AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 22 Mayo 2005
Negociación @ Perpiñán.ct
José Antonio Zarzalejos ABC 22 Mayo 2005

PERPLEJIDAD INVENCIBLE
Álvaro Delgado-Gal ABC 22 Mayo 2005

La piscina
Ignacio Camacho ABC 22 Mayo 2005

Atribulado viaje
Juan Luis CARRASCO La Razón 22 Mayo 2005

Carod desafina de nuevo
EDITORIAL Libertad Digital 22 Mayo 2005

La embajada de nadie y la afrentosa pareja
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 22 Mayo 2005

Política exterior a la deriva
Editorial ABC 22 Mayo 2005

Piruetea el bufón
Jaime CAMPMANY ABC 22 Mayo 2005

Voz fundamental
Editorial ABC 22 Mayo 2005

«ETA nunca dejará las armas sin romper España»
C. Morodo La Razón 22 Mayo 2005

Consuelo Ordóñez critica que el Gobierno convierta a ETA en protagonista e ignore a las víctimas
Europa Press Libertad Digital  22 Mayo 2005

La «guerra de enseñas», un clásico recurrente en la política catalana
T. S. La Razón 22 Mayo 2005

Explota una bomba junto a la casa de un empresario guipuzcoano de Zarauz y otra es desactivada
EFE Libertad Digital 22 Mayo 2005

Mikel Buesa: «El que ha cambiado es el PSOE, no nosotros»
ABC 22 Mayo 2005


 

Negociación @ Perpiñán.ct
Por José Antonio Zarzalejos ABC 22 Mayo 2005

POR intenso y carismático que sea el «optimismo antropológico» del presidente del Gobierno, los giros copernicanos en las políticas de Estado no se explican sólo ni principalmente por éxtasis intuitivos ni por las «ansias infinitas» -en este caso de paz- del titular del Ejecutivo. Responden habitualmente a una acumulación de circunstancias, de procesos de convergencia con otros propósitos y a la persecución de fines explícitos, desde luego, pero también implícitos. En el caso de la brusca alteración de la política antiterrorista sólo el análisis más gregario lo atribuiría a la palabrería según la cual tanto en la banda terrorista ETA como en su entorno se habrían producido «movimientos esperanzadores». No hay tal, sino reiteración de hechos y palabras que, debidamente metamoforseados en función de las distintas coyunturas, apuntan hacia donde siempre lo han hecho: intentar que el Estado español, a través de una negociación con el Gobierno, reconozca que los terroristas no lo son tanto sino patriotas descarriados a los que, en la fase final de su «lucha armada» se les reconoce una parte de «su razón».

Si siempre es arriesgado someterse al diálogo con los terroristas -incluso cuando lo hicieron con audacia González y Aznar en 1989 y 1998-, es alocado hacerlo sin un cese previo de sus acciones delictivas y mediante una invitación que se solemniza en el Parlamento -por cierto, se solemniza lo obvio- haciendo trizas con ello la unidad de acción de los dos grandes partidos nacionales. Pero concurren en el órdago del Gobierno aún más riesgos: abrir un resquicio de esperanza a ETA (un final distinto a la derrota policial completa) con el respaldo del PNV, EA y ERC y justo en la fase histórica en la que tanto Cataluña como el País Vasco han puesto irreversiblemente en cuestión sus respectivos estatutos, es decir, el modelo autonómico derivado de la Constitución de 1978.

La banda terrorista -a través de la propuesta de Batasuna lanzada en Anoeta- lo que pretende es introducirse en el nuevo escenario constituyente que, de forma queda pero clara, se va enseñoreando de la política nacional. ETA -a la que se exige que deje las armas para abordar después un ignoto- en sus contenidos y fines- «proceso de paz», sería así el ariete que un personaje como Carod Rovira y su partido ERC precisa para acelerar sus pretensiones independentistas. Los republicanos catalanes se encargarán de que, si el traído y llevado diálogo con la banda terrorista se produce a cuenta, incluso, de una tregua no lejana en el horizonte, esa interlocución no descarrile de ninguna manera como ocurriera con las dos anteriores, aunque ello implique la concesión a los terroristas de un «aliciente político» tal y como preconizaba el llamado «plan Ardanza» de 1998 para que las armas callasen. Es ahora, a la luz de los últimos acontecimientos, cuando la entrevista de Carod Rovira y la plana mayor de ETA en Perpiñán, en enero de 2004, adquiere toda su significación y explica la generosidad etarra al conceder al líder de ERC la contrapartida de salvaguardar Cataluña de sus crímenes.

Si en estas condiciones el Gobierno se introduce de la mano de ERC en un proceso de diálogo con la banda, quedará atrapado en una tela de araña de la que sus entusiastas socios no le dejarán salir. Porque, riesgo sobre riesgo, a los ya dichos, añádase la factura ideológica y el propósito fundacional y programático de ERC, PNV e IU que palmearon la resolución dialoguista del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero. A más de republicanos -dato de no menor importancia en los tiempos que corren- los tres grupos pretenden la demolición de las declaraciones dogmáticas de la Constitución que conforman, no sólo la Nación española, sino el propio Estado unitario y autonómico. Izquierda Unida -votante activo del secesionista Plan Ibarretxe-, mantiene una sintonía constante con el PNV-EA, aunque éstos dos partidos nacionalistas vascos comiencen a recelar de ERC que es la que está marcando una endiablada pauta de mangoneo político nacional como bien acreditó su portavoz parlamentario en el debate sobre el estado de la Nación al dar la bienvenida al presidente del Gobierno «al club». Cuando la junta directiva de ese «club» la forman nacionalistas vascos secesionistas -que pactaron con ETA en 1998-; Izquierda Unida, que apoyó y apoya los propósitos de aquellos, y ERC, cuyo líder pactó con ETA provocando, entonces, la indignada reacción de Rodríguez Zapatero que exigió la defenestración gubernamental de Carod Rovira, es mejor -como con buen criterio hizo Mariano Rajoy- abstenerse de ingresar en esa sociedad recreativa.

El Gobierno, su presidente y el PSOE han de comprender -y muchos socialistas lo hacen aunque no lo reconozcan- que por fuerza hay que desconfiar ante esta iniciativa que sólo en apariencia dirige José Luis Rodríguez Zapatero pero que en realidad está apadrinada y seguramente urdida por agrupaciones políticas que, de modo abierto y reiterado, representan intereses que no coinciden con los de los partidos nacionales; que impugnan la forma de Estado; que pretenden un cambio de modelo territorial afectando a la soberanía nacional formulada en los términos unitarios actuales y que alientan la esperanza de aislar a la derecha democrática española pero también de mediatizar tanto cuanto puedan a la izquierda nacional que con aquella es la que vertebra la Nación.

La iniciativa dialoguista de Rodríguez Zapatero no sólo ha quebrado -como no podía ser de otra forma salvo que el PP se hubiera suicidado- la unidad entre las dos grandes fuerzas políticas españolas. También está provocando fisuras en sus filas. Las más aparentes son las que muestra el Partido Socialista de Euskadi, pero las declaraciones de varios ministros -desde aquellos que se refieren a Otegi como a un delincuente, hasta los que apuestan por la derrota policial de ETA como única alternativa, pasando por los que constatan que nada ha cambiado en la operativa terrorista- resaltan la desazón generada ante una decisión tan cesarista, inexplicada e inexplicable como las más graves de las que se atribuían al anterior presidente del Gobierno. Ni siquiera pudo Rodríguez Zapatero hacerse de fiar a la viuda y la hermana de un socialista asesinado por ETA en un encuentro estrictamente personal.

Es seguro que el presidente del Gobierno, atacado ya del virus monclovita de la altanería, actúa de buena voluntad para conseguir el cese definitivo de la violencia, aunque pretenda otros fines como el de asestar al PP una puñalada trapera. Pero el cortejo de su acompañamiento pasa de ser circunstancial a esencial, de tal manera que el protagonismo de esta operación no está en Rodríguez Zapatero sino al albur de grupos sin visión de Estado, comprometidos con intereses territoriales concretos, legítimos en muchos casos, pero no nacionales ni de conjunto. Los derechos de autor de esta operación que enlaza con la peor práctica de la gestión de la política antiterrorista de los años ochenta, no están donde parece. Corresponden al dominio .ct de ERC y traen causa del encuentro de Perpiñán. Por eso, si el presidente, el Gobierno y el PSOE pueden darse de baja en el «club» en el que jamás debió ingresar el socialismo español, no habrá reproche en la rectificación sino reconocimiento de que corregirse es, casi siempre, una actitud propia de sabios. Que lo hagan antes de que sea demasiado tarde.
Ver noticias

PERPLEJIDAD INVENCIBLE
Álvaro Delgado-Gal ABC 22 Mayo 2005

La situación vasca se complica cada vez más. Hace sólo tres días, Alonso declaró que ETA sigue operativa y con capacidad de atentar. La aseveración del titular de Interior resume las opacidades, incluso cabría decir paradojas, de la política del Gobierno en materia terrorista. Me explico. En contra de lo que suele decirse, los hechos nunca hablan por sí mismos. Las que hablan, son las interpretaciones, y las interpretaciones son necesariamente complejas. El intérprete recoge los hechos basándose en hipótesis, hipótesis que autorizan otras hipótesis y nuevas interpretaciones selectivas de los hechos. Un observador inclinado a mirar las evoluciones del Gobierno con benignidad máxima, invocaría la advertencia de Alonso para reafirmarse en la tesis de que el Ejecutivo no ha iniciado contactos con la banda. ¿Cómo puede haberlas iniciado, si el que lo representa en la línea de combate anuncia que ETA podría matar mañana o pasado mañana? El observador benévolo deberá admitir, no obstante, que su posición es problemática, por tres razones sencillas. En primer lugar, el PSOE se contradice. La tesis de Alonso es incompatible con la de Blanco, quien asegura que la banda está exhausta y ha decretado una tregua tácita. En segundo lugar, no se comprende que el Gobierno haya movilizado al Congreso para iniciar un proceso de paz si Alonso está en lo cierto y ETA continúa afilando las armas. En tercer lugar, se multiplican por desgracia los indicios de que sí se han producido contactos con la banda. Anteayer, yo recomendaba en una tercera abordar la estrategia de Zapatero haciendo abstracción de este punto. Se trataba de una propuesta de mínimos metodológicos, saludable por varios conceptos. Ahora bien, estirar las cosas más allá de lo que éstas dan de sí, es artificial. Este mismo diario ha suministrado datos que conducen a la idea de que han existido conversaciones o esbozos de conversaciones. Y no se pueden ignorar, o ignorar del todo, las manifestaciones abertzales sobre un diálogo «encarrilado» hacia un proceso «integral» de paz. La aproximación acríticamente benevolente queda, pues, para los incondicionales. Restan dos alternativas: la de la crítica severa, o la de la crítica teñida de comprensión.

Intentaré ejercer la comprensión. Cabría quizá entender al Gobierno a partir del supuesto de que Alonso está insuficientemente informado y de que consta donde debe constar que ETA quiere rendirse. La resolución aprobada en el Congreso tendría por objeto ofrecer coartadas al que quiere rendirse para que se rinda ya. Podría adornarse esta composición de lugar con consideraciones de tipo humanitario: la rendición rápida evitará algunos asesinatos, originados por los movimientos estertorosos de la banda.

¿Salen las cuentas? No. En esencia, no era preciso solemnizar la buena disposición del Gobierno para convencer a una ETA que estaba casi convencida por una política de rigor, que no de condescendencia. El cambio de medicina, en vista de que la anterior ha funcionado bien, exige más explicaciones de las que nos han dado. Permanece además una incógnita dolorosa: ¿hasta donde han llegado unas conversaciones cada vez más difíciles de negar? Si bastante lejos, se ha mentido a la opinión de modo grave. Esta conjetura es para mí intolerable, de donde deduzco que los intercambios han sido poco sistemáticos y siempre indirectos. Y que, por lo tanto, la línea de actuación del Gobierno ha obedecido, ante todo, a impresiones. Ello nos coloca ante el diagnóstico siguiente: el Gobierno, impulsado por impresiones, ha hecho cuanto estaba en su mano por comprometer al Parlamento en un proceso de paz de éxito azaroso. El diagnóstico es estupefaciente, aunque difícil de evitar. Y obliga a hacer un balance provisional de costes.

Uno, clarísimo, es la ruptura con el PP. Podrá objetarse que es el PP el que ha roto. Da igual. Dadas las circunstancias, no es raro que el PP rompiera. Lo importante es que este dato no haya pesado en las decisiones de Zapatero. Otro, es que se concede a ETA un protagonismo inédito. Todos estamos pendientes de lo que ETA vaya a decir ahora. Puesto que una tarascada de ETA lesionaría enormemente al Gobierno, ETA acumula motivos para poner precio a su rendición. O sea, para mudar su rendición en negociación.

Tercera consideración: se ha introducido un equívoco categorial. Si la cuestión es que una banda criminal entregue las armas, no se debe tratar a una banda criminal como si no fuera una banda criminal. La entrega de las armas implica, cómo no, tratos, precisiones topográficas, temporales, y penales. Pero no exige en absoluto que los partidos voten resoluciones que comprometen al Estado. Y menos aún que se busque apoyo en partidos cuya prioridad máxima es que se comprometa y altere el Estado. La suma da menos de cero. Las piezas no encajan.

La piscina
Ignacio Camacho ABC 22 Mayo 2005

VALE, pongamos que sale bien. Aceptemos para el análisis la hipótesis de que Zapatero saca adelante esa «oportunidad de paz» que no mencionó en su programa electoral. Que el diálogo con Batasuna y ETA lleva a alguna parte. Que hay «agua en la piscina», como dicen en el entorno de La Moncloa. Que al otro lado de ese muro de silencio y sangre que es el mundo del terrorismo existe voluntad real de encontrar una salida al «conflicto». Vamos a situarnos por un momento en el optimismo antropológico del presidente. Sale bien. ¿Y qué tendríamos al final del proceso que, con un aventurerismo casi suicida, acaba de emprender el Estado frente a toda la estrategia antiterrorista que venía practicando?

Pues tendríamos, más o menos, lo siguiente. Tendríamos a Batasuna legalizada de nuevo, con ése u otro nombre: autorizada para presentarse a las elecciones municipales, con acceso a los ayuntamientos, a las subvenciones, a los fondos públicos de los que se nutrió generosamente hasta su puesta fuera de la ley. Con posibilidad, incluso, de situar algún parlamentario en Madrid. Como Esquerra Republicana, sí, pero con una base social mucho más agresiva, hostigadora, coaccionante.

Tendríamos a los presos de ETA en la calle en muchos casos (cabe esperar que no los de delitos de sangre), y en prisiones del País Vasco en los supuestos más graves. Disfrutando de tercer grado, beneficios penitenciarios y una relativa normalidad civil. Tendríamos un nuevo estatuto de autonomía de carácter casi confederal, con la Justicia, la Hacienda, las infraestructuras y todo el gasto en manos del Gobierno de Vitoria. Tendríamos una retirada casi completa de la Guardia Civil y un discreto repliegue de lo que queda de Ejército (ese cuartel de Araca del que gusta presumir el ministro Bono: «En cuarenta minutos los tengo en San Sebastián»). Y tendríamos un escenario político con mayoría secesionista -PNV, Eusko Alkartasuna, Aralar, Batasuna- en clara progresión, siempre al borde de la vía checoslovaca, de la independencia de terciopelo.

No tendríamos muertos, eso sí. No es poco, desde luego. Habría un alivio claro en la sociedad vasca. Ya lo hubo en la tregua del 98: se abrieron comercios, restaurantes, negocios nuevos, y la economía creció sensiblemente en todos los parámetros, como reflejan los anuarios de renta. Un alivio indudable, pero relativo: sabemos, por la experiencia irlandesa -siete años desde Stormont, y el IRA sigue sin entregar las armas- que el desarme terrorista es un proceso lento e incierto. ETA puede perfectamente dejar de matar y conservar su capacidad coactiva, el cobro del impuesto, la amenaza soterrada y silenciosa. Amén de los incontrolados, de los disidentes, de los fraccionales, que en Irlanda provocaron la masacre de Omagh.

Y tendríamos, por último, unas víctimas desamparadas, abandonadas, condenadas a un sentimiento de traición. Probablemente la sociedad española les diese la espalda de algún modo, obligándoles a pagar el segundo gran sacrificio: no molesten ustedes, sentimos su tragedia pero ahora se tienen que volver a sacrificar por el bien común. Recibirían homenajes, dinero, palmadas. Pero su papel de sostén moral de la dignidad democrática quedaría disuelto y relegado a una especie de excombatientes que poco a poco perderían -si no lo están perdiendo ya- su encaje en la sociedad civil de una España olvidadiza y pragmática.

Éste es el horizonte más positivo del proceso que acaba de emprender el Gobierno, si no acaba, lo más probable, en un frustrante desengaño que dejaría a Zapatero tocado y, lo que es mucho peor, a ETA rediviva. Se dirá que no es poco, sobre todo para quienes sufren en sus carnes la presión del terror, de las bombas, de la falta de libertad. Y no lo es. Pero no vale engañarse: para llegar hasta ahí hay que pagar un precio político, con todo lo que eso significa, y significa nada menos que ofrecerle la negociación de igual a igual a un enemigo que iba perdiendo. Nadie puede creerse la ecuación «paz por presos»: ETA y su mundo no se van a conformar con una derrota honorable. Por eso han emitido señales de que hay agua en la piscina, porque saben que la hay para ellos. Hay un gobierno débil, apoyado sobre minorías que están dispuestas a pagar el precio, como demostró Carod en su entrevista siniestra de Perpiñán, y que se sienten a cambio beneficiarias de un nuevo modelo de Estado. Y ETA y su mundo lo saben.

Lo sabe Rafael Díez Usabiaga, el inteligente cerebro batasuno que diseñó la operación de Lizarra con el PNV, que urdió la estrategia de la segunda marca de EHAK, que alumbró la vía de la doble mesa de Anoeta y que ahora trata de firmar el Lizarra II con el Gobierno de España. Lo sabe Josu Ternera, que no en vano fue el interlocutor de Carod en Perpiñán y que ahora, enfermo y acorralado, quizá busque una salida que le proporcione beneficios cuando más cerca estaba de la derrota. Y lo sabe Otegi, el vocero que acaba de quedarse, al perder su aforamiento de diputado, a merced de cualquier juez de instrucción dispuesto a empapelarlo a la primera querella.

Porque lo que de ninguna manera se puede obviar es cómo estaba de llena la otra piscina, la del Pacto Antiterrorista, antes de que Zapatero se dispusiera a escuchar los cantos de sirena que venían del fondo de ETA. El terrorismo estaba -está aún- infiltrado, agujereado, exhausto. Hoy por hoy, casi no queda un batasuno que pueda hablar por teléfono sin que se entere el Estado. En las cárceles, el tiempo se hacía largo para los presos, alejados de sus familias y de un horizonte de redención de penas que achicaron hasta el límite las reformas legales del Gobierno Aznar, con el apoyo del PSOE. Batasuna estaba fuera de la ley, incapaz de resistir otras elecciones sin el oxígeno de los fondos institucionales. El entorno callejero se había casi disuelto, la kale borroka era un mal recuerdo y el Plan Ibarretxe había encallado ante la firmeza del Congreso. ETA podía, aún puede, matar. Sí. Pero sus propios dirigentes admiten que después del 11 de marzo, matar se ha puesto muy caro en costes políticos, y saben que hay ciertas cosas que la sociedad ya no entiende, ni siquiera su espesa y pervertida sociedad de apoyo.

Hay agua en la piscina, es cierto. Pero también la había en la piscina del Pacto Antiterrorista, que estaba bastante más llena que ésta del diálogo, donde es evidente que los terroristas están en la parte con fondo más profundo mientras Zapatero se tiene que lanzar de cabeza allá donde, aunque el agua llegue al borde, existe riesgo de romperse la crisma. Y puede haber pirañas. Por eso no se acaba de entender este empeño arriesgado que podría dar por tierra con lo hecho sin levantar nada mejor. Quizá la confianza del presidente se deba a que atisba que lo que está llenando de veras la pileta es el pragmatismo de una sociedad acomodaticia, contemporizadora y moralmente erosionada. Y que, como en el verso inmortal de León Felipe, «los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos...». director@abc.es

Atribulado viaje
Juan Luis CARRASCO La Razón 22 Mayo 2005

No se le puede sacar de casa, porque luego pasa lo que pasa, y de los daños colaterales del ridículo no se libra nadie. Como mucho, que salga hasta Perpiñán, que es el feudo que controla, donde se siente a gusto y en compañía agradable. Pero, ¿a qué genio se le ocurrió llevarle como polizón en la delegación de la Generalitat a Tierra Santa? Ahora que israelíes y palestinos disfrutaban de un sucedáneo de tregua como no se conocía desde hacía años. Era matemático, puesto el pie en Israel, montaría el cristo en un momento, dada su capacidad innata para el follón. Y es que los israelíes no debieron dar crédito cuando el personaje se negó a homenajear al asesinado primer ministro Rabin porque sólo ondeaba la bandera española y no la catalana, o cuando impuso al funcionario de turno hurgar en la corona de flores para retirar la cinta con los colores españoles y dejar sólo la «senyera». Qué tropa la de aquel club, qué impresionante ejercicio de «palurdismo» político, como si no tuvieran suficientes fanáticos por aquellos lares. Y, como guinda del patético esperpento, el embajador español dedicado en cuerpo y alma a esconder la enseña nacional para no molestar. A alguno de los anfitriones no le debieron de faltar ganas de huir al Muro de las Lamentaciones e incluso de exiliarse en Ramala. Al menos, Carod-Rovira demostró que no es sectario con las víctimas del terror, trató con el mismo desprecio a las hebreas que a las españolas.

Carod desafina de nuevo
EDITORIAL Libertad Digital 22 Mayo 2005

Ya lo apuntaba ayer Juan Carlos Girauta desde estas mismas páginas. “No creo que exista ningún otro ejemplo de líderes políticos que, en viaje oficial, ofendan simultáneamente a su país de origen y a su país de destino. Son únicos.” Únicos para hacer el ridículo y para ponerse en evidencia en nuestro nombre y a nuestra costa. Aunque, bien mirado y teniendo en cuenta sus protagonistas, el viaje que el presidente de la Generalidad y el del líder de ERC han realizado por Israel y Jordania no podía terminar de otra manera.

Dejando a un lado lo ociosos e innecesarios que son los viajes al extranjero con los que se agasajan los presidentes autonómicos habida cuenta que las Autonomías carecen de transferencias en materia exterior, es de una gravedad extrema que esas giras se conviertan en motivo de escándalo y oprobio para la patria común de todos. Si Pascual Maragall, Esperanza Aguirre, Jaume Matas, Francisco Camps o Juan José Ibarretxe salen al extranjero en visita oficial, no deben olvidar que no lo hacen a título personal sino como representantes del Estado, es decir, de España. Y esto es así aunque a alguno de ellos le pese. Es normal, por lo tanto, que más allá de nuestras fronteras dispensen a las autoridades autonómicas un trato especial como representantes que son de un país llamado España que se ha dotado de 17 autonomías cuyos parlamentos son elegidos por los ciudadanos.

El incidente de Israel, con Carod negándose a asistir a un acto porque no estaba la bandera autonómica, es simplemente la consecuencia directa de que nuestro embajador en Tel Aviv, -que, por cierto, es catalán-, no se ha encargado de recordar al líder republicano que en sus viajes oficiales representa a España. Si en nuestras legaciones tuviesen bien claro este particular se evitarían sucesos tan desagradables como este. Pero como toda provocación es poca para el que, hace poco más de un año, inauguró a destiempo la negociación con los etarras, a un insulto le ha sumado otro posando con una corona de espinas mientras se desternillaba de risa. Es probable que para Carod el símbolo que encarna el sufrimiento padecido por Jesucristo durante su Pasión carezca de significado. Sin embargo, para millones de católicos si que lo tiene y es imaginable la repulsa que les habrá causado semejante chanza.

El tripartito catalán, que gobernar, lo que se dice gobernar, no ha gobernado demasiado. Y ahí está como muestra la sequía legislativa que padece el principado desde que la coalición de izquierdas llegase al poder a finales de 2003. Por el contrario, espectáculo indecoroso y, a ratos, indecente se ha hartado de dar a lo largo del último año y medio. Es la naturaleza de una alianza cuyo objetivo principal pasa más por dar la nota en Madrid que por preocuparse de gestionar el gobierno autónomo catalán, cosa que, aunque no lo parezca, es su trabajo. Desde que quedó constituido el gabinete Maragall no ha habido mes en que la pareja que manda y dispone en Cataluña no haya regalado preciosos titulares a la prensa ruborizando de paso a los miles de catalanes de bien que padecen el desgobierno nacionalista. Lo peor, sin embargo, no es que Cataluña se encuentre gobernada por políticos como Maragall o Carod, dados al estrambote y a la fanfarria, lo peor es que sean precisamente ellos dos los garantes de la gobernabilidad en el resto de España. Y de esto, ellos no son los responsables.

Maragall y Carod en Israel
La embajada de nadie y la afrentosa pareja
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 22 Mayo 2005

Eudaldo Miralpeix (1943, Barcelona), diplomático de carrera, embajador de España en Israel desde finales de 2003, ex embajador de España en Egipto, Cuba y Jordania, está molesto por la relevancia mediática de lo que la prensa llama “incidente” y la diplomacia española “accidente”, y que consiste en que el Ayuntamiento de Tel Aviv, tomando a Maragall y Carod por españoles, colocara la bandera de España en el lugar donde debían realizar una ofrenda floral, y en que la floristería local que montó la corona, incurriendo en el mismo error de apreciación, uniera con alfileres a la banda catalana otra española.

Aunque el florista israelí bien podría ser un profundo conocedor de nuestra realidad, y habría urdido la sutil metáfora visual de los alfileres para reflejar la actual relación de una parte, Cataluña, con su todo, España. La bandera irritó a Carod, que se ausentó del acto; el recordatorio de los alfileres podría haber complacido a Maragall, que se dice federalista asimétrico, pero no: más asimétrico que federalista, soportó la bandera, pero no la sutileza floral, que desapareció.

Estábamos preparados para las incongruencias de Maragall y para la congruencia de Carod, líder del partido que considera nuestra bandera común la del enemigo, pero no para ver a toda una embajada española presentando excusas y justificaciones por la presencia de la enseña del país que representa. Ellos, dicen, no tienen que ver. Insisten en que la culpa fue del Ayuntamiento y de la floristería. Es más, expresan su “sorpresa” por el hecho de que no ondeara solamente la bandera de Israel y aducen en su descargo que, al menos, retiraron la banda. Que nadie vaya a pensar que una embajada española va poniendo por ahí símbolos españoles en actos con autoridades españolas. Que sepan todos que se dedican a retirarlos. Pues bien, ahora ya lo sabemos, señor embajador. Puede seguir con sus recepciones de Ferrero Roché. Le sugiero un pabellón pirata.

El poderoso tripartito, como es sabido, también gobierna Barcelona. Su Ayuntamiento, a través del Instituto de Educación, ha editado el libro Republicanos y republicanas en los campos de concentración nazis, donde leemos: “De todos los problemas que hay ahora mismo en el mundo, probablemente hay dos que (...) tienen muchas similitudes con el genocidio nazi (...): la construcción del muro de la vergüenza en Palestina y el encierro de prisioneros talibanes en (...) Guantánamo.” Para acabar de arreglarlo, cuando enumeran los grupos que los nazis llevaban a los campos, los judíos aparecen al final. Pilar Rahola, en su artículo Maragall, ¿qué dirás en Israel? lanzaba esta pregunta al president justo antes del controvertido viaje oficial: “¿Explicará a los israelíes que, en Barcelona, publicamos libros, con dinero público, que comparan a Israel con los campos de exterminio?”

No creo que exista ningún otro ejemplo de líderes políticos que, en viaje oficial, ofendan simultáneamente a su país de origen y a su país de destino. Son únicos.

Política exterior a la deriva
Editorial ABC 22 Mayo 2005

ES difícil encontrar en la época democrática un periodo en el que la política internacional de España haya alcanzado los niveles de desconcierto en los que la ha situado el Gobierno socialista. Tal vez el jefe del Ejecutivo pensó que bastaba con un poco de audacia y temeridad como la que mostró en la retirada de Irak -que hoy ya sabemos que se culminó con éxito solamente gracias a la profesionalidad de los militares- para hacer realidad sus deseos. Pero ¿quién recuerda ahora la promesa de resolver el conflicto del Sahara Occidental «en nueve meses»? Aparte de desequilibrar la posición de España en el Magreb, los resultados de aquella proclamación han sido nulos. Igual ha sucedido en el caso de Iberoamérica, donde se decidió apostar por los apoyos políticos a la dictadura castrista, incluyendo un despilfarro de esfuerzos diplomáticos para cambiar las posiciones de la UE, y como se acaba de ver, Castro se sigue burlando de Europa y en cambio el prestigio de España ha quedado en entredicho entre los cubanos que luchan por la democracia. Zapatero se ha rebajado a pedirle favores a un personaje como el venezolano Hugo Chávez (que insulta gravemente a un ex presidente español) sin pensar que hacer negocios con un régimen corrupto significará más adelante encontrarse atrapado en aquella fosa. Mientras Zapatero sigue suspirando cumbre tras cumbre por un gesto amistoso del presidente norteamericano, los cinco minutos de conversación telefónica entre el ministro Moratinos y la secretaria de Estado Rice sobre la crisis de Ecuador no han dado para que España recupere un mínimo papel en la evolución política de un país con el que ahora compartimos tanto, a través de los miles de emigrantes ecuatorianos que viven entre nosotros. «Volver a Europa» se ha revelado como otro de los lemas fallidos. Parece más bien que han vuelto los tiempos en los que España pintaba poco en Europa, y los aliados -Francia y Alemania- no son de ninguna ayuda en la discusión sobre los presupuestos comunitarios. El remate final lo ha supuesto el bochorno nacional e internacional generado por el calamitoso periplo israelí del dúo Maragall/Carod-Rovira, con queja incluida del Gobierno de Tel Aviv, que empeora un panorama difícilmente empeorable.

Piruetea el bufón
Por Jaime CAMPMANY ABC 22 Mayo 2005

PARA definir con cierta exactitud a este irrisorio, grotesco y pintoresco personaje Carod-Rovira es necesario recurrir al insulto. Como yo no voy a utilizar ese recurso, me limitaré a afirmar que es un sujeto de difícil presentación. Vamos que resulta impresentable. Hay quien le llama «payaso», pero ese nombre no se compadece con su forma de hacer reír. El payaso es un ser tierno, entrañable, conmovedor y emocionante, que hace felices a los niños con bromas blancas e inocentes, bromas que no muestran crueldad, ni inquina ni falta de respeto, sino ingenuidad y humor inofensivo. Que más quisiera Carod-Rovira que ser un payaso.

No. A payaso no llega, y ni siquiera se acerca a «gracioso» de comedia mala de chistes gruesos. En todo caso, Carod-Rovira sería un hazmerreír bufonesco y ridículo, y encima, un bufón republicano en corte monárquica. En este punto podríamos dejar al personaje si no fuera porque sus bromas y sus veras tocan y hieren los más respetables sentimientos y las más sagradas creencias de los hombres. Como diría Rubén Darío, «piruetea el bufón», y sus piruetas de gilimursi son desdenes o chacotas de la bandera y de la patria, de la religión y hasta de la pasión de Jesús, como ha hecho ahora en Jerusalén choteándose de la corona de espinas, con Maragall asomado a la máquina de fotos pare perpetuar la gracia.

Piruetea el bufón y desde su primera pirueta después de su elevación al taburete socialista del tripartito, aquella de la visita a Perpiñán llevando a cuestas la presidencia de la Generalitat, no ha dejado pasar tres días seguidos sin cachondearse de ideas o símbolos que los españoles tenemos conservados en lugares de amor o de respeto profundos. O sea, para decirlo con la voz del pueblo, el bufón no ha cesado de tocarnos las narices, que igual podría decir los cataplines, los bemoles, los compañones o las arracadas. Seguramente, en esa actitud hay un componente de torpeza y alocamiento, pero también hay una parte de provocación adrede, un deseo de desdeñar y zaherir aquello que otros respetan o adoran.

Las bufonadas que ha montado en su viaje a Israel no merecerían el comentario de una sola línea si no supusieran desprecio y burla, por un lado a la bandera de España, y por otro a un símbolo de la pasión de Cristo. El bufón ha logrado asombrar a sus anfitriones al abandonar un acto porque no estaba allí la bandera catalana y sí la española. Para este pelagatos, la bandera catalana no es una bandera española. Más adelante consiguió que el embajador de España retirara la bandera española de otro acto para que este mamacallos permaneciera allí. Joder, con el embajador. Y todo ello bajo las carcajadas de Maragall, que ya estaría con la trompa jerosimilitana. Y bajo las risotadas del séquito con viaje pagado con la contribución de los laboriosos catalanes. Y toda esta desgracia la compensa el bufón con media docena de votos indignos, que manchan y envilecen a quien de ellos se aprovecha.

Voz fundamental
Editorial ABC 22 Mayo 2005

LOS movimientos cívicos del País Vasco, cuya labor ha sido fundamental para vertebrar la respuesta activa de los ciudadanos contra el terrorismo y el nacionalismo obligatorio, comienzan a sentir la tensión que viven los dos grandes partidos del bloque constitucional. La autoridad moral de esas voces que se levantaron tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco y su activa y encomiable rebeldía ante la ausencia de libertad y el nacionalismo obligatorio merecen su permanencia en la primera línea de la opinión pública. Han de seguir siendo un referente ético que precisa del apoyo y la custodia permanente de los partidos, no ser correa de transmisión de sus fricciones.

«ETA nunca dejará las armas sin romper España»
A esta conclusión llegaron los negociadores de la tregua del 98 tras la reunión con la dirección etarra en Zúrich y la ruptura del alto el fuego Aznar rechazó una oferta previa de negociación en diciembre de 1997
C. Morodo La Razón 22 Mayo 2005

Madrid- La reunión que interlocutores del Gobierno de Aznar –Ricardo Martí Fluxá, Francisco Javier Zarzalejos y Pedro Arriola– celebraron en 1999 en Zúrich (Suiza) con miembros de la dirección de ETA –encabezados por el jefe del «aparato político», Mikel Albizu, «Antxa»– asentó una misma impresión en la delegación gubernamental, la de que la banda terrorista «nunca» renunciará a las armas si no es a cambio de sus pretensiones de poder político y de ruptura de España, conclusión que se vio confirmada además por el desarrollo del alto el fuego «total e indefinido» hasta la decisión de la banda de darlo por roto a partir del 3 de diciembre de 1999. Según ha podido contrastar LA RAZÓN entre los asistentes a aquel contacto «exploratorio» de Suiza, las dos horas de reunión fueron más bien dos horas de monólogo por parte de los dirigentes etarras, que aprovecharon para explicitar sus intenciones de presente y de futuro: el coste político que bajo el eslogan de la «autodeterminación» debe implicar inexorablemente la paz.

Mediación de San Egidio.
La «tregua-trampa» del 98 tiene un arranque anterior al comúnmente conocido: un intento de ETA de abrir una negociación con el Gobierno de Aznar en diciembre de 1997, meses después del terrible asesinato del concejal del PP Miguel Ángel Blanco. Para ello, la organización terrorista se sirvió de la comunidad religiosa de San Egidio, próxima al Vaticano pero sin pertenecer a lo que es el entramado institucional oficial de la Iglesia, y que tiene experiencia en la intercesión en conflictos. Un sacerdote de esta congregación se dirigió telefónicamente al entonces ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, para contarle que había participado en París en un encuentro secreto con dirigentes etarras y que éstos le habían trasladado su interés en dialogar con el Gobierno del PP. Mayor Oreja le recibió en su despacho en enero de 1998 para responderle, tras consultar a José María Aznar, que el Ejecutivo no tenía nada que negociar con ETA.

El análisis retrospectivo que hacen quienes vivieron en primera persona los 438 días que duró la última tregua etarra apunta a que fue esa inicial «no rendición» del Ejecutivo la que llevó a la banda a buscar la «entrega» del PNV en Estella para avanzar hacia la «construcción nacional vasca» (reconocimiento de la autodeterminación e incorporación de Navarra y País Vasco francés), y, a partir de ella, hacer una declaración de alto el fuego con la que se pretendía coger fuerzas para la batalla política en las elecciones autonómicas de octubre de 1998 y municipales de junio de 1999. Los gestores políticos de aquella «tregua-trampa», según la bautizó Mayor Oreja, coincidieron con medios de la lucha antiterrorista en concluir que fue el fracaso de la avanzadilla en el escenario político el que hizo volver a los atentados –por ejemplo, en las municipales el PP llegó a recuperar el poder en Álava y en Vitoria.

Inmovilidad etarra.
De Zúrich se sacaron importantes lecciones que concluyeron en el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo. Al margen de inolvidables anécdotas para sus protagonistas –como el miedo que sintieron mientras esperaban a que «Antxa» y la también dirigente etarra Belén González Peñalva, «Carmen», les recogieran en un coche o el gesto instintivo terrorista de echarse mano al cinto cuando Martí Fluxá maniobró en el interior de su chaqueta para buscar un bolígrafo–, ETA evidenció en aquella cumbre que es una «organización de máximos» que se mueve «midiendo la debilidad de los demás». La delegación gubernamental planteó una pregunta, «¿hay alguna posibilidad de que la tregua sea definitiva?», y dejó una advertencia taxativa, «el Gobierno nunca aceptará la escisión de una parte de España ni negociará». A partir de ahí, los representantes de la dirección de la banda no se movieron un ápice de su ideario de exigencias políticas.

Proceso constituyente abierto.
Entre el contexto del 98 y el actual hay «muchas diferencias», según sostienen expertos en la lucha antiterrorista, pero quizás una de las más significativas es que ahora hay un «proceso de revisión constitucional» abierto mientras que hace siete años el «consenso constitucional» fue la bandera en la que se envolvió la disposición demócrata a escuchar a ETA.

ACUSA A ZAPATERO DE "TRITURAR" EL PACTO ANTITERRORISTA
Consuelo Ordóñez critica que el Gobierno convierta a ETA en "protagonista" e ignore a las víctimas
La presidenta de la Fundación Gregorio Ordóñez y portavoz de Covite, Consuelo Ordóñez, consideró este sábado "un agravio" que el Gobierno central haya convertido a ETA en "un interlocutor válido" y "protagonista político en su momento de mayor debilidad" ya que, según indicó, su actitud supone que "los asesinatos han tenido una razón de ser". Por este motivo, denunció la "inmoralidad" de que el Ejecutivo del PSOE "haya pasado por encima del sentir de la mayoría de las víctimas".
Europa Press Libertad Digital  22 Mayo 2005

Ordóñez lamenta que Zapatero haya "triturado y tirado por la borda" el Pacto Antiterrorista, en su opinión, el instrumento "que más ha debilitado" a ETA y a "sus secuaces" a lo largo de su historia. Ordóñez realizó estas declaraciones durante su intervención en el noveno Congreso de Nuevas Generaciones del País Vasco y censuró que el Gobierno central haya permitido que "el brazo político de los pistoleros" concurriera a los comicios vascos "con otras siglas pero con la misma denominación de origen" y se "niegue" a ilegalizar al PCTV-EHAK a pesar de que, según indicó, "sigue habiendo pruebas concluyentes en su contra".

Ordóñez denunció que el Ejecutivo "haya iniciado, con los votos de sus nuevos aliados del club de Perpiñan, un diálogo con los asesinos de una mafia que ha matado a casi mil personas" y que haya instado al Congreso de los diputados a que "convirtiera a ETA en un interlocutor válido porque considera que los últimos dos años sin asesinatos significan una tregua tácita".

En este sentido, afirmó que el hecho de que el Gobierno "haya dado alas a ETA convirtiéndolo en protagonista político en su momento de mayor debilidad" y que "haya iniciado un proceso de negociación con los terroristas" es "más que intolerable, un agravio" ya que, a su entender, "significa que los asesinatos han tenido una razón de ser. No puede haber otra lectura". Así, calificó de "inmoralidad" que el Ejecutivo central "pase por encima del sentir de la mayoría de las víctimas y apruebe con las minorías, ésas que siempre se han opuesto a las medidas que han contribuido a debilitar a la banda, un proyecto de negociación con los asesinos etarras". "Sólo el PP se ha opuesto a esta barbaridad", destacó.

En su intervención en el Congreso de Nuevas Generaciones del País Vasco, celebrado en el Palacio Euskalduna de Bilbao, donde destacó el trabajo de este colectivo "mientras vuestro Gobierno concede ayudas a sectores y asociaciones próximas a los terroristas y se beneficia impunemente del clima de acoso, presión y amenaza permanente que sufrís para obtener ventajosos réditos políticos". En esta línea, instó a los miembros de Nuevas Generaciones a estar "orgullosos" de pertenecer al "único partido político que no se ha bajado los pantalones ante los terroristas ni se ha dejado contaminar o invadir por toda la miseria moral que está invadiendo el panorama político en los últimos tiempos".
Finalmente, subrayó la defensa "sin complejos" de Nuevas Generaciones de la igualdad y libertad de los ciudadanos, la denuncia de las instituciones que "colaboran con los terroristas y sus cómplices", el rechazo de "todo acercamiento o negociación política con una banda de asesinos terroristas", y su llamamiento al entendimiento de los partidos constitucionalistas en el País Vasco como "única vía para alcanzar la alternancia democrática al totalitarismo nacionalista" y como "único camino de lealtad a la memoria de las víctimas del terrorismo".

La «guerra de enseñas», un clásico recurrente en la política catalana
T. S. La Razón 22 Mayo 2005

Se repite la misma historia. La «guerra de banderas» es un asunto recurrente en la política catalana, puesto que forma parte de la gestualidad de los líderes nacionalistas catalanes.

Uno de los casos más sonados se produjo hace unos 10 años en la denominada Cataluña interior. Concretamente en la localidad leridana de Solsona. En esa ocasión, el alcalde de la ciudad, un histórico militante de CiU, Ramón Llumà, decidió no colgar la bandera española en el mástil del Ayuntamiento con motivo de la festividad local. El argumento que esgrimió Llumà no estuvo exento de críticas. Y es que afirmó, con sorna, que la ausencia de la rojigualda se debía a que estaba en la lavandería.

Quizá el episodio más reciente fue el del Castillo de Montjuïc cuando el ministro de Defensa, José Bono, amenazó con congelar la cesión al Ayuntamiento si no ondeaba la enseña nacional. Por ello, recientemente, las autoridades de la Generalitat aseguraron que la española estaría en el castillo.

Hace poco más de un año, la polémica se repitió con motivo de las fiestas de Gràcia. El único distrito barcelonés regentado por Esquerra Republicana decidió no izar la enseña española en el Ayuntamiento del distrito. Finalmente, ERC claudicó, a petición del PSC.

Algo parecido ocurrió en el Consistorio de Manresa, que mediante un iniciativa municipal se aprobó en el pleno descolgar la rojigualda. Tras la polémica, también se rectificó.

Que Esquerra Republicana evita cualquier foto con la bandera española no es ninguna novedad. Sólo hay que tener presente que esta enseña no ondea en las consellerias a cuyo frente se sitúan militantes de la formación republicana.

Durante la Diada de octubre del año pasado, el Ayuntamiento de Barcelona fue el único de los consistorios de las cuatro capitales de provincia catalanas que mantuvo izada la bandera española. El alcalde, Joan Clos, defendió la compatibilidad de la senyera con «otros símblos».

SIMILARES A LAS QUE ETA HIZO ESTALLAR HACE UNA SEMANA
Explota una bomba junto a la casa de un empresario guipuzcoano de Zarauz y otra es desactivada
Por segunda semana consecutiva, y cuando el Gobierno ya ha puesto sobre la mesa su oferta de negociación con ETA, la banda terrorista mantiene la presión en forma de bomba sobre los empresarios vascos. En la madrugada de este domingo hizo explotar un artefacto colocado junto a la vivienda de un industrial de Zarauz. No se han registrado daños personales aunque sí de carácter material. Poco antes, también en esta localidad guipuzcoana, agentes de la Ertzaintza desactivaron otra bomba compuesta por unos dos kilos de cloratita y similar a las cuatro que estallaron el pasado domingo en otras tantas empresas de Guipúzcoa.
EFE Libertad Digital 22 Mayo 2005

La bomba que hizo explosión sobre las cinco de la mañana había sido colocada en un muro contiguo a la vivienda de un empresario en la calle Lapurdi de Zarauz (Guipúzcoa). La detonación, sin previo aviso, causó daños en el muro que separa la vivienda de las vías del tren y, tras ello, la familia del empresario fue evacuada de su domicilio sin que nadie resultara herido.

El atentado iba dirigido contra el propietario de la empresa "Gráficas Otzarreta". La bomba, como confirmaron posteriormente fuentes del departamento de Interior del Gobierno vasco, contenía unos dos kilos de cloratita, un temporizador y un detonador.

Este era el segundo artefacto en Zarauz colocado esta madrugada, ya que la Unidad de Explosivos de la Ertzaintza había desactivado poco antes otra bomba en el parque Muntxo, en las cercanías de un restaurante ubicado a las afueras de la localidad guipuzcoana. Alrededor de las tres de la madrugada, un particular alertó a la Ertzaintza de la presencia de una caja sospechosa.

Al parecer, el explosivo se encontraba junto a un banco y el comunicante le había dado una patada, lo que causó la apertura de la caja, tras lo que se escuchó un pequeño zumbido en su interior. Tras el aviso, la Ertzaintza acordonó la zona y, después de examinar el artefacto, logró desactivarlo.

Se trataba de una bomba que también estaba compuesta por dos kilos de cloratita, un temporizador y un detonador, todo ello reforzado con explosivo plástico. El artefacto estaba programado para que hiciera explosión sobre las cinco y media de la madrugada.

Las dos bombas eran similares a las que ETA hizo estallar la pasada semana en cuatro empresas de Guipúzcoa. Para su composición, los terroristas podrían haber utilizado parte de las cuatro toneladas del material para fabricar explosivos que robaron hace un mes en Francia.

Mikel Buesa: «El que ha cambiado es el PSOE, no nosotros»
ABC 22 Mayo 2005

«El que ha cambiado es el Partido Socialista, no las plataformas cívicas». Por eso el vicepresidente del Foro de Ermua, Mikel Buesa, quita hierro a las diferencias con Basta Ya e incluso espera «que terminen sumándose a la manifestación de la AVT».

Considera obvio que ha habido un «antes» y un «después» en el seno del PSE, que «tras el relevo de Nicolás Redondo Terreros, está pretendiendo acercarse al mal llamado nacionalismo democrático, cuando antes ese partido tenía claro, como el resto de los constitucionalistas, que los nacionalistas que se metieron en Lizarra no son demócratas». Con la notable excepción de Rosa Díez, Buesa hace notar «el clamoroso cambio de actitud hacia nosotros de algunos dirigentes socialistas. Personas que asistían regularmente a los actos que convocábamos y que protagonizaban en ellos intervenciones muy aplaudidas, como el actual presidente del Senado, Javier Rojo, comenzaron a brillar por su ausencia». ABC ha buscado a Rojo para recabar sus motivos, pero ha preferido quedarse al margen de la polémica.

También el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, «fue más receptivo cuando estaba en la oposición. Hace año y medio nos recibió y cuando hablamos sobre el proyecto de enmiendas de la Ley Concursal para penalizar la convocatoria de referéndums ilegales, él nos dijo literalmente «a pesar de que el PP no nos ha consultado, lo apoyaremos». Luego hizo lo contrario. Y ahora solicitamos entrevistarnos con él y no nos recibe. Por eso, hartos, publicamos nuestra reciente carta abierta al presidente del Gobierno».

Admite que su plataforma sufrió una crisis severa hace un año, pero que «ha salido fortalecida. Nunca nos hemos planteado disolvernos». Por último, explica por qué se ha hecho la foto esta semana con Rajoy: «La izquierda está lastrada porque tiende a no admitir más representatividad que la del partido. Recela de las agrupaciones ciudadanas y el Partido Popular no». «La situación de ahora -concluye- me recuerda a lo que decía Bromuro, un personaje de Vázquez Montalbán: «no entiendo a los socialistas, parece como si quisieran que todo empiece con ellos». Eso le pasa a Zapatero, que ha prescindido de lo anterior y quiere que todo empiece con él».

Recortes de Prensa   Página Inicial