AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 6 Mayo 2005
La claudicación de Zapatero
Ignacio Villa Libertad Digital 6 Mayo 2005

Secretos a voces
Editorial ABC  6 Mayo 2005

¿De qué hablaron
Carlos HERRERA ABC  6 Mayo 2005

Tiempos nuevos y viejos modales
Pablo Sebastián Estrella Digital  6 Mayo 2005

Callar todo lo que se pueda
Lorenzo Contreras Estrella Digital 6 Mayo 2005

Un golpe político
Agapito Maestre Libertad Digital 6 Mayo 2005

El precio de la paz
César Alonso De los Ríos ABC 6 Mayo 2005

Injuria Enea
Jaime CAMPMANY ABC 6 Mayo 2005

¿En qué cree la izquierda
Jorge Vilches Libertad Digital 6 Mayo 2005

Silencio inoportuno
Editorial El Correo 6 Mayo 2005

Territorialidad
Confidenciales La Razón 6 Mayo 2005

Bomba de relojería
Confidenciales La Razón 6 Mayo 2005

La dignidad y el poder
ROSA DÍEZ ABC  6 Mayo 2005

La foto más negra de la democracia
Isabel Durán Libertad Digital 6 Mayo 2005

Cerrojazo anunciado
EDITORIAL Libertad Digital 6 Mayo 2005

El «hayamos» de Ibarretxe
Juan BRAVO La Razón 6 Mayo 2005

Zapatero e Ibarretxe abren un proceso secreto de paz que arrincona el pacto antiterrorista
GONZALO LÓPEZ ALBA ABC 6 Mayo 2005

Una reunión difícil de explicar para Rosa Díez y un «despropósito» según Gotzone Mora
R. N. La Razón 6 Mayo 2005

Ibarra replica a ERC que les puede dejar sin poder «con una reforma electoral»
M. M. ABC 6 Mayo 2005

Un físico nuclear armenio denunció hace un año los contactos continuos de ETA y los islamistas
Libertad Digital 6 Mayo 2005

CATALUÑA Y EL VALLE DE ARÁN
MIQUEL PORTA PERALES ABC Cataluña  6 Mayo 2005

 

La claudicación de Zapatero
Ignacio Villa Libertad Digital 6 Mayo 2005

Después del espectáculo lamentable, que nada tiene que ver con una democracia occidental, ofrecido por Zapatero e Ibarretxe en La Moncloa, los ciudadanos españoles tenemos todo el derecho para pensar lo peor. Dos horas de reunión concluidas con dos escuetos comunicados que confirman a todas luces que el Gobierno Zapatero ha abierto la puerta de la negociación con Ibarretxe y con los terroristas de Batasuna. Una negociación sin publicidad mediática y con un grave error: el Gobierno español ha aceptado ser tratado de tú a tú en una situación en la que tiene que saber guardar su posición de Ejecutivo nacional.

De la entrevista entre Zapatero e Ibarretxe nos quedan muchas aberraciones más. Además de aceptar un diálogo de igual a igual, el presidente del Gobierno, de forma cobarde, ha borrado de su lenguaje la palabra terrorismo. Para Zapatero parece que la banda terrorista ETA ha desaparecido del mapa, y además se limita a mencionar la violencia, cuando lo que pasa –que se sepa– es que en el País Vasco hay terrorismo puro y duro. Y sino que se lo pregunten a tantísimos cargos públicos del PP y del PSOE que viven junto a los escoltas.

Sólo encontramos en ese "triste comunicado" una mención a las víctimas del terrorismo, para rogar a Ibarretxe que ponga un mayor esfuerzo en su reconocimiento. ¡Señor presidente!, parece que estamos ante un mal sueño. Es tremendo observar como el jefe del Gobierno de España ha claudicado tan fácilmente ante los terroristas. Ha caído en la trampa, como resultado de ese afán protagonista de ponerse la medalla de la paz en el País Vasco.

Zapatero quiere pasar a la historia, y lo ha conseguido ya. Zapatero ha claudicado ante el nacionalismo y ante el terrorismo. Se está dejando llevar por aquellos que quieren romper España, por aquellos que sólo han entendido el lenguaje del coche bomba, por aquellos que apuestan por un País Vasco totalitario. Zapatero, obsesionado con sus visiones, está triturando el trabajo de muchos demócratas españoles que durante años han sacrificado su vida por unos ideales. Con este presidente del Gobierno se ha tirado todo por la borda.
Además, a este panorama hay que añadir las declaraciones delatoras del secretario de organización del PSOE. José Blanco ha dicho que a los españoles sólo les interesa la paz en el País Vasco, lo de menos es la forma en que se pueda alcanzar esa paz. Sinceramente esto no es que suene a los GAL, este era el mismo argumento del felipismo con el terrorismo de Estado. Sin olvidarnos que esa afirmación de Blanco es una solemne mentira. A los españoles sí nos interesa saber qué está haciendo el Gobierno socialista. Queremos saber qué ha pactado, en qué ha cedido y en qué ha bajado la cabeza. Queremos saber y Zapatero calla. Esto nada tiene que ver con la verdadera democracia. Se pongan como se pongan.

Secretos a voces
Editorial ABC  6 Mayo 2005

LA opacidad impuesta por José Luis Rodríguez Zapatero y Juan José Ibarretxe a su encuentro celebrado ayer en La Moncloa es un grave revés al sistema democrático, que se basa, entre otros principios, en el control del poder político por parte de la opinión pública. El jefe del Ejecutivo ha vuelto a eludir a los medios de comunicación, como ya hiciera con otras reuniones también importantes, con Carod-Rovira o el presidente del PNV, Josu Jon Imaz. Más que discreción, lo puesto en práctica por La Moncloa es una política de puerta cerrada, que abona todo tipo de conjeturas sobre las intenciones del presidente del Gobierno en un asunto tan fundamental para España como el futuro del País Vasco. Con este método de relación institucional, insólito en la historia democrática de nuestro país, se fracturan quizá de forma irreversible los últimos hilos de confianza entre el Gobierno socialista y el Partido Popular, pese a que la paz en el País Vasco y la derrota de ETA son dos objetivos inseparables que deben unir a los principales partidos nacionales. Lo que sabemos de la reunión de ayer, pese al bloqueo informativo, es que Zapatero trasladó a Ibarretxe su deseo de que el País Vasco tenga más autogobierno y que el lendakari constató la existencia de una «nueva fase política» caracterizada por «la búsqueda permanente de espacios de debate, diálogo y de encuentro». Dicho de otro modo, el presidente del Gobierno le pidió a Ibarretxe que abandone su plan soberanista a cambio de aparcar el pacto antiterrorista, lo que supone, de hecho, romper los frágiles puentes que le unían al PP.

El más explícito fue José Blanco, que pronunció una frase altamente reveladora: «Al ciudadano lo único que le interesa es que ETA abandone las armas». Sin entrar en mayores discusiones sobre el fondo de lo dicho por el secretario de Organización del PSOE, habrá que convenir en que a los españoles también les interesa saber cómo y en qué condiciones ETA estaría dispuesta a dejar las armas. Y cuál es el precio que el Estado estaría dispuesto a ofrecer por esa «paz».

El Ejecutivo ya ha dado muestras suficientes de que no quiere al PP como coautor de una política de Estado para el País Vasco. No se cumple el Pacto Antiterrorista, no se aplica la Ley de Partidos Políticos y ni siquiera se constituye la comisión mixta comprometida por el presidente del Gobierno con Mariano Rajoy. El diálogo y el talante de Rodríguez Zapatero parecen virtudes reservadas para todos, menos para el PP.

El proceder del Ejecutivo es una fuente de incógnitas. La primera es cómo piensa abrir procesos de paz y de normalización política -con todos, «sin exclusiones»- sin contar con el PP y las víctimas, que ya están mostrando una indignación que empiezan a compartir millones de españoles. La segunda, no menos importante, es qué va a ofrecer al nacionalismo -y, llegado el caso, a ETA- para que quienes nada han hecho por la paz y la normalización en el País Vasco, sino atacarlas de forma permanente, cambien súbitamente de criterio. Porque, hasta el momento, el nacionalismo no ha hecho gesto alguno de variación de posiciones. El PNV y EA han ratificado su apoyo al plan Ibarretxe, mientras Otegi, ante el lendakari, reiteró la doctrina más ortodoxa de ETA: reconocimiento del derecho de autodeterminación y territorialidad (País Vasco, Navarra y territorios franceses). Los únicos que se han movido, más hacia la confusión que hacia la solución, son los socialistas vascos y el Gobierno, quienes, sin aprender de los errores ya notorios de la vía catalana, se han comprometido a un nuevo estatuto con referéndum en el plazo de dos años.

El aparatoso discurso del presidente del Gobierno sobre el País Vasco está descentrando las prioridades políticas del Ejecutivo central en esta Comunidad. No basta con decirle a Ibarretxe que retire su plan, si la actitud de deslealtad del nacionalismo hacia España sigue siendo la misma. El problema sigue siendo ETA y su violencia; el incumplimiento de la legalidad; la desobediencia al Tribunal Supremo; la recuperación política de los terroristas y la configuración de un Parlamento vasco más radical que el surgido en 2001. Y, en definitiva, el precio que se está dispuesto a pagar por una paz que nadie sabe si se podrá conseguir. Porque, después de todo, ¿quién garantiza que ETA no se quede con el precio y no entregue la mercancía?

¿De qué hablaron?
Por Carlos HERRERA ABC  6 Mayo 2005

PUES no sabemos, chico. Los comunicados sólo hablan de lo que hablan: de nada.

¿Lo retirarán o no lo retirarán? El plan, digo. ¿Pasará, tal vez, como lo de la autovía de Leizarán, que se hará una variante y se llamará de otra forma, pero el punto de salida y el de llegada será el mismo? El puerto al que quiere arribar el separatismo vasco va implícito en su descripción como tal: la independencia; pero visto lo que ha habido, el plan deberá retocarse y, al menos, llamarse de otra manera, coño, que para algo no ha ganado este pollo por mayoría absoluta. Debieron de hablar de esta cuestión, digo yo, además de preguntarse por los niños. Debieron de darse los recados que Batasuna les dejó a cada uno en su buzón: a Ibarreche en directo en la famosa foto de la infamia, y a Rodríguez en el bolsillo de su enviado Eguiguren. Algunos dicen que si Ibarreche no es el claro vencedor de las elecciones no se entiende por qué le da tal carta de naturaleza el presidente, máxime teniendo en su partido a otro candidato que asegura optar al cargo de lendakari. Puede que le haya entrado a Rodríguez el peligroso virus que padecen algunos socialistas -e izquierdistas en general-, según el cual se considera que el nacionalismo étnico tiene determinados derechos históricos para gobernar permanentemente como si de una casta especial se tratara. Puede, pero no sabemos. Porque de lo que piensa Rodríguez sabemos muy poco. Incluso si piensa.

Ayer, en cualquier caso, se escenificó un triunfo: el batasuno. En formas y en fondos. La normalización a la que tanto se refiere Ibarreche pasa, indudablemente, por la recuperación de la representación de ETA en la vida política vasca. Quiere sentarlos en una mesa y quiere que entren en el Parlamento. Y Rodríguez, que tragó en campaña pensando que así debilitaría al nacionalismo y ganaría de calle, vuelve a tragar ahora manejando criterios cuando menos oscuros. Y las formas: silencio impuesto por Otegui, nada de cámaras, luz, taquígrafos, ruedas de prensa, que no exista presión por parte de esa chusma cavernícola de la prensa española. Cuando los periodistas tragamos con aquello de que no hubiera preguntas en las convocatorias batasunas a los medios, no sabíamos lo que estábamos autorizando: si en lugar de tomar nota hubiésemos apagado los magnetofones otro gallo nos cantaría hoy, pero bueno. Efectivamente, acabó el encuentro y cada uno se marchó a su despacho con los pactos recién esbozados y muy bien guardados en un cuaderno rojo. La dificultad -y una cierta vergüenza- para explicarle a la opinión pública un encuentro de estas características ha hecho el resto.

¿Pronóstico?: el plan se maquillará, pero mantendrá buena parte de su espíritu desafiante, Batasuna volverá a la actividad más o menos consentida y ETA amagará un principio de trato. Un nuevo Lizarra, esta vez consentido desde el poder central. Y, en cuanto puedan, los terroristas pondrán un muerto encima de la mesa para evaluar la voluntad de diálogo de sus interlocutores. Éstos, entonces, se sentirán profundamente engañados y traicionados. ¿Habrán sopesado esta posibilidad los interlocutores en su charlita?

Por seguir con las hipótesis: la presión a la que someterá el grupo parlamentario controlado a distancia por los Oteguis al débil Gobierno que reedite Ibarreche no le permitirá una sola cesión en el articulado de su famoso plan. Con el Partido Popular no podrán contar, con lo que ¿qué determinación tomará el Partido Socialista? Hasta dónde llegará el maquillaje del plan no lo sabemos, pero no les resultará fácil enmascarar algunos de sus propósitos. Entre tanto, todo lo que se ha adelantado en la lucha contra el terrorismo a lo largo de estos años de combinación política, policial y judicial puede irse, directamente, al garete.

¿También lo hablaron?

Tiempos nuevos y viejos modales
Pablo Sebastián Estrella Digital  6 Mayo 2005

Resulta asombroso comprobar cómo en sólo un año de gobierno el presidente José Luis Rodríguez Zapatero le ha dado la espalda a España y ha comenzado a actuar por su cuenta y riesgo sin hacer caso al sentimiento nacional mayoritario de los españoles, e incluso al de su propio partido. El encuentro con el lehendakari en funciones, Juan José Ibarretxe, adornado con varias banderas y marcado por el secretismo que desdice la transparencia prometida del “buen gobierno del Gobierno”, es una prueba flagrante de una política personalista y ajena al interés nacional, que nada tiene que envidiar a aquella otra que ejerció José María Aznar en la guerra de Iraq, también por su cuenta y riesgo y en contra de la inmensa mayoría de los españoles. Y ello por más que tanto Zapatero como Ibarretxe estén insinuando que pronto podríamos asistir a una tregua de ETA e incluso al final de la violencia de la banda terrorista, por lo que el nacionalista considera que estamos en un momento histórico mientras que el presidente Zapatero habla de tiempos nuevos, convencido de que si se hiciera pública la noticia de la tregua eso ayudaría a los problemas que tiene planteados sobre los estatutos vasco y catalán.

Sin embargo, y a pesar de todas estas quimeras, lo cierto es que se mantiene en la política española la práctica de convertir los votos que los españoles entregan a los partidos políticos en un cheque en blanco para que los gobernantes hagan de su capa un sayo, o tomen iniciativas políticas por su interés personal, su ambición política y electoral o simplemente para desarrollar una idea de España muy particular en nombre de una mayoría que no está de acuerdo con ella.

Recibir en la Moncloa a un lehendakari en funciones, pendiente de su investidura o de la de otro candidato, es de por sí una temeridad cuando todavía está sobre la mesa el plan secesionista de Ibarretxe y la relación clara y directa del PNV y EA con Batasuna, el brazo político de ETA, hoy disfrazado de Partido Comunista de la Tierras Vascas. Y todo ello marcado por la sospecha de negociación secreta con ETA; tan secreta como la reunión de ayer, que ha dado pie a dos comunicados optimistas, con alusiones extrañas al “momento histórico” (¿para bien o para mal de España?), que suponemos que se refiere a la negociación con ETA.

Además, ¿por qué se reúne Zapatero con Ibarretxe? Ibarretxe no es líder del PNV y no está claro que vaya a ser el próximo lehendakari, y también es la persona que se ha entrevistado con Otegi hace sólo cuarenta y ocho horas. Zapatero está legitimando a Ibarretxe ante el pueblo vasco como futuro lehendakari cuando este político todavía no ha anunciado que vaya a retirar de la escena vasca su proyecto de estatuto rupturista.

Y si esto está mal hecho y pone todavía más peso en el platillo de la gravedad de esta reunión en las actuales circunstancias españolas, llama la atención que el presidente Zapatero se embarque, una vez más, en una aventura política sin haber conseguido nada previamente y sin saber a dónde va. Como se embarcó cuando declaró que aprobaría en Madrid todo lo que acordara el Parlamento catalán en referencia al Estatuto de Cataluña, o como cuando se comprometió a una reforma constitucional sin contar previamente con el acuerdo del PP, que es imprescindible para toda reforma de la Carta Magna.

Y no sólo Zapatero se ha metido otra vez, y ya van dos, en el laberinto del nacionalismo vasco, sino que además lo complica con la negociación con ETA y lo enreda más, si cabe, con la tensión catalana, que no sólo afecta a las relaciones de Cataluña con el resto de España, sino que también está abriendo una brecha de incalculables dimensiones en el seno del PSOE.

Ya están los socios de Zapatero de la Esquerra Republicana amenazando con romper la legislatura y nuestro presidente sigue dando palos de ciego, por aquí o por allá, desde una minoría parlamentaria y desde una posición de debilidad en el seno de su propio partido sin saber a dónde va y dando pruebas de que el diálogo y el talante del que ha hecho gala sólo han servido por ahora para impulsar a los que desafían el sentimiento mayoritario de los españoles. Su última proclama en Galicia, no hace muchos días, pidiendo a los reyezuelos autonómicos que exijan el techo de sus competencias y de sus signos de identidad, fue el colmo del disparate de quien da alas a los que luego no quiere dejar volar, como se ve ahora por causa de la crisis creada en el seno del PSOE y del Gobierno (el ministro Montilla está al otro lado del río) ante la llegada a Madrid del proyecto de reforma de financiación del Estatuto catalán.

La cuestión vasca y la visita de Ibarretxe es todavía más grave. Y cabe preguntar si el lehendakari en funciones le ha informado al señor Zapatero de la decisión de su partido de retirar el llamado Plan Ibarretxe, o si han abordado ambos la espinosa cuestión de la negociación con ETA, o si también han hablado de la posibilidad de pactar en el País Vasco un Gobierno de coalición entre el PNV y el PSOE. Todo esto lo deberíamos saber, aunque sólo fuera para entender el aroma de optimismo que se desprende de los comunicados separados y corteses que se han intercambiado Zapatero e Ibarretxe ante los ojos de una opinión pública escéptica que sospecha lo peor sobre lo ocurrido en el palacio de la Moncloa.

El momento político en el que vivimos es para preocuparse, porque además de todo esto, que no es poco, este Gobierno está dando unos síntomas alarmantes de incapacidad en la gestión. Ahora ha descubierto que hay sequía, como de pronto se enteró de que una gran nevada provocaría el caos en Castilla o que un largo fin de semana del primero de mayo nos llevaría a un atasco monumental. Sin olvidar otros departamentos como los de Fomento, Vivienda, Cultura, Exteriores y Agricultura, que nadie sabe a qué se dedican ni por dónde van.

Zapatero ha vuelto a caer en el mayor pecado de nuestro sistema político: utilizar los votos que los ciudadanos le han cedido a su partido como algo propio y particular. Para finalmente caminar sin rumbo cierto por senderos muy complicados en los que están en juego cuestiones muy importantes, como la unidad nacional.

Callar todo lo que se pueda
Lorenzo Contreras Estrella Digital 6 Mayo 2005

La cuestión es no tener que responder a preguntas incómodas. Por eso Ibarretxe y Zapatero, más el primero que el segundo, decidieron o acordaron no hacer declaraciones abiertas después de su larga conversación en la Moncloa. Para el lehendakari, el compromiso de comparecer ante los periodistas era en principio inasumible. Venir de celebrar una reunión de más de dos horas con Arnaldo Otegi, portavoz de la ilegalizada Batasuna y enlace directo del brazo político de ETA con ETA misma, encerraba como hecho demasiado contenido oculto. Cuando uno se resiste a tener que responder a preguntas más o menos previsibles es que tiene mucho que callar. Ibarretxe y además Otegi estaban en ese caso. El segundo de ellos, inspirador oficial del espíritu de Anoeta, que fue como tal espíritu un reclamo de rendición a las tesis independentistas, no ya del Plan Ibarretxe, sino de una “oferta” más radicalizada, necesitaba y necesita la mayor opacidad ajena posible. Y Zapatero no puede tener inconveniente en preservar de cualquier “indiscreción” lo que se le somete desde un frente de aspiraciones inadmisibles. Con su sonrisa de niño bueno, pero muy capaz de romper platos, lo ideal para su actitud política es dejar en el marco del enigma su verdadera reacción y su línea venidera. La entrevista de Ibarretxe con Otegi, la más duradera que celebró previamente con los líderes de grupos participantes en las elecciones vascas del 17 de abril, ofrece demasiada materia por desentrañar. Ése fue el ovillo que ayer hubo de desmadejar en alguna medida la pareja Zapatero-Ibarretxe en la Moncloa.

Zapatero va a tener problemas para explicarle después a Rajoy, cuando le reciba si es que le recibe, la verdad de lo que viene tramando con su proyecto de pacificación sin precios declarados. El delegado del Gobierno en Euskadi, Paulino Luesma, dijo que la reunión de Ibarretxe con Otegi, a quien acompañaba otro pez gordo de Batasuna, Pernando Barrena, “choca con el más elemental respeto a las decisiones de los tribunales y a los principios del Estado de derecho”. Palabras duras, directas, sin evasivas, que Zapatero habría de considerar en su verdadera dimisión, del mismo modo que la calificación que ha dado Gregorio Peces-Barba, alto comisionado para las Víctimas del Terrorismo, a esa entrevista, como “ofensa” a quienes padecieron los zarpazos de la banda, debería pesar gravemente en su mundo de reflexiones presidenciales.

Pero, del mismo modo que hombres de Aznar se reunieron con emisarios de ETA en Zúrich, y antes delegados de Felipe González hicieron lo propio en Argel, Zapatero puede entender que tiene derecho a explorar caminos de pacificación. Porque ése no es el problema verdadero. El auténtico problema es el precio que satisfaga. Ya lo manifestó en su día el obispo nacionalista monseñor Setién: había que pagar un canon político por la paz.

Hay que insistir en el significado que ofrece el hecho de que ETA lleve ya dos años sin matar. Y no vale decir que no mata porque no puede. Puede y de sobra. Se está abasteciendo de explosivos robados en Francia y en más sitios que no se ha querido identificar. En cualquier momento puede volver a las andadas. La banda sabe, aun en pleno debilitamiento, que matar sigue siendo terriblemente fácil. Le falta quizá infraestructura para secuestros, pero no pistolas, pistoleros, informadores y explosivos. La tregua de atentados mortales produce un efecto inevitable: se baja la guardia y los objetivos criminales son más asequibles. Objetivos con uniforme y sin uniforme. Zapatero ha disfrutado hasta ahora la suerte de no tener que presidir determinados entierros.

Reunión ZP-Ibarretxe
Un golpe político
Agapito Maestre Libertad Digital 6 Mayo 2005

La entrevista callada y cruel de Ibarreche y Zapatero es una más de un proceso indigno, que será celebrado por los terroristas y nacionalistas a la vez que pondrá de rodillas a los demócratas. En verdad, nada de España le importa a Zapatero, excepto dar un golpe político que le asegure el poder para otro mandato. El proceso iniciado antes de las elecciones vascas entre Zapatero y los nacionalistas sólo busca ese “golpe político”. La economía, la sociedad, la educación, el desempleo, en fin, la nación son para Zapatero juegos para entretener a la oposición. A él sólo le preocupa dar un golpe de efecto, algo sonado, que lo mantenga en el poder. Zapatero ha entendido bien la sociedad hedonística, en cierto sentido, ovina y conformista que le ha tocado en suerte.

Por eso, precisamente, él no se hace cuestión de si cede o no ante los terroristas, tampoco se plantea que hayan muerto miles de personas por defender la libertad en Vascongadas, y menos aún hace discursos sobre la dignidad de la nación, o sea, de los españoles. Nada de eso le interesa. Su objetivo es simple y vulgar como esa parte de la sociedad a la que se dirige. Si algo no había quedado claro en este dramático proceso, su hombre fuerte en el PSOE, José Blanco, lo ha expresado con la contundencia del hombre carente de ilustración al apostillar: “Lo importante es que ETA abandone las armas. No la forma cómo se logre”. He ahí quintaesenciado el “golpe político” que pretende Zapatero. No les importa cómo se logre, cuáles sean los medios morales o inmorales, sino alcanzar la paz de cementerio de una confederación ibérica, que ya ha empezado a funcionar en lo que antes era España.

En efecto, porque España, hoy, es más un gentío que una nación, más una “sociedad” lanar dispuesta a consumir cualquier basura televisiva que un conjunto de grupos humanos vertebrados por ciertas ideas, digo que hay preguntas, y otros tantos planteamientos, que un político realista no debería hacerse. Aunque bien intencionadas, retóricas, por ejemplo, me han parecido todas las preguntas que Acebes formulaba ayer a Zapatero. ¿Ha renunciado el Gobierno a la derrota definitiva de ETA?, o ¿ha retirado ya Ibarreche su plan?, son preguntas, en efecto, retóricas porque a la altura de esta película, titulada fin de la nación española, parecen poco realistas o, peor todavía, un autoengaño para eludir el verdadero problema, a saber, que Zapatero ha dejado fuera de juego al PP y ha maniatado a la mejor de la sociedad española. Zapatero no ha presentado un proyecto sino que está ejecutando (sic) una confederación de tierras ibéricas a la que finalmente el PSOE en pleno, incluido el pobrecito Rodríguez Ibarra y el nihilista Chaves, darán su visto bueno.

Porque el partido, el PSOE, es todo y la nación, España, nada, el proyecto secesionista de Ibarreche está más que superado por la confederación que ha propuesto Zapatero. Cualquier hombre con dignidad política no debería ignorar que Zapatero e Ibarreche ya están en otro proceso, en otro calendario, que nada tiene que ver con la construcción de una nación democrática que defiende la libertad e igualdad de todos los españoles. No, señor Acebes, no trate de engañarse con sus preguntas, sin lugar a duda, certeras, pero retóricas, insisto, cuando medio país pasa del País Vasco y al otro medio no le importa nada España.

Así de cruda está la cosa… Da rabia, sobre todo, si reparamos en que hace un año y medio aproximadamente, los terroristas estaban casi derrotados y los nacionalistas pedían tiempo. Lo cierto es que, después del 11-M y la subida del PSOE al poder, los terroristas no sólo han vuelto a las instituciones democráticas con la ayuda del Gobierno de la nación, sino que están negociando con Zapatero la rendición de España a sus peticiones. La Asociación de Victimas del Terrorismo, el Foro de Ermua y otras tantas asociaciones cívicas contra el terror no cuenta para el Gobierno de la nación. Son sólo un recuerdo para quienes alguna vez lucharon por la dignidad de una nación, que hoy sólo aspira a engordar bajo el golpe político de Zapatero: “ETA ha dejado las armas”. Terrible.

España es ya sólo un nombre desgraciado para los socialistas. A Zapatero no le importa nada la situación de la nación. Su única preocupación es que la sociedad lanar, que él pastorea ayudándose de múltiples medios de comunicación y centros públicos de mera socialización pedagógica, acepte sosegadamente la confederación ibérica que ya está funcionado de hecho. ¡Y todavía hay gente que habla de unidad nacional!

El precio de la paz
Por César Alonso De los Ríos ABC 6 Mayo 2005

Según los comunicados, Zapatero e Ibarretxe no hablaron en su reunión de ayer del futuro gobierno vasco, ni de los resultados de las últimas elecciones, ni de «plan» alguno, sino del proceso de paz que se traen entre manos. Y ¿por qué han defraudado las notas de prensa del Gobierno y del PNV cuando hacen referencia a la cuestión capital? A mi entender, porque dan miedo las condiciones en que puede darse el proceso. Da tanto miedo que la ciudadanía (no sólo los periodistas) se resisten a aceptar que Zapatero se haya entregado de hoz y coz a un acuerdo con los nacionalistas vascos que deberá desembocar en una tregua. No es tan paradójico que produzca miedo la pacificación cuando se desconoce el precio.

En todo caso, no podemos dudar de que Zapatero está en ello y que no reparará en gastos. Y, sin duda, de esos gastos fue de lo que hablaron en la reunión de ayer. Pero, ¿habría que que descender a esos «detalles» en unas notas para la prensa? Estas han sido suficientemente explícitas en su vaguedad lingüística. ¿Desde qué modelo de Estado? Por supuesto del que acepten ETA, Otegi, el Partido Comunista de las Tierras Vascas, el PNV y EA. Cada uno con sus matices. Cada uno con sus intereses de partido. Y, a cambio, la paz, el silencio de las pistolas (no hablemos enfáticamente de entrega de armas), la salida de los presos (acercamiento, dicen por ahora), el fin de las pistolas (no hablemos enfáticamente de armas), la soberanía, el recorte territorial del Estado, un Estado nuevo y una amputación de la idea de Nación.

Vengo diciendo desde hace tiempo que Zapatero se ha puesto al frente de la manifestación, que dirige el proceso (es decir, que acepta el propuesto por los nacionalistas) y que concederá todo aquello que está en su mano, que es la del Gobierno central, la del partido socialista, y que, con ello, piensa pasar a la historia como el gobernante que trajo la paz que rompieron los hijos de la ira nacionalista a finales de los sesenta...

La ciudadanía española no quiere creerse este final. Les suena a derrota. Pero yo preguntaría si es que no hemos entregado ya sin resistencia alguna el patrimonio cultural, el idioma común, la verdad histórica, el control de las instituciones; si no hemos concedido un plus democrático al nacionalismo totalitario; si no hemos aceptado día a día la discriminación de los ciudadanos por razones etnicistas y el hecho mismo del terror como razón última de la ¿convivencia? Me temo que las ideas de territorio y soberanía tampoco levantarían al personal...En realidad, a estas alturas, tan sólo nos quedan las víctimas. ¿Las entregaremos también?

Injuria Enea
Por Jaime CAMPMANY ABC 6 Mayo 2005

A partir de este despropósito injurioso que ha cometido Juan José Ibarreche, habrá que llamar así a la residencia oficial del lehendakari: Injuria Enea. Incluso don Gregorio Peces-Barba, siempre tan callado, ha alzado la voz para decir que la entrevista de Ibarreche con Arnaldo Otegui, jefe de una organización política ilegalizada por formar parte de la banda etarra, es una ofensa para las víctimas del terrorismo. Bueno, ¿y qué? ¿Vamos a enterarnos ahora de que las víctimas del terrorismo son una parte de la estrategia nacionalista para conquistar el poder y mantenerse en él? Las víctimas del terrorismo son parte de las nueces que caen del árbol agitado por los etarras y cuyo fruto, según confesión de Arzalluz, recoge el PNV.

Conocida de antiguo esta situación del País Vasco, lo que puede sorprendernos desagradablemente no es que Ibarreche reciba a Otegui. Lo que tiene bemoles es que al día siguiente sea Zapatero quien reciba a Ibarreche. Dicen que ambos «estadistas» iban a contemplar un escenario político sin ETA. Pero antes de dedicarse a esa devoción contemplativa, Ibarreche tenía que conocer el escenario querido por la banda etarra para proponérselo a Zapatero. Y ese escenario es el que le habrá pintado Otegui veinticuatro horas antes de su encuentro con Zapatero. Entre traidores anda el juego, pero lo que no podemos pensar es que los traidores quieran o intenten engañar a nadie. Lo hacen todo muy a las claras, y el que no se entera será porque no quiere enterarse.

Zapatero, claro está, dirá que él ha recibido al presidente de un gobierno autonómico, y que eso entra dentro de su obligación y de su sueldo. Pero en estas circunstancias, a quien ha recibido Zapatero es a un siniestro recadero de la banda terrorista, a un mensajero del terror. La cúpula etarra alecciona a Otegui; el recadero o correveidile de la banda comunica a Ibarreche sus condiciones; Ibarreche fuerza una visita inmediata a La Moncloa, y Zapatero conoce las condiciones de los terroristas para empezar a hablar. Todo muy dialogante, todo de mucho talante, todo muy hermoso. Y que Aznar siga «crispando» el ambiente político afirmando que con el terrorista no se dialoga, que al terrorista se le vence.

Y para más inri, la entrevista de alto nivel, la «cumbre» entre los dos presidentes, el monclovita y el de Injuria Enea, se celebra en el más absoluto de los silencios. Sólo conocemos un breve y desustanciado comunicado oficial de cada una de las partes, que podían habérselo guardado en las de cada uno de ellos. ¿Pero qué cosas habrán acordado, discutido, tratado o hablado estos dos bellidodolfos acerca de su proyecto de España y de su destino para que no podamos conocerlo los españoles? ¿A dónde quieren llevarnos sin que nos enteremos? ¿Qué olla podrida están guisando para esta sufrida tierra por «donde vaga errante la sombra de Caín»? ¿Hacia qué desastre nacional, difícilmente remediable, está llevando a Zapatero su irrefrenado deseo de gobernar al precio que sea? ¿Es esta la famosa «transparencia» prometida? Pues, hala, majos, a adivinar traiciones.

Nuevo socialismo
¿En qué cree la izquierda?
Jorge Vilches Libertad Digital 6 Mayo 2005

La pretensión del socialismo de Zapatero es construir la identidad de la izquierda desde el poder. La cadena de contrarreformas y propuestas –crispantes en su mayor parte–, las alianzas con los partidos antisistema, y el cuestionamiento del modelo de Estado responden a un interés, evidente, y a un sistema simple de ideas.

El socialismo gobernante ha asumido los contenidos del movimiento antiglobalización. Así, abomina del “neoliberalismo” y apoya los nacionalismos integristas, el antiamericanismo, el ecologismo radical y la limosna oficial del 0,7%. La intención es que los electores confundan el socialismo con un sentimiento humanitario universal, lo que es, a todas luces, demagógico, falso e inoperante, como ya denunció Raymond Aron. Los discursos de Zapatero aparecen, entonces, engalanados de eslóganes huecos como “ansia infinita de paz” o “alianza de civilizaciones”, que, en la práctica se traducen en la venta o el regalo de armas.

El socialismo se entiende como la fórmula cumbre de la historia de la Humanidad y, por tanto, debe reordenar la memoria de los españoles. De ahí su interés por reescribir la historia de España, vencer en la guerra civil a pesar de que terminara hace 66 años, e iniciar una segunda Transición saldando cuentas. La izquierda española tiene, desde Mayo del 68, un terrible complejo de “revolución pendiente” que, en la realidad, no busca el desarrollo material, cultural y político del país, sino la configuración de la nueva sociedad en orden a los ideales socialistas, que les permita perpetuarse en el poder.

Para su idea de nueva sociedad es vital borrar algunas de las señas de identidad de lo español: la idea de nación y la base cristiana. Zapatero se ha erigido, así, en el defensor de la España plurinacional, de lo que se deduce la inexistencia de la nación española, concepto que, junto al de “patria”, ha desaparecido de su discurso. El laicismo y el relativismo moral, por otro lado, tienen su reflejo en la ley para emprender la demolición calculada de los valores tradicionales. En el caso del “matrimonio homosexual”, no se trata tan solo de reconocer y garantizar los mismos derechos a todos los ciudadanos –que es la base de la democracia liberal–, sino de desvirtuar la naturaleza y el significado de la institución. ¿Por qué, sino, la insistencia en llamar “matrimonio” al casamiento entre homosexuales, desoyendo a tantas corporaciones, e hiriendo a otro grupo numeroso de ciudadanos?

El relativismo sólo es aplicable al desmontaje de las creencias ajenas. Se impone así la dictadura de “lo políticamente correcto”, a semejanza de los totalitarismos del siglo XX. Este relativismo construye el “ciudadanismo”, aquel republicanismo cívico de Philip Pettit basado en la firmeza de un único principio: la cesión; la cesión constante en política, nombres y valores, sin importar el carácter o representatividad del interlocutor. Desde el poder, y cuando aún queda algo por ceder, los resultados pueden ser las concesiones a una banda terrorista a cambio de que deje de matar, la práctica secesión de algunas partes de España, la vuelta a la servidumbre francesa en el orden internacional, la postración ante Marruecos, o la ruptura del principio de solidaridad entre Comunidades Autónomas.

En consecuencia, el objetivo de una sociedad de iguales, aquel principio por el que Norberto Bobbio distinguía a la izquierda de la derecha, queda en poco más que en la búsqueda de una ciudadanía relativista que, entre la indiferencia y el discurso políticamente correcto, evite discrepancias. Y tendremos ZP para rato.

Silencio inoportuno
Editorial El Correo 6 Mayo 2005

La reunión de ayer entre el presidente José Luis Rodríguez Zapatero y el lehendakari en funciones, Juan José Ibarretxe, acabó en un silencio censurable desde la transparencia que exige un encuentro a tan alto nivel. Especialmente tras la impostada convocatoria de una reunión que, mediante sendas notas de trámite, ambos interlocutores no han tenido empacho en valorar muy positivamente, anunciando incluso la apertura de una etapa política nueva sin explicar en qué datos concretos se fundamenta su optimismo.

Es posible que con su silencio pactado el presidente del Gobierno y el lehendakari en funciones intenten alimentar el enigma de sus intenciones, de sugerir que algo se traen entre manos, soslayando de paso las profundas diferencias que se han venido manifestando hasta el pasado 17 de abril. Como es posible que ambos hayan tratado así de convencerse de que pueden convencer a su interlocutor. En cualquier caso, con su hermetismo protocolizado, uno y otro incurrieron en el error de contribuir a la generación de especulaciones y de diatribas públicas. Si bien -y según la nota de la presidencia del Gobierno vasco- Ibarretxe «no desea que se generen falsas expectativas y polémicas estériles», no ha sido otro el efecto provocado en un principio.

Pero el silencio de la reunión tampoco puede ocultar las evidencias. La más inmediata es que ni Ibarretxe ni su partido han mostrado hasta la fecha indicio alguno de que interpreten el escrutinio electoral del 17 de abril como un mandato para el acercamiento entre nacionalistas y no nacionalistas previa renuncia al plan Ibarretxe. De poco sirve que Rodríguez Zapatero interprete la omisión de toda mención a su plan por parte de Ibarretxe como muestra de su disposición a renunciar al mismo si tal rectificación no es expresamente asumida por el nacionalismo gobernante. De poco sirve mientras el nacionalismo gobernante evite siquiera valorar como razonable la propuesta del presidente de una reforma estatutaria avalada por dos terceras partes del Parlamento autonómico. La afirmación de que nos encontramos en el inicio de «una nueva fase política caracterizada por la búsqueda permanente de espacios de debate, de diálogo y de encuentro» no significa nada mientras el PNV y, en especial, el propio Ibarretxe persistan en su empeño por administrar en exclusiva el autogobierno de los vascos.

Ibarretxe y su partido tratan de diferenciar el proceso de constitución del próximo Gobierno vasco del diálogo que pretenden establecer en torno a la normalización y pacificación. Pero esa diferencia no es, en el ánimo nacionalista, meramente conceptual o metodológica. Responde sobre todo a su interés por imprimir al Gobierno de la autonomía un marcado continuismo asegurándose la Lehendakaritza y la prolongación de la entente tripartita para, a continuación, y dando por descontada dicha continuidad, instar a las demás formaciones políticas a un diálogo abierto que, mientras las cosas sigan como están, reproducirá las desavenencias del pasado. Así ocurrirá en tanto el nacionalismo gobernante conciba la mayoría abertzale como fuerza legitimadora de sus propósitos soberanistas.

La opinión pública tiene razones más que fundadas para pensar que nos encontramos en el ciclo final del terrorismo etarra. Pero dicha sensación no puede hacer olvidar ni a la sociedad ni mucho menos a los responsables institucionales que ello es el fruto de un denodado esfuerzo policial, judicial y legislativo por reducir a su mínima expresión la operatividad de la banda terrorista. La debilidad extrema en que se encuentra ETA, reflejada en el hecho de que durante los dos últimos años no haya asesinado, es el argumento fundamental sobre el que puede asentarse cualquier mirada optimista respecto al inmediato futuro. Pero, al mismo tiempo, persiste la otra terca realidad: el hecho de que ETA no ha mostrado hasta la fecha voluntad alguna de retirarse de la escena. Suponerle al terrorismo intenciones distintas a las de su perpetuación como poder fáctico coactivo resulta tan equivocado como peligroso. El propio Acuerdo de Ajuria-Enea lo vio así cuando condicionó cualquier diálogo entre los poderes competentes del Estado y quienes decidan abandonar la violencia a la previa muestra de una voluntad clara por parte de éstos.

Sería inadmisible que, en puertas de su definitiva derrota, el terrorismo de ETA volviese a enredar a las fuerzas democráticas y a las instituciones con señuelos que más adelante puedan acabar recargando su potencial homicida. La sociedad no sólo exige el cese de la actividad terrorista de ETA; exige su desaparición como garantía mínima para la paz. Pero ETA optará por desaparecer sólo si acaba convenciéndose de que la democracia, el Estado de Derecho, no le deja otra salida. Por el contrario, aprovechará cualquier resquicio que le brinden la división entre los demócratas, la ingenuidad voluntarista o el oportunismo cortoplacista para tratar de obtener la ventaja precisa que prolongue su existencia y condicione el devenir político de Euskadi.

Territorialidad
Confidenciales La Razón 6 Mayo 2005

La reivindicación de Navarra por parte de los nacionalistas ha sido un asunto tangencial en su apuesta política por la soberanía y la secesión. Tal vez, conscientes del rechazo mayoritario que lo nacionalista produce entre los navarros, desde el Gobierno de Vitoria y sus partidos aliados se enfrentó esta cuestión con todas las cautelas. Sin embargo, el asunto de la territorialidad se ha retomado con fuerza en los últimos días. Los mensajes de Otegi y Errazti, con especial hincapié en el factor navarro como inexcusable en una futura negociación, ha introducido otro elemento de desestabilización y especial preocupación sobre todo en la Comunidad Foral. No es descartable tampoco que el nacionalismo prepare la anunciada negociación con el Gobierno con una propuesta de máximos, con elementos de presión como el navarro, con la confianza de lograr otras cesiones. Veremos, pero el factor Navarra es, sobre todo, inquietante.

Bomba de relojería
Confidenciales La Razón 6 Mayo 2005

Quienes conocen los entresijos de la Ertzaintza no paran de lanzar mensajes de alarma sobre el grado extremo de desmoralización y desgaste de una Policía instrumentalizada por el régimen nacionalista y amenazada por el entorno proetarra. Una bomba de relojería.

La dignidad y el poder
Por ROSA DÍEZ. Diputada socialista al Parlamento Europeo ABC  6 Mayo 2005

DESDE la perspectiva europea es difícil entender de forma racional las cosas que ocurren en Euskadi. Y no me extraña, porque somos un país único en el mundo. «Somos diferentes», suelen decir machaconamente los nacionalistas, coincidiendo así, en el fondo y en la forma, con aquel otro eslogan franquista «España es diferente». Realmente los vascos no somos diferentes del resto de ciudadanos de nuestro entorno, como no lo éramos los españoles de la etapa franquista. Pero las sociedades en las que vivimos o vivíamos, las instituciones que nos gobiernan, sí que son diferentes.

En el País Vasco se dan tantas paradojas que todas ellas juntas constituyen nuestro verdadero hecho diferencial. No es nuestro paisaje, ni la laboriosidad de nuestra gente, ni el desarrollo de nuestra tecnología o la modernidad de nuestras ciudades lo que nos distingue de los demás. Tampoco el hecho de tener un idioma propio, pues es habitual en España y en el resto de Europa la convivencia, en mayor o menor armonía, de dos o varios idiomas en una región o comunidad. Nosotros podemos presentar, sin miedo a coincidir con nadie, otros muchos hechos que sí que nos sitúan como una realidad única e incomparable. Citaré algunos ejemplos.

1. Somos el único país del mundo en el que conviven, de forma cotidiana y a lo largo del tiempo, democracia y terrorismo. Hay ejemplos de democracias que han sufrido ataques terroristas y también países que viven o han vivido enfrentamientos internos entre terrorismos de distinto signo. Pero no conozco ni un solo ejemplo en el que una organización terrorista «de la tierra», que nació en las postrimerías de la Dictadura, se haya perpetuado durante casi tres décadas para combatir el sistema democrático.

2. Somos el único país del mundo democrático en el que conviven opulencia y terrorismo. Cuando alguien hace el discurso sobre «las causas» del terrorismo en mi presencia y cita como elementos comunes y principales de su florecimiento la pobreza y la ausencia de democracia, yo les cuento lo del País Vasco. Y noto que me miran raro.

3. Somos el único país del mundo democrático en el que los terroristas atacan, persiguen, amenazan y asesinan sólo a los miembros de los partidos de la oposición. O a los periodistas, jueces y/o profesores que «no comulgan» con las tesis de los gobernantes.

4. Somos el único país del mundo democrático en el que es la oposición la única que necesita escoltas.

5. Somos el único país del mundo democrático en el que, cuando se convocan elecciones, lo que se celebra de veras son votaciones. Porque una parte de la ciudadanía tiene proscrito su derecho activo y pasivo a participar en aquéllas en igualdad de condiciones con quienes apoyan o van en las candidaturas de los partidos que están en el Gobierno. Por tanto, se vota, pero realmente no se puede elegir libremente.

6. Somos el único país del mundo democrático en el que su Gobierno hizo un pacto con la organización terrorista que lleva más de 30 años sembrando de víctimas nuestra tierra, para asegurar la exclusión política de quienes no somos de su misma ideología (más o menos el 50 por ciento de la sociedad).

7. Somos el único país del mundo democrático que tiene un Gobierno que deslegitima desde las propias instituciones las normas que le permiten ostentar el poder político; un Gobierno cuyo «ministro» de Justicia se manifiesta con los que burlan la legalidad, cuyo «ministro» del Interior exige compensaciones para la organización terrorista cuando se detiene a uno de sus miembros. El único país que tiene un presidente que acoge, protege y defiende a una organización que ha sido declarada por los más altos tribunales del Estado como integrante del entramado terrorista.

Podría seguir poniendo ejemplos de lo que constituye nuestro verdadero hecho diferencial. Pero sé que no hace falta. Ustedes ya se han dado cuenta de que el nuestro, a diferencia de otros que por el mundo existen, requiere de la aplicación de políticas excepcionales para su erradicación. Acostumbrados como estamos, en este mundo globalizado, a pedir acciones para preservar la diversidad, en eso también el País Vasco es diferente. Cuando nuestro hecho se conoce, nadie quiere preservarlo, y las voluntades se acumulan para conseguir erradicar esta mancha que ensucia la democracia y que es la gran asignatura pendiente de España y Europa entera. Vamos, que no es diversidad, sino anomalía.

Decía antes que los ciudadanos vascos no nos diferenciamos apenas entre nosotros. Los perseguidos y los verdugos, los cómplices, los consentidores, los beneficiarios del chantaje, los cínicos, los tibios, los resistentes, los héroes anónimos, los chivatos... en la calle, en el taller o en la universidad, en un concierto o en un restaurante, todos somos bastante iguales. Bueno, lo correcto sería decir: todos éramos bastante iguales. Hasta el extremo de que tuvieron que empezar a amenazarnos, a perseguirnos, a asesinarnos, para que dejáramos de ser iguales. Y ahora sí, ya somos diferentes. Lo curioso es que en Euskadi los «diferentes» no son los que reivindican el hecho diferencial del pueblo vasco y su historia milenaria, generadora, según ellos, de derechos tribales. No, aquí los diferentes somos los que siempre supimos que éramos iguales que los demás: entre nosotros y respecto al resto de los españoles. Aquí, la Estrella de David que nos marca son nuestros escoltas, nuestra forma de vida, no tener costumbres fijas ni horarios habituales, no poder ir con tranquilidad a determinadas zonas de tu propia ciudad, no poder llevar a los niños al parque, ni pasear sola por la playa o ir al monte solo con amigos. El terrorismo y el nacionalismo cómplice y/o complaciente nos han hecho visibles, distintos. Han conseguido, sí, que seamos diferentes.

No hace falta que les diga que ésta es otra de nuestras paradojas: los que reivindican la diferencia viven igual que el resto de los españoles, amparados por la Constitución, ejerciendo todos los derechos que ésta nos reconoce, desde el derecho a la vida hasta el derecho a la libre expresión, a la participación en los procesos electorales y a la libertad de movimiento o pensamiento. Y quienes nunca quisimos ser diferentes seguimos reivindicando esa Constitución que protege los derechos que disfrutan -otra paradoja- quienes la quieren liquidar.

Yo he explicado a mis colegas europeos que el 17 de abril tuvimos en Euskadi una nueva oportunidad para homologarnos con ellos. Les he contado que ha habido elecciones y que es posible que esta vez mandemos a la oposición a quienes durante 22 años han gobernado para mantener unos hechos diferenciales que avergüenzan a cualquier demócrata. Les he explicado que en el País Vasco hay dos partidos autonomistas y constitucionalistas -uno de izquierdas y otro de derechas-, y que juntos pueden conseguir que los gobernantes actuales no tengan la oportunidad de mantener esa indignidad. Les he explicado que esos dos partidos compiten cada cuatro años para lograr la mayoría y formar el Gobierno de España; que representan dos opciones ideológicas y que contraponen sus modelos en lo cultural, educativo, de vivienda o empleo. Y les he dicho que en Euskadi sólo será posible provocar la alternativa si ambos partidos nos lo planteamos como un objetivo de Estado y sumamos fuerzas para que dentro de unos años podamos contraponer, también aquí, nuestras propuestas políticas y disputar con normalidad en las urnas.

Me entendieron perfectamente. Porque los europeos tienen memoria. Y saben que ante situaciones extraordinarias se requieren medidas excepcionales. Mi propuesta les pareció bastante más normal que las cosas que ocurren cotidianamente en el País Vasco sin que al parecer a nadie le llamen la atención. Por eso espero que los votos que los ciudadanos han depositado en apoyo de las opciones constitucionalistas se utilicen bien. Y que quienes tienen la obligación de gestionarlos y pueden impulsar un Gobierno de cambio pongan por delante de sus opciones personales, de sus cálculos políticos o de sus ensoñaciones históricas, la dignidad y el sentido de Estado. Y espero que los dirigentes de mi partido no hayan olvidado las palabras que Pilar Ruiz le dirigió a Patxi López el día que se cumplía el segundo aniversario del asesinato de su hijo Joseba Pagazaurtundúa: «Cuando tengas que tomar decisiones, pon en un lado de la balanza lo más importante: la vida, pero también la dignidad. En el otro lado pon entonces el poder y el interés del partido. Y sabrás si tu decisión es correcta o no. No te olvides de que quien pacta con los traidores se convierte en un traidor».

ZP-Ibarretxe
La foto más negra de la democracia
Isabel Durán Libertad Digital 6 Mayo 2005

Dos horas de entrevista en el salón azul del palacio de La Moncloa entre el presidente del Gobierno y el presunto lehendakari de todos los vascos con la negativa pactada y expresa a informar a los ciudadanos sobre lo que allí se trata y les afecta a la línea de flotación de la convivencia misma entre ellos, supone la consagración de la mordaza, el oscurantismo y las cesiones políticas al terrorismo del Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero.

Juan José Ibarretxe asegura que sólo de esta manera se consiguen las mejores fotografías del mundo. Está claro que sólo así ha conseguido la fotografía de la victoria en el poder del nacionalterrorismo, elección tras elección, durante el periodo largo ya de democracia en el resto de España. El precario triunfo electoral del PNV se debe de nuevo, en exclusiva, a que en su comunidad autónoma no hay libertad, a que el que se mueve, no sólo no sale en la foto que tanto le gusta al presunto lehendakari, sino que es puesto en el punto de mira de los terroristas, sus socios en el plan racista, xenófobo y totalitario que quiere implantar.

Dos horas ha durado la foto más negra de la democracia. Los mismos largos, humillantes y ofensivos 120 minutos que el presunto lehendakari dedicó a los terroristas de Batasuna en la reunión en Vitoria que ha precedido a la de La Moncloa. Ahora se cumplen los peores presagios. Hemos entrado en una “nueva fase política”. Sí. La fase en la que el presidente del Gobierno más débil, peligroso, radical e intolerante de la reciente historia de España acepta de buen grado que se incumplan las leyes y que se vulnere el Estado de Derecho. La fase en la que Rodríguez Zapatero se pone a la cabeza de la manifestación para que la dictadura del miedo implantada en el País vasco a golpe de asesinatos, secuestro y extorsión de la que el nacionalismo ha sido el principal beneficiario extienda sus métodos de mordaza y pactos en la sombra bajo cuerda al resto de España.

Cerrojazo anunciado
EDITORIAL Libertad Digital 6 Mayo 2005

Si los cálculos del presidente de la Comisión parlamentaria que investiga los atentados del 11 de marzo son correctos, el mes que viene las conclusiones de la misma se harán públicas y habrán finalizado de este modo las reuniones que los diputados han mantenido a lo largo del último año. Porque, oficialmente, un año han durado los trabajos de los comisionados pero, quitando vacaciones, parones innecesarios y bloqueos políticos lo cierto es que la Comisión no se ha extendido por más de unos pocos meses que, como era de esperar, no han dado para casi nada.

Algunos analistas, antes de que en el Congreso se inaugurasen formalmente las sesiones de la Comisión, aseguraron que iba a servir de poco, que se iba a transformar en una pantomima representada magistralmente por la mayoría anti PP del Parlamento y que nadie –ni los diputados ni los ciudadanos– iban a sacar nada en claro. Desgraciadamente, así ha sido. La verdadera investigación, para desdoro de nuestros políticos, se ha llevado a cabo desde la prensa. Diarios como El Mundo han hecho más por averiguar qué paso antes, durante y después de la tragedia que la mayor parte de comisionados, especialmente aquellos que, horas después de los atentados, se desgañitaban exigiendo la verdad al Gobierno de Aznar.

Al final, y gracias al tesón que el Grupo Popular ha puesto en el empeño, se han podido escuchar en el Congreso voces discordantes con la tesis prefabricada que el PSOE y sus socios se llevaron en la cartera el día que dio comienzo la Comisión. Aznar defendió su gestión de la crisis y demostró que de mentiras ninguna. Los altos cargos de Interior reflejaron en toda su crudeza el drama vivido aquellos días desde las altas esferas del Estado. Una reivindicación necesaria para, al menos, poner coto a los que llevan un año tratando de convertir la Comisión en un juicio sumario del anterior Gobierno. Lo que los comisionados no se esperaban es que la madriguera era mucho más profunda de lo que imaginaban. La trama asturiana, desvelada por la prensa, fue sólo un aperitivo para lo que vendría después. A esto, a seguir el hilo de un gran ovillo aun sin desmadejar, el PSOE y sus aliados no han sido muy proclives. Han vetado sistemática y vergonzosamente a comparecientes y el Gobierno no ha colaborado en absoluto, en especial con las demandas de los populares.

Ante semejante panorama no cabía esperar más que, tarde o temprano, diesen el carpetazo a la que ya se ha bautizado con cierta amargura como Comisión de Ocultación. Aparte del sumario que el juez Del Olmo está instruyendo en la Audiencia Nacional, a los ciudadanos sólo nos queda confiar en que la prensa, ese contrapoder tan necesario en cualquier democracia, siga oxigenando con fuerza una causa, la de la verdad, que no está ni mucho menos perdida.

El «hayamos» de Ibarretxe
Juan BRAVO La Razón 6 Mayo 2005

Hablan de escribanos y borrones, pero hay casos y límites que pasan de lo comprensible para irrumpir en el terreno de lo grotesco. Aunque todo tiene su explicación. El régimen nacionalista ha dedicado históricamente esfuerzos políticos y financieros a «reeducar» a los castellanohablantes. Todo valía para que el uso de esa lengua, señal indeleble de la españolidad del País Vasco, fuera arrinconada hasta la marginalidad. Escuelas, universidad, cultura, administración, comunicación han sido ámbitos de experimentación para las políticas de «limpieza» del castellano. Ya no servía llamarse Ángeles, sino Anjeles (Iztueta); ni Conchi, sino Kontxi (Bilbao), ni Carlos, sino Karlos... Sólo la realidad de la calle, la realidad social, se resistía y resiste el cerco y la presión nacionalistas, al menos de momento. Y, claro, con tanto castellanohablante convertido de la noche a la mañana en meritorio euskaldun pasó lo que pasó. Y ocurrió que en un comunicado oficial del Gobierno vasco, por ejemplo el de ayer tras la entrevista con Zapatero, se afirmaba que el lendakari deseaba transmitir que «nos hayamos ante una oportunidad que no podemos desaprovechar». Ese «hayamos» era manifiestamente mejorable, lendakari. Una idea, que el Instituto Cervantes reorganice su plan de expansión con alguna nueva sede en Vitoria, cerca de Ajuria Enea.

Zapatero e Ibarretxe abren un proceso secreto de paz que arrincona el pacto antiterrorista
El presidente del Gobierno expresa su deseo de «contar con la máxima ayuda» del próximo Ejecutivo vasco, del que se reclama «la máxima lealtad institucional».
GONZALO LÓPEZ ALBA ABC 6 Mayo 2005

MADRID. José Luis Rodríguez Zapatero y Juan José Ibarretxe sentaron ayer las bases para un nuevo pacto que implique al Gobierno vasco y a todas las fuerzas parlamentarias en el objetivo de conseguir el final definitivo del terrorismo, arrinconando el plan soberanista del lendakari en funciones, que no salió a relucir, y orillando el Pacto Antiterrorista, que limita el entendimiento a PSOE y PP.

El presidente del Gobierno y el lendakari en funciones, tras hacer la «foto» de la «nueva situación» en el País Vasco -con el resultado de las elecciones autonómicas de abril y los dos años que han transcurrido sin atentados mortales de ETA como elementos destacados-, coincidieron en que se ha abierto «un tiempo nuevo» que permite albergar esperanzas de que «la paz y la normalización política» sean una realidad próxima, así como en que ello exige «serenidad, prudencia y mucho diálogo».

Más autogobierno sin plan Ibarretxe

Prueba de ese «tiempo nuevo» es que a diferencia de lo ocurrido en ocasiones anteriores -Zapatero e Ibarretxe celebraron otras dos entrevistas en julio de 2004 y enero de 2005- el lendakari en funciones no acudió a la cita con planteamientos «reinvindicativos» -ni en términos de reclamación ni de oferta-, sino con el reconocimiento de que se ha abierto una etapa diferente, que se plasmó en una reunión calificada de «constructiva» por ambas partes, aunque sin decisiones concretas, al menos oficialmente.

Desde el Gobierno se concedió gran importancia a que la entrevista no girara en torno al llamado «plan Ibarretxe», que ninguno de los interlocutores puso ayer sobre la mesa cuando había sido el objeto central de sus dos entrevistas anteriores. A partir de este hecho, la interpretación gubernamental es que el propio Ibarretxe ha optado por pasar la página de su proyecto soberanista, que queda arrinconado en la expectativa de una reforma estatutaria que goce de un amplio consenso, aunque el PNV eludió tanto confirmar como desmentir esta interpretación.

«Trabajar juntos por la paz»
A este respecto, Zapatero expresó a Ibarretxe «su deseo de avanzar en el autogobierno de Euskadi y que cualquier reforma estatutaria cuente con el máximo respaldo de las fuerzas políticas con representación parlamentaria, algo fundamental para conseguir ese marco de paz y de convivencia que todos los demócratas desean».

Arrinconado el plan Ibarretxe, el análisis compartido en torno a las posibilidades de conseguir ese «marco de paz» consumió la mayor parte de las dos horas que duró su entrevista de ayer en el Palacio de la Moncloa, aunque los detalles permanecen en secreto. En este análisis, ambos prestaron especial consideración al resultado de las elecciones vascas del 17 de abril, al coincidir en que «el mensaje que han trasladado los ciudadanos vascos a todos los partidos es de trabajar juntos en un marco de diálogo y máximo consenso por la paz y el entendimiento en Euskadi».

Las fuentes consultados no supieron precisar si para Zapatero e Ibarretxe el «todos» incluye a Batasuna y/o EHAK, y tampoco si el procedimiento será la constitución de una «mesa de partidos», aunque subrayaron que «en lo que hay coincidencia es en que, con independencia del procedimiento, es fundamental el diálogo entre todas las fuerzas políticas».

Colaboración con «lealtad»
En este punto, el presidente del Gobierno trasladó al lendakari en funciones «su deseo de contar con la máxima ayuda y colaboración del futuro Ejecutivo vasco en dos ámbitos importantes: la lucha contra la violencia y los violentos, y el respaldo a las víctimas del terrorismo, que siempre tienen que ser objeto de una especial atención por parte de los poderes públicos», según el comunicado emitido por la presidencia del Gobierno, en el que se señala también la petición de Zapatero a Ibarretxe para que esa colaboración se produzca «dentro de la máxima lealtad institucional», y en un «clima de diálogo y normalidad».

La implicación del Gobierno vasco -y, por ende, del PNV- en el proceso que pueda conducir al final de ETA orilla el Pacto Antiterrorista, que ninguno de sus firmantes -PSOE y PP- quieren dar por «muerto», pero que los socialistas -aunque seguirán defendiendo su vigencia- consideran superado por los acontecimientos. El Gobierno y el PSOE juzgan imprescindible contar también en este proceso con el PP, del que esperan que esté «a la altura de las circunstancias», pero, al mismo tiempo, entienden que el horizonte es de un gran acuerdo «entre todos». En tanto, reclaman de las fuerzas parlamentarias un margen de confianza al Ejecutivo para «explorar todas las posibilidades que existen».

Énfasis y matices interpretativos aparte, la versión de la entrevista facilitada por el Gobierno vasco en funciones coincide sustancialmente con la ofrecida por La Moncloa. Así, en su comunicado, Ibarretxe «manifiesta su compromiso de que esta primera reunión sea el prólogo de un proceso y de otros muchos encuentros que consoliden, sin prisas pero sin pausas, un futuro en el que la paz sea un objetivo noble y posible, así como un futuro de convivencia normalizada desde el punto de vista político, fruto del respeto, la participación, el diálogo y el acuerdo entre las fuerzas políticas que representan a los ciudadanos».

«Una oportunidad» única
El lendakari en funciones -dice su comunicado- «desea transmitir como fruto del encuentro un mensaje de serenidad a la sociedad vasca, porque nos hallamos ante una oportunidad que no podemos desaprovechar».

En línea con el comunicado gubernamental, Ibarretxe dice que constató con Zapatero que «se inicia una nueva fase política caracterizada por la búsqueda permanente de espacios de debate, de diálogo y de encuentro» para conseguir «la paz y la normalización política», y añade que, en este sentido, expresó al presidente del Gobierno «su compromiso y su voluntad para impulsar un clima de diálogo y entendimiento que lo haga posible». De hecho, Zapatero e Ibarretxe acordaron mantener un «diálogo fluido» que se plasmará en función de cómo evolucionen los acontecimientos.

Una reunión difícil de explicar para Rosa Díez y un «despropósito» según Gotzone Mora
R. N. La Razón 6 Mayo 2005

Madrid- La reunión sin luz ni taquígrafos entre Zapatero e Ibarretxe dio ayer mucho que hablar. Y en este caso las valoraciones no fueron, necesariamente, por «barrios». Así, la eurodiputada socialista Rosa Díez calificó el encuentro como «sorprendente» y reconoció que le deja un tanto perpleja que «en un momento en que hay conversaciones para constituir el Gobierno, el presidente reciba a alguien que hoy por hoy no es más que el candidato de una de las formaciones políticas». Para su compañera Gotzone Mora, concejal del PSOE en Getxo (Vizcaya), la reunión es un «despropósito». A la edil, como socialista, le hubiese encantado que Zapatero reaccionase con «contundencia» negándose a recibir a Ibarretxe tras reunirse con Otegi.

Igual de contundente se mostró el vicepresidente del Foro Ermua, Mikel Buesa, quien dijo que la entrevista es «improcedente», informa Servimedia. Además, denunció que «vender» que ésta trasluce un nuevo clima en el País Vasco supone adoptar «el lenguaje nacionalista». El secretario general del PP en el País Vasco, Carmelo Barrio, también se sumó a las críticas y explicó que Zapateto ha hecho un «desplante» a Patxi López al recibir antes a Ibarretxe. Igualmente, el presidente balear, Jaume Matas, instó a Zapatero a «dar la cara», porque en democracia, adujo, «es indispensable la transparencia».

Sin embargo, para el alto comisionado de apoyo a las víctimas del terrorismo, Gregorio Peces-Barba, este encuentro es algo «natural» y servirá para propiciar una convivencia en el País Vasco «donde quepan todos». Del mismo modo, el presidente extremeño, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, lo justificó porque su objetivo, dijo, es «explorar las posibilidades de acabar con el terrorismo», informa Ep. Otro correligionario, el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, adujo que con esta iniciativa el interés del Gobierno es «caminar para lograr el objetivo de la paz y de cómo aparcar el Plan Ibarretxe».

Querella contra Idígoras. El Foro Ermua se ha querellado contra el ex dirigente de HB Jon Idígoras por asegurar en una película y un libro sobre Sabino Arana que el escritor Iñaki Ezquerra «perteneció a ETA» y es «un balsero del PP».

Ibarra replica a ERC que les puede dejar sin poder «con una reforma electoral»
El primer secretario del PSC, José Montilla, admite las discrepancias con el PSOE y reconoce que «Cataluña propone, pero no resuelve por su cuenta»
M. M. ABC 6 Mayo 2005

MADRID. El presidente extremeño, el socialista Juan Carlos Rodríguez Ibarra, no sólo no ha rebajado un ápice su nivel de crítica a la propuesta de financiación del tripartito catalán, sino que lo ha amplificado. Al ya conocido «que se metan los cuartos por donde les quepan», Ibarra añadió ayer una advertencia al «conseller en cap» de la Generalitat de Cataluña, Josep Bargalló, quien ha amenazado al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, con retirar el apoyo de ERC al Ejecutivo asegurando que «tendrá que irse a casa».

Ibarra recordó ayer a Bargalló que con una simple reforma de la Ley Electoral, quien se tendrá que ir a casa es ERC y le advirtió de «que se ande con cuidado» porque él mismo se puede encargar de resucitar la idea de reformar esa ley para que los partidos con representación inferior al 5 por ciento no entren en el Congreso. «Este país —dijo— no puede depender de una minoría minoritaria». Si fuera Zapatero, Ibarra le respondería «no voy a negociar, y si me voy es con una ley en el Congreso que diga que el que no tenga el 5 por ciento de los votos no entra en el Congreso». Además, Ibarra esgrimió el apoyo de otros «pesos pesados» del PSOE, como Manuel Chaves o José María Barreda contra la propuesta catalana. «Y hay mucha más gente que no está de acuerdo», dijo para exigir a Maragall que «enderece el rumbo».

No se atrevió con otra «machada»
El presidente extremeño pronunció anoche una conferencia en el Club Siglo XXI de Madrid arropado por hasta siete ministros —Alonso, Calvo, Montilla, Álvarez, Trujillo, Salgado y Sevilla—, por el «número dos» socialista, José Blanco, y varios miembros de la Ejecutiva, y por el ex presidente del Gobierno Felipe González y sus ministros José Barrionuevo y José Luis Corcuera.

Durante su conferencia no sólo censuró el plan Ibarretxe o las balanzas fiscales como «dos exponentes del foralismo y del privilegio de unos territorios sobre otros», sino que tenía previsto amagar con una «machada», aunque al final se echó atrás. En el último párrafo del texto entregado a la Prensa, Ibarra había incluido una afirmación según la cual «pienso dirigirme al presidente del Gobierno de España para que nos descuente el dinero que debemos a Cataluña. No quiero esperar a que sea el Gobierno catalán el que nos diga cuándo nos cierran el grifo». Pero en la charla coloquio tras la conferencia, Ibarra justificó el «borrado» de esa frase asegurando que se trataba de una «boutade» o de una «maldad» para dejar claro —esto sí se atrevió a decirlo— que «si el Estado federal es lo que dicen que es los que hablan como hablan, a mí que me bajen de ese Estado».

Ibarra dijo confiar en Zapatero, «que nunca será el presidente que permita que España se disgregue». Eso sí, lanzó una advertencia: «si algún presidente tiene esa tentación, su partido se lo impediría». Para Ibarra, Cataluña ha perdido demasiados años en tratar de aclarar «quiénes son, de dónde vienen y a dónde van», anclados en cuestiones identitarias, en lugar de adaptar su productividad y su economía a los nuevos tiempos. De ahí vienen sus problemas de financiación.

De otro lado, Ibarra defendió el derecho de Zapatero a negociar con ETA «y no decirlo» y a hablar con el PNV de cómo acabar con el terrorismo. «Un presidente del Gobierno tiene la obligación de explorar los caminos hacia la paz», dijo, aunque después «tendrá que explicar a los ciudadanos qué se hace a cambio de la paz».

Las palabras de Ibarra no son sino un ingrediente más a la pugna que mantienen el Gobierno y el PSOE frente al PSC. Blanco reeditó ayer la advertencia a Maragall de que el PSOE nunca aceptará una financiación autonómica a la carta, y José Montilla —que asume su doble condición de ministro y de primer secretario del PSC— quiso mostrarse diplomático al admitir que pese a la existencia de discrepancias, todo es negociable: «Cataluña propone pero no resuelve por su cuenta».

LA COMISIÓN DESCONOCE SI HUBO DILIGENCIAS TRAS LA DENUNCIA
Un físico nuclear armenio denunció hace un año los "contactos continuos" de ETA y los islamistas
La comisión del 11-M accedió este jueves a una nota del grupo de Información de la Comandancia de Oviedo que desvelaba que hace un año un físico armenio denunció los "contactos continuos" entre ETA y los terroristas islámicos. Según publica El Mundo, aunque las diligencias fueron remitidas a la Jefatura de Información UCE-2, en la documentación entregada a los comisionados no se aportan datos sobre investigaciones relacionadas con esta denuncia.
Libertad Digital 6 Mayo 2005

El denunciante, que El Mundo sólo identifica con sus iniciales, es un físico nuclear de nacionalidad armenia. Según esta información, el 5 de mayo del pasado año, menos de dos meses después del 11-M, acudió a la Guardia Civil de Oviedo en compañía de su hija para alertar de que terroristas de ETA e islámicos estaban en continuo contacto. Ante los agentes de la Benemérita detalló que había guardado silencio hasta ahora porque no tenía regularizada su situación en España y que una vez conseguidos los papeles acudió a las Fuerzas de Seguridad para colaborar en la lucha contra el terrorismo.

Según el relato que figura el nota informativa elaborada por la Comandancia de Oviedo, antes de llegar a España, este físico nuclear trabajó en el sector de la hotelería en Polonia. A su establecimiento acudían diplomáticos de "Siria, Palestina, Arabia...", con los que no tardó en tomar confianza.

La información que firma Fernando Lázaro en El Mundo desvela que cuando el físico trasladó a estos diplomáticos su intención de viajar a España, "personal de la embajada de Palestina le ofreció ir al País Vasco, concretamente a San Sebastián, donde ya contactaría con él gente del entorno terrorista de ETA y posiblemente árabes, con el fin de trabajar para ellos". En la nota de la Guardia Civil de Oviedo se destaca que el físico "hace hincapié en que los contactos de nuestros terroristas (ETA) con los islámicos es continuo, sobre todo a través de Palestina.Habla de Al Qaeda y de Hamas".

El objetivo: fabricar una bomba sucia nuclear
En su declaración explicó que con los que habían contactado con él pretendían utilizar su condición de físico para enviarlo a países del Este como Ucrania y una vez allí encargarle de localizar los materiales necesarios para fabricar "una bomba sucia nuclear". El físico, según su denuncia, sólo tendría que preocuparse de reunir esos componentes porque sus contactos le garantizaron que ellos mismos correrían con el traslado a España. Aquí es donde confeccionarían la bomba. La noticia recoge que este físico se ofreció a "facilitar no sólo datos sobre las personas que contactaron con él, sino también informes técnicos sobre los materiales que le solicitaban".

Ante esta denuncia, recogida en una nota informativa de la unidad de Información de la Comandancia de Oviedo, los agentes remitieron las diligencias a la Jefatura de Información UCE-2, encargada de las investigaciones sobre terrorismo internacional. Sin embargo, en la información remitida este jueves a la comisión del 11-M no aparece dato alguno de las previsibles gestiones posteriores de esta unidad de la Guardia Civil.

CATALUÑA Y EL VALLE DE ARÁN
MIQUEL PORTA PERALES ABC Cataluña  6 Mayo 2005

LAS urgencias de la actualidad han conseguido que nos olvidemos de un hecho significativo que bien merece el comentario. Me refiero al documento «Aportación al nuevo Estatuto» presentado por el Consejo General de Arán. Para situar la cuestión, recuerdo que el Consejo de Arán -máxima institución política del valle- aprobó hace un par de meses un documento en el que reclama «un pacto de libre unión entre Arán y Cataluña». Y ahí no acaba la cuestión, porque los araneses -que no aparecen mencionados como tales en el Estatuto- reivindican el reconocimiento de sus derechos históricos y piden que el Parlament «corrija y repare la unión forzada que en contra de la voluntad de los araneses se impuso a partir de 1834 con la inclusión del Arán en la provincia de Lleida». El Consejo General de Arán desea que el valle se equipare a los territorios de régimen foral. Por lo demás, el documento solicita otras cosas: que el nuevo Estatuto contenga un título específico denominado «Estatuto de Arán»; que se amplíen las competencias del Consejo; que se apruebe un nuevo sistema de financiación; que el valle no se incluya en ninguna veguería; que el Arán sea circunscripción electoral; y que la lengua aranesa -«el habla aranesa será objeto de enseñanza y de especial respeto y protección», se limita a decir el Estatuto- adquiera la condición de oficial en Cataluña. En definitiva, el Consejo General de Arán exige un trato de iguales entre Cataluña y el Valle de Arán que se patentiza al reclamar que el nuevo Estatuto explicite las características de esta «voluntaria unión del Arán con Cataluña».

Como se aprecia, el documento del Consejo General de Arán se mueve entre el Plan Maragall y el Plan Ibarretexe. Y la cuestión que se plantea es la siguiente: la ponencia encargada de la redacción del nuevo Estatuto, ¿hará caso de las peticiones de los araneses? Por lo que sabemos -que es poco- el nuevo Estatuto sólo piensa ampliar algunas de las competencias que en la actualidad ya posee el Consejo General. Yo, francamente, esperaba una actitud más generosa por parte de la ponencia. Y esperaba también -y sobre todo- que los líderes nacionalistas catalanes, que siempre se llenan la boca con los derechos de los pueblos, apoyaran sin reticencia alguna el derecho de los araneses al autogobierno, el derecho al reconocimiento y oficialidad de la lengua propia de los araneses, el derecho a un sistema de financiación que no limite el crecimiento y desarrollo del valle. En lugar de eso, el nacionalismo catalán ha respondido con el silencio o con un lacónico «reconoceremos la especificidad de Arán». ¿Se imaginan ustedes la que se armaría si ante la reivindicación de un nuevo Estatuto para Cataluña -o ante el Plan Ibarrretxe- eso que llaman Madrid o el Estado reaccionara en los mismos términos que los políticos catalanes ante la reivindicación aranesa?

¿Qué pueden hacer los araneses? Lo más conveniente sería que consultasen el manual de uso del nacionalismo catalán en su capítulo «De quejas y reivindicaciones inalienables de los pueblos sojuzgados». Allí -además de unas lecciones elementales sobre la teoría y la práctica de la cultura de la queja y el victimismo- encontrarán el guión que hay que seguir para alcanzar el tan deseado «pacto de libre unión» con Cataluña. Resumo: se trata de reivindicar unos derechos históricos de carácter preconstitucional o preautonómico, y de afirmarse como una nación sin Estado que no sólo tiene derecho a preservar la identidad y la lengua propias, sino al autogobierno y la autodeterminación. Y, por supuesto, se trata de reclamar unos ingresos por habitante que, como se lee en el Pacto del Tinell, «tenderán a equipararse progresivamente a los obtenidos en aplicación de los sistemas de concierto y convenio vigentes en las comunidades autónomas forales». ¿Les harán caso? Seguro que sí. Sobre todo, si el Valle de Arán garantiza que será solidario con Cataluña. Y es que sería incomprensible que Cataluña negara a los demás lo que pide para sí.
 

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