AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 23 Mayo 2005
Llamamiento
Pío Moa Libertad Digital 23 Mayo 2005

Paz e impunidad
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 23 Mayo 2005

España no es una realidad histórica compuesta, sino compleja
MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA ABC 23 Mayo 2005

Dialogo e incoherencia
Germán Yanke ABC  23 Mayo 2005

Pedagogía contra el socialismo-nacionalismo
Agapito Maestre Libertad Digital 23 Mayo 2005

Ya no dan miedo
Pedro Fernández Barbadillo Minuto Digital 23 Mayo 2005

Tabernas para el terrorismo
Editorial ABC 23 Mayo 2005

Necesidad
J. J. ARMAS MARCELO ABC  23 Mayo 2005

El precio lo pagan los empresarios
Luis Ignacio Parada ABC  23 Mayo 2005

Precios políticos y penitenciarios
EDITORIAL Libertad Digital  23 Mayo 2005

Zetapaña
Javier Orrico Periodista Digital  23 Mayo 2005

Los «impopulares»
Jaime CAMPMANY ABC 23 Mayo 2005

El problema
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 23 Mayo 2005

ETA se lo pone difícil a Zapatero
Editorial Heraldo de Aragón 23 Mayo 2005

El pelanas
Juan Manuel DE PRADA ABC  23 Mayo 2005

El desparpajo de Maragall & Cía.
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital  23 Mayo 2005

Disparates en cadena
Editorial El País  23 Mayo 2005

¿QUIÉN PIENSA EN NUESTROS MUERTOS
Fina Saavedra Libertad Digital 23 Mayo 2005

«Habrá tregua si ETA ve cerca la ruptura y al PSOE rendido. El Estatuto catalán es el primer pago»
C. Morodo La Razón 23 Mayo 2005

Las «herriko tabernas» eluden el control judicial y siguen financiando la trama etarra
J. PAGOLA ABC  23 Mayo 2005

 

Llamamiento
Pío Moa Libertad Digital 23 Mayo 2005

En 1976, tras más de un siglo de convulsiones a menudo sangrientas, y de gobiernos de excepción, la gran mayoría de los españoles acordamos una reforma política que estableció la convivencia en libertad, recogida en la Constitución de 1978. Pese a algunos defectos, inherentes a cualquier obra humana, el acuerdo constitucional ha permitido casi treinta años de paz, libertad y prosperidad, a pesar de que siempre han estado amenazadas, siempre perturbadas por el terrorismo y sus cómplices.

Hoy esos logros están en peligro y nadie debe cerrar los ojos al riesgo de volver a las epilepsias del pasado. Desde hace unos años fuerzas poderosas presionan sin descanso por lo que llaman Segunda Transición, y por cambios en la Constitución y los estatutos de autonomía. Sin duda la Constitución y los estatutos pueden reformarse, pero sería suicida hacerlo según el interés y el gusto de partidos cuyo objetivo declarado es la disgregación de España; partidos que han amparado y se han beneficiado del terrorismo; que han sembrado el fanatismo y el rencor, que han explotado la guerra civil como instrumento para resucitar los odios y arruinar la reconciliación; que allí donde han podido, como en Cataluña, han reducido las libertades y derechos ciudadanos, o, en el País Vasco, los han arruinado prácticamente. La anterior Transición nos llevó de una dictadura a la democracia. En estas condiciones la Segunda Transición sólo podría hacernos retroceder de la democracia a las viejas convulsiones.

El peligro, aunque creciente, parecía dominable hasta la matanza de Madrid del 11 de marzo de 2004: 191 muertos y más de mil mutilados y heridos. El terrorismo islámico, nadie debe olvidarlo, comparte con los separatismos el doble objetivo de desintegrar España y destruir su democracia. Y ha logrado con esa matanza, de un solo golpe, cambiar drásticamente la política de un país como España, novena potencia económica mundial y democracia supuestamente firme. Lo consiguió gracias a la debilidad de unos políticos, al oportunismo de otros, y a la confusión y el choque psicológico producidos en millones de españoles por la brutalidad sin precedentes del golpe. Desde aquella matanza el peligro se ha vuelto mucho más acuciante.

Nunca un atentado alcanzó sus objetivos de modo tan completo. Sus autores aspiraban a dejar a los iraquíes a merced del mismo tipo de asesinos de Madrid, y por lo que respecta a España lo lograron. Pero su éxito no paró ahí: desde ese momento se invirtió, dentro de España, la política de defensa del Estado de derecho y aplicación de la ley al Terrorismo Nacionalista Vasco, política que tan excelentes resultados venía produciendo. La ETA ha vuelto a ser legalizada, vulnerando la ley y los pactos democráticos. Se pretende que la claudicación ante los asesinos, bautizada como diálogo, traerá “la paz”, como si los terroristas tuvieran interés en ella y la causa de sus crímenes radicara en la anterior defensa de la libertad y el derecho por el Estado. Sobre tal inversión perversa de la realidad se pretende dividir y desacreditar a las víctimas directas y a cuantos propugnan el imperio de la ley, tachándolos de interesados en la violencia.

Asistimos hoy a una política de apoyo y supeditación a grupos abiertamente separatistas, que se jactan de su decisión de fragmentar España e imponer en sus regiones sistemas antidemocráticos y excluyentes. Asistimos a una política de amistad y concesiones a tiranías extranjeras, incluyendo la de Mohamed VI, que no oculta su apetencia sobre territorios españoles. Asistimos a campañas de falsificación de la historia y de apología del golpismo causante de la guerra civil. Todo ello realizado con los instrumentos del Estado y mediante hechos consumados y tratos oscuros, pervirtiendo el lenguaje para presentar lo inadmisible como deseable y anestesiar la conciencia de los ciudadanos españoles con ilusionismo verbal.

Esta política funesta está haciendo degenerar a la democracia en una demagogia rampante, está destruyendo el espíritu y la letra de la libre convivencia alcanzada en 1978 después de un siglo de frustraciones, y amenaza traernos un nuevo desastre. Al arrasar la reconciliación y la paz en la libertad, legadas por la Transición y basadas en el respeto a la ley, los responsables de tal política adquieren una inmensa responsabilidad histórica.

Las conmociones del pasado han generado un espíritu pesimista, según el cual “los españoles no tenemos remedio” y estamos predestinados a arruinar nuestras mejores oportunidades. Nada más falso. Pero se impone reaccionar a tiempo, antes de que la pendiente a la catástrofe se vuelva demasiado empinada para detenerse. Los ciudadanos que aman la democracia y la unidad de España, voten al partido que voten, deben hacerse conscientes del peligro. Debemos impedir absolutamente el deterioro de nuestras libertades y la desintegración de España en pequeños estados más o menos tiránicos, atrapados por la discordia, insignificantes en el plano internacional y objeto de las intrigas de otras potencias.

Hago un llamamiento a crear un movimiento ciudadano que alerte a la totalidad de la población y plante cara a la actual alianza entre separatismo, terrorismo y demagogia que nos empuja al caos. En las manos de todos está impedir un nuevo fracaso histórico de nuestra convivencia.

Paz e impunidad
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 23 Mayo 2005

La semana pasada dos organizaciones policiales expresaban su apoyo a la resolución del Congreso que abre el camino a las negociaciones con ETA. Elogiaban el nivel de exigencia que el acuerdo planteaba a la banda, al tiempo que expresaban su oposición rotunda a la reducción de penas a los etarras con delitos de sangre. Los sindicatos no parecen percibir que las medidas en favor de los presos -de todos los presos- es lo único que los gobiernos están dispuestos a ofrecer a ETA una vez que se ha descartado hacer concesiones políticas. Incluso si se hicieran éstas, el paquete tendría que llevar el regalo de los presos.

Todas las conversaciones que se han mantenido en el pasado con la banda se han hecho sobre la base de ofrecer medidas de gracia para los terroristas a cambio del abandono de las armas, medidas que se aplicarían tanto a los etarras encarcelados como a los huidos. La impunidad penal es la contrapartida por excelencia.

El esquema de todos los gobiernos parece ser alcanzar la paz a cambio de sacrificar la justicia porque se cree que es más fácil y de menor coste social que el de hacer renuncias políticas. Las víctimas y los familiares de éstas son conscientes de ello. Lo han sido siempre, aunque en el pasado eran convidados de piedra con los que nadie contaba. En 1998, ante el temor de que se sacrificara la justicia a la que tienen derecho, se movilizaron. Los partidos, entonces, se esforzaron por darles compensaciones y el reconocimiento que no habían tenido, en previsión de que hubiera que pedirles un sacrificio. Ahora, en cambio, tienen la sensación de ser ignoradas de nuevo.

La demanda principal de las víctimas es la justicia: que los autores de los atentados sean juzgados y condenados con arreglo a la ley y que cumplan las penas impuestas. No es algo caprichoso. Es la reacción natural de los agraviados. El 20 de enero de 2000, por ejemplo, PNV, EA y Euskal Herritarrok aprobaron en Alonsotegi un acuerdo solicitando la detención de los culpables de un atentado ultra contra un bar de la localidad, cometido veinte años antes, en el que murieron cuatro personas. Se pedía el esclarecimiento de los hechos y el juicio para los responsables, incluso aunque el delito hubiera prescrito. Su petición no es diferente de las que formulan las víctimas de ETA.

El Gobierno que firme la impunidad para los crímenes de ETA tendrá que afrontar interpelaciones como la formulada por el poeta Juan Gelman a los presidentes argentinos que indultaron a los responsables de la dictadura militar: «Que se sepa, ninguna víctima les dio el mandato de perdonar a los asesinos en su nombre».

España no es una realidad histórica compuesta, sino compleja
POR MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA DE LA REAL ACADEMIA DE CIENCIAS MORALES Y POLÍTICAS ABC 23 Mayo 2005

Las palabras pueden ser peligrosas. De forma especial en el discurso político. Afirmar, por ejemplo, que España es una realidad histórica «compuesta» nos lleva al federalismo. La presente organización jurídico-política de España sería el agregado de varios territorios con entidad propia, con poderes originarios que acuerdan ceder facultades a unas instancias globales. Por el contrario, considerar que España es una realidad histórica «compleja» es reconocer la existencia de una unidad básica, sobre la que funcionan organizaciones diversas, todas ellas con poderes derivados de una Constitución que da fundamento y razón de ser a las Comunidades Autónomas; en suma: una España plural, resultado de una larga, brillante y azarosa trayectoria, dentro de la unidad.

El federalismo no tiene cabida en nuestra actual manera de ser y de convivir. También el federalismo, igual que «compuesta» en lugar de «compleja», es una palabra de uso peligroso, que acaso algunos emplean sin darse cuenta de lo que están diciendo. No es una «palabra de verdad», de aquellas explicadas por Unamuno, sino una «palabra seca» que, una vez puesta en circulación, tiene su propia vida, rompiendo los ligámenes que pudieron haberla atado a la intención de quienes la pronuncian. Esta clase de palabras van dando golpes que hieren más hondo que el golpe con una espada.

Y, ¿por qué el federalismo no es una organización territorial conforme con la Constitución Española de 1978? ¿Por qué hemos de salir al paso de tanto discurso equivocado, constitucionalmente heterodoxo?

Es cierto que el federalismo ha experimentado, a lo largo de los últimos dos siglos, transformaciones en la manera de entender las competencias de sus componentes. Hasta tal punto cambió el sistema original de reparto de competencias entre el Estado federal y sus Estados miembros, que ya por los años treinta del siglo XX empezó a hablarse del «federalismo cooperativo» y del «nuevo federalismo».

No obstante la variedad actual de Estados federales pueden indicarse algunas reglas que, como principios configuradores, encontramos en todos ellos. Primeramente, la autonomía legislativa de los Estados federados. Poseen competencia para dictar leyes que no son de un rango inferior al de las leyes de la federación. Los conflictos de normas se resuelven conforme a la distribución de competencias señalada en la Constitución. Y junto a la autonomía legislativa, con las características indicadas, en los Estados federales se registra una participación de sus componentes (Estados miembros, Provincias o Comunidades) en la formación de la voluntad general. No basta con que se elijan Cámaras dedicadas a ocuparse prioritariamente de los asuntos de la organización territorial, sino que es preciso que esas Cámaras se designen por los Estados miembros como tales, cuyos intereses representan (Senado norteamericano, Bundesrat alemán).

El recordatorio de estas características de los Estados federales nos advierte que políticamente puede aspirarse a un cambio radical de lo que fue decidido por el pueblo español, titular del poder constituyente, pero mientras permanezca vigente el texto de 1978, con sus principios y sus normas, la organización territorial de España no encaja en los diversos modelos de Estado federal.

El art. 149.3 de la Constitución española es claro y terminante. En él se afirma: A) Que las normas del Estado prevalecerán, en caso de conflicto, sobre las normas de las Comunidades Autónomas «en todo lo que no esté atribuido a la exclusiva competencia de éstas»; B) Que el derecho estatal será, en todo caso, supletorio del derecho de las Comunidades Autónomas.

Fijémonos en el federalismo que funciona en Alemania. Los espacios constitucionales de la Federación y de los Länder se contraponen allí con autosuficiencia propias. El Tribunal Constitucional de Karlsruhe ha puntualizado al respecto: «Los Länder en cuanto miembros del Estado Federal tienen un poder soberano estatal (staatlicher Hoheitsmacht) -si bien materialmente limitado-, no un poder derivado de la Federación, sino un poder de soberanía estatal por ella reconocido». (BVerfGE 1, 14 (34)).

Un Estado federal no suele admitir la prevalencia del Derecho de la Federación respecto al Derecho de uno de sus componentes, y la supletoriedad del Derecho de la Federación, en todo caso, no se apoya en la idea de la existencia de un ordenamiento jurídico común, supuesto español, que presta unidad y confiere sentido a los ordenamientos parciales de las Comunidades Autónomas.

Tenemos un ordenamiento jurídico básico pero nos falta, en cambio, un himno nacional que posea una letra susceptible de ser cantada en las ceremonias importantes. Es más perjudicial esa carencia de lo que determinados voceros alegan. La conciencia nacional se robustece en los países cuyos ciudadanos cantan su himno.

He citado el federalismo de la República alemana. No deja de ser curioso que algunos de nuestros nacionalistas periféricos, federalistas, invoquen con frecuencia lo que sucede en Alemania. Para ellos, sin embargo, es jugar con fuego. Pues en Alemania, después de la ley electoral de 3 de julio de 1953, los partidos que sólo tenían una implantación notable en uno de los Länder (vale decir el Bayern Partei, con un 20,9 por ciento de los votos de Baviera) han quedado fuera del reparto de los escaños del Bundestag, o Parlamento nacional, al no conseguir el 5 por ciento de los sufragios en el conjunto de la Federación. Bastó con cambiar una palabra de la ley de 1949. Fue suficiente escribir «República federal» donde figuraba «Land», exigiéndose el 5 por ciento en toda la República y no en un «territorio» o Comunidad sólo. Esta exclusión del juego político fue ratificada por el Tribunal Constitucional Federal: BverfGE, 1, 208 (247 y ss.).

Hay, pues, palabras peligrosas para todos y argumentos peligrosos para quien los utiliza. He recordado alguna vez que lord Byron, con sentido poético, caracterizaba las palabras como gotas de tinta que movilizan a miles, acaso a millones de seres humanos. También los políticos han destacado con acierto que las palabras, «esos misteriosos pasajeros del alma», son como los fabulosos magos que arrastran con ellos a las multitudes, según un símil utilizado por Poincaré.

No debemos caer en la trampa de una España compuesta. Lo que constitucionalmente tenemos es una España compleja. Compleja en virtud de una historia multisecular en la que fueron diferentes los motores de su progreso. Si nos fijamos en un momento histórico la vanguardia la ocupará una de las actuales Comunidades, y si retrocedemos o avanzamos en la historia aparecerán destacadas otras Comunidades. Es la España plural, con plurales protagonistas históricos, según los distintos momentos.

Dialogo e incoherencia
Germán Yanke ABC  23 Mayo 2005

Quizá haya algunos para los que las bombas de este fin de semana en Zarauz (esta vez condenadas por casi todos, presidente del Gobierno incluido) sean sólo una anécdota, una piedra en el camino, una dificultad circunstancial. Estamos, nos dicen, no solamente ante «una gran oportunidad para la paz», sino en una suerte de «tregua tácita» o, al menos, en una situación excepcional de «cese de la violencia» ya que hace dos años que ETA no asesina a nadie. La frasecita se repite una y otra vez, como si una tontería pudiese convencer a algún idiota. Basta escuchar la atemorizada y apesumbrada voz del empresario atacado en la madrugada del domingo para reparar en que quien utiliza el terrorismo lo sigue utilizando y que el único freno es la acción de las Fuerzas de Seguridad: la «política» de usar a la Policía para poner a los terroristas a disposición de la Justicia.

Pero tenemos, si no memoria, la hemeroteca para constatar que en estos dos años ETA ha amenazado, ha atacado violentamente, ha extorsionado, ha atemorizado, se ha armado y rearmado y ha buscado la muerte. Hasta ayer mismo. Si no ha asesinado a nadie ha sido por una política antiterrorista, la del Pacto, que combina eficazmente el uso de todos los instrumentos del Estado de Derecho con la presión política y social. No hay, pues, cese de la violencia ni tregua tácita. No hay reconsideración del terrorismo por ETA y sus secuaces. La ausencia de muertes y la debilidad de la banda se la debemos, sólo, a la contundente persecución. Si ahora se quiere cambiar esta política, si se pretenden iniciar «exploraciones» o ya se ha hecho, si se desea abrir un «diálogo» ahora o en el futuro habrá que justificarlos con otros argumentos.

Se pretende, asimismo, colar ahora en el debate una devaluada y abusiva concepción del Pacto de Ajuria Enea, un acuerdo en el que, incluso con las concesiones hechas en su momento al nacionalismo vasco, jamás se entendería, como ahora se materializa, el doble y complementario criterio de excluir al Partido Popular (o intentar forzarlo al desistimiento) y poner en marcha, junto al «diálogo final», negociaciones para la reforma política con una parte del entramado de ETA, sea Batasuna (como abiertamente pide el PNV, últimamente tan en sintonía con el Gobierno de España) o el Partido Comunista de las Tierras Vascas, que si no es lo mismo es «su voz» como los propios protagonistas sostienen. Si esto no es un soberano precio político no es nada.

No es lo mismo, por tanto, la rendición de ETA para que se pueda seguir hablando de política en libertad que hablar de política con sus mentores para que cese la violencia y se pueda seguir hablando con ellos.

Federalismo
Pedagogía contra el socialismo-nacionalismo
Agapito Maestre Libertad Digital 23 Mayo 2005

Nadie pierda el tiempo hablando de las reivindicaciones federalistas de los socialistas. Eso es pura ideología. Un engaño para ocultar lo evidente. El “modelo” federal hace tiempo que lo reventaron los secesionistas vascos y catalanes. El Estado Autonómico representó lo mejor del federalismo, si es que éste contiene algo bueno para España, pero, hoy, hablar del Estado federal o autonómico sólo es, insisto, mera ideología. Una manera perversa para no tratar lo que verdaderamente está pasando. El federalismo es una estrategia de ocultación y falsificación para que las elites políticas socialistas pacten con las secesionistas el reparto de poder para las próximas décadas de lo que una vez se llamó España, Estado-nación. Nacionalistas, terroristas y socialistas sólo tienen una aspiración común: terminar, definitivamente, con el modelo federalista del Estado de las Autonomías. ¡Con este panorama cómo no va ser contundente Rajoy! ¡Lo que sorprende es que haya tardado tanto tiempo en enterarse de lo que estaba pasando!

Sí, señor Rajoy, lo felicito por su defensa de que España no puede pactar con terroristas. Sí, señor Rajoy, lo felicito por su contundencia para hacer pedagogía política contra los terroristas. Sí, señor Rajoy, lo felicito por la defensa contundente de los principios constitucionales. Pero advierta, por favor, que nada de eso es posible si usted no logra convencer a los españoles que tan nefasto como pactar con ETA es poner en práctica en el País Vasco el modelo del tripartito catalán. He ahí el otro lugar donde debe concentrar su crítica. Porque es necesario, como usted dice, hacer pedagogía política, tiene que gritar que la “importación”, permítame decirlo así, del modelo catalán al País Vasco es el fin de la nación española.

Más aún, tendría que empezar a gritar, pues sólo un ingenuo, o algo peor, puede ponerlo en duda, que el “invento” del Partido Comunista de las Tierras Vascas es fruto de un acuerdo entre Otegui y unas cuantas cabezas “pensantes” del socialismo en el poder, más concretamente de algunos asesores de Interior y de Moncloa. El PSOE necesita urgentemente una “Ezquerra vasca” para poner fin a cualquier reivindicación federalista o similar, pues esa ideología está caduca, e “institucionalizar”, primero, por la vía de hecho y, después, por la reforma, en realidad destrucción, de la Constitución, una Confederación. ¡La Confederación de los pueblos ibéricos! ¡Seguro, señor Rajoy, que le suena esta palabra! Es el funcionamiento del tripartito catalán. Es el trágico modelo asumido por Zapatero.

Porque la Confederación, aunque cueste decirlo a quienes defendemos la nación española, está funcionando hace ya tiempo, mayor preocupación de los enemigos de la unidad de España es “juridificar” tal monstruo. A esa tarea están entregados “cientos” de traidores emboscados en las instituciones democráticas. Basta mirar los lugares dónde operan estos personajes para saber que estamos ante el asalto final a España como nación. Perfectamente colocados en los Parlamentos nacionales y autonómicos, y de modo significativo en el Tribunal Constitucional, por no citar instituciones menos relevantes como el Consejo de Estado, están esperando una llamada de la coalición de socialistas y nacionalistas para “justificar” jurídicamente lo que haga falta. Ellos son allí. Como las elites a las que sirven, están dispuestos a matar cualquier cosa que les dé vida, especialmente hay dos artículos de la Constitución de 1978 que quieren matar definitivamente: el 155 y el 149. La supresión del primero es como prohibir la facultad del Estado de intervenir en la Comunidad Autónoma. La supresión del segundo no tiene otro objetivo que reducir al máximo las treinta y dos competencias, aunque en realidad son menos, que son exclusivas del Estado.

De estas infracciones, en realidad asesinato de España, que se llevarán a cabo a través de la reforma de Estatutos y del Senado, etc., seguiremos hablando otro día. El asunto lo requiere. Y la pedagogía política, a la que apela Rajoy, lo exige.

Ya no dan miedo
Por Pedro Fernández Barbadillo Minuto Digital 23 Mayo 2005

La coronación de Luis Bonaparte como emperador de Francia, en imitación de su tío, inspiró a Carlos Marx una frase célebre: La historia se repite; la primera vez como tragedia y la segunda como farsa. El espectáculo al que asistimos desde que Rodríguez llegó al Gobierno corrobora la frase marxista.

El Gobierno socialista ha comenzado una segunda transición y los ataques a la primera nos hacen recordar a la anterior. Entonces, el nivel de la sociedad española en general y de los políticos en particular no fue muy alto; los gerifaltes del Movimiento Nacional se hicieron carnés de demócratas y muchos miembros de la oposición se inventaron antecedentes de represaliados. Sin embargo, los enanos del presente encumbran a los anteriores políticos hasta la estatura de gigantes. Adolfo Suárez junto a José Luis Rodríguez parece el canciller Bismarck y Fernando Abril Martorell comparado con Jesús Caldera recuerda al marqués de la Ensenada.

La decadencia no es sólo capitalina. Las últimas mamarrachadas de Pasqual Maragall y del amigo de los etarras Josep Lluis Carod-Rovira cometidas en Israel (vejaciones a la bandera nacional, los cristianos y los anfitriones) enaltecen todavía más a Josep Tarradellas. Mientras éste se equipara a Carlos III, el lugar de Maragall y Carod está en el cuadro pintado por Goya de la familia de Carlos IV.

La triste conclusión es que la clase política española evoluciona como los cangrejos. No es que en Francia o Alemania estén mucho mejor, pero es que los gobernantes de estos países no se han rendido al terrorismo ni quieren dinamitar la nación.

Pero las decadencias no son completamente malas. En algunos casos se amplía la libertad; el hartazgo con lo que existe lleva a que el poder y sus servidores ya no den miedo, sino risa. Le sucede a ‘El País’. El sábado 14 de mayo, el diario del Poder Fáctico Fácilmente Reconocible publicó una página entera contra la editorial Áltera. La excusa es un pleito que mantiene desde hace unos años por el presunto plagio de una traducción de uno de los mandarines de ‘El País’: Francisco Rico.

El verdadero objetivo era desacreditar a la editorial; para ello se la acusa de tener un ideario de “extrema derecha”. Las pruebas eran la edición de libros del historiador Pío Moa, el padre Apeles, el politólogo francés Alain de Benoist y el dirigente vasco del PP Santiago Abascal, cuyo libro está prologado por el Gran Satán: José María Aznar. Todo esto le parece indigno a un periódico que cede sus páginas de opinión del general polaco Jaruzelski, que en 1981 dio un golpe de estado y en 1968, como ministro de Defensa de su país, contribuyó a la invasión de Checoslovaquia por el pacto de Varsovia.

Áltera también ha publicado mi ‘Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos’; no defiendo a la editorial y su a propietario, Javier Ruiz Portella, sólo por amistad, sino, además, porque hemos de librarnos de estos comisarios políticos –muchos de ellos retoños de patriarcas falangistas o franquistas- para que el debate intelectual en España prescinda de los exabruptos de “fascista” y “reaccionario” como argumentos y de las persecuciones.

El verdadero motivo de esta campaña es la publicación por Áltera de un libro de Víctor Farías titulado ‘Salvador Allende: contra los judíos, los homosexuales y otros ‘degenerados’’, en el que el profesor chileno descubre y documenta las opiniones racistas del mártir por excelencia de la izquierda del siglo XX. Para quien lea el libro, Allende se convierte de socialista en nacional-socialista. Y esto es algo que los centinelas de la civilización occidental, digo, de la Humanidad progresista no podían consentir.

Algo ha cambiado, sí. Hace unos pocos años, habría bastado un reportaje como éste para que la editorial, su dueño y los autores citados hubiesen sufrido la muerte civil. Los Maricomplejines se habrían alejado de los marcados para no incurrir en la horrible condición de desafectos. Hoy, por fortuna, las consignas del Poder Fáctico Fácilmente Reconocible ya sólo las siguen sus lacayos. Igual que en una secta apocalíptica de las que prometen preservar a sus miembros de la maldad terrena a cambio de una obediencia ciega al líder. La derecha está en el camino de aprender a pensar sola.

Tabernas para el terrorismo
Editorial ABC 23 Mayo 2005

LA Fiscalía de la Audiencia Nacional va a solicitar hoy mismo el procesamiento de los ex parlamentarios de Sozialista Abertzaleak (la antigua Batasuna) Arnaldo Otegi y Jon Salaberria. Concluidas las funciones de la Diputación permanente del Parlamento vasco, ambos dirigentes han perdido la condición de aforados, lo que abre la posibilidad de que sean investigados por el Juzgado Central de Instrucción número 5 en virtud de una acusación muy determinada: al formar parte de la Mesa Nacional de HB, tienen presencia directa en la llamada «comisión nacional» de las «herriko tabernas», fuente directa de financiación de la banda terrorista ETA. Otros dos parlamentarios, Joseba Permach y Joseba Álvarez, se encuentran ya procesados por las mismas razones, en tanto que Josu Ternera está sujeto a una orden de detención para su ingreso en prisión provisional. Si el juez Grande-Marlaska confirma la petición de procesamiento, la posibilidad de una condena judicial va a pesar sobre varios de los dirigentes que aspiran a ser protagonistas en el nuevo marco de la política vasca diseñado por el Gobierno socialista.

Hoy publica ABC un amplio informe sobre las llamadas «herriko tabernas», uno de los entramados político-mercantiles montados por los secuaces del terrorismo, sobre cuyo fin real no existe duda al estar buena parte de ellos sujeta a embargos. Parece difícil creer que en un Estado social y democrático existan este tipo de establecimientos, en los que se instalan impunemente huchas para recolectar fondos, se exhiben fotos de los presos más sanguinarios y se organizan actividades para adoctrinar a los nuevos aspirantes al ingreso en el llamado Movimiento de Liberación Nacional. En realidad, el entramado batasuno ha trenzado sobre estos locales una red de sedes paralelas que, tras el acoso judicial, vienen a suplir a las clausuradas tras la ilegalización del partido.

Es notorio que los avances sustanciales que supuso en su momento el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo en la lucha por el Estado de Derecho están hoy día seriamente cuestionados. La negociación con ETA, avalada por el Congreso, vendrá precedida con toda certeza por una serie de concesiones «menores» en apariencia, entre las que es fácil suponer que se incluya la máxima tolerancia para estas actividades contrarias a la ley y que ofenden los principios de la dignidad democrática y de la gran mayoría de los ciudadanos. Mientras cientos de cargos públicos populares y socialistas tienen que llevar escolta y mientras miles de personas no pueden expresar con libertad su preferencia política, los secuaces del terrorismo hacen ostentación de su burla de la ley por medio de argucias grotescas, que van minando la capacidad de resistencia moral de la sociedad vasca. En particular de quienes integran las plataformas cívicas, construidas con notable esfuerzo y valentía personal en los últimos años. Funcionan todavía las secuelas jurídicas de la etapa de consenso antiterrorista (no en vano, nadie quiere dar el primer paso formal para dar por finiquitado el Pacto) y es por ello una buena noticia la petición de procesamiento que va a plantear hoy la Fiscalía.

En este sentido, la firmeza contra ETA que han de tener los poderes del Estado no puede conocer el desistimiento, porque de su acción depende en buena parte el mantenimiento de los fundamentos morales y jurídicos que avalan esta lucha por la libertad de todos en el País Vasco. Porque los terroristas siguen ahí, como demostraron ayer con las dos bombas de Zarauz, esta vez sí condenadas expresamente por el presidente del Gobierno, que en el anterior atentado múltiple «olvidó» hacerlo. La respuesta institucional ante el terrorismo tiene tasados unos parámetros de actuación (el rechazo verbal, el primero) que es imprescindible hacer llegar a la sociedad y que nunca se han de obviar, sea cual sea el contexto en que se produzca el atentado.

Necesidad
Por J. J. ARMAS MARCELO ABC  23 Mayo 2005

LA necesidad de recomponer el pacto antiterrorista entre los dos grandes partidos, y quienes ahora se quieran sumar al consenso en cada instante, se hace imperiosamente obligatoria. La bronca instalada en la política nacional por el pacto antiterrorista entre populares y socialistas, con el resto de la Cámara de diputados a su favor excepto el partido de Rajoy, no provoca en la ciudadanía más que vergüenza y rechazo.

Imagínense qué produce en las asociaciones de víctimas del terrorismo lo que algunos amigos llaman el irritante zetapeo en torno al pacto: frustración y escarnio humillantes. Con la bronca nos hincamos ante los terroristas a los que se dice combatir con todas las fuerzas y espíritu democráticos. Es preciso cambiar el paso cuanto antes, porque los únicos beneficiarios de este lamentable estado de cosas son los terroristas, quienes apoyan sus tesis y aplauden su estrategia.

Algo ha cambiado en Euskadi: lo delataron las urnas de las autonómicas, aunque los nacionalistas del PNV y EA no quieran enterarse. Pero ese cambio no lo ha sido para que cambien tanto las fondos y maneras del desacuerdo entre socialistas y populares. Ni los unos ni los otros son, por partidismo o ideología, los únicos detentadores de la dignidad, aunque no caben muchas dudas a la hora de definir la bronca de la actual política antiterrorista: es una indignidad que los ciudadanos españoles, y sobre todo las víctimas del terrorismo criminal de ETA, ni nos merecemos ni se merecen. Esas mismas razones hacen que los partidos que ahora están implicados en la bronca vengan obligados a la mayor brevedad posible, por dignidad, por estética y por ética política (no hay estética sin ética, recuerden siempre a Valverde) a reconducir un proceso que estaba resultando sorprendentemente benéfico en la lucha antiterrorista.

Hagan algo de una vez los que, desde un partido y desde el otro, claman por la dignidad como un factor necesario para la política española. Hagan algo los líderes, crean de verdad en el consenso y no fuercen las cosas hasta romper los cabos de la cuerda que nos une a todos, voluntariamente, a la dignidad que defendemos para España, para todo el país, y no sólo para la parte que, a mi modo de ver, protagoniza en exceso la política española y marca demasiadas pautas en la agenda cotidiana de los medios informativos. Hagan algo pronto, hoy, mañana mismo, ayer. No dejen que la bronca siga creciendo, que el ruido vergonzosamente creciente del jaleo no permita oír las voces de la sensatez y el sentido común. Reinstalen en el pacto el consenso que nunca debió llegar a ser un elemento tan desastrosamente guerracivilista entre los grandes partidos del país. Tengan, de verdad, dignidad.

El precio lo pagan los empresarios
Luis Ignacio Parada ABC  23 Mayo 2005

EL País Vasco perdió más de 13 puntos en su generación de riqueza entre 1975 y 2002 en comparación con la del conjunto de España. Durante ese periodo su PIB creció por debajo de los de Madrid, Baleares, Cataluña, Comunidad Valenciana y Navarra. La renta familiar bruta, que llegó a alcanzar el 7,1 por ciento en 1965, estaba en el 5,7 en 2002. Estos datos los revela un estudio de Julio Alcaide que acaba de publicar el IIE. Así que las bucólicas interpretaciones del nacionalismo sobre la pujanza de la Comunidad Autónoma no resisten su confrontación con una realidad. Varios estudios demuestran que los asesinatos y las extorsiones a los empresarios han sido decisivos en la pérdida de dinamismo económico vasco. Una investigación llevada a cabo por Alberto Abadie y Javier Gardeazabal, publicada por la «American Economic Review» en 2003 revela que los descensos más acentuados del PIB «per capita» vasco están correlacionados con la intensidad del terror. Algo que ya habían apuntado Robert J. Barro y Xavier Sala, que documentan una tasa de crecimiento atípicamente baja en el País Vasco entre 1950 y 1999 si se la compara con la de otras regiones europeas.

El presidente del Gobierno expresó ayer su profunda repulsa por las dos bombas colocadas por ETA en Zarauz contra intereses empresariales vascos. Por segunda vez en una semana los terroristas le muestran que no van a dejar las armas para conversar si no cobran un precio previo o permanente, sea político al Estado o económico a los empresarios. Tal vez sea el momento de recordar que dos de los más sangrientos atentados de ETA, contra un supermercado en Barcelona y contra una casa-cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza, se produjeron en 1987, justo durante la primera fase de las negociaciones de Argel. Y que la banda rompió la tregua en diciembre de 1999 sólo unos meses después de las conversaciones de Suiza matando a 21 personas hasta que se firmó un año más tarde el Pacto Antiterrorista.

Precios políticos y penitenciarios
EDITORIAL Libertad Digital  23 Mayo 2005

Que Zapatero está dispuesto a negociar con los parlamentarios de ETA el final del Estatuto de Guernica, es algo que venimos denunciando desde mucho antes de que Patxi López se reuniera con los neobatasunos del PCTV. Lo novedoso es la forma abierta y explícita con la que el PSOE lo ha admitido a través de las nada sospechosas páginas de El País. Este diario, cuyo principal titular de portada aseguraba este domingo que “El PSOE emplaza a ETA a declarar “cuanto antes” el final de la violencia”, deja bien clara la nauseabunda disposición del Gobierno a que “la izquierda abertzale, representada ahora por el Partido Comunista de las Tierras Vascas (EHAK en sus siglas en euskera), forme parte de la ponencia de reforma del Estatuto de Gernika, que se constituirá en el Parlamento vasco previsiblemente a finales de año, si ETA renuncia, previa y definitivamente, a las armas”. Este diario también hace referencia a la oferta de impunidad hecha a los terroristas, bajo la eufemística expresión de que “el Gobierno también está dispuesto a dialogar con ETA sobre la situación de sus presos”.

Vaya por delante que la “tregua” que reclama el gobierno de ETA es precisamente eso, una tregua, un “cese temporal de hostilidades”, que el gobierno y el PSOE quieren pagar uniéndose a Lizarra para acabar con el Estatuto de Guernica. Eso, por no hablar de la ya perpetrada vulneración de la Ley de partidos por la que la organización terrorista sigue teniendo representación parlamentaria.

¿Cómo van los terroristas a creerse de verdad y, por tanto, a disuadirles las penas, si es el propio gobierno de la nación el que nuevamente dinamita la certeza de su cumplimiento? ¿Cómo van a creerse los terroristas en España que sus acciones criminales son estériles si hay un gobierno que, por primera vez, está dispuesto a pagar políticamente porque dejen de hacerlo?

Intentar contentar al que no se va a contentar, en el caso de los terroristas, más que estéril es criminalmente dañino, criminalmente contraproducente. Zapatero no puede satisfacer plenamente las demandas de los terroristas que, desde luego, no se sacian ni con el fin del Estatuto de Guernica, ni con los beneficios penitenciarios. Pero lo peor es que ZP con esa oferta está dispuesto a ofrecerles algo sin lo cual los terroristas no volverían a matar: Esperanza. Esperanza de no tener que asumir los costes penales de sus acciones; esperanza de conseguir con ellas mucho más de lo que se les ofrece. ¿Tan difícil es de entender la desesperación de las víctimas?

Zetapaña
Por Javier Orrico Periodista Digital  23 Mayo 2005

Zapatero no busca la derrota de ETA. Y mucho menos la del nazionalismo vasco, en cualquiera de sus presentaciones para regalo, tal y como hemos podido advertir desde la recepción que le dio a ‘Escabetxe’ y su plan, concediéndoles el rango de algo distinto a un pueblo español en cuya casa se les acogía. Si no partimos de interpretar a ‘Zapazelig’ siempre por lo contrario de lo que dice y vende, no comprenderemos nada.

Si persiguiera su derrota, habría intensificado el arrinconamiento no sólo policial, sino sobre todo el político, de una banda nazimafiosa que, con la colaboración internacional posterior al 11-S, y después de los 198 asesinatos del 11-M, sabe perfectamente que un solo muerto más habría hecho estallar a España para arrancarles la piel a tiras.

Y ETA, sin muertos, sin nazismo callejero, sin impunidad en sus actos, sin títulos universitarios regalados, sin refugio francés, sin representación política, sin presupuesto, con los empresarios sublevados frente a la extorsión ‘revolucionaria’, no es nada. Cuatro canallas cuyo final había de ser, irremediablemente, pudrirse en la cárcel. Lo que Zapatero, esta rueda de molino de la Historia que nos cayó hace un año, acaba de escenificar, arrodillando al Parlamento y a la soberanía española, es precisamente la santificación de lo que ETA ya no tenía: salida. Una salida ajustada a la ruta definida por la propia ETA, en boca de Otegui, a partir del famoso mitin de Anoeta y de las campañas de la prensa adicta sobre que algo se estaba moviendo en ‘ese mundo’ (o mundoak).

Es decir, regresar sin derrota, aclamados, con sus presos fuera de las cárceles, y garantizando que el Estado queda de hecho fuera del País Vasco para siempre, con apenas un vínculo confederal sin contenido en la nueva realidad europea. O lo que es lo mismo, un armisticio que, para ellos, tras todo lo conseguido en estos años, incluyendo la refundación misma de España y su conversión en Estado plurinacional, supondría la gran victoria, el reconocimiento de la existencia del famoso conflicto político (en el que coinciden con el nacionalismo catalán, su actual avalista), que les habría empujado a las armas en justa lucha contra un Estado opresor, y, por tanto, la legitimación de la lucha armada y la condición heroica de los ejecutores de mil españoles inocentes. Que, por supuesto, también habrían dejado con ello de serlo. Inocentes y hasta españoles.

Y aun con todo esto, lo más grave ya no sería la traición a los muertos, sino a los vivos, a ese millón de los mejores de nosotros que abandonaríamos a una condición de esclavos, de no ciudadanos, despojados de sus derechos y libertades, a la que quedarían reducidos los vascos desafectos al régimen totalitario que el nazionalismo habría visto legitimado con el apoyo de ‘Zapapatxi’. Por eso se han levantado los que viven con escolta, los que saben qué futuro les espera, los que, como Mikel Buesa, hermano de Fernando Buesa, han dicho con absoluta claridad que no están dispuesto a una paz que los condenaría a vivir sin libertad.

Curiosamente, creo que uno de los datos más relevantes sobre lo que está ocurriendo nos ha venido estos días desde el territorio español más alejado de las Vascongadas, o sea, desde Canarias. Allí ha tenido lugar otra de las actuaciones de Zapatero dirigidas hacia lo que constituye el verdadero eje de su política, que no es España, claro, sino él, la construcción y perpetuación de un reich milenario bajo apariencia democrática, la conformación de una nueva Zetapaña en la que él y sus aliados reinen para siempre. Me refiero a la ruptura, forzada por ahogo, de la alianza entre Coalición Canaria y el Partido Popular, para ser éste sustituido por el PSOE, en otra versión más del pacto nacional-socialista que se está extendiendo por ‘eZPaña’.

Lo que verdaderamente le mueve es garantizarse para la eternidad los quince millones de votos que hoy no son del Partido Popular. El PSOE les entrega a los nacionalistas respectivos, a los nuevos señores feudales crecidos al amparo de las autonomías, el poder en sus regiones, convertidas en pequeñas nacioncitas en las que el Estado sólo sea una bandera (y ni eso), y a cambio se asegura los votos en el Congreso de todos los grupúsculos medievales. Es un reparto hábil del poder, aunque sea a costa de la igualdad de los españoles ante la ley, de la idea liberal de la nación de ciudadanos y de lo que haga falta, porque vamos a ‘pillar’ tós, pare. Los socialistas, lo que quede del presupuesto nacional, más todas las regiones donde sean mayoría. Los nacionalistas, el poder absoluto en sus comunidades. Los comunistas, consejerías, miajicas y mucha cara de importancia y mentón elevado. Las cantantes calvas, subvenciones. Y así.

Ya tiene Cataluña, con sus primos Carod y Maragall, al frente. Si asegura al PNV y a ETA, con Patxi de recadero, la no injerencia en su tiranía y la imposibilidad de una alternativa, contará con ellos en Madrid. Más los canarios, Marcelino y el tonto de Labordeta (qué pena, qué decepción), el BNG, Nafarroa bai bai, CiU con diarrea..., a cada uno su pedacico de Zetapaña y la sonrisa al frente bendiciéndolo todo. Enseguida irán a por Valencia, con el Bloc, IU y el PSPV. Asentados en sus feudos propios de Extremadura, Andaluper y Castilla the green, sólo quedarán la Castilla vieja, Madrid y una salida al mar, antaño llamada Reino de Murcia, que para entonces ya será sólo una colonia anglo-catalana, un mar de británicos instalados en dúplex de las Caixas, que, al final, traerán el Ebro. La felicidad, la paz. Zetapaña.

Los «impopulares»
Por Jaime CAMPMANY ABC 23 Mayo 2005

LAS dos bombas de ayer en Zarauz, una de ellas muda y fallida, llueven sobre mojado. Llegan después de otras seis que tampoco provocaron muertos ni derramaron sangre. Causaron daño, porque destrozaron piedras o ladrillos, pero no desgarraron carne humana. Desde el 11-M, la banda etarra no se atreve a llenar ataúdes, quizá porque eso provocaría más rechazo que terror. Estas bombas etarras son disparos de aviso, advertencias de que todavía tienen los terroristas poder y ocasiones de matar, y eso les da fuerza para sentarse a las mesas de negociación con las pistolas cargadas encima de la mesa.

Hace algún tiempo que ETA no mata. La bonanza heredada del gobierno anterior y las nuevas técnicas de medición permiten proclamar que el paro desciende, que la economía marcha bien, que la vida política discurre por caminos de estudiado sosiego, y que se contempla en el horizonte la esperanza de lograr esa paz que hemos ansiado durante más de treinta años y acabar de una dichosa vez con la conmoción constante del terrorismo. La sociedad española se halla sumida en un clima de tranquilidad y buenos alimentos. Las tonterías que dicen los separatistas vascos y catalanes son eso, tonterías, manías de grandeza de cuatro gatos que quieren ser más importantes y estar más gordos que los demás gatos celtíberos. Al final, España sigue siendo España.

En este clima de comodidad y relajo, dispuestos a esconder la cabeza en la arena o debajo del ala, son muchos los batuecos que rechazan los fastidiosos discursos alarmistas. La gente prefiere que los políticos le pinten la vida de color de rosa y que no la lleven a tirones o empujones hacia una realidad desagradable y amenazadora. Buena parte de la sociedad española prefiere ser hoy la ciudad alegre y confiada. Para problemas, ya tenemos los de pagar la hipoteca y la letra del coche. Sólo así se explica el resultado de esa encuesta que considera la victoria aplastante de Zapatero sobre Rajoy en el debate sobre el estado de la Nación. No hay novedad, señora baronesa.

En este clima de conformidad, mantener una posición de realismo incómodo, proclamar alguna verdad ingrata y advertir la existencia de determinados problemas, resulta inevitablemente impopular. La gente no desea alarmas sino somníferos. Y aquí quien tiene los pies en la realidad, quien proclama la verdad ingrata y quien avisa al respetable de la existencia de ciertos problemas son los populares. Por el otro lado, sonrisas y talante. De pronto, los populares se han convertido en los «impopulares» de nuestra política. No es esta la mejor situación para disputar votos de cara a las urnas.

Y sin embargo, alguien tiene que hacer el trabajo feo, el trabajo antipático y poner al descubierto los peligros que bullen, cada vez con más fuerza, debajo de la política que llamamos territorial y las concesiones que el Gobierno en nombre del Estado regala a los separatistas de Vasconia y Cataluña. Y el aspecto engañoso de la economía. Y la trampa de la tregua etarra, trufada del truco de las bombas sin sangre. Alguien tiene que aceptar la carga de ser «los impopulares».

Maragall-Carod
El problema
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 23 Mayo 2005

Creía que el tripartito catalán había tocado fondo al ofender a la vez a España e Israel. Aún no había visto las imágenes de la carnavalada que se montó a unos metros del Calvario y del Santo Sepulcro. Lo anterior se queda pequeño, como siempre pasa con Maragall. Ahora ha molestado a la vez a cristianos, judíos, musulmanes y no creyentes civilizados. Maragall debería aparecer en Newsweek, que por fin dispondría de las pruebas de un sacrilegio (lesión o profanación de cosa, persona o lugar sagrados).

Las famosas fotos me recordaron a los milicianos desdentados que posaban armados junto a tallas de santos, con un manto de la virgen sobre los hombros, junto a cruces derribadas, tras haber profanado uno de los muchos templos que llenan los listados de la infamia del Frente Popular, mientras miles de religiosos eran asesinados con la aquiescencia de insensatos gobiernos de diletantes. Pero lo que ha pasado con Maragall y Carod no tiene nada que ver con eso. Vean el vídeo.

El vídeo muestra que la iniciativa de divertirse con una corona de espinas en el centro emocional de la fe cristiana es de Maragall. Carod, un ex seminarista, se ve sorprendido y, falto de reflejos, posa y se ríe en vez de ponerse serio y dejar la corona en su sitio, haciéndose tan cómplice como la comitiva que le ríe las gracias al president. Otros posaron después de Carod. Pero, ¿por qué hizo Maragall algo semejante? No hay motivo. Está es la irracionalidad.

Siento vergüenza ajena cuando veo a Maragall. Hace mucho tiempo que me sucede. Siendo él alcalde de Barcelona, presencié algo significativo. Había citado a un centenar de personas en un lugar del Ensanche barcelonés con graves problemas de aparcamiento, así que cuando llegó se encontró con los coches de muchos asistentes sobre las aceras. Discretamente dio orden de avisar a las grúas. Lo concibió como una especie de sorpresa. Tuvimos la reunión y, al salir, muchos se encontraron sin coche. Él sonreía. Ese es Maragall. En otra ocasión acudió a recoger un premio de una entidad que defendía el bilingüismo frente a la política de normalización convergente. A mitad de la cena, molesto con alguien que criticaba a Pujol, se marcho, dejando plantados a sus anfitriones. Ese es Maragall. Un hombre que no participa del medio en el que está, alguien absolutamente insensible a las señales del entorno.

En muchas de sus intervenciones públicas se detecta una forma de enajenación, en el sentido de falta de responsabilidad sobre los propios actos. Su discurso es a veces incongruente, Piqué ha llegado a decírselo en el Parlament. Ignora a los receptores de sus mensajes, no habla para ellos ni para nadie, es un emisor sin receptor. Es posible que no sea totalmente culpable.

ETA se lo pone difícil a Zapatero
Editorial Heraldo de Aragón 23 Mayo 2005

LA BANDA terrorista ETA, sin esperar a que los ecos de la propuesta de diálogo de Zapatero se adensasen y encontrasen su hipotético camino, le ha dado una respuesta que, sin duda, no debía esperar el presidente, dado el esfuerzo que ha realizado para conseguir el apoyo del parlamento. ETA ha atentado en dos fines de semana consecutivos. Esta suerte de continuidad no es gratuita y manifiesta, en las circunstancias actuales, un claro mensaje y un muy concreto destinatario. Esos atentados, aunque dirigidos a intereses empresariales, tienen un objetivo más concreto, Rodriguez Zapatero, y le dicen que negociar y dialogar es un asunto que requiere dos interlocutores y que ellos no aceptan las condiciones ni del Gobierno ni del Parlamento: que ellos las imponen. El gran tinglado montado por el presidente del Gobierno en torno a las negociaciones con la banda terrorista se tambalea estrepitosamente y vienen, lamentablemente, a darle la razón al escepticismo del líder de la oposición Mariano Rajoy.

Si una suerte de equivocada condescendencia hizo que Zapatero reprimiese su condena personal a los atentados de la pasada semana, creyendo ingenuamente que no convenía "molestar" al buscado interlocutor de su diálogo, esta semana -dadas las críticas que le ha cosechado aquel silencio- ha hecho lo que tenía que hacer; condenar el atentado. Pero además le ha pedido a la banda que "se disuelva". Con esta exigencia saltan por el aire prácticamente todos los preámbulos y buenas intenciones del anunciado "diálogo" con ETA, de las proyectadas "negociaciones", porque está claro que ETA no desaparecerá sin condiciones, ni se disolverá así como así. Y como la primera condición que le puso Zapatero era el abandono de la violencia, y ETA le responde con violencia, la conclusión parece lógica: ETA no quiere dialogar. O si estuviera dispuesta, lo querría hacer en una situación de fuerza, amenazando al Gobierno con el recurso siempre permanente a las armas, al terror.

Pero ETA sabe que en una situación de normalidad democrática su papel habría terminado. Y prefiere morir matando, desaparecer en la "lucha heroica", que disolverse en un devenir democrático que le sería adverso y disolvente a la postre. Tal vez esto no lo ha tenido en cuenta el presidente, pero tendrá que irlo asimilando. ETA se lo ha puesto muy difícil a Zapatero.

El pelanas
Por Juan Manuel DE PRADA ABC  23 Mayo 2005

UN pelanas de visita en Jerusalén ha posado haciendo gracietas con una corona de espinas sobre la cabeza, para hilaridad del séquito que lo acompaña y del nieto de un poeta católico que, aunque sólo fuera por respeto a la memoria de su abuelo, debiera haber impedido la bufonada. Si el pelanas no fuera tan quisquilloso y obcecado valedor de ciertos símbolos, entenderíamos que el regocijo que mostraba haciendo escarnio de la corona de espinas obedecía a ese impulso elemental de hozar y revolcarse en el fango que enardece a los gorrinos. Pero, considerando que el pelanas acababa de negarse a participar en un acto oficial por un quítame allá esas banderas, hemos de entender que con su burla pretendía mofarse de quienes han hecho de ese símbolo una expresión de sus creencias religiosas. También hemos de entender que a estas horas el pelanas, tras comprobar que su cuchufleta ha causado el efecto que anhelaba, andará pavoneándose por ahí, muy orgulloso de su bizarría, presentando las naturales muestras de indignación o lastimado pesar de los católicos como prueba de su intrepidez transgresora.

Naturalmente, el pelanas nunca hubiese escarnecido un símbolo religioso si hubiese sospechado que su divertida chufla le iba a ocasionar problemas. Podría haber probado su espíritu transgresor posando con un pelucón de rabino, o exhibiendo un ejemplar del Corán que guardase dentro una petaca de whisky; pero el pelanas prefirió la corona de espinas porque sabía que así su burla quedaría impune. El verdadero transgresor ataca una estructura de poder o coacción; el pelanas se aprovecha de un vacío de poder, de la permisividad rencorosa de unos y del complejito de otros, para posar de provocador ante la galería. ¿Se imaginan al pelanas coronado risueñamente de espinas si en España funcionara un Tribunal de la Inquisición? Puesto que tales estructuras de poder o coacción no existen, el pelanas puede gallear sin temor al castigo, porque sabe que, en esta sociedad tan tolerante, la religión católica se ha convertido en el punching-ball sobre el que cualquier zascandil puede ejercitar sus puños. Por supuesto, al pelanas jamás se le hubiese pasado por su cabecita atestada de serrín dedicar su desprecio a ninguna otra fe que no hubiese sido la cristiana; y en el caso de que a alguien se le hubiese ocurrido hacerlo, él mismo hubiese sido el primero en señalar al ofensor, encaramándose en el pedestal de la tolerancia: ya se sabe que el miedo, además de libre, es acusica.

Pero tampoco conviene sacar las cosas de quicio. No ofende quien quiere, sino quien puede. Es natural que la mierda, resignada a su naturaleza abyecta y a su destino de alcantarilla, aborrezca la columna de mármol que se erige incontaminada de sus efluvios. Es natural que la mierda, ensordecida por el zumbido de las moscas que se disputan su pitanza, envidie la columna de mármol que entabla coloquio con las nubes. Es natural que la mierda, ebria de su propia fetidez, se rebulla en su materia excrementicia, para perturbar con su hedor la rectitud dórica de la columna de mármol. Es natural, incluso, que la mierda busque el séquito de la mierda, para fundar juntas una letrina y procurar, con el ímpetu de su propio oleaje, salpicar la columna de mármol que no inmuta su blancura. Encaramados en esa columna, podemos contemplar divertidos el berrinche de la mierda, podemos incluso contemplar con preocupación sus afanes expansionistas, que amenazan con llenar de inmundicia el aire que respiramos. Pero, por muy lejos que llegue en su esfuerzo colonizador, sabemos que nunca alcanzará a anegar en su materia la columna de mármol. La imagen del pelanas coronado de espinas adquiere, a la postre, el significado alegórico de un pobre montón de mierda consciente de su fracaso.

El desparpajo de Maragall & Cía.
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital  23 Mayo 2005

Dice Pasqual Maragall, president de la Generalitat, que quienes critican su viaje a Oriente Próximo
—sólo es “Medio” para los norteamericanos— son quienes quieren impedir la España plural. ¿Querré yo, pobrecito gallego, impedir la España plural? Lo pregunto porque soy, desde luego, uno de los que han criticado el esperpento que, con la colaboración del Ministerio de Asuntos Exteriores, han protagonizado Maragall, Josep Lluís Carod-Rovira y su comparsa durante un viaje oficial a Israel.

Ya decían los viejos estrategas griegos que no hay mejor defensa que un ataque, y en ello está el president cuando, incansable, insiste en el ridículo personal y en el error político de defender lo indefendible. En lugar de pedir disculpas por su vaporoso desparpajo, remacha el clavo. Eso es sostenella y no enmendalla, actitud propia de los castellanos viejos que resulta sorprendente en tan feroz nacionalista catalán.

Póngase como se ponga tan ilustre líder socialista, devenido en santón catalanista, no es de recibo, desde el respeto al Estado, organizar —¡presidir!— un acto de homenaje a la memoria de Arafat, o de quien fuese, y suprimir en él la enseña española. Lo es menos todavía que, tratando de ponerle un parche a la situación, en un segundo acto desaparezcan las banderas española y catalana para dar paso a un arreglo floral, una corona, adornado por dos cintas con los colores del Estado español y de la Autonomía catalana; pero, siempre en la paradoja, con la cinta española más pequeña y mínima que la catalana.

Cuando hablamos de personajes, como lo es su socio en el Govern y sostén en la Generalitat, Carod-Rovira, que se permiten la burla con los símbolos sagrados para millones de creyentes cristianos y para otras tantas personas respetuosas con la fe ajena, todo es posible y hay que pensar que, aunque todo ello curse con cargo al Presupuesto, es un espectáculo bufo al estilo de los de La Cubana, o cosa parecida.

Ahora, el Gobierno español —tarde y mal, como de costumbre— ha ordenado aclarar “con urgencia” la ausencia de la bandera española en el acto que, presidido por Maragall —máximo representante del Estado español en Cataluña, no se olvide—, pudo llegar a emberrinchar al prócer Carod. El Gobierno, claro, con la excepción que para el caso catalán suele suponer el ministro José Montilla. El titular de Industria se permitió decir, en Viladecans, cuando actuaba como secretario del PSC, que son muchos los que “han utilizado una anécdota para atacar al Govern”. ¿Esto es una anécdota o, más bien, un pregón del pretendido descoyuntamiento del Estado que tanto favorece el talante de Zapatero?

Puede ser considerado como anecdótico el desdén frente a la bandera española en un acto oficial presidido por uno de sus altos representantes? No debiera, como no debiera permanecer en su puesto el actual embajador de España en Israel que cooperó con el desmán. ¿Tampoco sirve el ministro Moratinos para desempeñar las funciones de jefe de personal de la Casa?

Ha dicho Mariano Rajoy que el Gobierno de Zapatero se ha “bajado los pantalones” frente a Carod. Al margen de tan exquisita expresión, más propia de Carod que del jefe de la oposición, hay que reconocer que tiene razón. Y lo peor no es que el Gobierno se baje los suyos, que suyos son, sino que trata de que todos nos bajemos los nuestros.

Disparates en cadena
Editorial El País  23 Mayo 2005

Es una pena que la gira de Maragall a Oriente Próximo se haya visto salpicada por algunos embarazosos incidentes durante la etapa en Israel que desprestigian el nombre de Cataluña y el de España. No se trata de desdeñar los acuerdos logrados, pero sí de reseñar que son algo más que una simple anécdota esos disparatados incidentes en los que se ha visto envuelto el presidente de la Generalitat con la inefable colaboración del líder de Esquerra, Carod Rovira. Maragall sostiene que han sido explotados por quienes quieren impedir la España plural. Aunque así fuese, ello no justifica las meteduras de pata ni impide censurar tales gestos ni criticar los fallos de planificación por parte de la presidencia de la Generalitat.

El lío de las banderas en los actos ante la tumba de Rabin en Tel Aviv y las víctimas del Holocausto en Jerusalén nunca debió ocurrir. Es inexplicable que la Generalitat y la propia Embajada española no organizaran como es debido, y con todos los símbolos constitucionales, los distintos actos de este viaje oficial. El embajador Mirapeix deberá ofrecer las explicaciones que, muy justamente, le ha pedido el ministro de Exteriores, Moratinos, sobre la retirada en el último minuto de una cinta con los colores españoles en la ofrenda en la Ciudad Santa al tratarse de un acto de Estado. No es tampoco admisible la actitud de Carod de no sumarse al homenaje al asesinado ex primer ministro israelí por no ondear la senyera. Constituye un desaire a la figura de un líder extranjero en su propio país que no justifica ningún detalle simbólico como la presencia o no de la bandera catalana. El episodio de la sesión fotográfica a la luz pública, en la que Carod y el consejero de Economía, Castells, adornaron sus cabezas con sendas coronas de espinas mientras Maragall tomaba fotos, entra dentro de la categoría de las torpezas impropias de la dignidad institucional que debe acompañar al presidente de la Generalitat y puede herir sentimientos religiosos de muchos ciudadanos. Tampoco parece diplomáticamente una acción muy hábil, justo cuando Maragall visita Israel, que Esquerra solicite a la UE la suspensión del acuerdo de cooperación científica con Israel.

Es difícil encadenar más disparates en menos tiempo. Maragall debería ser mucho más prudente en sus viajes al exterior. Lo fue en sus giras cuando era alcalde y recababa los votos para la candidatura olímpica de Barcelona. No le falta, pues, experiencia. No es un ciudadano privado, sino el máximo exponente de un Gobierno autonómico. Muchos de los errores son fácilmente subsanables, pero si no los enmienda hará un flaco favor a su Gobierno, a sí mismo y a los intereses de Cataluña y, a la postre, de España.

¿QUIÉN PIENSA EN NUESTROS MUERTOS?
CARTA DE UNA VÍCTIMA AL PRESIDENTE DEL GOBIERNO
Fina Saavedra, Delegada para Galicia de la Asociación Víctimas del Terrorismo Libertad Digital 23 Mayo 2005

Señor Zapatero: Soy una víctima del terrorismo que quiere expresar sus sentimientos en estas convulsas fechas en las que parece que nadie nos tiene en cuenta en esta sociedad que usted preside, sobre todo después de los últimos acontecimientos y tras las elecciones en el País Vasco.

Déjeme decirle, señor Zapatero, que se nota mucho que usted nunca ha tenido que vivir callado, excluido, reprimido y, lo que es peor, vejado y relegado de su propio país. Me alegro de que haya sido así pero me veo en la obligación de recordarle que hay muchas familias que hemos vivido y viven así. Sin ir más lejos mi familia y yo hemos soportado esta situación durante doce largos años en el País Vasco. Todo ello para terminar con el peor de los finales: el asesinato de mi esposo, un hombre de bien y respetuoso con todos y, sobre todo, con el estado de derecho, cuyo único pecado era (para esas alimañas carroñeras de ETA) vestir un uniforme.

Señor Zapatero, quiero recordarle que el estado de derecho que usted preside debe ampararnos a todos pero que yo, por desgracia, veo que no es así porque, como le digo, tras los últimos acontecimientos y el anuncio de negociaciones con esa banda de asesinos me siento desamparada como ciudadana y, lo que es peor, otra vez ignorada y vejada como víctima del terrorismo. ¿Dónde está su talante, señor presidente? Yo también reclamo ese talante como ciudadana y más como víctima porque, como tal, he pagado un precio muy alto, el más alto que se puede pagar por una sociedad en paz y en la que los ASESINOS no deben tener cabida ni representación.

Dice un refrán que no hay peor ciego que el que no quiere ver y eso es lo que le pasa a usted con el Partido Comunista de las Tierras Vascas. ¿Que no hay pruebas? Yo no soy jurista pero, eso sí, tampoco ciega ni sorda, y esa gentuza nos puede decir más alto pero no más claro a quién sirven. Usted dice que no ve indicios ni pruebas que los vinculen con ETA, y yo creo que los árboles no le dejan ver el bosque. Esos árboles que, a mi humilde entender, son esos votos que los asesinados ya no ejercen y esa ingenuidad, o diría mejor afán de protagonismo, de pasar a ser el gran libertador de nuestro país. Pues bien, yo desearía ser la persona más equivocada del mundo pero a conversaciones anteriores me remito, como las de ARGEL Y SUIZA. ¿Es que no son suficientes dos tropiezos en la misma piedra para saber que con los asesinos no se puede negociar? ¿Es que no nos damos cuenta de que en esta negociación no son equiparables los términos?

Señor presidente, las víctimas ponemos nuestros muertos sobre la mesa, pero, ¿qué ponen los asesinos? La experiencia ha demostrado muchas veces que ETA solamente conoce el lenguaje de las armas, el pin pan pun, como ellos dicen, y utilizan la buena voluntad y los deseos de paz que existen en nuestra sociedad para engañarnos a todos con treguas ficticias y conversaciones vacías que emplean para reorganizarse, rearmarse y afianzarse más en sus acciones sangrientas.

Señor presidente, quisiera ver de una vez por todas que esa tolerancia de la que hace gala con otros colectivos se extiende también hacia las víctimas del terrorismo, que llevamos muchos años esperando que se nos escuche y que se nos haga justicia en nuestro propio país. No sé si se da cuenta de que somos más de mil víctimas a las que esa banda de asesinos ha condicionado la vida y la de nuestras familias. Más de mil personas con los brazos abiertos a la paz, que es lo que más deseamos, pero también abiertos a la justicia y a que cada parte asuma su condena. La nuestra es vivir sin nuestros maridos, padres, hermanos y amigos, pero la de los terroristas es vivir entre rejas.

Somos más de mil personas que posiblemente no sumen muchos votos pero, señor presidente, somos mil votantes y mil ciudadanos con los que usted no está cumpliendo. Una parte importante de su país, que también es el nuestro, a la que está abandonando y dejando a su suerte. Porque ¿quién piensa en nosotros, en nuestros muertos, en cómo sería nuestra vida si no se oxigenase a los terroristas con tantas conversaciones y se les aplicasen las leyes del estado de derecho?

Yo me he visto sola educando a mis hijos, sin que ninguna universidad les regale un aprobado o una matrícula como ocurre con los terroristas. Pero yo no le pido nada, señor presidente, tan sólo lo que me corresponde como ciudadana, que es ver cómo se cumplen las leyes que rigen el Estado en el que vivo y que no excluya a los casi mil asesinados y más de 5.000 heridos como consecuencia del terrorismo que asola nuestra sociedad.

Siento ahora mismo que parte de mis impuestos van a servir para pagar las balas y las bombas que van a dejar otra vez tanto dolor, amargura y soledad en nuestra sociedad. ¿Está permitiendo eso, señor presidente?

«Habrá tregua si ETA ve cerca la ruptura y al PSOE rendido. El Estatuto catalán es el primer pago»
C. Morodo La Razón 23 Mayo 2005

Madrid- Mayor Oreja valora la nueva etapa en la política antiterrorista desde la misma atalaya de escepticismo con la que gestionó, como ministro del Interior, la tregua de 1998. Hace unos días llamó a José María Aznar para ponerse a su servicio frente al intento socialista de hacer creer que lo que se propone ahora es una continuidad de lo que hizo el PP.

– En las conversaciones con ETA de Argel y Zúrich, el Gobierno contó con el apoyo de la oposición. La gente se pregunta por qué ahora no.
– Pues porque no caben comparaciones entre esta situación y la del 98. Ahora, la estrategia antiterrorista es diametralmente opuesta a la del PP ya que hay un proceso político de pagos a ETA sin que ésta cambie nada.

– ¿Y qué pagos se han hecho ya?
– El de Perpignan, el pacto político con Carod-Rovira, el de no ilegalizar a Tierras Comunistas, la aprobación de la resolución del Congreso sobre la oferta de negociación... Aquí no hay sólo un diálogo del Gobierno con ETA, sino un proyecto de ruptura constitucionalista que viene a ser el precio por un supuesto proceso de paz.

Reunión de Zúrich.
– Desde esa estática desconfianza, ¿por qué entonces acudieron ustedes al encuentro de Zúrich?
– Aquellas fueron conversaciones exploratorias de un Gobierno con la conciencia muy tranquila porque antes había dicho expresamente que no tenía nada que negociar. La reunión sirvió para comprobar que ETA es una organización de máximos que nunca renunciará a su discurso de siempre.

– A su juicio, ¿qué mueve a Zapatero en esta aventura?
– Aislar al PP. Ése es el punto de unión de ERC, de Zapatero, de Batasuna, de ETA y el PNV. La primera transición la protagonizó el centro-derecha y no estuvo ETA, y en esta segunda transición no tiene que estar el centro-derecha y sí ETA.
– Usted sabe mejor que nadie que «jugar» con terroristas es demasiado arriesgado como para que alguien se lance al agua sin un salvavidas cerca.
– Pero, ¿cuándo hay tregua con ETA? Pues cuando el adversario suyo se rinde. En el 98 se rindió el PNV. ¿Qué pasó en Cataluña? Pues que en Perpignan hubo otra rendición, la de ERC. Y ahora habrá tregua en la medida que haya expectativa de ruptura y se piense que Zapatero ya se ha rendido.

– Se ha rendido para conseguir qué.
– De momento, a ETA se le está devolviendo la esperanza de que puede haber una rendición política.

– Bien, lo que le pregunto es hasta dónde puede llegar esa cesión.
– Eso es lo que ahora medirá ETA sobre la base del precio político que le ofrece la vía catalana, de donde viene la ruptura constitucional. ETA observará, mirará... y dirá si el pago le basta para abrir un proceso de diálogo.

– ¿Su experiencia le indica que habrá pronto una tregua?
– Ése es el escenario previsible. Dejar abierto un proceso para ver qué cambios constitucionales llegan de Cataluña de la mano de su socio, de ERC. No hay un eje Gobierno-ETA sino un triángulo: un proyecto de ruptura que procede de Cataluña y otro de paz con una dimensión vasca.

– Y en medio Rodríguez Zapatero.
– Sí. Y el PP en su sitio. La única esperanza del sentido común en España es Rajoy y el PP porque los demás están en una extraña aventura de mesas de tramposos, donde unos creen que pueden engañar a ETA y otros, los nacionalistas, creen que van a engañar al Gobierno del PSOE.

– El problema es que las posiciones de principios no siempre son entendidas a la primera por la sociedad y si el proceso es largo, podría llegar a tener un coste electoral para el PP.
– Pero hay que asumirlo. Hay que luchar por la libertad y no por una paz con una rendición política previa. Con una pandilla de gánsteres en el barrio, uno puede pasar un par de años tranquilo si paga lo que le exigen, pero eso no es libertad sino una falsa paz. Rajoy ha tenido el arrojo de solemnizar en el Congreso no sólo la ruptura con Zapatero sino la soledad del PP.

– Su partido niega ahora hasta la posibilidad de que haya gestos con los presos. Pero si no recuerdo mal, durante la tregua del 98 ustedes llegaron a trasladar hasta a 135 etarras.
– Nosotros nunca cambiamos la política penitenciaria y precisamente de ahí vinieron las mayores tensiones con el PNV. Hubo gestos, alguna aproximación, pero no hubo cambio y no escribamos la historia al revés: fuimos prudentes y no pagamos ningún precio político. Si modificas la política penitenciara, al final te llegará la autodeterminación.

Nuevo gobierno vasco.
– Usted que se conoce bien el escenario vasco, ¿se atreve a decir cómo quedará el nuevo gobierno?
– De momento, ETA está ya demostrando su poderío político en la elección del Parlamento. Lo lógico es que al final respalde a Ibarretxe y que de un modo u otro le dé tranquilidad en el gobierno, pero siendo un incordio. Lo lógico es un gabinete de amplia base nacionalista, con alguna persona nueva procedente del mundo terrorista. ETA lo que quiere es asegurar el proyecto que rompa más España y está decidida a ir a esa ruptura con ERC, PNV y PSOE.

– No parece que se crea la tesis de que el «plan Ibarretxe» ha pasado a mejor vida.
– No es el plan de Ibarretxe sino el de Estella o el del Movimiento de Liberación Nacional Vasco, y claro que no ha muerto, sino que Ibarretxe ha tenido un gran traspiés para liderarlo, lo que le obliga a compartir mucho más su gestión con ETA.

– Si el nuevo Estatuto catalán es el principio del fin, ¿hasta cuándo debería seguir sentado el PP en esa mesa de negociación?
– Respeto a mis compañeros y seguro que harán lo más conveniente. Otra cosa es que ese estatuto está siendo ya el primer pago político.

– ¿Qué le ha parecido el último episodio de Carod-Rovira con la bandera española.
– La foto con la corona de espinas y Maragall es el mejor resumen de todo: detrás de ellos podría haber estado perfectamente «Ternera».

– Y a menos de un mes, unas elecciones a cara de perro...
– Las elecciones gallegas son muy importantes porque Zapatero confía en que después de ellas resulte inevitable la negociación política con los nacionalistas, la segunda transición.

– Bueno, por lo menos le veo satisfecho con que haya ganado el llamado «sector duro» de su partido.
– Aquí lo que ha ganado es el sentido común. Mi partido ha hecho lo que debía. ¿Quién puede creerse que dando la razón a ETA y a los nacionalistas les vamos a cambiar?
En primera persona Una de las primeras llamadas que recibió en 1996, sin todavía haber tomado posesión de la cartera de Interior, fue del hasta entonces titular de ese departamento, de Juan Alberto Belloch. Le pedía que diese autorización a la continuidad de una vía de «contactos» en la sombra con el mundo etarra bajo la protección de Pérez Esquivel. No sólo no la dio, sino que se estrenó en el cargo cerrando la política de «toma de temperaturas» e imponiendo una norma general de transparencia. Aguantó con paciencia estoica el temporal –externo y también interno, con duras discrepancias con asesores de Aznar como Arriola– por su posición catastrofista ante el alto el fuego «indefinido» de ETA. Tras más de un año de «tregua-trampa», los hechos le dieron la razón. Embarcado ahora en la aventura europeísta, su olfato de curtido y sufrido político vasco le pone de nuevo en guardia ante el espejismo de otra negociación con la banda terrorista. Teme que el precio de una «falsa paz» sea la humillación de millones de españoles.

Las «herriko tabernas» eluden el control judicial y siguen financiando la trama etarra
J. PAGOLA ABC  23 Mayo 2005

SAN SEBASTIÁN. Las «herriko tabernas» que no fueron clausuradas en su día por el magistrado de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón eluden el control de un administrador judicial, impuesto a cambio, y siguen contribuyendo a la financiación de la trama ETA-Batasuna. En este contexto, aproximadamente 30.000 socios -los denominados «batasunkides»- pagan sus cuotas mensuales a Batasuna a través de estas sedes sociales. Batasuna, Gestoras pro Amnistía, KAS, Ekin, Jarrai, Segi... han sido ilegalizadas, pero su infraestructura en España se mantiene operativa.

Fuentes jurídicas reconocen las dificultades para ejercer esta administración judicial sobre las «herriko tabernas». En efecto, no existen los mecanismos para garantizar el control de los beneficios económicos que obtienen y que se calculan elevados según se desprende de la actividad que despliegan. Además de las consumiciones propias de los establecimientos hosteleros, en las «herriko tabernas» se venden «souvenirs», con motivos o lemas alusivos a la estrategia ETA-Batasuna, pero sin que sus responsables entreguen los habituales «tickes» de compra. No hay justificantes y, por ello, el administrador judicial no puede conocer los beneficios. Las sedes de Batasuna se mueven, así, en una economía sumergida y más que próspera.

Rifas ilegales
En las «herriko tabernas» se venden, asimismo, billetes de lotería y boletos de rifa, ilegales. Se distribuyen bonos con los que se ha financiado parte de la última campaña electoral de Batasuna y del Partido Comunista de las Tierras Vascas (EHAK). En estas sedes sociales, según aseguran a ABC fuentes de toda solvencia, los militantes de Batasuna, los «batasunkides», pagan sus cuotas mensuales. Lo hacen en efectivo, sin dejar pistas. Estos medios calculan que el número de socios cotizantes de la coalición ilegalizada oscila en torno a los 30.000.

Las «herriko» exponen en las barras del bar huchas con el objetivo de recolectar dinero destinado a varios fines: a los presos de ETA, a los «borrokas», al mantenimiento de la estrategia del Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV), cuya vanguardia es la propia banda terrorista... Es el caso, por ejemplo, de las denominadas «Herria», «Marruma» o «Ilunbe», las tres de San Sebastián. A pesar de que el magistrado les impuso un administrador judicial, exponen estas huchas para obtener fondos con los que financiar la estrategia de ETA-Batasuna.

El amplio informe elaborado por la Guardia Civil para probar las relaciones entre Batasuna y el Partido Comunista de las Tierras Vascas (EHAK) ya adelantaba que la «herriko taberna» denominada «Arrano», situada en la plaza de la Música, en la parte vieja de Zarauz, ha contribuido a la financiación de la campaña electoral del nuevo partido. Así, se aportaba prueba fotográfica de una hucha, con las aludidas siglas, colocada en el local. Esta «herriko» aparece citada en el auto de Garzón como uno de los lugares en los que se reunieron los dirigentes del denominado MLNV para dar a conocer la constitución de EKIN, sustituto de KAS, según la declaración realizada en su día por Mikel Egibar tras su detención. Reuniones similares se celebraron en otras «herrikos», como en la llamada «Artatxe», de Vergara, aludida en el auto y que permanece operativa.

Reuniones de coordinación
Pero aparte de la trama financiera, las «herriko taberna» desempeñan, aún hoy, otras labores. En la denominada «Arrano», situada en el número 12 de la calle Nagusia, en Beasain, se desplegó durante toda la última campaña electoral propaganda para pedir el voto a favor del Partido Comunista de las Tierras Vascas. La sede se halla incursa en el sumario abierto por Garzón, tal y como se recuerda en las investigaciones de la Benemérita. Tras el auto del magistrado, en esta «herriko» también se han seguido celebrando reuniones de «coordinación de la izquierda abertzale», con la asistencia de los dirigentes de Batasuna.

Exaltación del terror
Pese al control judicial, en las «herriko» se sigue haciendo exaltación del terrorismo. En la práctica totalidad de ellas se exhiben fotografías de presos de ETA. Es el caso de las citadas «Herria», «Marruma» e «Ilunbe», que aparecen como piezas clave en la red de «herriko tabernas». Durante la pasada campaña electoral, «Marruma» ha servido de almacén para propaganda electoral del Partido Comunista de las Tierras Vascas.

En «Ilumbe», situada en el barrio donostiarra de Amara, la Guardia Civil se incautó recientemente del mayor alijo de «zutabes» -boletín interno de ETA- encontrado hasta la fecha. ¿Cómo se entiende, si ya el auto de Garzón alertaba de que estas sedes eran utilizadas como centro de distribución de la propaganda etarra? Expertos aseguran que estas sedes siguen siendo centros de adoctrinamiento de los jóvenes aspirantes a convertirse en «jarraitxus».

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