AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 19 Mayo 2005
Empieza la carrera de ratas
José García Domínguez Libertad Digital 19 Mayo 2005

El prestigio del terrorismo
Pío Moa Libertad Digital 19 Mayo 2005

El PSE, entre la dignidad y el poder
Editorial ABC 19 Mayo 2005

Seamos serios
Eduardo SAN MARTÍN ABC  19 Mayo 2005

La transición malquerida
VALENTÍ PUIG ESCRITOR ABC 19 Mayo 2005

Milonga en negro
Jaime CAMPMANY ABC  19 Mayo 2005

Macabro vals en seis pasos
EDITORIAL Libertad Digital 19 Mayo 2005

El pedestal de la dignidad
M. MARTÍN FERRAND ABC 19 Mayo 2005

ZP ya no puede mirar a las víctimas
Ignacio Villa Libertad Digital 19 Mayo 2005

El inmenso error de ZP
GEES Libertad Digital 19 Mayo 2005

Cabreos varios
ANDONI UNZALU GARAIGORDOBIL El Correo 19 Mayo 2005

Como escorpiones en una botella
Lorenzo Contreras Estrella Digital  19 Mayo 2005

Qué bueno es sentirse bien
Álvaro Delgado-Gal La Gaceta de los Negocios 19 Mayo 2005

Dialogo y paz
Cartas al Director ABC 19 Mayo 2005

¿Proceso de paz
Cartas al Director ABC  19 Mayo 2005

Hemos venido a decir a Rajoy que no está solo; las treguas sirven para preparar funerales
Agencias Libertad Digital 19 Mayo 2005

Covite y el Foro Ermua se adhieren a la manifestación de la AVT
E. C./MADRID El Correo 19 Mayo 2005

«No podemos permitir que este PSOE gobierne; otro PSOE es posible»
Gonzalo Altozano Semario Alba 19 Mayo 2005

Negociación con ETA
Empieza la carrera de ratas
José García Domínguez Libertad Digital 19 Mayo 2005

Gracias a Suetonio sabemos que nada nuevo hay bajo el sol de las rotativas de prensa. Así, es él quien testimonia en un papiro que fue Calígula el que diera renombre y esplendor a los juegos que se celebraban en la ciudad de Lyon, ante el altar de Augusto. Como también por él tenemos noticia de que, concluida la competición, los triunfadores en las tenidas de elocuencia –aquellos que con superior retórica cantaran las gestas del pariente de Nerón– obtenían sus trofeos de manos de los vencidos. Además, cuenta que los mismos derrotados se veían obligados a recitar ante el populacho el elogio de sus vencedores. Tal era la voluntad del Emperador. Y si entre los ripios en gloria de los laureados hubiese alguno que fuera juzgado indigno –por insuficiente–, el autor era obligado a borrar su tablilla con la lengua, antes de ser azotado, correctivo que precedía al lanzamiento del desgraciado a las aguas del Ródano. Es decir, gracias al cuate de Juvenal conocemos que la carrera de ratas que empieza hoy, ésa que acaba de convocar Rodríguez para convertir a las víctimas en verdugos, a los verdugos en oponentes, a los oponentes en criminales, a los criminales en franciscanos, a los franciscanos en fanáticos, y a los fanáticos en víctimas, alberga cualquier cosa menos novedad histórica.

Pues bien, ayer mismo, el decano de nuestra lírica fascista se apresuraba a tomar posiciones en la línea de salida. Ansiaba la pole position, y suya fue. Por una vez, habría de madrugar para ser el primero en llamar “facciosos” a Redondo Terreros, Rosa Díez, Gotzone Mora y los demás socialistas vascos que anteponen sus principios a sus piscinas. Pero valió la pena el sacrificio. El maestro intuye, al igual que los demás concursantes, que el César anda inquieto estos días, y que a todos escruta con el rabillo del ojo. Por eso, era muy importante no decepcionarlo. Y el gesto gallardo de adelantarse, ofendiendo a quienes se juegan la vida en el Norte para que su señor se la gane en el Limbo, a buen seguro habrá complacido a La Moncloa. Mas ayer se fue y mañana no ha llegado; cuando llegue, es decir, dentro de un rato en el quiosco del Vips, ya serán legión los gladiadores de la lengua de trapo que emulen al patriarca, y aún pugnen por superarlo. Atención, pues, porque nos visita el mayor espectáculo del mundo: ETA, la hija pródiga de la izquierda, vuelve al redil familiar, y se acaban de inaugurar los magnos juegos florales del gran recibimiento. Permanezcan atentos a la pantalla, ya que esto sólo es el principio. No lo duden, el camarada Andrei Vishinski, el fiscal de los procesos de Moscú, parecería un becario del Hola al lado de los roedores patrios que llegan desfilando en columnas de a uno. Pasen y vean, la función está a punto de comenzar.

Negociación con ETA
El prestigio del terrorismo
Pío Moa Libertad Digital 19 Mayo 2005

Navegando por Internet encuentro a menudo alusiones a mi modesta persona calificándome de “ex terrorista”. Obviamente la idea es suscitar rechazo hacia mis libros, pero se equivocaría quien creyera que ese rechazo recae sobre el segundo término del calificativo. Lo que provoca la indignación de quienes así hablan, casi todos progres fanatizados, incluyendo supuestos intelectuales, es justamente el “ex”. Como resulta obvio a cualquier observador medianamente agudo, esta gente respeta profundamente a los terroristas, para los cuales solicita el diálogo, la negociación, es decir, el premio a sus atentados a costa de las libertades. Para mí u otros en mi caso no solicitan esas ventajas, desde luego, sino la censura, el vacío y el silencio.

Todos los países tienen sus peculiaridades y entre las de España está la de ser el país europeo en cuya historia reciente más ha influido el terrorismo. Fueron principalmente los incontenibles atentados anarquistas los destructores del sistema liberal de la Restauración, también tuvo el terrorismo un papel muy importante en el fracaso de la república, y desde la Transición se ha convertido en un eje de la política española, a la cual ha condicionado dramáticamente.

Pero, ¿ha sido el terrorismo propiamente dicho? Creo que más bien se ha tratado del aura de “comprensión”, cuando no admiración abierta, que ha rodeado a los pistoleros y bombistas, y sobre todo la pretensión de explotar políticamente sus crímenes. Uno de los más destacados asesinos en masa, Mateo Morral, que mató en un atentado a decenas de personas e hirió a un centenar, se convirtió en héroe para gran parte de la izquierda, y disfrutó de un favorable retrato literario por Valle Inclán. El fundador del PSOE, Pablo Iglesias, justificó en más de una ocasión el crimen “político”, y nadie entre cuantos se consideraban progresistas lamentó los magnicidios de Cánovas, Canalejas o Dato, que privaron al sistema de libertades de varios de sus más dotados estadistas.

Durante la república, los atentados fueron el pan nuestro de cada día. La izquierda catalanista facilitó a la CNT el asesinato de obreros disidentes, y la izquierda en general no encontró dignos de condena los atentados contra falangistas o derechistas. Las elecciones de 1933 se vieron ensangrentadas por seis atentados mortales, todos de las izquierdas contra las derechas. Sólo pareció intolerable a aquellos progresistas que la Falange terminara replicando en los mismos términos.

Y en cuanto a la ETA debemos recordar que durante bastantes años fue tenida por un grupo pintoresco hasta que empezó a matar, ya en 1968. En ese momento recibió la más cálida admiración y aplauso de la oposición antifranquista casi en pleno, de un amplio sector del clero vasco y no vasco, de los gobiernos franceses, de muchos órganos de prensa en la misma España. Entre todos crearon la leyenda de la ETA justiciera y democrática, convencidos de que en cuanto desapareciera el franquismo aquellos chicos idealistas, pero atolondrados y poco inteligentes, resultarían fácilmente manejables y dejarían de dar problemas. Los tontos, por decirlo de forma suave, fueron quienes hicieron tales cálculos, tan terriblemente costosos para la democracia.

La política en España, como en otros países, ha caído a menudo en la delincuencia, tanto en concepto de corrupción como de utilización o explotación del crimen. La simpatía, abierta o soterrada, hacia los asesinos ha redundado durante muchos años en el linchamiento moral de sus víctimas por parte de fuerzas que se decían democráticas, y cabe recordar a este respecto lo sucedido cuando Jiménez Losantos fue secuestrado y tiroteado por una banda terrorista en Barcelona. Para entender lo que hoy ocurre debemos calibrar en su justa importancia el hecho de que, pese a los incesantes atentados de la ETA y otros grupos, los partidos más o menos constitucionales no lograron articular una política antiterrorista conjunta hasta… 1988: el Pacto de Ajuria Enea. Un pacto insuficiente y en varios aspectos irrisorio, pero al menos un avance. Terminó fracasando porque el PNV, en definitiva, ha sido siempre el cómplice más efectivo de los pistoleros y por ello un grave elemento de perturbación de la democracia.

Esa colaboración de hecho del PNV con los asesinos excluyó a este partido del Pacto Antiterrorista, que básicamente consistió en la aceptación por el PSOE de la política del PP: negativa a la pretensión de hacer del crimen una forma de actuación política, pretensión demoledora para el estado de derecho y mantenida sistemáticamente por el partido de Arana. La nueva política antiterrorista permitió acorralar a los etarras, pero ahora el gobierno socialista ha vuelto a echarla por tierra, aliándose con el PNV en complicidad apenas disimulada con los criminales, a quienes piensa “derrotar” admitiendo sus exigencias a costa de las libertades, de las víctimas y del derecho.

Esta es la realidad y sólo pueden negarse a verla los aficionados al ilusionismo progres. En otro artículo trataré de explicar de dónde viene esa mezcla de comprensión, admiración furtiva y deseo de congraciarse con los pistoleros. Baste ahora señalar el hecho indudable una de las claves del reiterado fracaso de la convivencia en España durante todo un siglo, y que puede repetirse ahora.

El PSE, entre la dignidad y el poder
Editorial ABC 19 Mayo 2005

LA crisis interna del Partido Socialista de Euskadi es a la vez causa y consecuencia de la situación política general en el País Vasco y en el conjunto de España. Es causa, en efecto, porque el éxito de la operación para desbancar a Nicolás Redondo Terreros era el anticipo inequívoco de este cambio radical de orientación. Aquel mismo día, con más o menos eufemismos, se daba el finiquito a la teoría y a la práctica del bloque constitucionalista. Los socialistas vascos comenzaron así una andadura cuyas consecuencias son -hasta el momento- la ruptura material del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo y la presencia en el Parlamento autonómico con capacidad decisoria de una marca subsidiaria de Batasuna. Planeada y alentada desde el PSOE, la opción que representa Patxi López significa un acercamiento al nacionalismo en sus diferentes facetas. Incluye, por una parte, una reforma estatutaria inspirada en la «vía catalana» y, por otra, la negociación con ETA, respaldada ya por la reciente resolución del Congreso de los Diputados. Aunque no respondieron por completo a las expectativas, los resultados electorales del pasado 17 de abril han servido para reforzar a los partidarios de esta estrategia, aunque su eficacia práctica es mínima, hasta el día de hoy, incluso si se contempla desde una óptica estrechamente partidista: la Presidencia del Parlamento vasco continúa en situación de bloqueo y todo apunta a que Ibarretxe (con el aval explícito de Zapatero tras la entrevista de Moncloa) seguirá siendo lendakari, aunque haya que escenificar algunos desencuentros previos. Magros beneficios, en fin, para tan graves decisiones, que afectan a la esencia de nuestra democracia y que están creando una crispación social que debería preocupar seriamente a cualquier político con sentido de Estado.

Vistas las circunstancias, no es de extrañar la reacción valiente y sincera de un sector importante del PSE, expresada en la carta firmada por Rosa Díez (cuya postura había anticipado en una Tercera de ABC), por el concejal Nicolás Gutiérrez, por personajes tan conocidos como Fernando Savater y por diversas víctimas del terrorismo, entre ellas Maite Pagazaurtundúa. Muchos socialistas dentro y fuera del País Vasco comparten los términos emotivos que contiene dicho documento, al que López ha respondido de forma abrupta con una invitación nada velada a los dos primeros para que abandonen el partido, eximiendo de respuesta al filósofo -por no ser militante- y a las personas en quienes concurre la condición de víctimas. Se equivoca gravemente el candidato a lendakari al calificar de «desleal» el comportamiento de personas que, como otros muchos socialistas y populares vascos, merecen la admiración general por la defensa de la libertad en circunstancias dramáticas. Un error que se suma a su entrevista con las representantes de EHAK durante la peculiar ronda de conversaciones que ha mantenido en los últimos días. Ayer en el Congreso, la vicepresidenta del Gobierno no fue capaz de ofrecer una respuesta coherente sobre este asunto; peor todavía, puesto que una imagen vale más que mil palabras. La opinión pública ha reprochado sin fisuras la cordialidad desplegada hacia las representantes de un partido que debería estar ilegalizado por contraste con la frialdad dedicada a la popular María San Gil.

Después de los acontecimientos recientes, quedan muy pocas esperanzas de entendimiento entre los dos grandes partidos nacionales. Pero ninguna estrategia política logrará provocar la ruptura emocional entre personas que han compartido tantos sufrimientos y heridas, no sólo morales, como es notorio: son muchos miles de personas de buena voluntad, cargos públicos que siguen y seguirán llevando escolta y ciudadanos de a pie que no pueden expresar con naturalidad sus opiniones. Si desea obtener algún rédito de su opción actual, el PSE debería ejercer una presión suficiente sobre el PNV para alcanzar resultados prácticos que justifiquen una línea política de consecuencias tan peligrosas. Pero nadie tiene derecho a descalificar a quienes han ganado con su sacrificio personal un capital moral y político basado en la dignidad que les reconoce la inmensa mayoría de la sociedad española.

Seamos serios
Por Eduardo SAN MARTÍN ABC  19 Mayo 2005

BUSCAR la derrota total de una organización terrorista no es una alternativa al ensayo de una solución negociada, sino que es la condición indispensable para que ese diálogo se pueda producir alguna vez. Quien defiende esta tesis con tanta contundencia no son los responsables del Interior de los gobiernos de Aznar. O no sólo. La comparten reputados expertos, y señaladamente el profesor Fernando Reinares, titular del único departamento universitario que se ocupa en España de esta cuestión y en la actualidad asesor para estos temas del mismísimo ministro socialista del Interior. Nada sospechoso por tanto. Reinares es autor de libros espeluznantes sobre ETA y sobre el islamismo radical. Pero en lo que es un auténtico experto es en el terrorismo del Ulster, que ha estudiado sobre el terreno durante varios años. Y su conclusión, también ampliamente compartida, es muy clara: no fue la apertura de un diálogo con el IRA la que condujo al fin de la violencia, sino que fue la convicción por parte de los terroristas de que habían perdido la batalla, y junto con ella toda esperanza de conseguir sus objetivos por las armas, la que hizo posible el inicio del diálogo. Y aun así, siete años después de los acuerdos de Viernes Santo, el IRA aún no ha rendido sus armas, los acuerdos de Stormont continúan empantanados y la autonomía del Ulster sigue suspendida. O sea que, la próxima vez que se cite el antecedente de Irlanda del Norte, seamos un poco más serios.

Quienes se empeñan en atribuir al PP una estrategia exclusivamente partidista en su oposición al «fin dialogado de la violencia» que propugna Zapatero se niegan a admitir que, más allá de cualquier proceso de intenciones (¿son las del PSOE absolutamente inocentes?), subyace una radical diferencia entre ambos partidos sobre la manera de encarar el fin del terrorismo de ETA. Y que es esta absoluta divergencia en el diagnóstico la que ha impedido un acuerdo en el Congreso.

Se han invocado Ajuria Enea y el Pacto Antiterrorista como precedentes de la moción votada el martes. Pero no son, ni de lejos, la misma cosa. Responden a dos escenarios y a dos lógicas distintos, aunque relacionados. El Pacto (año 2000) es hijo de Ajuria Enea (1988) sólo en el sentido de que constituyó una rectificación al error de diagnosis que contenía este último. Dos negociaciones fracasadas y varias treguas interrumpidas después, era lógico pensar que la única estrategia posible es la que recomiendan expertos como Reinares. Tienen que existir, pues, razones poderosísimas para que ahora, cuando la nueva medicina estaba a punto de acabar con el mal, se quiera aplicar un tratamiento que probó su ineficacia nada menos que durante 14 años. Deberían existir esas razones, pero Zapatero no las ha querido, o no las ha podido, explicar.

La transición malquerida
POR VALENTÍ PUIG ESCRITOR ABC 19 Mayo 2005

LA justificación de la extremada maleabilidad de lo postmoderno quiso fundamentarse en la inexistencia de grandes relatos, de meta-relatos, pero los hay y los habrá. Para la España moderna lo fue la transición a la democracia al morir Franco. En el entreacto, es un deber de civilización pulir y afinar la memoria de aquel tiempo de azares y necesidades. A saber cómo se explica en las escuelas un trance histórico que cimentó el acueducto necesario para transitar del autoritarismo a la plena libertad. De aquel gran relato parece desapegarse la izquierda que gobierna hoy con el apoyo parlamentario de Izquierda Unida y Esquerra Republicana, como si se quisiera rebobinar lo pasado y reintroducir el concepto de ruptura, cuando entonces había triunfado el espíritu de reforma. Los actos de concordia colectiva que España vivió en las fases más fecundas de la transición democrática van siendo desvalorizados, uno tras otro, en beneficio de un síndrome de ruptura que disloca consensos y legitimaciones. Fue entonces tanta la voluntad de concordia colectiva, que incluso quedaron borradas las huellas del ridículo histórico que hizo la fraseología rupturista. Lo probaron el prestigio acrecentado de la Corona, los resultados del referéndum sobre la Ley para la Reforma Política y luego el referéndum de la Constitución.

El «tempo» de la transición a veces hacía sentir la trepidación de la Historia bajo nuestros pies, con recordatorios de tragedia y una teoría de ventanales que iban abriéndose uno tras otro, con raudales de luz que aclaraban un paisaje de paz, piedad y perdón. Ahora, aquel período que legítimamente muchos vivieron y evocan con orgullo está siendo aludido como una fracción histórica turbia e incompleta, requerida por fuerzas incontrolables, vivida bajo una presión «contra natura». Paradójicamente, quien encabeza ese revisionismo es un presidente del Gobierno como José Luis Rodríguez Zapatero, llegado al liderazgo del PSOE como voz de las ilusiones de una nueva generación y hoy domiciliado en la Moncloa por efectos hipotéticos de un talante de renovación que llevó a las urnas a sectores generacionales próximos a la marginalidad política y tentados por cierto anti-institucionalismo. Tan unilateralista, el modo de dialogar de Rodríguez Zapatero plantea hoy, en gran parte como consecuencia de la grave crisis moral del 11-M, una revisión del pasado que es más propia de quien con urgencia busca nuevos recursos para avalar su propia legitimidad. Cruje el «corpus» constitucional, padecen las relaciones institucionales, se alteran consensos tácitos o explícitos, cambian las alianzas internacionales, está en la duda el modelo territorial de Estado y conceptos nucleares de la convivencia pactada quedan sobre la mesilla del mago predistigitador, entre la chistera raída y el conejo atontado.

La transición fue una página de épica feliz y venturosa, una de las páginas más acertadas de la historia de España, como para honrarla todos los días. Es descorazonador que ocurra todo lo contrario, que el propósito sea tergiversarla, ningunear su envergadura, ponerla bajo sospecha, olvidarla para salvar el nombre de una ruptura que nunca tuvo lugar. Lo había prefigurado Rafael Arias-Salgado en su artículo sustancial «Polémica sobre la interpretación de las Leyes Fundamentales: dimensión política y dimensión técnico-jurídica», publicado en la revista «Sistema» en abril de 1974. Arias-Salgado razonaba posible iniciar una «evolución con horizonte liberalizador» en el marco de aquellas Leyes fundamentales, desde una interpretación técnica, «tejida con la finalidad también política de empujar al régimen a su evolución transformadora», hasta el punto de que «ciertos detentadores del poder» ya no podrían impedir la liberalización. En el fondo, se trataba de sumar lo mejor de la evolución interna y de la reforma posible, mientras el frente rupturista iba asomando por los boquetes del tardofranquismo, con inflación verbalista y adanismo ideológico. Al cabo de los años, está en los manuales que la España actual se gobierna, si acaso, con reformismo y que las tesis rupturistas sólo sirven, como máximo, para estar en la oposición. En un malabarismo novedoso, Zapatero usa de las tesis rupturistas desde el Gobierno, tal vez porque así disimula el desgobierno. Si eso corresponde a un nuevo ciclo de la vida pública española o es una simple estrategia política se va a saber relativamente pronto. La desmemoria tiene sus ciclos, el pasado conoce sus fosas y la ética de la responsabilidad ha de atender a sus rigores.

El hecho de que la política esté perdiendo su función central en nuestras sociedades no incumbe directamente al pasado: preguntarse si estamos en el umbral de un nuevo desencanto o en los inicios de un repliegue tal vez sea una conjetura desorbitada al compararla con los datos del zapaterismo como sistema anecdótico, pero es que proponerse la reescritura de la transición a la democracia no es poca cosa. Entre otras razones, porque no se nos explica racionalmente el motivo ni que de los resultados de las elecciones generales de marzo pueda deducirse con tanta ligereza el deseo colectivo de un bandazo tan brusco. Es reciente la reflexión del profesor Antonio Porras Nadales, en la «Revista de estudios políticos»: mirar para otro lado después del 11-M restringe un ámbito de debate que requeriría alternativamente las máximas cuotas de libertad de expresión y de opinión, y mucho más cuando una de las líneas programáticas del nuevo gobierno -dice Porras Nadales- resulta ser nada menos que la propia regeneración democrática de nuestro sistema político: de una parte, lo dificulta el negar o ignorar la crisis de legitimidad producida en las vísperas electorales, y de otro lado, no se ve la puesta en práctica «en un ambiente de continuada reiteración de la peligrosa bipolaridad en que viene cayendo nuestro sistema representativo; cuando todo proceso de regeneración democrática requiere más bien, alternativamente, un esfuerzo adicional y compartido de consenso».

Para quienes proponen y estimulan la malquerencia de la transición democrática vivida en España en los años setenta, el beneficio político será probablemente sólo a muy corto plazo, si es que no resulta nulo. Las democracias valoran mucho dos elementos: la estabilidad y un sentido claro de la orientación. Ambos elementos requieren de quien los represente, articule y exprese con credibilidad.

Así será la confrontación política en los próximos meses, porque la ciudadanía desea saber hacia dónde se va y cuál será la consistencia del nuevo paisaje. En estos casos, la frontera entre la confianza y la desconfianza acostumbra a ser muy fluida. Más beneficioso sería plantar un esqueje de aquella transición democrática en una maceta de casa y regarla todos los días.

Milonga en negro
Por Jaime CAMPMANY ABC  19 Mayo 2005

ESTO está poniéndose negro como en la milonga de Borges y como el campeón negro del Barça, que le llama «cabrón» al blanco, o sea, al merengue, por seis veces seis, y chillando por el micrófono, encima de ganarle la Liga. Parecía que el negrito hubiese ganado la guerra al «apartheid». A Luis Aragonés lo querían empitonar por haberle llamado negro al negro. Le dijo al blanco: «Anule usted al negro» y se armó la milonga de los dos negros en el túnel. Lo que le sucede a Eto´o, el negrito del Barça, es que es el negro que tenía el alma blanca.

Esto de la política, que es a lo que voy, está poniéndose negro, negro casi como el fútbol. Se queda lejos la «Balada de los dos abuelos» de Nicolás Guillén, uno blanco y otro negro, y el «Casi son» de Rafael Alberti, ¿recuerdan?, «negro, da la mano al blanco; blanco, da la mano al negro». Aquí, eso de dar la mano lo dice Zapatero. Se la ofrece a Rajoy, hombre blanco, y se la da por detrás a los etarras, asesinos negros.

Los etarras no aceptan a Atucha de presidente del Parlamento vasco. Y eso que no quiso echar a los batasunos de sus escaños y le hizo un corte de mangas al Tribunal Supremo. Negros estarían los jueces. Lo de elegir presidente se ha puesto de castaño oscuro, prácticamente negro. Los dos candidatos, peneuvista uno y socialista el otro, como los abuelos, blanco y negro, de Nicolás Guillén, empatan una vez y otra vez a 33 votos, y los nueve votos de los etarras se quedan mirando el empate muertos de risa. Tendrán que desempatar a penaltis, digo yo.

Uno que se ha puesto negro es Pepiño Blanco, que la política tiene estas paradojas. Pasa del blanco al rojo y del rojo al negro. Los catalanes de Carod lo hacen más complejo. Pasan del rojo al amarillo, del amarillo al morado y del morado al negro. Pepiño Blanco Rojo y Negro ha dicho que los peperos no quieren colaborar en la lucha antiterrorista, que eso sí que tiene gracia. Seguramente lo dijo porque no han votado la moción para negociar con ETA, pero al mismo tiempo Zapatero no ha condenado las cuatro bombas de Guipúzcoa, y nadie le ha dicho a Otegui que los policías seguirán deteniendo etarras, los jueces seguirán juzgándolos y, de momento, Batasuna permanecerá en el pozo. Pozo negro, por supuesto.

La vicepresidenta del Gobierno también debe de estar negra. La tienen negra las cosas que dice Zaplana. De repente, María Teresa Fernández de la Vega (no logro recordar de qué me suena a mí ese apellido) se ha levantado el moño, ha puesto los brazos en jarras, se deja deslizar por lo trágico y apocalíptico, se pone farruca y flamenca y les dice a los populares que tienen «la mente obtusa y el corazón emponzoñado». Lo de la mente obtusa entra dentro del reproche político o del escolar, pero lo del «corazón emponzoñado» es una querella de amor. Eso se le dice a un burlador o a una amante peliforra. También podría haberles dicho María Teresa a los peperos que tienen el «corazón negro». Esperemos, queridos lectores, que no terminemos todos friéndonos en una negra sartén.

Macabro vals en seis pasos
EDITORIAL Libertad Digital 19 Mayo 2005

Parece mentira que hayamos llegado a esto, aseguró ayer, incrédulo, el diputado popular Ángel Acebes ante el cariz que están tomando los acontecimientos desde que Zapatero pisase el acelerador del despropósito con motivo de las elecciones vascas. Iba cargado de razón. Este escenario extremo, anómalo y preocupante al que el Gobierno nos ha conducido tras su apuesta decidida por entregarse sin condiciones a nacionalistas de todo pelaje era, hace apenas un año, simplemente inimaginable. Si algo había sagrado, o casi, en los asuntos domésticos era la lucha antiterrorista y la determinación institucional frente a los que, con las armas, pretendían partir el espinazo a nuestra democracia. Los resultados de ese consenso estábamos empezando a recogerlos ahora, con una ETA debilitada como nunca antes y con el anhelado fin de la pesadilla nítido en el horizonte.

No ha sido posible. Un gobierno equilibrista, maniobrero e irresponsable ha impedido que, después de tres décadas y media de terror, la Nación doblegue a los que durante todo este tiempo han estado chantajeándola sin contemplaciones. Desde que Ibarretxe se echase al monte el pasado diciembre aprobando su plan secesionista en Vitoria, los movimientos se han sucedido con la cadencia de un vals. Primer paso, debate sobre el nuevo estatuto en el Congreso de los diputados. Segundo paso, ninguneo a las víctimas del terrorismo etarra y detención ilegal de dos militantes del PP en una manifestación de la AVT. Tercer paso, relegalización de una Batasuna embozada tras las siglas del PCTV. Cuarto paso, desprecio y condena al ostracismo a los populares vascos tras las elecciones. Quinto paso, comienzo oficial de las negociaciones con la banda terrorista ETA.

Todo ha funcionado como una maquinaria perfectamente engrasada, como un reloj de factura suiza, como si respondiese a un plan trazado con anterioridad. Para el sexto paso, que no es otro que la entrega de armas y bagajes al enemigo combinado con la traición al antiguo amigo, es necesario anestesiar a la opinión pública para paliar los efectos de lo primero y demonizar hasta el ridículo al amigo para que la traición no parezca tal. En esas coordenadas nos encontramos. Los estrategas del Gobierno tienen la hoja de ruta muy clara. Si el Estado de Derecho se rinde, y lo hará en tanto en cuanto preste oídos a unos criminales, no ha de notarse demasiado. Y en cuanto al Partido Popular, es preciso que parezca que los culpables son ellos, es preciso convencer a la audiencia que un partido a quien votó casi el 40% del electorado es enemigo de la paz y causante de la crispación. Vistas así las cosas, se puede entender la burda representación que están llevando a cabo ciertos miembros del Gobierno y algún ilustre diputado del PSOE reconvertido en martillo de herejes.

El Partido Popular no puede permitir, ahora que el proceso iniciado hace seis meses entra en su fase final, que Gobierno y PSOE, nacionalistas y terroristas, lleven adelante su plan maestro que consiste en deshacer lo que hoy conocemos como España. Se debe directamente a casi 10 millones de españoles que le votaron y, espiritualmente, a otros tantos que no toleran de ningún modo que nuestra democracia se ponga en almoneda por los bastardos intereses de un político que quiere perpetuarse en el poder a cualquier precio. Como ya apuntamos desde aquí el pasado domingo, negociar con ETA es, simplemente, imposible. El Gobierno no puede satisfacer el precio político que la banda va a fijar a no ser que sea saltándose la Ley. Si lo hace, que no sea impunemente y que su artera maniobra, su macabro vals en seis pasos, quede a la vista de todos.

El pedestal de la dignidad
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 19 Mayo 2005

DECÍAMOS ayer que el PP se ha quedado solo en el Congreso; pero tampoco es cosa de rasgarse las vestiduras y, como leo en muy notables análisis políticos, hacer doblar las campanas del entendimiento. La política es confrontación y resulta saludable y democrático, especialmente frente a los asuntos más delicados, que las grandes formaciones enseñen y mantengan sus diferencias. En un bipartidismo fáctico, como el fabricado en la Transición, debe inquietarnos más la unanimidad entre los grandes que sus divergencias. Con aquélla caducan los balsámicos efectos de la alternancia, mientras que con éstas siempre cabe intentarlo de nuevo y de un modo diferente.

José Luis Rodríguez Zapatero, de quien no se sabe adónde va, cree que puede y debe hablar y entenderse con ETA, y, si ése es su pensamiento, es su derecho, y hasta su obligación, intentar acuerdos con quienes, según pensamos otros, no hay ninguno posible, y no sólo por razones éticas. Una minoría terrorista es la jibarización de un proceso febril nacionalista, y eso no tiene cura por los caminos de la inteligencia. Sin bombas y sin pistolas, sin sangre y amenazas, una banda terrorista entra en una fatal y demoledora anorexia porque su forma es su único fondo. Introducir en el debate político las «razones» que pueden justificar, aunque sea en tiempo pasado, un asesinato es un disparate procedimental y algo parecido a la negación de la conciencia.

La soledad, no siempre trágica, suele acompañar a quienes anteponen sus principios a sus intereses, y por eso se produce en todas las familias. Ahí tenemos, en el otro de los dos grandes bandos de la política nacional española, a Rosa Díez, que, instalada en el confortable destierro europarlamentario, no quiere renunciar a su cuota de opinión. En carta conjunta con otros notables, unos militantes socialistas y los otros sencillamente próximos, le afeó a Patxi López su desdén frente a María San Gil en vivo contraste con su jocosa y amable recepción a las matronas representantes de EHAK. Olvidó la valerosa Díez que, contra lo que dicen los eslóganes, socialismo no es libertad, y para recordárselo, a vuelta de correo, el secretario general de los socialistas vascos, que mucho les debe a quienes le escribieron, les invita a ella y a Nicolás Gutiérrez a dejar el partido y pasarse al PP. Con los demás firmantes de la razonable carta que motiva los hechos, no se ha atrevido López. Su energía llega hasta la frontera de las víctimas.

Ni Díez ni Rajoy ni nadie deben dolerse por la soledad con que les envuelven las circunstancias. Cuando llega así, como consecuencia de una postura gallarda y difícil, esa soledad tiene el valor de un premio inmenso y constituye, en el paisaje de la Historia, el pedestal del monumento a la dignidad individual. Algo previo y más importante que cualquier color de militancia.

ZP ya no puede mirar a las víctimas
Ignacio Villa Libertad Digital 19 Mayo 2005

Cada día que pasa, cada jornada vivida políticamente nos lleva a una situación cada vez más complicada. Es más, nos encontramos en una situación que comienza a ser democráticamente inviable. Ya no estamos en una dinámica en la que Rodríguez Zapatero intente colocarse la medalla de la paz en el País Vasco. Incluso se ha quedado atrás el entierro del Pacto Antiterrorista o la Ley de Partidos. Cada día nos encontramos con una nueva vuelta de tuerca, cada vez más lejos de la convivencia democrática, cada vez más cerca de las exigencias etarras.

Los aplausos que ha recibido el presidente Zapatero del batasuno Otegui y la confirmación publicada en Gara confirman que el presidente del Gobierno está siguiendo al pie de la letra las órdenes impuestas por los terroristas etarras. Zapatero ha claudicado antes de decir esta boca es mía, ha cedido en todo antes de cualquier abandono de las armas por parte de ETA.

Y en este caso, el problema no es simplemente la torpeza, la cobardía y la ineptitud del jefe del Ejecutivo. El gran problema es que el presidente del Gobierno no se representa a sí mismo en esta historia, representa a todo el pueblo español. Y aunque quiera no puede ir por libre. Además, Zapatero nunca podrá –aunque lo haya intentado– quitarse del medio a las víctimas del terrorismo.

Precisamente son las víctimas del terrorismo las que asisten apabulladas a esta actitud del Gobierno Zapatero ante los etarras. No se puede entender la cesión, no se puede entender como se ha renunciado al honor y al reconocimiento de todos aquellos que han muerto por los principios democráticos durante décadas. Tantos muertos socialistas, populares, miembros de las Fuerzas de Seguridad, militares y ciudadanos corrientes. Tantos asesinados en atentados indiscriminados, en atentados selectivos o en coches bomba.

Zapatero parece que se ha olvidado de Buesa, Múgica, Pagazaurtundua, Blanco, Ordóñez o Casas. Parece que se quiere olvidar, pero pueden estar seguros que son muchos los ciudadanos que le van a recordar al presidente del Gobierno que está triturando todo aquello por lo que los españoles hemos estado luchando: la paz; la paz a cambio de nada. Este presidente del Gobierno ya no podrá mirar a los ojos a las víctimas del terrorismo. Su actitud no tiene precedentes. La cobardía no se puede explicar.

Negociación con ETA
El inmenso error de ZP
GEES Libertad Digital 19 Mayo 2005

El GAL, más allá de la repugnancia moral que produjo y de la chapuza macabra que lo caracterizó, fue sobre todo un error estratégico en la lucha contra ETA. El GAL proporcionó a los terroristas una legitimidad y una fuerza que ni siquiera las ejecuciones de Franco habían provocado. El GAL costó así muchas más muertes de inocentes, porque prolongó de forma artificial la vida de ETA, dificultó enormemente la cooperación con Francia, desmoralizó a las fuerzas de seguridad y creo los mártires que ETA necesitaba para sobrevivir. Esa es una responsabilidad histórica de la que el PSOE, a pesar de haber conducido a la cárcel a algunos de sus máximos dirigentes de entonces, ha salido relativamente indemne en términos políticos.

El proceso de negociación con ETA que ha abierto ahora el presidente Rodríguez Zapatero, más allá de la repugnancia moral que provoca por su traición a las víctimas y de las chapuzas que sin duda se cometerán en su desarrollo, es otro error estratégico que prolongará durante más años la vida de una ETA que se encontraba al borde del colapso. Zapatero ha permitido a los terroristas reabrir el frente político y restaurar sus fuentes oficiales de financiación. Pero sobre todo, les ha dado un horizonte estratégico del que carecían. Por un lado, la expectativa de paz que ha creado el Presidente en la sociedad ha revalorizado el valor político de la violencia. Por otro, la oferta de una doble negociación, política y “militar”, ha devuelto un sentido a la acción terrorista del que carecía por completo en los últimos años.

La primera victima del giro estratégico provocado por Zapatero ha sido el consenso político y social que existía contra ETA. Hoy los españoles están divididos entre aquellos que quieren pactar con los terroristas y aquellos que aspiran tan solo a derrotarlos. El Partido Popular ha renunciado además a seguir al Gobierno en esta aventura. Aunque su posición pueda suscitar hoy alguna incomprensión, en algún momento la sociedad española le reconocerá a Mariano Rajoy el gran mérito histórico de haber salvado en este triste episodio de la claudicación la dignidad de nuestra democracia.

El proceso de paz que el Gobierno ha iniciado y al que el Congreso de los Diputados ha dado luz verde esta semana está condenado necesariamente al fracaso. ETA no va a renunciar a los objetivos políticos por los que ha matado a casi mil inocentes y el Gobierno no puede conceder a ETA el precio que ésta le exige sin acabar primero con España y suicidarse electoralmente después.

Pero es seguro que ETA saldrá fortalecida de todo este proceso. Los terroristas han recuperado en pocos días todo el protagonismo político que el Pacto por las Libertades les había negado durante años. ETA sabe hoy que la violencia vuelve a ser un arma poderosa en la negociación que se avecina. ETA tendrá ahora el tiempo y los medios para recomponer su más que deteriorada capacidad criminal. Es muy probable que en esta ocasión ni siquiera los responsables de este desastre tengan que pagar con la cárcel sus errores. Pero también es muy plausible que la sociedad española no perdone esta vez el inmenso error que el PSOE está volviendo a cometer en la lucha contra el terrorismo. GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Cabreos varios
ANDONI UNZALU GARAIGORDOBIL El Correo 19 Mayo 2005

Llevo como un mes entre el asombro y el cabreo. Entre el 17 y el 19 de abril ha cambiado radicalmente el lenguaje político en Euskadi. Lo que me asombra es la naturalidad con que se ha producido el cambio. Del debate de un nuevo estatuto (es necesario recalcar que tener Estatuto ya lo tenemos, en todo caso será su reforma) se pasa a hablar de la pacificación y normalización. El señor Ibarretxe se ha olvidado de que se presentó a las elecciones con un plan y que ese plan perdió las elecciones. Vemos a unas señoras repetir, como letanía, que quieren 'paz y democracia' como si estuviéramos en los 70 en la dictadura de Franco, y nadie se escandaliza. Quieren paz y democracia las amigas de los que atacan la democracia.

La noche del 17 de abril nos hemos encontrado con una situación complicada, pero que es reflejo de la situación en Euskadi: una sociedad fragmentada. Porque realmente es éste nuestro conflicto: no hemos sido capaces de crear un espacio común, unos valores compartidos por todos los ciudadanos vascos. En una situación como ésta en la que los sobreentendidos, los valores compartidos no existen es más necesario que nunca respetar de forma puntillosa las formas y procedimientos de la democracia, porque es casi lo único que tenemos.

Es realmente difícil crear más confusión. Durante la campaña electoral el candidato que más espacio ha ocupado en los medios, después de Ibarretxe, si no me equivoco, ha sido un no candidato: el representante de un partido ilegal, Arnaldo Otegi. Y en esto poquísimos se salvan del mea culpa. Es hora, me parece, de exigir mayor responsabilidad a los medios en la defensa de la legalidad y la democracia. Decir que era noticia no es suficiente.

Ibarretxe recibe a Otegi en Ajuria Enea como si fuera el representante de un partido más. Y seguido Zapatero recibe con honores de lehendakari a un candidato derrotado. Ya no entendemos nada. Pero nos dicen la palabra mágica: estamos preparando la pacificación. Y los grandes entendidos en pacificación son los partidos, grupos y personas que se han opuesto de forma sistemática a las medidas del Estado de Derecho que, por fin, casi casi, nos llevan al final de ETA.

La pacificación y normalización han tenido demasiadas veces en la sociedad vasca, y me temo que están teniendo, la función de la tinta del chipirón: ocultarlo todo mientras busco un refugio.

En la lucha contra ETA no hay que hacer grandes inventos: actuación sistemática del Estado de Derecho y aislamiento político de los que apoyan la violencia. Y es necesario separar los dos campos: el Estado de Derecho actúa con la normativa, los cuerpos policiales y la justicia. El aislamiento político se mueve en los ámbitos de lo social y político. Cuando Patxi López se reunió con ese raro partido de señoras, podía hacerlo porque, por ahora, son un partido legal, pero yo le habría pedido que al final de la reunión dijera: me he reunido para pedirles que condenen la violencia. En la lucha contra ETA nunca hay que olvidar esto. Nunca. Pero también es verdad que en un momento de derrota de ETA, si tenemos la ocasión de cerrar la tienda, hay que aprovecharla y hacer un esfuerzo por cerrar.

Estos días estamos viendo actuaciones de verdadero escándalo. Yo no encuentro calificativos para definir la actitud del PP -por cierto, la del PP del País Vasco parece de mucho más sentido común-. Se puede no estar de acuerdo y criticar la posición de Zapatero -soy de los que piensan que tiene excesivas dosis de ingenuidad en tema tan grave-. Pero es también verdad que ha dejado en manos del Parlamento central los límites del acuerdo. Esto debiera tranquilizarnos. Nos está pasando lo peor; somos armas en la lucha por el poder del Gobierno central. Habitualmente un mal hado guía la lucha contra ETA. En los momentos de mayor debilidad y cuando teníamos la esperanza del fin venía un gran chipirón que con su tinta lo envolvía todo. Ruego a todos los dioses para que esta vez no sea así. Cuentan que al abrirse la caja de Pandora sólo la esperanza se quedó, por ser ciega. Yo también me agarro a una esperanza sin ojos, que no vea las guerras partidistas, para esperar de una vez el fin de ETA.

Siendo el castellano tan abundante en adjetivos, no encuentro uno para definir a un personaje que últimamente ha repetido hasta el hartazgo que por derecho propio le corresponde un puesto en la mesa del Parlamento vasco. La desmemoria no tiene límites. Sabrá Madrazo que, de 25 años, sólo durante dos ha habido mesa proporcional. Sabrá que gracias a un pacto suyo quedó Batasuna fuera de la mesa en la legislatura pasada y, al parecer, en ésta ha hecho el mismo pacto.

Egibar, con la arrogancia del que, del Gobierno y las instituciones, sólo conoce el mando, brama diciendo que nadie puede quitar al PNV el derecho a poner al que quiera. Ya te digo, Egibar; nadie le quita ese derecho al PNV, ni siquiera a Madrazo, porque es un derecho que ni el PNV ni ningún otro partido tienen.

La actitud del PP y el PSE de no votar en ningún caso a Atutxa me parece interesante por dos razones: porque de forma razonable censuran la actitud partidaria, olvidando su responsabilidad, que el señor Atutxa mantuvo la legislatura pasada; pero sobre todo porque ha puesto de manifiesto una mentira que los partidos terminan creyéndose: creer que cerradas las urnas los partidos son depositarios y dueños de los votos emitidos. El sistema electoral y de representación que tenemos es mixto; reconoce un papel a los partidos -tal vez excesivo- y también otro autónomo a los electos.

Por eso, señor Egibar, en el Parlamento vasco hay dos órganos: la Junta de Portavoces y la Mesa del Parlamento. La Junta de Portavoces la eligen los grupos parlamentarios y la Mesa, los parlamentarios, sin ninguna obligación partidista. Se presume que los parlamentarios elegirán presidente al mejor parlamentario, no al que más votos ha tenido. Por eso la normativa hace la reserva especial de que el voto es en papeleta y secreto para que los partidos no lo puedan controlar.

Es verdad que los partidos nunca han querido reconocer esta autonomía de los parlamentarios electos y han hecho botín de reparto de la Mesa del Parlamento. Ahora por primera vez se discute, aunque en negativo, la adecuación de una persona. Siempre debiera ser así. Los partidos que proponen candidatos debieran basar su propuesta en la idoneidad de la persona, no en los votos que su partidos ha obtenido. Por eso, señor Egibar, el PNV no tiene ningún derecho a tener presidente del Parlamento. Es necesario recordar cosa tan elemental, aunque a los partidos no les guste.

Y termino esta lista de cabreos con una sonrisa. Con una pequeña flor entre tanta miseria: he leído que Rodolfo Ares ha prometido que un parlamentario del PSE votará en blanco si a la parlamentaria embarazada del PNV le es imposible asistir. Existe esperanza en la política, a pesar de todo.

Como escorpiones en una botella
Lorenzo Contreras Estrella Digital  19 Mayo 2005

Se le ha concedido especial significado al artículo publicado en el periódico abertzale Gara, órgano oficioso de ETA y, por supuesto, portavoz del mundo batasuno, con la firma de José María Olarra Agiriano, uno de los históricos miembros de la antigua Mesa Nacional de HB. Olarra no es precisamente un cualquiera dentro de ese ámbito político e independentista. De ahí que sorprenda lo que a todas luces sugiere, es decir, que el PNV, aparte de ser desleal con el mundo de la izquierda abertzale, lleva demasiado tiempo en el poder y debe pasar a la oposición, sin que este planteamiento tenga que reducirse a una mera hipótesis de trabajo. En cuanto a la presunta deslealtad, ofrecen notable dureza estas consideraciones del articulista: “¿Qué ha hecho el PNV por la solución del conflicto (vasco) durante todos estos años?”. Olarra se refiere, naturalmente, a los veinticinco años que los peneuvistas han venido ostentando el poder en Ajuria Enea. Y añade: “¿No ha pactado el PNV siempre que ha podido con PSOE y PP (...) ofreciendo tiempo, información, armas y bagajes varios para la liquidación definitiva de la izquierda abertzale? Que se lo pregunten a Atucha (escrito este apellido a la española, sin tx), que de eso sí que sabe”.

La referencia a Atutxa, que en su día fue consejero de Interior del Gobierno vasco para pasar luego a ocupar la presidencia del Parlamento de Vitoria, de donde ahora sus adversarios o enemigos políticos radicales le quieren apartar, es elocuente para indicar por dónde van las presiones dirigidas a su exclusión del cargo o su no reelección.

Políticamente, lo más interesante del ataque de Olarra es su acusación de que el PNV saboteó el proceso conducente al logro de una alternativa eficaz a la presencia española, y puso en marcha cuatro años de “discurso audaz para no hacer nada”, en una clara alusión al Plan Ibarretxe. En otro momento, Olarra dice que los peneuvistas se dedicaron a “entregar mansamente nuestro dinero a España para mantener Guardia Civil, Policía y demás fuerzas de ocupación, doblar la rodilla ante la monarquía y detener ciudadanos vascos para ponerlos en manos de la judicatura especial de Madrid”. Es lo que en resumen Olarra define como “25 años de colaboracionismo descarado”.

Desde un punto de vista de la estrategia nacionalista de jugar con el tiempo, el articulista escribe que “un 11 de marzo cambió el guión establecido”, porque “se acababa el plazo y el Plan había que llevarlo al Parlamento”. Ahora bien, los cálculos del PNV salieron mal. No obtuvieron mayoría absoluta en las elecciones anticipadas y, de este modo, los resultados del 17 de abril obligaron al PNV a “resituar su apuesta en plazos y con otros mimbres”. Olarra remata tales reflexiones con estas palabras: “¿Qué le debemos al PNV? Mejor no lo escribo”.

En cuanto a la trayectoria que queda por cubrir, el antiguo dirigente de HB pregunta: “¿Quién haría más en este recorrido, el que mendiga con Madrid o quien dispone de línea directa con el Gobierno español?”. A su juicio, el problema comienza “cuando nos acordamos de la capacidad del PNV para el chantaje”. Y poco después expresa esta suprema duda: “¿Acaso alguien confía en que el PNV mantendrá ese discurso de que lo primero es la paz y la reprobación del conflicto si la gestión autonómica no está en sus manos?”.

La esperanza política de Olarra reaparece en estas otras líneas: “El PNV pinta lo que pinta. Son 22 escaños en Gasteiz (Vitoria), no más. El resto son palabras y maneras venidas a menos que no pueden ni deben perdurar”. El articulista dice reconocer que la capacidad del chantaje del PNV ha influido en la izquierda abertzale, y más de una vez “hemos estado condicionados a la hora de decidir por un complejo de dependencia respecto al PNV”.

La conclusión de Olarra es gloriosa cuando, refiriéndose a Josu Jon Imaz, le dice que “tú pintas lo que tú y yo sabemos, pero la izquierda abertzale ha construido un escenario donde tiene la llave y tal vez la cerradura”.

Declaración de guerra de un sector proetarra y radicalmente abertzale al PNV? Verbalmente eso parece. La complejidad del mundo político vasco se refleja en el texto que Olarra firma. Y sentencia: “No hay mayor enemigo político que aferrarse a lo ya conocido por miedo a lo porvenir”. Da la sensación de que unos y otros, si la ocasión llega, van a entredevorarse como escorpiones en una botella.

Qué bueno es sentirse bien
"No nos engañemos. Rajoy ha puntuado bajo en el debate sobre el estado de la nación porque al votante se le hace cuesta arriba tomarse su futuro en serio. Al paso que vamos, será el futuro el que termine por instalar aquí la seriedad".
Álvaro Delgado-Gal La Gaceta de los Negocios 19 Mayo 2005

La política se halla siempre afectada de una contingencia abismal. Es posible que Hitler no hubiera llegado al poder de no hallarse Hindenburg viejo y parcialmente obnubilado. Quizá se habría rendido Inglaterra a los nazis si Churchill no hubiese estado donde debía estar en el momento justo en que convenía que estuviera. Dicho esto, hay que añadir que la contingencia histórica es abismal, pero no infinita. El escaso espesor histórico de la democracia alemana contribuyó sin duda a los aturdimientos de Hindenburg y el ascenso de Hitler. Y las características concretas de la oligarquía británica, aristocrática al tiempo que comprometida con las libertades, propició en el Reino Unido que un político impopular defendiera con éxito la causa de la civilización. Los agentes políticos, en una palabra, operan dentro de ambientes, los cuales, por emplear un viejo giro del escolasticismo leibniziano, inclinan sin necesitar.

¿A qué viene el exordio? Pues a cuenta de Zapatero. El CIS ha confirmado lo que ya decían encuestas anteriores: que ganó a Rajoy la batalla de la opinión durante el debate sobre el estado de la nación. Esto no tiene, en sí mismo, demasiado importe práctico. El demarraje de Rajoy no estuvo dirigido a aumentar la expectativa de voto de su partido, sino a desmarcarse de un proceso peligroso y potencialmente incontrolable. Ahora bien, la reacción pública, si no importante en el largo plazo, sí es reveladora, reveladora en grado sumo. Yo seguí el debate, y escribí una nota de urgencia para un diario nacional. En ella anticipaba que el telespectador medio había obtenido de Zapatero una imagen próxima, amable, hospitalaria. Conviene preguntarse la causa.

Un factor es que Zapatero rehuye las fórmulas cortantes. Esto es pueril en cierto modo, pero también es significativo. ¿Por qué? Porque formas, y contenidos, se encuentran máximamente disociados en el presidente. El amante profesional de la paz que es Zapatero está promoviendo el redescubrimiento de la Guerra Civil para usos polémicos; encabezó manifestaciones que ponían en duda la legitimidad del Parlamento, y se ha negado a condenar las manifestaciones frente a las sedes populares que tuvieron lugar en vísperas de las elecciones generales. El ciudadano, sin embargo, se deja influir más por las inflexiones del discurso que por los hechos o por lo que el propio discurso entraña. Esto, quizá, ocurre en todas las democracias. Pero yo creo que no es ajeno a la tradición española, mucho más sensible a la retórica que a la filosofía y al análisis racional.

Otro factor, sin duda de más peso, es que el presidente posee un talento indiscutible para adivinar lo que la gente quiere oír. Y los españoles, auxiliados por los partidos y las elites que fundaron el régimen del 78, han sido remisos a oír la verdad. La verdad es que el sistema autonómico, pensado con el fin de alojar en el Estado la disidencia nacionalista, ha sido minado desde dentro por aquélla. Sólo en este contexto se entiende que la acción de ETA haya podido ser tan terriblemente eficaz. Hasta el asesinato de Blanco, la reacción pública consistió en enseñar a los ejecutores unas manos blancas. Esto quizá hubiese funcionado en una película de Capra, pero se trata en rigor de un gesto que no creo que impresionara a los terroristas. El asesinato de Blanco, no sólo brutal sino además repugnante, provocó una vasta respuesta emocional, cuyas consecuencia política fue la contraofensiva constitucionalista que varó en el año 2001. Se trató de un episodio fugaz. Lo prueba el sentimiento popular tras el atentado del 11-M. Concedamos que el Gobierno cometió todas las torpezas que se quiera. Añadamos a los reproches razonables las imputaciones que ha añadido el Partido Socialista. Aún así, no deja de ser misterioso que la ira popular se concentrara en el Gobierno, y se desenfocase o difuminara apenas se traía a colación a los islamistas. La idea de fondo es que la guerra es evitable por cuanto, bien mirado, sólo existe un enemigo: una parte de nosotros, que por estar precisamente dentro de nosotros, cabe rendir sin los sacrificios y esfuerzos que toda guerra supone. Se trata de una huída autista, que será estudiada cuando la actualidad española se reduzca a puro material histórico.

Los españoles, en fin, están ganosos de recibir buenas noticias. Hasta la fecha, además, no se las han escatimado quienes custodian la esfera pública. La apelación de Rajoy a los muertos sigue pareciéndome censurable, por estrictos motivos morales. Los muertos, reingresados en la política diaria, padecerán el destino tristísimo de ser manipulados o subordinados a las urgencias de los partidos, lo que es un espanto. Ahora bien, no nos engañemos: Rajoy ha puntuado bajo porque al votante se le hace cuesta arriba tomarse su futuro en serio. Al paso que vamos, será el futuro el que instale aquí la seriedad.

Dialogo y paz
Cartas al Director ABC 19 Mayo 2005

Soy uno de los millones de inquilinos que pagamos por vivir en este país hasta ahora llamado España. El día 17 de mayo de 2005, ciento cuarenta y tantos personajes que dicen representarnos han decidido subastar la democracia que vimos nacer. Todos hemos vivido de cerca, aun estando lejos, cada uno de los ataques terroristas contra la libertad, y ahora nos intentan vender el diálogo para conseguir la paz. Paz a la que ésos llaman independencia o autodeterminación. Yo lo llamo fanatismo, egoísmo, hombre de las cavernas, mierda, con perdón. Eso sí, respeto sus ideas. Siempre lo he hecho. Nunca he matado a nadie, ni pegado, ni amenazado, ni chantajeado. Sin embargo, ésos me llamarán fascista o radical simplemente porque no estoy de acuerdo con su visión animal del mundo. Todavía siento en mis carnes el día en que todos fuimos Miguel Ángel Blanco y un poco de nuestra esperanza murió con un tiro en la nuca. Ciento cuarenta y tantos iluminados ya se han olvidado; no son como yo, no les apretó el corazón aquel día, sólo les debió temblar el escaño.

Hoy debería ser un día triste para todos los que soñamos con un futuro de libertades hace casi treinta años. Para los que contribuimos, pagamos impuestos y multas y acatamos las reglas del juego. Es triste ver cómo los asesinos, ésos y sus sicarios y lacayos, se sientan a negociar con nuestros supuestos representantes el sueldo que van a cobrar a cambio de dejarnos vivir. Alfredo Buhigas Arizcun. Majadahonda (Madrid).

¿Proceso de paz?
Cartas al Director ABC  19 Mayo 2005

¿Porqué se habla tanto del proceso de paz en el País Vasco?. ¿Es que hay algún conflicto bélico en el País Vasco o en otra parte de España?.

Lo que sí hay en el País Vasco y en el resto de España es una banda de delincuentes terroristas muy bien organizados que se dedican a cometer, cuando pueden, todo tipo de delitos: chantaje, secuestro, robo, extorsión, asesinato.....

Para mí no es un atenuante o una justificación el que dicha banda declare que delinque y asesina en defensa de una idea política, precisamente en un país como España que es reconocido internacionalmente como plenamente democrático.
¿Es que alguién piensa que hay que abrir un proceso de pacificación en España porque existan delincuentes?. ¿Se le ocurre a alguién decir que se abra un proceso de paz con las mafias colombianas o rusas que operan en España?. ¿Alguién cree que el Gobierno debe sentarse con Al Qaeda para pacificar España tras los atentados del 11-M?. ¿Porqué ETA merece un mejor trato?. ¿Será por los votos que ha conseguido el PCTV?.
Escuchar o dialogar con ETA o con sus defensores es reconocer que la violencia terrorista es un delito matizable, susceptible de ser negociado, excusable según que circunstancias. Y no se puede esgrimir el argumento de conseguir la paz a costa de lo que sea; la paz ya existe en el País Vasco aunque los delincuentes sean muchos. ¿O no son delincuentes los miembros de ETA?.
Roberto Menchén del Cerro Tres Cantos (Madrid)

MIKEL BUESA, VICEPRESIDENTE DEL FORO DE ERMUA
"Hemos venido a decir a Rajoy que no está solo; las treguas sirven para preparar funerales"
Mariano Rajoy y Ángel Acebes se reunieron este jueves con representantes del Foro de Ermua. Su vicepresidente, el socialista Mikel Buesa, destacó la importancia de que el líder popular se mantenga en la línea de "firmeza" expresada hasta ahora respecto a la negociación con los terroristas. Sus palabras confirmaron lo que ha defendido el PP en el Congreso: "no están solos". Acebes ha denunciado una "campaña de manipulación" orquestada para hacer ver que PP y PSOE han pactado rebajar la tensión.
Agencias Libertad Digital 19 Mayo 2005

Ya aludió a este argumento el portavoz parlamentario del PP, Eduardo Zaplana, en su intervención en el pleno de propuesta de resoluciones del pasado martes. Pese a que la tendencia política y mediática es decir que el PP se quedó solo, los populares y ahora las víctimas del terrorismo revisan por falsa tal premisa.

El vicepresidente del Foro de Ermua, Mikel Buesa, que se mostró absolutamente contrario a la política del Gobierno de Zapatero, destacó que "la libertad garantiza la paz, pero la paz no garantiza la libertad" y matizó que "no queremos la paz para que ETA nos agarre del pescuezo y nos diga lo que tenemos que hacer todos". "Queremos ser libres y por eso luchamos", precisó.

"Para nosotros es muy importante que se mantengan en esa firmeza –explicó Buesa– y le hemos pedido a Rajoy que persista en esa actitud y orientación política del PP, pese al acoso que se ha desencadenado en medios políticos y medios de comunicación. Hemos venido a decirle al PP que no está solo en la lucha antiterrorista basada en los principios, porque la libertad está antes que la paz", aseveró.

Buesa concluyó con el amargo recuerdo del asesinato de su hermano: "Recuerdo que en la última tregua se gestó, entre otras cosas, el asesinato de mi hermano Fernando y que las treguas sirven para preparar los siguientes funerales".
Se preguntó si es lo mismo para el Ejecutivo una tregua de unos meses que una entrega de armas, la revelación de los lugares donde se ocultan armas o terroristas buscados por la Ley y si cuando hablan en abstracto de dialogar quieren decir "medidas de gracia" para los presos. "Porque si uno, por el hecho de sentarse a hablar con el Gobierno de turno tiene derecho a que se liberen sus presos, las víctimas nos podremos ver perjudicadas. Las víctimas –prosiguió Mikel Buesa– pedimos justicia porque hemos renunciado a la venganza. En el Estado de Derecho no se necesita venganza porque se aplica justicia a los delincuentes. Si ahora Zapatero me dice que los tres que mataron a mi hermano, por una tregua de unos meses, pueden salir de la cárcel... yo ya no reclamaré justicia".

Covite y el Foro Ermua se adhieren a la manifestación de la AVT
E. C./MADRID El Correo 19 Mayo 2005

La asociación que agrupa a las víctimas vascas del terrorismo -Covite-, y el Foro Ermua anunciaron ayer su adhesión a la manifestación convocada por la AVT para el próximo 11 de junio en contra de la negociación con ETA, bajo el lema 'Por ellos. Por todos'.

La portavoz de Covite, Cristina Cuesta, subrayó la «absoluta coincidencia» de su asociación con el espíritu de la marcha y expresó su respaldo a «las reclamaciones básicas de verdad, memoria y justicia» que, según dijo, la presidirán.

El Foro Ermua, por su parte, avanzó que apoyará la iniciativa «con todos los medios a su alcance» e hizo un llamamiento al resto de plataformas cívicas y a todas las asociaciones de ciudadanos «preocupados por la cesión del Gobierno ante el terrorismo» para que secunden la marcha. El colectivo subrayó que, con su apuesta por un final dialogado de la banda terrorista, José Luis Rodríguez Zapatero, ha «consumado su abandono de la dignidad», además de cometer una «grave irresponsabilidad». En este sentido, advirtieron de que si se producen nuevos atentados «los únicos culpables seguirán siendo los propios criminales de ETA, pero su realización habrá sido facilitada por la actual política del Gobierno».

La ACVOT -asociación de víctimas catalanas, que se separó de la AVT-aseguró que se pensará «dos veces» su asistencia a la marcha. Su portavoz, Roberto Manrique, explicó que esperarán a conocer «las bases, manifiestos y pancarta» de la convocatoria.

La presidenta de la Asociación 11-M, Pilar Manjón, especificó que aún no han sido invitados y lo valorarán en su momento, aunque, según dijo, el terrorismo de ETA no es en principio de su «competencia».

Gotzone Mora, profesora de Sociología en la UPV y concejal socialista en Guecho
«No podemos permitir que este PSOE gobierne; otro PSOE es posible»
Por Gonzalo Altozano Semario Alba 19 Mayo 2005

La entrevista tiene lugar la mañana anterior a que el PP se quedara solo en el Congreso votando en contra de la moción de Zapatero a favor de entablar negociaciones con ETA. Por la tarde, Mora acudió a las Cortes en compañía de José Alcaraz, presidente de la AVT, donde pudieron ser testigos de cómo el Gobierno “ponía España a los pies de los caballos de ETA”.

Pregunta: ¿Por qué el Gobierno consulta con el Parlamento la negociación con ETA?
Respuesta: Por si le sale mal, para poder decir que contaba con el beneplácito de los representantes del pueblo. El Gobierno, en el fondo, está siendo cobarde y desde muchos lugares de España le van a cuestionar lo que ha hecho. Yo gritaré fuerte para que ese cuestionamiento sea cada vez mayor.

P: ¿Qué condiciones deben darse para negociar con una banda terrorista?
R: No hay negociación posible, porque una banda terrorista entiende eso como un signo de debilidad. Yo estudié Sociología y Ciencias Políticas en la Universidad de Deusto y tuve como compañeros de clase a Josu Ternera y a Argala. Fue hace treinta años, cuando la Transición, en una época de reivindicaciones políticas. Recuerdo que cuando los jesuitas satisfacían alguna de nuestras pretensiones, Ternera y Argala decían: “Nos dan no porque piensen que lo merecemos, sino porque son unos débiles. Y a los débiles hay que chuparles hasta la última gota de su sangre”.

P: Dice Zapatero que con el PP ya sólo comparte el dolor por las víctimas. ¿Lo cree así?
R: No comparte ya ni eso. La decepción que nos ha hecho sentir a todos los que resistimos la barbarie terrorista así me lo confirma. Es más, si hubiera un atentado, no permitiría a Zapatero que se colocara detrás de una pancarta. Porque ha demostrado que lo único que le importa es hacerse la foto.

P: ¿Hace suya la acusación de Rajoy a Zapatero de que ha traicionado a los muertos?
R: No sólo la hago mía, sino que voy más allá y digo que también ha traicionado a los que estamos dentro del punto de mira de la banda terrorista.

P: ¿Cómo valora que el PSOE no haya condenado aún las cuatro bombas que puso ETA el domingo?
R: Pues que es una prueba clarísima de que los contactos con Batasuna-ETA que el PSOE lleva meses negando son ciertos. No encuentro otra explicación posible. La estrategia de Zapatero consiste en pensar que tras casi cuarenta años de tensión, si logra la paz con ETA, la ciudadanía se lo va a premiar y va a gobernar más años que Felipe González. Pero la paz no se logra así, sino aplicando con contundencia los instrumentos que nos ofrece el Estado de Derecho.

P: ¿Y las declaraciones de Blanco y Rubalcaba defendiendo que tras dos años y medio sin matar es la hora de negociar con ETA?
R: Pepiño Blanco de socialista no tiene nada. Son indignos tanto él como sus declaraciones sobre las víctimas del terrorismo. No sabe qué supone tener un familiar asesinado o vivir bajo la amenaza, la extorsión o el secuestro. En política sólo sabe de cálculos y rentabilidades. Ha llegado a donde ha llegado de carambola. Sólo sirve para ‘fontanero’. Un ‘fontanero’ que, por cierto, ha ensuciado el nombre de nuestro partido. La Historia lo va a juzgar a él y a Zapatero y a Rubalcaba como la gente más inción antiterrorista iniciada por el Gobierno de Aznar. Una vez aclarado, quiero decir que la ciudadanía no tiene razones para relajarse. Por muchos datos que tenga el Gobierno sobre una posible tregua de ETA, dentro de la banda puede haber una facción que siga matando por no estar de acuerdo con los planteamientos del resto de compañeros. Eso está en la histodigna por haber puesto España a los pies de los caballos de ETA. Estoy segura de que la Historia no se lo va a perdonar. Y espero que la ciudadanía tampoco.

P: ¿Cómo ve a la ciudadanía?
R: Tras dos años sin atentados, la veo relajada. Hay que decir que ETA no ha matado no porque no haya querido, sino porque no ha podido. Y no ha podido gracias a la acción antiterrorista iniciada por el Gobierno de Aznar. Una vez aclarado, quiero decir que la ciudadanía no tiene razones para relajarse. Por muchos datos que tenga el Gobierno sobre una posible tregua de ETA, dentro de la banda puede haber una facción que siga matando por no estar de acuerdo con los planteamientos del resto de compañeros. Eso está en la historia de la banda: ETA V Asamblea, ETA VI Asamblea...

P: Y la actitud de los medios de comunicación frente a ETA, ¿qué le parece?
R: En general, y salvo contadas excepciones, su falta de compromiso es total. La ciudadanía tiene un conocimiento confuso de lo que pasa. Yo viajo mucho dando testimonio sobre cómo vivimos los constitucionalistas en el País Vasco. He visto a gente llorar o levantarse de sus asientos diciéndome que es indigno que se permita que en un lugar de España ocurran cosas como las que cuento. Muchos me preguntan cómo es posible que los medios no sean capaces de recoger testimonios como el mío o el de otros y trasladarlos a la ciudadanía. Estas personas se sienten timadas. Y esto es demoledor si lo que pretendemos es crear una ciudadanía responsable que se posicione positivamente ante los hechos.

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