AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 7 Mayo 2005
FICCIONES NACIONALISTAS
Fernando Fernández ABC 7 Mayo 2005

El calamar gigante
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 7 Mayo 2005

Los túneles
Cristina Losada Libertad Digital 7 Mayo 2005

El fin del Pacto
GEES Libertad Digital 7 Mayo 2005

Hipótesis terrible
Román Cendoya Ahora www.periodistadigital.com  7 Mayo 2005

Ya le conocemos
Manuel Ángel MARTÍN ABC  7 Mayo 2005

Que se vea el cambio
TONIA ETXARRI El Correo 7 Mayo 2005

Recordatorio
JOSEBA ARREGI El Correo 7 Mayo 2005

Rencor
Antonio MORALES MOYA ABC 7 Mayo 2005

Traición al Estado
Cartas al Director ABC 7 Mayo 2005

La «Ley Ibarra» o el bipartidismo
R. L. Vargas La Razón 7 Mayo 2005

El PP denuncia una campaña del PSOE para evitar que el Gobierno explique el Plan Zapatero-Ibarretxe
Agencias Libertad Digital 7 Mayo 2005

La AVT pide a Zapatero que no ceda al chantaje etarra porque la dignidad es innegociable
EFE Libertad Digital 7 Mayo 2005

FICCIONES NACIONALISTAS
Fernando Fernández ABC 7 Mayo 2005

El debate sobre financiación autonómica ha nacido viciado de poder. No se trata de determinar un modelo racional que permita una financiación suficiente para los distintos niveles de gobierno y un grado de autonomía política que obligue a cada uno a asumir el coste de sus decisiones. Ése es el debate en los Estados federales modernos. Aquí en esta España que ha pasado de ser el milagro al puzzle de Europa, se ha planteado de una forma más castiza: yo me quedo con lo mío y a ti te doy lo que me sobra. Un planteamiento que se atiene mucho a la imagen de la España pasional que tenían los viajeros ingleses del XIX, y que curiosamente ha echado raíz en Cataluña.

Bien pensado no es tan sorprendente, porque el nacionalismo ha sido históricamente una respuesta al miedo a perder privilegios con el cambio social producido por la revolución industrial. No hay mejor política social que el crecimiento económico, como demuestra hoy China. Pero también produce grandes desequilibrios e importantes pérdidas de influencia. Algo de eso, me temo, le ha pasado a la burguesía catalana, que ha reaccionado como la Castilla miserable ayer dominadora de Machado cuando culpa al sistema de financiación de su decadencia económica relativa. Y cae en el victimismo, sin aceptar siquiera como hipótesis que se ha podido hacer mal uso de una capacidad de gobierno sin precedentes. Que la industria cultural, por ejemplo, se haya trasladado fuera de Cataluña no es culpa de las insuficiencias del Estatuto, sino consecuencia de una política lingüística empobrecedora que confunde idioma con cultura. Que el argumento sea falaz, da igual. Porque las buenas novelas son mucho más eficaces que los mejores ensayos parra propagar ideas y creencias.

No se trata por tanto de una cuestión de financiación, sino de poder. De la ambición de los caciques locales por recuperar el control de un mundo que se les escapa irremediablemente de las manos. El problema no está en el porcentaje de impuestos que se transfieren, lo que podría discutirse racionalmente comparando el coste de las competencias asumidas y las que permanecen en la administración central o local, asegurando incentivos adecuados para que las Autonomías tengan que asumir también el coste político de sus decisiones. Sino en la presunta relación bilateral con el gobierno central y en la Agencia Tributaria propia. Porque supone aceptar la tesis identitaria de una soberanía original. Aunque las encuestas del CIS digan insistentemente que los españoles no consideren una prioridad la reforma de los estatutos. Cuestión que sólo motiva a los políticos locales que ansían aumentar su poder, fortalecidos por una ley electoral que les concede capacidad decisoria a la hora de formar gobierno y a un ejecutivo en minoría que ha hecho de la necesidad modelo de estado. Sin reparar en las consecuencias.

Rubalcaba
El calamar gigante
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 7 Mayo 2005

De los maestros del embuste que los siglos han dado, él es uno de los más creativos: se mira en el espejo, estudia sus defectos y acto seguido se los atribuye al contrario. Su nombre merece constar, en mayúsculas, en los tratados de la insidia. Tenían los socialistas diversos modos de hacer frente al chaparrón que iba a seguir a la tenebrosa entrevista ZP-Ibarretxe. Las intenciones las había revelado tontamente Blanco, que es un libro abierto (de cocina). Pues bien, Rubalcaba ha elegido el modo más demoledoramente mendaz: denunciar que el PP no quiere que se acabe con ETA porque eso le impediría seguir utilizando la política antiterrorista contra el gobierno.

Lo dice el hombre que hostigó más allá de cualquier límite ético y legal al gobierno de la Nación en una jornada de reflexión con España en estado de shock. Ah, qué extraordinario actor; su voz, su expresión facial, son de absoluta sinceridad. Es difícil no admirar la audacia del creador del hit “España no merece un gobierno que mienta”, sus dardos posmodernos, envenenados y certeros. Cuando habla un Cuesta cualquiera, o un Caldera, y no digamos un Blanco, nadie se cree una palabra, empezando por la militancia socialista. No importa. El PSOE se puede permitir todos los estropicios de sus novatos, de sus anacletos y de sus estadistas de todo a cien porque en el último momento llega Rubalcaba y le da un vuelco fulminante a la verdad. Ni el más astuto de sus adversarios puede anticipar las maquinaciones de esta mente diabólica, que siempre pone a los de Rajoy a la defensiva cuando llevan ventaja. Restablecer después la lógica, la justicia de los hechos desnudos, exige toda la paciencia del mundo.

A ver cuánto tarda la oposición en disipar la tinta reciente para que pueda el ciudadano volver a ver lo que hay, al menos hasta que el calamar gigante tenga otro momento de inspiración. Y lo que hay es un PSOE chuleado por los separatistas. Y el bloqueo de medio centenar largo de comparecencias en la Comisión del 11-M. Y extraños lazos entre cargos socialistas asturianos y terroristas islámicos. Y la moda de los apagones informativos propiciada por los del queremos saber. Y, en la memoria, la manipulación masiva de atentados terroristas con fines electorales. Y la negativa a convocar el Pacto contra el Terrorismo ante la creciente evidencia de las negociaciones en marcha con la ETA. Y la vista gorda oficial al PCTV que conculca la Ley de Partidos. Y una entrevista opaca con el lehendakari en funciones mientras Blanco establece que la única información que quieren los españoles es la de que ETA ha dejado las armas y ha llegado la paz (o sea, que los españoles no quieren saber a cambio de qué). Y un clamoroso olvido del principio según el cual no se debe pagar un precio político por la paz. Todo repentinamente oscurecido por la negrísima tinta del gran calamar.

El Gobierno y la ETA
Los túneles
Cristina Losada Libertad Digital 7 Mayo 2005

A quien la haya leído le habrá quedado en la memoria si no el argumento, sí el estremecimiento que causaba aquella novela de Ernesto Sábato, El túnel. Era una novela sobre los ciegos. Como lo será la novela que podrá escribirse sobre este tiempo, que es el de los túneles por los que circula el socialismo gobernante. Ha podido cegar el túnel que provocó el derrumbe del Carmelo en Barcelona. Podrá sepultar también bajo el silencio el túnel que estuvo esperando por una ministra a razón de treinta mil euros al día. Y para camuflar los otros, los más profundos y oscuros, los que se están excavando bajo los cimientos de la Constitución, que son los de la Nación, cuenta con los que no quieren ver.

De ésos, Blanco se ha hecho portavoz. Son los que desean obtener sólo una información: que la ETA abandona las armas. Los de la tranquilidad no importa cómo ni a cambio de qué. Los que tomarán por real el espejismo. Y pensando en ellos, no se molestan los socialistas en dar garantías de que no se pagará un precio político a cambio de esa paz que quieren sacar de los subterráneos.

Hablar de paz es ya un engaño: no hay una guerra en el País Vasco. Hay una banda de asesinos. Pero del acoso policial y el aislamiento político con los que podría derrotársela no se extraería el fruto deseado: la imagen de Zetapé, el pacificador, el dialogante, saliendo del túnel con un acuerdo sobre el papel. Un papel mojado por la sangre de unas víctimas que habrán muerto en vano cuando se acceda a una sola de las exigencias de la ETA.

Algunos se sorprenderán, si llega ese instante, de que después de tantas décadas de lucha contra la ETA, España ceda. Se ceda ella misma. Ceda, por ejemplo, la soberanía que corresponde al pueblo español. Y que a cambio del silencio de las pistolas, silencio que ahora atribuyen a la buena voluntad de los pistoleros, se imponga el silencio a la ley, un silencio que se ha permitido que rija en el País Vasco durante largo tiempo. Como aperitivo, se ha impuesto la ley del silencio para los trapicheos en el túnel.

No debe de sorprender. El terrorismo se ha mantenido durante tanto tiempo porque la sociedad y las fuerzas políticas, aun declarándose siempre contrarias al terror, no han sido capaces de deslegitimar no sólo sus medios, sino también, y por la misma razón, sus fines. Porque el principal objetivo de los terroristas, que es la secesión, se ha encontrado enfrente una España sin defensas, socavada, deslegitimada, puesta siempre en cuestión, perdida en una crisis de identidad crónica y anacrónica. Hace tiempo que los túneles empezaron a cavarse. Los socialistas, hombres de oportunidad, piensan labrarse ahora un futuro aprovechándolos hasta el final.

Pacto Antiterrorista
El fin del Pacto
GEES Libertad Digital 7 Mayo 2005

El Partido Popular debe romper definitivamente el vigente Pacto con el PSOE en materia de terrorismo. Lo debe hacer en primer lugar por higiene democrática. Si el Pacto está muerto, porque el propio Rajoy reconoce que ZP se lo ha cargado, lo mejor es enterrarlo. Sino se corre el riesgo que el cadáver comience a oler, se convierta en foco de infecciones o sea devorado por los buitres.

Pero la razón más importante para romper el Pacto es poner a Zapatero en la tesitura de tener que elegir claramente entre el PP o ETA. Lo que no es posible es mantener simultáneamente, como pretende el presidente del Gobierno, un Pacto con el PP para luchar contra ETA y un pacto con ETA y sus cómplices contra el PP.

El Partido Popular ha mantenido en las últimas semanas una posición de enorme firmeza denunciando reiteradamente el acercamiento del Gobierno y del PSOE a los terroristas, muy en especial con su decisión de permitir a ETA reintroducirse en las instituciones democráticas a través del Partido Comunista de las Tierras Vascas. Esa posición ha sido valiente y digna de todo reconocimiento.

Pero ese discurso de firmeza debe ser coherente ahora con las acciones y decisiones políticas que es obligado afrontar. Mientras el PP continúe en el Pacto contra el terrorismo, aunque sea formalmente, Zapatero tendrá la coartada perfecta para seguir avanzando en su aventura apaciguadora y seguir vendiendo que al final también los populares se subirán a su carro de la paz. El PP debe desmarcarse cuanto antes de ese proceso sino quiere verse finalmente arrastrado al mismo.

Por el contrario, el temor a romper el Pacto delata que el PP no está completamente seguro de poder desmarcarse definitivamente del Gobierno en esta cuestión o, al menos, de poder hacerlo sin pagar un alto coste por ello. Las acusaciones de deslealtad lanzadas desde el PSOE pueden terminar haciendo mella en los sectores más blandos de la oposición. Hay incluso quien piensa dentro del PP que si Zapatero termina teniendo éxito en su apuesta, sería un error quedarse completamente al margen de ese éxito histórico.

Este es un cálculo erróneo tanto política como electoralmente. El proceso abierto solo puede acabar bien en la medida en que Zapatero pague a ETA el precio político que esta le exige por dejar de matar. El PP no pude estar dispuesto a consentir que el Gobierno pague ese precio, ni por la dignidad de las victimas ni por el enorme riesgo que supondría para la unidad de España. El coste de hacerse cómplice de esa claudicación sería en todo caso mayor que el de desmarcarse ahora del Gobierno.

Mariano Rajoy debería lanzar por tanto un ultimátum cuanto antes a Zapatero: o está en el Pacto por las Libertades o está en el dialogo con ETA, pero el PP no va a consentir que esté en los dos sitios simultáneamente, porque eso es una tomadura de pelo a la oposición y al conjunto de los españoles. En esa tesitura, es seguro que ZP optará por continuar el dialogo con los terroristas y eso llevará inevitablemente a la ruptura inmediata del PP con el PSOE en esta materia.

Muchos pensarán que eso es precisamente lo que el PSOE está buscando, deshacerse gratis de un Pacto que Zapatero propuso cunado le convenía y que ZP ha dinamitado cuando se ha convertido en un obstáculo para su estrategia. La realidad es que el obstáculo es muy menor, como se ha demostrado en el caso del PCTV, y la campaña política y mediática del PSOE para responsabilizar al PP de la muerte del pacto ha comenzado ya. Prolongar la agonía solo hará que el desgaste del PP se alargue en el tiempo.

Es muy posible también que el PP se quede solo en su oposición a la política de apaciguamiento del Gobierno. Pero esa soledad es también una oportunidad: el PP será el único Partido que representará a todos aquellos españoles que se niegan a estas alturas a claudicar ante ETA. Pocas banderas pueden ser más justas, más legitimas y más nobles que esa. Es más, aunque ETA termine doblegando a ZP, los españoles sabrán que no se habrá derrotado al conjunto de la democracia española. Ese será el momento de exigir responsabilidades.

Hipótesis terrible
Por Román Cendoya Ahora http://www.periodistadigital.com  7 Mayo 2005

La victoria de Blair retrata a España y al peligroso dirigente Zapatero. Ha pasado poco más de un año para saber qué ha sido de todos los protagonistas de la fotografía de las Azores.

Aznar, que no se presentó a las elecciones, ha sido el único mal parado. Los 192 muertos y los 1500 heridos cambiaron el resultado en España. Merece la pena preguntarse por qué los islamistas no han provocado atentados en otros países, cerca de las elecciones, cuando tan buen resultado les dio aquí.

Puede aventurarse que no lo han hecho porque no obtenían ninguna rentabilidad política. España ha sido el único país que ha tenido un candidato, peligrosamente irresponsable, capaz de prometer que si ganaba las elecciones retiraría las tropas de Irak.

Hoy, visto lo visto, no es descabellado pensar que su promesa produjo un efecto llamada a los terroristas. A bombazos hicieron a Rodríguez Presidente. A bombazos intentaron romper la coalición internacional.

Los terroristas esperaban que el cobarde abandono de España y el miedo al terrorismo provocaran, en otros países, movilizaciones ciudadanas capaces de forzar a sus dirigentes a seguir el cobarde ejemplo de Rodríguez.

Pasadas las elecciones en el Reino Unido, es el momento de plantear como hipótesis que Zapatero con su compromiso, inconscientemente, pudo tener una terrible responsabilidad política en lo que ocurrió el 14M. Fue un cobarde al no cambiar su promesa electoral después del atentado. Entonces dijo: “a mi no me hacen la agenda los terroristas”. Aseguró que él cumplía sus promesas electorales.

Un año después comprobamos que las incumple y miente ¿Acaso la transparencia no era también una promesa electoral? Con ETA e Ibarretxe el oscurantismo y la falsedad son su norma.

Espero no tener que plantear nunca una hipótesis, como la de hoy, sobre la terrible responsabilidad política que puede tener Zapatero en el revivir de ETA.

Ya le conocemos
Por Manuel Ángel MARTÍN ABC  7 Mayo 2005

LE preguntan al ministro Montilla su opinión en relación al rotundo dicterio de Ibarra sobre el delicado lugar donde los socialistas catalanes pueden meterse sus dineros, y contesta el de Industria con una fórmula entre paternal y trivializante: «Bueno, a Juan Carlos ya le conocemos». El ministro califica lo del extremeño de salida de tono y de «cosas de Ibarra», pero no nos aclara nada sobre el fondo del asunto, o sea si van a seguir adelante con los faroles, si no les hemos entendido o si están dispuestos a aceptar el reto de cargar en las bodegas todo lo que les quepa y soltar amarras del muelle de las Españas. Eso sí, el ministro da tangencialmente en el clavo y acierta en un asunto evidente: aquí nos conocemos todos, y el que se engaña es porque quiere y le interesa.

Ocurre que Ibarra aplica el puro sentido común y lo expresa con coloquial contundencia, mientras que lo políticamente «fashion» es utilizar la mentira y el circunloquio, y apelar de continuo a la imaginación creativa, a la fantasía, esa loca de la casa de la sensibilidad interna. Ante la imposibilidad de cuadrar el círculo de la convivencia y atenerse al marco racional del ordenamiento jurídico, se recomienda oficialmente echarle imaginación al «tema» -el único que nos absorbe, nos inquieta y nos aburre- y así el suelo patrio está invadido por un tumultuario «brainstorming» en el que cada político aporta su «parida», su perla cultivada, y los demás la glosamos en plan coro griego.

En este gallinero, «las cosas de Ibarra» restallan como un trallazo y nos devuelven al mundo real. Si el guirigay es incontrolable o se tolera intencionadamente por la autoridad competente está por aclarar, aunque resulta consoladora la hipótesis de que se trata de una estrategia de desfogue y agotamiento de los partícipes, y de ahí la continua indicación de que esto va para largo, y que sosiego, mucho sosiego.

Pero entre tanto, cada cual echa su cuarto a espadas. Los catalanes forman una piña y afirman que es posible que ellos puedan llevarse más sin detrimento de lo que corresponda al resto; Batasuna se encarna en Ibarretxe y le confiere mayoría parlamentaria para entrevistarse con Zapatero, y otros ya piensan en una guerra comercial y fiscal entre nacionalidades, comunidades nacionales o como se lleguen a llamar. La cuestión, con desfogue o sin él, es si Zapatero tiene una «hoja de ruta». Puestos a elegir entre información y solución, uno se inclina porque es mejor que no haya restricciones de agua ni atascos a que le informen sobre el estado de los pantanos y de las carreteras, pero en democracia son exigibles ambas cosas. Zapatero calla. Ya le vamos conociendo.

Que se vea el cambio
TONIA ETXARRI El Correo 7 Mayo 2005

No es tanto el secretismo de la reunión entre Zapatero e Ibarretxe lo que subyace en el malestar de la familia socialista, sino la inoportunidad del encuentro. La precipitación del presidente del Gobierno por recibir en La Moncloa al candidato nacionalista, antes de que el Parlamento vasco haya decidido quién va a ser el próximo lehendakari, había dejado a Patxi López a los pies de los caballos. Tanto ha sido así que durante un corto intervalo de tiempo, la dirección del partido en Euskadi hizo mutis por el foro hasta que su dirigente supo recuperar protagonismo en cuanto anunció que presentaba su candidatura a la presidencia del Gobierno vasco.

Con esta declaración de intenciones, primero su ronda particular con los partidos legales y luego su presentación como candidato (Patxi, lehendakari, ¿recuerdan?) viene a despejar dos incógnitas: que, independientemente de que Zapatero haya recibido a Ibarretxe, él no lo da todo por hecho. Y que, puestos en esta tesitura, en La Moncloa se habló, sobre todo, de pacificación. Es decir: «¿Qué sabes de la banda? Pues Otegi me ha dicho...» y en este plan. Los demás, a callar, exige Ibarretxe y los del PP que no saquen la cabeza porque, de lo contrario, Rubalcaba empieza a repetir, a modo de consigna -«pásalo»- que el PP va a hacer todo lo posible para que ETA no desaparezca en una legislatura gobernada por el PSOE. Esa es una afirmación propia de quien, como Rubalcaba, está tan lejano de las víctimas del terrorismo. Vamos, que por mucha cara que tenga, no se atrevería a decir semejante barbaridad sosteniéndole la mirada a María San Gil, por ejemplo. Es cuestión de conocimiento.

Conocerlas es amarlas, habrá pensado el mismísimo Peces-Barba que empezó con mal pie su trabajo como Alto Comisionado de las Víctimas y ahora, después de haberlas escuchado, ha sabido corregir sus errores. En cuanto a López, podrá sonar iluso que le quiera disputar la Lehendakari-tza a Ibarretxe, pero la mayoría del PNV-EA ha resultado tan rácana, que todavía puede haber novedades en el Parlamento vasco. Además, sus electores le votaron para que propiciara el cambio; así es que les debe un esfuerzo.

Los nacionalistas siguen dando todo por hecho; pero la oposición, no. Atutxa se ha encontrado ya con un gran obstáculo para repetir como jefe del sistema de la Cámara. Se daba por descontado, después de estas dos legislaturas tan broncas, que ni el PSE ni el PP iban a facilitarle las cosas (¿qué tiempos en los que Atutxa, en el 98, era tan valorado por todos los políticos democráticos!). Pero que en EHAK le pongan el veto, le ha roto los esquemas al propio Imaz. Y como tienen razón cuando dicen que a Atutxa le ven incapaz «de entenderse con todos», los socialistas presentarán su alternativa. La de Isabel Celaá sería una buena elección. A ver si llega el cambio, al menos a la Mesa del Parlamento.

Recordatorio
JOSEBA ARREGI El Correo 7 Mayo 2005

Dicen que somos un pueblo milenario. Llevamos a cuestas la historia más larga de Europa. Hasta se ha llegado a hablar de milagro para describir esta capacidad nuestra de duración en el tiempo. Diríase que por razón de esta supervivencia histórica milagrosa somos el pueblo con mayor memoria de Europa. Y, sin embargo, nuestra memoria flaquea, especialmente cuando de acontecimientos recientes se trata: llevamos la carga de memoria de las pinturas rupestres de Santimamiñe, Ekain y Altxerri, pero parecemos especialmente interesados en olvidar lo que ha ido conformando los acontecimientos de los últimos siete u ocho años.

El único comentario oficial que ha transcendido de la reunión mantenida por el presidente del Gobierno Rodríguez Zapatero y el lehendakari en funciones Ibarretxe después de las elecciones autonómicas es que nos encontramos en un tiempo nuevo. Y la novedad del tiempo viene caracterizada por la posible paz y por la normalización política de Euskadi.

Lo de encontrarnos en tiempos nuevos no es ninguna novedad para quienes han seguido la trayectoria del lehendakari Ibarretxe. Ha sido, junto con su plan, uno de los elementos más característicos de su discurso político: comienzo de una nueva era, inicio de una nueva historia, comienzo de un nuevo camino, un nuevo momento, un tiempo nuevo. Los siete años de presidencia de Ibarretxe al frente del Gobierno vasco han estado jalonados permanentemente de nuevos comienzos. Y ahora otro más.

Cuando accedió a la presidencia del Gobierno vasco, en tiempos de tregua, con los votos de Batasuna, en tiempos del acuerdo de Estella-Lizarra, acostumbraba a dirigirse a la oposición diciéndoles que había empezado una historia nueva de ilusión y esperanza, y que se apuntaran a ella. Luego ETA rompió la tregua, el acuerdo de Estella-Lizarra pasó a hibernación, aunque no en tiempo debido Ibarretxe rompió el acuerdo con Batasuna, que nunca condenó la violencia terrorista de ETA, y entonces volvió a decir en el Parlamento vasco que comenzaba una nueva historia.

Antes de iniciarse la campaña de las autonómicas de 2001, en el Kursaal de San Sebastián, Ibarretxe cerró el acto diciendo a los asistentes que aquel día se iniciaba un nuevo camino y que invitaba a todos a recorrer con él ese nuevo camino. Con la accesión de nuevo a la presidencia del Gobierno vasco tras aquellas elecciones, también comenzó una nueva historia, la historia sin vuelta atrás posible de su plan. Y ahora, tras el varapalo electoral de los comicios de 2005, volvemos a iniciar de nuevo la historia, a inaugurar un nuevo tiempo.

Ante tanto anuncio, la reacción normal pudiera ser la de la fábula: tanto había anunciado el pastor tramposo que venía el lobo, que cuando realmente vino nadie le creyó. Si en siete años hemos comenzado la historia de nuevo, un nuevo camino, tiempos nuevos cada pocos meses, cinco o seis veces por lo menos, ¿por qué ahora va a ser verdad?

Y si es verdad que vienen tiempos nuevos, que se puede hacer venir a nuevos tiempos, ¿podrán los viejos personajes liderar con credibilidad ese advenimiento, en especial aquéllos que tras cada proclamación de nueva historia tenían que volver a repetir el anuncio porque el anterior había fracasado, y había fracasado por estar mal fundamentado? ¿Es posible tanto trasvestismo político: ser quien lidera la nueva historia con la tregua y el acuerdo de Estella-Lizarra, ser el que lidera el nuevo tiempo con la ruptura del acuerdo con Batasuna, tras la ruptura de la tregua y la congelación del acuerdo de Estella-Lizarra, ser el avanzado del nuevo tiempo irreversible de los principios de lo que iba a ser el plan Ibarretxe, ser el líder empecinado del susodicho plan, y ser ahora el líder del tiempo nuevo post-plan? Y todo ello sin haber corregido los principios que condujeron a vestir la tregua de ETA con el acuerdo de Estella-Lizarra, sin haber enterrado ese acuerdo divisorio de la sociedad vasca, sin haber sometido a la crítica mínima los principios inspiradores del plan Ibarretxe y sin haber rectificado en nada sus contenidos.

Si es cierto que nos encontramos ante tiempos nuevos, y no seré yo quien lo desdiga, es preciso pararse a analizar cuáles son las razones, las decisiones políticas que han contribuido a que nos encontremos ante tiempos nuevos. De forma resumida se puede afirmar que estamos en una nueva situación porque ETA está débil y porque su entorno político ha quedado política y socialmente debilitado de forma estructural. Se puede afirmar que la imagen que resume la propiedad de la nueva situación es que la sociedad vasca ha dejado de creer mayoritariamente en el mito de ETA: la sociedad vasca ha pasado de creer que con ETA no se podía acabar si no era por medio de una negociación política a estar convencida de que la pregunta es cuándo va a desaparecer ETA, y no qué hay que negociar con ella para que desaparezca.

Esta situación no ha llegado como llegan los vientos y las nubes, como llegan la primavera y el verano, las luvias y las sequías. Ha llegado porque se han tomado decisiones políticas. A esta situación se ha llegado porque se firmó un Pacto por las libertades y contra el terrorismo entre el PP y el PSOE. A esta situación se ha llegado porque el Congreso de los Diputados aprobó la Ley de Partidos Políticos, y porque, basándose en dicha ley, los tribunales ilegalizaron Batasuna. A esta situación se ha llegado, si es que estamos en ella, porque la política de los poderes del Estado, la política antiterrorista de Aznar, asumida en los principios fundamentales por la oposición de entonces, han colocado al entramado ETA-Batasuna ante el dilema de tener que optar entre futuro político o incierto futuro terrorista, pero cerrándoles el camino a jugar en ambos escenarios como estaban acostumbrados.

Y conviene recordar que ese camino se ha andado sin acompañamiento del nacionalismo vasco, conviene recordar que los jalones que han ido construyendo ese camino que ha hecho posible que nos encontremos en la situación de hablar hoy de tiempos nuevos, han encontrado siempre la negativa, la contra y la crítica del nacionalismo, en especial del lehendakari en funciones Ibarretxe, que, al parecer, ahora se apunta a un amanecer cuyas causas ha combatido con fuerza.

No siendo técnico en fotografía, no sé si las mejores imágenes se obtienen en la oscuridad. Es probable que así sea. Y no hay demasiado inconveniente en aceptar que algunas de las cosas que haya que hacer para materializar el contenido del nuevo tiempo deban producirse en escenarios discretos y no a la luz pública, teniendo siempre la garantía de que no se va a pagar ningún precio político por la paz.

Pero el tiempo no será nuevo si se ciega la memoria, si se obliga a olvidar lo que ha sucedido durante el tiempo de existencia de ETA, si se obliga a ocultar bajo la alfombra el papel que han jugado los responsables políticos cuya primera responsabilidad debiera haber sido acabar con ETA, si nos olvidamos de que algunos han estado sistemáticamente en contra de todas las medidas que han conducido a que ahora podamos hablar de tiempos nuevos. No habrá tiempos nuevos si los viejos travestismos políticos siguen marcando la pauta. No habrá tiempos nuevos si permitimos que algunos políticos sigan jugando a colocarse en un presente circunstancial como si no fueran portadores de ningún pasado, porque simplemente sin pasado no hay futuro, sin corrección de los errores pasados no hay tiempo nuevo alguno.

No habrá tiempo nuevo si para ello se exige «poner en marcha unas conversaciones eficaces en las que se defina el proceso de una renuncia incondicionada, de parte de ETA, al uso de la violencia armada, aun a costa de alguna contrapartida, y todo ello sin que sea necesario exigir como condición previa la condena de la violencia pasada». (Secretariado social de la Diócesis de San Sebastián). Ocultar el pasado, especialmente un pasado de violencia y de terror con víctimas asesinadas, nunca puede ser el fundamento de un futuro nuevo. Sin recordatorio, no hay tiempo nuevo alguno.

Rencor
Por Antonio MORALES MOYA. Catedrático de Historia de la Universidad Carlos III ABC 7 Mayo 2005

EL Consejo de Ministros ha aprobado recientemente la remisión del proyecto de ley de restitución a la Generalitat de Cataluña de los documentos incautados durante la Guerra Civil y custodiados en el Archivo General de la Guerra Civil Española. No sólo esto, se devolverán los documentos a particulares que justifiquen su titularidad, «independientemente del territorio en el que vivan» y una futura ley incluirá la documentación de entidades locales: la ministra lo ha desmentido después, mas los nacionalistas lo han ratificado. Obviamente, se hará como ellos dicen. En fin, Anasagasti ha pedido también al Gobierno que devuelva, invocando el precedente catalán, documentación correspondiente al Gobierno vasco. Presumiblemente, irán reclamado documentos los gobiernos autonómicos, los partidos políticos, las organizaciones sindicales y un largo etcétera: ¿Por qué no? ¿Y qué ocurrirá con otros archivos?

En el Archivo de Salamanca se documenta la represión que la dictadura ejerció sobre quienes habían perdido la Guerra Civil. Es un archivo muy importante, quizás único en el mundo, donde se condensa la memoria de lo que nunca debe repetirse. Fragmentarlo, mutilarlo, es un verdadero delito archivístico, contrario a cualquier principio que debe regir tal materia: integridad del archivo o procedencia de los fondos depositados. Además, auspiciado por la UNESCO, un informe elaborado por expertos en Archivos de la Represión, subrayó la necesidad de proteger aquéllos legalmente.

Un hecho especialmente grave: no es posible determinar con certeza cuántos y cuáles son los documentos conservados en el Archivo de Salamanca procedentes realmente de la Generalitat de Cataluña. En fin, el Ministerio no parece haber consultado a la institución que debería ser la voz más autorizada en asuntos de esta índole, la Real Academia de la Historia, cuyo criterio unánimemente manifestado en diversas ocasiones es el mantenimiento del Archivo en su integridad. Tampoco el Ministerio ha pedido dictámenes o reunido, al menos, para exponerle sus proyectos a la Junta General de Archivos o al Patronato de la Guerra Civil. ¿Extraño proceder? Por el contrario: la lógica del proceso que ha llevado hasta el acuerdo del Consejo de Ministros y que, presumiblemente, orientará el futuro, resulta implacable.

En el fondo del problema están las exigencias del nacionalismo catalán. Véase. Josep Fontana, maître à penser del catalanismo historiográfico, lo ha explicado en términos inequívocos. Se trata —el Archivo de Salamanca— de «un almacén policiaco de materiales incautados en suelo enemigo, destinados a facilitar la represión (de ahí sus ficheros). Concluida esta función —espero— lo mejor es desarmarlo y empezar a organizar en su seno un Archivo de la Guerra Civil española». Dejando de lado el ominoso «espero», la propuesta parece clara. ¿Qué es «desarmar» el Archivo? Sin duda, hacerlo desaparecer tal y como hoy existe y sustituirlo por un mítico «gran Archivo», quizás el proyectado Centro Documental de la Memoria Histórica. Pero lo primero es hacer desaparecer la que se considera «una anomalía archivística creada a partir de intereses políticos» (Borja de Riquer). En claro: el Archivo debe desaparecer, fragmentados sus fondos, repartidos entre instituciones y particulares —volveremos sobre ello— de todo el territorio, español por ahora.

Pero, ¿por qué tal vesania? ¿Por qué la llamada Comissió de la Dignitat, instrumento en todo el proceso del nacionalismo catalán? ¿Es que la dignidad de un pueblo depende acaso de que los fondos reunidos para perpetrar una represión se mantengan en un Archivo del Estado, que es una Archivo de todos los españoles, manteniendo vivo el recuerdo de un pasado ominoso? ¿Es que no debían ser suficientes determinadas devoluciones, depósitos y reparaciones simbólicas, públicas y privadas?

Bien se ve que no. Y es que se trata de otra cosa. Se trata de una pieza más de la construcción, la «invención» de una nación catalana, libre de cualquier mancha histórica. Y para ello hace falta un enemigo, un opresor que se llevó un botín de guerra que hay que recuperar. Se trata, pues, de depurar la nación catalana de un pasado franquista. Y así lo ha dicho, también inequívocamente, otro maestro de la historiografía catalanista, Josep Termes —lo ha recordado Antonio Elorza— en las líneas finales de su tomo de Història de Catalunya: en España, sólo las izquierdas habrían perdido la guerra, mientras que en Cataluña fue vencido el conjunto del país. Desmantelar el Archivo de Salamanca es un sacrificio ofrecido a una Cataluña ideal, víctima de la Guerra Civil, ¿de España, de Castilla en último término?

El acuerdo de la Comisión de Expertos parece, en definitiva, inseparable de unos pactos de gobierno. Y, por si hubiera alguna duda, Carod-Rovira la ha disipado. Insiste Joan Tardà: «Le dijimos a Zapatero que si quieren entenderse con ERC el tema de la memoria republicana es clave». Ni siquiera el despiece del Archivo será suficiente. Reitera el portavoz en el Congreso de Esquerra Republicana: «Con la devolución del Archivo se empiezan a cerrar heridas, pero el proceso no acaba aquí».

No acaba aquí. Por el contrario, está empezando. A juicio de Borja de Riquer, cito por Tribuna de Salamanca de hace un par de meses, el Ministerio debería crear una nueva Comisión de Expertos para decidir qué hacer con el Archivo y otra, más en concreto, «para analizar los fondos catalanes de partidos y particulares, como el PSUC, el POUM y la CNT». Se trata, dice el historiador catalán, «de una labor que no se limita a seis meses, porque hay que entrar en cada caso, viendo dónde está el valor histórico de cada documento». Si éste es el futuro, hay que evitarlo. No es un tema menor, pues supondría un precedente desastroso. Es necesario defender la integridad del Archivo de Salamanca. Con todos los argumentos históricos y archivísticos. Con todos los recursos legales.

Traición al Estado
Cartas al Director ABC 7 Mayo 2005

Se acabó tanto esperar algo bueno del talante del presidente. ¿Se piensa que somos tontos? Jamás nos enteraremos de qué ha hablado con Ibarretxe. No le interesa. Le interesa más construir un Estado a golpe de reunión con los que les importa un pimiento el Estado. Él mismo se ha creído lo del conflicto vasco. No existe el conflicto vasco. Existe el conflicto español. Existe la pesadilla de casi mil muertos de toda España y miles de familias destrozadas por unos asesinos, a los que algunos quieren darles el calificativo de nacionalistas, o luchadores por una causa nacional. Pues no. Son asesinos. El Estado debe ganarlos con la Ley y meterlos en la cárcel. El Estado no puede tener contemplaciones con los que se engañan y quieren engañar disfrazando sus asesinatos de «conflicto vasco».

Ahora el señor Blanco dice que a los españoles sólo nos interesa el fin de ETA. Tiene razón. Pero no negociando nada con ellos. Es indignante ver cómo se habla con gente que homenajea a asesinos que han matado a gente sólo por pensar distinto. Ya hablamos con ETA. Toda España salió a la calle a pedir que no mataran a Miguel Ángel Blanco, ¿recuerdan? De rodillas y por la espalda.

Esto es una traición al Estado. La Ley hay que cumplirla y cuando se gobierna, hacerla cumplir. Si no se sabe hacer o se inventan palabras para permanecer en el poder, simplemente se es un traidor. Si Zapatero negocia con ETA o con sus adláteres será esto, nada más que esto. Quintí Planas. Sabadell (Barcelona).

La «Ley Ibarra» o el bipartidismo
La propuesta del presidente extremeño de que únicamente los partidos con un 5% de votos estén en el Congreso dejaría solos a PP y PSOE Carod lo compara con Franco por querer frenar al nacionalismo
R. L. Vargas La Razón 7 Mayo 2005

Madrid- El planteamiento no es nuevo, pero no por ello deja de generar polémica cada vez que lo pone encima de la mesa. Juan Carlos Rodríguez Ibarra ha dicho en varias ocasiones que no es en absoluto admisible que los partidos nacionalistas, ninguno de los cuales consiguió en las pasadas elecciones generales más del 5% de los votos en todo el territorio nacional, condicionen al Gobierno de turno, sea del PP o del PSOE, cuando estos partidos no logran la mayoría absoluta. El presidente extremeño desearía que unos pocos no condicionen la vida del resto de los españoles. Y por eso, el pasado jueves reiteró su propuesta de que sólo aquellas formaciones que logren más de ese 5% de los sufragios en todo el territorio tengan representación en el Congreso.

Su propuesta implicaría una profunda reforma de la actual ley electoral basada en la ley D´Hont, que con su sistema de concesión de escaños en función del número de sufragios logrados en cada circunscripción electoral –las provincias–, beneficia sobremanera a los partidos nacionalistas en perjuicio de otros de carácter nacional. Que se lo digan si no a IU, que con 1,2 millones de votos en toda España sólo consiguió cinco diputados, por los ocho que otorgaron la mitad de sufragios a ERC (ver gráfico) merced a la concentración de los votos de los nacionalistas en las cuatro provincias catalanas.

De aplicarse la reforma del 5% de Rodríguez Ibarra, el panorama de la Cámara Baja cambiaría de un modo radical. Ahora hay once partidos con representación parlamentaria. Sin embargo, nueve de ellos, CiU, ERC, PNV, IU, CC, BNG, Eusko Alkartasuna, Chunta Aragonesista y Nafarroa Bai se quedarían sin representantes en el Congreso. Ninguno de ellos obtuvo el 5% de sufragios mínimo a nivel nacional que el presidente extremeño propone para socavar el poder de los nacionalistas. Ni siquiera la coalición de Llamazares tendría opción de escaños, al quedarse a 0,04 puntos del mínimo fijado por Rodríguez Ibarra. Así las cosas, todos los escaños acabarían en manos de socialistas y populares. Extrapolando los votos de las elecciones del 14-M, el partido de Rodríguez Zapatero subiría de 164 a 186 diputados, mientras que el de Rajoy tendría 164 en lugar de 148.

Las declaraciones de Ibarra, como no podía ser de otro modo, tuvieron ayer cumplida respuesta. El encargado de dársela fue el presidente de uno de los partidos amenazados por la propuesta de Ibarra, ERC. Josep Lluis Carod-Rovira, en una entrevista concedida a Cataluña Radio, lo comparó con Franco para, a continuación, rechazar de plano su propuesta. «Franco lo hacía mejor. Simplemente dejaba que no se presentara nadie. El señor Ibarra tiene 300.000 votos y ERC 650.000. Quizá quien no podría presentarse fuese él».

TRAS LAS GRAVES ACUSACIONES DE BLANCO Y RUBALCABA
El PP denuncia una campaña del PSOE para evitar que el Gobierno explique el Plan Zapatero-Ibarretxe
El secretario de Organización del PSOE, José Blanco, se ha sumado a las graves acusaciones lanzadas por Rubalcaba contra el PP. La respuesta no ha tardado en llegar. Si este viernes los dirigentes populares hablaban de "canallada democrática", ahora Soraya Sáenz de Santamaría, responsable de Política Autonómica, cree que estamos ante una "maniobra de distracción" para no tener que dar explicaciones sobre lo que Acebes ya ha bautizado como "Plan Zapatero-Ibarretxe".
Agencias Libertad Digital 7 Mayo 2005

Sáenz de Santamaría explicó que las descalificaciones de Rubalcaba y Blanco contra el PP responden a "otra maniobra de distracción para tratar de eludir ante la opinión pública dar explicaciones" sobre el contenido del encuentro.

Tras la presentación en Sevilla del Foro de Educación del PP-A, Sáenz de Santamaría aclaró que la entrevista en La Moncloa, "absolutamente bajo cuerda y dentro de un total oscurantismo", es una cuestión que "inquieta a todos los españoles" y criticó que Zapatero "se apresuró a llamar al presidente del PP, Mariano Rajoy, para tratar de explicar en dos minutos de conversación telefónica lo que había sido una conversación de dos horas".

"Explicaciones sobre la reunión sin manipulación ni engaños"
Para la dirigente popular, "los españoles lo que queremos saber es lo que verdaderamente se habló en esa reunión, con toda claridad, sin manipulación y sin engaños" y aseguró que "a estas alturas nadie puede creerse la calumnia que supone acusar al PP de no hacer todo lo posible para lograr la paz y contra la violencia".

La secretaria de Política Autonómica y Local del PP tuvo que recordar que "durante ocho años se ha trabajado con ahínco y se han obtenido grandes resultados luchando contra la violencia con todos los mecanismos del Estado de Derecho, de la ley, la labor extraordinaria de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y con la cooperación internacional". Además, insistió en la petición de una comparecencia de Zapatero en el Congreso para explicar "de qué se habló en esa conversación, qué va a pasar con el pacto antiterrorista, qué va a pasar con la Ley de Partidos y si va a defender frente a los planes soberanistas la Constitución y el Estatuto de Guernica".


RECOGIDA DE FIRMAS CONTRA LA NEGOCIACIÓN CON ETA
La AVT pide a Zapatero que no ceda al chantaje etarra porque la dignidad es "innegociable"
La Asociación de Víctimas del Terrorismo ha puesto en marcha este sábado una campaña para recoger firmas de adhesión al manifiesto "Memoria, Dignidad y Justicia" y contra la negociación del Gobierno con ETA. Coincidiendo con esta iniciativa, el presidente del colectivo, Francisco José Alcaraz, ha recordado a Zapatero que "la dignidad y la libertad son innegociables" y ha criticado el ocultismo del Ejecutivo tras la visita de Ibarretxe a La Moncloa.
EFE Libertad Digital 7 Mayo 2005

Sobre la negativa del Ejecutivo a actuar contra el PCTV, Alcaraz sospecha que tiene que haber algún acuerdo con los batasunos porque si no es "inexplicable" que se haya permitido su presencia en el Parlamento vasco con nueve escaños. Para la AVT, está claro el cambio de estrategia del Gobierno socialista en su lucha contra el terrorismo aunque ha alertado de que en este camino "es muy fácil caer en el engaño y en las treguas trampas que ETA pone".

Alcaraz puso como ejemplo "los mensajes" que lanza el presidente del Gobierno, que "son esperanzadores para la banda terrorista y cuando a la banda terrorista se le da esperanza ello conlleva que se le dé oxígeno y se hagan más fuertes en su tesis y en su lucha". Por este motivo, pidió a Zapatero que "no ceda al chantaje de la banda terrorista" ETA. María Jesús González, que junto con su hija Irene Villa, sufrió un atentado de ETA en 1991, también demandó "que no se pacte con bandas terroristas".

Recogida de firmas contra la negociación con ETA
Alcaraz, que participó en Jaén en la recogida de firmas en apoyo al manifiesto "Memoria, Dignidad y Justicia", que según dijo supone "un acuerdo de mínimos en el camino hacia la convivencia cívica y su normalización", dijo que el objetivo de esta campaña es salir al paso ante "la sospecha" de que pueda haber algún tipo de acuerdo para negociar con los terroristas.

En relación con la entrevista de Zapatero con el lehendakari Juan José Ibarretxe, el presidente de la AVT denunció el "ocultismo" en el que se desarrolló dicho encuentro. "El lehendakari ha sido el portavoz del mensaje de ETA con el presidente del Gobierno", dijo Alcaraz, quien añadió que esta reunión puede ser "el sello final de esos acuerdos que pueden estar trabajando el Partido Socialista de Euskadi y Batasuna-ETA".

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