AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 8 Mayo 2005
Zapatero y el golpismo posmoderno
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 8 Mayo 2005

Pacto con el diablo
Ignacio Cosidó Libertad Digital 8 Mayo 2005

Un cuarto de siglo entre el dolor y la esperanza
NIEVES BAGLIETTO MARTÍNEZ El Correo 8 Mayo 2005

Un Gobierno que no mienta
Juan Luis CARRASCO La Razón 8 Mayo 2005

El proceso
Ignacio CAMACHO ABC 8 Mayo 2005

El marco constitucional
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 8 Mayo 2005

VISIONES BEATÍFICAS
Álvaro Delgado-Gal ABC 8 Mayo 2005

La caja que contenía la combinación de la caja
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 8 Mayo 2005

Cruzadas
Jon JUARISTI ABC 8 Mayo 2005

Echo los papeles para ser inglés
Antonio BURGOS ABC 8 Mayo 2005

EL PREVISIBLE FUTURO.
M. A. Email  8 Mayo 2005

«Catalanes y vascos son los más ricos; nacionalismo es sinónimo de egoísmo»
Por A.C. Suardíaz La Nueva España 8 Mayo 2005

Bono: «Cuando un socialista juega a ser nacionalista deja de ser socialista»
LAURA L. CARO ABC 8 Mayo 2005

Numerosos ciudadanos firmaron en las mesas de la AVT en contra de una negociación
C. S. Macías La Razón 8 Mayo 2005
 

Zapatero y el golpismo posmoderno
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 8 Mayo 2005

Como si de una pesadilla se tratase, España ha pasado en sólo un año de ser un modelo de país occidental –capaz no sólo de enmendar sus yerros históricos sino de evitar la parálisis económica, política e institucional de la Unión Europea– a recaer en los peores vicios de la España antigua y en los comportamientos más genuinamente suicidas de la Europa balcánica. Del admirado y admirable “círculo virtuoso” de nuestra economía en los años de Aznar, excepción dentro de la ruinosa regla de la UE, hemos pasado al culto al déficit en el peor estilo alemán o francés, camino seguro hacia el marasmo y el paro. Del alineamiento con las potencias occidentales más solventes (USA, Inglaterra) hemos pasado además al seguidismo tercermundista de Francia y Alemania, cuyo único principio diplomático real es el de oponerse a los USA, y nos hemos unido a la hez de la hez de los regímenes execrables del mundo: Cuba, Venezuela, Marruecos, Argentina...

Pero más grave aún es la deriva de nuestra política interna, en la que el PSOE uno de los dos partidos con capacidad de llegar al poder mediante el voto, se ha instalado en una auténtica subversión permanente del orden democrático. Desde hace dos años largos, se ha aliado a los partidos y grupos antisistema para practicar una oposición típicamente callejera y violenta, tratando de lograr por las malas lo que sus escaños no le permitían por las buenas y llegando a la infamia de culpar de la masacre terrorista del 11M al PP para echarle del poder, mediante métodos no por sofisticados menos golpistas, cuya condición liberticida se ha demostrado en la negativa a investigar la masacre y en la sumisión al terrorismo islámico, empezando por la huída de Irak y la ruptura con USA.

Después de un año en el poder, la deriva neogolpista del PSOE ha dado un paso más al romper el acuerdo antiterrorista con el PP, al pactar abiertamente con los separatistas catalanes y vascos mientras se anuncia de forma artera pero nítida el pacto con la ETA, cuya ilegalización como fuerza política ha eludido desvergonzadamente Zapatero. El proyecto es el que se veía venir desde que ZP rompió con la política exterior de Aznar y se instaló en un radicalismo izquierdista apoyado en separatistas y comunistas cuyo objetivo inmediato es destruir al PP y cuyo resultado inevitable es destruir la democracia, puesto que sin alternativa no hay democracia y el régimen de partido único ya lo conocemos por sus frutos mexicanos. O andaluces. O extremeños. O vascos. Pero este proyecto, cuya piedra angular es la omnipotencia mediática del polanquismo y sus satélites, pasa por la rendición ante la ETA y la destrucción del orden constitucional, basado desde siempre en la nación española como sujeto político.

Y eso es instalarse en un golpe de Estado permanente. Posmoderno, pero golpe. Contra la nación, pero contra el Estado, puesto que, privado de su raíz legitimadora, todo el orden legal se viene al suelo. Ante nuestros ojos, el Gobierno que debería defenderla prepara ya la voladura de España. Y los todavía españoles, incluída la aún oposición, preparan... las vacaciones.

Negociaciones con ETA
Pacto con el diablo
Ignacio Cosidó Libertad Digital 8 Mayo 2005

Zapatero ha decidido cambiar el Pacto contra el Terrorismo por un Pacto con los Terroristas. En el colmo más absoluto de la desfachatez política nos acusa, a quienes nos negamos a secundar ese dialogo con los asesinos, de deslealtad con el Pacto por las Libertades. No hay deslealtad posible. ZP simplemente ha dinamitado ese Pacto contra el Terrorismo. Lo ha destruido porque considera que eso le es ahora más rentable electoralmente y porque así derruye el último puente que le unía al PP. Ante este hecho, nuestra obligación política es seguir combatiendo el terrorismo aún con mayor determinación si cabe. Pero nuestra obligación moral es además denunciar con la máxima contundencia la claudicación a la que el Gobierno quiere conducir a todos los españoles ante los asesinos.

El PSOE es el único partido en la historia democrática de España que ha utilizado el terrorismo para auparse al poder. Lo hizo entre el 11 y el 14 de marzo manipulando de forma inapelable el inmenso dolor de los españoles por los atentados de Madrid. Fue el ejemplo máximo de lo que significa deslealtad a un Gobierno, al que acusó sistemáticamente de mentir y le responsabilizó directamente de esas muertes. Ya en el poder, el PSOE ha seguido utilizando ese atentado para tratar de destruir a la oposición, acusando al PP de imprevisión, de ocultismo y de negligencia.

El mismo presidente que llegó al poder utilizando de esta forma el terrorismo quiere ahora perpetuarse en él gracias a un pacto con los terroristas. Lo socialistas no se conforman sólo con ganar el poder, quieren todo el poder y están dispuestos a pagar cualquier precio por retenerlo. Zapatero cree que un pacto con ETA, que ponga fin a cuatro décadas de terrorismo, es el mejor cartel electoral que puede presentar a las próximas elecciones. Es cierto que sólo un golpe de efecto de esa trascendencia podría salvar de la derrota a un Gobierno que nos conduce implacablemente al abismo. Pero los españoles no podemos asumir el riesgo de que ese pretendido proceso de paz termine en realidad resucitando una ETA hoy moribunda, ni estamos dispuestos a asumir el coste democrático que en todo caso quieren imponernos los terroristas por el mero hecho de dejar de matar.

La no ilegalización del Partido Comunista de las Tierras Vascas ha sido el primer plazo que el Gobierno ha pagado a ETA, como fianza imprescindible para abrir el proceso negociador. Pero en el marco de ese proceso de apaciguamiento, ZP está dispuesto a dar mucho más a los terroristas. En realidad, está dispuesto a darles el Gobierno del País Vasco, poner en riesgo la unidad de España y humillar la dignidad de las victimas para rehabilitar plenamente a los verdugos.

Al servicio de esta ignominia, el PSOE ha vuelto a poner en marcha su eficaz maquina de la calumnia. Acusa al PP de deslealtad en la lucha contra el terrorismo por negarse a seguir al Gobierno en esta suicida aventura. Le reprocha romper el Pacto por las Libertades después de haberse negado seis veces a convocarlo. Le imputa lanzar falsas acusaciones cuando es cada vez más evidente la voluntad del presidente de abrir un proceso de dialogo con los terroristas y cuando resulta cada vez más incontestable la existencia de contactos entre el partido socialista y una organización terrorista como Batasuna.

El PP es hoy el único partido que representa a los que no quieren claudicar ante el terrorismo, el único partido que se niega a pagar un precio político por la paz, el único partido que antepone la defensa de la libertad a cualquier calculo o interés electoral. Frente a la insidia del actual Gobierno, España necesita más que nunca de una alternativa que defienda con firmeza nuestros principios democráticos, el valor infinito de la libertad y la dignidad inapelable de las victimas.

Ignacio Cosidó es portavoz del PP en la Comisión de Interior

Un cuarto de siglo entre el dolor y la esperanza
NIEVES BAGLIETTO MARTÍNEZ El Correo 8 Mayo 2005

Para sobrevivir tras la amenaza de muerte por parte de ETA intenté hibernar por un tiempo en la diáspora. Después, el ostracismo político durante un cuarto de siglo. No soy la excepción; análogas circunstancias han vivido otros muchos compatriotas vascos. Sucedió hace veinticinco años, la fecha exacta, el 13 de mayo de 1980

La noche se asentaba en su hábitat de oscuridad; nunca hasta ese momento me pareció tanta su negrura. Cenábamos en familia. Una llamada telefónica nos confirmaba la cruel noticia: Ramón había sido asesinado por la banda terrorista ETA. Nuestro hermano tan querido, nacido en Bilbao el 6 de enero de 1936 en circunstancias adversas como la Guerra Civil y el exilio. Inenarrable fue el momento de confusión y dolor. Algunos días más tarde llegó otra amenaza de muerte: esta vez era la mía. Primero a través del teléfono -una voz siniestra me invitaba a salir de mi tierra-, después la Policía se encargó de confirmarme que figuraba entre otros en una lista de 'posibles'. Yo era su enemiga porque militaba en las filas de UCD -pertenecía a la ejecutiva guipuzcoana-. Tuve que elegir seguir defendiendo mis ideas en mi provincia o salvar la vida de los hijos y la mía en el exilio. Opté por lo segundo, asumí el destierro con destino Madrid. Desgarrada por el dolor pero aceptándolo como un mal menor, pues no tenía derecho a dejar huérfanos a mis hijos. Desde entonces ha transcurrido demasiado tiempo, pero la herida sigue abierta. Mi prole, gracias a esta decisión, ha podido vivir su vida en plenitud, aunque con nostalgia de su patria chica. Aquel tétrico cementerio del pueblo de Elgoibar quedó desde el fatídico día interiorizado en mí, de tal forma que nunca he podido sacarlo de mi retina ni de mi corazón.

Hace algo más de un cuarto de siglo, gran parte del pueblo vasco emprendía esperanzado el camino de la libertad; otro grupo, con su política sabiniana trufada de marxismo, intentaba imponer su pensamiento político a través de una loca carrera de muerte. Hoy, desgraciadamente, nuestro pueblo es un campo de exterminio, en el sentido amplio de la palabra; porque no sólo existe la muerte física, sino que cientos de familias han quedado al borde de un camino sin rumbo ni esperanza. Unos viven concernidos por el miedo; otros -supongo- afrontando su cobardía como pueden: lejos de sentirse felices, viven un clima hostil.

Cuando todo esto sucedía tenía yo 55 años, diez hijos y esperanza en el futuro; hoy, con 80 años y veinticinco en la diáspora, trato de vivir del recuerdo de mis ancestros, aquéllos con los cuales pude balbucear mis primeras palabras en euskera, en el bello pueblo de Azkoitia, de mi amama, de mi aitxitxe. Estos sentimientos nadie ha podido arrebatármelos y son los que han sustentado mi/nuestra existencia frente al dolor y la lejanía. Aquéllos que dicen amar sus raíces y se adjudican un patriotismo histriónico no conseguirán su propósito, porque un pueblo -como el vasco- no puede ni debe vivir con ideas mentirosas, sino que responde a una señas de identidad cuyo valor es la libertad, y de ella se nutre. Ellos quieren apoderarse de nuestro solar patrio, pero no lo lograrán porque no renunciamos ni renunciaremos a ser lo que somos, vascos de propio derecho y, como tales, defensores a ultranza de nuestro pueblo. Al mismo tiempo queremos compartir la vida con todas cuantas personas deseen participar de una vida en armonía en esta bella e insigne tierra de gente sencilla y noble y 'hombres de ilustre linaje'. Y cantaremos con el poeta: «Gau osua illuna da, ez illargik ez izarrik, aguiri da seruan». ¿Cuándo podremos gozar paseando por sus verdes campos, escalando sus montañas y contemplando el sosiego de las olas en la arena de ese mar Cantábrico, mientras el faro de Igeldo con sus destellos anuncia el camino franco a una ciudad libre?

En la etapa que siguió a la muerte de Ramón Baglietto y mi destierro -época UCD, sin descartar otras anteriores y posteriores- corrió mucha sangre, sangre que a la vista del camino que se ha emprendido y si los políticos y en última instancia Dios no lo remedian, habrá sido estéril. Pero no serán culpables sólo aquéllos que tratan de monopolizar el terror, también lo serán aquéllos que sacan ventaja política porque, complacientes, dan cobijo y soporte a tanto desmán. Quiero desde este rincón nostálgico y reivindicativo del Madrid hospitalario agradecer sin medida a todos cuantos sacrifican su vida en aras de salvar nuestro pueblo maltrecho; a unos por su contribución directa y a otros por padecer en silencio el oprobio. Deseo destacar que esta posición choca con la actitud meliflua y mercantil del Gobierno, que, tal vez en aras de patrimonializar la paz, encubre peligrosas mentiras y pone palos en la rueda de la pacificación política que, para nosotros, las víctimas del terrorismo, pasa solamente por la entrega incondicional de las armas.Y, por último, no quiero pensar o suponer que pudiéramos pasar por el desprecio, la humillación y el trago amargo de cualquier intento de pacificación por el camino del mercadeo de la sangre de las víctimas del terror, la extorsión y el chantaje.

Un Gobierno que no mienta
Juan Luis CARRASCO La Razón 8 Mayo 2005

Semana negra para nuestra democracia. El presidente del Gobierno eligió la clandestinidad para su cara a cara con el lendakari en funciones. Sin luz y taquígrafos sólo quedaron tinieblas y ocultación, prácticas impropias de un Estado de Derecho, maniobras contra la garantía constitucional de los ciudadanos a recibir información, mientras los comensales se jugaban con cartas marcadas el futuro político del País Vasco y el diálogo con ETA. Y, así, entre leyes de silencio, nos enteramos, gracias a José Blanco, de que a los españoles sólo nos interesa el fin de ETA y no la forma en que se alcance. Y pensamos que, para ese viaje, no hubiéramos necesitado unas alforjas tan dramáticamente cargadas de la memoria imborrable de tantos asesinados, mutilados, perseguidos. Todo habría sido tan fácil y rápido como haber cedido a las exigencias de los pistoleros y sus cómplices con talante y una sonrisa. Si los modos no importaban... En fin, la trama de la trampa parece en marcha con Zapatero e Ibarretxe como oficiantes y gestores de una sociedad secreta que pretende burlar normas básicas de toda democracia. Por la espalda, con nocturnidad y alevosía, medias verdades, enteras mentiras. No nos lo merecemos, las víctimas, nadie, se merece un Gobierno que mienta. Ya lo dijo Pilar Ruiz Albisu, madre de Joseba Pagazaurtundua, el que negocia con el PNV de Estella es un «traidor». Ibarretxe, Otegi, Zapatero... sin palabras.

El proceso
Por Ignacio CAMACHO ABC 8 Mayo 2005

ESTÁ en marcha. No va a ser un proceso claro, ni corto, ni fácil, pero está en marcha. Para ser un plan quizá falten elementos de concreción, y para una hoja de ruta falta la certeza del tiempo que durará cada etapa. Ha nacido rodeado de demasiada oscuridad, envuelto en brumas de duda y hasta de sospecha, lo que de entrada anula o lastra parte de su crédito. Pero está ahí, y todo el mundo lo sabe. Por eso más valdría admitirlo sin ambages y dejar que cada cual saque sus propias conclusiones. Al fin y al cabo, ha sido el propio presidente Zapatero el que se ha pasado varias semanas lanzando mensajes embotellados en guiños al mar de la violencia vasca.

Zapatero está no sólo en su derecho, sino ante el deber de intentarlo si cree que tiene, como en la vieja canción de Lennon, una oportunidad para la paz. Nadie le puede cuestionar eso. Pero tampoco puede aspirar a que se le otorgue un margen incondicional de confianza, porque no parte de cero: parte de casi mil muertos, de un intenso dolor nacional, de una dignidad colectiva defendida por varios gobiernos de diverso signo, del drama de las víctimas, de la tragedia de los miles de amenazados y exiliados del País Vasco. Y parte, también, del notable avance logrado en los últimos años gracias a la determinación de los firmantes de un Pacto Antiterrorista cuya iniciativa, como ha subrayado tantas veces, le corresponde en gran medida a él mismo.

Por tanto, se le puede cuestionar, no la idea, ni el impulso, pero sí el método. Y, sobre todo, el precio. A estas alturas, es imposible creer que la paz en el País Vasco pueda conseguirse sin pagar algo a cambio. Puede que incluso existan muchos españoles dispuestos a aceptar un precio político. Pero dudo que los haya dispuestos a pagar un precio de dignidad.

Por ello ha empezado mal, reuniéndose con Ibarretxe a cencerros tapados, contra el principio de transparencia que prometió en su discurso de investidura. Está claro que un proceso tan delicado no puede hacerse bajo los focos en un teatro, como si fuera un campeonato de ajedrez; requiere un marco de opacidad relativa en sus aspectos más concretos para evitar que cada movimiento quede bajo la polvareda de un debate extremadamente ruidoso. Ahora bien; lo que el presidente tiene la obligación de lograr es un consenso suficiente que dé respaldo a su iniciativa como jefe del Gobierno de todos los españoles. Porque es un asunto que nos involucra a todos, no sólo a él ni a su partido.

Para conseguirlo es imprescindible que los ciudadanos conozcan las reglas de este juego peligroso. Sobre todo, qué está el Estado dispuesto a ceder y qué no. Cuáles son los mínimos. Si nos hemos de tragar unos sapos de respetable tamaño, los españoles tenemos derecho a saber dónde se encuentra el límite de un eventual quid pro quo, y a expresar nuestra disconformidad si nos parece injusto. Y para ello es necesario que el presidente marque las rayas del campo en el que va a jugar. Si quiere crédito, tiene que ganárselo. Aznar lo hizo antes de enviar emisarios a Suiza. Zapatero tendrá probablemente unos límites más flexibles, pero es necesario que los ponga sobre la mesa. Porque los españoles merecemos -¿recuerdan?- un Gobierno que no nos mienta ni nos oculte nada.

Hasta ahora, había un marco. Se llama Pacto Antiterrorista, y estaba suscrito por los dos partidos que tienen un proyecto nacional y una posibilidad de gobernar España. Eso significa alrededor de veinte millones de votos, más de dos tercios del censo, una mayoría social abrumadora. Todo parece, sin embargo, que aunque el Gobierno mantenga el Pacto vigente en el plano teórico, su estrategia conduce a otro eje político. Al reunirse con Ibarretxe para acordar -lo ha admitido el lendakari- un marco nuevo, Zapatero ha desplazado el eje hacia el nacionalismo, orillando de hecho al PP. Ya lo hizo antes en Cataluña, pese a la promesa de un camino común que le ofreció a Rajoy en enero, y aspira a hacerlo en Galicia si Fraga fracasa en su enésimo desafío.

Esa nueva mayoría de socialistas y nacionalistas para diseñar el modelo territorial y político de la España del siglo XXI es tan legítima como la del consenso con el PP, pero suma menos votos y pivota sobre unos partidos que carecen de un proyecto de Estado. Y, naturalmente, sitúa al PP en una posición adversa que de algún modo fractura a la ciudadanía en dos bloques y agudiza la tensión política en un momento muy inoportuno.

Y luego está el método. Cabe suponer que Zapatero es perfectamente consciente de que de ninguna manera puede negociar políticamente con ETA. Para eso ha permitido el paso a una bandera de conveniencia de Batasuna, en la que confía como interlocutor político. Pero Batasuna es ETA según la doctrina del Tribunal Supremo. Y va a ser difícil obtener de Otegi y sus compañeros ningún acuerdo que no tenga el visto bueno de la banda.

La hoja de ruta tiene un objetivo: relegalizar a Batasuna a cambio de una condena de la violencia, y acordar con ETA primero una tregua y después un desarme. Si se produjese una sola víctima, el proceso quedaría en suspenso y el PCTV sería ilegalizado. A priori, y en medio del apagón informativo, no es irreal conjeturar que ese plan cuenta con el visto bueno del PNV a cambio de un nuevo estatuto, lo que supone, de hecho, renunciar a la alternativa constitucional en el País Vasco y entregar a los nacionalistas la llave del poder indefinido. El presidente cree, y está en su derecho, que todo eso valdrá la pena si desaparece el terror. Muchos españoles, en cambio, sospechan que ETA pueda volver a engañar al Estado, y desconfían del alma desleal del PNV. El pasado martes, en la Tercera de ABC, Jaime Mayor Oreja recordaba que ETA siempre ha engañado. Y Mayor se habrá equivocado en muchas cosas, pero casi nunca, o nunca, en sus análisis sobre el enemigo que ha combatido toda su vida.

Zapatero va a abordar este reto en un momento en que ETA está más infiltrada y acorralada que nunca, y con Batasuna al borde de la asfixia económica y social por el efecto de la Ley de Partidos. El consenso anterior confiaba en esta vía: una derrota lenta pero progresiva de la banda y un acogotamiento ya prácticamente irreversible de su entorno político. Ese camino carecía de un final explícito, pero dejaba a salvo todo atisbo de concesión a la violencia.

En su «ansia infinita de paz», el presidente podría estar dispuesto a conceder al mundo proetarra una regeneración política a cambio de una foto finish al estilo de los acuerdos de Stormont. Ése parece el objetivo, a salvo de que nos lo expliquen de otra manera. Pero incluso aceptándolo como mal menor, con todas sus reservas -que no son pocas; la principal, el papel de las víctimas después de tanto sufrimiento-, queda una duda importante. La de cuánto tiempo tardarían un PNV hegemónico y una Batasuna reforzada en su nada desdeñable base social, en plantear la secesión en el nuevo escenario con una amplia mayoría, bastante superior a la actual, y con un bloque constitucional quebrado. De lo que no quedaría, en cambio, ninguna duda, es sobre quién sería el responsable de esa quiebra.

director@abc.es

El marco constitucional
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 8 Mayo 2005

El que más tarde sería presidente del Tribunal Constitucional, Pedro Cruz Villalón, escribió a principios de los ochenta un artículo titulado 'La curiosidad del jurista persa' cuya tesis central sigue resonando y aún se amplifica en el actual debate político.

Sostenía Cruz Villalón que si en un rincón de Persia un jurista que nada supiera de España quisiera conocer cuál es la estructura de nuestro Estado y se entregara a la lectura concienzuda de la Constitución, sólo podría concluir que «España es un Estado y que sólo puede ser un Estado, sin que la Constitución admita ni permita la disolución del mismo». Pero más allá de esta afirmación, el susodicho y curioso jurista persa «se ve forzado a constatar que nuestra Constitución entra ya en un terreno en el que todo es posible y nada es seguro» o, lo que es lo mismo, «que carecemos y seguiremos careciendo con base en esta Constitución de una estructura del Estado constitucionalmente garantizada».

A este análisis no se le puede negar ni ingenio ni agudeza al poner de manifiesto los flancos vulnerables de un modelo de Estado autonómico que se propone en la Constitución pero que se construye a partir de ella según el principio dispositivo que concreta los contenidos competenciales de los Estatutos. Desde el punto de vista material, el Estado autonómico no se puede entender si no es como resultado de un proceso constituyente en dos tiempos en el que los estatutos, aprobados mediante ley orgánica, se integran y configuran de manera preeminente el denominado 'bloque de constitucionalidad'. Una ruta ciertamente peculiar -hay que imaginar la perplejidad del persa en su lectura de la Constitución al llegar a los derechos históricos de los territorios forales- con asimetrías medidas, ambigüedades necesarias y oportunos sobreentendidos, recorrida con éxito para sus protagonistas -los españoles- y reconocida así fuera de nuestras fronteras.

Si una consideración estrictamente formal de la Constitución permite sostener con fundamento la tesis de la desconstitucionalización de la estructura del Estado, la evolución histórica y la realidad política en la que se ha construido el modelo autonómico obligarían a completar en no pequeña medida esa afirmación.

Ni en los Estados descentralizados donde el reparto de poder territorial se encuentre más detallado este reparto se ha mantenido inalterado. Los ciclos de gobierno de diferentes partidos, los cambios en la doctrina de los tribunales constitucionales, el sesgo del modelo económico en determinados periodos o el efecto de procesos de integración supranacional, como la Unión Europea, rehacen ese reparto hasta el punto de alterarlo profundamente, sin necesidad de modificaciones formales en la Constitución, como bien saben los alemanes, ahora empeñados en un complejo debate sobre la reforma de su modelo precisamente para reequilibrar el reparto de poder entre los Estados y la federación.

Por otra parte, que la Constitución apenas entre en la materialidad de la estructura del Estado no reduce su papel a simple impulsora del proceso. Cuando se habla de 'marco constitucional' no se utiliza simplemente un sinónimo de Constitución. Se alude a una definición de los límites en la configuración de esa estructura que hacen que el Estado sea viable y pueda reconocerse como tal. En esta oleada de particularismo freudiano que se ha apoderado de la política española, hablar de límites, aunque sean constitucionales, queda feo. Es más, si la Constitución pone límites, ésa es la demostración de que no sirve. Porque si en la Constitución todo es posible, nada será suficiente. Hablar de límites implica introducir una connotación que parece repugnar al buen talante sin reparar en que, al establecer límites en vez de definir contenidos, la fórmula constitucional del 78 ha hecho posible la articulación de la pluralidad y de la voluntad generalizada de autogobierno en un proceso sin precedente de transformación del Estado. Pero ése parece ya un mérito lejano de la Constitución. En este nuevo clima en el que se insta a las flores a florecer por miles, poner a prueba el marco constitucional o simplemente ignorarlo, lejos de invalidar una iniciativa, la dota de un valor añadido, ya sea la imaginación, la audacia o lo que, en el peor de los casos, siempre representa una base de negociación o tiene la virtud pedagógica de poner en evidencia un conflicto que hay que resolver.

Sin embargo, la Constitución alguna cosa dice. Dice que España, además de un Estado, es una nación en la que aquélla se fundamenta. No es poco. Habla de igualdad y de solidaridad, de cultura común, de una lengua en la que todos podemos entendernos y, de hecho así lo hacemos. Habla de soberanía -que corresponde a la nación- y de autonomía -que se reconoce a las comunidades-, principios de diferente orden y con diferentes sujetos que no se sitúan al mismo nivel. Dice que sólo el Estado puede decidir delegar o transferir facultades correspondientes a materias de su titularidad siempre que por su propia naturaleza sean susceptibles de transferencia o delegación, y que la reforma de los estatutos exige aprobación parlamentaria por mayoría absoluta sin que en ningún sitio esté escrito que el trámite tenga que ser una mera formalidad ritual o un juicio limitado a valorar la constitucionalidad del proyecto de reforma.

El proceso de reformas abierto tiene como primer efecto convertir en provisional el éxito atribuible a la transformación autonómica del Estado. Las mismas claves que han conducido al éxito -la flexibilidad, el juego del principio dispositivo en la configuración del ámbito autonómico o, como diría nuestro jurista, la desconstitucionalización del modelo de Estado- pueden dar lugar a un resultado radicalmente distinto si se aplican, como es el caso, en un contexto político que se aleja o, directamente, impugna el consenso constitucional.

A este respecto hay dos observaciones que pueden hacerse. La primera es que, contemplado este proceso desde una perspectiva de futuro, el problema no radica tanto en las pretensiones de unas comunidades autónomas en las que el Partido Socialista actúa como coeficiente multiplicador de la agenda nacionalista, arrastrado por compromisos que creyó que nunca tendría que afrontar, sino en la continuidad e integridad del Estado, no sólo en sentido territorial. La indiferencia del Gobierno hacia los experimentos estatutarios con el concepto de nación -en un país donde los nacionalismos no son precisamente ni un modelo de lealtad constitucional, ni un factor de estabilidad- o la reacción ante la propuesta fiscal del tripartito catalán, limitada a recordatorios sobre procedimiento, permiten albergar alguna duda sobre la imagen que del Estado tienen sus actuales administradores, condenados a repetir aquello tan estético de que las comunidades autónomas son también Estado pero sin añadir que no son el Estado.

En segundo término, la distinción del Gobierno entre el consenso 'imprescindible' con el Partido Popular para la reforma constitucional, y el simplemente 'deseable' para los nuevos Estatutos allí donde hay mayorías posibles sin el PP, priva al modelo de Estado de su elemento vertebrador más relevante, porque ese consenso es lo que explica en buena medida por qué la incertidumbre que el jurista persa detectaba en la Constitución no ha impedido el éxito del empeño. Pero si, además de trocear el consenso, el Gobierno sirve de postre la reforma de la Constitución, ésta, suponiendo que llegara a concretarse, no podría ya producir ninguno de los efectos de estabilidad que sus patrocinadores ahora le atribuyen.

VISIONES BEATÍFICAS
Álvaro Delgado-Gal ABC 8 Mayo 2005

No siempre las cosas son lo que parecen. Quizá Zapatero no haya mantenido contactos, ni aun indirectos, con ETA. Tal vez no esté dispuesto a pagar un precio político por la paz. Acaso siga confiando en la vigencia del Pacto Antiterrorista y mañana o pasado mañana nos enteremos por la prensa de que Rajoy ha sido informado en serio de lo que se habló en el encuentro a obscuras con Ibarreche. Es más frecuente, sin embargo, que las cosas sean lo que parecen. Si se cumple esta regla estadística, habremos entrado en una fase nueva e impredecible. Los datos de partida serían los siguientes: el Partido Socialista, manumitido de toda sincronía con el popular, ha iniciado un proceso que interesa a la propia estructura del Estado. Las probabilidades de que la aventura acabe bien son escasas, por varias razones. Una evidente, es que ciertas cosas sólo se pueden hacer en un clima de unanimidad. No puede haber tal si se deja en la cuneta al PP. Otra razón es que la posición de Zapatero es débil. Zapatero necesita un éxito político. Lo necesita en la medida en que se ha internado asaz por terrenos excusados, y no puede ya volver sobre sus pasos sin ofrecer algo gordo. Por ejemplo, la disolución de ETA. ETA, por el contrario, tiene mucho menos que perder, dadas las circunstancias. Hace unos meses, se hallaba al borde de la extinción técnica y sin perspectivas de dotarse de una representación en el parlamento de Vitoria. En este momento maneja la llave de la gobernabilidad en el País Vasco y es cortejada a la par por Ibarreche y por quienes esperan incorporarla a la vida civil. Ello la dota de un amplísimo margen de maniobra. Es dueña de arrancar concesiones enormes al Gobierno con la zanahoria de la paz. Y también de hacer un quiebro inesperado y aliarse con el PNV. O de hacer lo segundo después de haber hecho lo primero. El tiempo, en cierto modo, corre en su favor. El Pacto Antiterrorista, propuesto por el propio Zapatero, ha constituido la expresión formal de un tabú. El tabú prohibía ceder frente a ETA. O expresado al revés, sólo permitía tratar con ETA los detalles materiales de la rendición. Roto el tabú, no está claro qué será innegociable a partir de ahora. No está claro por parte del Gobierno. Cuanto más se dilate el periodo de incertidumbre, más consciente será el Gobierno de que su situación es insostenible, y menos consciente de los costes que supone dar más de lo necesario. La presión agobiará a Madrid, no a los que están habituados a vivir en la clandestinidad y libres del marcaje de la prensa o la oposición.

La tercera razón para el pesimismo, y a mi ver la más seria, es de índole cultural, o si se prefiere, intelectual. Contra toda evidencia, una porción de la izquierda sigue pensando que las funciones distributivas del Estado Benefactor pueden sobrevivir a la desaparición o cuarteamiento del Estado. Esta creencia fabulosa circula bajo un membrete mágico: «solidaridad». Rosa Aguilar, alcaldesa de Córdoba, expuso muy bien la actitud a que me refiero en una entrevista con Carlos Herrera, a mediados de semana. Aguilar aceptaría que el Estado continúe adelgazando, hasta confederarse en la práctica. A la vez, confía en que catalanes, mallorquines o madrileños sigan desviando un porcentaje de su renta en beneficio de andaluces, manchegos o extremeños. Rosa Aguilar parece ignorar que los impuestos con que se sufraga sanidad o educación han sido recaudados por los inspectores de una Hacienda nacional, y que Hacienda inspira respeto porque detrás de ella está el poder coactivo del Estado. En la entrevista, y muy en línea con estos olvidos elementales, llamó «fondo de solidaridad territorial» a lo que hoy por hoy es la caja común en que confluyen el IVA, el IRPF, o los impuestos sobre sociedades. Todo esto sería substituido por las sinergias espontáneas y sentimentales de los pueblos de España. En el escenario fantástico que Aguilar lleva instalado en su interior, podríamos volver a las anfictionías griegas, sin mengua alguna de las virtudes erogadoras que en la era moderna trajo consigo una burocracia organizada y un señor con puñetas en la bocamanga para poner en su sitio al que se desmande.

Ciertamente, el PSOE no es IU. Pero muchos socialistas no se aproximan a estas cosas con el debido despejo. Hace casi dos años, en los prolegómenos de Santillana, circularon papeles que semejaban inspirados en la visiones beatíficas de Aguilar. Los conceptos cambian, aunque no en un santiamén. Un Zapatero con la cabeza bien sentada, no daría alas a Maragall y los nacionalistas catalanes abriendo un frente inédito en el Norte.

La caja que contenía la combinación de la caja
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 8 Mayo 2005

CURIOSA forma de entender la democracia: el presidente del Gobierno y el político que más conflictos institucionales ha provocado en los últimos años en España se reúnen para hablar del problema más grave con el que hemos tenido que enfrentarnos desde el comienzo del proceso democrático y acuerdan no decir ni una palabra de lo tratado en su reunión. Eso sí: Ibarretxe y Zapatero afirman, cada uno por su cuenta, que tras la misma se abre una «nueva fase», una «oportunidad» y el «prólogo de un proceso».

Las preguntas que legítimamente nos hacemos hoy millones de españoles son, por tanto, elementales: una nueva fase ¿de qué?; una oportunidad ¿para quién?; y un proceso ¿hacia donde? Ante ellas son posibles tres hipótesis: la primera es que Zapatero habría obtenido, con su talante, una rebaja radical de las exigencias soberanistas que el PNV ha venido defendiendo. Esa metamorfosis se habría extendido, además, al inframundo batasuno, que obnubilado también por la inconmensurable comprensión del presidente del Gobierno, estaría dispuesto a abandonar sus objetivos, cuya defensa a punta de pistola ha costado la vida a cientos de personas.

La segunda hipótesis, obviamente más plausible, es que Zapatero ha decidido al fin embarcarse en una negociación a fondo con los firmantes del pacto de Lizarra con la esperanza de poner fin de una vez por todas a la violencia terrorista. Una vía ésta que probablemente exigirá al POSE, antes o después, hacer lo que hasta ahora consideraba que no debería hacerse en ningún caso: pactar contraprestaciones políticas a cambio del abandono definitivo de las armas.

De ser esa la apuesta, los riesgos que ha asumido el presidente son verdaderamente extraordinarios. Y es que, aún en el caso de que disponga de informaciones fidedignas sobre la disposición de ETA a abrir un alto el fuego, la historia demuestra que los terroristas acaban encontrando siempre en las expectativas de diálogo la mejor justificación para volver a hacer de las armas la gran baza con que tratar de fortalecer su posición negociadora.

Cabe finalmente, claro está, que la decisión de Ibarretxe y Zapatero de no decir nada sea la consecuencia de que no tienen nada que decir. Y cabe, en consecuencia, que el único acuerdo al que han llegado sea el de proclamar que quieren llegar a un acuerdo. Nuestra sorpresa entonces -cuando se sepa, que se sabrá, lo tratado en la Moncloa- podría ser del tipo de la que allí experimentó Calvo Sotelo al comprobar, tras ser nombrado presidente, lo que había en la caja fuerte en la que supuestamente se guardaban altísimos secretos del Estado: tan sólo la combinación de la caja. Nada más.

Cruzadas
Por Jon JUARISTI ABC 8 Mayo 2005

LAS Cruzadas ya no son lo que eran. Qué habría dicho Unamuno, sin ir más lejos, de la palinodia de Ridley Scott, de su noble Saladino, de la codicia de los francos, de la tolerancia musulmana. Hace justamente un siglo, don Miguel llamaba a los españoles a una última cruzada nacional: «Si consiguiéramos hacer creer que un día dado, sea el 2 de mayo de 1908, el centenario del grito de la independencia, se acababa para siempre España; que en este día nos repartían como a borregos, creo que el día 3 de mayo de 1908 sería el más grande de nuestra historia, el amanecer de una nueva vida» (El sepulcro de don Quijote). El gran día se retrasó veintiocho años y setenta y seis días. A los tres meses de comenzar la supuesta y deseable cruzada, Unamuno ya lo estaba lamentando. Con lo bien que quedan las Cruzadas en la literatura: Gesta Dei per francos. La Gran Fazienda de Ultramar. Gerusalemme liberata. Pero, luego, Cruzada de los Pobres: Pedro el Ermitaño y sus Pastorzuelos exterminan a los judíos de Europa al grito de Hep, Hep. Hyerosolimma est perdita. Jerusalén está perdida. Cuarta Cruzada: matanza general de bizantinos. Y eso antes de los correspondientes choques de civilizaciones con el islam. Siempre que Europa se pone en marcha hacia un ideal sublime, miedo me da.

¿Cómo conciliar el rechazo de las guerras santas con la defensa de la libertad? Empezando por distinguir entre guerra como misión divina y guerra como continuación de la política. Volviendo a Clausewitz, europeo insigne, uno de nuestros pensadores políticos imprescindibles. Los europeos no han entendido nada desde que lo olvidaron, hace sesenta años. No entendieron nada de la guerra fría. Cuando la América de Reagan se disponía a liberar definitivamente del comunismo a los europeos orientales, los intelectuales de la Europa occidental -los que no habían sucumbido a la tentación del terrorismo- preparaban a sus conciudadanos para convertirse en Taiwán, para un futuro de subordinación a la Unión Soviética que nos permitiría sobrevivir en Estados inofensivos, con sistemas democráticos limitados y economías dependientes de las demandas del bloque del Este. La suerte de las poblaciones aherrojadas por el socialismo realmente espeluznante nos era tan ajena e indiferente como la de los iraquíes del presente. Mientras Israel sacaba judíos del paraíso de los trabajadores, le bailábamos el agua a Arafat, arguyendo que cada nuevo ciudadano israelí recién llegado de Ucrania (o directamente de Siberia) impedía el regreso de un palestino a su patria ancestral. El humanitarismo iba sustituyendo gradual y solapadamente a la política. Hasta el punto de que nuestras guerras de los noventa en el desdichado espacio balcánico nada tuvieron ya que ver con esta última. Fueron la estúpida continuación del humanitarismo por otros medios, y así dejamos como dejamos a agresores y agredidos, ya fueran croatas, serbios, bosnios o albaneses. Como siguen todavía, vaya.

Nadie necesita hoy persuadirnos, como quería Unamuno, de que España puede acabarse. Quizá, en cierto modo, hemos asistido ya a su acabar e consumir. La nación fue deshecha por un solo acto de guerra, por una agresión exterior, inesperada y brutal, y ninguna cruzada podrá restaurarla. Habría que recurrir a la política, pero no se ve ésta por parte alguna. Ni en el gobierno, expresión del humanitarismo triunfante sobre la política, ni en la oposición, añorante de una política que no pudo resistir el embate humanitario. Ni siquiera en los nacionalismos, miméticos de la nación terminal o acaso cancelada. El País Vasco y Cataluña fotocopian la situación del Estado: coaliciones humanitarias en mayoría (la vasca en proceso ritual de formación, con resultado predecible) frente a una oposición inoperante por melancólica. Urge reinventar la política, pero no hay motivos suficientes para pensar que será fácil. De fuera no va a llegarnos ninguna ayuda. Ni de una Europa que ya no concibe más política que la filantropía universal ni de unos Estados Unidos cada día más lejanos. La nostalgia de la oposición por la antigua alianza es comprensible, pero ilusoria. Va pareciéndose peligrosamente al americanismo testimonial del liberalismo venezolano, por poner sólo un ejemplo.

Echo los papeles para ser inglés
Por Antonio BURGOS ABC 8 Mayo 2005

A la vista de los resultados de las elecciones en el Reino Unido de la Gran Bretaña y contemplados los antecedentes históricos de comportamiento colectivo de aquel pueblo (perdón, de aquellos ciudadanos y ciudadanas), cada vez me dan más ganas de hacerme inglés. Y si no inglés de todo anglicanismo, que diría Carmen Calvo, al menos inglés estampillado, inglés provisional, inglés supernumerario, inglés honorífico. Dadas las generales simpatías que tiene la Gran Bretaña, deberían abrir un banderín de enganche para que nos dieran papeles de ingleses a los españoles que la consideramos nuestro paraíso cívico.

¿Usted no ha visto nuestra barra libre de papeles para los inmigrantes? Pues lo mismo, y con igual manga ancha, deberían hacer los ingleses para darnos papeles a los que queremos ser como ellos, vivir como ellos, comportarnos como ellos, enfrentarnos al mundo de un modo tan elegante. Si los ingleses se apiadasen de nosotros, nos darían su condición legal, ¿qué digo yo?, presentando un tique de compra de las últimas rebajas de Harrod´s; o una factura del costroso hotel Mont Royal donde en los 70 estuvimos miles de estudiantes españoles con un viaje baratito del Club de Vacaciones. Si los ingleses se apiadasen de nosotros, nos estampillarían de británicos al presentar un billete de la Circle Line del Metro de Londres, o incluso una argéntea jarra de pico que compramos baratísima entre la españolería sabatina que rebusca gangas en los puestos de Portobello Road.

¿Por qué quiero echar los papeles para ser inglés? Hombre, por la maravilla de Partido Socialista que tienen allí, esos laboristas de Tony Blair. Un señor, y no un malvado con cejas de demonio. Aquí en España ganan las elecciones los socialistas y los conservadores pierden el sueño y la esperanza. Pero allí ganan las elecciones los socialistas y los conservadores, encantados de la vida. Ya quisiera yo para España un partido socialista como el inglés. Un partido socialista que, perteneciendo a la misma Internacional que el PSOE, no está basado en el sectarismo radical. Que no llama facha y reaccionario a todo adversario. Un partido de izquierda que llega al poder y no se dedica a deshacer todo lo que lograron los anteriores sino, sobre esos aciertos, tratar de mejorar un indicador social tan importante como la Felicidad Per Capita. Que no acaba con la Ley Antiterrorista, ni sienta a los pistoleros asesinos en el Parlamento, ni hace la vista gorda ante partidos cómplices de los criminales. Un partido socialista que no rompe con los Estados Unidos, orgulloso de pertenecer a la vanguardia de las libertades. Que no establece una alianza de civilizaciones con las dictaduras más impresentables del mundo, caribeñas o rifeñas. Un partido socialista que no pone en almoneda los principios religiosos de la sociedad, ni se enfrenta al obispo de Canterbury. Que no presenta como matrimonio una fotocopia burlesca de uniones de mondrigones. Que no predica un pacifismo de boquilla mientras vende armas a todos los dictadorcillos impresentables del mundo y tanques para que nos quiten Ceuta y Melilla. Que no tritura el Ejército, la enseñanza y la cultura, ni abre fosas para desenterrar el odio de la Guerra de los Cien Años. Un partido socialista que no pone en cuestión la Monarquía, ni alienta a sus bases a que saquen la bandera republicana a la calle. Que respeta a la Reina Isabel y no la utiliza para mandarla por café a Venezuela, por tabaco a Cuba y por té moruno a Marruecos (entre otras cosas, porque ella no se deja, y no como otros).

Un partido socialista, en fin, que para gobernar no pacta con los separatistas que llevan en su programa la urgente conversión del Reino Unido en la República Desunida de la Gran Bretaña. Y que para perpetuarse en el poder no arrincona y extermina a sus adversarios, pactando con el diablo si hace falta. Por ejemplo, con la ETA.

EL PREVISIBLE FUTURO.
M. A. Email  8 Mayo 2005

Entre los intereses generales de los ciudadanos españoles y el deseo catalanista de apropiarse directamente de los impuestos, median los intereses del PSOE. Chávez, presidente del partido y de la Comunidad andaluza, hace unas declaraciones que son un anticipo del porvenir. Dice que llegarán a un acuerdo con el PSC porque éstos han planteado unos máximos que son negociables. Chávez deja clara la estrategia, entiende que la cuestión es cuantitativa, excluyendo de entrada la cualitativa, o sea, admite la posibilidad de conceder una fracción de los impuestos a esa Autonomía, otra cosa es la cantidad, obviando con ello el ordenamiento constitucional. Tal concepción del embite, ausente de principios y derrotista ante el catalanismo, da la razón al PP y deja en manos de la oposición social al atraco la solución del problema. Dicho de otra forma, las concesiones a los catalanistas dependerán del grado de tragadera social

A nadie se le ocurre preguntar dónde están los números de lo que se gasta el gobierno catalán y en qué. ¿Cuanto dinero se lleva gastado en normalización lingüística? ¿Cuánto en decenas de oficinas internacionales o en escuelas extranjeras como las del Sr. Colom en Marruecos? ¿Dónde está el control del gasto autonómico por parte del Estado español? Los gobiernos catalanes han tenido barra libre sin ningún tipo de injerencia y ahora reclaman a los demás lo que ellos han dilapidado. Esta muy bien gastarse el dinero en lo que uno quiere y luego reclamar más, esa es la moral del parricida: "Sr. Juez, tenga compasión, soy huérfano".

En esta situación, la idea de un nuevo partido deja de ser voluntarista y se convierte en una necesidad, so pena de un deterioro tal que indique no sólo el triunfo catalanista y sus graves secuelas, sino un anticipo de conflictos sociales no por anunciados menos tremendos. Y tal como va la estrategia de los partidos, lo más probable es que la sociedad catalana deba asumir una carga fiscal extra para satisfacer las bacanales de los nacionalistas catalanes. Que se vaya preparando.

Pedro Fernández Barbadillo, profesor del CEU y autor de Bokabulario
«Catalanes y vascos son los más ricos; nacionalismo es sinónimo de egoísmo»
Pedro Fernández Barbadillo: Licenciado en Derecho por Deusto y profesor del CEU.
Autor de una amplia obra escrita dedicada al País Vasco con títulos tan rotundos como «Ordóñez murió por nosotros», «Álava, primera trinchera» o «Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos».
Colaborador de «Minuto Digital» y del semanario católico «Alba».
Inicia en pocos días un blog en Periodista Digital con el título "BOKABULARIO".
Por A.C. Suardíaz La Nueva España 8 Mayo 2005

Editado por Adrián Ramos (PD) Domingo, 8 de mayo 2005

Pregunta: El PNV ha perdido más de cien mil votos en los recientes comicios autonómicos, ¿está liquidado el «plan Ibarretxe»?

Respuesta: No, y eso que los nacionalistas identificaron las elecciones con un plebiscito. Desde que existe el PNV, los triunfos se los han dado los políticos de Madrid.

P: ¿Cómo?
R: El PNV dispone ahora del «plan López» (por Patxi López, cabeza de cartel del PSE) para salvar la cara y avanzar en su proyecto de independencia de España. Pueden pactar con cualquiera.

P: ¿Incluso con el PP?
R: Ya a mediados de los 90 el PP trataba de sustituir al PSOE como socio de coalición del PNV, cuando Ordóñez (asesinado por ETA) era teniente de Alcaldía con el PNV en San Sebastián.

P: ¿Llegará a convocarse el referéndum independentista?
R: Sólo si el Gobierno de España lo permite por omisión.

P: Zapatero ya ha anunciado su intención de parlamentar con ETA si los terroristas se rinden.
R: ETA pierde cuando se la persigue y se le aplica la ley. Se les complica captar militantes.

P: Pero el nuevo brazo político de ETA ha cosechado un éxito: 150.000 votos.
R: Bueno. La anterior marca política de ETA había logrado 140.000 en 2001. Ahora tienen dos escaños más debido a que la participación ha sido menor.

P: Denuncian que el PSOE permitió concurrir al PC de las Tierras Vascas para evitar el trasvase de votos que daba al PNV la mayoría absoluta.
R: Si ETA se hubiera quedado sin representación parlamentaria hubiese cundido el desánimo en su base electoral.

P: ¿Llegará el pueblo a las manos?
R: Si no pasó tras el asesinato de Blanco, ahora menos. Además, el bando que podría invocar la legítima defensa está desarmado.

P: ¿Se vislumbra el final de la mafia terrorista?
R: ETA lleva más de 30 años con un sistema clientelar muy arraigado, reclutando jóvenes gracias al sistema educativo. Tocaron fondo con la ilegalización de Batasuna y el cierre de «Egin», pero son necesarios para el nacionalismo.

P: ¿Volverá ETA a asesinar?
R: En cuanto pueda. Y eso que ahora van de buenos para que no les comparen con los islámicos.

P: ¿Tiene el nacionalismo vasco un sustrato mesiánico?
R: Desde su fundación por Arana, el PNV se identifica con el pueblo y la patria vasca. Prometen la salvación eterna.

P: ¿El «bucle melancólico» de Juaristi?
R: El paraíso perdido. El príncipe de este mundo: «Esto te daré si te postras de rodillas y me adoras».

P: ¿Fundamento histórico?
R: No. En Irlanda eran pobres y estaban oprimidos por sus conquistadores, los ingleses. Pero el País Vasco y Cataluña son los más ricos de España desde el XIX.

P: ¿Entonces?
R: Rechazan compartir su riqueza. Su nacionalismo es egoísmo.

P: ¿Nacionaliegos astures?
R: Patochadas. Ganas de creerse uno más de lo que es.

Bono: «Cuando un socialista juega a ser nacionalista deja de ser socialista»
«Más igualdad y más España». Es la receta de Bono para neutralizar los «intentos desvertebradores» de financiación autonómica lanzada desde Cataluña y de los planes de Ibarretxe. «Lo que no consiguió ETA con mil asesinatos no lo van a conseguir otros defendiendo privilegios», advierte.
LAURA L. CARO ABC 8 Mayo 2005

TOLEDO. El ministro de Defensa recibe a ABC en Toledo el viernes por la tarde, cuando no han pasado ni seis horas de su llegada a Torrejón procedente del viaje oficial a Estados Unidos que durante cinco días le ha llevado por Nueva York, Virginia, Florida u Orlando. Y Washington, donde su homólogo norteamericano, Donald Rumsfeld, tuvo a bien compartir foto con su invitado español para escenificar la reconciliación tras el repliegue de Irak. Eso sí, en materia de Defensa.

Adicto al trabajo, a la actualidad política y a su propia imagen, el ministro no ha perdido de vista durante estos días el preocupante órdago -dice- lanzado por el gobierno catalán con respecto al modelo de financiación ni el debate vasco. En ambos casos, advierte del «peligro» de que sus compañeros socialistas del PSC y el PSE jueguen a ser nacionalistas.

- Estamos a punto de que arranque el Debate del Estado de la Nación, con la financiación que reclama Cataluña y el debate vasco como principales puntos de la agenda. Personalmente, ¿qué le preocupa más?
-Me preocupa cualquier intento de desvertebrar España o que favorezca la desigualdad de oportunidades de todos los españoles. Como socialista no concibo que un ciudadano tenga más derecho que otro por razón de su apellido o por la supuesta hidalguía de su abuelo o por el Rh de su sangre. Francamente, no soy nacionalista. Creo más en el ser humano que en su partida de nacimiento o carnet político.

-Pero sí tendrá una opinión sobre la iniciativa planteada por su compañero de partido, el presidente de Generalitar de Cataluña, Pacual Maragall, que sí quiere un trato diferente para los ciudadanos de su comunidad
-Coincido con lo que han dicho Solbes y Chaves. El Gobierno de Zapatero no va a dejar menos España que la que recibió. Desde las Comunidades Autónomas deben recordar que lo contrario a la igualdad no es la diferencia, sino la desigualdad. En ese sentido, todos somos diferentes y podemos tener tratos diferenciales. Lo que no podemos es tener tratos desiguales. La Constitución impide los privilegios.

-De todas maneras, no aporta la valoración que le he pedido
-Al ministro de Defensa no le corresponde ser el árbitro la propuesta catalana, pero creo haberle dicho bastante claro lo que pienso. Los españoles estamos cansados de escuchar órdagos.

-Sus prudencias suenan a que le han dado un tirón de orejas para que se contenga...
-Para mí, la disciplina es una responsabilidad compartida, y, como es lógico, comparto responsabildiad con todo el Gobierno. Creo que si un día choca el principio de igualdad de las personas con el de autonomía de los territorios, debe prevalecer el principio de igualdad. Me afilié al PSOE porque deseo la igualdad de todos los seres humanos y, a estas alturas de mi vida, no pienso cambiar la igualdad por el privilegio que defienden algunos para su particular territorio. De manera que aspiro a ser prudente sin dejar de ser claro.

- ¿Cree que si este debate impulsado por el Gobierno tripartito que preside el PSOE continúa puede llegar a poner en jaque al Gobierno de Zapatero?, o, si lo prefiere, ¿hasta dónde cree que puede llegar Maragall con su exigencia?
-Yo aconsejaría un debate de ideas, no de decibelios, un debate que respete a España como ámbito de solidaridad. A nadie se le puede obligar por decreto a que quiera a España, pero sí se puede obligar a todos los cargos públicos a que respeten la Constitución que han jurado cumplir. España es «patria común e indivisible de todos los españoles» como proclama el artículo 2 de la Carta Magna y a quien no le guste que intente modificarlo por el único conducto que la Constitución establece. Cualquier otra vía es antidemocrática.

- ¿Pero cree entonces capaz a Maragall de insistir junto a sus socios de Gobierno para poner al Ejecutivo de Zapatero contra las cuerdas?
- El Gobierno es fuerte porque tiene tras de sí a la inmensa mayoría de los españoles que no desean que España se rompa. No se destruye en un día lo que se ha construido durante siglos.

- Dice usted que el Gobierno no va a dejar menos España que la que recibió, ¿cuál va a ser, a su juicio, la receta para neutralizar esta embestida?
- Frente a los que defienden la desigualdad de los españoles, hay que decir: más igualdad, y frente a los que niegan que España sea una nación hay que decir: más España. Y con más igualdad y más España el futuro de nuestros hijos será más solidario y justo que con el pretendido derecho de autodeterminación, que no es otra cosa que la descomposición de la nación española y el fracaso de la solidaridad. Lo que no consiguió ETA con casi mil asesinatos no lo van a conseguir otros defendiendo privilegios.

- Y dentro de ese discurso en el que usted condena el «pretendido derecho de autodeterminación», ¿cómo se digiere el matrimonio que mantiene su partido con ERC en Cataluña?
- En este punto lo que hay con ERC no es matrimonio, somos pareja de hecho sin bienes gananciales, con separación de bienes.

- ¿Cuál es su opinión acerca de la actitud victimista adoptada por sus compañeros del PSC que defienden la financiación catalana del 50 por ciento, de la prevalecencia de su naturaleza nacionalista sobre la socialista?
- Los socialistas coincidimos en lo esencial, es decir, en la defensa de la igualdad de todos. Si los socialistas jugaran a ser nacionalistas, el resultado sería peligroso y, además, dejarían de ser socialistas.

- A si juicio, ¿cuál es el ámbito donde debería desarrollarse el debate territorial, quizás la conferencia de Presidentes?
- El único debate legalmente eficaz es el que tenga lugar en el Parlamento, que representa a todos los españoles. Para decírselo más claramente: la secesión de un territorio de España, la independencia, es algo que sólo podrían decidir todos los españoles, no sólo los habitantes del territorio que se pretende escindir. Valdría tanto el voto del toledano como el del bilbaíno. Cualquier otra interpretación es, a mi modo de ver, claramente anticonstitucional.

- ¿Comparte la propuesta Ibarra de reformar la ley electoral para que reducir la fuerza de los nacionalistas?
- Ibarra ha hecho una propuesta y tiene perfecto derecho a hacerla. ¡Solo faltaría que unos puedan atacar a la solidaridad y a España y otros no pudieran defenderlas! Ahora bien, yo creo que a los nacionalistas donde hay que ganarles es en las urnas.

- La entrevista entre Zapatero e Ibarretxe se saldó con dos comunicados que parecen orillar el Plan Ibarretxe, pero también aparcar el Pacto Antiterrorista, ¿le produce preocupación el resultado, y el secretismo del acuerdo que puedan haber alcanzado?
- No tengo más información que la publicada en prensa. Pero estoy seguro que Ibarretxe se ha ido de la Moncloa sabiendo que Zapatero escucha y dialoga, pero no desconoce cuáles son los límites legales del campo de juego. Cualquier idea secesionista que se parezca al Plan Ibarretxe no será apoyada por los militantes de la solidaridad.

- Los comunicados explican algo tan abstracto como que se abre un tiempo nuevo en la relación con el País Vasco, en el que podrían caber negociaciones futuras con Eta, cuando lucha institucional ha dado un buen resultado
- El único contacto con ETA tiene que ser a través de la policía para meterlos en la cárcel. A ETA no hay que darle respiro, ni oportunidad ni publicidad gratuita. Tengo más esperanzas en la Guardia Civil y en el CNI para acabar con ETA que en propuestas ambiguas de quienes firmaron el pacto de LIzarra.

- ¿Existe la posibilidad de que el PSE apoye la investidura de Ibarretxe, como ha insinuado Zapatero?
- El pacto de los socialistas con los nacionalistas ya se ensayó durante bastantes años, y el resultado fue el crecimiento de los nacionalistas y el descenso de los socialistas. No soy quien para dar lecciones, pero lo que acabo de decirle es cierto.

- ¿Tiene tan poca confianza en la lealtad de Ibarretxe,?
- A nivel humano creo que Ibarretxe es una buena persona, pero políticamente no me fío de quien no quiere a España, que es garantía de igualdad para todos los ciudadanos.

- Comparte las declaraciones de su compañero Alfredo Pérez Rubalcaba, que ha asegurado en voz alta que, si el Gobierno tiene posibilidad de acabar con Eta el PP va a tratar de evitarlo.
- El ministro de Defensa no debe alegrar los oídos de los asesinos de ETA. Todas las discrepancias entre el PSOE y el PP agradan a ETA. Si el PP quiere recuperar la responsabilidad y la memoria yo estaría muy contento. No hay que olvidar que fue el PP quien ofreció negociaciones a ETA y además le llamó Movimiento Vasco de Liberación Nacional.

-¿Le sigue pidiendo el cuerpo acometer la ilegalizacion del Partido Comunista de las Tierras Vascas?
-Todo partido que no se avergüenza de Eta y no la condena, sencillamente no debería existir.

«¿Por qué no preguntan a las víctimas si quieren que se hable con ETA?»
Numerosos ciudadanos firmaron en las mesas de la AVT en contra de una negociación
La mesa de la AVT en la calle Preciados, en Madrid, recibió numerosas adhesiones
C. S. Macías La Razón 8 Mayo 2005

Madrid- La Asociación Víctimas del Terrorismo sacó ayer a la calle su campaña de recogida de firmas contra una posible negociación del Gobierno con ETA. Cincuenta mesas distribuidas por toda España, nueve de ellas en Madrid, bajo el lema de «Memoria, dignidad y justicia», pedían la firma y la solidaridad de los ciudadanos.
El silencio de los que firmaban se mezclaba con los curiosos que paraban para hacer la foto a la mesa, leer los carteles o simplemente mirar. Las personas mayores se agolpaban por momentos en la mesa y firmaban mostrando su apoyo a las víctimas del terrorismo.

Por la paz y la concordia. Una señora había retrasado su vuelta a Córdoba para firmar: «He venido por solidaridad», afirmaba. Por la paz y la concordia, para apoyar a las víctimas del terrorismo y por la indignación ante la posibilidad de que en el País Vasco esté representado por terroristas eran algunas de las manifestaciones que los madrileños hacían tras dejar su firma. Otros se mostraban indignados y decían que no podían entender que en el Parlamento haya terroristas. «¿Por qué nunca se pregunta a las víctimas si quieren que se negocie con ETA», señaló uno de los firmantes.

Conforme transcurría la mañana los madrileños que pasaban de compras por la Calle Preciados se animaban a firmar al ver que la gente se arremolinaba. Un chico de San Sebastián que había venido a pasar el fin de semana a la capital y estaba de compras en el centro firmó por «la lucha por la democracia y la libertad y para que todos vivan en paz». Otros se llevaban las hojas en blanco para hacer fotocopias y distribuirlas en el trabajo y entre sus amigos. Una señora se quejaba de la falta de información ya que no sabían dónde estaban situadas las demás mesas. La mañana transcurrió con normalidad.

Por la tarde, los asistentes al encuentro de fútbol Real Madrid-Racing de Santander encontraron una mesa de la AVT en las inmediaciones del estadio desde las seis de la tarde, antes del inicio del partido.

La Asociación de Víctimas del Terrorismo instaló las mesas de recogida de firmas en calles de todas las comunidades autónomas, menos en el País Vasco, por motivos de seguridad ya que es una comunidad autónoma en la que la AVT desistió hace tiempo de contar con un delegado.

En el caso de Madrid, las mesas estaban colocadas, además de en Preciados, en Felipe II, La Vaguada, Cuatro Caminos, Centro Comercial Alcalá Norte, Plaza de Castilla, Centro Comercial La Vaguada y el mencionado Santiago Bernabéu. Al concluir la campaña el próximo sábado, se remitirán las adhesiones al Parlamento español, al Europeo y a la ONU.

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