AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 4 Mayo 2005
Qué error! ¡Qué inmenso error!
Juan Francisco Martín Seco Estrella Digital 4 Mayo 2005

¿Y el Pacto Antiterrorista
Editorial ABC  4 Mayo 2005

De sectarismos y paradojas
J. J. ARMAS MARCELO ABC 4 Mayo 2005

El asalto del Plan Maragall
Lorenzo Contreras Estrella Digital 4 Mayo 2005

Una escena de sofá consentida por ZP
Ignacio Villa Libertad Digital  4 Mayo 2005

El valor de la democracia
Editorial Libertad Digital  4 Mayo 2005

Ruta inadmisible
Editorial El Correo 4 Mayo 2005

Federalismo asimétrico y otras asimetrías
José Javaloyes Estrella Digital 4 Mayo 2005

Carta al presidente del Gobierno
Mikel Buesa ABC 4 Mayo 2005

El «ibarrazo»
FERNANDO ÓNEGA La Voz 4 Mayo 2005

Ibarretxe y la “oportunidad de oro”
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital 4 Mayo 2005

Dos horas con Arnaldo
TONIA ETXARRI El Correo 4 Mayo 2005

Piqué gallardonea contra su partido
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 4 Mayo 2005

¿De izquierdas y no nacionalista
Bitácora Bye Bye Spain 4 Mayo 2005

El PP culpa a Zapatero de la «indecencia democrática» de que Otegi mande otra vez
C. Morodo La Razón 4 Mayo 2005



 

Qué error! ¡Qué inmenso error!
Juan Francisco Martín Seco Estrella Digital 4 Mayo 2005

Nadie se atreve a decirlo, pero cada vez somos más los que lo pensamos. ¡Qué error!, ¡qué inmenso error se cometió al diseñar el Estado de las Autonomías! Lejos de solucionarse los dos problemas que entonces supuestamente existían, se han creado otros quince y se han agravado aquellos dos problemas originales. Habrá que comenzar a decirlo.

Y es que se pretendió realizar un experimento nuevo, sin precedentes. Hasta ese momento se conocían dos maneras de crear un Estado federal. La primera, por la unión de distintos estados independientes que para ganar en fortaleza y eficacia ceden progresivamente competencias a la Unión. La segunda, la asunción de esa forma política, la federación, por un Estado que ha perdido una guerra y los vencedores se la imponen para debilitarle y como garantía de que le será más difícil retornar a veleidades expansionistas. Lo ignoto radica en que un Estado decida de forma libre y espontánea entrar en un proceso de disgregación.

Porque el verdadero problema radica en que el proceso, lejos de converger en una situación de equilibrio, diverge de forma explosiva, sin límites y sin fin. Bajo una fuerza centrífuga, las nuevas comunidades creadas reclaman más y más competencias sin posibilidad de término. Es más, ha surgido en cada una de ellas una clase política cuyos intereses, prestigio y poder están unidos al proceso autonómico. Serán tanto más importantes cuanto más competencias logren para su autonomía; de ahí el interés de estimular en la población sentimientos nacionalistas y provincianos, creándolos en algunas regiones que jamás los habían albergado y, en otras donde ya existían, exacerbándolos hasta un extremo desconocido.

Estas clases políticas funcionan como verdaderos sindicatos de intereses. Diecisiete sindicatos instalados permanentemente en la reivindicación frente al Gobierno central, sin darse cuenta de que, en el fondo, los intereses de éste no difieren de los del conjunto de las autonomías. Existe un sistema de suma cero en el que lógicamente lo que unas ganen las otras lo perderán.

No se entiende por qué la transferencia de competencias incrementa el autogobierno, ¿es que acaso el Gobierno central no es también autogobierno o es que en un Ayuntamiento hay más autogobierno que en una Autonomía y en ésta más que en la Administración central? El mayor o menor grado de autogobierno no parece que esté determinado por la circunscripción territorial, sino por lo bien o mal que funcionen los mecanismos democráticos. Tampoco está nada claro que la descentralización haya contribuido a la eficacia. Está por realizar el estudio de los despilfarros en el gasto público, las duplicidades, el clientelismo, la explosión de las burocracias que ha originado el proceso autonómico.

Los problemas sociales y económicos han sido desplazados por el problema autonómico. ¿Cuánto tiempo hace que los medios de comunicación dan un trato de preeminencia absoluta a este tema relegando a un lugar secundario cualquier otro asunto? La lucha de clases se ha sustituido por la guerra entre regiones. El pluralismo no es ideológico sino territorial. Y las disputas pueden tener un alto grado de ofuscación y parcialidad. Si no, ¿cómo explicar que Cataluña y el País Vasco adopten tamaño victimismo y consideren que el resto de las autonomías, curiosamente las más pobres, les explotan?

Y lo más grave es que en este disparatado espectáculo la izquierda también desempeña y asume un papel nada lucido. La propuesta de financiación recientemente presentada por el tripartito para Cataluña se basa en un principio que debería ser inaceptable para cualquier fuerza progresista y que incluso creíamos ya abandonado por todos en la esfera política, la de que aquellos que más impuestos pagan tengan que recibir mejores servicios. Ése es un axioma del mercado que precisamente toda Hacienda Pública pretende corregir. Cataluña no paga más que Andalucía, son los catalanes los que quizás paguen por término medio más que los andaluces, pero simplemente porque, también por término medio, su renta es mayor.

La propuesta de que sean las regiones las que contribuyan al Estado central se da tan sólo en los primeros momentos de un proceso federal o confederal. A poco que avance la integración, la federación contará con sus propios impuestos. En la Constitución de los Estados Unidos de América, sólo en el inicio eran las distintas colonias las que tributaban a la federación, pero ésta comenzó a tener ingresos propios enseguida, aceptándose el principio de que la contribución al Gobierno central era personal y no por intermedio de los estados federados. Uno de los extremos que algunos hemos criticado a la Unión Europea es precisamente el que su presupuesto no cuente con impuestos propios y se nutra de las aportaciones de los estados miembros. Lo increíble es que dentro de nuestro país algunos pretendan retrotraerse a esos estadios primarios de la Hacienda Pública superados hace siglos. Bien es verdad que, contra toda lógica, nuestra Constitución permite en la actualidad tal modelo para Navarra y el País Vasco.

Que el proceso es explosivo se constata de forma palmaria en cuanto se contemplan los términos de las negociaciones autonómicas. Siempre se parte de lo conseguido como suelo ya consolidado y se negocia más a más, jamás a menos. Quizás ya es hora de plantearse si el menos no es también posible.

www.mundofree.com/martinse

¿Y el Pacto Antiterrorista?
Editorial ABC  4 Mayo 2005

EN la reunión que mañana mantendrán en La Moncloa el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el lendakari, Juan José Ibarretxe, se va a hablar mucho de ETA y de la izquierda abertzale. Sin duda, Ibarretxe transmitirá a Rodríguez Zapatero los mensajes pactados con Arnaldo Otegi, con quien el lendakari estuvo ayer reunido durante más de dos horas, a pesar de que Otegi representa a una organización declarada ilegal por el Tribunal Supremo. Sin embargo, parece que el principio de legalidad, la obligatoriedad de las sentencias judiciales y los pactos con el PP no van a ser obstáculos para los nuevos «escenarios» que tanto ansía el Gobierno socialista en el País Vasco, aunque para lograrlos tenga que tomar decisiones sumamente arriesgadas. Entre ellas, la que supone buscar una salida al problema de ETA distinta a la que se contiene en el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, pues en el dibujo de la situación que contempla Zapatero el PNV y el acercamiento al mundo abertzale tendrían un protagonismo incompatible con el del PP. Éste sería un capítulo crucial de la política vasca del presidente del Gobierno, quien no parece afectado por el hecho de que el primer resultado de su estrategia de normalización se llame Partido Comunista de las Tierras Vascas y cuente con nueve escaños en el Parlamento de Vitoria.

El hecho mismo de que el jefe del Ejecutivo haya asumido esta iniciativa implica una voluntad de optar por un escenario que dejaría sin efecto la Ley de Partidos Políticos -cuya vida real está en manos del Ejecutivo, directamente o a través del fiscal general del Estado- y derogaría de facto el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo suscrito, a instancia de Rodríguez Zapatero, con el Partido Popular. Se trata de una inflexión, no tanto de la política antiterrorista, cuanto de la determinación del Estado en la lucha contra ETA, que implica el abandono de un objetivo hasta ahora irrenunciable: la derrota incondicional de los terroristas.

El Gobierno está en su derecho de reclamar para sí un margen de maniobra irrenunciable para llegar al cese definitivo de la violencia. Pero debe hacerlo asumiendo desde el principio todos los costes implícitos, políticos y sociales. El primero es la ruptura de una política de Estado que había dado resultados históricos y que ha situado a ETA en el nivel de debilidad que ahora permite a Rodríguez Zapatero especular con un proceso de negociación que llegue a una foto final.

Pero el Ejecutivo, aunque quiera, no tiene manos libres en la gestión de una política que es de Estado, aunque rompa el acuerdo con el PP, formación a la que Zapatero no debería marginar y que se encontraría en una situación de arrinconamiento que debería gestionar con prudencia e inteligencia, pues no en vano es la voz de diez millones de españoles. El Gobierno debería saber que en ese nuevo diseño táctico están involucradas las víctimas, las instituciones, el poder judicial, las leyes y la Constitución. El Gobierno puede pensar que el final de ETA está tan cerca que sólo queda elegir la forma. Y es aquí donde reside el riesgo absoluto de esta operación a varias bandas, donde juegan no sólo políticos con responsabilidad pública, sino terroristas sin escrúpulos para el engaño y el crimen. Tan erróneo es menospreciar la capacidad criminal que aún conserva ETA como sobrevalorar su disposición interlocutora.

Es lógico que Rodríguez Zapatero piense que la operación puede salir bien: un cese definitivo del terrorismo, una izquierda abertzale en el Parlamento vasco y el camino allanado para negociar con el nacionalismo una transformación radical del Estado. Pero puede salir muy mal, porque con ETA ya se ha intentado todo, incluyendo una amnistía, negociaciones, contactos... Al final, sólo ha funcionado el Estado de Derecho.

Al presidente del Gobierno habrá que juzgarlo no sólo por los resultados, sino por el coste de los medios empleados. Se había encontrado el término medio: la aplicación de la ley, con mano de hierro en guante de seda. Pero Zapatero cree tener otra opción. Tiene toda la legitimidad para diseñar cuantos escenarios crea convenientes. Y el reto de acertar en un asunto en el que los errores de cálculo se pagan muy caros.

De sectarismos y paradojas
Por J. J. ARMAS MARCELO ESCRITOR ABC 4 Mayo 2005

PARA muchos ciudadanos españoles, la política de nuestra democracia parece estar condenada para toda la eternidad a sortear las paradojas y los sectarismos que, como colesterol malo, ella misma planta, vendimia, produce y vende como si fuera una factoría de disparates.

En 1996, cuando la gran paradoja de Aznar ganó las elecciones en minoría, un amigo cercano me contó el significativo episodio que había sufrido él mismo por aquellos días. Uno de los periodistas adscritos al PSOE, amigo suyo hasta entonces, lo invitó a comer en un italiano frente al Dikens, en el corazón del barrio madrileño de Salamanca. En un momento determinado de la tenida, el periodista le preguntó: «¿Y qué va a pasar con mi telediario?» (sic). El lenguaje nos delata: obsérvese el desarrollado sentido de la propiedad del preguntón. «Pasará como con González y Calviño. Te quitan y ya está. Otro», le contestó mi amigo. Hasta entonces, la comida había transcurrido por caminos de afable conversación, diálogo fluido, recuerdos comunes y cosas así. A partir de la respuesta de mi amigo, el suyo cambió de rostro, le subió el sulfúrico y avisó con denuedo: «¡Pues mucho cuidado, porque vamos a volver antes de lo que supones y cortaremos muchas cabezas!». Me contó mi amigo que, ante el exabrupto de su hasta entonces amigo y siempre un gran sectario, no tuvo otra delicadeza que el sarcasmo: «Tanto daño me hagas como miedo te tengo, muchacho», dijo. «Parece mentira», le dije a mi amigo cuando me hizo el relato y descubrió el nombre del periodista tan poéticamente afectado casi siempre.

La pequeña historia de los pueblos, sus vicios y sus virtudes, está en la suma de los episodios a los que la sociedad no da importancia porque los tiene por anécdotas irrelevantes. Hasta que la bola de nieve se le viene encima convertida en un alud de incalculables dimensiones. Es lo que sucede con el sectarismo en nuestra frágil, aplaudida y, por paradoja, denostada democracia. Los partidos políticos de nuestra democracia marcan la fiebre del sectarismo que se está adueñando poco a poco de la sociedad española con grave riesgo de enfermedad mental. Esos mismos partidos políticos, de cualquier pelaje ideológico, se llenan de comisarios, observadores, espías y delatores secretos que levantan informes con los que, a veces, se somete al militante o simpatizante propios a juicios sumarísimos e inquisitoriales por su tibieza excesiva con el enemigo político o por su falta de pasión al defender pública o privadamente a los jefes de la secta o a la propia secta que tantos beneficios ha concedido a los desagradecidos. Otras veces se condena al ciudadano crítico e independiente al viejo vicio del ostracismo civil, sin motivo aparente, cuando no al silencio mortuorio, por el hecho de no ser afecto a nosotros y a los nuestros. Es lo que Manolo Millares, en su implacable discurso moral, denominó «la técnica de la mezquindad», que en este país, por lo que estamos viendo, no es patrimonio esencial de las derechas ni de las izquierdas, sino de cualquier ideología que asuma la tentación idolátrica de la superstición, realidad demasiado frecuente en nuestra historia para que pasemos página como si mereciera el olvido.

Cuando afirmamos que el sectarismo radical se ha ido instalando lenta, insensata pero imparablemente en la política y en las costumbres de la sociedad española, no estamos más que describiendo un estado lamentable de cosas que creíamos, por ingenuos, haber desterrado con la llegada de las libertades, el respeto a los derechos humanos y los valores democráticos. Estado de cosas al que hay que añadir un segundo riesgo, éste más natural pero no menos peligroso y gratuito que el primero: el gusto de nuestras clases dirigentes y el de nuestros partidos democráticos -aunque algunos no lo sean tanto y otros nada, sea dicho de paso- por jugar en exceso con las paradojas en la política. Un ejemplo de todos los días: Euskadi. En las últimas elecciones autonómicas, el lendakari Ibarretxe ha visto derrotado con estrépito, y sin paliativos (por mucho que los paños calientes traten de endulzar el gesto de estupor de su rostro), el plan que lleva su apellido y firma: muchos de los suyos se han quedado en casa, rechazando su invitación al plebiscito; sus adversarios políticos, incluso los batasunos, le han robado la cartera en buena lid, como se dice popularmente.

Recapitulemos con suavidad: con apoyo batasuno, pudo llegar Ibarretxe y su plan al Parlamento español para ser derrotado por el sentido común de la política española. Su mejor apoyo entonces, los batasunos independentistas, son ahora los sepultureros en el entierro de su proyecto soberanista. Y encima se quedan la llave de la tumba. Ahora, si este país nuestro no fuera tan paradójico, Ibarretxe tendría que negociar un estatuto para todos los vascos en Euskadi, donde tenía que haberlo hecho siempre, y con todos los partidos políticos vascos, sin desplantes ni soberbias excesivas. Otrosí paradójico: los batasunos, los peores enemigos de la democracia española, por terroristas e independentistas, han terminado por ser, al menos por un día, el del plebiscito fracasado, los mejores aliados objetivos de los constitucionalistas españoles. Ellos solos, los batasunos, con su pretendida victoria en las urnas (no tienen mucho más de lo que ya tenían; tienen mucho menos de lo que tuvieron: paradoja sobre paradoja, con menos, más; con más, menos) se han bastado para acabar con las esperanzas de glorioso héroe nacional de Juan José Ibarretxe, vicio tan antiguo como español, qué paradoja, el de la ansiosa heroicidad adanista.

No soy partidario de entrar, al menos esta vez, en disquisiciones políticamente correctas y morales, jardines donde cada uno entra con las gafas del color con el que más nos gusta mirar desde la orilla al horizonte, sino dejar al pairo la vela y que cada palo aguante el golpe de mar que le corresponda. Salvo para los ciegos voluntarios, es un hecho que el País Vasco ha derivado en laberinto inextricable, y lleno de minotauros de andar por casa, por la irresponsabilidad mayor de sus gobernantes, que han utilizado el rumbo y el timón como si fueran una misma herramienta, un arma sectaria y arrojadiza contra todo cuanto se movía en dirección opuesta. Timón y rumbo han devenido en bumerán paradójico para caer encima de quienes, mucho más nacionalistas y carcas que el obsoleto concepto de nación que manejan como si fuera el infinito cargado de futuro, no deben ni pueden lavarse las manos en su función de hacedores del disparate. Hasta el momento presente, ni Quebec, ni Ulster. Ni balcanización todavía, sino paradoja sobre paradoja, extendiéndose como chapapote (sí, la metáfora es de dominio público y no de aquellos sectarios que quieren secuestrarla como si fuera de su propiedad privada) por otros territorios de la España constitucional, allá donde los egoísmos de determinados dirigentes y partidos políticos están muy por encima de las urgencias y necesidades de la realidad ciudadana. Negar esa evidencia, y sus muchos riesgos, sería una cruel paradoja que no podemos permitirnos los constitucionalistas. Como sería de sectarios irredentos negar la posibilidad (no olviden la recomendación del Tío Albert: todo es relativo) de una reconducción del deteriorado proceso político vasco, hasta llegar a un lugar de encuentro donde la superación de tantos enconados contrarios sea la gran esperanza de una convivencia en paz. Sé que traduzco un optimismo tal vez excesivo, pero tengo derecho civil (y perdonen la redundancia) a luchar contra los molinos de viento, la paradoja perpetua y al sectarismo rampante, con el artefacto de la palabra escrita. Sobre todo en el año quijotesco que estamos celebrando, por cierto, por todo lo alto...

El asalto del Plan Maragall
Lorenzo Contreras Estrella Digital 4 Mayo 2005

La voluntad nacionalista catalana de no involucrarse en las instituciones del Estado de la Autonomías, aunque considere “todavía” necesario negociar con el Gobierno, se ha hecho patente con la pretensión de Maragall en el sentido de no negociar su proyecto de financiación de Cataluña en el seno de la Conferencia de Presidentes de las Comunidades. Maragall pasa por ser federalista, a fuer de socialista, pero en el fondo es difícil no situarle en el ámbito nacionalista más o menos puro. Su dependencia política de ERC, donde naturalmente Carod-Rovira sigue mandando, acentúa su característica de promotor de una política que rebasa el proyecto pujolista y hace que la propia CiU se radicalice y desde la oposición exija más de lo mismo, un mayor paso hacia el independentismo neto.

En Madrid, el PSOE estatal, a través de su propia dirección, ha hecho saber que la propuesta de acabar en Cataluña con la Administración tributaria central equivale allí a la “expulsión fiscal del Gobierno de España”. Pero, naturalmente, no se advierte ni se presiente nada que rebase la mera retórica de la advertencia vacua. Cuando se reúna la Conferencia de Presidentes se podrá comprobar el peso del zapaterismo a la hora de corregir con decisiones y actitudes prácticas el Plan Maragall, “desviado de la dirección que se buscaba”, siempre según el criterio que ha transmitido la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega.

Maragall y su entorno quieren que la negociación del nuevo “estatus” financiero de Cataluña se produzca de tú a tú con el Ejecutivo central, es decir, sea fruto de una negociación bilateral, sin la participación de otras comunidades autónomas. Lógicamente, el concepto de solidaridad territorial, consagrado en la Constitución, está en peligro. Pero entonces aparece otra vez la retórica, y el señor Bargalló, primer consejero del Gobierno catalán y sucesor de Carod-Rovira cuando éste se vio obligado a “retirarse” por sus contactos con ETA, va y asegura que el nuevo modelo de financiación para Cataluña no quiebra el principio de solidaridad. Lo dice él y punto redondo.

La verdad es que todo queda bastante diáfano. Porque el propio Bargalló ha matizado lo que debe entenderse por federalismo a los efectos prácticos. Lo define como la antesala del confederalismo, del mismo modo que este último concepto sirve de precedente a la soberanía. Ahora bien, Bargalló saca el seny de su bolsillo político y avisa de que “no es el momento” de plantear la soberanía de Cataluña.

Así pues, todos tranquilos, del mismo modo que es preciso conservar ese talante cuando se comprueba que Ibarretxe recibe en su sede del Gobierno vasco al señor Otegi, incorporándolo al funcionamiento institucional aunque su partido, Batasuna, esté ilegalizado. El lehendakari no tiene ahora por qué recordar lo que en su día dijo: que jamás contaría ni negociaría con el brazo político de ETA. Lo que pasa es que tras estas palabras, todavía calientes en su momento, vino el 17 de abril, las elecciones vascas, y el escenario político cambió. Y cuando cambian las circunstancias, aunque no se modifique la naturaleza del interlocutor proetarra, cambia igualmente el discurso. Es la vigencia de la cláusula rebus sic stantibus aplicable a los tratados internacionales, pero de posible invocación analógica en este caso. O sea, lo pactado se cumple o la palabra se respeta mientras las cosas sigan igual que estaban. Pero en Euskadi ya no están lo mismo.

Una escena de sofá consentida por ZP
Ignacio Villa Libertad Digital  4 Mayo 2005

La presencia de dos líderes de Batasuna en la sede del Gobierno de Vitoria es el reflejo de la realidad del País Vasco. Ibarretxe sentado con Otegui y Barrena es la imagen de la estrategia del nacionalismo vasco y del terrorismo que marchan de la mano desde hace mucho tiempo. Un escena de sofá consentida y alentada por la inacción del Gobierno Zapatero.

Es imposible que en una democracia moderna se pueda entender que un jefe de Gobierno reciba a los representantes de un partido político ilegalizado por pertenecer a una banda armada. Dos representantes que, por cierto, no se han podido presentar a las últimas elecciones por esa ilegalización. Esa escena es, en resumen, imposible de explicar desde cualquier punto de vista democrático; aunque ciertamente estamos en definitiva ante la repetición –una vez más– del Pacto de Estella, que ha llevado al Parlamento de Vitoria, en otras cosas, a una situación insólita en Europa.

Precisamente hablando de Europa. ¿Cómo puede explicar el Gobierno español en la Unión Europea que el presidente Zapatero no diga lo más mínimo sobre esa reunión de Ibarretxe con un grupo político que se encuentra en la lista de las bandas terroristas de la Unión? El presidente ha laminado el Pacto Antiterrorista y la Ley de Partidos en la en España; pero es que ahora además está destruyendo todo lo que se había conseguido en Europa. Ha costado mucho tiempo y mucha dedicación que nuestros colegas europeos alcanzaran a entender que ETA y su entorno político y económico era todo terrorismo. Ahora Zapatero –en plan redentor– se ha creído que en "dos tardes" iba a arreglar las cosas. Una sonrisa aquí, un poco de talante allá y se acabó. Y no se puede olvidar que estamos hablando de terrorismo y con eso no se hacen cálculos políticos.

Zapatero recibe a Ibarretxe el próximo jueves en La Moncloa. ¿Cuál va a ser la estrategia del presidente? ¿Seguiremos con el conchabeo, con la negociación bajo cuerda y con el cambio de cromos? Conociendo al inquilino de la Presidencia, el guión va a estar lleno de diálogos azucarados. Al Gobierno se le ha olvidado que los ciudadanos necesitamos a un Ejecutivo fuerte y con principios en la lucha contra el terrorismo. Y ninguna de las dos cosas son siquiera conocidas por ZP. En este plan el camino está siendo ya una auténtica tortura.

Opinión
El valor de la democracia
Editorial Libertad Digital  4 Mayo 2005

Dice en algún sitio Gil-Robles que el prestigio de la democracia ha llegado a tal nivel que incluso sus enemigos se presentan como demócratas. Así se habla de democracia popular, democracia orgánica, democracia nacional-socialista, etc. El punto central de todas ellas consiste en su oposición a la democracia liberal, la basada en las libertades públicas y que funciona por medio de partidos (aunque no exclusivamente).

En realidad, la democracia, tomada literalmente, no existe, ni siquiera existió en la Atenas clásica, donde sólo una minoría de los ciudadanos libres asistía a las asambleas. El pueblo nunca opera como un todo conjuntado, salvo en ocasiones muy críticas, y ni siquiera. Tampoco tiene sentido que la mayoría mande sobre la minoría. En realidad en todos los regímenes manda una sola persona rodeada de un pequeño grupo, el gobierno. Ni siquiera los partidos caracterizan a la democracia de modo esencial. Los partidos existen siempre, aunque en otros regímenes aparecen como camarillas que intrigan o presionan oscuramente en torno al poder. Ni la caracterizan las votaciones, pues muchas dictaduras se han apoyado en votaciones de tipo plebiscitario. Lo que diferencia a la democracia de otros regímenes es el carácter limitado y controlado del poder, tanto en sentido temporal como esencial, y ello sólo puede conseguirse mediante las libertades públicas y las instituciones derivadas de ellas. Éstas son una aportación básica del liberalismo, y por tanto no parece posible una democracia no liberal. Cualquier pretendida democracia ajena a las libertades públicas constituye o degenera rápidamente en tiranía de alguna clase.

Se suele acusar a la democracia de poner al mismo nivel el voto de una persona de gran valía intelectual que de un semianalfabeto, de un arquitecto que de un barrendero. La experiencia ha demostrado, sin embargo, que en materia política la proporción de necios, de corruptos o de tiranuelos no es menor entre los ilustrados que entre los iletrados. Es más, los necios iletrados se guían generalmente por los necios ilustrados. Y nadie aceptaría hoy que los intereses generales fueran decididos, sin más, por una minoría de personas supuestamente sabias y clarividentes. La experiencia también prueba que esas minorías se vuelven pronto tiránicas y corrompidas en ausencia de control público y de competencia de otras minorías, es decir, de otros partidos. Además, la naturaleza humana está sometida de modo inevitable al riesgo, a un elemento de incertidumbre, y la democracia tiene sobre otros regímenes la posibilidad de la rectificación, mientras persistan las libertades y las reglas derivadas de ellas.

En fin, la democracia permite, como ha señalado Popper, la alternancia en el poder sin violencia. Otros regímenes, por su carácter cerrado y por la falta de control sobre la minoría rectora, excluyen la posibilidad de cambio sin recurrir al derrocamiento, por lo común violento. Una excepción en la historia reciente de España, y creo que del mundo, ha sido el franquismo, que por propia iniciativa y sin haber sido vencido, optó por la vía democrática para integrar al conjunto de los españoles y superar definitivamente las secuelas de la guerra civil, lo que no parece haber logrado del todo. Pero se trata de una excepción, insisto.

También se critica a la democracia liberal por poner en el mismo plano la verdad y la falsedad. Nada más erróneo. La democracia parte de la idea de que la verdad nunca es poseída completamente ni por tiempo indefinido por una persona o un grupo; de que intereses contrarios son, si se respetan ciertas normas, conciliables sin necesidad de llegar a la violencia; y de que quienes creen tener la verdad –es decir, prácticamente todo el mundo– necesitan demostrarlo y no simplemente erigirse dogmáticamente en poseedores de ella. Una de las grandes virtudes de la democracia consiste en esa tensión y esfuerzo por aproximarse a la verdad y sostenerla.

Como señaló Aristóteles, la democracia tiende a degenerar en demagogia. Esto sucede normalmente porque las personas y grupos más sensatos flaquean ante la lucha pacífica, pero necesariamente enérgica, contra la charlatanería utópica que siempre tienta al ser humano. Actualmente estamos en una situación así: la libertad conseguida penosamente después de un siglo de convulsiones corre peligro de degenerar en demagogia. Sepamos defender nuestra democracia.

Ruta inadmisible
Editorial El Correo 4 Mayo 2005

El lehendakari en funciones, Juan José Ibarretxe, brindó ayer a Batasuna la oportunidad de hacer pública por enésima vez su 'propuesta del Velódromo'. El reconocimiento institucional de una formación ilegal constituye una grave irresponsabilidad incluso por parte de quien ha expresado una y otra vez su disconformidad con la Ley de Partidos y con la actuación del Supremo y del Constitucional en el tema. Pero tan preocupante como esto es que, mediante una reunión celebrada en la sede de la Presidencia del Gobierno vasco, Ibarretxe contribuya a dar carta de naturaleza a una propuesta elaborada al dictado de ETA cuyo contenido ni siquiera se dignó a rechazar o, cuando menos, a someter a la crítica que se merece de parte de las instituciones democráticas.

Es significativo que, cuando se había demostrado, y con creces, que ETA era batible mediante la colaboración internacional y la acción de las policías y de los jueces, un denominado 'proceso de paz' esté cobrando fuerza a cuenta del empeño de la izquierda abertzale y del oportunismo desde el que periódicamente el nacionalismo gobernante presta oídos al discurso radical. Las «dos mesas» con las que la izquierda abertzale trata de hacer más digerible su particular 'hoja de ruta' representan, en realidad, una única mesa en la que, una vez lograse sentar a los partidos políticos, ETA aparecería como un poder fáctico equiparable en legitimidad a la que encarnan las instituciones del Estado. Una fórmula de 'solución' que, además, soslayaría el normal funcionamiento de dichas instituciones sustituyéndolas por un escenario de refundación general mediante el que la democracia quedaría en entredicho desde el primer momento. Por eso, las formaciones democráticas -también las nacionalistas- y en especial los gobiernos de Vitoria y de Madrid están obligados a rechazar de plano las pretensiones de ETA-Batasuna si no quieren que su silencio expectante o su mera indiferencia acaben ofreciendo un terreno propicio para la continuidad del terrorismo o para la imposición de sus postulados cuando más derrotado está.

Es un sarcasmo cruel que sea precisamente Batasuna la que se prodigue en defender un «diálogo sin exclusiones» tras no condenar durante años la aplicación de la pena de muerte a cuantos políticos se opongan abiertamente al terrorismo etarra. En boca de Batasuna la 'no exclusión' ideológica adquiere todas las connotaciones del chantaje y la coacción. Especialmente dada su facilidad -y la de demasiadas voces que le hacen el coro- para señalar con dedo amenazante a quienes a su entender «se niegan a solucionar el conflicto». También por eso el discurso de Batasuna no puede continuar obteniendo eco sin la correspondiente réplica democrática. Ni ésta puede contentarse con recordar que Batasuna es ilegal.

Federalismo asimétrico y otras asimetrías
José Javaloyes Estrella Digital 4 Mayo 2005

En paralelo al gesto aquel del presidente Rodríguez en Túnez, invitando a los demás aliados de EEUU en Iraq a que le siguieran en su iniciativa de retirarse del escenario de la contienda, Izquierda Republicana de Cataluña invita a las demás comunidades autónomas a que se le unan en sus insolidarias demandas de financiación. Eso sí, los invitados y convocados a movilizarse contra los presupuestos constitucionales de la cohesión nacional y de la solidaridad entre los españoles deberán, según ERC, quedar al margen de la negociación catalana con el Gobierno del Estado.

Naturalmente, la vicepresidenta Fernández de la Vega, en su ya acreditada función de apafuegos
—no sólo de los provocados por las chapuzas de ministros—, ha insistido en que el nuevo modelo de financiación de Cataluña tiene su obligado marco de negociación en la Conferencia de presidentes autonómicos. El manifiesto de Bargalló, “primer ministro” del presidente Maragall —tan Muy Honorable en el vértice de la Generalidad como poco discernible como político socialista español—, se apoya al exigir la bilateralidad negociadora en un estribo de esencialismo nacionalista (Cataluña y España como sujetos negociadores), que de ser admitido estaría de sobra todo lo demás: la solidaridad y la cohesión, la Constitución, el Estado y la propia unidad de España.

Fernández de la Vega ha dicho lo que corresponde en este punto, pero nadie puede decir hasta dónde ello podrá ser mantenido. El origen del fuego está por encima de su cabeza. Rodríguez dijo en su día que le valdría aquello que le enviaran desde Barcelona. Y ello es el origen del problema; o el principal componente de la combustión. El precio de la prima, las exigencias de los nacionalismos para apoyar este Gobierno, excede muy de largo el valor de la cosa asegurada: la estabilidad parlamentaria de la actual Moncloa.

Aunque las exigencias de ERC no acaban con el federalismo, incluso las del “federalismo asimétrico” de Pasqual Maragall, es de notar que la primera vez que se habló de federalismo en la España autonómica, mediados los años 80, fue desde el seno del propio PSOE; pero no se hizo desde la motivación y en la línea de lo propuesto por Pasqual Maragall, sino desde la motivación opuesta y para cortar el paso a los nacionalismos que ya palanqueaban contra el “federalismo imperfecto” en que consiste el Estado de las Autonomías.

El federalismo como antídoto contra la disgregación se ha transformado, en manos de los socialistas catalanes, en agente infeccioso del secesionismo. Concebido en aquel momento como cemento de una unidad nacional reformulada en términos autonómicos, se ha convertido en manos del nacionalismo contra el que se aplicaba, por la taumaturgia inversa del 11M, en deletérea y disgregante aluminosis contra la cohesión nacional y española. La asimetría maragalliana se ha transformado en detonante de una asimetría socialista respecto al problema nuclear de la unidad nacional. La disidencia ya está abierta en el seno del PSOE. Pero esta reformulación de una partida en la que se juega la integridad de la Constitución, y de los principios sobre los que la Constitución se asienta, no se queda sólo en la dislocación interna del socialismo. Abre una dinámica de transversalidad entre los dos grandes partidos nacionales que puede ser muy perturbadora, fecunda en situaciones inesperadas con nuevas y graves estampas de desorientación colectiva.

Todos se descolocan y “asimetrizan”. La confusión prospera. Ahí está, como inquietante ejemplo, la disposición en el PP catalán —contra el rango exclusivo que la Constitución confiere a la lengua de Cervantes— de aceptar la obligatoriedad del idioma en que mosén Jacinto Verdaguer escribió sus versos, como el abuelo del Honorable los suyos.

jose@javaloyes.net

Carta al presidente del Gobierno
Mikel Buesa, vicepresidente del Foro Ermua ABC 4 Mayo 2005

Después de un año al frente del Gobierno de España, estaríamos muy agradecidos si nos brindara la oportunidad de entrevistarnos con usted para hacerle llegar nuestra visión de la actual situación del País Vasco y de las actividades que vamos a emprender para afrontarla. Como sabe, venimos solicitando sin éxito una entrevista desde octubre de 2003, siendo usted entonces jefe de la oposición.

Los miembros del Foro Ermua, entre los que se cuentan personas de todas las adscripciones ideológicas constitucionalistas, estén o no afiliadas a partidos políticos, consideramos que la actual situación en nuestra tierra es extraordinariamente delicada. Desearíamos trasladarle nuestra opinión en una serie de cuestiones de capital relevancia, que le resumimos:

Sincero agradecimiento al Gobierno y a las Fuerzas y los Cuerpos de Seguridad del Estado por la continuada eficacia y determinación en la desarticulación de comandos de ETA durante estos doce meses, así como por el sostenimiento de una política penitenciaria que se ha mostrado eficaz para combatir el terrorismo.

Felicitación al Gobierno por mantener la estrecha colaboración con las fuerzas policiales y la Justicia de Francia.

Reiterar la idea de que, cualquiera que sea el escenario o el proyecto político que pueda tener lugar en Euskadi, el Gobierno debe perseverar en la acción policial contra ETA y sus organizaciones, tal como hizo el Gobierno que le precedió durante la tregua de ETA en 1998 y 1999. Estos años pasados han demostrado cuál es el único camino para que ETA sea derrotada.

Subrayar la experiencia sobre los efectos contraproducentes para la lucha antiterrorista y para la seguridad de los españoles que invariablemente han tenido los anteriores procesos de negociación con ETA. Esto, incluso cuando se han declarado treguas que, en la práctica, han servido sólo para que la banda terrorista se rearmase y pudiera recuperar su aliento político. El precio en términos de vidas humanas y de prolongación por años de la existencia de ETA, de intentar «aprovechar una oportunidad por tenue que sea», de buscar el «atajo» que no existe, resulta totalmente rechazable. No obstante lo anterior, si en algún momento se decide a tomar contacto con los terroristas, lo único que el Gobierno puede tratar con ETA son las circunstancias de su rendición. Nada más.

Expresarle nuestro radical desacuerdo con la decisión tomada de no solicitar al TS la ilegalización del nuevo brazo político de ETA, el EHAK-PCTV. A pesar de no ser ya posible evitar la presencia en la Cámara de Vitoria de estos nueve intermediarios políticos de ETA, queremos realmente que su Gobierno arbitre con urgencia las medidas necesarias para ilegalizar al PCTV.

Pedirle con verdadero interés que su partido, el PSOE, así como el PSE-EE, trabaje por la alternancia política en el País Vasco, lo que requiere que, en cuanto sea posible, el PNV y EA sean desplazados del Gobierno autonómico. La estrategia que proponemos requiere la colaboración leal con el PP, como única posibilidad de ser alternativa, como así se lo reiteramos a los miembros de este partido desde el Foro Ermua.

El «ibarrazo»
FERNANDO ÓNEGA La Voz 4 Mayo 2005

«QUE SE metan los cuartos donde les quepan». Esta frase, pronunciada ayer por Rodríguez Ibarra, encierra muchas cosas: la irritación del gobernante a quien perjudica la financiación que propone Cataluña; la rebeldía del pobre, que rechaza la limosna por venir marcada de recelos; el orgullo hispano, que vuelve a decir que prefiere la honra sin barcos; y el socialista herido por un compañero de partido.

Atención a estas declaraciones de Ibarra. Todos tenemos una tendencia natural y antigua a menospreciarle por su rudeza, por su demagogia y por el estilo con que se pronuncia. Siempre representó la parte más arcaica del socialismo español, opuesta a cualquier renovación. Se revistió de un socialismo elemental y rústico, emparedado en su Extremadura. Pero en esta ocasión sospecho que representa mucho más que eso.

El Ibarra exaltado contra Maragall y el proyecto de financiación de Cataluña quizá represente más España de la que parece. Representa a todo ese país que no entiende de textos constitucionales, ni sabe si se debe discutir en la Conferencia de Presidentes, pero entiende que una comunidad quiere un sistema privilegiado, distinto a los demás y con el objetivo de quedarse con un dinero que ahora dedica a solidaridad. ¿Cuánta gente piensa lo mismo en España? ¿Cuántos ministros de Zapatero lo piensan también?

Otra parte del discurso de Ibarra conecta con la sociedad que critica al sistema autonómico por sus gastos y ostentaciones. Es cuando achaca una parte del déficit catalán, la sanitaria, al dinero que se esfuma en el «lujo» de una policía autónoma o en el consumo de las televisiones. Este tipo de argumentos son excesivamente simples. No resisten un análisis riguroso, porque las televisiones autonómicas cumplen otras funciones en los territorios con idioma propio. Pero son eficaces ante quien mira con recelo la ostentación y piensa que el sistema autonómico español puede fracasar precisamente por la dificultad de sostener sus finanzas.

Y repito «atención a estas declaraciones de Ibarra», porque se está produciendo una quiebra en el socialismo español. Hace unos días, el presidente socialista de Castilla-La Mancha pactaba una declaración conjunta contra privilegios con el de Castilla y León. Alfonso Guerra está avisando de que algunos proyectos de estatutos violan la Constitución. Se observa una corriente de fondo muy crítica con los proyectos reformistas de Zapatero. Si por el momento se silencia es por no dañar la unidad del partido y la solidez del líder. Pero algo se empieza a mover. Y estas historias nunca se sabe cómo pueden terminar. Lo de menos sería una crisis del PSOE. Lo peor sería un enfrentamiento territorial. Y se está empezando a percibir.

Ibarretxe y la “oportunidad de oro”
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital 4 Mayo 2005

Aunque está por ver si, tras las pasadas elecciones autonómicas en el País Vasco, la residencia presidencial de Vitoria seguirá siendo la del todavía lehendakari Ibarretxe, en ella, y con todos los honores, fueron recibidos ayer Pernando Barrena, presidente de la ilegalizada Batasuna, y Arnaldo Otegi, su portavoz y más frecuente cabeza visible. Tras la reunión, en rueda de prensa a la que Otegi no asistió, Barrena dijo, sin que le temblara un músculo al lehendakari, que estamos ante una “oportunidad de oro” para abordar un proceso de paz en el que no haya exclusiones, ni territoriales ni ideológicas. Es decir, que Batasuna y cuanto ella significa, con ETA en el horizonte, vuelven a la reivindicación de “todos” los territorios vascos, los franceses y los españoles.

La cantinela es vieja y bien conocida por cuantos sienten el primero de los problemas españoles, el mal llamado problema vasco; pero, ¿por qué estamos ahora ante una “oportunidad de oro”?

Las pasadas elecciones sólo le han demostrado a la izquierda abertzale vasca que su clientela, la que se cuenta en los votantes del Partido Comunista de las Tierras Vascas, es fiel y permanente, no varía con la coyuntura. ¿Sólo eso es suficiente para cambiar las circunstancias hasta convertirlas en una “oportunidad de oro”? Más lógico resulta pensar en que Barrena, Otegi y sus representados confían en la debilidad de Ibarretxe y, por añadidura, en la del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Frente a este paisaje, que no es nuevo, pero que ya resulta aburrido, tenemos un momento de crisis en el Pacto Antiterrorista —circunstancia, sin duda, próxima a la visita a Vitoria de tan poco deseable pareja—, una situación de máxima inestabilidad en el País Vasco como consecuencia de la atomización del nuevo Parlamento y, en Madrid, un Gobierno que cubre su debilidad parlamentaria, precisamente, con el apoyo de las fuerzas nacionalistas que gobiernan en Cataluña. La oportunidad es, realmente, de oro si se contempla desde el observatorio separatista.

A este respecto convendría recordarles, a un mismo tiempo y con parecida intensidad, a Zapatero y Mariano Rajoy lo que Benjamín Franklin, una de las figuras más interesantes de la historia de EEUU, les repetía a sus compañeros de revolución: “Si no vamos juntos, nos ahorcarán por separado”. Si, llevados a su punto límite, el interés común que potencialmente une a los dos primeros partidos nacionales no es suficiente para coordinar su acción, tendremos que dudar de las intenciones que marcan la lista de prioridades de su acción política.

El PSOE y el PP, los dos únicos grandes partidos que nos quedan en el ámbito nacional, no atraviesan —importa poco “por culpa” de quién— el mejor momento en sus tradicionalmente malas relaciones. Pero este caso es de interés común. Aun no teniendo suficientemente claro el modelo de Estado que defiende cada una de las dos grandes formaciones, sí parece evidente que ambas tratan de mantener la integridad territorial. Es decir, les corresponde trabajar conjuntamente para que la oportunidad que Batasuna entiende como de oro sea de plomo. Dicho sea lo del plomo sin ánimo belicista alguno. Entendiéndolo como lastre, que es su más noble misión.

Dos horas con Arnaldo
TONIA ETXARRI El Correo 4 Mayo 2005

No se sabe si la causa de tanto hermetismo en la familia socialista es el lío que la irrupción legalizada de EHAK está provocando en sus propias filas (al ministro Sevilla le parece mal tener como interlocutores a los herederos de Batasuna; Rojo, sin embargo, lo cree «correcto») o que Zapatero está barruntando la posibilidad de que López retire su candidatura alternativa (con lo que costó que calara aquello de 'Patxi, lehendakari') para que el candidato nacionalista tenga algo que deberle. Y no sólo eso, sino que el presidente del Gobierno, en un ataque de talante se comprometa mañana a que los socialistas no impidan la proclamación de Ibarretxe como lehendakari.

El silencio que han mantenido los socialistas vascos desde que Otegi ha vuelto a ser el hombre de moda (igualito igualito que tras la tregua vigilada del 98) resulta clamoroso. Ayer, Ibarretxe, dos horas con Otegi ¿qué momentos! Puede que quienes, como el ministro Sevilla, reclaman coherencia, estén quedado como algo chapados a la antigua. Vamos que eso de preguntar a los candidatos si les parece mal o les da igual que exista una banda criminal en nuestra próspera comunidad, ya no se lleva nada. Y si a Otegi le expulsó de la legalidad el Supremo, ahora vuelve por la puerta grande de Ajuria Enea, invitado por un lehendakari que aún no lo es y que, después, se presentará en La Moncloa para negociar con Zapatero la resolución del gran conflicto de Euskadi en donde parece que el Parlamento tiene una importancia relativa. Da la impresión de que volvemos a empezar.

Lejos de parecer descreídos o agoreros, situémonos en la fila cero, con expresión prudente pero con algún que otro prejuicio. No podemos, porque tenemos memoria, hacernos un lavado de cerebro y olvidarnos de todo lo que ha pasado en los últimos 30 años. Por eso, prejuicios democráticos hay que tenerlos. Y saber que no todas las ideas son legítimas. Que no se puede confundir la inducción al asesinato con la libertad de expresión. O que no se puede homologar la representación de una asociación de vecinos con la voluntad popular emanada de las urnas. Pedir, ahora, que EHAK se desmarque de ETA le podrá parecer una deslealtad a María Teresa Fernández de la Vega . Pero ésa es una vía que muchos de los seguidores socialistas, a pesar de sus dirigentes, no piensan abandonar.

Ya se sabe que ese informe policial que sostiene que Batasuna llevó el peso de la campaña de EHAK le incomoda a un fiscal general que bastante trabajo tiene con decir que «poco a poco» va juntando los indicios sobre la presunta conexión con Batasuna, y que ¿quién sabe? se hace el camino al andar y a ti te encontré en la calle. Más vale que, tal y como está el panorama, el silencio de López no signifique que 'quien calla, otorga'. Quizás es que Zapatero le ha dejado sin palabras.

Piqué gallardonea contra su partido
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 4 Mayo 2005

Dos salidas de pata de banco ha tenido últimamente Josep Piqué, actual dirigente del PP en Cataluña, antes alto cargo de la administración Pujol y después varias veces ministro. La última ha sido una gansada monumental, como las que prodigaba Lacalle cuando aspiraba al palco del Barça como dirigente y no como invitado. Ha dicho que ser del Barça, como lo son él mismo desde pequeño y Zapatero desde jovencito, no es menos respetable que ser del Real Madrid, como Aznar o Esperanza Aguirre. Y digo que es una gansada porque Aguirre hizo esa frase a propósito del amor zapateril por los colores barcelonistas (importados de Suiza por Juan Gamper en uno de los pocos y admirables casos de apertura de fronteras en la Cataluña moderna) dentro de la crítica a la permanente discriminación contra los madrileños en la persona de su Presidenta y en los Presupuestos Generales del Estado. Área, por cierto, donde Aznar, aun siendo tan del Madrid, nunca maltrató a Cataluña en el capítulo de inversiones e infraestructuras.

Pero eso lo sabe perfectamente Piqué, que en lugar de defender que los madrileños no sean favorecidos pero tampoco discriminados en favor del Tripartito, como corresponde al representante de un partido nacional español, ha cogido el rábano por las hojas y se ha prestado a hacer de Gallardón contra Esperanza Aguirre, que es algo siempre muy apreciado entre la izquierda mediática, política y titiritera. No es el único homenaje a Vellido Dolfos de Piqué, que hace pocos días ilustraba su oposición a Acebes con este argumento digno de Rovireche: “la diferencia es que él es de Ávila y yo soy de Vilanova”. O sea, que habría una incompatibilidad telúrica entre ser de Ávila y entender a los catalanes, aunque yo más bien creo que hay una incapacidad moral por parte de la clase política catalana, incluido el PP, para salir del carril racista, aldeano y cerril del forofismo futbolero, que es el estilo político imperante allí desde la Transición y en el que, ay, el Barça, según la famosa acuñación del maligno Vázquez Montalbán, han querido que sea “más que un club”. Mientras ERC siga haciendo campaña contra Madrid 2012, Piqué debería esmerarse en defender lo suyo y a los suyos –que no son los escombros de UDC– en vez de sentar plaza de Gallardón. O sea, de Gallardonet.

¿De izquierdas y no nacionalista?
Bitácora Bye Bye Spain 4 Mayo 2005

En menos de una semana, dos voces han surgido en Cataluña señalando la necesidad de un partido nuevo.
El sábado pasado fue Francesc de Carreras. Hoy, Iván Tubau. Tras analizar el comportamiento de la izquierda catalana, ambos han llegado a la misma conclusión: falta un partido no nacionalista de izquierdas. Pero en ese planteamiento se dan por supuestas muchas cosas.

Se da por supuesto que esa es solo una carencia de la izquierda. Y también se da por supuesto que en la izquierda, tal como la conocemos hoy, tal como ha llegado al día de la fecha, se pueden encontrar las claves para recuperar un espacio político ajeno al nacionalismo.

De un tiempo a esta parte, aparecen aquí comentarios que señalan un hecho cierto: ¿por qué, si hay tantos ciudadanos en Cataluña hartos de la presión nacionalista (y es verdad que los hay), los resultados electorales son los que son?

Volveré al asunto de los partidos en Cataluña y los resultados electorales en uno o dos días. Hoy ya no me da tiempo. Pero de momento, vaya por delante la reflexión de Tubau (la de Carreras se encuentra aquí):

"Aquellas personas que, creyéndose de izquierdas y no siendo nacionalistas, se consideraron aludidas cuando en 1977 Josep Tarradellas gritó desde el balcón de la Generalitat «¡Ciutadans de Catalunya!», no se sienten representadas por ninguno de los partidos existentes en esta región. Todos ellos, por motivos que si no son innobles constituyen un misterio, se prosternaron ante el nacionalismo.Que, siendo esencialista, no puede ser de izquierdas.

"Durante casi un cuarto de siglo, esas personas pudieron considerar que la culpa era del suqueropujolismo, dueño del gobierno en Cataluña desde que -tras la dictadura franquista y el paréntesis unitario de Tarradellas- se celebran elecciones democráticas.

"La Generalitat podría haber sido de los socialistas, pero Esquerra Republicana (ninguno de los dos términos significa lo que enuncia) inclinó la balanza en favor de Pujol.

"Entonces se instauró una dictadura blanca -así llamada por Tarradellas- impecablemente democrática. Pujol siguió ganando elecciones porque esos catalanes de izquierdas, que muy sensatamente se consideraban también españoles, constataron que la Generalitat no les representaba y pasaron de las elecciones autonómicas.

"Su última esperanza la depositaban en los capitanes charnegos del socialismo, restos del naufragio del PSOE propiciado por los nois de casa bona catalanistas del PSC. O Josep Borrell, que había dicho: «Em sento català però Espanya no em fa nosa».

"Algunos socialistas del «cinturón rojo» de Barcelona, hartos de espera inútil, votaron a Aleix Vidal-Quadras, que siendo el único que les tenía en cuenta obtuvo aquel año para el PP los mejores resultados de su historia.

"Aquello terminó. Borrell y Vidal-Quadras disfrutan de un exilio dorado europeo, el capitán de los capitanes ha vendido su primogenitura por un plato de lentejas ministeriales, Maragall y su tripartito son tan nacionalistas como Pujol y entretienen al personal con maniobras peligrosas (cambiar el Estatut o copiar el concierto económico vasco) que frenan la inversión extranjera e inquietan o enconan a los demás españoles: «Quizás hace falta un nuevo partido en Cataluña», escribía el sábado en La Vanguardia Francesc de Carreras. Sin quizás, añado.

"El PP, sin Aznar y con Piqué, puede representar dignamente a la derecha civilizada. La izquierda civilizada necesita un partido socialdemócrata no nacionalista, que ya no puede salir de una costilla del PSC. Un partido como un día soñó que podía ser el PSOE de Borrell. Un partido que tenga pronto representación parlamentaria y dé voz a quienes ahora no la tienen. Un partido de los ciudadanos, no del pueblo."(Iván Tubau, Se necesita un partido para los ciudadanos de Cataluña)

El PP culpa a Zapatero de la «indecencia democrática» de que Otegi mande otra vez
Coincide con el delegado del Gobierno en avisar de que la reunión con Ibarretxe ataca la legalidad, mientras que desde el CGPJ se ve un indicio más contra el PCTV
El PP responsabiliza a José Luis Rodríguez Zapatero de la «normalización» de la ilegalizada Batasuna con la «foto de la vergüenza» de la reunión Ibarretxe-Otegi. No estará en un «proceso de paz» con el PCTV
C. Morodo La Razón 4 Mayo 2005

Madrid- La entrevista de Juan José Ibarretxe y Arnaldo Otegi, prólogo de la reunión del lendakari en funciones con José Luis Rodríguez Zapatero en La Moncloa, levantó ayer un alud de críticas, salvo de ERC, que aplaudió la «valentía» del gesto. El PP y los colectivos de víctimas dieron la voz de alarma sobre las consecuencias de la «normalización» de un partido ilegalizado, máxime al entender el mensaje del líder abertzale, tras las dos horas de conversación con el dirigente peneuvista, como una reivindicación del «“plan Ibarretxe” en su estado puro». Con duros argumentos encima de la mesa incluso desde el ámbito judicial –el vocal del CGPJ, José Luis Requero, señaló que «reconocer representatividad política a un partido ilegalizado es un indicio más para actuar contra el PCTV»–, el Ejecutivo dio la cara a través del delegado del Gobierno en el País Vasco, Paulino Luesma, que compartió la denuncia de los populares de que recibir a Otegi va contra el «principio de legalidad» al vulnerar la decisión del Tribunal Supremo de expulsar a esta formación de la vida política por considerar probada su identidad con ETA.

La carga de la prueba se sitúa ahora en cómo Rodríguez Zapatero va a conciliar el ejercicio del papel de pacificador al modo del «Blair español» con un «discurso de Otegi inasumible» y en cómo el PNV resolverá su debate interno sobre si la salida a la encrucijada está del lado abertzale o del PSE. En un escenario lleno de incógnitas, los analistas detectan síntomas que confirmarían que es «ETA, bajo la esperanza externa en una negociación, la que dirige el proceso». «La pregunta es si Rodríguez Zapatero será capaz de ver lo que tiene delante de los ojos», señalaba ayer un alto dirigente del PP vasco.

Entretanto, la dirección nacional popular responsabiliza directamente al presidente del Gobierno de la «foto de la vergüenza» de Ibarretxe con Otegi. En un clima de fractura absoluta entre PSOE y PP en materia de política antiterrorista y en relación al problema vasco, el principal partido de la oposición se sitúa fuera de «mesas de partidos» o «procesos de paz», alumbrados a la sombra, a su juicio, de la rehabilitación del mundo radical bajo la marca «PCTV-Batasuna». La conclusión es que la estrategia amparada por el jefe del Ejecutivo, sustentada además en el «gran engaño» de la ocultación de las pruebas para ilegalizar a los comunistas vascos, ha servido para que «Otegi vuelva a mandar», saltando por los aires la Ley de Partidos y dejando en un más que difícil lugar a España en el plano internacional. Batasuna está incluida en la lista de organizaciones terroristas de la UE y, según el PP, es previsible que Bruselas se sienta obligada a pedir explicaciones al Gobierno español en vistas a su «dejación» ante la resurrección abertzale. El secretario general, Ángel Acebes, no se anduvo ayer con miramientos al anatemizar la política socialista en relación al problema vasco: «Que Batasuna vuelva a sentarse con todo el protagonismo en nuestra democracia es, cuando menos, una indecencia democrática», Rodríguez Zapatero y el fiscal general del Estado han organizado un «gran engaño» al ocultar a los ciudadanos las pruebas que había para ilegalizar al PCTV, que «Batasuna proponga ahora una mesa para la paz en la que participen todos los partidos políticos es una ofensa a las víctimas del terrorismo y a la decencia del Estado de Derecho»... La entrevista Zapatero-Ibarretxe es la prueba de fuego, a juicio del PP. «Recado» de Ibarra a Maragall

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