AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 18 Mayo 2005
ETA y el «final dialogado»
Editorial ABC 18 Mayo 2005

ZP ya no puede mirar a las víctimas
Ignacio Villa Libertad Digital 18 Mayo 2005

Capitulación escrita
Agapito Maestre Libertad Digital 18 Mayo 2005

Al albur de ETA
Antonio Pérez Henares La Razón 18 Mayo 2005

Tras la ETA, ¿por qué no Al Qaeda
Antonio BURGOS ABC 18 Mayo 2005

Las víctimas se sublevan ante la traición de ZP
EDITORIAL Libertad Digital 18 Mayo 2005

Los cien mil hijos de Caín
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 18 Mayo 2005

Mil muertos para nada, señor Zapatero
Antonio Martín Beaumont El Semanal Digital  18 Mayo 2005

Flores de mayo
Jaime CAMPMANY ABC 18 Mayo 2005

A la espera de ETA
Pablo Sebastián Estrella Digital 18 Mayo 2005

El dolor indivisible
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 18 Mayo 2005

La mirada de las víctimas
Isabel Durán Libertad Digital 18 Mayo 2005

Solidaridad bien entendida
José Luis Manzanares Estrella Digital  18 Mayo 2005

CAMINO DE PERDICIÓN
César Alonso de los Ríos ABC 18 Mayo 2005

Contra viento y marea
Antonio Jiménez El Semanal Digital 18 Mayo 2005

La edad sin inocencia
FERRAN GALLEGO  ABC 18 Mayo 2005

El premio por no matar
Cartas al Director ABC 18 Mayo 2005

¡Cataluña independiente!
Cartas al Director ABC 18 Mayo 2005

Las AVT se querella contra el PCTV por permitir que los terroristas se presenten a las elecciones
Marcos S. González La Razón 18 Mayo 2005
 

ETA y el «final dialogado»
Editorial ABC 18 Mayo 2005

UNA vez aprobada la propuesta de resolución presentada por el Grupo Socialista, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, dispone ya del aval del Congreso para iniciar el proceso del «final dialogado» del terrorismo de ETA. Aún queda por determinar en qué consiste ese proceso, porque el Gobierno no lo ha concretado en sus objetivos, medios y costes. Aun así, Rodríguez Zapatero tiene lo que quería: manos libres y una alternativa al Pacto Antiterrorista suscrito con el PP en diciembre de 2000. La mayor incógnita que se le plantea a la sociedad española es si la lucha contra ETA se halla ahora mejor respaldada que antes y si los apoyos políticos del Gobierno le permiten abordar esta arriesgada aventura con un mínimo de garantías.

Por lo pronto, el nuevo consenso sobre ETA genera más incertidumbres que certezas, muy al contrario del efecto que producía el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo de 2000. Este Pacto sí reflejaba un final concreto para ETA: su derrota incondicional, y establecía unas condiciones muy estrictas para recuperar la colaboración política con el PNV, aplicables por extensión a todo partido que hubiera realizado acuerdos con los terroristas, como Esquerra Republicana de Cataluña. Lo cierto es que ninguna de estas formaciones ha hecho acto de contricción ninguno, sino todo lo contrario, porque el PNV ha respondido con el Plan Ibarretxe -que custodia celosamente a la espera de acontecimientos- y ERC se ha congratulado de que haya sido el PSOE el que se moviera a sus posiciones «dialogantes». El primer cambio de la situación es patente: el PSOE ha descartado al PP, haciendo impracticable el Pacto Antiterrorista, y lo ha sustituido por unos aliados de conveniencia que le van a secundar en un abordaje suave del diálogo con ETA porque esperan rentabilizarlo políticamente.

El segundo cambio del consenso sobre terrorismo se refleja en la extensión cuantitativa del mismo. Quizá no sea un método muy científico, pero sí es un dato muy ilustrativo constatar que el nuevo consenso alcanzado por Rodríguez Zapatero representa electoralmente a unos trece millones de ciudadanos. El Pacto Antiterrorista de 2000 rondaba los veinte millones. Para quien, como el presidente del Gobierno, quiere liderar grandes voluntades colectivas, el cambio de aliados supone un retroceso muy significativo. Además, siempre llegará un punto crítico en el que la legitimidad política que representa el PP será imprescindible para que el Gobierno transfiera a ese nebuloso proceso de paz un contenido admisible por la inmensa mayoría de los ciudadanos.

En tercer lugar, el Gobierno y el PSOE tienen que estar prevenidos y advertidos sobre la calidad política de sus nuevos aliados. Nadie puede discutir la legitimidad representativa de PNV, ERC o IU, pero otra cosa es el juicio que merece su fiabilidad en la lucha contra ETA, que oscila entre los episodios de Estella y Perpiñán. Esas formaciones no han apoyado una sola de las reformas y acciones legales que pactaron PP y PSOE desde diciembre de 2000 y gracias a las cuales -fundamentalmente, la Ley de Partidos Políticos y la ilegalización de Batasuna-, ETA aún se encuentra en ese estado de postración que ha permitido al Gobierno plantearse la elección de cómo poner fin al terrorismo. Si de sus aliados hubiera dependido, el Estado no habría dado el salto decisivo que dio en los últimos años. Por esto mismo, está por ver que los nuevos socios del PSOE en la política antiterrorista, los mismos que tantas zancadillas han puesto al Estado, lleguen a ser capaces de apoyar los mínimos éticos y de justicia material que a los que el Gobierno no puede ni debe renunciar, siquiera en la más flexible de las interpretaciones que pudiera dar al «final dialogado» de la violencia.

Por último, es preciso que en esta nueva etapa política, tan confusa y llena de incertidumbres, se forme una opinión pública exigente y perseverante, capaz tanto de reconocer la legitimidad de todo Gobierno para establecer su propia política en los asuntos de Estado, como de exigir responsabilidades en la misma medida, y no sólo por los resultados que se obtengan, sino también por los costes éticos y políticos, que ya empiezan a ser demasiados onerosos, aunque sólo sea desde el punto de vista de la reparación moral a las víctimas. Esa vigilancia ha de ser también la principal tarea de una oposición, el PP, orillada con manifiesta hostilidad en la proposición con la que el PSOE ha cambiado la alianza antiterrorista.

Desde ahora, el final de ETA ha dejado de ser un resultado que dependa exclusivamente de la determinación del Estado y se ha convertido en el hilo argumental de un complicado equilibrio de intereses políticos, algunos minoritarios, egoístas y centrífugos, a rebufo de la administración que los terroristas vayan haciendo en los próximos meses de las generosa ventaja otorgada ayer por el Parlamento. Por lo pronto, hoy informa ABC de los respetables interlocutores que ETA piensa sentar a negociar con el Gobierno: Ternera, Pakito y Txikierdi.

ZP ya no puede mirar a las víctimas
Ignacio Villa Libertad Digital 18 Mayo 2005

Cada día que pasa, cada jornada vivida políticamente nos lleva a una situación cada vez más complicada. Es más, nos encontramos en una situación que comienza a ser democráticamente inviable. Ya no estamos en una dinámica en la que Rodríguez Zapatero intente colocarse la medalla de la paz en el País Vasco. Incluso se ha quedado atrás el entierro del Pacto Antiterrorista o la Ley de Partidos. Cada día nos encontramos con una nueva vuelta de tuerca, cada vez más lejos de la convivencia democrática, cada vez más cerca de las exigencias etarras.

Los aplausos que ha recibido el presidente Zapatero del batasuno Otegui y la confirmación publicada en Gara confirman que el presidente del Gobierno está siguiendo al pie de la letra las órdenes impuestas por los terroristas etarras. Zapatero ha claudicado antes de decir esta boca es mía, ha cedido en todo antes de cualquier abandono de las armas por parte de ETA.

Y en este caso, el problema no es simplemente la torpeza, la cobardía y la ineptitud del jefe del Ejecutivo. El gran problema es que el presidente del Gobierno no se representa a sí mismo en esta historia, representa a todo el pueblo español. Y aunque quiera no puede ir por libre. Además, Zapatero nunca podrá –aunque lo haya intentado– quitarse del medio a las víctimas del terrorismo.

Precisamente son las víctimas del terrorismo las que asisten apabulladas a esta actitud del Gobierno Zapatero ante los etarras. No se puede entender la cesión, no se puede entender como se ha renunciado al honor y al reconocimiento de todos aquellos que han muerto por los principios democráticos durante décadas. Tantos muertos socialistas, populares, miembros de las Fuerzas de Seguridad, militares y ciudadanos corrientes. Tantos asesinados en atentados indiscriminados, en atentados selectivos o en coches bomba.

Zapatero parece que se ha olvidado de Buesa, Múgica, Pagazaurtundua, Blanco, Ordóñez o Casas. Parece que se quiere olvidar, pero pueden estar seguros que son muchos los ciudadanos que le van a recordar al presidente del Gobierno que está triturando todo aquello por lo que los españoles hemos estado luchando: la paz; la paz a cambio de nada. Este presidente del Gobierno ya no podrá mirar a los ojos a las víctimas del terrorismo. Su actitud no tiene precedentes. La cobardía no se puede explicar.

Capitulación escrita
Agapito Maestre Libertad Digital 18 Mayo 2005

No quiero escribir. No quiero analizar la infamia. No quiero perder el tiempo con miserables. El golpe de Estado dado ayer por Zapatero, en el Congreso de los Diputados, me ha indignado, pero no me ha sorprendido. Escrita estaba la capitulación por quien escribe. Lo vengo contando desde hace más de un año. Por lo tanto, hoy, necesito repasar lo dicho. Necesito mirar atrás para tomar impulso. Necesito ratificarme contra los totalitarios, los mentirosos y los golfos. La entrega, la capitulación de España a los terroristas ha estado planificada por unos infames. Repito lo escrito en este periódico con sus fechas exactas. Elijo tres textos de marzo de 2004. Los tres fueron pensados después de la tragedia de Madrid.

¡Ahí van!
11.3.04: Hay que repetirlo: Sobre el llanto de España triunfa el socialismo español. Sobre la sangre derramada en la masacre de Madrid el socialismo construye su poder. Sobre los cientos de muertos de Madrid, de España y del mundo entero cimienta su victoria electoral el PSOE. Sobre el sufrimiento y el miedo al terrorismo se asienta el poder de los socialistas españoles (…). La masacre de Madrid abandonó a los españoles a una terrible opción, un dilema perverso, un autoengaño psicológico: o seguían al PP en su combate contra el terrorismo o castigaban al PP votando al PSOE. Optaron por la segunda opción, o sea, se rindieron a los objetivos terroristas... ¡España trágica!

19.3.05: Zapatero ha dicho que retirará las tropas españolas de Irak. La noticia ha conmocionado al mundo libre, incluso Kerry, el candidato demócrata a la presidencia de EEUU, ha criticado la medida, porque es una claudicación de las democracias ante el terrorismo. El fracaso de España es ya un fracaso universal.

26.3.5: No nos engañemos, el PSOE intentará borrar al principal partido de la oposición, el PP, de la política española. Los otros, los partidos nacionalistas y similares, no serán “oposición”, porque los socialistas irán a todas partes cogidos del brazo con ellos para cambiar el actual sistema político. La nación democrática española tal y como la conocemos desaparecerá, porque los nacionalistas y los socialistas impondrán un cambio de régimen. No será necesario que Zapatero decida los cambios, sino sólo que logre plegarse a las exigencias de los nacionalistas y terroristas. La inanidad tiene sus ventajas. Para que esta operación se lleve a cabo con éxito, el PSOE sólo tendrá que actualizar el grito de Lenin (…). Ese grito volverá a ser para el PSOE la consigna de la próxima legislatura. Vale la pena recordar las palabras de Lenin, porque será el leitmotiv principal para acabar con el régimen democrático, según fue establecido en la Constitución española de 1978. Además, los socialistas ya lo vienen practicando con gran éxito en Cataluña y en el País Vasco. Ojalá me equivoque, pero ya verán como el PSOE desconsiderará al PP, cuando éste critique las políticas socialistas por seguir a pies juntillas las exigencias de nacionalistas, terroristas… Será precisamente entonces, cuando oiremos los fatídicos argumentos de Lenin: “Con palabras como libertad de crítica no nos engañarán... No necesitamos ahora ninguna oposición, compañeros, no es el tiempo para ello. Aquí o allá con el fusil, pero no con una oposición. Esto es el resultado de una situación objetiva, de si están conformes o no... Y pienso que la asamblea del Partido debe sacar la conclusión final de que ahora la oposición ha terminado de una vez por todas, ¡estamos cansados de la oposición.”

Pues eso, queridos lectores, ayer, día 17.3.2005, el Congreso de los Diputados ratificó la primera fase del régimen totalitario impuesto por el PSOE: ¡Hay que eliminar a la oposición!

Al albur de ETA
Antonio Pérez Henares La Razón 18 Mayo 2005

El presidente Zapatero y su nuevo club de fans trasladaron al pueblo español la impresión de que con ese cántico suyo al dialogo el problema de ETA estaba resuelto. «ETA no mata desde hace dos años», entonan jubilosos. «Estamos al final del túnel y vamos a conseguir la paz», proclaman. Nadie parece querer observar que si los terroristas no matan no ha sido por falta de ganas y que aquí no hay guerra alguna, sino una banda de criminales que ha matado a mil inocentes y ha intentando destruir la libertad y los derechos humanos. Una vez más, y no sé cuántas veces van, ya se vuelve con la monserga del cheque con fecha en blanco a los terroristas. O sea, aquí seguimos al albur, a disposición de ETA para cuando guste dejar de poner bombas. No dio jamás resultado. Sólo sirvió para darles oxígeno y cobrar nueva fuerza. Sí lo tuvo la firmeza del Pacto Antiterrorista, sí surtió efecto el cortar todos los tentáculos de la banda, sí fue eficaz dejarlos sin resuello financiero ni político. Ahora es Zapatero quien cambia el rumbo y por ello su salto ha sido recibido jubilosamente por quienes, desde el PNV a ERC, siempre fueron contrarios a ese acuerdo ya que han mantenido la necesidad de la cesión política ante ETA. El PSOE sabrá donde le lleva su actual deriva. Lo más probable, debiera saberlo, será una nueva, enorme y sangrienta frustración. Lo malo es que el tiro nos lo podemos llevar todos.

Tras la ETA, ¿por qué no Al Qaeda?
Por Antonio BURGOS ABC 18 Mayo 2005

ESTO de vivir en un pueblo sale carísimo. Para chips no ganamos. Cuando crees que tienes puesto el chip correcto para el pensamiento político, resulta que se ha quedado obsoleto. ¡Hala, a comprarte otro! Deberían por lo menos correr con parte de los gastos, en una especie de Plan Renove, porque es que no ganamos para chips.

¿Saben lo que he hecho? Pues que el último chip que me he colocado es Beta Punto Uno. Versión experimental del que estará en pleno uso colectivo dentro de una semana. Lejos de mí la funesta manía de pensar por libre, gracias a este chip puedo anunciar que ya hay tregua de la ETA. El mundo al revés. Esta vez no ha sido la ETA la que ha anunciado la tregua. Nosotros le hemos dado la tregua a la ETA, sin ella pedirlo. Y no desde unos cafelitos de Perpiñán, sino solemnemente, desde el órgano de la soberanía nacional, que suena muy Siglo Diecinueve. El Congreso de los Diputados aprobó la tregua a la ETA. No es que los criminales enfunden la Parabellum, no: el Reino de España depone las armas del Estado de Derecho y proclama que como los terroristas son tan buenas personas que hace dos años que no le pegan un tiro en la nuca a nadie, no hay más remedio que sentarse a negociar con estos pedazos de patriotas. ¿Asesinos dice usted? Póngase el chip, por favor: de asesinos, nada. ¡Unos héroes de la patria vasca! ¿Las Nekanes de EHAK? Unas heroínas, ante las que toda sonrisa de López y de Rodríguez es poca. Con María San Gil es con quien hay que tener cuidado. Ya saben cuál es ahora el problema vasco: se llama María San Gil.

Y quien no esté de acuerdo con esta tregua a la ETA que el Gobierno ha decretado, ¿sabe usted lo que es? Pues un extremista, un ultraderechista, un facha, que se opone al proceso de paz. Un tío sin apoyos de su partido, que quiere contentar a la España más reaccionaria. Sí, ya sé que la Ley Antiterrorista quien la propuso al Gobierno de entonces fue Rodríguez Zapatiesta, y que el PP la adoptó como suya. (Igualito que hacen ahora con las propuestas de la oposición sobre algo tan obvio como que se cumplan las leyes que aún no han sido derogadas...). Pero no piense en eso, no se fíe de su chip antiguo. Siga el obligado cumplimiento pascual de la comunión general con ruedas de molino. Si hay que decir que los de la ETA son unos señores, se dice y punto. Si hay que dar la Gran Cruz del Mérito Civil a Josu Ternera, se le da y listo. ¿Las víctimas del terrorismo, dice usted? ¿Pero qué víctimas? No me venga usted con esa monserga reaccionaria y no me fastidie el proceso de paz. Aquí las únicas víctimas del terrorismo son las pobrecitas madres de los heroicos presos vascos, lo lejos que tienen a sus niños, qué lástima de hijos, tome, tome un pañuelo para llorar por ellas...

Como ven, mi chip funciona a las mil maravillas. Le voy a poner el mismo lema que a la Flotilla de Submarinos de la Armada, que es buena divisa para las horas venideras: «Ad utrumque paratus», dispuestos a lo que haga falta. Hay que estar alertas, para no dejarse engañar por el discurso-trampa de Rajoy, por las cartas-bomba de Fernando Savater, de Rosa Díez, de Maite Pagazaurtundúa y de los que no quieren la paz.

En cuanto a negociaciones para conseguir la paz y el Nobel de dicho nombre para Rodríguez Zapatiesta, mi chip me permite ir más lejos que nadie. Ya que el Congreso ha dado un mandato negociador con la ETA, que por eso únicamente se van a sentar a pactar y no porque quieran perpetuarse en el poder, ¿por qué dejar fuera a Al Qaeda? Si nos sentamos a claudicar con la ETA porque hace dos años no asesina, y nosotros le damos la tregua a ellos, debemos sentarnos también a pactar con Al Qaeda, que hace ya un añito largo que no mata. Concretamente desde aquel 11-M que llevó directamente al poder a quienes, para perpetuarse en él, le han concedido la tregua a la ETA con la complicidad del Parlamento.

Las víctimas se sublevan ante la traición de ZP
EDITORIAL Libertad Digital 18 Mayo 2005

“Todavía es pronto para la infamia de responsabilizar al PP de los muertos de ETA, como se le ha responsabilizado de los asesinatos de Al Qaida. Pero espérense a que llegue una nueva tregua de ETA, y ya verán como no falta quien culpe al “inmovilismo” del PP y a su "crispante" rechazo al “diálogo”, del riesgo de que los terroristas vuelvan a matar. De lo que no nos cabe ninguna duda es de que los galgos van a querer hacer suya la victoria de los podencos del 11-M. Y de que no faltaran conejos que les ayuden".
¿Una tregua de ETA para cerrar el frente anti PP?, Editorial de Libertad Digital treinta y tres días después de la matanza del 11-M

No ha hecho falta ni siquiera que ETA declare una tregua para que, desde el gobierno del 14-M, Alfredo Pérez Rubalcaba acusara la semana pasada al PP de “querer evitar cualquier posibilidad de acabar con ETA”. Lo importante, sin embargo, no es recordar ahora los infames pasos dados y tolerados desde que ERC y ETA se reunieran en Perpiñán para acordar juntos la “desestabilización del Estado español”, hasta el día de hoy, en el que el Parlamento ha dado el visto bueno -con la digna excepción del PP- a que un gobierno se siente a negociar con la organización criminal. Lo importante hoy es señalar que las víctimas de ETA han dirigido por primera vez su “basta ya” contra un gobierno dispuesto a intentar contentar a sus verdugos.

José Luis Rodríguez Zapatero, a quien ETA le pidió por escrito, nada más llegar al gobierno, que tuviera “gestos tan valientes para con Eukalherria como los dados en Irak”, sustenta hoy el optimismo de Otegui de forma tan justificada como provoca la indignación de las víctimas.

Zapatero satisfizo a los terroristas islamistas –y a algunas de sus víctimas- retirando las tropas de Irak. ZP puede alegar que esa misma demanda se la hicieron una mayoria de españoles. Pero lo que no estaba en su programa electoral era la decisión de sumarse a los firmantes de Estella para acabar con el Estatuto de Guernica, ni el de ignorar la Ley de Partidos para permitir la presencia de los proetarras en el parlamento vasco, ni, mucho menos, sustituir el objetivo de derrotar a los etarras por el de negociar con ellos. Porque, que nadie se llame a engaño, a lo que está dispuesto el gobierno de ZP –también por adelantado- no es sólo a estas concesiones políticas que ponen a España en jaque como nación, sino también a ofrecer la impunidad a quienes han sembrado a nuestro país de muerte y dolor; una impunidad que tambien debilita a nuestro nación como Estado de Derecho.

No hay que extrañarse, pues, de que las formaciones nacionalistas, a las que se ha sumado el gobierno, le hayan reclamado la mayor discreción a esta infame operación contra la memoria, la dignidad y la justicia de las víctimas. Como tampoco hay que extrañarse de que el presidente de la AVT, tras recordar la Gran Cruz al Mérito que, hace años, recibió en el congreso tras el asesinato de su hermano y de su sobrina de tres años, dijera haber recibido ayer del parlamento "la Gran Cruz de la Indignación y de la Humillación".

Rajoy denunció en el Debate sobre el Estado de la Nación que Zapatero “traiciona a los muertos”. Zapatero dio pronto “por olvidada” una acusación que, no es que sea grave, sino gravísimamente cierta. Pues bien. No será Rajoy, sino las víctimas y los familiares de los muertos quienes el 11 de junio recuerden en la calle a Zapatero su traición.

Los cien mil hijos de Caín
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 18 Mayo 2005

La jornada de ayer pasará a la historia como la más abyecta de la democracia española y una de las sesiones más tristes y miserables del parlamentarismo español. Ayer, esa mezcla inextricable de astucia, malicia y estulticia conocida como Rodríguez Zapatero se complugo en la desacralización del templo de la soberanía nacional, se recreó en la demolición de los pilares éticos de nuestras instituciones representativas, se retrató en la galería de verdugos de la nación. Él, tan republicano en Petit, se colocó a la altura de Carlos IV y Fernando VII en Bayona. O por situarlo como merece en la centenaria saga liberticida de su partido, al nivel de Pablo Iglesias, Largo Caballero y Negrín. Tigrekán II ya no está a la altura de sus desmanes. Felipe González era casi un patriota al lado de Zetapé.

Tigrekán I, sí. El infame traidor a su padre (astilla de tal palo) y a su desventurada patria, que tan generosamente derramó su sangre por sí misma y en su nombre frente al invasor francés, no vaciló en recurrir a la horda gabacha para acabar con el renacido régimen constitucional, hijo legítimo de la Constitución de Cádiz, que había jurado defender. España, exhausta, manipulada y extraviada por aquella rata coronada, ni siquiera se defendió. Los Cien mil hijos de San Luis se pasearon tranquilamente por los mismos campos donde Napoleón sólo pudo ganar las batallas necesarias para perder la guerra. La artera propaganda desde el Poder Político, con el típico señuelo de la paz que veneran los pueblos moribundos convirtieron al viejo león español en oveja rebañiega y esquilada, carne de matadero. Naturalmente, aquella paz liberticida no podía ser muy duradera. A su muerte, Tigrekán I nos legó, en compañía de su hermano Carlos María Isidro, otra astilla del palo idiota de Carlos IV, una interminable guerra civil.

Viendo ayer la turbamulta votante compuesta por enemigos jurados de España, demagogos traicioneramente irresponsables y esa mayoría indiferente que, por pereza, por conservar el cargo o por acrecentar su sueldo es capaz de las mayores villanías, era inevitable recordar a los Cien Mil Hijos de San Luis y al Tigrekán I que los trujo. Como son indígenas y, más aún que liberticidas, son parricidas vocacionales, dejémoslos en los Cien mil hijos de Caín.

Mil muertos para nada, señor Zapatero
Antonio Martín Beaumont El Semanal Digital  18 Mayo 2005

Hay días en los que uno desearía no tener que escribir un artículo. Tras la vergüenza nacional de ayer hoy me siento mal, porque vivimos en un país que se aleja cada día más de la normalidad democrática y que se acerca peligrosamente, sí, a una involución. Y lo peor de todo, que el responsable del proceso es un presidente del Gobierno que ha obtenido mayoría parlamentaria para lo que nunca ningún político democrático debe hacer: ceder al chantaje del terror.

En la Transición hubo políticos y gobernantes de adscripción democrática muy reciente que dudaron qué hacer con ETA. El marchamo de la lucha antifranquista hacía dudar, como si el terrorismo en tiempos de la dictadura fuese menos malo o menos dictadura, y como si el método y los objetivos de los etarras no fuesen, a su vez, la peor de las dictaduras posibles. Así, tuvimos ministros de la UCD –callaremos por decoro sus nombres– dispuestos a "concesiones", pensando que así vendría la "paz".

En aquel contexto se descubrió lo que en otros países ya se sabía: que los grupos como ETA llaman "paz" a la victoria, que todas las concesiones alimentan su virulencia y que sólo dejarán de matar cuando alcancen todos sus objetivos. Así las cosas, las concesiones a ETA –amnistías, autonomía amplísima, ambigüedades en la misma Constitución– no callaron las armas sino que, por el contrario, llevaron a una espiral de violencia. Era lógico, para los terroristas: si el crimen reporta beneficios, con más crimen toda meta es alcanzable.

Y en respuesta a esto, aunque tarde y mal, los demócratas se unieron en torno a España y su Constitución, únicas barreras que defienden la libertad. Y no poco mérito, a pesar de todo, tuvo el PSOE de Felipe González, y desde luego José María Aznar. Se aguantó el dolor de las víctimas y se combatió a los asesinos. Aznar casi consiguió la derrota de ETA. Y ahora Zapatero actúa como si todo esto no hubiese sucedido. ¡Qué error! ¡Qué barbaridad!

La cuestión más grave es que, desde que nació ETA, hay un millar de muertos sobre la mesa. Si estamos dispuestos a negociar las condiciones de los terroristas, ¿por qué hemos esperado décadas? ¿Qué diremos a las víctimas, que creían haber muerto por España y por la libertad y ahora, gracias a Zapatero, resulta que han muerto por nada? No es pequeña cuestión; y será aún más grave si –Dios no lo quiera– los pistoleros vuelven a matar en el contexto de su "diálogo" con Zapatero.

Flores de mayo
Por Jaime CAMPMANY ABC 18 Mayo 2005

NO quisiera hacer juicios temerarios, pero me parece que a Pepiño Blanco y Rojo lo tiene inserto Zapatero en su «extrategia» para que diga las necedades que ni siquiera él se atreve a decir. Ahora ha dicho que el PP no quiere ayudar al Gobierno en su lucha antiterrorista. Pero ¿qué lucha, señor Pepiño? El Gobierno no combate el terrorismo, sino que corre tras él con los brazos abiertos y el trasero hecho agua. Y el terrorismo ha respondido a la gentileza de Zapatero de dos maneras. Una, haciendo estallar cuatro bombas en otros tantos lugares de Guipúzcoa. Y otra, exigiendo que la Policía no detenga etarras, que la Justicia no los juzgue y que al poder legislativo le vayan dando masculillo y echen sus leyes a la basura.

Y todo eso a pesar de que la «extrategia» de Zapatero es una «extrategia» no sólo con equis, sino con acento. Al comunicante de ABC, señor González Mena, se le escapó el acento que había puesto Zapatero en la e de su «extratégia», seguramente para reforzarla, y yo no he descubierto el acento hasta hoy y con ayuda de una lupa, porque la letra sale en la fotografía del periódico con tamaño de hormiga. Lo mismo podría acentuar Zapatero su apellido y su cargo, y escribir: «Zapatéro, Presidénte del Gobiérno».

Conviene ser cuidadoso con los acentos. Por ejemplo con esa palabra que tanto se repitió hace pocos días: «cónclave». El maestro Valentín García Yebra nos enseña que debe pronunciarse y escribirse sin acento, o sea, pasarla de esdrújula a llana. En definitiva, clave equivale a llave, y tendríamos que decir con-clave para significar el encierro de los cardenales con-llave. De aquí en adelante, así pronunciaré y escribiré yo la palabra, y gracias le sean dadas al maestro García Yebra, que no todo son cebrianes y goytisolos en la Española.

Han nacido estos días más flores de mayo en las letras. Mi leído colegui Tomás Cuesta ya fue reo hace unos meses de atribuir a Rafael Alberti los versos «Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos», que en realidad son de Calderón, y los dice el personaje llamado «Chato» en la Jornada Primera de «La hija del aire». La confusión es fácil, primero porque no imagina uno que Calderón escriba eso, y después, porque Alberti los puso al frente de sus divertidos poemas del cine. Le envié a Cuesta un recado secreto con Pérez Puig y rectificó luego como de forma espontánea. Ahora cita mal unos versos de César Vallejo («piedra de estupor y madera noble de establo» llama Gerardo Diego a este «Valle Vallejo»). Cita Tomás Cuesta: «Me moriré en París en primavera...» Pues no, señor. César Vallejo escribe: «Me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo...» Y dicen que, efectivamente, César Vallejo se murió en París un día de lluvia.

Mi cita preferida de César Vallejo es esta, que Marcelo Arroita-Jáuregui puso al frente de un libro de versos: «Considerando en frío, imparcialmente, que el hombre es triste, tose, y sin embargo se complace en su pecho colorado...» ¿Su pecho colorado? O sea, ya está claro: Pérez Rubalcaba.

A la espera de ETA
Pablo Sebastián Estrella Digital 18 Mayo 2005

Estamos a la espera de un gesto de ETA del anuncio de una tregua, o de su disposición a iniciar negociaciones con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, o algo así. Porque de lo contrario este Gobierno y el resto de partidos representados en el Congreso de los Diputados, con la excepción del PP, van a quedar muy mal tras la aprobación de una moción en la que se le autoriza al Gobierno a dialogar con ETA, cuando hace sólo pocas horas que la banda ha actuado en Euskadi explosionando cuatro bombas contra empresas que no han querido pagar el impuesto revolucionario.

Estamos a la espera de que ETA haga señales, porque con la resolución de ayer ya son dos los gestos o las concesiones del Gobierno del PSOE a la banda (la primera fue la no ilegalización del PCTV) sin que ésta haya dado señales que nos confirmen su disposición de abandonar las armas, lo que viene insinuando el presidente Zapatero desde hace varios meses. Porque si ETA no hace ni dice nada al respecto y, lo que es peor, continúa poniendo bombas o llegan incluso a matar a algún ciudadano, entonces el Gobierno y sus socios parlamentarios se habrán metido en un oscuro callejón de difícil salida y habrán perdido la razón ante la opinión pública y frente al PP.

Un Partido Popular que ha escogido la soledad pero que representa el 42 por ciento del Congreso de los Diputados y que por tanto no está tan solo como dicen desde el PSOE, los que por otra parte han pactado un vuelco en toda la política antiterrorista con formaciones políticas como PNV, EA, ERC, BNG, IU y NA-BAI, que suman una veintena de diputados favorables a un Estado confederal, o con “Estados asociados” a España, lo que compromete, y mucho, al Gobierno de Zapatero en la lucha contra ETA, y en el otro y paralelo gran debate político de la reforma de los Estatutos de Autonomía y de la Constitución.

Zapatero está asumiendo muchos riesgos en esta escapada hacia la negociación con ETA, mientras queda en el aire el Estatuto catalán, pendiente de una respuesta sobre su proyecto de financiación que el ministro Jordi Sevilla calificó de inviable ante la indignación de ERC. Y lo ha hecho con los datos que en exclusiva y personalmente tiene sobre las supuestas intenciones de ETA, que por lo que se le escuchó ayer a Otegi, pidiendo más precisión sobre el contenido de la presunta y a la vez esperada negociación, no parece que sean informaciones muy precisas ni seguras, sobre todo conociendo el terreno resbaladizo en el que se mueve la banda.

La ruptura del Gobierno y del PP es una realidad que incluye la hibernación o el final del llamado Pacto Antiterrorista y de la Ley de Partidos, dos acuerdos entre el PSOE y el PP que constituían la espina dorsal de la lucha contra ETA y que, de momento, se han metido en el congelador (o en el “ataúd”), a la espera de una negociación oficial entre el Gobierno y ETA, sobre la que esperamos noticias que deberían estar al llegar, si es que se le quiere dar algún sentido a lo que el Congreso de los Diputados acaba de aprobar.

Socialistas vascos
El dolor indivisible
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 18 Mayo 2005

Voces del mejor socialismo vasco le han dicho a Patxi López algunas cosas estremecedoras que han sorprendido al lídercillo por su dureza. La dureza de la verdad amarga. Al aludir los firmantes al dolor tantas veces compartido con los populares, reconocemos la dignidad que late en una formación que López no merece. Pero ya se sabe, Cebrián decidió que había que decapitar a Redondo Terreros y que la hostilidad había que reservársela al PP.

Denuncian el contraste entre el trato dispensado a las representantes del PCTV y a María San Gil, injusticia tan flagrante, tan incomprensible y tan insultante que promete tener efectos demoledores sobre la conciencia de la militancia socialista. Y no sólo vasca.

He expuesto en estas páginas la sincronización del diálogo ETA-Zapatero con el desarrollo de las iniciativas dirigidas a alterar el modelo de Estado, sincronización que se potencia con la asimilación de la retórica del “conflicto histórico” por gobierno y PSOE. Hay más: el PSOE viene trabajando, desde mucho antes de llegar al poder, en el aislamiento del PP, en la conversión en apestado del adversario democrático, campaña incluso formalizada en los sectarios Pactes del Tinell que alumbraron el tripartito catalán. El abrazo al separatismo y el aislamiento de los populares son las dos caras de una misma moneda de Judas. En Barcelona, en Vitoria y en Madrid.

Así que tenemos, primero, la artificial creación de un clima de diálogo con ETA que obliga al gobierno a no condenar sus atentados, a mentir sobre su actividad de los últimos años y a blanquear a sus representantes al precio de incumplir la ley; segundo, el paralelo desmontaje del bloque constitucional, que lleva a reformar estatutos y modelos de financiación, a vaciar de competencias al ya residual Estado, a corregir la concepción constitucional de identidad, solidaridad y cohesión, volando el consenso constitucional y culminando la larga tarea nacionalista de eliminación de todo lazo afectivo con España: la nación, no siendo nada para Zapatero, será lo que digan sus socios, que sí tienen una postura al respecto; tercero, la intensificación de un largo trabajo dirigido a alterar la percepción que la ciudadanía tiene del PP, presentado paulatinamente como una organización de enemigos del entorno natural, de belicistas, de asesinos, de especuladores inmobiliarios, de centralistas anticatalanes, de incendiarios fascistas, de golpistas. Mientras, se asediará o quemará sus sedes, se detendrá a sus militantes por serlo.

El último elemento debía mantener acobardado al PP y disuadirlo de intentar una oposición frontal a los planes de derribo nacional. Pero en esas habló Rajoy en el Congreso y el PSOE se amuralló. Luego, Savater, Pagaza, Díez, Gutiérrez, Iriondo, han hablado intramuros. Muy alto. Recuerdan lo que tienen en común con los apestados. Recuerdan el dolor indivisible.

La mirada de las víctimas
Isabel Durán Libertad Digital 18 Mayo 2005

El presidente del Gobierno ha perdido una oportunidad de oro de levantar la cabeza desde su escaño en el hemiciclo y "mirar a los ojos" a las víctimas del terrorismo que han asistido a la votación de su propuesta de resolución para que el Parlamento apruebe la negociación con la ETA y por tanto, la claudicación ante la derrota del terrorismo.

José Luis Rodríguez Zapatero ha evitado alzar la vista para decirles a las víctimas, "mirándoles a los ojos" como a Zerolo, que las bombas de ETA no son tales, que son sólo artefactos; que su política de diálogo lo es sólo para con los terroristas y no para con sus víctimas; que el aplauso de Otegui a su plan es el aplauso de los demócratas; para decirles que los crímenes de los terroristas que segaron la vida de sus familiares y las suyas propias, no han merecido la pena.

El presidente del Gobierno, que sigue sin condenar las cuatro últimas bombas de ETA, ni tan siquiera ha tenido a bien dirigir una breve, escueta y cordial mirada a las víctimas del terrorismo. El presidente sólo mira a los ojos a quienes han convertido España en una pesadilla, en un mal sueño. A los que han puesto al Estado de rodillas.

Los rostros de la veintena de víctimas que ha asistido a la votación de las Cortes reflejaban la imagen de una desolación y tristeza infinita. Y aunque Zapatero no les mire a los ojos, sus miradas traslucían el dolor de la traición por parte del Gobierno y del partido que les ha vendido, a cambio de mantenerse en el poder.

Hoy, en la tribuna de invitados del Congreso de los Diputados, sobraban las palabras. Las miradas hablaban.

Solidaridad bien entendida
José Luis Manzanares Estrella Digital  18 Mayo 2005

La solidaridad no admite confusión con la justicia, pues ambas virtudes tienen sus propios ámbitos. Otra cosa es que se complementen, de modo que la primera empiece donde acaba la segunda. El antecedente de la solidaridad laica es la caridad cristiana. Y si hubiera alguna duda sobre esta afirmación, repárese en el espectáculo que nos brindan los trabajos preparatorios del nuevo Estatuto catalán. Allí se representa, entre juegos de luces y otros variados recursos para confundir al personal, una obrita que bien pudiera titularse La solidaridad empieza por uno mismo. O sea, lo que algunos listillos han sostenido tradicionalmente a propósito de la caridad. Sólo que aquí estamos asistiendo a una perversión que afecta a todas las regiones, nacionalidades e incluso naciones, si se quiere, que conforman España o, si se quiere también, el Estado español.

Las cabriolas de los actores, sus bien estudiados parlamentos, sus sonrisas y —¿cómo no?— sus propias y constantes loas a la sacrosanta solidaridad no logran ocultar, sin embargo, el objetivo último de la representación. Se trata de mejorar la situación económica de los actores a costa de un público que, en su gran mayoría y comparativamente, no anda tan holgado de pelas, pesetas o euros. Puede que parte del respetable siguiera con interés las primeras escenas, pero hoy hasta el más lerdo sabe de qué va la función. Nadie planifica y batalla con tanto ahínco para terminar perdiendo dinero o quedándose como antes. Y todos sabemos que mal llegarán a una comunidad necesitada los fondos que en el futuro no salgan de otras más ricas. Venir a estas alturas con la cuadratura del círculo es reeditar el timo de la estampita.

Sucede, además, que “con el dinero por delante todos los caminos están abiertos”, como advertía Shakespeare, por boca de Fluth, en Las alegres comadres de Windsor. Una verdad que, aunque aplicada en principio al mundo material, bien puede trasladarse al de la alta política. La exacción de impuestos constituye, junto a la unidad del Poder Judicial, un pilar básico de la soberanía. No es, pues, casualidad, que al proyecto de división financiera se sume la exigencia de unos tribunales propios, de un Tribunal Supremo diferenciado, aunque conserve el nombre de Tribunal Superior, de cuerpos auxiliares de funcionarios autonómicos, de la obligatoriedad del uso del catalán y, para coronar el nuevo orden, de un Consejo para el gobierno de la Justicia que convertiría al Consejo General del Poder Judicial en un remoto punto de referencia. Una curiosa manera de entender la “unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”. Y después ¿qué? La asunción de competencia por parte de las Comunidades Autónomas —de todas ellas— tiene un límite. Conviene recordarlo.

CAMINO DE PERDICIÓN
César Alonso de los Ríos ABC 18 Mayo 2005

Zapatero le pidió al Parlamento que compartiera con él «la traición a los muertos», y más de la mitad lo ha hecho sin pestañear. En realidad les resultaba ya enojoso el compromiso con las víctimas que se habían inventado los «populares» en los últimos años. ¿Acaso no habían sido motivo de vergüenza en otros tiempos? ¿Acaso no se les enterraba de tapadillo?

La propuesta de negociación con ETA que asumió ayer el Parlamento ha sido el adiós a una época que hay que enterrar con los mil muertos y la obstinación en mantener la idea de España.

Al aprobar el diálogo con ETA se le restituye a esta en el papel de movimiento de liberación y a España como una construcción despótica y sin sentido. En realidad, el Parlamento debería haber aprobado ya ayer el texto sobre la liquidación de España, pero quizá eso era excesivamente precipitado para personas como Bono, que necesitan del disimulo, del engaño. No cito a Paco Vázquez porque yo espero que abandone el partido socialista puesto a elegir entre este y la Nación.

Porque el partido que ha llevado ayer el peso y la vergüenza de la votación (los otros secuaces están en su papel de la anti-España) es tan sólo una estructura de poder, para llegar a él y para mantenerse en él. Puro y duro leninismo.
Y el vínculo de los socialistas con él, con el PSOE, está reducido a esa función. Y, por lo mismo, aceptan el liderazgo de Zapatero como la persona adecuada ya que sólo «es» en cuanto piensa y funciona en términos de poder.
Todos los socialistas saben que el Terror le puso donde está y que, siendo así, desempeña el trabajo con la misma desenvoltura que si hubiera conseguido la Moncloa en una limpia competencia democrática. Saben que gobierna con los criterios exactamente contrarios a aquel que fue apartado por el Terror el 11-M. Para sus compañeros socialistas es un hombre leal: obedece al que le colocó en el poder.

Para Zapatero y los suyos el partido socialista dará forma a los trozos que queden de la vieja y mal construida España, una vez convenido, dialogado, pactado, el reparto con los nacionalistas y en nombre de la naturaleza «plural» de España.

¿Con que Rajoy se había pasado en la forma y en el fondo? ¿Con que había vuelto al estilo de Aznar según tantos periodistas, al neofascismo según Otegi y a la extrema derecha según José Blanco?

A la vista de lo sucedido ayer, el discurso de Rajoy fue el propio de un patriota que salva la dignidad de una sociedad. Si no me quedaran políticos como Rajoy tendría que suicidarme, al menos profesionalmente, al menos civilmente.

Ayer, la mayoría del Parlamento vació de sentido democrático nuestro sistema político. Ayer comenzó formalmente un camino de perdición.

Contra viento y marea
Por Antonio Jiménez El Semanal Digital 18 Mayo 2005

Nadie con sentido común, principios y un “ansia infinita de paz”, dicho con énfasis “zapateril”, se opone a que este gobierno intente la oportunidad de terminar con el terrorismo. A Zapatero no se le cuestiona tanto el que persiga legítimamente el mismo fin pretendido por González y Aznar, como las formas que ha elegido, abriendo un profundo abismo entre socialistas y populares.

La ruptura formal del Pacto por las Libertades durante el reciente Debate sobre el Estado de la Nación, no fue casual, ni fruto del calentón dialéctico del líder de la oposición, como interesadamente presentan los “pontoneros” afectos al gobierno. Con la ruptura, Zapatero ha cumplido parte de las exigencias del guión, pactado en secreto con Imaz e Ibarreche y acordado por Eguiguren y Batasuna en un caserío guipuzcoano.

La desactivación del Pacto Antiterrorista y el aislamiento del PP, unido al fin de las detenciones de etarras y por tanto del acoso policial a ETA ; acabar con los juicios a los terroristas en la Audiencia Nacional y la legalización ,de nuevo, de Batasuna , son las condiciones que Otegui ha revelado en medio de las expectativas generadas. Es la banda terrorista quien pone las condiciones para negociar y no el Gobierno. Es ETA quien impone los pasos previos a la apertura del baile, no el Estado.

Las cuatro bombas que estallaron en Guipúzcoa , fabricadas con parte de las cuatro toneladas de cloratita robadas en Francia , son la prueba evidente de que ETA quiere abrir el proceso desde la firmeza del terror y del chantaje; algo intolerable. Razones tienen las víctimas para sentirse heridas e insultadas por quienes antes exigían a ETA una rendición incondicional y ahora, por aquello del talante, le tienden la mano.

Pero Zapatero seguirá adelante, como aseveró en otro alarde de cursilería , “contra el viento de la deslealtad y la marea de la intolerancia”, no ya en la creencia, sino en la convicción de que no tendrá que pagar ningún precio político ni moral por terminar con la banda, como si ésta fuera a renunciar, sin más, a todo por lo que ha venido justificando su criminal e infame presencia entre nosotros. El laico y agnóstico Zapatero cree, sin embargo, en los milagros. ¡Que contradicción y que perversa ingenuidad!

La edad sin inocencia
POR FERRAN GALLEGO PROFESOR DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA. UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE BARCELONA ABC 18 Mayo 2005

DEJADA atrás la edad de la inocencia, cabe esperar que la moderación y la veracidad no residan en lugares opuestos. La flexibilidad debería corresponder a la solidez de unas convicciones que se inclinan ante una idea mejor. Nunca a la evanescencia que compensa sus defectos de carácter con un exceso de método. Y es lo que puede ocurrir en nuestro particular Teatro Nacional, tan proclive a confundir el gesto con la palabra y la moral con la estética.

La cultura del diálogo exige la convicción de sus límites: de qué se habla y con quién se está dispuesto a hablar. En esa limitación se basa la difícil arquitectura cívica que normaliza las relaciones entre lo que las personas dicen, preservando esa primera decisión de no obligar a las palabras a frecuentar ambientes que nada tienen que ver con su significado. Decidir que con ciertas personas no se habla no es una actitud opuesta a la libertad y a la tolerancia. Es reservar ese recinto a quien ha elegido vivir en él, sin dejarlo abierto a quienes acuden, como visitantes ocasionales y curiosos, transitando cuando les apetece por esas calles de la libertad de expresión, aunque sus barrios nativos hacen del verbo «silenciar» una curiosa manera de obtener el privilegio de ser escuchados.

En la cultura de la conversación, «guardar las formas» no es una mera cuestión de cortesía. Las palabras son la forma de las convicciones. La custodia de las formas tiene más que ver con la libertad que con la buena educación y, desde luego, mucho más que con cualquier espectáculo agradable. Pero, ahora, la cultura del diálogo ha sido destituida, hasta el punto de que la elección de unos interlocutores que nada tienen de respetuosos con ella ha acabado desplazando a quienes llegan a la política sin más recursos que sus palabras. Dialogar con los asesinos y con quienes acolchan ideológicamente su inmundicia ha acabado por quebrantar el acuerdo de quienes siempre habían hablado, de quienes habían entendido en qué consiste el acuerdo y la discrepancia. Ha acabado por impedir que se dirijan la palabra los compañeros de los asesinados. Se ha apartado a quien sólo ofrecía principios, para hacer sitio a quien sólo suministraba el festín de la Tierra y de los Muertos. Quienes poseían la fuerza de la razón han sido desplazados, en favor de quienes ofrecen esa inversión deleznable a plazo fijo: una sociedad en quiebra moral que no reconoce a sus vecinos, sino que los clasifica. Este es el peor costo de la operación en marcha: la carencia de escrúpulos para marcar los límites ha acabado por apuntalarlos en otro lugar. La voluntad de no excluir a nadie ha terminado por excluir a quienes no han hecho otra cosa que construir el campo del entendimiento, de la libre exposición de las ideas, de la aceptación orgullosa del valor inalienable del otro, de la construcción difícil de una cotidiana ciudadanía. De quienes, desde la izquierda y desde la derecha, hicieron de la nación un permanente plebiscito, una opción confirmada en un ejercicio de reconocimiento y representación, de edificación de una nación de todos todos. Ortega dijo que la patria es lo que encontraré mañana, al despertarme, nunca lo que dejo atrás cuando me duermo.

Pero se ha hecho mucho más que eso, como corresponde a los peores usos de nuestro débil talante democrático. Porque la injusticia ha venido acompañada del vituperio. Se acusa a las víctimas de no querer dialogar. Los actuales campeones de esa versión deformada de la conversación le han dado el miserable nombre que merece, el nombre levantado sobre el lugar donde sólo reside el precio y nunca habita el valor: la negociación. ¿Y para qué se negocia? Para que dejen de matar, se dice. Uno podría entenderlo en boca de ciudadanos desesperados, humillados y ofendidos hasta ponerse al límite de su propia degradación. Pero, despeñándose de bocas supuestamente adiestradas en la responsabilidad de gobernar una nación, la palabra deshuesa nuestra idea misma de democracia, la deja en la flaccidez de un cuerpo sin vértebras morales. «Para que dejen de matar» significa, ni más ni menos, que matan. Que lo que les ha hecho ganarse el puesto es el acto de matar y el recuerdo de los muertos, entrañable e infame, sobre un país que aún no comprende el extraño privilegio que nos diferencia de Europa: los mil asesinados sobre los que sus propios verdugos han adquirido derecho, como si hubieran cazado piezas que intercambian en ese mercado de la negociación política, regateando el precio de su vida incompleta, de su cuerpo deshabitado para siempre, de su futuro depuesto, a veces con alegre arbitrariedad, otras con una «ejemplar» planificación disuasoria. Desde la edad sin inocencia de esos mil muertos, no nos contempla la historia, sino el presente y el futuro. O, más bien, la manera en que los descuartizamos, en que los mutilamos arrojando del tiempo a quienes nada queremos saber de esa sintaxis que traiciona el sentido de las palabras, que las aturde hasta que suenan con la inquietante salmodia de un idioma extinguido, indescifrable. Que nos hace trampas, llamando a las cosas con palabras familiares a las que se cambia el sentido. Es el lenguaje con el que hablan los locos.

«La paz lo vale», señalan con ufano timbre los administradores del espectáculo. La paz tiene un precio, por supuesto. Pero tenía un valor: el acuerdo íntimo, inquebrantable, de no negociarla nunca. El precio era la muerte a manos de los asesinos. Pero el valor era el diálogo entre los inocentes, entre los demócratas, entre los ciudadanos libres. La paz vale mantener esa intransigencia frente a quien pretende, después de haber matado, que su crimen fructifique en una cosecha roja de ventajas políticas. La paz vale mantenerla frente a quien no sólo ha empobrecido a las familias diezmadas, sino que ha puesto bajo sospecha a quienes nunca han matado, cargando sobre sus espaldas la responsabilidad de la muerte, en uno de los ejercicios de manipulación más vergonzosos que han conocido los tiempos modernos. Las víctimas aparecen como verdugos del futuro si no firman una rendición condicional. Aparecen como responsables de la muerte si no aceptan a quienes han cabalgado a grupas del crimen durante treinta años. Aparecen, señalados por quienes nunca creímos que lo harían, como intratables seres sin sentido cívico, cuya intolerancia sólo provocará miseria y dolor añadidos a un país que ha perdido los puntos cardinales de su dignidad.

Pero la dignidad reside en esa zona, precisamente. En la de quienes dicen que no, desde esa negativa donde siempre han empezado las afirmaciones del humanismo y de la libertad. En la de quienes toman el camino más difícil. El de saber que, en nuestro propio nombre, nunca se dará a los asesinos y sus cómplices el rango de honestos luchadores equivocados. Que nunca dejará de tenerse en cuenta que dialogar con ellos es darles una parte de la razón, de nuestras propias razones, después de haberles saciado con una parte de nuestras vidas, de nuestros derechos, de nuestra felicidad.

De algo habrán servido: habrán podido presentar la línea por donde pasa la dignidad de un pueblo. Habrán marcado profundamente la herida abierta que conserva la memoria de las víctimas y nos hace sentirnos tan poca cosa en comparación con su sacrificio. Habrán servido para indicarnos en qué consiste el diálogo, en qué consiste la tolerancia, el respeto mutuo, la residencia en la tierra y la lenta destilación de la vida libre. No hablaremos con ellos nunca. Y si eso implica que otros nos retiren la palabra, quizás sepamos cuánto valía, en realidad, la palabra que ahora se nos niega. Sobre todo, al compararla con la de quienes, en uno y otro lado de la política, ya no pueden pronunciarla.

El premio por no matar
Cartas al Director ABC 18 Mayo 2005

Los señores Rubalcaba y Blanco, mientras pasan de puntillas sobre los atentados del domingo, pretenden justificar la mano tendida a la banda terrorista ETA con un pueril argumento: «Llevan dos años sin matar». Sin duda, los gudaris se merecen un premio...

Un hambre de gloria que deja entrever una desmedida ambición de poder guía al presidente Zapatero para mudar de la noche al día una política antiterrorista de amplio consenso, respaldada por la opinión pública y las víctimas a fuer de exitosa, y que ha llevado a la organización mafiosa vasca al momento de mayor debilidad de su historia, como reconocen Rubalcaba y Blanco: «Llevan dos años sin matar». Aunque son más bien dos años intentando matar sin conseguirlo, y aunque la extorsión, las amenazas y la denominada con hipocresía «violencia de baja intensidad» han continuado sosteniendo un régimen de apartheid que priva de las más elementales libertades a cientos de miles de ciudadanos residentes en el País Vasco, en lo que supone una situación inaudita en toda Europa.

La agonía de los terroristas debería haber conducido a un escenario en el que ellos diesen el primer paso y fuese por lo tanto el Gobierno legítimo de España quien llevase las riendas del proceso. Pero no. Recoger el fruto de lo sembrado por otros es poquita cosa para ZP: él sueña con que los libros de historia le recuerden como el presidente con el que empezó todo, el que abrió la verdadera senda para lograr la paz, cuando todos los demás estaban tan equivocados... Joaquín Manso. Madrid

¡Cataluña independiente!
Cartas al Director ABC 18 Mayo 2005

Sí, y España como cliente.

Puigcercós ha marcado las verdaderas dimensiones del reciente debate sobre el estado de la Nación: el presidente del Gobierno se ha pasado al bando de quienes están dispuestos a rendirse ante ETA, como se está rindiendo día a día ante las apetencias, sobre todo, pero no sólo, económicas de los separatistas catalanes. En ese debate, a diferencia de los anteriores, no oímos hablar de las medidas económicas que iban a mejorar el bienestar de los españoles, tampoco de las reformas que mejorarían la sanidad pública o del deplorable estado en que ha venido a parar la educación de nuestros adolescentes, en cuyas aulas se dedica más tiempo a tareas policiales que a enseñar.

Estos problemas que acabo de mencionar, graves a todas luces, han quedado a la sombra de los gritos de rabia que dejan escapar entre dientes las víctimas de ETA y del escozor que el desgarro y desmembración de España produce.

La anécdota de Carod-Rovira contra la celebración de los Juegos Olímpicos en Madrid, durante el pasado mes de diciembre y el conato de boicot al cava catalán aportan una espléndida luz sobre el «talante» único con que se deben recibir las insaciables exigencias de los catalanistas. Los asturianos, los manchegos, los extremeños, los andaluces, los leoneses no podemos aceptar seguir siendo una colonia económica de Cataluña, un mercado cautivo, mientras sufrimos toda serie de menosprecios y rechazos por parte de quienes nos explotan.

Levante y Murcia no pueden aceptar que les nieguen el agua del Ebro y pretendan venderles los textiles de Tarrasa.

El IVA y otros impuestos que pretenden recaudar para sí los catalanistas, y que ya recaudan y disfrutan los vascos, los pagamos quienes compramos productos fabricados en Cataluña o Vasconia. Y la mayor parte de esa producción no se vende en esas Autonomías, sino en el resto de España.

Si la deuda sanitaria catalana es tan grande, habrá que preguntar si los sueldos, el instrumental y las instalaciones de la sanidad catalana son los mismos que los de la extremeña o la asturiana. Y otro tanto ocurre con el resto de los servicios públicos.

Es la única herramienta que nos queda a los consumidores, una vez que el Gobierno de todos los españoles, «vencido y desarmado», se acaba de entregar a las huestes separatistas: reaccionar en lo económico, «brindar con el cava extremeño en lugar del catalán». Germán Suárez Blanco. Oviedo.

Las víctimas llaman a la movilización el próximo 11 de junio
Las AVT se querella contra el PCTV por permitir que los terroristas se presenten a las elecciones
Marcos S. González La Razón 18 Mayo 2005

Madrid- La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) convocó ayer a «todos los ciudadanos de bien», a «aquellos que salieron a la calle en 1997 para exigir que se se liberase a Miguel Ángel Blanco sin ceder al chantaje», para que rechacen el diálogo aprobado ayer por el Congreso de los Diputados con los terroristas. La cita será el próximo día 11 de junio, a las 17 horas en Madrid y transcurrirá bajo una pancarta en la que se leerá «Por ellos, por todos». Un segundo lema, todavía por terminar de definir, expresará la idea «No a la rendición, no al chantaje».

Los representantes del colectivo, arropados por la edil socialista Gotzone Mora, se personaron ayer en la Cámara Baja para observar «in situ», cómo se aprobaba la moción del PSOE. En una comparecencia posterior, el presidente de la asociación, José Alcaraz, explicó que era la segunda vez que acudía al Congreso. «En la primera me dieron la Gran Cruz al Mérito Civil. En la segunda, la gran cruz de la humillación».

«Zapatero ha faltado a su palabra», afirmó Alcaraz, «ha dado un giro radical en favor de los que miran a otro lado cuando asesinan a sus conciudadanos», por lo que llamó a todos los que quieran sumarse a la manifestación del día 11 a que digan al Gobierno que «no se pueden legitimar cientos de muertos, 7.500 heridos, 200.000 exiliados del País Vasco... porque sentarse con ETA es humillar a los vivos y a los muertos».

Mora no dejará el partido. Por su parte, la edil socialista Gotzone Mora se mostró tajante en la oposición a la medida impulsada desde su propio partido. «Me he sentido traicionada», dijo y añadió que «hoy el coraje y la resistencia contra ETA han sido atacados en el Congreso de los Diputados». Para la socialista está claro que su partido «ha instrumentalizado el dolor de las víctimas» por lo que quiso dejar claro que «esto no es socialismo». A Zapatero, Mora le envió un mensaje claro: «Nos ha dejado usted tirados a todos a los que ETA nos ha dado duro», pero ojo, porque «subió al Gobierno de la nación con un atentado y con otro puede bajarse». A pesar de todo, la edil descartó abandonar el partido, «a pesar de haberselo planteado muchas veces», por «responsabilidad».

«Tenemos que aguantar y tratar de frenar esto», afirmó. Por su parte, Conchita Martín, viuda del teniente coronel Pedro Antonio Blanco García, primera víctima después de la última tregua de la banda, afirmó que lo que se produjo ayer en el Congreso fue «espeluznante». Especial énfasis puso en el momento en el que el PSOE afirmó que «se lo debían a las víctimas». «¿A qué víctimas?» se preguntó, «si no nos han escuchado. Esta es una moción contra las víctimas». Asimismo exigió que se deje de tacharles de «derecha fascistoide». «Nosotros no tenemos ideología, sólo aportamos muertos y cuando esto que ha emprendido el Gobierno fracase, seguiremos aquí».

Querella contra PCTV. Por otro lado, la AVT presentó por la mañana una querella ante el Juzgado Central de Instrucción número 1 de la Audiencia Nacional por un delito de colaboración con una organización terrorista recogido en el artículo 576 del Código Penal.

Entre los fundamentos de hecho, la demanda comienza recordando que en enero de 2001 el etarra José Ignacio Alonso remitió un «manifiesto político para la Constitución del partido político comunista de Euskal Herria (EHAK)» a un dirigente Grapo. Posteriormente, «desde su fundación no ha tenido ninguna actividad hasta su participación en los últimos comicios vascos, hasta el punto de carecer de cuenta corriente propia, la cual fue contratada el 5 de abril de 2005 por el presidente del partido, Juan Carlos Ramos, y Artiz Blázquez, secretario, contratación realizada en la Caja Laboral y con cero euros de saldo».

Asimismo, la querella destaca «el hecho de que sea el propio jefe de prensa de la organización ilegalizada, Joseba Zinkunegui Garmendia, quien haya estado desempeñando esas labores para el partido querellado», hecho acreditado en la rueda de prensa del 1 de abril, en la que Nekane Erauskin le señaló ante las preguntas de los periodistas.
La acusación considera que estos hechos son «constitutivos indiciariamente» del citado delito de colaboración con organización terrorista, ya que «nos encontramos con la anulación del propio programa para asumir los de la organización ilegalizada». Emilio Murcia, representante del equipo jurídico del colectivo, se mostró ayer convencido de que «no vamos a contar con el apoyo de la Fiscalía».

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