AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 20 Mayo 2005
¿Se harán concesiones políticas a ETA
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC  20 Mayo 2005

Zapatero esconde a las víctimas
Ignacio Villa Libertad Digital 20 Mayo 2005

El yeso de los sacramentales
Carlos HERRERA ABC  20 Mayo 2005

Los tres diplomáticos
Jaime CAMPMANY ABC  20 Mayo 2005

La indignación de las víctimas y la esperanza de sus verdugos
EDITORIAL Libertad Digital 20 Mayo 2005

La trampa de la paz
Jorge Vilches Libertad Digital 20 Mayo 2005

La verdad por delante
Editorial ABC 20 Mayo 2005

Hay proceso de paz ¿o no
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 20 Mayo 2005

Por qué España sí
Alfonso Basallo Época 20 Mayo 2005

11 de junio
J. A. ÁLVAREZ GUNDÍN La Razón 20 Mayo 2005

Cursos de urbanidad
Pablo Sebastián Estrella Digital 20 Mayo 2005

La guerra de las palabras, paz y terrorismo en Euskalherria
José Javaloyes Estrella Digital 20 Mayo 2005

Poner el contador a cero
Aleix Vidal-Quadras Época  20 Mayo 2005

Maragall, “protector” de Francia
Lorenzo Contreras Estrella Digital  20 Mayo 2005

Un procesado por «kale borroka» será el representante de los alumnos de la UPV
Marcos S. González La Razón 20 Mayo 2005
 

¿Se harán concesiones políticas a ETA?
POR ÁLVARO DELGADO-GAL ESCRITOR Y PERIODISTA ABC  20 Mayo 2005

EL debate sobre el estado de la Nación se cerró el martes pasado con una resolución que incluye a todos los partidos excepto al PP y que autoriza al Gobierno a negociar con ETA si ésta abandona las armas. En la resolución se afirma que no habrá concesiones políticas a los terroristas. Lo último admite sólo una interpretación: se hablará con ETA con objeto de discutir los detalles de la rendición. No más. ¿Cómo se explica entonces el voto negativo del PP?

Los españoles apasionados tienen ya una respuesta a mano: el PP busca perjudicar al PSOE sin reparar en gastos. Lo que se permitió a Aznar en Zúrich no le será concedido a Zapatero. Este reproche se escucha una y otra vez desde las filas socialistas. Pero las cosas son más complicadas. En primer lugar, el contacto suizo sucedió a una tregua de la banda, tregua que ahora no está asegurada en absoluto puesto que, sobre el papel, no han mediado conversaciones formales entre el Gobierno y los terroristas. En segundo lugar, es muy raro que se someta a la aprobación solemne del Congreso una providencia que los gobiernos han evacuado siempre sobre la marcha, y que, aparte de otras consideraciones, carece de pertinencia mientras no existan evidencias consolidadas de que ETA se rinde. Estas reflexiones han sido invocadas por el PP para argumentar que Zapatero tiene previsto hacer concesiones políticas a los asesinos, concesiones de las que no saldrá ileso el Estado.

La imputación es grave por cuanto presupone un proceso de intenciones. Zapatero estaría mintiendo sobre un asunto de la máxima importancia, y por tanto estaría cometiendo una infamia. El razonamiento nos lleva indefinidamente lejos, mucho más lejos de lo conveniente. En mi opinión, cabe una aproximación alternativa y menos insultante para el Partido Socialista. Estimo que es muy probable que se terminen haciendo concesiones políticas a ETA. Pero lo último no entraña que Zapatero esté mintiendo ahora. Significa sólo que el presidente ha generado una dinámica que no controla en modo alguno, y que podría arrastrarle hacia donde él preferiría no ir. Apenas se adopta este enfoque aséptico, el pronóstico queda desligado del proceso de intenciones y del juicio moral en su acepción primaria. Miremos el asunto con un poco de perspectiva.

Antes de la elecciones vascas los socialistas bendijeron un plan, el llamado plan López, completamente inaceptable para los populares. El invento produjo desconcierto, e interpretaciones varias. Al principio se dijo que se trataba de una argucia para captar voto nacionalista. Siempre me ha sorprendido esta tesis, que postula en los paladines del plan una voluntad de fraude poco democrática. Celebradas las elecciones, sin ganancia en los caladeros nacionalistas, persistió el plan. En la vida política, nada es lo que sucintamente es. Cada cosa es ella misma dentro de un contexto. Basta por tanto que varíe el contexto, para que cambie la cosa. El plan López, periclitada la ocasión que según algunos había motivado su elaboración, mudó de naturaleza. Se convirtió, por la deriva de los acontecimientos, en una propuesta de renovación estatutaria que quebraba la cohesión de los constitucionalistas, a la vez que abría posibilidades de entendimiento con los nacionalistas. En orden a llegar a esta conclusión no se precisa, de nuevo, hacer un proceso de intenciones. Si usted forma equipo con alguien contra un tercero, y se separa de su aliado avanzando hacia su rival, estará incitando a su rival a entrar en tratos. Usted podrá decir que su intención no era ésa. Pero no podrá decir que la resulta lógica de su desplazamiento no sea la que objetivamente es.

A continuación, se sucedieron otras novedades. Zapatero se comprometió a una reforma del Estatuto en el plazo de dos años. Recibió a Ibarreche en la Moncloa, en un encuentro con apagón informativo, al día siguiente o a los dos días de que el lendakari en funciones se hubiese reunido con Otegi, jefe de HB. Y ocurrieron cosas raras a propósito del PCTV, la nueva fachada política de ETA. Algunos constitucionalistas aseveran que eran mínimas las esperanzas de instar con éxito la ilegalización de este partido. Lo curioso, no obstante, es que no se procuró siquiera cubrir el expediente. No se informó oficialmente a los jueces. Y Patxi López incluyó al PCTV en su ronda desganada y más bien teatral de contactos para obtener una mayoría parlamentaria en Vitoria. El PP ha emplazado al Gobierno para que denuncie al PCTV. Y el Gobierno ha insistido en que no lo hará.

Enriquezcamos un poco más el contexto. Zapatero anhela, y todos estamos con él, que ETA deje las armas. El itinerario ortodoxo, y recorrido con éxito durante los últimos años, consiste en apurar el cerco policial al tiempo que se ahoga a la banda en los planos institucional y político. ¿Qué alternativas existen a este procedimiento? La apelación al diálogo, tantas veces repetida por el presidente, es, o vacía -nadie rehusaría sentarse a hablar con un señor que viene a rendirse- o equívoca. Será lo segundo, si por «dialogar» se entiende algo más que la aceptación de medidas limitadas al ámbito penal.

En un escenario no problemático, el Gobierno convocaría al PP y le consultaría sobre la conveniencia de salirse un poco de la ortodoxia. Se ponderaría hasta dónde es razonable llegar, se estudiarían las repercusiones que la cesión pudiera tener sobre el resto de España, empezando por Cataluña, y se consensuaría un acuerdo inspirado en una concepción compartida sobre mínimos: cohesión del Estado, regulación de los estatutos, etc... En el escenario real, el cruce de pareceres se está verificando, no entre el Gobierno y el PP, sino entre el primero e Ibarreche, quien no se cansa de repetir que hay que arrumbar el Pacto Antiterrorista y hablar con ETA en clave política. De añadidura, existe un arco voltaico innegable entre el abertzalismo y el PNV, de un lado, y quienes del otro insisten en valerse del impulso vasco para romper la Constitución en Cataluña. Los segundos apoyan a Zapatero en las Cortes. Y algunos militan dentro del partido.

La constatación ingrata es que Zapatero ha elegido unos compañeros de viaje que están en situación de desestabilizarlo si lo estiman oportuno, y que se hallan máximamente interesados en promover lo contrario de lo deseable en el escenario ideal: a saber, un acercamiento al problema terrorista que no comprometa la estructura del Estado. Ni uno solo de los movimientos dibujados por el presidente ha tendido a corregir el desequilibrio. Antes al contrario, lo ha acentuado. El remate del silogismo es inesquivable: si usted persevera en desplazar el peso de su cuerpo lejos de la mediana, concluirá por caerse, por grandes que sean sus deseos de permanecer derecho. El problema, por tanto, no reside en que Zapatero, en su fuero íntimo, haya decidido o no hacer concesiones políticas a ETA. El problema está en que todo lo que ha hecho y está haciendo lo proyecta en esa dirección. Cabría incluso silogizar a la inversa: la entrega de las armas por ETA no sólo sería un desiderátum, sino que podría ser una necesidad para el Gobierno en vista de que se han dado pasos que la opinión no comprendería si ETA no desaparece. Circularmente, el fin habría promovido medios que convierten el fin en urgente e irrenunciable. En tales circunstancias, lo milagroso sería que se negociara con las manos libres. Me he abstenido rigurosamente, lo reitero por tercera vez, de hacer un proceso de intenciones.

Zapatero esconde a las víctimas
Ignacio Villa Libertad Digital 20 Mayo 2005

Ha ocurrido lo más grave que puede pasar cuando se lucha contra el terrorismo. Ha pasado lo que, ciertamente, era previsible; aunque quizá no era fácil aceptar que iba a ser tan rápido y tan patético. Zapatero ha perdido el control de la situación. Además de dejar que los terroristas de Batasuna escriban el guión de este esperpento, están marcando impunemente los tiempos y además se llevan todo el protagonismo político gracias a la lamentable estrategia del Gobierno socialista.

Desde el Ejecutivo no se cansan de hablar de diálogo y de paz. Para después ofrecer una imagen descompuesta y sin una dirección definida. Lo que ahora mismo nos queda del hombre del talante se resume en lo siguiente: el Pacto Antiterrorista está muerto, la Ley de Partidos ha sido enterrada, los terroristas están sentados en el Parlamento vasco, esos mismos terroristas tienen bloqueadas las instituciones del País Vasco, el Congreso ha sido humillado con una iniciativa que da luz verde al Gobierno para ceder ante ETA, Batasuna felicita a Zapatero por las decisiones tomadas, la misma Batasuna llama la atención a dos ministro por “insultar” a Arnaldo Otegui y a todo esto hay que añadir a un presidente del Gobierno mudo. Mudo con los últimos atentados de ETA, mudo con las amenazas de los terroristas, mudo con las víctimas del terrorismo.

El presidente Zapatero está cometiendo una larga cadena de errores en la búsqueda de la paz en el País Vasco. Pero de todos esos errores hay uno doloroso, incomprensible y definitivo. El olvido y la humillación hacia las víctimas del terrorismo. No tiene perdón que el Jefe del Ejecutivo haya laminado –en dos tardes– todo el reconocimiento social y moral que tenían las víctimas, después de muchos años. Zapatero parece que tiene vergüenza de ellas; las rehuye y las esconde. Y es que si a este hombre le queda un gramo de integridad política debe saber que está cometiendo una ofensa irreparable.
Para que la paz en el País Vasco sea definitiva tiene que ser una paz sin nada a cambio, sin facturas políticas; pero también una paz en la que las víctimas del terrorismo queden situadas en el lugar que les corresponde. Y con estas formas de Zapatero, lo único claro que sabemos ahora es que al presidente del Gobierno le molestan las víctimas. Y eso en una sociedad democrática está fuera de sitio.

El yeso de los sacramentales
Por Carlos HERRERA ABC  20 Mayo 2005

UNA pregunta merodea mis intrigas desde que sé que la sede de la soberanía nacional ha puesto su vergüenza en almoneda: ¿creen ahora las últimas víctimas, simplemente las últimas, que su sufrimiento ha servido para algo? Después de que, en una iniciativa inusitada e inverosímil, el Gobierno de una nación machacada durante cuarenta años por una banda de asesinos con terminales políticas haya cedido el paso y haya ofrecido salidas negociadas a los mismos que estaban derrotando con su firmeza, a las víctimas que dieron su vida en una guerra inexistente les queda tan sólo el marmóreo y frío recuerdo de una lápida, de un nombre esculpido en el yeso de los sacramentales. Nada más. Haber sido un objetivo les resta, según este Gobierno de ignorantes, la virtud de la objetividad: pasan a convertirse, según palabras de Maite Pagaza, en minusválidos intelectuales. Tras toda la ceremonia de confusión y perplejidad que comenzó el día en que el esposo de Sonsoles expresó su deseo de negociar con la ETA, los negros nubarrones de la incertidumbre se agolpan en el horizonte a la espera de descargar y nos dejan pocas, muy pocas certezas, todas ellas inquietantes: una de ellas es que la gendarmería francesa muestra enorme preocupación por el súbito aumento de robo de furgonetas en el sur del país y transmite a las autoridades españolas su inquietud por posibles «acciones armadas» en territorio español. ¿Qué ocurriría si ahora se produjese una de las clásicas «pruebas de fe» con la que los terroristas gustan de medir la voluntad negociadora de sus interlocutores? ¿Le daría tiempo al Gobierno a echarle la culpa al PP?

La felicidad de Otegi, exultante estos últimos días, no puede coincidir con la felicidad de los hombres y mujeres de bien. No puede jactarse ese animal de haber conseguido que el Gobierno de España haya seguido sus pautas sin que se encoja, paralelamente, el esponjoso espíritu de los que han sufrido su dictado sangriento. No podrá consolarles, ni siquiera, Peces Barba. No podrá consolarles tampoco Pilar Manjón, esta administrativa del dolor que sólo se presta a actuar y manifestarse por el que proviene de las acciones islamistas. Será difícil que alguien se plante frente a su mirada inquisitiva y sea capaz de argumentarles que no pasan de ser un estorbo en sus planes: todo sería magnífico si no fuese por el pequeño detalle de que andan trasteando por ahí las víctimas, maldita sea. En no pudiendo culparles a ellos mismos de su propia muerte, ya que eso es demasiado hasta para los socios de Esquerra Republicana, habrá que inventarse un procedimiento que les haga prescindibles y que les conmine a quedarse junto al brasero de picón en un perpetuo domingo de diciembre. ¿Pero qué pasa si un puñado de ellos es capaz de sobrellevar el desprecio y revolverse contra ese sino? ¿Qué pasa si el próximo día Once de Junio consiguen hacer despertar las alertas de la grey embobada con la sonrisa falsa del presidente por sorpresa?

El tiempo de las buenas palabras hace ya mucho que pasó. El cuento ese del talante queda sólo para contárselo a las niñas del presidente en las noches de tormenta poco antes de que se asome el ogro malo, malo, malísimo de la derecha. Ahora hay que ser fiel a los muertos que dieron su vida sin que tuvieran cita previa. Si todos los que promueven la negociación preventiva con ETA tienen lo que hay que tener, que se sienten frente por frente a una madre de guardia civil o al hijo de un brigada de artillería y que le digan que hay que superar su muerte «humanizando» el futuro de los terroristas encarcelados -es una expresión reciente de Gaspar Llamazares- ya que todos los países del mundo han cedido siempre algo cuando han negociado con los pistoleros. Vamos, que se lo digan.

Los tres diplomáticos
Por Jaime CAMPMANY ABC  20 Mayo 2005

PARECE ser que los tres diplomáticos que la banda terrorista ETA va a enviar a la mesa de negociación con el Gobierno español son otros tantos personajes acreditados en el ejercicio del arte de la diplomacia, arte sutil, hecho de delicadezas y «sfumature», que dicen los italianos. Las cualidades negociadoras y el poder de convicción que adornan a estos tres ilustres diplomáticos gozan de largo prestigio y gran predicamento en todas las cancillerías de Europa y del mundo. No quiero demorar por más tiempo el honor de escribir sus nombres. Vamos a ello.

El primero y principal de estos tres diplomáticos es nada menos que José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, más conocido en el intrincado campo de las relaciones internacionales como «Josu Ternera». La presencia en el frente negociador del eximio «Ternera» ha alejado de la mesa del diálogo a Garikoitz Aspiazu, dicho «Txeroki», más partidario de la negociación «militar». Una de las más brillantes intervenciones de «Josu Ternera» en el mundo de la diplomacia fue la de suprimir elegantemente a un interlocutor discrepante llamado Luis María Hergueta, y desde entonces su historia de diplomático insigne se ha visto muy enriquecida.

El segundo de los tres diplomáticos negociadores se llama Juan Lorenzo Lasa Mitxelena, que circula por las altas conversaciones de las cumbres políticas con el nombre de «Txikierdi», tomado de su lugar de nacimiento en Guipúzcoa, y que atiende preferentemente en estos momentos a los problemas que plantea la cautividad de personas inocentes en los oprobiosos regímenes democráticos. La historia del incansable quehacer diplomático de «Txikierdi» alcanza su punto culminante en la negociación que realizó, junto a otro destacado diplomático, Txomin Troitiño, en el asunto de la voladura de Hipercor. Es hombre que despierta gran admiración entre los ministros de Exteriores más distinguidos, y no sería difícil que devolviera parte de esa admiración al actual ministro español, Miguel Ángel Moratinos.

El tercer interlocutor del Gobierno español será probablemente Francisco Múgica Garmendia, llamado sencilla y llanamente «Pakito». No debemos confundir a este «Pakito» con el famoso delfín del mismo nombre que vivió varios años en la bahía de La Concha, Donostia, que marchó de allí acompañando a una manada de delfines y que fue encontrado muerto más tarde en Pasaia. Este «Pakito» tira más a la especie «piraña» que a la especie «delfín».

Con estos interlocutores, muy hábiles, pero también comprensivos y flexibles, será probable que los representantes del Gobierno español (seguramente los ínclitos Rubalcaba, Blanco y García Garrido) lleguen a un rápido acuerdo, mucho más porque ya sabemos que no dejarán las armas antes de sentarse a negociar, o sea, que conversarán con las pistolas sobre la mesa y que han pedido que se callen de una vez el ministro Bono y otros socialistas incordiantes. Las conversaciones se encaminan, antes de comenzar a un buen éxito seguro.

La indignación de las víctimas y la esperanza de sus verdugos
EDITORIAL Libertad Digital 20 Mayo 2005

El PSOE, y cuantas formaciones han dado su respaldo a la disposición del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a negociar con la banda terrorista ETA, saben, perfectamente, lo mucho que se juegan ante la manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Esa manifestación puede ser, ciertamente, el detonante para que una gran mayoría de españoles, todavía anestesiados por la infatigable propaganda de este gobierno del 14-M -y de no pocos acomplejados-, despierten de su letargo.

La indignación, que no nubla la razón moral, estratégica y política de las víctimas y que no quiere ver a nadie dispuesto a contentar –y menos, el parlamento- ninguna aspiración de sus verdugos, puede hacer despertar a muchos españoles mucho más de lo que les puede ensimismar la cínica sonrisa de un presidente que ya ha demostrado ser capaz de poner en jaque a España como nación y como Estado de derecho; todo, con tal de satisfacer a sus aliados secesionistas.

Por eso, en una campaña de presión con pocos antecedentes, los aparatos políticos y mediáticos de este gobierno y de sus aliados se han puesto frenéticamente, tanto a silenciar la ira de las víctimas, como a desvirtuar la no menos lógica esperanza de sus verdugos. Eso, por no hablar de cómo quieren sofocar las protestas de tantos y tantos socialistas que no votaron ni se adscribieron a este partido para dar el visto bueno a lo que está propiciando. Muchos de ellos se juegan la vida desde hace años para evitarlo.

Lo que sí resulta de un cinismo ilimitado es la rapidez con la que ministros como Bono o Aguilar han salido a la palestra para hacer ver que se sienten ofendidos por la lógica satisfacción con la que Otegui y los proetarras han recibido la disposición oficial del gobierno a negociar con los terroristas. ¿Acaso Bono y Aguilar no han votado a favor de esa propuesta? ¿O lo que se trata es de maquillar, precisamente, que ambos lo han hecho?

Si el optimismo de los terroristas desenmascara a este gobierno del 14-M, no menos lo hace la indignación de las víctimas. El gobierno trató hace meses de neutralizarlas, tratando de lograr su visto bueno a las futuras excarcelaciones de sus verdugos. Luego trataron de difamarlas, pero es que ahora mismo están tratando de dividirlas y de que su voz no encuentre eco en los medios de comunicación. Este mismo miércoles, el Alto Comisionado para las Víctimas -que sigue sin presentar la dimisión pese a las numerosas peticiones de sus supuestos representados-, ha tratado de cambiarles el guión de lo que iba a ser su próxima reunión. Ante la pública protesta de las víctimas, se ha desdicho y ha tenido la desfachatez de mentir asegurando que no va a haber ningún diálogo con ETA. Como si ya hubieramos olvidado la oficial disposición del Gobierno, como si, de hecho, ese “diálogo” ya no hubiera comenzado.

Tal es el deseo y el esfuerzo destinados a sofocar la convocatoria de las víctimas que hasta los pocos medios de los que dispone la oposición, son objetivo –algunos de ellos muy voluntarios- de las manipulaciones del Gobierno. El Ejecutivo de Zapatero está tan deseoso de que el PP vuelva al perfil bajo, más aun en este decisivo asunto, que no ha dudado en utilizar a su favor, una vez más, los complejos centristas de algunos medios. Pero Rajoy, tanto como Acebes, ha dejado claro que va a seguir sin hacer caso a más de una carta dominical. Si el líder del PP denunciaba el martes el “travestismo de algunos medios”, Acebes ha dejado bien claro que la supuesta distensión que algunos han querido ver entre el PP de Rajoy y el PSOE de ZP, no es más que una manipulación filtrada por Moncloa.

Ciertamente, tal y como venimos desde hace tiempo denunciando, algunos están empeñados en que el PP rechace lo repugnante con un “débil desagrado o mohín de displicencia”. Las víctimas, no están por la labor. El líder de la oposición, tampoco. Están muy bien acompañados.

Negociación con ETA
La trampa de la paz
Jorge Vilches Libertad Digital 20 Mayo 2005

La trampa es considerar que existe un “proceso de paz”. No puede haber “paz” porque no hay guerra, solo asesinatos y extorsión de una parte contra otra. Tampoco la banda terrorista ha declarado una “tregua”, no solo porque no hay contendientes, sino porque en los dos últimos años ha colocado 54 bombas, y ha herido a más de 60 personas, amén de frustrarse policialmente atentados de gran envergadura. Los etarras no han matado porque no han podido. Simplemente.

Otra falacia es considerar que en el País Vasco existe un “conflicto político” por la incomprensión de los opresores –los españoles– a los oprimidos –los abertzales–. Las provincias vascas tienen el mayor grado de autogobierno de su historia y de Occidente, y aún así vive el nacionalismo instalado en el victimismo insultante. Producto de esta obsesión, no sólo vasca, es la indolencia gubernativa: el gobierno tripartito catalán se ha mostrado como el menos legislador desde la aprobación del Estatut. En plena democracia, el único conflicto político que existe en el País Vasco es el recorte de libertades que sufren los que no son nacionalistas.

La creencia de que no habrá “precio político” es ingenua. Dos mesas, dos precios. En la negociación con ETA, el gobierno podrá prometer facilidades jurídicas a los presos, el acercamiento, la conmuta por buena conducta. Ya lo dijo López Garrido: si ETA se disuelve, ya no serán terroristas, y el trato será otro. El Estado de Derecho estará, así, hecho añicos; pero en esto, los socialistas tienen experiencia, no hace falta más que recordar el supuesto atajo de los GAL. En la otra mesa se pondrá el “precio político”: el reconocimiento implícito del “derecho de autodeterminación” con la convocatoria del referéndum y, con ello, que la nación vasca es distinta de la española. Y una vez reconocido en el País Vasco, ¿quién lo negará en otras partes de España?

Los socialistas no deben olvidar que les felicitan por su actitud partidos que han negociado con ETA mientras había muertos en la mesa. Así lo hizo el PNV en el pacto de Estella, en 1998, tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Y, posteriormente, ERC en Perpiñán, de lo que ahora se vanaglorian públicamente, pero que en su día obligó a Maragall a sacar del tripartito a Carod Rovira. Es lógico, por tanto, que aplaudan la iniciativa de Zapatero aquellos que esperan sacar del “proceso de paz” otro modelo de financiación, el pago de una supuesta “deuda histórica”, o el discurso político que su inanidad intelectual no les concede.

Zapatero y sus aliados comunistas y nacionalistas no sólo se han empeñado en replantearse España y su Constitución, sino en redefinir el imperio de la ley, la seguridad jurídica y la igualdad de los ciudadanos. Un puñado de falacias no sustituye al Estado de Derecho, que es la base de la democracia, el fundamento que hace del régimen democrático el peor sistema posible… excluyendo a todos los demás. Pero claro, no espero que lo entiendan quienes se aferran a conceptos trogloditas, étnicos y xenófobos de nación, ni quienes quedan embelesados con el dictador cubano, o quienes creen que la solución, como dijo Zapatero en Galicia, “no es menos España, sino menos PP”.

La verdad por delante
Editorial ABC 20 Mayo 2005

EL conocimiento de los hechos y el alcance de las intenciones del Ejecutivo son factores fundamentales para que un sociedad agredida por el terrorismo asuma un proceso de negociación con ETA sin traumas ni fracturas y, sobre todo, confíe en sus gobernantes. Pero el Ejecutivo socialista no está siendo coherente con la trascendencia de su iniciativa. ABC informó ayer de que, en el mes de abril, se produjo un contacto entre una persona de confianza del jefe del Ejecutivo con el entorno de ETA y de que los terroristas ya han transmitido su decisión de no aceptar la entrega de las armas como condición previa de la negociación. Este hecho tiene una doble lectura, que ensombrece la actuación del Gobierno y reduce el margen de confianza que reclama para avanzar en esta incursión por el territorio inhóspito de los etarras.

Por un lado, contradice el espíritu de la moción suscrita en el Parlamento, pues la condición inexcusable de la propuesta de diálogo se sustenta en la obligatoriedad de que ETA abandone las armas, algo que los terroristas parecen descartar; en segundo lugar, ETA invierte el orden de factores y hace de la negociación, y de su curso, condición indispensable para un eventual acuerdo, exactamente lo contrario de lo que se establece en la propuesta socialista, que condiciona el diálogo a la entrega de las armas.

Si realmente ETA no está dispuesta a cumplir esta condición básica del «final dialogado», el Gobierno tendrá que explicar entonces cuáles son las razones en las que descansa su optimismo sobre el desenlace de esta iniciativa tan arriesgada. En lo que a los terroristas concierne, tal negativa es lógica en la medida en que se les está ofreciendo una negociación sin que, por su parte, se haya producido cambio alguno, ni en el planteamiento de máximos políticos (territorialidad, autodeterminación) ni en la voluntad de seguir atentando (cuatro bombas el pasado domingo en Guipúzcoa).

¿En qué estamos, entonces? El presidente del Gobierno ha construido un discurso concreto basado en crípticas esperanzas que sólo él parece conocer. Su indiscutible derecho a proponer y ejecutar la dirección política del país debe legitimarse, en cuanto pretenda abordar una negociación con ETA y un cambio del consenso antiterrorista, con una continua implicación de la sociedad española y una voluntad real de contar con el máximo apoyo posible, que hasta ahora concitaba el Pacto Antiterrorista. Y no hay corresponsabilidad entre Gobierno y sociedad si no hay transparencia, si los hechos van no sólo por delante de la información sino en contra de las declaraciones y de los compromisos. Y si el Ejecutivo ya sabe que no habrá entrega previa de armas, la expectativa de una tregua indefinida, como gesto alternativo de los etarras, debería ser tratada con enorme escepticismo, porque la fórmula ya es vieja y poco fiable, y a ETA hay que aplicarle todo lo que se ha aprendido de ella, empezando por los episodios de Argel y Zúrich. El mayor error de Zapatero sería creer que con ETA puede poner el contador a cero y ya hay quien, como Otegi, piensa que algo así está sucediendo, lo que le justifica la atrevida equiparación que hizo el miércoles entre la propuesta de «final dialogado» aprobada por el Congreso y la Declaración de Anoeta, en la que él actuó como portavoz de ETA.

Sería deseable que el análisis que el ministro del Interior, José Antonio Alonso, realizó ayer sobre la situación de ETA fuera compartido también como un criterio político para que el Gobierno fije una posición solvente frente a los terroristas. Dijo Alonso que ETA sigue activa y en disposición de atentar, lo cual, aun siendo una obviedad, parece una obviedad condenada al olvido. También apeló a la vigencia del Pacto antiterrorista, conformando así un mensaje positivo para la opinión pública, mucho más centrado en la voluntad mayoritaria, pero que conduce más a la melancolía que a la ilusión, porque choca con la orientación política del Ejecutivo al que pertenece, embarcada en un rumbo que cada día le aleja más del Partido Popular y del Pacto antiterrorista, con entusiasmo creciente de todas aquellas formaciones radicales que siempre han querido quebrar este pacto y la política de derrota de ETA.

Hay proceso de paz ¿o no?
JOSÉ MARÍA CALLEJA La Voz 20 Mayo 2005

NO PARECE muy lógico que si estamos en un proceso en el que hay que dar pruebas fehacientes de que se está por la labor de acabar con la violencia, la generosa oferta realizada por el Gobierno de España, y por el Congreso de los Diputados, sea respondida con cuatro bombas por parte de la banda terrorista, destinadas a obtener el dinero necesario con el que asegurar el futuro de la organización criminal.

No parece muy lógico que si estamos en la fase en que se puede avistar un final dialogado del terrorismo, y el Gobierno se empeña en esa vía, su presidente reciba con estruendoso silencio la colocación de cuatro bombas, que no parece que sean un ejemplo empírico de ganas de acabar con los sistemas mafiosos.

No parece muy lógico, en fin, que si se quiere acabar con los que asesinan, atacan la Constitución y quieren formar un Estado con Navarra y con el Suroeste de Francia -región en la que, como pueden imaginar, no se habla de otra cosa-, el proceso se haga de la mano de los nacionalistas que coinciden con ETA en el afán por volar el marco de convivencia de la Constitución y orillando al partido con el que se coincide, precisamente en eso, en la defensa de la Constitución.

Es cierto que la ETA actual no es la misma que se ha enfrentado a anteriores procesos negociadores, pero no es menos cierto que sus entendederas son las mismas: si el Estado hace un guiño, es que estamos ganando; si el Estado se muestra generoso, hay que devolverle el gesto con bombas; si el Estado cambia de posición, es que teníamos razón y treinta años de crímenes no han sido en balde.

No sé si el proceso actual puede conducir a la paz. Sí sé que algunas de las iniciativas que se están promoviendo ahora sólo son posibles porque antes se puso en práctica una política radicalmente distinta de la actual: se destruyó el mito de la imbatibilidad de ETA, se promovieron medidas legales, judiciales, políticas; hubo movilización ciudadana. Sin esa panoplia de iniciativas -que han dejado a ETA en el momento más bajo de su historia-, no se podría hablar ahora de condiciones para el cese dialogado de la violencia.

Hay en el ambiente una sensación de vértigo, de inseguridad, de cambio radical de escenario. Ojalá de esta zozobra salga algo que nos acerque a la paz. De lo contrario, no será sólo el fracaso de Zapatero, será la dilapidación de todo un patrimonio democrático construido durante años de lucha contra el terror, contra el silencio.

Zapatero está en su derecho de intentar un proceso de paz, pero no puede pensar que partimos de cero, que la historia comienza hoy. Llevamos treinta años enterrando muertos, y aunque las víctimas sean distintas entre sí, todas están unificadas por un mismo criterio político: quien les asesinó lo hizo para amedrentar a una sociedad, para implantar un sistema totalitario. Cada asesinato de ETA es idéntico al anterior y prepara el siguiente porque todos ellos están recorridos por la misma didáctica de la muerte: matar a uno, para atemorizar a diez mil; pegar un tiro en la nuca a uno, para neutralizar a todos los que se pueden oponer a los criminales.

Ojalá estemos en el buen camino, pero no se puede hacer tabla rasa del pasado; de un pasado lleno de muestras de generosidad por parte del Estado, respondidas con muerte y más muerte por los criminales.

Por qué España sí
Por Alfonso Basallo Época 20 Mayo 2005

Editado por Javier Sánchez Bujanda (PD)

Tenemos muchos motivos para sentirnos orgullosos de ser españoles, pero es un hecho sociológico que nos solemos avergonzar, a diferencia de nuestros vecinos franceses o italianos. El problema es que los 40 años de nacional- franquismo-catolicismo pesan sobre la imagen de España, hasta distorsionarla. El sedimento cultural resultante es un indigesto guiso kitsch de patrioterismo, folclore y papanatismo pequeño-burgués.

El toro; el coñac; el donjuanismo y su versión casposa; la enciclopedia Álvarez de trazos esquemáticos y esquemática concepción, cuya Historia despachaba la Segunda República en tres líneas y dedicaba seis páginas, humeantes de incienso, al régimen de Franco; el Caudillo mangoneando a los obispos; la sangre y la arena; la mujer pintada por Julio Romero de Torres. Todo mezclado, pasado por la túrmix del maniqueísmo y la confusión. Aquél fue una especie de rapto de España. El resultado es la sensación, casi instintiva, de complejo, cuando no de rechazo, por parte de dos generaciones de españoles ante símbolos como la bandera.

Los nacionalismos amenazan ahora con otro rapto de España, no menos peligroso. Y como en el caso del franquismo, apoyan su estrategia en una interpretación interesada de la Historia. En sus peculiares enciclopedias Álvarez, alteran el pasado, mutilando unas partes e incluso inventándose otras. No hay que olvidar que alimentan su imaginario de mitos, como explicaba Jon Juaristi en El bucle melancólico. Construcciones ficticias en las que confunden sus deseos con la realidad.

Pero esta última es terca y no admite fábulas, por más que en algunos libros de texto de primaria incluyan a Euskal Herria en un mapa que sólo existe en ciertas imaginaciones calenturientas, tal como contamos en este número. Lo advierte el historiador Fernando García de Cortázar en la entrevista que publicamos: “Ojo con el determinismo trágico de la Tierra y de los Muertos propio de las construcciones nacionalistas”. El verdadero concepto de España nada tiene que ver con eso.

Es una apuesta racional a favor de la convivencia y de la libertad, que tiene su formulación moderna en las Cortes de Cádiz. Se basa en un pasado real, no inventado, desde que los Reyes Católicos lograron la unidad. Un rico legado, pespunteado de luces y sombras -como toda aventura humana-, con un patrimonio cultural que vale la pena defender. Es esa idea de España la que sirve para asegurar los derechos y libertades de los ciudadanos y también el ideal de la convivencia. No hay libertad sin unidad. Las mentiras del nacionalismo o los irresponsables experimentos del aprendiz de brujo en el laboratorio de La Moncloa conducen directamente a la desintegración.

Época apuesta en este número por la unidad de España, una nación próspera y moderna, llamada a jugar un papel de relevancia en el proyecto europeo. Más de una treintena de personalidades (políticos, economistas, intelectuales) analizan el importante activo de la nación, su proyección de futuro y también los riesgos que la acechan. Ofrecen, sobre todo, argumentos para sentirnos orgullosos de lo que somos y esperanzados para encarar el futuro.

11 de junio
J. A. ÁLVAREZ GUNDÍN La Razón 20 Mayo 2005

La manifestación convocada por la AVT para el 11 de junio contra la negociación con ETA está poniendo muy nervioso al PSOE y preocupa cada día más al Gobierno. Temen que la ciudadanía se eche en masa a la calle y deje pequeña la manifestación que encabezó Zapatero contra la guerra de Irak. Es posible que ese día se movilice, como pide el Foro de Ermua, la España que se manifestó por Miguel Ángel Blanco. Ésta es la razón por la que el partido socialista, con la ayuda de comunistas y nacionalistas, trata de desactivar a la AVT difundiendo el mensaje de que es una asociación del PP y que no representa a todas las víctimas. José Blanco, Rodolfo Ares, Llamazares, Imaz y Puigcercós han lanzado las primeras piedras. En los próximos días les seguirán otros con el ánimo de dividir a los convocantes, hacer que la gente dude y reducir la manifiestación a pequeñas dimensiones. Habrá que recordar, entonces, que la AVT agrupa al 80 por ciento de las víctimas, entre las cuales se cuentan muchas de honda militancia socialista. Para ellas, que hasta el último afiliado les debe el más escrupuloso respeto, acusarles de seguir las directrices del PP es doblemente humillante. En cuanto al PP, sus dirigentes están tardando en negar que la AVT siga sus consignas. Al contrario, es este partido quien sigue la estela de las víctimas.

Cursos de urbanidad
Pablo Sebastián Estrella Digital 20 Mayo 2005

En esta espiral de disparates en la que estamos y por la que el Gobierno ha decidido poner el carro delante de los bueyes que han de conducir la negociación por la paz en el País Vasco, hemos llegado a unos niveles que dan más risa que otra cosa, porque resulta grotesco que a estas alturas de la vida política española tengamos que oír al señor Otegi dando clases de urbanidad y buenas costumbres al Gobierno de Zapatero, como un maestro ciruelo que quiere poner orejas de burro a los ministros de Defensa y Justicia, Bono y López Aguilar, por haberse atrevido a hablar en clase y mal de este presunto maestro que no es otra cosa que un colaborador de ETA.

Primero fue la no ilegalización del PCTV, luego fue la moción del Congreso de los Diputados alentando al Gobierno a negociar con ETA, después fue la primera declaración de Otegi diciéndole al Gobierno que va por buen camino pero que falta el paso decisivo, y ahora Otegi se enfada porque Bono y López Aguilar han sacado los pies del tiesto y se han puesto a despotricar lo que para el maestro Otegi pone en peligro la negociación. A ver si va ser verdad que Zapatero no condenó las últimas bombas de ETA para no empañar tan transparente cristal.

No sabemos qué tiene el presidente entre sus manos o qué esconde en la caja fuerte del Estado sobre la pretendida voluntad de ETA de dejar las armas, pero los cursillos de Otegi empiezan a dejar al presidente y a su Gobierno en muy mala posición ante el conjunto de los españoles, ante su partido y ante sus propios ministros.

Estamos esperando que Otegi condene los crímenes y la violencia de ETA en vez de dar repugnantes cursillos de urbanidad política que huelen a chantaje y a amenaza y que ponen en evidencia los pasos de ciego que está dando este Gobierno frente a una banda sin escrúpulos que ahora se asombra de que alguien desde el Consejo de Ministros le recuerde lo que son sin ninguna ambigüedad. Cuidado con las cesiones sin límite, porque hay cosas que no se pueden aceptar, y mucho menos viniendo de quien vienen y llegando a convertirse en advertencias y amenazas contra un Gobierno democrático que representa al conjunto de la sociedad. Porque si esto es así en los preámbulos, qué se puede esperar de las condiciones que estos personajes querrán imponer en la negociación, tanto en el ámbito puramente terrorista y de sus presos como en lo que se refiere a la reforma estatutaria en curso, que sigue teniendo como telón de fondo el Plan Ibarretxe.

Zapatero ha cedido demasiado y demasiado pronto, y el PSE que preside Patxi López también se ha pasado veinte pueblos en sus concesiones al PCTV y al PNV, en vez de mantenerse firme y aliarse con el Partido Popular, que está dando sus votos al socialista Buen para presidir la Cámara de Vitoria a pesar de los desplantes que el señor López le hizo a María San Gil, que han sido denunciados por parte de sus compañeros, a los que precisamente el señor López les ha querido imponer la ley del silencio.

Y claro, estamos tan generosos con Otegi y con Ibarretxe que al final es Otegi el que quiere imponer la ley del silencio al Consejo de Ministros español y es Ibarretxe el que le dice al señor López que por qué no vota a Atutxa para demostrar que estamos en ese tiempo nuevo del que habla Zapatero, que por lo que llevamos visto deja mucho que desear.

Si esto sigue así, la negociación con ETA va a ser flor de un día, y sería lo mejor que le puede ocurrir al presidente del Gobierno si no tiene nada claro ni ningún compromiso atado, porque si esas flores empiezan a marchitarse, duran unos días o unas semanas más, el olor a podrido que emanará de ese florero no se podrá soportar.

La guerra de las palabras, paz y terrorismo en Euskalherria
José Javaloyes Estrella Digital 20 Mayo 2005

No se refiere el título de este comentario a las encontradas manifestaciones de José Blanco, secretario de Organización del PSOE, sobre la supuesta pasividad colaboradora de ETA con el rumbo político del Gobierno respecto de la misma, abriéndose a dialogar, y las del ministro del Interior, José Antonio Alonso, sobre el mismo particular: “A día de hoy no hay motivos para pensar que ETA vaya a dejar de matar”. Aunque relacionada con ello, la cuestión a que me refiero es otra.

Qué paz es ésa, tantas veces reclamada por Ibarretxe, que sobrevendría con la retirada de ETA? A la palabra paz se han referido siempre los nacionalistas, y a la misma se refiere ahora también, asumiéndola como significado idéntico al de ellos, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez.

Fuera del mundo subjetivo, y especialmente de los estados del ánimo, la paz es un estado de las cosas que se contrapone, antitéticamente, a la idea o al estado de guerra. Antónimo, contrario, opuesto a la guerra es el significado de la paz. Entonces, ¿qué clase de guerra es la que viene precediendo, como estado de las cosas, a la paz en el mundo vasco; ese ámbito que sólo ha existido políticamente, como Euzkadi o País Vasco, desde que la Constitución de 1978 hizo posible el Estatuto de Guernica?

Si no está convenido, pactado o reconocido por las partes en liza —Gobierno socialista y demandantes nacionalistas—, qué paz es la que se busca y cuál guerra espera su fin, resultará que no sabemos de qué se está hablando y para qué se “dialoga”. Estamos desde el “fiat” del Congreso, desde el plácet de la mayoría, en los fastos ceremoniales de la confusión.

Pero convengamos que la guerra es una cosa y el desorden otra: incluido el desorden terrorista. Si fueran lo mismo el desorden terrorista y la guerra, ocurriría que a los terroristas se les habría de atribuir, necesariamente, el estatus de soldados; de gudaris, en este caso, si nos quisiéramos plegar a esas claves semánticas con las que los nacionalistas vascos de toda condición están, ahora mismo, ganando la guerra. Su guerra.

Admitiéndose ello, dándose por buena la confusión terminológica, resultaría que el Gobierno —éste o cualquier otro que lo hiciera— jugaría siempre en campo contrario, negociando con desventaja: desde las premisas de sus teóricos antagonistas. O sea, entregando el Gobierno y quienes le endosan, como prenda de buena fe, y por la causa de la paz, el reconocimiento inicial de la propia derrota.

La palabra paz, como la palabra guerra, incluyen también la guerra de las palabras. Es contienda semántica en la que, por inconsciencia y desconocimiento de los riesgos, se puede perder sin que las armas hablen. Una derrota así es el sólido pórtico de la otra, en la confrontación metaverbal; en el combate político, donde las palabras, el verbo, se hace carne y se resuelve en sangre.

Obviamente, tanto da que sea una contienda real, con las armas, o una contienda política; o que ambas a la vez. Por supuesto también, es el caso del nacionalismo vasco. Opera en los dos planos: directamente, en el político; e indirectamente, por segregación o delegación funcional, en el de la violencia terrorista. A esta violencia, la izquierda abertzale la llama “guerra revolucionaria”, y el otro “abertzalismo” la acepta de momento.

Hasta ahí llega el consenso interno del nacionalismo vasco. Y así quedará todo mientras no curse la hipótesis de la segunda fase, es decir, conforme el patrón de las emancipaciones coloniales de los años 60, en las que los nacionalcomunistas se volvían contra los demás cuando se alcanzaba la independencia. Recuérdese el caso de Argelia, refugio y escuela de ETA durante el dilatado tiempo en que ambos, asiladores y asilados, circularon por la órbita soviética. Recomenzó entonces el mismo debate sobre la paz, la misma guerra de las palabras. jose@javaloyes.net

Poner el contador a cero
Por Aleix Vidal-Quadras Época  20 Mayo 2005

Vivimos un momento de profunda crisis nacional en el que los partidos nacionalistas han optado abiertamente por la ruptura. El plan Ibarretxe y la propuesta de reforma del sistema de financiación autonómica del tripartito catalán son manifestaciones explícitas de esta voluntad de liquidación de la Constitución de 1978. Éste es un hecho nuevo que representa una amenaza gravísima a la estabilidad interior y un peligroso deterioro de nuestra imagen exterior. Ni durante la etapa de UCD ni en las legislaturas 1993-1996 y 1996-2000, en las que el gran partido nacional ganador de las elecciones gobernó con el apoyo parlamentario de fuerzas nacionalistas, se desbordó el marco constitucional ni estuvo en cuestión la unidad nacional. Por desgracia, la situación actual es muy distinta.

El Gobierno socialista ha anunciado que impulsará una reforma de la Constitución en cuatro puntos: el orden de sucesión a la Corona, la fijación del nombre y la composición territorial de las comunidades autónomas, la referencia al Tratado Constitucional Europeo y la estructura y funciones del Senado. Este propósito equivale a declarar que nuestra Ley de Leyes, tal como fue establecida hace más de un cuarto de siglo, ya no responde a la realidad política y social de España. Por doloroso que sea el despertar del sueño concebido en la transición, el intento realizado en 1978 de definir un sistema de convivencia para armonizar unidad y pluralidad mediante una transformación radical de la estructura territorial del Estado ha fracasado, porque una de las partes que suscribieron el acuerdo no ha cumplido su compromiso.

Los partidos nacionalistas, pese a ver satisfechas en un gradomuy elevado sus reivindicaciones de autonomía política y de respeto de los hechos diferenciales, plantean agresivamente la fragmentación de las soberanía nacional y la quiebra de los principios de igualdad y solidaridad entre los españoles. Ante este desafío, el Partido Socialista, en lugar de cerrar filas con el PP para preservar el patrimonio común de libertad, paz y prosperidad acumulado desde el fin de la dictadura, gobierna en alianza con grupos independentistas e intenta ganar tiempo a base de concesiones de alto riesgo en las reformas de los Estatutos que son incompatibles con la supervivencia de España como Nación.

Los objetivos últimos de Ibarretxe y Carod-Rovira son bien conocidos, porque ni siquiera se molestan en disimularlos, pero las fórmulas que nos ofrecen Patxi López y Maragall son movimientos disolventes en la misma dirección, lo que suscita una alarma si cabe mayor al proceder del partido que hoy gobierna la Nación. Ahora bien, lo que Zapatero ha de tener en cuenta es que una vez abierta la puerta de la reforma constitucional, nadie tiene el monopolio de la propuesta ni tampoco los cambios han de ser obligatoriamente en el sentido que los nacionalistas propugnan. Tan democrático y legítimo es pedir que el Estado renuncie a su competencia exclusiva de representación exterior de España o a la recaudación y gestión del impuesto de sociedades como indicar la conveniencia de que recupere la inspección de los centros escolares.

Si el hecho de que partidos de ámbito territorial restringido tengan en las Cortes Generales un número de escaños muy por encima de su peso porcentual en unas elecciones generales se consideramuy natural y adecuado, con análogo espíritu constructivo se puede concebir un sistema electoral que ponga en consonancia el volumen de sufragios obtenidos con el tamaño de la representación parlamentaria. Si hay quien ve perfectamente plausible que una comunidad autónoma se autoproclame nación en su Estatuto, supongo que nadie se extrañará de que surja una corriente de opinión proclive a modificar el artículo 2 de la Constitución para suprimir la distinción entre nacionalidades y regiones, fuente de tanta confusión jurídica y conceptual.

Si el presidente de la Generalitat intenta convencernos de que la obligatoriedad de conocer el catalán es una medida justa y benéfica, con la misma buena fe muchos ciudadanos de aquella Comunidad quisieran poder escolarizar a sus hijos en la lengua común española si tal es su deseo. Si el Gobierno insiste en la revisión de nuestra Carta Magna, todos estamos legitimados para explicar nuestros puntos de vista y las mejoras que a nuestro juicio contribuirían a dar mayor cohesión, solidez, eficacia y vertebración al Estado. La Constitución vigente fue fruto de un cuidadoso y delicado equilibrio y en este aspecto es un complejo paralelogramo de fuerzas cuya resultante apunta a la estabilidad, la paz y la libertad.

Si este equilibrio es alterado y se vuelve a poner el contador a cero, si la tupida red de compromisos, renuncias, contriciones y concesiones que los constituyentes urdieron para hacerlo posible es destrozada por los tijeretazos del extremismo o la ambición incontrolada, cada uno deberá asumir sus responsabilidades, realizar sus análisis, presentar sus argumentos y llamar a los ciudadanos a las urnas para que resuelvan qué reforma constitucional quieren. Un asunto tan serio no debe ser fruto de la coyuntura o de las necesidades episódicas, sino un ejercicio de visión histórica de largo recorrido en el que la Nación se pronuncie para engrandecer y afianzar su futuro.

Maragall, “protector” de Francia
Lorenzo Contreras Estrella Digital  20 Mayo 2005

A Maragall se le está viendo demasiado el plumero político. Ahora más que antes si se considera que quiere catalogar e identificar a Cataluña como nación en el mundo de Internet. Y tendría que ser el Gobierno del señor Zapatero el que realizara las gestiones ante los organismos europeos que se ocupan de estos trámites. De manera que, si Dios no lo remedia, la Generalitat del señor Maragall tendrá un “dominio Ct”, es decir, el código de identificación de Cataluña en Internet separadamente de España.

Antes de que se produjera el comienzo de este episodio o proceso, Maragall se reunió con el ministro francés de Asuntos Exteriores para suscribir o preparar acuerdos que supongan el fomento del francés en las escuelas públicas catalanas y el apoyo de París a la cooficialidad del catalán en la Unión Europea, además del ingreso de Cataluña en la Organización Internacional de la Francofonía, un rango que la equiparará con Haití, Burundi y Benín, entre otros países suscritos a la defensa de los intereses galos en los foros internacionales.

Estas circunstancias apenas han tenido eco en los medios de comunicación españoles, si se excluye alguna publicación como, por ejemplo, la revista perteneciente al grupo progresista Ateneo Madrid XXI, que ha ironizado sobre el hecho de que Francia pueda convertire en amiga e incluso protectora del país ultrapirenaico. En este sentido ha recordado todo lo que sufrió después de la Guerra Civil el exilio español republicano, incluidos los republicanos y nacionalistas catalanes internados en campos de concentración improvisados en las playas del sur de Francia. La publicación cita entre otros escenarios de tales calamidades Le Perthus, Cerbere, Collioure, Argeles sur Mer o San Cyprien, con sus secuelas de hambre, miseria y muerte a manos de la Francia republicana y liberal primero y luego de la Francia colaboracionista con la Alemania nazi bajo el régimen de Vichy, muchas de cuyas víctimas fueron enviadas a los campos de concentración nazis de Dachau, Buchenwald y Mauthausen.

La publicación citada también hace memoria de la actitud de Francia en la Guerra de Sucesión española y de la invasión napoleónica y la intervención de los Cien Hijos de San Luis, al mando del Duque de Angulema, para restablecer en España el absolutismo de Fernando VII. La revista pregunta en otro de los párrafos de su recapitulación de hechos: “¿Francia apoyando la cooficialidad del catalán en la UE? ¿Y por qué no empieza por reconocerlo en su propia casa?”. Evoca también la publicación lo ocurrido en 1670 cuando los franceses lanzaron un decreto que prohibía el uso del catalán en las recién anexionadas regiones de la Cataluña norte. Por consiguiente, en su línea sarcástica, se refiere luego a “este extraño revival carolingio”, en el que “no se sabe quién ha perdido más, si París autoridad o Maragall honor”. A Maragall lo califica de afrancesado y lamenta el descoyuntamiento zapateril de España poniendo el destino de Cataluña y su lugar en Europa en manos de Chirac. Considera la revista que una garantía de que los asuntos de Francia prosperen en Europa exige la debilidad de España. Y al final pregunta si Francia nos ha abierto la puerta de Europa, naturalmente para tomarse a chacota este débito político.

La verdad es que no deja, respecto a Francia, títere con cabeza. Si el país vecino, según Margall, ha sido para nosotros, desde siempre, la puerta de entrada de Europa, será —dice la revista— “por la puerta de servicio”.

Un procesado por «kale borroka» será el representante de los alumnos de la UPV
El PP denuncia que por primera vez la representación de estudiantes «está en manos de Batasuna»
El Consejo de Estudiantes de la Universidad del País Vasco estará presidido por un procesado por «kale borroka». Galder González ganó las elecciones gracias a la permisividad del equipo rector del centro, según denuncia el PP.
Marcos S. González La Razón 20 Mayo 2005

Madrid- Galder González, un procesado por «kale borroka», será el presidente del Consejo de Estudiantes en la Universidad del País Vasco (UPV). Así lo denuncia Iñaki Ortega, profesor de la universidad y parlamentario del PP en el País Vasco, que asegura que «fruto de la inhibición, y si no demuestran lo contrario, de la colaboración del actual equipo rector de la UPV se ha permitido la presencia de Ikasle Abertzaleak (órgano estudiantil que representa el procesado por «kale borroka» y que defiende los postulados abertzales radicales). Ortega relata que «por primera vez en la historia de la universidad puede haber un presidente de Ikasle» y este hecho no se produce porque «sea el que más apoyo ha obtenido».

Y es que el proceso de elección ha estado trufado, cuando menos, de «irregularidades». Según relata Ortega, la elección del presidente del Consejo de Estudiantes en la UPV es complicada. Primero, el alumnado realiza unas votaciones en las que elige representantes, alrededor de cinco, para cada facultad. Estos, a su vez, escogen un delegado y posteriormente los delegados se reúnen y votan quién será el presidente del Consejo. En diciembre del año pasado se celebraron las elecciones en los centros. En ellas, los representantes del mundo abertzale, según las denuncias realizadas a este periódico, escondieron papeletas que no pertenecieran a su candidatura, votaron con el llamado DNI vasco y profirieron amenazas. Estos hechos fueron puestos de relieve en su momento, pero el Rectorado, dirigido por Ignacio Pérez, se negó a repetir los comicios.

En marzo llegaron las votaciones para los delegados. El «sindicato estudiantil» abertzale, «Ikasle Abertzaleak», llegó a un acuerdo con las organizaciones de estudiantes afines al PNV y a IU para lograr que los candidatos independientes que podían haber ganado a una candidatura nacionalista no pudiesen luchar contra González. Aún así, el independiente se presentó. En las votaciones vuelven a producirse las mismas irregularidades. Algunos de los abertzales votan con el DNI vasco, otro votó de palabra, otro no portaba ningún tipo de carné, aunque aseguraba ser el delegado de periodismo. En este estado de cosas, el procesado por «kale borroka» gana.

Impugnación del resultado.
Los independientes impugnaron el resultado y el Rectorado dejó en manos de la Comisión Electoral General (órgano universitario de mayoría nacionalista) la decisión, que todavía no se ha producido.

El parlamentario del PP vasco denunció, en declaraciones a este periódico, que «el rector, con su simpatía hacia el mundo radical, bien porque les tiene miedo o bien porque está con ellos, va a permitir que la representación de estudiantes esté en manos de Batasuna», lo que producirá que, «fruto del chantaje y las amenazas, vamos a tener la universidad más radical de los últimos 25 años».

Pero no es la primera vez que gracias a la «pasividad» del rector Pérez y su equipo de Gobierno el sector más radical se ve beneficiado. En otras palabras, que «llueve sobre mojado». Entre otros casos, Ortega rememoró cuando en febrero se produjeron ataques a uno de los centros de la universidad y el equipo de Gobierno se negó a llamar a la Ertzaintza, que se tuvo que personar en el lugar al tener conocimiento de los hechos por un teletipo de la agencia Efe. «El rector no quiere molestar al mundo radical», afirma el también profesor de la UPV, y por eso, su «primera medida fue conseguir la vuelta de los presos de ETA a la universidad». De hecho, los 57 presos de la banda que cumplen su pena en suelo galo y se matricularon en la UPV saltándose la normativa vigente, siguen, «de facto», cursando estudios allí, según denuncia la plataforma «Profesores para la Libertad». El Gobierno anunció que recurriría la matriculación de los 29 alumnos que habían solicitado iniciar o continuar estudios y según fuentes del Ministerio de Educación la «intención de presentar el recurso es firme», aunque no pudieron especificar en qué estado se encuentra el recurso. La portavoz de «Profesores para la Libertad», Gotzone Mora, relató que «a día de hoy, el Gobierno no ha hecho nada ante la vuelta de los etarras y ellos siguen estudiando».

«No augura tiempos de paz». Sobre Galder González, Mora relató a este periódico que «es una persona con mucha significación desde siempre en la Universidad del País Vasco y su elección no augura ni mucho menos tiempos de paz, porque se ha destacado desde el principio por realizar una movilización activa de los jóvenes hacia los postulados del entorno de Batasuna-ETA». «En las últimas elecciones el peso específico de este sector ha crecido muchísimo», afirmó, por lo que existe una «honda preocupación» entre los profesores no nacionalistas de la universidad vasca.
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