán y, por otro, reducir el terror vasco hasta niveles de conflictos homologables con el catalán. Ir tirando, y barajar, hasta llegar a las próximas elecciones para ganarlas por mayoría absoluta creen que es la preocupación básica de quienes llegaron al poder por casualidad, después de la campaña más agresiva y totalitaria, campaña antisistema, que un partido socialista haya hecho en Europa y, después, por supuesto, de un horroroso atentado que favoreció al PSOE.

Se equivocan quienes piensan con esas pobrísimas coordenadas intelectuales. Creo que es falso quienes editorializan que el PSOE está rehaciéndose para volver a políticas coherentes a favor del sistema político que recoge nuestra Constitución. Quienes no quieren ver que el PSOE es un partido antisistema, antiespañol, que está por el cambio de régimen, equivocan a la población, generando, indirectamente, una sedación progresiva de ésta, que hace casi imposible la existencia de verdaderos ciudadanos en una sociedad lanar.

Sí, en efecto, la mayoría de los editorialistas y directores de los medios de comunicación de España piensan y escriben, lo cual no deja de sorprender, como si Zapatero fuera arreglar algún problema. Confunden, sospecho que interesadamente, causas con efectos. No quieren percatarse de que Zapatero no puede solucionar nada, porqué él, y solamente él, ha creado los problemas. Peor todavía, no quieren reconocer que para Zapatero no hay problema alguno, pues, en el fondo, no tiene otra aspiración que “legitimar” la existencia de tres territorios vinculados por la mediación “inmoral” de un alevoso y casposo Partido Socialista de las Tierras Ibéricas.

Justificar ese nuevo partido es el objetivo de lo que será el último Gobierno socialista de España tal y como ahora la conocemos. Esperemos que no lo consigan. Sin embargo, hay análisis “políticos” de la actuación del Gobierno socialista que niegan lo obvio o, peor todavía, contribuyen a crear unas ilusiones que sólo sirven para mantener sedada a la ciudadanía. Ya no vale hablar, por lo tanto, de incertidumbres autonómicas, exigencias exageradas de vascos y catalanes, peligrosos bailes con lobos y cosas parecidas... Todas esas son expresiones, en fin, lenguaje políticamente correcto para negar que Zapatero es el último eslabón de un problema, que el PSOE nunca quiso afrontar, o peor, contribuyó con sus políticas cínicas y totalitarias a profundizar: la desnacionalización de España. Reforma de Estatutos y cambios constitucionales vistos desde la óptica socialista sólo pretende un objetivo: la destrucción de la España democrática contenida en la Constitución de 1978.

Cataluña
La solidaridad bien entendida
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 2 Mayo 2005

Inútil demoscopia. Antes de las elecciones autonómicas se supo del nulo interés de los catalanes por nuevo estatut, en el que centraban sus campañas todos los partidos salvo el PPC. Piqué tenía motivos para creer que su defensa del vigente le beneficiaba. Pero no. El modelo de financiación que el tripartito no soporta es el que funcionó durante el felipismo sin que el PSC dijera esta boca es mía. CiU, que hoy se desmarca del proyecto por parecerle demasiado light, nada hizo para cambiarlo. El conseller Huguet, de ERC, alma del nuevo proyecto, sostiene que el déficit fiscal de Cataluña se disparó en 1993, gobernando el PSOE. Jamás en época de Felipe González recibió Cataluña inversiones del Estado que se acercaran a su cuota de población; con Aznar se superó.

Cuando el PP dejó el poder en 2004, el presupuesto de la Generalitat era superior en más de un billón de pesetas al de 1996, y el valor de los impuestos que gestionaba era seis veces mayor. Nada de eso se tiene en cuenta porque la reivindicación ha dejado de ser cuantitativa: se trata de cambiar el modelo, la filosofía, los principios. Escribe Huguet en el Avui del 1 de mayo: ”ERC ha conseguido una propuesta de modelo de financiación que satisface los principios de transparencia, bilateralidad y soberanía.” Hay que agradecerle la claridad; ya no hay dudas sobre el impulsor de la propuesta, ni sobre su trasfondo. Cae Huguet en connotaciones bélicas: “Con el acuerdo, el posicionamiento de Cataluña se sitúa a menos distancia de la victoria”. Pero si hay victoria, hay vencidos.

El hombre del que ERC ha conseguido su aproximación a la victoria es Maragall, que la asume como propia. Y luego está Montilla, ficha que se tumba en Barcelona para que caiga en Madrid. Cuando el impulso originado por el independentismo catalán tenga que derribar la última, quizá la encuentren tumbada, sesteando, desentendida del juego, de las victorias y de las derrotas, rendida a priori, desde que se comprometió a aceptar sin más el estatut que enviara el Parlament. Montilla hace sin embargo su trabajo, no vaya a ser que alguien levante a Zapatero y lo apuntale. Es tarea del ministro colocar el producto republicano con otro envoltorio: “...respeta las reglas del juego”; “...es útil para el conjunto de las comunidades autónomas”.

El 44 % de los catalanes cree que Cataluña es una región; el 21 % cree que es una nación (Instituto Noxa, La Vanguardia). Millones de catalanes son andaluces o extremeños de segunda y tercera generación. Tienen hermanos, padres, abuelos, tíos, primos y sobrinos en el sur de España. Y son masivamente votantes del PSC. Sin la llegada de otros españoles durante el siglo XX, Cataluña tendría 2’6 millones de habitantes (Centro de Estudios Demográficos de Cataluña). Si el nuevo modelo de financiación es insolidario, ellos lo acusarán, lo denunciarán, presionarán a Maragall... ¿O no? Pues claro que no. En este pliegue de la lógica radica todo. Y si ellos no envían su mensaje, yo tampoco. Inútil demoscopia.

1 de mayo en Barcelona
Algo se mueve en Cataluña
por Carmen Leal Libertad Digital 2 Mayo 2005

El primero de Mayo, en la tradicional manifestación de los trabajadores en Barcelona, se han producido novedades importantes para los que hemos asistido a ellas, unas veces como participantes y las mas como espectadores. Es cierto que cada vez son menos multitudinarias estas celebraciones porque los trabajadores son menos reivindicativos y prefieren descansar en la playa o donde sea. También es cierto que los dos grandes sindicatos de izquierda CCOO y UGT las dirigen y hasta las manipulan con consignas al uso que ni sorprenden ni entusiasman a nadie. Siempre hay grupos que con sus banderas republicanas o independentistas catalanas ponen la nota de color en toda la algarabía de ruido y color rojo con hoces y martillos. Estos símbolos de clase obrera, son asociados por los jóvenes como mera decoración de la izquierda, nunca como herramientas, que lo fueron, de trabajo manual.

Ayer la novedad estuvo en un grupo significativo de muchachos muy jóvenes, que tras una pancarta bien roja, coreaban coplillas ingeniosas en castellano, lengua “impropia” de Cataluña, y en desuso total en todas las manifestaciones. La sorpresa era tal y las cancioncillas tan agudas que la gente ,que asistía en los laterales a “ver pasar la manifestación”, aplaudía y aún coreaba las canciones por lo pegadiza de la tonadilla y el ingenio de la letra.

No me resisto a copiar algunas:

La estatua de Franco
ya la hemos “quitao”
y ahora solo falta
la de Sabino en Bilbao.

Robando voy, robando vengo
robando voy, robando vengo
y las del Carmelo, se van cayendo
Se van cayendo

Que fatalidad, que fatalidad
El Plan Ibarretxe
Lo tienen que enterrar

Somos los curritos
estamos requetebién
con pisos de treinta metros
España ya va muy bien

La clase obrera
no quiere más fronteras

Otra novedad. Delante de estos muchachos con su pancarta al uso, había otra pancarta muy grande sostenida por personas no tan jóvenes, que parecían (o al menos ese es mi parecer) profesionales bien cualificados en vaqueros, camiseta y gorra, que rezaba “Por una izquierda no nacionalista” y la firmaban los grupos de base de I.N.N.

Son tres datos a tener en cuenta. Primero, consignas y cancioncillas en castellano, entonadas por gente muy joven, que sabe catalán y elige el castellano en público ejerciendo un derecho. Segundo, gente muy joven y con sentido crítico se atreve a ridiculizar el nacionalismo vasco, el poder omnímodo del tripartito nacionalista catalán, y lo hace en público. Tercero, una pancarta bien grande con tres palabras significativas: “Izquierda No Nacionalista”.

Hace pocos días en el periódico El Mundo, un articulo del Profesor Trias apuntaba la posibilidad de un proyecto político situado entre el PP y PSOE que sirviese de bisagra para que, en vista de las dificultades de gobernabilidad de España, cuando no hay mayorías absolutas, se pudiese apoyar en ese partido y no depender de los partidos nacionalistas CiU, ni PNV.

Francesc de Carreras en La Vanguardia comentando la propuesta admitida casi unánimemente por los partidos catalanes de que figure en el texto del nuevo estatuto que “Cataluña es una nación” , y comparándola con la encuesta del Instituto Noxa en la que el 44% de la población dice que Cataluña es una región, y sólo el 21% que es una Nación concluye: “[hay] una parte muy importante de los ciudadanos que se sienten muy poco representados. Quizá hace falta un nuevo partido en Cataluña: habría que considerarlo seriamente”.

Algo se mueve en Cataluña . Se mueve desde la izquierda, y se mueve en la buena dirección.

Contra la secesión vasca
Por Juan Manuel DE PRADA ABC 2 Mayo 2005

EN su ensayo Contra la secesión vasca (Planeta), acechado por los nubarrones de la inquietud, José Antonio Zarzalejos deja muy pocos resquicios al humor. Uno de esos pocos resquicios lo constituye el relato del instante fundacional del nacionalismo vasco, en el que Sabino Arana, mecido por los vapores de un banquete copioso, improvisa un discurso mesiánico en el que propone poner en marcha un movimiento político que reclame la independencia de Vizcaya, para estupefacción de los comensales allí congregados. Otro pasaje involuntariamente cómico lo logra Zarzalejos reproduciendo la nota evacuada por el PNV, tras las manifestaciones que siguieron al asesinato de Fernando Buesa y de su escolta. En dicha nota, auténtico documento clínico en el que queda retratado el espíritu de una ideología instalada en un estado de permanente queja, se suceden los solecismos, anacolutos y demás estropicios sintácticos: «Existe la impresión -leemos-de que hay intencionalidades ubicables en un ministerio de Madrid de que quieren que se vuelva a la época en que los guerrilleros de Cristo Rey campaban a sus anchas». El mejunje de paranoia y dequeísmos estimula la carcajada; pero enseguida la hilaridad se muda en escalofrío, cuando advertimos que ese pensamiento que no acierta a expresarse sino a través de una sintaxis indecorosa ha conseguido sumergir a la sociedad española en una perenne crisis de identidad.

Quizá las páginas más memorables de este ensayo -que pasa lúcida revista a las deslealtades sucesivas del nacionalismo vasco, así como a su fructífero contubernio con los dispensadores de plomo- sean aquéllas en las que Zarzalejos traza el diagnóstico de la situación actual. Aunque escrito antes de las últimas elecciones vascas -que no han hecho sino subrayar la debilidad de un Gobierno que, como el Bartleby de Melville, «prefiere no hacer nada» ante la evidencia de un partido que concurre a las mismas en flagrante fraude de ley-, Zarzalejos acierta a poner el dedo en la llaga cuando denuncia «el torbellino de revisionismo y de revancha» instaurado tras los atentados del 11 de marzo. Un torbellino que halla su expresión más pavorosa en la declinante vigencia de la Constitución de 1978, sometida a la condición suspensiva de una reforma cuyo verdadero alcance nadie conoce, ni siquiera quienes la promueven (mucho menos ellos, convendría especificar); y que, entretanto, a medida que se suceden las omisiones gubernamentales, no hace sino envalentonar a los nacionalistas vascos y catalanes y elevar el tono de sus reivindicaciones. En un contexto en el que el presidente del Consejo de Estado puede afirmar sin rebozo que la unidad nacional de España es «en cierta medida una disposición transitoria», en el que el Gobierno -con tal de asegurarse su apoyo parlamentario- cede a las solicitudes más estrambóticas de los extremistas catalanes (los mismos que pactaron una tregua en su territorio con ETA), en el que las revisiones estatutarias se han erigido en cuestión primordial, en el que los constitucionalistas vascos se han visto obligados a regresar a las catacumbas, el nacionalismo se siente más cómodo y fuerte, más dispuesto a lanzar sus órdagos, aprovechando el desconcierto reinante. Naturalmente, dichos órdagos nunca aceptarán las soluciones de tránsito que propone nuestro Bartleby Zapatero: como escribe Zarzalejos, «el nacionalismo vasco jamás se dará por satisfecho, porque la insatisfacción es un elemento definidor, ideológico» de su doctrina, «de tal forma que pretender complacerle es un esfuerzo por completo estéril».

A esto se reduce, a la postre, la tragedia que vivimos: intentamos lacayunamente complacer a quienes nunca serán complacidos.

AMORES QUE MATAN
GERMÁN YANKE ABC  2 Mayo 2005

Maragall ama a España; lo que pasa es que España no comprende a Maragall», ha dicho el presidente del Gobierno al escritor Raúl del Pozo. Hace ya tiempo, el propio Zapatero explicó que, en amor a España, no le ganaba nadie. Aceptémoslo así, ya que es justo reconocer que no hay modo de discutir acerca de lo que alberga el corazón de cada uno. Pero ni el amor lo justifica todo ni es una categoría política. Ni la virtud del amante hace virtuosas sus convicciones ni el amor encendido es el camino adecuado para conocer la verdad. En política, además, la presuntuosa alusión al amor al país suele ocultar la vaciedad y convierte a la patria en el ropaje para esconder la incoherencia. El que se opone, el adversario político -se pretende aclarar- no ama a España como ellos; por eso no se les comprende. Sorprendentemente, el presidente ha añadido esta semana pasada al furor de este amor la retórica de la Patria Nueva y, en Galicia, nos la ha esbozado como aquella en la que, desquitada de las cadenas de la Historia, tiene una esencia compuesta por pretendidas identidades que reclaman, se dibujan a si mismas, y se realizan plenamente para «estar a gusto». Salvo los que le aplaudieron en esta conferencia, incluso quizá a alguno de ellos, la reacción lógica es pensar que la Historia no es lo suyo, que se nos ha vuelto el presidente una suerte de iluminado evocador del paraíso en la tierra. O que su amor a España está en una fase de confusión adolescente.

He escrito «sorprendentemente» y fue una palabra que, en aquel foro, utilizó Rodríguez Zapatero. Pero la sorpresa está en que el disfraz del amor a España lo utilice ahora la izquierda. Durante lustros fue la disculpa de la extrema derecha. La paradoja es que sea ahora la derecha la que defienda la nación democrática y que, en su lenguaje parlamentario, no nos llame al amor, sino al respeto de una concepción de la misma basada en derechos ciudadanos iguales, en la ley y las instituciones, en la solidaridad y la cohesión. Una parte de la izquierda es la que, en el siglo XXI, cree que el amor vindica las adhesiones inquebrantables, la nueva España basada en hipotéticos derechos de las tierras (que ironía: de las tierras), la suma de nacionalismos.

Tras las esperpénticas reivindicaciones fiscales de la Generalidad de Cataluña (fruto del amor, sin duda, de Maragall), se constató un cierto alivio cuando el Gobierno aclaró, someramente, que la financiación autonómica era asunto de todos los españoles. Pero Zapatero quiere trasladar ese debate a la llamada Conferencia de Presidentes. «Todos los españoles» ya no es el Congreso, ni el Senado, ni las instituciones democráticas representativas, sino un ambiguo organismo de la Patria Nueva. Si el talante es la democracia, como también dijo con cierto fundamentalismo, adiós talante. Y adiós democracia. ¿Y si todo fuera, a un lado la palabrería, una cuestión de pactos gubernamentales con quienes no sólo no respetan sino que combaten la nación democrática?

El PP catalán fuera de la Constitución
Por Jorge TRIAS SAGNIER ABC 2 Mayo 2005

EL mismo día en el que Alfonso Guerra daba un gran paso adelante, recordando que el proyecto de Estatuto de Cataluña violaba la Constitución, el Partido Popular catalán, de la mano de sus actuales dirigentes, se situaba al margen de la misma. Parece una historia increíble, un mal sueño, como si nos hubiésemos vuelto locos, pero es verdad: la cúpula de ese partido aceptaba algo que se contradice frontalmente con el artículo 3 de la Constitución: la obligación, en Cataluña, de usar el catalán. Transcribo, para que no se olvide, lo que dice la Constitución: «El castellano es la lengua oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla». Y aunque también se declare que el resto de lenguas pueden ser oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas, a nadie se le puede obligar a hablar otra lengua que no sea el castellano, diga lo que diga el nuevo Estatuto. Y, como no podía ser menos, en esta línea de sensatez, el Tribunal Constitucional acaba de afirma que los jueces, por ejemplo, no están obligados a hablar ninguna lengua cooficial.

Que los partidos nacionalistas, los que usan el terrorismo y los que se aprovechan de él, hace años están situados al margen de la Constitución es algo que, por más que intentemos retorcer las leyes, resulta evidente. Que el Partido Socialista de Cataluña está en esa misma línea de tomarse la Constitución a beneficio de inventario y dispuesto a que sea interpretada en clave de desistimiento -por seguir utilizando la feliz expresión de José Antonio Zarzalejos- debidamente aderezado con argumentos jurídicos tomados del uso alternativo del derecho alternativo que ofrecen malabaristas del derecho como Herrero de Miñón o Jesús Leguina, también resulta evidente. Pero que el PP de Cataluña acepte algo que va contra su propia esencia de ser, sino fuese porque es cierto, parecería una broma pesada. Pero no, parece que es verdad: los populares que se sientan en la mesa para discutir la reforma del Estatuto están dispuestos a aceptar la obligatoriedad de la lengua catalana y la denominación de Cataluña como Nación. ¿Qué importa, luego, que se rechace el modelo de financiación que propone el tripartito, si una vez configurada Cataluña como Nación, lo cual además va contra su propia historia, llegar a lo otro no será más que una cuestión de tiempo?

No entiendo el silencio de Mariano Rajoy en estas cuestiones. Los dirigentes populares de Cataluña no pueden caminar por una senda constitucional distinta de la del resto del partido, sobre todo cuando la inmensa mayoría de los catalanes que votan al PP son leales a la Constitución porque quieren seguir viviendo en un pueblo libre y no bajo una tiranía étnica. Estoy seguro que los líderes naturales del PP catalán, es decir, Aleix Vidal-Quadras y Jorge y Alberto Fernández Díaz, van a levantar, inmediatamente, otra vez, la bandera constitucional que en Cataluña, hoy, es la bandera de la dignidad. Por lealtad al compromiso que han contraído con el pueblo, tienen, hoy, una tremenda responsabilidad histórica.

Maragall trabaja para Carod
Fernando González Urbaneja Estrella Digital  2 Mayo 2005

El proyecto de gestión presupuestaria de Maragall (nos lo guisamos y nos lo comemos) gusta en Cataluña, allí perciben que les puede ir bien con ese modelo. Les han contado que pagan impuestos que recaudan los de Madrid y que luego les llega menos de lo que entregan, que buena parte se va más allá de la ribera sur del Ebro. Esa sensación de que reciben menos de lo que pagan, unida al insistente sentimiento nacionalista identitario y victimista compone un bien semillero para unas élites políticas enquistadas en el Presupuesto y deseosas de más. El lendakari Ibarretxe lo resumió en campaña electoral: prefiero que mi pensión la gestione el Gobierno vasco que cualquier otro, los míos lo harán mucho mejor, ¿cómo no?

La aspiración más decidida de buena parte de la sociedad española de la transición fue huir de fantasmas familiares del pasado e incorporarse a la gran corriente europea de la postguerra con democracias representativas y espacios de libertad, solidaridad y derechos individuales. En ese magma fraguó la trayectoria de la sociedad española durante el último cuarto de siglo, el mejor de una historia milenaria.

Durante ese periodo, las zonas de España que progresaron menos, en términos relativos y absolutos, fueron Asturias y el País Vasco, por razones diversas, entre las que cuentan sus peculiares relaciones con lo público. Asturias era depositaria del núcleo central de un sector público empresarial sobredimensionado y obsoleto. Pasó por una reconversión dura que consolidó un extenso e intenso sistema de protección que convierte esa comunidad en la de más baja tasa de actividad (48%), nueve puntos menos de la media nacional, con una tasa de paro del 11,6%, punto y medio más que la media nacional. La renta agregada de Asturias ha perdido peso en el conjunto nacional (va lenta) aunque mantiene las apariencias con un per cápita que no retrocede, por el estancamiento demográfico (cada día menos y más viejos) que no por dinamismo. No le fue bien tanta empresa pública a Asturias.

En el País Vasco el diagnóstico es parecido. Partían de una posición muy favorable, contaba con una base empresarial y un acopio de riqueza sobresaliente, el mayor de España. La Constitución del 78, además, consolidó para los vascos (con su anomalía terrorista y su pasión nacionalista) un sistema fiscal foral que supone evidentes ventajas de difícil justificación histórica. Con un sistema fiscal favorable, a su medida, nada solidario, con mercado libre, con una administración propia con todas las competencias imaginables (como ninguna otra región del mundo), el país Vasco no crece más que el resto de España. Los del PNV no han conseguido durante su largo dominio que a los vascos les vaya mejor que a los del resto de España, pero no están dispuestos a admitirlo. Ibarretxe está convencido de que allí se vive muy bien (se lo dijo a Recalde en el hospital a las pocas horas de recibir un tiro en la cara) y de que el nacionalismo excluyente produce prosperidad.

Maragall está la misma deriva: más nacionalismo con poder fiscal y político, con facilidades para poner y recaudar impuestos. Curiosamente, su popularidad en Cataluña baja; para ese viaje, mejor Carod y Esquerra, que tienen esas ideas de campanario mucho más claras. Detrás de la propuesta presupuestaria de Maragall hay análisis malo, antiguo, vulgar, politiquería que puede llevar a todo el partido socialista mucho más lejos de lo que imagina, a un singular desastre.

Si todas las autonomías, con no menos derechos que vascos y catalanes, se deciden por el mismo viaje del concierto con cupo, el empobrecimiento colectivo será tan histórico como el progreso del último cuarto de siglo, sólo que en sentido contrario. FG.urbaneja@terra.es

José María Barreda: «La propuesta de Maragall es inadmisible porque rezuma soberanismo fiscal»
Se ha convertido en uno de los azotes del PSOE a la hora de frenar las pretensiones soberanistas de Cataluña y el País Vasco. No le importa enfrentarse ni a Zapatero ni a sus compañeros socialistas. José María Barreda, presidente de Castilla-La Mancha, tiene claro que las intenciones de Maragall y Patxi López no encuentran cabida dentro de la Constitución, y por lo tanto, son inadmisibles. Asegura no sentirse solo en la defensa de la unidad de España porque le consta que su postura es mayoritaria dentro del PSOE. Alerta sobre los nacionalismos que empiezan reclamando ser una nación y terminan queriendo un Estado para esa nación, lo que, a su entender, es sencillamente imposible.
El presidente de Castilla-La Mancha sostiene que cualquier reforma del sistema de financiación debe ser consensuada entre todos
Pilar GÓMEZ La Razón 2 Mayo 2005

Madrid - Se muestra firme y rotundo en cada una de sus afirmaciones. Tiene la seguridad de quien lleva más de veinte años ligado a la política autonómica y se confiesa un defensor a ultranza de los principios básicos de la Constitución. Entró en el PSOE de la mano de Manuel Marín –al que define como «su padre ideológico»– y su condición de miembro del Comité Federal de los socialistas no le arruga a la hora de mostrar sus discrepancias con algunas de las propuestas de sus compañeros de militancia. Durante la entrevista hace varios silencios, como si intuyera que lo que va a decir pueda levantar ampollas.

–¿Qué le parece la polémica propuesta del Gobierno de Maragall de que Cataluña tenga una agencia tributaria propia?
–Lo que conozco de la propuesta que ha presentado el Gobierno de Cataluña no me gusta por lo que rezuma de soberanismo fiscal. Ni tampoco por lo que significa por la pretensión de cambiar la Constitución a través de introducir modificaciones en su Estatuto de Autonomía y en el sistema de financiación autonómica, que es una cuestión de Estado que no se puede resolver de manera bilateral sino con la participación de todos. Hay que recordar que el sistema actualmente vigente fue aprobado por unanimidad, es decir, tiene un gran consenso por lo que cualquier modificación que hubiera que introducir tendría que realizarse con el mismo nivel de acuerdo. Tratando de suscitar la unanimidad y haciéndolo entre todos.

– ¿Cree que actitudes como éstas sólo buscan generar desigualdades entre territorios?
– La pretensión de Maragall es inadmisible porque choca contra los preceptos constitucionales de igualdad y solidaridad. El apartado segundo del artículo 138 de la Constitución es muy claro especificando que ningún estatuto de autonomía supondrá ningún privilegio social ni económico alguno.

– Ésta no es la postura de líderes autonómicos de su mismo partido como Patxi López o Pasqual Maragall. ¿Ha detectado o ha recibido alguna llamada o señal de molestia desde el PSOE por esta divergencia?
– Yo he expresado con mucha claridad siempre mi opinión dentro del Comité Federal del partido y además estoy absolutamente convencido, y me consta, que mi postura es mayoritaria en el PSOE. Así he tenido ocasión de comprobarlo con muchos compañeros y, por otra parte, es el planteamiento oficial de la dirección del partido y del propio Gobierno. Con respecto a las pretensiones sobre financiación de Cataluña, el vicepresidente Solbes ha dicho que aquéllo que no encaja en la Constitución no se puede aceptar y, desde luego, la propuesta que ha hecho el Gobierno catalán no tiene encaje en la Carta Magna. Por otra parte, hay que acostumbrarse a no tener planteamientos dramáticos y mucho menos trágicos. Se trata de una propuesta que como tal se debe y se puede debatir, pero no tenemos que comulgar con ruedas de molino. Esto que han propuesto no va a misa necesariamente y estamos ante una propuesta que lógicamente es susceptible de modificarse. A mí, como presidente de Castilla-La Mancha, no me gusta y no me parece que encaje en la orientación de la propia UE en lo que se refiere a la armonización fiscal.

–Además de las demandas a nivel tributario hace unos días la Generalitat catalana expresó su voluntad de pasar a denominarse nación en lugar de Comunidad. ¿Cuál es su opinión sobre este asunto?
–Yo no tendría problemas si estuviéramos solamente ante una polémica nominalista. Llamarte de una manera u otra daría igual si no tuviera consecuencias. Pero yo no estoy seguro de que a medio y a largo plazo llamarte nación o región no signifique una consideración diferente. Eso es lo que no se puede aceptar de ninguna manera. De la misma forma que yo tengo una cierta prevención sobre algunos nacionalistas que empiezan reclamando llamarse nación y terminan queriendo un Estado para esa nación y eso desde luego está completamente fuera de lugar. Eso es sencillamente imposible.

–Ese nacionalismo al que usted se refiere es el que está sustentando a su partido en el Gobierno catalán y la futura vía para gobernar en Galicia. ¿Es peligroso que partidos como ERC o el BNG adquieran un papel tan relevante en la política nacional?
– Es inherente al ejercicio de la democracia. Eso no se puede obviar. En cada parte del territorio español la voluntad popular libremente expresada hay que respetarla. Y es verdad que hay un factor diferencial en esas comunidades que hacen que pueda haber partidos nacionalistas que en algún caso sean incluso mayoritarios. Lo que ocurre es que hay que saber resolver de manera pacífica y democrática, sin tensión, sin enfrentamientos, las dificultades que se plantean y que son inherentes a una sociedad plural que obliga a la búsqueda del pacto.

– ¿A cualquier precio?
– No. Siempre respetando las reglas del juego. Y las reglas del juego están marcadas por la Constitución española. Todos tenemos que jugar al mismo deporte. Lo que no se puede es jugar al fútbol y tratar de aplicar el reglamento del rugby. Eso es inaceptable.

–Con todos los frentes abiertos con sus compañeros de partido. ¿se siente usted apoyado o desautorizado desde la dirección?
-Somos un partido plural y ejercemos, como es lógico, nuestro derecho a la libertad de expresión. Pero además en el caso de los presidentes de comunidades hay que saber, y sabe todo el partido y su dirección, que nos debemos a la tierra donde gobernamos. Y no puede haber en ese sentido conflicto de lealtades porque saben que nuestra obligación primera es defender con fuerza aquello que hemos jurado defender y para mí son los intereses de Castilla-La Mancha.

– La primera Conferencia de presidentes fue calificada por Zapatero como todo un éxito. Ahora que el ambiente está más caldeado ¿Qué espera de la reunión de septiembre?
– Hay que ver el orden del día. En la anterior reunión se habló de tratar la financiación sanitaria, las insuficiencias que ha planteado el sistema pero no una modificación del sistema de financiación en el sentido que propone Maragall.

Enfrentamiento con ministras.
– La no derogación del trasvase Tajo-Segura le ha causado más de un disgusto con la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona.
–Su papel en este asunto era complicado. Ella es la ministra del Gobierno de España y por lo tanto contempla las cosas con una visión general de todo el territorio. Mi obligación es defender los intereses de mi Comunidad y eso ha producido algún desajuste.

– Pero resulta contradictorio que desde el ministerio se sostenga una política antitrasvasista a la hora de justificar la derogación del trasvase del Ebro y a la vez se apoye el del Tajo-Segura.
– Por supuesto. No se puede justificar intelectualmente la derogación de un trasvase previsto desde la desembocadura, como era el caso del Ebro, y tratar de justificar un trasvase que se hace desde la cabecera como es el Tajo-Segura. Cualquiera comprende que un trasvase hecho desde la cabecera afecta más a toda la cuenca del río que uno hecho desde la desembocadura.

– ¿Usted mantiene que la única solución sigue siendo cerrar el grifo a Murcia?
– El final del trasvase es un proceso que va a tener lugar en algún momento de una manera absolutamente natural. No se trata de cerrar el grifo mañana. Siempre que la Región tenga agua que ceder a Murcia o a Levante para beber la ofreceremos. Yo lo único que digo es que la disponibilidad del Tajo es la que es. Y que por una parte hay que respetar el caudal ecológico del río y además hay que aplicar la preferencia de la cuenca cedente para el uso propio del agua. Es lógico que la cuenca que cede tenga prioridad sobre la cuenca receptora. Eso incluso está así dicho desde la creación del trasvase en 1971 y luego se ha ido reiterando a lo largo de toda la legislación. Pero eso no se podía aplicar en la práctica. Ocurría con esta normativa en relación a Castilla-La Mancha lo que con las leyes de Indias que se acataban pero no se cumplían. Ahora el acuerdo alcanzado con el Ministerio de Medio Ambiente significa la introducción de una enmienda para que tenga rango de ley ese reconocimiento y la puesta en marcha inmediata de todas las obras que garanticen que de una manera efectiva la región va a poder utilizar también el agua y la infraestructura del trasvase Tajo-Segura.

–¿ A tratado con el presidente de Murcia, Ramón Luis Valcárcel esta situación?
–Valcarcel es consciente de que el final del trasvase es inexorable. El desarrollo sostenible de Murcia no puede basarse indefinidamente en un recurso que está lejos de esa comunidad. Que no le es ajeno, porque el agua es de todos los españoles, pero sobre el cual hay otro territorio que tiene preferencia y que además es un recurso escaso. No se puede estar ni contra la evidencia ni contra la naturaleza permanentemente. El Tajo desemboca en el Atlántico no en el Mediterráneo, necesita llevar un caudal que asegure la calidad de sus aguas y tiene que satisfacer las necesidades de la cuenca.

–Además de con Maragall y Narbona también tiene usted algunas diferencias con la ministra de Agricultura sobre la propuesta de Espinosa de que se elija en un sorteo el representante autonómico que acude a Bruselas.
– No creo que se deba aplicar la medida del sorteo. En un sorteo le puede tocar, dicho sea con todo respeto, a Asturias representar el vino. Lo lógico es que sea la región que más intereses se juega.

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