AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 16 Mayo 2005
Extracción de plusvalía para el mantenimiento de los patrones
M.A. Email 16 Mayo 2005

La gravedad de lo que está pasando
EDITORIAL Libertad Digital 16 Mayo 2005

Desarmar al Estado
Jaime CAMPMANY ABC  16 Mayo 2005

El silencio del presidente
Editorial ABC 16 Mayo 2005

El club de fans
Antonio Pérez Henares La Razón 16 Mayo 2005

Traicionar a los muertos
Juan Manuel DE PRADA ABC  16 Mayo 2005

Dos procesos sincronizados
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 16 Mayo 2005

España, escaparate mundial de la claudicación ante el terror
Isabel Durán Libertad Digital 16 Mayo 2005

LA VENCIDA
GERMÁN YANKE ABC 16 Mayo 2005

El PP, el PSOE y la Nación
Agapito Maestre Libertad Digital 16 Mayo 2005

Dos horas, 35 minutos
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo  16 Mayo 2005

Rajoy: fuerza y dignidad
Jorge TRIAS SAGNIER ABC  16 Mayo 2005

Bombas encima de la mesa
Luis Ignacio PARADA ABC  16 Mayo 2005

¿Acuerdo o Negociación
Nicolás Redondo Terreros ABC  16 Mayo 2005

¿Un final dialogado de la violencia
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital 16 Mayo 2005

Presión terrorista
Editorial El Correo 16 Mayo 2005

Aviso a morosos, regreso de ETA
José Javaloyes Estrella Digital 16 Mayo 2005

«Bienvenido al club»
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 16 Mayo 2005

Otra falsa tregua de ETA
Cartas al Director ABC 16 Mayo 2005

La víctimas coinciden: ETA impone el diálogo de las bombas
EFE Libertad Digital  16 Mayo 2005
 

Extracción de plusvalía para el mantenimiento de los patrones
M.A. Email 16 Mayo 2005

El objetivo del capital, de los patrones, es poner a trabajar la mano de obra, sea obrero u otro tipo de trabajador. El fruto de ese trabajo, el valor, contiene fundamentalmente dos cosas: el importe del salario, que revierte al operario, y la plusvalía que vierte en la caja del capitalista con la cual repone los medios gastados, los costos generales y hace nuevas inversiones. Hasta aquí el esquema clásico y vigente del capital/trabajo que pude leerse en cualquier manual económico de kiosco o en un cursillo por correspondencia.

Usemos la imaginación trasladando los actores: la empresa es Cataluña, los patrones la casta social catalanista, los obreros son los inmigrantes peninsulares, la marca de la casa es la lengua, la cultura y la ideología catalanista, la explotación de la mano de obra es la sumisión del foráneo a esa ideología y el producto de la fábrica es la conciencia social favorable al objetivo nacionalista. Pero todo eso no es más que un montaje, un negocio diferente del esquema clásico aunque su objetivo sea análogo: extracción de plusvalía para el mantenimiento de los patrones.

Con esta panorámica, se entiende mucho mejor el reproche catalanista al españolismo, que es decir a la conciencia nacional española que poseen los inmigrantes, pues eso dificulta la marcha del negocio y por eso claman contra los que no se integran en el reglamento de la fábrica. Y toda actividad social y personal que no contemple la normativa oficial, es inmediatamente flagelada, criticada, descalificada o ridiculizada. En la medida de que ellos creen ser únicos propietarios del centro de trabajo, Cataluña, y en la medida de que consideran una nación a la autonomía SEPARADA de la nación española, quieren separar también la conciencia social gestada fuera del territorio y piden al Estado que libere a sus “representantes” dentro de esta comunidad de sus vínculos con España. Como sabemos, nuestro Estado hace lo posible para complacerles.

Todo esto es una tesis que admite mejoras, críticas y oposiciones. Y no podemos negar por evidente la existencia de sentimientos personales, la persecución franquista de la lengua catalana, el deseo legítimo de independentismo y otras consideraciones de sesgo catalanista que hay que admitir. Pero esta realidad reivindicativa, expresada en posición y fuerza política por el tripartito, contiene al mismo tiempo una tendencia reaccionaria y una práctica ilegal e injusta de los derechos ciudadanos generales. Su temeraria actitud no puede sino conducir a la sociedad catalana y española a procelosas situaciones, más aún, no tiene viso de victoria porque las fuerzas que lo impiden están más desarrolladas y son más poderosas, aunque efectivamente y de momento, no tengan suficiente expresión política. Al fin y al cabo su motor principal es la satisfacción de la casta dominante y eso es muy poco frente a multitud y potentes intereses contrarios que caminan por la senda del progreso humano, al que, naturalmente, hay que ayudar.

La gravedad de lo que está pasando
EDITORIAL Libertad Digital 16 Mayo 2005

Aunque este domingo, en lugar de atentar contra cuatro empresas en Guipúzcoa, ETA hubiera anunciado un nuevo comunicado de tregua indefinida para comprobar la sinceridad del “diálogo” y “el proceso de paz” que le propone José Luis Rodríguez Zapatero, la claudicación moral y política de este presidente de gobierno no debería quedar menos en evidencia.

Porque lo grave no es que ETA quiera más, sino que haya un gobierno que, para mantener satisfechos a sus aliados independentistas y tratar de contentar a quienes, como los terroristas, no se van a contentar, ya haya hecho pública su disposición a poner en tregua el Estado de derecho y sentarse a negociar con quienes el imperio de la ley exige, en todo momento, entregar a la justicia. Lo grave es que, contra el espíritu y la letra de la Ley de Partidos, haya un gobierno que ya haya pagado –sí, por adelantado- precios políticos a ETA, tan flagrantes como permitir a sus partidarios presentarse a las elecciones o negociar con ellos, tal y como se dispuso la semana pasada Patxi López, el fin del Estatuto de Guernica.

Lo grave es que haya un gobierno que, en lugar de tratar de acabar con los terroristas haciéndoles perder toda esperanza, trate de satisfacerlos ofreciéndoles algo que los terroristas entienden como señal de que pueden conseguir mucho más. Lo grave es que España sea el único país occidental donde a los terroristas no se les da certeza del cumplimiento íntegro de sus penas. Lo grave es que España sea el único país en donde algunos medios de la oposición le pidan al líder de la oposición que modere sus críticas a un presidente de gobierno que, como ZP, gobierna con formaciones secesionistas, aliadas tácticas de una organización, secesionista y criminal, que ya lleva casi un millar de asesinados. Lo grave es también que quienes lamentan la inmerecida popularidad de ZP estén dispuestos a reforzarla con una pasividad que disfrazan de paciencia y de prudencia.

Porque, claro, si la oposición, política y mediática, debe esperar a desenmascarar a ZP ante la opinión pública hasta que ZP quede desenmascarado, esperaran siempre o tanto como lo hicieron aquellos a quienes un loco les había aconsejado “prudentemente” no meterse en el agua hasta que hubieran aprendido a nadar...

Porque lo que debilita la esperanza es que, siendo pocos, todavía haya medios, supuestamente partidarios de la oposición, que se muestran preocupados, en lugar de satisfechos, por la reacción de rechazo de los medios del gobierno a la histórica intervención del principal líder de la oposición en el pasado Debate sobre el Estado de la Nación. ¿Debemos sorprendernos de las carcajadas que a veces se filtran del Consejo de Administración de Prisa? ¿Cómo es posible que haya diarios que, sin ser socialistas ni nacionalistas, silencian la indignación de las víctimas, al tiempo que, con ello, se permiten reprochar a Rajoy que diga que ZP, con su política, “traiciona a los muertos”?

Ya son bastante fuertes los medios del gobierno y sus aliados para que vengan a ayudarles los complejos de sus oponentes mediáticos. Que la mayoría de los españoles no sean conscientes de la extrema gravedad de lo que está pasando, no es un obstáculo para denunciarlo, sino, por el contrario, la principal razón para hacerlo. Hay que reservar las “medias tintas” para los grados realmente intermedios. Y que un presidente de gobierno siembre indignación entre las víctimas, mientras da esperanzas a sus verdugos no es ocasión para ellas. Más bien lo es para volver a recordar aquella máxima de Marías de que “no hay que rehuir los extremos cuando es menester: una estimación tibia ante lo que merece entusiasmo es un error; un débil desagrado o mohín de displicencia ante lo repugnante es una cobardía”. Una suicida cobardía.

Desarmar al Estado
Por Jaime CAMPMANY ABC  16 Mayo 2005

NO hay que emplear muchas palabras ni consumir mucho tiempo en afirmar que el Gobierno socialista de Zapatero tiene el mismo derecho que cualquier otro a intentar un fin negociado de la violencia etarra. El hecho de que terminaran en fracasos todos los intentos de gobiernos anteriores no puede ser motivo razonable para negar la posibilidad y aún la conveniencia de que este Gobierno lo intente de nuevo. Me parece que hasta ahí estaremos de acuerdo la inmensa mayoría de los españoles.

Entonces ¿a qué viene esta dramática alarma por el hecho de que Zapatero o sus delegados se dispongan a negociar con los etarras o sus representantes políticos? ¿Acaso será porque el PP hace todo lo posible para evitar que un adversario político como el socialista Zapatero se convierta en el «Pacificador» de España después de más de treinta años de terrorismo? ¿Serán celos políticos los que le han hecho exclamar a Mariano Rajoy esa acusación tan grave: lo que usted ha hecho es una «traición a los muertos»? Claro que no.

Lo que convierte el loable intento de buscar el final de ETA en una «traición a los muertos» es la utilización de una estrategia de rendición previa del Estado y de España misma a la banda terrorista. Las señales de esa rendición aparecieron apenas firmada la alianza parlamentaria del socialismo de Zapatero con sus socios. Aquella visita a Perpiñán del presidente de Esquerra Republicana y en aquel momento también presidente en funciones de la Generalitat fue el primer aviso de que se abría en España un período de secesión y desmembración.

Fueron llegando más pruebas de lo que digo: el proyecto de reforma inconstitucional de los Estatutos autonómicos y de la propia Constitución; el plan Ibarreche, aprobado con votos batasunos, y la ridícula escenificación de su presentación en el Congreso; la sarta de propuestas disparatadas de Maragall, apóstol del federalismo disgregador; el cambio de actitud y hasta de naturaleza del socialismo vasco, que se va con el PNV de parranda independentista; los ataques a la cohesión, la solidaridad y la articulación de las Autonomías, lanzados desde la alianza con el Gobierno y soportados por Zapatero; la negativa a ilegalizar al PCTVascas, obviamente heredero de Batasuna, y la ruptura del Pacto Antiterrorista suponen el sucesivo desarme del Estado en vísperas de empezar una negociación con la banda de asesinos armados.

Lo más triste de todo esto es que esa banda se encontraba en el peor momento de su historia, con dificultades para encontrar financiación, para comprar armas, para reclutar alevines de asesino, para sustituir a su cúpula cautiva. Y de pronto, el Gobierno se presenta a dialogar con ella (oh, el diálogo y el talante) desarmado voluntariamente y anunciando con su actitud la disposición a rendirse. Es natural que Otegui exija ahora que no haya detenciones de etarras, que se suspendan los juicios y que se relegalice a Batasuna. No parece sino que España sea ya un asunto entre Arnaldo Otegui y Carod-Rovira con Zapatero de mirón.

El silencio del presidente
Editorial ABC 16 Mayo 2005

LAS cuatro bombas de ETA que ayer estallaron en Guipúzcoa no son sólo la respuesta a la nueva política del Gobierno socialista, sino también la tradicional forma mafiosa de asegurarse el cobro del impuesto revolucionario de una banda terrorista que se ha hecho valer en el momento más oportuno para sus siniestros objetivos. En lugar del tradicional comunicado, ETA prefirió hacerse oír recurriendo a las bombas, expresión de un estado de ánimo que, muy posiblemente, tenga que ver con la oferta de «final dialogado» que Rodríguez Zapatero y el PSOE han plasmado en la propuesta de resolución que votará el Congreso mañana. La respuesta de ETA revela la irritante seguridad que deben sentir los terroristas de que las cuatro deflagraciones no harán cambiar de criterio al Gobierno, aunque Zapatero todavía esté a tiempo de evitar darles una llave que hasta ahora era propiedad exclusiva del Estado. De hecho, por primera vez en la democracia reciente española, el jefe del Ejecutivo ha silenciado cualquier condena o referencia a unos atentados.

En el mitin que celebró en Santiago de Compostela, Rodríguez Zapatero se dio por no enterado de que ETA había puesto cuatro bombas contra sendas empresas vascas y que las explosiones habían afectado a tres personas -dos ertzainas y un vigilante de seguridad-. Mala trayectoria ésta que ha elegido el presidente del Gobierno, porque la realidad no desaparece sólo por silenciarla o por cerrar los ojos. Tampoco por poner al PP en el centro de unas críticas que ayer sólo correspondían a ETA. Los terroristas siguen existiendo: han robado 4.000 kilos de explosivos y mantienen su campaña mafiosa de recaudación de fondos. El silencio de Rodríguez Zapatero es demasiado sonoro para una sociedad que lleva treinta años luchando contra el terrorismo y que ha conseguido arrinconarlo tras una movilización absoluta de los recursos legales e institucionales del Estado. Ayer, el presidente del Gobierno puso un peligroso antecedente de lo que puede ser su disposición a dialogar con los terroristas: la negación de la realidad, porque aún aceptando que el silencio de Rodríguez Zapatero es evidentemente táctico, el jefe del Ejecutivo no puede parapetarse tras sus legítimas estrategias sin condenar los atentados. Todavía habrá quien se sorprenda de que ETA ponga bombas, después de estas semanas de éxito político propiciado por las nuevas tornas impuestas por el Ejecutivo. Precisamente por eso, los terroristas no se sienten disuadidos de atentar ni de seguir sus campañas de extorsión a la clase empresarial vasca, porque, sin anunciar treguas ni apoyar vías pacíficas, han logrado que el Ejecutivo les brinde la iniciativa en un eventual proceso de negociación. En este nuevo escenario tan favorable, ETA no tiene ningún motivo para cambiar de estrategia. Ya lo ha hecho por ella el Gobierno.

En apariencia nada o poco habría cambiado, según la tesis de Rubalcaba, quien sostiene que la propuesta socialista se atiene a los pactos firmados con anterioridad. Sin embargo, el orden de los factores sí altera el producto en este caso, porque no es lo mismo que ETA, derrotada, se vea obligada a dialogar, que sea el Gobierno quien exprese su disposición al diálogo.

Nadie niega al Ejecutivo su derecho a abrir un «proceso de paz», pero la sociedad también está en su derecho de pedir cuentas al Gobierno por sus costes y resultados. Y aunque se diga que las encuestas apoyan el diálogo y la paz- también Ibarretxe hablaba de lo mismo con su plan soberanista y ETA no hace otra cosa en sus comunicados- conviene no olvidar que el Pacto por las Libertades ha sido el más eficaz instrumento para que esos objetivos se hicieran realidad. De ahora en adelante, los conceptos han cambiado lo suficiente para que sean Izquierda Unida, PNV y Esquerra Republicana de Catalunya los que respalden la propuesta de paz y diálogo del PSOE, pero el hecho de que la moción socialista sea apoyada por más formaciones políticas no significa que cuente con mayor consenso social que el Pacto por las Libertades rubricado por socialistas y populares.

Mientras tanto, ETA sigue aprovechando todas las oportunidades y rentabilizando de manera siniestra cualquier baza que alimente la división de los demócratas, la confusión moral de la sociedad y la postergación que empiezan a sentir las víctimas. Las cuatro bombas de ayer sólo responden a la ETA de siempre, mafiosa y criminal. Sólo que ahora está más envalentonada y más segura de que el Estado le ha otorgado un papel protagonista.

El club de fans
Antonio Pérez Henares La Razón 16 Mayo 2005

A Rajoy le perdió una frase y a Zapatero, el club de fans. El líder de la oposición levantó el telón de un nuevo tiempo político que se avecina para España y que se pretendía mantener en penumbra. Lo sucedido en el Congreso ha sido final y principio. Final de un tiempo abierto en el 78 con el consenso y la Constitución. Principio de un camino al que no sabemos dónde vamos, pero que aunque no queramos ir, hacia allí nos están llevando. Una determinada clase política que sufrimos, que tiene el poder como única meta y que medra más que en ningún sitio en esos reinos de taifas con ansias imperiales (ERC ya pretende cuatro estados) nos ha puesto, aunque la sociedad y el pueblo ni lo quieran ni lo exijan, en una senda en la cual tan sólo los separatistas tienen una meta clara mientras que al resto, anonadado, quieren convencernos de que tenemos que abandonar el seguro puerto de nuestra Constitución, libre, solidaria y generosa, y que adentrarnos en un mar con galernas o en un desierto sin agua es inevitable. Rajoy quiso y supo cantarlo, aunque soltara un gallo. Por él se pudo escabullir ZP, pero el alborozado palmeo de su club de fans, de ERC a BNG pasando por EA, PNV y el neonacionalista Labordeta, hizo que al final del debate volviéramos a preguntarnos: ¿y usted, qué tiene pensado hacer de España, presidente?

Traicionar a los muertos
Por Juan Manuel DE PRADA ABC  16 Mayo 2005

INCLUSO para quienes compartieron el fondo de su discurso, la acusación lanzada por Mariano Rajoy al presidente del Gobierno ha resultado en exceso tremebunda o hiperbólica. Para sus detractores, naturalmente, constituye una prueba irrefutable de la deriva radical adoptada por la facción opositora. Creo que en ambas consideraciones subyace un fondo de hipocresía. Si Rajoy hubiese culpado al presidente del Gobierno de «traicionar a los vivos» nadie se hubiera rasgado las vestiduras; no hay debate parlamentario en el que desde una u otra facción no se arroje sobre el adversario una acusación de este jaez: así, por ejemplo, cuando Zapatero conminó a Rajoy, con retórica tan pedestre como efectista, a «mirar a los ojos» a los homosexuales y negarles su «derecho» a contraer matrimonio, estaba profiriendo, siquiera de forma tácita, una acusación mucho más tremebunda o hiperbólica. No entiendo por qué razón los vivos pueden ser invocados sin empacho para colgarle al adversario sambenitos oprobiosos y, en cambio, a los muertos hay que mantenerlos quietecitos, disfrutando de la paz de los sepulcros. Puedo llegar a entender que la muerte, como realidad luctuosa que es, exija una mención especialmente reverencial que los vivos no demandamos. Pero en la acusación de Rajoy no atisbamos indelicadeza alguna hacia los muertos, a quienes en todo caso otorgó voz en un debate que corría el riesgo de ignorar su existencia.

Y así llegamos al meollo de la cuestión. La acusación de Rajoy escandaliza y enoja porque se atreve a otorgar voz a los muertos, tan molestos e inconvenientes en la quimera pacificadora de Zapatero. Nuestra época ha consagrado un tipo de acción política que convierte a los muertos en una especie de paisaje ornamental propicio para las efusiones retóricas, los homenajes florales y los monumentos new age; pero, fuera de estos aspavientos más o menos rumbosos, se acepta que su memoria no maniate a los gobernantes ni lastime su conciencia. La acusación de Rajoy, al exigir que esa memoria recupere su protagonismo, ha resultado insoportablemente obscena. No en vano la facción gobernante se ha preocupado de estigmatizar a las víctimas del terrorismo etarra y a sus familiares, caricaturizándolos como una recua de fascistillas manipulados por la facción opositora. Ahora descubrimos que el propósito de una caracterización tan gruesa no era otro que apartarlos del inminente «proceso de diálogo», como quien se libera de unos michelines que restan donaire a su figura.

No me atreveré a negar que dicho proceso, en su impulso inicial, nazca de esa «infinita ansia de paz» que nuestro presidente mencionó como una de las aspiraciones máximas de su mandato. Pero tampoco logro sustraerme a la sospecha de que en tan loable anhelo interfiera otro mucho más sórdido de consumar el arrinconamiento de la facción opositora, que durante el primer año de mandato socialista se ha logrado a través de una exasperación de los ánimos que hunde sus raíces en el 11-M. Ahora el órdago es mucho más arriesgado: se trata de declarar obsoleto un Pacto Antiterrorista que ha rendido frutos benéficos a la sociedad española, inimaginables hace apenas unos años, para obtener una paz que condenaría a la facción opositora a las tinieblas exteriores. La combinación de la facción gobernante no puede ser más maquiavélica: se aprovecha de una situación generada por la vigencia de dicho Pacto para coronar un proceso largamente ansiado por los españoles, a la vez que relega al ostracismo a quienes han sido sus máximos promotores. A Rajoy no debe escapársele que, si dicha combinación se completa, la travesía por el desierto será larga y agotadora; de ahí que, al anteponer la memoria de los muertos -los principales damnificados de esta combinación- sobre los intereses coyunturales, haya agrandado su estatura política.

Dos procesos sincronizados
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 16 Mayo 2005

Dicen que es injusto negarle a Zapatero lo que tuvieron Suárez, González y Aznar, que Rajoy quiere impedir al presidente “explorar” el fin del terrorismo mediante el diálogo. El curioso verbo se ha impuesto con fuerza. Otros recuerdan las cruciales diferencias entre Aznar explorador y el actual portador del salacot, sus nada comparables incursiones en la jungla: el uno –según él mismo afirma- sólo auscultando la disposición de la ETA a rendirse, durante una tregua, sin dejar de aplicar la ley, sin soliviantar a las víctimas, con transparencia y sin concesiones; el otro entre bombas, contra leyes y pactos, indignando a las víctimas, haciendo regalos por adelantado y sólo transparente a la hora de mostrarle su juego al enemigo.

Sorprende que no se repare en la principal diferencia entre la iniciativa de Zapatero y las anteriores: la sincronización de dos procesos, el del diálogo con ETA y el del cambio de modelo de Estado. Porque Zapatero no sólo se ha vestido de explorador para dialogar con el terrorismo, sino también para acelerar la historia de España cambiando su estructura e identidad. Con el mismo traje, en el mismo safari y por el mismo precio.

Esta simultaneidad desacredita el supuesto límite de no pagar un precio político por la paz. No sólo hay un precio, no sólo ha empezado ya a pagarse, sino que el precio es tan alto y desproporcionado, tiene en realidad tan poco que ver con la ETA y son tantos los que lo exigen con calculadas dosis de invocaciones a conflictos, agravios y paces, que forzosamente hay que concluir que el terrorismo ha devenido excusa e instrumento de cuantos lo condenan formalmente mientras aprovechan su existencia para precipitar sus propios objetivos.

La coincidencia del diálogo con la ETA y la reforma del modelo de Estado es explosiva y es un error imperdonable. Si el PSOE pretende sinceramente abordar ambos procesos, tiene la obligación legal y moral de separarlos. Que empiecen por el que prefieran. Que no se planteen reformas estatutarias, ni nuevos modelos de financiación, ni impulsos descentralizadores hasta que ningún político necesite escolta. O a la inversa, que abandone la ETA toda esperanza y, sin interlocución alguna con los terroristas, sus valedores o sus intérpretes, que se discuta, desarrolle y cierre la reforma constitucional, estatutaria, financiera, conceptual o identitaria. Luego ya se verá. Hacer coincidir en el tiempo ambos proyectos y, lo que es peor, unirlos en el mismo espeso discurso, refuerza la retórica del conflicto histórico con el que ETA ha justificado sus crímenes y el nacionalismo los ha contextualizado.

Si el gobierno continúa combinando lo que debe ir separado, se podrá interpretar que paga un precio, que el precio es enorme, que no compra la paz sino el poder y que arruina la dignidad del país. Y que quien más va a cobrar no es la ETA sino el hatajo de traidores que siempre ha rentabilizado su existencia y que piensa dar el palo definitivo con su desaparición.

ZP se echa en brazos de ETA
España, escaparate mundial de la claudicación ante el terror
Isabel Durán Libertad Digital 16 Mayo 2005

A los terroristas se les vence, no se negocia con ellos. Este es un principio tan básico como vital para acabar con el terrorismo. España, sin embargo, en las cuarenta y ocho horas próximas va a convertirse en el escaparate mundial de la claudicación ante los terroristas. Éramos el país modélico en Europa y en el resto del mundo que tras cuarenta y seis años de sufrimiento y casi mil muertos había torcido irrevocablemente el brazo al terror. La semana entrante la situación dará un giro copernicano. Se escenificará el entierro de la victoria de los demócratas contra el terrorismo por culpa de un presidente irresponsable, ignorante, manipulador y populista que se ha echado en brazos de ETA y de sus aliados, ensoberbecido por su propia vanidad.

Primero, en Vitoria, se formalizará la Mesa del Parlamento Vasco. Tras las elecciones autonómicas en las que por primera vez ETA quedaba fuera de las instituciones, los representantes de los terroristas blanqueados por Rodríguez Zapatero, se sentarán en la sede de la soberanía del pueblo vasco por excelencia. El partido de los pistoleros ejercerá de nuevo el derecho a voto para elegir al presidente de la Cámara, para escarnio y humillación de sus víctimas. La conculcación del Estado de Derecho, con la Ley de Partidos vigente, y el consecuente éxito de los terroristas políticos es debido en exclusiva a ZP y a sus pactos ocultos con los nacionalistas de Perpiñán.

Al día siguiente, la alianza anti-popular dará el paso definitivo de regreso al pasado en los avances democráticos de la lucha contra ETA. Por primera vez será el Gobierno, y no los terroristas, el que propone un proceso de diálogo, sin mediar tregua por medio y con cuatro bombas encima de la mesa. Y es que el nuevo escenario vasco del que habla Zetapé es falso de la A a la Z: desde que los nacionalterroristas aprobaron su Plan el pasado 30 de diciembre, la ETA ha puesto diez bombas, una de ellas en un coche con 30 kilos de explosivos y 42 heridos.

El presidente del Ejecutivo que ha roto unilateralmente el pacto que mayores frutos ha dado en la lucha contra el terror, ha convertido a España en el triste ejemplo de la rendición, la claudicación y la victoria por anticipado ante los terroristas. Esta semana su Gobierno, débil e inestable, se echa definitivamente en manos de minoritarios radicales independentistas y por ende, de los terroristas, en una vuelta atrás sin retorno.

LA VENCIDA
GERMÁN YANKE ABC 16 Mayo 2005

Que el Gobierno quiere hablar con ETA era ya algo evidente. Se nos ha repetido tanto que esta es la tercera -hasta en la Tercera- y que a lo mejor es la vencida... La novedad, hoy, es que el PSOE utilice, para ello, el Pacto de Ajuriaenea, al mismo tiempo y de la misma manera que lo hace el PNV en una coincidencia más que significativa cuando se discute con quién y sobre qué se pacta para acabar con el terrorismo.

¡Ajuriaenea! Volvemos al pasado, al momento en que, hace 17 años y a diferencia del Pacto contra el Terrorismo, se consideraba que estábamos, en la lucha contra ETA, en una situación de «empate infinito» en la que era necesario contar con el PNV, darle primacía y liderazgo, y aceptarle a regañadientes ese décimo punto del acuerdo -«final dialogado»- que ahora se incluye en la moción socialista. Por eso no será nunca lehendakari Patxi López, por eso la coincidencia con el PNV, por eso las reformas en el «modelo de Estado», por eso las «exploraciones»...

El acuerdo de Ajuriaenea fracasó, además, por motivos que siguen hoy presentes y acrecentados y que hicieron necesario, para el PSOE primero, una nueva política antiterrorista pactada por los dos principales partidos españoles.

Fracasó porque el Ardanza que, tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, señalaba como también culpable a Batasuna mudó en un lehendakari que solicitaba el diálogo con ella, porque el PNV, con Lizarra como ahora con el Plan Ibarretxe, buscaba una formulación de la política con la que pudiera estar de acuerdo ETA para que, así, considerase que la violencia no era necesaria para conseguir sus fines.

En el debate del Estado de la Nación, la diputada de EA le menta a Rodríguez Zapatero el acuerdo de Lizarra como un intento de lograr la paz y el presidente, que debería saber que esa estrategia contenía la exclusión o la rendición de los no nacionalistas, le responde que no quiere polemizar.

Peces-Barba hablaba el viernes de buscar la «rendición» de ETA, pero lo que se persigue, a velocidad sorprendente, es la tregua, que no es lo mismo. Exploraciones, el «club» de Perpiñán al que se refería Esquerra Republicana en el Congreso, el viaje en el tiempo de la mano del punto 10 de Ajuriaenea.

Con el Pacto Antiterrorista pudo vislumbrarse que es posible acabar con ETA, pero al parecer no tan rápido como una tregua, condición imprescindible para que se trague en el plazo que se desea una reforma constitucional y de los Estatutos con el aval de Esquerra, del PNV y de sus acólitos. ¿También de ETA? «La vencida», quizá, pero ¿quién ganará de vedad?

El debate
El PP, el PSOE y la Nación
Agapito Maestre Libertad Digital 16 Mayo 2005

Después del debate de la nación, tanto los hombres como los escenarios políticos han quedado dibujados, quizá por desgracia, con trazos nítidos. Los hombres, en verdad, han quedado bien retratados. Rajoy ha salido reforzado como un hombre de Estado. Firme en sus convicciones. Responsable. Un demócrata para liderar una nación. Rodríguez ha salido como un presidente de Gobierno por casualidad. Un demócrata de boquilla para una sociedad de usar y tirar. Rodríguez ha quedado tan tocado que es aplaudido por quienes quieren acabar con el Gobierno de España. Porque es un caso insólito, pero sobre todo trágico, en la historia reciente de España, es necesario parar a este hombre que nos lleva a la catástrofe. Los terroristas más crueles lo aplauden. Los secesionistas más deleznables lo animan a romper con España. Por lo tanto, quien confunda solución con problema será juzgado por ignorante.

Los escenarios están tan polarizados que, a veces, recuerdan épocas trágicas. O vamos a unas elecciones anticipadas para terminar con tanta inmundicia secesionista o vamos a un enfrentamiento sin solución si Rodríguez persiste en entregar España a los secesionistas. Los escenarios políticos posibles son, en cualquier caso, dramáticos, porque Rodríguez ha perdido definitivamente el crédito que pudiera haber tenido, en algún momento de esta legislatura, para solucionar el problema del secesionismo vasco y catalán. Hoy, y esto es lo más grave, él ya no es solución de nada. Rodríguez es el problema. El presidente del Gobierno de España lidera la desvertebración de la nación.

Dos escenarios aparecen enfrentados sin mediaciones posibles. El PP quiere derrotar a ETA. El PSOE quiere entregarse a ETA. Mientras que el PSOE pide un aval al Congreso de los Diputados para seguir negociando con ETA, el PP exige iniciar un proceso que lleve a la ilegalización del Partido Comunista de las Tierras Vascas. Mientras que el PSOE es aplaudido por todos los secesionistas y, sobre todo, por los terroristas de ETA, algo, insisto, tan extraño como trágico en la historia de la democracia española, el PP reitera, a través de su líder político, que nadie, y menos el gobierno de la Nación, debe traicionar a los muertos, a quienes han entregado su vida por España. Las víctimas del terrorismo siguen siendo el horizonte clave para el PP de la democracia española.

El debate de la nación ha vuelto a poner en evidencia que Rodríguez ganó las elecciones por casualidad. Negó los grandes problemas de la nación española. Jugó a engañar a todos con una palabrería vacía. La mitad de la población está estupefacta, mientras que la otra mitad, la que lo vota y aplaude, está sorprendida. Rodríguez Zapatero quiere dar un autogolpe de Estado. ¿Quién lo puede parar? Algunos, los más optimistas, creen que ya ha surgido una oposición sensata dentro de su partido. Lo dudo. Cuando esos prudentes varones quieran actuar, será demasiado tarde. Además, el partido para esta gente está por encima de la nación... Y, por supuesto, nadie piense que políticos como Bono, el policía Bueno de este Gobierno, es solución de nada por cuatro declaraciones retóricas y pro domo sua. Si Bono, de verdad, quisiera parar a Rodríguez, ya habría dimitido. Las declaraciones de ayer en El Mundo son peor que patéticas. Son chabacanas y de mal gusto. Parecen la coartada para un presidente de Gobierno que nos ha llevado a un callejón sin salida. Un ministro de un Gobierno, que negocia con ETA de espaldas a las víctimas y a la oposición, es un impostor al declarar que el “PSOE y el PP tienen la obligación política de entenderse.” Una mamarrachada, un golpe de efecto, para estimular el autogolpe político que ZP están dando a España.

Dos horas, 35 minutos
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo  16 Mayo 2005

Siete meses perdió el Ministerio del Interior de Juan Alberto Belloch, a caballo entre 1995 y 1996, en el proceso de contactos con ETA que peor haya sido gestionado nunca. Bajo la batuta de Margarita Robles y Adolfo Pérez Esquivel, el último Gobierno de Felipe González trató de establecer nuevas conversaciones con la banda terrorista. El Ejecutivo condicionó el diálogo a que fuera puesto en libertad el empresario José María Aldaya, entonces en poder de la banda, y ETA respondió secuestrando al funcionario Ortega Lara. Dos secuestros en lugar de uno y en Interior como si nada. Se enviaron mensajeros a Santo Domingo y, a cada viaje, respondieron los terroristas con un coche bomba o un par de tiros. Cuantos más asesinatos había, más seguros estaban en Interior de la voluntad negociadora de ETA.

Si mala fue la gestión de los contactos de 1995, la de los anteriores, los de 1993, no fue más brillante. Emisarios oficiales del Gobierno español, del francés, del PSOE y particulares bienintencionados rivalizaron en ejemplar descoordinación por enviarle mensajes de paz a una ETA todavía sumida en la depresión posterior a Bidart. Tanto recado y tan contradictorio sirvió para que los terroristas levantaran el ánimo y respondieran, como siempre, con coches bomba, para pedir un poco de orden en la cola de mensajeros.

El breve ministro Antoni Asunción, al final, tuvo que cortar aquel galimatías negociador, pero en el camino se quedó la eficacia policial: las detenciones de presuntos etarras descendieron aquel año un 51,7% en España y un 38% en Francia. Fue un respiro para una banda con el agua al cuello.

Visto con la perspectiva de los años, no es exagerado afirmar que ningún intento de diálogo posterior a Argel estuvo justificado. No sólo no dieron resultados, sino que, en general, fueron pésimamente gestionados por los gobiernos de turno. Lo más grave es que, además, en el momento en que se estaban produciendo había elementos suficientes para saber que aquellas políticas eran equivocadas.

Algo parecido es lo que está pasando ahora. José Luis Rodríguez Zapatero tenía esta idea bastante clara en la campaña electoral del 14-M cuando, en un mitin celebrado en Bilbao, afirmó que «terminaremos con ETA sin contrapartidas porque la libertad no se negocia». Pues eso.

Rajoy: fuerza y dignidad
Por Jorge TRIAS SAGNIER ABC  16 Mayo 2005

EL debate sobre el estado de la Nación no ha defraudado. Los mil muertos que el nacionalismo expone permanentemente como base negociadora para que no se dupliquen; el chantaje continuado de los grupúsculos minoritarios, nacionalistas y comunistas por supuesto, ofreciendo colaboración a cambio de territorios étnicos o de demandas desbocadas; y la debilidad de los dos grandes partidos constitucionales, PP y PSOE, cada uno tributario de su propia carcoma, ha desembocado en un debate, al cabo de veintisiete años de la aprobación de la Constitución, no sobre el estado de la Nación, sino sobre el Estado y la Nación, como escribía, con su proverbial acierto, César Alonso de los Ríos el viernes pasado.

Ante este panorama desolador, Mariano Rajoy hubiese podido tomar el camino del político de pensamiento débil, dispuesto a hacer todo tipo de cesiones y de desistimientos con el fin de contentar al adversario. Desistir, por ejemplo, del concepto constitucional de Nación, base de la libertad; desistir, también, de la defensa de la unidad de la lengua garantía de la igualdad de los ciudadanos en los tres órdenes constitucionales: administrativo, legislativo y judicial; desistir, por qué no, de la persecución implacable de quienes han hecho del crimen un arma política y, en el mejor de los casos, dar unas cuantas palmaditas en las espaldas -esas frágiles espaldas, Dios mío- de las víctimas; desistir, en suma, de la dignidad, a cambio de un hipotético rédito político. Hay, en fin, quien de forma indigna ha escrito, para justificar una hipotética «negociación», que «ni siquiera por omisión se debe traicionar la esperanza de los vivos». (Esos «vivos» o vivales a quienes no les importa bailar una danza macabra sobre los cadáveres de quienes dieron su vida por la libertad). Rajoy, por fortuna, tomó la dirección contraria.

Estoy convencido de que Mariano Rajoy tuvo que forzarse a sí mismo para hacer un discurso tan duro, y tan eficaz, como el que pronunció la otra tarde. Desgraciadamente no es éste un tiempo para florituras, sino la hora de las grandes verdades. El Gobierno ya se ha desenmascarado y quiere negociar con ETA. Y quiere hacerlo salpicando a toda la Cámara, no como lo hizo González en Argel o Aznar en Zúrich, con contactos informales y bajo la responsabilidad única de su respectiva autoridad, sino con el respaldo de la Cámara. Ya nos advertía ayer el editorial de «El País» de que habría que pagar contrapartidas. Pues no. Creo que en esta ocasión Peces-Barba ha dado en la diana al afirmar que la rendición de ETA es previa a cualquier otra decisión. Y en ese sentido, el discurso de Rajoy y su negativa a asumir esa iniciativa suicida colocarán al Gobierno, y a quienes quieran seguirle, ante su propio espejo. Si Zapatero consigue la paz, sin trocear España en naciones artificiales, sin soltar a los presos y respetando la dignidad de las víctimas, tendrá el reconocimiento general de sus conciudadanos y el más alto juicio histórico. Mientras tanto, dejemos que un criminal como Otegui aplauda al Gobierno, y que Rajoy siga manteniendo, junto a su partido, la fuerza de la dignidad.

Bombas encima de la mesa
Por Luis Ignacio PARADA ABC  16 Mayo 2005

LO fácil sería pensar que las cuatro bombas que, sin aviso previo, puso ayer ETA contra intereses empresariales en distintas localidades de Guipúzcoa son un apoyo a Otegui. Y así se encargará de hacérnoslo ver el comisario político de la extinta Batasuna en el PCTV. Pretenderá que sigamos pensando que él es el hombre elegido por el destino para lograr un hipotético «Acuerdo del Viernes Santo» al modo irlandés. Dirá que eso confirma su teoría de que, con el posible proceso de diálogo si ETA abandona las armas, el Gobierno debe poner fin a las operaciones policiales, a las detenciones de etarras y a los juicios a miembros de la banda en la Audiencia Nacional. Y pretenderá que Batasuna sea relegalizada con él como líder triunfador. Pero las bombas de ayer no son un apoyo a su autoproclamado liderazgo, sino más bien un desmarque de quienes tienen los arsenales.

No es verdad que la propuesta que el PSOE quiere que sea aprobada mañana para lograr el aval del Congreso a un eventual proceso de diálogo con el terrorismo etarra se ajuste al Pacto Antiterrorista. En realidad responde a una sugerencia del editorial del diario «Gara», que había escrito que si realmente Zapatero quiere afrontar la solución del conflicto debe contar con un respaldo parlamentario que supere la oposición del PP. Aunque la propuesta socialista se pretenda ajustar al Acuerdo de Ajuria Enea y al Pacto de Madrid, que permitieron al PP sondear la posibilidad de un diálogo con ETA, las circunstancias son muy diferentes: entonces no había un partido ilegalizado por medio, no había seis parlamentarios ectoplásmicos en Vitoria, no estaba tan cercana una tregua, ni ETA estaba tan desarbolada. Así que la pólvora ha desmantelado la estrategia de Zapatero y Otegui. Porque ahora sería una vergüenza que, con las bombas encima de la mesa, los diputados del PSOE, ERC, PNV, IU, Grupo Mixto, CiU y Coalición Canaria dieran un respaldo al Gobierno para hablar con ETA.

¿Acuerdo o Negociación?
Nicolás Redondo Terreros ABC  16 Mayo 2005

EN España siempre ha habido dos posturas anti-ETA: unos creen inevitable un acuerdo para que la banda deje de matar y otros simplemente quieren derrotarla. Los primeros piensan que existe un conflicto político en el País Vasco capaz de explicar las acciones de la banda terrorista, aunque no las compartan; los segundos consideran que no hay justificación posible para sus acciones. Los primeros no han creído nunca en la capacidad del Estado de Derecho para acabar con los terroristas, los otros piensan que sólo la aplicación de la Ley puede conseguir el final de la pesadilla. Una parte de los primeros, todos los nacionalistas, esperan sacar provecho político de una posible tregua; los otros, todos los otros, consideran que pensar en una solución política fortalece a los terroristas y los radicaliza. Unos, los primeros, creen suficiente una tregua indefinida —valga la contradicción de los términos—, el resto, sólo se conforma con la derrota de los terroristas.

La estrategia de los primeros se impuso desde los primeros años de la transición hasta el primer gobierno de José María Aznar. El recorrido tan largo de esta apuesta se debió a que el nacionalismo nos había ganado la batalla política y ejercía su capacidad de liderazgo, de iniciativa y hasta de veto en la lucha contra ETA, con la seguridad añadida de que el Estado de Derecho sería incapaz de ganar a la banda terrorista, por lo que era necesario aprovechar los momentos de su mayor debilidad para negociar; complementariamente se creyó en la imbatibilidad de la organización terrorista. No excluyo ¡cómo lo iba a hacer! las buenas intenciones, preñadas de impulsos morales, de muchos políticos españoles, pero el poder que dimos a los nacionalistas y la poca confianza en nuestras propias fuerzas explicaría por sí sola la gran perdurabilidad de una apuesta que se comprobaba errónea año tras año y asesinato tras asesinato.

Desde el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, se inició en España, y muy especialmente en el País Vasco, un movimiento que proponía la derrota de ETA, defendiendo que sólo la victoria por aplicación de la Ley podía garantizar a medio plazo una convivencia no sólo pacífica sino en libertad. Fue en aquel momento cuando empezamos a tener confianza en nosotros mismos y en el Estado de Derecho de nuestro país, a la vez que inevitablemente el nacionalismo iba perdiendo su posición de privilegio, su capacidad de iniciativa en ese aspecto. Estos tres factores condujeron al PNV a una negociación «in extremis» para evitar la derrota de ETA, de la que nació la Declaración de Estella. Nosotros, por el contrario, fuimos directamente hacia el Pacto por la Libertad.

El Acuerdo propuesto por José Luis Rodríguez Zapatero a instancias de los socialistas vascos tenía carácter nacional: se realizaba entre quien gobernaba en aquel momento y quien podía llegar a gobernar, el PSOE dirigido ya por el actual presidente del Gobierno; estaba dirigido a derrotar a ETA y aseguraba una continuidad en la apuesta estratégica contra la banda etarra gobernara quien gobernara.

Los nacionalistas, los que siéndolo no lo saben y los nostálgicos de la transición se opusieron a este Acuerdo porque ponía punto final a la posición privilegiada del PNV en su capacidad de iniciativa y veto en la lucha contra el terrorismo, porque rechazaba una solución basada en la negociación con la banda etarra y porque el Acuerdo, al ser considerado por su naturaleza y ámbito como nacional, redefinía a la baja, la influencia de los nacionalistas en la política española.

La nueva apuesta, basada en el ejercicio de nuestra responsabilidad y en la confianza en la legitimidad para utilizar con toda la contundencia posible el Estado de Derecho contra la banda terrorista, ha llevado a ETA, y parece que esto es reconocido por todo el mundo, a su peor momento. Esta situación, dramática para ETA pero feliz para nosotros, debe ser aprovechada para apuntillarles. No podemos, cuando por fin estamos a punto de ganar, dejar de pisar el acelerador y cambiar la apuesta de hace cuatro años. Quienes han vuelto a proponer la negociación, el acuerdo con la banda terrorista, parece que están ganando de una manera alarmante terreno en la política española. Se esconden ante conceptos indiscutibles a su juicio como el de la «unidad de los demócratas». ¿Unidad?, depende para qué. La unidad debe darse entre los que piensan igual, entre los que hacen la misma apuesta, es decir, entre los que creen en la derrota de los terroristas o entre los que aplauden una negociación. Porque la unidad de todos, la de los unos y la de los otros, nos llevaría a la parálisis, a la ineficacia en la lucha contra ETA y al renacimiento de sus posibilidades criminales.

El distanciamiento en los diagnósticos y las soluciones entre el PSOE y el PP fortalece a las fuerzas políticas partidarias de la negociación (PNV, ERC e IU), y presta a la banda terrorista una capacidad de influencia en la política española como pocas veces ha tenido, paradójicamente, en sus momentos de mayor debilidad. Son reveladoras en este sentido las declaraciones del siempre bienintencionado Ramón Jáuregui cuando dice que no cree «que cualquier atentado rompa la esperanza»; y como no serán suficientes las llamadas del diputado vasco a restar importancia a las futuras y posibles acciones de ETA, nos queda acogernos a la proverbial «buena suerte» del primer ministro o, para los creyentes, rezar porque no ocurra nada que ponga todo patas arriba.

Yo por mi parte, me acojo a las dos, a la suerte de uno y a las plegarias de los otros.

¿Un final dialogado de la violencia?
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital 16 Mayo 2005

Este pasado fin de semana cuatro localidades guipuzcoanas —Beasain, Bergara, Elgoibar y Soraluce— han vuelto a respirar el olor de la cloratita con la que ETA, implacable en la recaudación del “impuesto revolucionario” —léase, desde la libertad, “extorsión criminal”—, ejerce la vía de apremio frente a quienes considera morosos. Desde mayo del 2003 llegan a veinte, algunas con notables efectos demoledores, los artefactos explosionados por la banda terrorista en otras tantas empresas del catálogo vasco empresarial.

Estaríamos en la costumbre, en la negra inercia del terrorismo, de no ser porque el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, acaba de presentar una moción a los demás grupos parlamentarios para intentar “un final dialogado de la violencia”. Una moción que, por cierto, ha sido aceptada, en más o en menos, por la totalidad de la Cámara con la única, significativa y trascendente excepción del PP.

Es posible un final dialogado de la violencia? Por lo que sabemos, ETA, en tanto en cuanto se manifiesta, continúa exigiendo condiciones políticas para el abandono de las armas. Es radical, por ejemplo, en la exigencia de la autodeterminación, que debe ser reconocida de un modo expreso e inequívoco, y lo es también en su diseño territorial, que incluye Navarra y el País Vasco francés. ¿Cómo se negocia sobre esos supuestos?

Aunque Mariano Rajoy haya expresado la posición de su partido con un excesivo dramatismo, no le falta razón cuando dice que la aprobación, prevista para mañana, de la moción del PSOE supone “la rendición del Parlamento” a la banda. En el diálogo, en principio siempre deseable, hay interlocutores que resultan inadmisibles y términos que suponen rendiciones previas a cualquier conclusión.

ETA pretende una doble negociación. Una negociación a dos mesas. Una con los partidos del mosaico vasco y otra con los representantes del Estado español. Eso, por talante que se le quiera echar al asunto, es implanteable desde la dignidad del Estado.

Por mucho que Arnaldo Otegi trate de equiparar la situación en el País Vasco a la irlandesa y busque algo parecido al acuerdo de Stormont, eso no puede ser admitido, ni como hipótesis de trabajo, por nadie que mantenga el más mínimo sentido del Estado en España. No hay dos grupos enfrentados en el País Vasco, como en Irlanda; sino que una minoría de mensurable presencia parlamentaria y conducta violenta trata de romper una unidad nacional que, mejor o peor, define la Constitución vigente.

Se entiende el ansia de Zapatero por llegar a un final en una negociación con ETA. Ésa sería su gloria política y la consagración de su predicado talante; pero el realismo, en política, es más conveniente que los buenos propósitos. La banda terrorista, con ochocientos presos en las cárceles, acosada con eficacia por las policías española y francesa y corta de financiación, como acreditan sus espasmos recaudatorios, no está en condiciones de exigir nada.

Ahora los hechos, más que las proclamas, han roto el Pacto Antiterrorista que mantenía unidos al PP y al PSOE frente a ese enemigo común. Un pacto que ha dado muy buenos resultados. ¿Vale la pena el nuevo rumbo que Zapatero —contra Rajoy, no lo olvidemos— quiere darle a la política antiterrorista? Ojalá funcione; pero, además de quebrar muchos supuestos éticos, resulta tremendamente temerario.

Presión terrorista
Editorial El Correo 16 Mayo 2005

Los periódicos ataques a empresas con los que ETA trata de mantener una presión constante para extorsionar a empresarios y profesionales vascos constituyen, por sí mismos, actos execrables que atentan contra la seguridad de las personas, destruyen bienes económicos y su potencial productivo y ponen en serio riesgo el futuro de las empresas afectadas. Como ocurre con cada atentado de ETA, cada bomba contra una determinada firma trata de irradiar la coacción al conjunto del tejido empresarial y, en especial, a aquellos emprendedores que hayan recibido el chantaje amenazador de la recaudación terrorista. Pero la naturalidad con la que ETA intenta perpetuarse como trama mafiosa, dispuesta a someter a un número creciente de personas al pago de la tasa correspondiente a su protectora presencia no sólo representa una realidad de facto. Constituye toda una declaración de intenciones sobre lo que la banda terrorista vasca tiene el propósito de continuar siendo en el futuro: un poder fáctico que, con su mera existencia, es capaz de aplicar su cotidiana dictadura sobre miles de ciudadanos. Conviene señalar que es esto lo que acontece en Irlanda del Norte con el IRA, aunque sea en medio de una prolongada tregua.

Los artefactos colocados por ETA a horas vista de un pleno en el Congreso que se anuncia como escenificación de la definitiva ruptura entre el PSOE y el PP en materia antiterrorista apelan a la responsabilidad de las dos formaciones que están llamadas a gobernar España. Apelan a la extrema cautela con la que el presidente Rodríguez Zapatero, su Gobierno y su partido, deben conducirse, renunciando a especular sobre las bondades de un proceso de paz que, hoy por hoy, y en el mejor de los casos, no constituye más que un desiderátum tan bienintencionado como arriesgado. Y apelan a la corresponsabilidad del PP que, por lo delicado del asunto, está obligado a evitar la exageración a la hora de exponer legítimamente sus discrepancias respecto al proceder gubernamental.

Si tres días después de hacerse notar mediante ataques contra empresas ETA ve que las dos fuerzas -PSOE y PP- cuya coincidencia en torno al Pacto por las libertades y contra el terrorismo la ha empujado hasta el borde mismo de su definitiva derrota se enzarzan en una disputa partidista de cortas miras, en un debate que confunda a la ciudadanía entre los deseos y la realidad, está claro que no sólo se sentirá reconfortada sino que habrá recuperado una de las bases fundamentales sobre las que ha venido construyendo su poder fáctico: la división entre los demócratas. Si a la división entre nacionalistas y no nacionalistas se le acaba sumando el enfrentamiento entre socialistas y populares, el resultado puede brindar a ETA el oxígeno que precisa para continuar ensombreciendo el País Vasco y España. Es lo que viene a subrayar la necesidad de que la democracia, sus partidos e instituciones, deben perseguir un objetivo inequívoco si no quieren equivocarse gravemente: la desaparición de ETA.

Aviso a morosos, regreso de ETA
José Javaloyes Estrella Digital 16 Mayo 2005

El menú de ETA trae su guarnición. Esa ronda de morosos en el pago del impuesto revolucionario, orquestada con las bombas a empresarios guipuzcoanos (que se prepare la patronal vasca por sus pronunciamientos contra el Plan Ibarretxe), es guarnición y muestra de lo que espera ahora: después de que el Gobierno, moviéndose menos que por control remoto desde el Club de Perpiñán, haya levantado el toro del terrorismo autóctono. Tendido como estaba, luego de acularse en tablas, falto sólo de un puntillazo político de continuidad en la coherencia entre socialistas y populares.

Son también las de este domingo explosiones que relanzan la extorsión con los chupinazos celebratorios de la nueva situación creada. Desde la misma se ha emitido un mensaje de cuyos alcances da la medida el porte y la idoneidad del mensajero. Arnaldo Otegi, el pistolero etarra que estuvo a punto de pasaportar a mi amigo Cisneros a la lápida de los caídos, porque se resistió a que le secuestraran; el portavoz y mensajero de la banda, y también de los nacionalismos que esperan su gran tajada, pide la luna para los suyos y para todos los demás acompañantes. Exige para negociar la demolición, al contado o a plazos, de la Constitución de 1978, previa rendición de España y la emasculación del Estado. Y envuelve el contertulio de Ibarretxe la exigencia de que es portador con el celofán del insulto a la inteligencia de todos.

La propuesta etarra, dice, tiene el fin penúltimo de aislar a la “derecha neofascista española”. Es la quintaesencia, descarada, impúdica, del espíritu de Perpiñán. Al fondo del zorzico batasuno, que apremia a la reinstauración de sus impunidades, con la reubicación en la decencia política, se escuchaba el coro de las tiorras del PCTV.

Sin las condiciones creadas por el presidente Rodríguez, al ir en procesión parlamentaria a rendir las razones nacionales a la ETA ya tumbada, no habrían tenido Otegi y sus comisionantes la avilantez de exigir, para la negociación y de entrada, que sus víctimas y el Estado se pongan de rodillas. Ése es “el paso” para que se llegue a la paz. De tal modo, por la virtud cooperante del terrorismo islámico, el terrorismo etarra se constituye en vértice y motor de la inversión operada en la política española. De sitiado, el terrorismo se convierte en sitiador; y de aislado, en sujeto central del acoso.

Desde ese plano, el club de Perpiñán se constituye en minoría de control del bloque constitucional, democrático y unitario. El así establecido paradigma de poder no es simple alternativa al Gobierno que había el 11M, ni al marco de la política española de entonces, ni, tampoco, al horizonte constitucional como conjunto de referencias, ni al espíritu del régimen democrático establecido. Menos aun, a la percepción, consuetudinaria e histórica, de España y de su sociedad.

Es, simple y llanamente, la dictadura de las minorías nacionalistas, amasada con la precariedad parlamentaria del PSOE, resuelta en impotencia y con la libido nacionalmente deshormonada de esta Moncloa: aquiescente y obsequiosa en una sola dirección.

Dentro del desnortamiento global por el que discurre el proceso, sólo cunde nítidamente el eco de fondo del 11M. Esta extraña situación en que media España queda cercada por la otra media, al permutarse la situación del terrorismo, posiblemente sea una de las más inquietantes tesituras a las que pueda derivar la política española. Nunca como ahora tuvieron los nacionalismos tan a huevo las cosas para cumplir sus sueños de fractura y exclusión.

Urge un golpe de transversalidad para devolver la política a las mayorías nacionales. Hoy por hoy, la solución no está en manos del PP sino en las del PSOE, tan artificiosamente escindido por el terrorismo y el separatismo.

jose@javaloyes.net

«Bienvenido al club»
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 16 Mayo 2005

ESTE ESCALOFRIANTE saludo ha dirigido el representante del partido separatista catalán en el Parlamento a su socio, nuestro risueño jefe del consejo de ministros de Su Majestad.

¿A qué club se refiere el héroe del Carmelo, el ilustre compañero de ETA en Perpiñán? La de los que quieren destruir a España y el sistema constitucional español. Los patrocinadores de la insolidaridad y de la explotación del gran capital catalán sobre el resto del país. Y es que la frase resume toda una claudicación, una traición: la de los deberes del máximo representante del Ejecutivo hacia el pueblo español y el sistema constitucional que ha prometido defender al aceptar el cargo. Lo habían anticipado las ejemplares y admirables antígonas socialistas vascas, Mora o Pagaza: están traicionando a los muertos. Y cabe añadir: también a los vivos. Y a las leyes y a la dignidad de la España que llevan al matadero. Con tanta sonrisa beatífica, con tanto compadreo, se esconde el terrible precedente histórico de la anterior alianza contra natura entre el sector caballerista del PSOE y los golpistas catalanes: octubre del 34. La sublevación armada del poco honorable Luis Companys: más de un centenar de muertos en Cataluña antes de huir por las cloacas de Barcelona, cuando el Gobierno republicano obligó a los traidores a rendirse. Y los miles de muertos de Asturias, el intento de destruir el régimen democrático, en este caso la legalidad republicana, por parte del PSOE radical. Frente al golpismo catalán-socialista entonces estaba el Gobierno republicano que se mantuvo firme en defensa de la legalidad. También socialistas honrados como Besteiro. Pero ahora es ZP, el jefe del Gobierno de Su Majestad, el que ha sido «bienvenido al club». Y es que ZP y el tal Pachi están chapoteando sobre la sangre de las víctimas, las anteriores y las que vendrán. Para acabar con los delincuentes, en vez de perseguirlos, están aboliendo el Código Penal. ¿Dónde están ahora los Besteiro?

Otra falsa tregua de ETA
Cartas al Director ABC 16 Mayo 2005

Como todos recordaran, hace unos años se concedió a ETA una tregua por parte del Gobierno, porque este grupo terrorista quería dejar las armas y pasar a la negociación política, cuando en realidad se encontraba debilitada militar y económicamente y quería tiempo para reorganizarse y volver a los atentados, como así sucedió. Ahora, Rodríguez Zapatero está a punto de caer en la misma trampa. La organización terrorista se encuentra con sus jefes en la cárcel, sin dinero y sin organización interna para continuar con sus atentados, gracias a los esfuerzos policiales realizados durante años y con un elevado coste en vidas humanas. Todo esto, al parecer, no le importa al PSOE lo más mínimo. Aquí lo que interesa es pactar con Ibarreche, con los partidos nacionalistas o con quien sea, con tal de mantener el poder, y a eso no hay derecho. Se va a despreciar todo el trabajo realizado y a olvidar a las víctimas del terrorismo. Si ETA estuviera en su mejor momento no estaría planteando ninguna tregua, y sus negociaciones se oirían, explosivamente, por las calles.

Desearía sinceramente equivocarme, pero creo que ETA no va a parar hasta que no consiga la independencia de Euskadi y a lo peor ni aun así, porque estos grupos nunca tienen bastante y en cuanto puedan van a volver a atentar contra los españoles y, cuando esto ocurra, no quiero pensar en la posible reacción de la nación. Esa responsabilidad se la están buscando Zapatero y su Gobierno, que serán los responsables de lo que ocurra. Jesús Miquel. Algemesí (Valencia).

"NO PUEDE HABER NEGOCIACIÓN"
La víctimas coinciden: "ETA impone el diálogo de las bombas"
La Asociación de Víctimas del Terrorismo ha condenado las explosiones con la firma de ETA registradas en la madrugada de este domingo en cuatro empresas de Guipúzcoa. Para la AVT queda claro que estos atentados demuestran que "quienes creen que a través del diálogo resulta posible llegar a algún tipo de acuerdo con quienes asesinan, chantajean y extorsionan, se equivocan de plano". También el Foro de Ermua ha insistido en que "nada ha cambiado en ETA y pretender lo contrario es engañarse".
EFE Libertad Digital  16 Mayo 2005

A través de un comunicado, la asociación que preside Francisco José Alcaraz expresa su solidaridad con las personas que han resultado afectadas en estas explosiones y condena "de la forma más enérgica este nuevo y salvaje atentado que nos muestra, a pesar de los intentos de algunas formaciones por encubrir la perversión de la banda asesina, cual es el verdadero rostro de ETA y nos evidencia la nula voluntad de diálogo de los terroristas".

Para la AVT, "812 víctimas mortales y miles de heridos confirman esta afirmación". Lo mismo que los cuatro atentados de este domingo, que demuestran que ETA "tan sólo entiende de miedo y de terror". Sin embargo, el presidente del Gobierno "parece no entender los peligros que para el conjunto de la nación se derivan de cualquier tipo de negociación con los asesinos".

Otro motivo para decir "no" a la negociación con ETA
A su juicio, el giro del Ejecutivo en la política antiterrorista propicia que sean los terroristas "quienes marquen la agenda política" del país, "confiriéndoles una relevancia de la que hasta escasas fechas carecían merced a la unión de los demócratas en el marco del Pacto Antiterrorista y a la denodada labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado".

Por estos motivos, la AVT solicita al Gobierno que reflexione acerca de estos hechos, ya que "como ha demostrado la historia, negociar con los asesinos es humillar la memoria de las víctimas y tan sólo sirve para debilitar al Estado ante sus mayores enemigos, y para lamentar en el futuro nuevas muertes".

El efecto de la oferta de diálogo
Las cuatro bombas que estallaron este domingo ponen de manifiesto "cómo entiende ETA las ofertas de diálogo y el efecto que producen", subraya el Foro Ermua en un comunicado en el que critica el "cambio radical en la política antiterrorista" propiciado por el Gobierno de Zapatero y reclama el cumplimiento "estricto" del Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo.

Para el Foro Ermua, el diálogo en una sociedad democrática "debe producirse entre los representantes legítimos de los ciudadanos", en el marco de la Constitución y el Estatuto y "sin la presión de la violencia". Además, "la paz, la convivencia libre y el respeto a los derechos humanos son valores no negociables".

Ni tregua ni cambio
En referencia a esa tregua táctica que aprecian el Gobierno y el PSOE pese a que ETA no ha dejado de cometer atentados, el texto señala que, "a pesar de lo que, de manera interesada, se reitera por el PSOE, IU y los partidos nacionalistas, nada ha cambiado en Euskadi, excepto que Batasuna, a través del PCTV-EHAK, ha conseguido presentarse a las elecciones autonómicas y que Otegi y otros dirigentes, desobedeciendo palmariamente al Tribunal Supremo que prohíbe toda actividad de Batasuna, actúan ahora sistemática y abiertamente en nombre de ésta, ante la pasividad de la Delegación del Gobierno y de la Fiscalía General del Estado".

El colectivo recuerda que "hace unos meses ETA se consumía, poco a poco, gracias a la firmeza antiterrorista de todo el Estado de Derecho" y que "la libertad y la democracia avanzaban a la par que retrocedía ETA". Sin embargo, el "cambio radical en la política antiterrorista" del Gobierno "pone en grave riesgo todo lo construido, con tanto trabajo y sufrimiento por parte de todos, hasta ahora".

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